Guerra híbrida contra los movimientos sociales

Quienes formularon la tesis de la "guerra híbrida", se proponían abordar las nuevas formas de la guerra entre Estados en el siglo XXI. En 2006, el general James Mattis, luego jefe del Pentágono con Trump, publicó el artículo "La guerra del futuro: la llegada del conflicto híbrido", concepto que pronto se popularizó.

Se trataba de describir la combinación de la guerra irregular y la asimétrica en el conflicto actual, en el cual los Estados intervienen “de manera directa o delegando su actuación a agentes domésticos o proxies, guerrillas, terroristas, redes criminales o contratistas militares privados”, según el análisis publicado en la revista del ejército español (https://bit.ly/31KGflp).

El concepto se utilizó para explicar el conflicto entre Ucrania y Rusia a comienzos de 2014. Los analistas occidentales acusaron a Moscú de utilizar la "guerra híbrida" para conseguir las independencias de las fronterizas repúblicas de Donetsk y Lugansk. Ambas provincias se separaron de Ucrania luego que la revuelta Euromaidan, que buscada la integración en la Unión Europea, llevó a la caída del presidente electo y al desacople con Rusia.

Una parte de la población de ambos óblast o provincias, mayoritariamente rusoparlante, se levantó en armas con apoyo de Rusia, formó milicias, tomó edificios gubernamentales, convocó referendos y proclamó la independencia. El concepto de "guerra híbrida" se enmarcó en un conflicto geopolítico y social, que en lo formal se presentó como la población contra el gobierno, pero en realidad representaba los intereses de Rusia.

En Ucrania se enfrentaron las ambiciones geopolíticas de Washington y de Moscú, en cuya defensa utilizaron no sólo a militares y paramilitares, sino a las poblaciones que quieren formar parte de la Unión Europea y las que desean seguir articuladas con Rusia.

El monárquico y español Instituto Elcano, enfila la "guerra híbrida" contra los "movimientos de protesta organizados por intereses extranjeros", afirmación interesada que deja amplio margen a la manipulación mediática (https://bit.ly/2SvrmPG). Las llamadas "amenazas híbridas", pueden ser violentas o no violentas, lo que permite incluir casi cualquier conflicto social como amenaza para el Estado.

De algún modo, se está repitiendo la historia de la guerra fría: cualquier lucha social puede ser acusada de favorecer a cualquier potencia con ambiciones globales o regionales.

En América Latina, este concepto se está enfocando en contra de los movimientos antisistémicos, en particular por parte de los militares brasileños. Los centros de pensamiento militar incluyen las luchas populares en el contexto de una "guerra híbrida", como sucede con las acciones del Movimiento Sin Tierra y con las ocupaciones de escuelas secundarias, en particular las sucedidas en 2016.

Un reciente artículo en la página Defesanet del general en la reserva Carlos Alberto Pinto Silva, ex comandante del Comando Militar del Oeste, del Comando Militar del Sur y del Comando de Operaciones Especiales, titulado "Insurgencia Moderna", pone en la lupa tanto a la izquierda electoral como a los movimientos juveniles radicales (https://bit.ly/31mv0zC).

El general no oculta su satisfacción por la caída de Dilma Rousseff y el triunfo de Jair Bolsonaro, porque ambos hechos muestran que "la vía pacífica para la conquista del poder se desmoronó". Ahora el "socialismo marxista" se empeñará, señala el general Pinto, en el “modo hard” para la toma del poder mediante"protestas, manifestaciones sindicales y uso de los movimientos sociales".

Los estrategas militares consideran las manifestaciones sindicales y los movimientos sociales como "amenazas híbridas", así como las autonomías indígenas porque intentarían "desagregar" los Estados. Desconsideran las demandas de los movimientos y niegan la existencia de pueblos, porque su objetivo consistiría en "desestabilizar a los gobernantes, desacreditar a las autoridades y crear caos en la sociedad, provocando una crisis política" (https://bit.ly/31mv0zC).

Aunque el concepto de guerra híbrida parece poco convincente, es funcional a las estrategias del 1 por ciento más rico del mundo, que los militares se empeñan en defender. Por eso consideran que llegó el momento de poner freno al menor desafío a su dominación, sea de carácter electoral, armado o de movimientos.

Las diversas formas de la contrainsurgencia, desde la guerra de baja intensidad hasta la guerra híbrida, pasando por la guerra asimétrica, han conseguido neutralizar desde las guerrillas hasta la opción electoral, mostrando que las leyes y constituciones son apenas hojas de parra para cubrir la dominación sistémica.

Por tanto, nos toca repensar nuestras estrategias, como señalaba Immanuel Wallerstein. Seguir empeñados en ocupar el palacio es tanto como administrar lo que existe: un modelo neoliberal extractivo que bloquea cualquier cambio programado desde arriba. Peor aún: no tenemos una estrategia global lista para ser ensayada.

Publicado enSociedad
Sábado, 01 Febrero 2020 07:00

Corrupción a la medida de Occidente

Corrupción a la medida de Occidente

Heredero de Agostinho Neto, primer presidente de la Angola emancipada, José Eduardo dos Santos, su sucesor, estuvo la friolera de casi tres décadas en el poder. La petrolera estatal Sonangol, responsable del 94 por ciento de las exportaciones angoleñas, es el pilar de la economía del país y del régimen nacido con la independencia de Portugal, en 1975, de la mano del Movimiento Popular para la Liberación de Angola.

Sonangol fue también la empresa que le permitió a la hija mayor de Dos Santos, Isabel, amasar una enorme fortuna: alrededor de 2 mil millones de dólares, que la convirtieron en la mujer más rica de África. En su momento, cuando dirigía los destinos de la petrolera, fue también la más poderosa, aunque su reinado fue breve y finalizó de forma abrupta.

A LA SOMBRA DEL ESTADO. 

Bajo el nombre de Luanda Leaks, 120 profesionales del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (Icij, por sus siglas en inglés) analizaron 715 mil registros financieros y comerciales confidenciales, entregados por la Plataforma de Protección de Denunciantes en África, con sede en París. La investigación fue publicada por 36 medios del mundo, algunos de la talla de The New York Times y The Guardian.

Con profusión de detalles, la investigación revela cómo la hija del “autócrata” Dos Santos se beneficiaba de contratos públicos, incentivos fiscales, licencias de telecomunicaciones y derechos de explotación minera de diamantes, que le permitieron enriquecerse mediante el desvío de fondos públicos.

El informe asegura que Isabel hacía “transferencias de millones de dólares del monopolio estatal de petróleo hacia una empresa de fachada que era controlada por un socio en el paraíso fiscal de Dubái”. En total, Isabel y su esposo, el congoleño Sindika Kongolo, controlaban más de quinientas empresas y subsidiarias en 42 países, entre ellas, 94 compañías localizadas en “jurisdicciones sigilosas”, como Malta, Mauricio y Hong Kong. Esas empresas conseguían jugosos contratos del gobierno de Angola. Entre ellas, estaba la telefónica Unitel, de la que Dos Santos posee el 25 por ciento, que controla el 80 por ciento de la telefonía móvil angoleña, además de emplear a miles de trabajadores.

Buena parte de la riqueza amasada por la hija del exmandatario está invertida en inmuebles, energía y medios de comunicación, y protegida en paraísos fiscales y empresas fantasma, como suelen hacer las grandes fortunas del planeta. Los periodistas cuentan con documentos que acreditan un estilo de vida algo más que lujoso, a expensas del poder estatal: Dos Santos invirtió 2,5 millones de dólares en reformar un dúplex en Lisboa, 50 mil dólares en cortinas y 9.200 dólares en hamacas. Además, es dueña de un yate de 35 millones de dólares.

En 2017, su padre decidió entregar el cargo de presidente a João Lourenço, elegido por él a dedo, para trasladarse a vivir a un barrio amurallado en Barcelona. En tanto, la multimillonaria heredera de 46 años, que vive entre Londres y Dubái, tiene ahora sus activos congelados y Angola reclama su extradición, ya que el nuevo presidente busca legitimarse combatiendo la corrupción.

La cobertura mediática de estas últimas semanas insiste en que Isabel es “la mujer más rica de África”, a pesar de provenir de uno de los países más pobres del mundo. Larry Diamond, acádemico de la Universidad de Stanford, entrevistado por el Icij, se lamenta de que a nivel internacional la corrupción “aumenta el peligro de violencia política y de violaciones a los derechos humanos”.

EL SOSPECHÓMETRO. 

Hay dos hechos que apenas aparecen mencionados en el informe: el pasado colonial de Angola y la presencia de China en el país. Cuando la tardía independencia de Portugal, en 1975, Estados Unidos y el gobierno racista de Sudáfrica apoyaron la guerrilla disidente de Jonas Savimbi, en una larga guerra civil que finalizó recién en 2002.

El país quedó devastado y su infraestructura completamente destruida. China se ofreció a “colaborar” en la reconstrucción, sin preguntar por las credenciales del régimen de Dos Santos, ya que le interesaban –y todavía le interesan– el petróleo y las inversiones en África. El pragmatismo chino, de claro tinte neocolonial, benefició al país –y a sus elites–. Angola muestra en la actualidad un importante crecimiento económico, una rápida modernización y una creciente dependencia de las exportaciones de petróleo con destino al dragón.

Además, hoy es la tercera mayor economía en el África subsahariana. Más aun, es el mayor aliado económico y político de China en el continente. “De todo el petróleo importado por China, más del 20 por ciento proviene de África. La mayor parte de estas importaciones se origina en Angola, que, desde la primera década de este siglo, ha figurado como un importante proveedor, sólo superado por Arabia Saudí”, destacan en un trabajo1 de 2017 los economistas Ricardo Ouriques y Amanda Nunes.

Al finalizar la guerra civil, con la asistencia técnica y financiera de China se iniciaron más de cien proyectos de desarrollo en las áreas de energía, agua, salud, educación, telecomunicaciones, pesca y obras públicas. En este escenario, Angola se erige como el principal socio estratégico de China entre los países africanos, puesto que es también uno de los destinos privilegiados de la inversión china directa. También es uno de los países más corruptos del mundo, según Transparencia Internacional.

Lo que genera inquietud es que este informe del Consorcio de Periodistas, con sede en Washington y París, parece formar parte de la pugna por la hegemonía en África, en la que hoy China parece llevar las de ganar. Aunque el país asiático repite la historia colonial de comprar materias primas y vender productos manufacturados, hay algunos cambios en el modelo de subordinación que llevan a muchos gobiernos africanos a preferir asociarse con el país asiático.

Los préstamos de China, señalan Ouriques y Nunes, a diferencia de los préstamos de organismos internacionales, como los del Fmi y el Banco Mundial, no exigen acordar con las premisas neoliberales del Consenso de Washington. “Sólo les impone la condición de reconocer [el principio de] ‘una sola China’ y desconocer a Taiwán.” Aun así, es penoso que el periodismo de investigación resulte funcional a uno de los imperios.

  1. “Las relaciones entre Angola y China (2000-2014)”, Estudios de Asia y África, México, mayo-agosto de 2017.
Publicado enInternacional
Julian Assange: 'Google es el Gran Hermano al servicio de EEUU'

Entrevistamos al fundador y alma máter de Wikileaks, Julian Assange, sobre el espionaje masivo de Estados Unidos con ayuda de Google y otras grandes empresas de Silicon Valley. Además nos habla de Snowden, Manning y el futuro de la filtración de secretos.

 “Google tiene más influencia que la que ha tenido nunca la Iglesia. Es como un confesionario global que guarda todos nuestros secretos y está conectado con el gobierno de Estados Unidos”. Es Julian Assange quien nos habla al otro lado del teléfono en la primera entrevista que concede a un medio español tras la publicación en España de su último libro, “Cuando Google encontró a Wikileaks” (Clave Intelectual). Desde la embajada de Ecuador en Londres, en la que sigue refugiado después de dos años, el hacktivista que revolucionó el periodismo con la filtración de secretos, nos habla de la estrecha colaboración de Google y las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley con la Administración estadounidense.

Según el fundador de Wikileaks, las herramientas de control y espionaje global a la ciudadanía son cada vez más sofisticadas, pero también las formas de revelar sus prácticas de vigilancia y de protegerse de ellas. “El problema es que la vigilancia es invisible e intangible y la mayoría de la gente no se da cuenta de los riesgos. Para hacérselo ver, estamos los tecnólogos”, nos cuenta Assange, quien está convencido de que las represalias sufridas por él, Manning o Snowden no reducirán la filtración de secretos por parte de los “whitleblowers”: “La persecución que hemos sufrido no nos detiene, al contrario, es una motivación, como se ha visto en el caso de Snowden”, al que por cierto Wikileaks ayudó en su huida, según nos cuenta Assange.

Sobre su organización y su situación personal, se mostró optimista porque están empezando a ganar sus procesos judiciales y han recuperado la financiación después del bloqueo al que fueron sometidos. “Nuestro papel ha sido importante en procesos políticos en todo el mundo. Wikileaks es el rebelde contemporáneo. Estamos recuperando la Historia suprimida del mundo. Es una enciclopedia de cómo funciona la política actual y eso dará lugar a reformas”, concluyó.

Tras la apasionante conversación con el director de Wikileaks,  en nuestra Mesa de redacción analizamos la revolución que la revelación de secretos ha supuesto para el periodismo y la democracia.  Hablamos de iniciativas como Fíltrala o Buzón X, de la información cifrada y de otras formas de hacktivismo. Nos ayudan a desenrrollar la madeja  Juanlu Sánchez, compañero y subdirector de eldiario.esYolanda Quintana, periodista y autora de “Ciberactivismo. Las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas” y Víctor Sampedro, Catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política en la Universidad Rey Juan Carlos y autor, entre otros, de “El cuarto poder en Red”.

De las noticias de la Red a las reality news que llegan desde Ulan Bator de la mano de nuestros compañeros de la revista Mongolia. La visión más ácida y satírica de la realidad una semana más.

Y cerramos este programa dedicado al universo de la información con “malas noticias”: Berri Txarrak, el grupo navarro nos presenta su último disco “Denbora da polígrafo Bakarra” (El tiempo es el único polígrafo), un disco triple con tres estilos diferentes,  tres maneras de interpretar el rock por la banda que cumple 20 años sobre los escenarios. Trallazos de hardcore amargo para entender el mundo.

Por: Radio Voces Libertarias 97.3 f.m. | Domingo, 12/01/2020 02:37 AM 

Programa Carne Cruda 18:16/12/2014  

 

Publicado enInternacional
El primer ministro checo, entre las dudosas y repentinas fortunas. REUTERS/Archivo.

Hace una generación no existían. Pero los milmillonarios ya son una realidad entre los socios europeos del Este. Especialmente, en el llamado Grupo de Visegrado y, dentro de este club de cuatro, en su triángulo más nacional-populista, el que conforman Polonia, República Checa y Hungría. Oligarcas y empresarios de emporios de múltiples sectores que se expanden hasta la ex repúblicas soviéticas revelan la transformación socioeconómica de los países del otro lado del Telón de Acero.

 

Poseen yates de última generación e, incluso, son propietarios de clubes de fútbol. Se mueven con estrellas de cine e interceden en el ámbito político. Asumen ingentes cantidades de riqueza, hasta el punto de que, en algunos casos, resultan imprescindibles en el futuro económico de sus países. A veces, resultan ser oligarcas, entendidos en no pocas ocasiones como los beneficiarios de los conglomerados industriales heredados de la época del Telón de Acero.

Muy habituales en la Rusia posterior a la desintegración de la URSS, próximos al núcleo duro político que habita en El Kremlin –en la época de Boris Yeltsin, primero y, sobre todo, durante la actual hegemonía de Vladimir Putin, donde el denominado Clan de San Petersburgo tomó las riendas del de Moscú– y que inspiraron el término capitalismo de amiguetes que el entonces director gerente del FMI, Michael Camdessus, utilizó para definir el habitual tráfico de influencias y de prebendas entre la tumultuoso élite política y la emergente clase empresarial que ocasionó tres crisis financieras y se llevó a cinco primeros ministros antes de que apareciera la figura de Putin. O que llevó al economista Jeffrey Sachs a decir, a finales de los noventa, que “lo mejor que podía suceder en la Rusia de Putin, era nacionalizar las recientes privatizaciones que se habían acometido, para volverlas a poner, paulatinamente, en manos privadas para su modernización, con transparencia y concursos realmente abiertos al capital”.

Pero también hay milmillonarios que han labrado sus ingentes cantidades patrimoniales al convertirse en grandes magnates. Industriales o empresariales. Adalides del sueño oriental que ha emergido al calor del boom económico de sus cada vez más poderosos mercados emergentes. Al margen o no de que hayan contribuido a lo que también el ex jefe del Fondo, Camdessus, calificó en su día como un foco de cleptocracia, al definir los oscuros negocios en la Rusia que transitaba desde la extinta Unión Soviética.

El primer ministro checho

Porque la moralidad –lo que los americanos llaman moral hazard, el riesgo ético que se inicia a través de inversiones que buscan altas rentabilidades, al alcance de grandes fortunas, propensas a desencadenar crisis financieras, como los activos tóxicos en 2008, y que suele desembocar en una socialización de los gastos, a modo de rescates bancarios, por ejemplo– es una frontera que, a menudo, resulta demasiado tenue entre estos poderosos patrimonios del Este europeo. Sin ir más lejos, uno de ellos, sobre el que penden dudas razonables de posibles conflictos de intereses, es el del primer ministro checo, Andrej Babis. De corte populista y acérrimo nacionalista, en 2018, tras asumir el cargo, desencadenó las mayores protestas ciudadanas en tres décadas de democracia en el país. La propia Comisión Europea le ha auditado. Y ha declarado que mantiene el control sobre su emporio químico, agrícola y mediático, por el que sigue recibiendo fondos del presupuesto comunitario desde 2017, cuando asumió la jefatura del Gobierno checo, tal y como informa la web Neovlivni.cz y recoge la agencia Bloomberg. En especial, sus empresas del sector agrícola. Babis alega que Agrofet, su compañía, se convirtió en un trusts antes de recalar en la jefatura del Gobierno de Praga.

En contra del criterio de la unidad de vigilancia de Bruselas encargada de supervisar el arsenal de ayudas de la PAC a las firmas destinatarias de los subsidios. Agrofet, que emplea a 34.000 trabajadores en 18 países y tuvo unas ventas de 7.000 millones de euros (unos 158.000 millones de coronas checas) asegura que no ha sido auditada, mientras el primer ministro y propietario apela a la “interpretación sin sentido de las leyes” de su país por parte del Ejecutivo comunitario. El de Babin es sólo un botón de muestra del modus operandi de muchos de estos milmillonarios de nuevo cuño en el Este europeo. Donde no existían grandes fortunas hace una generación en su vasta estepa. Hasta que la caída del comunismo abrió sus mercados y ensanchó las diferencias de renta entre sus ciudadanos. Así lo refleja un informe de Bloomberg a partir de su Billionaires Index 2019, en el que refleja que el pasado ejercicio, los grandes patrimonios globales elevaron sus riquezas en una cantidad similar al PIB de España. Su radiografía habla de la trayectoria que han tomado los nuevos ricos del Este. Desde la ciudad kazaja de Almatý a Praga, o desde Moscú a Zagreb.

“Muchos de ellos han adquirido la vitola de empresarios legendarios, exhiben modos de vida extravagantes y aplican sin tapujos sus influencias políticas”. Muchos de ellos, aún bajo un tinte soviético. “Una gran mayoría tuvieron poder en los regímenes comunistas y mantienen su capacidad económica y política con las estructuras democráticas de mercados abiertos”, dice Mark Mobius, un veterano inversor en economías emergentes que trabaja para su propia firma de inversión después de ejercer como analista en Franklin Templeton Investments. En un e-mail para este medio, Mobius pone el dedo en la llaga: “La selección de las fortunas no fue sencilla, porque algunos de los viejos apparatchiks no se adaptaron a los cambios políticos y económicos tras la Caída del Muro de Berlín y dieron un espacio determinante a jóvenes emprendedores y ambiciosos de poder para amasar riqueza”. La mitad de ellos se beneficiaron de los procesos de privatización. Mientras que los milmillonarios que se han hecho a sí mismos siguen siendo unas raras avis. Su ascenso en el escalafón financiero y social se ajusta al proceso de transformación de estos países en los últimos 30 años. En cada etapa de estas tres décadas, destaca un magnate emblemático.

Los tumultuosos ochenta

Finales de los ochenta. Los Early Birds. Una fase tumultuosa, llena de contracción económica e inestabilidad política en la mayoría de países del Este. En la que aparecen los inversores privados para dinamizar segmentos productivos casi al completo a través de procesos de privatización en los que primaba la desestructuración y la falta de planificación. Petr Kellner, República Checa. 12.800 millones de dólares de riqueza personal. Nacido en Checoslovaquia en 1964, adquirió la empresa de fotocopiadoras Ricoh poco después del triunfo de la Revolución de Terciopelo, en 1989. Su cuenta empezó a engordar con la venta de activos públicos y el intercambio de acciones entre las compañías resultantes. Tomó el 20% de Ceska Pojistovna, la mayor aseguradora del país, a la que hizo rentable durante años hasta que vendió sus participaciones a la italiana Generaly por 3.300 millones de euros. Los tentáculos de PPF, su emporio, se expanden por los sectores financiero, de telecomunicaciones, el de biotecnología, la ingeniería y el mercado inmobiliario en China, Vietnam, India, Indonesia, Filipinas y Kazajistán. En sus escasas apariciones en los medios admite que el postcomunismo “fue una oportunidad que quizás nunca se vuelva a repetir” en la que fue capaz de “encontrar la gente adecuada, de sortear los riesgos iniciales y de inculcar sacrificios a largo plazo” para obtener la sostenibilidad de sus proyectos. Mediados de los noventa. Atrapa los activos. Al calor de los programas económicos caóticos de los primeros gobiernos democráticos. Época en la que se idolatró al capital foráneo, a las divisas extranjeras y se demonizó el legado industrial cincelado con subsidios estatales. Yeltsin se aferró a los oligarcas, cedió la gestión financiera del país a un grupo de banqueros y vendió una ingente cantidad de activos de empresas soviéticas.

Vladimir Potanin. Rusia. 28.500 millones de dólares de patrimonio neto personal. De 58 años, es uno de los pocos oligarcas originales, de la época de Yeltsin. Trabajó en comercio exterior hasta que, en 1990, antes del colapso de la URSS, registró su primera empresa. Rápidamente se hizo con un grupo bancario por su influencia directa en el Kremlin. “La propiedad privada es la única medicina contra el estado fallido del comunismo; no hay alternativa. Por eso los activos se tuvieron que transferir a manos privadas”, explica. A finales de 1995, Potanin y su socio, Mikhail Prokhorov, se hicieron con el control de NorilskNickel, el mayor productor de níquel y paladio por la módica cantidad de 170 millones de dólares. La capitalización de esta compañía ha subido a más de 40.000 millones. Posee el 35% de sus acciones. Al año siguiente, apoyó financieramente la campaña de reelección de Yeltsin, que le nombró viceprimer ministro encargado de Economía y Propiedades Estatales. Renunció en menos de un año. Ha sobrevivido a dos crisis, la del rublo en 1998, y la financiera de 2008. Pero, sobre todo, se ha adaptado a la realpolitik de Putin, con el que juega al hockey, cuya liga promociona junto a famosos atletas, políticos y empresarios.

Los albores del milenio

1990-2000. El Salvaje Este. Apertura plena de puertas al capital extranjero. El libre capitalismo se hace con los resortes económico-financieros. La llegada de firmas occidentales, que obtienen de inmediato las pertinentes validaciones de los gobiernos orientales. Las rutas para hacerse con el amplio censo de industrias estatales se aceleran. Se crea una cultura propia del negocio. Algunos economistas hablaron de colonización y de que el interés empresarial se basaba en las bajas condiciones laborales, una ventaja competitiva asegurada, y en el potencial expansivo de sus consumidores.

Zygmunt Solorz, Polonia. Patrimonio neto personal: 2.700 millones de dólares. El hombre más rico de Polonia. Enigmático. Ha empleado numerosos nombres. Nació como Zygmunt Krok a 60 kilómetro de Varsovia. Siendo veinteañero, se fugó a Alemania, vía Austria, y fundó una firma de transporte. Utilizó el nombre de un amigo, Piotr Podgorski –de hecho, muchos conocidos le siguen llamando desde entonces Piotrek– para registrase como refugiado. En los ochenta adoptó otra personalidad. Respondía a Solorz, apellido que incorporó su primera mujer. En esa época, vendió coches y otros bienes desde el Oeste europeo a Polonia. Tras la caída del régimen polaco empezó a crear su imperio desde la adquisición del mayor canal privado de televisión, Telewizja Polsat. Su holding empresarial incluye Cyfrowy, una de las más amplias plataformas digitales de toda Europa, un banco minorista y el segundo operador de móviles del país, por el que pagó la cifra de fusión récord en Polonia. Ahora, planea construir un distrito residencial exclusivo en la capital polaca. También es propietario de plantas energéticas de lignito. Y, para sorpresa de sus conciudadanos, ahora habla de combatir la catástrofe climática. Cuando se había aproximado a las tesis negacionistas y usa el helicóptero como principal medio de transporte.

1990-2000. Las relaciones familiares. Época de surgimiento de entramados empresariales que se configuran a través de lazos sanguíneos y que representan a figuras de los negocios que están muy bien conectados con el poder.


Tímur Kulibayev y Dinara Kulibayeva. Kazajistán. Patrimonio neto: 5.000 millones de dólares. No hay un linaje más prestigioso en Asia Central que el de Dinara. La hija mediana de Nursultán Nazarbayev, presidente del país desde 1990 hasta marzo pasado. El líder espiritual vitalicio de esta ex república soviética y que acaba de rebautizar a Astaná, la capital kazaja, con su nombre: Nursultán. Dinara es la mayor riqueza de la nación. Ella, junto a su marido, Tímur, controlan las principales instituciones financieras, incluidas las mayores entidades crediticias de las empresas petrolíferas y agrícolas, además de las inmobiliarias que mueven el mercado de la vivienda y de la construcción en su país y en Dubái. Estudiante de artes escénicas en Moscú, hizo un MBA en Kazajistán. Mientras Tímur estudió Económicas a la capital rusa y trabajó en compañías de gas y petróleo. Presidió un fondo de inversión soberano en Rusia, hasta que en 2011 ocupó un sillón en el consejo de administración de un gigante gasístico ruso. Un diplomático estadounidense le definió como “un milmillonario de manicura”. Está al frente de la cámara de comercio del país y es un consumado y eficaz lobista financiero y energético en toda zona de influencia ex soviética.

  1. 1998. Devaluaciones, crash bursátil, contagio. La suspensión de pagos de Rusia fue el detonante de la crisis en la región. Pérdidas de cotización fulgurantes de sus divisas, montañas de deuda e incapacidad para gestionar la coyuntura económica. Los bancos colapsaron y provocaron que el ahorro de las familias se evaporara. Los daños colaterales se cebaron con sus plazas bursátiles. En todo el bloque oriental. Los resortes del nuevo sistema financiero se tambalearon. La crisis se expandió a los nacientes emporios empresariales. Pero no todos salieron damnificados.
    Andrei Melnichenko, Rusia. Fortuna personal: 15.200 millones de dólares. Uno de los diez más ricos de Rusia. Era demasiado joven para ser un beneficiario de la privatización. Pero hizo fortuna en la siguiente estación. En el negocio del tipo de cambio de las divisas, donde hizo un master acelerado, con pingües beneficios, que le llevó a crear MDM Bank. Surgido de la crisis de 1998 se ha convertido en la entidad prestamista con mayor número de clientes.

Practica una política conservadora, sin exposición al mercado de bonos soberano del país y controlando la liquidez de sus activos. Gestión que posibilitó la compra de acciones de oligarcas en dificultades. Así se hizo con la planta y el oleoducto petrolífero de Volzhsky, adquirido desde su rival, Menatep, un banco en manos de Mijail Khodorkovsky. Su emporio inauguró entonces su división energética. “Mi visión entonces era consolidar los activos fragmentados y arriesgarme a reestructurar sus entramados empresariales e industriales con la intención de generar blue chips internacionales en distintas áreas productivas”. En especial, en acero, fertilizantes y carbón. Segmentos a los que las autoridades rusas no les colgó el cartel de estratégicas y que, por tanto, eran más fáciles de controlar empresarialmente que otros como el petróleo, el gas, los diamantes o el oro. La crisis de 2008 dividió su grupo. Él se quedó con la división de minería y fertilizantes, con menor exposición a la turbulencia financiera global, y su socio, Sergei Popov, con el banco, que vendió a su principal rival en 2015.

Y llegó Putin

El ascenso de Putin. En el año nuevo de 1999, Yeltsin elige sucesor en el ex coronel de la KGB Vladimir Putin, que rápidamente monta su propio club de oligarcas. Con dos exponentes esenciales. Boris Berezovsky, procedente del mundo financiero, y el magnate de los medios Vladimir Gusinsky. En 2003, Mijail Khodorkovsky, fue arrestado acusado de evasión de impuestos y delitos de fraude. Era, entonces, el hombre más rico del país. Un año más tarde, el Kremlin empezó a vender su conglomerado petrolífero, la mayoría del cual ahora pertenece a la estatal Rosneft. Tras una década en prisión, fue perdonado por Putin en diciembre de 2013. Vive en Londres desde entonces, desde donde trata de liderar la oposición al presidente ruso, cuya irrupción en el poder, generó una nueva clase de jerarcas empresariales que han dominado la escena económica en sus dos décadas en el Kremlin.

Arkady Rotenberg, Rusia. Patrimonio neto de 2.100 millones de dólares. Nacido en la antigua Leningrado. La actual San Petersburgo, el centro del poder real en Rusia, que da nombre al clan de Putin. Amigo de la infancia del líder ruso, con el que practicó judo en su juventud. Instructor de artes marciales. Fundó un selecto club de millonarios, el Gennady Timchenko, del que Putin es el presidente de honor. Engendró su imperio a raíz de la llegada al Kremlin de su amigo. En 2001, adquirió SMP Bank, sancionado por EEUU tras la anexión rusa de Crimea y, en 2007, su firma de construcción de oleoductos y gaseoductos, que también ha hecho rico a su hermano pequeño, Boris. Ambos compraron cinco empresas un año después y, en 2014, se hicieron con el concurso de Gazprom para la construcción de su mayor oleoducto. Como Potanin, juega al hockey con Putin.
2004-2013. Europa y el mundo. Con Putin consolidando el poder en Rusia y los antiguos aliados de Europa del Este haciendo guiños para adherirse a la OTAN, en paralelo a sus ingresos en la UE y, por ende, armonizando sus mercados productivos con las directivas comunitarias, el eje generador de riqueza se movió hacia el centro del continente.

Ivan Chrenko, Eslovaquia. Patrimonio personal neto de 1.400 millones de dólares. Nacido en Sala, en la extinta Checoslovaquia, en 1967, llegó al negocio inmobiliario casi por accidente. Su primer negocio fue la venta de equipos de sonido en la recién independiente Eslovaquia, que le reportó beneficios y que vendió a los pocos años. Este colchón monetario le sirvió para gestar su firma constructora, que se hizo con un sinfín de contratos para la rehabilitación de la capital, Bratislava, y la instalación de grandes superficies en su primer extrarradio. Aupark es su seña de identidad comercial. En 2005, apenas un año después de la adhesión eslovaca al club europeo, vendió por casi 400 millones de euros su participación en HB Reavis a inversores holandeses, que incluían los dividendos de su inversión inicial, de 77 millones. En la actualidad, maneja más de 2.000 millones en activos dirigidos al sector de la construcción, con proyectos internacionales en Londres, Berlín, Varsovia y Budapest. Abandonó las labores ejecutivas en 2013. No concede entrevistas.

2008-2009. Credit-crunch. El mayor crash financiero y bursátil desde 1929 contagió a todas las economías globales. En mayor o menor medida. La tentación de adquirir préstamos en dólares o euros expandió la exposición a la contracción del crédito por toda la región oriental europea. Pero la pérdida de músculo de sus competidores occidentales hizo emerger una serie de nichos de negocio que fue aprovechado por empresarios del Este.

Ivica Todoric, Croacia. El hombre más rico del país, logró hacerse con una fortuna tras la Caída del Muro de Berlín, que luego perdió durante las guerras de los Balcanes. Junto a su padre vendía flores y la buena climatología del territorio croata le permitió expandir su negocio hacia el sector de alimentación. Accedió a las ventas por privatización de empresas del país a nacionales tras la desintegración de Yugoslavia en la segunda mitad de los noventa. Sorteó la crisis, pese a los seis años de crecimiento cero de la economía croata. Hasta que, en 2014, compró Mercator, la mayor cadena minorista de Eslovenia y, en 2017, tomó las riendas de Agrokor, entidad financiera a la que reestructuró con éxito. Acusado por la Justicia croata, se desplazó a Reino Unido, que le extraditó en diciembre de 2018. El litigio por administración desleal sigue abierto. Agrokor es ahora propiedad de sus grandes acreedores.

La década de los diez. La oleada de populismo. La crisis de 2008 no sólo destruyó riqueza, sino que llegó a poner en el disparadero al sistema capitalista. El descontento social encendió la mecha del nacional-populismo, que germinó especialmente, entre los países del bloque oriental, en Hungría, Polonia y la República Checa. Tres de los cuatro integrantes del club de Visegrado. El cuarto es Eslovaquia, que se ha desviado de la senda autoritaria de sus hermanos geográficos. Con Viktor Orban, el primer ministro húngaro, como auténtico maestro de ceremonias de una auténtica deriva autoritaria que preocupa, y mucho, en Bruselas.

Lorinc Meszaros, Hungría. Fortuna personal valorada en 1.500 millones de dólares. Compañero de pupitre de Orban. Empezó a gestar su riqueza con una pequeña compañía de gas en su ciudad natal, Felcsut, en los noventa. Su ascenso estratosférico vino de la mano de su amigo personal. Desde que Orban llegó al poder, en 2010, Meszaros ha subido constantemente en la lista de las grandes fortunas húngaras, hasta su cúspide. Hecho del que ha alardeado. Hasta el punto de decir que su ascenso fue más inteligente que el de Mark Zuckerberg, presidente de Facebook. Pese a atribuir su éxito a Dios, la suerte y Orban. Su emporio acapara empresas constructoras, de medio de comunicación, bodegas y firmas que acceder a concursos públicos. Es dueño de una academia de fútbol que fundó Orban.
2014-2019. La fase de sanciones a Rusia. Las tensiones geopolíticas de Rusia con Europa y, en mucha menor medida, con los EEUU de Donald Trump, a propósito de su intervención en suelo de Ucrania y, sobre todo, con la anexión de la Península de Crimea, sumergió al bloque del Este en una nueva dimensión. Occidente respondió con sanciones económicas a Moscú y señalaron con sus dedos acusadores a empresas de oligarcas.

Oleg Deripaska, Rusia. Patrimonio personal neto: 3.400 millones de dólares. El gran vencedor de la guerra del aluminio, se hizo rico en la década de los noventa. Más tarde, sus lazos familiares le ayudaron. Se casó con la hija del jefe de gabinete de Yeltsin. Empezó su expansión mundial en la post-crisis de 2008. A través de la adquisición de valores en gigantes de la construcción y en la industria auxiliar y manufacturera del automóvil. Compró también Norilsk Nickel. Los noventa -asegura- fueron años de locura, de caos, pero también de oportunidades, con las que logramos transformar el país”. La compra de Norilsk Nickel fue inicialmente un mal negocio. Sus primeros años de gestión se saldaron con caídas del precio del aluminio, que llevaron a Rusal, su emporio, al borde de la bancarrota. Pero la compañía salió a flote, a pesar de reestructurar más de 17.000 millones de dólares de deuda, la mayor corporativa en Rusia. Pero la guerra de Crimea lo cambió todo. Las embestidas financieras y las volatilidades bursátiles de los últimos ejercicios, sobre las que pendían los efectos de las guerras comerciales y de los riesgos geopolíticos alimentados por la Administración Trump, cercaron el valor de las divisas de los mercados emergentes. Incluido el rublo. Pero la moneda rusa se ha repuesto del susto y Rusal ha ganado contratos en el terreno militar ruso y en medio de las hostilidades arancelarias entre EEUU y China, con el aluminio y el acero, como hilos conductores del proteccionismo americano. Las sanciones a Rusia han venido de perlas a grupos como el de Deripaska, que ha llevado a cabo un intenso proceso de lobby en el Kremlin para que logre de la Casa Blanca la retirada de sanciones en el sector automovilístico, en el que también tiene intereses patrimoniales.

Publicado enInternacional
Los psicólogos James E. Mitchell (I) y John 'Bruce' Jessen (D) durante su declaración a puerta cerrada en la demanda interpuesta por tres detenidos acusados de terrorismo. ACLU

- James E. Mitchell y John 'Bruce' Jessen declaran como testigos en el juicio contra los cinco principales acusados de llevar a cabo los atentados del 11 de septiembre

- Los psicólogos fueron fichados por la CIA por su experiencia en la escuela de Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape de la Fuerza Aérea de EEUU, encargada de entrenar a soldados para resistir torturas en caso de caer presos

- Primero recibían hasta 1.800 dólares al día por aplicar su programa de torturas y después formaron una empresa que recibió 81 millones de dólares de la CIA

 

La teoría de la "indefensión aprendida" sostiene que se puede romper la voluntad de una persona sometiéndola a acontecimientos incontrolables y adversos. En esta teoría se basaron los psicólogos James E. Mitchell y John 'Bruce' Jessen para diseñar el programa de torturas de EEUU. La CIA los fichó por su experiencia en el ejército de EEUU entrenando a militares a soportar todo tipo de abusos en caso de caer en manos enemigas.

18 años después de su trabajo para la CIA, Mitchell y Jessen han declarado este martes como testigos por primera vez en un juicio abierto. Se trata de las audiencias previas en el juicio de los atentados del 11-S contra los cinco principales detenidos en este caso.

Los dos psicólogos que diseñaron el programa de torturas de EEUU en el marco de la guerra contra el terrorismo han sido convocados por los abogados de la defensa, que quieren que se invaliden las declaraciones de sus clientes por considerar que se obtuvieron de forma ilegal.

"Es muy importante porque estos dos psicólogos nunca han testificado en un tribunal abierto antes y lo van a hacer en condiciones adversas e interrogados por los abogados de la defensa", señala Julia Hall, experta de Amnistía Internacional en terrorismo.

Hall está siguiendo las sesiones desde 'la galería' del tribunal de Guantánamo, donde un triple cristal le separa de la sala principal y donde el sonido llega a través de un altavoz con 45 segundos de retraso para que en caso de que alguien revele información clasificada, las autoridades puedan activar una alarma y no escuchen secretos que no deben.

Psicólogos militares

Antes de trabajar para la CIA, Jessen y Mitchell trabajaban como psicólogos e instructores en la escuela de Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape de la Fuerza Aérea de EEUU (SERE, por sus siglas en inglés). SERE se creó al final de la guerra de Corea con el fin de entrenar a sus soldados para soportar técnicas de abuso si caían prisioneros. Tras la guerra de Vietnam, el programa de entrenamiento extremo se expandió al resto del ejército.

En diciembre de 2001 escribieron un análisis sobre el conocido como 'Manual de Manchester' de Al Qaeda y lo enviaron a la cúpula de SERE. El manual enseña a los terroristas a mentir en los interrogatorios. El texto de los psicólogos circuló por las más altas esferas hasta que finalmente recibieron el encargo de la CIA de desarrollar un programa de 'técnicas de interrogatorio reforzado' para sacar información a los detenidos acusados de terrorismo.

Los psicólogos entonces invirtieron su dinámica de trabajo habitual: de entrenar a soldados para soportar torturas, a diseñar torturas que puedan hacer cantar a los soldados enemigos. "Mitchell se sentó al teclado y juntos escribimos nuestra lista", afirmó Jessen en un testimonio a puerta cerrada por una demanda civil interpuesta por tres personas que fueron torturadas.

Su trabajo se basó en la teoría de la "indefensión aprendida", la cual sostiene que se puede romper la voluntad de los detenidos hasta convertirlos en pasivos y depresivos con acontecimientos incontrolables y adversos. En esa infame lista se incluía el ahogamiento simulado, encerrar al detenido en pequeños cubículos, privación de sueño, golpear al detenido contra la pared, etc.

Aún así, tal y como señala el informe del Senado de 2014 sobre el programa de torturas, "ningún psicólogo tenía experiencia como interrogador ni conocimientos especializados en Al Qaeda, en antiterrorismo ni ninguna experiencia cultural o lingüística relevante". Aun así, los psicólogos adquirieron un enorme poder en el programa de interrogatorios que va mucho más allá de su simple planificación.

Mitchell y Jessen llegaron incluso a llevar a cabo personalmente algunos de esos interrogatorios sobre detenidos del más alto nivel. También analizaron si el estado psicológico de los detenidos permitía continuar aplicando su programa y evaluaron su efectividad.

Jessen y Mitchell recibían hasta 1.800 dólares al día por aplicar su programa, cuatro veces más que los interrogadores que no podían usar las 'técnicas de interrogatorio reforzado', según señala el informe del Senado. En 2005, Jessen y Mitchell crearon la empresa 'Jessen, Mitchell y Asociados', constituida específicamente para continuar con el programa que ellos mismos habían diseñado y que la CIA había decidido subcontratar. El valor del contrato entre la empresa de los psicólogos y la CIA superaba los 180 millones de dólares. Cuando se anuló el contrato en 2009, los contratistas habían recibido 81 millones. El contrato incluía una cobertura de hasta cinco millones de dólares para hacer frente a costes legales que pudieran surgir de posibles demandas contra los psicólogos por su trabajo.

Desde entonces, Jessen ha mantenido un perfil bajo y no ha hecho declaraciones a medios de comunicación. Mitchell, sin embargo, se ha convertido en un asiduo comentarista de Fox News, ha dado entrevistas defendiendo su trabajo e incluso ha publicado un libro con sus memorias sobre todo el asunto (Interrogatorio reforzado: dentro de las mentes y las motivaciones de los terroristas islamistas que están intentando destruir América).

"Es mucho más complicado que la narrativa que circula por ahí de que me presenté en la CIA, llamé a la puerta y dije: dejadme entrar, quiero torturar a gente y puedo enseñaros cómo", afirmó Mitchell en una entrevista con The Guardian para intentar desmentir las conclusiones de la investigación del Senado.

En la entrevista cuenta que aunque el informe destaca su falta de experiencia, ha pasado parte de su carrera estudiando la mentalidad de los terroristas cuando trabajaba como especialista en desactivación de bombas, después como negociador en secuestros y también en la escuela de supervivencia del ejército del aire. Mitchell señala que fue destinado al Mando de Operaciones Especiales del Ejército del Aire en Fort Bragg para "desarrollar un protocolo para evaluar perfiles de criminales de guerra y de gente que probablemente hiciera cosas con multitud de bajas".

Mitchell insiste en que el programa de 'interrogatorio reforzado' funcionó, aunque el Senado en sus conclusiones no opinaba lo mismo. "Estoy seguro que hay gente que piensa que si EEUU reconoce que la coerción funcionó, hay una probabilidad mayor de que la gente use la coerción contra nuestra gente. En el cuento de hadas en el que viven, todo lo que tienes que hacer es darle a alguien un té y una galleta y todo irá bien".

El caso Zubaydah

Abu Zubaydah fue el primer conejillo de indias sobre el que los psicólogos aplicaron su programa de torturas. El Gobierno afirmaba que era uno de los más importantes dirigentes de Al Qaeda, pero después reconoció que se había equivocado (era peligroso, pero no formaba parte de la cúpula de Al Qaeda). Zubaydah fue sometido 83 veces a ahogamientos simulados, sufrió privación de sueño, le pusieron música a todo volumen, le quitaron la ropa…

Aunque Zubaydah nunca dio la información para la cual se habían justificado las torturas, tal y como señala el informe del Senado, los dos psicólogos dijeron que había tenido éxito y que se debería utilizar como "modelo" sobre otros detenidos no porque las 'técnicas de interrogatorio reforzado' produjesen información útil, sino porque su uso confirmaba que Abu Zubaydah no tenía la información que la CIA pensaba que tenía.

"Nuestro objetivo era llegar a la fase en la que hubiésemos roto su voluntad o habilidad a resistirse o negarse a darnos información. Buscamos llevar al sujeto al punto en el que evaluamos con seguridad que no tiene información o inteligencia que pueda prevenir un ataque terrorista", afirmaron los psicólogos en un documento.

Prohibido citar libros

La declaración de los psicólogos en la audiencia de Guantánamo se rige por unas normas muy estrictas en las que ni siquiera la defensa tiene permitido citar libros en los que se hable del programa de torturas –aunque hayan pasado por el filtro de la CIA para su publicación–.

Uno de esos libros podría ser el del exagente del FBI Ali Soufan, que en el libro'The black banners' (Las banderas negras) relata un fuerte enfrentamiento con Mitchell (a quien se refiere con el pseudónimo Boris) en el interrogatorio a Zubaydah en una cárcel secreta de la CIA. Soufan dedica todo un capítulo a criticar su intromisión en los interrogatorios y sus tácticas. El exagente del FBI cuenta que Mitchell y sus hombres no consiguieron ninguna información adicional a la que había conseguido él previamente y Soufan acabó abandonando el interrogatorio y volviendo a EEUU tras su enfrentamiento con 'Boris'.

Lo siguiente es un diálogo entre Mitchell y Soufan tal y como lo describe el exagente en su libro:

— La gente como Abu Zubaydah está preparada para morir por su casa. Está preparada para volarse por los aires.

— Esto es ciencia.

— ¿Has interrogado antes a algún terrorista islamista?

— No.

— ¿Has hecho alguna vez un interrogatorio?

— No.

Mitchell le respondió en la entrevista con The Guardian: "Se te pide que creas que él estaba consiguiendo toda esta buena información y que la CIA dijo: 'Bueno, no importa. No nos interesa esa información. No nos interesa la verdad. Vamos a hacer esto otro'".

En un momento determinado, ambos psicólogos abogaron por dejar de practicar el ahogamiento simulado, pero la CIA no quiso. "Me decían constantemente que iba a explotar una bomba atómica en EEUU y como les dije que parasen, iba a ser mi culpa", afirmó Jessen. Mitchell confirmó lo sucedido y aseguró que les llamaron "maricones". "Va a haber otro ataque y tendréis las manos manchadas de sangre de civiles muertos", cuentan que les dijeron.

Los "equipos limpios"

Cuando Khalid Shaikh Mohammed (KSM) fue trasladado a Guantánamo en 2006 ya había hablado en interrogatorios de la CIA realizados durante sus tres años y medio de reclusión en una cárcel secreta y bajo torturas.

Esas declaraciones, por tanto, no se podían utilizar en el juicio. Entonces el Gobierno mando "equipos limpios" del FBI para interrogar de nuevo a KSM y el resto de acusados. El objetivo de la defensa al llamar a declarar a los dos psicólogos es desestimar también las declaraciones obtenidas por esos "equipos limpios". Los abogados de los acusados quieren demostrar que el FBI también estuvo implicado en las torturas y sostienen que las declaraciones obtenidas bajo tortura no se pueden separar de las que se obtuvieron sin ella.

En 2018, el juez prohibió el uso de los interrogatorios del FBI realizados en Guantánamo, los cuales la Fiscalía considera "la prueba más crítica en este caso". El nuevo juez del caso está estudiando ahora la reincorporación de esas pruebas. La actual sesión previa en la que participan Mitchell y Jessen se extenderá hasta el 1 de febrero, según afirma Amnistía Internacional.

 

Por Javier Biosca Azcoiti

21/01/2020 - 21:17h

Publicado enSociedad
Lunes, 20 Enero 2020 06:03

Escuchar al perpetrador

Escuchar al perpetrador

Con la académica mexicana Karina García.

Conversó con 33 hombres que integraron las principales organizaciones criminales de su país, entre ellos sicarios y secuestradores, para intentar saber cómo se gesta la violencia del narco y cómo la piensan sus miembros. Para García, escuchar y analizar sus voces permite entender por qué fracasa la “guerra contra el narcotráfico”.

Karina G García es doctora en Ciencia Política y docente de la Escuela de Sociología, Política y Relaciones Internacionales y del departamento de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Bristol. Su tesis doctoral Pobreza, género y violencia en las narrativas de 33 ex narcos: entendiendo la violencia del tráfico de drogas en México ganó el premio a la mejor tesis de la Facultad de Ciencias Sociales y Leyes para el período 2018-2019 de esa universidad británica. En su trabajo, García entrevistó a 33 hombres que habían integrado algunos de los carteles y organizaciones delictivas mexicanas y que en ese momento asistían al centro de rehabilitación de la organización Cristo Vive, ubicado en el estado de Coahuila, en el norte de México. El texto indaga sobre las razones y las formas que, para estos hombres, adquiere la violencia y propone la adopción de enfoques distintos a la militarización a la hora de combatirla. Su trabajo académico1 hoy está dando la vuelta al mundo gracias a un resumen publicado en el sitio web del Centro de Investigación Periodística bajo el título “Por qué fracasa la ‘guerra contra el narcotráfico’” (Ciper, 3-I-20). Brecha conversó con García para saber más sobre sus hallazgos.

—En tu tesis identificás cuatro “dimensiones” de la violencia relacionadas con el narcotráfico. La primera de ellas tiene que ver con la violencia entendida como un oficio que se aprende y se perfecciona, pero también como un negocio. ¿Cómo explicás este enfoque?

—Creo que muchas veces nos enfrascamos en este discurso que viene de Estados Unidos, de esta guerra abstracta contra las drogas –se habla en abstracto de las “drogas” y en abstracto de los “carteles”–, sin pensar o entender realmente los diferentes tipos de violencia que existen. Muchos de mis entrevistados me explicaban que tenían un calendario establecido de a quién levantar2, a quién torturar, cómo torturarlo, cuánto tiempo torturarlo, a quién desaparecer, cómo desaparecerlo… Todo esto se sistematizaba. Esa lógica, de cualquier tipo de violencia como negocio, es la que creo que se sigue reproduciendo en algunos niños y jóvenes.

¿Cómo es posible que haya niños y jóvenes dispuestos a ganarse la vida a través de torturas, asesinatos, secuestros? Para mí eso se ha explorado poco. Es difícil, es complejo, pero para poder diseñar políticas de seguridad efectivas hay que entender cómo llega ese individuo a considerar la realización, no ya de una actividad ilegal como el tráfico de drogas, sino de estos actos violentos.

—En tu trabajo citás la idea del “capitalismo gore”, esta exacerbación del modelo económico neoliberal que, en contextos de pobreza, genera violencia extrema y da lugar a un emprendedor criminal que progresa dentro de la estructura del cartel.

—Definitivamente. Ligado al discurso sobre la pobreza que encontré –los hombres que entrevisté veían el mundo como un lugar hostil, la pobreza como una condición fija e inevitable–, los entrevistados se consideraban a sí mismos como personas desechables, sin futuro por delante. La única manera que veían para disfrutar su juventud, o los años que les quedaban de vida –porque asumían que iban a morir jóvenes–, era insertarse en la sociedad de consumo orientada al dinero. Entonces se preguntaban, ¿cuál es la manera real que tengo de insertarme en esta lógica? Bueno, es a través del narcotráfico, y uno de los trabajos que más paga ahí es el que involucra la violencia: torturar, secuestrar y desaparecer cuerpos.

—La segunda dimensión de la que hablás es la de la violencia como parte de las reglas del juego.

—En mi tesis cito algo que me dijo uno de mis entrevistados, algo que a mí me quedó muy grabado. Él era sicario, pero su trabajo también era torturar y desaparecer cuerpos. Cuando me estaba contando los detalles más sádicos de cómo torturaba a sus víctimas, yo trataba de justificarlo de alguna manera. Entonces le decía: “Bueno, pero tú estabas bajo el influjo de las drogas para hacer esto”, y él me decía: “No”. Y yo: “Bueno, pero era la parte de tu trabajo que casi no te gustaba”, y él: “No, era parte de mi trabajo”. Creo que él se dio cuenta de que yo trataba de justificarlo con mi propia lógica y me contestó con una pregunta: “¿Tú cuestionarías a un carnicero por matar cerdos o gallinas?” Para él, su lógica es “este es mi trabajo, punto, no lo cuestiono, así es”. Para mucha gente esto es incomprensible, pero cuando se observa esa lógica a través de sus historias de vida, a través de las experiencias que estos hombres han tenido, es mucho más entendible; no justificable, pero sí mucho más entendible. Estas personas no llegan a descuartizar o decapitar personas de la nada; nacen y crecen rodeados de muchísima violencia, de diferentes tipos de violencia: doméstica, de género, de pandillas; rodeados de mucha inseguridad, y aprendieron desde muy pequeños que la violencia es la única manera, no solamente de sobrevivir, literalmente, sino de ser respetados. Ser respetados en este contexto significa no ser molestados, no tener que defender su integridad física día a día. Cuando hablamos de la violencia del narcotráfico, para ellos tenía sentido porque esa lógica ya la tenían desde niños y jóvenes, porque impera en los barrios pobres, con las pandillas juveniles. La frase que más me decían era: “Cada quién se rasca con sus propias uñas”. Esa experiencia se traslada a su trabajo ya como narcotraficantes. Obviamente, en el narcotráfico los niveles de violencia y su sistematización son mucho mayores, pero esa lógica la mayoría de los entrevistados ya la traían desde niños.

—También hacés mención a una tercera perspectiva, que es la de la violencia como un divertimento. Algo que va en paralelo; por un lado, ellos lo viven como un trabajo, pero, al mismo tiempo, algunos te dicen que prácticamente se vuelven adictos a matar.

—Esa es otra dimensión de la violencia que se tiene que atacar, y, de nuevo, está ligada a sus experiencias de vida. Tener este control sobre la vida de otra persona los hace sentirse poderosos. Efectivamente, algunos confesaron que la violencia para ellos era como un hobby, un pasatiempo; mencionaban mucho la palabra “adrenalina”, decían que les daba mucha adrenalina todo este proceso de levantar a las personas, escuchar cómo sufrían. Es escalofriante, pero así era. ¿Por qué? Regreso a esta autodefinición de ellos mismos como personas desechables. Realmente creían que no había otra forma de ser respetados, que no había posibilidad de sobresalir en otro campo. Esto es muy importante, porque no se metieron al narcotráfico sólo por el dinero, sino también por el respeto; la dignidad que no tenían antes la obtenían a través del miedo y del dominio sobre la vida de otras personas.

—Por un lado, viven la violencia como un hobby, por otro, lo entienden como parte de las reglas del juego o como un negocio. Pero también muchos te dicen que pensaron repetidamente en suicidarse. ¿Cómo entendés vos esto? ¿Por qué tienen esa idea en la cabeza?

—Lo más importante, desde mi punto de vista, es que su vida diaria, desde muy pequeños, es en verdad insoportable. Desde que tienen uso de razón están rodeados de violencia. Muchos de los entrevistados contaban que sus padres eran extremadamente violentos. Imagínate crecer con ese miedo, con tanta inseguridad. En el núcleo familiar, que es donde se supone que te dan el apoyo para que salgas adelante, es donde menos apoyo tenían. No hay felicidad. Ese es otro punto muy importante; su único escape –y por eso ingresaron a las pandillas y empezaron a utilizar drogas desde muy pequeños– era drogarse y evadir la realidad. Esto va aunado a esta idea de que ya se sabe cómo van a terminar las cosas: asumen desde muy chiquitos, seis, siete, ocho años, que van a morir, ya sea de una sobredosis –porque la drogadicción es la manera en que la mayoría de los niños y jóvenes de sus entornos lidian con esa realidad tan cruda–, o en alguna riña callejera, o bien en alguna balacera. Esto se asume. Así como otras personas, en otros contextos, cuando crecen, asumen que van a estudiar una carrera, formar una familia. ¿Por qué? Porque es lo que les rodea. Ese día a día para mí es muy importante para entender cómo y por qué ellos se sienten desechables. Contestando a tu pregunta, morir es un alivio, porque ya no se tiene que lidiar con eso, con el sufrimiento que arrastran desde su niñez por el abuso de los padres y por esa falta de propósito, esa falta de dignidad. Aun en el narcotráfico –y esto me pareció muy interesante–, por más que intentaron, no lograron sentirse felices. Terminaron de una u otra manera como drogadictos, en las calles, muchas veces como vagabundos; muchos perseguidos por los carteles, en condiciones casi infrahumanas. Así es como llegaron al centro de rehabilitación.

—La cuarta perspectiva es la del “culto a la muerte”, el ritual. La violencia vista casi como un deber ante una entidad superior. ¿Cómo encaja esto con todas las dimensiones anteriores que planteás?

—Hay muy poca investigación al respecto, al menos en México, ya sea académica o periodística, pero, al parecer, por lo que vi en mis entrevistas, eso era una constante. Creo que es algo que todavía se hace en el cartel de Los Zetas, que de una u otra manera obligaba a sus integrantes a ser parte de este “culto a la muerte”. Para protegerse, no tanto para tener una vida digna, sino para tener una muerte digna, hacían este ritual con ofrendas, en el que ofrecían vidas a la santa Muerte. Las víctimas, muchas veces, eran personas inocentes, niños, jóvenes de la calle.

—Una de estas personas te contó que mató a un amigo porque se lo pidió la santa Muerte.

—Ellos creían firmemente que existe esta entidad, digamos, sobrenatural. Obviamente hay que contextualizar estas narrativas, porque durante su experiencia en el narco estas personas estaban bajo el influjo de varias drogas. Lo que dicen es que escuchaban una voz; esta persona dice: “No me acordaba, no sabía que lo había matado; me comentaron que, de la nada, agarré una pistola y le disparé”, y al que le disparó era uno de sus mejores amigos. Eso me llamó mucho la atención, porque ellos no se excusaron por su violencia de ninguna manera, y por eso es que hice esta identificación de los tipos de violencia: como negocio, como reglas de juego, como hobby. Pero cuando se trataba del culto a la santa Muerte, ahí sí se veían como indefensos, no podían cuestionar a la santa Muerte; tenían que hacer lo que les pedía. Esos rituales involucraban cuestiones muy sádicas. No tengo más información al respecto, los participantes que pertenecían a estos carteles fueron los que me comentaron más. Pero, insisto, creo que se tiene que hacer más investigación sobre este tema, sobre todo en el contexto de desapariciones que tenemos actualmente en México, que es un problema gravísimo.

—En tu trabajo hacés referencia a la Guardia Nacional (GN) creada el año pasado por el presidente, Andrés Manuel López Obrador. No terminás de verla como algo positivo o que pueda colaborar a solucionar el problema.

—Entiendo la idea detrás de la creación de este nuevo cuerpo policíaco. Entiendo la preocupación del nuevo gobierno, porque efectivamente existe mucha evidencia sólida de que había mucha corrupción en la Policía Federal, y ni se diga en las policías estatales y locales. Entiendo y, de cierta manera, apoyo esa iniciativa, pero se tendría que haber complementado con otras estrategias en paralelo. Hasta donde yo puedo ver, la GN no ha ayudado a disminuir la violencia, que incluso se ha incrementado; 2019 fue uno de los años más violentos en México.

Habrá que preguntarle al gobierno cuál es la estrategia. Para mí esa es la pregunta principal que hasta ahora no ha sido respondida por el presidente. ¿Qué se espera obtener? ¿Cómo esta nueva corporación ayuda a prevenir y disminuir la violencia del narcotráfico? Lo que yo trato de resaltar en el artículo es simple y sencillamente la importancia de la prevención, actuar más bien a través de políticas locales, de programas que ataquen los problemas de raíz. Hay que repensar las estrategias y, para poder repensarlas y que sean efectivas, hay que escuchar también a los perpetradores, y basados en esas experiencias empezar a diseñar nuevas políticas públicas.

  1.   Publicado originalmente en inglés como Poverty, gender and violence in the narratives of former narcos en www.bristol.ac.uk
  2.            En la jerga de los carteles, “levantar” refiere al secuestro de una persona.

Rafael Rey

17 enero, 2020

Publicado enSociedad
Viernes, 17 Enero 2020 06:18

Las nuevas-viejas formas de dominación

ORDEN (Organización Democrática Nacionalista) fue creado en 1961 y fue desmantelado oficialmente en 1979; creada originalmente para vigilar a la población campesina; fue el instrumento del ejército salvadoreño para recoger información para los servicios de inteligencia, a la vez que actuaba como fuerza operativa para los trabajos sucios contra la insurgencia y como base social para el reclutamiento inmediato

Los escuadrones de la muerte creados por las oligarquías en la década de 1960, claves para contener las insurrecciones populares, tenían funciones y modos casi idénticos a los actuales grupos paramilitares, al llamado narcotráfico y, en no pocas ocasiones, al accionar de las fuerzas estatales de represión.

Echemos un vistazo al pasado inmediato, digamos los años 60 y 70, en un país azotado por los escuadrones y los paramilitares, como El Salvador, cuyo caso puede aplicarse a toda América Latina.

El primer grupo paramilitar formal se llamó Organización Democrática Nacionalista (Orden) y fue creado por el director de la Guardia Nacional en 1964, en completo secreto, en el contexto del Programa de Seguridad de Estados Unidos en El Salvador, que un año antes había iniciado el entrenamiento de integrantes del cuerpo policial.

El objetivo de Orden era el control del campesinado en las áreas rurales, ya que en esos años la principal riqueza del país era la producción de café, caña y algodón para la exportación. Entre sus objetivos figuraba adoctrinar al campesino en favor de “la democracia representativa y el mundo libre”, en un país gobernado por militares que habían masacrado a 30 mil trabajadores rurales e indígenas en la revuelta de 1932, en la que participó Farabundo Martí.1

Los integrantes de Orden recibían entrenamiento militar y permiso para portar armas; a cambio debían delatar a sus vecinos en pueblos y cantones. También se beneficiaban con recomendaciones para obtener trabajo, servicios de salud, educación para sus hijos, diversos insumos agrícolas y, si era necesario, la destrucción de expedientes judiciales comprometedores.

Como la estructura económica no estaba en condiciones de proporcionar servicios a los campesinos, que habían perdido sus tierras por el avance de la mecanización en la agricultura de exportación, Orden suplía ese vacío a través de la prebenda personal, que “simulaba constituir a los habitantes en ciudadanos”, según la acertada frase de la investigadora Sara Gordon.

Como puede observarse, una misma organización paramilitar cumplía la doble función de control policial y de servicio social, lo cual le otorgaba un poder extraordinario.

Orden fue responsable, entre muchos otros y siempre en coordinación con la Guardia Nacional y la Policía de Hacienda, del asesinato del padre Rutilio Grande, en 1977, como parte de la escalada represiva contra la Iglesia popular y las organizaciones campesinas y estudiantiles que desembocó, dos años más tarde, en el asesinato de monseñor Óscar Romero (por escuadrones mejor organizados y pertrechados) y el inicio de la guerra civil en la que murieron más de 70 mil personas.

Un integrante de Orden expresaba de este modo las “ventajas” que le daba pertenecer a la organización paramilitar: “podemos arrestar a cualquiera que queramos, cualquiera que ande por ahí metiendo ideas extrañas en la cabeza de la gente. Aquí en mi cantón, yo soy la ley”.

Vale reflexionar quiénes son, hoy en nuestra realidad cotidiana, los que tienen el poder suficiente para comportarse de ese modo. No hace falta indagar demasiado para concluir que se trata de esa peculiar amalgama entre aparatos represivos estatales, paramilitares y narcos. Ellos son la “ley”, los que tienen vía libre para detener, violar, desaparecer, torturar y asesinar a quienes quieran. Son los herederos de los escuadrones de la muerte.

Una “modernización” similar sucede con las formas clientelares que usaron las oligarquías para extender favores a sus incondicionales, para consolidar una base social que les permitiera seguir esquilmando a los campesinos. Esos modos, como la caridad de la Iglesia, fueron sistematizados por el Pentágono como “acción cívica”, aplicando en las guerras centroamericanas formas de contrainsurgencia aprendidas en Vietnam.

Modos que evolucionaron hasta lo que hoy denominamos políticas sociales, aplicadas tanto por gobiernos progresistas como conservadores, porque han mostrado cierta utilidad para contener la protesta y, sobre todo, para abrir fronteras a la acumulación capitalista.

Es cierto que han aparecido nuevas formas de control social a caballo de las nuevas tecnologías. Pero ellas no sustituyen el control parapolicial y paramilitar, sino que se superponen y complementan. Para la población que vive en la zona del no-ser, donde la vida no es respetada y la violencia es el modo de regular las relaciones sociales, las viejas formas de control contrainsurgente siguen vigentes.

Fernand Braudel, maestro del tiempo largo, nos enseñó a desconfiar de los cambios rápidos: “ni siquiera las revoluciones son rupturas totales”. La persistencia y la duración son más potentes que “los golpes de teatro”.

Por eso, no nos hagamos muchas ilusiones con los “cambios” desde arriba: la violencia, que fue la partera del capitalismo, lo seguirá sosteniendo hasta el final, pese a los discursos que maquillan la dominación.

1 Sara Gordon, Crisis política y guerra en El Salvador , Siglo XXI, p. 142

Publicado enSociedad
Imagen: Julián Varsavsky

El miedo al Otro a las puertas de una conflagración

Dos viejos enemigos se enfrentan por extender su influencia en Medio Oriente. Por detrás chocan las cosmovisiones del materialismo occidental con la espiritualidad chiita que lo impregna todo desde la cotidianeidad al poder político. 

 

 Aterrizo bajo la noche en el aeropuerto de Teherán y de la milenaria civilización iraní, me topo con un simple baño. Es distinto a todos los que haya visto: tiene tres bancos fijos de mármol blanco frente a canillas en la pared y una canaleta. Lo primero que hace un occidental que se precie al aterrizar en un aeropuerto internacional, es comprar o mirar precios. El primer acto de un musulmán iraní luego de un vuelo largo, es un rezo. Y antes se tiene que purificar, lavándose. Acaso después, mirará el duty-free.

El Occidente racionalista empezó a pensar el mundo desde la Tierra hacia el cielo -y no a la inversa- con la invención de la filosofía griega que concluyó en la “muerte de Dios” firmada por Nietzsche. Esto derivó de manera inconsciente en la sacralización del dinero: se fue volviendo sagrado a medida que ese hombre se secularizaba. Pocas cosas hay más importantes para nuestro viajero secularizado -opuesto al peregrino a la Meca- que comprar artículos, en lo posible de lujo. Mientras que un iraní religioso se preocupa más por entrar al baño a hacerse una ablución: se sienta lavándose pies, brazos, cara y cabeza. Entonces va a la mezquita del aeropuerto -o se prosterna donde pueda orientado a la Meca- y reza. Este procedimiento de aseo y rezo lo hacen de tres a cinco veces por día más de la mitad de la población de un país donde el 95% adhiere al Islam.

Un musulmán debe mantener todo el tiempo su estado de pureza ritual: el cuerpo se integra a lo divino y es cuidado con devoción. La ablución corresponde cada vez que se va al baño y al despertar: la ritualidad impregna lo cotidiano a cada momento. La preeminencia de lo sagrado sobre lo profano es tan fuerte en Irán, que tampoco la política está escindida de la religión: el Ayatollah es cabeza religiosa y política de la nación. Y todo esto define la cosmovisión.

El Occidente de la razón instrumental orienta sus actos vitales hacia el progreso, la producción y el consumo: el más religioso -cada vez son menos- va a la iglesia algún domingo. En aras del avance individual, el homo-laborans inmerso en el capitalismo global reduce su alma a una fuerza productiva y va perdiendo el concepto aristotélico de la “vida contemplativa”, el nexo con la naturaleza y su sacralidad. En Irán, en cambio, las mezquitas se llenan varias veces al día con gente rezando hasta en la vereda y el asfalto si no caben en el edificio: lo sagrado sigue estando por encima de lo productivo. El trabajo se detiene para adorar.

En Occidente el espíritu del capital va ocupando el lugar de la religión. El filósofo Giorgio Agamben lo ejemplifica: un niño que en sus juegos rompe billetes reales, comete una profanación. Y los adultos reaccionan alarmados. Desde la mirada musulmana chiita, la voracidad occidental ofende como una máquina profanadora que pisotea lo sagrado. Desde la visión opuesta, dejar de producir para rezar equivale al niño rompiendo dinero.

El Islam prohíbe la imagen de Alá y se aferra al Corán. Al escritor Salman Rushdie, haber profanado al profeta con “blasfemias” le costó una condena a muerte de parte de Irán, levantada en 1998.

Desde tiempos del colonialismo, Occidente sacraliza e impone el librecomercio y la explotación de la naturaleza a cualquier precio. La razón instrumental justificó la esclavitud. La iluminación hogareña con aceite de ballena produjo casi su extinción a comienzos del siglo XX. Hoy la energía motriz del capitalismo es el petróleo, un comodity que en Irán brota como leche de la ubre de una vaca.

El etnocentrismo sobrevuela todas las culturas y sus dirigentes. Lo sagrado de cada mundo choca en el conflicto EE.UU-Irán: una geopolítica de los negocios versus una geopolítica pastoral. Irán quiere expandir su revolución religiosa y en eso se diferencia de las monarquías sunitas (hay países musulmanes entre sus adversarios).

Esta colisión es explosiva. Un Donald Trump con la pera en alto y la boca en óvalo sobrepasa todo organismo internacional y a su propio Congreso. Y no hay una fuerza mediadora que arbitre. El líder espiritual Alí Khamenei prometió venganza y actuó con relativa mesura. El riesgo es un círculo mutuo de desquites al estilo medieval, ese tiempo de guerra entre musulmanes y cristianos. De un lado hay una potencia con 560 bases militares en todo el orbe; del otro, un ejército de 523.000 soldados e incontables civiles acaso dispuestos a dar pelea en un país que rinde culto al martirologio: las movilizaciones masivas en el entierro del general Suleimani darían pauta de esto. Ya en el origen del cisma chiita -separados de los sunitas en el siglo VII- aparece el martirio con el asesinato del Imán Hussein, cuyo recuerdo inspira la festividad más popular del país: el Muharram. De hecho, el punto más alto de la espiritualidad chiita se alcanza entregando la vida en lucha por el Islam. Por eso Suleimani es héroe nacional de millones que lo lloraron en masa, una escena calcada de los desfiles del Muharram donde se sigue velando a un mártir desde hace 1340 años.

El conflicto sería más del orden de la cosmovisión que de la ideología política en el sentido occidental “derecha-izquierda”. Una carta del imán Jomieni a Gorbachov en 1989 lo ilustra: "A partir de ahora habrá que buscar el comunismo en los museos de historia política mundial, ya que el marxismo no puede dar respuesta a las necesidades reales de los seres humanos. Se trata de una escuela de pensamiento materialista, pero a fuerza de materialismo no es posible salvar la humanidad de la crisis que supone la falta de creencias espirituales, lo que constituye el dolor más agudo que padecen las sociedades tanto orientales como occidentales." Visto así, también el capitalismo norteamericano rompería esos valores: el choque actual sería entre una espiritualidad islámica chiita con gesto guerrero y el materialismo occidental expandido por la globalización, ambos movidos a su vez por la voluntad de poder propia de sus líderes.

El mundo cristiano ya no combate por lugares santos como en Las Cruzadas. Trump lo explicitó al decir que su país gastó millones en Irak y "no nos iremos hasta que paguen por ello''. En cambio un soldado chiita puede ir a la guerra por razones religiosas. No en vano Trump amenazó con pegar donde más les duele: “en los lugares culturales”.

 En nuestro mundo, el baño es un mero diseño funcional. En aquel otro, un ámbito de ritualidad: en esa simple arquitectura se puede leer por oposición, la medida de la secularización de Occidente y la sacralización vigente en el mundo persa, el que fuera primera potencia en el alba de las civilizaciones en Mesopotamia, enfrentado hoy de manera asimétrica a la mayor fuerza militar que haya existido jamás. 

Publicado enInternacional
Matanza de líderes, la peor crisis humanitaria

 

“La mayor tragedia humanitaria de Colombia es la violencia contra líderes sociales, que se ha traducido en centenares de asesinatos en los últimos tres años”: Rodrigo Uprimny.

 

Según el Consejero mayor de la ONIC, desde la firma del Acuerdo de Paz hasta el fin del Gobierno Santos fueron asesinados 66 líderes indígenas; desde el inicio del Gobierno Duque hasta hoy han sido asesinados 134 [1].

Por su parte el Instituto de Estudios Para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) reporta que en el 2019 han asesinado 234 líderes y defensores, 167 corresponden a indígenas, negros, campesinos y ambientalistas, dedicados a defender el territorio y la implementación de los Acuerdos entre las FARC y el Gobierno, y 176 excombatientes y 42 familiares; 20 intentos de asesinato y 13 desapariciones forzadas [2].

El informe elaborado por el Comité de Solidaridad con Presos Políticos (CSPP) “Criminalización de la defensa de los derechos humanos en Colombia: la judicialización a defensores/as de la tierra, el territorio, el medio ambiente y la paz” [3], muestra que entre 2012 y julio de 2019 han sido criminalizados 249 líderes, 74 por ciento de estas judicializaciones son por rechazar el impacto ambiental de las empresas extractoras de recursos naturales.

Para el CSPP la judicialización y estigmatización de defensores y líderes sociales obedece al favorecimiento que le da el Estado a las empresas nacionales y trasnacionales; este Informe registra que 117 empresas tienen 365 convenios de cooperación con el Ministerio de Defensa y la Fiscalía, ¿Es posible ser imparcial en estas condiciones?

Los Departamentos que más convenios tienen con las empresas son Antioquia 60, Meta 34, Casanare 30, Santander 29, Cesar 28 y Putumayo 25; Departamentos donde están el 35,7 por ciento de los Títulos Mineros que existen en el país y el 46 por ciento de las zonas donde se realiza exploración y explotación de pozos petroleros, a su vez en estas zonas se registra el 58 por ciento de judicializaciones a defensores y líderes sociales.

Otro acuerdo que no se cumplirá

Colombia es el segundo país más peligro para los defensores ambientales , según informe de Global Witness en 2018, con 83 asesinatos; más de la mitad del total reportado por la ONG que registró 164 asesinatos en todo el mundo [4].

Iván Duque firmó el 12 de diciembre el Acuerdo Escazú, en el que hacen parte 21 países de Latinoamérica y el Caribe, cuyo propósito es proteger los protocolos para la protección ambiental y especialmente de los líderes que velan por el territorio.

El Acuerdo Escazú se enfoca en que los defensores tengan acceso a la información de proyectos que involucran el medio ambiente; sin embargo, el Gobierno guarda silencio frente a proyectos como la protección del páramo Santurbán y la ejecución de proyectos pilotos de fracking.

El día de los DDHH, represión y matanza

Jimmy Alberto Pacué de 24 años, comunero indígena del resguardo de Jambaló. El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), informó que fue asesinado el 8 de diciembre en Caloto, mientras se desplazaba con su esposa y su hijo recién nacido.

El 10 de diciembre en Bogotá entre la Universidad Nacional y el Centro de Memoria, 17 personas entre ellos personal de la Primera Línea, fueron golpeadas y reprimidas con disparos de gases por parte del ESMAD; igualmente agentes de la fuerza pública secuestraron en carros particulares a María Fernanda Pérez y Harold Rodríguez, el joven fue brutalmente agredido y la joven fue liberada por la presión solidaria de la ciudadanía.

Heriberto Úsuga , campesino reclamante de tierras; el 12 de diciembre fue atacado por sicarios del Clan del Golfo, quienes le disparando cuando se encontraba en una finca ubicada en el corregimiento de Macondo en Turbo, Antioquia.

Luis Carlos Hernández Santiago de 42 años, representante de la Mesa Departamental de Participación de Víctimas y excandidato al Concejo de Curumaní, Cesar; fue asesinado el 12 de diciembre cuando se dirigía a la vereda Los Ranchos.

Humberto Londoño , coordinador del Comité de Conciliación en la vereda El Socorro, en el área de Cañón de Iglesias, hacía parte de la Asociación de Campesinos del Bajo Cauca (ASOCBAC); fue asesinado el 6 de diciembre en la vía que comunica a Tarazá con la vereda La Caucana.

Manuel Antonio González Vuelvas, ex combatiente de las FARC que hacía parte de un proyecto ganadero colectivo y residía en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR), Román Ruiz; fue asesinado el 13 de diciembre en la vía de Ituango a la vereda Santa Lucía.

Notas:

[1] El derecho a defender derechos. Rodrigo Uprimny. El Espectador, 15-12-2019.

[2] https://twitter.com/IvanCepedaCast/status/1205833102158958592?s=20

[3] [CSPP Informe: Criminalización de la defensa de los derechos humanos en Colombia: la judicialización a defensores/as de la tierra, el territorio, el medio ambiente y la paz. 2019 https://bit.ly/2RT3Qha

[4] https://www.globalwitness.org/es/campaigns/environmental-activists/enemigos-del-estado/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licenc

Publicado enColombia
Lunes, 23 Diciembre 2019 05:42

Capitalismo con características chinas

Capitalismo con características chinas

El experimento de China con el socialismo fue caótico y no logró producir la tan deseada transición al desarrollo y la prosperidad.

Cuando el país rompió con el socialismo y avanzó con cautela hacia un modelo de desarrollo del campo liderado por el mercado a finales de la década de 1970, China era una de las sociedades más igualitarias en la tierra. También era bastante pobre, con más del 30 por ciento de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza[1], la misma cifra que Filipinas entonces.

Hoy, con su coeficiente de Gini -una medida de desigualdad- en 0,50 o superior, la desigualdad en China coincide con la de Filipinas. Sin embargo, el número de ciudadanos chinos que viven en la pobreza se redujo a alrededor del 3 por ciento de la población, mientras que más del 20 por ciento de los filipinos siguen siendo pobres. La desigualdad ha aumentado, pero en términos de sacar a la gente de la pobreza, China es considerada como una historia de éxito sin reservas, probablemente la única en el mundo.

El análisis de las características y vulnerabilidades clave de la economía contemporánea de China nos permitirá tener una idea de la dinámica y la dirección de las relaciones económicas de China con Filipinas y el resto del Sur Global.

Por ejemplo, es fácil confundir -como muchos han hecho- la alardeada Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda (BRI, por sus siglas en inglés) como un gran plan para la hegemonía global de China si no se tiene en cuenta el enorme problema de sobrecapacidad industrial de China, para el que se ha ideado dicha iniciativa como solución. Asimismo, uno no puede entender el problema del exceso de capacidad sin referirse, a su vez, a una de las características centrales de la economía de China: la descentralización de la toma de decisiones económicas, que ha llevado a una gran cantidad de proyectos competitivos, un gran desperdicio y una enorme excedente capacidad industrial.

La economía de China es una economía capitalista, aunque es exclusivamente china. Podría llamarse "capitalismo con características chinas", para dar un giro más preciso a la descripción desconcertante de Deng Xiaoping de su proyecto como "socialismo con características chinas". Deng, el pragmático sucesor de Mao, condujo la integración de China en la economía capitalista global en los años ochenta y noventa.

La economía política de la China contemporánea tiene cuatro características clave:

  1. Es una economía mayormente liberalizada o dirigida por el mercado.
  2. Está en gran medida privatizada pero con intervención estatal en áreas consideradas estratégicas.
  3. Su punto fuerte es la producción orientada a las exportaciones, sostenida por una fuerte “represión financiera”.
  4. Está descentralizada, con un alto grado de autonomía para la toma de decisiones a nivel local mientras que las autoridades centrales se centran en las estrategias y políticas macroeconómicas a nivel nacional.


Liberalización

La liberalización, o la eliminación de los controles estatales sobre la producción, distribución y consumo, tuvo lugar en tres etapas durante los años ochenta y noventa.

La reforma del mercado comenzó con la descolectivización y la restauración de una economía campesina basada en el mercado a principios de la década de 1980, seguida de la reforma de las empresas estatales urbanas y de la reforma de precios a finales de la década de 1980. En la década de 1990, la reforma de las empresas estatales se aceleró con el objetivo de transformar estas empresas en corporaciones capitalistas con fines de lucro.

A lo largo de estas fases, el objetivo principal de la reforma fue, como dijo Ho-Fung Hung, un experto en la transformación económica de China, "descentralizar la autoridad de planificación y regulación económica y abrir la economía, primero al capital chino en Asia y luego al capital transnacional de todo el mundo."


Privatización con intervención estatal estratégica

Si bien las señales del mercado derivadas de la demanda del consumidor local y la demanda global se convirtieron en el determinante dominante de la asignación de recursos, la mano visible del estado no desapareció. Simplemente se volvió más exigente. Al apartarse de la planificación central, el estado chino no siguió el llamado modelo de desarrollo del noreste de Asia -promovido por Japón, Corea del Sur y Taiwán- que restringía la inversión extranjera y favorecía a las empresas nacionales en general.

Por contra, en China, los sectores no estratégicos de la economía se abrieron a la competencia entre empresas privadas, locales y extranjeras, mientras que aquellas áreas consideradas estratégicas desde el punto de vista de la seguridad y el interés nacional fueron sujetas a una importante regulación estatal, con gran parte de la producción controlada por empresas estatales a las que, sin embargo, se les permitió cierto grado de competencia entre ellas.

En otras palabras, el gobierno permitió la inversión extranjera directa a gran escala para que las empresas locales accedieran y difundieran la tecnología extranjera en una amplia gama de industrias, manteniendo el control exclusivo y enfocando los recursos estatales en aquellas industrias consideradas vitales para el desarrollo integral de la economía.

Dado el retroceso masivo del estado en grandes sectores de la economía, resulta justificado describir la economía política de China como "neoliberal con características chinas", como lo hace el economista marxista David Harvey. Pero tal vez, se describe mejor como una economía de mercado con islas estratégicas de producción controlada por el estado y con una amplia vigilancia macroeconómica ejercida por el estado central.

En cualquier caso, el modelo actual está muy lejos de la gestión centralizada de la economía del estado socialista anterior a 1978.


Producción orientada a la exportación con represión financiera

Si bien la mayor parte de la producción nacional se había dirigido hasta entonces al mercado local, el impulso estratégico de la economía china posterior a la liberalización fue la rápida industrialización a través de la producción para la exportación, hecho que creó la imagen de China como "el fabricante del mundo".

Las exportaciones chinas llegaron a su apogeo en la primera década de este siglo cuando representaban un 35 por ciento del producto interno bruto, una cifra que triplicó la de Japón. Así, China se convirtió, como dice Hung, en el "centro de una red de producción global que comienza con estudios de diseño en los Estados Unidos y Europa; sigue a través de productores de componentes especializados y materias primas en el este y sudeste de Asia; y termina en China, donde los diseños, materiales y componentes se unen en productos terminados que luego se envían a todo el mundo". En esta división del trabajo centrada en China, Filipinas se integró como productor de alimentos, una fuente de materias primas y un proveedor de componentes industriales como chips para ordenadores.

Convertir la producción orientada a la exportación en la vanguardia de la economía significó restringir el crecimiento del consumo interno, un hecho que fue representado por una política de represión financiera, es decir, el tipo de interés sobre los ahorros de los consumidores se mantuvo deliberadamente bajo para así mantener un tipo de interés también bajo para los préstamos a empresas estatales y empresas privadas dedicadas a la producción para exportación. De 2004 a 2013, el tipo de interés real en promedio fue del 0,3 por ciento, una cifra extremadamente baja.

Un tercer ingrediente clave para la fabricación orientada a la exportación fue una política de mantenimiento del valor del yuan por debajo del dólar. De 1979 a 1994, a medida que China se alejaba de su antiguo modelo de sustitución de importaciones de la era Mao y adoptaba un modelo orientado a la exportación que requería un yuan subvaluado para que las exportaciones de China fueran competitivas en los mercados globales, el yuan se depreció constantemente frente al dólar, de 1,5 a 8,7. Ya en 1994, el yuan se devaluó un 33 por ciento en relación con el dólar, seguido de una fijación de 8,3 yuanes por dólar en los siguientes nueve años, lo que impulsó en gran medida la competitividad de los productos chinos en los mercados mundiales.

En su guerra comercial con China, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, calificó a China de ser un "manipulador de divisas", manteniendo bajo -de forma supuestamente deliberada- el valor del yuan para inundar a los Estados Unidos con sus exportaciones. Sin embargo, la mayoría de los economistas dicen que China ha permitido que las fuerzas del mercado determinen en gran medida el valor del yuan desde hace más de una década.

El cuarto ingrediente en el modelo orientado a la exportación, su "combustible indispensable", según Hung, fue la "mano de obra barata llegada desde el campo a partir de mediados de la década de 1990". Si bien hubo una "ganancia demográfica" en forma de un excedente laboral importante en la China rural que permitió al país aprovechar la mano de obra de bajo salario durante más tiempo que otras economías asiáticas, esta última también fue el resultado de políticas gubernamentales que -en contraste con la década de 1980- canalizaron recursos de las áreas rurales a las áreas urbanas, generando un éxodo continuo de la población rural desde la década de 1990.

La combinación de políticas financieras favorables para el sector exportador, una moneda infravalorada y mano de obra con bajos salarios fue una fórmula que desencadenó una avalancha de productos chinos a bajo precio en el mundo. Esta avalancha resultó ser profundamente desestabilizadora no solo para los sectores industriales de las economías del Norte global, sino también para aquellos países del Sur global, como México y Brasil, cuyos trabajadores tenían niveles salariales más altos.

En estos países, China no solo fue una fuente de importaciones, sino también una causa de desindustrialización, ya que algunas corporaciones trasladaron sus instalaciones industriales -intensivas en el uso de mano de obra- al sureste de China y otras simplemente subcontrataron la fabricación de sus productos a empresas chinas que usan mano de obra barata. No es sorprendente que el resentimiento de la clase trabajadora se haya acumulado en lugares como el llamado "cinturón de óxido" de los EE. UU,[2] donde Trump pudo cosechar gran cantidad de votos con su retórica contra China en su camino a la presidencia en 2016.


Autoritarismo descentralizado

Pese a la imagen popular del desarrollo de China como producto de la dirección centralizada, una de sus características clave ha sido su carácter descentralizado.

La descentralización ha sido pues, uno de los ingredientes clave de la fórmula del crecimiento de China, que data de la década de 1990. La descentralización fue un estímulo para la intensa competencia entre las localidades ya que Beijing, según un informe, "comenzó a evaluar a los funcionarios locales por la rapidez con que la economía creció bajo su supervisión" y, a su vez, "compitieron entre sí para atraer a las empresas, ofreciéndoles tierra barata, exenciones de impuestos y mano de obra barata".

Descrita esencialmente como la conversión de la burocracia estatal en una "gran empresa", la descentralización buscó romper con la economía planificada y obligar a las autoridades locales a "apropiarse" del proceso de reforma, dándoles la responsabilidad de aportar los recursos para la inversión y permitiéndoles cosechar las recompensas de la acumulación exitosa de capital.

Por lo tanto, las autoridades provinciales y locales han tenido un gran poder en la interpretación e implementación de las directivas estratégicas de Beijing. La autoridad económica del gobierno central se ha debilitado deliberadamente, su papel se ha transformado en el de un "jugador indirecto" centrado en la gestión del contexto macroeconómico, como los tipos de interés, los tipos de cambio y la política preferencial hacia ciertas regiones y sectores. De hecho, China ha sido descrita como el "país más descentralizado de la tierra", con una proporción de ingresos del gobierno local que es más del doble que la de los países desarrollados, y también mucho mayor que la habitual en los países en desarrollo.

Sin embargo, es importante señalar que el control de la autoridad local y su dominio de los recursos en el proceso de acumulación y desarrollo de capital se dieron principalmente en aquellos sectores no estratégicos de la economía.  Algunas empresas estatales son importantes agentes del control central en todas las provincias donde se desarrollan los sectores estratégicos o clave, como la energía, las industrias pesadas, los ferrocarriles y las telecomunicaciones, que son controlados directamente por Beijing, aunque ellos mismos disfrutan de una gran autonomía. Pese a ello, la mayoría de las 150,000 empresas estatales del país, y dos tercios de todos los activos de empresas estatales, están controladas por los gobiernos provinciales y locales, no por Beijing.

La relación entre la autoridad local y el centro ha oscilado entre la descentralización y la recentralización a lo largo de los años, con la última fase de recentralización -aunque limitada- que tiene lugar actualmente bajo el liderazgo de Xi Jinping.

En la mayoría de los otros países, el grado de descentralización probablemente habría llevado a un debilitamiento permanente del centro. Sin embargo, China tiene una ventaja sobre otros países que hace que el sistema funcione y no se disgregue. Esa ventaja es la estructura del Partido Comunista, que es paralela a la estructura del estado en todos los niveles y en todas las regiones. Si bien se permiten conflictos internos entre facciones en un grado significativo, la estructura del partido y su disciplina concomitante es lo que hace posible la paradoja del "autoritarismo descentralizado".

La liberalización y la privatización junto con la intervención estratégica en industrias clave, la industrialización liderada por las exportaciones, la administración de divisas por parte del estado y el autoritarismo descentralizado: estos fueron los ingredientes del llamado milagro chino. También fueron responsables de generar los problemas que ahora enfrenta la economía, un tema que abordaremos en la próxima entrega de esta serie.

Por Walden Bello 

politólogo filipino que trabaja como director ejecutivo de Focus on the Global South, profesor de Sociología y Administración Pública en la Universidad de Filipinas y es investigador asociado del Transnational Institute.

 

[1] Nota del T.: El autor se refiere a lo largo del artículo a la pobreza en términos absolutos, no relativos.

[2] Nota del T.: El término Cinturón de Óxido (Rust Belt en inglés) hace referencia a una región de Estados Unidos que engloba principalmente estados del nordeste del país cuya principal actividad económica está vinculada a la industria pesada y las manufacturas.

Publicado enEconomía