Fuentes: Rebelión -Foto AP: protesta contra clases presenciales, Georgia Tech, Atlanta, 17 de agosto de 2020.

En Estados Unidos, la educación universitaria se ha convertido en una costosa mercancía, ofrecida tanto por las universidades estatales como por las privadas. Eso no siempre ha sido así, sino que ha sido resultado del neoliberalismo educativo, que fue impulsado primero en el Estado de California por su gobernador, Ronald Reagan, durante el período 1967-1975, y que después se extendería a todo el país.

El coronavirus ha sacado a relucir las peores lacras del capitalismo, revelando el carácter destructor de la forma mercancía, que se ha impuesto brutalmente en todos los ámbitos de la sociedad. La forma mercancía domina la vida cotidiana de buena parte del mundo, pero es la reina indiscutible en los Estados Unidos, y por esa razón en ese país se hacen más ostensibles sus contradicciones en esta época de pandemia. No es que se hayan originado por el Covid-19, simplemente el virus ha sido el detonante que ha hecho explotar el espejismo del “sueño americano”. Esto se nota en el trabajo, la salud, la recreación, la vivienda, la educación.

En este articulo nos vamos a referir a la mercantilización de la educación, a partir de una noticia en dos momentos: la decisión del gobierno de Donald Trump de expulsar de Estados Unidos a los estudiantes universitarios del resto del mundo que solo estuvieran recibiendo clases on line y la reacción de Estados federales y universidades que se opusieron a dicha disposición. Sobre esta reacción quedaba cierta sensación de que el rechazo a la medida inicial de Trump, que finalmente fue revocada, se debía a la defensa de la democracia y al derecho de extranjeros de estudiar en los Estados Unidos, pero si se mira con detenimiento la conducta de las universidades nos remite a la venta de la mercancía educativa y las fabulosas ganancias que genera para los mercachifles de la universidad.

EDUCACIÓN UNIVERSITARIA: UNA COSTOSA MERCANCÍA

En Estados Unidos, la educación universitaria se ha convertido en una costosa mercancía, ofrecida tanto por las universidades estatales como por las privadas. Eso no siempre ha sido así, sino que ha sido resultado del neoliberalismo educativo, que fue impulsado primero en el Estado de California por su gobernador, Ronald Reagan, durante el período 1967-1975, y que después se extendería a todo el país, cuando ese mismo actor de quinta categoría alcanzó la presidencia de los Estados Unidos (1981-1989). Reagan, un individuo atrabiliario e ignorante, llegó a decir, para justificar la privatización de las universidades, que los contribuyentes no debían “subvencionar la curiosidad intelectual” y eso lo debían financiar las propias universidades. Ese proyecto implicó la reducción en las transferencias estatales a las universidades, que se fue agravando con el paso del tiempo. Así, entre 1987 y 2012, la financiación pública de las universidades disminuyó en un 30% y en el 2019 en Alaska, para dar un ejemplo, la reducción de presupuesto alcanzó los 135 millones de dólares.

Las universidades recurrieron como vía alterna de financiación al aumento de matrículas, las que se dispararon a niveles estratosféricos hasta convertir a la educación universitaria de los Estados Unidos en la más costosa del mundo. Hasta tal punto esos ingresos son importantes, que el presupuesto de las universidades públicas depende en un 25% de las matrículas y de las privadas en un 35%. Estas cifras adquieren sentido si se compara con lo que sucede en algunos países europeos, donde o las matrículas son gratuitas, como Alemania, o muy bajas, como en Francia.

Como resultado, las matrículas se han elevado en las universidades de Estados Unidos en un 260% entre 1980 y 2014. En concreto, estudiar en una universidad de los Estados Unidos cuesta hasta unos 70 mil dólares por año. Como a ese costo solo puede acceder una ínfima minoría de Estados Unidos y del resto del mundo, el sistema interno que se ha desarrollado es el de los préstamos, que en el 2013 constituirán el 50% del total de presupuesto de las universidades (cuyo monto era de 75 mil millones de dólares). Esto ha dado origen a los endeudados educativos, esclavizados con el sistema financiero que está detrás de las universidades, y al cual las familias de los estudiantes debían, en 2019, 1.5 billones de dólares por préstamos para estudiar.

Otra forma de financiación de las universidades se basa en la firma de convenios con entidades privadas, como con canales de televisión, y ventas de cursos de verano y conferencias, arrendamiento de campos deportivos…. Un buen rubro de ingreso de las universidades son los estudiantes extranjeros, puesto que en Estados Unidos están matriculados más de un millón, la mitad de los cuales proceden de China e India. En el año escolar 2016-2017, estos alumnos extranjeros desembolsaron por matriculas 37 mil millones de dólares.

Este sistema de financiación de la universidad ya estaba en crisis antes de la emergencia del coronavirus, como se muestra con la insolvencia de muchas universidades y la quiebra de alguna de ellas. En 2019, estaban en situación de insolvencia 946 universidades, 60 de las cuales quebraron.

EL IMPACTO DEL COVID-19 EN LAS UNIVERSIDADES

El Covid-19 ha agravado una situación ya existente y ha mostrado las limitaciones de la mercantilización educativa. El impacto del cierre de los campus universitarios se ha sentido de inmediato en ese sistema universitario mercantil, que dejara de recibir ingresos por las ventas de verano, así como por la deserción de estudiantes estadounidenses, que puede llegar al 15%, lo que significa una reducción de ingresos de 23 mil millones de dólares en el próximo año académico. A eso se suma que muchos de los estudiantes están inconformes con la educación on line, debido a que ello supone dejar de responder por otros compromisos de las universidades, como vivienda y alimentación, que les siguen cobrando a los estudiantes. Muchos estudiantes ya han demando a las universidades para que cumpla con los contratos a que se comprometen y por los cuales cobra mucho dinero. A esto se le deben sumar los 32 mil millones de dólares y los 300 mil empleos que se perderían si los estudiantes extranjeros no se matriculan para el próximo año escolar.

En este contexto de crisis financiera agravada de las universidades, que se calcula en unos 47 mil millones de dólares, la decisión de Donald Trump sobre expulsar a los estudiantes extranjeros no podía llegar en peor momento. Aunque se hayan hecho declaraciones como la de la senadora Elizabeth Warren, quien señaló que “expulsar a los estudiantes internacionales en medio de una pandemia global” es “un sinsentido, cruel y xenófobo” o la del profesor Stephen Walt de la Universidad de Harvard quien ha dicho: “asumo que Trump y Miller (Stephen Miller, su asesor en inmigración) están encantados con que los estudiantes acaben en la Universidad de Tsinghua (China)” o la del gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy, quien sostuvo: “no podemos ser un líder mundial si le cerramos la puerta al futuro a los estudiantes”. Esas son declaraciones demagógicas, que esconden el problema real que originó el grito de protesta de los dueños de las universidades y de gobernadores estatales, así como de políticos ligados al lobby educativo: la pérdida de ingresos por no recibir el costo de la matricula y otros gastos de un millón de estudiantes extranjeros. Aquí el patriotismo barato de Trump se estrella con los fabulosos ingresos que llenan las faltriqueras de las universidades mercantiles, para las cuales su única patria es el dólar. El resto es cháchara barata.

Por Renán Vega Cantor | 26/08/2020

Publicado enSociedad
Lunes, 24 Agosto 2020 05:44

Hipótesis Revolución

Voluntarios de las YPG en los primeros meses de la revolución de Rojava GUILLEM VALLE

ROJAVA

Una reflexión desde el Norte de Síria con algunas ideas para acercarnos al proceso revolucionario en Kurdistán, con la mirada puesta en el nuevo ciclo histórico que se abre ante nuestro ojos.

 

“La historia no concede ni promete la victoria a ningún movimiento.

Conseguiréis la victoria arrancándola con vuestras uñas, o no lo conseguiréis.

Pero en cualquier caso, esto no pasará sin dejar atrás una tremenda experiencia”

Hikmet Acun

Como internacionalistas llegamos a Rojava con la pregunta: ¿qué es una revolución? Quisimos ante todo estudiar el proceso revolucionario y esto implicó esforzarnos por formar parte de su dinámica, entrar dentro de su desarrollo vivo y arriesgarnos a salir de nuestra posición de exterioridad.

Es inútil tratar de aproximarse a éste o cualquier otro proceso revolucionario desde una actitud contemplativa, a través de unas categorías estáticas y normativas, utilizando la vara de medir de estas categorías que supuestamente revelan lo que es o no es una revolución y cuánta coherencia tiene. Por contra, tratamos de entender la revolución en su movimiento complejo, como un conjunto de fuerzas que luchan constantemente por crear nuevas posibilidades, superando los límites y contradicciones que le imponen las condiciones concretas de cada momento.

Este texto no contiene un análisis profundo y exhaustivo de la filosofía y la práctica que caracterizan esta revolución, sino sólo unos apuntes para acercarnos a ella con la mirada puesta en el nuevo ciclo histórico que se abre ante nuestro ojos. Un ciclo que, de formas diversas, ya se está expresando en convulsiones muy intensas en puntos distintos de los cinco continentes y que obligarán al bando revolucionario a tener la audacia y la inteligencia de intervenir en terrenos de lucha que no ha escogido, en condiciones que no desea, para construir una salida emancipatoria.

Sirvan estas breves notas para alimentar el debate entre aquellos que frente el colapso no se han rendido al posibilismo ni al nihilismo hegemónicos, aquellos que insisten en la alternativa socialista y en transformar la actual crisis capitalista en crisis revolucionaria.

  1. CONTINGENCIA.

La revolución de Rojava no estaba en los planes de nadie, no fue el fruto esperado de un proceso político preconcebido. Como en tantos otros momentos a lo largo de la Historia, la revolución sorprendió en primer lugar a los revolucionarios.

En el imaginario del movimiento de liberación kurdo, Rojava era la última de las cuatro partes del Kurdistán que sería liberada. El análisis de las condiciones de Oriente Medio y de las propias fuerzas había dado siempre primacía a la parte bajo dominio turco respecto a esta pequeña franja del Norte de Síria, donde las capacidades organizativas del movimiento estaban menos desarrolladas, el marco económico y político menos propicio para avanzar posiciones, la geografía mas difícil para el crecimiento de la guerrilla y en la que la posición de retaguardia que el propio movimiento había asignado a este territorio contradecía la hipótesis de un salto revolucionario.

Desde el punto de vista del movimiento kurdo, el ciclo abierto por la crisis global de 2008 bien podría haber abierto esta brecha en Turquía, donde la oleada internacional de movimientos contestatarios que se dio por llamar “Primavera Árabe” se expresó en las revueltas de Gezi1. Pero lo cierto es que lo hizo en Siria, obligando a las fuerzas revolucionarias a capturar la novedad y complejidad de una situación inédita e imprevista, y a desarrollar rápidamente una nueva orientación estratégica para la guerra desencadenada desde el 2011.2.

  1. PREPARACIÓN.

La irrupción del caos reconfiguró radicalmente el tablero político del país y múltiples actores, de muy diverso tipo, se lanzaron a la lucha cada cual con sus objetivos y apuestas particulares. La posibilidad de aprovechar el vacío de poder abierto por el inicio de la guerra la dio el hecho de que el movimiento kurdo poseía ya un grado de preparación suficiente. En este contexto el movimiento de liberación kurdo no partía de cero sino que poseía una base sólida fruto del trabajo de décadas.

Más allá de ocuparse de las problemas y las luchas cotidianas del pueblo, el movimiento emprendió la tarea de acometer una verdadera reforma moral e intelectual en medio de una crisis existencial colectiva

Durante todos esos años evitó el caer en dinámicas movimentistas, electoralistas o cortoplacistas, no jugó a zigzaguear entre las opiniones hegemónicas para lograr un rápido avance electoral, no confundió las instituciones del Estado con el poder, ni cayó en una estrategia vanguardista que confiase la victoria a una derrota del Estado en el terreno militar. Por contra, tuvo la paciencia y la perspectiva histórica de concentrarse en desarrollar un marco ideológico fuerte, en estudiar y sintetizar las experiencias de lucha precedentes para actualizar su línea política, en formar poco a poco un cuerpo de cuadros capaces, decididos, y disciplinados y en asegurarse unas bases territoriales bien enraizadas tanto en el terreno como en el ámbito social. Durante todo este tiempo también incrementó su potencial militar para evitar ser borrado del mapa a la primera de cambio y elaboró un vinculo estrecho con el pueblo, hasta el punto de que no fuese posible diferenciar dónde acaba uno y dónde empieza el otro.

El hecho de que el movimiento uniese todas estas características en una fuerza organizada le permitió articularse junto con el levantamiento espontáneo de la población y tomar rápidamente la iniciativa, impidiendo que éste vacío de poder fuese ocupado por otras facciones, como sí que ha ocurrido en otros lugares donde las organizaciones kurdas no estaban presentes o no tenían la fuerza necesaria. Así se formó la unidad entre los dos tempos de la revolución: el tiempo del crecimiento lento y paciente, y el tiempo del levantamiento, del momento decisivo, de “la fracción de segundo en la que todo parece posible”

  1. IRRUPCIÓN DEL PUEBLO.

Cuando el statu quo en Siria entro en una crisis irreversible, los círculos kurdos no encararon la crisis con una mera lista de demandas, sino con propuestas claras y desarrolladas que mostraban el horizonte de todo un nuevo orden. Bajo el liderazgo político del movimiento, se había formado una voluntad colectiva construida sobre una cosmovisión propia y expresada en un proyecto integral capaz de guiar la construcción de una alternativa. Se suele decir que el movimiento de liberación revivió al pueblo kurdo y que Abdullah Öcalan hizo posible que se pudiera volver a llamar “Kurdistan” por su nombre, como palabra que nombra una realidad, como concepto, como existencia. Este dicho expresa que el pueblo construyó el movimiento tanto como el movimiento construyó al pueblo.

Desde su fundación a finales de los años 70, el Partido de los Trabajadores de Kurdistán fue ganándose poco a poco el prestigio y el apoyo de la gente, defendiendo al campesinado de los abusos de los terratenientes (kurdos), colocándose en primera línea en las luchas de las fábrica y de los estudiantes, se fue haciendo fuerte en los barrios populares de las metrópolis, respondiendo a los desmanes del Ejército y la policía en las zonas rurales y organizando en Europa a la diáspora que huía de la miseria y la guerra.

Pero más allá de ocuparse de las problemas y las luchas cotidianas del pueblo, el movimiento emprendió la tarea de acometer una verdadera reforma moral e intelectual en medio de una crisis existencial colectiva: identificó la situación de genocidio físico y cultural y transmitió una nueva concepción de lo que significaba ser kurdo, de qué era la libertad, del rol que tenía y cuál debía tener la mujer en la sociedad, de lo que podía llegar a ser un pueblo libre que se organizase como una sociedad basada en una ética comunal y socialista, una sociedad liderada por mujeres libres.

Cada rincón de la geografía kurda se empapó con la narración de una transformación del ser humano y del sentido que tenía este nuevo ser humano: el de un pueblo guerrero que podía luchar para cambiar la Historia. En el mismo proceso de la lucha, y no sin hacer enormes sacrificios, se fue formando una nueva idea de la nación kurda. Esta idea de nación unía fragmentos socialesanteriormente dispersos, disolvía antagonismos sectarios, religiosos y tribales, y poco a poco fue materializándose en una densa red de vínculos e instituciones populares que prefiguraban una alternativa.

El proceso revolucionario de Rojava no se dio en el vacío, sino dentro de una dinámica extremadamente caótica, impredecible y permanentemente cambiante, obligando al movimiento a traducir su paradigma ideológico y su proyecto político en un repertorio absolutamente flexible de estrategias y tácticas

En definitiva, el pueblo kurdo se había constituido a lo largo de los años como una voluntad colectiva, para la cual el momento insurreccional de julio del 2012 en el Norte de Siria no fue el principio. No lo encaró con la forma de un movimiento difuso, sino con el esbozo de un nuevo orden social potencialmente capaz de sustituir al anterior, con lo cual fue posible dar el salto de un contexto de práctica clandestinidad a uno de autogobierno. Estaba en las condiciones necesarias para oponer una alternativa integral que diese seguridad, orden, sentido y esperanza a su gente en medio del caos y la incertidumbre.

Este momento, sin embargo, supuso un punto de inflexión, pues brindó la oportunidad de lleva mucho más lejos que nunca antes el desarrollo de su cosmovisión y alternativa propias. El movimiento descubriría entonces algo que a los internacionales se nos ha repetido a menudo, y es que empezar una revolución es difícil, pero mucho más difícil es continuarla.

  1. FLEXIBILIDAD ESTRATÉGICA Y TÁCTICA.

Pese al grado de preparación del movimiento, la revolución de Rojava no siguió al pie de la letra la hoja de ruta prevista en el modelo teórico. De forma extremadamente esquemática, podemos decir que esta hoja de ruta se basa en la construcción de abajo hacia arriba de instituciones populares y espacios de auto-organización; construcción que paulatinamente llega a un grado de desarrollo tal que la sociedad autogobernada está en calidad de declarar su Autonomía Democrática y de defenderla de la injerencia del Estado.

En el caso de la revolución de Rojava, cuyo tiempo “prematuro” rompió con la linealidad del plan, en la práctica este proceso se dio de forma desigual, en muchas ocasiones a la inversa de lo pensado. El movimiento tuvo que tomar el control de territorios donde el nivel material y cultural de autoorganización social era todavía muy débil, de modo que se lanzó a construir estas instituciones populares “desde arriba”, desde el cuerpo recién creado de la Administración Autónoma Democrática. Por el mismo motivo, y por el hecho de encontrarse en medio de una guerra de rapiña interimperialista que exigía un cierto grado de organización centralista, jerárquica y disciplinada, hasta el momento tampoco pudo superar enteramente la forma Estado ni llevar muy lejos un proceso socialista de transformación de las relaciones de producción, sino que paulativamente trató de articular las condiciones que impone la lógica militar junto con la lógica política de la democratización y la primacía del protagonismo de las masas en todos los asuntos comunes.

En efecto, el proceso revolucionario de Rojava no se dio en el vacío, sino dentro de una dinámica extremadamente caótica, impredecible y permanentemente cambiante, donde las diferentes fuerzas imperialistas y potencias regionales luchan encarnizadamente en múltiples planos (militar, político, económico, diplomático, social), obligando al movimiento a traducir su paradigma ideológico y su proyecto político en un repertorio absolutamente flexible de estrategias y tácticas en todos estos aspectos. Para garantizar la supervivencia del proceso revolucionario, se vio forzado a luchar en todos estos planos a la vez, pues en todos ellos sus enemigos trataban de aniquilar la revolución de un modo u otro y frente a lo cual solo la articulación de una estrategia coherente, que enlazase todos estos frentes de lucha basándose en una lectura precisa de la correlación de fuerzas existente, podría permitir mantenerse o avanzar en sus posiciones sin ser destruido.

Para poder desarrollar su proyecto político sin ser aniquilado en la guerra, tuvo que establecer una política de alianzas adecuada; para poder establecer estas relaciones en el plano diplomático tuvo que ser lo bastante fuerte en el plano militar; para ser fuerte en el plano militar, necesitaba serlo también a nivel social, pues si el pueblo hubiese carecido de la perspectiva de un proceso de emancipación y justicia social; si el pueblo no se hubiese unido entorno a un proyecto común y no se hubiese identificado con el movimiento que lidera el proceso revolucionario, no hubiese tenido la motivación para luchar y pasar por los sacrificios y sufrimientos indecibles por los que ha tenido que pasar en todos estos años…

Nada hace pensar que este período dará necesariamente paso al fin del capitalismo y al desarrollo de una alternativa. Sin embargo, es plausible pensar que este tiempo reabrirá de nuevo brechas históricas que quedaran abiertas a la disputa entre múltiples actores, intereses e hipótesis, entre ellas la revolucionaria.

Acaso el ejemplo mas llamativo del carácter extremadamente contradictorio y complejo de este proceso sea la alianza militar con los EE.UU., ya que por un lado la apuesta del imperialismo estadounidense no es la de apoyar al movimiento de liberación kurdo, sino fragmentarlo y desvincularlo de su liderazgo ideológico para corromper la revolución forzando un protectorado como el establecido en el norte de Irak. Por otro lado, el movimiento kurdo sabe por experiencia propia que tiene en los EE.UU.-OTAN su más mortal enemigo y, sin embargo, en la coyuntura concreta de la revolución en el Norte de Siria se vio sumida de lleno en la encrucijada. O bien rechazaba su apoyo militar y se resignaba a la aniquilación, o bien establecía una alianza táctica provisional -e inestable- que le permitiese seguir en el tablero con la perspectiva de abrir nuevas posibilidades de lucha y otras correlaciones de fuerza en el futuro.

Esta flexibilidad estrategia-táctica no sería posible sin un marco y unos objetivos ideológicos y políticos claros y fuertes, así como una dinámica constante de crítica y autocrítica desde la base hasta el liderazgo, que evalúe errores y aciertos y que contrarreste las tendencias al oportunismo o a la burocratización.

  1. INTERNACIONALISMO.

La perspectiva internacionalista del movimiento de liberación kurdo es en primer lugar de carácter ideológico. En tanto que continuadora de la tradición socialista rechaza toda desviación chovinista y defiende con ello una concepción democrática de la liberación nacional a partir de una profunda crítica del Estado-nación moderno. Abdullah Öcalan elaboró un proyecto político con vocación universal, bajo la forma de unos principios y estrategias generales que vinculándose con lo particular de cada caso pudiesen servir como una guía en la búsqueda de libertad de las mujeres, las clases populares y las naciones oprimidas de todo el mundo.

En segundo lugar, para el movimiento kurdo el internacionalismo tiene un carácter estratégico. El proceso revolucionario en el Kurdistán no puede sobrevivir indefinidamente rodeado de enemigos. A diferencia de las luchas de descolonización y liberación nacional de otras épocas, no tuvo un campo socialista en el que apoyarse, ni tampoco una Internacional de organizaciones revolucionarias con capacidad de incidencia en sus respectivos países, ni siquiera las oledas de solidaridad internacional que antaño despertaron luchas heroicas como las que libraron los pueblos de América Latina, Argelia, Vietnam, Palestina, etc.

El movimiento de liberación kurdo asumió como propia, en lo referente al internacionalismo, la tarea histórica de nuestro tiempo, a saber: el trabajo de vincular luchas dispersas alrededor del mundo, de articular una fuerza capaz de hacer frente al sistema capitalista global y a las fuerzas imperialistas que pretenden ahogar el proceso revolucionario, tanto en Oriente Medio como en cualquier lugar donde los pueblos se atrevan a poner en cuestión su hegemonía. Es por esto que desde el primer momento la revolución de Rojava tuvo un carácter internacional, y que el movimiento puso enormes esfuerzos en proyectar la lucha internacionalmente, debilitando las estrategias de aislamiento y fragmentación alentadas por sus enemigos.

Actualmente, bajo el signo de una crisis estructural que viene de lejos y que no deja de acelerarse, el mundo sigue adentrándose más y más en un período de incertidumbre y caos. Nada hace pensar que este período dará necesariamente paso al fin del capitalismo y al desarrollo de una alternativa. Sin embargo, es plausible pensar que este tiempo reabrirá de nuevo brechas históricas que quedaran abiertas a la disputa entre múltiples actores, intereses e hipótesis, entre ellas la revolucionaria.

Es nuestro deber prepararnos en consecuencia, estudiando los procesos que han tenido y tienen lugar alrededor del mundo, analizando los errores y aciertos de nuestra tradición histórica y dinamizando la síntesis de las diversas experiencias y perspectivas para constituir pacientemente una fuerza popular capaz de tomar la iniciativa y lanzarse a la lucha hasta el límite de sus posibilidades.

 

¡BUEN CAMINO!

23 AGO 2020 22:00

Notas

  1. Revuelta social ocurrida en 2013 en la República de Turquía, cuando la brutal represión de una protesta ecologista que pretendía detener la destrucción del parque de Taksim Gezi para construir un centro comercial desató disturbios continuados en varias ciudades del país.
  2. De Kurdistán a Chiapas. Una Internacional de la Esperanza. Michael Panser https://komun-academy.com/2019/12/26/from-kurdistan-to-chiapas-an-international-of
Publicado enPolítica
 Personas pasean en Colonia, Alemania, el 22 de abril de 2020.Thilo Schmuelgen / Reuters

El estudio tiene como objetivo evaluar los cambios en los patrones de conducta de los participantes.

 

Alemania llevará a cabo un experimento con la renta básica universal, proporcionando dinero a un pequeño grupo de ciudadanos para determinar cómo estos pagos regulares sin condiciones afectan su modo de vivir, y evaluar los beneficios potenciales de expandir esa práctica.

Se otorgarán 1.200 euros (1.420 dólares) al mes a cada una de 120 personas en el marco del estudio piloto destinado a fijar cambios en los patrones laborales y de ocio de los participantes.

Experimentos semejantes han sido realizados en otras partes del mundo, y la idea ha recibido especial atención como método de apoyo a las personas durante la pandemia de coronavirus y los inconvenientes económicos vinculados.

Los partidarios de la idea creen que la asistencia económica regular ayudará a lidiar con la pobreza, flexibilizará las prácticas laborales y permitirá a algunos ciudadanos pasar más tiempo cuidando de sus familiares de edad mayor.

"Quienes se oponen aseguran que el ingreso básico universal llevará a que la gente deje de trabajar para quedarse acostada en el sofá con comida rápida y servicios de 'streaming'", afirmó a Der Spiegel el investigador Jurgen Schupp, quien lidera el proyecto en el Instituto Alemán de Investigación Económica.

Según él, se puede mejorar esta debate reemplazando los estereotipos con un conocimiento probado empíricamente.

A los 120 participantes los estudiarán frente a un grupo de control de 1.380 personas que no recibirán la renta básica.

Los investigadores esperan atraer a un millón de solicitantes para el próximo mes de noviembre. De ellos se seleccionará a 1.500 personas requeridas para el experimento de tres años de duración, financiado por donantes privados.

El mes pasado la ONU propuso la idea de lanzar una renta básica universal para un tercio de la población mundial, es decir, 2.700 millones de personas que viven bajo el umbral de la pobreza en 132 países, con el objetivo de afrontar la crisis económica por la pandemia.

20 ago 2020 08:39 GMT

Publicado enInternacional
Imagen: EFE 

Entrevista con la socióloga franco israelí especializada en  capitalismo subjetivo

 "El virus, en apenas tres meses, nos condujo a adoptar procesos que hubiesen necesitado 15 años." 

Ese pacto nunca había sido tan evidente como hoy, tanto más cuanto que de su eficacia depende la supervivencia de un sistema liberal que abusa del Estado tanto como lo cuestiona.

 

 Nadie había pensado en esta modernidad hasta qué punto el contrato que nos liga con el Estado y el que liga al Estado con la economía liberal está basado en la salud. Sólo en el Siglo XX el filósofo francés Michel Foucault teorizó la forma en que, a partir del Siglo XVIII, “la vida se convirtió en un objeto de poder”. Y la vida es la salud. Ese “pacto sanitario” que desarrolla en esta entrevista la pensadora franco israelí Eva Illouz nunca había sido tan evidente como hoy, tanto más cuanto que de su eficacia depende la supervivencia de un sistema liberal que abusa del Estado tanto como lo cuestiona. Illouz es la socióloga y pensadora que más ha reflexionado y escrito sobre capitalismo visto desde el ángulo de la subjetividad, es decir, desde el punto de vista del amor y sus (nuestras) relaciones con el sistema liberal. Sus ensayos son el testimonio de un pensamiento basado en la idea de que la modernidad puede ser comprendida a través del amor. No se trata tanto en su obra del amor propiamente “sentimental”, sino, más bien, de la manera en que el capitalismo trastornó los códigos emocionales y la estrategia con la cual la llamada economía moral de las relaciones sociales instituye intercambios económicos a través de las emociones (Capitalismo, consumo y autenticidad, Katz Editores, Argentina, 2019). Sus libros anteriores o posteriores han explorado con una originalidad incuestionable toda la esfera de esa relación contaminante entre amor y capitalismo: Intimidades congeladas (Katz Editores, 2007), El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo (Katz Editores, 2009), La salvación del alma moderna. Terapia, emociones y la cultura de la autoayuda (Katz Editores, 2010), Erotismo de autoayuda. Cincuenta sombras de Grey y el nuevo orden romántico (Katz Editores, 2014), Por qué duele el amor. Una explicación sociológica (Katz, 2012), Futuro del Alma. La creación de estándares emocionales (Katz y Six Barral, 2014), Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas, junto a Edgar Cabanas (Paidós, 2019). Su último libro en francés, La Fin de l'amour. Enquête sur un désarroi contemporain (El final del amor. Investigación sobre el desorden contemporáneo) se sumerge en las formas más modernas de las relaciones amorosas atravesadas por la libertad de no comprometerse. Ha sido, por paradoja, una de las etapas más dolorosas de la pandemia: para proteger al otro tuvimos amor sin compromiso, es decir, sin presencia.

La pertinencia de su pensamiento se despliega en esta entrevista cuyo hilo conductor es el Estado y su nuevo protagonismo total, la hipocresía y el desenmascaramiento del liberalismo, el amor y la centralidad del pacto sanitario con los ciudadanos. El debate entre un Estado que confina, una ciudadanía que obedece y sectores que lo impugnan ha circulado en todas partes del mundo. Jamás con la grosería, la mentira y la violencia aciaga con que la derecha cavernícola lo hizo en la Argentina. Sin embargo, Eva Illouz señala que ha sido, en el mundo, la socialdemocracia la que mejor ha asumido la gestión de la pandemia.

---De pronto, con la pandemia, en un abrir y cerrar de ojos, la relación entre el Estado y la sociedad se transformó: el discurso liberal de la libertad, de la incitación a la autonomía, a realizarse como un individuo emancipado, quedó neutralizado por la reentronización del Estado. No somos más responsables de nuestro destino. El Estado asumió todas las prerrogativas y se convirtió en el rey en contra del discurso liberal de la emancipación.

---El Estado siempre ha actuado en el telón de fondo de nuestra vida, pero nunca antes habíamos sido testigos de la potencia fenomenal del Estado como ahora, ni de la uniformidad con la cual obedecimos a las órdenes del Estado. Hubo, sin embargo, excepciones muy asombrosas. Pienso por ejemplo en los Estados Unidos, donde la concepción del Estado es muy diferente. Al Estado fuerte lo vimos sea en las democracias sociales, Europa entre otros, sea en los Estados autoritarios. Pero el Estado federal estadounidense fracasó. Hay algo paradójico en esta situación si observamos también lo que ocurrió en Alemania. Fueron más las personas de la extrema derecha las que desobedecieron al Estado que las de la extrema izquierda. De alguna forma hemos sido prisioneros del Estado. Sin embargo, también hemos comprendido que el contrato que nos liga al Estado es un contrato sanitario. El Estado tiene todos los poderes mientras asume la defensa de nuestra seguridad, a la vez militar y sanitaria. Es la primera vez que, por razones sanitarias y no militares, el Estado tiene tantos poderes. Lo ha hecho antes, pero por razones militares y, en el caso de las dictaduras, por causas políticas. Se privó al individuo de sus derechos. Nunca antes había ocurrido debido a razones sanitarias y menos aún a escala planetaria. Cuando hay que elegir entre la seguridad, la supervivencia y la libertad, los ciudadanos siempre elegirán la seguridad. En el contrato social de la teoría liberal siempre se prefiere la seguridad a la libertad. La seguridad será siempre más fuerte que la libertad. El Estado actuó allí.

---Se dio también en el mundo una suerte de convergencia entre los Estados ante la pandemia.

---Hubo una homogeneidad en la gestión de la crisis y fue China quien dio el ejemplo, quien mostró el camino sobre la forma de administrar la crisis. Con algunas excepciones, todos los Estados imitaron a China y terminaron imitándose entre ellos. La uniformización de la gestión de la pandemia fue también algo nuevo.

---¿ Usted cree que el Estado restauró su pertinencia ente un neoliberalismo que siempre buscó retirarle poderes ?. Las crisis mundiales han probado el papel preponderante del Estado: la crisis de 1919, la crisis petrolera de los años 70, la bancaria de 2008 y, ahora, en 2020, la pandemia. El Estado fue, cada vez, el bombero del sistema.

---El capitalismo fue periódicamente salvado por los Estados. Creo que el neoliberalismo siempre tuvo una relación ambigua con el Estado. El neoliberalismo le impone al Estado la lógica del capitalismo y, al mismo tiempo, lo utiliza porque necesita del Estado. El mercado no puede sobrevivir sin el Estado. Las ganancias del sistema capitalista neoliberal son posibles porque el Estado instala estructuras que benefician al capitalismo. El Estado construye las infraestructuras, los trenes, las rutas, los aeropuertos o la electricidad. El Estado también asume la educación. Sin todo esto las compañías no existirían. El Estado se encarga de la capacitación, de la educación. Lo más irónico de todo esto es que el Estado también financia la salud, sin la cual, igualmente, las compañías no sobrevirían. Hay una enorme mala fe en esta situación porque, sin el Estado, el capitalismo no podría existir. Todo lo que el Estado financia y administra es esencial para el mantenimiento de la mano de obra. Un Estado social fuerte es casi necesario para el capitalismo. Pero esta necesidad se ve a menudo negada por los neoliberales. La crisis del Covid-19 fue la prueba flagrante e insoslayable de que el capitalismo necesita de un sistema de salud muy fuerte. En cuanto ese sistema de salud tambaleó, todo se detuvo. De alguna manera esto fue como la hipótesis escondida de todo el sistema.

---Justamente, una de las dimensiones escondidas de esta tragedia radica en que la salud es una de las variables esenciales de la gobernabilidad. En una escala social amplísima no se había visto que la salud era un regulador de todo.

---El Estado moderno está ligado a sus ciudadanos mediante un pacto sanitario. Esto es muy interesante porque, por ejemplo, en Estados Unidos quedó demostrado que sin ese pacto nada funcionaba. Las grandes manifestaciones de Black Lives Matter se desencadenaron por la horrible muerte de Georges Floyd, pero también porque entre las poblaciones negras y latinas se produjeron dos veces más muertes por el Covid que entre los blancos. Nada de esto habría ocurrido si las poblaciones negras hubiesen sido atendidas por el sistema sanitario. Muy ampliamente, esta población estaba enferma y sin atención médica. Estados Unidos nos muestra que sin ese pacto sanitario no es posible gestionar a los ciudadanos. Alemania, por ejemplo, fue el ejemplo más elocuente de una socialdemocracia y de la manera en que el Estado respetaba el pacto sanitario que lo liga a sus ciudadanos

---Se ha dicho en casi todas partes que lo más arcaico, es decir, un virus, vino a demoler la híper modernidad tecnológica. Sin embargo, con un enfoque más sutil, usted sugiere otra interpretación.

---Fue exactamente al revés. No creo que el virus haya provocado un cortocircuito en la modernidad sino, más bien, pienso que nos propulsó hacia adelante. El mundo distópico que nos aguarda es el mundo donde todo se hace en casa: trabajamos en casa, hacemos compras desde casa, nos ponemos en relación con los otros desde casa, buscamos relaciones sexuales desde casa. Es un mundo donde las grandes empresas tecnológicas que lo controlan y desarrollan la tecnología nos permiten navegar en el mundo a partir de nuestra casa. El virus, en apenas tres meses, nos condujo a adoptar procesos que hubiesen necesitado 15 años.

---La expansión de los tapabocas, de las máscaras, como un antídoto contra la propagación del virus es otro episodio globalizado y simbólico. Usamos todos máscaras al mismo tiempo que, como usted lo ha afirmado, la crisis sanitaria desenmascaró la impostura del liberalismo.

---La impostura consistió en decir que el mercado puede autorregularse y que el mercado es el mecanismo más poderoso y, por consiguiente, que es él quien puede regular la vida social. Está también esa idea darwiniana según lo cual todo aquello que sobrevive, que funciona, está muy bien, y que todo lo que es ineficiente desaparecerá. Pero, como lo hemos visto con la salud, el sistema sanitario no es un sistema capaz de funcionar con lógicas de rentabilidad. La impostura consistió también en difundir la ilusión de que lo primero es el mercado y que el Estado es algo viejo, desactualizado, que su forma de reflexionar en el bien común no es eficaz y que su lógica lleva a gastar mucho sin necesidad. Hemos visto ahora que sin un sistema de salud fuerte y sin un Estado que pueda a exigir de su población creer en sus expertos, la crisis de la pandemia no podía gestionarse. Para mí, esta crisis marca el triunfo del modelo socialdemócrata. Los países que mejor gestionaron la crisis fueron los países socialdemócratas. Estados Unidos, que no es una socialdemocracia, se equivocó por completo. Estados Unidos y Gran Bretaña, los dos países donde la ideología liberal es la más fuerte, son los países que peor gestionaron la crisis.

---Frente al futuro que se diseña usted puso de relieve la ética de la responsabilidad. ¿ Cómo se interpreta esa necesidad ?

---Los campos de la responsabilidad cambian ampliamente. Comparemos esto con la crisis del Sida. El Sida se transmitía por vía sexual o por transmisión sanguínea. Rápidamente se entendió que con un preservativo se llegaba a limitar considerablemente la difusión del Sida. El Covid-19 plantea nuevos interrogantes porque concierne a toda la sociabilidad, va mucho más allá de las relaciones sexuales. La pregunta “ ¿ que me debe usted, que le debo yo y cuáles son los términos de nuestro encuentro ? carece por ahora de guion. De allí se desprende esa lógica de la responsabilidad porque, en adelante, deberemos contar con los demás para que ellos no nos pongan en peligro. Nos vimos enfrentados al amor a través de la negatividad. Tuvimos que dejar solas a las personas que amábamos para protegerlas. Solemos pensar en la ética desde el punto de vista de la solidaridad, de la acción, de ser solidarios, tocar. Nos faltó imaginación para pensar en la responsabilidad en modo negativo, en un modo de distanciamiento y de ausencia de acción.

---Aquí entramos plenamente en su obra, particularmente en ese extraordinario libro, El Fin del amor. La pregunta es: ¿acaso esta crisis puede restaurar la creencia en el amor después del desencanto que usted describió tan bien en su ensayo ?

--Creo que la crisis es más difícil para las personas que están acostumbradas a tener varias relaciones al mismo tiempo. Pero lo que torna difícil la condición del amor es cierta forma de individualismo, el hecho de que la familia se volvió opresora, el hecho de que tenemos muchos discursos igualitarios, pero nada de igualdad en la pareja, el hecho de que el cambio, la realización de uno mismo es alentada y, por consiguiente, la gente cambia muy seguido de gustos y de puntos de referencia. Son todas fuerzas exteriores. ¿Una crisis como esta puede aportar una reflexión distinta sobre el amor… ? . Todo dependerá de lo que se ponga en tela de juicio globalmente. Mucha gente descubrió que para medirse a una crisis semejante lo mejor era estar en pareja, con una relación sólida. Ahora ¿ acaso eso es el amor ?. No sé. Tal ves sólo se trata de una relación de afectos, pero no realmente de amor. En China, los divorcios aumentaron luego de la crisis. La gente descubrió que, cuando estaban todo el tiempo juntos, era un infierno. La familia y la casa moderna, o sea, los departamentos pequeños, reposaban sobre la hipótesis según la cual los niños estaban afuera durante el día y que los hombres y las mujeres no se encontraban a lo largo de la jornada. Esta crisis forzó las familias a ingresar en un estado de implosión interior. La tendencia inversa también es posible.

---Usted teorizó por primera vez lo que llamó “el capitalismo sentimental” (también “capitalismo afectivo”). Es decir, esa esfera donde los seres humanos eran absorbidos para producir más. ¿Tiene ese sistema futuro luego de la pandemia ?

---No creo que tenga una incidencia. El capitalismo sentimental conduce a que las emociones sean manipuladas, utilizadas, sublimadas dentro de la esfera de trabajo capitalista para transformar al trabajador y al lugar del trabajo en una unidad donde se puede producir más. Lo que tal vez cambie es que el lugar de trabajo enfrentará más ansiedad o miedo. La pregunta es quien administrará todo este miedo y ansiedad, o sea, el no funcionamiento.

---El amor es, para usted, una forma de comprender la modernidad. ¿Cuál es la forma de nuestra modernidad en este momento-amor preciso ?

---Podemos hablar en primer lugar del individualismo afectivo. Es un elemento central en la historia del individuo. El individualismo es la afirmación de que el individuo tiene derechos nuevos contra los padres, las comunidades y el Estado. El amor desempeñó un papel central en esa afirmación moral del individualismo. Romeo y Julieta, por ejemplo. Luego, está la idea de la libertad, la idea de que el individuo tiene derechos inalienables. Esto se elaboró en la esfera política y después se proyectó en la esfera individual. Es la idea hegeliana de pensar en la familia y el matrimonio en función de los nuevos derechos y de un contrato que va a unir a dos individualidades libres. Todo el modelo moderno de las relaciones presupone la libertad de cada uno para entrar y salir. Es una idea predominante en el amor. En el catolicismo no se puede divorciar porque el matrimonio es una institución santa y, como tal, es más fuerte que la voluntad o el deseo de los individuos. Luego, el amor pone en juego toda la cuestión del deseo. Y el deseo se ha convertido en el motor central de la economía y de la cultura del consumo. Esta cultura legitimó el deseo. Se trata de un encuentro, de una convergencia histórica, entre el deseo del objeto y el deseo sexual y romántico. Desde luego, no se puede obviar la revolución sexual, que fue muy importante. ¡ Sexual !. Esta revolución concierne la vida privada, la sexualidad. La revolución sexual puso todo en tela de juicio y fue uno de los acontecimientos más importantes del Siglo XX que cambió la estructura. Sexualidad, deseo, la forma en que las mujeres van a comprenderse dentro de una relación ocuparon un lugar determinante. En el amor pueden leerse procesos económicos, morales, políticos, jurídicos y sociales.

---La tensión entre el deseo de libertad y los fantasmas de sumisión, entre la atracción y la irritación, la autonomía y la independencia. Con o sin pandemia, el amor es una dualidad difícil de conciliar.

---Sí, absolutamente. Me gusta la perce pción de Freud según la cual el amor es esencialmente ambivalente, está atravesado por una ambivalencia estructural. Durante el confinamiento, la famosa frase de Jean-Paul Sartre “el infierno es el otro” resultó muy pertinente. Creo, también, que es dentro del amor que la frase de Sartre se plasma; en esa presencia constante del otro, en esa intimidad permanente con él. El amor moderno se ha convertido en algo parecido: una suerte de veleidad de intimidad, de transparencia, de simbiosis y de fusión que hace que la proximidad del otro sea simultáneamente más imperiosa y más insoportable.

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Políticas de las emociones y autoritarismo en Colombia

I

La legitimación del poder y del autoritarismo por mandato y derecho casi divino, ha devenido en unos imaginarios condescendientes de aceptación, sumisión y obedienciaen el pueblo colombiano. Se justifica así su accionar, sus desbandadas de injusticia, de crueldad y asesinatos, hasta sus mediocridades y estupideces. Esto último no solo produce vergüenza y pena ajena en las mentes despiertas y atentas, sino miedo y estupor. Peor aún, se legitima y permea la idiocia del poder, sus peligrosas y banales acciones entre los ciudadanos, quienes asumen, con indiferencia e ignorancia, que dichas actuaciones son justas, equilibradas y hasta necesarias para mantener el orden y la disciplina social. La dictadura de la mediocridad se interioriza en cada uno como una dictadura de la aceptación.

En la Colombia de este siglo XXI, esta retórica casi decimonónica, ha elevado la figura del patriarca, del hacendado, del mafioso, del réprobo millonario, del audaz y astuto, a un ‘‘hacedor de la patria’’, el gran ´´creador benevolente de la nación´´, un pseudo artista que moldea las pasiones y necesidades de su pueblo. Poder y manejo de las emociones y pasiones de los sujetos que las elites dominantes desean crear, igual que lo hacíaJoseph Goebbels. Como tal, dialogan con la propuesta delMinistro para la Ilustración Públicay Propaganda de Hitler, quien el 11 de agosto de 1933 había escrito: ´´nosotros que damos forma a la política alemana moderna, nos sentimos como artistas a los cuales ha sido confiada la alta responsabilidad de formar, a partir de la masa bruta, la imagen sólida y plena del pueblo´´1

Las élites hegemónicas, en  tanto que se creen las gestoras y escultoras de la nación, elegidas por la providencia y los sacramentos, fusionan su accionar con la persecución al oponente, a través de un fundamentalismo religioso-político y un fanatismo persecutorio de todo lo diferente a su dogma. Moldear por mandato divino al pueblo según su ideología y que nadie se oponga a sus deseos, tal es la consigna en las élites colombianas actuales, quienes, más que una democracia participativa popular y un Estado de Derecho, han creado una Emocraciapolítica con base en las pasiones mediáticas y de un Estado de opinión pantallizado.

El concepto Emocraciaque aquí empleamos hace referencia a las sensibilidades políticas globales y nacionales actuales, donde se organizan las ideologías con base en la emoción pasional de los ciudadanos, una pasión ideológica, enajenada y obesa de certidumbres absolutas, lo cual desafía cualquier sensatez, cualquier alteridad, cualquier respeto a la diferencia.  “La pasión ideológica lo colma todo en el neoconservadurismo actual. Contrario al procedimiento razonable y democrático, que llega a la aceptación de acuerdos, De esto al fascismo no hay distancia alguna. Sus resultados son los dogmatismos, el terror, las persecuciones, las acusaciones y, por ende, paranoias y atrocidades. Por lo mismo, la emocracia pasional fomenta el salvajismo de los muchos a favor de los pocos. Ante la ley de la doctrina tiránica emocrática, se inclina una apasionada muchedumbre vehemente…”.2

Bajo estas condiciones, la situación política, cultural, económica en Colombia es desastrosa, con gran parte de su población mutilada ideológicamente y que manifiesta apenas meras opiniones e impresiones gestadas global y localmente, a través de lo cual justifican la actuación de sus victimarios. Estos, a la vez, se sienten justificados como guardianes de la tradición religiosa y moral, del orden, la  nacionalidad, la obediencia y el poder, por lo que, sin vergüenza y con rampante cinismo pronuncian sin descanso a unísono con Hitler: ´´quien quiere hacer la historia debe también poder hacer correr la sangre´´, blindando así, con esta tesis fascista, sus propuestas y apuestas de moldear y crear una Colombia con ´´seguridad democrática´´,          de mano fuerte para los disidentes, pero de corazón blando para los banqueros, terratenientes, militares, mafiosos y amigotes.

Así, volver creíbles y viables entre todos los colombianos sus antidemocráticas y violentas propuestas, son los mayores objetivos del actual gobierno; transformar sus dogmas en creencias, su manipulada historia en verdades, su sangre en aplausos, el aniquilamiento del adversario en costumbre y ejemplo a seguir.

II

De modo que, insistimos, la justificación del autoritarismo, del cinismo descarado y de sus procedimientos por un mandato religioso, que no secular ni cívico, se hace evidente en Colombia. A través de ello pareciera que el espíritu de la providencia se encarnara en el Demiurgo mayor de los dominantes y se procediera a potencializar sus injustas y sangrientas acciones en nombre de la salvación de la patria. Mesianismo visible e invisibilidad  ante los ciudadanos de sus verdaderos propósitos. Estas promesas justifican entonces las prácticas antidemocráticas pensadas y llevadas a cabo, sobre todo, dan vía libre a cualquier discurso en contra de los derechos humanos y a favor de los fanatismos, promovidos eufóricamente en todos los medios. Esto, en un proceso de repetición, ha hecho que gran parte de la ciudadanía no se identifique con la paz, sino con la guerra. Dicha perversa demagogia de repetición de unas mentiras y de un  ´´todo vale´´ sin prejuicio alguno fue la estrategia política que los múltiples fascismos mundiales  han utilizado. Las élites colombianas no cesan de propagar la idea de su necesaria presencia para ´´curar´´ las heridas de la Nación, semejándose a la imagen que se daba Hitler al considerarse el ´´médico del pueblo alemán´´. Para una sociedad paranoica, necrofílica y terapéutica como la nuestra, dicho discurso no puede ser más apropiado y ha permeado muy fácilmente.

La identificación entre este fanatismo político y religioso es patética. Todo su discurso se centra entonces no en un proceso reflexivo sobre el contenido, sino en un choque emotivo e impactante como lo es el odio, la culpa, la venganza, la rabia hacia el otro. Y de nuevo nos topamos con una frase de Hitler: ´´Ante todo, decía, es necesario desembarazarse de la idea de que las concepciones ideológicas podrían satisfacer a la multitud. El conocimiento es para la masa una base tambaleante, lo que es estable es el sentimiento, el odio…´´3.

En vez de reflexionar el drama nacional, con lucidez y conciencia histórica, lo que las élites dominantes proponen es construir enfurecidas pasiones contra el inventado enemigo; incitar a odios, violencias, cizañas, desgarraduras a través de la sugestión y de la mentira. Una ‘’emoteca’’ visceral política de unos muchos contra unos pocos que piensan diferente, descartando toda alteridad. De esta manera, los gendarmes y propietarios del poder dan a pensar que son la encarnación de la verdad y son los llamados a la redención de la patria, formando un corpus político, religioso. Por consiguiente, ellos tienen la potestad de limpiar el ambiente de críticos e indeseados enemigos, sin ningún remordimiento ni arrepentimiento.

Juego de emociones y de sensibilidades que van de lo íntimo a lo colectivo, de lo subjetivo inmediato a la espera de un porvenir, y todo proyectado a los deseos de liquidar a su opositor. ´´Mi pedagogía es dura, escribía Hitler, lo que es débil y carcomido debe ser sacado a martillazos´´.

III

Como generadores de una ´´suprema fe´´, estos promotores de la Emocracia en Colombia inducen a creer que todas sus propuestas son correctas y no merecen tener detractores. A ningún opositor se le obedecerá; se le escuchará tal vez, pero sus palabras caerán en la campana del vacío. Ningún contradictor será digno de diálogo ni de respeto, todos, y ese es su deseo, deberían trabajar a unísono de las ideas de su ideología. No habrá otra elección. De allí a un nepotismo no hay ni un paso. Todos quedarían convertidos en obreros de su ideología, renegando de su libertad, de su autonomía y dignidad. Tal es el país que los emócratasautoritarios aspiran, proyectan, un país sin contradictores, sin contestatarios, sin rebeldías; sólo aceptación, obediencia y olvido.

Es una comunidad del consentimiento y del ‘’aplausímetro’’ la que se desea instaurar entonces. Tanto el Presidente,impuesto y manipulado, como los Ministros y servidores del gobierno cumplen con el propósito de imponer las órdenes de un jefe supremo que se ha creído la encarnación del país y su salvador. La Emocracia lo inspira y la gendarmería mediática oficialista le da siempre la razón. Bajo tales condiciones, neo-regeneracionistas y decimonónicas, y parafraseando a Ernst Bloch, los gobernantes han querido ´´reemplazar a Jesús´´, y que el Estado y los ciudadanos ocupen ´´el lugar de la comunidad de fieles´´.

El culto y la idolatría desde la condición pasional cuasi religiosa se pone así en funcionamiento. Estos son entonces algunos de los actuales dispositivos de poder globalitarios con ideologías disciplinarias, como nuevas formas  redentoras, con nacionalismos autoritarios excluyentes y xenófobos, de machismos homofóbicos ejercidos por gobiernos neoliberales, con golpes de Estado amparados en despotismos bíblicos confesionales. Demasiados simulacros de democracias, pero dictaduras reales, represivas e impositivas de las ordenanzas del imperio.

Proponerse a cultivar la fe en sus acciones, como en su partido, es un prolongado propósito en cualquier Emocracia. Generar la necesidad de la creencia y de la confianza, sea a través del medio que sea, valiéndose, la mayor de las veces en falacias, trampas y audaces mentiras, son sus perversas y cínicas tácticas y estrategias. De allí que la crítica, la duda, la incertidumbre, el escepticismo sean enemigos supremos, aptos para ser suprimidos, puestos incluso en ridículo con ciertos epítetos y eslogans que los rebaja a través de un humor vil, agresivo, sicarial. En Colombia dicha práctica es constante entre las derechas hacia los intelectuales, activistas, líderes sociales, docentes, artistas, poetas, en fin, hacia los que ejercen su derecho a abrir la boca para aclarar o denunciar sus circunstancias. Entonces, la censura, la prohibición, el cierre a medios alternativos independientes se ejerce desde el poder emocrático, todo para que las grietas de lo establecido no se hagan visibles y para que el hedor que expide el sistema, sea percibido como grata fragancia.

IV

Junto a todas estas manipulaciones emocráticasse encuentra también la propagación del miedo en todas sus formas: económicas, políticas, xenófobas, homofóbicas, misóginas, bíblicas, como culpabilización al opositor y, por lo regular,  invención de un enemigo causante de los desastres. Es el miedo unido a la venganza, la ira y la violencia, todo ello alimentando emociones donde la reflexión crítica y la argumentación lúcida no tienen cabida. La estrategia del miedo se propaga para desestabilizar y fragmentar a una comunidad; para recluirla y ensimismarla, de tal manera que los problemas que realmente nos afectan se oculten y se esfumen como por encanto, gracias al velo creado exponencialmente. He aquí la perversidad en su máxima expresión y representación: hacer prosperar un peligro como mentira y proyectar que todos estamos atrapados en él y sin posibles soluciones. Esta ha sido y es un proceso sistémico que el poder inflama para detener nuestras colectivas e individuales aspiraciones. Nos vuelve antisociales, solipsistas extremos, narcisos egoístas, excluyentes, marginales. A través de él, el poder controla, domina, organiza nuestros impulsos, nos refugia y ensimisma.

La viralización del miedo en las redes ayuda a que esta propagación fóbica se agudice y con ella se masifique la ira, el repudio y el odio al que vive y piensa diferente. Con todos estos ingredientes la sociedad, dominada por una emotividad gestada y dirigida, se aproxima más a las tiranías autocráticas que a las democracias autocríticas y realmente participativas.

* Poeta y ensayista colombiano

1Citado por Michaud, Eric. La estética nazi. Un arte de la eternidad. Buenos Aires: Ediciones Adriana Hidalgo, 2009, p.19.

2La emocracia ha permeado toda la cultura formando ciudadanos obedientes que dan un sí a la destrucción de sus adversarios, un sí a su aniquilamiento y, lo peor, votan por la guerra. Éstos, tal como nos lo ilustra Walser, “no son una sangre tranquila, sino que hierve, por eso son exagerados y apasionados, ansiosos  como están por derramar la sangre de sus enemigos (…) Y los peores de ellos son los demagogos que se ponen a su cabeza, a los que no se concibe como cínicos manipuladores o príncipes maquiavélicos, sino como hombres y mujeres que comparten plenamente las pasiones de las personas a las que guían. Eso es lo que se quiere decir con ‘energía apasionada’: los sentimientos son genuinos, y por eso producen tanto miedo”. (Fajardo Fajardo, Carlos, 2017. La Emocracia global y otros ensayos. Bogotá: Ediciones Desde abajo, págs.11-12).

3Op.cit.,64.

 Por CARLOS FAJARDO FAJARDO*

*Poeta y ensayista colombiano

1Citado por Michaud, Eric. La estética nazi. Un arte de la eternidad. Buenos Aires: Ediciones Adriana Hidalgo, 2009, p.19.

2La emocracia ha permeado toda la cultura formando ciudadanos obedientes que dan un sí a la destrucción de sus adversarios, un sí a su aniquilamiento y, lo peor, votan por la guerra. Éstos, tal como nos lo ilustra Walser, “no son una sangre tranquila, sino que hierve, por eso son exagerados y apasionados, ansiosos  como están por derramar la sangre de sus enemigos (…) Y los peores de ellos son los demagogos que se ponen a su cabeza, a los que no se concibe como cínicos manipuladores o príncipes maquiavélicos, sino como hombres y mujeres que comparten plenamente las pasiones de las personas a las que guían. Eso es lo que se quiere decir con ‘energía apasionada’: los sentimientos son genuinos, y por eso producen tanto miedo”. (Fajardo Fajardo, Carlos, 2017. La Emocracia global y otros ensayos. Bogotá: Ediciones Desde abajo, págs.11-12).

3Op.cit.,64.

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Protesta frente al capitolio por cancelación del DACA. EU perdió a su juventud: el sustento de un país está desacreditado en la nueva generación.Foto Ap

Antes de la volcánica explosión generalizada, expuse la rebelión de la “Generación Y ( millennials)”y la “Generación Z ( centennials)” en EU (https://bit.ly/2D2OXTN) cuando “50 por ciento de los millennials y 51 por ciento de la Generación Z sienten que el sistema económico de EU ha trabajado en su contra” con una “colosal deuda universitaria de los millennials: ¡1.6 millones de millones de dólares!” ( https://bit.ly/3fboPnI ) cuando EU se encuentra inundado por sus deudas al consumo (https://bit.ly/37pIu0l).

El futuro ya alcanzó a EU: “la verdadera revolución demográfica será implosiva con el ascenso de los centennials (Generación Z) hispánicos (sic) de EU y su promedio asombroso de 11 años de edad” (https://bit.ly/2MUSAgy).

Pew Research expone la identidad generacional de los contestatarios ( https://pewrsr.ch/3eSvx1d ): 40 por ciento son blancos (sic), primordialmente demócratas y menores de 30 años de edad: los millennials (https://bit.ly/2E75FlH).

Según Pew Research, los jóvenes adultos y demócratas asistieron a una protesta el pasado mes: blancos 46 por ciento; latinos 22, afros 17 y asiáticos 8 por ciento. Los latinos vienen en segundo lugar después de los blancos y antes que los afros cuando 79 por ciento es proclive a los demócratas y 17 por ciento lo es a los republicanos. De 18 a 29 años, es decir, los millennials, asistió 41 por ciento; de 20 a 49 años, 38 por ciento y de 50 a 54 años 15 por ciento.

Destaca que la protesta sea casi igual de las zonas urbanas (41 por ciento) y las suburbanas (42) frente a 17 de la zona rural (el área que vota por Trump). La elección se jugará en el área suburbana, donde vive la mayor parte de las minorías.

En su artículo de corte escatológico, Paul Craig Roberts, anterior secretario asistente del Tesoro con Reagan, juzga que EU cesó de existir (sic) hace varias décadas cuando “solamente la fuerza fundacional del país (…) preservó la imagen viva de un país funcional”, en clara alusión a la demolición iconoclasta de los iconos de los padres fundadores de la independencia de EU, lo cual atribuye al autodio (sic) de las élites liberales (sic) blancas (sic) que dominan la educación, los multimedia y el gobierno.

Paul Craig Roberts recuerda su artículo de hace 15 meses: La cultura occidental (sic) murió de una muerte políticamente correcta (https://bit.ly/2ZVO6xz).

Se lamenta que la iconoclastia no está únicamente limitada al sur –la otrora confederación secesionista–, sino que rebasa a los Padres Fundadores para alcanzar a la Constitución y al emblema nacional, definidos como racistas.

Lo más relevante de su canto de cisne es la admisión de que EU perdió a su juventud: el sustento de un país está desacreditado en la nueva generación (https://bit.ly/2CVvAfu).

¿Cómo puede tener presente, no se diga futuro, un país que desdeñó a sus millennials y desprecia el futuro de sus centennials cuando lo único que le importa es enriquecer a su parasitaria plutocracia misántropa?

Paul Craig Roberts concluye con un epitafio sonoro: es muy tarde para hacer algo.La pregunta es: ¿quién sobrevivirá? No serán los blancos.

En efecto, la dinámica demográfica juega en contra de los axiomas fundacionales del Partido Republicano a quien, a mi juicio, le queda como último recurso la balcanización de los WASP (blancos, protestantes , anglosajones), hoy aliados a los evangelistas sionistas de la dupla de los Mike (Pence y Pompeo), para crear su República Blanca, quizá en alianza con un segmento de los latinos.

Paul Craig Roberts no cita para nada al movimiento antisionista de los Black Lives Matter (BLM) y al grupo Antifa que supuestamente encabezan la revuelta como epifenómeno, cuando la participación de los millennials blancos ha sido de mayor calado en la profundidad de las aguas turbulentas.

Lo peor en una guerra civil/guerra de clases/guerra cultural es tomar partido desde afuera cuando EU parece estar herido de muerte entre dos cosmogonías incompatibles: delicada situación que no será resuelta por quien fuere el vencedor de la elección presidencial en menos de cuatro meses.

¿Está preparado México a todas las eventualidades que le afectarán irremediablemente?

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Sábado, 25 Julio 2020 06:24

Asquerosamente ricos

Asquerosamente ricos

La mayoría de las discusiones sobre la desigualdad, ya sea entre países o dentro de cada país, giran en torno a los ingresos. Son profusos los datos y documentos sobre la desigualdad de ingresos, particularmente los referidos a su aumento en la mayoría de las principales economías desde la década del 80.

Relacionado al debate sobre la desigualdad de ingresos está también el tema de la pobreza: cómo definirla y cómo medirla, y si la pobreza a nivel mundial y dentro de cada economía ha aumentado o ha disminuido. Un informe reciente del Foro Económico Mundial1 (WEF, por sus siglas en inglés) reveló que la desigualdad de ingresos aumentó o permaneció estancada en 20 de las 29 economías avanzadas, mientras que la pobreza aumentó en 17 de ellas.

Donde más rápidamente aumentó la desigualdad de ingresos fue en América del Norte, China, India y Rusia, según señala el Informe sobre la desigualdad global 2018,2 producido por el Laboratorio de la Desigualdad Global, un centro de investigación con sede en la Escuela de Economía de París. La diferencia entre Europa Occidental y Estados Unidos es particularmente sorprendente: «Si bien en 1980 en ambas regiones el 1 por ciento más rico tenía cerca del 10 por ciento de los ingresos, para 2016 en Europa Occidental su participación en el total de los ingresos había aumentado al 12 por ciento, mientras que en Estados Unidos se disparó al 20 por ciento en el mismo período. Al mismo tiempo, en Estados Unidos el 50 por ciento más pobre tenía el 20 por ciento de los ingresos en 1980, pero apenas el 13 por ciento en 2016».

La discusión y el análisis de la desigualdad de la riqueza (la riqueza individual) no recibe tanta atención. Se diría que cualquier persona con grandes cantidades de riqueza (definida como la posesión de propiedades, medios de producción y activos financieros) obtiene, en consecuencia, niveles altos de ingresos y, según parece, niveles de impuestos relativamente más bajos.

NO HAY COMO SER DUEÑO

Por supuesto, hay excelentes trabajos que han medido los niveles de riqueza individual y los cambios en la distribución de esa riqueza a lo largo del tiempo. Cada año, la empresa de servicios financieros Credit Suisse publica un informe sobre la riqueza global,3 en el que muestra la cantidad de riqueza acumulada a nivel individual a lo largo del mundo. Allí se puede ver que el 1 por ciento más rico tiene casi el 50 por ciento de la riqueza mundial. Oxfam publica regularmente estudios que revelan cómo sólo unas pocas familias poseen grandes porciones de riqueza individual en diferentes países y a nivel global. Economistas como Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman han producido en los últimos años excelentes trabajos que muestran la enorme inequidad en la propiedad de medios de producción, tierra, propiedades inmobiliarias, activos financieros e incluso patentes y otros activos de la «economía del conocimiento».

Y aquí está el mayor problema. Tanto en las economías avanzadas como en las emergentes, la riqueza está distribuida mucho más desigualmente que el ingreso. El WEF informa, además, que «este problema ha mejorado poco en los últimos años y la desigualdad de la riqueza ha aumentado en 49 economías».

El sociólogo y estadístico italiano Corrado Gini desarrolló en 1912 una herramienta para medir la distribución de la riqueza dentro de las sociedades conocida como el índice de Gini o el coeficiente de Gini. Su valor va de 0 (o 0 por ciento) a 1 (o 100 por ciento): el primero representa la igualdad perfecta (riqueza distribuida de manera uniforme) y el último representa la desigualdad perfecta (riqueza concentrada en muy pocas manos).

Cuando se usa el índice de Gini tanto para los ingresos como para la riqueza en cada país, la diferencia es asombrosa. Veamos algunos pocos ejemplos. El índice de Gini para Estados Unidos es de 0,378 para la distribución del ingreso (bastante alta), ¡pero para la distribución de la riqueza es de 0,859! Observemos la supuestamente igualitaria Escandinavia: el índice de Gini de ingresos en Noruega es de solo 0,249, ¡pero el de riqueza es de 0,805! Es la misma historia en los otros países nórdicos. Puede que tengan una desigualdad de ingresos inferior a la media (0,347), pero su desigualdad de riqueza es superior a la media (0,700).

¿Qué países tienen los peores niveles de desigualdad de riqueza individual? En la gráfica podemos ver las diez sociedades más desiguales del mundo. No nos sorprende encontrar a algunos de esos países en este topten: sociedades muy pobres o gobernadas por dictadores o militares. Pero allí también aparecen Estados Unidos y Suecia. Tanto una economía avanzada de tipo neoliberal como una socialdemócrata: el capitalismo no discrimina cuando se trata de riqueza.

LA RIQUEZA ENGENDRA RIQUEZA

De hecho, ¿es posible discernir si la alta desigualdad en la riqueza está relacionada con la desigualdad en los ingresos? Usando los datos del WEF podemos concluir que existe entre ambos factores una correlación positiva (de aproximadamente 0,38 puntos): a mayor desigualdad de riqueza individual en una economía, será altamente probable que exista una mayor desigualdad del ingreso.

La pregunta en todo caso es: ¿cuál es la que alimenta a la otra? Esto es fácil de responder; la riqueza engendra riqueza. Y una mayor riqueza genera mayores ingresos. Una elite muy pequeña posee los medios de producción y las finanzas, y así es como se queda con la mayor parte de la riqueza y de los ingresos.

En 2016, un estudio4 hecho por dos economistas del Banco de Italia descubrió que las familias que hoy son las más ricas en la ciudad de Florencia descienden… de las familias que eran las más ricas en la ciudad de Florencia hace casi 600 años. Las mismas familias han permanecido en la cima desde el surgimiento del capitalismo comercial en las ciudades-estados italianas, pasando por la era de la expansión del capitalismo industrial y el mundo actual del capital financiero.

Otra investigación,5 realizada esta vez en la «igualitaria» Suecia, revela que no son los buenos genes los que te hacen exitoso, sino tu riqueza familiar o un matrimonio conveniente. Las personas no son ricas porque sean más inteligentes o estén mejor educadas. Lo son porque son «afortunados», tuvieron suerte o heredaron su riqueza de sus padres u otros parientes (a lo Donald Trump). Los investigadores encontraron que «hay una alta correlación entre los niveles de riqueza de padres e hijos» y que «comparando la riqueza neta de padres adoptivos y biológicos y la de sus hijos, encontramos que, incluso antes de que haya cualquier herencia, el entorno tiene una importancia sustancial frente a la incidencia mucho menor de los factores prenatales». Los investigadores concluyeron que «la transmisión existente de riqueza no se debe principalmente a que los niños de familias más ricas sean inherentemente más talentosos o más capaces, sino a que, incluso en la relativamente igualitaria Suecia, la riqueza engendra riqueza».

EL PODER CONCENTRADO DEL CAPITAL

Contrariamente al optimismo y la apología de los economistas mainstream, la pobreza (tanto en términos de riqueza como de ingresos) de miles de millones de personas en todo el mundo sigue siendo la norma, con pocos signos de mejora (véase la nota de Daniel Gatti). Mientras tanto, la desigualdad de riqueza e ingresos dentro de las principales economías capitalistas aumenta a medida que el capital se acumula y se concentra en grupos cada vez más pequeños. El trabajo de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman también ha demostrado que en Estados Unidos la riqueza se ha concentrado cada vez más en manos de los llamados superricos.6

Debe notarse que la desigualdad de la riqueza ha aumentado principalmente como resultado de una mayor concentración y centralización de los activos productivos en el sector capitalista. La concentración de riqueza real se expresa en el hecho de que el gran capital controla la inversión, el empleo y las decisiones financieras a nivel mundial. Según el Instituto Suizo de Tecnología, un núcleo dominante de 147 empresas controla, a través de participaciones entrelazadas en otras compañías, el 40 por ciento de la riqueza de la red global. Un total de 737 empresas controla el 80 por ciento. Esta es la desigualdad que importa para el funcionamiento del capitalismo: el poder concentrado del capital.

Las políticas destinadas a reducir la desigualdad de los ingresos mediante impuestos y regulaciones, o mediante el aumento del salario de los trabajadores, no tendrán mucho impacto mientras haya un nivel tan alto de desigualdad de la riqueza. Y esa desigualdad de la riqueza proviene de la concentración de los medios de producción y las finanzas en manos de unos pocos. Si la estructura de propiedad permanece intacta, puede predecirse que incluso los impuestos a la riqueza se quedarán cortos.

*Economista marxista británico. Trabajó 30 años en la City londinense como analista económico.

(Tomado del blog del autor The Next Recession. Traducción al español y titulación de Brecha.)

  1. Inclusive Development Index 2018 (World Economic Forum, Cologny, 2018).
  2. World Inequality Report (World Inequality Lab, París, 2018).
  3. Global Wealth Report (Credit Suisse, 2019).

4.«Intergenerational mobility in the very long run: Florence 1427-2011» (Guglielmo Barone y Sauro Mocetti, Bank of Italy working papers, 2016).

  1. «Poor little rich kids? The role of nature versus nurture in wealth and other economic outcomes and behaviors» Sandra E. Black, Paul J. Devereux, Petter Lundborg y Kaveh Majlesi, Cambridge, 2016-2019).
  2. Véase, por ejemplo, «Wealth inequality in the United States since 1913: Evidence from capitalized income data», (Cambridge, 2014).
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Fuentes: Observatorio Internacional de la Crisis

El movimiento francés demostró un potencial revolucionario que veremos surgir en la postpandemia

 

La revuelta de los Chalecos Amarillos ha sido interpretada y analizada muchas veces y de muchas maneras. La derecha y la mayoría de los medios de comunicación, han definido al movimiento como casi fascista, como una forma de delincuencia colectiva, en una palabra, como una amenaza a la democracia y sus instituciones.

También entre gente que simpatiza con los movimientos sociales – incluidos muchos activistas de izquierda – ha existido una fuerte reserva sobre esta nueva forma de acción política. Muchos en la izquierda tradicional desconfían de la lucha de los Chalecos Amarillos por «confusa» o «poco clara”.

Que los Chalecos Amarillos inspiren tales reacciones muestra hasta qué punto el movimiento ha sorprendido, avergonzado, desorientado e incluso preocupado al sistema político . Los Chalecos Amarillos, en otras palabras, son un movimiento que ha sacudido los patrones y criterios establecidos por la «sociología política institucional”.

El factor principal que desencadenó las protestas – el «impuesto sobre el combustible”- ha llevado a algunos a pensar que los Chalecos Amarillos son anti-ambientalistas y que defienden el derecho de los automovilistas a contaminar el cuanto quieran.

Pero a pesar de estos ataques, una cosa es cierta: este levantamiento popular es un evento político muy significativo. No debemos olvidar cuánto duró, cuánto provocó y por qué obtuvo el apoyo mayoritario de la población. Pero, sobre todo, las características de esta revuelta son las que marcan un punto de inflexión en la historia social y política de Francia.  

Primero: una explosión espontánea en las redes sociales avanzó hacia una dinámica de auto-organización. Segundo: tienen una composición sociológicamente (son asalariados, jubilados, desempleados, propietarios de pequeñas empresas y mujeres que no tenían experiencia previa en movilización colectiva). Y tercero, han inventado formas originales de acción ( ya no son las manifestaciones sindicales en los «grandes bulevares», ahora son  ocupaciones de las «rotondas» en todas partes y, demostraciones, todos los sábados, a veces violentas en el centro de París).

Las discusiones se han focalizado en cómo definir el movimiento: ¿revuelta, insurrección, jacquerie ? No han faltado todo tipo de interpretaciones léxicas.

Lo que se ha olvidado es que la revuelta es básicamente la irrupción de “voces desde abajo”. Voces que han sido silenciadas  y excluidas de cualquier tipo de representación, Voces de ciudadanos que han sido víctimas en las decisiones de las elites políticas y financieras.

Pero, la característica más importante de este levantamiento popular es que inventó con éxito nuevas formas para enfrentar directa e intransigentemente la lógica neoliberal.

Lo que realmente llama la atención es la lúcida conciencia de estos actores que no han olvidado nada del pasado y que supieron reconocer la continuidad de las políticas neoliberales de Sarkozy, Hollande y Macron. De hecho, lo que desató la revuelta fue precisamente la aceleración del programa neoliberal de Macron.

Desde el principio, los Chalecos Amarillos entendieron perfectamente que esta lógica aumenta las desigualdades sociales y territoriales,  que se trata de una política que reduce los impuestos a los ricos y que disminuye los servicios públicos de los que dependen los más pobres para sobrevivir.

El principal resultado de esta revuelta es el establecimiento de una nueva entidad colectiva que se niega a disociar la lucha por la justicia social con la lucha por el medio ambiente y con la búsqueda de nuevas formas prácticas de ejercer la democracia.

Al respecto, debemos observar las características de la revuelta. Primero: aunque la revuelta sólo fuera con un «síntoma» de la crisis de la democracia representativa, los Chalecos Amarillos han sido los protagonistas de una crítica activa, aguda y radical de las instituciones políticas y de su profesionalización oligárquica.

Segundo: estamos ante un proceso de formación de nuevas subjetividades radicales que hasta hace poco habían sido «invisibilizadas» por su situación geográfica, su variedad de condiciones socioeconómicas y su distancia del sistema político, mediático y económico tradicional. Estas nuevas subjetividades son inseparables de las prácticas que caracterizan al movimiento de los Chalecos Amarillos.

La revuelta desafió, de manera práctica, los métodos de organización y discursos clásicos de contestación social. Según la hipótesis de Laurent Jean-Pierre estamos ante la invención de nuevas formas de acción y organización y la revuelta marca el comienzo de un nuevo ciclo de contestación social.

 Las tres negaciones

La revuelta de los Chalecos Amarillos cuestionó directamente la política de representación establecida y lo hizo con tres negativas concomitantes.

Primero: el movimiento se negó a someterse a los movimientos sociales tradicionales que se desarrollaron a partir del siglo XIX, el movimiento despegó su acción de manera independiente de sindicatos y de partidos políticos . Por cierto, esta es la razón por la cual los Chalecos Amarillos han desconcertado a muchos líderes políticos y sindicales que no han sabido qué hacer con este tipo de revuelta atípica.

Un aspecto del movimiento que es particularmente llamativo se deriva del hecho que el tema de las relaciones capital-trabajo no se presentó de manera directa en sus demandas. Al contrario de otros movimientos el desempleo y las condiciones laborales no fueron una tema central.

El objetivo de la revuelta era más bien la injusticia fiscal y social, percibida como la principal responsable de los bajos ingresos. Las demandas, no estaban dirigidos contra los «empleadores» sino contra Macron, el Estado y la Oligarquía, todos mezclados sin distinción.

Segundo: La revuelta se negó desde el principio a operar en el marco de la «democracia representativa». No sólo no se invitó a los partidos políticos a participar del movimiento, sino que se denunció a quienes «intentaban cooptar» el movimiento.

En consecuencia, quisieran o no, los partidos políticos de izquierda y derecha mantuvieron distancia del levantamiento y fueron relegados al papel de espectadores de un enfrentamiento entre el Estado y los Chalecos Amarillos (Por tanto, los activistas de extrema izquierda o de extrema derecha que se involucraron en el movimiento lo hicieron usando un chaleco amarillo, nunca reclamando abiertamente una organización o ideología).

Tercero: el movimiento negó la representación establecida por los discursos dominantes. De hecho, no sólo rechazaron partidos políticos, sindicatos e instituciones representativas, sino también fueron impugnados los discursos políticos y mediáticos que supuestamente «representan» a la sociedad.

El discurso político, en particular, se juzgó demasiado distante y abstracto, es decir, demasiado lejano de la «vida real» y, por lo tanto, incapaz de significar las condiciones concretas y vividas de la «gente de abajo».

Esta negativa a la alienación política de las personas se relacionan con el «bla bla bla» deshonesto de los políticos. Esta objeción a «palabras que no significan nada» no fueron meramente negativas. Los Chalecos Amarillos buscaron formas de articular una voz colectiva que pudiera hablar con franqueza sobre por qué es difícil ganarse la vida, sobre el sufrimiento social y sobre los callejones sin salida de millones de personas.

La memoria histórica de la Revolución Francesa, los símbolos como la bandera nacional y la Marsellesa y expresiones como «somos el pueblo» ayudó enormemente a las personas a articular sus demandas. De esta manera la voz colectiva de los Chalecos Amarillos conectó las experiencias diarias con el recuerdo de un evento histórico fundador de Francia.

Prácticas fundadoras o instituyentes de los Chalecos Amarillos

La revuelta fue una oportunidad para construir un nuevo discurso político y fue desconcertante para quienes se consideran «representantes legítimos» de la sociedad: políticos, periodistas, activistas sindicalista, etc.

Al contrario de lo que se ha dicho, los Chalecos Amarillos no son «apolíticos». El movimiento es  «transversal» o “anti-partido”, y eligió construir un nuevo discurso político a partir de experiencias diarias, personales y locales.

El tema colectivo de este discurso no era una clase o un cuerpo profesional o un grupo ya establecido, sino una masa de individuos identificados como un grupo reconocible por el hecho  que usan un chaleco amarillos y también por haber formado una comunidad de experiencias y similitudes en sus vidas.

El principio de rechazar la representación establecida, que puede expresarse como «nadie tiene derecho a hablar por nosotros», es una voz claramente política que rechaza la mediación tradicional . Es una reivindicación para hablar con claridad sobre la vida cotidiana de millones de personas pobres o modestas .

Y este discurso directo va acompañada de valores no negociables. Es una voz colectiva que reclama mayor justicia social y mayor igualdad, sin mediación, sin portavoces, sin objetivos específicos.

Esto, entre otras cosas, es lo que hace que esta revuelta sea diferente de los movimientos sociales «clásicos», organizados contra una decisión que afecta a una categoría profesional particular, contra una ley que ataca un aspecto de la vida o contra una medida política específica y que, en el mejor de los casos, lleva a una «negociación».

Los Chalecos Amarillos no están simplemente pidiendo el «fin de la austeridad» o defendiendo “esto o aquello” o luchando contra la reforma de las pensiones. El hecho más notable es que a partir del alza del precio del combustible, todo el sistema de desigualdades de la sociedad fue cuestionado y luego, muy rápidamente, se cuestionó también un sistema político que legitima, mantiene y empeora las desigualdades.

La demanda política de igualdad y justicia social es doble: universal y local. Se manifiesta en dos tipos de práctica. El primer tipo son las manifestaciones todos los sábados en el corazón de los centros de poder y justo en el medio de los barrios elegantes de París . Allí se proclama la igualdad para todos y se denuncia la injusticia social que afecta a todos.

La segunda práctica es la ocupación de las rotondas, que son campamentos que sirven a la organización territorial. En las carpas las personas discuten diferentes formas de continuar la lucha, las demandas y sus prioridades. Se establece una nueva lógica de las asambleas locales, lo que Laurent Jean-Pierre llama la «re-politización del lugar”.

La ocupación de las rotondas se extendió por todo el territorio interconectada mediante las redes sociales. Sobre esta base se creó una programa nacional de demandas y se planificó la movilización en las ciudades de acuerdo con el principio de «rotación centralizada «.

Aunque la utilización de Facebook ayudó a superar la represión, lo más sorprendente – y quizás más prometedor-  es la organización federativa que condujo a la creación de «asambleas de asambleas» en Commercy , Saint-Nazaire , Montceau-les-Mines.

Un desafío y un comienzo

Los Chalecos Amarillos han sido una revuelta completamente nueva que ha roto todas las reglas habituales de los conflictos sociales. El movimiento ha demostrado la existencia de un enorme potencial revolucionario contra las desigualdades del sistema neoliberal. Este potencial es explosivo, a pesar de los intentos de cooptación por la extrema derecha.

Dos aspectos de este potencial revolucionario merecen atención extra.

Si bien somos testigos, al menos aparentemente, del crepúsculo de las organizaciones tradicionales que surgieron del socialismo y el sindicalismo histórico ( y que hasta ahora parecen incapaces de reinventarse) estamos viendo la aparición de nuevas poderosas formas de lucha por la igualdad y justicia social.

Los actores de estas nuevas formas de organización se niegan a ser embargados por organizaciones burocráticas o por líderes carismáticos muy al contrario de la «razón populista» teorizada de manera imprudente por Ernesto Laclau, para apoyar la lógica antidemocrática de la representación política.

El nuevo hecho es que un movimiento auto-organizado ya no es prerrogativa de los jóvenes precarios ( a menudo altamente educados) o de los trabajadores de la industria del entretenimiento francés o de los activistas de la Nuit Debout. Más bien el nuevo movimiento pertenece a personas de categorías sociales muy diferentes, muchas de las cuales se presumía no tenían competencias políticas.

La originalidad de la revuelta de los Chalecos Amarillos  fue su creación de un «nosotros» a través de un signo común visible ( el chaleco) y por medio de colectivos virtuales creados en las redes sociales.

Por supuesto, que hay más de una pregunta importante que deberá resolver el movimiento: ¿ será políticamente efectiva y duradera una forma original de democracia radical sin renunciar a sus principios cardinales? ¿será capaz de desarrollarse más allá de la pandemia y crear un movimiento nacional que preserve sus características locales, descentralizadas y democráticas?

La respuesta práctica apareció durante las «asambleas de asamblea» del movimiento. La declaración de los Chalecos Amarillos de la localidad de Commercy (una ciudad en el norte de Francia) llamó a «crear una Asamblea de Asambleas y la Comuna en  los Municipios».

En la reunión los delegados de varios cientos de asambleas populares locales reflexionaron colectivamente sobre el tema para facilitar un movimiento descentralizado y elaborar un bosquejo de una Federación de Comités Populares que se identifiquen con la democracia directa, la ecología y las demandas de igualdad. ¿Qué surgirá de esta dinámica federativa?  No lo sabemos.

El segundo aspecto a tener en cuenta es la forma en que este movimiento ha enfrentado e incluso desbaratado las propuestas de la ecología neoliberal, que hoy uno de los ejes centrales del neoliberalismo para los próximos años y décadas. Por «ecología neoliberal» nos referimos los discursos y las políticas que consisten en atribuir la responsabilidad de la crisis climática al comportamiento individual y en particular de los miembros de las clases populares, estableciendo de manera simultánea incentivos fiscales al capital cuyo efecto es el aumento de las desigualdades.

La gestión neoliberal de la crisis climática culpa a cada individuo, sea cual sea su clase social o su nivel real de responsabilidad. Esto hace posible descargar la carga de una engañosa “transición ecológica” sobre la mayoría de la población,  en especial sobre los más débiles.

En este sentido, la revuelta de los Chalecos Amarillos es una de las primeras movilizaciones que articulan el tema de la igualdad y el clima, la justicia social y la justicia climática. Es, sin duda, también su principal lección para la izquierda global.

Por Pierre Dardot, Christian Laval | 13/07/2020

Pierre Dardot es filósofo y especialista de Hegel y Marx. Sus libros más recientes, escritos junto con Christian Laval, incluyen Common: On Revolution in the 21st Century (Bloomsbury, 2014), The New Way Of The World: On Neoliberal Society (Verso Books, 2017) y Never-Ending Nightmare: The Asalto neoliberal a la democracia (Verso Books, 2019).

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Dos cámaras de vigilancia frente a la entrada del gobierno municipal de Hong Kong (Roy Liu / Bloomberg L.P. Limited Partnership)

Facebook, Twitter o Google dejan de entregar datos de sus usuarios a la policía

 

Las grandes tecnológicas recelan de la nueva ley de seguridad nacional impuesta por Pekín en Hong Kong. Uno tras otro, gigantes como Facebook, Twitter, Google, Zoom o Telegram confirmaron que han suspendido temporalmente la entrega de datos de sus usuarios a las autoridades de la excolonia mientras analizan el alcance de la nueva normativa. La famosa aplicación de vídeos cortos TikTok fue un paso más allá, y anunció su intención de abandonar la región “en unos días”. Todas las miradas están puestas ahora sobre Apple.

El sorprendente consenso entre multinacionales rivales supone un inusual cuestionamiento público de la política china. También ilustra los dilemas a los que se enfrentan estas empresas frente a la nueva ley, que castiga con severas penas delitos como el de subversión, secesión o terrorismo y les obliga a cooperar con las autoridades locales .

El lunes por la noche, Hong Kong publicó nuevas reglas que otorgan a la policía local poderes para eliminar publicaciones en internet que contravengan la nueva ley, así como castigar a las empresas que no cumplan con sus requerimientos.

De hecho, el texto incluye explícitamente la capacidad de encarcelar a los empleados de las tecnológicas que no cumplan con las solicitudes de entrega de datos de sus usuarios o de imponerles multas de hasta 11.500 euros. Debido a que la nueva ley se aplica en todo el mundo, existe la posibilidad de que las empresas tengan que elegir entre divulgar información sobre una persona que escribe desde un tercer país o enfrentarse a una sentencia de prisión de varios meses para uno de sus empleados.

La aplicación de conversación Telegram, cuyo cuartel general está en Londres, fue la primera en comunicar sus planes de poner “en pausa” la cooperación. “Entendemos el derecho a la privacidad de nuestros usuarios de Hong Kong. En consecuencia, no tenemos intención de procesar ninguna solicitud de datos relacionada con los usuarios en Hong Kong hasta que se llegue a un consenso internacional en relación con los cambios políticos en curso en la ciudad”, anunció.

Le siguió Facebook, que detuvo las solicitudes “en espera de una evaluación adicional” sobre las implicaciones de la norma. “La libertad de expresión es un derecho fundamental y apoyamos el derecho de las personas a expresarse sin temor a su seguridad u otras repercusiones”, dijo la firma, también propietaria de WhatsApp e Instagram. En términos similares se expresaron Twitter, Google, Linkedin o Zoom, que el mes pasado fue muy criticada tras suspender varias cuentas de activistas chinos que planeaban mantener eventos en recuerdo de la masacre de Tiananmen.

Tras la puesta en pausa de la colaboración con las autoridades, lo que decidan estas compañías está llamado a trazar el rumbo del futuro de las libertades en internet en la excolonia. Hasta ahora, la red goza en esta región de una libertad y falta de censura incomparable con la de la vecina China continental, donde los servicios de Google, Facebook o Twitter –por citar solo algunos– están bloqueados. Aún así, estas mismas firmas cuentan con grandes negocios de publicidad en el gigante asiático, por lo que lo que hagan en Hong Kong podría afectar a sus intereses económicos.

La decisión de TikTok de salir en breve de Hong Kong –un mercado pequeño para su negocio– responde a su estrategia por tratar de captar a una audiencia más global. Esta aplicación pertenece a la firma china ByteDance, por lo que muchos sospechan de que opera bajo el control de las autoridades chinas. La marca siempre lo ha negado, y una salida de Hong Kong para no tener que responder a la norma dictada por Pekín reforzaría esa sensación. Sin embargo, puede que ese paso no sea suficiente, más aún después de que el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, dijera el lunes que Washington está analizando prohibir las redes sociales chinas, “especialmente TikTok”.

Mientras, la jefa del Ejecutivo hongkonés, Carrie Lam, siguió ayer con su defensa de la ley de Seguridad. Volvió a negar que erosione las libertades de la ciudad y condenó las “falacias” dichas sobre su impacto. “Con el paso del tiempo, la confianza crecerá”, añadió.

Por Ismael Arana | Hong Kong, China. Corresponsal

08/07/2020 02:37 | Actualizado a 08/07/2020 10:40

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Sábado, 04 Julio 2020 06:12

Que la crisis la paguen los ricos

Que la crisis la paguen los ricos

Después de la crisis económica de 2008, hubo un sector que no sólo se recuperó rápido, sino que siguió creciendo exponencialmente, el de los artículos de lujo. Mientras una buena parte de la población veía recortados sus derechos sociales y laborales, la ocupación de hoteles de 5 estrellas, la venta de inmuebles de firmas de lujo como Engel & Völkers, o la compra de productos como relojes caros, joyería o arte, aumentó por encima de 10 por ciento anual.

Este obsceno indicador sintetiza muy bien lo que significó la crisis de 2008 para la humanidad. La salida a la crisis la pagaron las mayorías sociales en beneficio de una élite. Se socializaron las pérdidas, mediante la compra de la deuda de los bancos privados con el objetivo de que no colapsara el sistema financiero internacional, y se privatizaron las ganancias. Se rescataron otras grandes empresas como General Electric o General Motors, sin que el Estado después de salvar a estas empresas, impusiera ninguna cláusula de recuperación de empleos. Y cuando una parte de esos trabajos se recuperaron, fue con unas condiciones salariales infinitamente peores que antes de la crisis.

Hoy día, cuando parece que ya ha pasado lo peor de la pandemia y la crisis de salud, nos encontramos a las puertas de una crisis económica mundial, probablemente más fuerte y profunda que la de 2008.

La Organización Mundial del Comercio ha estimado que la economía mundial podría contraerse hasta en 18.5 por ciento, y el informe de abril del Fondo Monetario Internacional calcula que el PIB regional podría descender 5.2 por ciento, porcentaje mayor a 5 por ciento de los años 30 posteriores al crack de la bolsa de Nueva York de 1929 y desde luego más grande que el 2 por ciento posterior a 2008.

En América Latina y el Caribe, una región exportadora de materias primas y productos manufacturados, la OIT calcula que más de 10 millones de personas perderán sus empleos por la pandemia, y la Cepal en su informe "El desafío social en tiempos del Covid-19" calcula un aumento de la pobreza de 4.4 puntos porcentuales que se traducen en 28.7 millones adicionales de personas pobres (para alcanzar 214.7 millones de personas) y un aumento de la extrema pobreza de 2.6 puntos porcentuales, que eleva el total a 83.4 millones de personas en la región.

A todo lo anterior hay que sumarle la crisis petrolera, con una rebaja de la producción de 10 millones de barriles y el desplome de los precios que aunque ya en recuperación, no volverán a alcanzar a finales de 2020 los de 2019, según la Agencia Internacional de la Energía.

Si a todo lo anterior le sumamos la crisis estructural en forma de cambio climático que vivimos, con un aumento de las emisiones anuales de dióxido de carbono por encima de los 50 gigatones (cada gigatón equivale a mil millones de toneladas), el resultado es devastador: deshielo acelerado de los polos al mismo tiempo que se eleva el nivel del mar, y aumento de la temperatura media global de entre 1.2 y 1.3 °C en los próximos cinco años, que nos acerca al temido límite de más 2 °C de temperatura media del planeta por encima del periodo preindustrial.

Por todo lo anterior se hace cada vez más urgente el debate sobre el modo de producción capitalista, pero sin posiciones maniqueas como las que estamos acostumbrados a leer en todo lo que tiene que ver con el modelo de desarrollo. Los países del sur no sólo tienen el derecho, sino la obligación de sacar a centenares de millones de personas de la pobreza, haciéndolo eso sí, en un equilibrio entre ese crecimiento al que tuvieron acceso los países del norte, y los derechos de la naturaleza en un planeta finito que no da mucho más de sí.

La pandemia global de coronavirus ha venido a acelerar una crisis que ya se atisbaba en el horizonte, el de un modo de producción insostenible, sobre todo de los países del norte, que además no quieren hacer una transferencia de tecnología, como pago parcial de la deuda ecológica que tienen con el sur por la explotación de sus pueblos, personas, y recursos naturales durante siglos. Si además le agregamos a la ecuación la variable de la financiarización de la economía, con cada vez menos producción de bienes tangibles, y mayor especulación económica, la combinación es explosiva, y sobre todo, insostenible.

Pero si algo bueno deja esta pandemia es el retorno del Estado, la ruptura entre amplias capas de la clase media del consenso cultural instalado por el neoliberalismo de que el Estado no era necesario, y de que a menos Estado, más eficiencia. Va a ser muy difícil para los defensores de la globalización neoliberal en crisis defender que los bienes comunes, especialmente la salud, no deben estar en manos del Estado para garantizar el acceso universal y en las mejores condiciones posibles a su población.

Ahí está la grieta para romper el consenso neoliberal, todavía hegemónico desde el punto de vista cultural. La necesidad del retorno del Estado. Y después de instalar ese nuevo consenso, es necesario dar un nuevo paso: que la crisis no la paguen las y los de siempre, los de abajo, los más humildes. Que la crisis económica que está llegando la paguen los de arriba. Que la crisis la paguen los ricos.

Por  Katu Arkonada. politólogo vasco-boliviano, especialista en América Latina

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