Miércoles, 15 Mayo 2019 06:00

Tucídides, Trump y la guerra con China

Tucídides, Trump y la guerra con China

Entre flotas con portaviones y aranceles de castigo, la administración Trump amenaza a China. Quiere doblegar su poderío económico y frenar su influencia creciente en asuntos internacionales. La República Popular China ya es considerada "adversario" por el complejo militar-industrial de Estados Unidos y los principales medios de información de ese país repiten a coro el mensaje.

Los tambores de guerra se escuchan, y la evolución de los acontecimientos podría anunciar un conflicto bélico entre China y Estados Unidos en el futuro. El análisis de Tucídides sobre la guerra del Peloponeso es más relevante que nunca para el análisis de la coyuntura actual. La lección más importante en su obra es que la principal causa de la guerra es el factor emocional: el temor y la desconfianza.

China es percibida como adversario, porque Washington sabe que su supremacía no puede durar para siempre. La economía estadunidense puede todavía ser la más grande del mundo (dependiendo de la métrica), pero no necesariamente es la más fuerte. Su poderío depende, en buena medida, del papel que juega su divisa en el sistema monetario internacional. Sin embargo, el déficit comercial crónico es un claro indicador de algunas debilidades de la economía de Estados Unidos.

Del total de las exportaciones estadunidenses de bienes y servicios, las de manufacturas de alta tecnología (computadoras, aviones, máquinas herramienta y robots industriales, equipo científico, etcétera) representan 20 por ciento del total. A pesar del alto grado de complejidad de estos productos, Estados Unidos ya enfrenta una fuerte competencia internacional en estos rubros. En contraste, las exportaciones de servicios, entre los que se encuentran los servicios financieros, representan 33 por ciento de las exportaciones totales. Es claro que buena parte de esas ventas al exterior de servicios no se llevarían a cabo si el dólar estadunidense no fuera todavía la moneda hegemónica.

La guerra comercial de Trump contra China se inició en febrero de 2017, con aranceles de 30 y 20 por ciento sobre dos categorías de productos. A lo largo de ese año se fueron imponiendo aranceles a muchos otros productos, y China comenzó a responder con medidas compensatorias. Hoy se han interrumpido las conversaciones que se suponía llevarían a un nuevo acuerdo y el conflicto se ha intensificado. Estados Unidos ha impuesto nuevos aranceles de 25 por ciento sobre 200 mil millones de dólares de importaciones chinas, y Pekín ha anunciado que aplicará medidas compensatorias equivalentes.

¿Cuáles son los objetivos de Washington en esta guerra comercial? En el primer año de la guerra comercial el déficit comercial de Estados Unidos con China se incrementó 11 por ciento (pasó de 375 a 419 mil millones de dólares entre 2017 y 2018). Puede que el déficit se reduzca en los años siguientes, pero eso dependerá de muchos factores y también podría acarrear costos para los consumidores y empresas estadunidenses.

Los negociadores de Estados Unidos saben muy bien que el déficit bilateral no se va a reducir de manera significativa y que tampoco van a regresar las empresas que se fueron a China por sus bajos costos de mano de obra. Para ellas todavía quedan por explotar los paisajes demográficos de Vietnam, Cambodia e Indonesia. Entonces, ¿qué busca Washington con su belicosidad comercial?

Un indicio revelador está en las razones por las que la semana pasada se rompieron las negociaciones entre ambos países. Washington ha acusado a Pekín de renegar sobre los acuerdos a los que había llegado hacía meses. Esos convenios tienen más que ver con la política industrial y tecnológica de China, así como su legislación sobre propiedad intelectual. En este terreno, a Estados Unidos le gustaría doblegar al gigante asiático para mantener un predominio tecnológico que cada vez es más precario.

En el año 433 antes de nuestra era, Atenas impuso a la ciudad de Mégara una serie de severas sanciones económicas que amenazaban con asfixiarla. Ese decreto fue determinante y Esparta sintió que confirmaba sus peores temores sobre los designios de los atenienses para incrementar su poderío e influencia. El conflicto se presentó como inevitable y se desató la segunda guerra del Peloponeso, que terminó con la derrota de Atenas en 404 antes de nuestra era. El costo de la guerra fue terrible y Grecia nunca volvió a gozar de la autonomía que tuvo durante la era clásica. Para Tucídides, en su Guerra del Peloponeso, el factor emocional del miedo y la desconfianza fue la "causa más verdadera" de esa terrible guerra.

Hoy, la política de Washington frente a Pekín sigue el mismo derrotero. Miedo y desconfianza. ¿Preferirá Estados Unidos hundir al mundo en un conflicto nuclear antes que perder su hegemonía? Difícil responder, pero una cosa es cierta: la profecía de una guerra se cumplirá si Estados Unidos no abre el espacio que Pekín siente necesitar como potencia emergente. De adversario a enemigo no hay más que un solo paso.

Twitter: @anadaloficial

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Jueves, 28 Febrero 2019 15:41

Los pendencieros del orden

Los pendencieros del orden

“Si no fueran tan temibles 

nos darían risa, 

si no fueran tan dañinos 

nos darían lastima. 

Porque como los fantasmas,

sin pausa y sin prisa,

no son nada

si se les quita la sábana”1

 

¡Muerte a guerrilleros infiltrados en la universidad! ¡Muerte a los mamertos que apoyan al terrorismo! Son consignas que irrumpen desde voces subrepticias para amedrentar a las organizaciones sociales movilizadas y anunciar la cruzada del restablecimiento del “orden natural de la sociedad”, según la “verdad” de los sectores más recalcitrantes del país que pretenden convocar a la “unidad nacional” contra el enemigo interno y la amenaza del enemigo externo.

 

Construir la representación del enemigo común culpable de todo, es un recurso de histrionismo político, en esencia, una sucia farsa que, producto de una campaña sistemática, trastoca la realidad para generar miedo, odio y, en consecuencia, posicionar al salvador que es el mismo agitador del odio y del miedo. Con retórica efectista, este salvador aviva la falsa contradicción existente desde la Colonia en el inconsciente colectivo entre el bien y el mal, entre los buenos y los malos, y él en representación de la “gente de bien”, como suelen decir en causa propia, con una hoja de vida “impoluta, proba y transparente” es decir, sin tacha, ni pecado. Con la antigua sentencia inquisidora de “muerte a los pecadores e impíos”, pretenden unir en la fe de la política mesiánica a todos los sectores vulnerables al discurso del miedo y llevarlos a actuar con odio contra aquellos señalados en un abanico muy amplio y diverso de ser parte de ese enemigo común.

 

Su concepción providencial sobre la propiedad privada (que no fue tocada en los diálogos de La Habana, valga la aclaración), les hace ver el “fantasma del comunismo” en las reformas liberales pactadas en los acuerdos de paz con las Farc, acuerdos cuyo cumplimiento e implementación son exigidos por la población de todas las regiones afectadas por el abandono del Estado, población que demanda el fin de la violencia selectiva contra quienes exigen condiciones para el bien común y respeto a los derechos comunitarios.

 

Este reverdecer de la estrategia del enemigo interno y externo, tiene como contexto y pretexto dos sucesos que en esta coyuntura han engranado de tal manera que “ni mandados a hacer”: el atentado a la Escuela de Cadetes de la Policía General Santander y la arremetida “diplomática” para tumbar el gobierno venezolano.

 

La reivindicación del atentado por parte del Eln –atentado que concitó repudio, rabia y dolor ante las terroríficas escenas de jóvenes que estudiaban para ser policías y que murieron desmembrados– solo trajo una claridad en medio de la confusión: su autoría. Los efectos de la inexcusable acción fueron el desconcierto y la dispersión generalizada en la llamada, por ellos mismos, “sociedad civil”, que experimentaba un auge en la movilización elevando su nivel de indignación y conciencia, con demostrada creatividad en las convocatorias y sus mecanismos decisorios y de representación, como es el caso del movimiento estudiantil a nivel nacional. Todo esto haría suponer que, a la luz de los acontecimientos, el Eln sea el primer sorprendido por el precario y parcial análisis con el cual justificó su accionar en la compleja realidad política que vive al país.

 

Dar por terminado el proceso de dialogo con el Eln, tal como se estableció, parecería una obvia y justificada determinación de autoridad frente al atentado, pero terminar con un dialogo inexistente y cerrar la mesa de negociación a la que nunca asistió una delegación oficial del gobierno a dialogar, solo deja interrogantes. Son de conocimiento público los reparos, condiciones y exigencias del presidente Duque sobre el proceso de negociación que inició su antecesor, ¿por qué entonces, no se le puso fin a este proceso desde antes, si de ningún modo hubo condiciones para nombrar la comisión negociadora producto del reiterado “desacato” a las exigencias y condiciones del gobierno por parte del Eln? ¿Acaso estaban esperando la fecha de activación del plan internacional contra al gobierno de Maduro (10 de enero) para encontrar el pretexto que uniera y posicionara la idea de la complicidad del enemigo interno con el enemigo externo?

 

Exigirle “respetuosamente” a Cuba que capture y extradite a los miembros del Eln que permanecen en su territorio desconociendo los protocolos firmados para el caso de la ruptura de la negociación, sabiendo de antemano que el gobierno de Cuba debe cumplir con su aplicación, deja entrever que su interés no está en la anhelada captura de los miembros insurgentes. En esta coyuntura geopolítica, el cálculo que salta a la vista es acusar a los gobiernos de Cuba o Venezuela de proteger terroristas. Si Cuba no captura y extradita a los miembros del Eln podría ser denunciada por el gobierno de Colombia como un país que protege a los grupos terroristas, y si los países garantes en cumplimiento del protocolo (numeral 7) dejan en territorio venezolano a la delegación guerrillera para desde allí entrar a Colombia, el gobierno de Venezuela, o más bien Maduro, sería acusado de protector de terroristas, alentando así la idea del triángulo del mal (Cuba, Maduro y Eln “versión Duque”, o Cuba, Maduro y Nicaragua “versión Trump”). Esta representación ya anunciada, ha sido utilizada en los preámbulos del intervencionismo norteamericano en alianza con potencias europeas en territorios de su interés. Indudablemente, Noruega y Cuba como países garantes, reconocidos por ejercer una diplomacia de alto nivel, no actuarán sin acuerdo y coordinación con el Estado colombiano y en consecuencia, como es de conocimiento público, no van a traicionar lo pactado en los protocolos.

 

Después de pasados 20 días de la encrucijada planteada a Cuba por el gobierno colombiano y de no tener nada nuevo por decir, es evidente que este incidente hace parte del plan de intromisión para supuestamente “restaurar la democracia en Venezuela” sacando del poder a Maduro, y desestabilizando a Cuba. Sin embargo, el plan no se consolidó en el tiempo previsto, tal como lo evidencia el pronunciamiento del embajador Francisco Santos en su llamado a no perder la esperanza: “El plan diplomático está dando resultado. Esto apenas está comenzando, y no es fácil. Quienes creen que un abrir y cerrar de ojos el dictador iba a salir, pues no”2, reflexión que contrasta con lo dicho por el presidente Duque quien sentenció: “A la dictadura de Venezuela le quedan muy pocas horas, porque hay un nuevo régimen institucional que se está creando, gracias al trabajo que ha jugado Colombia y otros países”. Independientemente de los tiempos del “plan diplomático” de intromisión en los asuntos internos de Venezuela, en Colombia quedó cerrada toda posibilidad de una salida negociada con el Eln según lo contenido en la Política de Defensa y Seguridad del gobierno Duque.

 

La enajenación de sí mismo del presidente Duque al sentir la gloria temprana por su vertiginoso ascenso como mandatario con la mayor votación de la historia, unida a su posicionamiento como líder regional en esta coyuntura con Venezuela –de la mano de un “adulto mayor”, el secretario de Estado de los EEUU, Pompeo–, y con el atentado del Eln jugando a su favor, de seguro hará que crea superado el rechazo mayoritario, igualmente histórico, reportado en las encuestas. La vehemente retórica con la cual niega el derecho internacional y cierra toda posibilidad para una salida negociada con la guerrilla, hace prever que sus políticas frente al conflicto interno y externo sean más delirantes.

 

Con el frenesí que el partido de gobierno y sus aliados hacen “trizas” el Acuerdo de Paz con las Farc –saboteando, dilatando y deshaciendo–, es evidente que no solo pretenden negar la persistencia de las causas estructurales que reproducen la eterna violencia política, sino lo útil que resulta para sus intereses el maniqueo discurso del enemigo interno y externo, bajo cuya sombra esconden el temor a su verdadero enemigo: el pasado y presente de la verdad histórica.

 

A pesar del renacer impetuoso de la cruzada de la “gente de bien” que pretende mantener por todos los medios el viejo orden, hay que afirmar y afirmarse en que este país ya no es el mismo del periodo de la “seguridad democrática” aunque quieran volver a legitimarla e implementarla con la actual Política de Defensa y Seguridad del gobierno Duque. Ahora son múltiples las voces que se manifiestan desde diversas realidades con ejemplar valentía, expresando la necesidad histórica de cambiar las costumbres políticas y así transformar el viejo orden, no por viejo, sino por tramposo, corrupto, excluyente y violento, en síntesis, por ser un orden antidemocrático.

 

Nota: En estos tiempos azarosos no basta la dignidad y el coraje frente a tanta agresión, es necesario que todas las organizaciones agredidas se conecten con el mundo, las “alertas tempranas” lleguen al tiempo a todas las entidades, personas del mundo comprometidas en la defensa de la vida por medio de las redes, constituyendo grupos globales. Toda denuncia tiene que tener eco y respuesta en el mundo.

 

1 Estrofa de la canción “Los Macarras de la Moral”. Letra y Música: Joan Manuel Serrat. Álbum: Sombras de la China
2 Periódico El Tiempo 12-Feb-2019

Publicado enEdición Nº254
La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos aprobada en 2018

El pasado 30 de enero el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compareció ante el Congreso y Senado de Estados Unidos para presentar su ¨Mensaje sobre el Estado de la Unión. Esta obligación surge del mandato establecido en el Artículo II, Sección 3 de la Constitución de Estados Unidos. El mismo dispone que el presidente, ¨de tiempo en tiempo dará al Congreso información sobre el estado de la Unión y recomendará para su consideración medidas que juzgue necesarias y convenientes¨.


Como hemos señalado antes, esta tradición de comparecer ante el Congreso la inicia el primer presidente estadounidense Jorge Washington en su mensaje efectuado en 1790. En el año 1801 el presidente Thomas Jefferson alteró la tradición limitándose a enviar su mensaje por escrito, lo que continuó ocurriendo hasta que llega a la presidencia Woodrow Wilson en 1913, el cual retoma la tradición iniciada por el presidente Washington.


Quienes leyeron o escucharon al presidente Trump en su discurso, recordarán que en materia de seguridad nacional, colocó a la Federación Rusa y a la República Popular China como estados ¨rivales¨ de Estados Unidos. El tema del terrorismo, que durante los pasados presidentes había sido el eje de la discusión en materia de seguridad, particularmente luego de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, pasó a un segundo plano. Específicamente, Trump se refirió a Rusia y China recabando del Congreso el apoyo a su propuesta de modernizar y reconstruir el arsenal nuclear del país. A la misma vez ubicó, por un lado, a países como la República Islámica de Irán, la República Popular Democrática de Corea como países vinculados al terrorismo; y por otro lado, a la República de Cuba y la República Bolivariana de Venezuela como estados comunistas o socialistas sobre los cuales también Estados Unidos deberían presionar para modificar sus gobiernos. Fue en esencia un regreso al discurso, ya en parte trascendido, que caracterizó el mensaje de los presidentes estadounidenses durante el periodo de la guerra fría.


Estas declaraciones del presidente Trump no son el producto de un exabrupto. Tampoco son declaraciones impensadas, ni periféricas o accidentales dentro del marco de este tipo de mensaje. Tienen su asidero en el documento recientemente aprobado y dado a conocer por el gobierno de Estados Unidos titulado ¨Summary of the 2018 National Defense Strategy of the United States of America: Sharpening the American Military´s Competitive Edge¨.


Este documento, hecho público apenas unos días antes del discurso, es la porción desclasificada de un documento más detallado y amplio en el cual Estados Unidos delinea su estrategia militar para los próximos cuatro años.


El documento comienza señalando que al presente Estados Unidos se encuentra ¨emergiendo¨ de un período caracterizado por una ¨atrofia estratégica¨ donde las ventajas militares competitivas se han erosionado y el orden mundial establecido ha venido a menos. En su redacción queda establecido como umbral, que a partir de la formulación de esta nueva estrategia, será la competencia entre Estados Unidos y sus ¨rivales¨ y no el terrorismo, donde radican los fundamentos del accionar futuro de dicho país en materia de seguridad nacional.


La parte introductoria del documento señala que en la nueva estrategia, la República Popular China se considera un competidor económico ¨que intimida a sus vecinos¨, mientras militariza el Mar del Sur de China. En torno a la Federación Rusa, indica que ésta ¨ha violado las fronteras de naciones vecinas y utiliza su poder de veto sobre asuntos económicos, diplomáticos y decisiones relacionadas con la seguridad de sus vecinos.¨ Respecto a la República Popular Democrática de Corea, señala que a pesar de las sanciones impuestas por las Naciones Unidas, el país mantiene una retórica descuidada y fuera de la legalidad; mientras en el caso de la Republica Islámica de Irán, indica que su gobierno mantiene una actitud violenta, representando el mayor peligro y desafío para la estabilidad del Medio Oriente.


La propuesta de cambio que formula la nueva estrategia de defensa se centra en la importancia de aumentar la capacidad letal de Estados Unidos. Para ello propone mejorar una Fuerza Conjunta que tenga la capacidad de operar con sus aliados y que permita a su vez mantener la influencia y el balance de poderes necesario a los intereses de Estados Unidos en el orden internacional. No hacerlo, indica, degradaría la influencia de Estados Unidos, terminaría la cohesión existente hoy con sus socios y reduciría el acceso del país a los mercados, declinando así la prosperidad y los niveles de vida de los estadounidenses.


Para la prosperidad y seguridad de Estados Unidos, su principal desafío es lograr un renacer que a largo plazo le permita en términos competitivos enfrentar lo que llama ¨naciones revisionistas¨, ello en referencia a la República Popular China y la Federación Rusa, a los que acusa de sostener modelos de gobierno autoritarios. Como tal, plantea el peligro que Estados Unidos enfrenta si China, por ejemplo, logra posicionarse en la región Indo-Pacífico estableciendo allí un nuevo orden desplazando la hegemonía que hoy mantiene Estados Unidos en esa zona del mundo. El documento propone colocar ambos países en un sendero transparente y de no agresión.


En el caso de la Federación Rusa, el documento alude a sus avances frente a los países que hoy comprenden e integran la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Al hacerlo denuncia el uso del poder de veto por parte de Rusia en asuntos gubernamentales, económicos y decisiones diplomáticas para alcanzar tales fines y volver en su favor cambios en las estructuras de países europeos, y del Medio Oriente.


El documento acusa a la República Popular China y a la Federación Rusa de menoscabar el orden mundial existente, mientras denuncia a países como la República Popular Democrática de Corea y la República Islámica de Irán de desestabilizar sus respectivas regiones con el desarrollo de sus capacidades nucleares y su apoyo al terrorismo. Indica el documento que estos países han aumentado sus esfuerzos para expandir conflictos armados estableciendo nuevos frentes, violentando principios de soberanía, aprovechándose de la ambigüedad de algunos países.


En el caso del primero, denuncia su interés en incrementar el desarrollo de sus armas nucleares, biológicas, químicas, convencionales y no convencionales, al igual que el desarrollo de su capacidad para la producción de misiles con el propósito de obtener influencia sobre Japón, Corea del Sur y el propio Estados Unidos. En el caso del segundo, indica que el propósito que persigue es el respaldo a acciones terroristas y el desarrollo de sus sistemas de misiles.


Tanto la República Popular China como la Federación Rusa y estos otros países, indica el documento, compiten al presente por espacios de poder. Para ello han contribuido a incrementar esfuerzos en conflictos armados ampliando el uso de la coerción en diferentes frentes, violando los principios de soberanía, aprovechándose de la ambigüedad e interviniendo con la línea que divide los asuntos civiles de los objetivos militares.


Uno de los aspectos que el documento destaca es la intención de Estados Unidos en mantener su presencia y permanencia militar en países como Iraq y Afganistán. Como podemos recordar, han sido varios los presidentes de Estados Unidos que han ofrecido al su pueblo concluir la intervención militar en estos dos países. En el caso de Afganistán, la intervención militar de Estados Unidos se remonta a finales del año 2001 como parte del ultimátum dado al gobierno del Talibán tras los ataques a la Torres Gemelas y al Pentágono el 11 de septiembre de 2001; y en el caso de Iraq, la determinación del presidente George W, Bush de eliminar las supuestas armas de destrucción masivas que nunca fueron localizadas.


Que se indique en el documento que Estados Unidos pretende mantener su presencia en estos dos países es indicativo de que la presencia estadounidense nunca logró realmente su llamada pacificación y que dentro de los intereses de Estados Unidos en la lucha contra sus ¨rivales¨ en la región de Asia Central, éstos habrán de jugar un rol de importancia como parte de su estrategia de seguridad.


Dentro de las propuestas de desarrollo de nuevas capacidades defensivas y ofensivas para Estados Unidos, se incluyen nuevas tecnologías computadorizadas, el desarrollo de inteligencia artificial, una mayor autonomía operacional para las fuerzas armadas, el uso de robótica con fines militares, la biotecnología y otros desarrollos análogos en las ciencias, todos ellos puestos en función de las necesidades militares del país. El documento toma nota también del desarrollo del terrorismo a escala transnacional y el desarrollo de organizaciones criminales, no sólo capaces de penetrar los sistemas de informática de Estados Unidos, sino también de producir daños a los sistemas de defensa y gobierno del país.


Otro de los aspectos que destaca el documento es la importancia que reviste para la nueva estrategia de seguridad la integración de los esfuerzos que al presente llevan a cabo distintos departamentos como son los de Estado, Tesoro, Justicia, Energía, Seguridad Interna, Comercio, USAID, así como otros componentes de la comunidad de inteligencia y policía de manera que se construyan alianzas operacionales entre estas instancias. No se trata sin embargo de una idea novel. De hecho, los cambios operados en Estados Unidos en materia de seguridad desde los ataques a las Torres Gemelas y el Pentágono, ya planteaban con carácter de urgencia atender este compartir de información entre los distintos componentes de seguridad en Estados Unidos. Esta propuesta comenzó a estructurarse con las primeras Ordenes Ejecutivas promulgadas por el presidente George W. Bush tras los atentados, seguidas por la aprobación de la Ley PATRIOT y otras leyes relacionadas con la seguridad nacional de Estados Unidos. Lo mismo ocurrió a partir de esos sucesos, con el compartir de información entre los diferentes componentes de seguridad e inteligencia dentro de las fuerzas armadas en su relación con otros países, y el compartir de información crítica entre los organismos de seguridad civiles dentro de Estados Unidos y las jurisdicciones estatales y territoriales.


El documento identifica tres regiones a escala global en torno a las cuales la nueva estrategia de seguridad nacional habrá de dedicar gran atención: la región Indo-Pacífico, Europa y el Medio Oriente. Como parte de la inversión de recursos, se menciona modernizar las fuerzas nucleares, incluyendo aspectos de comando, control, comunicaciones e infraestructura de apoyo; el desarrollo de la presencia y capacidad de combate de Estados Unidos en el Ciberespacio; el mejoramiento de las funciones de comando, comunicaciones, computadoras, inteligencia, vigilancia y reconocimiento; el mejoramiento de los sistemas de misiles; mejorar la capacidad de atacar diversos objetivos mediante redes de misiles; la presencia de fuerzas de tierra, aire, mar y del espacio con capacidades de desplazamiento, operación, sobrevivencia, maniobras y regeneración en cualquier escenario de ataque; el desarrollo de las capacidades autónomas por parte de tales fuerzas de combate utilizando medios de inteligencia y equipos que compitan con los del contrario; y el desarrollo de capacidades logísticas que incluyan municiones, activos móviles, almacenaje y relaciones de Estados Unidos con sus socios y aliados.


Se trata en primera y última instancia, sin embargo, de iguales mecanismos de defensa y seguridad a los que recurren países a los cuales Estados Unidos demoniza en el documento, en la protección de su independencia y soberanía, haciendo lo propio dentro de sus respectivas fronteras. Así las cosas, lo que Estados Unidos reclama como permisible desde el punto de vista de seguridad para sí mismo, aparentemente no es permisible para otros Estados.


La nueva estrategia de seguridad nacional propone también el mejoramiento en el reclutamiento de efectivos militares y civiles, así como trabajar con el mejoramiento de los socios y aliados de Estados Unidos; ampliar sus actuales alianzas en las regiones Indo-Pacífico, Europa a través de la OTAN, las coaliciones existentes en el Medio Oriente y aquellas que existen a nivel del Hemisferio Occidental. Sobre estas últimas, el documento hace un llamado al mantenimiento por parte de Estados Unidos de su liderato en ella. Finalmente llama la atención el señalamiento en torno a atender las amenazas terroristas que hoy se desarrollan en África.


Ciertamente el documento hecho público por el gobierno de Estados Unidos, a diferencia del contenido del discurso que el presidente Trump presentó el pasado 30 de enero ante el Congreso, omite toda referencia a países como Cuba y la República Bolivariana de Venezuela. Sin embargo, tal omisión no debe señalarse como una inconsistencia. Recordemos que el documento circulado es la parte que ha sido ¨desclasificada¨ por el propio gobierno; es decir, debemos presumir que hay otras partes importantes que no han sido dadas a conocer al público. El que Trump haya mencionado en su mensaje sobre el estado de la Unión a Cuba y Venezuela, sin embargo, debe sugerirnos que ¨algo¨ en torno a estos dos países podría estar contemplado en el documento oficial no desclasificado.


Independientemente de la secretividad que sobre esa otra parte del documento se guarde, sabemos que tanto Cuba como la República Bolivariana de Venezuela están desde hace tiempo dentro de las coordenadas de intervención de Estados Unidos con los países de nuestra región. Para ambos, hace ya años Estados Unidos ha venido desarrollando importantes programas de desestabilización económica, política, diplomática y militar. Serán los pasos y las acciones que Estados Unidos vaya dando más adelante las que nos darán la certeza de que en efecto, Cuba y Venezuela sí están presentes en tan importante documento sobre seguridad nacional de Estados Unidos.

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Trump apunta a Rusia y China como rivales que amenazan la prosperidad de EEUU

La nueva estrategia de Seguridad Nacional devuelve el mundo al conflicto entre superpotencias y elimina el cambio climático como peligro

 

China y Rusia constituyen para Estados Unidos dos poderes “revisionistas” que buscan erosionar la prosperidad americana y crear un mundo en las antípodas de los valores americanos. Esa es la columna vertebral de la estrategia de seguridad presentada este lunes por Donald Trump, un documento que elimina el cambio climático como amenaza, recupera el lenguaje de rivalidad de la Guerra Fría y plasma la doctrina del América Primero con la habitual dosis de contradicción del trumpismo. Washington señala como enemigos a Moscú y Pekín, pese a los intentos de proximidad que el nuevo presidente americano ha mostrado con sus líderes desde que llegó a la Casa Blanca.


La hoja de ruta en materia de seguridad ha llegado a los 11 meses de la era Trump, fruto de lo que la Casa Blanca asegura que ha supuesto un amplio debate entre funcionarios y asesores. El mundo que dibuja es uno en el que la carrera entre superpotencias vuelve al primer plano tras unos años de algo parecido a una tregua o, peor, un descuido. “Después de haber sido desestimada como un fenómeno del siglo pasado, la competencia entre grandes poderes ha vuelto”, dice el documento. Y en esa pugna, China y Rusia son los rivales a vencer: “Están decididas a hacer las economías menos libres y menos justas, a hacer crecer sus Ejércitos, controlar la información y reprimir sus sociedades para expandir su influencia”, añade.


El documento revela, en el fondo, la pugna de Estados Unidos y China por el predominio mundial, en un momento en el que el gigante asiático juega al contrapoder de la América de Trump, toma la bandera de la lucha contra el cambio climático o se pasea por el Foro económico de Davos como líder económico alternativo, frente al repliegue de Washington en los tratados internacionales. Y al margen del relato, hay datos que preocupan en la Casa Blanca: la economía china ha superado a la estadounidense si se mira el poder de paridad de compra.
Las referencias a otras potencias, sobre todo China, como "socios estratégicos", que solían usar presidentes demócratas como Barack Obama o Bill Clinton dan paso ahora al apelativo de "competidor", un cambio de prisma que agradará a los halcones que veían en el globalismo de Obama un exceso de generosidad o ingenuidad.
El cetro de la economía


"América vuelve con fuerza", proclamó Trump al principio de la presentación de la estrategia, "América va a a ganar", concluyó. La hoja de ruta se encuentra más cerca del discurso del Trump candidato, el que bramaba contra las ventajas que las reglas de juego comerciales suponían para China, en perjuicio de Estados Unidos, que al presidente que ha tratado de congraciarse con Pekín para lograr más presión contra el régimen de Corea del Norte.


De hecho, el Gobierno americano ha llegado a hacer explícito que la negociación para reducir el enorme déficit comercial con el gigante asiático se vería afectada por los avances en las conversaciones sobre el conflicto norcoreano y su escalada nuclear. En su visita a China, el presidente americano jugó a la Real Politik y obvió por completo, al menos en público, cualquier mención a los derechos humanos.


"Sabemos que necesitamos a China, para continuar trabajando con ellos en el problema de Corea del Norte. No es mutuamente excluyente. Estamos trabajando juntos para cooperar al mismo tiempo que reconocemos que también existe competencia", señaló un funcionario de la Administración Trump en una conferencia informativa previa a la presentación del plan.
Aun así, en la estrategia queda claro que la aseguridad nacional pasa también por la seguridad económica y recalca que Estados Unidos "no seguirá cerrando los ojos ante las violaciones de normas, las trampas o las agresiones económicas". Asímismo, Washington apunta que la asunción de que la entrada de los países conflictivos en organismos internacionales les acaba convirtiendo es "socios fiables" y "actores benignos", se trata de "una premisa falsa".


Propaganda y 'trolls' rusos


También hay contraste entre lo que dice este documento de seguridad y las palabras que el mandatario estadounidense ha dedicado hasta ahora a Vladímir Putin. Trump ha llegado a cuestionar a los servicios de inteligencia estadounidenses, que dan por segura la injerencia del Kremlin en las elecciones presidenciales, y ha elogiado en varias ocasiones al líder ruso. Esta simpatía, de hecho, ha causado desoncierto en esos republicanos más tradicionales que siguen viendo a Rusia como su viejo enemigo de la Guerra Fría, máxime cuando existe una investigación en marcha sobre si la campaña de Trump colaboró con Moscú en esa estratagema para dañar la candidatura de la demócrata Hillary Clinton y favorecer la llegada a la presidencia del empresario neoyorquino.


Trump ha dicho públicamente que cree en la palabra de Putin, por encima de la del FBI o la CIA, cuando niega semejante campaña y ha destacado la inteligencia del presidente ruso. Pero en la estrategia ha dejado escrito que "China y Rusia usan la tecnología, la propaganda y la coerción para crear un mundo que es la antítesis de nuestros intereses y valores". En concreto, Washington considera que ambas países intenta revisar el status quo global, en el caso de Rusia, con sus incursiones militares en Ucrania y Georgia, y, en el de China, su intervención en el mar de China Meridional.


Las contradicciones con el discurso oficial de Trump asoman también cuando el documento apunta a las campañas de propaganda de Rusia, a la que acusa de “usar las operaciones de información como parte de sus ciberesfuerzos por influir en la opinión pública a lo largo del globo". Sus campañas de influencia mezclan operaciones de inteligencia encubiertas y falsos personajes online con medios financiados estatalmente, intermediarios terceros, usuarios de redes sociales pagados o trolls".



El cambio climático ya no es una amenaza


El documento señala que las "política climáticas" seguirán modulando el sistema energético de Estados Unidos, pero, a diferencia de la Administración de Obama, ya no considera el cambio climático "una amenaza" para la seguridad de Estados Unidos. El documento recalca, de hecho, que el liderazgo del país es "indispensable" para contrarrestar las estrategias contraproducente para el crecimiento y negativas para los intereses de Estados Unidos.


Ese, el perjuicio económico, fue el principal idea que utilizó Donald Trump para justificar su adiós al Pacto de París. Trump también ha eliminado regulaciones contra empresas de la industria petrolera a costa de la protección del medioambiente y firmado una orden ejecutiva para eliminar las protecciones de contaminación en ríos y fuentes de agua natural. A principios de este mes, el republicano ordenó la mayor reducción de reservas naturales en la historia del país, abriendo la puerta a la explotación de actividades como la extracción de gas y petróleo, la minería o la tala.

 

Washington 19 DIC 2017 - 03:40

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