Llegó el fin del "milagro peruano" de Humala

Los tiempos de bonanza económica llegaron a su fin. Y al presidente Ollanta Humala le está tocando pagar la factura al final de la fiesta. Una factura que los adversarios políticos del presidente peruano, y los grupos económicos que han gobernado de la mano con él pero ahora le dan la espalda, se están encargando de que sea lo más costosa posible. Después de estar creciendo entre 6 y 10 por ciento durante la última década, el incremento del PBI en el año 2014 bajó a 2,3 por ciento. Para este año se espera un nivel similar.


Olvidando que en este gobierno la economía ha seguido siendo manejada por la tecnocracia neoliberal, la oposición de derecha, que domina el escenario político, y el establishment económico y mediático, carga a Humala con todas las culpas por la caída de la economía, al mismo tiempo que defienden el modelo neoliberal. "El crecimiento se ha frenado por la ineficacia del gobierno en promover la inversión privada y por su incapacidad para llevar a cabo la inversión pública", ha escrito en su columna del diario El Comercio, el más importante del país, Roberto Abusada, economista del neoliberal Instituto Peruano de Economía y asesor económico de la dictadura de Alberto Fujimori. Opinión que, con algunos matices, es la dominante en los medios.


"Culpar a Humala por la caída de la economía es una crítica que parte de una lógica autista que se desconecta del contexto internacional. Siempre se puede decir que el gobierno pudo implementar políticas anticíclicas, pero la desaceleración económica se debe fundamentalmente a factores externos, como la importante caída de los precios internacionales de los minerales, que para la economía peruana son fundamentales. El nivel de crecimiento de la economía peruana depende del nivel de los precios de los minerales", señaló a Página/12 José de Echave, economista de la ONG CooperAcción, especializada en temas mineros.


Humberto Campodónico, economista y catedrático de la Universidad de San Marcos, también fue consultado por este diario sobre el tema: "El fin del súper ciclo de los precios altos de las materias primas, como los minerales, es un tema central para explicar la caída de la economía peruana. Todos los países dependientes de exportaciones de recursos naturales se han caído. Eso no es responsabilidad de Humala".


La vulnerabilidad de la economía peruana y su alta dependencia de la minería se reflejan en que cerca del 60 por ciento de los ingresos por exportaciones vienen de la minería.


En diálogo con Página/12, Salomón Lerner, quien fue jefe de la campaña electoral de Humala y su primer ministro en los primeros cinco meses de gobierno, aseguró que "el gran error de Humala es haber continuado con el modelo económico neoliberal excluyente, incluso lo ha profundizado, haciendo todo lo contrario al proyecto de cambio que se ofreció en la campaña". "Creo que este cambio de Humala –precisa el ex primer ministro– se da por su temor a una reacción en contra de los empresarios."


Humberto Campodónico y José de Echave coinciden en que "el gran error" de Humala es su apuesta por la continuidad del modelo neoliberal. Una diferencia de Humala con los gobiernos anteriores es la fuerza que le ha dado a los programas sociales. "En esto se ha avanzado, pero no lo que se esperaba", apunta el ex primer ministro Lerner.


Los tres expertos consultados para esta nota concuerdan en que en lo económico el Perú se enfrenta no a problemas coyunturales del actual gobierno, sino a una crisis del modelo neoliberal que ha marcado los últimos 25 años del país. "Sin duda estamos ante una crisis del modelo que trasciende a Humala", asegura De Echave. "La economía peruana es, de lejos, la más neoliberal de Sudamérica. Eso viene desde hace años y ha continuado con Humala. Ahora estamos ante una crisis del modelo neoliberal que no se quiere reconocer. Le están echando toda la culpa a Humala para negar la evidente crisis del modelo", dice, por su parte, Campodónico. Y Lerner apunta: "La derecha está acusando a Humala de ser el causante de la caída económica del país cuando son los neoliberales los que han gobernado, eso es inentendible. Humala está cargando con las culpas de la derecha".


Se cuestiona que en los años del boom del crecimiento no se haya iniciado una diversificación productiva que haga a la economía peruana menos dependiente de la minería. "En diversificación económica no se ha hecho nada, ni en gobiernos anteriores ni en este", indica De Echave. También se crítica que el país no haya aprovechado mejor los altos precios de los minerales para obtener más rentas. "Uno de los problemas del Perú es no haber gravado adecuadamente las sobreganancias de las mineras por los altos precios de los minerales. En países como Bolivia y Ecuador entre el 70 y 80 por cuenta de la renta de los recursos naturales queda en el Estado, en el Perú solamente un tercio de esta renta ha ido al Estado", señala Campodónico. Sobre las medidas tomadas para reactivar la economía, Lerner y Campodónico cuestionan que se haya apostado solamente por la oferta, con medidas para favorecer a los empresarios, como la flexibilización de los controles ambientales, la rebaja de impuestos a las empresas o el canje de obras por impuestos, y se haya olvidado la reactivación de la demanda. El sueldo mínimo se mantiene en solamente 220 dólares, uno de los más bajos de la región. En los cuatro años del actual gobierno, la pobreza disminuyó de 28 a 23 por ciento. En las zonas rurales se eleva a 46 por ciento. Salomón Lerner advierte que con la caída de la economía "se va a retroceder en lo poco avanzado en reducir la pobreza".

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Bolivia mantiene sus previsiones de crecimiento al 5% pese a la crisis

La autoestima del Gobierno boliviano sigue al alza, pese a las noticias adversas que comienzan a amenazar la prosperidad ininterrumpida de la cual Bolivia ha gozado los últimos nueve años. La caída de los precios internacionales del gas y los minerales, los principales productos de exportación nacionales, y la devaluación del peso argentino y del real brasileño, que vuelven más baratos los bienes importados de estos países, no afectan el sueño de las autoridades económicas, que han ratificado que este año el PIB crecerá un 5% y que el boliviano no se devaluará.


Luis Arce, ministro de Economía, principal autor de lo que ciertos economistas estadounidenses llaman el "milagro boliviano" (pasar de ser un país pobre a uno de ingresos medios), considera que las previsiones de bajas en el crecimiento latinoamericano hechas hace poco por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) no son correctas para Bolivia, y mantiene su confianza en sus propios indicadores. Según este ministro, el crecimiento boliviano no se explica principalmente por las exportaciones, sino por el dinamismo de la actividad interna. Actualmente, la principal fuente de ocupación y "locomotora" económica es la construcción de casas e infraestructura pública.


El pronóstico oficial de crecimiento implica que el Estado y los empresarios -con gran pesar de estos últimos- tendrán que pagar dos bonos navideños a fin de año, pues el Gobierno aprobó en 2013 una disposición que duplica los aguinaldos de los empleados públicos y a los trabajadores formales (que solo son un 20% de la fuerza laboral) cada año que la economía crece más del 4.5%.


En su discurso sobre el estado del país, el pasado 6 de agosto, el presidente Evo Morales denunció que Bolivia recibiría 2.500 millones de dólares menos por la caída de los precios de las materias primas, que se encuentran en unos mínimos que no se veían en más de un lustro. Acusó del hecho a las potencias desarrolladas, que tendrían una "estrategia para detener la competencia" de los países en crecimiento.


El gas que vende Bolivia a Brasil y a Argentina, cuyo valor depende del precio del barril de crudo, genera por distintas vías la mitad de los ingresos del Estado. Morales también reconoció en su informe a la Asamblea Legislativa que los alimentos argentinos y brasileños, abaratados por el nuevo tipo de cambio de estos países vecinos, entran de contrabando a Bolivia, amenazando importantes industrias locales como la industria avícola, la del arroz, etc. Sin embargo, las autoridades consideran que la solución no es adoptar un tipo de cambio más competitivo, como solicitan las asociaciones agropecuarias, sino controlar mejor las fronteras, algo que hasta ahora ha resultado muy difícil por el tamaño de estas.


El sistema cambiario fijo que estableció Arce, no mucho después de que comenzara su periodo como el ministro de Economía de más larga duración de la historia boliviana, es uno de los pilares de la popularidad del Gobierno de Morales, porque aumenta la confianza del público en el boliviano y asegura el control de la inflación. Tiene un costo, sin embargo, ya que un dólar barato estimula la importación de bienes y eso puede afectar la cantidad de empleos que sostiene la producción interna.

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Jueves, 23 Julio 2015 06:05

Reajustando el ajuste

Reajustando el ajuste

Dilma no logró implantar el ajuste fiscal anunciado y además de ese fracaso sufrió un inmenso desgaste político. También se anunciaron nuevos y duros recortes en los gastos públicos. Fue una clara derrota para el ministro de Hacienda, Joaquim Levy.

 

Confirmando rumores que circulaban con insistencia en los últimos días, los ministros de Hacienda, Joaquim Levy, y de Planificación, Nelson Barbosa, anunciaron formalmente ayer una drástica reducción en la meta del superávit primario (lo que el gobierno ahorra, cortando el presupuesto, para amortiguar la deuda pública). El pasado noviembre, tan pronto fue anunciado como ministro de Hacienda, el neoliberal Joaquim Levy, que ocupaba una de las direcciones del Bradesco, segundo mayor banco privado brasileño, se comprometió a ser "realista" y "actuar con total transparencia". Dijo que era esencial para reconquistar la confianza y la credibilidad perdidas en el primer gobierno de Dilma Rousseff (2011-2014) anunciar metas viables y factibles.

Anunció la meta de superávit fiscal en 1,15 por ciento del PIB, contrariando la tradición tanto de los dos gobiernos de Lula da Silva (2004-2010) como del primer mandato de Dilma, que era anunciar metas bastante superiores. Como ese compromiso jamás fue alcanzado de manera real, los gobiernos, especialmente el de Dilma, se lanzaron a maniobras que aprovecharon brechas en la legislación fiscal, la llamada "contabilidad creativa". Aun así, en 2014 el superávit primario, inicialmente anunciado como 2 por ciento del PIB, fue de escaso 0,6. Con eso, lo anunciado para este año sería casi el doble.

Todo eso se desplomó ayer. Si los cortes antes anunciados resultarían en un ahorro de 66 mil millones de reales (unos 22 mil millones de dólares), ahora el compromiso es de ahorrar unos 9 mil millones de reales (poco menos de 3 mil millones de dólares). Además, se anunciaron nuevos y duros recortes en los gastos públicos que sumados alcanzan a casi 80 mil millones de reales (unos 25 mil millones de dólares). Los nuevos cortes afectarán a todos los ministerios, lo que significa que los programas sociales llevados adelante desde la llegada del PT al poder, en 2003, serán duramente castigados.

En una larga conferencia de prensa ofrecida por ambos ministros, y que se arrastró por casi dos horas, hubo preguntas contundentes y copiosas y extensas respuestas, todas proferidas en lenguaje razonablemente claro y bien basadas en aspectos técnicos. Se admitió que la inflación de 2015 se situará alrededor de 9 por ciento y que la deuda pública llegará a casi el 65 por ciento del PIB.

Al reducir de manera tan drástica la meta de superávit primario, el gobierno impuso una clara derrota a Joaquim Levy. Al mismo tiempo, reconoció que la situación económica es bastante más compleja y frágil de lo que se venía admitiendo hasta ahora. La recesión, que en 2015 podrá llegar a 2 por ciento del PIB registrado el año pasado, ya se siente en el cotidiano de la gente. El desempleo, que estaba estabilizado en algo alrededor del 5,2 por ciento de la fuerza laboral, en junio superó por poco la marca del 9 por ciento. En algunos sectores, como la construcción y la industria automovilística, la situación es más preocupante aún.

Con la economía en franca retracción, la recaudación fiscal viene siendo muy inferior a la prevista, como admitió ayer el mismo Joaquim Levy. Recaudando menos de lo previsto y gastando más de lo que puede, el gobierno evidentemente no tendría bajo ninguna circunstancia ahorrar para suavizar los servicios de la deuda.

La seria crisis política que sacude al país también contribuye mucho para el actual momento. Por más que el gobierno se diga determinado a "cortar en su propia carne", como reitera Levy, para cumplir con todos los cánones de la política de ajustes, el Congreso Nacional, actuando de manera totalmente rebelde, insistió, con tal de derrotar y aislar políticamente a Dilma, en aprobar medidas claramente contrarias a lo anunciado por el equipo económico. Aumentos estratosféricos a servidores de la Justicia, por ejemplo, son apenas uno de los muchos ejemplos de iniciativas que terminaron por minar de manera terminal lo que se anunció a principios de año como la serie de medidas redentoras de la economía.

En resumen, Dilma Rousseff no logró implantar el ajuste fiscal anunciado, y el único balance realista es que además de ese fracaso la presidenta sufrió un inmenso desgaste político. Ante la opinión pública, su gobierno experimenta un derrumbe formidable. Las relaciones con el Congreso alcanzaron su grado máximo de animosidad, con el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, declarándose –pese a pertenecer al PMDB, principal aliado el PT en la base de apoyo al gobierno– en plena oposición.

El panorama es de crisis y total desorden. Levy, que reza el credo radicalmente opuesto a todo lo que el PT siempre propuso, parecía resignado al anunciar un cambio que hasta hace pocos días rechazaba de manera vehemente. Nada indica que desista y abandone el barco del gobierno, pero tampoco nada indicaba, hasta hace muy poco, que aceptaría el retroceso en su plan.

Más grave aún es darse cuenta de que nada indica que algo vaya a cambiar en el escenario desconcertante que, al menos a juzgar por lo que decía Dilma Rousseff en la campaña electoral del año pasado, jamás ocurriría si fuese ella la vencedora. Al contrario: ella aseguraba, con convicción olímpica, que todo lo que ahora ocurre ocurriría si ganara el adversario.

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Una lectura de uno de los factores de la coyuntura económica que vive el país, desde un lente apoyado en factores de mediano plazo, permite evidenciar la fragilidad de una política de Estado que deposita confianzas excesivas en las bondades de lo que hace años fue conocido como apertura económica. Sus efectos son críticos y reclaman correcciones inmediatas.

 

Durante el último año coincidieron dos tendencias en la economía nacional: agudización del déficit comercial y devaluación del peso, conjunción que merece un análisis cuidadoso porque son contradictorios, si se miran a la luz de la teoría económica convencional.

 

En los libros de texto, cuando hay devaluación del peso (el dólar se encarece), las importaciones deben disminuir y las exportaciones tendrían que aumentar. Si el dólar es caro, las personas disminuyen la compra de bienes importados, y los productores nacionales tienen estímulos para incrementar sus exportaciones. Esta secuencia que es lógica y sirve de referencia para los ejercicios de tablero realizados en las aulas de economía, no se ha cumplido en la realidad colombiana. Los hechos están mostrando que los análisis simplistas realizados por los economistas ortodoxos, y que fundamentan las decisiones de política económica, no son adecuados.

 

Tal y como lo indica la gráfica, el déficit en la balanza comercial de bienes (importaciones mayores que exportaciones) se agudiza a medida que la devaluación se ahonda. Esta tendencia es contraria a la lógica derivada de los modelos teóricos. A finales de 2013 el dólar estaba a $1.926, y hoy está a $2.538. Esta tendencia alcista de esta divisa continuará. Los movimientos de la tasa de cambio no dependen de las decisiones de la política económica nacional. Son el resultado de la política monetaria de los Estados Unidos, ahora menos expansiva y, por tanto, encarecedora del dólar. A pesar de que el mayor valor del dólar ha encarecido las importaciones, la balanza comercial no gana estabilidad.

 

De acuerdo con el comportamiento del dólar, la balanza comercial debería ser positiva, y el superávit tendría que estar aumentando. La figura muestra que está sucediendo todo lo contrario, y durante el 2014 las importaciones crecieron más que las exportaciones. Estos movimientos de la balanza comercial, que van en contra de lo esperado, son la expresión de debilidades estructurales de la economía colombiana. Menciono tres temas que son relevantes. El primero, de naturaleza teórica, denominado el efecto J. El segundo, la primarización de la economía criolla. Y el tercero, las debilidades estructurales del mercado interno.

 

El efecto J

 

El efecto J trata de captar la situación presentada en las economías inmediatamente después de la devaluación. En los ejercicios de tablero es evidente que cuando el dólar se encarece la balanza comercial se vuelve positiva. Habría, entonces, una relación positiva entre el dólar caro y el superávit comercial. En un plano cartesiano, la interacción de estas variables se vería como una línea con pendiente positiva. Pero el efecto J muestra que este proceso no es inmediato. En el primer momento, aún con un dólar caro, las importaciones suben y la balanza comercial continúa siendo negativa. En un segundo momento, las importaciones disminuyen, las exportaciones crecen y la balanza comercial es superavitaria. En esta secuencia, que subyace al análisis del llamado efecto J, supone que el primer movimiento se origina en la tasa de cambio.

 

Una de las explicaciones del este efecto tiene que ver con la percepción de los empresarios y con los determinantes de la decisión de invertir. Cuando toma forma una devaluación (dólar caro), los empresarios no aumentan la producción inmediatamente. Su actitud es cautelosa, y esperan con el fin de constatar si la devaluación del peso es un fenómeno permanente. Mientras evalúan la situación continúan importando. Una vez convencidos de que la devaluación se mantendrá, comienzan a producir y, eventualmente, a exportar. Este proceso toma tiempo. La gráfica de la balanza comercial muestra que los productores nacionales aún no se convencen que la devaluación permanecerá, y por ello las importaciones continúan aumentando más que las exportaciones.

 

 

 

Primarización de la economía

 

En el análisis anterior predomina la tasa de cambio. Pero, además, es necesario tener en cuenta las condiciones estructurales de la producción. La economía colombiana se ha reprimarizado, lo que significa que el sector primario (petróleo, minería, café, flores...) han ganado importancia frente a otras actividades como la industria. La mayor parte de las exportaciones nacionales radican en petróleo y minerales. La pérdida de dinamismo de la industria y de la agroindustria no es un fenómeno de corto plazo. Es la consecuencia de las políticas de apertura indiscriminada, que comenzaron con Gaviria-Hommes (1990-1994). Parecería como si el daño hecho al aparato productivo fuera irreversible.

 

La dependencia del petróleo y de los minerales tiene varios inconvenientes. El primero, que ha sido notorio en los últimos meses, es la inestabilidad frente a los precios internacionales. La caída de los precios se refleja en una disminución del valor de las exportaciones, en menores regalías, y en una reducción de los ingresos del Estado. Los movimientos de los precios escapa a las decisiones de política económica del gobierno colombiano, así que la dinámica de la economía termina sometida a fuerzas que no controla.

 

El segundo inconveniente es la trampa de las economías de enclave. Las regiones que producen hidrocarburos y minerales siguen funcionando como economías de enclave, sin crear encadenamientos productivos. Las bonanzas de los precios no se reflejan en mejores condiciones de vida de la población, ni en inversiones que aumenten la cobertura de servicios básicos (acceso a agua, vías, educación, asesoría técnica, salud, etcétera). Dicho de otra manera, la bonanza no está sembrada.

 

El tercer problema es la asimetría entre los excedentes dejados por las explotaciones minero-energéticas y el daño ambiental. La Contraloría mostró que las grandes explotaciones mineras no están pagando los impuestos que les corresponden, y que las exenciones tributarias son injustificadas. Y frente a estos recursos, que son relativamente bajos, habría que ponderar el daño ambiental. Las compensaciones efectuadas por las empresas por daños ambientales son mínimas y, a la larga, el Estado termina invirtiendo en los territorios una cantidad de recursos mayor a los ingresos que recibe por regalías e impuestos. Estamos, entonces, ante un pésimo negocio para el Estado.

 

El mercado interno

 

Y el tercer problema tiene que ver con la imposibilidad de consolidar el mercado interno. El futuro del país no está solamente en los tratados de libre comercio (Tlc). Puesto que los bienes importados son más caros, deberían crearse mecanismos para mejorar la producción interna y consolidar los mercados al interior del país. La Misión Rural, creada por el gobierno, llamó la atención sobre la necesidad de crear flujos que fortalezcan la demanda interna y disminuyan las importaciones. Este proceso es exitoso si los mayores ingresos de los hogares se reflejan en una mayor demanda de bienes elaborados en el país.

 

Son simples deseos. La agricultura giró de la producción de alimentos hacia los cultivos como palma africana, y otros bienes que son insumos de los agro combustibles (maíz, remolacha, caña). La pequeña escala ha cedido el espacio a los cultivos de gran extensión. Desde la perspectiva de la gestión, adquirieren relevancia los monocultivos administrados con una visión empresarial. Entre 2000 y 2010 las importaciones de maíz aumentaron de 1.9 millones de toneladas a 3.2 millones. En el mismo período, las importaciones de cebada pasaron de 153 mil toneladas a 206 mil toneladas. Las importaciones de plátano subieron de 11 mil toneladas a 54 mil. Las de trigo de un millón a 1.3 millones. Se observa, entonces, que las importaciones de los productos de la economía campesina han aumentado de manera importante. Es evidente que este crecimiento de las importaciones tiene impactos muy negativos en la economía campesina. La evolución desfavorable sufrida por los cultivos "predominantemente campesinos" indica que la economía campesina está pasando por una situación difícil.

 

En Colombia continúa sin consolidarse el mercado interno. La ausencia de vías permanece como una limitación estructural. El sector agropecuario se deteriora y no son evidentes los procesos endógenos que se derivarían de una política económica centrada en el desarrollo regional. Desde comienzos de los noventa, los gobiernos han confiado excesivamente en las bondades de la apertura.

 

Conclusión o Santos II no reconoce errores

 

Estas consideraciones no hacen parten del diagnóstico del Plan de Desarrollo de reciente aprobación por parte del Congreso, en el que no se reconoce la debilidad estructural de la economía colombiana. Al fin y al cabo, es comprensible que Santos II afirme de manera categórica que Santos I fue una maravilla.

 

12 de junio de 2015
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Publicado enEdición Nº 214
"El crecimiento en América Latina se desplaza del sur al norte"

El economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) avisa de que en América Latina se abre una brecha: mientras unos países echan el freno, otros pisan el acelerador

 

Las últimas previsiones del FMI empeoran las perspectivas de crecimiento para América Latina. La expansión regional será solo del 0,9%, lastrada sobre todo por la debilidad del mercado de las materias primas y tres de sus principales economías (Brasil, Argentina y Venezuela) entrarán en recesión. Sin embargo, José Juan Ruiz, economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), advirtió en la 31ª Reunión del Círculo de Economía, celebrada recientemente en Sitges (Barcelona), de que mientras unos países echan el freno, otros pisan el acelerador.


Pregunta. ¿Hay dos velocidades distintas de crecimiento en América Latina?


Respuesta. Siempre pensamos en las siete grandes economías, pero hay 26 países, con diferentes niveles de desarrollo y de exposición a los cuatro grandes shocks que condicionan a las economías emergentes. La brocha gorda no sirve para ver lo que ocurre en el continente. Hay dos grandes grupos de países: los que crecen y los que están en recesión. Venezuela, Argentina y Brasil, que suponen el 51% de la economía de la región, están en crisis. El 49% restante crece a una tasa media del 3,4%.


P. ¿Cuáles son esos cuatro impactos?


R. El primero es el lento crecimiento de la economía mundial, que es asimétrico: EE UU crece más y Europa y Japón menos, mientras que China ya no se expande al 10%, sino al 6,5%. Segundo, la caída del precio del petróleo, los alimentos y los minerales; tercero, las expectativas de una subida de tipos en Estados Unidos, y cuarto, un dólar más fuerte.


P. ¿Y por qué el impacto es desigual?


R. El sur [Chile, Colombia, Perú, Argentina y Brasil] lo forman países exportadores de commodities [materias primas], mientras que el norte es importador neto de energía y alimentos. Unos cierran el superciclo de las commodities y otros ahora ven cómo eso les ayuda. El crecimiento se está desplazando del sur al norte del continente. Por otro lado, China es el gran mercado de los países del sur, mientras que para el norte lo es Estados Unidos. Una gran parte del PIB de Centroamérica se genera por el turismo y las remesas de inmigrantes. Que EE UU vuelva a crecer a tasas elevadas significa que los que viven allí tienen mejores puestos de trabajo y envían más dinero. En El Salvador, por ejemplo, las remesas suponen el 18% del PIB.


P. ¿Va a ser esta crisis diferente de las anteriores que han sufrido esos Estados?


R. Hay países que han creado instituciones y reglas para ser más predecibles —como Chile, Colombia, México o Perú—, mientras que en otros el ciclo tiene más volatilidad porque sus instituciones son más débiles o porque tienen menor credibilidad ante los mercados. En una crisis de los años ochenta o noventa la prima de riesgo saltaba 600 puntos. En esta ocasión, Brasil, con todos sus problemas de crecimiento e inflación, ha sufrido un crecimiento de su prima de riesgo de nueve puntos básicos en el conjunto de los emergentes.


P. ¿Eso es todo mérito de las reformas?


R. Al producirse la desaceleración económica, el Gobierno permitió que el banco central actuara de forma independiente y el Ministerio de Hacienda anunció un programa de ajuste fiscal para volver al superávit primario del 2% en dos años. Hay capacidad de respuesta institucional, y ese es el gran cambio de América Latina con respecto al pasado.


P. ¿Van a necesitar ajustes presupuestarios drásticos?


R. No, porque están en mejor posición y el tipo de cambio absorbe parte de los ajustes. Y aunque tengan un gran impacto, la rapidez de la respuesta los hace más digeribles. La última década, la de la modernización social, ha puesto de manifiesto que no hay oposición entre eficiencia y equidad. El Lula de la Bolsa Familia, pero también del superávit primario y por cuenta corriente, es el modelo que hoy América Latina considera como suyo.


P. ¿El crecimiento implicó una reducción de la desigualdad?


R. Sí, en diez puntos [medidos por el coeficiente de Gini]. La pobreza cayó del 30% al 21% y la población que vive con entre cuatro y diez dólares diarios supone el 45%. Es gente que no es de clase media, pero tampoco es pobre. Y eso condiciona la forma como se harán los ajustes. Serán menos intensos porque los desequilibrios son menores, las instituciones son más fuertes y porque no se podrán hacer a costa de revertir los avances sociales de una década. En América Latina no hay la posibilidad de otra década perdida.

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Latinoamérica crecerá un 0,4% y bordea la recesión

El Banco Mundial retrasa un año el repunte de la región, tras proyectar un crecimiento del 0,4% en 2015. Rebaja la expansión global al 2,8% y al 4,4% para los países en desarrollo

 

La proyección que hace el Banco Mundial para las economías de América Latina es preocupante. Ahora rebaja de manera drástica su previsión de crecimiento hasta ponerla a solo cuatro décimas de la línea roja este 2015, lo que significa que la actividad se estancará prácticamente antes de repuntar al 2% en 2016 y al 2,7% en 2017. Es, además, un ritmo de expansión cuatro puntos porcentuales menor de lo que se proyecta para las economías en desarrollo.


El pesimismo domina. Hace solo seis meses, el organismo que apoya a los países más retrasados proyectaba un repunte del crecimiento del 1,7% para Latinoamérica este año. Sin embargo, ahora dice que quedará a la mitad de camino del 0,9% con el que se cerró 2014, lo que significa que el repunte se aplaza y será más lento. La previsión que se dio en enero para 2016 era del 2,9%, casi un punto más alto. Lo elevaba al 2,8% para el siguiente ejercicio, medio punto menos.


El problema lo resume el Banco Mundial de la siguiente manera. Los países de América del Sur están teniendo dificultades del lado de la demanda interna, por la débil confianza de los inversores, las sequías generalizadas y el abaratamiento de las materias primas. En el caso de Brasil se añade como agravante el daño que está haciendo el escándalo en Petrobras, explicó Kaushik Basu, su economista jefe.


La mayor economía de la región se contraerá un 1,3% este año, frente a la previsión de crecer un 1%, y eso arrastra al resto en la región. La moderación del crecimiento en China explica también este fuerte retroceso. La contracción será más profunda en Venezuela, del 5,1% este año, frente al 4% de 2014 y al 2% que se dijo en enero. La previsión es que la recesión se modere al 1% en 2016.


En las proyecciones para Argentina, los técnicos del organismo proyectan un crecimiento del 1,1% en el ejercicio en curso, el doble que hace un año. La previsión que se hizo hace seis meses fue de una contracción del 0,3%, por lo que se mejora en su caso. Los relatores explican que este cálculo es ahora más completo porque cuentan con datos que no tenían a manos en el último informe.


La situación en México la califica de "frágil" al referirse al clima de negocio. Estados Unidos hace, sin embargo, de sustento y eso le permitirá crecer un 2,6% este año, una proyección que está en línea con lo que anticipó en enero. La esperanza es que la contracción vivida en la economía estadounidense a comienzos de año sea transitoria y eso tire del crecimiento también en el vecino del sur hasta el 3,2% en 2016.


La economía mexicana es de las que hace de motor de la región, en su caso por ser también de las tres más grandes. En términos relativos, los países que más crecen son Panamá, donde espera se mantenga a un ritmo del 6,2% este 2015, y Perú, con el 3,9% antes de retomar el 5% en 2016. En el grupo de las economías que más rinden están también Bolivia, con el 4,8%, y Guatemala, con el 4%.


Colombia crecerá un 3,5% este año, según la nueva estimación del Banco Mundial, aunque en este caso es casi un punto inferior a la que se anticipó en enero y eso explica también que, junto a Brasil, se haya tenido que rebajar el conjunto de la proyección para América Latina. Es el país, de hecho, que se pone como ejemplo para reflejar esta "compleja transición" que afronta todo el subcontinente.


Expansión decepcionante


El Banco Mundial señala que esta adaptación a la nueva era de bajos precios en el petróleo y las materias primas plantea una dificultad importante para el conjunto de las economías en desarrollo, combinado con el alza en los costes de la financiación. "Este 2015 será el cuatro año consecutivo de crecimiento decepcionante", afirman los relatores del organismo, que proyectan una expansión del 4,4%.


"Abróchense el cinturón porque habrá baches por delante", advierte el economista jefe, aunque vea una mejoría gradual en el horizonte. Para el año próximo la actividad económica de los emergentes repuntaría al 5,2%. De ahí subiría dos décimas porcentuales en 2017. El temor del organismo es que el alza de tipos en EE UU dañe a los países que están mostrando más vulnerabilidades.


Para el conjunto de la economía global, la proyección se rebaja al 2,8%, dos décimas menos de la que anticipó en enero. De ahí repuntaría medio punto en 2016 gracias al impulso del bajo coste de la energía. Esto se explica también por un análisis más optimista de Europa, gracias a los estímulos, junto a una expansión del 2,7% en EE UU. Las economías avanzadas crecerán un 2% este año y un 2,4% en 2016.


Aplazar el alza de tipos


Pero el Banco Mundial advierte que una "apreciación excesiva" del dólar por un "alza prematura" de los tipos de interés en EE UU podría trastocar estas proyecciones si acaba afectando a la recuperación de la mayor economía del mundo. "Los efectos serán adversos para sus socios comerciales", anticipa. Es uno de los argumentos del Fondo Monetario Internacional para pedir que se aplace el alza de tipos.


Como dijo la semana pasada Christine Lagarde desde el FMI, el economista Kaushik Basu aconseja a la Reserva Federal que se "espere mejor" a comienzos de 2016 para marcar el inicio del proceso de normalización de la política monetaria en EE UU. "Las señalas que llegan de la economía son mixtas", precisó. Aún así, admite que la Fed empezará a elevar el precio del dinero este año.


Las dos instituciones coinciden al insistir por todo esto en que el crecimiento de las economías en desarrollo no puede depender solo de EE UU como motor y tampoco pueden ser tan vulnerables ante ella. La recuperación en la zona euro es aún insuficiente. La proyección que hace el Banco Mundial es del 1,5%, más optimista que el 1,1% que anticipó hace seis meses. De ahí repuntará al 1,8% en 2016.

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Europa, América Latina y el Caribe: reforzar convergencias

Bruselas acoge a partir de este lunes un nuevo encuentro entre las y los líderes de Europa y América Latina y el Caribe, señal positiva de la voluntad compartida de reforzar puentes y consolidar vínculos que tienen profundas raíces en nuestro pasado y portentosas posibilidades para el futuro.


Actualmente, la Unión Europea mantiene pactos comerciales con 26 países de América Latina y el Caribe, lo que la convierte en el socio extrarregional con la mayor red de convenios de comercio en la región, seguida por Estados Unidos, que mantiene acuerdos de libre comercio con 11 países.


Si bien la Unión Europea continúa siendo el segundo mercado de destino (después de Estados Unidos) para las exportaciones regionales, desde 2010 se ha visto desplazada por China como la segunda fuente de origen de sus importaciones.

Paralelamente, la participación de América Latina y el Caribe en el comercio exterior del bloque sigue siendo muy modesta, tanto en bienes como en servicios: en 2013 la región fue destinataria de 6.6 por ciento de las exportaciones de bienes de la Unión Europea al resto del mundo y el origen de sólo 5.7 por ciento de sus importaciones. Más aún, las exportaciones de la región hacia el bloque comunitario siguen concentrándose en materias primas y derivados de bajo contenido tecnológico.
El diálogo de políticas entre las instituciones más representativas de Europa y de América Latina y el Caribe abordará una rica agenda de temas birregionales y mundiales. Será una ocasión para subrayar la importancia de la cooperación entre la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), marcada por la complejidad y la rapidez de los cambios tecnológicos, económicos, sociales, ambientales y culturales en marcha. Estamos ciertos de que este diálogo suscitará iniciativas orientadas a los ciudadanos, encaminadas a fomentar la innovación para el crecimiento sostenible, asegurar una educación de calidad para todos, garantizar la seguridad y combatir el cambio climático.


La reciente década y media muestra una diferencia significativa en la dinámica de crecimiento entre ambas regiones. Mientras la Unión Europea creció en promedio 0.8 por ciento en el periodo 2003-2014, América Latina y el Caribe lo hicieron a una tasa media de 3.6 por ciento. Asimismo, esta región, después de registrar una caída de –1.3 por ciento en 2009, se recuperó rápidamente y se expandió 6.1 por ciento en 2010, con un promedio de 3.4 por ciento entre 2010 y 2014. El bloque europeo, por su parte, tuvo una contracción en 2009 de –4.5 por ciento y ha mostrado tasas de crecimiento bajas desde entonces, con un promedio de 0.7 por ciento entre 2010 y 2014.


En medio de un cambio del contexto externo, caracterizado por el fin del superciclo de las materias primas, la creciente volatilidad y costos financieros, y limitaciones a la demanda agregada doméstica en varios países, la región muestra una significativa desaceleración. Por su parte, Europa, apuntalada por estímulos monetarios significativos, ha iniciado una lenta recuperación en su dinámica de crecimiento.


Así, ambas regiones enfrentarían un periodo, de duración incierta, de lento crecimiento y de renovadas presiones para aumentar su competitividad. En este escenario, con sus similitudes y diferencias, resulta urgente y necesario que América Latina y Europa articulen esfuerzos para encarar la desigualdad, garantizar derechos sociales universales y asegurar la centralidad de la dignidad de los ciudadanos. Son todas dimensiones donde ya existe un rico intercambio de experiencias, lecciones aprendidas y buenas prácticas.


Esta cumbre, donde estarán representados 61 países (un tercio de los estados miembros de las Naciones Unidas y casi la mitad de los integrantes del Grupo de los 20, G20), será uno de los mayores foros mundiales a celebrarse antes de que la comunidad internacional apruebe los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por ello los resultados de la concertación birregional adquieren una dimensión protagónica a la hora de discutir las nuevas formas de organizar nuestros estados, economías y sociedades.

Por Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)

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Auge de materias primas en América Latina no impactó el mercado laboral

De 2003 al 2013 se produjo un auge del comercio de materias primas en América Latina, lo que aumentó los salarios pero no generó más oportunidades de trabajo, reveló hoy un reporte del Banco Mundial (BM).


Por el contrario, en países no exportadores, los salarios se vieron disminuidos, destacó el informe "Trabajando para terminar la pobreza en América Latina y el Caribe: trabajadores, empleos y salarios".


"En los últimos años, el momento para ganancias sociales ha menguado en América Latina y el Caribe", señaló la administradora para la región en Práctica de Pobreza Global del BM, Louise Cord.


Y añadió que ahora, con el declive del boom de materias primas, es "crítico" redoblar esfuerzos para promover la inclusión social y reducción de la pobreza.


Asimismo señaló la necesidad de eliminar restricciones a la participación de las personas de menor ingreso en el mercado laboral, mejorar su acceso a educación de alta calidad y a sectores de mayor productividad, toda vez que el ingreso ha sido el factor principal para reducir la pobreza en la región.


Según el informe, la pobreza en América Latina y el Caribe -definida como aquellos que viven con menos de cuatro dólares al día – bajó del 25.3 por ciento en 2012, a 24.3 por ciento en 2013.


Mientras la pobreza extrema (aquellos que viven con 2.50 dólares al día) disminuyó de 12.2 a 11.5 por ciento en el mismo periodo.


"El progreso en la reducción de la pobreza no fue uniforme, con un desempeño en Centroamérica y México por debajo de otras subregiones", señaló.


El BM subrayó que desde los primero años de este milenio, los salarios de los trabajadores no calificados (aquellos con mayor probabilidades de ser pobres y la mitad de los hogares en la región) aumentaron en 4.0 por ciento en promedio.


Mientras, el ingreso de aquellos con estudios de primaria y de los trabajadores calificados aumentó solo 2.0 por ciento.
Sin embargo, indicó que la participación en el mercado laboral no ha sido la fuerza detrás de la reducción de la pobreza para los trabajadores no calificados o el 40 por ciento de la población que viven en la pobreza en la región.


Entre 2003 y 2013, la participación en la fuerza laboral de los trabajadores no calificados cayó 1.6 por ciento, mientras se incrementó en 44 por ciento para el resto de los trabajadores.


El informe indicó que las razones de esa disparidad pueden ser el incremento de los hogares mantenidos por las mujeres, así como un aumento en cambios de empleo que hace a los trabajadores esperar por puestos de trabajo mejor remunerados.
"Esto podría significar que encontrar un trabajo se está volviendo cada vez más difícil para los hombres no calificados", alertó.
"Los gobiernos en la región han ayudado a mejorar tanto el ingreso como la participación en el mercado laboral incluyendo programas de guarderías, educación temprana, impulso al acceso de las mujeres a la fuerza de trabajo, entrenamiento, incentivos y legislaciones para el salario mínimo", apuntó.


Subrayó que si se establece de forma correcta, el salario mínimo puede operar como una fuerte señal para salarios más altos, incluso en el sector informal donde muchos de los pobres trabajan.


Advirtió que si el salario mínimo se establece muy alto o muy bajo puede debilitar su efecto tanto en la economía formal como en la informal.


(Con información de las agencias)

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Viernes, 22 Mayo 2015 07:48

La encrucijada latinoamericana

La encrucijada latinoamericana

La evolución de las formaciones económicas latinoamericanas siempre ha estado en estrecha relación con los avatares de la economía mundial. Los ciclos de auge se asocian al incremento de los precios de las materias primas y la llegada de flujos de capital. Mientras que lo primero depende de la demanda de las economías industriales, lo segundo se relaciona con los niveles de la tasa de interés en estas economías. Bajas tasas de interés en las potencias promueven el flujo de capitales a las economías periféricas y viceversa. En fases de altos precios de los commodities y dinero barato, nuestros estados consiguen que se valorice una mayor porción del capital mundial en nuestros territorios y la economía florece: crece el Pbi, la población obrera sobrante se reduce y en el frente externo se aleja temporalmente (se posterga) el problema de la restricción externa (falta relativa de divisas). En tales escenarios se comienza a hablar de "los logros de la política económica", y ciertamente los habrá, pero más importante que esto será la propia dinámica de la acumulación capitalista a nivel global y su impacto en los ciclos por los que transitamos.


Cuando las condiciones señaladas se revierten ocurre lo contrario. El crecimiento disminuye, y la baja en el valor de las exportaciones y una menor llegada de capitales comienzan a presionar la balanza de pagos. En otras palabras, la región comienza a experimentar una disminución relativa como espacio de valorización del capital a nivel mundial y esto tiende a manifestarse en las cuentas externas. Inicialmente los gobiernos podrán recurrir al uso de sus reservas internacionales y/o al endeudamiento externo. Cuando estos mecanismos de diferimiento del problema ya no basten entonces la presión será a la devaluación de la moneda, lo que, sin mediar otras transformaciones clave, se acabará traduciendo en un proceso inflacionario que empobrece a los sectores populares.


El proceso que se abre luego de las sucesivas crisis neoliberales de fines del siglo pasado fue un claro ejemplo de ciclo de auge. Todo indica que hace algunos años estamos arribando lentamente al fin del ciclo. Los precios de las materias primas ya comenzaron a descender y la política monetaria expansiva de los países centrales (que mantiene la tasa de interés baja) comenzará a revertirse.


Una vez revertido el ciclo, lo que traerá de la mano la disminución de la porción del valor mundial que es valorizado en América Latina, o que ésta se apropia por vía de la captación de renta de la tierra, el ajuste será inevitable. Lo que está y estará crecientemente en juego es sobre quién se aplica.


Si se apuesta al "libre juego del mercado" dejando flotar las monedas locales, tal como recomienda en su último informe el Fmi,1 entonces se procesará una presión inflacionaria que será combatida con políticas monetarias y fiscales contractivas, y que en los hechos acabará desplazando del acceso a bienes a los sectores con menor poder adquisitivo, caerá la producción y se incrementará el desempleo y la pobreza. Por medio de la devaluación, el ajuste se procesa básicamente por la disminución de las importaciones que se destinan al flujo de consumo de los sectores populares (ya sean bienes finales o intermedios), lo que disminuye considerablemente la magnitud de mercancías que en esa economía reproducen la vida de estos sectores, es decir, disminuye el salario real. Si esto no se acompaña de un menor gasto público y políticas contractivas de la demanda interna agregada, será la inflación la que haga su parte dejando fuera del mercado a los sectores de menores ingresos. El ajuste monetario (devaluación, contracción de demanda interna, inflación) ajusta por rango de ingresos y viene a ratificar el lugar que ya no tiene en el mercado un segmento importante de la población.


Instrumentos como el control de precios y de cambios podrán ayudar en un primer momento, pero luego, si no se acompañan de otras medidas, siendo aún nuestras economías de carácter privado y mercantil, los controles darán lugar a la escasez, la especulación y los mercados paralelos.
La única manera de evitar la aplicación del ajuste clásico o la caotización económica es desarrollar un nuevo ciclo de reformas que, al mismo tiempo que ataquen frontalmente la de­sigualdad escandalosa que hay en nuestra región, permitan la recuperación de la soberanía del Estado y de los trabajadores sobre las áreas estratégicas de la economía y el producto social que resulta del trabajo común. Esto implica afectar seriamente los intereses del 10 por ciento de la población latinoamericana que controla casi el 40 por ciento del ingreso, según datos de la Cepal, y de la porción del capital internacional que se valoriza con dividendos e intereses que nuestras economías transfieren.


Concretamente, este nuevo ciclo de reformas debe tener un frente tributario orientado a la disminución de la desigualdad y a la recuperación por parte del Estado de parte del excedente económico hoy en manos privadas. Al mismo tiempo, deberá orientarse a la recuperación de la soberanía de la política económica sobre áreas clave, como la banca y el comercio exterior.


La encrucijada parece ser entre una nueva serie de ajustes de tipo "neoliberal" o un nuevo ciclo de reformas que permita consolidar los logros y continuar avanzando en materia de soberanía económica e inclusión social. Cuanto mayor sea la pérdida de espacio económico de la región en el proceso de valorización mundial, mayor será la acentuación de la encrucijada planteada.


En este escenario, lo mejor que le puede pasar a las derechas latinoamericanas es que los gobiernos progresistas y populares privilegien el pacto con las elites regionales y sean ellos quienes apliquen el ajuste regresivo que nuestros capitalismos requieren toda vez que la dinámica de la acumulación capitalista global nos desplaza como espacio de valorización.


Por Rodrigo Alonso, economista.
1. "Fmi. Las Américas. El norte se recupera, el sur aún espera. 2015" (disponible en www.imf.org).

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¿Cuáles son las mayores economías del mundo? ¿Y las más diminutas?

Siete billones de dólares separan a China de EE UU, así que el gran sorpasso, esperado y temido desde años, aún tendrá que esperar. Las nuevas previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) mantienen a la economía estadounidense a la cabeza del mundo por volumen del producto interior bruto (PIB) medido en dólares corrientes (es decir, sin el efecto de la inflación), hasta 2020. Les siguen Japón, Alemania, Reino Unido y Francia, pero en el cuarto puesto habrá un cambio este mismo año si se cumplen los pronósticos: India superará a Brasil.


Está previsto que la economía brasileña se contraiga un 1% este año, la confianza del sector privado en mínimos, incluso después de que las elecciones presidenciales disiparan la incertidumbre, crece el temor a racionamientos de agua y electricidad. La guinda es la investigación de Petrobras por un caso de corrupción. En cambio, India acelera del 7,2% al 7,5% por el bajo precios del petróleo y un repunte de la inversión. Eso sí, si se mira la riqueza por habitante, la foto cambia radicalmente: los 1.626 dólares de los indios palidecen ante los 11.640 de los brasileños.


Tras Brasil, en la octava posición del mundo, siguen Italia, Canadá, Corea del Sur y Australia en los puestos nueve, 10, 11 y 12. También ahí ha habido otro adelantamiento, de Corea sobre Australia, muy castigada por la caída del precio de las materias primas.


A España la superará México este mismo año, con lo que quedará relegada a la plaza 14. La crisis ha bajado a la economía española seis posiciones, desde la novena plaza que llegó a ocupar. Incluso Rusia, muy castigada por las consecuencias del conflicto con Ucrania, superará a España en 2016.


Pero si esta misma carrera se hace midiendo el tamaño de las economías en paridad de poder de compra (eliminando las distorsiones que crean los diferentes niveles de precios en cada país, especialmente para tener en cuenta el valor de bienes y servicios que no participan en el comercio internacional), las cosas cambian. China ya superó a EE UU y se colocó como primera potencia el año pasado con este baremo, le sigue Estados Unidos, pero en la tercera plaza ya no está Japón, sino India. La economía nipona estaría cuarta, seguida de Alemania, Rusia, Brasil e Indonesia.


En el otro extremo, entre las economías más pequeñas de los 189 países que forman parte del Fondo, destacan Tuvalu, un grupo de islas de la Polinesia (antes llamadas Ellice) y la República de Kiribati, un archipiélago situado al noroeste de Australia. El producto interior bruto (PIB) del primero será de 35 millones de dólares este año y el del segundo de 168 millones. Las Islas Marshall, en tercer puesto por la cola, tendrá un PIB de 195 millones.

 

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