Sábado, 12 Diciembre 2020 05:59

El lápiz de Stalin

El lápiz de Stalin

Tras la Primera Guerra Mundial y un periodo del flujo de las fronteras −propio igual a buena parte de Europa y Medio Oriente (bit.ly/3mXCL9a)− el Cáucaso acabó en manos bolcheviques. El imperio de los zares colapsó. El imperio otomano capituló y sus fuerzas se retiraron. También las del cuerpo expedicionario británico que tenía en la mira el petróleo de Bakú (bit.ly/36Uauun). Armenia, Azerbaiyán y Georgia, tras haber formado la efímera República Democrática Federal de Transcaucasia (bit.ly/33Wu2wn) y un breve periodo de independencia marcado por conflictos interétnicos, pasaron a ser −como repúblicas soviéticas nominalmente soberanas agrupadas en la República Federal Socialista Soviética de Transcaucasia (bit.ly/36W5ztd)− miembros-fundadores de la URSS. Nagorno Karabaj (NK) −un enclave montañoso con mayoría armenia reclamado por Armenia y por Azerbaiyán− ha sido un importante punto de contención. La decisión de Stalin, un georgiano a cargo de la "cuestión nacional" ( Narkomnats), de transferirlo a Azerbaiyán en 1921, a pesar de prometérselo antes a Armenia −y convertirlo, en 1923, en una "región autónoma"− más que resolver el problema, resultó ser al fin, en la década de los 80, igual ante la ambigua postura de Mijaíl Gorbachov, uno de los factores desestabilizadores de la URSS. Cuando en 1988 el Partido Comunista Armenio votó por su "reunificación", estallaron disturbios y pogromos antiarmenios (Sumgaït). Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, siguió la guerra.

Detrás de la instrumental decisión de Stalin había −aparentemente− varias razones. Primero, congraciarse con los azeríes para asegurarse el control del petróleo y del gas del mar Caspio. Segundo, la lógica de "dividir y reinar" −en concordancia con la vieja y perversa estrategia zarista de oponer a un grupo étnico contra el otro− que exacerbaba la desconfianza y debilitaba a las etnias para que no desafiaran a Moscú; así, forzando lealtades de ambas partes y volviéndolos rehenes del régimen, Stalin (bit.ly/3dKGzGW) podía presentarse luego como el salvador ante la mayoría armenia (‘solo el batiushka es capaz de defenderlos del odio de Bakú’), y como un guardián territorial ante Azerbaiyán (‘solo el batiushka es capaz de garantizar su integridad ante el irredentismo de Ereván’). Tercero, hacer un gesto de "buena voluntad" hacia la Turquía de Mustafa Kemal Atatürk, que tras el colapso del imperio otomano, seguía siendo un importante actor regional hostil a las potencias occidentales y uno que tenía fuertes vínculos culturales y políticos con Azerbaiyán; Lenin (y Stalin) ignorando la voz de los armenios de NK y en un reverso a su inicial política de "autodeterminación" −hasta el punto de garantizar a los pueblos el derecho a salir de la URSS− y a las consignas del Congreso anticolonial en Bakú (1920) (bit.ly/3jnyZmO) que igual abogaba por "el derecho a la determinación" −mientras la Realpolitik soviética ya imponía un "colonialismo interno"− pretendía(n) "flirtear", al final sin éxito alguno (bit.ly/2KbyGzO), con los kemalistas para la diseminación de la revolución.

Después de un siglo de estos acontecimientos y ante la reciente guerra en NK −fruto tardío de aquellos conflictos irresueltos y decisiones perversas− es imposible no apuntar a algunas ironías de la historia.

* El afán de Rusia de recuperar influencia regional tras el desplome de la URSS −o el "desmantelamiento desde afuera" (S. F. Cohen)− pasaba desde el principio por apoyar los irredentismos −Nagorno Karabaj (Azerbaiyán), Transnistria (Moldavia), Abjasia-Osetia del Sur (Georgia), Crimea-Donetsk-Lugansk (Ucrania)−, "frutos" de la tóxica política étnica soviética, misma que contribuyó a su debilitamiento.

* El gambit sirio −"la huída hacia adelante" tras la crisis ucraniana y el afán de “reafirmar su ‘irresuelta’ relevancia global”− y su posterior involucramiento en Libia– han sido "jaqueados" por Turquía (bit.ly/3gm089K) por el apoyo de la cual la dirigencia soviética "sacrificó" a NK y a la cual a su vez venía apoyando en la década de los 20; Turquía contribuyó, ahora igual, a la holgada victoria, entre otros gracias a los recursos del petróleo de Azerbaiyán sobre la separatista "republiqueta" armenia de Artsaj-NK, y políticamente sobre Armenia, el mejor aliado de Rusia en el Cáucaso.

* Si bien la Rusia de Vladimir Putin, que tanto ha hecho para reivindicar el legado de Stalin, estaba feliz de ver al problemático gobierno de Nikol Pashinian en Ereván (bit.ly/2HFOjhG) salir debilitado de la confrontación con los azeríes (el tratado militar ruso-armenio no abarca a Arstaj-NK) la mediación de Moscú −detrás del origen del problema ("el lápiz de Stalin") y reproduciendo hoy la misma estrategia estalinista de "dividir y reinar"−, fue un salvavidas para los armenios, pero sólo a precio de convertir lo que quedó de Arstaj en un protectorado ruso (bit.ly/39a2h76) y el Cáucaso en la siguiente arena de transacciones ruso-turcas ( bit.ly/398zMXf) (con Azerbaiyán convertido igual en una colonia de Ankara).

Tras un siglo, Putin y Erdoğan están haciendo en el Cáucaso el mismo tipo de tratos −igualmente por encima de los armenios y los azeríes− que en 1920-21 Lenin (y Stalin en su limitada capacidad) hacía(n) con Atatürk, con la diferencia que hoy ya no está en juego la suerte de la revolución mundial. "El pasado nunca está muerto. Ni siquiera pasa", escribió una vez William Faulkner.

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La expansión de Erdogan causa oposición en Oriente Próximo y Europa

Desde el fallido golpe de estado de 2016, el presidente Erdogan ha llevado la presencia de tropas turcas a distintos puntos de Oriente Próximo. Erdogan busca para Turquía un papel central en la región impulsando el islam político allí donde se presenta la ocasión, una actitud que suscita el rechazo de países de la región y europeos que ven esa expansión como una amenaza para sus intereses.

 

En Siria y Nagorno Karabaj, pasando por Irak, Chipre, Libia y el mar Egeo, Turquía está jugando un papel militar que carece de precedentes en el último siglo, un movimiento de fichas que está suscitando una fuerte oposición política, y a veces militar, de países de Oriente Próximo y Europa que se alarman por una hipotética expansión del islam político en la región.

El ejército turco está en Siria, una apuesta arriesgada que hizo el presidente Recep Tayyip Erdogan y que resulta difícil de justificar. Aunque Ankara explica que tiene que enviar soldados al norte de Siria para contener a las milicias kurdas, lo más sensato sería dejar en manos de Damasco el control de su territorio como ocurría antes de la guerra civil, cuando el ejército sirio patrullaba esa zona e imperaba una calma general.

La presencia militar en Siria es contraproducente para los propios intereses de Turquía, como se viene demostrando especialmente en el distrito de Idlib. Aunque lo razonable sería evacuar a las tropas de una vez por todas, Erdogan acaba de decir que no lo hará hasta que termine el conflicto y se respeten sus intereses. Naturalmente, ese mismo objetivo podría cumplirse de manera pacífica mediante un diálogo con Damasco que Erdogan rehúye.

En el Egeo, Erdogan siguen realizando exploraciones en busca de gas, a pesar de las advertencias europeas. Este conflicto toca directamente a Grecia y Chipre, e indirectamente a Israel y Egipto, y requiere un diálogo profundo con Atenas para repartir de una manera justa y equitativa las riquezas de las aguas del Mediterráneo oriental.

El conflicto del Egeo ha suscitado reacciones de Francia y Alemania, que el pasado jueves dieron el plazo de una semana a Turquía para retirar sus barcos de la zona si no quiere incurrir en sanciones. Sin embargo, las posiciones de París y Berlín divergen en la medida de que Emmanuel Macron es mucho más belicoso que la conciliadora Angela Merkel, y, un factor que no se debe olvidar, Francia está aprovechando las múltiples crisis para vender armas a porrillo a sus aliados.

En uno y otro frente, Macron choca con Erdogan y parece dispuesto a limitar la expansión de Turquía, algo que difícilmente podrá conseguir por medio de las armas. Pero el presidente francés tiene un aliado importante, Joe Biden, que en los últimos meses ha criticado a Erdogan y ha prometido que si gana las elecciones del tres de noviembre actuará con resolución contra Ankara, una amenaza que satisface a todos los rivales de Turquía, que no son pocos, especialmente Israel, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Egipto, unidos por su rechazo del islam político.

No cabe duda de que la expansión turca puede cobrarse un precio a corto o medio plazo. De hecho, ya ha empezado a cobrárselo con el boicot comercial que recientemente han impuesto de facto a los bienes de ese país Arabia Saudí y los Emiratos. El daño que han empezado a causar las restricciones comerciales es todavía limitado pero podría crecer y extenderse a otros países que rivalizan con Erdogan.

El único país de la región aliado de Ankara es Qatar. Están unidos por la defensa del islam político que combaten sus enemigos, una opción que está perseguida por todas partes y que tiene las de perder si no ocurre algo imprevisible que dé la vuelta a la tortilla y que no se vislumbra en el horizonte.

Más allá de las divergencias entre Macron y Merkel, la Unión Europea no presenta una posición unificada. La UE es el principal socio comercial de Ankara y podría endurecer las relaciones económicas, pero para ello sería necesario un consenso que ahora mismo no existe ya que varios países dudan de la eficacia de los agresivos planteamientos de Macron.

Una muestra de las divergencias ocurrió en la última cumbre europea, donde se presentaron propuestas para modernizar el tratado aduanero con Turquía, simplificar la obtención de visados de ciudadanos turcos, y donar dinero para aliviar la presión de los refugiados sirios en Turquía, unas iniciativas que algunos países, entre ellos España, piensan que pueden ser más provechosas que la aplicación de sanciones.

Según Le Monde, la expansión de Turquía puede explicarse por una transformación de Erdogan a raíz del intento de golpe de estado militar que se produjo en 2016. Ankara ha acusado directamente a los Emiratos Árabes Unidos de estar detrás del fallido golpe, y ha señalado específicamente al prófugo dirigente palestino Mohammad Dahlan, que reside en los Emiratos y mantiene excelentes relaciones con Israel, de mover los hilos del golpe.

Otra explicación podría ser el desinterés o la desidia que muestra la administración de Donald Trump en materia de política exterior en todo lo que no esté directamente relacionado con Israel. Pero esta circunstancia podría cambiar si Biden entra en la Casa Blanca el 20 de enero y recupera el interés de Washington por las cuestiones de Oriente Próximo. 

22/10/2020 07:26 Actualizado: 22/10/2020 07:27

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Kazajistán detenta el secreto de la gran Eurasia, según Pepe Escobar

Poco se agradece a los países que se han despojado voluntariamente de su arsenal nuclear como Sudáfrica, Ucrania y Kazajistán.

Al momento de la disolución de la URSS, en forma insólita se quedaron con dotaciones de armas nucleares Ucrania y Kazajistán, así como la misma Rusia, quien a final de cuentas acaparó el total nuclear soviético (https://bit.ly/2Orawjn).

Kazajistán es un país sin salida al mar –aunque comporte una frontera con otros cuatro países en el cerrado mar Caspio– con cinco fronteras en orden de importancia: 1. Rusia (7 mil 644 kilómetros); 2. Uzbekistán (2 mil 330 kms.); 3. China (mil 765 kms.); 4. Kirguistán (mil 212 kms.) y Turkmenistán (413 kms.).

La geografía es destino y ello es aprovechado por su visionario mandatario hoy retirado Nursultán Nazarbáyev en cuyo honor fue cambiada la capital Astana a Nur-Sultan.

En fechas recientes, el muy cotizado geopolitólogo brasileño Pepe Escobar, viajero incansable de la región euroasiática y con sólidas relaciones, abordó que Kazajistán representa la "encrucijada entre Europa y Asia", además de que “se está convirtiendo en la "nueva Ginebra" de la diplomacia del siglo XXI”.

escobar define a Kazajistán como "un puente que conecta a Eurasia" que se ha sabido mantener relativamente neutral y estable en la "coyuntura de la incandescente geopolítica".

El PIB nominal de Kazajistán es de 170 mil 326 millones de dólares (año 2019), cuya principal exportación son los hidrocarburos destinados a Italia (18 por ciento), China (12 por ciento), Holanda (10 por ciento) y Rusia (9.5 por ciento), mientras que sus principales importaciones provienen de Rusia (casi 40 por ciento) y China (16.5).

En un artículo anterior de hace casi dos años, Pepe Escobar había abordado la "fusión de las nuevas rutas de la seda con la Gran Eurasia" (https://bit.ly/305tamq) –que, según mi información, ha tenido variantes con la inminente firma de un tratado, hoy "secreto", por 25 años entre Irán (mega-sic) y China.

Según escobar, la nueva capital Nur-Sultan ha tomado el papel de la "nueva Ginebra: la capital de la diplomacia para el siglo XXI", cuyo "secreto" de la "paradoja kazaja" consiste en su “capacidad de equilibrar en forma delicada sus relaciones con los tres principales jugadores –Rusia, China y EU–, así como con poderes regionales líderes”, tales Irán y Turquía.

A juicio de Escobar, el "concepto especial de la gran Eurasia" de Kazajistán "se traslapa con la visión rusa que ha sido manejada en extenso detalle en el Club Valdai" –el notable think tank ruso de discusión.

Kazajistán, de 2 millones 724 mil 900 kilómetros cuadrados de superficie (noveno a escala mundial: un poco menos que Argentina y un poco más que Argelia) cuenta con casi 20 millones de habitantes, de los cuales las dos principales etnias están conformadas por los kazajos musulmanes –de origen mongol (68 por ciento)– y los rusos cristianos ortodoxos, casi 20 por ciento.

Kazajistán proviene de la palabra turca "Kas" que significa "errante", debido a su costumbre nómada, y el sufijo persa "-stán" que significa "tierra".

Sus "extensas fronteras con Rusia y China, así como con Irán en el mar Caspio" le brinda a Kazajistán la característica de "puente estratégico de primer nivel que une la totalidad de Eurasia", según Pepe Escobar, y que va más allá de la "conectividad comercial y de transporte" al "integrar un único espacio euroasiático que unifica las rutas de la seda de China con la Unión Económica Euroasiática encabezada por Rusia", lo cual subsume que el “orden atlantista –como la predominancia anglosajona en las relaciones internacionales– se desvanece, y no se acopla a Eurasia ni Asia”.

Pepe escobar sentencia que "el nuevo paradigma (sic) para reiniciar la economía global post-Covid-19 vendrá de Asia".

Para los estrategas kazajos "tampoco una respuesta asiática y oriental conviene en forma colectiva a Occidente, que también busca modelos óptimos para la estructura mundial" cuando las rutas de la seda de China han exhibido que los países occidentales "no están sicológicamente (sic) listos a aceptar a China como líder".

A mi juicio, el futuro de Kazajistán, con una relevante minoría rusa, parece radiante siempre y cuando se acople a Rusia y a China (en ese orden).

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Estados Unidos toca un nervio sensible de China

Washington rechazó todos los reclamos de Beijing sobre el Mar de la China Meridional

Una semana después de imponer dos tandas de sanciones a funcionarios chinos, el Gobierno de Estados Unidos rechazó todos los reclamos territoriales de Beijing sobre el Mar de la China Meridional, una región considerada estratégica por la potencia asiática.

Alrededor del 30% del comercio global atraviesa el Mar de la China Meridional, delimitado al Oeste por las costas de Vietnam, al Sur por Malasia y Brunei, al Este por Filipinas y al Norte por el sudeste de China y Taiwán. Además, la zona que posee cientos de islas y numerosos archipiélagos, tiene preciados yacimientos de petróleo y gas.

"Hoy estamos fortaleciendo una política estadounidense sobre una cuestión en disputa y vital de la región: el Mar de la China Meridional. Lo dejamos bien en claro: los reclamos que hace Beijing sobre recursos offshore de la mayor parte del Mar de la China Meridional son completamente ilegales, al igual que su campaña de bullying para controlarlo", anunció el secretario de Estado de la potencia occidental, Michael Pompeo.

"La República Popular de China no tiene fundamentos legales para imponer su voluntad en la región. Beijing no ha ofrecido ninguna base legal coherente para su reclamo de 'la línea de los nueve puntos' en el Mar de la China Meridional, desde que lo anunció en 2009", continuó el comunicado firmado por el miembro del gabinete estadounidense y difundido por el canal CNN.

La zona reclamada


La llamada Línea de los nueve puntos es una demarcación extraoficial que reclama China y que, de ser aceptada, le garantizaría soberanía sobre la mayor parte de ese mar, de sus islas y de los recursos que se encuentran debajo el agua, en detrimento de países vecinos más pequeños y menos poderosos.

Esta zona reclamada va mucho más allá de lo que le otorga a China la demarcación basada en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que concede soberanía a partir de una distancia única desde las costas de cada país de la región.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los países vecinos marcaron los límites con el Acuerdo de paz de San Francisco en 1951, pero en el texto no definieron claramente a quién corresponde los archipiélagos, un punto ciego que permitió la perpetuación y ampliación de la disputa internacional.

Hoy, tanto China como Vietnam reclaman la totalidad de los archipiélagos, mientras los otros países vecinos reivindican la soberanía sobre algunas islas.

Otro roce entre Washington y Beijing


Para China, especialmente desde que asumió el presidente Xi Jinping, este reclamo es considerado estratégico para mantener su hegemonía sobre la región o, en otras palabras, sobre sus vecinos, muchos de ellos aliados de Estados Unidos que han invitado formalmente a las fuerzas militares de esa potencia occidental a patrullar esas aguas.

"El mundo no permitirá que Beijing trate al Mar de la China Meridional como su imperio marítimo. Estados Unidos apoya a sus aliados y socios del Sudeste Asiático en su defensa de sus derechos soberanos de los recursos offshores", concluyó el comunicado del Departamento de Estado.

Esta disputa territorial siempre ha sido un elemento de tensión en la relación bilateral con Estados Unidos, que mantiene una importante presencia militar en ese mar para "garantizar la libre navegación", como repite el Pentágono y la Casa Blanca.

Sin embargo, desde la asunción de Donald Trump hace más de tres años, Estados Unidos escaló sistemáticamente la confrontación con China: primero con una guerra comercial impulsada por una escalada arancelaria que hizo temblar los mercados de todo el mundo y ahora con las denuncias sobre la responsabilidad de Beijing en la pandemia de coronavirus que azota al planeta.

La escalada


En abril pasado, en plena aceleración regional y mundial de la pandemia, el Gobierno de China celebró la creación de dos nuevos distritos en una de las islas en disputas, Hainan.

A esto se sumaron dos incidentes: primero un pesquero vietnamita fue hundido por una patrulla militar china y luego un encuentro poco amistoso entre un buque científico chino y un barco petrolero de Malasia. El Gobierno de Trump respondió en ese momento con una advertencia.

En las últimas semanas, sin embargo, Estados Unidos ha acumulado sanciones económicas y políticas contra funcionarios chinos por la situación en el Tibet y por la persecución de la minoría musulmana uigur, denuncias por la represión en Hong Kong y acusaciones por la presunta manipulación de la información durante el inicio de la pandemia de coronavirus en la ciudad china de Wuhan.

En medio de esta efervescencia sostenida, con una crisis sanitaria y económica cada vez más grave en Estados Unidos y con las elecciones presidenciales a solo cuatro meses, el Gobierno de Trump parece haber decidido que este es el momento para tocar uno de los nervios sensibles de China.

 

 

Los muertos por la pandemia ascienden a 5.307

Colombia superó los 150 mil casos de coronavirus y Bogotá volvió a la cuarentena 

"Vamos a pasar por el filo de la muerte", dijo la alcaldesa de la capital, Claudia López, quien volvió a aplicar un confinamiento estricto y de forma escalonada en la mayoría de los barrios.

Colombia superó los 150 mil casos de coronavirus en momentos en que su capital, Bogotá, volvió a la cuarentena debido a un preocupante aumento de contagios. De acuerdo al último boletín del ministerio de Salud, se registraron 5.083 nuevos casos, lo que elevó la cifra total del país a 150.445. En tanto, ya son 5.307 las víctimas fatales. El lugar más crítico de las últimas 24 horas volvió a ser Bogotá, ciudad que confirmó 2.116 casos y que volvió desde el lunes a aplicar un confinamiento estricto y de manera escalonada en la mayoría de sus barrios. La alcaldesa Claudia López le había pedido reiteradamente volver a esa fase al presidente Iván Duque, quien hasta último momento privilegió la recuperación económica del país. Duque dispuso una cuarentena para todo el país en marzo, aunque comenzó a relajarla a partir de mayo.

El ministerio de Salud y el gobierno de Bogotá anunciaron que, al menos hasta el 23 de agosto, la ciudad vuelve a confinarse, aunque en esta ocasión será "por localidades". Así, por ejemplo, Ciudad Bolívar estará en cuarentena en la primera franja, que va del 13 al 26 de julio. Estas cuarentenas implican una "restricción total" de la movilidad y de las actividades entre las 20 y las 5 horas, así como el "cierre del comercio, excepto abastecimiento, farmacias y artículos de primera necesidad".

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, llevaba días pidiendo al gobierno de Iván Duque que autorizara la vuelta de la capital a una cuarentena estricta, algo a lo que el presidente colombiano se había negado para mitigar el impacto económico de la crisis sanitaria. Sin embargo, ambas partes finalmente se reunieron el viernes pasado y el ministerio de Salud dio el visto bueno al pedido de López "teniendo en cuenta que la velocidad de propagación del virus en la ciudad es diferencial, por lo cual amerita decisiones focalizadas debido a que Bogotá tiene una particularidad por extensión y población, equivalente a cinco o seis ciudades".

https://twitter.com/ClaudiaLopez/status/1282655670496632832

López explicó que el objetivo es que unos dos millones de personas se queden en casa con cada etapa del confinamiento para evitar el colapso de los hospitales, donde las unidades de cuidado intensivo (UCI) ya están al 89 por ciento de su capacidad. "No podemos estar todos en la calle porque vamos a reventar el sistema de salud", declaró la alcaldesa a la radio RCN. 

López se mostró consciente de las complicaciones que genera la vuelta a la cuarentena pero le pidió "paciencia" a los bogotanos y, sobre todo, que hagan un "esfuerzo colectivo". "Vamos a pasar por el filo de la muerte. Es el momento en que vamos a ver más gente contaminada, más familias llorando por sus familiares. Vamos a hacer un esfuerzo colectivo para pasar el pico de la mejor manera", arengó. 

Por el lado del gobierno nacional, la única noticia positiva de las últimas horas fue la recepción de 30 respiradores mecánicos donados por el gobierno de Holanda. Los aparatos fueron ofrecidos como parte de la respuesta del estado europeo a la solicitud hecha en abril pasado por Colombia ante los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con la que el país latinoamericano tiene firmado un acuerdo que lo convierte en socio global. 

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El presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi. EFE/Archivo

Los recientes movimientos militares de Egipto junto a Libia constituyen un pésimo augurio. Las maniobras confirman las amenazas que lanzó hace tres semanas el presidente Sisi. En un conflicto en el que están implicadas distintas potencias, en un momento dado cualquiera de ellas podría lanzar a los egipcios contra los turcos en territorio libio con el fin de dar una lección al presidente Erdogan y evitar que florezca un gobierno islamista en Trípoli.

 

En los últimos días Egipto ha llevado a cabo unas importantes maniobras militares cerca de la frontera con Libia, maniobras que han incluido el envío de aviones de guerra de fabricación francesa a las bases Mohammad Naguib y Sidi Barani. Esta inusual concentración de tropas junto a Libia confirma que Egipto se está preparando para un conflicto armado con Turquía.

Por su parte Ankara va a realizar sus propias maniobras navales y aéreas en aguas internacionales del Mediterráneo oriental cercanas a Libia, una decisión que ha alarmado a los numerosos países implicados en esa guerra y que pone el acento en la disposición turca a defender sus intereses en la región con tanto ahínco como los países rivales.

Tanto los movimientos militares de Egipto como los de Turquía están cargados de mensajes políticos. Los dos países juegan a fondo sus bazas y ninguno de ellos ha dado muestra de querer echarse atrás. Mientras Egipto participa en el conflicto de la mano de Rusia y sobre todo de los Emiratos Árabes Unidos, y también contando con el respaldo de Francia e Israel, Turquía no cuenta con el apoyo de nadie desde el punto de vista militar.

Hace solo tres semanas el presidente egipcio, Abdel Fattah al Sisi, amenazó con llevar a Libia a su ejército para apoyar a su aliado, el controvertido general Khalifa Haftar, que recientemente ha experimentado una serie de reveses militares en su afán por conquistar Trípoli. El gobierno de la capital libia, que cuenta con el respaldo militar de Turquía, ha avanzado hacia el este pero no ha conseguido conquistar la estratégica ciudad de Sirte.

Libia es un país divido territorialmente y tal como están las cosas es muy posible que la partición acabe de consumarse por muchos años. En el oeste, basado en Trípoli, la dominación recae sobre formaciones con querencia islamista integradas en el gobierno del Acuerdo Nacional, mientras que en el este Haftar cuenta con el apoyo de distintas potencias que no aceptan ninguna clase de islamismo, por moderado que sea.

En principio pudiera pensarse que la decisión de librar una batalla con Turquía depende exclusivamente de Sisi, el gobernante que accedió al poder tras un golpe de estado contra los Hermanos Musulmanes en 2013. Sin embargo, existe un buen puñado de factores externos que podrían empujar a Sisi en esa dirección, elementos volátiles que no son fáciles de evaluar a corto y medio plazo.

En un momento dado, Sisi, que gobierna un Egipto ingobernable y tiene serios problemas con Etiopía debido a la presa que este país ha construido en el Nilo, podría precisar de solo un ligero empujoncito para entrar en una aventura militar que difuminara otros problemas.

Desde hace semanas los medios egipcios están destacando la imponente capacidad de su ejército, lo que no es una buena señal si tenemos en cuenta que los medios egipcios está prácticamente intervenidos por el Gobierno. Esos mismos medios han recordado que las fuerzas aéreas egipcias disponen de capacidad para alimentar a aviones en vuelo, y han recordado otras capacidades del ejército creando en el país un ambiente prebélico.

Para dar el empujoncito que Sisi necesita no faltan candidatos. Podría hacerlo Rusia, Israel, los Emiratos Árabes Unidos o hasta Francia, países todos ellos metidos en el conflicto, directamente o por interposición, y cargados de las más diversas razones para dar una lección al presidente Recep Tayyip Erdogan y arrancar de una vez por todas las veleidades islamistas en el norte de África.

Fuentes militares citadas por Al Akhbar han indicado que Egipto y Francia están preparando otras maniobras para muy pronto, en las que participarían aliados como Italia, Chipre y Grecia. Además, se ha publicado que Sisi está a punto de anunciar una importante adquisición de armas cuyos detalles se desconocen aunque lo más probable es que sean los insaciables Emiratos Árabes Unidos quienes paguen la factura.

En las recientes maniobras cercanas a la frontera con Libia se han reconstruido modelos de guerra basados en algunas áreas de Libia que se disputan las partes en conflicto, así como el suministro de ayuda militar a las fuerzas del Haftar, con quien los egipcios coordinarían el esfuerzo militar si se acaba de dar ese paso.

El papel de Francia en el conflicto ha cobrado importancia con el paso del tiempo. Mientras el presidente Emmanuel Macron se desgañita pidiendo el cese de la intervención extranjera en Libia, es decir de Turquía, recientemente se hallaron misiles franceses de fabricación estadounidense en manos de las tropas de Haftar.

Macron exige un respaldo total de la Unión Europea contra Turquía, si bien en este caso los intereses de Macron no se identifican con los de la UE, y es evidente que países como Alemania ven con recelo la deriva anti-Erdogan de París. Pero al mismo tiempo Alemania y otros países europeos están bajo la presión de Egipto y sus aliados para dar una lección definitiva a Erdogan.

Egipcios y franceses están coordinando a muy alto nivel sus acciones y siguiendo de cerca los movimientos de Turquía en Libia. Al mismo tiempo, Egipto está coordinando sus acciones con Haftar. Los aviones Rafale franceses de Egipto están en alerta y sus pilotos están listos para operar tan pronto como reciban la orden, según han publicado medios de Oriente Próximo.

Todos los datos apuntan a que nos encontramos en un ambiente prebélico que ha ido creciendo en las últimas semanas y que podría conducir a una guerra. Un conflicto de esa naturaleza no serviría para garantizar una mejor vida a los libios sino para satisfacer las ambiciones de un puñado de países. Además, las guerras casi siempre se sabe cómo comienzan pero pocas veces se sabe cómo van a terminar.

jerusalén

13/07/2020 22:51

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Jueves, 18 Junio 2020 05:51

Asia, un polvorín

Soldados del Ejército indio descansan junto a una batería de artillería las armas de artillería en un campamento cerca de Baltal, al sureste de Srinagar, en el valle de Cachemira. REUTERS/Stringer

Reavivamiento de las tensiones en la península coreana, escaramuzas en la frontera entre India y China con resultado de muertos entre los ejércitos de ambos países, aviones militares chinos y estadounidenses sobrevolando el espacio aéreo de Taiwán, tensiones entre China, Taiwán y Japón tras choques entre barcos pesqueros y destructores y decisiones de redenominación de las islas Diaoyu/Senkaku en Taiwán y Japón, peligrosas subidas de tono entre Taipéi y Beijing con crecientes interferencias atizadoras por parte de EEUU, interminables pugnas en el Mar de China meridional, inesperada renovación de la alianza militar de Filipinas con EEUU… Y el SIPRI alertando del incremento del poder nuclear en Asia, con varias potencias nucleares en liza (China, India, Pakistán y Corea del Norte)…

Todos estos trazos indican puntos calientes y factores de riesgo que advierten con toda claridad de que si bien el poder económico gira hacia Asia, su estabilidad en materia de seguridad presenta déficits graves. La eclosión de todas estas tensiones se produce en un contexto marcado por la voluntad china, referencial en la inmensa mayoría de todas estas crisis, de culminar este año las negociaciones para la Asociación Económica Integral Regional, conocida como RCEP por sus siglas en inglés, y también el acuerdo de libre comercio con Corea del Sur y Japón. De confirmarse ambas propuestas, serían un revulsivo con potencial suficiente para promover una nueva espiral de crecimiento económico en la región.

Aunque todos los diferendos citados se encuentran, por lo general, bajo control, a nadie escapa que los sobresaltos son posibles y que algunos podrían desbordarse especialmente en un momento como el actual, cuando la crisis económica y el riesgo de recesión, con sus devastadores efectos sociales, avanza por doquier a la par que la pandemia está lejos de ser vencida. Con las tendencias nacionalistas al alza en países importantes del área, la explicitación de desconfianzas reciprocas pese a los esfuerzos reiterados de diálogo, no acaba de mitigarse del todo.

En Asia, China tiene una especial responsabilidad en la habilitación de espacios institucionales para la gestión de estos contenciosos; no obstante,  no son pocos los países que recelan de su liderazgo. La práctica totalidad acepta su conveniencia económica y le considera un aliado comercial insoslayable, pero, en paralelo, en sus alianzas de seguridad confían más en EEUU como contrapeso indispensable para preservar sus intereses nacionales. El despertar del gigante lleva aparejada la demostración de una mayor ambición y la lentitud con que avanzan propuestas como la elaboración de un código de conducta para normalizar procedimientos en las disputas en el Mar de China meridional, por ejemplo, cuestiona su sinceridad. Mientras la política de hechos consumados tira beneficio de las maniobras de entretenimiento, la benevolencia de su liderazgo es objeto de controversia.

Algunas esperanzas se habían depositado en los últimos años en el papel de la CICA (Conferencia sobre Interacción y Medidas de Construcción de Confianza en Asia), que en 2017 cumplió su 25 aniversario. Emulando una especie de versión asiática de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), como plataforma intergubernamental de amplia representatividad y expresión de una nueva arquitectura de cooperación de seguridad regional podría amortiguar y encauzar las diferencias en torno a las áreas en disputa. Sin embargo, por el momento no ha sido así. Tampoco la Organización para la Cooperación de Shanghái ofrece mejores perspectivas.

Región prometedora y dinámica pero también muy vulnerable, urge que en Asia se dispongan alternativas institucionales creíbles para encauzar estos contenciosos y alejar la amenazante sombra del estallido de conflictos de gran envergadura. Potencial hay de sobra, con especial proyección en la península coreana o en el Estrecho de Taiwán. Lo ocurrido en la frontera cachemira advierte de la

Por Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China

seriedad del peligro. Si bien este marco brinda oportunidades a poderes extrarregionales para mostrar su influencia en la región, las soluciones debieran venir de la propia Asia.

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Un miembro del Ejército Nacional de Libia (LNA) comandado por Khalifa Haftar, apunta su arma a la imagen del presidente turco Tayyip Erdogan colgado de un vehículo blindado militar turco en Benghazi, Libia. REUTERS / Esam Omran Al-Fetori

Las alianzas que Benjamín Netanyahu ha establecido con distintos líderes árabes le están resultando decisivas para el control de Oriente Próximo. Su único rival en la región es el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, quien finalmente ha optado por plantar cara en Libia a la coalición árabe-israelí.

El pasado 21 de mayo el encargado de negocios de Israel en la embajada de Ankara publicó un artículo en un medio de internet local. Como es de esperar, Roy Gilad proyectó la imagen de un Israel moderado y dispuesto a colaborar con Turquía en distintas áreas. Sin embargo, la realidad es que ambos países mantienen planteamientos encontrados ante los principales problemas de la región, y que sus intereses no pueden estar más alejados.

A este hecho incuestionable se suma otro de importancia no menor: las relaciones personales entre el presidente Recep Tayyip Erdogan y el primer ministro Benjamín Netanyahu son pésimas, lo que se suma a las ambiciones desmesuradas de Netanyahu por crear un Oriente Próximo a la medida de sus necesidades, unas ambiciones que en gran medida ya ha cumplido.
En el artículo, el encargado de negocios destacaba dos cuestiones en las que los dos países podrían cooperar y que servirían para romper el hielo: la presencia militar turca en la provincia siria de Idlib y la lucha contra la covid-19.

Y después de recordar que hasta ahora han muerto 50 soldados turcos en Idlib, Gilad metía la cuchara hasta el fondo señalando que la presencia iraní en Siria, que es muy reducida, choca con los intereses de Ankara, lo cual no está nada claro.

Las relaciones entre Turquía e Israel terminaron en mayo de 2010, cuando soldados israelíes mataron a una decena de activistas turcos que viajaban con suministros humanitarios a la Franja de Gaza a bordo del Mavi Marmara con el fin de romper el bloqueo israelí de la Franja. Tres años después, en 2013, el presidente Barack Obama logró reducir la tensión al forzar a Netanyahu a disculparse ante Turquía.

La vuelta de los embajadores a Ankara y Tel Aviv tardó tres años más, pero dos años después, en 2018, la tensión volvió a subir a causa de las actividades militares de Israel en Gaza. El sentido de justicia del islamista Ergogan y del sionista Netanyahu es muy distinto y está diferencia, que ha prevalecido durante la última década, ha causado el alejamiento entre los dos líderes. Desde 2018 no han regresado los respectivos embajadores y las relaciones se gestionan a nivel de encargados de negocios.

Las buenas palabras de Roy Gilad no guardan relación con la realidad cotidiana en todos los frentes, incluido el de los yacimientos de gas en el Mediterráneo oriental, donde Netanyahu se ha aliado con los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Chipre, Grecia y hasta Francia para condenar las perforaciones turcas en la zona

Israel además ha conseguido que los EAU, Arabia Saudí y Egipto le sirvan de peones en el frente libio. Mientras Turquía apoya al gobierno de Trípoli reconocido internacionalmente, esos tres países están detrás, junto con Rusia, de las milicias de Khalifa Haftar en la lucha contra el gobierno de Trípoli. Es una guerra que dura años y a la que de momento no se le ve un final en el horizonte.

Los EAU, Arabia Saudí y Egipto no quieren que Libia sea gobernada por islamistas de ninguna clase, y otro tanto le ocurre a Israel. Unos y otros entienden que la presencia turca en ese país constituye un desafío para sus aspiraciones hegemónicas, de ahí que no tengan ningún reparo en enviar armas y mercenarios a Haftar. Por su parte, Ankara, cada vez más aislada en la región, no parece dispuesta a permitir que sus rivales metan el pie también en Libia.

Ahora mismo el único aliado regional de Turquía es Qatar, un país sobre el que desde 2017 recae un rígido bloqueo por parte de EAU, Arabia Saudí y otros países de su órbita. La culpa de Qatar consiste en tolerar a los Hermanos Musulmanes y en fomentar el islam político en la región, una cuestión que es línea roja para sus antiguos aliados.

El futuro inmediato no es muy halagüeño. Netanyahu ha dicho que la anexión del 30% de la Cisjordania ocupada se iniciará en cualquier momento a partir del 1 de julio. Aquí el peculiar y discutible sentido de la justicia que tiene el primer ministro israelí volverá a chocar con Erdogan y las tensiones bilaterales se incrementarán.

En su artículo, el encargado de negocios Gilad insistía en el principio básico de la política exterior israelí, que por ejemplo aplica con éxito con la desdibujada Unión Europea: no hay que estar de acuerdo en todo para cooperar entre los países. Lo que traducido al lenguaje coloquial significa que Erdogan debería dejar de ayudar a los palestinos o por lo menos renunciar a su sentido de justicia y adoptar otro más fluido y en sintonía con el de Netanyahu.

En otras palabras, lo que Gilad quería decir es que si Erdogan prescinde de su cabal y noble sentido de justicia, sería posible cooperar en áreas como el comercio, turismo, ciencia, tecnología y otras. Pero parece muy difícil que el presidente turco vaya a renunciar a sus principios mientras Israel estrangula y expolia a los palestinos ante la pasividad de la comunidad internacional.

A día de hoy Israel está ganando la batalla en todos los frentes menos el libio, sobre el que todavía es pronto para saber en qué dirección avanzará. La continuidad de los líderes árabes aliados de Israel, especialmente los EAU, Arabia Saudí y Egipto, depende en gran medida de la influencia de Israel en Washington, de modo que los líderes árabes se han convertido en marionetas al servicio de Netanyahu y de sus ambiciones hegemónicas.

JERUSALEN

07/06/2020 09:24

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Soldados vigilan la cuarentena en el centro de Lima.  ________________________________________ Imagen: AFP

Cierre de fronteras, cuarentenas y toque de queda en toda la región

Varios países de la región han suspendido las clases académicas y reducido las actividades laborales, como Argentina, y vienen cerrando sus fronteras. 

 

Desde Lima.Latinoamérica busca protegerse y reacciona frente al coronavirus. Cierre de fronteras, cuarentenas y toque de queda, son medidas adoptadas por distintos países para intentar frenar el avance de esta pandemia, que ya afecta a más 800 personas en la región. Confinamiento general en Perú. Más de 30 millones de peruanos han sido puestos en cuarentena obligatoria desde el lunes, luego que el gobierno promulgara un decreto de urgencia que ordena el “aislamiento social” de la población. El gobierno peruano también dispuso el cierre de todas sus fronteras. También hay cuarentena obligatoria y total en Venezuela, que además puso los centros de salud bajo control militar. La “cuarentena social” en Venezuela comenzó ayer. Y en Ecuador se impuso un toque de queda.

Varios países de la región han suspendido las clases académicas y reducido las actividades laborales, tal como también lo ha hecho Argentina, y vienen cerrando sus fronteras. Chile, que con más de 150 infectados declaró la fase cuatro de propagación generalizada de la enfermedad y suspendió las clases escolares y universitarias y eventos públicos, anunció el lunes el cierre de sus fronteras, que comienza hoy. Colombia también cerró sus fronteras, en su caso hasta el 30 de mayo, y suspendió clases, eventos con más de 50 personas y redujo diversas actividades. Ecuador fue más allá, además de cerrar sus fronteras decretó el estado de excepción y un toque de queda desde las nueve de la noche. El gobierno ecuatoriano ordenó suspender los servicios públicos y actividades que no sean considerados esenciales. El lunes, Paraguay cerró sus fronteras con Argentina y Brasil, y restringió la circulación interna de personas. Ayer, Bolivia se sumó a los países que están bloqueando sus fronteras y anunció que se impedirá el ingreso de extranjeros. Dio dos días para implementar esta medida. Países centroamericanos, como Cista Rica y Guatemala, también están cerrando sus fronteras. En Brasil no se han cerrado las fronteras, pero sí lugares turísticos emblemáticos, como el Cristo Redentor y el Pan de Azúcar.

El lunes, nueve gobiernos sudamericanos -Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay- coordinaron acciones conjuntas para responder al avance del coronavirus. Ese día, por la mañana, los presidentes de ocho de estos países y un representante del gobierno brasileño tuvieron una videoconferencia. Acordaron intercambiar experiencias, cooperar entre los Ministerios de Salud, trabajar coordinadamente en la aplicación de las medidas de cierre de fronteras y realizar compras conjuntas de equipamiento e insumos médicos para combatir el coronavirus. “Estas compras conjuntas permitirá bajar costos y reducir tiempos de entrega”, señaló el presidente peruano Martín Vizcarra. También abordaron los impactos económicos de esta crisis sanitaria. En este punto, señaló Vizcarra, se buscará en conjunto apoyo de organismos internacionales como el BID y la CAF.

La cuarentena total en Perú fue comunicada el domingo a las ocho de la noche y entró en vigencia cuatro horas después. La decisión fue anunciada por el presidente Vizcarra en un mensaje televisado en el que apareció acompañado por todos sus ministros. El gobierno adoptó esta medida, sin precedentes en la historia del país, luego de un intenso día de reuniones y discusiones en la interna del régimen. De acuerdo a las cifras oficiales, en el Perú hay 117 casos de coronavirus. El país ha ingresado a la fase tres de la enfermedad, es decir a la etapa de contagio comunitario. La gran mayoría de afectados se encuentran en Lima. No se han reportado fallecidos, pero hay tres pacientes en estado crítico. El presidente Vizcarra señaló que en estos días los casos de coronavirus seguirán aumentando, pero aseguró que cuando termine la cuarentena, si se cumple como debe ser, la curva de contagio debe descender. “Esta medida va generar dificultades, lo sabemos, pero no tomarla generaría muchas más dificultades”, indicó el presidente.

Durante la cuarentena solamente podrán funcionar los centros de salud, farmacias, mercados y tiendas de venta de comida y productos esenciales, bancos y estaciones de combustible. Únicamente se puede salir para ir a uno de estos establecimientos. También funcionan los medios de comunicación y se le permite trabajar a los vendedores de diarios y revistas. El transporte público opera en forma reducida para trasladar a quienes trabajen en estos sectores. Las otras actividades laborales han quedado suspendidas, al igual que las clases escolares y universitaria, medida esta última que ya se había tomado días antes.

Organismos públicos y el sector privado están implementando el teletrabajo. El gobierno ha dispuesto que los días no trabajados por la cuarentena se considerarán como una licencia pagada y no puede haber descuentos ni despidos por esta circunstancia, y advirtió que las empresas que incumplan serán “severamente sancionadas”. Se dará un bono extraordinario de 380 soles (unos 110 dólares) a cada familia de bajos recursos que “viven con los ingresos que generan día a día”, como los ambulantes. Son alrededor de nueve millones de personas en esta situación.

El primer día de cuarentena fue un caos. Hubo mucha desinformación y confusión. A quienes estaban fuera de su ciudad de residencia cuando se anunció la medida se les dio 24 horas para retornar a sus casas, plazo que venció a la medianoche del lunes. Eso generó desesperación y aglomeraciones en aeropuertos y terminales terrestres. Cientos se quedaron sin poder viajar. En los supermercados también hubo concurrencia masiva de gente. Los precios de pasajes y algunos alimentos se multiplicaron. Paradójicamente, en ese primer día, la cuarentena, que busca romper la cadena de contagio, creó espacios para la transmisión de la enfermedad.

Ayer las cosas comenzaron a cambiar. Las caóticas calles de Lima lucían casi vacías, pero, como admitió el gobierno, no todos respetaban la cuarentena. En algunos supermercados había largas filas. Militares y policías, armados con fusiles y protegidos con mascarillas para cubrirse la boca, patrullaban las calles y paraban a quienes circulaban pidiéndoles una justificación de su salida. “Cuando preguntamos por qué están fuera de sus casas nos dicen que van a comprar alimentos o que van a ir al médico, no sabemos si eso es cierto o no, pero no podemos hacer nada”, le señaló a este diario un soldado que custodiaba una de las principales vías de la ciudad.

“No son quince días de vacaciones, son quince días de estado de emergencia en los cuales todos juntos tenemos que combatir el coronavirus. Si todos cumplimos (con la cuarentena) no será necesaria una prórroga de esta medida, pero si no cumplimos el esfuerzo habrá sido en vano”, señaló ayer el presidente Vizcarra, en uno de sus reiterados llamados a la responsabilidad de la ciudadanía para que acate esta cuarentena. El gobierno estudia endurecer las medidas para hacerla cumplir. 

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Domingo, 02 Diciembre 2018 05:55

Clandestino, ilegal

Clandestino, ilegal

El éxodo centroamericano, que lleva un mes y medio de marcha, llegó a la frontera estadounidense. Las restricciones del derecho al asilo en Estados Unidos, endurecidas aun más por un decreto del presidente, alimenta el tráfico de personas desde México.
 

Hacía días que se venían preparando para hacer la marcha. El viernes 23 de noviembre pintaron banderas de Honduras y de Estados Unidos, y escribieron sobre ellas sus pedidos: que Trump se toque el corazón, que los deje pasar de una vez.


En las últimas dos semanas llegaron a Tijuana más de 6 mil migrantes centroamericanos, según el registro oficial. De ellos, 2 mil son mujeres, niños y adolescentes. Y el domingo 25, al cumplir 45 días de viaje y 11 en Tijuana, 500 de ellos se manifestaron frente a la frontera con Estados Unidos, la que no les permite avanzar. Con sus banderas en mano marcharon a lo largo del gran muro oxidado que materializa la frontera, cantando que son trabajadores internacionales, no criminales, como se dice de ellos.


A una hora del comienzo de la manifestación, efectivos de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos (Usbp, por sus siglas en inglés) y de la autoridad de aduanas del mismo país (Cbp) les lanzaron gases lacrimógenos desde territorio estadou-nidense, por encima de la barda. También dispararon balas de gas pimienta –consideradas un arma no letal, pero capaz de herir– directamente a la gente y a los periodistas que cubrían el evento.


PURO TIJUANA.


La ciudad de Tijuana está recostada contra la frontera. Sus calles y comercios parecen todas estar mirando hacia el norte. El muro fronterizo recorre toda la ciudad y se prolonga hasta entrar en el mar, en el barrio Playas de Tijuana.


Históricamente Tijuana ha sido una ciudad de distensión, donde muchos estadounidenses llegan a gastar su dinero en tiendas, puteros y bares.


Hoy viven aquí migrantes extranjeros e internos que han encontrado un mejor nivel de vida que en otros lugares del país. Muchos de ellos llevan una vida binacional, cruzando a diario la frontera hacia San Diego. Lo pueden hacer por el control fronterizo de San Ysidro, en automóvil, o bien por el punto de control El Chaparral, a pie.


En esta ciudad también hay mexicanos desplazados por paramilitares de comunidades rurales del sur de México, que están esperando su turno para solicitar asilo en Estados Unidos, y cientos de deportados que el país vecino devuelve.


Los migrantes centroamericanos recién llegados habían organizado dos manifestaciones en El Chaparral, pidiendo una audiencia con el gobierno estadounidense. Sin embargo, el gobierno de Donald Trump ordenó a la Cbp cerrar, el jueves 22, la mitad de los carriles de ingreso por el otro punto de entrada, San Ysidro, por donde no cruzan estos migrantes. Las autoridades aduaneras instalaron allí también, en territorio mexicano, un muro de material y alambre de púa.


MAKE TIJUANA GREAT AGAIN.

No obstante, la limitación del flujo de autos hacia Estados Unidos sí afectó a la población de Tijuana y avivó el resentimiento de los residentes contra la presencia de los migrantes recién llegados. Tijuana se transformó así en la única ciudad de México por la que pasó el éxodo centroamericano, que lo recibió con manifestaciones de rechazo.


La primera estalló en la costa, el 14 de noviembre, cuando el mismo día que llegó la caravana migrante a la ciudad y su vanguardia se trasladó hasta Playas de Tijuana para observar cómo el muro fronterizo se metía en el mar.


Sergio Tamay, un militante veterano que dirige el hotel para migrantes en Mexicali (la única otra ciudad de Baja California donde hay puestos de control fronterizos), relató a Brecha que cuando los migrantes llegan a la zona de la frontera suelen querer ir a ver esa escena. Han recorrido miles de quilómetros para ello.


Esa noche, un grupo de personas que se presentaron como vecinos de Playas se manifestó violentamente contra la presencia de los migrantes en su barrio. Y tras esa manifestación las autoridades terminaron descartando albergar el éxodo en la plaza de toros que queda en Playas, una opción que se había manejado. Un precario campo de refugiados se instaló en cambio en el estadio de béisbol Little Padres Park.
Otra manifestación en rechazo a los migrantes, de 200 personas, fue convocada para el domingo 18 por tres agitadores xenófobos en redes sociales: Iván Rievelin, que se hace llamar “comandante cobra”; Paloma Zúñiga, que viste una gorra con la leyenda “Make Tijuana great again”, en alusión al lema de Trump; y Alex Backman, un conductor de radio por Internet.


EL DERECHO AL ASILO MUTILADO.


La represión de la manifestación de los migrantes el pasado domingo fue brutal. Tamay y el periodista local Euceliano Gil, quien fue herido por las balas de gas, estimaron que se trató de una invasión al territorio mexicano por las fuerzas de seguridad estadounidenses tolerada por la autoridad mexicana.


La escena de las balas y gases disparados sobre la frontera reflejó la política de Trump de limitar el derecho al asilo. El presidente emitió un decreto el 9 de noviembre con el que se restringió durante 90 días (pero el decreto es prolongable) el derecho al asilo en Estados Unidos. En contradicción con la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de las Naciones Unidas y el derecho federal estadounidense, este decreto suprimió la posibilidad de solicitar asilo a personas que no hayan entrado legalmente al territorio por los puestos fronterizos de control.


El decreto implica que la única manera de no ser deportado la tendrán aquellos que puedan acogerse al refugio bajo la Convención contra la tortura o que gocen de una decisión de “withholding of removal”, un congelamiento de la orden de deportación. Esta suspensión de deportación se aplica sólo en aquellos casos en que las autoridades estiman que el riesgo de persecución del solicitante es “razonable”, lo cual se establece a través de criterios más exigentes que los que se usan para establecer una causa válida para el asilo.


El permiso de “withholding of removal” le prohíbe a la persona acceder al asilo, a un permiso de residencia, a una visa humanitaria, o a la ciudadanía. Sólo le brinda un permiso de trabajo precario. Además, esta suspensión de la deportación puede ser revocada en cualquier momento.


La periodista Dara Lind explica en la revista digital Vox (12-XI-18) que esta modificación legal fue elaborada como una propuesta legislativa, previo al éxodo de Honduras en octubre, por los ministerios de Justicia y Seguridad Nacional de Estados Unidos, y que habría tardado meses en entrar en efecto. Pero que, con la llegada de la caravana de centroamericanos a Tijuana, se convirtió en un decreto de aplicación inmediata.
Diez días después de la “proclamación” (así se llama el tipo de decreto que emitió Trump), el juez federal estadounidense Jon Steven Tigar lo suspendió por un mes (hasta el 19 de diciembre), al estimar que el presidente no tiene facultades para modificar la ley migratoria, que permite a las personas solicitar asilo sin importar cómo entraron a Estados Unidos.


EL CUELLO DE BOTELLA DE LA DESESPERACIÓN.


El enorme impedimento para poder pedir asilo en Estados Unidos se visualiza en el puesto fronterizo de entrada en Tijuana, donde las autoridades aduaneras estadounidenses sólo atienden entre 10 y 50 solicitantes de asilo al día, dependiendo de las plazas disponibles en centros de detención privados para migrantes en Estados Unidos.


En los hechos, esto ha empujado a mucha gente desesperada a aceptar las propuestas de traficantes que cobran por cruzarlos, pero sin garantías de llegar a buen puerto. Pueden ser detenidos o estafados en el camino, como le sucedió el martes a un grupo de 30 hondureños que habló con Brecha. La clandestinidad es la opción que les queda a quienes no pueden inmigrar de manera “segura, legal y ordenada” y es alimentada por las restricciones de entrada a Estados Unidos.


Muchos migrantes esperan que el panorama cambie cuando asuma el nuevo presidente de México, el 1 de diciembre. Según indicó a Brecha una fuente que ha estado en contacto con el equipo del futuro gobierno de Andrés Manuel López Obrador, éste aceptaría que los migrantes permanezcan en México mientras Estados Unidos procesa sus solicitudes de asilo, tal como lo ha exigido Trump. Paralelamente, el futuro canciller, Marcelo Ebrard, anunció que México recibirá inversiones estadounidenses para obras de infraestructura en el sureste mexicano.

30 noviembre, 2018

 

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Jueves, 29 Noviembre 2018 06:00

¿Quiénes son esos?

¿Quiénes son esos?

La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie pronunció en la Feria del Libro de Frankfurt de este año un espléndido discurso en el que se refiere a los temas clave del mundo contemporáneo: identidad, diversidad, y también a la emigración, que vemos repetirse por distintas geografías de manera masiva, un viaje desde los páramos oscuros de la miseria y el desencanto hacia la gran vitrina iluminada de la riqueza y la prosperidad, resguardada por muros de concreto y cercos de alambre de púas.

Un sueño, un delirio, una ilusión persistente. El vuelo rasante de un dron sobre el puente que cruza el río Suchiate, y que une Tecún Umán en el territorio de Guatemala, con Ciudad Hidalgo en México, nos muestra miles de cabezas apiñadas, juntas, compactas, indefinibles. Una masa ansiosa de llegar hasta la frontera mexicana con Estados Unidos, una caravana que ha salido desde Honduras y que marcha a largos trechos a pie, dispuesta a recorrer miles de kilómetros para llegar a su ansiado destino sin importar ni las penurias ni los obstáculos.

Otro dron vuela encima del puente sobre el río Táchira que conecta el poblado de San Antonio del Táchira, del lado de Venezuela, con Villa del Rosario, del lado de Colombia. Venezolanos expulsados de su propio país porque han perdido todas las oportunidades y todas las esperanzas, y se quedarán en Colombia, o seguirán hacia Ecuador, hacia Perú, hacia Chile. El éxodo se vuelve brutal, despiadado, como es la naturaleza del poder que los expulsa.

Pero lo que reclama Chimamanda, la novelista, es no olvidar que no se trata de cifras, sino de personas. Hay que transformar en nuestras mentes los números en seres humanos. Verlos en su individualidad desamparada: "es el momento de preguntar si la cuestión es la inmigración o la inmigración de tipos concretos de personas: musulmanes, negros, morenos", dice. "Es el momento de replantearnos cómo pensamos los relatos". Los relatos de esas vidas, los relatos íntimos.

La filósofa española Adela Cortina, escribe en su lúcido libro Aparofobia, que el rechazo al pobre, demuestra algo que por obvio solemos olvidar: los emigrantes que llegan a Europa desde Medio Oriente parecerían ser rechazados porque provienen de culturas extrañas, pero eso no es lo fundamental: no se les admite porque son pobres. Eso quiere decir aparofobia: la fobia a los pobres. "Lo que nos molesta", dice, "es la pobreza, no la inmigración".

Es una tendencia que se origina en el cerebro humano, rechazar lo que nos desagrada, molesta o incomoda. "Se habla mucho de xenofobia, de islamofobia, y es verdad que existen. Pero en todos esos casos si traen dinero o algo que parece beneficioso se les acoge sin remilgos".

No obstante, es una tendencia que es posible contrarrestar si logramos oponerle "la compasión, la capacidad de sufrir con otros en la alegría y en la tristeza y de comprometernos con ellos". Son tendencias benéficas, que también están arraigadas en nosotros, y que podemos hacer despertar.

Es allí donde los números, miles de refugiados, una oleada incesante, molesta, incómoda, se transforma en personas con rostros, y entonces surgen las historias individuales. Y la solidaridad no es abstracta. En los poblados por donde van pasando la gente organiza albergues, comedores. Son los pobres ayudando a los pobres, dándoles lo que pueden, cama, comida, ropa, medicinas. Cariño.

Y también hay rechazo, como el que se ha dado en Tijuana, ya al final del viaje. Bastó un video colocado de manera artera en las redes sociales, donde una emigrante hondureña se queja del plato de frijoles recibido en un albergue para que la reacción hostil estalle: "aquí somos pobres, comemos frijoles", repiten las voces indignadas.

Hay que entrar en las historias individuales, como pide Chimamanda. El tramado del tejido es denso, y cada hilo hay que verlo a contraluz. La mujer se llama Miriam Zelaya y se sumó al éxodo en busca de que en Estados Unidos operaran a su hija de 11 años, que es sordomuda. Viaja, como los demás, en busca de un milagro. El suyo es que la niña llegue a hablar y oír. "Hemos caminado por todo México y hemos recibido mucha ayuda", dice llorando. "Tengo todo que agradecerles. Yo he criado a mis hijos con muchos esfuerzos y dándoles frijoles y tortillas". Ahora está sola. Se ha tenido que marchar del albergue ante el repudio de sus propios compatriotas.

Pero Miriam está a punto de llegar. A lo mejor recibe asilo al otro lado de la frontera tan celosamente guardada. A lo mejor operan a su hija sordomuda. A lo mejor valieron la pena para ella el desprecio de los suyos, el rechazo de que ha sido víctima en Tijuana por quejarse de unos frijoles. El desarraigo, las penurias del viaje, el miedo, el peligro, la zozobra, la angustia, la esperanza, hacen que deje de ser un simple número en una suma, una cabeza entre miles que fotografía un dron.

Guadalajara, noviembre, 2018

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