Bill Richardson viaja a Caracas para intentar excarcelar a estadunidenses

Surgen intermediarios dispuestos a colaborar con Maduro en el sector petrolero, pese al acoso de Trump

 

Caracas. El veterano diplomático Bill Richardson viajó a Caracas para reunirse con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, con el objetivo de discutir el estado de varios ciudadanos estadunidenses detenidos allí, dijo ayer su fundación.

En un mensaje difundido en Twitter, el Centro Richardson indicó que el ex gobernador de Nuevo México y embajador de Estados Unidos ante la Organización de Naciones Unidas llevaría a cabo una misión humanitaria privada en Venezuela "a pedido de varias familias de prisioneros estadunidenses", a los que no identificó.

"Llegó hoy (lunes). Ahora vamos a ver su agenda", indicó el vicepresidente de Comunicación de Venezuela, Jorge Rodríguez.

El gobierno de Venezuela actualmente mantiene detenidos a dos ex integrantes de las fuerzas especiales estadunidenses, Luke Denman y Airan Berry. Fueron capturados en mayo por liderar un fallido intento de incursión destinado a capturar a Maduro.

También están en prisión desde 2017, seis ejecutivos petroleros de Citgo Petroleum Corp, la unidad de refinación estadunidense de la compañía petrolera estatal de Venezuela (Pdvsa), por acusaciones de malversación de fondos.

El gobierno de Estados Unidos y los abogados de los ejecutivos han dicho que los cargos no tienen fundamento. Cinco de ellos tienen ciudadanía estadunidense.

El Centro Richardson agregó que el ex gobernador también discutirá otros asuntos humanitarios relacionados con la pandemia de coronavirus en la nación sudamericana.

Aunque la visita de Richardson es una misión privada, la coordinó con el Departamento de Estado de Estados Unidos y ha mantenido a las autoridades estadunidenses al tanto de sus planes, según una persona familiarizada con el viaje quien habló a condición de no ser identificada para comentar los detalles de planificación.

Richardson, quien fue embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas durante la presidencia de Bill Clinton y también fue gobernador de Nuevo México, ha abierto canales diplomáticos extraoficiales con varios gobiernos hostiles hacia Estados Unidos como Irán, Cuba y Corea del Norte, para conseguir la liberación de unos 40 estadunidenses, y en Venezuela logró la liberación del misionero Joshua Holt, en 2018.

En otro asunto, Ap indicó que mientras las sanciones estadunidenses ahuyentan a las navieras más grandes del mundo de la industria petrolera venezolana, nuevos intermediarios están dispuestos a asumir los crecientes riesgos y ayudar a Maduro a seguir a flote, según un reporte de C4ADS e IBI Consultants, dos centros de estudios con sede en Washington dedicados a cuestiones de seguridad nacional.

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¿Un virus más mortal que el coronavirus?: polémica entre Kazajistán y China

Los chinos alertaron sobre "neumonía desconocida" y los kazajos los desmintieron

 

Kazajistán rechazó este viernes la advertencia emitida por la embajada de China en ese país sobre una supuesta "neumonía desconocida" en territorio kazajo con una tasa de letalidad "mucho más alta" que la de la covid-19. La información al respecto fue difundida por varios medios chinos y el gobierno de Kazajistán la calificó de "falsa".

"El Ministerio de Salud de la República de Kazajistán oficialmente declara que esta información no se ajusta a la realidad", señaló en un comunicado, en el que publicó además una imagen con el sello de "noticia falsa" encima de una de las informaciones publicadas al respecto.

Según medios chinos como Global Times, South China Morning Post o CGTN, la embajada china en Kazajistán indicó el jueves en la plataforma WeChat, citando informaciones de medios kazajos, que desde mediados de junio la incidencia de neumonía en las ciudades de Atirau, Aktobé y Shymkent ha aumentado "significativamente".

El mensaje a los ciudadanos chinos que viven en el país centroasiático afirmaba que hasta ahora casi 500 personas han sido infectadas y más de 30 se encuentran "gravemente enfermas".

La embajada china sostiene además que en la primera mitad del año la neumonía causó 1.772 muertes y que solo en junio murieron 628 personas, incluidos ciudadanos chinos.

Kazajistán y China comparten una frontera de 1.460 kilómetros.

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Maduro echa a la embajadora de la UE y el bloque analiza represalias

Aumenta la tensión entre Venezuela y la Unión Europea

Luego de que la UE anunciara sanciones a funcionarios venezolanos, Maduro le dio 72 horas a la embajadora Isabel Brilhante para dejar el país. 

 

El presidente Nicolás Maduro dio 72 horas a la embajadora de la Unión Europea (UE) en Venezuela, Isabel Brilhante, para dejar el país. La decisión fue expresada el lunes por la noche, luego de que la UE anunciara nuevas sanciones a funcionarios venezolanos. La UE, por su parte, anunció este martes que convocará a la embajadora de Venezuela ante la UE, Claudia Salerna Caldera, ante las instituciones europeas. Josep Borrell, representante para Asuntos Exteriores, quien condenó la decisión del gobierno venezolano, anticipó que habrá “medidas necesarias habituales de reciprocidad”.

 “¿Qué poder se abrogan ellos? ¿Quiénes son para sancionar? ¿Quiénes son para tratar de imponerse con la amenaza?”, afirmó Maduro al anunciar la decisión. Las nuevas sanciones europeas afectaron a 11 personas, entre ellas, a miembros de la dirección de la Asamblea Nacional Constituyente, del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), y de la Asamblea Nacional (AN) reconocida por el TSJ, en particular a su presidente Luis Parra.

Las sanciones habían sido anticipadas por la UE el pasado 9 de enero, cuando, en un comunicado, la diplomacia europea respaldó nuevamente a Juan Guaidó como presidente de la AN, luego de que el 5 de enero el órgano legislativo quedara dividido en dos directivas: una encabezada por Guaidó y otra por Parra.

El total de sancionados por la UE asciende así a 36 personas. Las medidas implican la prohibición de viajar a territorio europeo, el congelamiento de activos y se suman al embargo de armas decretado en noviembre del 2017.

La decisión europea tuvo lugar luego de que el pasado 12 de junio el TSJ nombrara la nueva directiva del Consejo Nacional Electoral (CNE). La Unión Europea no reconoció la validez de ese acto, por lo tanto, al nuevo poder electoral, institución medular de las elecciones legislativas previstas para este año.

Jorge Arreaza, canciller venezolano, rechazó entonces la “pretensión europea de imponer una suerte de supervisión al funcionamiento de las instituciones democráticas en Venezuela”.

La decisión tomada por el gobierno venezolano respecto a la embajadora europea es así una respuesta a las declaraciones y medidas europeas. “Vamos a ordenar nuestras cosas con la UE, vamos a ir paso a paso, ya basta, si no nos quieren que se vayan, si no respetan a Venezuela que se vayan”, indicó Maduro.

El presidente también se refirió al caso específico del embajador de España en Venezuela, Jesús Silva, sobre quien, afirmó, “Venezuela se reserva las acciones diplomáticas”, debido a su rol en la denominada Operación Gedeón, el intento de un desembarco armado en las costas del país a finales de mayo, del cual participaron dos mercenarios estadounidenses.

Maduro señaló la “complicidad” de Silva “con los actos criminales denunciados en el Wall Street Journal. El periódico estadounidense publicó un reportaje pocos días atrás donde indicó que López consideró “al menos seis propuestas de contratistas de seguridad privada para llevar a cabo incursiones militares para provocar una rebelión en las fuerzas armadas de Venezuela y derrocar al presidente”.

Leopoldo López se encuentra en la embajada de España desde el 30 de abril del 2019, luego de su intento fallido de encabezar un golpe de Estado junto a Guaidó y un grupo de militares. Así, según denuncias del gobierno y ahora de la investigación del Wall Street Journal, el dirigente del partido Voluntad Popular fue parte central del plan de la Operación Gedeón desde la embajada.

Esta nueva sucesión de hechos entre Venezuela y la UE sucede antes de las próximas elecciones legislativas que deberán ser anunciadas por el CNE. Todo indica que los comicios no serán reconocidos por quienes actualmente no reconocen al gobierno de Maduro, es decir centralmente Estados Unidos, Canadá, la UE, los gobiernos de derecha de América Latina.

El cuadro internacional respecto a Venezuela seguirá así similar al actual, donde, ese conjunto de gobiernos desconocerá los comicios, sus resultados y la nueva AN electa. ¿Qué sucederá luego? Seguramente una situación también similar a la que ahora acontece, con mayores sanciones y un intento de institucionalidad paralela, cada vez más reducida, bajo la figura de Guaidó.

El cambio estará a lo interno del país, donde participarán diferentes partidos de la oposición. Ese crecimiento de factores dispuestos a participar de las elecciones es el principal cambio que se ha venido construyendo en los últimos meses a través de diferentes mecanismos de diálogo. Parra, sancionado por la UE el lunes, es uno de los dirigentes que respaldan la próxima contienda electoral.

Aún faltan varios meses para las elecciones. Mientras tanto Venezuela enfrenta otro conflicto: la demanda interpuesta ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por parte de la República Cooperativa de Guyana para tratar acerca del territorio en reclamación de Guayana Esequiba, territorio venezolano apropiado ilegalmente por Gran Bretaña a inicios del siglo XIX.

El gobierno venezolano ya anunció su desconocimiento de la audiencia de la CIJ iniciada este martes, debido a que la Corte “carece de jurisdicción para tratar la controversia territorial sobre la Guayana Esequiba”, uno de los reclamos históricos de Venezuela.

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Un mundo acelerado ¿Bipolaridad o nueva Guerra Fría?

Más que cambiar el mundo, la pandemia de covid-19 acelerará tendencias preexistentes en el plano global. Puede que estemos asistiendo a los inicios de un «bipolarismo entrópico» entre Estados Unidos y China. De esta relación depende parte del futuro global. Y América Latina no es la excepción en ese proceso.

 

Los principales expertos en relaciones internacionales parecen haber llegado a un consenso: más que cambiar el mundo, la pandemia de covid-19 acelerará tendencias preexistentes en el plano global. Los desacuerdos están en la intensidad, la velocidad y el alcance que puedan adquirir esas tendencias, así como también en la posibilidad de controlarlas en mayor o menor medida.

Para dar respuesta a estos interrogantes es preciso comprender dos características centrales del orden internacional actual, cuya configuración es previa a la pandemia, pero que con la emergencia del covid-19 quedaron evidencia e incluso tomaron mayor fuerza. Estas dos características están íntimamente vinculadas con dos procesos simultáneos de transformación en el poder global que tienen lugar en el siglo XXI y fueron oportunamente identificados por el académico estadounidense Joseph Nye en su libro The future of power publicado en 2011. La primera de las características se vincula con el carácter entrópico (desordenado) del mundo actual, naturalmente asociado al proceso de «difusión del poder», en tanto que la segunda se refiere a la bipolaridad emergente entre Estados Unidos y China, vinculada con el proceso de «transición del poder».

A la hora de describir la agenda y la distribución del poder en la política internacional, Nye recurre a una analogía muy gráfica y sugiere pensar en un ajedrez tridimensional, en el que es posible jugar tanto horizontal como verticalmente, con un tablero militar, otro económico y, por último, uno transnacional. Es justamente en el tablero transnacional donde el poder se vuelve difuso, la agenda se torna difícil de aprehender para cualquier actor y los Estados tienen poco o casi nulo control sobre las dinámicas que se generan. En este tablero se incluyen aquellas amenazas que trascienden la lógica estatal tradicional, tales como el crimen organizado, el terrorismo y los desafíos a la seguridad cibernética, entre otras. Al mismo tiempo se agregan nuevas amenazas como el cambio climático y las pandemias. La ampliación de este tablero y sus dinámicas puso claramente de manifiesto el carácter entrópico del mundo actual y mostró su peor rostro en 2020 mediante la rápida propagación por todo el globo del covid-19.

El Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) con sede en Basilea, advirtió a inicios de este año que los gobiernos, empresas, bancos, fondos de inversión y aseguradoras debían prepararse para afrontar la emergencia de los denominados «cisnes verdes», entendiendo a estos como eventos disruptivos vinculados a desequilibrios medioambientales, sociodemográficos y de salud ambiental, entre otros aspectos. En estos días, el BIS incluyó al covid-19 en la categoría de «cisne verde». El avistamiento de esta nueva especie promete ser más frecuente e impone nuevos desafíos para el mundo.

Tal como se destacó, el carácter entrópico resultante del proceso de difusión del poder no es la única característica relevante a considerar en el orden internacional actual: también es necesario prestar atención a la bipolaridad emergente. El vertiginoso ascenso de China en el escenario internacional y la identificación en el interior de Estados Unidos de que tal fenómeno representa una clara amenaza a su primacía global, colocan la co-evolución del vínculo entre Washington y Beijing en el centro de la escena de la política internacional. Esto fue así antes del covid-19, lo está siendo durante y lo será también en la pospandemia.

Además de su poderío económico y militar, ambos países son los únicos en el planeta que comparten simultáneamente la disputa por el liderazgo de la denominada Cuarta Revolución Industrial, también llamada «industria 4.0» (5G, inteligencia artificial, internet cuántica, automatización, etc). Asimismo, son los únicos actores en todo el globo que cuentan con recursos suficientes y capacidad para ofrecer bienes públicos globales e impulsar proyectos de alcance planetario (atlantismo versus Ruta de la Seda).

Tal como lo hemos señalado en otras oportunidades, estamos presenciando una nueva bipolaridad pero no una nueva Guerra Fría. La disputa entre Estados Unidos y la Unión Soviética fue una manifestación de un particular orden bipolar, más no el único posible. Son múltiples las diferencias entre aquel período y el actual, siendo una de las más importantes el alto grado interdependencia alcanzada. La relación entre Estados Unidos y China es probablemente hoy el vínculo bilateral más imbricado del mundo. Intentar hacer una cirugía allí -como pretende Trump- es algo sumamente difícil y complejo, además de altamente riesgoso. En 1945, lo único que unía a Estados Unidos y la Unión Soviética era el espanto del nazismo. Desaparecida esta amenaza, la Cortina de Hierro no fue inicialmente traumática ni costosa.

Otra gran diferencia radica en el hecho de que el mundo bipolar propio de la Guerra Fría estaba signado por un alto grado de certidumbre y, en consecuencia, por una menor complejidad, tanto en lo que refiere a las agendas como a los actores y sus dinámicas. Ya en las décadas de 1950 y 1960 las dos potencias tenían un control relativo sobre las dimensiones externas, en tanto que las esferas de influencia de cada actor estaban perfectamente delimitadas. Poco quedaba fuera de ellas.

Bipolarismo entrópico

El mundo de hoy es diferente. La crisis del covid-19 deja en evidencia un mundo desordenado y caótico, en el que la yuxtaposición de actores, agendas y dinámicas reflejan un inaudito grado de incertidumbre. Por otro lado, es posible identificar dos polos de poder estatal bien definidos, de cuya dinámica de cooperación o conflicto dependerá el manejo y el nivel de control de las tendencias globales disruptivas que emergen con cada vez mayor frecuencia. La combinación de ambas características nos permite advertir la configuración de un orden internacional signado por un «bipolarismo entrópico». A diferencia de la Guerra Fría, muchos aspectos de la compleja dinámica internacional actual desbordan a las potencias. Están lejos de tener el control sobre todo su entorno. Pero incluso en un mundo entrópico, existen dos actores estatales que tienen cada vez mayor influencia para cambiar resultados, modificar acciones y moldear las preferencias de otros actores.

Richard Haass advierte correctamente que buena parte de los mayores desafíos y amenazas que enfrenta el mundo en general y Estados Unidos en particular, son de carácter transnacional y van más allá de China y de la lógica estatal. Ahora bien, también es cierto que ninguna de las nuevas amenazas de un mundo entrópico pueden ser manejadas y controladas de manera efectiva sin el concurso de ambos poderes.

La cuestión del cambio climático constituye un claro ejemplo en este sentido. La falta de acuerdo entre las dos grandes potencias ha impedido el logro de cualquier avance sustantivo. En el futuro inmediato parece utópico pensar en un verdadero acuerdo político global sin el entendimiento de los dos grandes emisores de CO2. El tablero estatal está profundamente entrelazado con el transnacional. En otro plano, pero con la misma lógica, es posible apreciar la forma en la que esto se ha vuelto muy claro para las empresas multinacionales, que han comenzado a moverse cada vez más al ritmo de la geopolítica global. La relocalización productiva y la reorganización de las nuevas cadenas globales de valor ya no se enfocan solo en el tradicional análisis de costos laborales, logísticos y transaccionales, sino que también incluyen en la ecuación a los costos y riesgos derivados del entorno político. Los deseos de Washington y Beijing, así como los niveles de tensión bilateral, están en cualquier plan de negocios de toda firma multinacional.

En otras palabras, el proceso de difusión del poder y el desorden remiten a la mayor complejidad de las agendas, mientras que el proceso de transición del poder y la configuración de una dinámica bipolar remiten a los desafíos para gestionar las diferentes agendas. Es aquí en donde la relación bilateral entre Estados Unidos y China se torna clave y central para la evolución del orden internacional en un ambiente claramente entrópico.

Probablemente, uno de los principales desafíos inmediatos que enfrentará el mundo en la pospandemia sea el de evitar caer en la «trampa de Kindleberger». Charles Kindleberger, uno de los arquitectos intelectuales del Plan Marshall, sostuvo que la década desastrosa de 1930 se originó cuando Estados Unidos sustituyó al Reino Unido como la mayor potencia global pero no pudo asumir el rol del Reino Unido como proveedor de bienes públicos globales (liderazgo). Hoy, en un contexto global en crisis, no alcanza con que una potencia cumpla ese rol. Eso no es suficiente.

En los tiempos que corren, la relación sino-estadounidense es indispensable para gestionar y controlar la intensidad, la velocidad y el alcance del proceso de aceleración de los riesgos y desequilibrios globales. Estos desequilibrios pueden, de hecho, afectar seriamente a América Latina. La actual pandemia parece ser un primer gran test para un orden internacional impregnado por un «bipolarismo entrópico». Todavía no está claro que sucederá.

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Acuerdos de apoyo de Angela Merkel y Xi Jinping a la OMS, así como a la promoción de la cooperación internacional en la ONU, habrían irritado a Donald Trump. Foto Ap

El catalán y socialista Josep Borrell, a cargo de la política exterior de la Unión Europea (UE), definió su nueva política con China y EU como doctrina Sinatra, quien inmortalizó la canción My way, que no toma partido en la confrontación de Washington contra Pekín.

La autoría de la canción es del sirio-estadunidense Paul Anka y ya había sido enunciada dos semanas antes de la caída del muro de Berlín en 1989 por Guennadi Guerasimov (GG), portavoz de Gorbachov, ex mandamás soviético.

GG optó por la doctrina Sinatra –en contraste a la doctrina Brejnev, donde la URSS imponía su ley a los países satélites– que en forma cándida le otorgaba a Polonia y a Hungría, independientemente de la legitimidad de sus veleidades geopolíticas, la latitud de escoger una vía diferente, lo cual marcó el inicio de la balcanización de la URSS (https://bit.ly/3efv5dY).

Sylvie Kauffmann (SK), editorialista del rotativo galo Le Monde, explaya la doctrina Sinatra e incurre en acrobacias lingüísticas, en medio de las tensiones noratlánticas en la fase de Trump, para diferenciar el no-alineamiento de la UE en la disputa de EU y China, lo cual no significa equidistancia cuando existe una franca asimetría, que se agudizó con la pandemia del Covid-19, que debe poner freno a las ambiciones de Pekín, sin caer en la trampa de una confrontación entre China y EU que se ha vuelto estructural (sic).

A inicios de junio, en una conversación telefónica, el mandarín Xi Jinping y la canciller alemana Angela Merkel (AM) –por tercera vez desde el brote del Covid-19– acordaron varios puntos, como el apoyo a la OMS, que es anatema para Trump, y la promoción de la cooperación internacional en la ONU y con el G20, además de acelerar los intercambios geoeconómicos (https://bit.ly/3eiLVbS).

Se espera la visita del mandarín Xi a Alemania para septiembre –sea en forma presencial o por una videocumbre– para dialogar con los 27 miembros de la UE.

El Covid-19 profundizó la relación franco-alemana, y la reciente visita de AM a su homólogo francés Emmanuel Macron expuso eldeseo mutuo de mantener relaciones estables y sanas con China, pese a las fuertes presiones de la dupla Trump/Mike Pompeo para adoptar una confrontación de corte sinofóbica (https://bit.ly/3hLZGCa).

Es probable que la resurrección europea con su doctrina Sinatra y el coqueteo de la canciller AM con el mandarín Xi hayan contribuido a la exasperación de Trump, quien acaba de ordenar el retiro de 9 mil 500 efectivos de Alemania para septiembre –de un total de 34 mil 500 y que en un momento dado de rotación pueden alcanzar 52 mil (https://on.wsj.com/3dlrqKe)–, debido al incumplimiento, según sus decires, de aumentar su gasto militar en el seno de la OTAN. Coincidentemente, cuando se gesta la cumbre entre el mandarín Xi y la UE-27 que presidirá Alemania, es cuando EU retira sus tropas, de las que se ignora cuál será su nuevo destino (https://bit.ly/3eiMKS0).

A Trump le ha irritado que Alemania no haya detenido el gasoducto NordStream2 proveniente de Rusia, y no faltan legisladores pugnaces del Partido Demócrata, como Bob Menendez y Eliot Engel, quienes disparatan de que el retiro de tropas estadunidenses beneficia al zar Vlady Putin (https://bit.ly/2YWzNXs).

En su más reciente artículo, SK comenta que la pandemia del Covid-19 hizo mover las líneas en Europa que podría salir transformada, mientras en el campo de la geopolítica mundial “la crisis exacerbó las grandes tendencias en curso sin cambiar fundamentalmente la sustancia (https://bit.ly/2YinsOe)”, por cierto, tesis de Bajo la Lupa.

SK confiesa que la UE estuvo a punto de desintegrarse, pero se recuperó y después del estadio de sideración (sic), eligió el camino inverso, el de una integración más profunda, para levantar sus economías y resistir mejor los futuros choques.

Falta mucho por avistar si las rediseñadas tendencias centrípetas superan a las fuerzas centrífugas, así como ver qué tanto funciona la doctrina Sinatra, que ya fracasó una vez y comporta el grave error de menospreciar a Rusia.

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Jueves, 18 Junio 2020 05:51

Asia, un polvorín

Soldados del Ejército indio descansan junto a una batería de artillería las armas de artillería en un campamento cerca de Baltal, al sureste de Srinagar, en el valle de Cachemira. REUTERS/Stringer

Reavivamiento de las tensiones en la península coreana, escaramuzas en la frontera entre India y China con resultado de muertos entre los ejércitos de ambos países, aviones militares chinos y estadounidenses sobrevolando el espacio aéreo de Taiwán, tensiones entre China, Taiwán y Japón tras choques entre barcos pesqueros y destructores y decisiones de redenominación de las islas Diaoyu/Senkaku en Taiwán y Japón, peligrosas subidas de tono entre Taipéi y Beijing con crecientes interferencias atizadoras por parte de EEUU, interminables pugnas en el Mar de China meridional, inesperada renovación de la alianza militar de Filipinas con EEUU… Y el SIPRI alertando del incremento del poder nuclear en Asia, con varias potencias nucleares en liza (China, India, Pakistán y Corea del Norte)…

Todos estos trazos indican puntos calientes y factores de riesgo que advierten con toda claridad de que si bien el poder económico gira hacia Asia, su estabilidad en materia de seguridad presenta déficits graves. La eclosión de todas estas tensiones se produce en un contexto marcado por la voluntad china, referencial en la inmensa mayoría de todas estas crisis, de culminar este año las negociaciones para la Asociación Económica Integral Regional, conocida como RCEP por sus siglas en inglés, y también el acuerdo de libre comercio con Corea del Sur y Japón. De confirmarse ambas propuestas, serían un revulsivo con potencial suficiente para promover una nueva espiral de crecimiento económico en la región.

Aunque todos los diferendos citados se encuentran, por lo general, bajo control, a nadie escapa que los sobresaltos son posibles y que algunos podrían desbordarse especialmente en un momento como el actual, cuando la crisis económica y el riesgo de recesión, con sus devastadores efectos sociales, avanza por doquier a la par que la pandemia está lejos de ser vencida. Con las tendencias nacionalistas al alza en países importantes del área, la explicitación de desconfianzas reciprocas pese a los esfuerzos reiterados de diálogo, no acaba de mitigarse del todo.

En Asia, China tiene una especial responsabilidad en la habilitación de espacios institucionales para la gestión de estos contenciosos; no obstante,  no son pocos los países que recelan de su liderazgo. La práctica totalidad acepta su conveniencia económica y le considera un aliado comercial insoslayable, pero, en paralelo, en sus alianzas de seguridad confían más en EEUU como contrapeso indispensable para preservar sus intereses nacionales. El despertar del gigante lleva aparejada la demostración de una mayor ambición y la lentitud con que avanzan propuestas como la elaboración de un código de conducta para normalizar procedimientos en las disputas en el Mar de China meridional, por ejemplo, cuestiona su sinceridad. Mientras la política de hechos consumados tira beneficio de las maniobras de entretenimiento, la benevolencia de su liderazgo es objeto de controversia.

Algunas esperanzas se habían depositado en los últimos años en el papel de la CICA (Conferencia sobre Interacción y Medidas de Construcción de Confianza en Asia), que en 2017 cumplió su 25 aniversario. Emulando una especie de versión asiática de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), como plataforma intergubernamental de amplia representatividad y expresión de una nueva arquitectura de cooperación de seguridad regional podría amortiguar y encauzar las diferencias en torno a las áreas en disputa. Sin embargo, por el momento no ha sido así. Tampoco la Organización para la Cooperación de Shanghái ofrece mejores perspectivas.

Región prometedora y dinámica pero también muy vulnerable, urge que en Asia se dispongan alternativas institucionales creíbles para encauzar estos contenciosos y alejar la amenazante sombra del estallido de conflictos de gran envergadura. Potencial hay de sobra, con especial proyección en la península coreana o en el Estrecho de Taiwán. Lo ocurrido en la frontera cachemira advierte de la

Por Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China

seriedad del peligro. Si bien este marco brinda oportunidades a poderes extrarregionales para mostrar su influencia en la región, las soluciones debieran venir de la propia Asia.

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China y EU, al borde de una nueva guerra fría, advierten en Pekín

Pekín. China y Estados Unidos están “al borde de una nueva guerra fría”, advirtió el canciller chino, Wang Yi, quien lamentó el aumento de la tensión entre ambos países debido a la pandemia y afirmó que Pekín está "abierta" a una cooperación internacional para identificar el origen del virus.

Más tarde, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró sus ataques a Pekín, al señalar que, de haber querido, el gigante asiático pudo haber parado la pandemia. Wang sostuvo que Washington se había infectado con un "virus político" que aprovecha “todas las ocasiones para atacar y difamar a China. “Algunas fuerzas políticas de Estados Unidos están tomando como rehén las relaciones entre China y Estados Unidos y empujando a nuestros dos países al borde de una nueva guerra fría”, dijo a los periodistas.

El canciller chino también acusó a los políticos estadunidenses de "propagar rumores" para "estigmatizar a China", donde surgió el nuevo coronavirus a finales del año pasado.

En una entrevista con el programa de televisión Full Measure, emitido por varias cadenas estadunidenses, Trump reiteró sus ataques a China al afirmar que el Covid-19: "Ahora es algo terrible y podrían haberlo parado si hubieran querido. Podrían haberlo parado. Sea por incompetencia o porque no quisieron, en cualquier caso es inaceptable".

Trump aseveró: “vino de China, lo queramos o no (…) Ha llegado a todo el mundo, pero no ha afectado mucho a China. Pararon la llegada de aviones hacia China, pero no pararon la salida de sus aviones y el tráfico hacia el resto del mundo, incluido Estados Unidos y Europa. Y Europa está diezmada. Y mira lo que ha pasado en todo el mundo, 186 países”, argumentó.

La entrevistadora, Sharyl Attkisson, le preguntó a Trump lo que sintió cuando le dijeron por primera vez que el virus podría matar a millones de personas, pero el presidente se centró en elogiar la respuesta de su administración a la pandemia.

"Me hablaron de millones de personas y habrían sido millones de personas si no hubiéramos cerrado el país (...) Impuse la prohibición y nadie creyó que lo haría, literalmente nadie. Tomé la decisión por mí mismo y ha resultado una decisión estupenda. Se han salvado cientos de miles de vidas", subrayó.

Por otra parte, Trump prohibió la entrada a Estados Unidos a extranjeros que hayan visitado Brasil en los pasados 14 días, uno de los países actualmente más golpeados por la pandemia del nuevo coronavirus, informó la Casa Blanca, y precisó que "estas nuevas restricciones no afectan los flujos comerciales entre Estados Unidos y Brasil".

Estados Unidos ha registrado casi 98 mil fallecimientos y un millón 633 contagios.

El presidente brasileño, el neofascista Jair Bolsonaro, quien ayer volvió a sumarse a manifestaciones contra las medidas de mitigación, fue calificado de "asesino" por sus oponentes, después de que se viralizaron imágenes que lo muestran comiendo anteanoche un hot dog en Brasilia, en momentos en que se informó que 965 de sus ciudadanos murieron a causa de Covid-19.

Mientras algunos de sus adeptos festejaron su salida, algunos de sus detractores aprovecharon para hacer sonar los cacerolazos en rechazo al jefe de Estado, y otros le gritaron insultos como asesino, basura y fascista, informó el diario The Guardian.

Bolsonaro participó ayer en un mitin con sus seguidores afuera del palacio presidencial, sin portar mascarilla y rompiendo las medidas de distanciamiento social, donde estrechó manos, abrazó a sus seguidores y cargó a un niño.

En tanto, el epidemiólogo Wanderson de Oliveira, secretario de Vigilancia en Salud y considerado una de las cabezas de la estrategia contra el Covid-19, dejará su cargo este lunes, confirmó a la Ap el Ministerio de Salud brasileño.

Brasil tiene más de 347 mil casos y 22 mil muertos, es el segundo país con más contagios en el mundo, detrás de Estados Unidos.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, reconoció que el sistema sanitario del país está "muy cerca del límite", debido al incremento de los casos de contagio del nuevo coronavirus que ya rozan casi los 70 mil contagios.

Desde el viernes pasado la OMS declaró a América Latina y el Caribe como el nuevo epicentro de la pandemia. Brasil es por mucho el país más castigado por las cantidades de contagios y muertes.

América Latina tiene 39 mil 166 muertes y 720 mil 260 contagios.

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Fernando Sanclemente, embajador de Colombia en Uruguay.

Fernando Sanclemente dimitió tras la decisión del fiscal general de investigarlo formalmente

El pasado 12 de febrero la Policía de Colombia halló un laboratorio de procesamiento de cocaína en una finca de Guasca, Cundinamarca, a 50 kilómetros de Bogotá. Luego se supo que allí se producían al menos 1,8 toneladas de droga al mes y que el terreno era propiedad de la familia del embajador de Colombia en Uruguay, Fernando Sanclemente. Con otros escándalos y el coronavirus de por medio, la historia pasó desapercibida hasta este domingo cuando el fiscal general, Francisco Barbosa, anunció que vincularía al diplomático a la investigación formal por el narcolaboratorio.

La noticia obligó a Sanclemente a dimitir a través de una carta enviada al presidente, Iván Duque. El embajador le agradeció al mandatario y a la Cancillería el tiempo de licencia que le dieron para atender su defensa. “Esto con ocasión del penoso y muy desafortunado hecho delictivo de público conocimiento acaecido en predios de nuestra propiedad y del cual hemos solicitado a las autoridades el reconocimiento como víctimas del mismo”, escribió en la carta.

El fiscal, sin embargo, había sido tajante en sus declaraciones: “La finca del embajador fue destinada para tener un laboratorio dedicado al procesamiento de cocaína. No se trataba de algo sencillo. Por el contrario, se trataba de una estructura bien montada con tres instalaciones que tenían la potencialidad de producir 1,8 toneladas de cocaína mensual”, ha explicado Barbosa en una entrevista para el diario El Tiempo. Y para evitar dudas agregó: “el embajador tendrá que explicar cómo no se percató de tamaña operación. No solo lo citaremos, lo vincularemos”.

En un escueto comunicado, la Cancillería anunció la renuncia y advirtió de que la carta de Sanclemente surtirá su trámite correspondiente. “En la misiva el embajador indica que toma esta decisión para concentrarse en su defensa en la investigación judicial que lo afecta”. Aún falta que el presidente, Iván Duque, acepte la renuncia.

Sanclemente había sido director general de la Aeronáutica Civil y gerente del Transmilenio de Bogotá, entre otros cargos relacionados con puertos y transporte, y compartía la mitad de la propiedad de la finca con la familia Spiwak, dueños de la cadena de hoteles Dann. “Esta es una propiedad que tenemos hace más de 45 años dedicada a la crianza de caballos de carreras y de ganadería angus”, había dicho el diplomático. La defensa de ambas familias aseguró que no tenían relación con el narcolaboratorio y que desde 2017 alquilaron los terrenos a unos cultivadores de papa y cebolla. En el operativo de la Policía fueron detenidas cinco personas y se hallaron siete toneladas de insumos para el procesamiento de la droga.

Por Catalina Oquendo

Bogotá - 06 abr 2020 - 22:09 COT

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Bolsonaro y Trump firman acuerdo militar

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el de Estados Unidos, Donald Trump, se reunieron esta semana en Miami. Entre los temas principales tratados estaba la situación actual de Venezuela y firma de un acuerdo de cooperación en el sector de la industria militar, llamado Acuerdo de Investigación, Desarrollo, Prueba y Evaluación de Defensa (RDT&E, por sus siglas en inglés). El mandatario brasileño también mantuvo encuentro con el líder del Comando Sur de la Marina de Estados Unidos, el almirante Craig Feller.

Pero, ¿cuáles son los principales intereses que están detrás de ese acuerdo? ¿Y qué representa esto para la América Latina (AL)? Lo primero que hay que saber es que la industria armamentística fue la principal donante de la campaña electoral de Bolsonaro, en los últimos comicios de Brasil. Y el presidente brasileño tiene como promesa de campaña aumentar las inversiones a la industria militar. El año pasado el sector recibió un incremento de 16 por ciento de las inversiones públicas.

Brasil hoy tiene la industria de armas más potente de AL. Exporta para 85 países y ha ganado 255 millones de dólares, en 2019. Pero aun así con absoluta desventaja delante de la gigante industria militar de Estados Unidos, que representa 39 por ciento de todos los gastos militares del mundo.

Como se trata de un acuerdo que prevé cambio de tecnología y fabricación de productos en conjunto, Estados Unidos vislumbra grandes intereses y el principal es desvelar la tecnología que utilizan los militares brasileños en la fabricación de turbinas nucleares.

En el mundo existen tres tipos de tecnologías en el tema de propulsión nuclear. La primera de ellas es liderada por los alemanes, conocida como técnica de Zippe, que utiliza un proceso mecánico para provocar la explosión de las partículas atómicas. Esta es la más utilizada hoy día en el mundo. El programa ruso lo ha usado durante años y Estados Unidos lo ha adoptado en la última década, porque ha demostrado ser más eficiente.

Pero, Brasil en los años 60 decidió desarrollar su propia tecnología y seguir un camino distinto. Es el único que utiliza la técnica con energía magnética, altamente sofisticada, donde la principal pieza dentro de la turbina queda flotando. Por eso es estratégico para el país mantener este secreto tecnológico. De hecho, el programa tecnológico brasileño más desafiante del momento es la construcción de su primer submarino de propulsión nuclear, utilizando esta técnica en la turbina de la embarcación. Es algo totalmente diferente de lo que tiene cualquier submarino nuclear en el mundo. El proyecto empezó durante el gobierno de Lula da Silva y hoy día se encuentra en etapa avanzada.

En 2017 el científico responsable del proyecto de creación y expansión de la tecnología nuclear brasileña, el almirante Othon Luiz Pinheiro da Silva, fue preso, acusado de corrupción, en un proceso cuestionado por políticos progresistas nacionalistas. Sus defensores afirman que él es víctima de persecución política por sectores cercanos a EU.

Brasil es el primer país latino a mantener este tipo de acuerdo con EU y permitirá el intercambios de información sobre tecnología de defensa y patentes conjuntas en relación con "productos binacionales". Por tanto, el sector político más nacionalista prendió las alarmas sobre el peligro de que Brasil pierda su secreto tecnológico mejor guardado hasta el momento.

Además, hay un tercer interés detrás del acuerdo militar Brasil-EU: el tema Venezuela. A pesar de que el gobierno de Jair Bolsonaro ha reconocido al diputado Juan Guaidó como presidente interino, la verdad es que Brasil ha hecho poco y nada para desgastar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Para la reunión con Trump, Bolsonaro llevó la primera acción concreta contra Venezuela. La semana pasada anunció el rompimiento diplomático con el gobierno Maduro y dio el plazo de dos meses a los diplomáticos venezolanos para salir de Brasil. Dijo que en el mismo plazo Brasil retirará su cuerpo diplomático de Venezuela.

Donald Trump dijo en la primera reunión con Bolsonaro, el año pasado, y lo reiteró ahora, que quiere un Brasil más activo en el combate al gobierno bolivariano de Venezuela. Bolsonaro encuentra fuerte resistencia entre los militares brasileños, que a pesar de tener una doctrina militar de derecha, son profundamente nacionalistas. No les interesa un conflicto en la frontera norte de Brasil, donde está la Amazonia, niña de los ojos de los militares brasileños. Este territorio salvaje sólo lo conocen las fuerzas armadas de Brasil.

Por tanto, este acuerdo es también un gesto de Trump para militares brasileños, puesto que el gobierno de EU está prometiendo financiar grandes proyectos tecnológicos en sector de la industria militar de Brasil.

Después de conocer estas implicaciones, los diputados y senadores progresistas ahora presionan para que el acuerdo pase por votación en el Congreso Nacional, pues alegan que Bolsonaro coloca el proyecto de defensa nacional a servicio de los intereses geopolíticos estadunidenses. Es que con esta firma, Brasil pasa también al grado de "socio preferencial extra de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)".

Por Fania Rodrigues, periodista brasileña

 

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Cancillería de Colombia pide oficialmente a Juan Guaidó la extradición de la excongresista Aída Merlano

Según un comunicado oficial, "el compromiso" del diputado opositor venezolano, que no tiene potestad para efectuar ese procedimiento, es "un respaldo para el buen término de esta solicitud".

 

La Cancillería de Colombia le solicitó formalmente al diputado opositor Juan Guaidó, a quien reconoce como "presidente interino" de Venezuela, la extradición de la excongresista Aida Merlano, tras recibir el oficio por parte de la Corte Suprema de Justicia.

"El propósito es que el Presidente Guaidó, adelante todas las gestiones que permitan que la señora Merlano regrese a territorio colombiano, responda por sus delitos y cumpla la condena que le ha sido impuesta", señala el comunicado de la cancillería colombiana.

Según el documento, la solicitud de extradición "ya ha sido presentada ante la Embajada de Venezuela en Colombia, que representa al Gobierno legítimo del Presidente Juan Guaidó", y consideran que el compromiso del diputado opositor, que no tiene ninguna facultad para efectuar ese procedimiento, es un "respaldo para el buen término de esta solicitud".

Días atrás, Guaidó aseguró que estaba dispuesto a "brindar toda su colaboración y la de las instituciones legítimas de Venezuela, en la atención a este caso".

Al respecto, la canciller de Colombia, Claudia Blum, afirmó que la solicitud se hace ante Guaidó ya que los mecanismos de cooperación internacional judicial con el Gobierno del presidente Nicolás Maduro fueron afectados en su funcionamiento normal, "al haber expulsado a todo el personal diplomático y consular de Colombia". 

Contradicciones

Blum condenó que después de 17 días de anunciada la captura por parte de las autoridades venezolanas, al mando del presidente Nicolás Maduro, este le haya dado la oportunidad a la excongresista para que "pueda públicamente evadir su responsabilidad y alegar persecuciones del Gobierno colombiano", que supuestamente "no existen". 

No obstante, antes de la comparecencia pública de Merlano en Caracas, el presidente Maduro instó al gobierno colombiano a activar las relaciones consulares para poder ejecutar el procedimiento de extradición, medida que fue rechazada de plano por la administración de Iván Duque, alegando que en Venezuela había "pocas garantías".

Paradójicamente, a pesar de que Bogotá le hizo la solicitud formal a Guaidó, la canciller también llamó a la comunidad internacional a que "exija" al gobierno del presidente Maduro que "permita su devolución al territorio colombiano, conforme a las órdenes judiciales vigentes en su contra". 

La excongresista —condenada a 15 años de cárcel por la compra ilegal de votos para las elecciones parlamentarias de 2018—, se fugó en octubre del año pasado durante una cita de ortodoncia en un centro médico de Bogotá y fue capturada en Venezuela el pasado 28 de enero.

Caracas rompió relaciones diplomaticas con Bogotá el pasado 23 de febrero del 2019, cuando Duque decidió apoyar la autoproclamación de Guaidó como "presidente interino" de Venezuela.

Publicado: 14 feb 2020 02:33 GMT

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