Sábado, 25 Julio 2020 06:24

Asquerosamente ricos

Asquerosamente ricos

La mayoría de las discusiones sobre la desigualdad, ya sea entre países o dentro de cada país, giran en torno a los ingresos. Son profusos los datos y documentos sobre la desigualdad de ingresos, particularmente los referidos a su aumento en la mayoría de las principales economías desde la década del 80.

Relacionado al debate sobre la desigualdad de ingresos está también el tema de la pobreza: cómo definirla y cómo medirla, y si la pobreza a nivel mundial y dentro de cada economía ha aumentado o ha disminuido. Un informe reciente del Foro Económico Mundial1 (WEF, por sus siglas en inglés) reveló que la desigualdad de ingresos aumentó o permaneció estancada en 20 de las 29 economías avanzadas, mientras que la pobreza aumentó en 17 de ellas.

Donde más rápidamente aumentó la desigualdad de ingresos fue en América del Norte, China, India y Rusia, según señala el Informe sobre la desigualdad global 2018,2 producido por el Laboratorio de la Desigualdad Global, un centro de investigación con sede en la Escuela de Economía de París. La diferencia entre Europa Occidental y Estados Unidos es particularmente sorprendente: «Si bien en 1980 en ambas regiones el 1 por ciento más rico tenía cerca del 10 por ciento de los ingresos, para 2016 en Europa Occidental su participación en el total de los ingresos había aumentado al 12 por ciento, mientras que en Estados Unidos se disparó al 20 por ciento en el mismo período. Al mismo tiempo, en Estados Unidos el 50 por ciento más pobre tenía el 20 por ciento de los ingresos en 1980, pero apenas el 13 por ciento en 2016».

La discusión y el análisis de la desigualdad de la riqueza (la riqueza individual) no recibe tanta atención. Se diría que cualquier persona con grandes cantidades de riqueza (definida como la posesión de propiedades, medios de producción y activos financieros) obtiene, en consecuencia, niveles altos de ingresos y, según parece, niveles de impuestos relativamente más bajos.

NO HAY COMO SER DUEÑO

Por supuesto, hay excelentes trabajos que han medido los niveles de riqueza individual y los cambios en la distribución de esa riqueza a lo largo del tiempo. Cada año, la empresa de servicios financieros Credit Suisse publica un informe sobre la riqueza global,3 en el que muestra la cantidad de riqueza acumulada a nivel individual a lo largo del mundo. Allí se puede ver que el 1 por ciento más rico tiene casi el 50 por ciento de la riqueza mundial. Oxfam publica regularmente estudios que revelan cómo sólo unas pocas familias poseen grandes porciones de riqueza individual en diferentes países y a nivel global. Economistas como Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman han producido en los últimos años excelentes trabajos que muestran la enorme inequidad en la propiedad de medios de producción, tierra, propiedades inmobiliarias, activos financieros e incluso patentes y otros activos de la «economía del conocimiento».

Y aquí está el mayor problema. Tanto en las economías avanzadas como en las emergentes, la riqueza está distribuida mucho más desigualmente que el ingreso. El WEF informa, además, que «este problema ha mejorado poco en los últimos años y la desigualdad de la riqueza ha aumentado en 49 economías».

El sociólogo y estadístico italiano Corrado Gini desarrolló en 1912 una herramienta para medir la distribución de la riqueza dentro de las sociedades conocida como el índice de Gini o el coeficiente de Gini. Su valor va de 0 (o 0 por ciento) a 1 (o 100 por ciento): el primero representa la igualdad perfecta (riqueza distribuida de manera uniforme) y el último representa la desigualdad perfecta (riqueza concentrada en muy pocas manos).

Cuando se usa el índice de Gini tanto para los ingresos como para la riqueza en cada país, la diferencia es asombrosa. Veamos algunos pocos ejemplos. El índice de Gini para Estados Unidos es de 0,378 para la distribución del ingreso (bastante alta), ¡pero para la distribución de la riqueza es de 0,859! Observemos la supuestamente igualitaria Escandinavia: el índice de Gini de ingresos en Noruega es de solo 0,249, ¡pero el de riqueza es de 0,805! Es la misma historia en los otros países nórdicos. Puede que tengan una desigualdad de ingresos inferior a la media (0,347), pero su desigualdad de riqueza es superior a la media (0,700).

¿Qué países tienen los peores niveles de desigualdad de riqueza individual? En la gráfica podemos ver las diez sociedades más desiguales del mundo. No nos sorprende encontrar a algunos de esos países en este topten: sociedades muy pobres o gobernadas por dictadores o militares. Pero allí también aparecen Estados Unidos y Suecia. Tanto una economía avanzada de tipo neoliberal como una socialdemócrata: el capitalismo no discrimina cuando se trata de riqueza.

LA RIQUEZA ENGENDRA RIQUEZA

De hecho, ¿es posible discernir si la alta desigualdad en la riqueza está relacionada con la desigualdad en los ingresos? Usando los datos del WEF podemos concluir que existe entre ambos factores una correlación positiva (de aproximadamente 0,38 puntos): a mayor desigualdad de riqueza individual en una economía, será altamente probable que exista una mayor desigualdad del ingreso.

La pregunta en todo caso es: ¿cuál es la que alimenta a la otra? Esto es fácil de responder; la riqueza engendra riqueza. Y una mayor riqueza genera mayores ingresos. Una elite muy pequeña posee los medios de producción y las finanzas, y así es como se queda con la mayor parte de la riqueza y de los ingresos.

En 2016, un estudio4 hecho por dos economistas del Banco de Italia descubrió que las familias que hoy son las más ricas en la ciudad de Florencia descienden… de las familias que eran las más ricas en la ciudad de Florencia hace casi 600 años. Las mismas familias han permanecido en la cima desde el surgimiento del capitalismo comercial en las ciudades-estados italianas, pasando por la era de la expansión del capitalismo industrial y el mundo actual del capital financiero.

Otra investigación,5 realizada esta vez en la «igualitaria» Suecia, revela que no son los buenos genes los que te hacen exitoso, sino tu riqueza familiar o un matrimonio conveniente. Las personas no son ricas porque sean más inteligentes o estén mejor educadas. Lo son porque son «afortunados», tuvieron suerte o heredaron su riqueza de sus padres u otros parientes (a lo Donald Trump). Los investigadores encontraron que «hay una alta correlación entre los niveles de riqueza de padres e hijos» y que «comparando la riqueza neta de padres adoptivos y biológicos y la de sus hijos, encontramos que, incluso antes de que haya cualquier herencia, el entorno tiene una importancia sustancial frente a la incidencia mucho menor de los factores prenatales». Los investigadores concluyeron que «la transmisión existente de riqueza no se debe principalmente a que los niños de familias más ricas sean inherentemente más talentosos o más capaces, sino a que, incluso en la relativamente igualitaria Suecia, la riqueza engendra riqueza».

EL PODER CONCENTRADO DEL CAPITAL

Contrariamente al optimismo y la apología de los economistas mainstream, la pobreza (tanto en términos de riqueza como de ingresos) de miles de millones de personas en todo el mundo sigue siendo la norma, con pocos signos de mejora (véase la nota de Daniel Gatti). Mientras tanto, la desigualdad de riqueza e ingresos dentro de las principales economías capitalistas aumenta a medida que el capital se acumula y se concentra en grupos cada vez más pequeños. El trabajo de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman también ha demostrado que en Estados Unidos la riqueza se ha concentrado cada vez más en manos de los llamados superricos.6

Debe notarse que la desigualdad de la riqueza ha aumentado principalmente como resultado de una mayor concentración y centralización de los activos productivos en el sector capitalista. La concentración de riqueza real se expresa en el hecho de que el gran capital controla la inversión, el empleo y las decisiones financieras a nivel mundial. Según el Instituto Suizo de Tecnología, un núcleo dominante de 147 empresas controla, a través de participaciones entrelazadas en otras compañías, el 40 por ciento de la riqueza de la red global. Un total de 737 empresas controla el 80 por ciento. Esta es la desigualdad que importa para el funcionamiento del capitalismo: el poder concentrado del capital.

Las políticas destinadas a reducir la desigualdad de los ingresos mediante impuestos y regulaciones, o mediante el aumento del salario de los trabajadores, no tendrán mucho impacto mientras haya un nivel tan alto de desigualdad de la riqueza. Y esa desigualdad de la riqueza proviene de la concentración de los medios de producción y las finanzas en manos de unos pocos. Si la estructura de propiedad permanece intacta, puede predecirse que incluso los impuestos a la riqueza se quedarán cortos.

*Economista marxista británico. Trabajó 30 años en la City londinense como analista económico.

(Tomado del blog del autor The Next Recession. Traducción al español y titulación de Brecha.)

  1. Inclusive Development Index 2018 (World Economic Forum, Cologny, 2018).
  2. World Inequality Report (World Inequality Lab, París, 2018).
  3. Global Wealth Report (Credit Suisse, 2019).

4.«Intergenerational mobility in the very long run: Florence 1427-2011» (Guglielmo Barone y Sauro Mocetti, Bank of Italy working papers, 2016).

  1. «Poor little rich kids? The role of nature versus nurture in wealth and other economic outcomes and behaviors» Sandra E. Black, Paul J. Devereux, Petter Lundborg y Kaveh Majlesi, Cambridge, 2016-2019).
  2. Véase, por ejemplo, «Wealth inequality in the United States since 1913: Evidence from capitalized income data», (Cambridge, 2014).
Publicado enEconomía
Viernes, 24 Julio 2020 08:53

Raquitismo estatal

Raquitismo estatal

Frente al avance del covid-19, el Ministerio de Hacienda propone un Estado raquítico. El pensamiento del gobierno sobre el futuro se refleja bastante bien en el Marco Fiscal de Mediano Plazo. Más allá de los discursos, las proyecciones de Hacienda son suficientemente claras y contundentes.

El cuadro y la figura evidencian el imaginario que tiene el gobierno sobre el tipo de Estado que sería deseable. La propuesta, tal y como se desprende de las proyecciones del Ministerio de Hacienda, tiene las siguientes características.

El escenario futuro es de equilibrio.

De acuerdo con la lógica de Hacienda, el choque al que está sometida la economía colombiana apenas es transitorio. En el 2022 se volverá a la senda de equilibrio.

Los acontecimientos actuales no estarían causando ningún daño sustantivo al aparato productivo. Esta perspectiva no reconoce las dificultades estructurales por las que está pasando la economía. No hay ninguna preocupación por entender las razones del fracaso de la política económica que ha puesto en evidencia el covid. Para el gobierno, veníamos bien. Y, por tanto, después de la pandemia se debe recuperar el camino por el que se venía transitando.

 

 

 

 

Desconocen los ciclos

En la literatura económica se ha discutido mucho la diferencia entre la tendencia y el ciclo. Algunos autores, a los que se aproxima el Ministerio de Hacienda, le dan toda la relevancia a la tendencia y desprecian la importancia del ciclo. Por tanto, los análisis privilegian la estabilidad. Tal y como se observa en el cuadro y en la figura, los ciclos desaparecen y únicamente queda en evidencia la tendencia.

Los análisis de tendencia dicen, por ejemplo, que la población crece al 1,4 por ciento anual. Y el ciclo, en cambio, destaca la vida y la muerte, como elementos fundamentales de la decisión humana. Para la persona es relevante la muerte de la mamá o el nacimiento del hijo. A partir de allí se reconfigura su visión del mundo. De la misma manera, en la actividad económica es fundamental el proceso que lleva a la “destrucción creativa”: todos los días nacen y mueren empresas.

En el Marco Fiscal de Mediano Plazo no hay ciclos, sino tendencias lineales hacia el equilibrio. Se supone, de manera ingenua, que el empresario que se quebró hoy, una vez que pase la pandemia retomará su negocio como si no hubiera pasado nada significativo.

El tamaño del Estado se mantiene

A raíz de la pandemia varias crisis han adquirido relevancia.

Han quedado en evidencia las profundas brechas existentes en el país, y las limitaciones estructurales de los sistemas de salud, seguridad social, educación, etcétera. En Bogotá, por ejemplo, más de 300 mil niños y jóvenes, de una matrícula total de 800 mil, no tienen computador o acceso a internet. Y en el campo de la salud es notoria la falta de capacidad institucional para responder a la pandemia, sobre todo por fuera de las grandes ciudades.

No obstante la contundencia de los hechos, tal y como se observa en la figura, el gasto público, como porcentaje del PIB, volverá a los niveles que tenía en el 2018, entre un 18-19 por ciento. Este gasto es bajo, si se compara con el contexto latinoamericano (24%) y, sobre todo, con el de los países desarrollados del norte de Europa (55%-60%). La diferencia de Colombia con las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), es significativa. El país tiene un atraso notorio.

Con un gasto público tan bajo, no es posible construir una sociedad moderna. Este llamado de atención sobre el raquitismo del Estado ha sido reiterado. Ni siquiera en medio del covid el Ministerio de Hacienda acepta que el Estado tiene que crecer más, y que el gasto público tiene que aumentar. Todo lo contrario, de acuerdo con las proyecciones del Marco Fiscal, en el 2031, el gasto público apenas será el 18,5 por ciento del PIB.

 

 

Un gobierno indolente

A pesar de la gravedad de la crisis, el gobierno es indolente. En la penúltima columna del cuadro, “otros”, destaca el gasto adicional por realizar durante el 2020 para responder a la pandemia. El porcentaje apenas llega al 2,9 por ciento del PIB, unos 29 billones de pesos. Otros países, como Alemania, han destinado el 12 por ciento del PIB. Y vecinos latinoamericanos, Perú y Chile, bordean el 7 por cieneto. Frente a las necesidades y a las urgencias, el gobierno continúa aplicando políticas de austeridad, incomprensibles en la actual coyuntura.

El saldo de la deuda pública sigue creciendo

Las últimas reformas tributarias no han aumentado el recaudo de manera significativa. Entre otras razones, porque no han aumentado los impuestos a los más ricos y, además, porque han ampliado las exenciones de manera significativa. El resultado de una baja tributación es el crecimiento del saldo de la deuda. De acuerdo con las estimaciones del Marco Fiscal, al terminar el 2020, el saldo de la deuda del Gobierno Nacional Central sería de 65,6 por ciento del PIB. Esta cifra es altísima. En el 2012 era de 36,7.

Gran parte del gasto público, que ya es bajo, se destina al pago de la deuda. El costo de los intereses es cercano a los 32 billones de pesos (3,2% del PIB). Y en amortizaciones el gasto oscila alrededor de 28 billones de pesos (2,8%). Así que la deuda vale 60 billones de pesos (6% del PIB). Una cifra considerablemente más alta que el gasto destinado a la pandemia, y muy superior a la inversión pública, que en el 2020 apenas llegaría a 1,9 por ciento del PIB.

En síntesis, en la perspectiva del gobierno, la pandemia no llevaría a una mayor intervención del Estado. El mensaje es claro: la política económica venía bien, y no es necesario hacer cambios significativos.

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16 de julio de 2020

 

 

 

 

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Publicado enEdición Nº270
Viernes, 24 Julio 2020 08:24

Raquitismo estatal

Raquitismo estatal

Frente al avance del covid-19, el Ministerio de Hacienda propone un Estado raquítico. El pensamiento del gobierno sobre el futuro se refleja bastante bien en el Marco Fiscal de Mediano Plazo. Más allá de los discursos, las proyecciones de Hacienda son suficientemente claras y contundentes.

El cuadro y la figura evidencian el imaginario que tiene el gobierno sobre el tipo de Estado que sería deseable. La propuesta, tal y como se desprende de las proyecciones del Ministerio de Hacienda, tiene las siguientes características.

El escenario futuro es de equilibrio.

De acuerdo con la lógica de Hacienda, el choque al que está sometida la economía colombiana apenas es transitorio. En el 2022 se volverá a la senda de equilibrio.

Los acontecimientos actuales no estarían causando ningún daño sustantivo al aparato productivo. Esta perspectiva no reconoce las dificultades estructurales por las que está pasando la economía. No hay ninguna preocupación por entender las razones del fracaso de la política económica que ha puesto en evidencia el covid. Para el gobierno, veníamos bien. Y, por tanto, después de la pandemia se debe recuperar el camino por el que se venía transitando.

 

 

 

 

Desconocen los ciclos

En la literatura económica se ha discutido mucho la diferencia entre la tendencia y el ciclo. Algunos autores, a los que se aproxima el Ministerio de Hacienda, le dan toda la relevancia a la tendencia y desprecian la importancia del ciclo. Por tanto, los análisis privilegian la estabilidad. Tal y como se observa en el cuadro y en la figura, los ciclos desaparecen y únicamente queda en evidencia la tendencia.

Los análisis de tendencia dicen, por ejemplo, que la población crece al 1,4 por ciento anual. Y el ciclo, en cambio, destaca la vida y la muerte, como elementos fundamentales de la decisión humana. Para la persona es relevante la muerte de la mamá o el nacimiento del hijo. A partir de allí se reconfigura su visión del mundo. De la misma manera, en la actividad económica es fundamental el proceso que lleva a la “destrucción creativa”: todos los días nacen y mueren empresas.

En el Marco Fiscal de Mediano Plazo no hay ciclos, sino tendencias lineales hacia el equilibrio. Se supone, de manera ingenua, que el empresario que se quebró hoy, una vez que pase la pandemia retomará su negocio como si no hubiera pasado nada significativo.

El tamaño del Estado se mantiene

A raíz de la pandemia varias crisis han adquirido relevancia.

Han quedado en evidencia las profundas brechas existentes en el país, y las limitaciones estructurales de los sistemas de salud, seguridad social, educación, etcétera. En Bogotá, por ejemplo, más de 300 mil niños y jóvenes, de una matrícula total de 800 mil, no tienen computador o acceso a internet. Y en el campo de la salud es notoria la falta de capacidad institucional para responder a la pandemia, sobre todo por fuera de las grandes ciudades.

No obstante la contundencia de los hechos, tal y como se observa en la figura, el gasto público, como porcentaje del PIB, volverá a los niveles que tenía en el 2018, entre un 18-19 por ciento. Este gasto es bajo, si se compara con el contexto latinoamericano (24%) y, sobre todo, con el de los países desarrollados del norte de Europa (55%-60%). La diferencia de Colombia con las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), es significativa. El país tiene un atraso notorio.

Con un gasto público tan bajo, no es posible construir una sociedad moderna. Este llamado de atención sobre el raquitismo del Estado ha sido reiterado. Ni siquiera en medio del covid el Ministerio de Hacienda acepta que el Estado tiene que crecer más, y que el gasto público tiene que aumentar. Todo lo contrario, de acuerdo con las proyecciones del Marco Fiscal, en el 2031, el gasto público apenas será el 18,5 por ciento del PIB.

 

 

Un gobierno indolente

A pesar de la gravedad de la crisis, el gobierno es indolente. En la penúltima columna del cuadro, “otros”, destaca el gasto adicional por realizar durante el 2020 para responder a la pandemia. El porcentaje apenas llega al 2,9 por ciento del PIB, unos 29 billones de pesos. Otros países, como Alemania, han destinado el 12 por ciento del PIB. Y vecinos latinoamericanos, Perú y Chile, bordean el 7 por cieneto. Frente a las necesidades y a las urgencias, el gobierno continúa aplicando políticas de austeridad, incomprensibles en la actual coyuntura.

El saldo de la deuda pública sigue creciendo

Las últimas reformas tributarias no han aumentado el recaudo de manera significativa. Entre otras razones, porque no han aumentado los impuestos a los más ricos y, además, porque han ampliado las exenciones de manera significativa. El resultado de una baja tributación es el crecimiento del saldo de la deuda. De acuerdo con las estimaciones del Marco Fiscal, al terminar el 2020, el saldo de la deuda del Gobierno Nacional Central sería de 65,6 por ciento del PIB. Esta cifra es altísima. En el 2012 era de 36,7.

Gran parte del gasto público, que ya es bajo, se destina al pago de la deuda. El costo de los intereses es cercano a los 32 billones de pesos (3,2% del PIB). Y en amortizaciones el gasto oscila alrededor de 28 billones de pesos (2,8%). Así que la deuda vale 60 billones de pesos (6% del PIB). Una cifra considerablemente más alta que el gasto destinado a la pandemia, y muy superior a la inversión pública, que en el 2020 apenas llegaría a 1,9 por ciento del PIB.

En síntesis, en la perspectiva del gobierno, la pandemia no llevaría a una mayor intervención del Estado. El mensaje es claro: la política económica venía bien, y no es necesario hacer cambios significativos.

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16 de julio de 2020

 

 

 

 

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Publicado enColombia
La trastienda de la negociación de los líderes del bloque para superar las diferencias entre el norte y el sur

Qué significa el histórico acuerdo de la Unión Europea para enfrentar la crisis

Surge una Europa más solidaria, que se federó en torno a un Fondo de Recuperación cuya cifra es tan inédita como abultada: 750.000 millones de euros en ayudas a los países más afectados por la pandemia. 

 

Siempre hace falta un primer día para que haya historia. Este martes 21 de julio fue ese primer día, o mejor dicho, el último de 90 horas de transas, portazos, diatribas, insomnios y hasta arrebatos de pugilato que desembocaron en un acuerdo histórico entre los miembros de la Unión europea destinado a reactivar las economías de los 27 países y enfrentar la galopante recesión que dejó la covid-19. Recién en la madrugada del martes las dos fracciones hostiles superaron lo que, hasta el lunes por la noche, se había calificado de “posiciones inconciliables”. Por un lado, la mayoría de los Estados a cuyo frente estaban París y Berlín, ambos partidarios de una ayuda consistente a los países más afectados por la crisis (Italia, España, Grecia, Portugal); por el otro el eje de los llamados “cuatro frugales” compuesto por Países Bajos, Austria, Suecia y Dinamarca, más un aliado, Finlandia. Se los llama “frugales” justamente por su inclinación a la disciplina presupuestaria y su oposición radical a una Europa más federal e integrada. 

Cuatro días de negociaciones pugilísticas dieron como resultado eso que los frugales no querían: una Europa que se federó en torno a un Fondo de Recuperación cuya cifra es tan inédita como abultada: 750.000 millones de euros en ayudas a los países más afectados donde se incluyen unos 390.000 millones de euros en transferencias directas (subvenciones, de hecho). Muy inspirado en las propuestas franco- alemanas presentadas el pasado 18 de mayo, el plan adoptado diseña a partir de ahora una Europa que antes no existía: al mismo tiempo que se esgrime como una respuesta económica de masa a la crisis de la pandemia, también esboza los contornos de una Europa más federal, más solidaria e integrada. Curiosamente, hasta no hace mucho, esa era la Europa que la canciller alemana Angela Merkel rechazaba. Sin embargo, la agudeza de la pandemia-crisis la llevó a evolucionar en su posición y a aceptar el plan. Si bien es menor a los 500.000 millones solicitados bajo forma de subvenciones directas, el monto no se queda lejos:390.000 millones y, el resto hasta los 750 mil, en préstamos.

El paso no tiene referentes en la historia y, con justa razón, debe estar arrancando lágrimas de bronca en Grecia. Durante la crisis griega, a Atenas le impusieron una troika (FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo) y Memorandos de Entendimiento a cambio de un plan de rescate tortuoso. Los 27, juntos, apartaron esa opción y combinaron dos fuentes de financiación: los préstamos y una emisión de la Comisión Europea en los mercados que pagará entre 2026 y 2058. ”Esas noches de negociaciones fueron tórridas y expuestas a todos los golpes”, contaban ayer en la prensa quienes participaron en las maratónicas cesiones. El primer encontronazo se plasmó entre el grupo frugal y los demás en torno al monto de las subvenciones: Países Bajos, Austria, Suecia, Dinamarca y su aliado finlandés no querían que las subvenciones superaran 350.000 millones mientras que París y Berlín ponían un piso nunca inferior a 400.000 millones.

Los Países Bajos, por ejemplo, propusieron incluso que el monto no llegase ni siquiera a 100 mil millones. Se consiguieron los 390 mil mencionadas y el grupito rebelde no se fue con las manos vacías: rebaja en sus propias contribuciones financieras, reducción de las subvenciones en el presupuesto 2021-2027. En el medio hubo gente que se levantó de la mesa, que dio un par de puñetazos en la misma y que amenazó con abandonar las negociaciones. La Primera Ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, tuvo que aplazar su matrimonio por culpa de la cumbre. Según cuentan los testigos, en una de las reuniones Mette Frederiksen se mostró tan cáustica que Macron y Merkel se retiraron de la sala. Antes de este episodio todos participaron en una cena ya retratada como “envenenada” por el clima y otro antagonismo interno cuyos protagonistas fueron los bad boys de la UE, o sea, el Primer Ministro húngaro, Viktor Orbán, y su no menos radicalizado colega de Polonia, Mateusz Morawiecki. El plan de reactivación contenía un mecanismo de salvaguarda por medio del cual se condicionaba la entrega de las ayudas al respeto del Estado de Derecho, principio de cuyos ideales la Polonia y la Hungría actual están muy lejos. Orbán dijo que le querían imponer “una dictadura comunista”. El plan final dejó el tema entre brumas (“un sacrificio doloroso” dijeron algunos) y con la promesa de volver a tratarlo. Se evitó así que Orbán vetara el texto en discusión. Todo era tan incierto que el sábado 18 de julio, a las tres de la madrugada, Merkel y Macron saboreaban un vaso de vino blanco y dudaban realmente si iban o no continuar con las negociaciones.

Apostaron por el sí cuando la fisura entre el Norte y el Sur de Europa parecía más profunda. Por un lado Países Bajos y su insolente y despreciativo Primer Ministro Mark Rutte, por el otro Roma, Atenas, Madrid y Lisboa, considerados por Rutte como incapaces y gastadores. La construcción europea es hija de un compromiso y el de estos días restaura esa regla y, al mismo tiempo, inaugura otra: uno, es la primera vez que la Comisión Europea se endeuda en nombre de los 27 por un monto tan abismal. Antes, la Comisión había emitido deuda en los mercados, pero nunca por más de 100 mil millones: dos, de los 750.000 millones, 360.000 podrán ser prestados a los Estados que lo pidan y son esos mismos Estados quienes devolverán el dinero. Los otros 390.000 millones se transferirán de aquí a 2023 bajo forma de subvenciones, las cuales serán reembolsadas por los 27 países. Con este mecanismo, los europeos mutualizaron la deuda, se endeudaron juntos por 30 años y asumieron así una suerte de conducta práctica y no retórica de solidaridad que los liga más allá de sus sueños….y pesadillas.

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Italia contará con casi 209 mil millones para su recuperación económica 

 

Europa ayuda a Italia con una montaña de euros

Por Elena Llorente

Después de casi cinco días de durísimas negociaciones, los 27 países de la Unión Europea llegaron a un acuerdo sobre el llamado Fondo de Recuperación, las ayudas destinadas a las naciones europeas en serias dificultades económicas a causa de la covid 19, aprobando un total de 750 mil millones de euros. El gobierno italiano, que recibirá casi 209 mil millones, se mostró muy satisfecho por los resultados que ayudarán a relanzar la economía italiana, una de las más afectadas en Europa por la pandemia.

Se habla de que la Unión Europea sufrirá la recesión más grande de su historia y de que la crisis será la más profunda desde la gran depresión de 1929. Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), sólo por dar un ejemplo, la desocupación podría llegar a un máximo histórico del 9,4% en promedio a fines de 2020 en los 37 países miembros de esa organización, entre ellos varios europeos, latinoamericanos y asiáticos.

Para Italia, el futuro se presenta más complicado. Las estimaciones de la OCDE hablan de la desocupación en torno al 12,4% a fines de 2020. Pero si la cuarentena debe reimponerse por una nueva agresiva presencia del virus, como se prevé para el otoño-invierno europeo, no habría muchas mejoras en la ocupación italiana. Para el 2021, según la OCDE, y pese a que Italia estaría un poco más preparada para afrontar una nueva cuarentena, se calcula que la desocupación podría llegar al 11.5%. Los fondos europeos negociados esta semana estarán destinados en buena parte a crear fuentes de trabajo.

La insistente oposición llevada adelante por los gobiernos de centro-derecha de Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca, entre otros, no impidieron que la UE aprobara el total de 750 mil millones de euros para restaurar la economía europea, 390 mil millones en calidad de subvenciones y 360 mil millones como préstamos. Todo se hará a través de la emisión de Eurobonos.

“Hemos conservado los 81,4 mil millones de euros a fondo perdido que nos había destinado la Comisión Europea en su primer programa, pero hemos incrementado notablemente el importe destinado a los préstamos, que pasaron de 91 mil millones de euros a 127,4 mil millones”, explicó el primer ministro Giuseppe Conte a la prensa sobre los 208,8 mil millones que Italia recibirá. El gobierno italiano está muy satisfecho de los resultados calificados por Conte como “un momento histórico para Italia y para Europa”. El primer ministro anunció además que se creará una comisión especial para un rápido y eficaz uso de ese dinero que para Italia significa el 28% del total del dinero aprobado por la UE. “Tendremos una gran responsabilidad: con casi 209 mil millones de euros Italia puede partir con fuerza y cambiar su aspecto. Pero tenemos que correr”, subrayó el primer ministro.

También el presidente de la República, Sergio Mattarella, manifestó su satisfacción por el “importante resultado del Consejo Europeo que refuerza la Unión y contribuye a la creación de condiciones que permitan a Italia disponer rápidamente de un concreto y eficaz programa de intervenciones”. Y el ministro de Economía, Roberto Gualtieri, del Partido Democrático (PD), contó: “Estamos trabajando para elaborar un programa que relance la economía italiana, que afronte problemas históricos y haga aumentar las inversiones en infraestructuras y digitalización, entre otras cosas”. Según Gualtieri se está elaborando un plan “preciso y detallado” en este sentido, que debería partir en octubre. “El gobierno sale reforzado de estas negociaciones”, concluyó Gualtieri.

El Movimiento Cinco Estrellas (M5S) -que junto con el PD integran el gobierno de Conte- se dijo igualmente satisfecho. “Es un resultado fundamental para nuestro futuro, fruto del trabajo del primer ministro Conte, de todos los ministros que participaron y del cuerpo diplomático al que agradezco -escribió por su parte en Facebook el ministro de Asuntos Exteriores, Luigi Di Maio, ex máximo dirigente del M5S -. Hoy Europa ha demostrado que ha cambiado: piensa en el interés común de todos los estados miembros. Esto demuestra que es posible una Europa diferente”.

El centro derecha italiano no parece del todo contrario al acuerdo logrado en la UE. Para Silvio Berlusconi, de Forza Italia en efecto, “La de anoche ha sido una noticia positiva para Italia. Pero el camino es todavía largo. Hay que hacer un plan que esté dirigido hacia el futuro y no de tipo asistencial. Y esta vez pedimos al gobierno que la oposición pueda participar de esas decisiones , declaró.

El que se manifiestó contrario, como siempre, a todo lo que hace el gobierno, fue el líder de la ultra derechista Liga, Matteo Salvini. “La Liga ilustrará en breve cuánto dinero llegará de Europa, en cuánto tiempo y para hacer qué cosas. Y así “evitar una estafa grande como una casa que se alcanza a vislumbrar al final del túnel”, dijo Salvini en tácita alusión a eventuales maniobras no transparentes del gobierno y de la UE a la que él combate, como el resto de los derechistas europeos. El líder de la Liga -primer partido de Italia con el 25% de los votos pese que ha perdido algunos puntos según las últimas encuestas mientras el PD ha crecido- se prepara así a las elecciones que se llevarán a cabo en siete regiones italianas, en principio a mediados de septiembre, y en las que se podrá apreciar claramente qué piensan los italianos del gobierno que ha combatido una crisis sin precedentes como la del covid, y de la Liga que se ha limitado a estimular el ultra nacionalismo y la discriminación en todas sus críticas. 

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Martes, 21 Julio 2020 05:57

El dilema chino de Londres

Londres ha dado a Huawei hasta el 2027 para retirarse de la red 5G británica (Hollie Adams / Bloomberg L.P. Limited Partnership)

El Reino Unido no sabe cómo obtener dinero de Pekín sin enfurecer a Trump

 

El lema del Brexit fue “recuperar el control”. Boris Johnson y su banda de euroescépticos vendieron a los votantes la edad de oro de una “Gran Bretaña global” que disfrutaría de ventajosos tratados comerciales con Estados Unidos y China, seguiría disfrutando de su relación especial con Washington, recuperaría una butaca de primera fila en el gran teatro geoestratégico, tendría un papel protagonista en la seguridad planetaria, y no necesitaría para nada de la Unión Europea, bendito divorcio.

Pero, por el momento, las cosas no están saliendo precisamente de esa manera. Y aunque la pandemia no ayuda, sería injusto culparla de ella. El Reino Unido ha intentado un triángulo amoroso con Washington y Pekín, pero ha tenido que renunciar a la aventura casi antes de empezarla. Donald Trump le ha dicho a Boris Johnson que, o bien cancela progresivamente la participación de la empresa Huawei en el desarrollo de la red 5G de tecnología móvil británica, o bien se puede olvidar de ese fabuloso acuerdo comercial con el que sueña para compensar la salida de la UE. Y el premier no ha tenido más remedio que bajar la cabeza y decir que sí.

Pero las cosas no han quedado ahí, porque Londres se encuentra contra su voluntad en medio de la guerra comercial, política y estratégica entre los dos gigantes, el norteamericano y el asiático, recibiendo palos por todos los lados. Ayer, el ministro de Exteriores, Dominic Raab, anunció, una vez más bajo presiones del otro lado del Atlántico, la suspensión inmediata del Tratado de Extradición con Hong Kong y de la venta al territorio autónomo de material policial y militar antidisturbios, en vista de la autoritaria ley de seguridad impuesta recientemente por Pekín.

“Queremos tener una relación lo más cordial posible con la República Popular, pero estamos muy preocupados por los acontecimientos en Hong Kong y por la represión de la población uigur en la provincia de Xinjuag –señaló Raab en la Cámara de los Comunes–. Se trata por nuestra parte de una respuesta razonable y proporcionada al incumplimiento por parte de China de sus responsabilidades internacionales. A pesar de ello, consideramos que hay margen para una colaboración constructiva”.

Pero el belicoso embajador chino en Londres, Liu Xiaoming, no tardó en amenazar veladamente con represalias diplomáticas y comerciales. Y las cosas seguramente irán a peor, en vistas de que los halcones del Partido Conservador próximos a Trump pretenden que el Gobierno Johnson prohiba la aplicación TikTok, que utilizan centenares de miles de británicos para comunicarse por las redes sociales, por estimar que “su proximidad a los servicios de inteligencia chinos la convierten en una amenaza para la seguridad nacional”.

En un momento en que las placas tectónicas de la geoestrategia global están moviéndose, que China muestra las garras y las políticas de Trump, con su nacionalismo de América primero , han debilitado tal vez de forma permanente el viejo orden político, económico y de seguridad internacional, el Reino Unido creía que tras el Brexit iba a ser capaz de prosperar como potencia independiente de Europa y amiga de todos los pesos pesados, protegida de las tormentas por el paraguas diplomático de Washington, con un tratado comercial privilegiado con Pekín, y lavando el dinero de los oligarcas rusos en los bancos de la City. Pero se encuentra con que los sueños son una cosa y la realidad otra muy distinta, que las pelotas se le caen de las manos, es más vulnerable y está más aislado que nunca.

No se puede contentar a todo el mundo al mismo tiempo, pero Boris Johnson lo va a intentar en cualquier caso. De entrada se ha bajado los pantalones ante Trump, como Blair hizo ante Bush con la guerra de Irak, y ha dado a Huawei hasta el 2027 para su retirada de la red 5G, al tiempo que contempla nuevas restricciones a la participación china en la construcción de centrales atómicas en Somerset y Essex, suspende el Tratado de Extradición con Hong Kong y estudia qué medidas a tomar respecto a TikTok. Pero por otro le cuchichea a Xi Jinpin que no es cosa suya sino que la Casa Blanca le ha puesto entre la espada y la pared, y que si en noviembre gana Joe Biden las elecciones norteamericanas habrá “más flexibilidad” y las cosas serán diferentes. Pide tiempo.

Conocida es la frase del exsecretario de Estado norteamericano Dean Acheson cuando dijo que “Gran Bretaña ha perdido un imperio pero no ha encontrado su lugar en el mundo”. Lo cierto es que sus propias decisiones (Brexit) y la actitud de Trump no le están ayudando a encontrarlo. El desdén del presidente norteamericano por los valores democráticos tradicionales, su guerra comercial y política más o menos abierta con China y la renuncia a ejercer de sheriff del mundo han desestabilizado el papel del Reino Unido como potencia global de segundo orden con armas nucleares y asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, y han azuzado una crisis de identidad de la que forma parte el divorcio de la UE.

En el fondo de su ser, Boris Johnson y el Foreign Office saben que no pueden permanecer indiferentes al expansionismo chino, la intimidación creciente a Taiwán, la inquietante predisposición a enfrentarse con la India por la frontera en el Himalaya, los conflictos con Filipinas y Vietnam, la censura de Internet, el ciberespionaje, la opresión de los uigures, las nuevas leyes de seguridad y la violación de los pactos en virtud de los cuales el Reino Unido devolvió Hong Kong a la República Popular en 1997. Pero Londres carece de independencia económica y tecnológica, y necesita el comercio y el dinero chinos. Por eso nada entre dos aguas.

Tras traspasar a su estrella Babe Ruth a los Yankees de Nueva York por 125.000 dólares, el equipo de béisbol de los Medias Rojas de Boston se pasó ochenta y seis años sin ganar las Series Mundiales. Es lo que en el mundo del deporte se conoce como “la maldición del bambino”. La “maldición del Brexit” sería que Gran Bretaña, tras hacer el Brexit para “recuperar el control”, acabe perdiendo el poco que tenía.

Por Rafael Ramos | Londres, Reino Unido. Corresponsal

21/07/2020 01:34| Actualizado a 21/07/2020 02:24

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Lunes, 20 Julio 2020 06:29

Déjà vu

Manifestante afuera de oficinas de la policía que fueron incendiadas el fin de semana en Portland, donde se han agravado las protestas contra el racismo.Foto Ap

Escenas, declaraciones y órdenes recientes provocan traer a la memoria tantas películas, libros de historia, ensayos, testimonios que documentan los peligros y horrores del fin de las libertades y derechos civiles en tantos países a lo largo del último siglo. Muchas se autojustificaron al hablar de la amenaza del "caos", con frecuencia proveniente del "extranjero", y de la urgencia de restaurar "la ley y el orden" en defensa de "la patria". Al tomar el poder, toda señal de disidencia era considerada una "amenaza al pueblo" y "traición". Tropas de asalto y policía secreta secuestraban a los que se atrevían a desobedecer, se exigía la presentación de "papeles de identificación", se elaboraron bancos de datos sobre todo sospechoso, se atacaba a los medios y se construían campos de concentración.

Hoy día, esas escenas se repiten en otro país. Sólo en los últimos días, fuerzas federales en uniforme de camuflaje circulando en camionetas no identificadas de repente aparecen en las calles de una ciudad y secuestran a manifestantes jóvenes; después de horas los dejan salir sin presentar cargos. Las madres de algunos de ellos salen a protestar coreando: "dejen en paz a nuestros hijos"; la fuerzas federales responden con gas lacrimógeno. Esto se repite durante días, a pesar de denuncias de la ilegalidad de tales operaciones. Una líder del partido opositor expresó su alarma: las “tropas de asalto no identificadas, vehículos no marcados, secuestros de manifestantes… estas no son acciones de una república democrática”.

El líder de tal país insiste en que está ordenando estos operativos para "salvar" al país contra fuerzas que promueven la "anarquía" y advierte que no se tolerará el desorden en las ciudades del país.

El régimen en el poder ha acusado que a su oposición política de cometer "traición"; y afirma que existe una amenaza de la "izquierda radical" que busca "destruir a nuestro país" (eso se repite cada día), y declara a todos los medios de comunicación no alineados a él "enemigos del pueblo".

El régimen en el poder presentó una nueva doctrina en la cual declara que los derechos humanos supremos son los de la "propiedad privada" y la "libertad de religión".

El régimen persigue día y noche, y defiende el uso de la violencia contra cualquiera que no sea ciudadano blanco. Aterroriza a comunidades enteras con operativos de agentes armados, helicópteros y asaltos a hogares; hiriendo y matando con impunidad. Incita y aplaude a las agrupaciones armadas de sus simpatizantes mientras otros, que se oponen al líder, son declarados "extranjeros".

El régimen encarcela a familias con hijos menores de edad y amenaza con separarlos a la fuerza (igual que en los campos de concentración nazis).

El líder del régimen, en nombre de la defensa de la democracia, rehúsa comprometerse a respetar la legitimidad del proceso electoral de su país.

Como muchos han adivinado, ese país es Estados Unidos en el año 2020.

Un país donde casi 14 millones de niños no tienen suficiente para comer, donde unos 40 millones están desempleados y millones de familias están por perder sus hogares.

Y es un país cuyo líder declaró en estos últimos días que todas las encuestas que demuestran que está perdiendo "son falsas"; confiesa que no le gusta "perder", y que rechaza todos los hechos que ponen en duda su versión de la realidad. Este líder acaba de repetir este fin de semana de que no está seguro si aceptará o no los resultados de la elección presidencial de noviembre.

En los años 30, James Waterman Wise comentó que el fascismo estadunidense probablemente "llegará envuelto en una bandera estadunidense y alabado como una súplica por la libertad y la preservación de la Constitución", recuerda Sarah Churchwell en el New York Review of Books.

Se repiten las lecciones del pasado, pero ¿se ha aprendido algo? En las calles sigue la resistencia, y aunque ha rescatado la esperanza, y las encuestas pronostican el fin del régimen... si es que respeta las urnas, aún no se sabe si todo esto será suficiente como para rescatar al país ante tanto déjà vu.

(https://www.youtube.com/watch? v=aV4zqixpx4A) (https://www.youtube.com/watch? v=B-c6GphpAeY) (https://www.youtube.com/watch? v=VwcKwGS7OSQ)

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Lunes, 20 Julio 2020 06:20

En clave electoral

En clave electoral

La pandemia no está controlada en ninguna parte. Los rebrotes de contagios previenen la apertura funcional de las actividades económicas. Un paso adelante y dos atrás es la norma.

Es un dilema mayor para todo gobierno. Unos han actuado de modo más efectivo que otros, y no se vislumbra el resultado final de lo que se ha hecho. Es un asunto mayor para las sociedades que responden, igualmente, de modo diferenciado. Todo se ha politizado con creciente confrontación.

Las actitudes respecto del virus tienen consecuencias y no son secreto. Los argumentos de que los muertos no son tantos y que es el precio para reabrir la economía parecen indecentes. Todo puede justificarse mientras sean otros los que enferman y mueren, otros los que se arriesgan atendiendo en los hospitales.

En estas condiciones se hacen previsiones del costo económico de la pandemia: menos producción, más desempleo, menos ingresos de las familias, menos recaudación de impuestos, menos gasto, más fragilidad de los negocios, los bancos, las pensiones, etcétera.

Se especula con las condiciones de una posible recuperación de la actividad económica, pero a decir verdad no se sabe si se llegó al fondo. No puede especificarse qué tipo de recuperación habrá: su composición por sectores productivos y regiones geográficas, la absorción de distintos grupos de la población y su rapidez. Hay mucha fantasía en el ambiente.

Seguramente el impacto de la caída y de la recuperación, cualesquiera que sean sus magnitudes y cuando sea que ocurran, será muy desigual. Esto definirá un escenario distinto al que se desprende de los modelos económicos convencionales y más aún del que postulan los discursos de los políticos. No puede eludirse el elemento crucial de la incertidumbre en la previsión de escenarios económicos y sociales; conviene no olvidarlo.

En algunos países los gobiernos intervinieron extensamente para aminorar el fuerte impacto económico de la pandemia sobre la gente que quedó desempleada y los negocios que tuvieron que cerrar, especialmente los de menor tamaño.

Los programas se diseñaron con una duración limitada y, en algunos casos, se añadieron medidas de apoyo ante la falta de condiciones para reabrir la actividad económica de modo firme por los rebrotes del contagio.

En Estados Unidos, me refiero a este caso por la estrecha relación económica que México tiene con ese país, el gobierno federal aprobó a finales de marzo pasado un programa de apoyos por 2 trillones de dólares (billones, según se mide aquí) para hacer pagos directos a personas y gobiernos estatales, además de fondos de rescate para una serie de negocios. El objetivo del Congreso era salvar la economía y luego revivirla del efecto de la crisis.

Esto se sumó a las provisiones anuales de ayudas establecidas en el presupuesto, además de los destinados a los programas de protección social. Con eso se estimaba que el costo de la intervención alcanzaría el orden de los 4 trillones de dólares.

Se enviaron pagos directos de mil 200 dólares al mes a millones de familias cuyos ingresos fueran como máximo de 75 mil dólares anuales y un complemento de 500 dólares por hijo. Se reforzó la ayuda por desempleo con 13 semanas adicionales.

Para los pequeños negocios se aprobó un monto de ayuda de 377 mil millones de dólares y otros 500 mil millones para empresas en problemas por la caída de la demanda. Muchos negocios pequeños han cerrado definitivamente y no abrirán más.

Los cuatro meses de duración de las medidas previstas por la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica por el Coronavirus (Cares Act) significaron que para una parte de la población estos ingresos superaran los que recibían antes de la pandemia y conforme a algunas mediciones la pobreza disminuyó. Parte de esos ingresos deben haber sostenido las remesas a México. Misterios, no hay.

Las provisiones de la Cares Act están por terminar y se estima que para millones de trabajadores eso significará una caída de más de 50 por ciento de sus ingresos actuales. De ser así, habrá que reestimar el impacto de la crisis. El Congreso reconviene esta semana y definirá las condiciones de los apoyos. El desempleo en ese país llegó a su punto máximo en abril con 23 millones de personas y en junio se contaron más de 17.5 millones, un nivel muy alto en términos históricos.

En este escenario no puede eludirse la naturaleza y el efecto esperable de las acciones de apoyo público que se han decidido en México para enfrentar la pandemia. Tampoco lo que representa la asignación de los recursos a proyectos públicos de inversión en un escenario de ingresos menguados por la caída de la actividad económica. A eso hay que sumar la caída severa de la inversión privada.

Todo esto repercute en la estructura social y productiva del país, en las diferencias regionales y, sobre todo, en la fragilidad creciente que se extiende entre una gran parte de la población. No es posible avizorar ahora el detalle del grado de afectación del armazón social del país a raíz de esta crisis. Pero sí adelantar que será profunda y con efectos duraderos.

En Estados Unidos y aquí un aspecto crucial es que todo lo que se hace está ya definido en clave electoral. No es la mejor de las condiciones.

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La "madre de todas las recesiones" toca las puertas de la economía mundial

El fondo de inversión BNP Paribas Asset Management ha alertado que la economía mundial está amenazada por una ofensiva procedente de una "madre de todas las recesiones" como consecuencia de la pandemia.

La economía mundial se ha visto cada vez más amenazada a medida que la pandemia por COVID-19 se propaga por el mundo y a pesar de que varios países ya retomaron su economía después de pasar el pico más alto de contagios los pronósticos para la economía mundial pos-COVID no son nada alentadores.

En una entrevista con el periódico Financial Times, Frederick Jeanbon del fondo de inversión de Europa BNP señaló que el crecimiento constante del mercado de valores tras el colapso registrado el mes de marzo no refleja la situación económica real actual y además no contempla otros escenarios que podrían golpear con más dureza a la economía mundial.

"El enorme repunte que hemos visto durante varios meses después del punto más bajo en marzo puede estar ocurriendo demasiado rápido y no tiene en cuenta el riesgo de una segunda ola [de contagios]", argumentó Jeanbon.

Agregó que la recuperación económica será larga y en forma de U, mientras que una recuperación en forma de V es poco probable.

Son pocos los expertos y analistas que pronostican una recuperación de la economía mundial en forma de V. Según una reciente encuesta realizada a los gestores del Banco de América, la mayoría espera una recuperación más prolongada —en forma de U o de W—. Por su parte, el FMI predijo la mayor caída de la economía mundial desde la Gran Depresión.

01:28 GMT 20.07.2020URL corto

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Sábado, 18 Julio 2020 06:02

El capitalismo es la pandemia

El capitalismo es la pandemia

Cuando lo viral es político

 

Altamente competitivo en un sistema mundial igualmente competitivo, el Coronavirus no solo infecta cuerpos, sino discursos y pensamientos. Como el capitalismo devenido en pandemia, el bicho coloniza, domina, usa aliena, explota, depreda, contamina, violenta y mata. (Ilustraciones: Marcin Owczarek).

En los últimos meses han circulado enormes volúmenes de información relacionada con la evolución, selección y progresión del nuevo Coronavirus asociado al síndrome respiratorio agudo grave tipo 2 (SARS-CoV-2, acrónimo del inglés Severe Acute Respiratory Sindrome – associated CoronaVirus-2) o enfermedad por Coronavirus-19 (COVID-19, acrónimo a su vez del inglés coronavirus disease-2019). Asimismo, han proliferado artículos y debates acerca de la “guerra” entre la especie humana y el virus, gráficos sobre la progresión de casos positivos de infección y muertes humanas, especulaciones en torno a la selección de personas inmunes al mismo, así como argumentaciones alrededor de las implicancias políticas, sociales, económicas y ambientales asociadas tanto a la génesis de la pandemia como a lo que se avizora como un futuro incierto.

A tal punto ha llegado la sobrecarga de información acerca del virus y sus efectos que bien podría afirmarse que este virus se ha viralizado. Qué obviedad y qué tamaña novedad a la vez: un virus que no solo infecta cuerpos, sino que infecta discursos y pensamientos. El filósofo italiano Bifo (seudónimo de Franco Berardi) hace alusión a una pandemia que se nos presenta en forma de “una epidemia psíquica, de un virus lingüístico generado por un biovirus”.

Hablamos de un virus total, un virus de la globalidad, un virus que logra infiltrarse de un plano de la realidad al otro: nunca un virus logró tal competencia. Y es que buena parte del debate involucra el concepto de competencia. Pareciera ser que compiten las especies entre sí, que compiten los modelos de planeamiento, las lógicas y las racionalidades gubernamentales para enfrentar la pandemia. Compiten las naciones por los recursos materiales para equipar hospitales y por encontrar tests efectivos y vacunas. Compiten las compañías farmacéuticas por encontrar terapias efectivas y rentables contra el virus. Compiten los medios de comunicación por viralizar la información y la desinformación acerca del virus. Compiten las empresas en medio de la crisis por extraer un margen de ganancia a costa de la salud de sus trabajadorxs. Compiten las teorías y modelos sobre el origen del virus y sobre las proyecciones de su infectividad y mortalidad. Compiten las exégesis filosóficas sobre el devenir del planeta alertando acerca de la profundización de los mecanismos capitalistas de control social y represión, tal el caso de Byung-Chul Han, o por el contrario, entreviendo la posibilidad del advenimiento de un comunismo reinventado, en palabras de Zizek.

Estuvieron también quienes se preocuparon más por una filosofía de vida de lo inmediato, la de competir por el último rollo de papel higiénico o por el récord de frascos de alcohol en gel adquiridos. Luego están quienes no clasificaron para la competencia. Su realidad material en villas o barriadas les impidió desde acceder a la formación o al tiempo para formular teorías filosóficas o modelos explicativos, pasando por el poder adquirir alcohol en gel o hasta lo más elemental: disponer o no de acceso al agua potable o a una vivienda digna donde poder aislarse. Así fue como Ramona, en la villa 31, “perdió” en la competencia por recursos que fue favorable a sectores acaso más “necesitados”, tales como el grupo Techint, Ledesma, la Sociedad Rural o McDonald´s, que sí calificaron para recibir una importante ayuda del Estado. Sea como sea, a la larga se dirá que aquellos países que hayan logrado atravesar con menores sobresaltos la crisis habrán sido en definitiva quienes mostraron “mayor competencia” en el tema.

El origen de las especies y del SARS-CoV-2: ¿competir o compartir?

A la hora de desarrollar su teoría evolutiva sobre el origen de las especies y la selección natural, Charles Darwin[1] se basó en conceptos económicos de Thomas Robert Malthus[2]. Malthus sostenía que la población tiende a crecer en progresión geométrica (es decir, exponencial), mientras que los alimentos sólo aumentan en progresión aritmética (es decir, lineal), por lo que la población se encuentra siempre limitada por los medios de subsistencia. Darwin fue influido por estas ideas para forjar sus hipótesis según las cuales el principio de variación, el de herencia y el de selección determinan que aquellas variantes heredables asociadas a una mayor supervivencia y/o a dejar una mayor descendencia resultan seleccionadas.

Pero fue Thomas Henry Huxley, célebremente conocido como “el Bulldog de Darwin”, quien difundió las ideas del mismo interpretando que la evolución procede a través de una lucha a muerte entre especies, al estilo de un circo romano. Años después, el llamado “darwinismo social” era utilizado para justificar las versiones más extremas de la libre competencia y el individualismo. Las más perversas teorías eugenésicas del nazismo fueron desarrolladas al calor de estos conceptos. Paradójicamente, o quizás no tanto, el nieto de Thomas Huxley, Aldous, escribiría la novela distópica Un mundo feliz[3] varios años después de la muerte de su abuelo. Políticas como las de Trump o Bolsonaro, en las que se deja morir “por selección natural” a quienes menos recursos tienen, son dignas herederas de estos conceptos.

A pesar de estas ideas, el naturalista ácrata Pedro Kropotkin -gran admirador de Darwin- sostenía en El Apoyo Mutuo que las especies pueden evolucionar cooperando entre sí[4], cosa que Huxley habría sido incapaz de advertir por sus prejuicios victorianos. El prestigioso biólogo evolutivo contemporáneo Stephen Jay Gould retomó a Kropotkin para afirmar que quienes usan la selección natural como justificación para la opresión social no han comprendido a Darwin, y que es probable que el proceso de evolución haya sido efectivamente también en gran medida colaborativo[5]. En este mismo sentido, la bióloga contemporánea Lynn Margulis ha señalado numerosos ejemplos de cómo el mutualismo y la simbiosis entre especies han constituido un fuerte motor en la evolución[6].

Llamativamente, en sintonía con las hipótesis de Kropotkin, Margulis y Gould, una de las más recientes hipótesis para explicar el origen del SARS-CoV-2 es la existencia de un evento de recombinación genética entre dos virus: un virus de murciélago (similar al BatCoV-RaTG13 de la provincia de Yunnan) con un virus de pangolín, el mamífero más traficado del mundo[7][8]. Mientras que el genoma del virus de murciélago comparte mayor identidad de secuencia con el SARS-CoV-2 humano (96%)[9], el del pangolín, que comparte un 91%[10] a nivel general, presenta un 100% y un 98% de identidad en las secuencias aminoacídicas correspondientes a las proteínas de envoltura y membrana, respectivamente. Sin embargo, aún existe controversia respecto del origen del virus, si fue transmitido desde murciélagos o si hubo una especie intermedia como el pangolín. De hecho, para el SARS-CoV-1 y para el virus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio o MERS-CoV hubo especies intermedias y fueron dos mamíferos diferentes: el camello y la civeta o musang. Lo cierto es que, en cualquiera de los casos, la idea de que la irrupción del SARS-CoV-2 pudo haber tenido un origen artificial, léase a través de una manipulación genética en laboratorio, parece no ser consistente con los datos de secuenciación: el SARS-CoV-2 no se deriva de ninguna estructura de virus previamente utilizada ni se encuentran las “marcas” o “cicatrices” típicas de la manipulación mediante técnicas de laboratorio[11].

Pedagogía del Cuerpo Explotado

El modo de producción capitalista y la tecnociencia desarrollada en torno al mismo han concebido históricamente a la naturaleza como un recurso al cual depredar en clave extractivista. Resulta particularmente paradójica, a la vez que metafórica, la irrupción en escena de un virus minúsculo que nos utiliza como recurso para poder propagarse. Y es que, si bien somos enemigos del biologicismo o del determinismo que conduce al darwinismo social, resulta sí interesante que la metáfora, por contraposición al reduccionismo biológico, nos permite mayor potencia pedagógica, explicativa y predictiva. Paul Ricoeur plantea en La metáfora viva que la misma permite describir la realidad mediante un lenguaje simbólico y, por ende, prístino. El valor primordial de la metáfora no reside en ser ornamental, sino que ofrece nuevos niveles de información. Así las cosas, vale la pena recordar que es Marx quien encuentra que el concepto de parasitismo resulta una buena analogía para definir lo esencial del modo de ser de los capitalistas. En este sentido, Philippe Descola realiza un cuestionamiento antropológico a la distinción “naturaleza/cultura”. Advierte que la costumbre de dividir el universo entre lo cultural y lo natural no corresponde a ninguna expresión espontánea de la experiencia humana. Así es como como las teorías económicas de la época permearon las hipótesis evolutivas de Darwin, del mismo modo que la teoría política de Kropotkin se filtra en sus escritos de historia natural. Lo cultural, en definitiva, no puede reducirse a lo natural ni viceversa, así como tampoco es posible escindir ambas dimensiones como compartimentos estancos. Levins y Lewontin, dos prestigiosos biólogos norteamericanos, proponían un abordaje dialéctico para este tipo de problemas complejos en The dialectical biologist: la compenetración de las partes y el todo es una consecuencia de la intercambiabilidad del sujeto y el objeto, de causa y efecto.

Retomemos entonces la metáfora del virus que explota nuestros cuerpos con una lógica capitalista. Para poder subsistir y reproducirse, depende de la existencia y fuerza de trabajo de células como las de nuestro cuerpo. El patrón viral, el virus como patrón, no invierte ni aporta en “capital molecular constante”: maneja los medios de producción, sí, pero utiliza los de la célula trabajadora. Es ella quien aporta la energía, el agua, la infraestructura. Las células aportan mano de obra y sus propios medios, para beneficio y reproducción del patrón viral. Pareciera que el sistema de producción al que el virus somete a las células no es comparable con el de una fábrica del siglo XIX, sino que es más bien más analogable, vaya paradoja, con las lógicas del tardocapitalismo: precarización de la vida y del trabajo, explotación a domicilio o teletrabajo. Al aumentar el número de partículas virales y la alienación del trabajo celular, se llega eventualmente a una tensión entre las Fuerzas Productivas de la propia célula y las Relaciones Moleculares de Producción establecidas entre el virus y la célula enajenada. Si la célula se suicida (muerte celular programada o apoptosis) o es aniquilada por el sistema inmune previo a que el virus logre multiplicarse, el virus no logrará propagarse. Si el virus logra salir en grandes volúmenes de la célula, el hecho de que la célula muera o de que el propio virus la aniquile no resultará un problema para la expansión del virus. De modo similar, en otra escala, el virus debe lograr transferirse horizontalmente entre seres humanos. Si aniquila el cuerpo antes de poder infectar otro cuerpo, no podrá propagarse. En cambio, si la tasa de transferencia horizontal fuera suficientemente alta, si la mano de obra celular y el ejército de reserva de seres humanos fuera suficiente, no será un problema que la explotación a la que somete el virus a nuestro cuerpo ocasione algunas pérdidas: en términos de la estrategia de dominación viral puedan acaso considerarse como “accidentes laborales”.

Lxs condenadxs de la tierra

Cuando comenzó el cierre de fronteras y el aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) en la Argentina, las tendencias de ese entonces auguraban 30 mil casos positivos de COVID-19 o más para principios de mayo. Que a principios de mayo haya habido poco más de 6 mil casos y alrededor de 300 muertes habla de una medida correcta, no de que haya sido exagerada o desacertada la proyección de casos en ausencia de la misma. Basta comparar con el número de casos, para la misma fecha, en otros países del continente en donde no se aplicó o bien se aplicó parcial o tardíamente, para demostrarlo: Ecuador (29 mil casos), Perú (65 mil casos), Brasil (156 mil casos). Se puede ponderar el número de casos en función de la cantidad total de habitantes por país: la conclusión es la misma. Se puede señalar que la definición de caso y el número de testeos es diferente en cada país en esas fechas ya distantes: observando el número de muertes Ecuador (1700 muertes), Perú (1800 muertes), Brasil (11 mil muertes), la conclusión es la misma. Que a nivel mundial la tendencia se haya desacelerado y a principios de junio “solo” haya 7 millones de casos y poco más de 400 mil muertes por COVID-19, también se explica en gran parte por este tipo de medidas en varios países del mundo.

Sin embargo, en las noticias, en las tendencias y curvas de casos y muertes que se muestran, se invisibiliza por lo general la tragedia de quienes siempre pagan las crisis. Mientras que en muchos lugares del país el número de casos positivos diarios crece relativamente poco, en las villas de CABA y en el Gran Buenos Aires, el número de nuevos casos se multiplicó (al menos inicialmente y veremos) de manera acelerada. Y es que la estrategia viral de dominación de células y cuerpos sinergiza con estrategias de dominación que se han viralizado en otros planos o niveles de la realidad: la dominación capitalista y la dominación patriarcal de esos cuerpos dominados.

Como se mencionaba anteriormente, un virus, un parásito obligado, cuya relación de tamaño frente un ser humano es similar a la de una gallina en comparación con el planeta Tierra, aparece como trágica metáfora de aquello que podemos denominar fase superior del parasitismo: una pequeña fracción de la humanidad, que representa solo el 0,02% de la biomasa sobre la Tierra, pero que ha impuesto valores y dispositivos, reglas y modos de producción hasta volverse un parásito total, un parásito de la totalidad. En Breviario de podredumbre, Emil Cioran describe “el ansia de primar”: “(…) Nos codeamos con sátrapas por todas partes: cada uno -según sus medios- se busca una multitud de esclavos o se contenta con uno solo. Nadie se basta a sí mismo: el más modesto encontrará siempre un amigo o una compañera para hacer valer su sueño de autoridad”.[12] El capitalismo, devenido en pandemia, coloniza, domina, usa, aliena, explota, depreda, contamina, violenta y mata: cuerpos, mentes, emociones, territorios, ríos, montañas, lagos y mares, suelo, aire y tierra. Nada en el planeta se encuentra a salvo de la codicia del capitalismo en tanto que viralización del ser parásito, nada escapa a las garras del capitalismo-pandemia. Es un prerrequisito, una condición de posibilidad para una pandemia de estas características, la existencia de un sistema-mundo capitalista, extractivista y colonial: tráfico y consumo de animales, desplazamiento de poblaciones humanas y animales por desmonte, hacinamiento en grandes ciudades, condiciones de pobreza, falta de acceso al agua y a la salud pública, enormes volúmenes de personas en tránsito por razones financieras, comerciales, turísticas, políticas, administrativas. Se requiere de todo este caldo de cultivo “artificial” para que un virus encuentre las condiciones propicias para volverse pandemia. Coronavirus, dengue, zika, chikungunya, hantavirus, incendios, cambio climático, glifosato… No se trata de plagas bíblicas: es el resultado lógico del modo de producción, económico, cultural y depredador que se nos impone. Lo que Rosa Luxemburgo vaticinaba como “socialismo o barbarie”, pero -al menos hasta el momento- sin el final que esperábamos.

A la vez, en forma dialéctica, la pandemia vuelve aún peores las condiciones de explotación, precarización y humillación de la clase trabajadora, con un aumento drástico en el número de asesinatos laborales o patronales de modo de asegurar la ganancia de empresarios y poderosos. Sin ir más lejos, ilustrando lo que significa el lucro de la salud, Bayer ha aumentado sus ganancias en un 20% en el primer trimestre del año comparado con el primer trimestre del año anterior. Mientras las grandes corporaciones farmacéuticas intentan imponer sus fármacos y se hacen un festín con la pandemia, mientras la Argentina paga 320 millones de dólares al FMI en concepto de intereses de deuda, millones de trabajadores en nuestro país y en todo el mundo se quedan sin empleo o ven recortados sus salarios. Es lo que algunos llaman la injusta distribución de la riqueza y que Fontanarrosa, a través de Inodoro Pereyra, denominaba “el generoso reparto de la pobreza”. Las alternativas que barajan quienes gobiernan son el aumento o bien en el número de muertes o bien en la cantidad de pobres. Pero en cambio el disminuir la riqueza de quienes más tienen no parece ser una posibilidad.

La pandemia, a su vez, refuerza las situaciones de violencia y los crímenes de odio contra mujeres y disidencias asociadas al ASPO, se descarga con mayor fuerza aún sobre estos sectores acentuando los privilegios de quienes no realizan tareas de trabajo doméstico o de crianza. Judith Butler explica que “la desigualdad social y económica asegurará que el virus discrimine. El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo. Es probable que en el próximo año seamos testigos de un escenario doloroso en el que algunas criaturas humanas afirmarán su derecho a vivir a expensas de otros, volviendo a inscribir la distinción espuria entre vidas dolorosas e ingratas, es decir, aquellos quienes a toda costa serán protegidos de la muerte y esas vidas que se considera que no vale la pena que sean protegidas de la enfermedad y la muerte.”[13]

Finalmente, en el caso de las poblaciones de villas, barriadas humildes y cárceles el sinergismo entre pandemia, capitalismo y violencia estatal se convierte lisa y llanamente en una pesadilla cuando las políticas de hacinamiento, falta de acceso a agua, ausencia de elementos de higiene y salud, en definitiva, cuando la militarización y el confinamiento en guetos se vuelve una opción viable. Son las relaciones sociales de producción asociadas al actual sistema-mundo capitalista, patriarcal, colonial y racista las que determinan, entre otras cosas, que en Chicago un latino o una afroamericana tengan más chances de morir por COVID-19 que un blanco; que en una villa de Buenos Aires no haya agua para poder higienizarse ni se pueda cumplir el “quedate en casa”; o que en cualquier lugar del mundo el ASPO aumente las chances de una mujer de ser violentada o asesinada en su casa.

La organización de lxs de abajo: solidaridad y apoyo mutuo

Hoy por hoy, capitalismo y pandemia nos amenazan de muerte. El capitalismo es la pandemia.

En línea con los argumentos de Margulis desarrollados arriba, Alberts y co-autores sostienen en Biología Molecular de la Célula, uno de los libros de cabecera de la carrera de Biología, que un cuerpo saludable es en definitiva una sociedad celular en donde el altruismo -en oposición a la supervivencia del más apto- es la regla[14]. Cada célula se organiza en asambleas colaborativas o tejidos y se divide, diferencia o muere según sea necesario para el bien del organismo. Lógicamente, ni las células humanas “deciden” ser trabajadoras altruistas, ni tampoco los virus se convencen a sí mismos de adoptar un modo de ser parasitario: ni la célula está compelida al “bien”, ni el virus al “mal”. Las categorías morales, como tales, no les convienen a seres de los cuales -en principio- no parecería poder predicarse la existencia de conciencia, libertad o intencionalidad. Un virus se encuentra determinado a ser un parásito, no puede sino ser un parásito, porque no tiene ni conciencia ni libre albedrío para transformarse en otra cosa diferente. En cambio, la sociedad humana no está determinada a desenvolverse de manera parasitaria, como se nos ha intentado hacer creer: el capitalismo no es “natural”. El hombre no necesariamente deba ser lobo del hombre, como planteaba Hobbes. Esto tampoco implica su opuesto, que el capitalismo sea “antinatural”: no estamos compelidos a arribar natural, inexorable e indefectiblemente al socialismo. Que las células que nos constituyen puedan cooperar entre sí no hace al ser humano necesariamente cooperativo o solidario en esencia. La naturaleza ha encontrado diferentes grados de libertad, de flexibilidad: ejemplos de todo tipo de modos de organización y producción, individualistas y competitivos, por un lado; cooperativos o altruistas, por el otro. Más importante aún, el capitalismo, como producto social, no puede ser explicado ni reducido al funcionamiento de un virus, de un cáncer o de un parásito, más allá de la célebre y atinada analogía de Marx. Lo que sí es necesario explicitar es que el capitalismo, como estructura, determina sí, la pérdida de nuestra libertad. Nos reduce a ser o bien explotadxs o bien explotadores. Es en nuestra propia posibilidad de recuperar la libertad que podemos elegir salirnos del modo de ser parasitario a través de priorizar nuestra facultad de organizarnos cooperativa y solidariamente.

La crisis sanitaria, social y económica se hace sentir sin dudas, y para que no se siga descargando sobre las espaldas de los sectores humildes y de la clase trabajadora en general, la única solución posible será tocar los intereses privados, hacer público todo aquello que no deba ser privado, suspender el pago de la deuda, denunciar cualquier tipo de violencia represiva, denunciar las condiciones de precarización laboral y los casos de asesinatos laborales: tender puentes entre quienes realmente necesitamos de los más dignos ejemplos del cuidado, desplegar los mejores y mayores niveles de solidaridad en y entre sectores de trabajadores.

Silvia Federici, escritora feminista, recupera el concepto de apoyo mutuo, acuñado por Kropotkin, para hacer referencia a las formas cualitativamente diferentes de cooperación proletarias dentro de los procesos de reproducción, las cuales limitan los efectos y el poder del capital y del Estado sobre las vidas de lxs trabajadorxs, evitando que innumerables trabajadores caigan en una ruina más profunda y plantando las semillas para crear una solidaridad generacional y de clase[15]. Uno de los mártires de Chicago, George Engel, decía en su discurso antes de ser ejecutado: “Yo no combato individualmente a los capitalistas; combato el sistema que da el privilegio”. El privilegio, que no es otra cosa que lo que aquí se llama “tener coronita”. Se podrá, eventualmente, detener la pandemia combatiendo individualmente al virus corona. Pero, en definitiva, no se podrá destruir lo que simbólicamente significa la corona, sin destruir el privilegio.

 

Escribe Matías Blaustein | Jun 15, 2020

[1]Darwin, C. (1964). On the origin of species: A facsimile of the first edition (Vol. 49). Harvard University Press.

[2]Malthus, T. R., Winch, D., & James, P. (1992). Malthus: ‘An Essay on the Principle of Population’. Cambridge University Press.

[3]Huxley, A. (1998). Brave New World. 1932. London: Vintage.

[4]Kropotkin, P. (2012). Mutual aid: A factor of evolution. Courier Corporation. Kropotkin, P. A. (1906).

[5]Gould, S. J. (1988). Kropotkin was no crackpot. Natural History, 7(97), 12-21.

[6]Margulis, L., & Sagan, D. (2008). Acquiring genomes: A theory of the origin of species. Basic books.

[7]Xiao, K., Zhai, J., Feng, Y., Zhou, N., Zhang, X., Zou, J. J., … & Zhang, Z. (2020). Iso-lation and characterization of 2019-nCoV-like coronavirus from Malayan pangolins. BioRxiv.

[8]Lam, T. T. Y., Shum, M. H. H., Zhu, H. C., Tong, Y. G., Ni, X. B., Liao, Y. S., … & Leung, G. M. (2020). Identifying SARS-CoV-2 related coronaviruses in Malayan pangolins. Nature, 1-6.

[9]Zhou, P., Yang, X. L., Wang, X. G., Hu, B., Zhang, L., Zhang, W., … & Chen, H. D. (2020). A pneumonia outbreak associated with a new coronavirus of probable bat origin. Nature, 579(7798), 270-273.

[10]Zhang, T., Wu, Q., & Zhang, Z. (2020). Probable pangolin origin of SARS-CoV-2 associated with the COVID-19 outbreak. Current Biology.

[11]Andersen, K. G., Rambaut, A., Lipkin, W. I., Holmes, E. C., & Garry, R. F. (2020). The proximal origin of SARS-CoV-2. Nature medicine, 1-3.

[12]Cioran, E. M. (1966). Précis de décomposition (Vol. 94). Gallimard.

[13]https://www.lavaca.org/notas/el-capitalismo-tiene-sus-limites-la-mirada-de-judith-butler-sobre-el-coronavirus/

[14]Alberts, B., Bray, D., Lewis, J., Raff, M., Roberts, K., & Watson, J. (1992). Biología Molecular de la Célula. 2da ed. Ed. Omega SA Barcelona, España

[15]Federici, S. (2015). Sobre el trabajo de cuidado de los mayores y los límites del marxismo. Nueva sociedad, (256), pp. 45-62.

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La radicalización de las derechas latinoamericanas

El viernes 8 de noviembre de 2019 por la noche estaba claro, desde la soledad de la Plaza Murillo, centro del poder político en La Paz, que el esquema para enfrentar el avance golpista había hecho agua. Se multiplicaban las noticias de motines policiales, los grupos civiles armados de la derecha habían recorrido el eje Santa Cruz, Cochabamba hasta instalarse con logística a pocas cuadras de la Casa de Gobierno.

Esa noche de lluvia helada solo quedaban grupos pequeños para sostener esa posición estratégica que se perdió sin resistencia la mañana del sábado. El Alto aún no se había manifestado con fuerza, lo haría el sábado en la tarde, cortando el acceso a La Paz. Ya era tarde: 24 horas después sucedió el derrocamiento, Evo Morales y Álvaro García Linera se trasladaron al Chapare, luego a México y finalmente a Argentina.

La escalada golpista duró tres semanas. Pocas personas la anticiparon: la economía crecía, existían acuerdos con el empresariado a nivel nacional, incluido en Santa Cruz, se venía de una relativa estabilidad política, y la pregunta central era si Evo ganaba en primera vuelta o debía ir a segunda.

La derecha sorprendió dentro de Bolivia y en el continente. Una falta de anticipación similar ocurrió cuando el 23 de enero de ese mismo año un diputado ignoto se autoproclamó presidente de Venezuela en una plaza y fue reconocido inmediatamente por Donald Trump, o cuando el gobierno de Sebastián Piñera desplegó militares en las calles de Santiago para hacer frente a la protesta, un esquema aplicado semanas antes por Lenín Moreno en Quito ante el levantamiento indígena.

La suma de eventos, a los que se agrega, por ejemplo, el actual gobierno de Jair Bolsonaro con sus crisis superpuestas --política, institucional, con discursos contra la cuarentena--, indica un cambio de las derechas que atraviesa el continente. Existe un desplazamiento de los límites, una modificación de época marcada por el regreso de viejas metodologías aggiornadas al tiempo de las redes sociales, con vasos comunicantes a la vez que diferencias, con procesos de nuevas derechas como Donald Trump, Matteo Salvini, Marine Le Pen o Vox.

Este empujar cada vez más los límites ocurre en Argentina con el despliegue de mensajes anticuarentena, conceptos pobres y peligrosos como la “infectadura”, denuncias de planes de liberación de presos para formar “patrullas que amenacen jueces y expropien el capital”, acusaciones de “gravedad institucional” a las pocas horas del asesinato de Fabián Gutiérrez y la intoxicación mediática con mentiras, medias verdades, acumulación de miedo, odio y revancha.

Este mapa de derechas no es homogéneo en el continente, varía según los países, tiempos del conflicto, según sean gobierno y desplieguen la estrategia de lawfare, como en Ecuador, Brasil o Argentina antes del nuevo gobierno, o estén en oposición y apliquen metodologías de desestabilización que llegan a contratar mercenarios para ingresar al país, como ocurrió en Venezuela.

Pero existen elementos que forman un cuadro común. En primer lugar, existen dos grandes tendencias en cada país: quienes rompen límites y radicalizan el enfrentamiento, y quienes buscan mantener la disputa dentro del marco conocido. A veces sucede que ambas se unen en un objetivo común, como lo fue derrocar a Evo Morales, para luego volver a dividirse y construir un esquema de golpistas duros, como Jeanine Áñez y Fernando Camacho, y golpistas moderados --presentados como demócratas--, como Carlos Mesa.

Esa tensión recorre la derecha en Argentina, con las disputas internas de la oposición emergidas en torno a lo que fue el posicionamiento respecto al asesinato de Gutiérrez, o en Venezuela, respecto a la división entre presentarse a elecciones o insistir a través de la vía armada y el bloqueo. Este último caso expone otra dimensión central: los grados o no de autonomía respecto al Departamento de Estado.

Esa relación con Estados Unidos es medular. El proyecto de las derechas contempla dos pilares. Por un lado, la alineación en política exterior con EE.UU., algo que puede verse fácilmente en que cada gobierno de derecha se propuso desarmar la Unasur, darle la espalda a la Celac, y volver a la centralidad de la OEA. Por otro lado, la adhesión a un proyecto neoliberal en materia económica.

Se trata de proyectos de minorías al servicio de empresas con intereses fuera del país --dejando a un lado un entramado empresarial con miras al mercado interno-- subordinadas a EE.UU., algo constitutivo de las élites latinoamericanas, que no parece modificable, aun con todas las inversiones y el comercio con China.

Dos cuestiones son centrales en este escenario. En primer lugar, el sujeto político moldeado por estas claves político-mediáticas. Las agresiones en Buenos Aires el pasado 9 de julio son un ejemplo de ese envenenamiento potenciado por las redes sociales que reúne odios históricos con nuevos apellidos y fantasmas. ¿Qué discursos construir ante eso, cómo diferenciar entre segmentos, desactivar?

En segundo lugar, ¿cómo gobernar con este volumen de ataques y corrimiento de límites? ¿cómo no dejarse arrastrar al terreno del adversario? Esa pregunta, traducida al conflicto venezolano tiene otras complejidades: ¿cómo se enfrenta un bloqueo económico y operaciones encubiertas? Y en el caso de Bolivia: ¿cómo debía enfrentarse la escalada golpista amparada por una arquitectura financiera, mediática y diplomática?

Una parte importante de la derecha regresa a viejas formas con nuevas presentaciones, intenta ofensivas sin pedir permiso ni perdón. Detrás de todo --o delante-- está la disputa económica en tiempos de recesión y el retroceso hegemónico estadounidense.

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