Corte Constitucional extiende el derecho a la eutanasia a pacientes no terminales

El alto tribunal tomó la determinación luego de estudiar una demanda que pedía condicionar el artículo 106 del Código Penal, que habla del homicidio por piedad.

 

La Corte Constitucional confirmó en la tarde de este jueves 22 de julio que por norma se extenderá el cubrimiento del derecho a fundamental a morir dignamente, también conocido como eutanasia, en el que Colombia es pionero en la región, a los pacientes no terminales. Hasta ahora el mismo estaba habilitado para personas que tuvieran enfermedades terminales en estado avanzado.

La decisión fue avalada por la sala plena del alto tribunal, en donde se registraron los votos a favor de los magistrados Diana Fajardo, quien fue la ponente del fallo; Alejandro Linares, Gloria Ortiz, Antonio José Lizarazo, José Fernando Reyes y Alberto Rojas. En contraste, Cristina Pardo, Jorge Ibáñez y Paola Meneses decidieron salvar voto. Valga señalar que, en la misma se despenalizó y se le dio más sustento jurídico al tipo penal de homicidio por piedad

Este nuevo fallo llega como respuesta a la tutela interpuesta el secretario de la Juventud de Medellín, Alejandro Matta, y un abogado de la capital antioqueña identificado como Daniel Porras, quienes le pedían a la Corte condicionar el artículo 106 del Código Penal, que habla precisamente del homicidio por piedad o eutanasia.

Para justificar dicha petición, ambos señalaron en su demanda que, “si hoy en día, una persona que no se encuentra en estado terminal, pero que se encuentra en circunstancias extremas, fruto de lesiones corporales o enfermedades incurables, decide solicitar que se le ayude a morir dignamente, encontrará una negativa del personal médico en razón”.

Gracias a ese argumento se elimina, entonces, uno de los cuatro requisitos que esa misma corporación había impuesto para acceder a este derecho hace unos 24 años. Los que quedan son los de padecer un dolor intenso que no permita tener una vida normal; la solicitud de manera voluntaria por medio de un consentimiento libre, inequívoco, informado y reiterado; y que el procedimiento sea realizado por un especialista.

Así las cosas, para la Corte “los límites que los derechos fundamentales imponen a la potestad de configuración legislativa en materia penal implican que la asistencia prestada por un profesional de la salud, en el sentido de dar soporte a quien libremente decidió poner fin a intensos sufrimientos, no puede ser sancionada penalmente, siempre que se cumplan las circunstancias previamente descritas”.

Igualmente, señaló que tomó la decisión teniendo en cuenta, entre otras cosas, la falta de desarrollo que ha tenido este derecho a nivel nacional, pues si bien el fallo a favor del derecho de morir dignamente existe desde 1997, el Congreso de la República no ha accedido a emitir una reglamentación sobre el tema, mientras que el Ministerio de Salud y Protección social lo ha hecho desde una perspectiva más bien pasiva y que todavía permite imponer restricciones por motivos de pertenencia étnica, sexo, identidad de género, orientación sexual o religiosa.

De forma adicional, el tribunal determinó que mantener las condiciones como han estado hasta este momento representa una oportunidad para que dichas barreras se perpetúen y se agraven, lo que a su vez podría perjudicar los derechos fundamentales de los colombianos.

Bien lo señalan Porras y Matta en su demanda al advertir que, “consideramos que la norma realiza una distribución inequitativa y desigual entre dos grupos de ciudadanos, al permitir que uno sea beneficiado del derecho fundamental a la muerte digna, mientras que el otro debe asumir injustamente las consecuencias incalculables de la lesión corporal sin siquiera estipularse el porqué de esta distribución”.

A pesar del fallo a favor, no faltaron quienes se manifestaron en contra del mismo, como es el caso del Ministerio de Salud, que le dijo a la Corte que abrir el derecho a la eutanasia a más grupos poblacionales “genera riesgos penales para los profesionales de la medicina ante una conducta que difícilmente puede ser justificada de manera objetiva por medio de parámetros clínicos específicos, en tanto reduce la solicitud al sufrimiento y la competencia mental”.

A esa voz se sumó la de la procuradora Margarita Cabello, quien advirtió que el tribunal se debía declarar impedido al considerar que la demanda ataca al fallo emitido por este en 1997 y que no es lo mismo tener una enfermedad terminal avanzada que una herida que causa profundo dolor, pues en el primer caso la proximidad de la muerte es una certeza, mientras que en el segundo no.

Por otra parte, está el Ministerio de Justicia, que señaló que el Congreso es la instancia que debería legislar el tema del homicidio por piedad y específicamente la procedencia de la muerte asistida en enfermos no terminales que buscan una muerte asistida. No obstante, es importante recordar que el legislativo siempre ha hundido los proyectos que quieren legislar la eutanasia. Lo hicieron, incluso, en abril de este año.

Valga señalar que, el fallo también ha recibido reacciones positivas, como las del senador Armando Benedetti, quien ha sido uno de los parlamentarios que más ha presentado el proyecto de reglamentación ante el congreso. “Es un momento agridulce. Dulce porque, por primera vez, vamos a tener una reglamentación de la eutanasia, cosa que ha debido hacer el Congreso hace más de 25 años. Agrio porque da pena que el Congreso no haya legislado sobre eso, y es otra vez la Corte quien legisla”, dijo.

22 de Julio de 2021

Publicado enColombia
BMW, Volkswagen, Audi y Porsche multados por paralizar una tecnología para reducir emisiones

Bruselas multa con 875 millones de euros a las cuatro empresas. La sanción es la primera en Europa por restringir el uso de tecnología.

Estaban desarrollando la tecnología para reducir las emisiones contaminantes de los motores diesel, llamada AdBlue, pero decidieron coordinarse y pactar para frenar su desarrollo. Esa es la conclusión de la Comisión Europea (CE) que ha acabado con un multa de 875 millones de euros a BMW y Volkswagen, incluidas Porsche y Audi, que pertenecen al grupo de este segundo.

El grupo Volkswagen deberá pagar 502 millones de euros y BMW 370 millones, tras ver reducidas sus multas un 55% y un 10% por admitir su participación en el cartel y aceptar el pago. Otra empresa de coches, Daimler, también participó en el cartel de empresas, pero Bruselas le ha librado del pago por colaborar con la CE en la investigación.

Restringir el uso de tecnología

Esta sanción marca un hito histórico para las normas de competencia europea: es la primera vez que se multa a un cartel por restringir el uso de una tecnología. La responsable de Competencia europea, Margrethe Vestager ha sido clara: “Las compañías deben competir para beneficiar a los consumidores y no hacerlo es ilegal”. Según ha descubierto la investigación, “Volkswagen, Audi, Porsche, Daimler y BMW tenían la tecnología necesaria para reducir las emisiones nocivas más allá de lo exigido legalmente por las normas sobre emisiones de la UE, pero evitaron hacerse competencia al no hacer uso de todo su potencial”, ha declarado Vestager.

El cartel se reunió varias veces entre 2009 y 2014 para pactar cuestiones sobre la tecnología AdBlue y sobre el consumo medio estimado de dicha tecnología. También se les acusa de intercambiar información comercial sensible sobre dicha tecnología.

Publicado enMedio Ambiente
Imagen ilustrativa.pixabay.com/fernando zhiminaicela

A la mayoría esto parece no interesarle, porque "es adicta a sus teléfonos inteligentes", se lamenta un investigador de la Universidad de California en Berkeley.

 

Los teléfonos celulares aumentan drásticamente el riesgo de desarrollar tumores cerebrales, debido a que la radiación que emiten es dañina, advierten científicos de la Universidad de California en Berkeley (EE.UU.).

El uso a largo plazo de esos dispositivos plantea riesgos para la salud, de tal forma que si se usan 17 minutos al día durante un período de 10 años aumenta en un 60 % el riesgo de sufrir cáncer de cerebro, afirma Joel Moskowitz, investigador de la entidad educativa.

La radiación que emiten los teléfonos celulares puede aumentar el estrés oxidativo, causar hipersensibilidad y alteraciones bioquímicas en los sistemas inmunológico y circulatorio. Sin embargo, a la mayoría de la gente esto parece no interesarle, porque "es adicta a sus teléfonos inteligentes", se lamenta Moskowitz.

Con el objetivo de disminuir la exposición a la radiación, ese investigador recomienda minimizar el uso de teléfonos celulares, así como desactivar el Wi-Fi y Bluetooth. Además aconseja mantener el dispositivo a unos 25 centímetros de distancia del cuerpo, no dormir junto al teléfono, apagarlo y si lo lleva en el bolsillo activar el modo avión. También sugiere usar auriculares con cable o altavoces para llamadas y usar el teléfono celular solo cuando la señal sea fuerte, puesto que esos dispositivos están diseñados para aumentar la radiación cuando la señal es deficiente.

Publicado: 9 jul 2021 06:20 GMT

Jueves, 08 Julio 2021 05:24

El cuerpo en Lacan

El cuerpo en Lacan

Una mesa de juego en la dirección de la cura

 

Estas líneas recrean la defensa oral de una tesis doctoral sobre “El cuerpo en Lacan” que días atrás --bajo la hipótesis de que la concepción del cuerpo determina la dirección de la cura--  nos tocó exponer en la Universidad de Buenos Aires. A partir de la “carne que derrama lágrimas”, mentada por Platón en El Banquete para oponer al amor socrático de las Ideas, nuestra investigación hizo pie en el “cuerpo vivo (Leibhaft, carne)” de Edmund Husserl para así llegar a “la relación del ser hablante con su cuerpo, puesto que no hay otra definición posible del goce”, según refiere Lacan en su texto Hablo a las paredes[1]. Título más que oportuno para ilustrar la función de sostén que el habla provee al cuerpo en tiempos en que la pandemia nos obliga al confinamiento. De hecho, insomnio, pánico, depresión y su ruta refieren la dimensión de Cosa --de despedazamiento-- a la que el propio cuerpo remite cuando los objetos que nos rodean sólo nos devuelven su irremediable condición de objetos. Por algo “la angustia es la sospecha que nos asalta de que nos reducimos a nuestro cuerpo”, decía Lacan en 1974.

Es que el cuerpo es una superficie de inscripción cuya función de sostén radica en sustraerse de la marca que lo determina y despedaza. ”Se me fue el alma a los pies”; “me partió en dos”; “se quebró”; “me cortó el rostro”; son algunas de las frases que testimonian el punto. Por algo dice Lacan: “No hay otro soporte del cuerpo que el corte que preside su desmontaje” (10/5/1967, inédito). De esta manera, nos creemos ser un cuerpo cuando en realidad apenas lo tenemos porque hablamos, y hablar siempre supone un Otro, aunque sea la pared. El espejo es el primer recurso para construir esa ficción que nos permite decir: mi cuerpo. De allí que si “Yo gozo de mi cuerpo, es decir, tu cuerpo deviene la metáfora de mi goce” (7/61967). Así, la satisfacción pulsional se encuentra y desencuentra en el campo del Otro, de lo contrario emerge la angustia que hoy los laboratorios venden como ataque de pánico.

No por nada el régimen de satisfacciones de corte autoerótico y adictivo imperante en el planeta es correlativo de un empobrecimiento de la relación del sujeto con su propio cuerpo, verdadero escenario de la crisis del lazo social que la pandemia puso en primer plano al demostrar que no hay salud del Uno sin el Otro. Tanto es así que nuestras platónicas lágrimas más arriba mentadas retornan cuando en su seminario “Aún” Lacan observa que el cuerpo sólo funciona afectado por otro: “si llegaran a secarse las lágrimas, el ojo dejaría de funcionar bien. A eso llamo yo milagros del cuerpo. (…) el hecho es que lloriquea, (...), en cuanto le pisan a uno el pie corporal, imaginaria o simbólicamente. Lo afectan a uno...”[2].

Ahora bien ¿Cómo articular la relación entre el cuerpo y la dirección de la cura? y ¿Qué se pierde o se gana en los tratamientos por vía remota? fueron algunas de las preguntas que orientaron nuestra investigación. Nuestro recorrido se apoyó en el texto Radiofonía[3]en que el significante carne retorna para señalar el efecto que el “cuerpo de lo simbólico” imprime en el cuerpo a tomar en “sentido ingenuo”. Dice Lacan: “No le sucede así a toda carne. Solo de aquellas que el signo marca al negativizarlas”. No extraña entonces que apele a los incorporales de los estoicos para destacar “en qué lo simbólico sujeta al cuerpo”, es decir: esos restos que según el filósofo e investigador Èmile Bréhier: “se hallan en el límite de la acción de los cuerpos”[4].

De esta manera, si el cuerpo propio no alcanza a inscribir todo el goce, la función del analista en el dispositivo no es otra que la de escenificar esta disyunción entre el cuerpo y ese exceso de satisfacción que porta el síntoma. Una presencia que se sustrae desde los más mínimos, aunque no por ello, menos significantes detalles. Desde correr la mirada cuando la persona se quita el saco o acomoda el portafolios, hasta evitar que el sujeto se vea observado cuando el analista se in-corpora (¡precisamente!) para atender un timbre; y desde la decisión de estrechar la mano o dar un beso hasta cortar la sesión cuando el impudor insinúa su sombra (por ejemplo, en el intento reiterado del sujeto bulímico por contar todos los vómitos de la semana).

Así el analista juega una partida de presencias y ausencias que hace del cuerpo “mesa de juego”[5]. Concepto que tuvimos la fortuna de encontrar cuando redactábamos nuestro texto sobre “Gambito de Dama”, aquella serie en que el saber inconsciente de la ajedrecista tramita una disputa que le permite triunfos resonantes, si bien con gran costo subjetivo (recordar las escenas en que Beth yace en la cama mientras un tablero imaginario pende del techo). Lo cierto es que, en el ser hablante (parlêtre), el que decide el juego que se juega es el tablero, o sea: la mesa del cuerpo. Va de suyo entonces que, para intervenir sobre el goce, la jugada analítica apunta al casillero que está “en el límite de la acción” del tablero. Cuestión que abona nuestra hipótesis según la cual, en Lacan, la concepción del cuerpo determina la dirección de la cura.

Pandemia mediante, hoy los analistas ponemos el cuerpo, desde sostener la Mirada del sujeto anoréxico que comparte videos de corte y confección de vestidos para así gestar una nueva versión de su cuerpo; hasta hacer lo propio con la Voz de quien llama en horarios insólitos, en virtud de que el confinamiento en familia le resta privacidad durante la jornada; pasando por recibir --protocolo mediante-- al fóbico refugiado en el aislamiento restrictivo.

En la clínica on line que hoy impone la pandemia, sin dudas hay cuerpo en la Voz y la Mirada. La cuestión está en que si “una alcoba donde no pasa nada más que el acto sexual que se presenta como preclusión (Verwerfung), es lo que se llama comúnmente el consultorio del analista” (21/6/ 1967, inédito), vale preguntarse hasta dónde la clínica on line pone en juego la angustia que motoriza un tratamiento analítico hasta su conclusión. El ser hablante tiene un cuerpo sólo porque habla con el cuerpo. En el escamoteo de esta equívoca alteridad que impone el culto individualista reside la actual crisis del lazo social.

 

08 de julio de 2021

Por Sergio Zabalza, psicoanalista. Fragmentos de la Defensa de la Tesis “El cuerpo en Lacan: enseñanza y dirección de la cura”, redactada bajo la dirección de Fabián Naparstek, y aprobada con calificación sobresaliente con recomendación de publicación por el jurado conformado por María Inés Sotelo; María Elena Elmiger y Osvaldo Delgado.

[1] Jacques Lacan, ( 1971-1972) “Hablo a las paredes”, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 70

[2] Jacques Lacan ( 1972-1973) , El Seminario: Libro 20, “Aún”, Buenos Aires, Paidós, p. 133

[3] Jacques Lacan ( 1970) “Radiofonía”, en Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, pp. 431 y 432

[4] J. Ferrater Mora, Diccionario de Filosofìa, Barcelona, Ariel, Tomo II, p. 1792.

[5] Jacques Lacan, Radiofonía, op. cit. p. 448.

Publicado enCultura
 Imagen: Verónica Bellomo

Karina Batthyány, socióloga uruguaya, especialista en la temática del cuidado

La doctora en Sociología y secretaria ejecutiva de Clacso repasa los conceptos de género y cuidados, la división sexual del trabajo y el rol de las tareas no remuneradas en las sociedades capitalistas. Pandemia y desigualdad.

 

La pandemia de Covid-19 desnudó la importancia de los cuidados y las desigualdades de género en torno a ellos. Puso en evidencia además su valor para el funcionamiento de la sociedad y la economía. En Miradas latinoamericanas a los cuidados (Clacso-Siglo XXI México), Karina Batthyány coordina una serie de aportes fundamentales sobre la temática en América Latina y el Caribe. El texto, una reflexión colectiva sobre el concepto, compila estudios relacionados al cuidado, la división sexual del trabajo, las políticas públicas y las iniciativas nacionales en países como Argentina, Uruguay, Brasil o Colombia en torno al cuidado de niños, adultos mayores y personas con discapacidad.

Destacada socióloga uruguaya, de las más reconocidas especialistas latinoamericanas en cuestiones vinculadas al cuidado, en Miradas... Batthyány subraya que “las características relacionales y afectivas de la tarea de cuidado están, producto de la división sexual del trabajo y de los mandatos de género, asociadas a la identidad femenina, lo que posiciona al cuidado como uno de los temas sustantivos directamente relacionados al real ejercicio de la ciudadanía social de las mujeres y de sus derechos”.

Batthyány es doctora en Sociología por la Université de Versailles Saint Quentin en Yvelines, Francia; secretaria ejecutiva del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso); y profesora titular del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias de Sociales de la Universidad de la República (UDeLaR), de Uruguay. Es autora, entre otros, de Los tiempos del bienestar social. Género, trabajo no remunerado y cuidados en Uruguay; Las políticas y el cuidado en América Latina. Una mirada a las experiencias regionales; y Políticas del cuidado (CLACSO-UAM-Cuajimalpa).

--Miradas latinoamericanas a los cuidados plantea una reflexión colectiva sobre los cuidados y una investigación regional en torno a ellos. ¿Qué se entiende por cuidados?

--Efectivamente es importante siempre comenzar definiendo qué entendemos por cuidados porque por suerte en los últimos veinte años ha habido mucha investigación y mucho desarrollo teórico en torno a este tema, particularmente en América Latina esa vitalidad se observa de manera muy fuerte. En Miradas latinoamericanas a los cuidados hay un recorrido sobre la evolución teórica de este concepto. Si tuviera que dar una definición breve, entiendo el cuidado como todas las acciones necesarias que se desarrollan para el bienestar diario, el bienestar en la vida cotidiana de una persona, de una persona dependiente, sea dependencia por ciclo vital --los niños obviamente-- o dependencia por distintas circunstancias de la vida: personas mayores dependientes, personas discapacitadas con dependencia. Entonces, entiendo el cuidado como todas aquellas actividades necesarias para el bienestar en la vida diaria y que se realizan para aquellas personas que no pueden realizarlas por sí mismas.

--¿Qué dimensiones involucra esta conceptualización?

--El cuidado involucra por lo menos tres grandes dimensiones. Una primera dimensión material que tiene que ver específicamente con el trabajo de cuidados. Todos y todas quienes hemos cuidado a alguien sabemos de qué hablamos. Si pensamos en los niños: higienizarlos, alimentarlos, apoyarlos, más ahora en plena pandemia, todas actividades necesarias de esa población. Pero no solamente nos referimos a la dimensión material sino que reconocemos también una dimensión económica con el costo que implica cuidar a alguien. El costo en dos sentidos: el costo directo, cuidar a alguien implica una serie de gastos, de insumos necesarios que implican un gasto pero también hay una cuestión económica más asociada a lo que dejamos de hacer por cuidar a alguien. Finalmente, una dimensión más del orden de lo afectivo, que involucra el cuidado más subjetivo, psicológico, que también es importante tener en cuenta. Estas tres dimensiones además pueden ser realizadas de dos maneras: de manera remunerada o no remunerada. Y a su vez en dos ámbitos distintos: dentro o fuera de la familia, dentro o fuera de los hogares. Y la naturaleza de la actividad del cuidado va a variar según todas estas características, es decir, según primen en algunos momentos las dimensiones materiales, económicas, psicológicas; según se haga dentro o fuera de las familias o se haga de manera remunerada o no remunerada. Pero hay una especificidad en la cuestión del cuidado y es que casi por definición involucra una relación que se establece entre quien cuida y quien es cuidado. Por supuesto esa relación también va a tener características distintas en función de si es una relación paga o no paga, familiar o no familiar.

--¿Cuánto se han profundizado las desigualdades en este sentido a partir de la pandemia?

--Hay dos cosas que me gustaría resaltar cuando hablamos de qué pasó con las desigualdades y con los cuidados en el marco de la pandemia. Primero es el contexto. Un contexto en el que a todos y a todas la vida cotidiana nos cambió de un día para el otro. Nos cambió casi hasta retrotraernos a épocas pasadas donde volvió a coexistir en el mismo espacio geográfico lo productivo y lo reproductivo durante las 24 horas, bajo las consignas del confinamiento. De repente nos vimos en una situación en la que, además, las tareas de cuidado se volvieron necesarias. Se pudo haber parado todo, pero el cuidado no paró. Contrariamente, aumentó. Porque si teníamos en nuestros arreglos domésticos alguna forma de externalización de los cuidados, por ejemplo, los centros de cuidado infantil o algunos lugares de apoyo para quienes cuidan a personas mayores dependientes en los domicilios, todo eso se detuvo. Y esa carga de cuidado volvió a los hogares. Volvió a los hogares además en condiciones de confinamiento, en muchos casos de teletrabajo, que implica un montón de desafíos en esta relación entre lo productivo y lo reproductivo.

--¿Qué arrojan los estudios a este respecto?

--Los estudios que hay nos muestran que la carga de cuidados aumentó, pero que no se distribuyó al interior de los hogares. Básicamente, se mantuvo la división sexual del trabajo que conocíamos antes de la pandemia: que somos las mujeres las que asumimos el porcentaje mayor de la carga de cuidados. El 80% de los cuidados los realizan las mujeres en nuestros países y lo mismo ocurrió durante la pandemia. Esta brecha de desigualdad de género, este “nudo crítico” --como me gusta llamarlo a mí-- se amplificó evidentemente durante la pandemia. Aumentó cuantitativamente la carga de cuidados en los hogares porque todo lo que estaba externalizado retornó a los hogares, quedó a cargo exclusivamente de los integrantes de esos hogares y no se modificó la división sexual del trabajo. Son las mujeres las que siguen cumpliendo esa tarea. Además se sumó algo --que depende de cada país-- para el cuidado del bienestar, que es el apoyo en todo lo que es la escolarización, la teleeducación. Esto no hace más que tensionar y es incompatible con el teletrabajo. No le puedo pedir a una mujer que trabaje, cuide y además cumpla tareas escolares en la casa. Todo esto llevó a niveles de tensiones muy importantes. El segundo punto que me gustaría destacar es que si alguien tenía dudas sobre la importancia del cuidado para el bienestar de todos los que integramos las distintas sociedades, para el bienestar individual y social, no le pueden haber quedado dudas. Con la pandemia, el cuidado estalló en la cara de quienes aún no lo querían ver o de quienes no tenían este tema como un tema importante a nivel de la agenda de políticas públicas. La pandemia aceleró la visualización de la temática del cuidado; ojalá no sólo la haya visualizado sino que lleve a preguntarse por soluciones al respecto.

--¿Cuáles debieran ser los ejes centrales de una agenda de políticas públicas de cuidados?

--Lo primero son los principios. Para mí una agenda de políticas públicas de cuidados tiene que tener tres principios de base. El primero es entender el cuidado como un derecho; y todo lo que ello implica, entre otras cosas, la responsabilidad estatal. Y eso tiene que ver no solo con declarar un principio o un derecho, sino de permitir que ese derecho se ejercite. El Estado tiene que ser garante de ese derecho. El segundo elemento es que tiene que ser de carácter universal, es decir, con acceso para toda la población. Dependerá la forma de acceso, no estoy diciendo aquí gratuito, libre e irrestricto para todos y todas en las mismas condiciones --aunque podría ser-- pero sí universal. El tercer elemento es que tiene que ser desde una perspectiva de género. Entender que en este tema está el origen de una profunda desigualdad entre varones y mujeres por la división sexual del trabajo vigente en todos nuestros países por los contratos o las relaciones de género. Esos tres principios son la base. Hay que empezar a pensar el cuidado como un derecho, una cuestión universal y desde una perspectiva de género. Una vez realizado eso, la experiencia internacional nos muestra que hay una serie de políticas a desarrollar.

--¿Cuáles, por ejemplo?

--Diría que hay al menos tres tipos de políticas; a esas tres me gustaría agregar dos que considero necesarias para cumplir con esos tres principios. La primera de las políticas son las que se llaman “políticas de tiempo”, como las licencias para padres y madres para el cuidado, la flexibilización horaria en los lugares de trabajo, entre otras. La segunda, las “políticas de servicios”. Es decir, brindar servicios que pueden ser públicos o privados pero que deben ser regulados sobre determinados estándares de calidad, como centros de cuidado para los niños y hogares para las personas mayores dependientes. En tercer lugar lo que se llaman las “políticas de prestaciones”, quizás menos implementadas en América Latina, que son beneficios monetarios que se otorgan a las familias para que con ese monto puedan solucionar sus problemas o necesidades de cuidado vía mercado o como sea. Y digo que hay que agregar dos más: el primero de ellos tiene que ver con políticas culturales que apunten a modificar la división sexual del trabajo. Las políticas culturales son imprescindibles para lograr ese objetivo. Por último, y en relación con la revalorización económica, siempre que se desarrollan políticas de cuidado en un país surgen nuevas ocupaciones, profesiones, asociadas a esta cuestión del cuidado. Prestemos atención desde el minuto cero a que estas profesiones u ocupaciones que surgen ligadas a la expansión de las políticas de cuidado sean ocupaciones valoradas socialmente, económicamente, con cobertura, con seguridad social, con protección.

--Subraya la importancia de las políticas culturales orientadas a modificar la división sexual del trabajo. ¿Cuál considera que es el aporte de la Educación Sexual (ESI) Integral en ello?

--El aporte tiene que ver con empezar a transmitir en los espacios de educación, en los procesos de escolarización, elementos que permitan una construcción alternativa de lo que son hoy las relaciones sociales de género. Poner en cuestión los modelos predominantes de feminidad, masculinidad, relaciones entre varones y mujeres y estereotipos, sexismos de distinto tipo que observamos en nuestra sociedad. Permitir el ejercicio de construir y reconstruir algunas categorías como la categoría de género, como la división sexual del trabajo, a veces tan internalizadas que las tomamos como naturales. El valor de la ESI es permitir poner en cuestión estos elementos. Hay que empezar a cuestionar y a reconstruir los mandatos sociales asociados al género que se transmiten de manera constante y a veces imperceptible. Allí es importante este tipo de políticas para permitir, desde los procesos educativos, poner en cuestión estos mandatos y contribuir a la modificación de esa división sexual del trabajo y del sistema de géneros que sigue siendo sin excepción en todos los países de América Latina profundamente sexista, profundamente machista, profundamente patriarcal.

--Hace un instante decía que es imprescindible entender el cuidado como un derecho. En Uruguay, el Sistema de Cuidados es un derecho. Argentina, como otros países de América Latina, está dando esa discusión y trabajando fuertemente en esa dirección. ¿Cuánto puede servirse la región de la experiencia uruguaya?

--El modelo de Uruguay es interesante para analizarlo en clave latinoamericana y en clave de países como Argentina, Colombia y México, que están dando fuertemente esta discusión. Pero tiene muchas particularidades que no hay que olvidarlas. Como por ejemplo, la primera bien importante y que quizás sea aplicable al caso de Argentina, es que el sistema de cuidados o la política nacional de cuidados en Uruguay se instala como un proceso de reforma social más amplia. Es decir, en un momento en que Uruguay hace una profunda reforma social que modificó la educación, la salud, la seguridad social, la cuestión fiscal asociado a la llegada al gobierno del Frente Amplio, de un gobierno ideológicamente ubicado a la izquierda que se propone deliberadamente esta reforma social, y esta es una pieza más dentro de esta reforma social. La segunda particularidad del caso uruguayo es que se trabajó desde el minuto uno con una articulación de actores diversos que provenían del sector académico, del sector de la sociedad civil y por supuesto del sector perteneciente a la política pública. Se avanzó con un diagnóstico nacional producto de un diálogo nacional por el cuidado, por una consulta en los distintos territorios para ver cuáles eran las demandas y necesidades de la población en torno a este tema. Luego se da una serie de políticas y hay una serie de enseñanzas en los términos de cómo avanzar en los tres principios que nombré en cuanto al derecho, la universalización y el género para evitar embates cuando llegan al gobierno nacional coaliciones ideológicas que quizás no tienen dentro de sus prioridades ese tema. Y esa es la realidad que estamos viviendo hoy en el Uruguay. Es muy positivo que países como Argentina se planteen este desafío de avanzar hacia una política nacional de cuidados.

--Más allá de los avances, ¿cuáles son las urgencias de la época en la agenda de mujeres?

--En términos de la agenda pendiente, me gusta mucho el marco de las autonomías. En el terreno de las tres autonomías, la autonomía física claramente involucra dos temas importantísimos en nuestros países: los derechos sexuales y reproductivos, aborto incluido por supuesto y violencia de género. En términos de autonomía económica, lo más importante nuevamente son dos elementos: uno vinculado a los cuidados que condiciona fuertemente la autonomía económica de las mujeres y otro en términos de la participación en el mercado de trabajo. En tercer lugar, la autonomía en la toma de decisiones donde América Latina tiene una deuda muy fuerte. A pesar de la ley de cuotas, estamos muy lejos de la paridad en los ámbitos de las tomas de decisión de nuestras sociedades.   

Por Bárbara Schijman

28 de junio de 2021

Publicado enSociedad
Producen Escherichia coli superresistente a infección viral

Madrid. Investigadores del Laboratorio de Biología Molecular del Consejo de Investigación Médica de Cambridge, en Reino Unido, han desarrollado una bacteria Escherichia coli sintética reprogramada que presenta resistencia viral, publicaron en Science.

Mediante la ingeniería del código genético de una cepa sintética de la bacteria para incluir varios aminoácidos, los investigadores hicieron que fuera prácticamente invencible a la infección viral. Su trabajo es uno de los primeros en diseñar proteínas con no uno, sino varios aminoácidos no canónicos.

"La capacidad de generar proteínas de diseño utilizando múltiples bloques de construcción no naturales desbloqueará innumerables aplicaciones, desde el desarrollo de nuevas clases de bioterapias hasta biomateriales con propiedades innovadoras", escriben en una Perspectiva relacionada Delila Jewel y Abhishek Chatterjee, del Boston College en Chestnut Hill, Estados Unidos.

En la naturaleza, los sistemas biológicos utilizan 64 codones –triplete único de nucleótidos– para codificar y guiar la síntesis templada de proteínas a partir de una colección de 20 aminoácidos canónicos.

Se cree que eliminar ciertos codones y los ARN de transferencia que los leen del genoma y sustituirlos por aminoácidos no canónicos (ncAA) puede permitir la creación de células sintéticas con propiedades que no se encuentran en la biología natural, como potentes resistencias virales y una mayor biosíntesis de nuevas proteínas.

Sin embargo, aunque se han codificado genéticamente cientos de ncAA diferentes en diversos ámbitos de la vida, el enfoque se ha limitado en gran medida a la incorporación de uno único en una cadena polipeptídica.

Wesley Robertson y sus colegas demostraron la incorporación específica de múltiples ncAAs distintos en proteínas utilizando una cepa sintética de E. coli. Eliminaron los ARN de transferencia y el factor de liberación y crearon células de la bacteria que no leen varios codones.

Como los virus dependen de la capacidad de la célula huésped para leer los codones del genoma viral para reproducirse, las células de E. coli modificadas se volvieron resistentes a gran variedad de ellos.

 

  El rapero Toni Mejías, autor de 'Hambre. Mi historia frente al espejo'. — Natalia Vázquez / Aguilar

Toni Mejías, miembro del grupo de rap Los Chikos del Maíz, publica Hambre. Mi historia frente al espejo (Aguilar), un libro duro en el que desgrana los pormenores de su lucha por superar la anorexia. Un relato íntimo que rompe tabúes y ahonda en cuestiones acuciantes como la omnipresencia de las redes, el culto a la imagen o la velocidad de lo cotidiano. 

¿Cuándo se da cuenta de que tiene un problema serio?

Notaba que el cuerpo me mandaba señales. Me sentía más cansado de lo normal y sentía dolor en las articulaciones al realizar esfuerzos ligeros. Algo no iba bien hasta que una amiga vallecana, que es médico, intuyó lo que me estaba sucediendo y me dijo que tenía que hacer algo, que lo que me pasaba se llamaba anorexia. Nunca pensé que sufría una enfermedad mental. Aquello fue un punto de inflexión, sentí que se me estaba yendo de las manos y me puse en manos de una psicóloga y una endocrina.

¿Hasta qué punto le pudo la presión social?

Esta presión yo ya la sentía antes. Recuerdo que cuando estaba rellenito ciertos comentarios a los videoclips iban dirigidos a mi forma física. Pero el problema no son sólo los comentarios ofensivos, también influyen los positivos. Cuando empecé a perder peso y sentí que por primera vez aceptaba mi cuerpo, noté que a la gente le gustaba lo que veía, de repente sus comentarios pasaron a ser positivos, de aceptación, lo que de algún modo me inducía a pensar que perder peso era la solución. 

Vivimos sometidos a la dictadura de las redes y al culto a la imagen. ¿Tuvo también algo que ver?

La redes sociales han potenciado el culto al cuerpo. Y si eres una figura semi pública mucho más. Parece que siempre tenemos que vender una imagen de perfección y felicidad que no existe, que es irreal. La mayoría de las personas no cumplimos con los cánones de belleza, y mucho menos con los sueños que teníamos de niños. Es terrible que tengamos esa presión social detrás, ese mantra de que si te esfuerzas tendrás éxito. También hace mucho daño la eficiencia, el que no tengamos derecho a aburrirnos, el que constantemente tengamos que estar haciendo cosas útiles. Nuestro ritmo de vida es frenético; si no frenamos, mucha gente se quedará por el camino.

Nos hemos convertido en responsables de nuestra propia marca... 

Da igual si eres músico o periodista, ahora también eres publicista. Tienes que comunicar en todo momento lo que haces, es algo terrible y es una parte que odio de las redes pero a la que no puedo renunciar porque es una herramienta para dar a conocer mi trabajo. Es agotador y no creo que sea positivo, al final esa dependencia de las redes hace que supeditemos lo viral a los contenidos de calidad.

¿Fue terapéutico escribir 'Hambre'?

El proceso de escritura fue parte de mi terapia. No fue una exigencia de mi psicóloga, pero en cierto modo consideré que me podría ser útil. Sentía que me ayudaba a situarme, a ver qué había aprendido y en qué seguía perdido. Mi formación como periodista me permitió darle un estilo claro y cuando la psicóloga me dijo que podía caminar sólo, pensé que estos textos podían servir para algo. 

¿Qué tal es su relación hoy día con la comida?

Todo lo que ingiero lo analizo al detalle. Es una pelea constante; comer sin sentirme mal. Cuando termina el día y me voy a la cama sé perfectamente las calorías que he consumido durante el día. Para mí comer fuera de casa es algo muy difícil, enfrentarme a un menú de un bar de carretera cuando voy de gira se me hace un mundo. Pero he aprendido que tengo que comer, cada día es una batalla pero al menos ahora consigo ganarlas.

Del tono beligerante de sus letras al confesional y frágil de este ensayo. ¿Le ha costado cambiar de registro? 

Lo llevo bien. Siento que la persona que escribe Hambre tampoco es tan distinta de la persona que se sube al escenario. Lo que sucede es que el formato condiciona el mensaje, para mí el escenario es un lugar en el que tiene cabida un discurso más político. También es cierto que el escenario me permite esconder una parte de mí, como el miedo al error y al ridículo, las inseguridades, la ansiedad previa, incluso algún que otro ataque de pánico. Todo eso no aparece bajo los focos. 

¿Cómo cree que será recibido este libro entre sus seguidores?, ¿teme que alguien le mande al psicólogo?

Yo creo que esa idea del macho alfa está remitiendo, al menos es algo que percibo entre la gente de izquierda que nos escucha. Siento que un libro como Hambre les puede ayudar a mostrar esa vulnerabilidad, por suerte estamos dejando atrás a ese hombre de palillo en la boca y carajillo en la barra. Es importante abrir el debate sobre la salud mental y reflexionar juntos sobre la vulnerabilidad y la derrota. 

¿Siente vértigo o pudor?, ¿cómo lleva lo de publicar sobre algo tan íntimo como una enfermedad mental?

No me lo planteé mucho, si te soy honesto. Tan sólo me pregunté si iba a hacerme daño publicar esto, pensé que si podía ayudar a otras personas habría valido la pena. Además, parece que de repente la salud mental ha irrumpido en el tablero político, incluso en el periodístico. Esto en cierto modo me ha quitado un poco de peso, me ha hecho ver que no soy el único que ha pasado por una enfermedad de estas características. Me siento contento de poder poner mi grano de arena, si este libro ayuda a alguien a reconocer que tiene un problema, con eso me basta. En este país parece que hablar de ellos nos hace débiles, y que los débiles no sirven en este sistema.

07/06/2021 22:36

Juan Losa@jotalosa

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Las múltiples concepciones psi del trauma

Un recorrido conceptual y temporal sobre un tema clave en psicoanálisis

El doctor en Psicología y psicoanalista Luis Sanfelippo encara un estudio histórico sobre ese concepto.

 

La noción de “trauma” forma parte de la cultura occidental que trascendió la esfera psicoanalítica para integrar la jerga social. El concepto de “trauma” surgió de lo somático y luego devino en una conceptualización psíquica que Freud le dio estatuto. Sin embargo, no existe una sola concepción de “trauma” en la obra del padre del psicoanálisis. Fue cambiando no sólo por cuestiones inherentes a su pensamiento sino también por el contexto histórico en el que Freud vivió. Un recorrido conceptual y temporal es el que establece el doctor en Psicología y psicoanalista Luis Sanfelippo en su libro Trauma. Un estudio histórico en torno a Sigmund Freud (Miño y Dávila Editores). Un cruce entre psicoanálisis e historia es el eje de la investigación de Sanfelippo para abordar las múltiples concepciones psi del trauma.

“Intenté abordar el tema del trauma en relación a Freud y en relación al psicoanálisis pero no sólo centrándome en el psicoanálisis sino más en un campo crítico más amplio en torno de la noción de ‘trauma’”, comenta Sanfelippo en diálogo con Página/12. “Pero también traté de justificar, de acuerdo a lo que investigué a lo largo de las transformaciones históricas de la noción de ‘trauma’, que no hay una sola noción psicoanalítica de trauma. Para Freud el trauma no es una sola cosa sino que en distintos momentos y frente a distintos problemas surgieron distintas nociones de trauma. No es lo mismo la noción de trauma que establece cuando está construyendo su teoría de la seducción que cuando conceptualiza las neurosis de guerra”, ejemplifica este docente e investigador.

--¿La idea fue tomar sólo la obra de Freud para abordar esa multiplicidad?

--En realidad, el trauma puede ser un problema infinito e inabordable porque hay muchísimas concepciones del trauma, hay muchas teorías y distintos saberes construidos en torno a la noción de trauma, también muchas prácticas. Centrarme en Freud era estratégico en relación a acotar en torno a los trabajos de un autor, pero poniendo los trabajos de un autor en discusión con otros autores con ciertos problemas históricos en el contexto en el que Freud vivió. Entonces, centrarme en Freud y su contexto permitió que el trabajo sea abordable, pero por otro lado yo confiaba en que centrándome en Freud, su contexto y los interlocutores, pudiera ubicar problemas centrales respecto de la noción de trauma. Por ejemplo, si la noción de trauma depende únicamente de un acontecimiento del pasado o si también depende de la respuesta que damos en el presente.

--¿Se trata sólo de diferencias conceptuales o también de procedimientos clínicos y terapéuticos los que se modifican?

--Al modificarse las nociones conceptuales se transforman las prácticas clínicas. Pero a veces también cuando en la práctica clínica aparece una innovación técnica o un problema nuevo, los autores se ven forzados a cambiar su teoría. Por ejemplo, una cosa es suponer que frente a un trauma hay que olvidar y, entonces, que la terapia apunte sólo a olvidar el trauma; otra es suponer que frente a un trauma hay que recordar y entonces, la terapia empuje a que la persona hable de los traumas. Y otra es lo que, de distintas formas, plantea Freud: es una especie de combinación entre olvido y recuerdo. Es necesario que ciertos elementos que son demasiado traumáticos se pierdan y es necesario que se inscriban otros y que se armen nuevas tramas, después de haber vivido un trauma.

--¿Qué le permitió el tomar el concepto de trauma como un objeto de indagación histórico?

--Por un lado, permitió un recorrido exhaustivo pero al mismo tiempo mostrar que en torno al trauma hay una noción que se usa en el campo clínico pero también en la historia, lo que se considera “un acontecimiento traumático”. Esto permite ubicar muchos problemas que son importantes para la clínica psicoanalítica, pero al mismo tiempo problemas que son importantes para el pensamiento de la cultura occidental. Una de las preguntas que existe después del siglo XX es: ¿qué hacemos con ciertos acontecimientos colectivos como la Shoa y la dictadura que parecen funcionar como un trauma? Parecen ser demasiado presente y no poder convertirse en pasado.

--¿Cómo influyó la Primera Guerra Mundial en la conceptualización de Freud sobre el trauma?

--La Primera Guerra Mundial le permitió ubicar que un trauma no es sólo una escena del pasado que la persona olvidó pero que puede convertirse en un relato sino que le demostró que hay experiencias que no se llevan bien con el relato: introducen elementos que hacen muy difícil poder convertirlos en un relato. Le hizo repensar no sólo su conceptualización del trauma sino su concepción del aparato psíquico. Freud murió justo en 1939, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba empezando. Pero es interesante porque aun cuando murió antes, escribió Moisés y la religión monoteísta, que es un texto en el cual él intenta pensar cómo ciertas experiencias colectivas son posibles de ser transmitidas de generación en generación, aun cuando esa transmisión no sea consciente ni voluntaria.

--¿A partir de esa conceptualización se puede hablar de trauma colectivo?

--Sí. En textos como Tótem y tabú y Moisés y la religión monoteísta, Freud concibe que hay traumas que son colectivos y que se transmiten de generación en generación. Y me parece que es un problema central de las sociedades occidentales contemporáneas porque vivimos la Shoa, el apartheid, las dictaduras latinoamericanas. Y seguimos pensando cómo algo de esas experiencias traumáticas sigue teniendo influencia en el presente y se siguen transmitiendo de generación en generación sin volverse del todo pasadas.

--O sea que las transformaciones de la noción de trauma en Freud no dependieron exclusivamente de motivos inherentes a su pensamiento sino también a cuestiones externas, ¿no?

--No se pueden leer las transformaciones de las concepciones y las prácticas de Freud sobre el trauma sólo como debidas a problemas internos de la teoría o la práctica psicoanalítica. La guerra es el ejemplo crucial. Así como antes los accidentes de ferrocarril les obligaron a otros autores a cambiar ciertas concepciones, para Freud y sus contemporáneos la Primera Guerra Mundial introdujo problemas nuevos, síntomas nuevos, formas de presentación del malestar nuevas que obligaron a repensar su teoría y obligaron también a cambiar un poco la práctica. Por eso, está bueno leer a Freud en su contexto cultural, político y de interlocutores.

--¿En qué aspectos con el devenir del tiempo se produjo una psicologización del trauma?

--Hacia fines del siglo XIX la noción de trauma todavía era una noción anatómica, como la especialidad médica “traumatología”. Un trauma era un impacto sobre el organismo que producía lesiones, pero los accidentes de ferrocarril y luego las guerras, los abusos y otra serie de problemas que atraviesan muchas personas empujaron a pensar que existía la posibilidad de que un trauma no sea solamente un impacto mecánico sobre un organismo sino que se pueda llamar trauma a la conmoción subjetiva, a la conmoción psíquica que genera una experiencia, aun cuando no produzca lesiones en el organismo. Metafóricamente sería como “una herida en el alma que permanece abierta” y por lo tanto sigue siendo presente aun cuando haya ocurrido en el pasado.

Por Oscar Ranzani

27 de mayo de 2021

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Ernesto Sinatra

El psicoanalista analiza los consumos compulsivos en la era posmoderna

El especialista en adicciones cuestiona que se haga foco en la sustancia por sobre el sujeto. Y plantea su punto de vista con una nueva palabra: "adixión". Qué pasa con las series y las redes sociales.

Uno de los más prestigiosos psicoanalistas argentinos de los especializados en adicciones, Ernesto Sinatra, afirma algo que no siempre se dice: los individuos son el objeto real del consumo. ¿Por qué generalmente suele hacerse foco en la sustancia por sobre el sujeto? ¿Son, a la vez, sujetos y objetos de consumo? Esta es una de las tantas preguntas que se desprenden su libro Adixiones (Grama Ediciones). ¿Por qué con “x”? Básicamente, el postulado de este miembro de las Asociación Mundial de Psicoanálisis es que la palabra que inventó, “Adixiones” está vinculada a estos tiempos que corren: cualquiera puede volverse adicto de cualquier cosa, ya sea una sustancia o una serie televisiva, como ejemplifica en su publicación.

Ernesto Sinatra es psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Es codirector del Grupo de Investigación en Toxicomanía y Alcoholismo del Instituto del Campo Freudiano (TYA), docente del Instituto Clínico de Buenos Aires (ICdeBA), y de la Maestría en Clínica Psicoanalítica de la Unsam.

Algunos de sus libros son: [email protected] [email protected] [email protected] La implosión en la feminización del mundo; ¿Todo sobre las drogas?; Más allá de las drogas (con Mauricio Tarrab y Daniel Silliti); La racionalidad del psicoanálisis y Consecuencias del psicoanálisis, entre otras publicaciones.  

--Usted reflexiona acerca de hasta qué punto el empuje de la satisfacción ilimitada tomó la primacía en este siglo, comandada por el mercado de consumo. ¿Es una pregunta o una afirmación?

--Los tiempos que corren muestran que es una aseveración. Estamos en los tiempos del vértigo del mercado más allá de lo posible, confrontando a cada uno con sus propios límites, imposibilidades (lo que nosotros llamamos desde el psicoanálisis inhibiciones, síntomas y angustias). Claramente hay algunas firmas que sitúan con su logo a partir de una proposición minimalista una frase que dice: “Impossible es nothing”. Eso es un empuje para realizar lo imposible. Ahora, confrontado cada uno con esas inhibiciones, síntomas y angustias en las que refería, aparecen el "No puedo", "No llego", "No me alcanza", "No tengo con qué ir hacia eso", pero el empuje está. Ese empuje que aparece desde el exterior con el mercado, aparece desde cada uno jugado en su propia subjetividad. En ese desdoblamiento realizado entre lo que uno quiere hacer voluntariamente, busca el objetivo que se propone de algo que se lo impide constantemente. El nombre que alguna vez puso un paciente me parece muy preciso: "Tengo un picasesos instalado que no me deja hacer lo que quiero y que me confunde respecto de lo que yo quiero hacer y que los demás quieren de mí”.

--Los nuevos adictos no sólo se designan a partir de la sustancias sino de objetos de consumo ¿Ya no hay una única forma de intoxicarse?

--Bueno, tanto es así que no hay una sola forma de intoxicarse sino que se han llevado las categorías de adicciones a una categoría universal: escuchamos que todos son adictos, que todo es adictivo. Ha comenzado desde hace ya muchos años una tendencia a intentar generalizar la relación con las drogas, donde acciones --ya no sustancias-- son identificadas como procesos adictivos. Ahora, la pregunta es: ¿por qué es eso así? ¿En qué se autoriza el mercado para instalar la cuestión, por ejemplo, de las personas tóxicas, de hablar de personas tóxicas? Ese es el principio que nosotros ubicamos y que he querido destacar cuando forjé el término "adixiones": toda acción humana es pasible de transportar una satisfacción. Y eso lleva a la reiteración de esa satisfacción aunque al inicio vaya en contra de la persona misma. Y ese es el fundamento del concepto más polémico que hay en el psicoanálisis: el de pulsión de muerte; es decir, ¿cómo puede ser que alguien como su máximo bien quiera ir hacia el final atentando contra sí mismo? Esa paradoja fundamental Freud la instauró con el concepto de pulsión de muerte y Lacan la subrayó con el concepto de goce, para situar hasta qué punto el hombre no quiere necesariamente su bienestar. Si toda acción humana puede transportar una satisfacción, entonces, ello es ¿por qué? Digo esto para ir en contra de la banalización que hay con el término de las adicciones (el término corriente) donde todo es adictivo. La sustancia que existe en esas adixiones --para llamarla por el nombre que he intentado utilizar-- es el goce mismo. Es decir, una satisfacción que puede ser en ocasiones contraria al bienestar de cada cual. No hay que olvidarlo porque, ¿qué cosa más paradójica que hablar de una persona tóxica? Vamos a suponer que el partenaire de uno es una persona tóxica. Le dan ese diagnóstico. "No podés seguir con tal porque es una persona tóxica". Lo primero que uno hace es cuestionar a esta otra persona; es decir, si esa persona es tóxica, primero tengo que apartarme de ella, si creo en ese diagnóstico. Y ahí lo interesante es que este diagnóstico presuntivo, utilizando el concepto de persona tóxica, hace que uno no sólo retroceda frente a esa persona sino que la causa del mal de uno aparece en el exterior colocado en el partenaire elegido hasta ese momento. "El es tóxico, yo no tengo toxicidad alguna. Entonces, lo que debo hacer es considerar al otro como la toxicidad misma y separarme de esa persona”. Es decir, se ha producido un desplazamiento de la responsabilidad, de la satisfacción, adjudicándoselo al otro.

--Ahora las propias mercancías tienen un valor adictivo como, por ejemplo, las series y los celulares, ¿no?

--Claro. Es tan fuerte eso... Es el principio de Karl Marx de tanto tiempo atrás del "fetichismo de la mercancía". Es notable hasta qué punto la mercancía en sí, por ejemplo, con la producción seriada pone en funcionamiento una satisfacción en el consumidor. Por ejemplo, cuando un objeto entra en el mercado con un valor no sólo de uso sino de goce importante. La marca sólo hace que uno se babosee cuando sabe que va a salir esa marca que ha ingresado como en el top del mercado. Y viene el último modelo más reconocido que todos anhelan, el más caro, y uno quiere tenerlo. Pero cuando lo tiene la obsolescencia de los objetos programada ya se desencadenó; es decir, ya uno está esperando el próximo. Y cuando uno consiguió el número 6 o el 7 o la letra que se coloque, el mercado se encarga de hacer saber cuándo ya salió y todos ya se lanzaron para querer comprar en el momento cero. Cuando el tiempo corre, a las 12 se abren las tiendas para poder acceder a él, o ahora por los distintos medios de compra. Lo que acontece es que después de haber pasado esas 24 horas con un tiempo lógico de algunos días, se hace saber que no era ese sino que el próximo móvil, por ejemplo, va a tener una diferencia absoluta con todos los anteriores. La promesa del mercado sabe explotar esa grieta que hay en el goce humano mismo, donde la insatisfacción marca el lugar al que van los objetos. Por lo tanto, ese objeto ahora ya es obsoleto en el mismo momento en que se lo compró.

--Un dato interesante que señala es que en Japón entre el 60 y el 70 por ciento de las de las parejas de más de 40 años no mantiene relaciones sexuales y que la mayor parte de la actividad sexual se desarrolla en “hipermercados del porno”. ¿Este es el tiempo de la porno-manía?

--Sí, claramente lo es. Es el recurso del autoerotismo por las vías masturbatorias. Incluso en Japón aparece algo en las salidas totalmente regladas y aceptadas en el after office: incluyen para aquellos que lo requieran el poder ir a unos box, sex box, donde hay un lugar de manera higiénica para poder acceder a todo tipo elementos cibernéticos con las pantallas correspondientes. Pero está también la posibilidad de obtener cremas para masturbaciones que localizan la posibilidad de obtener realmente una satisfacción a medida de cada cual. Es una manera de retornar al goce masturbatorio. Hay quien confiesa directamente que no requiere relaciones sexuales. La relación sexual es la relación con el otro porque hay que darse cuenta con estas prácticas hasta qué punto la relación con el otro adquiere una complejidad y una dificultad que se ve tan claramente en la clínica, donde cuestiones que uno puede pensar como naturales de la sexualidad permiten ver claramente hasta qué punto no hay nada natural en la sexualidad humana. Un hombre decía en un documental extraordinario, también en Japón: "En verdad yo no tengo pareja ni quiero tenerla (era un hombre joven) porque es mucho más simple utilizar las muñecas de la tecnología que ofrecen un pasar por los sex box, donde una muñeca no te pide nada". Y curiosamente, esta es una de las maneras en que los inventores de estos productos lanzados al mercado dicen riéndose de una forma canallesca y cínica: "Además de que las muñecas son tan parecidas a lo humano, ofrecen la posibilidad de reemplazar a las mujeres y también a los hombres, en tanto que una muñeca no te va a pedir nada". Es increíble. No hay que horrorizarse sino que hay que leer los signos al revés de la dificultad, de la complejidad que hay en el lazo con el otro. No sólo el lazo sexual con el otro sino en el lazo cotidiano con el otro.

--¿Qué lugar ocupa en la soledad globalizada, que usted define, el consumidor de dispositivos electrónicos que puede estar conectado 24 horas a redes sociales?

--Con el concepto de soledad globalizada que hemos forjado ya hace muchos años, intentamos situar otra paradoja: ¿Cómo puede haber una soledad globalizada? Pues bien: la globalización promueve estas conductas que tienen una fuerte tendencia autoerótica en el retiro del otro, del otro sexual, del compañero, porque ese retiro hace que cada uno pueda encontrar en las pantallas un refugio. Y es hoy una de las cuestiones más complejas para poder tratar la “adixión” a las pantallas. Y digo con "x" porque hay que tomar siempre en cuenta que no hay adicciones light, como quiere vender el mercado, en una cierta banalización de los términos. La "x" de adixiones marca que hay una satisfacción en juego siempre que toma la forma individual de cada sujeto y que hay que tomar siempre en cuenta cuando se interviene analítica o terapéuticamente respecto de cada cual. Y eso debe ser respetado. Además, hay que tener en cuenta respecto de las inhibiciones, síntomas y angustias que pueden provocar. Por ejemplo, esas pantallas, ¿qué valor tienen para cada cuál? ¿Cómo hacer para que alguien se desprenda de algo que no sabemos qué significa para cada uno? Porque es muy fácil generalizar lo que acontece en el empuje del mercado del "todo para ver". No se trata de tomarlo como una premisa tonta de denuncia de la tecnología, sino de entender dónde entró la tecnología. Hay algo de la estructura de la subjetividad misma que está fallado, que no funciona bien. Y una satisfacción a medida es lo que cada uno busca. Por eso, cuando el mercado promete una satisfacción que valdría para todos es fácil lanzarse donde la mirada hace gozar de tal manera con todos los dispositivos tecnológicos que saturan el mercado. Hay que estar muy advertido de qué hace cada uno con lo que consume. Por más que sea una cuestión general las pantallas para todos, 24 horas de consumo, hay que tomar en cuenta para no intentar sacar eso de golpe, por ejemplo, a un joven. Es ver qué es lo que necesitó sustituir con esa fijación a esa pantalla, cuál es la satisfacción que le proporciona singularmente a esa persona. Ese es el trabajo que nos proponemos hacer, que es mucho más farragoso pero mucho más orientador respecto de lo real de la constitución subjetiva humana. La adherencia a una satisfacción puede ir contra sí mismo. Por más light que parezca una satisfacción, siempre hay un lado mortífero en juego, al cual hay que prestar atención.

--Con las adicciones de la era posmoderna, que no son sólo a las sustancias sino también a las mercancías, como las que usted menciona: las series, por ejemplo, ¿no se corre el riesgo de banalizar el término "adicción" en relación a que pierde la carga de dramatismo que de por sí conlleva esa situación?

--Sí, por eso cuando empleo el término "adixiones" lo que intento hacer es una operación conceptual, epistemológica, psicoanalítica sobre un término que lanza el mercado banalizado porque “todo es adictivo”. Ahora es fácil decir: "Soy adicto a las pantallas". O no es sólo "Soy adicto a la cocaína o a la marihuana sino que soy adicto a una persona que es tóxica". Entonces, es cómo deconstruir eso para apuntar a encontrar la singularidad de la satisfacción que cada cual obtiene allí. Efectivamente, no se trata de sacarle el objeto de goce sino de intentar que el goce de ese objeto no atente contra la subjetividad de cada uno 24 horas en una pantalla. No se trata de la maniobra en sí sino del lugar que ocupa para cada cual, para intentar apuntar a que cada cual pueda llegar a desinvestirse con esa elección de objeto de una cuestión de toxicidad de la satisfacción misma que atenta contra él o ella.

Por Oscar Ranzani

24 de mayo de 2021

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Dos trabajadores de la construcción vaciando un contenedor de obra en el centro de Madrid. Álvaro Minguito

La Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo reconocen en un reciente informe que las jornadas de más de 55 horas a la semana provocan enfermedades cardiovasculares que pueden derivar en fallecimientos.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) han hecho público un estudio en el que se concluye que las largas jornadas laborales suponen ya el principal factor de riesgo laboral y provocan aproximadamente una tercera parte del conjunto de enfermedades mortales relacionadas con el trabajo. Según sus datos, en 2016 las jornadas de trabajo de más de 55 horas a la semana provocaron un total de 745.000 defunciones por accidente cerebrovascular y cardiopatía isquémica. 

El estudio también advierte de que trabajar este número de horas —o más— aumenta en un 35% el riesgo de presentar un accidente cerebrovascular y en un 17% el riesgo de fallecer a causa de una cardiopatía isquémica con respecto a una jornada laboral de 35 a 40 horas semanales.

Los organismos alertan de que el covid-19 y el teletrabajo han difuminado la línea que separa el trabajo y el hogar y que las reducciones de plantillas llevadas a cabo por muchas empresas se han traducido en la sobrecarga laboral de multitud de trabajadores

Las cifras también suponen un aumento de casi el 30% de defunciones con respecto a 2000: según las estimaciones de los organismos, entre 2000 y 2016, “el número de defunciones por cardiopatía isquémica debidas a las jornadas laborales prolongadas aumentó en un 42%, mientras que el incremento en el caso de las muertes por accidente cerebrovascular fue del 19%”.

Varones y mayores

La investigación concluye que la mayor parte de las muertes registradas en este sentido correspondieron a personas de entre 60 y 79 años que habían trabajado 55 horas o más a la semana entre los 45 y los 74 años.

Según los resultados del estudio, los problemas cardiovasculares derivados del trabajo son más notorios en hombres —el 72% de las personas fallecidas por esta causa eran varones, según las investigaciones— y se repiten con más frecuencia en las personas que viven en las regiones del Pacífico Occidental y de Asia sudoriental y en los trabajadores de mediana edad o mayores.

La OMS reitera que “cada vez son más los trabajadores cuya jornada laboral es excesivamente prolongada”

Los organismos alertan de que el covid-19 y el teletrabajo han difuminado la línea que separa el trabajo y el hogar y que las reducciones de plantillas llevadas a cabo por muchas empresas tras la crisis para reducir costes se han traducido en la sobrecarga laboral de multitud de trabajadores, una realidad que debe instar a gobiernos, empleadores y personas trabajadoras, especifica Tedros Adhanom Ghebreyesus, director General de la OMS, a “colaborar para poner límites a esta situación y proteger así la salud de los trabajadores”.

En este sentido, la OMS reitera que “cada vez son más los trabajadores cuya jornada laboral es excesivamente prolongada, una tendencia que da lugar a un incremento en el número de personas que corren riesgo de sufrir discapacidades o fallecer por motivos ocupacionales”.

Redacción El Salto

17 may 2021 16:00

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