Científicos de todo el mundo creen que necesitaremos una nueva generación de vacunas anti-COVID en menos de un año

Una cobertura baja de vacunación en muchos países podría tener como consecuencia la circulación de más variantes capaces de infectar a inmunizados. Según un encuesta global, el 88% de los científicos creen que habrá nuevas versiones de las vacunas en pocos meses

 

Existe la posibilidad de que en menos de un año la primera generación de vacunas para la COVID-19 ya no surta efecto y sean necesarias fórmulas modificadas. Eso indica una encuesta entre epidemiólogos, virólogos y especialistas en enfermedades infecciosas.  

La comunidad científica ha señalado desde hace tiempo que es necesario un proceso de vacunación global para neutralizar con éxito la COVID-19. El motivo, la amenaza que suponen las variantes del virus. Algunas de las que están surgiendo y propagándose son incluso más mortales, más contagiosas y más resistentes a las vacunas.  

El pronóstico, que no es bueno, lo comparten dos tercios de las personas encuestadas por la alianza de las vacunas de la gente, una coalición de organizaciones entre las que se encuentran Amnistía Internacional, Oxfam y UNAIDS, que hizo la encuesta entre 77 científicos de 28 países. Casi un tercio de los encuestados indicó que el marco temporal es, probablemente, de nueve meses o menos.

Según el 88% de los que contestaron, una cobertura baja de vacunación persistente en el tiempo en muchos países puede tener como consecuencia una posibilidad mayor de que aparezcan mutaciones resistentes. Entre esas respuestas están las de personas que trabajan en instituciones como la Escuela de Medicina Tropical e Higiene de Londres, la Universidad de Edimburgo, el Imperial College o las universidades de Yale y Johns Hopkins

“Cada día aparecen nuevas mutaciones. A veces encuentran un nicho para el que están mejor preparadas que sus predecesoras. Estas variantes, las que tienen suerte, podrían transmitirse de manera más eficiente y podrían escaparse de las respuestas del sistema inmunológico a cepas previas", dijo Gregg Gonsalves, profesor asociado de epidemiología de la Universidad de Yale, en un comunicado. “A menos que vacunemos al mundo entero, dejamos el terreno de juego abierto a más mutaciones que podrían producir más variantes que, a su vez, podrían escapar a las vacunas actuales y requerirían de dosis de refuerzo”. 

Las vacunas disponibles actualmente han recibido autorizaciones de emergencia por parte de diversas administraciones de todo el planeta y son una mezcla de tecnologías nuevas y antiguas. Tiene gran interés el enfoque del ARN mensajero que utilizan empresas como Pfizer/BioNTech y Moderna. Puede modificarse en cuestión de semanas o meses para adaptarse a variantes nuevas, pero su fabricación siempre es susceptible de generar dificultades en su producción que retrasan el proceso. 

Hay países que no han puesto ni un sola vacuna

Uno de los problemas principales de las vacunas con esta tecnología es que no están al alcance de los países de menos recursos porque son mucho más caras y requieren de un almacenamiento mucho más costoso en comparación con otras. 

Al mismo tiempo, países con más recursos como Estados Unidos y Reino Unido ya ha administrado al menos la primera dosis de la vacuna a la tercera parte de sus habitantes y han garantizado cientos de millones de dosis. Otros países como Sudáfrica y Tailandia no han conseguido vacunar ni al 1% de su población. Algunos países no han puesto ni una sola vacuna. 

Covax – la coalición por la vacunación global, que pretende combatir contra el llamado nacionalismo de las vacunas- espera ser capaz de suministrar dosis a al menos el 27% de la población de países con menores ingresos a lo largo de este año

“La urgencia por vacunar a la población que vemos en los países ricos -esperan que los adultos estén vacunados en verano- no se refleja en todo el mundo. Nos encontramos en su lugar con que Covax tiene como objetivo el 27% de la población si somos capaces de gestionarlo; no es suficiente”, dice Max Lawson, responsable de políticas de lucha contra la desigualdad de Oxfam y presidente de la Alianza de Vacunas del Pueblo, que pide a los fabricantes de vacunas para la COVID-19 que compartan su tecnología y propiedad intelectual para aumentar la producción

“¿Dónde está la ambición para lograr un objetivo global, el que nos pide la ciencia? Creo que esa es la clave. No vemos la ambición necesaria, falta el reconocimiento de que una vacunación limitada es bastante peligrosa”. 

Por Natalie Grover

2 de abril de 2021 20:28h

Traducido por Alberto Arce

Experimento monos y humanos Volkswagen trató de ocultar su experimento con monos por los "devastadores" resultados

Los resultados mostraban que las emisiones diésel de los vehículos recientes eran "más nocivas" que las de los antiguos, según publica el periódico alemán Bild

 

El fabricante de automóviles alemán Volkswagen ha tratado de ocultar los resultados de las pruebas sobre emisiones diésel en monos y humanos, que mostraban que las de los vehículos recientes eran "más nocivas" que las de los antiguos, según publica el periódico alemán Bild.

El diario ha sacado a la luz los documentos internos del laboratorio que los llevó a cabo, según los cuales estos experimentos "no debían publicarse nunca" porque podrían ser "demasiado devastadores".
Las pruebas consistían en tener a diez monos, encerrados en una pequeña jaula de cristal, respirando durante cuatro horas los gases de motores diésel. Estos experimentos fueron financiados por tres fabricantes automovilísticos alemanes, según un informe que publicado por el diario alemán Bild Zeitung.
El informe del laboratorio que realizó el experimento para la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente en el Transporte (EUGT) -financiada por los fabricantes Volkswagen, BMW y Daimler- muestra que los gases de escape de la combustión de los motores diésel eran introducidos a través de unos tubos en la jaula donde se encontraban los animales.


Asimismo, se les introducía un endoscopio por la nariz o la boca hasta los bronquios y se les hacían análisis de sangre, de acuerdo con el resumen que publica el diario del informe de 58 páginas.
Los animales fueron expuestos a los gases de combustión de un Volkswagen Beetle de 2013 y de una camioneta Ford de 1997 con el objetivo de demostrar que los del primero eran más limpios, pero los resultados no fueron los esperados, según el periódico.
El pasado lunes dos diarios alemanes Süddeutsche Zeitung y Stuttgarter Zeitung destaparon el escándalo de los experimentos con animales realizados por la EUGT en Estados Unidos para demostrar supuestamente que las emisiones de los nuevos diésel no eran tan nocivas para la salud. Los diarios aseguraron además que también se habían realizado experimentos con humanos con el mismo propósito.


El entonces responsable del consejo asesor de investigación de la EUGT, Helmut Greim, declaró al semanario Der Spiegel que los fabricantes automovilísticos "naturalmente conocían los experimentos" y aseguró que "no pusieron ninguna objeción".
El presidente de Volkswagen, Matthias Müller, afirmó el lunes tras conocerse la noticia que los ensayos fueron "repugnantes y antiéticos" y consideró que demuestran que su empresa y la industria deben confrontarse de manera "más seria y sensible con las cuestiones éticas".
Müller reconoció que algunos trabajadores de Volkswagen tenían informaciones sobre los controvertidos experimentos y anunció una investigación interna.

 

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Un edificio donde se encuentra una oficina de la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente en el transporte (EUGT), en Berlín. En vídeo, declaraciones de Christian Schmitd, ministro de Transporte de Alemania.

 

Volkswagen, BMW y Daimler financiaron ensayos para demostrar que las emisiones de los gases de sus motores no eran dañinas. El Gobierno alemán tacha de "repugnantes" las prácticas

 

Volkswagen, BMW y Daimler, las tres marcas de automóviles más emblemáticas de Alemania, vuelven al punto de mira por un nuevo y peligroso escándalo. Los tres gigantes del motor encargaron y financiaron experimentos en los que se hizo inhalar gases emitidos por motores diésel a monos y a seres humanos para determinar los efectos que estos tienen sobre el sistema respiratorio y sobre la circulación sanguínea, según revelaron varios diarios. El Gobierno alemán ha señalado que los experimentos no tienen ninguna justificación ética ni científica, y ha llamado a los fabricantes a reducir las emisiones en lugar de intentar probar que no son dañinas.

Los experimentos con monos, que se llevaron a cabo en 2014 en el laboratorio Lovelace Biomedical de Alburquerque, fueron denunciados la semana pasada por el periódico estadounidense The New York Times. A esto se ha sumado que este lunes dos medios alemanes, el Stuttgarter Zeitung y el Süddeutsche Zeitung, han revelado que la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente en el transporte (EUGT), una entidad fundada en 2007 por las tres empresas y Bosch, hicieron inhalar dióxido de nitrógeno (NO2) a un grupo de 25 personas en una dependencia de la clínica universitaria de Aquisgrán.

La meta de los experimentos con ambos seres vivos era demostrar que las emisiones de gases de sus autos equipados con motores diésel no eran dañinas. Según la información revelada por los dos periódicos alemanes, un informe de actividades para los años 2012-2015, señala que la Asociación hizo inhalar monóxido de carbono a "gente sana". "No se comprobaron reacciones a la inhalación de NO2, ni tampoco inflamaciones en las vías respiratorias", señala el informe.

Thomas Kraus, el director del Instituto de la clínica universitaria de Aquisgrán, ha confirmado la existencia del estudio y ha explicado al diario Stuttgarter Zeitung, que la investigación no estaba relacionada con la manipulación de gases tóxicos que arruinó la imagen de Volkswagen en Estados Unidos. Sin embargo, Kraus ha admitido que los resultados solo tenían una validez limitada, ya que no eran extrapolables a toda la población y que el NO2 representaba solo una parte de los gases contaminantes que emiten los motores diésel.

Preguntado por el escándalo, el grupo Daimler admitió en un comunicado el pasado domingo, que condenaba con energía, el experimento llevado a cabo por EUGT. "Estamos conmocionados por la extensión y la implementación del estudio y condenamos los experimentos en los términos más enérgicos", señala Daimler que explica que la firma no tuvo ninguna influencia en la realización del experimento. "Hemos iniciado una investigación exhaustiva para determinar cómo pudo realizarse ese estudio, que contradice nuestros valores y principios éticos", añaden.

Por su parte, el presidente del Consejo de Supervisión de Volkswagen, Hans Dieter Pötsch, se ha distanciado de los experimentos. "En nombre del conjunto del Consejo de Supervisión me distancio con total determinación de este tipo de prácticas", ha anunciado. Además, ha explicado que hará todo lo que esté en sus manos para que "esos sucesos se investiguen completamente" y "rinda cuentas de ello el que sea responsable".

 

Críticas del Gobierno alemán


El escándalo tampoco ha dejado indiferente a la canciller alemana Angela Merkel, que, por medio de su portavoz, Steffan Seibert, ha exigido una aclaración de las empresas. "Estas pruebas con monos e incluso con seres humanos no son, desde un punto de vista ético, de ninguna manera justificables", ha anunciado este lunes en Berlín. "Lo que tienen que hacer los fabricantes de automóviles con las emisiones es reducirlas y no pretender demostrar que no son dañinas".

El viernes pasado, The New York Times reveló que el Instituto de Investigación respiratorio Lovelace en Alburquerque, Nuevo México, había utilizado un Beetle 2013 de Volkswagen para hacer inhalar las emisiones a diez monos encerrados en una habitación, donde podían mirar una pantalla de televisión que les servía de distracción. La meta del experimento era buscar una demostración de que los nuevos motores diésel no eran contaminantes. Pero el estudio fue un fraude: el coche utilizado estaba equipado con un software para reducir las emisiones.

"Las pruebas con monos y seres humanos son absurdas y repugnantes", ha señalado el primer ministro del estado federado de Baja Sajonia, Stephan Weil, que también es miembro del Consejo de Supervisión de Volkswagen. El político socialdemócrata ha asegurado que no estaba informado de los experimentos y ha exigido a las máximas autoridades del mayor constructor de automóviles del mundo una condena ejemplar a los experimentos llevados a cabo por orden de EUGT, un organismo que dejó de existir en 2017.

 

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Documentos revelan que EEUU probó armas químicas en sus ciudadanos
Según un informe de la profesora de la Universidad de St. Louis, Lisa Martino-Taylor, que revela varios documentos secretos del Ejército estadounidense en la época de la Guerra Fría, el Gobierno de EE.UU. probó armas químicas con sus ciudadanos.
 

En EE. UU, se está incubando un escándalo alrededor de las pruebas secretas que realizaban las Fuerzas Armadas del país en los años de la Guerra Fría. De acuerdo con la Operación LAC (’Large Area Coverage’), en los años 1950 y 1960 el Ejército de EE.UU. dispersó partículas microscópicas de sulfuro de zinc-cadmio (ZnCdS) sobre la mayor parte del país, con el fin de determinar la velocidad de dispersión y la distribución geográfica de la sustancia.

 
En el momento de la pulverización, el cadmio fue reconocido como una toxina. Otro proyecto secreto del Ejército de EE.UU es conocido como ‘Manhattan-Rochester’ (MRC) -por el nombre del grupo de investigación que lo descubrió-, también usó el ZnCdS, pero esta vez la sustancia estaba unida con el radio. Esta prueba se realizó en la ciudad de St. Louis, Missouri.
 

A la población local se le informó que eran los ensayos para la creación de una cortina de humo en caso de un ataque de las tropas soviéticas. Según Martino-Taylor, este estudio secreto utilizó “un área urbana, donde residían las personas de bajos ingresos, predominantemente de color, el 70% de ellos eran niños menores de 12 años”.

 
St. Louis fue elegida como objeto de esta desafortunada prueba porque era muy similar, por su planificación urbanística, a las ciudades soviéticas.

 
Pero esto no fue todo, siguiendo este proyecto, una empresa de Nueva Jersey desarrolló una pintura radiactiva que brillaba en la oscuridad, que fue introducida en el trabajo de una fábrica de relojes. Los trabajadores ingerían el radio lamiendo sus pinceles para pintar unos detalles en los relojes, porque se les dijo que la pintura no era dañina.
 

Este acto provocó una serie de afecciones de cáncer. Y decenas de años después, el lugar donde se encontraba la planta sigue estando contaminado y todavía afecta a las personas que viven en las inmediaciones.
 

Tras la salida del informe, los senadores de Missouri, Clare Macaskill y Roy Blunt, exigieron explicaciones al Pentágono.

 
(Tomado de: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/56618-secretos-guerra-fria-eeuu-probaba-armas-quimicas-propios-ciudadanos)


22 Octubre 2012

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Miércoles, 25 Mayo 2011 10:26

Experimentos con humanos IV y último

Cuando en 1993, con base en expedientes secretos desclasificados, la periodista Eileen Welsome documentó la historia de casos de radiación en niños huérfanos y mujeres pobres indefensas durante la llamada guerra fría, la secretaria de Energía Hazle O’Leary quedó vivamente impresionada.

Entonces, el gobierno de William Clinton formó una comisión para investigar los casos denunciados por Welsome: 18 adultos irradiados con plutonio, 73 niños de una escuela de Massachusetts que ingirieron radioisótopos radiactivos en la avena del desayuno, una mujer inyectada con plutonio por los médicos del Proyecto Manhattan (el de la bomba atómica, 1945), 829 mujeres negras embarazadas de una clínica de Tenesi que bebieron cocteles vitamínicos con hierro radiactivo, etcétera ("The plutonium files", Dialy Press, 1999).

Simultáneamente, la profesora Susan Reverby (Wellesley Collage, Massachusetts) descubría los archivos del cirujano John Charles Cutler (1915-2003), responsable de los experimentos médicos en más de mil 500 personas entre soldados, reos, pacientes siquiátricos, prostitutas y niños de Tuskegee, localidad de Alabama (1932-72). Y de los archivos de Tuskegee saltaron los experimentos sobre sífilis y gonorrea en mil 500 guatemaltecos (1946-48), en el marco de un programa patrocinado y ejecutado por el Departamento de Defensa durante el gobierno de Harry Truman.

Álvaro Colom, presidente de Guatemala, calificó de "espeluznantes" y de "crímenes de lesa humanidad" los experimentos realizados por médicos del servicio de salud pública estadunidense, y en octubre pasado la secretaria de Estado, Hillary Clinton, pidió perdón en nombre de su gobierno. El presidente Barak Obama incluso se puso en contacto telefónico con Colom, expresando su "profundo pesar" por lo sucedido.

Sin embargo, los casos de Tuskgee y Guatemala gozaban de viejos antecedentes en el empleo de ciudadanos estadunidenses y extranjeros para investigaciones similares con el virus de la malaria, el VIH, el ébola, radiaciones nucleares y drogas alucinógenas, como el LSD y otras. Un caso famoso y muy comentado tuvo lugar en 1919, en la prisión de San Quintín, donde el médico residente Ll. Stanley experimentaba con los presos más ancianos.

En pleno apogeo del llamado "movimiento eugenésico", Stanley quería demostrar que se les podía devolver a los viejos el vigor sexual, y para ello realizaba trasplantes de testículos provenientes de ganado o de presos más jóvenes recientemente ejecutados. En noviembre de aquel año, The Washington Post publicó un informe alabando los progresos alcanzados por Stanley para “…restaurar la juventud primaveral, el rejuvenecimiento del cerebro, el vigor de los músculos y la ambición del espíritu”.

En 1935, el servicio de salud pública decidió actuar contra el pelagra (una deficiencia de niacina) después de observar durante 20 años los estragos mortales del mal en la población negra azotada por la pobreza. En 1940, 400 presos de Chicago fueron infectados con malaria para probar los efectos de nuevas drogas contra esa enfermedad.

A finales del decenio de 1940, el gobierno estadunidense prohibió los experimentos radiactivos con humanos, y a mediados de los años 70 excluyó a los presos y enfermos mentales de cualquier experimento médico… oficial. Pero la cosa queda en mera denuncia si los experimentos son impulsados por fundaciones y laboratorios privados. Así se explica la inusual petición de perdón a los afroamericanos y guatemaltecos, víctimas del servicio público de salud y la Oficina Sanitaria Panamericana, hoy conocida como Oficina Panamericana de la Salud.

El comunicado oficial de Washington dice así: "A medida que avanzamos para comprender mejor este atroz suceso, reiteramos la importancia de nuestra relación con Guatemala y nuestro respeto por su pueblo, así como nuestro compromiso con las normas éticas más exigentes en la investigación médica".

Sin embargo, a las mujeres de Uganda y Nigeria embarazadas que fueron infectadas por el laboratorio estadunidense Pfizer con el virus del VIH, se les negó el fármaco AZT contra el sida, y a 11 niños de Uganda con meningitis se les hizo probar el antibiótico llamado Trovan cuando no se tenía conocimiento de su eficacia. Fallecieron 11 niños y Pfizer se limitó a indemnizar a Nigeria con 75 millones de dólares. Pero en ningún momento reconoció haber cometido irregularidad alguna.

A los puertorriqueños les va peor. Según la investigadora Marta Villaizán Montalvo, el primer experimento humano se realizó en la colonia yanqui en 1904, con un total de mil 158 casos que aparecen citados en la página oficial del Instituto Nacional de la Salud.

Los experimentos médicos y no médicos con humanos continúan realizándose día tras día en el mundo, a pesar de los cuatro delitos capitales imputados por el tribunal de Nüremberg a los nazis (1945-46).

Tales delitos son: 1) crímenes de guerra (asesinatos, torturas y violaciones); 2) crímenes de lesa humanidad (exterminio y muerte en masa); 3) genocidio (contra grupos étnicos determinados), y 4) de agresión premeditada para alterar la paz y la seguridad de los estados soberanos.

José Steinsleger

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Miércoles, 18 Mayo 2011 06:57

Experimentos con humanos (III)

Exhibiendo una fotografía, la señora comenta frente a la cámara: Antes del experimento, tenía una cabellera tupida. Ésta era yo antes de mi tratamiento. La señora se quita el sombrero: Ahora, míreme. Salpicada con manchas de calvicie, la tintura roja apenas disimula las horribles cicatrices que cruzan su cabeza.
 
Otra señora, con la cara torcida, comenta: Mis tres niños tienen los mismos cánceres que afectaron a toda mi familia: ¿va a decirme usted que esto es sólo una coincidencia? Una enfermera explica el tratamiento a los niños más pequeños: Primero, sus cabezas fueron rasuradas y untadas con un gel que les ardía. Luego se les puso una pelota entre las piernas, y se les pidió que no la dejaran caer, para que no se movieran.
 
Los niños no fueron protegidos en el resto del cuerpo. Para ellos no había trajes de plomo. En Israel, las normas para irradiar a un niño con rayos X, eran de 0.5 rad. Pero como los escogidos no eran niños normales, fueron irradiados con una dosis 35 mil veces mayor. Un sobreviviente recuerda:
 
Yo estaba en clases cuando hombres vestidos de civil vinieron para llevarnos a una gira. Preguntaron nuestros nombres. Los niños ashkenazis (judíos de Europa central emigrados a Israel) fueron devueltos a sus asientos. Sólo los niños morenos (sefardíes de Marruecos y Yemen) fueron subidos al autobús.
 
Para engañar a los padres, el Ministerio de Salud les informó que las irradiaciones eran para tratar el ringworm (hongo parecido al herpes) en el cuero cabelludo. Sin embargo, después de recibir las dosis murieron cerca de 6 mil niños, en tanto los restantes fallecieron poco a poco con padecimientos de epilepsia, amnesia, alzheimer, migraña, sicosis y distintos tipos de cáncer.
 
Basado en las investigaciones del escritor israelí canadiense Barry Chamish (1952), el documental 100 mil radiaciones (Dudi Bergman, Simona Producciones, 2003) fue dirigido por Asher Khamias y David Balrosen y se transmitió por el Canal 10 de Tel Aviv, a las 9 pm del 14 de agosto de 2004.
 
La primera parte del programa concluyó con un debate en el que participaron David Edri (cantautor marroquí y cabeza del comité de compensación para las víctimas de ringworm rayos X), Boaz Lev (vocero del Ministerio de Salud) y el periodista Dan Margalit, moderador.
 
Edri investigó el secuestro de unos 4 mil 500 niños yemenitas durante los primeros años de la entidad sionista. En el panel manifestó la frustración que sintió al solicitar los archivos médicos de su niñez. Indulgente, el ministro Lev aclaró: casi todos los archivos se quemaron en un incendio.
 
El artista consiguió reunirse con el líder del Movimiento de los Niños Yemenitas, rabino Uzi Meshulum (encarcelado ocho años por intentar llegar a la verdad, y sometido a torturas de las que aún no se ha recuperado), y con el rabino de Jerusalén David Sevilla, quien corroboró el crimen y pudo ver las fotografías de las cicatrices en los pocos niños que sobrevivieron.
 
En el documental aparece un historiador que primero dicta una plática breve sobre el llamado movimiento eugenésico y luego, con mordacidad, reconoce que la operación ringworm fue un programa oficial de eugenesia que apuntaba a “…desyerbar las semillas débiles” percibidas en la nueva sociedad israelí.
 
Autorizada en 1951 por el gabinete liderado por David Ben Gurion, la operación ringworm fue sugerida por el gobierno de Estados Unidos, jaqueado entonces por la ley que a finales del decenio de 1940 puso fin a los experimentos de radiación humana en presos comunes y enfermos mentales.
 
Así fue como el gabinete de Ben Gurion (Eliécer Kaplan, ministro de Finanzas; Levi Eskhol, Asentamientos; Moshe Sharret, canciller; Golda Meir, Trabajo; Amos Ben Gurion, hijo de David, Interior; Yosef Burg, Salud, padre del luego pacifista político Abraham Burg) se puso a cavilar dónde desintegrar bebés judíos sefardíes: si en Estados Unidos o Israel.
 
Washington necesitaba una nueva fuente de cobayos humanos y, a cambio de dinero y secretos nucleares, el gobierno de Israel se los proporcionó. Durante años, Washington pagó al gobierno de Tel Aviv 300 millones de liras israelitas destinadas al programa nuclear, cuyo director era el ministro de la Defensa Shimon Peres, líder del Partido Laborista y actual presidente de Israel.
 
Chaim Sheba (1908-71), el médico con el grado más alto en el ejército de Israel (1948-51), realizó en 1951 un viaje especial a Washington, donde el Pentágono le proporcionó siete máquinas de rayos X. Con estos aparatos, el doctor Sheba realizó el experimento sobre una generación completa de jóvenes judíos sefarditas. En 1968, Sheba recibió el gran premio Israel. Su nombre encabeza hoy un importante centro médico.
 
En el panel, el moderador Dan Margali justificó los experimentos: El Estado era pobre. Era una cuestión de sobrevivencia día a día. Al día siguiente, ningún periódico habló del programa. Las miles de personas que alcanzaron a verlo (pues salió al aire al mismo tiempo que Ha nacido una estrella, el show más visto en Israel), continúan esperando la segunda parte del documental 100 mil radiaciones.

José Steinsleger /III
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Martes, 07 Abril 2009 06:44

El laboratorio que perdió el juicio

Lo más excitante que había pasado en el estudio de abogados de Richard Altschuler, en West Haven, Connecticut, era algún caso de divorcio, hasta que sonó el teléfono hace nueve años. Del otro lado de la línea, a un mundo de distancia desde el calor de Nigeria, estaba Eitgwe Uwo, un joven abogado con “una increíble historia sobre Pfizer”, el laboratorio medicinal. El fiscal de Lagos iba a iniciar una demanda sin precedentes contra la empresa farmacéutica más grande del mundo, enfrentando a los padres africanos con el gigante corporativo estadounidense. Y necesitaba ayuda.
 
Eitgwe había elegido a Altschuler porque, en 1979, el abogado de Connecticut había defendido exitosamente a un amigo de Nigeria. La insólita pareja estaba por embarcarse en un viaje maratónico hacia el mundo de “grandes laboratorios farmacológicos”. Nueve años han pasado y sus esfuerzos finalmente se han visto recompensados con un acuerdo de 75 millones de dólares, cuyos términos probablemente sean dados a conocer esta semana. Si suena como el guión de un éxito de Hollywood es porque esta fue la historia que inspiró a John Le Carré a escribir El jardinero fiel, según Altschuler. Y al cineasta brasileño Fernando Meirelles a filmar la película del mismo nombre, que recibió varios Oscar.
 
En la vida real ocurrió en Nigeria, no en Kenia, donde el libro sitúa la historia. En 1996, la empresa Pfizer necesitaba hacer pruebas con humanos de lo que esperaba que fuera un éxito farmacéutico, un antibiótico de amplio espectro que podía tomarse en formas de tabletas. La empresa con sede en Estados Unidos envió un equipo de sus médicos a una ciudad-villa miseria Kano, en Nigeria, en medio de una pavorosa epidemia de meningitis, en lo que llamaron una “misión humanitaria”. Sin embargo, los demandantes afirman que fue una prueba sin permiso médico en niños sumamente enfermos. Un equipo de médicos de Pfizer llegó al campo nigeriano justo cuando se había desatado la epidemia que mató a casi 11.000 personas. Se establecieron a metros de un puesto médico dirigido por el grupo de asistencia de Médicos Sin Fronteras, que estaba brindando tratamientos ya probados para aliviar la epidemia. De la multitud que se había reunido en el Hospital de Enfermedades Infecciosas de Kano, se eligieron 200 niños enfermos. A la mitad les dieron dosis de la droga experimental de Pfizer llamada Trovan y los otros fueron tratados con un antibiótico probado de una empresa rival.
 
Once de los niños murieron y muchos más, se presume, sufrieron posteriores efectos secundarios serios, que iban desde disfunciones de órganos hasta daño cerebral. Pero dada la virulencia de la meningitis, el cólera y el sarampión, el equipo de Pfizer hizo sus valijas y después de dos semanas se fue.
 
Ese probablemente hubiera sido el final de la historia si no fuera por un empleado de Pfizer, Juan Walterspiel. Unos 18 meses después del ensayo médico, escribió una carta al entonces jefe ejecutivo de la empresa, William Steere, diciendo que el ensayo había “violado las reglas éticas”. Walterspiel fue despedido un día después por motivos “no relacionados” con la carta, insiste Pfizer.
 
La empresa afirma que sólo cinco niños murieron después de tomar Trovan y seis murieron después de recibir inyecciones de la droga certificada Rocephin. El gigante farmacéutico dice que fue la meningitis lo que dañó a los niños y no el ensayo con la droga. Pero ¿sabían los padres que estaban ofreciendo a sus hijos para un ensayo experimental médico? “No”, dice el padre nigeriano Malam Musa Zango. Afirma que su hijo Sumaila, que entonces tenía 12 años, quedó sordo y mudo después de tomar parte en el ensayo. Pero Pfizer niega esto y dice que habían recibido el consentimiento del Estado nigeriano y de las familias de aquellos tratados. Presentó una carta de permiso de un comité de ética de Kano. La carta resultó haber estado antedatada y el comité había sido establecido un año después del ensayo médico original.
 
Trovan nunca se convirtió en el éxito que Pfizer había esperado y ya no se produce más. La Unión Europea prohibió la droga y fue finalmente retirada de la venta en Estados Unidos. Parece que Pfizer finalmente puso fin a la pesadilla con el acuerdo del viernes pasado. Pero la batalla de Trovan puede no haber terminado.
 
A fines de enero de 2009, una corte de apelaciones de Nueva York dictaminó que el caso de Etigwe y Altschuler podría ser revisto en Estados Unidos. El fiscal de Connecticut dice que puede salir. “Nuestro caso está firmemente planteado en Estados Unidos, de manera que el acuerdo nigeriano no cierra nuestro caso. Y estas son muy buenas noticias. Estoy feliz de haber permanecido como el jardinero fiel y poder ver que esto llega a buen término.”

Por Daniel Howden *
* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12
 
Traducción: Celita Doyhambéhère
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