El movimiento indígena de Ecuador se declara en "paro nacional" ante el presunto "fraude electoral" contra el candidato presidencial Yaku Pérez

"La vigilia se mantendrá y se llama a sumarse a los habitantes de Quito, pese a la represión policial y pese a que los vocales del CNE aprendieron a burlar la voluntad popular", dice un comunicado de una organización indígena.

La Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador (Ecuarunari) declaró un "paro nacional" ante el presunto "fraude electoral" contra el candidato presidencial Yaku Pérez, promovido, según denuncian, por el Consejo Nacional Electoral (CNE).

El anuncio se conoció mientras el CNE evaluaba un informe técnico-jurídico para decidir si aceptaba o no las "inconsistencias" en más de 20.000 actas electorales presentadas por el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP), por el que se postuló Pérez.

Mientras, decenas de seguidores del aspirante a la presidencia, convocados por Ecuarunari, permanecían en las afueras de la sede del CNE en Quito, donde hubo algunos enfrentamientos con la Policía.

"La vigilia se mantendrá y se llama a sumarse a los habitantes de Quito, pese a la represión policial y pese a que los vocales del CNE aprendieron a burlar la voluntad popular", dice el comunicado de la Ecuarunari.

Las decisiones del CNE

En su sesión, el pleno del CNE aprobó, de manera parcial, con cuatro votos a favor y una abstención, la objeción presentada por Pachakutik a los comicios del 7 de febrero. Sin embargo, solo dispuso la revisión de 31 actas de las miles que fueron presentadas.

La presidenta del CNE, Diana Atamaint, exlegisladora por Pachakutik, informó que fueron presentadas 27.767 actas para su revisión, por tener supuestas "inconsistencias".

Con ese número de actas hicieron dos peticiones al órgano electoral. Primero, que "se compare el número de sufragantes entre las dignidades de binomio presidencial, asambleístas nacionales, provinciales y Parlamentarios Andinos (que también se eligieron el 7 de febrero)", para lo cual presentaron 20.534 actas. No obstante, el CNE determinó que "este requerimiento es improcedente", según el Código de la Democracia.

La otra petición fue la verificación "por inconsistencias numéricas y por falta de firmas" en las 7.233 actas restantes.

Sin embargo, el CNE, tras hacer una revisión, averiguó que:

  • 1.453 actas estaban repetidas.
  • 5.409 actas no tienen ninguna inconsistencia.
  • 340 actas ya habían sido identificadas "con novedades" y recontadas.
  • 10 actas con inconsistencia numérica.
  • 21 actas con falta de firmas.

Por lo tanto, solo se contarán esas 31 con inconsistencia y falta de firma, que están en las provincias de Azuay, Cañar, Carchi, Cotopaxi, Esmeraldas, Los Ríos, Pichincha y Santo Domingo.

Previamente el CNE negó otro reclamo de Pachakutik para verificar y comparar el "número de sufragantes en las actas de asambleístas nacionales respecto de las actas de parlamentarios andinos", así como "el pedido de nuevo escrutinio".

La denuncia de Pérez

Pérez quedó en tercer lugar en los comicios del 7 de febrero, lo que le impidió avanzar al balotaje que se disputará el 11 de abril y en el que se enfrentarán Andrés Arauz, candidato de Unión por la Esperanza (que aglutina al correísmo), y Guillermo Lasso, del movimiento Creando Oportunidades (CREO), en alianza con el Partido Social Cristiano (PSC).

Según los resultados del CNE, Pérez sacó apenas 32.600 votos menos que el aspirante de CREO.

El candidato de Pachakutik denuncia que el presunto fraude fue cometido por un supuesto "pacto oligárquico" entre Lasso, su aliado del PSC Jaime Nebot y el expresidente Rafael Correa.

En respuesta, el exmandatario recordó que el CNE es manejado por una exmilitante de su partido Pachakutik, mandato bajo el cual le impidieron su participación en estos comicios y dificultaron hasta el final la presencia del correísmo.

Publicado: 27 feb 2021 04:38 GMT

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Ecuador: entre la disputa por el ballottage y el pacto político

Yaku Pérez, que quedó tercero, denuncia fraude e inicia acciones legales

El candidato de Pachakutik oscila entre acusar al banquero Lasso de fraude e invitarlo a realizar un frente común contra Arauz, el presidenciable correísta ganador de las elecciones del domingo. 

 

Pasados cinco días desde la elección presidencial y legislativa en Ecuador, el Consejo Nacional Electoral (CNE) aún no ha finalizado el conteo del 100% de las actas. Sin embargo, con 99.88% de las actas escrutadas y 98.81% computadas, se ha confirmado que Guillermo Lasso ingresará a segunda vuelta con 19.79% de los votos, y Yaku Pérez, con 19.46%, quedará en el tercer puesto.

Pérez, en el marco de la demora en el anuncio oficial del CNE, ha denunciado la existencia de un fraude y comenzado una serie de acciones. “El día de ayer se consumó el fraude que vino preparándose desde hacía algunas semanas antes (…) tal vez ya tenemos el Nostradamus contemporáneo, el expresidente Correa, él anticipó hasta con cifras casi precisas cuánto va a llegar a tener Lasso, cuánto nosotros y cuánto el señor Arauz”, afirmó el candidato de Pachakutik en las afueras del CNE, en Quito.

Según Pérez, existiría una alianza entre Correa, Lasso y Jaime Nebot, dirigente del Partido Social Cristiano (PSC) aliado a CREO en la candidatura de Lasso. “El señor Lasso solamente por un ego que quiere pasar a la segunda vuelta, sabe que no va a ganar al señor Arauz, le está haciendo el juego al correismo, Correa astutamente le hace caer en la trampa a Lasso y a Nebot”, señaló ante un grupo de seguidores que instaló una vigilia frente al poder electoral.

Así, según afirmó Pérez, no solamente debería ingresar a primera vuelta, sino que habría ganado en lugar de Andrés Arauz, ya que le habrían robado “diez puntos” en “un fraude descarado”. Pérez ya había realizado esa misma afirmación el día lunes, cuando instaló la denuncia acerca del robo de las elecciones, algo que, hasta el momento, no fue acompañado por pruebas.

El partido Pachakutik, ante esta situación, anunció que pedirá al CNE el recuento “voto a voto” en las provincias de Pichinchas, Guayas, Manabí, Los Ríos, Esmeraldas, El Oro y Bolívar, “donde se metió la mano”, llevará una denuncia penal en Guayas por delito de fraude electoral, acudirá a la Contraloría General de la Nación para pedir que se haga una auditoría, y presentará la denuncia ante el secretario de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos y en Naciones Unidas.

Sin embargo, al tiempo que Pérez acusó a Lasso de complicidad con Correa, retomó la propuesta hecha el miércoles por Xavier Hervas, de Izquierda Democrática (ID) -quien llegó en cuarto lugar con 15.74% de los votos- de conformar un frente entre las cuatro fuerzas políticas, Pachakutik, ID, CREO-PSC, para enfrentar a la revolución ciudadana. Así, Pérez afirmó que, una vez realizado el recuento, “quien resulta ganador, dialogamos y hacemos un frente contra la corrupción”, es decir contra el correísmo.

Si bien aún resulta incierto cómo evolucionará el pedido de recuento de voto ante el CNE, las demás acciones legales y, tal vez, un proceso de protestas, a medida que avanzan los días ha tomado cada vez más forma la posibilidad de que se conforme una alianza de cara al ballottage. Una posibilidad no solamente presente en los discursos, como la tensión de Pérez entre acusar a Lasso de fraude e invitarlo a realizar un frente común, sino también en el intento de conformación de una alianza entre Pachakutik y CREO-PSC en la Asamblea Nacional para lograr la presidencia del legislativo.

El desarrollo del escenario ha dejado en evidencia el punto central que comparten la mayor parte de las fuerzas políticas del Ecuador: impedir el regreso de la revolución ciudadana al gobierno. Se trata de un objetivo compartido, a su vez, por el gobierno estadounidense, involucrado en los entretelones, como quedó evidenciado con la visita del presidente Lenín Moreno a Washington días antes de las elecciones, donde llevó adelante reuniones con funcionarios centrales de la administración y de ambos partidos de cara a América Latina.

Esta confluencia de factores de poder nacionales e internacionales en torno al momento electoral no sería nueva, sino la continuidad de una serie de acciones emprendidas durante los últimos cuatro años contra el correismo desde el gobierno, el poder judicial, electoral, mediático, que se tradujeron en persecuciones, encarcelamientos, inhabilitaciones y exilios. Pérez, quien ahora denuncia un fraude, podría, dentro de algunos días o semanas, ser parte de la alianza electoral anti-correísta con proyección gubernamental. ¿La base social que votó por él apoyará a Lasso? Es una de las varias preguntas que se encuentran sobre la mesa. 

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Tijanóvskaya. La voz de la oposición. Foto: Sipa vía AP Images

Desde mayo pasado, cuando arrestaron a su esposo, Svetlana Tijanóvskaya saltó a la palestra política para defender las libertades en Bielorrusia. En agosto incluso fue la candidata electoral de la oposición unificada que enfrentó al gobierno de Aleksandr Lukashenko, quien lleva 26 años en el poder y se niega a dejarlo pese al veredicto de las urnas. Hoy, desde el exilio, Svetlana habla de sus anhelos de regresar a su país a vivir con mayores libertades. Y sentencia: “Resistiremos al invierno, a la primavera, a lo que sea necesario. No pararemos”.

 

ROMA (Proceso).– "No acepto que se me diga que (nuestro movimiento) ha sido derrotado”, contesta tajante Svetlana Tijanóvskaya cuando se le señala un hecho: tres meses después de las elecciones de agosto pasado en Bielorrusia, en las que los opositores acusaron al presidente Aleksandr Lukashenko de fraude e iniciaron jornadas de protesta, él sigue inamovible y no hay avance en las negociaciones para llevar a cabo nuevos comicios.

“Son tres meses que los bielorrusos salen a la calle, protestan contra este régimen y su violencia y muestran solidaridad. Es una victoria. La forma de pensar de los bielorrusos ha cambiado para siempre; ya hemos ganado. Sólo es cuestión de tiempo”, sostiene desde el exilio la lideresa de la oposición bielorrusa unificada.

Incluso anticipa: “Resistiremos al invierno, a la primavera, a lo que sea necesario. No pararemos”.

Svetlana Tijanóvskaya (Mikashévichy, 1982) tiene 38 años y encabeza la rebelión contra Aleksander Lukashenko, el político europeo que ha estado en el poder durante 26 años y es considerado como una de las últimas reliquias soviéticas. 

Esta batalla sin final hace temblar el tablero geopolítico. Por un lado está el involucramiento de la cercana Rusia –aunque el movimiento de protesta no tiene un marcado sesgo antirruso y el sector económico y de la defensa bielorrusa están fuertemente vinculados a Moscú–; por el otro, está la escalada represiva del gobierno de Minsk y el parangón con la Venezuela de Nicolás Maduro que algunos analistas han hecho.

Hasta mayo pasado, Tijanóvskaya era una figura desconocida. Pero el arresto ese mes de su marido, el bloguero Serguéi Tijankovki –un opositor bielorruso muy activo–, dio un vuelco a su vida. 

Ese hecho la convirtió en la candidata independiente en el proceso electoral que culminó en agosto, pues ella supo aunar los sectores de la oposición y en los últimos tres meses se convirtió en el rostro y voz de un movimiento dispuesto a echar del poder a Lukashenko. 

En esta lucha Tijanóvskaya ha tenido a su lado a otras dos mujeres: Maria Kolesnikova, quien hoy está en la cárcel, y Veronika Tsepkalo, quien optó por el exilió para evitar la prisión.

Desde Vilna (Lituania), donde se refugió tras denunciar el fraude electoral, Tijanóvskaya atendió a esta periodista en una videollamada que culminó con una reflexión sobre la pandemia de la covid-19 y el papel que ella ha desempeñado en este proceso de cambio en Bielorrusia, país inmerso en el estancamiento económico.

 

Nadie nos ha escuchado

 

–¿Señora Tijanóvskaya, se considera aún la presidenta electa de Bielorrusia? –se le pregunta a la opositora bielorrusa. 

–Nunca me consideré así. Algunos me llaman de esa manera pero no le doy importancia; yo misma evito ese término. Lo que es evidente es que hubo fraude en las últimas elecciones y por eso no sabemos cómo votaron los bielorrusos. 

–En efecto, la cuestión es que, tres meses después de su acusación de fraude y de la escalada represiva del gobierno, Luka­shenko sigue ahí y no ha habido avances en la petición de la oposición de una transición que lleve a unas nuevas elecciones. ¿Es una derrota? ¿Qué ha fallado? 

–Nada ha ido mal. Todo está yendo maravillosamente. ¿Ha visto lo que ha pasado y sigue ocurriendo en Bielorrusia? ¡Son tres meses que los bielorrusos salen a la calle, protestan contra este régimen y su violencia, muestran solidaridad! Es una victoria. La forma de pensar de los bielorrusos ha cambiado para siempre. No, no acepto que me diga que ha sido una derrota. Ya hemos ganado; sólo es cuestión de tiempo…

–Pero esto no ha pasado aún. Supongo que estará molesta. 

–Sí que estoy molesta. Se ha declarado presidente sin serlo (pese a que fue reconocido sólo por dos grandes potencias, Rusia y China, Lukashenko juró como presidente en septiembre). Hace como si nada hubiera pasado, como si viviera en otro mundo y nosotros no fuéramos nada. Pero si de verdad fuera un líder se daría cuenta de que los bielorrusos han cambiado y escucharía a su gente. 

“El primer mes nosotros intentamos dialogar con él. No nos respondió. Entonces intentamos buscar la ayuda de mediadores europeos para entablar un diálogo. Pero tampoco nos ha escuchado. 

–¿Cuál es su objetivo ahora? 

–Nuevas elecciones transparentes, libres y justas, con observadores internacionales y una nueva comisión electoral. Y, por supuesto, considerada la violencia sin precedente (de las fuerzas del orden bielorrusas contra los manifestantes) de estos meses, ahora también queremos que los responsables de esas atrocidades sean castigados. 

–¿Qué piensan hacer? 

–Continuar las protestas, manifestarnos hasta el final. No hay manera de que Lukashenko pueda impedirlo; no somos un movimiento que se mueve ahora con un solo líder. Hay mucha autoorganización. No hay nadie que él pueda encarcelar que nos haga colapsar. Queremos vivir con mayores libertades. 

–¿No se está enfriando ya la protesta? 

–El movimiento se está transformando. Tal vez algunos días ha habido menos gente en la calle, por el miedo que hay, pero el reto permanece. No se pueden olvidar todos los golpes, las muertes –al menos tres desde el inicio de las protestas–, los arrestos –de 800 manifestantes el domingo 8 tras una protesta para exigir la renuncia de Lukashenko– . Es duro, pero no nos rendiremos. 

–¿Cree que resistirán al invierno y a la pandemia? 

–Resistiremos al invierno, a la primavera, a lo que sea necesario. No pararemos. El gobierno (de Lukashenko) lo debería entender: la única salida es el diálogo. No queremos que nadie sufra física y económicamente. Queremos diálogo. Tan sencillo como esto: sentarse y hablar. 

–¿Hablar con quién, con Lukashenko? 

–Si hay algo que hemos entendido en estos meses es que él no se sentará en una mesa con nosotros. Por eso estamos esperando a otra persona del gobierno que asuma esta responsabilidad (de abrir una negociación con la oposición unificada), dispuesta a acabar con la violencia y a escuchar a las personas de Bielorrusia. En Luka­shenko no confiamos más. Es un hombre que se considera por encima de su gente. 

 

Nuevas señales

 

–¿Se ha establecido alguna negociación hasta ahora? 

–No. Nada. Le tienen tanto miedo que nadie se atreve. 

–Y eso que también la relación entre Lukashenko y Rusia parece de amor–odio. 

–Si hablamos del Kremlin, al principio sí vimos que le daban dinero y lo apoyaban, pero ahora no lo están apoyando abiertamente, sólo están observando y esperando a ver qué pasa. Hace unos días en los medios rusos incluso mostraron imágenes de la protesta y de la violencia contra los activistas. Nos pareció una señal.

–¿Qué cree que lo empujaría a irse?

–Mucha presión, fuera y dentro del país. La presión del mundo.

–En estos meses de exilio, usted se ha dedicado a buscar nuevos apoyos para su causa. Pidió ayuda al gobierno británico, a la canciller alemana, Angela Merkel, y a la UE (Unión Europea). ¿Se ha sentido realmente respaldada?

–Las sanciones (de la UE a funcionarios cercanos a Lukashenko) han sido un apoyo real y concreto. Estoy segura de que a la brevedad serán ampliadas. Además, la UE no ha reconocido la legitimidad de su presidencia. Entendemos que Europa no puede ponerse en nuestro lugar pero sí quisiéramos que las naciones europeas fueran más valientes y rápidas en sus respuestas.

–¿Sigue intacta la alianza entre los movimientos de la oposición que usted lidera?

–Sí. Han dicho muchas cosas de nosotros, cosas horribles: así es la propaganda… Pero seguimos unidos como nunca en nuestra determinación de lograr un cambio.

–En su protesta ha habido una participación muy activa de las mujeres.

–Porque estamos luchando juntas. No hemos estado detrás, también hemos estado físicamente delante de ellos, cuando la policía los quería golpear.

–Se vieron imágenes duras de la represión de la policía bielorrusa, pero al menos al principio también pareció que se rehusaban a lanzarse contra las mujeres. ¿Tienen simpatizantes en las fuerzas del orden? 

–¿Si tenemos simpatizantes en la policía? 

–Sí, en la policía y, más en general, en las instituciones. ¿Los tienen?

–Estoy absolutamente segura de que de las personas que forman parte de la policía y de las instituciones la mayoría también quiere un cambio y le gustaría apoyarnos, pero, como le dije, mantienen un comportamiento de sumisión, como si fueran esclavos. 

–¿Por qué Lukashenko se niega a irse? 

–No conozco sus razones. Es un hombre solo que vive con el miedo a que lo traicionen y que ahora, estoy segura de esto, siente pánico porque sabe que la gente ha cambiado mucho. 

 

Cada persona es un líder

 

–¿Sus protestas seguirán siendo pacíficas? 

–Mire, nuestra estrategia ha sido esa: mantenernos pacíficos. Y hasta ahora esto se ha mantenido. No ha habido violencias procedentes de nuestro bando. Pero no soy responsable por lo que hace cada persona en Bielorrusia. 

–¿Cuántos activistas hay encarcelados? 

–Ya durante la campaña electoral había unos 100; ahora muchos otros entran y salen. 

–Su marido es uno de ellos, sigue en prisión, ¿verdad? 

–Sí.

–¿Tiene algún contacto con él? 

–Todos tienen derecho a recibir a sus abogados, pero no a sus familias; tampoco podemos hablar con ellos por teléfono. Nuestras prisiones son inhumanas.

–¿Tienen pruebas de torturas?

–Tenemos muchas pruebas de maltratos, torturas e incluso violencias sexuales contra personas arrestadas después de las protestas de agosto. El Estado no ha abierto investigación alguna. De lo que ocurre en las prisiones sabemos menos porque los que están allí tienen mucho más miedo, no quieren hablar. Estamos recolectando documentación. Por eso es importante lo del Mecanismo de Moscú (la OSCE usó esta herramienta para publicar el 6 de noviembre un informe, rechazado por Lukashenko y Rusia, en el que se sostiene que hubo fraude en las elecciones de agosto).

–¿La pandemia ha tenido algún papel en la protesta?

–Fue uno de los motivos que ha empujado a las personas a protestar. (En los meses de la primera ola) todos vieron cómo el gobierno no ayudaba a la gente, ni a los médicos, nos decían que podíamos curarnos bebiendo vodka. Hubo una actitud muy irrespetuosa de las autoridades hacia los ciudadanos: funcionarios que se burlaron de los enfermos, médicos y enfermeros abandonados a sí mismos y completamente desprotegidos. Y, a la vez, también se organizaron colectas de dinero para costear las mascarillas y el material sanitario de los hospitales. Así, las personas entendieron que, uniéndose, pueden lograr el cambio.

–¿Tiene planes de volver a Bielorrusia? 

–Claro que sí. Amo a mi país. Quiero vivir en Bielorrusia. Quiero que mi gente viva allá. Regresaré tan pronto como me sienta segura allí. Ahora estoy bajo investigación criminal en mi país; mi marido está en prisión, y realmente no puedo permitirme volver. 

–Efectivamente, casi todos los líderes de la protesta están en el exilio o en la cárcel. 

–Pero, ¿sabe qué? Ahora cada persona es un líder. 

* Una versión reducida de esta entrevista fue publicada en el diario español El Periódico en su edición del sábado 14.

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Protestas en Bielorrusia: denuncian que la Policía detuvo a 12 mil personas

Manifestaciones en las principales ciudades del país europeo

 

En Bielorrusia la policía reprimió y detuvo a miles de personas durante manifestaciones contra el presidente Alexander Lukashenko. Ocurrió este domingo, cuando alrededor de 100.000 personas se reunieron para protestar contra el mandatario, quien prestó juramento en secreto luego de las elecciones en agosto pasado. Lukashenko lleva 26 años consecutivos al frente del país europeo.

Es que desde la elección presidencial, miles de personas colman a las calles, cada domingo en Minsk, para denunciar la reelección de Lukashenko, que consideran fraudulenta. Las movilizaciones resisten pese a la fuerte represión por parte de las fuerzas policiales que arrestaron a decenas de manifestantes pacíficos y a líderes de la oposición. Según Hanna Liubakova, periodista bielorrusa, "más de 80 mujeres fueron arrestadas ayer, incluyendo menores de edad". 

Desde las elecciones, "alrededor de 12 mil peronas han sido detenidas. No tiene precedentes en la historia de Bielorrusia. Muchos han sido torturados y golpeados", denunció en sus redes sociales.

En el centro de Minsk, varias estaciones de metro habían sido cerradas al público antes de que comenzara la marcha. El Palacio de la Independencia, sede del gobierno de Lukashenko, estaba rodeado de barreras y con una fuerte custodia de la policía antidisturbios.

Oposición

Tras ser encarcelado su marido, Serguéi Leonídovich Tijanovsk, Svetlana Tijanóvskaya se presentó como candidata a las elecciones presidenciales de 2020 en Bielorrusia. Aglutinó a la oposición frente al presidente Lukashenko y, según datos oficiales negados por la oposición, logró el 9,9 % de los votos.

"¡Somos millones!", lanzó este domingo la rival de Lukashenko, Svetlana Tijanóvskaya, en un mensaje subido a las redes sociales en apoyo a la protesta, "¡ganaremos!", añadió.

"No es más presidente de Bielorrusia: es simplemente el jefe de los antidisturbios que sin distintivos actúan en las calles", completó la líder de la oposición .

Por su parte, las criticas de varios países occidentales -incluyendo la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York- no tardaron en llegar. El gobierno alemán no reconoció al presidente Lukashenko y consideró que el "secreto" que rodeaba la ceremonia de investidura era un símbolo "revelador" de la debilidad del régimen y de su "falta de legitimidad".

El presidente francés, Emmanuel Macron, declaró por su parte que lo que ocurre en Bielorrusia es "una crisis de poder, un poder autoritario que no consigue aceptar la lógica de la democracia y que se aferra por la fuerza", en una entrevista este domingo con el periódico Journal du dimanche. "Está claro que Lukashenko debe irse", concluyó.

Estados Unidos tampoco considera a Lukashenko "como el presidente legítimo" de Bielorrusia, según afirmó en un comunicado el Departamento de Estado.

El mandatario bielorruso, que acusa a los países occidentales de impulsar las protestas, prometió una difusa reforma constitucional para hacer frente a esta crisis política, pero rechaza cualquier diálogo con los detractores del régimen, del que está al frente de 1994. El presidente se niega a dar su brazo a torcer y ha pedido ayuda a su homólogo ruso, Vladimir Putin, quien prometió apoyo a nivel de seguridad "de ser necesario" y un préstamo de 1.500 millones de dólares.

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Sábado, 19 Septiembre 2020 05:29

Apoyo condicionado

Apoyo condicionado

Pese a las manifestaciones multitudinarias en su contra, el gobernante de Bielorrusia, Aleksandr Luka-shenko, se aferra al poder por tres razones: el carácter eminentemente pacífico de las protestas, el control absoluto sobre la policía y el ejército, y el apoyo que le brinda el Kremlin como mejor opción, en estos tiempos revueltos, al considerar al vecino país pieza clave para la seguridad nacional de Rusia.

Si no se produce un baño de sangre –el cual no garantiza a nadie que la balanza se incline hacia su lado, además del elevado costo que tendría– Lukashenko podrá seguir gobernando sin legitimidad, repudiado por cientos de miles de compatriotas que cada domingo salen a la calle y con el silencio cómplice de los empleados y trabajadores del sector público, cuyo salario depende de su fidelidad.

En ese contexto, teniendo en cuenta que la economía de Bielorrusia dista de ser el modelo exitoso que pregona el gobierno de Minsk y que Lukashenko necesita dinero que ya no puede obtener de Occidente para comprar la lealtad de la policía y el ejército, mantener a flote las empresas públicas y pagar los 300 millones de dólares que adeuda por combustibles rusos, el crédito por mil 500 millones de dólares anunciado por el presidente de Rusia, Vladimir Putin, resulta esencial para la supervivencia política de su colega bielorruso en el corto plazo.

Importa no tanto qué prometió Lukashenko –en su encuentro a puerta cerrada con Putin en Sochi– a cambio de esa tabla de salvación, sino cuánto podrá cumplir, acostumbrado a ofrecer una subordinación que nunca se concreta en hechos y que ya colmó la paciencia de Putin.

El apoyo de Rusia depende de las concesiones –desde formar una confederación en que Bielorrusia tendría un papel secundario, no mayor al de cualquier región de Rusia hasta entregar a potentados rusos las grandes corporaciones públicas mediante privatizaciones amañadas– que exige el Kremlin y que difícilmente Lukashenko esté dispuesto a hacer.

Cuando quede claro que de nuevo las expectativas acabarán en nada, Putin va a incrementar su presión sobre Lukashenko para que acepte una salida decorosa mediante una reforma constitucional que satisfaga a la oposición y convoque nuevas elecciones. Mientras, habrá que ver qué pasa mañana domingo en Minsk y otras ciudades de Bielorrusia.

 

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Sábado, 05 Septiembre 2020 05:34

Activo tóxico

Activo tóxico

El presidente de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, repudiado desde el 9 de agosto por cientos de miles de compatriotas que exigen su dimisión y la convocatoria de nuevas elecciones, ha perdido todo contacto con la realidad y parece dispuesto a hacer importantes concesiones a Rusia con tal de mantenerse en el poder.

Emulando al inolvidable Tin Tan en la película ¡No me defiendas, compadre!, Lukashenko llegó a decir que el espionaje militar bielorruso interceptó una llamada entre Varsovia y Berlín donde queda claro que no hubo ningún envenenamiento del líder opositor Aleksei Navalny, según él lo inventaron todo.

Tendría gracia el galimatías si no fuera porque Navalny sigue en coma desde el 20 de agosto y destacadas figuras del oficialismo ruso no descartan lo que llaman "probable conspiración occidental" para dañar la imagen del Kremlin, mientras Moscú dice haber creído la versión de Minsk de que en su territorio "están listos para entrar en acción no menos de 200 extremistas de Ucrania".

Acorralado Lukashenko, antes reacio a aceptar un papel secundario en una eventual confederación con Rusia, la coyuntura es favorable para que el Kremlin intente avanzar en la articulación de un proyecto de integración que prime sus intereses geopolíticos, más allá de evitar que Bielorrusia le dé la espalda, busque alinearse con la Unión Europea y, después, abra la puerta a la OTAN.

Esta semana ambos países intercambiaron visitas de alto nivel –el canciller bielorruso vino a Moscú y el primer ministro ruso estuvo en Minsk–, que mostraron el respaldo del Kremlin al gobierno de Lukashenko, previo a la anunciada reunión de éste con el presidente ruso Vladimir Putin en Moscú, en la cual se podrá ver hasta qué punto el huésped acepta las exigencias del anfitrión.

En paralelo, y pese a la represión, los adversarios de Lukashenko no cejan en sus demandas con multitudinarias manifestaciones y el sector más prorruso, el del banquero Viktor Barbariko, ahora en la cárcel, fundó Juntos, partido político que pretende agrupar a todos los inconformes.

Para el Kremlin, Lukashenko se presenta como mejor opción hasta que se defina la actual crisis en Bielorrusia, pero se convirtió en una suerte de activo tóxico y a la primera intentará deshacerse de él y promover a un político de su total confianza.

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Más de 200 mil personas se manifestaron en Minsk para exigir la dimisión del presidente, quien ha encabezado la nación eslava desde 1994. Especialistas califi caron la protesta como la más numerosa de la historia postsoviética. La concentración se dio en respuesta a un mitin de apoyo al mandatario, organizado por las autoridades, con miles de acarreados. En discurso, Lukashenko advirtió que el país le debe todo y que sin él desaparecerá como Estado soberano. Volvió a rechazar nuevos comicios. Foto Afp Juan Pablo Duch

Moscú. La capital de Bielorrusia, Minsk, se convirtió ayer en escenario de un mitin que reunió al menos a 200 mil personas que pidieron la dimisión de quien ha sido, desde 1994, su invariable líder, Aleksandr Luka-shenko, en lo que los observadores califican de la protesta más numerosa de la historia postsoviética de este pequeño país eslavo.

El día comenzó con un mitin de apoyo al mandatario, organizado por las autoridades con los recursos todavía a su alcance (las empresas públicas son 70 por ciento de la economía bielorrusa): miles de acarreados desde varias ciudades –el propio Lukashenko estimó que asistieron 50 mil seguidores suyos–, entre jubilados, soldados de civil y trabajadores bajo la amenaza de perder subsidios o el empleo en caso de no asistir, según numerosos testimonios.

Lukashenko –acompañado de su hijo Nikolai, de quien ha llegado a decir que le gustaría que algún día fuera su sucesor– agradeció las muestras de respaldo y dedicó la media hora que duró su discurso a advertir que Bielorrusia le debe todo y que sin él desaparecerá como Estado soberano, ante la agresividad de sus vecinos, Ucrania y varios países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que exigen a Bielorrusia repetir los comicios, lo cual él de ningún modo acepta por, sostiene, haberlos ganado sin trampas.

La inmediata respuesta de la mayoría de los bielorrusos que no temen el despido –muchas empresas del sector público ya se declararon en huelga– y consideran que, después del escandaloso fraude que Lukashenko cometió hace una semana, debe dimitir ya, se dieron cita de manera espontánea en otro mitin, esta vez de rechazo al todavía presidente, que reunió cuatro veces más participantes: al menos 200 mil personas frente a las 50 mil que por la mañana tuvieron que acudir al mitin de apoyo.

"¡Vete ya!", "¡Vivan las mujeres!" (en alusión a Svetlana Tijanovskaya, candidata unificada de la oposición que desconoció la victoria de Luka-shenko, se declaró ganadora y tuvo que exiliarse en Lituania, así como a las miles de mujeres que estos días salieron a protestar), "¡Las mujeres débiles son más fuertes que los tiranos!" y "¡Gloria a Bielorrusia!", entre otras consignas acompañaron la intervención de María Kolesnikova, quien ejerce de portavoz de Viktor Babariko, candidato presidencial encarcelado, y que forma parte del equipo de Tijanovskaya.

Al terminar el mitin, decenas de miles de inconformes –formando una columna de tres kilómetros de largo– marcharon hacia el centro de Minsk, a la plaza de la Independencia, para reiterar –en otro discurso de Kolesnikova– sus demandas frente a la sede del gobierno bielorruso, la principal de ellas: la renuncia inmediata de Lukashenko.

También exigen la libertad de los presos políticos y de los 4 mil manifestantes que aún permanecen entre rejas, así como castigar a quienes dieron la orden de reprimir a la gente que expresaba de manera pacífica su inconformidad.

Los actos de repudio a Luka-shenko ayer se extendieron por 27 ciudades de Bielorrusia, entre otras Baranovichy, Borisov, Bobruisk, Brest, Gomel, Grodno, Moguiliov, Vitevsk y Zhlovin.

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Miembros de la comisión electoral se preparan en Minsk para la jornada anticipada de las elecciones presidenciales en Bielorrusia. EFE/EPA/TATYANA ZENKOVICH

El régimen está en modo supervivencia y decidido a reprimir las protestas, incluso si tiene que derramar sangre en las calles

 

En el barrio residencial de Minsk donde me encuentro escribiendo este artículo se oye el incesante pitido de los cláxones de los coches. El sonido expresa la protesta popular en la capital de Bielorrusia contra Alexander Lukashenko y su deseo de permanecer en el poder, sumando otro mandato presidencial a un gobierno que cumple ya 26 años.

El domingo, cuando la Comisión Electoral Central anunció los resultados provisionales que indicaban un "elegante triunfo" de Lukashenko, con casi el 80% de los votos, la gente salió a las calles a defender sus votos por la candidata de la oposición, Svetlana Tikhanovskaya, que oficialmente sólo obtuvo alrededor del 10%.

Mientras los números oficiales dan una clara victoria a Lukashenko, sondeos independientes realizados a pie de urna revelaron resultados llamativamente diferentes: le daban casi el 80% de los votos a Tikhanovskaya y menos del 10% al presidente en funciones. La diferencia entre ambos recuentos, sumado a que a los observadores independientes se les prohibió quedarse en los centros de votación, generaron reacciones sin precedentes en el país.

Decenas de miles de personas se reunieron en las calles de Minsk, unidos por una simple consigna: "¡Vete!". En respuesta, los siloviki  –fuerzas de seguridad especiales del Estado– dispersaron las multitudes de forma violenta, arrestando a unas 3.000 personas la primera noche e hiriendo a cientos de manifestantes. Algo especialmente llamativo es que se realizaron protestas a lo largo y ancho de todo el país. Esta no es la reacción de un pequeño grupo de progresistas carente de representación.

Hace dos días que está bloqueado el acceso a internet. Ni siquiera funcionan bien los métodos alternativos, como las VPN (esto ya había sucedido la noche de las elecciones en 2010 y esporádicamente durante la campaña electoral de 2020). El lunes por la tarde los manifestantes ––muchos de ellos confiando en información encriptada por la aplicación Telegram– seguían intentando tomar las calles. Gracias a momentos de conectividad, se pudieron leer informaciones en Telegram que advertían que estaban entrando a la ciudad camiones militares y equipo militar adicional.

El plan de Lukashenko para permanecer en el poder se está desmoronando. En un discurso reciente ha advertido a toda la nación que no piensa "entregar el país". Tanto él como los otros miembros de su Gobierno saben que si dejan el poder ahora, serán perseguidos por las numerosas violaciones a los estándares democráticos y a los derechos humanos que han cometido, como el referéndum inconstitucional que permitió a Lukashenko presentarse como candidato a presidente de forma ilimitada; la desaparición de opositores en los años 90; y el encarcelamiento de todo aquel que se atreviera a cuestionar su autoridad, entre otras. Además, el pueblo se sentiría libre de analizar lo que ha sucedido en los últimos 26 años. El régimen está en modo supervivencia: están decididos a reprimir las protestas, incluso si tienen que derramar sangre en las calles.

Aunque Lukashenko todavía tiene poder sobre el aparato represivo del Estado –como ha demostrado la imagen de los siloviki metiendo manifestantes desarmados en camiones a plena luz del día– y sigue teniendo influencia sobre los empleados del sector público que trabajan en las comisiones electorales, ya hay señales de grietas dentro del sistema.

Varios centros de votación, tanto en Bielorrusia como fuera del país, informaron que sus recuentos de votos daban un triunfo de Tikhanovskaya sobre Lukashenko. La propia Tsikhanouskaya declaró a Associated Press que su equipo tenía pruebas de que hay muchos centros de votación "donde la cantidad de votos a [su] favor multiplicaba los votos a favor del otro candidato".

Algunas informaciones indican que la noche del domingo la policía apareció en algunos centros de votación y obligó a las comisiones a informar los resultados 'correctos'. Además, aunque muchos de los siloviki que estaban ayer en las calles reprimieron a los manifestantes, otros se negaron a participar en la represión. Estos son hechos sin precedentes en el país.

Otro motivo de inspiración para los manifestantes y aquellos que se oponen al régimen desde dentro (en las comisiones electorales y la policía) es la creciente consolidación de la sociedad civil. Los bielorrusos, aquellos que viven en el país y los de la diáspora, ya han metido la mano en el bolsillo para colaborar colectivamente con las personas detenidas y reprimidas.

Estamos en un punto de inflexión. Lukashenko tiene pocas opciones, más allá de aferrarse al poder, lo cual abre la puerta a más violencia estatal contra el pueblo. Al mismo tiempo, nunca antes ha habido este tipo de protestas contra lo insoportable que es la vida bajo el régimen de Lukashenko. Incluso si logra reprimir las protestas de los próximos días, la sociedad bielorrusa ya ha despertado hacia una lucha por la libertad que ha llegado para quedarse.

Por Katsiaryna Shmatsina investigadora del Instituto Bielorruso de Estudios Estratégicos.

11 de agosto de 2020 22:07h

 

Traducido por Lucía Balducci

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Varios heridos en los enfrentamientos entre manifestantes y policía en Bielorrusia tras la reelección de Lukashenko por sexto mandato consecutivo E

La comisión electoral del país ha otorgado a Alexandr Lukashenko el 80% de los votos en medio de múltiples denuncias de fraude

 

La principal candidata de la oposición en las elecciones de Bielorrusia, Svetlana Tikhanovskaya, ha rechazado los resultados oficiales que otorgan la victoria al presidente Alexander Lukashenko con un 80,23% del voto. "Me creo a mis propios ojos: la mayoría era nuestra", ha afirmado la candidata este lunes en una rueda de prensa en la capital, Minsk. Tikhanovskaya se considera la ganadora y ha prometido permanecer en la país para hacer campaña a favor de un cambio de régimen. Lukashenko lleva 26 años ocupando la presidencia del país y es referido a menudo como el último dictador de Europa.

Tras el anuncio de los resultados preliminares el domingo, multitud de manifestantes salieron a la calle a protestar contra el presidente en varias ciudades del país. Una persona ha fallecido y varias personas han resultado heridas en los violentos enfrentamientos ocurridos tras el cierre de los colegios electorales en Minsk entre la policía antidisturbios y manifestantes opositores indignados con la victoria del presidente, según informa Reuters. Los servicios sanitarios han informado del ingreso de varios heridos en hospitales de la capital, aunque la policía local no lo ha confirmado.

Lukashenko, de 65 años y en el poder desde 1994, buscaba un sexto mandato presidencial en medio de las tensiones con su principal aliado, Rusia, y el deshielo con Estados Unidos, que envió este domingo una segunda partida de petróleo para cubrir el vacío dejado por el crudo ruso. Su victoria ha quedado empañada por las detenciones de opositores y periodistas, el bloqueo de internet y las sospechas de fraude.

En un vídeo publicado por la prensa local se puede ver cómo un camión de la policía atropella a un grupo de manifestantes en el centro de la capital, accidente en el que habrían resultado heridas varias personas. La policía recurrió a balas de goma, mangueras y granadas ensordecedoras para dispersar a los miles de manifestantes, que en una de las avenidas de la ciudad levantaron una barricada con bidones y otros objetos del mobiliario público. la policía ha detenido a alrededor de 3.000 personas, según ha informado la agencia de noticias rusa RIA citando al ministro de Interior bielorruso.

También se informa de la llegada de numerosas ambulancias a las zonas de la ciudad donde se han producido los choques más violentos, que también se han registrado en otras ciudades de este país, presidido por Lukashenko desde 1994. La prensa habla de protestas en Brest, Gomel, Grodno y Vitebsk, entre otras, aunque la líder opositora, Svetlana Tijanóvskaya, había instado a los bielorrusos, "civiles y de uniforme", a no recurrir a la violencia tras las presidenciales.

Una vez estallaron los enfrentamientos, Tijanóvskaya se dirigió de nuevo a manifestantes y fuerzas de seguridad para frenar la violencia. "Quiero pedir a la policía y a las tropas (de Interior) que recuerden que son parte del pueblo. Y a mis votantes que abandonen las provocaciones y no den motivos para el uso de la violencia en su contra. Por favor, cesen la violencia", dijo.

Lukashenko, cuyo poder se sustenta en el Comité de Seguridad del Estado (KGB), había advertido al votar en la mañana del domingo que no permitiría una revolución a la ucraniana y descartó que el país se pudiera ver abocado a una "guerra civil".

Mientras el sondeo oficial encargado por el Gobierno otorgaba a Lukashenko una victoria con el 79,7% de los votos y a Tijanóvskaya apenas un 6,8%, el recuento paralelo de la oposición daba un resultado muy diferente: un 80% a favor de la candidata de la oposición unificada. El exiliado candidato opositor Valeri Tsepkalo, que apoyó a Tijanóvskaya en los comicios, advirtió que la opositora podría no reconocer los resultados y recurrir a los tribunales.

El alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, había pedido a las autoridades que garantizaran unas elecciones "pacíficas, libres y justas". Las elecciones tuvieron lugar en medio de las tensiones con Rusia y la normalización de las relaciones con EEUU, que acordó con Minsk el envío de un embajador tras 12 años de ausencia.

Por EFE/elDiario.es

10 de agosto de 2020 08:22h

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Juan Orlando toma posesión como presidente de la mitad de Honduras

El mandatario asumió el cargo este sábado en medio de violentas manifestaciones en las calles de Tegucigalpa en protesta por una reelección que consideran ilegítima


El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, asumió hoy su cargo como jefe del Estado para los próximos cuatro años. Orlando gobernará un país dividido en el que la oposición no reconoce su victoria electoral y donde crecen las voces que señalan el giro autoritario en su gestión.


Mientras prometía un futuro mejor para el país, miles de personas llegadas de todos lados hasta la capital, Tegucigalpa, protestaban en contra de lo que consideran una reelección ilegítima y una turbia victoria electoral que ganó en noviembre por poco más de 50.000 votos.


Precisamente el miedo a las protestas marcó la ceremonia, y hasta pocas horas antes de su toma de posesión se desconocía la hora y el lugar desde donde juraría el cargo —con la mano sobre la Biblia— y se dirigiría al país, con la banda presidencial cruzándole el pecho.


Solo cuando apareció sobre el pasto junto a su esposa y rodeado de guardaespaldas, se supo que la investidura sería en el Estadio Nacional. A pesar de que tiene una capacidad para 35.000 espectadores, el mandatario definió el acto como algo “sencillo”, alejado de la ostentosidad de otras veces. Esta vez se querían evitar los disturbios ante una potencial movilización de miles de personas.


La oposición, liderada por Salvador Nasralla y Manuel Zelaya, no reconoce los resultados de las elecciones del pasado 26 de noviembre que dieron la victoria al mandatario conservador por unos 50.000 votos. Hasta el momentoEstados Unidos ha dado por bueno el resultado pero la Organización de Estados Americanos (OEA) pidió nuevas elecciones al constatar graves irregularidades antes durante y después del día de votación. El conflicto desató una ola de protestas en todo el país que han dejado hasta el momento 34 muertos, según cifras de organizaciones de Derechos Humanos, decenas de heridos y negocios quemados y saqueados.


Consciente de su escaso apoyo popular, Orlando reconoció la división que su reelección ha generado. “Si una casa está dividida no puede permanecer y soy consciente de las diferencias políticas en el país, pero no hay diferencias que justifiquen la violencia (...). No es justo generar ese temor”, señaló.


Durante una hora, defendió su gestión en tres aspectos: la economía, la reducción de homicidios y su lucha contra la corrupción. “Hemos reducido los homicidios y pusimos en orden las finanzas públicas. Somos el país que mejor lo hizo en Centroamérica” presumió. Sobre corrupción, en un ejercicio de impúdico de funambulismo, el mandatario citó a la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (Maccih) como ejemplo de su compromiso solo unos días después de que el Congreso mutilara las principales competencias de esta Comisión creada por la Organización de Estados Americanos (OEA) para combatir la impunidad.


Desde hoy Juan Orlando tendrá que gobernar un país de más de nueve millones personas, que expulsa anualmente 75.000 migrantes y que produce cada año cinco millones de piñas.


Sin embargo, el enérgico abogado de 49 años, que con 22 entró en política, es hoy un mandatario sobre el que recaen sospechas de fraude electoral y acosado por la corrupción y el narcotráfico. El presidente del congreso, de su partido, ha sido acusado de apropiarse de fondos destinados a organizaciones no gubernamentales y al jefe de la policía está señalado por encubrir el envío de una tonelada de cocaína.


“Soy Juan Orlando Hernandez y estoy listo para darlo todo por honduras, por mi pueblo, por todos...el trabajo lo vence todo”, terminó gritando mientras agitaba el puño a la multitud que lo aplaudía. Mientras esto ocurría una batalla campal entre policías y manifestantes se libraba en las calles de Tegucigalpa.

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