Brasil: la demolición de una potencia global

Cuando se escriba la historia de la segunda década del siglo XXI, podrá decirse que una de las principales potencias emergentes, integrante de los BRICS y líder de la integración de la región sudamericana, ingresó en un proceso de demolición de sus posibilidades como nación independiente.

 

Los datos que van saliendo a la superficie avalan esa afirmación. Más aún, puede decirse que una parte de las elites militares, empresariales y del Estado brasileño, promovieron el desguace de todo vestigio de independencia nacional, lo que evidentemente favorece los intereses de Washington.


Tres son los aspectos destacados de esa auto-destrucción: el desmoronamiento de la burguesía brasileña que era la más importante de América Latina, el retroceso en los avances tecnológicos que sustentaban un desarrollo autónomo y la neutralización del nacionalismo militar. Las tres han estado estrechamente vinculadas desde la década de 1950, cuando el país comienza su industrialización.


En la segunda década del siglo, Brasil perdió su sector de alta tecnología, lo que le impide llegar a ser un país innovador mientras se hunde como exportador de materias primas sin procesar, como mineral de hierro y soja. En la década de 1980, las empresas de alta tecnología representaban casi un 10% del PIB (9,7% exactamente), porcentaje que cayó al 5,8% en 2018.


Según el autor del estudio, el economista Paulo César Morceiro de la Universidad de Sao Paulo, "la industria de mayor tecnología en Brasil no consiguió sostener su pico de participación en el PIB ni siquiera durante una década". Considera que es un resultado penoso si se lo compara con la performance de los países en desarrollo. "Sin desarrollar ese sector, será difícil avanzar hacia el escalón de la industria 4.0, que combina industria y servicios sofisticados", concluye el economista.


El problema de Brasil es que tanto la agropecuaria como la industria extractiva cuentan con ventajas competitivas que abaratan las exportaciones, pero bloquean el desarrollo tecnológico, en el cual el Estado debe tener un papel destacado. "Hace mucho tiempo que la agenda predominante en Brasil se restringe a la macroeconomía. No hay política industrial ni inversiones en innovación", asegura Morceiro.


Brasil es un país desanimado, sin objetivos de largo plazo. El sector industrial retrocedió a 1947, al llegar a su menor participación en el PIB, con apenas el 11,3% en 2018. En 1986 la industria alcanzó su punto más alto, con una participación de 27,3% del PIB. Ningún sector de la industria aumentó su participación en la producción total desde la década de 1980: ni la de alta intensidad tecnológica ni la de menor, como textiles, vestimenta y bebidas.


Otro profesor de la USP, Glauco Arbix, sostiene que "los países que más se desarrollaron fueron empujados por empresas de alto dinamismo que aceleran el conjunto de la economía". El caso más exitoso ha sido la aeronáutica Embraer, que acaba de ser absorbida por la estadounidense Boeing, privando al país de un sector de alto contenido en tecnologías de punta.
Es probable que el desarrollo brasileño se haya agotado en la década de 1980, en la etapa final del régimen militar (1964-1985). Las elites parecen haber optado por mantener sus privilegios (Brasil está entre los diez países más desiguales del mundo), trasladando sus riquezas a paraísos fiscales, a costa de mantener al país estancado y sin rumbo.


La crisis política está agravando la falta de rumbo y la retroalimenta. El repliegue de un empresariado conservador crecido a la sombra de los contratos con el Estado, el temor de las elites a las mayorías negras y pobres, la falta de entereza y de pulso de los militares —que en otros períodos sustituyeron al empresariado y a los políticos como punta de lanza de un desarrollo con proyecto de nación—, están en la base de la crisis en curso.


En los momentos decisivos de la historia de Brasil, la década de 1930 y la de 1960, los militares fueron los encargados de ponerse al hombro las tareas que nadie se animaba a enfrentar: la quiebra de la oligarquía terrateniente en el primer período, para abrir las puertas a la industrialización; el diseño de un proyecto de nación, en la segunda posguerra. En ambos casos las fuertes inversiones en infraestructura, energía y transportes, y la modernización del parque industrial, sacaron durante un tiempo al país del atolladero.


El grueso de las grandes empresas estatales fueron creadas en uno de los dos períodos, desde Petrobras hasta Embraer. Ahora se proponen privatizar empresas estratégicas, como Embrapa (Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria), que juega un papel central en el desarrollo de tecnologías para la producción de alimentos y de la agroindustria.
Fue creada en 1973, cuenta con 41 centros de investigación, está presente en casi todos los estados, tiene casi 10.000 empleados, de los cuales 2.500 son investigadores. Ha desarrollado investigaciones que permitieron mejorar desde las razas bovinas (Brasil es uno de los primeros productores de carne del mundo) hasta variedades de caña de azúcar que pueden ser cosechadas mecánicamente.


Eliseu Alves, fundador y expresidente de Embrapa, muestra que desde 1973 hasta hoy "el conocimiento sobre sistemas de producción impactó más en la agricultura brasileña que los equipamientos, máquinas y semillas". Se refiere a "los conocimientos sobre la tierra, los factores de producción, el contexto de la tecnología".


Prueba de ello es que la producción agrícola crece a tasas más altas que los insumos, porque el llamado conocimiento "no cristalizado", el que se refiere a "lo que está entre las orejas", es responsable del 89,8% de la producción agrícola. En 1979 ese índice estaba en 64,1%.


La privatización de Embrapa sólo puede beneficiar a las grandes multinacionales del sector, como Monsanto. El argumento del ministro de Economía, el neoliberal Paulo Guedes, es que la empresa tiene déficit. Un argumento mediocre destinado a mantener la dependencia y estancamiento del país. Si el rumbo no cambia, dos de las empresas más importantes en tecnología (Embraer y Embrapa) habrán sido engullidas por las multinacionales.


Con este panorama, la demolición de Brasil habrá avanzado lo suficiente como hacer casi imposible un retorno al camino del país emergente, o "global player", que se podía imaginar años atrás.

Publicado enInternacional
Sábado, 13 Abril 2019 16:07

Un espíritu fétido

Marluz Navarro

No pasa un día sin que se conozca de alguna arbitrariedad policial, creciente desde hace algunos meses, cuando el Código de Policía dejó su etapa pedagógica, para dejar escapar con su explayada y arbitraria aplicación el espíritu autoritario que lo insufla.


El primer asombro ciudadano llegó al conocerse la famosa multa sufrida por un transeúnte común y corriente, de más de 800 mil pesos –multa tipo 4*– por estar comprando una empanada en espacio público.
La respuesta en diversidad de sectores sociales fue de estupor, en algunos de rabia y en otros de incredulidad. ¡No puede ser!, decían unos y otros, pero así era, y así continúa siendo: día tras día, multas de tal estilo y cantidad de dinero son aplicadas por los más risibles comportamientos: por correr en una terminal de transporte y así “alterar el espacio público”; por ocupar y vender de manera ilegal en espacio público; por reírse e irrespetar a la “autoridad”; por actuar de manera solidaria con alguien que estaban multando e interponerse ante la “ley y la autoridad”.


Usted puede imaginar otro diez, cien, mil o más inculpaciones, creíbles e increíbles, argumentadas por el agente policivo de turno, pues la norma pretende reglar todo, disciplinar, encauzar el ‘buen’ comportamiento, garantizando así que algún día en este tipo de sociedad –del trópico– se deje la chabacanería y se atienda la ley –la legalidad, diría Duque–, única manera de ser productivos y pasar del “subdesarrollo” al “desarrollo”, como lo promete la reciente inclusión de Colombia entre los países de la Ocde, precisamente los de las “buenas prácticas”, entre las cuales demandan que el espacio público debe estar libre, facilitando así la efectiva circulación de mercancías. Además de garantizar la seguridad jurídica, pudieran decir otros –léase el monopolio del negocio–, para quienes están formalizados y cancelan los cada vez más onerosos tributos a las arcas municipales, además de sostener a la Cámara de Comercio, ese negocio de pocos que debiera ser público pero es privado.


Téngase en cuenta el momento en que fue tramitado el Código y el afán con que se aprobó –a pupitrazo limpio–, y no es extraño que hasta este tipo de Código, que todo lo incluye y lo pretende –Código de códigos–, haga parte de las exigencias de la Ocde para ganar la membresía al mismo.


De estupor. Según cifras conocidas, son más de 400 mil las multas impartidas en lo que tiene de vida este Código, lo cual se constituye en todo un récord, como también lo son las decenas de demandas interpuestas contra el mismo.
Supuestamente encaminado a favorecer la convivencia ciudadana, se trata de un código expedido para reglar los comportamientos cotidianos en un país cada vez más urbanizado, donde las mayorías no cuentan con trabajo formalizado o reglado por un contrato laboral. Es decir, el Código fue expedido para ayudar a la vida en común en un país donde las mayorías viven del esfuerzo individual y a riesgo propio de no menos de 13 millones de personas que cada día se levantan o trasnochan con la preocupación por reunir unos pesos con los cuales llevar algo a casa.


A todas luces, por las multas o las sanciones interpuestas, se puede deducir que quienes redactaron este Código de códigos no repararon en la vida real de nuestra sociedad sino que se pararon sobre ella, mirando desde el ideal inexistente de una economía que brinda miel y leche para el conjunto social, con hogares sin afanes, con ingresos regulares y capacidad de ahorro. De ahí el significativo monto de la multa tipo 4, similar a un salario mínimo que, como es conocido, no se alcanza a reunir en muchos hogares luego de un mes de intensa labor.


Exabruptos, estos y otros, como limitar la protesta social, autorizar el allanamiento de viviendas sin orden de autoridad judicial, etcétera, que le inyectan un aliento autoritario a esta norma y llenan de falsa autoridad a quienes la aplican, pavoneados por aquí y por allá como los que pueden hacer y deshacer, sin capacidad alguna de ponderación ante cada circunstancia, sin disposición a conciliar, sin sentido de justicia ni de realismo alguno. “La ley es la ley”, pensarán en su malformado fuero interno los llamados agentes de la (in)seguridad pública.


Este comportamiento policivo-represivo (no educativo ni para la convivencia) está ampliando aún más la histórica brecha entre policía y comunidad, la que, como es sabido, realza desde siempre, tal vez desde el tiempo en que los chulavitas –esa policía o paramilitarismo al servicio de terratenientes y jefes políticos godos– sembraron el terror por todo el territorio nacional.


No se olvida la acción de chulavitas: masacres, desplazamiento, robo de la tierra de miles de miles. Es un recuerdo transmitido por los genes de la sociedad colombiana, reproducido por la recurrente violencia con que actúan los integrantes de una institución que debiera estar al servicio de la comunidad pero en realidad le da la espalda. La misma que, en el caso de las unidades denominadas Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), actúa como conjunto de verdaderos enfermos de la violencia. Numerosos casos así lo certifican.


¿Cómo están instruyendo al personal policivo para que cumpla con su misión, para que, en vez de lograr cercanía con aquellos a quienes dicen proteger, se merezcan cada vez más su animadversión?
¿Tiene algo que ver este Código con la recién expedida “Política de Defensa y Seguridad para la Legalidad, el Emprendimiento y la Equidad”? ¿Acaso el reclamado enfoque multidimensional, multisectorial e interagencial de la misma nada tiene que ver con la vida cotidiana de nuestra sociedad? ¿Por qué ensañarse con los excluidos de siempre, para quienes democracia y justicia son palabras que no trascienden el papel y el discurso del gobernante o del político de turno?


Todo lo fétido, si no queremos su transformación en foco de infecciones, requiere limpieza…

* Las multas tipo 3 y 4 contemplan medidas por arrojar basuras en espacio público, hacer mal uso de las línea de emergencia 123, vender celulares con reporte de hurto y realizar necesidades fisiológicas en espacio público, entre otros comportamientos contrarios a la convivencia.

C.G.

 

Artículos relacionados, Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº187

El camino al infierno…
por Carlos Gutiérrez

Incertidumbre y malabares estadísticos

por Libardo Sarmiento Anzola

 Sin planeación y sin futuro: en el estrecho marco del azar y el tutelaje

por Álvaro Sanabria Duque

 Cuando el ridículo se pone al servicio de una tenebrosa maquinaria

por Héctor-León Moncayo

 Sistemas de información y bases de datos: a propósito del censo y del Dane

por Carlos Eduardo Maldonado

 El cordón sanitario

Serge Halimi

 

Martes, 09 Abril 2019 09:57

Un espíritu fétido

Marluz Navarro

No pasa un día sin que se conozca de alguna arbitrariedad policial, creciente desde hace algunos meses, cuando el Código de Policía dejó su etapa pedagógica, para dejar escapar con su explayada y arbitraria aplicación el espíritu autoritario que lo insufla.


El primer asombro ciudadano llegó al conocerse la famosa multa sufrida por un transeúnte común y corriente, de más de 800 mil pesos –multa tipo 4*– por estar comprando una empanada en espacio público.
La respuesta en diversidad de sectores sociales fue de estupor, en algunos de rabia y en otros de incredulidad. ¡No puede ser!, decían unos y otros, pero así era, y así continúa siendo: día tras día, multas de tal estilo y cantidad de dinero son aplicadas por los más risibles comportamientos: por correr en una terminal de transporte y así “alterar el espacio público”; por ocupar y vender de manera ilegal en espacio público; por reírse e irrespetar a la “autoridad”; por actuar de manera solidaria con alguien que estaban multando e interponerse ante la “ley y la autoridad”.


Usted puede imaginar otro diez, cien, mil o más inculpaciones, creíbles e increíbles, argumentadas por el agente policivo de turno, pues la norma pretende reglar todo, disciplinar, encauzar el ‘buen’ comportamiento, garantizando así que algún día en este tipo de sociedad –del trópico– se deje la chabacanería y se atienda la ley –la legalidad, diría Duque–, única manera de ser productivos y pasar del “subdesarrollo” al “desarrollo”, como lo promete la reciente inclusión de Colombia entre los países de la Ocde, precisamente los de las “buenas prácticas”, entre las cuales demandan que el espacio público debe estar libre, facilitando así la efectiva circulación de mercancías. Además de garantizar la seguridad jurídica, pudieran decir otros –léase el monopolio del negocio–, para quienes están formalizados y cancelan los cada vez más onerosos tributos a las arcas municipales, además de sostener a la Cámara de Comercio, ese negocio de pocos que debiera ser público pero es privado.


Téngase en cuenta el momento en que fue tramitado el Código y el afán con que se aprobó –a pupitrazo limpio–, y no es extraño que hasta este tipo de Código, que todo lo incluye y lo pretende –Código de códigos–, haga parte de las exigencias de la Ocde para ganar la membresía al mismo.


De estupor. Según cifras conocidas, son más de 400 mil las multas impartidas en lo que tiene de vida este Código, lo cual se constituye en todo un récord, como también lo son las decenas de demandas interpuestas contra el mismo.
Supuestamente encaminado a favorecer la convivencia ciudadana, se trata de un código expedido para reglar los comportamientos cotidianos en un país cada vez más urbanizado, donde las mayorías no cuentan con trabajo formalizado o reglado por un contrato laboral. Es decir, el Código fue expedido para ayudar a la vida en común en un país donde las mayorías viven del esfuerzo individual y a riesgo propio de no menos de 13 millones de personas que cada día se levantan o trasnochan con la preocupación por reunir unos pesos con los cuales llevar algo a casa.


A todas luces, por las multas o las sanciones interpuestas, se puede deducir que quienes redactaron este Código de códigos no repararon en la vida real de nuestra sociedad sino que se pararon sobre ella, mirando desde el ideal inexistente de una economía que brinda miel y leche para el conjunto social, con hogares sin afanes, con ingresos regulares y capacidad de ahorro. De ahí el significativo monto de la multa tipo 4, similar a un salario mínimo que, como es conocido, no se alcanza a reunir en muchos hogares luego de un mes de intensa labor.


Exabruptos, estos y otros, como limitar la protesta social, autorizar el allanamiento de viviendas sin orden de autoridad judicial, etcétera, que le inyectan un aliento autoritario a esta norma y llenan de falsa autoridad a quienes la aplican, pavoneados por aquí y por allá como los que pueden hacer y deshacer, sin capacidad alguna de ponderación ante cada circunstancia, sin disposición a conciliar, sin sentido de justicia ni de realismo alguno. “La ley es la ley”, pensarán en su malformado fuero interno los llamados agentes de la (in)seguridad pública.


Este comportamiento policivo-represivo (no educativo ni para la convivencia) está ampliando aún más la histórica brecha entre policía y comunidad, la que, como es sabido, realza desde siempre, tal vez desde el tiempo en que los chulavitas –esa policía o paramilitarismo al servicio de terratenientes y jefes políticos godos– sembraron el terror por todo el territorio nacional.


No se olvida la acción de chulavitas: masacres, desplazamiento, robo de la tierra de miles de miles. Es un recuerdo transmitido por los genes de la sociedad colombiana, reproducido por la recurrente violencia con que actúan los integrantes de una institución que debiera estar al servicio de la comunidad pero en realidad le da la espalda. La misma que, en el caso de las unidades denominadas Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), actúa como conjunto de verdaderos enfermos de la violencia. Numerosos casos así lo certifican.


¿Cómo están instruyendo al personal policivo para que cumpla con su misión, para que, en vez de lograr cercanía con aquellos a quienes dicen proteger, se merezcan cada vez más su animadversión?
¿Tiene algo que ver este Código con la recién expedida “Política de Defensa y Seguridad para la Legalidad, el Emprendimiento y la Equidad”? ¿Acaso el reclamado enfoque multidimensional, multisectorial e interagencial de la misma nada tiene que ver con la vida cotidiana de nuestra sociedad? ¿Por qué ensañarse con los excluidos de siempre, para quienes democracia y justicia son palabras que no trascienden el papel y el discurso del gobernante o del político de turno?


Todo lo fétido, si no queremos su transformación en foco de infecciones, requiere limpieza…

* Las multas tipo 3 y 4 contemplan medidas por arrojar basuras en espacio público, hacer mal uso de las línea de emergencia 123, vender celulares con reporte de hurto y realizar necesidades fisiológicas en espacio público, entre otros comportamientos contrarios a la convivencia.

C.G.

Publicado enColombia
Lunes, 01 Abril 2019 06:03

Con Dios de nuestro lado

Con Dios de nuestro lado

Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos, comentó el otro día que es muy posible que Dios haya sido quien colocó a Trump en la Casa Blanca. No está solo. La vocera de la Casa Blanca, Sarah Sanders, declaró a finales de enero que Dios "quería que Donald Trump se convirtiera en presidente y es por eso que esta ahí".

Pompeo, así como el vicepresidente Mike Pence, son cristianos evangélicos e igual que promueven políticas favorecidas por estas corrientes religiosas dentro de Estados Unidos, también condicionan la política exterior, desde Medio Oriente (sobre todo la defensa de Israel por motivaciones bíblicas), al financiamiento de programas antiaborto, y hasta en la construcción del muro fronterizo, entre otras cosas.

Pompeo, Pence, Jeff Sessions, ex procurador general, y Betsy DeVos, secretaria de Educación, son parte de un grupo de estudios de la Biblia encabezado por el pastor Ralph Drollinger, quien cree que los cristianos en el gobierno están obligados a contratar sólo a otros cristianos, informa Ron Charles, del Washington Post.

Trump –a pesar de sus pecados graves incluidos dos divorcios y constantes aventuras extramaritales incluso con estrellas de cine porno, entre otros– forjó una alianza con las corrientes cristianas conservadoras al adoptar sus posiciones antiaborto, antihomosexuales, la promoción de estudios bíblicos (incluidos los que hablan sobre la evolución) en escuelas públicas y la anulación (parcial) de la regulación federal prohibiendo el respaldo de candidatos políticos por iglesias, entre otras cosas, a cambio de ser coronado como un salvador. Robert Jeffress, líder nacional evangélico, declaró que “millones de estadunidenses creen que la elección del presidente Trump representó a Dios ofreciéndonos otra oportunidad, tal vez nuestra última oportunidad, para realmente hacer a América grande de nuevo”.

Sin embargo, Trump, comparado con sus antecesores, es el presidente con menor vínculo religioso a lo largo de su vida (es oficialmente presbiteriano). De hecho, aun si lo recuerdan, no sería bienvenido en las iglesias de su juventud hoy día, ya que se oponen a sus políticas, incluyendo la antimigrante. Pero como casi todo en su vida, esto se maneja como parte de un espectáculo y Trump está dispuesto hasta a poner su autógrafo en un libro que no sólo no escribió, sino que es difícil de creer que haya leído: la Biblia.

Este es el país mas religioso del primer mundo; "los estadunidenses rezan con más frecuencia, asisten más a servicios religiosos semanales y dan una importancia mayor a la fe en sus vidas" que los adultos de los demás países occidentales avanzados, registra el Centro de Investigación Pew. Aproximadamente 83 por ciento de adultos cree en Dios (63 por ciento de ellos en términos absolutos).

La consigna oficial en cada billete de dólar es "en Dios confiamos" (algo que primero se grabó durante la Guerra Civil y reapareció en 1956, cuando el Congreso lo declaró lema oficial). El Juramento de Lealtad (Pledge of Allegiance), un verso semioficial que se recita en las escuelas y en algunos actos oficiales, fue escrito en 1891, pero en 1954 la frase "bajo Dios" fue añadida en un esfuerzo por definir a Estados Unidos como un país de fe frente al enemigo: una Unión Soviética atea. Y aunque curiosamente la Constitución de Estados Unidos no menciona a Dios o alguna fuerza divina, las 50 constituciones estatales incluyen una referencia divina, informa el Pew.

Pero vale recordar que no hay un solo Dios aquí, y la historia de este país fue en parte escrita por las grandes corrientes religiosas progresistas que han nutrido magnos movimientos sociales y políticos por la abolición de la esclavitud, los derechos laborales, derechos civiles, movimientos antiguerra, de defensa de inmigrantes y refugiados, entre otros.

En pleno siglo XXI en el país más poderoso del mundo un Dios muy blanco y rico que, dicen, eligió a Trump, se enfrenta, otra vez, con el Dios de los que luchan por un paraíso de la justicia, la dignidad y la igualdad.

https://www.youtube.com/watch?v=cAgAvnvXF9U. También consultar en https://open.spotify.com/track/5hBOEqqkcQaUgkRhh6E yX4?si=r0q6chwHRNm7QC_unh_oKw

Publicado enInternacional
Sábado, 30 Marzo 2019 06:17

Terrorismo, un concepto vacío

Terrorismo, un concepto vacío

Los criminales ataques contra dos mezquitas de Nueva Zelanda, si bien han sido ampliamente condenados, han suscitado también vivas polémicas en las redes sociales, pues ciertos responsables políticos, determinados media e intelectuales calificaban a regañadientes a Brenton Tarrant, el autor de la masacre, como terrorista. 

Numerosos comentaristas han subrayado que tal timidez no aparecía jamás cuando se trataba de calificar al responsable musulmán de este tipo de acciones sanguinarias.


Sin embargo, más allá de estos justificados reproches que señalan a la islamofobia dominante en Occidente, habría que reflexionar sobre el término terrorismo, que se ha vuelto de uso tan corriente que ya nadie se pregunta verdaderamente sobre su significado y que parece ser utilizado para desacreditar toda violencia de carácter político.


Desacreditar a los movimientos de liberación nacional


Un pequeño repaso histórico permite sin embargo aclarar el debate. El calificativo de terrorista se ha aplicado a grupos muy diferentes, cuyas ideologías políticas cubren un amplio espectro que va desde la extrema derecha a la extrema izquierda: desde grupúsculos fascistas italianos de los años 1970 a los Tigres tamiles, pasando por el Ejército Republicano Irlandés (IRA) o la organización separatista vasca ETA. Ponerles en el mismo saco resulta una simplificación primaria.


Para comprender las razones de su acción, hay que estudiar concretamente la situación en la que se han desarrollado; ninguno se reclama del terrorismo o hace del terrorismo su objetivo, al contrario que el comunismo, el fascismo, los nacionalismos, que tienen proyectos claramente reivindicados.


En los años 1950-1960, el calificativo de terrorista se agitó muy frecuentemente para denunciar a los movimientos de liberación nacional, desde el Frente de Liberación Nacional argelino a la Organización de Liberación de Palestina (OLP), pasando por el Congreso Nacional Africano (ANC).


Recordemos que estos dos últimos grupos fueron denunciados como terroristas por Ronald Reagan, Margaret Thatcher y, por supuesto, las y los dirigentes israelíes, cuyo país colaboraba estrechamente con el África del Sur del apartheid.


Ahora bien, todos esos ejemplos han probado que terroristas de ayer son a menudo gobernantes de mañana. ¿El gobierno británico no calificó de terroristas a los grupos sionistas en los años 1940, antes de crear el Estado de Israel?


El arma de los débiles


En el mejor de los casos, se puede inscribir el terrorismo en la lista de los medios militares. Y, muy a menudo, es el arma de los débiles.
Figura brillante de la revolución argelina, detenido por el ejército francés en 1957, Larbi Ben M’hidi, jefe de la región autónoma de Argel, fue interrogado sobre la razón por la que el FLN depositaba bombas, ocultas en el fondo de capazos, en los cafés o en los lugares públicos. “Si nos dan sus aviones, les daremos nuestros capazos”, respondió a sus torturadores, que le asesinarían fríamente unos días más tarde.


La desproporción de medios entre una guerrilla y un ejército regular provoca una desproporción del número de víctimas.


Si se debe considerar como terroristas a Hamas y sus aliados por haber matado a tres civiles durante la guerra de Gaza en el verano de 2014, ¿cómo habría que calificar al Estado de Israel que, según las estimaciones más bajas (las del propio ejército israelí), masacró entre 800 y 1000 personas, entre ellas un gran número de niños y niñas?


Reducir la lucha a un enfrentamiento entre el Bien y el Mal


El uso del término terrorista tomó una nueva dimensión con el lanzamiento de la guerra contra el terrorismo por George W. Bush tras el 11 de septiembre de 2001.
Denunciando a los responsables de los ataques, el presidente americano declaró ante el Congreso americano: “Odian lo que ven en esta asamblea, un gobierno democráticamente elegido. Sus dirigentes se designan ellos mismos. Odian nuestras libertades: nuestra libertad religiosa, nuestra libertad de palabra, nuestra libertad de votar y de reunirnos, de estar en desacuerdo unos con otros”.


Se trataba por tanto, en particular en Próximo Oriente, de emprender una guerra de civilización contra grupos que amenazarían el modo de vida occidental.


El problema del concepto de guerra contra el terrorismo es que dispensa de todo análisis político y reduce la lucha a un enfrentamiento entre el Bien y el Mal. Si los terroristas están movidos fundamentalmente por su odio a la libertad occidental, es inútil preguntarse sobre las razones por las que esos grupos se han desarrollado, sus motivaciones, sus objetivos.
De ese modo se puede poner en la misma categoría a Hamas y a Al Qaeda, a Hezbolá y el grupo Estado Islámico (EI). Con el riesgo de caer en algunas contradicciones sobre las que no se hacen muchas preguntas: así, Occidente incluyó al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) de Turquía en la lista de las organizaciones terroristas, pero para oponerse al Estado Islámico ayuda militarmente a las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), el brazo armado de su rama siria.


Una guerra contraproductiva


Diecisiete años después del 11 de septiembre, se puede medir el fracaso de esa guerra contra el terrorismo, por no hablar de su coste financiero o del terrible balance humano.
Implicados en Afganistán en el conflicto más largo de toda su historia, Estados Unidos se preparan para abandonar ese país cediendo el poder a los talibanes (sin embargo calificados de terroristas), que quisieron derrocar pero que prefieren al Estado Islámico, ya sólidamente implantado en el país.


Es verdad que en Irak el Estado Islámico ha sido aplastado, pero no es inútil recordar que en el momento de la invasión americana de 2003 Al Qaeda no existía en Irak y que el Estado Islámico no habría aparecido nunca sin la guerra americana. Y que, incluso vencido militarmente, el Estado Islámico conserva fuertes bases políticas. Pero sobre todo, la región jamás ha sido tan inestable, tan dividida, tan violenta.


Así pues, el uso de la expresión guerra contra el terrorismo ha permitido prescindir de cualquier análisis político o intento de comprender las causas reales de la inestabilidad. Ha permitido ignorar las consecuencias de las políticas occidentales en Palestina o en Irak que, sin embargo, han hecho bastante más para reforzar el terrorismo que la llamada ideología islamista radical.


¿Se piensa verdaderamente que el reciente reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y de la soberanía israelí sobre el Golán sirio por la administración Trump contribuirá a reducir la violencia en la región?


Hay que repetirlo: la resolución de los problemas políticos es la única capaz de reducir las tensiones y de cortar la hierba bajo los pies de los llamados grupos radicales.


Pero, ¿cómo calificar entonces los actos criminales como los ataques contra civiles con fines políticos? ¿Hay que banalizarlos? El derecho internacional contiene conceptos como crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, genocidios, que permiten calificar esas acciones y también hacer avanzar la idea de una justicia internacional.


Pero también hay que ser claro. Si grupos como Al Qaeda y el Estado Islámico remiten a la justicia internacional, también se tendría que poder llevar ante los tribunales a los dirigentes políticos (y no solo africanos) responsables de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad en Irak, en Siria o en Palestina.


Alain Gresh es el director del diario en línea Orient XX (https://orientxxi.info). Antiguo redactor jefe de Le Monde Diplomatique, es autor de numerosos trabajos, entre ellos Un chant d’amour. Israël-Palestine, une histoire française, avec Hélène Aldeguer (La Découverte).

Por Alain Gresh
Middle East Eye

Publicado enSociedad
Viernes, 29 Marzo 2019 05:59

Estados mafiosos y poder político

Estados mafiosos y poder político

Ante nuestros ojos podemos observar cómo los Estados-nación se van deslizando hacia instituciones controladas por grupos paramilitares, mafias policiales y narcotraficantes. Lo que antes parecía una excepción, acotada a situaciones casi extremas, ahora se está convirtiendo en norma, a medida que el Estado ya no es aquella institución capaz de controlar territorios y asegurar el monopolio de la violencia legítima, como sostuvo Max Weber.

La crisis de los estados va de la mano con el crecimiento de grupos que ocupan los espacios que en otros tiempos fueron controlados por aquellas instituciones. El sociólogo brasileño José Claudio Alves, especialista en las periferias urbanas, asegura que las "milicias" de Río de Janeiro controlan la adjudicación de las áreas donde los migrantes del nordeste pueden comprar terrenos y construir sus viviendas, gracias a "informaciones privilegiadas obtenidas dentro del Estado" (goo.gl/KSQY5G).

"Me impresiona mucho el poder que tienen estos grupos y la fragilidad de la justicia frente a ese poder", sostiene Alves. Está haciendo referencia a un poder territorial que tiene su propio brazo político, anclado en las bancadas de la ultraderecha y partidos con una lógica fundamentalista religiosa, en el caso de Brasil. Como sucedió con Marielle Franco, concejala negra y lesbiana asesinada hace un año, se asiste a un aumento de las ejecuciones sumarias ante la nula respuesta estatal.

No se están registrando ni homicidios ni desapariciones, por lo menos en Río, porque el miedo es más poderoso que la voluntad de denunciar. Estamos ante la pérdida de derechos y la situación va empeorando, en toda la región latinoamericana. "Cinco décadas de grupos de exterminio han elevado hasta 75 por ciento la votación para Bolsonaro y la extrema derecha en la Baixada Fluminense", la región carioca más violenta del estado, según Alves. La violencia actual fue construida durante la dictadura y profundizada en democracia.

Las milicias van cambiando. Ahora detectan dónde se está moviendo el capital (grandes obras de infraestructura, como parte del modelo extractivo), y controlan de forma violenta el acceso al empleo que esas obras generan, de modo que cobran "impuestos" a las personas que quieren trabajar en las empresas, ya sean privadas o estatales. Los empleados deben entregar parte de sus salarios a los paramilitares.

Esto lo he visto en Medellín, en Río de Janeiro y cada vez en más ciudades de América Latina, ya sea bajo gobiernos conservadores o progresistas, porque estamos ante una mutación estructural de esa relación que llamamos Estado. "Otra novedad es la milicia marítima", sigue Alves. Aborda a los pescadores en el mar, les pide licencia de pesca y exige dinero para que sigan haciendo su trabajo de sobrevivencia. "Controlan incluso el acceso a los servicios médicos de los hospitales de Río", cobrando tasas y negando el ingreso a quien no paga.

Conclusión: "La relación de las milicias con el Estado es determinante para que se transformaran en una estructura de poder absoluta, amplia, autoritaria, potente y creciente en Río de Janeiro". Actúan de forma legal, con acceso a informaciones económicas que consiguen del Estado mediante aliados; pero también ilegal: asesinan, torturan y desaparecen. "Salimos de la dictadura oficial, para la dictadura de los grupos de exterminio y las milicias", apunta Alves, para quien nunca existió un fin de la dictadura.

Ante esta deriva creo que podemos hacer dos reflexiones.

La primera es que la crisis de los estados es el aspecto determinante que lleva a la creación de poderes como las milicias, paraestatales que no antiestatales. Este es el cambio estructural en relación con las instituciones; algo que he visto días atrás en Barcelona, donde el poder municipal no pudo detener la represión policial a los inmigrantes. Este poder creció incluso bajo Lula o los Kirchner, no por culpa de ellos sino porque estamos ante un proceso global, irreversible por ahora.

La segunda se relaciona con nuestras estrategias. Incrustarse en el Estado, ocupar el Estado o tomarlo, o como se llame a ese proceso consistente en ganar elecciones y administrar lo existente, tenía sentido cuando los Estados-nación encarnaban una configuración mínimamente democrática. Ahora puede ser muy peligrosa, porque nos paraliza ante enemigos que desbordan cualquier control institucional y nos hace cómplices de sus desmanes.

El historiador Emilio Gentile señala que la novedad de la ultraderecha actual consiste en "el peligro de que la democracia se convierta en una forma de represión con consentimiento popular" (goo.gl/5v37eS ). Una fachada electoral que encubre la falta de democracia es un mal asunto porque nos entretiene mientras desarma los poderes propios, que son los únicos que nos pueden permitir enfrentar y superar esta fase del capitalismo extractivo que depreda los bienes comunes, desarticula los estados-nación y arremete contra los pueblos del color de la tierra.

 

Publicado enInternacional
Planta de Abengoa en Chile. Imagen del Gobierno de Chile.

En este artículo dividido en dos partes, abordamos los tratados de inversión y sus respectivas cláusulas ISDS (Investor-State Dispute Settlement), también conocidas como los tribunales privados de justicia. Estos organismos poco transparentes pueden dirimir en disputas entre Estados soberanos y empresas internacionales, potencialmente dando la razón a estas últimas a costa de medidas sociales, sanitarias o regulaciones medioambientales.


En un contexto de globalización al servicio de los intereses privados de una minoría, se tratan de una gran amenaza para la defensa del derecho a la energía. Quién sabe, para el cese de la nuclear al afectar a los beneficios de las compañías del oligopolio

Un punto caliente que está sangrando nuestras arcas públicas, y que está impidiendo que se puedan llevar a cabo inversiones en otros ámbitos tales como la lucha contra la pobreza energética son los tratados de inversión y sus respectivas cláusulas ISDS (Investor-State Dispute Settlement), firmados por nuestro país.


Los acuerdos internacionales para la protección de las inversiones, ya sean de carácter bilateral o multilateral, específicos sobre inversión o parte de un tratado comercial, han sido unos de los incentivos que los Gobiernos de los países en vías de desarrollo, o del sur global, y políticamente más inestables, han usado tradicionalmente para atraer las inversiones foráneas y dotarse de infraestructuras (como hospitales, carreteras, centrales hidroeléctricas, etc.). Ello ha contribuido a la expansión internacional de las empresas transnacionales que tienen, en estos acuerdos, un instrumento más que eficaz para proteger sus intereses.


Esta figura comenzó a generalizarse en los años cincuenta cuando el Estado anfitrión garantizaba al inversor extranjero (empresa, multinacional generalmente) un alto estándar de protección asegurándole que no sería objeto de trato discriminatorio, siendo tratado de manera justa y equitativa. Para la eventual violación del tratado por parte del Estado receptor, estos tratados solían llevar aparejada, como garantía adicional, una cláusula de resolución de diferencias mediante arbitraje internacional o ISDS, dando la opción a la empresa inversora de acudir a los tribunales del Estado anfitrión o a un tribunal de arbitraje internacional, pero no a los dos a la vez. En teoría, todas las partes ganaban. Las empresas tenían derecho a un árbitraje neutral en el caso de que surgiesen problemas y podían reclamar la correspondiente compensación por el perjuicio económico causado.


Actualmente existe un buen número de estos tribunales privados de arbitraje internacional como el Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial, el Instituto de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Estocolmo o la Comisión de Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (UNCITRAL). La Corte de Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional (con sede en París), la Corte Permanente de Arbitraje (con sede en La Haya), el Sistema de Solución de Diferencias de la OMC o el Centro de Arbitraje Internacional de Hong Kong son otros de los tribunales arbitrales internacionales. Los conflictos son dirimidos por árbitros, en principio, imparciales y resueltos mediante laudos arbitrales.


Sin embargo, las supuestos beneficios de estos tribunales privados de justicia, auténtico sistema paralelo al poder judicial, dista mucho de lo que pregona la propaganda que les rodea. Se argumenta en su favor la seguridad jurídica de las resoluciones que son vinculantes para las partes, rapidez al haber menos instancias, imparcialidad y menor coste económico. Pero ninguna de estas características son ciertas.


Respecto a la seguridad jurídica, esta es más que dudosa. El sistema es muy opaco, las resoluciones no son públicas y, por tanto, no hay manera de saber con seguridad los argumentos jurídicos empleados por las partes.


En cuanto a la agilidad, si bien es verdad que no hay tantas instancias a las que recurrir dado que los laudos arbitrales no son recurribles y solo pueden ser anulados por defecto de forma, la media para resolver un caso se sitúa en cuatro años y medio. Así se indica para el CIADI en el trabajo Justicia privatizada. El Estado español y los mecanismos de resolución de controversias inversor-Estado, Ecologistas en Acción, 2016.


Por lo que se refiere a la imparcialidad, es preocupante que en muchos casos la mayor parte de los árbitros han actuado como asesores jurídicos en otras disputas, con el conflicto de intereses que puede surgir. Se habla de corrupción generalizada en estos ámbitos.


A todo ello le acompaña el escandaloso gasto que supone, pues si bien las estadísticas hablan de dos millones de euros en concepto de gastos para resolver un conflicto en una corte internacional, los laudos reflejan un coste que puede superar los ocho millones de euros. Así, la factura solo del presidente del tribunal del CIADI, en el primer laudo dictado frente a España por una demanda interpuesta por un fondo de inversión por la modificación de la normativa sobre renovables, fue de 232.796 euros en concepto de honorarios, más de 80.000 euros en concepto de gastos administrativos y 238.000 euros de gastos directos en concepto de mensajería, impresión y copias del laudo.


Pero lo realmente grave es que se trata de un sistema en el que las compañías multinacionales pueden llevar ante la justicia internacional a Estados soberanos y doblegarlos haciéndoles cambiar normas de gran calado social, económico, cultural o medioambiental porque tengan un efecto restrictivo sobre sus beneficios privados y sean contrarias a sus intereses. Es la instancia que garantiza el cumplimiento de la Lex Mercatoria, es decir, las miles de normas contenidas en los acuerdos de inversión, tratados comerciales, contratos y normas de comercio. Es la instancia que privilegia a escala planetaria los intereses de las grandes empresas y sus accionistas frente a los derechos de las personas, los pueblos y del medio ambiente.


Como ejemplo, señalar el caso de la corporación estadounidense Cargill, que en 2009 demandó al Estado mexicano por la creación de una tasa que el Gobierno había impuesto a las bebidas azucaradas por una cuestión de salud pública. La demanda ganada ante el CIADI le hizo embolsarse 66 millones de euros. O el de las españolas Abengoa y COFIDES, que también demandaron al Gobierno mejicano en 2009 por haberles impedido la puesta en funcionamiento de una planta dedicada al almacenamiento y gestión de desechos industriales peligrosos en Zimapán, en el estado de Hidalgo, percibiendo 31,14 millones de euros. Alegaron que la medida atentó contra “sus derechos de inversionistas”.


El presidente del Tribunal Supremo de Estados Unidos, John Roberts, ya dijo en 2014: "Es alarmante que puedan cambiar las leyes de una nación o anular las resoluciones de Gobiernos y jueces. Además, operan en cualquier parte del mundo y juzgan actos soberanos".

Por Cecilia Sánchez
Ecologistas en Acción

publicado
2019-03-25 06:40:00

 

Publicado enEconomía
Miércoles, 20 Marzo 2019 05:42

El poder y la muerte

El poder y la muerte

Abdelaziz Bouteflika, el actual presidente de Argelia, viene de un pasado de lucha que ahora parece tan remoto, sobre todo a los jóvenes. Se alistó a los 17 años de edad en la guerra de liberación contra la égida colonial francesa, y tras la independencia conquistada en 1962 entró y salió de la cúpula del poder a lo largo de las décadas. Por fin llegó a la cúspide absoluta en 1999 al ganar las elecciones, para sumar ahora cuatro periodos.

Un total de 20 años en el poder, siempre triunfador por abrumadora mayoría de votos, tan abultada que desde lejos huele a fraude y engaño, en un país que lejos de los tiempos heroicos de la independencia, sufre la carcoma de la corrupción.

Ha envejecido, pero parece que no lo sabe, o no quiere darse cuenta. Ya tiene 82 años, más que suficiente para sentarse a contemplar el pasado de la propia vida. Pero desde su lecho de enfermo en un hospital de Ginebra, ya a las puertas del fin de su cuarto periodo, anunció que se presentaría por quinta vez como candidato.

El asunto es que los jóvenes que llenan las calles en tumultuosas manifestaciones en su contra, como no se veía desde la primavera árabe de 2010, no quieren saber nada de él. Entonces, mandó decir que ya no se presenta, y que llamará a elecciones, pero sin poner plazo. Es decir, siempre se queda.

Bouteflika sufre de una ancianidad penosa. Tras un derrame cerebral severo, ha quedado sin la posibilidad de darse a entender de voz, y lo que quiere decir debe ser explicado por los médicos que lo custodian; cuando traga la comida el bocado suele desviarse a las vías respiratorias, lo que le causa infecciones severas en los pulmones; sus funciones neurológicas están deterioradas, y debe ser movilizado en silla de ruedas.

Pero se cree insustituible. Sufre el síndrome del poder para siempre, tan conocido entre nosotros, obcecado en su ambición aunque sea al borde de la tumba, o convertido en su propio fantasma mudo.

Y por mucho que no pueda articular palabra, y se escape de ahogar cada vez que da un bocado, aunque tenga que ser asistido para realizar sus funciones fisiológicas, y que su dormitorio haya sido convertido en un cuarto de hospital, no cede, no se rinde. Prisionero de la enfermedad no la toma en cuenta, y si lo hace sopesa entre la enfermedad, que se queda en ilusión, y el poder, que se torna la realidad. El peor de los delirios.

En su balance, cada vez que abre los ojos rodeado de aparatos, tubos y batas blancas, se impone su amor malsano al poder aunque de verdad ya no lo ejerza, y otros se lo repartan para mandar en su nombre. No se reconoce como paciente geriátrico. El dolor, la incapacidad física, son prescindibles; lo que importa es no salirse de ese cono de luz que nunca va a apagarse aunque en el escenario lo que los reflectores alumbren sea su lecho. Una puesta en escena en la que atrás suena una fanfarria militar.

Y seguramente alguien le sopla al oído: usted es imprescindible, Excelencia, volverá a recuperarse, saldrá de nuevo al balcón para escuchar ese rumor inmenso de las multitudes, ese bramido que es como el del mar. Ese es su verdadero alimento, el único que no se va a las vías respiratorias. Y todo debe ocurrir como en sueños donde no se cuelan los gritos de verdad, los que exigen su marcha.

Pero Bouteflika y sus pares, porque los ejemplos sobran, tampoco conciben la muerte como algo que pueda afectarlos a ellos, en lo personal. La muerte es algo que ocurre a los demás. Un mal ajeno. Algo que le pasa sólo a los enemigos.

Es lo que consigna Oriana Fallaci en su célebre entrevista de 1972 al emperador Hailé Selassié, quien entonces ya tenía 80 años. Ella hizo una pregunta final que lo desconcertó: "¿cómo mira a la muerte?" Él se mostró extrañado: "¿A qué? ¿A qué?", preguntó a su vez. "A la muerte, majestad", insistió ella. Y eso desbordó la paciencia del soberano, que ahora sí parecía haber comprendido: "¿La muerte? ¿La muerte? ¿Quién es esta mujer? ¿De dónde viene? ¿Qué quiere de mí? ¡Fuera, basta!"

Allí, entre las paredes inexpugnables de su palacio de Adís Abeba, la periodista era para él la embajadora de la muerte, o la muerte misma que le recordaba lo indeseado, o lo que no existía del todo, o no debería insistir. Moriría tres años después, pero por supuesto no lo sabía, ni querría saberlo.

El poder para siempre, regalo de los dioses, o de la represión sangrienta y los votos falsificados, es consustancial con la idea de inmortalidad. Y se convierte en una piel que jamás se arruga, recubre el cuerpo del que lo detenta renovándose una y otra vez, como las mudas de las serpientes.

sergioramirez.com

Facebook: escritorsergioramirez

Twitter: sergioramirezm

Instagram: sergioramirezmercado

Publicado enInternacional
" "El capitalismo está poniendo en riesgo la existencia misma del planeta, pues las desigualdades sociales son más lacerantes que nunca. Ante esto la izquierda tiene que recuperar un discurso contundente, radical, que frene este avance de la derecha porque la solución no puede venir de ahí; de hecho, va a empeorar las cosas", afirma Arnaldo Otegi".Foto Luis Castillo

El líder abertzale fue el artífice de la renuncia de ETA a la violencia // Sostiene que el procés catalán es irreversible y no tiene otra solución que su independencia // En el País Vasco la cuestión del referendo pactado será una constante en los próximos años, subraya

 

Como los independentistas catalanes, los abertzales anhelan llegar en un futuro a la creación de una república vasca, y Arnaldo Otegi, coordinador del partido Euskal Herria Bildu (EH Bildu) y artífice de los pactos que culminaron con la renuncia de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) a la lucha armada, la define en términos muy llanos, inspirados por los independentistas irlandeses: "Una república de iguales".

Convencido de que el procés catalán es "irreversible" y que no tiene otra solución más que su independencia o el referendo pactado, considera que en Euskadi en los próximos años la cuestión de la consulta popular va a ser una constante.

Otegi, que pasó 14 años de su vida en la cárcel (tiene 60), cubre una apretada agenda de actividades en Ciudad de México estos días. En entrevista con La Jornada analiza las razones por las que la desaparición de ETA y las armas de la ecuación vasca no llevaron la esperada normalización a la vida política en la región. Habla también de sus orígenes, su familia materna y paterna, su juventud influida por la Iglesia católica y su decisión de militar en el independentismo de izquierda. Y de cómo los abertzales, como él, tienen en su horizonte el saber que algún día pueden caer presos. "La diferencia entre vascos y catalanes es que nosotros ya sabemos de lo que es capaz el Estado".

Fue bajo el liderazgo de Arnaldo Otegi que la principal fuerza política del independentismo vasco tuvo la visión y el empeño de forjar por décadas una estrategia de acuerdos y negociaciones entre el gobierno español y la organización armada ETA. Tras numerosas rupturas, ofensivas y entradas y salidas del dirigente de la cárcel, culminó con el anuncio del grupo de cesar definitivamente su actividad armada (2011) y de disolver todas sus estructuras (2017).

Desde entonces el partido que dirige, EH Bildu –que en décadas pasadas adoptó diversos nombres para sortear las ofensivas judiciales en su contra: Herri Batasuna, Batasuna, Euskal Herritarok, Sortu, Bildu– ha llegado a ser la segunda fuerza electoral, "con entre 20 y 25 por ciento de los votos", después del Partido Nacionalista Vasco (PNV, conservador). “Y esta tendencia va a seguir. En el País Vasco y en Navarra los partidos abertzales (independentistas) van creciendo y los nacionalistas españoles van decreciendo”.

Catalanes y vascos; misma meta, caminos distintos

–En Cataluña los resultados electorales de los partidos independentistas y el retroceso de los nacionalistas españoles fue uno de los factores que empujaron con mucha fuerza el proceso, ¿cierto?

–Si, lo que hizo Cataluña, a la postre, fue poner en crisis al Estado y puso en el contexto internacional sobre la mesa el debate real. Es un debate democrático, un debate en el que catalanes, vascos y otras naciones tenemos una posición de fortaleza, que es que la solución tiene que ser un referendo pactado.

"En el proceso catalán ya no sólo se habla de soberanistas y españoles, sino que habla de construir una realidad política para que la vida de la gente mejore. Y yo creo que este es el camino por el que el independentismo y el nacionalismo vascos también tienen que tener cita. La única posibilidad que tenemos, por relación de fuerzas, de construir una alternativa en el País Vasco, es siendo una república independiente. Seguir atados al gobierno y al Estado español es seguir atados a unas fuerzas que son terriblemente reaccionarias y que no nos llevan al siglo XXI sino al siglo XIX."

–Hay diferencias entre Cataluña y el País Vasco. Una de ellas es la presencia masiva, en las calles, de los independentistas catalanes. Esto no se han visto todavía en el País Vasco; no en esas dimensiones.

–No todavía, pero en el País Vasco se ha dado un fenómeno importantísimo para el independentismo y es que nosotros llevamos 40 años sembrando unos valores que ahora se han vuelto mayoritarios. Por ejemplo, se están dando enormes movilizaciones de jubilados que defienden sus pensiones. Y en el debate de fondo que se trasluce es: si seguimos perteneciendo a España nuestras jubilaciones van a estar en riesgo, si las gestionamos aquí, no.

“Hay una explosión del movimiento feminista vasco, centenares de miles de mujeres ocupando las calles. Están habiendo manifestaciones masivas demandando la libertad de los presos, en favor del derecho a decidir, en favor de la autodeterminación. Todo eso está ahí. En el momento en que todo esto conecte con la idea de la república veremos la masividad del movimiento como ocurrió en Cataluña, en demanda de la república.

–¿Cómo imaginan una república vasca?

–Nosotros la resumimos en una forma muy fácil de entender: una república vasca de iguales. Me gusta esta idea que es de los independentistas irlandeses: una república de iguales.

–¿Qué posibilidades existen de que en el País Vasco se llegue a un referendo?

–Nosotros hemos alcanzado con el PNV un acuerdo en torno a unas bases de un nuevo estatus político. Las grandes construcciones sociales no pueden estar sólo suscritas por los partidos políticos, sino que tienen que estar firmados por la gente. Hace tiempo tenemos una convicción: no podemos ir a Madrid a negociar como partidos, sino como pueblo. Vamos a preguntar a la gente si está de acuerdo. Si la gente en votación dice que está de acuerdo, ya no iremos a Madrid con el texto de unos partidos, sino con el texto de la gente.

"Por eso nosotros pensamos que la cuestión del referendo va a estar presente en la vida política vasca en los próximos años. Con los acuerdos que sean necesarios, con la paciencia que sea necesaria, pero los vascos también vamos a votar qué queremos ser."

"Los vascos sabemos de lo que es capaz el Estado español"

–En el procés catalán se vive la reacción represiva del Estado español, que ha terminado con una docena de los líderes y artífices de la proclamación de la república independiente en la cárcel. ¿No es un foco rojo para el País Vasco?

–La diferencia entre vascos y catalanes es que nosotros ya sabemos de lo que es capaz el Estado. A los compañeros catalanes les decíamos: no tengan ninguna duda de que aunque el proceso sea democrático el Estado va a responder con violencia. Al principio no nos creían. Hoy saben que es así.

–Muchos no quisieran ver a Otegi preso de nuevo…

–Yo tampoco (risas).

–Hablemos de sus años en la cárcel…

–En distintos periodos en total he estado 14 años de mi vida en la cárcel. En el más reciente estuve seis años y medio (entre 2009 y 2016). Ellos tuvieron un objetivo. Sabían que estábamos potenciando un cambio de estrategia en la lucha independentista, que queríamos sacar la lucha armada de la ecuación política vasca, algo que a ellos no les interesaba y lo que hicieron fue sacarnos seis años y medio de circulación.

“Hace algunas semanas el Tribunal Judicial de Estrasburgo determinó que ese fue un juicio injusto. En la experiencia de los vascos, pasar por la cárcel siempre ha estado dentro de nuestro horizonte. El objetivo es quebrar nuestra moral y nuestros principios. Pero nosotros siempre hemos aprovechado la cárcel para estudiar. Para la familia siempre es más duro. Yo les digo a los militantes abertzales: los funcionarios cuando terminan su carrera política muchas veces tienen al final un premio: algún buen puesto en algún consejo de empresa, algo así. A nosotros lo más probable es que nos toque la cárcel. Pero tenemos algo que ellos no tienen: el cariño de la gente.”
Una familia típica y Franco como suma de los miedos

Arnaldo Otegi Mondragon, nacido en Elgoibar, Guipúzcoa, viene de lo que llama "una familia típica en el País Vasco", un padre ligado al nacionalismo vasco, de familia religiosa, más bien conservadora, y una madre de familia republicana, anarquista. "Se conjugan las dos vertientes: por eso soy independentista y de izquierda".

Desde su infancia, el caudillo Francisco Franco representó "la encarnación de todos los miedos de mi familia y de todo mi sector. Fue el que bombardeó Guernica, el que prohibió nuestra lengua, el que prohibió nuestros símbolos nacionales y fue con quien nos hicimos antifascistas, por lo que empezamos a luchar en defensa de nuestro país".

Inició su militancia independentista por la vía de la cultura, del aprendizaje de su lengua. Y también por la histórica conexión entre cierto sector de la Iglesia católica vasca y su formación a la sombra de las juventudes obreras vascas propiciadas por los curas. “Ahí nos formamos en la historia –cosa que agradeceré siempre– estudiando desde los romanos hasta ETA, en las historias del socialismo, Cuba, Vietnam, las ideas del mundo”. Estudió filosofía y derecho.

–Ha escrito mucho sobre la actual crisis del Estado español…

–Es que es imposible entender lo que pasa en el Estado español si no se entiende que vive una crisis estratégica profunda. Son tres los factores que han llevado al Estado a esta situación. El primero, una crisis económica profunda. La última crisis demostró que España no tiene una economía competitiva frente a los mercados internacionales y con los niveles de endeudamiento y de corrupción brutales no tiene solución estratégica. Es un Estado que no puede aguantar una segunda crisis, que ya está en ciernes en todo el planeta.

“Lo segundo es que la ofensiva independentista catalana pone a prueba el régimen constitucional que se instala en el 78, la reforma franquista. El tema catalán hace saltar todas las costuras de una estructura territorial que no reconoce la plurinacionalidad del Estado español ni el derecho a la autodeterminación y que ya no tiene encaje en términos democráticos.

"Y el tercer factor es la desaparición de la lucha armada de ETA, que se había convertido en ese enemigo interno que permitía ocultar todas las grandes deficiencias del gobierno."

–¿Por qué el fin de la lucha armada debe representar un factor de crisis y no lo contrario, la oportunidad de transitar por una vía de normalización?

–Porque el Estado español construyó un gran edificio político y jurídico antiterrorista que se le cae con la desaparición de ETA. Entonces tiene que entrar en el juego del debate político; pero ahí no tiene una propuesta que hacer. Cuando en la mesa lo que está es el debate de las ideas, ellos no tienen otra idea que mantener unido al Estado español por la fuerza. Y esto es lo que le lleva a esta crisis.

–Es notorio el avance de la extrema derecha, en parte como continuidad del franquismo pero con nuevos elementos. ¿Cómo entender el posicionamiento del partido Vox?

"¿Dónde están los franquistas? En Vox"

–Eso que llamaron transición democrática sin ruptura con el franquismo para nosotros son dos cosas: impunidad con los crímenes del franquismo y defensa a ultranza de la unidad de España y la propiedad privada. Hubo una época en que nos preguntábamos ¿dónde están todos esos que apoyaban a Franco? Estaban en el Partido Popular. Pero ahora surge Vox porque en el contexto de la crisis económica y financiera, de la incertidumbre total, hay sectores que buscan certidumbres. A Vox lo apoya gente que siente incertidumbre por la migración, por la crisis económica, porque se rompe la unidad de España. Son sectores que no tienen certidumbre en el trabajo, en el futuro de sus hijos. Si la izquierda no ocupa esos espacios, los va a ocupar la extrema derecha.

–Es un fenómeno que se ve más en el sur de España. ¿Sucede lo mismo en el norte, en el País Vasco?

–No, somos un pueblo con una gran tradición antifascista. La diferencia es que la izquierda vasca y catalana fueron antifascistas. La española, no.

–El movimiento abertzale ha llamado a establecer alianzas con los partidos nacionalistas de todas las regiones y todas las ideologías. Esto incluye al Partido Nacionalista Vasco (PNV). ¿Cómo va esta estrategia?

–Hemos estado haciendo llamados a las grandes alianzas y lo que nosotros hemos llamado "acuerdos de país". Es evidente que las grandes naciones se construyen sobre estos grandes acuerdos. Independientemente de si gana la derecha o la izquierda, deben existir mínimos que no se puedan tocar: un sistema educativo progresista, laico, igualitario; un acuerdo sobre la vertebración del país; acuerdos sobre la política energética. Desgraciadamente hoy hay líderes del PNV que decían que sin ETA el trabajo entre los abertzales (independentistas) y los nacionalistas iba a ser posible, han desplazado su política de alianzas hacia el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Pero nosotros vamos a seguir insistiendo.

–Hace poco menos de un año sale el Partido Popular (PP) del gobierno y llega Pedro Sánchez. ¿De qué manera cambia el clima político del país con el PSOE en la presidencia?

–La izquierda abertzale dio su voto en favor de la moción de censura al PP porque nosotros siempre vamos a dar nuestro voto gratis contra la derecha autoritaria. Es una cuestión de principio. Dicho esto, hay que recordar que nuestra experiencia, ya muy larga, con el PSOE, no es muy gratificante. El PSOE no tiene mucha palabra. Entró a la transición diciendo que España no entraría a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y nos metió; ha hecho reformas económicas contrarias al interés de la gente y respecto al problema vasco siempre ha mostrado una cara de flexibilidad en el exterior pero en el interior siempre ha sido tímido a la hora de las decisiones. Por ejemplo, decía que ya sin ETA los presos políticos ya no tendrían razón de ser y no ha sido así. Nuestra expectativa hacia ellos no es muy halagüeña.

–En el contexto europeo también hay un deslizamiento hacia la derecha. ¿Cómo afecta esto a partidos del signo como EH-Bildu?

–Yo veo a las izquierdas muy despistadas, instaladas en la defensa de valores culturales, de libertades civiles, democráticas, con algunos avances como los que se han consolidado en la lucha por los derechos LGTBI. Pero creo que lo que debe recuperar la izquierda es su discurso sobre el mundo, volver a lo fundamental. Para mí es que el capitalismo está poniendo en riesgo la existencia misma del planeta, que las desigualdades sociales son más lacerantes que nunca. Ante esto la izquierda tiene que recuperar un discurso contundente, radical, que frene este avance de la derecha porque la solución no puede venir de ahí; de hecho, va a empeorar las cosas.

Publicado enInternacional
El rápido ascenso de China como un nuevo centro de acumulación de capital ha aumentado el conflicto con los Estados Unidos. Ashley Smith, de ISR, entrevistó al activista y académico Au Loong Yu sobre la naturaleza de la emergencia de China como un nuevo poder imperial y sobre qué significa para el sistema-mundo.

El rápido ascenso de China como un nuevo centro de acumulación de capital ha aumentado el conflicto con los Estados Unidos. Ashley Smith, de ISR, entrevistó al activista y académico Au Loong Yu sobre la naturaleza de la emergencia de China como un nuevo poder imperial y sobre qué significa para el sistema-mundo.


Uno de los más importantes desarrollos en el sistema-mundo de las últimas décadas ha sido el ascenso de China como nuevo poder en el sistema-mundo. ¿Cómo ha ocurrido esto?


El crecimiento de China es el resultado de una combinación de factores desde su reorientación en la producción dentro del capitalismo global en la década de 1980. Primero, en contraste con el bloque soviético, China encontró un camino para beneficiarse, con un giro de ironía histórica, de su legado colonial. Gran Bretaña controló Hong Kong hasta 1997, Portugal controló Macau hasta 1999 y los EE. UU. continúan usando Taiwán como un protectorado.


Estas colonias y protectorados conectaron a China con la economía-mundo incluso antes de su entrada total dentro del sistema-mundo. En la era de Mao, Hong Kong proveyó alrededor de un tercio de la moneda extranjera de China. Sin Hong Kong, China no habría sido capaz de importar tanta tecnología. Tras el final de la Guerra Fría, durante el mandato de Deng Xiaoping, Hong Kong fue muy importante para la modernización de China. Deng usó Hong Kong para conseguir mayor acceso aún a moneda extranjera, para importar todo tipo de cosas, incluyendo alta tecnología, y tomar ventaja de su fuerza de trabajo cualificada, como directivos profesionales.


China usó Macau primero como un sitio ideal para contrabando de bienes dentro de la China continental, aprovechando la notoria falta de aplicación legal de la isla. Y así China utilizó la Casino City como plataforma ideal para la importación y exportación de capital. Taiwán fue muy importante no solo en términos de inversiones de capital, sino que más significativa en la larga carrera fue su transferencia de tecnología, primera y principalmente en la industria de semiconductores. Los inversores hongkoneses y taiwaneses fueron también una de las razones clave para el rápido crecimiento de las privincias chinas de Jiangsu, Fujian y Guandong.


Segundo, China poseía lo que el revolucionario ruso Leon Trotsky llamó el «privilegio del atraso histórico». El Partido Comunista de Mao se valió de su pasado como país precapitalista, una herencia de fuerte estado absolutista que podría reutilizar y usar para su propio proyecto nacional de desarrollo económico. También se valió de un campesinado precapitalista atomizado, el cual estaba acostumbrado a un absolutismo de dos mil años, para exprimir trabajo de ellos en una así llamada acumulación primitiva desde 1949 hasta la década de 1970.

Más tarde, desde la década de los ochenta en adelante, el Estado chino movió su fuerza de trabajo del campo a las grandes ciudades para trabajar como mano de obra barata en zonas de exportación. Crearon casi 300 millones de trabajadores rurales migrantes como esclavos en fábricas altamente explotadoras. Así, el atraso del estado absolutista chino y de sus relaciones de clase ofrecieron a la clase dominante china ventajas para desarrollar un capitalismo tanto estatal como privado.


Este atraso de China también hizo posible que se saltara etapas de desarrollo reemplazando medios y métodos de desarrollo arcaicos por los capitalistas avanzados. Un buen ejemplo de esto es la adopción de China de alta tecnología en telecomunicaciones. En lugar de seguir cada paso de las sociedades capitalistas avanzadas, comenzando con el uso de líneas telefónicas para comunicación en línea, instaló cable de fibra óptica a través del país casi al mismo tiempo.


El liderazgo chino estaba muy interesado en modernizar su economía. Por un lado, por razones defensivas, buscaban asegurarse que el país no fuera invadido ni colonizado como cien años atrás. Por otro, por razones ofensivas, el Partido Comunista busca restaurar su estatus como gran potencia, reanuadando el así llamado mandato celestial. Como resultado de todos estos factores, China ha logrado la modernización capitalista que tomó cien años en otros países.


China es ahora la segunda economía más grande en el mundo. Pero esto es contradictorio. Por un lado, muchas de las multinacionales son responsables de su propio crecimiento, ya sea directamente o a través de subcontrataciones de firmas taiwanesas o chinas. Por el otro, China está desarrollando rápidamente su propia industria como campeones nacionales en el sector estatal y privado. ¿Cuáles son sus fortalezas y sus debilidades?


En mi libro China’s Rise, digo que China tiene dos dimensiones de desarrollo capitalista. Una es lo que llamo acumulación dependiente. El capital extranjero avanzado ha invertido enormes sumas de dinero a lo largo de los últimos treinta años inicialmente en industrias de trabajo intensivo y más recientemente en las de capital intensivo. Esto desarrolló a China pero la mantuvo al final de la cadena global de valor, incluida la alta tecnología, como la terrible fábrica mundial. El capital chino recaudó una pequeña parte del beneficio, yendo la mayoría a EE. UU., Europa, Japón y otras potencias capitalistas avanzadas y sus multinacionales. El mejor ejemplo de esto es el teléfono móvil de Apple. China simplemente ensambla todas las partes, las cuales son en su mayoría diseñadas y fabricadas fuera del país.


Pero hay una segunda dimensión, la acumulación autónoma. Desde el comienzo el estado ha ido concienzudamente guiando la economía, financiando investigación y desarrollo y manteniendo un control indirecto sobre el sector privado, el cual da cuenta ahora de más del 50% del PIB. En los puestos de mando de la economía, el estado mantiene el control a través de las empresas de propiedad estatal. Y el estado está realizando sistemáticamente ingeniería inversa para copiar le tecnología occidental y desarrollar así sus propias industrias.
China tiene otras ventajas que otros países no tienen; es enorme, no solo en dimensiones del territorio, sino también en poblacion. Desde la década de 1990, China ha sido capaz de tener una división del trabajo en tres partes del país. Guandong es una zona de exportaciones de trabajo intensivo. El delta Zhejiang está también orientado a la exportación, pero más de capital extensivo. Alrededor de Pekín, China ha desarrollado su industria de alta tecnología, comunicación y aviación. Esta diversificación es parte de la estrategia a conciencia del estado para desarrollarse como una potencia económica.


Al mismo tiempo, China sufre de debilidades también. Si miras su PIB, China tiene el segundo más grande en el mundo. Pero si mides su PIB per cápita, sigue siendo un país de ingresos medios. Se ven también debilidades incluso en areas donde está alcanzando a potencias capitalistas. Por ejemplo, el teléfono móvil Huawei, el cual es ahora una marca mundial, fue desarrollado no solo por propios científicos chinos, sino también contratando científicos japoneses. Esto muestra que China fue y sigue siendo dependiente de recursos humanos extranjeros para investigación y desarrollo.


Otro ejemplo de debilidad fue revelado cuando la compaía de telecomunicaciones china ZTE fue acusada por la administración de Trump de violar sus sanciones comerciales a Irán y Corea del Norte. Trump impuso un veto comercial a la compañía, denegando el aceso de software y componentes de alta tecnología diseñados por EE. UU., amenazando a la empresa con el colapso inmediato. Xi y Trump resolvieron un acuerdo para salvar la compaía, pero la crisis de ZTE sufrida manifiesta el problema actual de China de desarrollo dependiente.


Este es el problema que China está tratando de sobrepasar. Pero incluso en alta tecnología, donde hay un intento de ponerse al día, su tecnología de semiconductores está dos o tres generaciones detrás de los Estados Unidos. Se está tratando de sobrepasarla con un incremento enorme de inversión en investigación y desarrollo, pero si miras de cerca los grandes números de patentes chinas, estos están todavía en su mayoría no en alta tecnología sino en otras áreas. Por lo tanto, sigue sufriendo de debilidad tecnológica autóctona. Donde se está poniendo al día a gran velocidad es en inteligencia artifical, y esta es un área por la que los EE. UU. están muy preocupados, no solo en términos de competición economica, sino también militar, donde la inteligencia artificial juega un creciente rol central.


Por encima de estas debilidades económicas, China sufre de otras políticas. China no tiene un sistema gubernamental que asegure la sucesión pacífica del poder de un mandatario al siguiente. Deng Xiaping estableció un sistema de límites del liderazgo colectivo que comenzó a superar este problema de sucesión. Xi ha abolido este sistema y reinstituido el mandato de un hombre sin mandato límite. Esto podría establecer más luchas entre facciones por la sucesión, desestabilizar el régimen y potencialmente comprometer el ascenso económico.

Xi ha modificado dramáticamente la estrategia de China en el sistema-mundo fuera de la cautelosa comenzada por Deng Xiaoping y sus sucesores. ¿Por qué está Xi haciendo esto y cuál es su programa para el reconocimiento de China como una gran potencia?


La primera cosa que hay que entender es la tensión en el Partido Comunista sobre su proyecto en el mundo. El Partido Comunista Chino es una gran contradicción. Por un lado, hay una fuerza por la modernización económica. Por otro lado, ha heredado un muy fuerte elemento de cultura política premoderna. Esto ha sentado las bases de conflictos entre facciones dentro del régimen.


A comienzo de la década de los 1990 hubo un debate entre los grandes elencos de la burocracia sobre qué facción debería tener el poder. Un grupo es el así llamado sangre azul, los hijos de los burócratas que gobernaron el estado tras 1949 –la segunda generación roja de burócratas. Son fundamentalmente reaccionarios. Desde que Xi ha llegado al poder, la prensa habla sobre el retorno de «nuestra sangre», que significa que la sangre de los viejos cuadros ha sido reencarnada en la segunda generación.


El otro grupo es el de los nuevos mandarines. Sus padres y madres no fueron cuadros revolucionarios. Fueron intelectuales o gente que lo hizo bien en su educación y consiguieron un ascenso. Normalmente ascendían a través de la Liga de la Juventud Comunista de China. No es casual que el liderazgo del partido de Xi haya humillado pública y repetidamente a la Liga en los años recientes. El conflicto entre los nobles sangre-azul y los mandarines es una nueva versión de un viejo patrón; estas dos facciones han estado en tensión por dos mil años de absolutismo y mandato burocrático.


Entre los mandarines, hay algunos con orígenes humildes, como Wen Jiabao, quien gobernó China de 2003 a 2013, que era un poco más «liberal». Al final de su mandato, Wen dijo que China debería aprender de Occidente la democracia representativa, arguyendo que las ideas occidentales como los derechos humanos poseían cierta clase de universalismo. Por supuesto, esto era mayormente retórica, pero es muy diferente a Xi, quien trata la democracia y los así llamados «valores occidentales» con desprecio.


Ganó en su lucha contra los mandarines, consolidó su poder y ahora promete que los nobles de sangre azul mandarán para siempre. Su programa es fortalecer la naturaleza autocrática del estado en casa, declarar China como una potencia en el extranjero y afianzar su poder en el mundo, a veces en desafío a los Estado Unidos.


Pero tras las crisis de ZTE, Xi efectuó un poco de retirada táctica, ya que dicha crisis expuso las debilidades persistentes chinas y el peligro de declararse demasiado rápido como gran potencia. De hecho, hubo un arrebato de críticas a uno de los asesores de Xi, un economista llamado Hu Angang, quien defendió que China era ya económica y militarmente un rival para los EE. UU. y podría por tanto desafiar a Washington en el liderazgo del mundo. ZTE demostró que es simplemente falso que China esté a la par con lo EE. UU. Desde entonces, muchos liberales comenzaron a criticar a Hu. Otro bien conocido académico liberal, Zhang Weiying, cuyos escritos fueron censurados el pasado año, fue autorizado a publicar en línea sus discursos.


Existía ya un caluroso debate entre estudiosos de diplomacia. La línea fuerte argumenta a favor de una posición más dura en relación con los EE. UU. Los liberales, sin embargo, defendían que el orden internacional es un «templo» y que si pudiera acomodarse el ascenso de China, Pekín debería ayudar a construir ese templo en lugar de demolerlo y construir uno nuevo. Este ala diplomática fue marginalizada cuando Xi eligió ser más de línea dura, pero recientemente su voz ha reemergido. Desde el conflicto de ZTE y la guerra comercial, Xi ha realizado algunos ajustes tácticos y ha reculado un poco en su previa y descarada proclamación del estatus de gran potencia de China.


¿Cuánto de esto es una retirada temporal? También, ¿cómo el Plan China 2025 y la Franja y la Ruta de la Seda intervienen en el proyecto a largo plazo de Xi de lograr un estatus de gran potencia?


Déjame decir claramente que Xi es un reaccionario sangre azul. Él y el resto de su grupo están determinados a restaurar la hegemonía del pasado imperial chino y reconstruir el así llamado mandato celestial. El estado de Xi, la academia china y los medios de comunicación han producido una gran cantidad de ensayos, disertaciones y artículos que glorifican este pasado imperial como parte de la justificación de su proyecto de convertirse en una gran potencia. Su estrategia de largo plazo no será disuadida fácilmente.


La facción de Xi es también consciente de que antes de que China pueda lograr su ambición imperial debe eliminar el peso de su legado colonial, i. e., encargarse de Taiwán y cumplir la histórica tarea del PCC de la unificación nacional primero. Pero esto llevará necesariamente tanto una dimensión de defensa china (incluso los EE. UU. reconocen que Taiwán es «parte de China») como también una rivalidad interimperialista. En vistas de la «unificación con Taiwán», por no hablar de una ambicion global, Pekín debe primero tratar las debilidades persistentes de China, especialmente en su tecnología, su economía y su falta de aliados internacionales.


Esto es por lo que aparece el China 2025 y la Franja y la Ruta de la Seda. A través del China 2025 quieren desarrollar sus capacidades tecnológicas independientes y ascender en la cadena de valor mundial. Quieren usar la Franja y la Ruta de la Seda para construir infraestructuras por toda Eurasia, en línea con los intereses chinos. Al mismo tiempo, debería estar claro que la Franja y la Ruta son también un síntoma de los problemas chinos de sobreproducción y sobrecapacidad. Están usando la Franja y la Ruta para absorver todo su exceso de capacidad. No obstante, ambos proyectos son centrales en el plan imperialista chino.


Ha habido un gran debate en la izquierda internacional sobre cómo entender la emergencia de China. Algunos decían que es un modelo y aliado para el desarrollo del «tercer mundo». Otros ven a China como un estado subordinado en un imperio estadounidense informal que regula el capitalismo mundial neoliberal. Otros lo ven como una potencia imperial en crecimiento. ¿Cuál es tu punto de vista?


China no puede ser un modelo para países en desarrollo. Su ascenso es el resultado de factores muy concretos que he mencionado previamente y que otros países del tercer mundo no poseen. No creo que sea incorrecto decir que China es parte del neoliberalismo mundial, especialmente cuando ves que China dice que reemplazará a los EE. UU. como guardian del libre comercio de la globalización.


Pero el decir que China es una parte del capitalismo neoliberal no captura la imagen completa. China es una distinta potencia capitalista estatal y en expansión, la cual no desea ser un segundón de los EE. UU. China es así un componente del neoliberalismo global y también una potencia capitalista estatal, que se destaca frente al resto. Esta peculiar combinación significa simultáneamente beneficios del orden neoliberal y representa un desafio para él y para el estado estadounidense que lo supervisa.


El capital occidental es irónicamente responsable de su problema. Sus estados y capitales llegaron a entender el desafío de China demasiado tarde. Inundaron de inversiones el sector privado o iniciaron aventuras con las compañías estatales en China. Pero no eran del todo conscientes de que el estado chino está siempre detrás incluso de las corporaciones privadas. En China, incluso si una compañía es genuinamente privada, debe responder a las demandas que le pone el estado.


El estado chino ha usado esta inversion privada para desarrollar su propia capacidad estatal y privada y comenzar así su reto tanto al capital estadounidense como al japonés y al europeo. Es de todos modos naif acusar al capital público y privado chino de robar propiedad intelectual. Es lo que planearon hacer desde el principio.
Así, los estados y empresas capitalistas avanzadas permitieron la emergencia de China como ascendente potencia imperial. Su peculiar naturaleza de capitalista estatal la hace particularamente agresiva y tendencial a actualizarse y provocar a las potencias que invirtieron en ella.


En los Estados Unidos está en crecimiento un consenso entre los dos partidos capitalistas de que China es una amenaza para el poder imperial estadounidense. Y tanto China como EE. UU. están estimulando un nacionalismo contra el otro. ¿Cómo caracterizarías la rivalidad entre EE. UU. y China?


Hace algunos años, muchos analistas dijeron que había un debate entre dos bandos sobre si colaborar con China o confrontarla. Llamaron a esto una lucha de «osos panda que abrazan versus dragones asesinos». Hoy día los dragones asesinos están en el asiento del conductor de la diplomacia china.


Es cierto que hay un creciente consenso entre demócratas y republicanos contra China. Incluso prominentes liberales estadounidenses golpearon a China esos días. Pero muchos de esos políticos liberales deberían ser culpados por esta situación en primer lugar. Recordar que después de la Masacre de Tiananmén de 1989 fueron políticos liberales como Bill Clinton en los EE. UU. y Tony Blair en Gran Bretaña los que perdonaron al Partido Comunista Chino, reabrieron relaciones comerciales y fomentaron flujos de inversion dentro del país.


Por supuesto, se trataba de rellenar los libros de contabilidad de las multinacionales occidentales, que cosecharon grandes benedicios de la explotación del trabajo barato en las fábricas chinas. Pero también creyeron verdaderamente, si bien ingenuamente, que la creciente inversión llevaría a China a aceptar las reglas como un estado subordinado dentro del capitalismo neoliberal global y «democratizarse» a la imagen de Occidente. Esta estrategia ha fracasado, permitiendo el crecimiento de China como rival.


Los dos bandos de pandas de abrazan versus dragones asesinos encuentran a su vez sus teóricos en la academia. Hay tres escuelas principales de política exterior. En la cima de ellas, cada escuela tiene su propio panda que abraza y dragón asesino, que pueden denominarse también optimistas y pesimistas. Dentro del lado optimista, diferentes escuelas argumentan diferentes perspectivas. Mientras los internacionalistas liberales piensan que el comercio democratizaría China, por el contrario, los realistas defienden que incluso si China tiene sus propias ambiciones estatales de retar a los EE. UU., es todavía demasiado débil para ello. La tercera escuela es el constructivismo social; creen que los compromisos económicos y sociales internacionales transformarían China.


En el pasado, la mayoría de políticos compraron el discurso de los liberales optimistas. Los liberales fueron cegados por su propia creencia de que el comercio podría cambiar China hacia un estado democrático. El ascenso de China ha llevado a todas las escuelas optimistas a una crisis, ya que sus predicciones sobre China han resultado erróneas. China se ha convertido en una potencia emergente que ha comenzado a ponerse al día y a retar a los EE. UU.


Ahora es el lado pesimista de estas tres escuelas el que está tomando el terreno. Los pesimistas liberales ven ahora que el nacionalismo chino es mucho más fuerte que la influencia positiva del comercio y la inversión. Los pesimistas realistas creen que China está rápidamente reforzándose y que nunca se comprometerá con Taiwán. Los constructivistas sociales pesimistas creen que China es muy rígida en sus propios valores y rechazará el cambio.


Sin embargo, si la escuela pesimista está ahora en lo cierto, sufre también de una gran debilidad. Asume que la hegemonía estadounidense está justificada y es correcta, ignora el hecho de que los EE. UU. son actualmente un cómplice del gobierno autoritario chino y su régimen de fábricas esclavistas, y por supuesto nunca examina cómo la colaboración y rivalidad entre los EE. UU. y China ocurre dentro de un profundamente contradictorio y volátil capitalismo global, y junto a todo esto un conjunto de relaciones de clase mundiales. No hay sorpresa para nosotros; los pesimistas son ideólogos de la clase dominante estadounidense y su imperialismo.


China está moviéndose en una trayectoria imperialista. Estoy en contra de la dictadura del Partido Comunista, de su aspiración a convertirse en gran potencia y sus reclamos en el Mar de la China Meridional. Pero no pienso que sea correcto pensar que China y los EE. UU. estén en el mismo barco. China es un caso especial ahora mismo; existen dos lados de este crecimiento. Un lado es común entre estos dos países –ambos son capitalistas e imperialistas.


El otro lado es que China es el primer país imperialista que fue previamente un país semicolonial. Esta es una diferencia con los EE. UU. y cualquier otro país imperialista. Tenemos que tener esto en cuenta en nuestro análisis para entender cómo China funciona en el mundo. Para China hay siempre dos niveles de asuntos. Uno es la legítima defensa propia de un antiguo país colonial bajo el derecho internacional. No debemos olvidar que hasta la década de 1990 aviones de combate estadounidenses volaron por la frontera sur de China y derribaron un avión chino, matando al piloto. Este tipo de eventos naturalmente recuerdan al pueblo chino su penoso pasado colonial.


Gran Bretaña hasta recientemente controlaba Hong Kong y el capital internacional sigue ejerciendo enorme influencia allí. Un ejemplo de imperialismo occidental ha ocurrido recientemente. Un reportaje reveló que justo antes de retirarse Gran Bretaña de Hong Kong disolvieron su policía secreta y la reasignaron dentro de la Comisión Independiente Contra la Corrupción (ICAC). La ICAC disfrutó de gran popularidad aquí ya que hace Hong Kong un lugar menos corrupto. Pero solo la cabeza del gobierno hongkonés, elegido en su momento desde Londres y ahora elegido desde Pekín, nombra el comisionado, mientras que el pueblo no tiene en absoluto ninguna influencia sobre él.


Pekín fue muy consciente de que la ICAC podría se usada para disciplinar al estado chino y sus capitales. Por ejemplo, en 2005 la ICAC procesó a Liu Jinbao, la cabeza del Banco de China en Hong Kong. Parece que Pekín está tratando de tomar el control de la ICAC, pero el público se mantiene en la oscuridad sobre esta poderosa lucha. Por supuesto, debemos estar felices de que la ICAC vaya contra gente como Liu Jinbao, pero debemos también reconocer que puede ser utilizado por el imperialismo occidental para avanzar en su agenda. Al mismo tiempo, Pekín, afianzando su control, significaría la consolidación por parte del estado y los capitalistas chinos, algo que no sirve a los intereses de las masas trabajadoras chinas.
Existen otros vestigios coloniales del pasado. Los EE. UU. básicamente mantienen Taiwán como un protectorado. Deberíamos, por supuesto, oponernos a la amenaza china de invadir Taiwán; deberíamos defender el derecho de autodeterminación de Taiwán. Pero debemos también ver que los EE. UU. usan Taiwán como una herramienta para proteger sus intereses. Este es el lado oscuro del legado colonial que motiva al Partido Comunista a comportarse de manera defensica contra el imperialismo estadounidense.


China es un emergente país capitalista pero uno con debilidades fundamentales. Yo diría que el Partido Comunista Chino tiene por delante obstáculos fundamentales antes de poder convertirse en un país imperialista estable y sustentable. Es muy importante ver no solo las coincidencias entre los EE. UU. y China como países imperialistas, sino también las particularidades chinas.


Obviamente para los socialistas en los EE. UU., nuestro principal deber es el de oponerse al imperialismo estadounidense y contruir solidaridad con los trabajadores chinos. Esto significa que debemos oponernos a la implacable China atacando no solo a la derecha sino también a todos los liberales e incluso al movimiento laborista. Pero no deberíamos caer en la trampa de dar apoyo político al régimen chino, sino a los trabajadores del país. ¿Cómo te aproximas a esta situación?


Debemos contar con la mentira usada por la derecha estadounidense de que los trabajadores chino han robado el trabajo de los obreros estadounidenses. Esto no es cierto. La gente que realmente tiene el poder de decidir no son los trabajadores chinos sino el capital estadounidense como Apple, que elige ensamblar sus teléfonos en China. Los trabajadores chinos no tienen absolutamente nada que decir sobre tales decisiones. Actualmente, son víctimas, no gente que debería ser acusada de la pérdida de empleos en Estados Unidos.


Como he dicho, Clinton, no los gobernantes o trabajadores chinos, fue el culpable de la exportación de estos trabajos. Fue el gobierno de Clinton el que trabajó con el régimen asesino chino tras la Plaza de Tiananmén para permitir a las grandes corporaciones estadounidenses invertir en China a una escala masiva tal. Y cuando se perdieron los empleos en los EE. UU., los que aparecieron en China no eran el mismo tipo de empleos en absoluto. Los empleos estadounidenses perdidos en en automóvil y acero eran sindicalizados y tenían buenas pagas y beneficios, pero aquellos creados en China no eran otra cosa que empleos semiesclavos. A pesar de los conflictos de hoy, los grandes líderes de los EE. UU. y China, no los trabajadores de cada país, pusieron en su lugar el mísero orden mundial neoliberal que existe.


Una cosa que debemos hacer aquí en los EE. UU. es ayudar a poner en movimiento a los trabajadores chinos en huelgas para poder construir solidaridad entre trabajadores estadounidenses y chinos. ¿Existen otras ideas e iniciativas que se puedan tomar? Hay un peligro real de nacionalismo fomentado en ambos países contra los trabajadores del otro país. Parece que arreglar esto muy importante. ¿Qué piensas?


Es importante para la izquierda del resto del mundo reconocer que el capitalismo chino tiene un legado colonial y que existe todavía. Así, cuando analizamos las relaciones entre China y los Estados Unidos, debemos distinguir estas partes legítimas de «patriotismo» fomentadas por el Partido. Hay un elemento de patriotismo de sentido común en el pueblo que es el resultado del último siglo de intervención imperial de Japón, potencias europeas y de los Estados Unidos.


Esto no significa que nos acomodemos a este patriotismo, debemos distinguir esta forma del nacionalismo reaccionario del Partido Comunista. Y Xi está ciertamente tratando de estimular el nacionalismo en favor de sus grandes aspiraciones de poder, al igual que los mandatarios estadounidenses están haciendo al cultivar apoyo popular para las aspiraciones del régimen de mantener China sometida.


Dentro de la gente común el nacionalismo ha decaído en lugar de incrementarse ya que desprecian al Partido Comunista Chino y muchos de ellos no confían en su nacionalismo y odian su gobierno autocrático. Un ejemplo gracioso de esto es una reciente encuesta que preguntó al pueblo si apoyaría a China en una guerra con los Estados Unidos. La respuesta de los internautas fue realmente interesante. Uno de ellos dijo: «Sí, apoyo una guerra de China contra los EE. UU., pero primero enviando primero a los miembros del Politburó a luchar, después a los del Comité Central y después al Partido Comunista Chino entero. Y después de que ganen o pierdan, al menos seríamos libres». Los censores, por supuesto, inmediatamente eliminaron estos comentarios, pero es un indicativo de la profunda desafección con el régimen.


Esto significa que hay una base entre los trabajadores chinos para construir una solidaridad internacional con los trabajadores estadounidenses. Pero esto requiere que los trabajadores estadounidenses se opongan al imperialismo de su propio gobierno. Solo esta posición construiría confianza entre los trabajadores chinos.


Las amenazas del imperialismo estadounidense son reales y conocidas en China. La Marina estadounidense acaba de mandar dos barcos de guerra al Estrecho de Taiwán en una clara provocación a China. La izquierda estadounidense debe oponerse a este militarismo para que el pueblo chino entienda que te opones a la agenda imperialista estadounidense en la cuestión de Taiwán –aunque se debe reconocer también el derecho de Taiwán a comprar armas de los EE. UU. Si el pueblo chino escucha esta fuerte voz antiimperialista de la izquierda estadounidense, se podría ganar algo más para los intereses comunes internacionales contra los imperialismos estadounidenses y chinos.


Por Au Loong-Yu
Veterano activista, escritor y miembro de Pioneer, una organización socialista de Hong Kong.

Publicado enInternacional
Página 1 de 43