Chamanes realizan en Lima un ritual en apoyo a Pedro Castillo. — Paolo Aguilar (EFE)

Los peruanos elegirán el 6 de junio en una segunda vuelta electoral a quien ocupará la Presidencia durante los próximos cinco años. Los candidatos son el izquierdista Pedro Castillo y Keiko Fujimori, de la derecha neoliberal. Las últimas encuestas colocan al profesor ligeramente por delante de la hija del dictador encarcelado.

 

A una semana de la segunda vuelta, Lima está tensa. Este sábado, una marcha de apoyo "a la democracia" (en realidad, de apoyo a Keiko Fujimori) se convirtió en una ruidosa caravana de automóviles que provocó burlas pero también dejó sentir su presencia. En los distritos residenciales de la capital, circulaban camionetas y vehículos todoterreno con banderas peruanas y carteles: "No al comunismo". Es un contraste llamativo con las manifestaciones callejeras, a pie, con las que Pedro Castillo llena plazas cada día.

Castillo, el candidato de izquierda que dio la sorpresa en la primera vuelta, es la gran amenaza o la única esperanza, según como se mire. Para una parte de los peruanos —esa que salió en vehículos de alta gama— es la encarnación del comunismo, una nueva Venezuela. Para otra parte, es la opción que puede dejar sin la Presidencia a Keiko Fujimori, quien no solo ha prometido el indulto para su padre, el exdictador Alberto Fujimori, sino que también tiene historial propio.

En 2016, Fuerza Popular —el partido fujimorista— obtuvo una mayoría congresal arrolladora; el resultado fue el boicot constante al Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, que llevó a la interrupción de quince años consecutivos de alternancia democrática (la bancada, con cercanías a bandas criminales y a una red de jueces corruptos —como se supo luego—, forzó la renuncia del presidente).

Keiko misma está procesada por corrupción —la fiscalía pidió treinta años de prisión para ella—, estuvo presa, pero fue puesta en libertad por riesgo de covid. Además, tiene en su equipo al médico Alejandro Aguinaga, uno de los responsables de las esterilizaciones forzadas de Fujimori padre (una política que afectó a decenas de mujeres campesinas). Si Castillo gana, Keiko perderá la elección por tercera vez y probablemente la opción de la Presidencia se le cerrará para siempre. Eso, para muchos, suena tentador.

Pero no es una opción tan fácil.

Castillo no es el comunista que dicen sus críticos. No parece creíble que vaya a instaurar el socialismo o una autocracia chavista en el Perú. Pero tampoco es un hombre que inspire confianza. Es un outsider; no de los fabricados por la derecha —que hasta quiso poner a un exportero del Alianza Lima para dárselas de popular—, sino uno auténtico, inesperado. Lo que salta a la vista de Castillo parece noble: un maestro de escuela al poder, un hombre simple con sombrero de agricultor. ¿Por qué no? Pero no es tan simple. Su condición de profesor habla de la loable vocación por la enseñanza en el campo, pero también de una historia de ascenso sindical que lo muestra como cualquier cosa menos un político ingenuo.

Algo que se pierde de vista —tal vez él mismo, con su hablar populachero, su llanto fácil, lo procura— es que es un animal político y conoce el arte de escalar estructuras de poder. En las plazas, Castillo arenga contra las trasnacionales y ciertas instituciones decadentes. En las entrevistas, se desdice, da rodeos y vacila. Aunque cálido y carismático, no parece brillar con las palabras o los argumentos. La mayor habilidad se ve en sus gestas, y no siempre de la mejor manera.

Fue en el movimiento sindical de maestros de Perú donde Castillo mostró la ambición y sentido de la oportunidad que culminó en una carrera vertiginosa. Para escalar en la organización, se alió con los enemigos de la cúpula del sindicato oficial (Sutep). El asunto es que esos enemigos pertenecían a una facción del magisterio con vínculos con Movadef, grupo que busca la amnistía de los cabecillas presos de Sendero Luminoso (incluido Abimael Guzmán).

Movadef no es un movimiento terrorista, pero sí nace con un pecado de origen: quiere la libertad para los senderistas encarcelados, y eso en Perú es, de por sí, inadmisible, algo que deja excluido del juego político a quien lo defienda. La brutalidad sangrienta de Sendero provocó que, una vez derrotado, no hubiera espacio para ninguna concesión. A diferencia de lo que ocurre en otros países, en Perú no se ha planteado una participación de los grupos subversivos desarmados en la política.

¿Este antecedente demuestra que Castillo es capaz de hacer un pacto con el diablo? ¿Que haría alianzas sin escrúpulos? ¿O que es alguien con una visión posconflicto de apertura democrática? No se sabe. El caso es que con esa alianza Castillo pudo organizar en 2017 una impresionante rebelión contra la cúpula sindical, que había llegado a un pacto con el Gobierno derechista de Pedro Pablo Kuczynski (un pacto que el profesor no aceptaba). Castillo lideró la gran marcha que llegó hasta la capital: los maestros acamparon en las plazas del centro de Lima. Antes, Castillo se había postulado a un par de cargos públicos, sin éxito, pero esta huelga de 75 días fue su verdadero nacimiento político.

Ya entonces se vio una máxima de Castillo: los enemigos de mis enemigos son mis amigos. La prensa fujimorista, que hoy destruye al candidato pero que, entonces, quería desestabilizar al régimen de Kuczynski, le prestó oídos a su historia de lucha.

Como todo aquel que anda con juntas poco recomendables, Castillo tiene la coartada de estar usándolos como instrumentos a su favor. La gran pregunta sigue siendo si, al contrario, el instrumento es él. Este interrogante también es válido cuando se alude a su filiación con otro personaje polémico: Vladimir Cerrón, el líder del partido Perú Libre, por el que Castillo se postula.

Cerrón provoca rechazo en Lima; de hecho, fue el motivo de la ruptura de la izquierda años atrás. Neurocirujano formado en Cuba, jamás se ha deslindado de los procesos progresistas latinoamericanos (Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Evo Morales). A su imagen de radical se le suma cierto conservadurismo misógino y homófobo. Cerrón era el candidato natural de Perú Libre, pero estuvo preso por corrupción —opiniones autorizadas han dicho que ese juicio tuvo varias irregularidades, y que se usó para neutralizar a un líder con proyección—. A pesar de que salió libre, el Jurado Nacional de Elecciones le negó la participación en los comicios. Castillo, que entró como invitado para vicepresidente, pasó a ser el candidato. Nadie en Lima lo tomó en serio.

Pedro Castillo no parece un hombre comprometido ideológicamente. De su lealtad, aun no sabemos. Pero si bien es estratégico y pragmático, no cede. A diferencia del expresidente Ollanta Humala, que firmó un compromiso ante figuras prominentes como Mario Vargas Llosa, Castillo no ha dado muestras de querer someterse a condicionamientos. Sigue firme en sus propuestas. Quiere cambiar la Constitución (redactada y aprobada tras el golpe de Fujimori), para liberar los candados que impiden una mayor participación del Estado. Quiere reformar el sistema de pensiones. Después de la primera vuelta, la élite progresista dijo que esta intransigencia era un error que no le permitirá avanzar. Pero allí es donde Lima —y la burbuja socialdemócrata— parece no entender en qué país vive.

El Perú hace buen tiempo que vota masivamente contra el modelo económico (aunque no constituya una mayoría). Existe un descontento en todo el país, en provincias ajenas a Lima donde el Estado sigue sin llegar, donde el abandono produce pobreza y deja a las poblaciones a merced de la corrupción, la minería ilegal y el narcotráfico. Es un electorado rabioso que está dispuesto a arruinar el continuismo falsamente próspero de la capital. No comparte los remilgos de la capital. No entra en histeria ante las acusaciones de terrorismo. De hecho, en Ayacucho, que fue la región más golpeada por Sendero Luminoso, Castillo ganó con más del 45% en primera vuelta. Y sigue ganando.

La pandemia ha sido un golpe de desengaño que afectó la imagen del modelo económico. Perú ha sido el país más golpeado por la covid-19 de la región, junto con Brasil, y eso ha revelado la precariedad de un sistema de salud abandonado por el neoliberalismo, que promueve el negocio de clínica privada y admite los cobros exorbitantes de medicinas.

En el descrédito del sistema, están los puntos a favor de Castillo, las razones de la empatía y el beneficio de la duda en contraste con su contrincante (hija de un autócrata y también del instaurador del modelo neoliberal). El profesor nació en 1969 en Chota, Cajamarca, en un caserío rural. Vivió en la pobreza. Fue rondero, que es como se conoce a los miembros de las autodefensas campesinas que fueron vitales en la derrota de Sendero Luminoso.

En tiempos de redes sociales y campañas con algoritmos, Castillo ganó la primera vuelta contando 3.000 seguidores en Twitter (hoy tiene 72.000, nada si se compara con el millón de Keiko Fujimori). Se dice que es desconfiado en extremo, y tal vez eso explica su conducta errática: como los agentes de inteligencia, compartimenta la información. Cada colaborador suyo sabe solo una parte, la que él quiere. Hace cambios de planes todo el tiempo para que la información no se filtre, y por eso sus manifestaciones son inesperadas. En primera vuelta, fue a votar montado en un caballo. Es posible que esta vez ya no lo haga, pero medio Perú duerme temiendo ese galope.

lima

30/05/2021 22:12

 

Por Juan Manuel Robles@palidofuego


Castillo y Fujimori, en empate técnico a una semana de las presidenciales de Perú

Castillo está ligeramente por encima de Fujimori, que en las últimas semanas ha recortado la considerable desventaja que le separaba de su rival.

EFE

Los candidatos a la Presidencia de Perú Pedro Castillo (izquierda) y Keiko Fujimori (derecha) se encuentran en un empate técnico a una semana de la celebración de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, según dos sondeos publicados este domingo.

En ambas encuestas, Castillo está ligeramente por encima de Fujimori, que en las últimas semanas ha recortado la considerable desventaja que le separaba de su rival, al captar a la mayor parte de los indecisos.

Sin embargo, en las dos encuestas la diferencia entre ambos está dentro del margen de error estadístico, por lo que el debate que tienen previsto mantener este domingo los dos candidatos se prevé clave para el resultado final.

En votos válidos, la encuestadora Ipsos da un 51,1% para Castillo, que baja 1,5 puntos respecto al domingo pasado, y un 48,9% para Fujimori, que sube 1,5 puntos.

Por su parte, el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), en su encuesta publicada este domingo en el diario La República, también da una diferencia de dos puntos en intención de voto entre Castillo y Fujimori.

En este caso el candidato del partido Perú Libre se lleva el 40,3% y la candidata del partido Fuerza Popular el 38,3%, mientras que el 21,3% son votos blancos, nulos e indecisos.

Ambas encuestas confirman el empate técnico ya anunciado el viernes por la encuestadora Datum, que daba 50,5% a Castillo y 49,5% a Fujimori en votos válidos, sobre una base de 1.201 entrevistados.

Esto anticipa una elección igual de reñida que hace cinco años, cuando en 2016 Pedro Pablo Kuczynski le arrebató a Fujimori la Presidencia por apenas 40.000 votos.

Es la tercera vez consecutiva que Keiko Fujimori, hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), llega a una segunda vuelta presidencial, después de haber pedido las dos anteriores ante Ollanta Humala (2011) y Kuczynski (2016).

A las urnas están convocados para votar el próximo domingo, 6 de junio, más de 25 millones de peruanos para elegir a la próxima persona que los gobernará por los próximos cinco años

Publicado enInternacional
Lunes, 02 Abril 2018 07:47

¿Quién lo tiene más largo?

¿Quién lo tiene más largo?

Todos pueden ser elegidos como Presidente. Según diversos analistas, esa es una de las principales enseñanzas de las elecciones del 11 de marzo. Hasta antes de esa fecha y según las encuestas, por fuera de tal posibilidad estaban Vargas Lleras y Humberto de La Calle, ambos reposicionados, el primero por su crecimiento parlamentario y el segundo porque pese a todo lo previsto el Partido Liberal logró sobreaguar.

 

Correspondiente con tal conclusión, unos y otros declaran ser imprescindibles, triunfadores, cabeza de cualquier posible coalición, conducto indispensable para hacer realidad la conclusión de los opinadores de oficio.

 

Estamos pues ante un juego de simulaciones y/o apariencias, como cuando Trump le aseguró a Kim Jong-un que su botón nuclear era más largo. Su contrario aseguró lo propio.

 

Entonces, en el caso colombiano, ¿quién lo tiene más largo? ¿Petro? ¿Duque? ¿Vargas Lleras? ¿de La Calle? ¿Fajardo? ¿O tal vez Córdoba o Pinzón?

 

Puede ser uno u otro, pero lo cierto es que más allá de esa fingida musculatura, a ninguno le basta para ser elegido y ganar en primera vuelta sin concertar una alianza con uno o varios de sus contrincantes.

 

Los escenarios

 

Ni Duque, que prolonga el embrujo uribista pese a toda la violencia paramilitar y el desafuero sufrido con los derechos humanos y el modelo económico en nuestro país. Dicen sus adalides en los medios de comunicación oficiosos que con un poco de esfuerzo podría vencer en la primera vuelta. Pero los resultados del mismo 11 de marzo, apoyados además en la historia electoral reciente del país, evidencian que ya está sobre su propio techo.

 

Tampoco Vargas Lleras, a pesar de estar apoyado en todo el esfuerzo de la Casa de Gobierno y en la clientela aceitada desde los distintos ministerios ocupados durante los últimos ocho años. “Le falta pelo para el moño”, a pesar de inyectar a sus impulsores regionales con vitaminas llenas de pesos.

 

De La Calle, inflando el precario resultado del 11 de marzo, alza sus brazos de flácida musculatura, como diciendo “yo soy el más fuerte”, además del más ético, pero no logra convencer a las mayorías ya que detrás de su espalda alcanzan a verse los lazos tensados por brazos de hijos de varones electorales, espurios en su mayoría, como lo es su partido.

 

Vanagloriándose de sus casi tres millones de votos, Petro pide que le agreguen discos a la mayúscula pesa que levantó en los comicios del segundo domingo de marzo, “yo lo puedo todo”, repite una y otra vez, sin percatarse que con un voto mayoritario de izquierda aún no alcanza a movilizar ni a conmover al país nacional, el que sí le inyectaría las vitaminas necesarias para dar el envión que requiere para alcanzar su soñada presidencia.

 

Sentado en la esquina de un barrio de élite de una de las principales ciudades del país, mirando con desdén a todos sus contrincantes, Fajardo deja escuchar dos o tres lugares comunes, entre ellos que el país necesita reconciliación y que el centro es la vía, “y yo soy el centro, yo venceré”. El sobreesfuerzo que tendrá que realizar para llegar hasta la meta, lo llevará a quebrar su “pureza”, al tener que correr a última hora, o un poco antes, para sujetarse a algún aliado, ¿el menos neoliberal y el menos corrupto?

 

Pretendiendo que la sombra no los opaque del todo, mostrando el músculo que no tienen, Pinzón y Córdoba también ascienden al escenario. Aquí estamos, no lo olviden. ¿Quién da más por estos pocos votos?, es perceptible la voz que sale de ambas sedes.

 

Las alianzas

 

Pasarán las semanas que nos separan del último domingo de mayo, tal vez unas pocas, tal vez unas más, y las alianzas tomarán forma. Presionado por la obsesión que con el poder tiene su inocultable jefe, Duque está decidido a intentar llegar a la Casa de Nariño de un solo envión, “el mío es el más largo”, dirá, de salir ungido, para lo cual su alianza más factible es con los conservadores, que con sus casi 2 millones de votos –sumados a los 6 que ya tiene en el bolsillo– le garantizarían coronar su propósito. ¿Logrará el pastranismo convencer a sus antiguos compañeros de partido o prevalecerán las rencillas por el poder que terminaron distanciándolos? El plato está casi servido y los aromas provocadores…


¿Quién suma igual? Todos los partidos deben ser conscientes de esto, llevándolos a intentar juntar lo que más puedan a partir del encuentro entre varios. De esta manera podrían cuajar alianzas entre: Cambio Radical (2.155.487) más liberales (1.901.933) más Colombia justa libre (431.418) más Partido Unión ciudadana (354.042), partidos, organizaciones o siglas, todos, de igual estirpe. El resultado los deja por debajo de los cinco millones de votos, lo que los obligaría a intentar llevar a esta alianza al Partido de la U (1.853.054). ¿Imposible? ¿Estará Santos inclinado por esta componenda? ¿Logrará mover todos sus recursos para hacerla viable y obligar al Centro Democrático a una segunda vuelta?

 

¿Hacia dónde girará Gustavo Petro? Él siempre concita a los otros candidatos a sumársele, ¿encontrará eco? Estará dispuesto a llegar a otra campaña como segundo? Difícil. Las cuentas de la lechera siempre son alegres, y en el camino se rompe la vasija. Petro cuenta con una importante votación, pero nunca del tamaño requerido para ser ungido como Presidente en el 2018. ¿Tendrá capacidad para romper la apatía nacional y para quitarle a la izquierda las dos banderillas que ahora la tienen lesionada: la deuda moral y ética de las Farc con la sociedad colombiana, y los ecos de la crisis que padece Venezuela? Difícil.

 

Hay que precisar. Petro arrastró una votación 5 veces superior a la reunida por la Lista de la decencia, explicable porque recibió votos de la izquierda, pero además de militantes del Polo, de los Verdes y, sobre todo, de votantes independientes que ven que en él una opción anti establecimiento. Sin embargo, si nos apegamos a los números alcanzados por la izquierda el 11 de marzo, es claro que todavía el 83 por ciento del electorado no ve en ella un referente.

 

Distancia con las mayorías que han logrado profundizar desde el poder con la propagandización del Castro-chavismo y todos sus males. Paradójico, mientras desde el poder atizan este temor, en ninguna de las fracciones que clasifican como izquierda –incluyendo a las Farc– defienden un programa político anticapitalista, por lo que simplemente no existe a nivel electoral una política con vocación y capacidad real de disputar el modelo económico y político vigente.

 

Por su parte, los Verdes están contentos con el resultado obtenido para el Congreso (1.317.429), pero sumados estos votos con los del Polo –también satisfecho por lo conservado (736.367)– escasamente alcanzan dos millones de votos. Podrán cuajar una alianza con Petro / Caicedo (3.368.000), más Lista de la decencia (523.286), más los liberales (1.901.933)?, única opción para disputarle el gobierno a los mismos de siempre, aunque con una parte de ellos. Y de buscarse esta alianza, ¿quién cederá la cabeza de la campaña, Fajardo, Petro, de La Calle? Difícil vaticinarlo, como difícil es reunirlos. ¿Cuántos votos de opinión podría arrastrar Fajardo por cuenta propia?, una confianza excesiva en su propia fuerza puede sellar su tumba.

 

Una alianza de este tipo expresaría de mejor manera el descontento de un sector significativo de la población frente al establecimiento, corrupto y tradicional, aunque la participación liberal en parte la mellaría, por ser lo contrario de lo ofrecido. Sin embargo, parece que las vitaminas poco alcanzan para su desarrollo neuronal y el bombeo a un corazón más solidario y colectivo, pues la falta de prospectiva organizativa de estos movimientos centrados en líderes, con reportorios políticos limitados a la gestión institucional, y con programas de conciliación, le hacen el juego al discurso del establecimiento, donde la paz no es reconocida como una reivindicación histórica del pueblo colombiano, sino como una excusa para la reconciliación con ciertos sectores de la élite, lo que le imprime un grado de tibieza, y de mayor intrascendencia a lo que proponen.

 

En estas condiciones, más allá de las sumas y restas, todos estos partidos y organizaciones electorales tienen ante sí el reto de romper la indiferencia, el descontento, y el desconocimiento para el trámite del tarjetón evidenciado el segundo domingo de marzo. ¿Existirá alguna de esas propuestas y esos liderazgos con capacidad para conmover a los millones de jóvenes desempleados o mal pagos que habitan en las ciudades y que buscan con afán una alternativa para sus vidas, y que muy seguramente no acudieron a votar el marzo? Algunos encuentran luz en las iglesias político-cristianas, pero otros mucho no. ¿Podrán esas campañas poner en su sitio al Centro Democrático y sus aliados, para evitar que su botón apriete al país entre el 2018-2022? ¿Podrán esos nuevos liderazgos despintar la imagen de Uribe, alguien que logró una contrarrevolución en Colombia antes de que cuajara una revolución?

Publicado enColombia
Sábado, 31 Marzo 2018 10:44

¿Quién lo tiene más largo?

¿Quién lo tiene más largo?

Todos pueden ser elegidos como Presidente. Según diversos analistas, esa es una de las principales enseñanzas de las elecciones del 11 de marzo. Hasta antes de esa fecha y según las encuestas, por fuera de tal posibilidad estaban Vargas Lleras y Humberto de La Calle, ambos reposicionados, el primero por su crecimiento parlamentario y el segundo porque pese a todo lo previsto el Partido Liberal logró sobreaguar.

 

Correspondiente con tal conclusión, unos y otros declaran ser imprescindibles, triunfadores, cabeza de cualquier posible coalición, conducto indispensable para hacer realidad la conclusión de los opinadores de oficio.

 

Estamos pues ante un juego de simulaciones y/o apariencias, como cuando Trump le aseguró a Kim Jong-un que su botón nuclear era más largo. Su contrario aseguró lo propio.

 

Entonces, en el caso colombiano, ¿quién lo tiene más largo? ¿Petro? ¿Duque? ¿Vargas Lleras? ¿de La Calle? ¿Fajardo? ¿O tal vez Córdoba o Pinzón?

 

Puede ser uno u otro, pero lo cierto es que más allá de esa fingida musculatura, a ninguno le basta para ser elegido y ganar en primera vuelta sin concertar una alianza con uno o varios de sus contrincantes.

 

Los escenarios

 

Ni Duque, que prolonga el embrujo uribista pese a toda la violencia paramilitar y el desafuero sufrido con los derechos humanos y el modelo económico en nuestro país. Dicen sus adalides en los medios de comunicación oficiosos que con un poco de esfuerzo podría vencer en la primera vuelta. Pero los resultados del mismo 11 de marzo, apoyados además en la historia electoral reciente del país, evidencian que ya está sobre su propio techo.

 

Tampoco Vargas Lleras, a pesar de estar apoyado en todo el esfuerzo de la Casa de Gobierno y en la clientela aceitada desde los distintos ministerios ocupados durante los últimos ocho años. “Le falta pelo para el moño”, a pesar de inyectar a sus impulsores regionales con vitaminas llenas de pesos.

 

De La Calle, inflando el precario resultado del 11 de marzo, alza sus brazos de flácida musculatura, como diciendo “yo soy el más fuerte”, además del más ético, pero no logra convencer a las mayorías ya que detrás de su espalda alcanzan a verse los lazos tensados por brazos de hijos de varones electorales, espurios en su mayoría, como lo es su partido.

 

Vanagloriándose de sus casi tres millones de votos, Petro pide que le agreguen discos a la mayúscula pesa que levantó en los comicios del segundo domingo de marzo, “yo lo puedo todo”, repite una y otra vez, sin percatarse que con un voto mayoritario de izquierda aún no alcanza a movilizar ni a conmover al país nacional, el que sí le inyectaría las vitaminas necesarias para dar el envión que requiere para alcanzar su soñada presidencia.

 

Sentado en la esquina de un barrio de élite de una de las principales ciudades del país, mirando con desdén a todos sus contrincantes, Fajardo deja escuchar dos o tres lugares comunes, entre ellos que el país necesita reconciliación y que el centro es la vía, “y yo soy el centro, yo venceré”. El sobreesfuerzo que tendrá que realizar para llegar hasta la meta, lo llevará a quebrar su “pureza”, al tener que correr a última hora, o un poco antes, para sujetarse a algún aliado, ¿el menos neoliberal y el menos corrupto?

 

Pretendiendo que la sombra no los opaque del todo, mostrando el músculo que no tienen, Pinzón y Córdoba también ascienden al escenario. Aquí estamos, no lo olviden. ¿Quién da más por estos pocos votos?, es perceptible la voz que sale de ambas sedes.

 

Las alianzas

 

Pasarán las semanas que nos separan del último domingo de mayo, tal vez unas pocas, tal vez unas más, y las alianzas tomarán forma. Presionado por la obsesión que con el poder tiene su inocultable jefe, Duque está decidido a intentar llegar a la Casa de Nariño de un solo envión, “el mío es el más largo”, dirá, de salir ungido, para lo cual su alianza más factible es con los conservadores, que con sus casi 2 millones de votos –sumados a los 6 que ya tiene en el bolsillo– le garantizarían coronar su propósito. ¿Logrará el pastranismo convencer a sus antiguos compañeros de partido o prevalecerán las rencillas por el poder que terminaron distanciándolos? El plato está casi servido y los aromas provocadores…


¿Quién suma igual? Todos los partidos deben ser conscientes de esto, llevándolos a intentar juntar lo que más puedan a partir del encuentro entre varios. De esta manera podrían cuajar alianzas entre: Cambio Radical (2.155.487) más liberales (1.901.933) más Colombia justa libre (431.418) más Partido Opción ciudadana (354.042), partidos, organizaciones o siglas, todos, de igual estirpe. El resultado los deja por debajo de los cinco millones de votos, lo que los obligaría a intentar llevar a esta alianza al Partido de la U (1.853.054). ¿Imposible? ¿Estará Santos inclinado por esta componenda? ¿Logrará mover todos sus recursos para hacerla viable y obligar al Centro Democrático a una segunda vuelta?

 

¿Hacia dónde girará Gustavo Petro? Él siempre concita a los otros candidatos a sumársele, ¿encontrará eco? Estará dispuesto a llegar a otra campaña como segundo? Difícil. Las cuentas de la lechera siempre son alegres, y en el camino se rompe la vasija. Petro cuenta con una importante votación, pero nunca del tamaño requerido para ser ungido como Presidente en el 2018. ¿Tendrá capacidad para romper la apatía nacional y para quitarle a la izquierda las dos banderillas que ahora la tienen lesionada: la deuda moral y ética de las Farc con la sociedad colombiana, y los ecos de la crisis que padece Venezuela? Difícil.

 

Hay que precisar. Petro arrastró una votación 5 veces superior a la reunida por la Lista de la decencia, explicable porque recibió votos de la izquierda, pero además de militantes del Polo, de los Verdes y, sobre todo, de votantes independientes que ven que en él una opción anti establecimiento. Sin embargo, si nos apegamos a los números alcanzados por la izquierda el 11 de marzo, es claro que todavía el 83 por ciento del electorado no ve en ella un referente.

 

Distancia con las mayorías que han logrado profundizar desde el poder con la propagandización del Castro-chavismo y todos sus males. Paradójico, mientras desde el poder atizan este temor, en ninguna de las fracciones que clasifican como izquierda –incluyendo a las Farc– defienden un programa político anticapitalista, por lo que simplemente no existe a nivel electoral una política con vocación y capacidad real de disputar el modelo económico y político vigente.

 

Por su parte, los Verdes están contentos con el resultado obtenido para el Congreso (1.317.429), pero sumados estos votos con los del Polo –también satisfecho por lo conservado (736.367)– escasamente alcanzan dos millones de votos. Podrán cuajar una alianza con Petro / Caicedo (3.368.000), más Lista de la decencia (523.286), más los liberales (1.901.933)?, única opción para disputarle el gobierno a los mismos de siempre, aunque con una parte de ellos. Y de buscarse esta alianza, ¿quién cederá la cabeza de la campaña, Fajardo, Petro, de La Calle? Difícil vaticinarlo, como difícil es reunirlos. ¿Cuántos votos de opinión podría arrastrar Fajardo por cuenta propia?, una confianza excesiva en su propia fuerza puede sellar su tumba.

 

Una alianza de este tipo expresaría de mejor manera el descontento de un sector significativo de la población frente al establecimiento, corrupto y tradicional, aunque la participación liberal en parte la mellaría, por ser lo contrario de lo ofrecido. Sin embargo, parece que las vitaminas poco alcanzan para su desarrollo neuronal y el bombeo a un corazón más solidario y colectivo, pues la falta de prospectiva organizativa de estos movimientos centrados en líderes, con reportorios políticos limitados a la gestión institucional, y con programas de conciliación, le hacen el juego al discurso del establecimiento, donde la paz no es reconocida como una reivindicación histórica del pueblo colombiano, sino como una excusa para la reconciliación con ciertos sectores de la élite, lo que le imprime un grado de tibieza, y de mayor intrascendencia a lo que proponen.

 

En estas condiciones, más allá de las sumas y restas, todos estos partidos y organizaciones electorales tienen ante sí el reto de romper la indiferencia, el descontento, y el desconocimiento para el trámite del tarjetón evidenciado el segundo domingo de marzo. ¿Existirá alguna de esas propuestas y esos liderazgos con capacidad para conmover a los millones de jóvenes desempleados o mal pagos que habitan en las ciudades y que buscan con afán una alternativa para sus vidas, y que muy seguramente no acudieron a votar el marzo? Algunos encuentran luz en las iglesias político-cristianas, pero otros mucho no. ¿Podrán esas campañas poner en su sitio al Centro Democrático y sus aliados, para evitar que su botón apriete al país entre el 2018-2022? ¿Podrán esos nuevos liderazgos despintar la imagen de Uribe, alguien que logró una contrarrevolución en Colombia antes de que cuajara una revolución?

Publicado enEdición Nº244
Jaime Durán Barba: “A nadie le importa un carajo eso de izquierda y derecha”

El gurú de Macri se ve vencendor, pero advierte: "El peronismo es una religión, no se puede acabar en un día”

 

Jaime Durán Barba, el gurú ecuatoriano de Mauricio Macri, su principal asesor estratégico y de comunicación, es a sus casi 70 años uno de los personajes más criticados por el poder argentino. Le acusan de pensar solo en la imagen y olvidarse de la política real. Pero esas críticas se apaciguan cuando Macri obtiene buenos resultados electorales, como pasó hace dos semanas. Ahora todos se rinden a las técnicas modernas de Durán Barba, concentradas en redes sociales, mensajes sencillos, poco discurso y mucho análisis de encuestas. Acaba de publicar un libro -La política en el siglo XXI, arte, mito o ciencia (Debate)- en el que explica con detalle ese método exitoso. Rápidamente se ha colocado entre los más vendidos en Argentina.


Pregunta. Usted dijo que fue un milagro que Macri ganara en 2015. ¿Se consolida el milagro?


Respuesta. Desde 2006 nunca perdimos una elección, y van nueve. Hay una metodología que nos hace eficientes en las elecciones. Porque es un trabajo científico, que se basa en no tener prejuicios. Nosotros por ejemplo analizamos todo lo que pasaba a nivel de manzana en el conurbano, dónde hay cloacas y no, luz o no, quien manda a sus hijos a la escuela y quien no.


P. Pero justo en el conurbano es donde peor les va, ahí gana Cristina Kirchner.


R. Ahí hay mucha pobreza. Son barrios formados cuando ya había un esquema populista. Siempre hubo este aparato de los llamados punteros, que otorgan pequeños beneficios pero mantienen la pobreza.


P. Cristina Kirchner usó sus mismas armas esta vez, mucho márketing político. Y ganó en Buenos Aires. ¿Les descolocó?


R. Nos copiaron. Todo lo que hizo Cristina está en el capítulo quinto de mi libro. Yo esperaba otra campaña, sin duda. La copia fue buena. Pero hizo un cambio tan radical, que no era creíble. Si yo saco a [María Eugenia] Vidal [la gobernadora de Buenos Aires, macrista] llena de joyas y dando alaridos, la gente va a decir “¿qué le pasa? ¿se volvió loca?”. Cristina hizo un cambio tan radical que la gente dijo “¿qué le pasó?”


P. Pero le fue bien a Kirchner, ganó con todo en contra.


R. No creo que se pueda decir que le fue bien porque empató con Esteban Bullrich [exministro de Educación]. Ahora es una líder barrial, ni siquiera provincial, casi cantonal [se ríe]. Para alguien que fue dos veces presidente empatar frente a un joven exministro de Mauricio no es un gran triunfo. Jugó un candidato totalmente bisoño con una de las políticas más importantes que ha tenido este país en décadas. Cristina es inteligente, valiosa, conoce lo que hace, tiene una experiencia política enorme. Ella no hizo su carrera por ser esposa de Néstor [Kirchner]..


P. ¿Perder contra ella no es una derrota?


R. Ganamos 101 municipios de Buenos Aires, ellos 16. Si perdemos la provincia de Buenos Aires no es una novedad, ha pasado durante 80 años. Lo grave para ellos es que perdieron San Luis, Córdoba o Santa Cruz, su provincia. Aguantaron en feudos que tienen controlados casi militarmente. Ella tiene un techo muy fuerte.


P. Muchos daban a Kirchner por acabada hace un año. ¿Usted no?


R. Nunca la di por muerta, yo siempre dije que podía ganar en Buenos Aires. El peronismo es una especie de religión política, no se puede acabar con ellos de un día para otro. El PRO hace tres años solo existía en la ciudad de Buenos Aires. Lo más importante de las últimas elecciones es que surgió un tercer partido nacional en Argentina. Más allá de si Cristina gana o pierde por cuatro votos. Dejó de ser una dirigente nacional.


P. ¿Cuál es el secreto de sus campañas?


R. Se trata de no hacer campaña como antes, con mítines, parafernalia. Nosotros estudiamos mucha psicología, como son los seres humanos. Desde la aparición de la televisión empieza a crujir la idea de los líderes estatua. Nosotros hacemos campaña sin mentir, sin actores. Va Macri a una casa y si lo reciben bien sale y si lo reciben mal obviamente no lo sacamos al aire pero no hay teatro. Nuestros políticos están en la calle, van a la compra. Porque lo más peligroso para un político es perder el sentido de la realidad, la egolatría. Se creen tan sobrehumanos que terminan siendo una tontera. Hay que ser normales, no tener sirenas, escoltas. Eso ayuda al equilibrio psicológico. En el grupo de Macri trabajamos mucho eso para evitar el síndrome de Hubris (el de los que creen que lo saben todo). Ya no hay estatuas ni dioses, solo seres humanos. Solo un ignorante puede pensar que lo sabe todo. Y Macri no lo es.


P. ¿La crisis económica puede acabar con Macri?


R. Hay mucha gente que lo está pasando mal. Claro que es un problema. Pero lo que sustenta el macrismo es la esperanza. La gente en las encuestas dice que está mal pero cree que va a estar mejor. Veamos el francés Macron, el único parecido a Macri en el mundo. Se ha hundido su popularidad en tres meses. Macri es el presidente mejor valorado del continente. Que Macri, después de tomar medidas de ajustes que fueron inevitables, y cuando todavía no se ven los resultados, gane las elecciones intermedias, es un poco absurdo. Es una victoria espectacular.


P. ¿Sigue pensando que la ideología no importa?


R. Cada semana tenemos personas del partido timbrando las casas. La gente nunca nos habla de nada de lo que le interesa al círculo rojo [así llama al mundo de la política y la prensa]. Jamás dicen vos sos de izquierda o de derecha. A nadie le importa un carajo eso. Estadísticamente en Argentina hay un 7% de izquierda y un 5% de derecha. Al resto no le interesa. Y la prensa no para de decir que Macri se va a la derecha o al centro. ¿Quién lee hoy a Perón, a Yrigoyen? Nadie. La ideología lleva a hacer locuras. En España, por ejemplo, Podemos es un movimiento muy interesante, pero cuando apoyan a la dictadura militar venezolana se hunden, y lo hacen por ideología, porque dicen que son antiimperialistas.


P. ¿Argentina se ha convertido en un laboratorio de márketing político, una guerra en internet entre consultores? Esta campaña parecía una batalla entre usted y el español Antoni Gutierrez-Rubí, que asesoraba a Cristina.


R. Los consultores son necesarios. Pero creo que lo de Cristina fue un error. Su gente está acostumbrada a seguir al líder, ahora ella viene diciendo que es una más y muchos dicen ¿qué le pasa? Ahora pesa mucho más lo que la gente dice en Facebook que lo que dice el propio candidato. El vídeo de Vidal y Brancatelli [un choque de la gobernadora con un periodista kirchnerista] lo vieron tres millones de personas. Eso mueve mucho más que el editorial del periódico Perfil en el que yo escribo, por ejemplo. Mi columna me cuesta mucho trabajo, pero me leen unas 10.000 personas. Yo no influyo nada, ese vídeo de Vidal sí.


P. Pero ese enfrentamiento estaba preparado por usted, ¿no?


R. Eso es otra cosa. Yo soy un técnico que sabe hacer campañas electorales, que es creativo, y ahí sí logro influir. Venimos trabajando desde 2004, en México, cuando nos dimos cuenta que la internet era una revolución total para la política. Estamos mirando todos los días para no quedarnos atrás. Cristina también se mueve bien en internet, es evidente que ha leído obras actuales. Los políticos que no han leídos cosas de esta época post internet no entienden nada. Ha colapsado el sistema político. Mira México, Brasil, Chile. En Perú casi todos los expresidentes están en la cárcel.


P. ¿Por qué aguanta Macri?


R. Porque entiende el nuevo tiempo, evita la pedantería. Si Macron tuviera tres personas del equipo de Macri aguantaría mejor. Muchos no entienden este nuevo mundo en el que los jóvenes se sienten totalmente libres. Es horizontal, hay que analizarlo de otra manera. En Argentina llegó un cambio que vino para quedarse. Este era el peor momento para Macri, porque tomó medidas difíciles y aún no se ven los resultados. Y lo ha superado.


P. ¿La gran ventaja de Macri es la división de la oposición?


R. Es evidente que no cuajaron las alternativas a Cristina como [Sergio] Massa. Es una ventaja. Lo que pasó con los Kirchner fue demasiado escandaloso, hay mucha gente que quedó fastidiada.


P. ¿Y el mayor riesgo para Macri cuál es?


R. Que tengamos un fracaso económico serio. ¿Puede pasar? Y sí, si este loco de EEUU le bombardea al loco de Corea, todo puede pasar. Pero no creo. El cambio en Argentina no es fácil, es un país muy corporativista, con mentalidad muy de mediados del siglo XX. Pero hay procesos políticos. Más de la mitad de los argentinos han asumido que este país no da más con este modelo y hay que cambiarlo. Ganar estas elecciones ha sido un triunfo espectacular. Y el 22 de octubre [las elecciones definitivas para renovar buena parte del Congreso] vamos a ganar porque hay una ola.


P. Cristina entonces no podrá volver al poder en 2019?


R. Pensar que porque Cristina Fernández pueda ganar en Buenos Aires puede volver a la presidencia es pensar que unos barrios son toda Argentina. No es así. Es puro mito todo. En todos los países hay gente que gana en una provincia o una ciudad y no puede hacer nada a nivel nacional. Nada es imposible en política pero es muy poco probable que vuelva.

 

Buenos Aires 23 AGO 2017 - 15:50 COT

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Lunes, 17 Julio 2017 06:57

Todo lo contrario

Todo lo contrario

Dicen que la estadunidense es el ejemplo planetario de la democracia. Pero si esto fuera democracia, sería todo lo contrario de lo que es ahora. De hecho, tal vez el mensaje implícito en casi todas los sondeos y análisis de la llamada opinión pública se podría resumir con acento argentino: "¡qué se vayan todos!"

Tal vez lo más notable en este país –es que el pueblo– tan manipulado con las muy sofisticadas ciencias políticas del manejo exquisito del temor (entre los países avanzados, no hay duda que el superpoder es el más miedoso), la retórica simplista pero efectiva de la "libertad" y el "bien", y el discurso materialista vestido de religión –a fin de cuentas no se la cree. De hecho, cada vez menos. Esto es, a la vez, alarmante y esperanzador.

Por un lado, la creciente enajenación entre el pueblo y las llamadas "instituciones democráticas" –incluyendo a los medios– permite que surjan personajes protofascistas, como Trump. Por otro, registra que el pueblo sí tiene un sentido común que no se traga la historia oficial de la democracia y que percibe a la cúpula como opuesta a sus intereses. Estas son afirmaciones muy generales y, por supuesto, es mucho más complicado, pero el hecho es que una y otra vez en las encuestas se registra no sólo la desaprobación a los supuestos representantes del pueblo, sino a casi todas sus propuestas políticas.

Tres cuartas partes de estadunidenses opina que tienen muy poca influencia sobre Washington, y mayorías no tienen confianza en casi todas las instituciones nacionales, según una nueva encuesta de Associated Press/NORC. El consenso es que los trabajadores, los pobres y los pequeños comerciantes tienen poco poder en Washington, mientras los grandes empresarios, los cabilderos y los ricos tienen demasiada influencia.

Y, según ese mismo sondeo, la confianza en las instituciones que supuestamente representan a las mayorías es casi nula. Sólo 6 por ciento expresa tener amplia confianza en el Congreso. Catorce por ciento dice tener gran confianza en la rama ejecutiva (la Casa Blanca y todas las secretarías), y 24 por ciento opina lo mismo sobre la Suprema Corte.

Sólo uno de cada 10 confía mucho en las principales empresas, bancos y sindicatos.

Más aún: sólo alrededor de 11 por ciento dice tener gran confianza en los medios noticiosos.

El presidente sigue con niveles de aprobación históricamente bajos. Sólo 36 por ciento avala (y 58 desaprueba) la gestión de Trump, el nivel más bajo del primer semestre de cualquier presidente en por lo menos 70 años, según la encuesta más reciente del Washington Post/ ABC News, difundida este fin de semana. Dos tercios no confía en su capacidad de negociar con otros líderes en nombre de Estados Unidos. En torno a sus políticas, por dos contra uno los ciudadanos prefieren la reforma de salud de Obama contra el plan republicano impulsado por el presidente; y contra casi toda la cúpula republicana, 63 por ciento contra 27 opina que es más importante ofrecer seguro de salud para la gente de bajos ingresos que recortar impuestos. Todo lo contrario a la agenda de los que están en el poder.

Pero esto no necesariamente beneficia a la llamada "oposición" demócrata. En repetidas encuestas, desde que llegó Trump, los demócratas en colectivo no gozan de mayor aprobación que el presidente. En la encuesta de ABC News, la más reciente, sólo 37 por ciento señala que el Partido Demócrata representa alguna oposición, mientras 52 por ciento dice que se define sólo contra Trump pero no en favor de algo.

De hecho, esto explica en parte la ausencia de una oposición política más masiva contra Trump a escala nacional –es mucho más presente a nivel estatal y local–, ya que el Partido Demócrata no ha logrado presentarse como la alternativa creíble. Pero vale repetir que en algunos sondeos nacionales el senador autoidentificado como "socialista democrático" Bernie Sanders continúa siendo el político más popular en este país. Sanders y sus aliados siguen tratando de crear justo esa corriente alternativa dentro del Partido Demócrata, disputando su futuro a escala nacional.

Hay síntomas curiosos que tienen que ver con el momento. Qué hace uno con esto: en una nueva encuesta del Pew Research Center, una amplia mayoría (58 por ciento) de republicanos y simpatizantes cree que las universidades dañan al país. Setenta y dos por ciento de demócratas expresa que son positivas para el país. Supuestamente, uno debe consolarse con que una mayoría opina que las universidades ayudan al país, pero son apenas más de la mitad –55 por ciento. ¿Habrá otro país donde se desprecia tanto la educación superior?

Ah, y 85 por ciento de republicanos opina que los medios dañan al país.

Hasta los príncipes de la cúpula económica del país se han alarmado con que la "disfuncion" del gobierno sea tan grave que amenaza todo. Jamie Dimon, ejecutivo en jefe de uno de los bancos más poderosos del mundo, JP Morgan, comentó recientemente: "Es casi una vergüenza ser estadunidense viajando alrededor del mundo y escuchar la mierda estúpida con que los estadunidenses tienen que lidiar en este país".

John Oliver, el gran comentarista cómico, dijo que cuando supo del último escándalo de Trump –lo de la reunión de su hijo con rusos para recibir información contra Clinton–, su primera reacción fue: "¡Guau! Esto es algo, siempre y cuando sigamos viviendo en un mundo donde algo aún tiene significado, y ya no estoy tan seguro de que sea así".

Todo esto indica que el discurso oficial y los mitos democráticos que han sostenido este país no están funcionando por ahora. ¿Qué implicaciones tiene esto? Algunas ya se están viviendo (el fenómeno de Trump), pero otras están por asomarse. Lo único que se puede concluir es que este país tal vez ya no puede definirse como democracia, pero tampoco es dictadura. Es todo lo contrario.

Tal vez toda esta desilusión explica la crisis en Nevada, donde el gobernador republicano del estado endosó medidas de emergencia para abordar la falta severa de.... mariguana. Es que se agotó ante una enorme ola de demanda, después de entrar en vigor la ley que legaliza la cannabis, el primero de julio.

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La elección en EU, lucha de personajes, no de proyectos

Dos factores caracterizan la contienda a seis días de los comicios presidenciales: el republicano Donald Trump está cerrando la brecha y abriendo nuevas posibilidades de un posible triunfo por primera vez y, la demócrata Hillary Clinton, aunque cada día menos, sigue con amplia ventaja en el mapa electoral.

Pero la sombra de Trump sigue oscureciendo cada vez más el panorama, y el coro que pregunta cómo es posible que esté tan cerca de la Casa Blanca se escucha cada vez con más volumen, y esto incluye al actual ocupante.

En parte, la contienda ahora ya no es entre dos candidatos, sino en torno a Trump, entre los que están tan hartos del sistema político que están dispuestos a apostar por un demagogo derechista en gran medida para tumbar a las cúpulas políticas, y entre los que temen esa amenaza y que votarán contra él, a través de su boleta, por Clinton.

Esto se ha vuelto, como señala el Cook Political Report, una pugna entre personalidades y no de posiciones o propuestas políticas. Ambos candidatos, vale repetir, son los más reprobados por la opinión pública en la historia moderna del país, con mayorías que rechazan a los dos.

Ninguno es confiable

Hoy, en la competencia entre quién es más impopular, Trump ahora le gana a Clinton por primera vez entre quién es más honesto; sólo 38 por ciento piensa que ella lo es, contra 46 por ciento que dice eso del republicano, en el sondeo más reciente de ABC News/Washington Post (o sea, la mayoría cree que ambos no son confiables).

La "carrera de caballos", término común para caracterizar las contiendas presidenciales, por ahora muestra que la diferencia en apoyo entre ambos candidatos en los sondeos nacionales está llegando a un empate. Hoy, en el promedio calculado por RealClearPolitcs de encuestas nacionales, Clinton sólo goza de una ventaja de 1.7 por ciento. Más aún, su ventaja calculada en el colegio electoral –donde un candidato requiere de 270 votos para ganar la presidencia– se ha reducido a 226 para ella frente a 180 para Trump.

A lo largo de esta contienda, cuando la atención se enfoca en un candidato, pierde apoyo, y en esta recta final –con el anuncio sorpresivo de la FBI sobre nuevos correos electrónicos, el goteo de otros más filtrados por Wikileaks que revelan aspectos negativos y hasta mentiras dentro de su campaña– las luces están sobre Clinton.

A pesar de estas tendencias en la opinión pública en este hipódromo electoral, los modelos de pronóstico siguen mostrando que Clinton tiene más del doble la posibilidad de ganar que Trump. En el de FiveThrityEight, dirigido por Nate Silver, Clinton tiene 68 por ciento de probabilidad frente a 32 por ciento para Trump; y The Upshot del New York Times le otorga a Clinton una posibilidad de 87 por ciento contra 13 para Trump.

Pero Silver advierte que si se aprieta más la contienda, "la campaña de Clinton estaría en riesgo", y se complicaría lo que hace sólo una semana parecía un mapa electoral que aseguraba su triunfo. Por ahora, indicó, la multitud de nuevos sondeos aún no aclara si Trump sigue avanzando, si la contienda ya se estabilizó o si Clinton se está recuperando. O sea, cunde la incertidumbre.

Por lo tanto, la noticia de esta semana es que un triunfo de Trump ya no se puede descartar como se suponía hace un par de semanas.

Todo gira en torno a quién participará en las urnas y como es difícil generar el voto a favor de los dos candidatos tan reprobados y dañados, el enfoque de las campañas es en gran medida sobre la urgencia de votar en contra del otro, y cómo representan una amenaza incluso mortal para el país.

La campaña de Clinton difundió un nuevo espot en televisión esta semana usando a la mujer que en 1964 era una niña en el famosísimo comercial del candidato demócrata Lyndon Johnson contra el ultraconservador Barry Goldwater, donde aparece la imagen de una pequeña niña y una flor y acaba con una nube nuclear, con un narrador que cuestiona si el público podría confiar el botón nuclear a ese político. La nueva versión usa declaraciones de Trump sobre armas nucleares y la mujer recuerda que Trump representa el mismo tipo de peligro. (Lo que no se menciona es que en su primera actividad política cuando estaba en la preparatoria, Clinton era activista en la campaña de Goldwater, que hacían llamar Goldwater Girls).

A la vez, su campaña desplegó su arma más poderosa y el político más popular del país –el presidente Barack Obama– quien hizo campaña para ella en Carolina del Norte, donde exhortó a jóvenes universitarios y a afroestadunidenses –dos sectores claves para Clinton y que no están mostrando el mismo entusiasmo con que ayudaron a llevar a Obama a la Casa Blanca– a votar. Declaró que aunque él ya no estaba en la boleta, "la igualdad está en la boleta, la justicia está en la boleta, nuestra democracia está en la boleta ahora mismo, y Hillary Clinton les da la oportunidad de avanzar en esa democracia".

Criticó a Trump, sin mencionarlo por su nombre, cuestionando su comportamiento personal y recordando que el republicano aceptó el apoyo de integrantes del Ku Klux Klan, y lo calificó de alguien que no tiene las características como para ocupar la presidencia.

Obama también se sumó a la crítica del director de la FBI por anunciar el viernes, a finales de una elección, que estaba indagando correos electrónicos posiblemente relacionados con una investigación previa sobre el manejo de correos oficiales de Clinton. En una entrevista, en sus primeros comentarios sobre el asunto, afirmó que cuando hay una investigación “no operamos con base en la insinuación... no operamos con base en filtraciones. Operamos con base en decisiones concretas...”

Trump, quien goza las noticias positivas en las encuestas y el anuncio de la indagatoria de la FBI, advirtió que Clinton "probablemente estará bajo investigación por muchos años y probablemente concluirá en un juicio criminal", afirmó, y en otro momento dijo que si es electa “se creará... una crisis constitucional. ¿No estamos cansados de los Clinton?”

Subrayó su mensaje insurgente en actos en Florida este miércoles, donde afirmó: "ella es la candidata de ayer; nosotros somos el movimiento del futuro". Un nuevo espot nacional transmitido durante el partido final de la Serie Mundial afirma que Trump es "un líder que no es parte del sistema".

Mientras tanto, una mujer que está demandando a Trump por violarla cuando tenía 13 años y que había convocado a conferencia de prensa este miércoles para revelar su identidad por primera vez, canceló a última hora y su abogada señaló que su cliente había recibido múltiples amenazas, igual que otras mujeres que han acusado a Trump con anterioridad.

Entre desconfianza, ira, hartazgo, encubrimiento y engaños, es difícil pronosticar el futuro inmediato de este proceso que dice ser democrático.

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