“La agonía de una civilización tan globalizada como excluyente”

Entrevista a Leonardo Boff, defensor de derechos humanos

 

Las señales que lanza la sociedad planetaria son preocupantes. “Estamos en medio de una crisis fundamental, ingresando en una era de barbarie, donde los derechos esenciales se desvanecen”, reflexiona Leonardo Boff. Militante social, co-iniciador de la Teología de la Liberación, uno de los impulsores de la Carta de la Tierra en el año 2000, premio Nobel alternativo en el 2001, Boff sintetiza las más variadas facetas de hombre de reflexión y acción. Aportando en esta reflexión la impronta del defensor de derechos humanos, una de los más marcantes en su Brasil natal, aunque de las menos conocidas en el exterior. Entrevista exclusiva realizada a los 40 años del nacimiento del Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis, en el Estado de Río de Janeiro, que Boff contribuyó a fundar en 1979 y del cual, en la actualidad, sigue siendo su presidente.

Pregunta: El Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis (CDDH) nació durante la última dictadura brasilera. ¿Qué significaba entonces, en concreto, defender los derechos esenciales de los brasileros?

Leonardo Boff: Nació como respuesta a la agresión sistemática de los derechos humanos de parte del gobierno militar, que consideraba como subversivos a todos los que eran opositores. En ese momento fue esencial la lucha por la democracia, ya que constituía una reivindicación esencial, prohibida por los militares. Sin embargo, desde el principio, tuvimos como lema “Servir a la vida”. Que expresaba el deseo de ir más allá de una visión meramente jurídica de los derechos, poniendo en el centro la vida amenazada. Este Centro fue esencial en la ciudad de Petrópolis, donde todavía habito, que, dada su topografía montañosa, era escenario de continuos deslizamientos de tierras que provocaban numerosas víctimas. El CDDH ayudó a mucha gente -con la cooperación entre todos-, a reconstruir sus casas o hacerlas nuevas. Pensábamos, ya entonces, en la vida como concepto integral, incorporando también la vida de la naturaleza. Desde el principio las luchas se centraron en la defensa de los derechos de los más pobres que viven en las periferias. Empezando por crear conciencia sobre sus derechos de tal forma que pudiesen ser protagonistas de sus propias reivindicaciones.

P: Es decir, la defensa de los derechos humanos desde la perspectiva y la centralidad de los actores sociales marginados…

LB: En efecto. En estos años se dio una intensa tarea de concientización y educación sobre los derechos, siempre, insisto, en la perspectiva de los pobres. Era para nosotros claro que el primer derecho es a la vida y a los medios de subsistencia. Luego, los demás, como, los de expresión, de ciudadanía etc. Siempre con la preocupación de crear comunidades, en las cuales los pobres pudieran discutir sus problemas y con nuestro apoyo, buscar ellos mismos soluciones viables. Como la ciudad de Petrópolis es política y socialmente muy conservadora –Ndr. fue la sede del Emperador Pedro II, de donde deriva su nombre– casi no existían organizaciones comprometidas con la justicia social. Con encuentros y cursos sobre derechos sociales, logramos promover una visión liberadora más crítica al sistema imperante. Priorizando desde siempre el trabajo con los jóvenes.

P: Nos podría dar un ejemplo de alguno de los proyectos emblemáticos…

LB: Para mí el proyecto más significativo fue el que denominamos “Pan y Belleza”. Se aseguraba el alimento básico de cerca de 300 personas que vivían en la calle. Podían llegar, ducharse, vestir ropas limpias - recogidas gracias a donaciones- y contar con una comida abundante y muy buena. Después, por la tarde, era el momento de la belleza. Consistía en rescatar su identidad, empezando por el uso de sus nombres, ya que la gran mayoría solo tenía apodos. Se les apoyaba en mantener su salud; se alfabetizó a muchos; se socializaban testimonios; se compartían actividades culturales; y, si era posible, tratábamos de proponerles un trabajo para promover su autonomía.

Bolsonaro se aprovechó de las debilidades del PT

P: 40 años después, Brasil vuelve a vivir una realidad compleja e incierta, incluso de la perspectiva de la defensa de los derechos humanos. ¿Cómo analiza hoy, casi un año después, la victoria de Jair Bolsonaro que reivindica, incluso, a la dictadura militar brasilera? ¿Qué falló en la pedagogía popular como para facilitar este tropezón histórico?

LB: Es una pregunta muy complicada. Hay que comenzar analizando el hecho que las oligarquías dominantes nunca han aceptado que un hijo de la pobreza, sobreviviente del hambre, llegara a ser presidente. Esos grupos de poder solo toleraron a Lula siempre y cuando respetara sus mecanismos de acumulación, la que desde siempre estuvo entre las más altas y concentrada del mundo. Lula, por su parte, en los años de Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), logró sacar de la miseria a cerca de 40 millones de personas. Implementando programas sociales como “Mi casa, mi vida”, que aseguró a millones una vivienda digna, o “Luz para todos”, que iluminó aun los rincones más alejados del país. Permitió, además, a jóvenes negros y empobrecidos, realizar estudios, incluso universitarios. Sin embargo, hubo un problema estratégico del PT de negociar alianzas en el parlamento -donde era minoría- con partidos sin ninguna sensibilidad social. Y perdió una parte del contacto con las bases populares que habían llevado a Lula al gobierno. También hubo corrupción que contaminó a miembros importante del equipo de Lula y de su sucesora Dilma Rousseff. Se les convirtió en chivo expiatorio de la corrupción cuando en realidad, el PT ocupaba solo el décimo lugar en el ranking entre los partidos políticos brasileros corruptos.

Hay que agregar al análisis, además, que, en los últimos años, en muchas partes del mundo, la derecha ha ganado fuerza, especialmente a partir del apoyo explícito del presidente norteamericano Donald Trump.

En Brasil, todos esos elementos, promovieron una atmósfera anti-PT. Y desde los mismos Estados Unidos se promovió una estrategia que instrumentó jueces, parlamentarios y policías, para atacar al Estado acusándole de ineficiente y descalificar a liderazgos populares como al mismo Lula. Incluso enviándole a la cárcel mediante un procedimiento jurídico totalmente irregular, condenado por “una acción indeterminada”, elemento que no existe en ningún código penal en el mundo. Lula fue un prisionero político. En la campaña electoral se difundieron millones de fakes news, de tal forma que Brasil fue contaminado por una ola de odio, rabia y disgregación social. Y en ese contexto, la consigna simplista, fue “hay que cambiar”, abriéndole la puerta a Jair Bolsonaro.

P: Con un programa elitista en lo económico, pero con promesas populistas…

LB: En efecto. Un ex militar, apoyado por los grandes grupos de poder. De extrema derecha, sin ninguna educación, buscando siempre la confrontación, alabando a los torturadores de antaño y las dictaduras militares, tanto de Brasil, como de Chile y Paraguay. Confrontando con palabras ofensivas a la canciller alemana Angela Merkel o al presidente francés Emmanuel Macron y a los candidatos del Frente de Todos de Argentina. Apoyándose en las iglesias neo pentecostales y en sus programas televisivos masivos que manipulan a millones de personas con todo tipo de mensajes mentirosos y distorsionadores. En este ambiente irrumpió Bolsonaro, quien está desmantelando aceleradamente todos los programas de inclusión social de los gobiernos de Lula y Dilma y quitando derechos esenciales a los trabajadores. Hay mucha desesperanza en el país. Incluso hay analistas que piensan que no terminará su mandato ya que las propias oligarquías que lo apoyaron ya no creen en su persona ni en el tipo de economía extremadamente neoliberal, sin ningún crecimiento y restringiendo las inversiones productivas.

“Sociedad posdemocrática, sin leyes”

P: A nivel de derechos humanos: ¿qué representa el Gobierno Bolsonaro?

LB: Es explícitamente homofóbico, se manifiesta contra la población LGBT, contra los negros e indígenas. Tiene un estilo vulgar de comunicación, “a la Trump”, vía Internet, actuando de forma autoritaria por encima de la constitución. Vivimos la realidad de una sociedad posdemocrática y sin leyes. Debido a que defiende la tortura, el acceso de la población a las armas de fuego, y la violencia, ésta ha aumentado considerablemente en el país. Solo el año pasado se registraron más de 65 mil asesinatos.

P: ¿Cuáles son las prioridades para los defensores de DDHH y organizaciones sociales?

LB: En esta coyuntura, la lucha es por la defensa de los derechos esenciales de los trabajadores, de las minorías sometidas y de los más pobres, de los cuales Bolsonaro nunca habla y a los que desprecia. En cuanto a derechos humanos, estamos volviendo al tiempo de la dictadura militar, cuando se trataba de salvar vidas secuestradas, torturadas…Ahora, la ola de violencia es animada por un presidente que en tanto candidato alabó la represión y a los torturadores. Los que usan la violencia, en particular contra los pobres y negros, se sienten respaldados por la máxima autoridad del país. Bolsonaro vive una paranoia que le lleva a ver en cualquier oposición la presencia “comunista” y que le lleva a sentirse víctima de una conspiración mundial. Ha estimulado la deforestación de la Amazonía, abierta completamente a las empresas mineras de USA y de China y promueve una visión claramente anti indígena. Los grandes incendios de extensos territorios amazónicos cuentan con el beneplácito del presidente, lo que está provocando un enorme escándalo nacional e internacional.

P: ¿Es decir, es de nuevo el momento de la defensa de los derechos humanos en su sentido más tradicional?

LB: En la etapa precedente muy diversos actores de base habían avanzado mucho en conceptualizar y promover los derechos sociales, los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra. Siento que ahora estos temas han perdido centralidad. Se trata hoy de salvaguardar los derechos humanos básicos, profundamente afectados. Sin embargo, se mantiene abierta la reflexión, especialmente la que se dio previa al Sínodo para la Amazonía, en torno a los derechos de la naturaleza. Brasil puede ofrecer un aporte significativo al conjunto del planeta a través de sus selvas y grandes ríos que sirven como filtros de absorción de CO2.

“Seres humanos que no reconocen a otros como humanos”

P: El repliegue nacionalista que promueve el gobierno brasilero coincide con proyectos xenofóbicos y con los muros antinmigrantes que se refuerzan en otras regiones del mundo, ya sea en Europa o en los mismos Estados Unidos de Norteamérica …

LB: Siento que estamos en medio de una crisis fundamental de civilización e ingresando en una era de barbarie. Donde se debilita la solidaridad entre los seres humanos y aumentan los oídos sordos hacia los gritos de la naturaleza y la Tierra. Nos estamos dando cuenta que no tenemos soluciones para los problemas que nosotros mismos hemos creado. En verdad, hemos convertido el Jardín del Edén en un matadero y el ser un humano en vez de ser su cuidador se transforma en el Satán de la Tierra. Cuando una civilización globalizada como la nuestra no logra incluir a todos, expresa que está agónica y camina rumbo a un desastre ecológico-social sin precedentes. Vivimos en una emergencia humanitaria, en la que seres humanos no reconocen a otros como humanos. Me refiero a seres que merecerían respeto y afirmación de sus derechos. Su negación constituye una especie de condena a muerte. De hecho, muchos mueren diariamente sea en las aguas del Mediterráneo, tratando de llegar a Europa, o en los senderos latinoamericanos rumbo a los Estados Unidos.

Sergio Ferrari

Rebelión

Sergio Ferrari, en colaboración con la Fundación solidaria suiza COOPERAXION, con proyectos de apoyo a los movimientos sociales en Brasil y Liberia

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¿El fenómeno de la dolarización llegó para quedarse en Venezuela?

De acuerdo a los más recientes estudios, actualmente un 53,8 % de las transacciones en el país se realizan en la divisa estadounidense.

Según algunos expertos económicos, de las más variadas ideologías políticas, Venezuela habría vivido, en las últimas semanas, cierta reactivación de la economía, una afirmación que se sustenta en el repunte de las transacciones económicas.

"Lo que estamos viviendo es una pequeña recuperación económica después de toda esa caída monstruosa que hemos tenido y, dependiendo de lo que ocurra en el ínterin de los primeros trimestres del año, esa recuperación se puede pronunciar un poquito, no estoy hablando de algo definitivo o de que se acabó la crisis, pero creo que el año que viene será un poquito mejor", aseguró el economista Daniel Lahoud.

De igual forma, el analista económico Tomás Socías López considera que en los últimos días se han dado "unos inicios de movimientos y activación de la economía".

"Se calcula que las ventas han aumentado cerca de 20%. Se nota una afluencia mayor a los establecimientos y un incremento de las ventas, sobre todo de electrodomésticos, que ha tenido más crecimiento en los últimos días", detalló Socias López.

De hecho, los comerciantes del país decidieron, por primera vez en la historia de la nación, replicar la experiencia estadounidense denominada 'Black Friday' para así incrementar las ventas. Pero no todos los economistas consideran que ese sea un síntoma de recuperación.

"Para mí, esto hace referencia al fenómeno estacional de las compras navideñas, que siempre marcan un contraste con el resto de año. El año pasado también se vivió, aunque a escala más pequeña, animado por las remesas que se enviaron justo con ese propósito navideño. Pero este año, además de las remesas, tenemos pagos de bonificaciones y algunos en dólares. A lo que hay que agregarle el hecho de que en la economía los dólares están circulando más, ya no se usan solo para atesoramiento o pagos especiales, sino que tienen cada vez más aceptación", explica a RT el sociólogo y economista político Luis Salas, quien cree que "la prueba para hablar de una recuperación no es diciembre sino el primer trimestre del año 2020".

Por su parte, el economista Luis Enrique Gavazut agrega otra arista. "Que haya un leve incremento en las ventas no refleja una recuperación económica. El proceso de dolarización de facto ha hecho que exista una presencia y utilización mayor de divisas, lo cual ha incrementado levemente las importaciones de productos de consumo final y la adquisición de los mismos. Pero no se trata de un incremento de la oferta por inversión y producción nacional, que es lo que realmente se necesita", explica en diálogo con este medio.

De la mano del dólar

Lo cierto es que un porcentaje importante de estas transacciones se realiza en dólares, pese a que en Venezuela la única moneda de curso legal es el Bolívar.

De acuerdo con la firma privada Ecoanalítica, actualmente un  53,8 % de las transacciones en Venezuela se realizan en dólares: casi todos los electrodomésticos se compran en esa divisa, así como más de la mitad de la ropa, repuestos para automóviles y alimentos, entre otros rubros. Este dato se sustenta en el estudio de 12.600 operaciones registradas, entre el 10 al 15 de octubre, en 136 locales de Venezuela.

Según ese informe, 50 % de la población venezolana está atrapada en la hiperinflación, especialmente los pensionados y empleados públicos; 35 % de los habitantes se mantiene con algunos ingresos en divisas; y otro 15 % vive de la denominada 'burbuja de los dólares', que les permite mantener altos niveles de consumo.

Desde el sector oficial no existen cifras al respecto. Sin embargo, el pasado 17 de noviembre, el presidente Nicolás Maduro, evidenció por primera vez que el gobierno se encuentra al tanto de la situación.

"Yo, quizás lo que diré será un pecado para los dueños de los dogmas, no lo veo mal. Me declaro pecador: no lo veo mal. Evaluar cómo ese proceso, que llaman de dolarización, puede servir para la recuperación y despliegue de las fuerzas productivas y el funcionamiento de la economía. Es una válvula de escape, gracias a Dios existe", indicó Maduro, en unas declaraciones que repetiría el pasado martes.

El mandatario venezolano sostiene que la dolarización surgió por la "autoregulación necesaria" de la economía venezolana para procurar la "desaceleración de la inflación criminal inducida".

"Ese proceso que llaman dolarización"

Sin embargo, ¿se encuentra Venezuela realmente en un proceso de dolarización? Analistas como el opositor Luis Vicente León, economista y presidente de Datanálisis, aseguran que en el país no existe tal proceso, de manera "formal, integral, racional y eficiente".

"Lo que hay es una masificación de facto y desordenada del uso de divisas para responder a  la pérdida de valor del bolívar", dice.

La moneda local de Venezuela es el bolívar, pero el Estado permite que se hagan operaciones en dólares. Incluso en los puestos callejeros de venta de perros calientes, célebres en el país suramericano, los vendedores se sirven de la divisa estadounidense.

"Hay restricción severa de la liquidez monetaria en bolívares. Entonces, las personas que poseen divisas, bien sea porque las han acumulado por años, las reciben por remesas o tienen alguna operación comercial de bienes o servicios, al no tener cómo cambiarlas a bolívares, pues las usan directamente, y esto ha aumentado la circulación del dólar libremente", explica Gavazut.

Pero a pesar de esta situación y de que el dólar ya es la unidad de referencia para calcular los precios, los contratos laborales y las cuentas bancarias siguen en bolívares, dos puntos claves que no permiten hablar de una dolarización sistemática. Pero, además, ¿puede realmente Venezuela avanzar hacia una dolarización formal en medio de las fuertes sanciones unilaterales del gobierno de Estados Unidos?

¿Dolarización con sanciones?

"Hay un crecimiento de las transacciones en dólares, lo que no necesariamente implica que haya muchos más dólares que antes. Hay más, sí, pero lo que más ha crecido es la liquidez o circulación de los mismos, pues no solo se usan como reserva de valor o unidad contable, sino como moneda de pago para operaciones cotidianas. Es decir, pasan más de mano en mano y producen la ilusión de que 'todo el mundo tiene dólares'. Pero, ¿que esto llegue a ser una dolarización? Eso está aún por verse", agrega Salas.

Para este experto, más que una "dolarización", hoy Venezuela vive una "desbolivarización", "una huida desordenada desde el bolívar hacia cualquier otro medio de pago".

Salas explica que la 'huida' es mayoritaria hacia los dólares "pero también, por ejemplo, el oro en Guayana o el peso colombiano en la frontera occidental. Y, en el caso del gobierno, hacia la criptomoneda el Petro, y de muchos particulares, en ciudades como Caracas, hacia las cripto en general".

Salas alerta que este proceso puede derivar en tres vertientes: un régimen multimonetario, como el de Zimbabue, donde llegaron a circular hasta nueve monedas distintas más las cripto; uno 'bimonetario', como en Cuba; o, efectivamente, a una dolarización formal tipo Ecuador. Pero, para que esto último ocurra debe reformarse la Constitución y hacerse toda la adecuación respectiva.

Por paradójico que suene, pareciera que el principal escollo operativo para una dolarización en Venezuela son las sanciones del gobierno norteamericano contra la golpeada economía del país suramericano.

Por Jessica Dos Santos

Publicado:11 dic 2019 21:00 GMT


Sociólogo Trino Márquez: La dolarización anárquica y salvaje "agudiza la brecha entre pobres y ricos"

Por: Aporrea-UR | Miércoles, 11/12/2019 04:04 PM 

 

10-12-19.-El sociólogo, Trino Márquez, doctor en Ciencias Sociales, durante una entrevista en Unión Radio consideró que la dolarización es un fenómeno con rasgos sociológicos al influir en la sociedad, por «estar agudizando la brecha entre pobres y ricos, entre el sector que tiene acceso a los dólares de manera permanente y masiva, y el resto de la población que no tiene acceso ni siquiera ocasionalmente a la divisa norteamericana».

Márquez detalló que existen diversos sectores que tienen acceso a las divisas, como los que ofrecen algún servicio, quienes reciben remesas, los que ahorraron en divisas y quienes tienen negocios lícitos e ilícitos».

No obstante, precisa que el área que tiene ese altísimo nivel de consumo debido a su acceso al dólar apenas alcanza entre 10 y 15 %, es decir un millón de personas.

«Estadísticamente no tiene ningún significado frente a 90% de la población que no tiene acceso a casi nada».

Enfatizó que estamos ante «una dolarización caótica, anárquica, a los trancazos y a lo salvaje y los más afectados son los grupos más vulnerables y está produciendo un fenómeno: tenemos más pobres que cada vez son más pobres»

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Jueves, 12 Diciembre 2019 06:55

Una reforma de pensiones que no convence

Una reforma de pensiones que no convence

Críticas de sindicatos y partidos políticos opositores en Francia 

Las centrales sindicales fijaron para el próximo 17 de diciembre una nueva jornada de huelgas y protestas en todo el país.

El proyecto para reformar el sistema de pensiones francés salió hoy de la nebulosa y, fuera del patronato, no convenció a ninguno de los actores sociales. Sindicatos y partidos políticos cuestionaron la reforma presentada por el Primer Ministro Edouard Philippe al cabo de dos años de negociaciones, varios meses de tergiversaciones y casi una semana de fuertes huelgas en los transportes públicos. El Ejecutivo introdujo algunas concesiones a los sindicatos, pero, en lo global, resguardó la arquitectura de una jubilación “universal por puntos” tal como la definió el presidente Emmanuel Macron cuando aspiraba a la presidencia en 2017. ” Injusto”, ”un engaño”, ”todos pierden”, la oposición política y los sindicatos salieron de inmediato a demoler una reforma que, lejos de ser decorativa, transforma en muchos aspectos la estructura de las pensiones. La consecuencia social era previsible: las centrales sindicales llamaron a continuar el movimiento y fijaron para el próximo 17 de diciembre una jornada de huelgas y protestas.

 

Entre el momento en que se cristalizó el conflicto y el anuncio del contenido de la reforma el Ejecutivo perdió un aliado de mucho peso. El sindicato CFDT no había participado en las huelgas, pero ahora dio vuelta su posición. Su Secretario General, Laurent Berger, declaró que “se acababa de atravesar una línea roja”. La CGT, el principal motor de la protesta, acusó al Primer Ministro de haberse “burlado de todo el mundo”. La reacción revela el trastorno profundo del equilibrio de fuerzas. En lo concreto, los sectores políticos y sindicales que tenían un perfil reformista y, por consiguiente, estaban de acuerdo con un cambio en el sistema de jubilaciones lo empiezan a cuestionar fuertemente. Según el plan presentado por el jefe del Gobierno, la edad legal de la jubilación se mantiene a los 62 años, pero con una variable que extiende “la edad del equilibrio a los 64 años”. Así, la sospecha de que la reforma conduciría a trabajar más años se confirma sin ambigüedad.

El patronato francés, agrupado en el Medef, está satisfecho. Este sector conserva todos sus privilegios. Sin embargo, más allá de los círculos patronales no hay nadie que adhiera a la línea oficialista. A la izquierda, el líder de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, juzgó que “Macron acaba de instaurar la jubilación a los 64 años”. Los ecologistas hablan de “fractura” del país, los socialistas de “norme injusticia”, los comunistas de un “sacrificio” y la extrema derecha de “reforma terrible”.

Envuelta en las formulaciones técnico retóricas aparece una realidad ya adelantada por el sindicalismo: habrá que trabajar más, aportar más y, en suma, ganar menos. El principio de una jubilación universal por puntos contaba, hasta ayer, con muchos adeptos. Personalidades como Thomas Piketty (autor del libro El Capital en el Siglo XX) alentaban una restructuración de las pensiones en esa dirección para que hubiera menos desigualdades entre los regímenes especiales (hay 42). Incluso la opinión pública defendía (76%) la urgencia de una reforma capaz de preservar la originalidad del sistema por reparto al mismo tiempo que introducía más equidad en los cálculos. La reforma presentada por el primer ministro asusta, no solo por la variable de los 64 años sino, también, porque amenaza con romper definitivamente con el sistema solidario que rige desde finales de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Dicho sistema ya ha sufrido muchas alteraciones justificadas por la competencia mundial, el multilateralismo o la globalización. 

En 2003 y 2010 hubo dos reformas del sistema de pensiones. En 2016 se trastornó la ley laboral con el fin de adaptarla a los imperativos de la competitividad de las empresas y en 2018 Emmanuel Macron llevó a cabo una reforma sustancial de la compañía nacional de ferrocarriles, la SNCF. En cada caso hubo huelgas y manifestaciones sin que los actores sociales lograran preservar sus derechos. El año 2019 apunta a terminar como concluyó el anterior y empezó este: manifestaciones, enfrentamientos, bloqueos y gases lacrimógenos. En 2018-2019 fueron los chalecos amarillos, en 2019-2020 serán las pensiones las que mantendrán ardiente la llama social. Pasado, presente y futuro, nuevas generaciones, ya jubilados o por venir, todo el mundo está concernido por la reforma. Ferrocarriles, educación nacional, policías, hospitales, profesiones liberales y hasta los miembros de la Opera de Paris, hoy en huelga, se preparan a pasar una navidad en pie de guerra social. El primer ministro, Edouard Philippe, se anotó un punto histórico: aspiraba a apaciguar al país y dividir a los contestatarios y a los sindicatos, pero alcanzó la meta opuesta: todos se aliaron contra él. La reforma reveló al final su auténtica naturaleza. No se trataba únicamente de “retocar” la arquitectura sino de introducir recortes y economías.

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Así es la desigualdad en Latinoamérica: hasta 18 años menos de esperanza de vida

Un grupo de científicos mapea por primera vez la "extrema" magnitud de las disparidades en varias ciudades de América Latina

 

Una mujer que reside en una de las zonas menos favorecidas de Santiago de Chile vivirá 18 años menos que otra mujer que viva en la misma ciudad, pero en un barrio más pudiente. La vida de esta mujer —y de muchas otras— será casi dos décadas más corta por culpa de las brutales desigualdades que sufre la capital chilena, que estos días protagoniza numerosas revueltas contra su gobierno con estas injusticias como principal argumento.

"Suponíamos que en Panamá y en Santiago las diferencias iban a ser importantes porque son dos países con mucha desigualdad y las grandes ciudades suelen representar la desigualdad de los países", reconoce Usama Bilal, "pero en el caso de Santiago de Chile nos sorprendió la magnitud del problema". Este epidemiólogo español, investigador de la Universidad de Drexel, es el autor principal de un estudio que publica The Lancet Planetary Health y que pone cifras por primera vez a la desigualdad social en seis grandes ciudades latinoamericanas que suman más de 50 millones de habitantes.

"Ahora mismo en Santiago hay protestas y en el mismo centro de esas protestas está la desigualdad social. Nosotros damos datos a la gente para que puedan probar que es real, que existe. Y que sea la sociedad la que responda si esta desigualdad es socialmente aceptable", asegura Bilal. Y añade: "Estos datos pueden empoderar a los ciudadanos para plantearle demandas a sus gobernantes".

En Santiago, dependiendo de la zona de la ciudad, las diferencias de esperanza de vida son esos dieciocho años en mujeres y nueve en hombres; en la ciudad de Panamá, de unos quince años para ambos sexos; en Ciudad de México, de once para hombres y nueve para mujeres; en Buenos Aires (Argentina) y en Belo Horizonte (Brasil), de cuatro y seis; y de cuatro y tres en San José de Costa Rica.

“Estos resultados destacan la importancia de desarrollar políticas urbanas enfocadas a reducir desigualdades sociales y mejorar condiciones sociales y ambientales en los barrios más pobres de las ciudades de Latinoamérica”, señala Ana Diez Roux, coautora del estudio e investigadora principal del proyecto SALURBAL, que estudia cómo influyen las políticas y distribuciones urbanas en la salud de los latinoamericanos.

"Viendo los mapas observamos unos patrones muy claros en algunos lugares; por ejemplo, si observas un mapa de la pobreza de Santiago, tienes prácticamente nuestro mapa de esperanza de vida de la ciudad, pero al revés", afirma Bilal. "Estos patrones que aparecen en las ciudades nos muestran que no es aleatorio ese reparto de la esperanza de vida y que ese algo determina la segregación espacial", ahonda el especialista de 33 años.

En el caso de Santiago de Chile les sorprende la magnitud de la diferencia, casi 20 años, porque son desigualdades que se suelen encontrar en unidades urbanas más pequeñas: en el ámbito del barrio y no del distrito. Sin embargo, en Madrid (España) hay diferencias de 10 años de esperanza de vida entre los barrios más privilegiados y los más desfavorecidos (solo de cuatro años entre distritos), mientras que en Buenos Aires están en torno a la mitad. "Cuando hay pocas diferencias puede deberse a que las unidades urbanas sean muy heterogéneas", avisa Bilal, de modo que la segregación no esté tan segmentada. En este estudio no pueden difundir esperanzas de vida exactas asociadas a barrios concretos por cuestiones de confidencialidad.

Brecha educativa y económica

Para analizar el impacto del nivel socioeconómico en estas diferencias, estos científicos han usado datos del nivel educativo, que les han servido de indicador claro de los recursos de cada segmento de la población, que puede explicar gran parte de esta brecha. En el caso de Santiago, la diferencia en esperanza de vida entre las áreas con mayores y menores niveles de estudios puede llegar a ser hasta ocho años para hombres y doce años en el caso de las mujeres.

“Esta es la primera vez que se mapea la magnitud extrema de las desigualdades en esperanza de vida en varias ciudades de Latinoamérica, y constituye un primer paso fundamental para poder disminuirlas o erradicarlas en un futuro”, asegura el epidemiólogo. Ha empezado con seis, pero Bilal tiene dos millones de dólares de los Institutos Nacionales de Salud de EE UU (NIH) para estudiar la salud de los habitantes de las más de 700 ciudades con más de 100.000 habitantes de EE UU y diez países latinoamericanos.

Latinoamérica es una de las regiones más desiguales del planeta, pero muchas de estas injusticias permanecen sin concretar, o desconocidas, por falta de datos concretos que los materialicen en toda su crudeza encima de la mesa. Y las ciudades son buenos laboratorios en los que estudiar estos problemas sociales que lastran la salud de la población como la peor de las epidemias. De ahí que un equipo de epidemiólogos, coordinado por Bilal, se haya decidido a poner el microscopio en la desigualdad urbana latinoamericana, donde vive el 80% de la población.

Este estudio es la prueba de concepto de que sus mediciones funcionan, por eso escogieron ciudades que tuvieran buenos datos de gran cantidad de distritos distintos (o comunas). Más adelante irán reduciendo las dimensiones de las esas células mínimas de estudio a bloques más pequeños, lo que llamaríamos una sección censal en España, por ejemplo, con datos que les permitan georreferenciar las muertes y encontrar patrones y correlaciones más claras.

Los investigadores han observado mayor diferencia dentro de las urbes que entre ellas, como explica Bilal: "Si comparamos entre las ciudades, la desigualdad es menor que dentro de ellas, por eso no suele ser muy útil cuando hablamos de la esperanza de vida de una ciudad entera, menos si hablamos de la esperanza de vida de los países".

Por JAVIER SALAS

10 DIC 2019 - 18:52 COT

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Michael R. Krätke, economista. Víctor Serri

El doctor en económicas Michael R. Krätke estuvo en Barcelona. En esta entrevista habla sobre la situación de crisis financiera, el auge de China y el estado actual de su proyecto de recopilar todos los escritos de Marx y Engels.

 

Michael R. Krätke (1949) es profesor emérito de Economía Política de la Universidad de Ámsterdam, donde reside actualmente. Colaborador habitual del semanario Der Freitag y miembro del Consejo Editorial de la revista Sin Permiso, Krätke es autor de numerosos artículos y varios libros sobre economía y la historia del socialismo. Además, forma parte del comité científico encargado de la nueva edición de las Obras Completas de Marx y Engels (MEGA, por sus siglas alemanas). Aprovechando su paso por Barcelona para participar en el posgrado de Sin Permiso, entrevistamos a Krätke sobre la situación en las principales economías del mundo, las tendencias más importantes del capitalismo global y el estado teórico de la izquierda.

¿Hay signos de una recesión? Los economistas parecen dividirse entre quienes llaman a la calma y quienes parecen llamar al pánico.


No entraría en pánico, pero hay motivos de sobra como para preocuparse. En algunas economías importantes, como Turquía o Italia, hay signos no ya de una recesión, sino de otra crisis financiera. Turquía es, en mi opinión, más frágil que Italia. La deuda pública y privada en Turquía se encuentra mayoritariamente en manos extranjeras y está denominada en dólares: si el dólar sube, lo harán las deudas, si la lira cae, al gobierno, los bancos y las empresas turcas les será más difícil pagar esas deudas.

Siguen habiendo varias crisis en marcha. En Estados Unidos hemos visto desarrollos recientes que son muy similares a los que precedieron a la crisis financiera e inmobiliaria. En esta ocasión se trata del uso de tarjetas de crédito, de la compraventa de automóviles de gama alta, financiada con créditos a consumidores que en realidad no pueden permitírselos y con frecuencia acaban perdiéndolos. Hay una deuda cada vez mayor que no es en absoluto segura. El proceso que desencadenó la crisis de deuda en EE UU está en marcha de nuevo.

Si ampliamos el foco, vemos que nos encontramos en medio de una gran transformación de la estructura de la economía capitalista mundial. No puede ignorarse la impresionante expansión de las estrategias de inversión y comercio de la República Popular China, que está registrando un enorme progreso en todo el planeta. Es un desarrollo a tomar muy seriamente. En particular la Unión Europea, si es que quiere seguir desempañando algún tipo de papel a nivel mundial, debería estudiar atentamente el caso de China y mantener buenas relaciones con ella.

Hay cambios en el mundo anglosajón. Nadie sabe qué pasará en las próximas elecciones en EEUU, quizá se acabe la pesadilla de Trump, pero tampoco es seguro. Si se termina, habrá un presidente Demócrata y es posible que muchos de los problemas causados por Trump sean corregidos. Pero no podemos estar seguros de ello. Reino Unido podría abandonar la UE. El Partido Laborista tiene un programa excelente en muchos aspectos que recoge las reformas urgentes que necesita el país, pero probablemente no ganarán estas elecciones. Si los tories consiguen una mayoría, abandonarán la UE con un plan descabellado para negociar un nuevo acuerdo de libre comercio con Bruselas en menos de un año, algo imposible. ¿Qué harán entonces? Entregarse a los EE UU de Trump y aceptar todo lo que les ofrezca. Esto puede que refuerce a ambos. Si esto termina sucediendo, terminaremos muy probablemente con una especie de Singapur gigante al otro lado del Canal de la Mancha.



Diría que Boris Johnson utilizó esa expresión exacta.


Ése es el plan de quienes apoyan y en buena parte financiaron el Brexit. Detrás de él hay grandes capitales, no solamente la frustración de los más pobres, que por otra parte es muy comprensible. El Brexit ha sido una acción política muy bien planificada por gente que dispone de fondos considerables. Quienes lo financiaron creen que la UE —y pienso que no se equivocan— es la única institución que les impide abolir los estándares de protección medioambiental, de los consumidores, laborales, etcétera, y que todavía resisten en Reino Unido incluso a pesar de todos estos años de thatcherismo y New Labour.

Económicamente hablando, Reino Unido no está en buena forma, todo lo contrario. Y está perdiendo su industria. Lo que están haciendo los partidarios del Brexit es, de hecho, completar el trabajo que comenzó Thatcher de desindustrialización. Es una tragedia: el país industrial más antiguo de Europa, que retiene todavía mucho intelecto, buenos ingenieros, trabajadores cualificados… Y lo están perdiendo todo. Temo que no quedará una industria digna de ese nombre en Reino Unido.

 

Aunque ya la ha mencionado de pasada, me gustaría preguntarle por la Unión Europea. ¿Cómo ve al bloque en esta crisis, en particular tras la llegada de Christine Lagarde al frente del Banco Central Europeo?


Ciertamente, continuará las políticas de su predecesor, que no hizo un tan mal trabajo, ampliando el margen de las normas que fueron impuestas, en particular por los alemanes, que querían convertir el BCE en un Bundesbank a gran escala. Esas normas hacían difícil al BCE actuar como un banco central real, interviniendo en la política macroeconómica en tiempos de crisis. Y eso es lo que, en efecto, Draghi hizo. Con consecuencias de varios tipos, pero al final salvó la Eurozona de un desastre completo, o, al menos, de la posibilidad de una desintegración. Esta política continuará, pero la dificultad es que el BCE no tiene reservas. No hablo en términos de dinero, sino de medios para intervenir. La tasa de interés ya está bajo cero, ¿así qué se puede hacer? El BCE impone tasas de interés negativas a cualquier banco que deposita su dinero en sus cajas fuertes. Oficialmente, todos los bancos centrales de todos los países miembro están obligados a retener un determinado porcentaje de sus reservas bajo el control del BCE. Es un castigo y tiene sus límites. En cualquier caso, no se pueden imponer más intereses negativos, es una situación completamente absurda en una economía capitalista, que es lo que seguimos siendo. No se puede continuar así, al menos no durante mucho tiempo. Así que tendrán que pensar en algo nuevo, pero no hay mucho que puedan hacer mientras no haya una acción concertada con los gobiernos europeos.



Se está hablando de extender los intereses negativos a los clientes.


Sí, y algunos bancos ya lo están haciendo, pero habrá fuertes reacciones a esa medida. No creo que sean capaces de sostenerla a largo plazo. Aunque puede que lo intenten. La UE se encuentra en una situación absurda. Tiene un presupuesto demasiado pequeño, aunque dispone de muchos instrumentos y políticas establecidas, como las políticas de cohesión territorial, que en principio han servido para llevar a cabo muchas cosas buenas. Pero las historias de éxito son muy pocas como para que tengan un efecto perdurable en la memoria de la opinión pública. Por otra parte, la UE tiene otras políticas, como las políticas agrarias, que son completamente absurdas. Todo el dinero está yendo, por los motivos equivocados, a la gente equivocada, en vez de utilizarse las políticas agrarias para apoyar objetivos medioambientales. Es una locura, carece de lógica. Se puede explicar históricamente, pero tiene que modificarse.

En política fiscal, hay una competición entre miembros, y todos sabemos que eso es en detrimento de todos los países participantes. Es un juego en el que nadie gana, aunque todo el mundo está de acuerdo en que debería ponerse fin a esta competición fiscal. Si se toma seriamente, eso significa que los países europeos han de tratar el asunto entre ellos porque hay paraísos fiscales, como Holanda, Luxemburgo, incluso Alemania.



¿Alemania?


Hasta cierto punto lo es. No sólo Reino Unido. No sé hasta qué punto lo sería también España, sería cauto aquí, pero muchos de los países participan en esta política de crear oportunidades para la inversión extranjera y evitar que las empresas pague impuestos en otro lugar. Holanda, donde vivo, es un paraíso fiscal. Si uno camina por el canal, ve un despacho de abogados tras otro, una infinidad de placas en las puertas, miles de compañías con sede en el centro de Holanda.



Quedémonos en Alemania por un momento. En la economía más importante de la eurozona hay temores de una recesión.


Los alemanes tienen miedo, por supuesto. Su economía depende de las exportaciones más que cualquier otra economía de la UE. Cuando hay una pequeña fiebre en el comercio mundial, los alemanes son los primeros en notarlo porque tienen relaciones comerciales en todo el mundo. Son una economía que exporta a todo el mundo, así que lo notan de inmediato, desde todos los rincones del mundo. Es el precio a pagar una vez te integras por completo en la economía mundial, y los alemanes son los más integrados de toda la UE.

Sin embargo, su integración es mayor con la propia UE, donde se encuentran sus principales socios comerciales. Ahí es donde la política económica alemana falla. En buena medida se trata de una política de empobrecer a tu vecino (beggar-thy-neighbour), pretenden que, aunque viven de las exportaciones, de la prosperidad de sus vecinos, no ha importarle si les va mal. Lo cierto es lo opuesto. Si las economías vecinas tienen problemas, si Francia tiene problemas, si Italia o Grecia tienen problemas, también son sus problemas. Los alemanes siguen sin aceptar eso. Sigue habiendo una esquizofrenia entre la realidad de ser un país integrado en la economía mundial y la mentalidad de la población, que sigue creyendo que es una isla. Tenemos prosperidad en Alemania, la cosa va bien y el resto del mundo no nos importa.

El pensamiento económico en Alemania es tremendamente dogmático. Tradicionalmente, desde luego desde los cincuenta y sesenta, ha sido un país en el que todo el mundo cree en la austeridad. La historia completamente errónea sobre la última crisis financiera —que esta crisis ha sido una crisis de deuda pública, soberana, algo que en absoluto fue— ha sido creída más que en ningún otro país del mundo. El crecimiento de la deuda pública fue una consecuencia. Pero los alemanes creen y siguen creyendo que lo más importante es mantener la estabilidad de las finanzas públicas para evitar la deuda pública, reducir la deuda pública. Les encanta, incluso idolatran, el famoso “cero negro” (nullschwarz), el símbolo de la austeridad por excelencia.

 


Lo mencionó Angela Merkel en su último discurso en el Bundestag con motivo de la aprobación de los presupuestos para 2020.


Así es. Ocurre algo parecido a EE UU. Allí los ingenieros, los especialistas, los economistas, llevan diciendo durante décadas que son un país en declive, que sus infraestructuras se desmoronan. Ocurre exactamente lo mismo en Alemania. Tienes edificios públicos, escuelas, calles, puentes, canales… todo en franca decadencia. No tiene por qué ser así, pero los sucesivos gobiernos del pasado han rechazado aceptar esta realidad. Dicen que debemos invertir en educación pero luego no lo hacen. No hacen lo que deberían hacer a gran escala en el sistema educativo. No sólo las universidades y centros de investigación más punteros, sino en las escuelas básicas, donde la gente obtiene su educación elemental. Las Volksschule, por ejemplo, teníamos una tradición en ello, y todo ello parece haber quedado olvidado. En este punto, en particular nuestra canciller Merkel no merece los elogios que recibe prácticamente en todas partes. No está haciendo lo que es necesario para Alemania y ciertamente no está haciendo lo que es necesario para la Unión Europea. Los alemanes no son lo suficientemente solidarios con sus vecinos en la UE. Es más una solidaridad en palabras que en hechos. Podrían hacer mucho más.



Pero en el debate público se señala la responsabilidad de las guerras comerciales en la situación económica de Alemania.


Desde luego. Muchos economistas se niegan a aceptar que los superávits comerciales de Alemania tienen un impacto negativo en los países vecinos, o en los países a los que exportan, aunque eso sea un conocimiento básico en economía. Gente como el señor Trump no lo sabe, pero ignorantes los hay en todas partes. No deberían estar no obstante en las facultades de Economía o los gobiernos.

Hay una historia estandarizada en Alemania. A los alemanes les gusta verse como víctimas: somos las víctimas, estamos cargando con la mayor parte del peso económico en la UE… Sí, si uno se fija en las cifras que invierte en el presupuesto comunitario, pero también son los mayores beneficiarios, en particular del euro y de las políticas de “dinero barato” de Draghi y del BCE.



No escuchan las advertencias hoy, pero tampoco escucharon las advertencias entonces. Una de las consecuencias ha sido el auge de partidos a la derecha de los conservadores en toda Europa.


Hasta muy recientemente no comenzaron a darse cuenta de la existencia de un movimiento populista de derechas. Ahora están en varios parlamentos. Es un problema político que no desaparecerá si se lo ignora.



La pregunta es hasta dónde puede crecer este partido en Alemania.


No estoy seguro. El siguiente paso será que la CDU aceptará, al menos a nivel de estado federado, cooperar con Alternativa para Alemania (AfD). Hasta la fecha, los cargos del partido se han negado de manera clara. Mantienen la vieja idea de que no debería haber ningún partido a su derecha. Y en algunas partes de Alemania, como Baviera, han conseguido mantenerlo así.



Era la frase de un conocido político bávaro: “A nuestra derecha no puede haber más que la pared”.


De Franz Jozef Strauss, concretamente, un político conocido por sus declaraciones contundentes. No sabemos qué ocurrirá. Podría pasar que AfD se escindiese. Es una posibilidad. Depende de cuánto tiempo mantenga el apoyo popular, de que su electorado siga creyendo en muchas de las cosas que dicen, promesas que no pueden satisfacerse, esperanzas que no pueden colmarse. Muchos de ellos sueñan con la Alemania de los sesenta. Existe una cultura de la negación. Durante décadas se ha negado que Alemania fuese un país de inmigración. Siempre se ha dicho que Alemania no necesita una ley de inmigración porque no es un país de inmigración, aunque hubo una inmigración constante de trabajadores de países europeos durante décadas desde finales de los cincuenta en adelante. Siempre lo han negado.



¿Habrá un giro a la izquierda de los socialdemócratas tras la elección de la nueva dirección?


Existe potencialmente. La militancia está harta de todo lo sucedido en los últimos años, la continuación de la política de coaliciones con los cristianodemócratas, en detrimento, por lo común, de los propios socialdemócratas. Se trataría de reparar el daño cometido, en parte por ellos mismos, y en hacerlo de manera gradual. La situación es particularmente difícil para el partido, que tendría que aceptar haber cometido no sólo algunos errores, sino errores muy graves. Es un cambio necesario. Sobre todo para recuperar al electorado que tradicionalmente ha apoyado al partido socialdemócrata, que en algunas regiones sigue siendo un partido de trabajadores, mientras en ciudades como Berlín es un partido de gente con educación universitaria, funcionarios, etcétera.



Como Los Verdes.


Hay similitudes, claramente. Pero con una diferencia importante: Los Verdes nunca fueron un partido de trabajadores. El partido socialdemócrata sí que lo fue. En algunas regiones, hay que decirlo, AfD se ha convertido en el partido protesta de los trabajadores que ya no creen en el partido socialdemócrata, a los que ven como parte del establishment.



¿Por qué La Izquierda no se ha convertido en el vehículo político de esa protesta?


Hay ideas muy ingenuas, por ejemplo, en materia de política de inmigración. Si se comienza a debatir una ley de inmigración de inmediato se produce un choque cultural. Porque para muchos izquierdistas eso significa establecer normas que discriminarán a personas. Una ley de inmigración supone de por si una discriminación: con ella se decide quién queremos que entre en el país —por ejemplo, a partir de su grado de educación, edad o posibilidades económicas— y quién no. Un partido socialdemócrata o de izquierdas está claro que no defenderá una ley que incluya discriminación en términos de religión, raza o género. Pero ha de haber un cierto grado de discriminación, como ocurre en la ley de inmigración de Australia o Canadá.



Irónicamente, Canadá, que es visto como un país liberal, tiene una ley de inmigración muy restrictiva que es tomada como modelo, entre otros, por la propia AfD…


Cierto, pero AfD no la ve como es, porque no discrimina en términos de país de origen, inmigración, raza o religión. Toronto es una de las ciudades más multiculturales del mundo. La cultura de aceptación de los canadienses también es mayor: a los inmigrantes los llaman ‘nuevos canadienses’. Es una cultura de acogida que funciona relativamente bien.



Pero hay otras cosas que dividen a La Izquierda, como peleas internas.


La Izquierda no tiene una idea clara de qué hacer en el momento actual. La parte más difícil para La Izquierda es encontrar al socio adecuado. Los Verdes son ahora demasiado fuertes, no les importa con quién llegar a un acuerdo, y aceptaría a La Izquierda como socio menor bajo circunstancias muy específicas. El SPD está más o menos ocupado consigo mismo. Habrá que esperar a que termine ese proceso. Mientras, La Izquierda está perdiendo pie en el Este del país, donde acostumbraba a obtener sus mejores resultados, como consecuencia del desarrollo demográfico, ya que era un partido con una elevada media de edad entre sus militantes.

 

Participa en la nueva edición de las Obras completas de Marx y Engels (OME). ¿Cuál es el estado actual del proyecto?


El proyecto continúa. Se mantiene la financiación para los próximos 16 años, lo que es bastante extraordinario. Ésta depende en gran medida de instituciones y bibliotecas. Piense que un volumen tiene un precio de alrededor de unos 200 euros, no es algo obviamente que todo el mundo pueda permitirse aunque quisiera. Las únicas concesiones que el proyecto se ha visto obligado a hacer es que algunos de los volúmenes se publiquen únicamente en versión digital.


Los últimos volúmenes aparecidos son una nueva edición de La ideología alemana en más o menos su forma original, aunque nadie puede establecer cuál era su forma original exacta, ya que los autores reescribieron el manuscrito varias veces. Engels llegó a utilizarlo como fuente hasta 40 años después de su redacción y quizá alteró el orden. En cualquier caso, esta última edición se acerca a ese original, y proporciona una buena idea de la naturaleza fragmentaria y del proceso de redacción de este libro polémico y que sirvió para alumbrar una nueva manera de entender las ciencias sociales.

También hemos publicado el borrador del libro de Marx de 1857-1858 sobre las crisis, escrito durante una de las mayores crisis mundiales, para las que preparó un estudio empírico y recolectó datos con la idea de publicar un volumen sobre el tema, pero que nunca terminó. El manuscrito, que demuestra su capacidad para llevar a cabo un trabajo empírico, está relacionado con los Grundrisse, de manera que podemos ver cómo su obra teórica se relaciona con sus estudios empíricos, cómo cambiaban sus argumentos dependiendo del estudio de las crisis. También hemos publicado un libro con los cuadernos de finales de la década de 1860 y 1870 sobre ciencias naturales y economía, en particular estudios sobre los mercados financieros, el mercado bursátil, literatura bancaria contemporánea, etcétera. Es otro estudio sobre el proceso real de investigación en Marx. Y hay otro volumen con los artículos periodísticos para The New York Herald Tribune —luego reproducidos en otros periódicos británicos— durante este mismo período, mientras escribía los Grundrisse e investigaba las crisis.

Hasta la fecha hemos publicado unos 75 volúmenes, según el plan revisado el total será de 114 volúmenes. La segunda sección, con el trabajo preliminar sobre El capital, ya ha sido completada, falta por completar el resto.



Se encuentra en Barcelona con motivo del curso de posgrado de Sin Permiso. Recientemente se ha rendido homenaje a su editor, Antoni Domènech, fallecido en 2017. ¿Qué recuerda de él?


Su muerte fue una noticia muy triste. Era un hombre de un grandísimo sentido del humor y una persona tremendamente inteligente. Lo veías en sus ojos, en el brillo, no le hacía falta decir nada. Hablamos mucho de su obra. Aún sigo buscando a un editor alemán para su último libro. También conviene destacar el papel intelectual de revistas como Sin Permiso, que fundó. Y me consta que personalmente era muy cercano a Manuel Sacristán, el traductor al español de El capital.

 

Por cierto, Domènech cultivó una duradera amistad con un personaje todavía polémico hoy en Alemania: el filósofo Wolfgang Harich.


Harich es polémico, sin duda. No me opongo a él, todo lo contrario. Han de tenerse en cuenta las condiciones especiales bajo las cuales gente como Harich tuvieron que escribir. Formó parte de los rebeldes de la RDA y pagó el precio por ello. Su vida no fue en absoluto fácil. Fue uno de los autores de la RDA exiliado más o menos en su propio país.

 

Antes ha mencionado a China. Habrá quien le sorprenda su opinión sobre este país en comparación con lo que leemos en los medios de comunicación.


Es más complicado de lo que parece, como siempre. Hay cuestiones que uno ha de evitar si quiere mantener relaciones con gente del Partido Comunista de China, de instituciones vinculadas al partido o la academia y el sistema universitario chino, como sus políticas en Tíbet y otras partes del país. Puede hablarse de ellos de prácticamente de todo, a todos los niveles, con la condición de que no se publique en un periódico del país al día siguiente. Mientras uno mantenga una cierta discreción sobre lo que sucede en China, se puede hablar de todo.
Personalmente estoy muy interesado en sus políticas económicas y medioambientales. Han sabido ver con claridad los problemas que tienen y toman medidas. Me gustaría que algunas de esas políticas fueran tenidas en cuenta en Europa.

En diez años, por ejemplo, construyeron una red de ferrocarriles de alta velocidad, con la tecnología más puntera, conectando las grandes ciudades. Nosotros no somos capaces de hacer eso en Europa, aunque geográficamente el continente es más pequeño que China. Es ridículo. Existía antes de la Primera Guerra Mundial: uno podía subirse al tren en el sur de Alemania y viajar hasta Lisboa. Ahora ya no. Los japoneses también tienen algo así, comenzaron a construirlo en los sesenta. Compárese la construcción del nuevo aeropuerto de Pekín con cómo los alemanes siguen peleándose con su nuevo aeropuerto en Berlín. Es increíble. Los chinos terminaron el proyecto en dos años y medio. Los alemanes comenzaron hace diez años, ¿y dónde están ahora? Todavía no está terminado.

También han sabido corregir errores. La destrucción de los centros históricos para construir rascacielos y otros edificios modernos, algo impensable en Europa. Ya no es así. El tráfico rodado en las ciudades es insostenible, la polución afecta a la salud de los ciudadanos. No tardaron en ver el problema y emprendieron medidas que ya están teniendo efecto en una gran ciudad como Pekín. Están mejorando. Los alemanes, por ejemplo, no actúan con la misma rapidez ni con la misma eficacia que los chinos.



Volviendo a la teoría, de unos años para acá vemos en Europa recuperarse a algunos autores olvidados de la tradición socialista. ¿Qué autores merecen ser tenidos en cuenta?


Justamente acabamos de sacar un nuevo libro para las juventudes socialistas, una antología sobre socialistas olvidados en su mayor parte, aunque no sólo. Es importante contar con una suerte de memoria histórica colectiva para evitar caer en los mismos errores y equivocaciones del pasado. El libro empieza con Marx y Engels, sigue con Karl Kautsky, Eduard Bernstein, Rosa Luxemburg, Rudolf Hilferding. La mayoría del mundo germano-parlante, pero sin duda podría extenderse. No me resulta difícil imaginar un libro así a escala europea, con autores españoles, franceses, polacos, rusos, etcétera, incluso judíos, en yiddish. Tenemos una tradición muy rica a la que no deberíamos renunciar.



En el mundo anglosajón se ha hablado mucho estos últimos años de Kautsky, de recuperar a Kautsky.


Su estilo, por decirlo abiertamente, es apagado. En estilo no tiene la fuerza que tenía Marx, que era muy agudo en alemán, o Rosa Luxemburg. Trotsky también era un muy buen escritor, aunque en mi opinión no era un gran pensador. Pero era un escritor brillante, mucho más que Lenin, que era más gris en ese aspecto.

Kautsky trató muchas cuestiones sobre las que escribieron Marx y Engels, pero sin entrar a fondo en el asunto. Piense en la creación de la revista Die Neue Zeit, que fue la revista teórica más importante para los socialistas europeos durante mucho tiempo. Todos querían publicar en esa revista, y Kautsky consiguió impulsar a nuevos autores.

De Kautsky se puede decir que era aburrido, pero intentaba decir algo, y ese algo no era baladí. Kautsky rompió con la tradición de no hablar mucho del futuro socialista. Fue muy atrevido en este aspecto e incluso escribió un libro titulado en alemán Am Tage nach der sozialen Revolution, “en los días después de la revolución social”. Un libro muy audaz. “¿Qué haremos exactamente después de tomar el poder?”, se preguntó. No veo a nadie en toda la izquierda europea capaz de atreverse a escribir algo así hoy.



Un autor del que ha quedado una imagen muy marcada por sus polémicas con Lenin.


Por supuesto. La polémica empezó en 1918, cuando Kautsky, como muchos otros, apoyó la Revolución de octubre porque pensaba, como Bauer, que los bolcheviques habían hecho lo correcto deshaciéndose del gobierno de Kerenski. En este respecto estaban de acuerdo con Lenin y Trotsky. Pero sus expectativas, como las de muchos, de que habría un gobierno de coalición de todos los partidos socialistas, con elecciones, constitución, etcétera, quedaron frustradas. Los bolcheviques hicieron lo opuesto. Comenzaron una política de terror, defendida por Lenin y Trotsky. Esto es cierto. Pensaban que era inevitable. Kautsky y muchos otros tomaron otra posición respecto a Rusia. Por eso hubo discrepancias entre Bauer y Kautsky. Bauer siguió defendiendo la revolución: para él era claro que ésa no era la dirección a tomar, menos aún en Europa occidental, y discrepó con la idea de privar de derechos políticos a la oposición y abolir, en la práctica, la democracia, incluso para la clase trabajadora. Discrepó profundamente, pero los apoyó cuando fueron atacados, una tradición de solidaridad con la URSS que no se detuvo ni con Stalin. Kautsky pensó que acabaría mal, en un desastre. Lo que hizo Gorbachov fue lo que Otto Bauer siempre esperó: que la democracia fuese reintroducida en la URSS desde arriba. Pero advirtió que cuando eso ocurriese sería el período más peligroso de la transición y podría explotar. Y eso es lo que sucedió. Bauer supo pronosticar muchas de las cosas que ocurrirían.

 

Por Àngel Ferrero

publicado
2019-12-11 06:58

Publicado enPolítica
Día internacional de los Derechos Humanos, día internacional del cinismo

El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó en París la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un texto que instituciones y gobiernos de todo el mundo conmemoran desde entonces cada año bajo el título de Día Internacional, en lo que quizá sea el mayor ejercicio de cinismo que se puede dar a escala planetaria.

Solo con esa palabra, cinismo, puede definirse, por ejemplo, el acto oficial que ha convocado este martes el presidente de Chile, Sebastián Piñera, en el Palacio de la Moneda. Desde que comenzaron las protestas el pasado mes de octubre por la subida del precio del transporte público, cerca de 20.000 personas han sido detenidas, 23 han muerto como consecuencia de la represión militar y policial y en torno a 2.000 han resultado heridas. Según el Instituto de Derechos Humanos, se han interpuesto un total de 1.383 denuncias, entre ellas, 192 por violencia sexual, 405 por torturas y 787 por uso excesivo de la fuerza.

Lo que está sucediendo en Chile lo hemos visto primero en Ecuador, donde el presidente Lenín Moreno, aplastó las protestas contra su pacto con el Fondo Monetario Internacional; y en Bolivia, donde la extrema derecha golpista derrocó con la ayuda del Ejército y la Policía a Evo Morales y ha emprendido una persecución sin precedentes contra dirigentes y simpatizantes del Movimiento al Socialismo y la población indígena.

Pero también en Colombia, donde los acuerdos de paz de la Habana son pisoteados una y otra vez por el Gobierno de Iván Duque, heredero político de Álvaro Uribe. Cientos de líderes sindicales, campesinos, exguerrilleros y defensores de los derechos humanos han sido asesinados en el último año bajo la mirada impasible de un Ejecutivo que tenía ante sí una oportunidad histórica, pero que ha decidido declararle la guerra a los pobres y, usando las mismas técnicas que sus homólogos, ha recurrido a la represión y a la violencia militar y policial para acallar las protestas por sus políticas económicas.

Al otro lado del mundo, Israel sigue bloqueando, asfixiando y arrasando Palestina con agresiones militares, sometiendo y asesinando a su población, realizando detenciones sistemáticas e incumpliendo cualquier tipo de convención internacional. La situación del Sáhara Occidental no es muy distinta. Marruecos continúa persiguiendo y torturando a los activistas de los derechos humanos y mientras perpetúa la ocupación con la complicidad europea, expolia sus recursos naturales e incumple las resoluciones de Naciones Unidas sobre el legítimo derecho del pueblo saharaui a su independencia.

EUU tiene mucho que ver en todos estos conflictos. Alienta golpes de Estado, desestabiliza economías enteras a golpe de tuit, genera y provoca guerras que duran décadas y organiza y reorganiza el tablero global como mejor se acomode a sus intereses económicos y geoestratégicos.

Pero en Europa, no nos engañemos, no somos mucho mejores que otros países que vulneran los derechos humanos. Nuestras democracias son, quizá, más sofisticadas a la hora de hacerlo y conseguir que no parezca que se están vulnerando. Con la excusa de la crisis económica los Estados iniciaron una época de recortes de derechos sociales, laborales y de libertades que no hace sino ir en aumento. La entrada en juego de la extrema derecha ha afianzado esta tendencia reaccionaria en toda Europa y cuestiones que parecía imposible que estuvieran en discusión, hoy se ven amenazadas.

La Unión Europea no es el paraíso de los derechos humanos, por mucho que las instituciones comunitarias se empeñen en promover de forma propagandística la idea de que como en Europa no se vive en ningún sitio. La desigualdad, la pobreza, la precariedad, la homofobia, la violencia machista, la represión policial o el revisionismo histórico son problemas instalados en nuestras sociedades que vulneran la famosa Declaración de 1948.

Y la mayor parte de las políticas que emanan de Bruselas están encaminadas a salvaguardar el bienestar de unos pocos por encima de la explotación y el sufrimiento de nuestros propios Estados, de terceros países o de continentes enteros. La política migratoria de la Unión Europea es el ejemplo más gráfico de ello. La externalización de fronteras, la militarización del Mediterráneo, las deportaciones exprés, los acuerdos con países como Turquía o Libia y la financiación de centros de detención de las personas migrantes y refugiadas son fruto de esas políticas y conllevan violaciones sistemáticas de los derechos humanos.

Como también lo hacen los acuerdos comerciales como Mercosur, la venta de armas a países como Arabia Saudí, los Acuerdos de Asociación como el que mantenemos con Israel, o la deriva armamentística en la que estamos inmersos y que ha quedado patente en la última cumbre de la OTAN celebrada en Londres la pasada semana.

Hoy viviremos un día de grandes discursos, de declaraciones impecables, de ceremonias de altos vuelos, de loas a la libertad y a los derechos fundamentales. Pero abajo hay un pueblo que sufre y que, cuando se levanta con dignidad, como estamos viendo estos días en América Latina, es reprimido a sangre y fuego con total impunidad.

Este 10 de diciembre debe ser el día de la defensa de los derechos humanos, no el de las alabanzas a los derechos humanos. Y las instituciones que tienen capacidad para garantizarlos deben cumplir con el mandato de unas mayorías sociales conscientes de que los derechos humanos no son patrimonio propagandístico de unos cuantos, sino el último reducto de la dignidad que compartimos, como personas, como trabajadoras y trabajadores, como seres libres, como habitantes de un planeta en riesgo de ser destruido.

Setenta y un años después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la ONU ha llegado la hora de que los discursos se conviertan en hechos. Ha llegado el momento de decir alto y claro que el sistema económico y las políticas neoliberales están provocando una división mundial sin precedentes. Un mundo en el que el uno por ciento de los seres humanos se queda con el 82 por ciento de la renta mundial de todos y todas. Donde el hambre, la destrucción de nuestro planeta, la desaparición de nuestra diversidad cultural, la miseria, la violencia sobre las mujeres, la represión y el crimen son la norma.

Solo la democracia, en su máxima expresión, podrá devolver los derechos humanos a la humanidad, poniendo en el centro de la economía y de la sociedad la vida de las personas y la soberanía de los pueblos.

Por MANU PINEDA

EURODIPUTADO DE IZQUIERDA UNIDA POR UNIDAS PODEMOS

10/12/2019

Publicado enSociedad
Trump despoja de su petróleo a Siria, donde la OPCW falsifica para favorecer a EU/Israel

La retirada de EU en Siria –que permitió la invasión turca para someter a los kurdos sirios vendidos por Washington– fue fake, ya que, de la confesión de Trump, se redesplegó para capturar los campos petroleros, propiedad catastral del gobierno de Damasco.

En la cumbre de la OTAN –que padece muerte cerebral, según Macron–, Trump confesó que ahora EU tiene el control total sobre el petróleo que pretendía el Estado Islámico (EI) en Siria y queremos hacer con él lo que queramos (https://bit.ly/382WNYC). ¡Uf!

El ministerio de Defensa ruso fue muy severo sobre el “ banditismo estatal a escala internacional” de EU en Siria cuando nunca los yacimientos de petróleo pertenecieron a los terroristas del EI (https://bit.ly/369G8kH).

Para su bandidaje Donald Trump esgrime que sirve para cubrir sus gastos en la guerra civil siria, donde, junto a Francia y Gran Bretaña, armaron a los yihadistas del EI.

Amén del petróleo, el redespliegue de EU en Siria y su consolidación en Irak –hoy presa de la destrucción de los Bush y de la revuelta de sus millennials por hambruna posguerra– sirve dos propósitos: 1. Impedir la conectividad del creciente chiíta de estos dos países árabes con Irán; y 2. Bloquear parte de la Ruta de la Seda terrestre de China que va de Asia Central hasta Irán.

Después de la salvación del gobierno de Bashar al Asad por la intervención del ejército ruso, especialmente en la parte funcional de Siria –Léase: su costa en el mar Mediterráneo y su línea vertical urbana/cuatripartita de Alepo/Hama/Homs/Damasco–, quedó expuesta toda la fallida planificación cleptomaníaca de EU desde el binomio Obama/Hillary hasta Trump, para usar cualquier pretexto y plasmar su política deliberadamente nihilista en la región.

A finales de 2013, el binomio Putin/ Medvedev impidió la invasión de Obama a Siria gracias a un acuerdo salvador in extremis sobre la destrucción del arsenal de armas químicas (catalogadas como las armas atómicas de los pobres frente a las armas nucleares de las superpotencias) de Siria que luego ingresó a la hoy mancillada Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW, por sus siglas en inglés) –convención que no firma Israel, lo cual le permiten en forma asimétrica EU/GB/Francia.

Siria se adhirió al tratado después de su desarme químico por arreglo de EU y Rusia, con el fin de que Washington no destruyese a Siria.

El supuesto uso de armas químicas clandestinas por el gobierno sirio, en contra de los rebeldes yihadistas del EI en el barrio Duma de Damasco, le valió el único ataque que ha realizado Trump hasta ahora.

La panoplia de propaganda bien lubricada de EU/GB/Francia/Israel, en ese entonces, se fue a la yugular del gobierno sirio por su infanticidio masivo mediante su uso de las prohibidas armas químicas: ¡Un genuino acto barbárico en contra de la pacifista civilización occidental!

Ahora resulta que la espuria OPCW, con sede en La Haya –galardonada con el Premio Nobel de La Paz (sic) en 2013 por su noble labor de desmantelamiento de las armas químicas–, resultó, en el caso del barrio Duma en las afueras de Damasco, una vulgar falsificadora de reportes cocinados para beneficiar a EU/GB/Francia/Israel, como han demostrado el consagrado investigador Jonathan Steele (https://bit.ly/2OJ4hIP) y Peter Hitchens (https://dailym.ai/2Lh5Yew).

Los británicos Steele y Hitchens exponen la mendacidad flagrante de la OPCW que inventó el supuesto ataque con gases tóxicos por Asad para justificar los ataques misilísticos de EU y GB contra Siria.

Cada vez que los yihadistas eran desalojados aparecía mágicamente un falso reporte salvador con la ayuda de los montajes hollywoodenses de los vilipendiados cascos blancos.

Nada nuevo: los Bush también inventaron armas de destrucción masiva en Irak, que nunca existieron, para aniquilarlo.

El petróleo desde Irak hasta Siria vale bien la pena para las mendacidades de Occidente, donde un país es culpable hasta que NUNCA pueda demostrar su inalcanzable inocencia. Ante el petróleo no hay inocencia que valga.

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La activista sueca Greta Thunberg, antes de su intervención la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. EFE/Justin Lane

 Cuentan que, en la Europa medieval, un chaval de 10 años llamado Nicholas se presentó como enviado de Dios, reclutando a decenas de miles de niños con el fin de conquistar Palestina, la Tierra Santa. Ninguno llegó, obviamente: murieron de hambre, de enfermedades o fueron traficados por los adultos. Los “yihadistas” también reclutan a los niños, no solo como su carne de cañón o para limpiar campos de minas antes de que crucen los adultos, sino para avergonzar a los hombres que se niegan a ir a matar a otros.

Hoy, en la era de la globalización, una tropa universal de menores, dirigida por Greta, la adolescente de cara angelical, con su tono de predicador y con la seguridad que da el estar respaldada por una fuerza sobrenatural que deja mudos a los poderosos mandatarios adultos del mundo, nos transmite el sagrado mensaje del IPCC, el alias de la nueva divinidad llamada Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. El Fin del Mundo ya tiene fecha: será dentro de 11 años (y unos meses) si la humanidad incrédula no sigue sus instrucciones.

En la misión de la nueva superheroína, cuya carrera meteórica la ha convertido en la rival del mismísimo Trump para recibir el Nobel de la Paz (premio que es una inversión en alguien para que juegue un papel en el futuro; Donald ya es pasado), se destacan dos  cuestiones: 1) el fenómeno de la “Generación Z”, y 2) los intereses que ella o Jamie Margolin, su colega estadounidense, representan.

 

La Generación Z

Ser joven, rico y guapo es una virtud en la sociedad capitalista. En la mente de Greta, “los mayores”, que son parte del problema del calentamiento global, no pueden ofrecer soluciones. Pero, ¿cómo unos niños que ni han terminado la escuela y no son investigadores de nada se atreven a dar lecciones al mundo adulto y menospreciar el conocimiento y la sabiduría (que sólo se consigue a golpe de años) de millones de expertos en la lucha de clases, del feminismo, de la sociología de la pobreza, o del complejo funcionamiento del poder? Si ella hubiera oído algo sobre la primera científica que habló del «efecto invernadero», la feminista y mayor Eunice Foote (1819-1888, EEUU), por ejemplo, hubiera elaborado un discurso algo humilde, además de coherente y lógico.

Los “niños digitales” o la “Generación Z” , nombre dado en EEUU a los nacidos entre 1995 y la década de los 2000, y cuya característica es el uso de la tecnología e internet, se han convertido en actores sociales por: a) ser el 40% de los consumidores en las potencias mundiales y el 10% en el resto del mundo, estando en el centro de las políticas de mercado de las empresas; b) ser una generación programada no para pensar sino para consumir y “seguir a” alguien, y c) por la influencia que tienen en el gasto familiar, debido a su conocimiento digital, que además les da un estatus de poder.

Ella se equivoca al afirmar que el cambio climático es el principal problema de la humanidad: ¡se trata solo de una de las consecuencias de un sistema económico-político llamado capitalismo que hoy y ahora ha convertido en un infierno la vida de la mitad de los habitantes de la Tierra, que padece pobreza, que muere en las guerras de rapiña, o en las minas de diamantes y coltán! Mienten las encuestas en EEUU cuando indican que el cambio climático ya es la principal preocupación de los ciudadanos: ¿que un país donde 45 millones de personas viven en el umbral de la pobreza, sufre un profundo racismo contra la población no blanca y una violencia social que es única entre los países occidentales, donde medio millón de sus mujeres son víctimas de agresiones sexuales y rapto, pierde el sueño por el deshielo del Ártico? ¿En serio?

Condenar el consumismo sin situarlo en el lugar y el tiempo es populismo: un estadounidense medio gasta casi 2.000 veces más agua que un residente en Senegal.

Thunberg reprocha a los políticos que la contaminación “le ha robado la infancia”, no sabemos cómo, pero su movimiento elitista no habla de cientos de millones de niños y niñas a quienes les roba la infancia el ser explotados en los talleres oscuros y húmedos, recibiendo a cambio un solo plato de comida al día; por ser víctimas de las guerras de rapiña y sus consecuencias más brutales; ser traficados por la megaindustria de pornografía en un capitalismo que lo convierte todo incluido a los fetos y niños en una mercancía. 

 

Las “soluciones” de la pequeña Greta

Ya tenemos todos los hechos y soluciones –afirma la joven– y todo lo que tenemos que hacer es despertar y cambiar».

Los defensores de Greta pueden desmontar los argumentos de la derecha negacionista, pero no son capaces de responder las preguntas del ecologismo progresista.

Los niños como ella desconocen que el capitalismo depende del crecimiento, y este se consigue reduciendo los gastos, explotando más y más a los seres humanos y a la naturaleza y destruyendo a ambos, aumentando los beneficios. Tampoco saben que la acumulación de capital es el núcleo del sistema que pretenden reformar, y que las compañías privadas para crecer, e incluso para existir, deben apartar y/o devorar a sus competidores gastando cada vez más los recursos públicos. Un sistema que ha feminizado la pobreza o que fuerza a millones de personas huir de sus tierras, porque unas compañías o estados quieren robar sus recursos, genera graves desequilibrios ambientales. Es imposible salvar la Tierra sin reducir la pobreza y luchar contra la desigualdad, sin el empoderamiento de las mujeres, la protección de los derechos de los animales, o sin impedir que el Sur Global se convierta en el basurero tecnológico de los ricos caprichosos, esos jóvenes que cambian de móvil como de camisa, sin preguntarse de dónde viene su batería, y a dónde va el aparato que aún no está obsoleto.

Obviamente, ningún movimiento de esta envergadura llamado “Nuevo Poder” es espontáneo, ni hay nada nuevo en esta otro peligroso movimiento de masas.

 

¿A quiénes beneficia?

  • Al “imperialismo climático”: la «Cuarta revolución industrial» del complejo industrial busca un New Deal Verde. Y lo busca a través del Instituto de Gobernanza de los Recursos Naturales que pretende sacar 100.000 millones de dólares de las arcas públicas de todos los países del mundo para salvar el capitalismo tiñéndolo de verde. Y tiene mucha prisa, de ahí la “emergencia”: presiona para desregular el sectorconseguir la autorización para explotar aún más los recursos naturales, y la financiarización- privatización más grande de la naturaleza jamás realizada, y así poder atraer a los inversores con fines especulativos. Y están apropiándose de más tierras arboladas y el agua de todos los continentes produciendo biomasa para energía, destrozando las selvas y la biodiversidad de aquellos espacios. Ganarían con el endeudamiento de los países pobres, que se verán obligados a comprar la biotecnología verde (coches eléctricos, turbinas eólicas, etc.).
  • A la industria nuclear: Greta desea “alinear Suecia con el Acuerdo de París”,  cuando este acuerdo otorga a la energía nuclear el papel de “mitigar el cambio climático”, y así reducir el “CO2 a gran escala».
  • Al Instituto Global de Captura y Almacenamiento de Carbono(IGCAC), que impulsa biotecnología para lanzar «emisiones negativas», operación para la cual consumirá una ingente cantidad de combustible fósil. Tiene preparado unos 3.800 proyectos que permitirán a la industria petrolífera, por ejemplo, seguir esparciendo carbono por la atmósfera. La energía fósil es tan rentable para sus empresarios que para obtenerla han matado a millones de personas, han destrozado la vida animal, arrasando bosques, contaminando aguas. Según el ambientalista Ernest McKibben «Un barril de petróleo, actualmente de unos 70 dólares, proporciona la energía equivalente a unas 23.000 horas de trabajo humano«. La justicia climática es incompatible con un capitalismo que está basado en el ánimo de lucro y a cualquier precio.
  • A las megafundaciones de apariencia filantrópica, corporaciones que controlaron los negocios de energía, y políticos hipócritas. El Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, un entusiasta de la joven sueca, cuyo gobierno compró con el dinero público el oleoducto Trans Mountain por 45.000 millones de dólares, los gobiernos europeos que siguen vendiendo ilegalmente armas a los países en guerra, Google que sigue invirtiendo en las compañías que niegan el cambio climático, o la industria de los combustibles fósiles, que dedica sólo el 1% de sus inversiones a energía baja en carbono, pero depositan 50.000 millones de dólares en nuevos proyectos de exploración de petróleo y gas. El objetivo de MacArthur Fundation (2010) es, por ejemplo, “acelerar la transición a la economía circular”. Además de donar diez millones de dólares a Climate Nexus, es la que dirigió, junto con otros lobbies del capitalismo verde (Avaaz, 350.org, Extinction Rebellion, etc.) la Marcha Popular del Clima del 21 de septiembre de 2014. Otras empresas como Ikea, el promotor de “compra, tira y vuelve a comprar«, que ha convertido sus tiendas en el lugar del paseo de las familias, o Avaaz, la red dirigida a cambiar mente y corazones en todo el mundo, o Johnson & Johnson -que ha tenido que pagar mil millones de dólares a veintidós mujeres por el cáncer de ovarios que causaron sus productos, ganan dinero y prestigio.
  • A la “Oenegeización” de la militancia política de los jóvenes, neutralizando los movimientos ecologistas auténticos, y sustituyendo la conciencia de clase por un “asunto gris de masas” ajeno a la causa común de la humanidad.
  • Al complejo industrial-militargracias a la omisión de este movimiento que borra el  factor guerra de las Marchas Verdes, ni menciona las cerca de 18.000 bombas nucleares que amenazan la vida en el planeta, ni el hecho de que Donald Trump tras romper los dos históricos acuerdos nucleares con Irán y Rusia no solo ha sugerido al Pentágono aumentar hasta diez veces el arsenal nuclear, sino que ha insinuado el uso de estas bombas contra Irán y Afganistán.

Estas personas pretenden cambiarlo todo, para que todo siga igual: Malala Yousafzai, la muchacha paquistaní, recogió el Nobel de la Paz en 2014, después de haber recibido varios disparos de los Taliban (grupo anticomunista armado por la CIA) cuando tenía catorce años por defender la alfabetización de las niñas en su país Pakistán. Hoy, su país sigue siendo uno de los peores del mundo en esta materia.

 

¿Cómo se salva el planeta, de verdad?

Cuando Marx llamó la «Ruptura metabólica» a la desconexión entre la humanidad y el resto de la naturaleza generada por la producción capitalista, y la “ruptura irreparable en el proceso interdependiente del metabolismo social”, estaba señalando que la destrucción de la naturaleza es inherente al capitalismo.

Sólo un sistema de producción dirigida a satisfacer las necesidades humanas, siempre en su vinculación con los derechos del resto de la naturaleza, que no a las ganancias de unos cuantos, puede impedir el apocalipsis. Y esto se consigue con la propiedad pública sobre la tierra, la industria, los grandes bancos, corporaciones, y servicios y un control democrático sobre el poder, que en vez de promocionar coches eléctricos particulares, por ejemplo, proporcione el transporte público gratuito, el uso de la energía solar y eólica, entre otras medidas.

La justicia climática es anticapitalista o no lo es.

 

3 DICIEMBRE 2019

Publicado enMedio Ambiente
Martes, 03 Diciembre 2019 06:23

La dictadura perfecta

La dictadura perfecta

Vargas Llosa, súbdito de Felipe VI de España, dijo el viernes que ve mal la administración de AMLO. Teme por un México de “regreso a la dictadura perfecta”. El súbdito de un rey que vino a Cuba a hablar de ¡democracia! ha vuelto a proferir una de sus gansadas perfectas y, como era de esperarse, ha sido imitado nuevamente por los replicantes mexicanos: los persistentes defensores del régimen neoliberal en retiro. No es extraño que Vargas Llosa sea un neoliberal: ha sido un alto beneficiario de ese régimen, abrazó tempranamente la ideología de ese sistema de expoliación y ha sido profundamente construido por ella.

Los historiadores probablemente registrarán al discurso neoliberal como uno vuelto sentido común en tiempo récord. No parece haber otro caso en la historia humana: en muy pocos años penetró la mente de mayorías sociales con un discurso con el cual se proclamaba la “libertad individual” como régimen social, mientras se construía en los hechos un sistema de expoliación.

El abuso en el uso del término neoliberal no debiera perder de vista el hecho contundente apuntado. En el marco del capitalismo, lo contrario del régimen neoliberal es el Estado de bienestar. Ambos son creaciones humanas: propuestas de organización del Estado y la sociedad. Pero el discurso neoliberal, sin engañarse a sí mismo, engaña: cree que el suyo es un orden natural, el de la “libertad individual”, y que todo lo que se oponga a ese orden debe ser rechazado y combatido. Para el neoliberalismo la intervención del Estado en la economía –especialmente en la economía– es contra natura por antonomasia; más precisamente expresado, la intervención del Estado en la acción libre de los individuos en el mercado debe ser rechazada categóricamente por todos. Todos tenemos unas cualificaciones que debemos vender en el mercado, nos dicen. Si obtenemos poco es porque pocas son nuestras cualificaciones y talentos: auméntelos para venderse mejor. Y los neoliberales se ufanan: reclamamos para todos esa libertad; de modo natural libres nacimos todos y toda fuerza opuesta a esa libertad es opresión, autocracia, dictadura, autoritarismo, que deben ser resistidos, combatidos, controlados.

Libre mercado = orden natural autónomo = pilar organizativo de la sociedad. Esta es la patraña sobre la que se construye el discurso neoliberal. En mis tiempos de estudiante el libre mercado era sólo un supuesto simplificador para empezar a conocer los sencillos principios de funcionamiento de un mercado de productos en la asignatura de microeconomía neoclásica (una asignatura entre 30 o 40), donde un (inexistente) homo œconomicus (otro supuesto simplificador) se guiaba por la competencia, la información perfecta y el comportamiento racional orientado por la utilidad marginal de un producto cualquiera.

El mercado libre neoliberal es producto de unas ideas, unas prácticas, unas reglas, unas instituciones, unas leyes: un producto humano absolutamente, no un resultado de la naturaleza: ¿hay alguna duda? Este orden social produjo un ínfimo grupo de ganadores y un mar de perdedores, en proporciones nunca vistas en la historia humana. Cuando el neoliberalismo fue instituido en los años 1980, el punto de partida fue un estado de desigualdad escalofriante. El resultado del libre mercado fue a peor: la economía del 1%.

El ideal utópico del libre mercado soñado por los neoliberales se derrumba porque produjo el estado distópico de la realidad efectiva del presente, hoy enfrentada por grandes oleadas de disconformes que protestan en el mundo. La posverdad del neoliberalismo va reduciendo su poder de discurso imbatible. En Chile ha sido puesto en el banquillo con una demanda más clara que en ninguna otra parte: un nuevo pacto social: otra creaciación humana, esta vez humana en el mejor sentido de la palabra.

Desde que Adam Smith imaginó la economía como una esfera autónoma dirigida por una “mano invisible”, existía el riesgo de que el mercado se convirtiera no sólo en una parte de la sociedad, sino en la sociedad misma. Especialmente a partir de los años 1980 la idea Friedrich Hayek –que vivió hipnotizado por el sistema de precios– se hizo realidad: el Estado sólo tendría como función mantener libre al mercado (y mantener a raya a los disidentes). El aterrador mundo de hoy es el resultado de ese éxito. En términos históricos eso se acabó: el dominio ideológico del neoliberalismo está volviéndose añicos. A escala humana veremos a muchos estados cometer, en nombre de la “libertad individual”, horrores sin cuento.

La economía tiene que ser una técnica, como creía Keynes, para alcanzar fines sociales deseables, que son siempre resultado de una deliberación pública, política, democrática, que ha de tener lugar justamente fuera del mercado. Una deliberación que produzca un Estado de bienestar social. La dictadura perfecta del mercado libre anhelada por los neoliberales, sólo produce monstruos o insensibles súbditos del dogma neoliberal, como Vargas Llosa.

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El ex presidente de Francia Nicolas Sarkozy, en imagen de 2007.Foto Ap

Después de la extrema unción de Emmanuel Macron –ex empleado de la esclavista Banca Rothschild– sobre el “fin de la hegemonía de Occidente (bit.ly/2L6xVpb)” y “la muerte cerebral de la OTAN (bit.ly/2OWK4y3)”, toca el turno al alicaído neogaullista Nicolas Sarkozy, quien decretó que “Occidente y Europa no son más los ejes del mundo (bit.ly/2R0OruF)”.

La consubstancial corrupción de Sarkozy no le obnubiló su lucidez. Occidente ( what ever that means) y Europa han sido rebasados por la resurrección de Rusia y la parusía de dos civilizaciones milenarias: China e India.

Sarkozy se equivoca al sentenciar que la crisis de los partidos Conservadores (sic) Liberales refleja la crisis de Occidente. No hay tal: da igual la pertenencia de cualquier partido en el amplio espectro permitido en los sistemas electorales de Occidente cuando los laboristas y/o socialistas, tipo travesti como Tony Blair, perdieron también su alma en el trayecto neoliberal global que fue el que periclitó cuando hoy los partidos, sean de cualquier bandera, cesaron de representar las aspiraciones y las voluntades de los ciudadanos, en particular, de los millennials que se han rebelado y revelado en los cuatro rincones del planeta (bit.ly/2qOFPg8) y que hoy carecen de futuro (bit.ly/34yZ9MF).

En Latinoamérica, la revuelta de los millennials va primordialmente contra el "Índice Gini" de la insoportable desigualdad del neoliberalismo global en su esencia antidemocrático por servir exclusivamente los intereses rapaces de la plutocracia.

Sarkozy no aporta nada nuevo cuando reconoce que Occidente y Europa –hoy diametralmente opuestos en la fase del trumpismo y del Brexit, como muy bien diagnosticó con ma-yor profundidad Macron– "no representan más el eje del mundo", por lo que "existen razones demográficas (sic) para ello": el "eje del mundo pasó de Occidente y hoy giró al Este.De 7 mil millones que habitan el planeta, 4 mil millones viven en Asia".

Hasta cierto punto, ya que Rusia con una demografía declinante –a cuya extinción poblacional apostó Estados Unidos, sin una guerra de por medio– mediante su mística y espíritu –palabras abolidas por el ultramaterialismo neoliberal–, que subsume "La Cuarta Teoría Política ( amzn.to/34AaufJ) " de Alexander Dugin (ideólogo del zar Vlady Putin), resucitaron a Moscú del cementerio geoestratégico donde la arrumbaron Gorbachov y Yeltsin.

Sarkozy aduce correctamente que es difícil que exista "una sola Europa con 27 países" cuando hay "cuatro Europas: la de Schengen, la del Euro, la de la Defensa y la de la Unión", lo cual es cierto a nivel jerárquico/estratégico cuando también existe una distinta visión regionalizada de otras cuatro Europas, a mi juicio: “norte, sur, central y oriental, con diferentes velocidades y dispersas en su múltiples instituciones y en la zona Euro de países de primera y segunda clase (bit.ly/33BgmUy)”.

Sarkozy comenta en forma polémica que "bajo la presión de las redes sociales (sic) lo que está de moda es la horizontalidad. Pero yo sólo creo en la verticalidad: un líder, un equipo, una visión, una ambición. En nuestras sociedades de hoy el liderazgo se ha vuelto ilegítimo (sic), el mundo se mueve a gran velocidad y los líderes, para actuar, tienen que esperar a tener la opinión de hasta la última asociación. La democracia no es eso". La democracia de Sarkozy es anacrónica y no tiene nada que ver con la topografía de la "nueva democracia del siglo XXI", que conjuga horizontalidad con verticalidad, en un esquema holístico envolvente donde participan las redes sociales como nuevas correas de transmisión de la comunicación hightech e incorporan a los millennials y a las poblaciones rurales despreciadas por los rascacielos urbanos/suburbanos.

Los errores epistemológicos y filosóficos de su caquistocracia y la ausencia de sabios y pensadores –sustituidos por analistas bursátiles/econometristas e ignorantes comunicadores de pacotilla a sueldo de sus mendaces multimedia– aniquilaron la pluralidad cerebral de un Occidente que se suicidó.

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