Los evangelistas sionistas al rescate de Trump amenazan con una guerra civil en EU

Dos años después no variaron tanto los cuatro escenarios que postulé sobre el epílogo de Trump (https://bit.ly/2mD2MR4). Lo que sí varió es la fractura entre demócratas y republicanos que pasó de la “guerra civil soft” (https://bit.ly/2XBNWYZ) al borde de una “guerra civil casi hard”.

El día del anuncio de la "investigación" con fines de defenestración ( impeachment) en la Cámara de mayoría demócrata, Trump había fustigado a los globalistas en la ONU.

Trump retwitteó las amenazas del pastor bautista Robert Jeffress (https://bit.ly/2mMa9pC), quien advirtió que su impeachment “causaría una guerra civil (sic) como fractura (…) de la que nuestro país nunca sanará” (https://bit.ly/2p4Y5R4). Robert Jeffress es pastor del bautismo sureño de la Primera Iglesia Bautista en Dallas, que aglutina a 13 mil feligreses y es ferviente partidario de Trump a quien "aconseja" en materia religiosa.

La apertura de la embajada de EU en la parte palestina de Jerusalén ocupada por Israel fue avalada por los evangelistas sionistas texanos Robert Jeffress y John Hagee (https://bit.ly/2ocZbtF).

A juicio de Robert Jeffress, los demócratas saben que no podrán ganarle al presidente en 2020 por lo que el “ impeachment es el único instrumento que tienen para deshacerse de Trump”, ya que a los "demócratas no les importa si incendian y destruyen al país".

Comentó que "nunca había visto a los evangelistas más furiosos en un tema como este intento de defenestrar en forma ilegítima al presidente de su puesto, como anular la elección de 2016 y negar los votos de millones de evangelistas".

En búsqueda del influyente voto de los judíos, el mismo pastor imprecó que "serían maldecidos con sus hijos por Dios si votasen por los demócratas", en eco a la jeremiada de Trump quien espetó que los judíos que votasen por los candidatos demócratas eran "desleales" –no especificó si a EU y/o a Israel–.

Han resonado más las incriminaciones criminales del Partido Demócrata contra Trump que las brutales inculpaciones en contra de Hunter, el hijo pródigo del ex vicepresidente Joe Biden, sobre sus tratativas mafiosas en Ucrania, con la gasera Burisma, y en China donde descolgó mil 200 millones de dólares en forma clandestina.

El Partido Demócrata se ha ido con todo y ha citado al procurador William Barr y al secretario de Estado, Mike Pompeo.

Los Republicanos no están mancos y Rudolph Giuliani, implacable abogado privado de Trump, se ha ido a la yugular de Joe Biden quien solicitó a las televisoras que le impidan discutir sus escándalos en Ucrania (https://bit.ly/2mGhg2D).

El mismo Trump ha despotricado de "traición" contra el jefe de la Cámara de Espionaje, Adam Schiff, vinculado a George Soros (https://bit.ly/2nziLjH) y financiado por el contrabandista de armas ucraniano Igor Pasternak (https://bit.ly/2mTizeP).

Destaca que el israelí-estadunidense Stephen Miller, consejero político de Trump y connotado mexicanófobo, arremetió contra el anónimo delator ( whistleblower), aunque indicó que es un operador del Deep State (Estado Profundo) –¿la CIA?–y a quien Trump retó a salir de su clandestinidad.

El whistleblower anónimo explotó el ucraniagate contra Trump, quien presuntamente chantajeó al presidente de Kiev para ventilar los expedientes criminales de Hunter Biden a cambio de la ayuda militar de EU.

Se trata de una batalla épica de feroces ataques y contrataques donde la percepción de los ciudadanos y el flagrante favoritismo de los multimedia tendrán un enorme impacto, no se diga las traiciones en ambos partidos, al unísono de la métrica cuantitativa de los donativos.

Si los Demócratas no consiguen defenestrar a Trump después de haber abierto la Caja de Pandora de Ucrania, cuando ya les falló el russiagate, es probable que sufran un "efecto bumerán" (https://bit.ly/2nyDt3b).

Quien salga menos mancillado y menos herido de muerte del lodazal jurídico y de espionaje que se ha desatado será el vencedor de la batalla pírrica, donde Trump, gran aficionado al box y consejero financiero del campeón de peso pesado, Mike Tyson, combatirá hasta el último round (https://bit.ly/2nxvsLK).

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Una multitudinaria manifestación recorrió ayer las calles de Barcelona para exigir "justicia y respeto al derecho de autodeterminación" ante el inminente fallo del Tribunal Supremo contra los independentistas catalanes procesados por la declaración unilateral fallida de octubre de 2017. Pedro Sánchez, jefe de Gobierno español, amenazó con aplicar el artículo 155 constitucional, el cual volvería a dejar en suspenso las instituciones autonómicas. Foto Ap.

Madrid. Una multitudinaria manifestación recorrió ayer las calles de Barcelona para exigir "justicia" y el "respeto al derecho de autodeterminación", en una protesta en la cual se llamó a la "desobediencia civil" ante el inminente fallo del Tribunal Supremo contra los funcionarios independentistas procesados por las acciones de octubre de 2017.

El Ejecutivo español, encabezado por el socialista Pedro Sánchez, amenazó con aplicar el artículo 155 de la Constitución, que volvería a dejar en suspenso las instituciones autonómicas.

El segundo aniversario del referendo independentista sirvió para volver a poner de manifiesto el encono y el distanciamiento que impera en Cataluña entre los dos bloques enfrentados desde hace más de siete años: los que pugnan por la independencia, que representan 47 por ciento de la población, y los que están en contra, ya que sea porque quieren mantener el actual régimen o porque son más partidarios de reformar el estatuto en aras de un gobierno más federalista.

El aniversario del referendo sacó a las calles a 180 mil personas, según la policía municipal de Barcelona, y medio millón, según los organizadores de la protesta.

Se volvieron a escuchar las reivindicaciones a favor de la liberación o la amnistía de "los presos políticos".

Las banderas separatistas y el color amarillo –convertidos en símbolo de la movilización– inundaron las calles de la capital catalana, en las que también estuvieron muy presentes las reivindicaciones para que sean liebarados los miembros de los Comités de Defensa de la República, detenidos la semana pasada y que enfrentan cargos de terrorismo, tenencia ilícita de armas y sabotaje.

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Estados Unidos sanciona a empresas chinas por comprar petroleo iraní

El presidente iraní, Hasan Rohani, afirmó que no iba negociar bajo sanciones con su par estadounidente, Donald Trump.

Estados Unidos anunció sanciones contra empresas chinas por comprar petróleo iraní, incrementando de esta manera la presión sobre la república islámica. Frente a esto el presidente iraní, Hasan Rohani, afirmó que no iba negociar bajo sanciones con su par estadounidente, Donald Trump. De esta manera parecen caídas las tratativas que encabezaba el presidente de Francia, Emmanuel Macrón, para lograr una reunión entre Trump y Rohani en en el marco de la Organización de Naciones Unidas que se desarrolla en Nueva York.

El Secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, dijo que las medidas impuestas por su país fueron en respuesta a violaciones de sanciones unilaterales que Estados Unidos había establecido contra Irán.  "Hoy estamos imponiendo sanciones a algunas entidades chinas por transportar deliberadamente petróleo desde Irán, en contravención de sanciones estadounidenses", dijo Pompeo en declaraciones a grupos de presión que se oponen al régimen iraní, al margen de la Asamblea de la ONU. "Le decimos a China y a todos los países: sepan que sancionaremos cualquier violación de nuestras sanciones para cada actividad", informó. El gobierno norteamericano impondrá sanciones tanto a las empresas como a sus directores ejecutivos. Pompeo también anunció "nuevas medidas" que no detalló, para "separar” a los Guardianes de la Revolución, una unidad de elite del ejército de la República Islámica, "de la economía iraní". "Estados Unidos intensificará esfuerzos para educar a los países y a las empresas sobre el riesgo de hacer negocios con los Guardianes y los castigaremos si persisten en desafiar nuestras advertencias", dijo Pompeo.

El presidente estadounidense, Dondald Trump, ya había adelantado esta medida en el día ayer ante la Asamblea General de Naciones Unidas. "Las sanciones no serán levantadas mientras Irán mantenga un comportamiento amenazante. Serán endurecidas", afirmó.

Este incremento en las sanciones hacia Irán se produjo cuando Francia lideraba esfuerzos de última hora para organizar una reunión en Naciones Unidas entre Trump y su homólogo iraní, Rohani, para calmar las tensiones. Sin embargo, luego de escuchar las declaraciones de Pompeo, el presidente de Irán cerró cualquier posibilidad de encuentro con su par estadounidense. "Quisiera anunciar que nuestra respuesta a cualquier negociación bajo sanciones es negativa", dijo Rohani en la Asamblea de la ONU. "Las fotos de recuerdo son la etapa final de las negociaciones, no la primera", sentenció. 

A su vez, el líder iraní pidió a Arabia Saudita que termine su ofensiva en Yemen, donde participa en la guerra civil como parte de una coalición que apoya al gobierno en su lucha contra los rebeldes hutíes, que reivindicaron el ataque contra las instalaciones petroleras del reino. "La seguridad de Arabia Saudita será garantizada con el fin de la agresión en Yemen, más que con la invitación de extranjeros", dijo Rohani. Irán ya había advertido que la presencia de fuerzas extranjeras enturbiaba la seguridad en la región, después de que Estados Unidos aumentar el número de tropas en la zona el viernes pasado.

El anuncio de estas nuevas sanciones por parte de Estados Unidos forma parte de su estrategia de "presión máxima" después de que Washington abandonara unilateralmente el acuerdo nuclear iraní. Esta táctica se reforzó luego de los ataques del 14 de septiembre contra instalaciones petroleras saudíes, que fueron reivindicados por los rebeldes hutíes de Yemen. Estados Unidos y Arabia Saudita sostienen que los drones y misiles que llegaron hasta las refinerías sauditas fueron lanzados desde Irán.

Desde su llegada a Nueva York, el presidente de Francia Emmanuel Macron encabezó una intensa actividad mediadora que incluyó reuniones por separado el lunes con Trump y Rohani, y un llamado el martes, durante su discurso en la tribuna de la ONU, a Estados Unidos e Irán para que reanuden las "negociaciones" y así evitar un enfrentamiento en el Golfo. Después de la cumbre del G7 en Francia, a fines de agosto, Trump soñaba en voz alta con un histórico encuentro con Rohani, que sería el primero a ese nivel desde la revolución islámica de 1979, y cuando falta un año para las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Pero los ataques contra instalaciones petroleras saudíes, provocaron una tensión renovada y temores de una escalada militar en la región, por lo que la reunión, al parecer, deberá esperar.

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El presidente francés, Emmanuel Macron, en el Palacio del Elíseo en París.Foto Afp

La inédita Cumbre Trilateral de Seguridad en Jerusalén de sus consejeros securitarios –el ruso Nikolai Patrushev, el estadunidense John Bolton y el israelí Meir Ben-Shabbat–, bajo los auspicios del premier Netanyahu, (en)marca las esferas de influencia en el Gran Medio Oriente que mueve sus fronteras en forma sigilosa.

La decepción de Israel fue patente al no poder convencer a Nikolai Patrushev, de todas las confianzas del zar Vlady Putin, sobre la "malignidad" de Irán –como si Trump y Netanyahu fueran querubines–.

The Times of Israel sintetiza que en la cumbre trilateral "Rusia se puso del lado de Irán contra Israel y EU": Rusia apoyó la postura de Teherán de que el sofisticado drone de EU fue derribado en el espacio aéreo iraní, además de defender los derechos(sic) del ejército persa a permanecer en Siria pese a la oposición israelí (http://bit.ly/2NM3uGY).

El pugnaz Bolton no da una en materia de seguridad, que pone en peligro la relección de Trump, por lo que quizá tenga sus días contados por indeseable piromaníaco.

Los actores de la Cumbre Trilateral de Seguridad de Jerusalén midieron bien sus alcances y llama la atención que Netanyahu haya sido más precavido que el irascible Bolton frente a la postura de Rusia.

En vísperas de las elecciones en Israel, el partido Likud galardona su edificio con tres magnas fotos del saliente premier Netanyahu con Trump, el zarVlady Putin, y el premier indio Narendra Modi. Sólo le faltó la otra foto con el mandarín Xi cuando Israel ha entregado dos de sus tres principales puertos a Pekín para su proyecto de la "ruta de la seda marítima" en el mar Mediterráneo (http://bit.ly/2Tn6f1w).

Otro punto relevante radica en la enorme influencia que tiene el zar Vlady Putin con 25 por ciento de migrantes ruso/ucranianos (dos millones) en Israel: jázaros no-semitas de origen mongol centro-asiático conversos a la religión judía (https://amzn.to/2MTzRDP).

Netanyahu juega las cuatro supremas principales cartas geoestratégicas y falta ver cómo le beneficiarán en las elecciones cuando ha chocado con un sector del complejo-militar-industrial (general Ehud Barak y general Benny Gantz) vinculado a su archienemigo George Soros.

Un mes después de la Cumbre Trilateral securitaria de Jerusalén, Hossein Khanzadi, comandante de las fuerzas navales iraníes, anunció ejercicios militares conjuntos de Moscú y Teherán en el Golfo Pérsico y en el norte del Océano Índico (sic), a finales de año, que Rajab Safarov, director del Centro de Estudios del Irán Moderno, en Moscú, interpretó como "el primer paso para eyectar completamente (sic) a EU de la importante región estratégica del Golfo y así concluir el dominio de EU" (http://bit.ly/2NTFcel).

Aunque Irán había propuesto un Pacto de Seguridad Colectiva en el Golfo Pérsico –rechazado por la dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña, al unísono de Israel y sus aliados en el mundo árabe–, Rusia salió al quite con su "Doctrina Rusa" (http://bit.ly/2MTc2fA): un Pacto de Seguridad Colectiva en el Golfo Pérsico (http://bit.ly/2MPqvJz), apoyado por Irán y China (http://bit.ly/2NJbkBf).

Sin contar el asombroso acercamiento del sultán neo-otomano Erdogán con el zar Vlady Putin, el Pentágono señala hoy tres regiones de "competencia estratégica" contra Rusia y China: 1. Indo-Pacífico; 2. Europa y; 3. el Ártico.

La movida de ajedrez de Rusia en el océano Índico, en sus ejercicios navales con Irán, es de alto impacto geoestratégico, mientras las fichas del tablero medio-oriental se mueven en forma acelerada con el supuesto arreglo de los Emiratos Árabes Unidos con Irán para repartirse a Yemen, mientras Israel libra sus cuatro simultáneas "guerras de drones" contra los aliados persas en Damasco/Bagdad/Gaza/Beirut.

Desde el 19 de agosto, en su reunión con el zar Vlady Putin, pasando por el arribo del canciller persa Javad Zarif el 26 de agosto a Biarritz, hasta su notable discurso geoestratégico del 27 de agosto (http://bit.ly/2MSJMtg), Macron salva a EU de su encajonamiento frente a Irán que se aprovecha de la coyuntura y el cronograma de la hipotética relección de Trump.

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¿Por qué esconde China sus buques petroleros de los radares estadounidenses?

Expertos afirman que China está escondiendo los petroleros para eludir las sanciones estadounidenses al crudo iraní

En la pugna por el control de las rutas de comercio marítimo convergen dos conflictos creados por la misma Administración Trump: la guerra comercial con China y la política de "máxima presión" contra Irán

Irán es el único país rico en petróleo en el que Estados Unidos no se ha afianzado y esto es una oportunidad para las necesidades energéticas de China

 

A principios de junio un enorme buque petrolero chino desapareció de pronto en el Océano Índico. Aparentemente, se había desactivado el sistema de rastreo que permite seguir su recorrido.

No era el primer buque que desaparecía de las pantallas. En las últimas semanas, las empresas que rastrean buques se han acostumbrado a que algunos desactiven los transpondedores que permiten que el buque envíe una señal de identificación a la Organización Marítima Internacional.

El gobierno de Trump ha incrementado sus esfuerzos en rastrear buques vinculados a la empresa estatal petrolera más grande de China después de las sospechas de que los buques estarían ayudando a transportar crudo iraní, desafiando las sanciones de Estados Unidos contra Teherán.

"Están escondiendo su actividad", afirmó en julio Samir Madani, cofundador de TankerTrackers.com, al New York Times. "No quieren que se sepa que han estado en Irán, evadiendo las sanciones. Es así de sencillo", atajó. 

El caso del buque Pacific Bravo, que Estados Unidos ya había señalado como sospechoso de violar las sanciones, es doblemente intrigante. Después de que desapareciera su número de identificación, volvió a aparecer más de un mes después, pero en un buque registrado con un nombre diferente. El cambio de nombre aparentemente habría sido un esfuerzo torpe por esconderlo.

Otros buques chinos, muchos pertenecientes al Banco de Kunlun, según informes periodísticos y pruebas de las empresas de rastreo, han utilizado tácticas diferentes. Algunos han sido localizados en imágenes satelitales interactuando con buques iraníes.

Lo que está ocurriendo en las rutas de comercio marítimo se enmarcan en una historia más grande, que tiene que ver con la compleja convergencia de dos apremiantes conflictos internacionales del Gobierno de Trump.

Washington pretende bloquear las exportaciones iraníes de petróleo como parte de una campaña de "máxima presión" para obligar a Teherán a negociar sus políticas nucleares y de seguridad. Y mientras, China —cuya guerra comercial con Estados Unidos se recrudece cada vez más— parece estar dando aire a Irán arrojándole un salvavidas.

Por su parte, Irán ha animado a China. Recientemente, el primer vicepresidente del país, Eshaq Jahangiri, en una conversación con un funcionario chino de visita en Irán dijo que Teherán espera que Pekín sea más activo en la comprar petróleo iraní.

"Creo que hace tiempo que los dos conflictos se han juntado", aseveró Ali Vaez, un analista iraní del thinktank Crisis Group. "La razón principal por la que al inicio China cumplió con las sanciones estadounidenses y redujo de forma significativa la importación de petróleo iraní fue porque esperaba poder utilizar esa carta en las negociaciones comerciales. Pero cuanto se paralizaron las conversaciones, China volvió a importar petróleo de Irán", agregó. 

Hasta ahora, los esfuerzos por evadir las sanciones habían tenido limitaciones. Vaez y otros analistas señalan que el mensaje del país asiático a su rival es claro: China puede "llevar al éxito o al fracaso la política de máxima presión de Estados Unidos".

A su vez, el cambio de rumbo de China hizo que en julio Estados Unidos emitiera nuevas sanciones contra el importador chino de petróleo Zhuhai Zhenrong, que copa el 60% del comercio de China con Irán, por "violar la ley estadounidense al aceptar crudo". 

Sin embargo, Vaez remarca que para China la adquisición de petróleo iraní no es solo una cuestión de influencia, sino que refleja su estrategia a largo plazo de no ser cómplice de las tácticas estadounidenses destinadas a generar un cambio de régimen en Irán.

"China tiene sus propias predicciones con respecto a Irán. Es el único país rico en petróleo en el que Estados Unidos no tiene una presencia afianzada. Desde el punto de vista de las necesidades energéticas de China, Irán es muy importante", apuntó. "Pero por otro lado, China se juega mucho en las negociaciones comerciales con Estados Unidos y tiene que encontrar un equilibrio en las relaciones con otros países petroleros como Arabia Saudí", añadió. 

Sanam Vakil, investigador de amplia trayectoria en Chatham House, considera que los subterfugios actuales reflejan un deseo tanto de China como de Irán de evitar un enfrentamiento abierto por este asunto, mientras que Teherán va encontrando formas cada vez más "creativas" de exportar petróleo.

Según Vakil, lo que ha quedado en evidencia ha sido la incapacidad del Gobierno de Trump de gestionar estas crisis solapadas generadas por su propia gestión. "No es positivo para la política exterior de Estados Unidos tener tantas crisis interconectadas. Es imposible para el Gobierno estadounidense alcanzar todos sus objetivos", señaló. 

Vaez coincide con el experto, añadió que la importación china de petróleo iraní podría contar con el discreto apoyo de las capitales europeas que todavía tienen la esperanza de preservar el acuerdo nuclear con Irán pese a la retirada unilateral de Washington.

"No sé si el Gobierno de Trump tiene la capacidad o la comprensión estratégica necesaria para unir los puntos. Por eso ha sido su propio peor enemigo. Muchos de sus principales adversarios, incluyendo a Corea del Norte e Irán, están pendientes de cómo el Gobierno de Trump trata a China", explicó Vaez. 

"Sin embargo, en la práctica, este es un gobierno que, dada la oportunidad de luchar contra varios incendios a la vez, no duda en aprovecharla", sentenció. 

29/08/2019 - 22:34h

Traducido por Lucía Balducci

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Foto aérea muestra icebergs mientras flotan a lo largo de la costa este de Groenlandia.Foto Afp

Ya he abordado la propuesta de Trump para "comprar" Groenlandia y sus implicaciones geopolíticas (https://bit.ly/2THgNth; http://bit.ly/2ZwVhsg); y (https://bit.ly/2Nm4qBG).

Se ha vuelto moda catalogar a Trump de "insano" para invocar la aplicación del artículo 25 de la Constitución para su destitución.

En The Washington Post, portavoz del establishment, Daniel Drezner, connotado internacionalista y becario de Brookings Institution, aporta "una propuesta modesta (sic) para que Trump compre Canadá" (https://wapo.st/33MOqOM).

La "propuesta" de Drezner se puede interpretar de sarcástica para unos, pero para otros puede significar la resurrección del irredentismo supremacista blanco evangelista de los WASP (White Anglo-Saxon Protestant) en su fase de Lebensraum ("espacio vital").

Daniel Drezner parece inclinarse al inicio por la ausencia de sensatez de la propuesta de Trump, que ni siquiera su staff toma en serio y que, a juicio de la agencia británica (¡ojo!) Reuters, "ha causado risa a algunos de sus consejeros como broma, pero que ha sido tomado más seriamente (sic) por otros en la Casa Blanca".

Daniel Drezner juguetea con los puntos de vista de otros columnistas del mismo Washington Post, donde "los ayudantes del presidente han empezado a investigar sus directivas para la compra de Groenlandia" (https://wapo.st/2Z9qtSk), mientras otros colegas del NYT filtran que aunque los consejeros de Trump "son muy escépticos", en lugar de disuadirlo, "han acordado investigar el asunto" (https://nyti.ms/2Zdt4uq).

Coloca en relieve que Larry Kudlow, consejero económico de la Casa Blanca, "hombre brillante" y usualmente precavido, comentó que la compra “se está desarrollando. Lo estamos viendo (…). Sólo digo que el presidente, que sabe de más sobre la compra de bienes raíces, desea echar un ojo” (https://wapo.st/2z9wv6Y).

Daniel Drezner sube su puja y expone un "editorial explosivo" del Washington Examiner que defiende a Trump: “no se rían; la compra de Groenlandia por EU puede representar un trato extraordinario en términos de la seguridad nacional de EU, sus intereses económicos y la protección ambiental(…). Los estadunidenses de todo el espectro político se beneficiarían con Groenlandia y sus 56 mil habitantes se incorporarían a nuestra familia nacional” (https://washex.am/2HqNiH7).

Daniel Drezner sopesa la "lógica del editorial": Groenlandia, "con un valor estratégico extraordinario" y "abundante con recursos primarios".

Daniel Drezner lleva su puja a límites antigravitatorios y enuncia que "Trump necesita pensar en forma más ambiciosa" por lo que si "desea pensar grande (sic), debería hacer una oferta por un aliado aún mayor, más rico, más estratégico y más pasivo-agresivo (sic) aliado en el Ártico": ¡Canadá!

Propone un paquete para la compra de Canadá: 1. Veinte billones de dólares en efectivo –10 billones para la Corona de Canadá/Inglaterra y 10 billones para los residentes; 2. La incorporación de sus 13 provincias y territorios como Estados de la Unión, con representación en el Congreso; y 3. La admisión de nuevos Estados como la capital (DC) y Puerto Rico para que EU tenga un total de 65 Estados. Estos tres puntos pueden sonar a chacota.

Según Daniel Drezner, su propuesta, en un tono burlón, constituye una ganancia para Gran Bretaña, que sería inyectada con una enorme liquidez, en época de gran precariedad frente a las consecuencias del ominoso Brexit (https://bit.ly/2OWt8L9).

Juzga que la absorción de Canadá –el segundo país más extenso del mundo– conformaría con EU una superpotencia geoeconómica y reduciría las barreras comerciales como "otro estímulo para el crecimiento económico".

En tono sarcástico, Daniel Drezner comenta la inyección expansiva bancaria, de corte monetarista, con la impresión de 20 billones de dólares.

Otro punto favorable es que "la mayoría de los canadienses son tan blancos (sic) como los republicanos".

¿Y que tal si Trump toma en serio la propuesta de Daniel Drezner?

¿Cómo se deben tomar en México las "bromas" de los neopiratas anglosajones, cuando se insinúan veleidades secesionistas en Baja California/Chihuahua/Nuevo León /Chiapas?

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El presidente francés, Emmanuel Macron (c), el presidente estadounidense, Donald Trump (i), el primer ministro japonés, Shinzo Abe (2i), el primer ministro italiano en funciones, Giuseppe Conte (3i), el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk (espaldas), el primer ministro británico, Boris Johnson (d), el primer ministro canadiense, Justin Trudeau (2d), y la canciller alemana, Angela Merkel (3d), este domingo durante la cumbre del G7 en Biarritz EFE

Con la economía mundial en plena ralentización y la amenaza de una recesión en Alemania y el Reino Unido, la cumbre tenía como objetivo buscar una tregua

Hay "enormes riesgos económicos en el mundo por las tensiones comerciales", ha reconocido claramente la canciller alemana, Angela Merkel

El acuerdo entre Estados Unidos y Japón se centrará en agroalimentación, industria y comercio digital

 

La cumbre del G7 ha subrayado este domingo su inquietud por las tensiones comerciales, que suponen una amenaza para el crecimiento económico global, una preocupación ante la que el presidente de EE.UU., Donald Trump, solo ha podido contraponer un limitado nuevo acuerdo comercial con Japón.

Con la economía mundial en plena ralentización y la amenaza de una recesión en Alemania y el Reino Unido, en parte debido al incremento de la tensión comercial del último año entre EE.UU. y China, pero también por la amenaza de un Brexit sin acuerdo, esta cumbre de Biarritz tenía como objetivo buscar alguna forma de tregua.

Ahora mismo hay "enormes riesgos económicos en el mundo por las tensiones comerciales", ha reconocido claramente la canciller alemana, Angela Merkel, en unas declaraciones.

Merkel ha recalcado que Alemania quiere en primer lugar "que haya un acuerdo lo antes posible sobre la Organización Mundial del Comercio (OMC), que debe reformarse y potenciar su papel como árbitro" de estos conflictos.

La tensión comercial, alimentada especialmente por Trump y sus sanciones y aranceles a China, pero también con amenazas a la Unión Europea y otros países, ha protagonizado la primera sesión de la cumbre de este domingo.

A pesar de que la discusión ha sido positiva, con una "maduración en los temas", como la reforma de la OMC, "sería ir muy lejos decir que hay un acuerdo" en este asunto, ha reconocido un destacado funcionario de la Unión Europea.

Conversación centrada en China

La conversación se centró en China, después de que Trump protagonizara el viernes una nueva escalada en el conflicto. En la sesión, los líderes del G7 hablaron sobre "evaluación, análisis y objetivos" del proceso, ha precisado el funcionario europeo en declaraciones a la prensa.

Han convenido en que "China es una amenaza sistémica, que supone un desafío en término de distorsión del comercio", pero "no hay acuerdo sobre cómo lidiar con China", ha añadido. Para Merkel, se trata de encontrar soluciones sobre China "en las que todos los países se beneficien. Eso es posible y ganaremos todos".

La cuestión de China está aún más en las mentes de los líderes reunidos en Biarritz tras el agravamiento del conflicto del pasado viernes, cuando Pekín dijo que aplicará aranceles de represalia contra EE.UU. y Trump replicó incrementando otros dos aranceles ya anunciados y que aún no habían entrado en vigor.

Además, el presidente estadounidense avanzó que podría invocar la Ley de Emergencia Nacional de 1977 para pedir a las empresas de su país presentes en el gigante asiático (que es también el mayor mercado del mundo en muchos sectores) que lo abandonen.

Este domingo, Trump ha asegurado que los demás miembros del G7 no le han pedido que frene la guerra comercial con China, aunque ha reconocido que tiene dudas sobre todo lo que hace.

"Nadie me ha dicho eso", ha respondido el presidente estadounidense a una pregunta acerca de si sus aliados del G7 le han presionado durante la cumbre para que ponga fin a la tensión con el gigante asiático.

Trump, en unas breves declaraciones a la prensa tras reunirse con el primer ministro británico, Boris Johnson, ha reconocido que tiene algunas "dudas" sobre sus decisiones sobre China.

Poco después, la Casa Blanca ha precisado a través de portavoces y asesores que las "únicas dudas" de Trump consisten en "si debía haber sido incluso más duro con China".

Johnson, por su parte, ha dicho este domingo sentado frente a Trump: "En general, estamos a favor de la paz comercial". Y ha señalado su oposición, en principio, a la imposición de nuevos aranceles.

Nuevo acuerdo con Japón

Mientras la tensión comercial con China oscila con los altibajos verbales del inquilino de la Casa Blanca, este ha anunciado junto con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, el final de las negociaciones de un nuevo acuerdo comercial bilateral, aunque parece que de alcance limitado.

El acuerdo se centrará en agroalimentación, industria y comercio digital. Trump se ha esforzado en destacar la importancia en el primer capítulo, después de que buena parte de las represalias chinas contra EE.UU. se han centrado en productos agrícolas y ganaderos, especialmente el maíz.

Trump ha asegurado que el nuevo pacto comercial, que debería firmarse hacia finales de septiembre, permitirá incrementar las exportaciones estadounidenses a Japón por valor de "miles de millones de dólares". Son "muy buenas noticias para nuestros agricultores y ganaderos", ha señalado por su parte el Representante de Comercio Exterior, de EE.UU., Robert Lighthizer.

Pero el primer ministro Abe, aunque ha considerado que el acuerdo tendrá "un inmenso impacto económico" en los dos países, ha precisado que algunas compras, como las de maíz, son de "emergencia" por problemas de plagas en el campo nipón, lo que apunta a que serían únicamente temporales.

EFE

25/08/2019 - 21:45h

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▲ Donald Trump, como otros imperialistas de su país, sueña con adquirir Groenlandia.Foto Ap

Más tardé en escribir "Los políticos daneses afirman que Groenlandia no está en venta. Lo peor es que quizá no sepan que Trump va a arrebatar y/o liberar Groenlandia al estilo antimexicano del siglo XIX", que al día siguiente Trump se enfrascaba en un duelo verbal con Mette Frederiksen, premier del Reino de Dinamarca, y cancelaba su visita a Copenhague (https://bit.ly/2THgNth). Trump espetó que la premier danesa no tiene interés en discutir la compra de Groenlandia.

No fue coincidencia la Nueva Estrategia Militar del Pentágono en el Ártico, que comprende a Groenlandia para contrarrestar la alianza de Rusia y China en la Nueva Ruta de la Seda Polar (https://bit.ly/2Nm4qBG).

Mes y medio más tarde Trump ofreció "comprar" Groenlandia.

La premier danesa afirmó que la "compra" es una "discusión absurda" y "ha sido claramente rechazada", pero se mantenía abierta a discutir la importancia geopolítica( sic) del Ártico (https://on.wsj.com/2Hkakzi).

En forma traviesa, Trump mensajeó que “promete no construir una Torre Trump en Groenlandia (https://bit.ly/30jXaK9)”.

Lo que menos interesa a Trump es fomentar el desarrollo inmobiliario de la isla autónoma habitada por 56 mil nativos inuit en más de 2.16 millones de kilómetros cuadrados.

Más allá de la captura de los "minerales de tierras raras" de Groenlandia –que serviría para contrarrestar el abasto de "minerales de tierras raras" de China, vitales para la tecnología de Estados Unidos (https://bit.ly/31OipEe)–, lo que está en juego es el bloqueo de la Ruta de la Seda Polar.

Paul Musgrave, de la Universidad de Massachusetts Amherst, comenta en Foreign Policy que “los imperialistas estadunidenses siempre ( sic) han soñado con Groenlandia”. Considera que la "compra" por Trump “ejemplifica sus valores decimonónicos (https://bit.ly/2NpfL3O)”.

A mi juicio, más que retornar a las prácticas imperiales del siglo XIX, Trump manifiesta más bien su proclividad por el siglo XVII: con la llegada en 1620 de los puritanos evangelistas del Mayflower –fundamento bíblico para su cruzada supremacista de los WASP (https://bit.ly/2JFEXmC)–, al unísono de la propensión por el mismo siglo XVII al que retrocede Kissinger, uno de sus principales inspiradores, en su libro Orden Mundial (https://amzn.to/2M4EyH6).

Kissinger se olvida de la fallida globalización financierista de EU en el siglo XXI, para retrotraerse cuatro siglos atrás hasta el concepto de "soberanía" gestado por el Tratado de Westfalia de 1648.

El irredentismo WASP del siglo XVII quizá epitomice, sumado de su conducta sicológica de sus recientes 29 años (https://bit.ly/31REoKw), el verdadero Trump que los daneses del siglo XXI, en la fase del declive europeo, no consiguen escudriñar.

Para Trump, la tercera oferta para comprar Groenlandia es la vencida desde hace 152 años.

Trump, cual es su costumbre, ejercerá su clásica "máxima presión" y jugará al trilema de su adicción por los casinos: 1) la "compra" per se –que se ignora el precio y a quién le pagará: si a los 56 mil nativos inuit, que quizá sucumban a la irresistible seducción pecuniaria, y/o al Reino de Dinamarca, a quien le está costando subsidiar financieramente a Groenlandia, de lo cual se aprovecha el presidente número 45; 2) la "liberación" inducida de la hoy autónoma isla que buscaría su independencia, dondeTrump emergería como el gran "libertador" de Groenlandia, ante lo cual se desconoce cómo reaccionará el Reino de Dinamarca, miembro de la OTAN, cuando la Unión Europea es golpeada tanto por el desenlace del brexit como por la crisis gubernamental en Italia debido al contencioso migratorio; y 3) el acomodamiento forzado de Trump con el vulnerable Reino de Dinamarca, donde EU usaría a Groenlandia como una extensa base militar sin tener que pagarle nada a nadie.

La tercera opción es la más elegante, pero con el mismo desenlace.

La región del Ártico, donde destaca la isla autónoma de Groenlandia, se suma a las otras dos regiones –"Indo-Pacífico" y Europa– donde EU se ha sumergido en una "Competencia Estratégica (como la define el Pentágono)" contra Rusia y China.

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 Contenedores almacenados en el puerto chino de Qingdao, en el este de China, este mes. AFP

EE UU toma la decisión tras el anuncio de Pekín de penalizar los bienes estadounidenses y lleva el debate sobre el proteccionismo al epicentro del G7 que empieza este sábado

 

El enfrentamiento entre China y Estados Unidos escaló este viernes a un nuevo nivel después de que Donald Trump anunciara una subida de los aranceles de  casi la totalidad de los bienes que la primera economía del mundo importa del gigante asiático y “ordenara” a las empresas estadounidenses —sin concretar si iba a tomar medidas legales— buscar una alternativa a China para fabricar sus productos. Esta era la respuesta al anuncio de Pekín, unas horas antes, de nuevos aranceles sobre productos estadounidenses que desató la ira presidencial. El enconamiento entre las dos potencias llega en vísperas de la reunión del G7 y lleva el debate sobre el proteccionismo comercial al epicentro de la cumbre.

El enfrentamiento comercial entre China y EE UU se desató hace casi un año y medio y, pese a que las partes estuvieron a punto de firmar las paces en mayo, la tregua fracasó y cada vez parece más lejos la posibilidad de un acuerdo que termine con esta nueva guerra fría. El anuncio de Pekín de este viernes es la respuesta a los aranceles anunciados por Washington a principios de este mes. Y, aunque esperada, ha provocado un nuevo terremoto en las Bolsas y entre la comunidad empresarial estadounidense.

No fue la única represalia del día. En una batería de tuits, Trump insistió horas después en que las multinacionales estadounidenses deben buscar “una alternativa a China, incluido traer de vuelta a CASA nuestras compañías y fabricar nuestros productos en EE UU”. En su opinión, “las vastas cantidades de dinero hecho y robado por China a EE UU, año tras año, durante décadas, deben ACABAR y acabarán”, aseguraba el mandatario. “No necesitamos a China y, la verdad, estaríamos mejor sin ellos”, apuntó. En la explosión de tuits, Trump no dudó en incluir al presidente de la Reserva Federal, Jay Powell. “Mi única pregunta es: ¿cuál es nuestro mayor enemigo, Powell o Xi [Jinping, presidente chino]?”. Trump insiste en que Powell baje los tipos de interés para abaratar el dólar.

A la respuesta inicial, le siguió una reunión en la Casa Blanca en la que se acordó —como informó Trump también a través de Twitter— subir los aranceles ya en vigor sobre productos por 250.000 millones de dólares del 25% al 30%. Y los nuevos que entrarán en vigor en septiembre sobre los 300.000 millones restantes de su balanza comercial, del 10% al 15%. Una escalada en toda regla. La guerra está declarada.

Toda esta reacción se produjo después de que Pekín anunciara que castigará a productos estadounidenses por valor de 75.000 millones de dólares con un arancel del 10% en lugar del 5% actual. Las nuevas tasas, respuesta de Pekín a la decisión de Washington de aumentar sus aranceles sobre 300.000 millones de dólares de productos chinos, entrarán en vigor en dos tramos, el 1 de septiembre y el 15 de diciembre. Son las mismas fechas en las que está previsto que se pongan en marcha las penalizaciones estadounidenses.

Pekín, además, ha decidido recuperar los aranceles sobre vehículos y componentes estadounidenses, una decisión adoptada como gesto de buena fe tras la reunión del pasado diciembre entre los presidentes de ambos países, Donald Trump y Xi Jinping, en Argentina. Ahora el Gobierno chino ha anunciado que los automóviles estadounidenses soportarán un recargo del 25% y los recambios, un 5%, a partir del 15 de diciembre. El año pasado, EE UU vendió coches a China por unos 230.000 millones de dólares, según LMC Automotive, y, aunque no supone ni de lejos el grueso de su negocio, automotrices como Mercedes, General Motors o Ford registraban este viernes importantes pérdidas en la Bolsa.

“Las medidas de EE UU han conducido a la continua escalada de las fricciones económicas y comerciales entre China y Estados Unidos, que han perjudicado gravemente los intereses de China, EE UU y otros países, y también amenazan seriamente el sistema de comercio multilateral y el principio del libre comercio”, apuntaba este viernes el comunicado de la Comisión Arancelaria del Consejo de Estado, el Ejecutivo chino. Insiste así Pekín en su papel como adalid del libre comercio pese a las evidentes restricciones que las autoridades chinas imponen a los inversores extranjeros.

Con esta nueva ronda de sanciones, Pekín penaliza prácticamente todo lo que importa de EE UU. Entre los productos sancionados se encuentra por primera vez el petróleo, algunos tipos de avionetas —no así los Boeing—, y numerosos productos alimenticios, como diversos frutos secos, el cerdo congelado, varios tipos de pescado y marisco congelado y fresco, la ternera, la miel y la soja, de lejos el producto que más compra China a EE UU.

Trump había anunciado el 1 de agosto la imposición de nuevos aranceles sobre 300.000 millones de dólares en productos chinos. Ponía así fin a la tregua alcanzada en su reunión con Xi tras la cumbre del G20 en Osaka (Japón) el 29 de junio, en la que acordaron retomar las negociaciones comerciales. El 15 de agosto anunció un retraso de tres meses para productos como los juguetes o productos electrónicos de consumo, hasta el 15 de diciembre.

Críticas empresariales

Trump justificó entonces esa marcha atrás como un intento de no perjudicar al sector de las ventas al por menor, que en Estados Unidos logra su mayor facturación en torno a la campaña navideña. Con todo, las protestas del sector empresarial de Estados Unidos cada vez se oyen con mayor contundencia. La Cámara de Comercio estadounidense rechazó de inmediato la orden de Trump de abandonar China, donde las empresas estadounidenses acumulan importantes inversiones. “Aunque compartimos la frustración del presidente, creemos que el camino correcto es un compromiso continuo y constructivo”, declaraba este viernes Myron Brilliant, vicepresidente de la organización. “Las guerras comerciales no se ganan”, advirtió, en total oposición al “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar” del presidente estadounidense.

Las amenazas de Trump no solo se han ceñido a las empresas de EE UU presentes en China. El mandatario ha pedido que las grandes empresas de paquetería examinen los envíos procedentes de China, y los devuelvan si lo creen necesario, en busca de fentanilo, una de las sustancias narcóticas que se encuentra detrás de la epidemia de adicción a los opioides en EE UU. Trump acusa a Pekín de tolerar la producción en su suelo y el envío de la droga a Estados Unidos.

Tanto FedEx como UPS respondieron asegurando que ya toman importantes medidas de seguridad para impedir el uso de sus redes de transporte para actividades ilegales o el envío de drogas como el fentanilo. Pero sus acciones ya se habían desplomado más de un 3% en Bolsa.  

Números rojos en las Bolsas, el petróleo y el dólar

La escalada entre China y Estados Unidos se tradujo este viernes de inmediato en considerables números rojos en las Bolsas y los valores estadounidenses. El índice Dow Jones perdió cerca de 600 puntos, cerrando con una caída del 2,3%, impulsado por los sectores más afectados por la guerra comercial, como las automovilísticas, las tecnológicas, las empresas de paquetería y las compañías agroalimentarias.

El precio del petróleo de referencia para Estados Unidos, el WTI, perdía el viernes más de un 3%, hasta rondar los 53,6 dólares por barril. No solo porque por primera vez las importaciones de crudo estadounidense se incluyen entre los productos gravados por Pekín sino porque el enfrentamiento comercial anticipa un frenazo económico que, unido a otros factores políticos, podrían acabar provocando una recesión global. Desde abril, el precio del crudo acumula una caída del 19%.

Asimismo, el dólar sufrió el viernes una notable depreciación y cayó a su nivel más bajo en tres semanas frente al euro y de una semana frente al yen. Frente a la divisa china, sin embargo, subió un 0,6%.

De momento, las negociaciones entre China y EE UU se mantienen. Desde la tregua pactada en Osaka, los equipos negociadores de los dos países, encabezados por el representante comercial, Robert Lightnizer, en el lado estadounidense y el viceprimer ministro Liu He, en el chino, han conversado por teléfono en varias ocasiones. La única reunión cara a cara ha tenido lugar en Shanghái el 30 de julio, aunque sin aparentes progresos. El próximo encuentro estaba previsto para septiembre en Washington, si los últimos pasos de uno y otro Gobierno no lo descarrilan.

Por Macarena Vidal Liy y Antonia Laborde

Pekín / Washington 23 AGO 2019 - 17:13 COT

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En qué va la guerra comercial de Estados Unidos.

 

Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China se reanudarán la primera semana de agosto en Shanghái. Hasta ahora, ninguno de los dos ha cedido a las condiciones del otro. Se recuerda que Estados Unidos busca reducir su déficit comercial, mejorar la productividad del aparato industrial interno, su competitividad en el mercado mundial y frenar el ascendente dominio comercial chino, mediante la ampliación de aranceles punitivos.

Recientemente, el mandatario estadounidense afirmó, vía Twitter, que “los aranceles (…) están teniendo un efecto importante”, pues “las empresas desean salir de China hacia países no arancelarios”, que se están “recibiendo miles de millones de dólares en aranceles de China” y que las “tarifas son pagadas por China devaluando y bombeando, ¡no por el contribuyente estadounidense!”. Dijo que China alcanzará, en el segundo trimestre, el nivel de crecimiento más bajo desde hace 27 años como resultado de su estrategia comercial internacional.

El crecimiento de la economía de Estados Unidos en el segundo trimestre se desaceleró, mientras que China se mantiene estable en 6,2 por ciento, porque el arancel es un impuesto aplicado por el gobierno importador; es pagado por el importador y el consumidor final. La lógica es aumentar el precio de la mercancía importada para reducir su consumo y, de este modo, favorecer las mercancías locales. Salvo que los importadores sean empresas o consumidores chinos en Estados Unidos, no hay modo de que los aranceles sean transferidos a la economía china, a menos que China tenga un solo mercado, pero Estados Unidos es el mercado mayor de China (20 por ciento) cuyo comercio se reparte: 45 por ciento a países de Asia, 22 por ciento a países de la Unión Europea y 9 por ciento a América Latina y África.

De ahí que la respuesta a las medidas proteccionistas de un Estado con otro no puedan ser más que alzas arancelarias en sentido contrario, no hay otra. En esta ocasión, después de cinco rondas de subidas arancelarias, una breve tregua e incontables amenazas, la guerra no parece favorecer a nadie. Se estima que el total de las medidas impuestas ha alcanzado 250.000 millones de dólares a las importaciones chinas y 110.000 millones a las estadounidenses. De este modo, la cuestión estratégica sería cuantitativa en determinados bienes de consumo final y cualitativa para ciertas ramas industriales. El impacto, empero, está recayendo sobre el comercio internacional en su conjunto.

En un sentido limitado, es cierto que el déficit estadounidense con China ha disminuido, pero apenas a niveles previos al inicio de la guerra. El acumulado hasta mayo de 2019 disminuyó en 9,9 por ciento respecto a mayo de 2018, pero China aún corresponde al 38 por ciento del total del déficit comercial estadounidense. En cambio, el déficit total hasta mayo de 2019 alcanzó -359.579,8 millones de dólares, 25 por ciento mayor que el año anterior. Este incremento corresponde en buena parte al creciente déficit con México.

La reducción del déficit comercial con China ha sido producto de una contracción de sus importaciones. Esta situación, dadas las condiciones del aparato productivo de Estados Unidos, sólo complica aun más sus niveles de productividad y competencia internacional. La reducción de las importaciones refleja su nivel de consumo interno y la limitada capacidad de crecimiento de la economía. De ahí que también el Buró de Análisis Económico del Departamento de Comercio estadounidense anunciara que el crecimiento del Pbi cayó de 3,5 por ciento en el segundo trimestre de 2018 a 2,1 por ciento en el segundo trimestre de 2019, anticipando menos crecimiento para 2019 que para 2018.

Asimismo, una buena parte de las cadenas productivas americanas dependen de insumos chinos. En 2017, el 50 por ciento de sus compras estuvo compuesto de aparatos electrónicos, maquinaria de radiodifusión, cómputo, partes y piezas electrónicas y demás insumos industriales y de consumo final. El nivel técnico y de especialización que incorporan los productos chinos, apoyados en bajísimos costos de producción, ha desplazado a los productos estadounidenses. Esta condición del aparato productivo estadounidense no le permite sustituir las importaciones chinas sin encarecer los productos y generar inflación.

A la inversa, la matriz exportadora de Estados Unidos está compuesta, principalmente, por maquinaria (22 por ciento), equipo de transporte, mayormente automóviles (15 por ciento), productos químicos (14 por ciento) y derivados del petróleo (11 por ciento). Como lo ha mostrado la trama Huawei y la red 5G, la economía estadounidense ha perdido el liderazgo en las ramas tecnológico-industriales y no parece encontrar vías para recuperarlo. Lo que le ha quedado es asegurar su mercado interno (ampliado) vía el tratado México-Estados Unidos-Canadá (Tmec), ponerle aranceles punitivos a la Unión Europea (especialmente a Alemania) y esperar que su proteccionismo merme el crecimiento chino de 6,2 por ciento, sin afectar aun más su sufrido 2,1 por ciento.

Finalmente, si consideramos que hay una recesión autoinducida en México debido a los ajustes en el gasto fiscal, y es probable que la caída en la demanda en Estados Unidos continúe, el resultado final debería ser menos importaciones y un mayor déficit estadounidense con México para diciembre de 2019. Esto podría significar más aranceles para los bienes mexicanos, dada la peculiar visión que el equipo económico estadounidense tiene del mundo. La ley de aranceles Smoot-Hawley de 1930 debe tenerse en cuenta, así como la no ratificación del Pacto de la Sociedad de las Naciones, en 1920, fundada por el presidente Woodrow Wilson en 1919. La bancada republicana, liderada por Henry Cabot Lodge, argumentó entonces que “la Liga comprometería a Estados Unidos con una organización costosa que reduciría la capacidad de Estados Unidos para defender sus propios intereses”. Los gobiernos republicanos han sido conocidos por su aislacionismo y xenofobia en el pasado. Esto podría significar que nuevos males económicos en Estados Unidos podrían llevar a nuevas medidas aislacionistas con terribles impactos en la economía mundial, como en 1930.

Por  Por Óscar Ugartech, investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), Sistema Nacional de Investigadores-Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y coordinador del Observatorio Económico Latinoamericano (obela). Economista, doctorando en estudios latinoamericanos de la Unam y miembro de obela

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