El gobierno presentó su proyecto de Ley Estatutaria para la salud al Congreso de la República. Lo pretendido con ella, debe preocupar a todos los que habitamos Colombia.

Pretensiones

En sintonía con lo práctica profundizada desde la aprobación de la Ley 100, ahora se pretende imponer, más allá de los actuales copagos, cuotas moderadoras o de recuperación, que las personas paguen impuestos o primas adicionales para acceder a las llamadas prestaciones no explícitas del POS o por incumplir con el deber de autocuidado de su salud (como se proponía en la versión inicial del proyecto). El propósito del ejecutivo es claro: reducir los costos de la atención de la enfermedad, y garantizar la sostenibilidad y el incremento de las ganancias del capital que está vinculado al sistema, siguiendo el camino privatizador de la salud pública de los mal llamados decretos de emergencia social que el gobierno de Uribe pretendió imponer a comienzos de año.

Es preocupante la forma como se interpreta y se aplica en la Ley el derecho a la salud y varios de sus principios constitutivos como universalidad, igualdad, equidad y calidad. También es preocupante el tipo de procedimientos y criterios que propone para actualizar y nivelar los Planes Obligatorios de Salud (POS). 

El proyecto busca reducir el derecho a la salud a un conjunto limitado de prestaciones de atención médica incluidas en el POS, mantener la segmentación y la fragmentación del sistema y restringir su universalidad, si por ello entendemos garantías reales a las personas para que tengan acceso general a los beneficios y la atención integral. De esta manera, más que garantizar el derecho a la salud, la Ley Estatutaria busca limitarlo por la vía de mantenerlo atado a una racionalidad política y práctica claramente neoliberal que restringe su amplitud y su alcance.

De nuevo, los ‘expertos

En la ley se definen criterios y procedimientos técnicos, económicos y biomédicos, como la carga de enfermedad y el costo beneficio, entre otros, que servirán para priorizar (racionar mediante juicios de valor de ‘expertos' que definen qué debe quedar incluido o excluido del POS y qué debe quedar garantizado o marginalizado dentro del mismo, por ejemplo, prestaciones explícitas y no explícitas) las intervenciones que el sistema efectivamente garantizará a sus afiliados, actualizar y unificar los POS. Estos son mecanismos similares a los propuestos en los decretos de emergencia social, ya rechazados por la movilización ciudadana y social. A partir de ellos se tomarán decisiones fundamentadas en juicios de valor de expertos que posan de ‘neutrales' pero realmente cooptados por el capital detrás del negocio, y ‘legitimados' con un procedimiento amañado de “participación de los actores” del sistema (entiéndase médicos, jueces y usuarios), y de consulta de las “preferencias” y los “valores” de los ciudadanos.

Se busca de nuevo controlar el costo de la atención de la enfermedad mediante la reducción del derecho a la salud a un núcleo de prestaciones de salud mucho más pequeño que las formales que queden incluidas en el POS (las mal llamadas “prestaciones explícitas”) y, peor aún, privatizar la otra parte de las prestaciones de salud formales del POS (las “prestaciones no explícitas”) y las prestaciones no POS, mediante el recurso de obligar a los usuarios a pagar cotizaciones o primas adicionales por ellas a empresas aseguradoras privadas. De los POS, cuyo contenido biomédico se generaliza como único derecho exigible por toda la población, se excluirá la tecnología que no esté científicamente probada, las intervenciones que no sean costo-efectivas, las que se ofrezcan por fuera del territorio colombiano, las prestaciones que no tengan efecto sobre la salud, las enfermedades huérfanas, y los conocimientos y las prácticas tradicionales y de carácter alternativo.

El costo - beneficio

El sistema de salud seguirá teniendo un enfoque principalmente biomédico y una racionalidad económica fundamentada en el costo-beneficio, excluyente de muchas necesidades y demandas de la población, de los derechos culturales ancestrales de las comunidades indígenas, afrocolombianas y rom, y de tecnologías y actividades que ayudan a tratar eficazmente la enfermedad, mantener o desarrollar la salud por otras vías, y paliar la angustia y garantizar el buen morir en caso de enfermedad incurable.

Así, la expectativa de los pueblos indígenas de que se les garanticen los recursos para la organización autónoma de sus sistemas propios de salud y de que, al menos para ellos, el plan de beneficios tenga “en cuenta los cuidados preventivos, las prácticas curativas y las medicinas tradicionales”, quedará desatendida una vez más. La misma exclusión se dará para los procedimientos paliativos y de apoyo de quienes padezcan enfermedades incurables o crónicas, o problemas de salud mental, porque se busca demostrar que no son costo-efectivos.

Lo anterior indica que las de los POS serán una actualización y una nivelación por lo bajo, para que rinda la Unidad de Pago por Capitación a las EPS, tanto al controlar el costo de la atención limitada de las necesidades de sus afiliados como al posibilitar el incremento marginal de sus rendimientos financieros y la sostenibilidad económica del negocio, y se garantice el control del gasto público y del costo de la nómina al gran capital, tarea en la que están todos los gobiernos neoliberales o neoconservadores del mundo en su afán de sacar ventajas privadas de la crisis económica del sistema capitalista.

La ambigüedad como artimaña

De otra parte, la restricción y la ambigüedad de los principios de igualdad y equidad que incluyen la Ley Estatutaria pueden llevar a la negación de la prestación de muchos servicios de salud necesarios y también a la exclusión. El principio de igualdad en cuanto a la atención es limitado porque, en las condiciones de intolerancia y discriminación de nuestro país, no hace explícito que no habrá exclusión ni discriminación por razones ideológicas, condición social o étnica, como lo garantizan explícitamente los convenios internacionales alusivos al derecho a la salud.

La formulación del principio de equidad en salud es una burla porque, al limitar el derecho a la salud a las prestaciones explícitas del POS, poner barreras económicas o burocráticas adicionales para acceder a las otras prestaciones e ignorar por completo los otros determinantes sociales de las desigualdades injustas en salud no relacionadas con la atención biomédica, no tiene en cuenta las necesidades integrales de las personas, las familias y las comunidades y, por el contrario, contrapone los derechos individuales a los derechos colectivos cuando considera que las prestaciones individuales pueden poner en riesgo los recursos necesarios para la atención “del resto de la población”, como si el individuo fuese un átomo o ser trascendente sin las relaciones sociales, económicas, políticas y culturales que definen su condición colectiva de pertenencia de clase, de género o étnica.

Bajo esa perspectiva, sin fórmula de juicio, la equidad, y con ella el derecho a la salud, quedan sometidas una vez más al dogma de hierro de los “recursos escasos” que hoy pretende ser convertido, por vía de la regla fiscal, al nuevo dogma del derecho fundamental a la sostenibilidad financiera. Pero ante este dogma bien vale la pena preguntarse: ¿Por qué siguen las élites colombianas prefiriendo garantizar una asignación creciente del gasto público en guerra (que, como ya lo señalara Amartya Sen, es un gasto improductivo y antisocial) antes que en salud? ¿Por qué siguen insistiendo en ignorar que la productividad del trabajo, y con ella la acumulación de riqueza, han crecido en los últimos decenios más que proporcionalmente en relación con el crecimiento de las necesidades sociales? ¿Por qué se tapan los ojos ante el aumento progresivo de las desigualdades en la distribución de la riqueza y los ingresos, en beneficio de las clases socialmente aventajadas de los que ellos forman parte?

El procedimiento para garantizar las prestaciones en caso de ser negadas por las EPS o IPS, de que estén marginalizadas (no explícitas) o no estén incluidas en el POS, sigue sometiendo al paciente a un engorroso trámite burocrático que obstaculiza su atención oportuna y le expone innecesariamente a la complicación o el agravamiento de su dolencia, antes que sea adoptada la autorización buscada en el organismo competente.

Los copagos como barrera

El proyecto sigue manteniendo la política neoliberal de pagos complementarios o copagos para acceder a los servicios básicos de salud, a pesar de que suficientes evidencias científicas en distintas partes del mundo demuestran que estos copagos no aportan a un mejor servicio y, por el contrario, se convierten en una innecesaria barrera económica del acceso de los pobres. Cuando las políticas de atención de salud son verdaderamente equitativas, el principio de equidad en el acceso a los servicios de salud y asimismo a otros servicios sociales relacionados con la salud se entiende en su doble connotación de igual oportunidad de uso para igual necesidad, y de igual utilización de los servicios para igual necesidad de atención. Esto no es lo que se deduce del contenido del proyecto de Ley Estatutaria.

El autocuidado se eleva a la categoría de un deber que tiene cada persona de cuidar su salud, la de su familia y la de su comunidad. Del uso de este concepto deduce que toda persona tiene la obligación de procurar la atención integral de su salud, y los padres la de sus hijos menores y discapacitados. Si este deber se cumple, se premia con la zanahoria, a discrecionalidad de las “entidades del sistema”, de la disminución de los copagos o cuotas moderadoras, pero no suspendiéndolos. Es interesante reseñar, para mostrar el talante neoliberal de los ‘empresarios' de políticas (grupos de interés y de presión) detrás del diseño de la Ley Estatutaria, lo que se estipulaba en la anterior versión del proyecto. Allí se convenía que, si la persona no cumple con el deber del autocuidado, se le penaliza obligándola, según su capacidad económica, a asumir los costos adicionales de atención que se deriven de su violación, ya sea aumentando las cotizaciones o mediante pagos complementarios.

La formulación era grave en dos sentidos. En primer lugar, se conoce que en muchos casos los malos hábitos o los inadecuados comportamientos de las personas frente al cuidado de su salud son estructuralmente determinados por anómalas condiciones, y relaciones económicas, sociales y culturales como la ignorancia, la miseria, la pobreza, la angustia y el estrés, fruto de la discriminación o la explotación, factores que escapan a la voluntad o la responsabilidad individual de las personas.

En Colombia, por ejemplo, ocho millones de personas viven en condiciones de indigencia, y casi la mitad de la población está por debajo de la línea de pobreza. Muchas de esas personas padecen de problemas de salud sexual y reproductiva, o sufren de maltrato o abuso de sustancias psicoactivas sin ninguno o con escaso acceso a la educación; padecen desnutrición, carecen de agua potable, o viven en hacinamiento y en vecindarios inseguros porque carecen de garantías de seguridad alimentaria y nutricional, o se les viola el derecho a condiciones dignas de habitabilidad. ¿Puede el Estado culparlas del descuido de su salud personal y del de sus familias y comunidades, cuando sus derechos y sus condiciones elementales de vida no se las garantizan? En segundo lugar, desconoce esta formulación que el principio de la libertad le da a cada persona, indistintamente de su condición social, el derecho de adoptar el estilo de vida que crea conveniente, y que a nadie se le puede castigar por ejercer ese derecho.

Antes que ‘premiar' con una zanahoria o garrotear a las víctimas, la Ley Estatutaria debiera obligar al Estado a atender en forma adecuada sus necesidades y garantizar sus derechos; empoderarlas para que puedan adoptar, de modo individual y colectivo, las decisiones y las acciones que garanticen su salud; y al aseguramiento de las condiciones de vida que les permitan alcanzar el más alto nivel posible de salud.

Entre los medios que esta noción recortada del derecho a la salud les niega a los colombianos están “el acceso a servicios de salud integrales, al agua limpia potable y a condiciones sanitarias adecuadas, el suministro adecuado de alimentos sanos, una nutrición adecuada, una vivienda digna condiciones sanas en el trabajo y el medio ambiente, y acceso a la educación e información sobre cuestiones relacionadas con la salud”, como lo establece el artículo 11 de la Observación General Nº 14 del Comité de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (11 de mayo de 2000).

Bogotá, D.C., octubre 2010

Recuadro
El derecho a la salud, integral e interdependiente


Un reenfoque del derecho a la salud es urgente y necesario en las condiciones de Colombia, pero en la vía de ampliarlo y garantizárselo a todos y todas por el Estado. Es necesario recordar que el derecho a la salud no se refiere sólo a la atención médica sino que además es interdependiente de otros derechos económicos, sociales y culturales. Para garantizarlo, hay que desmercantilizar el sistema de salud, dotarlo de instituciones públicas fuertes y de los instrumentos que le permitan actuar en colaboración con otros sectores y desarrollar políticas públicas saludables, empoderar y movilizar a los individuos y las comunidades, garantizar la universalidad del acceso a atención médica de calidad igual para todos, la equidad en el uso de los servicios y la integralidad de la atención. Igualmente, hacer realidad la interculturalidad para las poblaciones de pertenencia étnica y ser sensible a las condiciones de género
.

*Profesor Posgrados de Administración de Salud, FCEA, PUJ

Publicado enEdición 164
Sábado, 11 Diciembre 2010 16:38

Alternativas desde abajo. Cuídate, compa

Cómo curarte tú mismo

Tu cuerpo desea curarse. Tu “instinto de conservación” ha decidido curarte antes que tú fueras consciente de necesitarlo. Te cuida y busca lo mejor para ti. Es tu amigo inseparable.

Tu cuerpo sabe curarse; dispone de una sabiduría ancestral que supera a la de cualquier equipo médico. La misma inteligencia que te fabricó está disponible para realizar la curación.

Tu cuerpo puede curarse, y es una lástima desaprovechar esa fuerza. Personas desahuciadas por la medicina sobreviven gracias al instinto de conservación.

No busques fuera lo que ya tienes dentro. No busques varitas mágicas. Por lo general, la curación no es un acto milagroso sino un esfuerzo que el organismo tiene que realizar para volver al equilibrio perdido. La curación, como todo trabajo, acarrea un gasto de energía durante cierto tiempo. Cuanta más energía guardes para la curación (menos actividad), más rápida será la curación. Hay que tener “paz-ciencia”, ya que la Naturaleza no da saltos. El querer acelerar la curación con medicamentos puede acarrearte complicaciones y alargar el proceso.

Los malestares son llamadas de atención que quieren enseñarte algo. Una oportunidad para revisar tu vida, detectar errores e introducir mejoras. El cuerpo puede muchas veces curarse solo. Más que remedios, necesita que tú colabores. Los síntomas te enseñan lo que debes hacer.

En las crisis agudas, el cuerpo pide un stop, el reposo total de organismo.

–    La debilidad te pide descansar en la horizontal para no darles trabajo a los músculos.
–    La falta de apetito te pide no comer para no gastar energías en la digestión. Basta con beber agua, caldos de verduras sabrosos o jugos diluidos.

Antes de recurrir a la
medicina, ayuna un día.
Plutarco

–La vista y el oído sensibles están pidiendo oscuridad y silencio, para ahorrarles esfuerzo a los sentidos.
–Las partes del cuerpo muy calientes piden ser refrescadas y abrigadas las frías. El cuerpo necesita un clima cálido (18-20º) para no esforzarse en mantener sus 37º necesarios.
Cuanto más se duerma y menos se coma, el cuerpo dispondrá de más energía para la curación y antes desaparecerán los malestares.

Este reposo total está indicado en todos los casos de dolor intenso, fiebre elevada, vómito, diarrea fuerte o traumatismo severo.

Cuando sabes que tu cuerpo va a recibir una agresión (extracción de muela, aborto o cualquier intervención quirúrgica), descansa física, mental y digestivamente, antes y después de la agresión; esto evitará complicaciones y favorecerá la recuperación.

Dolor reprimido, dolor diferido. La represión no es la solución

La propaganda de la industria farmacéutica quiere hacernos creer que “usted no puede parar por un dolor de cabeza”. Que nos tomemos un calmante y que sigamos la marcha como si nada ocurriera. Sin embargo, el dolor es consecuencia de una inflamación, de un aumento de circulación sanguínea que el cuerpo ha desencadenado por algún motivo. El dolor es un lenguaje del cuerpo, una señal de alarma, una llamada de atención. Es como la lucecita roja que se enciende en el coche para avisarnos que nos falta aceite, gasolina, o que se está calentando el motor. Apagar la lucecita nos deja sin avisador. La represión del síntoma atrasa, alarga y complica el problema. Conocí a una mujer que empezó a tomar calmantes y antibióticos que el dentista le recetó por un dolor de muela. A las dos semanas, seguía con los mismos dolores. Bastó un día sin medicación y sin trabajo digestivo para que el dolor cediera. El ayuno es un desinflamante inofensivo. Los calmantes no son tan milagrosos como los anuncian. No corras a empapuzarte de pastillas. Muchos dolores son vencidos con 24 horas de ayuno. Date un plazo y deja los medicamentos como último recurso. Verás cómo ganas en autoestima cuando superes un dolor con tus propios recursos.

Además de ayunar, contra el dolor sirven el desahogo, el descanso, la relajación, la distracción, el masaje, el calor y, a veces, el frío.

Para saber más:

•    Barber, Joseph. Tratamiento del dolor mediante hipnosis y sugestión, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2000.
•    Bernard, Neal. Alimentos que combaten el dolor, Paidós Ibérica, Barcelona, 1999.
•    Escudero, Ángel. La voluntad vence al dolor. En torno a la anestesia postsofrónica, autor-editor, Valencia, 1973. dr.escudero.com.
•    Gurza, Lucrecia. Cómo aliviar el dolor, Obelisco, Barcelona, 1992.

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'Vozquejando'

Fotodibujos desde una ínsula Waunan

Los alrededores de San José son territorio selvático bañado por las aguas del bajo río San Juan, que se encauzan camino del mar Pacífico. Es un lugar húmedo y lleno de vida. Sin embargo, se siente en el ambiente una presencia densa de pólvora, de desangre petrolero, del gruñido estridente de las madereras, de demanda y oferta, y de la más absurda, aunque infeliz, manifestación del espíritu humano cuando ha sido violentado.

Esta serie de fotodibujos es una distinción a la voz-femenina de este grupo de mujeres waunan que se resiste a ser acallada y aún lucha desde todas sus posibilidades y formas, a la profundidad de su belleza, a sus colores... También, a la sorprendente labor de resistencia de los pueblos indígenas en Colombia, que, aunque sometidos a los tratos más cruentos y adversos por tanto tiempo, han mantenido y cuidado su dignidad, su amor por la vida y por su propia existencia.

Zabrina Molina

Publicado enEdición 164
Cuando el cuerpo se encuentre en una situación de agotamiento e intoxicación, el instinto de conservación reaccionará sabiamente, ahorrando energía por un lado para concentrar todas sus fuerzas en la desintoxicación.

Plan de ahorro energético

El cuerpo interioriza sus fuerzas para dedicarse plenamente a la tarea de limpieza interna. Con ello está pidiendo aumentar la dosis de descanso y reducir la actividad (incluso la digestiva). Si el cuerpo no quiere gastar energías en estas funciones, es mejor respetar su sabia decisión.

Estos son algunos de los síntomas frente a los cuales debes poner el cartel de “Cerrado por vacaciones”:

–    Debilidad muscular. Cuesta andar y estar de pie.
–    Te quedas dormido en todas partes, sobre todo por las mañanas.
–    Tensión arterial baja, mareo.
–    Falta de apetito, cuesta hacer la digestión, se adelgaza.
–    Estreñimiento, el intestino se echa a descansar.
–    Extremidades frías.
–    Vista cansada, oído sensible, vértigos, etcétera.
–    Piel seca, caída de cabello, etcétera.
–    Desaparece la ovulación y la regla.
–    Falta de apetito sexual.

Plan de limpieza

Al iniciar el plan de limpieza, puedes poner un cartel que diga “Obras. Perdonen la molestias”.

El plan de limpieza se manifiesta de diversas maneras:

–    Aumento de trabajo en los cuatro filtros depuradores: mal aliento (por el pulmón); orina oscura y con olor fuerte, arenilla, cálculo renal, molestias al orinar y en los riñones; cólicos biliares; ascos, náuseas, vómitos amargos, diarreas, hígado dolorido; sudor fuerte que puede irritar la piel.
–    Fiebre. El cuerpo intensifica sus mecanismos de limpieza y defensa, entrando en ebullición y elevando la temperatura: “el fuego purificador”.
–    Inflamación o congestión. El cuerpo elige un punto fuerte que haga de válvula de escape, para ayudar a los cuatro filtros en la evacuación de tóxicos. Aumenta la circulación sanguínea en esa zona, por lo que se abulta, se calienta, se pone rojo, duele y se altera la función de ese tejido. Las inflamaciones son molestas pero curan. Gracias al dolor, el cuerpo nos avisa que algo marcha mal y que se deben extremar los cuidados. Cuando se te han congelado las manos, la vuelta de la circulación es algo beneficioso y, sin embargo, doloroso. Los depósitos tóxicos sólo se pueden evacuar con un aumento de circulación que acarreará molestias.

La casa patas arriba

Si queremos renovar nuestro hogar mientras se hace una limpieza a fondo, se hacen arreglos, se pintan las paredes y se acuchillan los suelos. Se necesita pasar una temporada de incomodidades para luego gozar de una casa más agradable. Durante las crisis de limpieza que desencadena nuestro cuerpo, pueden aparecer las incomodidades ya citadas y algunos otros molestos reajustes, como dolores diversos, alteración del sueño (insomnio o somnolencia), irritabilidad; la regla se adelanta o se hace abundante, mal gusto de boca, lengua cargada, gases intestinales o vaginales, alteraciones visuales, alteración del ritmo cardíaco, respiración costosa y pesada, etcétera.

También habrá pérdida de peso (muy rápido los primeros días, luego más lentamente), al perder tóxicos y el agua que retienen, y al decidir el cuerpo alimentarse de las reservas.

Esta sabia decisión del instinto de conservación de desencadenar crisis extraordinarias de limpieza puede tener varios motivos:

–    Porque la situación de agotamiento e intoxicación es insostenible.
–    Porque las circunstancias le son favorables. Ha mejorado las condiciones de vida y el organismo se encuentra con fuerzas suficientes para desencadenar una crisis con el fin de mejorar la salud. A veces ocurre al irte de vacaciones, al dejar alguna droga o mejorar tu alimentación. Es muy corriente que duela la cabeza al dejar el café, que tosa el fumador al dejar de fumar; que aparezcan temblores, delirios o convulsiones al dejar el alcohol; que haya estornudos, mocos, diarrea, dolores musculares e insomnio al dejar la heroína.
–    Porque necesita hacer reajustes para adaptarse a nuevas situaciones (cambios climáticos, procesos de crecimiento, embarazo, cambios hormonales, etcétera).
–Por otros motivos que desconocemos.

Valor y precio

Creo que más que denunciar hay que darse cuenta de la realidad. Lo que no se puede permitir por más tiempo es que nos tomen por tontos. Nos hacen comulgar con ruedas de molino y con la propaganda, que ya de por sí es inmoral y cultivo de la mentira. Ya no se venden las cosas por su valor en sí sino por la publicidad que se hace de ellas. No se aprecia el valor; se pregunta cuánto cuesta…

Mientras gastemos cuatro veces más energía que la natural reciclable, no hay solución posible. Gastamos cuatro veces más unidades de energía por persona que las de un reciclaje natural, de la vida natural de un ser humano sobre la Tierra. Cuando digo natural, no quiero decir primitiva sino con todo el refinamiento. Pero el ser humano sólo es feliz porque va a la Luna o porque para transportar cien kilos utiliza unos aparatos que pesan mil, que es lo que hace el automóvil. ¿Hay quién lo pare? Sí, la catástrofe total. De ahí que la gente responsable tiene que empezar a no desanimarse y construir pequeños islotes de esperanza donde los sobrevivientes puedan acogerse.
Rimón Pannikar.

Coca, fuerza ancestral de nuestro planeta

Es indispensable conocer y comprender el tejido histórico con el fin de elaborar nuestros propios idearios y conclusiones acerca de las raíces que nos dan origen, y el entorno que nos rodea directa e indirectamente. Para no ser obligados a desarrollar nuestras vidas como un pueblo alienado, y, por el contrario, lograr el despliegue de nuestro potencial humano.

En este orden de ideas, en las dos siguientes entregas nos proponemos brindar material sobre la historia de la coca en relación con dos ejes fundamentales: como recurso tradicional y símbolo andino-amazónico, y la compleja relación de este maravilloso arbusto con la historia de la cocaína y el narcotráfico, que para la mayoría permanece hundida en la oscuridad de la ignorancia, debido a intereses de grupos poderosos y capitalistas que deliberadamente la han desacreditado con el fin de sacar el mayor provecho y sin importar las consecuencias.

Baldomero Cáceres Santa María, investigador y psicólogo peruano, representa una figura muy significativa en las investigaciones que se han llevado a cabo sobre la coca y la guerra contra las drogas. Gracias a su extraordinaria labor y asimismo a estudios nutricionales, como, por ejemplo, el realizado en la Universidad de Harvard, tenemos una mayor información sobre el contenido nutricional de este poderoso arbusto americano, la coca:

Propiedades de los 14 alcaloides que contiene la coca:

Atropina: O escopolamina, es una sustancia que produce sequedad del árbol respiratorio y actúa también sobre el corazón.
Benzoína: Acelera la formación de células musculares y evita la putrefacción de los alimentos.
Cocaína: Es el éster metálico de la benzoilegonina, tiene propiedades anestésicas y analgésicas.
Cocamina: Otro analgésico que, junto con el anterior, ayuda a la cocaína a aumentar sus propiedades.
Conina: Es un poderoso anestésico.
Egnonina: Es un derivado carboxilado de la atropina (utilizado como medicamento en anestesia, y en emergencias y cuidados intensivos); tiene propiedades para metabolizar las grasas y los glúcidos, carbohidratos, y para adelgazar la sangre.
Globulina: Es un cardiotónico que regula la carencia de oxígeno en el ambiente, mejorando la circulación sanguínea. Evita el soroche (mal de altura o también llamado mal de la montaña).
Higrina: Excita las glándulas salivares cuando hay deficiencia de oxígeno en el ambiente.
Inulina: Regula la secreción de la bilis y su acumulación en la vesícula; refresca y mejora el funcionamiento del hígado; equilibra la formación de melanina, evitando y limpiando las manchas de la cara. Es diurético y ayuda a eliminar sustancias nocivas y tóxicas no fisiológicas. Es un polisacárido muy parecido a la vitamina B12, que produce aumento en las células de la sangre.
Quinolina: Evita la formación de caries dental junto con el fósforo y el calcio.
Pectina: Es absorbente y antidiarreico; junto a la vitamina E, regula la producción de melanina por la piel.
Reserpina: Regula la presión arterial en hipo e hipertensión, y ayuda a la formación de células óseas.
Papaína: Esta proteasa (que en mayor proporción contiene la papaya) es muy parecida en su estructura a la catepsina animal; es un fermento que acelera la digestión.
Pectina: Elimina los residuos y toxinas de nuestro organismo.
Pyridina: Acelera la formación y el funcionamiento del cerebro, y aumenta la irrigación sanguínea de la hipófisis y las glándulas.
Sinonimia: Algunos nombres que lleva la coca en Colombia: Hayo, Hibie, Javo, Patu, Yayuelo, Cají, Ipatú, Igatúa. En Perú: Cuca, Cocaca, Mamacoca, kkoka. En Brasil: Ipadu, Padu, Hayo, Spadia.

No es casual, por tanto, la opinión de Eduardo Galeano, en su libro Memorias del fuego:
De acuerdo con la ideología hegemónica actual, el indio, el negro, el pueblo, tiene folclor, no cultura; practica supersticiones, no religiones; habla dialectos, no lenguas; hace artesanías, no arte. Y –por supuesto– usa placebos, no medicina.

Publicado enEdición 161
Sábado, 20 Febrero 2010 18:23

Colombia. Cárceles y represión sanitaria

Candidato a la Cámara por Bogotá
Polo Democrático Alternativo - 114
Defensor de Derechos Humanos, Educador y Librepensador
Preso de conciencia y político, detenido injusta y
arbitrariamente desde el 14 de noviembre de 2008.
 
A vanza la tarde, el reloj marca las 3:45 de un día soleado del mes de enero de 2010, en la cárcel la Picota de Bogotá. Bajamos las escaleras para pasar al patio donde, al cruzar una pequeña reja, dos guardias cuentan uno a uno a los prisioneros, mientras sale la montonera, en la llamada rotonda1. Los pasilleros2 ayudan a desocupar las celdas, y luego de realizar su tarea esperan en el primer piso del edificio de tres niveles, compuesto por seis pasillos con 20 ó 25 celdas cada uno, incluyendo la rotonda del tercer piso, que tiene siete celdas, donde viven en cada una de ellas –según el hacinamiento de cada día– de 3 a 6 personas.
 
Al llegar al primer piso se ve a un hombre de unos 45 años, de tez morena, contextura gruesa, rasgos de campesino, retorciéndose de dolor contra una pared en medio de los pasilleros, quienes, sumergidos en la impotencia, le sugieren mil cosas: desde tomar mucho líquido hasta demandar al Inpec o a Caprecom por su negligencia. Buscando entender el barullo, pregunto a un miembro del comité de convivencia3, el porqué de tanto alboroto, él comenta que ese pobre hombre ha estado orinando sangre desde hace varios días, tal vez semanas, sin ser atendido debidamente por la EPS que presta sus servicios en las cárceles del país. El adolorido hombre escucha la explicación y agrega entre sollozos que no le dieron en un comienzo más que acetaminofén, luego, en otra consulta, ibuprofeno, y en los últimos días le han aplicado inyecciones de no se que menjurjes que le han calmado el dolor, pero no le solucionan el problema. Todo indica que la cosa va de mal en peor. Se le ruega al guardián que lo deje pasar a sanidad, pero él, como uniéndose a las voces de protesta, dice que de nada sirve llevarlo al servicio médico si allí no hay quien lo atienda, quizá más tarde. Así todos quedamos sin palabras y reflejando en nuesas caras largas la frustración, la rabia y la impotencia.
 
Ya en el patio, donde todos los prisioneros quedamos reunidos durante la contada, era comidilla este drama. Cada uno contaba su historia. Se decía que este no era el único ni el caso más grave, que a otro señor, por ejemplo, le extirparon un riñón luego de mucho tiempo de inasistencia médica, y en este momento se encuentra en el pabellón de sanidad, al que todos califican como un moridero por la soledad, el maltrato y el abandono.
 
Otro hombre, a lo lejos, comenta ante un auditorio atento de más de 10 prisioneros la suerte de un tal Sancho, quien luego de estar durante un tiempo en esta cárcel, fue enviado a la de Acacías (departamento del Meta). Allí, tras presentar algunos problemas de salud, le fue aplicado un medicamento
que, en palabras del narrador, le generó una complicación cardíaca. Luego, al ser trasladado nuevamente a La Picota para su tratamiento, se deteriora aún más su salud, generando un desenlace fatal por falta de atención necesaria y oportuna, pues muere por una mezcla extraña de patologías simultáneas: un paro cardíaco y un derrame cerebral. Dantesco destino pare este pobre hombre.
 
Ni para una jeringa
 
Después de esta aterradora narración, al otro extremo del patio, disfrutando de esta tarde de sol pero a la vez en actitud desesperada, los enfermos de diabetes discutían casi hasta llegar al estado de shock, denunciando entre ellos y ante los demás su situación. Decían que les parecía el colmo que tuvieran que inyectarse varias veces con una misma jeringa, que, cuando hay, es personal; y cuando no, hay que ‘desinfectar' la aguja con la llama –para ser compartida– de un encendedor, y la sabia solución de Caprecom es aplicarles la insulina con unas jeringas distintas de las indicadas, con una aguja que triplica el tamaño de la original, generando sangrado y hematomas, que por el tipo 
 
de enfermedad se hacen peligrosos y pueden conducir incluso a la muerte, pues es sabido que a un diabético hay que evitarle cualquier tipo de laceración, ya que su recuperación es demorada, pudiéndose llegar hasta amputaciones y otras desgracias como la ya mencionada, pero, claro, ante la denuncia, dicen los enfermos, sólo existen los insultos, la represión y los malos tratos, paradójicamente no por parte de la guardia, que es el aparato de choque de  las cárceles, sino de quienes atienden en estas indolentes EPS. Un señor ya mayor denuncia que la reutilización de los elementos desechables para el tratamiento de los enfermos es continua, que él da testimonio –y lo sostiene donde sea– de cómo ocurre esto con los guantes en odontología, además de que luego de los procedimientos no se esterilizan los instrumentos.
 
Así, el patio se vuelve una torre de Babel donde, con diferentes lenguajes, estilos y ademanes, se narran experiencias aterradoras, extendiéndose una especie de alarma generalizada; un hombre en un pasillo le dice a otro que, en su afán de buscar un tratamiento odontológico, le fueron destapadas varias muelas, dizque para unos conductos, invitándolo a pedir nuevamente una cita para continuar el tratamiento y el pobre entra en pánico al saber todo el tiempo que habría que esperar, pues, por bien que le fuera y si todo es normal, tendría que esperar como mínimo ocho días (aquí todo es normal) si el encargado del patio lo anota el día que le corresponde, si acaso hay un cupo, y además si ese día atienden en sanidad, si por accidente llegan los médicos, las enfermeras y odontólogos, y si tal vez tiene la paciencia para esperar varias horas otra vez, y de nuevo la odisea. Hay quienes han esperado hasta cinco meses para ser atendidos nuevamente, sufriendo las aventuras y desventuras, las infecciones y traumas que generan las heridas abiertas en la cavidad bucal, porque para cualquier mortal es sabido lo terrible que es un “dolor de muela a medianoche”, y en nuestra condición de detenidos, cuando todo se vuelve adverso, es aún peor.
 
Miopes y enfermos del corazón
 
En la Biblioteca al Patio “Orlando Fals Borda”, un joven de los miles que pueblan nuestras cárceles se pega contra los libros para intentar leerlos. Me dice que ha buscado le realicen los exámenes de optometría, para, si es necesario, él mismo comprar sus lentes, pero no le dan la cita y cuando se la dieron esperó toda una mañana y nada. Así se repite esta rutina desgraciada por un problema visual. El que más sufre en este patio, por este tipo de limitación, es un muchacho apodado “Rata Ciega”, quien por estar “frito” (así se denomina entre rejas a quien vive una situación económica difícil) no ha podido comprar lentes, vive de tumbo en tumbo, se le ve siempre perdido, y, lo que es paradójico, se deja tentar por la lectura sin poder en este intento ver con el más mínimo placer las esculturales modelos de la farándula criolla. El drama es generalizado. El año pasado, en la puerta de uno de los pabellones, murió un travesti conocido como “La Muda”, pateando la puerta y ahogando los gritos de angustia y de dolor en el silencio de sus palabras. El marcapasos que tenia le falló y la indiferencia de la guardia, sumada a la falta de atención de esta EPS, ofrendó una nueva vida a la voracidad de quienes disfrutan el sistema, que, como buitres, viven de la muerte y la descomposición de los cuerpos que en vida deambulan por los laberintos de un país hecho cárcel.
 
Luego de sufrir tantas angustias, el noticiero de la noche nos oscurece aún más el panorama, al informar la entrada en vigencia de la Emergencia Social, en que la salud sufre la más traicionera de las puñaladas, aumentando su desangre sin ninguna EPS que la auxilie, pues, si no hay ‘platica', no hay atención, y ningún médico se arriesga a ayudarla hasta que una junta científica diga qué hay y qué puede hacer. De esta manera, la pobre salud, que siempre ha vivido desempleada, no ha tenido con que pagar la pensión y ahorrar sus cesantías, para cubrir por partida doble la atención, mientras en la bolsa de valores las acciones de las EPS nacionales y extranjeras se cotizan cada vez mejor, mientras la vida de millones de connacionales se desvanece en el aire apestoso del gran capital, defendido a sangre y fuego por el más perverso de los manipuladores de este país, que junto con los empresarios y dirigentes de la nación disfrutan sádicamente el dolor de todo un pueblo.
 
¡Es el colmo de la desfachatez! En la década de los 90 le hacen el mandado a las multinacionales y nos imponen la Ley 100 a través del dueño de El Ubérrimo, y hoy, reafirmando su vocación dictatorial, asesinan la salud.

Febrero 5 de 2010. A los 449 días de secuestro 
en las mazmorras del fascismo. Cárcel La Picota, Bogotá. 
 
1. Espacio exterior de los pasillos que sirve de intercomunicación entre los mismos y los pisos superiores e inferiores, a un lado de las escaleras. También se conoce con este nombre al espacio de reuniones, o salón, ubicado en el último piso de este patio (número 2 de la cárcel la Picota), así como al conjunto de celdas que se encuentran cerca de este lugar.
2. Prisioneros que lideran y administran cada uno de los pasillos.
3. Grupo de pasilleros que busca garantizar la vida, el respeto y la armonía de todos los presos.
 
Publicado enEdición 154