Quienes más saben de armas biológicas en el mundo son EU y Rusia, por lo que no pasa por alto que ahora Moscú y Pekín se enfoquen al rubro militar. Foto Ap

Hasta el rusófobo Financial Times (FT; 4/09/20) y Wall Street Journal (https://on.wsj.com/2QSZNzy) no tuvieron más remedio que admitir que la vacuna rusa Sputnik V provee una inmunidad creíble, segura y eficaz –con una producción sustancial de anticuerpos para combatir al ominoso Covid-19–, como demuestra la prestigiosa revista médica británica (sic) TheLancet (https://bit.ly/2QRZ6qi).

Es real el "momento Sputnik" de la vacuna rusa (https://bit.ly/3h056b7) pese al entendible escepticismo interesadamente farmacéutico de las empresas anglosajonas del Big Pharma que quedaron sembradas en el camino.

China, que ostenta también dos vacunas pioneras, ha entablado una cooperación con Rusia para probar mutua y clínicamente sus vacunas.

También Rusia y China están experimentando otras vacunas contra el Covid-19 con sus investigadores militares (sic).

Quienes más saben de "armas biológicas" en el mundo son EU y Rusia, por lo que no pasa por alto que ahora Moscú y Pekín se enfoquen al rubro militar cuando se desconoce si EU opera en el mismo sentido.

Ahora en EU quienes han criticado acerbamente a la vacuna rusa que se brincó la fase tres, se encaminan a imitar al Sputnik V para tener lista una vacuna tres días antes de la crucial elección presidencial en EU.

Pese a todos los bemoles, la vacuna británica de AstraZeneca se encuentra compitiendo el primer lugar con las vacunas chinas (sobre todo de CanSino).

El problema se ha vuelto exquisitamente geopolítico cuando la polémica OMS hoy se encuentra bajo la férula anglosajona del GAVI y de toda la fauna farmacéutica de Bill Gates y Michael Bloomberg que controlan las investigaciones y las mentes de sus epidemiólogos (https://bit.ly/3jRK0xv).

El otrora prestigioso Food and Drug Administration (FDA; por sus siglas en inglés) y Centers forDisease Control and Prevention dejaron entrever que están dispuestos a acelerar la "vacuna electorera" y tenerla lista tres días antes de la elección presidencial, por lo que enviaron una guía a cada Estado para prepararse a la distribución de la vacuna desde el primero de noviembre, en particular, para los grupos de "alta prioridad".

El doctor Stephen Hahn, comisionado de la FDA, en una entrevista para FT (30/08/20), comentó que su aceleración para saltarse la fase tres no estaba encaminada a ayudar la relección de Trump.

Por cierto, Trump había acusado previamente a miembros de su archienemigo “Estado profundo ( Deep State)” de estar trabajando dentro del FDA para complicar los esfuerzos de pruebas clínicas de las vacunas contra el Covid-19 con el fin de "retrasar los resultados hasta después de la elección presidencial del 3 de noviembre".

De forma inmediata, al día siguiente de la filípica de Trump, el FDA otorgó un "uso de autorización emergente" para el tratamiento (sic) contra el Covid-19 que usa plasma sanguíneo de los pacientes recuperados”.

FT –junto al TheEconomist de la banca Rothschild controladora de George Soros –nunca ha ocultado su aversión a Trump y advierte que la decisión del doctor Hahn, director del FDA, de dar el visto bueno a la vacuna "probablemente sea una de las más importantes y sensibles en la historia de la salud pública de EU".

El doctor Hahn comentó que no va a afectar su decisión la "convergencia de la pandemia con la temporada (sic) política".

A propósito, el controvertido gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, del Partido Demócrata, quien ha chocado con Trump por el manejo de la pandemia, criticó la "conveniencia" de tener a la mano un "medicamento milagroso (sic) para el día de la elección", sin especificar si se trataba de la polémica "vacuna electorera" que se sacó de la manga el FDA (https://bit.ly/351TVwe).

Como era de esperarse, Trump, comentó que no estaba buscando que la vacuna contra el Covid-19 se apruebe el primero de noviembre con propósitos para su relección, sino porque deseaba "salvar a la gente" (https://bit.ly/3i1xz1p).

Una "vacuna electorera" a tres días de los sufragios beneficiará más a Trump que a Biden.

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Sábado, 05 Septiembre 2020 06:04

El retador

El retador

La creciente presencia china en América Latina

 

Mientras desplaza a Estados Unidos como la vanguardia del desarrollo tecnológico mundial, China incursiona también en su “patio trasero”. No sólo se ha encumbrado como primer comprador de buena parte de los países latinoamericanos, sino que además ofrece a la región sendos acuerdos en sectores de alto valor agregado. Todo esto, mientras hace gala de un pragmatismo desconocido para su rival.

¡Sonreí, te están filmando! Si estás leyendo este artículo en algún lugar público de Montevideo, mirá a tus alrededores, pues es altamente probable que una cámara de seguridad te esté grabando. En 2008 el Ministerio del Interior uruguayo firmó un acuerdo por 12 millones de dólares con ZTE, una sociedad china de tecnología, para dotar el país de un plan de seguridad basado en infraestructuras de transmisión de datos, tecnología VoIP, cámaras en los centros públicos de la capital (el estadio Centenario, el Centro, los parques, entre otros) y los centros de detención en Canelones y Maldonado, y un sistema de reconocimiento facial en los puntos de migración. Otros acuerdos similares entre Montevideo y Beijing han sido firmados en los últimos años.

El caso uruguayo es apenas una parte de la iniciativa china de construir smart cities (ciudades inteligentes), «estrategias de planificación urbanística relacionadas con la innovación y las tecnologías de la comunicación para mejorar la vida de los ciudadanos», de acuerdo con Simone Pieranni, periodista de Il Manifesto y autor del libro  Red Mirror. Il nostro futuro si scrive in Cina (Laterza, 2020). «China se afirmó como uno de los proveedores mundiales de proyectos de smart cities», explicó a Brecha Pieranni, quien en 2019 visitó Terminus, una empresa china que vende soluciones para ciudades y edificios residenciales y que ya realizó 6.891 proyectos de smart cities en China, involucrando a una población de 8 millones de personas.

Terminus promete construir ciudades inteligentes con «carreteras residenciales bordeadas de una exuberante vegetación, donde las gotas del rocío se deslizan desde las hojas más altas de los árboles hasta los tejados cargados de paneles solares, y luego hasta su lugar de descanso final en la hierba», contó Pieranni. «Hay un latido del corazón, no sólo en la naturaleza circundante, sino también en las estructuras mismas. Cuando la luz del sol llega a las casas, las ventanas de los dormitorios ajustan su opacidad para permitir que la luz natural despierte a los residentes adormilados. Una vez que la luz ha llenado la habitación, un ama de casa virtual llamada Titán selecciona tu desayuno, combina tu atuendo con el clima y presenta un itinerario completo para tu día utilizando una solución de transporte inteligente. Después del desayuno, subís a tu vehículo inteligente y totalmente automatizado y comenzás tu viaje interurbano a la ciudad explorando las noticias del mercado global, ¡recomendadas por un algoritmo, por supuesto!», añadió. Pero sospecha de este mundo eficiente y sustentable: «¿Quién podrá pagar para vivir en estas ciudades? La sustentabilidad ambiental de las smart cities se alimenta de la explotación de los recursos naturales, como el litio y el cobalto para las baterías, que dejan una gran huella ambiental. Una minoría vivirá en ciudades sustentables; la gran mayoría, en lugares contaminados».

Lo cierto es que el dragón ya no es la fábrica global de copias de mala calidad. En la actualidad es el país que crea el marco tecnológico en el cual los demás tienen que conformarse. ¿Un ejemplo? En China, la aplicación Wechat, que permite hacer cualquier transacción sin usar efectivo, registró 1.200 millones de transacciones diarias en 2018.  Mark Zuckenberg, fundador de Facebook y estudiante de mandarín, observa de cerca el modelo de Wechat y en junio lanzó en Brasil un experimento para transferir plata por Whatsapp, una aplicación de su propiedad.

DE LA TIERRA A LA LUNA

Este ascenso chino a la vanguardia del desarrollo tecnológico mundial ha ido en detrimento de quien hasta ahora ocupaba ese rol: Estados Unidos. Y esa rivalidad no parece desenvolverse de un modo muy pacífico. Según la periodista y sinóloga de la Universidad de Venecia Giada Messetti: «En los próximos diez o 15 años se crearán dos sistemas de Internet, uno guiado por los estadounidenses y otro, por los chinos». La disputa entre China y Estados Unidos por acaparar Internet registró un nuevo capítulo el 6 de agosto, con el decreto del presidente Donald Trump que obliga a la empresa de tecnología Bytedance a vender sus acciones de la red social Tiktok en Estados Unidos, por razones, según Washington, «de seguridad nacional». Pero la gran batalla del momento es la del 5G (véase «Bajo los ojos del dragón», Brecha 26-VI-20). La avanzada china –a través de Huawei, principalmente– tiene uno de sus frentes en el mercado de usuarios de celulares de América Latina. La pregunta abierta es: ¿qué harán los gobiernos de esta región?

La presencia china en América Latina se ha fortalecido durante las últimas décadas, principalmente a través del comercio de materias primas y manufacturas. Beijing es un socio comercial de primer nivel desde hace años: ha derrocado a Europa y ha alcanzado a Estados Unidos. Si en 1998 las exportaciones chinas a América Latina representaban sólo el 3,7 por ciento de las de Estados Unidos, en 2018 pasaron a representar el 59,1 por ciento (Banco Mundial, 2020). Estos datos toman en cuenta a México, a cuya economía –organizada en torno al mercado estadounidense– Washington no tiene la menor intención de dejar escapar, como lo demuestra la cláusula contenida en el T-MEC que implica que si uno de los Estados socios firma un acuerdo comercial con un país «sin economía de mercado» –léase China–, los otros dos miembros pueden abandonar el tratado. Si nos fijamos únicamente en la balanza comercial al sur del Canal de Panamá, el bote ya se inclina a favor de Beijing: en 2018 China comerciaba con América del Sur por más de 200.000 millones de dólares y superaba a Estados Unidos. La región es la respuesta a la demanda de materias primas chinas: soja de Brasil, Argentina y Uruguay; litio y cobre de Chile; petróleo de Venezuela y Ecuador.

Pero en los últimos años el comercio sino-latinoamericano se ha extendido más allá de los productos básicos y ha incluido de forma creciente los sectores de alto valor agregado. Acuerdos de cooperación en el ámbito tecnológico y científico han permitido a Bolivia, Ecuador y Venezuela lanzar satélites espaciales y han estimulado la investigación astronómica de Chile gracias a proyectos financiados por el Centro  Sudamericano para la  Astronomía de la Academia de Ciencias de China. Hablando de estrellas, cabe mencionar la estación espacial china en Neuquén, en la Patagonia argentina, un pied-à-terre del Ejército chino en el hemisferio austral, que ha contribuido a la exploración del lado más lejano de la luna y al desarrollo de Beidou, la alternativa made in China al GPS, presentada internacionalmente a comienzos de agosto. En muchas capitales de la región –Montevideo, Santiago de Chile, La Habana, San Pablo y Buenos Aires– ya circulan buses eléctricos fabricados con capitales chinos. El año pasado el consorcio APCA Transmetro, formado por dos empresas chinas, ganó la licitación pública para construir el largamente proyectado metro de Bogotá.

RELACIONES SUR-SUR

En 2003 cuatro países del sur global –Brasil, India, China y Sudáfrica– constituyeron, junto con Rusia, el grupo BRICS, con el fin proclamado de construir un mundo multipolar. El objetivo fue parcialmente logrado con el surgimiento del foro G20 y con nuevas instituciones financieras alternativas al Fondo Monetario Internacional, como el Nuevo Banco de Desarrollo. Fue en ese marco que se profundizó la relación entre dos miembros del grupo, China y Brasil. Durante el largo ciclo de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) (2003-2016), se buscó «construir un nuevo estatus internacional para Brasil, en el marco de las relaciones sur-sur y de una mayor autonomía de Washington», dijo a Brecha Daniel Cardoso, profesor de la Universidad Autónoma de Lisboa y experto en política exterior brasileña. «Se trató de un cambio estructural en la política exterior brasileña. [Luiz Inácio] Lula da Silva fue el primero en apostar por una relación estratégica con los países del sur del mundo durante la postdictadura», agregó.

En ese camino, Lula encontró en China un socio de primer nivel, con el que compartía un discurso en materia de política económica alternativo al neoliberal: para resultar ganadores en la globalización, ambos consideraban crucial la participación del Estado en la economía. Entre 2000 y 2011 el comercio bilateral sino-brasileño creció 3.200 por ciento y llegó a totalizar 78.000 millones de dólares en 2014. La adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio, en 2001, se acompañó con una estrategia de la industria brasileña de aumento de sus exportaciones de minerales, combustibles y productos agrícolas a Beijing. En 2012 las relaciones políticas entre ambos países se elevaron al nivel de asociación estratégica global. Según nos explicó Cardoso, la relación se basó en la interdependencia de ambas economías (China es el primer socio comercial de Brasil), los objetivos compartidos (la reforma del esquema de gobernanza global) y los cambios en la estructura política internacional (la aparición del BRICS y su estrategia para un mundo multipolar).

La llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia cambió las prioridades de Brasil. China sigue siendo un socio imprescindible, sobre todo en cuanto al comercio y la inversión extranjera. En la campaña electoral de 2018, Bolsonaro atacó a China en varias ocasiones y llegó a afirmar que el gigante asiático compraba Brasil y no a Brasil. Una vez elegido presidente, el excapitán tuvo, sin embargo, que moderar sus acusaciones de colonialismo. Pero, aunque la relación económica bilateral no está en discusión, se puede observar un efecto Bolsonaro en el ámbito político. El Brasil actual apuesta a acceder al grupo de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos –el club de los países más desarrollados– y reorientar su política exterior hacia Washington. Al menos formalmente, Bolsonaro cuida la relación con el BRICS. Sin embargo, «las discusiones en la última cumbre fueron más superficiales, especialmente en temas de seguridad, por temor a que Brasil filtre información sensible de Estados Unidos. Estas señales de desconfianza amenazan la fuerza del BRICS como actor político. Bolsonaro tiene una relación con Beijing que no es política, sino económica. Ya no hay estrategias compartidas, como en la época del PT», concluyó Cardoso.

CRÉDITO Y TECNOLOGÍA POR PETRÓLEO

En Venezuela, China juega un papel protagónico y toca un nervio sensible de Estados Unidos, cuyos intentos de derrocar a Nicolás Maduro se han estancado. Beijing apoya al gobierno en funciones, pero lo hace desde una posición pragmática más que ideológica. Las relaciones sino-venezolanas se basan en un elemento fundamental: el petróleo. El vínculo se consolidó durante las presidencias de Hugo Chávez (1999-2013), cuando Venezuela fue el primer país de la región en suscribir un pacto estratégico de desarrollo con Beijing. En 2001, para celebrar la firma del pacto en el Palacio de Miraflores, el presidente chino, Jiang Zemin, y Chávez cantaron, junto con Julio Iglesias, el bolero «Solamente una vez». La inversión china en Venezuela –la más alta de la región– se caracteriza por el crecimiento de su mano de obra en ese país: en 2013 había 400 mil chinos en Venezuela. La cooperación entre ZTE y empresas venezolanas permitió la creación, en 2009, de Vergatario, el primer teléfono celular desarrollado en el país caribeño y, en 2016, la del llamado carnet de la patria, un documento tecnológico de identidad que permite acceder a servicios públicos y ayudas del Estado, al tiempo que abastece una base de datos nacional.

El desarrollo del carnet venezolano estuvo inspirado en el más complejo y ambicioso sistema de puntuación social con el que China experimenta desde 2018, que apunta a establecer un registro digital unificado de todos sus ciudadanos, lo que le permite al gobierno hacerles un seguimiento en tiempo real y evaluarlos de acuerdo a su «confiabilidad». El sistema, aún en la etapa de prueba, ha sido criticado por Human Rights Watch y varios gobiernos occidentales. También en una línea crítica, Giorgio Cuscito, editor de la revista italiana de geopolítica Limes, afirmó que, a través de acuerdos como los firmados por ZTE con Venezuela, Beijing busca testear su tecnología de monitoreo de la población más allá de sus fronteras nacionales (Limes, 16-IV-19).

En 2007, en tanto, nació el fondo conjunto China-Venezuela, basado en la emisión de crédito a cambio de petróleo y construcción de infraestructura. Por ese medio Venezuela recibió 67.200 millones de dólares. Hasta el momento, sólo ha devuelto la mitad, lo que explica la preocupación de Beijing por la inestabilidad venezolana, que podría volverse una trampa crediticia. China también ha garantizado cuantiosos préstamos a otros países de la región, que han superado los del Banco Mundial y los del Banco Interamericano de Desarrollo, a menudo reembolsados con materias primas, como en el caso de Ecuador y sus envíos de petróleo al dragón.

PARANOIA VS. PRAGMATISMO

En el largo plazo, la posición china en Venezuela puede contrapesar los intereses de Estados Unidos en Asia, así que las relaciones con Caracas tienen un valor no solamente económico, sino también geopolítico en el juego de ajedrez entre Washington y Beijing. El caso muestra, además, las diferencias entre China y Estados Unidos en su relacionamiento con América Latina. Según la doctrina Monroe, América Latina es el patio trasero de Washington, una zona de influencia exclusiva donde no se acepta la interferencia de otras potencias globales. Esto se ha traducido históricamente en una postura paranoica con respecto a la región, una fuente constante de preocupación, por la que se han justificado intervenciones directas –como las decenas de invasiones a México, Centroamérica y el Caribe–, embargos, planes de desestabilización y apoyo a golpes de Estado, y esquemas represivos –como el Plan Cóndor–. En los últimos tiempos, sin embargo, Estados Unidos no ha tenido una agenda política clara y específica para la región. El último intento, la apertura de Barack Obama a Cuba, fue bloqueado por Trump.

China, en cambio, tiene una postura mucho más pragmática con respecto a América Latina: se relaciona con comodidad tanto con el gobierno bolivariano de Caracas como con el neoliberal chileno. No se entromete en asuntos de política interna. Sin embargo, también busca el consenso popular. Así como Hollywood sirvió para difundir los mitos estadounidenses durante la Guerra Fría, el soft power chino quiere usar el fútbol para presentar una imagen positiva del país en el mundo. Mientras a clubes de Europa –como el Inter de Milán y el Atlético de Madrid– llegan nuevos propietarios chinos, en las camisetas de la selección de Panamá, Alianza Lima y Club América se destaca el logo de Huawei. China tiene como principal objetivo en este terreno celebrar el Mundial 2030, el del centenario, en el celeste imperio.

Por Federico Nastasi

4 septiembre, 2020

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Sábado, 05 Septiembre 2020 05:42

El gasoducto incómodo

Un tramo del Nord Stream 2 durante su construcción en Lubmin en marzo del 2019: cada tramo de tubería mide 12 metros (TOBIAS SCHWARZ / AFP)

La dureza alemana con Rusia por el caso Navalni choca con su economía

 

Pronunciar frases contundentes suele resultar más sencillo que materializar su tránsito hacia actos concretos, y en ese incómodo escenario se encuentra Alemania desde que el miércoles su canciller, Angela Merkel, exigió al Gobierno ruso respuestas sobre el envenenamiento del opositor Alexéi Navalni, hospitalizado en Berlín. Ese día, el Ejecutivo notificó que un laboratorio militar alemán había hallado “pruebas inequívocas” de que Navalni fue envenenado con el agente neurotóxico Novichok. Merkel anunció que, con los socios de la UE y los aliados de la OTAN, su país buscaría una “respuesta común adecuada”.

En contraste con la dureza de esta iniciativa política de condena alemana a Rusia, en el mar Báltico se está ultimando la construcción del gran proyecto ruso-alemán Nord Stream 2, un gigantesco gasoducto que enviará más gas natural de Rusia a Alemania. En la localidad costera de Lubmin existe ya desde el 2012 una conexión gasística germano-rusa, el Nord Stream 1, y cuando el segundo gasoducto esté terminado, sumando ambos el gigante energético estatal ruso Gazprom podrá inyectar 110.000 millones de metros cúbicos de gas al año en el mercado europeo.

Ahora, partidos de la oposición como Alianza 90/los Verdes y el centrista FDP, pero también algunos dirigentes de los partidos de la coalición de Gobierno (conservadores y socialdemócratas), presionan a Merkel para que dé carpetazo al gasoducto como respuesta a Moscú por el caso Nalvani. “Este abierto intento de asesinato a través de estructuras de tipo mafioso del Kremlin no sólo debería preocuparnos, sino que necesita tener consecuencias reales”, dijo Karin Göring-Eckardt, cojefa del grupo parlamentario ecologista. “Tras el envenenamiento de Navalni necesitamos una respuesta europea fuerte, que Putin entienda; la UE debería decidir de modo conjunto parar el Nord Stream 2”, tuiteó el democristiano Norbert Röttgen, presidente del comité de Asuntos Exteriores del Bundestag y uno de los aspirantes a liderar el partido.

Otra cuestión es que lo que reclaman sea factible. “Toda la actual discusión política sobre el Nord Stream 2 no es realista si de lo que se habla es de pararlo, porque hay demasiadas empresas europeas en el consorcio y el gasoducto está casi terminado –sostiene Carlo Masala, catedrático de Política Internacional de la Universidad de la Bundeswehr (ejército) en Munich–. Pero no se puede descartar que haya una moratoria temporal”.

El proyecto Nord Stream 2 supone unos 8.400 millones de euros financiados por un consorcio liderado por Gazprom que incluye a cinco empresas europeas: las alemanas Uniper /E.ON y Wintershall (filial de BASF), la anglo-neerlandesa Shell, la austriaca OMV y la francesa Engie. Los rusos desembolsan la mitad de esta cantidad, y el resto a razón de unos 950 millones cada uno. Y en efecto, el nuevo gasoducto de doble tubería (también el Nord Stream 1 es doble) está casi acabado; quedan apenas 150 kilómetros de tuberías de acero recubierto de hormigón por colocar en el fondo marino. Cuando esté listo, serán en total 1.230 kilómetros de conexión bajo el agua entre la bahía de Narva, en el oblast de Leningrado, y Lubmin, en la costa alemana del Báltico.

Si el gasoducto genera división en la propia Alemania, en muchos países es visto hace tiempo como una muestra de cooperación selectiva con Rusia en aras del beneficio económico. Para más inri, preside el consejo de administración de Nord Stream –y de la petrolera rusa Rosneft– el excanciller socialdemócrata Gerhard Schröder, fichado para tal fin por el propio presidente ruso, Vladímir Putin, de quien el alemán se declara gran amigo.

El calado geopolítico del monumental proyecto se aprecia en la inquietud que genera en los países del Este, sobre todo Polonia, y en los recelos que despierta también en la Europa occidental. Al tiempo, el gasoducto báltico emerge como una herramienta de Putin para aislar a Ucrania, tradicional país de tránsito de gas ruso hacia Europa.

De hecho, desde la anexión de Crimea por Putin en marzo del 2014 y el conflicto en el este ucraniano (Donbás) con rebeldes prorrusos apoyados por Moscú, las relaciones germano-rusas han estado sometidas a gran tensión. Alemania fue uno de los principales impulsores de la política de sanciones de la UE, y Merkel ha respaldado siempre esta estrategia de contención.

Pero la realidad al completo es más poliédrica. “La política exterior alemana, así como las empresas y la sociedad civil, a menudo se ven a sí mismas como un puente entre Occidente y Rusia, y mantienen una amplia gama de contactos, o actúan como intermediarios”, explica la politóloga Sarah Pagung, especialista en relaciones germano-rusas del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (DGAP), un instituto independiente de investigación en Berlín. Sin embargo, alerta Pagung, “este enfoque está dando paso cada vez más a una política de crítica y, a veces, de confrontación”.

Y el caso Navalni ha zarandeado los equilibrios. La presencia en el organismo del opositor envenenado del agente nervioso Novichok, desarrollado en los años setenta del siglo pasado por la entonces Unión Soviética, “no prueba la participación de actores estatales rusos, pero es un fuerte indicador”, dice Sarah Pagung. Según la politóloga, “ahora el Gobierno alemán tendrá que dar continuidad con hechos concretos a su fuerte reacción verbal, si no quiere volverse inverosímil”.

Cortar el Nord Stream 2 sería una acción extrema, y “en vista de que el gasoducto está ya completo en más del 90%, y las cinco empresas europeas participantes, entre ellas dos empresas alemanas, han invertido 5.000 millones de euros, es bastante improbable una salida alemana del proyecto”, dice Pagung. Ella ve más probable que el Gobierno alemán opte por otro tipo de conductas, como congelación de cuentas bancarias o restricciones a los viajes.

“Nuestra opinión es que el Nord Stream 2 debe ser terminado; no creo que sea apropiado relacionar este proyecto operado por empresas con la cuestión de Navalni”, sentenció el pasado 28 de agosto la canciller Merkel en su tradicional rueda de prensa de verano. Para entonces, el opositor ruso llevaba casi una semana ingresado en coma en el hospital berlinés Charité.

El politólogo Carlo Masala recuerda que “en realidad en el Gobierno federal están casi todos en contra del proyecto, y sólo la Cancillería y el Ministerio de Economía se aferran a él”. Masala llama a fijarse en el respaldo al Nord Stream 2 de la socialdemócrata Manuela Schwesig, presidenta de Mecklemburgo-Antepomerania. En ese land con costa báltica se halla el punto de llegada a Alemania del gasoducto.

María-Paz López, Berlín. Corresponsal

05/09/2020 00:52| Actualizado a 05/09/2020 02:17

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Bolsonaro destruye la industria militar brasileña

"Aquí en Brasil las cosas van a mejorar mucho", dijo el presidente de Taurus, SalesioNuhs, en una entrevista con Sputnik en abril de 2019. El entusiasmo provenía de la decisión del nuevo presidente Jair Bolsonaro, de flexibilizar la tenencia y porte de armas, lo que podría multiplicar sus ventas.

Taurus es el mayor fabricante de revólveres del mundo, pero en Brasil vende apenas el 8% de su producción. EEUU es el principal mercado de la empresa brasileña, que tiene tres plantas industriales en Brasil y una en Miami, con casi 3.000 empleados. Solo la fábrica del estado de Rio Grande do Sul produce cada día 4.000 armas.

Pese a ser un fabricante reconocido cuyas armas han recibido diversos premios internacionales, Taurus decidió priorizar su producción en EEUU en detrimento de las fábricas en Brasil.

Poco más de un año después de aquel entusiasmo, Salesio Nuhs lamentó que la empresa "debe generar empleos y riqueza en otro país, en virtud de una legislación que hoy beneficia sólo a las industrias extranjeras que exportan a Brasil, sin que ninguna de ellas tenga compromiso con el bienestar ni con el progreso de nuestro pueblo, todo lo contario, en especial en este momento de grave crisis económica".

Folha de Sao Paulo informa que otras tres empresas destacadas de la industria de defensa están preparadas para emigrar a Paraguay, Uruguay y EEUU. Un contrasentido, ya que la industria exportó en 2019 más de 1.300 millones de dólares, tiene una red de subsidiarias que dan empelo a más de un millón de trabajadores y es un sector con importante desarrollo tecnológico.

El presidente de Taurus arremete contra las trabas burocráticas y las ventajas que el Gobierno le otorga a las empresas extranjeras. Mientras la industria brasileña necesita que sus productos sean homologados, proceso que puede demorar hasta tres años con el consiguiente desfasaje tecnológico de los productos, ese proceso no se les exige a las extranjeras.

De ahí que el presidente de Taurus, líder mundial en pistolas, señale que "vamos a producir en EEUU y vender para acá, pues así no sufrimos esas barreras tributarias y regulatorias". La empresa, señala el CEO, vive un momento positivo ya que cuenta con pedidos pendientes de 852.000 armas.

El último conflicto surgió cuando el diario O Globo difundió que el Ministerio de Justicia abrirá una oficina en Washington para la compra de armas, municiones, uniformes y vehículos de transporte que se fabrican en Brasil. La Policía Federal estima que comprando en EEUU pueden ahorrar hasta un 40%.

Los fabricantes aseguraron a Folha que 73% del costo de una pistola son impuestos. Según este medio, la Comisión del Ejército Brasileño en Washington es una "entidad opaca, fuera del alcance del Tribunal de Cuentas de la Unión, de la Ley de Licitaciones y de la legislación estadounidense", lo que equivale a acusarla de corrupción.

Más aún, asegura que "sus negocios, como los de las otras dos fuerzas" (que también tienen oficinas en Washington), "son notoriamente nebulosos". También el Sindicato de la Industria de Material de Defensa se queja de "falta de transparencia y de igualdad en las regulaciones que puede obligar a la industria nacional a llevar sus fábricas fuera del país".

La reacción más dura provino de los empresarios agrupados en la Asociación Brasileña de Industrias de Material de Defensa y Seguridad (ABIMDE), que libraron un comunicado, el 27 de agosto, titulado "Nota de repudio", donde manifiestan su "espanto" por la apertura de la oficina en Washington para la compra de material de defensa.

La asociación denuncia una "competencia absurdamente desleal en detrimento de la industria nacional y a favor de las empresas extranjeras", se queja de la pesada carga tributaria, del exceso de burocracia y de una logística de transporte cara e ineficiente. "La industria extranjera, al contrario, tiene su producción completamente eximida de impuestos en sus países de origen y cuando exportan a Brasil tampoco pagan impuestos a la llegada cuando sus destinatarios son organismos públicos".

Agrega algo casi obvio: "La industria de defensa es estratégica y vital para la soberanía nacional, pues la extrema dependencia de armas y equipamientos importados sujetaría a Brasil a la buena voluntad de países extranjeros". Finaliza recordándole a Bolsonaro su discurso cuando asumió la presidencia: "Brasil primero".

El 18 de agosto el Comando del Ejército emitió una ordenanza que establece nuevas normas reguladoras y procesos de evaluación para productos que controla la fuerza. Le concede dos años a las empresas extranjeras para adaptarse a las reglas del país, mientras los fabricantes locales siguen sufriendo demoras en la homologación de sus productos.

El editorial de Defesanet, página especializada en asuntos militares que refleja la opinión de oficiales retirados, del 28 de agosto, menciona el "fin de la base industrial de Defensa", como consecuencia de la política del Gobierno y denuncia la complacencia del alto mando militar que se ha refugiado en su "zona de confort".

Parece evidente que las élites políticas y militares de Brasil están naufragando y hundiendo al país por falta de visión estratégica, corrupción y sometimiento a EEUU y al Pentágono.

De otro modo no puede entenderse una política que está hundiendo al mayor complejo industrial militar del hemisferio sur, que nació bajo la dictadura militar (1964-1985) y se fortaleció bajo los gobiernos del Partido de los Trabajadores (2003-2016). Esta industria fabrica desde pistolas y fusiles hasta tanques y barcos de guerra, desde cazas de cuarta generación hasta submarinos.

El objetivo del complejo militar-industrial de Brasil, como el de cualquier país, es asegurar la independencia y la soberanía nacional. Algo que viene definido en la Estrategia Nacional de Defensa aprobada en 2008 y que fue uno de los ejes de la Escuela Superior de Guerra, creada en 1949, como centro de altos estudios en defensa y geopolítica.

Fue el principal thinktank del Sur del mundo, con capacidad para formular una geopolítica propia, distinta a la que emiten las potencias del Norte. En sus cursos anuales se formaron los principales cuadros militares e industriales de Brasil, que llevaron al país a convertirse en la quinta potencia del planeta, con expectativas para situarse como jugador global (global player) con destacado liderazgo regional.

Todo indica que las élites militares de Brasil no están a la altura de los cambios que está experimentando el mundo y que optaron por cobijarse bajo el paraguas del Pentágono. Con el tiempo habrá que ver qué beneficios personales están obteniendo los uniformados que se prestan a hundir un proyecto estratégico de larga duración, que podría haber alterado la relación de fuerzas en Sudamérica.

20:55 GMT 03.09.2020URL corto

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Juego de sombras: la alianza euroasiática está más cerca de lo que se cree

Detrás de la niebla de las informaciones se acerca un reordenamiento mundial con el continente euroasiático como protagonista.

Hemos visto cómo China está planeando meticulosamente todos sus decisivos movimientos geopolíticos y geoeconómicos hasta el 2030 y más allá.

Lo que están a punto de leer a continuación proviene de una serie de conversaciones con analistas de inteligencia, y puede ayudar a bosquejar los lindes del actual gran tablero de ajedrez de la política mundial

En China, está claro que el camino a seguir apunta a impulsar la demanda interna, y ha dirigir toda su política monetaria para consolidar la construcción de industrias nacionales de nivel mundial.

Paralelamente, en Moscú se discute: ¿Rusia debe seguir el mismo camino?

Según un analista de inteligencia ruso, «Rusia no debería importar nada, salvo las tecnologías que necesita hasta que pueda crearlas por sí misma y exportar sólo el petróleo y el gas que se requiere para pagar las importaciones. China necesita recursos naturales, lo que hace que Rusia y China sean aliados insuperables. Una nación debería ser tan autosuficiente cuanto le sea posible».

La estrategia del Partido Comunista de China (PCCH) fue delineada por el Presidente Xi en la reunión del Comité Central del 31 de julio… y fue en contra de un ala neoliberal el partido que han soñado con la conversión del partido en una organización socialdemócrata al estilo occidental y supeditada a los intereses del capital occidental – ¿colaboracionistas?

Comparar la velocidad del desarrollo económico de China con el de los Estados Unidos es como comparar un Maserati Gran Turismo (con un motor V8 ) con un Toyota Camry.

China, proporcionalmente, tiene una reserva de generaciones jóvenes muy bien educados; una migración rural-urbana acelerada; una rápida erradicación de la pobreza; gran capacidad de ahorro de su población; un sentido cultural de gratificación diferida; una sociedad -confucionista- con disciplina social y con una inteligencia racionalmente educada.

El proceso de que China comercie cada vez más consigo misma será más que suficiente para mantener el necesario impulso para un desarrollo sostenible.

El factor hipersónico

Mientras tanto, en el frente geopolítico, el consenso en Moscú (desde el Kremlin hasta el Ministerio de Relaciones Exteriores) es que la administración Trump no es «capaz de llegar a un acuerdo», un eufemismo diplomático que se refiere a un grupo de embusteros que tampoco es «capaz de actuar legalmente». Otro eufemismo que se aplica, por ejemplo, a la ruptura de los acuerdos por parte de Trump.

El Presidente Putin ha dicho en el pasado reciente que negociar con el Equipo Trump es como jugar al ajedrez con una paloma chiflada: un pájaro que camina por sobre el tablero de ajedrez, caga indiscriminadamente, derriba piezas, declara la victoria y luego huye.

En contraste, el gobierno ruso invierte su tiempo en construir una alianza euroasiática uniendo a Alemania, Rusia y China.

Este escenario se aplicará en Alemania después de Frau Merkel. Según un analista estadounidense, «lo único que frena a Alemania es que pueden perder sus exportaciones de coches a los Estados Unidos. Pero esto puede suceder de inmediato debido a la tasa de cambio dólar-euro, con el euro cada vez más fuerte».

En el frente nuclear, y yendo mucho más allá de la actual situación en Bielorrusia (ya que no habrá ningún Maidan en Minsk) Moscú ha dejado muy claro que cualquier ataque con misiles de la OTAN será interpretado como un ataque nuclear.

El sistema de misiles defensivos de Rusia -incluyendo los ya probados S-500, y los nuevos S-600- podrían ser un 99% efectivos. Esto significa que los rusos tendrían que absorber algún tipo de castigo. Por esta razón Rusia ha construido una extensa red de refugios antinucleares, en las grandes ciudades, para proteger al menos a 40 millones de personas.

Los analistas rusos explican que el enfoque defensivo de China está en la misma línea. Pekín estaría desarrollando –si no lo ha hecho ya– un escudo defensivo, con capacidad para contraatacar un ataque de misiles nucleares estadounidenses.

Los mejores analistas rusos, como Andrei Martyanov, saben que las tres principales armas de una posible próxima guerra serán; los misiles, los submarinos (ofensivos y defensivos) y las herramientas de guerra cibernética.

El arma clave hoy en día –y los chinos lo entienden notoriamente– son los submarinos nucleares. Los rusos han observado que China está construyendo una flota de submarinos –con misiles hipersónicos– mucho más rápido que los EEUU. Las flotas de superficie están obsoletas. Una miríada de submarinos chinos puede acabar fácilmente con una fuerza de ataque de un portaaviones. Las fuerzas de ataque de los portaaviones estadounidenses tienen muy poco valor en las actuales circunstancias.

Lo que estimula a China a obtener la mayor parte de sus recursos energéticos por tierra desde Rusia se explica por una estratégica: esta será la ruta segura en el caso que los mares queden bloqueados – al tráfico comercial– por una guerra entre Estados Unidos, por un lado y Rusia y China por el otro.

Incluso si los oleoductos son bombardeados, estos pueden ser reparados en muy poco tiempo. De ahí la importancia que tiene para China la serie de proyectos conjuntos con empresa Gazprom de Rusia.

El factor Ormuz

Un secreto muy bien guardado en Moscú es que justo después de las sanciones alemanas impuestas en relación con Ucrania, un importante operador mundial de energía se acercó a Rusia con una oferta para desviar a China no menos de 7 millones de barriles al día de petróleo más una inmensa cantidad de gas natural. Pase lo que pase, la propuesta sigue sobre la mesa de un asesor de petróleo y gas del Presidente Putin.

En el caso de que eso ocurriera, China se aseguraría de todos los recursos naturales que necesita. Bajo esta hipótesis, la lógica rusa sería evitar las sanciones alemanas cambiando sus exportaciones de petróleo a China, que desde el punto de vista ruso es más avanzada en tecnología de consumo que Alemania. Por supuesto este escenario no ha impedido la inminente conclusión de Nord Stream 2.

Los servicios de inteligencia le han dejado muy claro a los industriales alemanes que si Alemania perdiera su fuente rusa de petróleo y gas natural, y el Estrecho de Ormuz fuera bloqueado por Irán (en caso de un ataque americano) la economía alemana podría simplemente colapsar.

Ha habido serios debates entre los servicios de inteligencia sobre la posibilidad de que una “sorpresa de Octubre” patrocinada por EEUU, que actuando con una bandera falsa acuse a Irán del inicio de una guerra. La «máxima presión» del Equipo Trump sobre Irán no tiene absolutamente nada que ver con el Tratado de Control de Armas atómicas. Lo que importa es que, incluso indirectamente, la asociación estratégica entre Rusia y China ha dejado muy claro que Teherán será protegido como un activo estratégico – y como un nodo clave de la integración de Eurasia.

Los analistas de inteligencia centran su preocupación en un escenario -bastante improbable – de un colapso del gobierno de Teherán. Lo primero que Washington haría en este caso es tirar del interruptor del sistema de compensación SWIFT. El objetivo sería aplastar la economía rusa. Si este escenario llegara a ocurrir, China podría perder a sus dos aliados clave en un solo movimiento, y luego tener que enfrentarse a Washington solo, en una etapa que todavía no poder asegurarse todos los recursos naturales necesarios.

Esta situación sería una verdadera amenaza existencial. Esto explica la lógica detrás de la creciente interconexión de la asociación estratégica Rusia-China, la aceleración al máximo la fusión de los sistemas de pago Mir ruso y CHIPS chino, los más de 400.000 millones de dólares del acuerdo China-Irán de 25 años de duración y las medidas para eludir el dólar estadounidense en el comercio internacional.

Bismarck ha regresado

Otro posible acuerdo secreto ya discutido en los más altos niveles de inteligencia es la posibilidad de un Tratado de Reaseguros (inspirado en el canciller Bismarck) a ser establecido entre Alemania y Rusia. La consecuencia inevitable sería una alianza de facto Berlín-Moscú-Pekín que abarcaría la Iniciativa del Cinturón y la Carretera (BRI), junto con la creación de un nueva moneda euroasiática (¿digital?) para la alianza euroasiática, que incluiría actores importantes pero periféricos como Francia e Italia.

Bueno, el eje Beijing-Moscú ya está en funcionamiento. Berlín-Pekín es un trabajo en progreso. El eslabón todavía desconocido es Berlín-Moscú.

Este cambio mundial representaría no sólo la última pesadilla para las elites angloamericanas – rebasados por Mackinder- sino también el paso de la antorcha geopolítica de los imperios marítimos al corazón de Eurasia.

Ya no es una ficción. Ahora está sobre la mesa.

Por un momento, hagamos un pequeño viaje en el tiempo y vayamos al año 1348. Los mongoles están en Crimea, sitiando la ciudad de Kaffa –un puerto comercial en el Mar Negro controlado por los genoveses. Repentinamente, el ejército mongol es reducido por la peste bubónica. Sus generales lanzan los cadáveres contaminados sobre las murallas de la ciudad de Crimea.

Qué pasa cuando los barcos comenzaron a navegar de nuevo de Kaffa a Génova. Transportaron la plaga a Italia. En 1360, la Peste Negra estaba literalmente por todas partes, desde Lisboa a Nóvgorod, desde Sicilia a Noruega. Se calcula que hasta el 60% de la población de Europa pudo haber muerto, más de 100 millones de personas.

Algunos historiadores argumentan que el Renacimiento se retrasó un siglo entero, debido a la plaga.

La Covid-19, por supuesto, está lejos de ser una plaga medieval. Pero sería adecuado preguntarse: ¿qué Renacimiento podría estar retrasando la actual pandemia ?

Bueno, podría estar adelantándose el Renacimiento de Eurasia. Esto ocurre justo cuando el antiguo hegemón está implosionando internamente, «distraído por la distracción», para citar a T.S. Eliot.

Detrás de la niebla, de los juegos de sombras, ya está en marcha los movimientos trascendentes que reorganizan la gran masa terrestre euroasiática.

Por Pepe Escobar | 04/09/2020

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2020/08/29/juego-de-sombras-la-alianza-euroasiatica-esta-mas-cerca-de-lo-que-se-cree/

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Jueves, 03 Septiembre 2020 05:49

Competencia en el laboratorio

Competencia en el laboratorio

Entrevista a Johannes Varwick

 

¿Rusia, China o Estados Unidos? La búsqueda de una vacuna contra el covid-19 se está convirtiendo en un campo de batalla geoestratégico. Johannes Varwick, analista especializado, explica los riesgos y los efectos colaterales de esta competencia.

 

En la actualidad estamos viviendo una carrera global por producir una vacuna contra el coronavirus. Rusia es el primer país que ha aprobado una. Al mismo tiempo, se multiplican las advertencias sobre los efectos de esta competencia. ¿Qué rol cumple la preocupación por la propia reputación en las reacciones críticas a la vacuna de Rusia que se suscitaron en Estados Unidos y Europa?

Por supuesto que estamos ante una carrera por la vacuna y que es una cuestión de prestigio nacional, pero también están en juego intereses nacionales bien concretos. Por lo que sabemos, Rusia ha aprobado la vacuna sin haberse atenido a los estándares establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Usar la vacuna a gran escala sin esperar los resultados de los estudios clínicos suena a experimento con humanos. Solo puede permitírselo un sistema autoritario como el de Rusia, sería inconcebible en las democracias occidentales. Con estos antecedentes, no es posible predecir aún si la vacuna rusa –que los rusos probablemente llamarán «Sputnik V»– es efectiva o, por el contrario, dañina.

Queda por ver si el procedimiento nada convencional de los rusos tendrá éxito. Si Rusia se convierte en el primer país con una protección efectiva contra el covid-19 y la pone a disposición de su población, en realidad tendrá algo de «Sputnik», como en la década de 1950, cuando la Unión Soviética lanzó el primer satélite artificial terrestre. Rusia dispondría entonces de una ventaja en una carrera tecnológica que le aportaría prestigio y beneficios económicos. En el caso de no lograrlo, el daño sería igualmente grande. No puedo imaginarme a Rusia asumiendo tamaño riesgo a sabiendas y, en ese sentido, supongo que está convencida de que va por el camino correcto. Pero esta autopercepción podría ser engañosa.

¿Por qué la investigación de una vacuna contra el coronavirus se convirtió en el nuevo campo de batalla de la geopolítica?

El desarrollo de vacunas, una cuestión estratégica para superar esta crisis del siglo, es en verdad lo que llamábamos antes «bienes colectivos mundiales». O sea, la producción de bienes materiales o inmateriales que son fundamentales para gran parte del mundo, como la seguridad internacional, las rutas de libre comercio o un medio ambiente intacto. Aquellos que fueron líderes en la fabricación de estos productos tradicionalmente determinaron la política internacional también en otras áreas. Esas eran, en cierto modo, las herramientas de los países hegemónicos.

Si las vacunas son los nuevos bienes colectivos mundiales, no es de extrañar que haya comenzado una carrera por ellas. Sin embargo, hay dos argumentos que deben mantenerse separados. Algunos dicen que esta pandemia nos hace ver que necesariamente debemos pensar globalmente, que necesitamos, en cierto modo, una política estructural global sobre estas cuestiones de salud mundial. El contraargumento dice que ahora cada país se preocupa principalmente por sí mismo. No creo esté definido qué argumento triunfará. Pero si gana el segundo, entonces realmente tenemos una confrontación entre países, con todas las consecuencias resultantes. Es probable que esto no beneficie a nadie en el largo plazo.

Los grandes jugadores actualmente parecen ser Rusia, Estados Unidos y China. ¿Dónde se encuentra la Unión Europea en esta competencia?

Los más de 150 desarrollos prometedores para una vacuna que se enumeran en la OMS prueban que actualmente hay un esfuerzo enorme en diferentes niveles. De modo que, tarde o temprano, habrá una vacuna eficaz. Por cierto, en cualquier otro momento de la historia esto habría sido imposible. Pero la pregunta crucial es: ¿quién tendrá acceso a la vacuna y quién sacará provecho de ella? En estos últimos meses, todos los países grandes con capacidad económica se han asegurado los derechos de uso de vacunas o están promoviendo la investigación con empresas estatales o participaciones estatales. La entrada del Estado alemán en la empresa CureVac, con sede en Tubinga, no es, por cierto, una excepción. El hecho de que CureVac empiece ahora a cotizar en la Bolsa de Estados Unidos muestra también la interconexión transnacional en esta área.

Estados Unidos tiene, además, acuerdos con la empresa alemana BioNTech, pero también con Johnson & Johnson, Sanofi y varias otras. Australia, Canadá, Japón y muchos otros países han firmado contratos similares. También hay numerosos esfuerzos en este sentido: en Europa, por ejemplo, una alianza de Alemania, Francia, Italia y los Países Bajos ha acordado con el grupo británico AstraZeneca el suministro de 400 millones de dosis. La Unión Europea quiere participar en la iniciativa COVAX, creada por la OMS junto con la alianza mundial para vacunas GAVI, que tiene como objetivo hacer una compra colectiva de 2.000 millones de dosis para 2021 y distribuirlas de manera equitativa en todo el mundo.

¿Tiene sentido que los Estados europeos se pronuncien a favor de la disponibilidad universal de la vacuna? Al fin y al cabo, países como Alemania y Francia vacunarán primero a sus propios habitantes antes de que sean tenidos en cuenta los países del Sur global.

Si la filosofía básica de esta pandemia global es: «Nadie está a salvo mientras no todos estén a salvo», entonces es importante hacer popular esta idea al distribuir la vacuna. Por otro lado, es claro que la tarea de cada gobierno es cuidar en primer lugar a su propia gente. Resulta que en estos tiempos uno de los parámetros más importantes para medir el éxito o el fracaso de un gobierno es la cuestión de cómo se maneja el país durante la pandemia. Un liderazgo político inteligente no hace de esto una contradicción. Por tanto, necesitamos un equilibrio entre los intereses a corto plazo, puramente nacionales, y los intereses mundiales a mediano plazo, que, si se los observa correctamente, también son intereses nacionales.

¿La vacuna, como lubricante de alianzas globales, allanará el camino para un nuevo orden mundial? ¿Qué países es probable que se beneficien con esto?

Creo que eso es una exageración. Veo más bien el problema en el largo plazo, por el hecho de que en el futuro la solidaridad internacional les parecerá a muchos un bien suntuario. En los próximos años, los famosos «deberes más allá de las fronteras», las obligaciones más allá del propio país, se verán sometidos a una intensa presión. Es probable que cada país se ocupe lo mejor que pueda de sus propios problemas, y la idea de la solidaridad internacional se verá sometida a una intensa presión, por así decirlo. Es de suponer que esto se manifestará en disminución de los presupuestos de ayuda al desarrollo, reducción de los presupuestos para la estabilización internacional, retirada de las misiones internacionales para el mantenimiento de la paz y recortes en los presupuestos de defensa. El cosmopolitismo, la solidaridad internacional y la responsabilidad global amenazan con quedar rezagados, primero en el discurso, pero también en la acción.

¿Cómo puede garantizarse que organizaciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no terminen siendo víctimas de esta compulsa geopolítica?

Por desgracia, la ONU es irrelevante en este momento. Si bien el Consejo de Seguridad se reunió, está paralizado por los derechos de veto de China, Rusia y los Estados Unidos. Hay algunas agencias especializadas de la ONU, como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo o en el área de ayuda humanitaria, que son bastante efectivas. Esto también se aplica a la OMS, que continúa haciendo un buen trabajo, pero que simultáneamente es víctima de la política. Se ha llegado a un punto tal que Estados Unidos ha anunciado su salida de esa organización. La creciente pugna por el poder entre Estados Unidos y China también se refleja claramente en la OMS.

De modo que el sistema de la ONU no es completamente ineficaz, pero el multilateralismo tal como lo conocemos está verdaderamente bajo presión. El público no sabe en absoluto qué está sucediendo en los países en desarrollo porque aún no conocemos las cifras. Esto tiene que ver con el hecho de que allí se testea poco, pero sería un verdadero milagro que una buena parte de África o las regiones en conflicto, desde Siria hasta Libia o Afganistán, sobrelleven mejor esta pandemia. Los números también aumentarán allí, lo cual producirá inestabilidad. En tal sentido, los famosos agujeros negros en la política mundial probablemente aumentarán y esto puede ser para preocuparse.

Johannes Varwick es politólogo y catedrático de Relaciones Internacionales y Política Europea en la Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg. Desde mayo de 2019 es presidente de la Sociedad de Políticas de Seguridad (GSP, por sus siglas en alemán).

Fuente: IPG

Traducción: Carlos Díaz Rocca

 El premier japonés, Shinzo Abe, al llegar a su oficina, el lunes pasado, en Tokio.Foto Ap

La renuncia intempestiva, debido a su colitis ulcerativa crónica, del premier japonés, Shinzo Abe, quien estuvo casi ocho años en el poder con el mayoritario partido conservador (sic) Liberal (sic) Democrático –mezclado con una política neoliberal y a su alianza con Trump–, provocó fuerte conmoción que comporta enormes consecuencias en la geopolítica regional, no se diga a escala neoeconómica, ya que Tokio ostenta el cuarto lugar, aunque en declive, del PIB "nominal" mundial, muy detrás de China.

Japón exhibe dos enormes vulnerabilidades estructurales: la mayor deuda del mundo frente a su PIB (https://bit.ly/3gPlcnZ) y el mayor envejecimiento global: una sociedad "superanciana", la cuarta parte de su población. En Japón la demografía, más que su geografía, es destino.

Abe será recordado por haber ideado el concepto geoestratégico "Indo-Pacífico" para contrarrestar el irresistible ascenso de China y sus tres Rutas de la Seda –si hacemos caso a la versión del Wall Street Journal (https://on.wsj.com/3gRakWx).

No extraña la amplia cobertura que proveyó al retiro de Abe el Financial Times (FT) –cuyo control accionario es compartido por la banca Rothschild y el conglomerado financiero nipón Nomura– donde resalta un artículo del israelí-británico Gideon Rachman, quien abulta la "lucha de Xi Jinping" con el saliente premier nipón ( FT, 31/8/20). Rachman exulta que "Abe no haya hecho concesión alguna en la disputa por las islas Senkaku-Diaoyu" y da a entender que su arribo al poder, un mes después del mandarín Xi, tuvo como "tarea principal (sic) fortalecer a Japón para lidiar con una China cada vez más poderosa y autoritaria". El propagandista de la banca Rothschild, Rachman, aduce que el "dilema estratégico de Japón no puede ser resuelto solamente por Tokio", cuyo "destino (sic) puede depender de los desarrollos políticos que se encuentran fuera de su control: en EU y en la China de Xi". Rachman juzga que "sería tentador para un gobierno nipón adoptar una política de apaciguamiento" cuando en China ponen en tela de juicio "la soberanía de Japón sobre Okinawa con una población de 1.4 millones donde se encuentra la mayor base militar de EU en la región (sic)". Concluye que la "respuesta al ascenso de China es un desafío generacional (sic) para Japón", que "navega en un futuro incierto (sic)". ¿Está dispuesta la banca Rothschild a arrojar debajo del autobús a Japón para congraciarse con China?

Global Times comenta que las relaciones de China y Japón "pueden retroceder debido al impacto de EU": los "lazos de China y Japón empeorarán" cuando "los difícilmente logros diplomáticos se evanescerán", ya que “la reciente interacción entre Japón y EU en defensa militar aumenta las preocupaciones (https://bit.ly/31LFp9I)”. El portal chino refiere el encuentro en Guam entre Mark Esper, secretario del Pentágono, y su homólogo nipón, Taro Kono, con el fin de impedir la "soberanía china" en las islas Diaoyu, que los japoneses llaman Senkaku. A juicio de Da Zhigang, "bajo la presión de EU y las fuerzas conservadoras domésticas, el próximo premier japonés podría sumarse a la Alianza de los Cinco Ojos, encabezada por EU, y convertirse en el sexto ojo para vigilar a China". La Alianza de los Cinco Ojos está formada por la anglósfera de EU/Canadá/Gran Bretaña/Australia/Nueva Zelanda (https://bit.ly/3hVzfK4).

Más allá de la diatriba de Koichi Nakano, politólogo de la Universidad Sofía en Tokio, en el NYT, que no le perdona al saliente Abe sus estrechos lazos con Trump (https://nyti.ms/3bjhl1m), WSJ, cercano a Trump, adelanta que Yoshihide Suga, jefe de gabinete del premier saliente, emergió como favorito cuando los "acuerdos militares y la coordinación en referencia a China serán sus pruebas tempranas". WSJ concluye que Suga es la opción de la "continuidad". Un escollo de las cálidas relaciones de Japón con Trump será el financiamiento de los 54 mil soldados de EU en Japón. Por cierto, el grupo de Abe se encuentra nervioso ante un escenario de que triunfe Biden, quien es más favorable a China.

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Noam Chomsky: “Tenemos poco tiempo para decidir si la vida humana sobrevivirá"

El pensador norteamericano habla de una crisis climática, económica y humanitaria

 

No ha habido otro momento de estas características en la historia de la Humanidad. Así lo asegura el prestigioso intelectual y activista estadounidense Noam Chomsky, quien dijo que la pandemia del coronavirus ha hecho de estos tiempos los más oscuros de los que se tenga memoria. Chomsky explicó que el presente representa un "punto de confluencia de distintas crisis muy graves", entre las que se incluyen una amenaza de guerra nuclearcambio climático, la pandemia del coronavirus, una gran depresión económica y una contraofensiva racista que tiene como epicentro a los Estados Unidos.

“Este es un momento único en la historia de la humanidad, no solo en mi vida. Nunca ha habido un momento en el que haya surgido tal confluencia de crisis y las decisiones al respecto que deban tomarse muy pronto, no se pueden retrasar", afirmó el pensador que tal vez sea el lingüista vivo más importante del mundo.

Chomsky, activista pacifista desde hace mucho tiempo, criticó al presidente Donald Trump por "desmantelar sistemáticamente las protecciones que ofrecían algún tipo de defensa contra la guerra nuclear".

“Los principales expertos como William Perry, exsecretario de Defensa, una persona que no puede ser considerado un exagerado y que muy conservador y a la vez está muy bien informada sobre estos temas, argumenta que la amenaza nuclear hoy es todavía mayor que durante la Guerra Fría”, dijo Chomsky.

Chomsky dijo además que las iniciativas que los gobiernos lleven adelante para hacer frente a la pandemia de coronavirus serán importantes a corto plazo, pero que sus decisiones sobre el cambio climático serán aún más duraderas.

“Saldremos de alguna manera de la pandemia pero a un costo terrible, que tiene en su mayoría causas evitables”, dijo el autor de Hegemonía o supervivencia y Estados fallidos, entre muchos otros títulos, en una entrevista concedida al sitio The Hill. "No saldremos del derretimiento de las capas de hielo polar, eso es permanente".

“Tenemos tiempo por delante para decidir si la vida humana organizada sobrevivirá en la Tierra o sucumbirá a la amenaza de un desastre ambiental”, agregó Chomsky.

No es la primera vez que el intelectual norteamericano se refiere públicamente al tema en estos términos. En abril de este año advirtió que los gobiernos están siendo “el problema y no la solución” y sobre la situación puntual de Estados Unidos sostuvo que se ve agravada por la condición de “bufones sociópatas” que manejan la administración de ese país con Donald Trump a la cabeza. Sobre los cambios que pueden llegar a producirse alerta que “esto nos podría llevar a estados altamente autoritarios y represivos que expandan el manual neoliberal incluso más que ahora”, aunque aclara que “eso depende de la gente joven” y “de cómo la población mundial reaccione”.

Recientemente, en junio, se refirió al bochornoso rol adoptado por Trump en la gestión de la pandemia y no dudó en calificarlo como "el peor criminal de la historia, sin lugar a dudas”. “Nunca ha habido una figura en la historia política que se haya dedicado tan apasionadamente a destruir los proyectos para la vida humana organizada en la tierra en el futuro cercano”, sentenció el reconocido catedrático.

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Global Times sentencia en editorial la postura de Trump en el mar sur de China, dice que la presencia militar de EU en la región buscaría contener o asfixiar a China.Foto Ap

NYT cita a un funcionario de Defensa de Estados Unidos (EU) (sin identificar): China lanzó una barrera de fuego de misiles de medio alcance al mar del sur de China como demostración por Pekín de su “dominio estratégico y soberanía sobre los mares en disputa (https://nyti.ms/2QCw6T2)”.

El lanzamiento de tales misiles forma parte de los ejercicios militares del país asiático en el mes, cuando la escalada en el mar del sur de China ha alcanzado nuevos grados de tensión (http://goo.gl/ugdmbP) en medio de la guerra multidimensional que libra Trump contra Pekín, donde resalta la temeraria osadía de la visita del secretario de Salud, el libanés-estadunidense Alex Azar, a la isla renegada de Taiwán (https://bit.ly/3jsYJPf), lo cual retrocedió el cronograma de las relaciones bilaterales hasta 1979, cuando Jimmy Carter reconoció a China bajo el apotegma de “la política de una sola China (https://bit.ly/2YKimdB)”.

China ha sido el blanco favorito de la retórica electorera de Trump, quien ha obligado a la venta de la exitosa TikTok en EU, mientras el funcionario de Defensa aludido afirma que el “ejército de EU detectó el lanzamiento de cuatro (sic) misiles desde China hasta el mar del sur de China (https://bit.ly/32xnxyA)”.

Muy al estilo de la cultura china, el portavoz del Ministerio Nacional de Defensa chino, coronel Wu Qian (WQ), no mencionó para nada el lanzamiento de los misiles, pero sí confirmó que Pekín ha realizado ejercicios militares planeados con antelación en una zona que va de Qingdao (noreste de China) hasta las disputadas islas Spratly, en el mar del sur de China. El coronel WQ comentó que tales ejercicios no están dirigidos contra ningún país.

Los lanzamientos se escenificaron después de que China acusó a EU por su flagrante provocación al sobrevolar con su avión espía U-2 la zona de sus ejercicios.

Según Taylor Fravel, director del programa de Estudios de Seguridad en el MIT, los misiles antiembarcaciones probados por China pudieran ser del tipo DF-21, los “asesinos de portaviones ( carrierkiller)” que tendrían la capacidad de destruir los portaviones de EU.

El editorial del Global Times titula “Ojalá los misiles carrierkiller nunca sean usados en el mar del sur de China (https://bit.ly/2EDNwfV)” y comenta la alterada reacción del Departamento de Defensa de EU, que critica los ejercicios militares chinos y el lanzamiento de misiles balísticos –en alusión a los misiles DF-21D y DF 26B– que desestabilizarán más la situación en el mar del sur de China, además de que contrastan con la promesa de la nación asiática de no militarizar (sic) el mar del sur de China.

El editorial comenta que China no admite ni niega el lanzamiento de los misiles, pero este silencio es una postura (sic).

Luego pregunta: ¿Cuál es la nación regional que tiene disputas territoriales con China y posee portaviones? En alusión a la presencia de los dos portaviones Ronald Reagan y Nimitz de EU en la zona.

El editorial contrataca y afirma que es EU quien ha militarizado el mar del sur de China, que no es el Caribe (sic), donde los militares de EU pueden actuar desenfrenadamente.

Global Times realiza una letanía de la presencia militar de EU en toda la región, des-tinada a contener o asfixiar a China, donde destacan las intenciones malignas de EU cuando envía barcos de guerra al mar del sur de China por lo que debieron haber pensado que el ejército chino lanzaría los misiles DF-21D y DF-26B en el peor de los casos.

Global Times sentencia sin tapujos que los dos misiles están preparados para los portaviones de EU en caso de que ataquen al ejército chino en el mar del sur de China convertido en un teatro geopolítico y en línea frontal marítima para suprimir a China.

El problema para los estrategas chinos es discriminar entre la electorera guerra retórica de Trump –que comporta componentes reales en sus guerras comercial y tecnológica– con la postura relativamente menos cacofónica de los militares de EU que no esperaban las pruebas de los misiles “asesinos de portaviones ( carrierkillers)”.

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La estrategia militar china: mantener a EEUU lejos de sus costas

Cuando se está en desventaja, es imprescindible tener una buena estrategia. Además, es necesaria una voluntad de hierro de todo un pueblo para superar a un adversario superior, tanto en armamento como en tecnología. La batalla de Dien Bien Phu, cuando los vietnamitas sellaron el fin del colonialismo francés en Indochina, pertenece a esta estirpe.

Hubo otras batallas en las que fueron derrotados ejércitos inicialmente más poderosos, como la de Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial y la de Argel, en la guerra de independencia argelina. En los tres casos, hubo la combinación entre una dirección política y militar acertada, con pueblos decididos a defender su nación.

El coronel Ha Van Lau fue entrevistado en 1980 por la televisión canadiense para el documental "Vietnam, la guerra de los 10 mil días", dirigido por el periodista Michael Maclear. En su minucioso relato de la batalla de Dien Bien Phu, el coronel Van Lau explica cómo los campesinos integrados en el Ejército Popular de Vietnam cargaron 200 cañones a través de selvas y montañas, además de toneladas de municiones, arrastrándolos con cuerdas.

"En una ocasión una de las cuerdas se rompió y uno de nuestros artilleros se colocó detrás de la rueda de ese cañón para evitar que cayera al abismo. Así era la moral de nuestros luchadores. Se sacrificaban ellos mismos para evitar que cayera una pieza de artillería", relata el coronel.

Algo similar puede estar sucediendo en el conflicto en curso entre China y Estados Unidos. Las mejores armas, e incluso el mando militar más experimentado, nada pueden conseguir si no existe una predisposición a darlo todo en el combate por parte de la tropa.

Veamos cómo se combinan ambos aspectos en el Mar del Sur de China.

La Armada de EEUU es la más poderosa del mundo. Muy superior a la del Ejército Popular de Liberación de China. Aunque el EPL se está modernizando a pasos de gigante, ni sus portaaviones ni sus cazas pueden competir con los del Pentágono. Éste cuenta con enormes ventajas, tanto en relación con la calidad de su armamento como en cuanto a su larga experiencia en combates.

La red de satélites militares de EEUU es incomparablemente superior a la de China, que recién ahora está completando su propia red. Los drones no tripulados, los cazas de quinta generación, los submarinos nucleares y bombarderos estratégicos conforman una fuerza militar inigualable.

La "tercera crisis del estrecho de Taiwán", en marzo de 1996, finalizó con una humillante derrota para China. La administración del presidente Bill Clinton (1993-2001) desplegó dos grupos de batalla de portaaviones liderados por el USS Nimitz y el USS Independence, que forzaron a Pekín a retroceder en su intención de controlar Taiwán.

A partir de ese momento, el Dragón se propuso, como señala el columnista de Asia Times, Richard Javad Heydarian, "evitar una humillación estratégica similar en sus aguas adyacentes".

En ese marco debe ubicarse el reciente lanzamiento de misiles en el Mar del Sur de China, entre ellos un DF-21 denominado "asesinos de portaaviones" y considerado por los expertos como "el primer misil balístico antibuque del mundo".

"Esta es la respuesta de China a los riesgos potenciales que traen consigo los cada vez más frecuentes aviones de combate y buques militares estadounidenses en el Mar de China Meridional", dijo una fuente al South China Morning Post de Hong Kong.

La fuente se refiere a la reciente entrada de un avión espía U-2 del Pentágono a una zona de exclusión aérea de China, durante un simulacro naval con fuego real en el mar de Bohai frente a su costa norte.

Para neutralizar a una flota superior, "la potencia asiática ha perseguido una estrategia de guerra asimétrica anti-acceso/negación de área", denominadas (A2/AD) "cada vez más sofisticada en sus aguas cercanas", según el diario de Hong Kong.

Este es el punto que desarrolla ampliamente el analista David Goldman, cuando asegura que no habrá guerra entre EEUU y China porque el Dragón quiere que sea imposible que el Pentágono se acerque a sus costas.

En su opinión, el EPL es un ejército mediocre que gasta en equipamiento de sus soldados apenas 1.500 dólares, frente a los 18.000 dólares que cuesta cada soldado estadounidense. Agrega que los cazas de ataque terrestre chinos están muy por detrás del ruso SU-25, por ejemplo, y de sus similares estadounidenses.

Pero China ha invertido enormemente en defensas costeras. Agrega que "el misil DF-26 tiene un alcance de 2.500 kilómetros, suficiente para atacar la base militar de EEUU en Guam". Más grave aún, porque "los misiles chinos descienden verticalmente de la estratosfera y las defensas de los barcos estadounidenses no están diseñadas para contrarrestar este tipo de ataque".

Goldman recuerda una evaluación del Centro de Estudios de la Universidad de Sidney, un año atrás: "Este creciente arsenal de misiles precisos de largo alcance representa una gran amenaza para casi todas las bases, pistas de aterrizaje, puertos e instalaciones militares estadounidenses y aliadas en el Pacífico Occidental".

Las múltiples instalaciones del Pentágono en el Pacífico podrían verse inutilizadas por ataques de precisión en las primeras horas de un conflicto. La amenaza de los misiles del EPL desafía la capacidad de EEUU para operar libremente en toda la región.

En opinión de Goldman, China no necesita derrotar a la fuerza aérea y naval de EEUU, sino "sólo mantener a las fuerzas estadounidenses a distancia de China y dificultar que EEUU refuerce a Taiwán".

La segunda cuestión, la disposición anímica de la población, es meridianamente transparente cuando observamos la crisis de confianza de la juventud estadounidense (afros, latinos y jóvenes blancos precarizados) con las instituciones, el sistema de partidos y, de modo muy particular, en relación con las fuerzas policiales.

Si una nación mucho menos rica como China logra neutralizar a unas fuerzas armadas superiores, por el desarrollo de una estrategia de defensa que niega el acceso a sus costas al ejército adversario, el equilibrio de fuerzas se traslada a la actitud de los seres humanos. La conclusión es que EEUU no está en condiciones de afrontar una guerra con una potencia social y militar como China.

17:11 GMT 28.08.2020URL corto

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