Putin lamentó el sentimiento antirruso en el Partido Demócrata.Foto Ap

La Doctrina Estrada, promulgada en 1930 por México, enaltece los principios de libre autodeterminación de los pueblos y la no injerencia en los asuntos domésticos de otros países.

Otorga mayor margen de maniobra geopolítica a México, frente a la degradante sumisión esclavista al fracasado decálogo neoliberal del "Consenso de Washington" (https://bit.ly/2TjIg4X) que le supedita(ba) practicar una política decimonónica de "ejes".

Para México, la Doctrina Estrada es la consecuencia de la tormentosa relación con EU desde el siglo 19 y constituye un imperativo protector diplomático: al carecer de armas nucleares, con un ejército muy endeble y después de múltiples invasiones (https://bit.ly/31zmApG).

En la fase de la 4T, México regresó sabiamente a los fundamentos de la Doctrina Estrada cuando carece de anticuerpos de toda índole en su interface con EU.

El zar Vlady Putin, con la mayor dotación de armas nucleares del planeta y su portentosa panoplia de armas hipersónicas, adopta los principios fundamentales de la Doctrina Estrada, sin citarla, debido a la participación de Rusia al "equilibrio estratégico" global para así tratar civilizada y diplomáticamente con EU, en lugar de llegar a una confrontación nuclear inevitable que constituiría el Apocalipsis de todas las especies vivientes de la creación.

En una entrevista a Rossiya TV (https://bit.ly/34lGiXT), declaró: "Trabajaremos con cualquier futuro presidente de EU, a quien el pueblo estadunidense otorgue su voto de confianza".

Después del sonoro fracaso del fake Russiagate, ahora con la fétida exposición de los correos de Hunter, hijo del ex vicepresidente y candidato presidencial Joe Biden, los demócratas alegan que se trata de "desinformación rusa" que fomenta su "títere" Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York durante el 11/9 y abogado particular de Trump, mientras que los republicanos exhuman los lazos mafiosos de los demócratas y de la familia Biden con Ucrania/Kazajistán/China.

Tanto la virulenta rusofobia como la patógena sinofobia forman parte del maniqueísmo primario que practican los decadentes políticos estadunidenses para atizar la ya muy aburrida "imagen del enemigo".

A propósito, el zar Vlady expresó que los "ideales socialdemócratas" del Partido Demócrata se parecen a los que llevaron al ascenso del comunismo, por lo que Rusia pudiera conformar una "base ideológica" para una relación de trabajo en caso del triunfo de Joe Biden, hoy favorito de las encuestas, que no suelen ser muy rigurosas ni precisas en EU. Y que conste que ahora Rusia ya no practica el comunismo, sino más bien un capitalismo con cobertura estatal.

El zar lamentó la antipatía antirrusa que predomina en los circuitos del Partido Demócrata, a lo cual se dice "lamentablemente estar acostumbrado". Luego añadió que "el Partido Demócrata está más cercano tradicionalmente a los valores liberales (sic), más cercano a las ideas socialdemócratas, si se compara a Europa". Recalcó que fue en ese "ambiente socialdemócrata donde evolucionó el Partido Comunista".

El zar comentó que "todavía le gustan varios de esos valores de izquierda (sic)" y enfatizó que la "igualdad y fraternidad" son "muy afines a los valores cristianos", aceptando que "son difícil de implementar, pero son muy atractivos (sic)".

Alexander Dugin –autor de La cuarta teoría política (https://bit.ly/37BIv3q) y uno de los principales ideólogos de Rusia– enaltece los valores de la "cristiandad ortodoxa" como pilar de la Rusia resurrecta, tesis que ha adoptado el zar Vlady.

El zar rechaza que Rusia interfiera en el proceso electoral: "Lo que sucede en EU es el resultado de sus procesos políticos internos y sus problemas" y se dijo halagado cuando Biden se refiere a Trump como la "marioneta de Putin". Sobre las "humillaciones o insultos" que le profiere Biden, comentó que ello "mejora el prestigio de Rusia".

Finalmente, criticó el retiro de EU del sensible Tratado de Fuerzas Nucleares Intermedias (INF), y recordó que EU y Rusia colaboran para estabilizar el mercado petrolero global.

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Trump desembarca del Air Force One y se dirige a la multitud en el aeropuerto de Mosinee, Wisconsin. Flickr / White House

Trump ha agudizado la tendencia de un país que no ha querido participar en acuerdos e instituciones para perseguir el genocidio, luchar contra las bombas de racimo o combatir la crisis climática

 

Esta semana, la ONU celebra su 75 aniversario ante una crisis que ha puesto en evidencia las fragilidades del mundo. El secretario general, Antonio Guterres, inauguraba el debate de la Asamblea General insistiendo en la necesidad de un mayor multilateralismo. Minutos después, el presidente Donald Trump pronunciaba su discurso. Aunque no hizo mención a su ya tradicional "globalismo contra patriotismo" de otros años, el tono fue el mismo y se reafirmó en su máxima nacionalista del America First.

"Hoy estamos frente a nuestro propio 1945", advertía Guterres. "Necesitamos más cooperación internacional, no menos; fortalecer las instituciones multilaterales, no abandonarlas; una mejor gobernanza global, no una caótica ley de la selva". 

Durante su primer mandato, que ahora llega a su fin, Trump ha hecho precisamente lo contrario, sacando a Estados Unidos de grandes organismos del universo ONU, como la UNESCO, la Organización Mundial de la Salud (OMS) –cuya retirada se hará efectiva en julio de 2021 si no se revierte antes– y el Consejo de Derechos Humanos, siempre acusándolas de "sesgadas". También ha sacado a EEUU del Acuerdo de París por el Clima, del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, del acuerdo nuclear con Irán y de varios tratados de control de armas con Rusia, entre otros.

Sin embargo, EEUU lleva décadas al margen de importantes tratados que sitúan a la primera potencia mundial a la cola de los convenios de derechos humanos, fuera de la Corte Penal Internacional y de los acuerdos que impulsan la prohibición de armas que representan un elevado riesgo para la población civil atrapada en zonas de conflicto.

Estados Unidos, por ejemplo, solo ha firmado y ratificado cinco de los 18 tratados internacionales de derechos humanos –entre los 18 están incluidos los protocolos adicionales a los textos principales–. Solo Bután, con cuatro, está por debajo de Estados Unidos en menos ratificaciones de acuerdos internacionales (otros microestados como Niue, Palau, Tonga y Tuvalu también han ratificado menos que el país norteamericano). España, por ejemplo, ha firmado y ratificado 17 de los 18. En cambio, en América Latina, muchos países han ratificado la mayoría de los textos –Ecuador, Bolivia, Argentina y Paraguay son Estados parte de los 18 tratados–.

"Yo creo que la no ratificación tiene más que ver con su propio funcionamiento interno que con la arrogancia que se suele achacar a Estados Unidos", dice Carlota García Encina, investigadora principal de EEUU y relaciones transatlánticas del Real Instituto Elcano. La experta recuerda que un tratado internacional tiene que ser aprobado por dos terceras partes del Senado. "Siempre habrá un senador republicano, porque suelen ser republicanos, con problemas de soberanía". El ejemplo paradigmático es la creación de la Sociedad de Naciones para asegurar la paz tras la Primera Guerra Mundial. Aunque EEUU fue uno de los grandes promotores de la iniciativa bajo el liderazgo del presidente Woodrow Wilson, el Senado rechazó el ingreso del país en la que es considerada como la precursora de la ONU.

Los derechos del niño y la discriminación contra la mujer

Estados Unidos, por ejemplo, es el único país del mundo que no es parte del Convenio de los Derechos del Niño de 1990, sobre el que se sostiene UNICEF. "Estados Unidos dice que esos derechos ya están recogidos en sus leyes y que incluso van más allá, pero es fácil demostrar que no es cierto", dice a elDiario.es Blanca Hernández, portavoz de Amnistía Internacional para temas de EEUU. "Hasta hace poco aplicaban pena de muerte contra personas que habían cometido el crimen siendo menores de edad. Eso ya no sucede, pero siguen haciendo algo que la convención prohíbe, como cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional". Además, oficialmente EEUU alega que el texto "entra en conflicto con la autoridad de los padres".

En el caso de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), los únicos que no están obligados por el tratado son Estados Unidos, Sudán, Somalia e Irán. Este es el tratado de derechos de la mujer más importante del mundo y permite el examen de los países miembros por parte del comité y tiene la competencia de estudiar denuncias de casos particulares. 

"No ser parte de una convención fundamental es realmente una falta de responsabilidad", decía en 2018 Nicole Ameline, vicepresidenta del comité de 23 miembros de la CEDAW en una entrevista con elDiario.es. "He trabajado mucho desde hace 12 años con Bill Clinton, con Barack Obama y con Hillary Clinton para empujar al Gobierno. A veces la resistencia es del Congreso y otras, como hoy probablemente, del propio presidente".

Estados Unidos es de los pocos que tampoco ha ratificado el Convenio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ratificado por 171 países). "Durante casi tres décadas, EEUU ha jugado un papel central en disuadir y a veces bloquear el desarrollo del concepto de derechos económicos, sociales y culturales, particularmente en el contexto del régimen internacional de derechos humanos", escribía en 2009 el experto en derecho internacional Philip Alston y exrelator especial de la ONU sobre extrema pobreza. Alston cree que muchos en EEUU ven este concepto como "derechos no económicos, socialistas y colectivos". Durante la Guerra Fría existió una división entre los dos bloques entre los derechos económicos, sociales y culturales –más apoyados por el bloque soviético– y los derechos políticos y civiles –más apoyados por EEUU–.

Trump, las minas antipersona y la munición de racimo

Al margen de los tratados de derechos humanos, EEUU tampoco ha ratificado el Estatuto de Roma, mediante el cual se crea la Corte Penal Internacional, con capacidad de juzgar los crímenes más graves: genocidio y crímenes de guerra, de agresión y de lesa humanidad. Washington había firmado –no ratificado– el estatuto en 2000, pero dos años después George W. Bush retiró oficialmente la firma. El país norteamericano es de los pocos que tampoco es parte de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

En cuanto a armamento, EEUU tampoco ha ratificado la Convención sobre las Municiones en Racimo ni la Convención sobre la prohibición de minas antipersona. Ambas están consideradas como un armamento peligroso para la población civil atrapada en zonas de conflicto. "Las minas antipersonal no pueden distinguir entre soldados y personas civiles y suelen matar o mutilar gravemente. Al ser relativamente baratas, pequeñas y de fácil manejo, han proliferado por decenas de millones, causando indecibles sufrimientos y devastando social y económicamente a docenas de países en todo el mundo", sostiene el Comité Internacional de la Cruz Roja

Además de no ser parte de ambos tratados, Trump levantó en noviembre de 2017 una directiva del Pentágono que restringía el uso de las municiones de racimo y calificó estas arma como "una capacidad militar vital" para el país. Además, en enero de 2020, el presidente levantó también las restricciones internas sobre el uso de las minas antipersona establecidas por Obama en 2014. Trump alegó que la política del expresidente situaba a los soldados estadounidenses "ante una grave desventaja".

Trump también ha recibido múltiples críticas por retirarse del Acuerdo de París sobre el Clima –la salida entrará en vigor en noviembre–, dejando a EEUU como el único país del mundo no firmante (otros ocho Estados han firmado, pero no han ratificado). Sin embargo, EEUU tampoco ratificó el Protocolo de Kyoto de 1997 para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Solo EEUU, Sudán del Sur y Canadá no han ratificado ese texto

"Es un problema grave sobre todo cuando el país toma una actitud de deprecio y desacredita tratados internacionales. Puede inspirar a otros países a seguir su estela. El efecto se multiplica porque EEUU tiene mucha influencia", dice Hernádez, de Amnistía Internacional.

Por Javier Biosca Azcoiti

23 de septiembre de 2020 22:16h

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Oxfam: países ricos compran por adelantado 51% de vacunas contra Covid-19

Para una distribución equitativa del biológico, 156 naciones participan en la iniciativa Covax, dice la OMS

 

Pekín. Los países ricos, incluidos Estados Unidos, Reino Unido y Japón, han comprado más de la mitad del suministro esperado de la vacuna contra el Covid-19, informó ayer Oxfam, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que un total de 156 naciones (64 de ellas ricas, con excepción de Estados Unidos y China) se sumaron a la iniciativa global Covax destinada a asegurar una distribución equitativa de las futuras dosis de una vacuna contra el nuevo coronavirus, que ya ha afectado a 31 millones 8 mil 78 personas en el mundo y ha provocado 962 mil 343 muertes.

Los países ricos han comprado 51 por ciento de las dosis prometidas de las principales vacunas candidatas contra el Covid-19, a pesar de que representan sólo 13 por ciento de la población mundial, dijo la ONG benéfica contra la pobreza Oxfam, en un comunicado publicado en su sitio web.

Oxfam analizó cinco acuerdos contratados entre gobiernos y compañías farmacéuticas –AstraZeneca, Gamaleya/Sputnik, Moderna, Pfizer y Sinovac– que tienen la capacidad de producción combinada de 5 mil 900 millones de dosis.

Ya se han alcanzado acuerdos de suministro de vacunas por 5 mil 300 millones de dosis, de las cuales 2 mil 700 millones han sido compradas por países y territorios desarrollados, mientras los 2 mil 600 millones restantes han sido comprados o prometidos a países en desarrollo como India, China y Brasil, dijo Oxfam.

"El acceso a una vacuna que salve vidas no debería depender de dónde se viva o de cuánto dinero se tenga", dijo Robert Silverman, gerente de promoción del Departamento del Sector Privado de Oxfam América.

Enfoque común contra un desafío común

En tanto, 156 países (64 naciones ricas, excepto Estados Unidos y China) se sumaron a la iniciativa global Covax destinada a asegurar una distribución equitativa de las futuras dosis de una vacuna contra el Covid-19, señaló la alianza impulsada por la OMS.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, instó a "mover cielo y tierra" para "garantizar un acceso equitativo a las pruebas, diagnósticos, terapéuticas y futuras vacunas" e insistió en que el mundo "sólo puede salir de este desafío común con un enfoque común".

Por ello, reclamó apoyo para la iniciativa Covax, puesta en marcha junto con la Alianza de Vacunas Gavi y CEPI, que busca un esfuerzo común entre todos los países para que el biológico llegue a todos los países, también a los más pobres.

La meta de Covax es entregar 2 mil millones de dosis de una vacuna efectiva y segura para fines de 2021 en todo el mundo.

Por otra parte, al continuar el diferendo entre la OMS y Estados Unidos, la agencia de Naciones Unidas dijo ayer que no ha cambiado su política sobre la transmisión por aerosol del coronavirus, después de que los expertos de salud estadunidenses actualizaron sus lineamientos con una advertencia de que el Covid-19 puede propagarse a través de partículas en el aire.

Mike Ryan, director ejecutivo del programa de emergencias de la OMS, indicó que haría un seguimiento con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos en las próximas 24 horas, después de que señalaron que el Covid-19 podría propagarse a través de partículas en el aire que pueden permanecer suspendidas y viajar hasta 1.8 metros.

"Ciertamente, no hemos visto ninguna evidencia nueva y nuestra posición al respecto sigue siendo la misma", afirmó en una sesión informativa.

El Consejo Noruego para los Refugiados (CNR) dijo que 77 por ciento de los desplazados han perdido su fuente de ingresos desde que comenzó la pandemia.

En el estudio Espiral Descendiente, realizado en 14 países (Afganistán, Colombia, Irak, Kenia, Libia, Mali, Uganda, Venezuela, Somalia, República Democrática del Congo, Líbano, Jordania, Burkina Faso y Yemen), el CNR indica que cerca de tres cuartas partes de las mil 413 personas interrogadas señalan una clara degradación de su situación a causa de la crisis sanitaria.

Según este informe, 77 por ciento de ellas habían perdido el empleo o su salario se había reducido desde marzo, un porcentaje de 70 tuvieron que disminuir el número de comidas en casa y 73 por ciento afirman estar menos preparadas para llevar a sus hijos a la escuela debido a los problemas financieros.

Más de 200 personas dieron positivo a Covid-19 entre miles de solicitantes de asilo admitidos en un nuevo campamento para migrantes en la isla de Lesbos, Grecia, después de que el anterior se incendió.

En India, el emblemático Taj Mahal reabrió ayer sus puertas tras seis meses de cierre debido a la pandemia.

Estados Unidos tiene 199 mil 743 decesos y 6 millones 835 mil 13 casos de Covid-19, según la Universidad Johns Hopkins. América Latina registra 323 mil 894 fallecidos y 8 millones 759 mil 32 infectados por el virus, refirió Afp.

En Barcelona, cientos de médicos residentes comenzaron una huelga de tres días, en rechazo a la carga detrabajo y la precariedad laboral, reportó el diario El País. Los manifestantes se congregaron frente a la Maternitad de la capital de Cataluña, donde se encuentra la sede del Departamento de Salud.

"No es formación, es explotación", corearon los médicos residentes en su protesta en la que cuidaron la sana distancia y portaban cubrebocas.

"Se tira más de los residentes, porque somos la mano de obra barata", dijo uno de los participantes de esta protesta en la que rechazan, además, cargas laborales de hasta 60 horas semanales al considerar las guardias.

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Un informe de la ONU enumera las principales esperanzas y temores de la humanidad de cara al futuro

El organismo señala que la encuesta global que llevó a cabo en enero de 2020 ha sido su "esfuerzo más ambicioso" hasta la fecha para "comprender las expectativas frente la cooperación internacional y la ONU en particular".

 

Con motivo de la conmemoración del 75.º aniversario de la creación de la ONU, que se desarrolla bajo el lema 'El futuro que queremos, la ONU que necesitamos', este lunes se han publicado los resultados de la encuesta global que realizó la organización en enero de 2020 para descubrir las esperanzas y los temores de la humanidad frente al futuro.

"Al 21 de septiembre de 2020, habían participado más de un millón de personas de todos los países y todas las condiciones sociales. Sus respuestas brindan información única sobre lo que el público quiere en este momento difícil para el mundo", reza su comunicado de prensa, asegurando que se trata del "esfuerzo más ambicioso de la ONU hasta la fecha para comprender las expectativas frente la cooperación internacional y la ONU en particular".

Según los datos revelados, a día de hoy las primeras necesidades de prioridad inmediata consisten, para gran parte de la población mundial, en una mejora del acceso a los servicios básicos, como atención médica, agua potable, saneamiento y educación, seguida de "una mayor solidaridad internacional y un mayor apoyo a los más afectados". "Esto incluye abordar las desigualdades y reconstruir una economía más inclusiva", señala el informe.

Sin embargo, cerca de 300.000 participantes expresaron que la atención médica también es una prioridad a largo plazo. "El cuidado de la salud es también un área en la que la gente espera ver una mejora en los próximos 25 años", comunicaron los autores del estudio, agregando que el 72 % de los encuestados cree que el acceso a los servicios de salud "seguirá siendo el mismo o mejorará en el futuro".

La crisis climática y la corrupción 

Por otra parte, la encuesta mostró que, de cara al futuro, las principales preocupaciones para la humanidad son la crisis climática y la destrucción del medio ambiente, mientras que "garantizar un mayor respeto por los derechos humanos, resolver conflictos, combatir la pobreza y reducir la corrupción" fueron otras de las relevantes prioridades para la sociedad mundial.

"La mayoría de los participantes en todas las regiones están preocupados por el futuro impacto del cambio climático. Nuestra inhabilidad para detener la crisis climática y la destrucción ambiental son vistas por los encuestados como su mayor temor a medio y largo plazo", comunica el informe, revelando que el 49 % de las respuestas apuntan a que la situación ecológica del planeta empeorará, igual que la situación de la corrupción, según otro 41 %.

La desigualdad y la pobreza

Además, según los datos publicados, la gente desea que en el mundo haya "más solidaridad internacional y un aumento del apoyo a los lugares más afectados por la pandemia. Eso incluye luchar contra la pobreza y las desigualdades y estimular el empleo". A la pregunta sobre los objetivos establecidos a largo plazo, muchos nombraron "el acceso universal a la educación e igualdad de derechos para las mujeres".

El informe destaca que más del 87% de la población confía en que la cooperación internacional es vital para hacer frente a los desafíos actuales, como la lucha contra la pandemia, a la vez que el 74 % ve a la ONU como "esencial" para abordarlos.

Publicado:22 sep 2020 08:41 GMT

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El no alineamiento activo: una camino para América Latina

Más de medio siglo después de la creación del Movimiento de Países No Alineados, el mundo ha cambiado drásticamente. Sin embargo, una renovación conceptual de la idea de «no alineamiento» puede ser útil para América Latina en esta nueva etapa caracterizada por la disputa entre Estados Unidos y China.

 

Algo anda muy mal en América Latina. Con un 8% de la población mundial, la región concentra el 31,9 % del total de muertos (270 mil sobre 844 mil, a fines de agosto de 2020) por la pandemia de covid-19, cuatro veces de lo que le «correspondería». Diversas proyecciones indican que la caída del PIB en 2020 fluctuará entre 9,1% según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y 9,4% según el Fondo Monetario Internacional, constituyéndose como el peor desempeño de la economía de la región. La caída de la economía mundial se calcula en 4,9%. Según la Cepal, la crisis provocará un aumento de 45,4 millones de pobres, cifra que haría alcanzar un total de 231 millones. Se trata de un 35% de la población total, lo que retrotraería los índices a los niveles de 2006.

Una constante del subdesarrollo latinoamericano es una inserción internacional defectuosa, subordinada a la potencia hegemónica dominante. Ella se basa en una división del trabajo especializada en la producción de materias primas exportadas con bajos grados de elaboración y en la importación de productos con mucho mayor valor agregado. El deterioro de los términos del intercambio, según la expresión de Raúl Prebisch, se encuentra en la base de nuestro estancamiento. Por ello, la región no sale de la «trampa del ingreso medio».

En años recientes, el boom de los commodities pareció contravenir esa tesis. Entre 2003 y 2013, América Latina vivió una década dorada, sustentada en el alto precio de las materias primas exportadas. Fue ello lo que le permitió a la región sobrellevar con éxito la recesión mundial de 2008-2009. Sin embargo, bastó un cambio de signo de la coyuntura internacional y una ligera baja en la tasa de crecimiento de China, para revertir ese auge. Fue en ese contexto (la «media década perdida» de 2015-2020, con una tasa anual de crecimiento inferior al 2%), en el que la región recibió el golpe de la pandemia de covid-19. Ahora, el entorno internacional, dominado por la pugna Estados Unidos y China, apunta a restringir aún más las opciones de la región, en particular dada la exigencia de Washington de que América Latina rompa sus lazos con China y se alinee con Estados Unidos.

Resucitando la Doctrina Monroe

En febrero de 2018, en vísperas de su primer viaje a América Latina, el entonces Secretario de Estado Rex Tillerson, con ocasión de un discurso en la Universidad de Texas en Austin, anunció que la Doctrina Monroe se mantenía vigente, contradiciendo así los a su predecesor, John Kerry, que en 2013 había afirmado lo contrario. Esta doctrina, por la cual Estados Unidos se arroga el derecho a excluir a países no americanos de tener una presencia en el hemisferio occidental, se consideraba un anacronismo decimonónico.

Desde entonces, el gobierno de Trump ha aplicado esta doctrina sine die. Las visitas de sus secretarios de Estado - Rex Tillerson y su sucesor, Mike Pompeo-, de su secretario de Defensa Jim Mattis, y de otros integrantes de su Gabinete, trasmitieron el mensaje de que los países latinoamericanos deben mantenerse alejados de China. Algo similar podría decirse de esfuerzos por bloquear la presencia de Rusia e Irán, en este último caso incluyendo la intercepción de cargueros con petróleo iraní con rumbo a Venezuela. El rompimiento de una tradición establecida de 60 años de una presidencia latinoamericana del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con la candidatura de un estadounidense para ella, aspira a utilizar el BID para excluir de la región a potencias extracontinentales, especialmente a China.

Este afán de retrotraer la historia al siglo XIX es inaceptable. El gran cambio que se ha dado en el nuevo siglo en la región ha sido precisamente hacia una diversificación de sus relaciones exteriores. En esa diversificación cabe destacar los contactos cada vez más frecuentes con países asiáticos como China, India, Corea del Sur e Indonesia, entre otros. En 2020, en un mundo globalizado, la noción que los países latinoamericanos solo deban vincularse con aquellos países para los que tienen permiso de la Casa Blanca es contraintuitiva. Ello es especialmente cierto para los lazos con Asia, la zona más dinámica y de mayor crecimiento en el mundo contemporáneo.

De hecho, para Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay, China es hoy el principal socio comercial, desplazando de esa condición a Estados Unidos, Europa o Japón. La paradoja de la presencia china en la región, sin embargo, es que por una parte disminuye la dependencia tradicional de los Estados Unidos y Europa, al aumentar las opciones y alternativas para América Latina. Ello no puede sino ser bienvenido. Sin embargo, la forma de inserción internacional resultante de los lazos con China no es sustancialmente distinta de la clásica relación centro-periferia. Ella se traduce en un comercio basado en las exportaciones de materia prima de la región y la importación de productos manufacturados chinos.

Esta constatación es fundamental para sostener una política de no alineamiento activoAsí, como la región debe rechazar la resurrección de la Doctrina Monroe, y la subordinación de las políticas exteriores al visto bueno del Departamento de Estado, la relación con China debe ser objeto de una política que ponga por delante nuestras preferencias nacionales. De otra forma, continuarán reproduciéndose las clásicas relaciones de dominación centro-periferia.

Del Tercer Mundo al Nuevo Sur

Más de medio siglo después de la fundación del Movimiento de Países No Alineados (NOAL), el mundo es otro. Con la caída de los socialismos reales en Europa Central y Oriental –y con ellos, la del así llamado Segundo Mundo—, el Tercer Mundo pasó a ser el Sur Global. Junto a ello se ha dado también lo que el Banco Mundial ha denominado una masiva «transferencia de riqueza», del Norte al Sur y un giro del eje geoeconómico del Atlántico Norte al Asia Pacífico. De representar entre un 20 y un 30% de los flujos de comercio e inversión internacionales en las décadas de 1960 y 1970, el Sur Global pasó a representar un 50% de ellos en 2015. Ese año el crecimiento de China representó un 30% del de la propia economía mundial. Pero el enorme auge de los países del Sur Global, sobre todo de China e India, pero también de otros países como Brasil (bajo los gobiernos de Lula), Indonesia y Turquía, no ocurre en un vacío.

Ello ha ido de la mano con un creciente populismo y proteccionismo en los países del Norte, los mismos que alguna vez lideraron el orden internacional liberal vigente después de la postguerra. Mientras China, India y otros países asiáticos se abrían a la globalización, Estados Unidos y Reino Unido se cerraban, denunciándola como la culpable de todos sus males. Cuando el mayor dinamismo económico se produce en Asia, la antigua noción de centro-periferia adquiere otra connotación. Lo que hay es un realineamiento de las jerarquías en el orden económico internacional, al que América Latina aún no se ha adaptado. Ha sido superada la concepción tradicional de que modernidad y progreso eran sinónimos de Estados Unidos y Europa. Alcanza con comparar el aeropuerto de Daxing en Beijing, inaugurado en 2019, que parece provenir de una película de ciencia ficción, con el JFK de Nueva York, que parece (y es) de la década de 1960. En 2050, se proyecta que la mitad del producto mundial provendrá de Asia.

En el nuevo milenio, el concepto de Sur Global viene a remplazar al de Tercer Mundo que había dominado el discurso de los países en desarrollo desde 1955. Surgen nuevas plataformas institucionales, que se suman a los tradicionales (el Movimiento de los Países No Alineados y Grupo de los 77 en Naciones Unidas). La más importante de ellas es el grupo BRICS. Aprovechando el dinamismo económico del mundo en desarrollo, la diplomacia de los Cahiers des doleances (cuadernos de quejas) va siendo sustituida por la idea de movilizar recursos financieros colectivos, de lo que es ejemplo emblemático el nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, con sede en Shanghai. En el área de comercio, se extiende la percepción de que el libre intercambio puede ser una palanca de desarrollo en la medida en que coexista con la salvaguardia de los intereses fundamentales de las sociedades nacionales, tales como la seguridad alimentaria, una posibilidad de definir estrategias de entorno.

Un no alineamiento activo para un nuevo orden internacional

En estos términosuna política de un no alineamiento activo por parte de América Latina no se refiere solo tomar una posición equidistante de Washington y de Beijing. Significa también asumir que existe un mundo ancho y ajeno más allá de los referentes diplomáticos tradicionales, que Asia es el principal polo de crecimiento en el mundo hoy, y que existen vastas zonas del mundo que han estado fuera del radar de nuestros países. Ellas incluyen gran parte de África y Asia Centralcuyas proyecciones de crecimiento demográfico y económico en las próximas décadas ofrecen enormes posibilidades, que ignoramos a costa nuestra. Salvando las diferencias, compartimos también con Europa la necesidad de construir un espacio de no alineamiento activo para no terminar aplastado por las confrontaciones entre los super grandes.

En otras palabras, lejos de «encerrarse» cada vez más en sí misma, como pretende la anacrónica aplicación de la Doctrina Monroe en pleno siglo XXI, América Latina debe «abrirse» a este nuevo «mundo post-occidental», en las palabras de Oliver Stuenkel. En este mundo, los parámetros, las normas y los recursos ya no provienen solo de los países del Atlántico Norte, como sucedió en gran parte del siglo XX, sino también de las nuevas potencias emergentes, lideradas por los BRICS, pero también por otros países de Asia y África que abren brecha y marcan pauta.

Los diez principios de la conferencia de Bandung de 1955, que originaría el NOAL, mantienen su vigencia. En el nuevo siglo, a ellos debemos añadir los Objetivos del Desarrollo 2030 propuestos por la ONU. Lo mismo vale por velar por el respeto de los acuerdos relativos a la protección del medio ambiente, los derechos laborales y la igualdad de género.

A diferencia del no alineamiento de antaño, que junto a su agenda propositiva en materia de descolonización tenía también un elemento defensivo que buscaba mantenerse al margen de los conflictos de las superpotencias, este no alineamiento tendrá una actitud proactiva y será efectivamente no-alineado. Buscará oportunidades de expandir y no de limitar los lazos de nuestros países con ese vasto mundo no-occidental que surge ante nuestros ojos, y que le dará la impronta al nuevo siglo.

Un aspecto clave se refiere a la gobernanza económica global, elemento decisivo para mejorar la inserción internacional de la región, en la raíz de su estancamiento. El no alineamiento activo debe definir las dimensiones de la globalización que son bienes públicos globales y deben ser materia de disciplinas internacionales. La protección de las patentes no tiene que ver con bienes públicos globales, sino con asegurar las royalties de las compañías. Seleccionar las inversiones extranjeras que sean conducentes al desarrollo no es materia de bienes públicos globales, sino de modelos de desarrollo nacionales. Tampoco lo es crear instancias de arbitraje en que las empresas pueden demandar a los Estados –y conseguir cuantiosas indemnizaciones– por la introducción de políticas que afecten sus ganancias, aunque las políticas sean de evidente interés nacional. Es necesario movilizarse para excluir ésas y otras áreas de políticas públicas de la gobernanza global. Ellas caen dentro del legítimo derecho de autodeterminación de las sociedades nacionales.

No es casualidad que la mayor crisis de la región en cien años, según la CEPAL, coincida con su mayor fragmentación en mucho tiempo. En este orden «post-unipolar», en el que Estados Unidos se retira de muchas organizaciones internacionales, una política de este tipo implicaría lo siguiente:

1) Un fortalecimiento de los organismos regionales, permitiendo una voz común frente a desafíos conjuntos.

2) Un compromiso con el multilateralismo: los desafíos globales que enfrenta el mundo de hoy exigen respuestas también globales. Ello significa coordinación y acción conjunta entre los países que integran la comunidad internacional, incluyendo entidades como la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), centrales en esta época de crisis.

3) Un plan de acción contra el cambio climático: el incremento en años recientes de la deforestación en el Amazonas, verdadero pulmón del mundo, y los incendios en los humedales de Pantanal, ilustran el grado al cual la región ha abdicado de sus responsabilidades en esta materia, clave para la supervivencia de la humanidad.

4) Un Centro de Control de Enfermedades (CCE) regional: todo indica que pandemias como las de covid-19 serán más frecuentes. Dado el impacto devastador que ésta ha tenido en América Latina, solo cabe imaginar lo que sería tener estas epidemias en forma recurrente. Prevenirlas y coordinar respuestas a ellas debe ser una alta prioridad.

5) Una redefinición de nociones obsoletas de la seguridad nacional, que en nada ayudan a defender a nuestros países de las amenazas globales de nuestra era. Estas tienen poco que ver con tanques de países vecinos cruzando fronteras, y más con epidemias, sequías y calentamiento global, para las cuales no hay presupuesto, preparación, ni programación.

6) Un esfuerzo persistente por garantizar la equidad entre los géneros y el equilibrio de las relaciones laborales.

7) Un no alineamiento genuino, que no se incline ante ninguna de las grandes potencias, sino que tome sus decisiones solo tomando en cuenta los intereses nacionales objetivos de los países latinoamericanos.

La noción de que nada que exceda el presentismo de la perspectiva de muchos gobiernos actuales es factible, es parte de la razón por la cual América Latina se encuentra en la crisis actual. El no alineamiento activo no tiene signo ideológico. Puede ser un punto de convergencia de gobiernos de distinta orientación, para crear espacios que permitan la adopción de decisiones soberanas. En momentos de un orden internacional en transición, el tener una voz en materias tan decisivas para el futuro como la gobernanza global o la nueva arquitectura financiera internacional, constituye una alternativa que abre enormes posibilidades.

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Sábado, 05 Septiembre 2020 06:04

El retador

El retador

La creciente presencia china en América Latina

 

Mientras desplaza a Estados Unidos como la vanguardia del desarrollo tecnológico mundial, China incursiona también en su “patio trasero”. No sólo se ha encumbrado como primer comprador de buena parte de los países latinoamericanos, sino que además ofrece a la región sendos acuerdos en sectores de alto valor agregado. Todo esto, mientras hace gala de un pragmatismo desconocido para su rival.

¡Sonreí, te están filmando! Si estás leyendo este artículo en algún lugar público de Montevideo, mirá a tus alrededores, pues es altamente probable que una cámara de seguridad te esté grabando. En 2008 el Ministerio del Interior uruguayo firmó un acuerdo por 12 millones de dólares con ZTE, una sociedad china de tecnología, para dotar el país de un plan de seguridad basado en infraestructuras de transmisión de datos, tecnología VoIP, cámaras en los centros públicos de la capital (el estadio Centenario, el Centro, los parques, entre otros) y los centros de detención en Canelones y Maldonado, y un sistema de reconocimiento facial en los puntos de migración. Otros acuerdos similares entre Montevideo y Beijing han sido firmados en los últimos años.

El caso uruguayo es apenas una parte de la iniciativa china de construir smart cities (ciudades inteligentes), «estrategias de planificación urbanística relacionadas con la innovación y las tecnologías de la comunicación para mejorar la vida de los ciudadanos», de acuerdo con Simone Pieranni, periodista de Il Manifesto y autor del libro  Red Mirror. Il nostro futuro si scrive in Cina (Laterza, 2020). «China se afirmó como uno de los proveedores mundiales de proyectos de smart cities», explicó a Brecha Pieranni, quien en 2019 visitó Terminus, una empresa china que vende soluciones para ciudades y edificios residenciales y que ya realizó 6.891 proyectos de smart cities en China, involucrando a una población de 8 millones de personas.

Terminus promete construir ciudades inteligentes con «carreteras residenciales bordeadas de una exuberante vegetación, donde las gotas del rocío se deslizan desde las hojas más altas de los árboles hasta los tejados cargados de paneles solares, y luego hasta su lugar de descanso final en la hierba», contó Pieranni. «Hay un latido del corazón, no sólo en la naturaleza circundante, sino también en las estructuras mismas. Cuando la luz del sol llega a las casas, las ventanas de los dormitorios ajustan su opacidad para permitir que la luz natural despierte a los residentes adormilados. Una vez que la luz ha llenado la habitación, un ama de casa virtual llamada Titán selecciona tu desayuno, combina tu atuendo con el clima y presenta un itinerario completo para tu día utilizando una solución de transporte inteligente. Después del desayuno, subís a tu vehículo inteligente y totalmente automatizado y comenzás tu viaje interurbano a la ciudad explorando las noticias del mercado global, ¡recomendadas por un algoritmo, por supuesto!», añadió. Pero sospecha de este mundo eficiente y sustentable: «¿Quién podrá pagar para vivir en estas ciudades? La sustentabilidad ambiental de las smart cities se alimenta de la explotación de los recursos naturales, como el litio y el cobalto para las baterías, que dejan una gran huella ambiental. Una minoría vivirá en ciudades sustentables; la gran mayoría, en lugares contaminados».

Lo cierto es que el dragón ya no es la fábrica global de copias de mala calidad. En la actualidad es el país que crea el marco tecnológico en el cual los demás tienen que conformarse. ¿Un ejemplo? En China, la aplicación Wechat, que permite hacer cualquier transacción sin usar efectivo, registró 1.200 millones de transacciones diarias en 2018.  Mark Zuckenberg, fundador de Facebook y estudiante de mandarín, observa de cerca el modelo de Wechat y en junio lanzó en Brasil un experimento para transferir plata por Whatsapp, una aplicación de su propiedad.

DE LA TIERRA A LA LUNA

Este ascenso chino a la vanguardia del desarrollo tecnológico mundial ha ido en detrimento de quien hasta ahora ocupaba ese rol: Estados Unidos. Y esa rivalidad no parece desenvolverse de un modo muy pacífico. Según la periodista y sinóloga de la Universidad de Venecia Giada Messetti: «En los próximos diez o 15 años se crearán dos sistemas de Internet, uno guiado por los estadounidenses y otro, por los chinos». La disputa entre China y Estados Unidos por acaparar Internet registró un nuevo capítulo el 6 de agosto, con el decreto del presidente Donald Trump que obliga a la empresa de tecnología Bytedance a vender sus acciones de la red social Tiktok en Estados Unidos, por razones, según Washington, «de seguridad nacional». Pero la gran batalla del momento es la del 5G (véase «Bajo los ojos del dragón», Brecha 26-VI-20). La avanzada china –a través de Huawei, principalmente– tiene uno de sus frentes en el mercado de usuarios de celulares de América Latina. La pregunta abierta es: ¿qué harán los gobiernos de esta región?

La presencia china en América Latina se ha fortalecido durante las últimas décadas, principalmente a través del comercio de materias primas y manufacturas. Beijing es un socio comercial de primer nivel desde hace años: ha derrocado a Europa y ha alcanzado a Estados Unidos. Si en 1998 las exportaciones chinas a América Latina representaban sólo el 3,7 por ciento de las de Estados Unidos, en 2018 pasaron a representar el 59,1 por ciento (Banco Mundial, 2020). Estos datos toman en cuenta a México, a cuya economía –organizada en torno al mercado estadounidense– Washington no tiene la menor intención de dejar escapar, como lo demuestra la cláusula contenida en el T-MEC que implica que si uno de los Estados socios firma un acuerdo comercial con un país «sin economía de mercado» –léase China–, los otros dos miembros pueden abandonar el tratado. Si nos fijamos únicamente en la balanza comercial al sur del Canal de Panamá, el bote ya se inclina a favor de Beijing: en 2018 China comerciaba con América del Sur por más de 200.000 millones de dólares y superaba a Estados Unidos. La región es la respuesta a la demanda de materias primas chinas: soja de Brasil, Argentina y Uruguay; litio y cobre de Chile; petróleo de Venezuela y Ecuador.

Pero en los últimos años el comercio sino-latinoamericano se ha extendido más allá de los productos básicos y ha incluido de forma creciente los sectores de alto valor agregado. Acuerdos de cooperación en el ámbito tecnológico y científico han permitido a Bolivia, Ecuador y Venezuela lanzar satélites espaciales y han estimulado la investigación astronómica de Chile gracias a proyectos financiados por el Centro  Sudamericano para la  Astronomía de la Academia de Ciencias de China. Hablando de estrellas, cabe mencionar la estación espacial china en Neuquén, en la Patagonia argentina, un pied-à-terre del Ejército chino en el hemisferio austral, que ha contribuido a la exploración del lado más lejano de la luna y al desarrollo de Beidou, la alternativa made in China al GPS, presentada internacionalmente a comienzos de agosto. En muchas capitales de la región –Montevideo, Santiago de Chile, La Habana, San Pablo y Buenos Aires– ya circulan buses eléctricos fabricados con capitales chinos. El año pasado el consorcio APCA Transmetro, formado por dos empresas chinas, ganó la licitación pública para construir el largamente proyectado metro de Bogotá.

RELACIONES SUR-SUR

En 2003 cuatro países del sur global –Brasil, India, China y Sudáfrica– constituyeron, junto con Rusia, el grupo BRICS, con el fin proclamado de construir un mundo multipolar. El objetivo fue parcialmente logrado con el surgimiento del foro G20 y con nuevas instituciones financieras alternativas al Fondo Monetario Internacional, como el Nuevo Banco de Desarrollo. Fue en ese marco que se profundizó la relación entre dos miembros del grupo, China y Brasil. Durante el largo ciclo de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) (2003-2016), se buscó «construir un nuevo estatus internacional para Brasil, en el marco de las relaciones sur-sur y de una mayor autonomía de Washington», dijo a Brecha Daniel Cardoso, profesor de la Universidad Autónoma de Lisboa y experto en política exterior brasileña. «Se trató de un cambio estructural en la política exterior brasileña. [Luiz Inácio] Lula da Silva fue el primero en apostar por una relación estratégica con los países del sur del mundo durante la postdictadura», agregó.

En ese camino, Lula encontró en China un socio de primer nivel, con el que compartía un discurso en materia de política económica alternativo al neoliberal: para resultar ganadores en la globalización, ambos consideraban crucial la participación del Estado en la economía. Entre 2000 y 2011 el comercio bilateral sino-brasileño creció 3.200 por ciento y llegó a totalizar 78.000 millones de dólares en 2014. La adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio, en 2001, se acompañó con una estrategia de la industria brasileña de aumento de sus exportaciones de minerales, combustibles y productos agrícolas a Beijing. En 2012 las relaciones políticas entre ambos países se elevaron al nivel de asociación estratégica global. Según nos explicó Cardoso, la relación se basó en la interdependencia de ambas economías (China es el primer socio comercial de Brasil), los objetivos compartidos (la reforma del esquema de gobernanza global) y los cambios en la estructura política internacional (la aparición del BRICS y su estrategia para un mundo multipolar).

La llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia cambió las prioridades de Brasil. China sigue siendo un socio imprescindible, sobre todo en cuanto al comercio y la inversión extranjera. En la campaña electoral de 2018, Bolsonaro atacó a China en varias ocasiones y llegó a afirmar que el gigante asiático compraba Brasil y no a Brasil. Una vez elegido presidente, el excapitán tuvo, sin embargo, que moderar sus acusaciones de colonialismo. Pero, aunque la relación económica bilateral no está en discusión, se puede observar un efecto Bolsonaro en el ámbito político. El Brasil actual apuesta a acceder al grupo de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos –el club de los países más desarrollados– y reorientar su política exterior hacia Washington. Al menos formalmente, Bolsonaro cuida la relación con el BRICS. Sin embargo, «las discusiones en la última cumbre fueron más superficiales, especialmente en temas de seguridad, por temor a que Brasil filtre información sensible de Estados Unidos. Estas señales de desconfianza amenazan la fuerza del BRICS como actor político. Bolsonaro tiene una relación con Beijing que no es política, sino económica. Ya no hay estrategias compartidas, como en la época del PT», concluyó Cardoso.

CRÉDITO Y TECNOLOGÍA POR PETRÓLEO

En Venezuela, China juega un papel protagónico y toca un nervio sensible de Estados Unidos, cuyos intentos de derrocar a Nicolás Maduro se han estancado. Beijing apoya al gobierno en funciones, pero lo hace desde una posición pragmática más que ideológica. Las relaciones sino-venezolanas se basan en un elemento fundamental: el petróleo. El vínculo se consolidó durante las presidencias de Hugo Chávez (1999-2013), cuando Venezuela fue el primer país de la región en suscribir un pacto estratégico de desarrollo con Beijing. En 2001, para celebrar la firma del pacto en el Palacio de Miraflores, el presidente chino, Jiang Zemin, y Chávez cantaron, junto con Julio Iglesias, el bolero «Solamente una vez». La inversión china en Venezuela –la más alta de la región– se caracteriza por el crecimiento de su mano de obra en ese país: en 2013 había 400 mil chinos en Venezuela. La cooperación entre ZTE y empresas venezolanas permitió la creación, en 2009, de Vergatario, el primer teléfono celular desarrollado en el país caribeño y, en 2016, la del llamado carnet de la patria, un documento tecnológico de identidad que permite acceder a servicios públicos y ayudas del Estado, al tiempo que abastece una base de datos nacional.

El desarrollo del carnet venezolano estuvo inspirado en el más complejo y ambicioso sistema de puntuación social con el que China experimenta desde 2018, que apunta a establecer un registro digital unificado de todos sus ciudadanos, lo que le permite al gobierno hacerles un seguimiento en tiempo real y evaluarlos de acuerdo a su «confiabilidad». El sistema, aún en la etapa de prueba, ha sido criticado por Human Rights Watch y varios gobiernos occidentales. También en una línea crítica, Giorgio Cuscito, editor de la revista italiana de geopolítica Limes, afirmó que, a través de acuerdos como los firmados por ZTE con Venezuela, Beijing busca testear su tecnología de monitoreo de la población más allá de sus fronteras nacionales (Limes, 16-IV-19).

En 2007, en tanto, nació el fondo conjunto China-Venezuela, basado en la emisión de crédito a cambio de petróleo y construcción de infraestructura. Por ese medio Venezuela recibió 67.200 millones de dólares. Hasta el momento, sólo ha devuelto la mitad, lo que explica la preocupación de Beijing por la inestabilidad venezolana, que podría volverse una trampa crediticia. China también ha garantizado cuantiosos préstamos a otros países de la región, que han superado los del Banco Mundial y los del Banco Interamericano de Desarrollo, a menudo reembolsados con materias primas, como en el caso de Ecuador y sus envíos de petróleo al dragón.

PARANOIA VS. PRAGMATISMO

En el largo plazo, la posición china en Venezuela puede contrapesar los intereses de Estados Unidos en Asia, así que las relaciones con Caracas tienen un valor no solamente económico, sino también geopolítico en el juego de ajedrez entre Washington y Beijing. El caso muestra, además, las diferencias entre China y Estados Unidos en su relacionamiento con América Latina. Según la doctrina Monroe, América Latina es el patio trasero de Washington, una zona de influencia exclusiva donde no se acepta la interferencia de otras potencias globales. Esto se ha traducido históricamente en una postura paranoica con respecto a la región, una fuente constante de preocupación, por la que se han justificado intervenciones directas –como las decenas de invasiones a México, Centroamérica y el Caribe–, embargos, planes de desestabilización y apoyo a golpes de Estado, y esquemas represivos –como el Plan Cóndor–. En los últimos tiempos, sin embargo, Estados Unidos no ha tenido una agenda política clara y específica para la región. El último intento, la apertura de Barack Obama a Cuba, fue bloqueado por Trump.

China, en cambio, tiene una postura mucho más pragmática con respecto a América Latina: se relaciona con comodidad tanto con el gobierno bolivariano de Caracas como con el neoliberal chileno. No se entromete en asuntos de política interna. Sin embargo, también busca el consenso popular. Así como Hollywood sirvió para difundir los mitos estadounidenses durante la Guerra Fría, el soft power chino quiere usar el fútbol para presentar una imagen positiva del país en el mundo. Mientras a clubes de Europa –como el Inter de Milán y el Atlético de Madrid– llegan nuevos propietarios chinos, en las camisetas de la selección de Panamá, Alianza Lima y Club América se destaca el logo de Huawei. China tiene como principal objetivo en este terreno celebrar el Mundial 2030, el del centenario, en el celeste imperio.

Por Federico Nastasi

4 septiembre, 2020

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Sábado, 05 Septiembre 2020 05:42

El gasoducto incómodo

Un tramo del Nord Stream 2 durante su construcción en Lubmin en marzo del 2019: cada tramo de tubería mide 12 metros (TOBIAS SCHWARZ / AFP)

La dureza alemana con Rusia por el caso Navalni choca con su economía

 

Pronunciar frases contundentes suele resultar más sencillo que materializar su tránsito hacia actos concretos, y en ese incómodo escenario se encuentra Alemania desde que el miércoles su canciller, Angela Merkel, exigió al Gobierno ruso respuestas sobre el envenenamiento del opositor Alexéi Navalni, hospitalizado en Berlín. Ese día, el Ejecutivo notificó que un laboratorio militar alemán había hallado “pruebas inequívocas” de que Navalni fue envenenado con el agente neurotóxico Novichok. Merkel anunció que, con los socios de la UE y los aliados de la OTAN, su país buscaría una “respuesta común adecuada”.

En contraste con la dureza de esta iniciativa política de condena alemana a Rusia, en el mar Báltico se está ultimando la construcción del gran proyecto ruso-alemán Nord Stream 2, un gigantesco gasoducto que enviará más gas natural de Rusia a Alemania. En la localidad costera de Lubmin existe ya desde el 2012 una conexión gasística germano-rusa, el Nord Stream 1, y cuando el segundo gasoducto esté terminado, sumando ambos el gigante energético estatal ruso Gazprom podrá inyectar 110.000 millones de metros cúbicos de gas al año en el mercado europeo.

Ahora, partidos de la oposición como Alianza 90/los Verdes y el centrista FDP, pero también algunos dirigentes de los partidos de la coalición de Gobierno (conservadores y socialdemócratas), presionan a Merkel para que dé carpetazo al gasoducto como respuesta a Moscú por el caso Nalvani. “Este abierto intento de asesinato a través de estructuras de tipo mafioso del Kremlin no sólo debería preocuparnos, sino que necesita tener consecuencias reales”, dijo Karin Göring-Eckardt, cojefa del grupo parlamentario ecologista. “Tras el envenenamiento de Navalni necesitamos una respuesta europea fuerte, que Putin entienda; la UE debería decidir de modo conjunto parar el Nord Stream 2”, tuiteó el democristiano Norbert Röttgen, presidente del comité de Asuntos Exteriores del Bundestag y uno de los aspirantes a liderar el partido.

Otra cuestión es que lo que reclaman sea factible. “Toda la actual discusión política sobre el Nord Stream 2 no es realista si de lo que se habla es de pararlo, porque hay demasiadas empresas europeas en el consorcio y el gasoducto está casi terminado –sostiene Carlo Masala, catedrático de Política Internacional de la Universidad de la Bundeswehr (ejército) en Munich–. Pero no se puede descartar que haya una moratoria temporal”.

El proyecto Nord Stream 2 supone unos 8.400 millones de euros financiados por un consorcio liderado por Gazprom que incluye a cinco empresas europeas: las alemanas Uniper /E.ON y Wintershall (filial de BASF), la anglo-neerlandesa Shell, la austriaca OMV y la francesa Engie. Los rusos desembolsan la mitad de esta cantidad, y el resto a razón de unos 950 millones cada uno. Y en efecto, el nuevo gasoducto de doble tubería (también el Nord Stream 1 es doble) está casi acabado; quedan apenas 150 kilómetros de tuberías de acero recubierto de hormigón por colocar en el fondo marino. Cuando esté listo, serán en total 1.230 kilómetros de conexión bajo el agua entre la bahía de Narva, en el oblast de Leningrado, y Lubmin, en la costa alemana del Báltico.

Si el gasoducto genera división en la propia Alemania, en muchos países es visto hace tiempo como una muestra de cooperación selectiva con Rusia en aras del beneficio económico. Para más inri, preside el consejo de administración de Nord Stream –y de la petrolera rusa Rosneft– el excanciller socialdemócrata Gerhard Schröder, fichado para tal fin por el propio presidente ruso, Vladímir Putin, de quien el alemán se declara gran amigo.

El calado geopolítico del monumental proyecto se aprecia en la inquietud que genera en los países del Este, sobre todo Polonia, y en los recelos que despierta también en la Europa occidental. Al tiempo, el gasoducto báltico emerge como una herramienta de Putin para aislar a Ucrania, tradicional país de tránsito de gas ruso hacia Europa.

De hecho, desde la anexión de Crimea por Putin en marzo del 2014 y el conflicto en el este ucraniano (Donbás) con rebeldes prorrusos apoyados por Moscú, las relaciones germano-rusas han estado sometidas a gran tensión. Alemania fue uno de los principales impulsores de la política de sanciones de la UE, y Merkel ha respaldado siempre esta estrategia de contención.

Pero la realidad al completo es más poliédrica. “La política exterior alemana, así como las empresas y la sociedad civil, a menudo se ven a sí mismas como un puente entre Occidente y Rusia, y mantienen una amplia gama de contactos, o actúan como intermediarios”, explica la politóloga Sarah Pagung, especialista en relaciones germano-rusas del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (DGAP), un instituto independiente de investigación en Berlín. Sin embargo, alerta Pagung, “este enfoque está dando paso cada vez más a una política de crítica y, a veces, de confrontación”.

Y el caso Navalni ha zarandeado los equilibrios. La presencia en el organismo del opositor envenenado del agente nervioso Novichok, desarrollado en los años setenta del siglo pasado por la entonces Unión Soviética, “no prueba la participación de actores estatales rusos, pero es un fuerte indicador”, dice Sarah Pagung. Según la politóloga, “ahora el Gobierno alemán tendrá que dar continuidad con hechos concretos a su fuerte reacción verbal, si no quiere volverse inverosímil”.

Cortar el Nord Stream 2 sería una acción extrema, y “en vista de que el gasoducto está ya completo en más del 90%, y las cinco empresas europeas participantes, entre ellas dos empresas alemanas, han invertido 5.000 millones de euros, es bastante improbable una salida alemana del proyecto”, dice Pagung. Ella ve más probable que el Gobierno alemán opte por otro tipo de conductas, como congelación de cuentas bancarias o restricciones a los viajes.

“Nuestra opinión es que el Nord Stream 2 debe ser terminado; no creo que sea apropiado relacionar este proyecto operado por empresas con la cuestión de Navalni”, sentenció el pasado 28 de agosto la canciller Merkel en su tradicional rueda de prensa de verano. Para entonces, el opositor ruso llevaba casi una semana ingresado en coma en el hospital berlinés Charité.

El politólogo Carlo Masala recuerda que “en realidad en el Gobierno federal están casi todos en contra del proyecto, y sólo la Cancillería y el Ministerio de Economía se aferran a él”. Masala llama a fijarse en el respaldo al Nord Stream 2 de la socialdemócrata Manuela Schwesig, presidenta de Mecklemburgo-Antepomerania. En ese land con costa báltica se halla el punto de llegada a Alemania del gasoducto.

María-Paz López, Berlín. Corresponsal

05/09/2020 00:52| Actualizado a 05/09/2020 02:17

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Capturan en Colombia a presuntos cerebros de la 'operación Gedeón'

03-09-20.-Acciones policiales en Bogotá y en Barranquilla, Colombia, dieron como resultado la captura de los "cerebros de la Operación Gedeón" quienes tenían planes contra el Gobierno de Venezuela.

Así lo informan fuentes del gobierno colombiano, precisando que las detenciones se lograron con base en el cruce de información de agencias de "Estados Unidos, como el FBI y la Oficina de Investigación de Seguridad Nacional", reseñó el diario El Tiempo.

Su "misión era desestabilizar y generar tensión desde Venezuela contra los gobiernos de Colombia y Estados Unidos". Por esta razón fueron capturados cuatro venezolanos, según publica el diario.

Los capturados fueron identificados como Yacsi Alexandra Álvarez, Rayder Alexander Russo y los hermanos Juvenal y José Sequea Torres, quienes "habrían participado en la coordinación de la operación", destaca la prensa colombiana.

De acuerdo con el informe de inteligencia, Yacsi Alexandra Álvarez, de 39 años, es señalada "de ser la coordinadora y logística de la organización", y "personas de confianza de Clíver Alcalá", quien se entregó a las autoridades norteamericanas en días pasados.

La mujer habría comprado en Bogotá los uniformes que se entregaron a los militares que participaron en Gadeón.

Rayder Alexánder Russo, de 33 años, de acuerdo con la investigación él sería uno de los autores intelectuales –acusados por el gobierno de Venezuela– de haber planeado el atentado contra Nicolás Maduro el 4 de agosto de 2018 a través de la activación de artefactos explosivos ubicados en dos drones.

La Fiscalía General de Venezuela ha ejecutado la detención de varias decenas de implicados en la operación Gedeón, que el pasado 3 de mayo intentó el derrocamiento del Gobierno a través de una fallida incursión marítima.

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¿Brasil se doblega en la disputa EEUU-China?

Aunque China es el principal socio comercial de Brasil, que le compra tres veces más que Estados Unidos, el Gobierno de Jair Bolsonaro insiste en una relación asimétrica con Washington que provoca hondos perjuicios a su país.

 

Son demasiado evidentes los fracasos cosechados por la subordinación de Brasil a Estados Unidos, como lo prueba la patada en el trasero de Boeing a Embraer, que deja a la aeronáutica brasileña en condiciones difíciles para seguir adelante en medio de una fuerte crisis del sector.

Ahora Brasilia está utilizando "barreras técnicas" para frenar las inversiones de China en el área de energía y telecomunicaciones, aunque también puede afectar al área comercial. Un informe de Folha de Sao Paulo asegura que uno de los proyectos más importantes paralizados es la reanudación de la planta de energía nuclear Angra 3.

Para esta obra la empresa favorita, porque ofrece los costos más competitivos, es la China National Nuclear Corporation (CNNC), pero el gobierno estaría dispuesto a concederla a la estadounidense Westinghouse, desplazando además a la francesa EDF y la rusa Rosatom. El concurso para adjudicar la obra aún no tiene fecha definida.

La administración de Angra 3 corresponde a la brasileña Eletronuclear, empresa estatal vinculada a Eletrobras que es la responsable del proyecto, paralizado en 2015 con el 60% de las obras ya terminadas. La empresa fue investigada por la Policía Federal porque su director, el almirante Othon Luiz Pinheiro, fue parte de un esquema de corrupción con el pago de sobornos por parte del contratist.

El almirante fue procesado a 43 años de prisión por el juez Sergio Moro en el marco de la Operación Lava Jato, pero fue puesto en libertad dos años después. Othon Luiz Pinheiro es considerado el padre del programa nuclear brasileño, ya que fue uno de los principales responsables del desarrollo de una tecnología para el enriquecimiento de uranio llamada ultracentrifugación.

De ahí que militares brasileños hayan considerado en su momento que el objetivo del juez Moro, en sintonía con Washington, giraba en torno a razones "geopolíticas". Despejado el camino, ahora sería una empresa estadounidense la encargada de finalizar las obras de la central nuclear.

El segundo proyecto que está siendo retrasado, esta vez por el ministro de Economía, el ultraliberal Paulo Guedes, es la participación china en un fondo de inversiones para proyectos de infraestructura creado en 2017, por 20.000 millones de dólares de los cuales Pekín aportará tres cuartas partes.

"Desde que Guedes asumió el ministerio de Economía el fondo se ha estancado por la resistencia del Gobierno brasileño", asegura Folha de Sao Paulo.

Más grave aún es la amenaza del embajador de EEUU en Brasilia, Todd Chapman, quien en una entrevista a O Globo dijo que Brasil sufrirá "consecuencias económicas negativas" en caso de optar por la tecnología de Huawei para las redes telefónicas 5G.

Tanto Bolsonaro como su ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, y el de Seguridad Institucional, general Augusto Heleno, se muestran favorables a vetar a Huawei, aunque el vicepresidente Hamilton Mourao, también general en situación de retiro, no descartó que Brasil se incline por la empresa china.

Quien realmente muestra preocupación por la decisión del gobierno respecto a la telefonía 5G, es la ministra de Agricultura, Tereza Cristina, porque sospecha que China puede sustituir a Brasil en sus compras agrícolas. En efecto, en los primeros cuatro meses de 2020 las ventas agroindustriales a China representaron el 47% de las exportaciones, con una cifra récord de 31.400 millones de dólares.

Sobre este asunto existen lecturas muy distintas en Brasil. Las compras de EEUU representan apenas el 6,1% del total de las exportaciones brasileñas y varios técnicos aseguran que China podría diversificar las compras de soja, el principal producto de importación.

"Las simulaciones indican que si los chinos dejan de comprar sólo el 10% de nuestros productos, habrá una pérdida de al menos 8.000 millones de ventas y se eliminarán 800.000 empleos directos", explicaron técnicos agrícolas a los medios.

Por el contrario, el canciller Araújo, que profesa una ideología ultraderechista y se lo considera muy cercano a Donald Trump, sostiene que es China la que depende de los productos agrícolas brasileños y defiende la propuesta estadounidense de no considerar a China como una economía de mercado, lo que equivale a colocarla fuera de la Organización Mundial de Comercio.

Estas opiniones coinciden con las del área económica. El secretario de Comercio Exterior del Ministerio de Economía, Roberto Fendt, dijo a Folha que no habrá consecuencias ante un eventual veto a Huawei. "China tiene poco agua y siempre va a necesitar proveedores de alimentos y de otras materias primas".

Fendt razona que si China no le compra a Brasil, no podrá comprarle productos agrícolas a grandes exportadores como EEUU o Australia, porque con esos países también mantiene conflictos diplomáticos y comerciales.

De las declaraciones de la autoridades brasileñas de las últimas semanas pueden desprenderse algunas conclusiones.

La primera es que al interior del Gobierno de Bolsonaro se están evaluando decisiones estratégicas respecto a China. Todo indica que el alineamiento con EEUU es sólido, pero existen temores de que un veto a Huawei pueda enfurecer a China, que podría tomar represalias comerciales. Sin embargo, hasta ahora China no ha dado ese paso con Australia, donde compra importantes cantidades de mineral de hierro y con la que mantiene un serio contencioso con ramificaciones en el Mar del Sur de China.

La segunda es que más allá de las opciones geopolíticas e ideológicas que llevan a Brasil a seguir las orientaciones de Washington, el gabinete económico de Bolsonaro está enseñando fisuras importantes. Estos días se produjo una "desbandada" en el ministerio de Economía con la renuncia de dos secretarios por la demora en iniciar el proceso de privatizaciones.

No son las primeras bajas en el equipo de Guedes, que meses atrás se vio diezmado por otras renuncias importantes como la del presidente del Banco do Brasil, Ruben Noaes, y el secretario del Tesoro, Mansueto Almeida.

Según el diario O Globo, se trata de una "fractura" dentro del gabinete, dividido entre el ministro de Economía Guedes, partidario de las privatizaciones, mientras del otro lado se situaría el general Walter Souza Braga Netto, el poderoso ministro de la Casa Civil que representa el ala militar.

La división interna del Gobierno y la necesidad de aumentar el gasto público por la pandemia, están apartando a Bolsonaro de su programa electoral original. En este momento se registra una fuerte pugna que enseña, como apunta el periodista Tales Faria, que "los militares están más para el desarrollismo que para el ultraliberalismo económico".

17:28 GMT 14.08.2020

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Un grupo de palestinos sostienen un cartel que dice "No a la traición de Palestina" durante una protesta contra el acercamiento entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos. /Mohammed Talatene / Europa Press

ACUERDO ISRAEL Y EAU

Los Emiratos Árabes Unidos se han convertido en el tercer país árabe que firma la paz con Israel. Este paso tendrá graves consecuencias para la región, en primer lugar para los palestinos pero también para otros países con guerras calientes. A corto plazo, pierden los islamistas moderados pero en el horizonte se vislumbran oscuros nubarrones beligerantes.

 

La excelente acogida internacional al acuerdo de paz del jueves entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos muestra la miopía con que viven los países occidentales que dicen que buscan la paz pero no hacen nada para conseguirla. Al contrario, esos países colaboran con la ocupación de los territorios palestinos y contribuyen a una permanente inestabilidad que periódicamente tiene consecuencias trágicas para Occidente.

La conflictiva personalidad de los firmantes, el príncipe emiratí Mohammed bin Zayed (MBZ), el primer ministro Benjamín Netanyahu y el presidente Donald Trump, ya es un buen indicio de la naturaleza del acuerdo, dada la aportación de estos tres mandatarios a las crisis de los últimos años, quienes han sentado unas sólidas bases para la inestabilidad futura.

Es difícil decir si el príncipe MBZ se cree lo que ha firmado. Los Emiratos Árabes Unidos aseguran por activa y por pasiva que Israel ha cancelado la prevista anexión del 30 por ciento de la Cisjordania ocupada, y presentan esto como un gran logro. Mirando el documento, nos enteramos de que de que Israel "ha suspendido" la anexión, que no es lo mismo que cancelarla.

De hecho, el primer ministro Netanyahu ha confirmado en dos ocasiones desde el jueves que la anexión procederá en su momento tal como está previsto, puesto que solo depende de la coordinación con Estados Unidos. Es cierto que el presidente Trump ha dicho que la anexión "no está sobre la mesa", pero su embajador en Israel, David Friedman, le ha corregido inmediatamente y ha precisado que la anexión sigue estando "en la agenda".

La ingenuidad de MBZ ha sido una moneda corriente de la que se han servido los dirigentes israelíes desde la más remota antigüedad de la existencia del estado judío. Por poner un ejemplo cercano, a mediados de los años ochenta, el gran Shimon Peres le vendió a Felipe González la moto de que normalizando las relaciones con Israel, España podría jugar un papel importante en la paz.

Con la misma ingenuidad de MBZ, Felipe González se lo creyó y lo proclamó a los cuatro vientos, pero España no pudo concretar ningún progreso de aquella promesa vacía, fuera de hospedar la Conferencia de Madrid de 1991 que solo sirvió para que Israel ganara tiempo y siguiera construyendo a destajo en las colonias judías de los territorios palestinos.

La interpretación que MBZ ha hecho del acuerdo es muy personal. Es dudoso que el príncipe, que con tanta determinación se ha metido en todos los conflictos regionales que ya existían y ha creado unos cuantos más, sea en realidad un ingenuo de tal calibre. Lo más probable es que, como tenía que justificar de alguna manera el paso que da, ha dicho que Israel ha puesto fin a sus planes de anexionarse Cisjordania.

Otros países como Arabia Saudí, Bahrein y Omán, imitarán pronto a los EAU y firmarán acuerdos de paz con Israel, pero se tratará de acuerdos tan gratuitos como el del jueves, puesto que nadie en su sano juicio puede pensar que Israel vaya a "renunciar" a Cisjordania, con sus cientos de miles de colonos judíos, un número que se incrementa a diario.

Los palestinos, lógicamente, han protestado y han condenado el anuncio, pero su gran tragedia es que las autoridades de Ramala son las que más contribuyen a la ocupación. Esta misma semana los medios hebreos han señalado que las fuerzas de seguridad palestinas han reanudado la "coordinación de seguridad" con el ejército israelí y los servicios secretos del Shin Bet para perseguir cualquier disidencia, una coordinación que se interrumpió hace solo unas semanas.

La práctica de "paz a cambio de paz" que Netanyahu proclama, es decir la firma de acuerdos de paz gratuitos y por el mero hecho de lograr la paz, sin ninguna contrapartida, es un mal camino para el conjunto de todo Oriente Próximo. En primer lugar para los palestinos, ya que significa que solo conseguirán un incremento de la represión y el aplastamiento de sus derechos.

Si el príncipe MBZ hubiera querido hacer algo por los palestinos, habría exigido por ejemplo que Netanyahu pusiera fin al apartheid que sufren en sus ciudades y pueblos. Hubiera sido un buen inicio. Pero el mismo jueves que se anunció el acuerdo, los colonos atacaron dos pueblos de Cisjordania rompiendo y quemando bienes palestinos y realizando pintadas racistas. La policía dijo cínicamente que "ha abierto una investigación", un procedimiento que todo el mundo sabe que termina en nada. Los EAU no dijeron ni pío.

La desfachatez del eslogan de "paz a cambio de paz" significa llevar la inestabilidad a toda la región más allá de los palestinos. En los últimos años MBZ se ha convertido en el brazo ejecutor de las políticas israelíes en la zona, algo que le viene como anillo al dedo a Netanyahu, desde Libia a Irán, pasando por Yemen, Turquía Líbano o el bloqueo de Qatar. Y lo más grave es que esas políticas desestabilizadoras, con guerras incluidas, conducirán pronto a una mayor inestabilidad.

La "paz a cambio de la paz" es una frase muy bonita que oculta un horizonte negro, con la que se pretende esconder los problemas reales y borrar del mapa cualquier aspiración islamista por moderada que sea, como si la imposición del secularismo por la fuerza fuera a acabar para siempre con los conflictos de Oriente Próximo, una idea que parecen compartir algunos líderes occidentales, con Emmanuel Macron a la cabeza.

15/08/2020 08:34

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Publicado enInternacional
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