MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

«Todos los instrumentos de la economía verde obedecen a la misma lógica perversa de financierización»

Entrevista a Amyra El Khalili

 

El debate ambiental tiene todo para ser escamoteado o repetir viejas tergiversaciones sobre desarrollo y sustentabilidad en el escenario electoral que empieza a calentarse. Más todavía en lo que se refiere a la denominada economía verde, concepto todavía nuevo para el público. Columnista del Correo de la Ciudadanía, la economista y activista socioambiental Amyra El Khalili acaba de presentar la 2ª edición del e-book Commodities Ambientales en Misión de Paz – nuevo modelo económico para Latinoamérica y el Caribe. Como el título sugiere, no se trata de un debate de fácil entendimiento. En esta entrevista, tratamos de traer tales conceptos a la luz.

Las commodities ambientales son el opuesto de las commodities convencionales por hacer contrapunto a los criterios de estandarización y comercialización, al cuestionarlos técnicamente confrontando  los números y estadísticas de las grande escalas de producción, incluyendo las variables sociales y ambientales, y principalmente las reivindicaciones de los que son los legítimos representantes de su “eminencia parda”, el Mercado, es decir, los productores y consumidores que somos todas y todos nosotros”, explicó.

En la extendida entrevista, Amyra El Khalili también critica los límites del discurso ambientalista mayoritario, pues en su visión pone frases de fácil asimilación – como “agua no es mercancía” – por encima del análisis del modelo de producción y consumo en el cual estamos todo inseridos. Por otro lado, trata de precisar las diferencias entre mercados financierizados y oligopolizados de los que involucran productores y consumidores de pequeña escala, a nombre de quiénes siempre se estimulan los instrumentos de economía sustentable, mitigación de daños, compensaciones ambientales, etc.

“Una cosa es financiar un proyecto de mitigación (reducción de emisiones), otra es emitir títulos para las Bolsas o negociar commodities en las Bolsas. Son cosas distintas, tienen funciones distintas; no deberían fundirse y mucho menos confundirse. Lo que ocurre es que, con los instrumentos de la economía verde anteriormente citados, están fundiendo y confundiendo deliberadamente los contratos en una arquitectura financiera peligrosa. Mitigación no ocurre de la noche al día, lleva años, y muchos que están firmando contratos, acuerdos y proyectos no estarán vivos para saber sus resultados, comprometiendo así el patrimonio ambiental y cultural de las presentes y futuras generaciones, como se da en el caso de las tierras de los pueblos indígenas y tradicionales.

Entrevista:

Correo de la Ciudadanía: Empezando por el título del libro ¿qué son commodities ambientales y cuales sus finalidades en la economía actual?

Amyra El Khalili: Primero es preciso comprender lo que son “commodities” para después definir lo que son “commodities ambientales”. Commodities son mercancías estandarizadas para compra y venta que adoptan criterios internacionales de comercialización en mercados organizados (bursátiles, es decir, de Bolsas de Mercancías y Futuros). Hoy día clasificamos las producciones convencionales en commodities agropecuarias (soya, maíz, café, ganado, arroz, cacao, azúcar, etc.) y commodities minerales (petróleo, gas, oro, plata, cobre, hierro, etc.).

Fue justamente con el objetivo de cuestionar a forma como se dan esos “criterios” de estandarización y su modus operandi que pasé a estudiar el binomio “agua y energía” y acuñé la expresión “commodities ambientales”. He sido operadora de commodities y de futuros por más de dos décadas, he entrenado y capacitado operadores para las corredoras, pasé a ser estratega en ingeniería financiera, he estructurado y montado cuatro agencias asociadas a la Bolsa de Mercancías & de Futuros (antigua BM&F, actual B3);en la década de los noventa negociaba dos toneladas de oro al día en los mercados (a la vista) y derivativos (futuros) hasta llegar a la condición de consultora de la BM&F asesorándola  en la implantación de instrumentos económico-financieros como, por ejemplo, el contrato futuro de soya en grano al por mayor. He hecho la ruta de la soya en Brasil para la presentación de este contrato futuro de soya. Como conozco ese engranaje por dentro, sé separar producción de finanzas, y también identificar cuando producción y finanzas se “funden y confunden”.

Las commodities ambientales son el opuesto de las commodities convencionales porque son un contrapunto a los criterios de estandarización y comercialización, al cuestionarlos técnicamente confrontando los números y estadísticas de las grande escalas de producción, incluyendo las variables sociales y ambientales y, principalmente las reivindicaciones de los que son los legítimos representantes de su “eminencia parda”, el Mercado, es decir, los productores y consumidores que somos todas y todos nosotros, pagadores e impuestos y tasas, además de pagar también las exorbitantes tasas de intereses practicadas en Brasil cuando recurrimos a préstamos  y financiamientos.

Así, las “commodities ambientales” son mercancías originadas de recursos naturales, producidas en condiciones sustentables, y constituyen los insumos vitales para la industria y agricultura. Estos recursos se dividen en siete matrices: 1. Agua; 2. Energía; 3. Biodiversidad; 4. Floresta; 5. Minerales; 6. Reciclaje; 7. Reducción de emisiones contaminantes (en el suelo, agua y aire). Las commodities ambientales están siempre conyugadas a servicios socioambientales – ecoturismo, turismo integrado, cultura y saberes, educación, información, comunicación, salud, ciencia, investigación e historia, entre otras variables que no son consideradas en las commodities convencionales.

Mientras las commodities convencionales (agropecuariasy minerales) se concentran en algunos pocos productos de la pauta de exportación, con escalas de producción, con alta competitividad y tecnología de punta (transgenía, nanotecnología, biología sintética, geoingeniería, etc.) en las commodities ambientales se desarrollan criterios de producción alternativa como la agroecología, agricultura orgánica, biodinámica, agricultura de subsistencia consorciada con investigación de fauna y flora, como plantas medicinales, exóticas y en extensión. Como, por ejemplo, el banco de germoplasma del bioma macaronesía (misto de bioma amazónico con mata atlántica).

Es el caso de la simiente de lino y de las tinturas rescatadas por el banco de germoplasma para bordados tradicionales de la “Ilha da Madeira”, en Portugal, que han sido clonados por los chinos e industrializados. El mercado fue inundado por falsificaciones chinas de esos bordados. Resultado: las bordadoras ya no quieren enseñar el oficio a sus hijas por ser exploradas por la industrialización y por empresarios que exportan sus bordados para boutiques y pagan una miseria para las bordadoras.

Otra contradicción: mientras en la Amazonía se combate la biopiratería, en los países del norte son investigadas las semillas y especies para recuperar lo que degradaron y desmataron. Son esas contradicciones, sus paradojos y reflexiones entre problemas y soluciones que estamos debatiendo y analizando al construir colectivamente el concepto de “commodities ambientales”. Las commodities ambientales son como un espejo frente a la cara del sistema financiero para que podamos ver, en tiempos de tinieblas, alguna luz al final del túnel, proponiendo un modelo de transición a la economía de mercado en su fase neoliberal (neo= nuevo; liberal = libre mercado).

Si vivimos en una economía en la cual comanda el libre mercado ¿Por qué solamente los detentores de capital pueden decir sobre qué, cómo y de qué forma debemos producir y consumir? Si es libre para los capitalizados ¿Por qué somos rehenes de ellos y estamos “presos”? ¿Debemos ser eternamente “esclavos del libre mercado”?

Si somos los que producen, los que consumen, los que pagan impuestos, tasas y intereses ¿por qué tenemos que estar subordinados a las reglas de estandarización y comercialización internacionales, fuera de nuestra realidad y todavía aceptar que ese mercado se “autorregule”?

En Brasil sabemos que el legislador es cuestionable y muchas veces injusto; cuando la ley beneficia el reo (el degradador) y penaliza la victima (el ambiente). Cuando es conveniente para bancos y corporaciones, prevalece lo negociado sobre lo legislado.

Correo de la Ciudadanía: ¿Usted considera sustentable la exploración de las commodities ambientales? ¿Cuál la “separación del joyo del trigo” que hay que hacer, como la obra propone?

Amyra El Khalili: Las matrices de las commodities ambientales son recursos naturales y procesos renovable y no renovables; el agua, la energía, la biodiversidad, la floresta, el mineral, el reciclaje, la reducción de emisiones de contaminantes (en el suelo, agua y aire). No son mercancías, no pueden ser “comoditizadas” porque se trata de bienes difusos, de uso común del pueblo.

Las commodities ambientales son las mercancías que se originan de esas matrices, por ejemplo, el dulce de guayaba de la productora de dulces de Campos dos Goytacazes (RJ). El árbol de guayaba es la matriz, la guayaba es la materia prima, el fruto. La mercancía es el dulce de guayaba. La prestadora de servicio es la mujer dulcera en Campos dos Goytacazes y que aprendió con la india Goytacá la receta tradicional de la guayabada. La mujer dulcera se organiza en asociación y cooperativa. El agua y la energía como commodity ambiental, en este caso, es el insumo usado por la mujer dulcera para producir el dulce de guayaba. Se vuelve commodity ambiental cuando esa mujer cuida de la cuenca hidrográfica y trabaja con energía renovable y/o maximizando el uso del agua y de la energía para producir su dulce. Es cuando agua y energía son captadas de la naturaleza y pasan a la cadena productiva.

En las commodities ambientales trabajamos las siete matrices integradas al aprender cómo funciona un ecosistema. Separamos em sete matrices para poder estudiar y analizar los impactos socioeconómicos de su uso, para no permitir la exploración desenfrenada y ni la extracción industrializada como ha ocurrido en el desastre ambiental con la minería en Mariana, Minas Gerais.

Estamos hablando de commodity, o sea, de mercado organizado y no de extracción simplemente (sin organización social). Commodity no se da en la informalidad y ni es posible decir que cualquier cosa se vuelva commodity en la ilegalidad y sin criterio de estandarización. La mercancía tanto puede ser lícita como ilícita. ¡La cantidad de cosas ilícitas que se vuelven mercancías es enorme!

En economía verde se denominan los procesos de servicios ecosistémicos y ambientales. Lo que ocurre es que tampoco son “servicios”, ya que la naturaleza no está a servicio de los humanos, no cobra por su trabajo. En el concepto de “commodities ambientales” estamos hablando de “beneficios providenciales” y no de servicios ambientales.

Si alguien presta algún servicio en esta ecuación es la mujer que hace el bordado en Ilha da Madeira, la costurera, el extractivista, la que quiebra el coco babaçu, el ribereño pescador, la mujer que recoge la guayaba manteniendo la planta en pie y sembrando otra guayabera al lado de dónde cogió el fruto, los pueblos indígenas y tradicionales que protegen y guardan las florestas y las aguas. Estos, sí, prestan servicios y deberían ser debidamente remunerados por mantener los “beneficios providenciales” que la naturaleza nos proporciona. Ellos y ellas trabajan para que tengamos agua en cantidad, así como aire, tierra y mar.

Correo de la Ciudadanía: Y los verdaderos prestadores de servicio ¿están siendo excluidos de los beneficios económicos?

Amyra El Khalili: La academia y las grandes ONG tienen por hábito crear nuevas expresiones y palabras-claves para desviar la atención de lo principal, tanto los que defienden el neoliberalismo cuanto los que lo critican. Es mucha tergiversación política, distorsión y sesgo de las banderas y justas causas que defendemos y discutimos en el mundo real. Pero el pueblo no es tonto. Es bueno, pero no es tonto. Como dijo un líder Jaminawá: “¡Capibara es capibara, paca es paca, culebra es culebra y no vengan con esos nombres complicados que no sabemos lo que son! Para nosotros las cosas son sencillas”.

Si usamos a palabra-expresión “commodities” es porque dominamos el asunto y estamos rebatiendo argumentos flojos e inconsistentes. Derribando mitos que se presentan como verdades absolutas e incuestionables. Quienes nos escuchan y nos leen con atención entienden perfectamente de lo que estamos hablando.

También nunca supe de un inversionista que pusiese su dinero en algo que no entendiese, por el contrario, si lo hacen sin entender es porque los están engañando. Engañar personas es estelionato (abuso de la buena fe del individuo) y si tiene papeles con palabras-expresiones enroladas, certificadores dudosos, auditores incompetentes (en la mejor de las hipótesis) es fraude. Si tiene juros impracticables y exorbitantes, es usura. De ahí la cuestión sale del campo técnico e ideológico y pasa a la condición de jurídico-económico. En esa hipótesis es crimen.

Por lo tanto, estamos entrando en el territorio del derecho penal, más específicamente en el derecho ambiental y el derecho humano, sin perder de vista que estamos tratando también con derecho económico, tributario y fiscal. Es materia multidisciplinar y no es una simple mortal que será doctora en el tema. ¡Yo no me atrevería a tanta prepotencia!

Sino veamos. Cuándo privatizaron la Vale do Rio Doce ¿qué vendieron? ¿Una empresa estatal? No, vendieron las riquezas del subsuelo, el bien público, el mineral explorado por la Vale do Rio Doce que pasó a tener accionistas extranjeros y someterse a las reglas de mercado (¡o a su ausencia!). Aquí estoy hablando de mercado financiero y no del mercado como un todo que somos todos nosotros, productores y consumidores de bienes y servicios.

Cuando subastaron el pré-sal, entregaron para exploración de otros países en territorio brasileño el bien común del pueblo, el petróleo. Yo respondo a su pregunta con otra pregunta: ¿es viable?

Tomemos como hecho a reciente huelga de los camioneros. Al indexar los precios de los combustibles al precio practicado en las bolsas internacionales, los puestos de gasolina y alcohol pasaron a la condición de corredores y cambistas, con reajustes de precios diarios y inesperados.

Es imposible convivir con esa situación cuando ni los camioneros logran saber lo que están pagando para seguir en la carretera; cuando ni sus salarios están garantizados y más, corren riesgo de vida con asaltos y pésimas condiciones de trabajo con la flota en mal estado, o sin saber cómo van a pagar las cuotas de los camiones nuevos que han comprado.

Cuando proponemos “las commodities ambientales” estamos hablando de alternativas de generar empleo e ingresos para los que viven de la minería, da exploración desenfrenada del bien común, pues los argumentos de las empresas mineras y del agronegocio son de que tal actividad extractivista genera empleo e ingresos, trae divisas (dinero de inversionistas extranjeros) para el país. Pero sabemos que las empresas multi y transnacionales que se establecen en Brasil viene en búsqueda de insumos (agua y energía), de materia prima (minerales y productos agropecuarios) y mano de obra barata o aún gratuita y esclavizada.

Traen sus empleados bien pagados de exterior, altamente capacitados, hablando dos o más idiomas, con maestrías y doctorados, no contratan mano de obra regional, exploran el ambiente local con la complicidad de políticos. Así se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas.

Correo de la Ciudadanía: En ese sentido, en textos en el Correio da Cidadania usted escribe provocativamente que agua, energía y alimentos son sí mercancías, a pesar de los slogans más famosos en movimientos sociales o en discursos de grupos y partidos. ¿Cómo explicar eso?

Amyra El Khalili: Digo que es el contrario de esas campañas que vienen de fuera hacia adentro, elaboradas por ONG internacionales cuando la palabra commodities traducida literalmente significa mercancía. Queriendo “estandarizar las campañas” para que sean usadas en todos los continentes, las ONG cometen un equívoco y alimentan todavía más la confusión entre producción y finanzas. Hacen los mismo que los colonizadores que tanto critican: Nos someten a su voz de comando sin preguntarnos si esas expresiones nos sirven para decir lo que nos gustaría decir.

Explico: commodities la palabra-expresión  utilizada en finanzas puede ser más que simples mercancías, dependiendo de cómo se la usa y en que contexto se la emplea, como el agronegocio en sus propagandas cuando afirma que Brasil se volvió el mayor exportador de soya con el boom de las commodities, con los chinos comprando nuestra producción, tanto cuanto lo que dicen que “todo va a volverse commodity” sin explicar cómo es posible esa metamorfosis desconsiderando que todavía tenemos una Constitución Federal con el artículo 225, además del derechos económico, tributario y fiscal.

El texto sintetiza: el bien ambiental es definido por la Constitución como siendo “de uso común del pueblo”, es decir, no es bien de propiedad pública, pero sí de naturaleza difusa, razón por la cual nadie puede adoptar medidas que impliquen gozar, disponer, fruir del bien ambiental o destruirlo. Al contrario, al bien ambiental es solamente conferido el derecho de usarlo, garantizando el derecho de las presente y futuras generaciones.

Están usando la palabra-expresión commodities de forma sesgada, distorsionada y descontextualizada o sencillamente lanzando la palabra-expresión de un lado a otro sin profundizar el debate que está en curso hace décadas, y de esta forma desviando la atención de lo principal y en la mayor parte de las veces invirtiendo el sentido de nuestros planteamientos, demostrando que no saben de qué están hablando y que desconocen los embotellamientos de las cadenas productivas de bienes y servicios.

Correo de la Ciudadanía: ¿Mercantilización de la Naturaleza?

Amyra El Khalili: Desde que o primero colonizador puso los pies en este continente latinoamericano y caribeño, a naturaleza fue mercantilizada. Estamos en otra fase: la militarización de la naturaleza. Sin duda es incuestionable que el objetivo de la “militarización” es seguir mercantilizando todo y cualquier cosa, de la naturaleza a la vida – sería hipocresía decir que la vida todavía no ha sido mercantilizada. Ya son más 500 años de colonización mercantil y nadie hizo nada. A cada gobierno, sea de derecha o izquierda, se reproduce el mismo el mismo “modus operandi”. En una charla en la sede del BNDS (en el 2000) promovida por el gobierno de los EUA, hablé sobre el Plan Colombia, en que pusieron veneno en las plantaciones de coca, amapola, marijuana, que además de matar a la tierra alcanzaron a la población con graves secuelas.

¿Alguien ha mencionado esa charla en los informes? ¡Nada! Lo que los periodistas escribieron en la “prensa grande” fue solamente lo que le interesaba al mercado de carbono, pero no mencionaron lo que yo había dicho sobre la necesidad de crear alternativas ecológicas para los pobres campesinos y campesinas que siembran coca, marijuana y amapolas (BERNA, Vilmar 2018).

De esta forma soy solidaria con las propuestas del “Comunicado del Componente de FARC en el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS)”. Si queremos paz en las florestas, campos, montañas y aguas tenemos que caminar hacia las soluciones de los problemas y no “problematizar más y más poniendo gasolina donde ya hay incendio”.

¿Cómo es posible explicar para Doña María, para Don Juan que alimento no es mercancía si ellos tienen que comprar en la feria, supermercado, panadería, carnicería la comida para sus hijos? ¿Cómo es posible explicar para mi madre que agua y energía no son mercancías se las cuentas de agua, luz, gas y combustible están demasiadamente altas?

¿Será que podemos utilizar ese argumento con las Empresas-Estados que nos suministran agua, luz y gas, que no son mercancías? ¿Que el Estado tiene que suministrarnos servicios que jamás deberían ser mercantilizados, como salud, educación, seguridad pública, previdencia, entre otros que pagamos con impuestos y tasas, en la hora que tenemos que saldar nuestras deudas? ¿El empleado que me atiende me puede exentar de pagar eso, solamente con tal argumento?

Pienso que la afirmación de que “agua, energía y alimento no son mercancías” no explica nada a nadie, a no ser para los empleados públicas y la gente de la academia que tienen sus salarios garantizados todo fin de mes y pueden disponer de becas de investigación para quedar estudiando e investigando, con los gastos de viaje pagados por el Estado o por instituciones, para participar en seminarios, reuniones, encuentros y charlas, mientras la gran mayoría, en la cual me incluyo, apenas logra mantener sus empleos con sus certificados de curso superior y algunas especializaciones. Y vea que no me quedé rica negociando commodities en Bolsas. Sigo en caravana dictando clases en comunidades pobres, muchas veces trabajando sin remuneración.

No hay duda de que debemos discutir la calidad de lo que producimos y consumimos, si lo que comemos nos alimenta o si lo que pagamos tiene el precio justo, pero debemos evitar confundir aún más, lo que ya está confuso y oscuro. Al final ¿para quién estamos hablando y con quién estamos dialogando? Esa es la pregunta que no quiere callar.

Para los simples mortales, gallina es gallina, paca es paca, como dice sabiamente líder Jaminawá del Acre.

Correo de la Ciudadanía: Usted establece diálogo directo con lo que llama de “eminencia parda”, el mercado. ¿Cuál es el grado de incidencia de este ente en las políticas ambientales? ¿Y cómo usted describe los instrumentos financieros que desarrolla como incentivos de preservación ambiental?

Amyra El Khalili: Vamos a identificar quién es esa eminencia parda: el Marcado. Esa provocación yo la hago después de años y años escuchando al sistema financiero hablar en mi nombre sin preguntarme qué pienso o qué me gustaría decir. Como el operador de la Bolsa repetía todos los días: el mercado subió, el mercado cayó, el mercado está nervoso, el mercado está parado. Y uno ni siquiera sabe lo que él está diciendo, de tan condicionado que estamos en ese universo.

El mercado a que me refiero en el e-book “Commodities ambientales en misión de paz”, como he dicho antes, somos todos nosotros que producimos y consumimos, y no el mercado financiero, que absolutamente no produce nada y ha sobrevivido como parasita de la manipulación de la renta y de la especulación.

El colega Ladislau Dowbor esclarece esa cuestión con rigor científico en su indispensable libro “La era del capital improductivo”. Ladislau también coordina un grupo de estudios sobre “financierización” al cual contribuimos y apoyamos por considerar importante la iniciativa de organizar un frente que sea contrapunto al modelo neoliberal globalizado.

El actual sistema financiero es que está determinando lo que su eminencia parda, el Mercado, debe producir y consumir. Por eso, siéntense cómodo hablando en nombre de su eminencia parda, el mercado, de forma generalizada, sin separar mercado financiero de mercado de trabajo, de mercado alternativo, de mercado de producción, de mercado de bienes y servicios. Hay mercados y mercados y distinguir producción de finanzas es el primer paso para no confundir trigo con joyo.

Por otro lado, sucede también que la economía que vivimos se ha establecido (establishment) en el paradigma mecanicista onde todo tiende a ser mercantilizado, con escalas de producción utilitarias y no como producción con valor de uso social. Es evidente que cualquier instrumento económico-financiero que se piense en ese paradigma será utilizado para concentrar aún más el capital rentista (que vive de intereses y no de producción) que en realidad usarse efectivamente para financiar la producción. E consecuentemente termina por ser usado para financierizar (endeudar) los que producen bienes y servicios.

Por lo tanto, las críticas a los instrumentos económicos de la economía verde, como Créditos de Carbono, REDD – Reducción de Emisiones por Desmate y Degradación, Créditos de Efluentes, Créditos de Compensación, Pagos por Servicios Ambientales, Pagos por Servicios Ecosistémicos etc. son pertinentes y merecen atención. Principalmente que órganos fiscalizadores y reguladores, así como el Ministerio Público, apuren las denuncias que se están registrando en nuestras redes de información.

Sin embargo, no podemos generalizar y confundir gente seria y con buena intención con oportunistas, especuladores y criminales. Muchos creen ingenua y equivocadamente que tales instrumentos financiarán la transición de una economía parda hacia una economía verde, y no están comprendiendo las trampas financieras y jurídicas engendradas con operaciones que involucran cuestiones de orden geopolítica casadas con tierras y recursos naturales estratégicos, reglados y legislados con la complicidad de políticos para implementación de estos peligrosos contratos financieros y mercantiles. Es el paquete que viene de la llamada economía verde o economía de bajo carbono.

Correo de la Ciudadanía: Hablando sobre esos instrumentos ¿qué piensa usted sobre créditos de carbono y otras modalidades de compensación ambiental?

Amyra El Khalili: He escrito el artículo “¿Qué son créditos de carbono?” en el año 1998 (está en el e-book) para explicar la diferencia entre títulos bursátiles (negociados en Bolsas) y commodities (mercancía estandarizada) y aclarar que “créditos de carbono” no pueden ser “commodities ambientales”.

Cuestiono: si hay emisión de un título ¿para qué y para quién debería servir? Si es un crédito, sea de lo que sea ¿cómo se puede usar-aplicar ese crédito? En primer lugar, carbono no puede ser considerado mercancía si la intención es reducirlas emisiones. No existe cuenta para reducir nada en el sistema financiero, solamente para multiplicar. Confunden “secuestro de carbono” con “créditos de carbono”.

En la naturaleza, el secuestro de carbono es la fotosíntesis. Las plantas capturan el CO2 para después eliminar el oxígeno. En finanzas no hay cómo hacer esa ecuación. Aún más en el mercado de commodities que está desregulado y hoy Chicago Board negocia hasta 100 veces el mismo saco de soya por acción de especuladores y manipuladores que nada tiene que ver con la actividad productiva. Tales acciones distorsionan los precios y perjudican los financiamientos de las plantaciones, condicionando los agricultores a comprar tecnologías de punta que los países del norte han patentado, como semillas, agrotóxicos, químicos, máquinas y equipos.

Una cosa es financiar un proyecto de mitigación (reducción de emisiones), otra es emitir títulos para las Bolsas o negociar commodities en las Bolsas. Son cosas distintas, tienen funcione distintas; no deberían fusionarse y mucho menos confundirse. Lo que ocurre es que, con los instrumentos de la economía verde ya mencionados, están fundiendo y confundiendo a propósito los contratos en una arquitectura financiera peligrosa.

La sospecha es que lo hacen para apropiarse de tierras y recursos naturales estratégicos (bienes comunes). Con la crisis financiera internacional de 2008 tras la quiebra del Banco Lehman Brothers, las inversiones que estaban en el subprime (hipotecas de residencias) migraron para lo que llamamos de subprime ambiental (hipotecas de tierras).

Como he dicho, ningún inversionista pone dinero en lo que no conoce y ni firma contratos que no entiende. Aún más en contabilidades complejas, en contratos financieros y mercantiles que necesariamente deben medir la cantidad de carbono secuestrado. ¿Cómo se hace la medición? ¿Quién audita tal ingeniería?

Si en la academia hay divergencias de lo que puede o no ser “secuestrado”, si expertos a todo momento publican estudios e informes que echan por tierra tesis y proyectos de carbono ¿en quién confiar tal tarea para firmar acuerdos, contratos y proyectos que envuelven mil millones y aún alienan tierras por 30, 40, 50 y hasta 100 años?

Mitigar no ocurre del día para la noche, tarda años y años, y muchos de los que están firmando contratos, acuerdos y proyectos ni estarán vivos para saber sus resultados, comprometiendo así el patrimonio ambiental y cultural de las presentes y futuras generaciones, como en el caso de las tierras de los pueblos indígenas y tradicionales.

Correo de la Ciudadanía: Mientras ese debate queda ausente del conocimiento público, las experiencias aquí criticadas avanzan por Brasil.

Amyra El Khalili: Sí, y no necesitamos ir a la Amazonía para verificar: aquí, en territorio de São Paulo, las tierras de los agricultores pueden quedar en garantía por tantos años y alienadas solamente para recibir el cambio de tales “servicios ambientales y ecosistémicos”, sea de secuestro de carbono o de la gestión de agua de una represa, cascada o río que pasa adentro de una propiedad o hacienda. ¿Será que no están poniendo en riesgo el patrimonio público (como las tierras indígenas y tradicionales de la Unión) o privado, como las tierras de mis abuelos maternos y paternos en Minas Gerais y en Palestina para cobrar un valor insignificante, cuando esas tierras valen mucho más, no para ser exploradas hasta el agotamiento, pero por nos proporcionar los “beneficios providenciales” que nos mantienen vivos, como agua, ar y suelo?

Analizando un contrato que estamos auditando, encontramos lo siguiente: han contratado una consultora individual en capacitación para sembrar huertos comunitarios por la módica cantidad de R$ 95.000,00 por 15 (quince) meses; en contrapartida ofrecieron a un líder indígena el valor de R$ 180.000,00 (para tres aldeas) por año a cambio de firmar un contrato de REDD+ (entre otros). Vea que la consultora individual cobra poco más de la mitad del valor ofrecido para tres aldeas. Es una discrepancia absurda. Nunca recibimos esa módica cantidad para capacitar comunidades en los cursos de commodities ambientales. Como estamos auditando, por secreto de justicia no voy a revelar nombres.

Todos los instrumentos de la economía verde obedecen a la misma lógica de otros contratos financieros y mercantiles tanto cuanto la lógica de los préstamos internacionales que esclavizan nuestra economía, tales como los préstamos del FMI, del Banco Mundial, de los Bancos Multilaterales para financiamiento de obras públicas, de transporte e de saneamiento básico. Basta ver a cantidad de obras paradas cuyas inversiones han hecho de carreteras, rieles y trenes un montón de desechos.

Correo de la Ciudadanía: ¿Qué usted piensa, en líneas generales, de los conceptos de economía verde?

Amyra El Khalili: Participamos de varios frentes que se oponen al modelo económico-financiero denominado de “economía verde”. Somos contra  los proyectos de “economía verde” que vienen de arriba hacia abajo y de afuera para dentro, como la implementación de una agenda de venta rápida, con objetivos de como legislar, dar números y estadísticas.

Hay tres principales mercados mundiales ilícitos: armas, narcotráfico y biopiratería. Ese dinero pasa por el sistema financiero – el verdadero responsable por el financiamiento del mercado de armas y de todo el aparato generador de guerras y miserias. Defendemos proyectos socioambientales que, focalizados en la preservación y conservación ambiental, contribuyan para la seguridad pública, combatan las drogas, la violencia contra la mujer, la criminalidad, la discriminación étnica, racial y religiosa, promuevan la igualdad de género, concurran para la generación de empleo, ocupación e ingresos.

Como alternativa construimos colectivamente la economía socioambiental. Diferentemente de la economía verde, la socioambiental pasa por un proceso de consulta a la base popular, amplia consulta pública y suficientemente lenta para ser entendida. El proceso que adoptamos es desde abajo hacia arriba y de dentro hacia afuera. Es, sobre todo, desvinculado de la agenda de elecciones. Todo el trabajo de consulta y construcción colectiva tarda años, dadas las dificultades de llegar adonde pocos lo logran, a regiones apartadas y sin acceso a la comunicación, locales caracterizados por una población que necesita asistencia y orientación sobre impactos socioambientales.

Actuamos en dos frentes: primero, al orientar sobre la producción de un proyecto económico, financiero y jurídico con el cambio de paradigma; segundo, al divulgar y publicar informes producidos por formadores de opinión y líderes que participaron de cursos y talleres que aplicamos en conjunto con universidades, centro de investigación y grupos locales, además de divulgar también los informes de otros frentes que apoyamos.

Los informes indican el mapa de la región, el perfil de la población, las características del bioma, identifican las potencialidades alternativas de la biodiversidad, entre otras informaciones relevantes. De esa forma, pueden presentar los tipos de problemas conectados, como agua contaminada, enfrentamiento de violencia, drogas, degradación ambiental, exclusión y desigualdades sociales. Y proponer soluciones. Es así como se idealizan proyectos socioambientales y se buscan formas de hacerlos viables.

Correo de la Ciudadanía: ¿La mayor transparencia sobre los conceptos de economía verde no llevaría a observar dilemas y juegos de interés parecidos con lo que el país en crisis enfrenta en ese momento?

Amyra El Khalili: Antes de idealizar un proyecto socioambiental es necesario que la sociedad sea debidamente informada en lenguaje de fácil comprensión sobre cuestiones técnico-científicas. Nuestra propuesta cuestionar ese modelo económico para que los actores sociales se informen mejor sobre las alternativas y riesgos al tomar sus decisiones. A fin de cuentas, en casos como los de los proyectos oriundos del mercado de carbono, recusar dinero es un derecho, sino un deber.

Podemos citar varios casos. Por ejemplo: con la divulgación del Dossier Acre hemos dado visibilidad a las denuncias hechas con proyectos de mercado de carbono y pagos por servicios ambientales en el Estado del Acre. Elaborado en 2012, el estudio no había logrado todavía el merecido espacio en los medios y en los más diversos foros de debate, como también era ignorado su punto de vista técnico, operacional, jurídico, socioeconómico, además de la intervención esas políticas de arriba hacia abajo en el modo de vida de las comunidades indígenas, tradicionales y campesinas de la región amazónica.

Tenemos, actualmente, más de cinco mil distribuidores, multiplicadores y parceros en la producción y diseminación de información. Son esas colaboraciones y “nudos de comunicación” que forman la “alianza” que tiene más de dos décadas de trabajo voluntario, sin recursos de empresas ni de gobierno. Apoyamos los medios alternativos para que también logren sus financiamientos, ya que nos prestan un servicio relevante de utilidad pública.

Hace más de 20 años que trabajamos en ese proyecto de envergadura geopolítica, por la cultura de paz, autodeterminación y emancipación de los pueblos, con la cultura de resistencia cuyos resultados serán a largo plazo. No buscamos resultados inmediatos, sino duraderos y verdaderamente sustentables, formando “alianzas” inquebrantables.

Por Gabriel Brito | 03/05/202

Versión en español: Beatriz Cannabrava, Diálogos del Sur.

Publicado enMedio Ambiente
Joe Biden quiere “ganar el siglo XXI” con la clase media estadounidense

Marcó una agenda ambiciosa basada en la creación de empleo y el apoyo a las familias en Estados Unidos

A cien días del inicio de su presidencia el presidente de EE.UU. presentó su agenda antineoliberal y prosindical con un discurso ante las dos cámaras del Congreso.

 

Desde Washington, DC. Pasaron sus primeros 100 días de gobierno y Joseph Biden ahora tiene por delante una agenda ambiciosa. Aspira a una ley que permita una inversión billonaria en infraestructura que permita crear empleos. Quiere otra que brinde apoyo del Estado a las familias. Todo pagado con aportes que vengan del 1 por ciento más rico del país. Su mensaje es claro: dice que esas son las iniciativas que le permitirán a Estados Unidos “ganar la competencia contra el resto del mundo por el siglo XXI”, en la que China aparece como el gran rival.

Biden delineó este plan el miércoles pasado, cuando habló, por primera vez desde su asunción, ante las dos cámaras del Congreso estadounidense. No fue un discurso presidencial normal. Por la pandemia, en el recinto de la Cámara de Representantes solo hubo 200 personas, un número que no incluye ni a la mitad de los legisladores.

La imagen igualmente fue histórica: detrás de Biden se ubicaron las dos presidentas de las cámaras, la vicepresidenta Kamala Harris por el Senado y Nancy Pelosi, tercera en la sucesión presidencial, por la Cámara de Representantes. Fue la primera vez que un mandatario estadounidense estuvo escoltado por dos mujeres en un discurso ante el Congreso. “Era hora”, dijo el demócrata en una de las primeras líneas de su discurso.

Desde el podio de la Cámara baja, Biden dio las definiciones de lo que será su gobierno. Su obsesión parece ser el empleo. Dijo esa palabra 46 veces en su discurso del miércoles, el tercer concepto que más repitió después de “Estados Unidos” y “estadounidenses”.

La piedra angular para generar puestos de trabajo será su Plan de Empleo Estadounidense, un paquete de dos billones de dólares que ya envió al Congreso. Con esto, busca modernizar autopistas, calles, sistemas de transporte e invertir en tecnología de la información, vivienda, construcción y la industria de vehículos eléctricos. Un “proyecto obrero para construir Estados Unidos”, lo caracterizó en el discurso.

No es una novedad en el discurso de Biden. El presidente pasó toda la campaña que lo llevó a la Casa Blanca refiriéndose a la clase media y a sus orígenes en Scranton, una ciudad del cinturón industrial del estado de Pensilvania. “Wall Street no construyó este país. La clase media construyó este país. Y los sindicatos construyeron la clase media”, enfatizó el miércoles.

La segunda iniciativa, que Biden recién anunció esta semana, está enfocada en las familias y en el cuidado de niños. La Casa Blanca la bautizó como el “Plan para las Familias Estadounidenses”, en línea con los nombres de los paquetes que ya presentó. Implica destinar más de dos billones de dólares a cuatro áreas: acceso a la educación, con ingreso a universidades comunitarias incluido; un sistema de cuidado para niños y niñas que sea accesible y de calidad; licencias por maternidad y paternidad, que en Estados Unidos no existen, y un recorte de impuestos para las familias. “La clase media y la gente trabajadora de este país ya están pagando suficientes impuestos”, dijo.

No es el caso de otros sectores del país. Para Biden, esos 4 billones van a gastarse sin incrementar ningún déficit. “Es tiempo de que el uno por ciento más rico de los estadounidenses y el Estados Unidos empresarial empiece a hacer su aporte”, enfatizó. También prometió que la IRS, la agencia fiscal de Estados Unidos, va a tomar “medidas enérgicas” contra “millonarios y billonarios que hagan trampa con los impuestos”. “La economía del derrame nunca ha funcionado. Es tiempo de hacer crecer la economía de abajo hacia arriba y desde el centro hacia afuera”, resaltó el mandatario.

Para el Partido Republicano, las palabras de Biden son motivo de horror y preocupación. “Aburrido, pero radical”, lo definió el senador por Texas, Ted Cruz, quien se quedó dormido en medio del discurso. Para él, el mandatario solamente se dedica a “mantener contentos a los izquierdistas radicales” . “El régimen socialista está aquí”, agregó.

También Mitt Romney, senador por Utah y una de las voces más moderadas del Partido Republicano, cuestionó las iniciativas del presidente. “Representan cuatro veces nuestro presupuesto federal”, se quejó. “No vas a unificar Estados Unidos si solo le hablás al ala progresista de tu propio partido”, añadió.

Sin embargo, aunque los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren elogiaron las menciones de Biden a los sindicatos y a los sistemas de cuidado en Estados Unidos, el ala más progresista del partido pide más. “Si decís que creés que la atención de la salud es un derecho y no un privilegio, entonces apoyá Medicare para todos”, se quejó en Twitter la congresista Ilhan Omar de Minnesota, en referencia a una iniciativa que el mandatario rechaza.

“No se le da suficiente crédito a los incontables activistas y organizadores cuyo trabajo incansable es la razón por la que apenas estamos escuchando algo esta noche sobre cuidado universal, supremacía blanca como terrorismo, trabajo y salarios dignos. No podemos parar hasta que se haga”, apuntó su colega Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York.

La agenda no tiene un camino fácil en el Congreso ante el que habló Biden. Tal como fueron presentados, los dos paquetes no alcanzarían nunca una votación. No tienen ningún tipo de apoyo del Partido Republicano, clave para evitar cualquier obstrucción en el Senado. El Partido Demócrata ahora tiene dos caminos: negociar con la oposición, que tiene sus propios planes en infraestructura y cuestiona el gasto que las dos iniciativas representan, o intentar aprobar lo que se pueda con votos propios.

Si hubo pasajes del discurso que parecían sacados de las promesas de campaña de candidatos progresistas como Sanders o Warren, también hubo propuestas que podrían haber estado en un tuit de Donald Trump. Aunque la mirada de Biden tenga escala mundial, no deja de tener el componente de “Estados Unidos primero” que tenía su antecesor. “No hay ninguna razón por la que las hélices de las turbinas eólicas no puedan construirse en Pittsburgh (Pensilvania) en lugar de en Pekín”, dijo Biden el miércoles pasado. “Todas las inversiones del Plan de Empleo Estadounidense se guiarán por un principio: Comprar productos estadounidenses”, agregó.

Para Latinoamérica, el hombre que solía hablar de una agenda de trabajo “desde Canadá hasta Argentina” hizo apenas una mención a Guatemala, Honduras y El Salvador en el tramo sobre inmigración. Habló de violencia, de corrupción, de pandillas, de inestabilidad política, de desastres naturales. “Tenemos que atender la raíz del problema por el que la gente huye hacia nuestra frontera sur”, se limitó a decir.

Por Aldana Vales

02 de mayo de 2021

Publicado enInternacional
Sábado, 01 Mayo 2021 06:42

Los tiempos de barbarie exigen osadía

Los tiempos de barbarie exigen osadía

Entevista a Michael Löwy

El fascismo y la crisis ecológica se recrudecen en todo el mundo. En esta entrevista, el militante y pensador ecosocialista Michael Löwy nos explica cómo la convergencia de fuerzas en el campo anticapitalista podría ayudarnos a superar los desafíos que tenemos por delante.

La pandemia de coronavirus se presentó como un desafío global y expuso las enormes desigualdades que existen entre los distintos países, desigualdades que van desde el acceso a un sistema de salud justo y de calidad hasta los distintos abordajes de la pandemia según los gobiernos de turno. Las crisis, inevitablemente, están relacionadas con las fronteras por su naturaleza internacional y por las dinámicas económicas y geopolíticas que generan disputas sobre proyectos y recursos entre distintos países. No es posible hablar, por ejemplo, de la crisis de Venezuela sin considerar los elementos externos a Venezuela. No se puede comprender el bolsonarismo sin notar la influencia ideológica de la derecha estadounidense y las dinámicas de desmonte y privatización en Brasil que complacen a una burguesía internacional.

La inminente catástrofe ecológica que, si bien excede al cambio climático, encuentra en él su mayor catalizador, nos urge a desplegar nuestra capacidad de movilización contra el capitalismo y sus falsas soluciones, mientras perseguimos al mismo tiempo la autonomía de los pueblos oprimidos. Esta conversación con Michael Löwy, militante e intelectual ecosocialista, ilumina posibles caminos para la acción.

SF: Michael, me gustaría comenzar con un pequeño debate sobre cómo se plantea la cuestión de las fronteras en el contexto específico del siglo XXI. Parece que los cambios climáticos evidencian a veces el carácter artificial de las fronteras entre los países. Sin embargo, otras veces muestran lo importantes que son en relación con la disputa geopolítica sobre los posibles rumbos del planeta.

ML: De hecho, la crisis ecológica y el cambio climático no conocen fronteras. Por eso el internacionalismo, la organización de un movimiento planetario contra la oligarquía fósil y, en última instancia, contra el sistema capitalista –que es, como reconoce el Papa Francisco, intrínsecamente perverso– son más decisivos que nunca.

Esto no impide que las potencias capitalistas, en tanto promueven la globalización neoliberal, estimulada activamente por el Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio –todos comprometidos con la industria fósil y el ecocidio– disputen los distintos sectores del mercado mundial e intenten imponer su hegemonía imperial. La verdad es que asistimos a un fenómeno nuevo, el «nacional-liberalismo», con Donald Trump, Bolsonaro, Shizo Abe en Japón, Boris Johnson y otros, que proclaman un nacionalismo agresivo y un neoliberalismo brutal a la vez, lo que no es para nada contradictorio. A pesar de que las fronteras sean cada vez más artificiales, los distintos gobiernos de las potencias imperialistas intentan, por todos los medios, construir muros, barreras con alambres de púas electrificados, e instalan patrullas policiales para impedir el acceso de los inmigrantes desesperados que intentan escapar de sus países para sobrevivir.

¿No había explicado Marx que el sistema capitalista no puede existir sin formas de dominación violentas y bárbaras?

SF: Es interesante, porque la derecha liberal, que ayudó a fortalecer a figuras como Bolsonaro, ahora finge ser diferente. Por ejemplo, en la medida en que la extrema derecha exhibe este fuerte tenor nacionalista y de conservadurismo social, los liberales intentan distanciarse de la imagen negativa de Bolsonaro. Pero sabemos que en realidad no tienen ningún problema en seguir apoyando las políticas de Paulo Guedes, en caso de que lleguen nuevamente al Ejecutivo. Como decías, este vínculo no es para nada contradictorio. Los estudios serios sobre la historia del liberalismo prueban su relación con los sistemas más perversos, como la esclavitud. ¿Será que lo que vivimos hoy es un modo de capitalismo que busca garantizar las ganancias sin importar los medios a los que tenga que recurrir? Lo cual valdría tanto para los gobiernos que muestran alguna preocupación por los derechos humanos como para gobiernos que parecen adquirir rasgos cada vez más autoritarios. ¿Es esta la tendencia de esta década?

ML: Efectivamente, a los capitalistas, a la oligarquía financiera, a los grandes industriales y al agronegocio solo les interesa garantizar sus ganancias. El resto son detalles sin mucha importancia. Si el gobierno garantiza una agenda económica neoliberal, como la de Paulo Guedes, contará con el apoyo –activo en algunos sectores, pasivo en otros– de las clases dominantes. Es cierto que los miembros más cultos de las élites, o más liberales en el sentido político, pueden sentirse incómodos con las locuras y el autoritarismo neofascista de Bolsonaro, pero, ¿asumirán una oposición consecuente? Hasta ahora esto no sucedió… En Estados Unidos la situación es diferente. Un sector de la élite dominante, asociada al Partido Demócrata, está dispuesta a ponerle fin al episodio delirante de Trump.

Nada de esto es nuevo. El capitalismo puede adaptarse a casi todo: esclavitud, trabajo «libre», democracia parlamentaria, fascismo, dictadura militar, gobiernos liberales, socialdemócratas, nacionalistas o autoritarios. Lo esencial es que se garantice la tasa de ganancia y la acumulación del capital.

SF: Las grandes potencias poseen una doctrina imperialista que concibe a sus propias fronteras como impenetrables, pero a las de los otros países como blancos a ser penetrados o demolidos. ¿Cómo se manifiesta esto en la construcción de la resistencia en los países periféricos?

ML: Las intervenciones imperialistas se multiplicaron en las últimas décadas, tanto en América Latina como en Medio Oriente. Tenemos que combatir estas intervenciones, que obedecen exclusivamente a los intereses económicos y geopolíticos de esas potencias, en especial los Estados Unidos, sin que eso nos lleve a apoyar los regímenes dictatoriales que se encuentran en conflicto con el imperio, en particular en Medio Oriente.

La cuestión es diferente en América Latina, donde los gobiernos son progresistas, por ejemplo, en Venezuela, en Bolivia y en Cuba, que, con todos sus límites, enfrentan la intervención imperialista estadounidense. En estos casos, la solidaridad internacional con la resistencia antimperialista es importante.

SF: Creo que uno de los grandes méritos de la dialéctica marxista, especialmente en la interpretación del marxismo humanista, es romper con una visión dualista, según la cual los problemas estaría solamente en el individuo, que debería transformar su propia microrrealidad, o totalmente localizados en la estructura, al punto de negar la agencia de los individuos. Aun así, siento que todavía es difícil transmitir nuestros esfuerzos de politización, sobre todo porque la doctrina neoliberal hace recaer la responsabilidad simplemente sobre el individuo y algunos grupos socialistas niegan la importancia de la agencia y de la libertad individuales. ¿La conciencia ecológica puede ser un terreno fértil para unir estos campos de batalla?

ML: En los escritos del joven Marx encontramos una concepción dialéctica humanista que rompe tanto con el individualismo liberal como con el organicismo conservador. En efecto, la lucha socioecológica es un buen ejemplo de la necesidad de una visión marxista dialéctica de la agencia individual y colectiva. Eso se traduce en dos niveles: uno es la complementariedad entre las iniciativas individuales, por ejemplo, la alimentación vegetariana, y las transformaciones estructurales como el fin de los subsidios a la industria de la carne, o la defensa de las selvas contra le expansión destructora de la ganadería. Para los ecosocialistas no se trata de oponer una iniciativa a otra, sino de ganar a los vegetarianos para las luchas sociales. Las movilizaciones socioecológicas, y un posible procesos revolucionario de transición al ecosocialismo, no son posibles sin que un gran número de individuos se unan a ese combate colectivo.

Sin duda esa lucha exige una amplia coalición social de fuerzas: trabajadores del campo y de la ciudad (de ambos sexos), juventud rebelde, comunidades indígenas, comunidades cristianas, población negra, mujeres, intelectuales, artistas y mucho más. Pero estos grupos o estas clases están compuestos de individuos, cada uno con su historia, su cultura, su conciencia. Su motivación puede ser cristiana, socialistas, ecológica, feminista, o una convergencia de todas. Puede ser también resultado de una experiencia directa de destrucción ambiental.

Marielle Franco era una persona única, singular, por su compromiso irreductible con el pueblo negro de las favelas, con las mujeres oprimidas, con el socialismo y con la ecología; pero, al mismo tiempo, era parte de varios colectivos, de organizaciones y de un partido combativo, el PSOL.

En la primera línea de combate ecológico se encuentran las víctimas directas de los desastres provocados por la voracidad destructora del capitalismo: comunidades indígenas, mujeres, movimientos, campesinos. Pero también en este caso son individuos los que encarnan el combate. Individuos que muchas veces pagan con sus vidas ese compromiso, como fue el caso, entre tantos otros, de Berta Cáceres, dirigente indígena en Honduras, víctima de la violencia paramilitar por encabezar la resistencia a los proyectos ecocidas.

No es casualidad que en estos dos ejemplos se trate de dos mujeres, que representan la dignidad y el coraje del combate sociológico: no es que exista una esencia femenina abstracta, sino que su condición social concreta hace más sensibles a las mujeres frente a los estragos ambientales que provoca el sistema.

SF: Esa convergencia de motivaciones es algo muy fuerte en el movimiento ecosocialista. Vemos personas que se reúnen a partir de las preocupaciones más diversas. ¿El ecosocialismo es un gran punto de convergencia de las luchas sociales a partir del materialismo histórico? ¿Una síntesis socialista que, al poner la naturaleza en primer plano, suma la potencia de todas las luchas? Esto me recuerda lo que suele decir Sônia Guajajara: la lucha por la Madre Tierra es la madre de todas las luchas. Me parece que negar, como lo hacen algunas organizaciones socialistas, que la naturaleza atraviesa todas nuestras luchas representa un gran atraso.

ML: El ecosocialismo puede contribuir a la convergencia de las luchas, al revelar, con ayuda del materialismo histórico, la íntima relación que existe entre la explotación capitalista, el racismo, la dominación patriarcal y la destrucción de la naturaleza. Pero esa convergencia debe respetar la autonomía de los movimientos y de las luchas sociales, sus respectivas agendas, sus objetivos. La convergencia no está dada inmediatamente, debe ser pacientemente construida por medio del diálogo y de las experiencias de lucha. El Foro Social Mundial, con todos sus límites, fue una experiencia interesante de convergencia de este tipo.

La cuestión ecológica, la relación con la Madre Tierra, es actualmente –y lo será más todavía– la cuestión política decisiva de nuestra época. En los próximos años, en la lucha para impedir la catástrofe del cambio climático irreversible, se decidirá el futuro que enfrentará la humanidad durante los siglos, si no durante los milenios futuros. Es muy decepcionante que tantos compañeros socialistas todavía no se den cuenta de este desafío: todavía no les cayó la ficha, como se decía en mi época, cuando todavía había teléfonos con fichas. Es nuestra tarea, como ecosocialistas, criticar esa ceguera política e intentar pacientemente convencer a nuestros compañeros.

SF: Recientemente me topé con algunos análisis sobre el «ecofascismo», que me recuerda a ciertos elementos del movimiento ambiental más misántropo, especialmente de fines del siglo XX. Incluye desde debates que culpan al ser humano como especie, en vez de al conjunto del modo de producción y al patrón «civilizatorio», hasta discusiones alarmistas sobre el crecimiento poblacional y el miedo a los refugiados. En el fondo, me pregunto si las conclusiones de tales movimientos y personas no se conforman con una salida fácil, que parte al mismo tiempo de una respuesta equivocada. ¿Enfrentamos el riesgo de que la lucha ambiental sea cooptada, no solamente por los ecocapitalistas y sus soluciones de mercado, sino también por los conservadores de la extrema derecha?

ML: Sin duda, ese peligro existe. Hay ecologistas «fundamentalistas que denuncian a la especie humana como responsable por la catástrofe ecológica. Otros, sin ir más lejos, piensan que el problema principal es el exceso de población. Unos pocos llegan al extremo de proponer una especie de dictadura ecológica, idea con la que especuló un filósofo ecologista del siglo pasado, Hans Jonas. Pero son pocos los que representan un verdadero «ecofascismo»: se trata, al menos por el momento, de un fenómeno marginal. La extrema derecha «fascistizante», en Europa por ejemplo, insiste en que la ecología no interesa, en que el verdadero problema son los refugiados y los inmigrantes. Manifiestan un odio exacerbado hacia figuras como Greta Thunberg, a la que algunos acusan de ser una peligrosa «hechicera», una comunista, una enemiga de la civilización occidental, etc.

Los principales representantes del neofascismo del siglo XXI, personajes como Donald Trump o Jair Bolsonaro, son fanáticamente antiecológicos, niegan el peligro del cambio climático y buscan, por todos los medios, promover los intereses ecocidas de la oligarquía fósil en Estados Unidos y del agronegocio en Brasil. Terminar con los regímenes de estos personajes siniestros es un imperativo categórico y, al mismo tiempo, inseparablemente social y ecológico. Lo que están haciendo es, simplemente, acelerar al máximo el tren suicida de la civilización capitalista industrial en dirección al abismo del cambio climático. Por su parte, los «razonables», los capitalistas «ecológicos», proponen pintar de verde la locomotora.

SF: Veo que varios capitalistas intervinieron en los debates como el Green New Deal para garantizar que cualquier proyecto de ley aprobado en ese sentido sea favorable a sus inversiones. Como muestra Naomi Klein en Esto lo cambia todo, hay hasta grandes burgueses de la industria de los combustibles fósiles que invierten en renovables. ¿Cuál es la magnitud del desafío que enfrentamos a la hora de poner la ecología en el centro del debate, si los mismos capitalistas mueven todo su aparato para avanzar un paso más en la mercantilización de la naturaleza? La financierización de la naturaleza es una realidad en el mercado global.

ML: De hecho, hace muchos años que existe un «capitalismo verde», que está interesado en el mercado de las energías renovables, y gobiernos que proponen políticas de «desarrollo sustentables». Hasta el Fondo Monetario Internacional jura que promoverá una economía ecológica. ¿Cuál es el resultado de todo esto? ¡Nada! O peor: a medida que los discursos se vuelven cada vez más verdes, el cielo se vuelve cada vez más gris… Las emisiones de gases fósiles no solo no disminuyeron, sino que continúan aumentando, y los científicos, cada vez más preocupados, hacen sonar señales de alarma. Bajo el pretexto de «proteger» la naturaleza, se desarrollan políticas de privatización de las selvas y los bosques. Se desarrollan enormes mercados de derechos de emisión, que son un negocio óptimo para los bancos y las empresas, pero pésimo para el medioambiente.

Existen excelentes trabajos de pensadores ecosocialistas que desmitifican estas propuestas: Lo imposible del capitalismo verde, de Daniel Tanuro, y El Dios que fracasó: el capitalismo verde, de Richard Smith. El capitalismo no puede existir sin una expansión ilimitada, sin el productivismo y el consumismo, y depende, hace dos siglos, de las energías fósiles. Solo una batalla socioecológica intransigente puede hacerlo retroceder, en un primer momento, antes de superarlo con otro modo de producción, o mejor, con otro modo de vida.

SF: ¿Podría comentar cómo la colonización sigue siendo un factor central en la reproducción económica, cultural y militar de América Latina? Hay regiones ricas en bienes naturales que parecen ser muy vulnerables a la dominación extranjera, especialmente cuando existen relaciones de opresión históricas. Pienso, por ejemplo, en las mineras canadienses y en el rol destructivo que tienen en nuestra región. Actúan también de forma contradictoria en Canadá, que es un símbolo del desarrollo aunque sigue expropiando territorios a los pueblos originarios del norte.

ML: José Carlos Mariátegui, el genial fundador del marxismo latinoamericano, advirtió en 1928: si no hay una alternativa socialista indoamericana (hoy diríamos afroindoamericana), los países de América Latina están condenados a ser semicolonias del imperio norteamericano. Es lo que vemos hasta el día de hoy, bajo formas «modernizadas»: para retomar la famosa imagen de Eduardo Galeano, las venas de nuestra América siguen abiertas, y nuestras economías siguen sometidas a los imperativos del mercado mundial, controlado por Nueva York, Londres, Berlín, etc.

Y no se trata solamente del pillaje de nuestras riquezas naturales: se trata de la destrucción sistemática del medioambiente, de los bosques y las selvas, del envenenamiento de los ríos. El caso de la multinacional petrolera Chevron en Ecuador, que dejó un inmenso territorio completamente contaminado y destruido, es solo un ejemplo entre muchos. Todo esto sucedió, bien entendido, con la complicidad activa de los varios gobiernos neoliberales que se sucedieron en América Latina durante las últimas décadas. La excepción fue Cuba, desde 1959, y, de forma parcial, algunas experiencias antimperialistas en el continente, como la de Hugo Chávez en Venezuela. Marx había previsto, en El capital, que el «progreso» capitalista es un progreso sobre la ruina de dos fuentes de riqueza: la tierra y el trabajador. América Latina es un bello ejemplo de esa regla.

Está claro que las multinacionales yanquis no son las únicas que promueven la destrucción ambiental. Las canadienses no se quedan atrás, en términos de devastación de nuestro continente, y enfrentan, en muchos casos, tenaces resistencias populares. Es el caso, por ejemplo, de Perú, en donde la población de Cajamarca se opuso a una empresa minera canadiense que pretendía explotar una mina de oro utilizando el agua de los ríos. Bajo la consigna «¡Agua sí, oro no!», se inició una movilización popular contra este proyecto destructivo.

Incluso en Canadá, las multinacionales que explotan el petróleo más sucio del planeta, en términos de emisiones de CO2, y las llamadas «áreas bituminosas», intentan expropiar las tierras indígenas y construir enormes oleoductos en sus territorios. James Hansen, el famoso científico del clima estadounidense, dijo que, si ese petróleo llega a ser extraído y exportado por los oleoductos, la lucha contra el cambio climático estará perdida. Las comunidades indígenas de Canadá desplegaron una lucha audaz contra estos siniestros proyectos de «desarrollo», con apoyo de socialistas, ecologistas y sindicalistas. Al defender sus territorios ancestrales y sus ríos, esas comunidades están en la primera línea del combate de la humanidad para prevenir la catástrofe ecológica planetaria.

Los anticolonialistas se movilizan en todo el mundo en solidaridad con los indígenas de Canadá. Recientemente se publicó en varias lenguas un manifiesto internacional de apoyo a su lucha, firmado por alrededor de doscientos artistas y poetas surrealistas de decenas de países.

SF: En uno de tus textos recientes se habla de la «racionalidad democrática de las clases populares». Una visión tradicional y elitista de la política afirma con frecuencia que la mayor parte de la población tiene prejuicios que le impiden participar en política más allá del voto, pero creo que se trata de un problema de tiempo y de organización política. Una mujer de la periferia trabaja ocho horas al día fuera de su casa, pasa tres horas en el transporte público y además realiza las tareas domésticas. Si no participa de las decisiones políticas cotidianas no es necesariamente por falta de interés, sino por cansancio. ¿Qué políticas pueden ayudarnos a romper las barreras temporales de disponibilidad para facilitar el florecimiento de esa racionalidad democrática?

ML: La racionalidad democrática de las clases populares es una apuesta de los revolucionarios. No siempre el comportamiento de la población obedece a tal criterio pero, en última instancia, nuestra esperanza es que esa racionalidad se vuelva hegemónica.

En la lucha para permitir que los sectores oprimidos, en particular las mujeres, puedan participar de la vida política, la exigencia de la reducción de la jornada laboral juega un papel muy importante. Con menos horas de trabajo y más tiempo libre se generan condiciones para una efectiva participación democrática. No es casualidad si Marx escribió en El capital que la reducción de la jornada laboral era el primer paso para instituir el reino de la libertad. En el caso de las mujeres, es esencial la lucha por los servicios públicos dirigidos a las infancias, como las guarderías, y la repartición igualitaria de tareas domésticas entre los sexos.

Con todo, aun en las difíciles condiciones actuales, y en las últimas décadas, no faltaron momentos en que la irrupción de las masas populares, de los trabajadores, de la juventud, de las mujeres, logró colocar en el orden del día una agenda democrática y popular: las grandes huelgas del ABC en 1978-1979, la fundación del PT en 1980 y del MST algunos años después, la movilización por las «Directas ya» en 1984, la campaña por el impeachment de Collor, y así hasta llegar a las jornadas de 2013. No tengo duda de que volverá a suceder lo mismo, tarde o temprano, frente la banda neofascista que actualmente gobierna Brasil.

SF: En el caso de 2013, tuvimos un desafío. Las jornadas tuvieron al comienzo rasgos populares, especialmente la reivindicación por el derecho a la ciudad, pero la despolitización creció a medida que las calles se llenaban. Veo que existe hoy en la izquierda un cierto miedo hacia los movimientos masivos sin direcciones centralizadas, pues la derecha, sobre todo a través de los grandes medios, tiene una capacidad de cooptación enorme. Al mismo tiempo, Bolsonaro y Trump alimentan la desconfianza contra los grandes medios que no los favorecen, pero con la intención de promover fake news que son todavía más despolitizadoras. ¿Cómo desplegar una batalla por la comunicación y por medios más democráticos en este contexto?

ML: Es muy importante que la izquierda y las fuerzas populares construyan sus propios medios y utilicen las redes sociales para difundir su mensaje. En Brasil, un sector importante de la Iglesia es solidario con los movimientos sociales y utiliza sus propias redes de comunicación. Existen también algunos espacios en los grandes medios que pueden ser utilizados, sobre todo cuando estos se ven obligados a oponerse al gobierno, como sucede en Brasil. Tenemos que utilizar todos los medios para combatir las fake news que siempre fueron, desde Joseph Goebbels, el método favorito de los fascistas.

La batalla por la comunicación en Brasil no pasa solamente por los medios. ¡El Carnaval es un espacio fundamental y la actuación de las Escolas de Samba de izquierda el año pasado fue un gran avance! Lo mismo vale para las hinchadas de fútbol, que este año asumieron la vanguardia en la protesta contra Bolsonaro.

Es verdad que la derecha logró hegemonizar las protestas callejeras de 2014 a 2016, pero es improbable que esto suceda de nuevo dado que la capacidad de movilización del bolsonarismo está en franca decadencia.

SF: Cuando se declaró la pandemia de coronavirus, se habló mucho en los grandes medios sobre una «nueva normalidad», en la que las personas se sentirían más conectadas y revisarían sus posturas frente a la muerte y al sufrimiento. Sin embargo, el sistema parece haberse adaptado una vez más. ¿Es posible que un gran acontecimiento global funcione como catalizador de un cambio civilizatorio, sin que este sea consecuencia directa de una campaña ecosocialista?

ML: No puedo prever si habrá o no acontecimientos catalizadores en el futuro. Pero no podemos esperar a una catástrofe o epidemia para luchar por un cambio civilizatorio. Necesitamos comenzar ya mismo a popularizar nuestro programa ecosocialista. Es muy importante difundir conferencias, panfletos, libros y multiplicar las iniciativas en las redes sociales para explicar nuestra propuesta, la imposibilidad de un «capitalismo verde» y la necesidad de una transición ecológica revolucionaria. No es casualidad que el interés por el ecosocialismo esté creciendo en Brasil y en todo el mundo. Por cierto, acaba de fundarse una Red Global Ecosocialista (Global Ecosocialist Network) que se propone establecer vínculos entre los ecosocialistas del Norte y del Sur globales.

Mientras tanto, el principal punto de partida son las luchas socioecológicas concretas que se enfrentan con la lógica del sistema. Por ejemplo, las luchas de las comunidades indígenas en el Amazonas y en otras regiones del país contra la devastación de nuestras selvas y nuestros ríos que ocasionan la megaminería, el agronegocio, la expansión de la ganadería y la soja; la lucha del MST contra los pesticidas y por una reforma agraria que favorezca la agricultura orgánica, y la lucha de la juventud de las grandes ciudades por el transporte público gratuito. Podría multiplicar los ejemplos. Es en estas luchas que se desarrolla la conciencia anticapitalista, como también la comprensión de la necesidad de la autorganización desde abajo y la conciencia de que solamente mediante el combate colectivo se consigue imponer las exigencias de los oprimidos y de los explotados.

La tarea de los ecosocialistas es participar de estas luchas, apoyarlas, ayudarlas, organizarlas e integrar en ellas la propuesta ecosocialista.

SF: Si lo «normal» era parte del problema y la «nueva normalidad» es más de lo mismo, especialmente cuando consideramos el enriquecimiento del que se beneficiaron los multimillonarios durante los períodos más duros que enfrentó la población mundial, ¿qué medidas inmediatas serían útiles para unir las demandas generales y desafiar ese orden que vuelve a imponerse?

ML: En efecto, las clases dominantes, apenas la pandemia se los permita, intentarán retomar la normalidad de los negocios, volver a lo mismo de siempre, al paraíso de los explotadores, en el que una decena de multimillonarios posee el equivalente de la riqueza de la mitad de la humanidad.

Elaborar un programa de reivindicaciones es una tarea colectiva, no puedo dar una respuesta concreta. Pero creo que un programa de este tipo, en Brasil, debería incluir, entre otros objetivos, una profunda reforma fiscal que termina con los escandalosos privilegios de una ínfima minoría de oligarcas; una reforma agraria radical, con criterios ecológicos, que favorezca la agricultura campesina y orgánica contra el agronegocio ecocida; la defensa del Amazonas y de los pueblos que viven en ella contra la saña destructora de las mineras y de los terratenientes, y la reducción de la jornada laboral, sin disminución del salario, como solución al dramático crecimiento del desempleo.

SF: Frente a todo esto, ¿es posible mantener «el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad»? Mientras el coaching liberal promueve la búsqueda del «lado bueno de las cosas», es fácil para nosotros desanimarnos con las derrotas. ¿Qué habría que decirle a alguien que se siente desanimado políticamente en este momento?

ML: Las derrotas, como las victorias, forman parte de la historia del socialismo y de las luchas sociales. El pesimismo de la razón nos advierte sobre la gravedad de la situación, el peligro creciente de la catástrofe ecológica y el gran poder de nuestros adversarios, los neofascistas y los neoliberales (¡o los dos al mismo tiempo!). Pero también hay señales de esperanza: el socialismo nunca tuvo tantos partidarios y simpatizantes en Estados Unidos y en Inglaterra como hoy. La movilización de la juventud contra el cambio climático, inspirada por Greta Thunberg, logró el apoyo de millones de personas en todo el mundo. Podríamos multiplicar los ejemplos, incluso en Brasil. Obviamente, no hay ninguna garantía de que el ecosocialismo vencerá, ni de que la humanidad logrará escapar a la catástrofe. Esta es, como dirían Lucien Goldmann, mi maestro, y Daniel Bensaïd, mi compañero, una apuesta en la cual se nos va la vida, en términos individuales y colectivos. Si los revolucionarios solo se movilizaran cuando están seguros de la victoria, nunca habría habido una revolución. Entonces, se trata del optimismo de la voluntad: como decía Brecht, quien lucha, puede perder; quien no lucha, ya perdió.

Por Sabrina Fernandes | 01/05/2021

Sobre la entrevistadora:

Sabrina Fernandes es doctora en Sociología y militante ecosocialista. Es colaboradora y editora en Jacobin Magazine y consultora editorial de Jacobin Brasil. Está realizando un posdoctorado en el Grupo Internacional de Investigación sobre Autoritarismo y Contraestrategias de la Fundación Rosa Luxemburgo y la Universidad de Brasilia. Genera contenidos para el canal de izquierda radical de YouTube Tese Onze.

Traducción: Valentín Huarte

Publicado enSociedad
Una casa en la localidad de Ittoqqortoormiit, en la costa este de Groenlandia. Rob O

El nuevo Gobierno es una coalición de izquierdas liderada por un primer ministro de 34 años ecologista que se opone al proyecto para explotar los mayores yacimientos de uranio y tierras raras en el mundo

 

Durante la mayor parte del año la nieve y el hielo cubren las escarpadas montañas del sur de Groenlandia, peinadas por un viento feroz y constante que sopla desde el mar. No es hasta finales de primavera cuando el deshielo desvela el paisaje que impresionó al explorador en tiempos de los vikingos, Erik el Rojo, cuando descubrió una zona de fiordos con prados verdes, fuentes termales, y la mayor biodiversidad de vegetación que se puede encontrar en la isla. 

Hoy el sur de Groenlandia es conocido como "el granero" ártico por ser la única zona en la isla donde el deshielo permite la agricultura y la cría de renos y ovejas en granjas. Un paisaje que también ha ayudado a desarrollar un incipiente sector turístico atraído por los vestigios milenarios vikingos e inuit de Kujataa, protegidos como patrimonio Mundial de la Unesco. 

Es en el subsuelo de este remoto y frágil ecosistema donde se han descubierto los yacimientos sin explotar de tierras raras más grandes en el mundo: un conjunto de 18 elementos minerales claves para la fabricación de teléfonos móviles, coches eléctricos, turbinas eólicas y armas. Actualmente en Groenlandia hay activas 90 licencias de explotación minera, pero en el último año la atención internacional y la controversia se ha levantado con el yacimiento de Kuannersuit, la segunda mina de tierras raras conocida más grande en el mundo, situada a unos pocos kilómetros de la localidad de Narsaq, en el sur de la isla. 

Los expertos y grupos ecologistas locales advierten del grave impacto ecológico de este proyecto, ya que con la extracción de minerales también se extraería una cantidad importante de uranio. "El polvo radioactivo y los residuos afectarían a la pesca, la agricultura y la ganadería en la zona", advierte Niels Henrik Hooge, miembro de NOAH en Dinamarca. Según los informes de impacto ambiental, el proyecto de Kuannersuit implicaría un aumento del 45% de las emisiones de Co2 en Groenlandia, un factor que se suma al retroceso año tras año de la capa permanente de hielo en la isla. 

Desde Narsaq la activista Gretha Nielsen, miembro de la organización Urani? Naamik ("no al uranio"), dice: "La empresa explotadora nos dice que el proyecto traerá riqueza y puestos de trabajo para la comunidad, pero sabemos del impacto negativo de las minas de uranio en otros sitios del mundo y tenemos miedo que esto también pase aquí".  

Unas elecciones claves para la extracción de minerales

En los últimos meses se ha intensificado mucho el debate sobre el papel de la minería en la economía de Groenlandia, hasta convertirse en una de las principales razones del adelanto en las elecciones principios de abril. 

A pesar de que Groenlandia tiene un gobierno autónomo, continúa formando parte de Dinamarca, país que colonizó la isla ártica hace 300 años. En 2009, el Parlamento danés aprobó el nuevo Estatuto de Autonomía, en el que se reconoce el derecho a la autodeterminación y otorga al Gobierno de Nuuk las plenas competencias en la gestión de áreas estratégicas como la explotación de los recursos naturales y mineros, mientras que desde Copenhague se siguen dirigiendo las políticas de defensa y política exterior. 

Sin embargo, los anhelos de independencia de la mayoría de partidos políticos y de los groenlandeses chocan frontalmente con la realidad económica de la isla, que hace que su autosuficiencia sea hoy un objetivo aún muy lejos de alcanzar: Groenlandia depende casi exclusivamente de dos fuentes de ingresos: la pesca (que representa el 90% de las exportaciones) y la aportación anual de 500 millones de euros por parte de Dinamarca, lo que supone casi la mitad del presupuesto público. 

"En los últimos años el debate ha girado en torno a la explotación más intensa de los recursos naturales", explica el politólogo e investigador de la Universidad de Copenhague, Kristian Søby: "Hasta ahora, el partido socialdemócrata Siumut, que había estado al frente del Ejecutivo durante 40 años, mantenía una posición favorable a la explotación minera, con el objetivo de diversificar la economía y alcanzar un mayor grado de independencia de Dinamarca". 

Pero las elecciones del 6 de abril, que se plantearon como un plebiscito sobre la minería en Kuannersuit, dejaron un claro mensaje en las urnas hacia las empresas internacionales interesadas en los recursos del subsuelo ártico. El partido de izquierdas, ecologista e independentista inuit Ataqatigiit (IA), con un 36,6% de los votos, alcanzó un resultado histórico con una posición clara y firme en contra del proyecto: "Tenemos algo que el dinero no puede comprar, haremos todo lo posible para parar la minería en Kuannersuit", aseguró el nuevo primer ministro, Mute Egede, de 34 años, después de formar un Gobierno de coalición con otras fuerzas progresistas. "Por el momento, todo apunta a que el proyecto minero quedará parado, probablemente durante bastante tiempo", vaticina Kristian Søby. 

El ártico, centro de interés geoestratégico 

La importancia de los minerales de Groenlandia está en el punto de mira geoestratégico, especialmente desde que China controla y procesa más del 70% de los minerales de tierras raras en el mundo. En un principio, la licencia para explotar el yacimiento de Kuannersuit se otorgó en 2007 al conglomerado australiano Greenland Minerals, cuyo principal accionista es la empresa china Shenghe Resources.

"El proyecto minero de Kuannersuit supone una inversión a medio plazo mucho mayor que el conjunto del PIB de Groenlandia", explica Jesper Zeuthen, profesor en la Universidad de Aalborg y experto en la presencia de China en la región ártica. "La dependencia política y económica de Groenlandia con China preocupa en Dinamarca, pero también en Estados Unidos", asegura el profesor, que explica así el intento fallido en 2019 por parte del expresidente Donald Trump de "comprar" el territorio prometiendo inversiones millonarias.

Si el proyecto Kuannersuit se llevara a cabo, supondría que en Groenlandia se extraerían el 10% de minerales raros en el mundo, el mayor yacimiento fuera de China. Además, las consecuencias del calentamiento global han abierto la veda a las potencias mundiales para explorar nuevas rutas de transporte marítimo que hace décadas eran imposible por el hielo, y a facilitar el acceso a los recursos naturales como el gas y el petróleo que atesora el ártico. 

Una vía verde hacia la independencia

"El debate en Groenlandia no está en si debe ser un país independiente, si no en como conseguirlo", señala Kristian Søby. "El incremento del interés internacional, no solo en los recursos minerales, sino también en la construcción de nuevas infraestructuras o en el desarrollo del turismo, es una buena señal para las aspiraciones de los groenlandeses".

Para la activista Gretha Nielsen, el futuro de su país pasa por un camino más verde hacia la independencia: "Tenemos que mejorar la economía, pero también las condiciones de vida de los groenlandeses". Según Nielsen, la prioridad debería ser buscar alternativas económicas como la agricultura, la inversión en productos pesqueros o el turismo responsable, sin perder de vista el equilibrio con el cuidado del medioambiente: "No podemos basar toda nuestra economía en un proyecto minero. En los próximos años Groenlandia debería ser el territorio clave para la protección del ártico". 

Por Òscar Gelis Pons

Copenhague — 30 de abril de 2021 22:27h

@Oscargls

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Domingo, 07 Marzo 2021 05:15

De Rojava a Chiapas

De Rojava a Chiapas

El Kurdistán es un pueblo con lengua y cultura propias que habita entre los ríos Tigris y Éufrates. Desde hace años y de distintas formas, este pueblo lucha por su autodeterminación. En el pasado, los territorios kurdos estuvieron divididos por los imperios otomano y persa. Después del reparto imperial que vino con la Primera Guerra Mundial, el pueblo kurdo quedó dividido entre Irak, Irán, Siria y Turquía.

La lucha del pueblo kurdo por su liberación se ha vuelto también una lucha por la sobrevivencia, en la que enfrentan a ejércitos de gobiernos nacionales, del Estado islámico y de potencias imperiales. Las organizaciones kurdas son varias y diversas entre ellas, incluso estas diferencias suelen ser usadas por los actores interesados en el petróleo de la región para disminuir la resistencia.

Entre las organizaciones del pueblo kurdo destaca el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), fundado en 1978, marxista-leninista, y que formó parte de las luchas anticoloniales que estallaron por aquellos años. Con el paso del tiempo, el PKK fue transformándose intelectualmente para encontrar un "camino propio", el Confederalismo Democrático, un proyecto que, según Abdullah Öcalan –figura ideológica y prisionero político– se caracteriza por ser "flexible, multicultural, antimonopólico, orientado hacia el consenso" y en donde la "ecología y el feminismo son pilares centrales".

El confederalismo democrático puede enunciarse como un proyecto anticapitalista, antipatriarcal, popular, construido por el pueblo kurdo, el cual experimentó entre 2012 y 2014 un momento paradigmático: la declaración de la autonomía de facto de Rojava, una región en el Kurdistán sirio, proceso que encontró eco internacional. En este proceso jugaría un papel determinante la resistencia armada encabezada por las mujeres kurdas y su congreso Kongra Star.

Para la socióloga Azize Aslan, "Rojava no es sólo el territorio donde está teniendo lugar una revolución, es también un territorio donde la idea de una revolución está redefiniéndose". Su argumento es potente: ahí se construye una red de asambleas en donde los pueblos toman las decisiones respecto de su futuro. Son esas asambleas las que posibilitan la democracia directa y el autogobierno: "El propósito del sistema de asambleas populares en Rojava es organizar un modelo anticapitalista y autónomo para una sociedad sin Estado, antipatriarcal y ecológica" (https://bit.ly/2MJ0NYG).

La profundidad teórica y práctica de la crítica y alternativa que se construye en Rojava destaca por varios elementos: es un cuestionamiento a la modernidad capitalista, al Estado-nación, a la ciencia hegemónica, al patriarcado y al ecocidio. La crítica viene acompañada de una praxis encaminada a la construcción –no sin contradicciones– de una "modernidad democrática" con su confederalismo, su autonomía, su economía alternativa, con el protagonismo de las mujeres y también con su ciencia crítica, una ciencia que dio lugar a la Jineolojî o "ciencia de las mujeres", basada en la ética, la estética, con poder práctico y relacionada con la economía.

Alessia Dro, del Movimiento de Mujeres del Kurdistán, ha señalado que una de las contradicciones más grandes de nuestro tiempo es la existente entre la resistencia de las mujeres y el patriarcado. Esa contradicción, recuperada como vertebral por la revolución kurda, es lo que propicia que miles de mujeres de todo el mundo se identifiquen con esa lucha: "Para hacer una transformación, tenemos que lograr cambiar a la sociedad con una perspectiva de liberación de las mujeres. La liberación de las mujeres significa liberar la sociedad entera. Eso es algo que los movimientos revolucionarios en el mundo aún no han elaborado como eje prioritario, y creo que por eso hay mujeres de muchos lugares que nos unimos al movimiento" (https://bit.ly/2PucW4H).

La solidez teórica y política que ha alcanzado la revolución kurda se refleja en el reconocimiento de sus pares en otros lugares del mundo. Es con el EZLN y con las mujeres zapatistas con quienes ha establecido un diálogo fraterno. En diciembre de 2019 la palabra de las mujeres de Rojava llegó hasta territorio zapatista, al semillero Huellas del Caminar de la comandanta Ramona, en donde se realizaba el II Encuentro Internacional de las Mujeres que Luchan: "Hoy, querríamos haber estado junto a las mujeres zapatistas en el encuentro de mujeres que se ha celebrado allá, pero está claro que en nuestra situación y con los ataques a nuestro pueblo, esto no ha sido posible. Pero podemos decir que nuestros corazones están allá y con todas las mujeres en lucha por su libertad y la de sus pueblos. Porque estamos luchando contra todo tipo de ocupación impuesta a los pueblos, todo tipo de esclavitud impuesta a las mujeres. Y estamos juntas en la lucha".

En Rojava y en la Chiapas zapatista se construyen alternativas emancipatorias de nuevo tipo. No son las únicas, hay otras con sus propias formas y tiempos. Una nueva historia se está construyendo y hay que aprender a escucharla.

Por Raúl Romero, sociólogo

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Sábado, 26 Diciembre 2020 09:14

Calentamiento global: las cifras esquivas

Calentamiento global: las cifras esquivas

Desde su estudio detallado, en 1974, la evolución del agujero de la capa de ozono ha sido objeto de múltiples teorías. La más afianzada a partir de la década de los 80 fue la que atribuye su extensión y profundidad a la contaminación del medio ambiente con aerosoles, combustión de energéticos fósiles, depredación de bosques, sequías provocadas por desviación de ríos y el comercio del agua, etcétera. El agujero es responsable de permitir el paso a la superficie de la Tierra de rayos UV y gama que la sobrecalientan. El calentamiento global se tradujo paulatinamente en un cambio climático, cuya progresión gradual y sistemática coloca en peligro la posibilidad de la vida misma (de seres humanos, animales y plantas).

En 2019 todo parecía indicar que esta teoría era prácticamente infalible, hasta que llegó la pandemia. Tal y como lo reporta Noticias ONU, la contaminación ambiental creció como nunca antes y fue el segundo año más cálido registrado desde 2016. Pero las sorpresas comenzaron en abril de 2020. El agujero en la capa de ozono comenzó a cerrarse y en agosto volvió a ensancharse como nunca lo había hecho, tanto en su extensión como en su profundidad. La temperatura terrestre subió varios grados centígrados, superando incluso las cifras de 2019. En principio, todo esto resulta en cierta manera inexplicable.

La pandemia del nuevo coronavirus trajo consigo una súbita y masiva reducción de la actividad industrial en todo el planeta y, con ello, del consumo de aerosoles y combustibles fósiles. Disminuyó, como nunca había sucedido, por motivos completamente ajenos a cualquier política ecológica, la cantidad de sustancias contaminantes que se arrojan sobre la atmósfera. Alcanzando incluso niveles de descenso menores que los que se preveían en el Acuerdo de París para estabilizar nuestra condición ecológica. Pero si la cantidad de contaminantes se redujo a lo largo de tantos meses, ¿por qué entonces continuó en aumento la temperatura en la superficie terrestre?

Los científicos se han visto obligados a recurrir a otras teorías, ya no las que ligan directamente la depredación industrial de la naturaleza con el crecimiento del agujero en la capa de ozono. De por sí ya existían otras teorías; mismas que fueron opacadas por el gran relato que homologaba el calentamiento global con una suerte de juicio final a la vuelta de la esquina (hace dos meses se publicó un reloj que contaba las horas que nos separaban de la destrucción final, siete años en total). Esas interpretaciones alternativas partían de otras premisas: el cambio de orientación de los ejes magnéticos de la Tierra, perturbaciones de la órbita terrestre alrededor del Sol, el sobrecalentamiento del núcleo terrestre, etcétera.

Durante décadas, la teoría que ligaba a la contaminación ambiental con el calentamiento terminal fue uno de los grandes centros narrativos de la izquierda en su crítica al capitalismo contemporáneo. Después apareció el ecologismo light, la idea de que el capitalismo contenía las opciones y los ingredientes necesarios para hacer frente al colapso ecológico que se avecinaba. Quien negaba esta visión era fustigado como "negacionista" y conservador. ¿Pero qué pasaría si se revela que el calentamiento global se debe a alguna de las propiedades cambiantes de la physis actual del globo terrestre más que a nuestra fruición depredadora? Simplemente entonces habría que enfriar a la Tierra, como se enfría una casa con aire acondicionado o los alimentos que se resguardan en el refrigerador. Hoy existen opciones biotecnológicas para lograrlo.

¿Se evaporaría entonces el gran relato sobre la crisis ecológica final? No, en absoluto. Quienes hoy esgrimen este argumento son los grandes centros de la reproducción industrial y financiera del sistema. Con la 5G, pronto asistiremos a la aprobación de leyes que prohíbirán circular a vehículos de combustión interna (para que la gente se vea obligada a adquirir un automóvil eléctrico), a la condena del uso de estufas (para promover la venta de las llamadas cocinas inteligentes). La revolución tecnodigital que se encuentra en marcha cambiará todos los dispositivos que nos relacionan con el mundo, desde el cepillo de dientes hasta el televisor y el coche. Incluso tu computadora actual. La lógica del consumo y del capital desatadas en un nuevo y patético esplendor. Esa revolución requiere, como argumento de legitimación, la imagen del apocalipsis ecológico.

La verdadera crisis ecológica no se encuentra en algún futuro escatológico. Sucede a cada día frente nuestras narices. En nuestras urbes desérticas y delirantes, en las viviendas casi carcelarias de la actualidad, en los sitios de encierro en que han devenido las heterotopías de nuestro mundo. Si algo demostró la pandemia es que el lugar más amenazante para la vida (de humanos, animales y plantas) es la gran urbe, fruto en parte del comercio de las formas de vida. El dilema, como algún día lo intuyeron Ivan Ilich y Jean Robert, es la configuración de un hábitat que se encuentre a la medida de los seres (humanos y animales) que habitan el planeta. Por ahí debería acaso comenzar la nueva crítica al capitalismo.

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Miércoles, 23 Diciembre 2020 05:28

Por un Pacto Ecosocial con la desobediencia

Por un Pacto Ecosocial con la desobediencia

Por definición un pacto plantea un acuerdo entre dos o más partes, muchas veces solemne, donde se establece una obediencia a cumplir los puntos establecidos en lo que puede ser o no un contrato formal, en ocasiones conseguido incluso debajo de la mesa.

Tan agobiante definición puede generar confusiones, más cuando erradamente se mete en un mismo saco a todos los pactos nacidos en estos convulsos tiempos. Pese a ello, el Pacto Ecosocial del Sur no plantea un acuerdo formal para cumplir una hoja de ruta cerrada ni propone un listado de demandas dirigidas a los gobernantes. No es un pacto con el poder, ni para acceder al poder; este pacto enuncia ideas de cambio de las fuerzas sociales que lo impulsan.

Vivimos la peor crisis moderna de la humanidad; una crisis que rebasa al azote sanitario del coronavirus pues se descubren las fracturas multifacéticas y sistémicas de la civilización dominante. En medio de esa crisis, y pese al aislamiento físico, un grupo de personas sintonizadas desde hace tiempo elaboró un documento corto proponiendo -lo que a mi juicio es- un pacto con la desobediencia, buscando alternativas sistémicas y concertadas con diversos procesos sociales.

En clave de transiciones (en plural), sin olvidar el horizonte utópico, se plantean nueve puntos de acción:

  • una transformación tributaria solidaria donde “quién tiene más, paga más”; anular las deudas externas estatales y construir una nueva arquitectura financiera global, como primer paso de reparación histórica de la deuda ecológica y social contraída por los países centrales desde la colonia;
  • crear sistemas nacionales y locales de cuidado donde la sostenibilidad de la vida sea el centro de nuestras sociedades, entendiendo al cuidado como un derecho que exige un papel más activo del Estado en consulta y corresponsabilidad permanente con pueblos y comunidades;
  • salir de la trampa de la pobreza extrema con una renta básica universal que sustituya las transferencias condicionadas focalizadas de herencia neoliberal;
  • impulsar la soberanía alimentaria combinada con políticas que redistribuyan la tierra, el acceso al agua y una profunda reforma agraria, alejándose de la agricultura industrial de exportación y sus nefastos efectos socioambientales;
  • construir economías y sociedades postextractivistas para proteger la diversidad cultural y natural desde una transición socioecológica radical, impulsando salidas ordenadas y progresivas de la dependencia del petróleo, carbón y gas, de la minería, y de los grandes monocultivos, frenando la deforestación masiva;
  • recuperar y fortalecer espacios de información y comunicación desde la sociedad, actualmente dominados por los medios de comunicación corporativos y las redes sociales que forman parte de las corporaciones más poderosas de nuestros tiempos, para disputar los sentidos históricos de convivencia;
  • fortalecer la autonomía y sostenibilidad de las comunidades locales frente a la fragilidad de las cadenas globales de producción, para potenciar la riqueza de los esfuerzos locales y nacionales;
  • y, concluyendo este listado siempre preliminar, propiciar una integración regional y mundial soberana favoreciendo los sistemas de intercambio local, nacional y regional, con autonomía del mercado mundial globalizado y enfrentando al monopolio global corporativo.

Muchas de estas ideas aparecen en otros documentos elaborados en estos años, no solo durante la pandemia. La diferencia radica en que este Pacto Ecosocial propone acciones concretas a corto plazo sin olvidar las utopías y la imperiosa necesidad de construir imaginarios colectivos, para acordar un rumbo compartido de transformaciones radicales y una base para caminar con plataformas de lucha en los más diversos ámbitos de nuestras sociedades.

La crisis desnudada por la pandemia ha potenciado las desigualdades y muestra, quizás con más brutalidad que antes la incertidumbre y fragilidad de nuestro futuro, siempre en juego. Nos toca enfrentar un mundo desigual e inequitativo en extremo, plagado de todo tipo de violencias (patriarcales, racistas, extractivistas…) que aumentan aceleradamente con la pandemia. Pero también es una enorme oportunidad para (re)construir nuestro futuro desde principios básicos para una vida digna: el cuidado, la redistribución oel reparto, la suficiencia y la reciprocidad, desde bases comunitarias y autonómicas antes que estatales. En concreto, el campo principal de acción aparece en donde podemos actuar propiciando vidas mancomunadas, en espacios comunes: plurales y diversos, con igualdad y justicia, con horizontes construidos colectivamente, para resistir el creciente autoritarismo y construir simultáneamente todas las alternativas posibles.

En realidad este Pacto viene desde abajo, desde los movimientos sociales y la Madre Tierra (origen y base de todos los derechos); eso sin ocultar la responsabilidad de quienes lo redactaron. Este Pacto surge, en definitiva, desde múltiples luchas de resistencia y de re-existencia en nuestra región, incluso se sintoniza con la larga memoria de los pueblos originarios, algunas de cuyas más importantes organizaciones lo respaldan.

Así, desde esas luchas, reflexiones y realidades se propone este Pacto Social, Ecológico, Económico e Intercultural desde el Sur, desde América Latina, desde Abya Yala y Afro-Latinoamérica, proyectándolo a los sures del mundo, convocando a desobedecer y confrontar al poder para enterrar al mundo del capital y crear un mundo nuevo. Y para conseguirlo, caminando desde el aquí y el ahora, quienes escribimos este Pacto buscamos horizontes de transformación civilizatoria, en esencia postcapitalistas, tanto para superar el antropocentrismo, como la colonialidad, los racismos y el patriarcado. El fin es construir un mundo donde quepan muchos mundos -un pluriverso- pensados desde las perspectivas, deseos y luchas de los pueblos y sus derechos.-

NOTA: este artículo fue publicado en el Boletín 74: “Activistas por la vida” de EntrePueblos / EntrePobles, diciembre 2020. https://www.entrepueblos.org/publicaciones/boletin-74/

Por Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Profesor universitario. Compañero de lucha de los movimientos sociales. Juez del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza. Ministro de Energía y Minas del Ecuador (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente del Ecuador (2007-2008).

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Clima, salud vegetal y bienestar humano, más conectados que nunca

Más que nunca es imprescindible que entendamos que nuestra salud depende, en gran medida, de la salud de los ecosistemas.

 

Cuando pensamos en el impacto del cambio climático sobre la sociedad humana, es habitual imaginar ciudades inundadas por la subida del nivel del mar o glaciaciones que ocurren de la noche a la mañana. Es indudable que el cine ha marcado nuestro imaginario colectivo, especialmente ante situaciones que no hemos experimentado, con hipotéticas catástrofes naturales a escala global.

La realidad nos muestra que los cambios no son tan bruscos como en la ficción. Esto nos puede llevar a una sensación de falsa seguridad. Sin embargo, la actual velocidad de los cambios ambientales provocados por la actividad humana tiene pocos precedentes en la historia de nuestro planeta. Sin duda, nos tocará vivir sus consecuencias más negativas si no actuamos con celeridad.

Es difícil comprender la magnitud de la catástrofe a la que nos enfrentamos. Requiere de un profundo esfuerzo por considerar las enrevesadas interrelaciones existentes entre los distintos componentes de nuestro ecosistema global. Todos hemos escuchado alguna vez que “el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo”.

Este año hemos vivido en primera persona un ejemplo del llamado efecto mariposa: la pandemia de la covid-19 está relacionada con la pérdida de biodiversidad y la alteración de la naturaleza causada por la actividad humana.

Pérdida acelerada de los mejores cultivos

Las plantas no solo generan el 98 % del oxígeno que respiramos, sino que son el pilar fundamental de nuestra nutrición. Suponen el 80 % de los alimentos que consumimos.

La Organización de las Naciones Unidas ha declarado 2020 como el Año Internacional de la Sanidad Vegetal para concienciar de la importancia que tiene proteger la salud de las plantas para la conservación de la naturaleza y la erradicación del hambre y la pobreza. Más aún en un contexto de cambio climático.

Algunos estudios han cifrado en un 10 % la pérdida de rendimiento en las cosechas de cereal por cada grado de calentamiento. El cinturón mundial de cultivo natural de trigo se ha ido desplazando hacia los polos a razón de 260 km por década.

Podemos pensar que estas pérdidas de productividad se compensarán con la ganancia de nuevos terrenos de cultivo. Sin embargo, nos olvidamos de que los cultivos actuales se encuentran en los terrenos más fértiles. La velocidad a la que se desarrolla un suelo óptimo para cultivo dista en varias unidades de magnitud de la velocidad a la que se desplaza el óptimo climático debido al calentamiento.

El cambio climático es solo una arista de lo que conocemos como cambio global, cuyo resultado es una pérdida generalizada de biodiversidad y una homogenización cada vez mayor de los ecosistemas.

Pesticidas y plagas: mal remedio para la enfermedad

Todos estos procesos desembocan en las condiciones óptimas para la proliferación de plagas y enfermedades en las plantas. Es un claro paralelismo con las enfermedades infecciosas emergentes que afectan al ser humano.

La FAO estima que un 40 % de los cultivos a nivel mundial se pierden a causa de plagas y enfermedades. Esto provoca pérdidas de aproximadamente 180 000 millones de euros anuales. En muchos casos se producen en comunidades rurales de países en vías de desarrollo donde la agricultura es la principal, sino única, fuente de sustento.

La conservación de la biodiversidad y la protección de las plantas ante plagas y enfermedades es mucho más efectiva y rentable que utilizar productos fitosanitarios y pesticidas, que además de requerir más tiempo y dinero para mostrar su eficacia tienen un efecto perjudicial sobre la naturaleza. Sin embargo, no solo la producción agrícola está amenazada.

¿Repoblar con miles de árboles es la solución?

Si hiciéramos una encuesta a la ciudadanía sobre prioridades en materia de conservación de la naturaleza y mostráramos fotos de un pastizal, un matorral y un bosque, sin duda un alto porcentaje elegiría el bosque como área prioritaria a conservar.

Esto es, en parte, debido a la falsa idea generalizada de que pastizales y matorrales constituyen etapas degradadas de la sucesión ecológica. Pero también por razones justificadas. Los bosques son ecosistemas claves para el funcionamiento de nuestro planeta, albergan alrededor de 2/3 de la diversidad terrestre, proporcionan múltiples servicios ecosistémicos (madera, alimentos, regulación climática, etc…) y son esenciales para nuestra salud. Además, se estima que absorben un tercio de las emisiones antrópicas de CO₂ anuales.

Con esta carta de presentación no es de extrañar la puesta en marcha de numerosas iniciativas internacionales que promueven la plantación de billones de árboles para mitigar los efectos del cambio climático. La plantación, bien diseñada y ejecutada, de árboles y otras especies es de gran utilidad para la restauración de ecosistemas y para garantizar la regeneración de muchos de nuestros bosques.

Sin embargo, pensar que estos árboles jóvenes –suponiendo que todos ellos sobrevivan a la plantación– van a alcanzar la funcionalidad de un bosque y, sobre todo, compensar las emisiones de haber quemado el carbono que durante millones de años se ha almacenado en los organismos que habitaron nuestro planeta es, cuanto menos, utópico.

Alerta: efectos rebote

Por otro lado, muchos de estos árboles se plantarán en valiosos ecosistemas alterando su funcionamiento y los servicios ecosistémicos que nos proporcionan.

Además, ignoramos que el clima al que estarán sometidos estos árboles cuando alcancen la madurez será muy diferente al actual. Los escenarios climáticos prevén no solo un aumento de la temperatura, sino también de la aridez y de los eventos climáticos extremos como olas de calor y grandes sequías.

La vegetación estará pues sometida a un mayor estrés hídrico disminuyendo su tasa fotosintética mientras aumenta su respiración. Esto nos podría llevar a la paradoja de que los árboles que plantamos como medida de mitigación pasarán de ser sumideros a fuentes de CO₂.

De hecho, cada vez son más los estudios que muestran decaimiento y eventos de mortalidad masiva en masas forestales de todo el mundo.

A todo esto hay que añadir que las plantaciones dan lugar a masas forestales con una alta carga de combustible si no son gestionadas posteriormente. Esto las hace muy vulnerables a sufrir incendios que devolverían a la atmósfera el CO₂ que hayan podido capturar.

Plantamos aquí, pero abusamos del exterior

Existe otra paradoja en todo esto: la globalización y el abandono rural en países como el nuestro nos ha hecho dependientes de materias primas y alimentos del exterior.

Mientras la deforestación en la Amazonia es cada vez más preocupante, el área forestal de nuestro país ha aumentado, aunque el aprovechamiento forestal de los bosques ha desaparecido prácticamente. Esta falta de gestión ha hecho que los bosques sean más vulnerables a sequías, grandes incendios, plagas y enfermedades.

Al igual que el uso de la mascarilla y el distanciamiento social son claves para combatir la covid-19 a la espera de una vacuna, debemos tomar medidas para proteger los ecosistemas mientras esperamos una cura milagrosa para el cambio climático.

Centremos nuestro esfuerzo en conservar y restaurar los ecosistemas, pero no olvidemos la importancia de la gestión humana para garantizar su salud y persistencia, a la vez que podemos utilizar localmente los productos que nos ofrecen. Así contribuiremos a la conservación de ecosistemas remotos, como los bosques tropicales, mientras disminuimos las emisiones. La salud de nuestros ecosistemas, y por tanto la nuestra, están en juego.

Por Enrique Andivia Muñoz* | 01/12/2020

*Investigador en el Departamento de Biodiversidad, Ecología y Evolución, Universidad Complutense de Madrid

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Las poblaciones de fauna salvaje han caído un 68% desde 1970

Pérdida de biodiversidad

Un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) alerta de que la población de vertebrados ha descendido hasta un 94% en América Latina

 

La pérdida de biodiversidad es cada vez más alarmante. Tanto es así, que las poblaciones de fauna salvaje han caído una media del 68% desde 1970, según el Indice del Planeta Vivo publicado este jueves por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). El ritmo en el que los vertebrados van desapareciendo ha crecido un 8% respecto a los datos del último estudio, que fue publicado hace dos años.

La situación en la región de Latinoamérica y el Caribe se presenta especialmente dramática, ya que allí el descenso de población animal ha caído una media del 94% entre 1970 y 2016. Lo mismo ocurre con la caída de especies de agua dulce, que han disminuido un 84% en todos estos años.

Las causas de esta degradación tienen que ver, según los expertos del grupo conservacionista, con la actividad humana, que ha dañado "gravemente" los hábitats y los recursos naturales de los que depende la vida silvestre. De esta forma, la publicación señala directamente a la deforestación, la agricultura intensiva y el tráfico de especies como principales causantes de la pérdida de biodiversidad.

El ser humano se ha expandido por todos los rincones del planeta, extrayendo sus recursos sin límites. Esta realidad ha propiciado que el 75% de la superficie terrestre no helada haya sido modificada por el hombre. Apenas quedan lugares vírgenes en este mundo, lamenta el informe, que señala pequeños resquicios territoriales donde la biodiversidad permanece intacta (en Rusia, Canadá, Brasil o Australia).

"La conclusión es clara: la naturaleza está siendo transformada y destruida a una velocidad sin precedentes en la historia, con un coste muy alto para el bienestar del planeta y de la humanidad. La pérdida de biodiversidad es un auténtico reto para la economía, el desarrollo y la seguridad global", ha señalado Enrique Segovia, Director de Conservación de WWF España.

La publicación recalca también que la pérdida de biodiversidad tiene unas consecuencias directas en las formas de vida de los seres humanos, sobre todo en términos de seguridad alimentaria, ya que la caída de poblaciones animales y vegetales rompe el equilibrio de los ecosistemas y disminuye los recursos alimentarios de los que dispone el ser humano. Es por ello que desde WWF reclaman un cambio de rumbo global que ponga fin a los sistemas agrícolas y ganaderos de tipo intensivo, principales causantes de esta crisis ecológica. 

"Sabemos que esta gran transformación requerirá un esfuerzo colectivo global sin precedentes; que el aumento de los esfuerzos de conservación es imprescindible, pero que debe sumarse a los cambios en la forma de producir y consumir nuestros alimentos y energía. Los ciudadanos, los gobiernos y los líderes empresariales de todo el mundo deberán formar parte de un movimiento por el cambio con una escala, urgencia y ambición nunca antes vistas", concluye Segovia.

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Los sitios con mayor biodiversidad poseen larga estabilidad ecológica

Estudio en región florística de Sudáfrica mostró que su riqueza se explicaba por no haber experimentado cambios importantes en el clima en 140 mil años

 

Una nueva investigación descubrió por qué los trópicos y otras áreas del mundo se han vuelto los lugares con mayor biodiversidad del planeta, según publicó la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Los investigadores sugieren que los puntos críticos de biodiversidad, como la selva tropical Daintree, en Australia, y los bosques nubosos de Ecuador, están repletos de especies porque han sido ecológicamente estables durante largos periodos, lo que permite que la evolución avance sin ser molestada.

Los hallazgos resaltan la amenaza que representa el cambio climático para algunos de los lugares más extraordinarios de la Tierra y la importancia de brindar a la naturaleza la protección que necesita para prosperar, señalan los autores del estudio.

Los ecologistas siempre han tratado de entender por qué algunas áreas del planeta son extraordinariamente ricas en especies. La investigación se propuso encontrar una respuesta al enfocarse en la Región Florística del Cabo, en Sudáfrica, corazón no tropical de biodiversidad con alrededor de 10 veces más especies de plantas nativas que el Reino Unido, todo constreñido en un área un poco más pequeña que Bélgica.

Desde proteas reales hasta orquídeas

El equipo internacional de investigadores, que incluye especialistas de la Universidad de York, Reino Unido, y de las sudafricanas Universidad Nelson Mandela y Universidad de Ciudad del Cabo, realizaron mapas de las distribuciones de casi todas las 9 mil 400 especies de plantas de la región, desde la protea real hasta las orquídeas.

Descubrieron que la riqueza de la región podría explicarse en gran medida por el hecho de que no había experimentado cambios importantes en su clima en los pasados 140 mil años.

Las teorías anteriores han sugerido que la productividad, donde grandes cantidades de energía fluyen a través de un ecosistema, podría explicar los puntos críticos de biodiversidad, pero los investigadores descubrieron que esto sólo desempeñaba un papel menor en la abrumadora variedad de vida de la Región Florística del Cabo.

Colin Beale, coautor del estudio e integrante del Departamento de Biología de la Universidad de York, explicó que la investigación se “centró en la increíble diversidad de esa región, porque las teorías competitivas de estabilidad versus productividad no se pueden desenredar en los trópicos, donde ambos son ciertos”.

Richard Cowling, autor principal del estudio y miembro de la Universidad Nelson Mandela, sostuvo: “Nuestro estudio muestra que la estabilidad ambiental del sudoeste de Sudáfrica, junto con la topografía accidentada de la región, explica los gradientes de diversidad en la región.

“La riqueza vegetal, la rotación y la diversidad evolutiva rastrean los gradientes de estabilidad y oportunidad ecológica en un centro de megadiversidad”, concluyeron los autores.

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