Pacientes de coronavirus en un hospital temporal convertido en un centro deportivo en Wuhan durante el mes febrero Xiao Yijiu/AP

Un grupo de vecinos críticos en la capital donde empezó a propagarse el coronavirus intentan organizarse para pedir respuestas. O al menos una disculpa

A principios de enero, Hu Aizhen, de 65 años, oyó hablar de un coronavirus nuevo que comenzaba a circular por la ciudad en la que vive, Wuhan. No se preocupó, las autoridades decían que no era contagioso. Siguió con su vida y organizó su celebración del Año Nuevo lunar a finales de mes.

Poco antes de que el gobierno decidiera confinar la ciudad, Hu desarrolló síntomas de neumonía. Tras días esperando y buscando un hospital, logró que le hicieran una prueba. Dio negativo pero se sabía que las pruebas no eran del todo precisas y sus síntomas eran evidentes. Dio igual. En seis hospitales diferentes se negaron a tratarla.

Hu, que siempre ha disfrutado de buena salud, se quedó durante 10 días en casa. No podía comer ni beber y su salud empeoraba. Cuando notó que cruzaba una línea roja, su hijo intentó llevarla a un hospital de otro distrito pero la policía se lo impidió. Siguiendo las normas del confinamiento, no podía salir de su zona. Su hijo, desesperado, gritó a los policías: "¿Acaso no sois personas?".

Cuando logró que la admitieran en un hospital, el 8 de febrero, a duras penas respiraba. Un médico ordenó que repitieran la prueba pero era demasiado tarde. Ya sólo recuperaría la consciencia durante un momento, pidiéndole agua a su hijo. Después, falleció.

Ahora, su hijo ha presentado una demanda contra el gobierno local de Wuhan, al que acusa de haber ocultado la gravedad del virus, entre otras cosas. The Guardian ha tenido acceso a la demanda, preparada por Funeng, una ONG con sede en la ciudad de Changsha, capital de Huan.

No está solo. Forma pare de un pequeño pero ya relevante grupo de ciudadanos que pide respuestas –al menos una disculpa- de las autoridades que tardaron en semanas en avisar a la población de la amenaza de un virus que se ha cobrado al menos 4.500 vidas en China, según el recuento oficial de su Gobierno.

Otras personas que han optado por la misma vía son, por ejemplo, un funcionario que demanda a la administración provincial de Hubei o una madre que pide castigar a varios funcionarios por limitarse a mirar mientras su hija de 24 años moría, víctima del virus. Un hijo que después de lograr que su madre, desvaneciéndose, llegara a un hospital en las afueras de Wuhan e ingresara en cuidados intensivos, fue a casa a recoger algo y no tuvo ni tiempo de regresar a llevárselo. Recibió una llamada del hospital que le anunciaba la muerte de su madre.

"Nada de esto habría sucedido si nos hubieran avisado. No tendría que haber muerto tanta gente", afirma uno de los parientes de personas fallecidas implicadas en la demanda. "Quiero una respuesta. Quiero que los responsables sean castigados de acuerdo con la ley", exige otro.

Un resentimiento eclipsado por la propaganda

A medida que la infección se expandía por China, cuando se llegó a un pico de transmisión con miles de casos confirmados cada día, el enfado entre la ciudadanía alcanzó niveles no vistos en décadas y plantearon una amenaza real al Gobierno del Partido Comunista. En febrero, cuando falleció el doctor Li Wenliang, que había filtrado las primeras noticias sobre el virus, los censores ya no eran capaces de frenar la marea de protestas que se extendía por la red. Fue un momento que algunos compararon con la muerte de Hu Yaobang, que precipitaría el derramamiento de sangre de 1989 tras las protestas de la Plaza de Tiananmen.

Poco más de dos meses después, ese resentimiento es mucho menos visible. Historias como la de Hu Aizhen han sido sustituidas por relatos positivos, los de un país unido para vencer al virus, que envía al resto del mundo los suministros que necesita y se enfrenta a los ataques malintencionados de Estados Unidos y otros países empeñados en culpar a Pekín por el estallido de la Covid-19.

Shi, activista en defensa de los derechos humanos que vive en la provincia de Hubei, de la que Wuhan es capital, dice que "la gente se deja llevar por la propaganda con facilidad. Una vez mejoró la situación provocada por la epidemia y la maquinaria propagandística echó a andar, han cambiado las tornas. Ahora la gente dice que el fuerte liderazgo mostrado por el partido es positivo".

Cuando la normalidad, aún con cierta lentitud, ya se instala de vuelta, las autoridades vigilan estrechamente a aquellos que puedan albergar resentimiento. Zhang Hai, de 50 años, que perdió a su padre por el virus en febrero, formaba parte de un grupo en WeChat en el que participan más de 100 personas que perdieron familiares por el virus.

A finales de marzo les dijeron que podrían recoger los restos de sus seres queridos de las funerarias. No podían juntarse más de cinco personas al mismo tiempo y tenían que ir acompañados por un representante del gobierno local. Zhang se negó a ir. Poco después, el administrador del grupo recibió un aviso de la policía y alguien borró el grupo. Zhang, que pide una disculpa del Gobierno, dice que  hay "muchas familias muy enfadas" y "ahora todo el mundo trata de ser muy cuidadoso".

Tan Jun, funcionario en Yichang, en la misma provincia de Hubei, presentó una demanda este mismo mes acusando al Gobierno regional de ocultar el brote del virus. La policía publicó una copia en línea. Tan confirmó la demanda pero prefirió no conceder una entrevista. Otros habitantes de Wuhan aseguraron a The Guardian  que la policía local los había intimidado y obligado a prometer que no hablarían.

En un artículo publicado en varias cuentas de WeChat, Tan dijo:"Hay que depurar responsabilidades. Como habitante de Hubei, creo que es necesario dar la cara y pedir al gobierno de Hubei que asuma su responsabilidad". El artículo fue borrado posteriormente.

El Gobierno central desvía la atención

El Gobierno central ha sustituido a algunos funcionarios locales. Quienes conocen el régimen saben que se trata de una vieja táctica para desviar las culpa del Gobierno central. Pero algunos ciudadanos creen que no es suficiente.

Wu, una mujer de 49 años que afirma haber contraído el virus en enero y no haber sido diagnosticada hasta marzo, dice que "eso no es asunción de responsabilidades sino un mero lavado de cara". En el hospital vio gente morir. incluso en la cama de al lado. Acaba de saber que una compañera de clase que se infectó al mismo tiempo que ella acaba de fallecer.

"Cuando estaba en cama pensando que podía morir pronto, me dije: ¿Cómo ha sucedido esto?", recuerda Wu, que demanda al hospital por no confirmar que era paciente de coronavirus cuando recibió el alta. "El común de los ciudadanos tiene un acceso limitado a información real. Confiamos en el Gobierno. Creemos en lo que dice".

La disidencia se expande por otros métodos. Docenas de tenderos en un centro comercial de Wuhan se manifestaron este mismo mes exigiendo rebajas en sus alquileres tras meses de cierre forzado. En Yingcheng, una ciudad al oeste de Wuhan, los habitantes en confinamiento protestaron contra los precios de la comida impuestos por el Gobierno. Uno de los manifestante ha sido, aparentemente, detenido.

Xie Yanyi, abogado defensor de los derechos humanos en Pekín, cree que "la gente ha despertado. No me cabe duda". Xie ha pedido información al Gobierno sobre el origen del virus y las razones de los retrasos a la hora de informar a la ciudadanía del brote. "Puede que no sean tantos, pero la Historia nos muestra que hay una minoría capaz de cambiarla".

La mayor parte de los habitantes de Wuhan están más tranquilos porque parece que lo peor de la epidemia ha pasado y ven que ahora son otros los países que luchan por contenerla. Los trabajadores esperan en fila en el exterior de algunos edificios para que les tomen muestras de tejido de la garganta y asegurar que no están infectados antes de regresar al trabajo.

En Hankou, un barrio frente al río, una pareja se besa ante el espectáculo que ofrecen los rascacielos y sus mensajes luminosos. Muchos de los habitantes de la ciudad dicen que están agradecidos por lo que el Gobierno ha hecho.

En opinión de Yan Zhanqing, cofundador de Funeng, las posibilidades de casos como el de Hu sean aceptados a trámite y lleguen a juicio son pocas. Es más probable que quienes han presentado las demandas reciban presiones y sufran intimidación. En algunos casos concretos podría reconocerse indemnizaciones económicas, una forma de disculpa.

"Los casos sirven para poner algo de presión sobre el Gobierno y que cada vez más gente sea consciente de que tiene derechos y el Gobierno tiene responsabilidades" explica Yan. "Es también un modo de documentar la historia, de que más gente conozca la verdad y no sólo la versión oficial de lo sucedido en Wuhan".

 Por Lily Kuo - Wuhan (China)

20/04/2020 - 21:56h

Traducido por Alberto Arce

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Lunes, 20 Abril 2020 06:41

Pandemonio

Pandemonio

Qué es peor: gritar "fuego" dentro de un teatro lleno, cuando no hay nada, o gritar "no hay fuego" cuando el teatro se está incendiando? El régimen estadunidense hizo lo segundo, y la consecuencia directa de ello es la multiplicación de víctimas cada día, cada hora, con una tasa mortal desproporcionada entre afroestadunidenses y latinos, entre ellos inmigrantes, ya que la pandemia revela claramente que la peor "condición prexistente" es la pobreza. Para evadir su responsabilidad, Trump y sus cómplices han buscado, igual que siempre, encubrir la realidad y asfixiar, o volver irrelevante la verdad, buscando atrapar a todos dentro del teatro de su reality show. Para lograrlo tiene que crear un pandemonio, abriendo el paso al virus más letal contra las democracias.

Van más de 18 mil declaraciones falsas o engañosas documentadas en lo que va en los tres años del presidente; un promedio de más de 15 diarias (https://www.washingtonpost.com/ graphics/politics/trump-claims- database/?itid=lk_inline_manual_2&itid= lk_inline_manual_2), incluyendo por lo menos 350 acerca del coronavirus. Van 2 mil tuits atacando los medios desde que llegó a la Casa Blanca, acusando que son "enemigos del pueblo" ( https://pressfreedomtracker.us/ blog/trump-crisis-mode-tweets- his-2000th-attack-press/). Todo parte de una estrategia sistemática no sólo para anular la legitimidad de los medios, sino con el fin de minar su credibilidad entre el público y sembrar la duda sobre los hechos y verdades que reportan. (https://cpj.org/reports/ 2020/04/trump-media-attacks- credibility-leaks.php).

“Muchos de los que estábamos profundamente preocupados sobre Trump desde el inicio, lo estábamos específicamente sobre qué ocurriría cuando llegara su momento del incendio del Reichstag”, comenta Jason Stanley, profesor de filosofía de Yale y autor de Cómo funciona el fascismo, en comentarios a The New Yorker. Observó que a diferencia de ese incidente usado por Hitler para culpar a los comunistas e imponer la suspensión de libertades civiles en Alemania, esta crisis del coronavirus no fue fabricada, pero Trump la está usando de la misma manera, ocupando la atención publica, exigiendo obediencia, y buscando ampliar sus poderes ejecutivos. El magnate habla y hace política como fascista, y aunque aún no ha logrado gobernar como uno, Stanley –entre otros– no descarta que podría llegar una coyuntura en la cual eso ocurra. Señala que mucha gente lo acusa de exagerar cuando usa la palabra fascismo, pero les advierte que será muy tarde cuando "ya esté el campo de concentración".

Entre otros actos recientes que podrían aumentar estas preocupaciones, Trump declaró que "el presidente tiene autoridad total", despidió al inspector independiente encargado de vigilar el uso del fondo de rescate económico para empresas para nombrar a uno de sus leales, y amenazó con cerrar esta sesión del Congreso para instalar a funcionarios sin tener que esperar su ratificación, algo que ninguno de sus antecesores se había atrevido ni a pensar.

La semana pasada, Trump tuiteó: “Liberen Minnesota… liberen Michigan… liberen Virginia”, en apoyo a agrupaciones de manifestantes derechistas, algunos armados y otros con sus niños, quienes llegaron a las sedes del gobierno estatal de esas entidades –todos con gobernadores demócratas– para exigir el fin de las medidas de distanciamiento social contra el coronavirus. Una manifestante llevaba una pancarta en que se leía: "distanciamiento social = comunismo". Críticos señalaron que Trump estaba incitando violar la ley al respaldar el derrocamiento de esos gobiernos.

Mientras, aunque la estrategia trumpista para su relección es redoblar su mensaje ultranacionalista (por eso los ataques a la OMS y China, y contra las amenazas extranjeras, incluidos los migrantes), estas maniobras ominosas no se quedan dentro de estas fronteras, advirtió Noam Chomsky en entrevista con Democracy Now: “Al grado de que uno puede detecta alguna política coherente en la locura de la Casa Blanca… hay un esfuerzo para construir una internacional de los estados más reaccionarios y opresores, encabezados por el gánster en la Casa Blanca”.

El pandemonio de la pandemia podría ser más peligroso que el virus.

https://www.youtube.com/ watch?v=wyjNRmSPVMM

https://www.youtube.com/watch?v= la1q1aRUaNg&feature=youtu.be

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Bolsonaro alienta una intervención militar para cerrar el Congreso

Protesta en Sao Paulo contra cuarentena

Sao Paulo. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, arengó ayer a manifestantes que, rompiendo la cuarentena por la pandemia del nuevo coronavirus, se concentraron frente a un cuartel general del ejército para exigir una intervención militar y el cierre del Congreso, horas después de que miles participaron en una protesta virtual con cubrebocas en los cuales se leía: "fuera Boslonaro" .

"No queremos negociar nada", gritó el presidente desde el toldo de una camioneta al dirigirse a los manifestantes que se agolparon en el lugar con pancartas llamando a una "intervención militar, ya" y a defender el AI-5 (Acta Institucional 5), que en 1968 cerró el Congreso y suprimió garantías constitucionales.

"Estoy aquí porque creo en ustedes y ustedes están aquí porque creen en Brasil", gritó el neofascista Bolsonaro ante los manifestantes, de quienes se mantuvo algunos metros distante. Niños y ancianos, algunas personas con máscaras, estaban en la primera línea de la movilización que reunió a unas 600 personas.

Bolsonaro critica constantemente a los líderes del Congreso, a los gobernadores y alcaldes que defienden las medidas de cuarentena y distanciamiento social para contener la propagación del Covid-19 que en Brasil ya lleva 2 mil 462 muertos y 38 mil 654 infectados.

El mandatario demerita la letalidad del nuevo coronavirus, al cual califica de "gripecita", promueve aglomeraciones y se pronuncia rei-teradamente a favor de la apertura del comercio y las escuelas.

"Ustedes tienen la obligación de luchar por su país. Cuenten con su presidente para hacer todo lo que sea necesario con el fin de mantener la democracia y garantizar nuestra libertad", expresó Bolsonaro, quien en intervenciones previas ha condenado las restricciones de circulación y de actividad comercial implementadas en el país por la crisis de salud.

En breve discurso, el presidente no cuestionó el pedido de intervención militar ni las consignas a favor del cierre del Congreso.

"Todos en Brasil tienen que entender que están sometidos a la voluntad del pueblo brasileño", sostuvo.

"Un día juramos dar la vida por la patria y vamos a hacer lo posible para cambiar el destino de Brasil", consignó Bolsonaro, interrumpiendo su discurso por una crisis de tos.

El gesto del mandatario fue condenado por políticos y portavoces de los poderes públicos brasileños. "Asusta ver manifestaciones por el regreso del régimen militar, después de 30 años de democracia", manifestó Luís Roberto Barrozo, juez del Supremo Tribunal Federal.

"Es lamentable que el presidente se adhiera a manifestaciones antidemocráticas. Es hora de la unión alrededor de la Constitución contra toda amenaza a la democracia", tuiteó el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), publicó en Twitter: "La misma Constitución que permite que un presidente sea electo democráticamente tiene mecanismos para impedir que conduzca al país a la destrucción de la democracia y a un genocidio de la población".

Horas antes, durante un acto convocado por el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra, Lula reiteró sus críticas a la gestión de Bolsonaro. "La única posibilidad de que parte de la sociedad permanezca aislada es que reciba dinero. No es secundario y es responsabilidad del Estado".

Gleisi Hoffmann, presidenta del PT, consideró que la convocatoria es una "receta perfecta para la tragedia".

El presidente del Congreso, Rodrigo Maia, escribió en Twitter: "no hay camino fuera de la democracia. No tenemos tiempo qué perder con retóricas golpistas".

Veinte gobernadores suscribieron una carta en apoyo al Congreso nacional.

En Sao Paulo, donde comenzaron a utilizarse excavadoras para abrir fosas en el mayor cementerio del estado, también hubo movilizaciones contra la cuarentena.

La entidad, que reporta mil 15 muertos y 14 mil 267 casos, es el epicentro de la enfermedad en Brasil. El gobernador Joao Doria, visto como un rival político por Bolsonaro, expresó su repudio a la acción del presidente.

Personalidades como el cantautor Caetano Veloso, Patricia Pillar, Leticia Sabatella y Nanda Costa protestaron desde su casa y usaron un filtro de mascarilla con la frase "Fuera Bolsonaro".

La movilización popular contra el neofascista y su gobierno se afianzó en redes sociales tras la destitución de Luiz Henrique Mandetta, el ahora ex ministro de Salud, quien defendió medidas de distanciamiento social, y ocupó el cargo el oncólogo Nelson Teich, quien defiende la reactivación de la economía.

El Consejo Nacional de Salud calificó de "irresponsable" el cese de Mandetta, en una nota que emitió junto con la organización humanitaria Oxfam Brasil, en la cual afirmó que con esto "se pone en riesgo la vida de millones de personas".

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Noam Chomsky

Noam Chomsky nos atendió el miércoles 8 de abril desde su casa de Tucson (Arizona), donde se refugia con su esposa Valeria. Mantuvimos esta entrevista justo antes de que el senador Bernie Sanders anunciara la suspensión de su campaña para la candidatura del Partido Demócrata, lo que convertía al antiguo vicepresidente Joe Biden en el candidato al que se habrá de enfrentar Donald Trump en las elecciones de noviembre. Empecé preguntándole al profesor Chomsky acerca de lo que está ocurriendo ahora mismo en el contexto de las elecciones de 2020 y de lo que cree que va a ocurrir en noviembre.

Noam Chomsky: Si Trump resulta reelegido, el desastre es indescriptible. Significa que las políticas de estos últimos cuatro años, que han sido sumamente destructivas para la población estadounidense, para el mundo, se seguirán aplicando y probablemente se acelerarán. Lo que esto supondrá sólo para la salud es tremendamente grave. Ya mencioné los datos publicados por The Lancet. Irá a peor. Lo que supone para el medioambiente o la amenaza de una guerra nuclear, algo de lo que nadie habla, pero que es sumamente grave, es indescriptible.

Supongamos que Biden sale elegido. Diría que básicamente sería una continuación de Obama: nada espectacular, pero al menos no totalmente destructivo, y ofrecería oportunidades para que una sociedad organizada cambie lo que se está haciendo, ejerza presión.

Actualmente, con frecuencia se afirma que la campaña de Sanders ha sido un fracaso. Creo que es un error. Creo que ha sido un éxito extraordinario porque ha modificado por completo el escenario de debate y discusión. Cuestiones que eran inconcebibles hace un par de años ahora están en el foco de atención.

El peor delito que ha cometido, a ojos de las clases dirigentes, no es la política que propone, sino el hecho de que ha sido capaz de estimular movimientos populares que ya habían empezado a desarrollarse –Occupy, Black Lives Matter y muchos otros– y convertirlos en una corriente activista que no solo aparece cada dos años para presionar a un dirigente y se da media vuelta, sino que ejerce una presión constante, un activismo constante. Esto podría afectar a un gobierno de Biden. También significa, aunque solo se trate de una acción defensiva preventiva, que ha llegado el momento de lidiar con una crisis de gran magnitud.

Analicemos Medicare for All o la otra pieza principal del programa de Sanders, la educación universitaria gratuita. En todo el espectro de las corrientes ideológicas principales, incluso lo que llaman la izquierda dentro de dichas corrientes, las desaprueban porque las consideran demasiado radical para los estadounidenses. Pensemos en lo que esto significa. Es un ataque a la cultura y la sociedad estadounidenses, algo que se esperaría de un enemigo hostil. Esto significa que afirmar que deberíamos estar a la altura de países similares resulta demasiado radical. Todos tienen algún tipo de sistema nacional de salud, en la mayoría la educación superior es gratuita: los países con mejores resultados, como Finlandia, gratuita; Alemania, gratuita; nuestro vecino del sur, México, un país pobre, posee una educación superior de gran calidad, gratuita. Así que, para los estadounidenses, decir que deberíamos estar a la altura del resto del mundo se considera demasiado radical. Es un comentario asombroso. Como he dicho, es una crítica a Estados Unidos que se esperaría de un enemigo muy hostil.

Esta es la izquierda del espectro político. Lo cual indica que tenemos problemas sumamente graves. No es solo Trump. Él lo ha agravado todo aún más, pero los problemas son mucho más graves, como, por ejemplo, la catástrofe de los respiradores, que describí en su momento, basada en la lógica capitalista y con el mazazo extra de un gobierno ineficaz a la hora de lidiar con cualquier asunto. Esto va mucho más allá de Trump. Y tenemos que enfrentarnos a los hechos. Algunas personas lo hacen. Seguro que informaste –no lo recuerdo–,  probablemente informaste de que había que poner en marcha el Reloj del Apocalipsis en enero. ¿No?

Sí.

Fíjate en lo que ocurrió. Durante todo el mandato de Trump, el minutero del Reloj del Apocalipsis, el mejor indicador general de la situación del mundo, se acercó a la medianoche –el final–,  alcanzó el punto más alto de su historia. El pasado mes de enero, lo sobrepasó. Los analistas pasaron de los minutos a los segundos: cien segundos para alcanzar la medianoche, gracias a Donald Trump.

Y el Partido Republicano, que es monstruoso, ya no se puede calificar de partido político. Se limita a repetir, con vergüenza, todo lo que dice el amo. Carece absolutamente de integridad. Observarlo es increíble. Se ha rodeado de una colección de psicópatas que se limita a repetir con sumisión todo lo que dice. Un verdadero ataque a la democracia, junto con el ataque a la supervivencia de la humanidad... La guerra nuclear, aumentar la amenaza de una guerra nuclear, desmantelar el sistema de control de armas que, en cierto modo, nos ha protegido del desastre total... Observarlo es asombroso.

El mismo memorando que cité sobre el modo en que las políticas que estamos adoptando están arriesgando la supervivencia de la humanidad concluía argumentando que los bancos debían reducir su apoyo a los combustibles fósiles, en parte por las consecuencias para su reputación. La reputación de los bancos se está viendo perjudicada. ¿Y eso qué significa? Significa que los activistas los están presionando y tienen que conservar cierta reputación. Esa es una buena lección.

El Partido Republicano, que es monstruoso, ya no se puede calificar de partido político. Se limita a repetir, con vergüenza, todo lo que dice el amo

Y funciona. Hemos visto varios ejemplos muy llamativos. Por ejemplo, el Green New Deal. Hace un par de años era objeto de burla, si es que se llegaba a mencionar. Algún tipo de Green New Deal es esencial para la supervivencia de la humanidad. Ahora forma parte de todas las agendas. ¿A qué se debe? Al compromiso del activismo. Especialmente del Sunrise Movement, un grupo de jóvenes que llevaron a cabo acciones relevantes hasta el punto de llegar a los despachos del congreso. Recibieron el apoyo de Alexandria Ocasio-Cortez y otros jóvenes legisladores que llegaron a su cargo como parte de la oleada popular que se inspiró en Sanders: otro gran éxito. Ed Markey, senador por Massachusetts, se sumó a la causa. Ahora forma parte de la agenda legislativa. El siguiente paso es hacerlo viable para forzar su aprobación. Hay muy buenas ideas para lograrlo. Y esa es la forma de cambiar las cosas.

Si Biden alcanzara la presidencia, no sé si habría un gobierno absolutamente comprensivo, pero al menos sería abordable, se podría ejercer cierta presión. Y eso es muy importante. Si echamos un vistazo al estupendo historiador especializado en asuntos laborales –seguro que conoce a Erik Loomis, que ha estudiado los esfuerzos de la clase trabajadora para introducir cambios en la sociedad, en ocasiones en beneficio de los trabajadores, en ocasiones en beneficio de la sociedad en general–, presentó una idea muy interesante. Esos esfuerzos tenían éxito cuando había un gobierno tolerante o comprensivo, no cuando no lo había. Hay una gran diferencia –una de las muchas diferencias enormes entre Trump, el sociópata, y Biden, que es un poco vacuo– en poder presionar de un modo u otro. Es la elección más crucial de la historia de la humanidad, literalmente. Cuatro años más de Trump nos expondría a un grave problema. 

¿Cómo es posible que Estados Unidos, el país más rico del mundo, se haya convertido en el epicentro de la pandemia?

Los países han reaccionado de formas muy diversas, algunos con notable éxito, otros con más o menos éxito. Hay uno que ha tocado fondo. Nosotros. Estados Unidos es el único país importante que ni siquiera puede proporcionar datos a la Organización Mundial de la Salud porque es sumamente disfuncional.

Esto tiene un origen. Parte de dicho origen es un sistema sanitario vergonzoso, que sencillamente no está preparado para nada que se salga de lo normal. Simplemente no funciona. Esto se ha visto agravado por la presencia de una extraña colección de gánsteres de Washington que pareciera como si, de forma sistemática, hubieran adoptado todas las medidas posibles para hacerlo lo peor posible. Durante el mandato de Trump, estos últimos cuatro años, se han recortado sistemáticamente en todos los aspectos relacionados con la salud. El Pentágono progresa. La construcción de su muro progresa. Pero cualquier otra cosa –de hecho, cualquier cosa que pudiera beneficiar a la población en general– empeora, y en particular la sanidad.

Durante el mandato de Trump se han recortado sistemáticamente  todo lo relacionado con la salud. El Pentágono progresa. La construcción de su muro progresa. Pero cualquier otra cosa empeora, y en particular la sanidad

Algunos casos son casi surrealistas. Por ejemplo, en octubre, en un momento tremendamente oportuno, [Trump] canceló por completo un proyecto de la agencia para el Desarrollo de EE. UU. –se llamaba Predict– que trabajaba con países del Tercer Mundo y también en China, para tratar de detectar virus nuevos que podían convertirse en la pandemia prevista. Y de hecho desde entonces se preveía –al menos a partir de la epidemia del SARS en 2003–. De modo que tenemos una combinación de factores, algunos de ellos específicos de Estados Unidos.

Si queremos asegurarnos, o al menos tener la esperanza, de poder evitar nuevas pandemias –que es muy probable que lleguen y más graves que esta, en parte debido a la enorme y creciente amenaza del calentamiento global– tenemos que estudiar el origen de esta. Y es muy importante analizarlo detenidamente. De modo que, si echamos la vista atrás, los científicos llevan años prediciendo pandemias. La epidemia del SARS fue bastante grave. Se logró contener, fue el comienzo del desarrollo de las vacunas, pero nunca llegaron a la fase de prueba. Entonces ya se sabía que iba a ocurrir algo más y hubo otras epidemias.

Pero no basta con saberlo. Alguien tiene que coger el testigo y entregarse a ello. ¿Y quién puede hacerlo? Lo lógico sería que fueran las empresas farmacéuticas, pero no están interesadas. Siguen la buena lógica capitalista: las señales del mercado indican que prepararse para una catástrofe anticipada y prevista no genera beneficios. De modo que no les interesaba.

En ese momento, otra posibilidad es que el gobierno tome cartas en el asunto. Tengo edad suficiente para recordar que se puso fin al horror de la polio gracias a un proyecto que puso en marcha y financió el gobierno y que derivó en la vacuna de Salk, que era gratis, carecía de derechos de propiedad intelectual. Jonas Salk dijo que debía ser libre como el viento. Muy bien, se logró acabar con el horror de la polio, el horror del sarampión y otros. Pero el gobierno no ha podido tomar cartas en este asunto a causa de otro aspecto particular de la época moderna: la plaga neoliberal. Recordemos la alegre sonrisa de Ronald Reagan y su frasecilla que afirmaba que el gobierno es el problema, no la solución. De modo que el gobierno no puede intervenir.

Las farmacéuticas siguen la buena lógica capitalista: las señales del mercado indican que prepararse para una catástrofe anticipada y prevista no genera beneficios

Se han hecho esfuerzos, no obstante, para intentar prepararse para esto. Ahora mismo en Nueva York y otros lugares, médicos y enfermeras se ven obligados a tomar decisiones angustiosas sobre a quién matar –una decisión nada agradable– simplemente porque no tienen suficiente equipamiento. Y el obstáculo principal es la falta de respiradores, una enorme escasez de respiradores. Ahora bien, el gobierno de Obama se esforzó en intentar prepararse para esto. Y esto revela, de forma radical, el tipo de factores que nos conducen a la catástrofe. Contrataron a una pequeña empresa que estaba fabricando respiradores de gran calidad a bajo coste. La empresa fue adquirida por una más grande, Covidien, que fabrica respiradores sofisticados y caros. Y dejaron de lado el proyecto. Presumiblemente no querían que compitieran con los suyos, más costosos. Poco después, comunicaron al gobierno que querían rescindir el contrato. La razón era que no era suficientemente rentable, por lo que no se hicieron más respiradores.

Lo mismo ocurre con los hospitales. Los hospitales, según los programas neoliberales, se supone que tienen que ser rentables, es decir, no pueden tener capacidad de más, solo el suficiente número de camas para arreglárselas. Y de hecho, mucha gente, yo incluido, puede testificar que incluso los mejores hospitales han causado gran dolor y sufrimiento a los  pacientes, ya antes de que estallara esta pandemia, debido a este concepto de eficiencia bajo mínimos que maneja nuestro sistema sanitario privatizado con ánimo de lucro. Cuando algo se sale de lo normal, mala suerte. Y así funciona todo el sistema.

De modo que tenemos una combinación de la lógica capitalista, que es letal pero controlable, pero que es incontrolable siguiendo los programas neoliberales, que además dictan que el gobierno no puede intervenir y coger el testigo cuando el sector privado no lo hace.

Para más inri –y esto atañe específicamente a Estados Unidos– tenemos un espectáculo circense en Washington, un gobierno totalmente disfuncional, que está causando graves problemas. Y no es que no se supiera nada. Durante todo el mandato de Trump, incluso antes, se sabía que se avecinaba una pandemia. Su reacción fue reducir su prevención. Sorprendentemente, esta actitud continuó incluso después de que se manifestara la pandemia.

De modo que, el 10 de febrero, cuando ya era grave, Trump publicó sus presupuestos para el próximo año. Échenle un vistazo. El presupuesto mantiene el recorte de fondos del Centro para el Control de Enfermedades y demás instituciones gubernamentales responsables de la salud, sigue recortándolas. Aumenta la financiación de algunas cosas, como la producción de combustibles fósiles, concede nuevas subvenciones a las industrias de combustibles fósiles. Es decir, es como si el país sencillamente estuviera… Mejor dicho, el país sencillamente está gobernado por sociópatas.

Y la consecuencia, por tanto, es que reducimos los esfuerzos para lidiar con la pandemia que está tomando forma y aumentamos los esfuerzos por destruir el medioambiente –los esfuerzos en los que Estados Unidos, bajo el mandato de Trump, va a la cabeza en la carrera hacia el abismo. Ahora bien, hay que tener en cuenta que eso –obviamente– es muchísimo más grave que la amenaza del coronavirus. Y es nocivo y grave, en particular en Estados Unidos, pero de algún modo nos recuperaremos, a un precio muy alto. No nos recuperaremos del derretimiento de las placas de hielo polar, que está derivando en un efecto retroactivo, bien conocido, que va en aumento: a medida que se derriten, disminuye la superficie reflectante y aumenta la absorción en los mares oscuros. El calentamiento que provoca el derretimiento aumenta. Y solo es uno de los factores que nos lleva a la destrucción, a menos que hagamos algo al respecto.

Estados Unidos, sencillamente, está gobernado por sociópatas

Y no es ningún secreto. Recientemente, por ejemplo, hace un par de semanas, se filtró algo muy interesante, un memorando de JPMorgan Chase, el banco más importante de Estados Unidos, que advertía de que, según sus propias palabras, “la supervivencia de la humanidad está en peligro si continuamos nuestro camino actual”, que incluía la financiación de las industrias de combustibles fósiles por parte del propio banco; es decir, estamos poniendo en peligro la supervivencia de la humanidad. Cualquiera que tenga los ojos abiertos en el gobierno de Trump es perfectamente consciente de ello. Es difícil encontrar palabras para calificarlo.

(...) Trump está desesperado por encontrar un chivo expiatorio al que culpar por sus espeluznantes errores e incompetencia. El más reciente es la Organización Mundial de la Salud, el ataque a China. El responsable siempre es otro.

Sin embargo, es sencillo, los hechos son muy claros. El pasado mes de diciembre China informó rápidamente a la Organización Mundial de la Salud de que se encontraban con pacientes con síntomas similares a la neumonía de etiología desconocida. No sabían qué era. Aproximadamente una semana después, el 7 de enero, comunicaron a la Organización Mundial de la Salud, la comunidad científica internacional, que los científicos chinos habían descubierto el origen: un coronavirus parecido al virus del SARS. Habían identificado la secuencia, el genoma. Estaban proporcionando la información al mundo.

Los servicios de inteligencia de Estados Unidos eran perfectamente conscientes de ello. Durante los meses de enero y febrero intentaron que alguien en la Casa Blanca prestara atención a la llegada de una grave pandemia. Sencillamente, nadie les escuchaba. Trump estaba fuera jugando al golf o tal vez escuchando o comprobando sus índices de audiencia en televisión. Ayer supimos que a finales de enero, un funcionario de alto nivel, muy cercano al gobierno, Peter Navarro, había enviado un mensaje muy contundente a la Casa Blanca afirmando que se trataba de un peligro real. Pero ni siquiera él tuvo éxito.

Noam, usted menciona a Peter Navarro, delegado de comercio, que envió un memorando –acaba de publicarse en The New York Times– a finales de enero advirtiendo de que con el coronavirus podían morir aproximadamente un millón de personas. Y la reacción de Trump en ese contexto fue prohibir los viajes desde China, no actuar en consecuencia, que era asegurarse de que Estados Unidos tenía los test adecuados y los EPIs, el equipo de protección individual, que los médicos, enfermeras, el personal de limpieza de los hospitales necesitaban para sobrevivir, tratar a los pacientes y ayudarles a ellos a sobrevivir. Y ha salido a la luz que las agencias de inteligencia, en ese momento, incluso antes que Navarro, estaban advirtiendo a Trump. Si pudiéramos retroceder a hace dos años, cuando disolvió la unidad para pandemias dentro del Consejo Nacional de Seguridad, pongamos cuando estaba en China departiendo acerca de gastar dinero en bombas o un muro, que le dijeran: “Señor, también tiene que fijarse en lo que está ocurriendo aquí”. Y esa unidad, la unidad para pandemias, no solo se ocupa de cómo procedemos en Estados Unidos, sino que también se asegura –tal y como hace el Centro de Control de Enfermedades (CDC) y otros organismos del gobierno de Estados Unidos– de enviar científicos a otros países, como China, para investigar y ayudar a otros países, porque cuando se trata de una pandemia tenemos que ir todos a una. De modo que, ¿podría hablarnos de estas advertencias y por qué los test y los equipos de protección individual son tan importantes?

Hay que recordar que esa actitud continuó incluso después de que la pandemia estuviera presente. Ahora bien, la propuesta presupuestaria es asombrosa. Se hace el 10 de febrero, con la pandemia muy avanzada. Trump recorta aún más los materiales gubernamentales relativos a la salud para seguir atacando. Estaban en el patíbulo, al igual que durante todo su mandato.

De hecho, las imágenes que has mostrado antes son parte de una estrategia muy inteligente. Independientemente de que sea algo planeado a conciencia o simplemente intuitivo, eso no lo sé. Pero seguir la pauta de hacer una afirmación, contradecirla mañana y salir con algo nuevo al día siguiente es realmente brillante. Significa que lo van a justificar. Pase lo que pase, lo habrá dicho. Si disparas flechas al azar, alguna dará en el blanco. Y la técnica que emplea con el altavoz de Fox y una base de admiradores que solo sintonizan la Fox, Limbaugh, etc., simplemente van a escoger lo que resultó ser cierto y dirán: “Miren a nuestro maravilloso presidente, el mejor presidente de la historia, nuestro salvador, lo supo desde el principio como muestran sus declaraciones”. No falla.

Se asemeja mucho a la técnica de fabricar mentiras constantemente. Ya sabemos cómo funcionan, no hace falta insistir en el tema. Los diligentes verificadores de informaciones llevan la cuenta. Creo que hasta ahora hay detectadas unas 20.000. Y mientras Trump se muere de la risa. Es perfecto. No paras de decir mentiras y lo que ocurre es que el concepto de verdad simplemente desaparece. 

En un fragmento del The Daily Show, de Trevor Noah, que se llama “Homenaje a los estúpidos heroescépticos de la pandemia del coronavirus”, aparecen varios miembros de los medios de comunicación de derechas, como Sean Hannity, Rush Limbaugh, Tomi Lahren y otros, así como congresistas republicanos y miembros del gobierno de Trump, minimizando o burlándose de la pandemia del coronavirus. Empieza el 24 de febrero y termina con Donald Trump el 17 de marzo y Hannity el 18 de marzo diciendo que ellos siempre se habían tomado la pandemia en serio.  De modo que, cuando usted escucha las noticias de Fox News –que no es un canal cualquiera, es la gente con la que se comunica el presidente Trump. Tal vez sean sus consejeros, porque continuamente le quitaron hierro a la situación–, ¿considera que el presidente Trump es responsable? ¿Diría que tiene las manos manchadas de sangre?

No hay duda. Trump hace una declaración disparatada. Después es amplificada por el altavoz de Fox News. Al día siguiente dice lo contrario. Se hacen eco; el altavoz lo amplifica. Hay que fijarse en el tono, el tono del reportaje es interesante. Es de una confianza absoluta, no lo que cualquier persona sensata y en su sano juicio diría: “No lo sabemos con certeza. Hay mucha incertidumbre. Hoy las cosas están así”. Nada por el estilo. Confianza absoluta. Independientemente de lo que nuestro querido líder diga, lo amplificamos. Y es un diálogo interesante. Amplifican lo que dice. Sean Hannity dice: “Es la mejor maniobra que se ha hecho en la historia universal”. Y a la mañana siguiente, Trump sintoniza Fox & Friends y escucha lo que se ha dicho. Se convierte en su reflexión del día. Es una interacción, Murdoch y Trump se preparan literalmente para intentar destrozar el país y destrozar el mundo, porque en el fondo, no debemos olvidarlo, hay una amenaza muchísimo mayor, que cada vez está más cerca, mientras Trump se abre camino hacia la destrucción.

Recibe ayuda. Así, en el hemisferio sur, bien abajo, hay otro loco, Jair Bolsonaro, que rivaliza con Trump para ver quién puede ser el peor criminal del planeta. Le está diciendo a los brasileños: “Esto no es nada. Solo es un resfriado. Los brasileños no contraemos virus. Somos inmunes”. Su ministro de Sanidad y otros funcionarios están intentando intervenir y decir: “Esto es muy serio”. Muchos gobernadores, afortunadamente, están ignorando lo que dice. Pero Brasil se enfrenta a una terrible crisis. De hecho ha llegado hasta el punto de que en las favelas, los barrios pobres de Río, donde el gobierno no hace nada por la gente, otros han intervenido para, en la medida de lo posible, imponer restricciones sensatas bajo esas miserables condiciones. ¿Quién? Las bandas criminales. Las bandas criminales que torturan a la población han intervenido para intentar imponer normas sanitarias. La población indígena se enfrenta prácticamente a un genocidio, lo cual no le importaría a Bolsonaro porque, en cualquier caso, cree que no deberían estar allí. Entretanto, mientras todo esto ocurre, se publican artículos científicos advirtiendo de que en 15 años el Amazonas pasará de ser un sumidero neto de carbono a un emisor neto de CO2. Algo devastador para Brasil –de hecho, para el mundo entero.

La población indígena se enfrenta prácticamente a un genocidio, lo cual no le importaría a Bolsonaro porque, en cualquier caso, cree que no deberían estar allí

De modo que tenemos al llamado Coloso del Norte en manos de unos sociópatas, que están haciendo todo lo que pueden para perjudicar al país y al mundo. Y al llamado Coloso del Sur que, a su manera, está haciendo lo mismo. Sigo la situación de cerca porque mi esposa Valeria es brasileña y me mantiene al día con las noticias que están apareciendo en Brasil. Y, sencillamente, es asombroso.

Sin embargo, mientras tanto, hay países que están reaccionando con sensatez. De modo que, en cuanto empezaron a llegar las noticias de China –y hubo muchas enseguida, al contrario de lo que se está diciendo– los países de la periferia de China empezaron a reaccionar –Taiwán, Corea del Sur, Singapur–  de una manera bastante efectiva. Algunos de ellos lo tienen básicamente bajo control. Nueva Zelanda aparentemente ha contenido el coronavirus, tal vez casi por completo, con un confinamiento inmediato durante un par de semanas, y parece que está a punto de eliminarlo. En Europa, la mayor parte de los países vacilaron, pero algunos, los mejor organizados, actuaron enseguida. Es muy llamativo. Sería muy útil para los estadounidenses que compararan los desvaríos de Trump con las informaciones y declaraciones sobrias y objetivas de la canciller alemana Angela Merkel dirigidas a la población alemana, describiendo exactamente lo que está ocurriendo y lo que hay que hacer.

Quería preguntarte, mientras conversas con nosotros desde tu casa de Tucson, Arizona, donde estás confinado porque estamos en medio de esta pandemia para evitar la propagación y para protegerte a ti mismo y a tu familia: ¿Qué te da esperanza?

He de decir que sigo un régimen estricto porque mi esposa Valeria está al mando y yo sigo sus órdenes. De modo que Valeria y yo estamos aislados.

Pero lo que me da esperanza son las iniciativas que están adoptando sectores populares por todo el mundo, muchos de ellos. Algunas cosas que están pasando son verdaderamente motivadoras. Por ejemplo los médicos y enfermeros que están trabajando sin descanso bajo unas condiciones sumamente peligrosas, carentes –especialmente en Estados Unidos– del mínimo apoyo, viéndose obligados a tomar unas decisiones angustiosas sobre a quién matar mañana. Pero lo están haciendo. Se trata de un tributo ejemplar a los recursos del espíritu humano, un modelo de lo que se puede hacer, junto con los movimientos populares, los pasos para crear una Internacional Progresista. Son señales muy positivas.

Sin embargo, si nos remontamos a la historia reciente, ha habido épocas en que la situación parecía verdaderamente imposible y desesperada. Pienso en mi infancia, a finales de la década de 1930 y comienzo de la de 1940. Parecía que el ascenso del azote nazi era inexorable, victoria tras victoria. Parecía que era imparable. Fue la invención más espeluznante de la historia de la humanidad. Resulta que –entonces yo lo desconocía– los estrategas de EE. UU. esperaban que durante la posguerra el mundo se dividiera entre un mundo controlado por EE. UU. y otro controlado por Alemania, incluida toda Eurasia: una idea horripilante. Y se superó. Ha habido otros movimientos en defensa de los derechos civiles: el joven movimiento Freedom Riders que se manifestó en Alabama para animar a los granjeros negros a que fueran a votar, a pesar de la grave amenaza de muerte que se cernía sobre ellos y sobre los propios manifestantes. Son algunos ejemplos de lo que los humanos son capaces de hacer y han hecho. Y hoy en día vemos muchas señales: esa es la base de la esperanza.

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Por Amy Goodman (Democracy Now) 19/04/2020

Esta entrevista se emitió en Democracy Now.

Traducción de Paloma Farré.

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Amy Goodman (Democracy Now)

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  Un cartel de la Región de Lombardía, en homenaje a los sanitarios, expuesto en la fachada del hospital Papa Giovanni XXIII de Bérgamo. RTVE

Quizá haya todavía espacio para salir de la pandemia y perseguir una utopía: redescubrir que la productividad y las cuentas corrientes valen menos que las personas, que extender los derechos significa salvarnos a todos

 

Ha ocurrido en Italia: la región considerada más potente, más eficiente y más rica ha resultado ser la peor preparada para afrontar la pandemia, y sus gobernantes han tomado decisiones por las cuales serán llamados a responder muy pronto. En el sistema italiano, las regiones tienen competencias exclusivas en materia sanitaria, y la región de Lombardía es líder, tanto por su riqueza como por la unión entre lo público y lo privado creada por los gobiernos de centro derecha, que han ocupado el poder sin interrupción en las últimas dos décadas.  

Lombardía es el territorio de Silvio Berlusconi, y la región era el feudo de Roberto Formigoni, condenado en firme a 5 años y 10 meses de cárcel por graves episodios de corrupción, referidos precisamente a la relación entre el poder regional y la sanidad privada. Pero, hasta hace un mes, se creía que la corrupción era solo un accidente en el camino. No es el caso.

Desde mi posición como estudioso de la dinámica criminal, y en particular del poder de las mafias, he observado a lo largo de los años que para una persona del norte del país es más aceptable pensar que lo podrido viene “de fuera”. Sin embargo, hace solo diez años, tras haber dicho en un programa de televisión lo que era obvio para todos los expertos, a saber, que la Camorra napolitana y la 'Ndrangheta de Calabria, siguiendo los pasos de la mafia siciliana, que lo hizo ya en la década de los 70, se habían infiltrado en la economía legal del norte, recibí tantos ataques que fui obligado a introducir un monólogo del entonces ministro del Interior, Roberto Maroni, en el siguiente programa –Maroni, predecesor de Matteo Salvini al timón de la Liga Norte, está ahora fuera de la política debido a vicisitudes judiciales. 

Poco después llegaron las primeras condenas, y hoy es un hecho conocido que en muchas partes del norte las mafias son los amos. Les cuento lo que sé, lo que sucede. Pero con una premisa necesaria: no hay un sistema de salud en el mundo que haya demostrado ser capaz de lidiar con la emergencia del coronavirus con prontitud, excepto, tal vez, por los datos que conocemos hoy, el de Corea del Sur. Puede parecer paradójico, pero el punto débil de Lombardía es su dinamismo económico y el enorme volumen de intercambios y relaciones con países extranjeros y, en particular, con China. 

En los valles de Bérgamo destruidos por el virus (algunos ya hablan de toda una generación suprimida) hay una miríada (miles) de pequeñas empresas, a menudo con menos de diez empleados, que, sin embargo, representan una excelencia que hace de esos distritos industriales una verdadera locomotora, no solo para la región de Lombardía. Sin embargo, en un momento concreto, mientras los medios hablaban de las decisiones dramáticas que debían tomar los médicos de cuidados intensivos, a quién intubar y a quién dejar morir, se tomaron otras decisiones, y el tema de la disputa fue: ¿cerrar las producciones, con el riesgo de un colapso económico, o mantener todo lo posible abierto, sacrificando vidas humanas? No es preciso decir que no ha habido un debate público sobre el tema, faltaría más. 

Lo grave es que la Región de Lombardía y el gobierno central se han estado pasando durante muchas semanas la patata caliente de la decisión de cerrar todo. Hoy sabemos que, durante ese paréntesis, al no confinar a trabajadores que eran necesarios en las cadenas de montaje y que, especialmente en el caso de las pequeñas empresas, tenían y tienen que decidir entre la vida y el trabajo, se favoreció una propagación masiva del contagio que, más allá de la parcialidad de los datos, ha dado como resultado una mortalidad, en términos absolutos, aterradora.  

Hoy, esta realidad ha salido a la luz en toda su gravedad, devolviendo la imagen de un territorio en el que las clases dominantes han decidido desde su despacho “no parar”, probablemente anticipando la masacre, o quizá encomendándose al azar.  

Lo que se va sabiendo sobre los retrasos en la organización de la zona roja en los municipios de Alzano y Nembro, en el área de Bérgamo, y sobre los ingresados en las residencias de ancianos, genera preguntas inquietantes que no pueden dejar de estar conectadas con una tasa de letalidad del virus que, en esas áreas, es muy alta y se cobra cientos de víctimas todos los días. Debido a la crisis lombarda, algunos países están pidiendo una transferencia de la gestión de la salud desde las regiones al gobierno central. 

De alguna manera, es natural pensar que lo que sucedió, las “indecisiones”, el “riesgo”, han sido fruto de una dependencia excesiva del poder político regional respecto al poder económico-productivo. Y ahora que las cosas han ido muy mal, el peligro real es que quienes han decidido estas “estrategias” criminales puedan tener interés en ocultar sus responsabilidades. 

La tasa de letalidad del virus en Lombardía es principalmente resultado de las decisiones erráticas tomadas por una clase dominante mediocre que debería ser inmediatamente cesada si no estuviera en curso una emergencia dramática. Pero aunque las sirenas de las ambulancias de hoy todavía cubren las voces de los familiares de las personas a las que se dejó morir debido a una serie de errores que han agravado el efecto disruptivo de la infección, pronto será el momento de juzgar a quienes no han hecho sus deberes.

El caso lombardo adquiere una connotación aún más oscura si se compara con el de la región vecina, Véneto, que, a pesar de tener mucha menos población (aproximadamente la mitad), pero caracterizada por un similar nivel económico, enfrentó la crisis de una manera completamente diferente y, hasta la fecha, más efectiva. 

Hasta donde sabemos, entre Lombardía y Véneto (ambos gobernados por la Liga) hay una diferencia en el enfoque de la epidemia que es cuantificable en la cantidad de personas que han perdido la vida: 10.000 en Lombardía contra menos de 1.000 en Véneto, y con un número casi idéntico de pruebas realizadas (casi 170.000). 

Véneto, a diferencia de Lombardía, se ha centrado en gran medida en rastrear a los asintomáticos para identificar cada brote, y luego actuar rápidamente sellando los territorios para evitar la propagación del contagio. A diferencia de Lombardía, donde (como en muchas otras partes del mundo, pero no con tanta intensidad) han aumentado los contagios debido a la falta de preparación de los pequeños hospitales de la zona, Véneto ha tratado de reducir la hospitalización de los enfermos (excepto, por supuesto, los casos serios), favoreciendo la atención domiciliaria. 

Lombardía, ante una crisis sin duda impredecible por su velocidad de difusión, ha pagado sobre todo por los déficits organizativos que ha mostrado el sistema público-privado mixto –hasta ahora elogiado, incluso con buenas razones, dado que miles de personas de otras regiones acuden allí cada año para recibir el mejor tratamiento posible–: frente a la gran excelencia, existe un nivel medio bastante bajo en cuanto a organización (fundamental, en este sentido, leer la carta que FROM CeO Lombardía, la Federación Regional de Colegios de Cirujanos y Odontólogos de Lombardía envió a la cúpula de la región criticando la incertidumbre causada por el cierre de algunas áreas, la falta de mascarillas y dispositivos de protección y los pocos tests realizados), unido a un dominio indiscutible de la política y los grupos de poder. 

Un ejemplo para entender esta dinámica es el de Comunión y Liberación, una asociación católica de la cual, hasta la sentencia firme, el corrupto Roberto Formigoni era miembro destacado. Comunión y Liberación es muy poderosa en Lombardía e impone su ley; basta pensar que, en la Sanidad Pública, los médicos antiabortistas son mayoría, y en las dificultades que sufren la mayoría de las mujeres para que les receten la píldora abortiva, a pesar de que la ley lo exige: invocar la excusa 'técnica' es sencillo.  

Los objetores de conciencia tienen muchas más posibilidades de hacer carrera que los no objetores. Cómo hemos podido hasta hace nada identificar esa práctica mafiosa con el concepto de eficiencia siempre ha sido un misterio para mí. Es lamentable que los lombardos se den cuenta hoy, en sus carnes y en la de sus seres queridos, de la anomalía de ciertas dinámicas, que lejos de ser una excepción arrojan una luz siniestra sobre la regla general. 

Verán: nacer y crecer en el sur de Italia, uno de los territorios más pobres de Europa (con un PIB en muchas zonas inferior al de Grecia), brinda algunas herramientas para comprender hoy lo que sucederá mañana. 

Y lo que sucedió en Lombardía y Véneto, que fueron las primeras áreas de Europa afectadas por Covid-19, es vital para el resto del continente porque muestra dos enfoques diferentes e indica exactamente, en el caso de Lombardía, lo que no se debe hacer, cómo no actuar, cómo no comunicarse. 

Pero la culpa no es solo del centro-derecha en el poder, ya que las ciudades de Bérgamo y Milán son administradas por el centro-izquierda. El virus ha llegado a descubrir la insuficiencia absoluta de un enfoque economicista y de gestión de los asuntos públicos que caracteriza a un territorio muy rico, en el que el trabajo es un imperativo y la dimensión individualista se acentúa hasta el paroxismo.

Las biografías de los alcaldes de centro izquierda de Milán y Bérgamo ayudan a comprender las fallas en el manejo de las primeras etapas de la emergencia. El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, es un hombre de centro derecha que se hizo un hueco en las noticias por su gestión de la EXPO 2015, mientras que el de Bérgamo, Giorgio Gori, ha sido durante mucho tiempo uno de los dirigentes del conglomerado mediático de Silvio Berlusconi.

Al principio, ambos subestimaron la emergencia sanitaria, preocupados solo por las posibles repercusiones económicas. No solo intentaron, de todas las maneras posibles, no “parar las máquinas”, sino que incluso animaron a los ciudadanos, pese a la epidemia en curso, a seguir participando en la vida social, satisfaciendo así los deseos del sector productivo, incapaz de ver en el confinamiento una alternativa de vida viable...

La paradoja de esta crisis casi parece esbozar una lección filosófica. Solo los políticos al frente de la región que siempre ha presumido de hacerlo todo por sí misma, la que en los últimos treinta años ha pedido más y más autonomía –el partido más importante del Norte, la Liga, antes de ser soberanista fue hasta hace muy poco secesionista–, la que más se ha quejado del peso del improductivo sur (siempre una formidable reserva de “recursos humanos”, como diría un gerente), la que siempre ha despreciado el centralismo y cada una de las decisiones tomadas por la ineficaz y desorganizada Roma, en esta emergencia ha terminado por hacer responsable al gobierno central de todas sus indecisiones y sus consiguientes omisiones. Habrían tenido que tomar las decisiones por ellos, sacarles las castañas del fuego... Verdaderamente deshonroso, además de criminal.

Europa, y el resto del mundo, se enfrenta a un momento extremadamente delicado en el que se decidirá realmente su futuro. Se ha dicho muchas veces, pero esta es la definitiva, porque hoy en Europa no solo se decide el destino del continente y de los países que la integran, sino sobre todo el destino de todas las personas que viven y vivirán aquí, incluso de los que aún no han nacido.

Porque es bueno decirlo: hoy decidimos condenar a las futuras generaciones de gran parte de Europa a pagar las deudas contraídas por sus padres debido a causas de fuerza mayor. Y esto tampoco es muy honorable, especialmente para aquellos países pequeños que toman recursos de otros a través del dumping fiscal. Un mundo que ha surgido de los escombros de la Segunda Guerra Mundial, del nazismo y del fascismo, de los campos de exterminio, de los totalitarismos comunistas, acaba llegando a la sublimación del contable en lugar del político. Qué deshonra: no me atrevo a imaginar qué tratamiento reservarían los padres de Europa a esas personas mediocres que creen que los Estados son empresas y cifras incluidas en un presupuesto.

Estoy pensando en Helmut Kohl y en el coraje que tuvo para reunificar Alemania y para llevarla a una Europa libre y solidaria, y el apoyo que encontró en los socios europeos. Pero Kohl está muerto y con él, probablemente, la última idea noble de Europa.

Si pienso en Alemania, no puedo evitar pensar en nuestra Lombardía. No puedo evitar pensar que la Alemania laboriosa es para Europa lo que la Lombardía trabajadora es para Italia. Me recuerda a Scurati, que ha descrito a los milaneses en la época de Covid-19 como animales asustados, aterrorizados por la seguridad perdida en unas pocas, muy pocas semanas: la debilidad inherente a creerse invencible. ¿Qué sentido tiene la eficiencia sin solidaridad? Quizás todavía exista la diferencia entre el hombre y la máquina.

Los líderes de la Región de Lombardía han cometido un error al seguir a Lombard Confindustria (la patronal), cuyo presidente, Marco Bonometti, defendió en una entrevista la opción de no cerrar fábricas diciendo: “Ahora no haría un juicio de intenciones, hay que salvar lo salvable, de lo contrario habremos muerto antes y habremos muerto después”. Argumento industrial, por supuesto; pero la política, la que se escribe con P mayúscula, es otra cosa y ciertamente los empresarios no pueden hacerla. Y así llegamos al dilema: morir primero, físicamente, y morir después económicamente resume el desafío que representa el virus para la política europea, no solo la italiana.

Quizás, no estoy seguro, haya todavía espacio para salir de la pandemia y perseguir una utopía: redescubrir que la productividad y las cuentas corrientes valen menos que las personas, redescubrir que expandir los derechos, ampliarlos, significa salvarnos a todos. Redescubrir ahora que una política que decide siguiendo solo el olor del dinero es una política que genera muerte y no riqueza. Y que dice claramente: “Europa ya no existe y hoy es un nuevo 1945”. Espero que los hombres de buena voluntad no lo permitan.

Por Roberto Saviano 16/04/2020 

Publicado enPolítica
El primer ministro sueco, Stefan Lofven. EFE

 El Gobierno sueco podrá a partir de este sábado adoptar medidas inmediatas contra la pandemia del coronavirus gracias a una ley temporal de urgencia y ha anunciado que multiplicará los test a personal en funciones esenciales, aunque mantiene su estrategia más suave que la de la mayoría de países.

El Parlamento sueco aprobó esta semana una reforma de la ley de enfermedades contagiosas, siguiendo el acuerdo anunciado ya antes de Semana Santa por Gobierno y oposición, que permitirá al Ejecutivo cerrar puertos, aeropuertos, estaciones de tren, centros comerciales y restaurantes, entre otros.

La coalición rojiverde en minoría del primer ministro socialdemócrata, Stefan Löfven, podrá también redistribuir material y medicinas entre los municipios, regiones y otros prestadores de servicios sanitarios sin pasar por el Parlamento, aunque este podrá revocar esas medidas en el plazo de unos días.

La reforma no permitirá al Gobierno imponer por su cuenta medidas de confinamiento o de cuarentena que afecten a toda la sociedad, sino que estas deberán ser aprobadas antes por la Cámara, según una ley que estará vigente hasta el 30 de junio.

Al cambio legal se une el anuncio de que a policías, servicios de rescate y otro personal en funciones sociales críticas con síntomas de coronavirus se les realizarán test a partir de ahora, dentro de un plan para llevar a cabo de 50.000 a 100.000 pruebas por semana, frente a las cerca de 20.000 actuales.

EL GOBIERNO APELA A LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL

El Gobierno sueco ha reiterado al mismo tiempo que no alterará su estrategia general de informar de algunas recomendaciones generales para proteger sobre todo a los grupos de riesgo y apelar a la responsabilidad individual, si bien se han ido introduciendo de forma progresiva algunas medidas restrictivas.

Suecia no ha cerrado ni guarderías ni escuelas (sí institutos y universidades) y mantiene abiertos con restricciones bares y restaurantes, aunque ha prohibido concentraciones de más de 50 personas.

La tradición de autonomía de las agencias públicas y de que sean los expertos quienes tracen la estrategia general es la principal razón para explicar una línea que ha recibido más críticas fuera que dentro de Suecia, donde el Partido Socialdemócrata y Löfven han experimentado un respaldo creciente en los sondeos.

LAS AUTORIDADES RECHAZAN LAS ACUSACIONES DE PASIVIDAD

"Es un mito que la vida transcurra como si nada en Suecia", desmintió el viernes en una rueda de prensa con medios internacionales en Estocolmo la ministra de Asuntos Exteriores sueca, Ann Linde.

En la misma comparecencia, la responsable de Asuntos Sociales, Lena Hallengren, rechazó también que Suecia actúe de forma "radicalmente distinta" al resto y sostuvo que solo hay dos diferencias importantes: que no se han cerrado las escuelas y que no se han adoptado reglas para obligar a la gente a quedarse en casa.

No hay ninguna evidencia de que cerrar escuelas frene el contagio, ni tampoco hay justificación racional para imponer el confinamiento: al contrario, tomar el aire mejora la salud, ha resaltado el director de la Agencia de Salud Pública de Suecia, Johan Carlson.

Carlson resume la estrategia sueca en abogar por la distancia social a través de algunas prohibiciones y muchas recomendaciones, y en que los mayores de 70 años se recluyan lo máximo posible.

PEORES NÚMEROS QUE EL RESTO DE PAÍSES NÓRDICOS

Las autoridades suecas han admitido no obstante que el plan para proteger a los ancianos no ha funcionado, a pesar de introducir la prohibición de visitas a asilos el 1 de abril, ya que un tercio de los muertos totales proceden de ahí.

Pero consideran que es prematuro sacar conclusiones, ya que la pandemia se encuentra en una fase inicial y los países cuentan los muertos por coronavirus con distintos criterios, el mismo argumento que usan para tratar de explicar por qué Suecia presenta peores números que sus vecinos nórdicos.

Con algo más de 10 millones de habitantes, Suecia ha registrado 13.216 contagiados y 1.400 muertos, con 132 fallecidos por millón de personas, más del doble que Dinamarca y cuatro veces que Noruega, que han adoptado medidas mucho más restrictivas, aunque no confinamiento, y ya han iniciado la fase de reapertura.

Las cifras de Suecia se encuentran no obstante lejos de las de los países más castigados como España, Italia, Reino Unido, Francia o Bélgica, y aunque algunos centros han denunciado escasez de material, los hospitales no se han colapsado y en las unidades de cuidados intensivos hay un 20 % de plazas libres todavía.

"La situación sigue siendo grave, con más infectados cada día. Contaremos los muertos por miles, ya lo estamos haciendo. Detrás de cada cifra hay una persona. Recordemos a todos los que están sanos que asuman su responsabilidad", dijo Löfven ayer en su última comparecencia.

EFE - Copenhague

18/04/2020

 

Anxo Lamela

Publicado enInternacional
Viernes, 17 Abril 2020 06:45

La sumisión de las masas

Manifestación el 16 de junio de 2019 en Hong Kong / Foto: Afp, Héctor Retamal

Del auge global de las protestas al silencio de la cuarentena.

 La pandemia le hace sombra a la política, y en todo el mundo la gente se queda en casa. De las protestas masivas de los últimos dos años no queda ni el eco en las calles vacías, y en la reclusión doméstica se decidirá si a la salida nos espera el amansamiento mundial o un futuro diferente.

Hace casi un siglo un ensayista español inició, en el diario El Sol, la publicación de una serie de artículos que, compilada en un libro bajo el título de La rebelión de las masas,dio a José Ortega y Gasset fama perdurable. En la actualidad, la pandemia global de covid-19 ha mostrado, en un par de meses, con qué facilidad se puede confinar a las poblaciones de continentes enteros, bajo el equivalente del estado de sitio, las medidas de seguridad o el toque de queda, como prefiera usted llamarle a eso que le dicen cuarentena. Tras dos años de protestas –por las causas más variopintas– en todo el mundo, las metrópolis están calladas, las calles desiertas, las manifestaciones prohibidas, y miles de millones de humanos permanecen recluidos dócilmente en sus viviendas donde la televisión repite sin pausas las cifras tremendas y crecientes de la pandemia.

A la calle, que ya es hora.

De acuerdo con un informe del Centro para Estudios Estratégicos Internacionales de Washington (Csis, por sus siglas en inglés), “las protestas masivas globales alcanzaron un cenit histórico hacia fines de 2019, al concluir una década en que habían crecido a una tasa anual del 11,5 por ciento, con la mayor concentración de actividad en Oriente Medio y en el norte de África, y la tasa de incremento más rápida en África al sur del Sahara”. El año pasado hubo protestas en Hong Kong y Santiago de Chile, en Haití, Beirut y Barcelona, en Harare, India, Ecuador, Colombia, España, Sudán, Irán y Francia, con manifestaciones antigubernamentales en 114 países, 37 de ellos recorridos por las multitudes airadas en tan sólo los meses finales de 2019.

El Csis recordó que esas protestas –cuya frecuencia y magnitud eclipsaron períodos históricos recientes similares como el del fin de la década de 1960, y el comprendido entre mediados de la de 1990 y comienzos de la de 2000– llevaron a que los jefes de gobierno renunciaran, u ofrecieran hacerlo, en Líbano, Irak, Bolivia, Argelia, Sudán y Malta. Para aplacar el ímpetu y la movilidad de las multitudes, los gobiernos apagaron Internet en India, Pakistán, Siria y Turquía.

“También el tamaño de las protestas en 2019 fue notable”, añadió el informe. “El 16 de junio, casi 2 millones de ciudadanos de los 7,4 millones de Hong Kong marcharon por las calles, y en el clímax de las protestas en Santiago de Chile, el 25 de octubre marcharon 1,2 millones de personas, casi la cuarta parte de la población de la ciudad, de 5,1 millones”, apuntó el Csis.

La ira de las masas no se nutrió tan sólo de lo que, en términos muy laxos, podría llamarse “izquierda”: los populistas autoritarios que han medrado en Europa central y del sudoeste se las arreglaron para sobrevivir a protestas en República Checa, Montenegro, Serbia, Polonia y Hungría. Y tampoco se limitó a las quejas y repudios a los gobiernos: hay que recordar la variedad y extensión de las demostraciones relacionadas con el cambio climático y la protección ambiental. En la última semana de setiembre, más de 6 millones de personas por encima de husos horarios, culturas y generaciones salieron a las calles en todo el mundo exigiendo acciones concretas y rápidas para lidiar con una creciente catástrofe ambiental. Más de 1 millón de personas marcharon por las calles de Italia, con movilizaciones similares en Argentina, Colombia, Brasil, España y Holanda, y en Nueva Zelanda más del 3,5 por ciento de la población se unió a las marchas.

Y, de pronto, la pandemia

Un coronavirus que en tres meses ha infectado a más de 2 millones de personas, y ha causado la muerte de 134 mil –según las cifras oficiales, porque las reales pueden ser bastante más altas– extinguió las protestas callejeras. En un mundo donde el 57 por ciento de los 7.800 millones de humanos vive en ciudades pequeñas, medianas o grandes, cada apartamento, cada casa se ha convertido en una celda donde cada uno vive solo o convive con unos pocos familiares o amigos, encerrados por el temor de siquiera aproximarse a otras personas.

Y las ciudades se han silenciado, el aire se libró de la contaminación de los motores, y en muchas partes del mundo los animales silvestres, que se las han arreglado para sobrevivir, escondidos, en parques y bosques cercanos, se pasean ahora por las anchas avenidas donde los semáforos dan paso u ordenan alto para un tránsito que no existe.

El freno abrupto a la rebelión de las masas tiene un antecedente cercano. En la década de 1990, cuando arremetió impetuoso el cuento de los “tratados de comercio libre”, se inició un movimiento que intentaba frenar la globalización o, al menos, domesticarla. Al frente de las protestas estuvieron los sindicatos –sí, todavía existían los sindicatos– y los estudiantes, y también los empresarios y granjeros que supieron avizorar la destrucción que se aproximaba para las industrias, las agriculturas y las culturas locales. Fue una década de luchas populares contra la versión neoliberal de la Organización Mundial del Comercio, luchas que tuvieron su confrontación emblemática en la batalla de Seattle, en 1999.

Por varios años, el centro de Washington, la capital de Estados Unidos, fue el escenario de protestas en las que iban codo a codo los anarcos vestidos de negro y las religiosas católicas que ayudaban a inmigrantes, los veteranos de las protestas contra la guerra de Vietnam y jovencitas/os de género arcoíris, granjeros sureños blancos y militantes urbanos negros, cristianos, musulmanes, judíos, budistas, carapálidas de ojos azules de la más tradicional aristocracia protestante y morenitos aindiados centroamericanos. Las protestas continuaron y crecieron al iniciarse la nueva década, enriqueciéndose en el discurso que vinculó la globalización con la contaminación ambiental, el uso tóxico de combustibles fósiles y el cambio climático.

Y, de pronto, 11 de setiembre de 2001. Las movilizaciones mundiales contra la globalización se disolvieron en la propaganda gubernamental y en la obsesión social de la “guerra contra el terrorismo”. El enemigo entonces actuaba oculto, de manera solapada, podía estar en cualquier parte. Se aprobaron leyes y se adoptaron prácticas que violaron las normas de las sociedades democráticas. Se encarceló a inocentes, se torturó a sospechosos y se mató a cientos de miles de civiles. Y las masas no protestaron.

El enemigo ahora ataca solapado, puede estar en cada otro ser humano que se nos aproxime, en cualquier parte. Y nos hemos impuesto todos los cortes a nuestra libertad individual que los expertos en salud recomiendan, y los gobiernos aplican, y quedamos absortos, aburridos o espantados frente al televisor que nos repite, incesantemente, los horrores allá, afuera, y la plaga que les cae a quienes no se atienen a las órdenes.

La pausa.

El encierro planetario está teniendo consecuencias económicas, sociales y de salud tanto mental como física. Por ahora, todos estamos más preocupados por conseguir comida, proteger la salud y sobrevivir entre cuatro paredes que por la desmovilización masiva de las campañas políticas, las reivindicaciones laborales, las igualdades de géneros, la defensa de especies amenazadas o la limpieza de los mares.

Pero qué se cuece en las hornallas de hogares sobrehabitados depende tanto del tiempo que esto dure como de los ingredientes que se vayan acumulando. “El vuelco profundo que está operando en mí, y que puede estar operando en ti también, es que no veamos este como un tiempo de cuarentena, sino como el tiempo en la crisálida”, escribió en marzo el gurú motivacional Kirk Souder.

La pandemia de covid-19 ha validado varios de los argumentos con los que tres décadas atrás se levantaban las voces que advertían sobre la globalización. La urbanización acelerada, el incremento en números y distancias de los viajes de enormes cantidades de turistas, los desplazamientos de tropas a miles de quilómetros de su país de origen y los éxodos de refugiados y migrantes han facilitado la propagación rápida de nuevos virus, transmitidos desde los animales que criamos y explotamos en instalaciones industriales para el consumo o que destruimos casi hasta el borde de la extinción.

La interconexión de las industrias por sobre fronteras y continentes y la interdependencia de las redes de distribución de alimentos y otros productos han llevado a una estructura socioeconómica que, además de facilitar la transferencia de riqueza hacia los que ya la tienen, es frágil y vulnerable a fenómenos naturales o pestilencias. La pausa en la que estamos todos atrapados ahora es una bofetada esclarecedora para que consideremos cuánto de lo que consumimos es necesario y cuánto es puro entretenimiento, gasto innecesario, derroche y chiches electrónicos y digitales prescindibles.

La respuesta chambona de la mayoría de los gobiernos, sea cual sea su ideología, consolida la desconfianza hacia las instituciones y dirigentes políticos que dio energía a las protestas de 2019. En el caso particular de Estados Unidos, la respuesta desorganizada e insuficiente del gobierno –sazonada por la torpeza, ignorancia y desvaríos de un presidente que por semanas negó que hubiese un problema– ha clarificado el debate sobre la necesidad de un sistema nacional de salud pública, y la incapacidad de un sistema de salud controlado por empresas privadas. ¿Cómo es posible que en el país más rico del mundo ahora nos enteremos de que hay menos de 1 millón de camas de hospital disponibles para una población de más de 327 millones de personas? ¿Cómo es que en Estados Unidos nadie sabía cuál era el inventario de mascarillas o pulmotores disponibles para encarar una pandemia?

En una referencia a Taiwán, Nueva Zelanda y Alemania, la Cnn notó esta semana que los gobiernos que mejor han respondido a la pandemia están encabezados por mujeres, lo que enriquece la reflexión sobre las aptitudes y calificaciones de más de media humanidad para compartir las responsabilidades.

En un artículo para la revista Jacobin, de Nueva York, Meagan Day escribió que “en los países que están paralizados económicamente, estos tiempos de pandemia son un intervalo breve en una era de inquietud”. “Cuando esto pase, probablemente veremos protestas en una escala que jamás imaginamos”, añadió. “El desempleo en Estados Unidos posiblemente sobrepasará los niveles de la Gran Depresión, y seguramente le seguirá la inestabilidad política. Si la pandemia empieza a causar devastación mayor en África y América del Sur, donde las protestas ya se estaban intensificando a un ritmo jamás visto en la historia humana, esta pandemia actuará como un fósforo en un polvorín.”

Aunque puede esperarse, con cierto grado de certidumbre, que a la pandemia le seguirán tiempos agitados en todo el mundo –y más revueltos cuando llegue la segunda ola de coronavirus–, la incógnita es qué rumbo tomarán las masas. En el miedo medra el autoritarismo, pero en la crisálida también habita la esperanza.

17 abril, 2020

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Martes, 14 Abril 2020 06:30

Brasil: Covid-19 desnuda la crisis

Brasil: Covid-19 desnuda la crisis

Todavía es temprano para pensar en un después del COVID-19. Estamos recién en el medio del recorrido, transitando por uno de los momentos más dramáticos e indefinidos de las últimas generaciones. Se traba una guerra a muerte en contra un enemigo invisible, aún sin contar con todas las armas para derrotarlo. No existe siquiera un rincón totalmente seguro para donde una persona pueda escapar. Y aunque los pobres sufran muchísimo más, como siempre, ahora basta un estornudo o una tos para que un rico sea contaminado. Pandemia rara, que el tiempo dirá si es parte o no de las nuevas guerras híbridas, un desventurado ensayo de agresión bacteriológica.

Pareciera innecesario afirmar que la vida vale mucho más que la economía. Pero estamos en un tiempo en que decir lo elemental parece absurdo. La actual coalición de poder en Brasil es compuesta por un grupo de degenerados y descualificados. Ascendieron al Palacio después de poderosa campaña mediática orquestada desde Estados Unidos, que condujo el país por un callejón desde la operación Lava Jato hacia el presente escenario, pasando por el golpe de Estado de 2016. En ese momento, el gobierno trata de crear una narrativa que esconde su rotunda incompetencia detrás del coronavirus. El ministro Guedes, Chicago boy en los años 1970, opera en el sentido de rebajar derechos sociales y drenar las riquezas del país para Washington. El presidente, ante el mundo, convocó la población a irrespetar la cuarentena, boicoteando a las recomendaciones de científicos y médicos, además de muchos gobernadores y alcaides. Continúa garantizando que la hidroxocloroquina puede curar la enfermedad. Con eso, también creó un gran malestar con diputados, senadores y jueces de la Corte Suprema. Por ahora, los más de dos mil militares empotrados en la estructura gubernamental, perplejos o no, hacen el aguante. El ministro de Salud, que boicotea al sistema público y al programa Más Médicos, ahora luce como un ser coherente al contrariar su jefe y defender el aislamiento social.

Obviamente es complejo y suena desubicado escribir sobre economía, política, deudas, tasas de interés, comercio e inversiones en medio a una inédita y preocupante cuarentena. Sin embargo, de alguna forma se hace obligatorio seguir pensando en lo que viene después. Será un después nuevo; quizás mejor. Ese corto ensayo busca contribuir con esa discusión, que debe ganar fuerza y forma entre los intelectuales comprometidos con la construcción de Patrias libres y soberanas en América Latina, así como de una región integrada y consolidada como relevante bloque de poder en el mundo.

Economía ya estaba enferma

La grave crisis de la economía brasileña, así como sucede en muchos de los demás países de la región, no es consecuencia del COVID-19. La pandemia solo está cumpliendo la tarea de exponer una situación absolutamente insostenible. Por un lado, Brasil posee una economía pujante, que, en 2019, de acuerdo con el Banco Mundial, se ubicó entre las más grandes del planeta, con un tamaño similar a la de Italia o Canadá y superior a la de Corea del Sur, Rusia o España. Por otro lado, el país está entre los más desiguales del mundo. El 1% más rico concentra el 28% de toda la renta; los 10% más ricos, el 41,9%. Ese cuadro es resultado de políticas adoptadas desde mediados de los años 1960, intensificadas post apertura económica de los años 1990. Dicha concentración de la renta fue solo en parte interrumpida durante los años de progresismo (2003-2016), por medio de acciones compensatorias.

Sin embargo, los gobiernos progresistas continuaron atrapados por el canto de sirena de las Inversiones Extranjeras Directas (IED) y por el sortilegio del boom de las commodities. Brasil se mantiene como el principal receptor de IED de América Latina, sin que hayan ocurrido los impactos positivos prometidos. Las inversiones estimulan la sustitución de producción nacional por bienes importados, consolidan la exportación de productos de bajo valor agregado e impulsan el aumento acelerado de las remesas de lucros al exterior. El impacto ha sido chico sobre el desarrollo científico-tecnológico, la generación de empleos y la recaudación tributaria. Los números oficiales apuntan que la economía brasileña creció con un promedio anual de 3,3% entre 2000 y 2009 y de solo el 1% entre 2010 y 2019. Esos resultados, bastante modestos, estuvieron apoyados en un creciente proceso de desnacionalización de la estructura productiva. La mejora de los indicadores sociales, como empleo, trabajo formal y poder de compra del salario, entre 2003 y 2016, fue financiada por una acelerada pérdida de control nacional sobre sectores claves de la economía. Así, es creciente el peso de conglomerados extranjeros en sectores como minería, agricultura, energía, siderurgia y servicios (financieros, telefonía, electricidad y transportes, entre otros).

Apesar de eso, Brasil consolidó su rol como economía proveedora de bienes de bajo valor agregado, con la evidente reprimarización de su pauta de exportación. En 2003, de los 10 principales productos exportados por el país, nueve eran primarios y sumaban el 25,9% del total. En 2010, los 10 principales bienes comercializados eran primarios y alcanzaron el 43%. En 2019, otra vez, de los 10 principales productos vendidos al mundo, 10 eran primarios y sumaban el 48,3% del total. Ganaron espacio bienes como soya en grano, petróleo crudo, mineral de hierro, maíz, pastas de madera, carnes vacunas, pedazos de gallinas, café no tostado y azúcar de caña.

Se identifica claramente un empeoramiento de la situación después del giro neoliberal del equipo económico de Dilma Rousseff, en 2015, y de las acciones de su vice Michel Temer, quien intensificó el liberalismo, empujado por muchos de los mismos economistas ortodoxos de la administración anterior. El nuevo gobierno, desde 2019, generó dificultades todavía más profundas. Los últimos dos años representaron el ocaso de los ya retraídos resultados económicos, empeorados por una crisis social sin precedentes.

Hoy día el PIB es similar al de 2010. La tasa de inversión en la economía cayó del 20,9% en 2013 para el 15,4% en 2019. El peso de la industria en el PIB está en el nivel más bajo desde los años 1970; llegó a mediocres 11,7%. Según la Confederación Nacional de la Industria, la capacidad ociosa del país alcanza los 35%. Brasil tiene 12 millones de ciudadanos desempleados y más de 38 millones que laburan informalmente. El retroceso en las estructuras de protección a los trabajadores fue agravado por las recientes “reformas” laboral y de la seguridad social. El poder de compra de los salarios, que aumentó entre 2003 y 2016, pasó a caer año tras año. La situación actual es de ampliación del desempleo, encogimiento de los salarios reales y disminución de la producción. Para empeorar, la estructura tributaria es fuertemente regresiva, con impuestos indirectos, sobre el consumo, o sobre la renta de asalariados, pesando desproporcionalmente sobre la clase media y los más pobres.

Otra vez el Estado

Una vez más, la respuesta debería ser el aumento de la intervención del Estado. Es decir, la adopción inmediata de políticas públicas de auxilio a los más perjudicados. Es lo que se está anunciando en muchos países: inyección multimillonaria de recursos para reactivar las economías. En el caso brasileño, debería haber aumento de los gastos con el Sistema Único de Salud (SUS), de los créditos para que las empresas esenciales continúen funcionando y de los pagos de salarios para que las personas no necesiten salir de sus casas. Sería necesario abandonar la agenda de austeridad fiscal, con acciones de promoción a la producción local, de reactivación de la capacidad instalada, de sustitución de importaciones y retomada del poder de compra del salario.

Es urgente impulsar la producción nacional, por lo menos, de bienes sencillos, como los equipos médicos de seguridad (guantes, máscaras, batas, zapatillas de paño, ventiladores pulmonares y respiradores, entre otros), actualmente comprados en el exterior. Las universidades públicas están cumpliendo, una vez más, de forma ejemplar, su función social, pese a los crecientes cortes de presupuesto al que han sido sometidas por el actual gobierno, que busca asfixiarlas para privatizarlas. Dichas instituciones de enseñanza superior están contribuyendo con estudios y soluciones concretas,como la producción y reparación de ventiladores y respiradores, por ejemplo. El escenario de caos que se avecina revela toda la perversidad de la realidad económica. Es fundamental recordar que donde faltan testes, como en Brasil, hay menos infectados y muertos.

La Suprema Corte autorizó el aumento de gastos, flexibilizando las exigencias de la Ley de Responsabilidad Fiscal, adoptada por Fernando Henrique Cardoso para imponer legalmente las políticas de austeridad: corte de gastos sociales y reserva de recursos para satisfacer al sistema financiero. Desde 2016, la enmienda constitucional del “Techo de Gastos Públicos” modificó la Carta Magna y limitó el aumento de despesas sociales por 20 años. Ante el actual escenario, en marzo, el Senado ya aprobó el pago de un auxilio de emergencia de R$ 600, por tres meses, para trabajadores sin registro, incluyendo autónomos y en los contratos llamados “intermitentes”. La ayuda, denominada "Corona voucher", junto con otras acciones, tendrá un costo aproximado de R$ 45 mil millones. Un nuevo proyecto, todavía en discusión, prevé extender el beneficio a pescadores artesanales, madres menores de edad, taxistas, indígenas, camioneros y músicos. Dichas medidas entran en conflicto con los planteamientos de la Cámara de diputados de autorizar la suspensión de contratos de trabajo y de reducir salarios.

En paralelo a la decisión de la Corte, el Parlamento insiste en la invención de un supuestamente obligatorio “Presupuesto de Guerra”, un régimen extraordinario fiscal, financiero y de contrataciones durante el estado de calamidad, que separaría los gastos para el combate al COVID-19 del Presupuesto nacional. Entre los objetivos está la autorización del Banco Central de Brasil para liberar hasta R$ 650 mil millones para bancos, sin cualquier contrapartida o garantía de que el recurso llegará a los ciudadanos que necesitan. En un momento de crisis y alto riesgo, las instituciones financieras continuarán prestando dinero con las tasas de interés más altas del mundo (12% al mes y cerca de 300% al año). Además, se liberaría al BC para comprar directamente carteras de crédito y títulos de empresas, como hace el FED en Estados Unidos. Después de la victoria sobre la terrible pandemia, restaría un país en ruinas, familias descuartizadas y bancos poderosos.

Política Externa Grotesca

Las líneas fundamentales de la Política Externa Activa y Altiva de Brasil, implementada durante el progresismo, se fueron perdiendo después de 2014. Durante más de diez años, pocas decisiones trascendentales en el mundo fueron tomadas sin consultar la posición oficial de Brasil. En el tema financiero, comercial, productivo, ambiental y militar, el país asumió un papel de creciente relevancia. Con Dilma, sobre todo debido al avance de la iniciativa de los BRICS, ese rol se mantuvo, aunque con menos intensidad. En 2016, desvaneció. El actual gobierno condujo a la política exterior de Brasil para un abismo. En pocos años, el país transitó de una posición de player respetable y fundamental en el concierto de las naciones hacia la condición de nación burlesca, grotesca y risible.

Desde enero de 2019, el actual gobierno se encargó de plantear una agenda internacional sostenida en caricaturescos prejuicios ideológicos, digna de los tiempos más ardientes de la Guerra Fría. En pocos meses, se crearon grandísimos embarazos con importantes socios comerciales del país: China, vecinos Sudamericanos, países árabes y naciones de África. Los ejemplos más destacables son las declaraciones irrespetuosas del hijo del presidente de Brasil, del canciller y del ministro de educación sobre lo que denominan el “virus chino”; la intromisión en asuntos ajenos de otros países, en el caso de las elecciones de Argentina y Uruguay; el respaldo a la agresión imperialista contra Venezuela; el soporte al golpe de Estado en Bolivia; el escándalo en la renegociación del tratado de Itaipú, con Paraguay; el apoyo a la propuesta sionista de reconocer a Jerusalén como capital de Israel; y el cierre de embajadas en países africanos y del Caribe. Todo a nombre de un incuestionable entreguismo y de la firme decisión de someterse a los intereses del gobierno de Estados Unidos, en los más distintos temas. De esa manera, la política del Itamaraty asumió un carácter farandulero que hiere a la tradición de la diplomacia brasileña, que ya tuvo entre sus cancilleres a Río Branco, AfonsoArinos, San Tiago Dantas, Azeredo da Silveira y Celso Amorim, entre otros exponentes, trabajando en el sentido de fortalecer el regionalismo y la multipolaridad.

El escenario es bastante complejo. Así como en el caso de los demás países latinoamericanos, los principales factores negativos -junto al COVID-19, actúan todos juntos: cierre de las fronteras, cuarentenas, caída de los precios de las commodities, fuga de capitales, reducción del comercio exterior y restricciones de financiamiento. En Brasil, la actual fuga de capitales es la más grande de la historia. En 2020, en solo tres meses, de enero a marzo, ya fueron más de 54,9 mil millones de reales, superando a los 42,6 mil millones de reales del año pasado entero. Es decir, el actual gobierno acumula una pérdida de más de 97 mil millones de reales. En 2020, la moneda brasileña ya perdió un 26,8% de su valor, con la tasa de cambio sobrepasando los R$ 5,20 por dólar por primera vez, aunque el gobierno haya quemado tantos dólares. Las reservas internacionales bajaron de US$ 376 mil millones para US$ 346,5 mil millones entre agosto y diciembre de 2019. Con relación a las exportaciones brasileñas, están en el mismo nivel de 2014. La caída fue del 6% en 2019 y del 10,2% en los dos primeros meses de 2020. Se nota que el empeoramiento de las condiciones ya venía ocurriendo desde antes de la pandemia.

Sería necesaria una postura muy distinta del gobierno de Brasil. El actual escenario de crisis, potencializado por el COVID-19, podrá abrir ventanas de oportunidad para movimientos en la jerarquía del Sistema Internacional. En ese sentido, otra vez, ganan relevancia las ideas de integración sudamericana, de desarrollo autónomo y de una inserción internacional más soberana.

Integración Regional como estrategia

Los organismos internacionales plantean una crisis de profundas proporciones, mucho mayor que la del 2008-2009, comparable con la de los años 1930. Puede tratarse del inicio de una nueva década perdida. La CEPAL apunta que la economía de América Latina ya creció menos en los años 2010 (1,5%) que durante los años 1980 (1,7%). Hoy día, por ahora, pareciera que el camino solitario de salvación para los países sea más razonable y probable, principalmente porque hay una supremacía de gobiernos cercanos o asociados a Washington. Además, con una perspectiva colonizada, encarnan un avinagrado sentimiento de revancha en contra del esfuerzo emancipador, integracionista y autonomista de los años 2000.

No obstante, la disminución del comercio internacional, la caída de los precios de las commodities y la escasez de dólares podrán hacer con que sean recordados los instrumentos de comercio compensado, por ejemplo. Volverían a ser utilizados el Convenio de Créditos Recíprocos (CCR) de ALADI o el Sistema de Monedas Locales (SML) del Mercosur. El comercio intrarregional, actualmente en uno de sus niveles históricos más bajos, podría ser retomado, incluso como forma desesperada de los países de consumir bienes de las economías vecinas sin la obligatoriedad de utilizar dólares. Dicha carencia de divisas potencializaría las transacciones comerciales intrarregionales, lo que demandaría el fortalecimiento de las conexiones físicas, de infraestructura. Como la crisis continuará, el movimiento de acercamiento regional debe hacer parte del esfuerzo de restructuración de las economías. A su vez, con el tiempo, dicho comercio entre vecinos podría impulsar, incluso, la articulación de cadenas industriales, la integración productiva, incluyendo a pequeñas, medianas y grandes empresas.

Se recuerda que el pensamiento estructuralista de industrialización por sustitución de importaciones, de intervención y planificación estatal, se consolidó exactamente durante la “Era de la catástrofe”, entre 1914 y 1945. Las crisis suelen cumplir la función de ampliar el grado de permisividad del Sistema, posibilitando que las naciones contestadoras se muevan en la jerarquía mundial. Quizás ese desastroso escenario de pandemia, de muerte y dolor, cumpla un doble rol. Podría barrer los gobiernos neoliberales y sus políticas de concentración de riqueza, ante su total incapacidad de responder y solucionar a los crecientes problemas de las mayorías. O podría rescatar la comprensión acerca de la necesidad de integración de América del Sur. No obstante, obviamente existe la posibilidad de que las salidas post COVID-19 no sean positivas o que se profundice el actual estado de degeneración, reforzado por mecanismos de represión y control todavía más fuertes.

Nueva Arquitectura Financiera

Aunque uno haga el esfuerzo de creer en la posibilidad de contar con el FMI o el Grupo Banco Mundial en un momento de grave crisis, la historia comprueba todo lo contrario. Son instituciones gemelas que, pese al rol que pudiera incluso denominarse como “relativamente positivo” en 1945, en Bretton Woods, fueron asumiendo la función de perros de guardia de las políticas de austeridad y ajuste neoliberal después del fin del patrón dólar-oro, en los años 1970. En los 1980, durante la crisis de la deuda externa, y en los 1990, desde la apertura de las cuentas de capitales hasta las crisis financieras, los países latinoamericanos sufrieron intenso chantaje de esas instituciones financieras. Al fin, las economías periféricas contaron mucho con iniciativas proprias e instrumentos regionales, como el CCR de ALADI o el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR). Hoy se nota como hubiera sido importante ejecutar las propuestas de crear el Banco del Sur, ampliar el FOCEM, potencializar un fondo de reservas del Sur e intensificar los intercambios comerciales vía compensación.

Ojalá el BID y la CAF cumplan un rol positivo en ese momento dramático. Pero el camino de salida para las crisis de los países endeudados no será enseñado por las estructuras tradicionales, como el FMI o el BM. A fines de marzo, ambas instituciones dieron a conocer un documento en el cual supuestamente proponen un inmediato perdón de la deuda oficial bilateral de 76 países prestatarios de la Asociación Internacional del Fomento (AIF), que abarca las economías más pobres del mundo. Dicha asociación incluye a 39 países de África, ocho de América Latina y Caribe (Dominica, San Vicente, Granada, Guyana, Haití, Honduras, Nicaragua y Santa Lucía) y dos de Europa (Kosovo y Moldova), entre otras naciones de Asia. Sin embargo, en el comunicado de las dos instituciones, dirigido a los países del G20, lo que se sugiere es elaborar una lista de las deudas que serían insostenibles, además de eventuales planes de reestructuración. Los próximos capítulos de ese tema se conocerán en reuniones que todavía ocurrirán a mediados de abril.

Hay otra información muy importante, que llama la atención. El stock de deuda externa total de los países de ingresos bajos y medios (que incluye Argentina, Brasil, China, India, Indonesia, México y Rusia, entre otros), en 2018, ascendió a US$ 7,8 trillones. Sin embargo, el anuncio del FMI y del BM incluye solamente a los países deudores de la Asociación Internacional del Fomento (AIF), cuya deuda alcanza US$ 25 mil millones. O sea, la propuesta de las dos instituciones, que todavía necesita ser evaluada en distintas instancias, alcanza al 0,3% del total de las deudas. Aunque pueda ayudar a algunos países muy pobres, sería completamente insuficiente.

Por eso, desde los años 2000, se habla tanto, en todas las regiones, sobre la necesidad urgente de refundar una arquitectura financiera internacional, reduciendo el rol protagónico de los gemelos e impulsando mecanismos regionales de financiamiento. Es fundamental potencializar los estudios e investigaciones en ese tema, considerando cómo podrían reactivarse instrumentos ya existentes en América Latina.

Consideraciones finales

Sin contar con una bola de cristal, se trató de presentar un brevísimo análisis sobre las consecuencias de un fenómeno nuevo, que está sucediendo hoy mismo. Los resultados serán, muy probablemente, bastante drásticos para las sociedades subdesarrolladas: cierre de empresas, adquisiciones de los pequeños negocios por los grandes, concentración de la renta, corte de los gastos sociales, desempleo, hambre, desnutrición y olas de criminalidad. No obstante, existirá un después. Y parece evidente que el mundo que vendrá, post-COVID-19, exige otras realidades muy distintas. Más Estado, menos desigualdad. Menos poder al mercado, más acción consciente del ser humano. Más integración regional como salida común, menos proyectos nacionales solitarios que amplían los problemas periféricos.

Las consecuencias concretas de la pandemia dependerán de su extensión y la magnitud de la tragedia y las crisis en cada país, potencializadas por el frenazo resultante de las políticas neoliberales. Ojalá la mayoría de los gobiernos de la región sea presionada a abandonar las políticas excluyentes o barridos del mapa. Obviamente no hay ninguna garantía de que el porvenir sea mejor. Ese corto ensayo busca aportar con la necesaria discusión sobre el mundo que vendrá después de la victoria sobre la pandemia.

Por Luciano Wexell Severo, docente y Coordinador del Observatorio de la Integración Económica de América del Sur (OBIESUR) de la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA).

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Vuelven colombianos varados en Perú,pero quedan los más vulnerables

Los vuelos para retornar al país por parte de quienes quedaron bloqueados en distintos países por motivo de la cuarentena decretada por decenas de países sí es posible, lo único que falta para ello es voluntad política, precisamente lo que no caracteriza al gobierno de Iván Duque.

Es una necesidad latente entre colombianos regados y confinados en variedad de países tales como India, Argentina, El Salvador, Australia, Perú, cerca de 4.000 luego de los regresados durante los últimos días.

Precisamente desde el último de los países relacionado el sábado 11 de los corrientes arribaron al país 112 connacionales, los que aprovecharon un vuelo fletado por peruanos que a su vez estaban bloqueados en Colombia por igual motivo: las cuarentenas decretadas por variedad de gobiernos a lo largo del globo como estrategia para contener el coranavirus. En el caso de los incas, el gobierno de su país, a través de su consulado en Colombia, les brindó una mano para finiquitar el acuerdo con la empresa de aviación que los transportó, aunque no les aportó nada en capital ya que cada uno de los viajeros debió cancelar 380 dólares para permitir su embarque.

Lo propio les correspondió hacer a los connacionales, cada uno de los cuales debió cancelar 320 dólares.

La oportunidad

“Yo me enteré por facebook dos días antes de partir, por una comunicación de la embajada de Perú en Colombia. La embajada peruana contactó y difundió que los peruanos varados en Colombia que pudieran pagar el vuelo comercial escribieran” comentó Esteban Jiménez, colombiano que regresó después de quedar confinado en el país vecino, bloqueado por el inicio de la cuarentena.

¿Y entonces llamó a la embajada de Colombia en Perú? “Yo les escribí, contesta Esteban, a la embajada de Perú en Colombia que me ayudaran a volver pero dijeron que lo sentían mucho pero quien tenía que gestionar eso era el gobierno colombiano. Lo que me hace pensar que el gobierno colombiano no había hecho la gestión”.

Entonces, ¿qué hizo?  “Comenzamos hacer la gestión los colombianos atrapados en Perú y que tenemos un grupo de whastapp. Yo hablé con dos funcionarios del consulado de Colombia en Perú y me dijeron que no tenían conocimiento de ningún vuelo. Que por cierto no fue vuelo humanitario, fue vuelo comercial, pues a cada uno de los peruanos le cobraron 380 por el viaje, contestó Esteban que ya llevaba 3 semanas atrapado en Lima”.

¿Qué les dijo el consulado colombiano en Perú? “Entonces los funcionarios colombianos establecieron contacto con el vuelo peruano que partía desde Colombia y empezaron a hacer la gestión del listado de la gente que se iba. Las características eran 1. Que tuvieran el dinero para pagar el vuelo y 2. Que vivieran en Bogotá o tuvieran un lugar para quedarse en Bogotá (con el fin, me imagino, de no entrar en gastos hospedando personas o pagando vuelos para otras ciudades)”, contó indignado el colombiano.

¿Y qué pasó entonces con los demás colombianos que no tuvieron dinero para pagar el vuelo? Esteban, contesta con tono serio, “hasta el día de ayer (viernes 10) el consulado no dio ningún tipo de ayuda humanitaria a los colombianos varados en Perú. Ni mercados”.

Al llegar al aeropuerto internacional El Dorado a los colombianos les tomaron la temperatura, les dieron guantes y mascaras, y una charla sobre la pandemia y la importancia de estar en cuarentena. Pero no les hicieron prueba de coronavirus. ¿Dónde están las 250.000 pruebas de coronavirus que anunció la alcaldesa Claudia López en semanas pasadas?

Una buena noticia la que hayan regresado 112 colombianos de los confinados en Perú, pero lograron volver por tener los 320 dólares que les cobraron por pasaje. Pero otros permanecen allí confinados, sin recursos o con escases de recursos para sobrellevar su estadía, pasando los días en condiciones difíciles, y con necesidad cada vez más imperiosa de regresar a sus hogares.

Quienes están por fuera de su tierra, en contra de su voluntad, reclaman, tanto en Perú como en los otros países donde aguardan con impaciencia un vuelo de rescate, que el gobierno nacional cumpla con sus funciones, que no los destierre, que gestione los vuelos que sean necesarios y que permita su ingreso al país.

No es un lamento, es una exigencia como parte integrante de una sociedad regida por un Estado de derecho. Su exigencia, que se escucha por varios países es una sola: Repatriación humanitaria ya para los colombianos atrapados alrededor del mundo.

Vea acá el especial de desdeabajo: Repatriación Ya https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/39323-repatriacion-ya.html

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El espectáculo mediático macabro del coronavirus

Hasta diciembre de 2019 los pueblos del mundo estaban en el proceso de despertar y movilizarse por sus derechos y necesidades; el capitalismo se hundía en otra crisis estructural, ni la estrategia de la guerra 4Gni el chantaje nuclear daban los resultados esperados por el imperialismo Occidental;los capitalismos de Oriente y Occidente se enfrentaban por el dominio de los mercados, las materias primas y posiciones geoestratégicas; la farsa del cambio climático no funcionó, la movilización de la mercancía laboral se complicó –se ahogó en el Mediterraneo- con los neonacionalismos, (racismo y xenofobia) la ingeniería social no dio para atomizar y enfrentar a toda la humanidad, la máquina de imprimir dólares se desbocó tanto como la deuda, mientras la falacia criptomonedera se esconde detrás de la corrupción y los negocios offshore (paraísos fiscales), mientras las bolsas dejaban a los viejos sin futuro y la depresión gringa se mundializaba; hasta que apareció el genio de la lámpara capitalista con su varita biotecnológica cumpliendo el deseo de los amos del mundo: conminar al ganado humano en el panóptico global, en celdas individuales, para poder realizar los cambios que el sistema mundo capitalista necesita para continuar existiendo con otras máscaras.

En esta debacle, a la que nos lanza el capital biotecnológico financiero-farmacéutico dejará muchas bajas, unos muertos y otros deshabilitados, entre los primeros están los adultos mayores y los lesionados por otras pandemias y patologías, metidos en el mismo saco del covid19, los deshabilitados son los millones de pobres y miserables que quedarán en la calle desocupados, en los manicomios, en las cárceles, los quebrados(PIMES) o más endeudados, los que se rebuscan el día a día en las calles; en estos momentos los gobiernos prometen todo tipo de ayudas: reducción de impuestos, de tarifas, pagos de arriendo, mercados, cuando la mayoría de gobiernos han privatizado la salud, la educación, los servicios públicos básicos, las carreteras, hasta la cultura y la política, además de la deuda externa pública y privada, que en la mayoría de países supera su PIB(la deuda mundial supera más de tres veces el PIB mundial). Por otro lado, los Estados continúan rescatando al sector bancario-financiero y a las grandes empresas (quitándoles a los municipios y a las regiones sus presupuestos destinados a las problemáticas sociales como es el caso de Colombia).

Entre los economistas hay una disyuntiva: apoyan el patrón oro, o acaban con el dinero fiat, o sea, salvan la financiarización de la vida, o continúan con los genocidios y la eugenesia para pasar al capitalismo transhumanista, cosa fácil con la mundialización del miedo, que permita imponerla dictadura fascista local-global aceitada con la desinformación mediática-monotemática. Y lo lograron paralizando y callando al mundo; el Banco Mundial, el FMI, el BID, el BCE, las grandes corporaciones financieras, de un momento a otro aparecieron con billones de dólares para prestar a todos los países “enfermos” –excepto Venezuela-.Por arte de magia desaparecieron los conflictos, los terrorismos, los 30.000 niños muertos diariamente por hambres y enfermedades de fácil curación, los miles de muertes diarias por dengue, los cientos de miles de muertos anuales por enfermedades respiratorias diferentes al covid19;los conflictos en Yemen, Irán, Siria, Sudán, el Congo, Venezuela, las migraciones, la expropiación de los recursos naturales y energéticos a los pueblos del sur dejaron de existir.

El espectáculo mediático macabro del coronavirus les sirve a las élites para mostrarse, sea como “infectados” o como filántropos; por todos los medios aparecen estrellas de cine y del deporte, celebridades y directivos estatales y empresariales, felices ostentando su “fortaleza” física y mental para afrontar la “enfermedad”, dando consejos y opinando sobre las cantidades de muertos e infectados.La falsimedia difunde hasta la saturación desinformación y mensajes contradictorios, mientras la solidaridad internacional brilla por su ausencia en Occidente, a excepción de Cuba y Venezuela, que han mandado personal especializado, medicamentos y equipos, junto a Rusia y China, a las egoístas y colonialistas “potencias” europeas que aplican las sanciones comerciales ordenadas por Washington contra esos países que ejercen principios humanitarios.

¿Qué tal si los millones de zombies hambrientos y ciegos, hoy conminados y controlados desde la oscuridad de las cavernas (bunkers) de los financieristas, eugenésicos y colonialistas, nos quitamos las mascarillas de ovejas, nos organizamos, nos miramos a los ojos, nos abrazamos y salimos a destruir todas las fronteras, a detener a esos sicó-sociopatas  –gobernantes y plutócratas nacionales y transnacionales– tomándoles la fría temperatura de sus cerebros y corazones, encerrándolos –en anexos siquiátricos- por el resto de sus díaspara despojarlos de los virus de la avaricia, la atrocidad y la indiferencia, de su morbosa tranquilidad y ufanía?

¿Qué tal si recogiendo nuestra dignidad, les cobramos los miles de millones de niños y niñas abusados, bombardeados, asesinados con los virus del hambre y la pobreza, inutilizados por su sistema mediático-educativo, por no decir de los millones de trabajadores/as esclavizados, de la juventud rebelde torturada y asesinada por reclamar justicia y respeto?

¿Qué tal si les tapamos sus bocas que nos idiotizan y nos expresamos con nuestras propias voces?

¿Qué tal si de una vez les cobramos la gigantesca deuda por sus riquezas materiales y culturales, obtenidas fraudulenta y violentamente en más de 500 años, y distribuimos toda la riqueza del mundo equitativamente –incluyendo medios de producción, productos y los mal llamados servicios?

¿Y si de una, vuelve cada pueblo a producir sus propios alimentos sanos  –devolviéndoles sus tierras a los campesinos empobrecidos y desplazados– si desarrollamos nuestras medicinas y tecnologías, utilizando todo el acumulado científico-tecnológico expropiado a la mayoría de la humanidad?

¿Qué tal si nos autogobernamos a partir de hoy, partiendo del hogar la asamblea y la comunidad local, creando y administrando nuestras propias economías y justicia?

¿Qué tal si hombres y mujeres del pueblo nos confraternizamos y amamos en igualdad y solidaridad dirigiendo nuestras miradas y nuestros pasos hacia la destrucción de nuestros verdaderos y únicos enemigos: el miedo, la ignorancia, el conformismo y las pobrezas, que los sistemas de clases, castas, razas y patriarcales nos han impuesto, entre ellos el capitalismo?

No nos preguntemos qué estarán pensando y haciendo las élites capitalistas, globalizadoras, fascistas y nazis, solo miremos y sintamos en este encierro pánico-pandémico lo que somos y dónde estamos; qué nos falta, qué nos incomoda, qué no nos deja ser, qué debemos y podemos hacer por el presente y el futuro felíz de la humanidad, porque esta situación parece un ensayo más de manipulación que ejercen los poderosos sobre nuestras mentes y cuerpos. Muchos dicen que después de hoy el mundo será otro, lo que necesitamos definir es si será de todo/as y para todo/as con justicia y dignidad, empezando por nuestra propia casa y país.

Marzo 25 de 2020

Publicado enSociedad