Miércoles, 10 Junio 2020 06:30

La geometría de la crisis económica

La geometría de la crisis económica

Al abordar la crisis desencadenada por la pandemia de covid 19 enseguida aparecen las evaluaciones económicas. Se escuchan o leen análisis sobre la severa caída de las economías nacionales y predicciones de sus posibles evoluciones apelando a gráficas. Entre las más citadas están las que describen una crisis en L, con una caída pronunciada del producto bruto que se mantiene por largo tiempo. Otros vaticinan una recuperación más rápida, llamada en U. Algunos creen que habrá caídas y subidas alternadas por lo cual el dibujo es de una W.

Desde los medios globales especializados en economía se advertía sobre la “sopa de letras del alfabeto” para describir la crisis (1). Con entusiasmo redoblado, la lista de posibles curvas se amplió aún más, y hasta se amplió a seis tipos distintos (crisis en L, V, U, S, Z y W) (2). 

Todo eso está revestido de un barniz propio de la sabiduría de los expertos, con complejos cálculos económicos para obtener indicadores, pero que de todos modos se resumen en unas simples curvas. Trazos entre dos ejes. Hay allí al menos dos presupuestos que casi nadie discute pero que merecen ser analizados. Por un lado, la simplificación extrema de la estructura y dinámica económica de un país, y por el otro, que todo eso ello se puede expresar en un número, casi siempre el Producto Bruto Interno (PBI), dando por válido que resume la esencia de toda una economía nacional. Desde esos dos presupuestos se dibuja la geometría de la crisis actual y de sus posibles futuros.

Descartes detrás de las gráficas

Ese formidable esfuerzo de simplificación comienza por concebir a los países como sistemas simples, asumiendo que se pueden conocer todos sus componentes y las relaciones entre ellos. Es como si Brasil fuese una máquina y cada una de sus piezas estuviese identificada y se saben cuáles son sus funciones. Se pretende conocer cómo funcionan componentes tan distintos como las fábricas en una ciudad en un extremo del país o los agricultores en el otro extremo, y los modos por los cuales interaccionan para constituir la economía nacional. De ese modo, los economistas convencionales proponen ajustes o recambios para “acelerar” o “frenar” la economía.

Esa perspectiva puede representarse en una gráfica simple, como si el PBI fuese la “velocidad” con la que crece (o no) la economía nacional.Por ejemplo, el 28 de mayo de 2020 la CEPAL en su informe sobre los impactos de la pandemia predecía contracciones en todos los países. Sus estimaciones iban de – 4%para Chile y Uruguay, pasando por el – 5,2% para Brasil y llegando al – 6,5% de Argentina (3). A medida que avanzaron las semanas, los reportes dentro de cada país fueran cada vez peores.

Cuando se utilizan analogías como máquinas o gráficas en base a un número es inevitable recordar a René Descartes. En el siglo XVII Descartes insistía en que la realidad podía ser encarada como si fuera un reloj y si se conocían cada una de las piezas de esa maquinaria se podría entender su funcionamiento y predecir cambios al futuro. Al mismo tiempo Descartes utilizaba todo tipo de esquemas e imágenes en sus libros, por ejemplo para describir fenómenos ópticos. En eso se originan múltiples tensiones que siguen presentes hasta el día de hoy y llegan a esas gráficas de la crisis por el coronavirus.

Es que Descartes era un extremista del escepticismo, dudando incluso de los datos empíricos ya que la verdad sólo se lograría por la experimentación. Como las imágenes están más allá de ese método, serían apenas una ilusión. Traducido al día de hoy, las curvas de caídas y recuperaciones económicas también serían una ilusión, o al menos una representación deformada de la realidad ante la cual habría que estar alerta. Pero al mismo tiempo, al repasar los libros de Descartes es evidente que usaba los esquemas con mucha intensidad y originalidad al explicar sus ideas. Justamente eso es lo que hoy en día practican los economistas y consultores con sus dibujos.

En efecto, las gráficas y modelos de la economía contemporánea de algún modo repiten esa tensión. Deben lidiar con dos propósitos irreconciliables: representar directa y acertadamente la realidad que abordan, aunque como esa representación es una deformación deberían evitarlas. El economista dirá que es “obvio” que las gráficas del PBI no representan a todos los componentes de una economía nacional pero eso no impide reconocer que muchos de ellos, junto a empresarios, políticos o periodistas, usan esas imágenes como si así fuera. Esa concepción cartesiana del “motor” económico es muy clara en el equipo de Paulo Guedes, el ministro de economía de Jair Bolsonaro, al pretender saber cómo funciona esa maquinaria y así predecir que cada semana de aislamiento o cuarentenas representa pérdidas por 20.000 millones de reales (4).

Indicadores y metáforas

En Brasil como en todos los demás países las gráficas de la crisis utilizan las subas y bajas en el PBI, el Producto Bruto Interno. Este es un número calculado a partir del valor económico de los bienes y servicios producidos dentro de un país en un cierto período de tiempo. Sus orígenes están en la II Guerra Mundial, a partir del trabajo del economista Simón Kuznets en Estados Unidos, con el propósito de tener un número que resumiera el estado de la economía del país, de las capacidades de compra de las familias y de la salud de las empresas.

Pero con el paso de los años, el PBI se convirtió en mucho más que eso, a medida que el desarrollo pasó a ser entendido como crecimiento en el producto. Todos celebraban sus aumentos y se alarmaban con sus caídas, haciendo que el PBI fuese un objeto de deseo en sí mismo. Se transformó en un número que parecía develar las esencias de una economía. Fue adoptado por legiones de economistas, y desde allí se extendió a empresas, bancos y gobiernos. En uno de los libros de texto más usados en economía, Paul Samuelson y William Nordhaus, premios Nobel en esa categoría, afirman que el PBI fue una de las más grandes invenciones del siglo XX (5).

Ese ascenso fue de la mano con el creciente tránsito de muchos economistas hacia la consultoría y la política. Ellos se sumaron a los políticos en ofrecer planes de crecimiento, eliminación de los obstáculos al crecimiento, aceleramiento del crecimiento, y muchas otras variedades de ese tipo.

Pero al mismo tiempo se acumula la evidencia en sus limitaciones. No sólo es iluso que ese número represente a toda una economía, sino que hay componentes que son explícitamente excluidos, como el trabajo no remunerado de miles de mujeres o la producción de agua que brinda la Naturaleza, y aún si fueran incorporados es muy discutible cómo valorarlos económicamente. Tampoco es menor que las curvas del PBI imponen una homogeneidad irreal al cobijar situaciones tan distintas como un empresario que exporta carne o el que maneja el bar del barrio. El PBI hace desaparecer las desigualdades. Es por eso que, una vez más, Descartes tenía razón y el PBI es también una imagen distorsionada.

El uso del PBI y los dibujos de gráficas terminan siendo representaciones unas dentro de otras, y sirven para sostener metáforas. La economía contemporánea está repleta de ellas, fortalecidas de tal manera que dejaron de ser un recurso estilístico para convertirse ellas mismas en una nueva realidad. Se habla de una economía “fuerte” o “débil”, de “acelerar” o “frenar” el PBI, e incluso se otorga una condición casi metafísica al mercado como si fuera un ser en sí mismo.

Apelar a metáforas para describir la crisis, por ejemplo describiéndola como una U, tiene sus ventajas pero también muchas de las desventajas que aquí apenas se comentan. Se las disimula bajo el halo del saber experto, de las ecuacionesy modelos matemáticos, aunque por más variables que se sumen, como siempre se parte de supuestos en ello retornan las tensiones cartesianas. Seguimos sin poder romper las ataduras con Descartes.

Al ser representaciones metafóricas, al final de cuentas la estimación de la crisis que hace cualquier vecino en el barrio, en su esencia puede ser tan válida como la de los analistas económicos o los catedráticos universitarios. En la geometría de la crisis se desvanece la pretendida superioridad del saber del experto y es necesario escuchar todas las voces.

Por Eduardo Gudynas | 10/06/2020

Notas

(1)  Alphabet soup: Understanding the shape of a COVID-19 recession, por D. Rodeck, Forbes, 19 Abril.

(2) Just one in 10 fund managers expect V-shaped recovery for US economy, C. Smith, Financial Times, 25 Mayo.

(3) Informe sobre el impacto económico en América Latina y el Caribe de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), CEPAL, Santiago de Chile.

(4) Governo estima que cada semana de isolamentogeraperda de R$ 20 bilhões no PIB, D. CaramFolha São Paulo, 13 mayo, https://www1.folha.uol.com.br/mercado/2020/05/governo-estima-perda-de-r-20-bilhoes-no-pib-para-cada-semana-de-isolamento.shtml

(5) Macroeconomics, P.A. Samuelson y W.D. Nordhaus, McGraw Hill, 2010.

Eduardo Gudynas es analista en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), Uruguay. @EGudynas Este artículo está basado en uno publicado en el Semanario Voces (Montevideo) que es parte de una serie sobre la actual crisis.

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Sorpresiva baja de la tasa de desempleo en Estados Unidos

La tasa se ubicó en torno al 13,3 por ciento cuando en abril había sido de 14,7 por ciento. "Tomamos todas las decisiones correctas", sostuvo el presidente de Estados Unidos.

 

El desempleo en Estados Unidos registró una sorpresiva baja en mayo que obligó a recalcular las previsiones pesimistas para el país. La tasa se ubicó en torno al 13,3 por ciento cuando en abril había sido de 14,7 por ciento. El presidente Donald Trump festejó la noticia como un gol en el último minuto. "Tomamos todas las decisiones correctas", sostuvo el mandatario republicano. A su vez, le reclamó a los gobernadores que levanten las cuarentenas en los Estados que aún no lo hicieron. También aprovechó para mencionar George Floyd, el afroamericano asesinado por la policía hace más de una semana. "Esperemos que George esté mirando hacia abajo en este momento y diciendo que esto es algo grandioso para nuestro país", indicó Trump. Hubo nuevas marchas contra el racismo en varias ciudades de EEUU.

Números de campaña

En mayo se crearon 2,5 millones de empleos según reveló un informe del Departamento de Trabajo. Estas cifras superan hasta las previsiones de los analistas más optimistas. Las proyecciones más alentadores proyectaban que la tasa de desempleo podía subir hasta el 20 por ciento, con una pérdida de 8 millones trabajos. Esta cifra hubiera ubicado al país como en las peores etapas de la Gran Depresión de 1930. "Esta mejora en el mercado laboral refleja una reanudación limitada de la actividad económica que se había visto reducida en marzo y en abril por la pandemia del coronavirus y los esfuerzos por contenerla", indicó la Oficina de Estadísticas de Empleo. La Bolsa de Nueva York celebró los datos con alzas que alcanzaron el 2,6 por ciento.

El mercado de trabajo comenzó a estabilizarse a medida que las empresas comenzaron a abrir después del confinamiento decretado a mediados de marzo. El gobierno norteamericano implementó un paquete de rescate de cerca de 3 billones de dólares. Además, varias líneas de crédito para empresas por miles de millones de dólares, e incentivos para muchos negocios que pudieron recontratar a sus trabajadores, señalaron varios expertos. El empleo subió en sectores como el ocio, la hotelería, la construcción y el comercio minorista, muy golpeados por las cuarentenas. "Estos datos apuntan a que la economía está comenzando a repuntar tras el impacto de la pandemia", señaló Mike Fratantoni, economista jefe de la firma MBA. Por su parte el economista de Harvard Jason Furman advirtió que las cifras del gobierno muestran una reducción de los despidos temporales. "Es la parte fácil de la recuperación", sostuvo Furman e indicó que la creación de empleo en el futuro puede ser más compleja.

Superar "la plaga China"

Pero para Trump el informe del Departamento de Trabajo fue una bocanada de oxígeno. El presidente estuvo todo el día con los datos en la mano. "Teníamos la mayor economía de la historia. Y esa fuerza nos permitió superar esta horrible pandemia, que ya hemos superado en gran medida, creo que nos está yendo bien", indicó el mandatario. A su vez sostuvo que se trataba de la mayor recuperación en la historia de EEUU y que sólo era el principio. El líder republicano defendió su gestión de la crisis pese a que el país tiene el mayor número de muertos por coronavirus: 108.000. En total 1.883.033 personas dieron positivo de la covid-19 en territorio estadounidense. El presidente se refirió a la pandemia como la plaga de China y dijo que ese país se aprovechó de EEUU.

A casi dos semanas de la muerte de Floyd el presidente sostuvo que tal violencia no era permisible. Sin embargo afirmó que su administración hizo más por los afroamericanos que los presidentes anteriores. El mandatario sostuvo que durante su gobierno se redujo la tasa de desempleo en esa población. "Este es un gran, gran día en términos de igualdad", comentó Trump nuevamente haciendo referencia a la baja del desempleo. Sin embargo, el informe del Departamento de Trabajo detalló que la falta de empleo para las personas negras subió ligeramente hasta llegar al 16,8 por ciento.

Bastante lejos del optimismo del mandatario, en varias ciudades hubo nuevas movilizaciones para protestar contra la discriminación hacia la comunidad negra. En la ciudad de Nueva York las marchas volvieron a ser anoche mayormente pacíficas. Los ánimos se caldearon cuando se difundió el video de un policía que empujó a un manifestante de avanzada edad en Buffalo, una ciudad del Estado. En el mismo se ve cómo el hombre cae hacia atrás y golpea su cabeza contra la vereda tras acercarse a un grupo de policías. En ese momento estaba por empezar el toque de queda en la ciudad. Sin perder tiempo, el alcalde Byron Brown anunció la suspensión sin goce de sueldo de los dos agentes involucrados en el hecho.

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La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern EFE

Más de 90.000 jóvenes no acuden a la escuela cuando menstrúan porque no pueden permitirse compresas o tampones, según la primera ministra de Nueva Zelanda

 

Las alumnas de las escuelas secundarias de Nueva Zelanda ya no tendrán que pagar por los productos de higiene íntima. El Gobierno ha anunciado que asumirá los costes con el objetivo de erradicar la pobreza menstrual generalizada. "Sabemos que casi 95.000 niñas de nueve a 18 años pueden quedarse en casa durante sus períodos debido a que no pueden permitirse productos menstruales", ha dicho la primera ministra.  

Jacinda Ardern ha señalado que los productos sanitarios para la menstruación no son un lujo sino una necesidad, y que demasiadas chicas no acuden a la escuela porque no pueden permitirse comprar compresas y tampones. "Al ponerlos a disposición gratuitamente, apoyamos a estas jóvenes para que continúen aprendiendo en la escuela", ha aseverado.

Según escuelas de zonas desfavorecidas, muchas niñas se ven obligadas a a utilizar papel higiénico, periódicos y trapos como alternativa para controlar el período. Quince escuelas de Waikato, identificadas como las más necesitadas, tendrán acceso a productos gratuitos a partir del tercer trimestre de este año, y el programa se extenderá a todo el país con carácter voluntario en 2021.

Desde Dignity, una ONG local que provee a algunas escuelas de suministros sanitarios, dicen estar "extasiados" por la decisión del Gobierno. "Para las estudiantes, la falta de acceso a los productos menstruales no solo exacerba los sentimientos de vergüenza y la carga financiera de género, sino que se ha demostrado que aumenta el absentismo", asegura Jacinta Gulasekharam, cofundadora de Dignity.

"Es una fantástica inversión de nuestro Gobierno. Sin embargo, esto es sólo el comienzo. La pobreza menstrual no afecta solo a las estudiantes", prosigue. "Es un subconjunto dentro de la pobreza generalizada, y muchos otros grupos, como quienes sufren la falta de vivienda y la pérdida de ingresos, sufren profundamente las implicaciones de la falta de acceso a los productos".

"Cuando tú, sin tener culpa alguna, no tienes acceso a las necesidades humanas básicas, se trata de algo que realmente impacta en cómo te ves a ti mismo, erosiona tu sentido del valor, tu sentido del yo", afirma Caro Atkinson, consejera escolar de la escuela He Huarahi Tamariki.

Una "diferencia inmediata" en la vida de las niñas

El Gobierno de coalición laborista tiene como objetivo reducir la pobreza infantil a la mitad en una década, y Ardern dice que, si bien esa tarea se ha hecho más compleja por las repercusiones de la COVID-19, es importante invertir en programas que marquen una "diferencia inmediata" en la vida de las niñas que se encuentran en situación de pobreza en todo el país.

Julie Anne Genter, ministra de la Mujer, opina que el coste de los productos sanitarios puede ser "prohibitivo" para algunas familias, lo que puede llevar a ausencias mensuales en la escuela para niñas que no pueden pagarlos ni gestionar su periodo de forma higiénica. "La menstruación es un hecho para la mitad de la población y el acceso a estos productos es una necesidad, no un lujo", incide Genter.

Según una encuesta realizada por Yputh19 Survey, el 12% de las estudiantes de 9 a 13 años que menstrúan afirmaron tener dificultades para acceder a los productos sanitarios, mientras que aproximadamente una de cada 12 estudiantes dijo haber faltado a la escuela por no poder pagar los productos. Por otra parte, un estudio de Universidad de Otago asegura que las niñas que sufren pobreza menstrual se enfrentan implicaciones de por vida "para su salud, desarrollo emocional, educación y perspectivas profesionales".

Por Eleanor Ainge Roy

03/06/2020 - 16:54h

Traducido por Clara Giménez

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Estados Unidos: coronacapitalismo y su inminente colapso

La riqueza privada siempre ha prevalecido sobre la salud pública en el manual de instrucciones capitalista. Aun así la enormidad de la crisis y el potencial explosivo de transformación que ésta encierra están cambiando las reglas y puntos de vista sobre el bien común.

 

En su rápido y despiadado auge desde su primera etapa basada en el laissez faire, el capitalismo parece haber llegado de manera inadvertida a su último adiós con la pandemia del covid-19. El coronacapitalismo es portador de enfermedades sociales crónicas, acumuladas en muchas décadas de explotación brutal, pero también ha contraído una nueva enfermedad fatal que no se había experimentado o esperado con anterioridad. Más de 22 millones de estadounidenses se encuentran ahora súbitamente desempleados, y las hinchadas filas de los desempleados, aquí y fuera, crecen cada día que pasa debido a la pandemia.

Este desempleo de masas impuesto está chupando progresivamente el fluido vital, la plusvalía, del capital en general y amenaza con colapsar todo el castillo de naipes levantado por la maximización del beneficio privado. Sin que el trabajo pueda crear más riqueza a través de su productividad en aumento en el lugar de trabajo que la necesitada para su propia supervivencia, hay beneficios en caída o nulos para la mayoría de propietarios privados e inversores corporativos. De ahí las actuales prisas por “abrir América” a pesar de los enormes riesgos para la salud pública. La riqueza privada siempre ha prevalecido sobre la salud pública en el manual de instrucciones capitalista. Aun así la enormidad de la crisis y el potencial explosivo de transformación que ésta encierra están cambiando las reglas y puntos de vista sobre el bien común. La caída del capitalismo, al menos tal y como lo conocemos, está en el horizonte.

La base material para un cambio cualitativo tan deseado se ha estado desarrollando desde hace décadas de decadencia y desesperación; la pandemia tan solo ha acelerado en gran medida y ha expuesto de manera espantosa la depravación y la fragilidad que afrontamos. Si había alguna red de seguridad, la inhumana concentración de riqueza y las políticas misántropas no han hecho más que disolverla. Después de unos 50 años de constante aumento de la desigualdad, los 400 norteamericanos más ricos ahora poseen más riqueza que los 150 millones más pobres de entre nosotros; el 22% de la riqueza generada por el trabajo en EE UU termina en la cartera de la décima parte del 1% más rico, mientras casi el 60% de los hogares norteamericanos carecen de suficientes ahorros como para pagar una factura médica de 1.000 dólares por una emergencia o una reparación del coche. Esas concentraciones obscenas de riqueza y evidentes brechas de desigualdad no se habían vivido desde 1928, justo antes de la Gran Depresión. Y aun así la marcha hacia el abismo continúa.

Las políticas públicas en favor de los ricos, junto con la ideología de darwinismo social que condena a los pobres, alimentan esta desigualdad. Para cualquiera al tanto de las dinámicas de la economía política, está claro que el Estado es un órgano de la clase dirigente, pero no fue hasta el advenimiento del régimen de Trump y la pandemia del coronavirus que este órgano se reveló como su recto. Las políticas públicas predominantes de este régimen misántropo apestan a distancia. El recorte de todos los fondos dirigidos a la Organización Mundial de la Salud (OMS) socava directamente los esfuerzos mundiales para contener y superar la pandemia. Mientras aumenta la venta de armas en EE UU, Trump llamó de manera implícita a una insurrección armada para “liberar” a determinados estados de sus medidas de contención de la pandemia.

Con el recorte legal de la tasa impositiva a las empresas del 35 al 21% en 2017 impulsada por el régimen de Trump, la Hacienda norteamericana dejó de ingresar cerca de 1 billón de dólares, que se añadieron a la cartera de valores corporativos con el objetivo de dedicarlas a lucrativas operaciones de compraventa de acciones. El gargantuesco regalo para los súper ricos norteamericanos en 2020, que lleva el nombre de ley CARES, exaspera en gran medida el robo legal de fondos públicos. Unos 500.000 millones de dólares en así llamados préstamos han sido entregados directamente a las mayores empresas de EE UU sin una supervisión ni rendición de cuentas significativa.

Debido a manejos fiscales, otros 1,2 millones de dólares han sido entregados de media a unos 43.000 millonarios, mientras los estadounidenses en dificultades pueden recibir un ingreso extraordinario de 1.200 dólares. Hay pocas dudas de que el régimen de Trump dirigirá una buena parte de esta generosidad a sus entusiastas simpatizantes y leales socios de negocios. El capitalismo de amiguetes no es nada nuevo para Trump, especialmente cuando en lo referido a su medicamento favorito para combatir el Covid-19: la hydroxychloroquina.

Conflicto de interés

Varias empresas farmacéuticas propiedad de partidarios de Trump están dando por hecho que la agencia sanitaria (Food and Drug Administration, FDA) les va a otorgar un trato de favor en sus esfuerzos de producir en masa esta sustancia no autorizada y potencialmente peligrosa. Sanofi, la empresa francesa que produce la HCQ bajo la marca Plaquenli, también ha atraído a estos partidarios, incluidos tres miembros de la familia Trump que poseen parte de sus acciones, así como al millonario y acérrimo aliado de Trump Ken Fischer, el principal accionista de Sanofi. El secretario de Comercio de Trump, Wilbur Ross, también tiene acciones de Sanofi. Si llega la autorización de la FDA, todos están a la espera de estos beneficios caídos del cielo.

Como principal portavoz y camello de la HCQ, Trump muestra su desdén por las advertencias científicas y su irracional lealtad a las prácticas de darwinismo social. Bajo su mandato la dirección de Prisiones compró pastillas de HCQ por valor de 60.000 dólares, sin duda dirigidas a uso experimental entre determinados reclusos de las prisiones federales. De manera similar, su búsqueda alocada de una solución milagrosa para la pandemia ha influido muy probablemente la decisión del gobierno indio de establecer posibles pruebas de la sustancia, como profilaxis, entre miles de habitantes de las villas miseria de Mumbai afectados por la pobreza. De nuevo, humanos vulnerables van a ser usados como conejillos de indias.

Mientras que trapichear con sustancias no testadas es una prioridad para este régimen, no lo es el impulso a políticas conocidas que puedan contrarrestar la inseguridad alimentaria y económica en rápido crecimiento. La New Poor People's Campaign estima que 140 millones de estadounidenses son pobres, un sorprendente 52% de niños estadounidenses son empobrecidos o de bajos ingresos, la mitad de los inquilinos gasta un tercio de sus modestos ingresos en la vivienda, y unos 49 millones de familias soporta una deuda colectiva de 1,5 billones de dólares en préstamos estudiantiles. Y aún así no se hace nada para aliviar ninguno de estos urgentes problemas sociales.

Incluso antes de la pandemia, unos 27 millones de estadounidenses carecían de seguro sanitario, cerca del 66% de los impagos de los hogares se debían a la incapacidad de pagar facturas médicas, y solo en 2018 cerca de 250.000 campañas médicas de la plataforma GoFundMe fueron lanzadas por familias en apuros. En las últimas dos semanas de marzo, 3,5 millones de estadounidenses perdieron la cobertura sanitaria dependiente de su contrato de trabajo y millones más no tenían permisos familiares ni bajas por enfermedad retribuidas.

Ningún otro país en lucha contra la pandemia se enfrenta a estos retos adicionales para la supervivencia. El hambre comienza a asomar su fea cabeza en EE UU como nunca lo había hecho en tiempos modernos; 11 millones de niños viven en hogares con alimentación precaria, Feeding America, una organización nacional de 200 bancos de alimentos, estima que unos 17 millones de estadounidenses pueden pasar hambre pronto. Y aún así el régimen de Trump propone recortes en las cartillas de alimentación y en el Programa Suplementario de Asistencia Nutricional (SNAP, por sus siglas en inglés). La mentalidad tipo “que coman pasteles” ha arraigado y se cobra su peaje.

Mientras los animales salvajes deambulan cada vez más por algunas calles desiertas y se amontonan las kilométricas filas de coches para conseguir alimentos, hay quienes no solo han escapado del mortífero impacto de la pandemia, sino que durante ella han incrementado en gran medida su riqueza. Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo con una riqueza neta de 138.000 millones de dólares, ganó recientemente otros 24.000 millones extraídos de la plusvalía generada por los expuestos trabajadores de Amazon.

Varios otros milmillonarios estadounidenses (Mark Zuckerberg, Warren Buffett, Elton Musk, Larry Ellison, Larry Page, Bill Gates) vieron su enorme riqueza crecer 20.000 millones en total a comienzos de abril. En el mismo periodo, cerca de cinco millones de trabajadores norteamericanos solicitaron seguro de desempleo, la mayoría de ellos mientras perdía la cobertura sanitaria asociada a sus contratos. Millones de norteamericanos que antes vivían pendientes de las ayudas ahora sobreviven día a día. Muchos no lo han logrado. A mediados de abril cerca de 34.000 norteamericanos han muerto de covid-19 (la cifra superaba los 100.000 a finales de mayo). Las víctimas mortales en todo el mundo se proyectan por millones para este verano, y la tasa de desempleo en EE UU puede llegar a un 30% sin precedentes. Una atrocidad sin precedentes requiere de una respuesta sin precedentes.

Si los milmillonarios y el sistema que los produce han perdido alguna vez su razón de ser es ahora. Hay que distribuir la riqueza. Fomentar la sanidad pública. Acabar con la pesadilla. Dona Nobis Pacem (Danos la paz)

 

1 jun 2020 06:51

counterpunch

Werner Lange es profesor de sociología retirado y veterano activista pacifista. Artículo original: Corona Capitalism and its Coming Collapse Traducido para El Salto por Eduardo Pérez.

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Sábado, 30 Mayo 2020 11:03

La crisis apenas comienza

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Una de las expresiones más claras de la crisis asociada al covid-19 es la agudización del proceso de pérdida de empleos. Esta es la manifestación más evidente de una crisis profunda de la economía colombiana.

Como se observa en la figura 1, durante los últimos 20 años el máximo nivel de ocupación se presentó en el 2018 con 23 millones de personas. A partir de entonces el empleo ha tendido hacia la baja.

 

 

Antes del coronavirus la ocupación se estaba reduciendo porque ya se sentía el impacto de la caída del precio del petróleo. El fin de la bonanza afectó de manera negativa la actividad económica porque el país cometió el error de depender, de manera excesiva, de los productos primarios. Durante los años de altos precios de los hidrocarburos, en lugar de superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, las importaciones aumentaron más que las exportaciones, y se debilitó la industria y la agricultura doméstica El país se convirtió en un gigantesco sanandresito.

Este panorama ha empeorado con la pandemia, y el empleo se redujo de manera significativa en marzo, cuando la ocupación llegó a 20,5 millones. Solamente entre febrero y marzo de este año se perdieron 1,5 millones de empleos. La situación hoy es más difícil porque en el momento en el que se realizó la última Encuesta de Hogares, aún no se sentía todo el peso de la pandemia y del aislamiento. No hay duda, el empleo continuará disminuyendo.

Algunos sectores económicos han sido especialmente perjudicados, como el turismo, el transporte, el comercio, los restaurantes, las ventas ambulantes… Y se han afectado, en especial, las pequeñas y medianas empresas. Las actividades informales han recibido un golpe muy duro. Además, la llamada clase media también ha sentido las consecuencias perversas de la menor actividad económica.

Y por el lado positivo, se ha puesto en evidencia la relevancia de la agricultura y, en general, de la demanda interna. A pesar de todas las dificultades, la oferta de alimentos ha sido suficiente. Este hecho muestra la importancia estratégica que tiene el sector agropecuario, y obliga a poner en práctica estrategias que lleven a la sustitución de importaciones. Es inaceptable que el país esté importando anualmente, por ejemplo, 7 millones de toneladas de maíz.

El coronavirus ha mostrado otras debilidades estructurales de la economía colombiana, como las diversas expresiones de la desigualdad. Las diferencias regionales son significativas. Y un buen ejemplo es el Amazonas. Las personas más vulnerables han sentido la enfermedad de manera especialmente intensa.

Además del desempleo y de la caída del ingreso, los pobres están más expuestos a la enfermedad. Entre otras razones, porque no pueden aislarse. Únicamente los hogares privilegiados –que tienen la posibilidad de trabajar desde la casa, o que cuentan con ingresos estables– están en capacidad de guardar las condiciones estrictas de la cuarentena. La mayoría de las familias tienen que salir a la calle para poder conseguir un ingreso mínimo.

Las consecuencias

La disminución del empleo tiene como causa inmediata el aislamiento, y las dificultades ocasionadas por la pandemia. Pero pone en evidencia problemas estructurales de la economía nacional. En el panorama internacional no todos los desempleos son iguales. Cada uno tiene su propia naturaleza, y el del país es muy diferente al de Estados Unidos, Canadá, o Europa.

La tasa de desempleo no capta la profundidad del problema
Se considera como desempleada a la persona que durante el último mes buscó trabajo y no lo encontró. Quienes están sin trabajo, y que no trataron de emplearse el último mes son inactivos y, por consiguiente, no son desempleados.

A pesar de las dificultades que se presentan con las estadísticas, la tasa de desempleo se ha agudizado en los últimos 3 meses, y osciló alrededor del 12-13 por ciento.

El desempleo todavía no es tan alto como el que se presentó en el 2001. A comienzos del siglo la economía estaba resquebrajada por la recesión de 1999. La crisis actual todavía no ha alcanzado la profundidad de la anterior, pero todo indica que la situación se agravará, y que la recesión será de mayor intensidad. Las gráficas apenas reflejan el comienzo de la crisis.

El ingreso está cayendo y la pobreza se intensificará
El ingreso de los hogares está disminuyendo, y es muy probable que la incidencia de la pobreza se acentúe. Las estadísticas de los dos últimos años ya mostraban un ligero aumento de la pobreza en el país. Esta tendencia al alza se observaba incluso en Bogotá, ciudad caracterizada por tener niveles de pobreza relativamente bajos. La caída de la ocupación y del ingreso agravará las difíciles condiciones de vida de las personas más vulnerables.

En Colombia la línea de pobreza está alrededor de 270 mil pesos mes persona, así que una familia de 4 necesitaría un ingreso de un millón de pesos mes para superar la línea de pobreza.

Los precios de los alimentos están subiendo
Los precios de los alimentos suben por dos razones. Primera, porque el país está importando un volumen considerable. Durante los años de las bonanzas de petróleo y carbón, en lugar de consolidar el sector agropecuario se aumentaron las importaciones de alimentos básicos, que pasaron de 1 millón a 14 millones de toneladas año. Y, segundo, por la devaluación sufrida por el peso, lo que incrementa el costo de los bienes importados.

Para los trabajadores es muy perjudicial la conjunción de desempleo, caída del ingreso y aumento del precio de los alimentos.

Las alternativas

Entre las medidas implementadas resaltan:

Focalización urgente para evitar el hambre
Se deben acentuar los programas de focalización, dirigidos a la población más vulnerable. Se han hecho explícitas las limitaciones de las bases de datos. Los registros administrativos tienen problemas, que dificultan la ubicación de las personas que podrían ser beneficiarias. La información debe mejorar, y lo más adecuado sería contar con una declaración de renta universal. Todos los colombianos tendríamos que declarar renta, unos para recibir subsidios y otros para pagar impuestos.

Las transferencias actuales se deberían mantener, pero los montos tendrían que ser más altos. El Gobierno todavía insiste en la lógica de la “austeridad fiscal”, en un momento en el que ya no es posible. Los principales programas de transferencia de recursos son: Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Adulto Mayor. Y, recientemente, entre otros, Ingreso Solidario, y la devolución del IVA (ambos del nivel nacional), a nivel local, para un ejemplo, Bogotá Solidaria. Estas transferencias son muy insuficientes. Antes de la pandemia, los hogares completaban estos recursos con su trabajo, especialmente en actividades informales.

En la segunda semana de mayo se anunció un subsidio a los trabajadores del 40 por ciento del salario mínimo, que también es pequeño. En Canadá, el gobierno está reconociéndole a las empresas el 75 por ciento del valor de la nómina.

Vale la pena insistir en la conveniencia de avanzar hacia un ingreso básico universal, incondicional, y suficiente para resolver las necesidades básicas.

Medidas tributarias urgentes
Así como lo hizo Uribe para financiar la guerra, podría decretarse un impuesto de emergencia, por pagar por los más ricos. También deberían eliminarse las exenciones que aprobadas en la reforma tributaria de diciembre, que la llamaron “ley de crecimiento”.

Preparar grandes proyectos de inversión en obra pública
La reactivación tiene que estar basada en grandes proyectos de inversión pública. Y para ello se requiere que haya políticas expansivas más agresivas. El Banco de la República y el Gobierno se niegan a ampliar la emisión, y la liquidez que le han entregado a la economía ha sido a través del sistema financiero, con mecanismos que buscan proteger la ganancia de los bancos. El Estado colombiano apenas está destinando el 4 por ciento del PIB para atender las necesidades de la pandemia. En Perú es el 12 por ciento, y en Chile el 10. El Ministro de Hacienda todavía no ha entendido que la situación actual es alarmante y dramática.

Modificar la estructura de las exportaciones colombianas
El país no puede seguir dependiendo de las exportaciones de petróleo e hidrocarburos. Aún durante los años de las bonanzas, las importaciones fueron mayores a las exportaciones. Los tratados de libre comercio firmados por Colombia consolidaron una apertura “hacia adentro”. Es decir, y en contra de lo argumentado, aceleraron las importaciones, y aumentaron la dependencia externa. Es el momento de consolidar la producción agropecuaria e industrial de origen nacional.

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18 de mayo de 2020

 

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Publicado enEdición Nº268
El desempleo en Colombia se dispara hasta el 19,8% en abril

Los desempleados pasan de 2,5 millones hasta más de 4 millones en el primer mes completo de cuarentena para frenar la pandemia

 

Colombia ya siente con fuerza la dentellada económica provocada por el coronavirus. La tasa de desempleo, el tradicional talón de Aquiles de una de las economías más estables de América Latina, se disparó hasta el 19,8% en abril, el primer mes completo de la cuarentena nacional decretada por el Gobierno de Iván Duque para frenar la propagación de la covid-19. El dato divulgado este viernes por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística está en línea con las proyecciones más pesimistas y representa casi el doble con respecto a la tasa de abril de 2019.

En un mes, más de 5,3 millones personas dejaron de estar ocupadas en el país andino, la cuarta parte de los puestos de trabajo. En ese mismo periodo, los desempleados pasaron de 2,5 millones a 4,1 millones, mientras la población ocupada se ubicó en 16,5 millones de personas. Como se anticipaba, los sectores más golpeados fueron industria manufacturera, comercio, restaurantes, actividades artísticas y de entretenimiento. Si se amplía el periodo de febrero a abril, la tasa de desempleo se ubica en 14,6 %. El pasado marzo, cuando los colombianos llevaban cerca de una semana sometidos a las inéditas medidas de confinamiento, el desempleo ya había subido al 12,6%.

Colombia arrancó este año con los mejores números entre los países grandes de la región. El crecimiento de los dos primeros meses superaba el 4%, pero la incertidumbre de marzo, cuando se inició la cuarentena, bastó para frenar ese impulso y cerrar el trimestre con un crecimiento de 1,1%. Es probable que el pasado abril quede registrado como el mes de peor desempeño económico en la historia de Colombia, coinciden diversos analistas. Para este año, el Ministerio de Hacienda prevé una desaceleración en torno a -5,5%, aunque para el Fondo Monetario Internacional la caída será de -2,4%.

Después de más de dos meses del llamado “aislamiento preventivo obligatorio”, el país se apresta a pasar a una nueva fase que relaja las medidas de confinamiento a partir del lunes. El Ejecutivo ha insistido en recuperar la “vida productiva” –más no la “vida social”– mediante una reactivación económica escalonada. Desde hace varias semanas, sectores como la construcción, la manufactura y algunos comercios están autorizados a salir a las calles bajo ciertos protocolos, y a partir de junio las numerosas excepciones también cobijan las "actividades profesionales, técnicas y de servicios en general”, el comercio al por mayor y al por menor, incluido el funcionamiento de centros comerciales, así como los museos, bibliotecas y peluquerías, entre muchas otras.

Aunque exhibe con orgullo una de las economías más estables de América Latina, que solo ha acabado un año en negativo en más de medio siglo, Colombia también ha mantenido una tasa de desempleo “inaceptablemente alta”, como reconocía en noviembre el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla. El año pasado volvió a ubicarse por encima de los dos dígitos (10,5%) y el coronavirus amenaza con llevarla por encima del 20 % en 2020.

La preocupación también se asienta en el frente de la larga lucha contra la pobreza y la desigualdad. Para 2018, Colombia había reducido el porcentaje de su población por debajo de la línea de pobreza hasta el 27 %. Un reciente estudio de la Universidad de Los Andes advierte que la pandemia puede representar un retroceso de dos décadas, hasta los tiempos en que cerca de la mitad de la población se ubicaba por debajo de ese umbral.

Publicado enColombia
El gobierno de España aprobó un ingreso mínimo para paliar la pobreza en plena pandemia

El Ingreso Mínimo Vital (IMV) estará orientado a familias que se encuentran en situación o riesgo de pobreza. "Hoy nace un nuevo derecho social en España. Es un día histórico para la democracia", dijo el vicepresidente Pablo Iglesias.

 

El gobierno de España aprobó el primer Ingreso Mínimo Vital (IMV) a nivel nacional. Con esta medida pretende llegar a 850 mil hogares que integran casi 2,4 millones de personas. El mismo estará orientado a familias que se encuentran en situación o riesgo de pobreza. "Hoy nace un nuevo derecho social en España. Es un día histórico para la democracia", señaló el vicepresidente segundo Pablo Iglesias. El ingreso oscilará entre 462 y 1.015 euros al mes (500-1.200 dólares), dependiendo de la composición del hogar, que puede ser unipersonal. De acuerdo con el gobierno esta ayuda supondrá la práctica erradicación de la pobreza extrema en el país. La medida llega en medio de una crisis económica severa causada por la pandemia del coronavirus. En España hubo unos 950.000 nuevos desocupados desde el inicio del confinamiento.

 

"Justicia social y recuperación económica"

 

La medida estaba incluida en el programa de gobierno acordado entre el Partido Socialista (PSOE) y Unidas Podemos (UP). Sin embargo su aplicación se aceleró ante las consecuencias económica de la pandemia. Podrán pedir esta ayuda hogares de cualquier tamaño, también los unipersonales, siempre que la persona tenga entre 23 y 65 años y lleve al menos tres años constituido el hogar. Cuando es una pareja, el hogar debe estar formado desde hace un año. Se requiere también al menos un año ininterrumpido de residencia legal en España, excepto para las personas vulnerables en situaciones de violencia de género o explotación sexual.

El presidente de España Pedro Sánchez destacó el carácter permanente de la medida. “Ampara a quienes peor lo están pasando, combate la pobreza y contribuye a la recuperación económica de nuestro país", explicó el mandatario en su cuenta de Twitter. El gobierno informó que un 30 por ciento de los beneficiarios serán menores. Los montos fijados por el ejecutivo nacional establecen un mínimo para todo el país que las distintas comunidades autónomas podrán mejor. Su asignación dependerá de la composición, patrimonio e ingresos del hogar. Durante el primer mes de vigencia del ingreso mínimo, el gobierno actuará de oficio con la intención de llegar rápidamente a unos 100.000 hogares que cumplen con los requisitos, sin que sea necesario que lo soliciten. El coste anual para el Estado se calcula en unos 3.000 millones de euros, equivalente a un 0,24 por ciento del PIB de 2019.

Por su parte Iglesias subrayó que este ingreso viabiliza la redistribución de la riqueza. “Es absolutamente imprescindible para la recuperación económica", sostuvo el miembro de UP. Además recalcó la importancia de que esos recursos no irán a paraísos fiscales sino al consumo para dinamizar la economía del país. Actualmente están en situación de pobreza extrema unos 600.000 hogares y 1,6 millones de personas que viven con ingresos entre 245 y 362 euros al mes. "No hay libertad si no se llega a fin de mes", aseguró Iglesias. Por su parte la ministra de Trabajo Yolanda Díaz también recalcó el carácter histórico de la medida. “El propósito de este gobierno de no dejar a nadie atrás se sustancia en una prestación estructural, destinada a permanecer, y que era un compromiso con nuestro país", sostuvo Díaz. En el resto de Europa ya se aplican medidas similares por lo que España llega rezagada, aseguró Andoni Montes, analista de la Fundación Alternativas a la agencia EFE. "El IMV pone a España en un contexto de la normalidad europea", explicó Montes. Según el analista el país no poseía una política de protección social tan ambiciosa como otros de su entorno.

 

Un plan para alentar el empleo

 

Desde las entidades empresariales y la ortodoxia económica marcaron los peligros del programa social que planteó el gobierno. Entre la oposición política, el portavoz en el Senado del conservador Partido Popular Javier Maroto consideró muy grave que el gobierno pretenda usar para este ingreso los fondos de las pensiones de retiro. Por su parte el presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) Antonio Garamendi recalcó que este sistema no tiene ningún sentido si no conduce hacia lograr más empleos. "No podemos tener un país subvencionado", recalcó el representante del sector. Además pidió que el IMV se aplique de manera idónea y con la obligación de que los beneficiarios no puedan rechazar ofertas de trabajo.

Sin embargo el gobierno explicó que la asistencia será compatible con rentas salariales e incluirá incentivos al empleo. De esta forma los beneficiaros van a poder realizar en paralelo trabajos temporales o por cuenta propia sin perder el beneficio. El IMV cubrirá la diferencia entre la renta existente en cada familia y el umbral fijado para cada tipo de hogar. Este límite de patrimonio, que aumenta según el número de personas que forman el hogar, parte de 16.614 euros netos (unos 18 mil dólares) para una persona que viva sola, hasta un máximo de 43.196 euros (48 mil dólares). Sólo al sobrepasar ese monto los beneficiarios perderán la asignación. Antes de esta crisis, 4,5 millones de hogares españoles se encontraban en riesgo de exclusión social o pobreza severa. Esto suponía casi el 25 por ciento del total de la población, según un estudio del Banco de España de marzo pasado.

Publicado enInternacional
Jueves, 28 Mayo 2020 09:16

La crisis apenas comienza

https://www.flickr.com/photos/prachatai/

Una de las expresiones más claras de la crisis asociada al covid-19 es la agudización del proceso de pérdida de empleos. Esta es la manifestación más evidente de una crisis profunda de la economía colombiana.

Como se observa en la figura 1, durante los últimos 20 años el máximo nivel de ocupación se presentó en el 2018 con 23 millones de personas. A partir de entonces el empleo ha tendido hacia la baja.

 

 

Antes del coronavirus la ocupación se estaba reduciendo porque ya se sentía el impacto de la caída del precio del petróleo. El fin de la bonanza afectó de manera negativa la actividad económica porque el país cometió el error de depender, de manera excesiva, de los productos primarios. Durante los años de altos precios de los hidrocarburos, en lugar de superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, las importaciones aumentaron más que las exportaciones, y se debilitó la industria y la agricultura doméstica El país se convirtió en un gigantesco sanandresito.

Este panorama ha empeorado con la pandemia, y el empleo se redujo de manera significativa en marzo, cuando la ocupación llegó a 20,5 millones. Solamente entre febrero y marzo de este año se perdieron 1,5 millones de empleos. La situación hoy es más difícil porque en el momento en el que se realizó la última Encuesta de Hogares, aún no se sentía todo el peso de la pandemia y del aislamiento. No hay duda, el empleo continuará disminuyendo.

Algunos sectores económicos han sido especialmente perjudicados, como el turismo, el transporte, el comercio, los restaurantes, las ventas ambulantes… Y se han afectado, en especial, las pequeñas y medianas empresas. Las actividades informales han recibido un golpe muy duro. Además, la llamada clase media también ha sentido las consecuencias perversas de la menor actividad económica.

Y por el lado positivo, se ha puesto en evidencia la relevancia de la agricultura y, en general, de la demanda interna. A pesar de todas las dificultades, la oferta de alimentos ha sido suficiente. Este hecho muestra la importancia estratégica que tiene el sector agropecuario, y obliga a poner en práctica estrategias que lleven a la sustitución de importaciones. Es inaceptable que el país esté importando anualmente, por ejemplo, 7 millones de toneladas de maíz.

El coronavirus ha mostrado otras debilidades estructurales de la economía colombiana, como las diversas expresiones de la desigualdad. Las diferencias regionales son significativas. Y un buen ejemplo es el Amazonas. Las personas más vulnerables han sentido la enfermedad de manera especialmente intensa.

Además del desempleo y de la caída del ingreso, los pobres están más expuestos a la enfermedad. Entre otras razones, porque no pueden aislarse. Únicamente los hogares privilegiados –que tienen la posibilidad de trabajar desde la casa, o que cuentan con ingresos estables– están en capacidad de guardar las condiciones estrictas de la cuarentena. La mayoría de las familias tienen que salir a la calle para poder conseguir un ingreso mínimo.

Las consecuencias

La disminución del empleo tiene como causa inmediata el aislamiento, y las dificultades ocasionadas por la pandemia. Pero pone en evidencia problemas estructurales de la economía nacional. En el panorama internacional no todos los desempleos son iguales. Cada uno tiene su propia naturaleza, y el del país es muy diferente al de Estados Unidos, Canadá, o Europa.

La tasa de desempleo no capta la profundidad del problema
Se considera como desempleada a la persona que durante el último mes buscó trabajo y no lo encontró. Quienes están sin trabajo, y que no trataron de emplearse el último mes son inactivos y, por consiguiente, no son desempleados.

A pesar de las dificultades que se presentan con las estadísticas, la tasa de desempleo se ha agudizado en los últimos 3 meses, y osciló alrededor del 12-13 por ciento.

El desempleo todavía no es tan alto como el que se presentó en el 2001. A comienzos del siglo la economía estaba resquebrajada por la recesión de 1999. La crisis actual todavía no ha alcanzado la profundidad de la anterior, pero todo indica que la situación se agravará, y que la recesión será de mayor intensidad. Las gráficas apenas reflejan el comienzo de la crisis.

El ingreso está cayendo y la pobreza se intensificará
El ingreso de los hogares está disminuyendo, y es muy probable que la incidencia de la pobreza se acentúe. Las estadísticas de los dos últimos años ya mostraban un ligero aumento de la pobreza en el país. Esta tendencia al alza se observaba incluso en Bogotá, ciudad caracterizada por tener niveles de pobreza relativamente bajos. La caída de la ocupación y del ingreso agravará las difíciles condiciones de vida de las personas más vulnerables.

En Colombia la línea de pobreza está alrededor de 270 mil pesos mes persona, así que una familia de 4 necesitaría un ingreso de un millón de pesos mes para superar la línea de pobreza.

Los precios de los alimentos están subiendo
Los precios de los alimentos suben por dos razones. Primera, porque el país está importando un volumen considerable. Durante los años de las bonanzas de petróleo y carbón, en lugar de consolidar el sector agropecuario se aumentaron las importaciones de alimentos básicos, que pasaron de 1 millón a 14 millones de toneladas año. Y, segundo, por la devaluación sufrida por el peso, lo que incrementa el costo de los bienes importados.

Para los trabajadores es muy perjudicial la conjunción de desempleo, caída del ingreso y aumento del precio de los alimentos.

Las alternativas

Entre las medidas implementadas resaltan:

Focalización urgente para evitar el hambre
Se deben acentuar los programas de focalización, dirigidos a la población más vulnerable. Se han hecho explícitas las limitaciones de las bases de datos. Los registros administrativos tienen problemas, que dificultan la ubicación de las personas que podrían ser beneficiarias. La información debe mejorar, y lo más adecuado sería contar con una declaración de renta universal. Todos los colombianos tendríamos que declarar renta, unos para recibir subsidios y otros para pagar impuestos.

Las transferencias actuales se deberían mantener, pero los montos tendrían que ser más altos. El Gobierno todavía insiste en la lógica de la “austeridad fiscal”, en un momento en el que ya no es posible. Los principales programas de transferencia de recursos son: Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Adulto Mayor. Y, recientemente, entre otros, Ingreso Solidario, y la devolución del IVA (ambos del nivel nacional), a nivel local, para un ejemplo, Bogotá Solidaria. Estas transferencias son muy insuficientes. Antes de la pandemia, los hogares completaban estos recursos con su trabajo, especialmente en actividades informales.

En la segunda semana de mayo se anunció un subsidio a los trabajadores del 40 por ciento del salario mínimo, que también es pequeño. En Canadá, el gobierno está reconociéndole a las empresas el 75 por ciento del valor de la nómina.

Vale la pena insistir en la conveniencia de avanzar hacia un ingreso básico universal, incondicional, y suficiente para resolver las necesidades básicas.

Medidas tributarias urgentes
Así como lo hizo Uribe para financiar la guerra, podría decretarse un impuesto de emergencia, por pagar por los más ricos. También deberían eliminarse las exenciones que aprobadas en la reforma tributaria de diciembre, que la llamaron “ley de crecimiento”.

Preparar grandes proyectos de inversión en obra pública
La reactivación tiene que estar basada en grandes proyectos de inversión pública. Y para ello se requiere que haya políticas expansivas más agresivas. El Banco de la República y el Gobierno se niegan a ampliar la emisión, y la liquidez que le han entregado a la economía ha sido a través del sistema financiero, con mecanismos que buscan proteger la ganancia de los bancos. El Estado colombiano apenas está destinando el 4 por ciento del PIB para atender las necesidades de la pandemia. En Perú es el 12 por ciento, y en Chile el 10. El Ministro de Hacienda todavía no ha entendido que la situación actual es alarmante y dramática.

Modificar la estructura de las exportaciones colombianas
El país no puede seguir dependiendo de las exportaciones de petróleo e hidrocarburos. Aún durante los años de las bonanzas, las importaciones fueron mayores a las exportaciones. Los tratados de libre comercio firmados por Colombia consolidaron una apertura “hacia adentro”. Es decir, y en contra de lo argumentado, aceleraron las importaciones, y aumentaron la dependencia externa. Es el momento de consolidar la producción agropecuaria e industrial de origen nacional.

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18 de mayo de 2020

 

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Publicado enColombia
El gobierno alemán salva a Lufthansa y se queda con un 20 por ciento de la empresa 

Estado será el principal accionista de la aerolínea  

La compañía aérea Lufthansa y el gobierno alemán acordaron un plan de salvación de 9.000 millones de euros que convertirá al Estado en el principal accionista del grupo con el 20% del capital.

 

"Antes de la pandemia del nuevo coronavirus, la compañía tenía buena salud, era rentable y tenía buenas perspectivas de futuro", dijo el ministerio de Economía alemán en un comunicado en el que anunció la mezcla de inversiones del Estado y préstamos, mientras que Lufthansa aseguró que el Estado alemán se retirará como accionista a finales de 2023.

El gobierno aprobó el plan a través del fondo de estabilidad económica del gobierno federal (WSF), creado para amortiguar las repercusiones de la pandemia del coronavirus.

El acuerdo se produce tras largas negociaciones sobre ayudas en un momento en que la compañía, como el conjunto del sector del transporte aéreo, atraviesa una crisis sin precedentes.

Según el acuerdo, el Estado adquirirá el 20% del grupo por 300 millones de euros, es decir, 2,56 euros por acción, un precio muy inferior al del mercado, que le garantizará su presencia en la compañía como accionista principal.

También inyectará 4.700 millones de euros de fondos aunque sin derecho de voto en el marco de una "participación silenciosa", sobre la que Lufthansa pagará un interés progresivo que va del 4% en 2020 y 2021 al 7,5% en 2027, señala el grupo en un comunicado.

Quedan otros 1.000 millones de fondos adicionales, con los que Berlín puede aumentar su participación hasta el 25% y una acción, lo que significa una minoría de bloqueo según el derecho alemán. La convertibilidad podría hacerse "en caso de oferta pública de compra por un tercero" para hacerla fracasar.

El Estado obtiene igualmente dos asientos en el consejo de vigilancia de Lufthansa, pero renuncia a su derecho de voto en las asambleas generales "salvo en caso de oferta de compra".

A todo ello, se suma un crédito de 3.000 millones de euros por el grupo, que no podrá pagar dividendos a sus accionistas. Para el ejercicio 2019, Lufthansa ya había suspendido el pago de dividendos para mantener su solvencia.

El WSF debe vender sus participaciones al precio del mercado para el 31 de diciembre de 2023 si el grupo ha reembolsado los fondos inyectados, precisó la compañía aérea.

Actualmente, cerca de 700 de los 760 aviones del grupo están en tierra y en abril, Lufthansa transportó a unos 3.000 pasajeros frente a 350.000 de antes de la crisis. En el primer trimestre, la pérdida de explotación se elevó a 1.200 millones de euros y debería ser peor en el segundo trimestre.

Publicado enEconomía
Caravana de Mujeres Centroamericanas.

En situación de calle, bajo el sol en la ruta, abandonados o detenidos en las cárceles de frontera. El covid-19 expulsa a miles de migrantes latinoamericanos que, sin trabajo ni vivienda, emprenden distintas travesías agobiados por el hambre y el miedo.

 

“Quiero irme a Bolivia, tengo mis hijas allá, nosotros vinimos solamente a trabajar”, contaba Marina a la prensa chilena, mientras acampaba frente al Consulado de Bolivia en este país. Mientras tanto, a miles de kilómetros, migrantes centroamericanos que tenían como destino la deportación eran abandonados en la frontera sur de México. “Nos botaron aquí porque no sabían qué hacer. Ahora a ver cómo le hacemos para volver a nuestro país sin dinero y con la frontera cerrada”, decía Anthony, migrante guatemalteco.

Por estos días América Latina ve crecer el número de contagios, al mismo tiempo que aumentan las restricciones que vacían las ciudades expulsando a la población más pobre. Los migrantes son parte de este sector sumergido que no se puede quedar en casa al vivir al día con trabajos informales y alojamientos temporales. Personas que en los últimos años se desplazaron por razones económicas, pero también forzadas por contextos de violencia o los efectos que el cambio climático genera en sus territorios.

“Estamos hablando de flujos mixtos. Las fronteras entre migrante y refugiado son cada vez menos claras en los flujos contemporáneos”, explica a El Salto María del Carmen Villareal, investigadora de la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro, especializada en migraciones internacionales y derechos humanos.

Un fenómeno reciente es el aumento de los flujos intrarregionales que responden a las restricciones impuestas por el norte global, pero también a la mejora de las políticas migratorias que facilitaron la movilidad y las residencias en América del Sur durante los Gobiernos progresistas. Según datos de 2019, hay más de 7,5 millones de migrantes sudamericanos en esta región. El fenómeno más visible es el venezolano, que tiene como principales destinos Colombia, Perú y Ecuador. Pero también aumentó el desplazamiento de nicaragüenses a Costa Rica o de centroamericanos que tenían a Estados Unidos como destino y terminaron quedándose en México, debido a los fuertes controles migratorios que impone el Gobierno de Donald Trump.

Si bien el objetivo de los migrantes es encontrar un futuro mejor, también es una vía para ayudar a sus familias a través del envío de remesas. En varios países esta contribución es muy significativa a nivel económico: en Haití representan más del 30% del PBI, en El Salvador y Honduras el 20% y en Guatemala y Nicaragua su peso es superior al 10%. Sin embargo, el informe Especial covid-19 de la CEPAL muestra que debido al coronavirus estas podrían contraerse entre un 10% y un 15%. El estudio también revela que llevaría entre tres y cuatro años recuperar el nivel alcanzado en 2019.

Según datos también de CEPAL, antes de la pandemia, América Latina mostraba bajo crecimiento económico, la tasa de desempleo alcanzaba el 8,1%, y el trabajo informal afectaba al 54% de los trabajadores. Un panorama que se agravará con la crisis sanitaria, y que si bien los Gobiernos han querido contrarrestar implementando medidas de apoyo a los sectores más afectados, en su mayoría son ayudas que están orientadas a nacionales o a migrantes con sus documentos regularizados.

VOLVER

La desprotección y el riesgo que supone el contagio los destina otra vez al desarraigo, con un efecto que hasta hace unos meses parecía imposible: el retorno a sus países de origen. “Es mejor vivir la miseria de uno con su familia”, dice una migrante venezolana que se arriesga a cruzar con sus hijas a cuestas por uno de los pasos irregulares, los “tronchos”, que conectan la frontera de Venezuela con Colombia.

La crisis del coronavirus generó el cierre de la mayoría de la fronteras, aunque en un continente caracterizado por la porosidad de sus límites el bloqueo nunca es definitivo. “Allí hay muchísimos peligros. Son personas que se han quedado sin nada, que no tenían para comer y que están tratando de volver para tener un techo. En el caso de las mujeres es muy importante tener una mirada de género. Porque muchas migrantes hablan del peaje migratorio, de la posibilidad de ser violadas“, señala la politóloga brasileña.

En el caso de Venezuela, el Gobierno de Nicolás Maduro habilitó algunos corredores humanitarios de retorno. Días atrás salieron diez autobuses de Cali a la ciudad venezolana de Cúcuta. Sin embargo, la mayoría de las personas están retornando a través de los “tronchos”, a donde llegan también decenas de venezolanos provenientes de Ecuador y Perú, dispuestos a arriesgarse luego de haber atravesado miles de kilómetros.

Según datos del consulado de la República Bolivariana en Quito, en Ecuador hay más de 17.000 personas anotadas a la espera de un vuelo humanitario. En los primeros días de mayo, dos aviones de la empresa aérea Conviasa llegaron a la capital ecuatoriana y retornaron a Caracas con 180 ciudadanos. Sin embargo, el cónsul venezolano, Pedro Sassone, dijo que hasta el momento no saldrán más vuelos. “Además de la parte económica está también el lado emocional, que es súper agobiante. La mayoría de los venezolanos se ve sola, y depende de las buenas personas que tengan a su alrededor”, explica a El Salto Lucía León, politóloga venezolana especializada en relaciones internacionales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

En estos días, muchos venezolanos han sido expulsados de sus viviendas, sobre todo en Quito y Guayaquil, donde se concentra casi un 70% de los 500.000 que están en el país. Una región en la que también se da la mayor cantidad de contagios y muertes, lo que incrementa la estigmatización y xenofobia debido a las noticias falsas que los culpan de la propagación del virus. Según cuenta León, “hay muchas denuncias de que los servicios de emergencia no te atienden si se dan cuenta de que eres venezolano”. Ecuador dispone de un sistema universal de salud que incluye a toda la población, algo que no habitual en todos los países de la región.

También en Perú, donde viven alrededor de un millón de venezolanos, la situación es acuciante. Si bien se han generado ayudas mínimas como la de Acnur, que brinda 80 soles (100 dólares) a migrantes sin importar su situación legal, para ello es necesario contar con una cuenta bancaria. “Algo a lo que no tiene acceso la población que se encuentra en situación irregular", explica del otro lado del teléfono Martha Fernández, refugiada que vive desde hace tres años en el país e integra la Asociación Protección Poblaciones Vulnerables.

En Brasil, el Estado incluye en sus planes de ayudas sociales a la población refugiada y migrantes regularizados. Si bien el giro a la derecha en la región marcó un momento más restrictivo con políticas que dejan de lado la retórica pro derechos humanos, algunos Gobiernos han instrumentalizados ideológicamente los flujos migratorios. “En Brasil tienes a Bolsonaro, que mucha gente podría pensar es un error en todos los sentidos, que no hay duda de eso, pero él aprobó miles de solicitudes de refugio para venezolanos”, explica la investigadora Villarreal. En este contexto, organizaciones de la sociedad civil organizaron la campaña #RegularizaçãoJá, que exige una regularización permanente para todos los migrantes del país.

También en Argentina, país con una larga historia como receptor de migrantes, la Secretaría de Trabajadores Migrantes (STM) tiene el mismo reclamo. Más en estos días en que el Gobierno de Alberto Fernández creó el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), que deja por fuera a los migrante que no están regularizados o a quienes tienen la residencia legal inferior a dos años. En el período del presidente Mauricio Macri se aprobó el Decreto de necesidad y urgencia (DNU 70/2017), que retrasó la entrega de la documentación de residencia. Más de 70.000 expedientes estaban a la espera de su aprobación, multiplicándose en estos días debido a la paralización de las actividades por la cuarentena obligatoria.

La STM tiene un diálogo fluido con el Gobierno de Fernández y en este contexto le envió una carta en la que le solicita el acceso al IFE sin restricciones, aunque el intercambio con las autoridades es con una mirada a largo plazo. “Hay que hablar con el Estado de igualdad de derechos para todos y todas, no paliativos que se den solo durante la pandemia. Medidas de 'cuando me sirven regularizo a los migrantes por un tiempo, y cuando no, que vuelvan a su estadío normal, que es el del trabajo informal, la trata de personas, la prostitución'”, cuenta a El Salto Lila Báez, migrante paraguaya, vocera del STM. Mientras tanto, la organización está realizando ollas populares en las barriadas y villas del país, donde vive la mayoría de la población migrante. En estos días Argentina registró un aumento de contagios de coronavirus, sobre todo en estas zonas más empobrecidas.

Mientras tanto, en países como Perú, Chile y México se han establecido medidas de regularización especial, pero solo para la contratación de personal sanitario extranjero que no contaba con sus documentos regularizados, permitiendo que médicos, enfermeros y especialistas de otros países puedan ejercer durante el período que dure la pandemia.

SIN SALIDA

Pero el cierre de las fronteras también genera que muchas personas queden cautivas o varadas en las ciudades limítrofes entre los países. México, país que con el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador militarizó todo el territorio y se convirtió en gran receptor de los migrantes que buscan llegar a Estados Unidos, tiene detenidas a cientos de personas en sus estaciones migratorias. “Es una situación difícil, con mucha población en espera o atrapada, principalmente la población centroamericana que cruzó el país en las caravanas migrantes. Muchas que incluso han solicitado refugio o que ya tienen este estatus”, cuenta Luciana Gandini, especializada en estudios sobre desplazamiento interno, migración, exilio y repatriación en la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Frente a esta situación, organizaciones de derechos humanos, como el centro Fray Matías de Córdoba, denunciaron que la situación era insostenible, con las personas angustiadas debido al encierro indefinido y a la poca información que reciben en espacios que no cumplen con las medidas mínimas de salubridad. En estos días se han realizado distintas protestas en las cárceles migratorias, que fueron reprimidas de manera violenta por las autoridades mexicanas. En unos de estos reclamos, en la estación migratoria de Tenosique, en el Estado de Tabasco, falleció un migrante guatemalteco. El hombre era solicitante de asilo y estaba previsto que fuera liberado en dos días para continuar con su trámites.

La muerte del migrante guatemalteco recrudeció las protestas, lo que generó que el Instituto Nacional de Migración decidiera vaciar algunos de los centros y trasladar a los migrantes a la frontera sur con Guatemala. “Lo que hizo fue subirlos a camiones y autobuses, en teoría para devolverlos a sus países, pero la frontera está cerrada y no los puede devolver. Entonces los deja en una ciudad fronteriza como Talismán. Imagínate lo que implica eso en términos de xenofobia y de discriminación cuando tú en una ciudad pequeña que ya viene afectada dejas a cientos de personas sin ningún tipo de plan”, señala Gandini.

Junto a ellos también se encontraban migrantes centroamericanos que Estados Unidos había deportado en los últimos días, ya que el país no detuvo las audiencias. Incluso en el contexto de la pandemia se incrementaron las “devoluciones en caliente”. La patrulla fronteriza tarda 96 minutos en devolver a las personas que detiene en los cruces irregulares. “Es interesante pensar que el acuerdo por el cual se cerró la frontera entre Estados Unidos y México dice literalmente que se cierra para los flujos no esenciales. Por lo tanto la deportación es considerada un flujo esencial. Llevada a cabo además sin ningún tipo de control sanitario, lo que implica un riesgo altísimo para México”, afirma la investigadora de la UNAM.

En la página oficial del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), se reconoce que en los centros de detención donde son alojados antes ser deportados hay personas infectadas. Sin embargo, en ninguno de los países se realizan test o se implementan medidas de aislamiento antes o después de ser devueltos a México.

La implementación de medidas sanitarias no implica necesariamente el respeto de los derechos humanos. En Costa Rica, bajo el argumento de asegurar “la seguridad pública”, el Gobierno instaló una base área militar en la frontera con Nicaragua para impedir la llegada de ciudadanos de este país. También en Bolivia, en la localidad de Pisiga, frontera con Chile, el Gobierno obliga a los trabajadores que retornan del país andino a realizar la cuarentena en un campamento militar. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) llegó a exigir “el desplazamiento inmediato de estas personas a localidades de Bolivia” y recordó que “los Gobiernos están obligados a recibir a sus migrantes y a velar por su acceso a la atención sanitaria y a otros derechos”.

TAMBIÉN EN CASA

Pero la movilidad que obliga la pandemia no solo se da atravesando fronteras externas. El coronavirus también generó éxodos internos. En Lima, capital de Perú, miles de pobladores provenientes de zonas andinas y selváticas que migraron a la capital en busca de mejores condiciones de vida están retornando a sus comunidades rurales. Uno de los flujos se dirige hacia los departamentos de Ayacucho y Huancavelica, zonas que alcanzan una tasa del 53% de pobreza.

Según explica Martín Souto, docente peruano que trabaja asesorando a los Gobiernos locales de estas regiones, “esto lleva a un redescubrimiento de la importancia de estas comunidades para la alimentación. Son territorios que abastecen el mercado nacional y regional de papas nativas, habas, cebada”. En total hay 6.600 comunidades campesinas y nativas que son dueñas de la tierra, pero que pese a la riqueza de sus campos ven migrar a sus pobladores hacia otros zonas, no solo a la capital.

El Gobierno de Martín Vizcarra abrió una página web para que la población que quiera retornar se inscriba y pueda contar con opciones de traslado. Pero en estos días 170.000 inscripciones desbordaron la capacidad estatal. En Lima se anotaron 13.000 personas para regresar a Ayacucho. Sin embargo, hasta el momento, regresaron de manera oficial 700 personas. Mientras tanto, se estima que 6.000 pobladores están retornando por su cuenta. En el Perú profundo, el “no oficial”, miles personas se entrecruzan exhaustas luego de largas caminatas al sol con el único objetivo de regresar a casa. 

El 16 de marzo, cuando Perú implementó la cuarentena —hoy uno de los países con más casos—, las comunidades rurales de Huancavelica cerraron sus territorios. “La gente decía: 'Si acá entro en crisis, ¿quién me salva? Nadie. Entonces que no vengan, porque nosotros estamos sanos aquí'. Se habla mucho de la solidaridad, pero la gente que es pobre no tiene hospitales en el campo, está lejos y es precario”, afirma Souto. Luego de los primeros días de pánico, ahora la población permite el ingreso de los retornantes. Incluso se reactivaron las rondas campesinas que nacieron para enfrentar al grupo armado Sendero Luminoso, y que en este contexto se encargan de controlar que las personas que llegan respeten el aislamiento.

La pandemia encontró a América Latina en un momento histórico de movilidad intrarregional, con miles de personas forzadas a salir de sus territorios en busca de un futuro mejor. Al inicio de la crisis sanitaria se planteó que el virus era un “gran nivelador” que no entendía de razas, clases sociales o procedencia. Sin embargo, el #quedateencasa es imposible para los migrantes que, sin recursos y con Gobiernos que los invisibilizan, se ven obligados a emprender otra vez el camino del desarraigo.

Por Cecilia Osorio

Montevideo (Uruguay)

26 may 2020 06:00

Publicado enInternacional