Contenedores almacenados en el puerto chino de Qingdao, en el este de China, este mes. AFP

EE UU toma la decisión tras el anuncio de Pekín de penalizar los bienes estadounidenses y lleva el debate sobre el proteccionismo al epicentro del G7 que empieza este sábado

 

El enfrentamiento entre China y Estados Unidos escaló este viernes a un nuevo nivel después de que Donald Trump anunciara una subida de los aranceles de  casi la totalidad de los bienes que la primera economía del mundo importa del gigante asiático y “ordenara” a las empresas estadounidenses —sin concretar si iba a tomar medidas legales— buscar una alternativa a China para fabricar sus productos. Esta era la respuesta al anuncio de Pekín, unas horas antes, de nuevos aranceles sobre productos estadounidenses que desató la ira presidencial. El enconamiento entre las dos potencias llega en vísperas de la reunión del G7 y lleva el debate sobre el proteccionismo comercial al epicentro de la cumbre.

El enfrentamiento comercial entre China y EE UU se desató hace casi un año y medio y, pese a que las partes estuvieron a punto de firmar las paces en mayo, la tregua fracasó y cada vez parece más lejos la posibilidad de un acuerdo que termine con esta nueva guerra fría. El anuncio de Pekín de este viernes es la respuesta a los aranceles anunciados por Washington a principios de este mes. Y, aunque esperada, ha provocado un nuevo terremoto en las Bolsas y entre la comunidad empresarial estadounidense.

No fue la única represalia del día. En una batería de tuits, Trump insistió horas después en que las multinacionales estadounidenses deben buscar “una alternativa a China, incluido traer de vuelta a CASA nuestras compañías y fabricar nuestros productos en EE UU”. En su opinión, “las vastas cantidades de dinero hecho y robado por China a EE UU, año tras año, durante décadas, deben ACABAR y acabarán”, aseguraba el mandatario. “No necesitamos a China y, la verdad, estaríamos mejor sin ellos”, apuntó. En la explosión de tuits, Trump no dudó en incluir al presidente de la Reserva Federal, Jay Powell. “Mi única pregunta es: ¿cuál es nuestro mayor enemigo, Powell o Xi [Jinping, presidente chino]?”. Trump insiste en que Powell baje los tipos de interés para abaratar el dólar.

A la respuesta inicial, le siguió una reunión en la Casa Blanca en la que se acordó —como informó Trump también a través de Twitter— subir los aranceles ya en vigor sobre productos por 250.000 millones de dólares del 25% al 30%. Y los nuevos que entrarán en vigor en septiembre sobre los 300.000 millones restantes de su balanza comercial, del 10% al 15%. Una escalada en toda regla. La guerra está declarada.

Toda esta reacción se produjo después de que Pekín anunciara que castigará a productos estadounidenses por valor de 75.000 millones de dólares con un arancel del 10% en lugar del 5% actual. Las nuevas tasas, respuesta de Pekín a la decisión de Washington de aumentar sus aranceles sobre 300.000 millones de dólares de productos chinos, entrarán en vigor en dos tramos, el 1 de septiembre y el 15 de diciembre. Son las mismas fechas en las que está previsto que se pongan en marcha las penalizaciones estadounidenses.

Pekín, además, ha decidido recuperar los aranceles sobre vehículos y componentes estadounidenses, una decisión adoptada como gesto de buena fe tras la reunión del pasado diciembre entre los presidentes de ambos países, Donald Trump y Xi Jinping, en Argentina. Ahora el Gobierno chino ha anunciado que los automóviles estadounidenses soportarán un recargo del 25% y los recambios, un 5%, a partir del 15 de diciembre. El año pasado, EE UU vendió coches a China por unos 230.000 millones de dólares, según LMC Automotive, y, aunque no supone ni de lejos el grueso de su negocio, automotrices como Mercedes, General Motors o Ford registraban este viernes importantes pérdidas en la Bolsa.

“Las medidas de EE UU han conducido a la continua escalada de las fricciones económicas y comerciales entre China y Estados Unidos, que han perjudicado gravemente los intereses de China, EE UU y otros países, y también amenazan seriamente el sistema de comercio multilateral y el principio del libre comercio”, apuntaba este viernes el comunicado de la Comisión Arancelaria del Consejo de Estado, el Ejecutivo chino. Insiste así Pekín en su papel como adalid del libre comercio pese a las evidentes restricciones que las autoridades chinas imponen a los inversores extranjeros.

Con esta nueva ronda de sanciones, Pekín penaliza prácticamente todo lo que importa de EE UU. Entre los productos sancionados se encuentra por primera vez el petróleo, algunos tipos de avionetas —no así los Boeing—, y numerosos productos alimenticios, como diversos frutos secos, el cerdo congelado, varios tipos de pescado y marisco congelado y fresco, la ternera, la miel y la soja, de lejos el producto que más compra China a EE UU.

Trump había anunciado el 1 de agosto la imposición de nuevos aranceles sobre 300.000 millones de dólares en productos chinos. Ponía así fin a la tregua alcanzada en su reunión con Xi tras la cumbre del G20 en Osaka (Japón) el 29 de junio, en la que acordaron retomar las negociaciones comerciales. El 15 de agosto anunció un retraso de tres meses para productos como los juguetes o productos electrónicos de consumo, hasta el 15 de diciembre.

Críticas empresariales

Trump justificó entonces esa marcha atrás como un intento de no perjudicar al sector de las ventas al por menor, que en Estados Unidos logra su mayor facturación en torno a la campaña navideña. Con todo, las protestas del sector empresarial de Estados Unidos cada vez se oyen con mayor contundencia. La Cámara de Comercio estadounidense rechazó de inmediato la orden de Trump de abandonar China, donde las empresas estadounidenses acumulan importantes inversiones. “Aunque compartimos la frustración del presidente, creemos que el camino correcto es un compromiso continuo y constructivo”, declaraba este viernes Myron Brilliant, vicepresidente de la organización. “Las guerras comerciales no se ganan”, advirtió, en total oposición al “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar” del presidente estadounidense.

Las amenazas de Trump no solo se han ceñido a las empresas de EE UU presentes en China. El mandatario ha pedido que las grandes empresas de paquetería examinen los envíos procedentes de China, y los devuelvan si lo creen necesario, en busca de fentanilo, una de las sustancias narcóticas que se encuentra detrás de la epidemia de adicción a los opioides en EE UU. Trump acusa a Pekín de tolerar la producción en su suelo y el envío de la droga a Estados Unidos.

Tanto FedEx como UPS respondieron asegurando que ya toman importantes medidas de seguridad para impedir el uso de sus redes de transporte para actividades ilegales o el envío de drogas como el fentanilo. Pero sus acciones ya se habían desplomado más de un 3% en Bolsa.  

Números rojos en las Bolsas, el petróleo y el dólar

La escalada entre China y Estados Unidos se tradujo este viernes de inmediato en considerables números rojos en las Bolsas y los valores estadounidenses. El índice Dow Jones perdió cerca de 600 puntos, cerrando con una caída del 2,3%, impulsado por los sectores más afectados por la guerra comercial, como las automovilísticas, las tecnológicas, las empresas de paquetería y las compañías agroalimentarias.

El precio del petróleo de referencia para Estados Unidos, el WTI, perdía el viernes más de un 3%, hasta rondar los 53,6 dólares por barril. No solo porque por primera vez las importaciones de crudo estadounidense se incluyen entre los productos gravados por Pekín sino porque el enfrentamiento comercial anticipa un frenazo económico que, unido a otros factores políticos, podrían acabar provocando una recesión global. Desde abril, el precio del crudo acumula una caída del 19%.

Asimismo, el dólar sufrió el viernes una notable depreciación y cayó a su nivel más bajo en tres semanas frente al euro y de una semana frente al yen. Frente a la divisa china, sin embargo, subió un 0,6%.

De momento, las negociaciones entre China y EE UU se mantienen. Desde la tregua pactada en Osaka, los equipos negociadores de los dos países, encabezados por el representante comercial, Robert Lightnizer, en el lado estadounidense y el viceprimer ministro Liu He, en el chino, han conversado por teléfono en varias ocasiones. La única reunión cara a cara ha tenido lugar en Shanghái el 30 de julio, aunque sin aparentes progresos. El próximo encuentro estaba previsto para septiembre en Washington, si los últimos pasos de uno y otro Gobierno no lo descarrilan.

Por Macarena Vidal Liy y Antonia Laborde

Pekín / Washington 23 AGO 2019 - 17:13 COT

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En qué va la guerra comercial de Estados Unidos.

 

Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China se reanudarán la primera semana de agosto en Shanghái. Hasta ahora, ninguno de los dos ha cedido a las condiciones del otro. Se recuerda que Estados Unidos busca reducir su déficit comercial, mejorar la productividad del aparato industrial interno, su competitividad en el mercado mundial y frenar el ascendente dominio comercial chino, mediante la ampliación de aranceles punitivos.

Recientemente, el mandatario estadounidense afirmó, vía Twitter, que “los aranceles (…) están teniendo un efecto importante”, pues “las empresas desean salir de China hacia países no arancelarios”, que se están “recibiendo miles de millones de dólares en aranceles de China” y que las “tarifas son pagadas por China devaluando y bombeando, ¡no por el contribuyente estadounidense!”. Dijo que China alcanzará, en el segundo trimestre, el nivel de crecimiento más bajo desde hace 27 años como resultado de su estrategia comercial internacional.

El crecimiento de la economía de Estados Unidos en el segundo trimestre se desaceleró, mientras que China se mantiene estable en 6,2 por ciento, porque el arancel es un impuesto aplicado por el gobierno importador; es pagado por el importador y el consumidor final. La lógica es aumentar el precio de la mercancía importada para reducir su consumo y, de este modo, favorecer las mercancías locales. Salvo que los importadores sean empresas o consumidores chinos en Estados Unidos, no hay modo de que los aranceles sean transferidos a la economía china, a menos que China tenga un solo mercado, pero Estados Unidos es el mercado mayor de China (20 por ciento) cuyo comercio se reparte: 45 por ciento a países de Asia, 22 por ciento a países de la Unión Europea y 9 por ciento a América Latina y África.

De ahí que la respuesta a las medidas proteccionistas de un Estado con otro no puedan ser más que alzas arancelarias en sentido contrario, no hay otra. En esta ocasión, después de cinco rondas de subidas arancelarias, una breve tregua e incontables amenazas, la guerra no parece favorecer a nadie. Se estima que el total de las medidas impuestas ha alcanzado 250.000 millones de dólares a las importaciones chinas y 110.000 millones a las estadounidenses. De este modo, la cuestión estratégica sería cuantitativa en determinados bienes de consumo final y cualitativa para ciertas ramas industriales. El impacto, empero, está recayendo sobre el comercio internacional en su conjunto.

En un sentido limitado, es cierto que el déficit estadounidense con China ha disminuido, pero apenas a niveles previos al inicio de la guerra. El acumulado hasta mayo de 2019 disminuyó en 9,9 por ciento respecto a mayo de 2018, pero China aún corresponde al 38 por ciento del total del déficit comercial estadounidense. En cambio, el déficit total hasta mayo de 2019 alcanzó -359.579,8 millones de dólares, 25 por ciento mayor que el año anterior. Este incremento corresponde en buena parte al creciente déficit con México.

La reducción del déficit comercial con China ha sido producto de una contracción de sus importaciones. Esta situación, dadas las condiciones del aparato productivo de Estados Unidos, sólo complica aun más sus niveles de productividad y competencia internacional. La reducción de las importaciones refleja su nivel de consumo interno y la limitada capacidad de crecimiento de la economía. De ahí que también el Buró de Análisis Económico del Departamento de Comercio estadounidense anunciara que el crecimiento del Pbi cayó de 3,5 por ciento en el segundo trimestre de 2018 a 2,1 por ciento en el segundo trimestre de 2019, anticipando menos crecimiento para 2019 que para 2018.

Asimismo, una buena parte de las cadenas productivas americanas dependen de insumos chinos. En 2017, el 50 por ciento de sus compras estuvo compuesto de aparatos electrónicos, maquinaria de radiodifusión, cómputo, partes y piezas electrónicas y demás insumos industriales y de consumo final. El nivel técnico y de especialización que incorporan los productos chinos, apoyados en bajísimos costos de producción, ha desplazado a los productos estadounidenses. Esta condición del aparato productivo estadounidense no le permite sustituir las importaciones chinas sin encarecer los productos y generar inflación.

A la inversa, la matriz exportadora de Estados Unidos está compuesta, principalmente, por maquinaria (22 por ciento), equipo de transporte, mayormente automóviles (15 por ciento), productos químicos (14 por ciento) y derivados del petróleo (11 por ciento). Como lo ha mostrado la trama Huawei y la red 5G, la economía estadounidense ha perdido el liderazgo en las ramas tecnológico-industriales y no parece encontrar vías para recuperarlo. Lo que le ha quedado es asegurar su mercado interno (ampliado) vía el tratado México-Estados Unidos-Canadá (Tmec), ponerle aranceles punitivos a la Unión Europea (especialmente a Alemania) y esperar que su proteccionismo merme el crecimiento chino de 6,2 por ciento, sin afectar aun más su sufrido 2,1 por ciento.

Finalmente, si consideramos que hay una recesión autoinducida en México debido a los ajustes en el gasto fiscal, y es probable que la caída en la demanda en Estados Unidos continúe, el resultado final debería ser menos importaciones y un mayor déficit estadounidense con México para diciembre de 2019. Esto podría significar más aranceles para los bienes mexicanos, dada la peculiar visión que el equipo económico estadounidense tiene del mundo. La ley de aranceles Smoot-Hawley de 1930 debe tenerse en cuenta, así como la no ratificación del Pacto de la Sociedad de las Naciones, en 1920, fundada por el presidente Woodrow Wilson en 1919. La bancada republicana, liderada por Henry Cabot Lodge, argumentó entonces que “la Liga comprometería a Estados Unidos con una organización costosa que reduciría la capacidad de Estados Unidos para defender sus propios intereses”. Los gobiernos republicanos han sido conocidos por su aislacionismo y xenofobia en el pasado. Esto podría significar que nuevos males económicos en Estados Unidos podrían llevar a nuevas medidas aislacionistas con terribles impactos en la economía mundial, como en 1930.

Por  Por Óscar Ugartech, investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), Sistema Nacional de Investigadores-Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y coordinador del Observatorio Económico Latinoamericano (obela). Economista, doctorando en estudios latinoamericanos de la Unam y miembro de obela

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Primer británico Boris Johnson adopta política pro-China y en favor de la Ruta de la Seda

Los principales aliados de Estados Unidos (EU) se adelantan en sus relaciones con China: Gran Bretaña (GB), pese a su "relación especial", e Israel, mucho más en la etapa del talmúdico Jared Kushner, el primer israelí Netanyahu, el casinero Sheldon Adelson y Henry Kissinger, grandes socios de Trump.

 

Israel concedió dos de sus tres puertos a China para impulsar la Ruta de la Seda en el mar Mediterráneo (https://bit.ly/2RdRAUY), y ahora el "Trump británico" Boris Johnson en su entrevista a Phoenix TV, en Hong Kong, sentenció que estaba muy interesado en la Ruta de la Seda (BRI, por sus siglas en inglés).

 

Boris Johnson exhortó a los inversionistas chinos a continuar sus actividades en GB e invitó a que un mayor número de estudiantes chinos se inscriban en sus universidades: todo lo contrario que viene practicando Trump para sostener su "guerra comercial" contra Pekín que empieza a hacer agua (https://bit.ly/2YvY4l4).

 

Cual su estrambótico estilo, Boris Johnson afirmó que su gobierno mantendría una política "pro-China (¡mega-sic!)".

 

Pese a todas las reticencias de EU, desde Obama hasta Trump, GB fue el primer país de Europa occidental a unirse al banco AIIB (https://bit.ly/2KfWtfm).

 

La decisión unilateral de la "pérfida Albión" de participar en el AIIB exasperó a EU y perturbó a la Unión Europea (UE) a quien traicionó antes de que apareciera Boris Johnson en el radar.

 

Hoy GB es el principal recipiendario de las inversiones chinas en Europa y, al contrario de Obama y Trump, abrió a Pekín algunos de sus sectores estratégicos como la industria nuclear (https://bit.ly/2ODJ9pu).

 

Faltará por ver cuál será su postura frente a Huawei que opera en forma magnificente en España, donde Londres maneja muchas de sus operaciones trianguladas.

 

A juicio de OBOREurope, GB es "muy frágil", ya que, en caso de una salida brusca del Brexit, incrementaría su dependencia con EU que le pueda obligar a seguir su "política china" hostil a la Ruta de la Seda (https://bit.ly/2YCDxv7).

 

Desde hace mucho Londres, en competencia con Fráncfort, desea convertirse en la principal plaza financiera off shore para la internacionalización del yuan/renminbi (https://bit.ly/2OEicSn), mientras lanza su anzuelo financierista a India.

 

Le asiste la razón al portal OBOREurope de que China busca "crear proyectos multilaterales en el marco" de la Ruta de la Seda, por lo que no estaría interesada en "excluir al resto de los miembros de la UE" para únicamente conectarse con GB: arguye que la plaza financiera de Londres puede perder su influencia frente al centro financiero europeo de Luxemburgo –que recordamos, no se encuentra muy lejos de Waterloo.

 

SCMP, con sede en Hong Kong y propiedad de Alibaba, expone la aseveración de Boris Johnson y su apoyo al proyecto de infraestructura del mandarín Xi: "Estamos muy entusiastas (sic) sobre el BRI, estamos muy interesados en lo que el presidente Xi hace" (https://bit.ly/2Sz5Lpc).

 

El primer británico Boris Johnson enfatizó que GB ha recibido con brazos abiertos las inversiones chinas en su gran planta nuclear.

 

SCMP comenta que GB es miembro fundador del AIIB –"primer banco internacional asiático independiente del Banco Mundial y el FMI dominados por Occidente"– con una contribución inicial de 50 millones de dólares.

 

Por lo pronto, el gobierno británico ha pospuesto su decisión para "restringir o prohibir" a Huawei con base en preocupaciones sobre su seguridad nacional, cuando la postura de Trump al respecto sigue siendo "opaca", pese a toda su verborrea vertida en sus furibundos tuits.

 

Es curioso que una de las hijas de Boris Johnson y la nieta de ocho años de Trump, Arabella (hija de Jared Kushner e Ivanka), hayan aprendido mandarín.

 

Tiene mucho sentido la postura "pro-China" de Boris Johnson porque la esperada "salida dura" del Brexit no se puede quedar en el aire cuando su alternativa comercial sería doble: apostar a las dos superpotencias geoeconómicas EU y China, mientras se consagra a socavar y/o a balcanizar a la UE.

 

Por tercera vez en un poco más de un siglo, GB rompe abruptamente con Alemania, hoy líder geoeconómico de la UE. Las otras dos fueron la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.

 

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Viernes, 02 Agosto 2019 05:50

Otro capítulo de la guerra comercial

Otro capítulo de la guerra comercial

Estados Unidos impondrá desde el primero de septiembre un pequeño arancel adicional del 10 por ciento a bienes y productos que llegan desde China.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvió a la carga en la guerra comercial con China al anunciar la implementación de nuevos aranceles a las importaciones provenientes del país asiático. “Estados Unidos impondrá desde el primero de septiembre un pequeño arancel adicional del 10 por ciento al resto de 300 mil millones de dólares en bienes y productos que llegan a nuestro país desde China”, escribió el mandatario en su cuenta de Twitter. La medida se sumaría al arancel del 25 por ciento que rige sobre 250 mil millones de dólares en importaciones desde China, con lo cual todo el abanico de bienes y servicios que se dirigen desde el país asiático hacia la economía norteamericana quedaría sujeto a aranceles adicionales. La novedad aparece en el marco de las negociaciones bilaterales para encauzar las disputas comerciales.

En la antesala del anuncio comercial, Trump tuiteó que “creíamos que habíamos alcanzado un acuerdo –con China-- hace tres meses. Por desgracia, China decidió renegociarlo justo antes de firmarlo. Más recientemente, China acordó la compra de grandes cantidades de producción agrícola de Estados Unidos, pero no lo ha hecho”. A pesar de que aclaró que “las conversaciones siguen” y que desea “continuar un dialogo positivo con China”, Trump avanzó con nuevos aranceles. Según el Fondo Monetario Internacional, la guerra comercial entre Estados Unidos y China redujo las perspectivas de crecimiento económico a nivel global, lo cual a su vez fue uno de los factores citados por el presidente de la Reserva Federal estadounidense, Jerome Powell, para reducir los tipos de interés de referencia, por primera baja en once años.

Si bien Trump busca seducir con este tipo de medidas a una parte del electorado norteamericano que tiene una posición anti-globalización y fue perjudicado por la desindustrialización que sufren muchas ciudades estadounidenses, entre los economistas abundan las críticas. "Cuando construyes equipos para fábricas, compras acero, aluminio, productos importados. Si entonces nosotros les aplicamos aranceles, el incentivo fiscal que te dimos con una mano te lo arrebatamos con la otra”, criticó Gary Cohn, director del Consejo Económico Nacional en el gobierno de Trump entre enero de 2017 y abril de 2018.

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Una guerra digital en ciernes entre Trump y Macron

El mandatario estadounidense amenaza con represalias a la "tasa Google" que impone Francia

EE.UU. anunciará una "acción recíproca sustancial" luego de que el gobierno francés decidiera aplicar un impuesto del 3 % a las empresas que componen el grupo GAFA: Google, Amazon, Facebook y Apple.

 

Otra vez la sombra de la guerra. Europa y Estados Unidos con Francia en primera línea vuelven a estar al borde de una confrontación que se disparó luego de que el gobierno francés decidiera aplicar una estrategia contra las artimañas fiscales de los grandes grupos de internet. Se trata de un impuesto conocido como “la tasa Google” o “tasa GAFA” que aplica un impuesto del 3% a las empresas que componen el denominado grupo GAFA: Google, Amazon, Facebook y Apple. Estas empresas son depredadores universales de los sistemas fiscales en los países donde operan. Un armado llamado “optimización fiscal” les permite saltarse las obligaciones fiscales de los países donde están implantadas. Francia lidera desde hace mucho esta iniciativa y ahora la ha hecho realidad una vez que, el pasado 11 de julio, el Parlamento adoptó dicha tasa. 

 El Míster furibundo que preside los destinos de Estados Unidos salió enseguida con su Twitter-espada a amenazar a Francia con represalias. El presidente norteamericano tuiteó este texto: “anunciaremos próximamente una acción reciproca substancial después de la estupidez de Emmanuel Macron. Siempre dije que el vino norteamericano era mejor que el vino francés”. Seguro que Trump no conoce mucho de vinos. En todo caso, el mandatario cursó órdenes al Secretario de Comercio exterior, Robert Lighthizer, para que evaluara el perjuicio que este impuesto podría acarrear para sus empresas. El mandatario norteamericano dejó claro que podría castigar a las importaciones francesas de productos como el vino o el sector automotriz. La investigación “301” es la misma que desató la guerra de aranceles con China.

Antes de que Francia votara la tasa, Washington buscó disuadir a París de que implementara el impuesto a través de una retórica al mejor estilo de la guerrilla comercial. En junio, Robert Lighthizer dijo que ese impuesto “está dirigido a perjudicar desproporcionadamente a las empresas estadounidenses", y que, por consiguiente, Washington debía “tomar fuertes medidas". El Ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, le respondió de forma tajante: ”Francia es un Estado soberano, que decide soberanamente sus disposiciones fiscales”. París lidera desde hace mucho la iniciativa de una tasa que debió ser aplicada por el conjunto de los países de la Unión Europea. Sin embargo, las reticencias de Irlanda, Suecia, Dinamarca y Finlandia frenaron que Europa se presentara unificada. La tasa GAFA también concierne a empresas como Meetic, Airbnb e Instagram y debería aportarle al Estado unos 400 millones de euros en 2019 y 650 en 2020. La idea consiste en que el impuesto recaiga sobre las empresas cuya cifra de negocios digitales supera los 750 millones de euros en el mundo y, a partir de allí, imponerles un gravamen del 3% de la cifra de negocios concretada en Francia, especialmente en lo que atañe a la publicidad en línea elaborada a través de perfiles y la venta de datos (todos robados por esas empresas a sus usuarios). 

El presidente francés, Emmanuel Macron, había anunciado la imposición de este gravamen a finales de 2018, cuando la crisis de los chalecos amarillos estaba en su apogeo. La meta del impuesto apuntó a contribuir al financiamiento de las medidas de urgencia económicas y sociales (10 mil millones de euros) adoptadas en plena crisis.

El tema de esta tasa siempre desató fuertes divisiones en el mundo y demostró sobradamente la pavura que ciertos países manifiestan ante el poderío norteamericano y sus mecanismos de retorsión. Durante la cumbre del G20 celebrada en Japón a principios de junio pasado, la tasa figuró entre las negociaciones como un medio de “poner la justicia social en la fiscalidad internacional” (Bruno Le Maire). Por ahora, Francia navega sola en estas aguas soberanas. Estados Unidos detenta leyes como la Trade Act que los autoriza a imponer aranceles en caso de que un país adopte medidas consideradas “desproporcionadas” o “injustas” capaces de dañar el negocio de sus empresas globales. 

Los responsables franceses estiman que el capitalismo, tal y como está modelado hoy con su mezcla de destrucción de los recursos naturales y las diferencias fiscales abismales “entre las empresas digitales y las otras va camino a su perdición” (Bruno Le Maire). Día tras día, las amenazas fueron subiendo de tono. El trumpismo sacó a relucir su arte marcial de las relaciones internacionales. Judd Deere, una de las portavoces de la Casa Blanca, dijo hace unos días que “el gobierno de Trump no se quedaría de brazos cruzados”.

Obedecer o morir es la consigna de la Casa Blanca. Con todo, existe una negociación en curso que apunta a armonizar este impuesto. Este pasaría por un esquema elaborado por la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico), la “GAFA Global”, capaz de contener reglas aceptables por todos los estados (127) cuya presentación está prevista para 2020. La iniciativa francesa es un paso pequeño pero altamente simbólico y de mucho coraje político en un contexto donde las empresas digitales ganan miles de millones de dólares, no pagan impuestos y, además, basan su fortuna en el robo masivo de datos, la confección de perfiles y el abuso de la confianza que los usuarios han depositado en las nuevas tecnologías. Para las poblaciones mundiales expoliadas por estos cleptómanas digitales disfrazados de modernos lo que está en juego es enorme. Quentin Parrinello, portavoz de Oxfam Francia, recordó hace poco que “las multinacionales transfieren hasta el 40% de sus beneficios realizados en el exterior hacia los paraísos fiscales. Las reglas fiscales en vigor no permiten que esas multinacionales paguen una parte justa de los impuestos”. En 2015, en Francia, esas empresas evadieron impuestos por un monto de 118 mil millones de euros.

La confrontación que se abrió ahora es delicada pero, por una vez, pionera y necesaria. Aunque modesta, la tasa GAFA francesa busca romper el muro y hacer que las negociaciones con vistas a una armonización fiscal globalizada y aplicada a los gigantes digitales no sólo avancen sino, también, ganen adeptos. Después de la fracasada diplomacia del beso asumida por Emmanuel Macron tras la elección de Donald Trump, la hora de los antagonismo claros y asumidos parece ser la nueva etapa. Como los conflictos modernos, la guerra será digital.

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¿Quién va ganando la guerra comercial entre EU y China? // Boris Johnson coquetea con la Ruta de la Seda // Uno espera, el otro desespera

En México se suele estar abrumado por los multimedia de Estados Unidos/Gran Bretaña y sus sucursales locales, y no se toma en cuenta dialécticamente la antítesis de la contraparte afectada, como es el caso flagrante de China en la guerra comercial que inició Trump.

 

Si uno se basa en los tuits de Trump, pues prácticamente China estaría liquidada en forma absurda, lo cual atenta contra la realidad.

 

Trump es un excelente propagandista como se entrenó 13 años en su programa de reality show The Apprentice (https://imdb.to/2K3Pjtn), además de ser un consagrado blufista de póquer, lo aprendió en sus casinos o con su socio israelí Sheldon Adelson, mandamás de Las Vegas y Macao.

 

Sucede que hay categorías entre los 193 países de la ONU, cuando unos, como vulgares naciones bananeras sucumben al primer amago de amenazas de Trump, y otros, como las superpotencias, Rusia y China –incluso India– lo paran en seco.

 

En estos momentos Norcorea e Irán –y hasta la Unión Europea– han descubierto los alcances de los blufs de Trump, que pueden ser muy letales cuando los países afectados carecen de anticuerpos, ya no se diga de un sistema inmunológico ni de resiliencia ni carácter.

 

El punto de vista de China sobre la guerra comercial que libra EU es diametralmente opuesto a la propaganda electorera de Trump.

 

Yu Jincui, del Global Times, alega que “EU está más ansioso para un arreglo que China (https://bit.ly/2LFv5t2)”.

 

La guerra comercial de Trump, que ha durado un año, ha afectado a importantes segmentos de la economía de EU –aunque no la bolsa de Wall Street, donde la inminente disminución de las tasas de interés puede servir a Trump para su anhelada relección, entre otros factores–, como el área rural que ha periclitado, además del sector ya de por sí alicaído de la manufactura que se encuentra al borde de la recesión cuando la deuda de EU está a punto de alcanzar su récord.

 

En síntesis, a juicio de Yu, los consumidores, los granjeros y los manufactureros son todos víctimas, por lo que Trump confronta una presión creciente para finiquitar su guerra comercial contra China, en rechazo a la cual se han expresado públicamente sus Cámaras de Comercio.

 

Pese a que Trump se ha autoelogiado como el Rey de las Tarifas (en)marcadas con su frase indeleble las guerras comerciales son buenas(sic) y fáciles(sic) de ganar –relativizando el grado de codependencia del país afectado–, los tuits del presidente no han (con)movido a China, a pesar de que en la histórica cumbre del G-20 en Osaka, en la reunión bilateral al margen entre Trump y el mandarín Xi acordaron una tregua, donde el mandatario de EU ni siquiera pudo sacar la firma de Beijing para la necesitada compra de sus productos rurales, sino vagas promesas no-vinculantes, cuando China busca la exoneración de Huawei, una de sus joyas tecnológicas, y guarda en el bolsillo dos armas letales: la prohibición y/o el incremento de las tarifas a la exportación de sus “minerales de tierras raras (https://bit.ly/2EGM09J)”, y el dumping de sus cuantiosas reservas de Bonos del Tesoro de EU que pondrían a prueba el orden financiero global basado en la unipolaridad aberrante del dólar.

 

Yi juzga que China y EU desean concluir la guerra comercial, pero China está más tranquila que EU.

 

Hoy hasta Boris Johnson, el flamante premier británico y supremo aliado de Trump, coquetea con la Ruta de la Seda de China.

 

Es absurdo pretender que una de las dos superpotencias geoeconómicas va a ganar. Las dos pierden, máxime que tienen una gran complementariedad en sus cadenas de suministro, lo cual daña las economías del mundo entero, con mayor dolo en Latinoamérica.

 

Ni siquiera EU tiene fácil el panorama militar cuando China acaba de publicar su vigoroso Libro Blanco de “Defensa para una Nueva Era (https://bit.ly/2ZeHcAn)”.

 

El tiempo chino le gana a Trump: China lleva una ventaja institucional cuando puede esperar el desenlace de la elección presidencial de EU, mientras el mandarín Xi ha sido elegido de por vida por su Partido Comunista.

 

China espera y EU desespera.

 

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Estados Unidos envía tropas a Arabia Saudita

Crece la tensión con Irán en el Golfo Pérsico

 

Estados Unidos desplegará soldados en Arabia Saudita en medio de las crecientes tensiones con Irán, que hacen temer un conflicto. Con esta medida los aliados pretenden garantizar la estabilidad en la turbulenta región del Golfo, según pudo leerse en comunicados separados presentados desde Ryad, capital de Arabia Saudita, y del Comando militar central de Estados Unidos (Centcom). 

Si bien no revelaron el número de tropas que serán desplegadas en el reino, ubicado a unos 200 kilómetros de las costas de Irán, los medios estadounidenses revelaron que 500 soldados se asentarán en la base aérea militar Prince Sultan, al sur de la capital saudita. El anuncio se realizó un día después de que las fuerzas armadas iraníes notificaran la confiscación de un buque petrolero británico en el estratégico estrecho de Ormuz en el Golfo, por donde transita un tercio del petróleo que se comercializa por vía marítima, aumentando las previsiones de conflicto.

"Basado en una cooperación mutua entre Arabia Saudita y Estados Unidos y en su deseo de reforzar todo lo que pueda preservar la seguridad de la región y su estabilidad el Rey Salmán aprobó alojar fuerzas estadounidense", indicó el ministerio de Defensa saudita. “Para Estados Unidos el despliegue tendrá un efecto disuasorio suplementario y reforzará nuestra capacidad para defender a nuestras tropas y nuestros intereses en la región frente a amenazas emergentes y creíbles", añadió.

"El rey Salmán aprobó alojar fuerzas estadounidenses con el fin de aumentar el nivel mutuo de cooperación para preservar la seguridad de la región y su estabilidad, y garantizar la paz", indicó un portavoz del ministerio de Defensa saudita, citado por la agencia estatal SPA.

El viernes la tensión volvió a aumentar en la región del Golfo. Irán anunció la confiscación de un petrolero con bandera británico en el estrecho de Ormuz por "no respeto del código marítimo internacional". Horas antes, Trump había anunciado que un barco estadounidense, el USS Boxer, derribó en el Golfo un avión no tripulado iraní que se aproximó peligrosamente al navío. "Su dron se acercó demasiado a nuestro barco. Si los drones se acercan mucho, los derribaremos", sentenció.

Desde Irán negaron que el avión no tripulado perteneciera a sus fuerzas armadas. De hecho, el vicecanciller iraní, Abas Araqchi, redobló la apuesta al afirmar que tal vez el gobierno norteamericano derribó a uno de sus propios drones.

Las relaciones entre Irán y Estados Unidos se deterioraron sensiblemente en mayo de 2018, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, se retiró del acuerdo internacional sobre el programa nuclear iraní firmado en 2015 y reimpuso duras sanciones contra el país asiático. Ese acuerdo firmando entre Teherán y el Grupo de los Seis (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y Alemania) tras varios años de esfuerzos, preveía una limitación del programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales que asfixian a su economía. En respuesta a la salida del acuerdo del gobierno norteamericano, Irán también comenzó progresivamente a incumplir algunos de sus compromisos, buscando de esa manera forzar a sus socios a salvar el pacto.

Además, Trump y su aliado Arabia Saudita acusaron a Irán de atacar a petroleros y drones en el Golfo desde mayo de este año. Desde el Pentágono anunciaron que estaban planeando una coalición internacional para escoltar a los buques comerciales en el Golfo. Irán negó estas acusaciones y amenazó con cerrar el estrecho de Ormuz en caso de ataque.

La última vez que Arabia Saudita alojó a soldados estadounidenses fue en 2003, cuando estos se retiraron tras el fin de la guerra contra Irak. Ryad acogió a las fuerzas estadounidenses, principalmente aéreas, durante 12 años, desde la operación "Tormenta del desierto" de 1991, cuando Irak invadió Kuwait, y hasta el fin de la guerra de 2003, en la que se derrocó a Sadam Hussein.

En la base Príncipe Sultán, a unos 80 km al sur de Ryad, llegaron a estar estacionados 200 aparatos estadounidenses, en el punto máximo de las operaciones durante la guerra en Irak. Cada día se gestionaban más de 2.700 misiones desde los cuarteles generales de Arabia Saudita. En contrapartida a la presencia de militares estadounidenses, estos formaban a sus homólogos sauditas.

No obstante, las relaciones entre los dos países durante esos 12 años de cooperación no siempre fueron buenas, especialmente después de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, orquestados por Osama bin Laden, de origen saudita.

La administración Trump recibió críticas en su país por sus escasos esfuerzos para castigar a Arabia Saudita, después del asesinato el año pasado del periodista saudita Jamal Khashoggi en el consulado del reino en Estambul. Trump alabó reiteradamente al poderoso príncipe heredero saudita y ministro de Defensa del reino, Mohamed bin Salmán.

El jefe del Centcom, Kenneth McKenzie, se comprometió a trabajar enérgicamente para garantizar la seguridad marítima en las aguas estratégicas del Golfo durante una viaje que realizó el jueves a la base aérea Prince Sultan. La visita se produjo después de que la Cámara de Representantes estadounidense votara a favor de bloquear 8.100 millones de dólares en venta de armas al reino y otros aliados, lo que probablemente será vetado por Trump.

Según los analistas, el despliegue pretende fortalecer los lazos entre Washington y Riad, especialmente las deterioradas relaciones militares. "Estas tropas están allí para preparar la base aérea Prince Sultan para el posible despliegue de un escuadrón aéreo", sostiene el analista Andreas Krieg, profesor del King's College de Londres. "Estados Unidos intenta aumentar sus opciones militares en caso de un ataque a Irán. Para el príncipe heredero se trata de mostrar que Estados Unidos sigue siendo un importante garante de la seguridad y está comprometido con la seguridad saudita", subraya Krieg.

"Los sauditas le dicen a Washington: si se quedan con nosotros, nos quedaremos con ustedes", analiza James Dorsey, investigador en la S. Rajaratnam School of Internacional Studies de Singapur. "Los estadounidenses están intentando decir: los respaldamos", añade.

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Vladimir Putin escucha a personas afectadas por las inundaciones en Tulún, Rusia.Foto Ap

No cualquiera en cualquier lugar se atreve a definir la estratégica arquitectura global como Andrey Kortunov, director general del think tank Consejo Ruso de Asuntos Internacionales (RIAC, por sus siglas en inglés) –creado por decreto presidencial y fundado por varios ministerios relevantes (https://bit.ly/2Y3mLFl)– en una entrevista al portal oficioso chino Global Times durante el Octavo Foro de la Paz Mundial celebrado en Pekín (https://bit.ly/2Gm4CfY).

 

Prefiero iniciar por su conclusión cuando aborda que la arquitectura estratégica global de la tríada China/Rusia/EU” es crucial para el mundo.

 

A la pregunta de cómo las relaciones de China/EU/Rusia afectan el orden (sic) mundial, Andrey Kortunov –quien mantiene una estrecha interlocución con el Kremlin– responde categóricamente que tal tríada define las reglas del juego (sic) ya que si Rusia y EU no desean desarmarse, nadie estará dispuesto a desarmarse, así como si China y EU no pueden ponerse de acuerdo en el libre comercio, ¿quién lo haría entonces?.

 

Su diagnóstico del mundo, muy similar al del zar Vlady Putin en su histórica entrevista al Financial Times sobre la fragmentación global (https://bit.ly/2L0vAO6), es un tanto lúgubre: el mundo unido (sic) que conocemos hoy podría bien fracturarse en varios bloques competitivos. Esto no es un muy brillante prospecto para cualquiera. Si se gesta una guerra tecnológica entre Pekín y Washington, otros (sic) países no podrán sentarse sobre el muro y tendrán que elegir su lado en esta guerra.

 

A mi juicio, es muy clara su alusión de que Rusia se inclinará más del lado chino desde el 5G de Huawei hasta la magnificente Inteligencia Artificial (IA) que hoy encabeza China, mientras que –desde Baby Bush pasando por Obama hasta Trump– la hostilidad de EU ha ido in crescendo imponiendo sanciones a diestra y siniestra contra Rusia a quien Washington orilló torpemente a los brazos más fraternales de Pekín.

 

El concepto de la estratégica arquitectura global, como sustento para un nuevo orden tripolar –un G3 de EU/Rusia/China–, se basa en la archisabida estabilidad estratégica (https://bit.ly/2FNcqqT) de las tres superpotencias planetarias: Rusia y EU en materia nuclear, y EU y China en el rubro geoeconómico, con sus respectivos traslapes, cuando Washington ha sido relegada a un segundo lugar en ambos segmentos geoestratégicos.

 

La filosofía del nuevo orden tripolar, a juicio de Andrey Kortunov, se basa en el supuesto de que entienden sus responsabilidades y que operarán compromisos entre ellos, pero que también tendrán que tomar en cuenta los intereses de los pequeños países, ya que, de lo contrario, el mundo no sería un lugar seguro y sustentable.

 

El influyente estratega estadunidense doctor Michael Ivanovitch coincide en la estructura del G-3 (https://cnb.cx/2xDZpeO), planteada por el pensador ruso Andrey Kortunov.

 

Andrey Kortunov no oculta los desafíos y oportunidades fundamentales en la cooperación de China y Rusia, lo cual no obsta para su compromiso en el largo plazo y su visión futura como la “manera de reconciliar la ruta de la seda de China con la Unión Económica Euroasiática, o como manejar las crisis internacionales que puedan afectar a ambos”.

 

Comenta que es probable que EU abandone Afganistán, ante lo cual rusos y chinos deberán colaborar para prevenir la expansión del fundamentalismo islámico a sus territorios (sic) o a sus países vecinos. ¿No fue fundado el Grupo de Shanghái (https://bit.ly/2O8yVNA) para ese propósito?

 

Andrey Kortunov enfatiza que las relaciones de Moscú y Pekín deben ir más allá de la seguridad, para cooperar en las “áreas de desarrollo y hightech”; desde el software operativo para los teléfonos inteligentes hasta la IA.

 

Devela que el zar Vlady Putin realizó dos propuestas específicas a Trump: fortalecer el control estratégico de armas y apaciguar los contenciosos de Siria/Irán/NorCorea.

 

Resaltó que Trump es demasiado “inteligente” para no entrampar a EU en otra guerra sangrienta y despilfarradora por que ante todo piensa en su relección.

 

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China y la guerra comercial: una perspectiva amplia

La guerra comercial que ha desatado Donald Trump en contra de China no es un episodio pasajero que terminará en breve para ser rápidamente olvidado.

 

Esta es la segunda vez en la historia que Estados Unidos utiliza su poderío económico para frenar el auge de una potencia rival en Asia. Desde la restauración Meiji, que puso fin al shogunato de los Tokugawa en 1868, Japón desarrolló una exitosa política económica y tecnológica dirigida a alcanzar un desarrollo industrial comparable al de Inglaterra o Alemania. En los años 1930 presionó a sus vecinos en Asia para construir la "Gran esfera de coprosperidad", que le permitiría garantizar mercados para sus exportaciones y una fuente estable de recursos naturales. Estados Unidos, Inglaterra y Francia no vieron con buenos ojos el surgimiento del nuevo rival asiático. Sus esfuerzos por bloquear el ascenso de la nueva potencia rival fueron un factor importante, aunque no el único, en el surgimiento del militarismo japonés. También sirvieron para detonar la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.

 

Hoy todo ha cambiado, pero en Asia surgió un nuevo rival. China se convirtió en pocas décadas en una potencia que Estados Unidos considera ya una amenaza. Después de años de guerra y ocupaciones extranjeras, el triunfo del Partido Comunista chino, en 1949, condujo a la creación de la República Popular China. En 1978, Deng Xiaoping introdujo una primera serie de reformas en la conducción de la economía. Entre 1979 y 2013, la economía china mantuvo una tasa promedio de crecimiento anual cercana a 10 por ciento. Al mismo tiempo, Pekín mantuvo la conducción estatal de la estrategia económica y una política industrial y tecnológica que llevó a profundas transformaciones estructurales. China, hoy, aspira a que su moneda sea reconocida como medio de pago y reserva de valor a escala internacional. Su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda es un proyecto de infraestructura y transporte que busca dar una proyección global al poderío económico chino.

 

Hoy, China se encuentra enfrascada en una guerra comercial con Estados Unidos. En el último año Washington y Pekín han impuesto aranceles hasta de 25 por ciento sobre flujos comerciales por más de 900 mil millones de dólares. Pero esta guerra comercial es, en realidad, otro teatro de batalla en una guerra de largo aliento.

 

La guerra la inició Washington, pero no busca corregir un simple problema de desequilibrio comercial en algunos productos, como la soya, el aluminio o el complejo automotriz. Ni siquiera se trata de una guerra sobre el saldo de la balanza comercial, como ha dicho Trump. Se trata de una guerra cuyo fin es forzar a China a adoptar una política distinta sobre controles de capital, política industrial y propiedad intelectual. En el G20, en junio pasado, Xi Jinping y Trump acordaron un armisticio para volver a comenzar negociaciones comerciales. Pero este proceso va a durar mucho tiempo, porque la confrontación es casi a nivel existencial.

 

La tasa de crecimiento del PIB para el segundo trimestre del año (6.2 por ciento) es la más débil desde que comenzó a medirse esta variable, en 1992. Según Trump, este resultado muestra que la guerra comercial está afectando más a la economía china. La realidad es que China viene experimentando menores tasas de expansión desde hace ya varios años. Para empezar, la economía china no salió sin heridas de la crisis global de 2008: la caída de la demanda internacional en sus principales mercados contribuyó a un descalabro muy importante (la tasa de crecimiento del PIB alcanzó 6.6 por ciento en 2009). La autoridades económicas en Pekín respondieron rápidamente con un estímulo fiscal y una política monetaria laxa, lo que condujo a una recuperación en 2010-2011, pero desde entonces se ha mantenido una clara tendencia a menores tasas de crecimiento.

 

No es evidente el sendero que seguirá la economía china en los meses que vienen. Algunos analistas consideran que lo peor ya pasó y que en mercados internos importantes, por ejemplo la venta de automóviles, los números muestran estabilidad. Sin embargo, la mayoría de los indicadores clave (ventas al menudeo, demanda de energía, industria de la construcción) muestran que la economía china seguirá manteniendo una trayectoria de menor expansión económica. Además, como resultado de su política monetaria, hoy la economía entera se encuentra todavía tratando de reducir los efectos del sobrendeudamiento y esa es, quizás, la causa más importante de la caída en el ritmo de crecimiento.

 

Regresamos al punto de partida. Estados Unidos puede hacer mucho daño a la economía china, pero sin una guerra militar no podrá impedir su ascensión. En su intento por frenar el nuevo poderío chino, Estados Unidos pagará un costo muy elevado al convertirse en una sociedad cada vez más represiva. Los reflejos imperiales de Washington afianzarán en lo interno las tendencias dictatoriales y conducirán a la desaparición de lo que queda de la república.

 

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Facebook, multada con 5 mil millones de dólares y Twitter censura cuenta de Assange

Si partimos del concepto del poder militar que aplica Estados Unidos, es ineludible la jerarquía del C-4 (Comando/Control/Cibernética/Computadoras).

 

¿Quién "comanda" y "controla" las joyas tecnológicas de Silicon Valley del GAFAT (Google/Amazon/Facebook/Apple/Twitter)?

 

Más que la multa supuestamente "cuantiosa" de 5 mil millones de dólares, que asestó la deslactosada Comisión Comercial Federal (FTC, por sus siglas en inglés) a Facebook por su pisoteo a los "derechos de privacidad de los datos" (https://on.wsj.com/2Gboy54), llamó la atención la división de sus cinco miembros: tres republicanos a favor y dos demócratas en contra que criticaron su exigüidad punible dada la dimensión del daño (https://on.wsj.com/2Y3Ej8l).

 

No es casual que Elizabeth Warren, feroz senadora demócrata, exija la atomización de Facebook (https://bit.ly/2LCGzOU).

 

Ahora que Trump ha arremetido contra los vínculos de Google con China, se va asentando la proclividad electoral de los omnipotentes "dueños del universo tecnológico" del GAFAT (https://on.wsj.com/2xNhCqa).

 

Si por sus filias y/o fobias los conoceréis, queda clara la conectividad de Google y Twitter como enemigos de Trump y el Partido Republicano.

 

No queda muy prístino el verdadero "comando y/o control" de Facebook, de estrechos vínculos con Netanyahu (https://bit.ly/2XNay7y).

 

Facebook rompió con George Soros (https://bit.ly/2R2Lhnl), mientras apoyaba "extrañamente" al Brexit y a Trump con la desaparecida Cambridge Analytica (https://bit.ly/2pCFpEJ).

 

Mike Head, del sitio web de World Socialist (WSWS), publica que "Twitter elimina la cuenta de la organización de defensa de Assange" (https://bit.ly/2LlLjaD).

 

WSWS, al unísono de Russia Today, es de los pocos sitios que han difundido la forma arbitraria en la que Twitter suspendió la cuenta @Unity4J (https://bit.ly/18l44gk), plataforma que circula la información sobre la detención de Julian Assange, fundador de Wikileaks, encarcelado en la siniestra prisión Belmarsh, mientras enfrenta una extradición a EU, donde puede ser ejecutado por espionaje (US Espionage Act).

Con la mano en la cintura, la red "social" Twitter, que manipula a sus usuarios enjaulados, no dio razón a las protestas masivas ni ha contestado la "apelación" de los usuarios ni su mandamás Jack Dorsey se ha dignado contestar.

 

Ya había expuesto con antelación el organigrama bancario y ejecutivo de Twitter en San Francisco (https://bit.ly/2vmxf6V).

 

El encargado de "Twitter Latinoamérica" es el español Pepe López Ayala a cargo del eje México/Colombia/Chile/Argentina: aliado del neofranquista y fascista Partido Popular, de íntimos vínculos con Calderón y su presunto asociado Krauze Kleinbort, miembro de los Consejos de Administración de Televisa (https://bit.ly/2JAnSbJ) y Banco Santander (https://bit.ly/2GgjSeb).

 

El legendario músico Roger Waters, cofundador de Pink Floyd, denuncia la suspensión por Twitter para silenciar a los apoyadores de Assange a quien describió como "un gran héroe de la libertad de prensa y de la libertad de cualquier género".

 

Roger Waters comparó a Twitter con el Big Brother (Gran Hermano): personaje central de la novela distópica y totalitaria 1984 de George Orwell (https://amzn.to/2jdTyon).

 

Waters sentenció que Twitter "es el brazo de la policía del pensamiento". Aquí discrepo en el túnel del tiempo, porque Twitter no llega aún a la sofisticación del Gran Hermano, sino que se parece más a la Inquisición medieval (https://bit.ly/2XLaCtl).

 

Mike Head fustiga que "Twitter se ha comportado como un trasnacional juez, jurado y verdugo, sin proporcionar explicación alguna, no se diga justificación".

 

Cabe señalar que también Trump se ha quejado amargamente de que Twitter hostiga en EU a la "derecha" conservadora –que detesta su mandamás estadunidense Jack Dorsey–, mientras que, de acuerdo a mi personal vivencia, el neofranquista/neofascista/neoliberal Pepe López Ayala persigue a los integrantes de la "izquierda" que detesta la dupla golpista Calderón/Krauze (https://bit.ly/30yf2AL).

 

Pese a todo, no faltan cándidos que aún exulten la libertad de expresión de las redes "sociales (sic)".

 

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