Lunes, 04 Febrero 2019 06:29

Estalla la Guerra Fría tecnológica

Estalla la Guerra Fría tecnológica

EE UU y China libran una batalla que condicionará la evolución de la economía mundial


A principios de semana, el departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos penales contra el gigante tecnológico Huawei por robo de secretos comerciales, obstrucción a la justicia, fraude bancario y por saltarse las sanciones estadounidenses contra Irán. Acusaciones que pueden dar paso a la extradición a EE UU de la vicepresidenta de Huawei, Meng Wangzhou, retenida en Canadá desde el pasado 1 de diciembre.


Es el último capítulo de un enfrentamiento cada vez más abierto entre EE UU y China a cuenta del desarrollo tecnológico y que ha ido ganando intensidad conforme van pasando los meses. Lo que empezó como los primeros pasos de una guerra comercial entre Estados Unidos y China en 2018, con la imposición de aranceles sobre un número creciente de productos, ha ido evolucionando hasta dejar ver la complejidad de la confrontación entre las dos potencias, donde EE UU ha puesto a las grandes compañías chinas del sector como ZTE, Tencent o Huawei, en el punto de mira de sus acciones. La nueva Guerra Fría es tecnológica.


“La gran diferencia es que 2019 es el año en que todo eso pasa ante el ojo público”, explica Zvika Krieger, director del centro del Foro Económico Mundial (WEF, en sus siglas en inglés) en San Francisco y experto en tecnología. “Hasta ahora, solo los conocedores del sector o las autoridades implicadas en estas cuestiones estaban al tanto de esa guerra tecnológica pero ahora el enfrentamiento es abierto”, reflexiona en una pausa entre reunión y reunión en el Foro de Davos. Tanto que la guerra tecnológica se convirtió en el elefante en la habitación de la cumbre de Davos, el tema no incluido en el programa oficial del que todo el mundo hablaba. “El enfrentamiento entre EE UU y China ha surgido en el 90% de las reuniones a las que yo he asistido”, confesaba en la estación suiza Carlos Pascual, antiguo embajador estadounidense y vicepresidente de la consultora de riesgos IHS Markit, que advertía de que algo ha cambiado para siempre en la relación entre las dos potencias. “Incluso si la guerra comercial se resuelve a lo largo de este mes –el ultimátum vence el 1 de marzo—y China promete comprar muchos más productos estadounidenses y abrir el acceso a su economía a la inversión extranjera, la guerra tecnológica no va a desaparecer”, sentenciaba.


Huawei, inmersa en una campaña global de relaciones públicas inédita en sus algo más de 30 años de historia, defiende su independencia de las autoridades de Pekín. “Somos una empresa que es 100% propiedad de sus empleados y cada año nos sometemos a una auditoría de la mano de KPMG”, clamaba su actual presidente, Liang Hua, en un encuentro poco habitual con los medios de comunicación en Davos. Pero resulta difícil imaginar que Huawei o cualquier otra compañía china puedan resistir las presiones de un régimen como el de Pekín, especialmente en aras de la seguridad nacional.


La emergencia de las empresas tecnológicas chinas en la economía global amenaza el dominio que hasta ahora tenían las empresas estadounidenses del sector. Huawei ya ha superado a Apple como segundo fabricante mundial de smartphones, solo por detrás de la coreana Samsung. Más aún, la compañía de Palo Alto, además, ha tenido que rebajar sus previsiones de ingresos por primera vez desde 2001, en pleno estallido de la burbuja tecnológica, por el impacto que la desaceleración china tiene en sus ventas.


Sistemas antagónicos


Las dimensiones de ese enfrentamiento van más allá de lo puramente sectorial y se adentran de lleno en la geopolítica. El modelo Silicon Valley, el Valle de Santa Clara cercano a San Francisco donde la innovación y el desarrollo tecnológico se han apoyado en una abundante financiación privada capaz de asumir riesgos, puede sucumbir ante el modelo Shenzen, la ciudad china que alberga a algunos de esos gigantes tecnológicos crecidos al amparo de la protección estatal, la transferencia forzosa de tecnología de las multinacionales que quieren hacer negocios en el país y cuantiosa mano de obra barata y formada. Son dos modelos contrapuestos, uno basado en la iniciativa privada y otro impulsado por el sector público, de un régimen autoritario, cabe recordar.


Para dar un impulso definitivo a ese modelo, en 2015 el primer ministro chino Li Keqiang puso en marcha el plan Made in China 2025 para dar un impulso definitivo a la industria del país. Tres años más tarde, el presidente Xi Jinping reformuló el plan para convertir a China en una superpotencia tecnológica —en la industria aeroespacial, la robótica, la biotecnología y la computación— en ese horizonte, con un presupuesto estimado de unos 300.000 millones de dólares (unos 260.000 millones de euros). Un programa que, como reconoce el propio Consejo de Relaciones Internacionales de EE UU en un reciente informe, representa “una amenaza existencial para el liderazgo tecnológico estadounidense”. Y Washington, de la mano de su presidente Donald Trump, ha pasado al ataque. “Los americanos no van a ceder la supremacía tecnológica global sin luchar y el caso Huawei demuestra que esa batalla ya ha comenzado”, aseguraba en una reciente entrevista Michael Pillsbury, director del centro de estudios sobre China del Hudson Institute y asesor de la Administración de Trump. Pillsbury acaba de publicar un libro sobre el tema La maratón de los cien años. La estrategia secreta de China para sustituir a EE UU como superpotencia global.


“A lo largo de 2018 la competición tecnológica se hizo extremadamente política. Este año, los inversores y los mercados van a empezar a pagar el precio de ese cambio”, advertía a principios de enero la consultora de riesgos Eurasia Group que dirige Ian Bremmer. Para Eurasia, de hecho, uno de los diez principales riesgos para este ejercicio es ese invierno en la innovación derivado de las tensiones entre EE UU y China, que van a obligar al resto del mundo a tomar partido por uno de los dos bandos y que van a provocar un freno en las inversiones y el desarrollo tecnológico a nivel global.


En esta ocasión el freno se puede producir en el desarrollo de las redes móviles de 5G, una tecnología que los expertos definen como cuantitativa y cualitativamente diferente a las anteriores generaciones de Internet móvil y que “va a ser radicalmente distinta a nada que le haya precedido, en términos de la innovación que va a propiciar”, explica Paul Triolo, jefe de Geotecnología de Eurasia Group. Si hacemos caso a la teoría que sostiene que cada revolución industrial ha ido precedida y asociada al desarrollo de una tecnología concreta que cambia la sociedad de forma radical, en el caso de la cuarta revolución industrial esa tecnología es el 5G. El desarrollo de coches sin necesidad de conductor o de ciudades inteligentes, por ejemplo, exige una enorme cantidad de datos, con disponibilidad casi inmediata, que solo las redes 5G pueden hacer posible. “La implantación del 5G es la clave para el desarrollo de la economía digital, el Internet de las cosas y determinará la evolución de la industrial. Es una tecnología en una generación”, sostiene Zvika Krieger.


Es ahí donde hay que enmarcar la campaña emprendida a lo largo del año pasado por las autoridades estadounidenses para persuadir a sus socios internacionales de vetar a Huawei del desarrollo de las redes de 5G. Los integrantes de la alianza de los Cinco Ojos [Five Eyes], un acuerdo de inteligencia firmado por EE UU, Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, se han comprometido a vetar en sus países al gigante tecnológico chino, líder en el desarrollo de componentes para implantar esas redes, por amenaza a su seguridad nacional. A ese veto evalúan sumarse Alemania, Francia y Noruega por temor a que China pueda llevar a cabo operaciones de espionaje a través de los equipos de Huawei. La británica Vodafone ha anunciado que aplazaría la instalación de nuevo equipamiento de red básica de Huawei en todas sus operaciones europeas, con gran impacto en los países del Este. Previamente, British Telecom había declarado que eliminaría en un plazo de dos años todos los equipos de la empresa china utilizados en la red básica de la operadora móvil. La operadora alemana Deutsche Telekom ha alertado, sin embargo, que esas decisiones pueden provocar una demora en el desarrollo del 5G en Europa, previsto para 2020, de al menos dos años.


“Según ha ido escalando la confrontación comercial y tecnológica entre EE UU y China a lo largo del último año, impulsada por los temores económicos y de seguridad nacional de Estados Unidos y por los ambiciosos objetivos de desarrollo industrial, tecnológico y económico de China, cada decisión asociada con el desarrollo de las redes 5G se ha politizado”, explica Paul Triolo, en su último informe La geopolítica del 5G.


En esas circunstancias cada vez más voces del sector inciden en la necesidad de abordar esta cuestión desde un punto de vista multilateral y supranacional. En el mismo Foro de Davos, la canciller Angela Merkel defendió la necesidad de crear un organismo multilateral, una especie de OTAN tecnológica que aborde tanto las cuestiones de ciberseguridad, como el tratamiento de datos, la ética de la Inteligencia Artificial o la biogenética. “No hay ningún tipo de arquitectura internacional en ese ámbito y no puedo imaginar que cada país vaya en eso por su lado”, aseguró la canciller. “Hemos quedado [Europa] muy a la zaga en el desarrollo de las plataformas tecnológicas pero en cambio la Unión Europea ha sentado las bases para reglamentar el tratamiento de los datos y ese debe ser el rasero europeo para avanzar en la digitalización”, aseguró ante un abarrotado plenario del centro de Congresos.


Merkel se refería a la puesta en marcha del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR, en sus siglas en inglés) que entró en vigor a finales de 2018. Una decisión encaminada a proteger el tratamiento de los datos de los consumidores que fue inicialmente rechazada por los gigantes tecnológicos pero que ahora ven como tabla de salvación para recuperar la confianza de los consumidores. “Personalmente pienso que es un fantástico inicio para empezar a tratar la privacidad como un derecho humano. Espero que en Estados Unidos hagamos algo similar y que el mundo avance hacia unos estándares comunes en este ámbito”, confesaba el primer ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella, en uno de los debates celebrados en la ciudad suiza. California ha puesto en marcha su propio GDPR pero no hay ninguna iniciativa a nivel estatal en Estados Unidos para garantizar la privacidad de los usuarios y cada vez más voces admiten que en este ámbito no cabe la autorregulación.


“El mercado no discrimina sobre el uso correcto o erróneo de las tecnologías. Por ejemplo, el uso del reconocimiento facial por parte de la Policía de Nueva Delhi ha permitido identificar en apenas cuatro días a casi 3.000 niños desaparecidos. En otros casos, el uso del reconocimiento facial puede utilizarse para invadir la privacidad y con sesgo político”, admitió Nadella. “Apoyamos cualquier tipo de regulación que ayude a que el mercado no se convierta en una carrera hacia el fondo”, afirmó.


Para Krieger, hay cuestiones que se deben abordar sin dilación: “No hay transparencia en cómo se recogen los datos, ni en cómo se usan por parte de las empresas. No se puede monitorizar su uso posterior ni se les puede sacar dinero”. Dos años después de montar el centro del WEF en San Francisco, para este experto tecnológico, que fue el primer representante del Departamento de Estado en Silicon Valley, las empresas son las que tienen ahora más urgencia en establecer reglas claras para su funcionamiento, en línea con la reivindicación de Merkel.


Preocupación añadida


Aunque la canciller tenía en mente la necesidad de proteger la privacidad de los usuarios y de responder a los cada vez más habituales y devastadores ataques informáticos cuando apelaba en Davos a la creación de una OTAN de la ciberseguridad, las empresas tienen otra preocupación añadida. La creación de algún tipo de arquitectura global que haga frente a los desafíos de la nueva realidad tecnológica puede resultar decisivo para evitar lo que los expertos llaman la balcanización de Internet, el temor a una fragmentación de la Red que haga incompatibles unos sistemas con otros. Y el riesgo crece en el actual escenario donde confluyen la confrontación de EE UU y China y el desarrollo de una tecnología disruptiva y revolucionaria como el 5G.


“Un ecosistema del 5G dividido aumentará el riesgo de que la tecnología global se divida en dos esferas de influencia separadas, divididas políticamente y sin posibilidad de que operen entre ellas. Una, impulsada por Estados Unidos y desarrollada tecnológicamente en Silicon Valley, y otra, liderada por China y respaldada por su eficiente red de plataformas digitales”, apunta el informe de Eurasia sobre la geopolítica del 5G.


Una preocupación de primera magnitud para el sector y que Zvika Krieger ratifica. “Lo más preocupante es que la interoperabilidad de la Red se mantenga y ahí el sector público, los Gobiernos, deben asumir la responsabilidad y el liderazgo”. A su juicio, China es la primera interesada en que se proteja la interoperabilidad de Internet y ha mostrado su disposición a cooperar en este ámbito.


Pero no a cualquier precio. En el mismo escenario en el que Merkel había apelado a la cooperación internacional, el vicepresidente chino, Wang Quishan, defendía poco después el modelo chino de desarrollo tecnológico. “Es imprescindible respetar la soberanía nacional y evitar la hegemonía tecnológica, interfiriendo en cuestiones domésticas de otros países y llevando a cabo actividades tecnológicas que minen la seguridad nacional de otros países”, decía al auditorio. “Tenemos que respetar las elecciones independientes sobre el modelo de gestión tecnológica y las políticas públicas que haga cada país y el derecho a participar en el sistema de gobernanza global como iguales”. La Guerra Fría tecnológica sigue en pie.

3 FEB 2019 - 12:59 COT

Domingo, 03 Febrero 2019 05:55

Con voluntad de diálogo y de pelea

Con voluntad de diálogo y de pelea

Dos conclusiones emergen del conflicto venezolano después de casi dos semanas del autoproclamamiento de Juan Guaidó. El primero es que la dirección del intento de gobierno paralelo reside en los Estados Unidos, el segundo es que, por el momento, la fuerza principal también. Deberán esperar quienes vinieron al país a buscar las imágenes de un país transformado en un escenario de batallas abiertas. El sábado fue una nueva confirmación de esa conclusión que parece aplicar en este momento del ataque.

La dirección: para entender qué sucede y qué puede pasar en Venezuela es necesario seguir a quiénes toman las decisiones desde EE.UU. John Bolton, asesor de seguridad, Mike Pence, vicepresidente, Mike Pompeo, secretario de Estado, Elliot Abrams, el enviado especial para manejar la cuestión Venezuela, Steven Mnuchin, secretario del tesoro, Marco Rubio, senador republicano, y el mismo Donald Trump. Es una pérdida de tiempo seguir a Juan Guaidó, o cualquier otro dirigente de la derecha, para saber qué puede pasar.
Pence, por ejemplo, ofreció un discurso en una iglesia de Miami el día viernes. Allí afirmó que es necesario “eliminar” a los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, que se trata de un asunto “regional”, y que “el tiempo de la negociación terminó”.


Bolton por su parte se paró desde el lugar de jefe: “Los Estados Unidos instan a todos los militares venezolanos a seguir el liderazgo del general Yánez, y a proteger a los manifestantes pacíficos que apoyan la democracia”. Bolton se refirió a Francisco Yánez, general de aviación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), que difundió un video en la mañana del sábado donde anunció su apoyo a Guaidó.


El asesor de seguridad también afirmó que enviarán la denominada ayuda humanitaria: “Siguiendo la petición del presidente interino Juan Guaidó, y en consulta con sus funcionarios, EE.UU. movilizará y transportará medicamentos de ayuda humanitaria, suministros quirúrgicos y suplementos nutricionales para el pueblo de Venezuela. Es hora de que Maduro se quite de en medio”.


Guaidó, en la movilización que realizó la derecha el sábado en Caracas, declaró: “Anunciamos una coalición mundial por la ayuda humanitaria y la libertad en Venezuela. Ya tenemos tres puntos de acopio para la ayuda: Cúcuta es el primero. Otro estará en Brasil y otro en una isla del Caribe”. Su único anuncio fue el que ya había dicho Bolton. La cadena de mandos es de una evidencia que casi no intentan disimular, aunque a veces necesiten aclararlo, como Rubio, quien afirmó que “EE.UU. no organizó este movimiento, sino que es liderado por el pueblo venezolano”.


Guaidó solo especificó un punto concreto para la entrada: Cúcuta, zona fronteriza caracterizada por la alta presencia del paramilitarismo colombiano, mafias de contrabando –ligadas o sinónimos del paramilitarismo– donde fueron entrenados quienes intentaron el asesinato de Nicolás Maduro en agosto del año pasado. Es uno de los principales puntos que podrían ser activados como foco críticos, donde desatar incendios, con la particularidad de la alta exposición mediática. Fue desde allí, por ejemplo, que Luis Almagro, secretario de la Organización de Estados Americanos, afirmó que no se descartaba la opción militar contra el gobierno de Maduro.


Es probable que en este escenario planteado el centro del conflicto alterne entre Caracas y esos puntos críticos. ¿Cómo piensan hacer ingresar la ayuda? ¿Con qué logística, fuerza, permiso, actores? ¿Qué tipo de acción acompaña el ingreso? El “gobierno paralelo” necesita territorio, capacidad de ejercer poder, dos dimensiones que no posee. Lo único que hace “presidente” a Guaidó en lo nacional es que la base social de la derecha lo nombre de esa manera. Es evidente que no tiene, ni él ni toda la derecha reunida, la fuerza para llevar adelante una estrategia de estas características.


El gobierno no dejará que ingresen fuerzas norteamericanas o actores contratados para abrir una grieta en el territorio nacional. Ningún gobierno dejaría que una fuerza extranjera -o sus agentes- ingrese sin su permiso.


El juego está trancado. EE.UU. plantea que no habrá diálogo, descarta intentos como el de los gobiernos de México y Uruguay, o posiciones como la del secretario general de las Naciones Unidas, que afirman la necesidad de un diálogo. Algunos países de la Unión Europea plantearon la creación de un Grupo de contacto internacional con Venezuela -integrado por unos diez o doce miembros, no todos europeos-, para avanzar en la propuesta de volver a convocar elecciones, con un plazo de noventa días para evaluar resultados.


En ese cuadro Maduro anunció en la movilización realizada el mismo sábado, donde el chavismo hizo una nueva demostración de fuerzas, que consultará acerca de la posibilidad de anticipar las elecciones legislativas que deberían hacerse en el 2020. Sería una manera de intentar desactivar a la Asamblea Nacional, con todos los riesgos que conlleva. ¿Es preferible dejarla avanzar en un intento de gobierno paralelo por fuera de toda ley con el objetivo de lograr un golpe de Estado?


Parece claro en este momento que los EE.UU. avanzarán y utilizarán cualquier argumento para redoblar su narrativa de que no habrá negociación. Muchos de sus mensajes tienen por objetivo quebrar la voluntad de lucha del chavismo y en particular de la Fanb, a la que necesitan partir. Para esto último han creado un abanico, desde la promesa de amnistía hasta las amenazas de intervención, pasando por cuentas creadas en redes sociales para que los soldados no obedezcan a los generales.


Termina así otra semana en Venezuela. No habrá descanso. Los discursos de los EE.UU. remiten a una ofensiva final que se han puesto a conducir. El chavismo se mantiene entero, movilizado, con voluntad de diálogo y de pelea.


 Maduro anunció que podría adelantar las elecciones parlamentarias en Venezuela para este año

“Acá estamos todos defendiendo la revolución”


Durante su discurso ante una multitud reunida para manifestarle su apoyo, el presidente venezolano insistió en la necesidad de habilitar el camino del diálogo que propusieron México y Uruguay, y al que ahora se sumó Bolivia.

Por Felipe Yapur

La impresionante movilización que realizó el chavismo sirvió para que el presidente constitucional Nicolás Maduro le mostrara a los Estados Unidos, y por ende a la oposición, que el chavismo está mucho más vivo de lo que piensan y decidido a defender la revolución bolivariana que ayer cumplió 20 años desde la llegada de Hugo Chávez a la presidencia. En ese contexto y ante los ataques, Maduro respondió con su disposición a aceptar la mesa de diálogo que promueven México, Uruguay y también Bolivia y los países del Caribe agrupados en Caricom. Eso sí, reclamó que se levanten las sanciones “y el robo del dinero por parte del gobierno” estadounidense. Pero sobre todo, Maduro desafió a la oposición al anunciar que se está trabajando en adelantar las elecciones parlamentarias para este mismo año y, como afirmó, “que sea el pueblo quien decida”.


Maduro llegó al escenario después del mediodía. El sol no parecía estar enterado de que en estas latitudes es invierno y caía como plomo sobre los cientos de miles que colmaban la avenida Bolívar. El mandatario jugó con unos binoculares para ver hasta donde llegaba la gran columna prácticamente vestida de rojo.


Durante su discurso insistió en la necesidad de habilitar el camino del diálogo que propuso México y Uruguay y que ahora se sumó Bolivia. Por caso, en la noche del viernes de regreso de los Estados Unidos aterrizó el avión del presidente boliviano Evo Morales. Ambos mantuvieron una reunión donde se habló de la necesidad de encontrar una salida política y una posibilidad es el adelantamiento de las elecciones. Maduro no descartó ese camino y cuando habló ante la multitud trajo a colación este punto pero, a diferencia de lo que reclama la oposición dijo que, por una iniciativa de la Asamblea Nacional Constituyente, van a adelantar los comicios parlamentarios. Juan Guaidó que quiere nuevas elecciones presidenciales tiene cerca la finalización de su mandato y es por eso que el gobierno chavista planteó esta variante para poner en jaque al diputado que, por el discurso que dio una hora antes en la zona este de la capital venezolana, exigió elecciones presidenciales como requisito indispensable para la salida pacífica (ver nota aparte).


A la intención de adelantar los comicios parlamentarios, el mandatario venezolano indicó que junto a la Asamblea Constituyente van a promover la realización de “una consulta nacional” a través de los denominados Cabildos Bolivarianos Abiertos donde además participarán los gobernadores “para consultarle al pueblo esa solución política, esa salida constitucional” y que caracterizó como democrática y libre. Luego envió un estiletazo a la oposición al sostener que “podemos hacerla consensuado con una mesa de diálogo con la oposición, si ellos quieren nosotros queremos”.


Maduro se cuidó de responder a las consignas guerreristas que lanzan desde la oposición y siempre se mostró dispuesto a la paz y al diálogo: “Sigo llamando a la paz. A pesar de los intentos de Golpes de Estado, las amenazas externas, Venezuela está en paz, estamos ganando por la vía de la paz, hemos ganado la paz y se impuso nuevamente cuando no pudieron llenar de violencia a Venezuela, lo derrotamos con la justicia”, afirmó.


De todas formas, en su discurso no dejó de advertir que si bien se hará todo lo posible por garantizar la paz, la armonía y la unión nacional también recordó que “nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) está cada vez más leal, más comprometida, más unida al pueblo junto a la Milicia Nacional Bolivariana que está movilizada para hacer respetar la Constitución, por eso se quedaron loco”.


Por supuesto que el discurso de Maduro también tuvo un momento destinado al gobierno de Donald Trump a quien acusó de no estar de acuerdo con el diálogo: “Está a favor del Golpe de Estado que prepararon, financian y dirigen la intervención militar de Venezuela, de la guerra” . En ese sentido, le dijo a Trump que “lo tienen engañado” John Bolton, Mike Pence y Mike Pompeo “son tres halcones de guerra que están obsesionados con Venezuela, usted que se cree el emperador del mundo, cree que Venezuela se va a rendir y le va a obedecer sus órdenes pero le advierto que Venezuela no se rinde, sigue adelante, es rebelde, libre, soberana e independiente”.


Si hay una característica que tiene el chavismo es la alegría y ayer esa condición se repitió. Los bailes, las risas a todo volumen mezcladas con consignas en defensa de la revolución y contra la injerencia norteamericana se repitieron sin solución de continuidad. Una de las costumbres es levantar escenarios cada 200 o 300 metros donde se escuchará la voz y se verá la imagen de Maduro servirá también para amenizar la espera con grupos locales de música que hicieron bailar a los manifestantes antes y después del discurso presidencial.


Remeras y gorras rojas con la cara de Chávez o sus ojos o una de sus tantas frases y consignas. También se ve la M de Maduro con los colores de la bandera venezolana y los uniformes de las Milicias Bolivarianas, creadas por Chávez en 2007, rompían la tendencia del rojo por el color caqui de sus uniformes. “Vamos a defender la patria como sea, con el alma, con el corazón, con lo que tengamos en la mano y hasta con la bandera y su asta”, aseguró uno de los participantes mientras blandía la bandera que portaba. Eso sí, al final lanzó una advertencia: “No vamos a huir”.


A pocos metros de allí, entre miles, José le dijo a PáginaI12 que, como ordenó en su momento el presidente Chávez, “estamos rodilla en tierra dispuestos a defender estos 20 años de revolución”, dijo y aseguró que “no nos importa que el imperialismo yanqui se venga para estas tierra. Vendrán pero no saben cómo saldrán”, se envalentonó. Ricardo, un ex militar jubilado, insiste con que “acá no se mueve nadie, acá estamos todos defendiendo a la revolución de Hugo Chávez Frías”. En tanto, Irene sostiene que ella creció con la revolución y eso la hace feliz: “Era niña cuando llegó nuestro comandante eterno y ahora soy parte del poder popular que no sólo defenderá la revolución sino también a Nicolás Maduro al que le digo que unidos jamás seremos vencido”. Antes de irse aclaró que el chavismo también está festejando “los primeros 20 años de chavismo”. Mientras Irene hablaba con este diario un niño escuchaba, cuando la mujer finalizó entonces pidió hablar: “Un saludo revolucionario para todo el mundo”.

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Sábado, 02 Febrero 2019 05:37

Con la mirada en Caracas

Con la mirada en Caracas

La crisis de poder en Venezuela con la irrupción en escena del casi desconocido líder opositor, Juan Guaidó, afecta directamente a Rusia, Bielorrusia y Georgia, tres repúblicas de la antigua Unión Soviética que, desde perspectivas diferentes, tienen la mirada puesta en Caracas, pendientes de si el presidente Nicolás Maduro podrá o no resistir el acoso, auspiciado por la Administración de Donald Trump y respaldado por los países que se alinean con Estados Unidos.

Una eventual derrota de Maduro sería, para Rusia, un duro golpe porque perdería a su mejor aliado en América Latina con una doble implicación: por un lado, después de cultivar durante años la relación con Venezuela, el Kremlin tendría que comenzar de cero otra apuesta geopolítica en el Hemisferio Occidental y, por el otro, quedarían en entredicho sus grandes proyectos en materia de petróleo, minería y venta de armamento, así como el cobro de los multimillonarios créditos concedidos por Moscú a Caracas.

Rusia critica la injerencia de Estados Unidos y su intención de derrocar al presidente legítimo, pero difícilmente llegue a involucrarse en un conflicto bélico por salvar a Maduro. Confía en que el ejército venezolano siga del lado del mandatario y que Washington no provoque una ola de violencia como pretexto para una intervención armada.

Bielorrusia, sin romper con Maduro ni apoyarlo abiertamente, adoptó un lenguaje neutro y deja abierta una puerta para negociar con un nuevo gobernante en caso de que termine de inclinar la balanza en su favor, preocupado por recuperar la deuda del gobierno venezolano por sus camiones, tractores y otra maquinaria, que si bien asciende sólo a cientos de millones es mucho para Minsk, necesitado de recursos.

Georgia, en el otro extremo, fue uno de los primeros en reconocer a Guaidó y no sólo para demostrar su identificación con Estados Unidos, acorde con su aspiración de ingresar a la OTAN. No puede perdonar a Venezuela el haber reconocido –junto con Rusia, Nicaragua, Siria y Nauru– la independencia de Abjazia y Osetia del Sur, que Tiflis reclama como parte de su territorio. Para todo efecto práctico, nada cambiaría que Venezuela reiterase dicho reconocimiento, respaldados abjazios y osetios por Rusia, más allá de que Georgia lo presente como una importante victoria diplomática.

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EE UU acusa a Huawei por robo de tecnología y violar las sanciones

La acción legal se anuncia a pocos días de que se retomen las negociaciones comerciales entre EE UU y China


El Departamento de Justicia de Estados Unidos pasa a la acción, al hacer pública una serie de inculpaciones contra la tecnológica china Huawei, dos de sus filiales y su directora financiera, Meng Wanzhou. Son un total de 23 cargos, que se presentaron ante el tribunal federal en Brooklyn. Se le acusa de fraude bancario, obstrucción de la justicia, conspiración, violar el régimen de sanciones a Irán y por robar secretos comerciales al operador T-Mobile US.


Se trata en realidad de dos casos que van en paralelo y que no hacen más que elevar la presión sobre el mayor fabricante de equipos para telecomunicaciones del mundo y que posiblemente aumentará la tensión entre las dos potencias. EE UU busca de esta manera evitar que las compañías estadounidenses adquieran su tecnología. Wanzhou, hija del fundador, fue arrestada el pasado mes de diciembre en Canadá a solicitud de las autoridades estadounidenses.


En el primer caso, se revelaron 10 cargos federales contras dos filiales de Huawei por el robo de tecnología al operador de telefonía T-Mobile. En el segundo, se presentaron 13 cargos dirigidos contra el grupo chino y la ejecutiva relacionados en este caso con la violación del régimen de sanciones a Irán. Christopher Wray, director del FBI, asegura que la compañía actuó de una manera “descarada y persistente” al explotar a empresas e instituciones financieras estadounidenses.


Esta conducta, añade, representa una amenaza al “mercado global libre y justo”. El arresto de Wanzhou fue calificado como una provocación por parte de las autoridades chinas. La ejecutiva está actualmente en libertad vigilada tras pagar una fianza. En breve tendrá que comparecer de nuevo ante el juez canadiense en el marco del proceso de extradición lanzado por EE UU. La solicitud formal se hará antes del próximo 30 de enero.


En el caso concreto del robo de tecnología a T-Mobile US, la demanda hace mención a un sistema llamado “Tappy” que creó el operador para probar los teléfonos móviles que salen al mercado. Las autoridades estadounidenses afirman que las alegaciones presentadas en los dos casos se remontan una década. “Huawei y sus principales ejecutivos se negaron repetidamente a respetar la legislación de EE UU”, insiste Wray al referirse a la usurpación de secretos comerciales.


Por su parte, el Gobierno chino ha pedido a Washington que "acabe con su injustificada represión a empresas chinas y que las trate de manera objetiva y justa". "China está muy preocupada por la demanda penal presentada por el Departamento de Justicia de EE UU contra Huawei y su directora financiera, Meng Wanzhou", ha asegurado el Ejecutivo en un comunicado.


Negociación comercial


La inculpación contra la hija del fundador de Huawei y la empresa se hizo pública solo unas horas después de que la Casa Blanca anunciara que el presidente Donald Trump tiene previsto reunirse esta semana con el viceprimer ministro chino, Liu He. Será coincidiendo con la vista a la capital estadounidenses de una delegación para tratar de avanzar en las negociaciones comerciales entre los dos países.


El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, dijo que espera lograr un “progreso significativo” de este encuentro. Una de las prioridades de Washington es conseguir que China cumpla sus compromisos a la hora de proteger la propiedad intelectual. Así mismo busca que el pacto ponga fin a la política china de obligar a las empresas estadounidenses a establecer asociaciones con compañías locales.


La delegación china que liderará Liu He estará integrada por una treintena de altos funcionarios. Los dos países se pusieron de plazo hasta el próximo 1 de marzo para llegar a un acuerdo, tras darse una tregua de tres meses durante la que las dos partes se comprometieron a no imponer nuevos aranceles. En la actualidad se aplica el impuesto a transacciones en bienes valorados en 360.000 millones de dólares.

SANDRO POZZI
Nueva York 29 ENE 2019 - 03:00 COT

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Domingo, 27 Enero 2019 06:07

Imperialismo, golpe y geopolítica

Imperialismo, golpe y geopolítica

La autoproclamación de Guaidó dejó en evidencia el seguidismo político del gobierno de Macri que, en su apuro por alinearse con Washington, rompió con la tradición democrática de no injerencia en los asuntos internos de los Estados.

La situación desatada en Venezuela, tras la autoproclamación de Juan Guaidó como Presidente Encargado de ese país, activó la alarma en toda la región. Además, dejó en evidencia el seguidismo político del gobierno de Mauricio Macri que, en su apuro por alinearse con Washington, rompió con la tradición democrática de no injerencia en los asuntos internos de los Estados. PáginaI12 dialogó con académicos y analistas internacionales para dar cuenta de los actores centrales, el rol de las potencias mundiales, los aspectos novedosos y las claves de este conflicto, cuyas consecuencias son impredecibles.


• Alejandro Grimson, antropólogo social:


Está claro que en Venezuela hay graves problemas económicos, políticos e institucionales, pero jamás la solución a esos problemas puede ser un golpe de Estado, y menos uno promovido por los Estados Unidos. En ese sentido, todos los países de la región que reconocieron inmediatamente a Guaidó como Presidente Encargado son de carácter semicolonial en su política exterior, es decir, se trata de gobiernos que son apéndices de la estrategia geopolítica norteamericana para la región. Con respecto a esto, sirve pensar en los dispositivos que supo crear América del Sur y que hoy se encuentran desarticulados, como la Unasur, un espacio de discusión que hoy podría ser una palanca extraordinaria para generar la única solución que tiene Venezuela, que es que se forme una mesa de diálogo entre el oficialismo y la oposición para encaminar una salida pacífica y democrática del conflicto. Es preocupante la actitud del Gobierno nacional y de varios dirigentes políticos, que no tuvieron en cuenta procesos muy relevantes que hacen a la soberanía nacional, a la autodeterminación y a los principios básicos de una diplomacia desde América Latina, y salieron corriendo a hacer algo absurdo. ¿Cómo un dirigente que se presume democrático va a apoyar un golpe de Estado? Hay un uso instrumental de la veloz adhesión a la acción golpista de los Estados Unidos, con el fin de obtener tres o cuatro votos más, ignorando cualquier principio ético y democrático.


• Amilcar Salas Oroño, politólogo


Hay una cuestión, más del orden estructural capitalista, vinculada con algo que aparece en determinados períodos históricos como fundamento de invasiones, guerras u ocupaciones territoriales: la noción de “comunidad internacional”. ¿Hay realmente una comunidad internacional apoyando el golpe en Venezuela? Si son más los países que reconocen la legitimidad presidencial de Maduro que los que no. ¿Qué potestad constituyente tiene esta comunidad internacional? Hoy el capitalismo entra en una fase donde esta noción no significa más que determinados intereses específicos. La reproducción y repetición de este actor constituyente como maniobra propagandística no deja de ser más que un claro ejemplo de cómo, para ciertos países, deben ser cuestionadas las legitimidades internas.


Uno de los aspectos desagradables de esta circunstancia, observándola desde la Argentina, es que se simplifican y degradan los términos de referencia hacia Venezuela, su opción por una forma diferente de República, lo institucional comunal o la misma noción de socialismo. Hay una disputa interpretativa que, en torno de lo de Venezuela, desnuda una pobreza enorme por la comprensión de los problemas sociales y políticos que, como latinoamericanos, sabemos que son muchos.


• Julio Burdman, politólogo especializado en geopolítica


En primer lugar, hay que entender que este es un problema venezolano que, sin embargo, no puede aislarse de la trama global, en el que se vuelve central el apoyo a Guaidó por parte de Estados Unidos, Brasil –aunque el pronunciamiento de Bolsonaro no fue bien recibido por todos los sectores de su gobierno– y Colombia, y en el que también adquieren relevancia Rusia y China con su respaldo a Nicolás Maduro. La actitud del gobierno argentino ante el conflicto en Venezuela no sorprende, si se piensa en los posicionamientos que viene manifestando en el último tiempo, debido al alineamiento con los Estados Unidos de Donald Trump. Sin embargo, se puede hablar de un salto metodológico. Recordemos que durante los primeros meses del gobierno de Macri, cuando el país junto al México de Enrique Peña Nieto conformó el Grupo de Lima, la posición oficial representada por Susana Malcorra tenía que ver con una salida pacífica y democrática del conflicto. Hoy la situación es otra, y Argentina tomó partido sin tener en cuenta el contexto general, donde la hipótesis del conflicto militar es posible.


• Sebastián Etchemendy, politólogo


Cualquier posición que vaya hacia el reconocimiento de Guaidó es no solo inadmisible por el precedente de intervención directa de Estados Unidos en la región, sino también porque es totalmente ineficaz para una salida negociada, que es a lo que hay que apuntar. En Venezuela es difícil encontrar actores democráticos, en el sentido de que acepten la legitimidad del otro, y eso hay que construirlo. Por parte del gobierno argentino ha habido un seguidismo que, además de retrotraernos a las peores épocas de relaciones carnales, es absolutamente ineficiente para lograr cualquier solución y configura una prueba más de la poca sofisticación de Macri en políticas públicas. Es patético que ante este problema serio, que exige mediación, no haya ningún análisis y se termine apoyando la posición intervencionista de Trump. Esa posición de alentar sólo un bando, que además es el bando más duro y más extremo de la oposición venezolana, no tiene perspectivas de traer una solución al problema.


• Mariano Fraschini, politólogo


Lo que está pasando hoy es un punto más, tal vez decisivo o parteaguas, de esta situación de guerra contra Venezuela. Con las elecciones de mayo del 2018, se profundiza el proceso de deslegitimación del nuevo mandato de Maduro pero lo cierto es que, en los hechos, la oposición hasta hoy no aceptó su derrota en las elecciones presidenciales del 2013. Entonces, ya desde ese momento es considerado ilegítimo, dictatorial o usurpador, como lo están llamando ahora. La clave para comprender este proceso, sin lugar a dudas, es el rol de Estados Unidos en el tablero político internacional y en el caso específico de América del Sur. Es vital para Estados Unidos recuperar el petróleo venezolano, y eso hace que hoy ocurra un hecho inédito: que, en ese objetivo, está siendo acompañado no por sus aliados de siempre, sino por los gobiernos neoliberales de la región. Otra de las novedades es el lugar que ocupan China, en términos geopolíticos y económicos, y Rusia en términos militares. Es decir, se trata de un proceso que tiene su punto más cúlmine y central en el exterior; la propia oposición venezolana va detrás de los deseos y las estrategias de los Estados Unidos. En ese sentido, la resolución va a depender mucho de lo que ocurra en las grandes potencias y la posibilidad de una salida negociada va a involucrar algún tipo de acuerdo entre ellas. La acción del Ejército venezolano es determinante como lo fue siempre. Ir a Venezuela y entenderla a partir del sistema de partidos o del rol de la oposición y del oficialismo no tiene sentido: hay que analizar el rol de los militares, que ocupan no sólo el rol de gendarmes de la Revolución Bolivariana, sino también espacios de poder, gobernaciones, alcaldías y ministerios. Por eso la oposición entra en desesperación por ir a quebrar ese frente interno en el Ejército. Si no, es muy difícil que estos zarpazos exteriores, con el respaldo minoritario interno, puedan tener un resultado positivo.


• Mario Toer, sociólogo


Desde Washington están tanteando y midiendo cómo pueden persistir en un proceso que pretende terminar con el gobierno de Venezuela. Esto no es sorprendente, pero hay que destacar que es un hecho que se pone en movimiento cuando la oposición venezolana venía desgastada, desmembrada, sin capacidad de unificar un curso de actividad política más o menos previsible. Esto le da un contorno a la cuestión, porque reunifica a la oposición en torno a un objetivo, que es el de legitimar otro poder al interior de Venezuela, que podría convocar en su ayuda una presencia desde el exterior. El dato agregado es que la oposición converge desde un estado de cierta debilidad, lo que le resta certezas al plan general y genera complicaciones para un eventual diálogo que el Gobierno pudiera establecer, al menos, con el sector que concurrió a la disputa presidencial.


La centralidad del plan, como objetivo estratégico de la política exterior de Washington para este período, es muy evidente: están buscando el modo de generar un golpe que va a ser “a lo Pinochet”, es decir, que pretende terminar con muchas vidas. En ese sentido, esta oposición democrática no es más que un mascarón de proa de intereses que son implacables.
En este contexto, lo importante no es defender una política específica, sino algo que está por encima, que es la autodeterminación y la paz.


Informe: Sibila Gálvez Sánchez.

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El Departamento de Justicia de EE UU incrementa su presión sobre Huawei

Las autoridades investigan al gigante chino de las telecomunicaciones por posible robo de propiedad intelectual, según medios norteamericanos

 

Las suspicacias de EE UU sobre Huawei, el gigante chino de las telecomunicaciones, aumentan. El Departamento de Justicia investiga en Seattle, en la costa oeste, a esta compañía por un caso de supuesto robo de propiedad intelectual a empresas telefónicas estadounidenses, según ha publicado en primer lugar The Wall Street Journal. El caso agrava la presión sobre la firma china, ya en entredicho en ese país y varios de Europa y Asia por sospechas de espionaje.


La investigación penal, según publica este diario y otros medios estadounidenses, guarda relación con un caso civil que data de 2014 entre Huawei y el proveedor de servicios telefónicos T-Mobile. La compañía estadounidense acusaba a la china de robo de tecnología para el control de calidad en teléfonos móviles.


La pesquisa, afirma The Wall Street Journal, ya se encuentra muy avanzada y los fiscales podrían presentar cargos muy pronto. Un portavoz de Huawei ha declinado comentar sobre la información pero precisó que la empresa china y T-Mobile “resolvieron sus disputas en 2017 después de que el veredicto de un jurado estadounidense no encontrara daños, enriquecimiento injusto ni conducta voluntaria y maliciosa por parte de Huawei en la denuncia de T-Mobile sobre secretos industriales”.


La transferencia forzosa de tecnología y las violaciones de la propiedad intelectual figuran entre las acusaciones de la Administración del presidente Donald Trump contra China en la guerra comercial entre los dos países. El escrutinio ha sido especialmente intenso en torno a Huawei y su rival china de menor tamaño, ZTE.


El espionaje estadounidense considera que la tecnología de Huawei es un caballo de Troya que Pekín pretende implantar en las telecomunicaciones occidentales. Washington ha pedido a sus aliados que descarten la tecnología china en sus nuevas infraestructuras de red móvil, argumentando que los datos quedarán a disposición de los servicios de inteligencia de Pekín.


Huawei ya afronta en Estados Unidos un caso en el que su directora financiera e hija del fundador de la compañía, Meng Wanzhou, está acusada de haber cometido fraude para violar las sanciones que ese país impone contra Irán. Meng fue detenida mientras hacía escala en Vancouver (Canadá) el 1 de diciembre, a petición de EE UU, y se encuentra en esa ciudad en libertad bajo fianza a la espera de que se decida sobre su extradición al país vecino.


La detención de Meng —su caso no guarda relación con el que aparentemente se investiga ahora en Seattle— ha desatado una agria disputa diplomática entre Canadá y China, que considera que el arresto tiene una motivación puramente política. En aparente represalia, Pekín ha detenido a dos ciudadanos canadienses, Michael Kovrig y Michael Spavor, como sospechosos de “actividades que perjudican la seguridad nacional”. Esta semana un tribunal chino también condenó a muerte por tráfico de drogas a un ciudadano canadiense, Robert Schellenberg, en la repetición de un juicio en el que la sentencia inicial había sido de quince años de cárcel.


Este miércoles, legisladores estadounidenses introdujeron un proyecto de ley que prevé prohibir la exportación de tecnología de ese país a empresas chinas que hayan violado las sanciones de EE. UU.


En otros países occidentales, la compañía china —la segunda fabricante mundial de teléfonos inteligentes— también ha encontrado crecientes problemas y críticas. La semana pasada, uno de sus empleados, antiguo funcionario consular, fue detenido en Polonia bajo acusación de espionaje. Huawei anunció su despido al día siguiente y negó cualquier relación con las presuntas actividades ilícitas de su trabajador.


En diciembre, el regulador de los servicios de internet de la República Checa advirtió a las operadoras telefónicas nacionales contra el uso de equipos o software de esta compañía o de ZTE, al considerarlos un riesgo para la seguridad. Los servicios de inteligencia británicos también han advertido que Londres debe decidir si prohíbe que la compañía china pueda participar en las redes 5G en el Reino Unido. Australia y Nueva Zelanda ya han prohibido esa participación y Alemania sopesa un paso similar.


La compañía china rechaza las acusaciones y asegura que opera con independencia del Gobierno en Pekín. En un comunicado emitido tras el despido de su empleado en Polonia insistió en que “cumple con todas las leyes y regulaciones aplicables en los países en los que opera, y requerimos que todos los empleados cumplan con las leyes y regulaciones de los países en donde residen”.


En un gesto muy poco habitual en él, el fundador de la compañía, Ren Zhengfei, de 74 años, concedió esta semana una entrevista a un grupo de medios occidentales —la tercera en su vida—, a los que aseguró que su compañía “nunca ha espiado para China”. Ren, que es miembro del Partido Comunista de China desde 1978 y que fue soldado del Ejército chino, insistió en que “amo a mi país. Apoyo al Partido Comunista. Pero no haré nada para perjudicar al mundo”.


Aseguró que Pekín nunca le ha pedido ni a él ni a su empresa que comparta “información indebida” y “mi compañía nunca cedería a tales requerimientos”. También rechazó la posibilidad de que Huawei haga posible que espías del Gobierno chino puedan acceder directamente a los datos de sus clientes: “No hay ninguna ley en China que exija a ninguna compañía instalar ‘puertas traseras’”, sostuvo.

Por MACARENA VIDAL LIY
Pekín 17 ENE 2019 - 14:55 COT

 

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Sábado, 12 Enero 2019 06:45

¿Ruptura o perpetuación?

¿Ruptura o perpetuación?

La nueva toma de posesión de Nicolás Maduro se llevó a cabo ayer, jueves, en el Tribunal Supremo de Justicia. La Asamblea Nacional, enteramente controlada por la oposición, fue declarada “írrita”, al haber votado un impeachment contra Maduro. Hoy, viernes, la Asamblea Nacional Constituyente, bajo control del chavismo, debía reconocer la investidura del presidente.

El viernes 3 los cancilleres del Grupo de Lima consensuaron, a excepción de México y con apoyo de Estados Unidos, una declaración en la que desconocen al nuevo gobierno que asumió Maduro ayer jueves. Si por ahora no se habla de intervención militar para “restaurar la democracia” en el país, según palabras del secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, los rumores en ese sentido persisten en Venezuela y se sabe que funcionarios estadounidenses continúan instando a los militares caribeños a tumbar a Maduro. Otras señales en esa dirección provinieron, meses atrás, de políticos y militares brasileños muy cercanos al ahora presidente Jair Bolsonaro. Uno de ellos fue el ahora vicepresidente, el general Hamilton Mourão, quien fue encargado militar de la embajada en Venezuela. Mourão se pronunció, antes de la toma de posesión de Bolsonaro, a favor de un golpe de Estado en Venezuela. “Las Naciones Unidas tendrán que intervenir a través de las tropas de paz (…) y allí está el papel de Brasil: liderar las tropas de paz”, afirmó. Pero una vez en el poder, Bolsonaro fue más cauto, quizá esperando la movida definitiva de su aliado Donald Trump y también la actitud que asuma la Colombia de Iván Duque, otro “trumpista” que se manifestó en su momento favorable a una acción armada y luego se desdijo.


En el plano regional, México y Uruguay, fuera de los aliados clásicos del chavismo, como Nicaragua y Bolivia, aparecen como los países más opuestos a acciones tendientes a buscar la caída del gobierno chavista. A su vez, la llegada al gobierno del Psoe en España ha sumado una voz en la Unión Europea a quienes privilegian el diálogo con el Ejecutivo de Maduro.
La intervención militar abierta es, de todas maneras, la hipótesis de menos peso de todas las que evalúan la oposición interna y externa para lograr que el nuevo sexenio de Maduro no llegue a su término en 2024. Estados Unidos continúa, por ejemplo, apretando el torniquete económico. Nuevas sanciones del Tesoro fueron publicadas el martes 8 en Washington contra un grupo de ex funcionarios del chavismo. Lo curioso es que todos ellos, o bien están detenidos en el país, o se han ido de él o han sido sancionados. Es muy poco probable que esas medidas puedan entonces ejercer presión real sobre el Ejecutivo de Maduro.


Los escenarios más radicales, como un bloqueo económico o un embargo petrolero, terminarían por otro lado atrincherando al gobierno y consolidando las alianzas que ya ha hecho con países como China, Rusia y Turquía. Los dos primeros han otorgado a Caracas créditos por 5.000 y 6.000 millones de dólares, respectivamente, destinados a reactivar la industria petrolera. Rusia, además, envió por unos días el mes pasado algunos de sus bombarderos estratégicos TU-160 a tierras venezolanas para marcar presencia y como forma de advertencia.


El escenario de presión económica externa tampoco beneficia al empresariado, uno de los principales sostenes de los sectores antichavistas.
La oposición política, por su lado, se halla en este plano, como en muchos otros, dividida. Hay quienes –como el diputado Stalin González, segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, controlada enteramente por las fuerzas adversas a Maduro– rechazan las intervenciones externas, y quienes –como los dirigentes opositores radicados fuera del país– respaldan sin cortapisas cualquier iniciativa que conduzca al derrocamiento de Maduro.


Lo cierto es que la oposición ya no aparece con fuerzas como para convocar a nuevas movilizaciones contra el gobierno, incluso en un contexto de crisis económica y social como el actual, que podría serle propicio para agitar nuevamente las aguas, como lo hizo en 2017, cuando alentó las “guarimbas”, acciones violentas que derivaron en una espiral saldada con decenas de muertes.


El Plan de Recuperación Económica lanzado por Maduro cuatro meses atrás no ha dado los resultados esperados por el gobierno: no hay muestras de crecimiento de la economía, la hiperinflación continúa descontrolada, y la actividad petrolera, la principal del país, sigue decayendo.


Pero su debilidad política ha llevado a algunos sectores de la oposición a cambiar de discurso, y a dejar incluso de cuestionar la legitimidad del nuevo gobierno de Maduro, un tema en el que estuvo enfrascada, buscando nuevas estrategias. Habrá que ver cómo se van decantando las aguas en las próximas semanas.

Por Ociel Alí López
11 enero, 2019

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EU está detrás de los chalecos amarillos, según diario ruso // Trump-Macron: divergencias

Según los medios rusos, “Washington se encuentra detrás del movimiento de los chalecos amarillos en Francia (http://bit.ly/2rUETDK)”, y comparan sus incoercibles protestas a las "revoluciones de colores" que sacaron a Georgia y Ucrania de la órbita rusa con apoyo de Estados Unidos (EU): manipuladas por Obama y Hillary Clinton en la ex-URSS y luego en el Medio-Oriente.

 

Rossiyskaya Gazeta juzga que EU desea castigar (sic) al polémico presidente galo: "el debilitamiento de Emmanuel Macron y con un poco de suerte su renuncia (¡súper-sic!), es del interés de Donald Trump", debido a que "el jefe de la quinta República reivindicó su posición de líder de la Unión Europea, defendió la idea de un ejército europeo independiente de EU y respaldó el acuerdo nuclear iraní".

 

El rotativo ruso rebosa sobre las similitudes de las "revoluciones de colores" con la fronda de los chalecos amarillos: "creación artificial (sic) de un movimiento de protesta organizado por las redes sociales": al final del día, “una victoria de los chalecos amarillos fortalecería en forma considerable el posicionamiento de EU en Europa y demostraría en forma prístina a los dirigentes europeos que regatear con Trump, a fortiori entrar en conflicto con él, es muy riesgoso”.

 

Para Dmitri Kisselev, conductor estrella de Rossiya-1, "un incremento microscópico (sic) del precio de la gasolina" suena imposible para provocar una "desproporcionada" movilización policiaca que parece mas bien "la exportación estadunidense de una revolución de color". Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, se desmarcó de las opiniones de que EU influye en los chalecos amarillos (https://bit.ly/2BEXIPJ), lo cual consideró "un asunto exclusivamente interno de Francia".

 

El presidente francés Macron, anterior empleado de la banca Rothschild –que con su aliado George Soros son acérrimos enemigos de Trump–, no cesa de confrontar la política exterior de EU (http://bit.ly/2Lx5HD7): en algunos casos con justa razón, como su condena a Trump por su retractación al acuerdo nuclear de Obama con Irán; pero en otros casos sin motivo, como el retiro unilateral de EU de Siria que ocupa en forma ilegal.

 

Sobre Siria, Macron calificó a Trump de no ser un aliado confiable, durante una visita a Chad, haciendo eco a la feroz crítica del saliente secretario del Pentágono, general James Mattis (http://bit.ly/2rW2LGR).

 

Abundan las divergencias que separan a Macron de Trump: cambio climático, Irán, comercio internacional, contribuciones a la OTAN, ejército europeo vs EU/ Rusia/China (¡así, contra los tres!); nacionalismo vs globalismo (que pregona Macron con los Rothschild y Soros), etcétera.

 

En sus legendarios tuits, Trump no se cohibió en apoyar a los chalecos amarillos, lo cual valió que el canciller galo, Jean-Yves Le Drian, le recomendara no inmiscuirse en los asuntos internos de Francia. Para el portal alemán Der Spiegel, en caso de que Macron sucumba a las protestas de los chalecos amarillos, “Europa habrá fracasado (http://bit.ly/2rRXCQf)”.

 

El portal alemán califica a Macron de sabelotodo, en el mejor sentido de la palabra, pero lo cual traduce su mayor vulnerabilidad y su exagerada sordera (http://bit.ly/2rW0aN7). ¡Cómo pululan los mandatarios sordos! Pese a las concesiones del gobierno galo, las protestas de los chalecos amarillos no ceden y ahora han llegado al grado de pedir la renuncia de Macron y de caricaturizarlo guillotinado.

 

Los chalecos amarillos aparecen 50 años después del movimiento estudiantil de 1968,cuando todavía no surgía la nefaria globalización financierista que ahora dejó abandonada a la "Francia olvidada": rural, suburbana y su classe populaire. Macron gobierna para los banqueros globalistas, no para la mayoría que lo eligió y que hoy se siente engañada y degradada.

 

No se trata solamente de un vulgar incremento al salario mínimo, sino de la revaloración de la "Francia profunda" cuando la tecnocracia/bancocracia nunca ha sido buena consejera para la gobernabilidad. El portal alemán rememora una frase del abad revolucionario Sieyès, en 1799: "La autoridad viene de arriba, pero la confianza viene de abajo".

 

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En Canadá, partidarios de China con banderas frente a la Corte Suprema durante el tercer día de una audiencia de fianza para Meng Wanzhou.Foto Ap

La batalla por la hegemonía prosigue en el planeta con su nuevo binomio confrontativo entre globalistas y nacionalistas, en el que concurre la añeja dicotomía de izquierda contra derecha, donde convergen las medievales bifurcaciones de cristianos contra musulmanes –a las que se agregan subfracturas de evangelistas contra católicos y/o cristianos ortodoxos, además de sunitas contra chiítas.

Estas añejas y nuevas dicotomías serán superadas por la nueva guerra tecnológica de la inteligencia artificial que ya empezó entre EU y China, como reflejo de la Cuarta Revolución Industrial y la “Guerra High-Tech de EU vs China” mediante el secuestro judicial de la hija del dueño de Huawei” (http://bit.ly/2E6LhPA).


Réseau Voltaire considera que la verdadera causa es que Huawei utiliza un sistema de encriptación que impide a la NSA de EU interceptar los teléfonos móviles de esa marca china. Fuera del mundo occidental, los gobiernos y servicios secretos de numerosos países han comenzado a equiparse con material de telecomunicaciones de la marca china Huawei para garantizar la confidencialidad de sus comunicaciones(http://bit.ly/2zRihZi).


Existen señales encontradas en la supuesta tregua de la guerra comercial entre EU y China. The Washington Post –propiedad de Jeff Bezos, dueño de Amazon– alega que “Trump está por condenar a China sobre hackeo y espionaje económico”, como disuasión de los intentos de China para desplazar a EU como el principal líder en tecnología (https://wapo.st/2zVslQT), mientras The Wall Street Journal, muy cercano a Trump, anuncia el reinicio de una nueva ronda de negociaciones comerciales del vice-primer chino Liu He con el secretario del Tesoro Steven Mnuchin y el representante comercial Robert Lighthizer para reanudar la compra de productos agrícolas por China (https://on.wsj.com/2zRhyHy).


Asombra que China no haya suspendido las negociaciones pese al secuestro judicial, mientras el juez canadiense a cargo de la detención de la princesa tecnológica Meng Wanzhou, con falacias pueriles –sus negocios con Irán que supuestamente hubieron violado las sanciones de EU.


Según Bloomberg, China está a punto de recortar las tarifas a los carros estadunidenses de 40 por ciento a 15 por ciento, lo cual es una sonada concesión de Pekín (https://bloom.bg/2zSMiYH), y quizá constituya un quid pro quo para la liberación de la princesa china.


Ha quedado claro que lo que está en juego es el liderazgo azorante de Huawei en el mercado 5G donde casi mil 200 millones de personas en el mundo operarán sus redes en 2025, con 30 por ciento proveniente de China que se posicionará como el mayor mercado 5G del mundo, en la nueva era de la economía digital.Ya en 2017 se calcula(ba) su valor en casi 4 billones de dólares, equivalente a la tercera parte del PIB de China(http://bit.ly/2zSlebU).


El portal chino Global Times considera que la persecución de la anglósfera y sus 5 ojos espías –EU/Canadá/Gran Bretaña/Australia/Nueva Zelanda–, a quienes se ha sumado Japón, tendrá efectos negativos sobre Qualcomm, Microsoft e Intel debido a que Huawei es el mayor proveedor del equipo 5G en el mundo.


Nada veladamente Global Times amenaza de que también China puede restringir a las trasnacionales de EU de entrar al mercado chino.


A mi juicio, la verdadera batalla del 5G será librada en Europa (500millones de habitantes), hoy fracturada, e India (más de mil 300 millones de habitantes). Es curioso que la guerra digital por el alma del 5G se haya vuelto también demográfica.


Un editorial del Global Times fustiga que EU y Canadá corren el riesgo de abrir una caja de Pandora y aduce que la detención de Meng es susceptible de provocar un impacto fatal (sic) en el orden global comercial (http://bit.ly/2zRi0Wg).


A mi juicio, China en forma prudente no ha tomado aún represalias deteniendo en forma absurda a los empresarios de las trasnacionales de EU que obtienen la mayor parte de sus ganancias en Pekín (http://bit.ly/2zU5yVv) y quienes no están de acuerdo con la guerra comercial de Trump ni en su forma tan rupestre de negociar.


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Interpol rechaza la petición de Ecuador de emitir la alerta roja contra Rafael Correa

El organismo alega que esa medida sería incompatible con el respeto a la Declaración Universal de Derechos Humanos

Rafael Correa recibió este miércoles un importante gesto de respaldo frente a las investigaciones que le acorralan desde que dejó la presidencia de Ecuador. La Interpol ha decidido no emitir alerta roja en su contra y ha rechazado la petición de la justicia ecuatoriana dentro del proceso por el secuestro del opositor Fernando Balda. El organismo internacional ha argumentado, en un escueto comunicado oficial dirigido a la Corte Nacional de Justicia, que la medida no era compatible con el respeto a los Derechos Humanos.


“Tras haber examinado detenidamente todos los elementos concernientes a la situación jurídica del Solicitante -Rafael Correa-, la información disponible a la Comisión reveló que la retención de los datos en el Sistema de Información de Interpol no era compatible con la obligación de Interpol de asegurar la efectiva cooperación entre autoridades policiales dentro del marco de respeto a la Declaración Universal de Derechos Humanos (Art. 2 de los Estatutos de Interpol)”, recoge el documento enviado en un lenguaje enrevesado por los formalismos.


Correa había alegado desde que se le inició la investigación que todo se trata de una “persecución política” en su contra estructurada desde el Gobierno de Lenín Moreno, su sucesor. El actual mandatario de Ecuador y el expresidente comenzaron a distanciarse apenas un mes después del cambio de mando y la relación se ha ido encrispando a lo largo de un año y medio. De ahí que la decisión de la Interpol sea interpretada por el sector correísta como un gesto de descrédito a todo el proceso judicial sustentado ante la Corte Nacional.
“Queda claro que el 'caso Balda' es una farsa y que sus decisiones son ilegítimas e ilegales”, publicó en redes Ricardo Patiño, canciller durante el Gobierno de Correa y una de sus personas de confianza. El exmandatario, que ya ha sido llamado a juicio y se ha negado a presentarse ante la justicia ecuatoriana desde el principio, ha reprochado la intención de Ecuador de solicitar la revisión de la decisión de Interpol. “En lugar de pedir renuncia a jueces venales, la Corte Nacional trata de defender lo indefendible, torturando el estatuto de Interpol. ¡Jueces honestos, a reaccionar! ¡Basta de sainetes! ¡Basta de persecución política!”, declaró en Twitter.


La Corte Nacional, al informar de la decisión de Interpol, adelantó en su comunicado que “está sujeta a revisión” y “que no cumple con los requisitos establecidos en el artículo 38 del Estatuto de la Comisión de Ficheros de Interpol”. En ese precepto, la norma indica que la decisión de Interpol debe, entre otras cuestiones, estar motivada y recoger un resumen del proceso y las exposiciones de las partes. EL PAÍS ha tenido acceso a la notificación que envió la Interpol a las autoridades ecuatorianas, que contiene solo unas líneas sobre la decisión tomada.


Además, la Corte Nacional recuerda que “el fundamento jurídico de las notificaciones rojas es la orden de detención o la sentencia judicial expedida por las autoridades judiciales del país interesado”. En el caso Balda, el expresidente Correa tiene orden de detención en su contra desde julio y desde entonces no ha comparecido personalmente a las audiencias celebradas.

Guayaquil 6 DIC 2018 - 03:22 COT

 

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