América Latina se contraerá más de lo esperado por el impacto de Brasil

El Fondo Monetario Internacional atribuye en sus previsiones el nuevo recorte a la severidad de la situación del gigante latinoamericano

La recesión en Brasil, la mayor economía de América Latina, es más profunda de lo anticipado y lastra al conjunto de la región, muy frágil por el efecto combinado del desplome de las materias primas y la fuga de capital. Es el argumento que utiliza el Fondo Monetario Internacional para recortar de nuevo sus previsiones. La contracción que se proyecta para es del 0,5% del producto interior bruto del continente, aunque la esperanza es que repunte a un crecimiento del 1,5% en 2017.


La nueva estimación del organismo que dirige Christine Lagarde es dos décimas peor de lo que anticipó hace solo tres meses para 2016 y se distancia 1,3 puntos porcentuales cuando se compara con los datos que se presentaron el pasado otoño. La corrección que hace ahora el FMI para el próximo año es de una décima respecto a enero, y de ocho décimas frente a lo que se dijo en octubre. El temor es que este pesimismo no haga más que acelerar la espiral negativa.


América Latina está sufriendo en este nuevo ciclo de crecimiento mediocre muchos más que el conjunto de las economías emergentes, para las que se proyecta un crecimiento del 4,1% este año y del 4,6% el próximo. Los técnicos del FMI insisten en que no hubo un cambio a peor en la actividad de la región desde comienzos de año, pese a la volatilidad en las materias primas y el reequilibrio de China.


"Están en línea con las últimas previsiones", señala el organismo en el informe que presentará ante la cumbre semestral que celebra este próximo fin de semanas junto al Banco Mundial. El recorte respecto a enero es similar al global. América Latina sufrirá, por tanto, el segundo año consecutivo de contracción tras la caída de una décima en 2015. Hay, sin embargo, diferencias de rendimiento por países.


Las condiciones macroeconómicas en Brasil se califican de "severas". La recesión será este año del 3,8%, tres décimas más intensa de lo que se dijo hace tres meses y, por lo tanto, idéntica a la que se registró en 2015. El FMI vaticina que logrará remontar en 2017, aunque para quedarse estancada. Ahí la proyección no varía. La recesión y la crisis política tendrán un coste en el empleo y los salarios.


México, por el contrario, seguirá creciendo a una tasa "moderada". La previsión es de una expansión del 2,4% en 2016 y del 2,6% en 2017. Se atribuye a la demanda privada y al efecto positivo del crecimiento en EE UU, que avanzará un 2,4% este año. En cualquier caso, el FMI le pasa también la tijera cuando se compara con la proyección de enero. Entonces el crecimiento era dos y tres décimas más alto.


Los grandes países exportadores de materias primas y energía sufren. Otro ejemplo en este sentido es Colombia. Su ritmo de crecimiento se desacelerará al 2,5% este año antes de repuntar al 3,1% en 2016. La contracción en Venezuela dobla la de Brasil. Su producto interior bruto caerá un 8%, desde el 5,7% en 2015. La incertidumbre política agrava las cosas mientras la inflación amenaza con crecer un 500%.

 


No solo resta competitividad a las economías latinoamericanas la pérdida de valor de las exportaciones de petróleo y de minerales. El FMI califica de "altamente incierta" la situación de Ecuador por la dificultad atraer financiación externa, lo que provocará una contracción del 4,5% este año y del 4,6% el próximo. También complica el panorama para Chile, donde el crecimiento bajará del 2,5% al 1,5%.


El FMI valora positivamente las reformas emprendidas por Argentina para corregir los desequilibrios y las distorsiones que afectan a su economía. La proyección es de una contracción del 1% este 2016, frente a un crecimiento del 1,2% el pasado ejercicio. De ahí repuntaría al 2,8% el año próximo. El organismo proyecta en el caso de Perú un crecimiento del 3,7%, cuatro décimas por encima del pasado.


Como en el caso argentino, la mejora de la situación política debería ser un motivo para que la economía brasileña pueda recuperarse a lo largo de 2017. También ayudará la estabilización en el precio de las materias primas, indicó la economista Oya Celasun. Las reformas emprendidas por Buenos Aires, añaden desde el organismo, elevan además la confianza y las productividad.


Maurice Obstfeld, consejero económico del Fondo, admite que hay motivos para estar preocupados por este debilitamiento general en la región y en la economía global. Anticipa que no se logrará restaurar el crecimiento pasados si los países no son capaces de diversificar sus economías y adoptan reformas estructurales. "Es un proceso que lleva tiempo", advierte, "la respuesta debe ser inmediata".

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Domingo, 21 Febrero 2016 05:43

La reunión de la Celac en Quito

La reunión de la Celac en Quito

La reunión de Quito se inició con un discurso particularmente claro de Rafael Correa. Por una parte, criticó la dominación del mercado, fuente de las desigualdades en el continente, y denunció el mito del libre comercio y de los tratados del mismo nombre. Por otra parte, recordó la declaración de América Latina como zona de paz, bajo la presidencia de Raúl Castro. Él afirmó también que la Celac, con el tiempo, remplazará a la OEA. La reunión fue un éxito, reafirmando la posibilidad de una integración pluralista y de algunos pasos, si no anti-sistémicos, por lo menos antihegemónicos, tales como una nueva arquitectura financiera y una mejor redistribución de la riqueza.


Para los procesos de integración latinoamericana hubo desde el principio una doble tendencia, una que empezó con la Conferencia de Panamá, llamada por Simón Bolívar en 1824, y la otra que se inspiró de la doctrina Monroe en 1823. La lucha entre las dos se desarrolló durante los dos siglos pasados. Para la última, la integración hacia el norte significa un proceso dependiente del centro imperial. Es particularmente después de la Segunda Guerra Mundial que se institucionalizó este modelo, con la constitución de la OEA (1948) precedida un año antes por su ala militar, el TIAR (1947). El proyecto abortado del ALCA (1968) tenía por función de completar esta triada. La Alianza para el Progreso, lanzada en los años 60 por el presidente Kennedy, quería realizar una serie de reformas, favorables a una integración norte-sur. Varias otras iniciativas se inscribieron en la misma orientación, como el Plan Puebla Panamá en América Central y el IIRSA (Iniciativa por la Integración de las Infraestructuras de América latina) en América del Sur.


Las anteriores iniciativas de esta tendencia fueron la Alianza del Pacífico (2015), con México, Colombia, Perú y Chile, Estados Unidos, Canadá y los pases del este asiático, menos China, y el Mercado Integrado Latinoamericano (Mila) creado en 2011 entre Perú, Chile y Colombia, para reducir los costos de capital, especialmente en la minería, energía y transporte. Estas últimas iniciativas son claramente estrategias de oposición a los otros esfuerzos de integración, como el Mercosur, la ALBA y hasta la Unasur y la Celac. Con esta corriente integradora hacia el norte debemos recordar que la dependencia es tal en varios sectores, que, por ejemplo, América Latina pierde hasta su capacidad de producir sus propios alimentos.
Al contrario, hubo otras iniciativas con diferentes orientaciones económicas y políticas. Para empezar, podemos citar la Cepal (1948), que no fue instituida por las naciones latinoamericanas, sino por Naciones Unidas y que tiene una dimensión realmente latinoamericana. En 1964 se inició la constitución del Parlamento Latinoamericano que en 1987 se institucionalizó y que tiene 28 países miembros. La afirmación de lo que José Martí llamaba nuestra América estaba presente. En 1973 se fundó el Caricom, la Comunidad del Caribe, con un proyecto bastante completo de integración, no solamente económica, sino también administrativa y con instrumentos jurídicos. Un primer paso en el orden económico continental fue el SELA (1975) con 28 países de América Latina y del Caribe. El Aladi, en 1980, se centró sobre el comercio agropecuario y la preservación del medio ambiente. El Grupo de Río (1986) fue constituido como mecanismo de consulta, al principio con ocho países, después de las experiencias del Grupo de Contadora sobre los conflictos de América Central. Esta última experiencia resultó también en la fundación del Parlamento Centroamericano, el Parlacen, en 1987.


El Mercosur, en 1991, reunió cuatro importantes economías del Cono Sur, más cinco asociados (1991). Sobre una base regional interna nació la CAN (la Comunidad Andina). En 2004 se fundó la ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América), reagrupando 10 países de Latinoamérica y del Caribe. Unasur, la Unión de Estados del Sur, con 12 países, nació oficialmente en 2008. El Sucre (Sistema Unificado de Compensación Regional), principio de una desvinculación del dólar, y el Fondo del Sur, todavía en preparación, serán instrumentos claves para el funcionamiento del Banco del Sur, que fue constituido oficialmente en 2009, vinculando a siete países. En 2011, un paso nuevo e importante se realizó con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELA), reuniendo 38 países de la región y heredera del Grupo de Río y de la CALC. Todos esos esfuerzos cumplen con lo que dice la constitución boliviana: unir a todos los pueblos y volver al Abya Yala que fuimos.


Los pasos hacia la integración no fueron solamente los de la sociedad política o de los mercados. También varios sectores de la sociedad civil tomaron iniciativas en este sentido. Basta citar algunos ejemplos, como la CLAT en la esfera sindical, la CLOC para el mundo campesino, el Celam (Consejo Episcopal Latinoamericano, la Clar (Conferencia de Religiosos y Religiosas). Para las ciencias sociales, el papel de la Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) y la Clacso, para la investigación han jugado un papel muy importante. Para la cultura se puede señalar La Casa de las Américas, en Cuba.


Una reflexión sobre el proceso de integración latinoamericana nos lleva a descubrir una doble dinámica. Hay primero una evolución progresiva hacia una autonomía del continente frente al norte, que se traduce por un gran número de instituciones tanto económicas como políticas, que a veces son algo dispersas y repetitivas, pero que manifiestan una línea clara. Evidentemente esta orientación se afronta con la resistencia y a veces las contraofensivas de Estados Unidos, con aliados locales que tienen intereses económicos y políticos como intermediarios. La crisis del imperio, interna y externa, ayuda el continente latinoamericano a consolidar su autonomía, pero el combate está lejos de ser terminado. De hecho asistimos a nuevas ofensivas que, por una parte, refuerzan el modelo exportador de energía fósil y de minerales, en función del agotamiento previsible y, por otra, promueven la agroexportación industrial, en el campo de los agrocombustibles y de la alimentación animal. Una neodependencia económica de tan grande dimensión, dominada por el capital financiero internacional, corre el riesgo de reducir considerablemente los esfuerzos por una integración autónoma.


La segunda dinámica es el paso de metas casi exclusivamente económicas y políticas en el sentido estricto de la palabra, a preocupaciones sociales y ecológicas. Eso se nota en la manera en que varias instituciones, que se suceden en el tiempo, definen sus objetivos. En este sentido la reunión de la Celac en Quito fue un paso en esta dirección.


Por François Houtar, sacerdote católico. Fundador del Centro Intercontinental de la Universidad Católica de Lovaina

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Lunes, 25 Enero 2016 06:18

Rusia debate cómo salir de la crisis

Rusia debate cómo salir de la crisis

El primer viceprimer ministro ruso, Igor Shuvalov, afirmó que están considerando "un ambicioso plan de privatizaciones". Otros funcionarios pugnan por que el gobierno dé créditos a bajo costo. Críticas a la dependencia de los hidrocarburos.


Esta semana, las pantallas que reflejan la cotización del dólar y el euro versus el rublo ruso en las calles de Moscú volvieron a arder, como sucedió a finales del 2014, cuando la moneda nacional alcanzó su peor cotización en años. El jueves, la divisa estadounidense se cotizó a ochenta y tres rublos por dólar, excediendo en tres rublos aquella marca que significó el inicio de la crisis en la Federación Rusa. La principal razón de esta recaída es el precio del barril del petróleo, que este jueves se cotizó a su precio más bajo en los últimos 13 años, 27,72 (en el mercado de Londres).


La crisis llegó para quedarse en Rusia y aquella declaración optimista del presidente Putin ante la prensa extranjera en diciembre de 2014 cuando pronosticó que en un máximo de dos años la economía se recuperaría, parece imposible de realizarse. El ministro de Finanzas del país, Antón Siluanov, declaró en una entrevista a la televisión de la agencia Bloomberg que Rusia afrontará un déficit de treinta y siete mil millones de dólares si el barril del petróleo continúa por debajo de los treinta dólares durante el 2016. En efecto, el presupuesto del país se proyectó en base a un promedio de cincuenta dólares por barril.


Las señales de la crisis ya no se reflejan solo en las pantallas de las casas de cambio, sino también en los bolsillos de los propios ciudadanos. Un ejemplo de ello son las vacaciones navideñas –generalmente los primeros diez días de enero; el 7 se celebra la Navidad ortodoxa–, en el que muchos rusos aprovechan para viajar al exterior, preferentemente en busca de sol y calor, con Tailandia, Egipto y Turquía como destinos favoritos. Este año, la cantidad de rusos que viajó al exterior cayó en un veinte por ciento. En enero del 2015, la caída había sido del veinticinco por ciento. Los pocos que pudieron hacerlo, se dirigieron a destinos más cercanos como Bielorrusia, Ucrania o Finlandia entre otros, según publicó el periódico nacional RBC Daily. El descenso del turismo al exterior, se explica también que en el 2015 las solicitudes de pasaportes disminuyeron en un cuarenta por ciento. En otros rubros, se puede citar el mal desempeño de los cines, que experimentaron una reducción del treinta por ciento de audiencia en el período vacacional, y las ventas de autos que cayeron en un 36 por ciento en todo el año.


Ante este escenario, el gobierno ruso parece ir en busca de otra solución que no sean los recortes o el uso de los dólares atesorados durante los años dorados del petróleo. En el foro económico de Davos, el viceprimer ministro del país, Yury Trutnev, afirmó que "la crisis llama primero de todo a realizar reformas". Días atrás, el primer viceprimer ministro, Igor Shuvalov, afirmó que el "gobierno está considerando un ambicioso plan de privatizaciones". Y ya en diciembre, Vladimir Putin había encargado a sus funcionarios un plan que evaluara los efectos de privatizar capitales del Estado en las principales compañías rusas, como las gigantes Gazprom y Rosneft, dedicadas a los hidrocarburos, y los dos mayores bancos rusos, VTB y Sberbank.


Consultado sobre este asunto, el profesor de la High School of Economy dependiente del gobierno ruso, Alexei Maslov, afirma que dos grupos asesoran a Putin. Uno, encabezado por el ex ministro de Finanzas Alexey Kudrin, y otro, compuesto principalmente por el círculo de empresarios afines al presidente ruso.


El primero, apunta Maslov, propone "liberalización" y "la privatización de las grandes empresas que han mostrado inefectividad durante la crisis" (principalmente las que exportan gas y petróleo). Además, promueve un plan para ayudar con "créditos y beneficios impositivos a las pequeñas y medianas empresas".


En cuanto a las relaciones comerciales con otras naciones, este grupo sostiene que se debe "romper el aislamiento" que sufre Rusia (producto de las sanciones cruzadas con Occidente a raíz de la guerra en Ucrania) y señala que el giro hacia el este, principalmente hacia China, "no fue satisfactorio". Maslov explica que China se percibe como un país alineado a Moscú en términos políticos pero que "no es confiable respecto a lo económico". Prueba de ello es que Pekín, después de impulsar sendos negocios con Rusia, esté probando vías para transportar mercadería hacia Europa siguiendo dos vías de ferrocarril que atraviesan Kazajistán, Azerbaiján y Georgia, y culminan en dos naciones enemigas del Kremlin, Turquía en un caso, y Ucrania en el otro. En cuanto a este último, el quince de este mes partió desde la ciudad ucraniana de Illichivsk, el primer cargamento que probará la ruta conocida como Transporte Internacional del Trans-Caspio.


El otro grupo (formado por allegados del líder ruso que dirigen grandes empresas de hidrocarburos), afirma Maslov, pugna por que la salida sea a través de "créditos del gobierno a bajo costo para reponerse de la crisis". Rosneft y Gazprom sufrieron sanciones de Occidente por Ucrania. Contrariamente a los que dirige Kudrin, este sector propone que se "estrechen los lazos con China" en busca de inversiones.


Igor Mijailovich, ex presidente de la Cámara de la Industria y el Comercio ruso, y actual asesor del director de Sberbank para la región del norte, asegura que Rusia "necesita una reforma estructural" para terminar con la dependencia de los hidrocarburos. Afirma que "lamentablemente" el gobierno ruso no entendió en los años 90 y 2000, cuando el petróleo dejaba grandes ganancias, que era necesario desarrollar otros sectores y no sobre el de los hidrocarburos, "el beneficio que recibía el gobierno fue el dinero simple y fácil de ganar por eso no necesitaba realizar inversiones, ni desarrollar la ciencia, solo tenían que extraer el petróleo y venderlo".


Ahora, Mijailovich asegura que "el gobierno empieza a entender ese desequilibrio y va a trabajar en ese sentido, buscando un desarrollo proporcional". En su opinión, el futuro está en el impulso de "las tecnologías IT, la producción automotriz, la industria farmacéutica y la tecnología en agricultura", entre otros. Respecto a los hidrocarburos, se debe invertir y desarrollar la petroquímica y el refinamiento del crudo.


El problema en cualquier caso es la escasez de capitales. El 2015 finalizó con una fuga de divisas de 59 mil millones de dólares. Sin embargo, Mijailovich encuentra al menos dos soluciones. Una, utilizar "las divisas que genera la venta de armas" (Rusia es el segundo vendedor de armamento del mundo, y totaliza ventas anuales superiores a los diez mil millones de dólares), y otra, con una reducción de impuestos para las empresas, que impulse a los "hombres de negocios del mercado interno a invertir más dinero en el país".


A pesar de las malas estadísticas y los menores viajes al exterior en vacaciones, Maslov afirma que la "crisis real todavía no empezó a verse", y que a mediados de agosto "se empezará a observar más el desempleo o el subempleo".


El sábado a la noche en un restaurante de una cadena conocida en Moscú, dos mujeres rusas afirman que "han subido los precios, y a todos nos han bajado los salarios". Consultada sobre si cambiaron la frecuencia con que salen a un restaurante, Anya Vakhrusheva, asistente personal, dice que "ahora cenan afuera una vez a la semana y antes lo hacían dos veces". Además, ahora se fijan los precios y eligen "sitios más baratos". Con su amiga Marina Rakhinzyanova, secretaria, tienen estimado gastar en la cena cada una entre mil quinientos y dos mil rublos cada una (entre veinte y veinticinco dólares).

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América Latina empeora y seguirá decreciendo en 2016, según el FMI

El Fondo aplica un duro tijeretazo a las previsiones que había hecho en octubre. La recesión en Brasil superará el 2% tanto este año como en 2017.

Las previsiones del Fondo Monetario Internacional llevan desde hace tiempo un patrón amargo: las publica cuatro veces al año y cada revisión supone empeorar las que esperaba de un mismo ejercicio apenas tres meses antes. América Latina está en el centro de esta deriva: la economía de la región, de la que el pasado octubre esperaba un mínimo avance para 2016, vuelve a figurar en recesión en sus pronósticos. Aunque la economía de la mayor parte de países tiene tímidos crecimientos, el bajón de Brasil arrastra cualquier promedio. Y México, el otro gigante, también ha visto a la baja su pronóstico.


En concreto, en el último informe, hecho público este martes, el Fondo calcula que la economía latinoamericana acaba 2016 con una recesión del 0,3%, cuando en las reuniones que la institución celebró este otoño en Lima se esperaba un crecimiento del producto interior bruto de la región del 0,8%. Es una revisión a la baja de más de un punto porcentual realizada en el lapso de apenas 100 días y que tiene mucho que ver con la incertidumbre global y la economía brasileña.


El país pilotado por Dilma Roussef ha sufrido el recorte más drástico de las previsiones: cae un 3,5% este año y aspira a estancarse en el siguiente, según el nuevo escenario que contempla el fondo. La crisis brasileña es peor de lo que se imaginaba en Washington. "La recesión cuya recesión causada por la incertidumbre política en medio de las secuelas ininterrumpidas de la investigación de Petrobras) está demostrando ser más profunda y prolongada", dice el informe.
El panorama es muy diferente para México, que avanzaría un 2,6% y un 2,9% en 2016 y 2017, respectivamente, aunque no dejan de ser dos décimas menos que lo que el Fondo había estimado en octubre. La región latinoamericana se ve muy afectada por dos de las grandes incertidumbres del momento: el bajo precio del petróleo, que castiga a los países exportadores, y los riesgos del repliegue final de los estímulos monetarios de Estados Unidos, ya que eso agrava los problemas de deuda de muchas economías con pasivos denominados en dólares.


Son los mismos problemas que hace dos semanas llevaron al Banco Mundial a ensombrecer también las previsiones para la región, aunque son algo más optimistas que la del FMI. El organismo señaló que crecimiento será "nulo", después del descenso del 0,9% en 2015. El pronóstico previo del Banco era de un crecimiento del 1,5%.


"Una mayor apreciación del dólar y condiciones financieras más restrictivas que podrían generar vulnerabilidades en los mercados emergentes, creando posibles efectos adversos en los balances de las empresas y problemas de financiamiento cuando exista una alta exposición en dólares", advierte el FMI.


El FMI rebaja sus previsiones de crecimiento global para 2016 y 2017


El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado a la baja sus proyecciones del crecimiento global para los próximos dos años. En 2016 y 2017 la economía mundial crecerá, según los cálculos del FMI que se presentan el martes por la mañana en Londres, un 3,4% y un 3,6%, respectivamente. Se trata, en ambos casos, de un crecimiento 0,2 puntos porcentuales menor del que el propio FMI proyectó en octubre del año pasado, debido fundamentalmente a que el repunte de las economías emergentes se prevé ahora más tenue que lo pronosticado inicialmente. El Fondo mantiene sus cálculos sobre China, que seguirá frenando (en 2016 se espera que crezca el 6,3%), y reduce con fuerza el pronóstico de otros países como Brasil y Rusia.


La bajada en los precios del petróleo y otras materias primas lastrará a muchas economías emergentes y parte del comercio mundial, ya que muchos países productores se verán obligados a reducir sus ritmos de compras exteriores. Sin embargo, puede brindar un impulso mayor del previsto a la demanda en los países importadores de petróleo. Es el caso de España: los expertos del FMI prevén ahora un crecimiento del PIB español mayor que el que proyectaron inicialmente para los próximos dos años. La economía española crecerá un 2,7% en 2016 y un 2,1% en 2017, lo que supone una corrección al alza de 0,2% y 0,1%, respectivamente, respecto a las previsiones del FMI de octubre.


La proyección de crecimiento de la eurozona en su conjunto apenas se corrige (solo 0,1 puntos porcentuales más el primer año) con respecto a lo estimado en octubre: crecerá un 1,7% en 2016 y otro tanto en 2017.


En cuanto a las economías de América Latina y el Caribe, el FMI rebaja significativamente sus previsiones de crecimiento: el PIB agregado de la región en su conjunto se contraerá un 0,3% en 2016 y crecerá un 1,6% en 2017. Los datos suponen una corrección a la baja, respecto a sus proyecciones de octubre, de 1,1% el primer año y 0,7% el segundo.


El crecimiento, no obstante, será positivo en la mayoría de los países de la región. La contracción se debe principalmente a la situación en Brasil, cuya recesión "está demostrando ser más profunda y prolongada de lo esperado", según recoge el informe que se presenta esta mañana, "causada por la incertidumbre política en medio de las secuelas ininterrumpidas de la investigación de Petrobras".


El FMI calcula que la economía brasileña caerá un 3,5% en 2016 y se recuperará hasta el 0,0% en 2017. Los nuevos datos suponen una corrección a la baja de las proyecciones de octubre de 2,5% y 2,3%, respectivamente. Las proyecciones de crecimiento de México, la otra gran economía de la región, se corrigen también notablemente a la baja —un 0,2% menos en ambos años—, aunque seguirá creciendo a un ritmo de 2,6% en 2016 y de 2,9% en 2017.


La revisión de los pronósticos realizados hace tres meses obedece, explica el FMI en su informe, a la corrección del comportamiento previsto en tres países o regiones: Brasil, país al que se atribuye "principalmente" la revisión; Oriente Medio, "cuyas perspectivas están opacadas por la caída de los precios del petróleo", y Estados Unidos, "cuyo crecimiento mantendría el ritmo actual, en lugar de cobrar nuevo impulso". La economía estadounidense, según los expertos del FMI, crecerá un 2,6% en 2016 y otro tanto en 2017, lo que supone una corrección a la baja de 0,2 puntos porcentuales en ambos ejercicios, respecto a lo previsto en octubre. Las previsiones para China permanecen inalteradas respecto a lo proyectado en octubre: crecimientos del 6,3% en 2016 y del 6% en 2017.


En general, el FMI prevé que el repunte de la actividad económica mundial será más gradual de lo previsto en octubre, "especialmente en el caso de las economías de mercados emergentes y en desarrollo". "La desaceleración y el reequilibrio de la economía china, la caída de los precios de las materias primas y las tensiones a las que se encuentran sometidas algunas de las principales economías de mercados emergentes continuarán lastrando las perspectivas de crecimiento en 2016 y 2017", explica el organismo internacional en su informe.


Dichas economías de mercados emergentes y en desarrollo, a pesar de que aún generan más del 70% del crecimiento mundial, se desaceleraron en 2015 por quinto año consecutivo. Las economías avanzadas, sin embargo, continuaron registrando una ligera recuperación.


Son tres los factores que siguen determinando, según el FMI, las perspectivas mundiales: la desaceleración y el ajuste gradual de la actividad económica de China; el endurecimiento paulatino de las política monetaria en Estados Unidos, mientras los bancos centrales de otras economías avanzadas continúan aplicando una política monetaria distendida; y, por último, el marcado descenso desde septiembre de 2015 de los precios de la energía y de otras materias primas.


Este último factor, la caída de los precios del petróleo, "ejerce presión en los saldos fiscales de los exportadores y está empañando sus perspectivas de crecimiento". Pero, a la vez, "está apuntalando la demanda de los hogares y rebajando el costo comercial de la energía en los países importadores, donde los usuarios finales se benefician plenamente de este abaratamiento".

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Miércoles, 28 Octubre 2015 06:08

Minería a la baja

Minería a la baja

Por primera vez en muchos años, la minería retrocede en América Latina. A la caída de los precios internacionales y al aumento de los costos de producción, con la consiguiente disminución de las ganancias, se le suma la creciente resistencia de la sociedad por los impactos ambientales y sociales.

"El modelo extractivo minero es un problema de poder y por tanto político", dice en su último informe el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL)[1]. A pesar de la caída de los precios internacionales de los minerales, la región sigue recibiendo la mayor parte de la inversión en exploración minera a nivel mundial.

El informe agrega: "El extractivismo minero es un problema de derechos humanos", ya que las grandes empresas multinacionales aprovechan la desatención de las obligaciones del Estado "para promover una imagen de responsabilidad social que satisface necesidades de la población".

El OCMAL llega a esta conclusión luego de constatar que "es falso que las empresas mineras desarrollen infraestructura para las comunidades, ya que hacen obras para que transiten los equipos y el personal de las empresas mineras; que atiendan el derecho a la salud o educación de las comunidades, cuando lo que hacen es mercadeo con la pobreza, deducible de impuestos, contaminando el ambiente y desmejorando a corto, mediano y largo plazo la salud y las condiciones de vida de la gente"[2].

El 15 de octubre de 2015 la CEPAL informaba que la región latinoamericana ha visto descender las entradas de inversión extranjera directa en un 21% en el primer semestre del año, por "la caída de las inversiones en minería y en hidrocarburos por la reducción de los precios internacionales, la desaceleración de China y el crecimiento económico negativo de la región"[3].

La inversión extranjera ya había caído en 2014 un 16%, lo que muestra que no se trata de un descenso coyuntural sino que el tipo de inversiones centradas en la extracción de materias primas tiende a deteriorarse. Por países, Brasil concentra el mayor descenso, una caída del 36%, en gran medida por la crisis que afecta el mercado interno. En Chile, Colombia y Perú la caída se concentró especialmente en el sector minero.

Tres son las razones que explican esta caída: la consistente baja de los precios internacionales de los minerales, el aumento de los costos de explotación y la fuerte oposición que enfrenta la minería por parte de las comunidades indígenas y campesinas, que está llevando a los gobiernos a ser más exigentes con las multinacionales del sector.

¿Un paso atrás?

Muchos gobernantes y analistas lamentan el retroceso en las inversiones mineras, pero en realidad se trata de una nueva oportunidad para alcanzar un crecimiento sostenible. El informe anual de la CEPAL sobre inversión extranjera señala que la caída de los precios de los minerales comenzó en 2012, dos años antes que la caída del petróleo y que eso se refleja en menores inversiones a partir de 2014.

El índice del precio de las commodities elaborado por Bloomberg, que incluye oro, petróleo y soya, ha caído a la mitad desde su máximo histórico del primer semestre de 2011. La multinacional Glencore-Xstrata, que controla la mayor parte de la producción de minerales y de granos en el mundo, registró pérdidas en la Bolsa de Londres superiores al 30% a fines de setiembre, totalizando una caída del 74% en lo que va de este año[4].

No es el único caso. "En la misma tendencia estuvieron, entre otras transnacionales, AngloAmerican, con pérdidas del 10% en septiembre y de 60% en el año, BHP Billiton con caídas del 40% anual y Antofagasta Minerals con bajas del 33%"[5]. La crisis del sector minero implica cierre de minas para reducir la producción con el objetivo de recuperar los precios, y masivas pérdidas de puestos de trabajo.

En octubre el grupo Goldman Sachs informó que los precios de los minerales seguirán bajando. En el caso del cobre, la principal producción mineral latinoamericana, en agosto el precio cayó a 4.968 dólares la tonelada, el mínimo en varios años, pero se espera que a fines de 2016 sea de apenas 4.200 dólares. Según los especialistas, los precios de mercado se acercan cada vez más al precio de producción (4.000 dólares la tonelada en el caso del cobre) pero las empresas no están pudiendo frenar la caída[6].

"Los presupuestos de prospección experimentaron una reducción del 26% entre 2013 y 2014, y del 47% respecto a 2012"[7]. Otros datos del mismo informe, confirman la caída: en 2010 se había alcanzado 389 "hitos mineros" mundiales, como la apertura de nuevas minas, pero en 2014 sólo se produjeron 96 hitos.

Por otro lado, los costos de producción en el mundo se vienen incrementando. El costo medio mundial de extraer una libra de cobre creció de 1,37 dólares en 2009 a 2,11 dólares en 2012[8]. Se trata de un aumento del 54% en los costos, lo que sumado a la caída de los precios provoca una situación de crisis. Ambos datos confirman que no estamos ante un descenso coyuntural, sino ante un ciclo a la baja de precios, inversiones y producción.

América Latina casi triplica la media mundial de inversiones mineras. El porcentaje de inversión extranjera directa que llega a los recursos naturales del mundo no pasa del 10%, pero en la región es del 26% y en países como Bolivia y Chile supera el 50%. Cuanto más industrializado es un país, menos inversión llega a los recursos naturales.

En Bolivia, de las 17 empresas privadas registradas en trabajos mineros, sólo tres tienen utilidades, según el analista Héctor Córdova, de la Fundación Jubileo, mientras que la minería en general tuvo una caída del 50% en sus ganancias en ese país[9]. En Chile, la estatal Codelco hizo este año sus menores aportes en décadas a las arcas del Estado, siendo la mitad que los de año 2014.

Un mar de conflictos

Pero la crisis del sector minero no se debe solamente a la caída de los precios. Un factor decisivo son las resistencias de las poblaciones que muchas veces consiguen cerrar o frenar las minas. Según la CEPAL, los conflictos mineros se producen en todo el mundo, "pero América latina concentra una cantidad desproporcionada"[10].

En cada país los conflictos se procesan de modos diferentes. En Uruguay y Chile, por ejemplo, suelen canalizarse a través de la justicia. En abril de 2013 la canadiense Barrick Gold debió suspender indefinidamente la explotación de la mina de oro Pascua Lama, en la frontera entre Argentina y Chile, por un fallo judicial que recogió la demanda de las comunidades indígenas que acusaron a la empresa de perjudicar su acceso al agua.

Es el mayor proyecto minero suspendido en el continente, que supuso pérdidas para la empresa de 5.000 millones de dólares. En Colombia el gobierno paralizó las exportaciones de carbón de Drummond, de los Estados Unidos, por contaminación marina, mientras otros proyectos fueron retrasados por las protestas. En Uruguay sucedió algo similar con el proyecto de mineral de hierro de la india Zamin.

En Perú las comunidades han debido apelar a la acción directa, que ha conseguido paralizar la mina Yanacocha, así como otros proyectos en el norte y el sur del país. Este país se ha convertido en el epicentro de la conflictividad minera. Regiones enteras, con decenas de alcaldes involucrados y miles de campesinos, han sido arrastradas a graves conflictos con un rosario de heridos y muertos.

El fuerte crecimiento de las inversiones y la multiplicación de los proyectos no alcanzan para explicar el aumento vertiginoso de la conflictividad. Hay tres razones adicionales.

La primera es que las comunidades afectadas tienen mayor acceso a información y muestran una renovada capacidad para hacer escuchar sus voces. Campesinos e indígenas han tejido redes de solidaridad con ONGs ambientalistas y organizaciones sociales, tanto rurales como urbanas, y cuentan con apoyos institucionales en organismos de derechos humanos, alcaldes afines y autoridades estatales de todos los niveles, así como con medios de comunicación.

La segunda, es el Convenio 169 de Organización Internacional del Trabajo (OIT), un importante instrumento legal aprobado por 15 países de la región, que obliga a los gobiernos a consultar a los pueblos indígenas cuando los proyectos afecten a las comunidades[11]. Casi todos los pueblos indígenas apelan a este mecanismo en su proceso de empoderamiento ante los gobiernos.

La tercera se relaciona con la percepción de fuertes daños ambientales en los lugares donde ya existen emprendimientos mineros y la certeza de que las multinacionales del sector tienen enormes ganancias. Por un lado, están los fuertes pasivos ambientales y la grave contaminación de las aguas. Por otro, las industrias extractivas consumen mucha energía. Hay un "uso más intensivo de la energía porque los yacimientos en explotación tienen cada vez menos cantidad de mineral por volumen de material extraído"[12].

Las Bambas: el último gran conflicto

Cuando aún no se han apagado los ecos del conflicto entre la población de la sureña región de Arequipa y la minera Tía María (Perú), con su secuela de muertos y heridos, con la ocupación militar de pueblos y ciudades, en la región de Apurímac, en el centro-sur andino, se produjo una nueva masacre con la muerte de cuatro personas en medio de un paro de protesta contra la mina Las Bambas.

Los hechos sucedieron en la tarde el 28 de setiembre, cuando la policía reprimió a balazos a los pobladores de la provincia de Cotabambas, donde se registraron además doce heridos de bala.

Las Bambas es el mayor proyecto minero del país, con una inversión de 10.000 millones de dólares que a partir de enero de 2016 producirá 400 mil toneladas de cobre al año. Sólo la producción de esa mina elevará el PIB anual del país en 1,5%. El 60% de las exportaciones peruanas provienen de la minería que es la principal fuente de ingresos del Estado. Los numerosos emprendimiento mineros se localizan en las regiones más pobres del país, habitualmente en la sierra andina. En la región de Apurímac la pobreza supera el 40% de la población.

La mina Las Bambas fue comprada en abril de 2014 por el consorcio chino-australiano MMG a Glencore-Xstrata por 6,5 mil millones de euros, una de las transacciones más importantes en la historia del Perú. El complejo minero comenzó a construirse hace diez años con la promesa de mejorar las condiciones de vida de la población local. Durante la construcción de este colosal complejo, se necesitaron 10 mil trabajadores que ahora quedarán cesantes, ya que el funcionamiento de la mina necesita dos mil empleados de elevada calificación.

Pero la vida de la población no mejoró. Un informe de la página Lamula.pe destaca que luego de una década "la mitad de la población no puede cubrir sus bienes y servicios esenciales, la tasa de analfabetismo alcanza al 24%, el 40% de los niños menores de 5 años tiene anemia y la desnutrición crónica afecta al 27%, según datos oficiales"[13].

Pero la rabia de la población se disparó por un grave incumplimiento de la empresa. El estudio de impacto ambiental consultado con la población y aprobado por ésta, preveía la construcción de mineroducto bajo tierra de 206 kilómetros que trasladaría el cobre hasta la vecina provincia de Cusco, donde Xstrata tiene un complejo de procesamiento. Pero al ser vendida a MMG, ésta decidió cancelar el ducto y construir un planta procesadora en las proximidades de la mina Las Bambas.

Esta decisión no fue consultada con las poblaciones afectadas. El problema es que cada año circularán camiones trasladando miles de toneladas de cobre por carreteras que atraviesan decenas de comunidades campesinas, generando impactos que no estaban previstos en el estudio original. Además la mina consumirá 800 litros de agua por segundo del río Chalhuahuacho. Las comunidades se sintieron burladas y lanzaron la protesta.

La respuesta del gobierno fue declarar el estado de emergencia, como lo ha hecho decenas de veces ante conflictos mineros, lo que supone la militarización de provincias enteras. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos recuerda que ya son 49 muertos en los cuatro años de gobierno de Ollanta Humala en la represión de conflictos sociales. Desde 2006 son ya 125 civiles muertos, la inmensa mayoría en conflictos mineros.

El "Informe Anual 2014-2015" de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, difundido en agosto pasado, asegura que "el 95% de las víctimas fallecieron por impacto de proyectil de arma de fuego", lo que le permite asegurar que "nos encontramos por lo tanto ante una práctica de carácter sistemático, que involucra responsabilidades al más alto nivel del Estado"[14].

Alguna de las conclusiones del capítulo dedicado a la criminalización de la protesta social, revelan un patrón común: "El gobierno de Ollanta Humala ha desplegado una estrategia frente a la conflictividad social que combina la criminalización de la protesta social, junto con otra estrategia llamada de "diálogo", pero que está orientada a disminuir el nivel de movilización de los ciudadanos, sin dar una salida de fondo a los problemas estructurales, esto es, la vulneración de derechos"[15].

Durante la presentación del informe, la entonces secretaria ejecutiva de la Coordinadora, Rocío Santisteban Manrique, aseguró que en todo el continente "se sigue usando el derecho penal para desmovilizar a los sectores de vanguardia, deteniendo a los dirigentes, hostigando y desprestigiando a los defensores de derechos humanos y defensores ambientales".

Es posible que la crisis de la minería sea una oportunidad para los pueblos, si se consiguen sentar las bases para un modelo económico diferente: menos volcado a las exportaciones de commodities y más inclinado hacia el mercado interno y regional; menos agresivo con la naturaleza y las comunidades; con más trabajo especializado involucrado en la elaboración de productos de alta calidad.

 

Por Raúl Zibechi, analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales.

Notas:

[1] "Conflictos mineros en América Latina: extracción, saqueo y agresión. Estado de situación en 2014", OCMAL, abril de 2015, p. 7.

[2] OCMAL, p. 7.

[3] "Inversión extranjera directa en América Latina disminuye 21% en el primer semestre de 2015", CEPAL, 15 de octubre de 2015.

[4] El Economista, 28 de setiembre de 2015.

[5] Paul Walder, "Crisis del cobre golpea a los trabajadores", Rebelion, 12 de octubre de 2015.

[6] The Wall Street Journal, 15 de octubre de 2015 en http://www.wsj.com/articles/glencore-plans-more-debt-cuts-to-help-win-upgrade-in-credit-rating-1444932487

[7] "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2015", CEPAL, p. 24.

[8] "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2013", CEPAL, p. 27.

[9] Sputniknews.com, 7 de octubre de 2015.

[10] "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2015", CEPAL, p. 120.

[11] "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2013", CEPAL, p. 27.

[12] "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2015", CEPAL, p. 119.

[13] Lamula.pe, 30 de setiembre de 2015.

[14] "Informe Anual 2014-2015", p. 41 en http://derechoshumanos.pe/2015/08/informe-anual-2014-2015/

[15] Idem, p. 39.

 

fuente: Programas de las Américas

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El frenazo de los emergentes enfría el crecimiento mundial

El título con el que el Fondo Monetario Internacional (FMI) encabeza su último informe sobre la economía mundial lo dice casi todo: "Ajustándose a precios más bajos en las materias primas". China, la economía que marca el paso en la demanda de productos básicos, no crece como antes. Los países exportadores de metales, petróleo o alimentos, en buena parte emergentes o en vías de desarrollo, sufren. Y la recuperación de las economías avanzadas marcha a "un ritmo persistentemente modesto". Así que lo que se ajusta, a la baja, es el pronóstico de crecimiento. Los expertos del FMI liman otras dos décimas a lo que creen que avanzará el PIB mundial en 2015 para dejarlo en un 3,1%, la tasa más baja en seis años.


"Para los mercados emergentes y los países en vías de desarrollo, nuestra predicción es que 2015 será el quinto año consecutivo de crecimiento declinante", subraya el nuevo economista jefe del FMI, Maurice Obstfeld, en la introducción del informe, presentado este martes en Lima (Perú), que acoge esta semana la asamblea anual del organismo. Un lustro de avance debilitado se traducirá en un aumento del 4% del PIB de este amplio y heterogéneo grupo de países, encabezado por China, India, Brasil o Rusia. Una tasa muy baja para el que ha sido el motor del crecimiento mundial: en las dos últimas décadas, solo en 2009 (3,1%), tras la Gran Recesión en las economías avanzadas y en 2001 (3,8%), cuando estalló la burbuja de las puntocom, avanzaron a un ritmo más bajo. En la antesala de la Gran Recesión, en 2007, los emergentes y países en vías de desarrollo crecían al 9%. Y China, al 14%.


Lo llamativo del nuevo pronóstico es que, si bien "la ralentización del crecimiento de China" es la razón esencial del empeoramiento de las previsiones para el resto de economías emergentes (y algunas avanzadas), el gigante asiático escapa de esas revisiones a la baja. Ni las acentuadas caídas en la Bolsa de Shanghái este verano, ni los crecientes indicios de que la inversión inmobiliaria o la producción industrial han dejado de marchar a buen ritmo, hacen variar la estimación de los expertos del FMI, que destacan el nuevo soporte del consumo privado. Como a principio de año, el Fondo estima que el PIB chino crecerá un 6,8% en 2015 y un 6,3% en 2016.


"Las repercusiones de la ralentización china más allá de sus fronteras son mayores de lo estimado inicialmente", justifica el Fondo. "Eso se refleja en una caída de los precios de las materias primas y en las exportaciones, más débiles, a China", añade.


La cotización del petróleo ha bajado un 46% en el último año, según los datos del FMI, mientras que el precio de los principales metales ha caído un 22% y en el de los alimentos, un 17%. El Fondo anticipa que este periodo de bajos precios en productos básicos se extenderá, al menos, dos años más, y detraerá entre 1 y 2,25 puntos porcentuales al crecimiento anual de los países exportadores entre 2015 y 2017.


Revisión a la baja en América Latina


América Latina es la región que sale peor parada de este nuevo escenario, protagonizado también por el endurecimiento de las condiciones financieras para los países emergentes -la inminente subida de los tipos de interés en EE UU marca el fin de la abundancia de liquidez-, o la salida de capitales hacia los refugios tradicionales (Estados Unidos, Japón o la zona euro). La nueva previsión es que el PIB conjunto de las economías latinoamericanas y del Caribe retroceda este año un 0,3%, frente al aumento del 0,5% que se anticipaba en julio.


Venezuela (-10%), Brasil (-3%) y Ecuador (-0,6%) son los que muestran una peor evolución, tras un sustancial recorte respecto a la última predicción, pero también se ralentiza el crecimiento de los países integrantes de la Alianza del Pacífico (Chile, México, Colombia o Perú), más boyante, con avances en el entorno del 2,5%. Argentina se apunta una ligera mejora este año, aunque solo para postergar la recesión (-0,7%) a 2016, mientras Bolivia mantiene aún una tasa del 4,1%, beneficiada en parte porque los contratos de gas natural se renegocian en plazos largos.


Rusia, tan afectada por la bajada del precio del petróleo como por el conflicto con Ucrania y las sanciones económicas, también encara un pronóstico peor, con un retroceso previsto del 3,8%, frente al 3,4% que el FMI le auguraba en julio. La predicción sobre la economía de India también sufre una mínima corrección, pero aún así su crecimiento (7,3% en 2015) será esta vez mayor que el de China.


La lenta recuperación de los países avanzados


El impacto de la bajada de las materias primas y el enfriamiento de las exportaciones a China también se deja notar en la evolución de los países avanzados, que en todo caso sí registrarán un crecimiento mayor (2%) que el de 2014 (1,8%). El FMI subraya que "los legados de la crisis financiera en varias economías desarrolladas", como "los altos niveles de deuda pública y privada, la debilidad del sector financiero, la baja inversión" se unen a otros problemas de medio plazo (envejecimiento, productividad estancada), de modo que lo que ahora es un escenario ventajoso para muchos de ellos –se abarata la importación de petróleo, condiciones financieras favorables por la intervención de bancos centrales-, no se traduce en una recuperación más vigorosa.


El pronóstico empeora levemente para Alemania (un crecimiento del 1,5% en 2015) y Japón (0,6%), países exportadores a los que afecta que China compre menos. Y también en algunas economías avanzadas que venden materias primas, como Canadá, Noruega o Australia. Por el contrario, el vaticinio mejora ligeramente para Estados Unidos (2,6%) y Reino Unido (2,5%). En el caso de EE UU, el FMI anticipa que la mejora de las condiciones laborales, con la tasa de paro en el 5,1%, puede llevar a la Reserva Federal a subir tipos a finales de este año, aunque matiza que ni la inflación ni los salarios han dado señales claras de reactivación.


La previsión para España no cambia (una avance del 3,1%, dos décimas por debajo de la predicción del Gobierno de Rajoy), pero el Fondo vuelve a destacar que el crecimiento previsto "es especialmente intenso", hasta doblar la tasa que se adjudica a la zona euro (1,5%).


El Fondo cree que la economía mundial cogerá algo de fuelle en 2016, pese a haber retocado aquí también a la baja su previsión, hasta el 3,6%. Los expertos del organismo internacional apuestan a que la recesión en Brasil y Rusia, o el frenazo en otros exportadores de materias primas, son pasajeros. Eso, y otro paso más en la lenta recuperación de las economías avanzadas, permitirían compensar el menor empuje de China. Ahora solo falta comprobar si el vaticinio se mantiene, o sufre otra rebaja dentro de unos meses.


Debacle en Venezuela con inflación del 200% y caída del PIB del 10%


Miguel Jiménez Madrid 6 OCT 2015 - 16:00 CEST

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha puesto cifras al desastre económico de Venezuela. El Gobierno de Nicolás Maduro oculta a sus ciudadanos las estadísticas y ha dejado de publicar datos básicos. Pero el panorama que dibuja el informe publicado este martes por el FMI es el de una economía en descomposición, con la inflación desbocada y la actividad hundiéndose a un ritmo comparable al de países en guerra, una crisis que elevará el desempleo a niveles nunca vistos en el país en décadas.


La caída del PIB prevista para este año es del 10%, a la que se uniría otro descenso del 6% en 2016, según los cálculos del FMI. Es la peor evolución de toda Latinoamérica y una de las peores del mundo, solo por delante de Yemen, en pleno conflicto bélico; Sierra Leona, golpeada por el ébola, y Guinea Ecuatorial. La caída es mayor incluso a la de Ucrania, también sacudida por la guerra.


La caída de los precios del petróleo ha golpeado duramente la economía, pero lo ha hecho mucho más que a cualquier otro país petrolero por la desastrosa gestión económica del Gobierno de Maduro. Tomando en cuenta que el PIB ya cayó el 4% en 2014, la economía venezolana va camino de perder una quinta parte en tres años. Eso supone retroceder en 2016 al nivel de actividad de 2006, una década pérdida. Pero, además, el FMI proyecta que el país seguirá en recesión otros tres años más, de 2017 a 2019.


La caída de actividad pasará una elevada factura al mercado laboral. El FMI calcula que la tasa de paro pasará del 8% de 2014 al 14% en 2015 y el 18,1% en 2016, más del doble que la del siguiente país latinoamericano, Colombia, con un 8,9%. Ese nivel es el más alto desde 2003, pero el FMI cree que el paro seguirá subiendo en los siguientes años hasta alcanzar niveles no vistos en décadas, superiores al 28% en 2020.


Inflación descontrolada


Donde Venezuela no tiene comparación es en la subida desbocada de los precios. El Banco Central de Venezuela ha dejado de publicar los datos de inflación este año. El Gobierno de Maduro creyó que podía bajar la inflación estableciendo controles de precios, pero lo único que ha logrado es provocar un desabastecimiento generalizado de productos básicos, colas enormes en los supermercados que los venden y un mercado negro que hace más rentable en muchas ocasiones la reventa o contrabando de productos intervenidos que los sueldos de trabajos cualificados de la economía formal.


El FMI prevé que la inflación se sitúe en el 158,1% este año y que suba al 204,1% en 2016. Con ello, los precios se habrán multiplicado casi por ocho en un plazo de solo dos años. El bolívar venezolano ha perdido casi todo su valor desde que llegó al poder Nicolás Maduro. Frente al tipo de cambio oficial de 6,3 bolívares por cada dólar, en el mercado negro el billete verde se intercambia por cerca de 800 bolívares (cerca de 900 euros). Es decir, menos de una centésima parte de su valor declarado. Los pocos que logran que el Gobierno les venda dólares al tipo de cambio oficial, normalmente cercanos al régimen, se hacen ricos al momento simplemente por la diferencia de tipos de cambio.


Un bolívar hundido

Con ese tipo de cambio paralelo, el billete de mayor denominación, el de 100 bolívares, tiene un valor de solo 12 céntimos de euro. Y hay billetes desde los 2 bolívares, es decir, el equivalente a 0,2 céntimos. No da para casi nada, salvo en la gasolinera. Con esos 2 bolívares se pueden repostar más de 20 litros de gasolina, pues el precio del combustible ha permanecido congelado durante años en medio de la hiperinflación, con lo que en la práctica se ha convertido en gratuito.
En algunos comercios se rechazan los billetes de baja denominación y los de más valor, los de 100 bolívares, con frecuencia escasean y no es posible conseguirlos ni siquiera en los bancos. El pago con tarjeta se hace imprescindible para no cargar con enormes fajos. El problema es que los sueldos no han subido ni de lejos lo mismo que los precios (o de lo que se ha depreciado el bolívar), de modo que un profesional cualificado puede tener un salario que, al tipo de cambio paralelo, equivalga a 20 o 30 dólares mensuales.


Venezuela se ha convertido a la vez en el país más caro y más barato del mundo. Es el más barato según el índice Big Mac que elabora The Economist si se calculan los precios no ya con el bolívar paralelo, sino incluso con otro tipo de cambio oficial que fija el valor del dólar en unos 200 bolívares, el llamado Simadi, que se dijo que sería un tipo de mercado, pero que se ha quedado también desfasado. Pero es el país más caro si lo que se usa es el tipo de cambio de 6,3 bolívares por dólar. Y todavía hay otros dos tipos de cambio más que poder usar. Un estudio reciente del banco de inversión UBS sobre precios y salarios en diversos países incluía a Caracas entre las 72 ciudades a estudio, pero finalmente la eliminó ante las dificultades para hacer un cálculo coherente.


El problema es que en la práctica Venezuela se ha convertido en el país más caro para la inmensa mayoría de los locales, cuyos sueldos están en bolívares y apenas han mantenido su poder adquisitivo al no haber datos de inflación y el más barato para quienes ahorraron dólares, los logran por vías ilegales o llegan al país con ellos.

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Viernes, 02 Octubre 2015 05:39

Hacia un nuevo ciclo de luchas

Hacia un nuevo ciclo de luchas

La estrepitosa caída en los precios de las materias primas cierra un ciclo económico, pero también político. La ilusión de que se tratara de un declive momentáneo va cediendo ante la convicción de que los bajos precios pueden arrastrarse durante un buen tiempo, hasta 20 años según especialistas citados por Bloomberg ( http://goo.gl/fAFktC).


Las razones de tal declive son discutibles. Hay quienes atribuyen la caída del precio del petróleo a una maniobra de Estados Unidos para afectar a Rusia, Venezuela e Irán, mientras otros sostienen que es impulsada por la monarquía saudita para inviabilizar la extracción por fracking en aquel país, que amenaza desplazarla como primer productor global. La menor demanda de China es la explicación más plausible sobre la caída de otras mercancías, sin descartar la impronta de la especulación financiera con todas las commodities.


Lo cierto es que el índice del precio de las commodities elaborado por Bloomberg, que incluye oro, petróleo y soya, ha caído a la mitad desde su máximo histórico del primer semestre de 2011. La multinacional Glencore-Xstrata, que controla la mayor parte de la producción de minerales y de granos en el mundo, registra pérdidas en la bolsa de Londres superiores a 30 por ciento en las últimas semanas, totalizando una caída de 74 por ciento en lo que va de este año ( http://goo.gl/HTi1Wu). Otras multinacionales del sector enfrentan situaciones similares.


En América Latina este cambio de ciclo anticipa graves problemas y algunas oportunidades. Todos los países enfrentan dificultades fiscales y comerciales que los llevan a reducir los presupuestos del Estado y el gasto público. En algunos países, como Ecuador, se contempla una reducción de 5 por ciento del gasto, y el presupuesto del próximo año se calculará con una base de 40 dólares en el precio del petróleo.


Como señala el economista ecuatoriano Carlos Larrea en reciente entrevista, todo esto está bien, pero el problema es que es insuficiente. Esto sería una muy buena estrategia si es que tenemos una recuperación de los precios del petróleo pronto, pero si eso no se da, como es bastante probable, entonces esta estrategia no funciona ( http://goo.gl/LFzxYV ).


El nuevo ciclo económico ya está afectando las políticas sociales que fueron posibles gracias a los superávit por los altos precios de las exportaciones. En varios países, como el propio Ecuador, ya hubo reducción de funcionarios estatales. En Brasil se aplica un ajuste fiscal que, en opinión del economista Eduardo Fagnani en la revista IHUOnline de septiembre, está provocando una grave regresión social (http://goo.gl/D9D4oq).


En opinión de muchos economistas la mejor política social es el empleo. En Brasil el salario mínimo creció 70 por ciento por encima de la inflación en la última década y el desempleo llegó a mínimos de 4.8 por ciento en diciembre de 2014. Pero hoy ya se sitúa en 7.5 por ciento (8.6 millones de desocupados) y se estima que finalizará el año en 9 o 10 por ciento. En los demás países comienzan a erosionarse los índices sociales, aún de forma lenta, con aumentos en los niveles de desocupación y pobreza.


Estos son, muy someramente, algunos de los problemas derivados del cambio en el ciclo económico que se agudizarán si, como todo indica, la Reserva Federal de Estados Unidos eleva las tasas de interés en los próximos meses. Estamos ante una crisis que puede tomar dos direcciones: ajustes fiscales o cuestionamiento del modelo extractivo.


En el primer caso, los gobiernos sufrirán una fuerte erosión de sus bases de apoyo, ya que buena parte de los sectores populares que los llevaron al gobierno comenzarán a desertar. Unos pueden intentar retomar la movilización para presionar por sus demandas, pero otros pueden apostar por partidos conservadores y de derecha. Algo así parece estar sucediendo en Brasil, donde el ajuste que impone el gobierno de Dilma Rousseff ha provocado un agudo descenso de su popularidad, que cayó hasta 7 por ciento del electorado.


Una situación semejante no puede saldarse, en el mediano plazo, sino con un triunfo electoral de las derechas, que también pueden conseguir el desplazamiento de la presidenta por la vía parlamentaria.


Estamos ante una oportunidad para salir del modelo actual, o sea un crecimiento basado en la exportación de commodities. Para ello es imprescindible romper con la política de inclusión a través del consumo, para encarar reformas estructurales que hasta ahora no se han realizado o han sido demasiado tímidas: reformas tributaria, agraria, urbana, de la salud y del sistema político, esta última pendiente aún en Brasil.


Pero la salida del modelo extractivo presenta, en esta coyuntura, dos grandes desafíos.


El primero es que el escenario mundial camina en una dirección opuesta. Por un lado, las clases dominantes parecen estar empujando a las sociedades de retorno hacia el siglo XIX, a través de la desmodernización y la desdemocratización, como apunta Aníbal Quijano, de la mano del capital financiero que está promoviendo una fuerte reconcentración del poder global. Por otro, las potencias emergentes como China apuestan al mismo modelo extractivo que el imperio.


El segundo desafío se desprende del primero: no hay salida del modelo sin crisis política. Salir del modelo supone derrotar al capital financiero que lo sostiene y a las élites locales que lo implementan. Será un conjunto de duras batallas, como lo demuestra el caso de Perú, donde se produjo estos días una nueva masacre contra comunidades que resisten la minería, en la región andina de Apurímac.


Los sujetos de la derrota del extractivismo serán los pueblos y comunidades organizados en movimientos. Los gobiernos y los partidos están más preocupados por mantener sus privilegios que por encarar la batalla contra el modelo. Los hechos dicen que el nuevo ciclo de luchas que derribará el modelo está siendo protagonizado por los campesinos y las comunidades indígenas, seguidos por los pobres de las periferias urbanas, los jóvenes y las mujeres de los sectores populares.

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Martes, 29 Septiembre 2015 06:29

Nuevo capítulo de la crisis

Nuevo capítulo de la crisis

La titular del FMI, Christine Lagarde, admitió que el pronóstico de crecimiento mundial del 3,8 por ciento para 2016 ya no es realista. Prevén una baja prolongada de precios primarios y fuerte sacrificio para países exportadores.


La disminución del precio de las materias primas generaría la caída de un punto porcentual en el crecimiento de los países productores de commodities en los próximos tres años, en tanto que las economías productoras de energía registrarían una baja de 2,25 puntos porcentuales. Así lo estimó ayer el Fondo Monetario Internacional, en un adelanto de su tradicional documento sobre perspectivas de la economía global, el cual se publicará en octubre. Arabia Saudí, Rusia y Brasil serán algunos de los países con mayor impacto negativo en el dinamismo del mercado interno. La estimación del organismo de crédito internacional, que perdió prestigio a partir de 2008 por sus fallas de previsión respecto del estallido de la crisis financiera internacional, planteó que la desaceleración de los precios no será un problema cíclico sino que se acompañará con contracción en la inversión para generar impactos estructurales.


La entidad, que continúa enfocada en recomendar el uso de políticas de austeridad, presentó un estudio empírico para justificar que el ajuste a través de la devaluación de la moneda permitiría a los emergentes compensar con mayores cantidades exportadas las pérdidas por el efecto de la disminución en los valores de las commodities. Agregó que la política fiscal no tiene capacidad en el panorama actual para impulsar las economías.


El documento de avance del Fondo Monetario Internacional resaltó la caída del precio de las materias primas, en particular de metales y energía, a partir de 2011. "Las economías exportadoras de materias primas se encuentran en una coyuntura difícil. Los precios mundiales de los commodities han disminuido marcadamente en los últimos tres años, y la tasa de crecimiento económico se ha desacelerado considerablemente entre economías de mercados emergentes que le venden al mundo estos productos", señaló el organismo. Mencionó que la depresión en los valores no responde a elementos de corto plazo, sino que es una baja que perdurará en los próximos años, para afectar el nivel de expansión potencial de las economías en desarrollo.


"La desaceleración (del mercado interno en los países emergentes) no es un mero fenómeno cíclico; tiene también un componente estructural. La inversión, y por consiguiente el producto potencial, tienden a crecer a un ritmo más lento en los países exportadores durante las caídas de precios de las materias primas", precisaron los técnicos de la entidad.
Tras el adelanto del Panorama Económico Mundial, Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, afirmó que los cálculos publicados en meses anteriores respecto de un crecimiento global de 3,8 por ciento para 2016 ya no son realistas. Indicó que en octubre, con el lanzamiento del documento final, la cifra se reducirá a alrededor del 3 por ciento, lo que deja en evidencia las distorsiones que enfrenta el mundo para recuperarse del estallido de la crisis financiera global en 2008.


Las dificultades que se observan en países emergentes también continúan en las economías desarrolladas. En la Zona Euro no se ha revertido la situación de fuertes desempleo y estancamiento de los mercados internos, en tanto que Estados Unidos, pese a los anuncios de recuperación, no logrará un crecimiento muy superior al 2 por ciento.


Las propuestas del organismo internacional de crédito para las economías en desarrollo, para enfrentar el impacto, avanzaron en el sentido de aplicar paquetes de ajuste y devaluación, afirmando que la depreciación cambiaria es un instrumento útil para incrementar la exportación al mundo. La entidad, a partir de un estudio empírico donde se tomaron en cuenta grandes correcciones del tipo de cambio como la de Argentina en 2002, precisó que una devaluación del 10 por ciento implica un alza de las exportaciones equivalente al 1,5 por ciento del PBI. La propuesta del FMI de devaluar para incrementar los despachos, una medida que genera indefectiblemente una transferencia de ingreso de los trabajadores hacia los grupos exportadores y bancos, es defendida en el país por dirigentes de la oposición, que la consideran una solución al problema de escasez de divisas en el mercado interno.

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Martes, 01 Septiembre 2015 05:58

Los países ¿emergentes?

Los países ¿emergentes?

Está quedando claro que en el pasado cercano el llamado BRIC resultó una ocurrencia de la superficialidad del análisis de Goldman Sachs (GS), que en un arrebato creyó que el potencial económico de Brasil, Rusia, India y China era tal, que se convertirían en las cuatro economías dominantes hacia 2050. El BRIC asumió acríticamente que sería el grupo que describía GS. Este mostruo financiero que en 2008 dejó de ser un banco de inversión por los gravísimos problemas por los que pasaba, aseguraba también que México y Sudáfrica eran comparables al grupo BRIC, pero no los incluía ahí porque ya formaban parte de la OCDE.


Brasil está comenzando a zozobrar en una recesión que puede durar dos años o más y la vuelta no será para alcanzar altas tasas de crecimiento. Rusia, siempre un tanto opaca respecto de su estado económico interno, parece cruzar un periodo recesivo, sin dejar de ser una economía singular, con un sector de muy alta tecnología en la industria aeroespacial y en la industria de guerra, pero no es claro el efecto que ha producido en su economía la caída de su ingresos por la exportación de granos, petróleo, gas y oro, en el que alcanza grandes volúmenes, y cuál el impacto que le han causado las imperialistas e infames restricciones económicas de EU y de la UE (aunque Alemania lo hace un tanto a regañadientes).
Brasil hizo una hazaña: 27 millones de personas dejaron de ser pobres y entraron a la clase media en escasos cuatro años, mediante un esfuerzo impresionante de descenso de la desiguadad. El ingreso de 10 por ciento más pobre subió 50 por ciento, mientras el ingreso del 10 por ciento más rico subió 7 por ciento en seis años, entre 2000 y 2006.
Admirabilísimo. Pero una coyuntura internacional favorable no hace verano. La casi una década de altos ingresos por exportaciones no fue suficiente para sentar bases de un crecimiento sostenido de largo plazo.


Sólo a GS se le ocurrió poner en el mismo plano las economías de China, India, Rusia y Brasil. China es una economá sólida, la economía más grande del mundo, y los problemas de corto plazo que enfrenta en este momento hacen cimbrar a la economía internacional.


Después de casi 15 años de expectativas optimistas ha aparecido una nueva realidad: los mercados emergentes pasan serias dificultades (BRIC más otros tercermundistas latinoamericanos y más allá). La superficialidad del neoliberalismo no tiene paralelo: los adictos a esta nueva fe aún viva creían que Brasil, Rusia, Turquía, India, serían los nuevos motores de la economía mundial. Tendrían un crecimiento rápido e indefinido.


Pero, hoy casi todos ellos han disminuido el ritmo de su crecimiento y los inversionistas retiran sus capitales, en parte impulsados por las expectativas de que la Reserva Federal de EU aumente sus tipos de interés en septiembre, o un poco más tarde, y debido a las complicaciones de la coyuntura china. Sus monedas se han devaluado, y la eterna corrupción más sus no escasos problemas políticos abruman el ánimo y el discurso en economías como Brasil y Turquía.


Es claro que nunca hubo datos sólidos que explicaran el crecimiento de los países emergentes. Sus altas tasas de interés se explicaban no por una transformación de su estructura productiva, sino por una acelerada demanda interna impulsada por auges temporales de los precios de los productos básicos y niveles insostenibles de endeudamiento originado en las fuertes entradas de capital externo.


Sí, en los mercados emergentes, como Brasil o Sudáfrica, con diferencias notables entre países, hubo alguna exapansión de las clases medias. Pero sólo una microscópica proporción de la fuerza de trabajo de estas economías labora en empresas de alta tecnología y alta productividad. La mayoría sigue bregando en empresas informales, de baja productividad y bajos ingresos.


A diferencia de esos emergentes, Corea del Sur y Taiwán crecieron gracias a una veloz industrialización; se ha repetido hasta el cansancio: las claves principales para el crecimiento de las economías en desarrollo son la adquisición masiva de habilidades y una educación de alto nivel, apoyada en conocimiento de avanzada, la mejora efectiva de las instituciones democráticas y la gobernanza, así como la transformación estructural que permita la transición desde actividades de baja productividad a las más productivas (lo que es característico de la industrialización), con un abatimiento drástico del enorme obstáculo que representa la desigualdad.


En los emergentes no habrá desarrollo efectivo sobre la base de periodos de auge de los precios de las materias primas, altas exportaciones coyunturales y altos intereses que atraigan al capital externo. Una coyuntura así igualmente se deshace y todo vuelve a su lugar tercermundista.


México se halla quizá un paso adelante de las características señaladas de los emergentes, a pesar de la pesada política neoliberal. No debido a ella. No es un país rural exportador de materias primas. Sino un país manufacturero, exportador de manufacturas. Sus exportaciones manufactureras supera a la suma de las exportaciones manufactureras del resto de América Latina y el Caribe. Pero la industria manufacturera exportadora tiene una tenue relación con el resto de la economía. Sí que podría, con instituciones de gobierno de gran calidad, superar la dualidad del sector manufacturero y crear un sistema educativo de alto nivel, desde el prescolar hasta el posgrado. Pero, es una tarea del Estado. El mercado tendría entonces un camino que seguir.

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Brasil entró en recesión económica en el segundo trimestre de este año

La economía brasileña –la primera en América Latina y la séptima del mundo– entró en recesión en el segundo trimestre de este año, en el arranque de un periodo de retracción que según analistas durará al menos dos años.


El producto interno bruto (PIB) retrocedió 1.9 por ciento entre abril y junio frente a los tres primeros meses del año, cuando había caído 0.7 por ciento respecto al último trimestre de 2014, informó el viernes el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).


La caída del PIB en el segundo trimestre es mayor a la prevista por analistas de bancos extranjeros y brasileños, que apostaban por una retracción de alrededor de 1.7 por ciento. El crecimiento del primer trimestre también fue revisado a la baja por el IBGE, de -0.2 a -0.7 por ciento. Cuando un país registra dos trimestres seguidos de contracción económica se habla de recesión técnica.


Frente al mismo periodo de 2014, en el segundo trimestre la economía brasileña registró una retracción de 2.6 por ciento. Y en el primer semestre de 2015, se contrajo 2.1 por ciento frente al mismo periodo de 2014. Por sectores, el agropecuario se contrajo 2.7 por ciento, la industria 4.3 por ciento, el sector servicios 0.7 por ciento y el consumo doméstico 2.1 por ciento.


Tras un alza espectacular de 7.5 por ciento del PIB en 2010 que fascinó al mundo y puso a Brasil al frente de las potencias emergentes, la economía del gigante sudamericano creció sólo 2.7 por ciento en 2011; uno por ciento en 2012; 2.5 por ciento en 2013 y apenas 0.1 por ciento en 2014. La economía brasileña creció a ritmo muy débil en los últimos cuatro años, pero no registraba una recesión desde inicios de 2009.


La presidenta Dilma Rousseff enfrenta problemas en varios frentes: la inflación está por alcanzar dos dígitos (9.56 por ciento) y ya duplica la meta oficial; la tasa de interés de referencia está en su mayor nivel en nueve años (14.25 por ciento), el desempleo ha subido por séptimo mes consecutivo y se ubica en 7.5 por ciento; el ahorro fiscal es casi nulo y el real se ha devaluado 25 por ciento frente al dólar desde enero. A ello se suma el megaescándalo de corrupción en la estatal Petrobras, el mayor en la historia del país, y la inestabilidad política.

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