Dos cicilistas el sábado en Piccadilly Circus, en Londres.Aaron Chown / AP

En plena crisis, se libra un pulso por entender el futuro e influir en él. Algunos expertos dudan de un cambio radical

La carrera de las predicciones ha comenzado. Desde hace semanas, Gobiernos, instituciones internacionales, economistas, laboratorios de ideas y gurús se han embarcado en una competición por explicar cuanto antes el mundo de mañana.

Nadie sabe todavía cómo terminará esta fase de la crisis de la covid-19, la enfermedad causada por el virus SARS-Cov-2 que en cuatro meses se ha extendido desde China al resto del planeta, ha matado a más de 155.000 personas y ha confinado a la mitad de la humanidad. No está claro cómo será la salida del confinamiento, ni cuándo una vacuna garantizará el regreso a la normalidad. Nadie está seguro de cuál será la normalidad dentro de unos meses. Pero el instinto humano de ir un paso adelante —y la necesidad práctica de prepararse para el nuevo mundo y de influir en él— es el motor que lleva a una sobreproducción de documentos para aclararse en la tormenta.

“Es precisamente cuando las cosas son complicadas y están en movimiento cuando es útil hacer previsiones para ver más claro”, dice Bruno Tertrais, director adjunto de la Fondation pour la Recherche Stratégique en París, autor de El año de la rata. Consecuencias estratégicas de la crisis del coronavirus, un informe claro y conciso sobre lo que se avecina.

Hay dos bandos en la fiebre prospectiva. Primero, el de quienes creen que “ya nada será igual”, “habitaremos un mundo distinto”, “es el fin del capitalismo y de la globalización”. “Es una conmoción antropológica profunda. Hemos detenido medio planeta para salvar vidas: no hay precedentes en nuestra historia”, ha declarado el presidente francés, Emmanuel Macron.

El segundo bando es el de los cautos. Son quienes, mirando a la historia, desconfían de las fechas que todo lo transforman. Y quienes sostienen que el coronavirus, más que marcar un corte en la historia, acentuará tendencias en marcha. O quienes incluso advierten de la posibilidad de un retorno a lo de siempre, el business as usual, “la vida normal”, como dice Donald Trump.

Tertrais esboza varias tendencias: un retroceso de la mundialización; un declive de líderes populistas acompañado del éxito paradójico de las ideas del soberanismo y la defensa de las fronteras; el retorno del Estado protector; el auge de las sociedades de la vigilancia; el riesgo de acciones oportunistas por parte de Estados y organizaciones: la tentación de pescar en río revuelto. La última tendencia, a contracorriente de una predicción muy extendida, es que ninguna potencia —tampoco China— saldrá reforzada.

Tertrais describe el coronavirus como una “sorpresa estratégica” comparable a la caída del muro de Berlín en 1989 o la crisis financiera de 2008. No todas las “sorpresas estratégicas” provocan las consecuencias esperadas: en 2001, tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, un columnista de The New York Times pronosticó la Tercera Guerra Mundial. En 2008, el presidente francés Nicolas Sarkozy creyó llegado el momento de la “refundación del capitalismo”. La hora actual se parece quizás a la caída del Muro: un acontecimiento que entraba dentro del espectro de lo posible, aunque nadie lo previó entonces; y un mundo a ciegas durante meses. Todo podía salir muy bien, o muy mal. “Nadie sabía lo que iba a ocurrir”, recordaba hace unos meses el historiador Pierre Grosser. “Pensábamos que la Unión Soviética iba a implosionar pero no sabíamos si sería muy peligroso”.

Nathalie Tocci, directora del Istituto Affari Internazionali en Roma, habla de un posible “momento Suez” para Estados Unidos en alusión a la crisis del canal de Suez en 1956 que precipitó el fin del Reino Unido como potencia mundial. “No es que China vaya a ser el nuevo imperio, pero es un momento en el que la potencia global de China se consolida. Tendrá un poder de atracción, un soft power o poder blando, que no se ejercita de manera coercitiva”, dice.

En el informe El orden internacional y el proyecto europeo en tiempos de la covid-19, Tocci dibuja dos escenarios: uno de cierre —nacionalismo, proteccionismo, rivalidad entre potencias e influencia china— y otro de apertura que podría conducir a una mayor cooperación global. “Si me pregunta cuál de estas dos dinámicas es más fuerte, no lo sé”, apunta Tocci. “Pero sé que hay algo que marcará la diferencia: el liderazgo. Y hoy el liderazgo prácticamente no existe. Sin liderazgo, temo que vayamos más en la dirección de la competición que de la cooperación”.

“No sabemos qué sucederá, pero vale la pena pensar en ello. Mucho dependerá de cómo salimos y con qué daños”, dice Gregory Treverton, exdirector del Consejo Nacional de Inteligencia, la célula prospectiva de la inteligencia de Estados Unidos. Su trabajo consistía en imaginar escenarios. Y uno de los que imaginó fue el de una pandemia en 2023. “Si se mira lo que ya ocurría antes de la crisis, había un aumento del nacionalismo, de proteccionismo, de la tensión entre EE UU y China, de la desconexión entre la gente y los Gobiernos”, reflexiona. “La pregunta es cómo afecta la covid-19 a esto. La respuesta es que, a corto plazo, lo exacerbará”.

Warren Hatch, presidente de la empresa de pronósticos Good Judgment, considera que una previsión geopolítica —sobre el ascenso de China y el declive de Estados Unidos— debería acotarse y desgranarse en preguntas concretas y verificables: sobre la evolución del PIB chino o la contribución de este país a las organizaciones internacionales.

A la pregunta sobre si esta crisis lo cambia todo, Hatch responde: “Mucho de lo que solíamos hacer y que ahora parece inimaginable, como ir a eventos deportivos, creo que lo haremos de nuevo: inventaremos algo. Por otro lado, hay cosas que ya estaban cambiando y se acelerarán: la idea de trabajar desde casa, por ejemplo, o ver al médico desde el domicilio por Internet”.

Entre todas las previsiones que circulan sobre el mundo que saldrá de esta crisis del coronavirus, hay una que puede avanzarse sin miedo al error: será un mundo obsesionado por las pandemias. Tras los atentados de 2001, el terrorismo se convirtió en el centro de gravedad, que no dejó ver otras amenazas.

Podría ocurrir ahora lo mismo, con las pandemias en el lugar del terrorismo. “En efecto, existe el riesgo”, dice Tertrais, “de que en los próximos cinco años la pandemia sea considerada como el riesgo número uno y que los otros se vean menos”.

Entre las amenazas, se cita el cambio climático. O más pandemias. “Esto es un ensayo general”, dice Treverton. “Imagine una pandemia tan letal como el ébola y tan transmisible como la covid-19. No veo otra amenaza semejante”.


Una “competición áspera”, según la visión francesa

"El mundo posterior a las crisis se prepara durante la crisis, y no al final”, afirma un informe del Centro de Análisis, previsión y estrategia (CAPS) del Quai d’Orsay, una especie de laboratorio de ideas interno del Ministerio de Exteriores francés. El informe, revelado a finales de marzo por el diario Le Monde, no fija la política oficial francesa, sino que apunta líneas de reflexión estratégica ante la “competición áspera” que se anuncia. El punto de partida es que el día después será convulso y que los prolegómenos se juegan en estos momentos. Las amenazas son múltiples: desde la estabilidad política a la paz social. El informe alerta sobre “el relato chino”: el posible atractivo futuro de su modelo, reforzado por la propaganda. Por eso, es necesario “no solo desarrollar un contrarrelato sino poder apoyarse en un balance elocuente y poner en evidencia las diferencias de método”. Y añade: “Porque, a fin de cuentas, ‘la historia la escriben los vencedores”. Los vacíos de poder y el aprovechamiento que puedan hacer potencias como China o Rusia puede conducir a “una aceleración de la redistribución de las cartas”. Los autores no tercian en el debate sobre si estamos ante un giro radical o un retorno a las inercias del pasado. “Una crisis de tal magnitud siempre es la ocasión para reorientaciones profundas”, se lee. “Pero no implica mecánicamente ninguna de estas reorientaciones. Al final es la política la que las impone, o la que no está a la altura de la ocasión”.

París - 18 abr 2020 - 17:30 COT

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Un hombre, con mascarilla, camina por Beijing, China, este viernes. En vídeo, declaraciones del portavoz de la Oficina Nacional de Estadística de China. THOMAS PETER / REUTERS / VÍDEO: REUTERS-QUALITY

 

La pandemia de la covid-19 amenaza con convertir esta progresiva desaceleración en una recesión fulminante para China

El PIB chino perdió un 6,8% en el primer trimestre del año, según datos publicados este viernes por la Oficina Nacional de Estadística. Se trata del primer retroceso en casi medio siglo, provocado por la paralización de su economía a consecuencia de la crisis del coronavirus.

Semejante racha atestigua tanto el vertiginoso desarrollo de las últimas décadas como la dimensión del revés. China no menguaba desde 1976. En aquel año aciago, a los estertores de la Revolución Cultural se sumaron la muerte de Mao Zedong; líder de la República Popular desde su fundación en 1949, la de su primer ministro Zhou Enlai y al menos otro cuarto de millón de personas a causa del devastador terremoto de Tangshan. Su economía se contrajo entonces un 1,6%.

Las cifras de este viernes, además, suponen las más bajas desde 1961, el último año de la Gran Hambruna causada por las erráticas políticas de Mao. El PIB se desplomó de aquella un 27,3% y hasta 45 millones de personas perecieron, según calcula el historiador Frank Dikotter en su libro La gran hambruna en la China de Mao.

Desde entonces, los números del gigante asiático se han mantenido indemnes frente a infortunios como la matanza de Tiananmen de 1989 (4,2%), la crisis financiera en 2008 (9,7%) o la guerra comercial con Estados Unidos desde 2018 (6,7%). El año pasado, el conflicto con la Administración Trump contribuyó a dejar el marcador en 6,1%, un guarismo que ya supuso el peor resultado en casi tres décadas. El resultado del cuarto y último trimestre de 2019 reflejaba un 6%, segundo mínimo histórico consecutivo desde que las autoridades comenzaran a publicar la variación trimestral en 1992. Ahora, no obstante, el coronavirus amenaza con convertir esta progresiva desaceleración en una recesión fulminante.

“El dato de PIB es malo, pero esperado”, apunta Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia de Natixis. “Sin duda lo peor son las ventas al por menor en marzo [-16,1%]. Si las pones frente a la producción industrial para el mismo mes [1,1%] te das cuenta de lo que está pasando: China sigue produciendo más de lo que puede consumir, lo que va a aumentar las presiones deflacionistas. Esto se agravará en abril. El mundo se ha parado, por lo que la demanda externa colapsará”. En un funesto informe publicado esta semana, el Fondo Monetario Internacional adelantaba que la pandemia de la covid-19 provocará la recesión global más dura desde la Gran Depresión de 1930.

El Partido suele fijar su crecimiento de PIB en la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular, celebrada en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín. Este año, sin embargo, el acontecimiento ha tenido que ser aplazado sin que se haya establecido una nueva fecha, por lo que todavía se desconoce cómo afectará el virus a los objetivos macroeconómicos del país. El panel de expertos de Reuters pronostica que en 2020 la economía china acabará repuntando un 2,5%. García-Herrero, por su parte, ha rebajado sus previsiones al 1,5%, “ya que no hay demanda suficiente”.

El PIB, no obstante, no es la máxima prioridad gubernamental en este momento. Así lo ratificó el primer ministro Li Keqiang en un discurso pronunciado el mes pasado durante una sesión del Consejo de Estado. “No es de gran importancia”, aseguró, “que el crecimiento económico sea un poco más alto o un poco más bajo, mientras el mercado laboral permanezca estable”.

El desempleo pasa por ser la clave para reactivar la economía china por los extremos de la producción y el consumo. Los índices de actividad elaborados por la consultora Trivium estiman que su tejido productivo todavía no ha alcanzado su máximo rendimiento y sigue estancado en una tasa que oscila alrededor del 80%. Atajar el desempleo, por otro lado, también es una tarea fundamental dada su capacidad de generar descontento social. En los dos primeros meses del año el paro pasó de un 5,2 a un 6,2%, lo que supone que casi cinco millones de personas han perdido su puesto de trabajo en 2020.

Por Jaime Santirso

Pekín - 17 abr 2020 - 04:45 COT

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Miércoles, 15 Abril 2020 06:05

EE.UU. le quitó su apoyo a la OMS

El secretario general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, optó por no confrntar.  ________________________________________ Imagen: AFP

Trump anunció que suspendía el financiamiento del organismo 

 No hubo respuesta inmediata de la Organización Mundial de la Salud. Sus líderes no quieren pelear por dinero en plena pandemia.

Estados Unidos suspendió temporariamente la transferencia de fondos para la Organización Mundial de la Salud, anunció el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mientras su administración revisa lo que él describió como el papel "desastroso" de la organización, a la que acusó de "encubrir" el brote del coronavirus en China"La realidad es que la OMS no pudo obtener, examinar y compartir información de manera oportuna", dijo Trump. "La OMS falló en su deber básico y debe rendir cuentas".

No hubo respuesta inmediata de la organización. Los principales líderes de la OMS, empezando por su secretario general, Tedros Adhanom Ghebreyesus han tratado de resistir una disputa pública con Trump, diciendo simplemente que en medio de una pandemia no es el momento adecuado para una pelea de financiación.

"Muchos países dijeron que iban a escuchar a la OMS y ahora tienen problemas que no pueden creer", dijo Trump, quien criticó que el organismo no restringiera los viajes desde China, foco de origen de la pandemia, según publicó el diario británico The Independent. "El mundo recibió todo tipo de información falsa. Si la OMS hubiera ido a China a supervisar el brote se habrían salvado más vidas", dijo.

"Su confianza en los datos de China quizás causó un incremento de 20 veces más en el número de casos en el mundo ", criticó el mandatario estadounidense. "Sus errores han causado muchas muertes", atacó. "Instruyo a mi gobierno a detener la financiación mientras se realiza una investigación sobre el papel de la OMS en la mala gestión y el encubrimiento de la expansión del coronavirus", dijo Trump."

Trump, que es acusado de ignorar las advertencias de sus propias agencias de inteligencia sobre la gravedad del virus y de no actuar de manera oportuna, dijo que "los retrasos que experimentó la OMS al declarar que una emergencia de salud pública costó un tiempo valioso, enormes cantidades de tiempo”.

El presidente de Estados Unidos había elogiado hace poco a China por cómo contuvo el virus. Lo hizo poco días después de firmar un acuerdo comercial con Pekín. Ahora Trump acusó a la OMS de "oponerse a las prohibiciones de viaje" y de repetir la "propaganda" del gobierno chino de que el virus no se podía transferir de persona a persona.

El líder de Estados Unidos también amenazó con retirarse de la organización, que con razón dice que depende en gran medida del dinero estadounidense "No tendremos más remedio que hacerlo", a menos que el grupo cambie sus acciones,dijo el líder estadounidense.

Su administración planea redirigir los fondos para que la OMS trabaje con los países en temas de salud "de otras maneras". Como de costumbre, no describió cuáles podrían ser esas "otras" vías.

Repitió su declaración engañosa de que Washington envía a la OMS  “de 400 a 500 millones de dólares" cada año. Los documentos presupuestarios muestran que está más cerca de poco más de $ 100 millones anuales.

El presidente de "Estados Unidos primero" criticó a China por solo dedicar alrededor de “40 millones de dólares" anualmente a las arcas de la OMS, y criticó a los líderes mundiales por permitir que la organización defienda a China mientras, según la administración Trump, engañó al mundo sobre Covid-19.

Horas antes de que Trump apareciera en el Rose Garden e hiciera el anuncio al comienzo de su sesión informativa diaria de Covid-19, los demócratas del Congreso criticaron su decisión. "Es crucial que Estados Unidos esté en el centro de la discusión, no al margen, ya que la comunidad internacional determina qué camino toma la Organización Mundial de la Salud (OMS) para avanzar", dijo el senador Jeff Merkley de Oregon.

 "Reducir el apoyo y la participación de Estados Unidos significará que Estados Unidos no tendrá un asiento completo en la mesa durante estas discusiones, y solo aumentará la influencia ya preocupante de China en la OMS," añadió.  Como comunidad internacional, debemos mirar críticamente lo que salió bien y lo que salió mal en esta respuesta global, y aprender de esto para no repetir los mismos errores nuevamente ." 

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El nuevo orden mundial tras el coronavirus: el debate soterrado de la geopolítica ya ha empezado

Repasamos las voces de varios líderes y expertos sobre qué tipo de mundo nos quedará tras la crisis del coronavirus, y quién está en mejor posición para ejercer el poder

 Los líderes mundiales, sus diplomáticos y los analistas geopolíticos saben que vivimos una coyuntura de cambios de las que hacen época y, mientras tienen un ojo puesto en el día a día, el otro comienza a otear la crisis que nos dejará el coronavirus como legado. Ideologías enfrentadas, bloques, liderazgos y sistemas de cohesión social están siendo sometidos a prueba ante la opinión pública mundial.

A estas alturas, todos los habitantes de la aldea global comienzan a extraer sus propias conclusiones. "Muchas certezas y creencias desaparecerán. Muchas cosas que pensábamos imposibles están pasando", ha dicho Macron en Francia. "El día después de la victoria no habrá un regreso al día anterior, seremos moralmente más fuertes". Macron ha prometido comenzar su respuesta con una fuerte inversión en salud. Varios diputados macronistas ya han comenzado a elaborar una página web llamada Jour d'Après (el día de mañana).

En Alemania, el exministro de Asuntos Axteriores socialdemócrata Sigmar Gabriel ha lamentado que "hayamos minusvalorado el papel del Estado durante 30 años", y predice que la generación por venir será mucho menos ingenua respecto a la globalización. En Italia, el exprimer ministro Mateo Renzi ha convocado ya una comisión oficial sobre el futuro. En Hong Kong alguien ha pintado un grafiti en el que se lee: "No puede haber retorno a la normalidad porque la normalidad era el problema de origen". Henry Kissinger, que fue Secretario de Estado de la Administración Nixon, cree que los gobernantes deben comenzar a prepararse para la transición a un orden mundial nuevo tras el coronavirus. 

El Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, ha dicho: "La relación entre las principales potencias nunca ha sido tan disfuncional. La Covid-19 muestra dramáticamente, que, o nos unimos, o podemos ser derrotados".

La batalla por el liderazgo global

El debate en los think-tanks o institutos de análisis de todo el mundo no versa en este momento sobre la cooperación sino sobre quien se hará con el liderazgo del mundo posterior al virus, China o Estados Unidos.  

En Reino Unido, el debate permanece anclado en una cierta insularidad. La dirección laborista saliente buscó, desde un principio, reivindicar la necesaria, evidente, rehabilitación del Estado y los empleados públicos. La definición de servicio público se ha ampliado hasta incluir a los repartidores o a los tenderos más humildes. Es más, ser "una nación de tenderos", aquel insulto con el que Napoleón ultrajó una vez al país, ha dejado de considerarse algo peyorativo. 

Los paralelismos más obvios y utilizados han sido los relativos a la Segunda Guerra Mundial. En su libro In The Road to 1945, Paul Addison traza un recuento casi definitivo de cómo la Segunda Guerra Mundial contribuyó al giro a la izquierda del Reino Unido. Siguiendo la misma lógica, Boris Johnson se ha visto forzado a dejar al Estado actuar, aunque el impacto parece notarse más en la sociedad civil que en la política. La imagen huraña y distante de los británicos ya no encaja. La sensación de esfuerzo comunitario, los sanitarios voluntarios, ese aplaudir a las puertas de las casas tan poco británicos son gestos que elaboran una sensación: la de que el capital social perdido está, de algún modo, reapareciendo. No es que se hable demasiado de nueva política. Quizás el país, agotado por el Brexit, no puede lidiar en este momento con más agitación e introspección.

En Europa, Estados Unidos y Asia el debate se amplía. Puede que la vida pública esté en suspenso, pero el debate público se acelera. Todo es debatible: el punto de intersección entre una economía muy tocada y la salud pública, las virtudes relativas de sistemas de salud más o menos descentralizados, el modo en que se expone la fragilidad de un mundo globalizado, el futuro de la Unión Europea o las ventajas inherentes al autoritarismo.

Es como si la pandemia se hubiera convertido en una competición por el liderazgo global, en el que los países que capaces de responder a la crisis con mayor efectividad vayan a ser los que resulten beneficiados. Los diplomáticos, que siguen trabajando desde delegaciones vacías, se mantienen ocupados defendiendo la gestión de la crisis de sus propios gobiernos y suelen sentirse ofendidos por las críticas. Se juegan el orgullo patrio y la salud. Cada país mira hacia el vecino para ver en qué momento éste comienza a "aplanar su curva". 

El think-tank Crisis Group, al analizar el modo en que el virus va a cambiar permanentemente la política internacional, sugiere: "Por ahora podemos discernir dos narrativas encontradas que emergen sobre el resto; una en la que la lección dice que los países deberían cooperar para derrotar al Covid-19, y otra en la que los países deben mantenerse a distancia para protegerse del virus".

"La crisis representa un evaluación de las ideas encontradas que defienden los estados liberales y los iliberales a la hora de gestionar las tensiones sociales", continúa. "A medida que la pandemia avanza no sólo se ponen a prueba las capacidades operativas de organizaciones como la Organización Mundial de la Salud o las Naciones Unidas sino las creencias básicas sobre valores y negociación que las sustentan".

Ya son muchos los que defienden que Oriente ha ganado esta guerra de narrativas enfrentadas. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han escribió un ensayo en El País argumentando que han vencido los "estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur, de mentalidad autoritaria derivada de su tradición cultural basada en el confucianismo. Sus habitantes son menos dados a la rebelión y más obedientes que en Europa". Confían más en el Estado. La vida diaria está mucho más organizada. Sobre todo, para enfrentarse al virus, los asiáticos se han sometido a la vigilancia digital. La epidemia en Asia no solo la pelean virólogos y epidemiólogos, sino informáticos y especialistas en gestión masiva de datos". 

Predice que "China va a ser capaz de vender su estado policial digital como modelo de éxito frente a la pandemia. China mostrará la superioridad con más orgullo del ya habitual". Defiende que en occidente los votantes, atraídos por ideas relacionadas con la seguridad de sus comunidades, podrían estar dispuestos a sacrificar sus libertades. Hay poca libertad en la obligación de pasar la primavera confinado en tu propio piso.

Y sí. China ya gana de corrido. Cree que ha logrado reposicionarse de culpable a salvadora del mundo. Una nueva y más asertiva generación de jóvenes diplomáticos chinos se ha lanzado a las redes sociales para defender la superioridad de su país. Michel Duclos, exembajador de Francia, hoy en el Instituto Montaigne, ha acusado a China de "intentar, sin ninguna vergüenza, de capitalizar su 'victoria sobre el virus' para promover las bondades de sus sistema político. Se trata de una guerra fría no declarada que llevaba tiempo fermentando y muestra su faz verdadera a la dura luz del Covid-19". 

Stephen Walt, teórico de las relaciones internacionales de la Universidad de Harvard, cree que China podría tener éxito. En una primera opinión, publicada en Foreign Policy, sugiere que "el coronavirus va a acelerar un cambio de tendencia en el ejercicio de poder e influencia desde occidente a oriente. Corea del Sur y Singapur son los países que han mostrado la mejor respuesta y China ha gestionado bien la segunda etapa de la crisis tras sus errores iniciales. Las respuesta de los gobiernos de Europa y Estados Unidos ha sido muy escéptica y es probable que debilite el poder de occidente".

Muchos en la izquierda europea, entre ellos el filósofo esloveno Slavoj Žižek, temen también un contagio del autoritarismo y predicen que llegará a occidente "una nueva barbarie de cara humana -medidas despiadadas encaminadas a la supervivencia, aplicadas con una mezcla de arrepentimiento y simpatía pero legitimadas por las opiniones de los expertos".

Y desde otro punto de vista, Shivshankar Menon, profesor de la Universidad Ashoka en India, dice que "hasta ahora. la experiencia muestra que los autoritarios y populistas no gestionan mejor la pandemia. Al contrario, los países que respondieron antes y mejor a la pandemia fueron Corea y Taiwán, democracias, y no los gobernados por líderes populistas y autoritarios"

Francis Fukuyama está de acuerdo. "La línea de fractura más importante a la hora de ofrecer una respuesta efectiva a la crisis no va a ser la que separa autocracias de democracias. El determinante principal de esa gestión no será el tipo de régimen sino la capacidad del gobierno y, sobre todo, la confianza depositada en él", afirma, y defiende la respuesta de Corea del Sur y Alemania.  

Corea del Sur, de hecho, se vende como la potencia democrática que, en contraste con China, ha gestionado mejor la crisis. Su prensa está repleta de artículos sobre cómo Alemania sigue su modelo de pruebas masivas a la población. 

Pero Corea del Sur, una economía orientada a la exportación, también enfrenta dificultades a largo plazo si la pandemia fuerza a occidente, como predice el Nobel Joseph Stiglitz, a reevaluar en su conjunto la cadena logística global. Argumenta que la pandemia ha puesto de manifiesto los problemas de concentrar la producción de suministros médicos. El resultado es que las importaciones inmediatas, realizadas con poco margen de tiempo, disminuirán y aumentará la producción, más estructural, de bienes locales. Según esta versión, Corea del Sur estaría ganando elogios pero perdiendo mercados. 

La Unión Europea como perdedora

De momento, quien sale perdiendo, además de aquellos que, como Steve Bannon [el asesor principal de Trump en su victoria electoral], defendían "la deconstrucción del estado-administración" podrían ser los miembros de la Unión Europea. 

Algunos de los críticos más mordaces de la Unión han sido precisamente los europeístas. Nicole Gnesotto, vicepresidenta del Instituto Jacques Delors, dice que "la falta de preparación de la Unión Europea, su impotencia y su timidez son asombrosas. Por supuesto, la salud no es una de sus competencias, pero no es que no tenga medios o responsabilidad". El primer instinto fue cerrar fronteras, acumular material y organizar respuestas nacionales. En un momento de escasez, se vio que cada uno miraba por sí mismo e Italia se sintió abandonada.  

La controversia ha aumentado hasta convertirse en una batalla desagradable entre la Europa del Norte y la del Sur sobre la emisión de deuda común o las condiciones que podrían aprobarse para los créditos del fondo de rescate de la eurozona. Holandeses y alemanes sospechan que Italia se sirve de la crisis en Lombardía para reconfigurar el rechazo al concepto de eurobonos, esto es, que el norte financia la deuda de un sur irresponsable. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, lo lleva en su agenda y lanza una advertencia al resto de miembros de la Unión Europea: "Tienen una deuda con la historia". Si la Unión Europea fracasa, podría disolverse, advierte.

El Primer Ministro portugués, Antonio Costa, habló de "repugnancia" y "mezquindad" por parte del ministro holandés Wopke Hoekstra. La ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, se preguntaba si los holandeses entendían que "un camarote de primera clase no les va a proteger si todo el barco se hunde". 

Enrico Letta, antiguo primer ministro italiano, se ha referido con mordacidad a la resistencia holandesa a ayudar a Italia, asegurando a la prensa holandesa que la visión italiana de Holanda ha resultado muy perjudicada. "No ayudó que un día después de que las autoridades aduaneras alemanas detuvieran un gran número de mascarillas en la frontera, circularan por las calles de Roma camiones rusos con ayuda y que China enviara millones de mascarillas. Matteo Salvini espera que sucedan cosas así para poder decir: '¿veis? La Unión Europea no sirve de nada". 

La posición de la Unión Europea aún puede cambiar.  La agenda anticomunitaria de Salvini aún no cuenta con tanto apoyo. Conte no es rival fáci, pues se ha convertido en el líder más popular de la historia reciente del país. Además, iniciativas de políticos alemanes como Marian Wendt han sido capaces de contrarrestar algo de daño organizando que un grupo de enfermos italianos pudiera viajar de Bérgamo a Colonia para ser tratados.

Pero, mientras el contador de muertos sigue aumentando en toda la Unión Europea y la crisis comienza a penetrar en África, el discurso de la Unión Europa sigue dominado por jerga técnica poco edificante sobre la financiación de los rescates. 

Europa encuentra consuelo cuando mira al otro lado del Atlántico y ve el caos de la rueda de prensa diaria de Donald Trump, una suerte de recuerdo de que las personas racionales pueden controlar todo, pero  poco pueden hacer en manos de un presidente irracional. Nathalie Tocci, asesora de Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, se pregunta si, al igual que en 1956 la crisis de Suez marcó la decadencia del poder global del Reino Unido, el coronavirus podría jugar el papel en la influencia global de Estados Unidos.

El propio Borrell insiste en que la Unión Europea comienza a enderezar su rumbo tras un comienzo atribulado, y que el espíritu de cooperación comienza a abrirse paso. En un texto publicado en Project Syndicate, defiende que "tras una primera fase marcada por decisiones nacionales divergentes, estamos entrando en una fase de convergencia en la que la Unión asume un rol central. El mundo se encontró con la crisis de manera descoordinada, con demasiados países

13/04/2020 - 22:22h

Traducido por Alberto Arce

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El coronavirus abrió la era de la imprecisión y la incertidumbre

Desde hace más de un siglo, la rigurosidad científica quedó atada a la hiperprecisión. Las Ciencias Sociales han estado fuertemente influenciadas por el paradigma dominante de la Mecánica, asumiendo que casi siempre puede existir una relación precisa y, por tanto, previsible, entre muchas variables que interactúan entre sí. La certidumbre en el comportamiento de todas las aristas posibles en torno al objeto de estudio es premisa fundamental para llevar a cabo cualquier análisis implacable. De hecho, cuando la incertidumbre aparece, el marco teórico hegemónico en Economía, el neoclásico, presupone escenarios ciertos para resolver la ecuación. Una fórmula muy habitual es el uso desmesurado del ceteris paribus, todo lo demás constante, asumiendo así que muchas variables no alteran su comportamiento ante cualquier fenómeno que se produzca. Y no sólo ocurre esto en la Economía. También en otras Ciencias Sociales, como la Teoría política y la Sociología, se acude a métodos similares para eliminar la mínima distorsión que genere lo incierto. Un buen ejemplo de ello es la Teoría de la elección racional.

Sin embargo, estamos en un mientras tanto en el que no tenemos certezas y, en consecuencia, hay pocas posibilidades de ser preciso. Se buscan infinitas maneras de calcular el verdadero número de contagiados, pero son todas aproximaciones y estimaciones en base a múltiples hipótesis. Todas ellas han sido actualizadas constantemente porque el margen de error es demasiado amplio como para ser consideradas como válidas.

Ni siquiera podemos tener certidumbre del número real de fallecidos por Covid-19 (cada país tiene su propio protocolo para contabilizarlo). Tampoco somos capaces de tener certezas sobre la duración de esta pandemia. No se conoce a ciencia cierta el momento en el que llegará la vacuna; y aún no sabemos si los métodos paliativos para tratar este virus son eficaces al 100%.

En el ámbito económico, no conocemos con exactitud el impacto de la pandemia. Son múltiples los organismos internacionales especializados en esta temática que realizan sus cálculos sobre efecto en el PIB, la pobreza, la producción mundial, la actividad comercial o el empleo. Y todos ellos van constantemente actualizando el valor porque es imposible prever el alcance de la pandemia a medida que avanzan los días. Por ejemplo, la OIT hace dos semanas estimaba que el coronavirus pondría en riesgo hasta 25 millones de empleos y, en cambio, su balance a día ya habla de 195 millones de empleos perdidos a tiempo completo.

Algo similar pasa y pasará aún más con todo análisis geopolítico, político y sociológico. Lo que ayer fuera negativo, hoy podría ser considerado positivo. En clave geopolítica, véase la mutante valoración de China, que pasó de ser el “culpable” a hoy ser el “ejemplo”. Así está sucediendo en cada asunto fundamental de nuestras vidas. Germinan infinitas dudas e incertidumbres acerca la evolución de nuestra valoraciones y sentidos comunes resultantes en torno a: (i) el rol de Estado, (ii) lo público y lo colectivo frente a lo privado y lo individual, (iii) los liderazgos vencedores, (iv) las nuevas fórmulas democráticas que podrían aparecer, (v) el autoritarismo presidencialista, (vi) los dilemas éticos basados en la relación intergeneracional, (vii) la globalización resultante, (viii) la exaltación de los nacionalismos, (xix) las relaciones internacionales y el orden geopolítico, (x) la antipolítica y la revalorización de expertos y científicos, (xi) el límite de la comunicación ante la ineficacia en la gestión, (xii) el papel de los organismos internacionales, (xiii) la preferencia por un mayor proteccionismo, (xiv) la moral ciudadana y, (xv) la libertad como derecho ante la necesidad de ser controlados para aminorar los efectos de la pandemia.

Todo es verdaderamente incierto e impreciso. Tanto así que estamos en una situación genuina en la Historia: Sociedad y Estado, por el instinto de la vida, paralizan en parte a las fuerzas económicas del capitalismo. Esto perturba el orden económico global, sin saber absolutamente nada, a ciencia cierta, de cuál será el resultado en los próximos meses. Las especulaciones son continuas por parte de políticos, periodistas, intelectuales y científicos. La mayoría tiene sus propios sustentos teóricos y argumentos muy legítimos para interpretar este complejo presente y realizar predicciones sobre el futuro inmediato. El debate es bienvenido y necesario, pero seguramente sería fructífero si asumiéramos la única variable que podemos contar como cierta: estamos en plena época de incertidumbre, en la que forzar a ser hiperpreciso nos llevaría a un camino contraproducente.

Es por ello que, quizás, se abra una nueva época, presente y futura, para introducir un marco referencial en el que la incertidumbre y la imprecisión estén presentes en nuestro intento de estudiar lo que nos pasa y pasará como sociedad. En este sentido, es más que recomendable acudir al trabajo de Silvio Funtowicz y Jerome Ravetz, Science for the Post-normal Age, en la revista Futures, en el que realmente explican la necesidad de trabajar con otro enfoque, de la Ciencia Postnormal, para lograr analizar y tomar decisiones cuando los factores son inciertos, hay mútiples valores en disputa y los riesgos son altos.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director CELAG

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Deterioro fiscal, Medidas socioeconómicas impostergables y Reforma Tributaria. Estructural en Colombia en 2021

Introducción


Los propósitos de este tercer documento de la serie son: (i) Presentar una evaluación de los impactos directos sobre las finanzas del Gobierno nacional central (GNC) en 2021 de la pandemia del COVID-19, de la reducción del precio internacional del petróleo y de la rápida devaluación del peso colombiano previsibles en el transcurso de 2020; (ii) Describir algunas medidas sociales de emergencia propuestas impostergables para mitigar determinados efectos socio-económicos generados por el COVID-19 y el fortalecimiento del sistema sanitario en una perspectiva duradera, así como cuantificar sus costos fiscales para el GNC en 2021, y (iii) Mostrar la necesidad inaplazable de implantar en 2021 la primera etapa de una reforma tributaria estructural en el país que cumpla debidamente los principios constitucionales de equidad horizontal, progresividad vertical y eficiencia administrativa.

En el anterior documento se analizó un escenario básico sobre 1 el aumento de la presión fiscal (respecto a la prevista oficialmente en el marco fiscal de mediano plazo) y sus potenciales modalidades de financiación en 2020 para poder enfrentar algunos de los impactos socio-económicos básicos reproducidos por la pandemia COVID-19 mediante la implantación de unas medidas sociales prioritarias e impostergables. Por supuesto, en cuanto que algunos de los supuestos implícitos en dicho escenario básico se deterioren aún más de lo previsto –por ejemplo, una aguda recesión por debajo del rango de crecimiento supuesto (-1%-0%), una mayor caída del precio internacional del petróleo (inferior a un precio promedio anual de US$40)–, ceteris paribus, mayor será la presión fiscal a la prevista ($6.7 billones) y mayor el requerimiento adicional de financiación all previsto ($30 billones) del GNC en 2020.

Ahora bien, aparte de la crítica situación planteada por la pandemia del COVID-19 a las finanzas públicas y a la gestión estatal, resulta por demás preocupante el agravamiento de la presión fiscal hacia el futuro próximo, especialmente en el al menos el año entrante 2021. Es por ello que ha de profundizarse también en el análisis de las finanzas públicas en el mediano plazo.

Centrándose por ahora en el año 2021, son de destacar los impactos en los ingresos de la caída del precio del petróleo en 2020 (respecto a lo previsto en el marco fiscal de mediano plazo del Gobierno nacional), la baja en el recaudo del impuesto a la renta y complementarios por la descolgada de ritmo de crecimiento de la economía en 2020, y el menor recaudo en el IVA por el probable debilitamiento del consumo debido además al impacto perverso de la incertidumbre, entre otros. Y, por el lado de gasto público, la necesidad de mantener una política pública de transferencias como la renta básica mínima para aquellos grupos poblacionales vulnerables que hayan sufrido los rigores de la pandemia y el deterioro económico del país en una base perdurable –más allá de una perspectiva coyuntural de corto plazo– y la continuación del reforzamiento del sistema sanitario nacional con una inyección adicional de recursos públicos de al menos 1.0-1.5% del PIB en 2021, para no citar sino unas medidas prioritarias de emergencia.

En el siguiente Cuadro Resumen se sintetizan tanto el impacto fiscal de efectos y medidas prioritarias relacionadas con la pandemia del COVID-19. Se supone en este escenario básico una tasa de crecimiento del PIB de entre 1% y 2% en 2021, después de una de entre -1% y 0% en 2020, un precio internacional promedio del petróleo de US$55/barril en 2021 en comparación con uno de US$40/barril en 2020, y una tasa de cambio promedio de “2 $4250/US$ en 2021, entre otras variables. Y se hace la comparación en el escenario básico de los ingresos tributarios y gastos del GNC entre la situación previsible acorde con los supuestos básicos recién mencionados y la situación macroeconómica que se hubiera observado si no se hubiese presentado la pandemia del COVID-19 en 2020 según las tasas de crecimiento previstas oficialmente para 2020-2021 con antelación a la crisis: 0%-1% vs 4.0%.

Es claro que a medida en que se disminuyan aún más los ingresos del GNC previstos y/o que aumenten los requerimientos de gasto, ceteris paribus, habría de acudirse correlativamente a recursos adicionales de financiación con nuevas fuemtes como un crédito del Banco de la República al GNC, la utilización concertada de regalías, entre otros.


1. Situación fiscal en 2021



El propósito de esta sección es mostrar la situación financiera del Gobierno nacional central (GNC) en 2021.

Teniendo como base la situación del año 2020 cuando el impuesto sobre la renta y complementarios se redujo debido a la caída del precio internacional del petróleo y el impacto del confinamiento sobre el consumo y la actividad productiva a causa de la pandemia COVID-19, las finanzas públicas en el año 2021 van a reflejar en buena parte el resultado del anterior año 2020, si el Gobierno y el Congreso no toman oportunamente acciones para el desarrollo de políticas activas, contraciclicas. En el frente fiscal lo más crítico es la ampliación de la presión fiscal y la acumulación de déficit estructural, tanto por el impacto de la reducción del esfuerzo tributario (respecto al PIB) por la vía de exenciones y deducciones como las introducidas en la reforma tributaria del pasado diciembre de 2019, la repercusión de la crisis económica debido a la pandemia del COVID-19 y la caída del precio internacional del petróleo en 2020 –con la reducción de la producción y la demanda por el confinamiento–, además de las nuevas necesidades de inversión que requiere el sistema nacional de salud y de recursos públicos para las transferencias de renta a la población más vulnerable –buena parte de la cual apenas se ha logrado identificar con alguna confiabilidad a raíz de la pandemia–.



1.1. La reducción de la actividad económica y del precio internacional del petróleo



Para comenzar es de resaltar el comportamiento de variables como la demanda de energía eléctrica o el consumo de gasolina que son reflejo de las consecuencias de la pandemia, entre otras como el confinamiento a nivel agregado, regional y sectorial. Este es el caso de lo acontecido en el pasado mes de marzo, como se muestra claramente en los Gráficos 1 a 5 de la demanda de energía eléctrica diaria.

Con base en esa evolución en el mes de marzo de variables directamente relacionadas con el comportamiento del PIB y dados tanto la esperable ralentización en el crecimiento en el resto del año –con mayor intensidad en el segundo y buena parte del tercer trimestre del actual año–, como la caída del precio promedio del petróleo hasta unos US$40 en 2020, se esperaría como escenario básico para el presente año 2020 una desaceleración de la actividad económica entre el -1% y 0%. Ahora bien, suponiendo un repunte del precio del petróleo en 2021 hasta alcanzar el precio promedio por barril de 2019, y una tasa de cambio del dólar por peso cercana en promedio a US$4250 en 2021, sería esperable observar una lenta recuperación económica en 2021 con una tasa de crecimiento de entre el 1% y el 2%.

 

GRÁFICO 1. REDUCCIÓN DE DEMANDA POR REGIONES DEL 16 Al 31 DE MARZO DE 2020 “5



Fuente: XM.gov.co




1.2. Reducción de recaudo impositivo por parte del GNC

Si se tiene presente que en el Marco Fiscal de Mediano Plazo se supone una tasa de crecimiento para 2021 de 4.2% y un nivel de tributación de 14.3% del PIB, y que en 2020 se podría observar una tasa de crecimiento entre el -1% y 0% por la irrupción de la pandemia del COVID-19 –en lugar del 4.0% según el mencionado Marco–, por la caída del precio internacional promedio del petróleo –a US$40-45/barril en vez de US$67/barril– y una mayor devaluación en 2020, se profundizaría la caída de ingresos del GNC en 2021 con respecto a lo que hubiera sido previsible bajo el Marco Fiscal por un orden de $12.0-14.5 billones: $6.0-7.0 billones por concepto de impuesto a la renta y complementarios, $3.5-4.5 billones por IVA interno y $2.5-3.0 billones por IVA externo. Así, entonces, la caída de los ingresos fiscales del Gobierno nacional central por la pandemia del COVID-19 y la baja de los precios del petróleo en 20202, se agravará por el impacto negativo, entre otros factores, tanto de la aplicación de exenciones y descuentos como la reducción de la tarifa impositiva a empresas establecidas por la reforma tributaria pasada de diciembre de 2019, el cual el Gobierno estimó en cerca de $9.4 billones en 2021 (Cuadro 1).

Más grave aún, según lo aprobado en la Ley 2010 de 2019 del 27 de diciembre de 2019, denominada Ley de Crecimiento Económico, el recaudo neto esperado de $7.1 billones iría a ser casi contrarrestado ya que no se iría a recaudar unos $6.9 billones que se suponía que se habrían de generar por un mayor crecimiento económico en 2021 –lo que no ocurriría–.

En consecuencia, sería de esperar un aumento de la presión fiscal en 2021 por una cuantía cercana de entre $22.0 y $25.3 billones. En este evento, el aplazamiento tanto de la reducción de la tarifa impositiva a las empresas como de la aplicación de exenciones y deducciones previstas por la reforma tributaria aprobada en 2019 resulta ser una de las primeras medidas a estudiar por parte del Gobierno en el marco de la Ley de emergencia. 2. Medidas socio-económicas prioritarias para enfrentar impactos de la pandemia COVID-19 en 2021



2.1. Reforzamiento sistema sanitario nacional



La crisis ha llamado la atención sobre la necesidad inaplazable de fortalecer el sistema de salud en Colombia. Ello no solo implica en realizar inversiones en infraestructura, instrumental y equipos, sino también en ampliar, capacitar, especializar la nómina de del personal médico, de enfermería y de auxiliares, y mejorar el marco laboral del cuerpo sanitario. Esta inversión incremental ha de tener un carácter estructural y se estima en una cuantía cercana a 1.0%-1.5% del PIB en 2021, es decir entre $11 y $15 billones adicionales a los previstos con antelación a la pandemia.

Se deberá implantar un estricto esquema de fiscalización y control sobre las inversiones y gastos en este sector dados los avanzados y complejos procesos de macro-corrupción y cooptación institucional que se han desarrollado en el sector salud en diversas regiones del país3.



2.2. Renta mínima básica temporal para grupos de especial vulnerabilidad



Otra fuente de presión sobre el gasto del Gobierno nacional central va a ser la de las transferencias (condicionadas o no condicionadas) que se le deberían seguir otorgando en calidad de renta mínima básica a al menos entre al menos un millón y un millón y medio de familias vulnerables, que no se encuentran en ningún plan de intervención del Gobierno diferente a los de transferencias temporales adoptados hace tres días como el de “Ingreso solidario”, así como a otras familias que hayan quedado en extrema vulnerabilidad más allá del corto plazo como consecuencia de la pandemia COVID-19. Este monto de recursos podría alcanzar el orden de entre $5 y $10 billones en 2021, suponiendo que les entregaría al menos un 60% de un salario mínimo en el primer trimestre y un cuarto de salario mínimo los 9 meses restantes o el equivalente al valor de la línea de pobreza monetaria a nivel nacional.

No debe olvidarse que ante los elevados niveles de pobreza, informalidad y desigualdad imperantes, los impactos de la pandemia tendrían un sesgo en contra de los vulnerables por sus precarias condiciones de vida, lo que agravará aún más la pobreza, la inequidad y la exclusión social. De ahí la necesidad de preservar ciertas políticas sociales como la de la renta básica mínima por varios años para contrarrestar el círculo perverso de vulnerabilidad-afectación inequitativa-exclusión social.

2.3. Pago servicio de la deuda pública externa

La otra fuente decisiva es el perfil de la deuda para año 2021 de amortizaciones un monto de USD$ 3.166 millones y por intereses USD$2.098 millones. Este servicio de la deuda pública externa evaluados a una tasa de cambio promedio del orden de $4250/US$ alcanzaría unos $22 billones, que representaría una presión adicional en el servicio de la deuda externa a la inicialmente prevista cercana a los $4.0-$5.0 billones (Cuadro 2).

 

 

3. Modalidades de financiación de la brecha fiscal en 2021



3.1. Refinanciación del servicio de la deuda pública externa en 2021



El perfil de la deuda pública externa muestra que en el año 2021 se presenta un elevado pico del servicio de esta deuda por US$5.264 millones, lo que le resta margen de maniobrabilidad a las finanzas públicas para enfrentar esta crisis (Cuadro 2). En 2021 el Gobierno nacional deberá amortizar US$ 3.166 millones y pagar intereses por US$ 2.098 millones, que a una tasa de cambio de $ 4.200 por dólar, por ejemplo, correspondería a $13.6 y $8.9 billones, respectivamente. Dado que el Gobierno nacional requiere de espacio fiscal suficiente, debería buscar refinanciar estas obligaciones por concepto de amortizaciones de la deuda multilateral con las fuentes multilaterales como el BID (cerca de USD$ 404 en 2021), con el BIRF (USD$ 247 en 2021), con AFD (USD$ 143 en 2021) y KFW (USD$ 87 en 2021), así como amortizaciones por US$ 2.190 millones en 2021 de bonos emitidos en el mercado internacional, a través de contratación de créditos blandos con fuentes multilaterales o de la emisión de bonos o títulos soberanos a menores tasas de interés y mayores plazos, al momento que sea posible. De tal manera se podrán suavizar los pagos del servicio de la deuda externa al menos en 2021.

Si el gobierno nacional lograra suavizar con el servicio de la deuda externa en un 70%, el ahorro obtenido sería del orden de hasta unos $15.8 billones en 2021.

En este tema de política económica vale la pena comentar sobre la eventualidad de:

(i) La concertación internacional de esquemas de tratamiento excepcional de la deuda pública externa de países en desarrollo, incluso de ingreso medio, con organismos multilaterales y bilaterales con agencias de gobiernos de países desarrollados.

Es claro que el Gobierno nacional ha de gestionar con otros gobiernos de países de la región un esquema excepcional que permita reducir y postergar el servicio de la deuda durante al menos el periodo 2020-2022, mediante el otorgamiento de periodos de gracia para el pago de amortizaciones y rebajas en la tasa de interés, por ejemplo.

También habría de participar activamente a nivel internacional en la búsqueda concertada de mecanismos y procedimiento ágiles para la refinanciación en condiciones “blandas” de la deuda pública externa en bonos y otras modalidades de mercado con, por ejemplo, la mutualización de garantías y otros colaterales, de ser necesario.

(ii) La utilización del cupo crediticio disponible para el país con el FMI. En efecto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) reportó que en una sesión informal discutió la solicitud de Colombia de renovar su Línea de Crédito Flexible (LCF) con el FMI de 7.85 mil millones DEG, equivalente a aproximadamente USD$10.8 mil millones. “Esta línea de crédito renovable ayuda a proteger contra choques externos a los países que tienen marcos de política muy sólidos y una trayectoria de buen desempeño económico, al proporcionar con un amplio acceso a recursos del FMI por adelantado y sin condiciones continuas”.

Si bien el nivel de reservas internacionales disponible es todavía adecuado, ante la eventualidad de que el precio y la demanda internacional de petróleo no reaccionará debidamente, se redujeran sustancialmente los ingresos en divisas por el turismo, se produjera una fuga de capitales ante la incertidumbre de la evolución de la economía doméstica, entre otros factores, la relación entre reservas internacionales y la cuenta corriente podría deteriorarse a niveles considerados como riesgosos en términos comparativos, lo que pudiera llegar a justificar un crédito externo de balanza de pagos – para aumentar el nivel de reservas internacionales– como sería el caso de crédito con el FMI. El Gráfico 6 ilustra la evolución de las reservas internacionales en Colombia.

 

GRÁFICO 6. RESERVAS INTERNACIONALES EN COLOMBIA: NIVEL Y TASA DE CRECIMIENTO 1984-2019

En Rojo: Tasa de crecimiento. En azul: Nivel de reservas (millones de US$).
Fuente: Banco de la República.

 

Aquí radicaría la “razón de ser” del interés mostrado por las autoridades gubernamentales por utilizar el cupo con el FMI. Aunque, por supuesto, este crédito implica un costo financiero, aparte de las eventuales condicionalidades de política económica que pueda imponer el FMI al país –algunas de las cuales podrían sustentarse en diagnósticos insuficientemente ajustados a la realidad como, por ejemplo, la potencialidad en términos de mayor recaudación de la ampliación de la base tributaria hacia personas naturales de ingresos más bajos en lugar de una efectiva ampliación de la base con un mayor control a la evasión y elusión tributarias en el caso de personas superricas a través de mecanismos como las “sociedades de refugio”, para no citar sino un ejemplo4.



3.2. Recaudo Estimado en el primer año (2021) de una Reforma Tributaria Estructural

 

En el Cuadro 3 se presenta el resumen de las estimaciones de recaudos adicionales de una propuesta de reforma tributaria estructural que se ha de enmarcar bajo los principios constitucionales de progresividad vertical, equidad horizontal y eficiencia administrativa que debe caracterizar el sistema tributario del país. Con el ingrediente adicional de que el recaudo adicional procedería fundamentalmente de las Personas Naturales y Jurídicas más ricas del país –especialmente las superricas correspondientes al 5% de las Personas más ricas del país, pertenecientes a los sub-deciles 4-5 al 10 del decil 10–, consecuente con un aumento de sus respectivas Tarifas Efectivas tanto en el Impuesto a la Renta –incluso con una potencial reducción de sus respectivas Tarifas Nominales– como en otros tributos. (Un mayor detalle de la propuesta se encuentra en el análisis elaborado en el libro de los autores en proceso de publicación: Dinámica de las Desigualdades en Colombia. Vol 2. “Nota de Investigación 21”).

Por supuesto, para que la primera etapa de la reforma tributaria estructural tuviera impacto en 2021 se requeriría de su tramitación y aprobación por el Congreso en el segundo semestre del presente año 2020.

 

Con este tipo de propuesta se lograría que el primer año se pudiera aumentar el esfuerzo tributario de Colombia se incrementara en más de dos puntos porcentuales del PIB, y que en los siguientes tres años se alcanzara a incrementar en al menos otros dos puntos porcentuales, llegándose así al final del cuatrienio a un esfuerzo fiscal próximo de al menos el 19%-20% del PIB –asimilable al de algunos países de la región–. Ello contribuiría a un mejoramiento de las finanzas públicas tan indispensable para poder afrontar las prioridades sociales y económicas más acuciantes en el país, a la vez de asegurar tanto una razonable estabilidad fiscal y macroeconómica en una perspectiva perdurable como niveles adecuados de crecimiento económico.



3.3 Postergación de la aplicación de la Ley 2010 de 2019

El aplazamiento de la implantación de los descuentos, exenciones y rebajas de tarifas de IVA e ICA previstas en la reforma tributaria del pasado diciembre de 2019 – Ley 2010 de 2019 –que benefician especialmente a un grupo relativamente reducido de Personas IVA presuntivo a la canasta básica para los Deciles 8, 9 y 10 /1 1.6 – 2.0 billones Impuesto al Patrimonio Personas Naturales y Jurídicas /2 6.0 – 7.0 billones Reducción de Exenciones Fiscales para Personas Naturales y Jurídicas: 20% anual del Gasto Tributario durante cuatro años /3 5.0 billones Límite a los Descuentos Tributarios /4 2.0 billones Impuesto a los Dividendos /5 1.0 – 2.0 billones Impuesto a las Remesas /6 0.5 – 1.0 billones TOTAL: 16.1 – 19.0 billones “15 Jurídicas– le aportaría mayores recursos tributarios al GNC en 2021 por cerca de $9.4 billones.

Si por alguna razón inapelable no se pudiera realizar dicho aplazamiento aún en el marco de las facultades otorgadas al Ejecutivo por la Ley de emergencia, se tendría que recurrir a otras fuentes de financiación como la utilización de regalías acumuladas en coordinación con las autoridades locales y regionales, y un crédito del Banco de la República al Gobierno nacional con garantía en las reservas internacionales.

 

3.4 Regla fiscal


Con relación a la regla fiscal, conviene volver a resaltar lo afirmado por los autores en el segundo documento de la serie : “La regla fiscal está asociada al nivel 5 de déficit estructural del Gobierno nacional, déficit que ha de manejarse actuando integralmente sobre los ingresos y los gastos. Relajar incondicionalmente la regla fiscal podría darle vía libre al Gobierno nacional para que privilegiara desmedidamente la opción de incrementar su endeudamiento, sin realizar debidos esfuerzos para incrementar sus ingresos, más aún cuando se requiere un incremento no solo coyuntural del gasto público social para atender a la población más vulnerable y reforzar estructuralmente el sistema sanitario del país, como para reactivar la economía.

Así que de acudir a esta opción habría que ser como medida secuencial y condicionada a la realización previa de esfuerzos comprobados por parte del Gobierno nacional para el aumento de ingresos corrientes y la reordenación del gasto público bajo propósitos prioritarios de enfrentar los impactos socio-económicos de la pandemia”.

1 Garay, L. J. y Espitia, J. E. (2020). “Impactos y Financiación de Medidas Socio-económicas de Emergencia. COVID-19 en Colombia”. Bogotá. Abril 6. 5 Garay, L. J. y Espitia, J. E. (2020). “Impactos y Financiación de Medidas Socio-económicas de Emergencia relacionadas con la Pandemia del COVID-19 en Colombia”. Bogotá. Abril 6.
2 El Gobierno nacional en su MFMP del año 2019 señaló: “Desde 2002 a 2018, el efecto promedio de ese dólar adicional en los ingresos tributarios fue de $175 mm, y en dividendos fue de $156 mm. Por tanto, en ese periodo, el efecto promedio total en los ingresos petroleros fue de $331 mm. Al descomponer el efecto, se encuentra que cuando los precios aumentan, el efecto en ingresos tributarios y dividendos de ese dólar adicional es de $145 mm y $116 mm, respectivamente. Sin embargo, cuando los precios caen, los efectos son mayores, causando una caída de $212 mm en los ingresos tributarios, y $217 mm en los dividendos”. (MFMP 2019. Págs. 137 y 138).
3 El lector interesado puede consultar, entre otros, a: Garay, L. J., Salcedo-Albarán, E. y Álvarez, D. (2020). Macro-corrupción y cooptación institucional en el departamento de Córdoba, Colombia. Observatorio de Políticas de Probidad y Transparencia. Fedesarrollo.
4 Garay, L. J. y Espitia, J. E. (2019). Dinámica de las desigualdades en Colombia. En torno a la economía política en los ámbitos económico, tributario y territorial. Ediciones Desde Abajo, Bogotá; y Garay, L. J. y Espitia, J. E. (2020). Dinámica de las desigualdades en Colombia. En torno a la economía política en los ámbitos económico y tributario. Volumen 2. Ediciones Desde Abajo, Bogotá (en publicación) Fuente: Garay, L. J. y Espitia, J. E. (2020). Dinámica de las Desigualdades en Colombia. Vol. 2. “Nota de Investigación 21 (en publicación).
5 Garay, L. J. y Espitia, J. E. (2020). “Impactos y Financiación de Medidas Socio-económicas de Emergencia
relacionadas con la Pandemia del COVID-19 en Colombia”. Bogotá. Abril 6.

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El espectáculo mediático macabro del coronavirus

Hasta diciembre de 2019 los pueblos del mundo estaban en el proceso de despertar y movilizarse por sus derechos y necesidades; el capitalismo se hundía en otra crisis estructural, ni la estrategia de la guerra 4Gni el chantaje nuclear daban los resultados esperados por el imperialismo Occidental;los capitalismos de Oriente y Occidente se enfrentaban por el dominio de los mercados, las materias primas y posiciones geoestratégicas; la farsa del cambio climático no funcionó, la movilización de la mercancía laboral se complicó –se ahogó en el Mediterraneo- con los neonacionalismos, (racismo y xenofobia) la ingeniería social no dio para atomizar y enfrentar a toda la humanidad, la máquina de imprimir dólares se desbocó tanto como la deuda, mientras la falacia criptomonedera se esconde detrás de la corrupción y los negocios offshore (paraísos fiscales), mientras las bolsas dejaban a los viejos sin futuro y la depresión gringa se mundializaba; hasta que apareció el genio de la lámpara capitalista con su varita biotecnológica cumpliendo el deseo de los amos del mundo: conminar al ganado humano en el panóptico global, en celdas individuales, para poder realizar los cambios que el sistema mundo capitalista necesita para continuar existiendo con otras máscaras.

En esta debacle, a la que nos lanza el capital biotecnológico financiero-farmacéutico dejará muchas bajas, unos muertos y otros deshabilitados, entre los primeros están los adultos mayores y los lesionados por otras pandemias y patologías, metidos en el mismo saco del covid19, los deshabilitados son los millones de pobres y miserables que quedarán en la calle desocupados, en los manicomios, en las cárceles, los quebrados(PIMES) o más endeudados, los que se rebuscan el día a día en las calles; en estos momentos los gobiernos prometen todo tipo de ayudas: reducción de impuestos, de tarifas, pagos de arriendo, mercados, cuando la mayoría de gobiernos han privatizado la salud, la educación, los servicios públicos básicos, las carreteras, hasta la cultura y la política, además de la deuda externa pública y privada, que en la mayoría de países supera su PIB(la deuda mundial supera más de tres veces el PIB mundial). Por otro lado, los Estados continúan rescatando al sector bancario-financiero y a las grandes empresas (quitándoles a los municipios y a las regiones sus presupuestos destinados a las problemáticas sociales como es el caso de Colombia).

Entre los economistas hay una disyuntiva: apoyan el patrón oro, o acaban con el dinero fiat, o sea, salvan la financiarización de la vida, o continúan con los genocidios y la eugenesia para pasar al capitalismo transhumanista, cosa fácil con la mundialización del miedo, que permita imponerla dictadura fascista local-global aceitada con la desinformación mediática-monotemática. Y lo lograron paralizando y callando al mundo; el Banco Mundial, el FMI, el BID, el BCE, las grandes corporaciones financieras, de un momento a otro aparecieron con billones de dólares para prestar a todos los países “enfermos” –excepto Venezuela-.Por arte de magia desaparecieron los conflictos, los terrorismos, los 30.000 niños muertos diariamente por hambres y enfermedades de fácil curación, los miles de muertes diarias por dengue, los cientos de miles de muertos anuales por enfermedades respiratorias diferentes al covid19;los conflictos en Yemen, Irán, Siria, Sudán, el Congo, Venezuela, las migraciones, la expropiación de los recursos naturales y energéticos a los pueblos del sur dejaron de existir.

El espectáculo mediático macabro del coronavirus les sirve a las élites para mostrarse, sea como “infectados” o como filántropos; por todos los medios aparecen estrellas de cine y del deporte, celebridades y directivos estatales y empresariales, felices ostentando su “fortaleza” física y mental para afrontar la “enfermedad”, dando consejos y opinando sobre las cantidades de muertos e infectados.La falsimedia difunde hasta la saturación desinformación y mensajes contradictorios, mientras la solidaridad internacional brilla por su ausencia en Occidente, a excepción de Cuba y Venezuela, que han mandado personal especializado, medicamentos y equipos, junto a Rusia y China, a las egoístas y colonialistas “potencias” europeas que aplican las sanciones comerciales ordenadas por Washington contra esos países que ejercen principios humanitarios.

¿Qué tal si los millones de zombies hambrientos y ciegos, hoy conminados y controlados desde la oscuridad de las cavernas (bunkers) de los financieristas, eugenésicos y colonialistas, nos quitamos las mascarillas de ovejas, nos organizamos, nos miramos a los ojos, nos abrazamos y salimos a destruir todas las fronteras, a detener a esos sicó-sociopatas  –gobernantes y plutócratas nacionales y transnacionales– tomándoles la fría temperatura de sus cerebros y corazones, encerrándolos –en anexos siquiátricos- por el resto de sus díaspara despojarlos de los virus de la avaricia, la atrocidad y la indiferencia, de su morbosa tranquilidad y ufanía?

¿Qué tal si recogiendo nuestra dignidad, les cobramos los miles de millones de niños y niñas abusados, bombardeados, asesinados con los virus del hambre y la pobreza, inutilizados por su sistema mediático-educativo, por no decir de los millones de trabajadores/as esclavizados, de la juventud rebelde torturada y asesinada por reclamar justicia y respeto?

¿Qué tal si les tapamos sus bocas que nos idiotizan y nos expresamos con nuestras propias voces?

¿Qué tal si de una vez les cobramos la gigantesca deuda por sus riquezas materiales y culturales, obtenidas fraudulenta y violentamente en más de 500 años, y distribuimos toda la riqueza del mundo equitativamente –incluyendo medios de producción, productos y los mal llamados servicios?

¿Y si de una, vuelve cada pueblo a producir sus propios alimentos sanos  –devolviéndoles sus tierras a los campesinos empobrecidos y desplazados– si desarrollamos nuestras medicinas y tecnologías, utilizando todo el acumulado científico-tecnológico expropiado a la mayoría de la humanidad?

¿Qué tal si nos autogobernamos a partir de hoy, partiendo del hogar la asamblea y la comunidad local, creando y administrando nuestras propias economías y justicia?

¿Qué tal si hombres y mujeres del pueblo nos confraternizamos y amamos en igualdad y solidaridad dirigiendo nuestras miradas y nuestros pasos hacia la destrucción de nuestros verdaderos y únicos enemigos: el miedo, la ignorancia, el conformismo y las pobrezas, que los sistemas de clases, castas, razas y patriarcales nos han impuesto, entre ellos el capitalismo?

No nos preguntemos qué estarán pensando y haciendo las élites capitalistas, globalizadoras, fascistas y nazis, solo miremos y sintamos en este encierro pánico-pandémico lo que somos y dónde estamos; qué nos falta, qué nos incomoda, qué no nos deja ser, qué debemos y podemos hacer por el presente y el futuro felíz de la humanidad, porque esta situación parece un ensayo más de manipulación que ejercen los poderosos sobre nuestras mentes y cuerpos. Muchos dicen que después de hoy el mundo será otro, lo que necesitamos definir es si será de todo/as y para todo/as con justicia y dignidad, empezando por nuestra propia casa y país.

Marzo 25 de 2020

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El gasto militar mundial es un 50% más alto que al final de la Guerra Fría

Una campaña internacional reclama a los líderes mundiales que destinen el presupuesto armamentístico a hacer frente al coronavirus. Este viernes comienza un mes de acción global en distintos países.

Allá donde hay armas quieren ver vacunas. Allá donde se preparan ejércitos, plantean que se entrenen médicos. En plena emergencia sanitaria por el coronavirus, el International Peace Bureau (IPB), considerada la organización pacifista y antimilitarista más antigua del planeta, ha emprendido una campaña mundial para pedir a las grandes potencias que destinen su astronómico presupuesto militar a la sanidad.

No hay tregua en las oficinas –ahora instaladas en las habitaciones de casa– del IPB. Estos días, las organizaciones que forman parte de esta plataforma apuran detalles de lo que será un mes intenso: desde este viernes 10 y hasta el próximo 9 de mayo inclusive, sus participantes llevarán a cabo la campaña de acción global para la reducción del gasto militar. En total, se estima que habrá un centenar de acciones en una treintena de países.

"La idea inicial era hacer un enfoque más centrado en el cambio climático, pero ocurrió lo que todos sabemos", dice a Público Jordi Calvo, coordinador del Centro Delàs de Estudios por la Paz y vicepresidente de la Junta del IPB. "Lo que todos sabemos" es, nada más y nada menos, que una pandemia global, con miles de muertes a sus espaldas y un cambio drástico en la vida cotidiana de millones y millones de personas.

De ahí, precisamente, la clave de la acción global de este año. "¿Cuánto dinero hemos dedicado a investigar en salud y cuánto al ámbito militar y a la compra de armamento?", resume Calvo. "Ahora estamos pagando esa mala gestión de lo público y ese análisis equivocado", subraya.

El IPB reclama "una reducción dramática del gasto militar en favor de la asistencia sanitaria"

Precisamente por eso, el IPB reclama "una reducción dramática del gasto militar en favor de la asistencia sanitaria y para satisfacer las necesidades sociales". "Es el momento de abrir una nueva página en las relaciones mundiales y poner las tensiones geopolíticas a un lado, para acabar con las guerras, para un alto el fuego en aquellos múltiples conflictos en todo el mundo, los cuales pueden dificultar un esfuerzo de solidaridad global", sostiene la ONG, creada en 1891 en Berlín –hoy tiene su oficina descentralizada en Barcelona– y galardonada en 1910 con un Premio Nobel de la Paz.

Según datos de esta organización, "el gasto militar es un 50% más alto hoy que al final de la Guerra Fría". "Se sitúa en la asombrosa cifra de 1,8 billones de dólares al año, mientras que la OTAN exige más aumentos a sus miembros", destaca en el manifiesto elaborado para reclamar, precisamente, que esta situación se revierta.

Según datos publicados por el Centro Delàs en abril de 2019, por entonces España se mantenía en el decimosexto puesto del ranking de países que más dinero dedican a Defensa, "con un gasto de 18.200 millones de dólares según datos del SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo) y cerca de 20.000 millones de euros según el cálculo del Centro Delàs".

La lista estaba encabezada por EEUU, que había aumentado su gasto militar hasta los 649 mil millones de dólares, un 4,6% más que el año anterior. Esa cifra representaba el 36% del gasto militar mundial en 2018. "Su gasto militar es el mismo que el de los 7 siguientes países que más gastan", destacaba el informe dado a conocer por el Centro Delás.

En segundo lugar estaba China, que había su gasto en un 5% hasta los 250 mil millones, "lo que representa el 14% del total mundial". De hehco, Estados Unidos y China juntos "representan la mitad del gasto militar mundial", seguidos por Arabia Saudí, India, Francia y Rusia.

Cambio de prioridades

Ahora, con los alarmantes datos del coronavirus sobre la mesa, el IPB encabeza esta campaña para pedir un urgente cambio de prioridades. "Pedimos a los países más ricos del mundo que se cuestionen lo que han hecho hasta ahora: se han dedicado demasiados recursos para militarizarnos. Ahora hay que utilizar estos recursos para hacer frente a las crisis sanitarias", explica Calvo, quien advierte sobre el carácter "económico y social" de la crisis que se avecina y que será sufrida, con especial intensidad, "por las comunidades más vulnerables".

En tal sentido, el IPB acompaña las jornadas de acción global con una recogida de firmas virtual para instar a los líderes del G20 a "levantar la sombra de la guerra y la política militar que ha arruinado la cooperación mundial en los últimos años y trabajar para asegurar que prevalezca un espíritu de paz y solidaridad".

"El G20 es responsable por el 82% del gasto militar mundial, representa casi todas las exportaciones de armas, y tiene en su territorio colectivo el 98% de las bombas nucleares del mundo. El G-20 es una plataforma compartida que reúne los intereses de los principales actores de la carrera de armamentos mundial", remarca.

Las firmas que se recojan serán llevadas a la próxima reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas, prevista para septiembre próximo. Allí pedirán a los líderes mundiales que "actúen por una cultura de paz" y reduzcan drásticamente el gasto militar "en favor de la sanidad pública y la atención a las necesidades sociales y medioambientales".

10/04/2020 08:05

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Viernes, 10 Abril 2020 06:50

El agua se nos escurre entre los dedos

Rebelión

En general, usted lector (a) habitualmente utiliza el agua como un bien que está ahí, a su alcance, parece eterna. La usa para cocinar, aseo personal, regar el jardín o como empleo recreacional en piletas, fuentes y jardines. Para usted es algo común, el agua está ahí.

Sin embargo, en nuestro planeta, este recurso, sin el cual ningún organismo viviente podría sobrevivir, no es tan común para miles de millones de seres humanos. Según el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del año 2019 (1): 2.200 millones de personas –es decir un 30% de la población mundial- no tiene acceso al agua potable, por tanto, con condiciones de salubridad que representan un peligro social. Dos de cada tres personas en el mundo sufren escases de agua, considerado grave, al menos una vez al año. 750 niños menores de cinco años mueren diariamente, ya sea por no tener acceso a saneamiento básico o por beber aguas insalubres. El año 2030, 700 millones de personas en el mundo, se verán desplazadas de sus lugares de origen por la falta de agua. Y, en materia de género, en cuatro de cada cinco hogares son las mujeres las encargadas de recoger el agua para los hogares, en fuentes ubicadas en ocasiones a varios kilómetros.

Los datos objetivos, tanto aquellos manejados por la ONU como por agencias gubernamentales coinciden en que el uso del agua viene aumentando a una tasa del 1% anual, principalmente desde la década de los 80 del siglo XX hasta ahora. Esto, por el aumento poblacional, el desarrollo social y económico de los pueblos y los cambios en los modelos de consumo, que han incrementado ese uso. En ese nuevo contexto, tanto el agua potable como el saneamiento son reconocidos como derechos humanos fundamentales, tanto en el sentido material (sustento de la población) como también subjetivo (la dignidad de los seres humanos). Esto debería obligar a los Estados a proporcionar a su población el acceso al agua potable y saneamiento sin discriminación, donde se priorice a los sectores más necesitados. Conceptos como acceso, equidad y seguridad son esenciales.

En un interesante trabajo titulado “Agua: ¿dónde está y de quién es? se señala, respecto al agua, en el marco descrito anteriormente, que los temas de propiedad, gestión, manejo y disponibilidad de las aguas ha pasado a constituirse en un eje crítico de las decisiones políticas, económicas y sociales, que debemos tener respecto a este recurso. “A los crecientes problemas de acceso y calidad de los recursos hídricos, se agregan las consecuencias de los procesos de liberalización y privatización del agua, que han transformado su definición desde un bien nacional de uso público, hacia un bien económico sujeto a las reglas del mercado”

En el Informe de la ONU señalado, respecto a Latinoamérica y la región del Caribe, se afirma que esta zona del mundo carece, mayoritariamente, de fuentes adecuadas de agua potable. Con insuficiencias en instalaciones seguras y dignas para la eliminación de las heces. Millones de personas, habitantes de las principales metrópolis del continente están sin acceso al líquido elemento, concentrados en lo que se denomina los cinturones de pobreza, donde el suministro de servicios de agua potable y sanitarios es insuficiente y en otros, sencillamente inexistentes, teniendo que recurrir a camiones aljibes, llaves comunitarias, además del uso letrinas y pozos sépticos, que contaminan además las napas subterráneas.

En gran parte de Latinoamérica, el servicio de agua potable, acompañado de procesos de privatización han generado fragmentación de sus estructuras de servicios, con gran número de prestadores “sin posibilidades reales de lograr economías de escala o viabilidad económica y bajo la responsabilidad de gobiernos locales, que carecen de los recursos e incentivos necesarios, para hacer frente con eficacia a la complejidad de los procesos involucrados en la prestación de servicios. Un ejemplo paradigmático de la privatización del agua lo vive Chile, el único país del mundo que mantiene legalmente privatizada el agua, estableciendo la protección al derecho de propiedad privada más fuerte en el mundo, donde el Estado no interfiere en ningún aspecto para garantizar el bien público.

A principios de los años 90 del siglo XX, en el país sudamericano, bajo el gobierno del ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle se privatizó la administración de la infraestructura y los derechos de agua, que pasaron desde el Estado a las empresas privadas. Privatizando así las principales distribuidoras de agua del país. Bajo el gobierno de Ricardo Lagos (sucesor de Eduardo Frei) se optó por un modelo distinto. La llamada Transferencia del derecho de explotación de las concesiones sanitarias, donde a una empresa privada se le entrega la concesión y las inversiones en infraestructura, por un periodo de 30 años al cabo de las cuales definiría su continuidad.

En Latinoamérica, la necesidad de generar inversiones en el tema agua potable y saneamiento sanitaria, debido al aumento poblacional, el desarrollo social y económico de los pueblos y los cambios en los modelos de consumo, generaron la decisión de parte importante de los gobiernos de nuestro continente, marcados por el modelo neoliberal de entregar a empresas extranjeras (donde se destacaron las de origen español) las oportunidades de inversión en infraestructura y saneamiento. “La incapacidad de las autoridades, para brindar una cobertura adecuada a los ciudadanos incitó un aumento de contratos de privatización de servicios de agua entre inversionistas extranjeros y Gobiernos. Hoy en día 10% de los consumidores en todo el mundo reciben agua vía empresas privadas” y en Latinoamérica esa cifra es mayor a medida que las presiones por privatizar los servicios públicos se imponen, sobre todo bajo la égida de gobiernos de corte neoliberal.

Para José Esteban Castro en su trabajo: La privatización de los servicios de agua y saneamiento en América Latina “esas políticas de privatización implementadas desde la década de 1990, para reorganizar los servicios de agua y saneamiento en América Latina, han tenido poca relación con los problemas específicos de esos servicios. Se presentó la privatización como la solución a la crisis de este sector, caracterizada por: falta de cobertura, calidad inadecuada de la prestación, corrupción y falta de inversión pública en la expansión y renovación de la infraestructura. Sin embargo, la razón principal no fue la búsqueda de soluciones a estos problemas, sino la aceptación acrítica de una política fundada en los principios y argumentos característicos de la ideología pro-privatización, que resurgió en los años 80. La crisis real de los servicios fue utilizada y hasta provocada, para promover las privatizaciones.

La privatización del agua es un negocio multimillonario. Se calcula, que para el año 2025, el gasto anual de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en infraestructura relacionada, superará el billón de dólares. Las nuevas tecnologías y la necesidad de inversión adicional en infraestructura aumentarán la demanda en el mercado, lo que potencialmente generaría valoraciones de miles de millones de dólares. Dichas oportunidades y promesas económicas explican en gran medida, por qué los servicios de agua se han ganado el apodo de “oro azul”

En Latinoamérica las cifras respecto al agua dulce la presentan como un botín muy apreciado, un bien económico y no un derecho social. El 26% del agua dulce del planeta está en América Latina, en forma de acuíferos, campos de hielo, ríos, lagos. Sólo Brasil contiene el 5% de toda el agua dulce del mundo. Los 22.100 metros cúbicos de agua per cápita representa el triple del promedio mundial. Entre los 10 principales ríos del mundo, cinco son latinoamericanos: Orinoco, Amazonas (que representa la quinta parte del caudal fluvial del mundo), Rio Negro, Paraná y Madeira. El Acuífero Guaraní es la tercera reserva mundial de agua dulce y se extiende bajo la superficie de Paraguay, Uruguay, Argentina y Brasil. Sus reservas podrían dar agua a todos los habitantes del planeta durante 200 años, de ahí la importancia geopolítica que este acuífero posee, poniéndolo en el radar de los intereses hegemónicos estadounidense.

Pero se da la paradoja, igualmente, que esta Latinoamérica, dotada de recursos hídricos envidiables, 100 millones de sus habitantes carecen de total acceso a ella, surtiéndose de fuentes ocasionales. El 25% de la población latinoamericana (de un total de 629 millones de habitantes) no tienen acceso a servicios de agua potable y saneamiento. República Dominicana Haití, Nicaragua, Perú, Ecuador son, dentro de Latinoamérica, los países con menores capacidades de acceso a esas fuentes de agua potable y saneamiento Sólo el 20% de las aguas residuales de este subcontinente reciben tratamiento. Las represas hidroeléctricas Itaipú y Simón Bolívar, son la segunda y la cuarta más grandes del mundo respectivamente.

Las cifras mencionadas respecto a este oro azul han traído a América Latina a numerosas empresas sanitarias, hidroeléctricas, de distribución de agua entre otras, que representan una tajada importante de ingresos para multinacionales como Endesa, Iberdrola, empresas chinas, entre otras. Según datos entregados por el Banco de Desarrollo de América Latina – CAF – (4) en el Foro Mundial del agua del año 2018, Latinoamérica necesita invertir 12.500 millones de dólares, para alcanzar las metas trazadas por la ONU en los llamados “objetivos de desarrollo sustentable) que entrega datos desalentadores en el plano de agua y saneamiento (2) si no se trabaja por lo signan como el Objetivo 6: Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos (3) que la ONU volcó en la agenda 2030. Como también en los objetivos planteados en la meta de “No dejar a nadie atrás” según el Informe de Mundial de las Naciones Unidas Sobre el desarrollo de los recursos Hídricos presentado el año 2019.

La dicotomía se da respecto al papel que deben desempeñar los Estados y la iniciativa privada, cuestión de áspero debate en momentos que la propia esencia del neoliberalismo está siendo cuestionada en virtud de la pandemia global del Covid-19, que ha sacado a relucir la importancia de concretar Estados poderoso, capaces de garantizar, salud, educación, bienestar y servicios básicos a su población como derechos irrenunciables, entre ellos el agua potable y el acceso a servicios sanitarios. Para el mundo privado, las empresas de lobby, los gobiernos neoliberales y las multinacionales en Latinoamérica existe un déficit de infraestructura, de capital humano, institucional, financiero y de gobernabilidad, que son las que llevan a situaciones de escasez. Una región apetitosa, donde pueden invertir y tener retornos multimillonarios al cabo de pocos años.

Chile sigue siendo el ejemplo de la presencia de capitales extranjeros, que suelen replicar posteriormente sus inversiones en Latinoamérica, en materia de suministro de agua potable y servicios sanitarios. En el caso chileno, su participación en el mercado alcanza el 93%. Grupo europeo Agbar-Suez, controladora de Aguas Andinas (con ganancias en el país que superaron los 150 millones de dólares el año 2019 y más de 2.300 millones en sus subsidiarias en el mundo), Essal y Aguas Cordillera, que abastece a cuatro de cada diez chilenos. Empresa que a su vez deriva labores hacia el sector de aguas servidas incrementando notablemente sus ingresos. La sanitaria canadiense ligada al mundo docente en Canadá -Ontario Teachers Pension Plan, OTPP – que suman el 36% del mercado con plantas de distribución de agua potable y tratamiento de aguas servidas.

Por su parte, las sanitarias propiedad de la japonesa Marubeni en alianza con la empresa del mismo país Innovation Network Corporation of Japan, con un 9%. Incluso hay presencia de inversiones colombianas, a través de la llamada Empresa Pública de Medellín (EPM), que compró Aguas de Antofagasta al grupo Luksic en US$ 967 millones. La empresa de Singapur Sembcorp, por su parte, vendió a la española Sacyr y sus cuatro empresas de agua, que serán gestionadas por la filial agua Sacyr en servicios de captación de agua bruta, distribución de agua potable, recogida y depuración de aguas residuales.

Una fragmentación que da luces de lo interesante y atractivo que resulta, para estas empresas, invertir en un negocio considerado estable, de rentabilidades seguras, que atrae a inversionistas de largo plazo. Es un negocio redondo ¡claro! pero para el que lo pueda pagar pues el resto deberá seguir en sus mismas condiciones de carestía, sujeto a los vaivenes del mercado, mirando como ciertos cultivos, la minería, los proyectos hidroeléctricos, como también la ineficacia de sus gobiernos e intereses económicos marcados por la corrupción, junto a la invisibilización de los derechos sociales, entre otros le impiden el pleno acceso al agua potable, al saneamiento y en definitiva a su plena dignidad como persona. Que el agua se nos escurra entre los dedos (pero lo mínimo) sólo cuando nuestra sed y nuestra necesidad de higiene esté satisfecha.

Notas:

  1. Extraído de https://www.acnur.org/5c93e4c34.pdf. Publicado en 2019 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 7, place de Fontenoy, 75352 París 07 SP, Francia. © UNESCO 2019. Este informe es publicado por la UNESCO en nombre de la ONU-Agua. La lista de miembros y socios de la ONU-Agua se puede encontrar en el siguiente sitio web www.unwater.org.
  2. Datos relevantes. 3 de cada 10 personas carecen de acceso a servicios de agua potable seguros y 6 de cada 10 carecen de acceso a instalaciones de saneamiento. Al menos 892 millones de personas continúan con la práctica insalubre de la defecación al aire libre. Las mujeres y las niñas son las encargadas de recolectar agua en el 80% de los hogares sin acceso a agua corriente. Entre 1990 y 2015, la proporción de población mundial que utilizaba una fuente mejorada de agua potable pasó del 76% al 90%. La escasez de agua afecta a más del 40% de la población mundial y se prevé que este porcentaje aumente. Más de 1700 millones de personas viven actualmente en cuencas fluviales en las que el consumo de agua supera la recarga. 4 billones de personas carecen de acceso a servicios básicos de saneamiento, como retretes o letrinas. Más del 80% de las aguas residuales por actividades humanas se vierten en los ríos o el mar sin ningún tratamiento, provocando su contaminación. Cada día, alrededor de 1000 niños mueren debido a enfermedades diarreicas asociadas a la falta de higiene. Aproximadamente el 70% de todas las aguas extraídas de los ríos, lagos y acuíferos se utilizan para el riego. Las inundaciones y otros desastres relacionados con el agua representan el 70% de todas las muertes relacionadas con desastres naturales.
  3. Objetivos 2030. Lograr el acceso universal y equitativo al agua potable a un precio asequible para todos Lograr el acceso a servicios de saneamiento e higiene adecuados y equitativos para todos y poner fin a la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones de vulnerabilidad. De aquí a 2030, mejorar la calidad del agua reduciendo la contaminación, eliminando el vertimiento y minimizando la emisión de productos químicos y materiales peligrosos, reduciendo a la mitad el porcentaje de aguas residuales sin tratar y aumentando considerablemente el reciclado y la reutilización sin riesgos a nivel mundial. Aumentar considerablemente el uso eficiente de los recursos hídricos en todos los sectores y asegurar la sostenibilidad de la extracción y el abastecimiento de agua dulce para hacer frente a la escasez de agua y reducir considerablemente el número de personas que sufren falta de agua. Implementar la gestión integrada de los recursos hídricos a todos los niveles, incluso mediante la cooperación transfronteriza, según proceda. Proteger y restablecer los ecosistemas relacionados con el agua, incluidos los bosques, las montañas, los humedales, los ríos, los acuíferos y los lagos. Ampliar la cooperación internacional y el apoyo prestado a los países en desarrollo para la creación de capacidad en actividades y programas relativos al agua y el saneamiento, como los de captación de agua, desalinización, uso eficiente de los recursos hídricos, tratamiento de aguas residuales, reciclado y tecnologías de reutilización. Apoyar y fortalecer la participación de las comunidades locales en la mejora de la gestión del agua y el saneamiento

Por Pablo Jofré Leal | 10/04/2020

Cedido por www.segundopaso.es

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Un hombre empuja un carrito frente a la Bolsa de Comercio de Nueva York.    ________________________________________ Imagen: AFP

16,6 millones de personas pidieron el subsidio por desempleo

Sólo durante la semana pasada 6,6 millones de personas solicitaron el subsidio. Estudios encargados por el Congreso estiman que el desempleo podría escalar al 12 por ciento y que la economía entrará en recesión. 

Unas 16,6 millones de personas perdieron su trabajo en Estados Unidos desde que el gobierno endureció las medidas para enfrentar el coronavirus. El dato surge de la cantidad de subsidios por desempleo solicitados al Estado en los últimos 21 días. Sólo durante la semana pasada 6,6 millones de personas solicitaron el subsidio. Estudios apartidarios encargados por el Congreso estiman que el desempleo podría escalar hasta el 12 por ciento al final del segundo trimestre del año, y que la economía entrará en recesión. En paralelo, el país alcanzó los 450,525 casos positivos de Covid-19, en tanto que el número de muertos escaló a 15.896. Nueva York, la ciudad más afectada , tuvo un nuevo récord de muertes. Sin embargo cayó el número de personas hospitalizadas.

Números impensados

La cifra semanal de peticiones del subsidio de desempleo fue levente menor que los 6,867 millones de la semana anterior, según anunció el Departamento de Trabajo. Este número sin precedentes en la historia de Estados Unidos superó las expectativas de los analistas, que habían calculado la pérdida de unos 5,5 millones de puestos de trabajo. El promedio de solicitudes tomando las últimas cuatro semanas, subió al nivel de 4,2 millones. En la semana que concluyó el 28 de marzo 7,4 millones de personas estaban recibiendo prestaciones por desempleo, cuando la anterior sólo 4,4 millones lo estaban cobraron.

Sin embargo, el dato sobre las solicitudes por desempleo no refleja toda la realidad del mercado laboral. Los trabajadores independientes e informales, que no pueden acceder a estos beneficios bajo las reglas vigentes, se queda por fuera de los registros oficiales. Con casi el 75 por ciento de la población estadounidense confinada en sus hogares, los analistas esperan que continúen aumentando las solicitudes. La perspectiva es que pasen meses antes de que se reanuden las actividades económicas normales. La semana pasada el Gobierno informó de un salto del índice de desempleo al 4,4 por ciento en marzo, respecto al 3,5 de febrero. Los datos son peores para los hispanos, con un índice de desempleo del 6 por ciento, en tanto que para los afroamericanos la cifra llega al 6,7 por ciento. Las filas de los desempleados parecen haber crecido más que el récord anterior de 15,3 millones de desocupados durante la recesión de 2007-2009.

Intervención del Banco Central (Fed)

A poco de conocerse la actualización del número de desocupados, la Reserva Federal (Fed) anunció un nuevo programa de préstamos. El mismo contempla otorgar 2.300 millones de dólares para respaldar a las pequeñas y medianas empresas, y a los gobiernos estatales y locales. Los préstamos irán destinados a empresas con hasta 10.000 empleados y menos de 2.500 millones de ingresos en 2019. Además, permitirán el aplazamiento de los pagos de intereses y de capital por un año. Otros 500.000 millones de dólares se destinarán a respaldar las maltrechas finanzas de los gobierno locales y estatales.

En la primera semana de abril, las solicitudes del seguro de paro alcanzaron números sin precedentes en California, Georgia, Michigan y Nueva York. California, el mayor estado del país, recibió en las últimas tres semanas más de 2,5 millones de pedidos de ayudas por desempleo. Pero las cifras reales podrían ser aún más altas dado que varios estados tuvieron dificultades para procesar los trámites. También se habían rechazado temporalmente las solicitudes de trabajadores que no hubieran reunido los requisitos para recibir el subsidio bajo las reglas vigentes antes de la emergencia.

Para contrarrestar los efectos de esta pandemia, hace algunas semanas el Congreso aprobó, y el presidente Donald Trump promulgó, el mayor paquete de estímulo fiscal de la historia, por valor de más de dos billones de dólares. Esto incluyó la ampliación de la cobertura por desempleo que llegará por primera vez a varios sectores, entre ellos los conductores de vehículos para Uber y otras empresas similares. Asimismo, incluye la transferencia directa de efectivo a los hogares, así como fondos multimillonarios para subsidiar a las pequeñas y medianas empresas.

Nueva York sigue dando la pelea

La cifra de muertos por covid-19 continúa subiendo en el estado de Nueva York que en las últimas 24 horas alcanzó un nuevo récord de 799 muertos. Desde mediados de marzo un total de 7.067 personas perdieron la vida por el coronavirus y llegan a más de 160 mil los infectados en todo el Estado. El gobernador demócrata, Andrew Cuomo recordó que durante los atentados terroristas del 11 de septiembre murieron 2.753 neoyorquinos. Solo en la ciudad de Nueva York se registraron 4.571 muertes por el virus, según cifras de la Universidad Johns Hopkins. La mayoría de ellos son inmigrantes hispanos y personas negras, las más pobres y vulnerables, según las autoridades.

Pero hay también señales alentadoras. En el último día solo 200 nuevos pacientes con coronavirus fueron ingresados en hospitales, lo cual eleva el total de personas internadas a unas 18.000, informó el gobernador. "Este es el menor número que hemos tenido desde que empezó esta pesadilla", sostuvo Cuomo. La admisión en cuidados intensivos también está bajando, y en las últimas 24 horas 84 personas fueron ingresadas. "No podemos asumir que porque estamos viendo algunas señales positivas esto acabará pronto o que no habrán olas adicionales", alertó el gobernador demócrata. Estados Unidos es el país del mundo con más casos de coronavirus, superando a Italia y España juntos.

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