Jueves, 19 Abril 2018 06:03

La politización del deseo

La politización del deseo

Las mujeres, señala la autora, fueron capaces de hacerse cargo del deseo de emancipación y están dispuestas a volver a construir lo común estableciendo un límite a la manipulación del poder que distribuye el orden social y asigna lugares.

 

Hay dos posibilidades: o las mujeres escondían un secreto o la sociedad no quería, no podía verlas y escucharlas con la profundidad que sus reclamos ameritaban. El feminismo comprendió con mucha anticipación la necesidad de terminar con el patriarcado, relación de poder machista y sometimiento, que se impuso y naturalizó en la cultura global. Una sociedad fundamentada en el patriarca, la obediencia y la culpa conduce a la hostilidad, expresada como agresividad entre los miembros y autocastigo. Una cultura jerárquica, dividida en verdugos y víctimas, se caracteriza por la concentración del poder y la exclusión, el temor y la fascinación sacrificial.
Al poder patriarcal se sumó la acumulación capitalista, la ciencia al servicio del mercado y la desregulación neoliberal, generando un sistema de producción de esclavitud y exclusión sin precedentes. Como saldo de esta demencial acumulación de poder se obtuvieron inmensas desigualdades sociales, guerras, carrera armamentística, explotación, enfermedades y muertes. En ningún caso se cumplieron las promesas de autorregulación de los mercados, los consensos ni la igualdad garantizada por la ley y amparada por la Declaración de Derechos.


Las mujeres comprendieron antes que el resto social que patriarcado y capitalismo constituyen un dispositivo de poder que se expandió por todo el planeta y se apropió de la vida. Que sólo habrá democracia si somos capaces de emanciparnos del patriarcado y de toda forma de concentración del poder capitalista.
Feminismo: reivindicaciones y algo más


¿Qué es una mujer? Se preguntó Freud y respondió un “Dark continent”, era su manera de referirse al enigma que no tiene representación en el inconsciente. Años más tarde, Lacan, en el Seminario XX, afirmó que la mujer se inscribe en la lógica fálica, pero no toda. Hay un suplemento en la posición femenina que no tiene inscripción, por participar la mujer de un conjunto abierto que carece de límite.


Emplearemos la concepción de Lacan para describir una política de mujer.


El feminismo es un colectivo de mujeres que designa varias significaciones simultáneamente. Por una parte, refiere a las reivindicaciones concretas de la mujer: rechazo a la violencia hacia el género, la igualdad salarial, reconocimiento del trabajo de las mujeres por fuera del mercado, etc. Hace unos días se presentó por séptima vez un proyecto de ley que busca despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en el país. La demanda del movimiento de mujeres por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, simbolizado por el pañuelo verde, tomó fundamento en que el aborto, según Amnistía Internacional, es la principal causa de muerte materna en 17 de las 24 provincias y, según Unicef, nacen anualmente casi 3000 bebés de niñas de entre 10 y 14 años. Desde el psicoanálisis consideramos que la maternidad es un deseo, un proyecto y una libertad; una salida posible del Complejo de Edipo, no un imperativo ni el destino obligado para las mujeres. No desear ser madre no es un delito y el aborto nunca debe ser juzgado como un crimen. La iniciativa de este proyecto de ley lleva la firma de 71 diputados de distinto signo político, pero si este tema está en el tapete del debate parlamentario tiene que ver con el feminismo y su lucha.


Sin embargo, las mujeres no están del todo representadas en la lucha reivindicativa, algo desborda y excede ese locus histórico que supieron inscribir. El movimiento feminista afecta los “patrones” mismos del orden social porque se dirige contra la jerarquía, la sumisión y toda forma de explotación sea económica, sexual o de otra índole.


El 8M, la marcha internacional de mujeres desbordó toda medida y cálculo, poniendo en escena algo imprevisible que podemos caracterizar como ilimitado; irrumpió con una desmesura global que determina abordarlo como un nuevo agente político que contamina y reformatea lo común. La categoría política de “multitud”, propuesta por Antonio Negri y Michael Hardt en su libro Multitud (2005) resulta útil para pensar el actual movimiento feminista.


Estos autores conciben a la multitud como una energía colectiva que expresa una potencia generativa constituyente, ilimitada y global. No consiste en reunir individuos aislados, sino en construir de modo cooperativo y sin jerarquías una democracia que, partiendo de la igualdad, maximiza la libertad. Las mujeres piden igualdad asumiendo y expresando en la calle su derecho a ella, disputando el espacio del sentido común machista establecido.


La multitud no tiene un lugar espacial, no es una unidad ni una identidad pero está organizada. Se concibe como un concepto abierto, dinámico, que no puede encontrar una representación basada en una medida porque lo ilimitado excede la representación, es inconmensurable.


Es el producto de una praxis colectiva tejida desde abajo, que muestra la potencia política que tienen las singularidades de expresarse libremente en todas direcciones. Se trata de asambleas, encuentros, talleres, actividades creativas, relaciones o formas asociativas diversas: una comunidad de diferencias que al actuar políticamente conforma una voluntad común. La multitud feminista implica relaciones transversales y una libertad en la acción política en la que coinciden el cuerpo, el pensamiento y los deseos que crecen por proliferación, yuxtaposición y disyunción, en vez de hacerlo por jerarquización piramidal.


Las mujeres fueron capaces de hacerse cargo del deseo de emancipación y están dispuestas a volver a construir lo común estableciendo un límite a la manipulación del poder que distribuye el orden social y asigna lugares. Ellas politizaron el deseo poniéndolo en juego en una ética emancipatoria que interrumpe el orden establecido por el poder.


El feminismo irrumpió como una fuerza intempestiva que causa un movimiento y muestra un camino. Las mujeres nos interpelan y hacen que nos preguntemos: ¿cómo librarnos del patriarcado? ¿Cómo expulsar el fascismo incrustado en nuestro discurso y en nuestros actos?


Una invención efectiva y decidida a luchar contra el poder patriarcal y capitalista ocupó la calle, y puso un límite, un “ajuste de cuentas” en las relaciones entre igualdad y comunidad abriendo una inédita configuración del espacio político, una nueva realidad.


* Psicoanalista. Magister en Ciencias Políticas. Autora de “Populismo y psicoanálisis” y “Colonización de la subjetividad”.

Publicado enSociedad
Cuatro tiros para matar a una luchadora social

La ejecución de la joven dirigente del Partido Socialismo y Libertad estremeció al Palacio del Planalto y a la aventura militarista de Temer, quien convocó de urgencia a sus ministros. Manifestaciones multitudinarias denunciaron la violencia y exigieron justicia.


La concejala Marielle Franco, “negra, feminista y cría de la favela Maré” según decía al presentarse, fue ejecutada con cuatro tiros en la cabeza el miércoles a las 21.30 horas en Río de Janeiro. El asesinato ocurrió al cumplirse un casi mes desde que Michel Temer designó al general Walter Souza Braga Netto como interventor de las fuerzas de seguridad de ese estado.La ejecución de la joven dirigente del Partido Socialismo y Libertad estremeció al Palacio del Planalto y a la aventura militarista de Temer que convocó de urgencia a sus ministros y propuso que la Policía Federal tome cartas en el asunto, porque nadie cree que la policía carioca ponga todo de sí para averiguar un caso en el que los primeros sospechosos son los paramilitares, o “milicias”, que controlan decenas de favelas. El presidente de facto fingió compromiso republicano al decir que el hecho conspiró contra el “Estado de derecho y la democracia”.


El general Braga Netto se solidarizó con los familiares de la víctima y aseguró estar consternado luego de haber ordenado que los favelados sean fichados en masa y apoyar una ley que garantiza el foro especial (impunidad) a los militares que maten a inocentes en las barriadas.


Las pericias indican, en principio, que el crimen fue perpetrado por sicarios profesionales que siguieron el automóvil de la concejala a lo largo de varias cuadras hasta que se le acercaron y dispararon 9 balazos que también mataron al chofer y causaron heridas leves a una asistente.


El miércoles, minutos antes del crimen, Marielle había participado en el encuentro de “jóvenes negras moviendo las estructuras”, en el barrio Lapa, un reducto bohemio del centro carioca. “Marielle lograba comandar y representar a las personas como ninguna otra mujer negra lo había hecho antes en el Concejo Deliberante”, comentó la escritora Ana Paula Lisbora, que estuvo en el evento del miércoles. “Era una de las personas más increíbles que conocí, de una sonrisa contagiante, un ejemplo de que el lugar de la mujer es en la política” contó Nadine Borges, ex presidenta de la Comisión de la Verdad sobre la Dictadura. Marielle fue víctima de un crimen “de clase, de género, de raza, un femicidio”, planteó Borges ante la consulta de PáginaI12.


Con aplausos y consignas miles de personas recibieron ayer el cuerpo de la concejala en la Cámara Municipal de Concejales. Junto al ingreso al palacio había flores rojas. En las escalinatas el público levantaba pancartas escritas desprolijamente: “Ejecutan a quien levanta la voz”, “Ese tiro fue para el pueblo, pero la lucha aún vive”, “Vidas negras, Marielle presente”, “Ellos quieren enterrarnos”. Luego el cortejo, que sumaba gente mientras avanzaba, siguió hacia un cementerio de la zona norte de Río. Las redes sociales quedaron desbordadas por el asesinato: de un lado con mensajes a favor de #MariellePresente, del otro quienes denostaban a los grupos de derechos humanos y sugerían que la chica fue víctima de un intento de asalto. En San Pablo los indignados se reunieron en la Avenida Paulista y en Salvador de Bahía, lo hicieron en la Universidad Federal, donde se realiza el Foro Social Mundial. Samira Bueno, del Foro de Seguridad Pública, considdera que este caso confirma el equívoco de militarizar la guerra contra las drogas. Desde que llegaron a Río en setiembre de 2017, antes de la intervención, las fuerzas armadas escogieron como “enemigo” al vecino de las favelas y se despreocuparon por las milicias, que actuaron como brazo auxiliar clandestino de los uniformados.


Para Samira Bueno la militante del PSOL fue víctima de un “asesinato político” con el que los paras buscaron intimidar a las organizaciones y dirigentes con arraigo en las comunidades humildes. Por el modus operandi de los sicarios, señala Bueno, este caso recuerda al de la jueza Patricia Acioli, asesinada con 21 balazos en 2011 luego de haber procesado a policías ligados a las “milicias” y los “escuadrones de la muerte”.


La llegada de los militares a los morros era algo que preocupaba a Marielle Franco, que había vivido bajo en la ocupación castrense de la favela Maré en 2014. El diecinueve de febrero, tres días después de que Temer dejó a Río en manos de los generales, la concejala declaró que “la democracia está amenazada”.


Ignacio Cano, del Laboratorio de Estudios de la Violencia de la Universidad del Estado de Rió de Janeiro, coincide con Samira Bueno en que este hecho puede causar un impacto demoledor en la estrategia del Palacio del Planalto (Presidencia). Y también en su desgastada imagen internacional. Naciones Unidas , Amnistía Internacional y Humans Right Watch exigieron al gobierno el pronto esclarecimiento del asesinato. La oficina de la ONU en Brasil “tiene la expectativa de que la investigación del caso llegue a conclusiones en breve, y aguarda la responsabilización de los autores del crimen”, señaló en un comunicado. “Tanto la ONU, como Amnistía y otros organismos de derechos humanos coinciden en que esta barbaridad tiene que ser esclarecida en el menor plazo de tiempo” planetó Jurena Werneck, titular de Amnistía Internacional en Brasil. “Estamos devastados con lo que ocurrió, Marielle era una joven de trayectoria muy valorada por las mujeres, los negros, la población de las favelas” agregó Werneck.

Publicado enInternacional
Lunes, 12 Marzo 2018 08:42

“Es la lucha, estúpidos”

“Es la lucha, estúpidos”

La frase, como bien sabemos, la he resucitado de las alternativas  estadounidenses en sus luchas políticas cuando Bill Clinton se oponía a Bush. Y se escribía: “Es la economía, estúpido”. La inteligencia popular terminó utilizándola internacionalmente para subrayar distintos aspectos que se descuentan son los fundamentales y que cuesta reconocer.

 

En este momento es válido para quienes, caballerosos, se nos acercaron el 8M para regalarnos una flor y en el colmo de la cortesía ensayaron un chocolate.

“¡Pero Eva!, no se puede rechazar la buena onda de los que por lo menos tratan de ser educados...”. Pamplinas. Son formas del patriarcado mostrando  una postura complaciente hacia nosotras, tratándonos como niñas o señoritas subordinadas a las que hay que agasajar, como contrafigura de los feminicidas, mostrándose galantes, y posicionándonos al mismo tiempo como superiores y negando la igualdad de derechos en el Día Internacional de la Mujer. Justamente en ese día la flor y el galanteo es una provocación, cuando salimos a luchar contra las mañas y artimañas de las diferencias homicidas y los abusos de poder.

¿De qué cortesía y festejos nos hablan cuando salimos a gritar y a levantar las banderas del Ni Una Menos? ¿No se dan cuenta de que no han entendido nada? ¿Que persiste en ellos la imagen que le inculcaron desde niños acerca de lo que significa ser mujer y que repiten los prejuicios acerca de ellas, seres debiluchos, inferiores, desamparados de quienes es posible burlarse, apropiarse, explotar y golpear? 

Los regalitos prendieron en las campañas publicitarias, a las que no se les puede pedir sensatez porque su proyecto es económico y vendedor. Pero al compañero de oficina  que transporta la flor es sencillo responderle: “Es la lucha, estúpido” y explicarle por qué ese día ella estuvo “de paro”.

El “paro” sensacional fue el que promovió Aristófanes en su literatura, en su obra Lisistrata, cuya protagonista y sus seguidoras, hartas de que sus maridos y amantes marchasen de guerra en guerra, en aquellos tiempos heroicos de la Grecia Clásica, decidieron suspender con ellos las relaciones sexuales. Fue un esfuerzo pacífico a favor de la paz en el que las mujeres se niegan a dejarse conquistar por los varones para retomar su vida sexual. Por fin se logra la paz. A nosotras nos faltan muchas décadas para conquistarla; mientras continuaremos en prácticas como el 8M, intentando que entiendan que estamos en lucha, con escasas preocupaciones por las rosas en los floreros.

¿Qué no se entiende? ¿Por qué es preciso luchar? Hace décadas nos están viendo y escuchando. Lo que se advierte hace dos o tres años es una aceleración de los movimientos de mujeres que coincide con los ataques que recibimos y los desdenes de los que tenemos que defendernos.

Si los llamamos estúpidos, nos remontamos al latín stupidus, estar aturdido, no haber entendido nada y en una de sus versiones (stupeo) stupidus homo: hombre estúpido. También necio, insensato, inculto y estéril. Cuando se habla de stupidus timore se refiere a inmóvil de miedo. O sea tenemos para elegir en versiones latinas de estúpido que ahora pluralizamos.

Alguna señora cae en la trampa y en mi facebook se agradece la atención. En latin no encuentro el femenino de stupidus, pero debe existir.

Aparecerse con una flor en el Día de la Lucha Compacta e Internacional como si fuera un cumpleaños, cuando los carteles enarbolan los nombres de las víctimas de feminicidios, de minusvalías en sueldos laborales, de abusadores sexuales en libertad no es un descuido ni el producto de un aturdimiento. En todo caso están aturdidos por el rumor de sus propios pensamientos patriarcales que constituyen el horizonte de sus prácticas  cotidianas. No son simplemente necios, incultos, padecen la malévola indiferencia del “a mí qué me importa interesarme por este asunto, yo cumplo con las mujeres y las dejo satisfechas con un regalito”. La misma creencia y la misma política que los lleva a creer que nos satisfacen con   coitos incompletos y debilitados. Suponen que ésa es la felicidad y la plenitud máxima para nosotras porque así se lo hicieron creer sus mayores y así lo digirieron. 

Pero es la lucha, estúpidos, y no la atención floral, lo que nos incita a no ceder y estar presentes para gozar en plenitud de derechos.

Publicado enSociedad
Silvia Federici: El paro como momento de comprensión y transformación

Desde que la conocemos, las conversaciones con Silvia han sido siempre muy fértiles. No solo por su lucidez y agudeza teórico-política, sino también por su generosidad infinita en el relato de su experiencia, en esa búsqueda de coherencia entre lo que se hace y se piensa. En la previa del 8 de marzo, conversamos con ella sobre el paro internacional de mujeres y la actualidad de la lucha feminista.


Elegimos volver a escucharla hoy, en este contexto tan intenso donde la lucha de las mujeres se despliega con una fuerza por momentos inesperada. Donde cada una desde su comunidad de mujeres pone empeño en organizar, difundir y participar del 8 de marzo y del paro histórico que sucederá en más de treinta países alrededor del mundo.


En lo vertiginoso de estos acontecimientos nos venimos diciendo unas a otras: no aceptemos más la violencia, potenciemos nuestra fuerza para multiplicar nuestro ya basta, organicemos encuentros, espacios y marchas que hagan temblar la tierra. Pero también nos repetimos una y otra vez: hagamos más denso el tejido del entre mujeres; potenciemos nuestra ayuda mutua, nuestro autocuidado y reciprocidad; estemos cada vez más movilizadas pero también robemos tiempo para sentir y pensar cómo seguimos, cómo nos auto organizamos cada vez más y qué desafíos está alumbrando la lucha.


Dicho de otro modo, al desplegar la lucha ésta ilumina nuevos problemas políticos. De nada sirve hacer sin pensar. Pensemos a partir de lo que estamos experimentando y abramos los espacios para construir los cómo seguir. Nuestras compañeras y hermanas nacidas en las luchas que nos antecedieron portan experiencias que es preciso recuperar para no empezar de cero, para nutrirnos y cambiar. Por eso esta conversación busca ser un espacio-momento para que Silvia nos comparta palabras que nos ayuden a pensar lo que está sucediendo.


¿Qué está sucediendo con la lucha de las mujeres? ¿Qué has reflexionado sobre las últimas manifestaciones en Estados Unidos?


Aquí es un momento en el que se está dando una movilización muy fuerte de todos los movimiento sociales, y sobre todo del movimiento de las mujeres. Hemos visto estas marchas en Washington, en Nueva York, en varias ciudades. Mujeres de todo tipo, de todas las edades se están movilizando, sintieron la necesidad de salir a la calle. Y pienso que no es solamente una necesidad de responder a Trump, es la expresión de un gran descontento que se ha acumulado en estos años, porque las situación de las mujeres en todos los niveles, con excepción de una minoría, se ha deteriorado desde hace mucho tiempo, enfrentando una crisis en su vida cotidiana.
Esta es una crisis de trabajo, una crisis de falta de tiempo para sí mismas, una crisis de la relación con los otros, es el no tener recursos, no tener tiempo ni acceso a los servicios más fundamentales. Además de enfrentarse continuamente a la violencia, que es violencia individual pero también del estado, de la policía, en las cárceles, es la militarización de la vida que aquí es cada vez más fuerte. Creo que ahora estos son los elementos que unifican y pueden unificar al movimiento feminista. Es un movimiento contra la violencia y los abusos institucionales, pero también es una manifestación de deseo, de voluntad de construir una sociedad diferente. En estas marchas, en Nueva York por ejemplo, se podía ver una gran creatividad, mucha fuerza y energía, por eso se puede comparar con lo que sucedió en los años setenta.
Es un movimiento que ha crecido mucho en los últimos años, sobre todo a partir de la desilusión que tantas mujeres han experimentado. Se pensó que trabajar fuera de la casa posibilitaba conseguir autonomía. Y no nos dio autonomía porque el trabajo es precario, no da seguridad. Lo que vemos es un gran número de mujeres, y hombres también, cargadas de deudas. Han luchado por entrar a las universidades, como se luchaba en los años setenta, y ahora con la privatización de la educación deben un montón de dinero para poder estudiar. Muchas jóvenes con veinte años no pueden ver cuál va a ser su futuro.


¿De qué luchas previas se nutren estas manifestaciones? Porque al mirar las imágenes -no podíamos dejar de mirar lo que pasaba, la cantidad de personas- desde el sur nos preguntamos ¿de dónde se están nutriendo? ¿de dónde nació ese desborde? ¿qué había previamente organizado?


Creo que la decisión de una parte del establishment americano de apoyar a Trump ha sido una respuesta a las luchas que ya se estaban dando. Por ejemplo, la lucha por el aumento del salario mínimo ha involucrado a muchas mujeres muy fuertemente, y siempre se cruzaba con la lucha de los migrantes. Porque son sobre todo las mujeres y las personas migrantes las que tienen salarios muy bajos. También ha crecido un movimiento estudiantil contra la deuda generada por la falta de gratuidad. Por otro lado, muchos han apoyado a Trump pensando que sería el presidente que cortaría las deudas e implementaría una educación gratuita. Es también creciente la movilización contra el control del cuerpo. Por ejemplo, en muchos estados se redujo drásticamente el acceso al aborto. Hoy las mujeres se enfrentan con dificultades en todos los lugares donde están, con cortes en servicios como la educación y la precariedad de la vida, ninguna sabe si tendrá o no trabajo. Sobre todo entre jóvenes y mujeres no se ve qué tipo de futuro se tendrá. También la rabia y la indignación contra estos abusos, la violencia institucional continua, la matanza de la policía sobre los y las jóvenes de color, migrantes, latinos. La conciencia de que vivimos en un régimen muy brutal, que no es una novedad, pero que ahora ya no se puede no ver. En los últimos años casi todos los días un joven negro fue asesinado con una impunidad absoluta. Entonces, hay un descontento muy fuerte, económico y no económico, porque los dos están conectados. Porque está claro que esta violencia se justifica y se sostiene en la represión y en la precariedad económica.


¿Cómo estás viviendo estos mismos movimientos en el plano internacional, por ejemplo lo que está siendo en este momento la organización del paro internacional de mujeres?


Es una idea muy excitante, sobre todo esta dimensión internacional de las luchas es muy importante. En las últimas semanas ha sido muy importante ver tantas movilizaciones en todas las ciudades al mismo tiempo, el sentimiento de ser parte de algo que se está moviendo en muchas partes del país y del mundo. Así como la respuesta al llamamiento de paro de las compañeras en Argentina en octubre pasado que fue muy fuerte. También aquí muchas compañeras salieron a la calle. Todavía es difícil saber, pero es claro que solamente algunas podrán hacer el paro porque hay tantas dificultades prácticas para organizar un paro de las mujeres, sobre todo en un país como Estados Unidos, donde existen realidades tan diferentes y hay grupos de mujeres tan diversas, en una situación donde faltan los servicios sociales, donde muchas mujeres son solteras y no tienen un marido que pueda sustituirla. Pero se envía una señal importante, es una posibilidad de compromiso con las nuevas formas de lucha y de organización. Ojalá sea un compromiso para crear redes de comunicación entre mujeres de diverso tipo. Crear un tejido social más fuerte, capaz de resistir a lo que está sucediendo y también empezar a construir nuevas relaciones. Empezar a implementar lo que se viene hablando sobre formas de auto gobernarnos, reclamar el control de nuestra vida, empezar el proceso de no solamente ponernos en contra sino ir definiendo qué tipo de sociedad queremos, cómo vamos a construirla, qué precisamos de inmediato y cuáles son los objetivos del futuro.


Yo creo que es importante hoy abrir una visión estratégica, no solamente salir a la calle, sino salir a la calle con una visión de lo que deseamos e intentamos construir. Sería una pena si vamos a la calle todas contentas y después regresamos a casa y no se une este momento con la construcción de algo distinto. Por eso es importante no solo demandar a un estado que no responde, sino comprender contra qué luchamos, que no son personajes. Estos personajes son la expresión de un mal que es el sistema. Comprender lo que está sucediendo a nivel económico, político, ecológico y empezar a hacer las conexiones. Es verdaderamente la misma lucha: luchar contra la contaminación, contra el capitalismo, la precarización de la vida y el despojo y luchar contra el patriarcado son momentos diferentes de una misma lucha. Pienso que esta movilización puede ayudar a crear conciencia sobre la interconexión de estas luchas. Ojalá tengamos la capacidad crear un terreno de unificación entre mujeres distintas.


Nosotras sentimos que nos entusiasma el paro y la movilización porque es un mensaje, es una disputa en varios planos, también simbólica. Acá en el sur, sobre todo la idea de la doble jornada, el trabajo doméstico, ha tomado mucha fuerza porque al discutir el paro hubo que intercambiar sobre qué precisábamos para parar. Eso dio lugar a un montón de discusión entre mujeres. Muchas han planteado que no pueden parar porque están solas con sus hijos e hijas, entonces vemos formas diversas de parar y participar. No nos proponemos hacer un paro en el que si no podés parar las veinticuatro horas no formás parte de la jornada y de la lucha, sino hacer un paro que diversifique las opciones y todas podamos participar.


Justamente, yo pienso que a partir de las dificultades de hacer este paro, de las dificultades de las mujeres que no pueden dejar a sus hijos, es importante comprender cuál es el paso próximo. Porque, ¿qué pasa con estas mujeres que están encarceladas por el trabajo doméstico todos los días y que no tienen a nadie que las pueda ayudar? El paro es un momento de comprensión y de transformación, porque mirando estas dificultades organizativas se puede ver qué necesitamos, qué se puede hacer como cosa urgente. Ver que existen tantas mujeres que no pueden ir a una reunión, al cine, porque son prisioneras de ese trabajo. Cuando estuve en Bruselas unos meses vi que allá las compañeras han impulsado la iniciativa de describir su jornada de trabajo y luego han recogido esos testimonios. Han dicho también al estado “todo esto es lo que las mujeres hacen”, están intentado decir “esta es la cuenta por todo lo que hemos realizado”. Este tipo de acciones pueden incrementar la conciencia y permiten pensar nuevas prácticas. Porque si estamos encarceladas en el hogar entonces ¿qué estructura necesitamos en lo urbano, en el barrio, para dar respuesta?, ¿cuáles son las necesidades inmediatas y urgentes?


En esa clave, al pensar el paro lo estábamos concibiendo como un momento pedagógico para nosotras y para todas las mujeres, por tanto para señalar los desafíos en todos los sentidos que vos nombras, para pensar qué movimiento tenemos que construir, bien atado a la vida y la cotidianidad. Pero también señalar los límites de la izquierda, los límites de ciertas formas de hacer política, lo que sucede con el sindicalismo. El paro iluminó muchas cosas, no solo para el propio movimiento de mujeres sino para muchas más personas.


Así es. Antes existieron sindicatos que se ocupaban de la vida, del barrio, que luchaban tomando en cuenta toda la vida de las trabajadoras y trabajadores, no solo sobre las ocho o nueve horas. Ahora es una forma burocrática que ya no funciona más, que no puede dar respuestas. He estado hablando con una compañera que organizó en Islandia el paro de 1975, desde allí las mujeres se han organizado en espacios urbanos donde se conversa, se circula información, en todas las ciudades están estos espacios que son experiencias colectivas para las mujeres. Estos lugares han facilitado mucho la organización, porque cada uno ha sido un punto de expansión de la información, de la táctica. Me gusta mucho pensar que se pueden crear estos lugares, espacios de las mujeres. Crear, desde donde una vive, espacios donde cuidarnos y dar discusiones entre mujeres. Insistir en la capacidad de crear, reclamar el espacio, el derecho a la ciudad. Es importante pensar este momento como un momento histórico, lo que está pasando con el Encuentro de Mujeres en Argentina, que se organice algo internacionalmente de forma autónoma sin los recursos y la intervención de la ONU. Se han hecho acciones todos los 8 de marzo, pero este año está la dimensión internacional. Esta jornada está reviviendo el sentido del 8 de marzo y dando lugar a un nuevo internacionalismo.


Pero es importante pensar estratégicamente qué es lo que queremos. Claro que no podemos saber muchas cosas, pero sí qué precisamos saber. Necesitamos una visión estratégica más allá de la manifestación. También la memoria histórica es importante para crear resistencia, la memoria sobre lo que ha significado este día para la lucha de la mujeres, sobre el internacionalismo feminista y el significado de eso en la actualidad. Creo que hoy las mujeres debemos estar más presentes en las luchas contra la guerra. En estas manifestaciones en Estados Unidos no se le ha dado suficiente atención a la problemática de la guerra.


Este punto es importante desde la perspectiva latinoamericana y también nos preguntamos por esto que nombras. La gente se moviliza cuando puede, cuando hay conciencia y voluntad, pero ¿qué piensa sobre las invasiones y la guerra el pueblo estadounidense?


Ahora se ven límites que no se veían y se empieza a insistir en la necesidad de la lucha contra la guerra. Han estado y están bombardeando con drones Yemen, han destruido Medio Oriente. Existe una relación fuerte entre la guerra permanente y la militarización de la vida aquí, por eso es importante esta temática. ¿De qué internacionalismo hablamos si no? Es importante que todos digamos que no se puede excluir a las personas de ningún país, pero también que no se debe bombardear ni destruir la vida en ningún país. Pienso que en los materiales que se van a preparar y escribir es importante tener esta visión histórica del internacionalismo feminista.
Con respecto a la memoria histórica, al crecer bastante la auto organización de las mujeres en varias ciudades de Uruguay, las compañeras plantean una sensación de ser huérfanas, de empezar una lucha sin saber que otras mujeres lucharon antes, desconociendo qué problemas tuvieron y cómo se organizaron. ¿Tuvieron esta sensación en los años setenta cuando el movimiento desbordaba las calles?


Para nosotras fue muy importante el trabajo de comenzar a reconstruir la historia de otras mujeres, de comprender de dónde venimos, cuales fueron nuestras madres, reconstruir y pensar en el feminismo liberal, en el feminismo socialista -del que nace el 8 de marzo-, saber lo que planteaban sobre la liberación de la mujer. De la historia del feminismo en América Latina he descubierto dos años atrás la lucha de las mujeres en Argentina, a Virginia Bolten y su consigna “ni patrón ni marido” y su periódico La Voz de la Mujer.


Las historias locales, en el Río de la Plata, también son muy potentes. Por ejemplo, la consigna de las mujeres en Uruguay en los años ochenta era “nosotras queremos cambiar la vida”. Es hermoso reconectar con esas luchas.


Es imprescindible conversar con estas mujeres que son libros vivientes, libros de la historia de las luchas. Esta concepción que planteas es importante para construir una memoria larga. Tú te sientes parte de algo, no puedes mirar el futuro sin mirar el pasado. Solamente cuando ves toda la historia de lucha, los límites, los problemas de las experiencias organizativas pasadas, intentas no repetir las mismas cosas. No puedes identificar lo que estás haciendo si no miras que se ha hecho antes y cuáles son las diferencias, aprender de esa experiencia, no pensar que has inventado todo.


Escasos quince días nos separan del paro del 8 de marzo. Las palabras de Silvia, que son las de una luchadora que reflexiona y teoriza a partir preocupaciones que también son las nuestras, seguramente serán fértiles para seguir construyendo este camino, que es el suyo y el de miles de mujeres que por todo el mundo van diciendo ¡ya basta!


Mariana Menéndez / Foto eldiario.es


16 febrero 2018


Publicado originalmente en Zur

Publicado enSociedad
Jueves, 15 Febrero 2018 06:33

La batalla feminista en el siglo XXI

La batalla feminista en el siglo XXI

Criticas y fortalezas del movimiento feminista del siglo XXI

 

El movimiento feminista, desde su surgimiento en términos formales en fines del siglo XIX, es marcado por hechos históricos y simbólicos importantes. Un proceso de lucha caracterizado por una radicalidad desde su conformación, en lo cual estuvieron presentes las protestas, las huelgas de hambre y que también costó –y sigue costando– la vida de muchas mujeres.

La lucha por el reconocimiento de la existencia de las mujeres –todas ellas– es el eje central del movimiento, los avances y las conquistas marcaron puntos de inflexión, lo que también permitió la apropiación de la identidad feminista. Un logro, muy probablemente, sin retorno. Más allá de lo reivindicatorio –la lucha por derechos y por igualdad de oportunidades–, las feministas lograron producir su propia reflexión crítica y su propia teoría.

La dinámica con la cual surgen los métodos de intervención y las formulaciones políticas en el movimiento, hace de los feminismos un conjunto potente y de difícil contestación. Por ello, muchas veces, las críticas en contra el movimiento o contra algunas formas más radicalizadas de intervención político-cultural son superficiales, objetivando la descalificación en lugar de dar el debate de fondo. La inserción de los debates feministas en el seno de sociedad genera, como es esperado de cualquier debate amplio, una serie de polémicas. Sin embargo, estas discusiones también afloran el carácter heteropatriarcal en las construcciones de las narrativas hegemónicas.

Así, lo que debería ser un debate saludable con fines de discutir las causas y consecuencias del sistema opresor, termina por reproducir y reafirmar la lógica vigente. El debate se transforma en más una herramienta de violencia en contra las mujeres. Todo esto sería un problema si no fuera por la característica multidialéctica del movimiento asociado a su alto enraizamiento social y activista. El feminismo, tiene su propio antídoto. La reacción a la criminalización y/o intento de descalificar al movimiento es instantánea. La batalla cultural está puesta y hay una nítida construcción de hegemonía feminista en curso. Esta construcción es amenazadora y también es un logro importante, además de evidente.

En los últimos meses, las críticas a los feminismos han tenido un lugar de destaque en muchos medios. La politización del movimiento he sido el punto de mayor crítica por parte de sectores conservadores de la sociedad. El hecho de no poder dar las discusiones genera una frustración por parte de quienes disputan el sentido común desde arriba –y que habitualmente lo ganan por su capacidad de llegada masiva–. Todavía, la batalla en contra los feminismos termina por fortalecer más aún al movimiento, porque devela la debilidad de impulsar una guerra sin sentido en la cual el odio hacia las mujeres salta a cada comentario machista.

El intento de debilitar el movimiento feminista, sin embargo, lo legitima. La reacción frente a la perdida de privilegios y de la exitosa campaña contra-sistémica es natural, una vez que el constante cuestionamiento pone en riesgo las estructuras del poder. Entre los innúmeros desafíos colocados para las feministas del siglo XXI, tal vez lo más importante sea lograr transitar los espacios de animosidad los cuales tienden a ponerse más acentuados a la medida que el movimiento gana más fuerza.

 

Publicado enSociedad
"Cierto feminismo y cierta izquierda han comprado la idea de que el sexo es lo peor"

La escritora y ensayista francesa, autora del libro referencia para feministas 'Teoría King Kong', reflexiona sobre la burguesía literaria de su país, el orgullo de clase y la posibilidad de crear un espacio de disidencia que enfrente el poder establecido

 

"Escribo desde aquí, desde las invendibles, las torcidas, las que llevan la cabeza rapada, las que no saben vestirse, las que tienen miedo de oler mal, las que tienen los dientes podridos, las que no saben cómo montárselo, esas a las que los hombres no les hacen regalos, esas que follarían con cualquiera que quisiera hacérselo con ellas, las más zorras, las putitas, las mujeres que siempre tienen el coño seco, las que tienen tripa..."


Sirvan estas líneas a modo de aperitivo de lo que el lector puede encontrar en Teoría King Kong (Literatura Random House), un ensayo a cargo de la novelista francesa Virginie Despentes publicado originariamente en 2006 y que ha servido de avanzadilla para muchas de las cuestiones con las que el feminismo se da de bruces hoy día. Un panfleto incómodo para algunos, que se ha convertido en el Santo Grial del empoderamiento para una generación de jóvenes que no quiere saber nada de sumisiones a un orden que ya no les corresponde.


¿Para quién escribió este ensayo?


Cuando lo escribí, hace poco más de 10 años, tenía la sensación de que nadie hablaba a las generaciones más jóvenes sobre estos asuntos. La cultura mainstream, de la que se nutrían fundamentalmente, les bombardeaba de feminidad, pero en cuanto a feminismo las carencias eran notables. Nadie les dijo que puede ser una herramienta útil a la hora de ver el mundo y entender —incluso si no te conviertes en feminista— por qué determinadas puertas se te han cerrado por el simple hecho de ser mujer.


Le suelen preguntar por género y sexo, pero el caso es que en su discurso tiene mucho peso también la cuestión de clase...


Es esencial. El primer acercamiento que hice al feminismo fue a través de un libro que leí con apenas 18 años y me dejó muy impresionada; Mujeres, raza y clase, de Angela Davis. Este es un texto que me ha construido como mujer y que tiene mucho peso en mi forma de entender el feminismo, de tal forma que para mí la clase social está en el centro mismo del análisis.


Si lees, por ejemplo, la carta de Catherine Deneuve contra el "puritanismo" del #metoo, te das cuenta de que es un texto en el que mujeres de la alta sociedad expresan la rabia de los ricos. Más que feminismo, ese texto ejemplifica hasta qué punto los ricos parecen estar molestos por el simple hecho de que las víctimas se quejen. Se podrá leer en claves diversas, pero para mí lo que refleja ese supuesto manifiesto no es más que un puñado de ricos que no soportan que ciertas personas traten de poner límites al ejercicio, según ellos legítimo, de poder que desempeñan sobre otras personas. Parece que el problema es nuestro como víctimas por no sabernos comportar como es debido y agachar la cabeza de forma obediente. Dicho de otro modo; no creo que una cajera de Alcampo suscriba ese mismo texto.


¿Usted viene de ahí, de la clase baja, cómo se desenvuelve Despentes entre los oropeles literarios parisinos?


Tengo 48 años y llevo 25 inmersa en la industria editorial. Supongo que me he ido acostumbrando, pero lo cierto es que me costó mucho. Al principio se notaba que a buena parte de esa burguesía literaria parisina le causaba mucho reparo incluso tocarme para saludar, no querían tener nada que ver conmigo. Por otra parte, es curioso que todavía hoy, el 90% de las novelas que se publican y llegan a algo, vienen en su mayoría de un 2% de la población muy definido y que pertenece a la clase alta.


¿Se sigue sintiendo de prestado entre esa élite?


Siento que formo parte de la gente que publica libros, comparto determinadas problemáticas inherentes al hecho de ser escritor. Pero al mismo tiempo tengo muy presente de dónde vengo y me sigue sorprendiendo lo alejados que están muchos de estos escritores de realidades sociales como, por ejemplo, sacar adelante a dos hijos cobrando 1.500 euros al mes. Lo que percibo en estos salones y ambientes literarios es gente que está muy alejada de lo cotidiano.


Reivindica la rareza, el hecho de no avergonzarse por no encajar. ¿Cree posible la literatura desde otro sitio que no sea la alienación?


Busco ejemplos pero no los encuentro... Supongo que no, supongo que siempre es mejor si tienes algo propio que ofrecer. Me explico; si tu vida es maravillosa y vives entregado al frenesí, es obvio que no te vas a meter en tu cuarto a escribir. En cambio, si tienes el reflejo de encerrarte en tu mundo y sientes que no encajas bien, es más probable que termines escribiendo. Casi todos los libros que me gustan están escritos por gente que se siente un bicho raro.


Usted fue víctima de una violación. 'Teoría King Kong' surgió de un intento por abordar un trauma que quiso olvidar. ¿Hasta qué punto le marcó este hecho?


No puedo hacerme una idea. No puedo imaginarme sin esta vivencia, por eso no puedo saber si sería la misma persona o tendría menos problemas. A menudo me lo pregunto, ¿hasta qué punto me habrá cambiado lo que viví?, ¿me libré del trauma o sigo sufriendo? Lo que sí sé es que, como muchas mujeres en los 80, traté de hacer como si no hubiera ocurrido.


¿Fue terapéutico escribir sobre ello?


No creo que sea bueno escribir para hacer terapia, con el ejercicio de la escritura emergen también problemas... No sólo escribir, sino publicar y pensar que algo tan íntimo lo va a leer cualquiera. Desde luego, no se lo aconsejaría a nadie como terapia. En mi caso quizá me haya ayudado un poco para poner orden y mirar lo que me sucedió de frente.


¿Cómo lidia con la sobrexposición mediática? He leído que le resulta más dura que su pasado en la prostitución.


Tengo la impresión de que mucha gente se ha hecho una fantasía sobre lo que es el trabajo sexual. Por supuesto que es un trabajo duro, exigente y muy particular, pero cuando yo empecé a publicar y a hablar de mi historia me pareció todo mucho más violento. Cuando te conviertes en una persona pública, dejas de elegir a quién te diriges, te han visto por la calle y por la mañana coges el metro con la misma cara que tenías la noche anterior en su televisor. Las prostitutas que tienen sus papeles en regla y que eligen prostituirse no creo que tengan mucho que envidiar a todas esas mujeres públicas que por estar expuestas han perdido su intimidad. El problema aquí es que la burguesía ha determinado que ser mediáticamente conocida es el bien, pero que ejercer la prostitución es el mal y yo, que he hecho ambas cosas, puedo decir que ha costado mucho más acostumbrarme a ser insultada públicamente.


En España, buena parte de las voces beligerantes para con la prostitución no sólo vienen de la derecha católica, sino también de la izquierda


Me consta y en Francia no deja de ser muy diferente. Hay algo que nos hemos tragado después de dos mil años de cristianismo y es que el sexo, al parecer, es malo. Hubo un realizador francés que solía comparar la pornografía con Auschwitz. Y lo cierto es que, sinceramente, prefiero hacer una mamada antes que entrar en una cámara de gas. Nos hemos creído todo eso de que el sexo daña la dignidad y la integridad de la mujer.


Por otro lado, cierto feminismo y cierta izquierda han comprado la idea de que el sexo es lo peor. Parece que para algunos sectores de la izquierda trabajar 60 horas en un almacén de Amazon o trabajar en una mina de carbón y estar machacado con apenas 40 años es algo muy digno, pero en cambio es la prostitución lo que hemos de perseguir porque esclaviza a la mujer. No tienen en cuenta, por ejemplo, que es posible que esa prostituta gane mucho dinero haciendo su trabajo, mucho más que dichos trabajadores.


La situación se polariza. Parece que o te conviertes en una mujer sumisa que acata el orden establecido o en una pirómana que quiere arrasar con todo


El problema es que no termino de ver de qué forma nos podemos convertir en terroristas simbólicos. Más bien al contrario, aquellos que intentan subvertir ese orden al que te refieres son castigados y silenciados más que antes. De tal forma que el resto intentamos evitarnos problemas y nos autocensuramos. Cuando te presentan una voz disidente que tiene mucha presencia en la opinión pública es porque dicha voz no es un peligro para el poder. Las voces disidentes de verdad están cada vez más silenciadas y lo que se impone, en cambio, es una especie de blues, como si intentáramos decir ciertas cosas dentro de una sumisión permanente.


Pertenecemos enteramente al mercado, por primera vez en la historia esto es algo que queda patente. Es necesario abrir un cierto espacio de disidencia porque incluso desde la radicalidad, caemos muchas veces en un diálogo con el poder en el que nos definimos en contra de nuestro interlocutor, de modo que es el jodido poder el que nos termina configurando de alguna manera. Tenemos que acabar con esta sensación, estoy convencida de que las cosas no van a durar mucho tiempo tal y como las conocemos. Creo que esta situación está a punto de estallar.

Publicado enCultura
Martes, 13 Febrero 2018 06:28

Seducción y secuestro

Seducción y secuestro

Hace dos semanas, la Manchester Art Gallery, en la ciudad del norte de Inglaterra, retiró la pintura Hylas y las ninfas (1896) de John William Waterhouse de su sala En búsqueda de la belleza, que muestra pinturas del siglo XIX, sobre todo del movimiento prerrafaelita. Según las autoridades de la galería, la idea era estimular la discusión sobre cómo esta popular pintura, que muestra a ninfas acuáticas seduciendo a un joven, debía ser mirada hoy: si la representación era ofensiva o inapropiada para el público actual. La galería dejó en el espacio vacío un lugar para que el público opinara mediante post-its. La mayoría de las notas, incluso las que cuestionaban la pintura, pedían que volviera a su lugar. Podemos evaluar, repensar, contextualizar y todas las operaciones posibles pero no hace falta que se nos infantilice en el peor de los sentidos y con la peor decisión: la de ocultar la obra.


La pintura volvió a su lugar hace tres días. La galería comunicó su conformidad con la discusión global que se desencadenó y explicó que la remoción se hizo en el marco de un proyecto de la artista Susan Boyce que intenta darle nuevas interpretaciones y significados a las obras. Desafiar, dice Boyce, la fantasía victoriana de representar mujeres solo como femme fatales o como objetos pasivos y decorativos. Se puede y debe desafiar y repensar con perspectiva de género cualquier obra de arte. Pero no hay derecho a tratar a las mujeres como seres de azúcar que, ante la ofensa (de una pintura, recordemos), prefieren vendarse los ojos y aceptar que un cuadro sea quitado con toda la carga histórica y simbólica que la remoción de obras de arte implica más allá de las intenciones. Lo llamativo en estas semanas de polémica fue que pocos pensaron acerca de qué se trata el mito que recrea la pintura de Waterhouse. El relato es bien paradójico. En la versión griega el muchacho es Hylas, hijo del rey Tiodomante, asesinado por el héroe Hércules; después del crimen, el joven pasó a ser el aprendiz de Hércules. Deslumbrado por su belleza y su valentía, Hércules se enamoró de Hylas. Se lo llevó a la Cólquide en la expedición de los Argonautas en busca del Vellocino de Oro. Y después, el desastre. Cuando pararon de regreso en Misia, una ninfa se enamoró de Hylas. Pidió ayuda a sus hermanas y juntas atrajeron al joven hasta el estanque donde vivían. Lo secuestraron. Ese es el momento que reproduce la pintura: el de la seducción y el secuestro. El cuerpo de Hylas, en la pintura, tiene toda la carga homoerótica del amor de Hércules que cuando su favorito desa- pareció se puso como loco. Primero mató a unos cuantos misios para vengarse y después le pidió ayuda al argonauta Polifemo para la búsqueda. Nunca lo encontraron. Nunca más se supo de Hylas. Las ninfas se quedaron con lo que deseaban. Para siempre. Le ganaron al héroe más poderoso de la mitología griega.


John William Waterhouse, el autor de Hylas y las ninfas no es estrictamente un prerrafaelista sino un pintor que en una fecha posterior abrazó la estética y temas del movimiento, como la mitología griega o las leyendas artúricas. De hecho, Waterhouse nació en 1849, el año en que John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti y William Holman Hunt fundaron la Hermandad Prerrafaelita que, en poco tiempo, tendría siete integrantes y el apoyo del crítico John Ruskin. Los artistas vivían intensamente y su círculo e influencia posterior jamás excluyó a las mujeres. De hecho, este revuelo por Hylas y las ninfas puede servir para recordar a algunas mujeres prerrafaelistas o asociadas al movimiento. A Julia Margaret Cameron, por ejemplo, fotógrafa extraordinaria que no tuvo casi reconocimiento en vida, entre otras cosas porque usaba exposiciones largas, no evitaba los fantasmas que resultaban del movimiento del retratado y a veces dejaba la cámara fuera de foco: es decir, era una adelantada. El único apoyo decidido que obtuvo fue de los prerrafaelistas: los fotografió a todos y también a su vecino y amigo Lord Alfred Tennyson. Murió casi desconocida en Ceylán y recién en 1948, gracias a su sobrina, su trabajo fue redescubierto. O a Christina Rossetti, la hermana del pintor Dante Gabriel, una poeta importantísima, niña prodigio que le dictó a su madre un cuento antes de saber escribir. Es la autora de Goblin Market y otros poemas, de 1862, un texto hermoso ilustrado por su hermano: se trata de una rarísima aventura de dos mujeres con los goblins –seres mitológicos muy traviesos– que es también un comentario sobre los roles de género en la época victoriana. Para entender su vigencia, un ejemplo: ahora mismo la excelente serie de la BBC Peaky Blinders que se puede ver en Netflix con superestrellas como Cillian Murphy, Tom Hardy o Adrien Brody utiliza el poema de Rossetti “In The Bleak Midwinter” (“En el invierno sombrío”) como las palabras que dicen los protagonistas cuando deben enfrentarse con la muerte, cosa que les pasa muy seguido porque son ex combatientes de la Primera Guerra Mundial y gángsters bastante bestias.


O a Effie Gray, la esposa del crítico John Ruskin. Fue ella quien impulsó la anulación de su matrimonio, nunca consumado porque a Ruskin le “disgustaba” la genitalidad de Effie. Y la consiguió. Después se casó con el pintor prerrafaelista John Everett Millais. Cuando, años después, Ruskin intentó un segundo matrimonio con una chica muy joven, la familia le pidió opinión a Effie. Y ella les escribió que Ruskin era un hombre opresor. El matrimonio no se llevó a cabo: Effie posiblemente salvó a esa chica de una vida desgraciada. O a Elizabeth Siddal, poeta, pintora, amante y esposa tardía de Rossetti, modelo de cuadros famosísimos como Ofelia, de Millais. Murió de una sobredosis de láudano, deprimida por la pérdida de un embarazo y las constantes infidelidades de Rossetti. Su muerte estuvo marcada por un gesto generoso y una horrible profanación de parte de su viudo. Rossetti quemó la nota suicida de Elizabeth, asegurándole así un entierro cristiano. Pero después pidió la exhumación del cuerpo porque, borracho, había enterrado junto a su esposa sus últimos poemas. Consiguió el permiso pero a algunas páginas, comidas por los gusanos, les faltaban palabras. Una venganza final de esta mujer talentosa y opacada.


Esta es la hora de las mujeres y es una hora fascinante, intensa, llena de roces y avances y discusiones. Habrá muchas sobreactuaciones. Son necesarias. Pero borrar la historia, por provocación, omisión conveniente o ruido es pura pereza política. A un cambio cultural no lo retrasan ninfas pintadas en el siglo XIX ni los muslos del favorito de Hércules.

Publicado enCultura
La autora de '¿Quién alimenta realmente al mundo?', Vandana Shiva. Fotografía cedida por la editorial, Capitán Swing

 

Sus críticas más feroces apuntan directamente sobre la cabeza de la industria alimentaria y química, pero eso no le ha impedido ser reconocida como una de las más prestigiosas investigadoras sobre justicia agrícola y una de las activistas ecologistas y feministas de mayor renombre en el mundo. La india y doctora en Física Vandana Shiva, ganadora de más de 20 premios internacionales, asesora de varios Gobiernos en la India y en el extranjero (entre ellos el de Rodríguez Zapatero) está en España para promocionar su ensayo ¿Quién alimenta realmente el mundo? (Capitán Swing, 2016), una apuesta de la autora por retomar el control de los alimentos, de su diversidad y calidad y de revolucionar la forma en que los producimos. Recibe a Público en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, pocas horas antes de su conferencia Earth Democracy: a Revolution for the Planet & People.

 

¿Quién alimenta al mundo?


Definitivamente no son las empresas químicas y las corporaciones. Porque la industria química no produce comida y las empresas no hacen nada, sólo vender químicos y recoger las rentas de las semillas. ¿Quién alimenta al mundo? Todos los organismos del suelo, los maravillosos polinizadores que nos proporcionan un tercio de los alimentos que comemos, la diversidad de las plantas que nos dan nutrientes, las mujeres que continúan cultivando alimentos mientras las empresas nos venden químicos... Son los pequeños agricultores y las mujeres las que producen el 70% de los alimentos que comemos y, si lo miras en términos de nutrición, el único nutriente que llega a nuestros platos viene de los agricultores locales. Lo demás son productos tóxicos vacíos de nutrientes.

 

¿Y por qué pensamos que sólo la agricultura industrial es capaz de abastecernos?


Los químicos agrícolas tienen menos de 70 años. La actual industria química es la misma que preparó los gases que mataron a miles de personas en las cámaras de gas de los campos de concentración de Hitler. Necesitaban gases venenosos y esos fueron los ancestros de los pesticidas. Después de la guerra simplemente fabricaron el mito de que sin químicos no puedes cultivar porque necesitaban seguir ganando dinero. Fabricaron la falsa creencia de que el suelo es un contenedor vacío. No, el suelo está vivo. Una planta es un sistema vivo superinteligente y nuestro cuerpo es un sistema superinteligente con cien billones de microbios que necesitan comida real y que hablan con la comida que comemos. Si es tóxica, hay resultados tóxicos; si es sana, tenemos salud. Fabricaron una ciencia falsa para asegurarse de que cada agricultura en el universo asumiera eso, en lugar de la agricultura ecológica. Estamos hablando de un sistema de control total en manos de un ganado de tres, un ganado venenoso cuyo único objetivo es matar. Ahí es donde empezaron y ahí es donde siguen. Matan a gente con glifosato y Roundup y con alimentos tóxicos que están provocando la epidemia de cáncer ante la que estamos.

 

Si hay una sobreabundancia de alimentos, ¿cómo se explica que todavía haya 800 millones de personas en el mundo que pasan hambre?


Lo primero es que no se trata de una sobreabundancia de alimentos, sino de una sobreabundancia de productos, porque el alimento es lo que nos nutre. Hay 800 millones de hambrientos por dos razones: la primera es que los productores de alimentos han sido expulsados de la tierra, los pequeños productores, que eran los más productivos. Veo a los agricultores donde crece el arroz en India, campos llenos de arroz, que están muertos de hambre porque compraron las semillas, compraron los químicos y los precios no han dejado de subir. El precio al que el agricultor compra y el precio al que el agricultor vende es muy desigual. El sistema está haciendo que la mitad de los hambrientos del mundo sean agricultores. Por otro lado, el sistema económico ha expulsado a cada vez más personas y las personas excluidas no tienen alimento o comida. Es una combinación de un sistema que está destrozando la producción de alimentos, destrozando a los agricultores y destrozando nuestro papel económico en la sociedad.

 

5a68d9fc73f0c

La autora de '¿Quién alimenta realmente al mundo?', Vandana Shiva. Fotografía cedida por la editorial, Capitán Swing.

 

En los países desarrollados, muchos agricultores se encuentran con que cultivar alimentos orgánicos no es rentable, los costes son mucho mayores. Y los productos orgánicos son mucho más caros también para los consumidores. ¿Cómo se puede competir así con la agricultura industrial?


Lo primero es que la agricultura industrial no es una agricultura justa. Está basada en 400.000 millones de dólares en subvenciones. Ningún sistema podría competir con eso. Si un lado está obteniendo 400.000 millones y el otro nada, la vida se te va a poner difícil. Lo segundo es la manera en que la economía ha evolucionado. Lo que debería tener una tasa es el uso de los recursos, el daño a la naturaleza y a la salud pública. Eso haría la agricultura industrial muy costosa. Si esos costes tuvieran que ser pagados por la industria, en el precio de los alimentos, nadie apostaría por la agricultura industrial. Por otro lado la agricultura ecológica tiene que ser consciente de que necesita innovar. Tenemos que innovar y decir no: no vamos a vivir y trabajar en vuestra economía, vamos a crear economías circulares, comunidades de alimentos, y digo esto porque lo hemos hecho en India y puedes salir, puedes salir de la trampa.

 

Usted es muy crítica con el uso de la biotecnología en los alimentos. ¿Qué opina de la acusación por parte de 109 premios Nobel contra Greenpeace por su oposición a los transgénicos?


Hay evidencia de que detrás de las firmas de estos científicos, y uno de ellos ya estaba muerto cuando la carta se redactó, estaba todo el lobby de la industria alimentaria. Obviamente cualquiera firma a favor de la alimentación en el mundo, pero no leyeron línea por línea. Si no recuerdo mal la controversia era por el arroz dorado, un producto que ha fracasado, que tiene un 300% menos de vitamina A que otras fuentes como el arroz rojo que tenemos en India. ¿Por qué soy crítica con los transgénicos? Porque la industria de la biotecnología no está estudiando los impactos que tiene la modificación genética en el resto del sistema. Sabemos desde antes de que existiera la industria de la biotecnología que cuando modificas una parte del sistema, el resto no sigue funcionando como antes. Cada gen realiza muchas funciones y si cambias un gen, el sistema entero cambia. Y no están estudiando los impactos sobre el sistema. Lo que hemos visto con la industria de la biotecnología es una sustitución de la ciencia por la propaganda. Es una gran máquina de relaciones públicas. Así que, ¿por qué me voy a molestar siquiera en contestarles?

 

Defiende que existe un vínculo fuerte entre ecologismo y feminismo, un ecofeminismo.


Cuando el capitalismo patriarcal, que es ese acercamiento a la vida desde la violencia masculina, se combina con la codicia, declara a la naturaleza como muerta porque tiene que explotarla, y declara a las mujeres como pasivas porque tiene que ponerlas en un segundo plano. Si las mujeres hubieran sido reconocidas como las mejores agricultoras no tendríamos agricultura industrial, y si la naturaleza hubiera sido reconocida como productiva no tendríamos químicos ni transgénicos. Ecología y feminismo tienen una conexión común en la opresión por parte del capitalismo patriarcal, que también ha olvidado que ambos, mujer y naturaleza, son productores y son inteligentes.

 

Artículo relacionado

Democracia de la Tierra y los Derechos de la Naturaleza

Caleidoscopio Nº18, noviembre 2017

 

Publicado enSociedad
¿Conservadurismo o transformación? El lado izquierdo del feminismo

 

Reflexión crítica de la autora sobre cómo los temas feministas siguen sin hacerse propios en la izquierda a pesar de que ésta se nombre feminista.

 

Sería una obviedad decir que la izquierda europea tiene muchos retos. Lo que habría que acotar en este artículo sería qué considero “izquierda”. Pero como eso va a reducir drásticamente el abanico de personas a quienes dirigirme, voy a incluir de forma deliberada a toda persona que crea en un estado de derecho, en la justicia social, en los servicios públicos y en el reparto de la riqueza, en la no discriminación, etc. Esto, en el siglo XXI, incluye el feminismo, al menos formalmente.

Sabemos que esto es relativamente reciente, solo hay que revisar las fechas, por ejemplo, en las que se implantó el voto femenino en los distintos países europeos, y las posturas de los partidos de izquierda al respecto. Antes y después de esos hitos el feminismo ha librado y sigue librando en los partidos de izquierda una lucha feroz por el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Y esta lucha se ha dado en entornos a priori “aliados” de las mujeres.

A priori porque, desde la revolución francesa, lo de igualdad, libertad y fraternidad ha sido un club masculino en el que las mujeres hemos conseguido entrar con sangre, sudor y lágrimas. La frase “lo más parecido a un machista de derechas es un machista de izquierdas” acuñada por el feminismo no es un cliché, es el reflejo más fiel de una realidad que se ha prolongado décadas, tanto a nivel de partidos y organizaciones, como a nivel individual. Es el dudoso honor que se ha ganado a pulso la izquierda tras muchos años de ignorar el machismo y el patriarcado, de ver únicamente la opresión de clase y no la de género. Y no solo de no verla, también de ejercerla. La incansable lucha feminista, junto con una también infatigable labor pedagógica, han ido consiguiendo que el feminismo estuviera en la agenda de la izquierda, y que la conciencia feminista formara parte de su ideología.

Actualmente no hay partido que se considere de izquierda en Europa que no se denomine feminista y que no le de un puesto prioritario en sus programas a la agenda feminista. Y aquí vuelvo a los retos actuales de la izquierda europea. No entra en mi tarea ni conocimientos hacer un análisis político exhaustivo de las tres últimas décadas en Europa, pero todos somos conscientes de que, desde la caída del telón de acero y el fin del comunismo y de la Unión Soviética, el capitalismo en forma de neoliberalismo se ha desperezado y ha ido ganando terreno de forma inexorable.

El estado del bienestar se resquebraja en todo el continente, y para eso no han hecho falta guerras ni cataclismos, solo un plan social muy cuidadoso en el que por tierra, mar y aire (léase tv, prensa, educación, referentes, etc.) se nos vende un individualismo extremo combinado con el consumismo como única forma de vida y aspiración de la misma. Gentes que viven exclusivamente del dinero público nos dicen a todas horas que está feo que nosotros pretendamos lo mismo, que tenemos que cobrar menos, que la sanidad es muy cara, que las pensiones son insostenibles, y que no deberías aspirar a estudiar si no tienes dinero ni eres un genio.

La llamada socialdemocracia europea ha sido la izquierda más permeable a este mensaje, y es evidente cómo lo están pagando en las urnas, con millones de votantes que se han sentido huérfanos de representación. Afortunadamente, siguen quedando muchos ciudadanos que mantienen contra viento y marea una sólida conciencia de izquierda y de derechos sociales, que se siguen resistiendo cual aldea gala al mensaje neoliberal y fundan nuevos partidos, organizan huelgas, defienden la sanidad, la educación y las pensiones, el derecho a la vivienda y la solidaridad. Pero incluso en esos núcleos de maravillosa resistencia, el neoliberalismo ha encontrado el punto débil, la pequeña puerta por la que entrar, y no es otra que el feminismo.

Y lo está haciendo, esencialmente, a través de la prostitución y los vientres de alquiler. Perdón, que no estoy utilizando el neolenguaje y habrá quien se pierda; hablo del trabajo sexual y de la gestación por sustitución. Ahora mejor, ¿verdad? Ahora imaginad conmigo una persona de izquierda, obrera, concienciada y solidaria, que hace huelga frente a la reducción de sus derechos laborales, que apoya la marea blanca, la verde, que sale a la calle por los derechos de las personas refugiadas.

Imaginad que alguien le dijera: mira, hay personas que están dispuestas a trabajar 8 horas por 300 euros al mes, incluso por un plato de comida, y hay muchos empresarios que estarían encantados de tener trabajadores en esas condiciones, deberíamos cambiar la legislación laboral, porque esas personas están en su derecho de querer ser explotadas. ¿Os imagináis la carcajada, la indignación, el discurso sobre la alienación, sobre que el deseo de unos pocos no puede condenarnos a la esclavitud a todos?.

Ahora imaginad que esa persona que ha hecho la propuesta se autoproclama de izquierda y organiza charlas sobre el “trabajo no remunerado” y lo empoderante que es para un obrero decidir si así lo quiere trabajar por nada. ¿Alguien pensaría que es de izquierda?.

Ahora no imaginéis, ahora probad a decirle a esa misma persona de izquierda y concienciada, como he hecho yo, que hay que legalizar los vientres de alquiler porque hay mujeres que quieren gestar niños para otros por un sueldo y porque hay muchas personas que quieren pagar por tener descendencia genética. O decidle que hay que legalizar la prostitución porque hay mujeres que lo hacen de forma voluntaria. Y la respuesta en muchos casos será: bueno, si hay mujeres que quieren hacerlo ...

La explotación, alienación y falta de derechos que se detectan tan fácil y rápidamente en cualquier tema, se evaporan por arte de magia cuando hablamos de los derechos de las mujeres. Da igual que sea un número realmente ínfimo de mujeres el que está dispuesto a gestar altruistamente para otros, se está dispuesto a cambiar por ello la legislación aunque eso suponga poner en riesgo a millones de mujeres en todo el mundo.

Da igual que la trata y la esclavitud sean más del 90% de la realidad de la prostitución, y las desigualdades sociales y la marginación la causa de otro 9,99% “voluntario”. Si hay una sola mujer que quiera hacerlo, ¿por qué habríamos de ponerle trabas? Y ahora mirad alrededor y descubriréis mujeres y hombres que se dicen feministas defendiendo esto en todos los partidos de izquierda, con más o menos éxito.

Este artículo no pretender ser una reflexión en profundidad sobre los vientres de alquiler ni la prostitución, para eso necesitaría libros y documentales enteros, para eso ya están grandes mujeres como Mabel Lozano y como todas las que desde NoSomosVasijas e infinidad de asociaciones feministas ponen en imágenes y negro sobre blanco la realidad de estas viejas formas de explotación.

Porque no os engañéis, lo único novedoso de los vientres de alquiler es la tecnología genética, que las mujeres pobres paran hijos para los ricos es más viejo que el hilo negro.

Y si la explotación de las mujeres no os importa o no sois capaces de verla, si seguís pensando que “si las mujeres quieren hacerlo ...”, pensad al menos que el neoliberalismo no se va a detener en las mujeres, y que después de “El cuento de la criada” vendrán “Los santos inocentes”.

 

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/nueva-revolucion/el-lado-izquierdo-del-feminismo

 

Publicado enPolítica
Miércoles, 17 Enero 2018 06:25

Yo soy Ahed

Ahed Tamimi

 

El lector memorioso recordará a Malala, la joven activista paquistaní que a los 15 años fue atacada a tiros por un terrorista talibán en un autobús escolar que circulaba por la ciudad de Mingora (2012).

Malala Yousafazi empezó su militancia a los 11 años, y en 2011 recibió dos importantes premios por su defensa de la educación de las niñas, los derechos civiles y de las mujeres en el valle del río Swat (provincia de Khyber), controlada por el régimen talibán.

Luego del atentado, el ex primer ministro inglés Gordon Brown emitió una petición titulada Yo soy Malala, y la Unesco lanzó la campaña Stand up for Malala. Malala fue recibida en la Casa Banca por el entonces presidente Barak Obama, por el secretario general de la ONU Ban Ki-moon, y pronunció un discurso ante la Asamblea General.

Los medios occidentales la encumbraron: biografías, entrevistas, documentales. Sólo en 2013, Malala fue galardonada con más de 10 grandes premios internacionales. La revista Time la nombró una de las 100 personas más influyentes del mundo, y Glamour mujer del año, la nominó para el Nobel de la Paz que finalmente obtuvo, con tan sólo 17 años (2014).

En el extremo opuesto, tenemos a la niña judía Yifat Alkobi, quien en 2011 abofeteó a un soldado que la detuvo por tirar piedras contra los palestinos. Yifat fue liberada el mismo día de su detención, y se le permitió regresar al hogar. Antes del incidente, Yifat había sido condenada cinco veces por conducta desordenada. Sin embargo, no fue encarcelada una sola vez.

Las vidas de Malala y Yifat son totalmente distintas a la de Ahed Tamimi, niña palestina de 16 años. El 19 de diciembre pasado, en el curso de las protestas contra la decisión de Washington de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, Ahmed cometió un delito similar al de Yifat. Sólo que en lugar de una bofetada judía, el soldado que entró al patio trasero de su casa, recibió una bofetada palestina.

Ahed nació en Nabi Saleh, aldea situada a 20 kilómetros de Ramalá (Cisjordania) y cercada por el asentamiento ilegal judío de Halamish que desde 2009 la priva de tierra y agua. Milita desde los nueve años, y así como tantos niños palestinos, creció con la ansiedad de ser despertada en sus habitaciones, por soldados armados y con máscaras.

Ahed ha sido testigo de la detención y asesinato de varios miembros de su familia. A un hermano de su madre, Nariman, lo asesinaron delante de ella, en una protesta (2011); al hermano, le partieron el brazo. Bassam Tamimi, el papá, ha pasado nueve veces por las cárceles; la madre también, cuatro o cinco veces. Y a los 12, Ahmed apareció en un video que se hizo viral, mordiendo a un soldado judío cuando pisoteaba a su hermano.

El periodista Gideon Levy escribió acerca las razones por la que una adolescente palestina está volviendo loco a Israel. Dijo que la niña “destrozó varios mitos de los israelíes. Lo peor de todo es que se atrevió a dañar el mito israelí de la masculinidad [...] ¿Qué va a pasar con nuestro machismo, que Tamimi rompió tan fácilmente, y nuestra testosterona? (Haaretz, 21/12/17).

Aunque, posiblemente, lo que vuelve locos a los israelíes, es que Ahed Tamimi podría pasar por una de sus hijas: piel blanca, largo cabello rubio rizado, ojos azules, y rasgos que parecen más europeos que árabes. Pero académicas como Shenila Khoja-Moolji, Miriam Ticktin o Carolina Bracco ofrecen lecturas menos mediáticas.

Según ellas, Ahmed tiene claro que mujer, vida, tierra y cuerpo son la misma cosa en Palestina. Por esto, cuando la entidad colonial se quiso aprovechar de la concepción el honor antes que la tierra, las mujeres de Nabi Saleh respondieron: la tierra antes que el honor.

Niñas como Ahed, sostienen, critican el colonialismo sionista y distan de enarbolar la feminidad empoderada que la cultura occidental pretende validar. Ella busca la justicia contra la opresión en lugar del empoderamiento femenino, individualista y abstracto.

Mientras, el papá de Ahed plantea dos frentes de lucha: por un lado el deber de seguir desafiando y combatiendo el colonialismo israelí en el que ellas nacieron, hasta el día en que se derrumbe. Por otro, afrontar con audacia el estancamiento político y la degeneración que se ha extendido entre nosotros.

Ahed fue detenida junto con su madre y prima (Nariman y Nur) y el periodista israelí Ben Caspit (quien posa de progresista) recomendó en el diario Maariv hacerles pagar en la oscuridad, sin testigos ni cámaras. Un tribunal militar imputó a la niña de 12 delitos (entre ellos incitación al terrorismo), y el ministro de educación Naftali Bennett quiere que Ahed y su familia terminen sus días en prisión.

Entrevistado por el portal Nodal, el español Manuel Pineda (cofundador de la organización no gubernamental Unadikum y amigo de la familia de Ahed), advierte que en Tel Aviv crecen las voces que piden para Ahed desde 20 años de cárcel a la cadena perpetua. “En los interrogatorios –comenta– ella no responde nada. Todavía no han conseguido que diga su nombre”.

Ahed se niega a responder a los soldados, fiscales y autoridades del enclave colonial sionista. Simplemente, no los reconoce. La nueva heroína de la causa palestina pasó la última noche del año en una celda helada y esposada de pies y manos.

 

Publicado enSociedad