Sábado, 09 Mayo 2015 12:10

Ellas vencieron al fascismo

Ellas vencieron al fascismo

Fueron entre 800 mil y un millón las mujeres enlistadas en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Casi el 10 por ciento de las tropas movilizadas por la Unión Soviética. Este fue el único frente de aquella guerra en el que las mujeres combatieron junto a los hombres. Vale la pena recordarlas en el 70 aniversario del Día de la Victoria.


El acusado mal de Alzheimer que padece la memoria histórica occidental respecto de la Segunda Guerra Mundial –inducido en parte por el poderío internacional de la industria de Hollywood en la configuración de imaginarios colectivos– provoca entre otras cosas que ser mujer y soviética sea sinónimo de inexistencia. Debido a esto, cuando pensamos en el papel de la mujer en la Segunda Guerra Mundial nos vienen a la mente imágenes de su rol asistencial de enfermera en el frente, o bien de obrera y madre en la retaguardia. Y a pesar de que en nuestra memoria no existen artilleras, francotiradoras, partisanas y pilotas, su labor en el campo de batalla fue clave para la derrota del fascismo, siendo además pioneras en las acciones e hitos que llevaron a cabo.

 

SURCANDO LOS CIELOS

 

Inicialmente fueron subestimadas por el resto de los pilotos porque, además de ser mujeres, apenas superaban los 20 años de edad. Sin embargo su trabajo desde el aire es el aspecto que más reconocimiento aglutina a nivel institucional.

La iniciativa corrió a cargo de la ya entonces mítica pilota rusa Marina Raskova, nombrada heroína de la Unión Soviética en 1938 por haber batido el récord mundial de vuelo sin escalas. Ella fue la responsable de la integración femenina a divisiones de combate en la fuerza aérea soviética, presionando a las autoridades militares para formar secciones formadas íntegramente por mujeres.

Así fueron fundados el 586º Regimiento de Cazas, el 587º Regimiento de Bombardeo, y el 588º Regimiento de Bombardeo Nocturno, los cuales se estipula que realizaron entre 25 mil y 30 mil misiones de combate. En el 586º combatió Lydia Litvak, una joven que a sus 21 años logró su duodécima victoria en solitario sobre cazas enemigos, siendo, junto a su camarada Katya Budanova, las dos únicas mujeres en la historia mundial consideradas "ases de combate".1 Una flor blanca que dibujó en el costado de su caza dio lugar a su célebre apodo: "La rosa blanca de Stalingrado".

Pero sería el 588º Regimiento de Bombardeo Nocturno el que pasaría a la historia debido a la temeridad y efectividad de sus acciones. Sus integrantes, a bordo de los precarios Polikarpov PO-2, serían conocidas entre los nazis como "Las brujas de la noche", ya que lanzaban sus ataques sobre campamentos, depósitos de abastecimiento y bases de apoyo en la retaguardia alemana siempre desde la oscuridad nocturna del cielo. Su estrategia era especialmente arriesgada ya que, debido a la lentitud de sus máquinas y para aligerar su peso, prescindían de ametralladora, paracaídas y radio, portando únicamente las seis bombas que les permitía su biplano. Estas pioneras volaban a muy baja altura sobre los campamentos alemanes, poniendo su motor en ralentí en pro de un mayor sigilo hasta soltar su carga sobre el objetivo, tras lo cual aceleraban haciendo un ruido peculiar con sus motores que llegó a enloquecer a los soldados nazis, ya que cuando éstos los escuchaban sabían que tenían una lluvia de proyectiles cayendo sobre ellos.


Este regimiento había logrado una especial eficiencia, cumplía cerca de 18 misiones por noche, alterando a los miembros de la Wehrmarcht hasta el punto de que comenzaron a ofrecer la honrosa Cruz de Hierro a aquellos que lograsen abatir a algún PO-2 de estas combatientes, que algunos llegaron a considerar no-humanas. El comandante alemán Johannes Steinhoff declaró: "No podíamos creer que los aviadores soviéticos que nos habían ocasionado los mayores problemas fueran en realidad mujeres. Esas mujeres no le temían a nada. Venían noche tras noche en biplanos muy lentos, y durante algunos períodos no nos dejaban dormir en absoluto". En 1943 el 588º Regimiento fue galardonado con la denominación 46º Regimiento de Guardias, entrando así en las unidades de elite del Ejército Rojo.

En ningún otro lugar las mujeres desempeñaron un rol similar, y mucho menos obtuvieron alguna condecoración militar. Su actividad en los aires siempre se limitó al vuelo de carga, para liberar a pilotos masculinos para el combate. En Estados Unidos las féminas tendrían que esperar hasta 1993 para que las autoridades las considerasen capaces de combatir en los cielos.

 

EN LA MIRA

 

Por excelencia el rol de francotiradora es el que más trascendió en el imaginario bélico ruso, debido, además de sus hazañas, a la especial compatibilidad del carisma y fotogenia de estas soldados con los cánones estéticos masculinos.

Entre 1.500 y 2 mil profesionales fueron formadas en la Escuela Central de Entrenamiento de Mujeres Francotiradoras, de las cuales se estipula que sólo sobrevivió una cuarta parte, ya que pocas se dejaban hacer prisioneras y reservaban siempre una última bala para sí mismas, en caso de caer en manos del enemigo.

Tenían más facilidad que los hombres para infiltrarse tras las líneas enemigas, haciéndose pasar por pastoras o campesinas, ya que éstas quintuplicaban en número a los habitantes masculinos en las zonas ocupadas por la Wehrmacht, y era más difícil su control. Se calcula que causaron alrededor de 12 mil bajas entre las tropas nazis. Su actividad se destinaba preferentemente a la eliminación de oficiales, servidores de ametralladoras y morteros, así como a los observadores que dirigían el fuego de la artillería.

La más destacada fue sin duda Lyudmila Pavlichenko que en junio de 1942, cuando fue retirada del frente tras ser herida por un mortero, acumulaba 309 muertes, incluyendo a 36 francotiradores enemigos, superando las 225 del archiconocido Vasily Zaytsev. Pavlichenko fue nombrada heroína de la Unión Soviética y acabó siendo recibida con honores por el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, siendo la primera ciudadana soviética en visitar oficialmente Estados Unidos.

 

AL PIE DEL CAÑÓN

 

La labor de las mujeres soviéticas en la infantería no fue en absoluto desdeñable. Se desempeñaron como partisanas, tanquistas y soldados, teniendo bajo su mando a unidades enteras. En Leningrado, por ejemplo, cuyos habitantes resistieron desde 1941 a 1944 el más bárbaro y atroz sitio, se estipula que el 75 por ciento de la población era de género femenino, ya que los hombres habían sido trasladados a servir en otras zonas del país, por lo que muchas de ellas se vieron obligadas a integrar y organizar la defensa de la ciudad.

Por otro lado, en la batalla de Stalingrado trascendió la heroica resistencia del 1077º Regimiento de Artillería Antiaérea ante el imprevisto ataque realizado sobre una fábrica de tanques por la 16ª División Panzer alemana. El factor sorpresa de la ofensiva nazi hizo que este regimiento formado íntegramente por chicas muy jóvenes tuviese que afrontar, solo y sin el armamento adecuado, a toda una división de carros blindados de la Wehrmatch. Dos días aguantó su resistencia. Varios testimonios de los alemanes dan cuenta de su asombro al descubrir, tras esta batalla, que sólo había cuerpos de mujeres al pie de los cañones que les habían destruido nada menos que 83 blindados.

El hecho de que niñas que ni habían terminado la secundaria se hicieran cargo de piezas de artillería en el infierno de Stalingrado sólo puede pasar cuando un pueblo entero se resiste con uñas y dientes a su propio genocidio. Sin embargo, en 2004 el 57 por ciento de la población francesa identificó a Estados Unidos como la nación que más contribuyó a la derrota del nazismo. Sólo un 20 por ciento señaló a la Urss.2 Algo paradójico cuando el 75 por ciento de las fuerzas militares alemanas fueron destruidas en el frente soviético, y muchos capitalistas estadounidenses, como Rockefeller o Henry Ford, no hicieron sino financiar directamente a los nazis en aras de desarticular la organización del movimiento obrero en Europa.

Ante este atentado cultural, y en el 70 aniversario del Día de la Victoria, conviene recordar al pueblo soviético en su totalidad como al verdadero protagonista de la historia, y en este caso a aquellas heroínas que debido a su género son aun más proclives a ser sepultadas por la historiografía oficial masculina.
1. Categoría militar internacional reservada a aquellos aviadores que durante su carrera derribaron a más de cinco aviones enemigos.
2. Según datos del Instituto Francés de Opinión Pública (Infop).

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"Siembran la mentalidad del patriarcado"

La ex vicepresidenta sudafricana advirtió sobre la amenaza que representa para las mujeres africanas la organización extremista Boko Haram. Y abogó porque los países apliquen las leyes sobre violencia de género.

Pese a los esfuerzos de las organizaciones humanitarias por acabar con la desigualdad entre hombres y mujeres y la violencia de género, hay sociedades que menosprecian y atacan a las mujeres de forma sistemática. "Existe una gran cantidad de legislación que contempla la violencia doméstica, violaciones y acoso sexual, pero no es implementada correctamente. Me parece importante abogar por la aplicación de dichas leyes, entrenar a los jueces, a los policías y a la población masculina en general", dijo la flamante directora ejecutiva de ONU Mujeres, la sudafricana Phumzile Mlambo-Ngcucka, quien visitó Buenos Aires con motivo de la Conferencia Internacional "Las mujeres y la inclusión social: de Beijing a Post-2015". En diálogo con Página/12, Mlambo-Ngcucka advirtió sobre la urgente necesidad de que la mujer gane terreno en el espectro social y político, los peligros que representan para las africanas las actividades de la organización terrorista Boko Haram y el legado del ex presidente sudafricano Nelson Mandela en la forma de hacer política en su país.

La ex vicepresidenta sudafricana opinó que antes de elaborar nuevas políticas de género, es necesario respetar e implementar aquellas que los miembros de la ONU Mujeres ya aprobaron. "Si las mujeres pudieran trabajar y obtener sus propios ingresos, es decir, sin depender únicamente de los hombres, podrían tomar mejores decisiones. En muchos países las mujeres todavía trabajan desprotegidas y, además, desde muy jóvenes se hacen cargo de sus familias y al final no reciben ninguna protección o pensión por ello", expresó. "De este modo, las mujeres sólo 'dan, dan y dan', mientras que los hombres están amparados por la legislación. Por eso nos parece necesario equilibrar la situación", dijo. La directora ejecutiva de ONU Mujeres consideró "positiva" la celebración de conferencias internacionales, ya que en ellas se "comparten las mejores experiencias". Entre éstas destacó la moratoria previsional de Argentina, que amplió la inclusión a quienes no han realizado aportes. "Una gran cantidad de personas son beneficiarias de pensiones por las que no han contribuido. Es muy importante que los países sigan esta clase de ejemplos porque pueden cambiar la vida de mucha gente", afirmó la licenciada en Ciencias Sociales y de la Educación de la Universidad de Lesoto.

Mlambo-Ngcucka explicó que hace veinte años sólo el 11 por ciento del total de los Parlamentos alrededor del mundo estaba compuesto por mujeres, mientras que en la actualidad ese porcentaje ascendió tan sólo al 22 por ciento. "A este ritmo, tomaría más de 50 años alcanzar la igualdad de género en ese terreno", lamentó la sudafricana, por lo que destacó los esfuerzos de ONU Mujeres en incentivar a los gobiernos a tomar medidas especiales para que las mujeres incrementen su representación. "Esta tarea también les cabe a los partidos políticos, ya que si ellos apoyan la integración, será más sencillo que lleguen al poder", destacó.

Sin embargo, Mlambo-Ngcucka expresó que la violencia de género es "la principal barrera para la independencia de la mujer y su avance en la cuestión de derechos y participación política", y ocurre tanto en los países pobres como en los ricos.

La ex vicepresidenta señaló que la violencia contra las mujeres, como la que ejerce la organización jihadista Boko Haram, va de la mano de fallas a nivel político y social en todo el mundo. "Hay algo que está mal y lo tenemos que corregir. Por supuesto que eso no le da el derecho a nadie a matar gente, pero tanto los gobiernos como las sociedades tienen que preguntarse qué está pasando", afirmó Mlambo-Ngcucka, quien repudió el trato y lugar que Boko Haram concede a las mujeres. "Siembran la 'mentalidad del patriarcado' en sus integrantes desde que son pequeños. Se socializan viendo cómo los adultos le faltan el respeto a la mujer, cómo se la agrede y viola sin que nadie reaccione al respecto", expresó. No obstante, señaló que la violencia no se limita a los secuestros y violaciones. "Que las mujeres sean consideradas como un botín de guerra es algo espantoso y repudiable. Pero la 'mentalidad del patriarcado' puede situarse en distintos niveles. Por supuesto que nada se compara con la brutalidad de un golpe o una violación, pero hay similitudes entre lo que hacen los terroristas con las mujeres y aquel empresario que dirige una compañía en Londres y explota a sus trabajadoras", dijo Mlambo-Ngcucka, quien expresó que cada estereotipo y hábito que va contra los derechos de la mujer debe ser erradicado "porque aquello que se aprende en los hogares se reproduce a diario".

Asimismo, la licenciada opinó que para combatir a Boko Haram, Nigeria necesita del compromiso de los países vecinos. "Es por eso que la ONU apoya y alienta a los gobiernos del oeste africano para que colaboren con Abuya en la implementación de una fuerza multinacional. Estamos empezando a ver los primeros resultados, como las 200 niñas rescatadas en los últimos días, pese a que aún quedan más de 2000 personas desaparecidas", dijo.

Por otro lado, la jefa de ONU Mujeres consideró que aún falta mucho por hacer para afirmar que en su país se vive estrictamente a la par del legado de Mandela. "Algunas cosas que se hacen en mi país definitivamente harían que Nelson sacudiera su cabeza en señal de disconformidad, pero también creo que hay muchas otras que se han hecho de las cuales estaría muy orgulloso", reflexionó. Mlambo-Ngcucka recordó que el ex presidente sudafricano "era un apasionado por la educación" y que durante el período en que ella fue vicepresidenta se realizados grandes esfuerzos por "apoyar a los niños que transitan por las escuelas". La directora ejecutiva de ONU Mujeres también evocó que Mandela fue un mandatario muy comprometido con el avance de la mujer en la política y contra la violencia de género. "De hecho, él solía decir que cuando los hombres no cedían la voz a las mujeres, estaban conspirando contra ellas. Por eso nos interesa movilizar a los hombres para que amplíen la participación a las mujeres, pero de todos modos no es suficiente. Me parece que al día de hoy no se continúa al pie de la letra el legado de Nelson, pero trabajar en aquellas cosas que le importaban me parece una buen manera de rendirle tributo", reflexionó.

Informe: Gustavo Gerrtner.

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El origen económico de la desigualdad

Una de las variables de ajuste para que la sociedad capitalista pueda seguir reproduciéndose a sí misma es el tiempo y la calidad de vida de las mujeres, sobre las que recae el mayor peso en el hogar del cuidado (no remunerado) de las personas. Es la clave de la "economía del cuidado" que la especialista busca visibilizar.

 

¿Le faltan horas al día? Para la mayoría de las mujeres, por lo menos en Argentina y zonas aledañas, la respuesta a esta pregunta será positiva. Cuidarse una misma y a otras personas del hogar no es una tarea mínima: alimentar, gestar, criar, limpiar, cocinar, hacer las compras, realizar los controles médicos tanto en la salud como en la enfermedad, ocuparse de los más pequeños, pero también de los mayores y también asistir a quienes tienen alguna discapacidad. Estas y otras tantas acciones llevan a cabo mayormente las mujeres, además de trabajar fuera del hogar en muchos casos. Pero estas labores domésticas son las que suelen quedar invisibilizadas.


Justamente, de lo que se ocupa la economía del cuidado es de la cuestión del trabajo doméstico, "de cómo la sociedad organiza el cuidado y la reproducción cotidiana de las personas, y la implicancia que eso tiene para la vida de las mujeres y para la equidad de género", introduce la economista feminista Corina Rodríguez Enríquez, investigadora del Conicet y del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas.


–¿Por qué es importante el tema del cuidado desde el punto de vista económico?


–Hablar de economía del cuidado implica particularmente pensar dos cuestiones. La primera es sobre el aporte esencial que el trabajo de cuidado hace al funcionamiento del sistema económico. Si no existiera el trabajo de cuidado que permite que todo los días haya fuerza de trabajo disponible para trabajar, el sistema capitalista no podría funcionar, no podría reproducirse, no podría acumularse el capital. Entonces, es un concepto que sirve para visibilizar el rol sistémico del trabajo de cuidado en el funcionamiento del sistema económico y social. Y por otro lado, es un concepto útil para comprender lo determinante que resulta la desigual distribución de las responsabilidades de cuidado para la posición económica de las mujeres, que es central como obstáculo para su autonomía económica y, por lo tanto, es un determinante clave de la desigualdad económica de género. Creo que lo fundamental es esta cuestión del rol sistémico. La economía del cuidado es un concepto que promueve la economía feminista, y lo que hace es denunciar que el análisis económico convencional está sesgado, porque falla en reconocer la existencia de este trabajo. En los análisis económicos tradicionales cuando se habla del trabajo se piensa en el trabajo mercantil, en el trabajo del mercado laboral. Se desconoce la existencia de este trabajo de cuidado, se desconoce su utilidad para el funcionamiento del sistema económico, y se desconoce su desigual distribución. Y la desigual distribución en el trabajo de cuidado es clave para comprender las desigualdades socioeconómicas y su entrecruzamiento con las desigualdades de género.


–¿Cómo se da esta desigualdad en la distribución de las tareas del cuidado?


–Podemos hablar de dos dimensiones de la distribución. Una es cómo las responsabilidades de cuidado se distribuyen entre los hogares, el mercado, el Estado y las organizaciones comunitarias. Hay alguna literatura que habla del "diamante del cuidado" para hablar de estos cuatro actores y la forma en que se interrelacionan para proveer el cuidado que las personas necesitamos. Y por otro lado está la distribución entre varones y mujeres. En el primer caso, lo que la evidencia demuestra es que la mayor parte de las responsabilidades de cuidado queda a cargo de los hogares, y se entiende socialmente que los hogares son el lugar natural para el cuidado, y que el resto de los actores actúa para colaborar, para compensar cuando los hogares por alguna situación no pueden cuidar, para facilitar la combinación de trabajo de cuidado y trabajo para el mercado. Y lo que pasa entre hombres y mujeres es que, dado lo anterior, la mayor parte del cuidado se resuelve con lo que llamamos trabajo de cuidado no remunerado, que es el trabajo de cuidado que todos los días hacemos las personas en nuestras casas para cuidarnos a nosotros mismos y para cuidar a las personas con las que vivimos. Ese trabajo de cuidado no remunerado está desigualmente distribuido entre varones y mujeres. El instrumento que nos permite afirmar esto son las encuestas de uso del tiempo, y acá en Argentina el año pasado apareció la primera información de cobertura nacional de uso del tiempo que nos permite una primera aproximación ("Encuesta sobre trabajo no remunerado y uso del tiempo", realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos).


–La encuesta sobre trabajo no remunerado y uso del tiempo, realizada por el Indec, destaca que las mujeres invierten bastante más tiempo que los varones en las tareas de cuidado.


–Claro, la encuesta vino a confirmar la sospecha que teníamos. Las mujeres destinamos el doble de tiempo diario al trabajo de cuidado, para las mujeres tener hijos hace una diferencia en términos de tiempo y para los hombres no, y para las mujeres estar ocupadas en el mercado laboral hace una diferencia y para los hombres no. Esta diferencia es que las mujeres, independientemente de cuál sea su condición laboral, siguen encargándose de las actividades del cuidado, y la variable de ajuste, entonces, es su tiempo. Para poder combinar trabajo de cuidado y trabajo para el mercado lo que hacen es ajustar las jornadas de trabajo, trabajan menos tiempo para el mercado y por lo tanto ganan menos dinero, o ajustan su propio tiempo, el llamado tiempo para sí, duermen menos, no hacen ninguna actividad recreativa o de educación para sí mismas. Entonces, la variable de ajuste para que la sociedad pueda seguir reproduciéndose a sí misma es el tiempo de las mujeres y la calidad de vida de las mujeres.


–La socióloga española María de los Angeles Durán, que investigó bastante este tema, dice que las mujeres fueron expropiadas involuntariamente de su tiempo. ¿Cuáles son las consecuencias de esta desigualdad tanto para mujeres como para varones?


–Creo que hay varias dimensiones, una que podemos nombrar es la asociada con la idea del cuidado como un derecho. El derecho del cuidado implicaría el derecho a cuidarse uno mismo, a cuidar a quienes queremos cuidar, y también a decidir la manera en que queremos organizar el cuidado, incluyendo derivar el cuidado a otras instancias, a otras personas y otras instituciones. Creo que la forma en que se distribuyen las responsabilidades del tiempo de trabajo de cuidado implica una restricción a gozar este derecho tanto para mujeres como para varones. En el caso de las mujeres ven violentado su derecho a cuidarse, las mujeres restringen su autocuidado para cuidar a los demás, y ven restringido su derecho a decidir cómo quieren cuidar. Hay, por ejemplo, una consideración social sobre qué es una buena madre, la buena madre se tiene que quedar a cuidar a sus hijos, ese mandato social ya impone restricciones en el derecho que todas deberíamos tener de elegir cómo queremos cuidar; además de que la inaccesibilidad a los servicios de cuidado también restringe nuestro derecho a derivar parte o todo el cuidado a instancias fuera del hogar, porque no hay servicios públicos gratuitos suficientes y los servicios mercantiles que hay son muy costosos. Pero también significa, desde mi punto de vista, una restricción al derecho de los hombres a cuidar, porque los hombres también tienen derecho a participar del cuidado de sus hijos y de sus hijas, y si bien muchos prefieren no hacerlo, algunos quisieran hacerlo y tampoco pueden, porque pesa sobre ellos también el mandato de ser los principales proveedores del hogar. Así que una primera implicancia es que el derecho al cuidado no puede ser gozado plenamente por nadie.


–En el esquema del diamante que usted planteaba, se supone que el hogar es el vértice fuerte en el trabajo de cuidado, mientras que los otros tres actores suplirían las cuestiones que no llegan a ser atendidas. ¿Hay algún esquema alternativo a este que propone que en el hogar se deberían resolver todas las cuestiones del cuidado?


–Quienes trabajamos en estos temas solemos hablar de la injusta organización social del cuidado para referirnos a esto. Una organización del cuidado justa es aquella que le permite a todas las personas elegir cómo quieren organizar el cuidado.

Entonces, no hay una receta aplicable a todos los contextos sobre cómo se tiene que organizar el cuidado. Lo que se debería es garantizar que todas las personas puedan elegir cómo hacerlo. En sociedades desiguales, mercantilizadas, como las nuestras, para que esto pueda ser posible lo que hace falta es una fuerte presencia de la política pública. En sociedades en donde la oferta es mercantil y los recursos para acceder a esos servicios están muy mal distribuidos, se necesita política pública que redistribuya ingresos, que oferte servicios de cuidado accesibles. Debería haber una cobertura universal de cuidados para niños y niñas, para personas mayores, para personas con enfermedades crónicas, para personas con discapacidad. Y la oferta a estos servicios de cuidado tiene que ser accesible en dos sentidos: accesible en términos de costo, o sea, cualquier persona más allá de los recursos monetarios que tiene debería poder acceder, y tienen que estar adaptados a las necesidades de las familias, que son crecientemente diversas. Entonces, los servicios de cuidado tienen que tener formatos adaptados a las distintas necesidades laborales de las mujeres y de los varones, a las distintas necesidades de las personas que requieren cuidado.


–En los países nórdicos, como Suecia o Finlandia, hay fuertes políticas de cuidado. ¿Me podría contar cuáles fueron las cuestiones que se implementaron allí?


–Creo que un primer paso imprescindible es desarmar los estereotipos de género, actuar en las subjetividades y en la construcción de las identidades. Las sociedades nórdicas que suelen ponerse como ejemplo son mucho menos estereotipadas en términos de género, son bastante menos sexistas. Y en términos de política pública es clave la extensión de las licencias. En los países nórdicos existen licencias maternales, pero también existen licencias paternales más extensas de las que tenemos aquí, es decir que los padres tienen derecho a usar de licencias cuando nacen sus hijos. Aquí, por la ley de contrato de trabajo que rige las condiciones de trabajo en el sector privado, la licencia paternal son dos días. La lógica que está pensada es que el señor tenga tiempo de acompañar a parir, volver a la casa con el recién parido e ir al registro de las personas a inscribirlo, no hay un lógica de que el padre tenga derecho a estar con el hijo recién nacido, que tiene obligación de contribuir al cuidado. En algunas jurisdicciones se amplía un poco la licencia, pero son experiencias acotadas. Además, en los países nórdicos existen las llamadas licencias parentales, que son las licencias que no están asociadas con el nacimiento, sino con la crianza, hay licencias parentales de hasta dos años de duración que pueden tomar alternativamente las madres o los padres. Incluso, como se ha visto que las que se siguen tomando las licencias son las madres, se han implementado mecanismos para motivar fuertemente a los padres a que se tomen licencias: le dan dos años a la pareja, pero los dos años rigen si por lo menos seis meses se los intercambian. Entonces las licencias son un mecanismo que facilita la redistribución de las tareas de cuidado y que puede sobre todo contribuir a la inclusión de los varones en las tareas de cuidado. Y el otro eje son los servicios de cuidado, los servicios de cuidado infantil particularmente en estos países son fuertes, son públicos, son accesibles y están adaptados a las necesidades de las familias.


–¿Cómo está la situación en Latinoamérica?


–Latinoamérica es muy heterogénea, pero se puede decir que el tema se está instalando, que ha habido bastante promoción de las encuestas del uso del tiempo que permitieron visibilizar esta desigual distribución y que hay algunos países que ya están incorporando el tema en la discusión de política pública, y algunos que están empezando a implementar variedades de sistemas de cuidado. El caso iluminador es Uruguay. Uruguay está avanzado en dos cosas: cambió su régimen de licencias, creó un régimen de licencias parentales, y comenzó a construir un sistema nacional de cuidados. Este sistema involucra cuatro elementos: cuidado de niños en la franja de cero a tres años, cuidado de personas con discapacidad, cuidado de personas mayores y condición de trabajo de las personas que hacen trabajo de cuidado remunerado. Este sistema de cuidados está avanzando de manera muy lenta, porque se está enfrentando a limitaciones presupuestarias, pero es muy impresionante cómo en Uruguay se ha incorporado el tema en la agenda de política pública, y en la última campaña electoral todos los partidos que participaron llevaron como ejes de campaña la consolidación del sistema nacional de cuidados. El de Uruguay sería el extremo más avanzado, y de ahí para abajo tenemos de todo, hay países que han fortalecido la producción de estadísticas para dar cuenta de la situación, países que están avanzando en la discusión de algún mecanismo para reconocer el valor de este trabajo, y hay países que están tratando de avanzar en políticas: Uruguay, Costa Rica, Ecuador y Chile serían los casos más avanzados, con distintas estrategias. Estrategias más vinculadas con extender la cobertura de servicios que hoy existen y que tienen más que ver con atender a las poblaciones de menos recursos, o criterios más a la uruguaya que tienden más a las universalización de servicios más homogéneos. Los puntos de partida son diferentes, las estrategias también lo son.


–¿Y cuál es la situación de Argentina en relación con las políticas de cuidado?


–La Argentina está en una situación bastante más retrasada que los países que estoy mencionando, se ha comenzado a producir evidencia desde sectores más bien académicos, tenemos recién ahora una primera aproximación desde la estadística nacional a la cuestión del trabajo no remunerado. Y ha permeado la discusión en la agenda legislativa, y hay varios proyectos legislativos presentados en casi todos los partidos promoviendo algún tipo de variedad de expansión de los servicios de cuidado. Pero ninguno de estos proyectos ha tenido discusión, ni en las comisiones siquiera. Entonces hay como un intento de entrar el tema en la agenda legislativa bastante infructuoso, y el tema está mucho más ausente en la agenda del poder ejecutivo, a nivel nacional y en los niveles provinciales y locales, no hay una apropiación del tema. No hay una apropiación del tema desde los sectores político-partidarios, pero tampoco hay una apropiación del tema desde los sectores sociales, el movimiento de mujeres en particular creo que no se ha apropiado de este tema y que no lo está levantando entre sus demandas. Sus demandas fuertes siguen siendo temas muy urgentes como la cuestión de la despenalización del aborto, la salud sexual y reproductiva y la violencia de género, pero estos temas más vinculados con lo económico y lo laboral están muy disminuidos en la agenda del movimiento de mujeres. Y creo que es necesario que el movimiento de mujeres y los movimientos sociales se apropien de este tema para impulsarlo, para demandar, para exigirle a los gobiernos.


–¿Qué cambios se podrían implementar en nuestro país para mejorar la situación del cuidado?


–Creo que hay unos pasos mínimos que se pueden empezar a caminar. Uno de los mecanismos que usan los hogares, principalmente las mujeres, para conciliar la vida laboral y familiar es el horario escolar. Una vez que los niños tienen edad de asistir a un establecimiento escolar, el horario en el que los chicos están en la escuela es el horario que se les libera a las madres sobre todo para poder participar laboralmente. En la Argentina, la mayor parte de la educación pública es de jornada simple. Entonces, un pasito que significaría una gran transformación para la vida cotidiana de las mujeres sería ampliar la oferta de establecimientos escolares públicos de doble jornada, y ampliar la oferta de establecimientos escolares de educación inicial, porque la escuela primaria tiene una cobertura que es universal en la Argentina, pero no hay esa cobertura para niños y niñas más pequeños. Y el tema del cuidado de los mayores es todo un mundo sobre el cual ni siquiera estamos discutiendo, porque sobre la cuestión del cuidado de los niños y las niñas ha habido avances en cuanto incorporación de política pública, pero del cuidado de las personas mayores no se habla, y es un cuidado que está todavía peor distribuido, porque ahora hay más probabilidades de encontrar hombres que están dispuestos a hacerse cargo del cuidado de sus hijos, pero mucho menos del cuidado de sus padres. Entonces, todavía vemos mujeres que se encargan de cuidar a sus hijos, y cuando los hijos crecieron empiezan a cuidar a sus padres y a sus suegros y suegras. Ahí hay una necesidad de política pública muy urgente.

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El debate del aborto avanza en la región

Los debates por el acceso al aborto mostraron avances significativos en el último año en algunos países de América latina. El proyecto de ley que impulsa la presidenta Michelle Bachelet en Chile para despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en algunas circunstancias; la aprobación en diciembre en República Dominicana de una reforma al Código Penal que permitirá acceder a un aborto seguro cuando la vida de la mujer o el feto estén en riesgo, así como cuando se den malformaciones incompatibles con la vida y en casos de violación, y el indulto otorgado a comienzos de año en El Salvador a Guadalupe, una joven que pasó siete años privada de su libertad por sufrir un aborto espontáneo de un embarazo producto de una violación a sus 18 años, son algunos de los hechos más relevantes, destacados en un informe elaborado por el Centro de Derechos Reproductivos, una reconocida organización con sede central en Nueva York, que trabaja en la temática a través de litigios estratégicos.


Sobre la Argentina, donde la discusión parlamentaria por la descriminalización del aborto permaneció estancada durante 2014, el CDR celebró el acto público en el que las autoridades nacionales y de la provincia de Buenos Aires del área de derechos humanos le pidieron disculpas en diciembre a la joven con discapacidad mental L. M. R., por denegarle el acceso a un aborto legal en 2006 en un hospital de La Plata, luego de quedar embarazada como consecuencia de un abuso sexual cometido por un familiar, un caso por el cual el Estado argentino fue condenado por el Comité de Derechos Humanos de la ONU. El pedido de disculpas públicas fue parte de las medidas de reparación acordadas con la víctima y su madre, luego del pronunciamiento del Comité.


El informe del CDR analiza avances, retrocesos y desafíos en Latinoamérica en relación con el acceso a los derechos reproductivos en 2014 y se extiende al inicio de este año. Fue difundido por su oficina regional, que está ubicada en Bogotá y dirige la colombiana Mónica Arango Olaya. "Durante el 2014, los debates en torno de la garantía de los derechos reproductivos en América latina tuvieron una gran relevancia. Si bien se dieron pasos importantes hacia su protección y reconocimiento, persisten barreras formales y sustantivas que siguen limitando el goce efectivo de los derechos fundamentales de las mujeres", observó Arango.


La interrupción voluntaria del embarazo en la región se caracteriza por legislaciones que criminalizan la práctica y sólo la permiten en causas específicas. En algunos países incluso está prohibido en todas las circunstancias. Este escenario empuja a las mujeres que necesitan abortar a la clandestinidad, con los riesgos que implica. Los únicos países donde el aborto está legalizado son Puerto Rico, Cuba, tres países de Antillas Francesas, Guyana Francesa, Guyana y Barbados. El aborto está totalmente prohibido en Chile, El Salvador, Honduras, Saint Martin (Antillas Holandesas), República Dominicana y últimamente en Nicaragua.


Uno de los principales avances señalados por el CDR en la región es la reforma al Código Penal aprobada en diciembre en República Dominicana, que entrará en vigencia después de un año de la publicación de la ley y permitirá acceder a un aborto seguro cuando la vida de la mujer o el feto estén en riesgo, así como cuando se den casos de malformaciones incompatibles con la vida y en casos de violación. El proyecto que anunció en enero la presidenta Bachellet en Chile apunta en el mismo sentido. "El Congreso chileno enfrenta un momento crucial para reformar su legislación y liberalizar el aborto de manera gradual, como supuesto básico para cumplir con la obligación de garantizar la disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad de la información, los bienes y los servicios de salud reproductiva", apunta el informe del CDR.


Otro de los hechos relevantes a nivel regional es la declaración sobre la Violencia contra las Mujeres, Niñas y Adolescentes y sus Derechos Sexuales y Reproductivos adoptada en septiembre por el Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Implementación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. La declaración reconoce que la discriminación de género, los estereotipos culturales y la falta de garantía de los derechos sexuales y reproductivos son obstáculos para que las mujeres y niñas vivan libres de violencia.


En junio, el Estado peruano adoptó un protocolo nacional para la prestación de servicios de aborto legal y seguro que "proveerá claridad para el personal médico y pacientes sobre el acceso a dicho procedimiento", puntualiza el CDR. La adopción de este protocolo es parte de las recomendaciones de una decisión histórica del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (Comité Cedaw), en el cual se determinó la violación por parte del Estado de los derechos humanos de L.C., a quien le negaron el acceso a los servicios de aborto legal.


En marzo, el Estado de Brasil realizó la reparación económica y simbólica en el marco de la ejecución de la decisión Comité Cedaw en el caso conocido como "Alyne vs. Brasil", por la cual se estableció la responsabilidad internacional de ese país por la muerte de Alyne, una mujer afrobrasileña que no recibió atención médica de calidad por complicaciones asociadas con su embarazo. El caso es el primero que establece la responsabilidad en el marco internacional, por faltar a la obligación de garantizar la calidad del cuidado de salud y el embarazo seguro.


Entre los retrocesos y desafíos, el CDR menciona las siguientes novedades:


- En Colombia, en marzo, la Corte Constitucional avaló la práctica de la esterilización quirúrgica a personas de menos de 18 años con discapacidad cognitiva y psicosocial, luego de resolver una demanda de inconstitucionalidad contra la ley que prohibía, en todos los casos, practicar procedimientos quirúrgicos con fines anticonceptivos.


- En Uruguay, el Tribunal de lo Contencioso Administrativo suspendió 10 artículos del decreto reglamentario de la ley que autoriza la interrupción voluntaria del embarazo y restringe el derecho a la objeción de conciencia de los médicos en materia de aborto. "La decisión adoptada por el alto tribunal pone en riesgo los límites al derecho a la objeción de conciencia de los prestadores médicos, lo cual se traduce en mayores barreras de acceso a los procedimientos de aborto por parte de las mujeres", advirtió el CDR.


- En Honduras se mantiene la penalización total del aborto, así como la prohibición de la anticoncepción de emergencia. "Ambas restricciones violan los derechos a la autonomía reproductiva, a la integridad personal, a la intimidad, a la salud y a la vida de las mujeres, y han generado un contexto de persecución para aquellas mujeres que intentan acceder a los servicios de salud reproductiva", señaló la organización.

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"Tenemos un buen programa de igualdad"

Con motivo de la conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora, Sissy Vouvou respondió en Barcelona a la polémica falta de ministras en el nuevo gabinete de Tsipras y analizó las políticas de género de su partido.


Después de que esta semana la Organización Internacional del Trabajo (OIT) confirmara en su último informe que la brecha salarial entre hombres y mujeres en España es del 17 por ciento y que la mayor parte del empleo a tiempo parcial lo asume la población femenina, no es de extrañar que el Día de la Mujer Trabajadora se conmemore a lo grande en el país ibérico. Uno de los principales sindicatos, la Unión General de Trabajadores (UGT), fue en Barcelona el escenario de una jornada reivindicativa que contó con la presencia de la histórica feminista griega y cofundadora de Syriza, Sissy Vouvou.


Vouvou es toda una referencia dentro de los movimientos de izquierda de Grecia y Europa: formó parte del Movimiento Autónomo de Mujeres, de la Marcha Mundial de las Mujeres y del Forum Social Griego, además de haber creado uno de los partidos que conformó la base de Syriza y ser –hasta el año 2012– su responsable de políticas feministas. En 2013 se presentó como candidata a la presidencia de la agrupación, enfrentándose a Alexis Tsipras, y hoy es miembro del comité central del partido que desde hace un mes gobierna el país.


Con la autoridad de tamaña trayectoria –y a la vez la humildad de una genuina luchadora–, Sissy Vouvou abordó, no bien empezó la charla, el punto que –tras asumir Syriza el gobierno de Grecia– más críticas levantó incluso entre sus férreos seguidores: la falta de mujeres en la nueva Ejecutiva helena. En un partido formado por trece organizaciones, de las cuales un 60 por ciento son hombres y un 40 por ciento mujeres, y cuyos pilares, según explica Vouvou, están representados en los tres colores de su bandera (verde: la ecología; rojo: la izquierda; lila: el feminismo), llama la atención la decisión de Tsipras de no incluir a ninguna mujer entre sus once ministros y sólo a seis entre los 30 subministros. "Esta ha sido la voluntad de Syriza y no es una política correcta", afirma Vouvou. "El contenido feminista del partido en los últimos tiempos ha ido decayendo. En 2007 fundamos una red organizada de mujeres dentro de Syriza que luego, en 2012, fue disuelta porque algunos de los candidatos mostraron falta de sensibilidad hacia la causa feminista y, aunque seis meses más tarde se creó la Comisión de Género y Políticas de Igualdad, sus iniciativas ya no fueron tan intensas como las que había antes", explica.


Sissy Vouvou cuenta que desde la cúpula de Syriza se responde a las protestas que en torno de esto le llegan, tanto desde dentro como fuera de la formación, que "no es momento de críticas porque se está atravesando una situación muy complicada, marcada por las duras negociaciones con la troika". Conforman la troika de acreedores el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional.


Ante la impotencia que las feministas griegas sintieron por la poca receptividad hacia sus reclamos, la activista griega se mostró muy agradecida hacia las 66 organizaciones feministas españolas que le mandaron cartas a Tsipras quejándose de la baja cuota de mujeres en el gobierno. "El presidente debe saber que desde el resto de Europa se lo está observando en este sentido también", recalcó. Vouvou, a su vez, confesó que la indignación por este hecho fue mucho mayor en el exterior que en su propio país y que en España el movimiento feminista, por su alto grado de organización y de implicación activa, es un modelo a seguir para sus pares helenas.


Más allá de las críticas por el escaso número de ministras, lo cierto es que el partido de Tsipras, en su congreso fundacional celebrado en julio de 2012, además de sentar las bases de un proyecto dirigido al aumento del gasto social, el acceso a la sanidad, la educación, el agua y la electricidad para toda la población, la instauración de una renta básica y el desarrollo sostenible como principales ejes, también creó una hoja de ruta sobre igualdad de género. "En el mes que llevamos en el gobierno, sólo hemos podido dedicarnos a intentar defendernos de las terribles presiones de la Unión Europea y en evitar que la troika se quede con lo único que le interesa, todo nuestro dinero", advierte Vouvou. "Pero no-sotros vamos a implementar nuestro programa completo. Necesitamos tiempo y, sobre todo, cambios en Europa. Los primeros, en España, con las próximas elecciones", clama la activista.


Vouvou aclara que para que el programa de igualdad de género propuesto por Syriza pueda llevarse adelante hay ahora mismo dos problemas: la falta de fondos y la poca incidencia que tienen en la toma de decisiones políticas las mujeres que forman parte de la administración, donde sí hay una presencia destacada del sector femenino. "Los cargos que desempeñan no les confieren la suficiente responsabilidad como para implementar las políticas de igualdad incluidas en el programa de Syriza", explica Sissy.


Pero, sin duda, el principal obstáculo al que se enfrenta el nuevo gobierno griego es la escasez de recursos. "No disponemos del dinero necesario para implementar nuestras políticas sociales –alerta la activista– y lo mismo les sucede a los sindicatos, que no pueden por eso poner en marcha sus programas de igualdad dentro de las empresas o las campañas de sensibilización adecuadas para prevenir la discriminación laboral."


Así las cosas, la feminista griega no duda en reiterar, antes de acabar su conferencia, el propósito fundamental de su visita a Barcelona: fortalecer los vínculos con España porque, asegura, "Grecia necesita, más que nunca, el apoyo del resto de países de Europa para enfrentar las terribles presiones de la troika". Desde el público no se la quiere dejar ir y alguien le pregunta sobre sus expectativas ante las elecciones generales de noviembre. Sissy responde: "Soy consciente de que en España no hay un solo frente de izquierdas, sino muchos. y las expectativas –tanto desde Syriza como desde otros partidos anticapitalistas europeos– son que estos grupos sean capaces de confluir para construir un gobierno de izquierdas, porque cuantos más gobiernos de izquierdas haya en Europa, más fácil será tumbar las políticas neoliberales que nos asfixian".

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Miradas no fragmentadas de la opresión en las prácticas políticas del lesbianismo feminista de Abya yala

Del 10 al 14 de octubre del 2014 en Chinauta, corregimiento del municipio de Fusagasugá en el departamento de Cundinamarca, a 75 kilómetros de Bogotá se llevó a cabo el X ELFAY con 250 asistentes, un gran número de jóvenes menores de 30, provenientes de 18 países de la región del Abya Yala. La Tremenda Revoltosa y Estallido Feminista, batucadas de Bogotá y Medellín nos llevaron con la fuerza de sus instrumentos al Centro de la Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá, un día antes, el 9, donde se inauguró el Encuentro. Performances, música, la presentación de las comisiones y mucho intercambio, fueron parte de un espacio abierto para lesbianas y compas solidarixs que desearon acompañar.

La ekipa organizadora, conformada por aproximadamente 18 colombianas y 12 compas del Abya Yala que se incorporaron desde sus países, constituidas en 4 comisiones: Gestión, logística, metodología y comunicación, abrieron la participación al resto del Abya Yala para que las lesbianas desde los distintos países formaran parte de las comisiones y el Encuentro tuviera una organización no únicamente local. Así, desde diversos lugares se enriquecieron los trabajos de las comisiones, los que fueron difundidos en 8 boletinas, las que habitan todavía en la página del Encuentro. La información estuvo a disposición de la comunidad, cuya participación fue permanentemente demandada por la Ekipa.
Las escuelas de formación lésbico-feministas


Las Escuelas de formación lésbico-feministas se han convertido en procesos estratégicos de reflexión, concienciación, deconstrucción, debate y construcción. Fueron propuestas en el Encuentro de Chile en 2007 a fin de que las lesbianas del Abya Yala acompañen desde lo personal y lo político la reflexión sobre las diversas formas de opresión que atraviesan nuestras cuerpas y contextos, para así, llegar al siguiente Encuentro en similares condiciones para el intercambio. La comisión metodológica del X ELFLAY propuso un programa teórico metodológico para que se formaran escuelas y los grupos formados pudieran adecuar dicha propuesta a sus condiciones o intereses. Previo al Encuentro se abrieron escuelas en Bogotá, Medellín, Ciudad de México, Arequipa y La Paz Bolivia y que posibilitaron interesantes diálogos, fundamentalmente en los grupos de discusión, no así en las plenarias.


Los ejes temáticos fueron discutidos en grupos de trabajo lo que permitió un entrelazamiento de lo personal y lo político. Con dificultad pude conseguir videos del Encuentro (no todas gustan compartir). Disfruté de la profundidad con la que las lesbianas pusieron cuerpo, sentimiento y entrega, con un alto nivel de politicidad. Con una metodología innovadora, los grupos de trabajo dibujaron cartografías, teatralizaron y con videos, grabaron las conclusiones de los grupos de trabajo. La metodología que si bien permitió mucha creatividad, limitó o nos limitamos a mayor debate en las plenarias y a la generación de pronunciamientos o posicionamientos.


Un grupo de cubanas no pudo llegar debido a que el gobierno cubano no les otorgó el permiso de salida. En esos días, 43 estudiantes de una normal rural fueron desaparecidos por el gobierno mexicano; Daniela, una compañera boliviana, injustamente encarcelada por heterosexualismo obligatorio, pidió solidaridad al Encuentro, temas que ameritaban pronunciamientos públicos, pero que no fuimos capaces de articular.


Extrañé la participación de alguna radio feminista, que transmitiera en tiempo con compas del Abya Yala que no pudieron llegar y contar con los audios libremente en la web. Es una aspiración que las fotos, grabaciones, audios, escritos, producto del ELFLAY estuvieran disponibles en un sitio de preservación histórica y libre acceso.


Trensando los debates


He recogido la voz de muchas de las discusiones de las mesas de trabajo y las plenarias, desde donde intento trenzar discursos y posiciones con ingredientes, claro están, de mis interpretaciones.

 

Las políticas neoliberales y neocoloniales y el régimen heterosexual


En el Abya Yala, los pueblos originarios y afrodescendientes son permanentemente desplazados, segregados a tierras k nadie quiere para la producción agrícola o ganadera, dificultando el acceso de la población a servicios de salud, educación, abastecimiento, etc., y o despojados de sus territorios debido a las políticas neoliberales impulsadas por los estados con gobiernos de derecha o izquierda (cuyo rasgo en común es, ser agentes patriarcales ya que los oprimidos son "los otros", pueblos indígenas, empobrecidos, las y los feminizados); y apoyados por las fuerzas armadas en favor de megaproyectos turísticos, mineros, termoeléctricos, de monocultivo, de crecimiento urbano o canales interoceánicos, entre muchos otros, que sólo benefician a transnacionales y la empresa privada; lo que ha producido mayor pobreza en las comunidades indígenas, provocando en algunos países prostitución de niñas indígenas por víveres. La criminalización de la protesta de los sectores afectados y los movimientos sociales se agrava por medio de montajes para acusación de terrorismo, desapariciones forzadas, secuestros, asesinatos, etc. de tal manera que la presencia y participación de diversas fuerzas armadas y las religiones fundamentalistas en este proceso, alerta sobre la continuidad de formas veladas o descaradas de dictaduras disfrazadas de democracia en casi todos los países del Abya Yala.


En el Abya Yala el régimen heterosexual se cruza con las políticas neoliberales cuando del Estado permite políticas para expropiar territorios, ejercer violencia sobre los cuerpos de las mujeres, el control político, económico y sexual de las mujeres. Las políticas neoliberales y neocoloniales permiten k hayan procesos de exterminio, de genocidios, etnocidios, sobre comunidades racializadas, indígenas y afrodescendientes generando niveles de violencia estructural directa sobre estas comunidades, sus pensamientos, su territorio, su cosmovisión, su espiritualidad y el papel fundamental del movimiento lésbico feminista, considerar k estos procesos k se ejercen de manera global, deben ser parte de la visibilización de las luchas del MLF de cada día.


Las luchas contra el neoliberalismo, el neocolonialismo y el racismo no son luchas aisladas porque las opresiones son parte de una matriz articulada k nos afectan a las mujeres de manera distinta en nuestros cuerpo, nuestros territorios, nuestra economía, nuestra independencia, en la geopolítica, etc. El apellido del patriarcado es la colonialidad.


En su versión contemporánea, la colonialidad capitalista neoliberal, usa el consumo para producir la ficción de la libertad. En torno al consumismo reproducimos el racismo, el clasismo y el heterosexismo impuestos desde la colonialidad. Revisar lo k entra x la boca, ojos y oídos, las marcas, gustos, estéticas, deseos k cargamos en nuestros cuerpos y actitudes, en nuestras vidas, en nuestras decisiones, es un acto de resistencia porque nos invita al cambio.


El sistema neocolonial y neoliberal se ha apropiado de nuestros discursos y reinvindicaciones y los ha hecho parecer como privilegios gozados. Los convierte en rebeldías permitidas, entonces nuestro pensamiento, la manera en k transmitimos el conocimiento, nuestros gustos, son tutelarizados, de tal manera que los posicionamientos ético-ontológicos y las estéticas se venden y consumen como algo alcanzable o deseable. Si kieres ser lesbiana, feminista o indígena debes ser, lucir o pensar de determinada manera. Desde el poder del conocimiento o la academia ciertas teorías occidentalizantes y prácticas pueden reproducir estos sistemas de dominación, es un reto crear estrategias para combatir el tutelaje o la representatividad de otras formas de pensamiento. Paradógicamente, desde el poder de la academia blanca, Lugones en una de las mesas de trabajo, sentenció la inexistencia del patriarcado, planteamiento que no pudo sostener porque no tuvo tiempo para quedarse.


El sistema heteropatriarcal al poner el tema de las diversidades en términos de políticas públicas y derechos concedidos se refuncionaliza. No todas nos sentimos incluidas en un discurso neoliberal. Las revoluciones no se hacen siendo lesbianas que el sistema kiere, sino despatriarcalizando las prácticas políticas. Nos habita la colonialidad y debemos descolonizar nuestros cuerpos y todas las relaciones para transformar desde allí.

 

Racismo y el Regimen Heterosexual


Con la provocación de ser vistas, en representaciones escénicas, nuestras vivencias como mujeres racializadas, las emociones dieron cuenta de conocimientos desplazados por el pensamiento occidental.


Las diferentes opresiones que atraviesan nuestros cuerpos, que han causado y acumulado dolores y silencios históricos que no atinamos a romper. El régimen heterosexual actúa en conjunto con el racismo clasificando nuestros cuerpos. En esta realidad del Abya Yala, la colonialidad permea nuestros cuerpos y nos adscribe en distintos lugares de opresión los cuales es difícil atreverse a mirar, aceptarlos y transformar en la práctica cotidiana. La constante pregunta es si estamos en la disposición de trabajar nuestros lugares de privilegio y también, a hacerlo desde la conciencia de racializadas. ¿Cuántas de nosotras incurren también en la exotización del deseo? ¿Cuántas estamos transformando día con día la manera en que nos relacionamos con las otras? ¿Somos conscientes de las prácticas lingüísticas, sociales y culturales que contienen racismo explícito o implícito?


Los nacionalismos han promovido y ocultado el racismo en nuestros países, muchas sólo hacemos conciencia de ello fuera de nuestro país. El mestizaje en las políticas de blanqueamiento del Abya Yala pretendió que evitaría antagonismos raciales, sin embargo sirvió a la clase criolla paran imponerse en el poder político, y desapareció al indígena.


El genocidio, el etnicidio, el feminicidio, el epistemicidio, no han cesado desde la colonia. La política neoliberal extractivista usa las mismas estrategias de depredación, usurpación, explotación, deshumanización que la colonia del S.XVI.


El valor de la reproducción es distinta en clases blancas, burguesas o pobres, k en poblaciones racializadas. La población racializada es desechable y sin valor, la exterminación o genocidos tienen relación con la heterosexualidad. La reproducción biológica tiene costos por raza, género y preferencia sexual.


La colonialidad jerarquiza los cuerpos colocando al varón blanco en la cima del sistema de opresión. Los de las lesbianas que resisten la heteronormatividad, son cuerpos marginales. Esto se complejiza cuando hablamos de sujetas racializadas con diferencias de clase. En tal sentido vale preguntarnos si el neoliberalismo pretende la uniformidad de los cuerpos para el consumo o es capaz de mercantilizar la abyección y la exotización de las razas y los cuerpos? ¿Cómo transformamos nuestras estéticas y deseos?


El mestizaje como política de blanqueamiento parte de la negación "no soy" y aunque no vistamos como indígena, muchas nos identificamos y vivimos kachiké, aymaras, quechuas, zapotecas, Warao, Cuna, Guayaquís, Trio, Javaés, entre otras. Aun cuando algunas llevamos el color de la piel del violador, somos indígenas. No racializadas, dirán algunas, hacer conciencia de esos privilegios, nos acerca a nuestras ancestras, motivo suficiente para la alianza.


En el contexto de la violencia neoliberal, la política de solicitud de los derechos, matrimonio, familia, hijos, aparece banal y refuncionaliza una sociedad colonial racista y de clases. El matrimonio, es una institución blanca porque reproduce un modelo aspiracional eurocentrado. Además de burguesa, por que aspira mantener y traspasar la propiedad a los descendientes, es heterosexual, la reproducción biológica es uno de sus principales fines. La organización nuclear no es la única ni mayoritaria forma de producir sociedad, ni ejercer parentesco. El matrimonio desconoce la calidad de sujetx de derechos. Se impone como obligatoria para ejercer derechos humanos y sociales como salud (seguro social), vivienda, educación, etc. como lesbianas feministas deberíamos procurar su eliminación como posibilidad de parentesco humano.
La solicitud de leyes, no es la única forma de hacer interlocución con lxs otrxs, también lo son las expresiones artísticas, el teatro, la música, el pequeño grupo, las acciones positivas, los grupos de reflexión, la autosustentabilidad.


Compañeras europeas que trabajan, activan y construyen en el Abya Yala manifestaron que "ser blancas no nos hace no racializadas, lo que exige trabajar ese poder simbólico y real k se tiene, así como la propia victimización para permitirnos alianzas y coalizaciones. Articular poderes comunes k partan de objetivos comunes para desarticular la hegemonía heteropatriarcal, asi como rearticular defensas, entre mujeres, lesbianas, indígenas, negras, mestizas, lo que implica atravesar el racismo de la otra y mi propio racismo. Necesitamos repensar las alianzas desde diferencias no dominantes. La población urbana, también tocada por el racismo, por la privatización, por la militarización de las calles, amerita alianzas. Retos que invitan a repensar la manera de abordar el enemigo a combatir k está afuera y k también está adentro."


Hubo una dura interpelación al silencio de las blancas, por parte de una compañera del grupo de feministas afrodiaspóricas, ante la demanda de reconocer los efectos devastadores del racismo y asumir los privilegios de una sociedad blanca. Ninguna blanca respondió, tal vez porque en ese contexto, asumirse blanca era posicionarse en el lugar de la opresión. Tal vez, porque el formato de plenarias se traduce en espacios de exhibición o riesgo para las interpelaciones y tenemos k inventar otras formas de politizar nuestros diálogos, sin abandonarlos.
Ser lesbianas feministas es territorializar nuestra práctica política, es cuestionar el sujeto universal lesbiana.

 

Militarismo, régimen heterosexual y prácticas de resistencia.


El Abya Yala es una tierra largamente herida donde los costos de las guerras y el saqueo lo hemos pagado las mujeres. Nuestros cuerpos son invadidos y usurpados. Nuestros territorios sufren la embestida de los intereses del capitalismo trasnacional: las mineras y otras industrias energéticas tienen sus propios cuerpos armados o el ejército está a su servicio. Los Estados Unidos propalan con mayor intensidad el discurso de la seguridad en aras de combatir el narcotráfico que ellos mismos alientan y mantienen en una muy productiva prohibición. La presencia militar norteamericana con bases militares en distintos países del Abya Yala constituye un cerco de disciplinamiento, apeonado por gobiernos con tendencia militarista para el control migratorio, político, económico e ideológico.


El militarismo estatal responde a intereses del capitalismo neoliberal, no importa si son de derecha o izquierda. El sujeto de la militarización es el hombre blanco, burgués y quienes ejecutan las órdenes, son personas racializadas que actúan contra sí mismos. El militarismo es una forma de generar economía, hay un flujo económico en la producción, venta y circulación de armas. Se generan conflictos en la región como el narcotráfico para seguir comercializando armas. La guerra es un negocio mundial, la venta de armas letales, gases lacrimógenos, bombas de alto impacto, bombas con tachuelas y armas sofisticadas, dirigidas a destruir manifestaciones sociales, o poblaciones incómodas, enriquece a unos pocos, entre esos al Vaticano, primer productor de armas.


Los efectos de la guerra no son de interés público, la paz aparece como el alto al conflicto armado pero no llega al concepto de reparación y sanación, ésta sólo ha sido posible por necesidad personal o colectiva y desde los espacios alternativos.
El estado ha generado en el odio y la guerra la forma de solución a los conflictos. La violencia es un modelo de comportamiento que se ha naturalizado porque se consume en videos, juegos, televisión e incluso la escuela.


La militarización tiene una sobre valorización de lo masculino y un concepto misógino de las mujeres. Hay un interés económico en la utilización de los cuerpos de las mujeres en la tortura, en la trata de mujeres en zonas mineras y militares, la prostitución es tan rentable como el armamentismo y el tráfico de drogas.


La militarización atraviesa la educación de los niños, los que se identifican con los modelos militares, el servicio militar obligatorio, actores armados del crimen organizado, con redes de trata, explotación sexual y narcotráfico, o con los grupos de autodefensa y grupos de resistencia. El militarismo dota incluso a la administración pública de la organización piramidal, cuya lógica es la obediencia por sobre la racionalidad. La estética está atravesada también por el pensamiento militarizado y las producciones iconográficas sobre la rebeldía no se conciben sin un arma. Los celos y la monogamia obligatoria representan también dispositivos para la obediencia, considerado el brazo armado del patriarcado, los celos privatiza el cuerpo y la sexualidad de la otra con el uso de la violencia, similar a la colonia del S XVI.


Las ciudades tienen divisiones geopolíticas de zonas protegidas k pueden comprar seguridad de empresas dirigidas principalmente por militares, en las que jóvenes racializados ponen el cuerpo porque es su única posibilidad de trabajo; y zonas donde se vive los efectos perversos de esa privatización, zonas con violencia explícita por el control de grupos armamentistas. El crimen organizado en algunos países se gesta desde las cárceles y desde allí se opera el tráfico de armas que es usado en las favelas. La seguridad pública y privada es usada para ejercer tortura, asesinatos, desapariciones, tráfico de mujeres, etc. y está vinculada al crimen organizado. Sin embargo, nos venden la idea de paz resguardada por los ejércitos.


Las empresas extractivistas, los grandes hacendados y la industria maquiladora se valen de las fuerzas militares y paramilitares para despojar a poblaciones indígenas de sus territorios o controlar la explotación de los obreros. La policía hace montajes contra indígenas, mujeres, lesbianas, para aplicar leyes contra el terrorismo, y encarcelar por simple sospecha. La militarización al servicio del neoliberalismo, se impone, de tal manera que las dictaduras militares siguen presente en el Abya Yala.

 

Nuestros cuerpos están reglamentados por las instituciones que promueven la violencia: la iglesia, el Estado, el lenguaje (lleno de palabras que remiten a jerarquías, grados militares y violencia armada). Los símbolos fálicos son cada vez más explícitos entre la relación entre un pene y un fusil. Ojivas nucleares para amordazar nuestras libertades. No importa si es el soldado que llega a desplazar un territorio, un narco buscando ampliar sus rutas o un guerrillero luchando por la libertad del pueblo; compañero de armas o enemigo, los hombres pretenden ejercer poder y violencia contra nosotras.


El militarismo representa la exacerbación del valor de la virilidad, por eso se usan las violaciones como arma de guerra y genocidio para imponer el miedo, el terror y destruir la vida de las mujeres e implica además, identidad grupal para ellos. Es fácil masculinizarse dentro de un cuerpo armado, la militarización ofrece una salida dolorosa y falaz a las lesbianas de las comunidades rurales y los barrios marginales (reconociéndose a sí mismas como tales o sólo ejerciendo su sexualidad con otras mujeres). Los valores de la heteronormatividad equiparan lo masculino al valor y la violencia. La inclusión de las mujeres en las fuerzas armadas como parte de las demandas de igualdad de derechos respaldada por el feminismo hegemónico neoliberal lejos de desmontar el régimen heteropatriarcal, lo refuerza.


La guerrilla aunque tenga una lógica antisistémica, con el uso de las armas enriquece la industria armamentista y el régimen heteropatriarcal.
En las guerrillas muchas mujeres fueron violadas no sólo por el ejército, también por los compañeros de lucha que se metían a las tiendas de campaña y ellas debían poner el cuerpo y la sexualidad al servicio de la guerrilla sin poder denunciar. Los comandantes hacían violaciones "correctivas" a las lesbianas para normalizarlas, y a pesar de los acuerdos de paz, son cosas k no se han logrado sanar. Nos cruza un amor romántico con la izquierda que no nos permite cuestionar sus prácticas militaristas, racistas y patriarcales, por el miedo a k nos tachen de derechistas.


El militarismo está institucionalizado y tiene forma de iglesia, familia, escuela, partido político, Estado, es transnacional porque representa formas de dominación planetarias. Muchas de nuestras estrategias político-feministas están marcadas por esa ideología militar: la fuerza, la agresión, la violencia. Desmilitarizar nuestro pensamiento implica hacer fuerza colectiva, cuestionar nuestras prácticas derivadas del militarismo e ideología militar, si lo desmontamos en lo micro, puede derribarse. Para enfrentarlo hay que cuestionar símbolos como, la bandera (aunque sea del futbol o de la diversidad), la idea de patria militarizada, expresiones del lenguaje como: "a la orden" "si señora", "mande ud." "su merced", "vamos a armar" "matar dos pájaros de un solo tiro", "formemos filas", "me abro", "armadx hasta los dientes", "donde manda capitán, no manda marinero", "caballero nomás" "tu o yo" que se resisten desde la colonia. De ahí la necesidad de cuestionar la legitimidad del uso de la violencia para enfrentar el sistema, la idea de guerras necesarias, o que las armas usadas por cuerpos disidentes tienen otro sentido o es la misma mierda. Las armas k podemos usar como lesbianas feministas no deben ser las herramientas del amo.


Este eje propició una efervescente discusión en torno a si tomar las armas es una opción válida para el movimiento lésbico feminista. Para algunas es necesario si no hay otra opción. Para otras, no es una opción posible, planteando el pacifismo no inactivo, sino abrazando la resistencia. Para otras, en una reminiscencia al cimarronaje como práctica de resistencia a la violencia esclavizadora, donde lxs negrxs tuvieron k usar armas distintas al plomo, sin que ello representara militarización; la conspiración con brujería o envenenamiento a sus amos de parte de las mujeres negras violadas día y noche, son todavía inspiración para organizar nuevas formas de cimarronaje ante la violación y saqueo a nuestros territorios.


Tenemos k repensar las alianzas desde diferencias no dominantes. Hacer alianzas es difícil por la misoginia, el racismo, el clasismo k nos atraviesa. Si nos es difícil reunirnos entre mujeres, allí está el nudo, x k si es más fácil reunirnos con hombres es que el sistema nos plantea k es más fácil y mejor reunirnos con hombres, entonces repensar las solidaridades entre mujeres, es el reto.


Preguntarnos con quién hacemos alianzas, es importante porque si no podemos aliarnos entre nosotras hay una veta de misoginia y si tampoco pudimos aliarnos con los machos de izquierda k luchan contra el neoliberalismo por cómo hacen sus prácticas, entonces debemos preguntarnos sobre esa forma en k estamos haciendo nuestra política de alianzas.
Un punto de disenso es que las alianzas entre nosotras no se pueden construir por las diferencias culturales, las construcciones del conocimiento, las jerarquías.


k hacemos con el enojo?, el odio?, el resentimiento?, la culpa blanca? k es racista porque deriva en acciones paternalistas y discriminatorias. Implica visibilizar k las opresiones no nos atraviesan de manera igual. Las compañeras centroamericanas nos compartieron la experiencia de sanación de dolores profundos para seguir luchando por los sueños y con una sonrisa brillante. Por eso, considerar procesos de sanación para los efectos de la violencia colonial, racial, estatal militarizada, las diferencias y rupturas entre nosotras y otras, sigue siendo un reto.

 

Próxima sede: Perú


Perú fue elegido la próxima sede del XI ELFAY, se sugirieron incorporar temas como sanación, nacionalismos, estrategias y formas de construir alianzas, también reclamaron mayor trabajo con el cuerpo y menos verbo.


La pasión con la que se discutieron en las mesas de trabajo, entretejió discursos, mezcló emociones y experiencia y construyó conocimiento colectivo, la posibilidad de mirarnos desde nuestros orígenes, problemáticas, necesidades y sueños. Un intento por queerizar la discusión fue desestimada y el cuarto propio cobijó las discusiones desde las experiencias históricas y políticas de las lesbianas, entonces el ELFLAY pudo ser un encuentro de enriquecimiento colectivo con distintas miradas y expresiones, sin rupturas. Los formatos de Encuentro se seguirán enriqueciendo. Uno de los encuentros más productivos y políticos.

 

Villa Porril y la marcha


Villa Polin, el nombre del predio donde se desarrollaban las actividades fue renombrada por la bandita pacheca por Villa Porril, por primera vez reconocida, en honor al punto de encuentro y los porros libremente circulados. El uso legal de la mariguana hizo parte de las discusiones, en un contexto donde la política está dominada por el narcotráfico. La doble moral y el prohibicionismo, criminaliza, persigue y también enriquece al crimen organizado. Nao es fácil no, ser feminista, maconhera y zapatao!!


El último día, en Bogotá, marchamos por algunas calles, las batucadas abrían paso y su ritmo se impregnaba en la ciudad. Aunque no llegamos a un punto político, por las limitaciones de que implicaba el arreglo de algunas calles, la marcha fue la celebración por la algarabía de encontrarnos.

 

Video relacionado:

¿Es la familia el núcleo de la sociedad?, entrevista con Norma Mogrovejo

 

Libros relacionados:

Feminismos desde el Abya Yala. Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos de nuestra América, Francesca Gargallo (Reimpresión, enero 2015)

La inacadaba revolución feminista, Silvia Federichi

Sexualidad, violencia y cultura, Juana Gamero de Coca

 

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Cinco claves sobre la participación de las mujeres en territorio zapatista

¿Cómo están participando las mujeres en los distintos cargos del gobierno autónomo zapatista?

"No puede ser que los compañeros digan 'estamos luchando, aquí estamos haciendo la revolución' y sólo los compañeros están desempeñando todos los cargos y las compañeras ahí están en casa, eso no es una lucha para todos". Quien habla no es una feminista griega, es Yolanda, promotora de educación del Municipio Autónomo Rebelde Zapatista La Paz.


Ahora que está en el candelero la participación de las mujeres en experimentos políticos como Podemos o Syriza puede ser inspirador volver la vista a un gobierno que desde sus inicios apostó por la participación de las mujeres mano a mano con los hombres. Mujeres de los cinco caracoles que han tenido cargos en la Junta del Buen Gobierno, como consejas municipales y autoridades locales, contestan desde su práctica en el cuaderno de texto de primer grado del curso La Libertad según [email protected] zapatistas. No son supermujeres, no son las mejores ni las más eficaces. Son las que están, elegidas o voluntarias. Tuvieron que aprender a espantar el miedo para gobernar. Y aún les queda camino por recorrer, pero en ello están.


Sus problemas son comunes a los que puede enfrentar una griega, pero con las singularidades de un contexto rural e indígena (triple discriminación) y de un Estado criminal como el mexicano. Compartimos cinco claves sobre su participación:

1. Obligarse a sí mismas y convertir en tarea colectiva la participación de las mujeres


"Al principio no había mujeres en las Juntas de Buen Gobierno. No estábamos acostumbradas a realizar una actividad junto con los compañeros fuera de nuestro pueblo".
"Cuando se nombra a las compañeras no quieren aceptar, por más que les digas que hagan, nadie lo quiere hacer, sólo a veces una en la Junta o el Consejo".


Las mujeres zapatistas no suelen ofrecerse como voluntarias para los cargos, especialmente fuera de sus comunidades.Y, sin embargo, "está equilibrado entre compañeras y compañeros. En total son 30 compañeras que son miembros de la Junta. Los municipios tienen 12 consejos, entonces son seis compas y seis compañeras. Así están los seis municipios".


Si la mayoría de ellas participa es porque son elegidas, es un imperativo colectivo de la Junta de Buen Gobierno. "En las asambleas de la zona con la Junta y la CCRI [Comité Clandestino Revolucionario Indígena] también siempre se exige que haya participación de compañeras y eso tiene que ir como tarea. Cuando llegan los compañeros o compañeras al pueblo nos dicen que tenemos que nombrar compañeras para las tareas o trabajos donde las mujeres están participando".


Si una mujer deja el cargo en la comunidad debe reponerla otra mujer. Imposible que haya mujeres que días después de ser electas renuncien a su cargo para que las suceda un hombre. La cuota de género como gesto electoral no es planteable en un Gobierno autónomo que no busca convencer a las mayorías sino sobrevivir dignamente.


Aunque la participación de las mujeres es alta, reconocen no es al 100% y se consideran corresponsables.


"No sólo tenemos derechos, sino que también en nuestra lucha autónoma tenemos obligaciones, tenemos que cumplir también lo que decimos y hacer los trabajos como se debe".


"Nos estamos obligando a nosotras mismas a ver que sí tenemos que tomar un cargo".


Al hablar también de su responsabilidad eligen colocarse en un rol activo como mujeres.

 

2. Cualquier persona puede tener un cargo, no tienes que ser la mejor


Una de las propuestas del zapatismo es que todas las personas tienen que aprender a gobernar, aunque no estén muy preparadas. Los puestos son transitorios, revocables y elegidos por la asamblea. Nadie es imprescindible, todos son revocables. Este sistema de participación ha permitido que mujeres analfabetas como la comandanta Ramona se transformasen en grandes estrategas.


La práctica es lo que ha permitido desbloquear el miedo inicial.


"En los trabajos de las compañeras en los municipios muchas veces el problema que nos hemos encontrado es el miedo a no saber gobernar, a no saber cómo trabajar. Las compañeras se preocupan mucho de llevar bien sus cargos, pero no hay más que superarlo con la práctica. Así han pasado aprendiendo poco a poco con su participación".


Para ser elegidas basta con que sean personas honestas, dicen. Aunque también admiten que los criterios de elección no siempre son políticamente correctos. "Las jóvenas son más elegidas que las casadas", por eso se han encontrado con un desequilibro de edad, con jóvenas sin experiencia y que al casarse abandonan el cargo y están tomando nota.


"Ahora los pueblos ya saben que no pueden nombrar muy jóvenes porque deben nombrar y elegir a compañeras quesean mayores de edad y con algo de experiencia"

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3. Generar confianza y acompañar para vencer el miedo a gobernar


"El temor de equivocarnos en los trabajos que nos tocan desempeñar o el miedo a que nuestros compañeros se burlen de nuestra participación" es una dificultad que muchas comparten. Además de obligarse a sí mismas y que las mujeres participen de ser una apuesta política del zapatismo, las compas demandan apoyo moral. "A veces dice la compañera 'no, es que no voy a poder, no sé escribir, no se leer, es que tengo pena de hablar'. Ahí le decimos a los compañeros y a otras compañeras que le animen, que le digan 'vas a entrar para aprender'. Estando ahí, en unos cuatro o cinco meses le vas agarrando a cómo hacer el trabajo, es cómo vas a ir participando'".


El acompañamiento y el liderazgo compartido –o "colectivismo" como lo nombran algunas– es otra estrategia que ha funcionado.


"Estábamos todavía nosotras en el periodo de la Junta cuando entró una compa que no sabía leer ni escribir, le ponemos atención, le mostramos lo que hacemos, le vamos enseñando lo poco que ella va a poder aprender, incluso empezó a escribir su nombre".


"A veces tenemos desánimo, no queremos tomar cargos porque sabemos que a lo mejor va a ser sola. Si me nombran yo sé que voy a ir en la Junta, pero me siento solita porque mi pueblo no va a ir conmigo y quién sabe si allá hay compañeras". Para resolver eso, hay pueblos que se coordinan, "nombran dos compañeras en la comunidad y entonces se van las dos a hacer el trabajo".


La forma de participar del gobierno autónomo favorece la inclusión de las mujeres. "Los puestos de la Junta de Buen Gobierno se van sustituyendo progresivamente. Empiezan a poner a gente que no sabe con gente que sabe y van aprendiendo. Tienen eso bien calculado para que en cada puesto haya un tiempo de aprendizaje, que no lleguen en blanco a algo que no saben, lo aprenden en la práctica", me contaba la feminista mexicana Sylvia Marcos en una entrevista.

 

4. Reconocer y nombrar las situaciones de sexismo, inseguridad y hostigamiento


Hagan lo que hagan las mujeres políticas están en ojo de mira, su vida íntima se trae a colación para desprestigiarlas. La prensa está plagada de comentarios que desautorizan a las mujeres con cargos públicos por no ser buenas esposas, buenas madres, buenas políticas... A estos comentarios difamatorios hacia las mujeres las compas les llaman "chismes".
"Cuando una mujer se ausenta de su casa, de su comunidad, y trabaja con hombres puede ser mal vista por la comunidad. Se enfrentan a los llamados 'chismes'".


Cuando son mujeres casadas y se trata de chismes relacionados con la infidelidad, el problema se considera mayor. Terminan abandonando el cargo. "¿Por qué las mujeres cuando cometen ese error no pueden continuar su trabajo y por qué los compas, aunque sea que se meten en problemas de este tipo pueden continuar su trabajo?", se preguntan.
Pero en un contexto de impunidad y hostigamiento a las comunidades en resistencia, la inseguridad a la que se enfrenta una zapatista no tiene parangón. La movilidad en entornos rurales también es un problema añadido.


"A veces salimos temprano de nuestras casas y a veces no encontramos carro, a veces llegamos tarde donde se hace el trabajo, pero no es por gusto sino por esa dificultad que tenemos. También a veces hay algunos hombres priístas que nos faltan el respeto como mujeres. Hemos encontrado borrachos en el camino, nos empiezan a molestar, a decir muchas cosas".


Frente a esto, han articulado estrategias de acompañamiento en algunos casos. En otros no. "Nos hemos arriesgado, porque es un riesgo que tienes como mujer". Nombrarlo abiertamente, aunque no sea con el calificativo de sexismo, es un gran paso.

 

5. Los cuidados como responsabilidad colectiva para que las mujeres ejerzan su libertad


"No puedo compañeros, es que están muy chiquitos mis hijitos. Quiero hacer el trabajo, pero no puedo", dicen las compañeras. Ser madre es uno de los principales obstáculos que enuncian. Los trabajos de cuidados en casa no se reparten con sus compañeros ni con los hijos. Es la división sexual del trabajo y las responsabilidades ¿Nos suena? Pero, ojo, estamos hablando de familias muy numerosas y de un entorno campesino, de un trabajo doméstico de alto rendimiento.


En algunos núcleos familiares las mujeres se enfrentan además con la hostilidad de sus propios compañeros: las reprochan que no están cumpliendo con sus tareas, sospechan cuando se ausentan y las amenazan con irse con otra si no vuelven al redil, cuentan.


Para transformar esta desigualdad han conceptualizado derechos básicos. Basiquísimos. El capítulo tres de la Ley Revolucionaria de las Mujeres estipula que las mujeres tienen derecho a decidir el número de hijos que pueden tener y cuidar. Para ello se han puesto en marcha políticas de planificación familiar desde dentro, para que valoren "cuántos hijos pueden cuidar y no tener hijos cada año".


En el 96 se amplió la ley revolucionaria de las mujeres: "La mujer tiene derecho a ser apoyada por el esposo cuando ella va a hacer trabajo para la organización. Cuando la mujer va a las reuniones, el hombre debe cuidar y alimentará los hijos y atenderá el hogar", dice un artículo. Cuidar como imperativo colectivo para los hombres, pero ¿cómo se hace seguimiento de puertas para dentro?


"¿Cómo podemos cambiar si los compañeros no saben todavía tortear, no saben todavía poner el maíz, lavar su ropa? La educación tiene que ser dentro de la casa", reconocen. Aunque haberlos haylos. Según cuentan, sí hay compañeros que han transformado su aptitud (nuevas generaciones, principalmente) porque en su casa han recibido una socialización de género diferente.


En algunas comunidades también se han dado experiencias de colectivización del cuidado de los hijos para apoyar a las mujeres con cargos. "Hubo pueblos que se organizaron para apoyar a sus autoridades. Cuando quedan niños, les dan tostada. Pero hay pueblos que todavía no hacen eso, no hay organización, no les importa si tiene hijos la compañera que se fue... Falta organizar a los pueblos para que así podamos hacer bien el trabajo".

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La creatividad de las mujeres, un hecho que incorpora las trabas y da cauce a las fantasías

esas mujeres guerreras

como un solo hilo
surgieron de más allá del río
hacen trabajo ordinario
por ser tus devotas
sus manos lastiman con fuego purificador


Enjeduana, 2354 a.C.

 

Para iniciar repetiré lo que las artistas visuales han comenzado a decir en la década de 1970: el arte de las mujeres en la historia es un hecho que ha necesitado de una historia del arte feminista para ser percibido.


La invisibilidad de aquello hacia lo cual no enfocamos nuestra mirada es absoluta. Lo que no aprendemos a ver no lo vemos, a menos que colectivamente no aprendamos a enfocar lo que está en la sombra. La visión de águila de una, si no encuentra eco en la voluntad de mirar de otras, se convierte en una excentricidad. La humanidad de los enemigos durante una guerra, la historia moderna de los pueblos indígenas de América, la espiritualidad de las religiones ajenas, tanto como la escultura de las mujeres, el ritmo de la puntada, el contacto de la alfarera con la cerámica y el mensaje del color en el bordado, la autorepresentación en la confección de muñecas, la poética del canto de nana y el hecho histórico que en 2354 antes de la era occidental una mujer, Enjeduana, hija de Sargón de Agada y sacerdotisa de la diosa Inana, escribió los primeros versos que nos han llegado, los primeros versos escritos de la humanidad, son hechos sobre los que se nos ha enseñado a no dirigir la mirada.


La oftalmología contemporánea asume que la visión se desarrolla desde el nacimiento, para ello la vista debe ejercitarse. Si las niñas y los niños no tienen oportunidad de jugar en espacios abiertos, sus ojos no aprenderán a ver de lejos; la miopía es por lo tanto fomentada por los espacios cerrados como las aulas, los departamentos de interés social, los confinamientos. Estoy convencida de que existen pocos espacios que la educación haya cerrado más que aquellos relativos al quehacer de las mujeres en los campos donde el examen enfoca los artefactos, ideas y emociones de una actividad que la sociedad heteropatriarcal ha ofrecido/impuestos a los hombres como obligación y responsabilidad propia de su sexo-género.


El arte occidental, aún más que la investigación científica, al apelar a una supuesta emotividad que conmueve y suscita respuestas en todos los seres humanos, excluye a las mujeres y sus quehaceres porque no son representativos de la totalidad humana. Por supuesto, descarta de su historia y de su mercado también las artes de los hombres de pueblos que no acepta que integren la sociedad evolucionada que se supone el arte representa. Quien está educado a dominar no puede tolerar la plena igualdad de quien no reconoce igual. El arte occidental se revela en sus preferencias y en sus supresiones como un instrumento de abuso y sojuzgamiento, más que como emanación de una conciencia suprasensible.


Como lo viene estudiando desde hace década Eli Bartra, conocer el papel de las mujeres dentro del arte visual, y yo diría de cualquier arte, implica enfocar la vista a través de ampliar el conocimiento. La creatividad femenina, dice la filósofa mexicana, debe ser identificada como tal para convertirse en un elemento de la cultura de la inclusión y la no discriminación, pues es un modelo estimulante. Bartra, además, estudia como arte de las mujeres el arte que los discursos feministas actuales no toman en consideración, porque es arte popular que no prescinde de la reflexión acerca de la economía de las mujeres en el núcleo de convivencia y en la cultura de un pueblo. Confronta por ello el saber neutro y busca enfocar el arte desde fuera de la ciencia androcéntrica. Y subraya la importancia del enfoque para que la visión se abra: "... el solo hecho de tomar en consideración el género de las personas involucradas a lo largo de todo el proceso de conocimiento no significa per se que sea una investigación feminista si no implica transformación". Abrirse a la mirada del arte de las mujeres, es por lo tanto asumir la crítica de la realidad social estudiada desde los lugares de poder, es una revolución epistémica.


El arte androcéntrico y culto no tolera la plena igualdad cuando se define como una producción que da trascendencia a un grupo de autores especializados supuestamente neutros en términos de género, de pertenencia étnica y clase social, los "artistas".


Visualizar la creatividad de las mujeres en su lugar social y genérico, en la tensión entre aceptación y socavamiento de los valores estéticos y morales de género, en la persistencia de su acción a pesar de la invisibilidad a la cual la relegó la academia, puede dar por resultado el descubrimiento de la creatividad de aquellas que se disponen a realizar un anhelo. Perfeccionando la puntada, la bordadora expresa sus emociones; aprendiendo a cantar, la madre toma distancia de las normas que la obligan al silencio y entona una elegía a la vida diminuta de su recién nacida; la imaginación de la cocinera independiza la necesidad de alimentarse del gusto; la originalidad de la tejedora ofrece un lenguaje propio a la tela que recubre a las personas. De ser que el arte fuera realmente, como rezan los manuales de historia del arte, una actividad humana con reglas propias que se aprende y perfecciona, que toma distancia de las normas y que se abre a la subjetividad, la imaginación y la inspiración para lograr originalidad, gusto, emociones y lenguajes propios en un continuo fluir e intercambio de tradiciones, tejedoras, bordadoras, madres, cocineras serían artistas cuya creatividad nadie pondría en duda.


Pero no. El vínculo entre creatividad y arte es innegable, pero el arte de las mujeres por el contrario es negado y la propia creatividad de las mujeres es puesta en entredicho. Decenas de tesis de estudiantes de diversos cursos de estudios de género o de estudios de las mujeres, en instituciones de toda América latina, repiten un discurso emanado de las universidades estadounidenses: que no es lo mismo el arte de las mujeres que el arte feminista, que las mujeres pueden ser brutales con lo que le sucede al cuerpo de otra, que son insensibles a las violaciones, los abusos, la doble moral social. Si bien es cierto que las mujeres que no cuestionan el sistema de género tienden a ser repetidoras de la androfilia social dominante, en el arte de las mujeres he encontrado siempre, consciente o no, una mirada hacia la humanidad específica que las mujeres representan y que es una humanidad mayoritaria e invisibilizada, es decir no exaltada por los medios de construcción y reconocimiento de los conocimientos: la educación, la representación simbólica, la religión y el mercado.


Es sabido que en su tesis de maestría titulada Sobre cultura femenina (1950), la escritora mexicana Rosario Castellanos se preguntaba acerca de la existencia de una cultura de las mujeres y sostenía que las mujeres hacen cultura cuando no son madres, como si las dos actividades fueran incompatibles. Generar ideas es incompatible con generar las condiciones de sobrevivencia de una persona recién nacida.


La historia desmiente el hecho. Teresa Margareda da Silva e Orta, quien en 1752 escribió la primera novela de Brasil, era madre de 8 hijos. Françoise de Graffigny, seguramente la escritora más famosa del siglo XVIII, autora de Lettres d'une péruvienne, tuvo tres hijos, logró la separación de un marido que la golpeaba y mantuvo relaciones de amistad y de amor con varios hombres. Mary Pix, la autora de The Inhumane Cardinal (1696), tuvo dos hijos. La princesa de Cleves, que fue la primera novela histórica en francés, y una de las primeras novelas modernas en la historia de la literatura, fue escrita en 1678 por la madre de dos hijos, Marie Madeleine de Lafayette. La mayoría de las mujeres que han escrito a lo largo de la historia occidental, asiática, africana y americana son o han sido madres. Es cierto que las escritoras siempre tuvieron más visibilidad que las pintoras y las compositoras, eclipsadas por el taller paterno o del marido, interpretando la música del hermano, del padre o del marido; no obstante, la maternidad no parece haber sido un impedimento para la inventiva, el pensamiento original y la imaginación de ninguna mujer. Las alfareras y las tejedoras de todo el mundo lo prueban.

 

Ahora bien, el derecho a construir la propia subjetividad sin la obligación moral de aceptar o confrontar la maternidad, aceptarla o negarla, es uno de los puntos clave de la reivindicación de ponerle fin a un sistema de género que nos encasilla en una lectura fija de lo que es propio de cada persona nacida con un tipo particular de genitales. Ser mujer no es ser madre y ser madre puede no resultar del ser femenina, entendiendo este adjetivo como propio de la persona construida para el servicio a otras personas. Los productos de la creatividad de las mujeres, sea en las artes visuales que en la literatura y la música, así como en otras actividades que implican autonomía de pensamiento y expresión como la filosofía, la cocina, la didáctica, la exploración geográfica y los viajes, demuestran tanto la ruptura como la continuidad de la reflexión sobre qué es el sujeto femenino, rechazando las miradas convencionales sobre el cuerpo de las mujeres y el deber ser de su sexualidad.


Desde que a finales de la década de 1960, en Francia las feministas empezaron a repensar el trabajo de las mujeres, las artistas de diversos países revisaron las narrativas sobre el cuerpo, los roles, la sexualidad, la moral, la violencia y los compromisos de las mujeres, produciendo conocimientos críticos a través del arte. Tres décadas después, la grafitera colombiana que se hace llamar Bastardilla afirma que la lucha social por los derechos de las mujeres se expresa en los sentimientos de miedo, identidad, libertad, angustia y conocimiento interno. A la par, la artista urbana Deeedee Cheriel, de Chile, declara que su expresión está en los muros y es ilegal, sin permiso y vandálica como la fuerza que defiende su igualdad de quien la quiere dominar.


La recuperación de todo el espacio como propio de las mujeres nos devuelve a la cuestión de la creación. ¿Qué hay del uso del ganchillo y los hierros de tejer para crear espacios más habitables en lugares públicos, recuperados sin solicitar permiso, como lo hace el colectivo Teje La Araña? ¿O de las acciones de Luz Interruptus cuando utiliza la electricidad como elemento de instalaciones de denuncia de la opresión y discriminación que sufren las mujeres?


Como escritora sé que no me escapo de mi esquema corporal, es decir no me salvo de la representación mental de mi cuerpo y su capacidad para interactuar con las personas y el entorno. En mi construcción histórica como mujer, y en particular como mujer bisexual que empezó a rebelarse contra los roles de género, de clase y de racialización al alcanzar la mayoría de edad, fue en una incipiente adultez que imaginé modificar mi cuerpo al ritmo de una utopía. Una figuración poética me permitió intervenir en los cambios corporales que me han llevado a deshilar la construcción de género.


Cuando dejé de usar tacones, aproximadamente a los 25 años, me sentí más chaparra y necesité descubrir que caminaba con mayor comodidad. Por un periodo perdí la confianza en mi elegancia sin percibir el enorme beneficio que lograba con ello. Entonces me predispuse a imaginar una manera diferente de caminar. Así mi arte tuvo que transitar por la creación del abandono de la masculinidad: deshacerme de los papeles nocturnos, los enfrentamientos, la agresividad de los héroes y los amantes, el poder de la palabra que avasalla y la necesidad de reconocimiento. Nada fácil si además le suman que cambié de lengua de expresión y empecé a escribir literatura en el castellano de México cuando ya había terminado mis estudios universitarios de licenciatura.


Fui torpe como las púberes cuando cambian de cuerpo y se le caen las cosas de las manos o se tropiezan. En mis primeros cuentos, me llevaba por delante la escuela donde nunca me hablaban ni de feminismo ni de mujeres creadoras. Buscaba, inventaba, redefinía mi grupo social de mujeres en un área de la que me apropiaba para concretar historias, construyendo un nuevo imaginario del ser humano con tetas, molestias en el bus, extensión del horizonte, libertades improvisas, búsqueda de trabajo, presión para ejercer la maternidad, enamoramientos.


La creatividad de las mujeres no puede evitar la representación del lugar que las mujeres ocupamos en la historia y en la cotidianidad, nuestras historias personales de aceptación, tolerancia o rechazo. No es lo mismo sentirse parte del mundo que no estar integradas a él. Para interactuar con el mundo sin representar la esfera en la que nos recluyen la falta de aceptación o el rechazo, las mujeres creamos decantando la serie de situaciones e historias personales, enfermedades, países, familias, embarazos, sexualidades, violencias que nos han construido y nos la arreglamos para disolver los hábitos que producen el control de nuestros cuerpos.


La estructura de la violencia patriarcal está en el arte de los hombres, el arte de las mujeres refleja entonces una aproximación a otro campo del aprendizaje y el perfeccionamiento. Se inventa una confianza en sí misma y afianza con ella su percepción de la justicia, la educación y la seguridad. Ser mujer deja de ser así una discapacidad o un valor de mercado, se convierte en una realidad abordada desde la propia percepción de la realidad y la construcción no solo de la subjetividad de la propia comunidad sino también de cada una de nosotras. La palabra que circula y el escucha/lectura de otras nos reconocen otras formas de ser miembro de la sociedad. Las escritoras fijamos en palabras un imaginario que construimos a contracorriente con la economía del mercado de las editoriales. Las pintoras, antes de las grafiteras y las performanceras, han roto dogmas al reproducir una realidad que los espacios públicos no solicitaban mostrar. Desde un momento histórico y una capacidad de empatía con el sentir de otras, no solo con el reconocido sentir y expresarse de otros, las mujeres creamos. Con las palabras exigimos el fin de la discriminación, con las imágenes nos hacemos integrantes de una sociedad, con los giros verbales y los actos de todos los días resignificamos los que tocamos. Describimos la molestia de estar en el mundo con un cuerpo que la androfilia dominante permite que sea agredido; para ello debemos crear, necesariamente inventar, usos de todo lo que hasta ahora ha estado en boca, manos y mercado de la sociedad que nos convertía en un incómodo trámite para acceder a su reproducción.


La epistemología feminista refleja la aproximación de las mujeres al campo de saber que le permite cuestionar los patrones científicos de su exclusión. De ahí que cuestione la lectura de toda la experiencia del mundo, si no hay un desenfoque de la mirada sobre la importancia de lo masculino. Tener nombre, dar nombre, pintar las imágenes de la vida de colores propios (las mujeres tenemos una mayor percepción del color, no sólo somos infinitamente menos las daltónicas que los daltónicos, 0.05% de las mujeres contra el 20% de hombres) es adquirir presencia y hacerse visibles. Por ello, en un primer momento las mujeres nos expresamos casi desde lo más primitivo de la expresión: historias sencillas, recuentos de hechos, reconocimientos de trabajos invisibilizados y de deseos de belleza y de la dificultad de realizarlos, han hecho efectivos los derechos de las mujeres a su propia creatividad.


Por supuesto somos sumamente vulnerables a la crítica. El arte androfílico reconocido no se interesa por la condición de ser de las mujeres, que es la de un ser expuesto al riesgo. Al hablar estamos trazándonos como sujetos, al actuar examinamos los datos que nos conciernen, al pintar nos diferenciamos para definir la humanidad. Puesto que la condición de riesgo de la violencia de género es ser mujer, la violencia con que nuestras obras son recibida es brutal: o te amoldas o te inscribes en uno de los discursos feministas de reivindicación estructurada. La libertad de expresión de las mujeres es tan frágil como el fenómeno mismo de la creatividad en tiempos de exceso de intelectualización y cientificismo.


Como amantes de la pintura, siempre quedo sorprendida (y ofendida) por la ignorancia de la historia del arte realizado por las pintoras mexicanas durante el siglo XX. Muchas artistas que se inscriben en ciertas corrientes del arte feminista, y que creen que están descubriendo el hilo negro al transformar fotografías de prensa en dibujos animados, no conocen la obra de una Andrea Gómez, la grabadora que denunció al mundo que la primera víctima de una guerra es siempre la población civil que una madre y sus hijas encarnan.


No la conocen porque desprecian lo que han obedecido desconocer y no visibilizar. En el feminismo mirar hacia otra mujer y su estar en el mundo es la base de la ruptura del paradigma androcéntrico, es el primer acto para el reconocimiento de otra manera de crear. Por ello no me parece extraño que una de las expresiones de la creatividad de las mujeres es la de mapear su presencia. Desde lo maravilloso a lo terrible, desde el ingreso a los museos y a los parlamentos hasta la movilización social por sus derechos y la muerte por feminicidio. Mapeamos en la literatura que nos concierne, en la radio, el cine y sobre todo en el video para el internet. Nos trazamos presentes en las plazas, nos tejemos la presencia en las escuelas, nos describimos en las cocinas y en los quirófanos. Entrevistamos a madres, a pacifistas, a ingenieras en crisis, a ministras que renuncian, a mineras extraviadas, a activistas del ambientalismo que descubren que su tradicionalidad es revolucionaria. Los cuerpos de las mujeres en la historia no son ya mensajes que se transmiten los grupos de hombres con poder, son exposiciones de la realidad en sí, una manera de dejar de solicitar permiso de ser.


Alba Carosio, la filósofa feminista venezolana, afirma contundentemente que "el arte de las mujeres es otra forma de hacer feminismo". Es una idea que coincide con las prácticas artísticas feministas de la mexicana Mónica Mayer, performancera, dibujante, crítica de arte, creadora de un archivo del arte feminista mexicano de nombre extraordinario, Pinto mi Raya, que trabaja reivindicando dos nombres que según ella están siendo considerados como pasados de moda o cargados de significados negativos, los de Feminista y de Artista.

Artista y feminista, Mónica Mayer participa desde sus quehaceres en los movimientos sociales mexicanos, a la vez que revitaliza desde lo visual las demandas del movimiento feminista. "La maternidad secuestrada", por ejemplo, fue un acto de performance que en 2012 se desplazó del internet a las calles, impulsando a las personas que hacen arte o que lo siguen (el 80% de las personas que se inscriben a cursos de arte o de sensibilización artística en México son mujeres) a expresar visualmente con su presencia en la plaza central, el Zócalo, cuál es su idea de que la maternidad es a la vez impuesta y secuestrada por el control que se ejerce sobre las mujeres desde la cultura. Cada una dijo en un cartel, una máscara, un refrán grabado, una indumentaria, qué es para ella la maternidad secuestrada, lo cual en un país donde el secuestro es un delito común y casi impune, se reveló como un acto de resignificación de la palabra, a la vez que incidió en la denuncia del delito.


Según Mónica, la creatividad feminista es difícil de concretar porque las mujeres somos producto de una historia y estamos en el tiempo de esa historia. A la vez, la artista asume que entre creatividad y sociedad a transformar el lazo es el de la cotidianidad de la transformación crítica: ".... para mí, la lucha feminista más canija ha sido la que libro contra mi propia educación todos los días. A pesar de haber leído miles de páginas sobre feminismo, de haber participado en marchas, trabajado en grupos, organizado exposiciones y escrito cientos de artículos, no puedo dejar de reconocer que mi corazoncito se formó dentro del más recalcitrante machismo. Cambiar esos patrones de comportamiento para que mis hijos puedan crecer de otra manera, o para que mis propias expectativas como mujer y como artista sean diferentes ha sido bastante grueso. Estando el enemigo adentro de una misma es difícil de vencer, por lo que las contradicciones siempre están a la orden del día. Por lo mismo, cuando pienso en lo ambicioso de un proyecto feminista (o cientos de diversos proyectos feministas) que pretenden cambiar ni más ni menos que la esencia misma de la sociedad me digo...tenemos chamba pa rato".


El artivismo, o las expresiones gráficas creativas de las mujeres que se apropian de espacios considerados propios de la manifestación política de características masculina como la protesta y la denuncia, está siendo muy activo en América latina. El racismo, el clasismo, el sexismo son visualizados en exposiciones en espacios públicos sin solicitar permisos, descontrolando los espacios vedados a las mujeres. Los grafitis y la pintura mural, en este sentido, son el giro más evidentes al anonimato de la creadora, que es reivindicada desde el acto de subvertir la invisibilidad exponiéndola, criticando con ello el egocentrismo del artista masculino sacralizado.


El 7 de octubre recién pasado, Pinto mi Raya y el Museo de Arte de las Mujeres MUMA, organizaron en el Museo Carrillo Gil una jornada sobre el arte feminista y la participación de las artivistas en la sociedad. El cambio inmediatamente perceptible de actitud frente a lo que es el arte fue la calidad dialógica de las mesas. Sentadas una frente a otra, las artistas jamás se arrebataron la palabra. No debatían, dialogaban; es decir, se escuchaban para entenderse, para hacer crecer la idea sobre su acción, para que ya no haya una definición fija, comprable y transmisible como saber codificado, de lo que es la creatividad. En lugar de escuchar a la otra para contradecir o cuestionar su palabra, se entendían mutuamente, aunque no dijeran lo mismo. En particular, durante la primera mesa "Arte, activismo y feminismo", donde participaron Natalia Eguiluz, Edith López Ovalle, Laura Valencia y Minerva Valenzuela, las artistas moderada por Mónica Mayer dijeron que el arte de las mujeres tiene que ver con la sociedad en general. Cuando se cae el telón de la representación de lo ordenado, la creatividad de quien ha sido impedida a articularse hace posible lo imaginado desde los márgenes. El arte de las mujeres es, por lo tanto un gesto creativo que se origina al interior de las circunstancias en la que están los cuerpos sexuados por la tradición heterosexual, y que mediante la creación resignifica la memoria de la disidencia que la cultura oficial intenta con todos sus medios invisibilizar.


Comparto con ellas, desde la escritura que hurga en las ciencias y las relaciones interpersonales, que las acciones de arte nos juntan, dan pretexto para la fantasía (que se expande fantaseando).


Estoy convencida de que a las artistas nos fortalecen las miradas feministas sobre nuestro quehacer, porque nos evitan estar expuestas a la fragilidad que provoca la invisibilidad. Que nos vean otras mujeres, que nos lean, que nos comenten y con nuestras fantasías alimenten las suyas, es empezar a reconocer que lo que unas hacen crea ideas sobre ese hacer. La creación, como gesto, como momento de posibilidad de lo que antes no era, a las mujeres nos permite expresar lo que deseamos que acontezca. Nuestro interior, como dice la pintora poblana Rosa Borrás, revela la inexistencia de la seguridad de ser; con la fotografía, el grafito, el carbón se le registra como ausencia en los gestos y se construye como actividad nutricia. Mientras tanto, en lo exterior, desanda el laberinto y se improvisa literatura, danza, gesto, gráfica, teatro. El arte está ahí, como dice Mónica Mayer, para que lo vayamos definiendo, no para que limite qué estamos haciendo.

 

Ciudad de México, UAM-Xochimilco, 27 de octubre de 2014

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"Ahora el feminismo del Norte tiene que mirar al del Sur"

Es norteamericana y una de las principales intelectuales feministas. Aquí, explica la relación entre feminismo y capitalismo, destaca la necesidad de controlar el capital financiero internacional, critica la pasividad de Obama al respecto y reivindica la postura de Cristina Kirchner.


"Conozco muchas personas en Estados Unidos que, como yo, gritaron a favor de Cristina Fernández de Kirchner por su rechazo al chantaje que sufrió por parte de los fondos buitre. Para nosotros es una heroína, aunque sea solo en el sentido simbólico en este punto", dijo a Página/12 Nancy Fraser, una de las más destacadas pensadoras de la teoría social y política y del feminismo. Fraser estuvo en los últimos días en Buenos Aires, invitada por la Universidad Nacional de San Martín, donde fue distinguida con un Doctorado Honoris Causa y dio dos conferencias en las que se explayó sobre la crisis global del capitalismo y el papel de los movimientos sociales en Latinoamérica. En una entrevista con este diario, la intelectual norteamericana señaló la necesidad de avanzar con una reforma en el sistema global, "para controlar el capital financiero internacional" y cuestionó la pasividad del presidente Barack Obama frente al tema. "Actualmente la deuda es el primer generador de ganancias en el mundo, mucho mayor de lo que fue la explotación directa de los trabajadores, y eso tiene que estar en el centro del análisis", indicó, en una charla en la que además reconoció que "en el Norte estamos en una crisis de imaginación y de ideas. No tenemos cómo imaginarnos una sociedad más democrática e igualitaria, emancipadora" y por eso "estoy mirando lo que está sucediendo en otras partes del mundo –como Latinoamérica– para tener inspiración e ideas".


Esta fue su cuarta visita a la Argentina. La última, recordó, había sido hace cuatro años. Esta intelectual feminista estadounidense es Loeb Professor en Filosofía y Política en la New School for Social Research, Einstein Fellow en la Freie Universität-Berlin y directora de la cátedra Justicia Global del Collège d'études mondiales en París. Polémica, su pensamiento no esquiva los dilemas que el mundo en transformación va proponiendo permanentemente. Así es como su trabajo teórico sobre la justicia social la llevó a revisar las reivindicaciones y luchas del feminismo desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad. Sobre este aspecto también profundizó en la entrevista de Página/12. La postura de Fraser sobre la teoría crítica generó agudas interpretaciones en relación al Estado de Bienestar, al salario familiar, las políticas de reconocimiento y, más recientemente, sobre la justicia en un mundo globalizado.


Fraser publicó en castellano Iustitia Interrupta. Reflexiones críticas desde la posición "postsocialista" (Siglo del Hombre Editores / Universidad de los Andes, Santa Fe de Bogotá, 1997), ¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico, con Axel Honneth (Madrid, Ediciones Morata / A Coruña, Paideia, 2006) y recientemente Escalas de justicia (Barcelona, Herder, 2008), donde presenta las tres dimensiones de su teoría de la justicia: la redistribución en la esfera económica, el reconocimiento en el ámbito socio-cultural y la representación en lo político. El acento en esta última dimensión constituye la novedad de esa obra en la que además transita del marco del Estado-nación al transnacional.


El lunes 29 dio en la Unsam la conferencia "¿Puede la sociedad ser una mercancía? Reflexiones sobre la crisis del capitalismo". Al día siguiente brindó la conferencia "El destino de la igualdad en un mundo financiarizado". En el marco de su visita al país, conversó con Página/12 en el café del hotel donde se hospedó, en el barrio porteño de Recoleta.


–¿Por qué sostiene que la crítica feminista al sexismo ha servido de justificación de nuevas formas de desigualdad y explotación?
–Es una reflexión en parte autobiográfica. Pertenezco a la generación del '68, que se vio envuelta en la explosión de la segunda ola del feminismo, entre los sesenta y principios de los setenta, que cambió mi vida, así como la de muchísimas personas. En ese momento entendí el feminismo como una crítica profunda y radical de la estructura de la sociedad capitalista, especialmente en relación al trabajo pago y al trabajo no remunerado. A diferencia de los marxistas tradicionales, nosotras no asumíamos que la solución era llevar a las mujeres al mercado pago de trabajo. Nosotras siempre pensamos que la única solución posible era más profunda, era un cambio de la estructura real del capitalismo en relación a la producción y la reproducción. Utilizando términos que desarrollé más tarde en retrospectiva puedo ver que lo que estábamos tratando de hacer era combinar una perspectiva socialista, feminista y crítica de la política económica y a su vez una crítica del orden de las jerarquías sociales y no solo en términos de dominación y subordinación en relación al género, sino a las razas, las etnias y muchas otras cosas; y en términos que acuñé más tarde, en relación a la política, lo que tratábamos de hacer era combinar la lucha de la redistribución del ingreso y del reconocimiento social. Vivíamos en ese momento en un capitalismo que todavía estaba gerenciado por el Estado, por decir de alguna manera. Pero en las décadas siguientes vimos cómo se desarrolló una nueva forma del capitalismo, el neoliberalismo, que cambió el contexto para los movimientos feministas, resignificando las formas de nuestras luchas. Cuando pensamos en esto, las feministas, en el norte global, es decir, en Estados Unidos y Europa, no éramos conscientes de cómo estaba cambiando el territorio bajo nuestros pies. Entonces tomamos una perspectiva del feminismo más inclinada al culturalismo, estábamos más interesadas en la lucha por el status social que por la política económica. Esa visión fue muy conveniente al neoliberalismo porque necesitaba de alguna manera que las mujeres entraran al mercado laboral pago; le dio al neoliberalismo un lenguaje para la economía que le hacía parecer que era un avance progresista. De alguna forma, el feminismo, especialmente en los Estados Unidos, se vio capturado por el sector de mujeres de elite, de clase media alta, educadas, con educación superior, cuyo proyecto era –y cito a Hillary Clinton con su famosa frase– "romper el techo de cristal". Es decir, se dio una idea de meritocracia, de que había que ascender en la escala corporativa y llegar a los más altos puestos pero, también, esta perspectiva dejó de lado la gran masa de mujeres que tienen dos, tres y hasta cuatro trabajos y que además se hacen cargo del trabajo doméstico y aún así no pueden ganarse la vida. Entonces, nos vimos con un contexto de desindustrialización, de reubicación de las grandes industrias y empresas en Asia, de un mercado laboral precario con bajos salarios y una economía de servicios precarios, combinado con clases profesionales y de elite, a las cuales el feminismo sirvió, en detrimento de las otras mujeres.


–¿Cómo se puede romper "esa amistad peligrosa" –como usted define en alguno de sus textos– del feminismo con el neoliberalismo?
–Esta es una de las razones por las que estaba tan interesada en venir a la Argentina. Tengo la impresión de que en este momento en toda Latinoamérica, y sabiendo las diferencias que existen entre los países, hay una especie de "marea rosa", una afluencia de gobiernos y de movimientos sociales que influyen en el poder y en la política. Yo sé que no es todo ideal. Pero históricamente el feminismo del Sur global miraba al feminismo del Norte global para ver cómo se hacían las cosas, pero me parece que estamos en un momento en que hay que mirar en sentido inverso. Nosotros en el Norte estamos en una impasse, estamos en serios problemas. No tenemos ninguna oposición seria y organizada al neoliberalismo, ni en Europa ni en los Estados Unidos. Y hasta todos los gobiernos que se hacen llamar de izquierda o socialistas han adoptado prácticas neoliberales. Incluso las protestas que vivimos recientemente de los "indignados" o el movimiento Occupy desapareció repentinamente sin dejar ninguna organización, ningún proyecto programático futuro. En el Norte global estamos en problemas y estoy mirando lo que está sucediendo en otras partes del mundo para tener inspiración e ideas.


–¿Es posible una sociedad más igualitaria y solidaria?
–Por supuesto, absolutamente. De hecho, tuvimos en otros momentos sociedades que, si bien no fueron perfectas, han sido democráticas y más igualitarias que las que vemos hoy, como en la época del New Deal, en la década del '40 en Estados Unidos, o incluso el peronismo aquí; sin estar exentos de problemas pero sí con un contexto mucho más igualitario. Hoy lo que tenemos en los Estados Unidos es información cuantitativa muy alarmante de cómo ha crecido la desigualdad en el país. Ha habido una redistribución de la riqueza hacia la cúspide de la sociedad. Una sociedad más igualitaria es posible pero depende de que existan movilizaciones populares, de las bases, que no sean solo protestas sino que estén acompañadas de un proyecto, de ideas, de una noción de qué políticas e instituciones son necesarias para el cambio. En el Norte estamos en una crisis de imaginación y de ideas. No tenemos cómo imaginarnos una sociedad más democrática e igualitaria, emancipadora. ¿Cómo sería? No lo podemos ver. Y estamos en un momento muy distinto de los '40 porque hoy en día el progreso de la globalización ha sido tan grande que uno no puede volver, por ejemplo, a un socialismo en un país o en un bloque de países. No hay una solución que no implique grandes cambios a escala global, más allá de lo que haya que hacer en cada país. Hay que transformar toda la estructura global y crear una arquitectura para controlar el capital financiero internacional. También hay que crear instituciones democráticas e igualitarias a nivel global que nos ayuden a luchar contra el cambio climático. Estos son los dos grandes problemas que aquejan a la Humanidad. Tenemos que poder re-imaginar la democracia, la solidaridad, la participación, la igualdad, e incluir dentro de este proyecto el marco ecológico y el otro gran problema de controlar las finanzas.


–¿Cómo analiza el rol del capital financiero internacional a la luz de la disputa que mantiene el gobierno argentino con los fondos buitre?
–En relación con este tema, conozco muchas personas que como yo en Estados Unidos gritaron a favor de Cristina Fernández de Kirchner especialmente por su rechazo al chantaje que sufrió por parte de los fondos buitre. Para nosotros es una heroína, aunque sea solo en el sentido simbólico en este punto. El problema es que no podemos depender para este gran cambio de que existan héroes acá o allá, o en todas partes. Además de esos héroes y esas figuras, tiene que haber una solución sistemática. Hoy en día la cuestión de la deuda es tan fundamental como ha sido históricamente la cuestión de la explotación laboral de los trabajadores en la tradición socialista y en la realidad. Tenemos formas de opresión que van desde las deudas personales de consumo hasta las deudas de los países. Y esto es una característica de esta etapa del capitalismo financiero, donde los capitales son los que reinan, a diferencia del capitalismo anterior, donde el Estado gerenciaba una economía industrial. Actualmente la deuda es el primer generador de ganancias en el mundo, mucho mayor de lo que fue la explotación directa de los trabajadores, y eso tiene que estar en el centro del análisis.


–¿Por qué cree que Barack Obama no hizo nada para frenar la embestida de los fondos buitre contra la Argentina?
–Obama es un hombre que hizo que Larry Summers sea su principal asesor económico y que piensa el sistema bancario así. Summers es el gran ideólogo de la desregulación del sistema bancario, trabajaba en Goldman Sachs, de los grupos de bancas de inversión y valores más grandes del mundo. Todo el sistema político norteamericano, tanto demócratas como republicanos, son partidarios de Wall Street. ¿Por qué Obama no cerró Guantánamo? ¿Por qué está bombardeando Siria? ¿Quién continuó la guerra contra el terrorismo? En 2008 Obama se presentó como un gran transformador. Tuvo un discurso que inspiró a mucha gente, a millones, en Estados Unidos y en el mundo, que esperaba un gran cambio paradigmático, que nunca se produjo.


–¿Cree que sería posible una reforma financiera global en este escenario internacional?
–En teoría es posible y necesaria. El problema sería cómo llegar desde donde estamos hoy hasta esa transformación. Actualmente, a diferencia de otros períodos, no existe una capa de la elite empresaria o corporativa que pueda pensar a largo plazo para salvar al capitalismo de sus propios mecanismos autodestructivos, es decir, que pueda pensar cómo regular las propias tendencias del capitalismo de autodestruirse. En otras épocas, hubo elites que tuvieron esa visión. Hoy la mayoría tiene una visión de corto plazo. Existen excepciones. Puedo nombrar a George Soros o Warren Buffett pero, en general, todos los países están aterrorizados por los mercados financieros, temen que si no hacen lo que les dicen que hagan, se va a destruir su economía o su moneda se va a devaluar. Por eso la postura que asumió la presidenta Cristina Fernández de Kirchner contra los fondos buitre es muy importante, al menos a nivel simbólico. Una parte de la solución que todo el mundo conoce es aplicar una suerte de impuesto al lucro obtenido por la especulación financiera. Pero no se aplica. Otro déficit importante es que no existen poderes públicos genuinos a nivel global que se hagan responsables frente a la población para enfrentar estos problemas. Hoy en día las decisiones del mundo financiero se toman a puertas cerradas, por grupos de privados o semiprivados, sobre los cuales no tenemos ningún tipo de decisión. Es un gran déficit de la democracia a nivel global.


–En una de las conferencias que dio en la Unsam planteó que América latina intenta expandir el sentido de la igualdad. ¿Cómo ve el proceso político en la región?
–Para comenzar, debo decir que no soy una académica experta en América latina. Voy a adaptar mis impresiones de las lecturas de los diarios, de cosas que he visto. Pero no tengo una autoridad muy grande en este tema. En primer lugar me parece que es muy interesante lo que está sucediendo en los países andinos, donde hay un gran empuje para incluir en la sociedad a los pueblos originarios, para crear una forma plurinacional de la democracia y no que los indígenas tengan que asimilar el Ethos del blanco europeizante, sino que se reconocen especificidades de otros pueblos. Es muy importante como forma de expandir la democracia. Me interesa también mucho el desarrollo de la economía popular y solidaria, es decir, lo que sucede en las bases de las comunidades, donde toman con sus propias manos la organización de la cooperación. Es una tendencia hacia la auto-organización. Pero a la vez debe encontrarse con un movimiento más grande para cambiar la estructura societaria a nivel general. Me interesa porque es un cambio que tiene un fin igualitario. La situación varía en cada país, hay muchas diferencias entre Venezuela, Argentina, Chile, y las demás naciones. Pero el hecho de que existan tantos intentos, tantos proyectos, de construir un movimiento contrahegemónico y alternativo al neoliberalismo que busque aumentar la equidad o disminuir al menos la inequidad es de por sí muy interesante.


–En el Cono Sur se da la particularidad de que hay tres presidentas, en Argentina, Chile y Brasil. ¿Qué nos puede decir de los liderazgos de mujeres?
–Un hecho muy importante para destacar de las tres presidentas es que son líderes progresistas. No son perfectas pero van en la dirección del progresismo. Por ejemplo, podemos contrastarlas con figuras como Margaret Thatcher o en los Estados Unidos, próximamente, es probable que –si me preguntan al día de hoy creo que es la principal candidata– Hillary Clinton pueda convertirse en la presidenta de los Estados Unidos y dudo mucho, no creo, que sea una líder progresista. Es más, creo que es un "halcón" en términos de política exterior más que Obama, es decir, una figura que promoverá más que los Estados Unidos sea un país dominante. Y eso me preocupa mucho. Es decir, el liderazgo femenino no garantiza per se que la mujer aplique las políticas que uno quiere o espera. Y otra característica para destacar de estas tres presidentas es que son parte de esa "marea rosa", que veo en Latinoamérica, que las convierte por combinación en líderes muy interesantes.

Publicado enSociedad
Martes, 09 Septiembre 2014 14:21

Sexualidad, violencia y cultura

Sexualidad, violencia  y cultura

 

Juana Gamero de Coca, profesora de lengua y literatura española en los Estados Unidos, nos ofrece en Sexualidad, violencia y cultura un alegato político, intenso, conmovedor, un análisis de seis mil años de esclavitud, su representación gráfica, oral, y la escasez de historias que nos permitan sobreponernos a su inevitabilidad.

La autora estudia y escribe como mujer que no se quiere esclava ni silenciada cómplice de la esclavitud de las mujeres y que se propone "guerrear por la paz", "gritar hasta el silencio", uniendo su voz a muchas voces hasta dar con las historias de la liberación.

A lo largo de más de 300 páginas, lee profundamente a la mujer esclava, aquella que se prostituye tras la violación y para la violación, para sobrevivir el hambre suya y de los suyos, aquella que no tiene una explicación narrativa del por qué debe vivir lo que vive, la que es persona narrada que sólo tiene historias del " siempre ha sido así". La mujer que se mata, que se intercambia, que se abandona, hambrea y asusta: la mujer del mito patriarcal que naturaliza su propio sistema, haciéndolo verdadero por inevitable. Por supuesto, inevitablemente, llega a la mujer objeto de muerte, la mujer carne de feminicidio, que el periodismo y la narrativa han visibilizado al llegar al lugar del infierno: Ciudad Juárez, el peor lugar donde nacer y vivir mujer.

 

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