Francia paró en contra de la reforma jubilatoria

Hasta un millón y medio de personas protestaron en 60 ciudades 

La huelga fue contundente en los trenes, el metro y la educación nacional. También se sintió en hospitales, la policía y la aeronáutica civil. Sigue hasta el viernes.

 

Francia se quedó de a pie, en el doble sentido del término: caminando por la huelga de los transportes lanzada por los sindicatos contra la reforma de las jubilaciones: y caminando en las multitudinarias manifestaciones que tuvieron lugar en todo el país, con un punto muy fuerte en París, cuyas cifras todavía se desconocen. Según proyecciones del ministerio de Interior, más de 800 mil personas acudieron a las 242 manifestaciones organizadas en 60 ciudades. Para la CGT, la participación subió a más de un millón y medio. La huelga fue contundente en los trenes, el metro y la educación nacional. A ella se sumaron sin embargo varios otros gremios que van desde los hospitales, la policía o la aeronáutica civil con un 20% de los vuelos anulados. Sectores público y privado respondieron masivamente a lo que se espera será sólo el comienzo de una protesta que, al menos en la empresa nacional de ferrocarriles, se prolongará en los próximos días. El Ejecutivo calcula que la huelga se extenderá hasta el viernes e incluso que perdure más allá del fin de semana. El paro golpeó el corazón del sistema. Aunque no es una huelga general, la parálisis de los transportes públicos perturbó a todo el país. Sin posibilidad de desplazarse, la gente se movió como pudo o permaneció en casa. Los sindicados, con la excepción de la CFDT, buscan forzar al gobierno a una negociación con el manual de las huelgas de 1995 en la mano. En aquel entonces, la oposición a una reforma similar de las jubilaciones dejó a Francia sin actividad durante tres semanas, hasta que el proyecto fue retirado. Si los paros importantes persisten el lunes, entonces la batalla social tendrá otro perfil. Y como recién el próximo 12 de diciembre se conocerá realmente el contenido preciso de la reforma, es muy probable que de aquí a entonces los sindicatos mantengan la presión social.

La controversia surgió cuando empezaron a trascender algunos detalles del texto prometido por el presidente Emmanuel Macron durante la campaña electoral para las elecciones de 2017. La idea inicial consistió en terminar con los 42 regímenes de pensiones que están en curso y reemplazarlos por otro a través del cual todos los sectores tendrían los mismos derechos. La ausencia notoria de una pedagogía clara por parte del gobierno, las divisiones en la propia mayoría, la presión de la derecha presidencial que introdujo varias modificaciones a la idea inicial, los rumores y la confusión que el Ejecutivo no se ocupó de neutralizar plantearon la perspectiva de que habría que cotizar más años e, incluso, extender la edad legal de la jubilación, hoy fijada a los 62 anos. El líder de la CGT, Philippe Martinez, hizo campaña contra la reforma con el argumento de que, una vez aplicada, esta equivaldría a trabajar más tiempo y cobrar menos. La huelga está determinada por dos paradojas: una, el movimiento social se lanzó sin que se sepa con claridad qué contiene la reforma: dos, la opinión pública respalda tanto a la huelga como la necesidad de una reforma de las pensiones. Ayer, una encuesta realizada por la consultora Odoxa-Dentsu Consulting para el diario Le Figaro y la Radio Franceinfo, mostró que el 68 por ciento de los encuestados respaldaban a los huelguistas al tiempo que 76 considera que una reforma es necesaria. El porcentaje de apoyo a la huelga era menor hace una semana, pero fue creciendo ante la ausencia de explicaciones del Ejecutivo. El tema fue tanto más mal tratado por el gobierno cuanto que, en Francia, tocar la jubilación equivale a trastornar el pasado –lo adquirido--, el presente –lo que se puede formular cara al futuro—y el mismo futuro. Ante la perspectiva de un endurecimiento de la rebelión social, el Primer Ministro, Edouard Philippe, tiene previsto una serie de concesiones cuyo contenido es, igualmente, vagamente misterioso. De allí la sensación global de que el “gobierno esconde el texto porque su único objetivo es engañarnos y hacernos trabar mucho más, ganar mucho menos mientras sus amiguitos liberales se llenan los bolsillos con nuestra pobreza”, según decía iracundo Michel, uno de los manifestantes -educación nacional—que ayer salió a las marchas de París pese al frío. En las calles de la capital francesa había una sinfonía de reclamos, muchos jóvenes, profesiones de todo tipo y una triple inquietud: la jubilación, el planeta y el liberalismo. Un hombre de unos 40 años llevaba una pancarta que decía:” mejor reformemos el sistema de los accionarios”. ”Viva una reforma social del liberalismo”, clamaba una señora recién jubilada. Una pareja de empleados de la educación nacional declaraba:” llegó el momento de que demos vuelta el flujo. Llevamos décadas y décadas pagando por los ricos y ahora que se preparan para exprimirnos hasta en la vejez y es hora de que les digamos basta. ¡Que empiecen a pagar ellos por nosotros !”. Más adelante, un grupo nutrido de ferroviarios con disfraces de Macron con los atuendos del Rey Luis XVI decía: «No queremos a un monarca del liberalismo. Queremos a un hombre que sienta lo que es una vida de trabajo común y que no liquide aquello por lo cual trabajamos toda la vida”.

Había en París bronca por el presente, las privatizaciones de los aeropuertos y la lotería nacional (La Française des Jeux) y miedo por un futuro de privaciones. ”El liberalismo de Macron nos lleva a la exclusión. No les importa lo que suframos, es una aristocracia egoísta y especuladora. Ninguno de esos reyes que aboga por la reforma sabe lo que es vivir con mil euros por mes. Y ni eso nos van a dejar en los bolsillos”, explicaba una empleada del correo francés. ”Fíjese a dónde llegamos. A fuerza de ajustes, desempleo y precariedad hicieron que nuestro presente sea inestable y apretado. Y ahora quieren que nuestra vejez sea una miseria”, decía una pareja del sector bancario privado. En un año, de noviembre de 2018 a diciembre de 2019, el presidente Macron fomentó dos conflictos mayores: el de los chalecos amarillos y, hoy, el de las jubilaciones. En ambos casos se confrontó a una variable que parece desconocer: la voz y el protagonismo del pueblo y su adhesión a la preservación de sus derechos. Francia es un país más bien conservador, pero no liberal. El jefe del Estado tiene una visión financiera de las relaciones y ello choca fuertemente con una sociedad que atraviesa un “malestar democrático” (Luc Rouban, Centro de Investigaciones políticas de Siences-Po) que se fue forjando a través de múltiples decepciones sociales. La reforma de las jubilaciones terminó por aunarlas a todas.

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Por qué algunas personas envejecen antes que otras

Un conjunto de factores, como el nivel de colesterol, el índice de masa corporal o la presión sanguínea permiten medir las diferencias entre edad biológica y edad cronológica


El tiempo no pasa igual para todos. Cuando se acercan los cuarenta, unos pocos siguen pasando por veinteañeros mientras otros parecen cerca de la edad de jubilación. Más allá del aspecto estético, en una sociedad cada vez más envejecida, medir la edad real y la velocidad de envejecimiento individual puede ser muy útil para contrarrestar los efectos del paso del tiempo cuando aún no ha comenzado a causar enfermedades. Hasta ahora, sin embargo, no existen buenos métodos para medir el proceso de envejecimiento en adultos jóvenes. Eso es lo que trata de cambiar un equipo internacional de científicos liderado desde la Universidad Duke (EE UU).


Los investigadores emplearon información obtenida en el estudio Dunedin, que ha recopilado información sobre la salud de más de mil personas de la ciudad neozelandesa desde su nacimiento, entre 1972 y 1973, hasta la actualidad. Por un lado, tomando un algoritmo que incluye 10 biomarcadores, como el índice cintura-cadera, la salud de las encías, el nivel de colesterol y triglicéridos o la presión arterial, calcularon la edad biológica de los individuos que querían estudiar. Pese a que todos tenían 38 años, a algunos de ellos les correspondía una edad biológica de hasta 28 años mientras otros llegaban a los 61.


Además, los científicos midieron el ritmo de envejecimiento de los voluntarios tomando como referencia la variación de 18 biomarcadores entre los 26 y los 38 años. Así observaron que mientras la mayor parte de la gente envejece un año biológico por año cronológico, algunos envejecían hasta tres años biológicos por año cronológico. En el otro extremo, tres de los participantes en el estudio Dunedin tenían un ritmo de envejecimiento biológico inferior a cero, recuperando juventud fisiológica durante la treintena.


Los autores del trabajo, que se publica hoy en la revista PNAS, también observaron que quienes envejecían más rápido y tenían una edad biológica mayor, sufrían un descenso más rápido del cociente intelectual, mayor riesgo de demencia o peor equilibrio. Además, los propios voluntarios que acumulaban años biológicos a mayor velocidad tenían una percepción peor sobre su salud y parecían más viejos a ojos de observadores independientes.


Aunque los investigadores reconocen que aún deberán afinar sus mediciones para saber, por ejemplo, si algunos factores relacionados con el envejecimiento tienen más influencia en la acumulación de años biológicos que otros, estos resultados muestran que es posible cuantificar las diferencias en la velocidad a la que envejecen personas jóvenes, poniendo la base para poder medir la efectividad de tratamientos antiedad aplicables antes de que el deterioro físico se vea en forma de enfermedades.


"Nuestra investigación puede impulsar los esfuerzos para prevenir enfermedades y la discapacidad relacionada con la edad de dos maneras. En primer lugar, hace posibles otros estudios que prueben de qué manera diferentes factores de riesgo pueden acelerar el envejecimiento. Esos estudios pueden identificar objetivos para trabajar en la prevención", explica Dan Belskey, investigador de la Universidad Duke y autor principal del estudio. "En segundo lugar, hace posible la evaluación de terapias antienvejecimiento en personas jóvenes", añade. "Antes, los estudios se tenían que centrar en tratar adultos más mayores porque los efectos de la edad se suelen medir evaluando patologías cognitivas o físicas", continúa. "Tratar de ralentizar el envejecimiento en individuos que ya han desarrollado enfermedades crónicas es una batalla cuesta arriba. Las terapias para ralentizar el envejecimiento en personas jóvenes pueden ser más efectivas porque los procesos relacionados con la enfermedad aún no se han puesto en marcha", concluye.


Para completar sus resultados, en el futuro, los investigadores quieren medir qué parte del ritmo al que envejecemos está relacionado con la genética y qué parte con el estilo de vida. Además, tratarán de comprender por qué algunos de los individuos estudiados mostraban rasgos fisiológicos que indicaban que, al menos durante un cierto periodo, con el paso del tiempo se volvían más jóvenes.

"La juventud como categoría social está muriendo de éxito"

"Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que el resto de nosotros: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿cuánto tiempo me queda?". La voz en off de Harrison Ford en Blade Runner trata de explicar por qué el cazador de replicantes ha sido perdonado por el último replicante. Esa reflexión peliculera sirve de punto de partida para entrar en el trabajo de Carles Feixa, doctor en antropología social por la Universidad de Barcelona y autor de varios libros sobre la juventud, el último de ellos De la generació[email protected] a la #generación. La juventud en la era digital. Para Feixa, "la gran contradicción de nuestra sociedad es que los jóvenes quieren ser adultos y no les dejan, y los adultos quieren ser jóvenes y no pueden". Eso nos emparenta con los replicantes y los cazadores de replicantes de Blade Runner: los jóvenes son perseguidos por los adultos, que los aman y los temen. Conversamos con Feixa sobre esta relación esquizofrénica.


Un siglo después de que naciese este concepto, ¿qué significa ser joven?


Una de las citas que abre el libro es de un manifiesto surgido a partir del 15M que se centra en la crítica al concepto de juventud. Los jóvenes actuales se resisten o impugnan la noción de juventud como el mito de la imposibilidad de transitar al mundo adulto, como la permanencia en un estado de moratoria social, como se definió hace un siglo en los inicios de la psicología actual. Stanley Hall fue un psicólogo norteamericano que publicó hace un siglo un libro sobre la adolescencia en el que definía la juventud como una nueva etapa vital. Él lo veía como algo positivo en sus efectos aunque no en sus manifestaciones. Hall definía la juventud como una crisis de identidad. Otro Hall, Stuart Hall, que es un referente en estudios subculturales, en los 70 y 80, junto a otros compañeros de la escuela de Birmingham redefinió la noción de juventud como categoría cultural. Para Stanley Hall era una categoría biológica, para Stuart Hall, Tony Jefferson, etc., era una construcción cultural del capitalismo avanzado que respondía por una parte a unas necesidades del mercado de consumo y de las industrias culturales, y por otra a una autodefinición de los propios jóvenes. Por ello investigaron las llamadas subculturas, y contraculturas de los 60 y 70: hippies, rockers, mods, etc.


Mi libro es un intento de hacer una tercera fase de reflexión sobre la noción de juventud en la era de la red. De alguna manera, tras el nacimiento de la juventud a comienzos del siglo XX y su apogeo en los 60-70 se anuncia una muerte de esta categoría social. Se trata de una muerte de éxito. La juventud como categoría, que empezó siendo una etapa transitoria relativamente corta, centrada en la educación y cuyo apogeo consistió en ser la reina del mercado, se eterniza en la era digital, la era de la información y la era de la precariedad laboral. Se eterniza hasta el punto de que se convierte en la etapa más duradera de la vida y, por tanto, pierde su sentido porque deja de ser un etapa transitoria y se convierte en algo intransitivo. Esto tiene aspectos positivos en cuanto a la flexibilidad cultural y en cuanto a la capacidad innovadora de los jóvenes, pero también aspectos dramáticos como su exclusión del mercado laboral y de la toma de decisiones políticas de grandes ámbitos de la sociedad.


¿Cómo delimitamos hoy día esta etapa vital?


Stanley Hall delimitaba esta fase de los 14 a los 21 o a los 26 años. Las encuestas del Injuve que se dan hoy llegan hasta los 34 e incluso a veces hasta los 39. Obviamente, ha aumentado mucho la esperanza de vida pero, además, el ciclo vital industrial está en profunda crisis. En parte por las transformaciones del sistema productivo, porque el sistema profesional ya no es para toda la vida sino que es un constante flujo. Esta vía lineal se convierte en una vía en bucle. La formación hoy ya dura toda la vida. No hay ninguna profesión, menos las intelectuales, en las que lo que has aprendido de joven te sirva toda la vida. Al mismo tiempo el ocio, o el descanso, que era el objetivo de los ancianos, ya es una característica central de la sociedad. Todos los grupos sociales necesitan un tiempo para divertirse, para consumir, para disfrutar del tiempo libre. En cambio, el trabajo, que se había convertido primero en un castigo del capitalismo, es ahora un privilegio de unos pocos. Si no se replantea profundamente hay una crisis social que no se puede sostener.


De momento, los jóvenes han sido las víctimas de esta primera reestructuración. La noción del "precariado" en cierta manera recupera la noción del lumpen-proletariado marxista del siglo XIX. Ésta se basaba en una división de clases que marcaba las diferencias sociales. En el siglo XXI, la clase no ha desaparecido pero la división central de acceso a los recursos, a los salarios y a los derechos sociales es la edad. La reforma que se está produciendo es en perjuicio de los jóvenes y en beneficio de unas élites que están saliendo de la crisis sin adaptarse a este reto. Creo que en el futuro esto no va a ser sostenible. No tiene sentido que los adultos trabajemos cada vez más horas y nos jubilemos más tarde mientras que hay una capa de jóvenes pre-parados, con mayor formación, más y mejor información y, sin embargo, con unas dificultades enormes de acceso al mercado laboral y, sobre todo, con una precariedad y una desigualdad salarial que en otras circunstancias serían el motor de una revolución. Esa revolución no se da –aunque se producen microrevoluciones– porque la gran diferencia es que las clases duraban para siempre; en cambio, se supone que los jóvenes algún día dejarán de ser jóvenes. Lo que es engañoso porque esta categoría temporal es cada vez más permanente. Para los jóvenes actuales cada vez es más difícil abandonar el estigma que supone la inestabilidad emocional, vital y laboral.


¿Por qué hablas de la transexualización de la nueva generación?


La crisis de la identidad juvenil, según Stanley Hall, era una doble crisis, la crisis de la masculinidad y la crisis de la feminidad. En los 60 y 70 hay una primera feminización de la cultura juvenil. Esto se produce, no sólo por una razón objetiva como es la píldora, que permite separar la reproducción de la sexualidad, sino también porque hay un camino paralelo entre el feminismo y los movimientos contraculturales. El cambio en las formas de vida aúna a ambos colectivos. Por otro lado, los estilos de vida que introducen las culturas juveniles, aunque en principio eran masculinistas (rockers, sobre todo), pasan a ser más equitativos e incluso andróginos, como por ejemplo el movimiento punk, donde lo femenino y lo masculino no desaparecen pero se metamorfosean. En la era digital, en teoría, es posible una superación de las divisiones de género que habían marcado este tránsito a la vida adulta, en parte porque el mercado laboral ya no depende de la fuerza física, por los cambios en la biomedicina, que permiten unos viajes de transexualización no sólo simbólica sino real, y finalmente porque hay una confusión de los géneros. Había unas etiquetas, unos ritos de paso, unas aperturas del armario, que dejaban claro a cada uno cuál era su recorrido. En la actualidad los jóvenes están en la incertidumbre, es la era de la no definición, y por tanto hay que inventar. De hecho en el mundo digital, las minorías sexuales son las más activas. Eso no significa que vayan a desaparecer los sexos ni tampoco que vaya a desparecer la masculinidad. De hecho puede haber un reflujo: en algunos sectores hay una recuperación de ciertas retóricas de la división sexual que pensábamos superadas pero que no lo están tanto.


Otro de los aspectos que definen a la juventud es el nomadismo: una ruptura sin precedentes de la noción de espacio y de pertenencia.

 

Hablo de 'nomadismo', un término de Michel Maffesoli, pero también de 'translocalismo', que utiliza la autora mexicana Rossana Regui¬llo. No es sólo la movilidad geográfica y física de los jóvenes –por ejemplo la 'generación erasmus'–, sino que es sobre todo una metáfora de la inestabilidad laboral, del flujo de roles profesionales y educativos y la inestabilidad emocional en la que se ven sumergidos. Si lo aplicamos a los movimientos sociales, supone una vuelta a lo más próximo. Pensa¬mos que la era digital suponía la máxima distancia cuando en realidad el uso que hacen los jóvenes de las redes tecnológicas es muy personalizado, lo convierten en una parte de su cuerpo. Por eso cuando acampan en Plaza de Catalunya, Sol, o Tahrir hay una máxima cercanía, hasta el punto de que Madrid se convierte en una pequeña "micrópolis". No en una metrópolis, sino en una pequeña ciudad en la que todo el mundo se conoce, como en las polis griegas. Pero con una conciencia de que esa micrópolis forma parte de la aldea global. Hay una conexión que para otras generaciones resulta más compleja entre lo local y lo global, y es una conexión que se produce a diario. Lo local y lo global se yuxtaponen y se hibridan en esa noción de 'glocalismo'. Con todo lo bueno y lo malo que esto supone, porque en ocasiones el viaje a lo global es una escapatoria de los problemas de lo local y al mismo tiempo, como es imposible una revolución 'glocal' –todo cambio debe estar anclado en algún sitio– los efectos no son inmediatos. En ninguno de los países las protestas han tenido efectos inmediatos y en algunos países ha habido una vuelta atrás. Pero sí hay una oleada que va acompañando un cambio de ciclo en la percepción cultural que los jóvenes tienen de su participación en el mundo.


Dices que una generación concluye cuando los acontecimientos históricos vacían de sentido al sistema previo. La conclusión del libro es que estamos en ese momento.


Estamos en un cruce de caminos y, cuando te desorientas en el cruce de caminos, estás perdido. No está claro hacia dónde vamos. En un sentido geográfico creo que, no sólo España, sino todo el sur de Europa, está a caballo de las transformaciones que se están produciendo en el norte y el sur, transformaciones que la crisis no ha causado pero que ha hecho más visibles y lacerantes, como son los cambios en la noción de trabajo, esta desigualdad generacional en salarios y otras muchas cuestiones. Uso la imagen del replicante no tanto en relación con la tecnología sino para explicar esta nueva manera de crecer. El replicante es mitad humano-mitad máquina de la misma manera que los jóvenes no son niños pero tampoco son adultos y esto, que en el pasado era un tránsito rápido, era un sarampión, hoy parece que es un virus que se ha convertido en algo crónico. La única manera que tienen los jóvenes de superar esta situación es la que han tenido siempre las subculturas: convertir el estigma en emblema. Convertir algo que es negativo y paralizante en algo que puede ser un juego, que puede ser algo con lo que aprender. Mientras no nos dejen ser adultos, hagamos cosas: juguemos, viajemos, protestemos y dediquemos nuestro tiempo a este mundo digital que de entrada parece un juego pero que quizá en el futuro acabe siendo productivo. De hecho, en los inicios de la salida de la crisis estamos viendo muchas iniciativas, sobre todo juveniles, no tanto de nuevo empresariado sino de reestructuración del espacio y el tiempo y de la condición social muy innovadoras.


¿Qué herramientas necesitamos para esta nueva transformación?


Creo que claramente tiene que haber un contrato social. De entrada por una cuestión de supervivencia de la seguridad social. [Este contrato] no puede producirse como una imposición de los poderosos –los adultos– sobre los que no lo son –los jubilados y jóvenes– si no que tiene que haber un tipo de acuerdo en el que todos salgamos beneficiados. En segundo lugar tiene que haber un cambio cultural en la percepción de que el ciclo vital de las personas ya no es lineal sino que es en bucle y en espiral. Hasta ahora esto se ha visto solo como algo negativo: precariedad, ines¬tabilidad, tiempo parcial... pero puede verse también como un recurso que hace más flexibles los espacios y los tiempos de la vida cotidiana. Por ejemplo, debe haber una transformación de los horarios. Debe irse a un tipo de actividad por tarea, por producción, que nos permita trabajar menos horas. Los jóvenes son los que están innovando en ese sentido. También la jerarquía laboral debe reconstruirse en base a relaciones más horizontales o relaciones en red. La red no es amorfa pero tampoco es una pirámide. La sociedad digital no puede funcionar como una sociedad jerárquica. Si funciona así está condenada al fracaso.



La evolución de la juventud


Nacimiento


En 1904 Stanley Hall publica el primer tratado sobre la juventud contemporánea. Inspirado en Darwin, Hall considera la juventud como una nueva etapa vital que no había existido en sociedades primitivas o en otras culturas. Se tiene como una fase de formación.


Militarizadas


El fascismo da un nuevo estatus a la juventud, con base a las experiencias surgidas en los 20 y por medio de los boy scouts de Baden Powell. Las juventudes hitlerianas, la Falange y los Balilla italianos utilizan a la juventud como fuerza de choque. Desde la cárcel, el comunista italiano Antonio Gramsci dedica parte de sus cuadernos a la cuestión de los jóvenes.


Rock and roll


Los 40, que en España dieron lugar a lo que José Luis Aranguren llamó "la generación abatida", dan paso en los 50 a la generación rock and roll, la primera generación globalizada de la historia.


Mayo del 68


La contracultura se convierte en un paradigma que tiene influencia en todo el mundo. El mercado aprende y aprehende el núcleo de las reivindicaciones juveniles, que toman visos revolucionarios en algunos países.


No hay futuro


Del "no hay futuro" al "fin de la historia" se suceden dos décadas en los que la juventud se convierte en la reina del mercado. En el 76 se publica Rituales de resistencia, de Stuart Hall y Tony Jefferson, el estudio más importante sobre subculturas juveniles.


Antiglobalización


El levantamiento zapatista utiliza la potencia de internet para conectar con una nueva generación de activistas. Posteriormente el movimiento antiglobalización articula nuevas formas de protesta.

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