"Era Trump": suicidio de encuestadoras, multimedia y gurús de pacotilla

Ya estaba vacunado contra el engaño deliberado de las encuestadoras (http://goo.gl/NakHSG), por lo que nunca tomé en serio el supuesto aplastante triunfo de Hillary. Mucho menos después de los escalofriantes fracasos de las encuestas en México –cuando los presstitutes/loro-cutores abultaron el apretado triunfo de Peña–, del Brexit –en el cual todo el mundo se equivocó, con la notable excepción de la reina de Inglaterra y el tabloide The Sun– y de Colombia, donde el domingo futbolero, el huracán Mathew y el voto de castigo a Santos desecharon el loable acuerdo de paz con las FARC.

En la radio me atreví a rechazar, a contracorriente, el veredicto adelantado, con la frase del poeta español García Llorca: "Los muertos que vos matáis gozan de cabal salud", aplicado al trumpismo (http://goo.gl/8PLjky) y sugerí en mis redes sociales seguir el tracking poll de Los Angeles Times (feudo "mexicano" de Hillary) que resultó el único acertado sobre el triunfo tectónico de Trump en el océano de las encuestas tradicionales: exageradamente distorsionadas, debido a las lubricaciones pecuniarias de la triada de Wall Street de Goldman Sachs/los Rothschild/George Soros, cuyos palafreneros en EU/Europa/México rechazan los resultados e incitan a una revuelta, que incluya el magnicidio.

Lo grave y antidemocrático de los engaños de las encuestadoras, desde Estados Unidos hasta México, es la creación de una falsa realidad que propicia una ambientación de linchamiento contra cualquier contrapunto despreciado como "políticamente incorrecto", por lo que existió 20 por ciento de "indecisos", que en una atípica elección tan polarizada era aberrante, pero que refleja(ba) la proclividad hierática por el supremacismo populista WASP y ocultaba su verdadera "decisión", incluso, al momento de salida de los cada vez más inexactos exit polls, que a las 17 horas daban como triunfadora a la derrotada Hillary: trampa en la que cayó la aplastante mayoría de los desinformadores aquende y allende el río Bravo, como Televisa y Univision.

Will Gore (WG), de The Independent (que se equivocó en forma grotesca con el Brexit y Hillary), acepta que la victoria de Trump "colocó el último clavo en el féretro de los principales multimedia" anglosajones, el “MSM: Main Stream Media (http://goo.gl/yaVuB5)”. Tales equivocaciones "constituyen una evidencia más del grado en el que el MSM está fuera de la realidad que experimenta la gente ordinaria", cuando hoy “la verdad (sic) se encuentra en los foros online; en los tuits de los trolls que odian al MSM; en comentarios bajo la línea; en las llamadas de los radioescuchas; en las características de los medios sobre la declinación de las comunidades industriales; en los análisis académicos (nota: como el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM (http://goo.gl/ekHqnj) y Casa Lamm, donde un día antes, con datos duros, exhibí el ascenso irresistible del trumpismo)”.

Nadie de los MSM detectó la "angustia y frustración" de los furibundos desempleados WASP, sólo se (en)cargó de promocionar los desvaríos eróticos de Trump en lugar de concentrarse en la fractura de la sociedad en todos sus segmentos, lo cual se reflejó en el apabullante triunfo de Trump en el Colegio Electoral: 306 votos (30 estados) frente a 232 de Hillary (20 + Washington DC).

Daily Mail, portal del MI6, siempre tuvo en el radar el triunfo tectónico de Trump y se dio el lujo de ser el primero en el mundo en dar la primicia.

Quartz dictamina la defunción de las encuestas políticas (http://goo.gl/lj8bpL) y reconoce que existe un "giro cultural y tecnológico que no miden las encuestas", las cuales, a mi juicio, deben ser abolidas, ya que sólo sirven para engañar y ajustar sus imaginarios hallazgos a los intereses del cliente.

Hasta el otrora legendario NYT, insensatamente pro Hillary, pidió "disculpas" por su pésimo manejo de la elección (http://goo.gl/DpnEZ9), mientras el "consagrado" encuestador Nate Silver, muy abultado por el NYT y quien se autodenomina "medio judío (sic)", fue vapuleado por la cruda realidad.

El anterior parlamentario británico George Galloway se burla de los "expertos" en encuestas –como el neoconservador straussiano israelí-estadunidense Bill Kristol, editor de Weekly Standard, quien se la pasa día y noche en la televisión (¡para lo que sirvió!)–, quienes fueron humillados, como en el Brexit (http://goo.gl/9rSmWZ).

Todo el veneno vertido por los gurús de pacotilla, desde Estados Unidos pasando por la anglosfera hasta el “México neoliberal itamita”, no pudo desactivar la furia supremacista populista del trumpismo.

Con todos sus consustanciales defectos racistas, DEBKA Weekly (Nº 731; 11/11/16), portal del Mossad, planteó el escenario del triunfo tectónico del trumpismo; hoy sentencia la "muerte de las encuestas tradicionales" y catapulta la prospectiva basada en la "fuente de inteligencia abierta (Osint, por sus siglas en ingles)" que toma en cuenta a los usuarios de Internet y las redes sociales, que definen "nuevos algoritmos", como el que realizó Sanjiv Rai, de MogIA (http://goo.gl/YthkZq), que usa la inteligencia artificial on line para analizar y evaluar frases comunes y palabras recolectadas en motores de búsqueda; la frecuencia y la naturaleza del contenido en las cadenas de los tuits y los posteos en las redes sociales; como los comentarios sobre artículos en los sitios de noticias; y el nivel del compromiso de usuarios de Internet respecto al tema de su encuesta”.

Tendencias, de Infobae, analiza “Cómo funciona el software inteligente MogIA que predijo el triunfo de Trump (http://goo.gl/I9VO7K)”.

Más que de un racismo, para Breitbart (portal pro-Trump) se trata de un “movimiento económico nacionalista, tan excitante como el de la década de los 30 y mayor a la revolución de Reagan (http://goo.gl/P6Ocj5)”, en lo que concuerda Robert Gibbs, anterior secretario de prensa de Obama (http://goo.gl/EVjExc).

Los engaños de las encuestadoras globales –con sus caricaturas locales que el sarcasmo popular denigra de "para mi tía"/”mientofsky”/"mi lana"– ascienden a "crímenes de desinformación" todavía no punibles que afectan la vida de los ciudadanos.

Sobre el decadente “México neoliberal itamita”, vacunado contra la autocrítica, no haré leña del bosque derrumbado de sus encuestadoras y sus "gurús de pacotilla".

Más allá de la inaceptable frivolidad aventurera e infantiloide del esquizofrénico Senado –que parece más un manicomio para la subasta colectiva de la idea más insensata, como la amenaza de abolición del Tratado de Guadalupe Hidalgo y el porte de camisetas de la derrotada Hillary ante el letrero: "La Patria (sic) es Primero"–, prolifera e intoxica en forma preocupante el grave primitivismo/aldeanismo en un ambiente de maniqueo linchamiento cacofónico de tiránico "pensamiento único" sin pluralidad dialéctica, ausente de crítica cartesiana y kantiana: dos pilares del pensamiento "occidental", hoy huérfano de verdaderos intelectuales –que confunden con vulgares publicistas– y contaminado de mercaderes de la noticia y, peor aún, carente de sindéresis epistemológica.

 

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Viernes, 18 Noviembre 2016 06:37

El poder de los medios

El poder de los medios

Los medios más influyentes del mundo llegan a ese lugar trenzándose con los poderes económicos y políticos y, por lo tanto, defienden y reproducen esos intereses. El País de Madrid es un buen ejemplo, con notable capacidad para vetar a quienes pueden poner en riesgo los privilegios. Hay alternativas.

 

“Determinados medios progresistas, como El País, me han dicho que si hubiera habido un acuerdo entre el Psoe y Podemos, lo criticarían e irían en contra.” Cuando Pedro Sánchez, ex secretario general de los socialistas españoles, acusó directamente al diario El País y al ex presidente de Telefónica César Alierta de haber evitado un gobierno de izquierdas, estaba apuntando a uno de los centros de poder intocables en el Estado español. Entrevistado para el programa televisivo Salvados, Sánchez reveló que desde el diario de Juan Luis Cebrián se le hizo llegar que no le iban a dar su respaldo si no llegaba a un acuerdo para que el Partido Popular siguiera siendo gobierno (Público.es, 30-X-16).


En la entrevista añadió que “el Psoe y Podemos están condenados a entenderse. Y el Psoe debe reconciliarse con el votante de izquierdas”, una afirmación temeraria para los capitostes del poder. Sánchez sostuvo que fue traicionado por el portavoz del Psoe en el Congreso, Antonio Hernando, y atacó a Felipe González, de quien dijo que ya se reconoce en él.
Apenas dos días después El País dedicó su editorial a lanzar un duro ataque contra Sánchez. Recordó que el líder socialista visitó al presidente de Telefónica para pedirle que presionara a su favor en la línea editorial de El País, ya que la empresa de telecomunicaciones posee 13 por ciento de las acciones del matutino. El diario asegura que “confundir el derecho de los medios de comunicación a tener una línea editorial y expresarla libremente, con el ejercicio de una presión inmoral e ilegítima sobre los partidos políticos sólo puede deberse a la ignorancia acerca del papel de los medios de comunicación en una democracia” (El País, 2-XI-16). El editorial concluye que “la única presión visible en esto es la que se deriva de nuestro ejercicio de la libre expresión”.


FACTOR DE PODER.


El periodista Roberto Montoya analiza en una serie de artículos las relaciones entre El País y el Psoe, centradas en el vínculo personal entre Juan Luis Cebrián y Felipe González.


Recuerda que El País fue fundando en 1976 por Jesús de Polanco, “un hombre que había militado en el Frente de Juventudes del (franquista) Movimiento Nacional y que luego trabajaría para la editorial Escelicer, vinculada a la secretaría del movimiento falangista”, que “llegó a convertirse en la tercera fortuna de España, y apostó por montar un imperio mediático” (Viento Sur, 5-XI-16).


El director de El País desde su fundación fue Juan Luis Cebrián, quien “de joven fue redactor jefe de Pueblo, el diario vespertino del Movimiento Nacional, y terminó siendo nombrado por el último gobierno de la dictadura franquista en 1974 como jefe de los servicios informativos de Radio y Televisión Española (Rtve)”. Según Montoya, ambos siguieron los pasos de muchos franquistas que al estrenarse la democracia desembarcaron en partidos como el Centro Democrático, del ex presidente Adolfo Suárez, y en un Psoe que había estado ausente en la resistencia al franquismo y renació en 1976 con fuerte apoyo de la socialdemocracia alemana, que “se volcaba de lleno económica y políticamente –con la bendición de Washington– para catapultar a los socialistas españoles al poder”. El objetivo era bloquear al poderoso Partido Comunista, sobre el que había recaído la resistencia a la dictadura.


En los 14 años que Felipe González estuvo en La Moncloa, tanto el partido como el diario se convirtieron, de forma ya abierta, en defensores acérrimos de las elites. La composición accionaria del grupo Prisa, propietario de El País, así lo revela: el fondo buitre Amber Capital detenta el 18,3 por ciento, la familia Polanco el 17,5, Telefónica el 13 por ciento del capital del grupo, seguidos por el millonario qatarí Ghanim al Hodaifi al Kuwari, el Hsbc, el grupo Iamsa, Caixabank y el Banco Santander.


Las áreas de negocios del millonario de Qatar, que tiene derecho a dos asientos de los 13 del consejo de administración que preside Cebrián, incluyen empresas de la construcción, petróleo y gas, comercio, ingeniería eléctrica y mecánica, industria, alimentación, agricultura, los sectores de tecnología de la información y la consultoría de proyectos (El Confidencial, 15-XI-16). Es la más reciente incorporación al grupo Prisa, luego de que el balance de 2014 revelara 2.000 millones de euros de pérdidas. Pero muestra también el tipo de alianzas de la prensa “progresista” española.


El grupo Prisa, fundado en 1972 por Polanco, es propietario no sólo de El País sino del diario deportivo AS, Cinco Días y Hu-ffington Post, posee la española Cadena Ser y alrededor de 1.250 emisoras entre propias y asociadas en diversos países de América Latina. Cuenta con canales de televisión, con la editorial Santillana (una red de editoriales en realidad) y con empresas de publicidad. Tiene parte del capital de Le Monde y en Argentina es socio de Papel Prensa junto a Clarín y La Nación, ha hecho inversiones en el grupo Televisa, de México, es propietario de la colombiana Caracol Radio y de Ibero Americana Radio Chile, un consorcio de 11 cadenas que concentran más de la mitad de la programación y que está presente en la mayor parte de los países de la región, incluyendo Estados Unidos.


Cebrián se ha convertido en uno de los hombres más poderosos del mundo. Es miembro del Club de Bilderberg, el grupo de las 130 personas más influyentes del planeta que se reúnen todos los años y en el que participan banqueros, políticos, militares y propietarios de grandes medios de comunicación. En ese selecto grupo figuran junto a Cebrián el estadounidense Donald Rumsfeld, ex secretario de Defensa; Peter Sutherland, presidente de Goldman Sachs y British Petroleum; Paul Wolfowitz, ex presidente del Banco Mundial; David Rockefeller y miembros de la familia Ford, entre otros.


Por todo lo anterior, suena a risa cuando el editorial de El País asegura que “la única presión” que realiza el medio “se deriva de nuestro ejercicio de la libre expresión”. Montoya recuerda que “el diario El País tapó todo lo posible los asesinatos de los Gal durante la posdictadura; protegió a ultranza al ‘Señor X’ y a toda la cúpula de Interior implicada mientras otros medios destapaban todos los días detalles del terrorismo de Estado; intentó minimizar sonados casos de corrupción del gonzalismo, como el de Filesa y otros, y fue cómplice fiel de la neoliberalización acelerada que iba experimentando el aparato del Psoe”.


PERIODISMO O PROPAGANDA.


“El Times se ha convertido en un apologista de los poderosos”, escribe Robert Parry, quien destapó el escándalo Irán-Contras (Consortiumnews.com, 7-XI-16). En un extenso informe, el periodista de investigación repasa varias situaciones en las cuales el célebre The New York Times “ha extraviado su camino periodístico, convirtiéndose en una plataforma de propaganda”, al aceptar siempre los argumentos del poder.


Rememora la invasión a Irak en 2002, cuando el Times avaló las mentiras de la Casa Blanca sobre las inexistentes armas de destrucción masiva del régimen de Saddam Hussein, hasta la guerra en Siria. Un caso ejemplar sucedió el 21 de agosto de 2013, cuando un ataque con gas sarín en las afueras de Damasco mató a varios cientos de personas. Nuevamente “el Times se alineó detrás del gobierno de Estados Unidos para culpar al gobierno del presidente sirio Bashar al Asad”. Según Parry, había razones para dudar de la versión oficial, y poco después quedó demostrado que se trató de una provocación de los yihadistas, aunque el periódico no se disculpó ante sus lectores.


“Eso no es periodismo –enfatiza Parry–, es la sumisión sin sentido a la autoridad.” Los viejos criterios de objetividad e imparcialidad que “se supone deben estar en el centro del periodismo” han desaparecido en aras de la propaganda.
Quien se asome estos días a las páginas del Times observará una virulenta ofensiva contra el presidente electo Donald Trump y una sobreexposición de las manifestaciones en su contra, algo inusual en el diario de la Gran Manzana. Este hecho ha llevado a otros analistas a asegurar que las protestas contra Trump son convocadas y apoyadas por páginas adictas al megaespeculador George Soros, inventor de las “revoluciones de color” que propician “cambios de régimen”.


Más allá de la opinión de cada quien sobre Trump, no parece lícito que los medios se sumen a conspiraciones amparados en la “libertad de expresión”. Algo similar ocurrió cuando diarios como The Washington Post, el Times, El País y The Guardian repitieron el aserto de Hillary Clinton de que Trump es “un títere de Vladimir Putin”. ¿Demasiado? Estos días El País asegura, sin pudor, que Europa “está amenazada” por la victoria de Trump, ataca “la estupidez” de sus votantes y dice que su triunfo fue “una rebelión contra la razón y la decencia”. ¿Acaso la invasión y destrucción de Libia y el obsceno asesinato de Gaddafi, que nunca condenaron, fueron racionales y decentes?


“En los tiempos actuales ya no es el valiente periódico que publicó los papeles del Pentágono y la historia secreta de la guerra de Vietnam”, escribe Parry, en relación con The New York Times. La mutación de los grandes medios en apologistas del poder está íntimamente relacionada con su conversión en grandes empresas monopólicas que engordaron gracias a sus relaciones con el poder político.


¿ALTERNATIVAS?


Es tan grande el poder del grupo Prisa que consiguió que a la reunión del Club del Bilderberg de 2015 no fuera invitado ningún representante del gobierno español. Ese año el grupo de los “amos del mundo” debía tratar “asuntos como la situación política europea, la deriva de la crisis griega y las relaciones de Occidente con Rusia a propósito del conflicto de Ucrania” (El Confidencial, 10-VI-15). El club apoyaba a la entonces vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría para sustituir a un desgastado Mariano Rajoy. Desde el gobierno no ahorraron críticas a Cebrián, que “ha sido uno de los principales impulsores de la supuesta candidatura de la vicepresidenta”.


El último tic del grupo Prisa consiste en poner en una misma bolsa a Trump y a Podemos, un libreto en el que insisten en cada edición desde que se abrieron las urnas en Estados Unidos. Acusando de “populistas” a todos los que cuestionan el neoliberalismo, pretenden igualar el fascismo de Marine Le Pen con el izquierdismo de Pablo Iglesias. Víctimas y victimarios, opresores y oprimidos, equiparados por el rodillo mediático de la prensa del poder.


Como señalaba Fernand Braudel, lo que caracteriza al capitalismo no es la competencia sino los monopolios. No es posible desmontar o regular los monopolios mediáticos como si fueran algo aislado del resto del sistema. Los escasos intentos han fracasado, y todo indica que seguirán fracasando, porque el capital que los controla está tan diversificado que cuando se le corta una cabeza, como a la hidra mitológica, se reproducen varias más.


Tal vez la política para constreñir a los monopolios mediáticos deba ser complementada por otra, que es tan interesante como poco atendida. El último censo de la Asociación de Revistas Culturales e Independientes de Argentina revela que en ese país existen casi 200 publicaciones autogestionadas, donde trabajan más de mil personas. Las ediciones en papel tienen un millón de lectores y, si se suman las plataformas digitales, llegan en total a cinco millones, un 15 por ciento de la población del país y un porcentaje mucho mayor de los lectores de medios.


Pese a la crisis económica y al escasísimo aporte estatal, el apoyo a los medios no monopólicos parece ser un camino fértil que, sin embargo, las autoridades uruguayas prácticamente ignoran.

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Tres manifestaciones de un mismo fenómeno


El pasado 23 de junio tuvieron lugar las elecciones en el Reino Unido, para decidir su permanencia en la Unión Europea. El resultado, como es conocido, fue mayoritario a favor de abandonar el organismo multinacional. Un resultado previsto por algunos. Aunque durante los días previos las encuestas daban un empate técnico entre el sí y el no, e incluso daban como ganador al sí.

 

Como en otras muchas ocasiones, las encuestas, propiciadoras de ciertos giros en la opinión pública –algunos pudieran decir que son manipuladoras–, dejaron ver el cobre. Configuran una democracia manipulada. Fenómeno importante, para no dejar pasar sin reparar en él, pero esta no es nuestra preocupación en esta nota.

 

Pretendemos resaltar que al día siguiente de este referendo, comenzaron a circular noticias, acerca de que una numerosa población inglesa reclama una nueva consulta sobre el tema votado. ¿El motivo? Estaban mal informados sobre las consecuencias derivadas del abandono, por parte de su país, de la Unión Europea. Al final, cuatro millones de personas firmaron una solicitud ante las instancias pertinentes, para que una nueva consulta tome cuerpo. La respuesta del órgano consultado es que “la decisión ya está tomada”.

 

¡Estaban mal informados! Esta realidad no es inédita ni ocasional en las llamadas democracias modernas. Sucede que los candidatos a algún cargo, con bastante frecuencia, ofrecen a sus electores una cosa y terminan realizando otra. Evidente trampa y manipulación, por las cuales debiera ser destituido el elegido, sin necesidad de consulta jurídica alguna. Simplemente, demandando ante los jueces pertinentes por el engaño ocurrido.

 

Pero también es común, que los electores opten por uno u otro candidato, por una u otra oferta de gobierno, movidos en su decisión, simplemente por las emociones. Es decir, por el espectáculo, las formas, los colores, los ritmos, la escenografía, que acompaña cada acto de campaña. Decorado que termina por despertar en quienes votan, su confianza y finalmente la inclinación del voto. ¿Manipulación psicológica?

 

¡El espectáculo! ¡La farándula! Para sorpresa de pocos o de muchos, es el aspecto que finalmente determina la conciencia de las mayorías. El asunto que termina por ser importante en cada consulta electoral, no son las razones. Ni es la explicación profunda de cada una de las promesas de campaña, o el debate sobre tales ideas. Predomina entonces, la forma como habla el candidato, como sean los decorados en sus actos, los colores, el ritmo de las frases, etcétera. Todo esto con detalle, independiente del mensaje, es finamente estudiado y preparado por agencias de publicidad y mercadeo, que resultan siendo el soporte fundamental de las campañas.

 

¿Gobierno de mayorías? No puede ser, ni tener tal calidad, cuando así resulta que tenemos a la cabeza de las sociedades, no unos gobiernos, en verdad, democráticamente elegidos; sino un remedo de tales. Las elecciones terminan por ser una farsa de la voluntad popular. Farsa cocinada con toda conciencia en los laboratorios de los mercaderes, tanto de jabones o cremas dentales, como de candidatos a cualquier instancia. De ahí que quien más dinero tenga, termine en la mayoría de los casos, como el que cuenta con más opciones para ser elegido.

 

¡Democracia de casino! Y este tipo de democracia, que es la realmente existente, está en crisis en todos los países, incluso, en la primera potencia del norte, donde la campaña en curso para elegir a quien regirá la Casa Blanca durante los próximos años, está determinada por el aval de los millonarios, los financiadores de uno y otro candidato, que son sus verdaderos electores. El 1 por ciento, correspondiente a quienes tienen sumida en la total pobreza a miles de millones de personas a lo largo del globo, también determina las políticas locales y la geopolítica del primer imperio mundial.

 

¡Democracia en crisis! ¡Democracia de apariencia! ¡Democracia secuestrada! Actuando como soporte de este secuestro, los opinadores de oficio y los periodistas complacientes. No es casual que así sea. Desde siglos atrás es sabido que los reyes y los príncipes tenían a su lado a los aduladores. Encargados de insuflarles ego. A quienes el poder real protegía con la razón divina, con el poder del discurso o con el poder del miedo. El tiempo ha transcurrido y las circunstancias no son diferentes.

 

Cada día, a través de los medios de comunicación, algunos quienes se hacen llamar periodistas adulan al poder, desinforman sobre sus actos –sus razones, intereses, aliados, maniobras, manipulaciones, etcétera–, incluso, entrevistan a uno y otro funcionario o dirigente empresarial, facilitándoles que oculten sus reales intereses. Facilitan las coartadas, mediante un conjunto de preguntas que propician no ahondar las cosas, de interés público y social. Periodistas protectores del poder.

 

Agentes de un periodismo complaciente, que ‘olvidan’ la función del periodista: informar a toda costa. Facilitar la confrontación de visiones y versiones entre los agentes de un mismo suceso. De este modo, permitir que quien lee, ve o escucha, tenga suficientes elementos de juicio para opinar y tomar su decisión con cabeza propia. Periodismo veraz que obliga y hace necesario a quien informa, que en ocasiones, entregue un contexto de los hechos. Que descubra y brinde datos. Que ofrezca detalles no conocidos de la noticia pertinente, de manera que, quien no conoce las razones profundas de uno u otro tema, pueda finalmente construirse un mapa de las causas y consecuencias que realmente están en juego.

 

Cuando la información no se presenta así, cuando lo informado sirve es para desinformar, la democracia, para la cual el derecho a la información es fundamental, también padece la desinformación. Se deforma. Refleja otra parte de su crisis, evidencia su ‘secuestro’ por los agentes del poder político y económico. En medio de los hechos actuales, tal sensación es el desasosiego que no pocos sentimos en Colombia.

 

¿Cómo no?, cuando escuchamos las declaraciones o respuestas de ciertos personajes por una cadena radial –¡el mayor opinador del país!– para exigirle al Gobierno, “ante la prolongación del paro camionero”, que le meta mano dura. Es decir, que militarice, que violente a quienes protestan. ¡Un ‘periodista’ que no informa sino que opina, en favor de alguien! ¡Un ‘periodista’ que manipula a quienes dice informar”! ¡Un ‘periodista’ que, como agente del Estado, que como parte del poder, toma posición con total desfachatez por una de las partes! ¡Un ‘periodista’ que opta por atizar el fuego en vez de contribuir para que no tome fuerza! ¿Qué quiere proteger?

 

Decía un gran periodista polaco: “Los cínicos no sirven para este oficio”*, pero en manos de estos, en boca de estos, están los medios oficiosos en el país. Es claro que este periodismo palaciego y complaciente con intereses financieros e inversionistas, contribuye a debilitar y destruir la democracia, la realmente existente. Realidad inocultable e innegable que plantea un reto mayúsculo.

 

Tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, en Colombia y en el resto del mundo, hay un desafío: Construir una democracia realmente incluyente, radical, refrendataria, que les abra espacio y poder, en verdad decisorio y soberano, a las mayorías de quienes dice depender.

 

*Ryszard Kapuscinski, Anagrama, España, 2014.

 

 

Publicado enEdición Nº226
El soldado Bergdahl, Afganistán y el ocaso de la moral estadounidense

Cuando se denunció la desaparición de Bowe Bergdahl en Afganistán la mañana del 30 de junio de 2009, se produjo una gran grieta en el discurso estadounidense acerca de la guerra más larga de la historia del país.

 

La liberación de Bergdahl esta semana como parte de un intercambio de prisioneros con el Talibán provocó que desde los medios de comunicación dominantes se atacara abiertamente al prisionero de guerra estadounidense, a su familia y al propio Presidente Barack Obama. Sin embargo, lejos del barullo de estos abucheadores profesionales de la clase política, en Haily, Idaho, Bob Bergdahl, el padre del joven prisionero, ha librado una larga lucha por la liberación de su hijo. El calvario del hijo y el activismo disciplinado y contemplativo del padre muestran otra cara de la guerra de Estados Unidos en Afganistán.


Aún se desconoce exactamente qué sucedió aquella noche en que Bowe Bergdahl desaparició en la provincia de Paktika. Sean Smith, un documentalista del periódico The Guardian, conoció a Bergdahl un mes antes de su desaparición.


"Bowe era un tipo que hablaba con calma, era inteligente y atento", escribió Smith sobre el soldado ahora liberado. Smith realizó dos videos excepcionales, uno con imágenes registradas en Afganistán y otro filmado en Idaho, en el que se muestra el incansable trabajo de Bob Bergdahl no solo para que liberen a su hijo, sino también para comprender la misión de Estados Unidos en Afganistán. El soldado Bowe no aparece en los documentales de Smith, pero sí dos de sus compañeros de unidad, que son parte de un inseparable grupo de cinco o seis personas.


En el video, uno de los soldados, le dice a Smith: "Esta gente solo quiere que se la deje en paz".


El otro compañero de Bowe, prosigue: "Los rusos los jodieron durante 17 años y ahora vinimos nosotros".


Y continúan: "Lo mismo ocurrió en Irak cuando estuve allí. Esta gente solo quiere que la dejen tranquila, celebrar sus cosechas, sus bodas, ese tipo de cosas. Eso es todo".


Pocos días después de esta entrevista a sus compañeros, Bergdahl desapareció. Smith me dijo: "Muchas personas que servían en el Ejército en Afganistán estaban expresando preocupación acerca de lo que estaban haciendo allí o acerca de lo que les dijeron que fueron a hacer allí y de lo que pensaban que estaban haciendo. No criticaban la cadena de mando, sino que estaban cuestionando la guerra y el concepto que hay detrás. Varios soldados estadounidenses plantearon inquietudes y cuestionamientos".


De regreso en Idaho, Smith caminó junto con el padre de Bowe hasta llegar a un remoto campamento cubierto de nieve en medio de las montañas. Bob Bergdahl se había dejado crecer una larga barba y estaba estudiando el idioma Pashto para poder comunicarse con la gente de Afganistán.


En el documental, Bergdahl dice acerca de su hijo: "No estaba allí por razones de seguridad nacional. No estaba allí porque perdió a un amigo cercano el 11 de septiembre. Estaba allí porque fue educado para sentir compasión. Sé que esa fue la motivación de Bowe, ayudar a estas personas. Ese es el modo en que muchos estadounidenses conciben la guerra: somos una especie de Cuerpo de Paz con armas y esa es una misión imposible".


Inmediatamente después, se ve a Bob Bergdahl mirando un video de Martin Luther King Jr. en 1967, cuando pronunció su famoso discurso "¿Por qué me opongo a la guerra de Vietnam?". Bergdahl reflexiona: "¿Cómo vamos a enseñarles a al menos dos generaciones de niños de este país que tenemos cero tolerancia a la violencia cuando, al mismo tiempo, ocupamos dos países de Asia durante casi una década? Es esquizofrénico. La finalidad de la guerra es destruir. No se la puede utilizar para gobernar".


Se está prestando mucha atención al grupo de personas que solicita que Bowe Bergdahl sea sometido a un consejo de guerra. Media Matters, un observatorio de los medios de comunicación sin fines de lucro ha documentado la implacable campaña del canal Fox News contra Bergdahl y la demonización de su familia. Mientras tanto, el New York Times puso en duda la afirmación reiterada incansablemente por la CNN, MSNBC y otros medios de que de seis a ocho soldados murieron mientras buscaban a Bowe Bergdahl en las semanas y los meses posteriores a su desaparición.


Otras personas, quizá mejor informadas, a quienes los medios de comunicación dominantes conceden muy poco espacio, tienen respuestas más matizadas con respecto al intercambio de prisioneros de guerra. El Coronel retirado de la Fuerza Aérea Morris Davis, principal fiscal militar de la prisión de la Bahía de Guantánamo hasta que renunció en 2007, me dijo: "No conozco ninguna guerra que haya terminado sin que las partes negocien o debatan. Simplemente no sé cómo se pone fin a una guerra sin hablar con el otro bando".


En respuesta a la crítica de que los cinco prisioneros de Guantánamo que fueron intercambiados por Bergdahl eran terroristas de alto nivel, Davis afirmó: "Muchos políticos, incluido John McCain, han intentado utilizar esto para mostrar al Presidente Obama como débil. Creo que es un discurso falso y, lamentablemente, demasiadas personas lo han creído. Se está intentando pintar un panorama de que las fuerzas estadounidenses capturaron a estos hombres en medio de la batalla y que en el proceso se perdieron vidas y eso no fue lo que sucedió. Durante el tiempo que fui fiscal principal en Guantánamo investigamos a todos los presos y nos centramos en alrededor de 75 que podían ser acusados de cometer algún delito. Cuando vi los nombres el otro día, no los reconocí. Tuvimos más de 12 años para probar que habían cometido algún delito del que acusarlos. Estoy seguro de que si hubiera sido el caso, lo hubiéramos hecho, pero no fue así."


Cuando le pregunté al Coronel Morris si calificaría a estos hombres que han sido liberados y enviados a Qatar también como prisioneros de guerra, me respondió afirmativamente.


El difunto periodista de la revista Rolling Stone Michael Hastings publicó varias notas sobre Bowe Bergdahl en las que cita correos electrónicos enviados por Bowe a sus padres, que son muy críticos de la ocupación de Estados Unidos en Afganistán. Bowe escribió: "Lamento todo lo ocurrido aquí". Al final del video de Sean Smith, se escucha a Bob Bergdahl decir sobre la guerra de Estados Unidos en Afganistán: "Creo que se trata del ocaso del tejido moral estadounidense. Aquí se origina el sentimiento de culpa, porque te dicen que estás ayudando, pero por dentro sabes que no es así".


Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Domingo, 16 Marzo 2014 06:16

Vaporosos golpes suaves

Vaporosos golpes suaves

Aunque la práctica del golpe de Estado puede rastrearse hasta la antigua Roma, su conceptualización actual deriva de la expresión francesa coup d' État, surgida en el siglo XVII para definir la decisión del rey de arrogarse poderes extraconstitucionales y ejercer la represión contra sus opositores. Con el tiempo, el concepto se fue ampliando para abarcar también la usurpación más o menos violenta del poder por parte de un actor externo, generalmente los militares, con grados variables de apoyo social y cobertura institucional. Quizá debido a la sempiterna estabilidad institucional británica, la expresión no tiene traducción al inglés (se usa el galicismo coup), aunque sí, por supuesto, al alemán (putsch).

Pero no nos desviemos. Si en su acepción tradicional el golpe de Estado definía la toma del poder a través de medios extrainstitucionales, la realidad latinoamericana actual, con situaciones de conflicto político y crisis institucional en países como Honduras, Paraguay, Ecuador, Bolivia y Venezuela, es más resbalosa, y sólo puede ser capturada mediante un cuidadoso diagnóstico caso por caso. En Honduras, dos de los tres poderes del Estado, el Parlamento y la Corte Suprema, resistían la intención de Manuel Zelaya de reformar la Constitución hasta que, sin recurrir a los canales institucionales adecuados, por ejemplo iniciando un proceso de juicio político, lo detuvieron de madrugada en calzoncillos y lo obligaron a exiliarse. El actor decisivo de esta película fueron los militares, que lideraron todo el operativo y se ocuparon de proteger al gobierno transitorio, que condujo al país hasta las siguientes elecciones. En Paraguay, el Congreso desplazó del poder a Fernando Lugo en un trámite exprés que lo privó de cualquier posibilidad razonable de defensa, y designó en su reemplazo al vice, elegido en la misma boleta y a la vez cabeza de la conspiración.


Ambos casos, que implicaron una ruptura clara del hilo constitucional, son obviamente distintos del amotinamiento de un sector de la policía ecuatoriana en reclamo de mejoras salariales en 2011, de la crisis de los prefectos del 2012 en la Argentina o de los episodios recientes de Venezuela, todos los cuales fueron calificados por un sector u otro de los respectivos gobiernos como intentos de golpe de Estado.
Detengámonos un momento en la Venezuela de estos días, que es un buen ejemplo de la complejidad de este tipo de situaciones. Allí, una serie de protestas estudiantiles en demanda de seguridad derivó en una seguidilla de hechos de violencia que ya causaron unos veinte muertos de ambos bandos. Contribuyeron al desastre el renovado protagonismo de los sectores más radicales de la oposición, que habían quedado relegados tras el ascenso de Henrique Capriles pero que volvieron a adquirir fuerza luego del amplio triunfo chavista en las elecciones municipales del año pasado. En Venezuela, cada vez que el gobierno parece invencible se fortalece la oposición más intransigente, partidaria de desplazar al oficialismo por cualquier medio. Pero la situación sería incomprensible si no se considerara también la reacción represiva del gobierno, que utilizó a la policía para evitar manifestaciones, que alentó a sus seguidores a desarmar las barricadas por la fuerza ("apagar la candela", en palabras de Maduro) y que hasta mantiene detenido a un dirigente opositor (que, por otra parte, había formulado declaraciones claramente sediciosas). En una sociedad que ostenta índices de criminalidad centroamericanos, grupos armados violentos operan con autonomía tanto del lado oficialista como del opositor, y no es sencillo determinar quién disparó primero en cada caso. Todo esto en el contexto de un modelo que combina una evidente legitimidad popular con no menos evidentes signos de deterioro económico y, en menor medida, social (54 por ciento de inflación y 1,2 de crecimiento el año pasado).


Volviendo al planteo más general, digamos que resulta difícil determinar la línea exacta que separa el ejercicio democrático de la oposición, que incluye por supuesto el derecho a manifestarse en las calles y organizarse en las redes sociales y los medios de comunicación, todas cosas que han sido confundidas con intentos de desestabilización, del simple golpe de Estado. Y también resulta complicado identificar la frontera precisa que divide la obligación del gobierno de garantizar el orden en las calles, lo que incluye el uso proporcionado de la fuerza y la detención, con todas las garantías, de eventuales sediciosos, de la represión antidemocrática y la persecución ilegal a los opositores.


Esta dificultad se acentúa por dos cuestiones. La primera es que las situaciones a las que nos referimos rara vez cuentan con un actor protagónico. El éxito del hit interpretativo de Carta Abierta, el famoso "clima destituyente", radicaba justamente en que no hablaba de los militares o la CIA, sino de un vaporoso clima, que no era exactamente golpista sino sutilmente destituyente. Más tarde, en una buena nota en Página/12, Horacio González se refería a los golpes sin rostro, sin líderes y "sin programa más que el descrédito sistemático del gobierno". Desde la vereda de enfrente, Henrique Capriles responde a las acusaciones del chavismo con el siguiente argumento: "Los civiles no dan golpes de Estado, los dan los militares". La pregunta que une ambos planteos podría formularse en estos términos: ¿hasta dónde un golpe sin sujeto es realmente un golpe?


La segunda dificultad analítica refiere al carácter ambiguo del tipo de gobierno que se ha consolidado en algunos países latinoamericanos, que por supuesto no puede ser descripto como autoritario, pero que indudablemente incluye un debilitamiento del componente republicano, y en menor medida también del componente liberal, propio de cualquier democracia. A ello se suma, en Venezuela, la muy novedosa eliminación del freno más importante que históricamente encontraron las democracias presidencialistas para prevenir las tentaciones autoritarias: el límite temporal al ejercicio del poder por la misma persona (como se sabe, Venezuela es el único país sudamericano con reelección indefinida). Se trata de un límite crucial: los mandatos largos generan efectos nocivos en el oficialismo, pues el control del aparato estatal implica siempre un desequilibrio a su favor que luego se hace muy difícil de romper, como demuestra la experiencia de algunas provincias argentinas feudalizadas cuyos gobernadores se imponen con porcentajes soviéticos de votos. Pero la reelección indefinida afecta también a la oposición, que puede convencerse, con o sin motivos, de que nunca le llegará el turno, lo que a su vez lleva que se agote su necesaria "paciencia democrática" y aumenten las chances de las derivas autoritarias, como sucede en Venezuela. Por eso la alternancia es buena en sí misma.


Desde un punto de vista más histórico, señalemos que las situaciones de conflicto político y tensión institucional están en el germen de muchos de los gobiernos del giro a la izquierda latinoamericano, cuyo origen es menos diáfano de lo que habitualmente se admite. Pensemos si no en Ecuador, donde el ascenso de Rafael Correa estuvo precedido por la destitución de ¡tres presidentes!, todos ellos elegidos de manera perfectamente democrática. Correa no tuvo ninguna reponsabilidad en estos sucesos, pero no puede decirse lo mismo por ejemplo de Evo Morales, cuyo camino al poder, que también incluyó la renuncia anticipada de dos presidentes surgidos de elecciones, fue resultado de una mezcla de acción institucional (triunfos electorales, gestión municipal en las alcaldías del Chapare, construcción parlamentaria de alianzas) con métodos extrainstitucionales (bloqueos, barricadas, puebladas). En algunos países, los golpes duros se combinan con golpes suaves: es el caso de Venezuela, que sufrió dos intentos del primer tipo (el que hizo Chávez en 1991 y el que le hicieron en 2002) y una cantidad difícil de estimar del segundo.


Finalicemos con un comentario de estilo. La complejidad de las situaciones actuales se confirma por la dificultad para encontrar fórmulas adecuadas para definirlas. Recurrimos entonces a curiosas expresiones adjetivadas y hasta autocontradictorias, como "golpe parlamentario", "golpe institucional" o "golpe suave". Quizá deberíamos revisarlas, porque ¿puede ser "parlamentario" un golpe de Estado? ¿Puede ser "institucional"? ¿Acaso un "golpe suave" no es lo mismo que una caricia? Ocurre que, aunque la secta de los semiólogos insista con que las palabras pueden crear realidad, lo que oscuramente definen como función performativa de la lengua, lo cierto es que en general el lenguaje corre detrás de los acontecimientos y que muchas veces, como ahora, demora en alcanzarlos.

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Miércoles, 12 Marzo 2014 06:37

América Latina 2014: ojo con las derechas

América Latina 2014: ojo con las derechas

En el periodo 1999-2013, varios pueblos del continente empezaron a revertir los estragos del capitalismo salvaje y el cepo del Consenso de Washington, alcanzando notables logros políticos, mejoras económicas sustantivas, gran movilidad social y entusiastas reafirmaciones de lo nuestroamericano.


Sendos triunfos políticos y diplomáticos tuvieron lugar en el primer bimestre del año: 1) la exitosa cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), celebrada en La Habana y 2) el bochorno de Estados Unidos y Canadá, cuando ninguno de sus aliados más firmes respaldó la abyecta propuesta de Panamá para que la desacreditada OEA metiera sus narices en la llamada crisis de Venezuela.
El innegable y trascendental proceso de unidad política subregional dibuja, no obstante, algunos nubarrones en sus horizontes. Porque ahí están, fogoneados por el máximo común divisor y las vírgenes vestales del Partido Mediático Universal (PMU), las bandas opositoras de distinto pelaje que, con creciente agresividad y violencia, despliegan las nuevas modalidades sediciosas del viejo golpismo desestabilizador.


La revista The Economist de Londres advierte que Argentina, Bolivia y Venezuela son los tres países más proclives a explosiones sociales durante 2014. Y como diría un lúcido politólogo ecuatoriano, la línea que separa a esas bandas opositoras es menos una frontera que una zona de ¬integración.


Con discursos a modo y ajustándolos a cada realidad en particular, el abanico neogolpista criollo carga contra los gobiernos satanizados por el imperio, endosándoles el cúmulo de flagelos que sólo ellos, dicen, podrían conjurar: inseguridad, inflación, corrupción, narcotráfico, crimen organizado, siga usted.

A los unos enardece el estatismo o populismo de tales gobiernos, y a los otros que apenas vayan más allá del progresismo. Sin embargo, es posible que también los descoloque algo más perturbador aún: la posibilidad de defender y refrendar el liderazgo democrático y popular con las reglas de la democracia formal.


Reglas que, sobra decir, las derechas jamás respetaron, en tanto las izquierdas nunca supieron qué hacer exactamente con ellas. Fuera de esto, ambas conservan la fe. Las primeras porque el fascismo siempre será una opción. Y las segundas por creer que el socialismo está escrito en las tablas del buen revolucionario.


De ambas hay que cuidarse. En un dibujo de los moneros Daniel Paz y Rudy ( Página 12, 10/3/14), el periodista pregunta a un opositor su opinión acerca del pedido de madurez cívica expresado por la presidenta Cristina Fernández. El opositor responde: "¿Madurez? Imposible... nosotros estamos con Capriles, no con Maduro".


Con otro sentido del humor, el supermarxista neoyorquino James Petras asegura que el presidente de Bolivia, Evo Morales, sería el más radical de los conservadores y el más conservador de los radicales. En tanto, según el alemán Heinz Dieterich (teórico del socialismo del siglo XXI), el conflicto de Venezuela se libra "...entre la facción neoliberal-pro imperialista (López-Capriles) y la facción socialdemócrata (Ma¬duro-Cabello)... por el control del plusproducto petrolero".


En los entresijos de esas opiniones aparecen nítidas líneas de frontera y varias zonas de integración. Focalicemos el lente en los recientes comicios municipales de Ecuador.


¿A causa de qué el partido del presidente Rafael Correa (Alianza País) perdió la estratégica ciudad de Quito a manos del joven y desconocido político Mauricio Rodas, formateado ideológicamente en México? Como es lógico, sólo después del escrutinio aparecen con claridad las causas de un revés electoral.


Con respaldo de la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) y la USAID, Rodas constituyó y dirigió en México la Fundación Ethos, en cuyo consejo de asesores figuran conocidos centuriones de la democracia latinoamericana, a saber:


Jorge Quiroga, ex presidente de Bolivia; el venezolano antichavista Ricardo Hausmann (ex jefe del Banco Interamericano de Desarrollo); Moisés Naim, editorialista de El País de Madrid y ministro de Venezuela cuando promovió el paquete de medidas del FMI que llevó al Caracazo (mil muertos, 1989); el anunciante y tecnócrata mexicano Carlos Elizondo Mayer Serra; los empresarios Alejandro Ramírez Magaña (dueño de Cinépolis) y Agustín Coppel y, faltaba más, el gran demócrata con adjetivos: Enrique Krauze.


En todo caso, y a pesar de que la popularidad de Correa no ha mermado, parece que sus advertencias no fueron oídas con atención: Entendamos lo que está en juego: no es el servicio a la ciudadanía. Es la punta de lanza para tratar de parar a la revolución ciudadana.
En efecto, durante el periodo 2012-13, el personal de la CIA en Ecuador se duplicó. La embajada de Estados Unidos en Quito cuenta con por lo menos 100 diplomáticos, y el propio Correa denunció que todas las embajadas cuentan con uno o dos agregados militares, pero en Ecuador hay más de cincuenta.

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Lunes, 17 Febrero 2014 06:09

Una vida en la mentira

Una vida en la mentira


Escrito por La teología moral se hace una sola con los valores democráticos, y éstos una sola cosa con las políticas públicas y privadas en gran escala. Vivir una vida en la mentira: la total patología.

La ética es un campo ingenuo e inocuo. Necesario ciertamente, pero incauto y tímido. La ética es la ciencia ficción del mundo cotidiano.
Ante las acusaciones públicas y mundiales de pederastia y la solicitud por parte de Naciones Unidas de informar y entregar a los curas pederastas, el Vaticano —ese mismo de Francisco, el jesuista— hace silencio. Y ese silencio es una forma de mentir.


Ante los medios de comunicación y la comunidad internacional, el presidente disminuye todos los efectos del espionaje y las chuzadas y, sabedor de los tiempos fatuos que vuelven ligera a la memoria, deja pasar la cosa a un segundo plano. Y se sienta con su familia a hablar de sus cosas y del mundo. Como si nada.


O aquel político que en época electoral declara unas cosas abiertamente en la primera vuelta pero luego dice absolutamente todo lo contrario en la segunda vuelta para querer ser favorecido con los votos.


Un militar asesino, en toda la palabra, ha logrado un ascenso gracias a falsos positivos. Y duerme en su cama, en una guarnición militar, conocedor de la unidad de cuerpo y de la fortaleza de la formación doctrinal. El resto le importa un bledo.


Un banquero sabe que las ganancias del sector financiero son muy superiores a las del sector productivo en cualquiera de sus formas gracias a la usura legalizada por el Estado. Usura que obliga a los usuarios de los bancos a pagar muchas veces más un crédito o una compra, y ellos acumular un capital que no podrán gastar en una vida: ni la suya ni la de sus familias. Y por otra parte, se llena la boca hablando de paz, justicia, responsabilidad social empresarial y democracia. Una patología institucionalizada.


Un exministro de agricultura ha favorecido la corruptela y el paramilitarismo distribuyendo ingresos, haciendo préstamos ilegales, permitiendo componendas favoreciéndose a sí mismo y a los otros: mientras abraza a su pequeño hijo en el juzgado donde se decide su suerte. Una mentira abrazando a una pequeña creatura, hasta ahora inocente.


Un profesor universitario es acusado de plagio por sus estudiantes en un doctorado en ciencias sociales y humanas de una prestigiosa universidad pública. El profesor acusa incomprensión y falta menor, y los directivos de la Universidad no se dan por enterados. Y claro, los estudiantes viven con miedo y zozobra. Acaso porque el profesor, entre otras cosas, le entrega puntajes a su Facultad y a su unidad académica.


Un equipo español oculta el precio de un habilidoso jugador, en blanco y negro, como una forma de lavar dinero, en medio de una crisis económica profunda de la cual el país no puede salir. Y su reyezuelo, mientras se divierte en safaris en África con la amante de turno, les habla tembloroso a sus ciudadanos de unidad y fortaleza, ignorando las corruptelas de su hija favorita. La mentira campeando en palacio, en los medios y en las calles.


Un presidente ha auspiciado el paramilitarismo en todas sus formas y su hermano ha sido directamente implicado por internos conocedores, y ambos mienten con descaro y no se les tuerce la cara.


Los casos se multiplican día a día, en todas las escalas: mundial, nacional, departamental, local u hogareña. La mentira es la forma de vida de la mayoría de los hombres públicos. La inmensa mayoría.


Pues bien, existe en inglés una distinción básica muy útil: aquellos que son "giver" y los que son "taker". Esto es, lo que quitan, piden y roban, y los que ofrecen, ayudan, sirven. De manera muy amplia, la casi totalidad de empresarios, militares, políticos, sacerdotes de todo color, administradores y líderes son del segundo tipo. Gente que vive en la mentira —en toda la acepción de lo que le preocupa a la ética. O, desde el punto de vista científico, a su complemento, la psiquiatría.

Estos son los que enferman al mundo y vuelven a la gente descreída y egoísta; por acción, o por reacción. Los adalides de los valores todos, los mecenas del nihilismo. En una palabra: los hombres de Davos. O del Vaticano. O del poder. En fin, hombres y mujeres que son y representan la quintaesencia del capitalismo, en toda la acepción de la palabra: político y económico, cultural y axiológico.


Ya lo señalaba con descaro Goebbels: una mentira repetida mil veces termina por convertirse en una verdad. Patología social, pandemia mental. O como lo sostenía ese colombiano representante de la extrema derecha, invitando a los suyos contra sus opositores y detractores, Gilberto Alzate Avendaño: "¡Calumnia! ¡Calumnia que algo quedará!".


Lo verdaderamente incomprensible, desde el más sano de todos los sentidos comunes es, ¿cómo es posible vivir en la mentira? ¡Es tal el grado crónico y crítico de la enfermedad que no les da remordimiento de ninguna clase, que pueden mirar de frente a las cámaras de fotografía y televisión, mientras dicen lo que dicen que es lo que hacen!


¿Cómo hay gente a la que no se le dilatan las pupilas ni tartamudean, ni les tiemblan las manos ante la mentira, el engaño, la corrupción y la muerte? Que eso sucede ya no es tema , en absoluto de la ética, sino de la más refinada psiquiatría.


Esos agentes del poder —los "takers", esto es, los tomadores de decisiones como eufemísticamente les gusta denominarse a sí mismos—, enferman a la sociedad a través de sus medios: los de comunicación, los pulpitos, las empresas y los gobiernos. Y hacen de los ciudadanos psicópatas: que oscilan entre dos mundos antagónicos e irreconciliables. Y que en los colegios imprimen cochinadas como educación cívica, educación ciudadana, cultura ciudadana, religión, y demás asignaturas semejantes.


La teología moral se hace una sola con los valores democráticos, y éstos una sola cosa con las políticas públicas y privadas en gran escala. Vivir una vida en la mentira: la total patología.


Pues bien, como con acierto sostenía Nietzsche —entre otros—, derrumbar esas escalas de valores no es solamente un acto de valentía, sino, más radicalmente, es un acto de salud (¡y sanidad!) y una afirmación de la vida. Y la afirmación de la vida pasa por señalar que el núcleo mitocondrial de la ética es la psiquiatría. En los tiempos que corren, en la realidad de todos los días.


Afirmar la vida y hacerla posible: esto es una sola y misma cosa con denunciar esa anomalía cultural congénita que es la vida en la mentira. Vivir una vida buena es algo que se dice fácilmente, pero es extremadamente complicado. Significa despertar ese instinto natural de rechazo al olor nauseabundo de la mentira y el engaño.


Porque desde el punto de vista legal conocen todos los trucos para dilatar los procesos jurídicos y la identificación de responsabilidades. Porque, como se dice popularmente, el que hace la ley hace la trampa. Vivir una vida en la mentira es para todos ellos el reino de la impunidad, el paraíso. El más artificioso de los paraísos. Mientras les dura su tiempo...

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Miércoles, 06 Noviembre 2013 06:52

Mitos usuales sobre la economía

Desarrollos recientes en la economía mundial refutan a diario mitos que circulan ampliamente en la región y el país como verdades absolutas. Entre ellos.


1. Se debe desregular para potenciar la economía


La Justicia americana está acordando con el principal Banco de Estados Unidos una multa de 13.000 millones de dólares. Será la mayor de la historia. Se debe a sus manejos en el mercado de hipotecas y otras prácticas dañinas.


Un jurado federal encontró responsable a otro gran banco, The Bank of America, por prácticas fraudulentas en el mercado de hipotecas antes de la crisis del 2008/9. Los fiscales piden 849 millones de dólares de sanción, y acusaron criminalmente a uno de los operadores.
Las Justicias de Gran Bretaña, EE.UU., Suiza y Hong Kong están investigando a operadores de cinco bancos líderes de dichos países por manipular operaciones de cambio, un mercado que genera cinco trillones de dólares diariamente. Por lo pronto los bancos han puesto en vacaciones forzadas a doce de sus operadores.


Prosigue la investigación judicial sobre la adulteración deliberada de la tasa Libor, la tasa de referencia de gran parte del sistema financiero mundial. Se acuerdan, en base a ella, 30 trillones de dólares de préstamos y el 70 por ciento de las operaciones a futuro. Han aceptado ya su responsabilidad dos bancos líderes, uno inglés y otro holandés, y prosiguen las investigaciones sobre otros doce. El presidente del organismo regulador de EE.UU., Gary Gensler, dice que las maniobras para falsear los datos en favor de las ganancias para los bancos llevaron a que "la tasa Libor sea ficción más que realidad".


Todo esto, más otras operaciones similares, fueron posibles por la desregulación de los mercados parafinancieros. Llevó a las burbujas de hipotecas basura, y derivativos basura, y fue fundamental en la gran crisis económica del 2008/9, que hizo caer la economía mundial y aún continúa. Los intereses en juego siguen oponiéndose a ella y practicando un activo lobby para impedir que las nuevas regulaciones sancionadas se apliquen en la práctica.


Uno de los principales ideólogos de la desregulación, Alan Greenspan, presidente de la FED durante años, señala (The Financial Times, 27/10/13) respecto de las fallas de los modelos predictivos aplicados: "El modelo falló. El modelo de la FED falló, el del FMI falló, estoy seguro de que el del Goldman Sachs también se equivocó".


Declara que "hay un problema tramposo que no sabemos cómo solucionar, y sobre el que ni siquiera hablamos, que es el ascenso inexorable de lo que significan las finanzas, y los seguros sobre las finanzas, sobre el producto bruto". Está aludiendo a la financialización de la economía mundial. Se sorprende con que "esperábamos que con la crisis de 2008 ello cambiaría, y bajó por un pequeño tiempo, pero después volvió a pesar del hecho de que las finanzas tienen una terrible reputación". Su entrevistador Gillian Tett resalta que "está desencantado con Wall Street y con los extremistas del libre mercado financiero, no obstante haberlos defendido durante muchos años".
La realidad muestra que es imprescindible un Estado que regule activamente, en protección del interés colectivo.
2. La austeridad paga


Se trataría de una cuestión de paciencia histórica. Los pueblos deben entender que las políticas de austeridad los van a conducir finalmente a economías pujantes y estables. Han pasado más de cinco años de su aplicación en Europa y el sufrimiento prosigue pese a los "cantos de sirena" sin evidencia empírica.


Según los últimos datos de EuroStat, la tasa de desempleo en los 17 países de la Eurozona es 12,2 por ciento. En España es 26,6 por ciento y en Grecia 27,6 por ciento. Recientes estudios de la Universidad Bocconi de Milán y de la Universidad de California muestran que los costos de los gruesos ajustes en el gasto público llevaron a caídas abruptas de la actividad económica en todos los lugares donde se están aplicando, creando círculos económicos viciosos que se retroalimentan. Fueron buenos para los grandes acreedores, muchos actores clave de la financialización, pero fatales para la gente y la economía.


Entre muchos otro casos, relata The New York Times (1/11/13), Argyris Athanassiuss, 24 años, se graduó de economista en la Universidad de Atenas, hace dos años. El único trabajo que consiguió es cuidar a los bebés de amigos de sus padres, que se condolieron de él. Thanasis Stamatapoulos, 46 años, vendedor en un comercio de artículos eléctricos, fue despedido hace un año. Dice: "Todos despiden, nadie toma. Me presenté en la panadería de mi pueblo, me rechazaron".


La "Austeritis" tiene asimismo costos gravísimos en términos de racismo y xenofobia. Crecen los partidos neonazis en Grecia y Hungría y la extrema derecha en Francia. Su consigna, "la culpa la tienen los inmigrantes y las minorías", está prendiendo en sectores desesperados de la población.


La ola delirante de persecución a los once millones de gitanos lo testimonia. Como en la Edad Media, se ha difundido la brutal versión de que "raptan niños". La policía de Irlanda sacó dos niños gitanos de sus hogares para tomarles el ADN. Los devolvió porque daba que sus padres eran legítimos. Gergely, director de una organización que defiende los derechos humanos de los gitanos, dice ante los atropellos: "Imaginen si los chicos fueran morenos y los padres blancos. ¿Los hubieran sacado de sus familias?".
3. Las políticas públicas antipobreza no dan resultado


El mito repite en América latina y otros lugares que son mero "asistencialismo". Que son un dispendio de recursos y favorecen la indolencia.


La promercado revista británica The Economist muestra (26/10/13), por el contrario, los efectivos resultados de los programas de transferencia condicionada que, señala, "aparecieron en primer lugar en América latina y se extendieron alrededor del mundo".
Las evaluaciones son contundentes, y de allí su diseminación internacional. Bolsa Familia, de Brasil, protegió en los últimos 10 años a más de 50 millones de pobres. Los hijos de las 13,8 millones de familias beneficiadas mejoraron sus tasas de aprobación escolar, y redujeron las de deserción, por encima de los promedios del país.


La Asignación Universal por Hijo apoyó en la Argentina, en sus tres años de existencia, a 3,5 millones de niños desfavorecidos. Combinado con un fuerte aumento de la inversión en la creación de escuelas en las áreas pobres, y de la ampliación de los servicios en salud, mejoró sustancialmente las tasas de aprobación escolar y de salud.


En ambos casos, más otrosen la región, la política pública concentró sus aportes en la madre, y exigió a la familia asegurar la escolaridad y las exigencias en salud.


Las familias respondieron. Los recursos están siendo invertidos, de acuerdo con todas las observaciones practicadas, en bienes imprescindibles. Las madres son administradoras ejemplares. Se crea además un círculo virtuoso. Los bienes se compran en pymes que a su vez emplean y demandan.


En ambos programas, y otros similares, hay un énfasis en integrar finalmente al mercado de trabajo, con avances considerables.
¿Por qué la proliferación de estos y otros mitos? ¿A quién le conviene que el Estado sea débil y no regule, que se sigan aplicando las políticas de austeridad, a pesar de sus impactos regresivos, y desacreditar sistemáticamente políticas públicas sociales, aunque den claros resultados?


Las cifras hablan. En la actual economía mundial, la participación del uno por ciento más rico sigue creciendo, con fuerte base en la financialización de la economía, las operaciones monopólicas y el debilitamiento del Estado.


La participación ciudadana ha abierto en América latina otros caminos derrumbando mitos. Hoy más del 55 por ciento de la población de la región vive en países que están practicando reformas sociales profundas, y están avanzando en otros.


Hay mucho más por hacer, pero el 99 por ciento está en control creciente de su destino.


* La más reciente obra del autor, Etica para empresarios, ha sido publicada en inglés y está en proceso de publicación en mandarín, en China.

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¿Colapso de la globalización y surgimiento del nacionalismo?
Uno de los signos inequívocos de la decadencia occidental” a los dos lados del Atlántico norte –en plena crisis financiera, económica, social, política, energética, alimentaria, ambiental: es decir, “crisis multidimensional y civilizatoria”– es la ausencia de una rigurosa crítica cartesiana y su sustitución por la intoxicación masiva de una crapulosa propaganda hollywoodense que propalan los oligopólicos multimedia: engendros de la plutocracia que controla la desregulada globalización financierista que ha caído en un solipsismo cacofónico.


De allí que los conceptos antitéticos al modelo de la globalización imperante sean marginales en el mejor de los casos y gocen de mínima difusión, ya no se diga penetración, y hasta parezcan descabellados para la aplastante mayoría de una ciudadanía global más desinformada que nunca, paradójicamente, pese a su hiperconectividad.


No hay que hacerse ilusiones: lo seguro es que la plutocracia financierista que controla el oligopolio multimediático global cesará su desinformación de corte goebbeliano cuando fenezca el modelo que defienden sus egoístas intereses singulares. El zar ruso Vlady Putin confiesa que la situación financiera global se encuentra fuera de control y el almirante Stavridis, de EU, comenta que el mundo tiene parecido a 1914 en los Balcanes, mientras Chris Hedges, premio de periodismo Pulitzer, se aventura una vez más a sentenciar temerariamente –para los parámetros del ocultismo multimediático de corte hollywoodense en EU– “El colapso de la globalización” (Truthdig, 28/3/11) y que refrendó en una reciente intervención en Tv (YouTube, 30/4/12).


El extenso análisis de Hedges es vibrante, de corte periodístico, y su principal argumento radica en llamar en EU “a despertar del autoengaño colectivo para realizar actos sostenidos de desobediencia civil (¡supersic!) contra el Estado de las trasnacionales plutocráticas” para impedir “ser propulsados a una catástrofe (sic) global”.


Cita a John Ralston Saul, quien demostró puntualmente que “cada promesa de la globalización ha sido una mentira”. A mi juicio, el canadiense Ralston, presidente de PEN International, es uno de los óptimos pensadores humanistas del mundo, quien sorprendió gratamente con su libro El colapso del globalismo y la reinvención del nuevo mundo, donde plantea desde 2005 el retorno del nacionalismo. El argumento nodal del enorme Ralston (muy subvaluado) en su profético libro de hace ocho años es que la globalización se desvanece en pedazos contradictorios y que los ciudadanos retoman la bandera de los intereses nacionales frente a los fracasos del manager (el director empresarial) quien es más bien un “tecnócrata” incapaz de conducir a las sociedades.


Hedges no dice nada nuevo, pero condensa magistralmente todas las críticas conocidas contra la plutocracia global que ha devastado a las clases medias de EU y del mundo, ya no se diga empobrecido aún más a los desposeídos.


Mi crítica amable quizá consista en que le faltó la disección del mundo plutocrático en la fase de la desregulada globalización financierista y que se concentra en el poder de la bancocracia, específicamente de los 13 banksters de Wall Street (ver libro al respecto de Simon Johnson, ex director de Economía del FMI). La misma crítica amigable se puede hacer a Joseph Stiglitz y a Paul Krugman, quienes han fustigado juiciosamente los defectos económicos de la globalización, pero que, en forma extraña, nunca abordan el cáncer financierista consustancial de la desregulada globalización posmoderna y cuyas metástasis han alcanzado todos los rincones del planeta.


A mi juicio, para entender la verdadera dimensión de la crisis multidimensional / civilizatoria se debe abordar el cáncer financierista que explayan excelsamente Andy Coghlan y Debora MacKenzie (New Scientist, “Revealed: the capitalist network that runs the world”, 19/10/11).


Habría que reconocer que el libro del difunto Giovanni Arrighi –asiduo invitado al solvente Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, de la escuela braudeliana de pensamiento que sigue otro ilustre pensador, Wallerstein– El largo siglo XX (Verso, 1994), demuestra cómo las crisis financieras constituyen la fase constante de los ciclos del intermitente colapso capitalista desde el siglo XVII (modelos: genovés, holandés, británico y estadunidense). Vale la pena citar algunas frases lapidarias de Hedges, quien cataloga las revueltas que cunden en el planeta como “el presagio del colapso de la globalización”: “Presagian un mundo donde los recursos vitales, incluyendo alimentación y agua, empleo y seguridad, son más escasos y difíciles de obtener. Presagian la creciente miseria de centenas de millones de personas que se encuentran atrapadas en estados fallidos sufriendo la escalada de la violencia y la pobreza paralizante. Presagian crecientes controles draconianos y la fuerza usada para proteger a la élite plutocrática que orquesta nuestro fallecimiento (¡supersic!)”. ¿No servirá el concepto hollywoodense de “Estado fallido” para dividir al mundo con una visión neofeudal tecnoamurallada entre el castillo tecnocrático de la plutocracia y sus alrededores relegados? A mi juicio, el muy trillado “estado fallido” es un muro conceptual que separa al uno por ciento de la plutocracia global del resto de la humanidad desahuciada.


Hedges arremete contra “los capitalistas plutocráticos, quienes han tomado el control de nuestro dinero, alimentos, energéticos, nuestra educación, nuestra prensa, nuestro sistema de salubridad y nuestra gobernación como enemigos (¡súpersic!) mortales a ser vencidos”.


A propósito, en fechas recientes fue publicado un estudio en EU que exhibe la estrepitosa pérdida de credibilidad de sus desinformadores multimedia.


Comenta Hedges que “una alimentación adecuada, agua limpia y una básica seguridad se encuentran ya inalcanzables a quizá la mitad de la población mundial”.


Fustiga la “utopía del mercado que debe determinar la conducta humana y permite que las trasnacionales y las firmas de inversión continúen su asalto especulando con materias primas para elevar el precio de los alimentos” y “permite que la industria de guerra absorba la mitad (¡supersic!) de todos los gastos del Estado, generando billones de déficit, y lucrando con conflictos en Medio Oriente, que no tenemos oportunidad de ganar y permite que las trasnacionales evadan los controles más básicos y las regulaciones para cimentar en su lugar un neofeudalismo global”. A mi juicio, nos encontramos en un paradójico “feudalismo tecnológico”: una humanidad retrocedida a la Edad Media, mientras la plutocracia financierista controla fines y medios con una pasmosa tecnología jamás soñada.


Contundente, Hedges sentencia que “la última gente que debería estar a cargo de nuestro abastecimiento alimentario o de nuestra vida social y política, sin mencionar el bienestar de los niños enfermos, son los capitalistas plutocráticos y los especuladores de Wall Street”. Amén.


alfredojalife.com

@AlfredoJalife

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La Corte de Apelaciones de Santiago rechazó en segunda instancia la aspiración de Televisión Nacional de Chile (TVN) de cobrar al monopolio de cable VTR por la difusión de su señal pública abierta de cobertura nacional.
La tercera sala del tribunal rechazó la apelación de una sentencia de primera instancia del 2 de octubre de 2006 y ratificó el fallo anterior. El canal público TVN llevó el caso a la justicia en 2002 y ahora se propone
acudir a la Corte Suprema para revertir el fallo.

El Observatorio de Medios Fucatel, en la práctica el único que existe en Chile, informó hoy que la Corte acogió sus observaciones para negar la demanda de TVN, que aspira al reconocimiento judicial a su pretendido
derecho de cobrarle a VTR por incluir la señal abierta en su oferta de canales por cable.

La  Corte estimó que la televisión abierta es un servicio de interés público de acceso universal y que al incluirla en su parrilla, el cable operador proporciona un medio técnico que contribuye a difundir sus contenidos a un número indeterminado de hogares [que de lo contrario no recibirían o recibirían con mala calidad la señal del Canal Nacional], explicó Fucatel.

Adicionalmente, la Corte sostuvo que no quedó demostrado un aprovechamiento económico de VTR por esta actividad y que la inclusión de TVN no reviste el carácter de “retransmisión”, sino que es una “redifusión simultánea, íntegra e inalterable que se hace de la señal de la Televisión Nacional y este acto no significa un acto de explotación".

Aunque la Corte Suprema dirá la última palabra, la sentencia llegó justo cuando el Senado está a punto de votar el proyecto de ley que introduce en Chile la tecnología de Televisión Digital Terrestre. Durante los debates, el lobby de los propietarios de canales de televisión abiertos, agrupados en la organización empresarial Anatel, solicitaron al Parlamento que la nueva legislación establezca ese derecho a cobrar a los operadores de cable operadores por la redifusión de sus contenidos.

La sentencia de la Corte afirma que "es un hecho no discutido en el proceso que Televisión Nacional de Chile, televisión abierta, tiene una concesión gratuita e indefinida, a cambio de su obligación de servicio de interés
público, cual es que se permita a todos los habitantes del país la posibilidad de disponer de un servicio de televisión".

El Observatorio se pronunció por la regulación de esta materia, "pero no necesariamente disponiendo que sea factible el cobro a los cable-operadores, sino a partir de reglas de mejor trato", señaló una nota de prensa de Fucatel. "Siendo así, los operadores de cable deberían dar igual trato a todos los operadores de TV abierta, con independencia de sus condiciones específicas".

TVN contra-ataca

Mauro Valdés, director ejecutivo de TVN, dijo a El Mercurio: "¿TVN podría transmitir por una de sus señales un canal de VTR sin tener contrato? No. ¿Y podría cualquier persona armar un negocio de discoteca sobre la base de una señal de radio? Eso es lo que está haciendo hoy VTR y otros operadores de TV paga al cobrar a sus clientes por la TV abierta de este país".

"Discrepamos completamente de este fallo pues, entre otros defectos, introduce el concepto de 'redifusión' que no existe en la legislación, y que en realidad es una 'retransmisión' como lo ha señalado la propia Subsecretaría de Telecomunicaciones en dictámenes recientes y que fueron ignorados por la resolución de la Corte", añadió Valdés. "TVN es dueña de su señal y no necesita de VTR para llegar a sus millones de telespectadores. VTR tiene contratos pagados con muchos canales y usa sin autorización la señal de TVN, la que les permite aumentar su audiencia y obtener las utilidades más millonarias de toda la industria. Esto viola el derecho de propiedad intelectual".

Para Valdés, "VTR es una multinacional que está abusando en Chile de una situación que no ocurre en los otros países de la OECD, donde opera el sistema “may carry” que establece que las señales de cable deben tener el
consentimiento para retransmitir señales públicas. Esto busca que empresas como VTR no lucren con contenidos que no producen ellos. Esto es fundamental para proteger la producción televisiva, especialmente la nacional, y para evitar perjuicios en la calidad técnica de la señal". Añadió que "VTR está realizando un gigantesco lobby en el Congreso Nacional para justificar lo inexplicable, porque la verdad es que cobran a sus usuarios por contenidos que son gratuitos, lo que explica las enormes utilidades que tiene esa multinacional".

Televisión chatarra

La decisión de la Corte no atañe a la señal de cable “24 Horas”, también de TVN y dedicada exclusivamente a emitir noticias, programas informativos y entrevistas. VTR compite con esta señal de TVN con la explotación del canal de cable-noticias CNN-Chile, fundado en alianza con Turner Broadcasting Systems (TBS), matriz de la cadena estadounidense CNN y parte del mega conglomerado mediático Times Warner AOL. La división TBS Latinoamérica también opera el canal de televisión abierta ChileVisión, que en su origen perteneció a la Universidad de Chile, fue vendido al venezolano Gustavo Cisneros y adquirido más tarde por Sebastián Piñera, quien lo traspasó al holding comunicacional norteamericano cuando ya estaba instalado en la presidencia del país.

El cable VTR, asimismo, ofrece señales informativas de numerosas televisoras extranjeras privadas y públicas, como CNN en inglés, DW de Alemania, RAI de Italia, TVE de España, BBC del Reino Unido (en inglés) y, por aparentes razones ideológicas contradictorias con la diversidad y la libertad de expresión, rehúsa incluir en su parrilla canales como el árabe Al-Jazeera y la venezolana Telesur, estación internacional de noticias que también entrega su señal gratis y cuyos contenidos informativos ofrecen una óptica completamente distinta a la alineación incondicional de las grandes cadenas y servicios informativos mundiales a las políticas globales de EEUU, Unión Europea, OTAN, FMI, Banco Mundial, etc., y a la visión unilateral de los países más ricos del planeta respecto a las causas profundas de la crisis financiera mundial en curso y el empobrecimiento atroz de Grecia por aceptar préstamos con altas tasas de interés para comprar armas a Alemania y Francia a fin de “disuadir” a Turquía, que aspira a ingresar a la Unión.

Las noticias y comentarios de la televisión local omiten, justifican o muestran asépticamente a las víctimas civiles de los bombardeos diarios en Libia, Pakistán, Afganistán, o cualquier otro lugar del mundo en que hay
despliegue militar de los países desarrollados. Toda la televisión abierta y por cable que puede verse en Chile ofrece propaganda política internacional desembozada, con una visión totalitaria, sesgada y excluyente. Incluso “la tele” deforma temas locales, mediante la distorsión constante de la “información” sobre movilizaciones populares, de jóvenes, estudiantes y trabajadores. En otras ocasiones facilitó sus videos a las policías para
identificar a quienes protestan y, a menudo, ofrece “cobertura en vivo” de diferentes acciones y/o montajes policiales, asumiendo a priori un pretendido rol “justiciero” sobre personas que algunas veces resultan
inocentes, en un trabajo de propaganda propio de departamentos de relaciones públicas.

Así, los manifestantes muestran cada vez más hostilidad a la “labor informativa” de las cámaras de televisión, generalmente secundadas por periodistas bisoños que en su “formación” no alcanzaron a aprender el idioma español. Salvo algunas honrosas excepciones -como el periodista y sociólogo Alejandro Guillier, de “24 Horas”-, la gran mayoría de los entrevistadores y “analistas” coinciden con la óptica gubernamental, estigmatizan, peyorizan y satanizan toda clase de protestas y disidencias sociales. Enmarcan livianamente las manifestaciones en la crónica roja del día y ponen el mayor énfasis en lo desórdenes públicos y actos vandálicos, que se dan incluso en celebraciones deportivas, y omiten explicar las causas más profundas de los conflictos. Tampoco indagan la raíz social del vandalismo, que cada vez expresan con mayor frecuencia diferentes sectores de la sociedad chilena distintos a los estudiantes, y se someten dócilmente a los lineamientos de la política comunicacional del gobierno. Un tratamiento idéntico reciben las noticias respecto a Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua, Ecuador, Argentina, y otros países como Irán, al igual que las manifestaciones populares en España, Grecia, Reino Unido, Irlanda y, últimamente, Perú, donde el 28 de julio asumirá la presidencia Ollanta Humala, cuyo signo progresista inquieta a EEUU y al capital chileno invertido en ese país, 10.000 millones de dólares desde 1990.

Monopolio: VTR+Directv= John C. Malone

VTR, que también provee Internet y telefonía, pertenece en 80% a Liberty Global Inc. (de Estados Unidos), a través de VTR GlobalCom, y en 20% a Corp Rec S.A., del Grupo Álvaro Saieh (de Chile), propietario de Copesa (diarios La Tercera, La Cuarta, La Hora y otros medios), el banco CorpBanc, supermercados Unimarc y el 10% de la controvertida multitienda La Polar, entre otros grandes negocios. Según datos de 2010, VTR controla el 65,5% del mercado de TV cable (y el 34,4% de Internet).

En el 34,5% del segmento del mercado del cable que VTR deja “libre” en Chile actúa mayoritariamente DirectTV Chile (anunció para 2010 una cobertura de 16% de la TV pagada), con televisión directa del satélite al usuario a través de antena parabólica y decodificador, sin cable físico. Y desde 2006, DirectTV Chile pertenece al grupo Liberty Media Internacional Inc. Ambos consorcios (Liberty Global y Liberty Media Internacional) están controlados por el mismo accionista dominante: el empresario estadounidense John C. Malone. De esta manera, el monopolio VTR compite en Chile consigo misma, con el beneplácito del llamado Tribunal de la Libre Competencia. También aspira a ingresar pronto al negocio de la telefonía móvil.
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