Sin Trump, Bolsonaro oscila entre EEUU y China

El diputado bolsonarista Daniel Silveira está preso por exaltar el Acta Institucional 5 de la dictadura militar (1964-1985) que anuló el poder de los jueces, además de amenazar en un vídeo al sistema judicial. En los hechos, se trata de un enfrentamiento de poderes entre el Ejecutivo y la máxima institución judicial, que muchos consideran un intento para "contener los ataques a la democracia" del actual Gobierno.

 

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, enfrenta el momento más grave de la pandemia, con unidades de tratamiento intensivo desbordadas y un crecimiento exponencial de contagios y muertes.

Brasil enfrenta una crisis en la estatal Petrobras, ya que nombró a un militar en la presidencia y las acciones cayeron de forma abrupta, y otra con la justicia por el encarcelamiento de un diputado amigo, acusado de amenazar a jueces del Tribunal Supremo Federal.

La crisis en Petrobras se debe a la incertidumbre con que el Gobierno maneja el futuro de la principal empresa del país, comandada ahora por el general Joaquim Silva e Luna, quien se desempeñó como ministro de Defensa durante el Gobierno de Michel Temer (2016-2018). En un año los precios de la gasolina aumentaron un 35% porque la dirección de la petrolera decidió atarlos a los precios internacionales del crudo, lo que implica un fuerte lastre para la economía y un creciente descontento de los camioneros que amenazan con paros.

La crisis entre poderes se viene agravando y todo indica que se va a profundizar. El último día de febrero el ministro Gilmar Mendes, del Supremo Tribunal Federal, realizó su ataque más duro contra la Operación Lava Jato (que llevó a la cárcel a Lula, a la cúpula del PT y de Odebrecht), al comparar sus métodos con el Primer Comando de la Capital, una de las mayores organizaciones criminales de Brasil dedicada al narcotráfico.

Sin embargo, el Club Militar se despachó con un comunicado de apoyo al diputado encarcelado. Tanto el presidente Bolsonaro como su vice, Hamilton Mourao, son miembros destacados del Club Militar, que acusa al Supremo de arbitrariedad y de ser un aliado de la izquierda. "¿Por qué los amparados por el Poder Judicial siguen siendo los criminales condenados?", dice la carta, en clara alusión a Lula y otros acusados por Lava Jato.

Pekín y Washington tironean a Bolsonaro

El principal problema de Bolsonaro se encuentra en el escenario internacional. La derrota de Donald Trump lo dejó en la orfandad, a la defensiva y sin saber cómo posicionarse, ya que sus críticas e ironías contra China se le vuelven en contra, incluyendo las que lanzó contra la vacuna Sinovac que se fabrica en Brasil y es la que está permitiendo la vacunación masiva.

La académica Karin Costa Vázquez, del Centro de Estudios BRICS de la Universidad de Fudan (Shanghái, China) y directora ejecutiva del Centro de Estudios Afro-Latinoamericanos y del Caribe en Jindal Global University (India), sostiene que a pesar de las coincidencias sobre China, el Gobierno de Biden sigue con "preocupación" el alineamiento de Brasilia con Trump.

Costa Vázquez analiza una carta del senador estadounidense Robert Menéndez a Bolsonaro, sobre las declaraciones del canciller Ernesto Araújo, que cuestionó la limpieza de las elecciones con idénticos argumentos a los de Trump. Menéndez preside el poderoso Comité de Relaciones Exteriores del Senado y pidió a Bolsonaro que se una a EEUU para "condenar la incitación a la violencia", en referencia al ataque del 6 de enero al Capitolio por partidarios de Trump.

Pese a todo, la carta mantiene un tono amistoso, ya que para la Casa Blanca cuenta con Brasil "para contener la creciente influencia tecnológica, económica y comercial de Pekín en Latinoamérica". En efecto, Brasilia y Washington coinciden en dejar fuera a China en el proceso de licitación de las redes 5G así como en la sospecha de que los préstamos para infraestructuras son un modo de China para posicionarse en los países de la región.

Sin embargo, la presión de la Casa Blanca "empuja aún más a Bolsonaro y Araújo contra la pared", estima Costa Vázquez en South China Morning Post. Un Gobierno frágil como el de Biden, acosado internamente por el trumpismo y más aislado en lo internacional que los anteriores Gobiernos demócratas, rechaza el apoyo de Bolsonaro a gobernantes de extrema derecha. A medida que los vientos soplan en otras direcciones, Brasil y Bolsonaro "se encuentran cada vez más aislados".

¿Se sumará Bolsonaro a la ofensiva de Biden?

Sin duda la Administración Biden está dispuesta a negociar con Bolsonaro su apoyo a la ofensiva antichina, pero puede exigirle algún gesto que lo desmarque de las huestes de Trump. La columnista de South China Morning Post estima que Bolsonaro se verá cada vez más presionado para reemplazar al canciller antiglobalista, Ernesto Araújo, por un diplomático más moderado, a expensas de su decisión de convertir el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, conocido como Itamaraty, en una plataforma para mantener movilizados a sus seguidores más radicales.

En efecto, el canciller parece un fusible adecuado. Se sitúa en el bando más ideologizado y radical del espectro de Bolsonaro, es enemigo de la globalización, de Rusia y de China, esgrimiendo un discurso de la guerra fría muy similar al de Trump.

Según la nota de South China Morning Post, se abren tres escenarios estratégicos ante el Gobierno de Brasil.

El primero consiste en continuar su alineamiento automático con EEUU en detrimento de China, aún suavizando la retórica contra la globalización. La desconfianza con China está instalada y no va a retroceder.

El segundo escenario sería que Brasil optara por una estrategia propia de expansión y diversificación en Asia, estrechando alianzas con la India pero sin alejarse de China. Como señala Costa Vázquez, el ministro de Economía, Paulo Guedes, apuntó en esa dirección para ampliar la presencia de Brasil en la agroindustria global. "Si podemos tener el mismo flujo comercial con la India que tenemos con China, Brasil alimentará a la mitad de la población del planeta".

Un tercer escenario en el que Brasil no aparezca alineado con ninguna de las dos potencias parece poco probable. China necesita a Brasil y Brasil necesita a China. Las relaciones con EEUU no van tanto por el lado económico, financiero y comercial, sino por los viejos lazos diplomáticos y, sobre todo, militares.

Sin embargo, a medida que el escenario global y regional va cambiando, el margen de maniobra de Bolsonaro parece estrecharse. Brasil ya no es la potencia regional capaz de liderar a los países suramericanos y las elecciones se acercan de forma peligrosa para el presidente: el próximo año puede ser el último de su Gobierno, si no consigue acotar las crisis antes mencionadas (internas e internacionales), que pueden ser tan depredadoras como está siendo la pandemia del COVID-19.

Publicado enInternacional
La ONU denuncia a Daniel Ortega por arrestos, violaciones y torturas a disidentes políticos en Nicaragua

La oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos considera que el presidente no ha cumplido con las recomendaciones que le hizo el organismo tras la crisis política de 2018

El Gobierno de Daniel Ortega no ha cumplido con 14 recomendaciones emitidas por la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos tras la crisis política de 2018, cuando el exguerrillero sandinista desató una brutal represión contra las manifestaciones que exigían el fin de su mandato. En un informe publicado este lunes, la OACNUDH cataloga de “deficiente” la respuesta gubernamental ante sus recomendaciones y advierte de que en el país centroamericano se siguen cometiendo violaciones a las libertades civiles, incluyendo arrestos y detenciones arbitrarios de personas percibidas como opositoras al Gobierno y limitaciones en el ejercicio de las libertades de reunión pacífica, expresión y asociación.

La Oficina de la ONU emitió en 2018 un demoledor informe contra el régimen, acusándolo de cometer violaciones generalizadas de los derechos humanos, incluyendo arrestos arbitrarios de manifestantes por parte de las huestes armadas bajo órdenes de Ortega. Algunas de estas personas detenidas de forma arbitraría fueron luego violadas y torturadas bajo custodia. El documento alertaba, además, del uso desproporcionado de la fuerza y de ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía, desapariciones, detenciones arbitrarias generalizadas e instancias de tortura y violencia sexual en centros de detención. El grado de represión “tan alto”, continuaba, ha forzado al exilio a ciudadanos por el simple hecho de expresar opiniones contrarias al líder sandinista.

Tras la publicación del documento, la OACNUDH emitió 14 recomendaciones al Estado nicaragüense para mejorar las condiciones de los derechos humanos en el país, pero “la Oficina ha observado que el Gobierno ha implementado pocas medidas sin mostrar, lamentablemente, avances notables hasta el momento”, advierte el organismo. Según el informe presentado este lunes, el Gobierno solo ha “cumplido parcialmente” con poner fin a las detenciones y liberar a todas las personas “privadas arbitrariamente de libertad” en el contexto de las protestas o por manifestar opiniones críticas con el régimen. La OACHUDH reconoce que desde el 30 de diciembre de 2019, “el Gobierno ha otorgado medidas alternativas a la detención a 86 hombres y 9 mujeres”, pero afirma que, según cifras de la sociedad civil nicaragüense, “a diciembre de 2020 al menos 106 personas (103 hombres y 3 mujeres) que participaron en las protestas o que fueron percibidas como opositoras continuaban privadas arbitrariamente de su libertad”.

El informe también advierte que “los arrestos y detenciones arbitrarios de personas percibidas como opositoras al gobierno continuaron. Actualmente, el patrón principal consiste en breves detenciones policiales, tras las cuales las personas detenidas son puestas en libertad dentro de las 24 horas siguientes sin ser presentados a las autoridades judiciales”.

El organismo, además, alerta de las continuas violaciones a las libertades civiles, incluyendo la libertad de expresión. “La Policía Nacional ha impedido sistemáticamente las manifestaciones públicas de personas o grupos críticos con el Gobierno. En al menos seis casos, la ONU registró que los agentes de policía recurrieron al uso innecesario o desproporcionado de la fuerza, causando lesiones menores a manifestantes y periodistas. Desde el 1 de agosto de 2019, la OACNUDH documentó 83 casos de ataques, amenazas, acoso y actos de intimidación por parte de agentes de policía y elementos progubernamentales contra defensores y defensoras de derechos humanos. Además, registró 30 casos en los que las víctimas fueron periodistas o trabajadores y trabajadoras de los medios. Cuatro medios de comunicación sufrieron allanamientos, destrucción de equipos o sanciones administrativas”, resalta el documento.

El Gobierno de Ortega tampoco ha investigado y enjuiciado a los responsables de las violaciones a los derechos humanos en el contexto de la represión contra las protestas de 2018, ni ha garantizado el acceso a la justicia y reparación a todas las víctimas de violaciones a los derechos humanos. Por el contrario, la OACNUDH lamenta la aprobación de una amnistía que, afirma, “allanó el camino a la impunidad de los responsables de graves violaciones a los derechos humanos”.

En ese contexto, a la ONU le preocupa que el Gobierno siga negando la existencia de grupos armados paraestatales y “turbas violentas” que participaron la represión de las manifestaciones. “Desde el 1 de agosto de 2019, la OACNUDH ha documentado por lo menos 11 casos (incluido un asesinato) en los que partidarios del Gobierno atacaron físicamente y/o amenazaron a personas percibidas como opositoras. En la mayoría de esos casos, los autores vestían los colores o portaban banderas del partido gobernante y las violaciones se produjeron con la tolerancia de los agentes de policía que no impidieron ni detuvieron los ataques”, alerta el informe.

Otra de las recomendaciones incumplidas es la reactivación de un diálogo inclusivo con la oposición, así como implementar reformas electorales para garantizar unas elecciones justas y transparentes. Nicaragua celebrará comicios generales en 2022, con Ortega controlando todo el sistema electoral.

En las conclusiones del informe, la OACNUDH solicita al Gobierno que autorice la entrada al país de una misión del organismo, una solicitud hecha desde septiembre de 2020, antes de la presentación de un nuevo informe al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. “Ello permitiría realizar una evaluación más profunda de los progresos y los desafíos relativos a la situación de los derechos humanos en Nicaragua”, concluye la OACNUDH

Por Carlos Salinas Maldonado

México - 08 feb 2021 - 10:24

Publicado enInternacional
Borrell y Lavrov, juntos en Moscú después de la expulsión de los diplomáticos.  ________________________________________ Imagen: AFP

En medio de una visita a Moscú del jefe de la diplomacia de la Unión Europea

La cancillería rusa consideró que las acciones de los diplomáticos son "inaceptables e incompatibles con su estatuto", y les ordenó abandonar el país "en un futuro próximo".

Rusia anunció este viernes la expulsión de diplomáticos de Suecia, Polonia y Alemania que acusa de haber participado en protestas favorables dell encarcelado opositor Alexéi Navalni, en plena visita del jefe de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, con el que Moscú se había comprometido a cooperar.

Esos diplomáticos, cuyo número no fue precisado, participaron supuestamente en concentraciones "ilegales el 23 de enero" en San Petersburgo y Moscú, indicó el ministerio de Relaciones Exteriores ruso. El anuncio de la expulsión llega después de una reunión en Moscú del canciller ruso, Serguéi Lavrov, con Borrell, durante la cual le comunicó las expulsiones, según un portavoz del europeo.

Borrell condenó "enérgicamente" la decisión de expulsar "tres diplomáticos" y subrayó que "debe ser reconsiderada", dijo el vocero de la diplomacia europea, Peter Stano. "Consideramos estas expulsiones injustificadas. Creemos que es otro aspecto más que se puede observar ahora mismo de que Rusia está muy alejada del Estado de derecho", indicó la canciller Angela Merkel en conferencia de prensa conjunta con el presidente francés Emmanuel Macron, quien condenó con "la mayor firmeza" la decisión rusa.

Suecia, por su parte, juzgó "completamente infundada" la exulsión de su diplomático y anunció que "se reserva el derecho a reaccionar de forma apropiada". Y Polonia advirtió que la expulsión de su diplomático puede "profundizar aún más la crisis en las relaciones bilaterales". Las cancillerías de Polonia y Alemania convocaron al embajador ruso en sus capitales para expresarles su malestar.

"Inaceptables"

Por su parte la cancillería rusa consideró las acciones de los diplomáticos son "inaceptables e incompatibles con su estatuto", y les ordenó abandonar el país "en un futuro próximo". "La parte rusa espera que en el futuro las misiones diplomáticas (de Suecia, Polonia y Alemania) respeten escrupulosamente las normas del derecho internacional", agregó. Horas antes, Borrell había considerado que la relación con Rusia estaba en su nivel "más bajo" por el caso Navalni, aunque acordó con Lavrov buscar maneras de cooperar.

A su vez la policía rusa detuvo a más de 10.000 personas durante las masivas protestas en el país para exigir la liberación de Navalni, un activista anticorrupción de 44 años. 

El opositor fue detenido a mediados de enero a su regreso a Moscú desde Alemania, donde se recuperó de un envenenamiento que atribuye al presidente ruso, Vladimir Putin, y las fuerzas de seguridad FSB. Navalni fue condenado el martes a purgar una pena de dos años y ocho meses de cárcel por no haber respetado un control judicial que data de 2014.

"Buena noticia para la humanidad" 

Pese a sus múltiples y profundas diferencias, también en la situación en Ucrania, Siria o Libia, Rusia y la UE expresaron su deseo a cooperar "cuando haya un interés común", en palabras de Lavrov. La lucha contra el covid-19 podría convertirse en un ámbito de cooperación tanto con Estados Unidos como con la UE, aseguró el canciller ruso.

El jefe de la diplomacia europea citó como ámbitos de cooperación "la cultura, la investigación, el covid-19 [y] el clima", pero precisó que considera cruciales otros temas como los derechos humanos o las libertades políticas. Borrell calificó de "buena noticia para la humanidad" la vacuna rusa Sputnik V y dijo esperar que la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) pueda certificar pronto su uso en el bloque.

Proceso por difamación 

Navalni, por su parte, compareció este viernes de nuevo ante un tribunal acusado de difundir informaciones falsas e injuriosas sobre un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial que defendió en un video un referéndum de 2020 para dar más poderes a Putin. El opositor, que podría ser condenado a pagar una multa o a una pena de prisión, había calificado a los participantes en el video de "vergüenza para la nación" y de "traidores".

Durante la audiencia, Navalni, que denuncia una persecución por motivos políticos, acusó a los allegados del denunciante de instrumentalizar al anciano para "ganar dinero a su costa". La victoria soviética sobre la Alemania nazi es un pilar del imaginario colectivo ruso y las críticas a los veteranos suelen ser muy mal recibidas. El excombatiente, que participó en el proceso telemáticamente, vistió su uniforme y sus medallas para la ocasión.

El opositor tiene además abierta otra investigación en su contra por "fraude masivo", un delito pasible de 10 años de prisión. Y la mayoría de sus colaboradores están detenidos o bajo arresto domiciliario.

Publicado enInternacional
Para los países de la UE Guaidó es ahora "un interlocutor privilegiado"

Juan Guaidó ya no es considerado presidente interino de Venezuela, sino un "interlocutor privilegiado", declararon ayer los estados de la Unión Europea en un comunicado, al manetener su decisión de rebajar el estatus del líder opositor.

Los 27 países miembros de la UE habían dicho desde el pasado día 6 que ya no podían reconocer a Guaidó, ya que perdió su puesto como jefe de la Asamblea Nacional luego de las elecciones legislativas en Venezuela en diciembre pasado, a pesar de que el bloque no reconoció esa votación.

Tras la disputada relección del presidente Nicolás Maduro en 2018, Guaidó, como jefe del Congreso, se proclamó presidente interino de Venezuela y todavía es reconocido así por Estados Unidos y Gran Bretaña.

El estatus de presidente interino da a Guaidó acceso a fondos confiscados a Maduro por los gobiernos occidentales, además de permitirle acceso a altos funcionarios internacionales.

Los 27 miembros de la UE consideran que ahora él es parte de la oposición, a pesar de una resolución del Parlamento Europeo de la semana pasada para que los gobiernos del bloque mantuvieran el reconocimiento de jefe de Estado a Guaidó.

"La UE repite sus llamados en pro de la libertad y la seguridad de todos los opositores políticos, en particular los representantes de los partidos de oposición electos a la Asamblea Nacional de 2015, y especialmente a Juan Guaidó", se explicó al término de una reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la UE en Bruselas.

"La UE los considera actores importantes e interlocutores privilegiados", se indicó en el comunicado del bloque.

En Caracas, el ex candidato presidencial Henrique Capriles dijo que la oposición debe revaluar su estrategia y sentarse en una mesa de negociaciones con el gobiero para buscar una solución a la crisis política.

"El mundo libre insta a una solución política. Yo sí creo que hay que construir un proceso de negociación", sostuvo Capriles, quien enfrentó a Hugo Chávez en los comicios de 2012 y un año después, tras la muerte del entonces presidente, a Nicolás Maduro.

"Del lado del chavismo hay quienes quieren la negociación", añadió en un encuentro con corresponsales extranjeros en Caracas. "El año pasado hubo un primer esfuerzo, aunque no se llegó hasta el final", lamentó Capriles, quien afirmó que "aún es posible reunificar a la oposición".

Publicado enInternacional
Sábado, 23 Enero 2021 06:05

Sin perezagruzka

Sin perezagruzka

El anterior inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, a pesar de la supuesta química que se suponía había con su homólogo Vladimir Putin, dejó la relación bilateral entre Estados Unidos y Rusia en estado francamente deplorable y causó en el Kremlin, que estuvo esperando en vano cuatro años que las lisonjas hacia el presidente ruso se concretaran en hechos, una profunda decepción.

Con la reciente toma de posesión de Joe Biden como presidente de Estados Unidos, las perspectivas son igual de sombrías, y la designación en su equipo de colaboradores cercanos de varios connotados halcones con la mirada puesta en Rusia, como Jake Sullivan y Andrea Kendall-Taylor, en el Consejo de Seguridad Nacional, y Victoria Nuland, en el Departamento de Estado, que influirán, con matices diferentes, sobre la línea a seguir respecto de Moscú, sugiere que no habrá una nueva perezagruzka (el reinicio, o reset en inglés, que propuso la administración de Barack Obama en 2009) de la relación bilateral. Todos los asesores de Biden coinciden en que Rusia no debe considerarse un aliado estratégico.

A diferencia de Trump, cuya política hacia Rusia era completamente imprevisible, Biden conoce a fondo este país, no va a dar bandazos y, por el contrario, ejercerá una creciente presión sobre Moscú, promoverá la aplicación de nuevas y más fuertes sanciones, respaldará la expansión de la OTAN en torno a Rusia y brindará apoyo moral y de otra índole a la oposición rusa.

Biden no muestra ninguna simpatía hacia Putin y su opinión personal del gobernante ruso, que es del dominio público, después de tratar cara a cara con él en 2011 y de ir a reunirse con figuras de la oposición local, dejó en el Kremlin una desagradable sensación difícil de olvidar.

Pero es lo que hay y Moscú es consciente de que en los próximos cuatro años nada bueno podrá esperar de su deteriorada relación con Washington, salvo que Biden, una de los impulsores del tratado de limitación de armamento estratégico que vence dentro de 14 días, acepte prorrogar el pacto cinco años como primer paso para negociar el control de armamentos y el desarme, lo que durante años constituyó el eje de la relación bilateral desde que Mijail Gorbachov y Ronald Reagan aceptaron reunirse en Reikiavik, Islandia, para enterrar la llamada guerra fría.

Publicado enInternacional
Joseph Biden, Venezuela y América latina

La dimensión de la crisis que parece corroer a Estados Unidos quedó expuesta en tres miércoles consecutivos de enero. El día 6, una movilización convocada por el presidente Donald Trump tomó el Capitolio, el 13 fue aprobado el segundo impeachment contra Trump en la cámara de Representantes, y el 20 ocurrió la toma de posesión del presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris con un despliegue de 25 mil efectivos en la ciudad de Washington.

El país atraviesa una superposición de crisis que no logra ocultar. En el tiempo de un año se vio la incapacidad de enfrentar la pandemia, la violencia sistémica de las fuerzas policiales sobre la población afroamericana, los levantamientos y movilizaciones contra esa violencia, las respuestas aún más represivas, la acción de milicias armadas en su mayoría de supremacistas blancos, la defensa de esas organizaciones por parte de Trump, el desconocimiento de los resultados electorales de Trump y una mayoría de sus votantes, las falencias estructurales del sistema electoral, hasta los hechos de un enero que quedará en la historia.

Biden asumió en ese marco con un discurso de apelación a la unidad, la necesidad del reencuentro nacional, con un gabinete que, en términos de imagen, busca proyectarse como progresista: una mujer vicepresidenta, un afroamericano, Lloyd Austin, al frente de la secretaría de Defensa, una mujer indígena, Deb Haaland en la secretaría de Interior, un cubano-americano, Alejandro Mayorkas, en la Seguridad Nacional, una mujer transgénero, Rachel Levine, como asistente de salud.

Pero la multiculturalidad, el primer plano de las denominadas minorías en el gobierno, no indica cuáles serán las políticas, algo que no augura cambios progresistas en vista de los recorridos de hombres y mujeres que están en puestos claves de la nueva administración. Un repaso por las trayectorias de Biden, el secretario de Estado, Antony Blinken, la subsecretaria de Asuntos Políticos, Victoria Nuland, la directora de la USAID, Samantha Power, el secretario de la CIA, William Burns, y el mismo Austin -que proviene además de la contratista militar Raytheon- muestran una historia de realización directa o apoyo de acciones armadas abiertas o encubiertas en Iraq, Siria, Libia, Yemen y Ucrania, para mencionar algunos casos.

Biden se encuentra ante dos objetivos centrales. Por un lado, recomponer las crisis internas, en el orden de lo económico, sanitario, y la fractura social que con Trump -emergente de esa misma crisis- adquirió nuevas formas y radicalidades que, todo indica, continuarán. Y si el nuevo presidente apeló a la unidad, también volvió a referirse al concepto de “terroristas internos”, en un posible punto de inflexión en una política interna de criminalización y vigilancia que podrá extenderse hasta donde lo permita el término “terrorista”, es decir, hasta donde lo necesite la administración y los poderes generalmente invisibles que, en los últimos meses, emergieron por momentos a la luz.

Por otro lado, el nuevo gobierno está ante la necesidad de recomponer el frente externo, tanto en el regreso a multilateralidades abandonadas por Trump, como el Acuerdo Climático de París -reingreso ya decretado por Biden-, y la Organización Mundial de la Salud, como en la reconstrucción de la imagen y mitología internacional estadounidense que se encuentra en decaída internacional, buscando encabezar un autoproclamado eje democrático, así como la recuperación de espacios perdidos ante el crecimiento de potencias, como China y Rusia, que continuaron su avance durante el 2020 en varias partes del mapa, como en nuestro continente.

América Latina

Blinken, interrogado por Marco Rubio en el Senado, sostuvo la necesidad de “aumentar la presión sobre el régimen del brutal dictador” Nicolás Maduro, en una audiencia en el Senado el día martes, en la cual expuso cuáles serán las líneas de política exterior. Las palabras de Blinken no fueron sorpresivas: se anticipa que la probabilidad más grande sea que la nueva administración no realice grandes cambios en su narrativa pública hacia Venezuela, y que el asunto no sea prioridad en medio del incendio estadounidense y asuntos exteriores prioritarios, como China, Rusia o Irán.

Sin embargo, tras el posible mantenimiento de un discurso similar ante el expediente Venezuela que ha sido bipartidista, también se anticipa que podrían ocurrir modificaciones en el abordaje, en el regreso de diálogos y, tal vez, de acuerdos. Uno de los hombres señalados como centrales esa nueva posibilidad es Gregory Meeks, nuevo presidente de Asuntos Exteriores de la cámara de Representantes, que fue parte de la fundación del Grupo de Boston, un grupo entre parlamentarios venezolanos y estadounidenses creado tras el golpe de Estado en abril del 2002. Meeks, quien estuvo en Caracas en el funeral de Hugo Chávez y luego dos veces más, aparece como un actor de la trama, casi siempre invisible, de acercamientos, intentos de diálogos y mediaciones, que suelen ocurrir entre ambos países.

Venezuela será uno de los temas centrales de América Latina, un continente bajo disputas e inestabilidades. La victoria de Biden representa una derrota de la apuesta política del presidente Jair Bolsonaro, quien manifestó una y otra vez su cercanía con Trump, así como del partido del gobierno de Colombia, el Centro Democrático, conducido por Álvaro Uribe, señalado de hacer campaña en el estado Florida a favor del ahora ex presidente. Este escenario, si bien anticipa posibles tensiones, las mismas, a menudo maximizadas mediática y políticamente, no deben hacer perder de vista que existen acuerdos políticos permanentes que no se modifican sustancialmente con cambios de administración en la Casa Blanca y la superficie del departamento de Estado.

El punto en el cual puede ocurrir un cambio significativo es en el caso Cuba, donde la diferencia entre la administración de Barack Obama, que abrió un acercamiento, y la de Trump, que redobló el bloqueo, fue significativa. El plan de Biden, según se anticipó, es el de regresar a las claves desarrolladas con la isla con el anterior gobierno demócrata, es decir cuando él era vicepresidente.

El nuevo gobierno estadounidense asume en medio de crisis extraordinaria y una geopolítica en reconfiguración y sin marcha atrás. La posibilidad de continuidades, de reproducción de mecanismos, como la infiltración en los poderes judiciales en América Latina para desarrollar el lawfare, con el objetivo de garantizar los intereses estadounidenses en nuestra región, parece más probable que un giro sorpresivo.


Cómo será, y cómo no será, la relación de Biden con América Latina

Alfredo Grieco y Bavio

21 de enero de 2021 14:21h

El único pasaje de sus memorias donde Barack Obama menciona a América Latina es una anécdota. Extenuado, en una cena siente que se va a caer dormido bajo el efecto narcótico de una repetitiva perorata de Sebastián Piñera. El presidente chileno, como un latino estereotipado, habla sin sentido de la proporción sobre una bebida estereotipadamente latina que también genera somnolencia: el vino. Había un tema, sin embargo, que lo mantuvo despierto al presidente demócrata de EEUU: Libia. Si generalizáramos a partir de este relato, para Obama, América Latina es un lugar donde él no quiere estar, ni siquiera en pensamiento, porque le roba lucidez y energía para ocuparse de las cuestiones verdaderamente importantes, que están en otro lado. A pesar de que fue su vicepresidente durante dos mandatos, y de que ha reinstalado en puestos claves del gobierno a tantos y tantos ex colaboradores de Obama, nadie cree que Joe Biden busque apartar de sus pensamientos a Latinoamérica, región a la que viajó 16 veces, más que cualquier otro funcionario de su rango. La pregunta es si en los cuatro años que empiezan podrá hacer mucho más que pensar.

Joe Biden es un presidente que llega al poder sin un slogan. Sin una consigna que lo identifique y que señale la dirección y el sentido que buscar darle a su gobierno. O peor: sí tiene un slogan: el de Donald Trump, America First! Si eligiera uno propio, mentiría. Toda la política exterior de su mandato se verá absorbida, sin permitirse digresión ni desvío, por EEUU. Por el COVID-19 en EEUU y por la recesión económica en EEUU. Todos los días y noches será America First! Es cruel: el slogan más falso e inutilizable para Biden es el que cantaba Obama: Yes, We Can. La política internacional deberá hacer frente a los males que trajo el America First!, sin jamás eludir las desgracias, más persistentes por más antiguas, que dejó el Yes, We Can. No podrá deshacerse del America First!, mientras que el Yes, We Can seguirá en el tacho de basura de la Historia. Si en 2011 a Obama lo adormecía Chile, y no lo dejaba dormir Libia, no se podía considerar extraño a la guerra en el norte de África. Era una consecuencia de su política personal de exportación de una democracia que a sus ojos exhibía como primer mérito y último progreso el haberlo elegido a él, un afrodescendiente, como presidente. El aliento a las primaveras árabes había prendido fuegos que ni anticipó ni extinguió, porque siguen encendidos. El septuagenario Biden podría indicar que es muy democrático que EEUU, votándolo a él, le rehusara un segundo período presidencial a Trump, su más joven rival, que lo dejó solo el día de la transmisión de mando. Es difícil representarse a Piñera, en su nuevo mandato, discurseando sobre exportaciones vinícolas con Biden –el empresario chileno sabe qué ilusiones perder.  

Las únicas acciones que se pueden dar por descontadas de la presidencia Biden con respecto a América Latina son aquellas que la nueva administración demócrata considera que serán redituables porque le aliviarán problemas aun al costo de que les creen más y mayores problemas a los países latinoamericanos concernidos.

A la construcción del costoso muro en la frontera con México le llega su fin el primer día de gobierno. También son suprimidas o sustituidas desde el minuto uno todas las normativas trumpistas sobre la situación de los migrantes sin papeles en el interior del país, la de quienes solicitan asilo del otro lado del muro en suelo mexicano así como las regla del juego para quienes aleguen derecho de asilo y para las familias separadas a un y otro lado del muro. Todo será más humano, prometen, y todo invita a creer que será así.

Caravanas y guerras

La migración hacia el sur de la frontera, desde México y sobre todo desde Centroamérica y el Caribe, es una situación para la cual las soluciones que Trump puso en vigor resultaron onerosas para el fisco, lesivas para los derechos y la dignidad humanos, y dañinas para la imagen de EEUU en el mundo. También fueron onerosas las consecuencias no deseadas de esas medidas, la judicialización de los reclamos, las indemnizaciones, el derroche de recursos humanos administrativos, militares, de fuerzas de seguridad. Sin embargo, la cuestión del flujo de migrantes latinoamericanos no se resuelve de por sí con el enervar de una vez, el primer día, y al mismo tiempo, todas juntas, las soluciones brutales, pero ineficaces, puestas en vigor por la administración anterior.

Objetivo proclamado de la administración Biden es dar fin a las caravanas de migrantes económicos que huyen de las violencias políticas de sus países de origen. Los métodos elegidos por Trump fueron recusados con horror, y son abandonados con orgullo. Pero el equipo de transición de la nueva administración detectó una dificultad estructural en las políticas de fronteras, insalvable por el remplazo de viejos métodos por otros nuevos. La cuestión migratoria no se puede resolver en el límite internacional, porque ahí la espiral de la represión genera, demasiado cerca de EEUU, cuando no ya dentro de EEEU, renovadas violencias y violaciones de derechos humanos. El problema, decidieron, ir a resolverlo cuando y donde la caravana arranca su marcha, porque si empieza a marchar, cada día que pasa es política y económicamente más costoso. El equipo de Biden diseñó un plan de ejecución inmediata para dotar de fondos y asegurar créditos en entidades multinacionales para Guatemala, Honduras y El Salvador. 

Básicamente, en su estructura, Biden enfrenta la migración orientado por el mismo principio que guió la guerra contra las drogas de EEUU en América Latina. Como no se podía derrotar el tráfico ni frenar el consumo en suelo de EEUU –demasiada sangre norteamericana era derramada, la corrupción ensuciaba a las autoridades locales, la imagen nacional se deterioraba-, tropas y agencias federales se encaminaron a destruir cultivos de coca en Colombia o Bolivia, donde presionaron para que los campesinos se las arreglaran con cultivos y actividades económicas compensatorias, a la vez que financiaban programas de gobernabilidad para las autoridades que dejaran libertad de acción a la DEA. Con pareja diplomacia del dólar, la administración Biden buscará fortalecer el arraigo de potenciales migrantes en sus comunidades, que hoy por hoy son muy expulsivas. Por vías políticas se procurará un saneamiento de las instituciones en esos países centroamericanos, el financiamiento de comisiones locales independientes de verdad y justicia que investiguen la corrupción, el asesoramiento de las fuerzas armadas y de seguridad el combate contra la delincuencia, el crimen organizado, sin olvidar el narcotráfico. La administración trazó planes detallados para la creación de una entidad anticorrupción multilateral centroamericana, que sirva de sostén y referencia para las fiscalías de todos los Estados nacionales desde Panamá hasta Guatemala.

En esta iniciativa coordinada para Centroamérica no es imposible reconocer resonancias de la doctrina de la exportación de la democracia de tiempos de Obama. Aunque ahora la democracia no sea el fin –ni siquiera de palabra-, sino un medio al que se le pronostica un buen rendimiento en su tarea de reforzar la soberanía y seguridad nacionales de EEUU. El buen éxito en Centroamérica no luce asegurado de antemano -ni el de la vía económica ni el de la vía política. Pero por ahora es el proyecto cardinal de la administración Biden con respecto a América Latina.

Coexistencia ¿pacífica?

Para Trump, en Latinoamérica ‘democracia’ era un arma de fuego que se usaba para disparar contra Venezuela, Cuba y Nicaragua. Tres países con los cuales Biden buscará la coexistencia más pacífica posible, si esto fuera posible. Cuba será retirada, también de inmediato, de la lista de naciones que patrocinan el terrorismo, donde la había reubicado la Secretaría de Estado de Trump pocas semanas atrás.

En América Latina murieron más de medio millón de personas por COVID-19: sólo Europa tiene más muertes. Pero el país americano con más decesos, 400 mil, es EEUU. Biden hizo de la ofensiva contra la pandemia una prioridad absoluta y había sido su cliché de campaña electoral. Se ofrece ahora como unzona de forzada colaboración internacional con sus vecinos para la administración que se instala en Washington.

El de la salud es un área mayor de competencia estratégica en la rivalidad global de EEUU con China que Biden mantendrá en su propia administración America First! Pero como Biden está urgido por proveerse de un número de dosis suficientes para una campaña de inmunización masiva en EEUU, 100 millones de dosis aplicadas en los primeros 100 días, no tendrá nada que decir de la compra de vacunas a China por Latinoamérica: lo que no quiere el primer presidente católico de EEUU desde J.F. Kennedy es que se las pidan a él.

Otro capítulo clave de la plataforma electoral de Biden que lo obligará a relacionarse con la región es su agenda verde frente al cambio climático. La reincorporación de EEUU al acuerdo de París es otra de las medidas cancelatorias del primer día de gobierno. Ni hallará ni espera felicitaciones o sostén de dos presidentes que llegaron a ser, por caminos inconexos, aliados de Trump, el brasileño y el mexicano.

Biden ha declarado que conformará un fondo de 20 mil millones de dólares para la protección ecológica de la cuenca del Amazonas. Tal programa no es bienvenido por Jair Bolsonaro, pero tampoco por la mayoría de los brasileños, que miran con alarmada sospecha toda beneficencia exterior focalizada en la selva y la cuenca amazónicas como un ataque camuflado contra la soberanía nacional secundado por una subrepticia pero inocultable codicia de rapiñas y despojos.

Los entusiasmos de EEUU en pro de formas limpias de energía reciben habitualmente desprecio o sorna de Andrés Manuel López Obrador. El político que evoca al nacionalista Lázaro Cárdenas hace del monopolio estatal mexicano de la explotación de hidrocarburos una de las bases más inconmovibles de su gobierno y de su credo.

Es dudoso que Biden dedique tiempo o esfuerzo a vencer esas desconfianzas brasileñas o mexicanas. Cuando Trump asumió, varios países latinoamericanos, especialmente Brasil y México, temieron que el nuevo presidente se metiera con ellos. Ahora, es al revés: si algo parece temer el nuevo presidente norteamericano es que se metan con él. 

Publicado enInternacional
Mohammed bin Salman, príncipe de Arabia Saudí, y Sheikh Tamim bin Hamad al-Thani, el emir de Qatar, reunidos durante la cumbre. — Reuters

Esta semana, después de tres años de bloqueo, Qatar y la coalición árabe rival han firmado la reconciliación en Arabia Saudí. Todavía es pronto para saber las consecuencias que tendrá esa escenificación, debido a sus intereses dispares. Frente a la moderación de Qatar, se encuentra el extremismo de la coalición árabe espoleada por Israel.

 

Es probablemente el efecto Joe Biden el que está detrás de la reciente normalización de relaciones entre los países del Golfo y Egipto, por un lado, y Qatar por el otro, después de más de tres años de bloqueo de este país, una normalización que ha llegado solo unos días antes de que el ganador de las elecciones americanas acceda a la Casa Blanca el próximo 20 de enero.

Está claro que la victoria de Biden no ha sentado nada bien a países como los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Bahrein o Egipto, pero al ver las orejas del lobo no les ha quedado más remedio que dar ese paso, y eso pese a haberse puesto al cobijo de Israel, otro país donde está costando asumir las inciertas consecuencias del recuento de votos en EEUU.

La ruptura de relaciones de los países mencionados con Qatar fue un disparate. La prueba es que los países moderados del Golfo, Kuwait y Omán, no la secundaron. Al final, las duras sanciones impuestas por la coalición no han conseguido los objetivos que se marcaron los príncipes Mohammad bin Zayed y Mohammad bin Salman.

La coalición exigía el fin de las emisiones del canal de televisión Al Jazeera que emite desde Doha, el desmantelamiento de la base militar que Turquía tiene en Qatar, la persecución de los Hermanos Musulmanes y el enfriamiento de relaciones entre Qatar e Irán. En resumen, el bloqueo ha sido un fracaso que al final emiratíes y saudíes han tenido que comerse con patatas.

Al Jazeera, especialmente en el canal árabe, es una emisora moderna y de una calidad excepcional que ocupa el primer lugar del podio en cuanto a difusión en Oriente Próximo. Cansados de emisoras anquilosadas y reaccionarias que se limitan a reproducir las ideas de los gobernantes, la población de la región concede más credibilidad a Al Jazeera que a todos los demás medios juntos.

Los regímenes de la zona hace años que quieren cerrarla, y este fue uno de los motivos centrales del boicot a Qatar. Sin embargo, en el acuerdo de normalización que se alcanzó esta semana en Arabia Saudí, cuyo texto no se ha hecho público pero puede deducirse de las declaraciones de los interesados, no se hace ninguna mención a Al Jazeera, por lo que es de desear y esperar que la cadena siga informando como hasta ahora.

En cuanto a la base militar turca, se debe señalar que Qatar también alberga la principal base americana en la región, y pese a ello mantiene unas excelentes relaciones con Teherán. Junto con Qatar, los turcos son los principales defensores del islam político, una ideología que ha sido proscrita en los Emiratos y Arabia Saudí como "terrorista".

Después del acuerdo de reconciliación, Qatar ha dicho que la vuelta a la normalidad con la coalición hasta ahora enemiga, no va a repercutir en sus relaciones con Turquía e Irán. La coalición ha tenido que tragarse este otro sapo y ahora espera con inquietud lo que decida la administración Biden respecto al programa nuclear iraní.

El acuerdo nuclear, que fue negociado arduamente por el presidente Barak Obama y firmado en 2015, fue cancelado por Donald Trump unos años después siguiendo instrucciones de Israel. La ruptura del acuerdo no ha logrado ninguno de los objetivos declarados, al contrario, ha llevado más tensión a Oriente Próximo, de manera que solo ha beneficiado a Israel y a sus recientes aliados árabes, cuya política de confrontación se ha puesto incondicionalmente al servicio de Israel.

Cabe preguntarse qué repercusiones tendrá la firma de la reconciliación. El tiempo dirá si cuaja o no, algo que todavía es pronto para ver. Una indicación de que podría ser una falsa reconciliación o una reconciliación puramente táctica puede verse en el hecho de que varios mandatarios árabes no acudieron a su firma en Arabia Saudí.

El caso más notorio es el del príncipe emiratí Mohammad bin Zayed, cuya ausencia no pasó desapercibida. Bin Zayed es el principal agente desestabilizador en la región, solo por detrás de Israel, y anda metido en prácticamente todos los saraos militares de la zona y del norte de África, bien directamente o bien por medio de intermediarios que no hacen asco a sus abundantes dólares.

Uno de los pecados originales de Qatar, que nunca se le perdonó, fue precisamente salirse de la coalición árabe que participó en la guerra de Yemen dirigida por el emiratí Bin Zayed y el saudí Bin Salman, un conflicto terrible que ha causado grandes calamidades y al que la nueva administración Biden debería poner punto y final cuanto antes.

Son muchas las cuestiones que quedan en suspenso para creer que el abrazo que esta semana se dieron los mandatarios de Arabia Saudí y Qatar sea realmente sincero y no falso, y que el bloqueo de tres años que ha sufrido Qatar a partir de 2017 vaya a terminar solo porque los aviones qataríes puedan sobrevolar el cielo de Arabia Saudí y los Emiratos.

En 2017 los cálculos de Riad y Abu Dabi eran que muy pronto Qatar se pondría de rodillas y volvería sumiso a la coalición, algo que nunca ocurrió. La economía qatarí sufrió, pero resistió con valor las presiones y el bloqueo, y esto ha sido una nueva lección para Riad y Abu Dabi en el sentido de que todo el dinero del mundo, las armas occidentales más sofisticadas y el amparo de Israel no siempre bastan para que se cumplan los planes de uno.

 10/01/2021 12:25 Actualizado: 10/01/2021 12:27

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Publicado enInternacional
Sábado, 12 Diciembre 2020 05:59

El lápiz de Stalin

El lápiz de Stalin

Tras la Primera Guerra Mundial y un periodo del flujo de las fronteras −propio igual a buena parte de Europa y Medio Oriente (bit.ly/3mXCL9a)− el Cáucaso acabó en manos bolcheviques. El imperio de los zares colapsó. El imperio otomano capituló y sus fuerzas se retiraron. También las del cuerpo expedicionario británico que tenía en la mira el petróleo de Bakú (bit.ly/36Uauun). Armenia, Azerbaiyán y Georgia, tras haber formado la efímera República Democrática Federal de Transcaucasia (bit.ly/33Wu2wn) y un breve periodo de independencia marcado por conflictos interétnicos, pasaron a ser −como repúblicas soviéticas nominalmente soberanas agrupadas en la República Federal Socialista Soviética de Transcaucasia (bit.ly/36W5ztd)− miembros-fundadores de la URSS. Nagorno Karabaj (NK) −un enclave montañoso con mayoría armenia reclamado por Armenia y por Azerbaiyán− ha sido un importante punto de contención. La decisión de Stalin, un georgiano a cargo de la "cuestión nacional" ( Narkomnats), de transferirlo a Azerbaiyán en 1921, a pesar de prometérselo antes a Armenia −y convertirlo, en 1923, en una "región autónoma"− más que resolver el problema, resultó ser al fin, en la década de los 80, igual ante la ambigua postura de Mijaíl Gorbachov, uno de los factores desestabilizadores de la URSS. Cuando en 1988 el Partido Comunista Armenio votó por su "reunificación", estallaron disturbios y pogromos antiarmenios (Sumgaït). Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, siguió la guerra.

Detrás de la instrumental decisión de Stalin había −aparentemente− varias razones. Primero, congraciarse con los azeríes para asegurarse el control del petróleo y del gas del mar Caspio. Segundo, la lógica de "dividir y reinar" −en concordancia con la vieja y perversa estrategia zarista de oponer a un grupo étnico contra el otro− que exacerbaba la desconfianza y debilitaba a las etnias para que no desafiaran a Moscú; así, forzando lealtades de ambas partes y volviéndolos rehenes del régimen, Stalin (bit.ly/3dKGzGW) podía presentarse luego como el salvador ante la mayoría armenia (‘solo el batiushka es capaz de defenderlos del odio de Bakú’), y como un guardián territorial ante Azerbaiyán (‘solo el batiushka es capaz de garantizar su integridad ante el irredentismo de Ereván’). Tercero, hacer un gesto de "buena voluntad" hacia la Turquía de Mustafa Kemal Atatürk, que tras el colapso del imperio otomano, seguía siendo un importante actor regional hostil a las potencias occidentales y uno que tenía fuertes vínculos culturales y políticos con Azerbaiyán; Lenin (y Stalin) ignorando la voz de los armenios de NK y en un reverso a su inicial política de "autodeterminación" −hasta el punto de garantizar a los pueblos el derecho a salir de la URSS− y a las consignas del Congreso anticolonial en Bakú (1920) (bit.ly/3jnyZmO) que igual abogaba por "el derecho a la determinación" −mientras la Realpolitik soviética ya imponía un "colonialismo interno"− pretendía(n) "flirtear", al final sin éxito alguno (bit.ly/2KbyGzO), con los kemalistas para la diseminación de la revolución.

Después de un siglo de estos acontecimientos y ante la reciente guerra en NK −fruto tardío de aquellos conflictos irresueltos y decisiones perversas− es imposible no apuntar a algunas ironías de la historia.

* El afán de Rusia de recuperar influencia regional tras el desplome de la URSS −o el "desmantelamiento desde afuera" (S. F. Cohen)− pasaba desde el principio por apoyar los irredentismos −Nagorno Karabaj (Azerbaiyán), Transnistria (Moldavia), Abjasia-Osetia del Sur (Georgia), Crimea-Donetsk-Lugansk (Ucrania)−, "frutos" de la tóxica política étnica soviética, misma que contribuyó a su debilitamiento.

* El gambit sirio −"la huída hacia adelante" tras la crisis ucraniana y el afán de “reafirmar su ‘irresuelta’ relevancia global”− y su posterior involucramiento en Libia– han sido "jaqueados" por Turquía (bit.ly/3gm089K) por el apoyo de la cual la dirigencia soviética "sacrificó" a NK y a la cual a su vez venía apoyando en la década de los 20; Turquía contribuyó, ahora igual, a la holgada victoria, entre otros gracias a los recursos del petróleo de Azerbaiyán sobre la separatista "republiqueta" armenia de Artsaj-NK, y políticamente sobre Armenia, el mejor aliado de Rusia en el Cáucaso.

* Si bien la Rusia de Vladimir Putin, que tanto ha hecho para reivindicar el legado de Stalin, estaba feliz de ver al problemático gobierno de Nikol Pashinian en Ereván (bit.ly/2HFOjhG) salir debilitado de la confrontación con los azeríes (el tratado militar ruso-armenio no abarca a Arstaj-NK) la mediación de Moscú −detrás del origen del problema ("el lápiz de Stalin") y reproduciendo hoy la misma estrategia estalinista de "dividir y reinar"−, fue un salvavidas para los armenios, pero sólo a precio de convertir lo que quedó de Arstaj en un protectorado ruso (bit.ly/39a2h76) y el Cáucaso en la siguiente arena de transacciones ruso-turcas ( bit.ly/398zMXf) (con Azerbaiyán convertido igual en una colonia de Ankara).

Tras un siglo, Putin y Erdoğan están haciendo en el Cáucaso el mismo tipo de tratos −igualmente por encima de los armenios y los azeríes− que en 1920-21 Lenin (y Stalin en su limitada capacidad) hacía(n) con Atatürk, con la diferencia que hoy ya no está en juego la suerte de la revolución mundial. "El pasado nunca está muerto. Ni siquiera pasa", escribió una vez William Faulkner.

Publicado enInternacional
Donald Trump anunció la normalización de relaciones entre Israel y Marruecos

Como contrapartida, Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental

Desde la Unión Europea señalaron que el estatuto de la zona en disputa ubicada al norte de Africa debe negociarse en el seno de las Naciones Unidas.

 

El presidente saliente de Estados Unidos Donald Trump anunció la normalización de las relaciones entre Marruecos e Israel. Como contrapartida, el mandatario reconoció la soberanía marroquí sobre el disputado territorio del Sahara Occidental. El magnate republicano indicó que esta medida favorecerá la pacificación de la región. Además sostuvo que EEUU abrirá un consulado en el Sahara para promover oportunidades económicas y comerciales. Con este acuerdo, Marruecos se convierte en el cuarto país árabe que restablece contactos con Israel, después de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahrein y Sudán, todos estos auspiciados por la administración Trump. Por su parte, voceros de la Unión Europea (UE) indicaron que el estatuto del Sahara Occidental debe negociarse en el seno de las Naciones Unidas (ONU).

“Otro avance histórico”

En cuanto a la reanudación relaciones entre Marruecos e Israel, Trump catalogó la noticia como un nuevo avance histórico. “¡Nuestros dos GRANDES amigos Israel y el Reino de Marruecos acordaron relaciones diplomáticas plenas -un hito masivo para la paz en Oriente Medio!", escribió el magnate en Twitter. En un comunicado, la Casa Blanca reveló que el líder republicano había hablado con el rey marroquí Mohamed VI. Durante la conversación el Rey se comprometió a expandir la cooperación económica y cultural con Israel. “Reanudaremos los contactos oficiales (...) y las relaciones diplomáticas lo antes posible", indicó el Palacio real marroquí.

Por su parte el jefe de gobierno israelí Reuven Rivlin agradeció al rey de Marruecos por la cálida relación bilateral. En tanto que el primer Ministro Benjamín Netanyahu anunció a sus ciudadanos que en breve se realizarán vuelos directos entre ambos países. El ministro de Defensa Benny Gantz también acogió con beneplácito el acuerdo y dijo que reforzaría los intereses económicos y de seguridad de ambos países, según el portal Haaretz. También agradeció a la administración estadounidense. "Actúa incansablemente para fortalecer a Israel y estabilizar toda la región", indicó el ministro. Marruecos e Israel habían establecido oficinas de representación en Rabat y Tel Aviv en los años noventa, pero fueron cerradas en la década de 2000. 

“La única solución viable”

En paralelo el presidente norteamericano sostuvo que el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental favorecerá la pacificación de la región. "¡La propuesta de autonomía seria, creíble y realista de Marruecos es la ÚNICA base para una solución justa y duradera por una paz y prosperidad perdurables", escribió Trump en Twitter. Además sostuvo que la existencia de un Estado saharawi independiente no es una opción realista para resolver el conflicto. “Una autonomía genuina bajo soberanía marroquí es la única solución viable", indicó el mandatario. A su vez recordó que Marruecos reconoció la independencia de EEUU en 1777. "Es por tanto apropiado que reconozcamos su soberanía sobre el Sáhara Occidental", sostuvo el magnate neoyorquino.

Este territorio desértico de 266.000 kilómetros cuadrados ubicado al norte de África, es una excolonia española cuyo estatuto sigue sin definirse desde 1975. El independentista Frente Polisario reclama a Marruecos la soberanía sobre el territorio. Por su parte el gobierno marroquí plantea una autonomía limitada para la antigua colonia. Allí se encuentra desplegada la Misión de Paz de la ONU (MINURSO) para monitorear un cese al fuego. El organismo también solicitó que se organice un referéndum para resolver la soberanía del territorio. Trump instó a las partes a iniciar conversaciones sin retraso, empleando el plan de autonomía de Marruecos. “Es el único marco para negociar una solución aceptable mutuamente", exhortó el presidente.

En paralelo, la UE dijo que mantiene las resoluciones de la ONU que establecen al Sahara Occidental es un territorio no autónomo, explicó un portavoz de Exteriores del bloque a la agencia Europa Press. Bruselas sostuvo que apoya un proceso de acuerdo pactado, o incluso un referéndum, como establece la resolución de la ONU de octubre pasado. Sin embargo ninguna de estas soluciones termina de efectivizarse. La diplomacia europea recordó el compromiso del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, de relanzar el proceso político en la zona y su llamado a las partes a cooperar para la estabilidad en la región junto con la MINURSO. "Esto debe llevar a la reanudación de un diálogo con el objetivo de una solución justa, duradera y aceptada mutuamente", indicó el portavoz de la UE, expresando la línea que viene manteniendo el bloque continental sobre esta cuestión.

Publicado enInternacional
Sábado, 28 Noviembre 2020 05:53

Drástico cambio

Drástico cambio

 De un tiempo para acá, a raíz de lo sucedido en su entorno de "aliados estratégicos" –rebelión pacífica en Bielorrusia, cambio violento de gobernante en Kirguistán, derrota del candidato presidencial en Moldavia y rencor en Armenia por permitir que Azerbaiyán recuperara Nagorno-Karabaj–, Rusia parece estar asumiendo la pérdida de su liderazgo en el espacio postsoviético y comienza a practicar una política que supone un drástico cambio en las relaciones con sus vecinos.

Poco a poco desaparecen de la agenda del Kremlin concepciones claves que, en los 30 años recientes, proyectaban la intención de reconstruir de las ruinas, si no la Unión Soviética completa (imposible tras la ruptura definitiva con cinco repúblicas, las tres bálticas: Estonia, Letonia y Lituania, más Ucrania y Georgia), al menos una parte del imperio dominado por Rusia.

Los voceros oficiales hablan cada vez menos de la "Alianza Euroasiática", el "mundo ruso", la "zona de intereses exclusivos de Rusia", el "papel de Moscú como garante de la soberanía y la seguridad de los países ex soviéticos" y otros grandes sueños que, en distintos periodos de la gestión del presidente Vladimir Putin, sirvieron de eje para formular la política en el espacio postsoviético.

Ahora, Rusia procura no hacer más del mínimo que imponen sus obligaciones contractuales (Armenia), prestar ayuda muy concreta sólo cuando obtenga a cambio beneficios geopolíticos (Armenia, Bielorrusia, Kirguistán), rechazar a quien no acepte las condiciones rusas aun si aparentan ser aliados (Lukashenko), no inmiscuirse demasiado en la solución de conflictos ajenos que puedan repercutir en la política interna rusa (Kirguistán).

Asimismo, no provocar nuevas sanciones de Occidente por causa de sus protegidos (Bielorrusia, Kirguistán), reconocer tácitamente que otros actores regionales pueden tener "intereses parciales" en el espacio de la antigua Unión Soviética (Turquía), entender que son limitadas sus posibilidades y recursos para influir en crisis de poder o cambios de gobierno en otros países (Moldavia), entre otros rasgos de la actual política del Kremlin.

Tal vez el divorcio con dos países fraternos, Ucrania y Georgia –su elevado coste económico y consecuencias políticas negativas– influyó en que Rusia busque no repetir esa amarga experiencia.

Publicado enInternacional
Página 1 de 26