Domingo, 02 Diciembre 2018 05:55

Clandestino, ilegal

Clandestino, ilegal

El éxodo centroamericano, que lleva un mes y medio de marcha, llegó a la frontera estadounidense. Las restricciones del derecho al asilo en Estados Unidos, endurecidas aun más por un decreto del presidente, alimenta el tráfico de personas desde México.
 

Hacía días que se venían preparando para hacer la marcha. El viernes 23 de noviembre pintaron banderas de Honduras y de Estados Unidos, y escribieron sobre ellas sus pedidos: que Trump se toque el corazón, que los deje pasar de una vez.


En las últimas dos semanas llegaron a Tijuana más de 6 mil migrantes centroamericanos, según el registro oficial. De ellos, 2 mil son mujeres, niños y adolescentes. Y el domingo 25, al cumplir 45 días de viaje y 11 en Tijuana, 500 de ellos se manifestaron frente a la frontera con Estados Unidos, la que no les permite avanzar. Con sus banderas en mano marcharon a lo largo del gran muro oxidado que materializa la frontera, cantando que son trabajadores internacionales, no criminales, como se dice de ellos.


A una hora del comienzo de la manifestación, efectivos de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos (Usbp, por sus siglas en inglés) y de la autoridad de aduanas del mismo país (Cbp) les lanzaron gases lacrimógenos desde territorio estadou-nidense, por encima de la barda. También dispararon balas de gas pimienta –consideradas un arma no letal, pero capaz de herir– directamente a la gente y a los periodistas que cubrían el evento.


PURO TIJUANA.


La ciudad de Tijuana está recostada contra la frontera. Sus calles y comercios parecen todas estar mirando hacia el norte. El muro fronterizo recorre toda la ciudad y se prolonga hasta entrar en el mar, en el barrio Playas de Tijuana.


Históricamente Tijuana ha sido una ciudad de distensión, donde muchos estadounidenses llegan a gastar su dinero en tiendas, puteros y bares.


Hoy viven aquí migrantes extranjeros e internos que han encontrado un mejor nivel de vida que en otros lugares del país. Muchos de ellos llevan una vida binacional, cruzando a diario la frontera hacia San Diego. Lo pueden hacer por el control fronterizo de San Ysidro, en automóvil, o bien por el punto de control El Chaparral, a pie.


En esta ciudad también hay mexicanos desplazados por paramilitares de comunidades rurales del sur de México, que están esperando su turno para solicitar asilo en Estados Unidos, y cientos de deportados que el país vecino devuelve.


Los migrantes centroamericanos recién llegados habían organizado dos manifestaciones en El Chaparral, pidiendo una audiencia con el gobierno estadounidense. Sin embargo, el gobierno de Donald Trump ordenó a la Cbp cerrar, el jueves 22, la mitad de los carriles de ingreso por el otro punto de entrada, San Ysidro, por donde no cruzan estos migrantes. Las autoridades aduaneras instalaron allí también, en territorio mexicano, un muro de material y alambre de púa.


MAKE TIJUANA GREAT AGAIN.

No obstante, la limitación del flujo de autos hacia Estados Unidos sí afectó a la población de Tijuana y avivó el resentimiento de los residentes contra la presencia de los migrantes recién llegados. Tijuana se transformó así en la única ciudad de México por la que pasó el éxodo centroamericano, que lo recibió con manifestaciones de rechazo.


La primera estalló en la costa, el 14 de noviembre, cuando el mismo día que llegó la caravana migrante a la ciudad y su vanguardia se trasladó hasta Playas de Tijuana para observar cómo el muro fronterizo se metía en el mar.


Sergio Tamay, un militante veterano que dirige el hotel para migrantes en Mexicali (la única otra ciudad de Baja California donde hay puestos de control fronterizos), relató a Brecha que cuando los migrantes llegan a la zona de la frontera suelen querer ir a ver esa escena. Han recorrido miles de quilómetros para ello.


Esa noche, un grupo de personas que se presentaron como vecinos de Playas se manifestó violentamente contra la presencia de los migrantes en su barrio. Y tras esa manifestación las autoridades terminaron descartando albergar el éxodo en la plaza de toros que queda en Playas, una opción que se había manejado. Un precario campo de refugiados se instaló en cambio en el estadio de béisbol Little Padres Park.
Otra manifestación en rechazo a los migrantes, de 200 personas, fue convocada para el domingo 18 por tres agitadores xenófobos en redes sociales: Iván Rievelin, que se hace llamar “comandante cobra”; Paloma Zúñiga, que viste una gorra con la leyenda “Make Tijuana great again”, en alusión al lema de Trump; y Alex Backman, un conductor de radio por Internet.


EL DERECHO AL ASILO MUTILADO.


La represión de la manifestación de los migrantes el pasado domingo fue brutal. Tamay y el periodista local Euceliano Gil, quien fue herido por las balas de gas, estimaron que se trató de una invasión al territorio mexicano por las fuerzas de seguridad estadounidenses tolerada por la autoridad mexicana.


La escena de las balas y gases disparados sobre la frontera reflejó la política de Trump de limitar el derecho al asilo. El presidente emitió un decreto el 9 de noviembre con el que se restringió durante 90 días (pero el decreto es prolongable) el derecho al asilo en Estados Unidos. En contradicción con la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de las Naciones Unidas y el derecho federal estadounidense, este decreto suprimió la posibilidad de solicitar asilo a personas que no hayan entrado legalmente al territorio por los puestos fronterizos de control.


El decreto implica que la única manera de no ser deportado la tendrán aquellos que puedan acogerse al refugio bajo la Convención contra la tortura o que gocen de una decisión de “withholding of removal”, un congelamiento de la orden de deportación. Esta suspensión de deportación se aplica sólo en aquellos casos en que las autoridades estiman que el riesgo de persecución del solicitante es “razonable”, lo cual se establece a través de criterios más exigentes que los que se usan para establecer una causa válida para el asilo.


El permiso de “withholding of removal” le prohíbe a la persona acceder al asilo, a un permiso de residencia, a una visa humanitaria, o a la ciudadanía. Sólo le brinda un permiso de trabajo precario. Además, esta suspensión de la deportación puede ser revocada en cualquier momento.


La periodista Dara Lind explica en la revista digital Vox (12-XI-18) que esta modificación legal fue elaborada como una propuesta legislativa, previo al éxodo de Honduras en octubre, por los ministerios de Justicia y Seguridad Nacional de Estados Unidos, y que habría tardado meses en entrar en efecto. Pero que, con la llegada de la caravana de centroamericanos a Tijuana, se convirtió en un decreto de aplicación inmediata.
Diez días después de la “proclamación” (así se llama el tipo de decreto que emitió Trump), el juez federal estadounidense Jon Steven Tigar lo suspendió por un mes (hasta el 19 de diciembre), al estimar que el presidente no tiene facultades para modificar la ley migratoria, que permite a las personas solicitar asilo sin importar cómo entraron a Estados Unidos.


EL CUELLO DE BOTELLA DE LA DESESPERACIÓN.


El enorme impedimento para poder pedir asilo en Estados Unidos se visualiza en el puesto fronterizo de entrada en Tijuana, donde las autoridades aduaneras estadounidenses sólo atienden entre 10 y 50 solicitantes de asilo al día, dependiendo de las plazas disponibles en centros de detención privados para migrantes en Estados Unidos.


En los hechos, esto ha empujado a mucha gente desesperada a aceptar las propuestas de traficantes que cobran por cruzarlos, pero sin garantías de llegar a buen puerto. Pueden ser detenidos o estafados en el camino, como le sucedió el martes a un grupo de 30 hondureños que habló con Brecha. La clandestinidad es la opción que les queda a quienes no pueden inmigrar de manera “segura, legal y ordenada” y es alimentada por las restricciones de entrada a Estados Unidos.


Muchos migrantes esperan que el panorama cambie cuando asuma el nuevo presidente de México, el 1 de diciembre. Según indicó a Brecha una fuente que ha estado en contacto con el equipo del futuro gobierno de Andrés Manuel López Obrador, éste aceptaría que los migrantes permanezcan en México mientras Estados Unidos procesa sus solicitudes de asilo, tal como lo ha exigido Trump. Paralelamente, el futuro canciller, Marcelo Ebrard, anunció que México recibirá inversiones estadounidenses para obras de infraestructura en el sureste mexicano.

30 noviembre, 2018

 

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Jueves, 29 Noviembre 2018 06:00

¿Quiénes son esos?

¿Quiénes son esos?

La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie pronunció en la Feria del Libro de Frankfurt de este año un espléndido discurso en el que se refiere a los temas clave del mundo contemporáneo: identidad, diversidad, y también a la emigración, que vemos repetirse por distintas geografías de manera masiva, un viaje desde los páramos oscuros de la miseria y el desencanto hacia la gran vitrina iluminada de la riqueza y la prosperidad, resguardada por muros de concreto y cercos de alambre de púas.

Un sueño, un delirio, una ilusión persistente. El vuelo rasante de un dron sobre el puente que cruza el río Suchiate, y que une Tecún Umán en el territorio de Guatemala, con Ciudad Hidalgo en México, nos muestra miles de cabezas apiñadas, juntas, compactas, indefinibles. Una masa ansiosa de llegar hasta la frontera mexicana con Estados Unidos, una caravana que ha salido desde Honduras y que marcha a largos trechos a pie, dispuesta a recorrer miles de kilómetros para llegar a su ansiado destino sin importar ni las penurias ni los obstáculos.

Otro dron vuela encima del puente sobre el río Táchira que conecta el poblado de San Antonio del Táchira, del lado de Venezuela, con Villa del Rosario, del lado de Colombia. Venezolanos expulsados de su propio país porque han perdido todas las oportunidades y todas las esperanzas, y se quedarán en Colombia, o seguirán hacia Ecuador, hacia Perú, hacia Chile. El éxodo se vuelve brutal, despiadado, como es la naturaleza del poder que los expulsa.

Pero lo que reclama Chimamanda, la novelista, es no olvidar que no se trata de cifras, sino de personas. Hay que transformar en nuestras mentes los números en seres humanos. Verlos en su individualidad desamparada: "es el momento de preguntar si la cuestión es la inmigración o la inmigración de tipos concretos de personas: musulmanes, negros, morenos", dice. "Es el momento de replantearnos cómo pensamos los relatos". Los relatos de esas vidas, los relatos íntimos.

La filósofa española Adela Cortina, escribe en su lúcido libro Aparofobia, que el rechazo al pobre, demuestra algo que por obvio solemos olvidar: los emigrantes que llegan a Europa desde Medio Oriente parecerían ser rechazados porque provienen de culturas extrañas, pero eso no es lo fundamental: no se les admite porque son pobres. Eso quiere decir aparofobia: la fobia a los pobres. "Lo que nos molesta", dice, "es la pobreza, no la inmigración".

Es una tendencia que se origina en el cerebro humano, rechazar lo que nos desagrada, molesta o incomoda. "Se habla mucho de xenofobia, de islamofobia, y es verdad que existen. Pero en todos esos casos si traen dinero o algo que parece beneficioso se les acoge sin remilgos".

No obstante, es una tendencia que es posible contrarrestar si logramos oponerle "la compasión, la capacidad de sufrir con otros en la alegría y en la tristeza y de comprometernos con ellos". Son tendencias benéficas, que también están arraigadas en nosotros, y que podemos hacer despertar.

Es allí donde los números, miles de refugiados, una oleada incesante, molesta, incómoda, se transforma en personas con rostros, y entonces surgen las historias individuales. Y la solidaridad no es abstracta. En los poblados por donde van pasando la gente organiza albergues, comedores. Son los pobres ayudando a los pobres, dándoles lo que pueden, cama, comida, ropa, medicinas. Cariño.

Y también hay rechazo, como el que se ha dado en Tijuana, ya al final del viaje. Bastó un video colocado de manera artera en las redes sociales, donde una emigrante hondureña se queja del plato de frijoles recibido en un albergue para que la reacción hostil estalle: "aquí somos pobres, comemos frijoles", repiten las voces indignadas.

Hay que entrar en las historias individuales, como pide Chimamanda. El tramado del tejido es denso, y cada hilo hay que verlo a contraluz. La mujer se llama Miriam Zelaya y se sumó al éxodo en busca de que en Estados Unidos operaran a su hija de 11 años, que es sordomuda. Viaja, como los demás, en busca de un milagro. El suyo es que la niña llegue a hablar y oír. "Hemos caminado por todo México y hemos recibido mucha ayuda", dice llorando. "Tengo todo que agradecerles. Yo he criado a mis hijos con muchos esfuerzos y dándoles frijoles y tortillas". Ahora está sola. Se ha tenido que marchar del albergue ante el repudio de sus propios compatriotas.

Pero Miriam está a punto de llegar. A lo mejor recibe asilo al otro lado de la frontera tan celosamente guardada. A lo mejor operan a su hija sordomuda. A lo mejor valieron la pena para ella el desprecio de los suyos, el rechazo de que ha sido víctima en Tijuana por quejarse de unos frijoles. El desarraigo, las penurias del viaje, el miedo, el peligro, la zozobra, la angustia, la esperanza, hacen que deje de ser un simple número en una suma, una cabeza entre miles que fotografía un dron.

Guadalajara, noviembre, 2018

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Una multiplicación de guerras permanentes

Los siete años de conflicto dejaron más de medio millón de muertos y millones de desplazados. Ante lo que Occidente describe como un ataque químico del régimen de Assad, Trump y Putin amenazan con subir la apuesta.

 De la Guerra Fría a la casi guerra tórrida. El conflicto en el este de Ucrania primero y luego la guerra interna Siria donde Occidente y Rusia mezclaron las cartas hacia una tensa escalada desembocan ahora en un circuito de amenazas que pone al mundo en la frontera de un conflicto de proporciones inescrutables. El fin del mundo bipolar después de la caída del Muro de Berlín (1989) y el advenimiento de un “nuevo orden mundial” definido por el presidente George Bush (padre) no vio emerger un nuevo sistema internacional de seguridad sino una multiplicación de guerras permanentes. Siria es el último modelo. La supuesta utilización de armas químicas por el régimen de Bashar al-Assad contra la localidad de Duma (7 de abril) llevó al presidente norteamericano Donald Trump a prometer una respuesta militar con “misiles bonitos, nuevos e inteligentes” y a Moscú, que ya bloqueó dos resoluciones en las Naciones Unidas, a reiterar su oposición total a esa iniciativa y a advertir que derribaría cualquier misil. En Gran Bretaña, la Primera Ministra Teresa May parecía dispuesta a participar en la coalición sin autorización parlamentaria mientras que, en Francia, el Presidente Emmanuel Macron aseguró que “tenemos la prueba de que las armas químicas fueron utilizadas por Bashar al Assad”. París, no obstante, conserva un perfil prudente ante el temor de “una escalada mayor” cuyo telón de fondo es una puja por el control geopolítico entre Washington y Moscú.

La guerra Siria es un afluencia de actores y una catástrofe humanitaria: los siete años de conflicto dejaron más de medio millón de muertos y uno de los desplazamientos de población más imponentes de la historia moderna (más de la mitad de la población). Sea cual fuere su naturaleza, una excursión militar es un rompecabezas. En abril de 2017, Donald Trump ya lanzó 59 misiles Tomahawk contra una base aérea (Shayrat, en la localidad de Homs) como respuesta al empleo por parte del régimen de Bachar al Assad de armas químicas. La configuración militar no cambió por ello. Al contrario, el presidente sirio reforzó sus posiciones. Hoy tiene bajo su control dos terceras partes del país gracias a las sucesivas victorias contra los rebeldes y al respaldo de Irán, Rusia y combatientes chiítas oriundos de la región. La última batalla en el suburbio (afueras de Damasco, la capital) de la Gruta Oriental acabó con los rebeldes de Jaish al Islam y consagró la doble victoria de al-Assad y Rusia. Pese a las gesticulaciones de Occidente, Bachar al Assad ha ganado la guerra.


Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, Arabia Saudita, Irán, Israel, Turquía (en guerra contra los Kurdos), los rebeldes Kurdos respaldados por Washington (hay 50.000 desplegados en la frontera con Siria), Irak, el Estado Islámico, opositores insurgentes, rebeldes islamistas y grupos afines a Al Qaeda, milicias chiítas, grupos sunitas (Frente al Nusra) y otros salafistas más los “consejeros” enviados por las potencias conforman uno de los mayores enredos que se hayan conocido en la región. En ese río agitado de muchos brazos el régimen sirio navegó a sus anchas. La multitud de frentes vivos torna imposible una solución radical. Los “misiles bonitos, nuevos e inteligentes” con los que Donald Trump fanfarroneó en Twitter no podrán mover las piezas instaladas. El triángulo sirio-ruso-iraní construyó un éxito compacto.


Lo que comenzó en 2011 junto a la Primavera Árabe como una revolución pacífica contra Bachar al-Assad y su régimen autoritario derivó en una guerra civil, luego en una confrontación regional entre Irán, Arabia Saudita y Qatar (Teherán respaldó a Bachar al-Assad y saudíes y cataríes a la oposición). Más tarde, lo regional pasó a ser una confrontación internacional con dos polos mayores: Estados Unidos y sus aliados europeos y Rusia, país que selló su alianza con Damasco a partir de los años 50 del siglo pasado. En 2012, Washington y sus socios europeos se metieron en el conflicto mediante la ayuda que prometieron a la rebelión siria. La incoherencia de esa rebelión y los tanteos aproximativos de las potencias de Occidente no hicieron más que cavar la tumba de miles de civiles inocentes. En 2103, luego de otra masiva sospecha de recurso a las armas químicas por parte de las tropas de AlAssad, el entonces presidente norteamericano Barack Obama fijó una “línea roja”: prometió, otra vez junto a París y Londres, una respuesta que nunca llegó. Occidente se empeñó inútilmente en que si había una solución a esa guerra pasaba, antes que nada, por la salida del presidente sirio. La aparición del Estado Islámico y su famoso y hoy desarticulado califato trastornó los ya promiscuas estrategias de las potencias. Enfrentadas entre su, suministrando ayuda a insurgentes sunitas que eran enemigos de otros grupos a su vez sostenidos por otras capitales aliadas, París, Londres y Washington fueron los actores quizá involuntarios del triunfo de al-Assad y Moscú. Se desplazaron a ciegas. Las soluciones políticas que se buscaron en el curso de innumerables negociaciones organizadas en Ginebra tampoco dieron resultados. La condición occidental -franco norteamericana- de la renuncia de al-Assad hipotecó cualquier salida. La guerra cambió radicalmente de naturaleza a partir de 2015 cuando entró en acción la aviación rusa. El principio fijado era “la lucha contra el terrorismo” pero Rusia extendió su radio de acción, bombardeó las bases rebeldes, incluidas aquellas apoyadas por Occidente, y contribuyó a la caída de Alepo y, por consiguiente, a la victoria de Bachar al-Assad.


Luego de la caída del imperio Otomano, franceses y británicos pactaron las fronteras oficiales de Siria después de la Primera Guerra Mundial (Acuerdos de San Remo, 1920). El país y sus 23 millones de habitantes vivieron bajo mandato francés hasta 1946. En 1963, al cabo de un golpe de Estado militar, se estableció el régimen político actual, pero sin la figura del clan al-Assad. Recién en 1970, Hafez al-Assad, el padre de Bachar, accedió al poder mediante un putsch. Tras su muerte, en el año 2000, su hijo tomó las riendas del país. Al principio, la liberalización económica y los modales educados del heredero (se formó en Londres) hicieron suspirar de alivio a los occidentales. Luego, el régimen volvió a su naturaleza represiva articulada en torno a un clan. Contra ese modelo clánico se levantó parte del país en 2011 cuando Túnez, Egipto, Jordania, Yemen y Bahrein hacían lo mismo durante la Primavera Árabe. Israel, saudíes, cataríes y occidentales pensaron que aquella revuelta pondría fin no sólo al régimen de los al-Assad sino, también, a la creciente influencia regional del Irán chita enfrentado a los sunitas de Qatar y Riad. Vieron una doble oportunidad y perdieron por los dos lados. Metieron sus armas y sus intereses en juego para terminar afianzando a quienes pretendían derrotar y provocando lo que el ex Secretario general de la ONU Ban Ki-Moon calificó como “la crisis humanitaria más grande de nuestro tiempo”.


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¿Bases norteamericanas en la Amazonía sudamericana?

En un futuro se construirá en la triple frontera una base multinacional y multifuncional entre los países fronterizos.

 

Mañana del martes 7 de noviembre, cielo abierto y azul, sol estallado sobre el campamento, tropas brasileras moviéndose de un lado para otro, llevando los últimos catres para las tiendas de alojamiento, cargando cajas con alimentos para los más de 1.940 militares presentes en el Ejercicio Multinacional Interagencias Amazong Log 2017 en la ciudad de Tabatinga, Brasil, entre los días 6 -13 de este mes, que reunió 55 militares de EUA, 145 de Colombia, 89 de Perú y 1.651 de Brasil.

 

 

 

Este Ejercicio Multinacional –¡humanitario!–, organizado por tres países fronterizos –Brasil, Perú y Colombia–, contó con Estados Unidos como veedor y observador, además de otros 22 países como observadores, entre ellos Rusia, Francia, República Checa, Alemania, Francia, Nigeria, Israel, Japón, Chile, Venezuela y Argentina.


La pregunta que rondó de manera constante durante los días que se prolongó el ejercicio militar fue, ¿cuál era el propósito último de este Ejercició Multinacional?

 


La rueda de prensa


En horas de la tarde del martes 7 se llevó a cabo la rueda de prensa para presentar el despliegue militar que tomaría forma en unas horas, para la cual estaban presentes las delegaciones de cada país: Coronel Truax por parte de Estados Unidos, General Ex Theophilo de Brasil, Coronel Jorge Cepeda de Colombia y General Bendezú por Perú.


En sala de prensa avisan que el General Ex Theopilo entra y de inmediato delegados de los países invitados, civiles y camuflados de distintos colores, se paran y dan el respectivo saludo a quien estuvo a cargo de la dirección del ejercicio Amazong Log 2017 y quien dirigió el Comando Militar de la Amazonía brasileña en el 2014.

 

 


El mayor del ejército de Brasil, Bitancourt, mediador de la rueda de prensa, da la palabra solo a los periodistas acreditados. Adriana Robreño, corresponal de Telesur en Brasilia, y Lucas Vettorazzo, periodista de Folha de S. Paulo, que centran sus preguntas en el propósito último de estas maniobras militares, si detrás de las mismas no estaba la decisión de instalar bases norteamericanas en terreno amazónico. Adriana también inquiere por un posible hostigamiento contra Venezuela, cuya frontera está a escasos 600 kilómetros de Tabatinga.


El Ex General Theopilo, ríe cuando escucha las preguntas. Calmando la polémica existente en el auditorio sobre este asunto, enfatiza que el Ejército de Estados Unidos es un “amigo” de la región y que su presencia sería como veedor y observador de los ejercicios operacionales y logísticos del Ejercicio Multinacional, aportando un avión tipo Air Force 1, el cual, es válido preguntar, ¿tendría espacio aéreo libre en la Amazonía del Brasil durante el evento?, ¿para cuáles otros fines?


Además, enfatizó el Ex General Theopilo, que era “[...] un ejercicio de ayuda humanitaria conjunta entre los ejércitos de Colombia, Brasil, Perú y Estados Unidos, con la promesa de fortalecer las relaciones en la triple frontera para construir en un futuro una base multinacional y multifuncional entre las distintas fuerzas armadas, destinada a la prevención de desastres naturales, ecológicos, narcotráfico, ayuda a refugiados y control de migrantes en la región amazónica. Este último aspecto es una preocupación del gobierno brasileño en tanto segundo país con más migración provenientes de venezolanos.


Jornada humanitaria sin presencia norteamericana


Algo que llamó la atención fue que los primeros tres días estuvieron dedicados a la planeación conjunta entre los países integrantes de estos ejercicios. No era para menos, pues los mismos estaban proyectados desde tiempo atrás, de lo cual da cuenta la construcción de la base militar donde fueron alojados todas las delegaciones. Ademas éstas, con sus respectivos mandos, habían arribado desde el viernes 3 de noviembre, entonces, ¿qué pretendía esta supuesta planeación conjunta?


También llamó la atención que durante el primer día de la llamada jornada humanitaria, ejecutada el 8 de noviembre en el área rural de Tabatinga, no hicieran presencia los Estados Unidos, fuerza también ausente de la pavimentación de una calle de la misma ciudad. Las conjecuras despertadas por esta ausencia entre los corresponsable llevó a que en las siguientes actividades se empezaran a ver soldados norteamericanos observando los ejercicios humanitarios, pero ¿no fue eso lo que reiteró el general Ex Theophilo, que EUA estaría como veedor y observador? Y un interrogante más acuciante, ¿qué intenciones tiene un gobierno ilegítimo como el Temer al abrir las puertas a Estados Unidos?

 

 

 


Y las inquietudes sobre el trasfondo de estos ejercicios conjuntos no dejan de rondar a propios y extraños. ¿Tendrá acaso Estados Unidos interés de contener a Brasil, el único país de la región que contó con un proyecto soberano y de visión estratégica en lo militar (por ejemplo, su alianza con Francia para la adquisición y posterior fabricación de aviones de guerra, como también de submarinos atómicos)?; además, la adhesión a los Brics por parte de Brasil recuerda su crecimiento durante algunos años como potencia emergente, realidad que Estados Unidos no pretende descuidar.


Pero también el valor geopolítico de este territorio, pues no hay que olvidar que la Amazonía es un continente en medio de Suramérica, con una extensión de casi siete millones de km2, articulados a través de la cuenca del río Amazonas –el más largo del mundo–, cuyo recorrido alcanza más de 6.000 km, y cuya red de ríos que forma esta cuenca une seis países: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Valor geopolitico también potenciado por la basta riqueza en minerales, fuentes hídricas, plantas para múltiples usos y un largo etcétera de su biodiversidad en fauna y flora, todo lo cual la convierte en un punto de atracción para Estados Unidos, poder dominante en la región.


Y, además (un paréntesis) si usted busca en google bases norteamericanas en Colombia, ¿por qué se encuentra poco o nada sobre ello, a pesar de las varias existentes y afianzadas durante la implementación del llamado Plan Colombia? Pero también preguntarse por el significado de la perdida de la base norteamericana en Manta, Ecuador, que tuvo operación en el país vecino por 10 años. ¿Existe interés en sustituirla?


Los ejercicios


El campamento base donde se desarrolló el Ejercicio Multinacional estuvo próximo al Aeropuerto Internacional de Tabatinga y a la Brigada de Selva No 8 del Ejército de Brasil. Este campamento base, construido con más de 6 meses de anticipación a estas operaciones, fue surtido con equipos, materiales y personal enviados por vía terrestre desde Río de Janerio hasta Roraima y de ahí hasta Manaus, para llegar finalmente por vía fluvial hasta Tabatinga.


En estos “ejercicios humanitarios” el Ejército de Colombia participó en el Coliseo San Martín de Leticia. También realizó ejercicios conjuntos con su Fuerza Aérea de lanzamiento de carga con salida en Leticia y descarga en Tabatinga, donde participaron los soldados de Infantería de la Brigada Contra el Narcotráfico. A su vez realizó una simulación de inundación en la Isla de la Fantasía, Leticia, en lo cual también participó la Defensa Civil colombiana, simulando así mismo la extracción de heridos con el empleo de un helicóptero S70I.

 

 


El Ejército de Brasil, como anfitrión, realizó varios eventos de igual carácter, brigadas de salud para población indígena Tikuna, control de refugiados (con apoyo de la ACNUR), pavimentaciones y, entre otras cosas, mostró un proyecto Piloto con una máquina que realiza un Proceso Interno de Decantación y un Sistema Automatizado de Retrolavado que purifica el agua del río Amazonas para consumo humano, y finalizaron con una Simulación de Accidente Fluvial en el Puerto de Tabatinga.


El Ejército de Perú, por su parte, fue el que menos actividades ejecutó, pero llevó a cabo una acción cívica con ayuda humanitaria y brigadas de salud en la ciudad de Santa Rosa, en la cual apoyó el Ejército de Brasil.


Amazon Log finalizó el 13 de noviembre con una ceremonia y parada militar, en la que participaron tanto los países organizadores como los observadores internacionales. Tal vez, como lo dijo la periodista Adriana Robreño, solo el tiempo revelará las verdaderas intenciones de esta coartada humanitaria que logró presencia militar extranjera en la Amazonía sudamericana.

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Crisis de migrantes centroamericanos en México

La crisis humanitaria olvidada de esta ola migratoria alimenta el oscuro panorama en México, donde los asesinatos, secuestros, desapariciones forzadas y ejecuciones sumarias carcomen al país desde hace una década.
El informe de MSF se presenta en un contexto de mayores controles migratorios en EE.UU.

México enfrenta en su propio territorio una crisis humanitaria que nace en Honduras, El Salvador y Guatemala, países que cada año expulsan a medio millón de personas que, en su mayoría, intentan llegar a Estados Unidos. Sin embargo, cada vez es mayor el número de migrantes que pretende quedarse en México, y el número de solicitudes de asilo pasó de 1,100 en 2011 a unas nueve mil en 2016. Para este año de estima que las peticiones podrían llegar a 20 mil refugiados, de acuerdo con estimaciones de Médicos Sin Fronteras (MSF), que ayer presentó el informe “Forzados a Huir del Triángulo Norte de Centroamérica”.

MSF considera una crisis humanitaria olvidada a esta ola migratoria, motivada por la extrema violencia que se vive en Honduras, El Salvador y Guatemala, la que además alimenta la crisis humanitaria en México, donde los asesinatos, los secuestros, las desapariciones forzadas, las ejecuciones sumarias y la impunidad carcomen al país desde hace una década. A pregunta expresa, el director de operaciones de MSF para América Latina, Marc Bosch, consideró preocupante la posibilidad de que el gobierno de Enrique Peña Nieto pretenda utilizar el flujo migratorio centroamericano como moneda de cambio para negociar su relación política y comercial con la administración de Donald Trump durante la próxima cumbre sobre indocumentados, anunciada a finales de marzo pasado por John Kelly, secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El encuentro se programa para realizarse en Miami y sería copresidido por Estados Unidos y México, con representantes del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA): Honduras, El Salvador y Guatemala. En esta reunión también participarían Canadá y Colombia en calidad de observadores.

El informe de MSF se presenta en un contexto de mayores controles migratorios, detenciones y expulsiones desde Norteamérica que podrían “empujar a más refugiados y migrantes a las redes de tráfico de personas y de organizaciones criminales”. Así, México podría convertirse no sólo en un inmenso muro de contención de migración centroamericana hacia Estados Unidos, sino un país receptor de estos flujos.

Y si bien aún existe un elevado índice de migración económica, al menos el 50 por ciento de los centroamericanos que se internan en México lo hacen huyendo de situaciones que se encuentran en cualquier país en guerra, aunque para ello deban llegar a un país donde la violencia ha alcanzado niveles sólo superados por Siria. México registró 23 mil asesinatos en 2016, superando a Iraq y Afganistán, según un reporte del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos dado a conocer el martes pasado. De hecho, un mapa de las desapariciones en México coincidiría con las rutas de migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos, dice Rita Robles Domínguez, del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdoba, con sede en Tapachula, Chiapas.

MSF realizó un sondeo con 467 migrantes procedentes del TNCA. Para el 39.2 por ciento, “las principales razones para abandonar su país” fueron ataques directos o amenazas a ellos o sus familias, así como episodios de extorsión y reclutamiento forzado por bandas criminales. De ellos, arriba de dos tercios fueron recibidos en México con más actos de violencia.

Nueve de cada 10 migrantes atendidos por MSF entre 2015 y 2016 sufrieron al menos un episodio de violencia en sus países de origen y/o durante su tránsito por México hacia Estados Unidos.

De por sí, “la implacable violencia y el sufrimiento emocional” padecido por estos migrantes “no es diferente a lo que experimentan las poblaciones que se encuentran en zonas de conflicto donde hemos estado trabajando durante décadas”, dice Bertrand Rossier, coordinador general de la organización en México. Los países del TNCA registran 150 mil asesinatos en los últimos 10 años.

Asesinatos, secuestros, amenazas, reclutamiento por “actores armados no estatales”, extorsiones, violencia sexual y desaparición forzada se encuentran en la lista de situaciones de violencia que padecen los migrantes centroamericanos en su paso por México. Todas ellas “son realidades propias de una guerra, pero también son situaciones que estas personas están sufriendo”.

De hecho, aún mucho antes de que iniciara la era Trump, México desató una cacería de migrantes a partir de implementación del Programa Integral Frontera Sur, anunciado por el presidente Enrique Peña Nieto en julio de 2014. “Se vendió como un plan para proteger la integridad de los migrantes y combatir a los grupos criminales que los atacan; en la práctica, se convirtió en una verdadera cacería de migrantes”, dice Alonso Hernández, director del Albergue Paso FM4 de Guadalajara, la capital del estado de Jalisco y miembro del Comité Ciudadano del Instituto Nacional de Migración.

Los migrantes saben de la violencia que les espera en México, y aun así vienen, lo cual habla de la dimensión de la violencia de la que huyen desde Honduras, El Salvador y Guatemala, subrayó Elena Estrada Cocina, responsable de Asuntos Humanitarios de MSF.

MSF hizo un llamado a los gobiernos de Honduras, El Salvador y Guatemala, así como a los de México, Estados Unidos y Canadá, para que garanticen alternativas a las detenciones masivas de migrantes y para que se adhieran a los principios de no expulsión. “Estamos ante una crisis humanitaria continuada” desde los países de origen de los migrantes hasta su tránsito por México e incluso su arribo a Estados Unidos, dice Marc Bosch. Poco se puede hacer ante estas realidades, como no sea acompañarlas, reconoce, pues “la solución a las crisis humanitarias no está en la sociedad civil, se necesitan respuestas claras de los gobiernos”.

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Malas noticias para Trump: el nuevo presidente sudcoreano puede hacer la paz con Norcorea

La vez anterior aduje sobre el contencioso nuclear coreano que, “sin contar el factor ruso que ha irrumpido en la ecuación de la península coreana, Trump ha conseguido en apariencia haber tensado las relaciones entre China y su aliado Norcorea. Pero más vale esperar el resultado de la elección presidencial en Sudcorea el 9 de mayo (https://goo.gl/klciLY)”.

Se cumplió el plazo y el apabullante triunfo de Moon Jae-in (MJi), hijo de un refugiado norcoreano y abogado especialista en derechos humanos del Partido Liberal Democrático (PLD) –relegado del poder en la década pasada–, es susceptible de trastocar la correlación de fuerzas en la península coreana.

Si bien es cierto que los sucesivos presidentes de Estados Unidos –los Bush (padre e hijo), Obama y ahora Trump– habían empeorado las negociaciones con Norcorea, que habían logrado en forma creativa los presidentes Carter y Clinton, también lo es que el cambio turbulento de presidentes en Sudcorea había empantanado al borde del precipicio la compleja situación en la península coreana.

Sudcorea pasó de la década de 1998 a 2008 con las administraciones del PLD, más favorable a una negociación con Norcorea, a la otra reciente década aciaga de los "conservadores" más bélicos frente a Pyongyang.

En Norcorea ya se olían el triunfo del favorito MJi y un día antes de su elección habían hecho un llamado a sus hermanos raciales, que no ideológicos, para “finiquitar las tensiones (https://goo.gl/O2Nh20)”.

En efecto, los bélicos "grupos conservadores" de Sudcorea –con su anterior presidenta Park Geun-hye defenestrada y encarcelada por megacorrupción con el conglomerado trasnacional Chaebol, lo cual alcanzó hasta la dinastía de los dueños de Samsung cada vez más en problemas materiales y espirituales– han mantenido un estado de guerra con Norcorea, a diferencia de la política más amigable, que inicia con la “política radiante solar (sunshine policy)” del PLD, encabezada por su Premio Nobel de la Paz de 2000, Kim Dae Jung: su primer presidente católico (sic).

Por cierto, la política hostil de EU hacia Norcorea coincidió con la década del gobierno de los pugnaces "conservadores" en Seúl.

Antes de la elección, su presidente triunfador MJi se había opuesto al despliegue del escudo misilístico balístico de EU (THAAD, por sus siglas en inglés) y apoyaba un abordaje diplomático con el fin de amainar las asfixiantes sanciones contra Norcorea.

Existe una tendencia exógena, casi determinista/fatalista, para no decir escatológica, que asevera que sólo un acuerdo entre EU y China –postura a la que curiosamente se han ceñido los halcones de Washington y que pasa por la venta de Pyongyang por Beijing a cambio de los espejitos mercantilistas de Trump– puede resolver el contencioso de la península coreana, lo cual desdeña tanto la ineludible colaboración de Rusia, que ostenta 18 kilómetros de frontera con Norcorea, como, más lejanamente, la de Japón, que se ha consagrado en atizar el fuego por encomienda de EU, como s no incumbiera nada al inorte ni al sur de la península.

Ahora este seudoaxioma puede resultar fallido con el advenimiento del nuevo presidente sudcoreano MJi, quien podría distender la escalada nuclear en la península debido a tres factores: 1. Su cercanía emocional con Norcorea; 2. Su escepticismo sobre el despliegue hostil del THAAD de EU y que parece más bien dirigido contra China y Rusia (fronteras respectivas con Norcorea); y 3. El choque mercantil con la administración Trump debido al déficit comercial: situación parecida con la del “México neoliberal itamita”.

Liu Jianxi, del portal chino Global Times, pregunta si el flamante presidente sudcoreano “reparará su relación con China (https://goo.gl/UkkFIc)”, cuyo barómetro, a mi juicio, será el devenir del despliegue del THAAD.

La elección de MJi representó un triple referéndum: contra el THAAD y la dinastía bélica de los Park (que inició con el golpe militar de 1961), y en favor de la pacificación de la península coreana.

Un obstáculo de las relaciones entre Seúl y Washington radica en el reparto de los costos del despliegue del sistema THAAD, que oscila entre 800 a mil 600 millones de dólares y que Trump desea que lo pague Sudcorea: situación similar a la del "Muro Trump" con el “México neoliberal itamita”.

Al Washington Post (WP), portavoz del establishment, no se le escapa que el nuevo presidente "se encuentra cauteloso (sic) de EU y desea promover lazos más cálidos (sic) con Norcorea" abriendo un “nuevo y potencialmente difícil (sic) capítulo en sus relaciones con Washington (https://goo.gl/GiqHXR)”.

WP comenta que MJi ha prometido reanudar las negociaciones con Norcorea, que incluye la reapertura del parque industrial Kaesong (donde los norcoreanos trabajaron en empresas propiedad de las trasnacionales sudcoreanas del Chaebol) que canaliza su liquidez pecuniaria a Pyongyang.

WP vaticina que no habrá una "escisión seria con EU, pese a que cambiará el tono de la relación".

El nuevo presidente ha prometido reforzar las regulaciones sobre el Chaebol, así como disminuir la profunda disparidad entre ricos y pobres que se acentuó con los "conservadores".

Uno de los escollos del flamante presidente radica en que no cuenta con mayoría en el parlamento de 300 diputados, donde el PLD sólo ostenta 119 escaños, lo cual dificultará la adopción de medidas apremiantes contra la desatada descomposición gubernamental coludida con el omnipotente Chaebol.

WP resalta que Mji, de 64 años, está dispuesto a viajar a Pyongyang a entrevistarse con Kim Jong un, de 33 años, "si ello ayuda a resolver el problema nuclear". También desea regresar a la política del "sol radiante" del PLD que curiosamente inició en 1997 "mucho antes que Norcorea hubiera probado cualquier capacidad nuclear".

MJi proviene del linaje del PLD e inició su carrera política como jefe de gabinete con su colega abogado, luego electo presidente, Roh Moon-Hyun. Luego Roh se suicidó debido a lo que Moon cataloga como un "asesinato político" por acusaciones de corrupción, cuando todavía existía la vergüenza en la clase política.

La política del "sol radiante" ha sido el vector conductor del PLD desde Roh pasando por el presidente Nobel de la Paz, Kim Dae-Jung, hasta MJi.

NYT cita a David Straub, anterior director de los asuntos coreanos en el Departamento de Estado, quien advirtió de "graves (sic) diferencias políticas entre los presidentes de EU y Sudcorea" sobre Norcorea, lo cual pudiera desembocar en una “significativa insatisfacción popular cada vez mayor con EU en Sudcorea (https://goo.gl/KB2pjh)”.

En contraste a EU, China esta(rá) satisfecha con la elección, lo cual le quitará las fuertes presiones de Trump para ser más dura con Norcorea.

MJi ha sentenciado que Sudcorea "debe aprender a decir no" a EU, aunque su acercamiento con Norcorea se manifestará en el "marco de la alianza de seguridad que mantiene con EU (de seis décadas)".

MJi es un convencido de la reunificación y sueña regresar con su madre de 90 años de edad a su ciudad natal de Norcorea donde, en caso de la anhelada reunificación, se pudiera retirar como abogado.

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Sábado, 31 Diciembre 2016 07:51

Alepo: el currículum oculto

Alepo: el currículum oculto

La terrible y fatal batalla de Alepo reitera, una vez más, que el poder moderno no parece ser capaz de desprenderse del síndrome que lo persigue desde la Segunda Guerra Mundial: en última instancia, la nuda vida reaparece como la cosa en sí que define a las esclusas de su extenuante legitimidad. Meses de bombardeos de la población civil, incluidos niños, viejos y mujeres embarazadas; de destrucción sistemática de todo aquello que hace a la vida posible en su último grado de peligro –hospitales, ambulancias, pozos de agua, silos de granos–; de devastación de todo lo que es emblemático del arraigo y la identidad –Alepo reunía vestigios invaluables de todas las civilizaciones antiguas que la ocuparon–, hablan de una guerra cruzada no por el vértigo de la derrota del enemigo, sino de su exterminio, y con él, de la población en la que se asienta. Tal vez todo comenzó en Lídice y en Guernika hace más de ocho décadas, pero Alepo y sus cenizas anticipan, una vez más, las ruinas no de ésta o aquella franja ideológica o religiosa, sino de la modernidad misma y sus tecnologías de dominación. Cuando la única certeza del control se asienta en la política del Lebensraum (destrucción del espacio de vida), lo que queda ya no es una victoria ni una derrota, sino el grado cero de la existencia. Como si lo único posible a ser reducido al control fuera el vacío mismo.


Imposible saber si la disputa por lo que ya no queda de Alepo marca el fin de una guerra civil que se ha prolongado durante más de cuatro años en Siria, pero es evidente que se trata de esa economía política de la muerte con que las grandes potencias actuales pueden reducir a cualquier nación, en un abrir y cerrar de ojos, a su condición de escombro.


En Vida precaria. El poder del duelo y la violencia, Judith Butler se hace la pregunta, a propósito de la invasión estadunidense de Irak en 2002, de en qué medida la vulnerabilidad del otro es una condición de la cual nadie puede deshacerse, así sea de ese otro que no conozco ni conoceré. En un texto posterior, Marcos de guerra, detalla la forma en que el ejército estadunidense blindó las imágenes más devastadoras de la guerra para desvanecer el efecto de esta vulnerabilidad y lograr reducir al máximo el síndrome mediático de Vietnam, en el que la población occidental fue expuesta sistemáticamente durante años a sus propias pérdidas y atrocidades.


En la guerra de Siria la escena ha sido exactamente la inversa. Los medios occidentales se han esmerado en la puesta en escena del drama hasta sus últimos y minuciosos detalles. La razón es sencilla: ahora son sus rivales, Rusia y el gobierno de Assad, por un lado, y el Estado Islámico por el otro, los cuales serían los exclusivos perpetradores de la masacre. Y bien, ni aun así. Ni aun expuesta a la más desorbitada devastación humana, la opinión y la política occidentales parecen hoy conmoverse o, al menos, ser capaces de reaccionar ante la más precaria de todas las vulnerabilidades del otro: el exterminio.


En ese desierto no hay ilusos. El crimen de Alepo envuelve a todas y cada una de las potencias actuales. La hace directa y fatalmente responsables. Estados Unidos y varios países de la OTAN bombardearon las posiciones de Assad durante años, y nunca dejaron de proporcionar armas y financiamiento a sus enemigos. Rusia (¿y acaso China?) apoyaron al régimen oficial. Y sin embargo, la población occidental parece hoy mucho más preocupada con el hecho de que sean Putin y Turquía, y no Europa y Estados Unidos, los que fijen los términos del conflicto.


Es evidente que Moscú ingresó al conflicto por dos razones: a) se trata de la expansión del Islam radical en sus fronteras, y b) el fracaso de la política de Washington para resolver los problemas de la región. La pregunta es, realmente, si no nos encontramos frente a un relevo de la función que han ejercido las grandes potencias hasta la fecha. ¿Será Moscú la nueva fuerza de intervención global frente a la creciente incapacidad de Estados Unidos para ejercer este papel?


Por lo pronto, el Estado ruso ha mostrado, una vez más, como lo hizo en Chechenia, en Georgia y en Ucrania, que tiene a su disponibilidad un arma con la cual no cuenta ningún otro país occidental: un ejército y una población dispuestos a responder al llamado de la guerra. Y en política internacional, ésta es acaso la más poderosa de todas las armas.

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Viernes, 02 Diciembre 2016 16:07

La UE juega su futuro

La UE juega su futuro

Dentro de seis meses puede empezar a concretarse lo que hasta hace muy poco se consideraba imposible: que la Unión Europea inicie su desaparición. El “Brexit” ha sido un primer paso en ese camino. Este domingo pueden producirse dos nuevos episodios de ese proceso que algunas voces muy fiables consideran imparable.

 

Dentro de seis meses puede empezar a concretarse lo que hasta hace muy poco se consideraba imposible: que la Unión Europea inicie su desaparición. El “Brexit” ha sido un primer paso en ese camino. Por sus efectos reales, que empezarán a conocerse dentro de muy poco, y por su impacto psicológico en todo el continente. Este domingo pueden producirse dos nuevos episodios de ese proceso que algunas voces muy fiables consideran imparable. Si el No gana en el referendo sobre la reforma constitucional italiana, las elecciones que podrían seguir a ese resultado darían la victoria a partidos que están en contra de la UE y del euro. Y la salida de Austria de la Unión es uno de los puntos principales del programa de la ultraderecha que el día 4 puede ganar las elecciones para la presidencia del país.


En ese inquietante contexto también hay que colocar la elección del muy reaccionario y liberal François Fillon en las primarias de la derecha francesa. Que, según autorizadas opiniones, no han reducido, sino todo lo contrario, las posibilidades de que el antieuropeo y antieuro Front National de Marine Le Pen gane las presidenciales galas de mayo. Si esto ocurriera y se sumara a las hipótesis anteriores sobre Italia y Austria, la Unión Europea podría empezar a contar los días que le quedarían de vida y, de paso, el panorama geopolítico de Europa y del mundo que su existencia ha sostenido en el último medio siglo sufriría un cambio sustancial y lleno de graves incógnitas.


En Italia, las encuestas dan hasta 10 puntos de ventaja al No a la reforma que propugna el primer ministro Matteo Renzi, el democristiano que desde hace casi tres años encabeza el gobierno italiano. Renzi ha conseguido concitar en su contra una serie de distintas dinámicas que hoy por hoy parecen imparables.


De un lado, la del descontento popular hacia su gestión, que aun habiendo evitado que Italia siguiera hundiéndose en el abismo no ha mejorado en absoluto la situación de los sectores menos favorecidos de la sociedad. De otro, la de la oposición a los contenidos de la reforma misma, que va desde el premio de mayoría al partido vencedor en unas elecciones a la desaparición del Senado y del sistema bicameral, pasando por una fuerte recentralización de la gestión del Estado. Y por último, aunque resumiendo mucho, la de la convicción de los partidos de la oposición de que el referendo es la ocasión de echar del gobierno al partido de Renzi. Una oportunidad que, por cierto, éste les ha brindado sin que nadie se lo pidiera.
El movimiento Cinque Stelle de Beppe Grillo, la xenófoba Lega Nord y el partido del una vez más renacido, a sus 80 años, Silvio Berlusconi, propugnan el No. Junto con ellos, el sector del antiguo Partido Comunista que milita, cada vez más incómodo y opuesto a su líder, en la formación de Renzi. Y una miríada de movimientos sociales y personalidades de muy diversa orientación y práctica política.


En los últimos días los mercados parecen inclinarse por la victoria de esa amalgama. Las bolsas están cayendo y la prima de riesgo italiana está subiendo. Pero la pregunta que en esos ámbitos y en todas las cancillerías se están haciendo es qué ocurrirá a partir del lunes si esa hipótesis se verifica. En principio, caben tres salidas. Una, la de que Matteo Renzi y su Partido Democrático (PD) sigan en el gobierno, parece descartada porque su líder ha dicho y repetido que si no gana el Sí, dimitirá. La otra es la de un gobierno “técnico”, de personalidades independientes. Y la tercera, y más plausible, es la de que se convoquen elecciones.


La impresión generalizada es que el PD las perdería. El ganador podría ser el movimiento de Grillo, que desde hace unos meses ha proclamado su disposición para gobernar. La Lega y el partido de Berlusconi también aspiran a volver al Ejecutivo y la lista de posibles coaliciones es muy larga, teniendo además en cuenta que el PD podría desgajarse si lo que estuviera en juego fuera la posibilidad de seguir en el poder. Lo único claro es que todos están claramente comprometidos en una posición contraria a la permanencia de Italia en la UE y/o en el euro.


En Austria las posibilidades de la ultraderecha que encabeza Norbert Hofer son idénticas a las de la coalición que preside el independiente Alexander van der Bellen, y que apoyan socialdemócratas, ecologistas y personalidades del establishment, algunas de ellas marcadamente de derechas. Los sondeos dan empate técnico. En la primera vuelta de las presidenciales, en abril, ganó Hofer. En la segunda, en mayo, cuyos resultados fueron anulados por irregularidades, lo hizo Van der Bellen, pero sólo por 30.863 votos. Si Hofer gana, Austria puede encaminarse hacia el abandono de la UE. A escala continental el impacto de ese resultado sería muy inferior al de un No en Italia. Pero sumados ambos el efecto sería enorme.


Si en mayo, en la segunda vuelta, Marine Le Pen se hace con la presidencia de Francia, la situación se haría incontrolable. En el terreno financiero y en el diplomático. Aunque sólo sea porque la ultraderechista propugna un entendimiento de Francia con la Rusia de Putin en cuestiones tan calientes como la guerra de Siria y el conflicto de Ucrania. François Fillon también es partidario de un acercamiento a Moscú, con lo que el eje franco-alemán que hasta ahora ha dirigido la UE podría ser puesto abiertamente en cuestión.


La Unión Europea no está preparada para la salida de socios tan importantes como Italia o Francia. El “Brexit”, unido a fracasos como el de la política hacia los refugiados, entre otros, ya la ha sumido en lo que algunos creen que es una crisis existencial. Y la victoria de Donald Trump amenaza su statu quo comercial, económico, político y diplomático.


Por Carlos Elordi, periodista español. Tomado de eldiario.es.

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“La supremacía en el siglo XXI se dirimirá en los mares de China”

Entrevista a Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China y uno de los principales conocedores de la realidad del gigante asiático y de sus conflictos


El mar de la China Meridional es el último campo de batalla que tiene lugar sobre el papel, con escuadra y cartabón, y que llega a los discursos, titulares, tribunales y, en menor medida, a una confrontación militar más simbólica que letal.
“A nadie le interesa el conflicto”, indicaba a este redactor días atrás Pedro Nueno, presidente de una de las principales escuelas de negocios asiáticas, CEIBS, y profesor emérito del IESE. “Nunca ha habido violencia. Toca negociar, negociar y negociar”, seguía, entre la República Popular de China y “gobiernos menos estables y sólidos”.


Nueno hablaba de geopolítica. Y de la potencia de una nación que ansía recuperar el protagonismo que tuvo en el pasado y que perdió de forma inesperada en el siglo XIX de mano de las potencias coloniales europeas.


El área, sin embargo, no sólo es disputada por China, Taiwán, Filipinas, Brunei, Malasia o Vietnam –seis países, y cada uno de ellos con sus intereses marítimos propios. Por la zona también transitan la mayoría de los productos que desde Asia oriental se dirigen a Occidente –a Europa. Es el mar por el que discurren la mitad de todas las mercancías del comercio internacional por mar, lo que en la práctica significa la mitad de todas.


Xulio Ríos (Moaña, 1958), director del Observatorio de la Política China y del Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional (Igadi) desde su fundación en 1991, residente durante años en el Imperio del Centro, confía en la paz. Pero con matices.


Hasta seis países reclaman su soberanía de partes del mar de China Meridional. Entre tantos pretendientes, ¿realmente existe la oportunidad de lograr un acuerdo de solución?


No es fácil, y probablemente el mejor –o único– camino para un acuerdo es dejar a un lado la cuestión de la soberanía para centrarse en la explotación conjunta de los recursos y en el desarrollo de códigos de conducta que prevengan y encaucen las tensiones. En esencia, esa fue la política de China en esta materia. Xi Jinping parece haber invertido las prioridades.


China reclama para sí un territorio que se adentra hasta 2000 kilómetros en el mar desde sus costas, y para ello utiliza mapas del siglo XIV al XVII –de cuando reinaba la dinastía Ming y dominaban territorios de Mongolia, Vietnam, etc. El resto hace igual, pero con otras épocas y/o justificándolo en la tradición pesquera local. Por eso, ¿el conflicto se debe a un interés económico real, o a un rearme del sentimiento nacionalista en la región?


Hay obviamente intereses económicos –pesqueros, gas, petróleo–, pero pesan mucho las razones estratégicas y políticas. China ha definido sus ambiciones en la zona como de “interés vital” y, por lo tanto, equiparable al asunto de Taiwán o de Tíbet, por ejemplo. El dominio de la región equivale a la confirmación de su posición hegemónica regional, y por eso despierta tantos recelos no sólo en los países pequeños sino, también, en otros que no lo son tanto, como India o Japón. Es una ruta vital. Y podría llegar a propiciar un golpe de mano que evidenciara esa nueva posición a nivel regional y global. Ello va a depender también de la propia evolución interna en China, del éxito o fracaso de la actual fase de su proceso de modernización.


Se edifica en islotes en disputa, se construyen instalaciones militares, y cada año pasan por la zona cinco billones de euros en mercancías –el 50% de todo el tráfico comercial del mundo por vía marítima. La zona, además, es rica en recursos naturales y puede albergar vastos yacimientos de gas y petróleo. Su importancia económica es evidente. ¿El auge como superpotencia de China ha afectado al equilibrio de juegos y su dominio se ha tornado en una conquista más simbólica que de importancia tangible real?


La China de hoy, a diferencia de la del pasado, tiene una alta dependencia del exterior. Uno de sus proyectos emblema es la Ruta Marítima de la Seda. Necesita asegurar las rutas de aprovisionamiento y de comercialización de sus productos. Pero, igualmente, si uno compara los mapas de la China republicana del Kuomintang y la China del Partido Comunista, por ejemplo, puede advertir pérdidas territoriales significativas. Históricamente, además, la inseguridad en su frente marítimo se asocia con la decadencia. Las invasiones extranjeras que le empujaron a la periferia del sistema internacional llegaron por mar. Los chinos han aprendido la lección y de igual modo que la defensa es un pilar clave de la modernización, la gestión-ocupación del espacio marítimo es parte sustancial de su nueva proyección regional y global. Cerrar ese periodo histórico no sólo exige exhibir la supremacía económica global sino también defender mejor lo que en otro tiempo no pudo defender por razón de su debilidad, facilitando que otros se aprovecharan.


No son pocos quienes resumen que “a nadie le interesa el conflicto”. Pero tampoco parece hallarse la solución: China ni siquiera reconoce la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya. ¿Qué vía queda?


Ni China ni Taiwán, que a veces lo olvidamos y tiene el control de la isla más grande de las Spratly/Nansha, reconocen el arbitraje. Desde luego, no es el camino a la solución si el arbitraje no es buscado por todas las partes en conflicto. La mayor parte de los países del sudeste asiático, incluso probablemente ahora la propia Filipinas, apuestan por el diálogo. China va a confiar en su potencial económico y financiero para desarmar las tensiones. Pero debe también aportar garantías y avanzar en un diseño regional de seguridad que hoy es muy débil o inexistente. La Conferencia de Interacción y Medidas de Confianza en Asia (CICA) podría ayudar con una propuesta desde la propia región. Dadas las asimetrías existentes, una apuesta exclusivamente bilateral no interesa a buena parte de los países.


Naciones Unidos, en la UNCLOS (por sus siglas en inglés), fija las soberanías marítimas según los islotes, rocas, etc. Sin embargo, ¿es casualidad que el revisionismo en las fronteras llegue según se incrementa la posición como potencia de China?


En las últimas décadas, China ha cerrado acuerdos fronterizos terrestres con la mayor parte de sus numerosos vecinos. Queda pendiente India como el más significativo, aunque es socio en el grupo de los BRICS [Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, ndr], un acrónimo clave para abrir paso a la multipolaridad. Ambos procesos coexisten y la diplomacia de vecindad es una de las notas más sobresalientes del actual período. El aumento de las tensiones probablemente guarde relación con el hecho de tener un mayor poder, que le conmina a buscar reparaciones históricas, pero también con el interés de EE.UU. de explotar el contencioso en beneficio propio y así contener la emergencia china. El problema es que pocos países de la zona confían en que llegada la hora de la verdad EE.UU. se implique en serio en un enfrentamiento con China. EE.UU. espolea las tensiones en beneficio propio en nombre de la defensa de la “libertad de navegación”, pero ni siquiera firmó la UNCLOS. Su respeto de la legalidad internacional es, como sabemos, bien precario. La historia reciente es generosa en ejemplos.


¿Qué importancia geoestratégica tiene el conflicto más allá de para los países de la región que ha hecho que EE.UU. centre aquí su atención política internacional en las próximas décadas?


El conflicto puede tener valedores si eso ayuda a alcanzar otros objetivos como distraer a China de su proceso interno o, en razón de sus tensiones internas, para desviar la atención. Esos son dos grandes peligros. Y tanto puede saltar la chispa con Japón, inmerso en un ambicioso proceso de modernización militar y cambio constitucional del que se habla poco, como con Vietnam o incluso con Taiwán. E, indirectamente, con EE.UU. Probablemente, será aquí donde se dirima la supremacía en el siglo XXI. Los mares de China pueden ser las arenas del Golfo del siglo XXI. EE.UU. sabe que su rival estratégico a futuro es China, y en la medida en que le sea posible intentará distraerla y obligarla a gastar más en defensa tratando de reproducir los viejos esquemas que ya funcionaron con la URSS en la guerra fría. Ahora sería el turno no de una Europa dividida en bloques sino de una Asia dividida en bloques y ya está en curso la conformación de bloques económicos y alianzas militares.


Con la importancia comercial que tiene esta zona, ¿su inestabilidad puede acabar afectando a los principales consumidores de las mercancías que por allí transitan, es decir, a Occidente?


En caso de un conflicto grave, sin duda. Los países asiáticos deben dotarse de mecanismos de gestión preventiva y autóctona de las crisis y acompasar y complementar el dinamismo comercial con un salto cualitativo en el orden de la integración y en el de la seguridad. Eso interesa más al resto del mundo que ver envuelta la región en una pugna hegemónica global que hipoteque su desarrollo y la paz de la zona.

 

20/09/2016 00:05 | Actualizado a 20/09/2016 07:06

 

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Relaciones China América Latina, Foro geopolítica

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"La debilidad de Israel está en la imposibilidad de afrontar una guerra dentro de su propio territorio"

Sheikh Sadek Al Nabolsi, politólogo e influyente clérigo chií cercano a Hezbolá, analiza la situación de la milicia, considerada como terrorista por EEUU o la UE, cuando se cumplen diez años de la guerra en Líbano entre la guerrilla y el Ejército israelí.

 


BEIRUT.- La Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas puso fin a la “guerra del Líbano” de 2006, un conflicto que duró 33 días y que enfrentó a Israel con Hezbolá. La milicia chií libanesa, considerada como terrorista por Estados Unidos o la Unión Europea, combate actualmente en Siria contra el Estado Islámico en el bando del Gobierno de Bashar Al Asad. En el décimo aniversario del fin de las hostilidades con el Ejército israelí, Público entrevista al profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales Sheikh Sadek Al Nabolsi. El influyente clérigo chii aborda los ecos de la guerra de 2006 y analiza la situación actual de la guerrilla.


¿Qué supuso esta guerra y la posterior victoria para el pueblo libanés?


La victoria en esta guerra supuso un paso cualitativo para Hezbolá y para el Gobierno del Líbano. Un cambio porque demostró que el Estado israelí no tiene la capacidad militar suficiente para atacar al Líbano y esta victoria sirvió además para enviar un mensaje claro al enemigo: cualquier ataque serárespondido y causará grandes pérdidas. Esta victoria demostró que Israel no tiene capacidad para atacar al Líbano.


¿De verdad cree usted que Israel no tiene capacidad militar real para atacar al Líbano?


Israel es un Ejército poderoso y es posible que pretendan volver a atacar al Líbano, pero la fortaleza y determinación de Hezbolá ha logrado equilibrar la balanza en esta guerra. Si Israel ataca al Libano, Hezbolá será capaz de responder al ataque, y si Israel ataca a Hezbolá estaremos ante la desaparición del Estado de Israel. Este hecho no se basa en un deseo, se basa en datos objetivos.


¿Por qué sostiene que Hezbolá tiene capacidad para derrotar a Israel?


La resistencia islámica es tremendamente poderosa y los israelíes son conscientes de esa amenaza. La debilidad de Israel consiste en la imposibilidad de afrontar una guerra dentro de su propio territorio.


A día de hoy, ¿cuál es la capacidad militar real de la milicia?


Desde 2006 Hezbolá trabaja en la llamada “fórmula de la victoria”, que consiste en tener miles de militantes preparados para actuar en cualquier momento si fuese necesario. A día de hoy, Hezbolá dispone de armamento moderno y un gran poderío en misiles. Posee incluso armamento para el combate en terreno marítimo y “nuevas sorpresas”; sorpresas que utilizaremos en guerras venideras.

Hezbolá tiene además la firme decisión de atacar cualquier objetivo dentro del Estado de Israel, incluyendo los tan temidos objetivos industriales. Pero el éxito de la milicia consiste en tener fe y en prepararse para enfrentarse al enemigo. En palabras del secretario general de la organización, Hassan Nasralá: la clave del poderío es la creencia en dios. Sólo así se puede triunfar.


La participación de Hezbolá en el conflicto sirio ha aumentado notablemente la capacidad militar de la milicia, según algunos expertos militares. Incluso algunas fuentes israelís señalan que Hezbolá habría pasado de ser guerrilla a ser ejército...
Según algunos expertos israelís, Hezbolá ha adquirido una importante experiencia militar sobre el terreno en el conflicto sirio. El conflicto sirio se debe en gran parte a interferencia israelí: querían castigar a Siria para castigar a Hezbolá, pero el propio conflicto ha fortalecido a la milicia. De 3.000 combatientes hemos pasado a tener cientos de miles.

El miedo israelí a Hezbolá responde no a la capacidad de la milicia a defenderse, sino a su capacidad para atacar. En 2009 Hassan Nasralá hizo un llamamiento a todos los combatientes a estar preparados para ocupar Galilea y llevar así la guerra al corazón de Israel. Israel no se toma a broma las amenazas.


¿Por qué, a pesar de su poderío militar, Israel no fue capaz de derrotar a Hezbolá?


Los países árabes, exceptuando el Egipto de Nasser y la Siria de Hafez Al Assad, jamás han tenido la más mínima intención de hacer la guerra a Israel. Los países árabes no quieren ayudar a la causa palestina, ni defender los derechos sagrados del pueblo palestino. Estos Estados son fieles siervos del imperialismo y están dirigidos por EEUU. Estos países no tienen independencia en su capacidad de decisión para enfrentarse con el Estado israelí.

Hezbolá, en cambio, tiene la capacidad de tomar decisiones independientemente y trabaja en su formación ideológica al respecto. Creemos firmemente en la necesidad de eliminar al enemigo. El secreto de nuestra victoria se sustenta en nuestra ideología religiosa, en nuestra determinación política, en la preparación y en la voluntad de nuestro militantes para dar la vida por la causa.


Líbano se divide tras el asesinato del primer ministro Rafiq Hariri y la “revolución de los cedros”. La guerra de 2006, en cambio, consigue unir a diferentes confesiones. ¿Cuál fue la aportación de esta guerra a la “reconciliación nacional”?
Unir a la gente en torno a la defensa de la resistencia fue uno de los grandes logros de Hezbolá. Hezbolá pudo convencer a la gente de la necesidad de la resistencia frente a Israel y demostró que la lucha contra la ocupación israelí era en beneficio del propio país, de la seguridad nacional del país. Hezbolá se posicionó con la multiculturalidad y el multiconfesionalismo del Líbano y jamás exigió a otras confesiones que se involucraran en la guerra.


Una reconciliación nacional que ha llevado a Hezbolá a tener en el general cristiano Michel Aoun a su principal aliado...
Hezbolá tiene entre sus objetivos manterner la variedad de culturas existente en el Líbano. Nuestro papel fundamental es defender el Líbano y contribuimos en mantener el Gobierno y desarrollarlo. La unidad libanesa, la convivencia y el reto de mantener un gobierno estable y que sea justo en este esquema de variedad cultural.

La decisión de Hezbolá de apoyar a Michel Aoun fue algo meditado. En el Líbano existe una democracia de consenso, por lo cual cualquier decisión tiene que ser tomada por unanimidad y sin que esa decisión pueda dañar a ninguna minoría. El presidente del Líbano, por ley, debe ser un cristiano maronita, y Hezbolá cree que ese presidente debería ser elegido por el principal partido maronita, el partido de Aoun.

El Líbano está sufriendo muchos problemas y eso no ayuda a que Aoun pueda ser presidente. Aoun es un aliado de la resistencia y en 2006 tomó la firme decisión de apoyar a la resistencia. Además, Michel Aoun tiene un programa de desarrollo para el país que incluye la lucha contra la corrupción y prevé cambios en el Gobierno. Aoun lucha por cambiar la estructura de un Gobierno que hoy causa muchos problemas.


En la actualidad, Líbano se enfrenta al problema del yihadismo y Hezbolá está centrando sus esfuerzos en la lucha contra grupos yihadistas sirios que operan en la zona fronteriza del valle de la Bekaa. ¿Cuál es la aportación de Hezbolá en el ámbito de la seguridad nacional?


La intención de Hezbolá nunca ha sido interferir en el papel del Ejército libanés en cuestiones de seguridad nacional, pero la milicia se vio en la obligación de tomar una determinación al respecto, debido a que el Gobierno libanés no cumplió con su obligación en pro de la defensa de la nación. Si Hezbolá acudió a la frontera sirio-libanesa fue precisamente para suplir las carencias del Ejército."La debilidad de Israel está en la imposibilidad de afrontar una guerra dentro de su propio territorio"
Sheikh Sadek Al Nabolsi, politólogo e influyente clérigo chií cercano a Hezbolá, analiza la situación de la milicia, considerada como terrorista por EEUU o la UE, cuando se cumplen diez años de la guerra en Líbano entre la guerrilla y el Ejército israelí.

 

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