Una bomba nuclear estadounidense tipo 'Fat Man', que se utilizó en el bombardeo de Nagasaki

En agosto de 1945 la Alemania nazi ya había sido derrotada, pero EEUU necesitaba mandar un mensaje de supremacía al mundo, y así lo hizo.

 

Fue Harry Truman, presidente norteamericano, el encargado de dar la orden de utilizar armas de destrucción masiva contra Hiroshima y Nagasaki, llevando así a cabo un proyecto anhelado durante varios años por los Gobiernos de EEUU y Gran Bretaña.

En 1940, antes del ataque japonés a Pearl Harbor, la investigación científica para la guerra unió a EEUU y Gran Bretaña, y muchos de sus logros militares provienen de esa alianza, ya que al amparo de la misma se inició la investigación para desarrollar la bomba atómica.

Por cuanto que en ese momento Gran Bretaña estaba expuesta a ataques aéreos constantes y estaba amenazada por una posible invasión nazi, el primer ministro Churchill y el presidente Roosevelt acordaron que era prudente llevar a cabo el proyecto nuclear en EEUU.

La inteligencia soviética sabía que desde 1939 los científicos de Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Francia y otros países habían comenzado a tratar de cerca el problema de la fisión del núcleo atómico y trataban de obtener una nueva fuente de energía atómica.

Los informes sobre la intensificación del desarrollo de una nueva temible arma fue transmitida a la URSS en septiembre de 1941 por un miembro del famoso grupo de agentes prosoviéticos Cambridge Five, John Cairncross, quien logró obtener un informe secreto para el primer ministro británico Winston Churchill sobre los planes de crear armas atómicas de destrucción masiva, junto con EEUU.

 

Estudios secretos y víctimas silenciadas

 

La biblioteca de Truman cuenta en sus archivos digitales con un documento titulado Evaluación sobre bombardeos estratégicos de los Estados Unidos: los efectos de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, aunque no se detallan muchos aspectos, en especial el referido a los efectos de la radiación en los sobrevivientes.

Luego de la rendición japonesa, EEUU implantó una política del silencio sobre cualquier cosa relacionada con los bombardeos o los efectos de la radiación. La única investigación autorizada era realizada por la comisión sobre las víctimas de la bomba atómica —Atomic Bomb Casualty Commission (ABCC)—. Si bien dicha comisión realizó exámenes médicos, no suministró atención médica porque su misión tenía un mandato de no realizar curaciones o tratamiento, afirma Atomicheritage.

Según dicha organización el tratamiento en sí se convirtió en un problema político porque, a la vista del público, tratar y curar a los hibakusha (como se les llama a las víctimas de los bombardeos atómicos norteamericanos) podría haber constituido una expiación estadounidense por los bombardeos atómicos, es decir un reconocimiento del crimen masivo.

En una publicación del diario oficial de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, se relata sobre los estudios epidemiológicos y genéticos de los sobrevivientes y de sus hijos por parte de la ABCC y su sucesora, la fundación de investigación de efectos de la radiación (RERF). Pero las víctimas afirman que la información fue distorsionada y ocultada por parte de la ABCC y que nunca recibieron tratamiento, y solo fueron fotografiados y luego enviados a casa.

Peor aún, las víctimas estaban restringidas por su propia autocensura. Muchas se ocultaron durante años, sentían vergüenza por sus deformaciones, sus heridas, sus enfermedades y, sobre todo, un deseo de olvidar el pasado.

 

El ignominioso escuadrón japonés 731

 

La humanidad tampoco debe olvidar algunas acciones del Ejército imperial japonés, en especial las referidas a sus proyectos de creación de armas biológicas de destrucción masiva, para lo cual utilizaron seres vivos: humanos y animales.

La película Men Behind the Sun, controversial por sus crueles escenas, relata que presos chinos, coreanos y soviéticos eran sujeto de experimentos inhumanos a cargo del Escuadrón 731 del Ejército imperial japonés. 

Tales hechos serían difíciles de creer si hoy no conociéramos los registros del proceso de Jabárovsk llevado a cabo por los soviéticos en 1949 y por los documentos desclasificados por los norteamericanos.

El Mengele nipón, Ishii Shiro, a la cabeza del Escuadrón 731, tenía como misión desarrollar armas biológicas para su Gobierno, en la región de Harbin al norte de China, ocupada por los japoneses. Así lo relató durante el juicio en Jabárovsk, Yoshio Shinozuka, miembro del escuadrón, quien afirmó que habían criado pulgas infectadas de tifus en ratas, ántrax, peste y cólera para usar contra el Ejército soviético.

La Unión Soviética logró enjuiciar por crímenes de guerra a 12 militares japoneses del Escuadrón 731, pero no pudo enjuiciar a Ishii Shiro, porque simplemente se había esfumado.

Durante muchos años se negó la actividad de dicho escuadrón, pero EEUU fue desclasificando cientos de documentos que dan cuenta de los "experimentos de guerra biológica". El proceso de Jabárovsk permitió a los soviéticos conocer detalles dolorosos, inmorales y de altísima peligrosidad.

Uno de los enjuiciados fue K. Kawashima, jefe del departamento de producción en el destacamento 731, quien reconoció que "el departamento de producción estaba muy bien equipado para el cultivo de bacterias, lo que nos permitió producir mensualmente en forma pura hasta 300 kilogramos de bacterias de peste, o hasta 500-600 kilogramos de bacterias de ántrax, o hasta 800-900 kilogramos de bacterias tifoideas, paratifoideas o disenterías o hasta 1.000 kilogramos de bacterias del cólera".

A pesar de los intentos, los soviéticos no pudieron nunca capturar ni enjuiciar al cabecilla del escuadrón, Ishii Shiro. ¿Por qué? El hecho es que, la información sobre las armas biológicas que el Imperio japonés había acumulado durante los experimentos, fue utilizada posteriormente como herramienta de negociación con EEUU.

La potencia norteamericana decidió otorgar libertad e inmunidad a Ishii Shiro y a otros miembros del nefasto Escuadrón 731, a cambio de la información que poseían. Toda una canallada histórica e inmoral.

 

La relación entre EEUU y Japón

 

EEUU a lo largo de estas décadas ha sabido manejar y construir con Japón una relación compleja pero muy favorable a sus intereses. Entre los acuerdos y tratados firmados se puede destacar el Tratado de cooperación mutua y seguridad entre Japón y EEUU que otorgó a EEUU el uso de áreas e instalaciones japonesas por parte de sus fuerzas terrestre, aéreas y naval.

Las bases en Japón son relevantes para la estrategia estadounidense. El portaaviones USS Kitty Hawk con sede en Yokosuka participó en los conflictos en Afganistán e Irak. Los aviones de combate estacionados en Misawa y Kadena también se desplegaron en Irak a partir de 2003. Las bases en Okinawa en particular son cruciales para sus acciones en el océano Índico y Oriente Medio y durante la guerra de Vietnam jugaron un rol estratégico y logístico importante.

En mayo de 2016 cuando el presidente norteamericano Barack Obama visitó Hiroshima afirmó que los hechos en Hiroshima y Nagasaki "demostraron que la humanidad poseía los medios para destruirse a sí misma", es decir, atribuyó a toda la humanidad la posesión de esos medios de destrucción masiva, lo cual es un embuste.

Evidentemente, la presencia militar norteamericana en territorio japonés es una piedra angular para los intereses de EEUU en Asia y han sabido construirla de manera sostenida y firme a pesar de toda la historia precedente.

La amenaza del uso de armas de destrucción masiva se ha incrementado
Mientras tanto, hoy, en el mundo hay unas 22.000 armas nucleares y se han llevado a cabo más de 2.000 ensayos nucleares.

Los países han firmado varios tratados multilaterales para detener la carrera armamentista nuclear, entre ellos, el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) y en 2017 se avanzó hacia el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, donde cada Estado firmante se compromete a nunca y bajo ninguna circunstancia, desarrollar, ensayar, producir, adquirir, poseer o almacenar armas nucleares y a no usar o amenazar con usar armas nucleares.

Este tratado representa el único compromiso vinculante de desarme en un tratado multilateral por parte de los Estados poseedores de armas nucleares. Los países signatarios por ahora suman 82, pero sólo 40 lo han ratificado y para entrar en vigor necesita de 50.

Este año 2020 debía celebrarse la Conferencia Examen del Tratado de No Proliferación TNP, pero debido a la pandemia del COVID-19 lamentablemente debió posponerse hasta 2021.

Cuba por su parte nos recuerda y alerta que "las 1.750 ojivas nucleares desplegadas son más que suficientes para destruir la civilización varias veces. De ellas, más del 46% está en manos de EEUU".

La Segunda Guerra Mundial ha dejado muchas lecciones y eventos cruentos que no debemos olvidar ni permitir que las jóvenes generaciones desconozcan. Es importante refrescar la memoria para que no se repita.

2 agosto 2020 | 3

(Tomando de Sputnik)

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Expertos observan por primera vez la fusión de dos estrellas de neutrones

 

Asistimos a toda la historia: vimos los cuerpos aproximarse, girar cada vez más rápido, así como la colisión, luego la materia y los residuos enviados en todas direcciones, explican

 

Científicos observaron por primera vez la fusión de dos estrellas de neutrones, uno de los fenómenos más violentos del universo, que aportó respuestas a varios misterios, como el origen del oro sobre la Tierra.

"Lo maravilloso es que asistimos a toda la historia de principio a fin: vimos las estrellas de neutrones aproximarse, girar cada vez más rápido una alrededor de la otra, observamos la colisión, luego la materia, y los residuos enviados en todas direcciones", explicó Benoit Mours, del Centro Nacional de Investigación Científica francés.

Las dos estrellas fueron descubiertas el 17 de agosto, cuando los centros estadunidenses Ligo y europeo Virgo detectaron durante 100 segundos unas ondas gravitacionales inéditas.

"Todo el mundo quedó fascinado", subrayó Mours, responsable científico de la colaboración Virgo para Francia.

Dos segundos después de la detección de las ondas, un flash de luz con forma de rayos gamma fue descubierto por el telescopio Fermi, de la Nasa. Le siguieron otros "mensajeros" del espacio: rayos X, ultravioletas, infrarrojos y ondas hercianas.

 

Se pudo escuchar el universo

 

Pudimos "escuchar el universo", se entusiasmó Gregg Hallinan, del Instituto de Tecnología de California.

Las estrellas de neutrones son los objetos más densos del cosmos, de una masa comprendida entre 1.1 y 1.6 veces superior a la del Sol. Si se pudiera llenar una pequeña cuchara con una estrella de neutrones, pesaría el equivalente a 100 mil Torres Eiffel.

Estos pequeños cuerpos son vestigios de estrellas más grandes, que, al final de su vida, explotan de forma violenta. Una vez termina el estallido –fenómeno llamado supernova–, quedan objetos extremadamente densos: estrellas de neutrones o, si la masa de la estrella era mayor, un agujero negro.

Las dos estrellas observadas en agosto tenían el tamaño de una ciudad como Londres y giraban una alrededor de la otra en la constelación del Hidra, en el hemisferio austral, a 130 millones de años luz. Ambos cuerpos "alcanzan temperaturas extremadamente altas, quizá de hasta un millón de grados. Son muy radiactivos, sus campos magnéticos increíblemente intensos y serían fatales para cualquiera que se acercara" explicó Patrick Sutton, responsable del equipo de física gravitacional de la Universidad de Cardiff, del Reino Unido.

"Sin duda, hoy día representan el entorno más hostil del universo", añadió.

Si bien su fusión había sido predecida por modelos, nunca se había observado. El fenómeno es objeto de más de una decena de estudios publicados en Nature y Science.

Invilucró al menos a mil 200 científicos, y más de 70 observatorios en la Tierra y el espacio siguieron el fenómeno.

Las detecciones del 17 de agosto y las observaciones que les siguieron no solamente permitieron saber un poco más sobre las estrellas de neutrones.

Los investigadores establecieron una nueva forma de medir la velocidad de la expansión del universo y confirmaron la teoría de Albert Einstein, según la cual la gravitación se propaga a la velocidad de la luz.

Resolvieron, además, el enigma del origen de los elementos más pesados como el plomo, el oro o el platino, ya que estas fusiones de este tipo de estrellas son en efecto fábricas de elementos pesados, debido a la abundancia de neutrones.

Esto no acaba aquí: "¡Disponemos de suficientes datos para estar ocupados un buen tiempo!", se felicitó Mours.

"Con las ondas gravitacionales descubrimos un acontecimiento: una nueva manera de ver el universo", agregó.

 

Astronomía multimensajero

 

Este fenómeno, resultado de violentos sucesos galácticos, fue detectado directamente por primera vez en septiembre de 2015, pero hasta ahora su observación se había logrado exclusivamente en la fusión de agujeros negros.

El hallazgo marca el nacimiento de la astronomía multimensajero, como se ha bautizado la investigación que combina el estudio de las ondas gravitacionales y las señales electromagnéticas.

Gracias a ella, quizá, puedan hallarse nuevos cuerpos celestes. Otra de sus aplicaciones, según Bruce Allen, de la AEI, podría ser medir la expansión del universo –la Constante de Hubble– y desarrollar la correspondiente ecuación de estado para estrellas de neutrones.

Con información de Dpa


Alquimia cósmica

Javier Flores

Una catástrofe ocurrida a 130 millones de años luz de distancia de nuestro planeta se ha convertido en uno de los más importantes acontecimientos científicos en lo que va del siglo. Ayer se anunció en varios países, incluido el nuestro, el descubrimiento de la colisión de dos estrellas de neutrones y se publicaron de manera simultánea los primeros resultados y análisis de este fenómeno en las principales revistas científicas del mundo. En opinión de los especialistas en estas áreas, las implicaciones de un evento de este tipo para la física y la astronomía son incalculables, pues marcan una nueva era en el estudio y conocimiento del universo.


Las estrellas de neutrones son las más pequeñas y densas conocidas; nacen de una gigante (las que tienen una masa 10 a 50 veces la del Sol o mayores) que se colapsa y estalla (explosión que se conoce como supernova). La estrella de neutrones es el resultado de las últimas etapas de este proceso. Los electrones del núcleo de esos cuerpos celestes se unen a protones dando lugar a neutrones y neutrinos (de ahí su nombre).


Se sabe desde hace varias décadas que estas estrellas pueden formar sistemas binarios, es decir, dos estrellas muy próximas que giran una alrededor de la otra atraídas por la fuerza gravitacional. Esta atracción provoca que la proximidad sea cada vez mayor, lo que crea perturbaciones cada vez más intensas, que producen lo que hoy conocemos como ondas gravitacionales, cuya existencia fue confirmada a principios del año pasado y dio lugar apenas hace algunas semanas al otorgamiento del Premio Nobel en Física.
Hace 130 millones de años (considerando la escala de la velocidad de la luz) dos estrellas de neutrones se fusionaron, dando lugar a una gran explosión. La probabilidad de que ocurra al azar un evento con esta fuerza se estima en una vez cada 80 mil años. La detección fue realizada el pasado 17 de agosto (aunque fue anunciada apenas ayer).


El primer gran logro consiste en la confirmación de la utilidad los sistemas de registro de ondas gravitacionales, como los del Observatorio de Interferometría Láser para Ondas Gravitacionales (Ligo, por sus siglas en inglés), que cuenta con instalaciones en Washington y Luisiana, Estados Unidos, y el Observatorio Gravitacional Europeo (Virgo), con sede en Pisa, Italia. La explosión fue además confirmada unos segundos más tarde por las observaciones realizadas por telescopios instalados en satélites, como el Fermi, de la Nasa, que permite registrar mediante espectroscopia las emisiones de rayos gamma, en este caso, las producidas durante la fusión de las estrellas de neutrones, y luego por observaciones realizadas por varios telescopios en tierra. Se trata así de un acontecimiento confirmado por varios sistemas de detección, lo que hace confiable la certeza del evento.


Además de la validación de los sistemas de registro de las ondas gravitacionales, uno de los mayores descubrimientos asociados al fenómeno registrado es, precisamente, el registro de la radiación gamma. La explosión consecutiva a la fusión de las estrellas de neutrones produjo la emisión de dos enormes chorros de radiación gamma que fueron registrados por el telescopio Fermi. Anteriormente existían diversas hipótesis sobre el origen de algunas de estas emisiones, pero hasta ahora es que se sabe con certeza que provienen de la fusión de las estrellas de neutrones.


También la explosión revela la existencia de un objeto hipotético llamado kilonova, porque brilla miles de veces más que las novas ordinarias (las que experimentan una explosión termonuclear), y resuelve uno de los misterios de la física, es decir, el origen de algunos elementos. Para mí una de las cosas más impresionantes en esta hazaña fue saber que la fusión de las estrellas de neutrones permitió detectar la formación de elementos pesados presentes en el universo como el oro, la plata y el platino.
El sueño de los alquimistas hecho realidad frente a nuestros propios ojos. Ahora sabemos que la búsqueda incansable del oro de los magos medievales, que utilizaban alambiques y diversos instrumentos para lograr la maduración de los metales, se realiza, como quizá lo sospechaban, en las propias estrellas.

Megafusiones agrícolas: quién decidirá lo que comemos

Definitivamente, el futuro de la alimentación no es lo que era. Al menos en lo que agricultura industrial se refiere. Monsanto, el villano más conocido de la agricultura transgénica, podría pronto desaparecer del escenario con ese nombre, si se autoriza su compra por parte de Bayer –aunque sus intenciones serán las mismas. Las fusiones Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow siguen también bajo escrutinio de las autoridades antimonopolio en muchos países. Si se concretan, las tres empresas resultantes controlarán 60 por ciento del mercado mundial de semillas comerciales (incluido casi 100 por ciento de semillas transgénicas) y 71 por ciento de los agrotóxicos a nivel global, niveles de concentración que superan ampliamente las reglas antimonopolio de cualquier país.


Estas megafusiones tendrán muchas repercusiones negativas a corto plazo: aumento notable de precios de insumos agrícolas, más disminución de innovación y de variedades a disposición del mercado, mayores limitaciones al fitomejoramiento público y aumento de agrotóxicos en los campos –y por tanto en alimentos– para poder seguir vendiendo semillas transgénicas, aunque hayan provocado resistencia en decenas de plantas invasoras y haya que subir dosis y agregar mezclas con agroquímicos aún más tóxicos. Para esas empresas, su mayor negocio es vender veneno, o sea que si no se lo impiden, éste será el curso de acción.


Estas fusiones tendrán también fuertes impactos sobre las economías campesinas y de agricultores familiares, aunque éstos en su mayoría usan sus propias semillas y pocos o ningún insumo químico, porque el poder de presión de estas megaempresas frente a gobiernos e instancias internacionales aumentará con su tamaño y por monopolizar los primeros eslabones de la cadena agroalimentaria. Aumentarán la presión para obtener leyes de propiedad intelectual más restrictivas; para restringir o ilegalizar los intercambios de semillas entre campesinos –por ejemplo con normas fitosanitarias y obligación de usar semillas registradas–; para que los programas para el campo y los créditos agrícolas sean condicionados al uso de sus insumos ysemillas patentadas; para que los gastos en infraestructura y otras políticas agrícolas beneficien a la agricultura industrial y desplacen a los campesinos.


Como si no fuera suficiente, hay otros factores muy preocupantes. La ronda de fusiones no finalizará con esos movimientos, sino que apenas empieza. Lo que está en juego a mediano plazo es quién controlará los 400 mil millones de dólares (mdd) de todos los insumos agrícolas. Actualmente, el valor conjunto del mercado comercial global de semillas y agrotóxicos es de 97 mil mdd. El resto, tres veces mayor, está controlado por empresas de maquinaria y fertilizantes, que también se están consolidando. Las cuatro empresas de maquinaria más grandes (John Deere, CNH, AGCO, Kubota) ya controlan 54 por ciento de ese sector.


El sector maquinaria ya no es de simples tractores: han adquirido un alto grado de automatización, integrando GPS y sensores agrícolas a sus máquinas, drones para riego y fumigación, tractores no tripulados, así como un acúmulo masivo de datos satelitales sobre suelos y clima. A su vez, Monsanto y compañía, las seis grandes gigantes genéticas, también se han digitalizado y controlan una enorme base de datos genómicos de cultivos, microorganismos y plantas de agroecosistemas, además de otras bases de datos relacionados.


Ya existen entre ambos sectores contratos de colaboración y hasta empresas compartidas para la venta de datos climáticos y seguros agrícolas. Monsanto, por ejemplo, adquirió en 2012 la empresa Precision Planting, de instrumentos y sistemas de monitoreo para agricultura de precisión, desde siembra a riego y administración de agroquímicos. En 2013, compró The Climate Corporation, para registro y venta de datos climáticos. John Deere acordó en 2015 comprar Precision Planting a Monsanto, pero las oficinas antimonopolio de Estados Unidos y luego Brasil, objetaron la compra, por considerar que John Deere pasaría a controlar un porcentaje virtualmente monopólico del sector. Aunque finalmente la venta se canceló en 2017, es una muestra de la tendencia. Existen varias otras empresas de base digital-instrumental (Precision Hawk, Raven, Sentera, Agribotix) compartidas o en colaboración entre las trasnacionales de maquinaria agrícola con las de semillas-agrotóxicos. Ver al respecto el documento Software contra Hardware del grupo ETC (http://tinyurl.com/y9dnpano).


Todo indica que las grandes empresas de maquinaria se moverán para comprar a los gigantes genéticos, luego de finalizada la primera ronda de fusiones. Esta segunda ronda tiene el objetivo de imponer una agricultura altamente automatizada, con muy pocos trabajadores, que ofrecerá a los agricultores un paquete que no podrán rechazar: desde qué semillas, insumos, maquinaria, datos genómicos y climáticos hasta qué seguros tendrá que comprar, además de que buscarán que se condicionen los créditos agrícolas a la adquisición de este nuevo paquete, así como ahora ya se hace con semillas y agroquímicos.


Es fundamental entender y denunciar los impactos de las megafusiones desde ya. Muchas organizaciones se han movilizado para protestar en Estados Unidos, Europa, China y varios países de África y América Latina, incluso ante las oficinas anti-monopolio, lo que al menos ha retrasado su aprobación. De fondo se trata de impedir que los agronegocios se apropien de todo el campo y la alimentación, también una forma de proteger la producción campesina y agroecológica, la única forma para poder comer sano y para la soberanía alimentaria.

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"No hay plan B para el ITER, el mayor proyecto energético del mundo, o avanza o se detiene"

Cuando se tiene la ocasión de observar directamente las obras de construcción del ITER, el enorme reactor experimental de fusión nuclear, resulta difícil creer que el proyecto esté en crisis e incluso pueda no terminarse nunca, pero ese es todavía el temor de muchos de los involucrados en el mayor proyecto energético del mundo que toma forma en la Provenza francesa. Los retrasos, cambios y sobrecostes en el complejo intento de obtener energía de la misma forma que se produce en el Sol han hecho reaccionar a los siete socios del proyecto acelerando el cambio de su responsable máximo, que ha prometido acometer profundas reformas en la organización industrial que den un nuevo impulso al largo camino que le queda todavía por delante al ITER.


Bajo un continuo baile de altísimas grúas, la obra civil que realiza un consorcio hispano francés avanza a buen ritmo en el edificio central del complejo ITER, el reactor tipo tokamak en cuyo interior se calentará la materia hasta alcanzar el estado de plasma, imprescindible para que se produzca la reacción de fusión. Por debajo del nivel ahora visible de lo que será un edificio de siete plantas y 400.000 toneladas de peso se ocultan los grandes cimientos antisísmicos, que protegerán el reactor de posibles terremotos. Actualmente trabajan en la obra en Cadarache unas 500 personas que se añaden a los 500 trabajadores permanentes de la sede central del ITER. Al final serán 39 los edificios en un terreno de 180 hectáreas.

Sin embargo, lo que no se pueden ver allí son las diferentes piezas del reactor que ya se han licitado y se están construyendo en los países de los socios con la complejidad que esto supone: decenas de miles de kilómetros de cable superconductor, imanes de todas formas y tamaños, recubrimientos que aguanten las altísimas temperaturas del plasma, técnicas de vacío, de ultrafrío y mucho más. En total son ya 4.000 millones de euros de contratos para empresas e instituciones de Europa, Japón, Corea del Sur, India, China, Rusia y Estados Unidos y esa cifra es la que hace difícil pensar que un proyecto de tal magnitud se pueda parar.

"Hay que avanzar rápidamente o parar", declaró el nuevo director general Bernard Bigot durante una reciente visita al ITER de periodistas de varios países y medios (entre ellos Público). "No hay plan B". En su opinión, plasmada en un plan de acción que ha sido aprobado recientemente por los socios, ha llegado el momento de tener una verdadera organización para conseguir demostrar la viabilidad de la fusión nuclear en el plazo adecuado.


Aunque nació oficialmente hace solo siete años, en el ITER venían trabajando expertos desde 1985 y la base científica y técnica se considera probada. Por eso Bigot no piensa en grandes cambios técnicos ni en la posibilidad de reducir el tamaño del proyecto para ahorrar costes porque eso podría impedir conseguir el objetivo. "No prevemos reducir el tamaño del reactor. Para ahorrar lo importante es mejorar la gestión", dijo en Cadarache el que era antes responsable del Comisariado de Energía Atómica de Francia, un país que obtiene el 80% de sus necesidades energéticas de las centrales nucleares. Su principal preocupación es optimizar la coordinación y el proceso de toma de decisiones y evitar los retrasos porque "cualquier retraso es un sobrecoste". La paradoja es que si falta dinero se retrasa el objetivo, lo cual cuesta más dinero a largo plazo. Por eso Bigot ha pedido disponer de un fondo para imprevistos, que permita cubrir las desviaciones en el presupuesto y está dispuesto a que si un socio no puede hacer frente a un contrato, este se pase a otro socio.

Lo que sí está claro es que ya no hay forma de cumplir el calendario previsto, según el cual se produciría el primer plasma en 2019, y Bigot hará público el nuevo calendario, más realista, en noviembre. Por ahora no quiere avanzar nada, pero recuerda que hay más de 1.000 empresas involucradas en el proyecto y que el mayor riesgo no es el técnico sino perder la confianza de los líderes políticos y los ciudadanos en general ya que se trata de manejar fondos públicos. La Unión Europea es el socio más afectado, porque se encarga del 45% del proyecto, y dentro de Europa, España es de los países que más contratos está ya realizando, a través de la agencia europea para el ITER Fusion for Energy, con sede en Barcelona.


Con el ITER, que es "camino" en latín, se entra en terreno desconocido. Se abre camino a algo que nunca se ha hecho antes, para demostrar la viabilidad de esta fuente de energía en un mundo en el que la demanda energética ha aumentado en un 50% desde 1973. Además, se hace a la única escala a la que los científicos creen que se puede, que es una escala muy grande, ya que será el mayor tokamak de la historia. Lo que está en juego es cubrir una parte importante de la creciente demanda de energía mundial pero la verdad es que cuanto más cuentan los participantes sobre el proyecto más complicado parece. "Es un gran desafío, cada elemento de un tokamak es complicado", reconoce el estadounidense Mark Henderson, especialista en el calentamiento del plasma. "Pero avanzamos más deprisa que en sectores como los aceleradores de partículas y los chips electrónicos", asegura.

La fusión como fuente de energía provoca escepticismo y también el temor que se suele asociar a lo nuclear, aunque es un tipo de energía nuclear mucho menos arriesgada que la fisión. En cuanto al escepticismo, expertos como Mario Merola, encargado de los componentes, aseguran: "No veo razón alguna para que fracasemos desde un punto de vista técnico. Toda la tecnología necesaria está disponible y ha superado la fase de calificación". Respecto a la seguridad, el reactor no puede explotar y no se producirán residuos de alta actividad de vida larga. "Es intrínsecamente seguro y el impacto medioambiental será bajo", afirma.

El presupuesto total estimado del ITER es de 13.000 millones de euros a lo largo de 10 años. "Los sueños son caros", reconoce Henderson, pero tampoco es mucho si se tiene en cuenta el objetivo y que los socios representan el 80% del Producto Interior Bruto mundial. Es casi 100 veces menos que el gasto militar anual de EE UU y diez veces menos de lo que Qatar piensa gastarse en infraestructuras para el mundial de fútbol de 2022.

La fusión de Comcast y Time Warner amenaza a la democracia

Comcast anunció que tiene la intención de fusionarse con Time Warner Cable, uniendo así a los dos mayores proveedores de cable y banda ancha de Estados Unidos. La fusión debe contar con la aprobación del Departamento de Justicia y de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés). Dado el poderío financiero y político de Comcast, y el pobre desempeño del gobierno de Obama a la hora de proteger el interés público, es momento de defender nuestros derechos y organizarnos.

 

Michael Copps, ex funcionario de la Comisión Federal de Comunicaciones, me dijo pocos días después del anuncio de la fusión: "Se trata de un acuerdo de tan amplio alcance que debería descartarse apenas ingrese para su aprobación al Departamento de Justicia y a la Comisión Federal de Comunicaciones". Copps fue comisionado de la FCC entre los años 2001 y 2011, uno de los períodos más largos de permanencia en el cargo en la historia del organismo. En la actualidad, dirige la Iniciativa por una Reforma de los Medios de Comunicación y la Democracia impulsada por la organización Common Cause. "Esta fusión significaría tener el equipo completo: banda ancha, emisión, contenido, distribución. Sería controlar el medio y el mensaje, las telecomunicaciones y también los medios. Significaría simplemente conferir un grado de control sobre nuestra infraestructura de noticias e información al cual ninguna compañía debería tener derecho de acceder. Y todo esto tiene lugar en un mercado en el que los precios al consumidor se incrementan cada vez más a la vez que la competencia se reduce cada vez más". En el año 2011, cuando Comcast procuraba que los organismos de contralor aprobaran su propuesta de adquisición de NBCUniversal (NBCU), Copps fue el único de los cinco comisionados de la FCC que votó en contra.


Pero Michael Copps no es el único ex comisionado de la FCC con una opinión formada acerca de esta fusión. Meredith Attwell Baker se desempeñó en el cargo por un breve período comprendido entre 2009 y 2011. El Presidente Barack Obama la designó para mantener el equilibrio partidario que existe tradicionalmente en la FCC. Baker, que es republicana, fue ferviente partidaria de la fusión entre Comcast y NBCU. Sin embargo, sorprendió bastante cuando repentinamente renunció a su cargo como comisionada de la FCC y, adivinen qué, se fue a trabajar a Comcast como vicepresidenta principal para asuntos gubernamentales de la NBC Universal, sólo cuatro meses después de haber votado a favor de aprobar la fusión.


En lo que respecta a los reguladores, el sitio web de noticias Republic Report reveló que el responsable de la División Antimonopolio del Departamento de Justicia, William Baer, fue representante legal de NBC durante la fusión con Comcast, y que Maureen Ohlhausen, comisionada de la Comisión Federal de Comercio, prestó asesoría legal a Comcast antes de integrar dicha comisión. Si usted se pregunta qué piensa el Presidente Obama de todo esto, eche un vistazo a quién designó como nuevo director de la FCC: a Tom Wheeler, que durante años fue uno de los principales integrantes de grupos de presión tanto de la industria del cable como de la comunicación inalámbrica.
Free Press, una organización líder en políticas de los medios de comunicación en Estados Unidos, emitió un comunicado tras el anuncio de la propuesta de fusión. Craig Aaron, presidente de la organización, expresó: "Nadie se despertó esta mañana soñando que su compañía de cable fuera más grande o tuviera más control sobre lo que uno puede mirar o descargar. Pero eso, además de una factura más elevada, es la realidad a la que se enfrentarán mañana, a menos que el Departamento de Justicia y la FCC hagan su trabajo e impidan esta fusión". Free Press espera que millones de personas expresen a la FCC y al Departamento de Justicia su desacuerdo con respecto a la fusión Comcast/Time Warner.


En el Congreso, uno de los más fervientes opositores a la fusión es alguien que verdaderamente conoce un poco acerca de la industria de la televisión, el Senador de Minnesota Al Franken. Franken se dio a conocer a nivel nacional cuando trabajó como comediante y escritor en las primeras temporadas del programa "Saturday Night Live", de la cadena NBC. Es claro que la posibilidad de una Comcast más grande no le hace mucha gracia. "Me preocupan las facturas de cable de los consumidores. Se trata del principal proveedor de cable del país, Comcast, que adquiere al segundo principal proveedor, Time Warner. La competencia que hay en el sector tal cual está no es suficiente y me preocupa lo que esto puede provocar en las facturas de cable de los consumidores. ¿Van a recibir un servicio peor del que ya reciben? ¿Van a tener menos opciones? Ayer envié una carta a los reguladores federales para que consideren estos temas y les expresé mis serias preocupaciones". En una carta dirigida a la FCC, al Departamento de Justicia y a la Comisión Federal de Comercio, Franken escribió "Las tarifas del cable se han incrementado significativamente durante los últimos veinte años y mis electores expresan su frustración con respecto a las facturas de cable inaceptablemente altas que reciben cada mes. Muchos consumidores cambiarían de proveedor de cable si tan sólo tuvieran una alternativa viable para hacerlo".


Este intento de fusión coincide con una nueva batalla por la llamada neutralidad en la red, las normas básicas que regulan el funcionamiento de Internet, especialmente en lo que respecta a si los proveedores de servicios de Internet como Comcast y Time Warner, AT&T y Verizon deberían poder o no favorecer a algunos sitios web en detrimento de otros. ¿Tendrían que existir normas que permitieran a la gente acceder al sitio web de una pequeña organización de derechos humanos de Rusia o de un grupo de activistas de Occupy en Nueva York de igual manera que a los sitios web de, por ejemplo, Wal-Mart o la Asociación Nacional del Rifle? Entre los activistas a favor de una Internet libre aumenta el temor de que el sistema regulatorio de Estados Unidos, comprometido con los grupos de presión y las empresas donantes, renuncie a la defensa de la neutralidad en la red y genere lo que Michael Copps llama "la cableización de Internet".


El pueblo se ha opuesto en el pasado a otras fusiones monstruosas y las ha impedido. También se ha enfrentado a los intentos de las grandes empresas de sofocar el derecho fundamental a una Internet libre. La libertad de expresión, la libertad de conexión y de comunicación son la sangre que corre por las venas de la democracia. La lucha por conservar y expandir la diversidad y la vitalidad de nuestros medios de comunicación no puede ser abandonada, ni dejada en manos de reguladores comprados o de grupos de presión del sector empresarial.


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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2014 Amy Goodman
Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Se ha conocido nueva información que indica que el desastre de la central nuclear de Fukushima en Japón es mucho más grave de lo que se reconoció en un principio, dada la fusión total de tres de los cuatro reactores afectados. Mientras tanto, en Estados Unidos, las dos plantas nucleares de Nebraska, ambas cercanas a la ciudad de Omaha, han entrado en estado de alerta a causa de las grandes inundaciones provocadas por el desborde del Río Mossouri. La Central Nuclear Cooper se declaró en estado de emergencia de nivel 1 y se verá obligada a cerrar si el río aumenta su nivel en aproximadamente otros siete centímetros. La planta de energía nuclear de Fort Calhoun permanece cerrada desde el pasado 9 de abril, en parte debido a las inundaciones. En Minnesota, el calor extremo ocasionó la falla de los dos generadores diesel de emergencia de la planta Prairie Island. La falla del generador de emergencia fue uno de los principales problemas que derivó en la fusión de los núcleos de los reactores en Fukushima.
 
En mayo, el Ministro de Medio Ambiente de Austria, Nikolaus Berlakovich, convocó en respuesta al desastre de Fukushima a una reunión de los once países de Europa libres de energía nuclear. En la reunión, los países invitados resolvieron ejercer presión a favor de una Europa libre de energía nuclear. Al mismo tiempo, Alemania anunciaba que abandonará la energía nuclear en unos diez años y afianzará la investigación en energía renovable. La semana pasada, además, en las elecciones nacionales de Italia, más del noventa por ciento de los votantes rechazó rotundamente los planes del Primer Ministro Silvio Berlusconi de reiniciar los programas de generación de energía atómica en ese país.
 
Los directores de los programas nacionales de energía nuclear están participando esta semana en Viena de la Conferencia Ministerial sobre Seguridad Nuclear organizada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). La reunión fue convocada en respuesta a Fukushima. Irónicamente, los funcionarios, entre ellos Gregory Jaczko, director de la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos, mantienen su reunión bien a salvo, en un país que no posee plantas nucleares. Austria se encuentra al frente de la nueva alianza anti nuclear europea.
 
La reunión del OIEA fue precedida por un informe de la agencia de noticias Associated Press que establece que, sistemáticamente y durante décadas, los reguladores nucleares de Estados Unidos han bajado los niveles de exigencia de las regulaciones de seguridad a fin de permitir a los operadores mantener en funcionamiento las plantas nucleares. Las plantas de energía nuclear de Estados Unidos se construyeron todas durante las décadas que precedieron al desastre de la central nuclear Three Mile Island en 1979. De estas ciento cuatro plantas, todas ellas excedieron su plazo de funcionamiento. Las habilitaciones originales se emitieron por cuarenta años.
 
El periodista de Associated Press Jeff Donn escribió: “Cuando se empezaron a construir las primeras plantas, en las décadas del 60 y 70, se esperaba que fueran reemplazadas por versiones mejoradas mucho antes de que vencieran sus habilitaciones.” Los enormes costos iniciales de construcción, las cuestiones de seguridad y el problema de almacenamiento de los desechos nucleares radioactivos durante miles de años disuadieron a los inversionistas del sector privado. En lugar de desarrollar y construir nuevas plantas nucleares, los propietarios (generalmente compañías con fines de lucro como Exelon Corp., una compañía que a través de los años realizó importantes contribuciones para las campañas de Obama) simplemente intentan hacer que los viejos reactores continúen funcionando por más tiempo y solicitan a la Comisión Reguladora Nuclear que prorrogue las habilitaciones por veinte años más.
 
Europa, ya bastante adelantada con respecto a Estados Unidos en cuanto al desarrollo y utilización de tecnologías de energía renovable, se propone acelerar su camino en esa dirección. En Estados Unidos, la Comisión Reguladora Nuclear dio su aprobación preliminar para la expansión planificada por Southern Company de la planta Vogtle en Georgia, lo que eventualmente significaría la primera autorización para la construcción de una nueva planta de energía nuclear en Estados Unidos desde el accidente en Three Mile Island. El proyecto recibió el impulso del Presidente Barack Obama, quien prometió ocho mil trescientos millones de dólares de fondos federales en garantía de préstamo. Southern planea utilizar el nuevo reactor AP1000 de Westinghouse. Sin embargo, una coalición de grupos ambientalistas inició acciones para impedir el permiso, señalando que la inseguridad del nuevo reactor es inherente a su diseño.
 
Obama estableció lo que él denominó Comisión de Excelencia sobre el Futuro Nuclear de Estados Unidos. Uno de sus quince miembros es John Rowe, presidente y director ejecutivo de Exelon Corp. (la misma compañía de energía nuclear que realizó abundantes contribuciones a la campaña de Obama). La comisión realizó un viaje de reconocimiento a Japón para observar cómo ese país prosperaba en términos de energía nuclear justamente un mes antes del desastre de Fukushima. En mayo, la comisión reiteró su postura, que es la postura de Obama, y que sostiene que la energía nuclear debe ser parte del combinado de energías a utilizar en Estados Unidos.
 
En vez de eso, el combinado de energías de Estados Unidos debería incluir un programa nacional de empleo para convertir los edificios existentes en energéticamente eficientes, además de instalar tecnología para la generación de energía solar y eólica donde sea adecuado. Este programa no podría ser tercerizado y disminuiría de inmediato nuestro consumo de energía, reduciendo por ende nuestra dependencia de combustibles fósiles extranjeros, así como del carbón y energía nuclear de origen nacional. Un programa de estas características podría favorecer a los industriales de Estados Unidos, ya que el dinero permanecería dentro de la economía estadounidense. Sería una respuesta simple, eficaz y sensata a lo sucedido en Fukushima.

Por Amy Goodman
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
Publicado el 23 de junio de 2011
 
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Martes, 19 Abril 2011 07:11

La bomba de tiempo japonesa

El primer ministro de Japón, Naoto Kan, insiste en recortar las consecuencias del problema nuclear que estalló en Fukushima. “La crisis se está estabilizando paso a paso, pero no hay razones para el optimismo” (www.businessinsider.com, 12-4-11). Instó a la gente a vivir como de costumbre, no incurrir en autorrestricciones y consumir los productos de las zonas afectadas “para darles apoyo”. El gobierno nipón, sin embargo, elevó el nivel del riesgo a 7, el máximo, el mismo de Chernobyl –según las categorías establecidas por el Organismo Internacional de Energía Atómica para evaluar el alcance de las catástrofes nucleares–, y sus funcionarios declaran que el material radiactivo que escapó de los reactores de Fukushima sólo constituye un décimo del que emitió la planta rusa. No todos comparten una posible tranquilidad.

El destacado físico nuclear Michio Kaku, que trabaja en EE.UU., donde se formó, ha señalado que la Compañía de Energía Eléctrica de Tokio (Tepco, por sus siglas en inglés), dueña de las instalaciones de Fukushima, “trata de minimizar el impacto de este accidente nuclear” que ya ha liberado algo así como 50.000 billones de bequereles de radiación (de uranio). Esto equivale a la mitad del nivel 7, pero los reactores siguen propalándolos. La situación no es para nada estable... el menor accidente –un nuevo sismo, la ruptura de un conducto, la evacuación de los equipos que trabajan en Fukushima– podría desatar una fusión en tres de las estaciones nucleares, de una dimensión mucho mayor que la de Chernobyl” (www.democracynow.org, 13-4-11).

El accidente ha despedido hacia la atmósfera una enorme cantidad de yodo radiactivo (I-131), un 10 por ciento en relación con Chernobyl, que es soluble en agua. La lluvia lo deposita en tierra, las vacas comen pasto y su leche se contamina. Los granjeros de la zona la tiran porque es demasiado radiactiva. Se ha descubierto agua contaminada en Tokio y algunos de sus habitantes abandonaron la capital, advertidos por las contradicciones de los anuncios oficiales y la clara voluntad de acallar los alcances del desastre. Occidente calla, pero EE.UU. prescribió que su personal debe alejarse 80 kilómetros de Fukushima, ni 20, ni 30, ni 40, y el gobierno francés aconseja a sus ciudadanos que abandonen Japón. También éstas son medidas del peligro, aunque no tengan un enunciado matemático.

Cabe preguntarse el porqué de los ocultamientos del gobierno japonés. ¿Para evitar el pánico de la población? Tal vez. ¿Para no ahondar la crisis económica que el terremoto y el tsunami agravaron de manera extraordinaria? Quizá. Pero los especialistas se preguntan por qué no se recurre al método empleado en Chernobyl: consistió en encerrar o enterrar el reactor 4 de la planta bajo toneladas de concreto –como el gigante Toshiba viene aconsejando– en vez de intentar su desmantelamiento con vistas al cierre de la central nuclear por tiempo indefinido. Esta tarea, según el doctor Kaku, podría durar diez años: “Nos encontramos en terreno desconocido... y somos los conejillos de Indias de este experimento científico”.

La tendencia a tapar los propios errores “para evitar el pánico público” no es exclusiva de Tokio, las autoridades del país controlan las noticias de las agencias en aplicación del artículo 15 de la Ley de Emergencia. Yoichi Shimatsu, ex director del semanario Japan Times y columnista de 4th Media, indaga el origen de las confusas informaciones acerca de la planta Fukushima 1: “Las demoras inexplicables y las explicaciones poco fundadas de la Tepco y del Ministerio de Economía, Industria y Comercio parecen motivadas por un factor oculto... La explicación más lógica: la industria nuclear y las instancias del gobierno procurarán impedir que se descubra la existencia de instalaciones de producción de bombas atómicas en las plantas civiles de energía nuclear de Japón” (//en.m4.cn/archives, 11-4-11). Una hipótesis que, de ser cierta, entrañaría consecuencias impensables.

Shimatsu analiza la brecha entre la narrativa oficial y la aparición de fenómenos sin aparente explicación: un incendio estalló en la dañada construcción del reactor de la unidad 4 debido –se dijo– al sobrecalentamiento del uranio vertido en una piscina de enfriamiento seca. “Pero el volumen del incendio –anota– indica que el reactor se estaba calentando por otra razón que la generación de electricidad. Su supresión de la lista de operaciones generadoras de electricidad despierta la pregunta de si acaso se estaba utilizando para enriquecer uranio, el primer paso que conduce a la obtención de materia fisionable para una bomba atómica.”

La unidad 6 desapareció rápidamente de la lista de reactores operativos porque una explosión de la unidad 3 la cubrió de partículas letales de MOX, una mezcla de plutonio y uranio. Es notorio que el plutonio es un componente de las cabezas nucleares más pequeñas y más fáciles de producir. ¿Y por qué Japón procuraría obtener armas nucleares? No puede hacerlo sin alguna clase de permiso: en virtud del artículo 9 de la Constitución que le impuso EE.UU., Tokio ha renunciado a la guerra y al uso de la fuerza para solucionar sus conflictos internacionales. ¿Quién le habrá dado el visto bueno? ¿Y con qué fin? ¿China? ¿Corea del Norte? ¿Otros blancos?

Por Juan Gelman
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"Más allá de Three Miles Island, sin llegar [al nivel de] Chernóbil". Así se ha referido el presidente de la Autoridad de Seguridad Nuclear francesa, André-Claude Lacoste, al accidente nuclear en la planta nuclear de Fukushima I, con series problemas de refrigeración en tres reactores desde el terremoto y el tsunami que asolaron Japón el pasado viernes. El último informe sobre la central del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) señala que los problemas de refrigeración afectan a un tercer reactor, donde ya se ha iniciado la inyección de agua marina, y que se han repartido 200.000 dosis de yodo en los albergues que acogen a las personas evacuadas en la zona. Las autoridades japonesas tuvieron un nuevo susto a media mañana del lunes (madrugada en España), cuando se produjo una explosión en el reactor tres similar a la que ya se había producido en el uno, y han solicitado ayuda al OIEA y a EE UU para controlar la situación.
 
Las palabras de Lacoste suponen una discrepancia con el nivel de gravedad que las autoridades japonesas han otorgado hasta ahora al incidente, que calificaron como de nivel 4 ("accidente con consecuencias de alcance local") en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES). Sin embargo, la agencia nuclear francesa cree que el accidente ha alcanzado ya un nivel de 5 ("accidente con consecuencias de mayor alcance"), como fue calificado el de la central estadounidense de Three Miles Island, cercana a la ciudad de Harrisburg, en 1979; o incluso 6 ("accidente importante"). La escala INES tiene un máximo de 7 ("accidente grave"), que hasta ahora solo ha alcanzado la catástrofe de Chernóbil (Ucrania) en 1986 y que, según los expertos, es muy diferente a la situación en Japón. Algunos especialistas consultados ayer por EL PAÍS señalaban que es normal que se haga una primera valoración prudente y ya daban por supuesto que el nivel de gravedad del accidente se elevará oficialmente en algún momento.
 
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha señalado que se está inyectando agua de mar en elreactor dos de Daiichi, una medida similar a la que se adoptó ya en losreactores uno y tres para tratar de bajar la temperatura y evitar unafusión en el núcleo, algo que las autoridades japonesas dan porsupuesto que puede estar pasando. Además, el director del OIEA, eljaponés Yukiya Amano, ha dicho que Japón ha pedido a la agencia de laONU el envío de una comisión de expertos. No es la única demanda deasistencia que han hecho en las últimas horas. La Comisión deRegulación Nuclear de EE UU ya ha enviado a dos expertos en reactoresnucleares de agua en ebullición y ha dicho que prestará la ayudatécnica necesaria tras recibir una petición de las autoridadesjaponesas.
 
Los problemas en las centrales de la prefectura de Fukushima (la planta de Daini también presenta anomalías, aunque menos preocupantes) han provocado la evacuación de unas 185.000 personas, según el último informe facilitado por la OEIA. Como medida preventiva, 200.000 dosis de yodo han sido repartidas en los centros que acogen a esos evacuados, aunque de momento no van a ser administradas a la población. Las cápsulas de yodo ayudan a saturar la tiroides y evitan así que esa glándula absorba yodo contaminado de radiactividad si se produce un escape de ese elemento en la planta nuclear. El cáncer de tiroides por ese motivo fue una de las patologías más comunes entre las personas que se vieron expuestas a la radiación tras el accidente de Chernóbil en 1986.
 
Según ha informado la Agencia japonesa de Seguridad Nuclear e Industrial (NISA) en un informe remitido al OIEA, la estructura que contiene el reactor tres "está intacta", lo que descartaría teóricamente una fusión del núcleo del reactor. Once personas han resultado heridas en una explosión, a las 11.01 hora local (madrugada en España) cuyo origen se encuentra en una acumulación de hidrógeno en una de las cámaras del edificio. Entre los heridos hay al menos un militar de las Fuerzas de Auto Defensa (Ejército) de Japón, con fracturas de varios huesos, mientras otros sufren heridas leves, según los datos difundidos por la agencia local Kyodo.
 
El portavoz del Gobierno japonés, Yukio Edano, ha descartado la posibilidad de que se hayan producido importantes fugas de radiactividad tras la explosión. En rueda de prensa, ha asegurado que media hora después de la explosión el nivel de radiactividad a cinco kilómetros del lugar era similar a la de ayer, por lo que ha descartado una "fuga masiva". Pese a ello, la NISA ha pedido a 600 residentes que no habían sido evacuados en un perímetro de 20 kilómetros alrededor del recinto que no salgan de sus casas hasta nueva orden.
 
Otra de las consecuencias de este accidente nuclear tiene que ver con la ayuda que comenzó a llegar a Japón justo después del terremoto y tsunami. La Séptima Flota de la Armada estadounidense ha informado de que ha detectado bajos niveles de radiactividad entre los tripulantes de los helicópteros que participaron en las operaciones de rescate cerca de Sendai, principal ciudad de la prefectura en la que se encuentra la planta nuclear de Fukushima I y a 100 kilómetros de esta. La flota ha suspendido temporalmente las operaciones de sus barcos y se ha trasladado mar adentro a una zona situada a unos 185 kilómetros al noreste de la planta. La radiactividad fue detectada ayer domingo en 17 tripulantes de tres helicópteros y el origen fue la nube radiactiva liberada el sábado por la planta de Fukushima.
 
Fukushima I entra así en su tercer día de emergencia nuclear con graves problemas en tres de sus reactores por un fallo en el sistema de refrigeración y con el temor a que haya empezado la fusión del núcleo. Poco antes de la explosión en el reactor tres, el primer ministro japonés, Naoto Kan, admitía que esta planta sigue en un estado "alarmante", tras detectarse una nueva subida en los niveles de radiación por encima de los límites de seguridad (751,2 microsievert por hora, cuando lo normal son 500).
 
Mientras se trabaja para atajar el sobrecalentamiento de los reactores, las autoridades luchan para que las cámaras de contención resistan la presión y los efectos de la nueva explosión para evitar una fuga descontrolada de radiactividad como sucedió en Chernóbil en 1986.
 
Desde el viernes, se han registrado casi 300 réplicas del devastador seísmo, y la Agencia Meteorológica nipona indicó anoche que hay un 70% de posibilidades de que se produzcan réplicas de hasta 7 grados en la escala Richter hasta el miércoles, por lo que las autoridades siguen pidiendo precaución a las poblaciones de la costa ante la posibilidad de que se vuelvan a repetir los tsunamis. En un discurso dirigido ayer a sus ciudadanos, Naoto Kan aseguró que se encontraban ante "la peor crisis desde el final de la II Guerra Mundial" y les invitó a construir "un nuevo Japón".

EL PAÍS / AGENCIAS - Madrid - 14/03/2011
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