Las asambleas llegaron a Chile para romper con el modelo 

Vecinos que se cruzaban sin hablarse ahora se juntan en las plazas para compartir “la once”, la merienda chilena, mientras discuten sobre cómo construir un sistema político que los incluya.

 

Si un año atrás alguien le hubiera planteado a un chileno que en pocos meses iba a encontrar asambleas en su barrio para opinar y decidir sobre el futuro del país, seguramente no lo hubiera creído. Pero está pasando. En Chile el 18 de octubre de 2019 marcó un antes y un después. El levantamiento social que empezó con los estudiantes secundarios saltando los molinetes del subte fue adquiriendo nuevas formas de organización. 

Uno de los fenómenos más extraordinarios son las miles de asambleas que se crearon en cada rincón del país. Como en la Argentina del 2001 los vecinos se reúnen para opinar sobre la realidad y tomar medidas concretas contra el modelo represivo de Sebastián Piñera.

“Empezamos a cuestionarnos la forma en que vivimos”

A pocas cuadras de la Plaza de la Dignidad, la denominada “zona cero” de las manifestaciones en Santiago, se reúne la asamblea Marín. Priscila Rojas de 37 años es una de las vecinas que forma parte de los encuentros. “La asamblea surgió como lo hicieron casi todas, de manera espontánea a raíz de la rebelión popular del 18 de octubre, luego de que el gobierno saliera a reprimir a los estudiantes y sacara a los militares de la calle”, explicó Priscila. Los cacerolazos fue la forma en que la gente de a pie hizo escuchar su oposición a la terrible represión que recién comenzaba. “Un caceroleo tras otro llevó a que los vecinos espontáneamente empezáramos a conversar entre nosotros. Y ahí surgieron las asambleas. Vivir en un modelo tan neoliberal como tiene Chile significa no solamente establecer relaciones económicas, sino que también es una forma de vida, una forma de encontrarnos cotidianamente, que era muy individualista. Las asambleas vienen a romper con eso”, sostuvo Rojas.

De repente Santiago pareció el escenario de una película surrealista: decenas de vecinos se empezaron a juntar en las esquinas o en las plazas, ocupando el espacio público. Carlos Villalobos, de 43 años, también forma parte de una asamblea en Santiago. En diálogo con PáginaI12 intentó expresar lo que significa para él formar parte de este momento único. “Es en una ruptura total con la cotidianeidad a la que estábamos sometidos. Por eso el ambiente que se vive es muy especial y de mucha alegría. Hay una recuperación del sentido de lo humano desde la rebelión, desde la apropiación de los espacios por parte de nuestras comunidades”, sostuvo Carlos.

Pero las asambleas lejos de ser espacios ideales están llenas de contradicciones y tensión. Aceptar la mirada del otro y construir comunitariamente es todo un desafío. “En mi asamblea hay gente de todas las edades, con formaciones muy distintas. La verdad es que hay de todo. Y lo que se ve es un vaciamiento de contenidos en el discurso normal de las personas. Pensá que llevamos apenas unos meses y un vecino común y corriente que a lo mejor se abstenía de participar políticamente, hoy se muestra interesado en el devenir del país. Y por lo tanto está ensayando su opinión”, expresó Villalobos. Pero la necesidad de decirle basta a los atropellos que el sistema económico chileno descarga sobre el pueblo es lo que potenció el encuentro. “Empezamos a cuestionarnos el sistema que nos impusieron desde hace más de 30 años. Ese es uno de los temas que no podíamos evitar en cada encuentro. También nos juntamos para resistir la enorme represión que estábamos viendo en ese momento y que todavía sigue”, dijo Rojas.

“Los Carabineros parecen un ejército de ocupación extranjero”

A los pocos días de producirse el levantamiento social en todo Chile, Piñera declaró el toque de queda y decidió sacar a los militares a las calles. La imagen de los camiones cargados de soldados recorriendo todo el país fue un duro golpe para la memoria de muchos chilenos. Durante esos días y hasta hoy, se vive una represión sanguinaria, con miles de denuncias por violación a los derechos humanos. Si en Santiago la represión fue violenta, con todos los medios de comunicaciones informando a diario, apenas si cabe imaginarse cómo habrá sido en las zonas menos visibilizadas del país. Andrea González de 30 años, forma parte de la Asamblea Marga Marga ubicada de Quilpué, una zona de valles verdes ubicada entre Santiago y Viña del Mar. González cuenta que la comisaría de su ciudad es tristemente célebre por tener el mayor de número denuncias a nivel nacional por el accionar de sus efectivos. “Aquí hubo violaciones, torturas, vejámenes, incluso secuestros, principalmente de menores y mujeres. Desde nuestra asamblea entendimos que no nos podíamos quedar en la denuncia. Entonces decidimos hacer protestas frente a las comisarías, vigilar el actuar de Carabineros. Nos instalamos afuera de la comisaría. Dormimos ahí para poder hacer presión e impedir de alguna manera que violentaran y violaran a nuestros niños”, contó González.

Enfrentar el miedo encarnado en los cuerpos que dejó la dictadura militar de Augusto Pinochet es un gran desafío para buena parte de la población chilena. “Muchos de nuestros adultos se mostraban muy asustados. Lo que nosotros llevamos viviendo hace 100 días ellos lo vivieron 17 años, y con situaciones mucho más horrorosas de las que nosotros podamos imaginar. Sin embargo, desde las asambleas decidimos hacer algo por que entendimos que ese miedo fue uno de los motivos por los que Chile se demoró tanto en levantarse”, explicó Rojas. “Estamos frente a una especie de ejército de ocupación extranjero que considera a la ciudadanía su enemiga”, graficó Villalobos para dar una dimensión de lo que generan los carabineros.

“Hicimos todo lo que el modelo nos exigió para llegar al éxito”

La crítica profunda al sistema neoliberal es el denominador común en las asambleas. La gente habla desde su cansancio. No quieren vivir más endeudados, no entienden por qué hay que pagar tanto por los servicios básicos mientras una elite se llena los bolsillos. Es la famosa dignidad la que reclama el pueblo chileno en las calles. Y las asambleas son el espacio para expresar su hastío con la política partidaria. “Lo que aparece en nuestras asambleas es la necesidad de construir una nueva institucionalidad que permita al pueblo tomar decisiones. Una democracia participativa, no una democracia representativa”, argumentó Villalobos. Fuera de Santiago la Asamblea Marga Marga también pone en agenda la necesidad de denunciar los graves conflictos socioambientales que genera el modelo chileno. “El desarrollo inmobiliario está arrasando con los bosques nativos y avanza sobre la vegetación de nuestros cerros. Tenemos que entender que son el sustento para habitar con dignidad nuestro territorio”, sostuvo González.

El pueblo de Chile dijo basta. En base a la organización y la unión, las asambleas están decidas a no repetir las recetas que sólo enriquecieron a unos pocos. Así lo expresa Priscila la asambleísta de Santiago: “Nosotros somos la generación que hizo todo lo que el modelo nos exigió para llegar al éxito, para tener la vida que tanto promete el neoliberalismo. Pero nos dimos cuenta que aún así no resulta. Si seguimos ese camino nuestros viejos se van a seguir muriendo pobres. Esto no da para más. Es resistir o resistir”.

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Lunes, 03 Febrero 2020 05:47

Rebelión antineoliberal

Rebelión antineoliberal

La noticia principal de la contienda electoral presidencial que arranca este lunes con elecciones internas en Iowa –y que seguirá durante los próximas meses en cada estado para culminar con la coronación de los candidatos presidenciales de ambos partidos nacionales– es que Bernie Sanders, el senador socialista democrático, va ganando.

Se sabe que va ganando no sólo porque ya alcanzó al precandidato demócrata de la cúpula, Joe Biden, en las encuestas nacionales y está adelante en varias encuestas estatales claves, ha acumulado más donaciones que todos los además y triunfa sobre Trump en cada sondeo, sino porque las cúpulas se están alarmando, y mucho.

Algunos señalan que la dirección del Partido Demócrata está más obsesionada ahora en frenar a Sanders que en derrotar a Trump, elaborando mecanismos para obstaculizar su triunfo en la convención demócrata mientras Hillary Clinton, Barack Obama y John Kerry, entre otras figuras del partido, alertan sobre su “amenaza” y advierten, a pesar de indicaciones contrarias, que el electorado no apoyará sus “ideas radicales” y menos el “socialismo”.

Para Sanders y sus seguidores sólo comprueba el potencial real de su movimiento. “Somos su peor pesadilla”, señaló el senador esta semana, recordando que su campaña está fomentando una “revolución política” para un rescate popular de esta democracia de las manos del uno por ciento más rico y sus políticos que la han secuestrado.

Aquí continúa una pugna que se inició en 2016 entre el futuro y el presente del Partido Demócrata, con candidatos como Joe Biden y el multimillonario Michael Bloomberg –quien ha indicado que se lanzó en parte para evitar la candidatura de Sanders (no es un misterio de que uno de los representantes más reconocidos del uno por ciento esté preocupado)– ofreciendo un retorno a la era pre-Trump. Pero el movimiento de Sanders (y parte de las filas en apoyo de Elizabeth Warren) están invitando a otro futuro, no a un retorno.

Y es que esto es más que sólo una batalla dentro de un partido, es una rebelión antineoliberal. Tiene sus antecedentes inmediatos en los movimientos altermundistas que originaron contra el TLCAN y el llamado “consenso de Washington” en los 90, pasando por expresiones como Ocupa Wall Street, pero también con algunas raíces aún más antiguas con el movimiento socialista de hace un siglo, pasando por los grandes movimientos sindicales y culturales durante la Gran Depresión, como también en las luchas de los años 60, donde Martin Luther King, poco antes de ser asesinado, declaró que la esencia de la lucha social no se limitaba al racismo, sino que se necesitaba una “revolución moral” contra la injusticia económica y el poder imperial de su país.

Desafiando a las cúpulas políticas y económicas de este país, Sanders, con su consigna “no yo, nosotros”, resume una campaña electoral basada en las solidaridad social, algo que explica por qué el candidato presidencial más viejo goza del mayor apoyo entre los jóvenes, quienes, si participan en grandes números, podrían determinar la elección. También hay otras señales de que esta campaña es diferente: el candidato judío goza del apoyo de las únicas dos diputadas federales musulmanas, el único que resalta que es hijo de inmigrantes (https://www.youtube.com/watch?v=xuYR1dwPzJE), quien habla abiertamente de la clase trabajadora, y quien ha votado siempre en contra de guerras, acuerdos de libre comercio (incluyendo el T-MEC) y otros asuntos promovidos por las cúpulas. (Para más información sobre sus propuestas específicas: https://berniesanders.com/es/?nosplash).

Los jóvenes con Sanders son sólo parte de una coalición multirracial que se está rencontrando con luchadores sindicales, granjeros, ambientalistas, indígenas, veteranos militares antiguerra, y todos los que enfrentan ahora las consecuencias de un experimento neoliberal que fue impulsado por ambos partidos, desde Reagan hasta Obama.

Ante ello, esta es la vanguardia de una potencial rebelión electoral que busca no sólo derrotar a Trump o revertir sus políticas, sino transformar al país más poderoso del mundo. (https://www.youtube.com/watch?v=Ikgh4JbAWUU).

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El republicano Mitch McConnel, líder de la mayoría del Senado, en una reunión en el Capitalio del juicio político del presidente Donald Trump .Foto Ap

Los globalistas sufrieron el mismo día dos severas derrotas a manos de dos nacionalismos económicos nor-atlánticos anglosajones muy sui generis: el Brexit del primer ministro Boris Johnson y su gran aliado Trump quien parece haber librado el proceso del impeachment en el Senado.

El Brexit y el trumpismo sustituyen la fase caduca del thatcherismo/reaganomics.

En su estilo megalomaniaco, Trump festejó que "se había acabado el juego" (https://bit.ly/2vzxzlV): el rechazo de 51 senadores republicanos para llamar a testigos muy comprometedores.

Perdieron 47 Demócratas y los dos desertores republicanos esperados: Susan Collins y el mormón Mitt Romney, de padre chihuahuense y vinculado a la fratricida familia LeBarón a los dos lados de la transfrontera.

Los mormones forman parte de un sector muy influyente de la CIA/FBI/NSA (National Security Agency): el caso de Brent Scowcroft, anterior asesor de Seguridad Nacional con Gerald Ford y Daddy Bush, y ahora del fallido candidato presidencial Romney.

La CIA y el FBI, vinculados a Soros (Rudolph Giuliani dixit), son considerados parte consustancial del Deep State (Estado Profundo) que busca decapitar a Trump.

El asunto de la votación de llamar a los testigos comprometedores no era menor y su rechazo constituyó el paroxismo del drama del impeachment que hubiera prolongado el proceso –y, por ende, mancillado mucho más la imagen de Trump a ocho meses de la crucial elección presidencial– y, más que nada, hubiera resquebrajado la compactación monolítica del Partido Republicano con probablemente, un mayor número de deserciones cuando para el impeachment se requieren 2/3 partes, hoy inexistentes, en el Senado.

Entre los testigos piromaníacos se encontraba John Bolton, bombástico ex asesor de Seguridad Nacional de Trump, a quien estaba dispuesto propinarle una puñalada trapera.

La "bomba Bolton" (https://nyti.ms/2u3SYDk) de dramática última hora hubiera expuesto el quid pro quo del Ucraniagate: el vil chantaje de Trump al presidente de Ucrania Zelensky, comediante de profesión, de proseguir la ayuda militar a cambio de la fétida información de Hunter Biden, hijo del hoy desfalleciente candidato a la nominación del Partido Demócrata, Joe Biden, en sus tratativas mafiosas con la gasera Burisma.

Los Republicanos tampoco estaban mancos porque estaban prontos a enjuiciar ante el Senado a los Biden (padre e hijo), al mismo congresista Adam Schiff y al famoso soplón ( whistleblower) Eric Ciaramella.

Se hubiera tratado de una "guerra de fango" para ver quién caía más bajo ante una aburrida opinión pública.

Más allá de los primitivos subjetivismos solipsistas, existen dos niveles más trascendentales en el meta-análisis: 1. La batalla a muerte entre Soros y los globalistas contra Trump y los "nacionalistas económicos" (https://bit.ly/36OZ1Je); y 2. La orientación de la relación de EU con Rusia.

Los Demócratas en el Congreso –en especial Nancy Pelosi, Adam Schiff y Jerry Nadler, lubricados por George Soros (https://bit.ly/37QP2EC)– equivocaron la estrategia frente a un Trump que se renergizó y contaba con el auge bursátil y el apoyo de su base electoral en el cinturón bíblico ( Biblebelt), el cinturón industrial ( Rustbelt), y con los zelotes evangelistas sionistas (https://bit.ly/2ROddhx).

El inminente voto para cerrar el fallido impeachment será de mero trámite cuando se antoja imposible que los demócratas consigan 20 votos de los senadores republicanos para defenestrar a Trump.

Evidentemente que el cambio de la correlación de fuerzas en EU, a fortiori con la probable relección de Trump y la consolidación del trumpismo y su "nacionalismo económico" sumado del "supremacismo protestante blanco anglosajón" de los WASP (https://bit.ly/3b5gYXl), salvo errores estratégicos de ruta de aquí al primer martes de noviembre, afectará la relación con México, y sus elecciones de 2021 y 2024, donde Soros y Trump tienen a sus partidarios bien encumbrados: unos a la baja y otros al alza.

Mi muy humilde lectura es que se acelera el declive de Soros y los globalistas a escala local/regional/global.

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Dilma Rousseff y Javier Moreno, durante la conversación. DANIEL MORDZINSKI EL PAÍS

La expresidenta de Brasil defiende los avances de los gobiernos progresistas y esquiva la crítica plena a la crisis venezolana

 

Dilma Rousseff está convencida de que la desigualdad es la gran cuestión de nuestros tiempos. La primera presidenta de Brasil elegida en las urnas y destituida por el Congreso de su país en 2016, asegura que la oleada de gobiernos conservadores en América Latina está recortando los derechos de las mujeres y las minorías. En ese contexto, sostiene, “el gran error para la izquierda y los progresistas es creer que hay un consenso neoliberal que se tiene que seguir”.

Combativa y apasionada, la sucesora de Lula da Silva, reelegida y cesada en un episodio con heridas que permanecen abiertas, se metió en el bolsillo al público del Hay Festival, que acabó tomándose selfies con la política brasileña tras una de las conversaciones más esperadas de la cita cultural que se celebra anualmente en Cartagena de Indias, la ciudad amurallada del caribe colombiano.

“Nunca el mundo ha tenido tanta riqueza acumulada y tanta pobreza acumulada”, le aseguraba Rousseff este viernes a Javier Moreno, director de EL PAÍS AMÉRICA, en el Centro de Convenciones sobre la Bahía de las Ánimas. “Vivimos tal vez la etapa más compleja, en que la economía asumió todos los valores y proyectos del neoliberalismo”, planteó al apuntar al “aumento brutal de las desigualdades”, incluso en los países desarrollados, como el mayor desafío de la izquierda. “Es la gran captura cognitiva de nuestra época”, enfatizó.

“A la izquierda le tienen que interesar los hechos que el neoliberalismo le impone a la sociedad”, apuntilló al fustigar el pretendido consenso en torno a una ideología que reduce el papel del Estado. Para superar la extrema pobreza se necesita educación de calidad, salud y servicios que están bajo ataque con los actuales gobiernos conservadores. “El neoliberalismo ha abierto camino para el populismo de derecha”, sentenció Rousseff, una figura reivindicada por La democracia en peligro, el aclamado documental de Netflix que narra su proceso de destitución.

Dilma, como todos llaman en Brasil a una mujer que en su juventud fue detenida y torturada por la dictadura, concedió que también hay populismo de izquierda, y que en otros tiempos América Latina ha tenido una derecha que no era fascista ni neofascista como, argumentó, es el caso del Gobierno de Jair Bolsonaro. Acusó a esa alianza que incluye sectores del mercado, al cuestionado ministro de Justicia Sergio Moro —que antes fue el juez que persiguió a Lula—, los militares o las grandes corporaciones mediáticas, de vender la soberanía del gigante latinoamericano y entregar el Amazonas a la exploración minera. Para esos sectores que creen en el “marxismo cultural”, el comunismo se inflitró en los movimientos feministas y las actividades culturales y políticas.

¿Puede la izquierda organizada en partidos recoger el creciente malestar en las calles lationamericanas? ¿tiene futuro una izquierda que no sea feminista, o no defienda el medioambiente? “La extrema derecha en Brasil está en otra etapa”, abundó Rousseff al argumentar que el Partido de los Trabajadores, al que pertenecen ella y Lula, ha sido un abanderado las luchas de las mujeres y las minorías, así como la defensa del Amazonas y la reducción de la deforestación. La expresidenta también sostuvo que la izquierda, además de los partidos políticos, agrupa a los movimientos sociales que hoy están bajo ataque. “Nunca la izquierda hizo política sin considerar la importancia de los que nada tienen”.

La encrucijada que agobia a la izquierda también aplica a la socialdemocracia como al centro latinoamericano, defendió al esquivar una autocrítica plena. Cuando Moreno apuntó que Venezuela se ha convertido en un arma para agitar los miedos, y parte de la izquierda latinoamericana no consigue distanciarse con claridad del régimen de Nicolás Maduro, Rousseff se resistió a atacar de lleno al chavismo. “Yo no apoyaría, denunciaría la intervención militar en Venezuela”, contestó en ese contrapunteo sobre un proceso que, considera, se gesta en polos de poder ajenos a la región. “Lo que está en cuestión en Venezuela es el petróleo venezolano”, indicó.

Otro ídolo del progresimo latinoamericano irrumpió durante el intercambio. Moreno invocó una frase de José Pepe Mújica: “Hay que aprender de los errores cometidos y volver a empezar”. Con una notable rapidez mental, Rousseff lo complementó al recordar que la frase del entrañable expresidente uruguayo continúa diciendo que "no hay derrotas definitivas ni victorias definitivas".

Por SANTIAGO TORRADO

Cartagena de Indias 31 ENE 2020 - 15:06 COT

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Sábado, 01 Febrero 2020 07:00

Corrupción a la medida de Occidente

Corrupción a la medida de Occidente

Heredero de Agostinho Neto, primer presidente de la Angola emancipada, José Eduardo dos Santos, su sucesor, estuvo la friolera de casi tres décadas en el poder. La petrolera estatal Sonangol, responsable del 94 por ciento de las exportaciones angoleñas, es el pilar de la economía del país y del régimen nacido con la independencia de Portugal, en 1975, de la mano del Movimiento Popular para la Liberación de Angola.

Sonangol fue también la empresa que le permitió a la hija mayor de Dos Santos, Isabel, amasar una enorme fortuna: alrededor de 2 mil millones de dólares, que la convirtieron en la mujer más rica de África. En su momento, cuando dirigía los destinos de la petrolera, fue también la más poderosa, aunque su reinado fue breve y finalizó de forma abrupta.

A LA SOMBRA DEL ESTADO. 

Bajo el nombre de Luanda Leaks, 120 profesionales del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (Icij, por sus siglas en inglés) analizaron 715 mil registros financieros y comerciales confidenciales, entregados por la Plataforma de Protección de Denunciantes en África, con sede en París. La investigación fue publicada por 36 medios del mundo, algunos de la talla de The New York Times y The Guardian.

Con profusión de detalles, la investigación revela cómo la hija del “autócrata” Dos Santos se beneficiaba de contratos públicos, incentivos fiscales, licencias de telecomunicaciones y derechos de explotación minera de diamantes, que le permitieron enriquecerse mediante el desvío de fondos públicos.

El informe asegura que Isabel hacía “transferencias de millones de dólares del monopolio estatal de petróleo hacia una empresa de fachada que era controlada por un socio en el paraíso fiscal de Dubái”. En total, Isabel y su esposo, el congoleño Sindika Kongolo, controlaban más de quinientas empresas y subsidiarias en 42 países, entre ellas, 94 compañías localizadas en “jurisdicciones sigilosas”, como Malta, Mauricio y Hong Kong. Esas empresas conseguían jugosos contratos del gobierno de Angola. Entre ellas, estaba la telefónica Unitel, de la que Dos Santos posee el 25 por ciento, que controla el 80 por ciento de la telefonía móvil angoleña, además de emplear a miles de trabajadores.

Buena parte de la riqueza amasada por la hija del exmandatario está invertida en inmuebles, energía y medios de comunicación, y protegida en paraísos fiscales y empresas fantasma, como suelen hacer las grandes fortunas del planeta. Los periodistas cuentan con documentos que acreditan un estilo de vida algo más que lujoso, a expensas del poder estatal: Dos Santos invirtió 2,5 millones de dólares en reformar un dúplex en Lisboa, 50 mil dólares en cortinas y 9.200 dólares en hamacas. Además, es dueña de un yate de 35 millones de dólares.

En 2017, su padre decidió entregar el cargo de presidente a João Lourenço, elegido por él a dedo, para trasladarse a vivir a un barrio amurallado en Barcelona. En tanto, la multimillonaria heredera de 46 años, que vive entre Londres y Dubái, tiene ahora sus activos congelados y Angola reclama su extradición, ya que el nuevo presidente busca legitimarse combatiendo la corrupción.

La cobertura mediática de estas últimas semanas insiste en que Isabel es “la mujer más rica de África”, a pesar de provenir de uno de los países más pobres del mundo. Larry Diamond, acádemico de la Universidad de Stanford, entrevistado por el Icij, se lamenta de que a nivel internacional la corrupción “aumenta el peligro de violencia política y de violaciones a los derechos humanos”.

EL SOSPECHÓMETRO. 

Hay dos hechos que apenas aparecen mencionados en el informe: el pasado colonial de Angola y la presencia de China en el país. Cuando la tardía independencia de Portugal, en 1975, Estados Unidos y el gobierno racista de Sudáfrica apoyaron la guerrilla disidente de Jonas Savimbi, en una larga guerra civil que finalizó recién en 2002.

El país quedó devastado y su infraestructura completamente destruida. China se ofreció a “colaborar” en la reconstrucción, sin preguntar por las credenciales del régimen de Dos Santos, ya que le interesaban –y todavía le interesan– el petróleo y las inversiones en África. El pragmatismo chino, de claro tinte neocolonial, benefició al país –y a sus elites–. Angola muestra en la actualidad un importante crecimiento económico, una rápida modernización y una creciente dependencia de las exportaciones de petróleo con destino al dragón.

Además, hoy es la tercera mayor economía en el África subsahariana. Más aun, es el mayor aliado económico y político de China en el continente. “De todo el petróleo importado por China, más del 20 por ciento proviene de África. La mayor parte de estas importaciones se origina en Angola, que, desde la primera década de este siglo, ha figurado como un importante proveedor, sólo superado por Arabia Saudí”, destacan en un trabajo1 de 2017 los economistas Ricardo Ouriques y Amanda Nunes.

Al finalizar la guerra civil, con la asistencia técnica y financiera de China se iniciaron más de cien proyectos de desarrollo en las áreas de energía, agua, salud, educación, telecomunicaciones, pesca y obras públicas. En este escenario, Angola se erige como el principal socio estratégico de China entre los países africanos, puesto que es también uno de los destinos privilegiados de la inversión china directa. También es uno de los países más corruptos del mundo, según Transparencia Internacional.

Lo que genera inquietud es que este informe del Consorcio de Periodistas, con sede en Washington y París, parece formar parte de la pugna por la hegemonía en África, en la que hoy China parece llevar las de ganar. Aunque el país asiático repite la historia colonial de comprar materias primas y vender productos manufacturados, hay algunos cambios en el modelo de subordinación que llevan a muchos gobiernos africanos a preferir asociarse con el país asiático.

Los préstamos de China, señalan Ouriques y Nunes, a diferencia de los préstamos de organismos internacionales, como los del Fmi y el Banco Mundial, no exigen acordar con las premisas neoliberales del Consenso de Washington. “Sólo les impone la condición de reconocer [el principio de] ‘una sola China’ y desconocer a Taiwán.” Aun así, es penoso que el periodismo de investigación resulte funcional a uno de los imperios.

  1. “Las relaciones entre Angola y China (2000-2014)”, Estudios de Asia y África, México, mayo-agosto de 2017.
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Preguntas sobre educación desde la cárcel

Preguntarse, ¿por qué en Colombia los gobiernos de turno buscan construir más cárceles?, ¿por qué cada día hay más personas privadas de la libertad?, ¿por qué para los entes de acusación y en general para la sociedad no existe la presunción de inocencia?, refiere necesariamente a pensar sobre lo que consideramos delito, lo que entendemos cómo comportamientos delictivos, así también sobre lo que pensamos debe ser el 'correcto' comportamiento, y la existencia de un modelo de ciudadanía que permita la necesaria convivencia, en justicia y la realización plena de los derechos humanos.

El cuestionamiento de la “normalidad”

Estos cuestionamientos pueden llevarnos a pensar sobre la educación suministrada a la sociedad, sobre los lugares donde es proporcionada, y necesariamente, sobre lo que se pretende con la misma; la familia, la televisión, la escuela, la iglesia, la calle, los parques, los centros comerciales, el transporte público, los supermercados; son lugares comunes donde se divulga un tipo de sujeto modelo, al que se pretende formar en el ser, en el actuar, el soñar y el sentir; y en caso de que estos no den el resultado esperado, se comprende que la cárcel es un dispositivo con capacidad de corregir y redireccionar el comportamiento para que vuelva a lo planteado como correcto.

Pero, entonces, lo qué está fallando es este despliegue “educativo”, o el modelo de sujeto que se desea formar no coincide con el que se forma; o los dispositivos educativos están errando en los mecanismos de enseñanza; o este sujeto susceptible de ser formado se resiste a los ‘correctos’ aprendizajes; o en definitiva la sociedad está en un craso error del sujeto que desea formar. O por qué no preguntarse también, si todos estos dispositivos fundamentan un sujeto no apto para la misma sociedad; individualista, egoísta, que sólo busca la satisfacción de sus intereses particulares y no le importa lo que deba hacer para lograrlo, basando todas sus relaciones y acciones en la competencia.

Es posible decir que la sociedad que castiga a los infractores de la ley, es la misma que les ha formado, y tanto el centro comercial, como la cárcel, expresan el tipo de sociedad que actúa como directora y correctora del deseado sujeto.

Ante estos interrogantes, podría formularse la idea que, la voluntad y la conciencia individual y colectiva no tienen lugar, pues cuando éstas se salen de lo establecido son corregidas; ya sea en la calle o en la iglesia. En lo que cabe nuevamente preguntarse sobre, ¿cuál es la finalidad de tener un comportamiento ‘correcto’ en la sociedad? ¿acaso no será lograr una vida en armonía con los demás ciudadanos?; o será cumplir los estándares de comportamiento de acuerdo a los intereses de consumo y acumulación de riqueza.

La importancia de cuestionar e imaginar

Las preguntas son ventanas que nos abren siempre nuevos paisajes, y hoy preguntarse sobre la naturaleza del castigo, como máxima de la educación ofrecida por el Estado, es la llave de comprensión sobre la conciencia de la exclusión y la naturalización de las asimetrías sociales, políticas y económicas; que ciertamente son defendidas por el proyecto educativo que adelantan múltiples dispositivos de control social.

Las preguntas no necesariamente conducen a respuestas, pueden llevar a nuevas inquietudes que abran universos de comprensión, y en este sentido se hace necesario indagar sobre el ideal de sujeto que pensamos debe ser formado para esta sociedad, y con esto preguntarnos ¿qué sociedad podríamos construir? ¿qué educación podríamos realizar? ¿con cuales –nuevos– dispositivos? Y, finalmente, ¿qué nuevos correctivos aplicar a lo que nos parece está mal?

El sujeto que se interroga despierta la conciencia y la voluntad, pensaba quien por la única ventana que da a la calle miraba pasar cientos de personas afanadas en los buses rojos de Transmilenio; un poco más al fondo jadeaban en pelotones varios grupos de jóvenes vestidos con traje de guerra; y en las montañas, innumerables casitas que se abren paso entre retroexcavadoras que rompen la tierra; mientras tanto, dentro del patio, varios sujetos trajinaban en círculos, algunos jugaban cartas, los que estaban al lado buscaban que los rayos del sol les tocara un poco, y una voz chillona gritaba “últimos de almuerzo”.

 Con la wimpera en la mano, el palanquero fue poniendo sobre los compartimientos del objeto de plástico uno a uno los alimentos; una pieza de pollo con algo de sangre, que como bien dice uno de los comensales de este lugar “si le da respiración boca a boca, podría salir corriendo el animal”; verduras entre zanahoria, remolacha y cebolla, que seguro ni a los caballos se las cortan tan finamente; arroz blanco, y sopa de suertes.

Después de repartir milimétricamente las porciones, el arroz sobrante fue recogido en una bolsa blanca por uno de los más viejos del lugar; “niñas, vengan mis niñas” sonaba su voz aguda llamando a las palomas, que se agrupaban para disputarse los granos blancos.

Por la reja donde avanzaba su mano para comunicarse con las aves, se expandía un orificio que permitía la comunicación con un patio en el piso inferior; muchas voces desde allí llamaban por un pin, o por algo que hubiera sobrado de la comida.

 Observaba atentamente el espectáculo brindado por los cientos de palomas; la voz del “viejo” llamándolas, las voces pidiendo un pin; y sentía el hambre que con lo recibido no se calmaría; y varías preguntas como destellos de luz que se filtran entre las rejas iluminaron los rincones oscuros de incomprensión, no sin antes escuchar que uno de los ayudantes o “carros” del señor, le decía al palanquero que ya le daba los 30 pines por el arroz de las palomas.

 De quién podría venir tanta generosidad con esos animalitos que luchan por no morir, “seguro de uno de tantos que han despojado campesinos de sus tierras, y en la calle no les temblaría la voz para ordenar una muerte”, me dijo en voz baja otro viejo que, con una sonrisa, me miraba la cara de asombro y cuestionamiento; “a ese lo recuerdan en Trujillo, donde ni el cura se salvó”, terminó de decir, y se fue.

 La normalización de la cárcel es un mal superior a la existencia de la misma; este lugar, pensado únicamente para el castigo y la venganza sobre quienes se han atrevido a subvertir el orden, no debe ser parte de los mecanismos para la resolución de los conflictos que como sociedad es propio y necesario tener. El movimiento de la misma deviene de la cantidad de conflictos y resoluciones que se puedan alcanzar. Donde la cárcel claramente no es, ni será solución a algún conflicto. Cuestionarlo todo es tal vez la clave para romper la normalización, y seguro la forma de encontrarnos con cientos que no damos por sentado que esta sea la única forma de existir.

Por Julián Gil. Escribe desde el Eron de "La Picota" en la ciudad de Bogotá. Lleva 600 días de injusto encierro y es uno de los líderes sociales víctimas de montajes judiciales para acallar su voz de protesta. Desde la cárcel sigue estudiando, pensando, escribiendo y transformando.

El día miércoles 6 de junio de 2018, fue detenido Julián Andrés Gil Reyes, secretario técnico y miembro de la comisión internacional del Congreso de los Pueblos. Julián es licenciado en filosofía de la Universidad Pedagógica Nacional, activo en Bosa, su barrio de origen, en la ciudad de Bogotá, organizando entre otras actividades el pre Icfes popular, luchando por el acceso a la enducación; ha acompañado víctimas con la Corporación claretiana en varias regiones del país y ha sido lider del sector juvenil. Es un caso tipo de montaje judicial, donde la fiscalía pretende vincularlo con acciones bélicas basándose exclusivamente en el testimonio contradictorio que implicó beneficios jurídicos para el testigo. Así lo expuso la defensa el 21 de enero pasado en el primer día del juicio. Hasta la Fiscalía sabe que Julián saldrá libre, sin embargo estos meses de cárcel ya cumplieron su función, criminalizan, estigmatizan. Publicar, leer compartir estas líneas es una de las tantas maneras de resistir.

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Julian Assange: 'Google es el Gran Hermano al servicio de EEUU'

Entrevistamos al fundador y alma máter de Wikileaks, Julian Assange, sobre el espionaje masivo de Estados Unidos con ayuda de Google y otras grandes empresas de Silicon Valley. Además nos habla de Snowden, Manning y el futuro de la filtración de secretos.

 “Google tiene más influencia que la que ha tenido nunca la Iglesia. Es como un confesionario global que guarda todos nuestros secretos y está conectado con el gobierno de Estados Unidos”. Es Julian Assange quien nos habla al otro lado del teléfono en la primera entrevista que concede a un medio español tras la publicación en España de su último libro, “Cuando Google encontró a Wikileaks” (Clave Intelectual). Desde la embajada de Ecuador en Londres, en la que sigue refugiado después de dos años, el hacktivista que revolucionó el periodismo con la filtración de secretos, nos habla de la estrecha colaboración de Google y las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley con la Administración estadounidense.

Según el fundador de Wikileaks, las herramientas de control y espionaje global a la ciudadanía son cada vez más sofisticadas, pero también las formas de revelar sus prácticas de vigilancia y de protegerse de ellas. “El problema es que la vigilancia es invisible e intangible y la mayoría de la gente no se da cuenta de los riesgos. Para hacérselo ver, estamos los tecnólogos”, nos cuenta Assange, quien está convencido de que las represalias sufridas por él, Manning o Snowden no reducirán la filtración de secretos por parte de los “whitleblowers”: “La persecución que hemos sufrido no nos detiene, al contrario, es una motivación, como se ha visto en el caso de Snowden”, al que por cierto Wikileaks ayudó en su huida, según nos cuenta Assange.

Sobre su organización y su situación personal, se mostró optimista porque están empezando a ganar sus procesos judiciales y han recuperado la financiación después del bloqueo al que fueron sometidos. “Nuestro papel ha sido importante en procesos políticos en todo el mundo. Wikileaks es el rebelde contemporáneo. Estamos recuperando la Historia suprimida del mundo. Es una enciclopedia de cómo funciona la política actual y eso dará lugar a reformas”, concluyó.

Tras la apasionante conversación con el director de Wikileaks,  en nuestra Mesa de redacción analizamos la revolución que la revelación de secretos ha supuesto para el periodismo y la democracia.  Hablamos de iniciativas como Fíltrala o Buzón X, de la información cifrada y de otras formas de hacktivismo. Nos ayudan a desenrrollar la madeja  Juanlu Sánchez, compañero y subdirector de eldiario.esYolanda Quintana, periodista y autora de “Ciberactivismo. Las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas” y Víctor Sampedro, Catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política en la Universidad Rey Juan Carlos y autor, entre otros, de “El cuarto poder en Red”.

De las noticias de la Red a las reality news que llegan desde Ulan Bator de la mano de nuestros compañeros de la revista Mongolia. La visión más ácida y satírica de la realidad una semana más.

Y cerramos este programa dedicado al universo de la información con “malas noticias”: Berri Txarrak, el grupo navarro nos presenta su último disco “Denbora da polígrafo Bakarra” (El tiempo es el único polígrafo), un disco triple con tres estilos diferentes,  tres maneras de interpretar el rock por la banda que cumple 20 años sobre los escenarios. Trallazos de hardcore amargo para entender el mundo.

Por: Radio Voces Libertarias 97.3 f.m. | Domingo, 12/01/2020 02:37 AM 

Programa Carne Cruda 18:16/12/2014  

 

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Alan Dershowitz, integrante del equipo legal de Donald Trump, en el Senado de Estados Unidos. Foto Afp

El presidente de EU amenaza a sus acusadores; temen por la integridad física del demócrata Adam Schiff

 

Nueva York. Una revelación "explosiva" que podría descarrilar la defensa de Donald Trump en el juicio político es el tipo de sorpresa con la que soñaban los demócratas, y la pesadilla temida por los republicanos durante este proceso, mientras el equipo legal continuó su segundo día de argumentos para descartar los cargos para la destitución, poco después de que su cliente amenazó en tono siniestro a sus acusadores.

Una filtración reportada por el New York Times de un fragmento del libro que John Bolton, el ex asesor de Seguridad Nacional de Trump, publicará en marzo, contradice la versión del presidente de que nunca se ordenó el congelamiento de unos 391 millones de dólares en asistencia militar a Ucrania para obligar a ese país a declarar una investigación contra los demócratas.

En el libro, Bolton afirma que el presidente le dijo en agosto del año pasado que deseaba que esa asistencia fuera condicionada a cambio de una declaración pública del nuevo gobierno ucranio de que impulsaría una investigación contra los demócratas, en particular su contrincante electoral Joe Biden.

De inmediato, los demócratas calificaron esto de "revelación explosiva" y el líder de la bancada minoritaria demócrata en el Senado, Chuck Schumer, exigió convocar a Bolton durante el juicio político en la cámara alta, así como indagar si existe "un encubrimiento masivo de la Casa Blanca".

La líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, advirtió que con esta revelación, los senadores republicanos ahora enfrentan una decisión "entre nuestra Constitución o un encubrimiento".

Hasta ahora, la Casa Blanca y el liderazgo del Senado estaban logrando su objetivo de anular toda solicitud de testigos y documentos adicionales para llevar el juicio a su conclusión lo antes posible, incluso a finales de esta semana.

Con la revelación, algunos senadores republicanos ahora podrían contemplar convocar a más testigos, como Bolton. Los demócratas habían insistido en eso, pero no lograban el apoyo necesario de por lo menos cuatro senadores republicanos para obtener una mayoría simple de 51 votos requeridos. Con la revelación, de pronto eso se vuelve una posibilidad y hay reportes de que la Casa Blanca ya se está preparando para frenar tal solicitud si el Senado vota por llamar a Bolton y otros testigos.

Por su lado, Trump, muy posiblemente con otra de sus más de 16 mil 241 mentiras documentadas (https://www.washingtonpost.com/ graphics/politics/trump-claims-database/) rápidamente rechazó las afirmaciones del libro referido en un tuit: “Yo NUNCA le dije a John Bolton que la asistencia a Ucrania estaba ligada a una investigación sobre los demócratas, incluidos los Biden… Si John Bolton dijo eso, es sólo para vender su libro”.

Todo esto, antes de que su equipo de defensa continuara por la tarde y noche con sus labores ante el Senado, donde curiosamente no abordaron el tema de Bolton, y procedieron con sus argumentos de que Trump no cometió ningún delito y por lo tanto, su impeachment no es constitucionalmente válido.

Kenneth Starr, una de las dos estrellas en su equipo de defensa, quien fue el fiscal especial en el impeachment de Bill Clinton hace 21 años y que ha sido comentarista contratado por Fox News, el canal favorito de la Casa Blanca, elaboró su versión de la historia legal del proceso de impeachment, logrando un acuerdo no común en este proceso entre demócratas y republicanos, en el sentido de que ofreció una de las intervenciones más "aburridas" de este juicio hasta la fecha, argumentado que no hubo delito, y por lo tanto, no hay caso, según la Constitución.

Calificó el proceso de impeachment de "una guerra" que divide al país, y que en este caso se está empleando como "una arma política" para "revertir una elección".

La otra estrella, el ahora profesor emérito de leyes de Harvard Alan Dershowitz –integrante del equipo defensor de OJ Simpson, quien dice haber votado por Hillary Clinton, amigo y abogado defensor del acusado de trata sexual de mujeres, incluidos menores de edad, Jeffrey Epstein, quien recientemente se suicidó mientras esperaba juicio, y también acusado de una relación sexual con una de las "amigas" de Epstein (lo cual niega)–, ofreció su magno argumento anoche, de que los dos cargos contra Trump no son delitos sujetos al impeachment de acuerdo con la Constitución.

Concluyó –con referencias históricas aparentemente muy sesudas– que los "redactores de la Constitución no aceptarían este criterio" para definir los cargos de abuso de poder y obstrucción al Congreso como delitos sujetos al impeachment, y por lo tanto, este proceso no tiene validez. Más aún, señaló que al presentar estos cargos, se "pone al Congreso por encima de la ley", o sea, de lo mismo que se acusa al presidente.

Mientras, con sus abogados estrellas ofreciendo lecciones sobre la Constitución y el pensamiento supremo de los fundadores de la república, Trump continuó los ataques contra sus acusadores. Pero el domingo envió un tuit que provocó alarma por su amenaza siniestra contra el jefe de los diputados-fiscales designados por la cámara baja para presentar los cargos en el juicio político. "El tramposo Adam Schiff es un POLÍTICO CORRUPTO, y probablemente un hombre muy enfermo. ¡No ha pagado el precio, aún, por lo que le ha hecho a nuestro país!"

Algunos observadores expresaron preocupación sobre si tal mensaje podría poner en peligro físico a Schiff.

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Daniel Urresti, exgeneral y exministro fue el congresista más votado.  Imagen: AFP

Daniel Urresti ganó repitiendo sus mensajes de mano dura contra la delincuencia

Las elecciones legislativas dejaron preocupaciones: un exgeneral procesado por asesinato fue el candidato con más votos; un partido xenófobo y promotor de la pena de muerte quedó como tercera fuerza y una secta evangélica en segundo lugar. 

 

Las elecciones parlamentarias del domingo dejaron varias sorpresas y preocupaciones: un represor procesado por asesinato como el candidato más votado, la aparición como tercera fuerza en el Congreso de un partido radical xenófobo y promotor de la pena de muerte ligado al encarcelado ex militar Antauro Humala, hermano del ex presidente Ollanta, y la irrupción como segundos en la votación nacional de una secta evangélica ultraconservadora. Un escenario complicado para un nuevo Congreso atomizado, en el cual habría diez bancadas para 130 escaños. La primera fuerza parlamentaria, la centro derechista Acción Popular, tendrá solamente 24 legisladores.

El represor convertido en el congresista con mayor respaldo de votos es el exgeneral y exministro del Interior Daniel Urresti. Su oscura historia está ligada a los años del conflicto armado entre el Estado y el grupo maoísta Sendero Luminoso, que dejó 70 mil muertos. Urresti fue enviado en los años 80 como capitán del ejército a Ayacucho, zona andina donde nació Sendero y fue el epicentro del conflicto. Asumió la dirección de inteligencia, puesto clave en las operaciones militares. Eran tiempos en los cuales los secuestros, torturas, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales y matanzas de comunidades campesinas, cometidas por militares y senderistas, eran cosa cotidiana en esa región.

En noviembre de 1988, el periodista Hugo Bustíos fue asesinado por los militares. Fue acribillado y luego volado con una granada en un paraje rural de Ayacucho cuando iba en una moto a cubrir el asesinato de dos personas. Los militares, que sabían de su viaje, lo habían estado esperando. Varios testimonios involucran en el crimen a Urresti, que como jefe de inteligencia tenía un importante puesto de mando. Una campesina, que vivía cerca al lugar, lo ha acusado de haberla violado el mismo día del asesinato del periodista y amenazado con matarla si hablaba. El hoy congresista electo niega los cargos y califica a sus acusadores de “delincuentes” y “terroristas”.

Después de largos años de impunidad, Urresti fue procesado, pero en 2018 fue absuelto. Sin embargo, la Corte Suprema anuló el juicio por una serie de irregularidades y el militar deberá ser juzgado nuevamente, pero ahora eso no podrá ocurrir porque estará protegido por la inmunidad parlamentaria.

 Urresti fue ministro del Interior del ex presidente Ollanta Humala (2011-2016), cargo desde el cual empezó a construirse una imagen de luchador contra la inseguridad ciudadana, aspecto clave para su triunfo electoral del domingo. Se formó esa imagen con operativos policiales con más espectacularidad y difusión mediática, que efectividad. En octubre de 2018 postuló a la alcaldía de Lima, con un mensaje de mano dura contra la delincuencia, quedando segundo. Fue derrotado, pero había comenzado a construir una base electoral.

Ahora Urresti ha ganado la elección parlamentaria repitiendo sus mensajes de mano dura contra la delincuencia. Postuló como cabeza de lista por el partido Podemos Perú, agrupación nueva formada por el cuestionado empresario José Luna, que se ha hecho millonario con el negocio de la educación universitaria de baja calidad y que tiene varias acusaciones de corrupción. En sus primeras declaraciones como congresista electo, Urresti ha buscado acercarse al gobierno de Martín Vizcarra, ofreciéndole apoyo. Después de esta victoria electoral, el represor se posiciona como un posible candidato presidencial para las elecciones de abril de 2021.

Otro que aspira a ser candidato en 2021 es Antauro Humala. El partido Unión por el Perú (UPP), que respalda a Antauro, se ha convertido en la tercera fuerza del Congreso con 17 legisladores. Pero Antauro la tiene más complicada porque está en prisión cumpliendo una condena por el asalto a una comisaría que dejó cuatro policías muertos en enero de 2005, en un farsesco intento de derrocar al ex presidente Alejandro Toledo (2001-2006). Cumple su condena en 2024, por lo que no podrá ser candidato. Pero UPP ha anunciado que utilizará su fuerza en el Parlamento para pedir la excarcelación de Antauro y que se habilite su candidatura.

UPP sorprendió con su votación en las zonas andinas más empobrecidas. Antauro y los de UPP disparan contra el modelo neoliberal y se dicen de izquierda, pero asumen posturas que los ubican en la ultra derecha: tienen un discurso xenófobo -proponen prohibir que se les dé trabajo a los extranjeros-, exigen la pena de muerte y que los militares salgan a las calles para controlar la seguridad. Homofóbico, alguna vez Antauro habló de fusilar a los homosexuales. Este extraño personaje, entre pintoresco y peligroso, es el otro gran ganador, junto al represor Urresti, de las elecciones parlamentarias del domingo.

También está la sorpresa de la secta evangélica Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal, que a través del Frente Popular Agrícola del Perú (Frepap), dejó a todos mudos con su segundo lugar, con 8,9 por ciento. Hasta el domingo nadie los tomaba en serio. Se hace llamar “israelitas” y su mayor presencia está en las zonas rurales, especialmente amazónicas y andinas.

“Los homosexuales tienen el mal enquistado en su corazón y en su sangre, pero van a tener oportunidad de conocer el decálogo universal y mediante eso van a entrar en la moral. Nuestro señor Dios de Israel creó hombre y mujer. Promoveremos en los colegios una educación con moral”, han sido las declaraciones con las que el vocero de los israelitas, Wilmer Cayllahua, probable congresista, debutó luego de su inesperado segundo lugar en las elecciones. 

El fujimorismo, duramente derrotado, ya ha comenzado a moverse para buscar acuerdos con esta secta mesiánica y ultraconservadora.   

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Manifestantes en las escaleras de la mezquita Mohammed Al Amin, en la Plaza de los Mártires de Beirut, en las protestas a favor de la dimisión en bloque del gobierno de Hariri y por la formación de un Gobierno de tecnócratas independientes. Joan Cabasés Vega

El descontento con la formación de un ejecutivo al que muchos consideran atado a los partidos tradicionales e incapaz de solucionar las crisis del país saca a la calle a decenas de miles de libaneses mientras las protestas suben de tono y acumulan heridos.

El Líbano tiene nuevo gobierno y al primer ministro que lo lidera, Diab Hassan, le ha faltado tiempo para intentar acercar posiciones con los manifestantes que llevan meses pidiendo cambios estructurales. Hassan asegura que su gabinete representa las aspiraciones de los manifestantes y avanza que él y el resto de ministros trabajarán para cumplir con las demandas expresadas en la calle, como redactar una nueva ley electoral, garantizar la independencia judicial o recuperar los fondos públicos saqueados por la clase política. Pero el saludo que Diab Hassan mandó expresamente a los que están secundando las revueltas no le ha sido devuelto.

“¿Cómo se supone que debemos dar apoyo a este gobierno? Nos dicen que les demos una oportunidad, ¡pero es que ya han empezado mal!”. Aline, trabajadora de unos 50 años de edad, está plantada enfrente del cordón policial que protege el parlamento libanés, en Beirut. Llueve y no lleva paraguas, pero dice que no se moverá de la protesta. Y añade: “¿Has visto cómo se han repartido los ministerios entre ellos? Dos para tí, tres para mí... ¡Es lo mismo de siempre!”.

Aline y muchos otros en el Líbano desaprueban el nuevo Gobierno, al que consideran “una falta de respeto hacia nosotros y hacia nuestras demandas”. Desde el pasado 17 de octubre, el mayor consenso de las protestas ha sido deshacerse de la clase política que lleva décadas ocupando el poder y reemplazarla por un gabinete de especialistas independientes. Según los manifestantes, un ejecutivo formado por expertos a los que se elija por su conocimiento y no por su afiliación a los partidos tradicionales podría mejorar el futuro y reparar el pasado: acercaría el país a las políticas públicas necesarias para superar la grave crisis en la que se encuentra, y tendría la capacidad de rendir cuentas con los antiguos hombres de la guerra, en el poder desde el final de la guerra civil en 1990 y a quienes la mayoría responsabiliza del mal momento por el que pasa el país. Se les acusa de ineptos y de corruptos hasta el punto de haber dejado el Líbano en la bancarrota.


Hassan Diab, el nuevo primer ministro de un equipo que pone fin a tres meses de gobierno en funciones, asegura que el reclamado gabinete de expertos independientes es ya una realidad: “Este es un gobierno que no aspira a participar de tratos de favores y que no se verá afectado por la lucha política de los partidos”. Muchos se preguntan, sin embargo, hasta dónde puede llegar la libertad de movimientos de unos ministros que han sido elegidos a dedo por los partidos tradicionales.

Durante las negociaciones para formar gobierno, los seis partidos que han dado apoyo a la candidatura de Hassan Diab se repartieron la nominación de ministros para el nuevo ejecutivo. Las formaciones eligieron directamente a sus candidatos y ahora hay dudas de que estos puedan ejercer su función de forma independiente, anteponiendo los intereses de la nación a los de sus avaladores. Declaraciones como las del nuevo ministro de Obras Públicas, Michel Najjar, refuerzan esos temores: sus primeras palabras tras asumir el cargo las dedicó a Sleiman Frangieh, su avalador, antiguo líder militar durante la guerra civil y actual cabeza del partido derechista y cristiano Marada, agradeciéndole que lo hubiera nominado durante las negociaciones.

Los manifestantes pedían un gobierno con caras nuevas, y en cierta manera las han tenido. Pero que vengan patrocinadas por la misma clase política a la que se le pide que se vaya, hace temer que trabajen con las manos atadas y que no tengan la habilidad de rendir cuentas con los que habrían saqueado el estado durante 30 años.

Un gobierno con poca esperanza de vida

Puede que los ministros del Gobierno de Hassan Diab no tengan la posibilidad de actuar libremente —hay quien los define como empleados de los partidos tradicionales—, pero este nuevo ejecutivo tiene otras características que de buen comienzo le hacen prever un camino inestable. Muchos ven su mayor escollo en su composición: las seis formaciones que han acordado impulsar este Gobierno —y que han nominado a los supuestos ministros independientes— son parte de un único lado del dividido espectro político libanés. Es la vertiente liderada por Hezbolá, grupo político y militar de confesión musulmán chií, en alianza con otras formaciones, tanto chiíes como de otras confesiones.

Al Gobierno anterior, que pasó a estar en funciones cuando el 29 de octubre su primer ministro Saad Hariri renunció ante las primeras semanas de protestas, se le conocía como un gobierno de unidad. Contaba con representación de Hezbolá y de sus aliados, que de hecho llevaban la voz cantante del ejecutivo, pero también de formaciones que ahora han quedado fuera y que pertenecen a la otra gran alianza. Con la exclusión de partidos como el Movimiento Futuro o el Partido Socialista del Progreso, el nuevo Gobierno de Hassan corre el riesgo de perder apoyos tanto dentro como fuera del país. Internamente, muchos ciudadanos de confesión musulmana sunní y drusa pueden dejar de respaldar un Gobierno en el que ya no participan los partidos con los que se sienten identificados. De puertas afuera, el Líbano puede perder conexión con Occidente y Arabia Saudí, zonas hacia donde proyectan su influencia algunos partidos salientes.


Este puede ser un hecho determinante en un momento en el que las autoridades libanesas reclaman una inyección extranjera de varios miles de millones de dolares para que el país tire para adelante. Con la tensión entre Estados Unidos e Irán todavía en un punto alto, se percibe difícil que Washington se anime a colaborar con un gobierno liderado —hoy todavía más que antes— por Hezbolá, grupo político inspirado en Teheran.

De todos modos, muchos manifestantes se niegan a pedir ayuda a donantes internacionales. “¿Ahora queréis traer dinero de fuera después de habérnoslo robado?”, decía un hombre de unos 40 años en unas protestas recientes. “No queremos dinero extranjero, ¡queremos que nos devuelvan el nuestro!”. A finales del mes de diciembre saltó una noticia que no ayudó a calmar los ánimos: el poder judicial libanés iniciaba una investigación para comprobar si es cierta una supuesta transferencia por valor de dos mil millones de dólares a una cuenta suiza. La notificó un funcionario suizo asegurando que iba a cargo de “nueve políticos libaneses”. De confirmarse el movimiento, el capital transferido sería la mitad de los cuatro mil millones de dólares que el nuevo Gobierno libanés pide hoy a la comunidad internacional para financiar la compra de trigo, combustible y medicamentos.

La economía del Líbano, mientras tanto, va en caída libre: en los últimos meses, la lira libanesa ha perdido un 40% de su valor en relación al dólar y los trabajadores del sector privado han dejado de percibir alrededor de la mitad de su salario. Los bancos aplican control de capitales —se pueden extraer 300 dólares semanales como máximo— y el Banco Mundial advierte que de seguir así las cosas, la cantidad de libaneses que viven por debajo del umbral de la pobreza podría escalar del 30% al 50%.

Y un dato más: según la Base de Datos de la Desigualdad Mundial, el 0,1% de ciudadanos libaneses tiene el mismo dinero que la mitad más pobre del país.

Las protestas suben el tono

El sábado 25 de enero, las fuerzas de seguridad y el ejército se desplegaron ampliamente y volvieron a disparar gases lacrimógenos y cañones de agua contra manifestantes para dispersarlos tanto en el centro como también en otros puntos de Beirut. En su cuenta de Twitter, y ante la presencia de algunos disturbios, la policía libanesa advirtió que “los manifestantes pacíficos” debían abandonar la zona donde se celebraba la concentración “por su seguridad”, para más tarde anunciar que cualquier persona que permaneciera en el lugar sería arrestada.

La tensión alrededor del nuevo Gobierno llega justo después de lo que podría ser un punto de inflexión en las calles. En el pasado fin de semana se dieron las escenas de más violencia desde que las manifestaciones empezaron hace tres meses. La policía disparó gases lacrimógenos y balas de goma directamente contra manifestantes, mientras que muchos de estos asistían a las protestas con piedras y palos. El domingo terminó con más de 400 personas heridas y organizaciones como Amnistía Internacional documentaron “diversas violaciones de derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad: uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias, torturas y otro tipo de maltratos”. Entre las personas heridas hubo asfixias y extremidades rotas y al menos dos personas perdieron la visión en un ojo.

Los periodistas también denunciaron. Durante esos mismos días anteriores al anuncio del nuevo Gobierno, organizaciones de defensa de la libertad de prensa, como Samir Kassir Eyes o el Comité de Protección de Periodistas, registraron una veintena de ataques contra periodistas y fotógrafos que estaban cubriendo las protestas. La entonces ministra de Interior en funciones del anterior ejecutivo, Raya El Hassan, aseguró que no había dado ordenes de atacar a los manifestantes ni a la prensa y que tampoco sabía quién lo había hecho. Tal cosa preocupa a los sindicatos periodísticos, ya que aseguran que “refuerza el temor relacionado con la ausencia de atribución de responsabilidades en un país en el que la impunidad de los perpetradores de crímenes contra periodistas es la norma”.

Los que se manifiestan tampoco comparten una misma visión y eso podría complicar las cosas. Algunos dicen que no dejarán de protestar hasta que el Líbano sea un estado civil; otros están descontentos con la banca porque la acusan de aplicar el control de capitales para aumentar la tensión contra Hezbolá y sus aliados; hay quien está disconforme porque su partido ha quedado fuera del nuevo Gobierno y aún hay diversas sensibilidades más.

Lo dice el analista Heiko Wimmen en su publicación en Crisis Group: “Que unas fuerzas de seguridad cabreadas y con un sueldo a la baja tengan que controlar multitudes de ciudadanos cabreados y con un sueldo también a la baja —especialmente después de los recientes enfrentamientos que han encendido el resentimiento mutuo— es una receta para el desastre”.

Por Joan Cabasés Vega

2020-01-27 10:09

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