Varoufakis tacha las negociaciones con el eurogrupo de "guerra financiera"

El exministro griego de Finanzas dice en una entrevista que Grecia "no fue derrotada con vehículos blindados, sino con bancos". Confiesa también que durante la crisis se planteó introducir una moneda paralela al euro para mejorar la posición negociadora de Atenas

BERLÍN.- El exministro griego de Finanzas Yanis Varoufakis calificó las negociaciones de Grecia con el eurogrupo como una "guerra financiera" en la que su país fue derrotado no con vehículos blindados, sino con los bancos.

"Se trataba de una guerra financiera. Hoy ustedes no necesitan vehículos blindados para derrotar a alguien. Tienen sus bancos", dijo Varoufakis en una entrevista que publica mañana la revista alemana Stern.

La aceptación de Grecia de las condiciones del eurogrupo para negociar un nuevo paquete de rescate fue calificado por Varoufakis como el ataque más grave que ha sufrido la democracia en Europa desde el final de la II Guerra Mundial.

Según Varoufakis, desde enero, cuando Alexis Tsipras llegó al poder, hubo una especie de "gabinete de guerra" en Atenas. "Tuvimos un gabinete de guerra, cinco o seis personas que se ocupan de un posible grexit. Juntos consideramos todas los escenarios posibles en ese contexto para luego desecharlos", explicó.

En medio de la crisis, Varoufakis se planteó introducir en Grecia una moneda paralela al euro como una herramienta para mejorar la posición negociadora de Atenas. "Ese es un tema al que le he dedicado toda mi carrera académica", dijo Varoufakis, considerado un experto en la llamada teoría del juego. La idea de introducir un medio de pago alternativo no era fácil en la situación en que estaba Grecia. "Para eso se necesitan todo tipo de recursos", explicó el ministro.

Varoufakis admitió haber procedido en las reuniones del eurogrupo con una táctica de guerra psicológica, permaneciendo siempre tranquilo en medio de un ambiente que a veces es bastante rudo. Según el ex ministro griego, el titular alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, es alguien que puede "explotar" en ciertas circunstancias. "Schäuble puede ponerse muy agresivo, yo vi como una vez puso de vuelta y media al jefe del eurogrupo (Jerome) Dijsselbloem", explicó.

"Conmigo nunca hizo algo así, siempre fue amable. Lo aprecio, me gusta Wolfgang y creo que él aprecia mis conocimientos. Schäuble sabe lo que quiere y lo dice claramente, una Europa autoritaria con menos estado de bienestar", agregó.

Su confrontación con Schäuble dentro del eurogrupo es vista retrospectivamente por Varoufakis como una batalla perdida de antemano. "En ese juego yo estaba desnudo y él era un gladiador protegido por una armadura. Usted puede ser todo lo inteligente que quiera, pero cuando su antagonista está en una fortaleza y usted sentado en la boca del cañón no se le sirven ni los mejores argumentos", dijo.

Con respecto al vicecanciller y ministro alemán de Economía, Sigmar Gabriel, Varoufakis se declaró decepcionado después de que al comienzo había sentido que eran "como hermanos". "No había nada que apuntara a una diferencia de opiniones. Era fantástico, como si hablara con un compañero de Syriza. Un compañero. Y poco después veo como arremete contra nosotros. Inconcebible", sostuvo.

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Sábado, 25 Julio 2015 17:37

"No es verdad que no haya alternativa"

"No es verdad que no haya alternativa"

"¿No hay alternativa? Eso fue lo que dijo Margaret Thatcher en los ochenta. La alternativa está acá, somos nosotros, toda esta gente que podés ver y la que no está pero quiere luchar. La austeridad no es el camino, tampoco las barreras que se levantan en Europa desde hace años contra los inmigrantes", señalan desde la plataforma griega Keerfa.

 

Niko reparte volantes a los pies del parlamento griego, en la plaza Syntagma, junto a otros jóvenes de la plataforma antirracista Keerfa. Las drásticas medidas de austeridad, asegura, refuerzan el discurso antisistema y nazista del partido Amanecer Dorado. "El resultado es el crecimiento de la xenofobia y de la extrema derecha. Estamos acá para decirle no al memorándum y porque es necesario actuar contra el peligro que representan los ultranacionalistas", señala.


El peligro no es una amenaza, es un hecho. Los neonazis de Amanecer Dorado se convirtieron en la tercera fuerza política más votada en las elecciones de enero pasado, pese a que su principal líder, Nikolaos Mijaloliakos, estaba encarcelado. Entre las acusaciones que pesaban y pesan sobre él figura la de pertenecer a una banda criminal que habría orquestado el asesinato de los jóvenes Pablo Fyssas y Sheh-zad Luqman, en 2013. En total, 69 miembros de Amanecer Dorado están acusados de asesinato, entre otros crímenes y delitos por los que afrontan un juicio que podría durar por lo menos dos años. Liberado en marzo de este año, Mijaloliakos está bajo arresto domiciliario; no puede salir de Grecia pero sí asistir al parlamento. "¿No hay alternativa? Eso fue lo que dijo Margaret Thatcher en los ochenta. Claro que hay alternativa. La alternativa está acá, somos nosotros, toda esta gente que podés ver y la que no está pero quiere luchar. La austeridad no es el camino, tampoco las barreras que se levantan en Europa desde hace años contra los inmigrantes", sostiene el activista de Keerfa.


En medio de la plaza, Claire conversa con todo aquel que se acerca a la manifestación contra el segundo paquete de medidas aprobado en el parlamento griego la madrugada del jueves. Entre ellos hay una joven que lleva una camiseta con la frase "Todavía no lo entiendo", un sentimiento compartido por Claire. "Después de todo lo que pasó, cuando el pueblo dijo claramente No en el referéndum, estuve tres días sin salir de casa. Fue una sorpresa. Ahora estoy desilusionada pero no voy a renunciar. Vamos a parar este plan con huelgas, manifestaciones, no vamos a permitir que los políticos nos tomen el pelo. Es una gran traición. Creo que todos los que votamos a la izquierda pensamos así. Ellos dicen que no hay alternativa pero sí la hay y la respuesta no la vamos a encontrar en esta Europa ni en la continuación de este modelo, este sistema está acabado", remarca.


La palabra "chantaje" está presente en carteles, remeras y volantes. Los miles de sindicalistas que marchan hacia Syntagma gritan: "El poder lo tiene el pueblo". "Lo que buscan es ahogarnos. Si está claro que no podemos pagar, ¿por qué siguen adelante con todo esto? Quieren que nos endeudemos más y más para seguir apropiándose de todos los recursos naturales de Grecia", protesta Yanis en medio de la marcha. "El plan de austeridad podrá seguir su curso, pero nosotros seguiremos acá en la calle", agrega.


María, Chris y Alex sujetan una pancarta que reza: "Seguiremos diciendo No. Lucharemos hasta el final". Los tres tienen 30 años y vienen del barrio Zografou, a una hora del centro de Atenas. Chris es ingeniero, Alex es profesor de alemán y María, profesora de música. Excepto Chris, que trabaja como publicista, el resto del grupo no tiene empleo. "Cuando Syriza dice que no hay alternativa actúa exactamente igual que la oposición, pero olvida que llegó al poder con otro discurso. Se negaron a discutir otra vía. Es imposible salir adelante dentro de la zona euro", dice Chris. "Yo creo que el gobierno no esperaba el resultado del referéndum, una posición tan clara y fuerte de los griegos. El propio Varoufakis dijo que luego del resultado sus compañeros de partido estaban como si hubiera muerto alguien", recuerda Chris. A su lado, Alex lamenta la posición tomada por Syriza. "Esta izquierda no es izquierda. No acá en Grecia. Si lo comparamos con los estándares europeos puede definirse como radical, claro", sostiene. Ambos coinciden en que los griegos asistirán a la formación de un nuevo partido de izquierda que agrupará al sector de Syriza liderado por el ex ministro de Industria Panayotis Lafazanis y otras fuerzas políticas progresistas.
María, como todos sus colegas, está cansada. Sale a la calle a protestar desde hace cinco años, con el breve paréntesis abierto tras la llegada de Syriza al poder. "Lo cierto es que la mayor parte de la gente está en estado de shock. Todavía no sabemos cómo va a reaccionar la sociedad cuando salga de este impacto, pero lo hará, será inevitable", asegura.

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Sábado, 25 Julio 2015 05:03

El coraje de la desesperanza

El coraje de la desesperanza

Según el reconocido filósofo esloveno, a los griegos no se les pide que traguen muchas píldoras amargas para un plan realista de reactivación económica, se les pide que sufran para que otros puedan seguir soñando su sueño imperturbables.


Giorgio Agamben dijo en una entrevista que "el pensamiento es el coraje de la desesperanza", una visión que es especialmente pertinente para nuestro momento histórico, cuando como regla general aun el más pesimista de los diagnósticos termina con una insinuación optimista de alguna versión de la proverbial luz al final del túnel. El verdadero coraje no es imaginar una alternativa sino aceptar las consecuencias del hecho de que no hay una alternativa claramente discernible: el sueño de una alternativa es una señal de la cobardía teórica, sus funciones como un fetiche que evita que pensemos hasta el final de nuestro predicamento. En otras palabras, el verdadero coraje es admitir que la luz al final de túnel es la luz de otro tren que se nos acerca en la dirección opuesta.


No hay mejor ejemplo de la necesidad de tal valor que Grecia hoy.


La doble vuelta en U que tuvo la crisis griega en julio de 2015 no puede sino aparecer como un paso no sólo de la tragedia a la comedia, sino, como Stathis Kouvelakis apuntó, de la tragedia llena de reveses cómicos directamente al teatro del absurdo (¿hay alguna otra manera de caracterizar el cambio de un extremo a otro, que pudiera deslumbrar incluso al filósofo hegeliano más especulativo?). Cansado de las interminables negociaciones con los ejecutivos de la Unión Europea (UE), en la que una humillación siguió a otra, Syriza llamó al referendo del domingo 5 de julio, que preguntaba al pueblo griego si apoyaba o rechazaba la propuesta de nuevas medidas de austeridad de la UE. Aunque el propio gobierno claramente apoyó el No, el resultado fue una sorpresa para el propio gobierno: la sorprendentemente abrumadora mayoría de más del 61 por ciento votó No al chantaje europeo. Los rumores comenzaron a circular de que el resultado –la victoria para el gobierno– era una mala sorpresa para Tsipras, que secretamente tenía la esperanza de que el gobierno perdiera, de modo que una derrota le permitiría salvar el honor al rendirse a las exigencias de la UE ("tenemos que respetar la voz de los votantes"). Sin embargo, literalmente, a la mañana siguiente, Alexis Tsipras anunció que Grecia estaba dispuesta a reanudar las negociaciones, y días más tarde Grecia negoció una propuesta con la UE, que es básicamente la misma que habían rechazado los votantes (en algunos detalles, aún más duras). En resumen, actuó como si el gobierno hubiera perdido, no ganado, el referéndum:
"¿Cómo es posible que un devastador No a las políticas de austeridad se interprete como una luz verde para un nuevo memorando de entendimiento? El sentido de lo absurdo no es sólo un producto de este cambio inesperado. Surge sobre todo del hecho de que todo esto se está desarrollando ante nuestros ojos como si nada hubiera pasado, como si el referendo fuera algo así como una alucinación colectiva que terminara repentinamente, dejando que continuemos haciendo libremente lo que hacíamos antes. Pero debido a que no todos nos hemos convertido en comedores de loto, vamos al menos a dar un breve resumen de lo que ocurrió en los últimos días. Desde el lunes por la mañana, antes de que los gritos de victoria en las plazas públicas del país hubieran desaparecido totalmente, empezó el teatro del absurdo. El público, aun en el estado de goce por el resultado del domingo, observaba cómo el representante del 62 por ciento se subordinaba al restante 38 por ciento en el período inmediatamente posterior a una resonante victoria para la democracia y la soberanía popular. Pero el referendo ocurrió. No era una alucinación de la que todo el mundo ahora se ha recuperado. Por el contrario, la alucinación es el intento de rebajarla a un temporario "dejar que se ventile el humo antes de reanudar el descenso hacia un tercer acuerdo".


Y las cosas siguieron en esa dirección. En la noche del 10 de julio, el Parlamento griego le dio a Alexis Tsipras la autoridad para negociar un nuevo plan de rescate, por 250 votos contra 32, pero 17 diputados del gobierno no apoyaron el plan, lo cual significa que tiene más apoyo de los partidos de la oposición que del suyo propio. Días más tarde, la Secretaría de Política de Syriza, dominada por el ala izquierda del partido, concluyó que las últimas propuestas de la UE eran "absurdas" y que "exceden los límites de la resistencia de la sociedad griega" –¿extremismo izquierdista?–. Pero el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), en este caso una voz del capitalismo mínimamente racional, hizo exactamente lo mismo: un estudio del FMI publicado el día anterior mostró que Grecia necesita mucho más alivio de la deuda de los gobiernos europeos que lo que éstos estaban dispuestos a contemplar hasta ahora. Los países europeos tendrían para dar a Grecia un período de 30 años de gracia para cumplir con toda su deuda en Europa, incluidos nuevos préstamos, y una extensión de la madurez dramática. No es de extrañar que el propio Tsipras declarara públicamente su duda sobre el plan de rescate: "No creemos en las medidas que nos impusieron", dijo Tsipras durante una entrevista de televisión, dejando en claro que la apoya por pura desesperación, para evitar un colapso económico y financiero total. Los eurócratas utilizan tales confesiones con impresionante perfidia: ahora que el gobierno griego aceptó las sus duras condiciones, dudan de la sinceridad y la seriedad de su compromiso: ¿cómo puede Tsipras realmente luchar por un programa en el que él no cree? ¿Cómo puede el gobierno griego estar realmente comprometido con el acuerdo cuando se opone al resultado del referendo?


Sin embargo, declaraciones como las del FMI demuestran que el verdadero problema es otro: ¿la UE realmente cree en su propio plan de rescate? ¿Realmente cree que las brutales medidas impuestas promoverán el crecimiento económico y por lo tanto el pago de las deudas? ¿O es que la motivación final de la brutal presión extorsionista sobre Grecia no es puramente económica (ya que es obviamente irracional en términos económicos), sino política e ideológica –o, como dijo Krugman, "la rendición no es suficiente para Alemania"–, que quiere el cambio de régimen y la humillación total de Grecia. Y hay una facción importante que sólo quiere sacar a Grecia de la UE, y más o menos le daría la bienvenida a un estado fallido como una advertencia para el resto. "Uno siempre debe tener en cuenta el horror que Syriza representa para el establishment europeo" (un miembro conservador polaco del Parlamento Europeo apeló incluso directamente al ejército griego para dar un golpe de Estado con el fin de salvar al país).


¿Por qué este horror? A los griegos ahora se les pide que paguen el alto precio, pero no para una perspectiva realista de crecimiento. El precio que se les pide que paguen es la continuación de la fantasía de "extender y pretender". Se les pide que asciendan a su sufrimiento real con el fin de sostener el ensueño de otros (eurócratas). Gilles Deleuze dijo hace décadas: "Si vous êtez pris dans le rêve de l'autre, vous êtez foutus" ("si estás dentro del sueño de otro, estás en problemas") y ésta es la situación en cual Grecia se encuentra ahora: a los griegos no se les pide que traguen muchas píldoras amargas para un plan realista de reactivación económica, se les pide que sufran para que otros puedan seguir soñando su sueño imperturbables. El que ahora necesita despertar no es Grecia, sino Europa. Todo el mundo que no está atrapado en este sueño sabe lo que nos espera si el plan de rescate se promulga: otros 90 mil millones de euros, más o menos, serán arrojados al cesto griego, aumentando la deuda griega a unos 400 mil de millones (y la mayoría de ellos volverán rápidamente a Europa occidental. El verdadero plan de rescate es el rescate de los bancos alemanes y franceses, no de Grecia), y podemos esperar que la misma crisis estalle en un par de años...


Pero ¿ese resultado es realmente un fracaso? A nivel inmediato, si se compara el plan con su resultado real, obviamente sí. A un nivel más profundo, sin embargo, no se puede evitar la sospecha de que el verdadero objetivo no es darle a Grecia una oportunidad, sino transformarlo en un estado semicolonizado económicamente, mantenido en la pobreza y la dependencia permanente como una advertencia a otros. Pero en un nivel más profundo, hay nuevamente un fracaso, no de Grecia, sino de la propia Europa, del núcleo emancipatorio del legado europeo.


El No del referéndum fue sin duda un gran acto ético-político: contra una propaganda enemiga bien coordinada que difundía mentiras y temores, sin ninguna perspectiva clara de lo que yace delante, contra todas las probabilidades pragmáticas "realistas", el pueblo griego rechazó heroicamente la presión brutal de la UE. El No griego fue un gesto auténtico de la libertad y autonomía, pero la gran pregunta es, por supuesto, lo que ocurre el día después, cuando tenemos que volver de la extática negación al sucio negocio de todos los días, y aquí surge otra unidad, la unidad de las fuerzas "pragmáticas" (Syriza y los grandes partidos de la oposición) contra el Syriza de Izquierda y Amanecer Dorado (ultraderecha). Pero ¿significa esto que la larga lucha de Syriza fue en vano, que el No del referéndum fue sólo un vacío gesto sentimental destinado a hacer más palpables los dictámenes de capitulación?


Lo realmente catastrófico de la crisis griega es que en el momento en que el referendo aparecía como la elección entre el Grexit (salida de la Zona Euro) y la capitulación a Bruselas, la batalla estaba ya perdida. Ambos términos de esta elección se mueven dentro de la eurocrática visión predominante (Recuerde que los alemanes de línea dura antigriega, como el ministro de Finanzas, Schauble, ¡también prefieren el Grexit!) El gobierno de Syriza no estaba luchando sólo por un mayor alivio de la deuda y por más dinero nuevo dentro de las mismas coordenadas globales, sino por el despertar de Europa de su sueño dogmático.


Ahí reside la grandeza auténtica de Syriza: en la medida en que el ícono de la agitación popular en Grecia fueron las protestas en la plaza Syntagma, Syriza se comprometió a la labor hercúlea de promulgar el cambio del Syntagma al paradigma que, en el largo y paciente trabajo de traducir la energía de la rebelión en medidas concretas que cambiarían la vida cotidiana de las personas. Tenemos que ser muy preciso aquí: el No del referéndum griego no era un No a la "austeridad" en el sentido de los sacrificios necesarios y el trabajo duro, era un No al sueño de la UE de seguir con el negocio como de costumbre. Varoufakis (el ministro de Finanzas que renunció poco antes del referendo) repetidamente dejó en claro un punto: no alcanza con endeudarse más, hace falta una rehabilitación global para darle a la economía griega la oportunidad de recuperarse. El primer paso en esa dirección debería ser un aumento en la transparencia democrática de nuestros mecanismos de poder. Nuestros aparatos estatales democráticamente electos están cubiertos por una red espesa de "acuerdos" (TISA, etc.) y los órganos "expertos" no electos que ostentan el poder económico (y militar) real. Aquí está el informe de Varoufakis en un momento extraordinario en sus tratativas con Jeroen Dijsselbloem:


"Hubo un momento en que el presidente del Eurogrupo decidió actuar contra nosotros y nos excluyó efectivamente, e hizo saber que Grecia estaba esencialmente saliendo de la Eurozona. Hay una convención que los comunicados deben ser unánimes, y el presidente no puede convocar una reunión de la zona euro y excluir a un Estado miembro. Y él dijo: 'Oh, estoy seguro de que puedo hacer eso'. Así que pidió una opinión legal. Creó un poco de jaleo. Durante unos 5 a 10 minutos la reunión se detuvo, los secretarios, funcionarios estaban hablando entre sí, por sus teléfonos, y, finalmente, algún funcionario, algún experto legal se dirigió a mí y dijo: 'Bueno, el Eurogrupo no existe legalmente, no hay un tratado que haya convocado a este grupo'. Así que lo que tenemos es un grupo inexistente que tiene el mayor poder para determinar la vida de los europeos. No le tiene que rendir cuentas a nadie, dado que legalmente no existe y es confidencial. Así que ningún ciudadano sabe lo que se dice ahí adentro dentro. Estas son decisiones casi de vida y muerte, y ningún miembro tiene que rendir cuentas ante nadie."


¿Suena familiar? Sí, para cualquiera que conozca cómo funciona el poder de China hoy en día, después de que Deng Xiaoping puso en marcha un sistema dual único: el aparato y el sistema legal amparan las instituciones del partido que son, literalmente, ilegales, o, como dijo He Weifang, un profesor de Derecho en Beijing, sucintamente: "Como organización, el partido se sienta por fuera y sobre de la ley. Debería tener una identidad legal, en otras palabras, una persona a la que demandar, pero ni siquiera está registrada como organización. El partido existe fuera del sistema legal totalmente". Es como si, en palabras de Benjamin, la violencia del estado fundador permanece presente, encarnada en una organización con un estatuto jurídico confuso:


"Parecería difícil ocultar una organización tan grande como el Partido Comunista de China, pero cultiva su rol de trasfondo con cuidado. Los departamentos grandes del partido que controlan a los medios de comunicación y a su personal mantienen un perfil público deliberadamente bajo. Los comités del partido (conocidos como 'conductores de grupos pequeños') que guían y dictan la política a los ministerios, que a su vez tienen la tarea de ejecutarlos, trabajan ocultos. Rara vez se hace referencia a la composición de todos estos comités, y en muchos casos incluso su existencia, en los medios de comunicación controlados por el Estado, para no hablar de cualquier discusión sobre la forma en que se llegan a las decisiones."


No es de extrañar que exactamente lo mismo que a Varoufakis le sucedió a un disidente chino que, hace algunos años, se presentó formalmente al juzgado y acusó al Partido Comunista Chino de ser culpable de la masacre de Tiananmen. Después de un par de meses, recibió una respuesta del Ministerio de Justicia: no pueden continuar con su acusación ya que no hay organización llamada "Partido Comunista Chino" oficialmente registrado en China. Y es fundamental señalar cómo esta opacidad del poder es falso humanitarismo: después de la derrota griega, hay, por supuesto, tiempo para preocupaciones humanitarias. Jean-Claude Juncker (presidente de la Comisión Europea) dijo hace poco en una entrevista que él está tan contento por el acuerdo de rescate porque va a aliviar de inmediato el sufrimiento del pueblo griego que tanto le preocupaba. Escenario clásico: después de una represión política llega la preocupación humanitaria y la ayuda, incluso posponiendo los pagos de deuda, etc.


¿Qué se debe hacer en una situación tan desesperada? Uno debería especialmente resistir la tentación del Grexit como un gran acto heroico de rechazar nuevas humillaciones y salirse... ¿adónde? ¿Estamos entrando en un nuevo orden positivo? La opción Grexit aparece como el "verdadero-imposible", como algo que llevaría a una desintegración social inmediata: "Tsipras aparentemente se dejó convencer, hace algún tiempo, de que la salida del euro era completamente imposible. Parece que Syriza ni siquiera hizo una planificación de contingencia para una moneda paralela (espero descubrir que esto es un error).

Esto lo dejó en una posición de negociación desesperada". El punto de Krugman es que el Grexit es también un imposible-verdadero que puede suceder con consecuencias imprevisibles y que, como tal, puede ser arriesgado: "todos los jefes sabios diciendo que el Grexit es imposible, que daría lugar a una implosión completa, no saben de que están hablando. Cuando digo esto, no necesariamente significa que están equivocados. Creo que lo están, pero cualquiera que confía en algo aquí se está engañando a sí mismo. Lo que quiero decir, en cambio, es que nadie tiene ninguna experiencia de lo que estamos viendo". Si bien, en principio, esto es cierto, no obstante, hay demasiados indicios de que un Grexit súbito ahora llevaría a una total catástrofe económica y social. Los estrategas económicos de Syriza están muy conscientes de que tal gesto causaría una caída inmediata del nivel de vida adicional del 30 por ciento (como mínimo), llevando la miseria a un nuevo nivel insoportable, con la amenaza de descontento popular e incluso de dictadura militar. La perspectiva de este tipo de actos heroicos es por lo tanto una tentación que debe ser resistida.


Luego están las convocatorias de Syriza para volver a sus raíces: Syriza no debe convertirse en otro partido parlamentario gobernante más. El verdadero cambio sólo puede venir de las bases, desde el pueblo mismo, desde su propia organización, no de los aparatos estatales, otro caso de posturas vacías, ya que evita el problema crucial de cómo hacer frente a la presión internacional con respecto a la deuda, o cómo ejercer poder y dirigir un estado. Las bases de autoorganización no pueden sustituir al Estado, y la pregunta es cómo reorganizar el aparato para que funcione de manera diferente.


Sin embargo, no es suficiente decir que Syriza luchó heroicamente, probando lo que es posible. La lucha continúa, acaba de empezar. En lugar de insistir en las "contradicciones" de la política de Syriza (después de una triunfal NO, acepta que el mismo programa que fue rechazado por el pueblo), y de ser atrapado en recriminaciones mutuas sobre quién es culpable (la mayoría de Syriza cometió una "traición" oportunista, o la Izquierda fue irresponsable en su preferencia por Grexit). Uno debería centrarse en lo que el enemigo está haciendo: las "contradicciones" de Syriza son un reflejo de las "contradicciones" del esta-blishment de la UE que están socavando gradualmente los fundamentos mismos de la Europa unida. En el disfraz de las "contradicciones" de Syriza, el establishment de la UE está simplemente recibiendo su propio mensaje en su verdadera forma. Y esto es lo que Syriza debería estar haciendo ahora. Con un pragmatismo despiadado y cálculo frío, debe explotar las grietas más pequeñas en la armadura del rival. Debería utilizar todos aquellos que se resisten a las políticas predominantes de la UE, desde los conservadores británicos a UKIP en el Reino Unido. Debería coquetear descaradamente con Rusia y China, jugando con la idea de darle una isla a Rusia como su base militar en el Mediterráneo, sólo para asustar totalmente a los estrategas de la OTAN. Parafraseando a Dostoievski, ahora que el Dios UE falló, todo está permitido.


Cuando uno escucha las quejas de que la administración de la UE ignora brutalmente la difícil situación del pueblo griego en su ciega obsesión por humillar y disciplinar a los griegos, que incluso los países del sur europeo como Italia o España no mostraron solidaridad con Grecia, nuestra reacción debería ser: ¿es sorprendente todo esto? ¿Qué esperaban los críticos? ¿Que la administración de la UE va a entienda mágicamente la argumentación de Syriza y actúe de acuerdo a ella? La administración de la UE simplemente está haciendo lo que siempre hizo. Luego está el reproche de que Grecia está buscando ayuda en Rusia y China, como si la propia Europa no estuviera presionando a Grecia en esa dirección con su presión humillante.


Luego está la afirmación de que fenómenos como Syriza demuestran cómo la tradicional dicotomía izquierda / derecha sobrevive. En Grecia, Syriza es llamada la extrema izquierda, y en Francia, Marine Le Pen la extrema derecha, pero estos dos partidos tienen mucho en común efectivamente: ambos luchan por la soberanía, contra las corporaciones multinacionales. Por lo tanto, es bastante lógico que en la propia Grecia, Syriza está en coalición con pequeño partido derechista pro soberanía. El 22 de abril de 2015, François Hollande dijo en la televisión que Marine Le Pen hoy suena como George Marchais (un líder comunista francés) en la década de 1970. La misma defensa patriótica de la difícil situación de los franceses comunes explotados por el capital internacional. No es de extrañar que Marine Le Pen apoye a Syriza, una rara afirmación que no dice mucho más que el viejo liberalismo sabio acerca de que el fascismo es una especie de socialismo. En el momento en que ponemos en el tapete el tema de los trabajadores inmigrantes, todo este paralelo se desmorona.


El problema final es uno mucho más básico. La historia recurrente de la izquierda contemporánea es la de un líder o partido elegido con entusiasmo universal, prometiendo un "nuevo mundo" (Mandela, Lula), pero, entonces, tarde o temprano, por lo general después de un par de años, se topan con el dilema fundamental: ¿se atreven a tocar los mecanismos capitalistas, o se deciden a "seguir el juego"? Si uno perturba los mecanismos, uno es muy rápidamente "castigado" por las perturbaciones del mercado, el caos económico y el resto.


El heroísmo de Syriza fue que, después de ganar la batalla política democrática, se arriesgaron a un paso más perturbando el buen funcionamiento del capital. La lección de la crisis griega es que el capital, aunque en última instancia sea una ficción simbólica, es nuestra realidad. Es decir, las protestas y revueltas de hoy se sostienen por la combinación (superposición) de los diferentes niveles, y esta combinación explica su fortaleza: luchan por la democracia (parlamentaria "normal") contra los regímenes autoritarios; contra el racismo y el sexismo, sobre todo contra el odio dirigido a inmigrantes y refugiados; por el Estado de Bienestar contra el neoliberalismo; contra la corrupción en la política y la economía (empresas contaminando el medio ambiente, etc.); por nuevas formas de democracia que van más allá de los rituales multipartidistas (participación, etc.); y, por último, el cuestionamiento del sistema capitalista global como tal, tratando de mantener viva la idea de una sociedad no capitalista. Ambas trampas deben ser evitadas aquí: el falso radicalismo ("lo que realmente importa es la abolición del capitalismo parlamentario liberal, el resto de las peleas son secundarias"), así como el falso gradualismo ("ahora luchamos contra la dictadura militar y por la simple democracia, olviden sus sueños socialistas, esto viene después, tal vez..."). Cuando tenemos que hacer frente a una lucha específica, la pregunta clave es: ¿cómo será nuestra participación en ella o la retirada de la misma afectará a otras luchas? La regla general es que, cuando una revuelta comienza contra un régimen opresivo semidemocrático, como fue el caso en el Oriente Medio en 2011, es fácil movilizar a grandes multitudes con lemas que uno no puede sino caracterizar para agradar a la multitud –por la democracia, contra la corrupción, etc.–. Pero entonces nos acercamos poco a poco a decisiones más difíciles: cuando nuestra rebelión tiene éxito en su objetivo directo, nos damos cuenta de que lo que realmente nos molestó (nuestra no-libertad, la humillación, la corrupción social, la falta de perspectivas de una vida digna) continúa en una nueva forma. En Egipto, los manifestantes lograron deshacerse del régimen opresivo de Mubarak, pero la corrupción permaneció, y la perspectiva de una vida digna se alejó aún más. Después del derrocamiento de un régimen autoritario, los últimos vestigios de la atención patriarcal para los pobres pueden caer lejos, de modo que la libertad recién adquirida se reduce de hecho a la libertad de elegir la forma preferida de la propia miseria. La mayoría no sólo sigue siendo pobre, pero, para colmo de males, se les dice que, ahora que son libres, la pobreza es su propia responsabilidad. En tal situación, tenemos que admitir que hubo fallas en nuestra propia meta, que la meta no era suficientemente específica. Por ejemplo, que la democracia política estándar puede también ser la forma misma de no-libertad: la libertad política puede fácilmente proporcionar el marco legal para la esclavitud económica, con los más desfavorecidos vendiéndose "libremente" a la servidumbre. Por lo tanto hemos de exigir más que sólo democracia política. También la democratización de la vida social y económica. En resumen, tenemos que admitir que lo que al principio tomamos como el fracaso de no darnos cuenta plenamente que un principio noble (el de la libertad democrática) es un fracaso inherente a este principio en sí. Aprender este paso de la distorsión de una noción, su realización incompleta, a lo inmanente distorsión a esta noción es el gran paso de la pedagogía política.


La ideología dominante aquí moviliza todo su arsenal para impedirnos llegar a esta conclusión radical. Empiezan diciéndonos que la libertad democrática trae su propia responsabilidad, que tiene un precio, que no estamos todavía maduros si esperamos demasiado de la democracia. De esta manera, nos culpan por nuestro fracaso: en una sociedad libre, por lo que se nos dice, somos todos capitalistas invirtiendo en nuestras vidas, decidiendo poner más en nuestra educación que en divertirnos si queremos tener éxito, etc. En un plano político más directo, la política exterior de Estados Unidos elaboró una detallada estrategia de cómo ejercer el control de daños re-canalizando un levantamiento popular hacia limitaciones parlamentarias capitalistas aceptables. Como se hizo éxitosamente en Sudáfrica tras la caída del régimen del apartheid, en Filipinas después de la caída de Marcos, en Indonesia después de la caída de Suharto, etc. En esta coyuntura precisa, la política emancipatoria radical se enfrenta a su mayor desafío: cómo llevar las cosas más allá después de que la primera etapa entusiasta termina, cómo dar el paso siguente sin sucumbir a la catástrofe de la tentación "totalitaria". En resumen, cómo moverse más lejos de Mandela sin convertirse en Mugabe.


El coraje de la desesperación es crucial en este punto.


Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su obra magna Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Akal) se publicará en español en septiembre de este año.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Inminente rompimiento en Syriza tras la aprobación de más ajustes, prevén en Grecia

Los acreedores de Grecia recibieron satisfactoriamente la aprobación de los legisladores al segundo paquete de reformas; la Comisión Europea también saludó la medida. Las negociaciones para un tercer plan de rescate podrían prolongarse hasta el 18 de agosto.

Gran parte de los medios de prensa en Grecia coinciden en apuntar a una inminente escisión del partido de izquierda gobernante Syriza, del primer ministro Alexis Tsipras, después de que numerosos diputados de la formación volvieron a votar en la madrugada de este jueves contra el segundo paquete de reformas presentado por el gobierno sobre los sistemas de justicia y bancario.


Mientras, representantes de los acreedores internacionales –el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Unión Europea (UE), a los que se une el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE)– viajarán este viernes a Atenas para preparar el arranque de las negociaciones formales sobre el nuevo rescate económico para Grecia, informó el gobierno de Tsipras.


Los acreedores de Atenas recibieron satisfactoriamente el voto favorable de los legisladores griegos al segundo paquete de reformas; también la Comisión Europea (CE) saludó la medida. El comisario de Economía de la UE, Pierre Moscovici, informó que las negociaciones para otorgar a Grecia un tercer plan de rescate podrían prolongarse hasta el 18 de agosto.


Las reuniones se harán en dos vías paralelas, una sobre un nuevo memorando de entendimiento sobre las acciones que debe adoptar Grecia, y otro sobre el segundo flujo de préstamos que el país espera obtener. Se habla de un programa de unos 85 mil millones de euros (93 mil millones de dólares) para los próximos tres años.


En tanto, Tsipras ha tenido que pagar un alto precio dentro de su partido al tener que plegarse a las medidas de austeridad exigidas por los acreedores a cambio de un próximo tercer rescate financiero, que ha llevado a su gobierno de coalición con el pequeño partido soberanista Griegos Independientes (Anel) a tener minoría en el Parlamento con 126 diputados (113 Syriza y 13 de Anel).


Muy cerca de una escisión, titula el diario conservador Kathimerini, que además acusa a Tsipras de convertir el gobierno de izquierda en una fortaleza que no quiere abandonar voluntariamente. El diario de centro Ta Nea opina que Tsipras será intransigente en su lucha por un acuerdo con los acreedores. Después, apunta, ajustará cuentas con las voces críticas.
La escisión continúa, titula el diario de izquierdas 0I Efimerída ton Syntaktón. La fractura dentro de Syriza sigue siendo grande, pese a un resultado algo mejor que en la votación de la semana pasada. Tsipras perdió su mayoría de gobierno por segunda vez en pocos días.


El ministro griego de Infraestructuras, Christos Spirtzis, vertió duras críticas contra la prevista privatización de 14 aeropuertos griegos que pasarán a manos del grupo alemán Fraport AG de Francfort y al griego Copelouzos, que consideró propio de una política colonial. Otros 30 aeropuertos que no dan beneficios seguirán en manos del Estado.

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Jueves, 23 Julio 2015 05:58

Tests fatales

Tests fatales

Europa se ha convertido en un laboratorio del futuro. Lo que en él se experimenta debe causar preocupación a cualquier demócrata y, más aún, a cualquier persona de izquierda. Dos experiencias se están desarrollando en ambiente de laboratorio, es decir, supuestamente controlado. La primera es un test de estrés a la democracia. La hipótesis que orienta el test es la siguiente: la deliberación democrática de un país fuerte puede superponerse antidemocráticamente a la deliberación democrática de un país débil sin alterar la normalidad de la vida política europea. Las condiciones para el éxito de esta experiencia son tres: controlar la opinión pública de modo que los intereses nacionales del país más fuerte se conviertan en el interés común de la zona del euro; disponer de un conjunto de instituciones no electas (Eurogrupo, BCE, FMI, Comisión Europea) capaces de neutralizar y castigar cualquier deliberación democrática que desobedezca el diktat del país dominante; y demonizar al país más débil de manera que no suscite ninguna simpatía entre los electores del resto de países europeos, sobre todo entre los votantes de los países candidatos a desobedecer.


Grecia es el conejillo de Indias de esta tenebrosa experiencia. Se trata del segundo ejercicio de ocupación colonial del siglo XXI (el primero fue la Misión de Estabilización de la ONU en Haití desde 2004), un nuevo tipo de colonialismo, ejecutado con el consentimiento del país ocupado, aunque bajo chantaje inaudito. Y, tal como el viejo colonialismo, justificado como "servicio" a los mejores intereses del país ocupado. La experiencia está en curso y los resultados del test de estrés son inciertos. A diferencia de los laboratorios, las sociedades no son ambientes no controlados, por mayor que sea la presión por controlarlas. Una cosa es cierta: después de esta experiencia, cualquiera sea su resultado, Europa no será más la Europa de la paz, la cohesión social y la democracia. Será el epicentro de un nuevo despotismo occidental, rivalizando en crueldad con el despotismo oriental estudiado por Karl Marx, Max Weber y Karl Wittfogel.


La segunda experiencia en curso es un ejercicio sobre la solución final para la izquierda europea. La hipótesis que guía esta experiencia es la siguiente: en Europa no hay lugar para la izquierda en la medida en que reivindique la existencia de una alternativa a las políticas de austeridad impuestas por el país dominante. Las condiciones para el éxito de esta experiencia son tres. La primera es provocar la derrota preventiva de los partidos de izquierda castigando brutalmente al primero que intente desobedecer. La segunda consiste en inocular en los electores la idea de que los partidos de izquierda no los representan. Hasta ahora, la idea de que "los representantes no nos representan" era una bandera del movimiento de los indignados y de Occupy contra los partidos de derecha y sus aliados. Después de que Syriza se vio obligada a beber del cáliz de la cicuta austeritaria, pese al "no" del referéndum griego apoyado por el propio partido, se inducirá a los votantes a concluir que, al fin y al cabo, los partidos de izquierda tampoco los representan. La tercera condición consiste en atrapar a la izquierda en falsas opciones entre falsos planes A y planes B. En los últimos años, la izquierda se ha dividido entre los que piensan que es mejor permanecer en el euro y quienes piensan que es mejor abandonarlo. Ilusión: ningún país puede optar por salir ordenadamente del euro, pero si desobedece será expulsado y el caos se cernirá implacablemente sobre él. Lo mismo ocurre con la reestructuración de la deuda que hasta ahora ha dividido tanto a la izquierda. Ilusión: la reestructuración se producirá cuando sirva a los intereses de los acreedores, por eso esta bandera de alguna izquierda se convierte ahora en una política del FMI.


Los resultados de esta experiencia también son inciertos por las mismas razones mencionadas. Una cosa es cierta: para sobrevivir a esta experiencia, la izquierda tendrá que refundarse más allá de lo que hoy es imaginable. Esto implicará mucho coraje, mucha audacia y mucha creatividad.

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Cuando el 62 por ciento se rinde al 1 por ciento

Terrorismo financiero, golpe de Estado, imposición colonial, vasallaje: no sólo desde la izquierda se calificó con esos adjetivos al "acuerdo" entre Grecia y la troika del domingo pasado. También lo hicieron medios de comunicación como el Financial Times y el Der Spiegel. ¿Tenía el gobierno de Alexis Tsipras otra opción que firmar un texto de esta naturaleza? ¿Qué consecuencias tendrá la "capitulación" griega sobre las nuevas izquierdas europeas? De estos temas se ocupa la siguiente cobertura de Brecha.

 

Luego de ganar un referéndum de forma abrumadora, el primer ministro Alexis Tsipras firmó un acuerdo humillante. Treinta y ocho de sus diputados no lo votaron, entre ellos el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, así como la presidenta del parlamento. Varios altos cargos renunciaron. Tsipras dice que no cree en el acuerdo que firmó, en el que tampoco creen Francia y el Fmi, porque no va a sacar a Grecia de la crisis y va a profundizar la pobreza.


Las preguntas se apilan. El corresponsal de Publico.es en Atenas Alberto Sicilia asegura (martes 14) que "Tsipras jugó fuerte en la negociación", pero que el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, "vio el órdago y les abrió a los griegos la puerta para irse del euro". Ante el jaque alemán, "Tsipras no llevaba cartas", porque, según dijo,"una Grexit (salida del euro) no planificada habría sido terrible para las clases medias y bajas. Y no teníamos plan B porque siempre hemos querido el euro". Es posible que sea la explicación más aproximada de los motivos que llevaron al gobierno griego a firmar un acuerdo que el semanario alemán Der Spiegel (domingo 12), difícilmente calificable de izquierdista, definió como "un catálogo de atrocidades" que Tsipras "se vio obligado a firmar con una pistola en la sien". Lo mismo sostuvo incluso la biblia de las finanzas, el Financial Times, uno de cuyos editorialistas habló de "acuerdo versallesco" para graficar el grado de sumisión al que fue sometida Grecia, similar al armisticio firmado por Alemania al fin de la Primera Guerra Mundial.

Si fuera así, hay dos preguntas que necesitan ser respondidas. ¿No previó Tsipras que firmar significaba la división de su partido y la pérdida de legitimidad de su gobierno? ¿Cómo es posible que el Ejecutivo, luego de cinco meses de negociaciones en las cuales quedó clara la intransigencia alemana, no tuviera un plan B al de la troika?


Culpar a Alemania de lo sucedido, algo que toda la izquierda y parte del resto del espectro político está vociferando, aunque libera de frustraciones tiene escasa utilidad y, sobre todo, permite esconder durante un tiempo las propias inconsistencias. Porque de eso se trató en esta historia: de una fuerza política que llegó a dirimir instancias de gran trascendencia (geo)política sin la suficiente capacidad. O se pecó de ingenuidad o se fue completamente irresponsable. Quizá una combinación de ambas.


LO FIRMADO.


El domingo 12 el gobierno griego aceptó un documento de siete páginas que contiene tres partes. La primera son medidas para "restaurar la confianza" del eurogrupo (ministros de Finanzas de la UE) en Grecia, que se tenían que aprobar el miércoles 15. Incluyen el aumento del Iva, garantizar la sostenibilidad a largo plazo del sistema de las pensiones mediante una reducción drástica de su monto, independencia de la oficina de estadística y controles a la evasión tributaria.


La segunda parte contiene propuestas que se deben implementar antes del 22 de julio. Se trata de reformar el Código Civil y adoptar las normas de la Unión Europea para rescatar bancos. Además, Grecia se compromete a establecer un calendario para el recorte de las pensiones con cláusula de déficit cero, la reforma del mercado interior para que sea "más competitivo" (liberalizando sectores como medicamentos, lácteos y panaderías, aperturas de tiendas en domingos, entre otros),

privatizaciones (energía, puertos, aeropuertos, empresa de telecomunicaciones), reforma del mercado laboral mediante la "revisión y modernización de la negociación colectiva y la acción sindical" facilitando los despidos, y finalmente una fuerte reforma del sistema financiero y bancario.


Pero es la tercera parte del acuerdo la que resulta más irritante. Para asegurar que se llevará a cabo el agresivo programa de privatizaciones, el gobierno griego transferirá activos de su propiedad a un fondo independiente que garantizará el pago del nuevo préstamo. Con esas privatizaciones los líderes europeos esperan recaudar 50.000 millones de euros, de los cuales 25 mil millones se utilizarán para pagar la recapitalización bancaria, otros 12.500 millones para pagar la deuda y los 12.500 millones restantes serán utilizados para inversión en el país. En ese fondo estarán incluidos el sector energético, transportes y telecomunicaciones, cuyas empresas serán muy probablemente adquiridas, y a muy buen precio para los compradores, por trasnacionales provenientes de los países acreedores.


Además, el gobierno griego deberá consultar con la troika cualquier borrador de nueva legislación antes de enviarla al parlamento y se compromete a retirar o enmendar toda la legislación introducida a partir del 20 de febrero que fuera contraria al anterior acuerdo, como la reapertura de la tevé estatal y la recontratación de funcionarios públicos despedidos por gobiernos anteriores.


Si se aprueban todas estas reformas, consideradas como "requisitos mínimos", recién ahí la troika comenzaría a discutir el tercer "rescate" de 82.000 millones de euros durante tres años.


En el último párrafo del documento figura la propuesta del ministro alemán de sacar a Grecia del euro. "Si no se llega a ningún acuerdo se ofrecerá a Grecia negociaciones rápidas para una salida de la zona euro, con una posible reestructuración de la deuda" (Der Spiegel, 12-VII-15).


El ministro griego de Defensa, Panos Kamenos, aseguró que se produjo un intento de derrocar a Tsipras. "Fue amenazado con el colapso de los bancos y el recorte completo de los depósitos" (Russia Today, 14-VII-15).


EL DESPUÉS.


En los hechos, se trata de una completa cesión de soberanía que permite que los acreedores aprueben leyes clave antes de llevarlas a consulta pública o al parlamento. Tsipras debía saber que este acuerdo tendría graves consecuencias.


La primera es la fractura de su partido y, en menor medida, de su gobierno. La mayoría absoluta del comité central de Syriza (109 en 201) rechazó el acuerdo y difundió un texto muy duro: "El 12 de julio se produjo en Bruselas un golpe de Estado que demostró que el objetivo del liderazgo europeo es la aniquilación para dar ejemplo de un pueblo que buscaba otro camino a seguir más allá del modelo neoliberal de austeridad extrema". Algunos altos cargos del gobierno presentaron renuncia.


En el parlamento las cosas tampoco marcharon bien. Ganó el acuerdo con 219 votos a favor, 64 en contra y seis abstenciones. El Ejecutivo recibió el apoyo de la oposición de derecha, en particular de Nueva Democracia, del ex primer ministro Antonis Samarás, y de los socialistas. Un número para nada despreciable de 38 diputados de Syriza se desmarcaron del gobierno. Por lo tanto, en adelante Tsipras puede tener que gobernar con el apoyo de sus adversarios en un eventual gobierno de coalición, sobre todo para aprobar el resto del paquete impuesto por Bruselas.


Una parte importante de la sociedad, incluyendo destacadas voces de su partido, le mostraron a Tsipras que sí había alternativas. Por un lado, las varias que elaboraron sus ministros y que el primer ministro desechó. Varoufakis, por ejemplo, propuso un plan ante la eventualidad del cierre de los bancos griegos por la troika: "Deberíamos haber puesto en circulación nuestros propios pagarés, anunciar que íbamos a crear nuestra propia liquidez denominada en euros; deberíamos haber tomado el control del Banco de Grecia" (Eldiario.es, 13-VII-15).


Por otro lado, Tsipras ni siquiera se prestó a debatir seriamente la alternativa de salir del euro. No alcanzaba con decir que sería peor, tenía que abrir un debate real sobre las consecuencias y los modos posibles para enfrentarla, le reclamó la mayoría de la dirección de su partido.


No hubiera sido fácil, claro, una Grexit. Según la economista estadounidense Carmen Reinhart, ex funcionaria del Fmi y especialista en las "crisis de deuda", la salida de una unión monetaria no es tan común como la salida de políticas monetarias de cambio fijo. Desde 1982 hubo cinco casos: Argentina en 2002 y en 1989, Perú en 1985, Bolivia en 1982 y México en 1982, en los que las economías estaban dolarizadas y convirtieron de forma forzosa los depósitos en dólares a la moneda local.


Si Grecia saliera del euro, asegura Reinhart, el resultado sería similar. Los depósitos se convertirían en dracmas (u otra moneda) sufriendo una drástica devaluación. "Se colapsaría la confianza en el sistema y habría un dramático aumento de las deudas privadas y públicas. El sector privado haría un impago de su deuda y la mitad de los créditos del país no serían pagados, y si se incluyen las tarjetas de crédito sería incluso mayor. Los ciudadanos dejarían de pagar impuestos y habría una acumulación de euros u otras monedas" (Bloomberg, 9-VII-15). Las consecuencias serían muy duras. "Si se produce la salida del euro, y sigue la conversión forzada de los depósitos, el retroceso de la economía de Grecia es probable que sea de larga duración."


Al parecer, incluso los griegos opuestos al acuerdo firmado por Tsipras eluden la salida del euro. Varoufakis señala que el caso argentino es bien diferente al griego en tres aspectos. Tras el default, el Pbi argentino creció desde 2003 a 2008 a un promedio del 8 por ciento anual, impulsado por las exportaciones de soja. Pero "los griegos no disponen ni de soja ni de ningún producto agrícola que se pudiera exportar en semejante escala". Además, si Grecia saliera del euro "tardaría meses en introducir una nueva moneda y un régimen cambiario". Por último, "el impacto que les generó Argentina a sus socios comerciales al salir de la convertibilidad no fue significativo mientras que Grecia, al salir del euro, perdería subsidios a la agricultura, fondos para el desarrollo y en general la cooperación económica con otros países europeos empeoraría" (Russia Today, 14-VII-15).


Llegados a este punto, sólo cabía resignar la soberanía o apostar por la dignidad nacional, ya que el retroceso económico está garantizado en cualquier caso. Es cierto que la presión de casi tres semanas de corralito debe sentirse con fuerza en una sociedad ya empobrecida. Conviene recordar, no obstante, que no es fácil echar a un país del euro y que aun estando fuera de la eurozona se puede utilizar el euro, según lo recuerda el belga Eric Toussaint, presidente del comité de auditoría de la deuda griega (véase entrevista en página 6).


Legalmente Grecia no puede ser expulsada de la zona euro ni por las instituciones europeas ni por un grupo de países. Puede incluso salir de la UE y seguir utilizando la moneda, aunque ya no emitirla. Sería un caso similar a los de Panamá y Ecuador, que usan el dólar, o de Montenegro y Kosovo, que usan el euro.


Sin embargo, ahora Grecia tampoco tiene soberanía completa sobre el euro, como sí la tienen los demás países de la Unión. Los bancos centrales de cada país sólo pueden emitir la cantidad de euros que les permite el Banco Central Europeo. El Banco Central griego tiene congelada la cantidad de euros que puede emitir, y el Bce no está dando liquidez a los bancos griegos porque está en desacuerdo con la política fiscal del gobierno (Forbes, 3-VII-15).


FIN DE ÉPOCA.


Buena cantidad de analistas, incluido el gobierno alemán, o en todo caso su ministro de Finanzas, estiman que la salida de Grecia del euro es sólo cuestión de tiempo. Es una decisión política, no económica, dicen. Y ya fue tomada tiempo atrás. El 4 de febrero, apenas nueve días después de que Tsipras asumiera como primer ministro y se plantara firme ante sus acreedores, el Bce le cortó los grifos,"ante las serias dificultades para cerrar con éxito el rescate" (El País, 4-II-15).


Antes de llegar a esa situación, que motivó titulares como "El Bce pone a Grecia contra las cuerdas", el entonces flamante primer ministro emprendió una gira europea para cosechar apoyos. Luego de reunirse con los presidentes de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, del Consejo Europeo, Donald Tusk, y del Parlamento, Martin Schulz, "se llevó de las tres instituciones un sabor amargo, y sobre todo un tono duro acerca de sus posibilidades en la negociación que ya ha empezado sobre el futuro de Grecia". Varoufakis llegó a contar en estos días que desde su primera reunión con "las instituciones", en particular con su par alemán, tuvo claro que los "socios" querían a la díscola Grecia fuera.


Eso sucedió hace cinco meses. Durante 150 días se estuvo negociando el rescate, sin el menor resultado. ¿Pensaba Tsipras que el 62 por ciento de apoyo al No en el referendo podía ablandar al sistema financiero? Todas las propuestas que hizo a la troika el primer ministro fueron recibidas con absoluta indiferencia. Peor: a cada concesión de Atenas llovían nuevas exigencias. Pero Tsipras no cambió de línea. Incluso Varoufakis participaba de la ilusión de convencer a sus interlocutores. Hasta que se convenció de lo contrario. "Desafortunadamente las instituciones y nuestros socios europeos han perdido la oportunidad que brindamos: mirar las negociaciones como una deliberación entre socios. Lo convirtieron en una guerra contra nosotros" (Der Tagesspiegel, 9-VI-15).


Todo indica que Grecia y también Europa ingresan en un nuevo período de su historia. El relato sobre la "Europa de los pueblos" fue demolido por Bruselas y Berlín. Se está ante el fin del Estado del bienestar, pero también ante una crisis de la democracia representativa, ya que las mayorías se quedan sin voz. Las izquierdas –incluso las nuevas, como Syriza y probablemente sea el caso del Podemos español– han mostrado una carencia poco creíble de estrategias alternativas. De ahora en adelante les costará mucho volver a convencer de que representan el cambio.

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Viernes, 17 Julio 2015 06:50

Después de la derrota

Después de la derrota

El gobierno de Syriza se compromete a imponer medidas "de austeridad" y a someter todas sus futuras iniciativas a revisión de la troika a cambio del préstamo millonario. Seguramente sea necesario algo de tiempo para ver y entender las consecuencias de este desastre, pero ya se pueden sacar las primeras conclusiones.

 

Cuando Syriza llegó al gobierno de Grecia en enero de 2015 muchos pensamos que se abría un nuevo ciclo en la política europea, y quizás mundial. Una autodenominada "coalición de la izquierda radical" llegaba al gobierno con el objetivo de frenar las medidas neoliberales (llamadas "de austeridad") que desde la crisis de 2008 atacaban a las jubilaciones, los salarios, las regulaciones laborales y el Estado de bienestar en toda la Unión Europea.


Menos de seis meses después Alexis Tsipras firma el acuerdo de capitulación de Grecia, en el que el gobierno de Syriza se compromete a imponer medidas "de austeridad" aun más profundas que las que se exigían a los gobiernos anteriores y a someter todas sus futuras iniciativas a revisión de la troika a cambio de los 86.000 millones de euros necesarios para mantener su sistema bancario (que se tambaleaba debido a medidas tomadas por las instituciones europeas durante la campaña para el referéndum de la semana pasada) en pie mientras se negocian futuras reformas adicionales y quizás, si el gobierno griego se porta bien, una reestructuración de la deuda y alguna ayuda económica. Tsipras se transforma así en el Pétain de la Grecia de Vichy.


Seguramente sea necesario algo de tiempo para ver y entender las consecuencias de este desastre, pero ya se pueden sacar las primeras conclusiones.


La primera y principal, que la idea de que la crisis de 2008 implicaba un debilitamiento del capitalismo global o del neoliberalismo fue un espejismo. El neoliberalismo, a pesar de que sus supuestos económicos e ideológicos están en cuestión, está más fuerte que nunca y el capital trasnacional tiene el mismo poder de siempre para imponerse a los países que osen desafiarlo. Éstos pueden elegir entre las reformas neoliberales y el desastre económico, y si resisten las reformas y el desastre llega, éstas son implementadas de todas maneras, aprovechando el caos, como manda la doctrina de shock descrita por Naomi Klein. Si quienes implementan el ajuste son los mismos gobiernos que lo resistieron, mejor. Para rescatar a los bancos de la crisis que ellos mismos crearon, los países europeos compraron la deuda griega, disfrazando esto de rescate a Grecia y forzándola a las reformas que quisieran imponerle, de paso haciendo políticamente inviable para los gobiernos europeos cualquier quita de la deuda que Grecia tiene a partir de entonces con ellos.


La segunda, que absolutamente nada se puede esperar de la socialdemocracia europea (cosa que es cierta hace mucho, pero conviene recordar de vez en cuando). El Psoe español y el Pasok griego implementaron ellos mismos la "austeridad", lo que los llevó a perder en su momento las elecciones y el gobierno de sus países. Los socialdemócratas del resto de Europa no aprendieron nada: el Spd alemán gobierna en coalición con Angela Merkel y el gobierno socialista francés apoyó sin fisuras el chantaje a Grecia, jugando el odioso e indigno papel de segundones de conservadores y neoliberales.


La tercera, que la Unión Europea es una institución fundamentalmente neoliberal, antidemocrática e irrespetuosa de sus propias leyes cuando es necesario disciplinar a los disidentes. Muchos izquierdistas quisieron ver a la Unión Europea como la construcción de una posible contrahegemonía frente a Estados Unidos (lo que siempre fue extremadamente ingenuo dada la superposición de su membresía con la de la Otan) o, más modestamente, como un modelo exitoso de integración regional que creara terrenos de acción política democrática supranacional. Si bien esto es teóricamente plausible, la autonomización de la burocracia europea, las reglas del Tratado de Maastricht, la inexistencia de una política económica común y el dominio de las instituciones europeas por una "gran coalición" de socialdemócratas y conservadores hacen que la reforma de la UE y la eurozona se presente como prácticamente imposible.


La cuarta, que las estrategias de búsqueda de hegemonía en clave nacional-popular pueden servir para ganar elecciones, pero tienen limitaciones a la hora de buscar implementar programas políticos. Probablemente lo que condenó a Syriza al fracaso desde el principio fue comprometerse a mantenerse en el euro. Este compromiso surge un poco de la ideología europeísta de su cúpula y un poco de la convicción de que era necesario mantener las condiciones para una negociación de buena voluntad con el resto de Europa, pero sobre todo de la lectura política de que era imposible ganar las elecciones si se proponía salir del euro. Esto quedó claro en la mala votación de quienes proponían esto, como el Partido Comunista griego y la coalición anticapitalista Antarsya. Es decir, sin comprometerse con el euro Syriza no podía ganar y este intento de resisitir la "austeridad" no hubiera comenzado en un primer lugar, pero dada la relación de fuerzas en la UE nunca hubiera sido posible salir del neoliberalismo manteniéndose en el euro, porque la estructura institucional europea es neoliberal.


El referéndum del 5 de julio pudo cambiar esta dinámica y ofrecer al gobierno griego una oportunidad de salir del euro (o de amenazar con hacerlo), pero éste no pudo y/o no quiso aprovecharla, apostó a la negociación, y al no tener nada que ofrecer (ni nada con que amenazar) a los otros gobiernos europeos, éstos salieron a matar (ahora amenazando ellos con expulsar a Grecia del euro, sabiendo que había admitido que no podía salir) y lograron exactamente el acuerdo que querían, forzando a Syriza a implementarlo.


Es perfectamente válido interpretar estos hechos como una derrota, una serie de errores o una traición por parte del gobierno griego. Pero también es importante, además de entender que el gobierno griego no gobierna para satisfacer las expectativas de cambio revolucionario que depositamos en él por no poder cumplirlas en nuestro país, captar las dinámicas en juego que van más allá del caso griego. Es que por algo las socialdemocracias europeas, el Partido Comunista chino, los estados poscoloniales de África y Asia, los países ex socialistas, los nacionalismos populares latinoamericanos y los capitalismos de Estado como Japón o Corea del Sur han claudicado en asuntos fundamentales ante el neoliberalismo y no han sido capaces de resistir a los avances del poder del capital trasnacional.


Es posible pensar que en cada caso hubo una claudicación o una falta de imaginación política, pero también es cierto que algo operó sobre todos ellos: en las últimas décadas la relación entre el capital y el Estado (y ni que hablar entre el capital y el trabajo) cambió, y en el contexto de un capitalismo globalizado en el que los países están entrelazados en cadenas de valor, enfrentados entre estrategias de competitividad y atados a institucionalidades internacionales neoliberales (mientras en la ciencia económica el neoliberalismo es hegemónico, haciéndose muy difícil separar ciencia de ideología) no es sencillo buscar una desconexión a la Samir Amin sin enfrentar la posibilidad del desastre económico. Aunque sea importante tener presente que la amenaza de desastre puede ser un bluff. Grecia, al estar ya en pleno desastre económico y teniendo la posibilidad de beneficiarse de la devaluación que implicaría salir del euro pudo tomar el riesgo, pero hoy por hoy sólo queda especular sobre qué hubiera pasado en una Grexit planificada.


En América Latina, mientras tanto, se vive un humor muy distinto. Es innegable que en estos años en la región se lograron montar sistemas de protección social, administrar razonablemente la relación con los acreedores, fortalecer algunas instituciones de negociación colectiva, cumplir con demandas de movimientos sociales y mejorar relativamente el nivel de vida de importantes sectores de la población. Esto demuestra que aun dentro del mundo neoliberal hay cosas que hacer, y de hecho fueron estos logros los que convencieron a organizaciones como Syriza o Podemos de que un camino nacional-popular que no avanzara directamente contra el capitalismo ni hiciera retroceder la integración con los mercados globales era viable.


Pero no deja de ser irónico que los europeos decidieran aprender de estas experiencias justo cuando para nosotros sus limitaciones empiezan a ser evidentes, justo cuando los gobiernos del "giro a la izquierda" giran a la derecha para lograr la adhesión de capitales nacionales y trasnacionales en un contexto de baja de precios, y justo cuando la frustración con el neodesarrollismo, la continuidad del extractivismo y el estancamiento de la integración regional hacen pensar en problemas parecidos a los europeos.


Por más que podamos valorar los logros de la década progresista, no deja de ser cierto que nuestro desafío al neoliberalismo y al capital trasnacional es tan poco peligroso como el de Syirza. Las 80 familias que acumulan más riqueza que el 50 por ciento de la población mundial no se enteraron de todo esto, y los gobiernos progresistas no serán las juntas directivas de la clase capitalista global, pero sí son los proveedores de servicios de seguridad jurídica, factores de producción e infraestructura de esa clase.


Los ultras griegos (al caso, comunistas, Antarsya y el ala izquierda de Syriza) tenían razón, e irónicamente Tsipras les hizo buena parte del trabajo, ya que seguramente a partir de esta derrota proponer la salida del euro se haga mucho más viable políticamente. La troika buscó aleccionar a la izquierda de Europa y del mundo, pero las revueltas contra la austeridad recién empiezan, y los socialdemócratas recién empezaron a perder elecciones. En América Latina, los sujetos que emergieron en estos años no van a volver a sus casas solamente porque los gobiernos de izquierda encuentren límites: en el fondo ese no es su problema. El problema es cómo superarlos y seguir abriendo ciclos.


Por Gabriel Delacoste, docente de teoría política (Instituto de Ciencia Política, Udelar).

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Viernes, 17 Julio 2015 06:32

EE.UU. y el FMI buscan ablandar a Merkel

EE.UU. y el FMI buscan ablandar a Merkel

A horas del voto para aprobar el rescate en Alemania, el viaje del ministro de Economía estadounidense, Jack Lew, a ese país es señal de que la crisis ha causado una profunda fractura en la relación entre EE.UU. y la Unión Europea.


La crisis griega no deja títere con cabeza. Las diferencias entre el FMI y Alemania sobre la reestructuración de la deuda griega han partido a la troika, que se debate entre una Comisión Europea dominada por Angela Merkel y un Banco Central Europeo (BCE) que dejó en el camino toda pretensión de independencia política. El viaje del ministro de Economía estadounidense, Jack Lew, ayer a Alemania es señal de que la crisis ha causado una profunda fractura en la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea. Un voto negativo del Parlamento alemán este viernes a la negociación de un rescate a Grecia podría destruir todo en segundos.


En las últimas dos semanas, el FMI disparó con artillería pesada para que Alemania acepte la necesidad de reestructurar la deuda griega. El jueves 2 de junio, tres días antes del referendo, señaló que la reestructuración era imprescindible, un argumento que le vino como anillo al dedo a Alexis Tsipras en su campaña por el "No" a la austeridad. Este miércoles, antes de que el Parlamento griego debatiera las leyes exigidas por el Eurogrupo, el Fondo apuntaló esa declaración con números irrebatibles.


En el cálculo del FMI la deuda griega, que es hoy un "insostenible" 177 por ciento del PBI, treparía a un 200 en 2018. "Se espera que Grecia tenga un superávit fiscal primario del 3,5 por ciento del PBI, algo que pocos países han logrado", señala en su evaluación, ".... el alivio de la deuda tiene que ir mucho más allá de lo propuesto". Con el apoyo del presidente Barack Obama y el ministro de Economía, Jack Lew, curiosos aliados de Syriza en este desmadre que es hoy la Eurozona, el FMI dejó en claro que sólo participará de la negociación y un eventual acuerdo con Grecia si hay una propuesta seria de reestructuración sobre la mesa.


Este mensaje será reforzado por el ministro de Economía estadounidense, que inició este jueves una gira de dos días en Europa que incluye visitas a Frankfurt (sede del Banco Central Europeo), Berlín (sede del Parlamento y el gobierno alemán) y París. En una conferencia de prensa poco antes de su llegada al Viejo Continente, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, anunció un aumento en 900 millones de euros de la línea de emergencia para los bancos griegos, monto ínfimo, pero de fuerte simbolismo.


El congelamiento de esta línea crediticia fue clave a fines de junio para asfixiar financieramente a los bancos y forzar la capitulación de Tsipras. En el camino quedó la cacareada autonomía política del BCE. Según Financial Times, "el BCE enfrenta acusaciones de no cumplir con su mandato para salvaguardar la estabilidad financiera y actuar como prestamista de última instancia". El 9 de julio una empresa financiera que opera en Grecia, Alcimos, inició una demanda contra el BCE ante la Corte europea por perjuicio económico.


El FMI ha quedado igualmente mal parado. Según le indicó a la BBC Philippa Malmgren, ex asesora económica de George Bush, "sus errores han sido monumentales y la pregunta es, si no pueden salvar a Grecia, ¿qué podrán hacer cuando vengan problemas más graves, como Francia?" Salvaguardar la credibilidad del FMI del reto que constituyen el Banco de Inversión de infraestructura de Asia y, en menor medida, el Banco de Desarrollo del Brics, es hoy fundamental para Estados Unidos. "China y otros países han exigido cambios en el FMI, no los obtuvieron y están buscando alternativas. No nos equivoquemos. Hoy quieren sustituir al FMI", señala Malmgren.


Nadie da mucho a mediano plazo por la negociación del rescate griego en base a la propuesta del Eurogrupo. En el debate parlamentario en Atenas por las leyes exigidas por el Eurogrupo el primer ministro, Alexis Tsipras, y su ministro de Economía, Euclides Tsakalotos, reconocieron que no tenían "mucha confianza" en las medidas, pero que las impulsaban para evitar una catástrofe. Si no hay nueva oferta de reestructuración y el FMI cumple su amenaza de no participar en el rescate, la negociación entre el Eurogrupo y Grecia quedaría expuesta a cuestionamientos legales, ya que el texto acordado considera esencial la presencia del Fondo.


La propuesta podría naufragar este viernes si el Parlamento alemán no la aprueba. Según le indicó a Página/12 Heiner Flassbeck, ex viceministro de Economía alemán, hoy jefe de economistas de la Unctad, la mayoría parlamentaria de la coalición conservadora cristiana y social demócrata debería ser suficiente para apagar cualquier rebelión. "Tienen dos tercios del Parlamento. Con esto debería ser suficiente. Ahora esto no cambia la naturaleza de la propuesta, que es un desastre para Europa, Grecia y la misma Alemania porque es un programa restrictivo en medio de una depresión económica. Esto es exactamente lo opuesto que necesita Grecia. Más temprano que tarde será inviable, un nuevo fracaso", indicó.

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Aprueba Parlamento de Grecia reformas exigidas por la troika

El Parlamento griego aprobó la madrugada de este jueves una serie de duras reformas exigidas por sus acreedores de la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) a cambio de un nuevo plan de rescate financiero, a pesar del rechazo de un amplio sector del partido gobernante de izquierda Syriza.


El polémico paquete económico, que incluye aumento de impuestos en diversos rubros, más privatizaciones y el incremento en las edades de jubilación, entre otros, fue aprobado por 229 votos a favor, 64 en contra y seis abstenciones en la cámara, que tiene 300 asientos. Pero se dio tras un acalorado debate en que el ala más radical de Syriza se rebeló contra el primer ministro Alexis Tsipras.


La coalición gobernante la integran Syriza con 149 diputados y su aliado de derecha Griegos Independientes (Anel) con 13, con lo que suman mayoría de 162. Sin embargo, la votación de este jueves provocó la división de Syriza, ya que 32 de sus legisladores votaron en contra y seis se abstuvieron, lo que conlleva un alto costo político para la alianza y la pérdida de su mayoría.


Cascada de renuncias


La viceministra de Finanzas, Nadia Valavani, afirmó que no votaría a favor de la ley y renunció. En una carta que le envió a Tsipras el lunes y que se difundió el miércoles, Valavani manifestó que las tácticas de los círculos dominantes en Alemania representan la total humillación del gobierno y el país.


El secretario general del Ministerio de Economía, Manos Manousakis, también renunció a causa del acuerdo. Otros que se opusieron de las filas de Syriza fueron el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis y el ministro de Energía, Panagiotis Lafazanis, quien publicó en el cibersitio del ministerio una declaración donde señala que el acuerdo es inaceptable.


Asimismo, se opusieron el viceministro de Trabajo, Dimitris Stratoulis, y la presidenta del Parlamento, Zoe Constantopoulou, quien hablando en calidad de jefa del partido gobernante había pedido a la cámara que no aprobara el paquete de medidas de austeridad exigidas por los acreedores internacionales. Este Parlamento no debe firmar el chantaje de los prestamistas, aseveró.


Además, más de la mitad del comité central de Syriza firmó una declaración de condena del acuerdo que Atenas alcanzó con sus socios europeos. El texto lo firmaron 109 de los 201 miembros del comité.


El primer ministro Alexis Tsipras, de Syriza, logró un acuerdo con los acreedores tras una cumbre que duró 17 horas y que finalizó el lunes por la mañana. Según lo acordado, Grecia debería aprobar nuevas medidas de austeridad como condición para permitir iniciar las negociaciones con sus socios europeos sobre un tercer rescate por 85 mil millones de euros (93 mil millones de dólares).


Pero su aprobación se dio en medio de fuertes enfrentamientos entre manifestantes y la policía, que estallaron en la noche del miércoles frente al Parlamento de Atenas mientras los legisladores debatían el paquete de ajustes y reformas que le fue impuesto en Bruselas, luego de que los griegos dijeron no a más medidas de austeridad en el referendo celebrado el 5 de julio.
Desde temprano miles de manifestantes salieron a las calles para oponerse al proyecto de austeridad que la tarde del miércoles comenzaron a discutir los parlamentarios, y que desde un principio se anticipaba que saldría adelante con los votos de la oposición como Nueva Democracia (conservadores), Pasok (socialistas) y To Potami (centro izquierda), que suman 106 diputados.


Se estima que unas 12 mil 500 personas marcharon, pero al anochecer un grupo de unos 200 jóvenes con cascos y enmascarados se enfrentaron con la policía arrojando piedras y cócteles molotov, mientras que las fuerzas del orden respondieron con gases lacrimógenos. Los jóvenes provocaron un pequeño incendio en las inmediaciones del Poder Legislativo y unos 50 fueron detenidos.


Los enfrentamientos amainaron cuando el debate sobre el proyecto con las nuevas medidas de austeridad avanzaba, ya entrada la noche. No a las privatizaciones, salvemos a los puertos, la DEI (compañía nacional de electricidad), los hospitales, eran algunas de las consignas de los manifestantes en la Plaza Syntagma. Otros carteles decían: No al rescate o No a las políticas de de la UE, el BCE y el FMI.


El sindicato de empleados públicos efectuó un paro de 24 horas en rechazo a la aprobación del plan de los acreedores, al que se unieron otros gremios. Las farmacias se sumaron, ya que las medidas permitirán que ciertos medicamentos que no requieren prescripción médica se vendan en supermercados.


No obstante, una encuesta del diario To Vima, divulgada poco antes de la votación, arrojó que más de 70 por ciento de los griegos estaba a favor de aprobar el doloroso programa de reformas.


El FMI, que participó en los dos rescates previos a Grecia y también participará en el tercero, ha dicho desde hace tiempo que la deuda del país es demasiado elevada y que cualquier acuerdo debe contemplar una quita de deuda, algo en que los griegos han insistido.


El martes, el FMI dijo que la deuda griega es altamente insostenible y llegaría a ser equivalente a cerca de 200 por ciento del PIB en los próximos dos años.


Alemania, el principal acreedor, dijo evaluar la posibilidad de que Grecia pague su deuda a un plazo mayor, pero sólo si no insiste en una reducción de lo que debe.


Los griegos siguen enfrentando el problema de los límites al retiro de efectivo en los bancos y las transferencias del extranjero. Los bancos están cerrados desde el 29 de junio y el Ministerio de Finanzas informó que seguirán cerrados hasta el jueves.
La liquidez de los bancos griegos está peligrosamente baja y el Estado casi se ha quedado sin efectivo. El lunes se vence el plazo para hacer un pago por 4 mil 200 millones de euros al BCE y además hay un impago superior al 2 mil 600 millones de euros al FMI.


Se estima que las negociaciones sobre el nuevo rescate durarán cuatro semanas lo que obligará a los ministros de Finanzas de la zona euro a esforzarse para aportar dinero con prontitud a Atenas.


La Comisión Europea propuso dar a Grecia 7 mil millones de euros en préstamos de un fondo especial supervisado por las 28 naciones que integran la UE para que pueda cumplir con sus deudas venideras. El pago se haría al inicio del rescate íntegro, pero hay resistencias de Gran Bretaña, que no usa la divisa común de la UE.

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Varoufakis: "No voy a aceptar esto, que no cuenten conmigo"

Pregunta: ¿Qué tal está después de dimitir?


Respuesta: Me encuentro muy bien, sin esa vida enloquecida, absolutamente inhumana, durmiendo dos horas al día durante cinco meses, con la presión de negociar una postura que me resultaba difícil de defender. Había muchas cosas interesantes, pero también, al estar dentro, se confirmaron mis peores temores. La total falta de escrúpulos democráticos de los supuestos defensores de la democracia europea. Saber que nuestro análisis y el de ellos era el mismo y que, al mismo tiempo, nos miraban de frente y nos decían: 'Tenéis razón, pero os vamos a aplastar de todas formas'.


P. Usted ha dicho que los acreedores no le soportaban "porque en el eurogrupo intento hablar de economía, que es algo que no hace nadie".


R. No es que sentara mal, es que se negaban por completo a debatir argumentos económicos. Era plantear un argumento que te habías preparado mucho para asegurar su coherencia lógica y encontrarte con miradas en blanco. Como si no hubieras hablado. Y eso resulta llamativo para alguien acostumbrado al debate académico, en el que la otra parte siempre responde.
P. Cuando llegó usted, a principios de febrero, no habría una postura unificada...


R. Había varios que simpatizaban con nosotros a nivel personal, a puerta cerrada, sobre todo representantes del FMI. Pero dentro del eurogrupo, aparte de unas cuantas palabras amables, nada. [El ministro alemán de Finanzas, Wolfang] Schäuble siempre mantuvo la misma actitud: 'El programa no se discute, porque el gobierno anterior lo aceptó y no vamos a cambiar por una elección. Con 19 países, siempre hay alguna elección pendiente y, si cada vez cambiáramos las cosas, los contratos entre nosotros no tendrían ningún valor'. Entonces tuve que responder que quizá no habría que celebrar elecciones en los países endeudados, y nadie me respondió, un silencio que solo puedo interpretar como que les parecía buena idea pero difícil de llevar a la práctica. Así que el que no firmara se quedaría fuera.


P. ¿Y Merkel?


R. No tenía ninguna relación con ella, porque los ministros de Finanzas hablan con sus homólogos, y el primer ministro es el que habla con la canciller. Me da la impresión de que ella era muy distinta. Intentaba tranquilizar a Tsipras, mientras que yo no oía nada similar ni del jefe del eurogrupo ni de Schäuble, que eran mucho más tajantes. Desde el principio [a principios de febrero].


P. ¿Y entonces por qué aguantó hasta el verano?


R. Porque no tenía alternativa. Nuestro Gobierno tenía el encargo de negociar, de crear el espacio y el tiempo para llegar a un acuerdo. No de pelearnos con los acreedores... La negociación fue interminable porque la otra parte se negaba a hacer concesiones. Insistían en un acuerdo global, es decir, en hablar de todo, que, en mi opinión, equivale a no querer hablar de nada. No hacían ninguna propuesta. Por ejemplo, con el IVA. Después de pedirnos que les diéramos todos los datos de las empresas estatales, que rellenáramos infinitos cuestionarios y presentáramos nuestras ideas, antes de poder negociar un acuerdo, cambiaban de tema y empezaban a hablar, por ejemplo, de privatizaciones. Les presentábamos nuestra propuesta, la rechazaban y pasaban a hablar de las pensiones, o del mercado de trabajo, y así sucesivamente.


Yo pensé desde el principio que nuestro país estaba muy mal, que sin duda debíamos implantar reformas. Como era urgente y había muchas presiones, le decía todo el tiempo a la troika que nos pusiéramos de acuerdo en tres o cuatro reformas importantes e inmediatas para que el BCE relajara las restricciones de dinero. Entonces aprobaríamos las reformas en el Parlamento y seguiríamos negociando. Pero ellos querían todo desde el primer momento. Dijeron que, si aprobábamos cualquier ley, lo considerarían una acción hostil y filtrarían a la prensa que estábamos haciéndoles perder tiempo. Era una auténtica trampa. Hasta que el FMI, cuando estábamos ya casi sin dinero, presentó unas reformas que eran imposibles de aceptar.


P. ¿Intentaron colaborar con otros países endeudados?


R. No, porque dejaron muy claro desde el principio que era nuestros peores enemigos, sobre todo si lográbamos un acuerdo más favorable para Grecia que les dejara en mal lugar ante sus propios ciudadanos.


P. ¿Y con partidos simpatizantes, como Podemos?


R. La verdad es que no. Siempre hemos tenido buena relación con ellos, pero no podían hacer nada, no tenían voz en el eurogrupo y, de hecho, cuanto más hablaban en favor de nosotros, más hostil se mostraba el ministro de Economía español.
P. ¿Cuál es el mayor fallo del funcionamiento del eurogrupo?


R. El problema es que es un grupo sin existencia legalmente reconocida, sin un tratado que lo sustente, pero con el máximo poder para decidir sobre las vidas de los europeos. No responde ante nadie, no hay actas de las reuniones, y es confidencial. De modo que ningún ciudadano se entera nunca de lo que se discute. A pesar de que son decisiones casi de vida o muerte.
P. ¿Y el grupo está controlado por las actitudes alemanas?


R. No por las actitudes, sino por el ministro de Finanzas de Alemania. Es una orquesta muy afinada, dirigida por él. A veces, la orquesta desafina, pero él se encarga de que vuelva al redil.


P. ¿No hay ningún poder alternativo, por ejemplo el francés?


R. El ministro francés es el único que se ha apartado de la línea alemana, pero de forma muy sutil, con lenguaje juicioso y sin oponerse del todo. Y al final, cuando Schäuble reaccionaba y marcaba la postura oficial, el ministro francés siempre acababa por aceptarla.


P. En su ensayo de 2013 sobre Marx decía que una salida de Grecia, Portugal o Italia de la eurozona produciría la fragmentación del capitalismo europeo, e insinuaba que esa situación no beneficiaría a la izquierda progresista sino más bien a los nazis de Amanecer Dorado, los diversos neofascistas y xenófobos europeos. ¿Sigue pensando que un Grexit ayudaría sin remedio a Amanecer Dorado?


R. No me gustan las versiones deterministas de la historia. Syriza se ha convertido en una fuerza muy dominante. Si consiguiéramos arreglar la situación y tener una salida [del euro] digna, el resultado podría ser otro. Pero dudo de que seamos capaces, porque para gestionar el desplome de una unión monetaria hace falta mucha pericia, y no estoy seguro de que en Grecia la tengamos sin ayuda externa


P. La idea de la salida debe de haberle rondado desde el primer día...


R. Por supuesto.


P. ¿Se prepararon para ello?


R. Sí y no. Teníamos un pequeñogrupo, un gabinete de guerra dentro del ministerio, unas cinco personas para preparar sobre el papel todo lo que habría que hacer. Pero una cosa es hacerlo en teoría y otra preparar al país

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P. Y en sus últimas semanas, ¿sintió que se dirigían hacia esa decisión?


R. Mi opinión era que debíamos tener mucho cuidado para no activarla. No quería que se convirtiera en una profecía autocumplida. Pero también pensaba que, en cuanto el eurogrupo cerrase los bancos, deberíamos impulsar el proceso.


P. Es decir, había dos opciones, una salida inmediata o imprimir pagarés y hacerse con el control del Banco de Grecia, que quizá podría haber precipitado la salida.


R. Claro, nunca pensé que debíamos abandonar directamente la moneda. Mi postura era que, si cerraban los bancos, que era una medida increíblemente fuerte y agresiva, deberíamos responder en la misma medida pero sin cruzar el punto de no retorno. Deberíamos emitir nuestros propios pagarés o anunciar la emisión de nuestra propia liquidez en euros, recortar los bonos griegos de 2012 que tenía el BCE o al menos anunciar nuestra intención de hacerlo, y hacernos con el control del Banco de Grecia. Eran mis tres medidas en caso de que el BCE cerrase nuestros bancos.


Advertí a mis colegas de que iba a pasar, para obligarnos a aceptar un acuerdo humillante. Pero, cuando llegó el momento --ante la incredulidad de muchos de ellos--, mi propuesta fue rechazada. Solo me apoyó otro ministro. Me ordenaron cerrar los bancos de acuerdo con el BCE y el Banco de Grecia y, aunque estaba en contra, lo hice porque acepto las decisiones colectivas.


Entonces se celebró el referéndum, que nos dio nuevo impulso y nos habría permitido tomar esas medidas, pero esa misma noche el gobierno decidió que el restallante No del pueblo no iba a dinamizar nuestra respuesta, sino que iba a servir para hacer concesiones importantes: nuestro primer ministro se reuniría con los líderes políticos e iba a aceptar que, ocurriera lo que ocurriera, nunca nos mostraríamos agresivos. En definitiva, nos habíamos rendido. Dejamos de negociar.


P. Cambiando de tema, ¿puede usted explicar en términos sencillos sus objeciones al Capital de Piketty?


R. Antes que nada, me da mucha vergüenza, porque Piketty nos ha dado a mí y al Gobierno un apoyo extraordinario, y yo hice una crítica horrible de su libro. Le agradezco mucho su postura de los últimos meses. Pero mis críticas siguen siendo válidas.Tiene razón en sus sentimientos sobre las desigualdades pero su análisis está equivocado.


P. ¿El problema está en su forma de medir la riqueza?


R. Sí, utiliza una definición de capital que hace que el capital sea imposible de comprender; es una contradicción

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P. Volvamos a la crisis. ¿Qué relación tiene con [Alexis] Tsipras?


R. Le conozco desde finales de 2010; en esa época yo era un destacado crítico del gobierno, pese a haberlo apoyado anteriormente. Tenía amistad con la familia Papandreu --sigo teniéndola--, pero llamó la atención que un antiguo asesor dijera que estábamos negando la existencia de la bancarrota y tratando de ocultarla con nuevos préstamos insostenibles. Tsipras era un líder muy joven que quería entender lo que estaba pasando y construir su posición.


P. ¿Recuerda su primer encuentro?


R. Sí. A finales de 2010, en una cafetería. Estábamos tres, y recuerdo que no tenía muy clara su opinión sobre el dracma frente al euro, las causas de la crisis, y yo en cambio tenía opiniones muy firmes. Iniciamos un diálogo que se prolongó durante años, y creo que pude influir en su posición.


P. ¿Qué siente ahora, después de cuatro años y medio, al no estar ya a su lado?


R. No lo siento así, seguimos estando muy próximos. Ha sido una despedida muy amistosa. Nunca tuvimos un conflicto entre nosotros. Y también tengo muy buena relación con Euclides Tsakalotos [el nuevo ministro de Finanzas].


P. ¿Ha hablado con ellos esta semana?


R. Con Tsipras no, pero con Euclides sí, es un buen amigo, y no envidio en absoluto su situación [risa irónica].


P. ¿Le sorprendería que dimitiera Tsipras?


R. Ya no me sorprende nada, nuestra eurozona es un lugar incómodo para las personas decentes. Tampoco me sorprendería que se quede y acepte un pésimo acuerdo. Comprendo que se siente obligado con los que nos han apoyado y no quiere que nuestro país se convierta en un Estado fallido. Pero no voy a cambiar mi opinión, la misma desde 2010, de que Grecia debe dejar de aplazar y fingir, debemos dejar de pedir nuevos préstamos y fingir que hemos resuelto el problema, cuando no es verdad; cuando nuestra deuda es todavía menos sostenible con nuevas medidas de austeridad que hunden aún más la economía y el peso recae cada vez más sobre los que no tienen nada, con la inevitable crisis humanitaria. No estoy dispuesto a aceptarlo. Que no cuenten conmigo.


Esta entrevista apareció por primera vez en www.newstatesman.com
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia


EL EX MINISTRO DE FINANZAS HABLO DE LA INICIATIVA QUE VETO TSIPRAS CON SUS ALIADOS EN EL GABINETE


Varoufakis reveló su Plan B para Grecia

 

Por Marcelo Justo
Página/12 En Gran Bretaña
Desde Londres


El Parlamento debatirá hoy en Atenas una interminable batería de leyes neoliberales que debe aprobar para que el Eurogrupo se digne iniciar negociaciones sobre un rescate que saque a Grecia de la actual asfixia económica. Muchos dedos y no solo de la derecha, apuntan al primer ministro Alexis Tsipras. ¿No había previsto que Alemania y el Banco Central Europeo (BCE) buscarían arrodillarlo con todo su considerable poder de fuego? ¿No tenía un plan B?


En realidad el plan B existía y lo vetó el mismo Tsipras con sus aliados en el gabinete. En una entrevista con el semanario británico New Statesman, Yanis Varoufakis, ministro de finanzas de Tsipras desde la asunción de Syriza en enero hasta el referendo del 7 de julio, señaló que le había advertido a sus colegas que Alemania y el BCE habían puesto en marcha una doble pinza para asfixiar a Grecia y cerrar sus bancos. "Durante un mes les dije que este era el plan para forzarnos a un acuerdo humillante. Le presenté una propuesta. Muchos de mis colegas pensaron que no iba a pasar y votaron en contra", comentó al semanario británico Varoufakis.


La propuesta no era abandonar el euro y adoptar el dracma, políticas para las que el ex ministro de finanzas reconoce que no tenía mandato. "Mi propuesta era que si el BCE cerraba los bancos, teníamos que responder con una medida igualmente contundente. La idea era imprimir IOU (pagarés) o anunciar que lo haríamos, aplicar una reducción de los bonos griegos emitidos en 2012 al BCE y tomar control del Banco de Grecia", señala Varoufakis.


¿Había respaldo político para hacer esto? En las encuestas la mayoría de los griegos ha manifestado antes y después del corralito su apoyo al euro y su rechazo de la austeridad, dos premisas que, en el actual concierto europeo, no parecen compatibles. Esta dualidad, que ató las manos del gobierno griego durante mucho tiempo, empezó a cambiar cuando al corralito se añadió la contundente victoria en el referendo sobre el programa de Austeridad que proponía la Eurozona.


Varoufakis volvió a plantearlo la misma noche en que los partidarios del No celebraban su victoria en la plaza Syntagma en el centro de Atenas. Hubo una votación secreta de la mesa chica gubernamental –seis miembros del gabinete– en momentos en que, más allá de la euforia política, las puertas de los bancos estaban cerradas y la economía se extinguía. El todavía ministro de Finanzas perdió 4 a 2 y renunció a la mañana siguiente para dejarle al gobierno las manos libres en la negociación que se venía con el Eurogrupo.


Varoufakis mantuvo su lealtad al gobierno en los días siguientes. En la votación parlamentaria del viernes sobre la dura propuesta de ajuste al eurogrupo de Euclid Tsakalotos, su sucesor en el puesto, Varoufakis alegó "problemas de familia" para ausentarse del recinto. El ex ministro aseguró al New Statesman que tiene una relación muy cordial tanto con Tsipras como con Tsakalotos, pero no está claro qué hará hoy durante el debate. "Consideraré la posición que presenta el gobierno y decidiré mi voto", indicó.


La entrevista con el semanario británico ofrece una impresión de primera mano de la estructura de poder de la Eurozona. "El director de la orquesta es el ministro de finanzas de Alemania. Si en algún momento la orquesta desentona, el ministro la corrige. Solo los franceses se han atrevido a algún tono alternativo, pero muy sutilmente, usando un lenguaje muy cauteloso, para que quede en claro que no es oposición. La palabra final siempre la tiene Schäuble", señala Varoufakis.


Esta monolítica uniformidad esterilizó toda posibilidad de diálogo. "Mi propuesta era simple. Acordemos tres o cuatro reformas necesarias como el sistema impositivo o el VAT y ustedes relajan las restricciones sobre los bancos y luego discutimos un paquete completo de reformas. Pero ellos querían el paquete completo. Y entonces empezaba el paseo. Nos pedían toda la información sobre empresas estatales. Nos llevaba tiempo buscarla, conseguirla, verificarla. Cuando la teníamos nos preguntaban qué queríamos hacer con el VAT y rechazaban nuestra propuesta sin proponer nada a cambio. Hacían lo mismo con la privatización o las pensiones. Era imposible, como un gato que quiere morderse la cola", señaló.


Uno de los enfrentamientos que tuvo con su archienemigo Schäuble es revelador. "Me dijo: no voy a discutir el programa que aceptó el gobierno anterior porque no podemos permitir que una elección cambie todo. Si las cosas van a cambiar cada vez que hay una elección en uno de los 19 países que somos, los contratos van a perder toda validez. A lo que le contesté que entonces quizás tendríamos que dejar de tener elecciones. Hay una total falta de escrúpulo democrático", le dijo a New Statesman.


Las cosas no han cambiado. Este martes se filtró una nueva evaluación del FMI que dice que Grecia necesita un urgente alivio de la deuda que "va mucho más allá de los planes que ha presentado la Unión Europea". El FMI calcula que muy pronto la deuda será equivalente a un 200 por ciento de un PBI que se está achicando día a día. El documento es contundente. Igualmente lapidario sobre el funcionamiento interno de la Eurozona fue la declaración de un funcionario del eurogrupo de que esta evaluación fue silenciada en la cumbre del fin de semana. Debía haber cosas más importantes que debatir.

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