Mujer latinoamericana: igual ante la ley, ¿y ante el dinero?

Adela Maldonado, de 42 años, corta papas y muslos de pollo en tiras tan delgadas como sus hábiles dedos mientras prepara un enorme guiso para cientos de niños en una escuela de un pequeño poblado en las afueras de Barranquilla, Colombia.

 

Mientras tanto, a unos 1.000 km de distancia, Lina María Castaño, de 30 años, manda un mensaje desde su BlackBerry a un alto funcionario del Gobierno en Bogotá.


Separadas físicamente por la abrupta geografía colombiana y por su formación profesional -una es cocinera, la otra directora de un programa del gobierno colombiano-, las dos mujeres comparten sin embargo su adhesión a una nueva generación de mujeres trabajadoras que ha logrado acortar la brecha de género en América Latina.


Más de 70 millones de mujeres se sumaron a la fuerza laboral en los últimos 20 años, de acuerdo a cifras del Banco Mundial.


Pero la iniciativa, el esfuerzo y la perseverancia que identifican a la mujer latinoamericana del S.XXI no se forjaron de la noche a la mañana.
De hecho, la coyuntura social y económica de la región durante los últimos 50 años ha tenido mucho que ver. Progresivamente se han flexibilizado una serie de leyes en favor de la toma de decisiones legales por parte de la mujer, y ellas se han apropiado de derechos imprescindibles para alcanzar la posición -más justa aunque no del todo igualitaria- que ostentan en la actualidad.


Durante estos últimos 50 años en América Latina cayeron muchas de las barreras, tanto legales como sociales y económicas, que impedían la incorporación plena de la mujer a la vida pública. Se calcula que en este período, se redujeron a la mitad las restricciones a los derechos de propiedad de la mujer, así como los obstáculos legales que impedían que se incorporaran íntegramente a la economía, según el informe Mujer, Empresa y el Derecho 2014: Eliminando Restricciones para Aumentar la Igualdad de Género.


Con estos cambios en las leyes, más mujeres han podido acceder a la propiedad de empresas y, gracias a políticas que favorecieron la incorporación de la mujer al mercado laboral, se logró reducir una brecha de ingresos tradicionalmente muy desigual.


En los últimos dos años, varios países de la región han registrado avances en este terreno: en Bolivia y México se introdujo el pago durante la licencia por paternidad; en Colombia y Venezuela se extendió el tiempo de licencia por maternidad; en Jamaica se adhirió una cláusula contra la discriminación de género en la Constitución; y en Chile se introdujo la licencia por maternidad y paternidad.

 


¿Cuánto mide la brecha de género?

 


A pesar de las alentadoras cifras registradas en los últimos años, las retribuciones salariales en la región distan mucho de una igualdad real entre hombres y mujeres. Mayoritariamente ellas encuentran empleo en el sector de los servicios o en el servicio doméstico y no en los campos de la alta tecnología, construcción o trabajo calificado.


En Chile, Brasil, México y Perú, por ejemplo, los varones profesionales pueden llegar a ganar hasta un 25% más que las mujeres.
Otro de los indicadores todavía en suspenso en la región es el referente a la violencia de género y al embarazo de adolescentes. En Brasil, por ejemplo, casi una de cada tres mujeres sufre maltrato. Un hito en este sentido es la ley Maria da Penha, considerada una de las normas más avanzadas contra la violencia doméstica, que endurece las penas a los maltratadores y pone énfasis en la seguridad de las mujeres amenazadas.


Pero ante esta avalancha de pesimismo aparece un dato positivo: la proporción de escaños parlamentarios ocupados por mujeres en la región en casi 24 por ciento, la más alta entre todas las regiones del mundo.

 


La situación de la mujer en el resto del mundo

 


Las conclusiones del estudio del Banco Mundial –que analizó a 100 países de todas las regiones del mundo desde 1960 hasta 2010- son alentadoras: en todos los países se eliminaron más de la mitad de las restricciones a los derechos de la mujer, aunque se suprimieron algunas limitaciones en Asia meridional y en Oriente Medio y Norte de África.


El mayor número de reformas se registró en Costa de Marfil y Mali, donde los maridos ya no pueden impedir unilateralmente que sus esposas trabajen. Filipinas también eliminó restricciones al trabajo nocturno de la mujer, y la República Eslovaca elevó el porcentaje del salario recibido durante la licencia por maternidad.


Los países de Europa oriental y Asia central son los que tienen las listas más extensas de actividades que las mujeres no pueden realizar. Por ejemplo, no pueden conducir camiones para el sector agrícola en la Federación de Rusia, y tampoco pueden trabajar como carpinteras en Bielorrusia ni como soldadoras en Kazajstán.


La prohibición del acoso sexual en el lugar de trabajo está muy difundida: 78 economías tienen legislación al respecto y, de ellas, más de la mitad han tipificado como delito ese comportamiento. Lo mismo sucede con las leyes relativas a la violencia doméstica: 76 países cuentan con legislación que la prohíben. Oriente Medio y Norte de África es la región con el menor número de leyes sobre violencia doméstica.

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Lunes, 13 Mayo 2013 13:30

Periodismo y diversidad

Periodismo y diversidad

El escenario del periodismo actual es complejo. De un lado, hay una profusión de contenidos distribuidos por canales y plataformas digitales. De otro, verificamos una dramática concentración de los medios de comunicación por pocos conglomerados empresariales, en sintonía con la meta de ampliar el valor mercantil y los patrones de acumulación y lucro del sector. En razón de esta concentración, lo que es difundido generalmente evidencia valores y visiones de mundo que reproducen las conveniencias de los grupos controladores.

 

La "diversidad" pregonada por los voceros del neoliberalismo está, casi siempre, bajo fuerte control de las fuentes de emisión, responsables de la mercantilización generalizada de la producción simbólica. Por otro lado, el acceso a los contenidos y conocimientos es profundamente desigual. Hay grave asimetría entre la expansión de los sistemas tecnológicos y la capacidad de inclusión de la base de la sociedad en los beneficios del progreso tecnocientífico. Los países más ricos y las élites dominantes son los que más disfrutan de los accesos, usos y ventajas del avance tecnológico.

 

Este cuadro tiene una serie de impactos en la praxis periodística. Las estructuras empresariales que rigen el periodismo de mercado son desfavorables a expresiones autónomas y participativas por parte de los periodistas. Los grupos monopólicos asumen y controlan los procesos de producción y difusión de las informaciones que circulan socialmente. Se trata de una "estructura piramidal", como señala Milton Santos: "En el tope, se quedan los que pueden captar las informaciones, orientarlas a un centro coletor, que las selecciona, organiza y redistribuye en función del interés propio. Para los demás, no hay, prácticamente, camino de ida y vuelta. Son sólo receptores, sobre todo los menos capaces de descifrar las señales y los códigos con que los medios masivos trabajan." (1)

 

Los mecanismos de control crecieron enormemente en los grupos mediáticos, generando, como efecto colateral, una sensible disminución de la posibilidad de interferencia autoral de los periodistas en los productos y mensajes que elaboran. Resultan de ahí desvíos en los procesos informativos, porque conveniencias corporativas y modelos autoritarios de gestión determinan las relaciones internas en las redacciones.

 

Sin embargo, pienso que es necesario analizar la actividad periodística de una manera amplia y dialéctica, lo que significa comprender el periodismo más allá de los equívocos y manipulaciones que a menudo ocurren en los medios corporativos. Se trata de creer que existen periodismos, y no sólo el periodismo que se hace prisionero de sí mismo cuando se contenta en ser únicamente vocero de las clases dominantes y sus intereses mercantiles. Rodolfo Walsh situó, primorosamente, este tipo de periodismo como una fábrica de "mentiras irrisorias, calumnias pagadas y estupidez elevada a la virtud". (2)

 

¿Las experiencias de la mayoría de los medios contrahegemónicos tienen algo que ver con el periodismo empresarial? Obviamente que no. Claro, eso no quiere decir que todo lo que se hace en el periodismo de los grupos mediáticos sea una basura. Absolutizar las impugnaciones es ceder al dogmatismo y desconocer las propias contradicciones de cada medio informativo, así como ignorar eventuales miradas críticas dentro de los dominios mediáticos (aunque bastante ocasionales y en espacios reducidos). Sin subestimar la reverberación del ideario dominante en los medios, debemos reconocer que factores mercadológicos, socioculturales y políticos repercuten de alguna manera en la definición de contenidos y programaciones. Los medios están inmersos en el mercado y de él dependen para sus ambiciones monopólicas. Uno de los trazos habituales de los medios tradicionales, como sistemas de producción de sentido, es su capacidad de procesar ciertas demandas de la audiencia, al máximo posible dentro de los márgenes de control fijados por los gestores corporativos.

 

Lo que diferencia a una buena parte de los medios contra-hegemónicos es que ellos producen un otro tipo de periodismo, basado en temáticas y ópticas afines con el universo de las necesidades, reivindicaciones y expectativas sociales y comunitarias. Un periodismo que evidencia múltiples interpretaciones sobre acontecimientos y cuestiones sociopolíticas, económicas y culturales. Un periodismo que rechaza el cinismo de las formulaciones sobre "objetividad" y "neutralidad" incluidas en los manuales de los medios tradicionales, cuya finalidad, en verdad, es disimular o borrar las marcas de las conveniencias de clase presentes en las líneas interpretativas de los contenidos que divulgan.

 

En consecuencia, es fundamental no reducir el periodismo como un todo al tipo de periodismo con el cual estamos en desacuerdo, que es aquel periodismo de medios que neutralizan expresiones de lo contradictorio y prácticamente inviabilizan el pluralismo.

 

La crítica a los medios hegemónicos es decisiva e indispensable. Ellos dicen representar la voluntad general, presentándose a la opinión pública como intérpretes del sentido común y guardianes de la moralidad, cuando lo que hacen en verdad es ocultar sus prioridades comerciales, intenciones políticas y ambiciones de poder. Estas prioridades se ponen en conflicto con los intereses colectivos, que deberían ser el punto a ser preservado por los actores participantes del campo periodístico y de los procesos informativos en particular, principalmente por empresas privadas que detentan concesiones públicas de canales de radio y televisión.

 

Reivindico una mirada más amplia sobre la producción periodística como un todo. El periodismo, por definición, es una actividad que, a despecho de limitaciones y coerciones, tiene que ver con la libertad de expresión y la diversidad, estando en contacto privilegiado con la condición humana, a partir de sus vínculos con la realidad social. La fascinación por el periodismo está, a mi juicio, asociada a su relación con aspiraciones comunitarias y ciudadanas, y también con la posibilidad que tienen los periodistas de traducir en textos, sonidos e imágenes los acontecimientos sociales, económicos, políticos y deportivos, las creaciones culturales, el entretenimiento, los hechos de la vida cotidiana etc.

 

Debemos mantener el espíritu crítico en relación a las mentiras y manipulaciones cometidas por los medios de masa, sin olvidarnos que existen otros periodismos. Y cuando me refiero a otros periodismos no estoy refiriéndome sólo al periodismo contra-hegemónico en sentido estricto; existen varios otros periodismos: sindical, estudiantil, cultural, científico, ecologista... Sin contar redes y publicaciones electrónicas, revistas alternativas, televisoras comunitarias, universitarias y educativas, agencias de noticias independientes, colectivos de producción informativa, el periodismo de los movimientos sociales, el periodismo de las radios comunitarias/libres, el periodismo de las redes sociales, de los blogs, de los tablets, de los móviles...

 

Hay una variedad que necesita ser contemplada en el análisis, y nosotros no podemos confundir los varios periodismos posibles con el periodismo problemático de los medios corporativos. A pesar de los obstáculos, hay espacios y posibilidades para el periodismo crítico, inclusive aprovechando herramientas y ecosistemas digitales (sin caer en la ilusión de creer que Internet es la solución para todos los males, inclusive porque es creciente la mercantilización de las redes sociales, por ejemplo) y estimulando formas colaborativas, compartidas y descentralizadas de producción informativa y cultural. El poder público tiene un rol estratégico que cumplir en este contexto, a través de programas de fomento que ayuden a crear condiciones adecuadas de sustentabilidad para los medios alternativos.

 

El otro periodismo posible también exige una urgente reformulación de leyes y regulaciones de la radiodifusión por concesiones públicas. La regulación se impone para cohibir el clientelismo político y abrir oportunidades a canales comunitarios y la una comunicación pública no-gubernamental, como también para ampliar los mecanismos democráticos en la definición de líneas de programaciones de canales de radio y televisión.

 

Finalmente, me parece esencial intervenir en otros escenarios de la actividad periodística, comenzando por la formación de los nuevos periodistas, intentando superar insuficiencias y falsas percepciones. Actualmente, los valores del mercado y de la competitividad dominan los procesos de aprendizaje en muchas universidades. Eso contribuye para direccionar carreras hacia los medios hegemónicos, como si fuera estos el único camino para los jóvenes periodistas. Entre los peores efectos de esta concepción, podemos mencionar el desestímulo a la reflexión crítica, el culto a los tecnicismos, el control ideológico en la selección de periodistas para las grandes empresas. De ahí la necesidad de valorizar una enseñanza del periodismo más pluralista, humanista, ética y crítica, comprometida con la libertad de expresión y la ciudadanía.

 

De esta manera, creo ser indispensable profundizar la discusión sobre las relaciones entre periodismo y diversidad, en busca de iniciativas y prácticas de comunicación afines con el sentido de diversidad propuesto por Eduardo Galeano: la variedad de mundos que el mundo contiene.

 

Notas:

(1) Milton Santos. O espaço do cidadão. São Paulo: Edusp, 2007, p. 155.

(2) Rodolfo Walsh. Ese hombre e otros papeles personales. Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 2007, p. 223.

- Dênis de Moraes es doctor en Comunicación y Cultura por la Universidad Federal de Río de Janeiro y profesor e investigador de la Universidad Federal Fluminense, en Brasil. Autor, entre otros libros, de Mídia, poder e contrapoder: da concentração monopólica à democratização da informação (con Ignacio Ramonet y Pascual Serrano, Boitempo, 2013), La cruzada de los medios en América Latina (Paidós, 2011),Mutaciones de lo visible: comunicación y procesos culturales en la era digital (Paidós, 2010), Sociedad mediatizada (Gedisa, 2007) y Por otra comunicación (Icaria/Intermón, 2005).

http://alainet.org/active/63962

 

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Sábado, 14 Agosto 2010 06:43

Agriculturas y crisis climática

La agricultura y el sistema alimentario industrial son el principal causante del calentamiento global y la crisis climática. En contraste, las agriculturas campesinas e indígenas, biodiversas y descentralizadas, son el factor más importante para enfrentar esta crisis y salir de ella, además del hecho fundamental de ser las que alimentan a la mayor parte de la humanidad.

Pese a esto, la visión que predomina en las negociaciones internacionales sobre el clima recoge los intereses de las empresas contra los y las campesinas. El intento ahora es integrar la agricultura y los suelos al comercio de créditos de carbono, lo cual significaría un nuevo subsidio a las trasnacionales de agronegocios, favoreciendo más a la agricultura industrial y mayor despojo a las formas de vida campesinas.

Los datos sobre las fuentes del calentamiento global varían según la fuente, pero coinciden en señalar la agricultura industrial como una de las fuentes mayores de emisión de gases de efecto invernadero, junto a la generación de energía y transportes basados en combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Las actividades agrícolas aparecen como responsables de entre 11 y 15 por ciento de las emisiones. Si bien este dato ya es grave, presentarlo desagregado de las emisiones de la cadena agroalimentaria industrial oculta una realidad mucho peor en cuanto a su responsabilidad por la crisis climática. Si se consideran juntos la agricultura industrial y el sistema alimentario industrial al que está necesariamente ligado, hay que cargarles una parte significativa de las emisiones de los transportes; otro porcentaje por deforestación y cambio de uso de suelo (en avance de frontera agrícola y en uso de papel: aproximadamente 75 por ciento del papel que se produce es para propaganda y embalajes, que son solamente demanda de las grandes cadenas de ventas), y casi la totalidad del metano que emiten los basureros debido a la pudrición de basura orgánica, que en su mayoría son restos de alimentos que se tiran en las ciudades.

Según el excelente trabajo de Grain La crisis climática es una crisis alimentaria (www.grain.org/nfg/?id=735), basado en el análisis de decenas de informes, la agricultura y el sistema alimentario industrial son responsables de entre 44 y 57 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Llegan a esta conclusión agregando los siguientes datos: las actividades agrícolas representan de 11 a 15 por ciento de emisiones; el cambio de uso de suelos, desmonte y deforestación causan de un 15 a 18 por ciento adicional; el procesamiento, empaque y transporte de alimentos provoca un 15 a 20 por ciento, y la descomposición de basura orgánica de 3 a 4 por ciento.

Por otro lado, Grain también hace un cálculo cuidadoso del papel de los suelos en la crisis climática: mientras su degradación es fuente de emisiones, si el suelo está vivo, con materia orgánica viva y natural que no es eliminada por fertilizantes sintéticos y agrotóxicos y se cuida según las diversas condiciones locales, con una combinación de diversidad y rotación de cultivos, incorporación de materia orgánica y otras, se podría devolver a los suelos en pocas décadas su capacidad natural de retener carbono, y absorber casi dos tercios del exceso de gases de efecto invernadero que existen actualmente en la atmósfera. Pero esta forma de cuidar el suelo sólo es posible mediante la agricultura campesina y familiar, libre de tóxicos, descentralizada y diversa, adaptada a cada lugar. (Camila Montecinos, Cuidar el suelo, www.grain.org/biodiversidad/?id=459)

Sin embargo, intereses industriales pretenden ahora explotar esa capacidad del suelo para absorber y retener carbono para cobrar créditos de carbono, usando el suelo como sumidero. Por ejemplo, las industrias que promueven el llamado biochar (carbón vegetal). Se trata de sembrar extensas áreas de monocultivos de árboles para quemarlos, convirtiéndolos en carbón negro y luego enterrarlo, teóricamente para secuestrar carbono y aumentar la fertilidad del suelo.

Según sus proponentes –industrias que aspiran a hacer grandes lucros–, es también una forma de geoingeniería, porque con 500 millones de hectáreas o más podría enfriar el planeta. Cínicamente dicen que es una tecnología indígena amazónica. Pero el biochar y las formas indígenas de quemar y enterrar son tremendamente diferentes. En el primer caso se trata de ejercer violencia sobre el suelo, primero con grandes plantaciones y agrotóxicos, luego enterrando carbón en forma súbita y masiva, que según estudios incluso podría desequilibrar más el suelo y liberar el carbono retenido en forma natural. Además, parte del polvo de carbón negro se libera a la atmósfera en el proceso y tiene un efecto invernadero mayor que el dióxido de carbono, por lo que otros estudios evalúan que hasta podría aumentar las emisiones.

Devastar millones de hectáreas con plantaciones y agrotóxicos para luego quemarlas suena realmente enfermizo. Al contrario, la forma indígena se basa en miles de años de sabiduría acumulada de manejo diverso y adaptado a cada región, a diferentes suelos y a trabajar respetando las condiciones naturales de cada lugar, de cada suelo.

Hay más propuestas de la industria para convertir la agricultura y la alimentación en su campo de lucro particular mientras el planeta se fríe y aumenta el hambre. Por ello Vía Campesina llamó, de cara a la cumbre climática que se efectuará en Cancún en diciembre, a denunciar ahí dichas propuestas y en cada lugar donde estemos, y mostrar las verdaderas alternativa campesinas, tarea urgente que nos incumbe a todos.

* Investigadora del Grupo ETC

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Sábado, 20 Diciembre 2008 09:11

El gabinete más diverso de EE.UU.

Hilda Solís es hija de inmigrantes centroamericanos, una diputada demócrata que votó contra la ampliación de los tratados de libre comercio. El presidente electo completó así su gabinete y sólo faltan nombramientos en inteligencia.

El presidente electo Barack Obama completó su gabinete con el nombramiento de Hilda Solís, diputada demócrata de origen latinoamericano, como futura ministra de Trabajo, y de Ron Kirk, ex intendente de Dallas, Texas, como representante de Comercio. Obama nombró también al legislador republicano Ray LaHood como ministro de Transportes y a Karen Mills como responsable de la Administración de Pequeñas Empresas.

Con estas designaciones, Obama completó la plana mayor de su gobierno un mes antes de asumir, aunque faltan llenar dos cargos clave, sin rango ministerial pero de importancia estratégica: el jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el de la inteligencia nacional.

La diputada Solís, de 51 años, es una demócrata hija de inmigrantes centroamericanos, y cuando fue electa por Los Angeles, California, fue la primera persona de ese origen en llegar al Congreso de Estados Unidos. Solís es una escéptica respecto del libre comercio y en 2005 votó contra el Tratado de Libre Comercio para América Central (Cafta). Además, desde su elección en 2000 se destacó por luchar por los derechos laborales de los inmigrantes y por medidas ambientales en barrios desfavorecidos de Los Angeles. “Hilda siempre ha sido una defensora de la gente común. Ya sea creando trabajos en el sector medioambiental bien pagados, y que no pueden ser deslocalizados, o al ampliar el acceso a los cuidados sanitarios”, dijo Obama.

“Como hija de migrantes estoy muy honrada por esta oportunidad”, dijo Solís en español al tomar la palabra tras la introducción de Obama. La próxima ministra de Trabajo aseguró que sus principales objetivos serán reinvertir en la formación laboral y hallar, en época de crisis, puestos de trabajos ecológicamente sustentables.

Solís es la tercera persona con orígenes latinoamericanos nombrada en el gabinete, después de Bill Richardson, gobernador de Nuevo México, como ministro de Comercio, y de Ken Salazar, secretario de Interior para Medio Ambiente. Richardson es también un defensor de los tratados de libre comercio, lo que augura debates en el seno del gabinete de Obama, lleno de fuertes personalidades.

Kirk, de 54 años, fue el primer alcalde negro de la ciudad de Dallas, y es favorable al libre comercio. En 2001 defendió la idea de crear una “superautopista” entre México y Estados Unidos para facilitar el comercio dentro de los países que firmaron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan). “Ron nos ayudará a asegurarnos que cualquier tratado (de libre comercio) que yo firme como presidente protegerá los derechos de todos los trabajadores”, dijo Obama al presentar a su designado representante de Comercio. “Como el presidente electo Obama, creo que una agenda que mantenga su compromiso con los trabajadores estadounidenses (...) no es solamente compatible con una agenda en favor del comercio, sino que incluso es necesaria para su éxito”, dijo Kirk al tomar la palabra. El propio presidente electo se mostró durante la campaña presidencial partidario de revisar el Tlcan y de mantener en el congelador un proyecto de TLC con Colombia, ante las denuncias de asesinatos de activistas sindicales allí.

Con estos nombramientos, el gobierno de Obama es el de mayor diversidad étnica de la historia de los Estados Unidos, junto al primero que presentó Bill Clinton en 1993. Los gobiernos tradicionales en los que los varones de raza blanca son mayoría dejan paso ahora a un gobierno en el que figuran por primera vez tres latinos. También habrá cuatro personas de raza negra: el secretario de Justicia Eric Holder, la embajadora ante la ONU Susan Rice, Ron Kirk y la responsable de la Agencia de Protección Ambiental Lisa Jackson. Figuran también numerosas mujeres: además de las ya citadas, la gobernadora de Arizona Janet Napolitano se hará cargo de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado –relaciones exteriores– recaerá en manos de la antigua rival en las primarias, Hillary Clinton.


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Hablar de feminismos, géneros, identidades, diversidades… es asunto difícil. Entenderlo y abordarlo nos lleva a mirar en lo más profundo de nuestra construcción como personas y, si queremos acabar con las desigualdades, nos conduce a cuestionarnos y también a veces a transformarnos. Pero, difícil o no, lo cierto es que las cuestiones que trata el género –aunque construcciones sociales– no son temas ficticios. En Colombia y a largo y ancho del mundo, personas reales sufren la violencia también real de ser ‘diferentes’, simplemente porque “lo que no lo es” se ha naturalizado: mujeres a quienes silenciamos por nuestra socialización machista, lesbianas a quienes insultamos por no encarnar esa cultura patriarcal que precisamente no logra silenciarlas, y mujeres trans, a quienes asesinan con especial virulencia y ‘dedicación’, simplemente por ir más allá de lo permitido. Esto pasa cada día en las calles de Bogotá, en las de Colombia, en las avenidas del mundo; y yo ahora tengo la opción de hablarlo con ustedes, debatirlo y analizarlo.

Y lo hago inaugurando esta sección sobre cuestiones de género en un espacio que me ha brindado la posibilidad de hacerlo, bajo el propósito de que este sea un proyecto de pensamientos y debates, y con la ilusión de que genere precisamente eso: pensamientos y debates que vayan más allá de lo institucional y acojan la opinión de todas aquellas personas en Colombia que hayan entendido o no que todas y todos formamos parte de nuestras construcciones de género, y que, por tanto, todas y todos –en alguna forma– nos hemos construido también desde “lo diferente”.

Les espero, entonces, en el pensamiento y en el debate. Sean [email protected]


Todas las mujeres lesbianas fueron expulsadas de la National Organization for Women en 1970 tras una manifestación de la escritora y activista Rita Mae Brown en la que se declaraba como tal. Esto no le sentó muy bien en Estados Unidos al movimiento de mujeres y tampoco le sentaron bien a Mae los intentos de la ONM de distanciarse de las organizaciones de lesbianas.

Varias décadas después, el asunto sigue siendo complejo, y, aunque desde las diferentes teorías de género (sobre todo posestructuralistas) conseguir la equidad pasa por cuestionar la heterosexualidad obligatoria, siguen sin existir tales articulaciones desde las políticas públicas dirigidas a mujeres. Tampoco en el caso de Bogotá. Porque, aunque es una misma Subsecretaría (Mujer, Géneros y Diversidad Sexual) la que acoge ambas direcciones (Dirección de Diversidad de Sexual y Dirección de Derechos, Desarrollo e Igualdad de Oportunidades para la Equidad de Géneros), la separación entre las mismas es notable y fácilmente palpable. A pesar de que el género no es sólo una cuestión de hombres y mujeres, y a pesar de que una política de género completa debiera pasar –según diferentes teorías y activismos– por el cuestionamiento del heterocentrismo, diversidad de género y género –aquí– son cosas distintas.

Tal es así que las dos direcciones ni siquiera comparten el mismo espacio virtual que ofrece la Secretaría Distrital de Planeación, a la cual pertenece la Subsecretaría. La Dirección de Derechos, Desarrollo e Igualdad de Oportunidades (es decir, la que desarrolla políticas para lograr, según su nombre, igualdad para las mujeres) ha optado por definirse y anunciarse en un espacio propio, separado de “las diversidades sexuales”. Todo ello a pesar de que el decreto que regula el funcionamiento de esta Dirección (Nº 256 de 25 de junio 2007) la obliga a “dirigir las acciones necesarias que posibiliten la coordinación interinstitucional requerida para articular sus planes y proyectos con las políticas públicas de mujeres, géneros y diversidad sexual”.

No parece que la opción de separarse de este espacio (Planeación), al que se encuentra organizacionalmente ligada esta dirección y en el que quedaría también unida a la de Diversidad Sexual (formando ambas la Subsecretaría), ayude a que se propicie esta articulación referida en el decreto, ni siquiera visualmente hablando. ¿Por qué, a pesar de lo que éste dice, la Dirección ha preferido presentarse en forma autónoma? ¿Qué ocurre cuando una política que procura garantizar la igualdad para todas las mujeres evita la articulación con mujeres lesbianas, bisexuales y mujeres trans? ¿Qué ocurre cuando una política de géneros no se refiere a los géneros desde más de un punto de vista ni acude a la violencia que el heterocentrismo genera en todas las mujeres?

Para abordarlo, dos expertas en cuestiones de género nos trasladan sus puntos de vista al respecto de esta política pública, desarrollada en el Distrito desde la experiencia política, la académica y la activista. ¿Por qué elegimos a Bogotá para este análisis? Pues porque, a pesar de que los derechos de las personas LGBT hayan sido tratados desde ciudades como Medellín, Cali y Pasto, fue Bogotá la primera ciudad y la primera capital latinoamericana en abrir una dirección específica sobre diversidad sexual. Y por ser también la ciudad que, en su día, hizo una apuesta fuerte por las ‘diversidades’ desde el Distrito.

Patriarcado y heterocentrismo: los dos ejes del mal


Recordarán a Liza García por ser la primera directora de Diversidad Sexual en Bogotá. Fue la persona que movilizó la primera política de este tipo en Latinoamérica (Política pública para la garantía plena de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y trans) y quien impulsó el desarrollo de la política pública para la garantía de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y trans en la ciudad. Hace poco más de un año que no está en ese cargo por decisión propia. La causa: un Máster en Género, Identidad y Ciudadanía que decidió emprender en España.

P. En su trayectoria vital, tiene en su haber el conocimiento de las teorías de género y, por la otra, el conocimiento político, estratégico, que le dio su cargo como directora de la Dirección de Diversidad Sexual durante 2008-2009. ¿Es difícil articular esos dos campos?
R. Yo creo que sí porque las teorías de género plantean rupturas fundamentales de estructuras sociales que se encuentran muy arraigadas entre las personas, sobre todo en ciertas culturas. En ese sentido, el desarrollo de esa articulación de lo estratégico y lo político con las teorías es utópico en cierta medida, y desarrollarlas con congruencia constituye una dificultad grandísima.

Las construcciones de género hegemónicas que las teorías quieren romper son precisamente el primer obstáculo con el que se encuentran las políticas públicas. Sobre todo porque quienes las desarrollan son personas que crecieron en un contexto específico, bajo una determinada construcción de género, y eso hace que tal construcción delimite el desarrollo de las políticas que buscan la equidad de género para mujeres y hombres, y el reconocimiento de los derechos de personas, en este caso, de sectores LGBT.

P. ¿Considera que género y diversidad sexual hablan de lo mismo?
R. Creo que no hablan de lo mismo pero sí que se interrelacionan. Cuando hablamos de construcciones de género, estamos hablando de las formas en que nos construimos como personas (como hombres, como mujeres o como personas que no quieren encasillarse en ninguna de esas dos categorías), y eso implica hablar precisamente de las orientaciones sexuales que asumimos, de por qué las asumimos. El género implica hablar también de la construcción de la orientación sexual o de la identidad de género.

En el momento en el cual desarrollaba la Dirección, lo afirmaba y sigo afirmándolo como activista y como interesada académicamente en estas cuestiones: creo que las luchas por la ruptura del sistema patriarcal y por el reconocimiento de los derechos de personas que no tienen una orientación heterosexual y que no tienen una identidad de género como la espera todo el mundo son complementarias. No se puede subvertir el orden social para que las mujeres tengan equidad en relación con los hombres sin trabajar en la deconstrucción de las orientaciones sexuales y las identidades de género. Yo decía a manera de broma que son los dos ejes del mal: el patriarcado y el heterocentrismo.

P. ¿Considera que desde la Subsecretaría de Mujer, Géneros y Diversidad Sexual de Bogotá, género y diversidad se relacionan y se complementan de la manera que dice?
R. No puedo hablar del papel en este momento de la Subsecretaría, ya que llevo un año fuera de lo que implicó el trabajo de la Dirección, pero al menos en el tiempo en que yo estuve, en la misma encontré muchas dificultades para articular el trabajo de las mujeres con mujeres lesbianas, bisexuales y trans. Creo que hace falta un real trabajo articulado entre ambas Direcciones y que no existe tal trabajo.

En ocasiones, la política pública, por ejemplo, en mujeres, no reconoce el desarrollo de las mujeres trans ni lo apropia como parte de una de sus banderas. Tampoco frente a las mujeres lesbianas y bisexuales, y creo que eso hace falta. Pienso que se ha dejado de lado este tema en la política de mujeres, sólo porque existe una Dirección de diversidad sexual. Yo me pregunto si esto mismo pudiera pasar si se creara una dirección para las personas afro o si se crea una dirección para las personas en condiciones de discapacidad. Pienso que la política en esos supuestos sería menos excluyente.

P. ¿Considera que la Subsecretaría desarrolla políticas para todas las mujeres de Bogotá?
R. No, definitivamente no. Y, además, me hago otra pregunta: ¿Considera que la política de derechos para las personas LGBT hace política LGBT para todas las personas? No. Esta dirección no ha hecho hasta el momento, por ejemplo, una acción afirmativa del tema de VIH en lesbianas, gays, bisexuales y trans.

Por tanto, creo que ninguna de las dos políticas es completa; y creo que la política pública de derechos de personas de los sectores LGBT reconoce claramente el tema de género. Reconoce el género como una construcción fundamental para trabajar las orientaciones sexuales no hegemónicas y las identidades de género. Lo que yo no tengo claro es que el Plan de igualdad de oportunidades para la equidad de género en el Distrito Capital 2004-2016 reconozca –además de estar en el papel– a las mujeres lesbianas, bisexuales y trans. Eso creo que no está allí.

P. ¿Cuál es, desde su entender, la opción de funcionamiento idónea para articular estas dos políticas?
R. Inicialmente, no creer que quien tenga más plata es quien va necesariamente a tener mayor impacto. No sé si sea el momento para que trabajen en un solo proyecto porque reconozco la necesidad de hacer acciones específicas. Mi propuesta alternativa fuera seguir trabajando por direcciones diferenciadas pero sin que haya una pelea tan ardua por la lucha de los recursos. Creo que, por lo menos, se debieran reconocer las perspectivas de género en general, no sólo desde la orientación sexual o la identidad de género, y no sólo desde otras aristas que no sean la orientación sexual o la identidad de género.

Además, debe haber una revaluación al respecto para convertir estas políticas en políticas de primer grado, tan importantes como, por ejemplo, las políticas públicas de transporte. Deben ser, además, políticas transversales que afecten a todas las Direcciones. El tema de género es tan importante o incluso más que eso, y aquí parece un añadido. Resultan ser incluso políticas muy incómodas para la administración.

P. ¿Y en lo que respecta a los movimientos sociales?
R. Las políticas públicas han arrasado con la agenda propia de los movimientos. Ya no hay ni 28 de junio ni 25 de noviembre sin que el Distrito esté liderándolo. No hay 28 de junio sin que las organizaciones tengan que ir al Distrito para que les apoyen la marcha. Asimismo, necesitamos un movimiento social autónomo que pueda generar su propia transformación desde sus haceres, y eso no existe ahora en Bogotá.

La política pública no resuelve la desigualdad


Ochi Curiel está unida al activismo y también a la teoría desde la Academia. Es coordinadora curricular de los posgrados de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia, Magíster en Antropología Social y experta igualmente en el pensamiento y la teoría feminista latinoamericana y caribeña. Asimismo, es activista y teórica lésbico-feminista del movimiento afro.

P. ¿Cuál es su opinión sobre una investigación teórica o un trabajo sobre género que no tenga en cuenta la cuestión de la sexualidad, de las orientaciones sexuales y del heterocentrismo?
R. No es en ese caso un trabajo feminista. Creo que el género es una categoría analítica que te permite visualizar efectos diferenciadores entre hombres y mujeres y, en ese sentido, fue una categoría muy importante para el movimiento feminista y para la Academia también, porque permitió evidenciar esos efectos diferenciales del sexismo. Sin embargo, es una categoría muy heterocentrada y binaria, ya que parte del hecho de que hay grupos de hombres y grupos de mujeres. En tal sentido, el nivel de institucionalización de la categoría (no sólo por la Academia sino también por la cooperación internacional, las ONG, etcétera) despolitizó este término que en algún momento pudo ser interesante. Ahora, cualquier cosa es género, como, por ejemplo, incluir a las mujeres o los hombres; y es cierto que todo eso es género, pero a la hora de hacer referencia a un feminismo que no se limite siempre a evidenciar las diferencias que existen entre hombres y mujeres, es una categoría que no sirve mucho.

Creo que una visión feminista mucho más crítica e integrada debe abordar el tema de la sexualidad. Creo que nos conviene más hablar del régimen de la heterosexualidad, ya que, cuando hablamos de sexualidad, estamos hablando de cuál es esa lógica que ha impuesto la sociedad patriarcal-masculinista sobre qué es lo que prioritariamente es la sexualidad. Sobre todo, las lesbianas feministas creemos que la heterosexualidad es el régimen; es la sexualidad.

P. Hablando del régimen de la heterosexualidad, ¿considera que las políticas públicas de género en Bogotá tienen también en cuenta este lineamiento?
R. No lo tiene, y además es normal que no la tenga. Para mí, la política pública es la evidencia de la paradoja de la modernidad. Ya sabemos que el paradigma de la modernidad es el del hombre, blanco, heterosexual... Y todo lo demás se convierte en otro y tiene que parecerse a ese uno, a ese hombre blanco.

En ese sentido, cuando en las sociedades modernas no se satisface una serie de derechos –necesidades de esos otros–, obviamente hay que hacer política pública. Por tanto, la política pública existe porque hay desigualdad. Es su razón de ser. A esa modernidad y a esa política pública le interesa que la gente se quede en la diferencia.

P. Entonces, desde su punto de vista, las políticas y las luchas que se pudieran plantear desde esta teoría tendrán que estar fuera de la política pública…
R. Totalmente. Creo que son dos niveles muy distintos de actuación y que es una cosa que aquí en Bogotá es impresionante. A partir del multiculturalismo en América Latina, diferentes sujetos sociales se volvieron mucho más reconocidos que antes (los negros, la segunda ola del movimiento de mujeres, los indígenas…) pero siempre eran reconocidos desde “lo otro”. Pienso entonces que lo de la política pública no resuelve el tema de la desigualdad, que lo resuelven las contradicciones, las tensiones y las crisis que se dan entre un movimiento social autónomo y ese Estado.

P. ¿Cómo se llega a eso?
R. Obviamente, eso pasa por adquirir una autonomía de muchos tipos. Al mismo tiempo, la vida cotidiana te pone en una situación en la que, por ejemplo, tienes que pagar impuestos o puedes verte en una situación complicada si eres extranjera. Todas esas cosas hacen que tengas que demandar cosas al Estado, porque precisamente están, entre otras, pagando impuestos. Esa es la gran paradoja de la modernidad: que es muy difícil salir.

Bogotá es un ejemplo de eso: hasta la marcha del orgullo LGBT la organiza la Alcaldía, una cosa totalmente contradictoria. La gente se pelea por que la Alcaldía haga eso, y por ello es muy difícil conseguir tal autonomía.

P. La Subsecretaría que lleva esta política en Bogotá recibe el nombre de Mujer, Géneros y Diversidad Sexual. ¿Qué opinión le merece ese nombre?
R. Creo que la práctica política pública parte de la lógica de que existe un sexo natural (algo que la teoría posestructuralista rechaza) y que lo otro hay que reconocerlo en la diferencia, pero desde la lógica de la tolerancia y de los derechos humanos. La teoría debe tener una correspondencia con la práctica o, por lo menos, guardar un mínimo de coherencia; pero esa coherencia estará determinada por el proyecto político que tiene en mente la gente. Si a la gente le interesa que haya mujeres y hombres, pues tendrá una teoría política que exprese eso. Otras, que tenemos una posición más crítica, diremos que la cosa es mucho más compleja.

P. Pero muchas instituciones políticas de otros países empiezan a rechazar el concepto de “mujer” (en singular), por considerar que serlo no es un hecho natural y porque éste no incluye a mujeres lesbianas, bisexuales y trans. Empiezan a hablar de “mujeres” con el fin de ser menos excluyentes.
R. Porque se trata de una postura determinada, teórica y política. La cuestión es: ¿Qué teoría se reconoce? Dependiendo de ésta, se legitima o no el hecho de ser mujer. Creo que todas las teóricas feministas coincidimos en que la mujer no nace sino que se hace (como dijo en su día Simone de Beauvoir), pero hay diferencias en delimitar cómo se hace ese ser mujer. Creo que la lógica de la mayoría de las políticas públicas es pensar que hay una cosa natural al final, lo que de algún modo permite delimitar lo que es diferente.

Entrevista Andrea García Becerra

Antropología y feminismo para la trans-formación


Cuando Andrea García habla de la antropología (su profesión) y del feminismo –al que acude reiteradamente desde el reconocimiento–, la entrevistadora que está frente a ella sabe que estos dos campos teóricos son pilares fundamentales en su vida profesional y personal. Dos campos de trabajo en los que ella es experta tras haber realizando una extensa carrera investigadora y un Magíster en Estudios de Género y Teoría Feminista. Pero también la entrevistadora se encuentra con una inteligencia a la vez inquieta y serena. Y es precisamente esa forma particular de ver el mundo lo que le lleva a hablar una vez de “Tacones, siliconas, hormonas, teoría feminista y experiencias trans en Bogotá” (nombre que recibió su tesis de magíster calificada de Meritoria), y otras de su fascinación por el campo y los sistemas de producción.

En la actualidad, Andrea García forma parte del equipo docente de la Pontificia Universidad Javeriana. Allí desarrolla sus conocimientos en genealogías de la cultura, estudios de género y teorías antropológicas contemporáneas. Es, además, una de las muy pocas mujeres trans que ejercen su labor docente en una universidad colombiana. Por todo lo anterior, su pensamiento es una apuesta que pasa por la deconstrucción de lo establecido; un devenir intelectual que le lleva a unir el feminismo y la antropología como mezcla perfecta para alcanzar los objetivos de la lucha trans.

P. En estos momentos, eres una de las pocas mujeres trans docentes en una universidad de Colombia, La Javeriana, el mismo centro académico donde otra mujer trans, Brigitte Baptiste, actual directora del Instituto Alexander von Humboldt, trabaja como docente desde hace ya unos años. ¿Cómo entras a formar parte de este equipo?
R. Empecé como profesora de una cátedra de la asignatura Estudios de Género para el Departamento de Antropología. Luego desarrollé una propuesta de curso a las directivas del mismo departamento, evaluada y aprobada en 2009. En ese momento empiezo a formar parte del equipo, pero no fue hasta el año pasado que –tras un proceso de selección– entré de lleno en la institución universitaria.

P. ¿Cómo recibiste la reciente noticia del cargo directivo alcanzado por Baptiste?
R. He visto a Brigitte y creo que es una persona muy reconocida tanto en el contexto académico como en el de la movilización de las diversidades de género. Me parece genial que una mujer trans ocupe un puesto en las altas esferas científicas y de producción de conocimiento. Creo que es un aporte muy importante a la hora de romper estigmas y visibilizarlas de otra manera, y en otros espacios distintos de los que tradicionalmente se les asignan. Esta posición también tiene un impacto político.

P. Resulta interesante que la Universidad Javeriana (Compañía de Jesús) tenga precisamente una política tan incluyente en las cuestiones de género.
R. Yo creo que dentro del campo religioso, la Compañía tiene unas perspectivas bastante críticas: ha estado cerca de la actividad académica y ha contado con intelectuales prominentes. Cuando empecé a trabajar en la Javeriana entendía que una a veces ve las cosas de manera muy homogeneizante, como, por ejemplo, ocurre cuando se ve la categoría trans desde afuera. Sin embargo, cuando te acercas un poco a ciertos lugares del campo religioso, te das cuenta de que también hay luchas y personas con mentalidades más avanzadas.

P. Tienes conciencia de que tu trayectoria profesional es una excepción y así lo afirmas. ¿Es esto una responsabilidad añadida para ti?
R. Me considero una antropóloga con iguales cargas, responsabilidades y retos que el resto. En ese sentido, me veo como una profesional que está, en alguna forma, compitiendo en ese campo. Pero, de otro lado, pienso que, cuando hay una experiencia no normativa en la identidad, muchas veces el cuerpo mismo se torna casi como espacio político. Es como llevar el manifiesto encarnado. De eso no puedo desligarme y en ocasiones no quiero desligarme.

P. Trabajas sobre todo con gente joven. ¿Hay considerables diferencias generacionales desde que tú misma eras una estudiante de universidad?
R. Creo que sí hay cambios y que especialmente las personas que se interesan por disciplinas como la antropología tienen miradas más abiertas respecto al mundo. Obviamente, no puedo generalizar, pero siento que hay una especial apertura en los chicos y las chicas que ingresan a programas como los de antropología. Eso hace que se relacionen mejor con las identidades no hegemónicas.

P. Como investigadora, has realizado numerosos trabajos. ¿Cuáles de ellos consideras que te han dejado huella?
R. Me gustó mucho un proceso de investigación que hice en San Basilio de Palenque con la comunidad afrodescendiente de la costa norte colombiana. Me pareció muy interesante porque, a partir de él, me acerqué a un capítulo desconocido de la historia de América y de Colombia, que tiene que ver con el proceso de trata esclavista, la resistencia negra, y la confrontación con la corona y la República.

También realicé un trabajo con la Universidad de Antioquia sobre el tema de salud y cultura en el Urabá Antioqueño, lugar de colonización tardía, con una marcada presencia de grupos indígenas, campesinos y negros. Investigamos el tema de asistencia y cuidado a la atención parto y posparto en mujeres indígenas, negras, urbanas y campesinas. Y te hablo de estos proyectos porque son procesos de investigación que se salen del tema de las diversidades de género y de lo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas), ya que recientemente me he dedicado íntegramente al debate sobre género, teoría Queer, y movimiento LGBT.

Por otra parte, el campo y los sistemas de producción agrícola son temas que me apasionan y que quiero retomar.

P. ¿Qué otras investigaciones consideras fundamentales y que, por tanto, deben realizarse en la actualidad en Colombia?
R. Pienso que unas investigaciones que reconozcan los procesos de luchas, de transformación, de construcción de instituciones de impacto cultural, de los movimientos sociales, de los procesos y las políticas de construcción identitaria, de los movimientos de personas marginadas… Es necesaria una investigación que historice y narre esos procesos.

P. En el caso de la cuestión trans, si tuvieras que elegir un punto por el que necesariamente la estrategia tuviera que pasar para hacer que se alcancen los objetivos propuestos, ¿cuál sería?
R. Creo que es necesaria una apuesta por la transformación cultural, de las mentalidades y de las lógicas de funcionamiento del Estado y de las instituciones, con el fin de superar las categorías naturalizadas. Hay que cuestionar el binarismo de género* como estructura y fundamento de la visión y de la división del mundo, tanto de las personas como de las instituciones, ya que ese binarismo es una matriz violenta que permite agredir al otro.

P. ¿Qué teoría o teorías encarnan, desde tu modo de ver, esa misma estrategia?
R. Creo que indudablemente la antropología aporta elementos fundamentales para ese proceso. También, indudablemente, la teoría feminista. Esta es una producción teórica fundamental para estos procesos de reconfiguración, mucho más que la teoría Queer, incluso mucho más que los Gay and Lesbian Studies. Fue el feminismo el movimiento social y la teoría, la postura epistémica que ha permitido esta transformación. Por tanto, antropología y feminismo son una buena mezcla para conseguir propósitos en la lucha trans.

P. Según la Línea de base de política pública para la garantía plena de derechos de las personas LGBT en Bogotá, en el caso de las personas transgeneristas, su presencia en educación media es de un 39,35 por ciento y en básica secundaria de 26,7. El porcentaje de universitarios y universitarias es del 11,9 por ciento y de posgrado de apenas el 1,94. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
R. La escuela funciona a partir de una lógica que excluye esas diversidades, y me parece que es muy difícil para una persona trans asumir la identidad en el colegio o en la universidad. El simple hecho de que te llamen por la lista con un nombre que no corresponde a tu identidad de género, todos los días y durante seis años, creo que es una barrera indiscutible.

P. ¿Qué se puede hacer desde la docencia?
R. Cada vez más docentes, de colegios, sobre todo, están acercándose al tema. Pero creo que la labor depende más de otras instancias políticas y educativas, y de las prácticas de los estudiantes y las estudiantes. Puede que un docente proteja tu identidad de género, pero lo que pasa en el patio es otra cosa.
 
P. Tanto las teorías de género como las antropológicas han dejado muchas frases convertidas en lemas, que en numerosas ocasiones han abanderado muchas luchas. Frases como “lo personal es político”, de Kate Millet. ¿Qué lema o lemas representarían tu postura vital y como investigadora?
R. “El otro se construye. Yo soy el otro”, o algo así como “No existe una sola vía”. Una frase que tenga relación con la diferencia y la diversidad.

* El binarismo de género se plantea como la postura que únicamente reconoce la existencia de dos identidades: mujer y hombre; Aquí, un sexo determinado (por ejemplo, el de mujer) se tiene que corresponder con un género y una construcción determinada (heterosexual, pasiva, femenina…).
Publicado enEdición 166
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