“El poder financiero mundial se convirtió en una organización criminal”

La crisis financiera de 2008 fue un fraude astronómico que costó billones (o trillones) de dólares a los contribuyentes de Estados Unidos, la Unión Europea y otros países. El autor de ese fraude es un poder mundial que además explota el trabajo esclavo a distancia, compra bonos de países endeudados y después los extorsiona. Ese poder busca debilitar a los Estados y ocupar el lugar de la política. El diagnóstico es del jurista argentino Eugenio Raúl Zaffaroni, que estuvo en Porto Alegre la semana pasada participando de un debate sobre la cuestión democrática y la mediatización del proceso judicial, promovido por el Instituto Nuevos Paradigmas (INP).

En entrevista con Sur21, Zaffaroni habló sobre cómo el sistema penal en América Latina se hizo funcional a ese poder. “En la medida en que crean y potencian la violencia, están debilitando el Estado, que es lo ellos quieren. Y los medios se quedan pidiendo cada vez más prisiones, reproduciendo cada vez más violencia. Es un mecanismo totalmente funcional a ese impulso totalitario del capitalismo financiero”, afirma. Para Zaffaroni, que fue juez de la Suprema Corte argentina y hoy es juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el objetivo de esos intereses es imponer sociedades con 30% de integrados y 70% de excluidos. “En este escenario, van cayendo límites éticos, morales y legales, lo que hace que ese poder vaya transformándose en un poder criminal a nivel mundial. Y cuando digo ‘criminal’ no estoy hablando metafóricamente”, añade.


–En 1989, en su libro “En busca de las penas perdidas”, usted analizó el proceso de pérdida de legitimidad del sistema penal en América Latina. Para quien lee ese libro hoy, la actualidad de ese diagnóstico impresiona. ¿Cuál su evaluación del desenvolvimiento de ese proceso en el escenario actual?


–Creo que el escenario fue empeorando. No mejoró, empeoró. Tuvimos una crítica criminológica que llegó a América Latina por medio de dos grandes criminólogas de Venezuela, Rosa Del Olmo y Lolita Aniyar de Castro. De Europa venían Alessandro Baratta, Massimo Pavarini… Bueno, todos ellos murieron. Yo soy el último (risas). Estamos formando ahora una nueva generación crítica. También cambió el marco del poder mundial. En el momento en que escribí ese libro, no tenía claro lo que estaba sucediendo en el mundo. Hoy la cosa está mucho más clara. Tenemos un poder financiero mundial con inmensas corporaciones transnacionales, con un volumen económico que supera el de muchos países. Eso se está convirtiendo en un impulso totalitario. No digo que ya esté dominando todo plenamente, pero se trata de un impulso de dominio que quiere ocupar el lugar de la política.


Esas corporaciones no están en manos del capital productivo. En el periodo del capitalismo productivo, el explotador necesitaba de la existencia del explotado. Lo que tenemos hoy es otra cosa. Quien comanda son los Chief Executive Officers (CEO’s), que son gerentes tecnócratas cuya única misión es obtener la mayor renta en el menor tiempo posible. En este escenario van cayendo límites éticos, morales y legales, lo que hace que ese poder se vaya tornando un poder criminal a nivel mundial. Cuando digo “criminal” no estoy hablando metafóricamente. Si analizamos la crisis de 2008, lo que tenemos es un fraude astronómico. La explotación del trabajo esclavo a distancia es otro crimen. Si pensáramos en el endeudamiento de los países y lo que se hace con esa minoría que compra los bonos de deuda de esos países y después los extorsiona, tenemos otro crimen. Es una organización criminal.


El objetivo de esos intereses es imponer sociedades con 30% de integrados y 70% de excluidos. La vinculación ya no es entre explotador y explotado como en los tiempos de Henry Ford, cuando el Estado podía actuar como mediador en esa relación entre la producción y el capital. Ahora ya no podemos hacer eso porque del lado del capital no tenemos a nadie más, sólo tecnócratas que quieren la mayor renta posible en el menor tiempo. El objetivo de ese impulso totalitario del capital financiero es debilitar a los Estados, que son el espacio de la política. Ellos quieren ocupar ese lugar de la política. No necesito hablar de lo que está sucediendo en otros países de la región. Es suficiente con hablar del mío. En Argentina, tenemos un gabinete ocupado por gerentes de transnacionales…


–No hay más intermediarios…


–No, los lobistas ya no hacen más lobby porque están ocupando las carteras ministeriales. En esa tentativa de crear una sociedad 70–30, en algún momento tendrán que contener los 70% de excluidos y el modo de contenerlos es utilizando primero el monopolio mediático. No es que esos monopolios mediáticos estén al servicio de esas corporaciones y del capital financiero: forman parte de él.


Entonces el marco del poder hoy es muy diferente de aquel de los años 70 y 80. El proceso de debilitamiento de los Estados que estamos viendo en nuestra región, es muy serio. En México el Estado perdió el control territorial y la situación de Brasil es muy preocupante. Creo que ustedes tienen un serio problema de violencia, un problema de seguridad nacional. No estoy hablando de la doctrina de seguridad nacional sino de la seguridad de vida de sus habitantes, que debe ser garantizada por el Estado.


–¿Usted cree que Brasil corre el riesgo de seguir el camino de México?


–No. Es diferente. México tiene otros problemas. Como decía el dictador Porfírio Diaz, México está lejos de Dios y cerca de Estados Unidos. El caso de Brasil es otro. Ustedes tienen cerca de 700 mil presos y algo entre 600 y 700 mil órdenes de detención no cumplidas, por no tener vacantes en las cárceles. Y las cárceles brasileras, en general, se están convirtiendo claramente –o ya se convirtieron– en verdaderos campos de concentración. El deterioro que los presos sufren en esas cárceles es terrible. No hay asistencia médica adecuada, la superpoblación es mayor que la recomendada internacionalmente y las reglas mínimas de las Naciones Unidas no son cumplidas. Toda cárcel es degradante por mejor que sea, pero estas son particularmente degradantes. El sujeto que sale de esa cárcel es un criminal en potencia. Eso es inevitable. Esas cárceles sólo están reproduciendo violencia.


Pero no es sólo eso. Si tenemos cerca de 700 mil presos y cerca de 700 mil órdenes de detención no cumplidas, llegamos a un universo de 1,4 millón de personas. No se qué número de procesados hay en Brasil sin detención preventiva determinada, pero la experiencia normal es que ese número es mayor que el de aquellos que están con detención preventiva. Entonces debemos tener por lo menos cerca de 3 millones de personas sometidas a un proceso penal. Cada una de esas personas tiene padre, madre, hermanos, hermanas, amigos y así siguiendo. Tienen un contacto directo con cinco o seis personas por lo menos. Entonces tenemos un universo de aproximadamente 20 millones de personas que están conviviendo con el proceso penal como si fuera una cosa normal, que forma parte de su día a día. Hay por lo tanto una banalización del proceso penal y todo ese conjunto es un inevitable reproductor de violencia.


Es verdad que todo sistema penal está compartimentado. Tiene policía, juzgados, fiscalía, jueces, cárceles y así siguiendo. Cada uno actúa según criterios de eficacia propios de su sector. Yo jamás vi una compartimentación tan extrema como la que existe en Brasil. Cada uno dice que está tratando de hacer lo mejor que puede en su ámbito, pero ¿y el conjunto? Brasil no necesita tener el número de presos y de procesados que tiene. Las cárceles están llenas de autores de pequeños robos, pequeños ladrones, de personas que venden marihuana en la esquina. Eso genera una exclusión social especial que se extiende a la familia. Eso está creando un serio problema de violencia. Hay un aparato en el Estado que crea violencia.


–¿Como definiría usted la relación del sistema penal –de modo general–, con ese poder financiero mundial que quiere debilitar a los Estados y ocupar el lugar de la política?


–Es funcional a ese poder. En la medida en que crean y potencian la violencia, están debilitando el Estado, que es lo ellos quieren. Además de eso, está dividiendo la sociedad, creando esa clase medía que es imaginaria porque no es una realidad económica. En la India crearon una casta de parias y el resto de la sociedad se considera superior a ellos. Es un tipo especial de racismo. Y los medios siguen pidiendo cada vez más prisiones, reproduciendo cada vez más violencia. Es un mecanismo totalmente funcional a ese impulso totalitario del capitalismo financiero.


–Además del crecimiento de esa cultura punitiva, alimentada por mecanismos como estos que usted acaba de describir, tenemos también un avance político de la derecha y aún de la extrema derecha en América Latina. ¿Cómo ve ese escenario?


–Eso también es funcional, porque divide la sociedad y crea una violencia social e ideológica. Estamos volviendo, con otro escenario, a algunas cosas del periodo pre guerra. El lawfare no es nuevo, fue usado por los nazis. No estoy diciendo que tenemos la vuelta del nazismo. Es otra cosa. El marco del poder es diferente, pero las técnicas son antiguas. Cualquier sistema penal es estructuralmente selectivo. No hay cómo evitarlo. Lo que podemos hacer es disminuir el nivel de selectividad. En todas las sociedades, en especial en las nuestras que son extremadamente estratificadas, tenemos entrenamientos diferentes. En la favela, nadie es entrenado para crear una sociedad offshore. Ese entrenamiento pertenece a otra clase social. Aquellos que son creados en la favela y quieren delinquir, acaban haciendo cosas más simples y la policía hace lo que es más fácil hacer. Tenemos ahí, por lo tanto, una selectividad estructural. Ahora tenemos el surgimiento también de una selectividad persecutoria, que es un elemento totalitario. Estamos viendo ese fenómeno de modo muy claro en mi país.


–¿Cómo se está manifestando ese fenómeno en Argentina?


–En Argentina vemos la utilización de los medios para estigmatizar opositores y la manipulación de un segmento de la Justicia Federal, para criminalizar la oposición. Hacen eso inventando cosas. Llegaron al extremo de hablar de traición a la Nación. Nosotros tenemos una definición constitucional de traición a la Nación copiada de la Constitución de Estados Unidos, según la cual no podemos tener traición a la Nación sin guerra. Procesaron a la ex-presidente Cristina Kirchner, el ex-secretario de la presidencia y el ex-ministro de Relaciones Exteriores por traición a la Nación. Se dieron cuenta de que eso era una burrada muy grande y cambiaron la acusación: no es traición a la Nación, pero sí encubrimiento. Es un proceso claro de selección persecutoria.


–Y en el caso brasileño ¿está siguiendo el proceso del Lava Jato que culminó con la prisión del ex presidente Lula?


–Yo no puedo hablar sobre ese tipo de situación en otros países que no sean el mío porque son cosas que en algún momento pueden llegar a la Corte Interamericana. Sobre la Argentina puedo hablar porque como argentino no puedo tratar esos casos en la Corte Interamericana.


–En su opinión ¿el sistema penal tiene anticuerpos para resistir y enfrentar esa ofensiva del poder del capital financiero a nivel mundial?


–Yo no creo mucho en conspiraciones, porque creo que ese es un modo de tranquilizarse. Si creemos que alguien tiene un gran ordenador con el cual está haciendo todo eso, la solución sería fácil, sería sólo atrapar a ese sujeto que está en el ordenador, pero la realidad es mucho más complicada. Hay cosas que van sucediendo por una multiplicidad de factores, a veces muy difíciles de precisar. Esa situación de Brasil a la que me refería no fue creada por un gobierno, sino que fue sucediendo a lo largo del tiempo. ¿Qué hace el poder financiero –como cualquier poder, de hecho? Si evalúa que un determinado proceso es funcional, lo deja avanzar. Si en cambio es disfuncional, intenta detenerlo. Por otro lado, ningún poder es macizo, tiene fisuras y espacios. Si fuera macizo, nosotros no estaríamos aquí.


Por dentro del sistema penal no es muy posible resistir a ese poder. Ustedes, brasileros, tienen que saber que tienen una responsabilidad continental. Cualquier cosa que pase aquí, va a reflejarse sobre todos nosotros. Eso es inevitable por la dimensión del país. Brasil está frente a un problema de seguridad nacional que se refiere a la vida de sus habitantes. Es necesario pararse a pensar un poco en eso, hacer un llamado a la racionalidad.


–¿Qué espacio de actuación ofrecen hoy instancias internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, para enfrentar estos problemas?


–Hace dos semanas tuvimos una reunión con motivo del 40º aniversario de la Corte Interamericana, en la que también participaron miembros de la Corte Africana y de la Corte Europea. Debatimos problemas enfrentados por esas tres cortes regionales. Uno de ellos es que estamos teniendo dificultades para el cumplimiento de las sentencias. Los Estados están utilizando el argumento de la soberanía. Eso es interesantísimo. No creo mucho que la realidad que vivimos hoy pueda definirse por una polarización entre izquierda y derecha. Creo que nuestra realidad regional responder más a una polarización entre colonización y soberanía. Ese impulso del totalitarismo corporativo es un impulso colonizador que perjudica nuestras soberanías. Y ellos defienden ese impulso colonizador alegando el valor de la soberanía.


Las cortes regionales, internacionales y el sistema mundial son un seguro. La vigencia de los derechos humanos tiene que ser empujada por las instituciones de cada país. Las cortes regionales no pueden sustituir esa tarea. Muchas denuncias nos llegan después de años de que las cosas ocurrieran. No tenemos cómo actuar en la solución de conflictos tras diez, quince años. Tenemos alguna importancia en el sentido de bajar doctrinas a los tribunales superiores y cosas así. Si un poder judicial está fallando, no podemos sustituirlo. No tenemos capacidad material para tanto y además sería un absurdo desde el punto de vista institucional.


Texto original en portugués.
Traducción de Pressenza

Sur21

 

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Las hazañas de los informantes Snowden, Assange de Wikileaks y Manning (en la imagen) expusieron los engaños del complejo industrial secreto de espionaje de EU

Los “teóricos de la conspiración” se han quedado cortos y han sido superados en EU por la inimaginable realidad indigesta para los leguleyos.

Las hazañas de los informantes samaritanos Snowden, Assange de Wikileaks y Manning expusieron los engaños del “complejo industrial secreto de espionaje” de EU y su quinta esencia totalitaria que opera un “gobierno en la sombra” sin elegir que busca derrocar mediante un golpe de Estado a Trump, según las perturbadoras develaciones de Kevin Shipp, ex agente de primer nivel de la CIA (https://bit.ly/2nBXkLd).
Según el denunciante Kevin Shipp, el célebre Deep State y el gobierno en la sombra representan dos entidades separadas entre sí: “el gobierno en la sombra controla al Deep State y manipula tras bambalinas a nuestro gobierno elegido” para perpetrar su terribles crímenes contra los desvalidos ciudadanos (https://bit.ly/2MLqK4B).


Shipp, ex funcionario de contraespionaje del antiterrorismo, ya había expuesto la maligna operatividad de la CIA en su libro Desde las sombras de la compañía (https://amzn.to/2OBbqYV). Hasta el NYT había revelado hace siete años la extraña persecución que Shipp había sufrido con su familia en la casa que le asignaron perversamente en Camp Stanley: un depósito clandestino de armas experimentales en San Antonio donde el agua potable está contaminada por la toxicidad de los acuíferos (https://archive.fo/zkttH). What is going on en Camp Stanley?

Arguye que el Deep State está conformado por el complejo militar industrial, los contratistas (sic) del espionaje y el Pentágono, Wall Street, la Reserva Federal, FMI, Banco Mundial, Secretaría del Tesoro –lo cual concurre con la definición del ex legislador texano Ron Paul (https://bit.ly/2w6nXf6)–, mientras “la cúpula del gobierno en la sombra son la NSA (National Security Agency) y la CIA”, al unísono de la Agencia Nacional de Espionaje-Geoespacial (NGA) y la Oficina Nacional de Reconocimeinto (NRO).


Kevin shipp aduce que la CIA fue entronizada, sin aprobación del Congreso, por el muy influyente Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés) con fuertes vínculos con los multimedia.

La CIA es el “nodo central” del gobierno en la sombra y controla a las otras 16 agencias de espionaje, pese a que teóricamente la DNI (http://www.dia.mil) las controla a todas.

La CIA –creada por una orden ejecutiva de Truman, The National Security Act (https://bit.ly/UrWsYI), quien ordenó el lanzamiento de dos bombas nucleares hace 73 años en Hiroshima y Nagasaki–puede manipular al presidente y sus decisiones políticas, controla a los contratistas del Pentágono y el espionaje, puede detonar las guerras, torturar (nota: hoy su directora Gene Cheri (sic) Haspel es el summum de la tortura), perpetrar ataques de falsa bandera, catalizar golpes de Estado, etcétera.


A su vez, el presidente maneja su “ejército secreto”, la agencia JSOC (Joint Special Ops Command), que puede usar para asesinatos secretos y derrocamiento de los gobiernos.
En torno del “complejo industrial secreto de espionaje” orbitan cinco megaconglomerados de contratistas que operan “sin reportar” bajo el manto de top secret: Leidos Holdings, CSRA, CACI, SAIC y Booz Allen Hamilton.


Después del 11/9 fueron creados “más de 10 mil sitios secretos en EU” (https://bit.ly/2nKsrVb). ¿Cuántos existirán esparcidos en el mundo, incluyendo México?


El Congreso está totalmente controlado por el “complejo militar industrial” mediante el Comité de Servicios del Ejército de 48 miembros que reciben lubricaciones pecuniarias a cambio de su voto en favor de la enmienda de gastos para los militares y el presupuesto de espionaje.


Según Snowden, sólo el presupuesto de la CIA rebasa 50 mil millones de dólares al año sin auditoría alguna.Tambien recuerdo el extravío de varios billones (sic) de dólares por el Pentágono gracias a la contable magia kosher de su “contralor” el rabino (literal) Dov Zakheim (https://bit.ly/2B8Dukw).


En EU, ser inimputable contratista del gobierno en la sombra es más importante que un vulgar congresista controlado por la CIA.


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Domingo, 05 Agosto 2018 08:04

Una enigmática campaña

Una enigmática campaña

El próximo 7 de octubre se celebrará en Brasil la elección presidencial con resultado más incierto desde 1989, cuando, tras el fin de la dictadura, fue restablecido el sufragio directo. Aunque el panorama político todavía es muy nebuloso, los partidos lanzaron sus campañas con ímpetu y comenzaron a anunciar oficialmente sus candidatos presidenciales. Las últimas candidaturas más destacadas son las de Ciro Gomes, por el Partido Demócrata Laborista (Pdt), y la del ultraderechista Jair Bolsonaro, por el Partido Social Liberal (Psl).

El ex presidente Lula, preso en Curitiba, sigue liderando en las encuestas de cara a las presidenciales, aunque su futuro político sigue en un limbo, ya que su posibilidad de candidatearse dependerá de la decisión del Tribunal Superior Electoral, que el 15 de setiembre podría vetarlo por estar condenado en segunda instancia. No obstante, el PT espera que los recursos judiciales presentados por los abogados de Lula impidan esa inhabilitación. En el caso de que el plan no prospere, el ex ministro José Dirceu, con gran peso en el partido, ya ha apoyado la candidatura de Jacques Wagner, ex gobernador de Bahía. Otro posible candidato sería Fernando Haddad, ex alcalde de San Pablo y coordinador de la campaña de Lula.


Por la izquierda, el Partido Comunista de Brasil lanzó como presidenciable a Manuela d’Avilla, mientras que la fórmula del Partido Socialismo y Libertad (Psol) es Guilherme Boulos como presidente y la indígena Sonia Guajajara como vice. En estos días también se confirmó la candidatura de la ex petista Vera Lúcia por el trotskista Partido Socialista de los Trabajadores Unidos (Pstu), que se creó como una escisión del PT.
Por otro lado, Marina Silvia se lanzó por tercera vez como candidata por el partido Rede. En 2014 terminó dando su apoyo en segunda vuelta al entonces candidato Aécio Neves (del Psdb), que actualmente enfrenta nueve causas de corrupción.


Ciro Gomes, candidato del Pdt, ha hecho numerosos intentos por sumar apoyos y conseguir para fines de agosto el mayor tiempo posible en la televisión. En busca de un posible apoyo del PT, en caso de que su candidato estrella sea inhabilitado a candidatearse, ha elogiado a Lula y defendido su liberación inmediata. Pero pocos días antes, tratando de ganarse el respaldo del centro político, había manifestado desacuerdos con el ex presidente preso.


En los próximos días debería oficializarse la candidatura presidencial de Geraldo Alckmin, por el Partido de la Social Democracia Brasileña (Psdb), que consiguió el apoyo del Partido Laborista Brasileño (Ptb) y otros denominados “de centro” (Dem, PP, PR, Psd, Prb y Solidariedade), integrados por parlamentarios que se caracterizan por apoyar a quienes les ofrecen beneficios personales y que colaboran con el gobierno de Temer. Alckmin es un político vinculado al Opus Dei y es partidario de la reducción del Estado y de las privatizaciones (como las que se llevaron a cabo bajo la presidencia de Fernando Henrique Cardoso). Defiende las reformas del trabajo y del sistema de jubilaciones –al igual que la congelación del gasto público por 20 años– que el propio Temer no logró hacer aprobar. El ex gobernador de San Pablo busca a toda costa presentarse como el candidato preferencial del centro, aunque sus propuestas son claramente de derecha.


Otro candidato prominente de San Pablo es el diputado Jair Bolsonaro. Este capitán de reserva del Ejército es el candidato de la extrema derecha brasileña. Defensor declarado de la dictadura iniciada en 1964 y de varios torturadores, como el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, todavía no ha anunciado quién será su candidato a vice, pero no ha descartado que pueda ser un militar de reserva que comparta su ideología. Las encuestas vienen ubicando a Bolsonaro en segundo lugar después de Lula. Y en caso de que el petista preso no pueda candidatearse, sus chances serían óptimas: desde hace varios meses las encuestas indican que sería el más votado en primera vuelta.


Otros pretendientes al cargo presidencial son João Goulart –hijo del presidente del mismo nombre, depuesto por el golpe de 1964–, que será oficializado por el Partido Patria Livre (Ppl), y el senador Álvaro Dias, que militó varios años en el Psdb y a pesar de haber cambiado de partido sigue defendiendo los mismos ideales conservadores. Dias es el candidato presidencial de Podemos (que nada tiene que ver con el partido español). Por el Partido Demócrata Cristiano se candidatea a presidente José Maria Eymael junto con el pastor de la evangélica Asamblea de Dios Helvio Costa como vice.


El partido del presidente Temer –el Movimiento Democrático Brasileño, Mdb, que en diciembre pasado eliminó la pe inicial de su sigla– oficializó ayer la candidatura presidencial de Henrique Meirelles, quien fuera ex ministro de Hacienda de Temer. Meirelles no cuenta con más de 1 por ciento de las intenciones de voto y es probable que termine bajándose de la carrera a favor de algún otro candidato de la misma orientación política.


La campaña electoral brasileña sigue siendo un carnaval de pactos y movidas tácticas.

Por Mario Augusto Jakobskind
3 agosto, 2018

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Admite Nicolás Maduro fracaso de su modelo productivo

Los modelos productivos que hasta ahora hemos ensayado han fracasado y la responsabilidad es nuestra, mía, tuya, manifestó el presidente Nicolás Maduro en un congreso del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) la noche del lunes. El, se recordará, enfrenta hiperinflación y cuatro años de recesión.

Basta de lloriqueos. Nos toca producir con agresión o sin agresión, con bloqueos y sin bloqueos, hacer de Venezuela una potencia económica. Cero lloriqueo. Quiero soluciones, compañeros, subrayó.
El gobierno socialista estatizó la producción del cemento y el acero, expropió cientos de empresas –entre ellas cadenas de supermercados– y recientemente militarizó mercados municipales en una cruzada contra los precios altos.


Asimismo, fija los precios en varios rubros y monopoliza las divisas.


Calculo unos dos años para lograr un alto nivel de estabilidad y que podamos ver los primeros síntomas de la prosperidad nueva, económica, sin abandonar un segundo la protección y la seguridad social, enfatizó.
Recalcó que sus planes para la recuperación económica incluyen llegar a 6 millones de barriles diarios en 2025 o antes, con una producción petrolera que se desplomó de 3.2 millones de toneles diarios en 2008 a 1.5 millones en 2018.


El Fondo Monetario Internacional estimó que este año la inflación de Venezuela será de casi un millón por ciento y que el producto interno bruto caerá 18 puntos porcentuales, tras desplomarse 14 por ciento el año pasado y 16.5 en 2016.


Maduro llamó a la militancia del PSUV a sumarse a la recuperación de la producción, pese a las agresionesde Estados Unidos.


Washington ha impuesto sanciones financieras a Maduro, funcionarios del gobierno y la estatal Petróleos de Venezuela, que aporta 96 por ciento de ingresos del país por la exportación de crudo.


Las consecuencias de los controles se reflejan, por ejemplo, en el sector agrícola, que apenas abastece 25 por ciento del consumo nacional, tras aportar 75 puntos porcentuales en el pasado, según estimaciones de la Federación Nacional de Agricultores.


La industria, por su parte, funciona a 30 por ciento de su capacidad, según la Conindustria.


Apagón en la capital


En tanto, un apagón afectó este martes 80 por ciento de Caracas debido a una falla técnica en una subestación eléctrica de la localidad de Santa Teresa, informó el gobierno, lo cual ocasionó caos en el transporte y los servicios de comunicación.


Se vieron afectadas zonas de Miranda y las ciudades de Guarenas, Guatire y Vargas, donde se ubica el aeropuerto internacional de Maiquetía, que sirve a la capital.


Tras dos horas, el ministro de Energía tuiteó que el problema se resolvió 90 por ciento.


El Metro de Caracas, que transporta 2 millones de personas al día en sus cinco líneas, comunicó que al menos dos tramos dejaron de prestar servicio. La línea uno, que une la ciudad de este a oeste con 22 estaciones, interrumpió el servicio.


Miles de personas intentaron llegar a pie a sus trabajos y los escasos autobuses pasaban iban llenos, ya que 90 por ciento de la flota está inactiva por falta de refacciones, según transportistas.


Los semáforos dejaron de funcionar, lo cual ocasionó caos vehicular. Además, hubo interrupciones constantes en los servicios de telefonía celular e Internet.


El apagón causó afectaciones en el comercio, dependiente de los pagos electrónicos por la escasez de efectivo, que se ha profundizado por la hiperinflación.


El gobierno atribuye los apagones a sabotajes de sus adversarios para crear descontento, pero el secretario de organización del Sindicato de Trabajadores Electricistas, Domingo González, dijo que el corte obedeció a la falta de líneas de servicio.


No siempre que haya corte eléctrico se puede decir que es sabotaje. Le estamos pidiendo al Ejecutivo que apruebe recursos para activar la empresa, que está en la ruina, porque se ha dejado de invertir, apuntó González.


 Maduro: falló el modelo

No es nada frecuente entre los gobernantes contemporáneos, e incluso podría decirse que es insólito, el señalamiento autocrítico formulado por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, en el cuarto congreso de su partido, el Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en el sentido de que “los modelos productivos que hasta ahora hemos ensayado han fracasado”, en lo que constituye una referencia inequívoca a la política económica de su presidencia.

Este crudo mea culpa del mandatario, que contrasta con el empecinamiento con el que otros gobernantes se aferran a recetas fallidas, incluso cuando resultan inocultables las evidencias de la catástrofe social, como ha ocurrido en México y, más recientemente, en el Brasil de Michel Temer y la Argentina de Mauricio Macri, tiene como telón de fondo una hiperinflación de un millón por ciento, una caída de 18 por ciento del producto interno bruto, un severo desabasto de productos básicos y una regresión en las conquistas sociales conseguidas en los primeros lustros del régimen bolivariano. Otros indicadores que contribuyen a hacer insostenible la política económica de Maduro es la depresión del sector agrícola –que pasó de abastecer 75 por ciento del consumo nacional a sólo 25 por ciento–, el colapso industrial –la planta instalada funciona a 30 por ciento de su capacidad– y el desplome de la producción petrolera, principal fuente de divisas del país, que cayó de 3.2 millones de barriles diarios en 2008 a 1.5 millones en el año en curso.


Si bien es cierto que Venezuela enfrenta una agresiva embestida económica, política y diplomática de Estados Unidos y de varios de sus aliados latinoamericanos, es inocultable que una parte central de la responsabilidad por la presente crisis tiene que ver con malas decisiones internas. De ahí el exhorto de Maduro a la militancia del PSUV a “producir con agresión o sin agresión, con bloqueos y sin bloqueos”.


El gobernante chavista delineó una perspectiva de recuperación y reactivación con objetivos tan ambiciosos como lograr que la población recupere su poder adquisitivo “a partir del 20 de agosto”y, a un plazo mayor, llevar la producción de crudo a 6 millones de barriles diarios para 2025 “o antes” y alcanzar “en dos años un alto nivel de estabilidad (…) sin abandonar un segundo la protección y seguridad social”. Para alcanzar tales metas propuso un “cambio total” y una “nueva economía” a fin de realizar “una cura profunda”.


Pero los malos resultados económicos tienen un impacto insoslayable en el desasosiego político por el que atraviesa la nación sudamericana, en el que confluyen además el cerco internacional y la intensa labor de zapa de las formaciones opositoras, por lo que cabe preguntarse si será posible que el régimen bolivariano remedie, en semanas y meses, los efectos catastróficos de años de decisiones equivocadas. Por el bien de los propios venezolanos y de la estabilidad en la región cabe esperar que sí.

 

Tomado de: Opinión. Diario La Jornada

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Creación monetaria y señoraje de los bancos privados

El proceso de creación monetaria por los bancos comerciales privados en una economía capitalista es un misterio para muchos economistas. La fuente de esta confusión se encuentra en el análisis del papel de los bancos en la teoría económica convencional. Urge hacer una crítica profunda de la teoría macroeconómica ortodoxa en este punto.


Los aficionados de la historia del pensamiento económico saben que el papel de los bancos comerciales privados en una economía capitalista fue muy bien entendido por teóricos como Joseph Schumpeter y Hyman Minsky. Pero la teoría ortodoxa no recogió esas enseñanzas y prefirió el camino del oscurantismo y los cuentos de hadas.


Según la teoría ortodoxa los bancos son simples intermediarios. La narrativa es tan sencilla como engañosa: los ahorradores llevan sus ahorros a depositarlos en los bancos. Éstos prestan ese dinero a los inversionistas que demandan capitales. La diferencia entre los intereses que pagan a los ahorradores y los que cobran a los inversionistas otorga ganancias a los bancos por su trabajo de intermediación. Ese relato curioso no tiene nada que ver con la realidad.


Al otorgar un crédito, un banco no necesita comprobar que tiene depósitos en su bóveda. Simplemente verifica que el solicitante del préstamo es cumplidor, que tiene garantías suficientes o que el proyecto es viable. Acto seguido abre una nueva cuenta al cliente y le asigna un depósito por la cantidad del crédito solicitado. Es decir, el crédito es la operación que crea el depósito (y no al revés, como supone la teoría ortodoxa).


El banco prestamista se obliga a poner a la disposición del prestatario la cantidad del crédito en dinero de alto poder, es decir, en billetes emitidos por el banco central. El prestatario se obliga a regresar al banco la suma de dinero en moneda de alto poder. El receptor del crédito puede ahora usar una chequera o su tarjeta de débito en operaciones con otros agentes.


Al usar su tarjeta de débito está firmando una promesa de entregar cierta cantidad de dinero de alto poder. Todos los bancos reconocen sus títulos recíprocamente y por eso sirven como circulante en las transacciones que mueven toda la economía de un país. Las cuentas entre bancos son saldadas todos los días en una cámara de compensación.


Aunque el banco central sigue teniendo el monopolio de la emisión del dinero de alto poder, la cantidad de dinero de alto poder en circulación es muy pequeña y en el agregado monetario no representa más de 5 por ciento. Esto es típico de todas las economías modernas.


Es evidente que la creación monetaria por el poder soberano tiene muchas ventajas. La más importante es el señoraje, palabra que proviene del poder exclusivo que tenía antaño el señor feudal para acuñar monedas. Es una ventaja económica que se calcula como la diferencia entre el costo de producción de la moneda y su valor nominal.


Emitir un billete de mil pesos tiene un costo ínfimo y por tanto el señoraje sobre ese billete es cercano a mil pesos. Pero la cantidad de billetes de alto poder en circulación es muy pequeña. La mayor parte del circulante es emitido por los bancos privados.


En esencia, eso significa que el privilegio por señoraje ha sido transferido a los bancos comerciales privados que crean moneda en el momento de otorgar un crédito. Y si la creación monetaria se hace por conducto de medios electrónicos, el señoraje aumenta mucho porque el costo de producción de las unidades monetarias transferidas es despreciable.


¿Cómo se calcula el señoraje de los bancos comerciales privados por su creación monetaria? La parte medular de la metodología (que es compleja) considera las ganancias por intereses que perciben los bancos al emitir deuda que es usada como dinero. En otros términos, el señoraje de los bancos privados no proviene directamente de un aumento en su poder de compra al emitir dinero. Se genera porque sus pasivos son aceptados por los agentes en la economía como dinero. Ninguna otra entidad tiene la capacidad de emitir deudas que son utilizadas como circulante en una economía.


Las ganancias por señoraje son considerables y son un subsidio de toda la sociedad a los bancos privados. En el Reino Unido han sido estimadas en 23 mil millones de libras esterlinas anuales, monto equivalente a 1.2 por ciento del producto interno bruto anual (PIB).


Un ejercicio parecido en el caso de México (ajustando diferencias por el tipo de sistema bancario y la profundidad del sistema financiero) podría arrojar un señoraje de 0.7 por ciento del PIB anual, lo que en el año que corre significaría unos 8 mil 400 millones de dólares. Un bonito regalo para los señores del dinero.


Es evidente que cualquier discusión sobre el futuro del país debería considerar las ganancias asociadas a la creación monetaria y las formas de recuperar las ventajas de señoraje para la sociedad. Este privilegio no puede quedar en manos de los bancos comerciales privados.


Twitter: @anadaloficial

 

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Lunes, 30 Julio 2018 07:46

Frente a Goliat

El David, de Miguel Ángel, una de las estatuas más famosas del mundo, después de la limpieza efectuada por restauradores italianos.

Siempre ha estado omnipresente en México y en otros países latinoamericanos la inevitable interrogante para quienes buscan y se atreven a impulsar un cambio real y profundo: ¿Qué hacer con el gigante al lado, sabiendo que buscará frenar o, por lo menos, condicionar ese cambio?

La ilusión de que jugando bien, bajo las reglas del dueño del juego –lo que algunos argumentan es un pragmatismo necesario–, ha llevado casi siempre, tarde o temprano, a derrotas. En coyunturas como la nuestra, en la cual se promete impulsar un cambio, la suposición de algunos, de que uno puede jugar tan hábilmente sobre el tablero del más poderoso –incluso usando su vocabulario–, es la receta arrogante para un fin trágico.


Los triunfos de quienes se atrevieron a impulsar cambios reales en décadas recientes en los países vecinos del gigante –algunos mediante revoluciones armadas, otros vía revoluciones electorales y otros más con alianzas novedosas– comparten un elemento común en su origen: no jugaron sobre el tablero y/o rompieron las reglas del gigante.


En el cuento bíblico, David primero se prepara para una batalla convencional de espadas contra Goliat, pero se da cuenta de que no puede ganar así y levanta las piedras que lanzará contra su opositor. Con ello rehúsa comportarse como se esperaba en un duelo, lo cual desconcierta a Goliat, quien no sabe cómo responder.


El autor y ensayista Malcolm Gladwell exploró por qué a veces los David ganan contra los gigantes. Cita al politólogo Iván Arreguín Toft, quien examinó todas las guerras libradas en los pasados dos siglos, entre contrincantes 10 veces más poderosos que sus opositores débiles, y encontró que los primeros vencen en 71.5 por ciento de esos conflictos. Pero lo más sorprendente era ese tercio de batallas en que los débiles ganaban a los gigantes. El politólogo descubrió que en los casos en que los débiles reconocían su desventaja y buscaban una estrategia no convencional, el porcentaje de triunfo de los David subió de 28.5 a 63.6 por ciento. “Cuando los menos favorecidos optaron por no jugar con las reglas de Goliat, ganaban”, reporta Gladwell, quien subraya que ganan “aun cuando todo lo que pensamos que sabemos sobre el poder indica que no debieron ganar”.


Gladwell exploró otros casos, entre ellos el de T.E. Lawrence (Lawrence de Arabia), en su exitosa campaña rebelde contra la ocupación de Arabia del poderoso ejército turco, en la cual, con su ejército irregular de beduinos, buscó sus flancos más débiles y en lugar de poder armado usó la velocidad en sus asaltos y sabotajes. Todo culminó en la ciudad porteña de Aqaba, donde los turcos se habían preparado sólo para los ataques que esperaban desde los buques británicos, pero Lawrence montó el ataque desde el desierto. “Los turcos, sencillamente, no pensaban que sus contrincantes serían lo suficientemente locos para atacarlos desde el desierto”, escribe Gladwell.


El autor también investigó a un equipo de basquetbol de niñas de 12 años, que con un nuevo entrenador sin experiencia en ese deporte decidió cambiar la coreografía tradicional del juego y aplicar una presión defensiva constante sobre el otro equipo –con el resultado de que al no jugar de la manera esperada, su equipo más débil empezó a triunfar sobre equipos muy superiores.


Gladwell recuerda que Lawrence no era militar, sino arqueólogo y poeta, y que David no era guerrero, sino pastor, que se enfrentó a Goliat con las herramientas de su profesión –su honda y bastón, con los cuales protegía a sus ovejas. A veces los expertos, profesionales y otros maestros del pragmatismo no necesariamente son los que saben por dónde y cómo.


hay otro secreto que puede ser parte de una respuesta a la interrogante eterna de cómo imaginar un cambio al estar junto al gigante: hay Davides dentro de la tierra de Goliat que también están desafiando las reglas de este juego y comparten algunos de los mismos anhelos de un cambio democrático real que se expresan del otro lado de la frontera (ese será tema para la próxima columna).

 

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El socialismo como significante vacío en Estados Unidos

Pocas ideas tan connotadas, y más en EE UU, como socialismo. Sin embargo, su uso por parte de dirigentes como Bernie Sanders o Alexandria Ocasio Cortez ha logrado apelar a generaciones más jóvenes. ¿Qué otros significados puede guardar dentro esta palabra?

En la radio se oyen declaraciones de apoyo al socialismo democrático por parte de candidatos conversos, activistas, y mucha gente joven. Algunos dicen que el socialismo está conquistando el Partido Demócrata. Otros claman que en absoluto. ¿Qué significa este surgimiento del socialismo?

Mientras escucho, es obvio que al menos mucha gente defiende o está dispuesta a defender la justicia, una integridad sincera y empática, la sensatez ecológica, la capacidad de todo el mundo de vivir una vida plena, más educación y asistencia médica gratuitas para todos, entre otras políticas progresistas.


Esto es positivo pero no es nuevo. En cualquier momento de estos últimos cincuenta años, gran cantidad de personas hubiera dicho que estaban a favor de estos objetivos. Lo que sí es nuevo, gracias a Bernie Sanders [histórico senador socialista demócrata por el Estado de Vermont y candidato alternativo a Hillary Clinton en las primarias demócratas de 2016, N. del E.] y a los últimos cinco años de activismo, es que dichas personas ya no evitan la etiqueta socialista. Si se hubieran calificado de socialistas estos mismos valores hace diez años, y durante mucho menos tiempo, esta postura habría obtenido poco apoyo y provocado un estallido de indignación despectiva, mientras que, si se le hubiera llamado preocupación por la humanidad, progresismo, o lo que fuera, habría recibido tanto apoyo como hoy.


Otro de los cambios de sentido, menos semántico y mas sustancial, es que pocas personas con los mencionados valores sociales, progresistas y humanos toman como un evangelio indiscutible que todo el cambio que necesitamos es arreglar nuestras instituciones retirando a unas cuantas malas personas que las ocupan. Mucha gente rechaza no sólo el sexismo, el racismo y el autoritarismo sino también el capitalismo. Mucha gente rechaza las manzanas podridas pero también las instituciones podridas.


¿Hasta qué punto es importante esta creciente crítica sin tapujos y este rechazo abierto de las instituciones? ¿Desembocará en compromisos compartidos y generalizados a largo plazo lo suficientemente amplios como para sostener organizaciones participativas, de base, multi-estratégicas y multi-temáticas?


La izquierda sufre desde hace mucho de los búnkeres de los enfoques por separado. Los activistas opinan, de manera prácticamente universal, que las preocupaciones principales se cruzan e incluso se enlazan, y sin embargo pocos de los que se centran en cuestiones como la inmigración, la violencia contra las mujeres, la guerra, el feminismo, el racismo, el militarismo, las catástrofes climáticas, la contaminación, la distribución de la riqueza, la locura de los mercados, la violencia policial, las reformas electorales, u otras preocupaciones que valen la pena, defienden activamente no sólo su propia agenda, sino todas los demás ¿Por qué no ayudamos todos los objetivos de toda prioridad válida, no sólo de boquilla, sino con visión estratégica y compromiso constante?


Una de las razones es que no contamos con respuestas compartidas globales para contestar a la pregunta obvia: ¿qué queremos, no solamente hoy, sino a largo plazo? Un “ismo” podría ofrecer eso, así que ¿está el “socialismo democrático” a la altura? ¿Podría pasar de ser una simple invitación a un compromiso de unidad serio y tangible? ¿Nos ayudaría a aunar nuestras prioridades aisladas y a plantear con confianza objetivos que enriquezcan nuestra comprensión, generen esperanza y, como dice la expresión, planten las semillas del futuro en el presente?


Para conseguir todo esto, nuestra lealtad compartida necesita amplia sustancia institucional. Si rechazamos el sexismo, vale, pero ¿qué implica esto para el tipo de familias y sexualidad a las que aspiramos más allá de la igualdad material aportada y sostenida por otros cambios? Si rechazamos el racismo, vale, pero ¿qué implica esto para el tipo de interrelaciones culturales entre razas, nacionalidades e identidades étnicas a las que aspiramos más allá del progreso social aportado y sostenido por otros cambios? Si queremos acabar con el servilismo y la subordinación en el ámbito político, vale, pero ¿qué implica esto en la manera de plasmarlo en leyes, dirimir controversias e implementar programas compartidos más allá de la solidaridad aportada y sostenida por otros cambios? Y si rechazamos la explotación y la división entre clases sociales, vale, pero ¿qué implica esto a la hora de estructurar el trabajo y los centros de trabajo y de establecer la distribución de los productos, las recompensas, las responsabilidades y los costes más allá de la justicia aportada y sostenida por otros cambios?


Si el socialismo continúa siendo únicamente sinónimo de buenos valores y de políticas progresistas en el presente, conseguir que se apoye de manera más generalizada será un gran paso adelante, desde luego, y quizás esa sea la mejor manera de utilizar el término en estos momentos, pero, si es así, todos aquellos que anhelamos nuevas instituciones necesitamos un término más abarcador para un nuevo tipo de sociedad que no sólo mejore ciertos problemas, sino que acabe con sus causas estructurales y libere todo el potencial popular. Tendríamos que defender y celebrar la emergente tendencia socialista progresista, sin descartarla o denigrarla, al mismo tiempo que proponemos una perspectiva mas amplia y profunda para que, ojalá, siga avanzando. O, si el término socialismo debe ser la etiqueta de nuestro amplio conjunto de anhelos, entonces lo que expresa debe llenarse mucho.


Personas diferentes tienen ideas diferentes sobre la sustancia extra necesaria. Yo estoy a favor de algo llamado sociedad participativa o, si resultara más convincente que excluyente, socialismo participativo. En muy resumidas cuentas, sea cual sea el término elegido, a mi parecer debería contener: afinidad feminista y relaciones de género que enfaticen que hombres y mujeres no sólo tengan iguales derechos y oportunidades, sino también roles tanto de autoridad como de cuidado en la vida social; intercomunalismo racial, étnico y de cualquier otro tipo que haga prevalecer el acceso de todos a los medios necesarios para crear y alimentar lazos y compromisos culturales de su propia elección; políticas participativas que incluyan autogestión colectiva a través de asambleas desde el barrio a todos los niveles de la sociedad , así como renovados vínculos ejecutivos y legales; además de sistemas económicos participativos que incluyan consejos de empresas e industria federados, remuneración equitativa, una nueva división del trabajo que acabe con las jerarquías duras y planificación participativa en vez de planificación de los mercados o planificación centralizada.


Pero a lo que me estoy refiriendo ahora no es a cuál debería ser la sustancia de un necesario “ismo”, ya sea la recién expuesta u algo más, sino a que la sustancia debería ser mucho más sustancial que cualquier cosa que ahora sea ampliamente apoyada, lo cual significa que incluso cuando los activistas se oponen al vil trumpismo o defiendan el loable sanderismo, se le llame socialismo o no, deberíamos proponer, explorar y debatir de manera conjunta, activa e inclusiva para llegar a una visión compartida y comunicable de lo que apoyamos mucho más sustancial.


Fuente: Znet
Traducción: Tomás Pereira Ginet

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Díaz Canel (izq.) y Raúl Castro (centro) ayer en la Asamblea Nacional de Cuba.

Entre los 34 ministros hay sólo nueve caras nuevas, y la mayoría son en carteras de peso menor. La propuesta de Constitución reconoce la propiedad privada y mantiene como principio esencial la propiedad socialista sobre los medios de producción.

Los diputados cubanos aprobaron ayer el nuevo Consejo de Ministros del presidente Miguel Díaz Canel y comenzaron el debate sobre el proyecto de una Constitución en la Asamblea Nacional.

Cuando Canel asumió la presidencia el pasado 19 abril, informó a los diputados que mantendría al Consejo de Ministros que heredaba de Raúl Castro y esperaría a la reunión plenaria de julio del Parlamento para anunciar su nuevo equipo. El mismo se mantiene sin grandes cambios respecto al heredado de su antecesor, excepto por la novedad que deriva del relevo en la cartera de Economía. Al frente de este ministerio ahora estará Alejandro Gil Fernández, en reemplazo de Ricardo Cabrisas,quien sin embargo se mantendrá como vicepresidente del Consejo de Ministros. Cabrisas fue el funcionario cubano que consiguió renegociar la histórica deuda que Cuba mantenía con el Club de París y que habían deja de pagar en 1980.

Después de aprobar la conformación del nuevo Consejo de Ministros, los diputados discutieron el desarrollo del presupuesto del Estado y comenzaron los tres días de reuniones en los que debatirán la reforma de la actual Constitución que fue aprobada en 1976.

El proyecto de Constitución incluirá un preámbulo y 224 artículos. La misma propone modificaciones en varios puntos centrales que atañen a la estructura del Estado, al sistema económico y prevé nuevos derechos a la ciudadanía. Además plantea la modificación de numerosas normativas vinculadas a las leyes: electoral, de educación, de salud, de empresa y de cooperativa, entre otras. Por otra parte también propone la modificación del código de familia, el código civil y el Penal.

En cuanto a las reformas en el sistema económico, la propuesta de Constitución reconoce las nuevas formas de propiedad, entre ellas la privada pero sin embargo mantiene como principio esencial a la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción. Respecto a las modificaciones en la estructura del Estado, la reforma propone instituir la figura del Presidente y Vicepresidente de la República, quienes una vez electos podrán ejercer ese cargo por cinco años y con posibilidad a desarrollar solo dos mandatos consecutivos. A su vez también crea la figura del Primer Ministro.

En cuanto a derechos para los ciudadanos, la reforma expresa el reconocimiento de la doble ciudadanía, aunque la cubana será la prioritaria en la isla, y la no discriminación por identidad de género, al igual que autorizara el matrimonio igualitario, en respuesta a los reclamos de la comunidad LGTB a pesar del rechazo de las iglesias evangélicas.

Entre otros aspectos Generales del proyecto de Constitución, se ratifica el carácter socialista de la Revolución y el papel rector del Partido Comunista de Cuba, considera irrevocable el modelo político y económico cubano y se preservan los principios de justicia social. Asimismo se hace énfasis en la preservación del medio ambiente y se amplían los mecanismos de participación ciudadana en cada municipio.

Una vez que los diputados aprueben el proyecto de nueva Constitución, se realizarán consultas populares con la ciudadanía para terminar el proceso en un referéndum, para el que todavía no hay fecha establecida.

El nombramiento de los nuevos ministros del gobierno de Canel acontecidos ayer, refuerza el mensaje de continuismo que ya subrayó el nuevo mandatario cuando asumió el cargo, pues entre los 34 miembros hay solo nueve caras nuevas y la mayoría son en carteras de peso menor. De los nuevos ministros, varios eran hasta ahora los “número dos” de los departamentos que ahora asumen. Los nuevos nombramientos responden a las áreas de: Comercio Exterior, Salud, Publica, Comunicación, Cultura, Justicia, Industria Alimentaria, Energía y Minas, Justicia y Recursos Hidráulicos.

Los que se mantienen en sus cargos son los titulares de otras áreas fundamentales para el desarrollo cubano como los de Turismo, Manuel Marrero, nombrado en 2004 por Fidel Castro, e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, principal responsable de captar capital foráneo. Repiten además los titulares de los dos ministerios que controlan la Seguridad del Estado: el vicealmirante Julio César Gandarilla y el general Leopoldo Cintra al mando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Otro de los nombres de peso ratificados es el del canciller Bruno Rodríguez, considerado un político de “línea dura” y quien con una vasta experiencia en foros internacionales tras nueve años en el cargo seguirá de momento al frente de la activa diplomacia cubana. Permanecen asimismo los ministros del Transporte, de Construcción y Vivienda. El nuevo equipo ministerial tiene una edad promedio de 60 años y está formado por 26 hombres y ocho mujeres.

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El Arte de la Política: Las tres Estratagemas del Triunfo

1. El Arte de la Política

El arte de la política, al igual que el arte de la guerra, tiene sus leyes de triunfo. Quién no obedece su mandato, naufraga. Contrario al sentido común, esas leyes (sociales) tienen una fuerza comparable a las del universo físico. Lo que varía es el tiempo de aplicación de su determinismo. El impacto de la gravitación, por ejemplo, es inmediato. En el mundo político, en cambio, las repercusiones de las formas patológicas de relacionarse con la realidad –dogmatismo, ignorancia, sectarismo, narcisismo, verticalismo extremo-- frecuentemente se manifiestan desfasadas en el tiempo: dependiendo del poder de las contradicciones en juego, particularmente, de la fuerza de las clases sociales y de los Estados involucrados. De todas formas, sólo permiten éxitos breves en la política. La pronta implosión económica-política del proyecto corporativo-populista de Trump, el desastre de la dictadura bonapartista reaccionaria de Maduro y el fracaso autocrático de Daniel Ortega-Rosario Murillo, son algunos de los innumerables ejemplos históricos respectivos.


2. Triunfo y Elasticidad


Los líderes y movimientos políticos tienen que ser conscientes en todo momento, que actúan bajo reglas superiores a sus propios deseos e intenciones. Tienen que subordinarse al macrosistema nacional y geopolítico, tal como un capitalista tiene que subordinarse a las leyes de la crematística (economía mercantil) de mercado. El control de las desviaciones subjetivistas mencionadas en la Realpolitik es esencial en la lucha para llegar al gobierno. Y sigue siendo esencial, cuando el sujeto de transformación, es decir, el flamante gobierno, se convierte en administrador de la Nueva Normalidad. Los decisores de la nueva ortodoxia (gobierno) tienen que seguir entonces la eterna lógica de la lucha por el poder: consolidar el triunfo temporal de la conquista con su estructuración institucional duradera. Eso por dos razones: a) el triunfo electoral deja intactos los poderes fácticos, entre otros, el gran capital, las corporaciones mediáticas, las Fuerzas Armadas y la hegemonía geopolítica (monroeísmo); b) esos poderes fácticos son elásticos (resilient) en el sentido de la física, es decir, tienen la propiedad mecánica de recuperar su forma original cuando se elimina la fuerza exterior que la altera.


3. Vanguardia igual a Centro


Los intentos de descarrilar al nuevo gobierno no sólo se activan desde la elasticidad reaccionaria de las élites desplazadas, sino también desde los conglomerados de biblioburros (intelectuales), oportunistas y movimientos con "infantilismo radical izquierdista" (Lenin), motivados en parte por narcisismo, en parte por intereses utilitaristas. En este polígono de fuerzas, una vanguardia gubernamental contemporánea sólo puede constituirse, desligándose de la ultraizquierda y de la derecha. Esto es valido tanto en la Patria Grande capitalista, como en la China socialista. En la fase actual de defensa estratégica de la democracia en América Latina y hasta que se genere una fuerza de transición post capitalista y/o se disuelva el Imperio monroeista, la ecuación dominante de la praxis gubernamental es evidente: la posición de vanguardia es igual a la del centro. Se trata de la célebre aurea mediocritas de los romanos, o, en palabras del canciller alemán Bismarck, del "arte de lo posible". Asumir esta posición no garantiza automáticamente el triunfo final del proyecto histórico iniciado. Pero es, sin duda, la condición imprescindible para iniciar la odisea hacia la nueva sociedad.


4. Conquistar el Sol


La esencia de toda política es la lucha por el poder. En las sociedades de clase, el Estado es la principal fortaleza del sistema dominante, es decir, el centro de gravitación operativo de su dinámica y cohesión. Es el centro gravitacional operativo, porque el centro estructural lo constituye la clase dominante. Toda transformación real significativa requiere, por lo tanto, el control de ese centro operativo, aun cuando sólo es posible ocuparlo parcialmente. Una analogía astronómica ilustra didácticamente el problema. Para modificar la órbita de la tierra es necesario modificar el centro de masas del sistema, el sol, porque es el astro que regula su dinámica. No hay otra forma de hacerlo. Para la esfera política esto significa, que un actor que no quiere conquistar el Estado, o al menos el gobierno --que es un subsistema del Estado-- no es un actor político serio, sino un simulador o iluso.


5. Ladrando a la Luna


Pifias anarcoides, como que la "lucha por cambiar el mundo" no debe ser centrada "en la toma de poder del estado" (J. Holloway); anacronismos como demandar un gobierno de "obreros y campesinos" (algunos "trotskistas"); mistificaciones seudo-religiosas de la represión como "victorias de la mano de Dios" (R. Murillo) y los comic strips (tiras cómicas) sobre "caracoles" y "redes de redes", divulgados por académicos oportunistas y mediocres, no son más que propuestas quijotescas que siembran ilusiones sobre las leyes de movimiento y la esencia de lo político. Se trata de avatares, que ladran a la luna para distraer del sol. Ardides de mercadotécnica pro domo (en beneficio propio) de una filosofía, política y "ciencia" social criolla castrada, que defienden franquicias y clientelas cautivas del mercado político.


6. El poder: llave del universo político


No hay aspecto del universo físico ni social, que no esté dominado por el poder o la fuerza. Abstraer de esa propiedad universal del cosmos y no convertirla en centro de análisis de las sociedades de clase, hace imposible toda comprensión científica de la realidad. Su intelección (comprensión) mediante esta determinante universal es metodológicamente fácil con la definición del poder hecha por Max Weber: "Poder es la capacidad de imponer su voluntad a otros, aunque sea en contra de la voluntad de ellos".


En la sociedad humana el poder existe en cuatro formas principales: la política, la militar, la económica y la cultural. La funcionalidad de cada una de esas modalidades del poder es específica: en la política se trata de coordinar y dirigir relaciones sociales; lo militar se refiere a la coerción y/o destrucción física del adversario; la razón de ser de la economía (capitalista) es la obtención de ganancias (plusvalor) y la función de la cultura es la integración/comunicación social. Toda relación humana contiene esas cuatro modalidades del poder (fuerza), aunque, generalmente, una de ellas predomina. Esa forma predominante define la clase lógica a la cual la relación social pertenece.


Las cuatro modalidades o formas de poder son interactivas y la preeminencia de una forma de poder puede cambiar a otra, al cambiar las circunstancias en que la relación existe. Una relación de "amor" (cultural), por ejemplo, puede deteriorarse y convertirse en relación militar, es decir, caracterizada por la violencia física. Ese cambio cualitativo en las relaciones sociales en función del poder es semejante al "cambio de fase" en sistemas físicos y químicos y puede ser analizado con beneficio heurístico (de comprensión) en analogía a éstos.


7. Lo posible - Bismarck


Las tres estratagemas que todo movimiento, partido o líder político debe respetar para triunfar, se derivan de la praxis política (Bismarck), de las ciencias militares (Clausewitz) y de la epistemología científica (Marx). La política es "el arte de lo posible" (Die Kunst des Moeglichen), no de lo soñado o deseado valoricamente o intelectualmente, decía Bismarck. Y tiene toda la razón. Es la correlación de fuerzas reales en las cuales se pretende implementar un proyecto histórico, la que determina todos sus aspectos de implementación, como las alianzas posibles y necesarias, tácticas y estrategia, formas de poder a utilizar, etcétera. Los Campos Elíseos del intelectual son sus escritorios. Ahí puede soñar filantrópicamente y mejorar el mundo. El campo de batalla de la realpolitik es el ajedrez del poder.


8. El campo de batalla - Clausewitz


Las ciencias militares, olímpicamente despreciadas por la ignorante "izquierda" contemporánea, son el mejor modelo de razonamiento pedagógico sobre el poder, que la educación política puede encontrar. No carga con las ilusiones generales y manipulaciones clasistas de las "ciencias" sociales, sino expresa la esencia de la sociedad mediante sus fuerzas determinantes. No utiliza condones semánticos y eufemismos como otros géneros comunicativos, sino opera, como dice el barrio bravo de Tepito, con "la Neta". El oficial prusiano Carl von Clausewitz ha sistematizado esa ciencia mediante conceptos como la batalla decisiva, el centro de gravitación, la guerra de atrición y la definición clásica del arte de la guerra: "Los factores espacio, tiempo, fuerza son la base de toda acción militar…El arte operativo de la guerra consiste en emplear las fuerzas adecuadas, en el lugar adecuado, en el momento adecuado". No requiere mayor discusión, que este software operativo es tan vigente para la praxis militar, como para la política y empresarial. Al igual que el caveat del coronel, de que una mala paz es mejor que una buena guerra, y que al adversario vencido no hay que humillarlo, porque esto equivaldría a poner las semillas de la próxima guerra.


9. La Madre de todas las Batallas - Marx


La célebre onceava tesis de Karl Marx sobre Feuerbach, de que los filósofos sólo han interpretado el mundo de diferente manera, pero que de lo que se trata es "transformarlo", le ha causado a muchos filósofos y estudiantes dolores de cabeza. Si consideramos que la mayoría de los filósofos no son científicos, es decir, no usan la metodología científica, y que muy pocos logran escapar del "círculo hermenéutico" (Gadamer) de sus valores y de su privilegiada existencia profesoral burguesa, entonces no sorprende su dificultad con la tesis trascendental del materialismo científico de Marx. Pese a que, a fondo, la relación entre filosofía y transformación de la realidad es evidente. La filosofía es un software del mundo virtual, cuyas elucubraciones sólo pueden realizarse mediante: a) un sujeto social realmente existente, es decir, las clases sociales y/o el Estado y, b) el modus operandi de estos: el poder. Lo demás son mistificaciones.


10. Cuarta Transformación e Illuminati


Lo dicho anteriormente tiene gran actualidad, porque con cada llegada al poder de un nuevo gobierno se acercan cantidades de illuminati filosóficos y educativos, junto con los inevitables mercaderes, que quieren dirigir el proceso. Ante esos oportunistas es necesario insistir, que los hegemónes del cambio no deben ser los biblioburros, los filósofos y académicos, sino las auténticas vanguardias y cuadros de base que forjaron las condiciones para la transición.

 

Viernes, 20/07/2018

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Sábado, 21 Julio 2018 08:17

Quién paga la política

Quién paga la política

El fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos en el caso llamado “Citizens United vs. la Comisión Federal Electoral” marcó el principio del desquicio en ese país y sirve de apunte cuando uno intenta entender hacia dónde se mueven las nuevas derechas que en modo “patio trasero” hacen lo mismo aunque tengan otras leyes. Fue en 2010. Ese fallo revirtió la ley electoral vigente en ese país desde l947, según la cual las corporaciones no podían hacer aportes por ningún candidato en particular, y sólo estaban habilitadas para manifestar públicamente su postura electoral y “sobre temas concretos” mediante avisos publicitarios propios. 

En marzo de 2010, una sentencia con un solo voto más que la posición contraria entre los supremos norteamericanos –cinco votos a favor, cuatro en contra–, revocó la restricción en un fallo con ribetes delirantes: la equiparación de una corporación –con todo su poderío económico– y un ciudadano cualquiera, fue defendida por esos cinco jueces con la Primera Enmienda, y como un acto “en defensa de la libertad de expresión”. Después no nos sorprendamos de la degradación del sistema, del lenguaje, del planeta, de la vida en común, de la calidad de la política: la institución judicial más alta del país más poderoso de Occidente forzaba hace ocho años el lenguaje y el razonamiento invocando un concepto liberal para justificar la destrucción de un sistema político y abrir la puerta del poder a los conglomerados económicos que desde entonces pagaron por sus candidatos y se encaminaron hacia lo que venían planeando desde hacía mucho en sus encuentros anuales: la gobernanza global.


En 2010, dando la noticia y el análisis de ese fallo en el portal Sin Permiso, Juan González Bertomeu –un constitucionalista argentino radicado en Nueva York –, iniciaba su artículo con una cita de El Contrato Social, de Rousseau: “La igualdad implica en lo que concierne a la riqueza, que ningún ciudadano pueda ser tan rico como para poder comprar a otro, ni tan pobre como para estar forzado a venderse”.


Si hablamos en términos democráticos, sin siquiera rozar el tipo de democracia del que hablamos, ese concepto de Rousseau aplicado al financiamiento de las campañas políticas parece encajar en una lógica estricta: si la ley no regula hasta qué cantidad pueden hacerse aportes y quiénes y bajo qué modalidad pueden hacerlos, la idea de democracia se deshace porque es obvio que “los ricos”, hoy devenidos corporaciones, serán los sponsors de un candidato que los favorezca, dejando muy atrás las chances de las demás posiciones políticas y especialmente las que favorecen a los sectores populares. Desde que la política es marketing y los viejos volantes y actos barriales fueron ampliamente superados en el imaginario social por la cultura de la imagen televisiva, permitir que las campañas sean financiadas por corporaciones fulmina la igualdad de oportunidades de ganar exponiendo ideas y propuestas.


Escribía Bertomeu en 2010: “En las sociedades democráticas actuales, el dinero ejerce una influencia significativa sobre la política en general, y sobre el acceso a los cargos en particular. Un aspecto central de la relación entre el dinero y la política gira en torno a la oportunidad efectiva que cada ciudadano tiene de influir (de hacerse oir) en la toma de decisiones. El principio democrático según el cual cada persona vale un voto (no más y no menos que eso) resulta burlado cuando grandes disparidades económicas hacen, por un lado, que ciertos individuos tengan acceso asegurado a la arena política (mediante contribuciones a los fondos de campaña o, incluso, autofinanciando una postulación), mientras que aquellos con menores recursos ven significativamente disminuidas sus posibilidades de lograrlo”.


Eso acababa de hacer la Corte Suprema de Estados Unidos. Destruir la chance de la igualdad de oportunidades de los diferentes partidos. El fallo permitía a las corporaciones y a los sindicatos gastar dinero de manera ilimitada, dejando en el pasado aquellas folklóricas giras distrito por distrito en campañas de recaudación de fondos. Los fondos iban a salir del uno por ciento, mientras el 99 asistiría, en los años siguientes, a la mayor concentración de riqueza registrada en los últimos siglos.


Ese fallo tuvo un antecedente, el caso Buckley (l976, la época no fue ajena), en el que se discutió una ley anterior (de l974) destinada a disminuir el riesgo de corrupción en el sistema político. En su decisión en el caso Buckley, la Corte convalidó las restricciones a las contribuciones, pero liberó los aportes a gastos de campaña, no haciendo, por primera vez, distinción entre “individuos” o “grupos”. Ese es el único colectivismo que sostiene la nueva derecha que baja del Norte: el de los ricos agrupados en conglomerados económicos. Y no sólo eso: la Corte norteamericana indicó que “el concepto de que el gobierno puede restringir el discurso de algunos miembros de la sociedad con el fin de ampliar la voz relativa de otros, es completamente ajeno a la Primera Enmienda, la que fue diseñada para asegurar la más amplia diseminación posible de información a partir de fuentes diversas y antagónicas”.


¿Jeringozo? ¿Posverdad ya en l976? ¿Una nueva definición de un sistema político, ya habilitado desde su mayor instancia judicial para ser copado por los buitres y las transnacionales? Desde entonces, los pequeños aportantes no son más que folklore, son dinámica de imagen, recurso de publicidad en los diarios, ya regados por dinero corporativo, cuando no comprados directamente, para maquillar de periodismo otra forma de la campaña.


Y lo del periodismo no es lateral, sino central: en ese mismo fallo, la Corte también les reconocía a las corporaciones idéntico derecho que a un ciudadano cualquiera a la libertad de expresión. La SIP, que está integrada por dueños de medios y no por periodistas, ha sido en estas décadas la portadora de la medida de la libertad de expresión. Ha usado como propio un derecho por el que lucharon los obreros un siglo antes. Pero no lo ha hecho ilegalmente: la estafa es informativa, porque nunca definen a qué libertad de expresión se refieren. No es la de todos. Es la de ellos y los círculos rojos de los que forman parte.


Que en 2010 esa Corte haya terminado de eliminar todas las diferencias que regulaban la equidad de los ciudadanos frente al poder, y que haya convertido en parte del sistema al lobby y la injerencia de los grandes pulpos en las campañas, fue decididamente un golpe a la política y al sistema a escala más amplia. En la Argentina, los falsos aportantes que denuncian que fueron usados para justificar enormes sumas de dinero cuyo origen el gobierno debe explicar y la justicia tiene la responsabilidad de investigar, es una hilacha de la podredumbre de un sistema que por todos los frentes la nueva y extraviada derecha global busca dinamitar. Las corporaciones se han lanzado a gobernar el mundo. Macri y Vidal son exponentes menores y débiles, torpes e ineficaces, de esa corriente capitalista psicotizada, sólo interesada en el dinero y dispuesta a disolver por la fuerza todos y cada uno de los derechos de los ciudadanos.

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