Otra trampa de Brzezinski y Stratfor contra Rusia: guerra demográfica con Turquía

Stratfor, centro texano-israelí que se ostenta como la CIA en la penumbra, refrendó su vaticinio de 2015 ( https://goo.gl/rTpM3n ) sobre Ankara y augura un 2016 muy agitado al colocar Todos los ojos sobre Turquía, lo cual fue anunciado con el derribo del avión ruso el 24 de noviembre: Turquía será el mas crítico jugador a observar debido a su resurgimiento, cuando el liderazgo del presidente Recep Tayyip Erdogan se ha consolidado, por lo que "será mucho mas asertivo ( sic) allende sus fronteras ( https://goo.gl/iC3oKc )".


Prefiero las predicciones a 100 años de Stratfor, porque nunca las voy a cotejar, que sus desinformativas adivinanzas anuales/decenales.


A los 14 días del derribo del avión ruso, Reva Bhalla glorificó en Stratfor que "Llegó el tiempo de Turquía ( https://goo.gl/kyJYID)".


Stratfor sostiene que EU probablemente facilitará la pronosticada vigorosa campaña aérea de Ankara en las provincias sirias, frontera con Turquía, cuando "enfatizará su intención de depender principalmente de los turcomenossunitas ( sic) y sus aliados rebeldes árabes (nota de Siria e Irak)".


Juzga que los "expertos ( sic) han acusado a Ankara de usar a los radicales (léase los yihadistas) en su juego de poder regional", que tiene por objetivo entre otras cosas, la intención de derrocar al presidente sirio Bashar al-Assad.


Tal operación rompería los planes de Moscú: "lo último que desea Rusia es una confrontación con Turquía, el guardián de los mares Negro y Mediterráneo, pero la confrontación ( súpersic) es algo que no puede evitar", aunque Turquía ni Rusia pueden darse el lujo de una ruptura completa en sus relaciones, pero los vínculos comerciales están destinados a sufrir, mientras que los proyectos estratégicos de energía experimentarán mayor atraso (léase el proyectado gasoducto ruso-turco).


Según Stratfor, "Turquía comprometerá un número limitado ( sic) de tropas para el entrenamiento de los combatientes sunitas en el norte de Irak", mientras el gobierno de Irak ha exigido el retiro del ejército turco.


En mi portal formulé la relevancia de los "pueblos túrquicos ( http://goo.gl/g6S6Xj )", y referí los alcances de la grave crisis entre Rusia y Turquía (http://goo.gl/SMozQk) concomitante a la explosividad del Turkestán ( http://goo.gl/uG3uY7)".


Stratfor insiste en que Rusia será el mayor factor que complique los planes de Turquía cuando Moscú no desea empujar a Ankara demasiado lejos, ya que mientras Turquía encuentra causa común con sus socios de la OTAN, lo más vulnerable será Rusia en su anterior esfera soviética.


¿Maneja ya Washington la configuración de una OTAN sunita?


No es lo mismo la sesgada percepción de Stratfor sobre Turquía que el discernimiento antagónico tanto de Rusia ( http://goo.gl/h7WAjO ), que la puede desestabilizar con la carta kurda ( http://goo.gl/EKMTuD ), como de China que diagnostica las turbulencias de Ankara ( http://goo.gl/rYvVn7 ) y cuyo presidente, Erdogan, ha sido puesto en la picota por sus alabanzas a Hitler ( http://goo.gl/WKMTL7 ).


No se puede soslayar la antítesis de que Turquía se puede volver una nueva Siria y ser motivo de la balcanización de sus importantes minorías kurdas (de 15 a 30 por ciento), de origen indo-europeo,y de 25 por ciento de la secta chiíta alevi del siglo XIV, de raza tanto turco-mongólica como kurda, y de sutiles diferencias litúrgicas con los alawitas árabes del siglo IX de Siria ( http://goo.gl/Gi1bxR ).


Más que el derribo de su avión, lo que más exasperó a Rusia fue la confesión del líder turcomeno sunita, quien ordenó el linchamiento de su piloto ( http://goo.gl/9AaDGr ).


En el azorante reacomodo de alianzas regionales, Turquía coquetea con Israel ( http://goo.gl/f5bBfV), implementa una poderosa alianza sunita con Arabia Saudita contra Rusia ( http://goo.gl/hLHXmc ) y fomenta la insurrección de la minoría de tártaros sunitas en Crimea ( http://goo.gl/BYVOcL ).


El enfoque de Stratfor sobre Turquía converge con la "visión geoestratégica ( http://goo.gl/7fu3dZ )" de Zbigniew Brzezinski, quien apuesta a la grave crisis demográfica de Rusia.


La legendaria rusofobia de Brzezinski, que no amaina a sus 87 años, amarra las navajas de Ankara y Pekín contra Moscú y compara los rankings –manoseados por EU– del "desempeño global de Turquía y Rusia ( http://goo.gl/lpUO6i )".
Las tendencias de las pirámides poblacionales de Rusia, 139 millones ( http://goo.gl/gR9jnk ), y Turquía, 77 millones ( http://goo.gl/vWJu3P  ), son desfavorables a Moscú.


Brzezinski abulta los rankings comparativos del crecimiento poblacional (Rusia: -0.46 por ciento; Turquía: 1.27 por ciento), tasa de natalidad (Rusia: 11.11/1000; Turquía:18.28/1000), tasa de mortandad (Rusia:16.04/1000; Turquía: 6.1/1000) y tasa de fertilidad (Rusia 1.41; Turquía 2.18).


Se desprende que de no ser por sus armas nucleares, Rusia ya hubiera sido invadida por Turquía. El pretendido (en la imagen) ascenso irresistible de Ankara sobre Moscú, promovido por Stratfor y Brzezinski, subtiende a balcanizar a Rusia, en semejanza a la implosión de la ex-URSS.


Stratfor y Brzezinski rememoran la derrota de Rusia en la guerra de Crimea del siglo XIX gracias a la alianza del entonces imperio otomano con Francia y Gran Bretaña.


Sumado al desplome del petróleo para arrodillar al Kremlin, hoy EU busca desangrar a Rusia en su nuevo gran Afganistán: desde Ucrania pasando por Siria/Turquía hasta el corazón centroasiático, frontera con China e India.


No lo oculta Brzezinski: "las próximas dos décadas ( sic) es probable que sean criticas ( sic) para Rusia", mientras justifica el neo-otomanismo del hoy primer ministro turco Ahmet Davutoglu y su profundidad estratégica, basados más en motivaciones histórico-geopolíticas que en consideraciones religiosas.


La verdadera batalla es la guerra demográfica entre Turquía –cuya sociedad sunita tiende a la poligamia en la fase del neoislamismo de Erdogan, dejando atrás el laicismo de Ataturk– y Rusia, cuya sociedad mayoritaria ortodoxa cristiana es monogámica, sin perder de vista en su seno a 20 millones de poligámicos tártaros sunitas.


Le faltó agregar a Brzezinski que el promedio de edad en Rusia es de casi 40 años: ¡una década más joven que Turquía!
La guerra demográfica contra Moscú no es nueva. La abordó hace 37 años Hélène Carrère d'Encausse en "El Estallido del Imperio: La Revuelta de las Naciones en la URSS ( http://goo.gl/qAu2Aj )".


Brzezinski delimita la zona de conflicto más allá del 2025 bajo el corolario de la amenaza al estatuto global de EU: la "región al este del Canal de Suez de Egipto, al occidente de la provincia Xinjiang de China, el sur de Rusia en las fronteras postsoviéticas en el Cáucaso y en los nuevos estados de Asia Central: Los Balcanes euroasiáticos ( http://goo.gl/3tIGgk )" de Brzezinski, que epitomizan el nuevo gran Afganistán contra el RIC (Rusia, India y China).


Nada nuevo de Stratfor ni de Brzezinski cuando Joe Biden, vicepresidente de EU, ya había apostado a la derrota demográfica y económica de Rusia ( http://goo.gl/kqxVal )


El derribo del avión ruso por Turquía, miembro de la OTAN, no fue un hecho accidental. Fue un notable episodio, genuino punto de quiebre de la intermitente guerra caleidoscópica entre Washington y Moscú en el corazón euroasiático.


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Los tratados de libre comercio son anti libre comercio

El libre comercio es uno de los principales mantras del capitalismo como sistema histórico. El libre comercio se predica como el arreglo óptimo para expandir la producción, reducir los costos de ésta y, como tal, reducir los precios del consumo, lo que en el largo plazo incrementaría la igualdad en el ingreso. Todo esto puede ser cierto. Nunca lo sabremos, puesto que nunca de los nuncas hemos conocido un mundo de libre comercio. El proteccionismo ha sido siempre el modo dominante de las relaciones económicas entre los Estados.


Pero, pueden pensar, ¿no constantemente ratifican los Estados tratados que se califican como de libre comercio? Sí, lo hacen. Pero en realidad tales tratados no se basan en el libre comercio, sino más bien en el proteccionismo. Comencemos por el primer hecho básico. No existe algo como el libre comercio si no incluye a todos los Estados en el sistema-mundo.
Si un tratado incluye a algún número de Estados, desde dos Estados a N-1 Estados (siendo N la totalidad de Estados en un momento particular), esto por definición significa que algunos de los otros Estados están excluidos de las previsiones de dicho tratado. La colectividad de Estados dentro del así llamado tratado de libre comercio están de hecho creando una zona proteccionista contra el o los Estados excluidos.


Una de las razones por las que siempre es tan difícil para los Estados el aceptar un así llamado tratado de libre comercio es que los Estados involucrados tienen que negociar una compensación. Cada uno de estos Estados está decidiendo qué medidas proteccionistas está dispuesto a sacrificar vis-à-vis el grupo limitado de Estados que serán incluidos en el tratado, con el fin de obtener las ventajas que resultarán de la disposición del otro Estado o Estados para sacrificar alguna medida proteccionista particular.


Podemos constatar cómo funciona esto observando una negociación importante que lleva ocurriendo ya algún tiempo bajo el rubro de Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (o TPP, por sus siglas en inglés). Actualmente hay 12 Estados implicados en el tratado en perspectiva: Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Vietnam. Este grupo de 12 comenzó negociaciones en 2008 y fijaron la fecha 2012 para completarlo. El año 2012 ya quedó atrás. Ahora afirman que será en 2015 cuando las actuales negociaciones lleguen a una fase final para culminarlo supuestamente este año.


Si uno mira la lista de los Estados involucrados, es una curiosa mescolanza geográfica. Además, los países son bastante diferentes en tamaño, en PIB y en importancia en la economía-mundo. Se dice que existe una larga lista de otros países potenciales que podrían buscar entrar, una vez que el TPP esté funcionando. Sin embargo, hay dos países muy grandes de los que no se dice que sean miembros potenciales: China e India. ¿Por qué será


Las listas actual y potencial están basadas obviamente en consideraciones políticas, no económicas. No obstante, en vez de discutir la política de elegir los límites exteriores de la zona del TPP, indaguemos por qué ha llevado tanto arribar a un tratado que 12 Estados están listos a ratificar.


Tomemos la cuestión de los productos lácteos. Canadá los protege. Nueva Zelanda los exporta. Canadá está a punto de celebrar elecciones. El partido que gobierna Canadá actualmente tiene miedo de perder estas elecciones. Por tanto, de ninguna manera firmará Canadá la reducción de sus protecciones a sus granjeros productores de lácteos. La prosperidad de Nueva Zelanda depende de ser capaz de expandir las ventas de lácteos.


Tomemos otro punto que compete a Nueva Zelanda. Ésta mantiene sus extensos beneficios médicos mediante el uso amplio de medicamentos genéricos. Así también lo hace Australia. Las compañías farmacéuticas en Estados Unidos están ansiosas de imponer severas restricciones al uso de genéricos, que dañan los ingresos de los medicamentos protegidos. Le llaman a esto salvaguardar la propiedad intelectual, siendo salvaguardar un eufemismo de proteger.


O tomemos otro punto: las preocupaciones en torno a los llamados derechos humanos. Los sindicatos en Estados Unidos aseguran que existe un éxodo de empleos de Estados Unidos porque otros países permiten condiciones para sus trabajadores que restringen severamente sus derechos, lo que por tanto disminuye sus costos de producción. A esta oposición de los sindicatos se suma la oposición de los grupos de derechos humanos


Para lograr este objetivo varios otros países en el TPP no sólo tendrían que prometer múltiples medidas nada agradables, sino que tendrían que cumplirlas. El problema político para Estados Unidos es cómo arribar a una redacción que mantenga a estos otros Estados en el TPP sin alienar al suficiente número de miembros del Congreso estadunidense como para que se ponga en riesgo la ratificación del TPP. Hasta ahora, esto ha resultado difícil.


Uno puede ir protegiendo el azúcar o definiendo qué es un camión producido dentro de la zona del TPP. El punto esencial es que los Estados del TPP ya perdieron la fecha final más reciente para llegar a un acuerdo. El encabezado del reportaje en el New York Times era lo que iba a ser la última de las sesiones del pacto para el tratado terminó en un amarrón de talones hundidos.


Debido a varios de los requisitos de los calendarios del Congreso estadunidense, aun si se alcanzara un acuerdo ahora, no podría votarse dentro del Congreso antes de 2016, un año de elecciones. Por lo menos, parece muy poco probable que el tratado se ratifique. Si esto es cierto del TPP, es mucho más cierto de las negociaciones en pos de un tratado tras-atlántico, que están ahora en una etapa más temprana de la discusión.


Retorno a mi punto fundamental. En los llamados tratados de libre comercio, de lo que se trata es de administrar los intereses proteccionistas de varias de las partes implicadas en ellos. Hagan lo que hagan, los resultados son contrarios al libre comercio. Para entender lo que ocurre, necesitamos comenzar con eso y evaluar cualquier propuesta teniéndolo en cuenta.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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Irán y Arabia Saudí desencadenan una guerra regional a través de sus aliados

JERUSALÉN.- Irán y Arabia Saudí mantienen un trepidante pulso militar, religioso, político y económico por la preponderancia en Oriente Próximo y utilizan a sus aliados para mermar la capacidad del rival sin que se vea un punto de inflexión, con independencia de las negociaciones que llevan a cabo en Viena las potencias occidentales con Teherán.

Los frentes internacionales abiertos son Irak, Siria, Líbano, Yemen y Bahréin, todos ellos países con importantes bolsas de población chií, si bien el pulso sin cuartel también se libra en el interior de Arabia Saudí, donde aproximadamente la tercera parte de la población de 29 millones de habitantes es de confesión chií.

La principal diferencia entre los dos contendientes radica en su actitud frente a sus rivales. Mientras los saudíes, de confesión suní, son acusadamente intolerantes con los chiíes en todos los países donde gobiernan, los chiíes son significativamente respetuosos con los suníes, como se ha podido ver y se sigue viendo en Irak, Siria, Líbano, Yemen y Bahréin.

Es más, los chiíes no solo son respetuosos con los suníes sino que han incorporado a los suníes al gobierno en los países donde han podido formar gobierno, de manera que los suníes han desempeñado cargos de mucha relevancia en esos países. En cambio, no ha ocurrido lo mismo en los países donde gobiernan los suníes.

La presencia de chiíes en la provincia oriental de Arabia Saudí ha sido un foco de tensión histórico en el reino, y esta minoría se ha convertido en diana de los militantes suníes en los últimos años. Los atentados suicidas contra los chiíes son frecuentes en Arabia Saudí y sus mezquitas son los lugares más atacados.

Naturalmente, el gobierno de Riad se desmarca de esos atentados, e incluso envía como visitantes a los más altos dignatarios del estado, pero este es un mal que tiene su origen en el odio tradicional que los sunníes han sentido por los chiíes y que sigue vivo en todas las clases de la población, empezando por la familia real. Se podría decir que el odio se promueve desde la infancia mediante la enseñanza de una religión marcadamente sectaria.

Los dos últimos atentados suicidas contra mezquitas chiíes en Arabia Saudí los ha reivindicado el Estado Islámico, pero los ejecutores han sido jóvenes saudíes que sin duda sienten un odio visceral hacia cualquier cosa chií, una aversión que la minoría chií considera, y con razón, que se estimula desde los aparatos del estado. No debe extrañar que millares de jóvenes saudíes estén combatiendo en las filas del Estado Islámico y Al Qaeda.

La posición de Arabia Saudí es en apariencia una posición de fuerza; al menos así se desprende de la guerra que mantiene en todos los frentes citados, pero en realidad el régimen del rey Salman se sostiene artificialmente gracias a la entrada masiva de capitales que obtiene por la venta del crudo.

Sin embargo, el precio del crudo experimentó recientemente una caída de casi el 40% en los mercados internacionales. Esta circunstancia ha causado una acusada disminución en las reservas del reino que también ha conducido a un déficit de 36.000 millones de dólares en el último trimestre. Por supuesto, esta cifra no es en sí misma muy peligrosa pero podría serlo si el déficit se convierte en endémico.

Se ha de tener en cuenta que inmediatamente después de las llamadas primaveras árabes de 2011, el gobierno de Riad ahogó cualquier tipo de subversión invirtiendo a todo trapo 130.000 millones de dólares en mejoras salariales y subsidios, no sólo dirigidos a los militares y la policía sino también al conjunto de los funcionarios. Subsidios generosos en las áreas de vivienda, educación y sanidad sobre todo.

Los militares, además, han vuelto a recibir mejoras salariales adicionales en los últimos meses, tras el inicio de las operaciones armadas en Yemen, una guerra dirigida también contra los chiíes huthis, que, aunque le pese a Riad, están aliados con suníes dentro del Yemen.

En esta coyuntura, las negociaciones de Viena, a las que los saudíes se han opuesto con tanta vehemencia como Israel, pueden significar un serio revés para su política regional. Si las potencias levantan pronto las sanciones que pesan sobre Irán, Teherán dispondrá de más dinero para sufragar la lucha de sus aliados, lo que significa que Arabia Saudí también deberá multiplicar sus inversiones en esas guerras.

Mientras las relaciones del Estado Islámico con Irán son claras, ya que los yihadistas luchan a muerte contra los chiíes, las relaciones del Estado Islámico con Arabia Saudí son confusas. Formalmente, los saudíes han declarado enemigo al Estado Islámico. Y también al revés: el califa Abu Bakr al Bagdadi dijo en noviembre que la monarquía saudí era "la cabeza de la serpiente".

Sin embargo, el Estado Islámico y el régimen saudí son suníes y las operaciones del Estado Islámico dentro de Arabia Saudí han sido escasas y se han dirigido contra la minoría chií, es decir, se han dirigido contra el enemigo iraní encarnado en los chiíes de Arabia Saudí. En estos momentos, tanto Riad como el Estado Islámico piensan que todo el mal, o casi todo, viene de Irán.

El gobierno saudí está teniendo problemas con la minoría chií de la provincia oriental que se podrían agravar si el monarca decide ejecutar al jeque Nimr al Nimr, quien fue condenado a muerte el año pasado. Nimr es una de las principales autoridades religiosas de los chiíes saudíes, de ahí que el rey Salman todavía no haya tomado una decisión.

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Altos cargos militares instan a EEUU a prepararse para guerra contra Rusia y China

Dos altos cargos militares de Washington han instado a los congresistas a preparar a las Fuerzas Armadas para una eventual guerra contra países como Rusia y China porque "la supremacía de EE.UU. está amenazada".


"SI no llegamos a un equilibrio" pronto será "demasiado tarde" y "sufriremos las consecuencias", advirtió el vicepresidente del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., el almirante James Winnefeld, en un discurso pronunciado en una reunión con los legisladores y representantes del sector industrial militar en la Biblioteca Ronald Reagan cerca de Los Ángeles.


Países como Rusia y China no están inactivos. "Antes contábamos con nuestra supremacía en fuerza y capacidades", dijo el almirante, citado por las agencias Tass y Reuters. "Ahora esta supremacía está bajo amenaza".


Ambos países invierten en nuevas clases de armamento como armas guiadas de alta precisión, tecnología furtiva y vehículos aéreos no pilotados, y también apuntalan sus capacidades en el espacio y en el ciberespacio y modernizan sus fuerzas nucleares", sostuvo el funcionario del Pentágono. Además, existen países como Corea del Norte e Irán, calificados por el almirante de totalitarios, que bajo el pretexto de su propia protección han obtenido armas de destrucción masiva. También sigue vigente la amenaza por parte de los extremistas de África y Oriente Medio, agregó.


"No nos estamos modernizando con la rapidez necesaria en un panorama técnico altamente competitivo", declaró Winnefeld, y recordó que existe el peligro de que se produzcan nuevos recortes en el presupuesto de la Defensa. Hizo también referencia directa a la nueva composición del Congreso tras las recientes elecciones y a sus esperanzas de que este cambio sea sinónimo de un aumento de los gastos militares.


El jefe de operaciones navales de la Armada estadounidense, el almirante Jonathan Greenert, también puso en tela de juicio la capacidad del complejo industrial militar de EE.UU. de seguir el ritmo de modernización de los adversarios potenciales y de responder a los múltiples desafíos.


"La contienda electrónica, el ataque electrónico, la guerra antisubmarino... en todas estas áreas modernas vamos a quedar obsoletos en el futuro por el simple hecho de que no invertimos en ellas", pronosticó el militar en el mismo evento en California. En su opinión, la Defensa estadounidense necesita urgentemente avances tecnológicos.


(Tomado de RT en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/147148-eeuu-preparaciones-guerra-rusia-china)

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Del Plan Yinon al Esquema Yaalon: balcanización de Libia, Irak y Siria, según Israel

Durante su gira de cinco días a Estados Unidos (EU), el ministro de Defensa israelí, Moshe Yaalon, sentenció, en Morning Edition, con Steve Inskeep, de NPR (http://goo.gl/Tmkg8R), que las fronteras de Medio Oriente están encaminadas a cambiar definitivamente (sic).


Yaalon sigue al pie de la letra las balcanizaciones del Plan Yinon, anterior funcionario de la cancillería israelí (http://goo.gl/iDMcgN): Las fronteras ya cambiaron cuando Siria no puede ser unificada por su presidente, Bashar Assad, quien controla solamente 25 por ciento del territorio, contencioso con el que Israel tendrá que lidiar. ¡Pobrecitos!
Para el juicio paleobíblico de Yaalon existen países con historia diferente y otros cuyas fronteras fueron trazadas artificialmente por Francia y Gran Bretaña (GB), en referencia a los acuerdos Sykes-Picot de 1916 para repartirse el féretro del Imperio Otomano.


Moshe Yaalon expectora perogrulladas perentorias: Egipto seguirá siendo Egipto, pero "Libia fue una nueva creación, una creación occidental como resultado de la Primera Guerra Mundial. Siria, Irak lo mismo –estados-nación artificiales (¡supersic!)– y lo que vemos ahora es el colapso de la idea occidental".


¿A poco el nuevo Israel no es una creación de los banqueros esclavistas Rothschild y el bufete de abogados de Lloyd George, quien luego sería premier de GB?


Tras su incrustación y su ulterior persecución en Rusia en 1883, todavía en 1903 el sionismo errante titubeaba con la implantación artificial de asentamientos exógenos en países de la anglósfera: Canadá, Australia, África oriental, la parte sudoccidental de Texas (¡supersic!), Angola y Uganda (http://goo.gl/Bc1m7a).


¿No habrá ya conseguido el sionismo financierista –más letal que su irredentismo territorial– incorporar a los citados países de la anglósfera en su totalidad en el siglo XXI, mediante la desregulación de la globalización bancaria?

En otra entrevista con Charlie Rose (http://goo.gl/p0pEbh), Yaalon arremetió contra el presidente turco Erdogan, a quien denostó como conocido seguidor de la Hermandad Musulmana.


El rotativo israelí Haaretz comenta que Yaalon no discutió si las fronteras de Israel, que también (sic) fueron determinadas por las potencias occidentales después de la Primera Guerra Mundial, cambiarían (http://goo.gl/wGpQXT).
Yaalon espeta otras injurias racistas contra los palestinos, llegando hasta el ultraje de su transferencia étnica. El periplo de Yaalon a EU fue para apaciguar los ánimos con el equipo Obama tras las afrentas tóxicas de Naftali Bennett –líder del partido religioso fundamentalista de ultraderecha The Jewish Home–, contra John Kerry, secretario de Estado, quien conectó el ascenso del Estado Islámico (EI) a la falta de resolución del conflicto palestino-israelí (http://goo.gl/JVhNST). Antes, Kerry había fulminado que Israel es casi un Estado-paria. ¿Casi?


Haaretz expone que Yaalon fue humillado (sic) públicamente por EU, que le negó entrevistarse con altos funcionarios del equipo Obama: el vicepresidente Joe Biden, Kerry y la consejera de Seguridad Nacional, Susan Rice" (http://goo.gl/zILvfi).

En una usual convergencia, la revista The Economist –propiedad con The Financial Times, del Grupo Pearson, que controla el mayor banco de inversiones del mundo BlackRock que dirige el israelí-estadunidense Larry Fink (http://goo.gl/usqFkh)– sentencia que la mayor parte de los 3 millones de refugiados sirios contemplan la pérdida de su país (http://goo.gl/Z07VKh).

El gobierno de Bashar Assad controla 25 por ciento de Siria y la mayor parte del restante se encuentra en manos de los yihadistas del Califato del EI (cuya capital es la ciudad de Raqqa hoy controlada por la trasnacional mercenaria de encapuchados teledirigidos), mientras una relativa pequeña porción del territorio al noreste está aún en manos de los kurdos-sirios en la frontera de Turquía –cuyo símbolo se ha vuelto la ciudad-mártir de Kobani, donde quizá el EI haya lanzado armas químicas (http://goo.gl/JtZf3z), lo cual es extrañamente ocultado por la maquinaria de propaganda negra de EU e Israel (la mendaz Hasbara).

Existen otros enclaves en Alepo, afuera de Damasco, y en las alturas del Golán (donde Israel juega la carta de Al-Nusra) en manos de la bizarra coalición cocinada por Occidente: Ejército Libre (sic) de Siria/Al-Nusra/Al-Qaeda/yihadistas del EI.
El esquema balcanizador de los israelíes Yinon y Yaalon progresa vertiginosamente gracias a la entelequia del califato del EI, cuyos tentáculos emergen en el Maghreb (la parte occidental y norafricana del mundo árabe) para su balcanización (http://goo.gl/11U8ny) y cuyo paradigma es Libia.


¿Constituyen los yihadistas del EI la navaja de mantequilla para cercenar exquisita y selectivamente al mundo árabe, de acuerdo con los esquemas de los funcionarios israelíes Yinon y Yaalon, cuyos alcances llegan hasta Yemen (http://goo.gl/HldhRp)?

A una inocencia de pensamiento lineal, no apta para los artilugios israelí-anglosajones, asombraría que los aviones de EU se equivocaron en la entrega de armas destinadas a los asediados kurdos-sirios en Kobani que acabaron en manos de los yihadistas del EI (http://goo.gl/1qjqNL). Yeah, yeah!

Nadie conoce mejor la perfidia de los esquemas balcanizadores –desde la dupla Yinon/Yaalon pasando por los yihadistas del EI hasta los geoestrategas de EU (la fórmula Brzezinski/Rice/Peters/Clark/Wright (http://goo.gl/7F8Sp9)– que el recio presidente turco Erdogan –con su propia agenda en relación con los kurdos (apoyados por Israel y la OTAN) que constituyen entre 15 y 25 por ciento de Turquía al borde de la implosión–, quien ha fustigado a los nuevos Lawrence de Arabia (http://goo.gl/HZctGM), añejo espía de GB, máxima experta en balcanizaciones.


Israel prepara su enésima guerra contra Hezbolá en Libano al borde de la implosión, mientras a una escala estratégicamente superior, la convergencia balcanizadora de todo el arsenal propagandístico de Tel Aviv es propalada por el centro MERI (http://goo.gl/JyNDTW) –con sede en Washington y fundado por Yigal Carmon, espía militar israelí, y Meyrav Wurmser, amazona del Hudson Institute vinculada al partido fundamentalista sionista Likud –que plantea cuatro ejes del nuevo orden (sic) en Medio Oriente a conveniencia unilateral del Gran Israel, gracias al avance fulgurante de los yihadistas del EI: 1) contencioso nuclear de Irán (sin derecho a poseer bombas nucleares en contraste con los elegidos celestiales de Israel); 2) conflicto árabe-israelí (congelado); 3) proceso (sic) turco-kurdo (¿implosión de Turquía y expansión del Gran Kurdistán?), y 4) conflicto chiíta-sunnita (¿prolongar teológicamente una nueva Guerra de 30 años?).
Por estética, dejo de lado la gravísima acusación del presidente Putin de que EU (¡supersic!) promueve el terrorismo con su financiamiento a los yihadistas del EI (http://goo.gl/cZZbJL).

¿La balcanización del gran Medio Oriente y su nuevo orden se finca en los planes de la dupla israelí Yinon/Yaalon ensamblados con la fórmula Brzezinski/Rice/Peters/Clark/Wright y el intrépido avance selectivo de sus polichinelas yijadistas?

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La “trampa Tucídides”: guerra de EU por temor al ascenso de China
Un analista posmoderno debe estar siempre en interacción con sus lúcidos lectores, quienes han mostrado, para mi gran asombro, una gran cultura y un enorme interés sobre la geoestrategia de China.


Fueron muy tonificantes los profundos comentarios y las acertadas correcciones de los lectores el miércoles pasado sobre “Vulnerabilidades de China: alimentos, hidrocarburos, control financierista y portaviones” (ver Bajo la Lupa, 30/5/12).


Los principales militares de Estados Unidos, general Martin Dempsey, jefe de estado mayor de las fuerzas conjuntas, y general James Cartwright, anterior vicedirector de las fuerzas armadas conjuntas, durante una conferencia en Virginia Beach, Virginia, Guerra conjunta, se pronunciaron en contra de un conflicto con Rusia y China.


El general Martin Dempsey advirtió sobre el peligro de caer en la “trampa de Tucídides”: decretar la guerra simplemente por temor al poder ascendente de China.


En su Historia de la guerra del Peloponeso, el genial Tucídides (siglo V a.C.) redactó que “lo que hizo la guerra inevitable (sic) fue el crecimiento del poder de Atenas y el miedo que esto provocó en Esparta”.


A juicio del general Martin Dempsey “existe amplia historia sobre el trato de una superpotencia con una potencia en ascenso”, por lo que Estados Unidos “debe ser la superpotencia que rompa ese paradigma”. Indicó que existen excelentes (sic) relaciones militares con China “a nivel de servicio” y que se está tratando “de elevarlas uno o dos puntos”.


En efecto, el general Martin Dempsey hace mucho que ha advertido en contra de caer en la trampa de un conflicto con China simplemente por el temor de su acenso como potencia global.


Los dos importantes militares son unas “palomas” frente a los superhalcones del Partido Republicano y su flamante candidato Mitt Romney (el tercer Bush), quienes en su vida no han disparado una arma pero están dispuestos a detonar la tercera guerra termonuclear contra China y Rusa, valiéndose del inflamatorio contencioso de Irán.


En la principal conferencia del 15 de mayo, el general James Cartwright fustigó el proceso en el Congreso y el ala ejecutiva (sic) donde se están acumulando recursos para llevar agua al molino de la estrategia bélica de la administración Obama, que se basa primordialmente en el concepto de “batalla aire-mar” (“air-sea battle”: ASB).


El concepto ASB ha sido desarrollado conjuntamente por la fuerza aérea y la marina en contra de medidas “anti acceso”/ “negación de territorio” (anti access/ area denial): tomadas por ciertos (sic) países para mantener a las fuerzas de Estados Unidos lejos de un rango en caso de un conflicto.


El antecedente de ASB fue la doctrina “batalla aire-tierra” (“air-land battle”: ALB) de la década de los 80, en la que el ejército terrestre y la fuerza aérea desarrollaron un plan de batalla en contra de la formación de tanques soviéticos estacionados en Europa.


El Pentágono es muy ambiguo en admitir que ASB está destinado a China y, en menor medida, a Irán.


¿El teatro de batalla en Irán sería la experimentación de ASB contra China?


Los proponentes de ASB no se atreven a tocar ni siquiera con el pétalo de una rosa sin espinas a Rusia, cuyo arsenal nuclear puede hacer desaparecer del mapa a Estados Unidos en 15 minutos; los dos, Estados Unidos y Rusia, se extinguirían mutuamente. Corre una broma geoestratégica, de que en caso de una guerra entre Estados Unidos y Rusia el gran vencedor resultaría China.


El general James Cartwright criticó a quienes ven en el ASB el Santo Grial para el Pentágono en el futuro y señaló que su grave problema versa en la innecesaria “demonización de China”, lo cual “no está en los mejores intereses de nadie”. So what?

El general James Cartwright reconoció que la reciente estrategia “pivote” –la doctrina Obama para Asia: retiro de tropas de Irak y Afganistán y reposicionamiento en las salidas de los mares de China (mar del Sur, mar Amarillo y mar del Este)– ha sido interpretada como si Estados Unidos hubiese abandonado al resto del mundo para concentrarse en “contener” a China. Rechaza que esto sea así pero reconoce la contradicción inherente entre la estrategia “pivote” de Obama para Asia y el concepto ASB, con el fin de formular una estrategia homogénea.


Esta búsqueda de la estratégica “cuadratura del círculo” se complica más debido a la impugnación de Rusia en contra del despliegue de Estados Unidos de su escudo misilístico de defensa en Europa, por lo que el general James Cartwright aconsejó reconsiderar la estrategia de Estados Unidos con China y Rusia antes de entrar a “un conflicto estratégico (sic)” con ambos.


El general James Cartwright divulgó las dos preocupaciones que le han sido expresadas en su diálogo con Rusia: 1) la posibilidad de que el escudo misilístico de defensa de Estados Unidos sea capaz de “alcanzar y tocar” su sistema intercontinental balístico de misiles (ICBM, por sus siglas en inglés) y, por consecuencia, desajustar el equilibrio de poder”; 2) “la potencialidad de que se genere un escenario en que Estados Unidos lance un ataque preventivo y luego utilice el escudo misilístico para eliminar sus fuegos residuales” (v.gr. lanzamiento de represalias de sus remanentes ICBM).


The last but not the least: la preocupación de Rusia sobre el escudo de misiles de Estados Unidos (Block IIB Standard) a instalar en Polonia y Rumania, que el general ruso Nikolai Makarov ha amenazado destruir en forma “preventiva”.


Al unísono de la mencionada conferencia de Virginia Beach, se celebró un debate sobre el concepto ASB bajo los auspicios de Brookings Institution en Washington en el que el jefe de estado mayor de la fuerza aérea, general Norton Schwartz, y el almirante Jonathan Greenert, jefe de operaciones navales, intentaron convencer a su audiencia de las supuestas bondades del ASB, negando que estuviese “destinado a cualquier potencial adversario en particular”. ¡Cómo no! ¿Cuál sería entonces su utilidad, en última instancia, en momentos del recorte del presupuesto del Pentágono y de la grave crisis económica de Estados Unidos?


Lo que emergió de la discusión en Brookings Institution fue el reparto de tareas de la fuerza aérea y la marina con la “necesidad” de Estados Unidos para mantener la libertad militar de acción en cualquier parte del mundo. ¡Uf!


Según el almirante Jonathan Greenert, no se trata de una campaña particular, sino de “un importante objetivo estratégico” para el “acceso (sic)”, es decir, Estados Unidos no puede permitir la inaccesibilidad de cualquier punto del planeta que considere fundamental para el libre intercambio global de bienes y servicios.


Se desprende que la palabra “acceso” es jerárquicamente prioritaria para la presencia de Estados Unidos en el océano Pacífico, responsable en gran medida del crecimiento económico y la estabilidad en la región, como ha sucedido en las pasadas décadas. Ergo, la estratégica “cuadratura del círculo” que no despejó el general James Cartwright, su colega más bélico, el almirante Jonathan Greenert la resolvió a su manera sofista: conectó el concepto ASB con el “pivote” estratégico en la Cuenca del Pacífico.


A mi juicio, si se trata del océano Pacífico, es evidente que todo tipo de “contramedidas” se aplica específicamente a China y a su economía orientada a las exportaciones. La palabra “acceso” se refiere a los mares de China que son su oxigenación al océano Pacífico. Estados Unidos desentierra a Tucídides 26 siglos más tarde.


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Miércoles, 07 Diciembre 2011 17:13

¿Quién ganó la guerra en Libia?

El Consejo Nacional de Transición (CNT), que oficia de poder central en Libia, no es ampliamente reconocido por la población. No dispone de la legitimidad de haber conducido el derribamiento de la dictadura ni del poder de las armas, actualmente en manos de las milicias. La reconstrucción de un Estado de Derecho tropieza con la militarización de la sociedad, con el repliegue de las identidades clánicas y religiosas, y también con la intervención de actores extranjeros.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando las fuerzas aliadas salieron victoriosas, el gobierno de EE UU intentó sacar el máximo provecho de su victoria militar. Articuló la Asamblea de las Naciones Unidas dirigida por un Consejo de Seguridad integrado por los siete países más poderosos, con poder de veto sobre las decisiones de los demás.

Impuso el dólar como moneda internacional, sometió a Europa al plan de subordinación económica conocido como Marshall, e instaló más de 300 bases militares en Europa y en Asia, cuyos gobiernos y mass media jamás levantan la voz contra esa intervención flagrante.

No se arrodilló el mundo entero a la Casa Blanca sólo porque existía la Unión Soviética para equilibrar la correlación de fuerzas. Contra esta última, los EE UU entablaron una guerra sin limitaciones hasta derrotarla política, militar e ideológicamente.

A partir de la década del 90, el mundo quedó bajo hegemonía total del gobierno y el capital estadounidenses, que pasó a imponer sus decisiones a todos los gobiernos y pueblos, los cuales fueron tratados como vasallos coloniales.

Cuando todo parecía que estaba en calma en el imperio global, dominado por el Tío Sam, es que surgen las resistencias. En América Latina, además de Cuba, otros pueblos eligen gobiernos antiimperialistas. En Oriente Medio los EE UU tuvieron que recurrir a las invasiones militares a fin de mantener el control sobre el petróleo, sacrificando miles de vidas de afganos, iraquíes, palestinos y paquistaníes.

En ese contexto surge en Irán un gobierno decidido a no someterse a los intereses de EE UU. Dentro de su política de desarrollo nacional, instala centrales nucleares y eso es intolerable para el Imperio.

La Casa Blanca no acepta la democracia entre los pueblos, que significa que todos los países tengan derechos iguales. No acepta la soberanía nacional de otros pueblos. No admite que cada pueblo y su respectivo gobierno controlen sus recursos naturales.

Los EE UU transfirieron tecnología nuclear a Pakistán e Israel, que hoy poseen la bomba atómica. Pero no toleran el acceso de Irán a la tecnología nuclear, incluso con fines pacíficos. ¿Por qué? ¿De dónde derivan tales poderes imperiales? ¿De alguna convención internacional? No, sólo de su prepotencia militar.

En Israel, hace más de veinte años, Moshai Vanunu, que trabajaba en la central atómica, preocupado con la inseguridad que eso representaba para toda la región, denunció que el gobierno ya tenía la bomba. Resultado: fue secuestrado y condenado a prisión perpetua, conmutada a 20 años, después de una gran presión internacional. Hasta hoy vive en arresto domiciliario, prohibido de contactar con cualquier extranjero.

Todos estamos contra el armamentismo y las bases militares extranjeras en nuestros países. Somos contrarios al uso de la energía nuclear, debido a los altos riesgos y al uso abusivo de enormes recursos económicos en gastos militares.

El gobierno de Irán osa defender su soberanía. El gobierno usamericano no invadió militarmente a Irán sólo porque éste tiene 60 millones de habitantes, es una potencia petrolífera y posee un gobierno nacionalista. Las condiciones son muy diferentes al del atolladero llamado Iraq.

Felizmente la diplomacia brasileña y de otros gobiernos se involucraron en la contienda. Esperamos que se respeten los derechos de Irán, como los de cualquier otro país, sin amenazas militares.

Nos queda abogar para que aumenten las campañas, en todo el mundo, por el desarme militar y nuclear. Ojalá cuanto antes se destinen los recursos destinados a gastos militares para solucionar problemas como el hambre, que afecta a más de mil millones de personas.

Los movimientos sociales, ambientalistas, iglesias y entidades internacionales se reunieron recientemente en Cochabamba, en una conferencia ecológica mundial convocada por el presidente Evo Morales. Se decidió preparar un plebiscito mundial en abril de 2011. Las personas serán convocadas a reflexionar y votar si están de acuerdo con la existencia de bases militares extranjeras en sus países; con los excesivos gastos militares y con el hecho de que los países del Hemisferio Sur continúen pagando la cuenta de las agresiones al medio ambiente practicadas por las industrias contaminadoras del Norte.

La lucha será larga, pero en esa semana podemos celebrar una pequeña victoria antiimperialista.

Por Frei Betto, escritor
João Pedro Stédile, dirección de la Vía Campesina
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¿Qué lecciones nos han dejado dos décadas de una realidad mundial unipolar?

Noam Chomsky disertó ayer por la tarde largamente sobre esta pregunta y dejó en oídos del auditorio ideas sorprendentes, en una conferencia magistral en la Sala Nezahualcóyotl, transmitida en vivo por TV Unam y 12 televisoras públicas y universitarias que se enlazaron para enviar la señal a Aguascalientes, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tlaxcala, Yucatán, Durango y Nuevo León, además de por La Jornada on line.

Ideas sorprendentes como la de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, descrito como una mercancía con una mercadotecnia tan exitosa, que el año pasado mereció el primer lugar en campañas promocionales por parte de la industria de la publicidad. Más famoso que las computadoras Apple. Tan vendible como una pasta de dientes o un fármaco.

O la idea de que la invasión estadunidense a Panamá, en 1989, hoy apenas una nota a pie de página para muchos, fue en realidad la señal de que Wa-shington iniciaba, a través de la ficción de la guerra contra las drogas, una nueva etapa de dominación, cuando apenas habían pasado algunas semanas de la caída del Muro de Berlín.

O bien, un dato puntual, asombroso: la “preocupación” manifestada en 1990, en un taller de desarrollo de estrategias para América Latina en el Pentágono, de que una eventual “apertura democrática” en México osara desafiar a Estados Unidos. La solución propuesta fue imponer a nuestro país un tratado que lo atara de manos con las reformas neoliberales. La propuesta se materializó en el Tratado de Libre Comercio (TLC), que entró en vigor en 1994.

Así, la reseña de Chomsky de las dos últimas dos décadas llegó al momento actual, al proceso de remilitarización de América Latina con siete nuevas bases en Colombia y la reactivación de la Cuarta Flota de su armada.

Todo, para aterrizar en la visión de un continente, el nuestro, que pese a todo “comienza a liberarse por sí solo de este yugo”, con gobiernos que desafían las directrices de Washington, pero sobre todo con movimientos populares de masas de gran significación.

Congruente con esta importancia que Chomsky da a los procesos sociales y a su constante llamado a visibilizar a sus protagonistas, al concluir su conferencia magistral y una entrevista con TV Unam, el académico todavía tuvo fuerzas para encontrarse brevemente con Trinidad Ramírez, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, esposa del preso político Ignacio del Valle, la cual agradeció al conferencista que fuera firmante de la segunda campaña por la libertad de 11 presos, le regaló su paliacate rojo y, por supuesto, también su machete.

Enseguida se reproducen las palabras de Noam Chomsky en la sala Nezahualcóyotl:

Al pensar en cuestiones internacionales, es útil tener presentes varios principios de generalidad e importancia considerables. El primero es la máxima de Tucídides: “Los fuertes hacen lo que quieren, y los débiles sufren como es menester”. Esto tiene un importante corolario: todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es su culpa. En el Occidente contemporáneo a estos especialistas se les llama “intelectuales” y, con excepciones marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su práctica se remonta a los orígenes de la historia de la que tenemos registro.

Los “principales arquitectos”

Un segundo punto, que no hay que olvidar, lo expresó Adam Smith. Él se refería a Inglaterra, la potencia más grande de su tiempo, pero sus observaciones son generalizables. Smith observaba que los “principales arquitectos” de políticas públicas en Inglaterra eran los “comerciantes y los fabricantes”, quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien servidos por tales políticas, por “gravoso” que fuera el efecto en otros –incluido el pueblo de Inglaterra– y pese a la severidad que tuvieran para quienes sufren “la salvaje injusticia de los europeos” en otras partes.

Smith fue una de esas raras figuras que se apartaron de la práctica normal de retratar a Inglaterra como una potencia angelical, única en la historia del mundo, dedicada sin egoísmo al bienestar de los bárbaros. Un ejemplo revelador, en estos términos exactos, es un ensayo clásico de John Stuart Mill, uno de los más decentes e inteligentes intelectuales occidentales, en el que explicaba por qué Inglaterra tenía que culminar su conquista de la India en aras de los más puros fines humanitarios. Lo escribió justo en el momento de mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del monopolio del opio y establecer la más extraordinaria empresa de narcotráfico en la historia mundial, y así obligar a China, con lanchas cañoneras y venenos, a aceptar las mercancías de fabricación británicas, que China no quería.

La plegaria de Mill es la norma cultural. La máxima de Smith es la norma histórica.

Hoy, los principales arquitectos de las políticas públicas no son los “comerciantes y los fabricantes”, sino las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales.

Una refinada versión actual de la máxima de Smith es “la teoría de la inversión en política”, desarrollada por el economista político Thomas Ferguson, la cual considera que las elecciones son la ocasión para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones.

Como muestra Ferguson, esta teoría es un mecanismo muy bueno para predecir políticas públicas durante un periodo largo.

Entonces, para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama. Fueron sus principales provedoras de fondos y se inclinaron mucho más por Obama que por McCain. Y así resultó ser. El semanario de negocios Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras ganó la batalla por la atención a la salud, y de que las instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen incólumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate público –lo que acomoda el escenario para la siguiente crisis–, apuntan los editores. Y añaden que otras corporaciones aprendieron valiosas lecciones de estos triunfos y ahora organizan grandes campañas para frenar la aprobación de cualquier medida relacionada con energía y conservación (por suave que sea), con pleno conocimiento de que frenar esas medidas negará a sus nietos cualquier posibilidad de supervivencia decente. Por supuesto, no es que sean malas personas, ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos, a veces en formas muy notables.

Las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares (extravaganzas), conducidos por la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las elecciones.

Estados Unidos no es una “democracia guiada” como Irán, donde los candidatos requieren la aprobación de los clérigos imperantes. En sociedades libres, como Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados terminan casi siempre determinados por los gastos de campaña.

Los operadores políticos están siempre muy conscientes de que con frecuencia el público disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las políticas públicas. Entonces, las campañas electorales evitan ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras de oratoria, las personalidades y el chismorreo. Cada año la industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaña promocional del año. En 2008 el premio se lo llevó la campaña de Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos estaban eufóricos. Se ufanaban abiertamente de que éste era su éxito más grande desde que comenzaron a promocionar candidatos cual si fueran pasta de dientes o fármacos que asocian con estilos de vida, técnicas que cobraron fuerza durante el periodo neoliberal, primero que nada con Reagan.

En los cursos de economía, uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de televisión sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones. Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.

Tanto en el mundo de los negocios como en el político, los arquitectos de las políticas públicas son constantemente hostiles con los mercados y con la democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto, la retórica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante claros.

La máxima de Adam Smith tiene algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo contemporáneo importante son las políticas de Washington hacia Cuba desde que ésta obtuvo su independencia, hace 50 años. Estados Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco común, así que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el pensamiento y los planes de los arquitectos de las políticas públicas. A los pocos meses de la independencia de Cuba, el gobierno de Eisenhower formuló planes secretos para derrocar al régimen e inició programas de guerra económica y de terrorismo, cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continúan en varias formas hasta nuestros días. Desde el inicio, la intención explícita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano para que derrocara al régimen “criminal”. Su crimen era haber “logrado desafiar” políticas estadunidenses que databan de la década de 1820, cuando la doctrina Monroe declaró la intención estadunidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar interferencia alguna de fuera ni de dentro.

Aunque las políticas bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la máxima de Tucídides, entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos brindan una mirada especial sobre cómo se configuran las políticas. Durante décadas, el pueblo estadunidense ha favorecido la normalización de relaciones con Cuba. Desatender la voluntad de la población es normal, pero en este caso es más interesante que sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan también la normalización: las agroempresas, las corporaciones farmacéuticas y de energía, y otros que comúnmente fijan los marcos de trabajo básicos para la construcción de políticas. En este caso sus intereses son atropellados por un principio de los asuntos internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los tratados académicos en la materia: podríamos llamarlo “el principio de la Mafia”. El Padrino no tolera que nadie lo “desafíe y se salga con la suya”, ni siquiera el pequeño tendero que no puede pagarle protección. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es opción. Que alguien “logre desafiar” al Amo puede volverse un “virus” que “disemine el contagio”, por tomar prestado el término usado por Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende.

Ésa ha sido una doctrina principal en la política exterior estadunidense durante el periodo de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes. Otro ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aquí, es la política estadunidense hacia Irán a partir de 1979.

Tomó su tiempo cumplir los objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de éstos siguen topándose con muchos impedimentos. El fin último perdura y es incuestionable. Adquirió mucho mayor significación cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una potencia global dominante y desplazó a su rival británico. La justificación se ha analizado con lucidez.

Por ejemplo, cuando Washington se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de Seguridad Nacional puntualizó que si Estados Unidos no lograba controlar América Latina, no podría esperar “consolidar un orden en ninguna parte del mundo”, es decir, imponer con eficacia su dominio sobre el planeta. La “credibilidad” de la Casa Blanca se vería socavada, como lo expresó Henry Kissinger. Otros también podrían intentar “salirse con la suya en el desafío” si el “virus” chileno no era destruido antes de que “diseminara el contagio”. Por tanto, la democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y así ocurrió el primer 11 de septiembre, en 1973, que está borrado de la historia en Occidente, aunque en términos de consecuencias para Chile y más allá sobrepase, por mucho, los terribles crímenes del 11 de septiembre de 2001.

Aunque las máximas de Tucídides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de todas las decisiones de política exterior, cubren una gama bastante amplia, como también lo hace el corolario referente al papel de los intelectuales. No son el final de la sabiduría, pero se encaminan a él.

Con el contexto proporcionado hasta el momento, miremos el “momento unipolar”, que es el tópico de gran cantidad de discusiones académicas y populares desde que se colapsó la Unión Soviética, hace 20 años, dejando a Estados Unidos como la única superpotencia global en vez de ser sólo la primera superpotencia, como antes. Aprendemos mucho acerca de la naturaleza de la guerra fría, y del desarrollo de los acontecimientos desde entonces, mirando cómo reacciona Washington a la desaparición de su enemigo global, esa “conspiración monolítica y despiadada” para apoderarse del mundo, como la describía Kennedy.

Unas semanas después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El propósito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a Florida y sentenciado por crímenes que había cometido, en gran medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirtió en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.

La invasión mató a varios miles de personas pobres en Panamá, según fuentes panameñas, y reinstauró el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a Estados Unidos. Fue apenas algo más que una nota de pie de página en la historia, pero en algunos aspectos rompió la tendencia. Uno de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y éste llegó rápido: la amenaza de narcotraficantes de origen latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya había declarado la “guerra contra las drogas”, pero ésta asumió un nuevo y significativo papel durante el momento unipolar.

“Sofisticación tecnológica” en el tercer mundo

La necesidad de un nuevo pretexto guió también la reacción oficial en Washington ante el colapso de la superpotencia enemiga. El gobierno de Bush padre trazó el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo se mantendrá bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos. Todavía requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un nuevo justificante: la “sofisticación tecnológica” de las potencias del tercer mundo. Tenemos que mantener la “base industrial de defensa”, eufemismo para describir la industria de alta tecnología apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervención dirigidas a las regiones ricas en energéticos de Medio Oriente, donde no “haríamos responsable al Kremlin” de las amenazas significativas a nuestros intereses, a diferencia de las décadas de engaño cuando eso ocurría.

Todo lo anterior pasó muy en silencio, apenas si se notó. Pero para quienes confían en entender el mundo, es bastante ilustrativo.

Como pretexto para una intervención, fue útil invocar una “guerra a las drogas”, pero como pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de más arrastre. Rápidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su misión. Declararon una “revolución normativa” que confería a Estados Unidos el derecho a una “intervención por razones humanitarias” escogida por definición, por la más noble de las razones.

Para expresarlo con sutileza, ni las víctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de alto nivel en el Sur global condenaron con amargura “el así llamado ‘derecho’ a una intervención humanitaria”. Era necesario un refinamiento adicional, por lo que se diseñó el concepto de “responsabilidad de proteger”. Quienes prestan atención a la historia no se sorprenderán al descubrir que las potencias occidentales ejercen su “responsabilidad de proteger” de modo muy selectivo, en adherencia estricta a las tres máximas descritas. Los hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de lado.

Conforme el momento unipolar se iluminó, otra cuestión que se puso al frente fue el destino de la OTAN. La justificación tradicional para la organización era la defensa contra las agresiones soviéticas. Al desaparecer la Unión Soviética se evaporó el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen fe en las doctrinas del momento, habrían esperado que la OTAN desapareciera también; por el contrario, se expandió con rapidez. Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fría y de lo que siguió. A nivel más general revelan cómo se forman y ejecutan las políticas de los estados.

A medida que se colapsó la Unión Soviética, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesión: permitió que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania por sí sola casi había destruido Rusia en dos ocasiones durante el siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, “un esto por aquello, una reciprocidad”. El gobierno de Bush prometió a Gorbachov que la OTAN no se extendería a Alemania oriental, y que desde luego no llegaría más al oriente. También le aseguró al mandatario soviético “que la organización se transformaría en un ente más político”. Gorbachov propuso también una zona libre de armas nucleares desde el Ártico al Mar Negro, un paso hacia una “zona de paz” que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental. Tal propuesta se pasó por alto sin consideración alguna.

Poco después llegó Bill Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN se convertiría en un ente más político. Clinton expandió la organización hacia el este, y Bush fue más allá. En apariencia Barack Obama intenta continuar la expansión.

Un día antes del primer viaje de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional y Asuntos Eurasiáticos informó a la prensa: “No vamos a dar seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos respecto de la expansión de la OTAN o la defensa con misiles”.

Se refería a los programas de defensa con misiles estadunidenses en Europa oriental y a la posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que, de igual modo, podían inflamar las tensiones internacionales.

Ahora, la jurisdicción de la OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se refuerce el control estadunidense sobre las reservas energéticas de Medio Oriente. El general Jones también aboga por una “fuerza de respuesta de OTAN”, que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos “mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas”, objetivo que ahora Washington se empeña en lograr en Afganistán.

El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, informó a la conferencia de la organización que “las tropas de la alianza tienen que custodiar los ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente” y, de modo más general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques cisternas y otras “cruciales infraestructuras” del sistema energético. Dicha decisión expresa de forma más explícita las políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados Unidos, cuya preocupación especial sea el control de los energéticos. Supuestamente, la tarea incluye la protección de un ducto de 7 mil 600 millones de dólares que conduciría gas natural de Turkmenistán a Pakistán e India, pasando por la provincia de Kandahar, en Afganistán, donde están desplegadas las tropas canadienses. La meta es “bloquear la posibilidad de que un ducto alterno brinde a Pakistán e India gas procedente de Irán”, y “disminuir la dominación rusa de las exportaciones energéticas de Asia central”, según informó la prensa canadiense, bosquejando con realismo algunos de los contornos del nuevo “gran juego” en el que la fuerza de intervención internacional encabezada por Estados Unidos va a ser un jugador principal.

Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el problema no es un “virus” que pueda “diseminar el contagio”, sino una pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.

Los acontecimientos continúan atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña. En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta “gran área”, como le llaman, habría de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental. En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un “poder incuestionable”, una “supremacía militar y económica”, y actuaría para garantizar “los límites de cualquier ejercicio de soberanía” por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wermacht (las fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.

Se desarrollaron planes detallados y racionales para la organización global, y a cada región se le asignó lo que se le llamó su “función”. Al Sur en general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de desperdicios y contaminación. En ese entonces, Estados Unidos no estaba tan interesado en África, así que la pasó a Europa para que “explotara” su reconstrucción a partir de la destrucción de la guerra. Uno podría imaginar relaciones diferentes entre África y Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta. En contraste, se reconoció que las reservas de petróleo de Medio Oriente eran una “estupenda fuente de poder estratégico” y uno de los “premios materiales más grandes en la historia del mundo”: la más “importante de las áreas estratégicas del mundo”, para ponerlo en palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados Unidos el “control sustancial del mundo”.

Quienes consideran significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden que los planificadores de Truman hacían eco de las doctrinas de los demócratas jacksonianos al momento de la anexión de Texas y de la conquista de medio México, un siglo antes. Tales predecesores anticiparon que las conquistas proporcionarían a Estados Unidos un virtual monopolio del algodón, el combustible de la primera revolución industrial: “Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas las naciones a nuestros pies”, declaró el presidente Tyler. En esa forma, Estados Unidos podría esquivar el “disuasivo británico”, el mayor problema de esa época, y ganar influencia internacional sin precedente.

Concepciones semejantes guiaron a Washington en su política petrolera. De acuerdo con ella –explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower–, Estados Unidos debe respaldar regímenes rudos y brutales y bloquear la democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una “campaña de odio contra nosotros”, como observó el presidente Eisenhower 50 años antes de que George W. Bush preguntara en tono plañidero “por qué nos odian” y concluyera que debía ser porque odiaban nuestra libertad.

Con respecto a América Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadunidenses la representan los “regímenes radicales y nacionalistas que apelan a las masas de población” y buscan satisfacer la “demanda popular de mejoramiento inmediato de los bajos estándares de vida de las masas” y el desarrollo a favor de las necesidades internas del país. Estas tendencias entran en conflicto con las demanda de “un clima económico y político que propicie la inversión privada”, con la adecuada repatriación de las ganancias y la “protección de nuestras materias primas”. Gran parte de la historia subsiguiente fluye de estas concepciones que nadie cuestiona.

TLC, “cura recomendada”

En el caso especial de México, el taller de desarrollo de estrategias para América Latina, celebrado en el Pentágono en 1990, halló que las relaciones Estados Unidos-México eran “extraordinariamente positivas”, y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o obreros y campesinos, ni otros detalles menores. Los participantes en el taller sí vieron una nube en el horizonte: la amenaza de “una ‘apertura a la democracia’ en México”, la cual, temían, podría “poner en el cargo a un gobierno más interesado en desafiar a Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas”. La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-México que “encerrara al vecino en su interior” y proponerle las reformas neoliberales de la década de 1980, que “ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos” mexicanos en materia de políticas económicas.

En resumen, el TLCAN, impuesto puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposición a la voluntad popular.

Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton instituía también la Operación Guardián, que militarizó la frontera mexicana. Él la explicó así: “no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasión y justicia”. No mencionó nada acerca de la compasión y la justicia que inspiraron la imposición de tales fronteras, ni explicó cómo el gran sacerdote de la globalización neoliberal entendía la observación de Adam Smith de que “la libre circulación de mano de obra” es la piedra fundacional del libre comercio.

La elección del tiempo para implantar la Operación Guardián no fue para nada accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir México a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y que las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia probable sería la huída de muchas personas a Estados Unidos junto con quienes huyen de los países de Centroamérica, arrasados por el terrorismo reaganita. La militarización de la frontera fue un remedio natural.

Las actitudes populares hacia quienes huyen de sus países –conocidos como “extranjeros ilegales”– son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos las agroempresas, la construcción y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales sentimientos antimigrantes, persistente y extraño rasgo en esta sociedad de migrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos. Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron vitoreados como héroes estadunidenses. Pero a fines del siglo XIX los letreros de “ni perros ni irlandeses” no los habrían dejado entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores asiáticos son una fulgurante innovación en el sector de alta tecnología. Hace un siglo, acciones racistas de exclusión impedían el acceso de asiáticos, porque se les consideraba amenazas a la pureza de la sociedad estadunidense.

Sean cuales fueren la historia y las realidades económicas, los inmigrantes han sido siempre percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia. Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios reales. Es víctima de los programas de manejo financiero de la economía y de globalización neoliberal, diseñados para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios. Los efectos han sido severos desde los años de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los días que corren. Los dos partidos políticos compiten por ver cuál de ellos puede proclamar en forma más ferviente su dedicación a la sádica doctrina de que se debe negar la atención a la salud a los “extranjeros ilegales”. Su postura es consistente con el principio, establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley, esas criaturas no son “personas”, y por tanto no son sujetos de los derechos concedidos a las personas. En este mismo momento la Suprema Corte considera la cuestión de si las corporaciones deben poder comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos más indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y así, de hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados “acuerdos de libre comercio”. Estas reveladoras coincidencias no me provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y majestuoso.

El espectro de la planificación es estrecho, pero permite alguna variación. El gobierno de Bush II fue tan lejos, que llegó al extremo del militarismo agresivo y ejerció un arrogante desprecio, inclusive hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prácticas, aun dentro de las corrientes principales de opinión. El segundo periodo de Bush fue más moderado. Algunas de sus figuras más extremistas fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros. A Cheney no lo pudieron quitar porque él era la administración. Las políticas comenzaron a retornar más hacia la norma. Al llegar Obama al cargo, Condoleeza Rice predecía que seguiría las políticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo que ha ocurrido, más allá del estilo retórico diferente, que parece haber encantado a buena parte del mundo… tal vez por el descanso que significa que Bush se haya ido.

En el punto más candente de la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del gobierno de Kennedy expresó muy bien algo que hoy es una diferencia básica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran Bretaña con la aniquilación, pero sin informar a los británicos.

En ese punto, el asesor definió la “relación especial” con el Reino Unido. “Gran Bretaña –dijo– es nuestro teniente”; el término más de moda hoy sería “socio”. Gran Bretaña, por supuesto, prefiere el término en boga. Bush y sus cohortes se dirigían al mundo tratando a todos como “nuestros tenientes”. Así, al anunciar la invasión de Irak, informaron a Naciones Unidas que podía obedecer las órdenes estadunidenses, o volverse “irrelevante”. Es natural que una desvergonzada arrogancia así levante hostilidades.

Obama adopta un curso de acción diferente. Con afabilidad saluda a los líderes y pueblos del mundo como “socios” y únicamente en privado continúa tratándolos como “tenientes”, como “subordinados”. Los líderes extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el público en ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los hechos, y no a la retórica o a las conductas agradables. Porque es común que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso también.

Tecnología de la destrucción

El actual sistema mundial permanece unipolar en una sola dimensión: el ámbito de la fuerza. Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en fuerza militar, y está mucho más avanzado en la tecnología de la destrucción. Está solo también en la posesión de cientos de bases militares por todo el mundo, y en la ocupación de dos países situados en cruciales regiones productoras de energéticos. En estas regiones está estableciendo, además, enormes megaembajadas; cada una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara indicación de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los costos de la megaembajada asciendan de mil 500 millones de dólares este año a mil 800 millones en los años venideros. Se desconocen los costos de sus contrapartes en Pakistán y Afganistán, como también se desconoce el destino de las enormes bases militares que Estados Unidos instaló en Irak.

El sistema global de bases se comienza a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamérica; el caso más reciente es el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logró arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras, que jugó un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La Cuarta Flota estadunidense, desbandada en los años 50 del siglo XX, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión colombiana a Ecuador. Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamérica, y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus “variadas operaciones”, acciones “contra el tráfico ilícito, maniobras simuladas de cooperación en seguridad, interacciones ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral”. Es entendible que la reactivación de la flota provoque protestas y preocupación de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y otros.

La preocupación de los sudamericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009, producido por el comando de movilidad aérea estadunidense (US Air Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en Colombia, pueda convertirse en el “sitio de seguridad cooperativa” desde el cual “puedan ejecutarse operaciones de movilidad”. El informe anota que, desde Palanquero, “casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar combustible”. Esto podría formar parte de “una estrategia global en ruta”, que “ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la movilidad de los trayectos hacia África”. Por ahora, “la estrategia para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el alcance de la movilidad aérea en el continente sudamericano”, concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para extender el sistema a África con bases adicionales, todo como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervención.

Estos planes forman parte de una política más general de militarización de América Latina. El entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los últimos 10 años, mucho más allá de los niveles de la guerra fría.

La policía es entrenada en tácticas de infantería ligera. Su misión es combatir “pandillas de jóvenes” y “populismo radical”, término este último que debe de entenderse muy bien en América Latina.

El pretexto es la “guerra contra las drogas”, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una “guerra” en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez más a fines de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria. Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total y demanda un drástico cambio de política, que se aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e intente medidas menos costosas y más efectivas.

Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadunidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta. El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la “guerra contra las drogas” no son los que se anuncian. Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de “limpieza social” en lo interno, enviando enormes números de personas “superfluas”, casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 30 años.

Aunque el mundo es unipolar en la dimensión militar, no siempre ha sido así en la dimensión económica. A principios de la década de 1970, el mundo se había vuelto económicamente “tripolar”, con centros comparables en Norteamérica, Europa y el noreste asiático. Ahora la economía global se ha vuelto aún más diversa, en particular tras el rápido crecimiento de las economías asiáticas que desafiaron las reglas del neoliberal “Consenso de Washington”.

También América Latina comienza a liberarse por sí sola de este yugo. Los esfuerzos estadunidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos, particularmente en Sudamérica, la cual por vez primera desde las conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales que han plagado el continente. He ahí el inicio de movimientos encaminados a la integración de países que tradicionalmente se orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y también un impulso por diversificar las relaciones económicas y otras relaciones internacionales. Están también, por último, algunos esfuerzos serios por dar respuesta a la patología latinoamericana de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de responsabilidades, excepto la de enriquecerse a sí mismos. Esto último es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante su periodo de rápido crecimiento, la exportación de capitales podía acarrear la pena de muerte.

Estos procesos en América Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos populares de masas, son de gran significación. No es sorpresivo que provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales, respaldadas por la superpotencia hemisférica. Las barreras son formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a cambiar en forma significativa el curso de la historia latinoamericana, y sus impactos más allá de ella no serán pequeños.

Blanche Petrich

Traducción: Ramón Vera Herrera

 

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Viernes, 30 Enero 2009 09:45

La política del campo de concentración

Sólo abusando del lenguaje puede concebirse la incursión israelí en la franja de Gaza como parte de una guerra. El concepto de guerra supone el enfrentamiento entre dos cuerpos armados, regulares o irregulares, estatales o no estatales. En este caso, la desproporción de fuerzas es tan evidente que, en rigor, no puede hablarse de verdaderos combates. Ni siquiera es aplicable el concepto de “guerra asimétrica”, creado por los estrategas militares imperiales para dar cuenta del conflicto entre estados y actores no estatales.

Cuando la relación de muertos por cada bando es de uno a 100 y la de heridos la supera con holgura, por no hablar de los daños materiales, que se encuentran en su totalidad en un solo lado, parece evidente que se debe acudir a otras ideas para dar cuenta del proceso en curso. Puede hablarse de política de exterminio o de terrorismo de Estado, pero la trascendencia de lo que sucede impone ir más allá. El filósofo italiano Giorgio Agamben sostiene en sus libros Lo que queda de Auschwitz y El poder soberano y la nuda vida que existe un espacio donde el estado de excepción es la regla y donde “la situación extrema se convierte en el paradigma mismo de lo cotidiano”. Ese lugar es el campo de concentración.

En efecto, el campo de concentración es aquel espacio donde aparece la “vida desnuda”: la vida despojada de cualquier derecho, de modo que la inexistencia de estatuto jurídico –hija directa del estado de excepción devenido en regla– permite que al ser humano que ha sido excluido y recluido en el campo “cualquiera puede matarle sin cometer homicidio”. Para Agamben el campo de concentración es el acontecimiento fundamental de la modernidad, porque es “el paradigma oculto del espacio político”.

La radicalidad de su pensamiento lo lleva a asumir que la política actual se ha transformado en el espacio de la “vida desnuda”, es decir, en un campo de concentración donde se practica el dominio total. “La esencia del campo de concentración –asegura– consiste en la materialización del estado de excepción y en la consiguiente creación de un espacio en el que la vida desnuda y la norma entran en un umbral de indistinción”. Toda vez que las elites del planeta necesitan ese dominio total para mantener a raya a los de abajo, porque abandonaron los estados de bienestar con los que buscaron integrar a las “clases peligrosas”, el estado de excepción se convierte en el modo de gobierno dominante.

En suma, el campo de concentración como paradigma de la dominación actual. La población de Gaza vive, de hecho, en un gigantesco campo en el que no pueden ejercer sus derechos, ni siquiera el elemental de elegir mediante el voto a sus gobernantes. Debe recordarse que la etapa actual del conflicto comenzó cuando la población votó mayoritariamente por Hamas, algo que ni Israel ni Estado Unidos ni la Unión Europea están dispuestos a tolerar.

Pero Gaza no es, por cierto, el único campo de concentración existente en el mundo en el sentido que le da Agamben. Su existencia alumbra un modo de dominación que va ganando terreno en todo el mundo. ¿Cuántos espacios existen donde es posible matar al otro sin cometer homicidio? En América Latina es la situación cotidiana de buena parte de los pueblos originarios y de millones de habitantes de las periferias pobres de las grandes ciudades. ¿Qué son las favelas brasileñas y los barrios de Puerto Príncipe sino enormes campos de concentración a cielo abierto, donde el Estado puede “no ya hacer morir ni hacer vivir, sino hacer sobrevivir”? Con la excusa del narcotráfico y la delincuencia miles de latinoamericanos pobres son muertos cada año con total impunidad.

Al pueblo mapuche se le sigue aplicando la ley antiterrorista de Pinochet para resolver conflictos sociales y las comunidades están militarizadas. Patricia Troncoso realizó una huelga de hambre de más de 100 días, a fines de 2007, sólo para tener la posibilidad de que sus demandas sean escuchadas. Los cortadores de caña afrocolombianos tuvieron que hacer dos meses de huelga para conseguir que la patronal aceptara reunirse con ellos. Los ricos del azúcar nunca se dignaron tratarlos como seres humanos.

Pero hay algo más. Desde el momento en que, según Agamben, el campo de concentración se ha convertido en el paradigma biopolítico de Occidente y que ello impide cualquier “retorno posible a la política clásica”, surgen nuevas preguntas. ¿Cómo hacer política desde y en el campo de concentración? No lo sabemos, porque apenas estamos comenzando a comprender estas nuevas realidades. Sabemos, sí, que hacer política desde las instituciones es un modo de consolidar el campo de concentración, ya que sus reglas y modos están hechos a la medida de los guardianes que pueden “matar sin cometer homicidio”.

La fuga no parece posible porque no existe un afuera, sino un archipiélago de campos destinados a albergar a los de abajo. La tendencia dominante en las democracias occidentales, dice Agamben, consiste en que “la declaración del estado de excepción está siendo progresivamente sustituida por una generalización sin precedentes del paradigma de seguridad como técnica normal de gobierno”. De ese modo se instaura una suerte de totalitarismo, a través de “una guerra civil legal, que permite la eliminación física no sólo de los adversarios políticos sino de categorías enteras de ciudadanos que por cualquier razón resultan no integrables en el sistema político”.

Reinventar la lucha por la emancipación en estas condiciones y en esos espacios supone hacer política por fuera de las instituciones. Para hacerlo, no tenemos una teoría ya pronta para ser aplicada, entre otras cosas porque las nuevas formas de dominación están siendo ensayadas gradualmente. Sólo podemos contar con la experiencia de nuestros pueblos que buscan desbordar el estado de excepción permanente con iniciativas novedosas. La minga indígena en Colombia, la otra campaña zapatista, la resistencia mapuche y de los pobres urbanos, son referencias y pueden ser inspiración.

Por, Raúl Zibechi

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