Un avión Eurofighter de la Fuerza Aérea alemana, en Amari (Estonia) el pasado febrero. picture alliance picture alliance via Getty Images

Washington acusa a Bruselas de violar los compromisos adquiridos a través de la OTAN y le advierte de que pone en peligro décadas de colaboración militar

Más gasto en armamento, sí. Pero independencia estratégica, no. Estados Unidos ha advertido por escrito a la Unión Europea de que sus planes actuales de defensa están poniendo en peligro décadas de integración de la industria de defensa transatlántica y de cooperación militar a través de la OTAN.


La misiva, fechada el pasado 1 de mayo y a la que ha tenido acceso EL PAÍS, llega cargada de amenazas, más o menos veladas, de posibles represalias políticas y comerciales si Bruselas mantiene su intención de desarrollar proyectos europeos de armamento sin apenas contar con países terceros, ni siquiera con EE UU.


La diatriba del Departamento de Defensa contra los planes europeos agrava la tensión entre Europa y la Administración de Donald Trump cuando los ánimos ya estaban soliviantados por la negativa de Alemania y Reino Unido a impedir la participación de la empresa china Huawei en el desarrollo de la telefonía de quinta generación.


La reacción de EE UU llega poco después de que el Parlamento Europeo diese el visto bueno provisional, el pasado 18 de abril, a la creación de un Fondo Europeo de Defensa dotado con 13.000 millones de euros para el período 2021-2027. Washington, además, se opone a las condiciones generales de la llamada Cooperación Permanente Estructurada (PESCO, por sus siglas en inglés), por la que 25 países de la UE han iniciado el desarrollo de 34 proyectos de armamento.


"EE UU está profundamente preocupado con la aprobación del Reglamento del Fondo Europeo de Defensa y con las condiciones generales de la PESCO", advierte la subsecretaria estadounidense de Defensa, Ellen Lord, en la carta dirigida a Federica Mogherini, la Alta Representante de Política Exterior de la UE.


El Reglamento permite que participen empresas extracomunitarias, pero exige que la propiedad intelectual del proyecto sea exclusivamente europea y no permite que países terceros impongan controles a la exportación del armamento construido. La participación en los proyectos de la PESCO también es limitada y sometida a la aprobación unánime de los países de la UE, por lo que Washington teme que el veto de un solo socio les deje fuera.


El durísimo texto americano acusa a la UE de desarrollar sus capacidades militares "de una manera que produce duplicación, sistemas militares que no son interoperativos, dispersión de los escasos recursos de defensa y una competencia innecesaria entre la OTAN y la UE".


El Departamento estadounidense de Defensa advierte de que, a su juicio, el proyecto del Fondo y la PESCO "suponen una dramática marcha atrás después de tres décadas de creciente integración de la industria de defensa transatlántica". Washington añade que "no solo se podría dañar la constructiva relación entre la OTAN y la UE, sino que potencialmente podría revivir las enfrentadas discusiones que dominaban hace 15 años nuestros contactos sobre las iniciativas europeas de defensa".


"Estamos ante un claro conflicto de intereses", señala Luis Simón, director de la Oficina del Real Instituto Elcano en Bruselas e investigador principal de ese centro de estudios. Simón recuerda que "la industria estadounidense tiene una presencia muy fuerte en el mercado europeo". Y que EE UU observa los primeros pasos de la política europea de defensa, por tímidos que sean, como una potencial amenaza para su dominio tanto en el mercado europeo como en países terceros.


Pero el Gobierno de Donald Trump no se limita a expresar con dureza sus quejas y reproches. La carta de Lord, una veterana de la industria del armamento con más de 30 años de experiencia, también contiene serias advertencias y amenazas sobre las consecuencias que se desencadenarán si Bruselas sigue adelante con sus planes. "Está claro que si EE UU impone restricciones recíprocas similares no serían bienvenidas por nuestros socios y aliados europeos", señala la subsecretaria de Defensa. "No nos gustaría tener que planteárnoslo en el futuro", advierte. Y recuerda el multimillonario impacto que podría tener esa decisión en las empresas europeas del sector.


La carta recuerda que el año pasado se adjudicó a una empresa italiana, en asociación con Boeing, un contrato de 2.800 millones de dólares para desarrollar y construir nuevos helicópteros para la fuerza aérea estadounidense.


El año anterior, en 2017, el Departamento de Defensa estadounidense adquirió armamento de 12 empresas europeas por valor de 2.600 millones de dólares (unos 2.490 millones de euros). Y en 2016 concedió 118,7 millones de dólares en subsidios a empresas de 24 países de la UE para proyectos de I+D.


EE UU exige que se modifique el proyecto de Reglamento del Fondo para suprimir las condiciones sobre propiedad intelectual y control de exportaciones. Y que en PESCO se elimine el derecho de veto y que se permita al país que lidera cada proyecto invitar a las empresas que desee.


Ambos textos, sin embargo, ya fueron pactados en febrero de manera provisional por el Consejo de ministros de la UE y el Parlamento Europeo. "Este es un gran paso para hacer realidad la cooperación europea en defensa", celebró entonces Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión Europea. Washington exige ahora una humillante rectificación en una carta de la que ha enviado copia a Katainen y al presidente del Parlamento, Antonio Tajani.


"Antes de que los textos sigan adelante, les instamos a revisarlos con la mira puesta en nuestros objetivos compartidos a largo plazo para un partenariado de seguridad transatlántica", conmina la misiva de Lord. "Con cambios menores (...) se podría aliviar nuestra preocupación", minimiza la subsecretaria de Estado la enmienda a la totalidad al proyecto europeo.
Simón cree que "la inquietud de EE UU ha ido a más con el Brexit porque los británicos, con el apoyo de Berlín, eran garantía, de que la política europea de defensa, tanto desde el punto vista geoestratégico como del industrial, no sería discriminatoria hacia ellos". La posible salida del Reino Unido de la UE, el acercamiento de Alemania a Francia en materia de defensa y la irrupción de la Comisión Europea en un terreno que le estaba vetado, han acabado por disparar las alarmas en Washington, según el director en Bruselas de Elcano.
Las propias empresas europeas, según Washington, se exponen a verse obligadas a elegir entre el mercado europeo y el estadounidense por culpa de las normas "envenenadas", como las califica la carta, del Fondo Europeo de Defensa. Un grave dilema dado el gasto de EE UU (460.000 millones de euros) duplica al de Europa (210.000 millones).


Una consecuencia no buscada podría ser que las empresas europeas con actividad fuera de la UE (especialmente en el mercado de EE UU a través de acuerdos con empresas estadounidenses) tal vez decidan no participar en los proyectos PESCO para no arriesgarse a que su propiedad intelectual quede aislada dentro de la UE o "a incumplir las normas de EE UU sobre control de exportaciones", advierte Lord.

Por Bernardo de Miguel
Bruselas 13 MAY 2019 - 01:42 COT

 

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Los alcances imperiales del Comando Sur en AL

El almirante Kurt W. Tidd, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, compareció el 15 de febrero de este año ante el Comité Senatorial de Fuerzas Armadas [Senate Armed Service Committee] de ese país, y para esa reunión elaboró un documento no clasificado [de acceso público], en el que presenta su posición respecto a condiciones, actores y variables actuales o posibles que afectan o están relacionadas con la seguridad y defensa [de Estados Unidos, obviamente] en el área "bajo su responsabilidad" que abarca 31 países de América Central, Sudamérica y el Caribe. El documento exhibe –detrás de la retórica de la supuesta defensa de la democracia, la ayuda humanitaria, la lucha contra las drogas y el terrorismo– las conocidas perspectivas imperialistas enraizadas históricamente en el Destino Manifiesto y, para el caso de nuestro continente, en la llamada Doctrina Monroe que, reconstituidas y remozadas, nutren las ideologías y los imaginarios de los grupos gobernantes actuales que consideran a Estados Unidos como la "única nación indispensable", y se arrogan el derecho de intervención militar abierta o clandestina en el ámbito planetario para proteger sus intereses estratégicos y su seguridad nacional; esto es, el papel de policía del mundo. El jefe del Comando Sur expone ante el Comité del Senado: “Todos los días, nuestros hombres y mujeres trabajan para avalar nuestros enfoques sobre el Sur y construir una red de seguridad regional a partir de asociaciones inclusivas y basadas en principios. […] Dependemos de esta red para ayudar a mantener nuestra propia seguridad y defender nuestra tierra a profundidad”. No obstante, se queja de que son insuficientes los esfuerzos diplomáticos y en favor del "desarrollo" para mantener esa red, y que la percepción de sus aliados y competidores en el área [China, Rusia, Irán, Corea] es que Estados Unidos no está cumpliendo con sus compromisos, renunciando a su posición estratégica y sin tomar en cuenta seriamente los desafíos de la región. Por ello, sostiene que deben considerarse los riesgos de seguridad para seguir prevaleciendo como poder hegemónico en este hemisferio y evitar que una crisis disminuya la habilidad de Estados Unidos para encarar otros cometidos "aún más importantes" en el ámbito internacional. Advierte que no es deseable para su país abrir "nuestro flanco sur" a un rango variado de vulnerabilidades. El almirante descubre que América Latina es una región de tendencias contrastantes, a la vez positivas y preocupantes, con sociedades democráticas, modernas, diversas, con clases medias en aumento y con "militares capaces y profesionales". Estas sociedades todavía enfrentan "retos de gobernanza" [sic], que incluyen corrupción política, metas de desarrollo no logradas, y niveles de violencia criminal impactantes, que crean espacios permisivos para actividades ilícitas de todo tipo: el extremismo global ha establecido una base reducida entre la población musulmana de América Latina, reclutando activistas para que realicen ataques; la inseguridad y las dificultades económicas continúan ocasionando un incremento de la migración y, claro,

destaca Venezuela como un riesgo permanente por su "inestabilidad interna", que puede ocasionar conmociones regionales significativas. En este contexto, el militar devenido en científico social de altos vuelos distingue una combinación de pruebas y amenazas que provienen de actores estatales y no estatales que conforman redes, como los traficantes de drogas, armas y personas; simpatizantes y militantes terroristas, así como lavadores de dinero, quienes –se señala– usan rutas comunes de ingreso a Estados Unidos y conducen todo tipo de operaciones en el territorio de ese país. Curiosamente, este jefe castrense considera que los cárteles del crimen organizado actúan como cualquier corporación trasnacional que, "sin fronteras", diversifican, descentralizan y distribuyen franquicias para perpetrar sus acciones delictivas. Acorde al almirante, estas redes y sus efectos acumulativos, juegan un papel cardinal en el fortalecimiento de la corrupción e inseguridad, y en la erosión de la fe de los ciudadanos en la democracia y los valores democráticos básicos, especialmente en países con los niveles de violencia criminal más altos. El almirante Tidd advierte que su país se enfrenta, asimismo, a los desafíos tradicionales de actores estatales, y se lamenta de que China, Rusia e Irán están cortejando a los socios latinoamericanos y caribeños estratégicamente más importantes y apoyando regímenes antiestadunidenses autoritarios. De parte de China, preocupa su avance e influencia económica en la región, así como su tecnología en telecomunicaciones que puede usarse en la recolección de inteligencia. El papel cada vez más visible de Rusia en el hemisferio también intranquiliza, dadas sus capacidades cibernéticas y de inteligencia; molesta a los talantes imperiales, igualmente, que Moscú intente cambiar "falsamente" el ámbito informativo de América Latina mediante sus medios de información en español y, claro, no hace ninguna gracia a los militares estadunidenses el acceso progresivo a puertos y espacios logísticos, "santuarios", en Cuba y Venezuela y, en suma, causa alarma "una proyección de fuerza visible [de Rusia] en el hemisferio occidental". Las posibles actividades ilícitas de Corea del Norte en "su región" inquieta a los militares, al igual que la expansión de relaciones diplomáticas y comerciales de Irán.

Pero, las "amenazas" para Estados Unidos no sólo provienen de actores estatales extrahemisféricos. Tidd señala que en campo de la seguridad nacional: "Cuba ha demostrado una clara intención de atacar los intereses de Estados Unidos, mediante actividades de recolección, vigilancia y contrainteligencia en países de la región. La planeada transición política en esta primavera [se refiere a la llegada de Díaz-Canel a la presidencia], no parece que cambiará el punto de vista de Cuba, en el sentido de disminuir la influencia de los militares [en el gobierno] o alterar la cooperación continua con Rusia, China y Corea del Norte, en materia de seguridad, política y economía". Naturalmente, no podía faltar en el rango de las amenazas, la "influencia negativa" de Cuba en Venezuela, de manera notable, según el almirante, en los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas.

Los pueblos quedan fuera de esta visión imperial del mundo, ausentes sus luchas y utopías; no existen como actores protagónicos que forjan su historia, marcada por las innumerables invasiones y agresiones militares de los defensores del "mundo libre y la democracia".

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EE.UU. y sus ejercicios “humanitarios” en Panamá

Las maniobras están en pleno desarrollo y se extenderán hasta junio con la presencia de 415 militares estadounidenses. Los efectivos portarán armas, pero sobre todo gozarán de inmunidad diplomática. De fondo, el rodeo a Venezuela.

En una región cada vez más militarizada, Panamá es un símbolo latente de la injerencia de Estados Unidos. Aunque Washington mira con mucha mayor atención a Venezuela, y pese a que este país no limita con el del canal, reverdecen historias de intervenciones planeadas desde la Casa Blanca. Siete veces invadió EE.UU a la pequeña nación centroamericana. La última fue en 1989. Por eso, cuando la principal potencia mundial pone un pie en su territorio, surgen de inmediato las respuestas negativas. Ahora son contra la llamada operación Nuevos Horizontes. Cuando se creó en 1984 tenía otro nombre: Fuertes caminos. Se trata de maniobras que, depende de quién lo cuente, adquieren dos sentidos. Para el Comando Sur que las dirige se trata de “ejercicios de asistencia humanitaria”. Para la cancillería local “un programa de entrenamiento dirigido a los estamentos de seguridad nacionales”.


Si se colocan en contexto los hechos de Panamá, deben analizarse junto a lo que pasa en otras fronteras vecinas. Sobre todo, a los 2.219 kilómetros de límites que comparten Colombia y Venezuela. También, pero en menor medida, a los que separan a este último país de Brasil y Guyana. Todo tiene que ver con todo y la presencia militar de Estados Unidos lo señala desde las entrañas de su historia. Esta vez el objetivo es el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro. Le están rodeando la manzana. La visita reciente que hizo por la zona el jefe del Comando Sur de EE.UU, el almirante Kurt Tidd, es más de lo mismo. Se reunió con el vicepresidente colombiano, el general retirado de la Policía, Oscar Naranjo. Pocos días antes, habían conversado en Bogotá el presidente Juan Manuel Santos y el secretario de Estado Rex Tillerson.


La ofensiva diplomática de Estados Unidos sobre Latinoamérica está a la vista. Sus resultados también. Desde México a la Argentina, los gobiernos amigos de Washington siguen como rebaño la política de aislamiento de Venezuela. Panamá es un engranaje más de ese movimiento de pinzas. En agosto pasado, cuando lo visitó el vicepresidente norteamericano Mike Pence, les recordó a sus autoridades que EE.UU había sido el primer país del mundo en reconocer su independencia. Y les manifestó su gratitud por cómo habían actuado contra Venezuela: “El presidente Trump y yo estamos sumamente agradecidos por el firme liderazgo del presidente Varela en el repudio al régimen de Maduro. Felicitamos a Panamá, en particular, por haberse sumado a los otros 11 países que firmaron la Declaración de Lima”, dijo en su discurso desde el gran canal que une a los océanos Atlántico y Pacífico.


No llama la atención entonces que Nuevos Horizontes ya esté en pleno desarrollo. Se extenderá hasta junio con la presencia de 415 militares estadounidenses. Los “ejercicios de asistencia humanitaria” como los describió Ramón Malavé, coordinador del Comando Sur en Panamá, fueron redefinidos por el columnista del diario La Estrella de Panamá, Mario Gándasegui (h) como una “invasión silenciosa”. Los efectivos portarán armas, pero sobre todo gozarán de inmunidad diplomática. Una situación que en Panamá la oposición y los movimientos sociales movilizados en la calle la viven como una violación del Tratado de Neutralidad del Canal firmado por los presidentes Omar Torrijos y Jimmy Carter en 1977. El mismo que permitió la devolución del corredor clave a fines de 1999, aunque con prerrogativas determinantes a favor de EE.UU. Un ejemplo: poder intervenir sobre la vía interoceánica a partir del año 2000 si se producían peligros a su seguridad.


Argumentos parecidos había utilizado George Bush padre cuando decidió invadir Panamá el 20 de diciembre de 1989 con una fuerza de 26 mil hombres. El problema era el ex socio político y comercial de Estados Unidos, el narco-dictador Manuel Noriega. Había prestado servicios a la CIA hasta que se retobó. Lo depusieron a costa de miles de víctimas durante el ataque. Se calculan unas 4 mil, según la Asociación de Familiares de los Caídos. El militar fue encarcelado en Miami y condenado a 40 años de prisión por la Justicia de Estados Unidos. Cumplió poco más de la mitad, fue enviado a una cárcel en Francia que también lo reclamaba y finalmente devuelto a Panamá, donde murió el 30 de mayo del año pasado. En los tres países acumuló 25 años en prisión. En 2015, a diferencia de otros militares latinoamericanos formateados en la Escuela de las Américas por EE.UU, pidió perdón por televisión a los panameños y se autodefinió como “un hijo de Dios”.


A poco más de 28 años de la invasión condenada por la ONU, hoy es revisada críticamente por la llamada Comisión 20 de diciembre. Fue aprobada en julio de 2016 por el gobierno. Su mandato expira el 1 de abril de 2019. Su presidente, Juan Planells, es el rector de la Universidad Católica Santa María (USMA) y avanza en un trabajo dificultoso para precisar el número de muertos. En diciembre de 2017 dijo que ya se estaban tomando muestras de ADN a los familiares. Pero los registros oficiales son solo parciales. En el estreno de la película Invasión de 2014, del cineasta panameño Abner Benaim, un trabajador de la morgue dijo que se habían contabilizado unos 800 asesinados hasta que se arrancaron las páginas del registro. La cuenta quedó inconclusa. El film ganó el premio de mejor documental en el festival de Biarritz, Francia, en 2015.


El recuerdo de la invasión y los bombardeos del 89 vuelve con fuerza cuando se concretan operaciones como Nuevos Horizontes. La Embajada de EE.UU le notificó al gobierno panameño sobre el ejercicio el 11 de diciembre de 2017. El gobierno lo aceptó casi un mes después, el 4 de enero de este año. Pero “las tropas norteamericanas entraron a Panamá el 2 de enero, dos días antes que la respuesta de la Cancillería”, escribió el periodista Eliécer Navarro en el diario local Crítica. Parece que estaban apuradas para realizar su tarea humanitaria en las provincias de Darién, Veraguas y Coclé.

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