George Soros, empresario e inversor estadunidense, en imagen de abril pasado

 

La política exterior de Alemania se clarifica conforme se profundiza la rivalidad geoestratégica de Estados Unidos (EU) contra el binomio de Rusia y China, impugnados de competidores por la otrora unipolaridad decadente de EU, como manifestó el secretario del Pentágono, James Mad Dog Mattis (https://goo.gl/8zxvs7).

Hace un mes abordé que Alemania aceleraba su acercamiento con China y, quizá, en forma subrepticia con Rusia, con base en el trascendental discurso del ministro alemán de Relaciones Exteriores y vicecanciller, Sigmar Gabriel (SG), en el Foro de Política Exterior de la Fundación Körber, de Berlín, donde “exhortó alejarse de EU e iniciar una política de superpotencia para Alemania basada en sus intereses (https://goo.gl/7Lu6qE)”.

Europa ya sabe lo que le espera de parte de la anglósfera, especificamente de Gran Bretaña, que ha declarado la tercera guerra mundial a Alemania a lo largo de un poco más de un siglo, esta vez mediante su perfidia geoeconómica y de disrupción centrífuga: desde su Brexit (destinado a socavar las entrañas europeas) hasta la ominosa advertencia de balcanización que le procura el agente nortrasatlántico y megaespeculador israelí-húngaro-estadunidense George Soros (https://goo.gl/VpvScD).

En medio de las negociaciones para integrar un gobierno de coalición con mayor visión europea entre el partido de la Unión Democracia Cristiana de la canciller Angela Merkel y el Partido Socialdemócrata, en una entrevista con Der Spiegel, Sigmar Gabriel expuso que el vacío que deja EU en el mundo está siendo llenado por Rusia y China (https://goo.gl/xbCP5C).

Llama la atención la taxonomía tripolar del mundo entre EU/Rusia/China, por el encargado de la política exterior de Alemania, máxima potencia geoeconómica de Europa, prácticamente empatada con Rusia, pese a las asfixiantes sanciones de “Occidente ( whatever that means)”, según la medición del PIB por su poder adquisitivo, de la CIA.

Der Spiegel titula la entrevista con una pregunta alusiva: ¿Qué sucederá cuando EU se retire?

Se infiere que el retiro de EU se centra en Europa y en otros teatros de batalla, debido al mantra del nacionalismo supremacista económico de Trump: EU primero.

Como sinopsis de la entrevista, Der Spiegel subtitula que Sigmar Gabriel urge (sic) a Alemania mostrar mayor atención al futuro de la Unión Europea (UE): advierte que no existen vacíos en la política internacional y que cuando EU se retire, Rusia y China irrumpirán. Siempre emerge la medición tripolar geoestratégica de Gabriel.

De aquí a 10 años, a juicio de Sigmar Gabriel, la política alemana será parte de una política exterior europea, ya que aun un país poderoso como Alemania no tendrá una voz en el mundo si no es parte de una voz europea.

Mientras la saliente canciller Angela Merkel, acorralada por la extrema derecha en las recientes elecciones, se encontraba en cuarentena funcional, ha sido el presidente francés, Emmanuel Macron, a quien le correspondió llevar la voz europea desde Gran Bretaña hasta su asombroso periplo a China.

Para Sigmar Gabriel los temas nodales de la política exterior europea deben definir no sólo los valores, sino también los intereses en los que Europa ha sido débil.

Sin abandonar los valores de “libertad, democracia y derechos humanos, Gabriel adopta la posición del politólogo Hertfried Münkler: si solamente se adoptan posturas normativas, y se enfoca únicamente en valores, no habrá éxito en un mundo donde los otros prosiguen implacablemente (sic) sus intereses. En mundo saturado de carnívoros, los vegetarianos sufren severos momentos.

A la crítica de Der Spiegel de que tal postura de dureza política no le ha servido de lección a Alemania, Gabriel comenta que en el pasado Alemania dependía de los franceses, los británicos (sic) y, en especial, de los estadunidenses para afirmar sus intereses en el mundo, pese a que Alemania siempre (sic) criticó a EU de ser el policía global, eso convenía a Berlín. No existe tal cosa que sea el vacío en política internacional y ahora que EU se retira, otras potencias inmediatamente marchan en su lugar.En Siria, son Rusia e Irán (¡supersic!). En política comercial es China, mientras Alemania no consigue nada, ni la diseminación de los valores europeos ni el avance de sus intereses.

Una notoria aclaración es que Europa no se puede defender sola (sic) sin EU, aun si las estructuras europeas fueran fortalecidas. ¡Pues vaya drama tan determinista!

Alemania, en particular, y Europa se hicieron umbilicalmente demasiado dependientes de EU que hoy, en la etapa de Trump, los amenaza con abandonar a la OTAN cuando todo el noratlantismo naufraga desde el Brexit hasta el trumpismo que irrumpieron en los dos países nucleares de la anglósfera.

Sigmar Gabriel invoca que no hay que subestimar que Alemania depende de su fortaleza económica, pero también es cierto que Moscú, Pekín y Washington (nótese la secuencia) tienen una cosa en común: no valoran para nada a la UE. La ignoran.

Der Spiegel replica que la visíón sobre la Alemania de Gabriel, con un pacifismo diferente a 70 años atrás, esmuy idílica, mientras Europa no parece muy robusta.

Gabriel admite que el estilo autoritario de la política ahora penetra en el mundo occidental, cuyo distintivo común es que coloca sus intereses nacionales por encima de la comunidad internacional. Pero, ¿cuándo no? ¿No ha sido siempre la cantaleta de EU, antes y con Trump, su interés nacional, de corte belicista?

Para Gabriel el mundo vive una era de competencia entre países democráticos y países autoritarios cuando estos últimos han empezado ya a ganar influencia en la UE y a dividirla. ¡Qué dicotomía más simplista!

Acepta que en Europa el desempleo juvenil es todavía muy elevado, sin haber resuelto el problema de las divisas cuando las condiciones de vida se apartan, por lo que los críticos fustigan que Europa se basa en un modelo anticuado.

Se pregunta la razón por la cual Europa no construye infraestructura en lugar de dejársela a los chinos y no haya tenido éxito en promover el desarrollo económico de los vecinos en los Balcanes, en lugar de ceder (sic) esos países a la creciente influencia rusa.

En el mundo inconfortable de hoy Europa no puede más sentarse atrás y esperar a EU”.

En forma implícita, Gabriel percibe la tripolaridad (China/Rusia/EU) del planeta, sin Europa, en su fase presente.

Confiesa que la verdad es que ha existido una Europa de varios carriles con diferentes objetivos, en especial, entre su parte occidental y oriental.

En la parte oriental europea, China gana en forma continua mayor influencia, debido a que es el único (sic) país del mundo que tiene una real estrategia geopolítica. Exagera porque también Rusia la tiene.

Gabriel admite que fue un error el centrismo economicista alemán –más bien ultrafinancierismo monetarista– del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, que descarriló la visión europea.

La exitosa fórmula del bautizo europeo entre el general De Gaulle y el canciller Adenauer sirve de inspiración a la superviviente colaboración de Macron y Merkel bajo el espíritu unificador de Carlomagno de hace 14 siglos.

 

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Viernes, 26 Enero 2018 06:25

¿Paz en Nuestra América?

Imagen de manifestación en contra de los asesinatos a líderes sociales en Bogotá (Colombia) durante el 2016.

 

Ha sido una decisión de los pueblos romper las estructuras de explotación y dominación capitalista e imperialista. Este objetivo histórico, de lograrse en Nuestra América, sería una victoria estratégica de los pueblos que resisten sin capitular. Cuba, contra viento y marea, y a pesar del bloqueo del gobierno estadunidense, hace 59 años emprendió ese camino de soberanía, socialismo y definitiva independencia.

Avanzar hacia este propósito es de enorme complejidad hoy en un continente vastamente recolonizado, que disputa –no sin dificultades– espacios crecientes con expresiones políticas flexibles que sean capaces de comprender –y utilizar en su favor– las contradicciones inter e intraimperiales, así como las internas en el campo de las clases dominantes; acumular fuerzas como pueblos, pero sin las herramientas del viejo Estado que aún sueña con el fin de las revoluciones, o con la obsolescencia de las tesis centrales del marxismo sustentadas hoy por organizaciones políticas de variada naturaleza que, en su diversidad, busca llevar a cabo transformaciones sociales que trasciendan el capitalismo. Estas expresiones políticas constituyen el polo equidistante de la izquierda institucional, que ha renunciado a la utopía revolucionaria y se ha vuelto funcional al sistema dominante.

Para los pueblos estas ideas no son vanas ilusiones, como tampoco son imaginarias las relaciones de explotación del trabajo vivo, ni la maquinaria de terrorismo global del imperialismo, y sus añejas relaciones de producción oligárquicas que implantan miseria extrema y guerras sociales a países como México, Honduras, Colombia, Brasil, Perú o Chile, entre otros, donde los modernos capataces de la mundialización capitalista militarizada y delincuencial buscan extirpar el contenido revolucionario de las resistencias populares, en las que sigue creciendo inevitablemente una conciencia crítica colectiva y clasista, que no enajena la interpretación histórica de nuestras realidades, y que, sin renunciar a la llamada solución política, no abdica al poder de los pueblos, ni se resigna a una paz para siempre que deje incólume la economía capitalista.

Esa paz del capital hoy, en países como Colombia, es el resultado de su ofensiva planetaria para imponer pacificaciones con condiciones mínimas para proseguir la lucha política en un clima de libertad y en el ámbito de la democracia tutelada por los poderes fácticos y el poder corporativo, mientras, paralelamente, se efectúan ejecuciones sumarias de dirigentes sociales, se fortalecen las estrategias contrainsurgentes de las fuerzas armadas y los agrupamientos paramilitares ocupan sistemáticamente –y gozando de impunidad– los territorios de la insurgencia desmovilizada. La pregunta clave de esta encrucijada es: ¿se podrá alcanzar la paz, entendida ésta como ausencia de violencia, si se conservan la economía y la política del capital que no son sino la encarnación de innumerables formas de violencia contra los seres humanos y la naturaleza?

En estas circunstancias y, por ejemplo, el Ejército de Liberación Nacional, ELN de Colombia, como organización ligada al pueblo desde hace varias décadas, ante la crisis de los diálogos con el gobierno de Juan Manuel Santos, parece estar preparada para confrontar y neutralizar la estrategia de aniquilamiento en el campo y las ciudades. Este movimiento insurgente se plantea recuperar áreas perdidas y pretende su propia recomposición, deslocalizando la confrontación, avanzando en objetivos estratégicos frente a la ofensiva del ejército oligárquico y sus narcoparamilitares, que es la más grande de los últimos tiempos y que intenta desarticular la unidad con el pueblo, y distorsionar los posicionamientos en favor de la paz que tienen clara la naturaleza política del conflicto y hacen efectivo el derecho inalienable a la rebelión.

Así, los esfuerzos de paz en Centro y Sudamérica continúan enfrentándose con la realidad sistémica de políticas abiertamente antipopulares y represivas. Estos proyectos no deberían terminar en una paz americana que hace abstracción de la economía política, de las clases en conflicto antagónico, que encubren la permanente injerencia estadunidense en la región, así como la respuesta de los pueblos que se niegan a cohabitar con las oligarquías, sus ejércitos genocidas y sus paramilitares. La lucha por la paz, la libertad y la soberanía tienen lugar en sociedades cuyas clases dominantes monopolizan la tierra, la propiedad de los medios de producción y, por ende, el poder económico y político, y, al mismo tiempo, se han convertido en la base articuladora local de la dominación imperial.

Así, hoy se pretende imponer la rendición incondicional de los pueblos que exigen y construyen la paz, que establecen democracias comunales con sus propios recursos y formas colectivistas de organización social, que incursionan en la construcción del poder comunal en la Venezuela chavista y bolivariana. En particular, para el sistema de dominación imperante, el sistema de representación indígena implica un cuestionamiento radical a las formas de mando y obediencia impuestas desde hace siglos. De ahí el sentido subversivo de estas democracias comunitarias que, además, se constituyen en núcleos de resistencia anticorporativa y reservorios de pensamiento crítico, como es el caso de la experiencia mexicana con el EZLN, el Congreso Nacional Indígena, y su propuesta de conformar un Concejo Indígena de Gobierno, en alianza con todos los explotados y oprimidos en el ámbito nacional.

Sin embargo, no hay que olvidar que la barbarie trasnacional destruye cotidianamente todas las expresiones de vida por la imposición de sus programas neoliberales, y mediante conflictos de intensidad diferenciada contra los seres humanos y la naturaleza, envileciendo de paso ciencia y tecnología.

La revolución de los pueblos es resistencia permanente contra el salvajismo del capital, y se constituye en el último e irrenunciable recurso; es la negación dialéctica del viejo sistema, NO la inserción en éste. De ahí, aquello de mis sueños no caben en sus urnas.

 

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Martes, 23 Enero 2018 06:54

El foro del miedo

El foro del miedo

 

A partir de mañana, durante cuatro días, tendrá lugar en Davos, el 48 World Economic Forum Annual Meeting. Se reunirán los llamados líderes globales a tomar decisiones sobre el mundo al que dañan, ambiental y socialmente, de modo profundo y permanente. Cada uno pagará 55 mil dólares por su admisión, asunto que, desde luego, no les roba ni un minuto de sueño.

La propaganda dice que asistirá un número récord de jefes de Estado y de gobierno, aunque el apartado en que presume del número de asistentes está ilustrado con las fotografías de Emmanuel Macron, Theresa May, Donald Trump, Narendra Modi (India) y Justin Trudeau. El inefable Donald está ubicado, con todo el reconocimiento que les merece, al centro.

Klaus Schwab, fundador y director ejecutivo del Foro Económico Mundial, ha escrito para esta reunión: Nuestro mundo se ha fracturado debido a la creciente competencia entre las naciones y por profundas divisiones dentro de las sociedades. Y la ­envergadura de los desafíos que enfrenta nuestro mundo hace que sea más esencial que nunca la acción concertada, colaborativa e integrada. Nuestra reunión anual tiene como objetivo vencer estas líneas de fractura al reafirmar los intereses compartidos por las naciones, asegurando el compromiso de múltiples actores en la renovación de contratos sociales por medio del crecimiento inclusivo.

Ya resultan hilarantes o indignantes o hipócritas, según sea su sensibilidad, las que serán las conclusiones del foro 2018: que se pondrán de acuerdo para ¡vencer! los desgarros que presenta un mundo fracturado, debido a la competencia, dicen, entre las naciones y a las profundas divisiones dentro de las sociedades.

Las naciones no están en competencia económica, lo están las empresas multinacionales cuyos dueños viven en los países industrialmente desarrollados, mientras expolian a inmensas poblaciones del mundo subdesarrollado y subordinado. ¿Van a vencer, o al menos morigerar, la competencia económica? Fake news.

Hay, sí, una geopolítica donde las grandes potencias económicas y militares están en ruta de colisión.

La nueva estrategia nacional de Trump se llama competencia estrategia interestatal, y es su principal preocupación y no los ataques yihadistas, reportó el pasado viernes el diario británico The Telegraph. De acuerdo con el mismo periódico, se trata de un punto de inflexión después de casi dos dé­cadas en las que Estados Unidos se ha centrado en la lucha contra el terrorismo tras los atentados del 11 de septiembre. China, Rusia, Corea del Norte e Irán son mencionados ahora como potencias que amenazan el orden internacional.

James Mattis, secretario de Defensa estadunidense, dijo en un discurso el viernes pasado: “Seguiremos procesando la campaña contra los terroristas, que estamos llevando a cabo hoy, pero la competencia de las grandes potencias –no el terrorismo– es ahora el foco principal de la seguridad nacional estadunidense”. Añadió, con el estilo del gorila macho que se golpea el pecho con los puños: Para todos aquellos que amenazan el experimento de un Estados Unidos en democracia: deben saber que, si nos desafían, será su peor y más largo día. China, dijo Mattis, “es un competidor estratégico que utiliza la economía depredadora para intimidar a sus vecinos, mientras militariza partes sustantivas del Mar del Sur de China..., y Rusia ha violado las fronteras de las naciones cercanas y persigue vetar el poder sobre las decisiones económicas, diplomáticas y de seguridad de sus vecinos”.John McCain, senador republicano de Arizona, dio la bienvenida a la nueva estrategia, diciendo: Construye bien [Trump] las grandes decisiones, da prioridad a las amenazas que enfrentamos y ofrece una guía clara para tomar decisiones difíciles.

Donald, primer presidente estadunidense que asiste a Davos desde Clinton, hace 18 años, dará el discurso principal antes del cierre del Foro. Desde luego, son muchos los que esperan que el centro de su diatriba sea: Make America great again; ya el pasado viernes ha anticipado su posición sobre cualquier iniciativa que procure dizque vencer las fracturas y divisiones de las sociedades del mundo. Antes, Trump había designado a Jerusalén como capital de Israel, con lo cual decidió no ser más un interlocutor de Medio Oriente y dejar (él no parece saberlo) el camino abierto a China.

Entre tanto, Rusia derrota militarmente a ISIS en Siria, con lo cual Putin no sólo ha elevado sus votos para volver a relegirse, sino que sube varios escalones como actor de la geopolítica internacional. Acto seguido, Turquía, según informa Reuters, citando a responsables destacados de las YPG (Unidades de Protección Popular) ha disparado desde la noche del jueves alrededor de 70 proyectiles contra posiciones kurdas en Afrin, Siria, región controlada por milicias kurdoárabes apoyadas por EU.

El Foro de Davos será el foro del mie­do. Del miedo de las élites del planeta, cuyos escandalosos desvaríos pueden destruir al mundo mucho mayor de los hambrientos.

El informe principal de Davos, bajo el título general de Fracturas, temores y fracasos, destaca los riesgos globales, e incluye subtítulos como La parca, de cosecha, La muerte del comercio, Las hebillas de la democracia, La extinción de la precisión, Al abismo, Los temores de un Armagedón ecológico y Guerra sin reglas.

Y mientras las élites del mundo no cesan de vanagloriarse de las mil maravillas que tenemos y tendremos con la inteligencia artificial, el propio informe del foro subraya que ésta ha sido la más débil recuperación registrada tras una recesión, y el crecimiento de la productividad permanece extrañamente débil.

 

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Martes, 23 Enero 2018 06:48

Falsos principios del neoliberalismo

Falsos principios del neoliberalismo

 

Reflexionamos hoy sobre algunas de las ideas fundamentales que el neoliberalismo nos ha imbuido en estas últimas décadas, hasta casi hacernos creer que “no hay alternativa” posible al mismo.

Una primera de éstas es aquella que establece la existencia de una línea recta, sin desvíos posibles, desde la privatización de los sectores económicos estratégicos de un país hasta los avances consiguientes, y sin límite, del modelo de desarrollo. Se nos repite machaconamente ese axioma, hasta considerarlo casi como ley natural e inmutable. Y en medio de esos dos extremos de la recta de evolución social y económica que supone este camino hay, por supuesto, algunas otras estaciones que nos llevan obligadamente de una a la siguiente. Así, el principio neoliberal completo podríamos resumirlo en una secuencia parecida a la siguiente, con pocos matices ya hablemos de Europa, de África, Asia o de América. La privatización de los sectores económicos estratégicos y de la vida de un país, provocará automáticamente la atracción de la inversión extranjera, con la consiguiente generación de puestos de trabajo, creando todo ello un aumento de la riqueza, que se traduce en una mejora de las condiciones de vida y de la lucha contra la pobreza y la disminución paulatina de ésta, provocando así un desarrollo ilimitado del país en cuestión.

El problema de este principio es que por mucho que se nos repita, éste no es más que eso, un postulado ideológico que la realidad se encarga permanentemente de desmentir. Con claridad absoluta si miramos a los países del llamado Sur; con claridad difusa, pero cada vez más nítida, si miramos a la mayoría de los países del llamado Norte. Así, el complementario principio del neoliberalismo, según el cual mediante esa regla la generación de riqueza en la cúspide de la pirámide social debe de alcanzar, digamos que por desborde (imaginemos una pirámide de copas de champan), a los niveles más bajos es una mentira absoluta y hoy evidente. La riqueza no fluye hacia la totalidad de la sociedad, sino que se acumula más y más en sus estratos ya enriquecidos, a costa de los demás, traduciéndose en un ensanchamiento de la brecha de la desigualdad que hoy ya ni las propias escuelas del neoliberalismo se atreven a negar. Por lo tanto, de la negación que pretendemos establecer del primer axioma neoliberal, habría que reconocer que el mismo si tiene una estación de ese camino como verdadera: la privatización de los sectores estratégicos y de la vida generan un aumento de la riqueza, pero ésta se queda en manos de la minoría, sin redistribución posible hacia las grandes mayorías y, sin producir por lo tanto ni disminución de la pobreza generada por ese mismo sistema, ni el pretendido desarrollo ilimitado.

Pasemos ahora a un segundo principio fundamental de este sistema dominante, que se ubicaría en el ámbito político. Así, aunque la proclama neoliberal sigue diciéndonos que la democracia es el sistema político ideal para la vida en sociedad, al igual que con los derechos humanos, comprobamos día a día que ésta es cada vez más discurso y menos ejercicio verdadero. De esta forma y a pesar de ser negado en todos los ámbitos, podemos afirmar como una realidad que va imponiéndose que el neoliberalismo, como modelo de ordenamiento y relacionamiento político y de la vida, hoy se asienta claramente en una deriva autoritaria.

Un rápido recorrido por algunos territorios del planeta nos permite ver que los golpes de estado llamados blandos han proliferado en los últimos tiempos en, por ejemplo, América Latina; todo ello para reencauzar y asentar firmemente las políticas neoliberales. Brasil, Honduras, Paraguay son evidencias de cómo el golpe de estado vuelve a ser el modelo para retomar el poder los sectores más extremos de la derecha neoliberal y, acto seguido, volver a la aplicación de este tipo de medidas que se traducen en reprivatizaciones de sectores estratégicos, recortes de derechos de todo tipo y empobrecimiento de las grandes mayorías. Pero esa deriva autoritaria se percibe claramente también en gobiernos aparentemente democráticos como los de Argentina, Chile o Colombia, donde las medidas de mayor control social o de recortes en derechos políticos y laborales son una constante para, por ejemplo, facilitar la entrada y explotación de recursos naturales (bienes comunes) por parte de las transnacionales y precarizar la vida de la población (despidos masivos, desaparición de subsidios, recortes de pensiones...).

Pero no nos equivoquemos. Esta situación no es una constante solo en América Latina y, por el contrario, de una u otra forma y con matices acordes a realidades diferenciadas, la deriva autoritaria se repite en muchos otros puntos del planeta. Estados Unidos abandera este proceso desde la aprobación de la conocida como Acta Patriótica a raíz de los atentados en 2001 que, entre otras, aumenta la discrecionalidad y poder de los cuerpos policiales y militares; deriva que hoy se agrava con las medidas que va implantando D. Trump contra la población emigrante de forma especial pero contra la práctica totalidad de sectores sociales. Así, cada día más y más sectores poblacionales en EE.UU. pierden su condición de titulares de derechos (población negra, latinoamericana, nativa, musulmana....), eliminando obstáculos posibles al dominio absoluto de las élites económicas y políticas.

Y si atravesamos el océano hacia esta otra orilla, los recortes civiles y políticos impuestos con la excusa de la crisis económica o de la seguridad antiterrorista en Europa hace que queden cada día más lejos los tiempos del estado del bienestar y, sobre todo, aquellos en los que este continente se presentaba como el campeón en la defensa de los derechos humanos. Evidentemente muchas se nos presentan (se nos venden) como medidas contra el terrorismo, pero poco tienen que ver con eso y mucho más con esa deriva autoritaria que señalamos. Ejemplos de esta tendencia serían la conocida como Ley Mordaza en el estado español o todo lo que hoy propicia el aumento de los postulados de la ultraderecha (Polonia, Hungría, Austria...). Así, a pesar de esa presentación de medidas para la protección de la población, los recortes en libertades suelen tener su verdadera, aunque oculta, razón de ser en evitar la respuesta social y política al libertinaje de las empresas y gobiernos ante todo el proceso de disminución de derechos que el sistema neoliberal va imponiendo. Imposiciones de las élites económicas que hoy son quienes realmente dictan la vida de nuestras sociedades, con el consentimiento subordinado de las élites políticas tradicionales en los distintos gobiernos, ya hablemos de Gasteiz, Madrid, París, Berlín o Bruselas.

Otro caso paradigmáticos de la deriva autoritaria, y posiblemente el más evidente fue el sojuzgamiento hasta el ahogo del gobierno y pueblo griego no respetando de ninguna forma aquello que éste último decidía en las urnas ante las medidas de ajustes y recortes de todo tipo que imponía la troika comunitaria.

Pero, más sibilina es la imposición que se hace desde determinadas esferas europeas de las políticas de ajuste estructural que hoy construyen una salida de esa crisis antes aludida en precario y con recortes brutales en derechos civiles, laborales y políticos. Por no hablar de lo poco democrático que para este sistema dominante, neoliberal y machista, resultan los índices de mujeres asesinadas o agredidas diariamente. Tampoco los datos de población emigrante ahogada en el mediterráneo o al otro lado de las vallas en las fronteras de esa Europa que un día se consideró la cuna de los derechos humanos y que hoy se encierra en una pretendida fortaleza inexpugnable.

En fin, como señalábamos al principio algunos principios neoliberales (desarrollo y democracia) son realmente difíciles de sustentar a poco que decidamos mirar a nuestro alrededor.

 

Este material fue compartido con autorización de Prensa Comunitaria

 

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La policía suiza reforzó los trabajos de vigilancia en los alrededores del centro de conferencias de Davos, a un día de que comience el Foro Económico Mundial

 

El crecimiento económico sólo beneficia a los más ricos: Oxfam

Indica que la desigualdad social es una traba para eliminar la pobreza en el mundo

Tiene 1% de la población más recursos que todo el resto

 

Davos.

La desigualdad en el ingreso siguió en aumento el año pasado. Sólo ocho empresarios, todos varones, poseen una riqueza que equivale al ingreso de 3 mil 600 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad, reveló la organización humanitaria Oxfam, en un reporte publicado a propósito de la realización, esta semana, del Foro Económico Mundial, que reúne en esta ciudad a la élite de la política y los negocios del mundo.

La súper concentración de riqueza sigue imparable. El crecimiento económico sólo beneficia a los que más tienen, denunció.

Las cifras mostradas en el reporte revelan que el uno por ciento más rico de la población posee más que el restante 99 por ciento. Esa minoría registró además 82 por ciento del crecimiento patrimonial global el año pasado. La lista de multimillonarios aumentó más que nunca entre 2016 y 2017.

La desigualdad social es una traba para la eliminación de la pobreza en el mundo, advirtió Jörn Kalinski, de Oxfam Alemania. Es veneno para nuestra sociedad, agregó. Oxfam alabó los avances en la lucha contra la pobreza extrema. Según datos del Banco Mundial, la cifra de personas que cuentan con menos de 1.9 dólares al día se redujo a la mitad entre 1990 y 2010, y bajó todavía más desde entonces. Aun así, la creciente desigualdad de ingresos impide que el número de personas que salen de la extrema pobreza sea más elevado. La ONG también criticó la reciente reforma fiscal de Estados Unidos.

A pesar de que los líderes mundiales se hayan comprometido con el objetivo de reducir la desigualdad, la brecha entre los más ricos y el resto de la población se amplía, señaló Oxfam. Investigaciones de la ONG revelan que, en los pasados 25 años, el uno por ciento más rico de la población ha percibido más ingresos que el 50 por ciento más pobre de la población en su conjunto.

“El boom de los multimillonarios no es signo de una economía próspera, sino un síntoma del fracaso del sistema económico”, afirmó la directora de Oxfam, Winnie Byanyima. Desde 2010, es decir, en plena crisis tras el estallido de la burbuja financiera en 2008, la riqueza de la élite económica aumentó como media de 13 por ciento por año, precisó.

El pico se alcanzó entre marzo de 2016 y marzo de 2017, periodo en el que se produjo el mayor aumento en la historia del número de personas cuya fortuna sobrepasa los mil millones de dólares, a un ritmo de nueve nuevos multimillonarios cada año.

Oxfam basa sus cálculos en datos del banco Credit Suisse y de la revista estadunidense Forbes.

Las mil 810 personas con una fortuna superior a mil millones de dólares estadunidenses que integran la lista Forbes de 2016 poseen en conjunto 6.5 billones (millones de millones) de dólares, la misma riqueza que 70 por ciento de la población más pobre de la humanidad.

Si los milmillonarios mantienen su nivel de rentabilidad, dentro de 25 años ya tendremos el primer billonario en el mundo, alguien con una fortuna de al menos 1 billón de dólares (aproximadamente, el equivalente al PIB de España).

En América Latina, la riqueza de los multimillonarios creció en 155 mil millones de dólares el año pasado. Dicha cantidad de riqueza sería suficiente para acabar casi dos veces con toda la pobreza monetaria por un año en la región, de acuerdo con Oxfam.

Para la organización, las mujeres obreras son las que se encuentran en lo más bajo de la pirámide. En todo el mundo, ellas ganan menos que los hombres y están sobrerrepresentadas en los empleos peor pagados y los más precarios.

En América Latina las mujeres laboran casi el doble de horas que los hombres en trabajos no remunerados.

 

 

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Una protesta contra la visita de Judith Butler en São Paulo, el 7 de noviembre.

 

Un informe de la ONG Front Line Defenders registra al menos 212 víctimas en la región

 

Al menos 212 defensores de derechos humanos fueron asesinados el año pasado en América Latina, según un informe de la ONG Front Line Defenders, con sede en Dublín (Irlanda). El documento, difundido a principios de mes y presentado la semana pasada en castellano, señala que la mayoría de crímenes en la región corresponde a Colombia y Brasil, que juntos registran 156 víctimas (73,5%). La suma de este tipo de asesinatos en el continente representa más de dos tercios del total mundial registrado por la organización internacional (312).

La particularidad del caso colombiano está en que mientras la guerrilla de las FARC entregó las armas el año anterior como parte de los acuerdos de paz con el Gobierno de Juan Manuel Santos, las bandas criminales y paramilitares se han desplegado para perseguir y asesinar a líderes sociales, principalmente en las regiones en las que operaba el grupo. Naciones Unidas registra hasta el pasado 20 de diciembre 105 asesinatos de defensores de los derechos humanos en el país sudamericano; el 59% de estos perpetrados por sicarios.

“La violencia contra los defensores de derechos humanos se intensificó a la par de las crisis políticas y económicas en Venezuela, Brasil, Guatemala, Paraguay, Honduras y Argentina”, remarca el informe de Front Line Defenders, que cuenta con la ayuda de una red de organizaciones sobre el terreno para recolectar los datos de cada país.

Venezuela es el caso más emblemático entre los enumerados por la organización. El país sudamericano vivió una ola de protestas entre abril y julio contra los ataques del régimen al Parlamento, de mayoría opositora, en la que hubo más de 120 muertos, según la Fiscalía. La ofensiva antidemocrática del régimen de Nicolás Maduro desembocó en el establecimiento, en agosto, de una Asamblea Constituyente conformada únicamente por el chavismo que usurpó las funciones del Parlamento opositor.

“En Brasil se produjo un aumento de la violencia y de la participación [en esta] de las fuerzas de seguridad del Estado”, afirma el documento sobre el segundo país con el mayor número de asesinatos en la región junto a Colombia. “En mayo, 10 defensores pacíficos del derecho a la tierra fueron abatidos a tiros por la policía en Pau-d’Arco [Estado de Pará, en la región amazónica]. Seis semanas después, un testigo de la masacre que se había escondido también fue asesinado”, agrega el texto, que apunta a los activistas en favor de los pueblos indígenas y la defensa de la tierra como las principales víctimas del país.

 
Ola ultraconservadora

 

El informe alerta, sin embargo: “La violencia [...] se ha extendido a otros sectores e incluye ataques en áreas urbanas, por ejemplo, contra defensores de derechos humanos que trabajan en las favelas de Río de Janeiro o grupos LGBTI en Curitiba”.

Con respecto a este último punto, el diagnóstico de la ONG coincide con el ascenso de una ola ultraconservadora en el gigante sudamericano que incluye intentos de agresión contra la filósofa feminista estadounidense Judith Butler o el boicot de una exposición artística sobre género y diversidad sexual en un museo de Porto Alegre.

Front Line Defenders también llama la atención sobre el caso de México, que a pocos días del fin de 2017 amenazaba con cerrar su año más violento en dos décadas. “El 2017 también fue testigo del mayor número de asesinatos de activistas ambientales y periodistas registrados en [el país] en los últimos años”, subraya el informe. Y agrega: “La aprobación en diciembre de una nueva Ley de Seguridad Interior que permite la intervención de las fuerzas armadas en asuntos de seguridad pública es particularmente preocupante por la ambigüedad de la redacción, su probable implementación arbitraria y sus posibles efectos negativos en la protesta social”.

 
     
     
  
LA REGIÓN MÁS PELIGROSA DEL MUNDO


Asesinatos. 212 defensores de derechos humanos fueron asesinados en 2017 en Latinoamérica, el 67,9% del total global (312), según la ONG Front Line Defenders.

Colombia. Este es el país con el mayor número de víctimas; registraba hasta el pasado 20 de diciembre 105 asesinatos de activistas, según el recuento de las Naciones Unidas.

Disminución. La cifra de 2017 es levemente menor a la de 2016, cuando la organización registró 217 crímenes de este tipo en la región (77,2% de la cifra mundial, 281 asesinatos).

Distribución. En 2016, el número de asesinatos de activistas se repartió así: Colombia (85), Brasil (58), Honduras (33), México (26), Guatemala (12), El Salvador (1), Peru (1) y Venezuela (1).

 

  
     
     

 

 
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De Daktari a Óscar Pérez: el uso de la carta paramilitar contra Venezuela

 

 

Durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, Colombia vivió un proceso de reconfiguración de su territorio debido al desplazamiento forzado de más de 2 millones de personas (en su mayoría de carácter rural/campesino) que produjo la ocupación y ofensiva militar del Plan Colombia y el paramilitarismo.

Lejos de resolver algo, aunque tampoco ese era el interés inicial, el negocio de la guerra se amplía al igual que sus mecanismos y canales de financiamiento, los que le dan existencia: narcotráfico, comercio de armas, criminalidad económica, etc.

La frontera venezolana recibe los primeros impactos de un fenómeno con rasgos transnacionales y transfronterizos, sustentados por un Estado fallido que entregó su seguridad interna a Estados Unidos y determinado, principalmente, por la importancia que tiene para este último la cocaína que ahí se produce y exporta; una balanza que a su vez inclina a favor el aumento en la demanda de armas. El narcotráfico también tiene su geopolítica.

Ese proceso de conquista sui géneris cuyo resultado fue la depredación progresiva, también sui géneris, de la vida económica y social de la frontera, trajo consigo el afianzamiento de grupos armados que pasaron a controlar rutas de contrabando, venta de armas y narcotráfico. La empresa de la guerra en Colombia marca USA creció sobremanera y buscó en Venezuela instalar su filial, expansión que dio además un nuevo carácter a la clásica delincuencia organizada en Venezuela bajo una economía ilegal trazada a partir del narcotráfico, el contrabando, el sicariato... y a futuro, de la violencia política.

Tratándose de una empresa, entonces, era natural que la necesidad de un aparato de seguridad privado, en este caso el paramilitarismo, haya adquirido formas como brazo ejecutor del neoliberalismo, toda vez que disputa al Estado el control social sobre el territorio. Y eso aplica tanto para Colombia como para Siria.

Esta penetración configuró la importación progresiva de ese ejército privado en suelo local, pero también su forma de moldear una cultura de la violencia específica en Venezuela, plantándose como empresa más allá de lo meramente delictivo. Por el hecho de tener esa cualidad privada, es que grandes intereses políticos pueden echar mano y utilizarlo. Es cuestión de asumir el riesgo de dicha inversión.

El paramilitarismo no es un fenómeno venezolano, las bandas y referentes del crimen organizado no nacieron espontáneamente, sus formas de administración de castigo y control social sobre ciertos territorios tampoco lo aprendieron en Internet; es consecuencia de la geopolítica de la guerra de Estados Unidos a través de Colombia, de la cual también son víctimas los colombianos. Estar al lado del principal productor de cocaína del mundo y del principal mercado de armas de la región se dice fácil, precisamente en ese detalle está la razón de ser de que el paramilitarismo sea utilizado como herramienta política en Venezuela y que como fenómeno tenga las implicaciones que tiene.

No producto de la casualidad jefe político del paramiliarismo colombiano, en una reciente intercambio con periodistas, empatizara con las acciones de Pérez y llamara al Ejército a sublevarse contra el Gobierno.

 
Daktari, modus operandi y la vía armada


El hecho de la finca Daktari en su momento dio dimensión de hasta dónde se estaba dispuesto a llegar para sacar al chavismo del poder, de hasta dónde se habían corrido los límites. Fue un año donde el país se encontraba movilizado por la agenda del referendo revocatorio impulsada por el antichavismo, quien buscaba consolidar una victoria política luego del golpe/paro/sabotaje de meses anteriores.

Los hechos y sus vinculaciones políticas y empresariales son harto conocidas; más de 100 paramilitares contratados, y vinculados a agentes infiltrados dentro de la fuerzas de seguridad y empresarios, daban la medida de un modus operandi que se ha repetido inercialmente durante los últimos años: a medida que se pierden batallas políticas, recurren al plomo; a medida que se pierden las batallas callejeras (guarimbas), donde también apelan al plomo, recurren a los sicariatos y asesinatos políticos. Y para ello solo falta quien ponga la plata sobre la mesa y quien mueva los resortes (piense en la CIA), y quien desde la tribuna política y mediática sea cómplice en desvirtuar, negar o legitimar lo que de allí resulte.

Dependiendo de ese contexto más general es que adquiere visibilidad en qué momento se apela a células armadas (germen de los ejércitos privados) para intensificar la violencia callejera, o cuando, en circunstancias de reflujo, se emplea con fines selectivos como asesinatos políticos. Después del icónico hecho de la finca Daktari se han evidenciado las múltiples formas de aplicación de este instrumento, resaltando los periodos de guarimba como escuelas o centros de entrenamiento, donde también se intenta posicionar grupos armados (disfrazados de “manifestantes”, por supuesto) para escalar la confrontación.

Las guarimbas de 2017 describieron bastante bien que las molotvs y escudos hechos de latón eran herramientas de márketing que difuminaba -para la prensa mundial- el secuestro y control de urbanizaciones, el uso de francotiradores y de armas de fuego en confrontaciones y la intención probada de llevar a cabo asesinatos contra personas por ser o parecer chavistas.

Existe una intención manifiesta de tantear la vía armada, tanto por actores internos como externos: el reconocimiento internacional del escenario de confrontación de las guarimbas, partera de células como la de Óscar Pérez y Juan Caguaripano, vino por parte de Estados Unidos y la Unión Europea principalmente.

 

Células armadas y el caso Libia


Luego de cerrado el ciclo de violencia política y armada en Venezuela, se suscitaron tres ataques armados. Uno dirigido contra la sede del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ, mientras niños que estudian en esa institución se encontraban adentro) y el Ministerio de Interior, Justicia y Paz desde un helicóptero donde se lanzaron granadas y ráfagas de disparos de alto calibre; y otros dos contra instancias de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en el estado Carabobo (Fuerte Paramacay) y el estado Miranda (Comando de la Guardia Nacional Bolivariana, GNB). El fin era obtener armas para preparar un golpe a futuro y ganar capacidades, pero también imponer en la opinión pública una supuesta superioridad en términos tácticos y militares, además de un clima de terror.

Con estos ataques dos células armadas (una de Óscar Pérez y otra del ex militar capturado Juan Caguaripano) pasaron a ser la nueva apuesta.

Una célula no es un fin en sí mismo, sirve como agrupamiento inicial de una estrategia superior dirigida a conformar un ejército paralelo: tras un proceso de infiltración y cooptación de fuerzas regulares para producir deserciones, se intenta darle forma y objetivo político. De esta manera ocurrió durante la “primavera árabe” que azotó Libia, donde los servicios de inteligencia de la OTAN lograron extraer oficiales del estamento militar para nutrir a los “rebeldes”, bajo un marco narrativo global que ubicaba como única ruta con sentido práctico la agenda armada para salir de Gadafi. ¿Les suena?

Pérez y Caguaripano eran evidencia de esa intención (global pero adaptada a cada terreno) de “resolver” los conflictos a plomo y de infiltrar fuerzas de seguridad para conformar el germen de un ejército privado. En Venezuela la visibilidad de esta intención es aún mayor cuando se mide el asedio psicológico al que están sometidas la FANB, los recurrentes llamado de la oposición a “ponerse del lado de la Constitución” (eufemismo para llamar a la insurrección) y las infiltraciones detectadas a tiempo.

En tal sentido el desmantelamiento de estas dos células altamente peligrosas no sólo iba dirigido a revertir cualquier acto de sabotaje o terrorismo a futuro, según el constituyentista Diosdado Cabello se preparaban para hacer estallar un carro-bomba en la embajada de Cuba, sino también neutralizar posibles operaciones dentro de las fuerzas de seguridad. Este último punto es clave en cuanto a la anticipación con respecto a los servicios de inteligencia extranjeros que pudieran estar operando para reeditar a un Pérez o a un Caguaripano que, nuevamente, intenten dirigir al país por los derroteros de la guerra.

 

Medios, políticos estadounidenses y legitimación del paramilitarismo con otro nombre


Un componente fundamental que posibilita la legitimación y empatía con grupos armados son los medios de propaganda privados. Bajo la imposición de un alias globalizado (los “rebeldes”), se ha justificado desde las grandes empresas de la comunicación el caos y la mercenarización de conflictos, como en Medio Oriente luego de la “primavera árabe”. Y “rebeldes” son, justamente, todas las células terroristas o grupos armados que “emerjan” en territorios con gobiernos que no están alineados a Estados Unidos.

Venezuela no escapa de este tratamiento, ya durante las últimas guarimbas habían adelantado un cuadro narrativo para representar como “enfrentamientos entre manifestantes pacíficos contra militares armados” lo que realmente eran episodios de ultraviolencia, cortes de vías, disparos de francotiradores y saqueos contra comercios.

Sin embargo el alias “rebelde”, una nomenclatura que signa un factor militar, se vio con claridad luego de que Óscar Pérez y su grupo cayeran abatidos en el enfrentamiento; medios internacionales y locales cartelizaron el tono y lo glorificaron como “el piloto que se rebeló contra Maduro”, apelando a las brechas de desinformación que dejó el operativo, y sobre todo, a las voces más extremas del espectro político (María Corina Machado, Diego Arria, Antonio Ledezma, etc.) que dieron un respaldo frontal a Pérez.

Si bien ese alias ya denota en sí la intención de correr los límites del relato en pro de legitimar células armadas, ubicando a Pérez en la misma coordenada simbólica de organizaciones terroristas en Medio Oriente, otro dato prefigura los apoyos externos con los que cuenta la opción bélica: Marco Rubio, Otto Reich, Roger Noriega e Ileana Ros defendieron a Óscar Pérez y respaldaron sus acciones.

No se trata de simples congresistas o voceros políticos de Estados Unidos, sino de un sector que luego del ascenso de la Administración Trump ha alcanzado importantes niveles de influencia para configurar el marco de las relaciones exteriores EEUU hacia Venezuela. Resaltan los casos de Otto Reich y Roger Noriega, ambos operadores de la guerra sucia en Centroamérica y vinculados estrechamente a los servicios de inteligencia estadounidenses, a los que Marco Rubio, en su posición de senador, les da un empujón para que su limitada voz se escuche. Caso que también aplica para Luis Almagro, que aprovechando la ola desde su cuenta Twitter compartió el apoyo dado por ONGs financiadas por el Departamento de Estado, como Human Rights Watch.

En este punto es necesario recalcar lo obvio: el próximo atentado que planeaba la célula de Pérez, o la de Caguaripano antes de su desmantelamiento, estaría legitimado por estos actores políticos del Congreso estadounidense, los cuales han demostrado influencia en delimitar la política exterior hacia Venezuela. Marco Rubio e Ileana Ros incluso tienen acceso a cajas negras presupuestarias con las cuales podrían, incluso, otorgar financiamiento para no detener el entusiasmo, un dato ya de por sí bastante peligroso.

Esa prueba es más que suficiente para poner en contexto el operativo contra la célula de Pérez, pero sobre todo, como el paramilitarismo está sobre la mesa de quienes han adquirido una influencia relativa en la Casa Blanca para moldear el qué hacer con Venezuela.

Durante estos días se ha intentado mostrar a Óscar Pérez como un caso aislado, cuando en realidad representa una continuidad (aún no lograda) en el marco de la agenda paramilitar contra Venezuela.

 

(Tomado de Misión Verdad)

 

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António Guterres, secretario general de la ONU, destacó que las remesas alcanzan un total mundial de 600 mil millones de dólares. En la imagen, migrantes mexicanos provenientes de Oaxaca, Guerrero y Michoacán trabajan recolectando fresas en Oxnard, California

 

Durante 2017 los migrantes en todo el mundo enviaron a sus familias 600 mil millones de dólares, aproximadamente, lo que representa casi tres veces la asistencia oficial para el desarrollo.

Así lo asienta el informe Hacer que la migración funcione para todos, presentado ayer por el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, ante la Asamblea General.

El documento subraya los beneficios económicos de la migración: este sector gasta 85 por ciento de sus ganancias en sus comunidades de acogida y remite el 15 por ciento restante a sus países de origen.

En el mundo, dijo, hay 258 millones de migrantes internacionales, equivalente a 3.4 por ciento de la población mundial. Y la expectativa es que este sector siga creciendo. De ese total, 6 millones están atrapados en el trabajo forzoso.

Por ello, el secretario general de la ONU llamó a los líderes mundiales a trabajar juntos para forjar un sistema de migración ordenado que reduzca el riesgo y el sufrimiento para quienes abandonan sus naciones. La gestión de las migraciones es una de las pruebas más urgentes y profundas de la cooperación internacional de nuestro tiempo.

El informe apremia a los estados miembros de la ONU a promover la igualdad de género y el empoderamiento de mujeres y niñas, como un elemento central del Pacto mundial para la migración segura, ordenada y regular.

Las mujeres representan 48 por ciento de todos los migrantes del mundo, y envían a sus países de origen un porcentaje mayor de sus ganancias que los hombres. Sin embargo, lamentó, enfrentan políticas laborales y costumbres más restrictivas que los varones, lo que acota su ingreso económico y su contribución social.

Guterres convocó a los gobiernos a trabajar juntos para crear un sistema global de migración productivo y humano que mejoraría la soberanía de los estados en lugar de deteriorarla.

Las naciones deben tomar en consideración tres elementos en la definición de una estrategia para este tema: un enfoque humanitario basado en la defensa de los derechos humanos, recursos financieros para definir el estatus de migrantes una vez que la primera ayuda humanitaria sea aportada y encontrar opciones reales para quienes no pueden pretender un estatus de refugiados, pero les es imposible regresar a sus países de origen.

Si los gobiernos instauran más vías legales para la migración, basadas en análisis realistas de las necesidades del mercado laboral, es muy probable que disminuyan los cruces fronterizos, que haya menos trabajadores indocumentados y menos abusos, sostuvo.

Aseveró que este fenómeno social es un motor de crecimiento económico, innovación y desarrollo sostenible. Por lo que en el informe destacó que hay evidencias claras que prueban que, pese a los desafíos reales que el fenómeno genera, es beneficiosa para las comunidades de acogida, en términos sociales y económicos.

En ese sentido dijo que es necesario un nuevo enfoque. Es momento de dibujar todas las partes del Sistema de las Naciones Unidas, incluida la Organización Internacional para las Migraciones, para apoyar los esfuerzos de los estados miembros para abodar la situación.

 

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Puigdemont, exiliado en Bélgica, será promovido por los independentistas como president.

 

Promoverán la investidura del ex president Puigdemont, exiliado en Bélgica

Las formaciones soberanistas más votadas en los comicios del 21 de diciembre sellaron el acuerdo en la madrugada de ayer en Bruselas. Acordaron dar quórum en la Legislatura para impedir maniobras del gobierno español.

 

Los independentistas catalanes llegaron a un acuerdo para intentar posibilitar la investidura del ex presidente del Parlamento regional, Carles Puigdemont, quien permanece exiliado en Bélgica y si regresara a España sin fueros podría ir a prisión. La Izquierda Republicana de Cataluña (ERC) y Junts per Cataluña (JxCat), las formaciones soberanistas más votadas en los comicios del 21 de diciembre, sellaron el acuerdo en la madrugada de ayer en Bruselas, informó la dirigente de ERC Marta Rovira.

En la reunión, los independentistas se pusieron de acuerdo en dos cuestiones: rechazar de plano la posibilidad de no dar quórum en caso de que el Estado intente impedir una composición que refleje el resultado de las elecciones y buscar la manera de que Puigdemont pueda ser investido.

El destituido jefe de gobierno catalán quiere ser investido por vía “telemática” a través de Skype, algo que el reglamento del Parlamento de la norteña región no prohíbe expresamente, aunque expertos en leyes señalan que el Tribunal Constitucional podría prohibirlo amparándose en el manual de usos y costumbres. La segunda opción es una investidura delegada; es decir, que otro diputado lea su discurso.

En cualquier caso, Puigdemont planea regresar a España –donde lo espera una orden de detención– una vez que haya sido proclamado presidente.

Pero la ERC, cuyo líder, el ex vicepresidente regional Oriol Junqueras, permanece en prisión en Madrid y también obtuvo una banca en las últimas elecciones, advirtió que no quiere tomar una decisión que tal vez no sea viable. “Hay acuerdo”, aseguraron fuentes cercanas al partido en declaraciones el diario catalán La Vanguardia, pero aclararon que no firmaron un cheque en blanco.

Además, la ERC, si bien impulsa la investidura de Puigdemont, se abraza a la esperanza de que sea Junqueras quien lidere el Parlamento, una opción que había quedado relegada a un segundo lugar porque JxCat obtuvo más votos. Por ahora, la única presidencia que ostentaría la ERC, en función del acuerdo de anoche, es la de la Mesa (órgano de dirección) del próximo Parlamento, que se constituirá el 17 de enero próximo. La Mesa está integrada por un presidente, dos vicepresidentes y cuatro secretarios. Los soberanistas ocuparían cuatro de esos asientos, con los que controlarían el órgano y podrían dar batalla por la presidencia regional desde adentro. Sin embargo, desde el partido de Puigdemont, el PDeCat, advierten que cerrar las opciones a “Puigdemont o elecciones” no vale la pena, que lo más importante es retener el gobierno, no quien lo lidera.

Por otro lado, el oficialista Partido Popular (PP) del jefe del gobierno español Mariano Rajoy, ya advirtió que está dispuesto a “impedir por todos los medios” una investidura a distancia y asegura tener un acuerdo con sus aliados para impedirlo. Así lo afirmó ayer el coordinador general del PP, Fernando Martínez Maillo, quien dijo estar a la espera de una decisión de los independentistas para dar una respuesta.

En los comicios del 21 de diciembre pasado, los soberanistas sumaron 70 legisladores, superando por dos la mayoría absoluta de 68. JxCat (PdeCat y Convergencia democrática) obtuvo 34 diputados, entre ellos Puigdemont, y ERC consiguió 32; el otro partido independentista, la CUP (radicales antisistema) logró 4 escaños. Ayer la CUP instó este mediodía a Junts per Catalunya y a Esquerra Republicana a explicar el “contenido material del acuerdo” que alcanzaron en Bruselas. Sin embargo, sus portavoces aclararon que no está en el ánimo del partido apoyar un eventual gobierno de Ciudadanos o un nuevo llamado a elecciones, por lo que dieron a entender que sus diputados apoyarían la formación de un gobierno independentista como el acordado ayer en Bruselas. Mientras tanto, Junqueras, y quien fuera responsable de Interior del gobierno catalán, Joaquim Forn, también diputados electos, permanecen en prisión preventiva sin fianza en la causa judicial que investiga a todo el anterior gobierno independentista. Puigdemont y Junqueras habían concurrido en coalición en los anteriores comicios catalanes, en septiembre de 2015, y gobernaron juntos hasta ser destituidos por el Ejecutivo español el 27 de octubre pasado. Otros miembros de ese gobierno están en libertad condicional en España o prófugos en Bélgica, y la mayoría de ellos fueron elegidos parlamentarios en diciembre. La Justicia española aún no resolvió si autorizará a los legisladores presos a asistir al Parlamento a votar en la sesión de constitución del 17 y en el debate de investidura que se debe celebrar antes del 31 de enero, pero ya descartó que puedan hacerlo los cinco diputados electos que permanecen en Bruselas.

El Ejecutivo español destituyó a todo el gobierno catalán justo después de que el Parlamento regional aprobase por mayoría una declaración a favor de la secesión unilateral. Entonces, Rajoy, convocó elecciones autonómicas, ganadas en minoría por los liberales de Ciudadanos (36 escaños), contrarios a la independencia. La incógnita es qué pasaría si los independentistas lograran cumplir con sus planes e investir a Puigdemont como presidente del Parlamento: Madrid se encontraría frente al mismo escenario que desencadenó la disolución del gobierno catalán tras la declaración unilateral de independencia.

 

 

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Jueves, 11 Enero 2018 05:51

El mapa de un mundo infernal

El mapa de un mundo infernal

 

Por primera vez vemos nuestras guerras

 

Setenta y seis países implicados en la Guerra contra el Terror de Washington

 

Abandonó el avión Fuerza Aérea Two y, de repente, “envuelto en secretismo”, voló en un avión de transporte C-17 camuflado a la base aérea de Bagram, la mayor guarnición estadounidense en Afganistán. Todas las noticias de su visita fueron retenidas hasta una hora antes de dejar el país.

Más de 16 años después de que una invasión de Estados Unidos “liberase” Afganistán, estuvo otra vez allí para dar algunas buenas noticias a un contingente de soldados que participaba en una ofensiva. Ante una bandera de EEUU de más de 12 metros de largo, el vicepresidente Mike Pence se dirigió a 500 militares estadounidenses elogiándolos por formar parte de “la mayor fuerza mundial para el bien”, se vanaglorió de los ataques aéreos de EEUU –“aumentados espectacularmente” hacía poco tiempo–, juró que su país “estaba aquí para quedarse” e insistió en que “la victoria está más cercana que nunca”. Sin embargo, tal como lo hizo notar un observador, la respuestas de la audiencia fue “apagada” (varios soldados permanecieron con los brazos cruzados o con las manos tomadas en la espalda; aunque escucharon, no aplaudieron”).

Pensemos en esto como apenas el último cuento de hadas (no precisamente uno de los hermanos Grimm) geopolítico al revés, una historia para nuestra época que podría estar comenzando: Hace mucho tiempo –en octubre de 2001, exactamente–, Washington lanzó su guerra contra el terror. Entonces, solo un país estaba en la mira, el mismo en el que más de 10 años antes, Estados Unidos había librado una larga guerra por delegación contra la Unión Soviética, durante la cual había financiado, equipado y respaldado a un importante conjunto de grupos fundamentalistas islámicos, entre ellos el de un adinerado joven saudí llamado Osama bin Laden.

En 2001, tras esa guerra –que ayudó a que la Unión Soviética empezara a transitar el camino hacia su derrumbe–, Afganistán estaba en buena parte (aunque no completamente) gobernado por el Taliban. Osama bin Laden también estaba allí encabezando un relativamente modesto grupo de seguidores. A principios de 2002, bin Laden huyó a Pakistán; atrás quedaban los cadáveres de muchos de sus compañeros y su organización –al Qaeda– casi desmantelada. Los supervivientes del derrotado Taliban pidieron que se les permitiera deponer las armas y regresar a sus aldeas; un malogrado proceso descrito vívidamente por Anand Gopal en su libro No Good Men Among the Living (Ningún hombre bueno entre los vivos).

Daba la impresión de que –aparte de los vítores y, por supuesto, los planes para nuevas proezas– todo había acabado. Los funcionarios más importantes de la administración del presidente George W. Bush y el vivepresidente Dick Cheney eran unos soñadores geopolíticos de primer orden que no podían haber tenido ideas más expansivas acerca de cómo ampliar ese éxito a –como señaló el secretario de Defensa Donald Runsfeld apenas cinco días después de los ataques del 11-S– grupos terroristas e insurgentes en más de 60 países. Fue un argumento que el presidente Bush volvió a recalcar nueve meses más tarde en un triunfalista discurso de graduación en West Point. En ese momento, la lucha que ellos se habían apresurado –sin modestia alguna– a llamar Guerra Global contra el Terror todavía era un asunto de un solo país. Sin embargo, ya estaban trabajando intensamente en los preparativos para extenderla del modo más sustancial y devastador que podrían haber imaginado nunca con la invasión y ocupación del Iraq de Saddam Hussein y la dominación del centro petrolero del planeta que con toda seguridad le seguiría (en un comentario que captó el momento con toda exactitud, Newsweek citó a un funcionario británico “cercano al equipo de Bush” que decía, “Cualquiera quiere ir a Bagdad; los hombres de verdad quieren ir a Teherán”.

Con tantos años que han pasado quizá no sorprenda –como probablemente no sorprendió a los cientos de miles de manifestantes que se volcaron a las calles de las ciudades estadounidenses a principios de 2003 para oponerse a la invasión de Iraq– que esta era una de esas historias a las que les cabe el dicho “ten cuidado con lo que deseas”.

 

Ver las guerras

 

Se trata de un relato que todavía no ha acabado. Ni por asomo . Pera empezar, en la era Trump, la guerra más prolongada de la historia de Estados Unidos –la de Afganistán– no hace más que prolongarse. Están esos números de soldados estadounidenses en aumento; esos ataques aéreos que son cada vez más; el Taliban controlando importantes partes del país; los grupos terroristas con franquicia Daesh que se despliegan con creciente éxito en la región oriental; y, según el último informe del Pentágono, más de 20 grupos terroristas o insurgentes en Afganistán y Pakistán”.

Pensemos en esto: 20 grupos. En otras palabras, después de tantos años, la guerra contra el terror debería ser vista como un ejercicio permanente en el uso de la tabla de multiplicar –y no solo en Afganistán–. Después de más de una década y media que un presidente de EEUU hablara de más de 60 países como potenciales blancos, gracias al inestimable trabajo de un acreditado grupo, el Proyecto Costo de la Guerra (CWP, por sus siglas en inglés) del instituto Watson para los Asuntos Internacionales y Públicos de la universidad Brown, al fin tenemos una presentación gráfica de la verdadera dimensión de la guerra contra el terror. El hecho de que tuviésemos que esperar tanto tiempo nos dice algo de la naturaleza de esta época de guerra permanente.

 

 

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La guerra de EEUU contra el terror en el planeta. Fuente: Proyecto Costo de la Guerra (CWP) *

 

El Proyecto Costo de la Guerra no solo ha elaborado un mapa de la guerra contra el terror en 2015-2017 (dado a conocer por TomDispatch en esta nota), sino el primer mapa de su tipo en la historia. Brinda una excepcional imagen de las guerras contra el terror llevadas adelante por Washington en todo el planeta: su amplitud, el despliegue de fuerzas de EEUU, las cada vez más numerosas misiones de adiestramiento de fuerzas de otros países, las bases estadounidenses que las hacen posible, los ataque aéreos –tanto con drones como con aviones convencionales– que forman parte de ellas y las unidades de combate de EEUU que ayudan en esa lucha (por supuesto, los grupos terroristas se han transformado y expandido notablemente como parte inherente del mismo proceso).

Una mirada al mapa nos dice que la guerra contra el terror, un conjunto cada vez más complejo de conflictos interrelacionados, es hoy un fenómeno eminentemente global. Se extiende desde Filipinas (con su propia organización con franquicia Daesh que realizó una devastadora campaña de casi cinco meses en Marawi, una ciudad de 300.000 habitantes), atraviesa el sur de Asia, Oriente Medio, el norte de África y penetra profundamente en África occidental, donde hace poco tiempo murieron cuatro Boinas Verdes en una emboscada en Niger.

No menos sorprendente es la cantidad de países afectados por la guerra contra el terror de Washington. Alguna vez, por supuesto, era solo uno (o dos, si el lector quiere incluir a Estados Unidos). En estos momentos, el Proyecto Costo de la Guerra reconoce no menos de 76 países (el 39 por ciento de los existentes en el mundo) implicados en ese enfrentamiento de ámbito mundial. Eso comprende lugares como Afganistán, Siria, Iraq, Yemen, Somalia y Libia, donde los ataques aéreos con drones o aviones pilotados son la norma y la infantería de EEUU (frecuentemente unidades de las Fuerzas de Operaciones Especiales) ha entrado en combate directa o indirectamente. También comprende a países en los que hay asesores militares estadounidenses adiestrando a fuerzas armadas locales o incluso a grupos de irregulares en tácticas antiterroristas u otros en los que existen bases militares determinantes en este creciente conjunto de conflictos. Como el mapa lo deja en claro, es frecuente que estas categorías se superpongan.

¿Quién podría sorprenderse que esa “guerra” haya estado devorando los dólares del contribuyente estadounidense a una velocidad que debería dejar pasmada la imaginación de un país cuya infraestructura está cayéndose a pedazos? Otro estudio del Proyecto Costo de la Guerra publicado en noviembre pasado estimó el costo de la guerra contra el terror (incluyendo algunos gastos futuros) ya había alcanzado la astronómica suma de 5,6 billones de dólares. Sin embargo, recientemente, sin ir más lejos, el presidente Trump –que en estos momentos se encuentra intensificando esos conflictos– tuiteó un guarismo aun más sorprendente: “Después haber gastado tontamente siete billones en Oriente Medio, ¡ya es tiempo de empezar a reconstruir nuestro país!” (en cierto modo, también esta cifra parece cuadrar con la estimación del Proyecto Costo de la Guerra, que decía que “el futuro pago de intereses de los préstamos para gastos de guerra probablemente agregará más de 7,9 billones de dólares a la deuda nacional” en la mitad del siglo).

No podría haber sido un comentario más insólito de un político estadounidense, cuando en estos años las declaraciones tanto acerca del costo económico como humano de la guerra habían sido dejadas mayormente a pequeños grupos de estudiosos o de activistas. De hecho, en este país, sobre la cuestión de la guerra contra el terror (extendida del modo que muestra el mapa) prácticamente no existe un debate serio respecto de su costo y sus resultados. Si el documento dado a conocer por el Proyecto Costo de la Guerra es de hecho, un mapa infernal, creo que también es el primer mapa importante de esta guerra jamás publicado

Pensemos un momento en eso. Durante los últimos 16 años, nosotros, los estadounidenses, que financiamos este enmarañado conjunto de conflictos bélicos con billones de dólares, carecíamos de un mapa de las guerras que Washington ha estado librando. Ni siquiera uno. Aun así, algunos fragmentos de ese conjunto de conflictos en continua transformación y expansión han estado regularmente en los medios de prensa, aunque raras veces en la primera plana (salvo cuando había algún ataque terrorista perpetrado por un “lobo solitario”, en Estados Unidos o en la Europa occidental). Sin embargo, en todos estos años, no ha habido un solo estadounidense que pudiese ver una imagen de este extraño y prolongadísimo conflicto bélico cuyo final no está a la vista.

Esto en parte puede explicarse por la naturaleza de esa “guerra”. En ella no hay frentes ni ejércitos avanzando hacia Berlín ni flotas machacando con su artillería la patria de los japoneses. Tampoco ha habido, como en Corea en los primeros años cincuenta, un paralelo que debía cruzarse o tras el cual se pudiera buscar refugio. En esta guerra no ha habido retiradas vosobles ni tampoco –salvo la entrada triunfal en Bagdad, en 2003–avances notables.

Incluso ha sido difícil situar geográficamente los distintos bandos en pugna y, cuando eso ha sido posible –como lo hizo el New York Times en agosto pasado, que dibujó un mapa de las regiones afganas controladas por el Taliban– la imagen era farragosa y su impacto limitado. Por lo general, sin embargo, en estos años, nosotros –el pueblo– nos hemos desmovilizado completamente, incluso cuando solo se trataba de hacer el seguimiento del interminable conjunto de guerras y conflictos armados que componen lo que llamamos la guerra contra el terror.

 

Elaborar el mapa de 2018 y más allá

 

Permitidme que repita este mantra: Una vez, hace casi 17 años, era un país; ahora son 76, y la cuenta sigue creciendo. Mientras tanto, hay grandes ciudades convertidas en escombros, decenas de millones de seres humanos han tenido que abandonar su casa, millones de refugiados han cruzado fronteras, se han desestabilizado cada vez más territorios, algunos grupos terroristas se han convertido en marcas en importantes partes del planeta y nuestro mundo estadounidense continúa militarizado.

Esta situación debería ser considerada como una modalidad completamente nueva de guerra mundial eterna. Entonces, miremos una vez más ese mapa. Y hagámoslo en el modo ‘pantalla completa’. Es importante tratar de imaginar visualmente lo que ha estado ocurriendo, ya que estamos ante un nuevo tipo de desastre, una militarización mundial como nunca la habíamos visto. En la guerra de Washington no importan los “éxitos”, desde aquella invasión de Afganistán en 2001 y la toma de Bagdad en 2003 hasta la reciente destrucción del “califato” del Daesh en Siria e Iraq (o, al menos, la mayor parte de él; en este momento, los aviones de EEUU siguen bombardeando y lanzando misiles en zonas de Siria): los conflictos no hacen más que transformarse y dar vueltas.

Estamos en una era en la que las fuerzas armadas de Estados Unidos son el elemento principal –con demasiada frecuencia, el único– de lo que acostumbraba llamarse la “política exterior” de este país y en la que el departamento de Estado está viendo drásticamente reducido su tamaño. Solo en 2017, las fuerzas de Operaciones Especiales estadounidenses se han desplegado en 149 países, y EEUU tiene tantas tropas en tantas bases en cualquier lugar de la Tierra que al Pentágono le resulta imposible informar sobre el paradero de 44.000 de sus militares. De hecho, es posible que no haya manera de trazar un verdadero mapa de todo esto, pese a que el del Proyecto Costo de la Guerra es un triunfo informativo.

Mirando hacia el futuro, roguemos una cosa: que la gente de ese proyecto tenga mucho aguante ya que es sabido que en los tiempos de Trump (y posiblemente durante bastantes años más), los costos de la guerra no harán más que aumentar. La primera asignación presupuestaria de la administración Trump, aprobada unánimemente por los dos partidos principales en el Congreso y refrendada por el presidente es pasmosa: 700.000 millones de dólares. Mientras tanto, los principales jefes militares y el presidente, intensificando los enfrentamientos armados en países como Niger y Yemen, como Somalia y Afganistán, dan la impresión de estar en la búsqueda permanente de más guerras.

Por ejemplo, señalando a Rusia, China, Irán y Corea del Norte, el comandante del cuerpo de infantería de marina, general Robert Neller les ha dicha hace poco tiempo a las tropas desplegadas en Noruega que se espera una “fuerte lucha” en el futuro, y agregó: “Ojalá esté equivocado, pero veo guerra en el horizonte”. En diciembre, el asesor en seguridad nacional, teniente general H.R. McMaster sugirió también que la posibilidad de una guerra (es de imaginar que sea nuclear) con la Corea de Kim Jung-un estaba “aumentando cada día que pasa”. Mientras tanto, en una administración en la que abundan los iranófobos, el presidente Trump parece estar preparándose para romper el acuerdo nuclear con Irán, posiblemente en este mismo mes.

Dicho de otro modo, en 2018 y más allá, es posible que sean necesarios unos creativos mapas de varios tipos solo para empezar a ocuparnos de las guerras de Estados Unidos. Pensemos por ejemplo en una información reciente del New York Times de que unos 2.000 empleados del departamento de Seguridad Interior ya han sido “enviados a más de 70 países del mundo” cobre todo para prevenir ataques terroristas. Así están las cosas en el siglo XXI.

Demos la bienvenida entonces a 2018, otro año de guerra eterna, y ya que estamos en tema, una pequeña advertencia a nuestros líderes: dados los últimos 16 años, sed cuidadosos con vuestros deseos.

 

* Este mapa es el que el autor incluyó en su nota original en inglés. Si el lector desea verlo más claro y detallado puede hacerlo picando en: http://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/Current%20US%20Counterterror%20War%20Locations_Costs%20of%20War%20Project%20Map.pdf (N. del T)

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fría, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro más reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World

Fuente:http://www.tomdispatch.com/post/176369/tomgram%3A_engelhardt%2C_seeing_our_wars_for_the_first_time/#more

Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García

 

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la misma.

 

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