Domingo, 17 Julio 2016 07:32

Lula, PT y el golpe casi consumado

Lula, PT y el golpe casi consumado

 

Falta poco más de un mes, si se cumple el calendario previsto, para que el pleno del Senado termine el juicio destinado a destituir a Dilma Rousseff. A menos que ocurra una muy poco probable sorpresa, el destino de los 54 millones 500 mil votos que la llevaron al segundo mandato presidencial ya está sellado. Todo indica que el más insidioso, silencioso y traicionero golpe triunfará.


Durante el desarrollo del largo y tedioso juicio, encubierto por el diáfano manto de una farsa jurídica, los brasileños se acostumbraron a la resignación. Hay, claro, amplios sectores que persisten en su indignación, pero sus protestas apenas llegan a la mayoría de la población: parte del golpe cuenta con otro manto –nada diáfano, por cierto: sumamente pesado–, el del silencio cómplice de los medios hegemónicos de comunicación.


Desde el inicio del juicio formal que teóricamente examina las acusaciones contra Dilma Rousseff surgieron, más que indicios, pruebas demoledoras contra la acusación. Hasta entre los testigos convocados para comprobar que la presidenta había cometido crímenes, dos presentaron argumentos favorables a la acusada.


Los peritos nombrados por el Senado examinaron toda la documentación y llegaron a la conclusión de que no ocurrieron los delitos imputados a Rousseff.


Además, quedó claro que su gobierno, contrario a lo que se le acusa, no infringió ningún señalamiento constitucional: la resolución emitida por el Tribunal de Cuentas de la Unión –que pese a la solemnidad del nombre no es más que una institución destinada a asesorar el Congreso, sin poder legal efectivo–, la cual determinó que alteraciones en el presupuesto pasen por la aprobación de los nobles diputados y senadores, entró en vigor después de que Rousseff las había autorizado. Y, al menos por ahora, ninguna norma, regla o ley puede tener efectos retroactivos.


Para culminar, esta semana el Ministerio Público federal pidió que todos los procedimientos que transcurren en el ámbito judicial para determinar si Rousseff cometió crímenes de responsabilidad sean directamente archivados, por carecer de base.


De manera estrepitosa se derrumbaron todos los argumentos jurídicos en esa historia plagada de torpezas. E igualmente escandaloso es el silencio de los grandes medios de comunicación. Al fin y al cabo, lo que interesa es el juicio político, cuya sentencia parece claramente establecida de antemano.


Consumado el golpe, restará a Dilma Rousseff la débil expectativa de recurrir al Supremo Tribunal Federal, instancia máxima de la justicia.


Otra opción está igualmente condenada: lograr que seis senadores cambien su voto derrumbando el golpe y permitiendo a Rousseff reasumir un mandato destrozado, sin la más mínima condición para gobernar. La política de tierra arrasada que el interino Michel Temer ya empezó a imponer es casi imposible de revertir: cuenta con el apoyo mayoritario de un Congreso experto en cambiar votos por prebendas, es la alegría de la banca, el sueño del empresariado y el deseo intransigente de los medios hegemónicos de comunicación.


Cuando sus efectos empiecen a ser sentidos por la sociedad, será demasiado tarde.


Frente a ese cuadro desalentador, la izquierda y los movimientos sociales redoblan sus esfuerzos para convencer a una apática y anestesiada opinión pública de los peligros que pairan a muy pocos centímetros de la cabeza de los brasileños. Por ahora, en vano.


Mientras Temer no se atreve a salir a las calles, Lula da Silva sigue en peregrinación por las zonas más pobres del país pidiendo resistencia al golpe. Lo mismo hace Dilma Rousseff, pero en un mapa más amplio. Dicen que el golpe es reversible, que es posible derrotar a los traidores, reasumir el gobierno y proponer un nuevo diseño económico que retome el crecimiento y asegure los programas sociales desarrollados en los últimos trece años.


Los dos conocen muy bien el cuadro político y saben que la realidad es otra, absolutamente otra.


Rousseff trata de salvar su biografía de militante cuya honestidad es inatacable. Su futuro político es inmensa incógnita.


Para Lula da Silva, quien pese a todo el desgaste sufrido sigue siendo la figura política más importante del país (sobre todo para bien del PT), lo importante es trazar, a partir de ahora, una estrategia no sólo de supervivencia, sino de rescate y recuperación del espacio perdido, con la mirada puesta en las elecciones de 2018.


Además de reconquistar posiciones, le toca la difícil misión de recuperar la credibilidad, fuertemente corroída. En ese sentido, la consumación del golpe abrirá al menos una puerta: en la oposición y en la denuncia persistente de la traición cometida, el PT y Lula sabrán condenar los desmandes que Michel Temer seguramente cometerá. Si en su interinato ya hace lo que hace, es fácil imaginar qué hará cuando le toque asumir el gobierno de manera efectiva.


Será el más profundo retroceso desde el otro golpe, el militar, de 1964. Con la gran diferencia de que, esta vez, no habrá tropas ni tanques en las calles para defenderlo y silenciar a la oposición.

 

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Policías aprehendieron ayer a miembros de las fuerzas armadas que se encontraban atrincherados en el palacio de justicia de Bakirkoy, Estambul

 

Ankara.

 

Tras el fracasado intento de golpe de Estado, que dejó saldo de 265 muertos, el mandatario Recep Tayyip Erdogan exigió a Estados Unidos, particularmente al presidente Barack Obama, la extradición o detención del clérigo Fethullah Gulen, experto islámico turco que vive en Pensylvania, a quien acusó de estar detrás de la intentona lanzada la noche del viernes en Turquía.

 

"Si Estados Unidos y Turquía realmente son aliados estratégicos, Obama debe actuar y entregar a esa persona", aseveró Erdogan en un discurso ante miles de partidarios en Estambul. El predicador, sin embargo, negó estar relacionado con el golpe, y en un comunicado divulgado la noche del viernes condenó el asalto.

 

El gobierno turco considera que Gulen, ex aliado de Erdogan, encabeza una "organización terrorista".

 

Erdogan dijo que comentó a Obama que Gulen iba a intentar un golpe de Estado y exhortó a los turcos a "seguir siendo dueños de la calle, porque siempre es posible un nuevo estallido".

 

 

Washington ayudará en las investigaciones

 

El secretario de Estado estadunidense, John Kerry, indicó que su país evaluará el pedido de extradición de Gulen, pero pidió a las autoridades turcas entregar las pruebas de las acusaciones. Añadió que ayudará en la investigación para esclarecer quién tramó y respaldó el intento de golpe.

 

"Las insinuaciones o afirmaciones públicas sobre cualquier participación de Estados Unidos en el fallido intento de golpe son totalmente falsas y perjudican nuestras relaciones bilaterales", dijo Kerry a su homólogo turco, el ministro del Exterior Mevlut Cavosoglu, según el texto de una conversación telefónica entre ambos difundido por el Departamento de Estado.

 

El intercambio entre las partes ocurrió con un telón de fondo en el que Turquía cerró su espacio aéreo y dejó varados los aviones de guerra de Estados Unidos que estaban atacando a las fuerzas del grupo Estado islámico en las vecinas Siria e Irak.

 

Por lo pronto, el gobierno turco comenzó a limpiar las filas militares, como anunció Erdogan, y procedió también con dureza contra los jueces. El primer ministro, Binali Yildirim, informó del arresto de 2 mil 839 soldados por su "relación directa" con los hechos, entre ellos el comandante del tercer ejército, el general Erdal Ozturk. "Estos cobardes tendrán la pena que se merecen", subrayó.

 

Unos 200 militares atrincherados en la sede del Estado Mayor se rindieron, igual que una unidad del ejército compuesta por casi 60 soldados rebeldes, quienes ocuparon el viernes uno de los puentes sobre el Bósforo, en Estambul. Además, la justicia turca pidió a Grecia la extradición de ocho golpistas que llegaron a bordo de un helicóptero castrense a Alejandrópolis.

 

El ejército de Turquía, que según datos obtenidos por Dpa tiene unos 640 mil miembros, es uno de los más grandes del mundo. Después del de Estados Unidos, el turco es el segundo de mayores dimensiones miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

 

Autoridades judiciales turcas anunciaron que 2 mil 745 jueces de todo el país van a ser relevados de sus funciones, entre ellos uno de la Corte Constitucional, la más alta instancia legal de la nación, acusados de haber apoyado la intentona.

 

El premier aseguró que "la situación se encuentra bajo control", y confirmó que el número de víctimas en los enfrentamientos en Ankara y Estambul es de al menos 265 personas, de las cuales 161 son civiles o miembros de las fuerzas de seguridad fieles al gobierno, y 104 golpistas. Hay unos mil heridos.

 

Debido a la preocupación por la asonada en Turquía, Obama se reunió este sábado con sus consejeros de seguridad, reiteró "el apoyo incondicional de Estados Unidos al gobierno civil y democráticamente electo de Turquía", y exhortó a las autoridades turcas a "respetar el estado de derecho" al tratar con quienes respaldaron el golpe.

 

"El presidente y su equipo lamentan la pérdida de vidas y destacan la necesidad vital para todas las partes en Turquía de actuar dentro del respeto al estado de derecho y evitar toda acción que pueda suscitar nuevos hechos de violencia o de inestabilidad", señala un comunicado de la Casa Blanca.

 

Obama destacó "los desafíos compartidos que requerirán la cooperación continua de Turquía, incluyendo los esfuerzos comunes en la lucha contra el terrorismo".

 

Estados Unidos realiza parte importante de sus operaciones aéreas contra el movimiento yihadista Estado Islámico (EI) desde la base de Incirlik, sur de Turquía. Unos mil 500 militares y personal civil de defensa estadunidense están en esa base, y unos 2 mil 200 en todo el país.

 

Las misiones aéreas estadunidenses contra el EI desde esa base fueron suspendidas por el cierre del espacio aéreo turco, informó el Pentágono.

 

La canciller alemana, Angela Merkel, condenó el intento de golpe y mostró su apoyo al presidente Erdogan, pero advirtió que se deben respetar los valores democráticos en la persecución de los responsables.

 

En ese sentido, explicó que un cambio en el gobierno de Turquía sólo podrá darse a través de la convocatoria libre a elecciones. "Las modificaciones políticas deben producirse en el marco de instituciones políticas y de conformidad con las reglas democráticas".

 

Rusia estimó que el intento de golpe aumenta la amenaza contra la estabilidad regional e internacional, mientras la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, pidió "respeto a las instituciones democráticas".

 

Desde la llegada al poder de Erdogan, la jerarquía militar ha enfrentado purgas. El ejército dio tres golpes de Estado en el país (1960, 1971, 1980) y forzó la salida del poder de un gobierno islamita en 1997.

 

 

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El golpe de Estado en Turquía fracasa tras la resistencia de la población en las calles

El Gobierno llama a sus seguidores a que continúen en las vías públicas para evitar nuevas intentonas.

 

Un golpe de Estado fallido sumió en la noche de este viernes en una situación caótica a Turquía, un aliado estratégico para Europa y miembro de la OTAN. Sectores de las fuerzas armadas turcas se sublevaron para tratar de hacerse con el poder en el país y decretaron la ley marcial. Casi siete horas después el presidente Recep Tayyip Erdogan apareció ante los medios de comunicación para dar por sofocado el golpe y advirtió de que "los involucrados pagarán un alto precio". Sin embargo, la inestabilidad permanece en las principales ciudades del país, la capital, Ankara, y Estambul. Y el Ejecutivo ha llamado a sus seguidores a que continúen en la calle para evitar nuevas intentonas golpistas.


A través de la televisión se pudo ver cómo los golpistas comenzaban a ser detenidos y los militares eran expulsados del canal de televisión estatal desde el que estaban controlando la información. El Gobierno cifra en 1.563 los militares arrestados.


Las horas que siguieron al golpe han sido sangrientas: hay al menos 90 muertos y más de 1.000 heridos, según la agencia de noticias estatal. Durante su intervención, Erdogan dijo que habían tratado de derribar su avión con los F-16 del ejército y que bombardearon su hotel justo cuando ya había salido.


Sin embargo, el mandatario insistió en que "esto terminará bien" e hizo una llamada a los golpistas: "Sois nuestros hijos". "Es inaceptable que dirijáis vuestras armas contra padres, madres e hijos. Si apuntáis las armas al pueblo que os las dio, pagaréis las consecuencias", señaló.


El presidente turco exigió que "todos aquellos que estén conduciendo tanques en la calle que regresen a sus cuarteles". "Ya han comenzado las detenciones y llegaremos hasta lo más alto", señaló en tono sereno y vestido con corbata, acompañado de varios funcionarios y frente a una imagen de Atatürk, el padre de la Turquía moderna.


Paralelamente, la llamada de Erdogan a la población a defender el poder "democrático" derivó en enfrentamientos a tiros en Ankara y Estambul. La agencia progubernamental Anadolu informó de que 17 policías de las fuerzas especiales fueron asesinados en una academia de policía en la capital. En esa misma ciudad varios tanques dispararon en las inmediaciones del Parlamento turco y un avión de combate utilizado por los golpistas fue derribado.

 

También se escucharon bombas lanzadas desde los aviones de combate que sobrevolaron Ankara.


En el centro de Estambul seguía el descontrol mientras los tanques recorrían las calles y los simpatizantes del presidente se echaban a las calles y tomaban las principales plazas agitando banderas nacionales.


Los movimientos comenzaron en torno a las diez de la noche cuando camiones de transportes de tropas se estacionaron a la entrada de los puentes que cruzan el estrecho del Bósforo en Estambul y los cerraron al tráfico. Poco después, en Ankara, los blindados y los tanques tomaron posiciones en las calles y varios cazas pasaron en vuelo rasante sobre la capital. Un pelotón de soldados golpistas se dirigió al Estado Mayor de Turquía y con el apoyo del fuego aéreo de un helicóptero de guerra Sikorski penetró en el edificio y tomó como rehén al jefe del Estado Mayor, el general Hulusi Akar.

 

Todo se desarrollaba con gran rapidez y en medio de una gran confusión. Pero, en general, de acuerdo a lo planificado con los golpistas. Como en anteriores asonadas, rodearon varios edificios importantes en la estructura del Estado e instalaciones como el Aeropuerto de Estambul y se hicieron con el control de la radiotelevisión pública TRT donde, tras cortar la emisión, hicieron a una presentadora leer un comunicado en el que afirmaban haber tomado el poder ante las "amenazas" a las que se enfrenta Turquía y que el Gobierno es "incapaz" de atajar, así como a la deriva "autocrática" del presidente Erdogan, al que acusaron de "traidor". Asimismo anunciaron un toque de queda en todo el país, que pasaría de forma temporal a ser dirigido por el llamado Consejo de Paz en Casa.


Tampoco contaban los militares sublevados con que el presidente Erdogan, considerado un islamista moderado, además de un fuerte rechazo, concita igualmente un enorme apoyo popular en Turquía. Solo hay que ver cómo fue recibido de madrugada en el aeropuerto. El levantamiento militar le pilló fuera de Ankara, pero "desde un lugar seguro" —según una fuente de su entorno, que no quiso revelar la localización— lanzó un llamamiento mediante una intervención telefónica en la cadena CNN-Türk: "Salid a la calle, tomad las plazas, id al aeropuerto (de Estambul). ¿Qué van a hacer? ¿Van a disparar al pueblo? Esto es un ataque contra la democracia". Como en otras ocasiones en que el mandatario turco ha apostado al todo o nada, esta vez también triunfó.

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