Lunes, 29 Octubre 2018 05:46

Dos palabras

Dos palabras

 A lo largo de más de 25 años reportando sobre Estados Unidos para La Jornada nunca imaginé que algún día tendríamos que usar dos palabras para informar sobre la realidad nacional de este país: "fascismo" y "socialismo".

Pero desde las campañas electorales de 2016 y su culminación en el triunfo de un bufón peligroso, esas dos palabras se han vuelto necesarias. Primero, las malas noticias:

La violencia ultraderechista vinculada con los neonazis y otras agrupaciones supremacistas blancas, nutrida por la retórica explícitamente racista, xenófoba, antimigrante y "nacionalista" proveniente de la Casa Blanca tuvo su expresión más reciente en lo que la Liga de Anti-Difamación (principal organización judía de defensa de derechos civiles) califica como el peor ataque mortal antisemita en la historia del país: 11 muertos y seis heridos en una sinagoga en Pittsburgh. El responsable acusó a los judíos de apoyar a refugiados "morenos" y musulmanes que están invadiendo al país para destruir a "mi gente". Esto, en una semana en la que otro ultraderechista envió 14 bombas a prominentes críticos de Trump –casi todos calificados como "enemigos" por el mandatario– y el asesinato al azar de dos personas afroestadunidenses en un supermercado por un hombre que antes buscaba ingresar para matar a afroestadunidenses en una iglesia.

Vale subrayar que todos estos atentados de "terror" y odio violento de los días recientes –como gran mayoría de los incidentes de tiroteos masivos en los últimos años– han sido realizados no por mexicanos o centroamericanos, ni por otros inmigrantes "criminales", ni por musulmanes, sino por hombres estadunidenses blancos.

La ultraderecha y sus seguidores aquí tienen una larga historia de violencia, pero nunca antes han contado con un presidente que habla su mismo idioma y que activamente alienta el racismo, la xenofobia, el sexismo y el antisemitismo que los caracteriza.

Hace unos días en un mitin electoral en apoyo de candidatos republicanos, Trump proclamó que es "un nacionalista", y se opone a los "globalistas". Los "nacionalistas blancos" entendieron perfecto y, como señala el profesor de historia en la Universidad de Michigan Juan Cole, Trump está imitando a Mussolini, quien se definió como un "fascista nacionalista".

Aquí, según la narrativa ultraderechista, los "nacionalistas" combaten al "complot internacional judío", o a veces "comunista", contra este país. Por eso cuando Trump se declaró "nacionalista", su público empezó a corear "encarcelen a Soros", el prominente filántropo judío liberal que tanto es usado como ejemplo de ese "complot" (poco después recibió uno de los paquetes-bomba), y quien ha sido culpado por el presidente y/o sus aliados de promover la migración, incluso de financiar la caminata de centroamericanos. Trump sonrió y se sumó al coro.

El profesor Jason Stanley, de la Universidad de Yale, alerta que Trump está empleando las tradicionales políticas fascistas para promover su agenda.

El profesor Henry Giroux, de la Universidad McMaster, considera que esta agenda política está produciendo "una formación económico-política que llamaría fascismo neoliberal". Señala que el “fascismo empieza con idioma y se vuelve una fuerza organizativa para formar una cultura y legitimar lo que se pensaba era inimaginable, como la violencia indiscriminada contra grupos enteros: negros, inmigrantes, judíos, musulmanes… Trump enmarca a sus críticos como enemigos del pueblo estadunidense. Esto es verdaderamente un resurgimiento de la ideología fascista actualizada para el siglo XXI”.

Respondiendo a la noticia del asalto contra la sinagoga, el cineasta Michael Moore expresó su solidaridad en un tuit, y preguntó si alguien en este país aún recuerda que había un acuerdo de que "ante la primera señal de fascismo, lo frenaríamos antes de que creciera y se convirtiera en algo peor. Bueno, ese momento es ahora".

Ahora hay un masivo coro de repudio y resistencia por todo el país que grita "no pasarán". Entre ellos (tema de la segunda parte de esta columna) los que afirman que en un futuro próximo, Estados Unidos será socialista.

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Brasil: las democracias también mueren democráticamente

Nos hemos acostumbrado a pensar que los regímenes políticos se dividen en dos grandes tipos: democracia y dictadura. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, la democracia (liberal) pasó a considerarse casi consensualmente como el único régimen político legítimo. A pesar de la diversidad interna de cada uno, son dos tipos antagónicos, no pueden coexistir en la misma sociedad, y la opción por uno u otro supone siempre lucha política que implica la ruptura con la legalidad existente.


A lo largo del siglo pasado se fue consolidando la idea de que las democracias solo colapsaban por la interrupción brusca y casi siempre violenta de la legalidad constitucional, a través de golpes de Estado dirigidos por militares o civiles con el objetivo de imponer la dictadura. Esta narrativa era, en gran medida, verdadera. No lo es más. Siguen siendo posibles rupturas violentas y golpes de Estado, pero cada vez es más evidente que los peligros que la democracia hoy corre son otros, y se derivan paradójicamente del normal funcionamiento de las instituciones democráticas.


Las fuerzas políticas antidemocráticas se van infiltrando dentro del régimen democrático, lo van capturando, descaracterizando, de manera más o menos disfrazada y gradual, dentro de la legalidad y sin alteraciones constitucionales, hasta que en un momento dado el régimen político vigente, sin dejar de ser formalmente una democracia, aparece como totalmente vaciado de contenido democrático, tanto en lo referido a la vida de las personas como de las organizaciones políticas. Unas y otras pasan a comportarse como si estuvieran en dictadura. Menciono a continuación los cuatro principales componentes de este proceso.


La elección de autócratas. De Estados Unidos a Filipinas, de Turquía a Rusia, de Hungría a Polonia se han elegido democráticamente políticos autoritarios que, aunque sean producto del establishment político y económico, se presentan como antisistema y antipolítica, insultan a los adversarios que consideran corruptos y ven como enemigos a eliminar, rechazan las reglas de juego democrático, hacen apelaciones intimidatorias a la resolución de los problemas sociales por medio de la violencia, muestran desprecio por la libertad de prensa y se proponen revocar las leyes que garantizan los derechos sociales de los trabajadores y de las poblaciones discriminadas por razones étnicas, sexuales o de religión. En suma, se presentan a elecciones con una ideología antidemocrática y, aun así, consiguen obtener la mayoría de los votos. Los políticos autocráticos siempre han existido. Lo nuevo es la frecuencia con la que están llegando al poder.


El virus plutócrata. La forma en la que el dinero ha venido descaracterizando los procesos electorales y las deliberaciones democráticas es alarmante. Al punto de preguntarse si, en muchas situaciones, las elecciones son libres y limpias y si los responsables políticos actúan por convicciones o por el dinero que reciben. La democracia liberal se basa en la idea de que los ciudadanos tienen condiciones de acceso a una opinión pública informada y, sobre su base, elegir libremente a los gobernantes y evaluar su desempeño. Para que esto sea mínimamente posible, es necesario que el mercado de las ideas políticas (los valores que no tienen precio, porque son convicciones) esté totalmente separado del mercado de los bienes económicos (los valores que tienen precio y sobre esta base se compran y venden). En tiempos recientes, estos dos mercados se han fundido bajo la égida del mercado económico, hasta tal punto que hoy, en política, todo se compra y todo se vende. La corrupción se ha vuelto endémica.


La financiación de las campañas electorales de partidos o de candidatos, los grupos de presión (o lobbies) ante los parlamentos y los gobiernos tienen hoy en muchos países un poder decisivo en la vida política. En 2010, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, en la sentencia Citizens United v. Federeal Election Commission, asestó un golpe fatal a la democracia estadounidense al permitir el financiamiento irrestricto y privado de las elecciones y decisiones políticas por parte de grandes empresas y de super ricos. Se desarrolló así el llamado dark money, que no es otra cosa que corrupción legalizada. Ese mismo dark money explica en Brasil una composición del Congreso dominada por la bancada armamentista ("de la bala"), la bancada ruralista ("del buey") y la bancada evangélica ("de la Biblia"), una caricatura cruel de la sociedad brasileña.


Las fake news y los algoritmos. Durante cierto tiempo Internet y las redes sociales que generó se vieron como una posibilidad sin precedentes para la expansión de la participación ciudadana en la democracia. En la actualidad, a la luz de lo que sucede en Estados Unidos y Brasil, podemos decir que serán más bien las sepultureras de la democracia, en caso de que no se regulen. Me refiero en particular a dos instrumentos: las noticias falsas y el algoritmo.


Las noticias falsas siempre han existido en sociedades atravesadas por fuertes divisiones y, sobre todo, en periodos de rivalidad política. Hoy, sin embargo, su potencial destructivo a través de la desinformación y la mentira que propagan es alarmante. Esto es especialmente grave en países como la India y Brasil, en los que las redes sociales, sobre todo WhatsApp (cuyo contenido es el menos controlable por estar encriptado), son ampliamente usadas, hasta el extremo de ser la más grande, e incluso la única, fuente de información de los ciudadanos (en Brasil, 120 millones de personas usan WhatsApp). Grupos de investigación brasileños denunciaron en el New York Times (17 de octubre) que de las cincuenta imágenes más divulgadas (virales) en los 347 grupos públicos de WhatsApp en apoyo a Bolsonaro, solo cuatro eran verdaderas. Una de ellas era una foto de Dilma Rousseff, candidata al Senado, con Fidel Castro en la Revolución cubana. Se trataba, de hecho, de un montaje realizado a partir del registro de John Duprey para el diario NY Daily News en 1959. Ese año Dilma Rousseff era una niña de once años. Apoyado por grandes empresas internacionales y por servicios de contrainteligencia militar nacionales y extranjeros, la campaña de Bolsonaro constituye un monstruoso montaje de mentiras a las que la democracia brasileña difícilmente sobrevivirá.


Este efecto destructivo es potenciado por otro instrumento: el algoritmo. Este término, de origen árabe, designa el cálculo matemático que permite definir prioridades y tomar decisiones rápidas a partir de grandes series de datos (big data) y de variables, considerando ciertos resultados (el éxito en una empresa o en una elección). Pese a su apariencia neutra y objetiva, el algoritmo contiene opiniones subjetivas (¿qué es tener éxito?, ¿cómo se define el mejor candidato?) que permanecen ocultas en los cálculos. Cuando las empresas se ven obligadas a revelar los criterios, se defienden con el argumento del secreto empresarial. En el campo político, el algoritmo permite retroalimentar y ampliar la divulgación de un tema que está en boga en las redes y que, por ello, al ser popular, es considerado relevante por el algoritmo. Sucede que lo viral en las redes sociales puede ser producto de una gigantesca manipulación informativa llevada a cabo por redes de robots y de perfiles automatizados que difunden entre millones de personas noticias falsas y comentarios a favor o en contra de un candidato, convirtiendo el tema en artificialmente popular y ganando así incluso más destaque por medio del algoritmo. Este no tiene condiciones para distinguir lo verdadero de lo falso, y el efecto es tanto más destructivo cuanto más vulnerable sea la población a la mentira. Fue así como en 17 países se manipularon recientemente las preferencias electorales, entre ellos Estados Unidos (a favor de Trump) y, ahora, Brasil (a favor de Bolsonaro), en una proporción que puede ser fatal para la democracia.


¿Sobrevivirá la opinión pública a este envenenamiento informativo? ¿Tendrá la información verdadera alguna posibilidad de resistir ante tal avalancha de falsedades? He defendido que en situaciones de inundación lo que más falta hace es agua potable. Con una preocupación paralela respecto a la extensión de la manipulación informática de nuestras opiniones, gustos y decisiones, la investigadora en computación Cathy O’Neil designa los big data y los algoritmos como armas de destrucción matemática (Weapons of Math Destruction, 2016).


La captura de las instituciones. El impacto de las prácticas autoritarias y antidemocráticas en las instituciones ocurre paulatinamente. Presidentes y parlamentos electos mediante los nuevos tipos de fraude (fraude 2.0) a los que acabo de aludir tienen el camino abierto para instrumentalizar las instituciones democráticas; y pueden hacerlo supuestamente dentro de la legalidad, por más evidentes que sean los atropellos y las interpretaciones sesgadas de la ley o de la Constitución. En los últimos tiempos, Brasil se ha convertido en un inmenso laboratorio de manipulación autoritaria de la legalidad. Esta captura ha hecho posible la llegada a la segunda vuelta del neofascista Bolsonaro y su eventual elección. Tal como ha ocurrido en otros países, la primera institución en ser capturada es el sistema judicial. Por dos razones: por ser la institución con poder político más distante de la política electoral y por ser constitucionalmente el órgano de soberanía concebido como “árbitro neutro”. En otra ocasión analizaré este proceso de captura. ¿Qué será de la democracia brasileña si esta captura se concreta, seguida de las otras capturas que esta hará posible? ¿Será todavía una democracia?

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

 

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“Brasil se juega el destino de la democracia”

El experto analiza la contundente victoria en primera vuelta del ultraderechista Jair Bolsonaro. Por qué el 28 de octubre se juega la continuidad del régimen democrático. La embestida de la derecha contra el PT, el “fascismo financiero”, los medios y las iglesias evangélicas.

Boaventura de Sousa Santos (Coímbra, Portugal, 1940) es una de las voces más autorizadas dentro de la sociología jurídica y un referente indiscutido en el pensamiento político y social contemporáneo. Entrevistado por PáginaI12, el investigador sostiene que la segunda vuelta representa en Brasil “un auténtico plebiscito sobre si (ese país) debe seguir siendo una democracia o pasar a ser una dictadura de nuevo tipo”. A continuación, explica por qué trabajadores, jóvenes, sectores medios, afroamericanos, marginados, hombres y mujeres del pueblo dieron su voto a un candidato que grita a cuatro vientos y con orgullo que, de ser presidente, sus políticas no estarán justamente a favor de ellos.


–¿Cuáles son para usted las razones del triunfo del candidato de la ultraderecha Jair Bolsonaro en primera vuelta?


–Es una situación muy compleja porque Brasil, en este momento, es casi un laboratorio de transformación política conservadora en el continente. No solamente en el continente, en el mundo. Pienso que en la primera década del milenio Brasil fue, junto con otros países de América Latina, el país que más mostró las potencialidades de una transformación progresiva de las sociedades altamente desiguales, altamente discriminatorias, como son todas las sociedades que salieron del colonialismo europeo. Los avances fueron notables, por ejemplo, en términos de hambre. Durante estos períodos la gente ya no se iba a dormir hambrienta. Como decía Lula, “mi ambición es que la gente coma tres veces al día”. Y muchas otras políticas que intentaron disminuir la pobreza, ampliar el acceso a los bienes públicos, mejorar los bienes públicos de educación, de salud, de acceso a la universidad, y también medidas antidiscriminatorias contra la población negra, que es la mayoría, pero que ha sido siempre una minoría política. También se consiguieron avances notables con políticas afirmativas, de cuotas, para las mujeres. Fue un progreso notable. Y entonces, casi repentinamente, todo se derrumba, todo colapsa. Luego de esto los elementos antidemocráticos de la sociedad brasileña tomaron el liderazgo. Podríamos decir que en el tiempo anterior la lógica democratizante de la sociedad brasileña tenía predominio sobre la lógica antidemocrática, que es típica de una sociedad oligárquica, colonial, muy desigual y discriminatoria. Este desequilibrio se transforma rápidamente como si fuera un péndulo, donde las fuerzas antidemocráticas toman el liderazgo.


–¿De qué manera lo hicieron?


–Primero, esas fuerzas antidemocráticas de inmediato cuestionan los resultados electorales de 2014 de la ex presidenta Dilma, y empiezan de inmediato un impeachment y una guerra total contra el PT. Esta guerra va a ser realmente muy agresiva porque busca eliminar rápidamente de la memoria del pueblo los beneficios del período anterior, al transformar al PT en un grupo de bandidos corruptos que desgraciaran el país. Se llevó adelante una demonización del PT terrible en los medios tradicionales, convencionales, sobre todo desde la TV Globo, y también en los periódicos oligopólicos. Fueron todos unánimes en demonizar al PT. Por eso, la narrativa que se impuso fue la narrativa de la corrupción. A partir de aquí, la narrativa políticamente correcta es una narrativa antipolítica, en contra de la corrupción, una política despolitizada. Tenemos que luchar contra la corrupción y para eso es necesario que la policía y el sistema judicial actúen, y la operación Lava Jato es el mejor ejemplo de todo este movimiento. Una primera observación es que se dio una especie de reversión muy rápida y muy sorprendente para mucha gente. Brasil, el país del Foro Social Mundial (FSM), el país del Movimiento de los Sin Tierra (MST), considerado el más importante del continente y del mundo, repentinamente ve atacadas todas estas conquistas y no reacciona de manera rápida. Y esto va a durar hasta la prisión de Lula. Hasta que Lula fue a prisión no vimos un movimiento social muy organizado de resistencia a este golpe institucional, y cuando la resistencia surge es casi una resistencia negativa, es decir, una resistencia para pedir por la libertad de Lula, pero ya no por las políticas de aquel otro período, sino por la injusticia de su condena. Esto ha sido una primera fase; después entran en juego otros factores.


–¿Cuáles, por ejemplo?


–Creo que entraron otros factores que de alguna manera desbordaron las intenciones de las oligarquías que organizaron el golpe. Yo creo que muchas de ellas organizaron el golpe con el intento de restaurar la democracia; una democracia que no amenace sus ganancias. Porque la resistencia contra el PT empieza cuando hay una crisis del capitalismo global, una crisis financiera después de 2008, una crisis que venía también de una cierta atenuación del ritmo de desarrollo de China. Hay una crisis de ganancias del capital y una amenaza al capital financiero; entonces de inmediato intentan reaccionar. No fueron los empresarios los primeros en reaccionar sino el capital financiero, que va a tomar el liderazgo. Va a abrir espacios para fuerzas que estaban latentes en una sociedad colonial, desigual, donde los cambios son recientes. Una sociedad que empezó a luchar contra el racismo apenas diez años antes; el racismo estaba en la cabeza de la gente, incluso de aquella que ha sido beneficiada por Lula.

–¿Esos avances y esas reivindicaciones no lograron construir una nueva cultura política?

–Creo que las políticas no fueron sostenibles durante mucho tiempo para crear otra cultura. El mismo PT no intentó crear otra cultura ciudadana; intentó crear más consumidores, pero no una cultura ciudadana, o una cultura campesina de comer cosas saludables, por ejemplo. Era plata para ir a comer comida basura de los fast food y las comidas todas procesadas en detrimento de la agricultura campesina. Entonces, esos demonios que fueron sueltos, y que vienen de un pasado de grandes desigualdades, surgieron exactamente en la persona de Bolsonaro. Esta corriente está en todo el continente. Vemos de alguna manera lo que ocurre en la Argentina, y muy claramente lo que pasa en Colombia, que es muy grave, y de alguna manera en Ecuador también. El avance de las fuerzas democráticas va a ser rápidamente neutralizada por fuerzas antidemocráticas que estaban dormidas.

–¿Pero cómo se explica que un sector tan amplio de las clases populares haya apoyado a un candidato que se presenta abiertamente en contra de las políticas que los beneficiaron?

–Primero, las medidas antipopulares del gobierno después del golpe, que son muy claras, no tienen un impacto inmediato en la vida de la gente, como habíamos visto en Portugal y en Europa con las llamadas políticas de austeridad. Algunas medidas no entran en el bolsillo de las familias de un día para el otro. Por ejemplo, Temer quiere privatizar y eliminar el sistema de salud, pero todavía no lo hizo, no tuvo la oportunidad todavía. Lo que quiero decir es que los impactos en las familias, en los bolsillos de la gente, tardan dos o tres años en repercutir. Por eso en una parte inicial es fácil para los medios de comunicación convencer a la gente. Los medios fueron muy agresivos y llevaron la situación de la política para la ética. No son las medidas que interesan. Y todavía hoy vemos que Bolsonaro no habla de su política económica. Es la ética contra la corrupción; los honestos contra los corruptos. Ahora, toda la gente está a favor de los honestos, entonces si los medios bombardean todos los días con la lucha contra la corrupción... El segundo factor que entra aquí es la dimensión internacional. En Brasil, y no solamente, actúan los medios oligopólicos y las oligarquías locales. No se han dado cuenta de que el imperialismo norteamericano estaba buscando una oportunidad para revertir todas estas políticas progresistas que amenazaban su dominio, que se atenuó un poco cuando Estados Unidos estuvo muy preocupado por Irak y abandonó un poco el continente. Pero el golpe de Honduras fue la primera señal de que Estados Unidos estaba volviendo al continente; desde entonces, en 2012 Fernando Lugo en Paraguay, y después Dilma. Aquí se puede ver que hay otra dimensión imperial muy fuerte, que no es la dimensión de la imposición militar de la dictadura, sino la transformación de una democracia nacionalista y desarrollista, pero nacionalista, por la sustitución de una “nueva” democracia, como la llaman ahora los militares en Brasil.

–¿En qué consiste esa “nueva” democracia?

–Es una democracia sin Partido de los Trabajadores, una democracia amiga de los mercados, y una democracia que abre toda la economía a la ganancia del capital internacional. Bolsonaro es el símbolo de todo esto. Y ahora se hace claro todo el apoyo internacional, del mercado digital, la propagando digital, a Bolsonaro. Es una conjunción de trabajo militar y económico internacional, dos nuevas fuerzas que actúan en el continente. Los militares con políticas de contrainsurgencia psi-sociales: no son armas, son fake news, herramientas bien entrenadas por servicios de inteligencia de Inglaterra y Estados Unidos a lo largo de los tiempos. También están los think tanks de Estados Unidos, que hablan de privatización, de liberalización. Hay aquí una estrategia del continente global del imperio en cuanto a que Brasil era particularmente importante de neutralizar por los BRICS. Una política fundamental.

–De ahí que usted hable de Brasil como un laboratorio...

–Si gana la extrema de Bolsonaro esta corriente va a ganar un poder enorme, no solamente en el continente, sino también en Europa. Italia será el primer blanco de esta política de extrema derecha, que sigue también con Hungría y con Polonia. Si los demócratas brasileños logran vencer esta corriente antidemocrática de extrema derecha, será una señal muy poderosa para todo el continente de que esta gente no es invencible, y de que internet no hace todo. En esto es en lo que estamos. Es una situación muy dramática, porque en este momento en Brasil se juega el destino de la democracia en el continente, y en el mundo de alguna manera.

–¿Cree que Bolsonaro realmente llevaría a la práctica lo que sostiene su discurso radical?

–Pienso que si Bolsonaro gana va a ser todavía peor de lo que dice, porque las medidas van a ser brutales y va a haber resistencia popular. Y como va a existir resistencia, los militares ya están diciendo que hay que mantener la paz en el país, y mantener la paz para ellos es reprimir. Bueno, de hecho, la represión ya está en las calles. Los grafitis que aparecen en los baños de las universidades dicen que, si Bolsonaro gana, la universidad va a ser Columbine (en alusión a la masacre de la Escuela Secundaria de Columbine), es decir, una masacre en la universidad. Es muy preocupante porque para los mercados financieros no interesa que Bolsonaro sea racista, sexista u homofóbico, porque lo que quieren es ver cómo va a arreglar la economía. Siempre con la idea de que cuando empiece a crecer la economía todo va a ser mejor. Como hicieron de hecho con la Argentina, que ahora está bajo el comando del Fondo Monetario Internacional (FMI). Intentaron hacerle lo mismo a los portugueses y no funcionó. Sabemos que es una ilusión, como lo sabemos en Europa; intentaron decirles lo mismo a los portugueses y no funcionó, pero Grecia está todavía luchando. Realmente creo que con Bolsonaro vamos a pasar un momento muy difícil, y no sé si la democracia sobrevive en Brasil. Con Haddad no sería fácil tampoco, porque los fascistas están sueltos en las calles en este momento, y no va a tener a los militares de su lado, que están del lado de Bolsonaro. Por otra parte, si algo fatal pasara con Bolsonaro, su vicepresidente es general. Es decir, los militares están seguros. No se habla de la enfermedad de Bolsonaro, hay un misterio enorme. Si algo le pasara, tiene un vice que es aún más agresivo en su discurso. Esta lógica de los militares, de regresar a la política por vía democrática, es lo que me preocupa. La Argentina, de alguna manera, eliminó esa posibilidad a través de una transición en que los militares fueron a prisión. En Brasil no; en Brasil los militares condicionaron la transición hasta hoy. Ahora dicen que no son ciudadanos de segunda clase y que quieren intervenir en la política. Y lo están haciendo a través de Bolsonaro y su vice.

–¿Qué sucede con los partidos de izquierda brasileños?

–Creo que en Brasil la unidad de las izquierdas podría haber sido distinta de lo que fue, y tal vez un candidato como Ciro Gómez podría ser mejor candidato que Haddad, porque la demonización del PT fue muy fuerte. Ciro Gómez fue ministro de Lula pero no era del PT. Por la situación, creo que en este momento la lucha no es “izquierdas del mundo, unidos”, sino “demócratas del mundo, unidos”. Si la extrema derecha llega a la presidencia, lo que va a crear no es un fascismo de tipo antiguo, sino un fascismo de tipo nuevo, esto es, reducir la democracia a lo mínimo, con mucha exclusión social y mucha represión. Es por eso que hay dos cosas en Bolsonaro muy importantes: el terror y la ideología. Las dos son fuertes. El régimen puede ser formalmente democrático, pero la sociedad es cada vez más fascista. Se disemina un fascismo social y se impulsa la lógica de la guerra civil.

–Sostiene que “la tragedia de nuestro tiempo es que la dominación está unida y la resistencia está fragmentada”. ¿Le parece que esto explica, en parte, el presente de Brasil?

–El drama es que el caso brasileño muestra muy claramente que la derecha se sirve de la democracia pero no quiere servir a la democracia. Si le es útil bien, sino demonizan, hacen golpes y pueden destruirla. Por eso he dicho que las izquierdas en su pluralidad son las que pueden garantizar, en este siglo reaccionario que tenemos, la defensa de las democracias. Pero la fuerza de las fuerzas de derecha es tan grande que las izquierdas tienen una dificultad enorme para discutir sus diferencias y buscar una alternativa. En este momento vemos en Brasil que todos se juntan a defender a Haddad, que es correcto, pero hay que hacerlo sin condiciones. No es de esperar que haya una renovación o repensar las izquierdas en este contexto, porque hay que defender lo mínimo, que es la democracia. Necesitamos que la izquierda defienda la democracia, y para defenderla eficazmente, la izquierda tiene que transformarse. Tiene que articularse con los movimientos sociales antisexistas y antirracistas, los sindicatos tienen que estar unidos con los otros movimientos, y los partidos tienen que convertirse en movimientos con democracia participativa interna, que es la única que nos puede defender de la corrupción, porque la corrupción fue muy grande dentro del PT. Una cosa es la corrupción para hacer campaña política y otra cosa para tener un departamento, como se dice del caso de Lula, que se tiene que probar judicialmente. Ahora, que hubo corrupción, hubo corrupción. La izquierda debe que decir “corrupción cero”; no puede haber un gobierno de izquierda con un mínimo de corrupción. Y aquí hay una esperanza porque Haddad es dentro del PT el político que representa lo más honesto. En esta renovación de la que hablo hay que discutir las diferencias y unirnos las izquierdas y lo que es común sin dejar de tener las identidades, como estamos haciendo en Portugal. Se está intentado la unión de las izquierdas, pero sabemos que las condiciones defensivas lo hacen muy difícil. Ahora en Chile hay un Frente Amplio (FA); es interesante. Es decir, se están intentando unir en otra base. Es un proceso histórico largo. Nosotros estamos impacientes, pero la historia tiene mucha paciencia.


–Se dice que en Brasil la iglesia evangélica salió a apoyar abiertamente a Bolsonaro. ¿Se la puede considerar un actor con capacidad de movilizar masas?

–La iglesia evangélica en la Argentina y Brasil son dos fases del mismo proceso. Avanza siempre por cuestiones que tienen que ver con la familia, la sexualidad, el aborto, etc. Pero cuando tiene bastante poder, toma una posición política global, ya no es el aborto, es el candidato más fascista y más reaccionario que puedan imaginar. Y lo vemos ahora en su fase más avanzada de las iglesias evangélicas en Brasil, que han dicho muy claramente que están detrás de Bolsonaro y lo financian, lo promueven. O sea ya no es una política de orientación sexual, de derechos de las mujeres, o derechos reproductivos, ahora es la política global que pone en claro su blanco fundamental: una economía neoliberal, abierta y a la disposición de los Estados Unidos. Las iglesias evangélicas están muy conectadas con las iglesias evangélicas de los Estados Unidos, como en África, son ellas las misioneras del neoliberalismo global y obviamente, por implicación, del imperialismo norteamericano. Empiezan por cuestiones no políticas, la familia, la concepción, por ejemplo, hasta que llega un momento en el que adquieren fuerza, y dicen “este es el candidato”, y entonces entran directamente a la política.

–¿Qué sucede con la Iglesia Católica?

–La Iglesia Católica se quedó paralizada en todo este proceso. Muy tardíamente, ahora con el papa Francisco, intenta animar a decir, por lo menos, que no se debe votar por Bolsonaro, o que se debe votar para defender la democracia. Pero la iglesia católica está desarmada. Esto fue un proceso histórico que viene desde el papa Juan Pablo II de desarmar la Teología de la Liberación y armar la Teología de la Prosperidad. La primera era católica, la segunda es evangélica. Cayó la primera, subió la segunda. La gente necesita de religión, la católica se debilitó en los barrios y la periferia, y las evangélicas entraron.

–A pocos días de la segunda vuelta en Brasil, ¿más esperanza que miedo, o más miedo que esperanza?

–Más miedo que esperanza. Lo que hay que notar es que Brasil está testeando instrumentos que pueden ser útiles al mundo en general. Por ejemplo, acaban de hacer una petición internacional a Google y Facebook sobre el WhatsApp. Se mostró claramente que solamente el ocho por ciento de la red de Whatsapp que fue por Bolsonaro vehiculó verdades, ocho por ciento, probado por análisis de técnicas bien hechas en Brasil. Entonces solicitaron a Facebook y a Zuckerberg que limiten las posibilidades de extensión de esto, pero Facebook y Whatsapp están diciendo que es demasiado tarde, que no se puede; no quieren hacerlo. En India, cuando sucedió la ola de masacres por culpa de noticias falsas que corrieron por WhatsApp, éste pudo limitar la divulgación de las noticias falsas. Brasil es una prueba fabulosa para esto, y muy inquietante. Como diría el gran poeta portugués Fernando Pessoa, es un tiempo de inquietud, que va a pasar. Pero hay que decirle a la gente que está en la lucha, luchen. Hay energías de la sociedad brasileña que están emergiendo ahora. Me dirán, ¿demasiado tarde? No sé... Vamos a ver.

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Lunes, 16 Julio 2018 06:57

Las tres Europas

Las tres Europas

La final de Rusia 2018 escenificó de forma tal vez irrepetible la convergencia de las tres Europas: la Rusia vertical de Vladimir Putin, la poderosa y multirracial nación francesa, y Croacia, la nación surgida de la espantosa hecatombe que siguió al desmembramiento de la ex Yugoslavia a partir de 1991 donde el poder serbio intentó imponer su visión étnica sobre las Repúblicas que antes conformaban la espina dorsal del país. No fue la Serbia arrogante que, a fuerza de bombardeos y crímenes de lesa humanidad, borró del mapa a ciudades enteras de Croacia (Vukobar) o de Bosnia Herzegovina (Srebrenica, Sarajevo) sino la pequeña República croata quien llegó a izarse en la cima mundial con su fútbol de pelota y gambeta en contra del fútbol Big-Data ante el que finalmente perdió. 

Exactamente 20 años después del primer título mundial conseguido en París en 1998, Francia repite la experiencia con un equipo que personifica la composición de su identidad moderna: en el 98 se decía “black-blanc-beur” (negro-blanco-hijo de inmigrante). La Francia del 2018 cambió ese enunciado para decir: Liberté - Egalité - Mbappé (Libertad-Igualdad-Mbappé). La Francia que votó hace poco más de un año para elegir entre una versión recompuesta del fascismo (Marine Le Pen) o un candidato de centro liberal como Emmanuel Macron se reunificó ahora a través del fútbol. Los fanáticos que, en Francia y en el resto de Europa, diseminan la obsesión del “reemplazo” de la cultura francesa por las población de origen inmigrante, de África o del Magreb, se ven ahora ante el fenómeno contrario: ellos no los reemplazaron sino que vinieron a ofrecerles la victoria obtenida a partir de la mezcla.


El historiador Pap Ndiaye comentaba en el vespertino Le Monde que no había que “esperar que la victoria cambie la sociedad”. La euforia pasa, pero las rupturas sociales persisten. La reunificación de una sociedad depende sobre todo de la retórica y las políticas públicas del Estado ¿Qué narrativa propondrá ahora Emmanuel Macron? Una primera respuesta, a la vez geopolítica y social, está en las imágenes de la ceremonia final. Apenas empezó a caer la lluvia, un hombre con paraguas vino a cubrir al presidente ruso Vladimir Putin mientras Macron y la presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitaroviæ, tuvieron que esperar largos minutos a que alguien del protocolo viniera con un paraguas. Putin se vengó de las muchas humillaciones que le infringió Occidente. Macron y Kolinda Grabar-Kitaroviæ terminaron tan dignos como empapados. Pese a la lluvia que le corría por la cara y la ropa, Emmanuel Macron no le dio la mano a sus jugadores. Los abrazó y les besó la cabeza. Igualdad, Fraternidad.


Si bien el espejo del fútbol es frágil, tiene un meta relato devastador: todas las grandes naciones del fútbol azotadas por problemas políticos se quedaron afuera: la Italia gobernada por una alianza de fascistas y un movimiento populista post ideológico (5 estrellas) ni siquiera disputó la fase final: Inglaterra y Alemania, ambas sumidas en tormentosas crisis debido al tema migratorio, se fueron por la puerta chica. Argentina y Brasil, dos países desestabilizados por la corrupción, la instrumentalización de la justicia y la rendición ante los ladrones del liberalismo planetario hicieron un papelón descomunal. Lo de la Argentina fue un despropósito penoso agrandado por el canibalismo y el servilismo y una prensa deportiva al servicio de alcahuetes internos y traidores, de chusmas y cobardes.

En los años 70 y 80, los periodistas franceses del diario deportivo L’Equipe que hablaban español asediaban a los argentinos para conseguir un ejemplar del Gráfico: era su biblia de los maestros relatores. Los de hoy son una pacotilla a sueldo de las mafias del fútbol argentino. La Argentina ha sido tan absurda que terminó haciendo de su carta maestra, aquella que todo el planeta quisiera tener, el principal problema: Messi. La Argentina tardó en destruir su fútbol menos de lo que le hizo falta a Croacia para construir el suyo después de una guerra que dejó miles de muertos y un país aniquilado. En este mundial 2018 ganó Europa y perdió también la versión más arrogante, ineficaz y estúpida del jugador de fútbol como producto de un mercado-objeto mundial: el triste Neymar se fue a sus fiestas con su disfraz de jugador. Ahí están esos valientes, creativos y ordenados europeos, con su fútbol de pulmón y corazón. Llegaron al último peldaño subiendo por los escombros de una guerra (1991-1995). La final de Rusia la protagonizaron dos Europas muy distintas: la que se reconstruyó después de la caída del Muro de Berlín (1989) y el posterior ocaso del imperio soviético, y la nación que mejor simboliza la modernidad socio cultural del mundo que Donald Trump se empeña en negar: la globalización, las grandes migraciones, la inclusión. La identidad real contra las místicas de la pureza blanca: la reformulación post colonial contra la negación de la realidad. La victoria francesa y su equipo multiorigen es, en realidad, un espejo al revés. Es apenas una ilusión óptica que atraviesa la ventana del fútbol: la diversidad de la selección no es extensiva al resto de la sociedad donde los ciudadanos descendientes de la inmigración están subrepresentados en las esferas del poder, de los puestos de trabajo importantes, son a menudo “filtrados” cuando buscan trabajo o una vivienda digna.


Hay una Francia excluida y maltratada que hoy salió a la luz. La oportunidad de corregir los relatos y decir, desde la cabeza del Estado, esto somos y esto seremos, es única. La ocasión de promover un proceso de re identificación y de aceptación se presenta por segunda vez gracias a un fenómeno colectivo y una pelota. Durará lo que dure el espejismo de la Copa del Mundo y la embriagadora alegría que este domingo colmó Los Campos Elíseos. La selección francesa ha sido lo que fue su historia colonial y migratoria: jugadores con nombres polacos (Kopa), italianos (Platini), españoles (Amorós, Fernández) y, desde hace 25, 30 años, jugadores del proceso post colonial oriundos de África. Polacos, Italianos y Españoles fueron integrados. Los magrebíes (musulmanes) y los africanos sufren un contra proceso de desintegración. Alain Finkielkraut, uno de los intelectuales franceses que pasaron de la izquierda al fascismo xenófobo, dijo hace unos diez años que Europa se reía de la selección francesa “black-black-black”. La historia de las migraciones del Siglo XX y XXI han atravesado la composición de la selección francesa: la del 98 fue la victoria de las mezclas y de la fallida ilusión de que todo el mundo se identificaba con esa Francia. Error monumental: en las elecciones presidenciales de 2002, el líder y fundador de la ultraderecha francesa, Jean Marie Le Pen, disputó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. En 2017, Emmanuel Macron derrotó a la hija de Le Pen, Marine, en la segunda vuelta. La misma Francia del 98 le puso en sus manos la copa del mundo. Tiene un horizonte para sembrar otra Francia así como los croatas fundaron un nuevo país y organizaron una selección ganadora.


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Lunes, 18 Julio 2016 07:12

Rumbo al infierno

Rumbo al infierno

La fiesta del demonio tendrá sede en Cleveland esta semana, donde se congregarán algunos de los representantes más extremos de la política del odio, los más antimujer, antigay, antimigrantes, antiderechos civiles. O sea, será un antifestejo de lo peor que ofrece este país. La fiesta será presidida y es en honor a lo más cercano en la historia moderna del país a un fascista.

 

La Convención Nacional Republicana, tanto dentro como fuera de la arena, será un carnaval grotesco de lo que la derecha ha cultivado –y lo que de cierta manera los liberales han permitido– durante unas tres décadas. Será un circo perverso con todo y elefantes, el símbolo de los republicanos.

 

La palabra fascismo antes se aplicaba de manera muy descuidada y casi siempre a fenómenos históricos en otros países. Pero ahora está aquí.

 

Comentaristas y analistas del propio establishment usan la palabra F para describir el fenómeno conocido como Donald Trump.

 

Trump dijo la semana pasada que estaba de acuerdo con que es hora de declarar una "guerra mundial" contra las fuerzas "terroristas". Reiteró que los migrantes y refugiados podrían ser "un caballo de Troya" y propuso un escrutinio de cada musulmán en este país en respuesta a la tragedia en Niza.

 

Además, repitió sus declaraciones de construir un muro en la frontera con México y promover la expulsión masiva de indocumentados. Con ello sigue cultivando la histeria que nace de un sector estadunidense intensamente asustado por el mundo.

 

Este político, quien explícitamente apoya el uso de la tortura contra los sospechosos de terrorismo, la vigilancia de las mezquitas y efectuar redadas masivas para detener e interrogar a estadunidenses por su fe sospechosa, entre otras propuestas que violan las normas legales del país y el derecho internacional, está a punto de ser coronado por uno de los dos partidos nacionales. Y para los que no han olvidado las características netamente fascistas de "Dios, patria y orden" (a veces no en ese orden), Trump, al presentar a su candidato a la vicepresidencia, el explícitamente cristiano de derecha Mike Pence, proclamó: "Somos los candidatos de la ley y el orden. Somos el partido de ley y orden".

 

Su mensaje se volverá la expresión oficial de una de las mayores instituciones políticas del país esta semana. O sea, la nación enfrenta una amenaza fascista que podría tomar el poder en noviembre.

 

“Llamarlo fascista de alguna variedad es, sencillamente, usar una etiqueta histórica que cabe... Es la esencia del fascismo no tener una sola forma establecida... su forma de nacionalismo... naturalmente toma los colores y prácticas de cada nación que infecta”, escribe Adam Gopnick en The New Yorker esta semana. Agrega que en Italia fue diferente que en España o Alemania, o en sus expresiones en otros países. "No es sorprendente que la cara estadunidense del fascismo tomara las formas de celebridades de televisión, ya que eso es tanto nuestro escenario simbólico como las recreaciones nostálgicas de los esplendores romanos, lo que fue una vez en Italia".

 

Gopnick explica: "Lo que todas las formas de fascismo tienen en común es la glorificación de la nación; la exageración de sus humillaciones; la violencia prometida contra sus enemigos tanto en casa como en el extranjero; el culto al poder donde sea que aparezca y para quien lo tiene; desdén para el imperio de la ley y para la razón; el empleo desvergonzado de mentiras repetidas como estrategia retórica; una promesa de venganza para aquellos que se sienten marginados por la historia". Y advierte: "Aquellos que creen que las instituciones fundamentales del gobierno estadunidense están inmunizadas contra eso, fallan en entender la historia. En toda situación estadunidense en la que un líder tipo Trump ha llegado al poder, las salvaguardas normales padecen un colapso".

 

Esta amenaza al país también es, en parte, una condena a las fuerzas liberales del país que han dejado la puerta abierta para este fenómeno, sobre todo el Partido Demócrata y su cúpula, las cuales, junto con la cúpula republicana, han impulsado el consenso neoliberal durante tres décadas. Por ahora la reina demócrata y su entorno no ofrecen una alternativa real y creíble a un amplio sector, sobre todo blanco, desamparado, asustado y encabronado, que piensa que alguien les robó no sólo su sueño americano, sino su país (una mayoría también la ve de manera desfavorable). Por eso es tan atractivo el mensaje de “volver hacer grandiosa a América”, lema de la campaña de Donald Trump.

 

Pero vale subrayar que el circo en Cleveland no representa al país. Una mayoría rechaza lo que representa y Trump es visto de manera desfavorable por más de 60 por ciento del país, según el promedio de encuestas nacionales. Pero no es nada confortante que 35.5 por ciento de habitantes lo vean de manera favorable.

 

También vale repetir que el fenómeno de Bernie Sanders es igual de sorprendente y significativo que el de Trump; reveló que millones de estadunidenses apoyan el mensaje del autoproclamado "socialista democrático" por una "revolución política" en favor de las grandes mayorías y en contra del consenso neoliberal. Eso también es parte del rostro estadunidense y –al ser el más apoyado por los jóvenes– buen augurio para el futuro, ante la amenaza ultrareaccionaria que desfilará esta semana en Cleveland.

 

Cornel West, filósofo, político e intelectual afroestadunidense, recientemente escribió que en esta coyuntura "estamos entrampados en optar entre Trump, quien sería una catástrofe neofascista, y Clinton, un desastre neoliberal". Agrega: "El imperio estadunidense está en un profundo declive espiritual y cultural" que genera desesperación. Pero sostiene que movimientos de jóvenes, como Black Lives Matter y otros, muestran "un despertar moral y espiritual. Nos ofrecen esperanza democrática. No se trata de tener esperanza, sino de ser la esperanza".

 

Esta semana, al avanzar rumbo al infierno, en las calles de Cleveland también habrá invitaciones a la esperanza por otro destino.

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Una de las mayores noticias en los papeles de Panamá que usted no conocerá

Como era de esperar, las noticias generadas por la publicación de los papeles de Panamá están creando un gran revuelo. Y puesto que hay 11,5 millones de documentos que han sido hechos públicos que antes eran confidenciales, hay mucho tema y más noticias para publicar sobre tales papeles. Ahora bien, es sorprendente que elementos clave ya conocidos, de gran significado político, apenas se conozcan o se ignoren completamente (ver mi artículo “Lo que no se dice ni se dirá de los papeles de Panamá”, Público, 11.04.16). Por ejemplo, ¿quién es y quiénes son los fundadores de la firma de abogados Mossack Fonseca, que mantenía toda esta información? Es curioso que apenas se haya analizado este hecho. Emile Schepers, de la revista World News, que goza de gran credibilidad, ha publicado un artículo de gran interés, “Panama Papers and Latin America: The elephant in the room” (11.04.16), que detalla datos que son de una enorme importancia y que no he leído en los mayores medios de información españoles. Veamos en primer lugar los datos.


Un miembro fundador de la firma de abogados Mossack Fonseca es el Sr. Jürgen Mossack, el cual es hijo de un miembro de las enormemente represivas SS del Partido Nazi alemán, que tras escapar de Alemania al terminar la II Guerra Mundial se fue a Panamá, y allí se estableció. El hijo es miembro prominente del partido de la derecha panameña, el Partido Panameñista, muy activo en el establishment económico-político-mediático de aquel país, con conocidas conexiones con la derecha y la ultraderecha latinoamericana. El presidente de este partido ha sido hasta hace muy poco el partner del Sr. Mossack en la firma de abogados, el Sr. Ramón Fonseca Mora.


El centro de ocultación de la financiación de las derechas y ultraderechas latinoamericanas


De ahí que gran parte de los negocios de tal firma incluyan el ser depositaria de grandes fondos ocultados, procedentes y de propiedad de instituciones y de personajes prominentes de la derecha y ultraderecha latinoamericana, que incluye políticos y/o gobiernos de sensibilidad conservadora y liberal (que constituyen los grandes ejes de la gran derecha latinoamericana). Según Schepers, dicha lista incluye hoy a los políticos más prominentes de esta derecha, desde el hoy presidente argentino, el Sr. Mauricio Macri, hasta la familia Fujimori de Perú, pasando por el presidente Enrique Peña Nieto, de México (del PRI), y el presidente de la Cámara Baja brasileña, el congresista Eduardo Cunha, miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) que hoy ha roto su alianza con el Partido de los Trabajadores que gobierna Brasil, a fin de facilitar el impeachment de la presidenta del país. De nuevo, segúun el artículo del Sr. Schepers, tal personaje, el Sr. Cunha, parece haber recibido alrededor de 5 millones de dólares de un consorcio de construcción portugués que intentaba conseguir un contrato con la compañía petrolera pública Petrobas, hoy el centro de un gran escándalo en Brasil.


Tratándose de las derechas y ultraderechas latinoamericanas, no podía faltar entre los que ocultaban dinero en la firma de abogados Mossack Fonseca, la institución que más ha participado en la promoción y defensa de tales grupos de América Latina: nada menos que la CIA del gobierno federal de EEUU. Según el autor del citado artículo, el origen de la firma Mossack Fonseca, así como otras compañías fantasmas panameñas, estaba relacionado con las actividades de la CIA. Por lo visto, tal firma de abogados era la base también de los fondos ocultos destinados por la CIA para desestabilizar a todos los gobiernos de izquierdas de América Latina, desde Cuba hasta Brasil, Bolivia, Argentina, Perú, Nicaragua, El Salvador y una larga lista.


La doble moral de los grandes medios de información


La CIA, fundada en 1947, ha tenido un presupuesto que se ha mantenido secreto, no conocido ni por la población estadounidense ni por el Congreso de EEUU. Se calcula que son alrededor de 52.000 millones de dólares, que incluyen la financiación, también secreta, de actividades desestabilizadoras de los gobiernos que el gobierno federal de EEUU (y, sobre todo, las grandes empresas financieras e industriales que ejercen una excesiva influencia sobre tal gobierno) considera contrario a sus intereses. Una de sus primeras acciones fue el golpe militar contra el presidente Jacobo Arbenz de Guatemala en 1954. Entre los colaboradores de la CIA se encontraba el dictador de Panamá, Manuel Noriega. Desde entonces, Panamá ha sido uno de los focos financieros de la intervención desestabilizadora de esta agencia. Panamá también ha sido, no solo un lugar donde esconder dinero, sino también donde traficar con dinero escondido procedente del tráfico de armas y el comercio de las drogas.


Supongo que el lector estará de acuerdo en que de haberse descubierto que tal firma de abogados era una de las sedes financieras establecidas por el gobierno cubano para desestabilizar los gobiernos de derecha en América Latina, ello habría sido una noticia mayúscula, apareciendo en la primera página de El País. Pues bien, no solo no ha aparecido en la primera, sino tampoco en la última página de El País. ¿No le parece al lector esta situación más que preocupante para la salud de la democracia española? En su lugar, la gran noticia que apareció en su día era la supuesta financiación del Partido político Podemos por parte de Venezuela e Irán, sin que se haya mostrado ni un ápice de evidencia sobre ello. Pero esto nunca ha sido un hándicap para los grandes medios de información y persuasión de este país, que continúan la distribución y promoción de tal acusación.


Mientras, los mismos medios silencian y ocultan la documentada financiación (parte de la cual está basada en Panamá) de la CIA a grupos opositores a los gobiernos de izquierdas en América Latina, que están recurriendo a métodos antidemocráticos en su intento por interrumpir el proceso democrático y que el Presidente Obama, en su reciente visita a América Latina, tuvo la gran nobleza (impensable entre los dirigentes del Estado español) de reconocer y excusarse de tales intervenciones llevadas a cabo por muchos gobiernos estadounidenses para desestabilizar gobiernos progresistas en aquel continente. En España, por el contrario, la gran mayoría de medios de información están contribuyendo a crear una gran hostilidad contra tales gobiernos. Los recientes casos de Argentina, Brasil y Venezuela, entre otros, son clara muestra de su doble moral, que, a nivel popular, se llama correctamente hipocresía.

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Lunes, 29 Febrero 2016 06:36

Tinieblas (y rayos de luz)

Tinieblas (y rayos de luz)

Cuidado, por favor, si uno anda dando vueltas por este país. El Klu Klux Klan reaparece en las noticias, gobiernos envenenan a sus ciudadanos, se repiten amenazas de más guerras contra quien sea, se defiende la tortura como técnica legítima, se aplastan sindicatos, mientras continúan las guerras contra los derechos de las mujeres, los afroestadunidenses, los musulmanes, y se intensifica la ola antimigrante, y eso sin mencionar la risa del 1 por ciento más rico ante la desesperación de buena parte del otro 99 por ciento, o lo que los científicos informan sobre el fin del mundo. Estamos viviendo en la tinieblas.


Todos los días se reporta sobre lo más oscuro y ominoso, y las conversaciones versan sobre qué tan mal va la cosa. Aquí huele cada vez más a algo que podría ser fascismo. ¿Pasarán?


Mucho de esto se manifiesta en el fenómeno de Donald Trump, aunque lo más preocupante no es el bufón peligroso en sí, sino la ola de apoyo de que está gozando, y que ahora lo más retrógrada y lo peor de este país tienen un mensajero que podría llegar a la Casa Blanca. Amo a los poco educados, gritó después de su triunfo en Nevada, al señalar que esa es una de sus bases más fieles. Es elogiado cuando declara que desea golpear en la cara a un manifestante anti Trump. Y continúa con sus promesas de construir un muro para que los mexicanos no vengan a violar y a matar estadunidenses, de perseguir a los musulmanes y más (pobre de quien sea musulmán mexicano en este coyuntura). Y todos aplauden, gritan.


Hasta los periodistas ahora corren peligro. Durante los últimos meses, en los multitudinarios actos de campaña de Trump, los reporteros y fotógrafos son enviados a sitios reservados para la prensa, donde están acorralados. En cada acto, como parte del discurso, llega un momento en que Trump señala hacia donde están los periodistas para acusarlos de mentir, engañar y más, incluso los llama mugre (scum), mientras sus seguidores les gritan insultos. Hace un par de meses esto llegó a tal nivel que un reportero comentó a su jefe que tal vez necesitaría una escolta de seguridad para su protección al seguir cubriendo esta campaña.


Pero ahora Trump amenaza con que al llegar a la Casa Blanca cambiará las leyes para poder demandar a cualquier medio –mencionó al New York Times y al Washington Post como “los medios más deshonestos que he visto en mi vida (ambos han criticado al multimillonario repetidamente)–, entre otros, si se atreven a publicar artículos a propósito negativos, horribles y falsos. No mencionó que eso implica anular buena parte de la Primera Enmienda constitucional, que garantiza la libertad de expresión.


Muestras aún más ominosas de la ola racista que acompaña al fenómeno oscuro en estos últimos días fue el respaldo a Trump de David Duke, ex líder del Ku Klux Klan (KKK), quien comentó que “votar contra Trump... es en verdad una traición a tus antepasados”. Por otro lado, el líder ultraderechista francés, Jean-Marie Le Pen, también ha expresado su apoyo a Trump.


No es sólo Trump: todos los precandidatos republicanos se distinguen por su rabia antimigrante, por su posición anticientífica de negar la existencia del calentamiento global, y todos usan la Biblia para argumentar justo lo opuesto del mensaje de Jesucristo.


Mas allá del ámbito electoral continúa la ofensiva derechista contra esta sociedad. La guerra contra los sindicatos de gobernadores y legisladores conservadores que buscan destruir su poder político con nuevas leyes diseñadas para debilitarlos en lugares como Wisconsin y hasta en California.


Una cuarta parte de las clínicas de aborto del país han cerrado, afectando el acceso a más de 30 millones de mujeres, como resultado de leyes antiaborto promovidas por varios estados.


El sábado hubo un enfrentamiento entre integrantes del KKK que pretendían hacer un mitin antimigrante y opositores cerca de Disneylandia, en California, donde por lo menos tres antiKlan fueron heridos –uno de gravedad– con cuchillos y otro aparentemente con la punta del asta de una bandera de la Confederación (las fuerzas del sur de la Guerra Civil).


En Texas, el decano de la escuela de arquitectura de la Universidad de Texas renunció a su puesto en parte por la aprobación de una ley estatal que permite que la gente porte armas ocultas en instalaciones académicas públicas, incluidas las aulas.


En Michigan, el gobernador republicano, feliz de recortar servicios y programas públicos, encubrió las consecuencias de un cambio en el servicio de agua potable en la ciudad de Flint, Michigan, que resultó en el envenenamiento con plomo a miles de familias.


Todos los días hay más huellas del paso de esta derecha en este país. Y no pasa un día en que alguien mencione que Hitler llegó al poder mediante el voto.
Rayos de luz


Por supuesto vale recordar que las fuerzas extremistas de derecha no cuentan con el apoyo mayoritario de esta población. Mas aún, hay expresiones esperanzadoras en varios ámbitos: la lucha por un salario digno de trabajadores de servicios y Walmart, Black Lives Matter, rebeliones contra esfuerzos para privatizar la educación pública y, por supuesto, la campaña sorprendente del socialista democrático Bernie Sanders con su masivo apoyo de jóvenes.


Y obviamente se está generando cada vez mayor oposición entre varios sectores minoritarios ante la retórica racista de los republicanos, y algunos pronostican un incremento dramático en la participación electoral de afroestadunidenses y latinos en la elección general, lo cual podría poner en jaque un triunfo nacional republicano. Una encuesta del Washington Post/Univision registró que 8 de 10 latinos tienen opinión desfavorable de Trump (aunque eso hace pensar sobre quiénes serán ese 20 por ciento que no).


Pero tal vez es hora de que los defensores de los mejores principios universales por todo el mundo piensen en organizar Brigadas Internacionales para apoyar a sus aliados dentro de Estados Unidos en un grito de no pasarán y rescatar a esta república de las tinieblas.

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La liberación de Europa, el aprisionamiento de la historia (I)

La vieja premisa la verdad es la principal víctima de la guerra es llevada al extremo por las nuevas guerras híbridas –guerra convencional / irregular / mediática / cyberwarfe–, que se tratan de puras mentiras y medias verdades.

¿Un ejemplo? El conflicto en –y alrededor de– Ucrania. ¿Y la verdad histórica? Es aun otra víctima.


Si bien por ejemplo los combates en Donbas confirmaron según algunos analistas la importancia del viejo tanque para el moderno campo de batalla, la más poderosa arma de esta guerra era la historia.


Matar a un enemigo importa, pero antes conviene sujetarlo a nuestra propia versión del pasado.


Quizás nunca antes el revisionismo histórico iba tan de la mano con la guerra y la geopolítica. Las fechas redondas que caían este año: el 70 aniversario de la liberación de Europa (8-9/5/45) o Auschwitz (27/1/45), ofrecieron un escenario particularmente propicio.


Las torceduras de la historia de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), algo en que incurrían todas las propagandas –occidental/polaca/ucrania y rusa–, eran responsables incluso por la radicalización del conflicto. Echaban gasolina al fuego.


Según Kiev, Ucrania defendía a Europa de la invasión de Putler –Putin+Hitler– (¡sic!); según Moscú, los separatistas de Donbas "la defendían de los neo-banderovsty"/herederos del hitlerismo (algo más acertado, pero igualmente instrumental).


Tal vez lo único que uniría hoy a Europa sería la memoria del Holocausto, si no fuera por el hecho de que éste funciona ya como algo autónomo, cuasimetafísico, estéril y ahistórico, sin conexión con el contexto europeo y/o la modernidad.


Así los revisionistas logran descubrir que los ucranios liberaron a Auschwitz, no el Ejército Rojo (véase La Jornada, 13/2/15), o lavar la imagen de las fuerzas involucradas en él (los fascistas ucranios de la OUN/UPA).


Claramente no todos los revisionismos son iguales: responden a los mismos impulsos y procesos macro, pero difieren en forma y objetivos. Mientras los revisionismos a) occidental (EU/UE/OTAN) y b) ruso son revisionismos del centro: pragmáticos, funcionales, estado-nacionales, imperiales, los revisionismos c) polaco y d) ucranio son revisionismos de la periferia: nostálgicos, reaccionarios, tribales, post comunistas.


Pero todos rescriben los conflictos en términos conservadores, sustituyen las divisiones de clase con el nacionalismo y/o etnicismo, ocultan a la gente como agentes de cambio (sólo hay grandes actores), y si bien parecen ultrapolitizar la historia, en efecto la despolitizan tal como lo requiere el capitalismo tardío.


Reflejos de todos estos procesos estaban en las diferentes narrativas sobre la liberación de Europa.


En la saneada versión del Occidente, donde la lucha contra el fascismo fue sustituida por el imaginario pop (con su símbolo: flor de amapola) y el papel de la industria cultural que prioriza sólo los episodios propios (D-Day, etcétera).


Y en el bombástico show militar en Moscú organizado para legitimar la agenda rusa en Ucrania (derrotamos al peor mal de la historia, también tenemos razón ahora) y subrayar las legítimas ambiciones neoimperiales del neozar Putin.


Dos razones por las que el imperio en/de decadencia (EU/UE/OTAN) boicoteó estos festejos y un ejemplo de cómo las rivalidades interimperiales desembocan en los choques de políticas históricas.


Un momento. ¿No que la URSS acabó la guerra rompiendo –de verdad– la espina de la máquina nazi a un enorme costo de 27 millones de víctimas, liberando de paso a una buena parte de Europa? Sí. La Gran Guerra Patria (1941-1945) –término que subraya la excepcionalidad de la contribución soviética y cuyo fin se festeja el día 9/5, no el 8, por la diferencia de horario en Moscú al momento de firmarse la capitulación en Berlín– ha sido crucial.


No obstante también ayudó a... empezarla.


El pacto de no agresión Ribbentrop-Mólotov (23/8/39) –¡un shock para el movimiento comunista internacional!– partió a Polonia en dos (la URSS atacó 16 días después del Tercer Reich), dio tiempo a Hitler a derrotar a Francia y preparar su ataque a Stalin (que no lo podía creer...).


Los estalinistas invirtieron esta historia insistiendo en que fue Stalin quien quería ganar tiempo, algo que (básicamente) repitió... Putin (en la conferencia con la canciller Merkel), tildando al pacto de inevitable –¡sic!– (Gazeta Wyborcza, 10/5/15).


Para los revisionistas el pacto Hitler/Stalin es la máxima prueba de la verdadera naturaleza de los dos totalitarismos; para el gran Eric Hobsbawn fue un episodio oportunista sin ninguna importancia (Histoire et illusion, en: Le Débat, núm. 89, 1996, p. 138).
¿Nos quedamos a la mitad del camino?


Si bien el conflicto en Ucrania destapó la nueva política histórica rusa, el proyecto estaba en marcha ya desde hace tiempo. Escuchemos a Ilya Budraitskis, un historiador ruso:


Putin quería una historia donde cupieran el zar, Stalin y Yeltsin y que subrayase la continuidad desde Rus de Kiev hasta hoy. Algo sin conflictos ni contradicciones (¡sic!).


Hasta la Revolución de 1917 empezó a ser considerada no en términos de ruptura sino de... continuidad (¡sic!), y si Lenin resultaba demasiado controvertido, Stalin y la mitología de la Gran Guerra Patria quedaban ideales.


La guerra contra los nazis es un pilar de la historia sin contradicciones, la única manera en que la narración nacionalista y comunista puede encajar en algo coherente. De hecho fue Stalin quien inventó este modelo, legitimándose con las figuras nacionalistas, incluso chovinistas y comunistas. Usó hasta a la Iglesia (Krytyka Polityczna, 16/1/15).


También en los ojos de Slavoj Zizek la política –no sólo histórica– de Putin es una extraña fusión de zarismo y estalinismo –¡sic!– (Lenin v. Stalin en Kiev, en: LRB, 8/5/14).


La materialización de esto estaba en las –¿esquizo¬frénicas?/¿delirantes?– banderas que portaban algunos separatistas en Donbas: mitad soviética (roja/hoz y martillo), mitad zarista (negra/amarilla/blanca).


El nombre de la ya frustrada confederación de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk que buscaba independizarse de Ucrania era Novorrusia. Bien podía haber sido Novohistoria. (Continuará.)

Maciek Wisniewski, eriodista polaco
Twitter: @periodistapl

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Sábado, 09 Mayo 2015 12:10

Ellas vencieron al fascismo

Ellas vencieron al fascismo

Fueron entre 800 mil y un millón las mujeres enlistadas en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Casi el 10 por ciento de las tropas movilizadas por la Unión Soviética. Este fue el único frente de aquella guerra en el que las mujeres combatieron junto a los hombres. Vale la pena recordarlas en el 70 aniversario del Día de la Victoria.


El acusado mal de Alzheimer que padece la memoria histórica occidental respecto de la Segunda Guerra Mundial –inducido en parte por el poderío internacional de la industria de Hollywood en la configuración de imaginarios colectivos– provoca entre otras cosas que ser mujer y soviética sea sinónimo de inexistencia. Debido a esto, cuando pensamos en el papel de la mujer en la Segunda Guerra Mundial nos vienen a la mente imágenes de su rol asistencial de enfermera en el frente, o bien de obrera y madre en la retaguardia. Y a pesar de que en nuestra memoria no existen artilleras, francotiradoras, partisanas y pilotas, su labor en el campo de batalla fue clave para la derrota del fascismo, siendo además pioneras en las acciones e hitos que llevaron a cabo.

 

SURCANDO LOS CIELOS

 

Inicialmente fueron subestimadas por el resto de los pilotos porque, además de ser mujeres, apenas superaban los 20 años de edad. Sin embargo su trabajo desde el aire es el aspecto que más reconocimiento aglutina a nivel institucional.

La iniciativa corrió a cargo de la ya entonces mítica pilota rusa Marina Raskova, nombrada heroína de la Unión Soviética en 1938 por haber batido el récord mundial de vuelo sin escalas. Ella fue la responsable de la integración femenina a divisiones de combate en la fuerza aérea soviética, presionando a las autoridades militares para formar secciones formadas íntegramente por mujeres.

Así fueron fundados el 586º Regimiento de Cazas, el 587º Regimiento de Bombardeo, y el 588º Regimiento de Bombardeo Nocturno, los cuales se estipula que realizaron entre 25 mil y 30 mil misiones de combate. En el 586º combatió Lydia Litvak, una joven que a sus 21 años logró su duodécima victoria en solitario sobre cazas enemigos, siendo, junto a su camarada Katya Budanova, las dos únicas mujeres en la historia mundial consideradas "ases de combate".1 Una flor blanca que dibujó en el costado de su caza dio lugar a su célebre apodo: "La rosa blanca de Stalingrado".

Pero sería el 588º Regimiento de Bombardeo Nocturno el que pasaría a la historia debido a la temeridad y efectividad de sus acciones. Sus integrantes, a bordo de los precarios Polikarpov PO-2, serían conocidas entre los nazis como "Las brujas de la noche", ya que lanzaban sus ataques sobre campamentos, depósitos de abastecimiento y bases de apoyo en la retaguardia alemana siempre desde la oscuridad nocturna del cielo. Su estrategia era especialmente arriesgada ya que, debido a la lentitud de sus máquinas y para aligerar su peso, prescindían de ametralladora, paracaídas y radio, portando únicamente las seis bombas que les permitía su biplano. Estas pioneras volaban a muy baja altura sobre los campamentos alemanes, poniendo su motor en ralentí en pro de un mayor sigilo hasta soltar su carga sobre el objetivo, tras lo cual aceleraban haciendo un ruido peculiar con sus motores que llegó a enloquecer a los soldados nazis, ya que cuando éstos los escuchaban sabían que tenían una lluvia de proyectiles cayendo sobre ellos.


Este regimiento había logrado una especial eficiencia, cumplía cerca de 18 misiones por noche, alterando a los miembros de la Wehrmarcht hasta el punto de que comenzaron a ofrecer la honrosa Cruz de Hierro a aquellos que lograsen abatir a algún PO-2 de estas combatientes, que algunos llegaron a considerar no-humanas. El comandante alemán Johannes Steinhoff declaró: "No podíamos creer que los aviadores soviéticos que nos habían ocasionado los mayores problemas fueran en realidad mujeres. Esas mujeres no le temían a nada. Venían noche tras noche en biplanos muy lentos, y durante algunos períodos no nos dejaban dormir en absoluto". En 1943 el 588º Regimiento fue galardonado con la denominación 46º Regimiento de Guardias, entrando así en las unidades de elite del Ejército Rojo.

En ningún otro lugar las mujeres desempeñaron un rol similar, y mucho menos obtuvieron alguna condecoración militar. Su actividad en los aires siempre se limitó al vuelo de carga, para liberar a pilotos masculinos para el combate. En Estados Unidos las féminas tendrían que esperar hasta 1993 para que las autoridades las considerasen capaces de combatir en los cielos.

 

EN LA MIRA

 

Por excelencia el rol de francotiradora es el que más trascendió en el imaginario bélico ruso, debido, además de sus hazañas, a la especial compatibilidad del carisma y fotogenia de estas soldados con los cánones estéticos masculinos.

Entre 1.500 y 2 mil profesionales fueron formadas en la Escuela Central de Entrenamiento de Mujeres Francotiradoras, de las cuales se estipula que sólo sobrevivió una cuarta parte, ya que pocas se dejaban hacer prisioneras y reservaban siempre una última bala para sí mismas, en caso de caer en manos del enemigo.

Tenían más facilidad que los hombres para infiltrarse tras las líneas enemigas, haciéndose pasar por pastoras o campesinas, ya que éstas quintuplicaban en número a los habitantes masculinos en las zonas ocupadas por la Wehrmacht, y era más difícil su control. Se calcula que causaron alrededor de 12 mil bajas entre las tropas nazis. Su actividad se destinaba preferentemente a la eliminación de oficiales, servidores de ametralladoras y morteros, así como a los observadores que dirigían el fuego de la artillería.

La más destacada fue sin duda Lyudmila Pavlichenko que en junio de 1942, cuando fue retirada del frente tras ser herida por un mortero, acumulaba 309 muertes, incluyendo a 36 francotiradores enemigos, superando las 225 del archiconocido Vasily Zaytsev. Pavlichenko fue nombrada heroína de la Unión Soviética y acabó siendo recibida con honores por el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, siendo la primera ciudadana soviética en visitar oficialmente Estados Unidos.

 

AL PIE DEL CAÑÓN

 

La labor de las mujeres soviéticas en la infantería no fue en absoluto desdeñable. Se desempeñaron como partisanas, tanquistas y soldados, teniendo bajo su mando a unidades enteras. En Leningrado, por ejemplo, cuyos habitantes resistieron desde 1941 a 1944 el más bárbaro y atroz sitio, se estipula que el 75 por ciento de la población era de género femenino, ya que los hombres habían sido trasladados a servir en otras zonas del país, por lo que muchas de ellas se vieron obligadas a integrar y organizar la defensa de la ciudad.

Por otro lado, en la batalla de Stalingrado trascendió la heroica resistencia del 1077º Regimiento de Artillería Antiaérea ante el imprevisto ataque realizado sobre una fábrica de tanques por la 16ª División Panzer alemana. El factor sorpresa de la ofensiva nazi hizo que este regimiento formado íntegramente por chicas muy jóvenes tuviese que afrontar, solo y sin el armamento adecuado, a toda una división de carros blindados de la Wehrmatch. Dos días aguantó su resistencia. Varios testimonios de los alemanes dan cuenta de su asombro al descubrir, tras esta batalla, que sólo había cuerpos de mujeres al pie de los cañones que les habían destruido nada menos que 83 blindados.

El hecho de que niñas que ni habían terminado la secundaria se hicieran cargo de piezas de artillería en el infierno de Stalingrado sólo puede pasar cuando un pueblo entero se resiste con uñas y dientes a su propio genocidio. Sin embargo, en 2004 el 57 por ciento de la población francesa identificó a Estados Unidos como la nación que más contribuyó a la derrota del nazismo. Sólo un 20 por ciento señaló a la Urss.2 Algo paradójico cuando el 75 por ciento de las fuerzas militares alemanas fueron destruidas en el frente soviético, y muchos capitalistas estadounidenses, como Rockefeller o Henry Ford, no hicieron sino financiar directamente a los nazis en aras de desarticular la organización del movimiento obrero en Europa.

Ante este atentado cultural, y en el 70 aniversario del Día de la Victoria, conviene recordar al pueblo soviético en su totalidad como al verdadero protagonista de la historia, y en este caso a aquellas heroínas que debido a su género son aun más proclives a ser sepultadas por la historiografía oficial masculina.
1. Categoría militar internacional reservada a aquellos aviadores que durante su carrera derribaron a más de cinco aviones enemigos.
2. Según datos del Instituto Francés de Opinión Pública (Infop).

Publicado enSociedad
Viernes, 05 Julio 2013 06:37

Tres despachos desde Polonia

La realidad ignorada. Antes de que Zygmunt Bauman pudiera empezar su ponencia en la Universidad de Wroclaw (22/6/2013) para conmemorar los 150 años de la socialdemocracia alemana –Ferdinand Lassalle, uno sus padres, nació en esta ciudad (antes Breslau)–, en la sala irrumpió un grupo de nacionalistas que con gritos le reclamó” su servicio (1945-1953) en una unidad del ejército estalinista que combatía a los partisanos de derecha. Más allá de la historia personal de Bauman (que siempre subrayaba que “sólo redactaba panfletos” y que luego también se convirtió en un blanco del gobierno comunista y tras una purga antisemita y nacionalista en 1968 fue expulsado del país), el incidente, otro en una serie de ataques a las conferencias de figuras asociadas con izquierda o liberalismo, es un producto de procesos más amplios: 1) el fracaso de la izquierda (el mismo Bauman analizó en Wroclaw sus razones: la claudicación de la socialdemocracia, la “guerra cultural” ganada por la derecha, el triunfo del imaginaire burgués, el crecimiento del precariado a costa del proletariado organizado), 2) la crisis como fuente de frustración sobre todo entre los jóvenes, 3) el auge del nacionalismo que la acapara, y 4) la “derechización” de la historia, que primero iguala los dos totalitarismos y luego ve en toda la izquierda un “brote de estalinismo”. En el mismo tiempo: mientras la centroderecha repite más y más “¡En Polonia no hay fascismo!”, más le abre la puerta.

 

El ejemplo incómodo. Incluso a 70 años del levantamiento en el Gueto de Varsovia (19/4/1943), el heroico gesto de un puñado de combatientes “para no morir de rodillas, ni en las cámaras de gas de Treblinka, sino con una pistola en la mano” –en palabras de Marek Edelman (1926-2009), uno de sus comandantes y de los pocos sobrevivientes–, resulta incómodo para la mayoría del mundo: 1) en Polonia el recuerdo de que en la capital hubo dos levantamientos cuestiona la visión derechista de la historia donde el posterior alzamiento de Varsovia (1/8/1944) tiene el monopolio para el heroísmo; revive también la historia del antisemitismo polaco, la indiferencia a la tragedia del gueto y la escasa ayuda militar a sus combatientes, 2) en la historiografía occidental dominante que en las últimas décadas vivió un “giro conservador”, el levantamiento fue oscurecido por las narrativas sobre “víctimas” donde ya no hay diferencia entre el atacante y el atacado, el ocupante y el ocupado, Leningrado o Dresden; como apunta Enzo Traverso en este giro, mientras se prestaba más atención estéril al “exterminio” (salvo, por ejemplo, las contribuciones como la de Bauman en Modernidad y Holocausto, 1989) y a los judíos como sus “víctimas pasivas”, se ignoraba más la historia de la resistencia judía activa, “como si el recuerdo de las víctimas no pudiera coexistir con la memoria sobre sus luchas” (según Traverso el “culto de las víctimas” va de la mano también con la rehabilitación del fascismo y el nacionalismo antisemita), 3) finalmente en Israel la memoria del levantamiento desafía su ideología fundacional: gente como Edelman u otros miembros de Bund que no querían migrar y preferían cultivar la cultura judía en Polonia y el yiddish en vez del hebreo (el ex comandante se mudó a Lodz y trabajo como médico) demostró que la alternativa sionista –la “víctima en diáspora” o el “ocupante en Palestina”– fue falsa (Przemyslaw Wielgosz, “Niewygodne powstanie”, en: Le Monde Diplomatique, edición polaca, abril de 2013).

 


El legado negado. La primera rebelión obrera armada en el imperio ruso parte de la ola revolucionaria de 1905 –el levantamiento de Lodz, un gran centro textil (22/6/1905)– siempre tuvo una suerte trágica: la historiografía comunista la ignoraba por su espontaneidad, el componente bundista y lumpenproletario; la historiografía después de 1989 lo ignoraba por “comunista”, tratando de enfatizar sus demandas nacionalistas (el polaco en las escuelas), por encima de las laborales y universales (la jornada de ocho horas). Pero ya fue una farsa cuando justamente en junio pasado (13/6/2013) el Parlamento polaco derogó la jornada de ocho horas “para mejor combatir la crisis” y “aprovechar la coyuntura por venir” (¡sic!). Ni en Lodz (hoy desindustrializada, sumergida en desempleo), ni en toda Polonia (“un país sin izquierda”), nadie salió a manifestarse por la eliminación de aquella normativa fundamental (“el precariado ni lo notará”). Y “apenas” el siglo pasado Lodz era un punto de referencia para la izquierda: Rosa Luxemburgo (que frente al reformismo de Lassalle representaba la socialdemocracia revolucionaria) estudiando la lucha entre el capital y el trabajo en Lodz y la ola de 1905 escribía sobre su “huelga de masas”; para Edelman y para miles de socialistas de Bund o Poalej Syjon (una rica tradición política que pereció en las ruinas de guetos y en los campos de exterminio) el levantamiento de Lodz era “el más importante suceso en la historia de Europa”.

 

Coda. Los tres casos se juntan en una imagen más grande no sólo de Polonia, sino de la modernidad: el auge de la ultraderecha y de los nacionalismos, el fracaso y la falta de la izquierda, la “derechización” de la historia, el ataque al mundo del trabajo y sus conquistas.

 

Aunque el panorama parezca poco alentador, nos llama a aprender de los viejos sucesos y a prestar atención a los nuevos.

 

Para Lenin la rebelión de Lodz era un gran ejemplo del heroísmo revolucionario y de las “formas superiores de lucha” ( The struggle of the proletariat and the servility of the bourgeoisie, 1905).

 

Para Traverso el levantamiento en el Gueto de Varsovia es un símbolo ético y el mejor ejemplo de la dignidad para todas las luchas emancipadoras, un mensaje universal por el humanismo y la esperanza ( Understanding the nazi genocide, marxism after Auschwitz, 1999).

 

Para nosotros el ataque a Bauman debería ser un “aviso de incendio” ante el retorno del fascismo.

 


Por Maciek Wisniewski*Periodista polaco

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