Las guerrillas rompen el pacto con la junta

Rebeldes armados se distancian de los golpistas de Myanmar

La creciente represión a las protestas por el golpe del primero de febrero ya causó al menos 550 muertos. Las facciones anunciaron que pueden volver a tomar las armas.

Diez de las principales facciones rebeldes de Myanmar van a "revisar" el acuerdo de paz firmado en 2015 con el ejército, como respuesta a la represión del régimen militar al movimiento prodemocracia que ya dejó al menos 550 muertos desde el golpe del 1 de febrero. Más de 12.000 desplazados huyeron de los bombardeos aéreos del ejército durante los últimos días, aseguró hoy uno de estos grupos, la poderosa Unión Nacional Karen (KNU), que llamó a las minorías étnicas del país a unirse contra la junta.

Desde la independencia de Myanmar, la antigua Birmania, en 1948, muchas facciones étnicas armadas estuvieron en conflicto con el Gobierno central por una mayor autonomía, el reconocimiento de su especificidad, el acceso a los muchos recursos naturales del país o una parte del lucrativo tráfico de drogas. En 2015, el ejército alcanzó un acuerdo de alto el fuego con diez de las facciones, entre ellas la KNU, uno de los grupos armados más grandes del país.

Poco después del golpe del 1 de febrero que derrocó al gobierno civil de Aung San Suu Kyi, estos grupos rebeldes habían asegurado que continuarían con el alto el fuego, pese a que los generales empezaron a reprimir. Desde entonces, "cientos de civiles, menores, adolescentes y mujeres han sido asesinados" por las fuerzas de seguridad, indicaron en un comunicado. Por ello, las diez facciones, que iniciaron este sábado una reunión de dos días, van a "revisar" su posición en el acuerdo del alto el fuego, agregaron.

"Los líderes de la junta militar deben rendir cuentas", advirtió el general Yawd Serk, líder del grupo rebelde Consejo de la Restauración. La KNU es especialmente virulenta contra la junta y la semana pasada ya se apoderó de una base militar en el estado de Karen, en el sureste del país, y mató a 10 soldados. Otros grupos armados ya respaldaron la movilización democrática y amenazaron con volver a tomar las armas contra la junta, que reprime a sangre y fuego la sublevación.

La emisaria de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para Myanmar, Christine Schraner Burgener, advirtió esta semana del riesgo "sin precedentes" de "guerra civil" en este país. Al menos 550 civiles murieron por disparos de las fuerzas de seguridad en los últimos dos meses, según la Asociación de Ayuda a los Presos Políticos (AAPP). Podría haber muchos más, ya que más de 2.700 personas fueron detenidas, sin acceso a familiares y abogados. Muchas están desaparecidas. 

Los militares tomaron el poder el 1 de febrero tras derrocar al Gobierno de la Liga Nacional para la Democracia (LND), el partido de la Nobel de la Paz Suu Kyi, al que acusan de cometer "fraude" en las últimas elecciones. Desde entonces la represión fue en aumento ante un Consejo de Seguridad de la ONU que se mantiene dividido: China y Rusia se oponen a las sanciones, mientras que Estados Unidos y el Reino Unido están a favor y ya las impusieron de forma bilateral. 

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Una motocicleta en llamas en una de las protestas acontecidas esta semana en Mandalay, Myanmar. — REUTERS

Dos meses después del golpe de estado en el país asiático, el conflicto parece cada vez más violento, con cientos de muertos y miles de heridos en las calles de las grandes ciudades.

 

La brutal represión del Ejército de Myanmar contra el movimiento de desobediencia civil pacífico desatada tras el golpe del 1 de febrero está sumiendo al país asiático en un estado de guerra civil. Los más de 500 manifestantes asesinados por las Fuerzas Armadas y la Policía desde el inicio de las protestas, según la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos, nos revela una guerra enormemente desigual: el Tatmadaw (como se conoce al Ejército) cuenta con casi todas las armas pero carece casi totalmente de apoyo popular, mientras que la oposición al golpe ha logrado unir a un país profundamente dividido por las diferencias étnicas, religiosas y económicas.

Ciudades como Yangon, la antigua capital, o Mandalay, están tomadas por el Tatmadaw, una fuerza de ocupación que considera a cualquier ciudadano como un enemigo en potencia. La violencia y el caos tras el golpe han llevado a varios países, entre ellos España, a urgir a sus nacionales que abandonen Myanmar lo antes posible. Pero el Ejército no ha logrado tomar el control de todo el territorio, pero sí se han sucedido huelgas de diversos sectores que han paralizado la economía. Por ejemplo, el puerto de Yangon está totalmente paralizado por el paro de los estibadores y transportistas, según informa el medio birmano Frontier Myanmar.

La asonada se produjo dos meses después de las elecciones del pasado noviembre, en las que la Liga Nacional para la Democracia (LND), liderada por la Nobel de la paz Aung San Suu Kyi, volvió a obtener la mayoría tras sus primeros cinco años en el Gobierno. El Ejército había acusado sin pruebas a al Gobierno de fraude electoral y finalmente el comandante en jefe, Min Aung Hlaing, tomó el poder horas antes de la primera sesión parlamentaria y arrestó a Suu Kyi, a decenas de diputados electos de su partido y centenares de conocidos activistas.

Min Aung Hlaing predica que la toma de poder es constitucional y que su intención es celebrar nuevas elecciones tras un año de gobierno. Pero sus promesas de defender la democracia suenan cada vez más vacías a medida que se acumulan los muertos. Este golpe supone, paradójicamente, el desmantelamiento del sistema constitucional diseñado por la anterior junta militar (que gobernó entre 1988 y 2011), y que ha sido enormemente beneficioso para los generales desde que decidieron embarcarse hace un decenio en una transición a lo que denominaron una "democracia disciplinada".

La Constitución asegura al Tatmadaw el control de tres ministerios clave (Defensa, Interior y Fronteras), una autonomía casi total con respecto al Gobierno civil y el 25% de los escaños en el Parlamento. Además, los generales han contado con una aliada inesperada en su transición: Aung San Suu Kyi, quien, tras 15 años bajo arresto domiciliario por su oposición al régimen, en 2011 decidió aceptar las reglas del juego impuestas por la junta militar, lo que culminó con la victoria electoral de su partido en 2015.

Suu Kyi y su ‘laissez faire’ a los militares

La Dama, como se conoce a Suu Kyi en Myanmar, nunca ocultó su intención de cambiar la Constitución para poner al Ejército bajo control civil, pero la Carta Magna está blindada para que cualquier enmienda sea imposible sin el asentimiento del Ejército. Entretanto, Suu Kyi y su partido mostraron tener más en común con el Ejército de lo que parecía durante la época de la dictadura.

En primer lugar, Suu Kyi apoyó sin reservas las operaciones militares de 2016 y 2017 contra la minoría musulmana rohingya en el estado de Rakhine, que provocaron miles de muertos y el éxodo de casi 800.000 refugiados a la vecina Bangladesh. Los rohingya llevan sufriendo un régimen de apartheid desde hace décadas y abunda el racismo contra ellos en Myanmar, donde son considerados erróneamente ‘inmigrantes ilegales’ de Bangladesh. La LND de Suu Kyi no es ajena a ese racismo y ha contribuido enormemente a exacerbarlo.

Suu Kyi también apoyó al Ejército en sus conflictos con las decenas de guerrillas etnonacionalistas que luchan por la autonomía de las regiones fronterizas del país. Desde que Myanmar se independizara de los británicos en 1948, ha estado dominada por los bamar, la etnia mayoritaria que ha intentado imponer un modelo centralista sobre minorías que históricamente han pertenecido a reinos de las periferias. Durante su mandato, la Dama intentó poner en marcha un proceso de paz con los distintos grupos armados, pero fracasó estrepitosamente, en gran medida debido a que no tenía control sobre el Ejército, pero también por su negativa a hacer concesiones políticas, como señalaba en su día un informe de International Crisis Group.

Por otra parte, Aung San Suu Kyi nunca se atrevió a tocar los intereses económicos de los generales, que controlan gran parte de la economía y son protagonistas del expolio de los recursos naturales a través de empresas privadas y grandes conglomerados de su propiedad, lo que organizaciones como Justice for Myanmar llevan años denunciando.

Hasta el golpe de estado del 1 de febrero, los militares y la LND habían alcanzado un incómodo, pero conveniente, modus vivendi, como explica el historiador Thant Myint-U en su reciente libro The Hidden History of Burma. Ello hace de la asonada un misterio, aún más difícil de resolver dada la absoluta opacidad del Tatmadaw, como reconocen expertos en el Ejército de Myanmar como el australiano Andrew Selth. Más allá de la ambición personal de Min Aung Hlaing, es muy posible que, ante una LND cada vez más asertiva tras su segunda victoria electoral, los generales perdieran la paciencia y decidieran "poner en su sitio" al gobierno civil.

Ahora, con Aung San Suu Kyi incomunicada, tras su arresto después del golpe, el movimiento de desobediencia civil ha cobrado vida propia y nadie quiere volver a la "democracia disciplinada" de los generales, esa que pactó la Dama.

La inesperada solidaridad interétnica

Las protestas también se han extendido a la mayoría de las regiones donde habitan las minorías étnicas, que demandan una nueva constitución federalista. Mientras tanto, los bamar que viven en las zonas centrales, alejados de los conflictos en las fronteras, están sufriendo ahora la misma brutalidad por parte del Ejército que las minorías han padecido durante decenios, lo que está generando un incipiente movimiento de solidaridad interétnica sin apenas precedentes en Myanmar.

Hasta los rohingya están recibiendo muestras de apoyo por parte de los bamar, que en algunos casos han manifestado su arrepentimiento por no haberlos apoyado cuando el Tatmadaw los estaba masacrando hace cuatro años, algo impensable hace solo unos meses.

Asimismo, un grupo de diputados electos en las últimas elecciones ha formado un gobierno clandestino, el Comité de Representación de la Pyidaungsu Hluttaw (Parlamento, CRPH) que está tratando de crear un ejército federal que una a todos los grupos armados para combatir al Tatmadaw. Muchas de las guerrillas han expresado su solidaridad con el movimiento de desobediencia civil, pero formar dicho Ejército supondría un trabajo diplomático casi titánico, ya que algunos de estos grupos rebeldes parecen poco dispuestos a luchar y otros están enfrentados entre sí, tal y como advierte el experto David Mathieson.

La población de Myanmar está prácticamente sola frente al Ejército en un contexto internacional en el que la ONU muestra una vez más su impotencia. En este escenario, una intervención extranjera es poco probable y las sanciones contra los generales por parte de países occidentales son escasamente efectivas mientras cuenten con el apoyo de poderosos aliados como China o Rusia, dos de los ocho países que enviaron representantes a las celebraciones del Día de las Fuerzas Armadas en la capital, Naipidó, el 27 de marzo, mientras el Ejército mataba a más de 100 civiles en otras localidades.

Aunque se han producido algunas deserciones de oficiales de bajo rango, es poco probable que se produzca una rebelión dentro de un Ejército muy cohesionado, casi totalmente aislado de la sociedad y acostumbrado a considerarse el único garante de la unidad nacional, como muestra una investigación publicada por New York Times. Esa posibilidad disminuye a medida que el Tatmadaw comete más crímenes y más oficiales están implicados en ellos; pocas cosas unen tanto como la responsabilidad compartida en crímenes de lesa humanidad. Mientras Myanmar parece sumirse en una guerra civil, solo una unión de los diferentes grupos armados y el movimiento de protesta podría alterar el desequilibrio de fuerzas actual frente al brutal Ejército de Min Aung Hlaing, pero queda por ver si eso será posible.

Madrid

02/04/2021 22:04 Actualizado: 02/04/2021 23:02

Carlos Sardiña Galache//twitter.com/@CSGalache">@@CSGalache

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El monumento al General Manuel Baquedano en llamas, durante una protesta contra el gobierno del presidente chileno Sebastián Piñera, en Santiago de Chile. EFE/Esteban Garay

Tras derogar la Constitución de Pinochet, las marchas ciudadanas quieren desmontar los símbolos fundados por el militarismo, el patriotismo y las dictaduras. El monumento al militar, situado desde 1928 en la Plaza Italia, ha sido descabalgado de su pedestal para restaurarlo tras un año y medio de vandalización

 

Durante año y medio lo rayaron, disfrazaron, pintaron, intervinieron en él y, finalmente, lo quemaron. El monumento al general Manuel Baquedano (1823-1897), en la Plaza Italia de Santiago de Chile, rebautizada por la ciudadanía sublevada como Plaza Dignidad, ha sido vandalizado sin descanso, cada viernes, desde el estallido de las protestas el 18 de octubre de 2019, en un intento de reconversión simbólica del lugar.

El 8 de marzo, tres días después de rodearla con neumáticos y prenderle fuego, los manifestantes llegaron con una radial de batería autónoma a los pies de la estatua ecuestre de bronce, que honra desde 1928 la actuación del militar en la Guerra del Pacífico (entre 1879 y 1884, Chile luchó contra los aliados Perú y Bolivia). Sacaron la herramienta y durante unos minutos atacaron los tobillos de las patas delanteras de Diamante, el caballo del militar. Uno de los cortes quedó a dos centímetros de rebanar la pata por completo. La escultura de dos toneladas y media de bronce, que el escultor Virginio Arias (1855-1941) había fundido en Francia, quedó a punto de desplome. Hasta entonces no habían conseguido derribarla ni con sogas. 

“El monumento no tiene daño estructural y aquí hay terremotos fuertes. Toda construcción en Chile se hace para que no se caiga y los monumentos que se caen es porque están mal hechos. Esta escultura es una fundición perfecta”, asegura a este periódico uno de los técnicos implicados en el desplazamiento y bienestar de la estatua, que prefiere no desvelar su nombre.

Con las patas malheridas y el peligro de desmoronamiento, el Consejo Nacional de Monumentos (CNM) -que en enero de 2020 ya había recomendado su retirada preventiva para proteger el monumento y los riesgos de su posible volcamiento- se movilizó de urgencia para salvar la escultura. El plan diseñado por los técnicos con la supervisión de Consuelo Valdés, ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, consistía en actuar el viernes de madrugada, aprovechando el toque de queda que recluye a la población durante la pandemia de la COVID-19, y descabalgar la escultura de su pedestal para llevársela para su restauración. 

“No teníamos más tiempo, estábamos limitados a las horas del toque de queda y hubo que ejecutar un plan de urgencia para rescatar la escultura. Apenas cinco horas. Lo más rápido era separar la escultura de su base de bronce, unida al pedestal de piedra. Retirarla con la base habría sido mucho más complicado y lento. Decidimos cortar bajo las pezuñas del caballo y llevárnosla sin base para restaurarla. Todo salió tal y como estaba previsto”, explica a este periódico el mencionado técnico involucrado en la operación de salvamento. Los restauradores elaboran en estos momentos el diagnóstico de los daños, en el que ya se señalan capas de pintura, golpes de martillo en la pata trasera izquierda, en la pierna izquierda del jinete, la cola del equino y el sable. 

Valentina Rozas-Krause, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Michigan, critica la nocturnidad con la que fue retirada la pieza, “sin proceso ciudadano, sin presenciarlo, sin compartirlo”. Para la investigadora sobre monumentos públicos, anular a la ciudadanía en la extracción de la estatua fue un acto tan violento como quemarla. Cuenta que la salida de Baquedano es la prueba del nuevo símbolo que se está constituyendo en la plaza, epicentro de las manifestaciones desde el 18 de octubre de 2019. 

Una ciudad para todos

“Es una oportunidad otros relatos no representados en el espacio público, como la mujer y el pueblo mapuche. Ahora debemos pensar cómo vamos a diseñar la nueva ciudad. Debemos participar todos de una construcción no autoritaria. Porque no es un problema de esta escultura, sino del diseño de una ciudad, que debe ser más igualitaria”, añade.

Para Valentina Rozas-Krause, los monumentos no son capaces de resolver conflictos, sino de silenciarlos. Por eso dice que los procesos de memorialización son tan importantes, sobre todo en países como Chile, porque en ellos víctimas y ciudadanos construyen un relato común. “Pueden ser mecanismos de reconciliación, pero no de propaganda política”, explicó Rozas-Krause en un evento organizado este miércoles por el Instituto de Estética de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica. 

El director de este instituto es Ronald Harris y asegura que “en diversos países del mundo se han derribado estatuas en sintonía con el cuestionamiento a la oficialidad y a las instituciones”. En el contexto chileno, añade, “es necesario considerar que muchas esculturas hacen referencia al mundo militar y, debido a las experiencias traumáticas asociadas a la institución, se han visto desprestigiadas en el espacio público”. Harris también es partidario del debate público para definir las figuras homenajeadas en el futuro. “La historia está cambiando y la leemos de acuerdo a afinidades y sensibilidades actuales. Cada generación tiene derecho a modificar los héroes que se reconocen en el espacio público”, sostiene.

El Ejército de Chile no opina lo mismo. Tras el incendio de la figura, emitió un comunicado en el que definió a los manifestantes como “antisociales”, “cobardes desadaptados” y “antichilenos”: “Los cobardes desadaptados que cometieron este acto indignante y repudiable para todos nuestros compatriotas son antichilenos”. Les acusa de “ignorantes” de la historia y de los logros de Baquedano.

Sin embargo, la pelea por el símbolo ha superado al mismo símbolo original, transformado en nuevos significados. Es algo que no había ocurrido hasta el momento en otros procesos de conflicto monumental como el derribo de la estatua de Sadam Husein, las miles de Lenin tras la caída del Muro, el general confederado Robert E. Lee, el esclavista Edward Colston o Cristóbal Colón.

El subsecretario de Patrimonio Cultural, Emilio de la Cerda, en enero de 2020, declaró que el Ministerio de las Culturas ha sido “enfático” al señalar que “el patrimonio cultural es dinámico”. “Cada generación puede someter a revisiones, a debate o a nuevas miradas los bienes simbólicos, pero esa acción se debe hacer por la vía de un diálogo tolerante y respetuoso de la institucionalidad vigente, y no a través de la violencia. Rechazamos cualquier tipo de daño ejercido sobre los bienes públicos, que son parte del alma, de la memoria y de la historia de la sociedad”, dijo De la Cerda. Y reconoció daños en 230 monumentos nacionales en el último año. Valentina Rozas-Krause cuestiona el alma de los monumentos de bronce y de piedra, así como que sean la historia del país. Cree que desmonumentalizar no es perder la memoria y que los actos iconoclastas no eliminan necesariamente la memoria, sino que la transforman. 

Batalla de símbolos

El monumento a Baquedano fue inaugurado -algo más de cuatro décadas después de los acontecimientos que homenajea- por el dictador Carlos Ibáñez (pero aprobado por el Gobierno de Emiliano Figueroa), y se ha convertido en un punching ball golpeado por dos fuerzas que leen el símbolo de manera diferente (e irreconciliable). El escritor Rafael Gumucio escribió el día después de las llamas una columna de opinión, en The Clinic, en la que aseguraba, con ironía, que el incendio fue el “acto más bello de lo que ha ido ocurriendo todos los viernes” en la plaza: “Quemar algo que no se quema es la metáfora perfecta de lo que ha devenido el estallismo”.

A Gumicio, autor de Nicanor Parra, rey y mendigo (Literatura Random House), le parecen “patéticos” tanto manifestantes como Ejército, y apunta que en esa resignificación del monumento y del espacio público Baquedano se ha convertido en Pinochet, en los milicos, en las torturas, en la oligarquía y en las injusticias sin fin “de las que somos siempre víctimas y nunca responsables”. 

Las metáforas no dejan de sucederse in situ con cada movimiento de los manifestantes y sus réplicas gubernamentales. Mientras los restauradores realizan su trabajo -durante varios meses-, el Gobierno ha ordenado levantar un muro de acero de tres metros -y protección policial-, alrededor del pedestal decapitado, para encerrar la estatua cuando regrese reparada. Hasta entonces el vacío también alterará el sentido del símbolo.

La imaginación ciudadana también se ha desatado con esta medida del presidente Sebastián Piñera y los resultados pueden verse en el perfil de Instagram de la asociación Monumentos Incómodos, cuya portavoz es Magdalena Novoa, doctora en Arquitectura y profesora de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, y se muestra contraria a la restauración de la escultura, porque es volver a instaurar una representación cuestionada por una parte de la ciudadanía.

“Necesitamos desarrollar mecanismos de participación ciudadana para la construcción de la memoria pública y profundizar en el debate de la desmonumentalización de la ciudad. Debemos pensar estos monumentos en museos y no en el espacio público, donde violentan y borran otras historias de nuestro territorio”, explicó Novoa en el encuentro del Instituto de Estética. Habría sido una buena ocasión desplazar la estatua vandalizada al Museo Histórico de Santiago de Chile, como reflejo de un momento histórico único, en el que la presión de la ciudadanía fue capaz de derogar la Constitución de Pinochet

En el enfrentamiento entre monumento y reivindicación, el arte es una víctima de las víctimas usada por los intereses políticos y de la reacción que provocan. Los primeros lo usan para garantizar su inmortalidad, los segundos para acabar con un símbolo injustificable en el presente. El arte puede ser garante de ideologías trasnochadas sin pretende ser eterno.

La artista Catalina Mena, que acaba de inaugurar una instalación en el Museo de Bellas Artes de Santiago de Chile sobre la violencia contra las mujeres, se siente dolida cuando el patrimonio es violentado. “No me parece que nadie tenga derecho a creer que su postura ideológica deba ser la predominante y que se sienta con derecho a vandalizar el monumento”, indica. “El escultor de dicho monumento proviene del campo, viaja con una beca a París, sobresale y todo ello gracias a sus méritos y perseverancia. Al violentar la escultura, se violenta su trayectoria y obra. Lo triste es que creo que los que hacen esto ni siquiera saben que tras un monumento como éste hay un artista”, añade Mena. 

Por Peio H. Riaño

20 de marzo de 2021 21:11h

@PeioHR

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Myanmar vive la jornada de huelga y protestas más importantes contra el golpe

Las movilizaciones y la huelga general de este lunes tienen lugar en medio de las amenazas del Ejército de desatar una violenta represión. El fin de semana dos personas fueronasesinadas por la Policía, sumando cuatro desde que comenzaron las protestas contra el golpe.

 

A pesar de las amenazas del Ejército, que advirtió a los "manifestantes que se arriesgan a morir en las marchas", y de la represión del fin de semana, Myanmar vive este lunes la jornada de protestas y huelga más importante desde que comenzaron las movilizaciones contra el golpe de Estado.

Cientos de miles de personas salieron a las calles de las principales ciudades del país, tras un fin de semana trágico en el que dos personas murieron por disparos de la policía, sumando así cuatro manifestantes asesinados por la represión del Gobierno golpista.

El bloqueo de internet, el corte de calles y las amenazas de los militares de que habrá más muertes, no frenó a los birmanos, que salieron en masa a manifestarse desde la mañana en una convocatoria de huelga que ha paralizado el país.

Las protestas masivas inundaron las principales arterias de Rangún, la ciudad más poblada, Naipyidó -la capital- y Mandalay, escenario de la sangrienta represión del fin de semana, así como otras muchas localidades a lo largo y ancho de la nación.

Los manifestantes luchan contra el golpe y por la liberación de los presos políticos, que ya superan los 600, entre los que se incluye a la líder electa Aung San Suu Kyi, como llevan haciendo a diario desde hace más de dos semanas en respuesta al levantamiento militar del 1 de febrero.

Aunque en general las protestas se celebraron hoy de manera pacífica, en Naipyidó se vivieron los mayores enfrentamientos y represión, según vídeos publicados por los activistas en las redes sociales, que mostraban a la Policía persiguiendo a los manifestantes, mientras se produjo un número sin confirmar de detenciones.

Ante la convocatoria de este lunes, la junta militar volvió a dejar sin internet al país una noche más y restringió el uso de datos durante la mañana, además de cortar varias arterias de Rangún y Naipyidó para impedir el acceso a los puntos especialmente concurridos durante las protestas.

Revolución 22222

La convocatoria ha recibido el nombre de "la revolución 22222" al celebrarse el 22.2.2021, en referencia a las protestas contra la junta militar del 8 de agosto de 1988, conocida como la revolución 8888, que fue violentamente reprimida por las fuerzas de seguridad.

La repuesta masiva de hoy, que ha paralizado casi todo el país, llegó tras la represión policial que el sábado costó la vida por disparos policiales a dos manifestantes en Mandalay, la segunda ciudad de Birmania.

Con las dos muertes del fin de semana son ya tres los fallecidos por la violenta respuesta de las fuerzas de seguridad, después de que el viernes falleciera tras 10 días hospitalizada Mya Thwe Thwe Khine, una joven de 20 años que recibió un disparo policial en la cabeza durante una protesta, y cuyo funeral se celebró el domingo en Naipyidó.

En respuesta a estas muertes, la junta militar acusó a los manifestantes de "aumentar su incitación a la revuelta y a la muchedumbre anárquica" y les advirtió de que se podrían perder más vidas, en una clara amenaza para amedrentar a los manifestantes, que al juzgar por la masividad de este lunes, no ha surtido efecto.

Como viene ocurriendo desde el primer día de protesta y, a pesar de la impotencia de Aung San Suu Kyi que no llama abiertamente a tirar al gobierno militar, los jóvenes y trabajadoras, muchas de ellas de los sectores más precarizados como las de fábricas textiles, han jugado un rol central en las protestas. Impulsándolas y poniéndose a su cabeza no solo enfrentan la represión policial y militar, sino que le dan fuerza a todo el movimiento para seguir en las calles.

Lunes 22 de febrero | 10:00

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Viernes, 30 Octubre 2020 05:44

Recién comienza

Recién comienza

CHILE TRAS EL ROTUNDO TRIUNFO DEL APRUEBO

 

Con la luz verde a la redacción de una nueva constitución y en un plazo de apenas dos meses, deberán presentarse las candidaturas para la convención que se encargará de esa tarea. Sujetado por los amarres del pacto partidario, el proceso impone varios obstáculos a los postulantes surgidos de los movimientos sociales. Antiguos rostros de una política deslegitimada podrían retornar con bríos renovados.

El apabullante triunfo del apruebo (78,27 por ciento) en el plebiscito del domingo 25 abrió de inmediato el apetito de los partidos políticos tradicionales para perfilar sus candidaturas a la Convención Constitucional, órgano que la ciudadanía eligió, también por abrumadora mayoría (78,99 por ciento), para que escriba la nueva carta magna que reemplazará a la de 1980. El histórico referéndum convocó a las urnas a más de 7.500.000 electores (50,9 por ciento del padrón), la participación más alta desde que existe el voto voluntario en Chile.

Tras los festejos en la Plaza de la Dignidad y en las calles del país, arranca una carrera contra el tiempo. El 11 de enero de 2021 –en poco más de dos meses– expira el plazo para presentar candidaturas a la Convención. El 11 de abril del próximo año se celebrarán nuevos comicios para elegir a los 155 constituyentes, número que podría variar si el Congreso aprueba una normativa que otorga escaños reservados a representantes de pueblos originarios.

El problema para los más de 5.800.000 electores que el domingo marcaron apruebo con un lápiz azul es que sus preferencias no necesariamente se verán reflejadas en la votación de abril. Según Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política y profesor de la Universidad de Talca, «el domingo la gente votó por opciones de futuro, mientras que en abril de 2021 lo hará por candidatos que se desplegarán territorialmente para conseguir los votos. Las campañas serán mucho más personalizadas y en eso la derecha chilena es fuerte. Tanto es así que históricamente ha bordeado el 40 por ciento de los votos. No veo por dónde la izquierda pueda arrasar en esos comicios, ya que irá dividida en varias listas y, en un sistema de representación proporcional, las listas unidas de varios partidos tienden a cosechar más votos».

Morales refiere al método D’Hondt, el sistema de representación proporcional que se aplicará en Chile para escoger a los constituyentes, según estableció el acuerdo político del 15 de noviembre de 2019, celebrado a un mes del inicio del estallido social. Lucía Dammert, doctora en Ciencia Política e investigadora de la Universidad de Santiago, alerta que «puede suceder algo bastante paradójico: si la oposición se divide en muchas listas, es posible que el rechazo tenga más representación en la Constituyente que el apruebo».

¿Los marginales a la Constituyente?

Quienes ven contratiempos en este escenario son aquellos posibles candidatos con una trayectoria reconocida en organizaciones de base, pero que no militan en un partido político. Aunque la ley 21.216 –promulgada en marzo de 2020 y que aseguró la paridad de género de la Convención– consigna que las candidaturas independientes pueden conformar listas propias, ciertamente estas no compiten en igualdad de condiciones con aquellas postulaciones provenientes del establishment partidista.

En este momento, y en atención al contexto de pandemia, en el Congreso existe un proyecto de reforma constitucional que, entre otras medidas adicionales, permitiría a los independientes reunir las firmas requeridas para su postulación a través de un trámite online –la norma establece que para registrar una candidatura independiente deben presentarse las firmas del 0,4 por ciento de los votantes del distrito electoral en cuestión (véase «De nuevo en primavera», Brecha, 24-IX-20­)–. «Lo sucedido en el plebiscito fue un triunfo ciudadano y de las mayorías silenciadas. Por lo tanto, uno de los puntos en que se juega la legitimidad de la Constituyente pasa por que los partidos establezcan mecanismos efectivos de participación de los independientes», asegura Dammert. De hecho, una opción alternativa para los candidatos surgidos del movimiento social que irrumpió el 18 de octubre de 2019 es registrarse dentro de los cupos que entregarán las formaciones partidistas.

Pero por ahora, quienes más despuntan para candidatos a la Convención son caras conocidas de la política de la posdictadura. Por ejemplo, la exministra de Educación Mariana Aylwin (hija del expresidente Patricio Aylwin) ya anunció su postulación. Aunque históricamente militó en la Democracia Cristiana, figura ahora como independiente. Esta semana declaró a Televisión Nacional que hoy se siente más afín a Evópoli, un partido autodefinido como de centroderecha y que el domingo dividió sus votos entre el apruebo y el rechazo.

n contraposición a estas reconversiones de última hora, aparecen nuevas voces en los territorios más precarizados del país. Sol Danor es activista, feminista, líder territorial y poeta de la población La Legua, en la comuna santiaguina de San Joaquín, perteneciente al distrito 10. Desde ese sector emblemático por su extraordinario nivel de articulación social, Sol pretende levantar una candidatura a la Constituyente sin aliarse con ningún partido político: lo hará a través de una lista con otras postulaciones independientes.

«Los marginales tenemos que pintar de colores esta Convención. Peleamos contra una maquinaria gigantesca encarnada en rostros de famosos. Me interesa participar de este proceso, pero si no soy elegida, intentaré incidir de todos modos. Así como está planteada la elección, la Convención no tendrá legitimidad, ya que los mismos partidos políticos deslegitimados tienen todo amarrado. Proponemos desde La Legua que quienes pertenecemos a organizaciones de base trabajemos por un proyecto común, a través de una vocería que nos apoye en los territorios para escribir la Constitución», explica Danor.

Giovanna Grandón, quien se hizo conocida por bailar vestida con un traje del personaje Pikachu en la Plaza de la Dignidad, también piensa postularse a la Constituyente sin la anuencia de un partido político. La Tía Pikachu, como graciosamente la apodan, lleva toda una vida en la población Lo Hermida, en la comuna de Peñalolén, y durante la pandemia ha apoyado a las ollas comunes que se han organizado en todo Santiago (véase «Las ollas de la dignidad», Brecha,19-VI-20). Revela que nunca figuró entre sus planes postularse a un cargo político, pero que sus mismos vecinos la convencieron.

«La gente me empezó a decir: “Tía, usted tiene calle, sabe lo que son las necesidades”. Y ahí decidí postular. Necesitamos personas que sepan la realidad de las poblaciones y los campamentos. Si participan los mismos de siempre –la gente letrada– no sirve de nada cambiar la Constitución. Mi idea es formar una lista de independientes. Ya tengo un staff, aunque sabemos que es difícil: no tenemos la plata para campañas. Yo tengo la ventaja de que soy un poco más conocida por mi personaje», cuenta Grandón, cuya prioridad es inscribirse en el distrito 11 al que pertenece Peñalolén. Aún vacila, porque ese distrito también incluye a La Reina, Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea. Estas tres últimas fueron las únicas comunas de Santiago donde ganó el rechazo y en ellas viven personas de altos ingresos.

Ilustración: Ombú

Para mejorar las condiciones de quienes no militan en un partido, apunta el politólogo Mauricio Morales, la estrategia de la ciudadanía pasa por continuar la senda de la protesta y manifestación en las calles. «Es la presión que más ha rendido frutos», dice el experto, para quien «el casi 80 por ciento obtenido por el apruebo deberá ser considerado por los partidos, tanto al momento de conformar sus listas electorales como al de ofertar su plan programático». En eso concuerda Danor, para quien es clave «no soltar la calle» y «reactivar las asambleas y cabildos territoriales» que florecieron al calor del 18-O.

La estrategia de las Elites

Tanto la ex-Nueva Mayoría (heredera de la Concertación que gobernó durante cinco de los siete períodos presidenciales de la transición posdictadura) como Chile Vamos (coalición de partidos de derecha) han sido ambiguas respecto de los cupos que cederían a candidaturas de la esfera social sin militancia partidista. En respuesta a la aparición de algunos nombres que ya ocuparon cargos públicos, un grupo de diputados de oposición presentó el 28 de setiembre un proyecto de ley que busca impedir que parlamentarios, ministros, subsecretarios o intendentes en ejercicio compitan por un escaño en la Constituyente.

Por el lado de la ex-Nueva Mayoría, el senador del Partido Socialista (PS) Carlos Montes no se pronuncia sobre si su colectividad abrirá o no un porcentaje de cupos para candidaturas independientes del espectro social. Por el contrario, acota Montes, «no soy de aquellos que creen que todas las virtudes están en no ser militante de un partido». La propuesta del PS es la «diversidad» de sus candidaturas y ahí entran a tallar tanto dirigentes de base como militantes socialistas con experiencia. Tampoco Montes detecta oportunismo en que su sector se haya plegado a las celebraciones por la rotunda victoria del apruebo, a pesar de que los socialistas fueron una pieza clave de los gobiernos posdictadura que se sucedieron bajo la Constitución de 1980.

Desde Chile Vamos, el diputado de Renovación Nacional y cara visible de la campaña del rechazo, Sebastián Torrealba, descarta que haya habido una derrota de su sector en el plebiscito. «Es absolutamente irracional pensar que detrás de la votación del apruebo hubo sólo personas de izquierda, de manera que no hay que dramatizar el resultado. Fue la ciudadanía pidiendo cambios y eso no se lo puede adjudicar la derecha ni la izquierda», afirma Torrealba, quien también se cuadra con la diversidad en las inscripciones para la elección del 11 de abril: «Llevaremos nuevos rostros y personas que tienen participación histórica en la política. Yo no concibo la democracia sin partidos políticos».

Mauricio Morales no tiene dudas respecto de la estrategia diseñada por los partidos para incluir a los independientes en sus listas: «No lo harán por convicción, sino por obligación y oportunismo. Seguramente serán independientes conocidos que simularán una renovación en las elites, pero esta solución es de corto plazo». De igual modo, aunque existe cierto consenso en rebajar las barreras de entrada para que los independientes formen listas propias, «los partidos comenzarán a abrir cupos a fin de disuadir a esos independientes de que compitan por sus propios medios».

Para Dammert, «cuando uno ha tenido el poder durante tantos años, es muy difícil dejarlo. Los partidos políticos sólo conocen ciertas prácticas y están tratando de repetirlas para ver si les funcionan». Morales, en tanto, opina que, incluso en el acuerdo de noviembre que encauzó el plebiscito, los líderes políticos supieron «traducir hábilmente ese malestar ciudadano y canalizarlo hacia la Constitución en circunstancias en que la rabia era contra ellos y también contra la clase empresarial. El texto constitucional fue un cortafuegos para evitar una crisis mayor y salvarse del descabezamiento total […]. Sin embargo, la rabia sigue latente», indica.

A juicio del politólogo, la contundente victoria del apruebo «es ciudadana y ningún segmento ideológico se la puede atribuir». Pero también añade que el proceso «ha implicado la derrota absoluta e histórica del pinochetismo y de la derecha más radical». Dammert apunta que el resultado del referéndum sepulta la idea de la polarización del país en dos mitades, ya que «la diferencia es de 80 a 20 por ciento». Lo que sucede, dice, es que «ese 20 por ciento tiene lobby, empresarios, medios de comunicación, pesa el doble».

Pör Cristian González Farfándesde Santiago 


30 octubre, 2020

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Noam Chomsky durante la entrevista con Amy Goddman para Democracy Now.Foto Captura de pantalla del video difundido por @democracynow

No es un fascista… Esencialmente es un dictador de segunda, explica

 

Noam Chomsky afirma que no hay precedente histórico en Estados Unidos para las maniobras antidemocráticas de Donald Trump con el fin de mantenerse en el poder, desde el despliegue de fuerzas federales a ciudades para enfrentar a opositores, a la purga de todo aquel funcionario que se atreva a investigar su mando corrupto.

“Trump está desesperado… Sólo hay un tema en su mente y ese es la elección. Tiene que encubrir el hecho de que es personalmente responsable de matar a decenas de miles de estadunidenses (por su manejo de la pandemia). Es imposible ocultar eso por mucho más tiempo”, afirmó en una amplia entrevista con Democracy Now [https://www.democracynow.org].

Trump necesita algo "dramático" para ganar las elecciones de noviembre y por ello está buscando provocar "enfrentamientos militares" con el despliegue de fuerzas federales a ciudades como Portland, afirma Chomsky.

“Se está moviendo en la dirección de la ley marcial. Puede que hasta intente cancelar las elecciones, no hay como adivinar qué podría hacer porque está completamente desesperado. Estas son como las acciones de un dictador de segunda en una neocolonia en algún lugar, como en un país pequeño que sufre un golpe militar cada par de años.

“No hay precedente para enviar fuerzas militarizadas para controlar una ciudad en oposición… es tratar al país como un territorio ocupado, con el propósito totalmente claro de generar confrontaciones que de alguna manera podrían salvarlo de una derrota electoral”, reiteró.

“No hay precedente histórico para algo así….”, subrayó el lingüista, filósofo e intelectual público y tal vez la voz disidente más reconocida de Estados Unidos, detallando varias maneras que podría usar el magnate para descarrilar la eleccion y sus resultados.

"El punto es que no puede perder, primero porque es sicológicamente incapaz de perder, y segundo, si pierde, si deja la Casa Blanca, podría estar enfrentando problemas legales serios, y por ahora tiene inmunidad."

Señaló que para protegerse, Trump ha logrado despedir a fiscales federales e inspectores del gobierno que se atreven a investigarlo, igual que ha hecho con varios otros funcionarios que no consideraba leales, y ahora esa "purga" se está realizando entre las filas militares.

"Esta es una crisis mayor", dijo señalando que a lo largo de 250 años del sistema democrático estadunidense "nada como esto ha sucedido antes". Trump, resaltó, ha subyugado a su partido político y cuenta con una base popular “de milicias de supremacistas blancos armados y enojados…. No se puede saber qué hará; creo que el país, para noviembre, podría ser otro país, como también el mundo dado el poder de Estados Unidos”.

Para Chomsky, esta es "la eleccion más importante en la historia" porque "cuatro años más de las políticas climáticas y nucleares de Trump podrían condenar a (a muerte) la raza humana". Más aún, Chomsky subraya que por ahora "el país está gobernado por locos".

Pero aclaró que no cree que Trump es un fascista, ya que eso sería darle demasiado crédito, ya que esa es una ideología seria. “Él es más como un dictador menor en un pequeño país sujeto a golpes militares… no hay concepto de introducir ideología fascista real… Es esencialmente una dictadura de segunda… los próximos meses serán muy difíciles”.

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Bolsonaro elogia la dictadura chilena al responder a críticas de Michelle Bachelet

Río de Janeiro. En su más violento –y virulento– ataque personal, el neofascista presidente brasileño, Jair Bolsonaro, eligió como blanco a la ex mandataria chilena y actual alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet.

Además, elogió al dictador Augusto Pinochet por, entre otras cosas, haber matado "comunistas" para impedir en 1973 que Chile se transformara "en Cuba". Mencionó directamente al brigadier Alberto Bachelet, padre de Michelle, asesinado en prisión luego de una sesión de tortura en febrero de 1974. Al año siguiente la misma Bachelet fue apresada y torturada.

Entre otras ofensas, Bolsonaro dijo, refiriéndose al blanco de su ráfaga, que "quien no tiene qué hacer trata de abrigarse en la cuestión de los derechos humanos".

Brasil, a propósito, está en campaña para ocupar una plaza en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Diplomáticos que todavía no han sido removidos de sus puestos vieron en el ataque de Bolsonaro un acto de sabotaje a su trabajo.

En la representación de la ONU en Ginebra las palabras contra Michelle Bachelet y su padre asesinado fueron consideradas "vergonzosas" e "inconcebibles".

Por la mañana, en Facebook, Bolsonaro –o quien escribe por él– había dicho: "Michelle Bachelet, comisionada de Derechos Humanos de la ONU, siguiendo la línea de Macron de entrometerse en los asuntos internos y en la soberanía brasileña, embiste a Brasil en la agenda de derechos humanos (de bandidos), atacando a nuestros valiosos policías civiles y militares. También dice que Brasil pierde espacio democrático, pero se olvida de que su país no es Cuba gracias a los que tuvieron el coraje de darle un basta a la izquierda en 1973, y entre los comunistas estaba su padre, brigadier en aquella época".

Esta fue su reacción a declaraciones de Bachelet hechas en Ginebra, en las cuales mostró su preocupación por lo que ocurre en Brasil desde la llegada del ultraderechista a la presidencia.

En un lenguaje cuidadoso, aunque contundente, Bachelet señaló que Brasil sufre "una reducción del espacio democrático", con énfasis en los ataques a defensores de la naturaleza y de los derechos humanos. Mencionó directamente el aumento de muertes causadas por policías, cuyas mayores víctimas son negros y habitantes de villas miseria.

Luego de lamentar "el discurso público que legitima ejecuciones sumarias e impunidad", cuestionó la política de facilitar el acceso indiscriminado a las armas, defendida con ardor por Bolsonaro.

También se extendió a las agresiones al medio ambiente, concentrándose en denunciar los ataques a los indígenas y la violencia en el campo, además de los incendios intencionales.

La nueva diatriba de Bolsonaro supera todos sus antecedentes de ataques personales sin control ni límite.

Su frontal agresión a la ex mandataria chilena despertó críticas severas en Chile, incluso en sectores de la derecha que han sido opositores a Bachelet en sus dos mandatos presidenciales.

En Santiago, el presidente del Senado, Jaime Quintana, repudió el ataque y aseguró que Bolsonaro "agredió la memoria de los chilenos". Exigió, además, una "respuesta contundente" del presidente derechista Sebastián Piñera.

"No comparto en absoluto la alusión hecha por el presidente Bolsonaro respecto de una ex presidenta de Chile, especialmente en un tema tan doloroso como la muerte de su padre", sostuvo más tarde Piñera.

Se creó, además, fuerte malestar en vísperas de la visita oficial a Brasil del ministro chileno de Relaciones Exteriores, Teodoro Ribera, prevista para hoy.

Desde que Bolsonaro asumió la presidencia brasileña y empezó a disparar declaraciones sin evaluar consecuencias, surgieron problemas con, en orden alfabético: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Chile, Cuba, Francia, Irán, Israel, Paraguay, Noruega y Venezuela.

Nunca antes, sin embargo, había sido tan agresivo como ahora.

En Brasilia y Santiago nadie se animó, en un primer momento, a calcular las consecuencias del nuevo desastre de un Bolsonaro en estado puro, pero se considera que serán inevitables.

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Soldados israelíes disparan a un menor palestino maniatado y con los ojos vendados

El Ejército investiga el tiroteo, que fue grabado por el fotógrafo Mohammad Hmeid en un asentamiento cerca de Belén.

 

Las imágenes captadas por Mohammad Hmeid reflejan la situación que viven los palestinos en Cisjordania: Osama Hajajra, un estudiante de apenas quince años, recibe un disparo de las tropas israelíes, quienes previamente lo habían maniatado y vendado los ojos.


El fotógrafo palestino ha subido varias fotos y un vídeo a su cuenta de Facebook, donde explica que el joven resultó herido de bala el pasado jueves tras intentar escapar de los soldados.


Antes de ser tiroteado, el menor había sido arrestado por haber presuntamente lanzado piedras contra vehículos en un asentamiento israelí, según el diario israelí Haaretz, que informa que los soldados le dispararon en la ingle en la aldea de Tekoa, cerca de Belén.


En ese momento, Osama Hajajra tenía los ojos vendados y las manos atadas en la espalda. Cuando varios palestinos trataron de socorrerlo, fueron apuntados por las tropas israelíes, aunque finalmente pudieron trasladarlo a un centro médico.


El Ejército israelí ha abierto una investigación debido a la actuación violenta de los soldados, quienes perseguían a un menor indefenso cuyo caso permanecería silenciado si no fuese por el fotógrafo Mohammad Hmeid, cuyas imágenes han servido como denuncia de las malas formas de las Fuerzas Armadas de Israel.


El diario Haaretz cita a testigos que aseguran que fue atendido en una clínica de Beit Jala, cerca de Belén. Las imágenes muestran como un soldado atiende al herido mientras otro amenaza con su arma a los palestinos presentes en la escena del tiroteo para que no se acerquen al herido.

22/04/2019 18:40 Actualizado: 22/04/2019 18:46

público

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Viernes, 08 Febrero 2019 06:01

El juego de Occidente en Venezuela

El juego de Occidente en Venezuela

Lo más cerca que llegué de Venezuela, hace muchos años, fue en una conexión en tránsito en el aeropuerto de Caracas. Noté muchos soldados en boinas verdes y un puñado de gorilas que me recordaron vagamente a Medio Oriente. Ahora, sentado mientras la lluvia aporrea el Levante invernal, hojeo en mi periódico imágenes de nuestros autócratas locales recientes –Saddam, Assad, Al Sisi, Erdogan, Mohammed bin Salman (pueden ustedes nombrar a los que faltan)– y pienso en Nicolás Maduro.

Las comparaciones no son precisas de ninguna manera. De hecho, no pienso en la naturaleza de estos hombres fuertes, sino en nuestra reacción a todos ellos. Y existen dos paralelismos obvios: la forma en que sancionamos y aislamos al odiado dictador –o lo amamos, en su caso– y la manera en que no sólo proclamamos a los opositores como los legítimos herederos de la nación, sino exigimos que se entregue la democracia al pueblo cuya tortura y lucha por la libertad acabamos de descubrir.

Y, antes de que lo olvidemos, hay otro hilo común. Si ustedes sugieren que quienes desean el cambio presidencial en Venezuela tal vez andan un poco demasiado apresurados, y que nuestro apoyo a –digamos– Juan Guaidó quizá sea un poco prematuro si no queremos empezar una guerra civil, eso significa que ustedes son pro Maduro. Así como quienes se opusieron a la invasión de Irak en 2003 eran pro Saddam, o quienes pensaban que Occidente debería esperar antes de apoyar a la cada vez más violenta oposición en Siria fueron etiquetados como pro Assad.

Y quienes defendieron a Yasser Arafat –durante mucho tiempo un súper terrorista, luego un súper diplomático y luego otra vez un súper terrorista– contra quienes querían deponerlo como líder de los palestinos fueron insultados por ser pro Arafat, pro palestinos, pro terroristas y, de modo inevitable, antisemitas. Recuerdo cómo George W. Bush nos advirtió, después del 11-S, que están con nosotros o contra nosotros. La misma amenaza se nos hizo con respecto a Al Assad.

Erdogan la ha hecho en Turquía (hace menos de tres años), y en la olvidada década de 1930 fue un recurso empleado nada menos que por Mussolini. Y ahora cito al secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, con referencia a Maduro: “Ahora es momento de que cada nación escoja su bando… o están con las fuerzas de la libertad, o están en la misma liga de Maduro y su caos”.

Ya me entienden. Ahora es el momento de que todas las buenas personas cierren filas con Estados Unidos, la UE, las naciones de América Latina opuestas a Maduro… ¿o es que apoyan a los rusos, chinos, a los fanáticos iraníes, al pérfido Corbyn o (entre tanta gente) a los griegos?

Hablando de los griegos, la presión europea sobre Alexis Tsipras para alinearse al apoyo de la UE a Guaidó –demostración de que la UE puede de hecho acosar con todo su peso a sus miembros más pequeños– es un buen argumento para los partidarios del Brexit (aunque demasiado complejo para que lo entiendan).

Pero primero echemos una ojeada a nuestro tirano favorito, en palabras de todos los que se le oponen. Es un poderoso dictador, rodeado de generales, que oprime a su pueblo mediante tortura, arrestos en masa, asesinatos de la policía secreta, elecciones amañadas, presos políticos… así que no es raro que demos nuestro apoyo a quienes desean derrocar a este hombre brutal y celebrar elecciones democráticas.

No es una mala sinopsis de nuestra política actual hacia el régimen de Maduro. Pero me refiero, por supuesto, palabra por palabra, a la política de Occidente hacia el régimen de Al Assad en Siria. Y nuestro apoyo a la democracia en ese país no fue terriblemente exitoso. No fuimos responsables de la guerra civil en Siria, pero no estamos libres de culpa, puesto que enviamos un montón de armas a quienes intentaban derrocar a Al Assad. Y el mes pasado el cuaderno de notas del consejero nacional de seguridad estadunidense John Bolton parecía alardear de un plan de enviar 5 mil efectivos a Colombia…

Y ahora dirijamos la mirada a otro de aspecto semejante a Maduro, por lo menos desde la simplista visión de Occidente: el mariscal de campo-presidente electo Al Sisi de Egipto, quien goza de apoyo militar y a quien amamos, admiramos y protegemos. ¿Poderoso dictador? Sí. ¿Rodeado y apoyado por generales? Sin duda, en parte porque encerró a un general rival antes de la elección pasada. ¿Represión? Absolutamente… todo con tal de aplastar el terrorismo, desde luego.

¿Detenciones en masa? Felizmente sí, porque todos los reos en el salvaje sistema carcelario egipcio son terroristas, al menos según el propio mariscal-presidente. ¿Asesinatos de la policía secreta? Bueno, aun olvidando al joven estudiante italiano cuyo gobierno sospecha que fue torturado y asesinado por uno de los altos funcionarios policiacos de Al Sisi, existe una lista de activistas desaparecidos.

¿Elecciones amañadas? Sin duda, aunque Al Sisi aún insiste en que su triunfo reciente en las urnas –un genial 97 por ciento– fue en una elección libre y justa. El presidente Trump le envió sus sinceras felicitaciones. ¿Presos políticos? Bueno, el total es de 60 mil y contando. Ah, y por cierto, la victoria más reciente de Maduro –elección amañada si las hay– fue apenas por 67.84 por ciento.

Como diría el finado experto del Sunday Express John Gordon: es para que uno se enderece un poco en la silla. Así también, supongo, cuando echamos un ojo un poco más al este, hacia Afganistán, donde los gobernantes talibanes fueron impulsados en 2001 por Estados Unidos, cuyos militares y estadistas posteriores al 11-S introdujeron allá una nueva vida de democracia seguida por corrupción, enseñoramieto de tiranos locales y guerra civil.

La parte de democracia despegó pronto, cuando los loya jurgas, grandes consejos, se convirtieron en feudos tribales y los estadunidenses anunciaron que sería una exageración pensar que podríamos lograr una democracia jeffersoniana en Afganistán. Más que cierto.

Ahora los estadunidenses negocian con el talibán terrorista en Qatar para poder largarse de la Tumba de los Imperios después de 17 años de fracasos militares, escándalos y derrotas, para no mencionar el manejo de unos cuantos campos de tortura que harían toser al mismo Maduro.

Puede que todo eso desanime al lector de caminar por la senda de la memoria. Y eso que no he mencionado los pecados de Saddam, para no hablar de nuestra continua y amena relación –por asombroso que parezca– con ese Estado del Golfo cuyos chicos estrangularon, despedazaron y enterraron en secreto a un periodista estadunidense residente en Turquía.

Ahora imaginen si Maduro, cansado de un periodista crítico que lo fustiga desde Miami, decidiera atraerlo con engaños a la embajada venezolana en Washington y decapitara al pobre tipo, lo cortara en pedazos y lo enterrara en secreto en Foggy Bottom. Supongo que se habrían aplicado sanciones a Maduro desde hace mucho tiempo. Pero no a Arabia Saudita, claro, donde en definitiva no estamos promoviendo la democracia.

Es la hora de la democracia y la prosperidad en Venezuela, afirmó John Bolton esta semana. Oh, sí, claro. Maduro gobierna una nación empapada en petróleo, pero su pueblo muere de hambre. Es un hombre indigno, tonto y vanidoso, aun si sus crímenes no se comparan con los de Saddam. Un colega lo describió acertadamente como un tirano sombrío. Incluso tiene el aspecto de uno de esos tipos que ataban damas a las vías del tren en las películas mudas.

Así que buena suerte a Guaidó. Es palpablemente un tipo agradable, que habla con elocuencia y tiene el tino de abogar por ayuda a los pobres y elecciones libres en vez de obsesionarse por cómo exactamente va a echar fuera a Maduro y sus amigos militares.

En otras palabras, buena suerte… pero cuidado. En vez de suplicar a quienes no quieren apoyarlo –los griegos, por ejemplo–, podría detenerse a mirar a sus amigos extranjeros. Y hacer un recuento rápido de las más recientes cruzadas que han emprendido por la libertad, la democracia y el derecho a la vida. Y, por cierto, ni siquiera he mencionado a Libia.

 Traducción: Jorge Anaya

Publicado enCrisis Venezuela
Miércoles, 30 Enero 2019 08:26

En marcha

En marcha

Una nueva componenda, para concretar un golpe de Estado contra el gobierno de Nicolás Maduro está en marcha. Una sincronizada cascada de acciones da fe de ello:

 

1. Enero 4, reunión del Grupo de Lima –integrado por 14 países de la región, catalogando al gobierno venezolano como dictadura, desconociendo la legitimidad del nuevo periodo presidencial de Nicolás Maduro, por asumir su segundo mandato presidencial el 10 de enero. México no firma y opta por una vía que privilegia el diálogo.


2. Enero 10. Desconocimiento por parte del Consejo Permanente de la OEA del gobierno venezolano por “ilegítimo”. La resolución fue aprobada por 19 votos a favor, 6 en contra, 8 abstenciones y una ausencia. Por otra parte, llama a todos los estados miembros y a los observadores permanentes de este organismo a adoptar las medidas diplomáticas, políticas, económicas y financieras que consideren necesarias para contribuir “a la restauración del orden democrático en Venezuela” y a implementar medidas para atender la crisis humanitaria en ese país.


3. Enero 11, Paraguay rompe relaciones con Venezuela al desconocer la legitimidad del gobernante venezolano. Igual proceder, en la práctica, han tomado todos los países firmantes de la declaración del Grupo de Lima, entre ellos Colombia que ha roto desde meses atrás los canales diplomáticos de contacto con el país vecino, asumiendo el liderazgo regional, junto a Mauricio Macri, presidente argentino, y el recién posesionado Jair Bolsonaro en Brasil, para provocar la caída de su par venezolano.


4. Enero 11. Autoproclomación de Juan Guaidó, presidente del parlamento venezolano cómo gobernante de Venezuela, dando paso con ello a la conformación de un gobierno paralelo o una dualidad de poderes que busca atizar un levantamiento militar y una confrontación civil en Venezuela.


5. De manera inmediata. el secretario General de la OEA, Luis Amagro, brindó su aval al autoproclamado presidente. La declaración no extraña, ya que en varias ocasiones, a lo largo del 2018, había llamado a dar un golpe contra Maduro.


6. Enero12. El gobierno de Brasil reconoce a Juan Guaidó. Por su parte el presidente de Colombia emite una declaración donde reconoce “[…] a la Asamblea Nacional de Venezuela como el único órgano democrático y legítimo que existe en ese país”. El presidente de esa Asamblea es el autoproclamado Guaidó.


7. De manera simultánea, todas las declaraciones de los países integrantes del Grupo de Lima aluden al gobernante venezolano como dictador, desatando una ofensiva en procura de crear en la opinión pública la inclinación por un golpe militar o similar en el país suramericano.


8. Como eco de esta acción, los informativos colombianos, de manera constante y sin brindar a sus radioescuchas, lectores o televidentes información de contexto, aluden al Presidente venezolano como dictador. La desinformación como norma gana espacio a todo nivel.

 

Como una acción previa para poner en marcha esta sincronizada arremetida, Mike Pompeo, secretario de Estados de los Estados Unidos y exdirector de la CIA, se había reunido los días 1 y 2 de enero con los presidentes de Colombia y de Brasil. Ya en abril de 2018 había estado presente en varios países de la región afinando compromisos en contra de Cuba, Nicaragua Bolivia y Venezuela.

 

Previo a la maniobra geopolítica en marcha, a lo largo del 2017 y 2018, la OEA intentó por varios conductos aislar a Venezuela del escenario regional, lo que motivó la misma renuncia a este organismo por parte del país suramericano. Intentos de bloqueo diplomático que fueron accionados al tiempo que se estimulaba un alzamiento social, el cual se prolongó por varios meses del 2017 y con especial énfasis en Caracas, a través de movilizaciones de todo tipo. Al final de esta confrontación, cientos de los manifestantes habían caído presos, algunos voceros de la oposición habían corrido igual suerte, y la coordinación de las fuerzas opuestas al gobierno venezolano estaba rota. Las contradicciones en cuanto a los resultados obtenidos, las acciones por proseguir y qué hacer ante las elecciones presidenciales que se avecinaban, terminaron por fracturarlos.


Llegada la campaña electoral –enero/abril de 2018–, la mayoría de los integrantes de la coordinación opositora se abstuvo de participar de la campaña presidencial. Al final de los comicios Maduro fue elegido con el 57 por ciento de los votos.

 

Soberanía popular

 

Que el gobierno de Nicolás Maduro y su dirección al frente de Venezuela está cuestionada, no hay duda, pero no por ello los gobernantes de la región pueden saltarse el derecho de cada pueblo a resolver sus problemas con autonomía, basados en el respeto a su soberanía y derecho a vivir en paz.

 

Más allá de los resultados de los comicios de abril pasado, la economía y la prolongada crisis social de su país son quienes le han colocado a Maduro el Inri de impopular. No es para menos. Más allá del bloqueo económico emprendido por los Estados Unidos y el conjunto de medidas internacionales para llevar a este país a la ingobernabilidad, están las medidas del propio gobierno y de la dirigencia venezolana, incapaces de desatar el liderazgo social y emprender una gestión de verdad revolucionaria para encarar los destinos de su patria. Imaginación, audacia, autogestión, poder popular, soberanía alimentaria, industrialización autónoma que rompa la matriz petrolera del país, ingresos dignos, estos y otros retos son los que tendría que resolver el liderazgo social, más allá del gobierno.

 

Contrario a ello, una gestión cada vez más burocrática y enclaustrada, aislada de las dinámicas diarias de los millones de connacionales que padecen una inflación inimaginable y un desabastecimiento de productos básicos de la canasta familiar, con una presencia cada vez más autoritaria del Estado, es la que cuestiona al líder venezolano, así como a todo el equipo que lo acompaña, con las Fuerzas Armadas como soporte y sustento, de cuya cohesión depende la continuidad del jefe de Estado.

 

Por ahora, con el doble gobierno en marcha, con el llamamiento a las Fuerzas Armadas a fracturarse, así como la instigación al alzamiento social, lo que está en marcha es una peligroso y arriesgada maniobra por parte de los Estados Unidos y sus países satélites, que más allá del destino que corra Maduro puede terminar en una confrontación civil interna.

 

Alineada Venezuela cada vez más con China y Rusia, países que le apuestan a la recuperación y estabilidad económica del país suramericano, invirtiendo para ello significativas sumas de dinero y comprometiendo acompañamiento a todo nivel, decisión que aruña con evidencia el patio trasero y última retaguardia del otrora incuestionable imperio gringo, provocan, no sin cálculo, la furia de su enemigo del Norte, lo que puede desatar en este territorio una disputa geopolítica global, tipo Siria, que terminaría por descuadrar el mapa regional americano, en especial el de Sur y Centro América, así como El Caribe, algo que no depararía nada bueno para todos nuestros pueblos, incluido el colombiano.

 

El que juega con candela, puede desatar incendios. Duque y todos aquellos a quienes él representa, el poder real a la sombra hoy en Colombia y en la región, pueden terminar como pirómanos.

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