Martes, 05 Marzo 2019 06:21

Trump endurece el cerco sobre Cuba

Trump endurece el cerco sobre Cuba

Estados Unidos deja que los ciudadanos estadounidenses demanden a una lista negra de empresas por activos que les fueron expropiados en la isla durante la revolución

La Administración de Donald Trump anunció este lunes una medida con la que se endurece el cerco contra la economía de Cuba al permitir que los ciudadanos estadounidenses puedan demandar a algunas empresas bajo control del Ejército o los servicios de inteligencia del régimen. En la práctica, significa que las empresas e inversores de terceros países quedan exentos de pleitos, pero la Administración deja abierta la puerta a seguir apretando las tuercas a la dictadura castrista por la misma vía, en un momento de alta tensión en la región a raíz de la crisis venezolana.


El proceso de “deshielo” iniciado por la Administración de Barack Obama con Cuba finalizó con la llegada de Trump a la Casa Blanca, que decidió limitar los viajes a la isla y prohibir las relaciones comerciales con el conglomerado de sus fuerzas armadas. El incremento de presión anunciado este lunes se articula a través del Título III de la conocida como ley Helms-Burton, que data de 1996, bajo el Gobierno del demócrata Bill Clinton. En teoría permite a los ciudadanos de origen cubano reclamar en los tribunales de Estados Unidos las propiedades que les fueron arrebatadas con motivo de la revolución hace más de medio siglo.


Todos los Gobiernos desde Clinton, sin embargo, han dejado sin efecto dicha parte de la norma por el alud de demandas que podría suponer (hasta 200.000 pleitos, según cifras recientes de Reuters) mediante una serie de suspensiones sucesivas del artículo que se renovaban cada seis meses. Esta vez, Washington ha optado por mantener la suspensión pero solo durante un mes, lo cual aumenta la presión sobre La Habana.


Las firmas extranjeras siguen protegidas por la dispensa durante dicho periodo, no las de la lista negra de empresas asociadas al régimen. En ella figuran organismos como el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el del Interior, cinco grupos empresariales (Cimex, compañía turística Habaguanex, Gaesa, grupo turístico Gaviota y Unión de Industrias Militares) y una larga lista de hoteles en La Habana, Santiago y Varadero, entre otros enclaves, varios con la enseña Meliá e Iberostar, ambos propiedad de Gaviota.


La suspensión del artículo III, es decir, la prohibición de demandas para el resto, comenzará el 19 de marzo y finalizará el 17 de abril, según informó el Departamento de Estado. Tras dicho periodo, queda la puerta abierta a seguir endureciendo el embargo. Si ese artículo entrase en vigor de forma plena, medida que Trump ha evitado, cualquier empresa con intereses en la isla podría ser llevada a los tribunales por ciudadanos estadounidenses que considerasen que están usando terrenos o activos que en su día les fueron expropiados. Washington encendió las alarmas hace más de un mes, cuando aprobó una suspensión de tan solo 45 días, en lugar del semestre habitual, y anunció que se tomaba ese periodo para “revisar” la situación. Es lo mismo que ha afirmado esta vez, disparando las especulaciones.


La Administración de Trump considera que Cuba forma junto con Venezuela y Nicaragua una “troika tiránica” que se retroalimenta entre sí. Fuentes del Departamento de Estado recalcaron en una conferencia telefónica que la decisión de endurecer el embargo se ha tomado de forma completamente independiente, tras constatar que la nueva Constitución ratificada en referéndum el pasado 24 de febrero mantendrá el sistema político de la isla, gobernado por el único partido político legal: el comunista. La medida, no obstante, tiene lugar en un contexto de gran inestabilidad a raíz del pulso en Venezuela. Más de 50 países, entre ellos, Estados Unidos, reconocen al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como presidente interino y reclaman la celebración de elecciones, mientras el líder chavista, Nicolás Maduro, sigue aferrado al poder con el apoyo de los militares.

Por Amanda Mars
Washington 4 MAR 2019 - 18:51 COT

 

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Colapsan las negociaciones de Trump con la indomable Norcorea

Habrá afectado sicológicamente en su desempeño a Trump la virulenta comparecencia de su anterior abogado,el israelí-estadunidense Michael Cohen, mientras negociaba con el mandatario norcoreano Kim Jong-un, quien no resultó un platillo fácil de digerir mediante falsas adulaciones?

A Trump se le escapa el Premio Nobel de la Paz que anhelaba para este año, al haber anticipado una inevitable negociación triunfal con Norcorea. No fue una buena semana para él: desde la inminente publicación de la investigación del fiscal especial Robert Mueller, pasando por los líos judiciales en el distrito sur de Nueva York contra la Organización Trump, hasta el rechazo en la Cámara de Representantes, dominada por el Partido Demócrata,de su "emergencia nacional" para la construcción del muro transfronterizo contra México.

Norcorea juega también a la política doméstica de EU y a la elección presidencial de 2020. El atribulado Trump, quien hay que reconocer posee una legendaria resiliencia, no está exhibiendo sus dotes de óptimo negociador en sus casinos y negocios inmobiliarios que no son comparables para nada a los juegos geopolíticos de gran envergadura ya que el mandatario norcoreano no estaba solo, sino que contaba con el tácito apoyo de dos súperpotencias: China y Rusia, a quienes el mismo Trump alabó por su cooperación.

La decepción es amplia, en particular en Sudcorea. Después de dos cumbres en Singapur y en Hanoi, con el juvenil mandatario Kim Jong-un, ya es tiempo que Trump se haya percatado que Norcorea no es una vulgar republica bananera, como la maltrató el disfuncional ex canciller "mexicano" Luis Videgaray, por instrucciones del tal múdico Jared Kushner, yerno del presidente de EU.

En EU, los internacionalistas se están comiendo vivo a Trump, mientras el portal chino Global Times comenta en forma sensata que la “cumbre fracasó, pero no todo el progreso está perdido (http://bit.ly/2C1FKb7)”. El portal chino juzga que ambos están de nuevo estancados sobre un viejo problema: EU demanda la desnuclearización de Norcorea, primer termino, mientras Pyongyang insiste en jerarquizar el levantamiento de las sanciones. Los dos no pueden alcanzar un acuerdo trabajando simultáneamente para conseguir el mismo objetivo”, pese a la "détente (distensión)" de Pyongyang y Washington, quienes "no se han podido sacudir de su profunda desconfianza mutua". Lamentablemente no se gestaron la apertura de "oficinas de enlace" ni la declaración formal del fin de la guerra de Corea de 1950/53.

A juicio del portal chino, "la proximidad de la elección presidencial de EU, presionará a Trump a tomar de nuevo una actitud más dura contra Pyongyang". Global Times exhorta a que "China y Sudcorea deben jugar un papel para salvaguardar los logros conseguidos hasta ahora": Norcorea cesó las pruebas misilísticas y nucleares antes de que EU y Sudcorea suspendieran sus ejercicios militares conjuntos. Concluye que la "forma más efectiva para estabilizar a la península coreana es empujar a Norcorea y a EU a que se muevan uno hacia el otro e intenten promulgar un mapa de ruta de dos carriles": la "desnuclearización y la paz peninsular aceptable para ambos".

El problema es el aprendizaje práctico de Norcorea que ha visto como en forma ingenua el ex mandatario libio Muamar Khadafi entregó la conducción de su Banco Central a "Occidente" y cesó sus experimentos de cierto tipo de armas de destrucción masiva para ser premiado con la triple invasión de EU/Francia/Gran Bretaña que llevó a la sodomización (literal) del líder libio, al derrocamiento de su régimen, el despojo de su gas/agua/oro/reservas de divisas y a la salvaje anarquía imperante.

En Norcorea están conscientes de cómo un acuerdo del contencioso nuclear con Irán, encabezado por Obama y avalado por otras cuatro potencias permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Rusia/China/Francia/Gran Bretaña), sumados de Alemania, fue arrojado al basurero con la mano en la cintura por Trump. También en Norcorea leen los periódicos y ven las noticias sobre Libia e Irán.

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Fracasan resoluciones de EU y Rusia sobre Venezuela en el Consejo de Seguridad

Nueva York. El Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) demostró este jueves su estancamiento en la crisis política y económica en Venezuela, luego de que fracasaron dos resoluciones propuestas por un par de países rivales: Estados Unidos, que está en favor del líder opositor Juan Guaidó, y Rusia, que apoya al presidente Nicolás Maduro.

Primero, las representaciones de Rusia y China vetaron una resolución estadunidense que pedía elecciones presidenciales "libres" y el acceso de "ayuda humanitaria" sin trabas en el país petrolero. En general, el texto recibió el apoyo de nueve de los 15 miembros del organismo, tres votos en contra –al que se sumó Sudáfrica– y las abstenciones de Indonesia, Guinea Ecuatorial y Costa de Marfil.

"Al votar en contra de esta resolución, algunos miembros de este consejo continúan protegiendo a Maduro y sus amigos, prolongando el sufrimiento del pueblo venezolano. Buscaremos todas las vías para aumentar la ayuda humanitaria a Venezuela", señaló el enviado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliott Abrams, durante la sesión.

Destacó que este jueves arribó en un avión militar estadunidense a la ciudad colombiana de Cúcuta con más "asistencia" que incluye paquetes de ayuda médica e higiene y unidades potabilizadoras de agua.

Después, una resolución de Rusia que solicitaba el respeto a la soberanía y la no interferencia en los asuntos internos de Venezuela, entre ellos la solicitud, ingreso y distribución de asistencia, no obtuvo los suficientes votos para ser aprobada, al tener un resultado de cuatro votos en favor, siete en contra y cuatro abstenciones.

"Nuestro documento expresaba apoyo al Mecanismo de Montevideo, pero está claro que el diálogo y la mediación no son lo que buscan Washington y las delegaciones que lo apoyan", señaló embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia, y reprochó que su borrador "murió" por Washington y sus aliados.

Las resoluciones del Consejo de Seguridad, a diferencia de las de la Asamblea General, son vinculantes y para ser aprobadas necesitan nueve votos en favor y ningún veto de Rusia, China, Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos, que cuentan con un escaño permanente.

El embajador venezolano ante la ONU, Samuel Moncada, pidió después de las votaciones un pronunciamiento en contra de cualquier acción militar en Venezuela. Acusó a Estados Unidos y Europa de robar dinero al país sudamericano e imponer sanciones que desestabilizan a su gobierno y a la población.

Durante un viaje a Filipinas procedente de Vietnam, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, dijo que Washington aún trabaja para hacer llegar la "ayuda humanitaria" a Venezuela, después de que la oposición venezolana, encabezada por Guaidó, fracasó en ingresarla el pasado 23 de febrero.

En tanto, el presidente de Brasil, el neofascista Jair Bolsonaro, dijo que el líder opositor venezolano es una "esperanza" para Venezuela, aunque se abstuvo de recibirlo con honores militares como lo hizo su par colombiano, Iván Duque.

Guaidó, reconocido como "presidente encargado" por más de 50 gobernantes, insistió en que planea volver a su país este lunes. "Seguiremos luchando no solamente por el ingreso de la ayuda humanitaria, sino por la libertad en Venezuela", afirmó en conferencia de prensa con Bolsonaro.

A su vez, el ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, confirmó que desertaron más de 100 miembros de la Guardia Nacional, entre los que figuran guardias, suboficiales y algunos oficiales, y aseguró que éstos recibieron ofertas hasta de 20 mil dólares para abandonar las filas. La Guardia Nacional está integrada por 300 mil elementos.

Padrino replicó así al director de Migración de Colombia, Christian Krüger, quien indicó que 567 militares venezolanos habían desertado para luego cruzar hacia territorio colombiano.

 

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La guerra comercial Estados Unidos-China y la batalla por la red 5G

Ayer, el secretario del tesoro estadounidense y el vice primer ministro chino confirmaron que volverán a reunirse el jueves en Washington, en busca de superar un conflicto cuyo desarrollo viene perjudicando principalmente al mismo que lo empezó. El ataque a Huawei revela las razones de fondo de que esté sucediendo así.

 

A mediados de enero de 2018, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le declaró la guerra comercial a China con el anuncio de la imposición arancelaria de 20 por ciento a importaciones de lavadoras y de 30 por ciento a paneles solares. En marzo, aplicó un gravamen de 25 por ciento a las importaciones de acero y de 10 por ciento a las de aluminio. A partir de entonces, desde abril, Estados Unidos y China se encuentran enfrascados en la mayor guerra comercial de la historia. Con represalias tomadas por China ante cada agresión. En diciembre de 2018, en el marco del G20 en Buenos Aires, los dos países acordaron una tregua de 90 días para las agresiones arancelarias e iniciaron pláticas para negociar un acuerdo.


El tema de fondo es que el déficit externo estadounidense crece incesantemente desde hace dos décadas. Desde que China abrió su comercio internacional, en 1990, Estados Unidos decidió utilizar outsourcing y fabricar en zonas de procesamiento exportador en China para abaratar costes. Todo indica que los chinos aplicaron ingeniería de reversa a los productos que se fabrican en dichas zonas y han logrado desarrollar una tecnología propia. Fue el mismo camino que siguieron primero Japón y luego Corea del Sur. La consecuencia de esto, y de la política educativa adoptada, es que ahora China está a la cabeza de la innovación tecnológica mundial. El ejemplo es la red 5G.


De abril de 2018 a febrero de 2019 se han librado cuatro rondas de alzas arancelarias entre ambos países, y el impacto ha resultado contraproducente para el agresor. Las exportaciones estadounidenses a China han disminuido 13 por ciento entre febrero y noviembre de 2018, mientras que las importaciones han aumentado 16 por ciento en el mismo período (ver gráfico). Los saldos estadounidenses son: un incremento del déficit comercial, una prolongación de la bajada de la competitividad comercial y una disminución de su productividad, provocada por el aumento de los precios de los productos intermedios importados. Las empresas estadounidenses compran sus partes y piezas en China, ahora gravadas por el gobierno estadounidense, mientras que los chinos gravan productos finales que, en definitiva, podrían dejar de importar.


Luego de decretarse la tregua arancelaria, se iniciaron rondas de negociación. La primera reunión entre el representante de comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, y el vice primer ministro chino, Liu He, tuvo lugar en Washington el 30 y el 31 de enero de 2019. La segunda reunión de negociaciones se llevó a cabo en Beijing, el 14 y el 15 de febrero, y el ánimo, según las declaraciones del ejecutivo estadounidense, parece más positivo. Aún se espera una última reunión, que será la última semana de febrero. El límite acordado es el 1 de marzo. Estados Unidos advirtió que, si en esa fecha no se ha llegado a ningún acuerdo comercial, procederá a elevar de 10 por ciento a 25 por ciento los aranceles sobre importaciones chinas, equivalentes a 200 mil millones de dólares adicionales.


Las exigencias estadounidenses centrales son: incrementar las importaciones de China de productos estadounidenses; aumentar la protección a la propiedad intelectual; poner restricciones a China en la inversión en tecnología; fortalecer la regulación en la transferencia de tecnología; atender la protección y la regulación cibernética; y, en menor medida, temas relacionados con agricultura, subsidios y servicios.3 En el corazón de esto están la pérdida de la competencia tecnológica y la caída de la productividad de la economía estadounidense. Estas exigencias son imposibles de cumplir, porque China tiene una política productiva desde hace décadas y entiende que, en el mercado libre, el más fuerte gana. Ellos son ahora los defensores de esto.


Una expresión de la condición real de la pérdida de competitividad estadounidense son los juicios y los ataques contra la empresa china de telecomunicaciones Huawei. La detención de Meng Wanzhou, su directora financiera e hija de Ren Zhengfei, presidente y dueño de la empresa, por el supuesto comercio ilegal con Irán, el robo de tecnología y la violación de los derechos de autor es, en realidad, un intento por bloquear la venta de la red 5G, en el mercado desde octubre de 2018. Esta tecnología corresponde a la quinta generación de la red de Internet, de la conectividad inalámbrica de los objetos y de las telecomunicaciones. Su implementación permite una conectividad 100 veces mayor que el 4G, lo que revolucionará el Internet de las cosas. El 5G es un nuevo paradigma tecnológico, al que Estados Unidos ha llegado tarde, con la empresa AT&T.


En el caso Huawei, Estados Unidos ha boicoteado el 5G con misiones enviadas a los países que están considerando comprarlo y ha conseguido, en nombre de la seguridad nacional estadounidense, que Alemania, Inglaterra, Australia y Nueva Zelanda no le compren a esta empresa. AT&T debe sacar su 5G pronto, mientras que en China ya está operativo. Los nuevos celulares Huawei ya son para la red 5G. Lo más probable es que Estados Unidos continúe acechando a la economía china y de Huawei específicamente. El problema de fondo es: ¿hasta dónde va a llevar Estados Unidos su falta de competitividad y retraso tecnológico, acusando al resto de sus propios problemas?, ¿hasta cuándo va a culpar al resto del mundo de su sobreconsumo?

Por Óscar Ugarteche, investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), Sistema Nacional de Investigadores-Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y coordinador de obela.org.


** Economista, doctorando en estudios latinoamericanos de la Unam y miembro de obela.org.
1. https://www.bloomberg.com/news/articles/2018-05-04/here-s-what-u-s-demanded-of-china-at-the-start-of-trade-talks

 

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Hacia un nuevo sistema-mundo: el retorno de la geopolítica

A doce años de la crisis iniciada en 2007-2008, a sus consecuencias económico y sociales hay que sumar las implicaciones geopolíticas de dicha crisis, que dada su magnitud, nos permite hablar que entramos en una fase que nos conduce a un nuevo sistema-mundo.

Asistimos a una gran transición geopolítica caracterizada por el paso de un mundo unipolar centrado en los EEUU y basado en la ideología liberal, a un mundo multipolar centrado en Asia y en Eurasia con predominio del marco ideológico nacionalista.


El desplazamiento del eje Euro Atlántico hacia el predominio de Asia y el Pacífico cambia el modo occidental de ver el mundo y será objeto de disputas político-militares de grandes dimensiones. Lo que está mutando es la centralidad en la economía-mundo capitalista que, después de dos siglos, retorna al eje de la que fue la primera economía de mercado (China), derrotada por la hegemonía político-militar y la capacidad de fuego del imperialismo anglosajón.


Un nuevo escenario geopolítico cuya característica principal es, el enfrentamiento político directo y en territorios principales entre los bloques de poder centrales del sistema-mundo (EEUU y el Norte Global) y los bloques regionales de poder emergentes (China, Rusia y la semiperiferia), profundizado la situación de multipolaridad relativa que vivimos.


Venezuela, nuevo escenario de rivalidad geopolítica


A diferencia de la etapa anterior, la agudización de las tensiones entre bloques de poder mundial se libra en territorios principales, siendo Venezuela su último escenario hasta el momento. A la Guerra de Siria (2011) y Ucrania (2013), las disputas en el Mar de China, hay que sumar ahora la crisis en Venezuela, conflictos todos ellos donde se aprecia como la disputa por la influencia en el territorio social son directos entre las potencias.


Este nuevo orden mundial, o mejor dicho, desorden mundial, se caracteriza por un tenso proceso de multilateralismo relativo, en el que se desarrollan bloques de poder bajo la forma de Estados-nación continentales (China) o Estados con capacidad para constituirse en nuevos polos de poder regional (Rusia, Irán y probablemente Turquía y al India), menos poderosos que el Norte Global encabezado por EEUU, pero que en la actual crisis de dominio del orden mundial por parte de los países del centro, acrecientan su capacidad de influencia global.


La globalización ha muerto


A diferencia de la década de los setenta, existe una imposibilidad de salir del ciclo de crisis actual, en términos de encontrar soluciones espaciales basadas en una nueva oleada de deslocalizaciones hacia la periferia, tal y como se hizo a finales del siglo pasado. En este sentido, la globalización, entendida como la internacionalización total de todo el proceso económico y como ideología dominante, ha muerto.


El desplazamiento de la producción a los países del este de Asia que caracterizó el final del siglo XX, generó la globalización de todo el proceso de producción y supuso el aplazamiento temporal de la crisis, pero creo las condiciones de la actual. De dicho proceso masivo de deslocalizaciones parte de la periferia se industrializó, mientras los países del centro pasaron a una realidad marcada por el paro estructural y declive económico, proceso que ha dado lugar a uno de los principales resultados del proceso de globalización: la irrupción de la semiperiferia en el sistema-mundo.


Hacia un conflicto global fragmentado


Como se ha planteado anteriormente, las disputas por la influencia social y territorial se dan de forma directa entre una semiperiferia (en especial China) que acrecienta su influencia global y los países del centro (liderados por EE UU) que pretenden retomar la situación recomponiendo el eje Euro Atlántico.


En esta transición geopolítica Trump es la constatación del declive de EE UU, que pretende revertir imponiendo una nueva territorialidad político-estratégica desde una posición de fuerza, haciendo uso del peso militar y geopolítico de EEUU y construir un nuevo orden mundial global que supere y actualice el orden que nació de la Segunda Guerra Mundial y reforzado con la disolución de la URSS, con el objetivo de contener y subordinar a los bloques de poder emergentes como ha hecho con Brasil.


Trump no debe ser tomado como un loco o una simple excentricidad pasajera, sino la última versión menguante del viejo lema occidental de “everyone but China“ (todos menos China), estrategia que nos conduce a escenarios de conflicto geopolítico cada vez más directos entre los bloques de poder del centro occidental y los bloques emergentes de la semiperiferia asiática.


El sueño posmoderno de la gobernanza mundial llega a su fin y se abre la competencia directa por el poder en el sistema-mundo en forma de conflicto global fragmentado.


Venezuela es la última manifestación de este regreso a la geopolítica pura y dura, escenario global del que España parte rumbo a su irrelevancia total

 

Por Eduardo Sánchez Iglesias
11/02/2019

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Viernes, 08 Febrero 2019 05:45

La oposición va por Pdvsa

La oposición va por Pdvsa

El proyecto que representa Juan Guaidó no sólo se propone desguazar la estructura de protección social, sino también controlar y desnacionalizar lo más productivo de la economía venezolana: la petrolera estatal.


El proceso destituyente en Venezuela tiene algunos puntos de contacto entre las viejas dictaduras militares latinoamericanas de los años setenta. Por caso, el martes pasado la Asamblea Nacional que preside el autoproclamado Juan Guaidó aprobó una norma que lleva el rimbombante título de “Estatuto que rige la transición para la defensa y el restablecimiento de la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”. En su articulado se vislumbra el proyecto que representa Guaidó, que no sólo se propone desguazar la estructura de protección social sino, y sobre todo, controlar y desnacionalizar lo más productivo de la economía venezolana, la petrolera estatal Pdvsa.


El estatuto aprobado por la Asamblea tiene cierta similitud con el antiguo estatuto del llamado “Proceso de Reorganización Nacional”, redactado por los jerarcas de la dictadura cívico militar que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983. La diferencia radica en que Guaidó y los suyos todavía no concretaron el golpe aunque actúen como si ya lo hubiesen logrado dictando de leyes que carecen de valor legal luego de que el Tribunal Supremo de Justicia declarara a la Asamblea Nacional en desacato. No las pueden aplicar pero desnudan su objetivo golpista.


La oposición, haciendo una lectura antojadiza de la Constitución vigente, no solo justifica la autoproclamación de Guaidó como “presidente ‘encargado’” sino que flexibiliza el plazo de 30 días que le impone la Carta Magna para convocar a elecciones.


Si se cumpliese el artículo 233 de la Constitución, que tanto declama la oposición, el tiempo que tiene Guaidó para llamar a nuevas elecciones presidenciales vencería el próximo 23 de febrero. Sin embargo, el “estatuto” aprobado establece que ese período comienza a correr una vez que Maduro abandone el cargo y se retire del Palacio de Miraflores, sede del gobierno central. Por lo tanto, hasta que eso no ocurra, los 30 días no comienzan a correr y Guaidó puede seguir jugando a ser presidente interino.


Por si acaso y para que tenga una apariencia legal, los diputados opositores de la Asamblea Nacional reinterpretaron el artículo 26, que ahora contempla que si Nicolás Maduro no abandona el gobierno o, como afirma el artículo, no se produzcan “las condiciones necesarias”, la AN ascenderá a Guadó. Esto es, pasará de “presidente encargado” a presidente provisional, momento a partir del cual los famosos plazos del artículo 233 comienzan a desvanecerse. El mandato constitucional de Maduro vence recién en 2025 por lo que Guaidó podría seguir siendo un presidente virtual por tiempo indefinido al solo efecto de mantener el esquema de ataque permanente al Ejecutivo bolivariano.


Ahora bien, si Guaidó fuera designado por sus pares como presidente provisional tendrá como tarea prioritaria la conformación de “un gobierno de unidad nacional”, que tendrá que llamar a elecciones para que se complete el mandato que hoy ejerce Maduro. Eso sí, ese eventual gobierno de unidad tendría 12 meses para llamar a “elecciones libres”, aunque el texto deja abierta la posibilidad que ese plazo se alargara.


Al mismo tiempo, la redacción del artículo 29 es tan ambigua como peligrosa. Los diputados opositores consideran, en base a ese artículo, que un eventual gobierno provisional “podrá solicitar la ayuda de la comunidad internacional a los fines de restablecer la soberanía estatal en el territorio de la República”. El artículo advierte además que esa solicitud de ayuda debería ser autorizada por la Asamblea Nacional, según lo exige la Constitución que el estatuto interpreta y modifica. Sin embargo, al no especificar qué tipo de ayuda podría reclamar Gaudió queda abierta la posibilidad de una eventual colaboración militar extranjera y así justificar una invasión.


El artículo 34 se concentra en el objetivo del plan golpista, el control de la petrolera estatal Pdvsa. En ese sentido, el gobierno provisional debería conformar una junta de administración ad-hoc, que podría estar integrada por especialistas extranjeros que, según afirma el estatuto, deberían mejorar el rendimiento de la empresa y, sobre todo, abrir Pdvsa a la inversión extranjera o, como se dice vulgarmente, privatizarla de hecho.


El estatuto se pergeñó con tanta impunidad que la oposición se permite afirmar que en todas las disposiciones que se dicten en el caso de Pdvsa “prevalecerá sobre cualesquiera otras normas aplicables y orientará la interpretación de cualesquiera otras formalidades requeridas en el ordenamiento jurídico venezolano”.


Por lo tanto, cuando Guaidó y los suyos hablan de transitoriedad cada vez queda más claro que esa condición no tiene plazos y que se propone tomar el control económico de Venezuela.

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Bolivia: 13 años de Evo Morales, el escenario rumbo a las elecciones de octubre

Evo Morales inició el día uno de su año 13 de gobierno con un cambio de gabinete que pretende oxigenar su gestión y revertir el desgaste del ejercicio del poder en el comienzo de una larga campaña electoral. A diferencia de todas las elecciones desde 2006, esta vez el triunfo no está asegurado y su propia postulación está en cuestión por violentar la Constitución de 2009. No obstante, la estabilidad económica, su capital simbólico y la falta de proyectos alternativos en la oposición dejan abierto el escenario rumbo a octubre de 2019.

 

13 años y un día después de su llegada al Palacio Quemado, Evo Morales afinó su gabinete con vistas a las elecciones de octubre de este año en un contexto muy diferente del de todas las votaciones populares de la larga década del «proceso de cambio»: por primera vez, el presidente boliviano no tiene asegurada su victoria y, adicionalmente, su postulación debió ser «habilitada» por el Tribunal Constitucional Plurinacional contra una cláusula constitucional y contra un referéndum en el que, en febrero de 2016, una estrecha mayoría votó «No» a la reforma constitucional para incluir la reelección indefinida.


El 22 de enero pasado, aniversario del Estado Plurinacional que hoy compite con el de la independencia, Morales pronunció su informe anual a la nación, en el que rescató los logros de estos 13 años y buscó generar algunas imágenes de futuro en un momento de desgaste del gobierno, especialmente entre los sectores urbanos.


El cambio del gabinete tuvo por objetivo potenciar las áreas que el presidente boliviano considera claves para su re-reelección. Así, retornó al gabinete el ministro de Economía y arquitecto del «milagro» boliviano, Luis Arce Catacora. El ministro, que garantizó más de una década de crecimiento económico y estabilidad, asumió junto a Morales en enero de 2006 y debió renunciar en 2017 por problemas de salud; ahora, su regreso busca reforzar la imagen de «estabilidad» que fue la bandera del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones de 2014, cuando Morales fue reelegido con más de 60% de los votos y 35 puntos por encima del contendiente más cercano.


En su discurso más corto ante el Congreso (50 minutos contra tres o cuatro horas en el pasado), Morales resaltó que el PIB de Bolivia creció 327% durante sus gobiernos y llegó a 44.885 millones de dólares en 2018; mientras que el «colchón financiero», que incluye las reservas internacionales, los depósitos y los aportes a las administradoras de fondos de pensiones (AFP), subió a 53.269 millones de dólares. Contrapuso esas cifras a las de 2005, cuando «el PIB era de 9.574 millones de dólares y el ‘colchón financiero’ llegaba solo a 7.600 millones».


Otro que volvió es Juan Ramón Quintana, un ex-militar y sociólogo con fama de «duro», quien ocupará nuevamente el Ministerio de la Presidencia, una virtual jefatura de gabinete. Comunicación recayó en Manuel Canelas, ex-diputado y viceministro, quien tiene como misión recuperar a las clases medias distanciadas del proceso de cambio. Canelas fue el primer diputado abiertamente gay, vivió en España y se mantiene muy cerca de los líderes de Podemos; ahora será el encargado de renovar un discurso que ya no entusiasma. Y otra de las apuestas para enfrentar el desgaste es el nombramiento de una figura de peso en el Ministerio de Salud: la ex-presidenta del Senado Gabriela Montaño, una médica cruceña que llegó a ocupar el Poder Ejecutivo de manera interina y tiene la tarea de lanzar una revolución en la salud, uno de los rubros en que el gobierno de Evo Morales demostró menos capacidad de gestión y que, en los últimos años, generó fuertes cuestionamientos. En este marco, se puso en marcha un seguro universal de salud y se anunció un multimillonario acuerdo con Rusia para la construcción de centros de atención primaria y varios hospitales de alta tecnología especializados en oncología, cardiología, gastroenterología, neurología y nefrología.


En síntesis, se trata de más comunicación, política y gestión para enfrentar al ex-presidente Carlos Mesa, el líder opositor mejor ubicado en las encuestas. Como Emmanuel Macron en Francia, Mesa intenta construir una «plataforma ciudadana» que incorpore a viejos políticos y a la vez mantener un discurso de lo nuevo y evitar ser visto como el constructor de una coalición «con el pasado», que es precisamente como el MAS buscar presentar al ex-vicepresidente de Sánchez de Lozada que llegó al Palacio Quemado tras la «Guerra del Gas» de 2003. Y, claramente, a diferencia de Macron, Mesa no es ni tan joven ni tan nuevo y parece carecer de una verdadera voluntad de poder, pero expresa a los sectores que cuestionan la postulación «inconstitucional» de Morales y mantiene un discurso moderado. No obstante, necesita a la derecha más radical entusiasmada con el triunfo de Jair Messias Bolsonaro en Brasil.


La estrategia del gobierno es polarizar generacionalmente la elección entre «viejos» y «jóvenes», con algunos nombramientos simbólicos, como el de Canelas (37 años) y, especialmente, la elección de Adriana Salvatierra como presidenta del Senado y tercera en la línea de sucesión. La senadora de 29 años representa a la «nueva generación» del MAS de Santa Cruz y pertenece a un grupo «guevarista» llamado Columna Sur.


Empero, las escenificaciones revolucionarias oficiales conviven con fuertes dosis de pragmatismo. La calificación de Bolsonaro como «hermano presidente» en el tuit de felicitación tras la victoria del candidato de la extrema derecha fue seguida de la entrega a Italia, sin proceso previo, de Cesare Battisti, un ex-integrante del grupo armado Proletarios Armados por el Comunismo (PAC) de los «años de plomo» italianos, condenado a cadena perpetua en ausencia. Battisti, quien vivió refugiado durante casi cuatro décadas en México, Francia y Brasil, fue entregado en menos de 24 horas al ministro Matteo Salvini, quien lo recibió vestido de policía y dijo que el «asesino comunista» se va a «pudrir en la cárcel». Morales justificó la entrega señalando que el italiano había entrado ilegalmente al país, tras su fuga de de Brasil, donde Bolsonaro había prometido entregar a Salvino al «bandido amigo de Lula».
«¿Usted lo siente como hermano a Bolsonaro?», le preguntó un periodista del diario El Deber al presidente boliviano. «Quienes nacimos de esta tierra, somos hermanos porque nacimos de la misma tierra sudamericana, somos hijos de América Latina, al margen de las diferencias ideológicas y programáticas, somos hermanos», respondió. Sin con Estados Unidos se trata de un antiimperialismo distante, Brasil es una potencia regional fronteriza con peso económico y político. Y Morales busca mostrarse hoy cercano a Nicolás Maduro pero, al mismo tiempo, con buenas relaciones con mandatarios de signos ideológicos opuestos en la región.


Cabe destacar también una suerte de rutinización de las escenificaciones revolucionarias, incluido el habitual puño en alto, que se fueron volviendo más bien ceremoniales. Desde el comienzo, el proceso de cambio fue moderado y pragmático. Pese al discurso socializante del gobierno y las denuncias opositoras sobre una inminente «venezuelización», en estos años florecieron los mercados, hubo un boom de consumo de sectores populares y clases medias, se desarrollaron los servicios financieros y los cafés y restaurantes chic conviven con una renovación del parque automotor en grandes ciudades como La Paz o Santa Cruz. Al tiempo que el teleférico de transporte urbano, el más grande del mundo, transformó el paisaje paceño y reconectó las diversas partes de la ciudad con efectos en la sociología urbana de mediano y largo plazo.


Quizás la mejor imagen de la simbiosis de voluntarismo modernizador e invocación de la ancestralidad indígena que caracteriza al gobierno es la inauguración en agosto pasado de la Casa Grande del Pueblo, que reemplaza al vecino Palacio Quemado, antigua sede de la Presidencia y emblema de la «república colonial», según Evo Morales. Este edificio de 28 pisos, expresión de un cierto brutalismo arquitectónico mitigado por incrustaciones de símbolos neoandinos, ha causado mucha polémica en la medida en que altera la armonía urbana de la Plaza Murillo y parece encarnar una cierta megalomanía política.


Para contrarrestar estas críticas, el gobierno la abrió a las masas, atrayendo a multitudes de recién casados y otros visitantes a su terraza, con el majestuoso telón de fondo de las nieves eternas de los cerros que circundan La Paz. Pero la Casa Grande del Pueblo es una especie de Coliseo del proceso de cambio; la materialización de una idea de permanencia, de matriz plebiscitaria, que choca contra los principios de la democracia republicana. El problema es que la derrota de 2016 obliga a hablar ya no en nombre de la mayoría del pueblo tout court, como lo hacen los movimientos nacional-populares, sino del pueblo verdadero, es decir, los sectores sociales movilizados en favor de la continuidad («vinimos para quedarnos 500 años»).


El gobierno de Morales fue sin duda, un gobierno excepcional en muchos aspectos hasta 2014. A partir de ese momento, la voluntad de permanencia –y la consolidación de Morales como líder irremplazable– fue erosionando la agenda transformadora, debilitando el apoyo urbano y obligando al Poder Ejecutivo a pasar por encima de cláusulas de la Constitución aprobada durante el «proceso de cambio». Parte de esa agenda de cambio es la que se busca retomar, ahora, de apuro, rumbo a las elecciones.


Mientras, la oposición, sin proyecto de país alternativo más allá de algunas proclamas republicanas, busca capitalizar el desgaste del gobierno. Y, Mesa, de perfil centrista, deberá hacer frente a una radicalización política –que incluye expresiones racistas más abiertas, sobre todo en las redes sociales– de un sector de la oposición, que ha asumido parte del discurso «anticomunista» de las derechas alternativas (Alt-Right) y se entusiasma con el nuevo clima regional abierto por Bolsonaro. Pero también deberá enfrentar la falta de diversidad étnica y de género que hasta ahora muestran las capas dirigentes de su espacio en formación.


Así, 2019 será el primer año desde 2006 en que el escenario político está abierto, y gobierno y oposición se disputarán la bandera del cambio. La primera parada será el 27 de enero, fecha en que están convocadas unas primarias que Morales imagina como la posibilidad de dejar atrás el referéndum perdido del «21F».


Pablo Stefanoni, periodista e historiador, editor de la revista Nueva Sociedad

03/02/2019

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Lunes, 04 Febrero 2019 06:53

No es solo Maduro, también es China

No es solo Maduro, también es China

La política estadounidense de acoso y derribo de Nicolás Maduro tiene en lo geopolítico un segundo destinatario principal, China. La crisis que vive Venezuela actualmente no solo obedece a causas endógenas sino que escenifica un exacerbado pulso que enfrenta a EEUU con el gigante oriental. En América Latina y el Caribe, Washington ha pasado de la observación atenta a la confrontación abierta con Beijing a la vista de su creciente presencia en la zona. En Venezuela, la Casa Blanca envía un contundente mensaje a Beijing y plantea una severa advertencia a los países de la región.

Apoyándose en buena medida en los gobiernos progresistas de la zona, la relativa inhibición de la Administración norteamericana -con otras prioridades en su agenda-, las amplias necesidades de América Latina y su interés en diversificar los socios comerciales y las propias exigencias de la economía china, Beijing dio un salto espectacular en sus relaciones con los países latinoamericanos y caribeños.


El estallido de la crisis económica y financiera, el tránsito hacia un nuevo modelo de desarrollo en China y las dificultades de su economía y la sucesión de alternancias conservadoras en no pocos gobiernos de la región abrieron un periodo de incertidumbre. No obstante, Beijing dejó claro que su apuesta en América Latina es estratégica y pragmática proponiendo la extensión de la Iniciativa de la Franja y la Ruta a la región con una agenda de compromisos que daría un gran impulso a la relación no solo con comercio sino con inversiones en todo tipo de infraestructuras (puertos, carreteras, ferrocarril, centrales hidroeléctricas, etc.). En su mayoría, los gobiernos de la región aplaudieron esta actitud. En 2018, el comercio bilateral de China con América Latina alcanzó el récord de 307.400 millones de dólares, con un aumento del 18,9 por ciento, confirmándose como el segundo socio comercial de América Latina. Un total de 16 países de la región firmaron memorandos de entendimiento con China para construir conjuntamente la Franja y la Ruta. China es el mayor socio comercial de Chile, Argentina, Brasil y Perú.


China ha sabido lidiar con las dificultades, incluidas las alternancias. Experiencia no le falta. Recordemos los Chiles de Allende y Pinochet. Y eran tiempos de Mao. Pero una vez más, lo que amenaza con desequilibrar esta marcha “triunfal” es la decidida intervención de EEUU con el objetivo de contener a sus rivales y preservar su hegemonía en la zona. Y la defenderá con todos los medios a su alcance. Nadie lo dude.


En su gira del pasado octubre por América Latina, el secretario de Estado Mike Pompeo lo dijo alto y claro: todos tienen que “elegir campo”. Lo mismo había dicho su antecesor Rex Tillerson en su visita a la región en 2017, advirtiendo a los países latinoamericanos contra la posibilidad de hacer negocios con China. La ruptura de relaciones con Taiwán de países como El Salvador, República Dominicana o Panamá, disparó las alarmas. En septiembre pasado, EEUU llamó a consultas a sus embajadores en los tres países. Como dice el vicepresidente Pence, es momento de “pasar a la acción”.


China y Venezuela


Hugo Chávez alentó el acercamiento a China a modo de contrapeso a EEUU. Para tranquilizar a la Casa Blanca, Beijing siempre quiso eludir ese juego evitando ideologizar su relación, remitiéndola a la gestión de los intereses económicos de ambas partes. Entre 2003 y 2012, los intercambios comerciales pasaron de 800 millones a 20.000 millones de dólares convirtiéndose Venezuela en el cuarto proveedor de petróleo de China. Los préstamos concedidos a Caracas por China ascienden hoy día a unos 62.000 millones de dólares, representando el 53 por ciento del total de los concedidos a América Latina. La deuda de Caracas con China asciende actualmente a 23.000 millones de dólares, el 16,4 por ciento del total de su deuda con el exterior.


En los últimos dos años, China ha moderado sus compromisos con Venezuela a la vista de las dificultades de todo tipo en las relaciones con su gobierno, aunque mostrando empatía y solidaridad. En el último viaje de Maduro a China, en septiembre pasado, Beijing otorgó un nuevo préstamo y comprometió más inversiones en los yacimientos del Orinoco y de Ayachuco, donde la estatal CNPC ha realizado importantes desembolsos.


Venezuela cataliza hoy la feroz rivalidad estratégica entre EEUU y China pero no es el único caso relevante en la región. El siguiente asalto bien pudiera ser la estación espacial que China ha construido en la Patagonia argentina, en Nauquén, en funcionamiento desde el pasado abril y que desempeñó un papel clave en el reciente aterrizaje de una nave espacial en el lado oscuro de la Luna. A pesar de que Beijing y Buenos Aires se dieron garantías mutuas sobre la naturaleza civil y pacífica de la instalación, el ruido mediático a propósito de su supuesta finalidad militar va en incremento con diversas autoridades de EEUU alertando un día sí y otro también de los peligros de los “acuerdos chinos opacos y depredadores que socavan la soberanía de las naciones”…. La Agencia Espacial Europea firmó con Argentina un acuerdo similar en una provincia vecina… Washington quiere echar a China de la zona y difícilmente parará hasta conseguirlo.


En Venezuela, el golpe en la mesa de EEUU no es más que un escarmiento a China (como hizo en Libia) y tendrá consecuencias para toda la región. Un serio trompazo en Venezuela quiere contrariar los planes de Beijing para toda la región en el marco de esa “extensión natural” de la Iniciativa de la Franja y la Ruta que tan nervioso pone a Washington. La relevancia creciente de China en su “patio trasero” lo lleva fatal. La doctrina Monroe vuelve por sus fueros y los países de la zona deben volver al redil. Beijing no se ha puesto de lado ni ha dejado esta vez que Putin expresara opiniones que prefiere callar. Mostró su apoyo a Maduro, apeló al diálogo y condenó la injerencia exterior pero está por ver que sea suficiente.


Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China

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Lunes, 04 Febrero 2019 06:29

Estalla la Guerra Fría tecnológica

Estalla la Guerra Fría tecnológica

EE UU y China libran una batalla que condicionará la evolución de la economía mundial


A principios de semana, el departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos penales contra el gigante tecnológico Huawei por robo de secretos comerciales, obstrucción a la justicia, fraude bancario y por saltarse las sanciones estadounidenses contra Irán. Acusaciones que pueden dar paso a la extradición a EE UU de la vicepresidenta de Huawei, Meng Wangzhou, retenida en Canadá desde el pasado 1 de diciembre.


Es el último capítulo de un enfrentamiento cada vez más abierto entre EE UU y China a cuenta del desarrollo tecnológico y que ha ido ganando intensidad conforme van pasando los meses. Lo que empezó como los primeros pasos de una guerra comercial entre Estados Unidos y China en 2018, con la imposición de aranceles sobre un número creciente de productos, ha ido evolucionando hasta dejar ver la complejidad de la confrontación entre las dos potencias, donde EE UU ha puesto a las grandes compañías chinas del sector como ZTE, Tencent o Huawei, en el punto de mira de sus acciones. La nueva Guerra Fría es tecnológica.


“La gran diferencia es que 2019 es el año en que todo eso pasa ante el ojo público”, explica Zvika Krieger, director del centro del Foro Económico Mundial (WEF, en sus siglas en inglés) en San Francisco y experto en tecnología. “Hasta ahora, solo los conocedores del sector o las autoridades implicadas en estas cuestiones estaban al tanto de esa guerra tecnológica pero ahora el enfrentamiento es abierto”, reflexiona en una pausa entre reunión y reunión en el Foro de Davos. Tanto que la guerra tecnológica se convirtió en el elefante en la habitación de la cumbre de Davos, el tema no incluido en el programa oficial del que todo el mundo hablaba. “El enfrentamiento entre EE UU y China ha surgido en el 90% de las reuniones a las que yo he asistido”, confesaba en la estación suiza Carlos Pascual, antiguo embajador estadounidense y vicepresidente de la consultora de riesgos IHS Markit, que advertía de que algo ha cambiado para siempre en la relación entre las dos potencias. “Incluso si la guerra comercial se resuelve a lo largo de este mes –el ultimátum vence el 1 de marzo—y China promete comprar muchos más productos estadounidenses y abrir el acceso a su economía a la inversión extranjera, la guerra tecnológica no va a desaparecer”, sentenciaba.


Huawei, inmersa en una campaña global de relaciones públicas inédita en sus algo más de 30 años de historia, defiende su independencia de las autoridades de Pekín. “Somos una empresa que es 100% propiedad de sus empleados y cada año nos sometemos a una auditoría de la mano de KPMG”, clamaba su actual presidente, Liang Hua, en un encuentro poco habitual con los medios de comunicación en Davos. Pero resulta difícil imaginar que Huawei o cualquier otra compañía china puedan resistir las presiones de un régimen como el de Pekín, especialmente en aras de la seguridad nacional.


La emergencia de las empresas tecnológicas chinas en la economía global amenaza el dominio que hasta ahora tenían las empresas estadounidenses del sector. Huawei ya ha superado a Apple como segundo fabricante mundial de smartphones, solo por detrás de la coreana Samsung. Más aún, la compañía de Palo Alto, además, ha tenido que rebajar sus previsiones de ingresos por primera vez desde 2001, en pleno estallido de la burbuja tecnológica, por el impacto que la desaceleración china tiene en sus ventas.


Sistemas antagónicos


Las dimensiones de ese enfrentamiento van más allá de lo puramente sectorial y se adentran de lleno en la geopolítica. El modelo Silicon Valley, el Valle de Santa Clara cercano a San Francisco donde la innovación y el desarrollo tecnológico se han apoyado en una abundante financiación privada capaz de asumir riesgos, puede sucumbir ante el modelo Shenzen, la ciudad china que alberga a algunos de esos gigantes tecnológicos crecidos al amparo de la protección estatal, la transferencia forzosa de tecnología de las multinacionales que quieren hacer negocios en el país y cuantiosa mano de obra barata y formada. Son dos modelos contrapuestos, uno basado en la iniciativa privada y otro impulsado por el sector público, de un régimen autoritario, cabe recordar.


Para dar un impulso definitivo a ese modelo, en 2015 el primer ministro chino Li Keqiang puso en marcha el plan Made in China 2025 para dar un impulso definitivo a la industria del país. Tres años más tarde, el presidente Xi Jinping reformuló el plan para convertir a China en una superpotencia tecnológica —en la industria aeroespacial, la robótica, la biotecnología y la computación— en ese horizonte, con un presupuesto estimado de unos 300.000 millones de dólares (unos 260.000 millones de euros). Un programa que, como reconoce el propio Consejo de Relaciones Internacionales de EE UU en un reciente informe, representa “una amenaza existencial para el liderazgo tecnológico estadounidense”. Y Washington, de la mano de su presidente Donald Trump, ha pasado al ataque. “Los americanos no van a ceder la supremacía tecnológica global sin luchar y el caso Huawei demuestra que esa batalla ya ha comenzado”, aseguraba en una reciente entrevista Michael Pillsbury, director del centro de estudios sobre China del Hudson Institute y asesor de la Administración de Trump. Pillsbury acaba de publicar un libro sobre el tema La maratón de los cien años. La estrategia secreta de China para sustituir a EE UU como superpotencia global.


“A lo largo de 2018 la competición tecnológica se hizo extremadamente política. Este año, los inversores y los mercados van a empezar a pagar el precio de ese cambio”, advertía a principios de enero la consultora de riesgos Eurasia Group que dirige Ian Bremmer. Para Eurasia, de hecho, uno de los diez principales riesgos para este ejercicio es ese invierno en la innovación derivado de las tensiones entre EE UU y China, que van a obligar al resto del mundo a tomar partido por uno de los dos bandos y que van a provocar un freno en las inversiones y el desarrollo tecnológico a nivel global.


En esta ocasión el freno se puede producir en el desarrollo de las redes móviles de 5G, una tecnología que los expertos definen como cuantitativa y cualitativamente diferente a las anteriores generaciones de Internet móvil y que “va a ser radicalmente distinta a nada que le haya precedido, en términos de la innovación que va a propiciar”, explica Paul Triolo, jefe de Geotecnología de Eurasia Group. Si hacemos caso a la teoría que sostiene que cada revolución industrial ha ido precedida y asociada al desarrollo de una tecnología concreta que cambia la sociedad de forma radical, en el caso de la cuarta revolución industrial esa tecnología es el 5G. El desarrollo de coches sin necesidad de conductor o de ciudades inteligentes, por ejemplo, exige una enorme cantidad de datos, con disponibilidad casi inmediata, que solo las redes 5G pueden hacer posible. “La implantación del 5G es la clave para el desarrollo de la economía digital, el Internet de las cosas y determinará la evolución de la industrial. Es una tecnología en una generación”, sostiene Zvika Krieger.


Es ahí donde hay que enmarcar la campaña emprendida a lo largo del año pasado por las autoridades estadounidenses para persuadir a sus socios internacionales de vetar a Huawei del desarrollo de las redes de 5G. Los integrantes de la alianza de los Cinco Ojos [Five Eyes], un acuerdo de inteligencia firmado por EE UU, Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, se han comprometido a vetar en sus países al gigante tecnológico chino, líder en el desarrollo de componentes para implantar esas redes, por amenaza a su seguridad nacional. A ese veto evalúan sumarse Alemania, Francia y Noruega por temor a que China pueda llevar a cabo operaciones de espionaje a través de los equipos de Huawei. La británica Vodafone ha anunciado que aplazaría la instalación de nuevo equipamiento de red básica de Huawei en todas sus operaciones europeas, con gran impacto en los países del Este. Previamente, British Telecom había declarado que eliminaría en un plazo de dos años todos los equipos de la empresa china utilizados en la red básica de la operadora móvil. La operadora alemana Deutsche Telekom ha alertado, sin embargo, que esas decisiones pueden provocar una demora en el desarrollo del 5G en Europa, previsto para 2020, de al menos dos años.


“Según ha ido escalando la confrontación comercial y tecnológica entre EE UU y China a lo largo del último año, impulsada por los temores económicos y de seguridad nacional de Estados Unidos y por los ambiciosos objetivos de desarrollo industrial, tecnológico y económico de China, cada decisión asociada con el desarrollo de las redes 5G se ha politizado”, explica Paul Triolo, en su último informe La geopolítica del 5G.


En esas circunstancias cada vez más voces del sector inciden en la necesidad de abordar esta cuestión desde un punto de vista multilateral y supranacional. En el mismo Foro de Davos, la canciller Angela Merkel defendió la necesidad de crear un organismo multilateral, una especie de OTAN tecnológica que aborde tanto las cuestiones de ciberseguridad, como el tratamiento de datos, la ética de la Inteligencia Artificial o la biogenética. “No hay ningún tipo de arquitectura internacional en ese ámbito y no puedo imaginar que cada país vaya en eso por su lado”, aseguró la canciller. “Hemos quedado [Europa] muy a la zaga en el desarrollo de las plataformas tecnológicas pero en cambio la Unión Europea ha sentado las bases para reglamentar el tratamiento de los datos y ese debe ser el rasero europeo para avanzar en la digitalización”, aseguró ante un abarrotado plenario del centro de Congresos.


Merkel se refería a la puesta en marcha del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR, en sus siglas en inglés) que entró en vigor a finales de 2018. Una decisión encaminada a proteger el tratamiento de los datos de los consumidores que fue inicialmente rechazada por los gigantes tecnológicos pero que ahora ven como tabla de salvación para recuperar la confianza de los consumidores. “Personalmente pienso que es un fantástico inicio para empezar a tratar la privacidad como un derecho humano. Espero que en Estados Unidos hagamos algo similar y que el mundo avance hacia unos estándares comunes en este ámbito”, confesaba el primer ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella, en uno de los debates celebrados en la ciudad suiza. California ha puesto en marcha su propio GDPR pero no hay ninguna iniciativa a nivel estatal en Estados Unidos para garantizar la privacidad de los usuarios y cada vez más voces admiten que en este ámbito no cabe la autorregulación.


“El mercado no discrimina sobre el uso correcto o erróneo de las tecnologías. Por ejemplo, el uso del reconocimiento facial por parte de la Policía de Nueva Delhi ha permitido identificar en apenas cuatro días a casi 3.000 niños desaparecidos. En otros casos, el uso del reconocimiento facial puede utilizarse para invadir la privacidad y con sesgo político”, admitió Nadella. “Apoyamos cualquier tipo de regulación que ayude a que el mercado no se convierta en una carrera hacia el fondo”, afirmó.


Para Krieger, hay cuestiones que se deben abordar sin dilación: “No hay transparencia en cómo se recogen los datos, ni en cómo se usan por parte de las empresas. No se puede monitorizar su uso posterior ni se les puede sacar dinero”. Dos años después de montar el centro del WEF en San Francisco, para este experto tecnológico, que fue el primer representante del Departamento de Estado en Silicon Valley, las empresas son las que tienen ahora más urgencia en establecer reglas claras para su funcionamiento, en línea con la reivindicación de Merkel.


Preocupación añadida


Aunque la canciller tenía en mente la necesidad de proteger la privacidad de los usuarios y de responder a los cada vez más habituales y devastadores ataques informáticos cuando apelaba en Davos a la creación de una OTAN de la ciberseguridad, las empresas tienen otra preocupación añadida. La creación de algún tipo de arquitectura global que haga frente a los desafíos de la nueva realidad tecnológica puede resultar decisivo para evitar lo que los expertos llaman la balcanización de Internet, el temor a una fragmentación de la Red que haga incompatibles unos sistemas con otros. Y el riesgo crece en el actual escenario donde confluyen la confrontación de EE UU y China y el desarrollo de una tecnología disruptiva y revolucionaria como el 5G.


“Un ecosistema del 5G dividido aumentará el riesgo de que la tecnología global se divida en dos esferas de influencia separadas, divididas políticamente y sin posibilidad de que operen entre ellas. Una, impulsada por Estados Unidos y desarrollada tecnológicamente en Silicon Valley, y otra, liderada por China y respaldada por su eficiente red de plataformas digitales”, apunta el informe de Eurasia sobre la geopolítica del 5G.


Una preocupación de primera magnitud para el sector y que Zvika Krieger ratifica. “Lo más preocupante es que la interoperabilidad de la Red se mantenga y ahí el sector público, los Gobiernos, deben asumir la responsabilidad y el liderazgo”. A su juicio, China es la primera interesada en que se proteja la interoperabilidad de Internet y ha mostrado su disposición a cooperar en este ámbito.


Pero no a cualquier precio. En el mismo escenario en el que Merkel había apelado a la cooperación internacional, el vicepresidente chino, Wang Quishan, defendía poco después el modelo chino de desarrollo tecnológico. “Es imprescindible respetar la soberanía nacional y evitar la hegemonía tecnológica, interfiriendo en cuestiones domésticas de otros países y llevando a cabo actividades tecnológicas que minen la seguridad nacional de otros países”, decía al auditorio. “Tenemos que respetar las elecciones independientes sobre el modelo de gestión tecnológica y las políticas públicas que haga cada país y el derecho a participar en el sistema de gobernanza global como iguales”. La Guerra Fría tecnológica sigue en pie.

3 FEB 2019 - 12:59 COT

Domingo, 03 Febrero 2019 05:55

Con voluntad de diálogo y de pelea

Con voluntad de diálogo y de pelea

Dos conclusiones emergen del conflicto venezolano después de casi dos semanas del autoproclamamiento de Juan Guaidó. El primero es que la dirección del intento de gobierno paralelo reside en los Estados Unidos, el segundo es que, por el momento, la fuerza principal también. Deberán esperar quienes vinieron al país a buscar las imágenes de un país transformado en un escenario de batallas abiertas. El sábado fue una nueva confirmación de esa conclusión que parece aplicar en este momento del ataque.

La dirección: para entender qué sucede y qué puede pasar en Venezuela es necesario seguir a quiénes toman las decisiones desde EE.UU. John Bolton, asesor de seguridad, Mike Pence, vicepresidente, Mike Pompeo, secretario de Estado, Elliot Abrams, el enviado especial para manejar la cuestión Venezuela, Steven Mnuchin, secretario del tesoro, Marco Rubio, senador republicano, y el mismo Donald Trump. Es una pérdida de tiempo seguir a Juan Guaidó, o cualquier otro dirigente de la derecha, para saber qué puede pasar.
Pence, por ejemplo, ofreció un discurso en una iglesia de Miami el día viernes. Allí afirmó que es necesario “eliminar” a los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, que se trata de un asunto “regional”, y que “el tiempo de la negociación terminó”.


Bolton por su parte se paró desde el lugar de jefe: “Los Estados Unidos instan a todos los militares venezolanos a seguir el liderazgo del general Yánez, y a proteger a los manifestantes pacíficos que apoyan la democracia”. Bolton se refirió a Francisco Yánez, general de aviación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), que difundió un video en la mañana del sábado donde anunció su apoyo a Guaidó.


El asesor de seguridad también afirmó que enviarán la denominada ayuda humanitaria: “Siguiendo la petición del presidente interino Juan Guaidó, y en consulta con sus funcionarios, EE.UU. movilizará y transportará medicamentos de ayuda humanitaria, suministros quirúrgicos y suplementos nutricionales para el pueblo de Venezuela. Es hora de que Maduro se quite de en medio”.


Guaidó, en la movilización que realizó la derecha el sábado en Caracas, declaró: “Anunciamos una coalición mundial por la ayuda humanitaria y la libertad en Venezuela. Ya tenemos tres puntos de acopio para la ayuda: Cúcuta es el primero. Otro estará en Brasil y otro en una isla del Caribe”. Su único anuncio fue el que ya había dicho Bolton. La cadena de mandos es de una evidencia que casi no intentan disimular, aunque a veces necesiten aclararlo, como Rubio, quien afirmó que “EE.UU. no organizó este movimiento, sino que es liderado por el pueblo venezolano”.


Guaidó solo especificó un punto concreto para la entrada: Cúcuta, zona fronteriza caracterizada por la alta presencia del paramilitarismo colombiano, mafias de contrabando –ligadas o sinónimos del paramilitarismo– donde fueron entrenados quienes intentaron el asesinato de Nicolás Maduro en agosto del año pasado. Es uno de los principales puntos que podrían ser activados como foco críticos, donde desatar incendios, con la particularidad de la alta exposición mediática. Fue desde allí, por ejemplo, que Luis Almagro, secretario de la Organización de Estados Americanos, afirmó que no se descartaba la opción militar contra el gobierno de Maduro.


Es probable que en este escenario planteado el centro del conflicto alterne entre Caracas y esos puntos críticos. ¿Cómo piensan hacer ingresar la ayuda? ¿Con qué logística, fuerza, permiso, actores? ¿Qué tipo de acción acompaña el ingreso? El “gobierno paralelo” necesita territorio, capacidad de ejercer poder, dos dimensiones que no posee. Lo único que hace “presidente” a Guaidó en lo nacional es que la base social de la derecha lo nombre de esa manera. Es evidente que no tiene, ni él ni toda la derecha reunida, la fuerza para llevar adelante una estrategia de estas características.


El gobierno no dejará que ingresen fuerzas norteamericanas o actores contratados para abrir una grieta en el territorio nacional. Ningún gobierno dejaría que una fuerza extranjera -o sus agentes- ingrese sin su permiso.


El juego está trancado. EE.UU. plantea que no habrá diálogo, descarta intentos como el de los gobiernos de México y Uruguay, o posiciones como la del secretario general de las Naciones Unidas, que afirman la necesidad de un diálogo. Algunos países de la Unión Europea plantearon la creación de un Grupo de contacto internacional con Venezuela -integrado por unos diez o doce miembros, no todos europeos-, para avanzar en la propuesta de volver a convocar elecciones, con un plazo de noventa días para evaluar resultados.


En ese cuadro Maduro anunció en la movilización realizada el mismo sábado, donde el chavismo hizo una nueva demostración de fuerzas, que consultará acerca de la posibilidad de anticipar las elecciones legislativas que deberían hacerse en el 2020. Sería una manera de intentar desactivar a la Asamblea Nacional, con todos los riesgos que conlleva. ¿Es preferible dejarla avanzar en un intento de gobierno paralelo por fuera de toda ley con el objetivo de lograr un golpe de Estado?


Parece claro en este momento que los EE.UU. avanzarán y utilizarán cualquier argumento para redoblar su narrativa de que no habrá negociación. Muchos de sus mensajes tienen por objetivo quebrar la voluntad de lucha del chavismo y en particular de la Fanb, a la que necesitan partir. Para esto último han creado un abanico, desde la promesa de amnistía hasta las amenazas de intervención, pasando por cuentas creadas en redes sociales para que los soldados no obedezcan a los generales.


Termina así otra semana en Venezuela. No habrá descanso. Los discursos de los EE.UU. remiten a una ofensiva final que se han puesto a conducir. El chavismo se mantiene entero, movilizado, con voluntad de diálogo y de pelea.


 Maduro anunció que podría adelantar las elecciones parlamentarias en Venezuela para este año

“Acá estamos todos defendiendo la revolución”


Durante su discurso ante una multitud reunida para manifestarle su apoyo, el presidente venezolano insistió en la necesidad de habilitar el camino del diálogo que propusieron México y Uruguay, y al que ahora se sumó Bolivia.

Por Felipe Yapur

La impresionante movilización que realizó el chavismo sirvió para que el presidente constitucional Nicolás Maduro le mostrara a los Estados Unidos, y por ende a la oposición, que el chavismo está mucho más vivo de lo que piensan y decidido a defender la revolución bolivariana que ayer cumplió 20 años desde la llegada de Hugo Chávez a la presidencia. En ese contexto y ante los ataques, Maduro respondió con su disposición a aceptar la mesa de diálogo que promueven México, Uruguay y también Bolivia y los países del Caribe agrupados en Caricom. Eso sí, reclamó que se levanten las sanciones “y el robo del dinero por parte del gobierno” estadounidense. Pero sobre todo, Maduro desafió a la oposición al anunciar que se está trabajando en adelantar las elecciones parlamentarias para este mismo año y, como afirmó, “que sea el pueblo quien decida”.


Maduro llegó al escenario después del mediodía. El sol no parecía estar enterado de que en estas latitudes es invierno y caía como plomo sobre los cientos de miles que colmaban la avenida Bolívar. El mandatario jugó con unos binoculares para ver hasta donde llegaba la gran columna prácticamente vestida de rojo.


Durante su discurso insistió en la necesidad de habilitar el camino del diálogo que propuso México y Uruguay y que ahora se sumó Bolivia. Por caso, en la noche del viernes de regreso de los Estados Unidos aterrizó el avión del presidente boliviano Evo Morales. Ambos mantuvieron una reunión donde se habló de la necesidad de encontrar una salida política y una posibilidad es el adelantamiento de las elecciones. Maduro no descartó ese camino y cuando habló ante la multitud trajo a colación este punto pero, a diferencia de lo que reclama la oposición dijo que, por una iniciativa de la Asamblea Nacional Constituyente, van a adelantar los comicios parlamentarios. Juan Guaidó que quiere nuevas elecciones presidenciales tiene cerca la finalización de su mandato y es por eso que el gobierno chavista planteó esta variante para poner en jaque al diputado que, por el discurso que dio una hora antes en la zona este de la capital venezolana, exigió elecciones presidenciales como requisito indispensable para la salida pacífica (ver nota aparte).


A la intención de adelantar los comicios parlamentarios, el mandatario venezolano indicó que junto a la Asamblea Constituyente van a promover la realización de “una consulta nacional” a través de los denominados Cabildos Bolivarianos Abiertos donde además participarán los gobernadores “para consultarle al pueblo esa solución política, esa salida constitucional” y que caracterizó como democrática y libre. Luego envió un estiletazo a la oposición al sostener que “podemos hacerla consensuado con una mesa de diálogo con la oposición, si ellos quieren nosotros queremos”.


Maduro se cuidó de responder a las consignas guerreristas que lanzan desde la oposición y siempre se mostró dispuesto a la paz y al diálogo: “Sigo llamando a la paz. A pesar de los intentos de Golpes de Estado, las amenazas externas, Venezuela está en paz, estamos ganando por la vía de la paz, hemos ganado la paz y se impuso nuevamente cuando no pudieron llenar de violencia a Venezuela, lo derrotamos con la justicia”, afirmó.


De todas formas, en su discurso no dejó de advertir que si bien se hará todo lo posible por garantizar la paz, la armonía y la unión nacional también recordó que “nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) está cada vez más leal, más comprometida, más unida al pueblo junto a la Milicia Nacional Bolivariana que está movilizada para hacer respetar la Constitución, por eso se quedaron loco”.


Por supuesto que el discurso de Maduro también tuvo un momento destinado al gobierno de Donald Trump a quien acusó de no estar de acuerdo con el diálogo: “Está a favor del Golpe de Estado que prepararon, financian y dirigen la intervención militar de Venezuela, de la guerra” . En ese sentido, le dijo a Trump que “lo tienen engañado” John Bolton, Mike Pence y Mike Pompeo “son tres halcones de guerra que están obsesionados con Venezuela, usted que se cree el emperador del mundo, cree que Venezuela se va a rendir y le va a obedecer sus órdenes pero le advierto que Venezuela no se rinde, sigue adelante, es rebelde, libre, soberana e independiente”.


Si hay una característica que tiene el chavismo es la alegría y ayer esa condición se repitió. Los bailes, las risas a todo volumen mezcladas con consignas en defensa de la revolución y contra la injerencia norteamericana se repitieron sin solución de continuidad. Una de las costumbres es levantar escenarios cada 200 o 300 metros donde se escuchará la voz y se verá la imagen de Maduro servirá también para amenizar la espera con grupos locales de música que hicieron bailar a los manifestantes antes y después del discurso presidencial.


Remeras y gorras rojas con la cara de Chávez o sus ojos o una de sus tantas frases y consignas. También se ve la M de Maduro con los colores de la bandera venezolana y los uniformes de las Milicias Bolivarianas, creadas por Chávez en 2007, rompían la tendencia del rojo por el color caqui de sus uniformes. “Vamos a defender la patria como sea, con el alma, con el corazón, con lo que tengamos en la mano y hasta con la bandera y su asta”, aseguró uno de los participantes mientras blandía la bandera que portaba. Eso sí, al final lanzó una advertencia: “No vamos a huir”.


A pocos metros de allí, entre miles, José le dijo a PáginaI12 que, como ordenó en su momento el presidente Chávez, “estamos rodilla en tierra dispuestos a defender estos 20 años de revolución”, dijo y aseguró que “no nos importa que el imperialismo yanqui se venga para estas tierra. Vendrán pero no saben cómo saldrán”, se envalentonó. Ricardo, un ex militar jubilado, insiste con que “acá no se mueve nadie, acá estamos todos defendiendo a la revolución de Hugo Chávez Frías”. En tanto, Irene sostiene que ella creció con la revolución y eso la hace feliz: “Era niña cuando llegó nuestro comandante eterno y ahora soy parte del poder popular que no sólo defenderá la revolución sino también a Nicolás Maduro al que le digo que unidos jamás seremos vencido”. Antes de irse aclaró que el chavismo también está festejando “los primeros 20 años de chavismo”. Mientras Irene hablaba con este diario un niño escuchaba, cuando la mujer finalizó entonces pidió hablar: “Un saludo revolucionario para todo el mundo”.

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