Miércoles, 18 Diciembre 2019 06:39

La OTAN, fracturada en su 70 aniversari

Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, durante un discurso pronunciado después de la juramentación de su nuevo gabinete, en una ceremonia efectuada en Ottawa el 20 de noviembre pasado.Foto Afp

El aniversario 70 de la anacrónica OTAN fue un sonoro fracaso que expuso su inherente fragmentación cuando ya no sabe qué nuevo enemigo seleccionar entre China, Rusia o el etéreo "terrorismo". Dos de sus principales baluartes exitosos durante la guerra fría fueron el thatcherismo y el reaganomics que orillaron a la disolución de la URSS gracias a la legendaria candidez del locuaz Gorbachov, quien fue mejor publicitando pizzas y la tarjeta American Express, que como mandatario de una superpotencia.

Hoy en la fase del "nacionalismo económico" del Brexit/trumponomics, que sustituye a la burbuja especulativa del thatcherismo/reaganomics del falleciente neoliberalismo global y/o globalismo financierista, la OTAN exhibe sus profundas fracturas, su falta de rumbo y quizá hasta su irrelevancia.

El británico Patrick Cockburn, considerado uno de los mejores analistas de su país con justa razón, aduce que los "historiadores del futuro escogerán 2019 como el año decisivo en el declive de EU y Gran Bretaña (GB) como potencias mundiales" y arguye que el “reinado de GB como superpotencia mundial concluyó gracias al Brexit (https://bit.ly/2LB6fJb)”. Cockburn juzga que "este giro geopolítico viene exactamente un siglo después del Tratado de Versalles de 1919, cuando EU y GB se encontraban en el pináculo de su poder para determinar el destino de los países tras la Primera Guerra Mundial". Agrega que "ambos, Obama y Trump, reconocen que la era cuando EU era la única superpotencia que podía hacer lo que se le venía en gana ha concluido ahora".

¿Qué tanto pueden suplir Francia y Alemania a la dupla anglosajona de EU/GB para reconfigurar a la desfondada OTAN? Suena inverosímil que el conservador premier británico, Boris Johnson, se haya sumado a su par canadiense, Justin Trudeau, al presidente galo, Emmanuel Macron, y al premier holandés, Mark Rutte, en su mofa a Trump en la ceremonia del Palacio de Buckingham, donde la princesa Ana (hija de la reina Isabel II) se negó a saludar al polémico presidente de EU (https://dailym.ai/2DVAbvq). Como consecuencia de la burla de cuatro importantes mandatarios de la OTAN, Trump canceló su programada conferencia de prensa, abandonó la cumbre y calificó a Trudeau de "doble cara". Como si lo anterior fuera poco, Donald Tusk, ex premier de Polonia, apuntó insolentemente con dos dedos a la espalda de Trump (https://bit.ly/2PjCM7y). No se necesitan más videos delatores ni mayores interpretaciones para asentar la grave fractura de la OTAN.

El portal ruso Sputnik sintetiza los cinco puntos del conflicto interno en la OTAN: 1) Trump vs. Macrón: el mandatario de EU criticó la definición del presidente galo, de que la OTAN estaba en "muerte cerebral", como "insultante" y "muy repugnante"; 2) la OTAN vs. Turquía (su único miembro islámico): debido a la adquisición de los sistemas misilísticos de defensa rusos S-400 y a la invasión del norte de Siria, donde deglutió a los kurdos sirios; 3) la OTAN vs. China: donde Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo, no pudieron obtener una definición consensuada que catalogue a Pekín como una "amenaza" y donde prosperó la cosmogonía europea de visualizar a China bajo la óptica de "oportunidades y desafíos"; 4) Trump vs. el gasoducto Nord Stream 2: que abastece de gas ruso primordialmente a Alemania que rechaza la presión de Trump para su cancelación, y 5) la pachanga de Trudeau vs. Trump (https://bit.ly/36gSWpq). Por último, People’s Daily de China expone el futuro de la OTAN “entre divergencias y fracturas (https://bit.ly/2PlwuVa)”.

Si los dos pilares en 1989/91 de la OTAN, EU/GB, fueron determinantes en el colapso de la URSS y la unificación alemana, el declive de ambos, 28 años más tarde, carcome en sus entrañas a la otrora organización noratlántica que denota sus vulnerabilidades militares frente a Rusia, en la era hipersónica del zar Vlady Putin, y geoeconómicas/tecnológicas con China que descuella desde su alunizaje en el lado oscuro de la Luna, pasando por el 5G/computación cuántica hasta la inteligencia artificial.

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Putin y Netanyahu mantienen el pulso en Siria por sus intereses geoestratégicos y militares

La hasta hace poco intensa actividad militar de Israel en Siria se ha reducido sensiblemente en los últimos meses. Las repetidas advertencias de Vladimir Putin a Benjamín Netanyahu están detrás de la reducción, si bien Moscú la considera insuficiente. Los intereses de los dos países en Siria son contradictorios pero ni Moscú ni Tel Aviv buscan un enfrentamiento directo.

Rusia e Israel están negociando sobre el tablero sirio sus intereses en Oriente Próximo, tanto geoestratégicos como militares. En los últimos meses, concretamente desde septiembre, los dos países han tenido fricciones significativas, especialmente en relación con las actividades de la aviación israelí sobre territorio sirio, que, aunque se han reducido, no es una reducción que satisfaga a Moscú.

La última y extraña incidencia ocurrió en noviembre. Es extraña porque aunque se ha publicado en distintos medios rusos, iraníes y árabes, e incluso se han hecho eco de ella los medios israelíes, como el Canal 13 de la televisión, no ha sido ni confirmada ni desmentida por Moscú ni por el ministerio de Defensa de Tel Aviv.

Lo que se desprende de esas fuentes es que hace solo unos días varios cazas Su-35 partieron de la base de Khmeimim, al oeste de Siria, e interceptaron un ataque de aviones israelíes cerca del aeropuerto T-4, en el distrito de Homs, en el centro del país, un objetivo que los israelíes han atacado varias veces y que aparentemente sirve de punto de llegada de armas iraníes.

Los informes indican que los F-16 tuvieron que regresar a sus bases sin poder realizar los bombardeos previstos y que Teherán “entregó a Siria sistemas de defensa aérea desconocidos”. En la base T-4 hay desplegado personal ruso. En mayo de 2018, el diario Yediot Ahronot informó que Israel había llevado a cabo un ataque aéreo para destruir un sistema de defensa aérea iraní Khordad en la T-4, y que había ejecutado otros ataques en septiembre de 2018 y en junio y julio de 2019.

Esta frenética actividad de los cazas israelíes fue frecuente hasta el verano pasado. Según The National Interest, los Su-35 rusos “forzaron en agosto la retirada de cazas israelíes que sobrevolaban el espacio aéreo sirio”. Y según DefenseWorld algo parecido ocurrió en septiembre.

Moscú ha desplegado en Siria un pequeño número de Su-35, un caza de la cuarta generación operativo desde 2014 que es muy maniobrable y puede volar a una velocidad de 2.500 kilómetros por hora, es decir a un poco más rápido que los F-16 estadounidenses con los que habitualmente opera Israel en sus acciones dentro de Siria.

Algunos de los citados medios indicaron que los Su-35 persiguieron a los F-16 hasta echarlos de Siria, una circunstancia que ninguno de los países implicados ha confirmado. De acuerdo con el diario Israel Hayom, imágenes satelitales obtenidas por Israel cuando ocurrió el incidente, mostraban que un cargo (iraní) descargó munición que podría usarse para un “ataque de venganza” por las múltiples operaciones que los israelíes han realizado contra objetivos iraníes en Siria e Irak.

Los satélites israelíes habrían tomado esas imágenes el 21 de noviembre, un día después de que Israel atacara objetivos iraníes en Siria. Según el periódico hebreo, Israel optó por no atacar la munición descargada en la T-4 porque habría sido preciso coordinar la operación con Moscú, debido a que el aeropuerto ha sido dividido en tres zonas de control, una siria, otra rusa y otra iraní, y hubiera exigido un ataque muy preciso cerca de la zona controlada por Rusia. La base, además, posee un sistema de misiles antiaéreos S-300.

El 17 de septiembre de 2018 un misil antiaéreo S-200 operado por Siria derribó accidentalmente un avión ruso durante una operación israelí causando la muerte de sus 15 ocupantes rusos, lo que provocó una momentánea crisis bilateral. Moscú acusó a Israel de un “comportamiento irresponsable”, advirtió que no permitiría que los aviones israelíes volaran a su antojo sobre Siria y reforzó su despliegue en la base Khmeimim.

En los últimos meses las cosas han cambiado en el sentido que Moscú ha advertido con más frecuencia a Israel por sus numerosas operaciones dentro de Siria. Aunque las operaciones israelíes se han reducido significativamente, no han desaparecido. El secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, ha abordado esta cuestión con su correspondiente ruso, Segei Lavrov, y ha expresado su apoyo a las operaciones israelíes.

En noviembre Israel volvió intensificar los ataques y el 21 de noviembre Rusia le acusó de haber llevado a cabo cuatro ataques casi seguidos contra Siria. El 20 de noviembre bombardeó objetivos en Albukamal, al este del país, y en dos ocasiones, el 12 y el 19 de noviembre, cerca de Damasco, además del abortado ataque contra la T-4 del 21 de noviembre.

En uno de los múltiples encuentros que el primer ministro Benjamín Netanyahu ha mantenido con el presidente Vladimir Putin en los últimos meses, justo antes de las elecciones israelíes de septiembre, el primero declaró: “Nuestra relación personal (…) ha evitado la colisión entre nuestros países. Este es un elemento muy importante para la estabilidad de toda la región”.

Algunos analistas han comentado que existen dos poderosas razones que impulsan a Putin a frenar los ataques de Netanyahu contra Siria. La primera sería que el presidente ruso considera que la reputación de Rusia pierde en cada ocasión que los F-16 llevan a cabo operaciones en ese país, y la segunda es que Putin quiere impulsar una reconstrucción de Siria y que esta se resiente con cada ataque israelí.

En todo caso, tanto Rusia como Israel tienen interés en mantener buenas relaciones bilaterales, y una buena prueba de ello es que el presidente Putin asistirá en enero a una ceremonia sobre las víctimas de la Segunda Guerra Mundial que tendrá lugar en Israel. Y aunque sus intereses en Siria y en Oriente Próximo son conflictivos, los dos países tratan de evitar un incidente directo.

JERUSALÉN

17/12/2019 07:27 Actualizado: 17/12/2019 07:27

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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La historia secreta de la guerra de Afganistán

- Responsables políticos y militares de los gobiernos de EEUU sabían que no podían ganar la guerra de Afganistán, mientras en público se afirmaba que la victoria era posible

- The Washington Post publica los resultados de un estudio con testimonios que revelan que eran muy conscientes del fracaso de la ocupación

 

Casi 50 años después de la difusión de los Papeles del Pentágono sobre la guerra de Vietnam, The Washington Post ofrece ahora una serie de documentos que dejan patente el fracaso de la ocupación militar de Afganistán y la dramática diferencia entre la realidad y las declaraciones públicas de los responsables políticos y militares de las Administraciones de George Bush y Barack Obama.

Lo que se ha escrito en muchos artículos periodísticos desde hace 18 años aparece ahora confirmado por quienes tenían como misión ganar esa guerra, aunque ni siquiera tenían claro qué significaba la idea de ganar ni contaban con una estrategia viable. 

Mientras políticos y generales afirmaban que se estaban haciendo "progresos constantes" en la guerra, en ocasiones con la intención de justificar el envío de más tropas, los que sabían qué estaba sucediendo en ese país sabían que sólo estaban ocultando fracaso tras fracaso.

Se trata de 2.000 páginas con transcripciones y notas de las entrevistas con más de 600 personas con conocimiento de lo ocurrido. Revelan que "se ha mentido de forma constante al pueblo norteamericano", en palabras de John Sopko, la persona que dirigió el proyecto de revisión de la guerra a través de un organismo llamado Oficina del Inspector General para la Reconstrucción de Afganistán, conocido por las siglas SIGAR. El proyecto se llamó 'Lecciones aprendidas' y su principal objetivo era descubrir qué había fracasado. Esa oficina ha publicado varios informes, pero sin incluir los comentarios más críticos ni la mayoría de los nombres de los entrevistados. El periódico ha conseguido tener acceso a esos documentos, no a todos, gracias a la Ley de Libertad de Información.

Algunas frases son tan gráficas como sarcásticas, el tipo de comentarios que no aparecen en los informes oficiales. "Después de la muerte de Osama bin Laden, dije que Osama estaba probablemente riéndose en su tumba submarina al ver cuánto dinero nos estábamos gastando en Afganistán", dijo Jeffrey Eggers, exmilitar con experiencia en los SEAL y asesor en la Casa Blanca con Bush y Obama.

Más grave es la confirmación de las mentiras ofrecidas a la opinión pública para dar una imagen falsa y benévola de la ocupación. En definitiva, para sostener que se estaba ganando la guerra y que los actos violentos de los talibanes sólo reflejaban su nivel de "desesperación". En un reflejo casi idéntico a lo que ocurrió en Vietnam, las estadísticas se distorsionaban por razones políticas. "Cada dato era alterado para presentar la mejor imagen posible", dijo Bob Crowley, teniente coronel del Ejército y asesor de operaciones de contrainsurgencia.

"Era imposible crear buenas métricas. Intentamos usar el número de tropas (afganas) entrenadas, niveles de violencia, control del territorio, y ninguna ofrecía una imagen precisa", dijo en 2016 un alto cargo del Consejo de Seguridad Nacional no identificado. "Los datos fueron siempre manipulados durante toda la duración de la guerra".

La prioridad era justificar la presencia –a veces, aumento– de las tropas en Afganistán y que ese despliegue estaba dando los resultados deseados. Eso era especialmente acuciante en los años de Obama cuando el presidente fue convencido de aumentar el número de soldados a pesar de que se mostraba al principio reticente sobre la utilidad de la medida y había prometido sacar a todas las tropas antes del final de su presidencia. Una vez adoptada esa política, la Administración no podía reconocer en público que los resultados eran ínfimos o contraproducentes.

La ausencia de una estrategia

Ni siquiera con una total superioridad de medios, es posible ganar una guerra que se prolonga con la ocupación posterior sin una estrategia definida. Los testimonios recogidos en el estudio inciden en la falta de un conocimiento real de la realidad política de Afganistán, por no hablar de su historia, así como del objetivo general de la misión y de las consecuencias de las acciones propias.

"Carecíamos de una comprensión básica sobre lo que es Afganistán. No sabíamos lo que estábamos haciendo", dijo en 2015 el general Douglas Lute, que dirigió el programa antidrogas en ese país en las dos administraciones. "¿Qué estamos intentando hacer aquí? No teníamos ni la más ligera idea de lo que nos estábamos proponiendo hacer".

"Los extranjeros leen en el avión 'Cometas en el cielo' (la novela de Khaled Hosseini que ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo) y creen que son expertos en Afganistán. Nunca escuchan. Lo único en que son expertos es en burocracia", dijo el exministro Mohamed Essan Zia, uno de los pocos afganos interrogados para este estudio. 

"Estamos intentando hacer lo imposible en vez de conseguir lo posible", opinó Richard Boucher, responsable del Sur de Asia en el Departamento de Estado entre 2006 y 2009.

Ni siquiera había una idea clara sobre quién era el enemigo –cómo había surgido y cuáles eran sus puntos vulnerables– sin la cual era imposible derrotarle. "¿Por qué convertimos a los talibanes en el enemigo cuando habíamos sido atacados por Al Qaeda?", se preguntaba Eggers.

Después de que Al Qaeda fuera eliminada en ese país, EEUU, con el apoyo de la OTAN, tuvo como prioridad la formación de un Gobierno estable, la celebración de elecciones y la protección de los derechos de las minorías, entre otros asuntos. Se vendió la ocupación como un intento de impedir que en el futuro otro grupo yihadista volviera a utilizar el país como base para lanzar atentados terroristas contra EEUU y Europa. El primer ministro británico, Gordon Brown, llegó a decir que se estaba combatiendo contra los terroristas en Afganistán para no tener que hacerlo en las calles de las ciudades europeas.

Sin embargo, los talibanes afganos nunca tuvieron una idea de yihad global, a diferencia por ejemplo de algunos grupos talibanes paquistaníes, y enfocaron su lucha de la misma forma que lo habían hecho las tribus afganas contra los británicos en el siglo XIX y los muyahidines contra los soviéticos en el siglo XX: expulsar a las tropas extranjeras que querían imponer ideas ajenas a las tradiciones locales.

Si bien su Gobierno había sido dictatorial, cruel y caótico, los talibanes se habían convertido en la principal fuerza política y militar de los pastunes afganos, el grupo étnico más numeroso del país. Representaban a una parte de la sociedad afgana de la que no se podría prescindir si se pretendía diseñar desde fuera su futuro.

"Un gran error que cometimos fue tratar a los talibanes igual que a Al Qaeda", dijo Barnett Rubin, quizá el único auténtico experto en Afganistán que trabajó en el Departamento de Estado. "Los principales líderes talibanes estaban interesados en dar una oportunidad al nuevo sistema, pero nosotros no les dimos esa oportunidad". 

El periódico recuerda que Zalmay Khalilzad, que fue embajador de EEUU en Afganistán, está dirigiendo las negociaciones con los talibanes, hasta ahora sin éxito. En el estudio, aparece su opinión en 2016 sobre el error en no reconocer a sus dirigentes como interlocutores. "Quizá no fuimos lo bastante ágiles o inteligentes en contactar con los talibanes al principio, al pensar que estaban derrotados y que debían ser llevados ante la justicia, en vez de alcanzar algún acuerdo o reconciliación con ellos". 

Entre 2002 y 2004, la actividad militar de los talibanes fue relativamente escasa por haber sido arrollados por el poder del Ejército norteamericano y la mayoría de sus líderes, obligados a huir a Pakistán o a zonas aisladas del país. Después, todo cambió, Washington pasó a centrarse en la ocupación de Irak y los talibanes recuperaron su fuerza. Su objetivo era hacer imposible la reconstrucción del país y lo consiguieron. Los norteamericanos comprobaron demasiado tarde que sus enemigos no podían ser derrotados militarmente. 

Como ejemplo de la falta de interés de Bush en Afganistán, el Post ofrece un breve texto no conocido de su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, sobre el día en que propuso al presidente que se reuniera con el jefe de las Fuerzas Armadas y con el general Dan McNeill, jefe de las tropas en Afganistán. "Él (Bush) dijo: '¿Quién es el general McNeill?'. Le dije que era el general al mando en Afganistán. Dijo: 'Bueno, no necesito reunirme con él'", escribió Rumsfeld. 

El periódico recuerda que el mismo día del discurso de Bush en un barco de guerra con la gran pancarta "Misión cumplida" en Irak –1 de mayo de 2003–, Rumsfeld anunció en Kabul "el fin de las principales operaciones de combate" en Afganistán.

Cuando en 2009 Al Qaeda ya no era una amenaza en el país, los responsables de la Casa Blanca obligaron a incluir el nombre del grupo terrorista en los planes estratégicos, porque era la única forma de vender a los norteamericanos la necesidad de mantener allí a miles de soldados. En uno de esos documentos, se dijo que "no se trataba de una guerra en el sentido convencional" con el fin de obviar las dudas legales sobre la ocupación que existían dentro del propio Gobierno estadounidense.

Un Estado corrupto desde su cúpula

Todos los soldados del mundo no iban a conseguir levantar un Estado sobre las cenizas de una guerra que había acabado con un régimen que en realidad tampoco estaba al frente de un Estado moderno. Los norteamericanos optaron por inundarlo de dinero con proyectos muy alejados de la realidad económica del país y que sólo contribuyeron a extender la corrupción a todos los niveles. 

"Afganistán no es un país volcado en la agricultura", explicó Rubin. "La mayor industria es la guerra. Luego, la droga. Luego, los servicios. La agricultura está abajo, en el cuarto o quinto puesto".

El cultivo de opio era la principal fuente de ingresos de amplias zonas del país. Pagar a los agricultores para que quemaran esas cosechas sólo servía para que al año siguiente aumentaran su producción. Destruirlas sin darles los recursos para cultivar otros productos que tuvieran una salida comercial hacía que los habitantes de esas zonas se entregaran a los talibanes, que permitían esos cultivos a cambio de un impuesto.

EEUU se ha gastado 9.000 millones de dólares en solucionar ese problema desde 2001. Afganistán fue el origen en 2018 del 82% de la producción global de opio, según datos de la ONU. La extensión cultivada es cuatro veces superior a la de 2002.

Washington puso en el poder a Hamid Karzai, un dirigente pastún que había tenido un cargo menor durante un tiempo en el gobierno de los talibanes y al que trajeron del exilio. Vendido como un moderado, sus modales suaves y declaraciones pragmáticas hicieron que la mayoría de los medios de comunicación occidentales lo considerara la gran esperanza.

"Nuestra política consistía en crear un fuerte Gobierno central, lo que era idiota porque Afganistán no se caracteriza por tener una historia de gobiernos centrales fuertes", dijo en 2015 una fuente no identificada del Departamento de Estado. 

El resultado terminó siendo la creación de una estructura central corrupta, cuyo poder se basaba fuera de la capital en el apoyo a señores de la guerra, algunos elegidos en elecciones amañadas, que también reclamaban para ellos y sus partidarios una parte del botín. 

Según el testimonio del coronel Christopher Kolenda, destinado en Afganistán en varias ocasiones, Karzai acabó formando una cleptocracia pocos años después de llegar al poder. "Me gusta usar una analogía con el cáncer. La pequeña corrupción es como el cáncer de piel. Hay formas de tratarlo y puedes acabar bien. La corrupción dentro de los ministerios, al más alto nivel, es como el cáncer de colon. Es peor, pero si lo pillas a tiempo, quizá salgas bien. La cleptocracia, sin embargo, es como un tumor cerebral. Es fatal". 

Al permitir ese escandaloso nivel de corrupción, los norteamericanos destruyeron la legitimidad que pudiera tener el Gobierno. Todos los puestos importantes en la Administración –incluidos el Ejército y la Policía– podían comprarse con dinero. Y más tarde, los beneficiados necesitaban compensar con los sobornos los fondos invertidos. 

Una de las consecuencias fue la existencia de miles de "soldados fantasma", un hecho conocido, y que también se produjo en Irak. Los mandos militares recibían fondos para mantener un regimiento o una división. Una buena parte de sus soldados sólo existían sobre el papel. Eran números por los que recibían dinero que coroneles y generales se embolsaban para pagar a tropas imaginarias. 

La lectura de los testimonios sorprende a veces por lo mucho que recuerdan a experiencias históricas anteriores en las que otros imperios pensaron que un país tan atrasado como Afganistán sería fácil de someter.

En 2009, el periodista Steve Coll trazó las similitudes entre la invasión soviética de Afganistán en 1979 y la norteamericana en 2001. Los soviéticos fueron incapaces de convertir sus logros tácticos gracias a su inmensa superioridad militar en una estrategia exitosa a largo plazo porque no pudieron detener la ayuda que los muyahidines recibían desde Pakistán, y a través de ese país de Estados Unidos. Nunca pudieron imponer su ideología en un país marcado por el peso de la religión y las instituciones tribales. No lograron establecer la unidad política del país. Les fue imposible poner en práctica una estrategia de reconciliación nacional que terminara provocando la división entre las fuerzas de sus enemigos. 

Es un resumen que se ajusta bastante bien a los problemas de EEUU en ese país décadas después.

 

Por Iñigo Sáenz de Ugarte 

09/12/2019 - 21:38h

Actualmente, 13.000 soldados norteamericanos permanecen en Afganistán.

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"Asistimos a la reivención del mundo, y el Sur detenta los hilos" 

La colonización, la debilidad y la humillación del Sur del mundo, el mito de la hegemonía, son temas de análisis de de este intelectual que ha publicado en la Argentina. También, forma paradójica en que ese Sur está dominando la agenda mundial, y las posibilidades que se abren en tiempos de globalización. 

 

Los libros ocupan el espacio de las ideas como piezas de ajedrez. En su plácida intensidad disputan una partida simbólica por comprender o influenciar el mundo. Bertrand Badie es un eximio ajedrecista en esa disputa. Profesor en la Universidad de Sciences Po-París, Badie ha desarrollado una obra a través de la cual ha observado el mundo desde el otro lado. No ya a partir de la potencia occidental sino desde el Sur. Autor de más de veinte obras que son una referencia, Badie es un vigoroso crítico de esa estrategia de las relaciones internacionales que se basa en la “potencia”, es decir, la intervención o la humillación, para regular las relaciones entre Estados. La colonización, la debilidad de los Estados del Sur que se desprende de ella, el mito de la hegemonía, la humillación de la que el Sur fue objeto y la forma paradójica en que hoy el Sur domina la agenda mundial son los ejes temáticos de sus últimos libros: Diplomacia del contubernio. Los desvíos oligárquicos del sistema Internacional; El tiempo de los humillados, patología de las relaciones internacionales (ambos editados por la Universidad Nacional Tres de Febrero), No estamos solos en el mundoCuando el Sur reinventa el mundo. Ensayo sobre la potencia de la debilidad; La hegemonia cuestionada. Las nuevas formas de la dominación internacional.

La actualidad internacional le ha dado la razón a muchas de las líneas de los análisis de Bertrand Badie. La insurrección social que estalló entre 2018 y 2019 en una docena de países contra las políticas neo liberales forman parte de ese rediseño del mundo protagonizado por el Sur. Son los llamados “débiles” quienes, hoy, reconfiguran el sistema y, con ello, impulsan el “segundo acto de la globalización”. El primero fue liberal, este será social. Bertrand Badie pone en el centro de esta reescritura del mundo el carácter inter social de los protagonistas: ya no son los Estados ni un sistema político desacreditado y corrupto los que se encargan de conducir la historia: son los pueblos, las sociedades, quienes asumen esa reinvención. Esa la paradoja alucinante la contemporaneidad: la potencia, el poder de la debilidad. Hemos cambiado de época, de paradigma y de actores.

-Hace tiempo que ha plasmado en sus ensayos lo que hoy es una evidencia: la impotencia de los poderosos. Hoy es la debilidad quien se toma su revancha. ¿Es la debilidad la que conduce hoy al mundo?

-La agenda internacional está más controlada por el Sur que por el Norte. Los grandes acontecimientos que condicionaron este principio del Siglo XXI son acontecimientos oriundos del Sur. El Norte es prisionero de una agenda fijada por los actores del Sur. Por primera vez en la historia, la competencia internacional se plasma no ya entre actores iguales sino entre actores de tamaño y capacidades diferentes. En el plano internacional, la potencia perdió toda su eficacia. La súper potencia norteamericana, que cubría el 40% de los gastos militares en el mundo, no ganó ni una sola guerra desde 1945, exceptuando las guerras bajo mandato de la ONU como la gran coalición “Tempestad del desierto” (Irak,1991). Las demás potencias militares también fracasaron: Rusia en Afganistán o Francia en África. El instrumento militar era la expresión absoluta de la potencia, pero ha perdido ante actores más pequeños.

-El poder ha cambiado de manos y de región. ¿Lo ve como un despertar repentino?

-Ahí hay un enigma que se explica, en parte, por la descolonización. La descolonización les dio a los débiles medios de acción y de intervención que eran desconocidos y que resultaron cada vez más eficaces: formas de conflicto, movimientos sociales, etc. Esto neutralizó las estrategias de la potencia tradicional. El segundo elemento es la globalización, que introdujo la interdependencia. Si el débil depende del fuerte, este también depende, cada vez más, del débil: puede ser el suministro energético, la estabilidad regional, el desplazamiento de poblaciones. El Sur acumuló recursos ante los cuales el Norte no puede desplegar su potencia. Luego, la caída del Muro de Berlín y el fin de la bipolaridad tuvo como como consecuencia algo inesperado, es decir, el fin de las políticas de poder. Entonces, efectivamente, para comprender las crisis de hoy es mejor mirar los indicadores de la debilidad, antes que los indicadores de la potencia.

-Pero estos países del Sur siguen pagando el precio de la colonización. Nuestras crisis de ahora tienen allí sus semillas.

-La colonización es el origen de todas las debilidades que constatamos hoy. La colonización rompió la dinámica institucional de las sociedades y por ello no pudieron producir por si mismas sus propias instituciones. Y cuando un pueblo no produce sus propias instituciones estas son poco legitimas, poco respetadas y en nada dignas de confianza. Los mapas de estos Estados colonizados fueron diseñados por el colonizador en función de sus rivalidades con otras potencias coloniales. La colonización ahogó igualmente la constitución de sociedades civiles horizontales, de asociación y de solidaridad. La colonización favoreció la instauración de religiones que se oponían al colonizador. El éxito del islam se explica por ello. En tierras del islam fue un factor de movilización. En Egipto, los Hermanos Musulmanes nacieron en oposición a la presión del colonialismo británico. En África, donde el islam era minoritario, el islam se volvió mayoritario porque funcionó como un instrumento de afirmación contra la potencia colonial. El factor humillación también está presente. Cuanto más humillados han sido los pueblos, más dispuestos estuvieron a recurrir al conflicto como instrumento de afirmación y reconquista. La colonización desempeña un papel enorme en las crisis actuales. América Latina tuvo la suerte de haber conocido una descolonización temprana y con ello pudo construir su propia modernidad.

-Todas las crisis del Sur también nos revelan las propias crisis del Norte colonizador. ¿Qué nos están diciendo sobre el Norte estas crisis en el Sur?

-Nos dicen tres cosas: la primera es que se nota una disminución de las capacidades de las potencias de antaño, tanto en el plano militar, institucional y, ahora, en el plano cultural. La cultura occidental era hegemónica, pero hoy le cuesta imponer esa visión jerárquica para ponerse por encima de las demás culturas. La segunda: estas crisis nos muestran cuánto les cuesta a las antiguas potencias comprender la globalización y adaptarse a ella. Las viejas potencias permanecen en el mundo de antes. Hay una incapacidad, por parte de las potencias históricas, de tomar en cuenta las potencias emergentes oriundas del Sur. Su ascenso en el espacio mundial ha sido considerado como una amenaza y, tal vez, también ilegitimo. La tercera: como las viejas potencias son incapaces de adaptarse al nuevo mundo, al que le tienen miedo, tienden a redescubrir el nacionalismo y la afirmación de la identidad. Y esta vez no lo hacen de forma revolucionaria, como fue el caso del nacionalismo en el Siglo XIX, sino de forma conservadora, es decir, protegiéndose del otro, del migrante, el extranjero, las otras culturas. Ese neo nacionalismo está prosperando en todas partes. Se trata de un elemento muy nuevo en el juego mundial.

-¿Hay un cuestionamiento de lo político, como menciona en sus ensayos, como sustento de la insurrección actual?

-Aquí nos encontramos con un fenómeno doble. El primero: lo político no se renovó con la globalización. Es una enorme paradoja. No se puede pensar que el mismo concepto político esté gobernando hoy en un mundo globalizado y ayer en un mundo dominado por los Estados Nación. Estos Estados Nación ya no dominan el juego mundial. Por consiguiente, la estructura política necesita adaptarse, cosa que no hace. El segundo: esta inadaptación de lo político crea una gran ineficacia y una incapacidad para producir respuestas políticas. En el Norte hay una crisis general de ineptitud para fijar políticas públicas. Esto ha creado un fenómeno sin precedentes que desembocó en una caída vertiginosa de la credibilidad y la confianza de la población ente la política. Los políticos perdieron la confianza de los ciudadanos. Los políticos son victimas de una hemorragia de recursos y el resultado de esto es que lo social se vuelve más fuerte que lo político. Por esta razón la política es incapaz de enfrentar a los movimientos sociales. Ahí tenemos lo que está ocurriendo en Chile, Ecuador, Argelia, Irán, Irak, Rumania, Republica Checa, Líbano, Hong Kong.

-A propósito de estos movimientos sociales mundiales, incluido el de los chalecos amarillos, usted recurre a un concepto novedoso para comprenderlos. Para usted, esas crisis remiten a la inter socialidad, a un perfil inter social.

-El espacio mundial se está reestructurando en torno a lo que llamo la tectónica de las sociedades. Es como si las placas sociales, al chocar las unas contra las otras, crearan los acontecimientos, los fenómenos de movilización, y les dejaran a los políticos una mera actitud reactiva. Antes no existía un orden internacional fuera de los Estados. Hoy es diferente por dos razones. Primero, el formidable crecimiento de las técnicas de comunicación. Todos los individuos comunican entre si. Las imágenes y las ideas circulan a una velocidad vertiginosa, mucho más rápido que los canales diplomáticos. La segunda razón es la globalización, es decir, el sentimiento de que todo el mundo depende de los demás, de que estamos todos cerca. Ello conduce a que las dinámicas sociales corran más rápido que las relaciones políticas.

-En este momento estamos en esa fase de vigor de los movimientos sociales. ¿Hay una suerte de fusión social interconectada?

-Estamos observando un mimetismo fabuloso entre los movimientos sociales en desarrollo. Si algo se mueve en Argelia, enseguida habrá movimientos en Sudán, en el Líbano, en Chile o en Irak. Las imágenes de esos movimientos circulan en el mundo y se ven los nuevos modelos de movilización que se forman. Este gigantesco movimiento mimético lleva a que las calles de Santiago de Chile, de Beirut o de París se parezcan. Las ideas también circulan a través de la inter socialidad, es decir, tanto en Chile como en Francia, impera el sentimiento común de que lo social es la gran victima del primer acto de la globalización. La dimensión social se dejó de lado y por esta razón las sociedades se reorganizan para exigir lo que se les debe. El primer acto de la globalización fue esencialmente económico e ignoró totalmente la dimensión social. El segundo acto reclama la restauración de esa dimensión. La gente se moviliza hoy según el mismo modelo y la misma gramática. A ello contribuye mucho la fuerza de las redes sociales. Ello lleva a una circulación planetaria de los modelos de movilización. Todo esto comenzó con la Primavera Árabe de 2011. Las revueltas árabes marcaron el punto de partida e incluso influenciaron a Europa del Sur. Esto es una concretización de la inter socialidad.

-Ese es, precisamente, otro de sus enunciados. ¿Estamos entrando en el segundo acto de la globalización?

-El primer acto de la globalización empieza con la caída del Muro de Berlín en 1989. Se habló del “fin de la historia” y del fin de las ideologías. Se supuso que el fin de ambas abría una nueva etapa de la humanidad con la economía como ciencia encargada de organizar el mundo. Así se plasma el neoliberalismo. Pero esto resultó costoso. La instalación del neo liberalismo se tradujo por un incremento de las desigualdades y la trivialización de nichos de pobreza, incluso en los países más ricos. Esa ignorancia de lo social que promovió la ciencia neo liberal provocó una reacción contestaría muy fuerte. El segundo acto de la globalización es justamente la dimensión social que regresa con fuerza y se opone al mismo tiempo a lo político y a la economía. Hay una severa critica de lo político, considerado ya como incompetente, incapaz, corrupto y escasamente legitimo. Esto lo encontramos en el discurso de los chalecos amarillos en Francia, en las manifestaciones en Argelia o en Santiago de Chile. Y al mismo tiempo hay un frente contra la economía donde se denuncia esa especie de arrogancia neo liberal que, al erigirse como ciencia, consideró que ya no cabía más deliberar sobre las decisiones económicas porque estas están impuestas por la razón, que consideró que ya no valía le pena preocuparse por lo social. Todo eso se rompió: estamos en el segundo acto de la globalización que está federando ese discurso anti económico y anti político y acarrea una convergencia entre sociedades tan diferentes. En las calles de Teherán o Santiago se escuchan las mismas consignas que en París.

-Este movimiento mostró mucha pujanza en la Argentina contra las políticas de ajuste de la presidencia de Mauricio Macri. Pero en todos estos casos, el enemigo final, el causante de todo el mal, es el Fondo Monetario Internacional. ¿El FMI asuza la revuelta mundial?

-La Argentina ha tenido una suerte providencial porque aún puede apretar el botón de la alternancia. La elección presidencial trajo una esperanza de cambio, porque se tradujo en la renovación política. Pero esto está bloqueado en muchos otros países, sea debido a las estructuras autoritarias, por ejemplo, Argelia, Irak o Irán, o sea porque ya no hay más alternancia posible. En Francia, por ejemplo, hace ya mucho que la alternancia derecha-izquierda ha dejado de existir. El FMI es de nuevo el blanco privilegiado, pero es una historia muy vieja. El FMI se ha convertido en el jefe de la orquesta de ese neoliberalismo oriundo del primer acto de la globalización. El FMI se volverá el punto de cristalización y también el punto de provocación. Es un horror que el FMI pueda exigir aún que se ponga fin a las subvenciones cuando se sabe que cuando se cortan las subvenciones, la gente se queda en la calle.

-¿Este segundo acto de la globalización es como una re invención del mundo?

-Asistimos a la reinvención del mundo. El viejo sistema internacional imperial ya no funciona más y hay que inventar un substituto. La invención de un nuevo orden internacional es indispensable. Y si pongo el acento en la fuerza del Sur, es porque el Sur detenta los hilos de esta reinvención, tanto en lo demográfico, en lo geológico, y también porque el Sur no fue el coautor del antiguo sistema. La lectura del Sur sobre la globalización es mucho más sana y directa. Estamos asistiendo al hundimiento del modelo neoliberal.

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Domingo, 08 Diciembre 2019 05:26

Nuevas protestas en Irak

Nuevas protestas en Irak

Miles de iraquíes volvieron a salir a las calles el sábado para protestar contra el régimen y su aliado iraní, después de la muerte de 20 manifestantes a manos de un grupo armado en Bagdad, lo que hace temer una escalada de la violencia. Poco después de esta matanza el viernes por la noche, un dron lanzó al amanecer un mortero contra la casa del líder chiita Moqtada Sadr, un ataque que podría "desencadenar una guerra civil", advirtió su portavoz, Salah al Obeidi, que pidió al mismo tiempo "moderación".

Moqtada Sadr, político versátil y exjefe de milicia que entregó oficialmente las armas pero conserva miles de combatientes, no se encontraba en su domicilio en el momento del ataque. El líder chiita fue el primero que había reclamado la salida del gobierno de Adel Abdel Mahdi, cuya dimisión fue aceptada el 1 de diciembre por el Parlamento.

El sábado, los manifestantes acudieron en masa a la plaza Tahrir, epicentro de la protesta en Bagdad, y a las calles en las ciudades del sur, para reclamar la caída del todo el sistema, a pesar del gran despliegue policial.  El viernes por la noche fue atacado un aparcamiento de varias plantas que ocupaban los manifestantes en las inmediaciones del puente Senek. Murieron 20 manifestantes y cuatro policías, y un centenar de persona resultaron heridas, según un último balance de fuentes médicas.

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Trump despoja de su petróleo a Siria, donde la OPCW falsifica para favorecer a EU/Israel

La retirada de EU en Siria –que permitió la invasión turca para someter a los kurdos sirios vendidos por Washington– fue fake, ya que, de la confesión de Trump, se redesplegó para capturar los campos petroleros, propiedad catastral del gobierno de Damasco.

En la cumbre de la OTAN –que padece muerte cerebral, según Macron–, Trump confesó que ahora EU tiene el control total sobre el petróleo que pretendía el Estado Islámico (EI) en Siria y queremos hacer con él lo que queramos (https://bit.ly/382WNYC). ¡Uf!

El ministerio de Defensa ruso fue muy severo sobre el “ banditismo estatal a escala internacional” de EU en Siria cuando nunca los yacimientos de petróleo pertenecieron a los terroristas del EI (https://bit.ly/369G8kH).

Para su bandidaje Donald Trump esgrime que sirve para cubrir sus gastos en la guerra civil siria, donde, junto a Francia y Gran Bretaña, armaron a los yihadistas del EI.

Amén del petróleo, el redespliegue de EU en Siria y su consolidación en Irak –hoy presa de la destrucción de los Bush y de la revuelta de sus millennials por hambruna posguerra– sirve dos propósitos: 1. Impedir la conectividad del creciente chiíta de estos dos países árabes con Irán; y 2. Bloquear parte de la Ruta de la Seda terrestre de China que va de Asia Central hasta Irán.

Después de la salvación del gobierno de Bashar al Asad por la intervención del ejército ruso, especialmente en la parte funcional de Siria –Léase: su costa en el mar Mediterráneo y su línea vertical urbana/cuatripartita de Alepo/Hama/Homs/Damasco–, quedó expuesta toda la fallida planificación cleptomaníaca de EU desde el binomio Obama/Hillary hasta Trump, para usar cualquier pretexto y plasmar su política deliberadamente nihilista en la región.

A finales de 2013, el binomio Putin/ Medvedev impidió la invasión de Obama a Siria gracias a un acuerdo salvador in extremis sobre la destrucción del arsenal de armas químicas (catalogadas como las armas atómicas de los pobres frente a las armas nucleares de las superpotencias) de Siria que luego ingresó a la hoy mancillada Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW, por sus siglas en inglés) –convención que no firma Israel, lo cual le permiten en forma asimétrica EU/GB/Francia.

Siria se adhirió al tratado después de su desarme químico por arreglo de EU y Rusia, con el fin de que Washington no destruyese a Siria.

El supuesto uso de armas químicas clandestinas por el gobierno sirio, en contra de los rebeldes yihadistas del EI en el barrio Duma de Damasco, le valió el único ataque que ha realizado Trump hasta ahora.

La panoplia de propaganda bien lubricada de EU/GB/Francia/Israel, en ese entonces, se fue a la yugular del gobierno sirio por su infanticidio masivo mediante su uso de las prohibidas armas químicas: ¡Un genuino acto barbárico en contra de la pacifista civilización occidental!

Ahora resulta que la espuria OPCW, con sede en La Haya –galardonada con el Premio Nobel de La Paz (sic) en 2013 por su noble labor de desmantelamiento de las armas químicas–, resultó, en el caso del barrio Duma en las afueras de Damasco, una vulgar falsificadora de reportes cocinados para beneficiar a EU/GB/Francia/Israel, como han demostrado el consagrado investigador Jonathan Steele (https://bit.ly/2OJ4hIP) y Peter Hitchens (https://dailym.ai/2Lh5Yew).

Los británicos Steele y Hitchens exponen la mendacidad flagrante de la OPCW que inventó el supuesto ataque con gases tóxicos por Asad para justificar los ataques misilísticos de EU y GB contra Siria.

Cada vez que los yihadistas eran desalojados aparecía mágicamente un falso reporte salvador con la ayuda de los montajes hollywoodenses de los vilipendiados cascos blancos.

Nada nuevo: los Bush también inventaron armas de destrucción masiva en Irak, que nunca existieron, para aniquilarlo.

El petróleo desde Irak hasta Siria vale bien la pena para las mendacidades de Occidente, donde un país es culpable hasta que NUNCA pueda demostrar su inalcanzable inocencia. Ante el petróleo no hay inocencia que valga.

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El ex presidente de Francia Nicolas Sarkozy, en imagen de 2007.Foto Ap

Después de la extrema unción de Emmanuel Macron –ex empleado de la esclavista Banca Rothschild– sobre el “fin de la hegemonía de Occidente (bit.ly/2L6xVpb)” y “la muerte cerebral de la OTAN (bit.ly/2OWK4y3)”, toca el turno al alicaído neogaullista Nicolas Sarkozy, quien decretó que “Occidente y Europa no son más los ejes del mundo (bit.ly/2R0OruF)”.

La consubstancial corrupción de Sarkozy no le obnubiló su lucidez. Occidente ( what ever that means) y Europa han sido rebasados por la resurrección de Rusia y la parusía de dos civilizaciones milenarias: China e India.

Sarkozy se equivoca al sentenciar que la crisis de los partidos Conservadores (sic) Liberales refleja la crisis de Occidente. No hay tal: da igual la pertenencia de cualquier partido en el amplio espectro permitido en los sistemas electorales de Occidente cuando los laboristas y/o socialistas, tipo travesti como Tony Blair, perdieron también su alma en el trayecto neoliberal global que fue el que periclitó cuando hoy los partidos, sean de cualquier bandera, cesaron de representar las aspiraciones y las voluntades de los ciudadanos, en particular, de los millennials que se han rebelado y revelado en los cuatro rincones del planeta (bit.ly/2qOFPg8) y que hoy carecen de futuro (bit.ly/34yZ9MF).

En Latinoamérica, la revuelta de los millennials va primordialmente contra el "Índice Gini" de la insoportable desigualdad del neoliberalismo global en su esencia antidemocrático por servir exclusivamente los intereses rapaces de la plutocracia.

Sarkozy no aporta nada nuevo cuando reconoce que Occidente y Europa –hoy diametralmente opuestos en la fase del trumpismo y del Brexit, como muy bien diagnosticó con ma-yor profundidad Macron– "no representan más el eje del mundo", por lo que "existen razones demográficas (sic) para ello": el "eje del mundo pasó de Occidente y hoy giró al Este.De 7 mil millones que habitan el planeta, 4 mil millones viven en Asia".

Hasta cierto punto, ya que Rusia con una demografía declinante –a cuya extinción poblacional apostó Estados Unidos, sin una guerra de por medio– mediante su mística y espíritu –palabras abolidas por el ultramaterialismo neoliberal–, que subsume "La Cuarta Teoría Política ( amzn.to/34AaufJ) " de Alexander Dugin (ideólogo del zar Vlady Putin), resucitaron a Moscú del cementerio geoestratégico donde la arrumbaron Gorbachov y Yeltsin.

Sarkozy aduce correctamente que es difícil que exista "una sola Europa con 27 países" cuando hay "cuatro Europas: la de Schengen, la del Euro, la de la Defensa y la de la Unión", lo cual es cierto a nivel jerárquico/estratégico cuando también existe una distinta visión regionalizada de otras cuatro Europas, a mi juicio: “norte, sur, central y oriental, con diferentes velocidades y dispersas en su múltiples instituciones y en la zona Euro de países de primera y segunda clase (bit.ly/33BgmUy)”.

Sarkozy comenta en forma polémica que "bajo la presión de las redes sociales (sic) lo que está de moda es la horizontalidad. Pero yo sólo creo en la verticalidad: un líder, un equipo, una visión, una ambición. En nuestras sociedades de hoy el liderazgo se ha vuelto ilegítimo (sic), el mundo se mueve a gran velocidad y los líderes, para actuar, tienen que esperar a tener la opinión de hasta la última asociación. La democracia no es eso". La democracia de Sarkozy es anacrónica y no tiene nada que ver con la topografía de la "nueva democracia del siglo XXI", que conjuga horizontalidad con verticalidad, en un esquema holístico envolvente donde participan las redes sociales como nuevas correas de transmisión de la comunicación hightech e incorporan a los millennials y a las poblaciones rurales despreciadas por los rascacielos urbanos/suburbanos.

Los errores epistemológicos y filosóficos de su caquistocracia y la ausencia de sabios y pensadores –sustituidos por analistas bursátiles/econometristas e ignorantes comunicadores de pacotilla a sueldo de sus mendaces multimedia– aniquilaron la pluralidad cerebral de un Occidente que se suicidó.

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 Manifestantes contra el gobierno iraquí durante las protestas en Bagdad. / Reuters

Bagdad. Al menos tres manifestantes murieron y 58 resultaron heridos ayer durante nuevas protestas antigubernamentales en Irak pese que el primer ministro, Adel Abdel Mahdi, presentó formalmente su renuncia ante el Parlamento.

Miles de iraquíes volvieron a salir a las calles de Bagdad y de ciudades del sur del país, decididos a mantener la movilización hasta que se marchen todos los corruptos. En dos meses de protestas, más de 420 personas han muerto y unas 15 mil resultaron heridas, indicó un balance de la Afp basado en fuentes policiales y médicas.

Seguimos adelante con el movimiento. La dimisión de Abdel Mahdi solo es una primera etapa. Hay que sacar del poder y juzgar a todos los corruptos, señaló uno de los manifestantes a la Afp, en la ciudad sureña de Dinawiya.

Los manifestantes recibieron un importante apoyo del gran ayatola Alí Sistani, la mayor autoridad religiosa chiíta de Irak, quien instó el viernes al Parlamento a remplazar al primer ministro.

Abdel Mahdi entregó ayer su carta de renuncia al Parlamento, al que apremió a elegir un sucesor lo antes posible. Los diputados sesionarán hoy para discutir la dimisión, en la que la oposición llama a un voto de desconfianza, y los paramilitares pro-Irán, que hasta ahora apoyaban al primer ministro, prometieron un cambio.

Al menos tres personas murieron y 24 resultaron heridos ayer cuando fuerzas de seguridad dispararon con munición real a manifestantes en la ciudad santa de Nayaf, en el sur del país.

Otros 11 manifestantes fueron heridos cerca del puente Ahrar de Bagdad cuando las fuerzas de seguridad dispararon con munición de guerra y lanzaron gases lacrimógenos para dispersarlos.

En la ciudad santa chiíta al sur de la capital, Kerbala, manifestantes y policías se lanzaron cócteles molotov.

En Nasiriya, decenas de jóvenes quemaron neumáticos ayer para cortar el tráfico en tres puentes sobre el Éufrates, informaron periodistas de la Afp. Paralelamente, varios centenares de personas se congregaron en un campamento instalado en una plaza del centro de la ciudad, donde los enfrentamientos con la policía dejaron 16 heridos.

Desde el jueves, 42 manifestantes han muerto soló en Nasiriya, donde la policía dispersa las protestas con munición real.

Los manifestantes buscan poner fin al sistema político concebido por Estados Unidos desde la guerra e invasión de 2003 y el derrocamiento de Sadam Husein. También critican la creciente influencia del vecino Irán en la vida política del país.

Los iraquíes reclaman una nueva Constitución y sobre todo una renovación total de la clase política, considerada incompetente y corrupta ya que ha permitido que en 16 años se evapore el equivalente de dos veces el producto interno bruto anual de este país, segundo exportador mundial de petróleo.

Por otra parte, decenas de libaneses se reunieron ayer frente a la embajada de Irak en Beirut en solidaridad con los numerosos manifestantes iraquíes que murieron en días recientes en ese país.

Con banderas de ambas naciones y fotos de manifestantes iraquíes fallecidos por disparos, los manifestantes, algunos con una vela en la mano, deploraron la masacre.

La revolución en Líbano y la revolución en Irak son una, explicó a la Afp Layal Siblani, uno de los organizadores de la sentada.

Desde el 17 de octubre, Líbano vive un movimiento popular de protesta sin precedente contra la clase dirigente, considerada corrupta, igual que en Irak, y contra un sistema político basado en la religión y el clientelismo.

 


 

Las revueltas de Irak buscan un cambio de sistema y el fin de la injerencia extranjera

 

Con más de 400 muertos en dos meses de protestas, principalmente en las ciudades chiíes, Irak se arriesga a caer en una espiral de violencia imparable que conduzca a una guerra civil. Los manifestantes quieren acabar con la disfunción del sistema político y con la influencia extranjera, especialmente de Irán. El futuro no es muy halagüeño.

 

JERUSALÉN

30/11/2019 09:12 Actualizado: 30/11/2019 09:12

 

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

 

Después de dos meses de protestas diarias con cientos de muertos, el primer ministro iraquí, Adel Abdul Mahdi, anunció el viernes que presentará su dimisión ante el parlamento para facilitar una salida a la crisis que han desencadenado unas revueltas populares que persiguen un cambio radical del sistema político y el cese de la influencia extranjera, principalmente de Irán.

El anuncio, en el que se Abdul Mahdi mencionó “la violencia y el caos” reinantes, llegó poco después de que el máximo líder religioso chií de Irak, el ayatola Ali al Sistani, instara a un cambio de gobierno y criticara a Abdul Mahdi por reprimir con fuerza a los manifestantes. Es muy probable que Abdul Mahdi, que ha desempeñado el cargo durante un año, formalice la dimisión en las próximas horas y que se establezca un nuevo gabinete que, en cualquier caso, no tendrá demasiadas facilidades para gobernar y reconducir el desbarajuste general.

Antes de anunciar la dimisión, el primer ministro advirtió que la situación puede deteriorarse hasta provocar un “choque civil” entre chiíes. En medios iraquíes cercanos a Teherán, se indicó que algunos funcionarios estadounidenses han estado impulsando unas revueltas que poco tendrían de espontáneo y que persiguen aislar aún más a Irán y acabar con sus aliados en la región.

El aspecto más visible de las protestas de los últimos días ha sido la ira que una parte de los manifestantes han demostrado contra la presencia y la influencia de Irán, una presencia e influencia que ha sido patente desde la invasión norteamericana de 2003, y que cada día es más visible, por ejemplo en la abundancia de bienes y productos originarios del país vecino, y que algunos comparan a una invasión silenciosa.

La presencia de Irán no es solamente comercial. También en el ámbito de la política, es obvio que esa incidencia es considerable. Los iraquíes lo ven a diario y muchos atribuyen las disfunciones endémicas de su propio gobierno a esa influencia. Las cosas no funcionan, la marcha de la economía se traduce en un malestar general que no es nuevo pero que ahora ha trascendido a la calle con violencia.

El malestar no se ha cebado exclusivamente en las representaciones iraníes, en sus consulados especialmente, sino también en edificios gubernamentales. Se ha prendido fuego a viviendas de parlamentarios, y se ha protestado contra la injerencia de Estados Unidos y de Turquía en particular. Los manifestantes creen que las cosas marcharían mejor sin tanta injerencia y por eso protestan. Además, han pedido el boicot de los productos iraníes y extranjeros en general en favor de los productos locales.

El sentimiento antiraní brotó a principios de octubre, cuando los manifestantes irrumpieron en el consulado iraní de la ciudad santa chií de Nayaf, retirando la bandera iraní e izando la bandera iraquí, para luego prender fuego al edificio. Los funcionarios iraníes a duras penas consiguieron escaparse de la ira por una puerta trasera. Con anterioridad, en 2018, los manifestantes ya habían atacado el consulado iraní en Basora.

Muchos iraquíes ven que el sistema político que se creó tras la invasión americana no está funcionando, y lo achacan a la injerencia exterior. No solo eso, creen que la influencia iraní, y en gran medida también la influencia de Estados Unidos, es lo que impide las reformas necesarias para acabar con un sistema que se sostendría desde fuera más que desde dentro.

Hace menos de un mes, el 4 de noviembre, los manifestantes atacaron el consulado iraní en Karbala, otra ciudad chií. Es significativo que las protestas contra Teherán tengan lugar en el sur, la región chií del país. Esto quiere decir que muchos chiíes iraquíes están realmente cansados de las intervenciones de los chiíes iraníes, un aspecto a tener en cuenta.

Al mismo tiempo, debe señalarse que desde que las protestas se iniciaron en Bagdad a principios de octubre, las fuerzas de seguridad se han tenido que emplear a fondo para evitar que los manifestantes llegaran a la Zona Verde de la capital, donde se encuentran numerosos edificios del gobierno y embajadas extranjeras. Desde entonces, más de 400 personas han muerto y hay millares de heridos.

En las protestas, los líderes iraníes han sido objeto de ataques por parte de los chiíes iraquíes. El guía supremo de la revolución iraní, el ayatolá Ali Khamenei, y el Qassem Soleimani, jefe de la Fuerza al Quds, han concitado la ira de los manifestantes en más de una ocasión, y se ha prendido fuego a sus retratos.
Después de ver un detallado informe confeccionado por los servicios de inteligencia iraquíes entre 2014 y 2015, los periódicos The New York Times y The Intercept denunciaron la “agresividad” de Irán en lo relativo a su “infiltración” en Irak, incluida su influencia política, religiosa y económica. La filtración se produjo el 18 de noviembre y ha arrojado más leña al fuego.

El día más trágico desde principios de octubre fue el jueves, cuando las fuerzas de seguridad dispararon munición real contra los manifestantes en las dos ciudades de Nasiriya y Nayaf, causando la muerte de unas 54 personas. El viernes se procedió a enterrar a las víctimas pero también hubo protestas, especialmente en Nasiriya. Numerosos líderes locales exigieron la dimisión inmediata del gobierno de Bagdad.

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De Argelia a Iraq, los pueblos del mundo árabes vuelven a revelarse abiertamente

 Estamos asistiendo a la segunda oleada de protestas y rebeliones en el mundo árabe. La primera comenzó en diciembre de 2010 y provocó la caída de las dictaduras de Túnez, Egipto, Libia y Yemen. También provocó disturbios en Bahrein y Siria, por no hablar de numerosos movimientos de protesta en Marruecos, Argelia, Iraq y Sudán. Luego vino la contrarrevolución, cristalizada dramáticamente en Egipto con en el golpe de julio de 2013 financiado por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Combinación de represión con inyección de capital fresco –de los países del Golfo o de los ingresos del petróleo– y algunas concesiones más o menos formales, pareció confirmar que el viejo orden se mantenía utilizando la amenaza de guerra civil como elemento disuasorio frente a los manifestantes de todos los sectores.

Y sin embargo, quienes una vez más, particularmente en Occidente, albergaban la esperanza de que la “estabilidad” volvía han tenido que cambiar de opinión. En 2019 se ha reavivado la llama revolucionaria: en Sudán un levantamiento popular derrocó la dictadura de Omar Al Bashir, casi treinta años en el poder; en Argelia, una enorme oleada de protestas frustró la candidatura para un quinto mandato de un presidente decrépito y ha seguido exigiendo el fin de un “sistema” que ha desangrado al país; el pueblo iraquí se está levantando para denunciar el sistema impuesto por Estados Unidos en 2003 sostenido por Irán y apuntalado en el confesionalismo y la corrupción. Y finalmente los libaneses, hartos de los mismos males, han salido a las calles exigiendo “que se vayan todos”. Incluso los egipcios, controlados y aplastados por un aparato represivo sin parangón en la historia del país, salieron a la calle a protestar en septiembre en manifestaciones modestas pero extendidas al Cairo, Suez, Alejandría y Mahalah Al Kubra.

El Estado por encima de la ciudadanía

Esta segunda ola se nutre de las mismas razones que la primera: estructuras de poder autoritarias que abusan del pueblo deteniendo a la gente arbitrariamente y no sólo por razones políticas, encarcelando, brutalizando, y torturando; situaciones sociales insoportables marcadas por un desempleo generalizado, sobre todo entre los jóvenes, y enormes disparidades que se agravan cada día. Oriente Próximo es la región más desigual del mundo. La injusticia social está en el centro del movimiento, más incluso que en 2011.

Estos hirak [ movimientos], como se denomina a todos estas revueltas, han aprendido las lecciones del pasado: rechazan la lucha armada a pesar de la brutalidad de la represión –como en Iraq y Sudán–, impiden los intentos de dividir a los manifestantes por sesgos confesionales, y desacreditan el fantasma de las “conspiraciones extranjeras”. Asimismo han tomado conciencia de que la verdadera confrontación no está entre supuestos sectores laicos y supuestos islamistas. Pero se enfrentan a una gran dificultad, un obstáculo que sortearon en 2011-2012: imaginar un nuevo orden económico y social.

Cuando el mundo árabe cambió

Para comprender la dificultad de esta tarea debemos remontarnos al final de la Segunda Guerra Mundial, a los años de la descolonización y a las luchas por una verdadera independencia política aunada a la exigencia de eliminar las bases militares y la influencia occidentales. Las antiguas colonias o “protectorados” también se comprometieron a recuperar sus recursos naturales, construir un poderoso sector público y aplicar la reforma agraria. Este proyecto se materializó de Egipto a Iraq y de Argelia a Siria. El desarrollo de los sistemas de educación y salud mejoró considerablemente las condiciones de vida de los sectores más empobrecidos de la población. A estas opciones se sumó una política exterior independiente dirigida a la no alineación. A pesar del alto precio a pagar –un aparato policial omnipresente y la drástica reducción de las libertades civiles– la mayoría de fuerzas políticas hicieron suyo ese programa en los años sesenta y setenta, tanto si estaban en el poder como en la oposición.

Sin embargo, la derrota de los países árabes en junio de 1967 en su guerra contra Israel, la muerte del presidente Gamal Abdel Naser en 1970 y del presidente argelino Huari Bumedian en 1978, así como la intensificación de la crisis del “sistema socialista” representado por la URSS, marcaron un punto de inflexión. Y con la llamada crisis del petróleo de 1973, las monarquías del Golfo aumentaron su influencia en la región.

A escala internacional, la globalización económica y el triunfo del neoliberalismo hicieron que el “consenso de Washington” [1] se impusiera al resto del mundo, y los criterios del Fondo Monetario Internacional (FMI) se convirtieron en la única vía hacia el desarrollo. “No hay alternativa”, proclamó Margaret Thatcher. Los planes elaborados por el FMI, aprobados por el Banco Mundial y la Unión Europea, se aplicaron sin tener en cuenta las consecuencias sociales.

Con su política de infitah [apertura económica], el presidente egipcio Anwar El Sadat comprometió a su país en una dirección que pronto siguieron otros. El sector público paralizó su actividad, a veces simplemente se vendió a intereses privados. A partir de entonces, las élites miraron a Washington y dieron la espalda a las “viejas” reclamaciones nacionalistas y a su apoyo al pueblo palestino. Las libertades civiles retrocedieron porque los diversos cuerpos policiales seguían dominando toda la actividad política.

Los políticos se mantienen unidos

Este modelo neoliberal basado en el libre comercio ha resultado desastroso para la gente común. En lugar de asumir las tareas del sector público, el sector privado ha invertido todos los beneficios de su saqueo en paraísos fiscales. Millones de jóvenes bien formados no han encontrado buenos trabajos en sus países y muchos han emigrado en muchos casos poniendo en riesgo sus vidas. La caída del mercado en 2008 confirmó que la naturaleza de la crisis no se limitaba al mundo árabe, como demostró Grecia o Chile. Y mientras tanto, la amenaza del calentamiento global probablemente volverá a esta región en inhabitable.

Estrecha es la puerta

Hoy empieza a surgir una nueva cultura política democrática que requiere programas económicos que no pueden reducirse a “paga tus deudas y abre tus mercados”. Sin embargo, ya no hay ningún otro modelo disponible, excepto el capitalismo de estado a la manera china, lo que implica trampas inhumanas como la subcontratación y la explotación feroz de mano de obra local, un modelo que ya no se puede poner en práctica fácilmente hoy en día porque la subcontratación está pasada de moda, los mercados se están cerrando y la emigración es cada vez más peligrosa para quien la emprende.

¿Qué hacer? Contrariamente a lo que muchos dirigentes occidentales imaginan, la estabilidad no puede restaurarse sin transformaciones políticas profundas. Mantener a las élites actuales en el poder significa agravar el caos que afecta directamente a organizaciones radicales como Al Qaeda, ISIS o algún otro movimiento que aún no ha nacido. El otro camino, estrecho, escarpado y lleno de obstáculos, es el de la nueva cultura pluralista emergente y el desarrollo de economías nacionales basadas en la satisfacción de las necesidades reales de las personas. Y esto requiere una ruptura con la lógica neoliberal y el libre comercio desenfrenado.

Por lo tanto, se plantea la cuestión, tanto para Francia como para la UE, de si vamos a acompañar estas opciones o nos vamos a aferrar a un dogma anticuado que sólo puede empeorar una inestabilidad por la que también nosotros tendremos que pagar un alto precio.

Nota:

  1. Nota del editor: “El Consenso de Washington” se refiere a un acuerdo tácito entre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) apoyado por el Tesoro de Estados Unidos, para proporcionar ayuda financiera a los países en desarrollo en dificultades sólo a condición de que adopten principios de estricta disciplina presupuestaria, reorientando el gasto público hacia sectores que garanticen un rendimiento positivo de la inversión, reformando sus leyes tributarias, desregulando sus mercados y garantizando la estabilidad monetaria.

Por Alain Gresh y Jean Pierrer Sereni

Orient XXI

Traducción para Rebelión de Loles Oliván Hijós.

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La senadora boliviana Jeanine Anez hace un gesto mientras posa para una foto después de declararse presidenta interina de Bolivia, en el Palacio Presidencial, en La Paz, Bolivia, el 12 de noviembre de 2019.Carlos Garcia Rawlins / Reuters

El reciente golpe de Estado en Bolivia, la llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil y el posible triunfo electoral de la derecha en Uruguay tiene un punto común: la vinculación de los líderes políticos con organizaciones eclesiásticas.

 

Después de la llamada 'década ganada' de la izquierda en América Latina, en el último tiempo el avance de grupos conservadores en diferentes países ha dado como resultado la llegada al poder de figuras que, una vez más, han puesto a prueba la estabilidad democrática en Sudamérica. 

Entre ese ascenso hay un factor común: la vinculación de algunos de esos líderes políticos con agrupaciones religiosas. Lo sucedido recientemente en Bolivia, donde un golpe de Estado invocado en nombre de "Dios" terminó por derrocar a Evo Morales; la llegada al Gobierno brasileño de líderes evangélicos por intermedio de Jair Bolsonaro; y el posible triunfo de la derecha en Uruguay con referentes religiosos, podrían proveer a los sectores eclesiásticos un rol decisivo dentro de la conducción de sus países. 

 

Golpe de Estado 'con Dios y la Biblia'

 

El pasado 10 de noviembre se produjo en Bolivia la renuncia forzada del mandatario, Evo Morales, luego de un golpe de Estado perpetrado por las Fuerzas Armadas y alentado por una oposición con una fuerte impronta religiosa.

Entre los referentes que impulsaron la salida por la fuerza de Morales están la exsenadora y actual presidenta autoproclamada de Bolivia, Jeanine Áñez, y el empresario y líder del partido cívico 'Comité pro Santa Cruz', Luis Fernando Camacho.

Dos días después de consumado el golpe, Áñez recibió la banda presidencial en el Palacio Quemado por parte del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Al momento de su asunción ilegal como mandataria "interina" del país andino, la exsenadora de 52 años sostenía una enorme Biblia entre sus manos. "Dios ha permitido que la Biblia vuelva a entrar a Palacio, que él nos bendiga", sentenció.

En la misma línea, Fernando Camacho, un ferviente practicante católico e integrante de la élite política de Bolivia en el distrito de Santa Cruz, se convirtió en un referente crucial de la oposición local luego de la destitución del primer presidente indígena del país. Es que en los días previos al golpe, mientras aumentaba la presión interna y externa para derrocar a Morales, el fundamentalista religioso había esbozado una promesa: "Haré todo lo posible para que Dios vuelva a estar en el Palacio Quemado". 

Con la colaboración de los altos mandos militares y la incitación a la violencia en las calles, Camacho cumplió con su anhelo: fue la primera persona en ingresar al palacio oficial en La Paz con un libro sagrado en sus manos, tan solo un día después del golpe.

"No estoy yendo con las armas, voy con mi fe y mi esperanza; con una Biblia en la mano derecha y su carta de renuncia (por Morales) en mi mano izquierda", había anunciado momentos antes de entrar a la sede principal del Ejecutivo boliviano.

Para el politólogo boliviano Marcelo Arequipa, el ascenso de grupos religiosos en el país tuvo su punto de partida antes de las elecciones presidenciales del 20 de octubre. "Lo más notorio fue la candidatura del Partido Demócrata Cristiano con el surcoreano nacionalizado, Chi Hyun Chung", detalla el especialista. El oriental, quien también es pastor evangélico, alcanzó el tercer lugar en los últimos comicios, con más de medio millón de votos.

"Estos grupos", retoma Arequipa, "se introdujeron hábilmente en algunas preocupaciones generales que tenía la población. Después, lo que hicieron fue cohesionar al electorado en torno a ellos". En ese sentido, el politólogo advierte que los religiosos supieron consolidar a un enemigo en común: Evo Morales. "Han ingresado en lo opinión pública al punto tal de influenciarla a su favor", puntualiza.

Pero quien terminó por aglutinar a 'la fuerza de Dios' fue el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Fernando Camacho. "Es el que va a llevar el mensaje de 'esto no se trata de un golpe de estado sino de liberar a la nación de un tirano'. La bandera del nacionalismo católico predominó todo el tiempo", afirma el analista político. Y remarca: "Ese discurso de la derecha ha calado hondo porque ha dado como resultado la solidificación del anti-evismo".

Desde el año 2009, a través de la promulgación de una nueva Constitución por parte del mandatario dimitido, Bolivia se ha declarado como un Estado laico y plurinacional. Esa decisión supuso un quiebre con la iglesia local. "Hoy, los cuadros políticos de Camacho y Áñez han abandonado la idea del estado plurinacional", explica Arequipa. "La idea de un Gobierno tecnócrata, con ideales propios de la derecha, es el proyecto político que buscará consolidarse en adelante", finaliza el especialista.  

 

Bolsonaro, entre balas y cruces

 

Las polémicas declaraciones del mandatario de Brasil ya son conocidas en toda la región. Su homofobia extrema, junto a la abierta misoginia y discriminación a minorías sexuales, han dado como resultado la identificación del ultraderechista con los sectores más férreos de una religión predominante en distintas esferas del poder brasileño. Tal es su fanatismo, que este último jueves presentó su nuevo partido político ─Alianza por Brasil─ bajo el lema: "En defensa de Dios y repudio al comunismo".

Ariel Goldstein, politólogo argentino y autor del libro 'Bolsonaro: La democracia de Brasil en peligro', recalca que la alianza entre el político y los grupos evangélicos fue sustancial para su llegada a Planalto. "Edir Masedo, empresario religioso y dueño de TV Récord, la segunda cadena con mayor audiencia televisiva en el país, le dio apoyo durante toda su campaña. No es casual que el 70 % del electorado evangélico haya votada por él en 2017", explica el especialista.

Goldstein remarca que, en la medida que el mandatario decae en popularidad ciudadana, encuentra en los sectores eclesiásticos cada vez más apoyo: "Son las bases populares que, de otro modo, no podría obtener", refiere.

Asimismo, el politólogo destaca el crecimiento parlamentario que la fuerza religiosa tuvo en el Congreso Nacional. "En 2003, cuando se crea el Frente Evangélico, tenían unos 50 diputados y ocho senadores. Hoy llegan a los 200 legisladores en la Cámara Baja y 50 en la Alta", precisa.

El arribo de figuras evangélicas al Estado también es una particularidad de la actual administración. La pastora Damares Alves, por ejemplo, fue nombrada por Bolsonaro como ministra de la Mujer, Familia y Derechos Humanos. "Fue quien resaltó que las niñas debían vestirse de rosa y los niños de azul y no admitía una familia con otros componentes [al tradicional]. El gabinete del presidente presenta muchas figuras con la misma ideología", resume el analista político.

Pero hubo un hecho que el especialista considera como la consolidación de las relaciones entre el Estado brasileño actual y los grupos religiosos. "Bolsonaro fue el primer mandatario en asistir a la 'marcha para Jesús', el principal evento evangélico del país celebrado en junio", considera Goldstein.

Sin embargo, el politólogo ve con preocupación la expansión de componentes religiosos en la esfera pública. "Debería permanecer en el ámbito privado, de otra manera constituye un ataque al pluralismo", dice. Y agrega: "Con este escenario, se expande la visión religiosa de la política: quienes están del lado del bien y quienes del mal. Son narrativas que ponen en riesgo la democracia en la región", finaliza.

 

¿Fin del progresismo en Uruguay?

 

Por lado de Uruguay, el Partido Nacional, representando a diferentes grupos de la élite política que incluyen sectores eclesiásticos, se ha acercado a la presidencia en la votación del pasado domingo, tras un reñido balotaje contra el oficialismo. Aunque el resultado final se haya pospuesto por el escaso margen de diferencia, el candidato opositor, Luis Lacalle Pou, se muestra como favorito ante el progresista Daniel Martínez, líder del Frente Amplio.

Como coalición al Partido Nacional está la formación de 'Cabildo Abierto', agrupación política que se alió a Lacalle Pou con miras a derrotar al oficialismo en las urnas. Los integrantes de ese espacio, por su estrecha relación con la iglesia local, se oponen abiertamente a las leyes como el matrimonio homosexual, la legalización de la marihuana, la protección de las personas transexuales y la despenalización del aborto, derechos por los que Uruguay ha sido pionero en la región. 

"Dentro de poco nos van a imponer una ley para que la homosexualidad sea obligatoria", se había quejado Guillermo Domenech, candidato a vicepresidente por 'Cabildo Abierto' en la primera elección de octubre. El exmilitar Guido Manini Ríos, quien está al frente de la agrupación, también había expresado públicamente su rechazo a la "ideología de género", al considerar el concepto como un "libreto extranjero". 

Este viernes finamente se conocerán los resultados que señalarán al nuevo mandatario de Uruguay. Si bien el líder del Partido Nacional lleva una minúscula ventaja con respecto a Martínez, Lacalle Pou se muestra confiando en ser el posible sucesor de Tabaré Vázquez.

Aunque el líder conservador aún no confirmo quienes integrarán su eventual Gobierno, la expectativa por la participación de integrantes de 'Cabildo Abierto' en su gabinete genera una nueva incertidumbre en el país sudamericano, dada las polémicas figuras que podrían estar al frente de los diferentes ministerios.

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