Sábado, 21 Marzo 2015 05:23

Carta por el Año Nuevo persa

Carta por el Año Nuevo persa

Mientras continúan las negociaciones en Suiza, Washington y Teherán intercambiaron mensajes, y Hollande y Merkel exigieron a Irán que renuncie a la idea de un programa de enriquecimiento de uranio con fines militares.

 

Irán y Estados Unidos aprovecharon un mensaje de salutación para fijar sus posiciones respecto del plan nuclear iraní, aunque remarcando la voluntad de ambas naciones de continuar la senda del diálogo.


El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, envió un mensaje con motivo de celebrarse hoy el Año Nuevo persa, el Nouruz, para desear "un futuro distinto" entre ambos países. "Tenemos la mejor oportunidad en décadas para lograr un futuro distinto entre nuestros países", aseguró en el mensaje publicado en la página web de la Casa Blanca, que cuenta con una versión con subtítulos en persa. "Los próximos días y semanas serán críticos. Las negociaciones han hecho progresos, pero sigue habiendo lagunas. Y hay gente, en nuestros dos países y más allá, que se oponen a una solución diplomática", agregó Obama en el mensaje. "Los líderes iraníes tienen que elegir entre dos caminos. Si no pueden alcanzar un acuerdo razonable, van a mantener a Irán en la misma senda, un camino que ha aislado a Irán y al pueblo iraní del mundo, y que ha causado tantas dificultades para las familias iraníes y ha privado a tantos jóvenes iraníes de puestos de trabajo y de las oportunidades que se merecen", subrayó Obama. "Pero si apoyan un acuerdo razonable, podría conducir a un mejor camino, que aportará más comercio y más vínculos con el mundo al país asiático, además de más inversión y empleo", dijo Obama.


Teherán no tardó en tomar el guante y responder que su pueblo ya eligió el camino para relacionarse con Occidente, que es el del "compromiso con dignidad". La respuesta estuvo a cargo del ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Mohamad Yavad Zarif, quien resumió así la postura oficial de negociar de buena fe para solucionar la crisis desatada por el desarrollo de su programa nuclear pacífico, cuestionado fuera de Irán por su posible uso bélico, aunque sin aceptar peticiones "ilógicas" que atenten contra su dignidad como país. Zarif se expresó así a través de cuenta de Twitter, en la que también reclamó a los estadounidenses y a sus aliados determinación para decidir qué camino tomar. "Ya va siendo hora de que elijan entre seguir presionando o llegar a un acuerdo", escribió.


Esta declaración se produce mientras en la ciudad suiza de Lausana, Irán y Estados Unidos suspendieron ayer por algunos días las negociaciones para lograr un acuerdo político antes de la fecha límite del 31 de marzo próximo. Kerry aseguró que hubo "muchos progresos" en las conversaciones, en una breve declaración a la prensa. El jefe de la diplomacia norteamericana confirmó que las negociaciones entre ambas partes se reanudarán la próxima semana, probablemente el 25 de marzo. Por su parte, Zarif remarcó que retornaba a Irán debido a las festividades por el Año Nuevo persa, que comienza hoy. "Hemos decidido volver a casa para la fiesta. Las negociaciones empezarán nuevamente la semana que viene. La fecha y el lugar exactos hay que decidirlos", comentó.


Por su parte, el presidente francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, exigieron ayer a Irán que ofrezca una renuncia "creíble y con todas las garantías" al programa de enriquecimiento de uranio con fines militares si quiere restablecer la confianza en el marco internacional. Hollande señaló que la renuncia de Irán al programa militar es esencial para garantizar la seguridad mundial, ya que va en la línea de la no proliferación. "Francia quiere un acuerdo con Irán para permitir que exista plena confianza, es decir la plena renuncia por parte de Irán a las armas atómicas y todas las garantías de que tendrá un programa nuclear civil, pero no nuclear militar", señaló al término de la segunda jornada del Consejo Europeo celebrado ayer en Bruselas. Merkel, por su parte, consideró que sería favorable que las negociaciones en curso con Teherán permitiesen llegar a un acuerdo, pero que debe contener términos "creíbles" para que puedan ser cumplidos.


Los gobiernos de Hollande, Merkel y Obama forman parte de las potencias que, tras doce años de tensión, decidieron en noviembre de 2013 comenzar a negociar con Irán para alcanzar un acuerdo que garantice que el programa nuclear iraní es sólo para uso civil y que no busca la fabricación de armas atómicas. Teherán y las potencias del Grupo 5+1 –formado por Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU) más Alemania– tienen hasta finales de mes para alcanzar un acuerdo. En caso de cumplirse ese plazo, quedarían tres meses para completar los arduos aspectos técnicos de un acuerdo de este tipo y cumplir así el plazo final, que vence el próximo 30 de junio. Ese acuerdo debe garantizar que el programa nuclear iraní es sólo para uso civil y que no busca la fabricación de armas atómicas, tal como sospecharon hasta ahora las potencias. A cambio de que Irán garantice la naturaleza civil de su programa nuclear, la república islámica obtendría el levantamiento de las sanciones internacionales, que afectan gravemente a su economía.

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Revelan que Israel desarrolló armas nucleares en la década del 60: The Washington Post

The Washington Post criticó el reciente discurso antiraní del primer ministro israelí, Benyamin Netanyau, ante el Congreso de EE.UU. y reveló cómo el régimen israelí desarrolló en la década de 1960 armas nucleares.


The Washington Post detalla que cuando el régimen de Tel Aviv empezó la construcción de sus reactores en la central nuclear de Dimona, en el desierto del Néguev (en el sur de los territorios ocupados palestinos), las autoridades israelíes habían dicho a Washington que se trataba de una "fábrica textil" y posteriormente alegaron que era una instalación de investigación metalúrgica.


En un artículo basado en la información proporcionada por McGeorge Bundy, asesor de los expresidentes estadounidenses John F. Kennedy (1961-1963) y Lyndon Johnson (1963-1969), el rotativo dijo que cuando Netanyahu cuestionó ante el Congreso si las inspecciones podrían impedir que Irán obtenga la bomba atómica, debía recordar que el propio régimen de Israel construyó en secreto hasta 200 ojivas nucleares.


The Washington Post detalla que cuando el régimen de Tel Aviv empezó la construcción de sus reactores en la central nuclear de Dimona, en el desierto del Néguev (en el sur de los territorios ocupados palestinos), las autoridades israelíes habían dicho a Washington que se trataba de una "fábrica textil" y posteriormente alegaron que era una instalación de investigación metalúrgica.


En diciembre de 1960, explica la fuente, el entonces primer ministro israelí, David Ben-Gurión, anunció que la construcción de un reactor de 24 megavatios en Dimona tardaba cuatro años y dijo que el reactor estaba "destinado exclusivamente para fines pacíficos".


Sin embargo, "cuando los inspectores estadounidenses visitaron Dimona dijeron que los reactores eran demasiado grandes y descartaron que los mismos se utilizasen para producir electricidad".


Netanyahu aboga por el desmantelamiento total del programa de energía nuclear de Irán mientras su régimen es el único en Oriente Medio que posee armas nucleares y se niega a adherirse al Tratado de No Proliferación (TNP), además de impedir que se realicen inspecciones a sus instalaciones nucleares.


(Con información de The Washington Post)

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Martes, 03 Marzo 2015 05:57

Ninguna diferencia entre Israel y EU

Ninguna diferencia entre Israel y EU

Uri Avnery es sin duda el vidente izquierdista israelí más intelectual, filosófico y certero que conozco. Como TS Eliot, tiene el hábito de usar las menos palabras para decir las mayores verdades. Cada ensayo que escribe, este lector siempre dice lo mismo: ¡exactamente! Sin embargo, por primera vez en 40 años, estoy en desacuerdo con ese gran hombre.


Avnery acaba de sugerir que el acuerdo de Benjamin Netanyahu para dirigir un mensaje al Congreso estadunidense por invitación del Partido Republicano este martes –dos semanas antes de la elección general israelí–, y la decisión de Barack Obama de no ver al viejo rufián, han destruido el apoyo bipartidista a Israel en Estados Unidos. Por primera vez, dice Uri, los políticos demócratas se permiten criticar a Israel.


Pamplinas, absolutamente.


Congresistas de ambos partidos se han arrodillado, se han desmayado y chillado en apoyo a Bibi y sus predecesores con más entusiasmo que las hordas romanas en el Coliseo. La última vez que Bibi se apareció en el Capitolio, recibió literalmente docenas de ovaciones de pie de los ovejunos representantes del pueblo estadunidense, cuya adoración acrítica del Estado israelí –y su temor abyecto a susurrar la crítica más desangelada, por no arriesgarse a ser llamados antisemitas– sugiere que Bibi sería un presidente estadunidense mucho más popular que Obama. Y el impecable acento estadunidense de Bibi no viene mal tampoco.


Y su objetivo –ganar votos para sí y destruir el único logro de política exterior al alcance de Obama– no tendrá absolutamente ningún efecto en las relaciones entre los dos países. Cuando Bibi se convirtió en el hazmerreír del Consejo de Seguridad de la ONU –al presentar un cartón infantil de una bomba iraní con una raya roja enmedio, para indicar que Irán podría construir armas nucleares a finales de 2013–, su charada fue tratada con indulgencia en los medios de Estados Unidos. Esas fechas fatales han expirado con regularidad durante más de una década, y a pesar de ello se supone que debemos tomarlas en serio. Obama se esfuerza por lograr un acuerdo con Irán que protegería al mundo de cualquier producción de armas nucleares por la República Islámica.


Bibi quiere destruir esa oportunidad. Quiere más sanciones. Quiere ganar las elecciones israelíes del 17 de marzo. Hasta podría bombardear Irán, lo cual ocasionaría una respuesta militar inmediata contra Estados Unidos. Pero va a decir al Congreso que la existencia misma de Israel está en juego. Según Uri, Bibi escupirá en la cara al presidente Obama. No creo que haya habido nunca algo igual, escribió Uri Avnery este fin de semana. El primer ministro de un pequeño país vasallo, que depende de Estados Unidos prácticamente para todo, viene a desafiar abiertamente al presidente, tildándolo de hecho de engañador y mentiroso...: como Abraham, dispuesto a sacrificar a su hijo para agradar a Dios, Netanyahu está dispuesto a sacrificar los intereses más vitales de Israel para obtener la victoria en la elección.


No quiero exculpar de cinismo a Bibi. Hasta Uri admite que no puede imaginar un ardid electoral más efectivo. Usar al Congreso de Estados Unidos como foro de propaganda es una pincelada de genio, afirma. Pero el primer ministro de Israel sabe que puede salirse con la suya en cualquier cosa en tierra estadunidense, con la misma confianza con que puede apoyar a su ejército cuando asesina a cientos de niños en Gaza en la autodefensa de Israel. Su discurso en el Congreso será tan desproporcionado como el bombardeo de sus soldados a la barriada más poderosa del mundo.


Y le irá de lujo. Nos dicen que los demócratas están inquietos. Nos informan que Obama está muy, pero muy enojado. Pero la presidenta demócrata en lista de espera no es problema para Bibi. Fue Hillary, recordemos, quien nos dijo el verano pasado que no estaba segura de que fuera posible repartir culpas por la masacre en Gaza porque es imposible saber qué ocurre entre la bruma de la guerra. Las notas en los medios podrían haber oscurecido lo que pasaba. A menudo pienso que la angustia a la que estamos propensos a causa de la cobertura, y las mujeres y niños y todo lo demás de aquello (sic), hace muy difícil abrirse paso hasta la verdad. Así que mientras menos reporteros haya, más cerca estaremos todos de la verdad acerca de las mujeres y niños muertos y todo lo demás de aquello. No es de extrañar que los sionistas liberales, de acuerdo con The New York Times, se preocupen de que Hillary esté demasiado cerca de Bibi.


En cuanto a los republicanos, echémosle un ojo a nuestro viejo conocido Jeb Bush, quien promete que todo será borrón y cuenta nueva si llega a ser comandante en jefe. Como es fácil entender, no habrá enfoque en el pasado, de Papi George y Big Bro George W. Pero entre sus probables consejeros en una presidencia futura estarían Paul Wolfowitz, John Hannah (el viejo consejero de seguridad nacional de Cheney), Michael Hayden (quien engañó al Congreso con respecto a la tortura) y Condi Rice, quien dio su nombre a todo un buque tanque petrolero (y luego le fue retirado): en otras palabras, la misma pandilla perversa que produjo las armas de destrucción masiva, la muerte de cientos de miles de iraquíes, billones de dólares en deudas, tortura y esa infame nube de hongo (la verdadera bruma de la guerra, si alguna vez hubo una).


La columnista Maureen Dowd afirma que Jeb Bush debería llamar a cuentas a quienes infligieron profundas heridas a Estados Unidos. Pero ¿por qué? Lo único que Jeb no ha mencionado es que en 2003 Israel también producía las mismas falsedades acerca de las armas de destrucción masiva y los vínculos de Saddam Hussein con el terrorismo mundial.


Por supuesto, Bibi no le recordará esto al Congreso en su discurso del martes. Serán las armas de destrucción masiva de Irán y los vínculos del Estado Islámico con el terrorismo mundial los que tendrán a los legisladores de pie. Es una lástima que Bibi no haya nacido en Nueva York. Así podríamos haber tenido al presidente Netanyahu... y dejar de fingir que existe alguna diferencia entre los gobiernos israelí y estadunidense.
©The Independent
Traducción: Jorge Anaya

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Voltereta de Obama: hipermilitarización nuclear de EU contra Rusia y China

Con nueve meses de atraso al estudio seminal del Centro de Estudios James Martin para la No-Proliferación, del Instituto Monterey (California) de enero de 2014 sobre la tríada nuclear del millón de millón de dólares (trillón en anglosajón) (http://goo.gl/imVXPG), los reporteros William Broad y David Sanger del NYT (http://goo.gl/5ZxvQ7) revelan en forma perturbadora el reforzamiento para una superlativa renovación de las armas nucleares de Estados Unidos (EU), lo cual significa la negación de la postura desnuclearizadora de Obama en su primera administración cuando todavía Rusia ni China se salían del carril y corral de la caduca unipolaridad estadunidense.


Cinco años después del intento de Obama de librar al mundo de las armas nucleares –que le valió su polémico Premio Nobel de la Paz en 2009–, en la fase del mundo pos-Crimea, el mismo presidente de EU sufre una singular transmogrificación que pone en evidencia el periódico suizo Tages Anzeiger (http://goo.gl/XR72ld).


Según NYT, en los próximos 30 años, EU –con graves problemas financieros a cuestas aún sin resolver, pese a su burbuja especulativa en Wall Street–, gastará un millón de millones de dólares (trillón en anglosajón) para modernizar sus capacidades nucleares, que contempla la compra de 12 nuevos submarinos, 100 bombarderos y 400 misiles colocados en tierra.

Mientras el Ejército de Liberación del Pueblo de China proyecta incrementar sus ojivas nucleares (http://goo.gl/wDfICQ), el zar Putin recordó, en medio de la delicada crisis de Ucrania, que nadie debía jugar con las armas nucleares de Rusia (http://goo.gl/Ui54kn).

La línea dura del Kremlin representada por Dimitri Rogozin, ex embajador en la OTAN y hoy vice-primer ministro a cargo de la industria de defensa que Putin ha tomado bajo su control, aseveró que "Moscú modernizará por completo (¡supersic!) el armamento de la Fuerza Nuclear Estratégica para 2020 (http://goo.gl/O8oX70).

Queda atrás el acuerdo de Obama con Moscú de 2009 para disminuir los arsenales nucleares de EU y Rusia en 750 bombas atómicas por país. El año pasado, Obama había propuesto retirar otras mil ojivas nucleares... ¿Qué sucedió?
Los reporteros del NYT aducen que la voltereta acrobática de Obama se debe al camino de guerra (sic) que ha tomado Rusia, a los reclamos territoriales de China y a la expansión del arsenal atómico de Pakistán (sic), por lo que el legado del desarme de Obama parece cada vez más sombrío.

Los halcones neoconservadores straussianos no necesitan pretextos para rearmarse hasta los molares y han de estar felices cuando consideran que las futuras inversiones (sic) nucleares colocan a EU en una posición más fuerte (sic) en caso de una nueva carrera armamentista. No aprendieron nada de Irak y Afganistán.

Suena absurdo que EU se lance a una carrera nuclear cuando sus finanzas están más deterioradas que nunca debido al aventurerismo bushiano en Irak –sin contar Afganistán– donde dilapidaron 3 millones de millones (trillones en anglosajón) de dólares, según Joseph Stiglitz (http://goo.gl/HVAZJE). Por lo visto, la economía de guerra no le está funcionado al complejo-militar industrial de EU.

Jeffrey Lewis, del Instituto Monterey de Estudios Internacionales, confirma que no existe suficiente dinero para la hipermilitarización nuclear de EU. So what? Tampoco existía suficiente dinero para la guerra de Vietnam de Nixon ni para las dos guerras contra Irak del nepotismo bushiano de padre e hijo –aunque hoy no es lo mismo con el saludable advenimiento competitivo del BRICS.


Queda atrás el reclamo dramático para reducir los arsenales nucleares a 900 ojivas, eliminando la mayoría de las 3 mil 500 bombas atómicas almacenadas de EU, por Chuck Hagel, antes de ser ungido secretario del Pentágono.

El estudio de Jon B. Wolfsthal, Jeffrey Lewis y Marc Quint, del Instituto Monterey, explaya el costo de la modernización estratégica nuclear de EU en los próximos 30 años en un millón de millones de dólares para la tríada nuclear con el fin de mantener el presente arsenal, comprar sus sistemas de sustitución y elevar el grado cualitativo de las presentes bombas nucleares.

La tríada de analistas del Instituto Monterey considera que EU mantiene un robusto arsenal nuclear desplegado en una tríada de sistemas estratégicos de lanzamiento, que incluyen misiles balísticos de largo alcance en los submarinos y en tierra, así como en bombarderos atómicos.


Es interesante que el acmé del remplazo de las plataformas y sus ojivas asociadas de EU coincidan con las proyecciones de modernización nuclear de Rusia para 2020.


Se atraviesa un problema irresoluble: la dramática crisis fiscal de EU que afecta las proyecciones para financiar su hipermilitarización nuclear.


La tríada del Instituto Monterey cita al jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea, general Mark Welch, quien comentó que el costo de modernizar la infraestructura nuclear requiere un muy honesto (sic) debate sobre lo que se puede usar para invertir.


El amarillista cuan pugnaz portal británico Daily Mail (http://goo.gl/aa97aR) aborda el proyectado gasto de un millón de millones de dólares de armas nucleares de EU justo cinco años después del Premio Nobel de la Paz de Obama y devela que EU gastó más que nunca (¡supersic!) en 2014 en investigación, desarrollo, pruebas y producción de armas nucleares, incluyendo la Segunda Guerra Mundial (¡supersic!)

Daily Mail arguye que estas cifras no incluyen cualquier gasto del Pentágono en sus fuerzas aéreas, en sus silos de misiles o el personal que tiene el botón nuclear como una opción viable en el caso del primer golpe por cualquiera de los enemigos de EU.

Refiere que queda hecha añicos la campaña electoral de Obama sobre la reducción del arsenal nuclear de EU y aduce que los planes para la modernización de las armas nucleares de EU le darán mayor influencia para forzar al mundo a reducir sus arsenales en todos lados. ¿Amenazando con despilfarrar alucinantes sumas hipermillonarias, piensa Obama obligar a Rusia y China, no se diga India y Pakistán, a cesar sus respectivos rearmes nucleares?

Daily Mail fustiga al Instituto Monterey como una escuela de graduados del Colegio Middlebury de Vermont inclinado a la extrema izquierda (¡supersic!) y cita como justificación del rearme nuclear de EU al cambio geopolítico de la invasión (¡supersic!) de Putin a Ucrania, según Gary Samore, principal consejero nuclear de Obama.
¿Cuándo invadió Rusia a Ucrania?


Según Daily Mail, con su modernización nuclear, EU se ha comprometido a elevar la puja (¡supersic!) en el interminable juego de póquer (¡supersic!) de alto riesgo (sic) que es la diplomacia nuclear global.

El grave problema estructural del atribulado Obama –que maniobra en el mundo de lobos de Wall Street– es que no se ha percatado de que es el Gorbachov de EU a quien le tocó la triste tarea de lidiar en el incipiente nuevo orden multipolar del mundo pos-Crimea con la inexorable decadencia de la otrora superpotencia unipolar.
¿La hipermilitarización nuclear de EU impedirá su decadencia? Lo dudo.


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Negociaciones entre Estados Unidos e Irán: dilemas paralelos

Durante más o menos el último mes ha habido negociaciones formales entre Estados Unidos e Irán sobre cuestiones nucleares. De hecho, las negociaciones han venido ocurriendo de manera no oficial y en secreto por más de seis meses. Técnicamente, el grupo que negocia con Irán es el llamado P5+1 (los cinco miembros del Consejo Permanente de Seguridad de la ONU más Alemania). Pero el P5+1 es, en gran medida, una cobertura para el negociador clave: Estados Unidos.


La postura pública en cada lado es idéntica. Cada uno tiene un objetivo primordial, pero sus propósitos son diferentes. Cada uno dice que tiene aspectos de principio sobre los que no transigirán. Sin embargo, cada uno parece estar guiado por lo que el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Khamenei, ha llamado indulgencia heroica.


Hay más paralelos. El presidente estadunidense Barack Obama y su homólogo de Irán Hassan Rouhani parecen querer un arreglo que evite un conflicto armado. Esto es porque cada uno considera que el conflicto armado traería consecuencias muy negativas para ambos países y para sí mismos en lo personal.


En el caso de Obama, originalmente él ganó la elección con una plataforma que llamaba a poner fin a la guerra en Irak. No quiere que su legado se defina como el de un presidente que involucró a Estados Unidos en una importante tercera guerra en el Medio Oriente en el siglo XXI. Muy aparte de su legado histórico, considera que una guerra arruinaría cualquier posibilidad de lograr que se apruebe la legislación interna que busca con urgencia. También teme que una guerra incremente la probabilidad de que los demócratas pierdan las elecciones presidenciales de 2016.


En el caso de Rouhani, él fue electo con el consentimiento tácito del ayatolá Khamenei y el respaldo activo de gran parte de las siempre crecientes clases medias, pues ambos vieron en él al único líder iraní que podría negociar exitosamente con Estados Unidos. De fallar en su intento podría ser depuesto como presidente, y en cualquier caso su agenda política interna probablemente perdería toda posibilidad de culminarse. Por supuesto que una guerra tendría más inmediatas consecuencias destructivas para Irán que para Estados Unidos, pero en el plazo más largo el daño sería también enorme para Estados Unidos.


El problema básico es que el objetivo primordial de ambos países está definido en modos casi contradictorios. Estados Unidos afirma que quiere seguridades de que Irán no desarrollará, ni podrá desarrollar, armas nucleares. Irán dice que no tiene la intención de desarrollarlas, pero insiste en que tiene el derecho, que posee cualquier otro país del mundo, de desarrollar una mayor capacidad de energía atómica para usos pacíficos. Supuestamente los negociadores buscan una formula mágica que pueda servir de puente para atravesar la brecha entre estas dos definiciones de la situación. Cada uno necesita ser capaz de presentar el texto final como victoria para sus objetivos. Esto parece difícil en extremo, aun si ambos lados negocian de buena fe. Más aún: ¿qué es la buena fe? Existen grupos y personas en ambos países que no consideran que el otro lado esté negociando de buena fe o que tenga intención alguna de un arreglo de compromiso. Hay aun personas o grupos que no consideran que sea deseable arreglo alguno.


Así que Obama y Rouhani están bajo constante presión para no hacer concesiones significativas. Y tanto Obama como Rouhani parecen haber probado, de tiempo en tiempo, que no se someten en asuntos de principio. Los críticos internos siguen diciendo que el otro país está haciendo tiempo mientra prosigue en secreto con sus verdaderos objetivos inconfesados.


Las negociaciones no pueden proseguir por demasiado tiempo sin que haya consecuencias políticas negativas para ambos líderes. Uno solamente puede preguntarse qué tanto es demasiado tiempo, pero pienso que de aquí a un año es lo más que tenemos para alcanzar algún acuerdo. En ese lapso no parece muy probable que vaya a ocurrir un acuerdo. Por tanto, la pregunta es: ¿qué pasará entonces?


Hay, en realidad, sólo dos escenarios alternativos: el desdichado es que en ambas naciones el control político caiga en manos de personas que prosigan sus objetivos lo más militantemente posible, amenazando al otro país con algún tipo de acción armada. Una vez que comencemos a andar por ese sendero no sería demasiado difícil para alguna persona o grupo, de forma deliberada o no, lanzar el conflicto. Comenzaría entonces la importante tercera guerra en Medio Oriente del siglo XXI y, probablemente, sería de lo más dañina en sus resultados para los dos países. Lo que es peor, sin duda se esparciría por toda la región.


Hay otro escenario menos desastroso. Éste es que no pase mucho. Las negociaciones pueden detenerse por un tiempo y los actuales proponentes de las negociaciones pueden caer en desgracia y ser reemplazados por dirigentes más militantes. Sin embargo, la opinión pública en ambas naciones bien podría empujar a sus líderes a ser precavidos. Y los militares de ambos lados podrían advertirle al liderazgo civil que una acción armada es demasiado riesgosa.
El segundo escenario es, por supuesto, mejor que el primero. Pero no resuelve nada. La situación se pudre. Ningún país puede avanzar seriamente para mejorar las condiciones en su nación. Y el segundo escenario siempre es un tanto azaroso, pues puede volverse el primer escenario después de un tiempo.


Ergo, ¿qué? Las negociaciones actuales son nuestra mejor posibilidad, de hecho nuestra única posibilidad, de lograr un resultado que sea algo positivo.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein

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Lunes, 02 Diciembre 2013 14:29

El yuan en la mira

El yuan en la mira

ALAI AMLATINA, 02/12/2013.- El acuerdo firmado con el mayor enemigo de Estados Unidos desde la caída de la Unión Soviética, identificado como el "eje del mal", es un sacudón en la geopolítica mundial de incalculables consecuencias. Lo que está en juego, además de la paz, es la continuidad del petrodólar, o sea la hegemonía de la moneda estadounidense.

 

HACE UNOS MESES parecía inalcanzable. Antes de la primavera árabe era imposible. Pero después del acuerdo que evitó una invasión a Siria, forzado por Rusia, todo parece posible en Medio Oriente y, tal vez, en otras partes del mundo. El entramado de alianzas que durante medio siglo mantuvo cierta estabilidad en la región se ha desvanecido. Los tres aliados tradicionales de Estados Unidos, Israel, Arabia Saudí y Egipto, van perfilando caminos divergentes respecto a la superpotencia, mientras Rusia ensaya su retorno y China aumenta su protagonismo en una región clave.

 

Como ya aceptan todos los analistas y buena parte de los medios, Washington ya no juega solo en el tablero global. Algunos asesores que siempre han jugado un papel determinante en las decisiones de la Casa Blanca, como el influyente Zbigniew Brzezinski, Consejero de Seguridad Nacional de Jimmy Carter (1977-1981), venían pregonando un acuerdo con Irán desde la llegada a la presidencia de Hassan Rohani, conocido por su pragmatismo. "El Congreso se está finalmente avergonzando de los esfuerzos de Netanyahu por dictar la política estadounidense", escribió en su cuenta twitter días atrás (Eldiario.es, 15 de noviembre de 2013).

 

El acuerdo firmado entre los integrantes permanentes del Conejo de Seguridad de la ONU (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia), más Alemania, con Irán, tiene una duración de seis meses y establece una reducción del alcance del programa nuclear iraní a cambio de suavizar el embargo internacional. Irán se compromete a rebajar a la mitad el uranio enriquecido al 20 por ciento, no enriquecer a más del 5 por ciento en el futuro, y a no aumentar la capacidad de enriquecimiento de la planta de uranio de Natanz ni de los reactores de Fordow y Araki, ni a construir nuevas instalaciones aceptando la supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica.

 

Washington a su vez se compromete a suspender el boicot al petróleo iraní, desbloquear fondos de Teherán en el exterior, suspender las sanciones sobre la industria automotriz y a los servicios aéreos, además de permitir la compra por Irán de alimentos, medicamentos y equipos médicos.

 

El acuerdo alcanzado en la madrugada del domingo en Ginebra tiene varias ventajas para las partes: se asegura que Irán no desarrollará armas nucleares y preserva su derecho a desarrollar un programa de energía atómica con fines pacíficos. Podría ser el primer paso en 35 años para llegar a un entendimiento de largo plazo entre la República Islámica y Occidente, aunque persisten focos de tensión y desavenencias tanto en la región como a escala más global. Por diferentes motivos, los principales ganadores son Irán, Estados Unidos, Rusia y China, mientras los más perjudicados son Arabia Saudí e Israel. Francia procuró descarrilar las conversaciones, pero finalmente debió ceder.

 

El realismo de Obama

 

Comprender las dificultades de Washington es el tema clave, ya que es el actor que había construido el edificio de la gobernabilidad global que ahora se resquebraja. Intentar restaurar su influencia pasa por un acuerdo con Teherán, pero no por los motivos que se aducen. En efecto, es altamente improbable que Irán pueda construir un arma nuclear en un plazo breve. Todo indica que en el futuro inmediato seguirá habiendo sólo una potencia nuclear en la región, Israel. Por otro lado, Paquistán e India se convirtieron en potencias nucleares sin el consentimiento de Washington, pero el primero es ahora su aliado y coquetea con el segundo.

 

El problema para Obama está en otro lado: necesita un urgente reposicionamiento geopolítico. La creciente influencia de Rusia en la región y sobre todo de China en el mundo, llevaron al Pentágono a establecer la estrategia del "pivote Asia Pacífico" para contener al país que visualiza como su principal competidor. Todos sabemos que el futuro de la economía mundial pasa por Asia. Además, desde el comienzo de la primavera árabe en 2011 Washington perdió aliados vitales que antes eran incondicionales: Turquía, Israel, Arabia Saudí, Irak. Demasiada inestabilidad que le impide concentrarse en Asia. Por eso el analista Pepe Escobar escribe: "Washington quiere más influencia en el suroeste de Asia, y en toda Eurasia" (Russia Today, 15 de noviembre de 2013).

 

"Con el acuerdo temporal obtenido con Irán en Ginebra, Barack Obama acaricia el mayor éxito de política exterior de su presidencia y Estados Unidos la mejor oportunidad de un rediseño de la geopolítica mundial desde la caída del Muro de Berlín" (El País, 25 de noviembre de 2013). Si ese acuerdo no se obtuvo antes, fue porque el frente interno estadounidense no lo permitía. Si se consigue ahora, es por la necesidad de reposicionarse en una región a la que está atado de pies y manos. Tres años atrás, cuando Brasil y Turquía llegaron a un acuerdo para que Irán enriqueciera uranio fuera del país, "estaba haciendo una concesión que ahora no necesitó hacer", destacó el ex canciller y actual ministro de Defensa Celso Amorim (Folha de São Paulo, 27 de noviembre de 2013).

 

Para Irán era urgente una tregua, sobre todo aliviar las sanciones que sacuden su economía. La inflación alcanzó el 30 por ciento, la desocupación el 20 por ciento. Las exportaciones de petróleo, que representan el 80 por ciento de los ingresos del gobierno, cayeron a la mitad. La moneda iraní, el rial, se devaluó el 100 por cien frente al dólar y los precios de los alimentos se duplicaron. Es cierto que Irán siguió exportando crudo a más de 30 países, entre ellos India y China, y que la mitad de su comercio con Beijing se realiza en yuanes, lo que afecta al dólar. Además el levantamiento de las sanciones aportará 8 mil millones de dólares a Teherán por el acceso a activos congelados en el exterior y la reanudación del comercio.

 

Si el acuerdo se consolida y avanza en los próximos seis meses, la Casa Blanca tendrá las manos más libres para dedicarse a lo que realmente le importa: cercar a China apoyándose en Japón, Corea del Sur y Australia. Y, por supuesto, en su flota de portaaviones y su red de bases militares.

 

La nueva alianza saudí-israelí

 

La diplomacia china aseguró que el acuerdo firmado es "sólo el comienzo" y destacó que aún queda un largo camino por recorrer (Xinghua, 25 de noviembre de 2013). "China continuará facilitando las conversaciones y desempeñará un papel constructivo en este sentido", dijo el portavoz de la cancillería.

 

China es probablemente el país más interesado en evitar una guerra en la región, que involucraría a varias potencias y llevaría al cierre del Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico, por donde pasa el 20 por ciento del petróleo que se comercializa en el mundo. Si eso sucediera, el precio podría duplicarse y los flujos podrían interrumpirse afectando principalmente a los países asiáticos y a Europa. Por el contrario, Washington camina hacia la autosuficiencia energética y sus fuentes de abastecimiento se encuentran más diversificadas que las de su principal competidor.

 

Para Moscú es importante poner fin a la guerra en Siria y "cambiar el énfasis de derrocar a Bachar al Assad a combatir el terrorismo" (The Brics Post, 25 de noviembre de 2013). Algo similar sucede con el gobierno iraquí de Nouri al Maliki, que necesita superar la terrible polarización entre sunitas y chiítas que ha sumido al país en el caos, una década después de la invasión estadounidense. En ambos casos el papel de Teherán no es menor. Aliado de los presidentes de Irak y Siria, puede convertirse en pieza clave para bajar los decibeles, apoyándose en la cada vez más influyente diplomacia rusa.

 

Pero la cuestión clave es la nueva alianza entre Israel y Arabia Saudí. El primer ministro Benjamín Netanyahu regañó en conversación telefónica a Obama ya que considera "un error histórico" la firma del acuerdo con Irán, porque "el mundo se ha convertido en un lugar mucho más peligroso" (Russia Today, 26 de noviembre de 2013). Por su parte, la familia real saudí se mostró indignada con el acuerdo con Irán. Los saudíes sufrieron en poco tiempo la doble derrota de ver cómo se les escapó de las manos el esperado triunfo en Siria y ahora cómo su archienemigo Irán se convierte en interlocutor privilegiado de Washington, desafiando su liderazgo en la región.

 

Algunas fuentes sostienen que los servicios secretos israelíes y saudíes están trabajando juntos para preparar ataques en suelo iraní, mientras la BBC aseguró hace varias semanas que Arabia Saudí pretende conseguir armas nucleares a través de Pakistán, cuyo programa atómico apoyó en su momento. Más grave aún es que Riad está dispuesto a facilitar drones, aviones cisterna y helicópteros, además de su espacio aéreo, para un ataque israelí a Irán.

 

Lo más probable, empero, es que los nuevos aliados no ataquen directamente a Irán sino que intensifiquen el enfrentamiento en el frente sirio y, probablemente, en Líbano, donde la milicia chiíta Hezbolá sigue siendo un problema para Tel Aviv. Al parecer el ataque suicida contra la embajada de Irán en Líbano, que costó la vida a 23 personas hace dos semanas, sería parte de la escalada que se prepara en la región para intentar contrarrestar la nueva relación de fuerzas. El otro punto débil es la Franja de Gaza, donde el delegado de la ONU declaró que la crisis humanitaria como consecuencia del bloqueo israelí al gobierno de Hamas ha llegado a "todos los servicios esenciales, como hospitales, clínicas, estaciones de bombeo de aguas residuales" (Asia Times, 27 de noviembre de 2013).

 

Medio Oriente fue el nudo de la hegemonía estadounidense desde 1945. Ahora ya no lo es y su interés se desplaza gradualmente hacia Asia Pacífico. Pero en esta zona que sigue teniendo una importancia estratégica, la cosas se han complicada demasiado para Washington. Desde la caída de Hosni Mubarak durante la primavera árabe perdió el control de Egipto. Israel se ha convertido en un aliado problemático y Arabia Saudí está mirando hacia China. Las principales piezas del ajedrez estratégico se mueven cada una por su lado sin un mando central que las pueda regular.

 

Petróleo y dólares

 

El escenario sobre el que se mueven las principales potencias en Medio Oriente fue diagramado, durante la Primera Guerra Mundial, por Francia e Inglaterra a través del acuerdo secreto Sykes-Picot, el 16 de mayo de 1916, arbitrando sus respectivas áreas de influencia en la región cuando el petróleo adquirió importancia estratégica al sustituir al carbón como combustible de las marinas de guerra. En febrero de 1945, retornando de la Conferencia de Yalta, el presidente Franklin Roosevelt desembarcó en el Canal de Suez para reunirse con la autoridad saudita, Ibn Saud, consolidando una alianza por la cual la potencia victoriosa de la Segunda Guerra Mundial sustituyó el papel que había tenido Inglaterra.

 

La Casa de Saud se convirtió en el principal abastecedor de petróleo barato a la potencia que era responsable de casi la mitad del PIB global. El reciente informe de la Agencia Internacional de Energía señala que gracias a las nuevas técnicas como la fractura hidráulica, Estados Unidos alcanzará y superará a Arabia Saudí como principal productor de petróleo. Y señala que eso se producirá en 2015. Como quien dice, un viraje que está a la vuelta de la esquina.

 

Para Estados Unidos es importante asegurar su autosuficiencia energética, toda vez que la dependencia de las importaciones ha sido uno de sus flancos más débiles. Pero el papel de Riad queda en el aire. A comienzos de 2012 China y Arabia Saudí firmaron un acuerdo para la construcción de una enorme refinería para producir 400 mil barriles diarios en 2014, en el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. La estatal china Sinopec será propietaria de un 37,5 por ciento de la refinería junto con la saudí Aramco que tendrá el 62,5 por ciento.

 

El acuerdo representa "una asociación estratégica en la industria de la refinería entre uno de los principales productores energéticos de Arabia Saudí y uno de los principales consumidores del mundo", afirmó el presidente de Aramco, Khalid Al-Falih (China Daily, 16 de enero de 2012). China importa el 56 por ciento del petróleo que consume; el reino saudita es el principal proveedor de petróleo de China y el mayor exportador de crudo del mundo. China participa en proyectos de construcción de infraestructuras en Arabia Saudí, incluyendo áreas como ferrocarriles, puertos, electricidad y telecomunicaciones. Lo que se está gestando es un viraje de larga duración en el área petrolera mundial y muy en concreto en la presencia china en una región, y en un país, que fue pilar de la hegemonía de Washington.

 

El año 2012 registró ese viraje: China desplazó a Estados Unidos como principal importador de crudo saudí. Pero el tema es más profundo: en 1972 Estados Unidos y Arabia Saudí acordaron que todo el petróleo vendido por la monarquía sería nominado en dólares estadounidenses. Así nació el petrodólar que fue adoptado por casi todos los países y se convirtió en el sostén de la economía de la superpotencia, otorgándole una ventaja que ningún otro país poseía.

 

En 1975, todos los países de la OPEP habían acordado fijar el precio de sus propias reservas de petróleo en dólares estadounidenses a cambio de armas y protección militar. Este sistema del petrodólar, más conocido como "petróleo por dólares", crea una inmediata demanda artificial de dólares en todo el mundo. Al aumentar la demanda mundial de petróleo, también aumenta la demanda de dólares de Estados Unidos. De ese modo el dinero que gasta el mundo fluye a través de la Reserva Federal asegurando la financiación de la deuda estadounidense. Además, tiene el privilegio de hacerse con el petróleo del mundo gratuitamente, al imprimir los billetes con los que paga.

 

Si el petrodólar se derrumba, el dólar se termina como moneda de reserva lo que marcará el fin de la hegemonía estadounidense. Los países integrantes del BRICS empezaron a comerciar en sus propias monedas, en particular China y Rusia. La llave la tiene Arabia Saudí. El día que deje de vender su petróleo en dólares, el sistema financiero y Wall Street sentirán un impacto demoledor. Recordemos que la verdadera razón para la invasión a Irak fue que Saddam Hussein decidió vender su petróleo en euros.

 

El declive del dólar se acelera en los últimos años con acuerdos entre China y Emiratos Árabes Unidos, Brasil, Rusia y los BRICS entre ellos, pero también Japón y Australia, para utilizar sus propias monedas (Geab 72, febrero 2013). A comienzos de 2013 el Laboratorio Europeo de Anticipación Política señalaba que "levantar las sanciones a Irán es la primera etapa para el pago en euros del petróleo importado por Europa" y añadía que el viejo continente no debería "hacerse cargo de la inestabilidad y la debilidad de la economía estadounidense".

 

Esta tendencia choca de frente con la internacionalización del yuan, la moneda que más se ha apreciado frente al dólar. Síntoma de lo que se viene, es el vertiginoso aumento de las compras de oro por los bancos centrales en 2012, las mayores desde 1964 (CNBC, 14 de febrero de 2013). El Banco Popular de China acaba de informar que "el país ya no se beneficia con el aumento en sus tenencias de moneda extranjera", por lo que puede frenar la compra de dólares (Bloomberg News, 21 de noviembre de 2013). China tiene reservas de 3,6 billones de dólares, el triple que cualquier otro país y más que el PIB de Alemania.

 

Una característica de los tiempos de transición suele ser la aceleración de los cambios y, sobre todo, la tendencia a resolver los conflictos por la vía militar. El acuerdo con Irán aplaza una guerra en Medio Oriente, pero puede acelerar la tensión en Asia Pacífico.

 

Por Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada y es colaborador de ALAI.

 

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Efecto tripolar: ascenso de Irán, descenso de Israel

El histórico acuerdo interino de Irán –potencia emergente y país pivote de primer orden en el gran Medio Oriente–, con el sexteto del P5 más 1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU con la adición de Alemania), se encamina, en caso de llegar a su concreción feliz en un plazo de seis meses, a transformar la cartografía regional bajo el nuevo codominio de Estados Unidos y Rusia, con el aval de China.


El geoestrategaZbigniewBrzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de Carter e íntimo de Obama, lo sintetizó mediante su Twitter perentorio: Ganan Kerry y Rouhani; pierden los bélicos, que se conjuga con otro: Obama/Kerry = el mejor equipo político desde Bush I/Jim Baker. El Congreso finalmente se encuentra avergonzado (¡supersic!) por los esfuerzos de Netanyahu en dictar la política de Estados Unidos.
Jeffrey Goldberg, columnista israelí-estadunidense de Bloomberg, replica en otro Twitter: Ex consejero de Seguridad Nacional sugiere (sic) que Estados Unidos está dominado por los judíos (sic).


Ganan Estados Unidos e Irán y pierde Israel y, más que nadie, su mesiánico primer ministro superhalcónBibiNetanyahu, quien se queda catatónico en el caduco orden unipolar, después de haber apoyado sin recato a MittRomney, el fracasado candidato presidencial republicano, contra Obama.


Tales errores son muy costosos y han encajonado a Israel, que se encuentra lastimosamente más aislado que nunca en el escenario internacional y que pronto empezará a sufrir la presión de la poderosa corriente histórica para obligarlo a ingresar a la normalidad universal, debido a su posesión clandestina de armas de destrucción masiva (nucleares, biológicas y químicas).


Estados Unidos –ya no se diga Gran Bretaña, que restableció expeditamente relaciones con Irán– rehúsa emprender una nueva aventura militar contra el eje Siria/Irán (extensivo a Hezbolá en Líbano) que sólo hubiese beneficiado relativamente a Israel en los avernos.
La desolación en Israel es dramática. Basta leer sus jeremiadas contra Obama, que no dan crédito al ajuste de Estados Unidos al nuevo orden tripolar geoestratégico (que comparte con Rusia y China).


Los minúsculos sectores críticos en Israel –desde el sarcástico Yossi Klein (Cualquier arreglo es malo para los judíos) hasta YossiSarid ("Afortunadamente no le creemos a Bibi"), ambos en Haaretz(29/11/13)– lamentan el fanatismo de Netanyahu, quien se obstina, a mi juicio, en inmolarse con el síndrome Masada.


El acuerdo interino versa sobre el congelamiento del programa nuclear iraní, en el límite de 20 por ciento de enriquecimiento de uranio (muy lejos del umbral de 90 por ciento para la fabricación de una bomba atómica), a cambio de la devolución de 8 mil millones de dólares secuestrados por Occidente.


Los círculos militares de Estados Unidos –quienes después de los desastres en Afganistán, Irak y Libia exhibieron su estruendosa reticencia para nuevas aventuras en Siria e Irán– evitan ser atraídos al avispero de un nuevo conflicto en el Golfo Pérsico, exigido por el mesianismo superbélico del premier israelí BibiNetanyahu, el cual se pudo haber salido del control en las fronteras inmediatas de Rusia (en su Cáucaso islámico) y China (en la región mahometana centroasiática en los linderos con Xinjiang).


Si los reflectores enfocaron el éxito de los presidentes Obama y Rouhani, tras bambalinas operaron en forma determinante Rusia y China para apagar las expansivas flamas bélicas propagadas por los masivos multimedia de la desinformación israelí.


El acuerdo implica la controvertida detención de la construcción del reactor de agua pesada en Arak, así como inspecciones intrusivas de la AIEA y el levantamiento selectivo de algunas sanciones (medicinas, alimentos y refacciones de aviación).


En medio del desplome de su popularidad, Obama vive en la soledad el apoteósico clímax histórico de su acercamiento con Irán, similar –con las debidas proporciones y la perspectiva del mediano plazo– a la apertura de Nixon con la China de Mao Zedong.
¿Qué tanto el tan subestimado Obama habrá engañado a tirios y troyanos?


Mas allá del epifenómeno, Estados Unidos e Irán llevaban bastante tiempo negociando tras bambalinas con la sabia mediación de Omán, lo cual se aceleró con el triunfo presidencial de Rouhani.


Tampoco hay que echar las campanas al vuelo ni subestimar la capacidad de daño saboteador del " lobbyisraelí" en Estados Unidos, donde predomina AIPAC, y que, a mi juicio, se subsume en el omnímodo eje Hollywood/Las Vegas/Multimedia/Redes Sociales/Wall Street/Congreso.
Si por sus actos pasados los conoceréis, pues el mesiánico paleobíblico Netanyahu no se quedará con los brazos cruzados y hará lo imposible para gestar una pérfida provocación unilateral que descarrile el acuerdo interino con Irán, como propalan las amenazas de una guerra de desesperación de Israel contra Irán ( Sunday Times, 17/11/13).


Un fractal de lucidez, en medio de la neurosis colectiva fomentada por la propaganda bélica, lo expresa el egregio artículo autocrítico del pacifista israelí Uri Avnery (El mayor peligro, ICH, 30/11/13).


La teocracia chiíta iraní, hoy con mayor margen de maniobra global y regional, exhibe una enorme flexibilidad frente a la anquilosis maniquea de la teocracia israelí que no supo ajustarse a la realidad de la tripolaridad geoestratégica.


No podía faltar la legendaria desinformación del portal israelí Debka, presuntamente vinculado al Mossad, que reporta fuentes exclusivas (sic) en Washington de que Obama y Kerry acordaron en secreto (sic) elevar a Irán al estatuto de séptima (¡supersic!) potencia mundial como seducción para firmar el acuerdo interino. ¡Vaya exageración!


Según las alucinaciones desinformativas de Debka, la influencia de Irán abarcaría una extensa región en el Golfo Pérsico, Medio Oriente y Asia Occidental que incluye Afganistán.


Bajo las repelentes amenazas de muerte a Obama –propaladas por los fundamentalistas israelíes de Estados Unidos, que rememoran el magnicidio del ex primer ministro YtzhakRabin–, Debka profiere que Netanyahu "deberá decidir cómo manejar (sic) el súbito remplazo (sic) de Israel con Irán como primer (¡extrasupersic!) aliado de Estados Unidos en la región (...) Nadie imaginó (sic) que la administración Obama fuera tan extrema (sic)". ¡Pues qué poca imaginación!


A Estados Unidos, en declive relativo, no le conviene experimentar el aislamiento suicida de Israel y no se necesita ser genio para percatarse que la carta iraní es mas benéfica en términos relativos –sin llegar a la hipérbole de una nueva hegemonía persa–, la cual, a mi juicio, deberá adaptarse creativamente con las potencias regionales sunnitas: Turquía, Egipto, Arabia Saudita y Pakistán (dotada de bombas nucleares).
Son tiempos del proverbial pragmatismo chiíta que se trasluce en las sendas entrevistas del viejo lobo de mar Rafsanjani y del carismático presidente Rouhani a TheFinancial Times (25 y 29/11/13): todo se puede negociar desde la aureola del triunfo magnanimeque no cesará de asombrarnos, como sus recientes reajustes espectaculares con Turquía (Reuters, 30/11/13) y los Emiratos Árabes Unidos, al unísono de su renovado coqueteo con Arabia Saudita.


Viene una cascada de sorpresas del nuevo paradigma del orden tripolar geoestratégico.


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EE UU, ante su mayor reto desde la desaparición de la Unión Soviética

Con el acuerdo temporal obtenido con Irán en Ginebra, Barack Obama acaricia el mayor éxito de política exterior de su presidencia y Estados Unidos la mejor oportunidad de un rediseño de la geopolítica mundial desde la caída del Muro de Berlín. O todo lo contrario.

 

Las enormes repercusiones de la posible reconciliación con Irán son comparables con el tamaño de los obstáculos que se interponen aún en su consolidación. EE UU y particularmente Obama, que encabezó este proceso con su conversación en septiembre con el presidente iraní, Hasan Rohaní, tienen por delante una tarea titánica para ratificar en los próximos meses el éxito inicial alcanzado este fin de semana.
"Hoy la diplomacia ha abierto un nuevo camino hacia un mundo más seguro", manifestó Obama en una comparencia nocturna, pocos minutos después de que se anunciase el compromiso en la ciudad suiza. "Aunque esto es solo un primer paso, se alcanza un gran acuerdo. Por primera vez en una década, hemos detenido el programa nuclear iraní y se postergan algunas partes importantes de ese programa".


Ahora hay seis meses por delante para convertir ese acuerdo provisional en uno definitivo que acabe con el peligro de armas atómicas en Irán, ponga fin a las sanciones que aíslan a ese país y arruinan su economía y, en última instancia, permita la reincorporación de Irán a la comunidad de naciones civilizadas. Eso significa nuevas opciones de negocio con Irán, que China y Europa esperan ansiosamente, y, sobre todo, la colaboración de ese histórico poder regional en la pacificación y el reordenamiento de la región más explosiva del mundo.


Para EE UU, que desde hace más de tres décadas identificó a Irán como su mayor enemigo internacional desde la desaparición de la Unión Soviética, esta es una oportunidad de reivindicar su autoridad en Oriente Medio en un momento en que es puesta constantemente en duda. Después de todo, así como la presión económica acabó rindiendo a la URSS, Washington podrá reclamar que fue su persistencia en las sanciones lo que terminó doblegando a los ayatolas.

 

Las primeras reacciones demuestran, sin embargo, lo difícil que va a ser para Obama conseguir que, tanto el Congreso como los aliados estratégicos de EE UU en el área, todos ellos imprescindibles para que este acuerdo provisional llegue a buen puerto, compartan esa visión optimista. En el Congreso, la mayoría de los republicanos ven este acuerdo más bien como una derrota, una concesión inadmisible. Y los aliados, especialmente Israel y Arabia Saudí, lo han recibido como una amenaza, no como un motivo de regocijo.


"Irán utilizará este acuerdo para obtener la capacidad de fabricar armas nucleares", ha declarado el senador Marco Rubio, resumiendo el espíritu de sus compañeros de partido. En las filas demócratas, aunque por ahora domina la cautela, la situación no es mucho más favorable. Varios de los habituales y más fieles aliados de Obama en el Senado son también amigos y defensores de Israel.


Obama ya tuvo que reunirse en vísperas del inicio de las conversaciones de Ginebra con los senadores para evitar que aprobasen un nuevo paquete de sanciones contra Irán. Esa gestión retrasó la iniciativa por unos días, pero no se sabe por cuánto tiempo más. Los enemigos del acuerdo, entre ellos el propio Israel, van a utilizar todos sus recursos en el Senado para hacer descarrilar este proceso.


Pese a todo eso, Obama tiene argumentos para defender un compromiso que le puede dar el oxígeno y el brillo que su presidencia necesita urgentemente. El control real y prolongado del programa nuclear iraní es, a largo plazo, una mejor garantía para la seguridad de Israel que un ataque militar de efectos y consecuencias imprevisibles. En todo caso, este es un momento para medir la estatura de Obama y su capacidad para imponer su política.


Con ese propósito, la Administración explota la comparación con las negociaciones que condujeron al desmantelamiento de la Unión Soviética. "Como se decía de Gorbachov y Reagan, confía pero verifica. La verificación es la clave. El presidente Obama y yo siempre hemos dicho desde el principio que no vamos solo a confiar y verificar, vamos a verificar, verificar y verificar", declaró este domingo el secretario de Estado, John Kerry, en una de sus entrevistas en televisión.


Efectivamente, este proceso puede darle a Obama un triunfo similar al de Reagan. Pero Irán, que ya fue la tumba de Jimmy Carter, puede ser también el golpe de gracia para el presidente si las promesas de hoy se convierten en burla y las expectativas actuales concluyen en un gran fiasco.

 

Por Antonio Caño Washington24 NOV 2013 - 18:50 CET

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Domingo, 20 Enero 2013 06:59

La mayor amenaza a la paz mundial

Al informar sobre el debate final de la campaña presidencial en Estados Unidos, The Wall Street Journal observó que “el único país más mencionado (que Israel) fue Irán, al cual la mayoría de naciones de Medio Oriente ven como la mayor amenaza a la seguridad de la región”

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Los dos candidatos estuvieron de acuerdo en que un Irán nuclear es la mayor amenaza a la región, si no al mundo, como Romney sostuvo explícitamente reiterando una opinión convencional.

 

Acerca de Israel, los candidatos rivalizaron en declararle su devoción, pero ni así los funcionarios israelíes se dieron por satisfechos. Esperaban “un lenguaje más ‘agresivo’ de Romney”, según los reporteros. No fue suficiente que Romney exigiera que no se permitiese a Irán “alcanzar un punto de capacidad nuclear”.

 

También los árabes estaban insatisfechos, porque los temores árabes acerca de Irán se “debatieron desde la óptica de la seguridad israelí, no de la región”, y las preocupaciones de los árabes se pasaron por alto: una vez más, el tratamiento convencional.

 

El artículo del Journal, como incontables otros sobre Irán, deja sin respuesta preguntas esenciales, entre ellas: ¿quién exactamente ve a Irán como la amenaza más grave a la seguridad? ¿Y qué creen los árabes (y la mayor parte del mundo) que se puede hacer ante esa amenaza, la vean como la vean?

 

La primera pregunta es fácil de contestar. La “amenaza iraní” es abrumadoramente una obsesión de Occidente, compartida por dictadores árabes, aunque no por las poblaciones árabes.

 

Como han mostrado numerosas encuestas, aunque los ciudadanos de los países árabes en general no simpatizan con Irán, no lo consideran una amenaza muy grave. Más bien perciben que la amenaza son Israel y Estados Unidos, y muchos, a veces importantes mayorías, ven en las armas nucleares iraníes un contrapeso a esas amenazas.

 

En altas esferas de Estados Unidos algunos están de acuerdo con la percepción de las poblaciones árabes, entre ellos el general Lee Butler, ex jefe del Comando Estratégico. Él dijo en 1998: “Es en extremo peligroso que en el caldero de animosidades que llamamos Medio Oriente”, una nación, Israel, deba contar con un poderoso arsenal de armas nucleares, “que inspira a otras naciones a tenerlo también”.

 

Aún más peligrosa es la estrategia de contención nuclear de la que Butler fue diseñador principal por muchos años. Tal estrategia, escribió en 2002, es “una fórmula para una catástrofe sin remedio”, y llamó a Estados Unidos y otras potencias atómicas a aceptar los compromisos contraídos dentro del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN) y hacer esfuerzos de “buena fe” para eliminar la plaga de las armas atómicas.

 

Las naciones tienen la obligación legal de tomar en serio esos esfuerzos, decretó la Corte Mundial en 1996: “Existe la obligación de avanzar de buena fe y llevar a término las negociaciones orientadas al desarme nuclear en todos sus aspectos, conforme a un control internacional estricto y efectivo”. En 2002, el gobierno de George W. Bush declaró que Estados Unidos no está comprometido por esa obligación.

 

Una gran mayoría del mundo parece compartir la opinión de los árabes sobre la amenaza iraní. El Movimiento de Países No Alineados (Mnoal) ha apoyado con vigor el derecho de Irán a enriquecer uranio; la expresión más reciente fue en la reunión cumbre en Teherán, en agosto pasado.

 

India, el miembro más populoso del Mnoal, ha encontrado formas de evadir las onerosas sanciones financieras de Estados Unidos a Irán. Se llevan a cabo planes para vincular el puerto iraní de Chabahar, reacondicionado con asistencia india, con Asia central a través de Afganistán. También se informa que las relaciones comerciales se incrementan. Si no fuera por las fuertes presiones de Washington, es probable que estos vínculos naturales tuvieran una mejoría sustancial.

 

China, que tiene estatuto de observadora en el Mnoal, hace lo mismo en buena medida. Expande los proyectos de desarrollo hacia occidente, entre ellos iniciativas para reconstituir la antigua Ruta de la Seda hacia Europa. Una vía férrea de alta velocidad conecta a China con Kazajstán y más allá. Es probable que llegue a Turkmenistán, con sus ricos recursos energéticos, y que se conecte con Irán y se extienda a Turquía y Europa.

 

China también ha tomado el control del importante puerto de Gwadar, en Pakistán, que le permite obtener petróleo de Medio Oriente evitando los estrechos de Ormuz y Malaca, saturados de tráfico y controlados por Estados Unidos. La prensa paquistaní reporta que “las importaciones de crudo de Irán, los estados árabes del Golfo y África podrían transportarse por tierra hacia el noroeste de China a través de este puerto”.
En su reunión de agosto en Teherán, el Mnoal reiteró su vieja propuesta de mitigar o poner fin a la amenaza de las armas nucleares en Medio Oriente instaurando una zona libre de armas de destrucción masiva. Los pasos en esa dirección son, sin duda, la manera más directa y menos onerosa de superar esas amenazas, la cual es apoyada por casi el mundo entero.

 

El mes pasado se presentó una excelente oportunidad de aplicar esas medidas, cuando se planeó una conferencia internacional sobre el tema en Helsinki.

 

Se realizó una conferencia, pero no la que estaba planeada. Sólo organizaciones no gubernamentales participaron en la reunión alternativa, organizada por la Unión por la Paz, de Finlandia. La conferencia internacional planeada fue cancelada por Washington en noviembre, poco después de que Irán accedió a asistir.

 

La razón oficial del gobierno de Obama fue “la turbulencia política en la región y la desafiante postura de Irán sobre la no proliferación”, según la agencia Associated Press, junto con una falta de consenso sobre “cómo enfocar la conferencia”. Esa razón es la referencia aprobada al hecho de que la única potencia nuclear de la región, Israel, se negó a asistir, alegando que la solicitud de hacerlo era “coerción”.

 

En apariencia, el gobierno de Obama mantiene su postura anterior de que “las condiciones no son apropiadas a menos que todos los miembros de la región participen”. Estados Unidos no permitirá medidas para someter las instalaciones nucleares de Israel a inspección internacional. Tampoco revelará información sobre “la naturaleza y alcance de las instalaciones y actividades nucleares israelíes”.

 

La agencia de noticias de Kuwait informó de inmediato que “el grupo árabe de estados y los estados miembros del Mnoal acordaron continuar negociando una conferencia para instaurar una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente, así como de otras armas de destrucción masiva”.

 

El mes pasado, la Asamblea General de la ONU aprobó por 174-6 una resolución en la que llama a Israel a adherirse al TNPN. Por él no votó el contingente acostumbrado: Israel, Estados Unidos, Canadá, las Islas Marshall, Micronesia y Palau.

 

Días después, Estados Unidos realizó un ensayo nuclear, impidiendo una vez más a inspectores internacionales el acceso al sitio de la prueba, en Nevada. Irán protestó, al igual que el alcalde de Hiroshima y algunos grupos de paz japoneses.

 

Desde luego, instaurar una zona libre de armas atómicas requiere de la cooperación de las potencias nucleares: en Medio Oriente, eso incluiría a Estados Unidos e Israel, que se niegan a darla. Lo mismo ocurre en otras partes. Las zonas de África y el Pacífico aguardan la aplicación del tratado porque Estados Unidos insiste en mantener y mejorar las bases de armas nucleares en las islas que controla.

 

Mientras se llevaba a cabo la conferencia de ONG en Helsinki, en Nueva York se realizó una cena bajo los auspicios del Instituto sobre Políticas sobre el Cercano Oriente, de Washington, ramificación del cabildo israelí.

 

Según una nota entusiasta sobre esa “gala” en la prensa israelí, Dennis Ross, Elliott Abrams y otros “ex consejeros de alto nivel de Obama y Bush” aseguraron a los presentes que “el presidente atacará (a Irán) si la diplomacia no funciona”: un muy atractivo regalo de fiestas decembrinas.

 

Es difícil que los estadunidenses estén enterados de cómo la diplomacia volvió a fallar, por una sencilla razón: virtualmente no se informa nada en Estados Unidos sobre el destino de la forma más obvia de lidiar con la “más grave amenaza”: instaurar una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente.

 

El nuevo libro de Noam Chomsky, Power systems: conversations on global democratic uprisings and the new challenges to US empire (Sistemas de poder: conversaciones sobre los levantamientos democráticos globales y los nuevos retos al imperio estadunidense) se publicará en enero. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Mass.

 

Traducción: Jorge Anaya

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Lunes, 13 Agosto 2012 06:46

Dura advertencia de Netanyahu a Irán

 Dura advertencia de Netanyahu a Irán
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, manifestó ayer que Irán es la amenaza más grande que enfrenta Israel. A su vez, insistió, como lo hizo recurrentemente durante las últimas semanas, en que su país no aceptará por ningún motivo que la República Islámica avance en la producción de material bélico nuclear. La posibilidad de que Teherán desarrolle esas armas supone una amenaza particular y diferente en alcance y sustancia, por lo que no se puede permitir que esto suceda, dijo el premier al inicio de la reunión semanal del consejo de ministros. Las declaraciones de Netanyahu se producen mientras su gobierno y el de Estados Unidos no logran acercar posiciones sobre cómo reaccionar frente a la supuesta amenaza nuclear iraní. Durante el fin de semana, el diario israelí Yediot Ahronot reveló que el premier y su ministro de Defensa, Ehud Barak, están decididos a atacar Irán antes de las elecciones presidenciales norteamericanas del 6 de noviembre.


Irán asegura que la tecnología nuclear que desarrolla –y que es impugnada fuertemente por las potencias mundiales, encabezadas por Estados Unidos– sólo persigue fines pacíficos vinculados a la producción de energía. Ayer, sin embargo, un alto funcionario israelí afirmó que Teherán logró avances significativos en el montaje de una ojiva nuclear sin que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) tenga conocimiento de esa iniciativa, informó el periódico israelí Haaretz.


Según el diario israelí, los mayores progresos iraníes son en la producción y ensamblaje de una ojiva nuclear, mientras sus ingenieros trabajan en el desarrollo de otros componentes, que incluirían el armado del fusible y los detonadores nucleares. No obstante, el gobierno israelí evitó pronunciarse sobre esa información y pidió que no se extraigan conclusiones apresuradas, según señaló el secretario del Consejo de Ministros, Zvi Hauser.


“Hay demasiadas atribuciones de manipulación, y hay muchas cosas que son lo que son, para bien y para mal”, explicó el funcionario. Mientras tanto, los oficiales consultados en Washington coincidieron en que, por lo que a Estados Unidos concierne, Irán todavía no se decidió a fabricar una bomba atómica. Y que, en cualquier caso, su tecnología actual está a años de obtener estos resultados. Paralelamente, las Fuerzas Armadas de Israel empezaron a probar un sistema de alerta contra ataques de misiles a través de mensajes de SMS (Sistema de mensajes de textos a través de teléfonos móviles).


Las pruebas empezaron ayer, confirmó un vocero israelí. No obstante, negó que el proyecto tenga que ver con un eventual ataque de ese país contra las instalaciones nucleares de Irán. “Se trata sólo de una práctica de rutina”, subrayó el portavoz, del que no trascendió su nombre. En caso de un ataque contra Irán, expertos cuentan con el consiguiente lanzamiento de misiles y cohetes contra Israel desde el país persa, desde el sur del Líbano por parte de Hezbolá, y desde la Franja de Gaza. El alerta de SMS –en hebreo, árabe, ruso e inglés– sería enviado en caso de ataque de manera automática sólo a teléfonos móviles en zonas cercanas al previsible lugar del impacto, según el portavoz militar. El sistema completo (destinado a alertar sobre la caída de misiles) entraría en funcionamiento a partir del próximo mes.


En contra de la escalada belicista y de las amenazas de Netanyahu contra Irán, cientos de israelíes se movilizaban al cierre de esta edición para expresar ante el gobierno de Tel Aviv su oposición a un posible ataque contra Irán. La multitudinaria marcha tuvo como epicentro el edificio en el que vive el ministro de Defensa Ehud Barak en la capital israelí. Los manifestantes que llegaron hasta allí lanzaron consignas contra el funcionario y el primer ministro, a quienes pidieron que renuncien antes de poner en peligro la vida de ciudadanos israelíes.


Por su parte, la prensa israelí había informado el viernes que Barack Obama y Netanyahu iban a presionar a favor de un ataque israelí en la segunda mitad del año para evitar que Irán fabricara armas atómicas. Esas especulaciones cobraron fuerza cuando el premier señaló que el país persa representa una importante amenaza para Israel. De acuerdo con una encuesta del diario Maariv, el 40 por ciento de los israelíes apoyaría un ataque de Israel a Irán, mientras que el 35 por ciento preferiría que lo haga primero Estados Unidos.

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