Rusia y Turquía acuerdan el control conjunto de la zona kurda en Siria

Fuerzas ruso-turcas patrullarán el área después de un plazo de seis días para que las milicias kurdas la abandonen totalmente

Rusia impone sus condiciones para el futuro de Siria. El presidente ruso, Vladímir Putin, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, acordaron este martes en la ciudad rusa de Sochi la creación de una zona de amortiguación a lo largo de la frontera entre Turquía y Siria “libre” de combatientes kurdos, que Ankara considera terroristas. Putin ha concedido a Erdogan su ansiada franja territorial en el noreste de Siria --de hasta unos 30 kilómetros hacia adentro--, pero no tan amplia como el líder turco quería. Y ciertas limitaciones con beneficio para Moscú: después de un plazo de seis días para que las milicias kurdas la abandonen totalmente, fuerzas ruso-turcas patrullarán el área.

“Hemos firmado un memorando histórico con Putin para la integridad territorial y política de Siria y el regreso de los refugiados”, aseguró Erdogan con media sonrisa junto al líder ruso. Además de desplazar a los combatientes kurdos, Ankara quiere controlar los territorios del noreste de Siria para reubicar a la mitad de los casi cuatro millones de refugiados que viven en Turquía. En una comparecencia, tras una reunión de más de seis horas en la que se debatió cómo Ankara y Moscú, junto al resto de actores regionales, se dividirán el control de Siria, Putin aseguró que el pacto puede ser un “punto de inflexión”. A su lado, Erdogan se afanó por resaltar su “amistad” y cooperación con el presidente ruso y su intención de “respetar la integridad y soberanía de Siria”.

Según los términos del acuerdo, las fuerzas kurdas sirias tienen 150 horas para retirarse a más de 30 kilómetros de la frontera, dejando atrás el territorio que habían controlado hasta principios de este mes, cuando Estados Unidos --que había sido su protector y aliado en la lucha contra el autodenominado Estado Islámico (ISIS)-- comenzó a retirar sus tropas. La guardia fronteriza leal al régimen de Bachar el Asad y la policía militar rusa garantizarán que las milicias kurdas han abandonado el territorio. 

El pacto, firmado en la ciudad balnearia de Sochi, donde el presidente Putin tiene su residencia de verano, se alcanzó pocas horas antes de que finalizase el plazo del alto el fuego que Erdogan acordó la semana pasada con el vicepresidente de EE UU, Mike Pence. Una tregua a la que accedió tras el rechazo internacional a la ofensiva que Turquía comenzó en el norte de Siria justo después de que Washington anunciara la retirada de las fuerzas que ha mantenido en la zona siria en manos de los kurdos.

El pacto entre Ankara y Washington incluía la retirada de las Fuerzas Democráticas Sirias, lideradas por los kurdos, de una importante franja de terreno 120 kilómetros de largo, entre las ciudades fronterizas de Tal Abiad y Ras el Ain. Zonas en las que los combatientes kurdos habían logrado forjar su propia región autónoma.

A medida que las tropas de EE UU se retiran, Ankara y Moscú buscan capitalizar el reequilibrio de poder en la región. Pero el acuerdo entre Erdogan y Putin, que no marca ningún límite temporal, supone sobre todo una victoria para el líder ruso. Moscú, que empezó a intervenir en el conflicto sirio en 2015 para apoyar a su aliado Bachar el Asad, había empezado patrullar la semana pasada partes del norte de Siria para evitar el enfrentamiento entre tropas leales al régimen El Asad y fuerzas afines a Ankara. Ahora, con este nuevo plan, consolida la influencia. Patrullas fronterizas sirias y fuerzas rusas ayudarán a “limpiar” el área de milicianos kurdos, según explicó el ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu. Lo que implica que tomarán el control conjunto de una vasta franja de territorio antes en manos de los kurdos.

“Es clave garantizar la soberanía e integridad de Siria”, recalcó Putin. El Kremlin, jugador principal en el tablero de la guerra siria, es, junto a Irán, el principal aliado y valedor del régimen El Asad. “Es importante que Turquía entienda y comparta ese punto. Los turcos tendrán que defender la paz y la calma en la frontera junto con los sirios. Esto solo se puede hacer en una atmósfera de respeto mutuo y cooperación", aseveró el presidente ruso. Putin insistió en que Erdogan y El Asad tienen que dialogar. Algo a lo que el presidente turco no se ha mostrado muy partidario. Hasta ahora. Esto brindaría a Putin la posibilidad de solidificar el poder de El Asad. Y supone una forma de dar un halo de legitimidad al régimen sirio. También de cara a las negociaciones sobre el futuro del país en otras mesas de diálogo internacionales.

Integridad territorial

Que Ankara y Damasco se sienten a negociar es difícil. Erdogan ha exigido durante años que El Asad abandone el poder, aunque con el paso del tiempo su actitud pública se ha vuelto menos hostil. El Asad, durante una visita a las tropas sirias en el bastión rebelde de Idlib hecha pública este martes en los medios sirios, declaró que Erdogan es un “ladrón” que está “robando la tierra” y dijo que estaba listo para apoyar cualquier “resistencia popular” contra la invasión de Turquía.

El líder turco contestó en Sochi. Y aseguró que no tiene ninguna intención de quedarse con territorio “de otros” y que su intención es crear una “zona segura libre de terroristas”. “Queremos mantener la soberanía y la integridad territorial de Siria”, dijo Erdogan. “Estamos planificando cuidadosamente todos nuestros pasos”, remachó.

Erdogan aspiraba a una ganancia mucho mayor, pero sale de Sochi contento. Su propuesta inicial de “zona segura” tenía más de 440 kilómetros de largo y 32 de ancho, un área en la que aspiraba a establecer una docena de puntos de observación tripulados por unidades de combate. Y, sobre todo, es parte de su plan para reasentar refugiados.

Mientras, Putin sigue aprovechando las actuaciones del presidente estadounidense, Donald Trump, y las grietas en el frente común occidental para estrechar aún más sus vinculos con Turquia, miembro de la OTAN. En lo que va de año, el presidente turco y su homólogo ruso se han reunido ocho veces.

Por María R. Sahuquillo

Sochi 23 OCT 2019 - 03:57 COT

Publicado enInternacional
John Martinis posa en el ICMAT delante de un esquema de circuitos dibujado por él mismo. / Álvaro Muñoz Guzmán (SINC)

John Martinis fue fichado por Google para construir el primer ordenador cuántico. El físico ha visitado esta semana Madrid en medio del revuelo causado por la filtración de un artículo científico, aún no publicado oficialmente, en el que se afirma que la compañía habría logrado lo que se denomina 'supremacía cuántica', algo que ponen en entredicho sus competidores.

 

John Martinis es uno de los mayores expertos del mundo en computación cuántica, un campo científico y tecnológico en auge, cuyo objetivo es procesar información a altísimas velocidades basándose en los quantum bits (cúbits), que es la intersección de la física y la información. 

Este profesor de física y científico de la Universidad de California en Santa Bárbara está desde hace cinco años al frente del equipo que está construyendo el hardware del primer ordenador cuántico de la firma en el Google Quantum A.I. Lab, que también tiene sede en Santa Bárbara. 

Martinis ha estado esta semana en Madrid para participar en unas jornadas sobre simulación y computación cuántica, organizadas por el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT). En la entrevista con Sinc comentó que había venido unos días antes para poder visitar tranquilamente el Museo del Prado y ver la colección de cuadros de El Greco, uno de sus pintores favoritos. 

Su visita se produce unas semanas después de la filtración de un artículo embargado en el que Martinis y otros coautores exponen los resultados de su procesador cuántico. El documento, que apareció brevemente en un sitio web de la NASA antes de ser eliminado, afirma que el nuevo chip cuántico de Google es capaz de realizar un cálculo en tres minutos y 20 segundos, algo que al superdordenador clásico más avanzado le llevaría unos 10.000 años. Según el estudio, esto supone haber logrado la 'supremacía cuántica', que se obtiene cuando los ordenadores cuánticos realizan cálculos que antes habían sido imposibles. 

Sin embargo, en recientes declaraciones al Financial Times, el español Darío Gil, director mundial de IBM Research, señalaba que esta afirmación era "sencillamente errónea". En su opinión, este sistema "es una pieza especializada de hardware diseñada para resolver un solo problema y no un ordenador cuántico de propósito general, a diferencia de los desarrollados por IBM".

Sabemos que hay un artículo sobre este tema que no podemos mencionar porque está embargado y pendiente de publicación [ríe], pero ¿podría decirme cuál es la posición actual de Google en la computación cuántica?

Google comenzó a desarrollar su computador cuántico hace unos seis años y un año después decidieron contratarme para que me encargara del hardware. Estamos muy emocionados por haber sido capaces de construir este procesador cuántico y de que funcione bien. Los resultados se publicarán antes de que acabe el año en una revista científica. Creemos que es una tecnología muy potente, que será de gran utilidad para avanzar en este campo. 

Usted no puede hablar, pero el estudio se filtró y el contenido ha salido en medios. ¿Qué ocurrió?

Nosotros enviamos el artículo a la revista (Nature). Lo que pasó después es que uno de los coautores publicó el artículo sin querer en un sitio web y la gente lo cogió. La información salió en el Financial Times. Todos leímos la noticia (risas). Está siendo duro porque no paran de comentar y preguntarnos sobre el tema y nos gustaría responder a todas esas cuestiones, pero aún no podemos. Cuando se publique el estudio, es importante que la gente se enfoque en los resultados científicos. Lo hemos escrito muy cuidadosamente. Hay un total de 60 páginas de material complementario que entra muy en detalle de lo que hemos desarrollado.

Empresas como IBM y Rigetti Computing tienen ya prototipos de ordenadores cuánticos. ¿En qué se diferencia su propuesta

Al igual que estas compañías, también planeamos ponerlo en la nube. Creemos que nuestro ordenador cuántico tendrá menos errores que los de sus rivales y que este menor nivel de errores será lo suficientemente significativo como para que se puedan ejecutar algoritmos más complejos. Lo que necesitamos ahora es que los usuarios empiecen a probar el ordenador para saber cómo es su experiencia y ver qué necesitamos para mejorarlo.

Entrevistamos recientemente al director mundial de IBM Rersearch y nos comentó que uno de los principales retos de la computación cuántica actual es la corrección de errores.

También estamos trabajando en esto, pero pensamos que nuestro sistema tiene mejoras significativas que nos van a permitir hacer más fácilmente esta corrección de errores.

La computación cuántica está todavía en una fase muy inicial y se están creando muchas expectativas, pero, en realidad, lo que por ahora hacen los prototipos existentes es lo mismo que un ordenador convencional, pero más rápido.

Así es. Ahora las operaciones que se llevan a cabo en los experimentos de computación cuántica los podrías hacer tú fácilmente en un laptop. Nosotros esperamos llegar al mercado comercial con ordenadores cuánticos mucho más potentes. Cuando podamos hablar de nuestro experimento, explicaremos sus capacidades, pero puedo adelantar ya que será un avance significativo en el campo. Insisto, podremos entrar en el detalle cuando se publique el paper, que será antes de que acabe el año.

Una de las aplicaciones más esperadas es la de la simulación de moléculas, ¿no?

 Sí, unos de los campos de aplicación más interesantes estarán en la química cuántica, que describe cómo calcular cuál será la energía de unión y las propiedades de una molécula. Si esto se intenta hacer con un ordenador clásico, incluso el más potente, resultará ineficiente y muy lento y solo se podrá hacer con las moléculas más simples. 

En cambio, con un ordenador cuántico se podrán resolver estos problemas. Esto todavía está lejos y tenemos que recorrer un largo camino para lograrlo, pero los científicos están empezando a hacer cálculos y podría ser una aplicación muy importante.

¿Y cómo se traslada esto al mundo real?

Como decía, ahora me gusta mucho pensar en las aplicaciones de química cuántica porque es algo que sabemos que debería funcionar. Uno de los problemas de los que se habla en este campo es cómo sintetizar el amoniaco, que es una sustancia química muy importante para producir fertilizantes, pero su producción consume una buena fracción del total de los combustibles fósiles de la Tierra. 

La idea sería construir catalizadores y otras vías químicas que nos permitan ser mucho más eficientes. Podría ser estupendo usar un ordenador cuántico para saber cómo sintetizar mejor esa molécula y tener un impacto positivo, ya que estaremos usando menos combustibles fósiles para generar amoniaco. Este es un buen ejemplo de una posible aplicación.

¿Cómo está resultando trabajar para una gran compañía como Google?

Cuando Google contactó conmigo nuestro trabajo en la Universidad de California en Santa Bárbara iba muy bien y estábamos obteniendo muy buenos resultados, pero pensé que si queríamos desarrollar un ordenador cuántico, íbamos a necesitar más recursos, más personal permanente, etc. 

Así que cuando me propusieron unirme a la empresa me pareció una gran oportunidad. Ahora mismo, en el grupo de hardware cuántico somos unas 30 personas y, si incluimos software, algoritmos y negocio, seremos en torno a 50. Irme a Google ha resultado muy fácil porque me ha permitido juntar un equipo y los recursos para enfocarnos en este gran proyecto de construir un ordenador cuántico.

madrid

18/10/2019 10:18 Actualizado: 18/10/2019 10:18

Por ana hernando / sinc

Miércoles, 09 Octubre 2019 06:43

La hegemonía del dólar no será eterna

La hegemonía del dólar no será eterna

El 31 de enero de este año varios países de la Unión Europea dieron a conocer la construcción de un sistema de pagos diseñado para dar la vuelta a las sanciones financieras impuestas por Estados Unidos en contra de Irán. Esas sanciones mantienen un efectivo bloqueo económico sobre el régimen en Teherán desde que Washington abandonó unilateralmente el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) en mayo de 2018. Los países europeos signatarios del acuerdo nuclear (Francia, Inglaterra y Alemania) fueron tomados por sorpresa, pero pronto se dieron cuenta que para rescatar ese tratado era necesario establecer un sistema de pagos que permitiera dar oxígeno a la economía iraní.

Los tres países se unieron para evitar la completa destrucción del PAIC y crearon el Instrumento para Apoyar los Intercambios Comerciales (Instex por sus siglas en inglés). El Banco Central Europeo (BCE) también está creando nuevos canales para estas transacciones. Por su parte, para facilitar los pagos transfronterizos con esos nuevos instrumentos, el Banco Central de Irán creó un Instituto Especial de Comercio y Finanzas. El director general de Instex, Per Fischer, en visita a Teherán ha dejado claro su intención: mantener abiertos los canales de pagos relacionados con el comercio entre Irán y Europa.

Los últimos resultados no son del todo alentadores, pues la red de relaciones financieras que está bajo el control de entidades estadunidenses es demasiado amplia y densa. La mayor parte de las transacciones financieras en el mundo pasan por la red Swift, el acrónimo de la Sociedad de Transacciones Financieras Interbancarias Mundiales. La red Swift no es una cámara de compensación de pagos y tampoco facilita la transferencia de fondos. Simplemente se trata de una red para transmitir mensajes sobre transacciones financieras denominadas en dólares estadunidenses. Las transmisiones son altamente confiables y, por supuesto, el sistema permite detectar cualquier transacción en la que intervengan personas o entidades sancionadas por las autoridades estadunidenses. No por nada al sistema Swift se le ha llegado a llamar el brazo militar del Departamento del Tesoro.

Lo anterior se debe a la peculiar posición que tiene el dólar en el sistema monetario internacional desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, esa divisa se mantiene como la más importante moneda de reserva en el mundo y como principal medio de pago en las transacciones del comercio global. Sin embargo, el paisaje financiero mundial se ha ido transformando lentamente en los años recientes.

Los datos del Fondo Monetario Internacional muestran que para el segundo trimestre de este año las reservas mundiales en divisas se incrementaron 1.1 por ciento para alcanzar la cifra de 11.7 billones (castellanos) de dólares equivalentes. Las reservas denominadas en dólares estadunidenses sólo se incrementaron en 0.7 por ciento para situarse en 6.7 billones. Es decir, a pesar de que la divisa estadunidense sigue siendo el más importante instrumento de reserva, su peso relativo disminuyó.

La tendencia a la baja ha sido persistente desde hace más de dos décadas, pero se ha ido acelerando gradualmente en los seis años anteriores. En 2014 las reservas en dólares estadunidenses eran 66 por ciento de todas las reservas. Pero hoy, en 2019 (segundo trimestre) ese monto es de 61.5 por ciento. Los episodios en los que las reservas en dólares aumentaron su peso relativo, como en 2014 y 2016, han sido anulados mientras parece consolidarse la tendencia a la baja.

Las pequeñas variaciones cotidianas no parecen gran cosa. Al igual que un glaciar que se desliza lentamente por su cauce, el movimiento es casi imperceptible día a día. Pero al final de unos años la perspectiva sí permite descubrir cambios importantes en el paisaje.

De mantenerse la tendencia de los años recientes, en una década podríamos estar frente a un espectáculo novedoso. El dólar podría dejar de ser la moneda preferida por los bancos centrales para mantener sus reservas. Eso no quiere decir que el sistema Swift dejaría de existir, pero facilitaría el que funcionaran otros sistemas capaces de asegurar el flujo estable de transferencias financieras en todo tipo de divisas. En ese escenario, la capacidad imperial de imponer sanciones financieras a países como Irán o Venezuela se vería constreñida.

Por el momento, los dos principales contendientes para disputarle el cetro hegemónico al dólar, el euro y el yuan, enfrentan sus propios problemas. El primero todavía tiene que solucionar los problemas que le traerá el Brexit, además de las dificultades con Italia y Grecia. El segundo todavía no cumple con el requisito de convertibilidad ilimitada, lo que le resta credibilidad. Quizás la ironía es que personajes como Trump y sus consejeros (si es que todavía le quedan algunos) podrían estar acelerando los cambios que finalmente erosionarán más rápidamente la hegemonía monetaria del dólar.

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Jueves, 03 Octubre 2019 06:07

El traje de Bretton Woods se queda viejo

El traje de Bretton Woods se queda viejo

El desmoronamiento del orden mundial establecido en 1944 acelera la batalla entre China y Estados Unidos por controlar las reglas del juego geopolítico y geoeconómico

Durante los últimos dos años hemos visto cómo la guerra comercial entre China y Estados Unidos ocupa el centro de las relaciones internacionales, aumentando su intensidad con el paso de los meses. Más allá de los sucesos y de las medidas concretas que se han ido ejecutando por parte de ambos países, es preciso analizar la situación tomando perspectiva, evitando explicaciones personalistas o de coyuntura, como las que aluden al temperamento del presidente estadounidense o a la necesidad de reducir su déficit comercial. En efecto, al analizar las tendencias y los aspectos estructurales, comprobamos que el traje de Bretton Woods le está apretando demasiado a ambas potencias. De hecho, la propia guerra comercial es un precedente que marca el fin de una etapa histórica: la del orden mundial de posguerra construido en dicha conferencia en 1944.

Así pues, después de la II Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en el motor principal de la acumulación de capital a nivel mundial, así como el director de las reglas de dicho proceso, liderando el ámbito económico, tecnológico, comercial, financiero, militar y cultural. Esta configuración colapsa con la crisis de 2008, en la que el orden establecido empieza a descomponerse ante los límites de la globalización financiera. Como contrapartida, ante el deterioro del imperio estadounidense, se acelera la batalla por controlar las reglas del juego geopolítico y geoeconómico. Así, China y Rusia se establecen como actores políticos de primer orden, empujando el orden unipolar hacia la multipolaridad. La llegada de Trump es la respuesta a la decadencia del hegemón: pérdida de hegemonía mundial y la ruptura del sistema político en Estados Unidos.Durante los últimos dos años hemos visto cómo la guerra comercial entre China y Estados Unidos ocupa el centro de las relaciones internacionales, aumentando su intensidad con el paso de los meses. Más allá de los sucesos y de las medidas concretas que se han ido ejecutando por parte de ambos países, es preciso analizar la situación tomando perspectiva, evitando explicaciones personalistas o de coyuntura, como las que aluden al temperamento del presidente estadounidense o a la necesidad de reducir su déficit comercial. En efecto, al analizar las tendencias y los aspectos estructurales, comprobamos que el traje de Bretton Woods le está apretando demasiado a ambas potencias. De hecho, la propia guerra comercial es un precedente que marca el fin de una etapa histórica: la del orden mundial de posguerra construido en dicha conferencia en 1944.

En este sentido, es posible afirmar que la guerra comercial es parte de la lucha por la construcción de las nuevas reglas del juego en el tablero mundial: es difícil imaginar que el final de la presidencia de Trump signifique el cese de hostilidades. Para comprobar esto, vamos a mostrar algunos indicadores que nos ayudarán a darle dimensión y contexto a este conflicto histórico entre China y EE.UU.

La batalla por la hegemonía

En el primer gráfico podemos observar cómo la proyección de China y su peso relativo en el mundo avanzan a un ritmo vertiginoso. Concretamente, en un lustro, India y China superarán en PIB (medido en Paridad de Poder Adquisitivo) al conjunto de EE.UU. y la UE. Si nos alejamos más en el tiempo, con la prudencia que se debe tener con este tipo de estimaciones, según las predicciones de Goldman Sachs, para el año 2050 el PIB de China será casi el doble del de EE.UU. y el de India tendrá un tamaño similar al del país norteamericano. De esta forma, existe un claro desplazamiento del centro de gravedad del capitalismo mundial hacia Asia, esto es, el fin de occidente como centro productivo del mundo.

Además, si atendemos a los datos del comercio mundial, en un contexto en el que la globalización está perdiendo fuerza, (el PIB mundial crece ahora por encima del comercio mundial) China lidera las exportaciones con un 12,8% del total, mientras que las estadounidenses suponen el 8,5%. En cuanto a las importaciones, la potencia norteamericana lidera el indicador con un 13,2%, y China es la segunda importadora mundial en 2018 con el 10,8%. Además, si observamos más detenidamente las exportaciones de cada país, podemos ver el cambio del modelo chino, ya que, en 1992 el porcentaje de exportaciones de alta tecnología suponía el 6,4% y, en la actualidad, un 23,8%. De forma contraria, EE.UU. ha pasado del 32,6% a un 13,8. De esta forma, China se está convirtiendo en una exportadora de bienes de alta tecnología, alejándose del papel de fábrica del mundo de bajo valor añadido.

EXISTE UN DESPLAZAMIENTO DEL CENTRO DE GRAVEDAD DEL CAPITALISMO HACIA ASIA, ESTO ES, EL FIN DE OCCIDENTE COMO CENTRO PRODUCTIVO DEL MUNDO

En esta línea, es conveniente detenerse en el área tecnológica, ya que, precisamente, este es uno de los puntos más candentes en la actualidad. Así, el plan Made in China 2025 tiene como objetivo reducir la dependencia de la tecnología extranjera y convertir al país asiático en una potencia mundial en las industrias de alta tecnología. En efecto, si observamos el gráfico que muestra el número de patentes registradas, en la actualidad China, que superó a Estados Unidos en 2015, es el líder indiscutible. Más concretamente, China también lidera el ranking de patentes en desarrollo de tecnologías de inteligencia artificial, con 473 de un total de 608, mientras que Estados Unidos registra 65.

Ante este escenario, la Administración Trump está mostrando sus garras al Made in China 2025 : gran parte de su ofensiva comercial es, en realidad, un ataque al plan chino, que se ha materializado, por ejemplo, en el conflicto con Huawei y las redes de 5G. De este modo, podemos comprobar que la guerra comercial no tiene tanto que ver con el déficit comercial de Estados Unidos como con la intención de Washington de frenar el desarrollo tecnológico de China.

Otro de los puntos más candentes en la actualidad es la llamada guerra monetaria. Si atendemos a los datos del BIS –Bank for International Settlements/Banco de Pagos Internacionales– el dólar supone el 87% de las transacciones mundiales y el yuan el 4% (sobre un 200% porque cada transacción implica dos monedas). Con respecto a los datos de reservas mundiales de divisas, el dólar representa el 62,9% frente al 1% del yuan. Sin duda, el papel del dólar como centro del sistema monetario internacional es uno de los pilares de la hegemonía de Estados Unidos y, más todavía, desde la ruptura del patrón oro-dólar en la década de los setenta, que situó a EE.UU. como centro de la globalización financiera.

Como contrapartida, la potencia asiática ha comenzado un progresivo proceso de potenciación del yuan con el objetivo de disminuir la dependencia del dólar y aumentar su capacidad de soft power –no impliquen el uso directo de la fuerza (militar o económica)–. En esta línea, China ha promovido el comercio bilateral en yuanes con países como Rusia, Irán, Venezuela o Angola, ha conseguido que su divisa forme parte de la canasta de monedas de Derechos Especiales de Giro del FMI y, más recientemente, ha creado un mercado de futuros de petróleo en yuanes. Aunque todavía estamos lejos de una alternativa al dólar como centro del sistema monetario internacional, las medidas proteccionistas pueden suponer la desdolarización del comercio mundial.

Por último, en relación a la esfera militar, según el indicador Global Fire Power, Estados Unidos sigue teniendo el ejército más poderoso del mundo. En efecto, siguiendo dicho indicador (siendo el valor óptimo 0), Estados Unidos lidera el ranking con un índice de 0,0615, seguido por Rusia con 0,0639 y China 0,673. Además, en relación al gasto militar por países, Estados Unidos encabeza la lista con 609.757 millones de dólares de inversión anual, seguido por la Unión Europea y China, con 258.701 y 228.230 millones respectivamente y, con casi una décima parte menos, Arabia Saudí y Rusia, con 69.413 y 66.334 millones de dólares.

La configuración del nuevo orden mundial

En cierto modo, un orden mundial es una determinada correlación de fuerzas congelada en un conjunto de instituciones, un paradigma cultural y una forma de ver el mundo que impera y dirige a la sociedad en una dirección determinada, todo ello bajo la batuta de una potencia que actúa como hegemón. Como hemos señalado, el edificio levantado después de la II Guerra Mundial, apuntalado a lo largo de las décadas posteriores, es un marco institucional en el que ya no encaja la nueva correlación de fuerzas mundial: Bretton Woods era un estructura claramente adaptada a un centro de gravedad occidental y en el siglo XXI asistimos al desmoronamiento acelerado de esas instituciones.

LA LUCHA COMERCIAL NO EMPIEZA CON TRUMP, SINO CON OBAMA: EL TTP Y EL TTIP SUPONEN UNA OFENSIVA COMERCIAL CONTRA CHINA

Como observamos en los datos, la tendencia es vertiginosa en cuanto al peso de China (y Asia) en el mundo. El punto de inflexión que hizo que comenzase el deshielo fue la crisis del 2008. De hecho, podemos ver que la lucha comercial no empieza con Trump, sino con Obama: el TTP y el TTIP suponen una ofensiva comercial contra China, que intenta perpetuar las reglas de la globalización financiera liderada por EE.UU. desde los años ochenta. Sin embargo, la estrategia no funcionó y de ahí deriva el giro de Trump, que asume que el traje de Bretton Woods ya no le sirve. De esta forma, el auge del proteccionismo y el bilateralismo supone la ruptura con la concepción de las reglas internacionales multilaterales que defendía EE.UU., más allá de las contradicciones que haya asumido este discurso a lo largo de las décadas.

De forma opuesta, uno de los mejores ejemplos de fin de época es que, en paralelo a la descomposición, existe una edificación de nuevas instituciones internacionales: un traje a medida de China. En efecto, el país asiático ha iniciado la creación de la Nueva Ruta de la Seda, ha creado el Banco de los BRICS y el Banco Asiático de Inversión e Infraestructuras, entidades alternativas al FMI y el Banco Mundial. Así, la creciente soberanía de China, choca frontalmente con la de EE.UU. y seguirá haciéndolo de manera inevitable en el futuro.

Resulta evidente que, cuando Trump abandone la Casa Blanca, el centro de gravedad seguirá desplazándose hacia Asia. El contexto actual va más allá de la estrategia de un determinado gobierno, pues Trump es un ejemplo de la doble crisis de hegemonía interna y externa que vive EE.UU.: la crisis de gobernabilidad y la crisis de hegemonía mundial. En consecuencia, cualquier candidato que llegue a la presidencia estadounidense tiene que asumir los mandos de una potencia en decadencia, que ya no dirige como antaño las riendas del orden mundial.

Este hecho es el que determina que vivamos una crisis de sistema internacional: el desplazamiento del centro de gravedad hacia Asia y el ascenso de China implican que el orden mundial de posguerra asume en su seno una correlación de fuerzas que ya no existe, de tal manera que hasta la propia potencia creadora y directora de las mismas precisa romper con ellas. En este camino no hay vuelta atrás, el futuro del mundo irá ligado a la construcción de esas nuevas reglas.

En definitiva, los próximos años nos enfrentaremos a una mayor profundización del desorden mundial, las distintas potencias se moverán a la búsqueda de alianzas y de nuevos marcos para la construcción de una nueva estructura mundial que permita fijar la nueva correlación de fuerzas. Este proceso se verá acelerado con la próxima crisis económica global. En consecuencia, uno de los puntos más delicados es el de crear un nuevo encaje a nivel internacional en el que el reparto de poder pueda llevarse a cabo sin una guerra (militar) entre China y EE.UU., sea esta directa o proxy. En definitiva, lo que queda por ver es si es posible evitar la trampa de Tucídides. 

Por Juan Vázquez Rojo*

CTXT

*Juan Vázquez Rojo es economista, investigador y editor de la Revista Torpedo.

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Una investigación de las fuerzas de seguridad de Estados Unidos apunta a que Israel está detrás de la colocación de dispositivos de espionaje en teléfonos celulares en el área de la Casa Blanca, reportó Politico, citando a "tres ex altos funcionarios de Estados Unidos con conocimiento de la materia". El premier israelí, Benjamin Netanyahu (en la imagen con John Bolton), negó las acusaciones.Foto Afp

El comentario más cuerdo salido esta semana con respecto al más reciente fandango en el asilo de lunáticos de Washington provino de Irán.

Al solicitarle una respuesta oficial al asesinato político de John Bolton –estas matanzas estilo Ricardo III, en las que los personajes son asfixiados o acuchillados a tuitazos, son, después de todo, rutinarios hasta el punto del absurdo–, el ministro iraní del exterior respondió pausadamente que no "interfiere en los asuntos internos de Estados Unidos". Fue una maravillosa respuesta dada con cara de póker al teatro trumpiano, cada vez más escandalosamente cómico.

Cierto, los diversos líderes supremos y menos supremos de Teherán ejecutaron una pequeña danza de júbilo por la despedida de Bolton, el "belicista", pero por lo menos la descripción dio en el blanco.

Sin embargo, los normalmente cuerdos corresponsales de Occidente llevaron a cabo su propia rutina: aunque todos han admitido (bastante tarde, pero muchas veces) que Trump está deschavetado, recurrieron a su usual circo blando de informes de "tensiones" en el manicomio Trump, como si en verdad hubiese una "política" de Bolton o de Trump en Medio Oriente. Este es el nuevo tipo de periodismo, en el que se ha abandonado la tinta y los reporteros tienen que llenar sus plumas con mercurio… y escribir.

Una vez más empezamos (en este caso, una gran agencia occidental) a dar la vuelta a la perinola de clichés sobre la "política exterior" trumpiana. Según esto, Trump enfrentaba “una cascada de… retos globales” a la vez que experimenta “un momento tirante… en la escena mundial”, y Bolton se oponía al deseo de su presidente de hablar con "algunos de los actores más desagradables del mundo".

Después del gran líder norcoreano, en nombre del cielo, y del segundo líder supremo iraní y el heroico talibán, ¿con quién querría Trump charlar ahora? ¿El gran líder sirio, quizá?

Dejaré a los lectores saborear el adjetivo "desagradable" –que los expertos occidentales jamás usarían en referencia a los señores Al Sissi (con sus 60 mil presos políticos egipcios) o Mohammad bin Salman (con fama de cirujano) o varios otros demócratas en Brasil y otras partes. Pero los clichés de "etapas" y "actores" revelaban de manera inocente de qué se trataba todo. La política exterior ya no existe en muchas capitales del mundo. Solo quedan las ruinas fantasmales del teatro.

Pensemos en ese infame buque petrolero iraní que nuestros bravos muchachos capturaron en la costa de Gibraltar. Liberado después que los iraníes se robaron un buque tanque de bandera británica de la costa de Hormuz, el misteriosamente rebautizado Adrian Darya 1 zarpó hacia el ocaso, supuestamente hacia Grecia, pero inevitablemente hacia Siria, donde Bolton –en uno de sus últimos actos– afirmó que iba a descargar su petróleo en Tartús, donde Rusia tiene una base naval. No estuvo mal, pero nadie fumaba un puro.

En realidad, según un contacto sirio de mi entera confianza (le doy a mi fuente una precisión de 90 por ciento), el buque ya había despachado la mitad de su carga hacia el puerto sirio de Banias (no tan romántico como Tartús, pero igual de eficiente) para cuando Bolton hizo esa declaración.

Y ahora, ya a nadie le interesa el buque. Trump difícilmente podría bombardearlo –de todos modos, ya está vacío– ahora que su belicista en jefe se ha hundido bajo las aguas del Potomac. Y, dada la comedia shakespereana que se representa en el propio manicomio de Downing Street, podemos estar tranquilos de que la Marina Real de su majestad imperial tampoco intervendrá.

Y ese es el verdadero problema. Irán sabe todo acerca de líderes dementes y está muy complacido de que el mundo –o "la escena mundial"– sepa que ha entregado el petróleo a su leal aliado árabe en Damasco. Y Assad estará más que contento de que sus enemigos sepan que Irán mantiene su palabra cuando los sirios hacen filas de kilómetros y días en las gasolineras. Así que esperemos a que el próximo buque tanque pase echando humo por La Roca, sin el menor "impedimento u obstáculo" por parte de nuestros muchachos.

Volviendo por un momento al reino de los lugares comunes, la sumersión de Bolton fue atribuida naturalmente por mi agencia noticiosa favorita a los planes de Trump, inevitablemente eliminados, de platicar con los chicos del talibán, quienes iban a ser importados a Estados Unidos para gozar de un poco de hospitalidad. Para Bolton, eso fue, se dijo –escuchen esto–, "extender el puente un poco demasiado lejos". Quién sabe por qué se habrá metido en esto el magnífico libro de Corneliuis Ryan sobre Arnhem (y el igualmente brillante filme épico de la misma batalla de la Segunda Guerra Mundial), pero el "puente demasiado lejos" no estaba ahora en Campo David, sino en Jerusalén.

Y apenas si provocó un párrafo de emoción en nuestros expertos en Medio Oriente –excepto el viejo asno de la ONU, desde luego– cuando Benjamin Netanyahu anunció que anexaría virtualmente toda la Cisjordania palestina ocupada a la soberanía israelí si ganara las elecciones de la semana próxima.

Esto significaría que nunca habría un Estado palestino… jamás. Por supuesto, todos estamos acostumbrados a líderes nacionales que amenazan con anexarse los países de otros pueblos para una expansión nacionalista, pero eso estaría en la escala de un despojo colonial inimaginable hace apenas 10 años.

Pero no más. "Es una oportunidad histórica", afirmó Netanyahu. Trump, cuyo malhadado "plan de paz" supuestamente va a provocar una derrama de dinero (árabe) sobre los palestinos después de la eliminación de sus esperanzas de tener un Estado, no dijo nada. Tampoco nuestro orate equivalente en Londres, que estaba demasiado ocupado con sus propias tonterías constitucionales para preocuparse por la aniquilación de las esperanzas de un pueblo, ya no digamos de su constitución.

Esto es lo que ocurre cuando los desequilibrados toman el poder en países democráticos; los orates andan sueltos y millones pagan el precio.

Fue de algún modo apropiado que un periódico turco intentara relanzar una "exclusiva" sobre el asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi, incluyendo sus "últimas palabras", aunque ya habían sido reveladas en público en un excelente documento de Naciones Unidas hace varios meses. Es de suponer que se trató de un intento del gobierno turco por recordar a la "escena mundial" que el mes próximo marca el aniversario del destripamiento del consulado saudita en Estambul. Olvidamos que ya habíamos leído todo eso antes.

En otras palabras, el sultán Erdogan solo deseaba volver a aterrar a sus adversarios sauditas. Fue un gesto en verdad otomano.

Y, de manera extraña, el Enfermo de Europa –como los rusos y luego los británicos llamaban a Turquía por su gradual impotencia ante las demenciales decisiones políticas y militares tomadas durante la Primera Guerra Mundial y después de ella– ha sido remplazado por otro Enfermo de Europa y otro Enfermo de Estados Unidos.

Así es como se disuelven los imperios: cuando los sátrapas siguen tomando en serio a sus falsos califas, hacen caso omiso de sus incurables trastornos mentales y no prestan atención a la escandalosa conducta de los funcionarios que los asisten. Adiós a los pobres y a las masas acurrucadas. Después de eso, los chicos malos llegarán y se burlarán de todos.

Por Robert Fisk, The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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La masculinidad de las élites y la ceguera de la izquierda

 

 

El concepto de masculinidad se encuentra directamente relacionado con ser élite o aspirar a serlo. La falta de visión de conjunto de la izquierda es un obstáculo para elaborar estrategias globales.

Vivimos una etapa de crisis de la masculinidad que se ha visto acentuada por la crisis económica. El hombre de la sociedad neoliberal está asistiendo con ansiedad a la ruptura de todas las promesas que se le hicieron. Le prometieron ser el primero, sin embargo, ser el primero no suponía tener buenos derechos sino que los que estén por detrás los tengan peores.

En el pack de la hombría iba incluida la necesidad de tener como plan de vida subir en la escala social pero el ascensor social que iba a llevar a muchos trabajadores a la clase media-alta a base de su esfuerzo está averiado. La escala social no es solo una serie de compartimentos separados en función de su renta sino que también entiende de género. Subes para obtener más poder y obtienes más poder aumentando tu renta o aumentando tu virilidad. Dicho de otro modo, para trepar por la escala social tienes que ser más rico y/o más hombre.

WINNER-LOSERS, COMPETICIÓN ENTRE HOMBRES COMO FORMA DE VIDA

En este momento que nos ha tocado vivir el hombre tiene que ser un winner y, cuando no lo es, está frustrado o se siente fracasado en algún aspecto de su vida laboral y económica, le surge la necesidad de reafirmar su masculinidad por medio de cualquier otra característica de las que identifica como propias del hombre.

¿Cuántos hombres habrán tenido hijos solo para sentirse completos como hombres, porque sentían que era algo que estaban obligados a hacer? De entre esos hombres, ¿cuántos quieren realmente tener hijos? El hombre es el que lleva dinero y comida a casa, el que provee, y para cumplir con ese rol tiene que ser padre. Sería bien difícil calcular la cantidad de paternidades forzadas que irremediablemente pueden dañar a los hijos.

¿Alguien que ha sido padre por obligación va a ser un buen padre? Tal vez sí, pero tiene muchas papeletas para que no se dé el caso. El primer referente (para bien o para mal) de un hijo siempre es su padre, esta figura es la que proporciona al niño las primeras nociones de lo que se espera de un hombre en nuestra sociedad. Si el padre forma los cimientos de la masculinidad del hijo, ¿como iban a ser buenos esos cimientos si en muchos casos se fuerza la paternidad?

La competitividad extrema entre hombres puede llevar a que uno se considere un triunfador siendo un currante de clase baja y humille a un compañero que está en las mismas circunstancias

De entre los valores más representativos del género masculino destaca la competitividad. Cuando el hombre siente su virilidad atacada necesita dejar claro que es más hombre que los demás y, si no puede serlo, humillar al que sea menos hombre que él. La competitividad extrema entre hombres puede llevar a que uno se considere un triunfador siendo un currante de clase baja y humille a un compañero que está en las mismas circunstancias pero que encaja peor en el modelo de masculinidad hegemónica. Porque un hombre no puede ser un nadie, tiene que ser más que los que le rodean.

LA MASCULINIDAD FRENTE A LA POLÍTICA DE LAS EMOCIONES

La política tiene que dar salida a los sentimientos del pueblo para lograr seguir viéndose legitimada ante él. El hombre está frustrado y cuando una emoción es compartida se puede decir que es una frustración política.

La respuesta a este sentimiento hasta ahora se ha visto monopolizada con bastante éxito por opciones políticas que van desde la derecha anti-establishment y populista, como Trump o Le Pen, a una derecha ultraconservadora renovada —Vox en España— que prometen una visión de país en la que 'el hombre vuelva a ser hombre', devuelto a sus esencias después de haber sido desnaturalizado por las denominadas “ideologías de género” o el “lobby LGTB”.

El feminismo es la pelea de un colectivo oprimido, el de las mujeres, contra la estructura del género como autoridad, como poder. No hay lucha más antisistema que el feminismo

Desde la izquierda ha faltado analizar toda esta situación desde la nueva ola de activismo feminista que barre el país cada 8M. Se ha contentado con decir a las feministas un simple 'vale', 'adelante', 'seguid por ahí que nosotros, los hombres, nos encargamos del resto' demostrando una enorme ceguera.

La estructura del género y la estructura de clases son dos pilares de un mismo sistema. Las luchas LGTB y feministas no son políticas sectoriales por mucho que desde algunos altares de la izquierda las miren casi como si de un hobby se tratara. Desde esos enfoques unos se encargan de sus luchas personales, de sus 'cosas de maricas' o sus 'cosas de mujeres', mientras que otros, aquellos que se llenan la boca de clases sociales, se dedican a cambiar el mundo, a derrumbar el sistema.

La mala costumbre de separar en compartimentos estancos diferentes luchas provoca que se obvien las relaciones entre ellas. El error está en pensar que género y clases sociales son cosas diferenciadas cuando se trata de dos conceptos entremezclados difíciles de separar y para acabar con la opresión que ejercen es necesario tener visión de conjunto. No se trata de mujeres contra hombres, no es la "guerra de los sexos" sino que es una lucha por el poder.

El feminismo es la pelea de un colectivo oprimido, el de las mujeres, contra la estructura del género como autoridad, como poder. No hay lucha más antisistema que el feminismo.

EL FEMINISMO Y LAS ÉLITES

A menudo se presenta el debate en el feminismo sobre los 'techos de cristal'. Se acusa a quienes centran sus reivindicaciones en este concepto de estar utilizando el feminismo como mera herramienta para que un pequeño porcentaje de mujeres se incorpore a la élite. Si bien la crítica es legítima y cargada de verdad, este discurso liberal puede ser útil para los discursos más radicales. Del mismo modo que unas pocas mujeres privilegiadas malvenden la lucha feminista por aumentar su cuota de poder, también la masa feminista puede aprovecharse de esta élite.

Si una mujer privilegiada, en nombre del feminismo, rompe el techo de cristal adquiere una cuota de poder que el sistema tenía reservada para los hombres. Con esto abre la posibilidad de cuestionar la lógica hombre=poder. Si el poder ya no es una característica propia y exclusiva del hombre, de aquel que cumple todos los requisitos de la masculinidad hegemónica, entonces se puede cuestionar por qué tenía ese poder previamente y por qué debería seguir teniéndolo. Se cuestiona el derecho a existir de la élite.

Independientemente de que exista la posibilidad real de hacerlo, subir por la escala social es una necesidad inculcada en los hombres que condiciona todos sus posicionamientos políticos

La masculinidad hegemónica es la mayor representación del poder porque el que lo ostenta no solo tiene que tener la capacidad de aplicarlo, sino que necesita ser percibido como poderoso. Los roles de género en el caso del hombre pueden servir para ser identificado como superior a los demás, te da tu lugar en la jerarquía de clases sociales. La masculinidad encuentra su utilidad como performatividad de las élites y el mejor instrumento de legitimación del sistema de clases.

Ese objetivo recurrente de la izquierda que es la unidad popular, apelar a las luchas colectivas... se vuelve complicado de articular cuando la mitad de la población tiene metido en la cabeza desde niño el principio imperativo de luchar para ser superior que tu hermano, tu vecino o tu compañero de trabajo. Las prácticas de género asientan las clases sociales.

¿Cómo pretendemos tener una clase trabajadora organizada contra las élites si la masculinidad dice a los hombres que deben aspirar a ser élites? La falta de empatía, la competitividad, el individualismo, el egoísmo... Todas características que definen por igual a la masculinidad hegemónica que a las élites poderosas.

Independientemente de que exista la posibilidad real de hacerlo, subir por la escala social es una necesidad inculcada en los hombres que condiciona todos sus posicionamientos políticos.

Cualquier movimiento o ideología que aspire a construir un contrapoder y deje al margen el análisis de la masculinidad se encontrará con que será incapaz de crear sujetos políticos mayoritarios que se encuentren cómodos en una lucha de clases.

Por David Arribas

elsaltodiario.com

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Cachemira: nuevos códigos geopolíticos y siete motivos de una crisis planeada

En secreto y sin informar al parlamento indio ni muchos menos a los ciudadanos de Jammu y Cachemira (J&C), el 5 de agosto, el gobierno de Narendra Modi puso en marcha la segunda fase de su plan de anexionar el estado semi independiente de J&C suspendiendo el artículo 370 de la Constitución que protegía los derechos de su población sobre la tierra en la que viven.

Días antes, Modi ordenó el envío de decenas de miles de soldados a esta región para unirse a los 500.000 ya estacionados. Se declaró el toque queda, se bloquearon las redes sociales y los servicios de telefonía móvil y fijo, se puso a los diputados bajo arresto domiciliario, y se detuvieron a miles de personas, entre ellas a los máximos dirigentes comunistas Rajya Sabha Raja y Sitaram Yechury. El toque de queda significa, por ejemplo, que las personas enfermas no puedan acudir a los hospitales ya que no hay ni ambulancias, o morir de parto en casa. Las masivas protestas de la población sólo aumentaron la intensidad de la represión de unos antidisturbios escrupulosamente deshumanizados. 

 La primera fase de la operación tuvo lugar el 14 de febrero cuando la fuerza aérea india atacó un supuesto campo terrorista en Pakistán, al norte de Islam Abad, en venganza por la muerte de 42 miembros de sus fuerzas paramilitares en Cachemira en un atentado del grupo islamista Yesh-e-Mohammad (Soldados de Mahoma) del que Pakistán niega vínculo.

La Cachemira disputada    

El conflicto de hoy es el resultado de la respuesta del colonialismo británico a la independencia de la India, que se dio mediante dos operaciones: 1) Diseccionar la India democrática, creando la República Islámica de Pakistán, y 2) la venta del principado de Cachemira a un maharajá hindú a cambio de acuerdos económicos para de este modo mantenerla bajo su control a través de acuerdos económicos. Más adelante, los territorios de ambos países se irán achicando: En 1962, India pierde a China la región deshabitada Aksai Chin (que significa en árabe «El punto más lejano de China»), situada en el desierto de sal de Ladakh en Cachemira india, tras una breve guerra, por la construcción de una autopista por China, que uniría Tíbet con Sinkiang. Pakistán también se romperá: en 1971 nace de sus entrañas Bangladés: Indira Gandhi lo celebrará con Champaign. 

De este modo, el valle, habitado por 12 millones de personas, se ha dividido en: 1) La parte controlada por India llamada Jammu y Cachemira, con dos tercios del todo el territorio, y nueve millones de habitantes, de los que el 60% son musulmanes, y también a los hinduista de Jumma, los budistas y chiitas de Ladakh, y el glaciar Siachen; 2) la parte administrada por Pakistán que son Cachemira Azad ( «Libre» en las lenguas indoiranias) y la unidad política de Gilgit y Baltistan, que linda con Afganistán y China y es de mayoría musulmana sunnita; y 3) Aksai Chin y el Valle Shaksgam (que le fue cedido por Pakistán en 1961) ya forman parte de la Región Autónoma Uigur de Sinkiang. Aun así, los tres son miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái (la OCS). 

Tanto Pakistán como India reclaman la totalidad de las dos primeras partes de Cachemira: uno porque “la mayoría de sus habitantes son musulmanes” (cerca del 80% sunnitas y el 20% chiitas) y la otra porque “históricamente han pertenecido a la India”, estado secular que es el tercer país con mayor número de fieles del islam (unos 150 millones) después de Indonesia y Pakistán. Disputa que ha causado cuatro guerras (1948, 1965, 1971 y 1999), miles de muertos y millones de desplazados.

La importancia estratégica de Cachemira reside en 1) su valor militar al ser el Techo de Asia, un lugar previlejado por vigilar a China, India y Pakistán; importante motivo por el que tanto India como China se oponen a la mediación de EEUU en el conflicto: ¡Saben que, si el Tío Sam pone sus pies allí para “imponer la paz, luego ni Dios puede echarle! , y 2) Los abundantes caudales de agua de la región. 

Los motivos de la guerra 

  1. Si EEUU regala Afganistán a Pakistán, India se quedará con Cachemira”, habrá pensado Modi, tras conocer los acuerdos de paz entre Trump, Talibán y Omran Khan. Según Shahbaz Sharif, el líder de oposición en el parlamento pakistaní, Khan le ofreció a Trump ayudar a su objetivo de retirarse de Afganistán (que es una farsa) a cambio de que su mediación en el conflicto de Cachemira en su favor.
  2. Entorpecer el proyecto del Corredor Económico China-Pakistán, en el que Beijing ha invertido 46.000 millones de dólares, y atraviesa la parte pakistaní de Cachemira para alcanza el puerto de Gwadar en Mar Arábigo. India sabe que una mayor inestabilidad de la región asestaría un buen golpe al proyecto. 
  1. “Colonizar” Cachemira, ofreciendo oportunidades para las empresas indias en esta región, y provocar un cambio demográfico. Pues, la ley suspendida prohibía a los no cachemiríes comprar tierra en la región. 
  2. Guerra por los recursos hídricos del Indo, cuya cabecera se encuentra en la cachemira de India, pero sus aguas pasan principalmente por Pakistán. El Tratado de Indo del 1960 asigna a Nueva Delhi la gestión del 20% de dichos recursos y el resto a Islam Abad con los que riega los cultivos en Pakistán para alimentar a 40 millones de personas. El aumento descontrolado de la población en ambos países, el calentamiento global que ha provocado la evaporación de los ríos y la pérdida del volumen del glaciar de Himalaya, la rápida industrialización de la India y la desertificación de Pakistán, han renovado la lucha por el Oro Líquido. Pakistán ahora teme que Modi siga construyendo represas y canales disminuyendo el flujo de Indo o le corte el agua como hizo durante la guerra de la independencia (1947-1948), secando sus cultivos: “Agua y sangre no pueden correr al mismo tiempo” , advierte India, utilizando el asesinato de sus solados en los atentados “yihadistas”.
  3. Recuperar la soberanía sobre Cachemira pluriétnica fue una de las promesas electorales del Modi en 2014. El lema “India para los hindúes” del Partido de extremaderecha fundamentalista y anti-musulmán Rashtriya Swayamsevak Sangh del presidente Modi, -quien está desmantelando el estado secular del país por el suprematismo hinduista-, ha provocado dentro de la propia india el aumento del ataque de los grupos fascistas a las minorías no hinduistas del Estado.

6 . Utilizar Cachemira para distraer a la población de los graves problemas del país (como que casi la mitad de la población de 1.352.millones no tiene un baño y defeca al aire libre), señalando a Pakistán como el enemigo, que no su régimen neoliberal-integrista.  

  1. Los generales islamistas Pakistán, interesados en el enfrentamiento, así renuevan la política del uso del “yihadismo”, movilizando a los Talibán de cachemira y otros grupos terroristas que operan en la zona.  El poder y el papel del ejército indio no es menor en la política de su país: la Ley de Poderes Especiales de las Fuerzas Armadas de 1958, le otorga licencia para actuar como un ejército de ocupación en las regiones autónomas. 

Cachemira y las potencias 

EEUU, que utilizó a Pakistán, durante la Guerra Fría, para hacer de contrapeso a la India No Alineada y ser la fábrica del “Yihadismo” (a propuesta del Dr. Brzezinski), y así destruir a las fuerzas de izquierda en toda la región, con el fin de la URSS, y sobre todo con la Doctrina anti-China de Obama de “Regreso a Asia”, fue tirado a la papelera.  Obama será el único presidente de EEUU que viajó dos veces a la India con el objetivo de 1) impedir la formación de la Chindia fruto de una alianza entre los dos gigantes asiáticos, y 2) evaluar su capacidad para producir artículos baratos para el mundo y expulsar a China de este mercado. No pudo ser, quizás porque Nueva Delhi pensó que “quien tiene un tío en Alcalá, no tiene tío ni tiene ná”: EEUU estaba demasiado lejos, y no le convenía llevarse mal con los chinos. A demás, la pantomima del asesinato de Bin Laden fue el último clavo a una relación desastrosa con Islam Abad. Donald Trump, que ha fusionado la política anti-china con la anti-iraní, asegura que Modi no le informó de su plan. En esta crisis, EEUU prefiere no debilitar a India: aunque no reconocer la soberanía de Delhi sobre Cachemira, tampoco respalda la independencia de una región desorganizada que podrá convertirse en un campo de batalla de grupos armados y potencias extranjeras. 

China ha criticado duramente la suspensión unilateral del estatuto de Cachemira. En este juego de alianzas, Beijín está con Pakistán que es 1) un socio de bajo costo para mantener a raya a India, 2) el destino del 40% de sus exportaciones de armas, 3) un instrumento para influir sobre los acontecimos de Afganistán, donde la OTAN le tiene como su principal objetivo. A China que no le vendría mal que los indios se desgastasen en el conflicto de Cachemira, aunque pide una solución negociada entre ambos países. 

Rusia al contrario de EEUU y China se siente más cómoda con India, quizás por fuertes lazos heredados de la era soviética. Kremlin es consciente de la necesidad de Delhi a contar con al menos una potencia mundial a su lado. Los dos países están unidos en el grupo BRICS, y han formado una asociación estratégica, con la que Rusia intenta romper las sanciones que sufre de Occidente aprovechando el inmenso mercado indio: han acordado triplicar el volumen del comercio bilateral, que hoy es de 10.000 millones de dólares. India además es un destacado cliente de armas rusas: compró en 2018 el defensa antiaérea S-400, por 5.200 millones de dólares. 

Israel ha encontrado en Narendra Modi al hermano gemelo de Benjamín Netanyahu, el padre del “anti-musulmanismo”, (que no anti-islamismo, teniendo en cuenta que islam y judaísmo son religiones hermanas). Modi pone fin a la tradicional política anticolonialismo de la India y su defensa al pueblo palestino, y convierte a Israel en su principal proveedor de armas, en cuyo suelo los soldados indios aprenden técnicas antiterroristas para oprimir manifestantes y realizar tareas de vigilancia e inteligencia contra los activistas; Tel Aviv, además es para Modi un enlace directo con la Casa Blanca. A cambio, Israel encuentra en India un aliado contra el único país “musulmán” poseedor de armas nucleares: Pakistán.

***

Para los generales de los ejércitos de ambos países, que ganan miles de millones de dólares para “defender el país” del enemigo de al lado, la paz no es una opción. Las escaramuzas y una guerra de baja intensidad justifican su importante papel en la política, con unas 140 ojivas nucleares, que posee cada uno, mantendrán el equilibrio del terror. 

En una situación tan compleja las potencias emergentes están deshaciendo las viejas normas estratégicas, haciendo “ensayo y error” en busca de nuevos paradigmas. Sólo así se puede comprender por qué India ha empezado un peligroso juego que difícilmente podrá controlar. Por cierto: la población de Cachemira que vive en la extrema pobreza también tendrá algo que decir.

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Puerto Rico: furgón de cola de la nación más poderosa del mundo

Un 45 por ciento de la población de Puerto Rico es pobre, mientras que en EE.UU el promedio nacional llega al 12. La deuda pública de la isla está en manos de capitalistas norteamericanos y los residentes del estado 51º de la Unión pagan impuestos federales sin recibir los beneficios del federalismo.

 

La escena y su desenlace político pueden parecer de ficción en EE.UU. Pero no, porque se trata de Puerto Rico, un estado libre asociado cuyo status encubre una forma de colonialismo desde 1952. La escena consistió en 250 mil personas que exigieron en las calles de San Juan, su capital, la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló Nevares. El desenlace será su salida del poder, prevista para el 2 de agosto. La isla que se autogobierna con una soberanía limitada – dependería del Congreso de Estados Unidos para declararse independiente – es el furgón de cola de un país cuyo presidente le da la espalda. Lo confirman las consecuencias del huracán María que arrasó con personas y bienes en septiembre de 2017. El peor en casi un siglo. Donald Trump no solo negó la cantidad real de víctimas. También acusó a las cuestionadas autoridades locales de su pronunciada crisis económica, agravada por el fenómeno climático.

La historia desmiente al magnate. Un 45 por ciento de la población de Puerto Rico es pobre, mientras que en EE.UU el promedio nacional llega al 12. La deuda pública de la isla – de unos 72 mil millones de dólares – está en manos de capitalistas norteamericanos y los residentes del estado 51º de la Unión pagan impuestos federales sin recibir los beneficios del federalismo. Además, los portorriqueños le han puesto el cuerpo a todas las guerras que Estados Unidos ha desparramado por el mundo. Sirvieron en sus ejércitos cientos de miles, desde la Segunda Guerra Mundial hasta las excursiones bélicas por Irak y Afganistán. Sus muertos se cuentan por decenas.

Las principales empresas de servicios en Puerto Rico son de EE.UU: Mc Donalds, Kentucky, Home Depot, farmacias CVS, entre otras. La gestión de Rosselló Nevares – según el Centro de Periodismo Investigativo local – estimuló las ganancias de “multinacionales como Monsanto y promovió la ley de Zonas de Oportunidad que reduce el pago de contribuciones a inversionistas”. Los chats misóginos y homofóbicos del gobernador renunciante que le costaron el cargo, más la corrupción que se le atribuye a su administración, explican su salida. Pero no la responsabilidad de Estados Unidos en la deriva de Puerto Rico. Rosselló Nevares podría tener que responder en la Justicia por los presuntos delitos de “depravación, malversación de fondos públicos, negligencia en el cumplimiento del deber y aprovechamiento ilícito de trabajos o servicios públicos” según el mismo sitio periodístico.

En abril pasado, Francisco Martínez, un veterano economista de la Universidad de Puerto Rico aportó cifras clave sobre el deterioro social de la isla durante un simposio. Dijo que el 55 % de las mujeres jóvenes de entre 18 y 24 años están por debajo del nivel de pobreza y también el 50 % de los hombres. Un dato adicional corrobora el panorama: Misisipi, el estado más pobre de EE.UU tiene un ingreso anual promedio por hogar de 42.009 dólares mientras que la isla apenas llega a 19.775, según el mismo Martínez. Trump no pagó demasiados costos políticos por esto. Incluso se atrevió a decir que su gobierno “ha hecho un gran trabajo” en la isla para sacarla de su crisis económica.

El presidente fue todavía más lejos cuando negó las cifras con la cantidad de muertos que dejó el huracán María. En ese sentido se pareció bastante a Rosselló Nevares. El 28 de agosto de 2018, el gobernador de Puerto Rico tuvo que rendirse ante las evidencias que presentó un estudio de la Universidad George Washington. Las víctimas fatales ya no eran 64 como él había informado y sí 2.975.

María de Lourdes Santiago es la actual vicepresidenta del Partido Independentista Puertorriqueño. En su cuenta de Twitter escribió el viernes: “Salir de Ricky (por el gobernador Rosselló Nevares) para tener a Wanda (Vázquez Garced, su sucesora) es como curarse de dengue para contraer chicungunya”. Para esta dirigente opositora “la opción de estadidad y la anexión, no son atractivos para los EE.UU”. Aunque parece que mucho menos es la alternativa independentista. Las grandes corporaciones estadounidenses serían las primeras en oponerse – como lo han hecho hasta ahora – porque gozan de exenciones impositivas por haberse instalado en la isla y pagan salarios más baratos que en otros estados.

El costado militar tampoco es una cuestión menor en esta relación asimétrica de la nación más poderosa del planeta y su estado libre asociado más pobre. Según un informe de la cadena Telesur que cita la opinión del periodista local Luis De Jesús Reyes, Puerto Rico siempre fue “un enclave geoestratégico en las pretensiones de EE.UU de mantener su control militar en el Caribe y América Latina”. Estados Unidos llegó a tener seis bases militares, incluyendo la naval más grande del mundo fuera de su territorio: Roosevelt Roads, que cerró definitivamente en 2004 después de que se abriera en 1943. Pero la más cuestionada por sus consecuencias sobre el medio ambiente con la utilización de material radioactivo que elevó los índices de cáncer fue la de Vieques. Estaba en una isla que pertenece al archipiélago de Puerto Rico. EE.UU tuvo que retirarse en 2003 después de que los vecinos de la base empezaron una campaña de agitación tras el asesinato del joven viequense David Sanes Rodríguez. Era un soldado que hacia guardia cuando el 19 de abril de 1999 dos bombas cayeron a su alrededor.

La ubicación estratégica de la isla ha sido más que una ventaja, un problema para su progreso e integración a EE.UU. Si a ello se le suma la política en piloto automático de Washington, un gobierno como el de Rosselló Nevares – el primer gobernador que renuncia por la presión popular -, calamidades como el huracán María y los informes lapidarios de Amnistía Internacional sobre la situación social, Puerto Rico es un bote a la deriva en el mar de las Antillas. Según El Nuevo Día – el diario local de mayor circulación - a dos años del desastre climático, el Partido Nuevo Progresista todavía en el gobierno le pidió a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (Fema, por sus siglas en inglés) que despache a la isla miles de toldos azules de fibra reforzada. Serían para reemplazar a los casi 30 mil que hay en malas condiciones. Todavía siguen colocados en las casas donde había techos que voló el huracán.

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Sábado, 27 Julio 2019 05:18

¿Contener a Irán? No, a Trump

¿Contener a Irán? No, a Trump

Ya es hora de que nos pongamos las pilas con respecto a lo que ocurre en esta farsa de la "crisis" en el golfo Pérsico, esta charada de mentiras y pomposidad que Trump y sus cachorros en Londres nos presentan.

 

Un presidente estadunidense que es un racista, misógino, deshonesto y sicológicamente perturbado –apoyado por dos consejeros agresivos y tan indignos y falsarios como él– amenaza con ir a la guerra con Irán, en tanto otro bufón, dado a las mentiras en serie y a agitar arenques ahumados durante los debates, y hoy primer ministro británico, prefiere concentrarse en la autodestrucción de su país en vez de en el secuestro de sus barcos.

 

Los iraníes, siempre los taimados "terroristas" chiítas del Golfo, se han atrevido a pintarle un violín al presidente orate que rompió el tratado nuclear de su país con Irán, y ahora juegan con lanchas de motor en el estrecho de Ormuz para recordar tanto a Trump como a Johnson –y al pobrecito Jeremy Hunt– que Medio Oriente es la tumba de imperios de verdad, muertos hace mucho tiempo. ¡Cuánta maldad! ¿Qué audaces crímenes terroristas se propondrán cometer los persas ahora?

 

¿Tomamos en serio esta basura? Tal vez deberíamos culparnos a nosotros mismos. Nuestros comentaristas y corresponsales, nuestros poderosos imperios mediáticos, se tragan gustosos a los sórdidos personajes de Washington y Londres y luego –cuando olisquean guerra– se les congela el rostro en un gesto de rectitud patriótica al hablar de la "política de Trump en Medio Oriente", su "política en el Pérsico", su cercana amistad con su "aliado" saudita, que tiene el cabello enmarañado con sangre coagulada, o su aliado israelí, propenso a despojar territorios. Qué estupideces.

 

No existe una política de Trump respecto de nada. Tampoco existe una política de Boris Johnson, ni de Jeremy Hunt, de no ser, quizá, un quejumbroso balido estilo Gilbert y Sullivan sobre la conducta "total y absolutamente inaceptable" de Irán al golpear el Stena Impero.

 

No estorbar

 

"Impero" era la palabra correcta. En realidad, no había nada más triste y lastimero que la voz del comandante del barco británico Montrose –o Foxtrot 236, como los iraníes lo llamaron, según el número que llevaba la fragata en la proa– al leer su reglamento victoriano a los guardias revolucionarios el pasado viernes. "No deben estorbar, impedir, obstruir o detener el paso del Stena Impero", citó. Oh, pero los iraníes sí que podían estorbar, impedir, obstruir y detener el paso del buque cisterna de bandera británica, y de hecho lo hicieron. Porque sabían que el único navío británico de guerra que navegaba en todos los 251 mil metros cuadrados de mar que son el golfo Arábigo –o Pérsico, como ustedes gusten– era una fragata de 133 metros de eslora, demasiado lejana para evitar tal "impedimento" y "obstrucción". Lejos están los días en que el quinceañero Horatio Nelson surcó imperiosamente el Golfo hasta Basora en la fragata de 20 cañones Seahorse, en el siglo XVIII, capitaneada por su tío Maurice Suckling. Si el Duncan, bautizado en honor del triunfador de la batalla de Camperdown, en el siglo XVIII, acude en auxilio del Montrose, bautizado en honor del duque del mismo siglo, pueden pasar unas semanas juntos, y luego el Montrose volverá a casa.

 

En tiempos de Nelson, la armada real poseía más de 600 naves. Hoy tenemos menos de 20 para evitar que las hordas iraníes, o las chinas o cualesquiera otras hordas, obstruyan e interrumpan lo que nos gusta llamar "nuestros vitales suministros petroleros". Fue de algún modo apropiado que el buque cisterna capturado estuviera vacío en su travesía hacia el reino dictatorial de Arabia Saudita, el amado aliado de Trump, cuando fue secuestrado. No es extraño que Jeremy Hunt quiera enfriar las aguas del Golfo en vez de ordenar a su minúsculo barquito que sirva de escolta junto con la poderosa flota estadunidense.

 

Captura montypythonesca

 

Sin embargo, sí fue apropiado que, en la cúspide de una nueva era de autoengaño y misticismo imperial, los británicos se hayan embarcado en la captura montypythonesca del buque cisterna iraní en Gibraltar. Se nos dio a entender –y aquí el lienzo de la pompa fue ricamente bordado– que el Grace 1, que los marinos reales abordaron con la misma elegancia con que sus contrapartes enmascarados iraníes bajaron a rappel sobre el Stena Impero, fue detenido porque llevaba petróleo a Siria. La Unión Europea, supuestamente ansiosa por aplicar esas sanciones, no dijo nada. Y entonces Jeremy quiso platicar con los iraníes, recibir seguridades de que su cisterna no se dirigía hacia Banias, sino –¿quién sabe?– a las islas griegas, tal vez, o a la Costa del Sol.

 

Entonces, nada más para competir con la Reunión de Té del Sombrerero Loco, el asunto fue puesto en manos del ministro presidente de la Suprema Corte de Gibraltar, cuya jurisdicción política –eso se supone que creamos– abarca grandes asuntos de Estado desde Washington hasta Londres y Teherán, aun cuando la población de la roca es de menos de 35 mil almas. Oh, pero sí, nos dicen, la Corte de Gibraltar ha ordenado la detención del Grace 1 por otros 30 días. Bien, bien, debemos cumplir los deseos de ese poderoso cuerpo judicial. Cierto, esto está apenas a un paso de Trial By Jury, la ópera cómica que nuestro flamante premier de seguro adorará.

 

Si los estadunidenses no hubieran apremiado, solicitado o instruido a los británicos capturar el Grace 1 –como cada vez más parece haber sido el caso–, estén seguros de que no habría ocurrido. Y estén seguros de que, si Jeremy hubiera declinado involucrarse en esta tontería, la Corte de Gibraltar, su ministro presidente y los otros tres ministros habrían olvidado su palabrería legal, le habrían concedido su gracia y deseado buena travesía. Pero no: cuando nos involucramos en esta acción incendiaria, era inevitable que los iraníes hicieran lo mismo. Como he reflexionado a menudo, esos persas nos entienden mucho mejor que nosotros a ellos.

 

El arenque de Boris

 

Entonces, acompáñenme un momento a Teherán. ¿De veras creemos que los iraníes –por arrogantes, vanidosos, crueles y vengativos que puedan ser– no están conscientes de la inminente autoinmolación británica en el Brexit? ¿Imaginamos por un momento que no han captado las complejidades de la batalla Johnson-Hunt, su desenlace decidido por una camarilla de Tories cuyas resoluciones hacen ver las elecciones parlamentarias y presidenciales iraníes como un modelo internacional de democracia? Estén seguros de que los iraníes tomaron nota del arenque de Boris. Pero ellos tienen peces más grandes que freír en el Golfo.

 

Y ¿en serio creemos que los iraníes han olvidado la última "guerra de los buques cisternas" del Golfo en 1987? Yo la recuerdo muy bien. Informé sobre todo ese penoso asunto, volando literalmente sobre el Golfo humeante en helicópteros, día tras día. El clímax llegó cuando los estadunidenses decidieron abanderar buques cisternas kuwaitíes con las barras y las estrellas y les pusieron una escolta de la Armada estadunidense que los protegiera de los ataques aéreos iraníes. Hoy, eso parece familiar. En aquel tiempo, claro, éramos aliados de ese excelente y demócrata guerrero árabe Saddam Hussein, quien había invadido Irán en 1980 (con un costo final de más de un millón de vidas). Bueno, pues la primera misión de escolta resultó un desastre –aunque Trump, Hunt, Boris Johnson y Humpty Dumpty han olvidado todo aquello– cuando el buque cisterna kuwaití Al Rakkah, nominalmente bendecido como el estadunidense Bridgeton y acompañado por un puñado de navíos de guerra, golpeó una mina iraní el 24 de julio de 1987. Pudo continuar su travesía, pero las naves estadunidenses –cuyos costados eran tan frágiles que una mina pudo haberlos hundido– hicieron el resto del viaje en fila india detrás del Bridgeton como una parvada de polluelos, usando el enorme bulto del buque cisterna para protegerse. Los iraníes, como digo, no habrán olvidado esa humillación estadunidense. Después de todo, son especialistas en humillación cuando creen haber sido humillados.

 

Pero ¿creemos que la ridícula "Fuerza de Protección del Golfo" de Trump tendrá mejor destino? Hay pocos voluntarios, pero, puesto que Boris Johnson estuvo dispuesto a hundir a un embajador británico, supongo que podría arriesgar una fragata o dos. Los iraníes, de nuevo, ya habrán previsto esto. Su tratado nuclear, honorablemente firmado con el presidente estadunidense de ese tiempo, ha sido roto en pedazos, destripado y vergonzosamente destruido por Trump. Así pues, tras haber sido traicionados por los estadunidenses, y sometidos a más sanciones por el mismo culpable, ¿por qué no deberían ponerse ellos también a jugar a los superpoderes, poniendo los inocentes navíos de su majestad británica como blancos en su consola de juegos?

 

Aún no hemos captado la verdadera importancia –pero, otra vez, estén seguros de que los iraníes sí– de la irritación de Trump con el informe de Kim Darroch sobre la destrucción estadunidense del tratado nuclear. La rabieta de Trump llevaba la clara intención de que destituyeran al embajador británico. Estaba diciendo "mándenlo a casa", así como quería "mandar a casa" a una congresista de su país que lo increpó. Y nuestro flamante premier le concedió el deseo.

 

Sin embargo, entre todas estas artimañas, todavía se supone que debemos tragarnos las pamplinas que nuestros mensajeros imperiales escriben para nosotros, suponiendo una vez más que existe una política de Trump hacia el Golfo, que la cordura para Medio Oriente puede venir de los residentes de una institución mental. Por eso David Ignatius, viejo colega mío y amigo de los días de la guerra civil en Líbano, escribe ahora la siguiente burrada en su columna en Estados Unidos: “A medida que la confrontación de Estados Unidos con Irán se profundiza en el Pérsico… la tarea sombría, pero inevitable, es contener a Irán y prepararse para la guerra, si la contención falla”.

 

Para lograr esto, según Ignatius, Mohammed bin Salman debe asumir la responsabilidad por el asesinato de Jamal Kashoggi y concluir la guerra en Yemen –como si el príncipe heredero fuera a contemplar lo segundo, ya no digamos lo primero– porque “la relación estadunidense-saudita es importante para la seguridad de ambas naciones, en especial conforme la confrontación con Teherán se aproxima a la guerra… relanzar la relación entre ambos países sobre una base más honesta es urgente ahora, cuando crece el peligro de un conflicto regional”.

 

Así pues, olviden que Trump es un lunático y que el príncipe heredero parece ser un joven profundamente perturbado que gobierna un Estado sicótico. La Casa Blanca es un manicomio, pero, según Ignatius, debemos prepararnos para la "tarea sombría, pero inevitable", de "contener a Irán" –en vez de contener a Trump– porque "crece el peligro de un conflicto regional".

 

Ser racional

 

Tal vez sea buena idea, en este momento, recordar lo que es patrullar el Golfo frente a la costa iraní. Hace poco más de 30 años, yo iba a bordo de uno de los viejos barcos hermanos del Montrose, la fragata Broadsword, que escoltaba buques cisternas británicos por el estrecho de Ormuz bajo la mirada de la Guardia Revolucionaria. Para dar a los lectores un toque de realidad –realidad real, por así decirlo–, esto es lo que escribí en ese tiempo:

 

“Lo que afligía a la mayoría de los marineros en el Golfo era el calor. Quemaba las cubiertas de las naves hasta que estaban, literalmente, demasiado calientes para caminar sobre ellas. Los marineros británicos se paraban de puntas, por las temperaturas calcinantes que salían del acero. El revestimiento de las cargas de profundidad, los dispositivos Bofors para apuntar las armas, estaban demasiado calientes para tocarlos. En la cubierta de vuelo de los helicópteros el calor subía a 57 grados, y sólo una mano descuidada hubiera tocado un tubo sin ponerse los guantes. El calor creaba pesadez en la cabeza, un sopor insuperable, una tremenda irritación con los otros seres humanos en cubierta. Dentro del barco… el calor se movía más rápido que los marineros. El comedor de oficiales estaba fresco, a 26 grados. Tomé un vaso de agua; yo estaba bañado en sudor. Al abrir la primera puerta hermética, me emboscó el calor. Después de la segunda puerta, caminé hacia una fundición tropical, mientras el conocido mar gris lamía el casco. ¿Cómo es posible trabajar en estas condiciones y seguir siendo racional?”

 

Sin embargo, supongo que se trata precisamente de ser racional, pero nuestros amos ya no poseen esa facultad. Por cierto, el Broadsword fue vendido a los brasileños hace casi un cuarto de siglo, en 1995. El Bridgeton fue desmantelado en India siete años después. Y allí es donde nuestros descocados líderes deberían estar hoy: en el deshuesadero.

 

The Independent

 

Traducción: Jorge Anaya

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El teléfono en Europa y la política del cambio que no es real

Es famosa la anécdota de que el superdiplomático estadunidense Henry Kissinger preguntó alguna vez, "¿a quién llamo cuando llamo a Europa?" La pregunta se cita en repetidas ocasiones como un modo inteligente de sugerir pesimismo acerca de Europa como realidad. La respuesta, por supuesto, depende de lo que quiera uno saber de Europa. Hay por lo menos una docena de instituciones europeas de variados tipos de membresías e intereses. Puede uno telefonear a cualquiera de ellas. Europa es tanto una realidad, que hay aun una institución europea instituida por quienes quieren abolir las instituciones europeas.

 

Haremos dos cosas en este comentario. Una es discutir la diferencia entre lo que llamo un cambio real y un cambio que no es real. Para ello, la discusión del teléfono de Europa es muy útil para dejarnos ver qué está ocurriendo.

 

La segunda cosa que intento hacer es discutir la epistemología del análisis y las formas en que hemos venido a hablar de algo que llamamos análisis espacio tiempo (AET).

 

Déjenme explicar lo que pienso ocurre cuando intento hacer un comentario. Comienzo por fecharlo y ponerle título. Luego comienzo a dictar lo que es necesario. Así que déjenme comenzar a dictar éste.

 

Desde octubre de 1998 he estado escribiendo comentarios que aparecen cada quincena del mes. No he faltado ninguno. Tienen un patrón estándar de lo que digo.

 

Por más de 500 años del moderno sistema-mundo los análisis tienen un vaivén de ida y vuelta entre situaciones donde el punto de vista conservador estaba en la cima y situaciones donde la visión no conservadora estaba arriba.

 

¿Qué ha ocurrido? Bueno, esto puede explicarse si volteamos a examinar la visión axiomática de que podemos predecir el resultado de algo que queremos saber si miramos cómo nos iba hace 25 años.

 

Hoy, el problema al que casi todo el mundo en todo el sistema-mundo está dedicado es a responder "si Donald Trump va a reelegirse en 2020", y el axioma nos dice que el modo de saberlo es mirar 25 años atrás a ver cómo estaba la gente en ese momento. Y que si estaba bien hace 25 años, será reelecto, y si a la gente no le iba bien entonces, no será reelecto.

 

¿Por qué debe ser esto así? Tiene que ver con cómo las ocurrencias sucesivas afectan las previas. Supongamos que tomamos el más reciente de estos virajes grandes, uno que comenzó más o menos cerca de 1945 y que sigue hasta ahora.

 

¿Qué es lo que ocurre? Se dice que cada vez que hago la pregunta, "¿qué es lo que ocurre?" uno afecta de un modo diminuto, pero verdaderamente, una mezcla de números que tiene 25 años. Veamos por qué.

 

Así, se supone que podemos intentar tomar el promedio de todas las veces previas en que la gente ha supuesto mantener algo de hace 25 años.

 

Descubrimos que el promedio sería un ejercicio matemático imposiblemente complejo, que nadie es capaz de hacer. Así, realmente no podemos saber cuál sería la lectura del promedio de lo que son esos 25 años atrás. Podemos adivinar, por supuesto, y podemos acercarnos, pero no hay modo en que sepamos con absoluta certeza lo que la gente sentía hace 25 años. Ergo, no somos capaces de predecir.

 

Tomemos tres problemas cuyo contenido le importa a la gente. Uno es la condición de las mujeres. Otro es el grado al cual las cuestiones internas las dirime la gente que está a cargo. Y otro es el grado al cual nuestro país y la gente en nuestro país son hegemónicos en los sistemas-mundos.

 

En 1945, el la visión del establishment era que las mujeres no tuvieran ningún derecho. Esta visión cambiará durante los próximos años a una donde las mujeres tienen muchos derechos.

 

Otro problema es el estado del poder de aquellos que están a cargo. El tercero es el grado al cual un país es hegemónico en el sistema-mundo.

 

En el lapso de 25 años, las tres cuestiones llegan a un punto de inflexión donde parecen haber cambiado por completo. Esto es una ilusión. De hecho lo único que ha cambiado son los nombres de la gente, o los de los grupos que son dominantes en el sistema. Sigue siendo éste un sistema que es bilateral y donde no puede ocurrir cambio alguno. Acerca de la gente a cargo del sistema, su poder era absoluto circa 1949. Y en términos de Estados Unidos y el poder hegemónico, era incuestionable circa 1945.

 

Cada uno de estos tres análisis se mueve a un punto presumiblemente cambiante donde todo ha quedado de cabeza tras 25 años. De hecho, el punto es que lo que ha cambiado es quién estaba en la cima y quién en la base. El sistema se mantiene igual. Es por eso que hablo de un "cambio que no es real".

 

A diferencia de virajes previos en la historia del moderno sistema-mundo, el viraje que comenzó a ocurrir circa 1945 fue mucho más raudo a resultas del cambio estructural del moderno sistema-mundo. Este cambio estructural significó que cuando arribamos al cambio virtual de 1968, más o menos, podíamos haber hecho un cambio real. De hecho, no lo hicimos. Hubo una reversión al viejo modo de calcular las cosas, pero con un lenguaje nuevo.

 

¿Cuál es la diferencia entre los cambios que se hicieron regularmente por más de 500 años y el último cambio que se hizo desde 1949? La diferencia tiene que ver con un número de categorías con las cuales etiquetamos nuestros cálculos. Si las etiquetas dicen que son cambios normales durante el periodo de 500 años, entonces todas estas etiquetas serán bilaterales. Los cambios que no son reales parecen ser cambio, pero de hecho no lo son. La única manera de tener un cambio que no parezca un cambio, sino que sea un cambio real, es apoderarse del momento de la crisis estructural del moderno sistema-mundo y, de hecho, en vez de hacer cálculos bilaterales, calcular totalmente de otro modo. Algo que yo le llamaría, "cambio cuadrilátero".

 

Hay otro cambio, en realidad de gran importancia. Es si debemos comenzar en forma normal con un análisis completamente autónomo para el tiempo histórico y el espacio global.

 

Utilizando el análisis de espacio tiempo, podemos encontrar entonces si ha ocurrido un cambio real o un cambio que no es real. Donde estamos ahora, podemos entrar en este debate con algo que podemos aprender del AET, algo que no podríamos haber aprendido si lidiáramos por separado con el tiempo histórico y el espacio global.

 

Hemos intentado explicar lo que es un cambio que no es real y hemos intentado explicar lo que significa un análisis de espacio tiempo. Si no lo logramos, es porque es difícil explicar esto.

 

Traducción: Ramón Vera-Herrera.

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