Bennett asumió como primer ministro y puso fin a la era Netanyahu en Israel

El nuevo gobierno fue aprobado por un estrecho margen en una tensa sesión en el Parlamento

En su discurso, el flamante primer ministro hizo un llamado a la unidad y la reconciliación nacional mientras que Netanyahu, quien ocupaba el cargo desde 2009, aseguró que hará todo lo posible para "derrocar" al gobierno.

 

Luego de varios días de negociaciones, el líder ultranacionalista Naftali Bennett asumió como primer ministro de Israel poniendo fin a la era de Benjamin Netanyahu, el premier de más larga gestión en la historia del país. Aprobado en una tensa sesión en el Parlamento con una estrecha mayoría de 60 diputados a favor frente a 59 en contra y una abstención, el llamado "gobierno de cambio" estará liderado en los dos primeros años por Bennett y en los dos siguientes por el centrista Yair Lapid

En su discurso, el flamante primer ministro hizo un llamado a la unidad y la reconciliación nacional, mientras diputados del Likud de Netanyahu, de formaciones ultraortodoxas y de Sionismo Religioso lo interrumpieron, increparon e insultaron durante la sesión. "Bibi" Netanyahu, por su parte, aseguró que permanecerá como líder de la oposición para "derrocar" al nuevo gobierno. La histórica sesión parlamentaria del domingo fue seguida en las calles por simpatizantes de los partidos de la nueva coalición de gobierno que celebraron el éxito de la investidura, mientras que cientos de israelíes ultrareligiosos se concentraron en el Muro de los Lamentos para rezar en rechazo a Bennett y Lapid.

"Israel no es como cualquier otro país, es el sueño de generaciones de judíos desde Marrakesh a Budapest, desde Bagdad a San Francisco; cada generación tiene sus desafíos y cada generación tiene los líderes que necesita", sostuvo Bennett en su discurso desde la Knesset, horas antes de la votación. El flamante primer ministro se mostró favorable a la cooperación con Estados Unidos, aunque cree que es un error que Washington vuelva al pacto de 2015 destinado a limitar el desarrollo nuclear de Irán.

Bennett acusó al saliente Netanyahu de "fomentar una tormenta de odio" en sus últimos meses de mandato, que culminaron en "un choque de hermanos y un país paralizado". Sin embargo, el primer ministro le agradeció a "Bibi" sus 12 años de servicio a Israel. "Es el momento de pasar el liderazgo de la nación y el Estado a la próxima generación", zanjó.

El líder de Yamina anunció que cerrará tres ministerios, ampliará la educación pública, mantendrá la eximición de los ultraortodoxos en edad militar del servicio en el Ejército y los liberará para que se incorporen a la fuerza laboral. Una de las carteras más importantes, la de Defensa, seguirá en manos de Benny Gantz, líder de Azul y Blanco. Avigdor Lieberman, otro viejo conocido de la política israelí conocido por sus posturas extremistas, dirigirá la cartera de Finanzas. El ministerio de Economía quedará en manos de Orna Barbivai, de Yesh Atid, e Interior quedará en manos de la número dos de Yamina, Ayelet Shaked

Luego de mantenerse Bennett como primer ministro por dos años, el centrista Lapid (que ahora ocupará el puesto de ministro de Asuntos Exteriores) lo sucederá en el cargo en 2023. El punto más alto de polarización durante la sesión en la Knesset se produjo cuando los parlamentarios de Sionismo Religioso fueron expulsados del recinto después de protestar contra Bennett y llamarlo "ladrón de votos".

El día fue extremadamente tenso si se le suma la amenaza de un diputado de la Lista Árabe Unida de votar en contra del nuevo gobierno y por los dardos de los diputados del partido de Netanyahu, el Likud, contra los dos artífices de la coalición. De hecho, Lapid ni siquiera pudo pronunciar su discurso.

"Me salto el discurso que planeaba pronunciar hoy porque estoy aquí para decir una cosa: pedir perdón a mi madre. Tiene 86 años y no le pedimos que venga a la ligera, pero lo hicimos porque asumí que serían capaces de comportarse", se lamentó el dirigente centrista antes de abandonar el estrado.

A su turno, Netanyahu disparó un aluvión de críticas contra el nuevo gobierno. "Si estamos destinados a estar en la oposición, lo haremos con la cabeza en alto hasta que derroquemos a este peligroso gobierno", declaró el hasta este domingo primer ministro.

Netanyahu acusó al flamante primer ministro de perpetrar el "mayor fraude desde la historia de Israel" en una coalición que, entiende, lo mostrará debilitado frente a la comunidad internacional. "No tiene una posición global. No tiene la credibilidad. No tiene la competencia ni tiene el respaldo de su propio gobierno, de lo dividido que está", manifestó.

El saliente primer ministro, quien ya ocupó el cargo entre 1996 y 1999, llegó nuevamente al poder el 31 de marzo de 2009 tras las elecciones de ese año, celebradas después de que Ehud Olmert dimitiera en 2008 en medio de acusaciones de corrupción, y desde entonces ha sido la cabeza visible del gobierno israelí de forma ininterrumpida. "Bibi" sufrió un importante deterioro de su imagen en los últimos años, especialmente a raíz de su imputación por corrupción, situación que lo convirtió en el primer ministro en ser sometido a juicio estando aún en el cargo.

Además Netanyahu perdió una considerable cantidad de apoyo en el bloque de derechas. Esta situación se vio reflejada en la profunda crisis política que atraviesa el país desde finales de 2018, cuando la renuncia del entonces ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, forzó unas elecciones que abrieron un ciclo de cuatro votaciones en cerca de dos años que derivaron en parlamentos fragmentados y sin mayorías claras.

El Likud de Netanyahu logró una nueva victoria en las elecciones de marzo, si bien el bloque integrado por partidos derechistas y ultraortodoxos quedó lejos de lograr una mayoría. Así el presidente del país, Reuven Rivlin, optó por conceder el mandato a Lapid, un antiguo periodista que se distanció el año pasado del líder del opositor Azul y Blanco, Benjamin Gantz, por su pacto de coalición con el entonces primer ministro. A pesar de todo, Netanyahu sigue siendo una figura altamente influyente en el país y ya adelantó que hará lo posible por derribar a la nueva coalición de gobierno.

14 de junio de 2021


Tanto Fatah como Hamas ven escasas diferencias con la gestión saliente

La dirigencia palestina muestra escepticismo con el nuevo gobierno de Israel 

El nuevo primer ministro israelí, el ultranacionalista Naftali Bennett, aseguró que su "gobierno de cambio" no dudará en lanzar otra operación militar contra la Franja de Gaza si lo ve necesario. "Espero que el alto el fuego vigente con Hamas se mantenga", pero si el grupo islamista "elige usar la violencia contra Israel chocará contra un muro de acero", advirtió Bennett en su discurso desde el Parlamento.

Respecto al conflicto palestino-israelí Bennett, partidario de la línea dura que en el pasado bregó por la anexión de parte de Cisjordania ocupada, aseguró que "no se trata de un conflicto territorial", considerando que hay que "recordar al mundo que los enemigos de Israel aún no reconocen la existencia de un Estado judío".

Fawzi Barhoum, vocero del movimiento islamista Hamas que el mes pasado se enfrentó a Israel en la peor escalada bélica desde 2014, aseguró que "cualquiera sea la forma del Ejecutivo israelí no cambiará nuestro trato como entidad ocupante a la que se debe resistir". Por su parte el ministerio de Asuntos Exteriores del gobierno palestino con sede en Ramalá opinó que "no habrá ninguna diferencia, e incluso (el nuevo gobierno) puede ser peor".

El Ejecutivo ratificado por la Knesset agrupa una coalición de ocho partidos de casi todo el espectro político, e incluye por primera vez a una formación árabe, la islamista Raam. Este grupo representa a parte de la población palestina con ciudadanía israelí.

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Sábado, 12 Junio 2021 06:01

¿Quién le teme a Pedro Castillo?

¿Quién le teme a Pedro Castillo?

La elección peruana ha generado una verdadera histeria entre las elites limeñas y una campaña de demonización del candidato cajamarquino. El escenario, de confirmarse la victoria de Pedro Castillo, tiene altas dosis de incertidumbre. Pero estas se vinculan poco con los fantasmas que promueve el anticomunismo zombi que recorre el país.

 

Lo que pasó en las elecciones peruanas es quizás lo más parecido a la «tempestad en los Andes» anunciada por Luis E. Valcárcel en un libro ya clásico prologado por José Carlos Mariátegui. Atraído por la idea de «mito», Mariátegui terminaba escribiendo: «Y nada importa que para unos sean los hechos los que crean la profecía y para otros sea la profecía la que crea los hechos». Lo ocurrido el pasado 6 de junio no es sin duda un levantamiento indígena como el que imaginó Valcárcel, ni tampoco uno como lo imaginara Mariátegui, como partero del socialismo. Pero fue un levantamiento electoral del Perú andino profundo, cuyos efectos cubrieron todo el país.

Pedro Castillo Terrones está lejos de ser un mesías, pero apareció en la contienda electoral «de la nada», como si fuera uno. Con los resultados del domingo, está próximo a transformarse en el presidente más improbable. No porque sea un outsider –el país está lleno de ellos desde que el «chino» Alberto Fujimori se hiciera con el poder en 1990, tras derrotar a Mario Vargas Llosa–, sino por su origen de clase: se trata de un campesino cajamarquino atado a la tierra que, sin abandonar nunca ese vínculo con el monte, se sobrepuso a dificultades diversas y llegó a ser maestro rural; en los debates presidenciales cerraba sus intervenciones con el latiguillo «palabra de maestro». 

Desde el magisterio, Castillo saltó al escenario nacional en 2017, con una combativa huelga de maestros contra la propia dirección sindical. Un reciente documental, titulado precisamente «El profesor», da varias pistas sobre su propia persona, su familia y su entorno. A diferencia de Valcárcel, cuyo indigenismo se insertaba en la disputa de elites –la cuzqueña andina y la limeña «blanca»–, Castillo proviene de un norte mucho más marginal en términos de la geopolítica peruana. Su identidad es más «provinciana» y campesina que estrictamente indígena. Desde allí conquistó al electorado del sur andino y atrajo también, aunque en menor proporción, el voto popular limeño.

Por eso, cuando Keiko Fujimori aceptó el desafío de ir a debatir hasta la localidad de Chota y dijo con disgusto «Tuve que venir hasta aquí», la frase quedó como uno de los traspiés de su campaña. Castillo había logrado sacar la política de Lima y llevarla a los rincones lejanos y aislados del país, que recorrió uno a uno en su campaña con un lápiz gigante entre las manos. 

La irrupción de Castillo en la primera vuelta –con casi 19% de los votos– generó una verdadera histeria en los sectores acomodados de la capital. Y acorde a la actual moda del anticomunismo zombi, se expresó en un generalizado «No al comunismo», manifestado incluso con carteles gigantes en las calles. No escaseó tampoco el racismo. Perú parece tener menos pruritos para expresarlo en público que los vecinos Ecuador o Bolivia.

Por ejemplo, el «polémico» periodista Beto Ortiz echó a la diputada de Perú Libre Zaira Arias de su set televisivo, mostrando que la «corrección política» no llegó a sectores de las elites limeñas. Luego la llamó «verdulera» y más tarde se disfrazó de indio –con su histrionismo habitual– para darle la bienvenida de manera socarrona al «nuevo Perú» de Pedro Castillo. 

La candidatura de Castillo fue, además, víctima constante del «terruqueo» (acusación de vínculos con el terrorismo) por sus alianzas sindicales durante la huelga de maestros y, sin experiencias previas en el terreno electoral, de sus propios tropiezos en entrevistas.

Como escribió Alberto Vergara en el New York Times: «Quienes utilizaron de manera más alevosa la política del miedo fueron los del campo fujimorista, las clases altas y los grandes medios de comunicación. Empresarios amenazaban con despedir a sus trabajadores si Castillo vencía; ciudadanos de a pie prometían dejar sin trabajo a su servicio doméstico si optaban por Perú Libre; las calles se llenaron de letreros invasivos y pagados por el empresariado alertando sobre una inminente invasión comunista». Hasta Mario Vargas Llosa abandonó su tradicional antifujimorismo –por el que incluso había llamado a votar por Ollanta Humala en 2011– y decidió darle una oportunidad a una candidata de apellido Fujimori.

Castillo está lejos de provenir de una cultura comunista. Militó varios años en la política local bajo la sigla de Perú Posible, el partido del ex-presidente Alejandro Toledo, y si bien se postuló por Perú Libre, no es un orgánico de este partido, que nació originalmente como Perú Libertario. Perú Libre se define como «marxista-leninista-mariateguista», pero muchos de sus candidatos niegan ser «comunistas».

El líder del partido, Vladimir Cerrón, definió el movimiento que se alineó detrás de Castillo como una «izquierda provinciana», opuesta a la izquierda «caviar» limeña. Castillo es un católico «evangélico compatible»: su esposa e hija son activas participantes en la evangélica Iglesia del Nazareno y él mismo se suma a sus oraciones. En la campaña se posicionó repetidamente contra el aborto o el matrimonio igualitario, aunque hoy varios de sus técnicos y asesores provienen de la izquierda urbana liderada por Verónika Mendoza, con visiones sociales progresistas. Habrá que ver la convivencia de tendencias en el futuro gobierno de Castillo, que no se anuncia fácil.

Castillo se autodefine también como «rondero», en referencia a los grupos campesinos que enfrentaron a la guerrilla de Sendero Luminoso, y funcionan muchas veces como instancia de autoridad en el campo, aunque en Cajamarca la guerrilla fue muy débil.

La incertidumbre de un futuro gobierno de Castillo no tiene que ver, precisamente, con la constitución de una experiencia comunista de cualquier naturaleza que sea. También parece muy improbable una «venezuelización» como la que anuncian sus detractores. Las Fuerzas Armadas no parecen fácilmente subsumibles, el peso parlamentario del castillismo es escaso, las elites económicas son más resistentes que en un país puramente petrolero como Venezuela y la estructuración del movimiento social no anticipa un «nacionalismo revolucionario» de tipo chavista o cubano.

Las declaraciones del «profe Castillo» muestran cierto desprecio de tipo plebeyo por las instituciones, poca claridad sobre el rumbo gubernamental y visiones sobre la represión de la delincuencia –defensa de la justicia rondera– que pueden justificar un tipo de justicia «comunitaria» por mano propia que a menudo deriva en linchamientos puros y duros, muy comunes en el mundo andino. 

La presencia en el gobierno de la «otra izquierda» –urbana y cosmopolita– puede funcionar como un equilibrio virtuoso entre lo progresista y lo popular, aunque también será fuente de tensiones internas. Algunos comparan a Castillo con Evo Morales. Hay sin duda simbologías e historias compartidas. Pero también hay diferencias. Una es puramente anecdótica: en lugar de exagerar sus logros en una clave meritocrática, Morales dice no haber terminado el secundario (aunque algunos de sus profesores aseguran lo contrario). La otra es más importante a los efectos del gobierno: el ex-presidente boliviano llegó al Palacio Quemado en 2006 tras ocho años de trayectoria como jefe del bloque parlamentario del Movimiento al Socialismo (MAS) y la experiencia de una campaña presidencial en 2002, además de tener detrás una confederación de movimientos sociales con fuerte peso territorial, articulador en el MAS. Castillo tiene, por ahora, un partido que no es propio y un apoyo social/electoral aún difuso.

El «miedo blanco» a Castillo se vincula, más que a un peligro real de comunismo, a la perspectiva de perder poder en un país en el que las elites habían sorteado el giro a la izquierda en la región y cooptado a quienes ganaron con programas reformistas como Ollanta Humala. Dicho de manera más «antigua»: el «miedo blanco» lo es a la perspectiva de un debilitamiento del gamonalismo, como se llamó en Perú al sistema de poder construido por los hacendados antes de la reforma agraria, y que perduró por otras vías y de otras formas en el país. Nadie sabe si las elites podrán cooptar también a Castillo, pero hay en este caso un abismo de clase más profundo que en el pasado y el escenario es de manera más general menos previsible. La «sorpresa Castillo» es demasiado reciente y en muchos sentidos es un desconocido incluso para quienes serán sus colaboradores. 

Posiblemente la tempestad electoral anuncie otras próximas si las elites quieren seguir gobernando como se habían acostumbrado a hacerlo.

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Más allá de la cueva de los murciélagos: la no “guerra fría” entre Estados Unidos y China

Estados Unidos vuelve a tensar las relaciones con China. Biden inicia una gira en la que defenderá que el país dirigido por Xi Jinping es una “amenaza” para occidente. La UE congeló en mayo el Acuerdo Global de Inversiones con China.

 

Hubo un tiempo en el que si Henry Kissinger hablaba, el resto del mundo contenía la respiración. El exsecretario de Estado de Estados Unidos durante la administración de Richard Nixon, el presidente que dio un giro de relaciones con respecto a China —con la llamada diplomacia ping-pong— emitió a principios del mes pasado una serie de juicios sobre las relaciones con el país gobernado por Xi Jinping que han revitalizado la idea de la “guerra fría” en curso entre las dos grandes potencias mundiales. 

“La confrontación de Estados Unidos y China es el principal problema para Washington; es el principal problema del mundo”, explicó Kissinger, que no rehusó la fórmula de la “guerra fría” que tanto Pekín como el Pentágono quieren eludir, al menos de momento.

La respuesta a Kissinger, el responsable de episodios históricos como el Plan Cóndor en Latinoamérica, llegó nada menos que del actual secretario de Estado, Antony Blinken. Pero Blinken no fue expeditivo, simplemente expresó que no le gusta “poner etiquetas” a una relación compleja para posteriormente entonar algunos de los mensajes que aparecen como excusa perfecta y recurrente por parte de EE UU: las referentes a los derechos humanos de la etnia Uigur en Sinkiang y el papel de China en Hong Kong durante la escalada represiva de la pasada primavera. 

Es cierto que la preocupación por los derechos humanos aumenta respecto a la etapa de Trump, pero también se debe tener en cuenta que, como se señala desde Estados Unidos, Biden ha ignorado sistemáticamente la situación de Colombia y el tratamiento de los derechos humanos por parte del Gobierno de Iván Duque.

El hecho es que el comité de relaciones exteriores estadounidense aprobó en mayo una “Ley de Competencia Estratégica de 2021”, que ha sido conocida desde entonces como la “Ley anti China”, en la que establece que la “Nación del centro” es competidora de EE UU en materia económica, tecnológica y militar.

El efecto de la ley no solo atañe a las fronteras exteriores de Estados Unidos, la Union of Concerned Scientists alertaba de que, en primer lugar, de que ese proyecto de ley “probablemente resultaría en la discriminación racial y la persecución de los estadounidenses de origen chino, así como de otros estadounidenses con vínculos personales, comerciales o profesionales con China”. 

Ese mismo grupo alertaba de que las consideraciones sobre las cuestiones de derechos humanos en el marco de esa norma se emplea como “un arma para ganar una contienda económica y geopolítica y es poco probable que ayude a las víctimas de derechos humanos”.

Así, la gira que ha comenzado Biden comienza con críticas a la “autocracia” de China y tratará temas tan delicados como la cuestión nuclear. El libreto es antiguo: Estados Unidos desea desafiar a China en el terreno militar, algo a lo que no se presta el imperio asiático, consciente de que la pandemia ha servido para acelerar la primacía económica de su modelo.

Laboratorios y murciélagos

Un mes después de las declaraciones de Kissinger, se cumplen las pautas de una escalada de hostilidad entre los dos países. El pasado viernes, 4 de junio, Financial Times publicaba que el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas y cara visible de la lucha contra el covid-19 en Estados Unidos, requería información adicional a sus homólogos chinos.

Fauci ha pedido los registros acerca de nueve personas que podrían haber entrado en contacto con el virus —según la hipótesis de que seis integrantes de un grupo de mineros contrajo la enfermedad en una incursión en una cueva de murciélagos en 2012— y tres en noviembre de 2019, dando lugar a la “fuga de laboratorio” de la enfermedad en Wuhan.

Es un tema, el del “escape de laboratorio” con el que se especula desde el comienzo de la pandemia y que fue descartado por una publicación de The Lancet en febrero de 2020, que solo recientemente ha sido puesta en duda por parte de la comunidad científica estadounidense. Un artículo en el prestigioso Boletín de Científicos Atómicos ha añadido la suficiente dosis de duda sobre las conclusiones emitidas por The Lancet.

 “Me gustaría ver los registros médicos de las tres personas que, según se informa, enfermaron en 2019. ¿Realmente se enfermaron y, de ser así, de qué se enfermaron?”, ha preguntado Fauci, en un movimiento que se coordina con el anuncio por parte de Joseph Biden de que ha puesto un límite de 90 días a las agencias de Inteligencia estadounidenses para dictaminar cuál de las dos teorías sobre el surgimiento del virus es la correcta: si la aceptada por la mayor parte de la comunidad científica sobre el salto de especies o si se trata de un accidente en el laboratorio de nivel de bioseguridad P4 de Wuhan.

De este modo, Biden ha retomado una de las melodías preferidas de su antecesor, Donald Trump, y se ha apoyado en la solicitud por parte del secretario de Salud estadounidense, Xavier Becerra, en el contexto de la Organización Mundial de la Salud para que la OMS retome la investigación sobre el origen del virus, a pesar de que a principios de año la oficina declaró que era altamente improbable la hipótesis de que el virus haya salido de un laboratorio. Estados Unidos ha contado con el apoyo de Reino Unido, Australia y Japón en este movimiento.

La respuesta de China ha sido atizar el fuego sobre la teoría que sitúa el “nacimiento” del virus en el laboratorio militar de Fort Detrick, Maryland, y su expansión en los juegos militares internacionales de octubre de 2019. “Si ven la teoría de la 'fuga de laboratorio' como una de las direcciones de la investigación, el Instituto de Virología de Wuhan no debería ser el único incluido”, ha publicado como editorial el medio Global Times, un importante órgano de expresión de la República Popular China.

“Desde 2019, el laboratorio biológico de Fort Detrick ha emitido muchas señales dignas de atención y debe incluirse en el primer grupo de objetivos para la investigación. Además, EE UU también ha construido una asombrosa cantidad de biolabs en Asia, e investigarlos es un proyecto urgente que debe agregarse en el rastreo de orígenes de covid-19”, ha sido la respuesta china.

El mar de fondo

La relación ha sufrido, de este modo, una degradación visible en las últimas semanas. Si hace un año Fauci negaba la “teoría de la conspiración” del laboratorio, hoy la mirada es distinta. La disputa ha llegado a la prensa mainstream y desde ahí, a la sociedad. Como se ha encargado de recordar Andre Damon en World Socialist Web Site, el autor de la nota en The Washington Post que dio el pistoletazo de salida a la escalada de preocupación gubernamental sobre el origen del Sars-Cov2 escribió también que Iraq poseía armas de destrucción masiva en 2002.

No se trata de la única controversia en torno a la pandemia. La carrera por las vacunas está siendo otro de los frentes. La República Popular China ha provisto de vacunas a 12 países de Latinoamérica, ante la mirada impotente de Estados Unidos, recelosa del 'soft power' desplegado por el Gobierno chino, que ya ha conseguido efectos como el levantamiento del veto a las redes 5G de Huawei en Brasil y República Dominicana o la reconsideración por parte de Honduras y Paraguay de su reconocimiento de Taiwán, teledirigido desde Washington. 

Desde Estados Unidos se ha mostrado “preocupación” ante esas supuestas contraprestaciones pero no se ha podido evitar que China haya puesto encima de la mesa más de la mitad de las dosis de los 143 millones de vacunas distribuidos en los diez mayores países de la región latinoamericana.

La ventaja en la carrera de las vacunas de China, que recientemente ha visto aprobada por la OMS Sinovac, su segunda fórmula tras Sinopharm, aprobada en mayo, habría sido uno de los detonantes del cambio de posición de Biden sobre la liberación de patentes, después de que EE UU rechazase formar parte de Covax, la iniciativa de la OMS para que las vacunas no tarden en llegar a países como India y Sudáfrica.

Nuevas armas

El cambio de foco desde Oriente Medio hasta Asia y a la potencia imperial china no es una casualidad, sino una tendencia de época. En conversación telefónica con El Salto, Tica Font, investigadora del Centre Delàs d'Estudis per la Pau, destaca el desplazamiento de la acción militar y diplomática occidental, corroborado por el adelanto de la salida de las tropas estadounidenses —no así de los contratistas privados— de Afganistán, tras la guerra fallida lanzada hace dos décadas.


Hay enormes diferencias, no obstante. La actual disputa entre Estados Unidos y China se centra en cuál va a ser el polo de hegemonía mundial. Pese a que el país dirigido por XI Jinping ha adelantado posiciones más rápido aun de lo que se esperaba, convirtiéndose en un centro de altos rendimientos para el capital atlántico, “invirtiendo billones en activos denominados en dólares y asegurando la 'gran moderación' de los salarios y precios de Estados Unidos“, como escribía Nancy Fraser en New Left Review en 2019, la pugna tecnológica convierte a China en el gran competidor en la búsqueda de vías de recuperación económica de occidente.

China, que ha incrementado su conocimiento y capital en las tecnologías de alta sofisticación representa o es visto como una amenaza para Estados Unidos y sus aliados, que han incrementado su presencia en el océano Pacífico. En ese sentido, no ha pasado por alto el “colosal” presupuesto militar aprobado por el Gobierno de Biden, de más de 753.000 millones de dólares, justificado en la necesidad de acumular “armas de largo alcance de última generación que son más adecuadas para las operaciones en el Pacífico” dentro de una estrategia que aboga abiertamente por “contrarrestar la acumulación militar de China en Asia”.

 “China no participará en una carrera armamentística con Estados Unidos. El aumento del presupuesto de Defensa y la fuerza militar de China es el resultado natural del desarrollo económico y el progreso tecnológico. Todo sucedió de forma natural y China no necesita tomar decisiones difíciles. China no tiene la voluntad de desafiar a Estados Unidos en todo el mundo, pero no podemos permitir que Estados Unidos actúe arbitrariamente en el Pacífico Occidental, especialmente en las aguas costeras de China, para dañar los intereses de China. La determinación de China también es inquebrantable, y el desarrollo de China y el aumento del gasto militar serán suficientes para respaldar nuestra voluntad”, advertía Global Times.

Se ha acusado a Xu Qiliang, oficial militar de más alto rango en China, de rechazar hasta en tres ocasiones reunirse con el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, pero el Gobierno chino se refuerza en la idea de que los contenidos de un encuentro de alto nivel deben abordar cuestiones no solo militares.

Relación tripolar

Cuestiones como la “tensión monetaria” son cruciales para entender la nueva fase en las relaciones sinoamericanas. China y Rusia, el inevitable tercer polo al que hay que remitirse para entender la actual “guerra fría”, han reforzado, especialmente desde 2014, las vías para una “desdolarización” de sus economías, algo que amenaza el punto central de la hegemonía de las finanzas estadounidenses.

Hasta ahora, los intentos de Estados Unidos de tejer una alianza con Rusia para controlar mejor a China se cuentan por fracasos. La “asociación estratégica” entre Xi Jinping y Vladimir Putin es un hecho y el pasado mes de marzo los responsables de Exteriores de ambos países coincidieron en pedir a Estados Unidos una reflexión “sobre el daño que ha hecho a la paz y el desarrollo mundiales en los últimos años, detener el acoso unilateral y dejar de entrometerse en los asuntos internos de otros países”. En la importante cita de marzo entre Sergei Lavrov y Wang Yi —titulares de Exteriores ruso y chino, respectivamente— se abordaron temas como las represalias contra Irán, la situación en Afganistán o el golpe de Myanmar.

Pekín quiere fomentar la expansión del yuan digital, en pruebas esta primavera en países de su entorno. Hong Kong, Tailandia o los Emiratos Árabes Unidos son opciones reales para esta moneda basada en la tecnología blockchain. Todo un desafío al dólar... y al bitcoin, que China no reconoce como moneda de intercambio.

Pero, tras las maniobras para eliminar progresivamente la dependencia del dólar como moneda de referencia internacional, se halla también el empeño por reducir la capacidad coercitiva que tiene Estados Unidos para imponer sanciones y medidas de bloqueo comercial.

El 7 de junio, Putin anunció un reforzamiento de las relaciones bilaterales con China que incrementará hasta 200 mil millones de dólares el volumen de comercio entre ambas potencias. El presidente de la Federación Rusa reseñó que cooperará con China para fabricación de aviones, investigación lunar, energía, protección ambiental e intercambio de población trabajadora. 

Otro de los aspectos que ha supuesto el acercamiento de Rusia hacia China es la iniciativa de la Franja y la Ruta, en un momento en el que los países de la Unión Europea han optado por su “enfriamiento”, tanto en el Parlamento Europeo como en los asuntos nacionales, en el caso de Italia, uno de los países que más avanzaron en un encuentro bilateral con el Gobierno de Xi Jinping.

Biden se reunirá con Putin el 16 de este mes en Ginebra, tras una gira que comenzó con la reunión del G7 y que se trata del primer acercamiento tras un comienzo de legislatura marcado por esa confrontación fría con China. 

Taiwán y alrededores

Las tensiones en torno a Taiwán, que alcanzaron un punto importante en 2020 con la simulación por parte de China de un ataque aéreo estadounidense, han continuado bajo la Administración Biden. En mayo, un destructor de misiles guiados de la marina estadounidense pasó por el Estrecho de Taiwán, que China reclama como propio y Estados Unidos quiere mantener como un paso internacional, es decir, bajo su influencia tácita.

Font sitúa en Taiwán uno de los focos del conflicto, si bien apunta también al paso del Ártico. En febrero, un carguero ruso atravesó la cuenca del Ártico con un cargamento de gas licuado. El efecto del calentamiento global ha convertido el punto más septentrional del planeta en un territorio en disputa. Rusia lo reclama y ha instalado nuevas bases científicas.

El paso puede dar un nuevo impulso a las relaciones entre Moscú y Pekín, que ve en las nuevas rutas una oportunidad para su economía de contenedores. También como un yacimiento de recursos naturales: petróleo y gas natural, principalmente.

La confrontación entre China y EE UU, para la investigadora del Centre Delàs, no será en ningún caso abierta: no tendrá lugar en la China continental ni en países centrales como China y Corea del Sur. En ese sentido, el Lloyd Austin, el secretario de Defensa de la Administración Biden ha anunciado que “la forma en que pelearemos en la próxima gran guerra será muy diferente a la forma en que peleamos las últimas”.

Más bien, valora Font, la chispa puede saltar en escenarios secundarios, “igual que Siria y Yemen han servido para el enfrentamiento entre Arabia Saudí e Irán”, compara Font, la conflagración puede darse en países débiles —como actualmente en Myanmar— que pueden desestabilizar el imperio de diversas formas, seguramente, la principal a través de los flujos migratorios que generan esas guerras. También si se tiene en cuenta que China cuenta con una serie de países que funcionan como sus “talleres”, en los que la población cobra salarios más bajos que en el centro de Asia. 

En el nivel armamentístico, las palabras de Lloyd Austin toman forma en la sustitución de las bombas de pequeño diámetro y los misiles Hellfire. Según el portal Military.com, el Pentágono ha destinado 161 millones de dólares a la adquisición de 12 armas de respuesta rápida lanzada desde el aire —arrw, que suena como flecha en inglés— entre otro armamento de nueva generación.

Señala Font que las principales naciones del mundo están desarrollando nuevos programas nucleares, ante la constatación de que las armas atómicas actuales carecen de capacidad disuasoria en cuanto se antoja improbable que sean usadas. Por tanto, se están fabricando armas más pequeñas, aprovechando los avances en inteligencia artificial, lo que está dando lugar a una nueva y preocupante fase en la fabricación de armamento nuclear, indica Font. 

El hecho de que en 2017 el premio Nobel de la Paz fuera para ICAN, la campaña para prohibir las armas nucleares a nivel internacional muestra que“ en el escenario político mundial hay miedo, se ve viable que alguien use la nuclear; no es una quimera de las organizaciones civiles, hay preocupación incluso en la ONU”, señala Font.

La preparación para operaciones en el Pacífico preocupa a parte de la sociedad civil estadounidense. 65 organizaciones no gubernamentales enviaron una carta en la que se expresan preocupados por la “cosmovisión peligrosamente miope que presenta a China como la amenaza existencial fundamental para la prosperidad y seguridad de Estados Unidos”

Preocupa el aumento de la carrera armamentística y su combinación con la crisis climática, un asunto trascendental según la agenda de Biden que quedaría en entredicho si se desarrolla la teoría de la contención con respecto a China. Así lo desarrollaba el profesor de estudios sobre paz y seguridad mundiales Michael T. Klare en un artículo para Counterpunch en el que recordaba que ambos países suman el 46% de las emisiones de efecto invernadero del planeta.

Para Klare, “realmente no debería haber lugar para el debate” cuando se trata de valorar “el impacto que una nueva guerra fría entre las dos grandes potencias del planeta tendría sobre las posibilidades de lograr una respuesta global con éxito ante un planeta que se calienta rápidamente”.

En el peor de los escenarios, indica este experto, “cualquier conflagración termonuclear a gran escala resultante probablemente causaría un invierno nuclear y la muerte de miles de millones de personas, haciendo que el peligro del cambio climático pasase a segundo plano. Pero incluso si no se emplean armas nucleares, una guerra entre las dos potencias podría resultar en una inmensa destrucción en el corazón industrial de China y de aliados clave de Estados Unidos como Japón y Corea del Sur. Los incendios provocados en el curso de la guerra, por supuesto, agregarían carbono adicional a la atmósfera, mientras que el posterior colapso de la actividad económica mundial pospondría por años cualquier transición hacia una economía verde”.

Para Klare, la cooperación en materia climática es imprescindible y disuasoria de la estrategia de guerra fría llevada a cabo en los primeros meses del mandato de Biden.

Lo que dice la UE

En la UE, hasta la fecha, se ha optado por lanzar mensajes en contra de un marco de confrontación aunque las relaciones han retrocedido desde la salida de Trump de la Casa Blanca. El Parlamento Europeo ha “congelado” un acuerdo comercial que a principios de año la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, colocaba entre sus objetivos, y el nuevo primer ministro italiano, Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo ha bloqueado los acuerdos de la “iniciativa de la ruta y la franja” firmados hace dos años.

No se estila considerar a China un “adversario”, si bien hasta la fecha Reino Unido y Francia han seguido la retórica sobre derechos humanos y respecto a las islas del Pacífico enarbolada desde Washington. “Las sanciones, las contra-sanciones y la situación internacional en general están llevando a un marco global que obliga a reflexionar sobre la relación con China y sobre cómo hacer evolucionar las cosas”, declaraba en mayo el director del think tank European Policy Centre, poniendo la letra a la música de la “congelación” del acuerdo comercial aprobada por el Parlamento Europeo con el pretexto de la preocupación por los derechos humanos.

La salida este año de la canciller Angela Merkel del poder en Alemania supone, asimismo, un posible cambio de las relaciones de la UE con China. Merkel ha defendido la menor dependencia de la UE y de su país hacia Estados Unidos, consciente de que la economía china es importante para la Unión: es el principal comprador de productos europeos y el segundo socio comercial. En 2019, Alemania exportó bienes, principalmente de la industria de la automoción por 94.000 millones a China.

La posición de España en este sentido es subsidiaria. Ni está ni se esperan pasos distintos a los que la diplomacia europea quieran avanzar en la pretensión de Biden de amarrar los apoyos de la UE en su pequeña escalada contra China. El 26 de mayo, Pedro Sánchez mantuvo una conversación con Xi Jinping de la que se reseñó que se busca “el clima de confianza necesario” para la ratificación del Acuerdo Global de Inversiones entre la UE y China.

Tras el huracán unilateral provocado por Trump, Biden se ha resuelto a invocar la multilateralidad para tratar de crear un frente común contra el que considera su adversario principal.

La llamada “Trampa de Tucídides”, por la que la tensión entre una potencia en declive y otra en ascenso puede conducirlas a una guerra hegemónica, es hoy en día una tentación para el imperio en declive, no así para China, que sigue insistiendo en que va a rehuir toda confrontación —aunque sigue reclamando sus derechos sobre el Tibet, Taiwán y las islas del pacífico sur—. Un aspecto como la crisis climática es lo suficientemente disuasorio para una solución a la vieja usanza, es decir, para la guerra. 


 El sueño de Tony Stark

Las nuevas armas y equipamientos militares ya están aquí. La inteligencia artificial y la robótica se han establecido como diferenciales en frentes de guerra como Nagorno Karabaj y Libia. La ONU publicó a finales de mayo un informe en el que se explicita que el Gobierno de Serraj Fayez Sarraj, que es apoyado por la UE y EE UU, empleó sistemas de armas autónomos letales (drones) en la guerra contra las tropas del autodenominado Ejército de Liberación Nacional que controla el este del país.

 

Por Pablo Elorduy

 @pelorduy

9 jun 2021 06:00

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Sábado, 05 Junio 2021 06:35

Pronto se sabrá

Pronto se sabrá

Prevista para el día 16 de este mes en Ginebra, la reunión de los presidentes Vladimir Putin, de Rusia, y Joe Biden, de Estados Unidos, dado el preocupante deterioro de la relación bilateral, por sí sola es ya un paso adelante para intentar remover los escombros (el canciller ruso, Serguei Lavrov, dixit), en que quedaron reducidos los pactos de desarme, convenios de cooperación en diversas áreas y canales de comunicación entre el Kremlin y la Casa Blanca.

Casi todo arruinado por la creciente confrontación, exhibición de poderío militar, aplicación de sanciones y contramedidas, desconfianza recíproca, gestos hostiles y hasta desafortunados insultos personales, no cabe esperar resultados espectaculares de la cumbre.

Pero toda vez que es imposible ganar una guerra nuclear, es de suponer que Putin y Biden estarán de acuerdo en comenzar la compleja negociación para tratar de mantener el equilibrio estratégico, sin que nadie pueda augurar una pronta solución de las controversias. Los presidentes podrían dar luz verde para reanudar el diálogo en materia de lucha contra el terrorismo, ecología, ciberespacio y solución de algunos conflictos regionales como Afganistán y, de hacer concesiones mutuas, no se debe excluir que opten por restablecer el nivel de las relaciones diplomáticas anteriores al retiro de embajadores, cierre de consulados y expulsión masiva de funcionarios.

A 11 días de la cita en Ginebra, todavía no es claro si los equipos de Putin y Biden podrán concordar una declaración conjunta. Moscú y Washington no coinciden en infinidad de asuntos y manejan agendas que contienen posiciones inadmisibles para el otro. No habrá ningún avance si Biden insiste en dar clases de moral o de derechos humanos a su interlocutor, ridícula pretensión proveniente de un inquilino de la Casa Blanca, como tampoco la habrá en caso de que Putin, con el solo argumento de su arsenal nuclear, reivindique la prerrogativa de hacer lo que le dé la gana en su zona de influencia.

De Putin y Biden depende que la cumbre termine como el enésimo intercambio de acusaciones o como una oportunidad aprovechada para, aun sin resolver sus discrepancias de fondo, lograr progresos en aquellos ámbitos que convienen a ambos países y, en términos de seguridad global, también al resto del mundo. Pronto se sabrá.

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Colombia es innegociable para el Comando Sur

Ni el Pentágono ni la oligarquía van a ceder ante la calle y la sociedad colombianas, porque temen perderlo todo si dan medio paso al costado. Están dispuestos a provocar un baño de sangre antes que ceder, incluso van a hacer lo imposible por evitar una derrota electoral en mayo de 2022.

En el ajedrez geopolítico latinoamericano, el Caribe es el mare nostrum del imperio, allí donde no puede admitir ninguna oposición, ni naciones que salgan de su control. Ya se le escaparon dos, y no puede admitir una tercera, porque aceleraría su ya importante declive como superpotencia.

El más importante geoestratega estadunidense del siglo pasado, Nicholas Spykman, defendía una "América mediterránea" que incluye México, América Central y el Caribe, además de Colombia y Venezuela, que debe ser "una zona en que la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada", como señala en su obra America’s Strategy in Politics, citada por el brasileño José Luis Fiori (https://bit.ly/2Tvny5f).

Sin Colombia, la estrategia del Pentágono y del Comando Sur queda huérfana de puntos de apoyo, se desvanece. Colombia es el único país sudamericano que cuenta con salida al Pacífico y al Caribe, además de ser la bisagra para el control de las estratégicas regiones andina y amazónica.

La hipótesis con que debemos trabajar, es que Estados Unidos apoyará al gobierno de Iván Duque, más allá de alguna reprimenda menor por las ostensibles violaciones a los derechos humanos. Lo que está en juego es tan importante que se pueden pasar por alto los atropellos, del mismo modo que se hace la vista gorda ante la violencia israelí en la franja de Gaza o ante la brutalidad de la monarquía saudí en Yemen.

La oligarquía colombiana es la más rancia y vetusta del continente. Nació de la derrota del proyecto de Simón Bolívar en los albores de la nueva república, se afianzó a punta de bala y metralla, y tuvo dos momentos clave que explican su continuidad ante los avances populares.

El primero es el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, quien era el muy probable vencedor en las elecciones de 1950. Fue un líder popular que ganó prestigio a raíz de su intervención en el debate sobre la masacre de las bananeras en 1928 y fue asesinado por la oligarquía y la CIA, dando inicio a la guerra civil entre liberales y conservadores que causó más de 300 mil muertos.

Con Gaitán muere toda esperanza de reforma agraria y de cambios en el dominio de la oligarquía terrateniente, que en ese periodo estaba siendo desplazada en Argentina por la rebelión obrera del 17 de octubre de 1945 y los gobiernos de Perón, y en Brasil por la gestión de Getulio Vargas. En otros países, como México y Bolivia, los terratenientes fueron desplazados por sendas revoluciones, mientras en Perú y Ecuador las reformas fueron encaradas por las fuerzas armadas en la década de 1960.

El segundo es conocido como Pacto de Chicoral. Fue la respuesta de los hacendados a la burguesía reformista colombiana y al presidente Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), que pretendía realizar una tibia reforma agraria inspirada en la Alianza para el Progreso, para modernizar el país y debilitar al movimiento obrero y campesino como parte del combate al comunismo.

El 9 de enero de 1972 políticos y empresarios firmaron el Pacto de Chicoral (por la población donde se realizó el encuentro), un gran acuerdo de las clases dominantes y el poder político para liquidar el reformismo agrario. De inmediato se produjo “la movilización de batallones del ejército, la militarización de regiones enteras, las detenciones masivas, las largas permanencias en la cárcel en medio de maltratos y la libertad de acción para las bandas de ‘pájaros’ de los terratenientes”*.

El uribismo es hijo de esta historia y aunque la DEA llegó a denunciar sus vínculos con el narcotráfico, el servicio que presta al imperio es infinitamente más valioso que los desvaríos de su principal aliado en Colombia. Los seguidores del ex presidente Álvaro Uribe (2002-2010) controlan las instituciones judiciales y electorales, policiales y militares, como para perpetuarse en el poder mediante masacres y fraudes electorales sin más que alguna vaga declaración de laderos como Luis Almagro.

Por tanto, no aparece en el horizonte la posibilidad de cambios a nivel del Estado, ni por la vía electoral ni por ninguna otra, habida cuenta de la cohesión adquirida por la clase dominante que se muestra dispuesta a todo, sin fisuras, para seguir aferrada al poder.

Corresponde a los miles de jóvenes movilizados, decidir el rumbo de un paro que ya supera el mes y al que no se le adivina final. La inspiración ya la tienen, luego de haber convivido con la Guardia Indígena a la que llamaron para aprender de su experiencia: autonomía y autogobierno para defender territorios y pueblos.

* León Zamosc, La cuestión agraria y el movimiento campesino en Colombia, Cinep, Bogotá, 1987, p. 177.

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El viceministro de Defensa ruso, el general coronel Alexánder FomínGrigori Sysoyev / Sputnik

El alto oficial considera que disminuye cada vez más "el papel de las organizaciones internacionales como herramientas" para adoptar decisiones en el ámbito de la seguridad.

 

Para el coronel general Alexánder Fomín, viceministro de Defensa ruso, hoy podemos "observar la formación de un nuevo orden mundial", según declaró en entrevista con RT.

"Vemos la tendencia de arrastrar a los países a una nueva guerra fría, dividir a los Estados en 'nosotros y los otros', mientras que esos otros se definen claramente en los documentos de doctrina como adversarios", afirmó, al ser preguntado sobre las principales amenazas a la seguridad regional.

Fomín destacó que actualmente "ocurre una destrucción sistemática del sistema establecido de relaciones internacionales, de la arquitectura de seguridad", mientras paralelamente disminuye "el papel de las organizaciones internacionales como herramientas para la adopción colectiva de decisiones en el ámbito de la seguridad".

El viceministro de Defensa destacó que "aparecen armas de un tipo fundamentalmente nuevo, que alteran radicalmente el equilibrio de poderes en el mundo moderno", con lo cual el enfrentamiento armado llega a nuevos ámbitos, como el espacio y ciberespacio, lo que cambia "los principios y métodos de guerra".

Las declaraciones de Fomín se producen en vísperas de la IX Conferencia sobre Seguridad Internacional, que se celebrará en Moscú entre el 22 y 24 de junio. El viceministro hizo hincapié en que el evento desempeña un papel de plataforma "para un diálogo franco, honesto y profesional", donde pueden intervenir también "países con los cuales la cooperación es mínima o igual a cero".

Altos mandos militares de 119 países fueron invitados a la conferencia, así como los jefes de la ONU, de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), de la Liga de los Estados Árabes y del Comité Internacional de la Cruz Roja, entre otros.

Publicado: 4 jun 2021 04:20 GMT

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Trabajadores sanitarios celebran el cierre de un hospital temporal en Wuhan. TPG via ZUMA Press / dpa

Aunque la teoría principal sobre el origen del virus señala que este saltó de un animal al ser humano, la información de las agencias de inteligencia sobre la hospitalización de varios investigadores en noviembre de 2019 y la existencia de pruebas todavía sin examinar han empujado a Biden a pedir un nuevo informe

 

El coronavirus SARS-CoV-2 se detectó por primera vez en la ciudad china de Wuhan a finales de 2019. Desde entonces se ha extendido por todo el mundo, al menos 3,5 millones de personas han muerto por el virus y al menos más de 168 millones se han contagiado (estas son sólo las cifras de casos confirmados). Sin embargo, las investigaciones aún no han logrado identificar el origen del virus, un debate que sigue generando enfrentamientos políticos a nivel internacional y que vuelve a acaparar toda la atención tras la petición de Joe Biden a los servicios de inteligencia de "redoblar" sus esfuerzos e informarle en 90 días de sus conclusiones.

Aunque la teoría principal según la investigación de la OMS sigue siendo que el nuevo coronavirus saltó de un animal (el murciélago u otro) a los humanos pasando por un animal intermediario, de pronto, la teoría que sitúa el origen del virus en el laboratorio de Wuhan –inicialmente calificada por muchos como una conspiración sin fundamento– ha vuelto a cobrar relevancia.

¿Qué dice la investigación de la OMS sobre el origen del virus?

Un equipo internacional compuesto por 17 expertos chinos y otros 17 expertos internacionales llevaron a cabo este año un estudio conjunto sobre el origen del virus tras la resolución alcanzada en la Asamblea Mundial de la Salud. Tras una investigación en Wuhan de 28 días, de los cuales 14 los pasaron en cuarentena en un hotel, el equipo no alcanzó unas conclusiones definitivas y dejó todas las posibilidades abiertas. La investigación examinó cuatro posibles teorías y les asignó diferentes grados de probabilidad.

  • Transmisión zoonótica directa a los humanos: "considerado entre posible y probable"
  • Introducción en humanos a través de un animal intermediario: "probable a muy probable"
  • Mediante la cadena alimentaria o productos congelados: "posible"
  • Incidente en el laboratorio de Wuhan: "extremadamente poco probable"

Además, el informe final señala que aunque "muchos de los primeros casos estaban asociados con el mercado de mariscos de Huanan, un número de casos similar estaba asociado con otros mercados y algunos, con ninguno". "Actualmente no se puede trazar una conclusión firme sobre el papel del mercado de Huanan en el origen del brote o cómo entró la infección en el mercado", concluía.

¿Por qué EEUU quiere investigar el laboratorio?

Este miércoles, el presidente Joe Biden pidió a los servicios de inteligencia un informe en 90 días que intente aclarar el origen del virus, incluida la hipótesis de que hubo un accidente en el laboratorio. "Poco después de convertirme en presidente pedí a la comunidad de inteligencia preparar un informe con su análisis más actualizado del origen de la COVID-19, incluido si salió del contacto humano con un animal infectado o de un accidente en un laboratorio. Recibí ese informe este mes y he pedido un seguimiento adicional", dijo Biden. 

A día de hoy, la comunidad de inteligencia del país, compuesta por 18 organizaciones diferentes, contempla los dos escenarios. Dos de estas organizaciones se inclinan por la hipótesis del contacto humano, otra lo hace por la del laboratorio, aunque con un nivel de confianza bajo o moderado, y la mayoría cree que "no hay información suficiente para afirmar que una es más probable que la otra". 

La petición de Biden se produce después de que miembros de la comunidad de inteligencia informaran a la Casa Blanca de que todavía tienen una serie de pruebas sin examinar que requieren un análisis informático que podría aportar algo de luz al misterio del virus, según ha informado este viernes The New York Times citando fuentes de alto rango del Gobierno. Las mismas fuentes han rechazado describir ese tipo de pruebas.

China ha criticado el anuncio estadounidense, señalando que es una decisión política. "Esto muestra que la parte estadounidense ignora los hechos y la verdad y que tampoco está interesada en un rastreo serio y científico, sino que quiere utilizar la epidemia para estigmatizar, manipular políticamente y eludir responsabilidades", ha señalado el portavoz de Exteriores chino, Zhao Lijian.

¿Qué otros factores recientes promueven esta posibilidad?

The Wall Street Journal publicó el domingo una exclusiva citando un informe de inteligencia que afirmaba que tres investigadores del Instituto de Virología de Wuhan enfermaron en noviembre de 2019 y tuvieron que acudir al hospital. Según China, el primer caso detectado de coronavirus fue el 8 de diciembre.

Un día después de la publicación del artículo, Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergología y Enfermedades Infecciosas de EEUU, dijo: "No estoy convencido [de que se desarrollase de forma natural]. La gente que lo ha investigado dice que probablemente emergió de un animal que después contagió a personas, pero puede haber sido otra cosa".

La información del periódico coincide con lo publicado por la Administración Trump pocos días antes de dejar la Casa Blanca. El entonces secretario de Estado, Mike Pompeo, declaró: "El Gobierno tiene razones para creer que varios investigadores del Instituto de Virología de Wuhan enfermaron en otoño de 2019, antes del primer caso identificado, con síntomas consistentes tanto con la COVID-19 como con enfermedades estacionales comunes".

Por otro lado, el 14 de mayo un grupo de 18 prestigiosos científicos publicó un artículo en la revista Science en el que solicitaban que se investigase con mayor atención la teoría del laboratorio. "Las dos teorías no recibieron una consideración equilibrada. Solo 4 de las 313 páginas del informe [de la OMS] abordan la posibilidad de un accidente de laboratorio". "Debemos tomar en serio las dos hipótesis hasta que tengamos información suficiente".

La extraña muerte de tres mineros en 2012

La información del Departamento de Estado sobre el personal del laboratorio enfermo también mencionaba el caso de la mina en la provincia de Yunnan.

Según una investigación de The Times, en abril de 2012 seis mineros enfermaron con síntomas similares a la neumonía tras entrar en una mina a limpiar excrementos de murciélago. Tres de ellos murieron. Poco después, científicos chinos del Instituto de Virología de Wuhan investigaron el caso y extrajeron muestras de los murciélagos en la mina. Así identificaron el que hasta ahora es el virus más parecido al que causa la COVID-19

A falta de localizar el animal que pudo haber hecho de intermediario para el contagio de humanos –según la teoría más probable en la investigación de la OMS–, muchos han vuelto la mirada al laboratorio, que ha trabajado con este tipo de coronavirus a raíz de lo ocurrido en 2012. Según informa The Guardian, identificar los animales intermediarios en brotes anteriores de coronavirus ha sido un proceso largo, complicado e incierto.

En 2018, una delegación diplomática estadounidense visitó el laboratorio de Wuhan. "Los investigadores mostraron que varios coronavirus del estilo SARS pueden interactuar con ACE2, el receptor humano para los coronavirus SARS. Este hallazgo sugiere que los coronavirus de tipo SARS de los murciélagos pueden ser transmitidos a los humanos", señalaron posteriormente en telegramas diplomáticos enviados a Washington. También alertaban del peligro y problemas de seguridad en el laboratorio.

Peticiones de una nueva investigación internacional

"Estados Unidos seguirá trabajando con socios afines de todo el mundo para presionar a China para que participe en una investigación internacional completa, transparente y basada en pruebas, y para que facilite el acceso a todos los datos y pruebas pertinentes", afirmó el presidente Biden el miércoles ante la falta de respuestas del primer informe.

Otros países como Australia, Japón y Portugal también han mostrado durante la Asamblea Mundial de la Salud, que se reúne esta semana, su deseo de seguir investigando el origen del virus.

La investigación de principios de año solicitada por la OMS ha recibido críticas por supuesta falta de transparencia, así como falta de acceso a información relevante. También ha habido solicitudes para que la Asamblea Mundial de la Salud decida los próximos pasos en la investigación.

Por su parte, el Panel Independiente de Preparación y Respuesta a la Pandemia creado por la OMS ha solicitado a la Asamblea Mundial de la Salud que dé más poderes a la OMS "para investigar patógenos con potencial pandémico en todos los países, con acceso a corto plazo a los lugares pertinentes, suministro de muestras y visados permanentes para la entrada de expertos internacionales a los lugares donde se produzcan los brotes".

Por Javier Biosca Azcoiti

27 de mayo de 2021 22:09h

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Miembros del Comité del Paro durante las negociaciones con el Gobierno. / Colprensa

Líderes sindicales que asistieron al sorpresivo encuentro convocado por las autoridades nacionales en la noche de este jueves señalan que desde la administración nacional están demostrando intenciones de dilatar la aprobación del preacuerdo de garantías para la protesta.

Miembros del Comité del Paro durante las negociaciones con el Gobierno. / Colprensa

Más le tomó al Gobierno nacional pedir modificaciones al preacuerdo que adelanta como parte de la mesa de negociaciones del paro nacional, que al comité de este en contestar de forma negativa a dicha petición. Esto, después de una reunión privada convocada de forma inesperada por funcionarios del Estado este jueves 27 de mayo.

Al terminó de la misma, el líder presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) Francisco Maltés, ofreció una escueta rueda de prensa en la que aseguró que, “lamentamos que el Gobierno nacional no nos tenga una respuesta sobre el documento de garantías para ejercer la protesta social pacífica en Colombia”.

El líder sindical recordó que dicho texto se viene trabajando como preámbulo a las verdaderas negociaciones que ambos bandos esperan adelantar como resultado de 30 días de manifestaciones a lo largo y ancho del país. El mismo había sido aprobado de forma unánime por todos los miembros del Comité del Paro desde el pasado lunes 24 de mayo, sin respuesta alguna del Estado hasta este jueves.

“Lo que vemos es una acción dilatoria del Gobierno para cumplir, para firmar lo acordado. Y por lo tanto, esa actitud dilatoria, que no entiende la complejidad que vive el momento, hace que el responsable del paro, por supuesto, sea el gobierno del presidente Duque, que se niega a firmar el acuerdo de garantías y no nos ha dado por lo tanto una respuesta sobre en qué fecha se debe iniciar el pliego de emergencia”.

Dicho esto, Maltés confirmó que habrá una nueva reunión el próximo domingo a las 10 de la mañana, mismo día en que se espera que el Gobierno nacional haga la entrega de sus lineamientos para dicho preacuerdo.

Valga recordar que, fruto de la misma reunión, se conoció que las autoridades nacionales buscan que los miembros del comité rechacen los bloqueos que se han presentado en las últimas semanas y que han afectado la economía del país, mientras que el comité se mantiene en su posición de exigir las garantías necesarias para que se desarrolle una manifestación pacífica.

“Dichos bloqueos vulneran, entre otros, los derechos a la movilidad, el trabajo, la alimentación, la salud, el desarrollo económico, social y cultural (...) los bloqueos afectan de manera negativa a millones de colombianos. Para el Gobierno nacional es perentorio garantizar también los derechos del resto”, manifestó Emilio Archila, consejero para la Estabilización y nuevo líder del equipo negociador del Gobierno.

Archila agregó que, “algunos miembros del Comité del Paro han insistido en promover de manera exclusiva la figura de los corredores humanitarios, sin condenar los bloqueos. Para el Gobierno nacional este punto no es negociable”.

Quien dejó más claro el panorama fue el excongresista Alirio Uribe, uno de los representantes del Comité del Paro, quien señaló que el Gobierno no ha sido claro con cuáles puntos presenta inconvenientes.

“El Gobierno nos cita para decirnos que tiene objeciones al documento que acordamos, pero no dice cuáles, ni entrega ningún documento de objeciones. Y nos cita para el domingo para discutir las objeciones que no conocemos”, sostuvo Uribe.

Con ello, Maltés advirtió que “el Comité Nacional de Paro aspira a que el domingo lleguemos a un acuerdo sobre las garantías para ejercer la protesta social, sobre la metodología que debe desarrollarse para la negociación del pliego de emergencia y que se instale la mesa de negociación del pliego de emergencia”. Concluyó diciendo que esperan que el Gobierno tome dichas expectativas con seriedad.

28 de Mayo de 2021

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panorámica viaducto Pereira

En torno a la protesta social reciente en Colombia y del asesinato de un manifestante, es importante interrogarse por la razones para que un escenario de circulación de seres humanos y mercancías como es un viaducto, se transforme en lugar de memoria.

 

El viaducto que conecta las ciudades de Pereira y de Dosquebradas se ha convertido por momentos coyunturales, en escenario de la indignación popular y la reivindicación de reclamos, supuestamente negados o poco valorados por lógicas verticales de poder. En ausencia de monumentos en la ciudad, alusivos a figuras que contengan una carga histórica de hechos como el racismo, el clasismo, el colonialismo etc, el viaducto “Cesar Gaviria Trujillo” es el referente simbólico usado por los jóvenes para expresar sus sentimientos de indignación social.

Inaugurado el 19 de noviembre de 1997, con el propósito de resolver el famoso “trancón” de largas horas por la vía de “La popa” hacia el municipio industrial de Dosquebradas, forma parte de un gran proceso de renovación urbana que influyó en la “modernización” de la ciudad, que a su vez implicó la adquisición de predios urbanos por parte del estado, que se interponían en el camino de la estructura de hormigón y tirantes. Los costos de vidas en esta obra se dividen en dos: quienes fallecieron en su proceso de construcción, y aquellos que se han arrojado al vacío, motivados por concluir los tormentos de sus mentes, fenómeno que obligó  a su reestructuración, incorporando una malla protectora para sus transeúntes que impide a su vez la contemplación del paisaje urbano.

Durante los últimos 23 años, este lugar ha contribuido en la transformación del imaginario de la ciudad para propios y extraños, generando análisis académicos de carácter cultural, urbano y comunicativo por donde circula el movimiento mercantil y humano de la llamada región “centro-occidente” de Colombia. El panorama de las puestas del sol, así como las desigualdades e injusticias del país, se visualizan desde su estructura. En sus primeros 10 años fue testigo del deambular de innumerables grupos de campesinos en la búsqueda de un refugio tras huir de un conflicto armado que los asechaba en sus territorios y llevando en sus manos carteles de auxilio, reemplazados en la actualidad por familias venezolanas quienes huyen de la realidad de su nación.

El origen del nombre de la obra, proviene del gobernante del periodo 1990-1994, oriundo de esta ciudad. En su mandato se gestó la constitución de 1991 como logro de las luchas previa de diversos actores de la sociedad; en este mismo periodo se produjo la llamada “Apertura económica”. Si la primera posibilitó unas demandas de inclusión, reconocimientos, maduración de la sociedad civil, ecos de su legado talvez ahora se escuchen con más fuerza en el Paro Nacional originado el 28 de abril del 2021; la segunda, fue el eufemismo con el cual se bautizó un modelo económico liderado durante los años ochenta por el presidente Ronald Reagan de Estados Unidos y la primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Thatcher, que en Colombia coadyuvó en la globalización, acelerando el declive de la industria nacional y la extinción de pequeñas y medianas empresas que no pudieron competir en medio de la llamada “apertura”.

Este viaducto forma parte de los sitios emblemáticos de un “Eje cafetero” publicitado como “remanso de paz”, donde el conflicto armado resulta ser algo casi invisible y las narrativas de una “confianza inversionista” presume estar a salvo de los 70 años de violencia en Colombia. En esta región se ha buscado estimular la construcción de pequeñas centrales hidroeléctricas que pretenden comercializar los recursos hídricos de las comunidades; desde los gobiernos se han otorgado licencias que han permitido la presencia de empresas mineras nacionales e internacionales en los territorios, así mismo, florecen agroindustrias de grandes monocultivos, zonas francas para almacenar y circular numerosos volúmenes de mercancías, carreteras al mar pacífico que termina afectando a humildes habitantes, proyectos de puertos multimodales que buscan la conexión de esta territorio con el mundo. Todo esto coexiste bajo un manto de relaciones porosas de economía, entre la legalidad y la ilegalidad debido a que por esta región circula el gran negocio de las drogas .

¿Se pone en juego la estabilidad de todo este cumulo económico y social en el momento en que los jóvenes manifestantes realizan la toma de este viaducto? ¿Las tensiones entre diversos actores de la protesta, tiene que ver con unas representaciones de ciudad que se escenifican en el viaducto? Por ejemplo, las ideas acerca de una sociedad productiva, cívica, respetuosa de la norma, frente a una narrativa que privilegia la idea de jóvenes “anárquicos” e “irrespetuosos” del poder.

Algunos pensadores contemporáneos como Antonio Negri, coinciden en el término “multitud” para definir esta diversidad que desfila, danza, hace yoga, juega futbol, es animalista e incluso vegana; una multitud que no es ni desmemoriada, negacionista o insensible, la mal llamada “generación de cristal”. Estos millares de [email protected] son todo lo contrario de la pasividad o la indiferencia por el futuro. Muchos de sus padres pudieron haberse considerados conformistas, otros tantos fueron afectados por el conflicto social, el desplazamiento y la migración, llegaron a ciudades como Pereira buscando oportunidades, unos lo consiguieron otros no, aquí o en el exterior, ya que el eje cafetero ha sido receptor de remesas de muchos lugares del mundo, producto de tantos colombianos que han huido de la falta de oportunidades. En este aspecto es menester contextualizar y rescatar desde todos los lenguajes posibles a seres humanos como Lucas Villa y muchos otros en todo el país, hijos de una Colombia que no quiere continuar viviendo bajo el peso de dogmatismos extremos, abusos de poder, perpetuación de desigualdades estructurales, en fin, todo lo que compone una “una horrible noche”.

*Profesor Universidad Tecnológica de Pereira

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La carrera de los billonarios por conquistar el espacio

Jeff Bezos y Elon Musk, dos de las tres personas más ricas del mundo, han puesto su ­fortuna al servicio de su proyecto de liderar el negocio del espacio

 

“Incluso la Vía Láctea parece demasiado pequeña para evitar que los egos de los billonarios colisionen”, señaló irónicamente esta semana una web científica estadounidense sobre el cruce de descalificaciones públicas en que se han enzarzado Elon Musk, el propietario de Space X y Tesla, y Blue Origin, la cabecera de las empresas espaciales de Jeff Bezos, el propietario de Amazon.

Bezos, considerado por la revista Forbes el hombre más rico del mundo, con una fortuna de 193.000 millones de dólares, y Musk, el tercero del ranking con 166.000 millones, libraron esta semana su enésima batalla pública a cuenta de uno de los varios proyectos espaciales en los que compiten: el lanzamiento de satélites en una órbita baja para ­crear una constelación que permita ofrecer internet por satélite en todo el mundo.

Starlink, el proyecto de Musk, plantea poner en órbita 12.000 nanosatélites, de los que ya ha lanzado 1.200, y ha pedido autorización al Gobierno americano para moverlos a órbitas más bajas para mejorar sus prestaciones. Una de las compañías que han pedido que no se autoricen estos cambios es Blue Origin, la empresa de Bezos, que tiene en marcha una inversión de 10.000 millones de dólares para desplegar el Sistema Kuiper: una red de 3.236 satélites que también dará conexión global a internet.

Musk contestó personalmente desde su cuenta de Twitter, en la que tiene 52 millones de seguidores, que “al público no le sirve paralizar Starlink hoy por un sistema satelital de Amazon que, en el mejor de los casos, está a varios años de funcionar”. A lo que la empresa de Bezos respondió en la CNBC que el cambio que pide Musk crea un riesgo de choque de satélites e interferencias de radio y “paralizaría la competencia entre los sistemas de satélites. Claramente, a SpaceX le interesa ahogar la competencia en la cuna si puede, pero ciertamente no es de interés público”.

“Esto es más que una simple batalla por el espacio”, reconoció Daniel Ives, analista de Wedbush Securities. “También hay egos en juego y se ha vuelto aún más personal”.

Bezos ha anunciado que dejará este año sus tareas ejecutivas en Amazon para dedicar más tiempo a otros proyectos, principalmente Blue Origin. Por el momento, sin embargo, Musk, que dirige personalmente Space X, va claramente por delante en la carrera espacial.

Su constelación de satélites, Starlink, está ya en fase de pruebas con clientes beta, a los que ofrece una conexión de 50 MB por segundo, aunque aún no las 24 horas, y prevé empezar el lanzamiento comercial antes de fin de año. Blue Origin, como recordaba irónicamente Musk, aún no tiene ninguno en órbita.

Pero donde más importante es la ventaja de Musk es en los viajes espaciales gracias a los contratos clave que le ha adjudicado la NASA.

El último hito de Musk con la agencia ha sido un contrato de 2.900 millones de dólares para desarrollar un módulo de aterrizaje para astronautas en la Luna, los primeros que pisarán el satélite desde las misiones Apollo, en 1972. Space X se ha impuesto a Blue Origin, pese a que esta había formado un equipo con Lockheed Martin, Northrop Grumman y Draper, especialistas en ingeniería y aviación y proveedores del ejército americano. La NASA ya utiliza los cohetes Falcon 9 y las cápsulas Dragon de la compañía de Musk para transportar astronautas a la Estación Espacial Internacional, y la firma ha realizado ya tres misiones tripuladas en menos de un año.

Blue Origin y Dynetics (otro perdedor, contratista habitual de Defensa) han presentado alegaciones ante la NASA contra la adjudicación del módulo de aterrizaje lunar a SpaceX. La compañía de Bezos calificó la adjudicación de “defectuosa” y aseguró que la NASA “ movió los postes de la portería en el último minuto”. La agencia, añadió, “elimina las oportunidades de competencia, reduce significativamente la base de suministro y no solo retrasa, sino que también pone en peligro el regreso de EE.UU. a la Luna”.

Musk respondió rápido y, también desde Twitter, hizo un juego de palabras con una imagen de Bezos presentando su prototipo de transporte lunar: “Can’t get it up (to orbit) lol.” Un comentario que podría leerse como que no se le levanta, o no puede ponerlo en órbita.

Pero Bezos tampoco ha eludido el conflicto y se ha burlado públicamente de la idea de Musk de colonizar Marte. “¿Quién quiere mudarse a Marte?”, preguntó al audi­torio en una conferencia en el 2019. “Hágame el favor de ir primero a vivir un año a la cima del Eve­rest y mire si le gusta, porque es un jardín paradisiaco comparado con Marte”.

La rivalidad entre los dos millonarios, sin embargo, tiene unos motivos muy terrenales. Según Wedbush Securities, “Bezos y Musk saben que el ganador de la batalla espacial será coronado en los próximos uno o dos años” y hay un negocio de miles de millones en juego.

Por Rosa Salvador

Barcelona

09/05/2021 08:57Actualizado a 09/05/2021 09:38

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