Guerra fría entre EU y China es una amenaza a la paz mundial: expertos

Expertos internacionales señalaron ayer que los comentarios y acciones agresivos del gobierno de Estados Unidos contra China representan una amenaza para la paz mundial, y una potencial nueva guerra fría sobre China es contraria a los intereses de la humanidad. Los comentarios surgieron durante una reunión virtual sobre la campaña internacional contra una nueva guerra fría sobre China, que reunió a expertos de varios países incluyendo Estados Unidos, China, Reino Unido, India, Rusia y Canadá.

Jenny Clegg, conferencista de estudios internacionales de la Universidad de Lancashire Central, dijo que el deterioro en las relaciones entre las dos potencias es una significativa amenaza para la paz mundial.

John Ross, importante miembro del Instituto Chongyang, de la Universidad Renmin de China, describió la actitud hostil de Estados Unidos con sus ataques verbales y bélicos a Irán, Irak y Libia, el abandono del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) y las sanciones unilaterales sobre Irán y Venezuela.

"Por supuesto, la amenaza de guerra con China por sí misma sería una catástrofe inimaginable", indicó.

Medea Benjamin, cofundadora de Codepink, una organización de bases dirigida por mujeres que trabaja para dar fin a las guerras, comentó que es preocupante que líderes estadunidenses reclamen por una agresión china cuando Estados Unidos tiene bases militares en todo el mundo. "Estados Unidos necesita entender que China no es nuestro enemigo, pedimos cooperación con China", indicó Benjamin.

Dirección equivocada

Magaret Kimberley, columnista de Black Agenda Report, señaló que Washington acusó erróneamente a China sobre asuntos relacionados con la pandemia del Covid-19, y ha escalado en su agresión al clausurar el consulado de China en Houston, en violación al derecho internacional.

Expertos asistentes a la reunión emitieron un comunicado en el que piden a Estados Unidos retirar su amenaza de una guerra fría y también de otros peligrosos amagos hacia la paz mundial en que se ha involucrado.

Dijeron que Estados Unidos sigue una dirección equivocada al retirarse del Tratado INF, del Acuerdo de París sobre cambio climático, así como su creciente separación de organismos de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

"Apoyamos a China y a Estados Unidos basando sus relaciones en el diálogo mutuo y centradas en asuntos comunes que unan a la humanidad", dijo el comunicado, pidiendo un esfuerzo colectivo para manejar desafíos globales como cambio climático, pandemia y desarrollo económico.

Uniformados entran en consulado chino

Pekín condenó la entrada de fuerzas de seguridad de Estados Unidos en el territorio del consulado general chino en Houston, Texas, declaró este sábado el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Wang Wenbin.

El periódico Houston Chronicle informó ayer que varios uniformados estadunidenses entraron en el consulado chino en Houston cerrado por orden del gobierno de Donald Trump, 40 minutos después de que lo abandonaran los diplomáticos chinos.

"El edifico del consulado general de China en Houston es un territorio del consulado diplomático, así como una propiedad estatal de China. Con arreglo a la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, la parte estadunidense no debe entrar en ningún caso en el territorio del consulado", dijo Wang.

Según el diplomático, “China expresó una fuerte insatisfacción y una enérgica protesta contra una entrada forzada de la parte estadunidense en el territorio del consulado.

"China, por lo tanto, tomará medidas necesarias y legales de respuesta", indicó.

Washington ordenó a China que cerrara este fin de semana su consulado en Houston por las acusaciones de que los diplomáticos estaban involucrados en operaciones de espionaje ilegal e injerencia en el país.

El viernes, Pekín ordenó el cierre del consulado de Estados Unidos en Chengdu.

Una científica china, acusada de ocultar sus vínculos con el ejército de China en su solicitud de visa para trabajar en Estados Unidos, fue fichada en una cárcel del norte de California y está previsto que el lunes comparezca ante una corte federal.

Los registros carcelarios del condado de Sacramento muestran que Juan Tang, de 37 años, fue encarcelada el viernes en nombre de las autoridades federales tras ser arrestada por agentes del Servicio de Alguaciles Federales de Estados Unidos.

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La gestión de la pandemia ha acrecentado el enfrentamiento entre Estados Unidos y China.

El coronavirus ha disparado la rivalidad entre las dos potencias y cada vez es más evidente que los demás países no podrán permanecer neutrales y se tendrán que posicionar.

 

George Kennan, jefe adjunto de la misión de Estados Unidos en Moscú tras la segunda guerra mundial, supo capturar en sus memorias cómo en las relaciones internacionales las percepciones cambian con gran rapidez. En el libro, el diplomático estadounidense, al que muchos consideran el autor intelectual de la guerra fría, señalaba que si hubiera enviado su famoso Telegrama Largo de 1946 sobre la naturaleza expansionista de la Unión Soviética seis meses antes, su mensaje "probablemente habría sido recibido con muchas reservas por el departamento de estado de la época. Por otra parte, si lo hubiera enviado seis meses más tarde, habría sonado redundante, como si predicara a los conversos”.

Ahora, en un contexto de enfrentamiento de Estados Unidos con China por la pandemia de coronavirus, parece que muchas de las democracias del mundo están adoptando, tan rápidamente como en 1946, una nueva percepción del orden mundial. Mike Pompeo, el Secretario de Estado de Estados Unidos, ha declarado que el partido comunista chino es la principal amenaza para la seguridad nacional, por delante del terrorismo internacional, y un número creciente de países parece estar de acuerdo con esta afirmación.

Aquellos que defendían la teoría de que si China se liberalizaba económicamente después lo haría políticamente temen haber estado del lado equivocado de la historia. La firmeza del gobierno chino es patente a lo largo y ancho del país; desde el espacio aéreo sobre Taiwán, los rascacielos de Hong Kong, la fría Himalaya en la frontera con India y los arrecifes que rodean las islas Xisha/Paracelso en el Mar de la China Meridional. Son muchos los países que están reevaluando la naturaleza de esta potencia. La decisión del gobierno australiano de denunciar un ciberataque orquestado por un país, sin nombrar a China, es solo un ejemplo de la percepción imperante. Ahora, Estados Unidos exige que sus aliados no sólo reconozcan que han sido ingenuos sino que se unan a una alianza en contra de la potencia. Por otra parte, China, tal vez menos abiertamente, está presionando a otros países para que se unan a un bloque rival.
 
Muchos países están tratando de evitar las presiones de ambas superpotencias, pero cada vez es más evidente que se está reduciendo la posibilidad de ser un país neutral o no alineado. India, por ejemplo, que siempre ha estado orgullosa de lo que su ex asesor de seguridad nacional Shivshankar Menon llama su "autonomía estratégica", tiene dificultades para posicionarse después de que el ejército chino apaleara brutalmente a sus soldados en el valle de Galwan [en el enfrentamiento murieron 20 soldados indios que patrullaban la frontera]; un acto que según Menon no tiene precedentes por su alcance y las implicaciones sobre las relaciones entre los dos países vecinos.

Durante mucho tiempo Menon ha argumentado que India debería evitar las alianzas permanentes con otros países. “Evidentemente, la posición ideal para India es estar muy cerca tanto de China como de Estados Unidos, mucho más cerca de lo que estas dos potencias están entre sí”, ha señalado. Sin embargo,  a medida que la retórica y las amenazas se intensifican, es cada vez más difícil navegar entre las dos potencias de la forma que defendía Menon. Más bien parece que se está gestando una nueva guerra fría, en la que se lucha tanto con tecnología y aranceles como con armamento convencional.

De hecho, la gran pregunta para los próximos seis meses es hasta qué punto los países que se oponen a que el mundo vuelva a dividirse en dos bloques podrán mantenerse neutrales y si los países a lo largo y ancho del mundo están tan conectados económicamente que el precio del desacoplamiento que exige Estados Unidos es demasiado alto.
 
Solo unos años atrás, muchos hubieran argumentado que íbamos a plantearnos estas cuestiones a finales de esta década. Al fin y al cabo, durante la presidencia de Barack Obama, ya se fue gestando lentamente una rivalidad entre superpotencias. Sin embargo, con la llegada de Donald Trump estas preguntas requieren una respuesta más urgente. En palabras de uno de los asesores de Trump caídos en desgracia, Steve Bannon, “estamos ante dos sistemas que son incompatibles, y uno va a ganar y el otro va a perder”. El coronavirus, el Gran Acelerador, ha llevado esta cuestión a un punto crítico antes de lo esperado.

Según Kishore Mahbubani, fellow del Asia Research Institute, Trump se ha preparado de forma caótica para esta batalla. "El problema clave es que Estados Unidos ha decidido librar una batalla geopolítica contra China, la civilización más antigua del mundo, sin diseñar primero una estrategia detallada sobre cómo lo va a hacer. Es muy desconcertante. Para Corea del Sur y Japón esto no es un problema abstracto. Estados Unidos quiere que ambos se separen de China, pero para ambos países esta brecha es un suicidio económico".

Mahbubani fue el representante de Singapur ante las Naciones Unidas. El primer ministro del país, Lee Hsien Loong, defiende con la misma vehemencia que a Asia no le conviene adoptar el punto de vista de Bannon. "Los países asiáticos ven a Estados Unidos como una potencia residente [una potencia que no tiene territorio en una región pero sí influencia] con intereses vitales en la región", dice. "Al mismo tiempo, China es una realidad muy cercana. Los países asiáticos no quieren que se les obligue a decantarse por uno. Y si alguno de los dos intenta forzar esa elección - si Washington intenta contener el ascenso de China o Pekín intenta construir una esfera de influencia exclusiva en Asia - iniciarán una trayectoria de confrontación que durará décadas y pondrá en peligro el tan anunciado siglo asiático".

Loong urge a Estados Unidos a no ver esta situación como una repetición de lo que pasó en 1946. "China está lejos de ser un pueblo de Potemkin o de la tambaleante economía dirigida que definió a la Unión Soviética en sus últimos años. Es poco probable que cualquier confrontación entre las grandes potencias termine, como la guerra fría, con el colapso pacífico de un país".

Europa también lucha por mantenerse neutral. Sí, es cierto que un año atrás Europa declaró que China era “un rival sistémico” y la mayoría de los países de la UE están tratando de diversificar sus cadenas de suministro, limitar las subvenciones extranjeras o revisar la forma en que regulan las delicadas inversiones internas chinas. Pero Josep Borrell, el jefe de la política exterior de la UE, es reacio a ser arrastrado a la guerra total de Trump. Después de las conversaciones por vídeo con el ministro de Asuntos Exteriores chino Wang Yi a principios de este mes, reveló la doctrina de Sinatra; Europa lo hará “a su manera”.

Borrell ha insistido en el hecho de que China no es una amenaza militar y ha reconocido que Wang le había dicho que a China no le gusta que la llamen "rival sistémico". Borrell ha tenido que reconocer a regañadientes que  "las palabras importan", antes de tener que compartir una enrevesada teoría lingüística sobre el significado de la palabra "rival".  ¿'Rival' en qué? ¿Es 'sistémico' una cuestión de rivalidad entre sistemas? ¿O es una rivalidad sistemática? Hay dos interpretaciones".

Para países como Alemania no se trata de un juego de palabras. China se gastó 96.000 millones de euros (87.000 millones de libras esterlinas) en productos exportados alemanes en 2019, casi la mitad que la UE. Volkswagen vendió 4,2 millones de coches a China en el año fiscal 2017. Si Deutsche Telekom se viera obligada a retirar de su red a los proveedores de equipos chinos - un escenario llamado Armagedón - tomaría 5 años y costaría miles de millones. Berlín no tiene ningún interés en cultivar una rivalidad sistémica con China, y tampoco es lo que quieren los alemanes.  En una encuesta tras otra afirman que Trump es una amenaza mayor para la paz mundial que Xi.

De manera similar, en América Latina resulta sorprendente ver cómo giran en torno a  China. Para Chile, probablemente la economía de mercado más libre del continente, China es su principal socio comercial tanto en términos de importaciones como de exportaciones.

El presidente de China, Xi Jinping, ha extendido su firma de política exterior, la iniciativa Cinturón y Ruta [de la Seda, una iniciativa que fomenta el tránsito de mercancias], a toda América Latina, a la que se han sumado 14 de los 20 países de la región. China ha superado a Brasil como el mayor socio comercial de Argentina. El presidente argentino, Alberto Fernández, predica que "las relaciones comerciales deben desideologizarse".

En Brasil, donde los seguidores del presidente Jair Bolsonaro han enviado tweets racistas sobre los planes de Beijing para la "dominación mundial", las exportaciones a China aumentaron un 13,1% en los primeros cinco meses del año en comparación con el mismo período en 2019. Un tercio de la deuda de Ecuador - 18.400 millones de dólares (15.000 millones de libras esterlinas) - está en manos de bancos chinos.

México, Venezuela y Bolivia también tienen fuertes vínculos comerciales con China. Si otrora fue el patio trasero de Estados Unidos, en la actualidad América Latina se está convirtiendo en el patio delantero de China. Con los vínculos económicos más estrechos viene la calma política. En cuanto a la cuestión de Taiwán, Panamá, la República Dominicana y El Salvador han pasado de Taiwán a China desde 2017. A cambio, han obtenido financiación e inversión en infraestructura.

China ha tenido a África como su mayor acreedor durante mucho tiempo. "Para África no hay ninguna otra estrategia mejor cuando se trata de la financiación", dice el historiador Niall Ferguson. "Nosotros [Occidente] no estamos compitiendo de manera efectiva", dijo recientemente a la Sociedad Henry Jackson.

Según los datos de la Universidad Johns Hopkins, los países africanos han pedido prestado hasta 150.000 millones de dólares - casi el 20% de su deuda externa - a China.

En los últimos años, los préstamos de China han crecido hasta superar los préstamos combinados del FMI, el Banco Mundial y el Club de París, según el Instituto de Economía Mundial de Kiel. Sin embargo, cerca del 50% de los préstamos internacionales de China a los países en desarrollo y emergentes no se incluyen en las estadísticas oficiales. China dice que como parte del G20, hará su parte para aliviar la carga de la deuda de África, suspendiendo los pagos por lo menos durante ocho meses. Pero no ha anunciado los detalles, y las condiciones de muchos de sus préstamos son confusas.

"Las condiciones de estos préstamos son muy opacas y se necesitará mucho tiempo para reestructurarlas", señala William Jackson, economista jefe de mercados emergentes de la empresa de investigación Capital Economics. "Los países africanos tienen un poder de negociación escaso. China está en la posición más fuerte".

Gradualmente China ha utilizado esta red mundial para tener capacidad de influencia en las instituciones de la ONU, propiciado por el hecho de que Estados Unidos ha ido distanciándose de estos mismos foros internacionales. Occidente recibió la primera señal de alerta en 2017, cuando el candidato del Reino Unido para dirigir la Organización Mundial de la Salud fue derrotado por el candidato etíope que contaba con el apoyo de China, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus. La propia China encabeza ahora cuatro de los 15 organismos especializados de la ONU. Antes de la elección del director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en 2019, China condonó 78 millones de dólares de la deuda del gobierno de Camerún, cuyo candidato nominado casualmente retiró su candidatura poco después. China venció al candidato francés, obteniendo 108 de los 191 votos.

Tras tener durante años una presencia mínima en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, ahora las autoridades de Pekín se han vuelto muy proactivas. Han presentado mociones y en julio de 2019 consiguieron sofocar las criticas occidentales al trato que China dispensa al millón de uigures musulmanes del país.

De hecho, la votación sobre esta cuestión fue considerada una prueba de fuego de la influencia china. Veintidós países occidentales apoyaron una resolución que criticaba a China, pero más de 50 países firmaron una carta en la que se oponían a esta resolución y acusaban a Occidente de "politizar los derechos humanos" y elogiaban los "logros notables" de China en materia de derechos humanos. Ni un solo país musulmán apoyó a Occidente. El llamado "Grupo de Países en Desarrollo de ideas afines" todos apoyaron a China o se quedaron fuera. Del mismo modo, un grupo de países de Europa del Este se negó a condenar a Pekín.

El episodio demostró que cualquier suposición de que hay una mayoría innata dispuesta a interpretar y gestionar el autoritarismo de China como quiere Estados Unidos es una fantasía. Mahbubani argumenta que los países que, sumados, representan el 20% de la población mundial están dispuestos a unirse a una alianza en contra de China, pero el resto no lo haría.

El doctor Keyu Jin, profesor asociado de la Escuela de Economía de Londres, señala una brecha a nivel mundial: "La actitud de muchos mercados emergentes hacia China es muy, muy diferente a la de los países industrializados ricos. Quieren aprender y aspirar al modelo de China. Asocian a China con la innovación en tecnología. Hace diez años, durante la crisis financiera, China fue la que llenó los vacíos financieros cuando la Reserva Federal de los Estados Unidos sólo tenía líneas de intercambio con seis grandes economías avanzadas".

China ha tenido suerte con su enemigo. Así como China ha cortejado a sus aliados, Trump ha insultado a los suyos. Mira Rapp-Hooper, en su nuevo libro Shileds of the Republic [Escudos de la República], documenta cómo Trump se ha crecido con la destrucción de alianzas, como el precio que Estados Unidos están pagando con la actitud de su presidente. Afirma que  "Trump no necesita legalmente romper las alianzas de los tratados - al tratarlas como chanchullos por los que las partes protegidas nunca devolverán lo suficiente, las obvia. Al alinearse con los adversarios, desafía la misma noción de que sus aliados comparten amenazas". No es de extrañar que algunos diplomáticos chinos acogieran con agrado la reelección de Trump, y el hecho de que ha supuesto un duro golpe para las alianzas entre países de Occidente. Sin embargo, los acontecimientos podrían dar un giro inesperado en el último momento, en gran parte debido a que China se ha comportado de una forma tan torpe como Trump. Para Aaron Friedberg, un consejero del National Bureau of Asian Research,  la reacción de China ante la pandemia de COVID-19 es muy reveladora. "Es como si en cada nuevo episodio de esta crisis hubiera quedado un nuevo hecho en evidencia, revelando facetas aún más feas del carácter del régimen y poniendo de relieve todas las amenazas que representa para los demás".

La amenaza que se cierne sobre Hong Kong, y los conflictos en la frontera con la India, son sólo un síntoma de una serie de medidas chinas que han hecho más difícil el día a día de los países no alineados, y que han causado indignación entre los politólogos chinos más tradicionales, como Lanxin Xiang. El experto argumenta que con sus fantasías de orgullo nacional, China se está haciendo un daño incalculable a sí misma y a las relaciones con Occidente.

Si China corre el riesgo de perder su oportunidad de liderar, otros han calculado que existe una posibilidad fugaz de que las potencias intermedias, algunas con armas nucleares, tengan mayor influencia. Se habla de un D10 de democracias - en esencia, el G7 más Australia, India y Corea del Sur. Es una idea que podría prosperar si el candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Joe Biden, gana las elecciones en noviembre. Sin embargo, requeriría que Washington fuera más moderado y prudente cuando reta a China.

Nunca ha podido dirigir un think tank internacional, pero en una reflexión sobre el anterior interregno, el comunista italiano Antonio Gramsci, hizo una afirmación muy acertada: “El viejo mundo se muere y uno tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

Por Patrick Wintour

28/06/2020 - 21:20h

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Sábado, 06 Junio 2020 06:49

Empresas digitales, racismo y control

Empresas digitales, racismo y control

La pandemia ha funcionado como excusa perfecta para avanzar a pasos agigantados en los mecanismos empresariales y gubernamentales de vigilancia y control de la población en muchas partes del mundo. Es una situación que representa un problema en sí mismo, pero además conlleva aspectos ocultos, tanto o más inquietantes como el manejo de nuestros datos para inducirnos a conductas de consumo o de elecciones políticas, entre otros.

Bajo el supuesto de que es necesario para el control de la pandemia saber quiénes son y dónde están los contagiados (lo cual también sería un beneficio individual), se han producido más de 40 aplicaciones electrónicas de monitoreo. Son comerciales, a veces patrocinadas por gobiernos que han impuesto su uso obligatorio a la población, como en China o Australia. En la mayoría de los casos los gobiernos "aconsejan" a la población usar alguna aplicación, en ocasiones desarrolladas en colaboración con instituciones gubernamentales. En un artículo anterior mencioné que Google y Apple, clásicos competidores, se pusieron de acuerdo para desarrollar y ofrecer una aplicación de ese tipo (https://tinyurl.com/y9b2nhoa).

Aunque esas aplicaciones se promocionan ahora en el contexto de la pandemia por Covid-19, se pueden usar para muchos otros fines. Por ejemplo, a partir de las protestas por el asesinato racista de George Floyd, por la policía de Estados Unidos, el comisionado de Seguridad Pública de Minnesota, John Harrington, anunció que usarían los datos recogidos por las aplicaciones de monitoreo, cámaras, etcétera, para detectar quiénes son las personas que protestan, con quién se juntan, qué hacen, dónde van, si son "terroristas" o "crimen organizado", etcétera (https://tinyurl.com/ybll9s24).

Reveló así que las autoridades pueden recolectar la información de sistemas de monitoreo electrónicos –sean privados o públicos–, y que éstos se acopian en bases de datos que entregan perfiles de cada persona al cruzar e interpretar la información. Por la cantidad de datos que se requiere manejar, esos perfiles son construidos por programas de inteligencia artificial, cuyos algoritmos son programados por personas concretas. Para ello se basan en datos de la "realidad" que ya existen, por lo que reproducen valores racistas, patriarcales, sexistas y discriminatorios de los pobres, migrantes, etcétera. Con el asesinato de Floyd se difundió un estudio que muestra que una persona negra tiene tres veces más chances de que lo mate la policía que una blanca. Traducido a "datos", el algoritmo no registra la violencia policial, sino la población afroamericana (o latina, joven, migrante, etcétera) es más peligrosa, más tendiente a ser criminal, que se junta con otras similares, etcétera.

Hay varios estudios sobre estas parcialidades de los sistemas de inteligencia artificial. Siendo un tema injusto y de preocupación, es sólo un aspecto del problema y es importante ver el conjunto de riesgos que conlleva la omnipresencia de las plataformas digitales sobre nuestras vidas. Las protestas crecientes sobre estas parcialidades de los algoritmos probablemente obligarán a las empresas a revisarlos, aunque no es sencillo que lo hagan y cometerán nuevas.

Más allá de la vigilancia para uso de las autoridades, el fin clave de las plataformas digitales (porque es lo que le da más dinero y los ha vuelto billonarios) es la recolección permanente de insumos sobre cada uno de nosotros, nuestras familias y amigos, nuestras elecciones de todo tipo (de consumo, políticas, estéticas, sexuales y mucho más). No solamente lo que escribimos en redes sociales y decimos en público. Lo que recogen esas empresas es mucho más de lo que creemos que compartimos.

Además de lo que expresamos en palabras, existe una enorme industria de recolección de datos y nuevos análisis biométricos que analizan micrométricamente las diferentes expresiones de fotos, videos, cámaras y sistemas que interpretan esas microexpresiones, conectándolas con lugares, situaciones, emociones, reacciones a mensajes, etc.

A su vez, Facebook (y otras redes) complementa esos análisis con perfiles sicológicos y georreferenciados, que les permiten ofrecer al mejor postor comercial o político los datos de millones de personas por grupos de edad, sexo, barrios, poder adquisitivo, preferencias.

Con la pandemia, Naomi Klein explica que los cabilderos de las mayores plataformas digitales han estado muy activos en reclamar a los gobiernos su esencialidad y que éstos deben rápidamente construir infraestructura para permitir que expandan sus redes a todo rincón de la tierra. Quitadas de la pena, mencionan que la pandemia les permitió realizar un verdadero “experimento en educación y atención de la salud virtual, y que pueden remplazar a millones de maestros y personal de salud (https://tinyurl.com/ybcec6kl). Han recolectado un volumen indescriptible de nuevos datos de estudiantes de todos niveles y de pacientes y sistemas de salud que agregan a sus bases de datos. En muchos casos, como también sucede en México, los propios gobiernos entregan a estas empresas la gestión de los datos sobre educación y salud (https://tinyurl.com/y8q7788x). Como dice Klein, se trata de una verdadera doctrina de shock en el nuevo capitalismo de la vigilancia.

Por Silvia Ribeiro, iInvestigadora del Grupo ETC

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La pandemia acelera la lucha por el poder mundial

Mientras una generalidad de países se esfuerza en combatir como puede la pandemia del covid-19, otros, además de combatir la pandemia, no cesan de prepararse para combatir en otros escenarios que nada tienen que ver con el indeseado virus. Para decirlo de otra manera, los centros del poder mundial saben que la pandemia (pese a toda la carga de gravedad y dramatismo que lleva) no deja de ser un incidente en las anchas e inciertas vías de la historia. Que la vacuna, sea china, yanqui, rusa o española, o todas a la vez, estará disponible en unos meses y que se volverá a una nueva y modificada normalidad, pero normalidad a fin de cuentas. La geopolítica del poder mundial seguirá, no obstante, siendo la misma, como continuarán siendo iguales los retos y desafíos que plantea su reparto. Puede que el único efecto de la pandemia en la política mundial sea agudizar las contradicciones y acelerar los escenarios de conflicto, sobre todo entre EEUU y China.

Así parecen entenderlo en China, país foco de la pandemia y primero que la ha superado, como se desprende del discurso del presidente Xi Jinping, el pasado 26 de mayo, ante la Comisión Militar Central (la versión china del Pentágono, para hacernos mejor idea, ya que tenemos nuestro imaginario saturado de virus de simbología yanqui). Después de elogiar el papel de las fuerzas armadas en el combate contra la pandemia, Xi afirmó que "la epidemia ha generado un profundo impacto en el panorama global y también en la seguridad y el desarrollo de China". Xi "ordenó a las fuerzas armadas pensar en el peor de los escenarios, intensificar el entrenamiento y la preparación para la batalla, abordar rápida y eficazmente todo tipo de situaciones complejas y salvaguardar decididamente la soberanía nacional, la seguridad y los intereses de desarrollo". Imposible ser más claro. "Pensar en el peor de los escenarios" es referirse, sin decirlo, a una guerra abierta con EEUU, para lo que EEUU se prepara también, debe apuntarse.

El pasado 16 de mayo, el diario británico The Times publicó un artículo titulado US ‘would lose any war’ fought in the Pacific with China (EEUU perdería cualquiera guerra en el Pacífico contra China), artículo en el que daba cuenta de que EEUU había realizado simulaciones de juegos de guerra con China. Según recoge la información, "Fuentes de defensa estadounidenses le dijeron al Times que los conflictos simulados realizados por Estados Unidos concluyeron que sus fuerzas se verían abrumadas. Un juego de guerra fue situado en el año 2030, cuando la marina china tendrá operativos nuevos submarinos de ataque, portaaviones y destructores". El análisis concluyó "que la acumulación de misiles balísticos de mediano alcance de Beijing ha logrado desde ya que todas las bases estadounidenses y cualquier grupo de batalla de portaaviones estadounidense que opere en la región del Comando Indo-Pacífico sean vulnerables a ataques masivos". Esta situación también afectaba a la isla de Guam, con diferencia la principal base de bombarderos estratégicos estadounidenses, como el B-2. Nos llama la atención el año de los juegos de guerra, pues en el libro Réquiem polifónico por Occidente, señalábamos ese año como crucial en el choque de trenes que se avecina entre EEUU, Rusia y China. Los datos manejados no andaban mal encaminados.

Deben, en EEUU, tomarse muy en serio el tema, pues, el 16 de abril de este 2020, según informara Defense News, el presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, el republicano Mac Thornberry, propuso una Iniciativa de disuasión del Indo-Pacífico (IPDI) dotada con 6.000 millones de dólares para 2021."El Indo-Pacífico ha sido llamado nuestro teatro de mayor prioridad y creo que es cierto. Es hora de poner nuestro dinero donde está nuestra boca", dijo Thornberry a Defense News. "Este esfuerzo consolida y financia las políticas, la infraestructura y las plataformas necesarias para tranquilizar a nuestros aliados y socios mientras disuadimos a China".

Paralelamente, la Marina de EEUU está proponiendo readecuar su estrategia militar, haciendo algo hasta hace escaso tiempo absolutamente impensable: reducir el número de portaaviones y buques de guerra para adaptar la potencia naval de EEUU a las nuevas realidades armamentísticas. Los portaaviones pasarían de 11 a 9; reducirían el número de grandes buques de superficie a un máximo de 90; aumentarían las naves pequeñas a 70 unidades y, la gran novedad, construirían no menos de 65 buques no tripulados o con tripulación mínima, o sea, gigantescos drones marinos. La explicación a este nada sorprendente cambio es obvia: el desarrollo de misiles hipersónicos por Rusia y China y los nuevos modelos de submarinos, convierten a los portaaviones en algo no sólo inútil, sino suicida (remitimos al capítulo Hermes misilístico versus Vulcano armatoste de nuestro libro Réquiem polifónico). Lo dijo con sus palabras el actual secretario de Defensa de EEUU, Mark Esper, quien afirmó que el Pentágono quiere deshacerse de sus portaaviones como pieza principal de proyección de poder, para enfocarse en la producción de buques no tripulados que puedan ser sacrificados en caso de conflicto. Vaya, guerra sí, pero sin bajas humanas. Una utopía donde las haya (a ese paso, el siguiente proyecto estratégico de EEUU podría ser contratar a Darth Vader).

¿Y Rusia? Poca cosa. El gobierno ha anunciado que, para 2023, serán incorporados más de 60 buques a la Armada; que están en marcha las primeras pruebas de lanzamiento desde submarinos del misil hipersónico Tsirkón, capaz de portar ojivas nucleares y, ojo, lo más relevante. Que en unos meses pondrán a prueba el dron submarino Poseidón, llamado también el "arma del apocalipsis", por su devastadora capacidad de destruir lo que pueda haber de infraestructuras costeras en la zona geográfica atacada. El Poseidón podría cargar hasta 400 megatones (la bomba de Hiroshima tenía un máximo de 20 kilotones; un megatón equivale a mil kilotones). Para 2027, la Flota del Norte  y la Flota del Pacífico de la Armada rusa recibirán 32 drones nucleares Poseidón, suficientes para dejar desinfectadas de virus y humanos las principales zonas costeras estadounidenses. EEUU no posee un arma similar. Como expresó un analista militar estadounidense, "los rusos tienen la ambición de usar el dron submarino de propulsión y armas nucleares como medio de represalia si su capacidad de lanzamiento de armas nucleares se neutraliza durante la guerra".

Hay más. El cazabombardero ruso de quinta generación Su-57, ha pasado casi todas las pruebas y se prevé que 76 de estas aeronaves sean entregadas a las fuerzas aeroespaciales rusas. El Su-57 está considerado el mejor del mundo en su especie. El presidente Vladimir Putin, no obstante, ha querido calmar al personal: "Rusia no se está preparando para una guerra, pero se están creando las condiciones precisas para que a nadie se le ocurra la idea de la guerra". Si vis pacem, para bellum, dijo Flavio Vegecio, quien escribió su máxima para seres razonables y quienes provocan las guerras suelen ser todo, menos eso, razonables (vean, si no, a Libia, Afganistán, Iraq o Siria).

Algo es algo, pero en EEUU andan por otros derroteros. Trump ha retirado al país de casi todos los tratados de control de armamentos y, sorpresa, anuncia la posibilidad de realizar nuevas pruebas de armas nucleares, lo que está prohibido en el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, lo que podría ser anticipo de que EEUU  se retirará del mismo. China y Rusia han respondido llamando al cumplimiento del tratado y avisando que, si EEUU vuelve a las andadas, ellos también. Por ese camino nos quiere llevar la mayor democracia occidental. Explicaremos por qué.

EEUU pudo ser lo que fue gracias a dos factores: su lejanía geográfica, que le evitó los estragos de las guerras mundiales, y poseer una supremacía naval indiscutible. Hoy, los nuevos armamentos han convertido la antigua ventaja en una desventaja insuperable (excluimos la guerra nuclear, pues esa sería el fin de todos los problemas). Los nuevos sistemas de misiles convierten el aislamiento geográfico en aislamiento militar y, por tanto, político y económico. Ya no tiene EEUU supremacía marítima irrebatible, ni su territorio escaparía a un ataque nuclear masivo. Ya no hay manera de transportar por mar a centenares de miles de soldados, ni forma alguna de proveer a sus aliados de material militar que, forzosamente, debe hacerse por barco. Los 560 o 580 buques que componen la flota de EEUU serían hundidos en semanas o, si se quiere, en meses.

Construir un portaaviones lleva, como poco, cinco años. Un buque de guerra al menos dos. No habría posibilidad ninguna de sustitución o reemplazo porque, en ese mismo periodo, se pueden fabricar decenas de miles de misiles. No hay que ser egresado de West Point para entenderlo. Esa razón explica por qué las simulaciones de guerra con China, hechas por el Pentágono, terminan todas en derrota de EEUU. Por ese mismo motivo, Rusia dedica su principal esfuerzo militar a misiles hipersónicos, drones pavorosos y sistemas de misiles antimisiles. Un mundo nuevo entierra al viejo, como las formaciones de ágiles flecheros sepultaron a los caballeros de relucientes armaduras, lentos y pesados y, por tanto, blanco fácil de los arqueros. Ocurrió en Crécy, en 1346.

En suma, la pandemia llevará a cambios internos en los países (más en unos que en otros), para prevenir nuevas pandemias y estar preparados para enfrentarla o dotarse de niveles mínimos de soberanía médico-sanitaria. Nos lavaremos más las manos, habrá pantallas separadoras en sitios públicos y, quizás, reciclemos más los desechos hogareños. Será peccata minuta en relación a lo que ocurrirá entre los grandes poderes. ¿Y la Unión Europea? Tiene ahora mejores condiciones que nunca para hacerse con su propio espacio internacional, atendiendo a los intereses de sus pueblos. ¿Lo hará? Piense mal y acertará. Lo más seguro es que siga de perrito faldero de EEUU y ponga en riesgo su futuro por asociarse a un país ‘que tiene su boca’ en el Pacífico. Algo así como el reflejo condicionado de Pavlov aplicado a la política. Una pena.

Por Augusto Zamora R.

Autor de 'Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos' (Akal, 3ª edición 2018), 'Réquiem polifónico por Occidente' (Akal, 2018) y 'Malditos libertadores' (Siglo XXI, 2020).

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La integración de la región Asia-Pacífico, el rompeolas donde mueren las ambiciones del Pentágono

Con razón se dice que el siglo XXI será, o está siendo, el "siglo asiático", como reconoce la publicación estadounidense 'Foreign Policy'.

Incluso la población de países aliados de Washington en la Unión Europea aprecia que la alianza con China es por lo menos tan importante para su futuro como la que mantienen desde hace más de medio siglo con Estados Unidos

En tanto, el Pentágono tiene listas sus posiciones para realizar ataques aéreos de precisión contra China, como destaca la publicación Military Watch. La flota de bombarderos pesados B-1B Lancer está "reseteando" su orientación, para "proporcionar apoyo a las operaciones de proyección de potencia estadounidenses en el Pacífico".

Se trata del único bombardero supersónico occidental en servicio destinado al lugar más caliente del planeta, el Mar del Sur de China, donde ambas potencias "se están acercando peligrosamente a una colisión", ya que se registraron "al menos nueve" incidentes de encuentros "inseguros" entre las fuerzas armadas de las dos partes desde marzo, según el Pentágono.

En un reciente informe al Congreso, la Casa Blanca argumenta que Pekín participa "en actividades militares y paramilitares provocativas y coercitivas en el Mar Amarillo, los mares del este y sur de China, el estrecho de Taiwán y las zonas fronterizas sino-indias".

Para contrarrestar lo que considera como "expansionismo", el Pentágono busca el apoyo de otros países de la región, en particular la India, para enfrentar el creciente poderío naval del Dragón en el Mar del Sur de China. Tanto en los gobiernos como en los medios, la palabra "guerra" se utiliza con cada vez mayor frecuencia, y no sólo en referencia a una guerra comercial.

El punto central de esta situación prebélica, es que Estados Unidos necesita de aliados poderosos en la región Asia Pacífico para contener a China. No sólo no los tiene, sino que la creciente integración económica regional es un muro de contención de las posibilidades reales de frenar el crecimiento global de China. Los estrategas estadounidenses saben que no pueden ganar una guerra sólo con armas, para lo que necesitan legitimidad entre sus potenciales aliados.

El analista de Asia Times, David Goldman, registra un doble proceso, pos pandemia: "un aumento constante de la integración económica asiática" y una fuerte "des-americanización de las cadenas de suministro" en la industria de los semiconductores, que es una de las llaves de la superioridad tecnológica.

El desacople crece de una forma exponencial a raíz de la pandemia de coronavirus. "Taiwán, Vietnam, Tailandia e Indonesia compraron aproximadamente un 50% más de productos chinos en abril de 2020 que en el mes anterior, mientras "las importaciones de China desde Asia también aumentaron bruscamente".

Según Goldman, un "fuerte aumento del comercio intra-asiático puede reflejar el reinicio de las economías asiáticas". Un ejemplo es que ahora Japón envía más semiconductores a China que a Estados Unidos, mientras en 2014 vendió tres veces más semiconductores a los Estados Unidos que a China.

Otro buen ejemplo es la empresa Taiwan Semiconductor Manufacturing Corp (TSMC), que compró equipos estadounidenses para fabricar productos para Huawei y otras compañías chinas y se convirtió en el mayor fabricante del mundo. Pero Huawei es ahora el mayor cliente de TSMC, superando a Apple.

TSMC es una de las tres empresas capaces de fabricar chips de 10 nanómetros o menos y produce 12 millones de obleas de silicio al año. En 2011 TSMC se asoció con Apple, para quien fabricaba el grueso de su producción en una planta que cuenta con 30.000 empleados. Pero con la dependencia de la empresa taiwanesa del mercado chino, las sanciones de EEUU a Huawei sólo se le vuelven en contra, alejándole aliados imprescindibles.

En la medida en que la reactivación asiática es más veloz que la de Occidente, con tasas de infección mucho más bajas y un control temprano de la pandemia, Goldman fecha el comienzo del "siglo asiático" en mayo de 2020. Sostiene que "Asia actúa como un bloque económico cohesionado", al mismo nivel que la Unión Europea.

Los datos son elocuentes. "El 60% del comercio de los países asiáticos se realiza dentro de Asia", en una proporción similar a la de la UE. Más aún: las exportaciones de China hacia el continente asiático crecen más rápido que el comercio con EEUU, estancado desde 2014.

A mi modo de ver, este es el talón de Aquiles de Washington y del Pentágono, y es el punto fuerte de China. Por el contrario, los aspectos más débiles de China no están en el terreno tecnológico ni en el desarrollo científico, sino en dos herencias coloniales como Hong Kong y Taiwán. Situaciones que no podrá resolver en el terreno de la disciplina impuesta, sino ofreciendo un tipo de sociedad atractiva para sus poblaciones, algo que aún no parece estar de condiciones de ofrecer.

En todo caso, la creciente integración económica de Asia Pacífico es un escollo insuperable para la "contención" de China que pretende EEUU.

En primer lugar, ningún país va a someterse a una guerra —fría, comercial o real— con aquel país que tiene una fuerte integración económica y que le ofrece un amplio mercado para sus productos. En el pasado, las guerras han sido provocadas por la situación opuesta, por la competencia entre países para conquistar mercados. Pero el entorno de China ya vive una fuerte integración a costa precisamente del declive de EEUU.

El editor jefe de Global Times, Hu Xijin, sostiene en un reciente artículo: "Lo que Estados Unidos quiere es que China deje de crecer y se asegure de que China adopte una actitud similar a la de Japón hacia Estados Unidos, para eliminar por completo las preocupaciones estratégicas de Estados Unidos sobre el ascenso de China".

La diferencia entre China y otros países, es que sus elites dirigentes están firmemente ancladas en la soberanía nacional, que ponen por delante de cualquier ambición personal o sectorial. La sumisión de Japón a los intereses de EEUU, lo ha llevado a coartar sus posibilidades como nación independiente y soberana.

En segundo lugar, los países de Asia Pacífico no pueden ahora amputar sus lazos comerciales y tecnológicos con China sin sufrir una desaceleración de sus economías y, previsiblemente, una decadencia similar a la que conoce Japón desde hace ya dos décadas. Mientras Pekín siga ofreciendo una ruta de prosperidad a sus vecinos, no habrá modo de que las ofensivas del Pentágono consigan sus objetivos.

13:56 GMT 26.05.2020(actualizada a las 16:51 GMT 26.05.2020) URL corto

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El Tratado de Cielos Abiertos es el tercer convenio internacional de defensa del cual el presidente Donald Trump decide retirar a Estados Unidos. En la imagen, el magnate regresa a la Casa Blanca después de pasar el día en su club de golf de Virginia.Foto Afp

Washington. El gobierno de Donald Trump se ha planteado la posibilidad de realizar la primera prueba nuclear de Estados Unidos desde 1992, como una advertencia a Rusia y China, informó el viernes el Washington Post, lo que supondría una ruptura de la política de defensa seguida por el país.

Según el diario estadunidense, que cita a un alto funcionario del gobierno y a dos ex funcionarios, todos bajo condición de anonimato, la discusión de esa posibilidad tuvo lugar durante una reunión el 15 de mayo; luego de que funcionarios estadunidenses aseguraron que Rusia y China están haciendo ensayos nucleares.

Moscú y Pekín lo negaron, y Washington no ha aportado pruebas de sus afirmaciones.

Para la fuente del Washington Post, demostrar que Estados Unidos es capaz de realizar una prueba rápidamente sería una táctica de negociación útil en un momento en que Washington está tratando de concluir un acuerdo tripartito con Rusia y China sobre armas nucleares.

La reunión terminó sin una decisión y las fuentes divergen sobre el futuro de las discusiones.

Beatrice Fihn, de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), el grupo que ganó el Premio Nobel de la Paz en 2017, advirtió que una prueba nuclear de Estados Unidos podría “sumergirnos en una nueva guerra fría”.

También desmontaría cualquier posibilidad de evitar una nueva y peligrosa carrera armamentista nuclear. Terminaría por socavar el marco global para el control de armas, dijo en un comunicado.

Esta información del Washington Post se publicó después de que Trump anunció su intención retirar a su país del Tratado de Cielos Abiertos, tras acusar a Rusia de violarlo.

El tratado, que entró en vigencia en 2002, autoriza a los países signatarios a realizar vuelos de observación sobre los territorios de otros estados para verificar movimientos militares.

Es el tercer acuerdo internacional de defensa del cual el presidente Trump decide retirar a Estados Unidos, después del pacto sobre el programa nuclear iraní, denunciado en 2018, y el tratado INF sobre misiles terrestres de mediano alcance, abandonado en 2019.

Complicado que naciones en vías de desarrollo puedan imitar las estrategias económicas de Alemania. En la imagen la canciller alemana, Angela Merkel.Foto Ap

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Teoría Heartland, cómo un geógrafo del siglo XIX desarrolló la idea que rige la geopolítica actual

Vivíamos en un mundo dominado por Estados Unidos pero que de cierto modo estaba organizado por tratados internacionales. Sin embargo, eso se está viniendo abajo.

Los países más poderosos están haciendo valer su potencial y cada vez más crean sus propias reglas.

El presidente de Estados Unidos Donald Trump, por ejemplo, ha declarado en alguna ocasión que "rechaza la idea de la globalización".

Controlar territorios es un concepto importante para los Estados más poderosos. Eso les brinda poder económico y apoyo militar.

Se trata de un juego geopolítico que ya vaticinó un geógrafo británico nacido en el siglo XIX llamado Halford John Mackinder.

Mackinder diseñó una teoría en 1904 que marcó profundamente la geopolítica durante décadas el siglo pasado y que ahora parece estar nuevamente de vuelta.

En aquella época, los océanos eran dominados por la marina británica, lo cual era crucial para que una isla como Gran Bretaña sostuviera su gran imperio.

Sin embargo, Mackinder pensó que esta situación se encontraba amenazada y fue ahí donde comenzó a profundizar sobre lo que él llamaba el "Heartland" (Corazón de la Tierra) de Eurasia.

Esta zona abarcaba las áreas agrícolas de la parte europea de Rusia, se extendía por vastos territorios hasta Asia central y llegaba hasta los bosques y las llanuras de Siberia, un territorio rico en recursos sin explotar como el carbón, la madera y otros minerales.

Mackinder pensó que un área tan extensa y rica, que a la vez podía ser recorrida con un sistema ferroviario, era una zona clave para los países con ansias de poder.

Advertencia

Quince años después, tras la Primera Guerra Mundial, los líderes se reunieron en una conferencia de paz en Versalles para rediseñar las fronteras del mundo, expandir la democracia y acabar la guerra para siempre.

Pero Mackinder pensó que para poder llevar eso a cabo había que afrontar la realidad geográfica y tomar ciertas precauciones. De lo contrario, temía, le dejarían la puerta abierta a Rusia o Alemania para dominar el Heartland y convertirlo en una base militar gigante.

Desde allí, el poder de Heartland podía construir una flota indestructible, derrotar a la poderosa narina británica y finalmente dominar Eurasia y África y convertirse en la "Isla del Mundo".

Eso significaba que Europa y Rusia debían mantenerse divididas. Mackinder escribió esta teoría en un libro que llamó "Ideales democráticos y realidad".

"Quien domina el este de Europa, domina Heartland, quien domina Heartland, reina en la 'Isla del Mundo', quien domina la 'Isla del Mundo', gobierna el mundo entero", según la teoría de Mackinder.

Inspiración nazi

En Múnich, otro geógrafo y veterano de guerra llamado Karl Haushofer estaba estudiando los trabajos de Mackinder.

Haushofer temía y odiaba el victorioso Imperio británico, al que veía como un estrangulador mundial. Así que convirtió la Teoría Heartland de Mackinder en una estrategia.

Pensó que su país, humillado tras la gran guerra, podía formar una gran alianza con Rusia y Japón y así cortar los tentáculos del poder naval británico.

Esta teoría intrigó a uno de los estudiantes de Haushofer, Rudolf Hess, quien era miembro del nuevo partido nacional-socialista.

En 1923, intentaron tomar el poder, pero Hess terminó en la cárcel. Allí lo visitó Haushofer para ofrecerle tutorías tanto a él como a su compañero de prisión, el líder nazi Adolf Hitler.

En 1933, los nazis consiguieron llegar al poder. Y en 1939, el ministro de Exteriores nazi y su homólogo soviético sorprendieron al mundo firmando un pacto de no agresión.

Haushofer estaba feliz. Pensaba que se trataba del nacimiento del gran poder territorial entre Rusia y Alemania que había soñado.

Inmediatamente después de las noticias del pacto, la revista británica New Statesman publicó un artículo para demostrar cómo los nazis habían realizado sus planes geopolíticos a través de las ideas de Haushofer, a su vez inspiradas por Mackinder.

Fuera cierto o no, la idea de que Mackinder había inspirado el pacto se extendió por Estados Unidos. La revista Life desarrolló un gran reportaje mapeando las ideas de Mackinder y explicandos cómo sus conceptos estaba siendo usados por los nazis y cómo los estadounidenses debían estudiarlo.

Hollywood también se interesó por esta teoría, representando en un filme las reuniones entre Haushofer y Hess. En la cinta, presentaba a Haushofer como un genio malvado a cargo un gran Instituto de Geopolítica que supuestamente estaba detrás de los "planes de destrucción" nazis.

En Estados Unidos, "geopolítica" se convirtió en otra palabra para calificar el fanatismo germánico.

La propaganda de la industria cinematográfica estadounidense contó a su audiencia que la teoría de Mackinder era la base de la estrategia de Hitler.

La idea de que su teoría inspiró a los nazis perturbó a Mackinder. En 1943, la revista estadounidense Foreign Affairs se puso en contacto con él para preguntarle por su opinión geopolítica sobre el curso de la Segunda Guerra Mundial.

Durante la entrevista, Mackinder advirtió que "si la Unión Soviética salía de la contienda como conquistadora de Alemania, se convertiría en la gran potencia terrestre del mundo".

En 1945, Alemania se hundió. El régimen nazi se rindió de forma incondicional y el país fue divido en dos zonas por los aliados.

El modelo de Mackinder pasó a presagiar el enfrentamiento Este-Oeste de la Guerra Fría. Occidente y la Unión Soviética se convirtieron en enemigos otra vez.

Después de que fuerzas prosoviéticas absorbieran Polonia, Hungría, Rumanía y otros países, el poder que dominaba el este de Europa y Heartland no era Alemania, sino la Unión Soviética.

En las universidades de la Liga Ivy de EE.UU., los académicos ya habían impulsado el estudio de los trabajos de Mackinder para confrontar el riesgo de que un país dominara la "Isla del Mundo".

hora que los soviéticos se estaban expandiendo, las ideas de Mackinder llegaron al diplomático estadounidense George Kennan.

Kennan propuso que para prevenir que la URSS dominara la gran masa de tierra euroasiática, había que contenerla de algún modo.

"Amenaza soviética"

El 6 de marzo de 1947 murió Mackinder, pero sus ideas siguieron muy vivas.

Seis días después, el presidente Harry Truman dijo al Congreso de EE.UU. que debían contener a la URSS y ayudar a los países amenazados por la expansión comunista.

De esa forma, el occidente capitalista y el este soviético se enzarzaron en una Guerra Fría durante décadas.

Estados Unidos estableció una serie de bases alrededor de los bloques dominados por los soviéticos, desde Alemania hasta Italia, Turquía, Corea del Sur y Japón.

Los críticos veían la contención norteamericana como parte de una agresiva e imperialista política exterior. Otros argumentaban que protegía la democracia.

En 1991, los pasos hacia la caída de la URSS habían desencadenado demandas independentistas en varias repúblicas soviéticas. Nada pudo detener la desintegración del bloque socialista del este.

Nuevo enfoque

Terminada la Guerra Fría, la teoría de Mackinder tomó otro matiz.

ras el abandono del comunismo, la economía rusa estaba atrapada entre viejos y rotos sistemas soviéticos, y la repentina introducción del capitalismo occidental.

El contraste fue agresivo. Y para muchos rusos supuso un caos y una humillación. Entonces, nuevos pensadores políticos comenzaron a emerger.

Uno es un exdisidente de derechas llamado Aleksandr Dugin, quien se involucró profundamente en las ideas de Mackinder para presentar a Rusia como un país encerrado en medio de las ansias de poder de occidente.

En 1997, Dugin expresó sus ideas en un libro llamado The Foundations of Geopolitics, el cual se convirtió en un bestseller.

"En geopolítica, hay dos polos absolutos de poder. Está el poder naval, que pertenece a Occidente, y el poder terrestre, que es Rusia. Hay una pelea por controlar Heartland. Como decía Mackinder, quien controla el este de Europa, controla Heartland. Y quien controla Heartland, domina el mundo", dijo en una conferencia en Shanghái.

A raíz de su liberación del dominio soviético, varios países del este de Europa hicieron fila para unirse a la OTAN y a la Unión Europea, temerosos de una futura agresión rusa.

Pero si el este de Europa se preocupó de Rusia, Rusia se preocupó de la OTAN.

Dugin utilizó la teoría de Mackinder para concluir que Rusia debía moverse hacia la dominación, una vez más, de las antiguas repúblicas soviéticas o "Eurasia".

Algunos académicos han argumentado que las ideas de Dugin demostraron ser útiles para los líderes rusos que quieren mantenerse fuertes ante lo que consideran un dominio excesivo de occidente.

En 2011, el presidente Vladimir Putin propuso la formación de la Unión Económica Euroasiática. Y en 2014, en la ceremonia celebrada en Astaná, la capital de Kazajistán, se firmó un acuerdo entre este país, Bielorrusia y Rusia.

Pronto se unieron otras ex repúblicas soviéticas, pero la situación se agravaría en 2013.

Ese año, Ucrania estaba en conversaciones para integrarse en la Unión Europea, pero el presidente ucraniano de entonces, Víktor Yanukovich, se retiró del pacto bajo presión rusa.

Manifestantes proeuropeos ocuparon el centro de Kiev, y Yanukovich envió la policía armada y la situación degeneró un conflicto sangriento.

En el este de Ucrania se llevaron a cabo protestas prorrusas que al final se transformaron en una insurgencia apoyada por ese país.

Y en el sur de Ucrania, Rusia aprovechó la oportunidad para anexarse Crimea, la cual, como el este del país, tiene una alta población étnica rusa.

Un nuevo pretendiente

Aunque Rusia controle gran parte de Heartland, no significa que controle la "Isla del Mundo" en su totalidad.

El territorio euroasiático ha sido testigo del crecimiento de un nuevo poder, un nuevo pretendiente al control de la región.

Si Mackinder viviera hoy, quizás estaría preocupado de las extensas redes ferroviarias que China está construyendo a lo largo de todo el continente.

Las relaciones entre China y Rusia son buenas, pero dadas las experiencias del pasado, nada asegura que se mantendrán así en el futuro.

Más de un siglo después de Mackinder, surge la pregunta de si sus teorías forman parte del pasado o siguen vigentes en el presente.

Por Phil Tinline

BBC Ideas

Domingo, 16 Febrero 2020 06:10

Occidente en el diván

Policías alemanes vigilan las inmediaciones del Bayerischer Hof, el hotel donde se celebra la Conferencia de Seguridad de Múnich. Jens Meyer AP

Líderes mundiales advierten en la Conferencia de Seguridad de Múnich de la erosión del orden occidental, amenazado desde dentro y desde fuera

Un mundo más peligroso, con un Occidente ensimismado en su propia crisis de identidad y desgarrado por las tensiones internas y las amenazas externas. “El mundo se ha vuelto menos occidental”. Las palabras elegidas por el embajador Wolfgang Ischinger para inaugurar la Conferencia de Seguridad de Múnich marcaron el tono de un ejercicio de introspección política colectiva poco esperanzador. Decenas de mandatarios de todo el mundo se dieron cita en la capital bávara en busca de respuestas al retraimiento occidental y a la cesión en el escenario global a otros actores. El tono de la conferencia ha sido este año irremediablemente sombrío.

“El futuro de Oriente Próximo ya no se decide en Ginebra o en Nueva York. Se decide en Sochi o en Astana”, constató el ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas. Apenas un síntoma, un ejemplo de los males que se enumeraron una y otra vez el viernes en Múnich: el repliegue nacionalista, el unilateralismo, las libertades cercenadas y la democracia amenazada. Son procesos, dijeron los participantes, que avanzan fuera y dentro de una Europa crecientemente dividida.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, contribuyó al desaliento colectivo al considerar que “la gente está perdiendo la fe en sus mandatarios”, que “el proteccionismo crece y el comercio se ha convertido en un arma de guerra” y que “las ansiedades políticas se convierten en turbulencias”. Una comunidad internacional menos cohesionada debe hacer frente a la proliferación de amenazas globales, con la crisis climática y transfronteriza a la cabeza, en un contexto en el que gana terreno la idea fuerza de la Administración estadounidense del interés nacional en su acepción más raquítica como motor único.

La conferencia inaugural corrió a cargo del presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, quien habló de la propagación del discurso del odio en Alemania, pero también en el resto del mundo, y de una erosión del orden internacional en los últimos dos años. “Tenemos que pelear por nuestras sociedades abiertas […] las grandes potencias ya no actúan como garantes de la ley y el orden”. Steinmeier advirtió de que “la comunidad internacional no se puede dar por sentada".

La debilidad de las relaciones trasatlánticas, con un aliado estadounidense que abdica de su rol tradicional, según los participantes en Múnich es la gran fractura que debilita a Occidente. “El cambio real no es el auge chino, sino que Estados Unidos ha dejado de ser el policía global”, interpretó Maas, quien puso de ejemplo los conflictos en Siria, Afganistán o África. Ese vacío, continuó, lo ocupan ahora “Rusia, Turquía e Irán con principios y valores diferentes”, añadió.

La presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU, la demócrata Nancy Pelosi, pidió desde el escenario “ser beligerante con las fuerzas autocráticas”. Hizo causa común con el presidente Donald Trump, al acusar a China de “exportar su autocracia digital a través de Huawei”. “Tener un 5G dominado por una autocracia es la forma más insidiosa de agresión”, consideró Pelosi.

Dependencia tecnológica

El gigante tecnológico chino, al que EE UU acusa de robar secretos comerciales, y su participación en las redes de comunicación extranjeras fue uno de los protagonistas, cuando arrecia en las capitales europeas, y sobre todo en Alemania, el debate sobre cómo proteger las infraestructuras estratégicas. “¿Está la competencia ideológica siendo reemplazada por la competencia por la dependencia tecnológica?”, se preguntó Ivan Krastev, el brillante politólogo búlgaro, autor de La luz que se apaga.

“Hay una guerra fría entre China y Estados Unidos y los europeos tenemos que decidir dónde queremos estar”, sostuvo en el bar del Bayerischer Hof, el hotel donde se celebra la conferencia, el historiador Timothy Garton Ash. “Es una cuestión de soberanía digital”, indicó a este diario Norbert Röttgen, presidente de la comisión de Exteriores del Bundestag. Röttgen cree que el desarrollo de infraestructuras digitales podría convertirse en una oportunidad para desarrollar proyectos transatlánticos conjuntos y demostrar que la cooperación es posible.

China fue el gran elefante en la habitación, pero a la vez, ejerció de constatación y ejemplo máximo del cambio de los tiempos y de que ahí fuera hay una modernidad alternativa. Lo dijo Sebastian Kurz, el canciller austriaco conservador. “Lo que ha cambiado es que vemos que hay otros sistemas que pueden ser exitosos económicamente. China ha construido un hospital en diez días”, recordó.

Por eso, Wolfgang Schäuble, el presidente del Bundestag alemán, advirtió de que la erosión de los valores occidentales es solo una de las caras de la moneda. La otra tiene que ver con “la competencia económica”. Las libertades, dijo, deben ir acompañadas de “mercados eficientes y con crecimiento”. La ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, participó en un debate sobre el futuro del comercio internacional, donde defendió la cooperación para gestionar la interdependencia.

En Múnich hubo autocrítica, declaraciones de intenciones y promesas, pero por momentos la cita sonaba a una cámara de eco. Los participantes hablaban de tender puentes a los que piensan diferente, de un Occidente más diverso, de la necesidad de un diálogo profundo con los otros. El problema es que esas otras voces apenas se escucharon el viernes en Múnich, donde el mensaje monocorde corría el riesgo de ejercer de profecía autocumplida.

Ante tanto pesisismo, Krastev fue el encargado de arrojar algo de luz al final del túnel. Habló de la resiliencia de los sistemas democráticos, que se resisten a morir –“miren a Hong, Hong”, dijo–. Y habló también de cómo en el Este de Europa hay cada vez más líderes liberales, como reacción a las corrientes nacionalistas. “El nacionalismo es una vacuna”, se consoló. “Ahora hablamos y nos tomamos más en serio la democracia que hace cinco años”.

Por Ana Carbajosa

Múnich 14 FEB 2020 - 15:50 COT

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Un combate al terrorismo, hecho a medida de Estados Unidos

El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, lideró una Conferencia Contra el Terrorismo, en Bogotá, que debería encendernos todas las alarmas. No es un error decir que fue el canciller norteamericano y no el presidente colombiano Iván Duque quien comandó esa reunión.

Pompeo, ex director de la CIA, halcón republicano y duro entre los duros, usó la cumbre del 20 al 23 de enero para enviar varios mensajes preocupantes. En pocas horas, confirmó el asesinato alevoso contra el general iraní Suleimaní; anunció “que está en marcha la estrategia para que Maduro se vaya” (o sea, un golpe de Estado contra el presidente elegido democráticamente por los venezolanos); conversó con la canciller golpista de Bolivia, Karen Longaric, sobre la colaboración norteamericana en las próximas elecciones del 3 de mayo (¿¡!?) y se privó de hacer cualquier alusión a las ejecuciones de defensores de los Derechos Humanos que por aquellas horas se sucedían en Colombia.  Sólo en lo que va del 2020 hubo 21 homicidios contra de líderes y liderezas sociales colombianos, un promedio de uno por día, según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz).

El 21 de enero, mientras se desarrollaba la cumbre antiterrorista, cientos de miles de colombianos se volcaron a las calles de todo el país –en multitudinarias marchas que ellos llaman “paros nacionales”- para denunciar las acciones paramilitares y los asesinatos políticos entre otros reclamos. En este marco, ¿puede ser Colombia sede de un encuentro en defensa de los derechos humanos y por la seguridad?

¿Puede combatir el terrorismo el autoproclamado Juan Guaidó luego de haberse sacado fotos con narcoparamilitares armados en la frontera entre Colombia y Venezuela?

¿Puede ser Estados Unidos el patrocinador de una Conferencia Hemisférica de lucha contra el Terrorismo cuando su canciller desconoce las leyes internacionales y los pactos de humanidad al confesar el ataque contra Suleimani y, acto seguido, desafía las reglas de la democracia promoviendo un golpe de Estado en Venezuela e interviniendo en las elecciones de Bolivia?

La respuesta es que, más allá de los títulos, la conferencia no se convocó para luchar contra el terrorismo ni a favor de los derechos humanos, sino para impulsar un plan de acción contra Venezuela e Irán y, lo más alarmante, comprometer a toda la región en una cruzada que no nos pertenece y que, muy probablemente, viole la ley.

No permitamos un relanzamiento de la Doctrina de Seguridad en su versión 2.0. Si en el siglo pasado fue el “el peligro comunista” el justificativo que usó Washington para unificar bajo su mando las fuerzas represivas de nuestros países y garantizarse así la sumisión y el control de la región, hoy es el “peligro del terrorismo” el que se busca activar con los mismos fines. Por eso, en Bogotá, Pompeo denunció –aunque no hay ningún evidencia disponible ni documento que pruebe sus dichos- la presencia de Hezbollah en la región y la supuesta ayuda de Maduro a esa organización, así como “al ELN y a la disidencia de las FARC”. Los intentos de persecución a quienes no se alinean con los EE.UU. –hoy son Cuba, Nicaragua y Venezuela, mañana pueden ser otros- quedan claros en los 24 puntos del comunicado conjunto que lamentablemente Argentina firmó en Bogotá ( México y Uruguay se mantuvieron sólo como observadores). 

Un par de ejemplos para reflexionar. En el punto 2 del comunicado los países se “comprometen a no dar refugio ni asilo a quienes financien el terrorismo o les presenten colaboración”. ¿En el mundo del “lawfare” podría Evo Morales llegar a ser acusado de colaborador del terrorismo? O en el punto 21, donde se promociona el equipamiento para control de fronteras, investigación e inteligencia. Casualidad o no, Israel, uno de los más conocidos fabricantes de esa tecnología, estaba en la cumbre.

Desde el inicio del 2020, EE.UU. ha puesto el pie en el acelerador. Sabemos por qué. La pérdida de liderazgo global en momentos en que nuevos actores tallan en la escena internacional activa su reflejo más atávico: mantener el control férreo de un continente que, como en el pasado, sea la plataforma para la pelea hegemónica.

Cuidado. Como ciudadanos debemos luchar para defender la región como zona de paz. Y quienes se sintieron suficientemente capaces y fuertes como ejercer puestos ejecutivos y legislativos, deben –sí o sí- lograr una inmediata integración regional soberana, la única que nos puede salvar. No podemos permitir que una vez más se nos priven de democracia y libertad.

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Iglesias brasileñas adquieren tecnología de reconocimiento facial para controlar la asistencia y emociones de sus fieles

- Varias empresas tecnológicas ofrecen programas de reconocimiento facial especializados para iglesias

- Además de para conocer la frecuencia de los fieles y sus emociones, las iglesias pueden usar esta tecnología para controlar los diezmos y las ofrendas

- "Conseguimos definir en nuestras métricas hasta incluso si alguien necesita una visita pastoral", señala el CEO de una de las empresas tecnológicas


Entre los días 17 y 20 de octubre de 2019, São Paulo alojó la decimoquinta ExpoCristiana, el mayor evento dirigido al público cristiano de América Latina. Entre shows de música góspel, simulaciones virtuales de episodios bíblicos y puestos de editoriales evangélicas, dos empresas destacaron con productos tecnológicos.

Con el eslogan "cambie la manera de gestionar su iglesia", Kuzzma, empresa extranjera de inteligencia artificial, lanzó su servicio de reconocimiento facial dirigido a las iglesias de Brasil, que imita al de la empresa Face-Six, con sede en Israel y  EEUU, que en 2015 creó un software especializado para las iglesias: ChurchIX, implementado en más de 200 iglesias de todo el mundo. En un stand lujoso, distribuidores asociados a Kuzzma presentaron la tecnología para los pastores interesados. El CEO de la empresa, Marcelo Scharan, incluso realizó una conferencia titulada Personalización, datos e iglesias durante el primer día del evento.

La compañía brasileña Igreja Mobile también estaba vendiendo el servicio de reconocimiento facial en la feria. "¿Hoy en día quién no desea tener control de su entorno?  ¿Quién no quiere saber quienes entran y salen? Constatamos que las iglesias querían tenerlo y por eso trajimos esta tecnología", explica Luís Henrique Sabatine, director de desarrollo de la empresa, que ofrece incluso el servicio de transmisión en vivo de cultos y eventos religiosos.

Vigilancia en nombre de Dios

Según la web de Kuzzma, el reconocimiento facial funciona a partir de una cámara panorámica de alta resolución instalada en las iglesias que identifica tanto datos personales como la asiduidad de los fieles al culto. A partir de eso, se generan informes para cada persona, que incluyen estadísticas sobre su comportamiento e incluso avisan en casos de actividad considerada anormal.

"Datos como sexo, edad, frecuencia, horario de llegada, motivos probables de retraso y muchos otros son analizados y presentados en informes. Conseguimos definir en nuestras métricas hasta incluso si alguien necesita una visita pastoral", afirmó el CEO de la empresa en una entrevista en la ExpoCristiana.

Representantes de la compañía, sin embargo, no quisieron dar entrevistas a Agência Pública a fin de esclarecer las dudas sobre el servicio, "por tratarse de un tema delicado", según afirmaron por correo electrónico. La empresa comenzó a ofrecer el reconocimiento facial en Brasil en octubre y no ha dado información de sus clientes o alianzas. Según la web en inglés, el precio del servicio varía conforme el número de eventos en los que será utilizado y el número de cámaras, comenzando con una mensualidad de 200 dólares para un evento por semana con una cámara instalada.

En Brasil, la empresa está dirigida por Marcelo Scharan Augusto. No es posible encontrar la dirección extranjera de Kuzzma, y su web no está registrada en el dominio de ningún país. La dirección https://54.85.50.60 lleva al usuario a la página de la empresa, sin informaciones de contacto.

De manera parecida, su competidor directo ofrece el servicio de reconocimiento facial dirigido a eventos cristianos desde hace cerca de un año. Igreja Mobile utiliza software de TecVoz, empresa de seguridad electrónica, pero con especificidades dirigidas a las necesidades de las iglesias.

Una cámara común captura las imágenes y las envía a un ordenador capaz de reconocer rostros y más datos de esas personas. "Conseguimos determinar para el cliente el recuento de personas, la frecuencia del usuario, humor del usuario, si está feliz, si está triste, si está angustiado, con miedo. Conseguimos determinar todo eso", explica el director de desarrollo, Luís Henrique Sabatine.

Igreja Mobile ofrece informes de la cantidad de personas presentes, género, media de edad de los fieles, frecuencia y análisis de sentimientos, según difunde en su propia web. Los precios de los paquetes varían y no son publicitados por la empresa.

Según Sabatine, cerca de 40% de los clientes de Igreja Mobile –160 iglesias– utilizan el servicio de reconocimiento facial. El resto utiliza solo el servicio de transmisión en vivo de los cultos ofrecido por la empresa, que no ha querido dar nombres de los clientes. La compañía fue fundada a finales de 2018 con el servicio de transmisión en vivo para iglesias. Al inicio de 2019 comenzaron a ofrecer el de reconocimiento facial. Según el director de desarrollo de la empresa, "el punto diferencial realmente es el nicho cristiano".

Iglesias vigilantes

La Iglesia Evangélica Proyecto Recomenzar, en Río de Janeiro, es uno de los clientes de Igreja Mobile. El pastor responsable, Cláudio Duarte, hizo un vídeo promoviendo la empresa en las redes sociales. "Igreja Mobile es un producto que permitirá a su mensaje llegar a lugares que usted nunca imaginaría", decía.

Según Sabatine, fue el propio pastor quien sugirió el uso de la tecnología de reconocimiento facial. "En las conversaciones e intercambios de ideas, el pastor Cláudio Duarte tocó ese asunto y a nosotros nos gustó bastante y lo implementamos", cuenta.

El Proyecto Recomenzar utiliza la tecnología desde el inicio de 2019, siendo uno de los primeros clientes, y evalúa el servicio positivamente. "Nosotros utilizamos el reconocimiento facial para dar una mayor asistencia a los miembros que no están viniendo a los cultos", cuenta Caio Duarte, responsable del área de TIC de la iglesia.

En São Paulo, la Iglesia de la Restauración comenzó recientemente a utilizar tecnología para el control del público. "Sabemos el promedio de cuántas personas vienen a cada misa semanal. Es muy importante que la gente regrese", relata Sabrina Marciano, del área de comunicación de la iglesia.

Otros clientes de Igreja Mobile dicen no utilizar el reconocimiento facial, pero tienen interés en implementarlo en breve. Es el caso de la comunidad evangélica Estrella de la Mañana, que por ahora solo realiza las transmisiones en directo.

"La tecnología que nos presentaron ayuda bastante porque tenemos que saber cuántos miembros hay en el culto, cuántas veces vienen a la iglesia, cuántas no vienen. Eso, para el mensaje de la iglesia, ayuda mucho. Y también la posibilidad de conseguir que la persona dé ofrendas, que la persona dé diezmo", cuenta Lilian Letto, representante de Estrella de la Mañana.

Recolecta sin consentimiento

Según el director de desarrollo de la Igreja Mobile, la tecnología de reconocimiento facial ofrecida necesita ser alimentada con datos de fieles, como nombre y foto, para poder generar los informes individuales para cada uno. En ese momento de registro, los fieles firman un contrato que consiente el uso de sus datos por parte de la iglesia. "Nosotros llevamos a los miembros, ellos registran el rostro en nuestro software y firman el contrato diciendo que la iglesia utilizará su imagen para el reconocimiento facial, porque Igreja Mobile no se queda con el banco de datos. Con eso se queda el cliente", aclara.

Sin embargo, ni la Iglesia de la Restauración ni el Proyecto Recomenzar han firmado contratos de consentimiento de datos con los fieles. "Nosotros lo anunciábamos en las misas, pero nada de firma", admite Sabrina Marciano, justificando que la iglesia se encuentra en reformas y que posteriormente será implementado.

Agência Pública ha solicitado acceso al contacto citado, pero Igreja Mobile no ha querido compartirlo. Para el responsable de TIC del Proyecto Recomenzar, el consentimiento de los fieles queda expreso en el momento en que el que hacen el registro con foto en el software de Igreja Mobile. "Creo que eso ya es señal de que aceptan", dice.

La especialista en uso de datos personales, Joana Varon, directora de la organización Coding Rights, explica que ese tipo de consentimiento no es suficiente. Para ella, el fiel que ya frecuenta la iglesia puede ser coaccionado a aceptar los términos en caso de que desee seguir frecuentando el culto. "¿Las personas van a dejar de ir a misa? ¿Tienen esa opción si ya son parte de la iglesia? Es necesario estar en una posición en la que dar el consentimiento o no darlo no limite su acceso", defiende.

Más allá de eso, Joana recuerda que las informaciones biométricas, como el reconocimiento facial, son consideradas "sensibles" por la ley brasileña de protección de datos. La ley determina que datos personales sensibles solo podrán ser utilizados "cuando el titular o su responsable legal lo consienta, de forma específica y destacada, para finalidades específicas", o en hipótesis extremas como el cumplimiento de obligaciones legales.

Por tanto, el consentimiento no formal, como el de los casos citados por las iglesias, no es suficiente. "Las personas tienen que saber claramente para qué fines se recolectan todos esos datos", explica Joana.

 

Por Agência Pública   - Ethel Rudnitzki

25/01/2020 - 20:37h

Traducido por Diajanida Hernández 

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