Líderes posan para una foto en la Cumbre del G-20 en Osaka.Foto Afp

 

Ya había detectado que la cumbre del G-20 en Osaka (https://bit.ly/2FNcqqT) comportaba las matrices operativas para ser exitosa en sus cumbres bilaterales (https://bit.ly/2LastmV).

 

En vísperas de la cumbre, el zar Vlady Putin, en su histórica entrevista al Financial Times (27/06/19), había diagnosticado al "liberalismo" de "obsoleto" y expuesto la "fragmentación" cuando "la situación se ha vuelto definitivamente más dramática y explosiva" (https://bit.ly/2L0vAO6).

 

Michael Ivanovitch, en su escrito a CNBC –de fuertes vínculos con el complejo militar industrial de EU– comenta en forma temeraria, pero persuasiva, que "Trump extiende las bases para un nuevo orden mundial edificado alrededor de EU, China y Rusia" (https://cnb.cx/2xDZpeO).

 

Michael Ivanovitch ostenta lazos con el Olimpo de EU: prominente economista en la OCDE y "economista internacional" de la Reserva Federal de Nueva York.

 

Sustenta que Trump, al margen de la cumbre, acotó que "deseaba edificar buenas relaciones con Rusia y China", amén de haber sostenido "una extensa y amistosa discusión con el presidente ruso Vladimir Putin" sobre temas globales y regionales, así como las "maneras para mejorar y expandir los lazos bilaterales políticos y económicos".

 

Al día siguiente de la cumbre bilateral con el zar Vlady Putin, Trump se reunió con el mandarín Xi, quien "alabó el multilateralismo" y "criticó abruptamente el proteccionismo comercial en la sesión plenaria de apertura del G-20", asentando que anhelaba la "cooperación" y no la "fricción y la confrontación".

 

Michael Ivanovitch insiste que en la cumbre bilateral de Trump y Xi, que de facto eclipsó la cumbre general del G-20, acordaron "apartar las nuevas tarifas y dejar que Huawei compre productos de EU" (https://cnb.cx/2XioiM7).

 

Interpreta las dos cumbres bilaterales de Trump respectivamente con el zar Vlady Putin y con el mandarín Xi, que "señalan el inicio de un enfoque firme (sic) en su campaña de relección, donde una escaramuza (sic), o algo peor, con Rusia y China sería un evento devastador (¡mega-sic!) que lo dejaría como un jugador de un solo periodo", aun en el caso de "candidatos del Partido Demócrata carentes de inspiración (sic)".

 

Trump "vislumbra en forma correcta que buscar un pleito con Rusia y China es una amenaza existencial a la humanidad que los estadunidenses y el resto del mundo no apoyarían".

 

Michael Ivanovitch delinea en forma subliminal que, en caso de ser relegido Trump, su prioridad sería edificar un nuevo orden mundial con Rusia y China: curiosamente, los dos países que hoy son catalogados por Washington como "competidores estratégicos" dedicados a "socavar el orden mundial de EU".

 

Trump "busca soluciones pacíficas (sic) y negociadas con Rusia en Siria, Ucrania y Venezuela (sic)", como "zanahoria (sic)" para que Moscú "abra inmensas oportunidades para los negocios de EU". No suena descabellado cuando esa era la intención de Rex Tillerson: ex secretario de Estado con Trump y ex mandamás de ExxonMobil.

 

Ivanovitch comenta que la delegación de empresarios de EU fue una de las más nutridas en el Foro Económico de San Petersburgo.

 

Otro punto que alega Michael Ivanovitch es la influencia de Moscú en su asociación con la OPEP para estabilizar los precios del petróleo con el fin de impedir que la "Reserva Federal eleve las tasas de interés para evitar presiones inflacionarias impulsadas por la energía".

 

Coincide con Michael Ivanovitch tesis sobre el ineludible factor ruso con Irán (https://bit.ly/2xycO87), en "contraste con la postura de Gran Bretaña, Francia y Alemania" quienes colisionan con EU.

 

Michael Ivanovitch alega que China "ya es un desafío muy creíble al orden mundial estadunidense", por lo que Trump prefirió un "armisticio (sic) comercial dictado por consideraciones domésticas".

 

Sustenta que el primer ministro nipón, Shinzo Abe, merece elogios por haber lubricado el exitoso desenlace del G-20 en todas sus reuniones y concluye que la "arquitectura de la seguridad mundial" deja atrás la "opción binaria", por lo que Trump puede haber iniciado un proceso de "duradera paz mundial" sumada de "prosperidad económica".

 

¿Dónde queda India?

 

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 El viceministro de Exteriores ruso Serguéi Riabkov, en mayo de 2018 en Moscú. Mikhail Pochuyev Mikhail Pochuyev/TASS

El viceministro de Exteriores ruso asegura que el Kremlin asesora e interactúa continuamente con el Gobierno de Maduro

 

 

Tras años de alianza, y con Venezuela sumida en una profunda crisis económica, social y política, Rusia no ve a Caracas, y a Nicolás Maduro, como un socio necesitado. “Creo que somos iguales en esta alianza”, asegura Serguéi Riabkov, viceministro de Exteriores de Rusia.

 “Venezuela se ha convertido en uno de nuestros socios más importantes, no solo estratégicos sino también aliados”, insiste. Riabkov (Moscú, 59 años), un peso pesado de la política exterior rusa, visitará Caracas la semana que viene para asistir a la reunión de países no alineados. Un viaje de agenda, afirma Riabkov, pero que se ha percibido desde fuera, también, como una muestra de apoyo al Gobierno de Maduro.

“Apreciamos sinceramente cómo nuestros amigos venezolanos nos apoyan en un amplio abanico de temas, desde cómo votan con nosotros en varias resoluciones en la Asamblea general de la ONU; hasta en cómo debemos dirigir lo que espero sea una resistencia internacional más unificada a las sanciones extraterritoriales de EE UU”, apunta en una entrevista, en una de las grises salas del histórico edificio de Exteriores en Moscú.

Rusia, segundo acreedor del país latinoamericano —tras China— se ha convertido en uno de los principales apoyos de Maduro, ahora que más de 50 países —entre ellos EE UU y la mayoría de los europeos— han reconocido al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, que se autoproclamó presidente encargado el pasado enero. Rusia lleva meses acusando a Washington de maniobrar para desestabilizar el país latinoamericano.

“Interactuamos continuamente con Venezuela no solo brindando ayuda económica por la situación difícil que vive; también asesorando y compartiendo consejos”, asegura Riabkov. Moscú y Caracas tienen importantes acuerdos en el sector de los hidrocarburos y la energía; también en el de la minería. Además, Rusia, con una potente industria de defensa, ha vendido desde 2001 armas a Venezuela y mantiene con el país latinoamericano “acuerdos de cooperación técnica militar”. Pactos “transparentes, configurados en términos muy precisos” tanto dentro de la legislación rusa como de la internacional, defiende Riabkov, responsable ministerial de las relaciones con América.

Moscú envió a un centenar de militares a Venezuela para “asesorar” al Ejército venezolano, un envío que alimentó las suspicacias de la comunidad internacional. Además, varias informaciones apuntan que también empresas privadas rusas han enviado paramilitares a Venezuela, algo que el Kremlin siempre ha negado de manera rotunda. “Damos servicio al equipo que fue adquirido por Venezuela a lo largo de los años”, señala el viceministro ruso. “Ningún suministro de equipo militar ruso a Venezuela constituyó en ningún momento un cambio en el equilibrio de fuerzas en la región”, recalca.

Riabkov defiende esos acuerdos y asegura que el enfoque de Rusia es “tremendamente responsable”, y que hay disposiciones que “evitan radicalmente” que el material que suministra a Caracas “acabe en manos de personas que no están suficientemente controladas por los Gobiernos de la región”.

El viceministro de exteriores acusa a EE UU de difundir la idea de una posible intervención militar para desequilibrar el país. “Nos preocupa una melodía continua de Washington, donde se tiende a hablar de que todas las opciones están sobre la mesa y nada puede excluirse. Eso crea deliberadamente una sensación de incertidumbre, de qué es posible y qué no en términos de la participación de Estados Unidos”, dice.

Para Riabkov, la única posibilidad ahora sobre la mesa es el diálogo. “El Gobierno del presidente Maduro mostró muy buena voluntad”, asegura. “Algunas personas de la oposición mostraron menos inclinación a participar”, añade. Rusia, que participa en el proceso de diálogo noruego, lleva tiempo ofreciéndose como mediador, y a la pregunta de si han conversado con la oposición, incluido Juan Guaidó, elude contestar directamente. “No nos cerramos a mantener ningún contacto. Sin embargo, decir que mantenemos un diálogo o contactos directos sería presentar nuestra postura de manera equivocada”, dice. “Tuvimos contactos, una comunicación de ida y vuelta; con nuestros amigos del Gobierno venezolano y otros, también”, asegura. Pero define el asunto como “muy sensible y delicado”. Y eso, “requiere que no lo hagamos público y trabajemos con discreción”, afirma.

La semana pasada, la ONU, tras una visita a Venezuela de su Alta Comisionada para los derechos humanos, Michelle Bachelet, hizo público un demoledor informe en el que hablaba de graves violaciones; también de violencia y abusos policiales. Un punto que otras organizaciones de derechos civiles y humanitarias ya han denunciado. Riabkov asegura que Rusia sigue de cerca la situación en el país latinoamericano y que ya ha emitido su análisis “en los formatos apropiados, fundamentalmente en Ginebra”. Y acusa a organizaciones, como Naciones Unidas, de falta de neutralidad. “En muchos casos estas estructuras trabajan en el terreno político”, asegura.

“La mejor manera de abordar las posibles inquietudes [sobre los derechos humanos en Venezuela] es el diálogo directo con las autoridades, con el Gobierno. Ellos deben tener derecho a responder, a hablar. Y no debe ser únicamente una calle de un solo sentido con solo críticas y sin consideración a las respuestas y acciones que emprende el Gobierno en esta área”, recalca.

En mayo, Estados Unidos aseguró que había mantenido conversaciones con piezas clave del régimen de Maduro para dejarle caer; y que este tenía planes de abandonar Venezuela pero que Moscú le frenó. Riabkov niega tajantemente “cualquier discusión de ese tipo entre Moscú y Caracas". Y acusa a Washington de “inyectar” en el discurso público “piezas de información que nada tienen que ver con la realidad”. “Vemos un constante flujo desde EE UU que malinterpreta nuestra postura, o incluso que ofrece al público internacional información errónea. Y no solo es una cuestión de evaluación errónea de donde está Rusia, qué hace, o qué quiere. Es un intento de construir una imagen de nuestro país como la del chico malo de la clase”, dice.

Con la llegada de Donald Trump, Moscú manifestó su esperanza de que las relaciones con Washington mejorarían. “Recibimos bien y siempre lo hemos hecho la declaración de Donald Trump de ir junto a Rusia. El problema es que a esta buena intención le sigue muy poca acción”. Riabkov considera que Rusia ha hecho un esfuerzo de acercamiento y lamenta que Washington no haya recogido el guante. “Pero también reconocemos que, dada la atmósfera actual en EE UU y los intentos de jugar el llamado ‘problema ruso’ o ‘injerencia rusa’, como un elemento de su agenda interna, quizá este enfoque sea demasiado ambicioso”. La alternativa, dice, sería encontrar pese a las sanciones algunos puntos en los que avanzar, como en la estabilidad y la seguridad. “También algunos problemas como Siria, Corea del Norte o Afganistán”.

 

Por María R. Sahuquillo

Moscú 9 JUL 2019 - 15:18 COT

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Estados Unidos aumenta la presión contra Irán

Trump describió las sanciones como una respuesta fuerte y proporcionada a los actos de Irán que calificó como provocativos, como el derribo de un dron.

 

El presidente estadounidense, Donald Trump, impuso ayer sanciones contra el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, y la cúpula militar del país. Además, Estados Unidos planea sancionar esta semana al ministro de Exteriores iraní, Mohamad Yavad Zarif, una figura clave en la negociación y el impulsor del acuerdo nuclear de 2015, adelantó el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin. Washington aumenta así la presión contra la República Islámica, a quien ya amenazó con destruir si busca la guerra. 

 “Las sanciones negarán al líder supremo, su oficina y a aquellos más cercanos a él el acceso a recursos financieros clave”, prometió Trump. “Esta medida responde a una serie de comportamientos agresivos del régimen iraní en las últimas semanas, incluido el derribo de un dron estadounidense el pasado jueves”, afirmó el mandatario. “El líder supremo de Irán es el responsable último de la conducta hostil del régimen. En su país lo respetan, y su oficina supervisa los instrumentos más brutales del régimen, incluidos los Guardianes de la Revolución”, subrayó. Este cuerpo es la organización militar más grande del país.

No obstante, Trump reiteró que le encantaría poder negociar con Jamenei para rebajar las tensiones bilaterales, una oferta que el líder supremo iraní ha rechazado hasta ahora. “Jamenei tiene el potencial de tener un gran país, y pronto, muy pronto (si negocia con Estados Unidos)”, subrayó. El gobierno iraní no está tan seguro, sin embargo, de que la oferta del mandatario estadounidense sea sincera. El embajador permanente de Irán en la ONU, Majid Takht-Ravanchi, aseguró ayer que su Gobierno no puede entablar un diálogo directo con Estados Unidos mientras su país está siendo amenazado. “Nadie puede aceptar un diálogo con alguien que te está amenazando con más sanciones”, dijo Ravanchi en paralelo a la reunión que el Consejo de Seguridad llevaba a cabo para abordar la situación de Irán. “Mientras dicha amenaza exista, Estados Unidos e Irán no empezarán un diálogo”, ahondó.

Trump describió las sanciones como una respuesta fuerte y proporcionada a los actos de Irán que calificó como provocativos, días después de asegurar que frenó en el último momento un ataque selectivo al país persa por considerar que no habría sido proporcionado respecto al derribo de un dron (avión no tripulado) estadounidense en el golfo Pérsico. Sin embargo, al ser preguntado por si las sanciones son una represalia por ese hecho, Trump replicó: “Esto es algo que iba a pasar de todas formas”. Mnuchin precisó después que las sanciones a Jamenei ya estaban preparándose de forma previa al incidente con el avión no tripulado, pero dijo que ese suceso –y los recientes ataques a cargueros en el golfo Pérsico– sí motivaron algunas de las medidas anunciadas ayer por el Departamento del Tesoro. 

El ministro de Exteriores iraní, a quien el Tesoro incorporó en su lista negra, afirmó ayer que las personas cercanas a Trump están sedientos de guerra. “Donald Trump tiene 100 por ciento de razón respecto a que el ejército de Estados Unidos no tiene nada que hacer en el golfo Pérsico, la retirada de las fuerzas estadounidenses (de la zona) está totalmente en línea de los intereses de Estados Unidos y el mundo”, dijo Zarif, en un mensaje publicado en su cuenta de la red social Twitter. “Pero ahora está claro que el Equipo B no está preocupado por los intereses de Estados Unidos. Ellos desprecian la diplomacia y están sedientos por una guerra”, agregó. Como “equipo B”, el canciller se refiere al asesor de seguridad nacional estadounidense, John Bolton; al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y al príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman. El domingo, Zarif en otro tuit, había señalado que el “equipo B” casi conduce al presidente estadounidense, Donald Trump, a desatar una guerra.

Además del líder supremo, también se impusieron ayer restricciones financieras a ocho comandantes iraníes, entre ellos el de la Fuerza Naval del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución, Ali Reza Tangsirí, quien lidera, según se indica en un comunicado del Tesoro, la estructura responsable del sabotaje de barcos en aguas internacionales. Las sanciones también afectan a Amirali Hayizadeh, comandante de la división aeroespacial de los Guardianes de la Revolución iraní, “cuya burocracia fue responsable del derribo” del dron de Estados Unidos, y a Mohamad Pakpur, comandante de la fuerza terrestre de ese cuerpo de elite, por sus acciones en Siria, según los argumentos del Tesoro. Además, quedan sujetos a las restricciones los comandantes de los cinco distritos navales de la Armada de los Guardianes de la Revolución responsables de las operaciones navales en provincias costeras como Bushehr, adyacentes al estrecho de Ormuz, entre el golfo de Omán y el golfo Pérsico, donde se produjeron los recientes incidentes.

La tensión entre Washington y Teherán, sin relaciones diplomáticas desde 1980, se intensificó el jueves pasado con la destrucción de un avión no tripulado estadounidense por un misil iraní en el Golfo. En medio de este clima de tensión, Estados Unidos, Reino Unido, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos exhortaron a soluciones diplomáticas para reducir la espiral con Irán. Rusia, aliado de Teherán, por su parte, calificó de ilegales las sanciones firmadas por Trump.

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Pérfidas llamas petroleras cerca del estrecho de Ormuz: escalada de Trump vs Irán

 

Sin evidencias conclusivas, el ex director de la CIA y hoy secretario de Estado, Mike Pompeo, imputó a Irán la autoría de los incendios de dos tankers, uno japonés y otro noruego, en el golfo de Omán, cerca del superestratégico estrecho de Ormuz, lo cual disparó el precio del oro negro y escaló las tensiones de Estados Unidos contra Irán.

 

Trump señaló que los atentados tenían las huellas de Irán, donde el supremo líder del chiísmo, el ayatola Alí Jamenei, recibía al primer ministro de Japón, Shinzo Abe, tan dependiente del petróleo persa, en su plausible intermediación, solicitada curiosamente por el mismo Trump (https://bit.ly/2Qvwm5I).

 

La "evidencia" del Pentágono es un "video" que parece más bien formar parte de la panoplia de montajes hollywoodenses a los que son adictos los presidentes de EU: desde el golfo de Tonkin (para la guerra de Vietnam), pasando por el 11/9 (para las guerras contra Afganistán e Irak), y ahora para promover la guerra contra Irán que anhelan los superhalcones Mike Pompeo, "evangelista sionista" confeso, y John Bolton, asesor de Seguridad Nacional, quien es un instrumento del casinero sionista Sheldon Adelson: financiero simultáneo del Partido Republicano y del primer ministro israelí Netanyahu.

 

Con la salvedad de Gran Bretaña, que apoya incondicionalmente a EU, Europa se ha mostrado escéptica y aséptica del "video" hollywoodense, a grado tal que el ministro del Exterior alemán, Heiko Maas, la desechó por ser poco concluyente (https://reut.rs/2KOvSqs).

 

Aquí en Jordania, donde me encuentro ahora, The Jordan Times no compra la versión de EU sobre la autoría que califica de "sospechosa" (https://bit.ly/2RlFSsn).

 

El operador del tanker japonés despedazó la "evidencia" que no tuvo que ver nada con una mina, sino con un "objeto volador" (https://bit.ly/2wV6VkX).

 

The Japan Times se pregunta si se trató de "una advertencia a Japón" y arguye que "un tercer (sic) partido ansioso de colocar una cuña entre Irán y Japón pudo haberse involucrado con el objetivo de urgir a Tokio distanciarse de Teherán" ( https://bit.ly/2KP24tE ), tesis que coincidió con mi entrevista a CNN desde Beirut (https://bit.ly/2IizOxR).

 

No cuadra la autoría iraní, que sería más estúpida que suicida, ya que en el tanker japonés se encontraban 11 rusos, rescatados por Irán (https://bit.ly/2IjVHNz).

 

Irán hubiera cometido un cuádruple error: 1. Impedir el libre tránsito del petróleo en el estrecho de Ormuz cuando más necesita divisas debido a la "guerra económica" que le ha propinado eficientemente Trump, quien rompió en forma unilateral el acuerdo nuclear de Obama; 2. Se alejaría de Japón, uno de sus máximos compradores de "oro negro"; 3. La muerte de la tripulación rusa, que le alejaría de un apoyo invaluable; y 4. Se colocaría la soga al cuello, a unos días de la cumbre del G-20 en Osaka (Japón), donde hubiera sido puesto en la picota.

 

Irán rechaza categóricamente cualquier involucramiento y su canciller Javad Zarif fustigó que se trataba del "plan B" del "equipo B" –como describe a la alianza de Bolton/Pompeo con Israel/Arabia Saudita/EU (https://bit.ly/2x3DkpL).

 

Ángeles Espinosa, del rotativo El País, desde Dubái, informa que "Teherán recibe el apoyo de Rusia tras el incidente en el golfo de Omán", mientras "Moscú llama a no sacar conclusiones precipitadas" (https://bit.ly/2KQHucw).

 

No pasó desapercibido el doble apoyo que recibió el presidente iraní, Hassan Rouhani, del zar Vlady Putin y del mandarín Xi, durante la cumbre del Grupo de Shanghái en Kirguistán, donde el presidente ruso señaló sin tapujos que "el responsable de la desestabilización en la región es Washington por romper el pacto nuclear".

 

Pues parece que la salida a la grave tensión en el golfo de Omán, donde EU quizá no se esperaba el apoyo tan contundente de Rusia y China al régimen iraní, la ha dado el pugnaz e influyente (muy cercano a Trump) senador Lindsey Graham, quien propuso "invadir Venezuela para asustar (sic) a Irán y Corea del Norte", como Reagan lo hizo con Granada, con el fin de "poner puntos en el casillero y advertir (sic) a otros países" (https://bit.ly/2IXgaXF).

 

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Putin y Xi hacen frente común contra la hegemonía de Estados Unidos

En plena guerra comercial con Washington, el presidente ruso y su homólogo chino acusan a la Administración de Donald Trump de usar “tácticas agresivas” para abusar de sus competidores

Unidos en la inversión y en la confrontación. Vladímir Putin y Xi Jinping mostraron este viernes un frente común contra Estados Unidos y su hegemonía económica. En plena guerra comercial con Washington, el presidente ruso y su homólogo chino acusaron a la Administración de Donald Trump de usar “tácticas agresivas” para abusar de sus competidores. EE UU trata de “imponer su jurisdicción en todo el mundo”, dijo Putin en el Foro de San Petersburgo, con Xi de invitado de honor.

Para el líder ruso, las tácticas de Trump suponen “un camino hacia conflictos interminables, guerras comerciales y tal vez no solo comerciales”. El presidente estadounidense no estuvo en la antigua capital imperial rusa, su nombre apenas se pronunció en las reuniones, pero su presencia sobrevoló la sesión plenaria del foro económico, donde Vladímir Putin, con unas relaciones cada vez más amargas con Occidente, mostró un efusivo apoyo a su aliado chino.

“Los Estados que antes promovían el libre comercio con una competencia honesta y abierta han empezado a hablar el lenguaje de las guerras comerciales y las sanciones, de las incursiones económicas abiertas con tácticas de retorcimiento de brazos y de miedo”, esgrimió. “Un sistema que nunca será estable o equilibrado si está basado en una injusticia más clara que nunca”.


El líder de Rusia, que busca afianzar sus vínculos estratégicos con China, comparó el proyecto del gasoducto Nord Stream 2, que empezará a bombear gas ruso a Europa a finales de año y al que EE UU se opone, con el caso del gigante tecnológico Huawei, en el punto de mira por el desarrollo de las redes 5G que, según Washington, podrían abrir la puerta al espionaje de China. Putin acusó a EE UU de “torpedear” ambos proyectos porque no casan con su “acostumbrada exclusividad”. “En algunos círculos ya consideran [el caso Huawei] la primera guerra tecnológica de la emergente era digital”, afirmó durante la sesión plenaria en la que participaron el secretario general de la ONU, António Guterres, y los líderes de Bulgaria, Eslovaquia y Armenia.


Xi, que observaba atento a su socio ruso, recalcó que China está dispuesta a compartir “con sus socios” todos sus “inventos”, incluida la tecnología 5G, dijo. “Uno no debe ser codicioso”, recalcó. El presidente chino, que siempre trata de que la crisis con Washington no escale, fue más conciliador que Putin. Con la guerra comercial caliente, y pese a que el gigante asiático ha amenazado con publicar su propia lista negra de compañías “no fiables”, Xi apostó por el “respeto mutuo” y dijo que le era “difícil imaginar” una “ruptura completa” entre EE UU y China. “No estamos interesados en eso y nuestros socios estadounidenses tampoco. El presidente Trump es mi amigo y estoy convencido de que tampoco lo está”, dijo. Un tono que choca con el lenguaje agresivo que utiliza su “amigo” estadounidense para referirse a su país.


Rusia y China, acusados en numerosas ocasiones de socavar las reglas del mercado, se han convertido últimamente en los grandes defensores de la globalización. Y este viernes lo hicieron juntos, haciendo más visible la creciente confrontación de ambas potencias con la Administración de Trump. Putin no desaprovechó la oportunidad que le brinda el conflicto entre Washington y Pekín para acercarse al gigante asiático, que en otro tiempo fue su enemigo. Rusia necesita la inversión china y también la fuerza de tenerlo a su lado. De ahí que con un rublo cada vez más débil, el líder ruso instara a “repensar el papel del dólar” en los intercambios comerciales entre ambos por ser “un instrumento de presión” de EE UU al resto del mundo.


China, dijo Xi, continuará promoviendo la “globalización económica, salvaguardando el sistema de comercio multilateral, y está comprometido a reparar un desarrollo económico global desequilibrado”. Un discurso al que, desde el repliegue de Estados Unidos a una postura más proteccionista, le ha cogido el gusto pese a las contradicciones en que incurre su propio modelo. “No se debe recurrir a los enfoques unilaterales, al proteccionismo”, señaló.


Con el tablero geopolítico ya muy inestable, el último capítulo de la guerra comercial ha causado nuevos vaivenes. El mundo, apuntó preocupado el secretario general de la ONU, corre el riesgo de caer en el “sonambulismo de una nueva Guerra Fría” en medio de las tensiones occidentales. “Esto tiene que parar”, recalcó durante su intervención en el Foro, que se ha significado como la piedra angular de Rusia para reorientar su economía hacia Asia y Oriente Próximo.


Desde la anexión de Crimea, en 2014, los principales líderes políticos mundiales no pisan el evento que, en cambio, sirve para que compañías rusas capten inversión extranjera —como el contrato firmado entre Gazprom, la holandesa Royal Dutch Shell y la española Repsol para explorar yacimientos en Siberia— y que en otra época era considerado el Davos ruso. Este año, la delegación china, más de mil miembros, ha sido el doble que la estadounidense.

Por María R. Sahuquillo
San Petersburgo 7 JUN 2019 - 14:46 COT

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Pastoral americana: cómo EE UU quiere contener el progreso tecnológico de China

China lleva más de un siglo tratando de encontrar políticas para proteger su economía de interferencias externas y, cuando finalmente parece haber encontrado la fórmula, resulta que eso la convierte en una amenaza.

 

Como si las leyes de Newton pudieran ser utilizadas a discreción y las acciones de unos no tuvieran ninguna relación de causalidad con los efectos padecidos por los otros, se nos presenta como algo natural la paradoja de una sociedad en la que unos viven en tiempos de paz y abundancia mientras otros viven en el más horrendo de los mundos. 

La escala de las desigualdades, tanto a nivel internacional como doméstico, ha llegado a un nivel tan obscenamente desproporcionado que hasta definir qué es y qué no es una guerra es parte del privilegio detentado por unos pocos. Mientras los afectados por conflictos bélicos en los que los Estados Unidos están involucrados luchan por su vida, la mayor parte de la población estadounidense se va a dormir cada día más preocupada por guerras de ficción televisiva que por conflictos armados reales.


Vivimos en una sociedad que, sin apenas oposición, cataloga el conflicto en Siria como una guerra civil a la vez que tilda de obtusos o desleales a quienes pretenden conectarla con la previa invasión unilateral de Irak.


Ahora, los que se arrogan la potestad de definir la realidad avisan de que estamos en una guerra comercial entre los Estados Unidos y China. Han decidido que hay que parar los pies al gigante asiático que quiere dominar el mundo. Sin mencionar los privilegios y beneficios derivados de ser quien ha dictado e impuesto las normas desde, como mínimo, el final de la II Guerra Mundial, definen la “guerra comercial” como el evento por el cual el presidente de los Estados Unidos, cansado de oír quejas de los empresarios norteamericanos que no pueden penetrar el mercado chino como desearían, decide que es hora de cambiar las reglas del juego.


Así que se toman medidas: se suben aranceles, se utiliza una retórica vehemente, se muestra al pueblo americano como una víctima del empuje chino, se dice que se han hecho demasiados esfuerzos para integrar a China en el comercio internacional, se reclama justicia para los trabajadores estadounidenses, aparentemente desfavorecidos por la nueva realidad derivada de décadas de presidentes blandos con el enemigo.


Este análisis, propio de una visión ahistórica, americocéntrica y puramente economicista de la situación, es el que al parecer fundamenta la necesidad de entrar en guerra (económica) contra el país más poblado del mundo. Y Trump es el presidente perfecto para tomar estas decisiones, porque no parece conocer siquiera la historia de la que pretende que hagamos caso omiso.


Sus acciones no son una sorpresa. De hecho, nada más llegar a la Casa Blanca, encargó a Peter Navarro—uno de esos “observadores de China” que básicamente entienden la realidad como un juego de poder en el que tienen que ganar los Estados Unidos, caiga quien caiga—la tarea de llevar la estrategia bilateral con Pekín.


La visión de esta elite norteamericana es más propia de la Guerra Fría; orientalista y paranoica, no parece conceder agencia al resto de la humanidad, sino que busca perpetuar la jerarquía conseguida tras las guerras mundiales del siglo pasado. En el caso de China, toma la parte—Pekín o Shanghai—por el todo e, ignorando de las evidentes desigualdades económicas omnipresentes en China, asume que el éxito económico de las capas altas de la sociedad de las grandes capitales puede hacerse extensiva a todo el país, como si la palabra “comunista” del nombre del Parido pesara más que la realidad.


¿Sería correcto afirmar, entonces, que no estamos inmersos en una guerra comercial? No, claro que no. Nos encontramos en una nueva fase de una guerra comercial y económica, pero no en una guerra iniciada por el presidente Trump—ni siquiera por los Estados Unidos—, sino en un conflicto que sería mejor denominar ideológico y no comercial, cuya escala es mucho mayor y que tiene una duración de, como mínimo, varios siglos.


La “guerra comercial” da alas, por tanto, a la perspectiva de Pekín, que toma una visión larga para legitimar domésticamente su gobierno. Su visión, que parte de unas premisas verdaderamente diferentes, muestra una realidad diametralmente opuesta, pero altamente persuasiva. Así, la “guerra comercial” no es más que una nueva afrenta en una larguísima retahíla de ataques que comenzaron mucho tiempo atrás. Se podría remontar, dicen, a las Guerras del Opio (1839–1860) que llevaron a los británicos a conquistar Hong Kong y a abrir otros puertos al comercio con el extranjero contra la voluntad del Emperador, el inicio del llamado “siglo de la humillación”.


Este conflicto ideológico está tan integrado en la política de China que sería imposible desleírlo como un elemento discreto, pues no sólo precede la fundación del propio Partido Comunista, sino que forma parte de su ideología germinal.


Si bien el siglo XIX dio pistas a China sobre por dónde iban en realidad los tiros, durante el siglo XX quedó más que claro que los discursos desarrollistas de Occidente no eran tan honestos como el país necesitaba. Especialmente durante la Guerra Fría, en la que se convirtió en enemigo por su filiación comunista, pero sobre todo en la década de los ochenta cuando Japón, el país vecino, experimentó su boom económico. Entonces, además de aparecer trajeados y con maletín en infinidad de películas de Hollywood, los aliados japoneses se convirtieron en una amenaza para la industria norteamericana. Fue preciso, pues, presionar económicamente a Japón, al que en los famosamente olvidados Acuerdos del Plaza de 1985 se “animó” a aceptar la depreciación del dólar respecto del yen para favorecer la exportación de productos estadounidenses.


Como resultado, la boyante economía japonesa entró en un anquilosamiento del que aún a día de hoy no ha logrado salir. Atenta a la evolución económica mundial, China aprendió bien esta lección. De hecho, evitó ceder ante la presión impuesta por la administración Obama, que intentó una maniobra similar con el renminbi.


Quizá también recuerden los gobernantes chinos, que una de las lecturas económicas de la invasión de Irak—esa que dicen que nada tiene que ver con la guerra “civil” de Siria— fuera que el euro se estaba convirtiendo en una moneda utilizada para pagos de petróleo, amenazando así la preeminencia del dólar. Y seguro que no han olvidado lo difíciles que fueron las negociaciones para la adhesión a la Organización Mundial del Comercio que culminaron en el acuerdo de 2001, que ahora la administración Trump cataloga como blandas por parte de sus predecesores, Bush padre y Bill Clinton.


Las condiciones no fueron, ni mucho menos, favorables para China, sin embargo, el hecho de que los trabajadores chinos estuvieran entonces dispuestos a aceptar salarios mínimos y condiciones laborales paupérrimas llevó al país a sacarle un rendimiento inesperado.


China lleva, por tanto, más de un siglo tratando de encontrar políticas para proteger su economía de interferencias externas y, cuando finalmente parece haber encontrado la fórmula, resulta que eso la convierte en una amenaza.


Se me hace difícil, pues, utilizar el velo de la ignorancia para hacer un análisis ceteris paribus que solamente se centre —como hace por ejemplo el libro de Lawrence J. Lau, The China-US Trade War and the Future Economic Relations, en el que, por cierto, se minimizan los efectos puramente económicos que este conflicto puede llegar a tener tanto para los Estados Unidos como para China— en las potenciales consecuencias económicas para unos y para otros del reciente toma y daca.


Conllevaría dejar de lado toda una serie de medidas políticas e ideológicas mucho más importantes y minimizaría las medidas de un gobierno estadounidense centrado en debilitar a un potencial rival. Por más que Huawei sea culpable de conductas reprobables, las medidas del gobierno americano son un castigo que pretende contener el progreso tecnológico de China. Aunque no habría que caer en la trampa de entender las prácticas comerciales de las grandes corporaciones chinas durante los últimos tiempos como ejemplar, definir este episodio como guerra comercial es tomar partido; es ponerse de lado de quien escribe la historia. Puestos a ser partidistas, quizá fuera más adecuado llamarlo alzamiento comercial.

2019-06-05 06:55:00

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Guerra global de tarifas de EU y guerra financieracontra China de Trump

Si Trump está blofeando en su "guerra global de tarifas", pues ya se metió en serios problemas que le pueden afectar uno de sus pilares con el que pretende relegirse: la economía, que empieza a sufrir los estragos de tantos frentes abiertos.

Trump, dotado de un inventario total de 6 mil 185 bombas atómicas (https://bit.ly/2IbPFNG) y el segundo ejército más poderoso del mundo detrás de Rusia (https://bit.ly/2CbHXjy), ha militarizado el comercio. Con Japón "negocia" su déficit comercial a cambio del paraguas nuclear estadunidense (https://bit.ly/2Qvwm5I).

Con su vecino y presumible "socio comercial" en el T-MEC estancado (y pésimamente negociado por Luis Videgaray y Enrique Peña), amenaza con iniciar tarifas deletéreas a partir del 5 de junio con el fin de chantajear en forma electorera el delicado contencioso de la migración, que se ha constituido en una crisis regional desde Centroamérica, pasando por México, hasta el sur de Estados Unidos, en particular Texas, hoy bajo la férula del Partido Republicano, donde Trump plantea construir sus 330 kilómetros de muro detenidos por orden judicial, cuando el estado de la "única estrella" se mexicaniza a pasos acelerados, como ocurrió con California.

Un día después de que Trump amenazó a México con sus sádicas tarifas –cuando en forma contradictoria días antes había derogado los aranceles del acero y el aluminio–, China aplicó nuevas tarifas hasta por 25 por ciento a bienes estadunidenses con valor por 60 mil millones de dólares y en represalias a la duplicación de tarifas de Trump a bienes chinos con valor de 200 mil millones de dólares.

Como China no está manca,también anunció que planea colocar en la lista negra “algunas empresas foráneas y a individuos (sic) que considere perniciosos a sus intereses (https://bbc.in/2W5ysdD)”.

La guerra mercantil que libra Trump puede sonar insignificante ante la verdadera guerra tecnológica que ha iniciado contra Huawei, que lleva gran delantera en lo referente al 5G, no se diga la gran batalla geoestratégica de Estados Unidos para detener los dos vitales proyectos de Pekín: 1) La autarquía tecnológica de "China 2025", y 2) las magnificentes tres rutas de la Seda: la continental, donde entra el aniquilamiento de Irán como uno de sus principales puntos de tránsito; la marítima, donde no hay que olvidar los múltiples atentados sincronizados en la isla de Sri Lanka, uno de sus puntos de trayecto, y la del Ártico (https://bit.ly/2TA9RNe).

El mismo Steve Bannon, supremo estratega de Trump, confesó que la golpiza tecnológica de Estados Unidos a Huawei, que incluye la humillación de la barbárica detención bajo fianza de la hija de su dueño en Canadá (https://bit.ly/2EePRtn), "equivalía a 10 guerras comerciales" contra China ( https://bit.ly/2MakpDU ). Justamente en su entrevista a SCMP, Bannon amenazó con expulsar del mercado de capitales de Wall Street a las empresas y bonos de China.

En forma coincidente, la revista globalista The Economist mueve el espectro de una guerra financiera de Estados Unidos contra China, en particular contra sus joyas tecnológicas como Alibaba, que tiene una capitalización de mercado de 400 mil millones de dólares y cuyas acciones "están listadas solamente en Estados Unidos" (https://econ.st/2MlgGDv).

El temor de Alibaba no es menor y empieza a considerar "deslistarse" de Nueva York para asentarse en Hong Kong: ejemplo que sería imitado por otras empresas chinas que buscarían "depender menos de las finanzas de occidente".

Precisamente SCMP, propiedad de Alibaba en Hong Kong, refiere que Dai Xiang-long, anterior gobernador del Banco Central de China, juzga que existe "poca probabilidad para un arreglo" cuando se reúnan Trump y el mandarín Xi al margen de la cumbre del G-20 en Japón (https://bit.ly/2EM8Uwa).

Sin contar el arsenal de armas letales que aún posee China bajo la manga –entre ellas los "minerales de tierras raras"–, de aquí a la cumbre del G-20 el 28 de junio en Osaka, Japón, Trump –quien, a mi juicio, se ha encajonado sin saber cómo salir de su agujero– usará todos sus trucos de legendario negociador inmobiliario y de casinero, donde el dueño siempre gana. Not anymore.

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Miércoles, 29 Mayo 2019 06:28

Trump va dos veces en un mes a Japón

El presidente de EU, Donald Trump, conversa con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, cuando abandona el barco de la armada japonesa, en Yokosuka.Foto Afp

No es común que Trump visite dos veces Japón en el lapso de un mes: la primera vez, del 25 al 28 de mayo, con el pretexto poco creíble de ser el primer mandatario en felicitar al entronizado emperador Naruhito; y la segunda, 28/29 de junio en Osaka, para la disfuncional cumbre del G-20 que servirá de barómetro para las cumbres trascendentales, en caso de celebrarse, de Trump con el zar Vlady Putin y el mandarín Xi, respectivamente.

Trump pudo haber esperado un mes para felicitar al emperador y a la emperatriz Masako, quien se graduó en Harvard y es experta en negociaciones comerciales.

Después de haber jugado golf con el primer ministro japonés Abe, Trump comentó en un tuit que esperaría hasta después de las elecciones de la Cámara Alta de julio antes de alcanzar un acuerdo comercial para agosto.

En 2018, Japón tuvo un déficit de 56 mil 800 millones de dólares con EU, que Trump endosa a la industria automotriz nipona, en particular, a Toyota.

¿Lo que no puede obtener Trump con China, lo piensa compensar con Japón cuyo primer ministro Abe ha prometido invertir 40 mil millones de dólares en EU?

No fue nada sorprendente que Trump apoye la intermediación del primer ministro Abe con Irán y quien visitará Teherán en los próximos días (https://bit.ly/2I45OVr). Sería la primera vez que un primer ministro japonés visite Irán desde 1978 (un año antes de la revolución jomeinista).

En Sputnik aduje que "Trump había proporcionado un teléfono a la diplomacia suiza para que los iraníes se pusieran en contacto con él y así iniciar las negociaciones. En paralelo, el canciller iraní Yavad Zarif proclamó en Tokio de que Irán tampoco deseaba la guerra. Aquí también Japón puede jugar un favorable rol de lubricador" (https://bit.ly/2VIqVpG).

Japón importa petróleo de Irán, lo cual sería afectado por las sanciones salvajes de Trump al país persa para doblegarlo.

La guerra del "equipo B (Bolton/Pompeo)", con instigación del primer ministro israelí Netanyahu, ha perdido su inercia y ya hasta Trump abiertamente comenta que no favorece el "cambio de régimen" en Teherán y que está abierto a la intermediación de Japón que mantiene óptimas relaciones con el país persa (https://bit.ly/2WaUu3F).

Trump agregó que Irán tiene "un potencial económico tremendo" (https://bit.ly/2McEE41), mientras ocurría una desescalada retórica propiciada por el encuentro del canciller iraní Yavad Zarif con la muy influyente senadora californiana Dianne Feinstein del Partido Demócrata (https://bit.ly/2HUz5S4).

Vivian Salama, corresponsal en Tokio del Wall Street Journal, que suele ser muy favorable a Trump, expresó que el presidente de EU "inició su visita de cuatro días a Japón con una nota provocativa en su tuit" en el que comentó que el lanzamiento por Norcorea de "algunas pequeñas armas, perturbaron a algunas de mi gente y a otros, pero no a mí" (https://on.wsj.com/2HEJVNq).

Jesse Johnson, del Japan Times, aborda la "diplomacia Sumo": conforme "el primer Abe corteja a Trump", los tuits del caprichoso presidente de EU "han dejado enervados a los japoneses" (https://bit.ly/2EBx24x).

Trump festejaba el acuerdo comercial con Japón en agosto, mientras el vicesecretario de gabinete Yasutoshi Nishimura lo desmentía (https://bloom.bg/2wpIRq4).

En realidad, Trump abusa del paraguas nuclear que EU provee a Japón para cobrarse la factura de "seguridad" por la vía automotriz y agroindustrial.

De entrada, el G-20, con la excepción de EU en la fase proteccionista de Trump, se pronunciará por el multilateralismo que beneficia las exportaciones del país anfitrión, no se diga de China.

Trump juega –dejando muchas veces en ridículo a su "equipo B (John Bolton, su asesor de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo, su secretario de Estado)"– unos contra otros, aliados y adversarios por igual, para sacar ventaja integral: usa a Japón contra China; requiere de Japón para una intermediación en su naufragio con Irán que hubiera puesto en peligro su anhelada relección; desecha el peligro de los misiles norcoreanos para poner en jaque las negociaciones comerciales con Tokio; y amedrenta la agenda multilateral de la cumbre del G-20 en Osaka.

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El nuevo totalitarismo: Estados Unidos y la guerra neocortical

Desde la antigüedad hasta nuestros días la fiebre imperial por dominar el mundo ha sido una obsesión. Sin embargo, los deseos totalitarios han terminado en desastre. Baste recordar el Tercer Reich. Alemania y su pueblo, imbuidos de un sentimiento de superioridad étnico-racial, construyeron un ideario para la dominación mundial. Su trágico final no ha sido lección suficiente. Tampoco el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. En esta carrera imperialista, Estados Unidos toma el relevo de las naciones autoproclamadas defensoras del orden mundial, su contrapartida: la extinción de la especie. Con una sed ávida de ganancia, explotación y violencia, su prepotencia no encuentra límites. Si se cumplen los pronósticos, Estados Unidos no saldrá victorioso, su ambición nos conducirá al colapso. Lo peor, su incapacidad para dar marcha atrás. El pueblo estadunidense y su establishment se consideran parte de una misión redentora a la cual no pueden renunciar. La divina providencia les señala como la nación elegida para dominar el mundo.

Para hacer posible el sueño de la dominación perfecta, se busca el control de las emociones, los sentimientos y los deseos, sin necesidad de recurrir a la invasión militar de los territorios conquistados. Estados Unidos se ha convertido en la primera potencia capaz de forjar un totalitarismo, bajo el sentimiento de vivir en libertad, anulando la conciencia y la voluntad de los individuos. El uso de la violencia es relativizado, aunque sin renunciar a ella, se busca un acatamiento de las órdenes de manera disciplinada, rápida y acrítica. Es la llamada guerra de la no letalidad. Las armas no letales se encuentran en las tecnologías de la información. Una guerra donde se trata de descifrar cómo piensan los seres humanos y cuáles serían sus respuestas ante determinados estímulos, situaciones de estrés o estados de guerra. Parafraseando a Sun Tzu, el saber hacer la guerra para Estados Unidos buscaría: "someter al enemigo sin librar batalla alguna".

Los estados con "vocación de dominación totalitaria" se han erigido portadores de progreso, imponiendo costumbres, lengua, religión y bandera. En el siglo XXI, las tecno-ciencias se han puesto al servicio de los intereses del totalitarismo estadunidense. La cibernética, la informática, las neurociencias, la matemática aplicada, se unen para configurar la estrategia de dominación sistémica. Estados Unidos crea mecanismos de sumisión que van más allá de la tierra conquistada y dominada. Sentirse y sa-berse sojuzgado conlleva resistencia. Pocos se dejan avasallar. Los gobiernos cipayos presentan límites. Cuando la soberanía y el derecho de autodeterminación son pisoteados, emerge un nacionalismo liberador que arrastra consigo toda forma de dominación extranjera. El sentimiento antinazi y rechazo a la dominación alemana fue motivo para que pueblos enteros emprendieran la tarea de expulsar a los ejércitos invasores. Franceses, holandeses, belgas, soviéticos, yugoslavos, británicos, republicanos españoles, entre otros, más allá de sus convicciones políticas, se unieron en la gran batalla antinazi y antifascista. El sueño de Hitler se transformó en su peor pesadilla cuando el mundo entero se opuso a sus delirantes planes de dominación. Pero el Tercer Reich sólo contaba con armas convencionales como única forma de lograr su objetivo. Potencia de fuego. Su desarrollo estaba constreñido a lograr el máximo de destrucción. Los misiles V-1 y V-2 llegaron tarde y fueron insuficientes. Los campos de concentración, las cámaras de gas, las matanzas selectivas, eran un hándicap. Para cumplir las órdenes los soldados alemanes eran drogados, actuaban bajo la acción de estupefacientes. Así, era poco probable cumplir el sueño nazi de un imperio alemán de mil años. Tampoco ayudaba mucho la forma de dominación. Humillar a las poblaciones conquistadas, y vivir bajo la bota del ejército alemán no era una salida en el medio plazo.

Por el contrario, en la guerra neocortical, Estados Unidos emplea mecanismos y dispositivos más eficientes. Busca romper lo único que puede generar resistencia activa, la mente del enemigo, aliados y subordinados. Se trata de paralizar, regular, anular la voluntad y la capacidad de comprensión. Trasformar los humanos en autómatas sin capacidad de pensar y actuar al margen de las órdenes dadas. Obediencia y sumisión. Así se expresa Richard Szafranski, coronel de USAF: "para hacer operativa esta guerra neocortical Estados Unidos debe restructurar a escala mundial sus aparatos de colecta y diseminación de información, colocar en red las diversas agencias de inteligencia y sus capacidades de análisis". Se trata de modelar el comportamiento del enemigo, sin afectar a los organismos, pero destruyendo la capacidad y voluntad de liderazgo. El control de las redes por los gigantes estadunidenses está en consonancia con la guerra neocortical. De lo contrario ¿Cómo entender la petición de Juan Guaidó y cipayos venezolanos de una intervención militar estadunidenses en su territorio? ¿Cómo explicar la sumisión de Europa Occidental a los delirios de Trump para dominar el mundo sin resistir? ¿Las nuevas sanciones contra Cuba? El mundo occidental se mueve al ritmo que marca el imperialismo estadunidense, convencido de vivir en libertad. El nuevo totalitarismo se impone. Es necesario resistir.

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Más que guerra comercial, la guerra es tecnológica

“Tenemos que superar importantes riesgos y desafíos”, clamó el mandatario en alusión a la nueva escalada del conflicto comercial con Estados Unidos.

El presidente de China, Xi Jinping, pidió ayer a su pueblo que se prepare porque aseguró que se vienen tiempos difíciles. “Tenemos que superar importantes riesgos y desafíos”, clamó el mandatario en alusión a la nueva escalada del conflicto comercial entre Estados Unidos y su país luego de que Washington prohibiera a las compañías estadounidenses hacer negocios con empresas sospechadas de espiar a su país. Una vez que el presidente Donald Trump tomó esa decisión por decreto, Google cortó relaciones con el gigante chino Huawei, y varios países detuvieron la comercialización y pre-venta de estos equipos.


“Nuestro país está aún en un periodo de importantes oportunidades estratégicas para el desarrollo pero la situación internacional es cada vez más complicada”, afirmó el jefe de Estado chino en una visita a la provincia de Jiangxi, en el sur del país. Durante la jornada, Xi subrayó que la nación debe ser consciente del complejo escenario con varios factores desfavorables tanto a nivel interno como externo.


Huawei, por su parte, también cargó contra Estados Unidos. Al mismo tiempo que lanzaban una nueva línea de teléfonos inteligentes anteayer, un representante de la empresa denunció el acoso que sufre Huawei por parte de Washington. “Huawei respetó todas las leyes y regulaciones aplicables. Ahora Huawei se convirtió en la víctima del acoso de la Administración de Estados Unidos”, declaró en un acto celebrado en Bruselas, Abraham Liu, representante de la compañía ante las instituciones de la Unión Europea (UE). Para Liu, no se trata sólo de un ataque contra Huawei. “Es un ataque contra el orden liberal basado en normas. Esto es peligroso. Ahora le está pasando a Huawei. Mañana puede pasarle a cualquier otra empresa internacional. ¿Podemos cerrar los ojos ante semejante comportamiento?”, preguntó el representante de la tecnológica. También señaló que las redes 5G de Huawei fueron desarrolladas junto a socios europeos y a medida de las necesidades del viejo continente. “Huawei ha estado operando en Europa durante casi veinte años. Tenemos ahora 12.200 empleados en Europa, el 70 por ciento contratados localmente”, afirmó Liu.


Ayer mismo también tomó estado público que -como alertó Liu- Huawei no es la única empresa china afectada por la decisión estadounidense. El matutino The New York Times informó que la Casa Blanca evalúa prohibirle a la empresa china de cámaras de vigilancia, Hikvision, la compra de tecnología fabricada en Estados Unidos. El gobierno asiático cuestionó de inmediato la “difamación” de la administración norteamericana contra las empresas del gigante asiático. Por su parte, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lu Kang, volvió a insistir para que Washington proporcione un entorno justo y no discriminatorio para sus empresas.


Al igual que sucedió la semana pasada con la tecnológica Huawei, la compañía sería incluida en la “lista negra” del Departamento de Comercio, lo que implica que los proveedores de Hikvisión necesitarían una licencia especial, expedida por el gobierno, para comerciar con la empresa china. Hikvision es una de las fabricantes de equipos de video vigilancia más grandes del mundo y es central en la ambición china de convertirse en el principal exportador global de sistemas de vigilancia, según destacó The New York Times.


Tras la medida anunciada por Trump, varias empresas tecnológicas importantes indicaron que dejarán de vender componentes y software a Huawei. La primera en dar este paso fue Google y ayer se sumaron algunas compañías japonesas y del Reino Unidos, entre otras.


Dos de las tres firmas de telefonía móvil más importantes de Japón, Softbank y KDDI, anunciaron ayer que aplazaban el lanzamiento de un nuevo modelo de la firma china Huawei, el P30 Lite. KDDI igualmente puso en suspenso la venta del mismo modelo de Huawei. El P30 Lite tiene una pantalla de 6,15 pulgadas y cuenta con una triple cámara. Estaba anunciado con el sistema operativo Android 9.0, de Google. A estas dos empresas japonesas se sumó, horas después, el proveedor telefónico NTT Docomo que informó que interrumpió el pedido del nuevo modelo de Huawei.


La multinacional de diseños de chips ARM, con sede en el Reino Unido, también dio instrucciones a sus empleados para que se suspendan los negocios con la tecnológica china. Según señaló la cadena inglesa BBC, la compañía de chips afirmó que sus diseños cuentan con tecnología de origen estadounidense, de modo que consideraron obligatorio adecuarse al decreto de Trump.


De fondo de la puja entre Estados Unidos y China en materia de tecnología está la decisión de Washington de impedir que las compañías como Huawei controlen las redes 5G. Una tecnología que permite navegar por Internet con mucha más velocidad y que podría facilitar el desarrollo de vehículos autónomos y técnicas para hacer cirugía por control remoto.
En esta línea, el gobierno estadounidense presionó incluso a la Unión Europea para que imponga restricciones sobre Huawei que se encuentra a la cabeza del desarrollo de la tecnología 5G. Estados Unidos teme además que China utilice las redes 5G para espionaje, unas acusaciones que desde el país asiático rechazaron categóricamente.

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