Ben Wizner (izq.) dice que su trabajo como abogado de Snowden (der.) es, en primer lugar, político antes que legal.

Antes de hacerse cargo de la defensa del ex espía que denunció los programas de vigilancia masiva de celulares y servidores de Internet que llevan adelante los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Wizner defendió a víctimas de tortura y secuestros de la CIA en el exterior así como a prisioneros de Guantánamo. Dice que Snowden está más conectado que nunca y que Trump no salió de un repollo.

 

Desde su oficina repleta de papeles en un rascacielos que se alza en la punta inferior de la isla de Manhattan, Ben Wizner maneja o sugiere o controla la agenda del disidente exiliado más famoso de mundo. Joven, rápido e implacable, sofisticado y arrogante en lo intelectual, emergente de la izquierda liberal urbana que crece en la resistencia al huracán Donald, Wizner actúa desde el 2013 como el abogado principal –y algo más–de Edward Snwoden, el ex espía que conmovió al mundo ese año al revelar los programas de vigilancia masiva de Estados Unidos. Graduado de Harvard, ex profesor de leyes de New York University, director del Proyecto de Libre Expresión, Privacidad y Tecnología de la ONG progresista más poderosa del país, la ACLU, en esta entrevista Wizner, de 47 años, analiza el legado de Snowden, revela detalles íntimos sobre su exilio en Rusia y traza un crudo retrato de las amenazas a la democracia y a los derechos humanos en tiempos de Trump.


–Antes de Snowden usted trabajó con otros arrepentidos. ¿Podría explicarme cómo se especializó en el tema?


–No me considero un especialista en arrepentidos no soy un experto en todos los vetustos remedios administrativos que existen el sistema legal de Estados Unidos para arrepentidos. Para mí, la verdadera Ley del Arrepentido es la primera enmienda de la Constitución (de EE.UU., que garantiza la libertad de expresión). Lo que me llevó a este trabajo es que empecé a trabajar como abogado en la Unión por las Libertades Civiles Estadounidenses (ACLU, en inglés) cinco semanas antes del atentado del 11-9. Entonces sin saberlo empecé como defensor de derechos humanos en un momento de sobrerreacción al 11-9. Representé a víctimas de tortura, a víctimas de secuestros en el exterior, a gente que apareció en listas negras de terroristas, a gente bajo vigilancia, a prisioneros de Guantánamo. Este es el trabajo principal que hice durante mi primera década en la ACLU. Durante el gobierno de Bush hijo estuve involucrado en el caso de una arrepentida, una traductora del FBI llamada Cibel Edmonds, que había sido despedida después de denunciar serias irregularidades en investigaciones. Ese caso me dio una lección sobre cómo responde la comunidad de inteligencia estadounidense en esa clase de situaciones. Aunque la información que Edmonds necesitaba para ganar su caso de despido injustificado era información pública, el FBI se defendió diciendo que su derecho a preservar secretos de estado significa que no podemos litigar el caso sin dañar la seguridad nacional. Y tres salas de la justicia federal aceptaron ese argumento y no permitieron que Edmonds presentara su caso. Ese mismo privilegio de secretos de estado se usó para negarles la posibilidad de ser escuchados en los tribunales a prácticamente todas las víctimas del programa de tortura de la CIA. Ninguna corte dijo jamás que el programa era legal. Ninguna corte dijo que la tortura no ocurrió. Pero de hecho ninguna víctima fue compensada porque la CIA le decía a la corte federal “desafortunadamente no podemos llevar adelante este juicio sin revelar secretos de estado y por lo tanto dañar la seguridad nacional” y entonces los casos eran archivados. Todo esto me preparó para el caso Snowden.


–Pero los dos psicólogos que diseñaron el programa de tortura de la CIA sí llegaron a juicio, justamente por una demanda de la ACLU.
–No llegó a juicio, arreglamos antes de eso el año pasado. Pero fue la primera vez que una víctima de tortura pasó la primera barrera de una moción para archivar el caso en base al secreto de estado. Fue un caso contra dos psicólogos llamados Mitchell and Jassen, quienes habían diseñado las llamadas “técnicas reforzadas de interrogatorios” (eufemismo de la CIA para disfrazar la tortura). Ese caso, el día antes del juicio, fue arreglado con un acuerdo confidencial. Esto fue positivo para los querellantes porque pudieron obtener algún tipo de compensación, pero también significa que seguimos sin tener una sola corte en Estados Unidos que falle acerca de la legalidad del programa de tortura.
–¿Entonces por qué arreglaron?


–La decisión de llegar a un acuerdo es de los clientes, no de los abogados.


–Recien usted comentaba que todo esto lo preparó para ser el abogado de Snowden.


–La razón por la cual estaba tan preparado para ayudar a Snowden es que uno de los cuestionamientos que recibe es: ¿por qué no usó el sistema para llevar adelante su queja? ¿ por qué no se quedó acá y enfrentó las consecuencias, en vez de escapar a otro país? Mi respuesta es que yo me pasé 10 años tratando de usar el sistema con víctimas de tortura, con víctimas de grandes violaciones a los derechos humanos y el sistema nos contestó que nos vayamos, que no hay remedio para ese tipo de casos. Por lo tanto no tengo mucha paciencia con el argumento de que si alguien denuncia un sistema de vigilancia masiva a su jefe algo grande va a pasar. La única manera en que Snowden iba a lograr cambios era llevar esta información al público. No a su supervisor o al supervisor de su supervisor. Cuando Snowden hizo su denuncia el presidente Obama se defendió diciendo que las actividades que estaban siendo reveladas (pinchaduras masivas de celulares y servidores de internet) habían sido aprobadas por los tres poderes del estado. Básicamente decía la verdad, pero ése era el problema: En cuanto la opinión pública se enteró, los tres poderes cambiaron de opinión. El presidente dijo que la NSA (Agencia de Seguridad Nacional, en inglés) había ido demasiado lejos e impuso restricciones, incluyendo a la vigilancia en el exterior. El Congreso impuso restricciones a la vigilancia de la NSA por primera vez desde la década del 70. Y las cortes federales, que siempre se habían rehusado a tomar casos de vigilancia masiva por razones de seguridad nacional, empezaron a aceptarlos y a fallar que esos programas son ilegales porque violan la Constitución. Nada de esto hubiera ocurrido si Snowden hubiera usado el sistema en vez de eludirlo.


–¿Como es trabajar con él?


–Ha sido una de las experiencias más significativas de toda mi vida. La mayoría de nosotros no cambia el mundo por sí mismo. Como mucho ayudamos a que suceda. Pero de vez en cuando aparece alguien como él que toma este riesgo histórico que permite cambiar de manara radical el comportamiento de la población mundial. Mi trabajo es ayudarlo a ser más efectivo. No ha sido una representación legal tradicional. Normalmente en un caso legal gran parte de mi trabajo es conseguir un resultado judicial favorable para mi cliente. Pero desde el primer día él me dijo: “ hagamos eso cuando tengamos tiempo.” Por eso nuestro foco principal como abogados suyos es ayudarlo a obtener reformas, ayudarlo a cumplir su misión política, antes que defender sus intereses legales, aunque obviamente debemos hacer las dos cosas.


–¿Como es su situación acá y en Rusia?


–El no quiere que le tengan lástima. Te diría que está más conectado socialmente que cuando trabajaba para el gobierno, dado que había entrado a los servicios de inteligencia cuando tenía unos 20 años y trabajó mucho tiempo bajo anonimato en el exterior. Nunca estuvo insertado en un grupo familiar o de amigos en el que podía hablar libremente de lo que hacía y forjar vínculos afectivos, excepto por su novia y su familia inmediata. Ella se mudó con él en Rusia, lo cual él le agradece eternamente, pero además ahora está en contacto con abogados y aliados, periodistas y amigos. Desde adolescente sus interacciones fueron a través de internet y mantiene su acceso a la red. Por lo tanto está más conectado al mundo en su exilio que cuando trabajaba para el gobierno. Su situación legal es que tiene residencia legal en Rusia, renovable cada tres años, así que por lo menos hasta abril del 2020 puede vivir en Rusia y no tenemos motivos para pensar que su permiso de residencia no le sería renovado si debe permanecer más tiempo en Rusia. Ya le han renovado el permiso una vez, pero él no tiene ningún control sobre eso. Ha habido muchos rumores de que por la relación cercana entre Trump y Putin la situación de Snowden podría peligrar. No tenemos manera de saber si eso es cierto o no. El dice que va a seguir hablando libremente, que si su seguridad fuera su prioridad todavía estaría viviendo en Hawaii y nunca hubiera dejado su trabajo bien remunerado. Como es de público conocimiento (Snowden) continúa criticando no solo al gobierno estadounidense pero también al ruso, a pesar de advertencias de personas como yo que le decimos que no sabemos si es la mejor estrategia para su seguridad. Pero así es él.


–¿Como lo va a tratar la historia?


–Cada vez que alguien da un paso adelante como hizo él y no solo revela información secreta pero pone a los servicios de inteligencia estadounidenses bajo una luz completamente distinta a nivel global , se puede esperar la respuesta retórica que él recibió. No creo que fue ingenuo cuando se metió en esto, ni pensó que el mundo le iba a agradecer lo que hizo. Pero la historia suele ser muy bondadosa con los arrepentidos. Cuando Daniel Ellsberg publicó los Papeles del Pentágono lo acusaron de ser un espía ruso y el gobierno de Nixon dijo que Ellsberg le había entregado una copia de los papeles a la embajada rusa. Ahora Ellsberg es un héroe nacional, prácticamente ha sido santificado.


–¿Como es vivir en tiempos de Trump? Como afectó las libertades civiles y los derechos humanos el actual gobierno?


–Creo que Trump es fundamentalmente autocrático y antidemocrático. Pero no es único ni novedoso. No es el primer presidente estadounidense en partir el pan con dictadores y autócratas de otros países. No es el primero en nombrar jueces federales y jueces supremos derechistas. No es el primero en facilitar la corrupción y transferir ingresos de la clase media a los ricos. Todo esto venía ocurriendo rutinariamente en la centroderecha estadounidense desde hace mucho tiempo. Creo que donde Trump es novedosamente peligroso es en que no está conectado a ninguna tradición política ni es él mismo un político. Y en un momento de peligro, por ejemplo en un ataque terrorista, no va a mostrar ningún respeto por las tradiciones y las instituciones democráticas. Además, su voluntad de promover xenofobia en contra de los inmigrantes de México y Centroamérica y los musulmanes en general es genuinamente peligrosa y de hecho gran parte del trabajo de la ACLU de los últimos años ha sido combatir es agenda xenófoba. Pero no creo que Trump fue instalado en EE.UU. por el líder ruso o que represente algo que es completamente opuesto a la historia y los valores de EE.UU., como si EE.UU. hubiera sido una democracia perfecta hasta que llegó Trump.


–¿Cómo siente que afectó la reputación de Estados Unidos en el mundo la incapacidad de cerrar la cárcel de Guantánamo y las declaraciones de Trump y de altos funcionario de su gobierno en favor de la tortura?


–Antes de hablar de Trump hablemos de Bush y de Obama. Porque el gobierno de Bush echó para atrás medio siglo el consenso global sobre tortura al implementar en esencia una conspiración para torturar en las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia.


–¿Por qué habla de una conspiración?


–Porque fue una conspiración. Los líderes que lo autorizaron sabían que era ilegal, pero conspiraron para crear un canal legal para que abogados corruptos escribieran directivas diciendo que algo que siempre habíamos juzgado como ilegal ahora era legal. Fue una conspiración de tortura e impunidad. Y el gobierno de Obama echó para atrás medio siglo el consenso sobre la penalización de la tortura cuando protegió del alcance de la ley a los arquitectos de la tortura. Obama dijo: “tenemos que mirar para adelante, no para atrás.” Estoy seguro que a cualquier criminal encarcelado le gustaría haber escuchado eso en referencia al delito que cometió. Esa decisión de no permitir que las cortes juzguen la legalidad de los programas de tortura abrió el camino para que venga Trump y diga “deberíamos tener el submarino (una forma de tortura) otra vez”. Para ser claros no hay evidencias de que el gobierno de Trump haya retomado la práctica de torturar. Hasta donde sabemos, se dejó de torturar en el 2006, cuando los militares y los servicios se dieron cuenta de que es una práctica peligrosa y aunque ellos no fueran juzgados por llevarla adelante, torturar les traería otras consecuencias negativas. También debo decir que nadie ha sido enviado a Guantánamo desde el gobierno de Bush. Todavía tenemos decenas de personas detenidas ahí, pero nadie fue llevado ahí desde el 2006. Pero en general creo que usted tiene razón. La retórica de Trump acerca de los derechos humanos le da amparo al régimen saudita, al presidente filipino, a Myanmar, y también a China y Rusia, para que realicen grotescos abusos a los derechos humanos y que apunten sus dedos a Estados Unidos y digan: ¿Ellos son los que nos van a decir cómo comportarnos? Guantánamo sigue abierta y ni siquiera pudimos cicatrizar esa herida pustulenta. No es un problema creado por Trump, es un problema que Trump empeoró.


–¿Que va a pasar en la elecciones del mes que viene?


–No quiero hacer predicciones porque me equivoco muy seguido. Lo que veo es una ola de fuerzas antidemocráticas en todo Occidente y más allá. Veo que la democracia se encoge en Turquía, en Hungría, en Polonia, en Israel, en China, en Rusia, en el Reino Unido con el Brexit, en Estados Unidos, en Italia, en Arabia Saudita. Paradójicamente, al menos en Estados Unidos hay razones para ser optimistas con respecto a la reacción hacia Trump. Parte del manual del autócrata es atacar y achicar a los medios y a la sociedad civil. Y lo que vemos acá es que ONGs como la mía han crecido exponencialmente. La ACLU tenía 480 mil miembros el día de la elección. Ahora tenemos dos millones. Esto es, gente que aportan dinero mensualmente para apoyar nuestro trabajo. Los grandes medios como el New York Times y el Washington Post, más allá de que uno coincida con su enfoque periodístico, son importantes para la democracia y hoy dan ganancia y su base de lectores ha experimentado una tremenda expansión. Y a pesar de todos los ataques de Trump no creo que alguien pueda decir que los medios están más débiles hoy por culpa de Trump. Puede ser que los estadounidenses empiecen a entender que ejercer la democracia va más allá de votar cada cuatro años y que necesitamos invertir en instituciones que defiendan la democracia. Mucho dependerá de lo que pase en las elecciones de noviembre.

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 Herb Stapleton, agente especial del FBI, junto al fiscal Benjamin C. Glassman, anuncian en Cincinnati la acusación John Minchillo AP

Yanjun Xu fue detenido en Bélgica y está imputado por tratar de robar información secreta de la rama aeronáutica de General Electric


La cruzada de Estados Unidos contra el espionaje industrial chino se adentró este miércoles en una nueva era cuando, por primera vez, un agente de inteligencia chino fue extraditado a EE UU para afrontar un proceso judicial. Yanjun Xu, director adjunto de una división de MSS, la agencia de inteligencia china, fue detenido en abril en Bélgica, país desde el que ha sido trasladado a EE UU. Se le acusa de cuatro delitos, incluido un intento de cometer espionaje económico y robo de secretos comerciales. Algunos de los cargos pueden acarrear hasta 15 años de prisión.

La extradición llega en un momento de creciente tensión entre Washington y Pekín. El Gobierno de Donald Trump ha redoblado su guerra arancelaria con la segunda economía mundial, a la que acusa de prácticas comerciales desleales, y también le ha acusado, sin presentar pruebas claras, de tratar de interferir en las elecciones de mitad de mandato de noviembre, en las que se renueva el poder legislativo.


Xu fue detenido el pasado 1 de abril en Bélgica tras una orden judicial estadounidense y la petición de un jurado en Ohio. Según la acusación anunciada este miércoles por el Departamento de Justicia estadounidense, entre diciembre de 2013 y hasta su arresto, el agente de inteligencia trató de infiltrarse en varias compañías de aviación, incluida General Electric. GE Aviation es uno de los principales fabricantes de motores para aviones comerciales y militares.


“Apuntó a ciertas compañías dentro y fuera de Estados Unidos que son reconocidas como líderes en el campo de la aviación”, señala la acusación. “Identificó a expertos que trabajaban para esas compañías y los contrató para que viajaran a China, frecuentemente bajo la pretensión de pedirles que hicieran una presentación universitaria. Xu y otros pagaron los costes de viajes de los expertos y les dieron estipendios”.


“Esta acusación alega que un oficial de inteligencia chino trató de robar secretos comerciales y otra información sensible de una compañía estadounidense que lidera el camino en el sector aeroespacial”, señaló en un comunicado John Demers, el fiscal general asistente en asuntos de seguridad nacional. “Este caso no es un incidente aislado, es parte de un conjunto de una política económica de desarrollar China a expensas de EE UU”.

Washington 10 OCT 2018 - 17:22 COT

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Sábado, 06 Octubre 2018 05:36

Desapareció un jefe de Interpol

Desapareció un jefe de Interpol

La Justicia de Francia, país sede de la institución, activó ayer una investigación luego de la denuncia de la esposa de Meng. Su rastro se perdió el 29 de septiembre. China aún no se pronunció sobre el caso.

El presidente de Interpol, Meng Hongwei, está desaparecido en China desde que llegó al país a finales de septiembre y, en consecuencia, la Justicia de Francia, país sede de la institución, activó ayer una investigación luego de la denuncia de la esposa de Meng. Hasta el momento no hay información oficial. No obstante, el diario South China Morning Post, público que Meng fue arrestado al aterrizar en China y actualmente esta bajo vigilancia de la disciplina del Partido Comunista Chino. La Comisión Central para la Vigilancia de la Disciplina es el órgano policial del partido encargado de combatir casos de corrupción, lo que podría significar que el jefe de Interpol está bajo sospecha de este delito. El rotativo no ofrece más pistas sobre los posibles motivos por los que Meng, ex miembro del Gobierno considerado un peso pesado del Partido Comunista Chino, estaría siendo investigado. El diario tampoco precisa el lugar de la detención.


El rastro de Meng se perdió el pasado 29 de septiembre, cuando embarcó en un avión con destino a su país, y su familia no tiene noticias desde entonces. Su esposa, que permanece con sus hijos en Lyon, la ciudad francesa donde tiene su sede Interpol, dejó transcurrir unos días hasta que la noche del jueves oficializó la denuncia y en ese instante las autoridades le tomaron declaración. Según la ley china, la familia y los empleadores de un sospechoso detenido deben ser notificados dentro de las 24 horas de su arresto, pero hasta el momento los familiares de Meng no recibieron información sobre su ubicación.


Por su parte, Interpol se limitó a indicar que se trata de un asunto que compete a las autoridades de Francia y China, y que la continuidad de su misión está garantizada, ya que las operaciones de Interpol recaen en el secretario general, el alemán Jürgen Stock. Además, precisó que debe respetar las normas de confidencialidad estipuladas en los estatutos. Por su parte, el Ministerio de Interior francés compartió ayer en un comunicado su preocupación por la desaparición de Meng, así como por las amenazas que recibió su esposa, y señaló que puso a disposición de la familia un dispositivo policial adaptado para garantizar su seguridad. “Francia está perpleja acerca de la situación del presidente de Interpol y está preocupada por las amenazas ejercidas contra su esposa”, indicó el ministro y agregó que la mujer fue intimidada por teléfono y a través de las redes sociales. Sin embargo, hasta el momento, su contraparte china no se pronunció sobre el caso.


Medios franceses indicaron que desde la llegada al poder del presidente Xi Jinping, hace seis años, China inició una dura campaña contra la corrupción que determinó la persecución de cientos de funcionarios. Xi puso al frente de los servicios de seguridad del país a Zhao Kezhi y lanzó una purga de altos cargos procedentes de los aparatos de sus predecesores, Hu Jintao y Jiang Zemin. Entre los funcionarios detenidos se encuentran el ex ministro de Seguridad Pública y antiguo superior de Meng, y Zhou Yongkang, uno de los más hombres más poderosos del país que fue condenado a cadena perpetua por abuso de poder. En 2014, Interpol emitió “avisos rojos” de alertas internacionales para 100 personas de origen chino que viven en el extranjero. En abril del año pasado emitió una alerta dirigida a Gou Wengui, una empresario adinerado que afirmó tener evidencia de corrupción en los niveles superiores del Partido Comunista. Wengui, que fue buscado por los fiscales chinos desde 2014, tenía vínculos con Ma Jian, quien, como Hongwei, había ocupado el cargo de viceministro de seguridad y fue investigado por presunta corrupción.


Meng tiene casi 40 años de experiencia en justicia penal y vigilancia policial en este país, según indica la página web de la Interpol. Sin embargo, perdió su asiento en el comité central del Partido Comunista, el principal centro de poder de la organización, en abril de este año.


Antes de su designación como presidente de esta entidad, Meng era viceministro de la Seguridad Pública china, un departamento de enorme poder a cuyo cargo están la Policía y los servicios de espionaje. Como figura central en ese departamento, varios medios vincularon a Meng con militantes Uighurs, grupo disidente que habita las regiones del norte de China, y que el estado considera como subversivos.


El funcionario chino dejó su cargo en seguridad 2016, para entrar a Interpol en sustitución de la francesa Mireille Ballestrazzi, un cargo honorífico, pero que aun así levantó críticas en organizaciones defensoras de los derechos humanos. En este sentido, Amnistía Internacional reaccionó preocupada acusando a China de usar la Interpol para buscar disidentes y activistas de la oposición. Por su parte, Human Rights Watch consideró que China se sirve de la organización policial internacional para intimidar y detener a familiares de disidentes, y por eso le pidió una atención particular para evitar injerencias del presidente Meng. El ex ministro había desestimado los reclamos, diciendo que se adheriría a las reglas de la organización y que estaba enfocado en promover “la causa de la vigilancia policial en el mundo”. La organización restó importancia a la nacionalidad del presidente y subrayó que el mando operativo recae en el secretario general. Además, enfatizó que los estatutos de Interpol -que tiene 192 países miembros- asientan el principio la neutralidad política de sus actuaciones, como queda registrado en el artículo 3.


Interpol cuenta con siete oficinas regionales en el mundo, además de representaciones en todos los países miembros, que se suman a las que hay ante la ONU, en Nueva York, y ante la Unión Europea, en Bruselas. Al presidente de Interpol, como al resto de los miembros del Comité Ejecutivo, lo elige la Asamblea General de la organización, en la que están representados todos los Estados miembros. Las funciones de la organización responden a aplicar las orientaciones decididas por esos países y supervisar el trabajo del secretario general.

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El jefe de campaña de Trump se declaró culpable

Manafort firmó un acuerdo de cooperación con Mueller para reducir los cargos que surgieron del trabajo no declarado que realizó como consultor para las fuerzas políticas pro rusas en Ucrania por el que recibió pagos millonarios.

 

Paul Manafort, el ex jefe de campaña del presidente estadounidense Donald Trump, se declaró ayer culpable en un nuevo juicio en su contra, después de haber sido condenado por fraude fiscal, informaron ayer medios locales.


El asesor político Rick Gates se declaró culpable el pasado febrero de los delitos de conspiración y mentir al FBI, y decidió cooperar con Mueller. Es algo que también hicieron el exconsejero de seguridad nacional Michael Flynn, y el exasesor electoral George Papadopoulos, quien trató de concertar una cita entre Trump y el presidente ruso Vladimir Putin. Papadopou

los fue condenado el pasado viernes a 14 días de prisión por mentir al FBI sobre sus contactos con intermediarios rusos durante la campaña electoral de 2016.
Un representante de la parte demandante aseguró que Manafort firmó un acuerdo para cooperar con el asesor especial Robert S. Mueller III como parte de un trato en el que se declaró culpable para reducir los cargos que surgieron del trabajo que realizó como consultor para las fuerzas políticas pro rusas en Ucrania sin haberlo declarado. Los ingresos obtenidos por ese trabajo, de varios millones de dólares, fueron lavados a través de varias empresas dentro y fuera de EstadosUnidos, indicó la demanda.


A primera hora de la mañana de ayer, el fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller, registró un nuevo escrito de acusación contra Manafort de un delito de conspiración contra Estados Unidos por fraude y otro de conspiración para obstruir la Justicia, de acuerdo a documentos judiciales, de los que se declaró culpable.
El exasesor de Trump, acusado de delitos que podrían acarrearle pasar el resto de su vida en prisión, alcanzó así un acuerdo con la Fiscalía especial de la trama rusa en busca de una reducción de la condena final.


Poco después, la fiscalía anunció que el juez había cambiado el motivo de una audiencia sobre el caso prevista esta mañana, pasando de ser preparatoria del juicio del 24 de septiembre a versar sobre un acuerdo entre ambas partes.


Al declararse culpable Manafort cambia su estrategia judicial y aumenta los riesgos para Trump, que lo ha defendido y elogió porque no se declaró culpable inicialmente aunque también ha tratado de minimizar su papel en la campaña electoral. La reacción de la Casa Blanca no se hizo esperar y desvinculó a Trump de la causa de Manafort. “Esto no tiene absolutamente nada que ver con el presidente o con su exitosa campaña presidencial de 2016. No está relacionado en absoluto”, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders.


Mueller investiga desde mayo de 2017, de manera independiente al Gobierno, los posibles lazos entre miembros de la campaña de Trump y el Kremlin, al que las agencias de Inteligencia acusan de interferir en los comicios de 2016.


Manafort supuestamente trabajó entre 2006 y 2017 para Gobiernos extranjeros, incluido el Ejecutivo prorruso del expresidente ucraniano Víktor Yanukóvich (2010-2014), y para oligarcas rusos, a los que ayudó a mejorar su imagen en Washington sin comunicárselo a las autoridades, lo que constituye un crimen.
El proceso contra él es producto de la investigación de Mueller, pero no está relacionada directamente con las actividades que desempeñó entre marzo y agosto de 2016 en la campaña de Trump, donde llegó a ser el jefe hasta que se vio obligado a dimitir por ocultar el cobro de 12,7 millones procedentes de Yanukóvich.


De los 32 imputados por Mueller, Manafort es el que tiene los lazos más estrechos entre el entorno de Trump y Rusia que tanto interesa al fiscal especial. Su principal objetivo es determinar si hubo algún tipo de coordinación entre la campaña del republicano y la sofisticada estrategia de piratas informáticos y espías rusos para ayudar a Trump a ser presidente mediante la difusión de propaganda e información robada al Partido Demócrata.


Manafort dirigió entre junio y agosto de 2016 la campaña de Trump y estuvo presente en el congreso del Partido Republicano en el que fue nominado el hoy presidente. En sus cinco meses como jefe de campaña de Trump, incluida la convención republicana en la que fue designado candidato a la Casa Blanca, Manafort tuvo contacto con varios oligarcas cercanos al Kremlin. Y participó en la misteriosa reunión de junio de 2016, a cinco meses de los comicios, que mantuvieron miembros de la campaña de Trump con una letrada rusa que les había ofrecido material comprometedor sobre su rival electoral, Hillary Clinton.

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Martes, 21 Agosto 2018 07:14

La frontera espacial se acerca

La frontera espacial se acerca

Un novedoso estudio basado en 50 años de datos de satélites artificiales refleja que el límite de la atmósfera deja obsoleta la cifra de los 100 kilómetros, acercándose ahora a los 80.

La altura a la que comienza el espacio exterior y termina la atmósfera no está marcada en ningún lado, aunque sí tiene nombre. Se llama la línea de Kármán y su situación no es fácil de definir, aunque sea importante a efectos legales y políticos, además de los científicos. Mientras Estados Unidos anuncia la creación de una división espacial en sus fuerzas armadas, un nuevo estudio da munición a los que creen que el espacio está más cerca de lo que se supone normalmente.

En las últimas décadas la cifra mágica era 100 kilómetros de altura. Es la que se maneja habitualmente y la que se ha fijado, incluso, en las bases de concursos para premiar a los primeros en desarrollar vehículos comerciales que lo alcancen. El nuevo estudio se inclina por “bajar” el espacio exterior hasta los 80 kilómetros y se basa en un completo análisis de los datos disponibles sobre la línea de Kármán, según su definición. Su autor, Jonathan McDowell, es astrofísico en la Universidad de Harvard.


La ONU ha intentado fijar el borde del espacio a efectos legales pero Estados Unidos, por ejemplo, siempre se ha negado. Otros países y expertos han señalado que no tiene sentido establecerlo porque cambia continuamente con las condiciones meteorológicas espaciales. Ahora, McDowell señala que la línea de Kármán vale como límite mínimo y que no se ve muy afectada por las variaciones atmosféricas.


Theodore von Kármán, un científico húngaro exiliado en Estados Unidos, no fijó exactamente la altura a la que empieza el espacio, sino que la definió como aquella en la que la velocidad necesaria para que un avión se pueda sustentar en una atmósfera ya muy tenue iguala la horizontal necesaria para orbitar el planeta.


Volviendo a McDowell, en su trabajo publicado en Acta Astronautica, se basa en la altura a la que se desplazan o se desplazaron los satélites con órbitas más bajas, sin caer a la Tierra. Un exhaustivo análisis de la reentrada de vehículos espaciales en órbita baja en los últimos 50 años le hace argumentar que la altura más baja en la que un satélite puede estar en órbita son los citados 80 kilómetros (con una horquilla de error de 10 kilómetros), más que los 100 kilómetros. “Los datos orbitales históricos de satélites artificiales confirman que los objetos en órbita pueden sobrevivir múltiples perigeos a una altura entre los 80 y los 90 kilómetros. Este rango de altura casa con el límite físico más alto de la atmósfera, la mesopausa”. De hecho, recuerda, las fuerzas armadas de Estados Unidos reconocían a principios de la era espacial a los pilotos que alcanzaban los 80 kilómetros en aviones la condición de astronautas.


Diferentes definiciones de "espacio"


El astrofísico no quiere entrar mucho en temas legales espaciales (sobre los que hay una amplia literatura) y explica que su interés radica en que es necesario tener una definición del espacio. “No digo que deba existir una única definición del espacio que se aplique en todos los contextos. Los físicos, los abogados y los historiadores pueden necesitar una frontera del espacio para objetivos diferentes y responder a cuestiones diferentes; el borde del espacio se puede definir de forma diferente en diversos foros internacionales. Sin embargo, es útil que estas definiciones se basen en una comprensión común y exacta de las condiciones físicas de la frontera aire-espacio”, concluye.


Después de 60 años de actividades espaciales, los satélites (y los misiles) pasan por encima de nuestras cabezas (y pueden caer sobre ellas) sin que existan acuerdos internacionales sobre a qué altura termina el espacio aéreo de cada país ni sobre lo que es un objeto espacial o una actividad espacial. El problema legal más importante de la era espacial sigue sin solucionarse, pero los intereses comerciales son ya muy importantes y es posible que aceleren un proceso en el que ha primado hasta ahora la falta de un marco legal, mitigada por una cooperación informal internacional bastante eficaz.

Las hazañas de los informantes Snowden, Assange de Wikileaks y Manning (en la imagen) expusieron los engaños del complejo industrial secreto de espionaje de EU

Los “teóricos de la conspiración” se han quedado cortos y han sido superados en EU por la inimaginable realidad indigesta para los leguleyos.

Las hazañas de los informantes samaritanos Snowden, Assange de Wikileaks y Manning expusieron los engaños del “complejo industrial secreto de espionaje” de EU y su quinta esencia totalitaria que opera un “gobierno en la sombra” sin elegir que busca derrocar mediante un golpe de Estado a Trump, según las perturbadoras develaciones de Kevin Shipp, ex agente de primer nivel de la CIA (https://bit.ly/2nBXkLd).
Según el denunciante Kevin Shipp, el célebre Deep State y el gobierno en la sombra representan dos entidades separadas entre sí: “el gobierno en la sombra controla al Deep State y manipula tras bambalinas a nuestro gobierno elegido” para perpetrar su terribles crímenes contra los desvalidos ciudadanos (https://bit.ly/2MLqK4B).


Shipp, ex funcionario de contraespionaje del antiterrorismo, ya había expuesto la maligna operatividad de la CIA en su libro Desde las sombras de la compañía (https://amzn.to/2OBbqYV). Hasta el NYT había revelado hace siete años la extraña persecución que Shipp había sufrido con su familia en la casa que le asignaron perversamente en Camp Stanley: un depósito clandestino de armas experimentales en San Antonio donde el agua potable está contaminada por la toxicidad de los acuíferos (https://archive.fo/zkttH). What is going on en Camp Stanley?

Arguye que el Deep State está conformado por el complejo militar industrial, los contratistas (sic) del espionaje y el Pentágono, Wall Street, la Reserva Federal, FMI, Banco Mundial, Secretaría del Tesoro –lo cual concurre con la definición del ex legislador texano Ron Paul (https://bit.ly/2w6nXf6)–, mientras “la cúpula del gobierno en la sombra son la NSA (National Security Agency) y la CIA”, al unísono de la Agencia Nacional de Espionaje-Geoespacial (NGA) y la Oficina Nacional de Reconocimeinto (NRO).


Kevin shipp aduce que la CIA fue entronizada, sin aprobación del Congreso, por el muy influyente Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés) con fuertes vínculos con los multimedia.

La CIA es el “nodo central” del gobierno en la sombra y controla a las otras 16 agencias de espionaje, pese a que teóricamente la DNI (http://www.dia.mil) las controla a todas.

La CIA –creada por una orden ejecutiva de Truman, The National Security Act (https://bit.ly/UrWsYI), quien ordenó el lanzamiento de dos bombas nucleares hace 73 años en Hiroshima y Nagasaki–puede manipular al presidente y sus decisiones políticas, controla a los contratistas del Pentágono y el espionaje, puede detonar las guerras, torturar (nota: hoy su directora Gene Cheri (sic) Haspel es el summum de la tortura), perpetrar ataques de falsa bandera, catalizar golpes de Estado, etcétera.


A su vez, el presidente maneja su “ejército secreto”, la agencia JSOC (Joint Special Ops Command), que puede usar para asesinatos secretos y derrocamiento de los gobiernos.
En torno del “complejo industrial secreto de espionaje” orbitan cinco megaconglomerados de contratistas que operan “sin reportar” bajo el manto de top secret: Leidos Holdings, CSRA, CACI, SAIC y Booz Allen Hamilton.


Después del 11/9 fueron creados “más de 10 mil sitios secretos en EU” (https://bit.ly/2nKsrVb). ¿Cuántos existirán esparcidos en el mundo, incluyendo México?


El Congreso está totalmente controlado por el “complejo militar industrial” mediante el Comité de Servicios del Ejército de 48 miembros que reciben lubricaciones pecuniarias a cambio de su voto en favor de la enmienda de gastos para los militares y el presupuesto de espionaje.


Según Snowden, sólo el presupuesto de la CIA rebasa 50 mil millones de dólares al año sin auditoría alguna.Tambien recuerdo el extravío de varios billones (sic) de dólares por el Pentágono gracias a la contable magia kosher de su “contralor” el rabino (literal) Dov Zakheim (https://bit.ly/2B8Dukw).


En EU, ser inimputable contratista del gobierno en la sombra es más importante que un vulgar congresista controlado por la CIA.


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Secuencia de la explosión del transbordador Challenger, a 75 segundos de su lanzamiento, el 28 de enero de 1986; Alexei Leonov (izquierda), comandante de la tripulación de la Soyuz, y Thomas Stafford, de Apolo, el 17 de julio de 1975, durante el encuentro de las naves, y Michael Fossum, experto en misiones del Discovery, es retratado por Ronald Garan, otro especialista en viajes al espacio, quien se refleja en el casco del primero, el 3 de junio de 2008, fuera de la EEI.

La falta de recursos, gran problema para volver a la Luna y viajar a Marte

 Hace 60 años, motivado por la competencia con la Unión Soviética, Estados Unidos (EU) creó la Nasa (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio), punto de partida de una aventura que los llevaría a la Luna.

En la actualidad, la agencia lucha por reinventarse en un sector en el que se mezclan cada vez más compañías espaciales internacionales e intereses comerciales.


Desde su creación, la Nasa ha desafiado los límites de la exploración del espacio, pero también ha sufrido estrepitosos fracasos, como la explosión de dos transbordadores, uno en 1986 y otro en 2003, con saldo de 14 muertos.


Su ambición de regresar al espacio profundo tendrá que enfrentar un problema de financiación, que le impediría volver a la Luna en la próxima década y a Marte para 2030.


La Nasa se ha vuelto dependiente del sector privado; tiene contratos con SpaceX y Boeing para enviar astronautas al espacio a partir de 2019, tan pronto como sus naves tripuladas estén listas.
No puede enviar astronautas por su cuenta desde 2011, cuando cerró su programa de transbordadores después de 30 años. Ahora debe pagar 80 millones de dólares por asiento a Rusia para enviar estadunidenses a la Estación Espacial Internacional (EEI) en una Soyuz.


En 1957 la Unión Soviética envió su primer satélite al espacio con Sputnik 1, mientras los intentos estadunidenses, principalmente bajo los auspicios del ejército, fracasaron estrepitosamente.


El presidente para la época, Dwight D. Eisenhower, pidió al Congreso que creara una agencia espacial civil separada. El 29 de julio de 1958 firmó la ley que instituyó la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio.


Los soviéticos ganaron otra ronda en abril de 1961, cuando Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en el espacio. Un mes después, el presidente de EU, John F. Kennedy, anunció planes para enviar a un hombre a la Luna a finales de los años 60. Así surgió el programa Apolo.


En 1962 el astronauta John Glenn se convirtió en el primer estadunidense en colocarse en la órbita de la Tierra, y en 1969 Neil Armstrong entró en la historia como el primer hombre en caminar sobre la Luna.
“Apolo fue una demostración unilateral del poder de una nación”, recordó John Logsdon, del Instituto de Política Espacial de la Universidad George Washington.


“Que Kennedy decidiera usar el programa espacial como un instrumento declarado de competencia geopolítica fue lo que volvió a la Nasa en un medio de política nacional, con una asignación presupuestaria muy importante”, precisó.


En la era Apolo, no menos de 5 por ciento del presupuesto nacional fue para la Nasa. En la actualidad es de 0.5 por ciento del presupuesto federal (unos 18 mil millones de dólares al año), y ya no tiene el mismo peso en la política nacional, dijo.


Momentos de gloria


La agencia vivió otros momentos de gloria en los años 80, como el surgimiento del programa de transbordadores, y luego en 1998, con el inicio de las operaciones de la EEI.


Ahora, el presidente Donald Trump ha defendido el regreso a la Luna, mencionando una pasarela que permita un flujo continuo de naves y personas que visiten el satélite, y que será el punto de partida para un viaje a Marte.


También pidió la creación de una fuerza espacial, rama de las fuerzas armadas que se orientaría a defender los intereses de EU.


La Nasa fue considerada mucho tiempo líder en innovación espacial, pero enfrenta una seria competencia: “unos 70 países de una manera u otra están involucrados en la actividad espacial”, señaló Logsdon.


En lugar de competir, “el énfasis se ha puesto en la cooperación” como forma de reducir costos y avanzar en innovación, afirmó Teasel Muir-Harmony, curadora del Museo Nacional del Aire y el Espacio.


La máxima autoridad de la Nasa, Jim Bridenstine, reiteró hace unos días que quiere trabajar con otros países. Señaló la posibilidad de fortalecer la cooperación con China, e informó que en Israel se reunió con grupos que desarrollan un módulo de aterrizaje lunar.


Con el objetivo de una misión tripulada a la Luna en apenas cinco años, la Nasa planea dedicar unos 10 mil millones de dólares a la exploración lunar de un presupuesto de casi 20 mil millones para 2019.

Trump y Putin les pasan la pelota a la CIA y al FBI

Cuando se lo presionó al magnate republicano sobre el veredicto de sus propios jefes de inteligencia, Trump enfatizó que Putin “fue extremadamente fuerte y contundente en su negativa” sobre la injerencia rusa en la campaña electoral.

 

Los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin prometieron ayer reencauzar las complejas relaciones entre las mayores potencias nucleares del mundo en su primera cumbre celebrada en Helsinki, donde el mandatario estadounidense se negó a condenar la supuesta injerencia rusa en las elecciones de su país, según las conclusiones de la CIA y el FBI.

De pie junto a Putin en una conferencia de prensa conjunta, Trump dijo que habían “pasado bastante tiempo hablando sobre” la supuesta injerencia de Moscú en los comicios de 2016 que ganó el magnate republicano. Evitó entrar en detalles o condenar explícitamente cualquier interferencia rusa, luego que 12 agentes rusos fueran acusados la semana pasada por este caso en Estados Unidos.
Cuando se le presionó sobre el veredicto de sus propios jefes de inteligencia, Trump enfatizó que Putin “fue extremadamente fuerte y contundente en su negativa hoy (por ayer) y lo que hizo fue una oferta increíble”, dijo el ocupante de la Casa Blanca. Agregó que la investigación del fiscal especial Robert Mueller había sido un “desastre” para Estados Unidos.


Trump volvió a negar cualquier tipo de colusión entre su campaña y el Kremlin, mientras Putin sostuvo: “El Estado ruso nunca ha interferido y no planea interferir en los asuntos internos de Estados Unidos”. Y Trump le cree, aunque le lluevan críticas desde su país (ver aparte).


Ya desde antes de comenzar la reunión, el presidente norteamericano había vinculado la pobreza en las relaciones con Moscú con las investigaciones llevadas adelante en su país. “Nuestra relación con Rusia NUNCA fue tan mala gracias a muchos años de tontería y estupidez estadounidense y ahora por la manipulada caza de brujas”, había escrito el mandatario en Twitter.


Los servicios secretos estadounidenses acusan al gobierno de Putin de un ataque cibernético durante la campaña presidencial de 2016 con el objetivo de ayudar a Trump y perjudicar a la candidata demócrata, Hillary Clinton.


En una nueva fase de la investigación, el viernes el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó acusaciones formales contra 12 miembros del servicio secreto militar ruso GRU de haber atacado computadoras de demócratas, así como de miembros del equipo de campaña de Clinton. Se trata de la primera vez que el Departamento de Justicia estadounidense señala al servicio secreto y, con ello, responsabiliza directamente a Rusia de los ciberataques.


Putin admitió que sí quería que el magnate republicano ganara las elecciones presidenciales con el argumento de que éste quería mejorar las relaciones con Rusia. En esta línea, Trump reforzó su postura. “Como presidente, no puedo tomar decisiones sobre política exterior en un intento inútil para complacer a los demócratas y a los medios de comunicación”, subrayó Trump en referencia al escepticismo que ha generado su relación con Putin en parte de su país. “Prefiero asumir un riesgo político en aras de la paz que arriesgar la paz en aras de la política”, indicó.

 

El mandatario ruso rechazó, además, que el Kremlin tuviese en su poder información comprometedora contra el presidente de Estados Unidos, como han publicado algunos medios de ese país. “Cuando el presidente Trump visitó Moscú, ni siquiera sabía que estaba allí”, señaló Putin.


El jefe del ejecutivo ruso dio una muestra de buena voluntad al proponerle a su par estadounidense permitirle a Washington interrogar a los agentes de inteligencia rusa acusados. “Tenemos un acuerdo entre Estados Unidos y Rusia que data de 1999 sobre la ayuda en los casos criminales y este acuerdo sigue en vigencia. En este marco, (la Fiscalía estadounidense) puede enviar una solicitud para realizar el interrogatorio a estas personas que son sospechosas”, declaró Putin.


En cuanto a los otros temas tratados, el ruso informó que durante la reunión había hecho propuestas para el control del armamento de cada país, como por ejemplo una ampliación del acuerdo START de armas estratégicas, y Trump, por su parte, volvió a recordar que entre los dos países tienen el 90 % de las armas nucleares en el planeta. “Como potencias nucleares, tenemos una responsabilidad especial” en la seguridad internacional, se limitó a decir Trump.


El líder ruso dijo que también habían hablado de la anexión rusa de Crimea: “La posición del presidente Trump sobre Crimea es conocida y la mantiene. Él habla de la ilegalidad de la reintegración de Crimea a Rusia. Nosotros tenemos otro punto de vista. Consideramos que se hizo un referéndum, de acuerdo a las leyes internacionales. Para nosotros es una cuestión cerrada”, señaló Putin.


Sobre la situación en Siria, el estadounidense reconoció que era compleja y que la cooperación entre ambos países tenía el potencial de salvar cientos de miles de vidas. En consecuencia, Trump aludió a que se utilizará el criterio de la asistencia humanitaria si, dijo, podían hacer algo para ayudar a la gente de Siria. El mandatario ruso estimó que su papel era más que humanitario y le pasó la pelota. Literalmente. “En lo que se refiere a que la pelota de Siria está en nuestro techo... señor Presidente, usted acaba de decir que hemos organizado exitosamente el Mundial de Fútbol. Así que quiero entregarle esta pelota. Ahora, la pelota está de su lado”, dijo Putin. El jefe del Kremlin, que entregó a Trump la pelota oficial del Mundial de Rusia, se refería a la frase del secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, de que la pelota del arreglo en Siria estaba en el techo de Rusia. Trump le dio las gracias por el regalo. Seguidamente, dijo que le regalaría la pelota a su hijo pequeño, Baron, y se lo lanzó a su esposa, Melania, que estaba en primera fila. “¡Melania, tomala!”, le pidió Trump entre las risas de los presentes.

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Sábado, 14 Julio 2018 07:36

Imputan a doce hackers rusos

El fiscal especial Mueller acusó a doce espías rusos de hackear la campaña de Hillary Clinton.

Los cargos hacen referencia a funcionarios del servicio de inteligencia militar creado por el Kremlin en 2016, conocido como GRU, del que dos de sus unidades cometieron supuestos robos de datos electrónicos para influir en las elecciones.

 

Un gran jurado federal de Estados Unidos, imputó ayer a 12 agentes de inteligencia rusos por hackear la campaña de la candidata demócrata Hillary Clinton, en las elecciones estadounidenses de 2016.


El ex jefe del FBI Robert Mueller, de 72 años, quien fue designado el año pasado como “fiscal especial” para supervisar la investigación de la agencia sobre los nexos entre la campaña de Donald Trump y Rusia, fue quien dirigió la acusación que ayer fue presentada en conferencia de prensa por el subsecretario de Justicia, Rod Rosentein.


El fiscal Mueller solicitó al jurado la imputación de 12 agentes de inteligencia del Kremlin por haber accedido a información sobre la campaña de Clinton y del secretariado de Partido Demócrata, así como por el hackeo del Comité Nacional Demócrata (DNC) con el fin de interferir en los comicios. Los agentes también están acusados de sustraer información personal de 500.000 votantes. De todas formas, Rosentein apuntó que no hay indicios de que los sospechosos hayan modificado los resultados de la votación.


Los cargos anunciados este viernes hacen referencia a funcionarios del servicio de inteligencia militar creado por el Kremlin en 2016, conocido como GRU, del que dos de sus unidades cometieron supuestos robos de datos electrónicos para influir en las elecciones.


Según Rosentein, los agentes participaron en un “esfuerzo constante” por penetrar las redes de computadoras del DNC y en la campaña presidencial de Clinton para conseguir datos que luego difundieron en internet. Según trascendió el escrito, los agentes de inteligencia comenzaron, en 2016, a inocular virus en las cuentas de correo electrónico de voluntarios y trabajadores del equipo de la política demócrata y a través de esa práctica obtuvieron contraseñas que les permitieron entrar en otras cuentas y documentos. En el momento de difundir los datos robados, los agentes rusos se hicieron pasar por activistas estadounidenses e hicieron uso de Facebook y Twitter para diseminar el alcance de la información. Rosentein también afirmó que después de que se acusara a oficiales del Kremlin de estar tras el hackeo, éstos crearon una plataforma para alegar que el autor de los hechos era un pirata informático rumano. Además de estos hechos, también trataron de entrar al contenido de agencias estatales y diferentes áreas del Gobierno norteamericano.


Once de los agentes fueron imputados de conspiración para cometer crímenes informáticos, con agravante por robo de identidad en ocho de éstos, y conspiración para lavar dinero. Dos de los acusados están vinculados también al delito de conspiración por cometer una ofensa contra Estados Unidos.


El Departamento de Justicia estadounidense precisó en el escrito de imputación, que en los hechos, no hubo participación de ninguno de sus ciudadanos. Inmediatamente después de hacerse público el alegato, la Casa Blanca se encargó de enfatizar éste punto. “Los cargos de hoy no incluyen ninguna alegación que involucre el conocimiento de alguien de la campaña (de Trump) (...), lo que sustenta lo que hemos venido repitiendo”, reiteró Lindsay Walters, la portavoz adjunta de la Casa Blanca.


Del escrito de acusación también se extrae que el día en el que Trump pidió al Kremlin que encontrara los miles de correos “perdidos” de Clinton, el 27 de julio de 2016, los agentes empezaron sus primeras acometidas contra uno de los servidores de la campaña. También se cita la vinculación entre la actuación de estos agentes rusos con la definida como “organización 1”, y que el Washington Post, aclaró que refiere al sitio de filtraciones WikiLeaks. El 22 de julio de 2016 la plataforma recibió miles de correos de la campaña de Clinton.


Las imputaciones dadas a conocer ayer, conforman la primera acusación directa al Gobierno ruso que realiza el fiscal especial Mueller, que trabaja desde hace más de un año investigando la presunta injerencia de Moscú en las elecciones de 2016 en las que ganó Trump.


Sin embargo, es poco factible que la acusación avance y llegue a un juicio, debido a que no hay un tratado de extradición firmado entre Estados Unidos y Rusia.


El presidente Trump, recibió a comienzos de semana la comunicación de las acusaciones en el marco de la investigación de la trama rusa. “El presidente está totalmente al tanto de las acciones de hoy del Departamento”, señaló Rosenstein. Rusia, por su parte, rechazó las acusaciones. “Cuando los estadounidenses tengan los hechos, los analizaremos, eso es lo que ha dicho nuestro presidente en numerosas ocasiones”, dijo el asesor de política exterior de Putin, Yuri Ushakov, quien aseguró que Moscú no interfirió en los comicios.


La acusación llega pocos días antes de la reunión de Trump con Putin que tendrá lugar en Helsinki el próximo 16 de julio y a raíz de la misma, el líder de la minoría demócrata del Senado de Estados Unidos, Chuck Schumer, instó ayer al presidente Donald Trump a cancelar el encuentro del próximo lunes. “Estas acusaciones son una prueba más de lo que todo el mundo, a excepción del presidente, parece entender: el presidente Putin es un adversario que interfirió en nuestras elecciones para ayudar a Trump a ganar (los comicios). Rusia debe tomar primero “medidas transparentes y comprobables” de que no habrá nuevas interferencias en comicios”, sostuvo Schumer en un comunicado divulgado este viernes por su oficina.


Por su parte, Trump también se refirió al asunto esta semana en rueda de prensa del la OTAN. “Va a ser muy interesante escuchar lo que tenga que decir. Puede que lo niegue. Todo lo que puedo decir es ‘¿lo hiciste?’ y ‘no lo hagas otra vez’. A su vez también declaró que pueden salir cosas sorprendentes de la reunión que tendrá con su par ruso, el lunes en Helsinki.

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James Comey, el director del FBI que consiguió ser odiado por Donald Trump y Hillary Clinton


¿Estaría Hillary Clinton en la Casa Blanca y el mundo sería un lugar mejor de no ser por Comey? Conversamos con el exdirector del FBI sobre la conciencia, el arrepentimiento, y la posibilidad de que los votantes de EEUU expulsen a Donald Trump

¿Hay momentos en medio de la noche, después de uno de esos días en que Donald Trump aterroriza al mundo con alguno de sus actos terribles, en que James Comey se siente dominado por un temible pensamiento? ¿Fui yo quien puso a ese hombre en el poder?


La respuesta de Comey es sorprendentemente rápida y directa. "La verdad es que sí. Sobre todo porque la gente me lo dice todo el tiempo. Oigo esa pregunta a menudo".


¿Y qué hace con esa reflexión? "Es muy doloroso. A veces me pregunto, si pudiera retroceder en el tiempo, ¿haría algo profundamente carente de principios? No lo haría. Así que la reflexión solo sirve para hacerme sentir mal, porque creo que Donald Trump está provocando, y seguirá provocando, un gran daño a mi país. Pero eso solo sirve para sentir más dolor".


Han pasado 13 meses desde que Trump despidió a Comey de su puesto como director del FBI, el trabajo que amaba. Comey se enteró de su despido mientras hablaba con agentes del FBI en Los Ángeles: la noticia apareció en las pantallas de televisión al fondo de la sala.


Comey está fuera del cargo pero no de las noticias. Me reuní con él esta semana en Berlín, durante la promoción europea de su libro de memorias A Higher Loyalty (Una lealtad superior). El exdirector del FBI estaba lidiando en ese momento con las consecuencias del informe que el inspector general del Departamento de Justicia había publicado una semana antes sobre dos decisiones fundamentales que Comey tomó en 2016: la que parecía salvar a la candidatura de Hillary Clinton y la que después parecía enterrarla.


En julio de 2016, Comey anunció el fin de una investigación que había durado un año por el uso por Clinton de un servidor de correo electrónico en su casa. También dijo que la candidata no sería procesada. Los republicanos lo tildaron de títere de los demócratas.


Pero luego, a finales de octubre y cuando faltaban menos de dos semanas para las elecciones, Comey reveló que Clinton estaba de nuevo bajo sospecha porque el FBI había reabierto la investigación por el correo electrónico. Esta vez los republicanos se apresuraron a elogiar a Comey como hombre de gran integridad. Las diferencias en las encuestas se estrecharon a toda velocidad y, el 8 de noviembre, Trump ganó la presidencia.


El informe respalda a Comey en la decisión de no llevar a Clinton a juicio, pero desaprueba la manera en que rompió el procedimiento estándar del FBI con sus declaraciones públicas de julio y octubre, en lugar de derivar el tema a sus jefes en el Departamento de Justicia. Para el inspector general del Departamento, el hecho de que en julio de 2016 Comey no informara a los superiores de que iba a hacer una declaración pública fue un acto "extraordinario y de insubordinación".
Lo más probable es que esas palabras condenatorias hayan sido duras para un puntilloso servidor de la ley como Comey, alguien tan cumplidor que en una ocasión en que regaló una corbata a un compañero de trabajo le dijo que la corbata se la había regalado a él su cuñado.


"Mire, cuando leí por primera vez el término insubordinación me desconcertó. ‘¿Cómo?’, pensé. Pero en cierto modo, es así. Si entiendes insubordinación como que yo privé intencionalmente a mis superiores de información que ellos habrían querido tener, sí, es cierto. Y lo hice porque pensé que era lo que tenía que hacer. Una vez que tomé distancia me di cuenta de que sí, en verdad era una descripción justa".


Justo y autocrítico


Es una respuesta clásica de Comey: consciente de sí mismo en lo emocional. Autocrítico. Trata de ser justo y de entender el punto de vista del oponente. Insiste en la lógica y, después de todo eso, sigue convencido de su propia rectitud moral. Tanto su actitud como sus palabras transmiten ese convencimiento.
En la habitación del hotel reservada para las entrevistas, rodeado de múltiples ediciones del libro que esperan su firma, Comey parece relajado. Viste una chaqueta holgada y no lleva corbata ("se está vistiendo de escritor", sugiere el encargado de relaciones públicas en Alemania), y si la culpa y la angustia le roen las entrañas, no hay ningún signo visible de ello.


En lugar de eso, Comey habla como un hombre que se debatió duramente con las decisiones que tuvo que tomar y que en los meses posteriores ha seguido debatiéndose con ellas pero al final se ha declarado a sí mismo vencedor. No lo tortura el arrepentimiento. Como él mismo dice sobre el informe de la semana pasada: "No me siento castigado por él. La reacción inicial fue en parte a la defensiva, creo. Duele ver cómo te critican de esa manera pero al final lo acepto".
¿Qué hay de la revelación de que el propio Comey utilizó una cuenta privada de Gmail para hacer parte de su trabajo en el FBI? ‘¿Pero mis emails?’ reaccionó Hillary Clinton cuando se enteró, en un tuit de tres palabras que se hizo viral. ¿No convierte eso a Comey en un hipócrita?


En absoluto, dice. "A lo largo de la investigación siempre me preocupó que Hillary Clinton no entendiera por qué la estaban investigando", dice, con un tono que podría parecer de condescendencia, para explicar que el problema nunca fue el tipo de correo electrónico que Clinton estaba usando.


"No me importaba lo más mínimo que usara su propio servidor, Gmail o AOL", dice. Lo que le preocupaba era que hubiera un "mal manejo de información confidencial". En su caso, dice que utilizó Gmail solo cuando trabajaba en casa textos públicos, discursos y cosas así, que luego enviaba a su cuenta oficial del FBI. "No hay ninguna acusación que diga que usé mi cuenta de Gmail para hablar de temas confidenciales".


¿Cómo reaccionó Comey cuando supo que el inspector general del Departamento de Justicia había descubierto a dos agentes del FBI enviándose mensajes de texto sobre la campaña en los que uno tranquilizaba al otro para que no se preocupara por la victoria de Trump? "Lo detendremos", decía el agente.


"Me quedé estupefacto cuando oí esas cosas", dice Comey. No tenía idea de que los dos agentes involucrados estaban diciéndose esas cosas, ni sabía que tenían relación entre ellos. De haberlo sabido, dice, les habría retirado inmediatamente de "cualquier investigación delicada".


Está perplejo, añade, porque el agente que escribió ‘lo detendremos’ también ayudó a Comey a redactar la declaración de octubre que tanto daño hizo a Clinton. "Si estaba en el lado de Hillary Clinton, ¿por qué hizo eso? Eso es lo que los partidarios de Trump no logran explicar. Si el FBI estaba al servicio de Clinton, ¿por qué no revelamos la investigación de Rusia?"


Dado que, como deja claro el informe de la semana pasada, Comey no tuvo ningún problema en romper los protocolos del FBI en el caso Clinton, ¿por qué no rompió los protocolos de la misma manera para revelar, el día antes de las elecciones, que el FBI estaba investigando posibles vínculos entre Rusia y la campaña de Trump? Entonces sí podría descansar tranquilo, sabiendo que habría herido tanto a Clinton como a Trump.


"Nunca fue ni siquiera un tema de conversación", dice. "La gente tiende a hablar de eso como si hubiera habido una investigación de Hillary y una de Donald". Pero eso no era cierto, no en ese momento. "El candidato no era el protagonista" de la investigación, explica. Ni siquiera lo era la campaña de Trump.


En esa etapa, dice Comey, todo lo que había era una investigación preliminar sobre cuatro individuos. Revelar que había una investigación en curso habría dañado a la propia investigación. "No sé qué podría haberle dicho al pueblo estadounidense que no hubiera sido tremendamente injusto con un candidato que no estaba siendo investigado".


Estoy a punto de seguir adelante pero hay algo que me sigue molestando. En el libro, Comey dice que, en parte, hizo su declaración de octubre porque temía que, si no lo decía y ganaba Clinton, habría una sombra sobre la legitimidad de su presidencia. Los estadounidenses sentirían que no les habían dado toda la información cuando votaron por ella. ¿Pero no fue eso una ingenuidad suprema? ¿Acaso los republicanos y los medios conservadores no habrían tachado de ilegítima a la presidenta Hillary desde el primer día, independientemente de lo que hubiera hecho Comey, tal y como lo habían hecho antes con su esposo y con Barack Obama?


Las razones de Comey


"Por supuesto, los republicanos y Fox News van a atacar a cualquier demócrata que sea presidente. Pero el ataque es de una magnitud diferente si se basa en que el FBI ocultó (los hechos) al pueblo estadounidense y que, por lo tanto, fabricamos su elección como presidenta de Estados Unidos. Incluso sin Fox News, creo que un estadounidense razonable se habría quedado atónito" al enterarse de que el FBI no había dicho que se reabría la investigación por el uso del correo electrónico.
Algunos de sus detractores creen que las razones de Comey eran mucho menos honorables, que siguió metiéndose en medio de la campaña no sólo por defender la integridad del FBI sino por su propia superviencia. El inspector general lo insinúa cuando escribe que Comey basó sus decisiones en "lo que él creía que eran los intereses institucionales del FBI que le permitirían continuar liderando efectivamente al FBI como director". ¿El ego jugó un papel?


"La respuesta honesta es que no lo creo, en parte porque sabía lo mucho que iba a perjudicarme esto. Sabía que mi decisión de hablar de forma excepcional iba a ser mala para mí en lo personal. Creo que es un buen indicio de que esto no iba de protegerme a mí mismo. Yo sabía que estaba jodido, me parece que es un buen indicador de que no era así".


Ahora es Robert Mueller, su predecesor en la dirección del FBI, quien está en primera línea. El mundo espera su informe sobre la presunta confabulación entre la campaña de Trump y Rusia. Comey advierte a los críticos de Trump de que no se hagan ilusiones.


Por un lado, dice, no sabemos qué encontrará Mueller. La verdad podría no ajustarse al "conjunto concreto de hechos" que la gente está esperando. (Le pregunto si, por lo que él sabe, es creíble la hipótesis de que Rusia se inmiscuyó activamente en el referéndum por el Brexit. Responde de forma enigmática: "Creo que es verosímil y consistente con su comportamiento reciente en los Estados Unidos y con un patrón que lleva tiempo así. Pero no sé lo suficiente y, si lo supiera, tampoco podría decirlo. Así que no puedo hablar del tema").


Por otro lado, es "totalmente posible" que incluso encontrando hechos condenatorios contra Trump, el presidente no sea destituido porque los republicanos controlan ahora ambas cámaras del Congreso.


En lugar de eso, Comey expone su esperanza alternativa (reconoce que algunos puedan considerarla extraña): "Casi espero que el pueblo estadounidense no se libere de su obligación de ir a las urnas en 2020 para decidir entonces cuáles deben ser los valores de un presidente estadounidense".


A Comey le preocupa que una destitución (impeachment) impida un proceso que considera necesario y, al mismo tiempo, acerque la posibilidad de provocar una división en Estados Unidos "que duraría mucho tiempo... Si se delega (el cambio presidencial al Congreso), se alimentaría la idea de que hubo un golpe de Estado profundo y bla, bla, bla". Es mejor que los estadounidenses se deshagan de Trump por sí mismos, en las urnas.


¿Pero lo harán? "Yo confío en que el gigante dormido se despertará si en los próximos dos años y medio se mantiene el debate en nuestro país, del que estoy tratando de formar parte. Pienso en Estados Unidos como en una campana. Hay chiflados en cada extremo y luego el gran bulto del medio es todo el mundo. Están ocupados y distraídos. Ese gigante, ese bulto, sólo se despierta de vez en cuando en Estados Unidos. Y creo que el gigante se está desperezando. Creo que al gigante lo conmueven las imágenes de los niños".


Comey nos ha traído hasta los niños y bebés separados de sus padres en la frontera de Estados Unidos con México. Las imágenes le recuerdan el encierro de los japoneses-estadounidenses durante la segunda guerra mundial, pero también a las fotos de los niños negros mordidos por perros policías en Birmingham (Alabama), durante la lucha por los derechos civiles en los años sesenta.


"En nuestro país, el gigante se despertó en 1963 y 1964, y eso cambió a nuestro país. Martin Luther King se dirigió a ese gigante con una carta escrita desde la cárcel de Birmingham en la que, básicamente, le decía: ‘Ustedes, personas ocupadas y moderadas, tienen que entrar en el juego’. Y eso pasa de vez en cuando en la historia de los Estados Unidos. Insisto, podría estar tratando de convencerme a mí mismo, pero creo que el gigante se está despertando".


"Cuando uno ve a los niños llorando, siendo separados de sus madres, no puede sino elevar su mirada por encima de los números y de los decretos para preguntarse: ‘¿Qué tipo de personas somos, por el amor de Dios?’ A nivel nacional, levantar la mirada tiene mucho poder y podría convertirse en el punto de inflexión del que estoy hablando. Es el tipo de cosas que despiertan al gigante".


Le pregunto a Comey sobre la amenaza de Trump de perdonarse a sí mismo y a todas las personas involucradas en el escándalo por Rusia. ¿Está en peligro el Estado de derecho en Estados Unidos? Espero una respuesta ambigua o que me diga que me estoy dejando llevar. Pero su respuesta es clara. "Sí. Sí. No a largo plazo, porque nos recuperaremos. Pero si no nos damos cuenta del daño que se le está haciendo ahora mismo, nos llevará más tiempo recuperarnos". Cita entonces los llamamientos de Trump a encerrar a los opositores políticos, también a Comey, un territorio desconocido hasta ahora para un presidente estadounidense.


Aun así, Comey se aferra a la opinión de que, al final, los Estados Unidos se enderezarán a sí mismos. No es el primer punto bajo, dice. "En la década de 1920, uno de cada tres congresistas era miembro del Ku Klux Klan. Joe McCarthy reinó en América entre 1950 y 1954". Pero EEUU se recuperó.


Is Trump in that category, along with McCarthyism and the Klan? “I think he should be understood as channelling the forces of reaction to change in the United States.” Is he as great a menace? “


¿Está Trump en el mismo nivel que el mccarthyismo y el Ku Klux Klan? "Creo que hay que entenderlo como alguien que está potenciando a las fuerzas de la reacción contra el cambio en Estados Unidos". ¿Es una gran amenaza? "Sólo podremos juzgar cuando ya haya pasado, supongo, pero ciertamente no lo será si el gigante se despierta y resistimos la tentación de adormecernos frente a conductas destructoras de las normas".


Comey promete permanecer activo hasta las elecciones de 2020, escribiendo, dando charlas y, tal vez, incluso apoyando a candidatos. Ya no es un republicano de carnet; ahora es independiente. ¿Se presentaría él mismo? "Eso es algo que nunca voy a hacer", dice. Sería un "mal candidato". Odiaría pedir dinero a los demás, se resistiría a decir cosas contradictorias en función del público, y si un opositor presentase un buen argumento en un debate, lo reconocería.


Nunca se sabe, le digo. Esas mismas cualidades podrían ser atractivas para los votantes. "El otro tema es que soy un poco introvertido. No me hace más fuerte hablar en público. No anhelo afirmación o atención. Y tienes que tener un poco de eso en ti".


Se nos acaba el tiempo. En nuestro último minuto juntos, le digo que, de estar en su lugar, me pasaría cada hora del día buscando datos de encuestas y cosas por el estilo, buscando pruebas de que Hillary Clinton no perdió por mi culpa. Yo lo necesitaría.


Comey dice que no fue así para él en el período inmediatamente posterior a las elecciones. "En aquel momento, sólo estaba tratando de no pensar en ello. Creo que me sentía un tanto bloqueado. La verdad es que desde entonces he delegado todo eso en mi esposa, que era una firme partidaria de Hillary Clinton. A ella le interesa mucho encontrar pruebas de que no fui yo. Le encantaría encontrar un estudio definitivo que diga que no fui yo".
¿Y lo ha encontrado?


"Todavía no".

 

24/06/2018 - 20:02h


theguardian
Traducido por Francisco de Zárate

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