Estados Unidos: coronacapitalismo y su inminente colapso

La riqueza privada siempre ha prevalecido sobre la salud pública en el manual de instrucciones capitalista. Aun así la enormidad de la crisis y el potencial explosivo de transformación que ésta encierra están cambiando las reglas y puntos de vista sobre el bien común.

 

En su rápido y despiadado auge desde su primera etapa basada en el laissez faire, el capitalismo parece haber llegado de manera inadvertida a su último adiós con la pandemia del covid-19. El coronacapitalismo es portador de enfermedades sociales crónicas, acumuladas en muchas décadas de explotación brutal, pero también ha contraído una nueva enfermedad fatal que no se había experimentado o esperado con anterioridad. Más de 22 millones de estadounidenses se encuentran ahora súbitamente desempleados, y las hinchadas filas de los desempleados, aquí y fuera, crecen cada día que pasa debido a la pandemia.

Este desempleo de masas impuesto está chupando progresivamente el fluido vital, la plusvalía, del capital en general y amenaza con colapsar todo el castillo de naipes levantado por la maximización del beneficio privado. Sin que el trabajo pueda crear más riqueza a través de su productividad en aumento en el lugar de trabajo que la necesitada para su propia supervivencia, hay beneficios en caída o nulos para la mayoría de propietarios privados e inversores corporativos. De ahí las actuales prisas por “abrir América” a pesar de los enormes riesgos para la salud pública. La riqueza privada siempre ha prevalecido sobre la salud pública en el manual de instrucciones capitalista. Aun así la enormidad de la crisis y el potencial explosivo de transformación que ésta encierra están cambiando las reglas y puntos de vista sobre el bien común. La caída del capitalismo, al menos tal y como lo conocemos, está en el horizonte.

La base material para un cambio cualitativo tan deseado se ha estado desarrollando desde hace décadas de decadencia y desesperación; la pandemia tan solo ha acelerado en gran medida y ha expuesto de manera espantosa la depravación y la fragilidad que afrontamos. Si había alguna red de seguridad, la inhumana concentración de riqueza y las políticas misántropas no han hecho más que disolverla. Después de unos 50 años de constante aumento de la desigualdad, los 400 norteamericanos más ricos ahora poseen más riqueza que los 150 millones más pobres de entre nosotros; el 22% de la riqueza generada por el trabajo en EE UU termina en la cartera de la décima parte del 1% más rico, mientras casi el 60% de los hogares norteamericanos carecen de suficientes ahorros como para pagar una factura médica de 1.000 dólares por una emergencia o una reparación del coche. Esas concentraciones obscenas de riqueza y evidentes brechas de desigualdad no se habían vivido desde 1928, justo antes de la Gran Depresión. Y aun así la marcha hacia el abismo continúa.

Las políticas públicas en favor de los ricos, junto con la ideología de darwinismo social que condena a los pobres, alimentan esta desigualdad. Para cualquiera al tanto de las dinámicas de la economía política, está claro que el Estado es un órgano de la clase dirigente, pero no fue hasta el advenimiento del régimen de Trump y la pandemia del coronavirus que este órgano se reveló como su recto. Las políticas públicas predominantes de este régimen misántropo apestan a distancia. El recorte de todos los fondos dirigidos a la Organización Mundial de la Salud (OMS) socava directamente los esfuerzos mundiales para contener y superar la pandemia. Mientras aumenta la venta de armas en EE UU, Trump llamó de manera implícita a una insurrección armada para “liberar” a determinados estados de sus medidas de contención de la pandemia.

Con el recorte legal de la tasa impositiva a las empresas del 35 al 21% en 2017 impulsada por el régimen de Trump, la Hacienda norteamericana dejó de ingresar cerca de 1 billón de dólares, que se añadieron a la cartera de valores corporativos con el objetivo de dedicarlas a lucrativas operaciones de compraventa de acciones. El gargantuesco regalo para los súper ricos norteamericanos en 2020, que lleva el nombre de ley CARES, exaspera en gran medida el robo legal de fondos públicos. Unos 500.000 millones de dólares en así llamados préstamos han sido entregados directamente a las mayores empresas de EE UU sin una supervisión ni rendición de cuentas significativa.

Debido a manejos fiscales, otros 1,2 millones de dólares han sido entregados de media a unos 43.000 millonarios, mientras los estadounidenses en dificultades pueden recibir un ingreso extraordinario de 1.200 dólares. Hay pocas dudas de que el régimen de Trump dirigirá una buena parte de esta generosidad a sus entusiastas simpatizantes y leales socios de negocios. El capitalismo de amiguetes no es nada nuevo para Trump, especialmente cuando en lo referido a su medicamento favorito para combatir el Covid-19: la hydroxychloroquina.

Conflicto de interés

Varias empresas farmacéuticas propiedad de partidarios de Trump están dando por hecho que la agencia sanitaria (Food and Drug Administration, FDA) les va a otorgar un trato de favor en sus esfuerzos de producir en masa esta sustancia no autorizada y potencialmente peligrosa. Sanofi, la empresa francesa que produce la HCQ bajo la marca Plaquenli, también ha atraído a estos partidarios, incluidos tres miembros de la familia Trump que poseen parte de sus acciones, así como al millonario y acérrimo aliado de Trump Ken Fischer, el principal accionista de Sanofi. El secretario de Comercio de Trump, Wilbur Ross, también tiene acciones de Sanofi. Si llega la autorización de la FDA, todos están a la espera de estos beneficios caídos del cielo.

Como principal portavoz y camello de la HCQ, Trump muestra su desdén por las advertencias científicas y su irracional lealtad a las prácticas de darwinismo social. Bajo su mandato la dirección de Prisiones compró pastillas de HCQ por valor de 60.000 dólares, sin duda dirigidas a uso experimental entre determinados reclusos de las prisiones federales. De manera similar, su búsqueda alocada de una solución milagrosa para la pandemia ha influido muy probablemente la decisión del gobierno indio de establecer posibles pruebas de la sustancia, como profilaxis, entre miles de habitantes de las villas miseria de Mumbai afectados por la pobreza. De nuevo, humanos vulnerables van a ser usados como conejillos de indias.

Mientras que trapichear con sustancias no testadas es una prioridad para este régimen, no lo es el impulso a políticas conocidas que puedan contrarrestar la inseguridad alimentaria y económica en rápido crecimiento. La New Poor People's Campaign estima que 140 millones de estadounidenses son pobres, un sorprendente 52% de niños estadounidenses son empobrecidos o de bajos ingresos, la mitad de los inquilinos gasta un tercio de sus modestos ingresos en la vivienda, y unos 49 millones de familias soporta una deuda colectiva de 1,5 billones de dólares en préstamos estudiantiles. Y aún así no se hace nada para aliviar ninguno de estos urgentes problemas sociales.

Incluso antes de la pandemia, unos 27 millones de estadounidenses carecían de seguro sanitario, cerca del 66% de los impagos de los hogares se debían a la incapacidad de pagar facturas médicas, y solo en 2018 cerca de 250.000 campañas médicas de la plataforma GoFundMe fueron lanzadas por familias en apuros. En las últimas dos semanas de marzo, 3,5 millones de estadounidenses perdieron la cobertura sanitaria dependiente de su contrato de trabajo y millones más no tenían permisos familiares ni bajas por enfermedad retribuidas.

Ningún otro país en lucha contra la pandemia se enfrenta a estos retos adicionales para la supervivencia. El hambre comienza a asomar su fea cabeza en EE UU como nunca lo había hecho en tiempos modernos; 11 millones de niños viven en hogares con alimentación precaria, Feeding America, una organización nacional de 200 bancos de alimentos, estima que unos 17 millones de estadounidenses pueden pasar hambre pronto. Y aún así el régimen de Trump propone recortes en las cartillas de alimentación y en el Programa Suplementario de Asistencia Nutricional (SNAP, por sus siglas en inglés). La mentalidad tipo “que coman pasteles” ha arraigado y se cobra su peaje.

Mientras los animales salvajes deambulan cada vez más por algunas calles desiertas y se amontonan las kilométricas filas de coches para conseguir alimentos, hay quienes no solo han escapado del mortífero impacto de la pandemia, sino que durante ella han incrementado en gran medida su riqueza. Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo con una riqueza neta de 138.000 millones de dólares, ganó recientemente otros 24.000 millones extraídos de la plusvalía generada por los expuestos trabajadores de Amazon.

Varios otros milmillonarios estadounidenses (Mark Zuckerberg, Warren Buffett, Elton Musk, Larry Ellison, Larry Page, Bill Gates) vieron su enorme riqueza crecer 20.000 millones en total a comienzos de abril. En el mismo periodo, cerca de cinco millones de trabajadores norteamericanos solicitaron seguro de desempleo, la mayoría de ellos mientras perdía la cobertura sanitaria asociada a sus contratos. Millones de norteamericanos que antes vivían pendientes de las ayudas ahora sobreviven día a día. Muchos no lo han logrado. A mediados de abril cerca de 34.000 norteamericanos han muerto de covid-19 (la cifra superaba los 100.000 a finales de mayo). Las víctimas mortales en todo el mundo se proyectan por millones para este verano, y la tasa de desempleo en EE UU puede llegar a un 30% sin precedentes. Una atrocidad sin precedentes requiere de una respuesta sin precedentes.

Si los milmillonarios y el sistema que los produce han perdido alguna vez su razón de ser es ahora. Hay que distribuir la riqueza. Fomentar la sanidad pública. Acabar con la pesadilla. Dona Nobis Pacem (Danos la paz)

 

1 jun 2020 06:51

counterpunch

Werner Lange es profesor de sociología retirado y veterano activista pacifista. Artículo original: Corona Capitalism and its Coming Collapse Traducido para El Salto por Eduardo Pérez.

Publicado enInternacional
Sábado, 30 Mayo 2020 11:03

La crisis apenas comienza

https://www.flickr.com/photos/prachatai/

Una de las expresiones más claras de la crisis asociada al covid-19 es la agudización del proceso de pérdida de empleos. Esta es la manifestación más evidente de una crisis profunda de la economía colombiana.

Como se observa en la figura 1, durante los últimos 20 años el máximo nivel de ocupación se presentó en el 2018 con 23 millones de personas. A partir de entonces el empleo ha tendido hacia la baja.

 

 

Antes del coronavirus la ocupación se estaba reduciendo porque ya se sentía el impacto de la caída del precio del petróleo. El fin de la bonanza afectó de manera negativa la actividad económica porque el país cometió el error de depender, de manera excesiva, de los productos primarios. Durante los años de altos precios de los hidrocarburos, en lugar de superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, las importaciones aumentaron más que las exportaciones, y se debilitó la industria y la agricultura doméstica El país se convirtió en un gigantesco sanandresito.

Este panorama ha empeorado con la pandemia, y el empleo se redujo de manera significativa en marzo, cuando la ocupación llegó a 20,5 millones. Solamente entre febrero y marzo de este año se perdieron 1,5 millones de empleos. La situación hoy es más difícil porque en el momento en el que se realizó la última Encuesta de Hogares, aún no se sentía todo el peso de la pandemia y del aislamiento. No hay duda, el empleo continuará disminuyendo.

Algunos sectores económicos han sido especialmente perjudicados, como el turismo, el transporte, el comercio, los restaurantes, las ventas ambulantes… Y se han afectado, en especial, las pequeñas y medianas empresas. Las actividades informales han recibido un golpe muy duro. Además, la llamada clase media también ha sentido las consecuencias perversas de la menor actividad económica.

Y por el lado positivo, se ha puesto en evidencia la relevancia de la agricultura y, en general, de la demanda interna. A pesar de todas las dificultades, la oferta de alimentos ha sido suficiente. Este hecho muestra la importancia estratégica que tiene el sector agropecuario, y obliga a poner en práctica estrategias que lleven a la sustitución de importaciones. Es inaceptable que el país esté importando anualmente, por ejemplo, 7 millones de toneladas de maíz.

El coronavirus ha mostrado otras debilidades estructurales de la economía colombiana, como las diversas expresiones de la desigualdad. Las diferencias regionales son significativas. Y un buen ejemplo es el Amazonas. Las personas más vulnerables han sentido la enfermedad de manera especialmente intensa.

Además del desempleo y de la caída del ingreso, los pobres están más expuestos a la enfermedad. Entre otras razones, porque no pueden aislarse. Únicamente los hogares privilegiados –que tienen la posibilidad de trabajar desde la casa, o que cuentan con ingresos estables– están en capacidad de guardar las condiciones estrictas de la cuarentena. La mayoría de las familias tienen que salir a la calle para poder conseguir un ingreso mínimo.

Las consecuencias

La disminución del empleo tiene como causa inmediata el aislamiento, y las dificultades ocasionadas por la pandemia. Pero pone en evidencia problemas estructurales de la economía nacional. En el panorama internacional no todos los desempleos son iguales. Cada uno tiene su propia naturaleza, y el del país es muy diferente al de Estados Unidos, Canadá, o Europa.

La tasa de desempleo no capta la profundidad del problema
Se considera como desempleada a la persona que durante el último mes buscó trabajo y no lo encontró. Quienes están sin trabajo, y que no trataron de emplearse el último mes son inactivos y, por consiguiente, no son desempleados.

A pesar de las dificultades que se presentan con las estadísticas, la tasa de desempleo se ha agudizado en los últimos 3 meses, y osciló alrededor del 12-13 por ciento.

El desempleo todavía no es tan alto como el que se presentó en el 2001. A comienzos del siglo la economía estaba resquebrajada por la recesión de 1999. La crisis actual todavía no ha alcanzado la profundidad de la anterior, pero todo indica que la situación se agravará, y que la recesión será de mayor intensidad. Las gráficas apenas reflejan el comienzo de la crisis.

El ingreso está cayendo y la pobreza se intensificará
El ingreso de los hogares está disminuyendo, y es muy probable que la incidencia de la pobreza se acentúe. Las estadísticas de los dos últimos años ya mostraban un ligero aumento de la pobreza en el país. Esta tendencia al alza se observaba incluso en Bogotá, ciudad caracterizada por tener niveles de pobreza relativamente bajos. La caída de la ocupación y del ingreso agravará las difíciles condiciones de vida de las personas más vulnerables.

En Colombia la línea de pobreza está alrededor de 270 mil pesos mes persona, así que una familia de 4 necesitaría un ingreso de un millón de pesos mes para superar la línea de pobreza.

Los precios de los alimentos están subiendo
Los precios de los alimentos suben por dos razones. Primera, porque el país está importando un volumen considerable. Durante los años de las bonanzas de petróleo y carbón, en lugar de consolidar el sector agropecuario se aumentaron las importaciones de alimentos básicos, que pasaron de 1 millón a 14 millones de toneladas año. Y, segundo, por la devaluación sufrida por el peso, lo que incrementa el costo de los bienes importados.

Para los trabajadores es muy perjudicial la conjunción de desempleo, caída del ingreso y aumento del precio de los alimentos.

Las alternativas

Entre las medidas implementadas resaltan:

Focalización urgente para evitar el hambre
Se deben acentuar los programas de focalización, dirigidos a la población más vulnerable. Se han hecho explícitas las limitaciones de las bases de datos. Los registros administrativos tienen problemas, que dificultan la ubicación de las personas que podrían ser beneficiarias. La información debe mejorar, y lo más adecuado sería contar con una declaración de renta universal. Todos los colombianos tendríamos que declarar renta, unos para recibir subsidios y otros para pagar impuestos.

Las transferencias actuales se deberían mantener, pero los montos tendrían que ser más altos. El Gobierno todavía insiste en la lógica de la “austeridad fiscal”, en un momento en el que ya no es posible. Los principales programas de transferencia de recursos son: Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Adulto Mayor. Y, recientemente, entre otros, Ingreso Solidario, y la devolución del IVA (ambos del nivel nacional), a nivel local, para un ejemplo, Bogotá Solidaria. Estas transferencias son muy insuficientes. Antes de la pandemia, los hogares completaban estos recursos con su trabajo, especialmente en actividades informales.

En la segunda semana de mayo se anunció un subsidio a los trabajadores del 40 por ciento del salario mínimo, que también es pequeño. En Canadá, el gobierno está reconociéndole a las empresas el 75 por ciento del valor de la nómina.

Vale la pena insistir en la conveniencia de avanzar hacia un ingreso básico universal, incondicional, y suficiente para resolver las necesidades básicas.

Medidas tributarias urgentes
Así como lo hizo Uribe para financiar la guerra, podría decretarse un impuesto de emergencia, por pagar por los más ricos. También deberían eliminarse las exenciones que aprobadas en la reforma tributaria de diciembre, que la llamaron “ley de crecimiento”.

Preparar grandes proyectos de inversión en obra pública
La reactivación tiene que estar basada en grandes proyectos de inversión pública. Y para ello se requiere que haya políticas expansivas más agresivas. El Banco de la República y el Gobierno se niegan a ampliar la emisión, y la liquidez que le han entregado a la economía ha sido a través del sistema financiero, con mecanismos que buscan proteger la ganancia de los bancos. El Estado colombiano apenas está destinando el 4 por ciento del PIB para atender las necesidades de la pandemia. En Perú es el 12 por ciento, y en Chile el 10. El Ministro de Hacienda todavía no ha entendido que la situación actual es alarmante y dramática.

Modificar la estructura de las exportaciones colombianas
El país no puede seguir dependiendo de las exportaciones de petróleo e hidrocarburos. Aún durante los años de las bonanzas, las importaciones fueron mayores a las exportaciones. Los tratados de libre comercio firmados por Colombia consolidaron una apertura “hacia adentro”. Es decir, y en contra de lo argumentado, aceleraron las importaciones, y aumentaron la dependencia externa. Es el momento de consolidar la producción agropecuaria e industrial de origen nacional.

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18 de mayo de 2020

 

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Publicado enEdición Nº268
El desempleo en Colombia se dispara hasta el 19,8% en abril

Los desempleados pasan de 2,5 millones hasta más de 4 millones en el primer mes completo de cuarentena para frenar la pandemia

 

Colombia ya siente con fuerza la dentellada económica provocada por el coronavirus. La tasa de desempleo, el tradicional talón de Aquiles de una de las economías más estables de América Latina, se disparó hasta el 19,8% en abril, el primer mes completo de la cuarentena nacional decretada por el Gobierno de Iván Duque para frenar la propagación de la covid-19. El dato divulgado este viernes por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística está en línea con las proyecciones más pesimistas y representa casi el doble con respecto a la tasa de abril de 2019.

En un mes, más de 5,3 millones personas dejaron de estar ocupadas en el país andino, la cuarta parte de los puestos de trabajo. En ese mismo periodo, los desempleados pasaron de 2,5 millones a 4,1 millones, mientras la población ocupada se ubicó en 16,5 millones de personas. Como se anticipaba, los sectores más golpeados fueron industria manufacturera, comercio, restaurantes, actividades artísticas y de entretenimiento. Si se amplía el periodo de febrero a abril, la tasa de desempleo se ubica en 14,6 %. El pasado marzo, cuando los colombianos llevaban cerca de una semana sometidos a las inéditas medidas de confinamiento, el desempleo ya había subido al 12,6%.

Colombia arrancó este año con los mejores números entre los países grandes de la región. El crecimiento de los dos primeros meses superaba el 4%, pero la incertidumbre de marzo, cuando se inició la cuarentena, bastó para frenar ese impulso y cerrar el trimestre con un crecimiento de 1,1%. Es probable que el pasado abril quede registrado como el mes de peor desempeño económico en la historia de Colombia, coinciden diversos analistas. Para este año, el Ministerio de Hacienda prevé una desaceleración en torno a -5,5%, aunque para el Fondo Monetario Internacional la caída será de -2,4%.

Después de más de dos meses del llamado “aislamiento preventivo obligatorio”, el país se apresta a pasar a una nueva fase que relaja las medidas de confinamiento a partir del lunes. El Ejecutivo ha insistido en recuperar la “vida productiva” –más no la “vida social”– mediante una reactivación económica escalonada. Desde hace varias semanas, sectores como la construcción, la manufactura y algunos comercios están autorizados a salir a las calles bajo ciertos protocolos, y a partir de junio las numerosas excepciones también cobijan las "actividades profesionales, técnicas y de servicios en general”, el comercio al por mayor y al por menor, incluido el funcionamiento de centros comerciales, así como los museos, bibliotecas y peluquerías, entre muchas otras.

Aunque exhibe con orgullo una de las economías más estables de América Latina, que solo ha acabado un año en negativo en más de medio siglo, Colombia también ha mantenido una tasa de desempleo “inaceptablemente alta”, como reconocía en noviembre el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla. El año pasado volvió a ubicarse por encima de los dos dígitos (10,5%) y el coronavirus amenaza con llevarla por encima del 20 % en 2020.

La preocupación también se asienta en el frente de la larga lucha contra la pobreza y la desigualdad. Para 2018, Colombia había reducido el porcentaje de su población por debajo de la línea de pobreza hasta el 27 %. Un reciente estudio de la Universidad de Los Andes advierte que la pandemia puede representar un retroceso de dos décadas, hasta los tiempos en que cerca de la mitad de la población se ubicaba por debajo de ese umbral.

Publicado enColombia
El gobierno de España aprobó un ingreso mínimo para paliar la pobreza en plena pandemia

El Ingreso Mínimo Vital (IMV) estará orientado a familias que se encuentran en situación o riesgo de pobreza. "Hoy nace un nuevo derecho social en España. Es un día histórico para la democracia", dijo el vicepresidente Pablo Iglesias.

 

El gobierno de España aprobó el primer Ingreso Mínimo Vital (IMV) a nivel nacional. Con esta medida pretende llegar a 850 mil hogares que integran casi 2,4 millones de personas. El mismo estará orientado a familias que se encuentran en situación o riesgo de pobreza. "Hoy nace un nuevo derecho social en España. Es un día histórico para la democracia", señaló el vicepresidente segundo Pablo Iglesias. El ingreso oscilará entre 462 y 1.015 euros al mes (500-1.200 dólares), dependiendo de la composición del hogar, que puede ser unipersonal. De acuerdo con el gobierno esta ayuda supondrá la práctica erradicación de la pobreza extrema en el país. La medida llega en medio de una crisis económica severa causada por la pandemia del coronavirus. En España hubo unos 950.000 nuevos desocupados desde el inicio del confinamiento.

 

"Justicia social y recuperación económica"

 

La medida estaba incluida en el programa de gobierno acordado entre el Partido Socialista (PSOE) y Unidas Podemos (UP). Sin embargo su aplicación se aceleró ante las consecuencias económica de la pandemia. Podrán pedir esta ayuda hogares de cualquier tamaño, también los unipersonales, siempre que la persona tenga entre 23 y 65 años y lleve al menos tres años constituido el hogar. Cuando es una pareja, el hogar debe estar formado desde hace un año. Se requiere también al menos un año ininterrumpido de residencia legal en España, excepto para las personas vulnerables en situaciones de violencia de género o explotación sexual.

El presidente de España Pedro Sánchez destacó el carácter permanente de la medida. “Ampara a quienes peor lo están pasando, combate la pobreza y contribuye a la recuperación económica de nuestro país", explicó el mandatario en su cuenta de Twitter. El gobierno informó que un 30 por ciento de los beneficiarios serán menores. Los montos fijados por el ejecutivo nacional establecen un mínimo para todo el país que las distintas comunidades autónomas podrán mejor. Su asignación dependerá de la composición, patrimonio e ingresos del hogar. Durante el primer mes de vigencia del ingreso mínimo, el gobierno actuará de oficio con la intención de llegar rápidamente a unos 100.000 hogares que cumplen con los requisitos, sin que sea necesario que lo soliciten. El coste anual para el Estado se calcula en unos 3.000 millones de euros, equivalente a un 0,24 por ciento del PIB de 2019.

Por su parte Iglesias subrayó que este ingreso viabiliza la redistribución de la riqueza. “Es absolutamente imprescindible para la recuperación económica", sostuvo el miembro de UP. Además recalcó la importancia de que esos recursos no irán a paraísos fiscales sino al consumo para dinamizar la economía del país. Actualmente están en situación de pobreza extrema unos 600.000 hogares y 1,6 millones de personas que viven con ingresos entre 245 y 362 euros al mes. "No hay libertad si no se llega a fin de mes", aseguró Iglesias. Por su parte la ministra de Trabajo Yolanda Díaz también recalcó el carácter histórico de la medida. “El propósito de este gobierno de no dejar a nadie atrás se sustancia en una prestación estructural, destinada a permanecer, y que era un compromiso con nuestro país", sostuvo Díaz. En el resto de Europa ya se aplican medidas similares por lo que España llega rezagada, aseguró Andoni Montes, analista de la Fundación Alternativas a la agencia EFE. "El IMV pone a España en un contexto de la normalidad europea", explicó Montes. Según el analista el país no poseía una política de protección social tan ambiciosa como otros de su entorno.

 

Un plan para alentar el empleo

 

Desde las entidades empresariales y la ortodoxia económica marcaron los peligros del programa social que planteó el gobierno. Entre la oposición política, el portavoz en el Senado del conservador Partido Popular Javier Maroto consideró muy grave que el gobierno pretenda usar para este ingreso los fondos de las pensiones de retiro. Por su parte el presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) Antonio Garamendi recalcó que este sistema no tiene ningún sentido si no conduce hacia lograr más empleos. "No podemos tener un país subvencionado", recalcó el representante del sector. Además pidió que el IMV se aplique de manera idónea y con la obligación de que los beneficiarios no puedan rechazar ofertas de trabajo.

Sin embargo el gobierno explicó que la asistencia será compatible con rentas salariales e incluirá incentivos al empleo. De esta forma los beneficiaros van a poder realizar en paralelo trabajos temporales o por cuenta propia sin perder el beneficio. El IMV cubrirá la diferencia entre la renta existente en cada familia y el umbral fijado para cada tipo de hogar. Este límite de patrimonio, que aumenta según el número de personas que forman el hogar, parte de 16.614 euros netos (unos 18 mil dólares) para una persona que viva sola, hasta un máximo de 43.196 euros (48 mil dólares). Sólo al sobrepasar ese monto los beneficiarios perderán la asignación. Antes de esta crisis, 4,5 millones de hogares españoles se encontraban en riesgo de exclusión social o pobreza severa. Esto suponía casi el 25 por ciento del total de la población, según un estudio del Banco de España de marzo pasado.

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Jueves, 28 Mayo 2020 09:16

La crisis apenas comienza

https://www.flickr.com/photos/prachatai/

Una de las expresiones más claras de la crisis asociada al covid-19 es la agudización del proceso de pérdida de empleos. Esta es la manifestación más evidente de una crisis profunda de la economía colombiana.

Como se observa en la figura 1, durante los últimos 20 años el máximo nivel de ocupación se presentó en el 2018 con 23 millones de personas. A partir de entonces el empleo ha tendido hacia la baja.

 

 

Antes del coronavirus la ocupación se estaba reduciendo porque ya se sentía el impacto de la caída del precio del petróleo. El fin de la bonanza afectó de manera negativa la actividad económica porque el país cometió el error de depender, de manera excesiva, de los productos primarios. Durante los años de altos precios de los hidrocarburos, en lugar de superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, las importaciones aumentaron más que las exportaciones, y se debilitó la industria y la agricultura doméstica El país se convirtió en un gigantesco sanandresito.

Este panorama ha empeorado con la pandemia, y el empleo se redujo de manera significativa en marzo, cuando la ocupación llegó a 20,5 millones. Solamente entre febrero y marzo de este año se perdieron 1,5 millones de empleos. La situación hoy es más difícil porque en el momento en el que se realizó la última Encuesta de Hogares, aún no se sentía todo el peso de la pandemia y del aislamiento. No hay duda, el empleo continuará disminuyendo.

Algunos sectores económicos han sido especialmente perjudicados, como el turismo, el transporte, el comercio, los restaurantes, las ventas ambulantes… Y se han afectado, en especial, las pequeñas y medianas empresas. Las actividades informales han recibido un golpe muy duro. Además, la llamada clase media también ha sentido las consecuencias perversas de la menor actividad económica.

Y por el lado positivo, se ha puesto en evidencia la relevancia de la agricultura y, en general, de la demanda interna. A pesar de todas las dificultades, la oferta de alimentos ha sido suficiente. Este hecho muestra la importancia estratégica que tiene el sector agropecuario, y obliga a poner en práctica estrategias que lleven a la sustitución de importaciones. Es inaceptable que el país esté importando anualmente, por ejemplo, 7 millones de toneladas de maíz.

El coronavirus ha mostrado otras debilidades estructurales de la economía colombiana, como las diversas expresiones de la desigualdad. Las diferencias regionales son significativas. Y un buen ejemplo es el Amazonas. Las personas más vulnerables han sentido la enfermedad de manera especialmente intensa.

Además del desempleo y de la caída del ingreso, los pobres están más expuestos a la enfermedad. Entre otras razones, porque no pueden aislarse. Únicamente los hogares privilegiados –que tienen la posibilidad de trabajar desde la casa, o que cuentan con ingresos estables– están en capacidad de guardar las condiciones estrictas de la cuarentena. La mayoría de las familias tienen que salir a la calle para poder conseguir un ingreso mínimo.

Las consecuencias

La disminución del empleo tiene como causa inmediata el aislamiento, y las dificultades ocasionadas por la pandemia. Pero pone en evidencia problemas estructurales de la economía nacional. En el panorama internacional no todos los desempleos son iguales. Cada uno tiene su propia naturaleza, y el del país es muy diferente al de Estados Unidos, Canadá, o Europa.

La tasa de desempleo no capta la profundidad del problema
Se considera como desempleada a la persona que durante el último mes buscó trabajo y no lo encontró. Quienes están sin trabajo, y que no trataron de emplearse el último mes son inactivos y, por consiguiente, no son desempleados.

A pesar de las dificultades que se presentan con las estadísticas, la tasa de desempleo se ha agudizado en los últimos 3 meses, y osciló alrededor del 12-13 por ciento.

El desempleo todavía no es tan alto como el que se presentó en el 2001. A comienzos del siglo la economía estaba resquebrajada por la recesión de 1999. La crisis actual todavía no ha alcanzado la profundidad de la anterior, pero todo indica que la situación se agravará, y que la recesión será de mayor intensidad. Las gráficas apenas reflejan el comienzo de la crisis.

El ingreso está cayendo y la pobreza se intensificará
El ingreso de los hogares está disminuyendo, y es muy probable que la incidencia de la pobreza se acentúe. Las estadísticas de los dos últimos años ya mostraban un ligero aumento de la pobreza en el país. Esta tendencia al alza se observaba incluso en Bogotá, ciudad caracterizada por tener niveles de pobreza relativamente bajos. La caída de la ocupación y del ingreso agravará las difíciles condiciones de vida de las personas más vulnerables.

En Colombia la línea de pobreza está alrededor de 270 mil pesos mes persona, así que una familia de 4 necesitaría un ingreso de un millón de pesos mes para superar la línea de pobreza.

Los precios de los alimentos están subiendo
Los precios de los alimentos suben por dos razones. Primera, porque el país está importando un volumen considerable. Durante los años de las bonanzas de petróleo y carbón, en lugar de consolidar el sector agropecuario se aumentaron las importaciones de alimentos básicos, que pasaron de 1 millón a 14 millones de toneladas año. Y, segundo, por la devaluación sufrida por el peso, lo que incrementa el costo de los bienes importados.

Para los trabajadores es muy perjudicial la conjunción de desempleo, caída del ingreso y aumento del precio de los alimentos.

Las alternativas

Entre las medidas implementadas resaltan:

Focalización urgente para evitar el hambre
Se deben acentuar los programas de focalización, dirigidos a la población más vulnerable. Se han hecho explícitas las limitaciones de las bases de datos. Los registros administrativos tienen problemas, que dificultan la ubicación de las personas que podrían ser beneficiarias. La información debe mejorar, y lo más adecuado sería contar con una declaración de renta universal. Todos los colombianos tendríamos que declarar renta, unos para recibir subsidios y otros para pagar impuestos.

Las transferencias actuales se deberían mantener, pero los montos tendrían que ser más altos. El Gobierno todavía insiste en la lógica de la “austeridad fiscal”, en un momento en el que ya no es posible. Los principales programas de transferencia de recursos son: Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Adulto Mayor. Y, recientemente, entre otros, Ingreso Solidario, y la devolución del IVA (ambos del nivel nacional), a nivel local, para un ejemplo, Bogotá Solidaria. Estas transferencias son muy insuficientes. Antes de la pandemia, los hogares completaban estos recursos con su trabajo, especialmente en actividades informales.

En la segunda semana de mayo se anunció un subsidio a los trabajadores del 40 por ciento del salario mínimo, que también es pequeño. En Canadá, el gobierno está reconociéndole a las empresas el 75 por ciento del valor de la nómina.

Vale la pena insistir en la conveniencia de avanzar hacia un ingreso básico universal, incondicional, y suficiente para resolver las necesidades básicas.

Medidas tributarias urgentes
Así como lo hizo Uribe para financiar la guerra, podría decretarse un impuesto de emergencia, por pagar por los más ricos. También deberían eliminarse las exenciones que aprobadas en la reforma tributaria de diciembre, que la llamaron “ley de crecimiento”.

Preparar grandes proyectos de inversión en obra pública
La reactivación tiene que estar basada en grandes proyectos de inversión pública. Y para ello se requiere que haya políticas expansivas más agresivas. El Banco de la República y el Gobierno se niegan a ampliar la emisión, y la liquidez que le han entregado a la economía ha sido a través del sistema financiero, con mecanismos que buscan proteger la ganancia de los bancos. El Estado colombiano apenas está destinando el 4 por ciento del PIB para atender las necesidades de la pandemia. En Perú es el 12 por ciento, y en Chile el 10. El Ministro de Hacienda todavía no ha entendido que la situación actual es alarmante y dramática.

Modificar la estructura de las exportaciones colombianas
El país no puede seguir dependiendo de las exportaciones de petróleo e hidrocarburos. Aún durante los años de las bonanzas, las importaciones fueron mayores a las exportaciones. Los tratados de libre comercio firmados por Colombia consolidaron una apertura “hacia adentro”. Es decir, y en contra de lo argumentado, aceleraron las importaciones, y aumentaron la dependencia externa. Es el momento de consolidar la producción agropecuaria e industrial de origen nacional.

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18 de mayo de 2020

 

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Publicado enColombia
El gobierno alemán salva a Lufthansa y se queda con un 20 por ciento de la empresa 

Estado será el principal accionista de la aerolínea  

La compañía aérea Lufthansa y el gobierno alemán acordaron un plan de salvación de 9.000 millones de euros que convertirá al Estado en el principal accionista del grupo con el 20% del capital.

 

"Antes de la pandemia del nuevo coronavirus, la compañía tenía buena salud, era rentable y tenía buenas perspectivas de futuro", dijo el ministerio de Economía alemán en un comunicado en el que anunció la mezcla de inversiones del Estado y préstamos, mientras que Lufthansa aseguró que el Estado alemán se retirará como accionista a finales de 2023.

El gobierno aprobó el plan a través del fondo de estabilidad económica del gobierno federal (WSF), creado para amortiguar las repercusiones de la pandemia del coronavirus.

El acuerdo se produce tras largas negociaciones sobre ayudas en un momento en que la compañía, como el conjunto del sector del transporte aéreo, atraviesa una crisis sin precedentes.

Según el acuerdo, el Estado adquirirá el 20% del grupo por 300 millones de euros, es decir, 2,56 euros por acción, un precio muy inferior al del mercado, que le garantizará su presencia en la compañía como accionista principal.

También inyectará 4.700 millones de euros de fondos aunque sin derecho de voto en el marco de una "participación silenciosa", sobre la que Lufthansa pagará un interés progresivo que va del 4% en 2020 y 2021 al 7,5% en 2027, señala el grupo en un comunicado.

Quedan otros 1.000 millones de fondos adicionales, con los que Berlín puede aumentar su participación hasta el 25% y una acción, lo que significa una minoría de bloqueo según el derecho alemán. La convertibilidad podría hacerse "en caso de oferta pública de compra por un tercero" para hacerla fracasar.

El Estado obtiene igualmente dos asientos en el consejo de vigilancia de Lufthansa, pero renuncia a su derecho de voto en las asambleas generales "salvo en caso de oferta de compra".

A todo ello, se suma un crédito de 3.000 millones de euros por el grupo, que no podrá pagar dividendos a sus accionistas. Para el ejercicio 2019, Lufthansa ya había suspendido el pago de dividendos para mantener su solvencia.

El WSF debe vender sus participaciones al precio del mercado para el 31 de diciembre de 2023 si el grupo ha reembolsado los fondos inyectados, precisó la compañía aérea.

Actualmente, cerca de 700 de los 760 aviones del grupo están en tierra y en abril, Lufthansa transportó a unos 3.000 pasajeros frente a 350.000 de antes de la crisis. En el primer trimestre, la pérdida de explotación se elevó a 1.200 millones de euros y debería ser peor en el segundo trimestre.

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Caravana de Mujeres Centroamericanas.

En situación de calle, bajo el sol en la ruta, abandonados o detenidos en las cárceles de frontera. El covid-19 expulsa a miles de migrantes latinoamericanos que, sin trabajo ni vivienda, emprenden distintas travesías agobiados por el hambre y el miedo.

 

“Quiero irme a Bolivia, tengo mis hijas allá, nosotros vinimos solamente a trabajar”, contaba Marina a la prensa chilena, mientras acampaba frente al Consulado de Bolivia en este país. Mientras tanto, a miles de kilómetros, migrantes centroamericanos que tenían como destino la deportación eran abandonados en la frontera sur de México. “Nos botaron aquí porque no sabían qué hacer. Ahora a ver cómo le hacemos para volver a nuestro país sin dinero y con la frontera cerrada”, decía Anthony, migrante guatemalteco.

Por estos días América Latina ve crecer el número de contagios, al mismo tiempo que aumentan las restricciones que vacían las ciudades expulsando a la población más pobre. Los migrantes son parte de este sector sumergido que no se puede quedar en casa al vivir al día con trabajos informales y alojamientos temporales. Personas que en los últimos años se desplazaron por razones económicas, pero también forzadas por contextos de violencia o los efectos que el cambio climático genera en sus territorios.

“Estamos hablando de flujos mixtos. Las fronteras entre migrante y refugiado son cada vez menos claras en los flujos contemporáneos”, explica a El Salto María del Carmen Villareal, investigadora de la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro, especializada en migraciones internacionales y derechos humanos.

Un fenómeno reciente es el aumento de los flujos intrarregionales que responden a las restricciones impuestas por el norte global, pero también a la mejora de las políticas migratorias que facilitaron la movilidad y las residencias en América del Sur durante los Gobiernos progresistas. Según datos de 2019, hay más de 7,5 millones de migrantes sudamericanos en esta región. El fenómeno más visible es el venezolano, que tiene como principales destinos Colombia, Perú y Ecuador. Pero también aumentó el desplazamiento de nicaragüenses a Costa Rica o de centroamericanos que tenían a Estados Unidos como destino y terminaron quedándose en México, debido a los fuertes controles migratorios que impone el Gobierno de Donald Trump.

Si bien el objetivo de los migrantes es encontrar un futuro mejor, también es una vía para ayudar a sus familias a través del envío de remesas. En varios países esta contribución es muy significativa a nivel económico: en Haití representan más del 30% del PBI, en El Salvador y Honduras el 20% y en Guatemala y Nicaragua su peso es superior al 10%. Sin embargo, el informe Especial covid-19 de la CEPAL muestra que debido al coronavirus estas podrían contraerse entre un 10% y un 15%. El estudio también revela que llevaría entre tres y cuatro años recuperar el nivel alcanzado en 2019.

Según datos también de CEPAL, antes de la pandemia, América Latina mostraba bajo crecimiento económico, la tasa de desempleo alcanzaba el 8,1%, y el trabajo informal afectaba al 54% de los trabajadores. Un panorama que se agravará con la crisis sanitaria, y que si bien los Gobiernos han querido contrarrestar implementando medidas de apoyo a los sectores más afectados, en su mayoría son ayudas que están orientadas a nacionales o a migrantes con sus documentos regularizados.

VOLVER

La desprotección y el riesgo que supone el contagio los destina otra vez al desarraigo, con un efecto que hasta hace unos meses parecía imposible: el retorno a sus países de origen. “Es mejor vivir la miseria de uno con su familia”, dice una migrante venezolana que se arriesga a cruzar con sus hijas a cuestas por uno de los pasos irregulares, los “tronchos”, que conectan la frontera de Venezuela con Colombia.

La crisis del coronavirus generó el cierre de la mayoría de la fronteras, aunque en un continente caracterizado por la porosidad de sus límites el bloqueo nunca es definitivo. “Allí hay muchísimos peligros. Son personas que se han quedado sin nada, que no tenían para comer y que están tratando de volver para tener un techo. En el caso de las mujeres es muy importante tener una mirada de género. Porque muchas migrantes hablan del peaje migratorio, de la posibilidad de ser violadas“, señala la politóloga brasileña.

En el caso de Venezuela, el Gobierno de Nicolás Maduro habilitó algunos corredores humanitarios de retorno. Días atrás salieron diez autobuses de Cali a la ciudad venezolana de Cúcuta. Sin embargo, la mayoría de las personas están retornando a través de los “tronchos”, a donde llegan también decenas de venezolanos provenientes de Ecuador y Perú, dispuestos a arriesgarse luego de haber atravesado miles de kilómetros.

Según datos del consulado de la República Bolivariana en Quito, en Ecuador hay más de 17.000 personas anotadas a la espera de un vuelo humanitario. En los primeros días de mayo, dos aviones de la empresa aérea Conviasa llegaron a la capital ecuatoriana y retornaron a Caracas con 180 ciudadanos. Sin embargo, el cónsul venezolano, Pedro Sassone, dijo que hasta el momento no saldrán más vuelos. “Además de la parte económica está también el lado emocional, que es súper agobiante. La mayoría de los venezolanos se ve sola, y depende de las buenas personas que tengan a su alrededor”, explica a El Salto Lucía León, politóloga venezolana especializada en relaciones internacionales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

En estos días, muchos venezolanos han sido expulsados de sus viviendas, sobre todo en Quito y Guayaquil, donde se concentra casi un 70% de los 500.000 que están en el país. Una región en la que también se da la mayor cantidad de contagios y muertes, lo que incrementa la estigmatización y xenofobia debido a las noticias falsas que los culpan de la propagación del virus. Según cuenta León, “hay muchas denuncias de que los servicios de emergencia no te atienden si se dan cuenta de que eres venezolano”. Ecuador dispone de un sistema universal de salud que incluye a toda la población, algo que no habitual en todos los países de la región.

También en Perú, donde viven alrededor de un millón de venezolanos, la situación es acuciante. Si bien se han generado ayudas mínimas como la de Acnur, que brinda 80 soles (100 dólares) a migrantes sin importar su situación legal, para ello es necesario contar con una cuenta bancaria. “Algo a lo que no tiene acceso la población que se encuentra en situación irregular", explica del otro lado del teléfono Martha Fernández, refugiada que vive desde hace tres años en el país e integra la Asociación Protección Poblaciones Vulnerables.

En Brasil, el Estado incluye en sus planes de ayudas sociales a la población refugiada y migrantes regularizados. Si bien el giro a la derecha en la región marcó un momento más restrictivo con políticas que dejan de lado la retórica pro derechos humanos, algunos Gobiernos han instrumentalizados ideológicamente los flujos migratorios. “En Brasil tienes a Bolsonaro, que mucha gente podría pensar es un error en todos los sentidos, que no hay duda de eso, pero él aprobó miles de solicitudes de refugio para venezolanos”, explica la investigadora Villarreal. En este contexto, organizaciones de la sociedad civil organizaron la campaña #RegularizaçãoJá, que exige una regularización permanente para todos los migrantes del país.

También en Argentina, país con una larga historia como receptor de migrantes, la Secretaría de Trabajadores Migrantes (STM) tiene el mismo reclamo. Más en estos días en que el Gobierno de Alberto Fernández creó el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), que deja por fuera a los migrante que no están regularizados o a quienes tienen la residencia legal inferior a dos años. En el período del presidente Mauricio Macri se aprobó el Decreto de necesidad y urgencia (DNU 70/2017), que retrasó la entrega de la documentación de residencia. Más de 70.000 expedientes estaban a la espera de su aprobación, multiplicándose en estos días debido a la paralización de las actividades por la cuarentena obligatoria.

La STM tiene un diálogo fluido con el Gobierno de Fernández y en este contexto le envió una carta en la que le solicita el acceso al IFE sin restricciones, aunque el intercambio con las autoridades es con una mirada a largo plazo. “Hay que hablar con el Estado de igualdad de derechos para todos y todas, no paliativos que se den solo durante la pandemia. Medidas de 'cuando me sirven regularizo a los migrantes por un tiempo, y cuando no, que vuelvan a su estadío normal, que es el del trabajo informal, la trata de personas, la prostitución'”, cuenta a El Salto Lila Báez, migrante paraguaya, vocera del STM. Mientras tanto, la organización está realizando ollas populares en las barriadas y villas del país, donde vive la mayoría de la población migrante. En estos días Argentina registró un aumento de contagios de coronavirus, sobre todo en estas zonas más empobrecidas.

Mientras tanto, en países como Perú, Chile y México se han establecido medidas de regularización especial, pero solo para la contratación de personal sanitario extranjero que no contaba con sus documentos regularizados, permitiendo que médicos, enfermeros y especialistas de otros países puedan ejercer durante el período que dure la pandemia.

SIN SALIDA

Pero el cierre de las fronteras también genera que muchas personas queden cautivas o varadas en las ciudades limítrofes entre los países. México, país que con el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador militarizó todo el territorio y se convirtió en gran receptor de los migrantes que buscan llegar a Estados Unidos, tiene detenidas a cientos de personas en sus estaciones migratorias. “Es una situación difícil, con mucha población en espera o atrapada, principalmente la población centroamericana que cruzó el país en las caravanas migrantes. Muchas que incluso han solicitado refugio o que ya tienen este estatus”, cuenta Luciana Gandini, especializada en estudios sobre desplazamiento interno, migración, exilio y repatriación en la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Frente a esta situación, organizaciones de derechos humanos, como el centro Fray Matías de Córdoba, denunciaron que la situación era insostenible, con las personas angustiadas debido al encierro indefinido y a la poca información que reciben en espacios que no cumplen con las medidas mínimas de salubridad. En estos días se han realizado distintas protestas en las cárceles migratorias, que fueron reprimidas de manera violenta por las autoridades mexicanas. En unos de estos reclamos, en la estación migratoria de Tenosique, en el Estado de Tabasco, falleció un migrante guatemalteco. El hombre era solicitante de asilo y estaba previsto que fuera liberado en dos días para continuar con su trámites.

La muerte del migrante guatemalteco recrudeció las protestas, lo que generó que el Instituto Nacional de Migración decidiera vaciar algunos de los centros y trasladar a los migrantes a la frontera sur con Guatemala. “Lo que hizo fue subirlos a camiones y autobuses, en teoría para devolverlos a sus países, pero la frontera está cerrada y no los puede devolver. Entonces los deja en una ciudad fronteriza como Talismán. Imagínate lo que implica eso en términos de xenofobia y de discriminación cuando tú en una ciudad pequeña que ya viene afectada dejas a cientos de personas sin ningún tipo de plan”, señala Gandini.

Junto a ellos también se encontraban migrantes centroamericanos que Estados Unidos había deportado en los últimos días, ya que el país no detuvo las audiencias. Incluso en el contexto de la pandemia se incrementaron las “devoluciones en caliente”. La patrulla fronteriza tarda 96 minutos en devolver a las personas que detiene en los cruces irregulares. “Es interesante pensar que el acuerdo por el cual se cerró la frontera entre Estados Unidos y México dice literalmente que se cierra para los flujos no esenciales. Por lo tanto la deportación es considerada un flujo esencial. Llevada a cabo además sin ningún tipo de control sanitario, lo que implica un riesgo altísimo para México”, afirma la investigadora de la UNAM.

En la página oficial del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), se reconoce que en los centros de detención donde son alojados antes ser deportados hay personas infectadas. Sin embargo, en ninguno de los países se realizan test o se implementan medidas de aislamiento antes o después de ser devueltos a México.

La implementación de medidas sanitarias no implica necesariamente el respeto de los derechos humanos. En Costa Rica, bajo el argumento de asegurar “la seguridad pública”, el Gobierno instaló una base área militar en la frontera con Nicaragua para impedir la llegada de ciudadanos de este país. También en Bolivia, en la localidad de Pisiga, frontera con Chile, el Gobierno obliga a los trabajadores que retornan del país andino a realizar la cuarentena en un campamento militar. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) llegó a exigir “el desplazamiento inmediato de estas personas a localidades de Bolivia” y recordó que “los Gobiernos están obligados a recibir a sus migrantes y a velar por su acceso a la atención sanitaria y a otros derechos”.

TAMBIÉN EN CASA

Pero la movilidad que obliga la pandemia no solo se da atravesando fronteras externas. El coronavirus también generó éxodos internos. En Lima, capital de Perú, miles de pobladores provenientes de zonas andinas y selváticas que migraron a la capital en busca de mejores condiciones de vida están retornando a sus comunidades rurales. Uno de los flujos se dirige hacia los departamentos de Ayacucho y Huancavelica, zonas que alcanzan una tasa del 53% de pobreza.

Según explica Martín Souto, docente peruano que trabaja asesorando a los Gobiernos locales de estas regiones, “esto lleva a un redescubrimiento de la importancia de estas comunidades para la alimentación. Son territorios que abastecen el mercado nacional y regional de papas nativas, habas, cebada”. En total hay 6.600 comunidades campesinas y nativas que son dueñas de la tierra, pero que pese a la riqueza de sus campos ven migrar a sus pobladores hacia otros zonas, no solo a la capital.

El Gobierno de Martín Vizcarra abrió una página web para que la población que quiera retornar se inscriba y pueda contar con opciones de traslado. Pero en estos días 170.000 inscripciones desbordaron la capacidad estatal. En Lima se anotaron 13.000 personas para regresar a Ayacucho. Sin embargo, hasta el momento, regresaron de manera oficial 700 personas. Mientras tanto, se estima que 6.000 pobladores están retornando por su cuenta. En el Perú profundo, el “no oficial”, miles personas se entrecruzan exhaustas luego de largas caminatas al sol con el único objetivo de regresar a casa. 

El 16 de marzo, cuando Perú implementó la cuarentena —hoy uno de los países con más casos—, las comunidades rurales de Huancavelica cerraron sus territorios. “La gente decía: 'Si acá entro en crisis, ¿quién me salva? Nadie. Entonces que no vengan, porque nosotros estamos sanos aquí'. Se habla mucho de la solidaridad, pero la gente que es pobre no tiene hospitales en el campo, está lejos y es precario”, afirma Souto. Luego de los primeros días de pánico, ahora la población permite el ingreso de los retornantes. Incluso se reactivaron las rondas campesinas que nacieron para enfrentar al grupo armado Sendero Luminoso, y que en este contexto se encargan de controlar que las personas que llegan respeten el aislamiento.

La pandemia encontró a América Latina en un momento histórico de movilidad intrarregional, con miles de personas forzadas a salir de sus territorios en busca de un futuro mejor. Al inicio de la crisis sanitaria se planteó que el virus era un “gran nivelador” que no entendía de razas, clases sociales o procedencia. Sin embargo, el #quedateencasa es imposible para los migrantes que, sin recursos y con Gobiernos que los invisibilizan, se ven obligados a emprender otra vez el camino del desarraigo.

Por Cecilia Osorio

Montevideo (Uruguay)

26 may 2020 06:00

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Protesta de trabajadores ayer en Quito, contra el paquete de políticas para enfrentar la crisis dejada por la pandemia.Foto Ap

Quito. Sindicatos y organizaciones sociales salieron ayer a las calles y plazas en varias zonas de Ecuador, en rechazo a las medidas económicas impuestas por el presidente Lenín Moreno ante una fuerte crisis de liquidez en medio de la pandemia del coronavirus.

El colapso de los precios mundiales del petróleo y los efectos de la pandemia han bajando los ingresos fiscales en 8 mil millones de dólares, presionando al gobierno a un recorte del gasto, que incluye reducción de la jornada laboral y del salario de funcionarios públicos, así como el cierre de algunas oficinas estatales.

Las medidas llevaron a sindicatos de trabajadores y organizaciones sociales a recorrer, con carteles y consignas en contra del gobierno, las calles del centro de Quito, donde se mantiene un duro confinamiento por el creciente número de contagios y muertes por el coronavirus. Protestas similares se reportaron en Guayaquil y Portoviejo.

“Con esta ‘ley de inhumanidad’ todos los trabajadores regresan a ser peones, a ser esclavos”, aseguró a Reuters Mesías Tatamuez, presidente del sindicato Frente Unitario de Trabajadores, quien exigió al presidente que deje de pagar la deuda externa y con eso atienda la emergencia sanitaria.

A las protestas se unieron trabajadores del ferrocarril, cuya empresa, con más de 400 empleados, fue cerrada por decreto.

Las marchas de esta jornada son demostración de la alerta que lanzaron organizaciones sociales y movimientos indígenas, cuyas directivas anunciaron que se mantendrán en resistencia.

Moreno también pondrá en vigor reformas recién aprobadas por la Asamblea Nacional para modificar las condiciones de los contratos laborales, en un intento por salvar empleos, y a partir de junio regirá un sistema para fijar los precios de los combustibles, con lo que busca reducir los subsidios.

El centro histórico de Quito, donde se ubica el Palacio de Gobierno, estuvo resguardado por un fuerte cerco policial.

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La pandemia y el orden mundial: China se expande por el tablero de EEUU, el arquitecto en retirada

Lo que ha ocurrido con el conflicto en la OMS entre China y EEUU es el ejemplo del modelo de liderazgo internacional elegido por las dos superpotencias

 

El mismo día que Donald Trump enviaba una carta al director general de la Organización Mundial de la Sauld (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, criticando duramente su gestión y amenazando con retirar su financiación y salirse del organismo de la ONU, el presidente chino fue uno de los pocos jefes de Estado que participó en la apertura de la asamblea anual de la organización. En su intervención, Xi Jinping agradeció y alabó la gestión de la OMS y subrayó la importancia del multilateralismo.

El modelo de liderazgo elegido por las dos superpotencias durante la pandemia es un reflejo de lo que viene ocurriendo en el sistema internacional en los últimos años. Mientras EEUU se retira paulatinamente del tablero –especialmente desde la llegada de Trump a la Casa Blanca–, China gana poder jugando principalmente dentro del marco de normas diseñado en gran parte por EEUU como gran arquitecto del orden mundial tras la Segunda Guerra Mundial.

"Bajo el liderazgo del doctor Tedros, la OMS ha contribuido de manera importante a dirigir y promover la respuesta mundial a la COVID-19", señalaba Xi en su discurso. "Su buena labor es aplaudida por la comunidad internacional. Apoyar a la OMS es apoyar la cooperación internacional y la batalla por salvar vidas. China pide a la comunidad internacional que aumente el apoyo político y financiero".

En el otro extremo, la carta de Trump: "Está claro que los tropiezos repetidos que han cometido usted y su organización han sido extremadamente caros para el mundo". "No puedo permitir que el dinero del contribuyente estadounidense siga financiando una organización que claramente no sirve a los intereses de EEUU", concluye la misiva tras el ultimátum. Poco después, ya relajado ante los medios, acusó a la OMS de ser una "marioneta" de China.

"La gran paradoja es que China ha tenido éxito porque ha jugado respetando las leyes de EEUU", sostiene Kishore Mahbubani, autor del libro Has China won? The Chinese challenge to American primacy. "Un ejemplo concreto: el hombre que salvó a China fue Den Xiaoping en 1979. Se adaptó al sistema de libre mercado y este sistema es un regalo de EEUU al mundo. China fue un paso más allá y se unió a la OMC aceptando las estrictas condiciones impuestas por EEUU", añade Mahbubani, que llegó a ejercer como presidente del Consejo de Seguridad de la ONU durante su larga carrera como diplomático de Singapur.

Fue el presidente estadounidense Richard Nixon el que metió a China en el sistema tras un gran esfuerzo entre 1967 y 1972. "Simplemente no nos podemos permitir dejar a China para siempre fuera de la familia de las naciones", afirmó. Varios viajes secretos, comunicaciones indirectas a través de mediadores y una exhibición de ping pong después, la ONU reconoce la República Popular de China en octubre de 1971 y en febrero de 1972 Nixon visita el país dando comienzo a las relaciones bilaterales. Aunque China era miembro fundador de la ONU, hasta entonces el organismo reconocía al Gobierno de Chiang Kai-shek, replegado en la isla de Taiwán desde la victoria de Mao Zedong en 1949.

 

Papel de China en la ONU

 

La China de Mao pasó de ser un paria internacional a consolidar y reforzar el sistema hasta convertirse en superpotencia. Según recordaba Fareed Zakaria, autor de ‘The post-american World’, en la revista Foreign Affairs, Pekín no ha ido a la guerra desde 1979; no ha utilizado fuerza militar letal en el extranjero desde 1988; y no ha financiado o apoyado a insurgentes armados desde principios de los 80.

En el año 2000, la contribución de China al presupuesto general de la ONU era de 12 millones de dólares, equivalente al 1% del total. 20 años después, su aportación es de 367,9 millones (12%), lo que le convierte en el segundo mayor contribuyente. Estados Unidos sigue siendo el principal, aportando un 22%. El porcentaje de Alemania es del 6,1% y el de Reino Unido, 4,6%.

Su papel activo en el sistema internacional también se puede observar en el número de vetos registrados en resoluciones del Consejo de Seguridad. Entre 1971 y 2019 se han vetado 122 resoluciones. De los cinco países con capacidad de veto, China y Francia son los países que menos resoluciones han bloqueado: 14 (11,5% del total). Estados Unidos lidera la lista con 80 (65,5%), seguido de Rusia, con 38 (38,1%) –como hay resoluciones que han sido vetadas por más de un Estado, la suma de los porcentajes es superior al 100%–.

China también es el miembro del Consejo de Seguridad que más soldados aporta a las misiones de paz de la ONU. En 1990 tenía cinco soldados desplegados y en diciembre de 2019, 2.545 (Francia es el segundo país del Consejo de Seguridad con más soldados: 730). En 2017, el Ministerio de Defensa creó una fuerza de 8.000 soldados para servir en las misiones de paz de la ONU. En cuanto a financiación de estas operaciones, Pekín es el segundo donante por detrás de EEUU, que en 2018 se negó a aportar más del 25% del presupuesto de estas misiones, lo que representa una bajada del 28,5% que había aportado ese mismo año.

"China realmente cree en el multilateralismo. Tras 100 años de humillación entre 1814 y 1914, ahora su principal deseo es volver a recuperar su grandeza. Los chinos creen que fueron humillados porque se aislaron del resto del mundo. Ahora se han abierto y les va muy bien. Es normal que China diga ‘me encantan estas reglas’", sostiene Mahbubani.

El Fondo Monetario Internacional es uno de los organismos económicos más importantes del sistema económico mundial. En esta organización, el poder de cada Estado miembro a la hora de votar va estrictamente ligado a sus contribuciones económicas. EEUU es el principal contribuyente y controla el 16,5% de los votos, lo que en la práctica le otorga capacidad de veto. China, a pesar de tener el segundo mayor PIB del mundo, ocupa la tercera posición y tiene un 6,08% de voto. Pekín lleva años intentando aumentar sus contribuciones y, en consecuencia, su poder de decisión, pero no se le ha permitido. El gigante asiático también ha fundado el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que rivaliza directamente con el Banco Mundial y que ha sido criticado por EEUU.

 

America First: "Un tiro en el pie"

 

Mientras China intenta aumentar su papel en el mundo, EEUU se retira de todas aquellas instituciones que dice no sirven a sus intereses o que no cumplen con las órdenes de Trump. Entre ellas: la UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, diversos tratados de no proliferación de armas y la retirada de la financiación a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos. La OMS está ahora en el punto de mira de Trump. EEUU también se retirará en 2020 del Acuerdo de París por el clima, convirtiéndose en el único país del mundo fuera del mismo.

"No diría que China se ha aprovechado del 'America First' [América Primero], sino que el Gobierno se ha pegado un tiro en el pie. La ventaja natural de poder blando que ha tenido EEUU durante tantos años, ahora la ha perdido bajo el Gobierno de Trump", afirma Mahbubani.

En 2018, Henry Kissinger, exsecretario de Estado y exconsejero de Seguridad Nacional de Nixon, le dijo a Mahbubani durante una comida en su club de Nueva York que el gran error de EEUU había sido lanzar un conflicto geostratégico con China sin una estrategia completa a largo plazo.

"China no tiene ningún deseo de pisarle los zapatos a EEUU. No cree que su sistema sea mejor que el resto, simplemente que es bueno para ellos igual que el de EEUU es bueno para EEUU. Washington tiene la visión contraria: cree que su sistema es el mejor y quiere que todos le copien", sostiene el escritor. "EEUU se ha enterrado a sí mismo. se ha centrado en frenar a China. Va a fallar, pero está decidido a intentarlo". Esta explicación sobre el sistema hace referencia a su papel en el escenario internacional y no a la situación interna de ambos países, como puede ser la violación de derechos humanos en el país asiático.

"Yo esperaba que el coronavirus demostrarse que mi tesis era errónea. Si la COVID-19 es el enemigo común de ambos, EEUU y China deberían unirse para luchar contra ella, pero ha pasado lo contrario. Se puede ver lo profundo que es este conflicto. A pesar de que está en el interés racional y nacional de EEUU parar la confrontación, esta continúa", concluye

Javier Biosca Azcoiti

24/05/2020 - 21:45h

Mahbubani.

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Lunes, 25 Mayo 2020 06:31

Covid: acelerador de cambios

Covid: acelerador de cambios

Las crisis son aceleradoras de cambios. La irrupción de los derechos sociales en las leyes laborales a nivel mundial no se entenderían sin la Primera Guerra Mundial, el Estado de bienestar y la concepción del gobierno como motor económico no sería igual sin la Segunda Guerra Mundial y la reconstrucción que devino. De manera más silenciosa, pero igual de relevante, está el listado de cambios sociales y políticos que se generaron tras la crisis financiera global de 2008: la crisis del modelo neoliberal, o del capitalismo de libre mercado, empezó con la caída de Lehman Brothers, la ruptura de la confianza, el absurdo del modelo de compra de derivados e hipotecas subprime, que le costaron al mundo el primer gran tropiezo desde la Gran Depresión. Recordar estos hitos me parece oportuno en el momento que estamos viviendo, y la pregunta parece obvia: ¿qué mundo, qué país, nos espera después del Covid-19?, ¿cuáles serán las características de esa "nueva normalidad" o modelo de convivencia social?, ¿quién gana y quién pierde en el reacomodo?

Existe un aparente consenso respecto a que nada será igual. De alguna manera, hay un relativo consenso respecto a que ese cambio será positivo. Las imágenes de la naturaleza recuperando espacios, de los animales salvajes tomando las calles, de la solidaridad y la conciencia cívica para enfrentar la pandemia animan ese espíritu positivo en la opinión pública confinada. Vayamos borrando esa impresión optimista, o la decepción será mayúscula. No tenemos derecho a engañarnos. El mundo que viene, la normalidad pospandemia, será de una profunda crisis económica global, de un replanteamiento de las cadenas de suministro, de una sutil y cotidiana sicosis, y de un desempleo sin precedente; ver la cifra de 40 millones de personas que han perdido su trabajo en Estados Unidos, la economía más poderosa del mundo, nos debe dar una idea del problema.

Hay un dato de Google que se popularizó hace tiempo, en el que pronostica que la mitad de los empleos en la próxima década aún no existen, y la mitad de los que hoy tenemos, desaparecerán. La automatización de la mano de obra, la digitalización de procesos, la "economía de la distancia" han encontrado en el Covid-19 su mejor catalizador. Pongo un ejemplo a ras de piso: cuántos changarros, pequeños restaurantes y fondas se montaron en aplicaciones como Rappi en estos días, para poder pagar las cuentas y subsistir. Esa adaptación no tiene reversa.

Sin ser un juego de suma cero, es inevitable pensar que lo que ganen algunas industrias, lo perderán otras. El turismo, el entretenimiento en vivo, las aerolíneas, las escuelas y universidades enfrentarán la mayor presión financiera de que tengan registro: ¿quién quiere y puede viajar a China, a Italia, hoy?, ¿deben –como se preguntan cientos de miles de estudiantes a nivel mundial– las colegiaturas mantenerse intactas, cuando la educación es en línea?, ¿cuántos aviones estacionados, a medio llenar, hay y habrá en los próximos años? El dato de que Air France/KLM hayan decidido dejar de utilizar el Airbus 380 –el avión de mayor capacidad– es un signo inequívoco de lo que viene.

¿Nos espera un mundo más limpio, más libre, más democrático, más próspero?, ¿nos espera uno más tenso, más paranoico, más cerrado entre pueblos y países, alérgico a la globalización y propenso a enfermar? La larga noche de las guerras del siglo XX nos dan un indicador importante. El abuso en el Tratado de Versalles al fin de la Primera Guerra, que hincó y devastó a Alemania, fue el caldo de cultivo para el crecimiento del descontento, el nacionalsocialismo, la barbarie y la Segunda Guerra. El fin de la pandemia y el establecimiento de un nuevo orden en nuestro tiempo marcarán el siglo XXI para bien –como muchos esperan– o para mal.

Por ello, como lo he escrito en otros artículos, reitero: es momento de que con humildad y sin prepotencias de grupo busquemos acuerdos ante algo tan complejo que hoy vive toda la humanidad. Es tiempo de escucharnos todos, de ponderar, sí con el conocimiento técnico, pero sin creer ser poseedores de la verdad absoluta; tampoco es tiempo de manipular verdades a través del poder; es tiempo de madurar acuerdos entre todos, por más difícil que parezca, para que en esta realidad prevalezca la cordura de que impere el bien común sin avasallar al que piensa y, por tanto, actúa diferente. Si ante un fenómeno tan desgarrador, como lo ha sido esta pandemia, no somos capaces de actuar con sensatez y prudencia, habrá ganado el egoísmo protagónico que nos coloque en una enfermedad aún más grave que la propia pandemia.

Al final de esta terrible jornada de la pandemia los países, y por tanto el mundo entero, harán real registro de los tantos cambios que hoy se pronostican hacia el futuro, y al cabo de un tiempo relativamente cercano sabremos si como generación fuimos capaces de haber aprendido la lección y si ello derivó a ser mejores o no. Así serán, ni más ni menos, nuestros hijos y nietos, quienes en un futuro cercano nos juzguen

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