La derecha intenta crear un bloque a su medida

El presidente de Colombia, Iván Duque, informó ayer que junto a su homólogo chileno, Sebastián Piñera, avanzan en la creación de un organismo de integración que reemplace la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

“Con el presidente de Chile, Sebastián Piñera, hemos venido avanzando en ese final de Unasur y la creación de Prosur, que más que una organización burocrática o al servicio de un gobierno particular, sea un mecanismo de coordinación suramericano”, manifestó Duque durante una entrevista con la emisora colombiana Oye Cali.


“Hemos venido avanzando conversaciones con varios presidentes de América latina para que Unasur llegue a su final y se inicie más bien la construcción de una etapa muchos mas ágil, menos burocrática, más coordinada de cooperación”, agregó el jefe de Estado.


El mandatario detalló que ese bloque comunitario, cuya fecha de inicio de trabajo no precisó, se enfocará en el desarrollo de políticas públicas, según dijo, en defensa de la democracia, la independencia de poderes y la economía de mercados, así como en la inclusión de una “agenda social con sostenibilidad y con debida aplicación”.


En abril del año pasado, Colombia, Perú, Chile, Brasil, Argentina y Paraguay –la mitad de los países miembros– habían anunciado su intención de salirse de Unasur y el pasado 27 de agosto Duque lo hizo efectivo. En ese entonces, el mandatario colombiano había anunciado que el gobierno colombiano había notificado al organismo de integración su decisión de retirarse del bloque al considerar que no había denunciado los que calificó como los tratos brutales del Estado venezolano hacia los ciudadanos de ese país.


Duque calificó, además, la creación de Prosur como importante porque, dijo, es una muestra de que Colombia no sólo defiende la democracia, sino que busca una “mayor coordinación para que termine la dictadura de Venezuela” y para construir mejor escenario de cooperación de los países, según afirmó, comprometidos con la defensa de la democracia en la región.
La creación de este organismo forma parte del trabajo de Colombia para aislar diplomáticamente a Venezuela después de que el presidente de ese país, Nicolás Maduro, asumiera el pasado 10 de enero un nuevo período por seis años.

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Israel-Palestina, más cerca de un estado binacional


Israel está trabajando en la dirección de crear un estado binacional con los palestinos de Cisjordania. Esta idea, que inicialmente solo defendían los colonos judíos, con el tiempo ha ido ganando terreno en todas las capas del estado judío.

Hace solo unos días, las fuerzas de ocupación israelíes evacuaron un asentamiento salvaje de colonos judíos en Cisjordania. Acontecimientos como este ocurren muy de tanto en tanto y no tienen mayor trascendencia en el conjunto del conflicto entre Israel y Palestina. De hecho, a los dos días se supo que el primer ministro Benjamín Netanyahu había ordenado al ejército que, a pesar de la orden judicial, no se procediera con esa evacuación, que finalmente se realizó por el error de un jefe militar que omitió la orden de Netanyahu.


La expansión colonial israelí se acrecienta día a día. No solo se construyen cada año miles y miles de viviendas en las colonias, sino que paralelamente el gobierno incrementa las infraestructuras que normalizan la ocupación. Aquí y allá se pavimentan nuevas carreteras, aquí y allá se construyen equipamientos de todo tipo. Y se hace a plena luz del día y sin que la comunidad internacional, especialmente la Unión Europea, haga nada para evitarlo y para que se cumplan las leyes internacionales.

En esta situación, la solución de los dos estados, de la que se ha venido hablando desde la Conferencia de Madrid de 1991, ha quedado obsoleta. Los primeros que la dieron por muerta fueron los colonos, hace muchos años. En 2014, el propio Netanyahu dijo en hebreo, que es la lengua en la que habla más claro, que un estado palestino soberano era inviable, y en esa dirección se ha estado trabajando desde hace tiempo. Por sugerir lo contrario fue asesinado el primer ministro Yitzhak Rabin en 1995.


Richard Falk, un conocido jurista de derecho internacional, ha escrito en Middle East Monitor que la única salida que ve al conflicto es la de un estado binacional puesto que Israel ya ha dejado “tan claro como el cristal” que no aceptará un estado palestino en Cisjordania. Naturalmente, Falk no contempla la solución de un estado como tantos intelectuales progresistas que han indicado desde hace décadas que la mejor solución sería dar los mismos derechos a israelíes y palestinos.


La aprobación por la Kneset, hace apenas unas semanas, de la Ley Estado-Nación muestra claramente que Israel se ve a sí misma como un estado de apartheid, puesto que se reconocen derechos a los israelíes judíos que no se reconocen a los israelíes no judíos. En Israel no todos los ciudadanos disfrutan de los mismos derechos. Es algo que ha ocurrido desde el establecimiento del estado en 1948, aunque solo ahora se haya acomodado en el complejo sistema de leyes israelíes que carece de Constitución.


Numerosos juristas de todo el mundo han denunciado el apartheid que impera en el país. Visitantes de Sudáfrica han dicho después que el sistema de apartheid que impera en Israel es más dañino que el que ellos sufrieron durante décadas. La diferencia es que en Sudáfrica acabó un buen día mientras que en Israel cada día va a más. Recientemente la Kneset rechazó un proyecto de ley para garantizar la igualdad de todos los ciudadanos.


La cercanía de Netanyahu con los colonos judíos es paradigmática. En diciembre, solo unas horas después de que se anunciara la disolución del parlamento y la convocatoria de elecciones para el 9 de abril, el primer ministro celebró su primera reunión con una delegación de los colonos a quienes aseguró que él es el único que puede garantizar un impulso a la empresa colonial.

Tanto dentro de los palestinos como dentro de los israelíes hay voces que han hablado a favor y en contra de la solución de un estado único. Se ha especulado todo lo posible en ambos sentidos. Por ejemplo, el ministro de Exteriores palestino, Riad al Maliki, ha dicho que un estado sería un “desastre tanto para Israel como para nosotros”. Seguramente, Maliki ve que un estado binacional seguiría anclado en el apartheid con toda seguridad. Frente a Maliki, Edward Said declaró hace casi dos décadas que “un estado binacional es la única solución que parece tener en cuenta la realidad de dos pueblos que básicamente reclaman la misma tierra”.


La solución de un estado binacional de Said ha sido acariciada por un gran número de intelectuales, incluso desde antes de la Conferencia de Madrid y de los acuerdos de Oslo de 1993. En teoría, es la mejor solución pero es impracticable puesto que no se podrá prescindir del apartheid que está tan instalado el sionismo, un régimen político sectario que no podría sobrevivir en la forma que lo conocemos si renuncia al apartheid, y que nada indica que se quiera suicidar en esa reencarnación.


Las negociaciones “largamente moribundas” de los dos estados han llegado a su fin. Así lo proclama Richard Falk, quien califica de “maniobras zombies” las últimas décadas de negociaciones. La cuestión, sin embargo, es que Israel deberá esperar todavía algún tiempo para confirmar oficialmente que lo que se va a crear es un estado binacional. Se ha hablado en las últimas semanas de dar dinero a los palestinos que quieran marcharse a Canadá, a Australia, a Europa o adonde sea.


Naturalmente, la Franja de Gaza quedará al margen del estado binacional. Esta misma semana la ONU ha revelado que durante 2018 han salido 20.000 palestinos más de los que han entrado en la Franja. Las draconianas condiciones impuestas por Israel están causando ese éxodo. La mayor parte de esos emigrantes se han establecido en Turquía, una estación de paso hacia Occidente. La misma política de acoso sufren los palestinos de Cisjordania. De todas las maneras posibles, Israel trata de reducir en todo lo posible la población palestina antes de su anexión y de la aplicación del apartheid que contemplan sus leyes.


En ese sentido es hasta cómico que Falk se pregunte cómo será el futuro estado binacional, si será secular o de apartheid. La respuesta que dan a diario Netanyahu y la Kneset es demasiado obvia.

JERUSALÉN
15/01/2019 07:39 Actualizado: 15/01/2019 07:39
EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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 ▲ En esta foto de archivo, Jim Yong da un discurso cuando aún era presidente del BM.Foto Afp

Se acelera el colapso de las instituciones de Bretton Woods post Segunda Guerra Mundial. Se desmorona otro pilar del caduco orden mundial con la renuncia intempestiva del coreano-estadunidense Jim Yong Kim quien abandona la presidencia del Banco Mundial (BM) con tres años de antelación (http://bit.ly/2SYbSmg).

Por un tácito acuerdo de "Occidente", un estadunidense preside el BM y un europeo gobierna el FMI: el caso de Christine Lagarde, quien hace maletas para trasladar su sede a Beijing (http://bit.ly/2SQ6O3B). Mas aún: la disfuncional Organización Mundial de Comercio (OMC) se encuentra en plena catatonia con un presidente brasileño de la desdeñada periferia.

El BM perdió su enorme influencia frente al ascenso geoeconómico de China y sus magnos proyectos: "Las tres rutas de la seda" (https://bit.ly/2TA9RNe), el Banco Asiático de Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) (http://bit.ly/2ST6i4M), y "China 2025" de autarquía tecnológica, no se diga su asombroso alunizaje (http://bit.ly/2SR6CB8). El banco mundial se volvió irrelevante ante el AIIB de China cuando el "Banco BRICS" queda en el aire debido a la llegada presidencial a Brasil del "evangelista sionista" Jair Messias Bolsonaro (http://bit.ly/2AzdSdT).

La renuncia de Jim Yong se gesta en medio del shutdown (cierre de agencias gubernamentales de EU) y el desprendimiento de Rusia de su tenencia de 100 mil millones de dólares que ha trocado por euros/yuanes/yenes (http://bit.ly/2SQsTil). Dado el mantra de "nacionalismo económico", suena inverosímil que Trump adopte las políticas "multilaterales" del Banco Mundial antagónicas a su esquema "Primero EU": cambio climático y la igualdad de género, que abominan sus seguidores rednecks en sus bastiones del "Cinturón Bíblico" y el "Cinturón Industrial (Rust belt)".

Según Afp/ South China Morning Post, la renuncia de Jim Yong "puede desatar un pleito internacional para su sustitución", cuando Trump "ha cuestionado su propósito de prestamista para el desarrollo" (http://bit.ly/2SQ5HAX). Como principal accionista y contribuyente del BM, Estados Unidos ostenta el poder de (s)elección, como ha sucedido durante 75 (sic) años. Si pudiera, Trump imponría a su hija Ivanka Trump, consejera gratuita de su padre en la Casa Blanca, y con quien Jim Yong entabló una óptima cooperación, con el lanzamiento de un fondo apuntalado por Arabia Saudita de mil millones de dólares para financiar a mujeres emprendedoras.

Ivanka muy bien pudiera ser una carta internacional para apoyar una hipotética relección de su atribulado padre.

Afp, con fuertes nexos con Christine Lagarde del FMI, da mucho vuelo a la candidatura de Ivanka, seguida por Nikki Haley, la amazona ex embajadora de EU en la ONU donde causó estragos por su carencia diplomática.

Otros candidatos de Trump son David Malpass –anterior economista en jefe del fallido banco Bear Stearns y sinófobo consumado–, hoy subsecretario para Asuntos Internacionales de la Secretaria del Tesoro, y Mark Green, mandamás de USAID (http://bit.ly/2AHnXoQ).

Antes de su abrupta fuga, Jim Yong consiguió un apremiante incremento de capital por 13 mil millones de dólares, lo que permite un mejor desenvolvimiento de los empréstitos del BM que alcanzarían 80 mil millones de dólares para 2019, frente a los 59 mil millones de 2018. La "insólita" participación de Trump con 7 mil 500 millones de dólares al incremento de capital del BM –que requieren la aprobación del Congreso–, marca su deseo de competir con China por el alma de los mercados emergentes.

La participación accionaria de China en el banco ha pasado de 4.68% a 6.01%, mientras que EU ostenta 17.77% con poder de veto a las decisiones de las dos ramas de la entidad prestamista: IBDR y el IFC.

El bM sucumbió al "modelo de negocios", como la privatización encubierta del agua en Ciudad de México (http://bit.ly/2SYcEja), bajo el esquema de inversión conjunta PP (Público-Privada) de "transición" para la final enajenación acuífera. Jim Yong ahora despacha en Global Infrastructure Partners (GIP), con sede en Nueva York, consagrado a inversiones privadas en infraestructura: salta del lado "público" del BM al lado "privado" del GIP para la sinergia de la enajenación catrastral global. Otro engaño más del Banco Mundial.

 

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Venezuela. El golpe tuitero quedó en el ruido

El autoproclamado presidente provisional dice que va a derribar a Maduro el 23 de enero. El gobierno le contestó que le tienen preparada una celda si hace algo ilegal.

 

El autoproclamado presidente provisional de Venezuela y líder de la opositora Asamblea Nacional Juan Guaidó, sólo hizo un poco de ruido. A pesar de tener el respaldo de Estados Unidos, la Organización de Estados Americanos (OEA), y los gobiernos de Brasil y Colombia, el mandatario Nicolás Maduro consideró que lo de Guaidó sólo fue “un golpe tuitero” y la ministra de Servicios Penitenciarios, por su parte, le dijo al opositor que ya hay una celda con su nombre. “Guaidó, ya te acomodé la celda, con tu respectivo uniforme, espero que nombres rápidamente a tu gabinete para saber quienes te van a acompañar”, expresó en Twitter Iris Varela.


Sin embargo Guaidó insiste en su idea de derrocar a Maduro. Y el primer paso para lograrlo, dijo, será la movilización del próximo 23 de enero. “Hoy tenemos todas las piezas del rompecabezas: tenemos el respaldo social y el acompañamiento internacional, ahora toca armar ese rompecabezas y la protesta del 23 de enero es fundamental para eso”, aseguró.

Ayer, en su intervención en la asamblea de la coalición opositora Frente Amplio, Guaidó reiteró su pedido de ayuda para lograr una transición porque, como aseguró el viernes, el decreto firmado por la Ásamela Nacional no alcanza para sacar a Maduro del Palacio de Miraflores. Sólo bastó esa declaración para que el grupo de países que consideran ilegítimo el nuevo gobierno de Maduro volvieran al ataque contra el líder bolivariano. Con algunos matices, pero todos subrayaron la misma palabra: dictadura. Estados Unidos, por su parte, dio un paso más de sus meras críticas y pidió la formación de un nuevo gobierno. Declaró abiertamente que llegó la hora de “comenzar la transición ordenada de un nuevo gobierno en Venezuela” a la vez que dio su explícito respaldo al Guaidó. “Elogiamos el coraje de los líderes de la Asamblea Nacional, particularmente de su presidente, Juan Guaidó, y su decisión de invocar a las autoridades de la Constitución venezolana”, sostuvo en declaración pública el Departamento de Estado de EE.UU. “El pueblo de Venezuela se merece vivir libremente en una sociedad democrática gobernada por un Estado de derecho”, indicó. Además, aseguró que el gobierno de Estados Unidos continuará usando todo el peso del poder económico y diplomático para presionar por la restauración de la democracia en Venezuela. Una declaración similar hizo el nuevo presidente brasileño, el ultraderechista Jair Bolsonaro, que luego de saludar al autoproclamado presidente afirmó que está en coordinación con los demás países, entre ellos el Grupo de Lima al que pertenece, para terminar con el gobierno de Maduro. “Nicolás Maduro no atendió las exhortaciones del Grupo de Lima, formuladas en la Declaración del cuatro de enero e inició un nuevo mandato presidencial ilegítimo”, señaló la Cancillería brasileña.


En la misma el jefe de la diplomacia argentina Jorge Faurie anticipó que el presidente Mauricio Macri y su par brasileño emitirán un pronunciamiento en conjunto cuando ambos tengan su acuerdo bilateral el próximo miércoles en Brasilia. El presidente de Colombia, Iván Duque, celebró como un hecho histórico la declaración del Grupo de Lima y argumentó: “la declaración insta a que los pueblos que defendamos la democracia no reconozcamos el régimen opresor y dictatorial de Maduro”.


Mientras tanto, desde el Palacio de Miraflores Maduro desestimó las declaraciones de los países vecinos y fue más lejos. Los invitó a una cumbre para vencer “la intolerancia política” que aplican a Venezuela. “Insistimos en la propuesta que hizo el presidente Nicolás Maduro (de) una cumbre de presidentes (...) o un grupo de países de la región también, que faciliten el acercamiento ante la intolerancia ideológica que ha surgido en los últimos años”, afirmó el canciller de Venezuela, Jorge Arreaza. Luego sugirió que el encuentro podría realizarse durante la cumbre de Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que realiza reuniones anuales desde 2013 y que este año la presidencia pro témpore está en manos del mandatario salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén. “Allí iría Nicolás Maduro con la verdad de Venezuela, allí iría Nicolás Maduro a responder lo que tenga que responder con la Constitución de Venezuela en la mano y con la legitimidad que le ha dado el pueblo”, finalizó el canciller

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“Fue apenas un show, un juego y una burla”

El presidente de la asamblea opositora se proclamó presidente y fue validado de inmediato por la OEA, Brasil y Colombia.

 

El presidente de la opositora Asamblea Nacional de Venezuela Juan Guaidó se declaró ayer presidente de Venezuela. Lo hizo con rodeos, al pedir el apoyo de ciudadanos, militares y la comunidad internacional para asumir el mando del Ejecutivo en un nuevo acto de desconocimiento del presidente Nicolás Maduro que el jueves asumió su segundo mandato. La medida fue saludada de inmediato por el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y por los gobiernos de Brasil y Colombia. Maduro la rechazó y ridiculizó la actitud de la Asamblea y convocó a los venezolanos a defender su gobierno.


En respuesta a la oposición, el sucesor del legado del ex presidente Hugo Chávez respondió que la Asamblea Nacional, órgano declarado en desacato por el ejecutivo en 2016, lidera un show mediático para intentar desestabilizar la situación política del país. “Allá ellos con su show, su juego y su burla, porque se burlan de su propia gente, acá nosotros con nuestro trabajo, tenemos mucho trabajo por hacer y yo seguiré cumpliendo mis funciones para las que ustedes me eligieron, con firmeza y con valentía”, respondió Maduro ante periodistas en el Palacio de Miraflores, sede del Ejecutivo. Asimismo, rechazó la decisión que tomó la OEA el jueves de no reconocer el nuevo gobierno, y advirtió que esa postura sienta un peligroso precedente para el hemisferio. “Nicolás Maduro fue reelecto por el soberano pueblo venezolano”, subraya el comunicado que también denuncia las “prácticas de coerción” utilizadas por Estados Unidos en Latinoamérica. “Estados Unidos promueve una campaña agresiva con el fin de avanzar sus políticas de cambio de régimen en el país caribeño”, denuncia. El mandatario expresó además su agradecimiento a los que llamó países amigos que decidieron no acompañar la resolución de la OEA. La resolución del organismo internacional, aprobada por 19 países, declaró ilegítimo el gobierno de Maduro e hizo un llamado para realizar nuevas elecciones presidenciales, debido a que el organismo no reconoció las realizadas el 22 de mayo argumentando que la oposición no pudo participar.


Guaidó sostuvo la misma propuesta ayer en su discurso frente a la sede la Organización de Naciones Unidas (ONU), de Caracas. Ante una multitud que levantaba carteles con la consigna “Maduro usurpador”, Guaidó declaró que la Cámara se apegará a la Constitución venezolana y, en este sentido, asumirá las “competencias de la encargaduría de una Presidencia de la República”. No obstante, en un pedido de ayuda a las fuerzas armadas y a sus aliados internacionales como Washington y el Grupo de Lima, advirtió que el mero decreto no será suficiente para sacar a Maduro del ejecutivo. “Asumimos entonces la convocatoria a las Fuerzas Armadas, a la comunidad internacional al ejercicio de los artículos de nuestra constitución 333, 350 y 233 para ejercer mandato”, prosiguió el opositor. “A esa familia militar que quiere cambio, que quiere lo mismo que nosotros, le hacemos un nuevo llamado, aquí está la legítima Asamblea Nacional que claro que asume su responsabilidad y la va a asumir”, dijo a la institución castrense que el jueves juró lealtad a Maduro. Para finalizar, Guaidó llamó a la oposición a manifestarse en las calles el próximo 23 de enero –fecha en la que se conmemora la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez–. “Llamamos a una gran movilización en todos los rincones de Venezuela para exigir un gobierno de transición que llame a elecciones presidenciales”, anunció en su efusivo discurso. “¡Asume! ¡Juraméntate!”, le exigían algunos de los asistentes en la especie de cabildo abierto convocado por el Parlamento. Al cierre de su intervención Guaidó aseguró que el cuerpo legislativo seguirá trabajando para lograr un gobierno de transición y un una nueva vuelta electoral.


Casi en simultáneo, pero desde el Palacio de Miraflores, Maduro también llamó a los venezolanos y les pidió unidad en las calles para evitar, dijo, cualquier intento de protestas opositoras como “guarimbas” de 2017.


“¿cuántas veces dijeron de Hugo Chávez que era ilegítimo? ¿Cuántas veces no lo han dicho de Maduro? ¿Cuántas veces, entre comillas, jugaron a la política de manera inconstitucional”, agregó en referencia al desconocimiento de la oposición y de Estados Unidos, la OEA y la Unión Europea respecto de su nuevo gobierno. “El pueblo movilizado es la garantía de paz, es la vacuna contra cualquier proceso de desestabilización (...) hay gente de la oposición que está desesperada (...) y la vacuna es el pueblo movilizado y el Gobierno trabajando”, finalizó.


Mientras tanto, del otro lado del océano, la oposición venezolana en el exilio realizó una conferencia de prensa en Madrid junto a representantes del conservador Partido Popular (PP) español y del liberal Ciudadanos para pedir a la comunidad internacional que presionen el gobierno de Maduro con más sanciones.

 

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Sábado, 12 Enero 2019 06:45

¿Ruptura o perpetuación?

¿Ruptura o perpetuación?

La nueva toma de posesión de Nicolás Maduro se llevó a cabo ayer, jueves, en el Tribunal Supremo de Justicia. La Asamblea Nacional, enteramente controlada por la oposición, fue declarada “írrita”, al haber votado un impeachment contra Maduro. Hoy, viernes, la Asamblea Nacional Constituyente, bajo control del chavismo, debía reconocer la investidura del presidente.

El viernes 3 los cancilleres del Grupo de Lima consensuaron, a excepción de México y con apoyo de Estados Unidos, una declaración en la que desconocen al nuevo gobierno que asumió Maduro ayer jueves. Si por ahora no se habla de intervención militar para “restaurar la democracia” en el país, según palabras del secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, los rumores en ese sentido persisten en Venezuela y se sabe que funcionarios estadounidenses continúan instando a los militares caribeños a tumbar a Maduro. Otras señales en esa dirección provinieron, meses atrás, de políticos y militares brasileños muy cercanos al ahora presidente Jair Bolsonaro. Uno de ellos fue el ahora vicepresidente, el general Hamilton Mourão, quien fue encargado militar de la embajada en Venezuela. Mourão se pronunció, antes de la toma de posesión de Bolsonaro, a favor de un golpe de Estado en Venezuela. “Las Naciones Unidas tendrán que intervenir a través de las tropas de paz (…) y allí está el papel de Brasil: liderar las tropas de paz”, afirmó. Pero una vez en el poder, Bolsonaro fue más cauto, quizá esperando la movida definitiva de su aliado Donald Trump y también la actitud que asuma la Colombia de Iván Duque, otro “trumpista” que se manifestó en su momento favorable a una acción armada y luego se desdijo.


En el plano regional, México y Uruguay, fuera de los aliados clásicos del chavismo, como Nicaragua y Bolivia, aparecen como los países más opuestos a acciones tendientes a buscar la caída del gobierno chavista. A su vez, la llegada al gobierno del Psoe en España ha sumado una voz en la Unión Europea a quienes privilegian el diálogo con el Ejecutivo de Maduro.
La intervención militar abierta es, de todas maneras, la hipótesis de menos peso de todas las que evalúan la oposición interna y externa para lograr que el nuevo sexenio de Maduro no llegue a su término en 2024. Estados Unidos continúa, por ejemplo, apretando el torniquete económico. Nuevas sanciones del Tesoro fueron publicadas el martes 8 en Washington contra un grupo de ex funcionarios del chavismo. Lo curioso es que todos ellos, o bien están detenidos en el país, o se han ido de él o han sido sancionados. Es muy poco probable que esas medidas puedan entonces ejercer presión real sobre el Ejecutivo de Maduro.


Los escenarios más radicales, como un bloqueo económico o un embargo petrolero, terminarían por otro lado atrincherando al gobierno y consolidando las alianzas que ya ha hecho con países como China, Rusia y Turquía. Los dos primeros han otorgado a Caracas créditos por 5.000 y 6.000 millones de dólares, respectivamente, destinados a reactivar la industria petrolera. Rusia, además, envió por unos días el mes pasado algunos de sus bombarderos estratégicos TU-160 a tierras venezolanas para marcar presencia y como forma de advertencia.


El escenario de presión económica externa tampoco beneficia al empresariado, uno de los principales sostenes de los sectores antichavistas.
La oposición política, por su lado, se halla en este plano, como en muchos otros, dividida. Hay quienes –como el diputado Stalin González, segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, controlada enteramente por las fuerzas adversas a Maduro– rechazan las intervenciones externas, y quienes –como los dirigentes opositores radicados fuera del país– respaldan sin cortapisas cualquier iniciativa que conduzca al derrocamiento de Maduro.


Lo cierto es que la oposición ya no aparece con fuerzas como para convocar a nuevas movilizaciones contra el gobierno, incluso en un contexto de crisis económica y social como el actual, que podría serle propicio para agitar nuevamente las aguas, como lo hizo en 2017, cuando alentó las “guarimbas”, acciones violentas que derivaron en una espiral saldada con decenas de muertes.


El Plan de Recuperación Económica lanzado por Maduro cuatro meses atrás no ha dado los resultados esperados por el gobierno: no hay muestras de crecimiento de la economía, la hiperinflación continúa descontrolada, y la actividad petrolera, la principal del país, sigue decayendo.


Pero su debilidad política ha llevado a algunos sectores de la oposición a cambiar de discurso, y a dejar incluso de cuestionar la legitimidad del nuevo gobierno de Maduro, un tema en el que estuvo enfrascada, buscando nuevas estrategias. Habrá que ver cómo se van decantando las aguas en las próximas semanas.

Por Ociel Alí López
11 enero, 2019

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Maduro defendió su investidura ante el mundo

“Venezuela es el centro de una guerra mundial del imperialismo norteamericano y sus gobiernos satélite, que han pretendido convertir una toma de posesión en una guerra mundial”, dijo el presidente bolivariano.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, juró ayer para su segundo mandato como jefe de Estado en medio del rechazo de Estados Unidos, la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Grupo de Lima. En su discurso de investidura, el flamante mandatario respondió a quienes intentan deslegitimarlo: “Venezuela es el centro de una guerra mundial del imperialismo norteamericano y sus gobiernos satélites que han pretendido convertir una toma de posesión pacífica y legal en una guerra mundial contra nuestro país”.


El continuador del legado del ex presidente Hugo Chávez estuvo acompañado por el presidente de Bolivia, Evo Morales, su par nicaragüense, Daniel Ortega, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y los mandatarios de El Salvador y de Osetia del Sur. A la investidura también asistieron una veintena representantes internacionales, entre ellos, la presidenta del Partido de los Trabajadores (PT) Gleisi Hoffmann y el vicepresidente de Turquía, Fuat Oktay. En tanto, Uruguay y México designaron a sus encargados de negocios en Caracas como representantes oficiales para el acto.


“Juro en nombre del pueblo de Venezuela que cumpliré y haré cumplir todos los postulados y mandatos de la Constitución para procurar defender la independencia absoluta de la patria, llevar a la prosperidad económica a nuestro pueblo y construir el socialismo del siglo XXI”, dijo Maduro, luego de recibir la banda presidencial del jefe del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Maikel Moreno. La ceremonia fue en el Tribunal y no en la Asamblea Nacional, como indica la Constitución porque, según afirmó Moreno, la Asamblea está en desacato por lo que todos sus actos, agregó, carecen de validez y eficiencia jurídica.


En la primera manifestación concreta del malestar regional ante la nueva toma de poder de Maduro, Paraguay rompió relaciones con el país centroamericano y, en sesión extraordinaria, la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó una resolución que declara ilegítimo a Maduro (ver página 20), en línea con la reciente declaración del Grupo de Lima.


En su extenso discurso y ante referentes internacionales, el sucesor de Chávez lazó duras palabras contra quienes lo acusan de dirigir un régimen dictatorial. Al Grupo de Lima lo llamó “el cártel que trafica con el derecho internacional” y a Estados Unidos, por su parte, le respondió: “yo no me formé en la Escuela de las Américas ni en el Comando sur, yo me forjé en las escuelas de Caracas, en la clase obrera con los conductores del metro de Caracas, de ahí vengo yo. No soy un magnate ni he estudiado en Harvard”, arremetió y luego fue aplaudido por la sala en donde también estuvieron presentes el vicepresidente del Consejo de la Federación de la Asamblea Federal de Rusia, Ilyas Umakhanov; el viceprimer ministro de Bielorrusia, Igor Liashenko; y el ministro de Agricultura y Asuntos Rurales de China, Han Changfu. Luego de unos segundos de aplausos el flamante mandatario prosiguió: “Como locos andan los gobiernos satélites inventando y presionando. Yo le digo a nuestro pueblo: allá ellos con su nerviosismo y desesperación y acá nosotros con nuestro amor y nuestro espíritu revolucionario y socialista”.


La Asamblea Nacional, de mayoría opositora, calificó la investidura de Maduro como una usurpación del poder y aseguró que su proclamación es ilegítima porque deriva de las elecciones presidenciales del 20 de mayo que, según denuncian, no tuvieron las condiciones mínimas de comicios libres y transparentes. Desde una posición opuesta, la senadora Hoffmann señaló que el PT reconoce el voto popular por el que Maduro fue electo. “Mi intención es llevar el apoyo del PT al pueblo venezolano”, afirmó la presidenta petista. Mientras el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva estuvo en el poder (2003-2010), mantuvo un firme apoyo al gobierno de Chávez y, una vez que el líder venezolano falleció, ese respaldo personal y del propio PT fue trasladado a Maduro. Según la senadora, su presencia en la investidura también fue para denunciar la posición agresiva del gobierno de Jair Bolsonaro contra Venezuela. “Es contraria a la tradición diplomática del país”, denunció. Y agregó que las políticas intervencionistas y golpistas están incentivadas por Estados Unidos y cuentan con la adhesión del gobierno brasileño.


El vicepresidente de Turquía, por su parte, aterrizó en Caracas la noche anterior a la ceremonia y al ser recibido por las autoridades venezolanas expresó su satisfacción con el progreso de las relaciones bilaterales. Luego recordó que el viaje del presidente turco, el islamista conservador Recep Tayyip Erdogan, a Venezuela en diciembre pasado llevó a un nuevo nivel las relaciones, ya estrechadas durante varias recientes visitas de Maduro a Turquía. “Extiendo los saludos de nuestro presidente al pueblo venezolano. Durante la ceremonia de investidura de Maduro tendremos oportunidad de pasar una vez más revista a las relaciones entre Turquía y Venezuela”, dijo Oktay. Poco después de llegar, el político turco se reunió en su hotel con el presidente de Bolivia a quien invitó a Turquía. Para el final de la reunión ambos acordaron que Bolivia abrirá una embajada en Ankara en el primer semestre del año en curso. Evo Morales, fiel a su estilo antiimperialista, denunció ayer que la OEA atenta contra el pueblo venezolano y volvió a acusar a Estados Unidos de usar al organismo para forzar una intervención al país caribeño. “La OEA viola el principio de no injerencia de ese organismo y atenta contra la soberanía de un pueblo que votó por el presidente que votó por su presidente. La democracia es del pueblo, no del imperio”, arremetió.


La UE, la OEA y Estados Unidos desconocen al nuevo gobierno de Maduro


Un intento de bloqueo para empezar


Paraguay rompió relaciones diplomáticas con Venezuela; la OEA aprobó una resolución para declarar ilegítimo el nuevo gobierno y la UE insistió en llamar a nuevas elecciones. Por otro lado, Rusia y China enviaron importantes delegaciones a la toma de posesión de Maduro.

El segundo mandato del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, comenzó con un cerco internacional. Paraguay rompió relaciones diplomáticas, la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó una resolución para declarar ilegítimo su nuevo gobierno, Estados Unidos advirtió que aumentará su presión sobre el país caribeño y la Unión Europea (UE) insistió en que haya nuevas elecciones. Por otro lado, contó con la presencia de los dignatarios de Bolivia, Cuba y El Salvador, Evo Morales, Miguel Díaz Canel y Salvador Sánchez Cerén respectivamente; así como de delegaciones importantes de China, Rusia y Turquía.


El presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, realizó el anuncio de ruptura tras la jura de Maduro, desde el Palacio de Gobierno en Asunción. El mandatario justificó su decisión, dijo, con base al ejercicio de sus atribuciones constitucionales y de la soberanía nacional. “En ese sentido se ha dispuesto el cierre de nuestra embajada y el inmediato retiro del personal diplomático paraguayo acreditado ante dicho país”, señaló el presidente. Abdo Benítez hizo mención a su discurso durante la toma de posesión de la Presidencia, el pasado 15 de agosto, cuando prometió respaldar al pueblo venezolano. “Manifesté que no seríamos indiferentes al dolor de los venezolanos, el respaldo al pueblo de Venezuela debe ser real, es fundamental honrar lo que decimos con hechos concretos y tomar decisiones por principios”, dijo.


Sin embargo, el mandatario aclaró que la ruptura de relaciones no implicaba que Paraguay dejará de cumplir sus compromisos con Venezuela en la deuda que la estatal Petropar tiene con la venezolana Pdvsa. La empresa estatal venezolana reclama a Asunción 265 millones de dólares, más un 2 por ciento de intereses anuales, en virtud de una deuda contraída tras un acuerdo firmado entre ambos países para el suministro de gasoil a Petropar.


La OEA, por su parte, aprobó ayer una resolución que declara ilegítima la nueva presidencia de Maduro. El documento, que fue aprobado por 19 votos a favor, seis en contra, ocho abstenciones y una ausencia, será transmitido, según dijeron inmediatamente, al secretario general de las Naciones Unidas. La medida “hace un llamamiento para la realización de nuevas elecciones presidenciales con todas las garantías necesarias para un proceso libre, justo, transparente y legítimo”, estipuló la resolución. El secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien ha defendido una intervención en el país sudamericano y que estaba presente en la sala, celebró la decisión.


Venezuela, Nicaragua, Bolivia San Vicente y las Granadinas, Surinam y Dominica votaron en contra y entre los países que se abstuvieron estuvieron México y Uruguay. Entre las naciones que votaron a favor estuvieron Argentina, Estados Unidos, Colombia, Chile, Canadá, Brasil y Ecuador.


A pesar de haber firmado la resolución y de no haber enviado a ningún representante desde Quito a la asunción de Maduro, el canciller ecuatoriano José Valencia, aclaró que no se habían roto las relaciones con Venezuela. “Nuestra posición tiene un punto de partida muy claro, creemos que la salida a la situación en Venezuela debe ser tomada exclusivamente por los venezolanos, no pensamos que tenga que ser una acción internacional”, puntualizó el ministro. Valencia aseguró, asimismo que la resolución de la OEA está cimentada sobre la preocupación de la región al respecto de la situación en Venezuela. Finalmente, destacó que la posición de Ecuador siempre ha estado ceñida a la no injerencia, al diálogo y al respeto de la autodeterminación.


La sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA fue solicitada por las misiones de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos, Guatemala, Paraguay y Perú, casi en concordancia con los países que firmaron el comunicado del Grupo de Lima del pasado viernes 4 en el que instaban a Maduro a no asumir su nuevo mandato. Dicha declaración fue firmada por 13 de los 14 países miembros (ya que México no adhirió): Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Guyana y Santa Lucía.


El representante alterno de Venezuela en la OEA, Samuel Moncada, cerró las intervenciones en la reunión extraordinaria y rechazó tajantemente la medida. “La resolución presentada hoy (por ayer) es una insensatez jurídica, un abuso de poder, un crimen de agresión y un golpe de Estado, todo con el propósito de promover el caos y una intervención militar extranjera que destruiría no sólo la paz en Venezuela sino en toda la región”, subrayó el diplomático. “El primer gran problema de esta resolución es que pretende, sin tener capacidad para ello, decidir quién es el gobernante legítimo de Venezuela”, sentenció.


En Washington, el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, anunció que el gobierno estadounidense no reconocerá al nuevo gobierno. “Estados Unidos no va a reconocer la toma de posesión ilegítima de la dictadura de Maduro. Vamos a continuar aumentando la presión sobre el régimen corrupto, apoyar la democrática Asamblea Nacional y abogar por la democracia y la libertad en Venezuela”, tuiteó Bolton.


Casi simultáneamente, en Bruselas, la UE emitió una declaración en la que lamentó que comience un nuevo período emanado de elecciones que calificó como no democráticas y amenazó con tomar medidas si aumenta el deterioro de la situación en Venezuela. En su investidura, Maduro pidió respeto a la comunidad europea: “Unión Europea, detente, no vengas con tu viejo colonialismo, con tus viejas agresiones”, exclamó el gobernante, quien elogió a los chalecos amarillos que desafían al gobierno francés.

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El mapamundi se pobló de ultraderechistas

Steve Bannon, ex consejero de Trump, se trasladó a Bruselas, donde fundó “El Movimiento” con la meta de federar a todos los partidos nacionalistas y de extrema derecha y tomar por asalto el Parlamento Europeo en las elecciones de mayo.

 

Los populistas de extrema derecha han dejado de ser un área restringida de espectadores nostálgicos para convertirse en una cruzada mundial. Fascistas, neonazis, xenófobos, integristas religiosos, soberanistas, regionalistas, autoritarios o movimientos post ideológicos como el italiano 5 estrellas conforman una nueva cartografía planetaria de la oferta política. El éxito electoral los ha acompañado de forma ascendente desde que, a partir de mediados de los años 80, la extrema derecha francesa del Frente Nacional (hoy Reagrupamiento Nacional) rompió los márgenes donde vivía con apenas 2% de los votos. Dos elecciones presidenciales disputadas en Francia con su candidato en la segunda vuelta (2002, Jean Marie Le Pen, 2007, Marine Le Pen), primer partido de Francia en las elecciones europeas de 2014, victoria presidencial en los Estados Unidos, columna vertebral de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (Brexit), triunfo en Hungría con Victor Orban, Rodrigo Duterte en Filipinas, en Italia con Matteo Salvini, en Polonia con Jaroslaw Kaczynski, en Austria con Sebastian Kurtz y Heinz-Christian Stracheun, el recién llegado en Espana, Vox, y en Brasil con Jair Bolsonaro, el mapa mundial se fue llenando de extremistas exitosos.


La tierra de conquista más vulnerable sigue siendo Europa. Es a partir del Viejo Continente donde los populistas grises están construyendo lo que ellos mismos denominan “una internacional populista”. Steve Bannon, el ex consejero de Donald Trump, se trasladó a Bruselas, donde fundó “El Movimiento” con la meta de federar a todos los partidos nacionalistas y de extrema derecha y tomar por asalto el Parlamento Europeo en las elecciones europeas de mayo próximo. Para él, Europa “es el centro del levantamiento populista y nacionalista” que conducirá a estos movimientos “a ganar y a gobernar”, dijo Bannon en agosto del año pasado cuando llegó a Bruselas.


En la capital belga, Steve Bannon instaló su cuartel general en una lujosa residencia de 1.200 metros cuadrados con parque y piscina. Su propietario es Mischaël Modrikamen, un empresario, abogado y líder del partido político liberal-conservador de extrema derecha Partido Popular (6% de intenciones de voto). El proyecto de la internacional populista tiene una extensión en Italia a través del monasterio medieval de Trisulti donde, con el respaldo de otros dos personaje, Benjamin Harnwell y el cardenal conservador Raymond Leo Burke, Bannon aspira a abrir allí una academia, es decir, una escuela de capacitación de populistas y nacionalistas. Benjamin Harnwell es el fundador del think tank Dignitatis Humanae Institute (Instituto para la Dignidad Humana) mientras que el cardenal Burke es un acérrimo opositor al Papa Francisco. Según detalló Harnwell al diario La Stampa, “se trata de un proyecto que apunta a la promoción de la civilización occidental y sus fundamentos judeo-cristianos, en base al pensamiento nacionalista populista que ha desarrollado Bannon”. El grupo no ha conseguido todavía su principal objetivo: la formación de un cuerpo nacionalista dentro del Parlamento Europeo. La primera reunión del “club de líderes populistas” creado por Bannon y Modrikamen aún no se llevó a cabo. Aplazado dos veces, el congreso está previsto para finales de enero de este año. Los grandes partidos de la ultraderecha Europea han, hasta ahora, más bien rehusado acercarse al Movimiento. Lo miran a la vez con interés y recelo. Marine Le Pen aclaró que “la salvación” de Europa la harían los europeos y no un norteamericano. Los creadores de El Movimiento reconocen “contactos y diálogos”, pero la formalización de una estructura con todos ellos adentro no se plasma. Algunos analistas piensan que esa internacional terminará por existir, pero fuera de la influencia de Steve Bannon. Los encuentros entre líderes europeos de misma tendencia son frecuentes. Salvini fue a ver a Kaczynski, Victor Orban mantiene relaciones muy cercanas con el mismo Kaczynski. Falta, aún, el elemento que los lleve a todos a una convergencia más allá de la retórica. El pasado dos de enero, cuando asumió su cargo, el nuevo Ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, hizo pública su admiración por “la nueva Italia, Polonia y Hungría”. De hecho, aunque circulan en el mismo carril, las divergencias en el seno de este grupo político son tan profundas como caricaturescas.


Todos llegaron al poder o al Parlamento con la misma narrativa: la oposición del pueblo contra las elites, sean políticas o económicas. Esa es una de las características de las extremas derechas resucitadas. La otra le definió con pertinencia el profesor de filosofía y politólogo Yves Charlees Zarka: “lo que caracteriza al populismo de hoy es que éste se desarrolla en las sociedades democráticas cuyas poblaciones están dotadas de un alto nivel de educación”.


Los populismos contemporáneos engloban un enjambre de ideologías renacidas, o una combinación de varios ingredientes del pasado y de la modernidad. 11 son hoy los dirigentes que podrían entrar en esa “internacional populista”:Victor Orban (Hungría), Matteo Salvini (Italia), Luigi Di Maio (Italia), Jaroslaw Kaczynski (Polonia) Sebastian Kurtz y Heinz-Christian Stracheun (Austria), Andres Babis (República Checa), Rodrigo Duterte (Filipinas), Recep Tayyip Erdogan (Turquía), Jair Bolsonaro (Brasil), Donald Trump (Estados Unidos). A ellos hay que agregarle las formaciones que van poco a poco arañando escalones en el poder político como ocurre con las extremas derechas de Alemania, Holanda y Vox en España.


Para todos, más que la elección de Trump, el punto de quiebre tiene dos episodios: la elecciones europeas de 2014 y el referéndum a favor de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Esa es nuestra “piedra fundacional”, recuerda Mischaël Modrikamen. Europa ha sido para la ultraderecha globalizante un ejemplo permanente. Steve Bannon recordó cómo el molde Europeo le dio las armas para llevar a Trump a la presidencia: “Europa me resulta fascinante. Los europeos tienen muchas cosas para enseñar a los norteamericanos. Europa nos lleva dos años de adelanto. Cuando vine a observar el levantamiento de los partidos populistas en las elecciones europeas de 2014 aprendí muchas cosas”. En sus desplazamientos por las capitales europeas, Steve Bannon se mueve con el aura de un evangelista del populismo. Habla como un iluminado y aunque no haya aún realizado su sueño de unir a todas las ultraderechas, Europa parece ser clave en sus estrategias políticas norteamericanas. No es Donald Trump y su mezquindad narcisista radical las que constituyen el zócalo de una internacional populista. Trump sólo es “america first”. El portavoz viajero de la globalización de la ultraderecha es Steve Bannon. “Es como un Che Guevara de la extrema derecha que está buscando su Bolivia”, dice anónimamente un eurodiputado del ala nacionalista. Bannon preside el cenáculo de lo que el pensador italiano Antonio Gramsci llamó “los monstruos”. Estos han venido a perturbar la confrontación izquierda-derecha vigente desde principios del Siglo XX. Una de las frases más citadas por los analistas occidentales pertenece a Gramsci. Pareciera que la hubiese escrito hoy: “el viejo mundo se muere, el nuevo mundo tarda en aparecer y en ese claro-obscuro surgen los monstruos”. Por el momento, andan separados.


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Seis fases del modelo para provocar el cambio de Gobierno en Venezuela

En el 2012, el Instituto de Estudios Estratégicos del Ejército de los Estados Unidos, publicó un texto del profesor de estrategia militar Max Manwaring, titulado 'Venezuela como exportador de la Guerra de Cuarta Generación'.

En resumen, dicho documento trataba de argumentar que el para entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, a través de la conformación de las milicias y la doctrina de la guerra de todo el pueblo, buscaba hacer inviable los Estados latinoamericanos para "forzarlos a ser declarados como Estados fallidos" y permitir la insurgencia de un movimiento afín al proyecto Bolivariano.

Manwaring se lamentaba de que Estados Unidos no tuviese respecto a Venezuela "una estrategia unificada a largo plazo y una arquitectura organizacional interinstitucional multidimensional para enfrentar el socialismo del siglo XXI de Chávez y su guerra asimétrica asociada". Por tal motivo, hacía algunas recomendaciones al mando militar estadounidense.
Una de ellas, quizá a la que prestaron mayor atención fue la siguiente: "El Ejército podría desarrollar un diseño para usar las fuerzas armadas convencionales en roles no tradicionales encomendados por la nueva sociología del conflicto deliberado descrito anteriormente en el modelo de guerra asimétrica de Chávez y el modelo operativo paramilitar para el cambio radical obligatorio'.


El académico llegaba a la conclusión de que el mejor método para destruir el proyecto bolivariano era usar los preceptos de la guerra de cuarta generación —que arropa una cantidad enorme de doctrinas como la guerra no convencional, irrestricta, híbrida, molecular— en su contra. Manwaring apuntaba que "este tipo de conflicto es principalmente psicológico-político y está dirigido al terreno humano más que al territorio geográfico". A su parecer, el "centro de gravedad primario" no es militar, sino fundamentalmente de "opinión pública y liderazgo".
Las seis fases del modelo operativo paramilitar para el cambio radical obligatorio


Recientemente el senador ruso, Ígor Morózov, alertaba que Estados Unidos preparaba en Venezuela un cambio de Gobierno a través de la puesta en marcha de un nuevo plan de desestabilización. Expresaba la necesidad de que "todos los aspectos tecnológicos de la preparación de una nueva revolución de colores por Washington en Venezuela deben ser descubiertos y documentados. Hay que discutir obligatoriamente en el Consejo de Seguridad de la ONU los pasos ilegales que EEUU está preparando en este país".
Hacer visible y documentar la estrategia de desestabilización contra Venezuela, pasa por releer el texto de Manwaring. En este, quedan de manera bastante explícitas las fases que pretende transitar Estados Unidos para provocar un cambio de Gobierno en el país suramericano.


Primera fase (activada): se busca la inestabilidad y el caos en el país a través de la combinación de una guerra institucional (Asamblea Nacional, Tribunal Supremo de Justicia), una guerra económica (sanciones financieras y comerciales) y de los medios de comunicación (desinformación y propaganda).

Segunda fase (activada): emergencia de "un frente popular (político) de las clases medias" y personas u organizaciones afines para competir y debilitar al Gobierno. Se pretende "apoyar política y psicológicamente las guerras señaladas en la fase uno". En Venezuela, la creación de la coalición denominada Frente Amplio Venezuela Libre y Plan País son pruebas de esto.


Tercera fase (activada): la irrupción de embarcaciones de la transnacional Exxon Mobil en aguas venezolanas, son parte de esta etapa. Según Manwaring se intenta "fomentar los conflictos regionales" a través de iniciativas políticas, como las declaraciones del denominado Grupo de Lima, pero también con acciones militares "encubiertas, graduales y preparatorias para desarrollar y fomentar el apoyo popular a la guerra". Un aspecto a tener en cuenta en esta etapa sería el establecimiento y la defensa de "zonas liberadas (cuasiestados) dentro del Estado".


Cuarta fase (por reactivar): para lograr el desgaste y deslegitimación del Gobierno, se ponen en marcha "manifestaciones, huelgas, violencia cívica, violencia personal, mutilaciones y asesinatos". El objetivo es presentar al Estado como incapaz de llevar las riendas del país.


Quinta fase (por activar): un elemento ineludible sería "desarrollar milicias" en una escala local y regional para luchar en regiones geográficas de interés. En el caso venezolano, la frontera con Colombia luce como el área más viable para este tipo de conflicto. Bandas paramilitares colombianas como los Rastrojos —de donde proviene uno de los elementos que supuestamente tenía previsto atentar contra la vida del presidente de Colombia, Iván Duque— y los Urabeños, brindarían el soporte inicial para estas acciones. Sin embargo, con la llegada al poder de Jair Bolsonaro, no puede descartarse una práctica de desestabilización contra Venezuela desde la región sur, especialmente en las zonas mineras.


Sexta fase (por activar): para Manwaring esta sería la última de las acciones a emprender, luego de lograr "la desmoralización" del Ejército que sirve de bastión defensivo. En este caso, los brazos paramilitares —fase 5— serían apoyados con una fuerza militar de intervención multinacional, tal y como lo ha planteado el vicepresidente brasileño, Hamilton Mourao.

Atacar la esperanza


En el Pentágono reconocieron, hace tiempo, que era imposible derrotar al proyecto bolivariano si no se lograba menguar el nivel de bienestar social y económico alcanzado durante el segundo periodo del Gobierno de Hugo Chávez. Es decir, lograron un "análisis correcto" de la motivaciones y expectativas del venezolano promedio. También reconocieron, al igual que lo hace Manwaring, que "Chávez y sus partidarios comprenden la importancia de los sueños sobre la supervivencia y una vida mejor para una gran parte de la población. Esas son las bases del poder, todo lo demás es ilusión".


En la guerra planteada contra Venezuela, lo vital no es tanto golpear directamente al Gobierno —a sus fuerzas policiales o militares—, como socavar su base de respaldo popular y legitimidad. El desgaste que sufre la población a través de las distintas estrategias de sabotaje y ataque a su seguridad y bienestar personal son "medios probados para el debilitamiento de los Estados", asegura Manwaring.

Y más adelante argumenta con abrumadora certeza: "A menos que una sociedad perciba que su Gobierno trata los asuntos de seguridad personal, bienestar y desarrollo socioeconómico de manera justa y efectiva, el potencial de las fuerzas internas o externas para desestabilizar y subvertir un régimen es considerable. Los regímenes que ignoran esta lección a menudo se encuentran en una crisis de gobierno".


Por tanto, en esta fase de acciones la guerra está dirigida a explotar las vulnerabilidades de sus adversarios y a sus preceptos psicológicos. El caso reciente del magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, Christian Zerpa, que se ha marchado a Miami, es una prueba del escenario de corto plazo que se viene. No es una casualidad que algo así ocurriese, tal y como Manwaring lo explica: resulta sumamente efectivo utilizar "la complicidad, la intimidación, la corrupción y la indiferencia" para "cooptar discretamente a políticos, burócratas y personas de seguridad" del Gobierno a ser derrocado.

Por otro lado, existen tácticas que han sido probadas como ineficaces. Las protestas masivas son una de ellas. Aunque no vayan a ser descartadas, el enfoque ahora será la derrota sistémica del modo de vida de la población venezolana. El dólar paralelo rebasó la barrera de los 1.000 bolívares y el aumento de precios no da señales de ceder. En los centros de pensamiento del Ejército estadounidense, se dice con frecuencia que los cambios de Gobierno no son eventos, sino parte de un proceso.

Manwaring lo resume de la siguiente forma: "el proceso de fracaso estatal tiende a pasar de la violencia personal a un aumento de la violencia colectiva y el desorden social a los secuestros, los asesinatos la corrupción personal e institucional, la anarquía criminal y los desplazamientos internos y externos de la población. (…) El impulso de este proceso de violencia tiende a evolucionar hacia una violencia social más generalizada, una grave degradación de la economía y una capacidad gubernamental disminuida para brindar seguridad personal y colectiva y garantizar el Estado de derecho a todos los ciudadanos".


Si de algo debe cuidarse el Gobierno bolivariano es de caer en la trampa que la propia guerra no convencional produce: la crisis. Esto tiene dos lecturas, por un lado, el Gobierno no puede parecer irresponsable y mucho menos insensible ante el deterioro del bienestar de sus ciudadanos, pues tal como lo enseñó el filósofo Thomas Hobbes, una de las razones por la que los individuos ceden su libertad individual a un Estado, es para obtener a cambio garantías de protección. Devolvernos a la lógica del "hombre como lobo del hombre" es el arma para que los ciudadanos pierdan la fe en sus instituciones.


En un segundo aspecto y visto que el componente esencial de esta guerra va del plano de las condiciones materiales a las espirituales, y viceversa, resulta supremamente necesario que la comunicación política de un Gobierno sometido a una guerra multidimensional, no convencional, irrestricta, como la que se ve en Venezuela, no debe mantener a su base de apoyo en las tensas neblinas que la crisis promueve en los ánimos colectivos. Si no se habla con la verdad y de manera oportuna, las redes sociales digitales tomarán el asiento vacío que se les deje. Entonces, las falsas banderas y operaciones de información, estarán a la orden del día y la mente colectiva será guiada no por una política comunicacional que responda a la defensa de la soberanía territorial, sino por un laboratorio cuya agenda será la guerra civil.
Ganar o ganar, en el 'ajedrez del mago'


En los próximos días, la Asamblea Nacional de oposición y en franca alineación con el Departamento de Estado, ha dispuesto el tablero en el que aspiran se juegue la política venezolana de los próximos meses. Si queremos saber su naturaleza y alcance, veamos lo que tiene Max Manwaring que decir acerca de la guerra de cuarta generación.
Usando como metáfora el 'ajedrez del mago' que aparece en el libro 'Harry Potter y la piedra filosofal', Manwaring expone una cruda dinámica a la que no hace falta agregarle más palabras.


"En ese juego, los protagonistas mueven las piezas en silencio y sutilmente por todo el tablero de juego. Bajo la dirección estudiada de los jugadores, cada pieza representa un tipo diferente de poder directo e indirecto y podría realizar simultáneamente sus ataques letales y no letales desde diferentes direcciones. Cada pieza no muestra piedad contra su enemigo y está preparada para sacrificarse, para permitir que otra pieza tenga la oportunidad de destruir o controlar a un oponente, o de darle jaque mate al rey. Sin embargo, a largo plazo, este juego no es una prueba de pericia para crear inestabilidad, conducir la violencia o lograr algún tipo de satisfacción moral. En definitiva, es un ejercicio de supervivencia. La falla de un jugador en el ajedrez del mago es la muerte, y no es una opción", escribe Manwaring.

05:50 08.01.2019(actualizada a las 07:17 08.01.2019)

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Miércoles, 09 Enero 2019 06:02

EU castiga a los venezolanos

John Bolton, durante una comparecencia ayer en la Casa Blanca.

En línea con el afán de Estados Unidos (EU) de derrocar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de imponer en ese país un gobierno favorable a sus intereses, el Departamento del Tesoro del país vecino anunció ayer un nuevo paquete de sanciones contra la nación sudamericana. Entre las medidas económicas hostiles destacan diversas restricciones, prohibiciones y persecuciones comerciales y financieras contra 23 empresas venezolanas y siete personas físicas.


Poco después, el gobierno de Caracas presentó un recurso ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), y advirtió que tanto las restricciones comerciales como la prohibición de viajes a ciudadanos venezolanos incluidos en la “lista negra” de Washington son violatorias de las normas internacionales.


Más allá de tales señalamientos es claro que las represalias económicas y comerciales –que han sido por tradición uno de los instrumentos favoritos del intervencionismo estadunidense en el mundo–, suelen ser un mecanismo políticamente ineficaz, pero terriblemente lesivo para las poblaciones, las cuales acaban pagando las consecuencias en forma de penurias y caídas en sus niveles de vida y bienestar. El caso emblemático de esta consideración es el bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba desde hace casi seis décadas: esa medida, universalmente condenada año con año en la Asamblea General de las Naciones Unidas, ha impedido, en efecto, el crecimento económico de la isla y se ha traducido en un sufrimiento indecible para su población, pero no ha logrado que los cubanos depusieran su determinación de vivir en un modelo político y económico distinto al que Washington pretendía imponerles.


En la circunstancia actual de Venezuela, es evidente que las restricciones a los intercambios internacionales de dos decenas de empresas de ese país incrementarán las carencias, el desempleo y los problemas internos del país sudamericano. Y es paradójico que tales sanciones hayan sido adoptadas bajo el paraguas propagandístico e ideológico que le dio a Washington la declaración emitida el viernes anterior por el Grupo de Lima –que honrosamente la representación mexicana se abstuvo de firmar– en la que se tachó de “ilegítima” la presidencia venezolana, habida cuenta que ese cónclave dice actuar movido por el propósito de ayudar a los venezolanos a superar la crisis política y económica que padecen.
El injerencismo de los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía llegó al colmo de pedir que Maduro se abstuviera de tomar posesión mañana, cuando empieza su nuevo mandato.


Los problemas de Venezuela deben ser resueltos por los ciudadanos de ese país en forma pacífica, mediante el diálogo y la negociación política. La imposición de sanciones comerciales y financieras, así como las agresiones diplomáticas de gobiernos extranjeros no sólo no contribuyen a ello, sino que dificultan el entendimiento entre los venezolanos.

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