Si deseas la paz, prepárate para la guerra nuclear: estrategia de Trump vs Rusia y China

La revista Foreign Affairs, del influyente Council on Foreign Relations, consagró sin tapujos la discusión de una guerra nuclear de Estados Unidos contra Rusia y China (https://fam.ag/2PtCzko).

La revista publica un artículo de Elbridge Colby –uno de los principales autores de Estrategia de Defensa Nacional del Pentágono (http://bit.ly/2PtHodu), donde proclama el fin de la guerra efectiva contra el terrorismo y el inicio de la "competencia entre las grandes potencias"– quien pregona que “Si deseas la paz, prepárate para la guerra nuclear: una estrategia para la nueva rivalidad de las superpotencias (https://fam.ag/2Pod0RQ)”.

Colby, anterior subSecretario adjunto a cargo de la "Estrategia y Desarrollo de la Fuerza", previene que "toda futura confrontación con Rusia y China podría tornarse nuclear" cuando "durante una lucha más dura y más incierta, cada combatiente puede estar tentado de tomar la espada nuclear para confrontar el desafío y probar la resolución de la otra parte o aun simplemente para continuar a combatir".

Según Colby, "el mejor medio para evitar una guerra nuclear es estar listo a librar una de carácter limitado (sic)", por lo que "EU está dispuesto a realizar operaciones nucleares eficaces (sic) y limitadas".

Andre Damon, del portal trotskista WSWS (http://bit.ly/2Pmg7d5) escudriña la amenaza de Trump de retirar a EU del Tratado INF –Fuerzas Nucleares Intermedias (http://bit.ly/2CT4mF6)– que prohíbe a EU y a Rusia desarrollar misiles entre 500 y 5 mil 500 kilómetros.

Damon juzga que la amenaza de Trump pone en alto riesgo la "vida de millones de personas en Europa y en Asia oriental" cuando planifica su "fuego cruzado contra Pekín y Moscú": EU ya no oculta más su deseo de "utilizar armas nucleares en sus combates", donde no existiría ninguna limitante con el fin de vencer a sus "adversarios".

Damon aduce que "tales planes son realizados en secreto" con la complicidad del New York Times y del Partido Demócrata, "que ha estado casi totalmente silencioso sobre las consecuencias y el peligro de una guerra mundial".

George Shultz, poderoso secretario de Estado con el ex presidente republicano Ronald Reagan, "defiende" el INF: “debemos preservar este tratado nuclear (https://nyti.ms/2PqvAZD)”.

Shultz anota que "las armas nucleares son una amenaza para el mundo" y emprende la apología justificada de su firma en 1987 por el entonces presidente Ronald Reagan y el líder de la ex URSS Mijaíl Gorbachov.

Critica los amagos de Trump de abandonar el INF debido a supuestas violaciones de Rusia y aprovecha la ocasión para "invitar a otros países a unirse al tratado y resistir la tentación estadunidense de desarrollar nuevas clases de armas letales", por lo que propone como paso preliminar una reunión de los "expertos" de EU y Rusia "para discutir posibles violaciones".

Pese al gran escepticismo en su momento, GS arguye que se pudieron realizar “extensas inspecciones in situ para verificar que todos los misiles prohibidos habían sido eliminados”. Ya para 1992 "casi 2 mil 700 misiles habían sido destruidos" (http://bit.ly/2Jjaxm5)”.

Shultz cita con respeto una frase clave del zar Vlady Putin proferida hace un año: "si me preguntan si es posible el desarme nuclear o no, diría, sí, es posible. ¿Desea Rusia o no el desarme nuclear universal? La respuesta es también sí, si Rusia lo desea y trabajará para ello".

Shultz recuerda que en la Revisión de la Postura Nuclear de EU (http://bit.ly/2MODE5c) publicado en febrero pasado, una de sus frases nodales fue: “EU permanece comprometido en sus esfuerzos para apoyar la eliminación global última de armas nucleares, biológicas y químicas. Ha reducido sus reservas nucleares más de 85 por ciento desde el paroxismo de la guerra fría y no ha desplegado nuevas capacidades nucleares por más de dos décadas” (http://bit.ly/2PsZqN8). El ex secretario de Estado de Reagan concluye que "ahora no es el tiempo de construir grandes arsenales de armas nucleares. Es tiempo de eliminar del mundo esta amenaza".

Lo peor sería creer que Rusia y China se quedarán con los brazos cruzados.

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Trump busca su Premio Nobel de la Paz con Kim Jong-un en Singapur

La cumbre de Trump y Kim Jong-un en Singapur fue histórica.

No faltarán quienes aduzcan que Trump uso a Kim de plataforma teatral para obtener el Premio Nobel de la Paz.

El portal Sputnik da vuelo a los pletóricos tuits que candidatean a los dos mandatarios para el Premio Nobel (http://bit.ly/2t14on2). Ya el rotativo Metro acepta apuestas al respecto.

Hace mÁs de un mes, el rotativo The Telegraph anunció que Trump había sido "formalmente nominado para el Premio Nobel debido a su incansable tarea de llevar la paz al mundo" (http://bit.ly/2sUbavq), además que 18 legisladores del Partido Republicano nominaron a Trump para el codiciado galardón pacifista en una carta dirigida al Comité noruego (http://bit.ly/2MolSme).

Lo que para un "panel de periodistas" del rotativo trumpófobo The Guardian, vinculado a los intereses de Soros, parecía una "idiotez (sic)", hoy está al alcance de la mano (http://bit.ly/2MlBaYI).

Hoy la discusión versa sobre si los dos mandatarios serán premiados en forma simultánea. Sería lamentable que dejasen de lado al presidente de Sudcorea, Moon Jae-in, quien lubricó el acercamiento de ambos.

El premio consta de 1.4 millones de dólares que le servirán más a Kim que al multimillonario magnate inmobiliario Trump.

El locuaz Trump –a diferencia del lacónico Kim quien solamente profirió una frase clave de que "el mundo va a cambiar"– alardeó sus conocimientos inmobiliarios para vaticinar la prosperidad futura de Norcorea en cuyas "bellas playas" habrían cuantiosas inversiones (Financial Times; 12/06/18).

Sputnik menciona muchos tuits que critican la forma tan ligera en la que Obama recibió inmerecidamente la presea pacifista y no faltan quienes pidan su revocación para entregársela a Trump.

Una minoría propone otorgar el galardón al folclórico basquetbolista Dennis Rodman quien estuvo en Singapur –se ignora si vio a su amigo el mandatario norcoreano– y ayudó mucho a los servicios de espionaje de EU para penetrar en la sique y conducta enigmática de Kim.

Nancy Pelosi, líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, arremetió contra Trump por haber concedido demasiado al mandatario norcoreano (http://bit.ly/2JAuNmV).

La mayoría de los multimedia de EU –profundamente trumpófoba– tildó de "teatral y vaga" la transcendental cumbre de Singapur, quizá debido a sus nexos con Soros/Clinton/Obama y afirman que el juvenil Kim, de 34 años, le ganó la partida a Trump, de casi 72 años, cuando no fue alcanzada su obsesión de desnuclearizar "en el primer minuto (sic)" a Norcorea.

En mi entrevista a CNN con Patricia Ramos, abordé dos ejes nodales que forman parte del binomio "Proceso y Progreso" (http://bit.ly/2JyHVc7).

El portal chino Global Times considera en forma serena que el "fin de los juegos de guerra" será "un gran paso adelante para la península" coreana (http://bit.ly/2MfGc9j).

El portal Chino coloca una frase clave de Trump quien aseveró que Kim le aseguró la destrucción de "un sitio de pruebas misilístico" que no fue incluido en el documento firmado.

La clave es la propuesta china de "suspensión por suspensión": a cambio de que "Norcorea suspenda sus actividades nucleares (sic) y misilísiticas", EU y Sudcorea "suspenden sus ejercicios militares", ya que "con el enfriamiento de las actividades militares (¡mega-sic!), una menor participación militar de EU, y posiblemente un retiro eventual de tropas de EU, la península caminará completamente fuera de las sombras de la guerra fría".

Si además "el proceso (sic) político se mueve en la misma dirección en la península, la región entera saldrá beneficiada", en clara alusión a la inevitable reunificación coreana y a la detente (distensión) con Japón.

Sobre el "progreso", independientemente de que puedan existir acuerdos secretos, la promesa de Trump de no realizar más ejercicios militares conjuntos con Seúl, sumado al retiro de alrededor de 40 mil soldados en Sudcorea, coloca las negociaciones en el carril de la óptica china de "suspensión por suspensión", lo cual vislumbra que Norcorea y EU empaten sus mutuas concesiones en forma gradual que dejan atrás la retórica perentoria de Trump.

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Trump ante Corea del Norte e Irán, en 15 puntos

Rompe el acuerdo nuclear con Irán, logrado tras siete años de arduas negociaciones, mientras afirma que busca un pacto sobre las armas nucleares de Corea del Norte (CN). ¿Qué pretende Trump, realmente?

“Hagan un trato o les asesinaremos”, es el ultimátum del presidente de EEUU a los mandatarios de Irán y de CN, y el subconsciente le traiciona la poner el ejemplo de Gadafi: O sea, ¿al líder libio no le mataron los “rebeldes demócratas”, sino los terroristas bajo el mando de EEUU?

1. La táctica perseguida por Trump con ambos países ha sido plantear exigencias imposibles de cumplir para ser rechazadas, provocando situaciones bélicas. En palabras de John Bolton “una reunión entre Trump y Kim es útil solo porque inevitablemente fallaría, y luego EEUU podría moverse rápidamente a la siguiente fase, presumiblemente una confrontación militar”. Estos profesionales de la manipulación de conciencias y de hacer “guerras preventivas”, presentan una acción agresiva como justificada. Es lo que EEUU hizo con Yugoslavia: En febrero de 1999 rechazó la propuesta de Belgrado para iniciar conversaciones de paz, el regreso de los desplazados, y la formación de una asamblea descentralizada para los pueblos. Pero, Washington pretendíaacabar con el ultimo estado socialista de Europa. Le impuso el “Acuerdo de Paz de Rambouillet”, que convertía el país en un feudo de la OTAN, y preveía la separación de Kosovo, hoy la segunda base militar más grande de EEUU. Lo mismo pasó con Afganistán: Según Kabir Mohabbat, empresario contacto entre EEUU y Talibán, Mula Omar ofreció la entrega incondicional de Bin Laden y sus lugartenientes al Tribunal de la Haya, a la Unión Europea o a propio EEUU. Sin embargo, Bush le dio largas hasta el octubre de 2001 cuando mandó a 300.000 soldados a ocupar el estratégico país, bajo el pretexto del 11S. Y sucede lo mismo con los palestinos.

2. EEUU ha rechazado la propuesta chino-rusa del “Doble congelamiento”: de que Washington pare sus ejercicios militares en la frontera de CN, y éste a cambio detenga sus pruebas nucleares y de misiles.

3. Trump pide a CN que haya una ‘desnuclearización completa, verificable e irreversible’, que significa la destrucción de las armas nucleares y la eliminación de su uranio almacenado, y a cambio de nada. Si se porta bien y cumple, quizás una vez desarmado mande levantar las sanciones, y les proporcione tecnología, ayuda económica, y la retirada de las tropas de Corea del Sur. ¿Realmente piensa que los coreanos, que en 1953 perdieron el13% de su población bajo 32.000 toneladas de bombas de napalm de EEUU, y de hambre y desesperación, son suicidas o estúpidos? Al poner el ejemplo de la “solución de Libia” como la “pedagogía del terror”, el propio Trump muestra la calidad de su materia gris: Gadafi se deshizo de las armas químicas en 2003 y en 2011 su desarmado país fue arrasado bajo toneladas de bombas de la OTAN. También está la “lección de irán”: aunque renuncies a tu programa nuclear y firmes un acuerdo, lo pueden drogar, someter a tu nación a unas duras sanciones y una vez exhausto, sepultarte bajo las cenizas y escombros.


Los verdaderos objetivos de Trump con Corea del Norte

4. Impedir un acercamiento entre los dos coreas, y su posible reunificación. Que Corea del Sur tenga una vía directa de dialogar con el Norte, resta la capacidad de presión de EEUU a CN, y debilita sus planes bélicos. Fue un movimiento audaz de Kim el intentar separar a CS de EEUU.

5. Trump pretende ser visto como “el gran estadista”, preocupado por la paz mundial, y merecedor (como Obama) de un Nobel, quizás por sus méritos en conseguir el monopolio de las armas nucleares y tener el único en tener el derecho de su uso.

6. Intensificar la guerra económica contra China, bajo el nombre de sanciones secundarias y tras “el fracaso de las negociaciones”.

7. Dominar el espacio de influencia de China, aunque el Sr. Xi hará todo lo posible para evitar una guerra o una Corea unificada bajo el control de Washington.

8. Amenaza a CN para intimidar a China y Rusia, para que acepten sanciones más severas contra este país (que perjudica a las dos potencias) impidiendo una guerra.

9. Ahora que está perdiendo terreno político-económico a China en esta región, aumentar la presencia militar de EEUU en Guam y construir nuevas bases militares en CS (por la empresa estadounidense Gilbane Federal de Concord que ha recibido 133,4 millones de dólares). Ya ven, el simple anuncio de una amenaza sube los beneficios de las compañías de armas. Rusia, por su parte, exhibirá sus misiles en el Pacífico en respuesta al despliegue de THAAD en Corea del Sur por EEUU.

10. Dijo Trump que intentar llegar a un acuerdo con CN era “perder el tiempo”. Su gobierno ha sido constituido para organizar grandes guerras. Entre las razones del cese de Rex Tillerson (que estaba en favor de dialogar con Irán y CN) fue poner fin a la diplomacia y entregar la política exterior al Pentágono y la CIA.


11. Es poco probable hoy un ataque de EEUU contra CN, ya que lo suyo es agredir a los estados con una considerable inferioridad militar como Yugoslavia, Afganistán, Yemen, Irak, Libia o Siria. Pero, la hipótesis planteada por Gardiner Harris en New york Times, es interesante: si mueren 10.000 estadounidenses en un ataque convencional de CN [¡te referirás a uno de bandera falsa!], la presión del pueblo estadounidense sería: ‘Es hora de eliminar a este tipo’, y el conflicto terminará en una guerra de entre 60 a 100 días.


12. La prioridad de Trump es Irán. Nadie en EEUU le está presionando a “borrar del mapa” a CN, mientras los lobbies pro israelí y por saudí utilizan chantaje y soborno (en forma de contratos de armas, sobres con dinero a los diputados, financiar la campaña electoral, etc.), para arrastrar a EEUU una guerra contra a Irán. Y eso a pesar de que Tel Aviv también detesta a CN, porque Pyongyang no reconoce al estado israelí, y por sus relaciones con Irán.


13. Si bien una guerra contra CN no beneficia a ningún país (hasta Corea del Sur y Japón se oponen), los que desean contener a Irán, además de una decena de países árabes, Israel y Turquía, es el propio EEUU, donde los halcones siguen con el Proyecto de Reconfigurar Oriente Próximo, para cambiar su mapa, trazado hace un siglo por otras potencias imperialistas, Gran Bretaña y Francia en el Acuerdo Sykes-Picot. Hoy es el imperialismo estadounidense quien quiere adaptarlo a sus necesidades: crear mini- estados controlables (si no, tierra quemada), para así garantizar su hegemonía militar sobre las reservas de hidrocarburo de una región que además es próxima a Rusia y China. Washington cree que el costo de la guerra con Irán es menor que el de una contra CN.


14. Es imposible que EEUU abandone sus ambiciones militares. No aceptará la demanda de Kim sobre la retirada total de las tropas de EEUU de Corea del Sur a cambio de abandonar sus armas. Según el general Paul Selva, vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, el Pentágono se prepara para la guerra contra 4 + 1 amenazas: Irán, Rusia, Corea del Norte, China, y el terrorismo.


15. Para una mente como la Trump, marcada por el Excepcionalísimo norteamericano”, hay dos grupos de países: 1) EEUU, que tiene derecho a dominar al mundo, y 2) los que deben ser sometidos a él.

 

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Trump y Kim, preparados para la cumbre

La reunión es la primera en décadas de enemistad entre ambos países y se centrará en lograr un acuerdo sobre la desnuclearización de Corea del Norte a cambio de un alivio de las sanciones que afectan a Pyongyang.

 

El presidente estadounidense, Donald Trump,y el líder norcoreano, Kim Jong-un, llegaron ayer a Singapur, donde mañana a las 9 (esta noche en Argentina) mantendrán una histórica reunión en el Hotel Capella con el objetivo encontrar una solución al conflicto con Corea del Norte por su programa nuclear.


El primero en llegar fue Kim, que aterrizó en el aeropuerto Changi en un vuelo de Air China y fue llevado al hotel St. Regis, donde se alojará su delegación. Se trata de su viaje más largo desde que llegó al poder, en 2011. Poco después de aterrizar, Kim se reunió con el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, a quien agradeció que la ciudad-Estado seab la anfitriona de la cita. “El mundo entero observa esta cumbre histórica entre Kim Jong-un y los Estados Unidos de América”, dijo Kim en alusión al primer encuentro entre dos países enemistados durante siete décadas.


Horas después, el Air Force One en el que viajaba Trump aterrizó en la base militar Paya Lebar. El presidente estadounidense fue recibido por el ministro de Exteriores del país, Vivian Balakrishnan, y después se trasladó al hotel Shangri-La, donde se hospedará durante su estancia en Singapur. Está previsto que hoy se reúna también con Lee Hsien Loong.


Trump llegó a Singapur directamente desde la reunión del G7 en Canadá, haciendo una breve parada en Creta. Durante el vuelo, anunció por Twitter que retiraba su apoyo al comunicado final alcanzado por el G7, al sentirse molesto por unas declaraciones sobre aranceles del primer ministro canadiense, Justin Trudeau (ver recuadro).


La reunión entre Kim y Trump será la primera en que un máximo líder norcoreano se entrevista con un presidente estadounidense en activo. Las conversaciones se centrarán en lograr un acuerdo sobre la desnuclearización de Corea del Norte, a cambio de un alivio de las sanciones económicas y diplomáticas que afectan a Pyongyang.


Al partir en su avión el sábado, Trump dijo que iba de camino a “una misión de paz”, pero alertó de que no habrá otra oportunidad. “Confío en que Kim Jong-un quiere hacer algo grande por su pueblo”, afirmó, y añadió: “No volverá a tener esta oportunidad”. También insistió en que sabrá “desde el primer minuto” si Corea del Norte va en serio con su oferta de paz en base a su “toque” y su percepción de la situación.


La cumbre estuvo en vilo durante semanas después de que Trump la cancelara el 24 de mayo alegando la “abierta hostilidad” de Corea del Norte. Tras un mensaje conciliador de Pyongyang, el presidente anunció un día más tarde que se mantenía en pie. Luego siguió una frenética actividad diplomática para resucitar el encuentro, que incluyó una visita a Washington del negociador norcoreano Kim Yong-chol, quien entregó una carta personal de Kim al republicano.

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Sábado, 07 Octubre 2017 06:54

Forjador de esperanza

Foto: Afp, tony karumba

 

Guevara: inspirador de una insurgencia continental.

 

El Che muere en Bolivia y su peripecia recorre el mundo, despertando emoción, admiración o rechazo, nunca indiferencia. Sus partidarios lo consideraron un modelo de integridad y audacia, capaz de renunciar a intereses particulares, privilegios y poder para contribuir a la emancipación de los oprimidos. No desde la cómoda tribuna de gobiernos y organismos internacionales, o desde el comando militar ejercido a prudente distancia del teatro de guerra, sino en las más duras condiciones de riesgo y supervivencia. Sus detractores, por el contrario, lo consideraron un instrumento del imperialismo soviético, que intentaba exportar su régimen opresor —la dictadura comunista— al planeta entero.

Así, su imagen fue el centro de visiones antagónicas e inconciliables, reflejo del enfrentamiento bipolar de la Guerra Fría, de la maniquea oposición que se expresaba en los campos más diversos: desde las reuniones cumbre de las potencias para la regulación del armamento nuclear, hasta las opiniones políticas del ciudadano común. Sólo el transcurso del tiempo permitió matizar la rigidez de las posturas ideologizadas, definir ambigüedades y decantar permanencias.

Las derechas latinoamericanas, desprovistas de líderes de tanta ascendencia, se han preguntado por décadas la razón del carisma del Che. A partir de 1967, marxistas y cristianos, intelectuales y campesinos, pacifistas y guerrilleros lo adoptaron como norte y guía de su quehacer político. Su figura fortaleció a las izquierdas, promovió amplias alianzas políticas nacionalistas, reformistas o revolucionarias, impulsó la movilización de multitudes. Sembró focos guerrilleros desde el Río Bravo hasta el Estrecho de Magallanes, y fue venerado por partidos y coaliciones como la Unidad Popular de Chile, que impulsaban políticas no violentas, reformistas, para alcanzar el socialismo.

En un continente doblegado por la pobreza, el despotismo de las dictaduras, el saqueo de sus recursos y la injerencia del imperialismo estadounidense, el Che Guevara interpretó las aspiraciones de millones de latinoamericanos. Indicó una causa por la que valía la pena luchar e incluso arriesgar la vida: la edificación de una sociedad libre, justa, fraterna y soberana.

***

En los años sesenta la Unión Soviética y Estados Unidos intentaban acercarse a los estados neutrales de Oriente Medio, Asia y África con el propósito de atraerlos a su esfera de influencia. El proceso de descolonización y el auge de las posturas antioccidentales en los países en vías de desarrollo crearon un marco propicio para que el Estado soviético se vinculara estrechamente con dirigentes de movimientos insurgentes y gobernantes de nuevas naciones.

De esta forma, en plena détente, la desintegración del colonialismo ofreció oportunidades para que la Urss acrecentara su poder en las relaciones de fuerza mundial, en detrimento de Estados Unidos y Europa occidental. En pocos años logró establecer una amplia red de relaciones políticas, militares y económicas. En el plano militar, por ejemplo, entre 1960 y 1975 recibieron ayuda y asesoramiento soviético países emergentes como Yemen del Sur, Argelia, Benín, Irak, Libia, Siria, Egipto, India, Bangladesh, Afganistán, Vietnam y Mozambique.

En el continente americano, la radicalización de la revolución cubana, su enfrentamiento con Estados Unidos, el entusiasmo que suscitó en amplios sectores sociales, fueron de buen auspicio para los intereses soviéticos. Los dirigentes cubanos y del Este europeo que colaboraron con Guevara en la instalación del grupo guerrillero en Bolivia confiaban provocar, en una región de indiscutible hegemonía estadounidense, conflictos políticos y sociales, inestabilidad, insurrecciones y guerra de guerrillas. Todo ello confluiría con la actividad desplegada por los partidos comunistas y los movimientos sociales antimperialistas que actuaban en la legalidad.

Se trataba de tácticas y procedimientos idénticos a los que Estados Unidos empleaba en las regiones del mundo donde imperaba la hegemonía soviética, o en los países abiertos a la influencia y apoyo de la Urss. A través de sus apoderados, protegidos o aliados, Washington también financiaba y contribuía a provocar guerras irregulares y convencionales, sostenía económicamente partidos y movimientos opositores, promovía golpes de Estado y homicidios de gobernantes o dirigentes políticos. Desarrollaba, en suma, una amplia gama de iniciativas desestabilizantes, abiertas o encubiertas, que complementaba con acciones de influencia política, psicológica y cultural.

Desde un pequeño territorio ubicado en el corazón de América, con el apoyo de Cuba y el aval implícito de la Unión Soviética, Guevara buscaba ser el inspirador de una insurgencia continental. Si el foco boliviano lograba perdurar podría irradiarse al territorio argentino. Aunque la lucha fuera prolongada y la victoria incierta, su mera presencia en Bolivia desafiaba a Estados Unidos, corroía su prestigio continental, lo obligaba a distraer recursos y hombres de otras latitudes. Tal vez, incluso, lograría atenuar el inflexible hostigamiento estadounidense contra Cuba.

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Derrotado en Bolivia, el proyecto del Che fue reproducido con mayor éxito unos años después en el escenario africano. Soldados cubanos adiestrados y pertrechados por la Unión Soviética participaron en las luchas anticoloniales de Angola, Guinea Bissau, Cabo Verde y Mozambique. A partir de 1975 sostuvieron militarmente al gobierno angoleño de Agostinho Neto, atacado por Sudáfrica y Zaire y por guerrillas anticomunistas financiadas por Estados Unidos. Entre 1987 y 1988 una nueva invasión sudafricana fue derrotada en la batalla de Cuito Cuanavale, en la que Cuba participó con 55 mil efectivos, aviación y blindados. En 1977 el gobierno cubano se involucró junto a la Urss en la guerra de Etiopía contra Somalia y la secesionista Eritrea. Cuando la victoria etíope puso provisoriamente fin a la contienda, 20 mil cubanos que habían luchado bajo la bandera del internacionalismo de Guevara regresaron a su país.

A fines de la década de 1970, implantadas en el sur americano las dictaduras de seguridad nacional, el epicentro de los movimientos armados de impronta guevarista se trasladó a América Central. En 1979 el Frente Sandinista derrocó a la dictadura de Anastasio Somoza, al tiempo que las guerrillas salvadoreña y guatemalteca, apoyadas por Cuba, adquirieron una fuerza considerable. Junto al gobierno progresista de Granada y los movimientos guerrilleros de Venezuela y Colombia, Estados Unidos creyó percibir un nuevo arco de crisis cercano a sus fronteras. En Chile, entretanto, se intensificaba la lucha armada contra la dictadura de Pinochet, protagonizada por jóvenes formados en el ejemplo del Che, pertenecientes al Mir y al comunista Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

Los ochenta estuvieron marcados por la contrainsurgencia desplegada por Estados Unidos en América Central. La región se volvió el campo de pruebas del gobierno de Ronald Reagan en su intento de sofocar los regímenes progresistas o los procesos revolucionarios. No obstante, en 1986, mientras Reagan promovía nuevas intervenciones de la Cia en Nicaragua para desestabilizar y derrotar al “peón soviético”, el 27º Congreso del Partido Comunista de la Urss abandonaba casi por completo el marxismo leninismo y el presidente Gorbachov rechazaba la lucha de clases, postulaba la coexistencia pacífica y la cooperación internacional entre capitalismo y comunismo.

Fue el mismo Gorbachov quien en la segunda mitad de los ochenta convenció a los dirigentes nicaragüenses y salvadoreños de involucrarse decididamente en los procesos de paz, y a los guerrilleros comunistas de Chile de deponer las armas. La Urss se hallaba exhausta económicamente por la carrera armamentista, la sangría de la guerra de Afganistán, el retraso tecnológico con relación a Estados Unidos —en particular en el campo de la informática, esencial para el funcionamiento del armamento espacial— y la erosión del consenso en los países del este europeo.

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A 50 años de su muerte ¿qué ha dejado en herencia el Che Guevara a los ciudadanos del tercer milenio? En primer término, la vigencia de la causa por la que luchó, aún distante. Por ella también perdió la vida otro gran líder de la izquierda americana, Salvador Allende. Los dos desafiaron al Leviatán y fueron derrotados. Los dos fueron forjadores de esperanza. Aunque indicaron distintos caminos para la acción política y social —la lucha armada o el gradualismo reformista—, al mismo tiempo, en un plano más elevado, señalaron la vía maestra para obtener los cambios anhelados por la izquierda: la militancia firme, perseverante, desinteresada y valiente. En ella reside la significación de su legado.


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Clara Aldrighi. Historiadora. Autora, entre otros libros, de La izquierda armada. Ideología, ética e identidad en el Mln-Tupamaros y Memorias de insurgencia. Historias de vida y militancia en el Mln-Tupamaros. 1965-1975.
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A la izquierda John le Carré junto a Ben Macintyre durante su almuerzo en Bristol.

Los escritores analizan la nueva era del espionaje, y el papel de Trump y Putin

 

Su tema es el espionaje. Sus obsesiones son el secreto y la traición. Son ingleses, de un determinado origen, viejos amigos, que se admiran mutuamente. Uno escribe novelas; el otro, obras de no ficción. Al hablar, forman frases prácticamente perfectas.

Las conversaciones entre John le Carré y Ben Macintyre son inevitablemente cálidas, interesantes, ingeniosas, discursivas, cómplices y chismosas, aunque sus cotilleos suelen estar relacionados con el espionaje y son más selectos que los de cualquiera de nosotros. Quedaron hace poco, en un día cualquiera de la semana iluminado por ratos de sol, para almorzar en un reservado de un hotel boutique situado en Bristol. Le Carré, de 85 años, acudió desde su casa de Cornualles (tiene otra en Londres) en un coche conducido por el empleado que tiene su familia para ocuparse del jardín y otras tareas al aire libre; Macintyre, de 53, llegó en tren desde Winchester, donde había intervenido en un festival literario.

Como de costumbre, ambos estaban en pleno frenesí de proyectos, acabando unas cosas y empezando otras. Le Carré, que en sus 56 años de escritor, y casi por sí solo, ha hecho que las novelas de espías pasaran de ser meros libros de entretenimiento a ser auténticas obras de literatura, publica en septiembre en Reino Unido (en enero en España) una nueva novela, El legado de los espías (Planeta). Para entusiasmo de sus admiradores, es una especie de colofón a El espía que surgió del frío (1963), la tercera de sus dos docenas de novelas y la puerta por la que muchos lectores entran en su obra y se vuelven adictos a Le Carré.

Por su parte, Macintyre es desde hace años columnista en The Times de Londres y autor de 11 libros de no ficción, elegantes, acreditados y llenos de ironía; en los últimos años ha publicado varios sobre el espionaje británico en el siglo XX. Valora enormemente las cosas divertidas y absurdas. Su último libro es Los hombres del SAS, sobre los orígenes de las fuerzas especiales británicas, y ahora está trabajando en otro nuevo, sobre un caso de espionaje en la Guerra Fría.

En sus primeras obras, Le Carré presentó una hipótesis que fue toda una revolución: que los espías del Este y de Occidente eran dos caras de una misma moneda deslucida, igual de malos. Con la caída del Muro de Berlín, el autor perdió el andamiaje que sostenía su ficción. Sus libros posteriores son más airados, más polémicos, con una visión del mundo más oscura, en la que, a menudo, Estados Unidos es el villano.

El legado de los espías regresa al pasado desde la perspectiva del presente. Mayor y jubilado en Francia, el antiguo espía Peter Guillam, viejo conocido del atento lector de Le Carré, tiene que responder por unos pecados largo tiempo enterrados cuando los hijos adultos de las dos principales víctimas de El espía que surgió del frío, de pronto, presentan una demanda contra los servicios de seguridad. Guillam se ve obligado a revisitar los turbios preparativos y justificaciones de aquella operación. George Smiley también reaparece en la novela.

En Reino Unido el nuevo libro es todo un acontecimiento literario. El 7 de septiembre se celebrará en el Royal Festival Hall de Londres una lectura con sesión de preguntas y respuestas que será retransmitida en directo en cines europeos —en España, será en los cines Yelmo de Barcelona (Icaria) y Valencia (Mercado de Campanar)—.

El verdadero nombre de Le Carré es David Cornwell. Adoptó su seudónimo para poder conservar su trabajo oficial —como espía de su país, una tarea que llevó a cabo en los años cincuenta y primeros sesenta— y, al mismo tiempo, mantener separada su identidad de escritor.

 

Pregunta. Hacía mucho que no escribía sobre la Guerra Fría. ¿Por qué ha querido volver a ella ahora?

John le Carré. Porque me da la impresión de que, como dice Smiley al final del libro, resulta que lo que sucedió entonces no sirvió de nada. Los espías no ganaron la Guerra Fría. Al final, su labor no valió absolutamente para nada. Quería aplicar a los personajes la experiencia de mi propia vida y examinar qué fue de ellos desde un punto de vista humano, humanitario. Y después situar toda la historia en este vacío en el que vivimos ahora, que está ocupado por unas fuerzas verdaderamente amenazadoras. Lo que caracteriza el periodo de la Guerra Fría es que, por lo menos, teníamos una misión que nos definía. Ahora, nuestra misión es sobrevivir. El factor que une a Occidente es el miedo. Todo lo demás es discutible.

 

P. Ben, usted ha dicho que la obra de David influyó mucho en que empezara a interesarse por el mundo del espionaje. ¿Cuál fue la primera novela suya que leyó?

Ben Macintyre. Creo que fue El espía que surgió del frío. Me afectó profundamente. Siempre he pensado que los libros tenían que estar basados en unas experiencias reales. No es casual que varios de nuestros mejores escritores fueran además espías: Greene, Somerset Maugham, Ian Fleming, Priestley y tú, David. Son personajes que inventan un pasado, inventan un presente e intentan imaginar un futuro.

J. L. C. Y además hay que tener en cuenta todas las variaciones del carácter de una persona. ¿Puede ser así? ¿Puedo convertirle en esa otra persona? En realidad, todos esos detalles son los que de verdad preocupan a un novelista. Una de las cosas que me fascinan del mundo de los servicios de inteligencia es que es un auténtico reflejo de la sociedad para la que trabajan. Si quieres estudiar la psicología de una nación, examina el mundo de los servicios secretos.

Cuando eran jóvenes, tanto Le Carré como Macintyre fueron abordados por los servicios de inteligencia británicos, que quisieron reclutarlos. Sus experiencias fueron totalmente distintas. Le Carré, que venía de una infancia horrible, con un padre que era un famoso estafador, se apuntó. Macintyre, a quien se lo propuso un profesor durante su último curso en Cambridge y que acudió a una entrevista con alguien llamado Comandante Halliday, se resistió.

J. L. C. Ben procedía de una familia sólida, un buen ambiente, un padre interesante, todo eso [el padre de Macintyre era catedrático de historia en Oxford]. Yo, en cambio, tenía la curiosa sensación de que necesitaba una institución estable, incluso una especie de institución paternalista. Quiero decir que, aunque mi familia era de clase media, era un entorno de delincuencia. Y eso hizo que a los espías les interesara mucho reclutarme, porque llevaba el latrocinio incorporado de fábrica.

B. M. Lo mío fue el típico toquecito en el hombro. La verdad es que fue bastante divertido. Un profesor al que no conocía demasiado se me acercó corriendo y dijo: “¿Qué va a hacer usted después de la universidad?”. “No lo tengo claro”, respondí. Y dijo: “Bueno, el Foreign Office [Ministerio de Exteriores] tiene algunas áreas que son distintas de las demás. En cierto sentido, sin ser distintas del propio Foreign Office”. Siguió así unos cinco minutos. Por supuesto, yo sabía exactamente a qué se refería, pero nunca llegó a decirlo con todas las letras. De modo que fui a Carlton House Terrace [donde el MI6 tenía unas oficinas]. Está claro que había varios Comandantes Halliday porque conozco a otras personas que se entrevistaron con otros Halliday. El mío llevaba calcetines y sandalias, algo que me inquietó bastante. Me sentí halagado e interesado, y es probable que David tuviera la culpa de mi interés, con unos personajes tan tan fascinantes y corruptos. Me refiero a que hay en los servicios de inteligencia británicos un elemento sórdido, como a la deriva. No sé si hace que la gente pierda el rumbo o si hay que haber perdido ligeramente el rumbo para querer dedicarse a ello.


P. ¿Qué ocurrió entonces?

B. M. Fui a otra reunión.

J. L. C. ¿Y no te invitaron a comer?

B. M. No, no hubo comida. Me disponía a irme a Estados Unidos, y no me vi trabajando en ello. Pero me pareció fascinante, como escritor de no ficción. Escribir sobre este mundo te permite abordar las mismas cosas que suelen tratar los novelistas: lealtad, amor, traición, romance, aventura. Y como los espías se inventan su propio mundo y, con frecuencia, su pasado, su credibilidad como narradores es escasísima. Todo eso es un maravilloso telón de fondo de verdades y mentiras sobre el que trabajar.

Las novelas de David son tan extraordinarias porque están llenas de verdad emocional y psicológica, pero son novelas, desde luego. Y lo que yo intento hacer en mis libros es escribir algo que se lea con tanta fluidez como una novela, pero que se atenga por completo a lo que sucedió.

 

P. ¿Existe algo en la psique británica que convierte el espionaje, o al menos la duplicidad, en una perspectiva seductora?

B. M. Sí, los británicos somos especialmente susceptibles a la doble vida, ¿verdad? ¿Será porque somos una cultura teatral e infiel?

J. L. C. Yo creo que es porque la hipocresía es el deporte nacional. En nuestra clase social, en mi época, el colegio privado era un proceso deliberadamente brutal que te separaba de tus padres, y tus padres eran cómplices de ello. Te llenaban la cabeza de ambiciones imperiales y luego te soltaban en el mundo con un sentimiento totalmente elitista y un corazón de hielo.

B. M. No existe nadie más dotado para el engaño que un británico educado en un colegio privado. Es capaz de estar a tu lado en la cola del autobús y estar sufriendo un ataque de nervios gigantesco sin que tú te enteres de nada.

J. L. C. Cuando te has convertido en ese niño paralizado pero, por fuera, eres un tipo aparentemente normal e incluso encantador, existe dentro de ti un gran erial que está esperando a que alguien lo cultive.

 

P. David, usted ha hablado de su infancia, de su padre, que era un tremendo delincuente, de que le enviaron a un internado cuando tenía cinco años y de las mentiras que dominaban toda su vida. ¿Cómo influyó todo eso cuando el MI5 le reclutó?

J. L. C. En mi niñez, la verdad no existía. Todos participábamos en las mentiras. Para llevar la casa sin dinero era necesario mentir todo el tiempo: al dueño del taller, al carnicero, en todas las tiendas del barrio. Y luego estaba el elemento añadido de la clase social. Mis abuelos, mis tías y mis tíos eran de clase obrera: peones, albañiles, ese tipo de cosas. Uno de ellos instalaba postes de telégrafo. Crearse un personaje simpático, bien hablado y con grandes dotes sociales, como hizo mi padre, no era cosa fácil. Cuando yo estaba en el internado, tenía que mentir sobre la situación de mis padres.

B. M. ¿Lo que acabas de describir es el origen de tus novelas? ¿Tu capacidad de imaginarte como otra persona?

J. L. C. Sin ninguna duda. Quiero decir: la infancia, a mi edad, no es excusa de nada. Pero es cierto que mi infancia fue aberrante, peculiar, itinerante y completamente impredecible. Cuando estaba en el internado, no sabía dónde iba a pasar las vacaciones. Si mi padre decía que iba a venir a buscarme para pasar el día, había muchas probabilidades de que no lo hiciera. Así que yo les contaba a los demás chicos que me lo había pasado estupendamente con él cuando, en realidad, había estado sentado en un campo por ahí. La mezcla de soledad e incertidumbre fue muy fecunda. Y a eso hay que añadir el asombroso elenco de personajes deshonestos que pasaban por la vida de mi padre. Era inevitable que me encerrara en mí mismo y me inventara historias. Y no hay que desdeñar la herencia genética que recibí de él, de un hombre que, cuando la policía estaba buscándole, o se había declarado en bancarrota, o Dios sabe qué, y que había estado en la cárcel, se atrevió a presentarse como candidato al Parlamento. Tenía una inmensa capacidad de inventar. No tenía ninguna relación con la verdad. Hablaba conmigo por la mañana, y yo le llevaba la contraria, y por la noche me aseguraba: “Eso no es lo que te he dicho”.

 

P. ¿Ve paralelismos con la idea de verdad del presidente Trump?

J. L. C. Exacto. Trump es el modelo más reciente. Antes fue [el magnate británico de la prensa] Robert Maxwell. Los paralelismos son extraordinarios. Mi hermana también reconoce ese mismo síndrome. La falta absoluta de verdad.

 

P. ¿Creen que los rusos saben algo verdaderamente comprometedor para Trump?

B. M. Le puedo decir lo que piensan los veteranos del SIS [los servicios de inteligencia británicos, el MI6]: que sí, tienen kompromat [material comprometedor] que le implica. Por supuesto, tienen kompromat sobre todo el mundo. Se supone que acumulan esos documentos para empezar luego a publicarlos poco a poco. Utilizan a un antiguo miembro del MI6, Chris Steele, que es un chivo expiatorio, le cuentan varias cosas que son ciertas, otras que no lo son y otras de las que se puede probar que están equivocadas. De esa forma, Trump puede negarlo a pesar de saber que, en sus fundamentos, la historia es cierta. Y se queda ya incómodo para el resto de su mandato. Es importante recordar que Putin es un oficial entrenado en el KGB y que conserva su manera tradicional de pensar.

J. L. C. La mentalidad que impera hoy en Rusia, desde el punto de vista de Putin, es la misma que impulsó las conspiraciones más exóticas durante la Guerra Fría. Fue útil entonces y es útil ahora. En cuanto a Trump, sospecho que tienen lo que dicen, porque lo han negado. Si lo tienen y le han tendido una trampa a Trump, tienen que decir: “No, no tenemos nada”. Mientras que a Trump le dicen: “¿Has visto qué buenos somos contigo?”.

B. M. Y luego está esa maravillosa abogada rusa [Natalia Veselnitskaya, que asistió a la reunión con Donald Trump Jr. en la Trump Tower, antes de las elecciones] que parece sacada de uno de nuestros libros, un personaje que puede tener conexiones con el Estado ruso. ¿Quién sabe? Están en ese terreno neblinoso en el que se pueden negar las cosas. Es lo que se denomina una maskirovka —mascarada—, esa zona en la que creas tanta confusión e incertidumbre, tanto misterio, que nadie sabe cuál es la realidad.

J. L. C. Para Putin es una especie de música de fondo que le permite seguir haciendo cosas. Puede que la prueba definitiva sean los documentos que se intercambiaron sobre la Trump Tower de Moscú [que parece que Trump estaba pensando construir], o puede que no. Luego están todos los embrollos del Cáucaso, que son los verdaderamente siniestros. Hay pequeños escándalos que hacen pensar, al sumarlos, que Trump fue a Rusia a pedir dinero. Y eso encajaría con el dato de que no es ni la décima parte de lo rico que finge ser.

Durante la comida, Le Carré y Macintyre hablan de espías a los que conocieron personalmente o de los que han oído hablar: espías rusos, agentes del MI6, dobles agentes y viejos espías jubilados que tienen la costumbre de ir a ver a Le Carré cuando visitan Reino Unido. Macintyre menciona a Kim Philby, protagonista de su libro Un espía entre amigos, publicado en 2014, y miembro del famoso grupo de agentes dobles de los años cincuenta conocido como Los cinco de Cambridge. En el primer viaje que hizo Le Carré a Rusia, a finales de los ochenta, le dijeron que podía entrevistarse con Philby, que había desertado y vivía en Moscú (Philby murió en 1988).

J. L. C. Fue antes de la caída del muro, y nuestro embajador intercedió ante Raisa Gorbachov. Me presentaron a mucha gente como el acompañante ruso de Philby y otros espías. Entonces me ofrecieron la oportunidad de conocerle a él. Sentí un arrebato de odio. Pensé: “¿Quiere verme? Pues no le voy a dejar”. No me apeteció servirle de consuelo.

B. M. ¿Te arrepientes ahora, David? ¿Crees que deberías haber ido?

J. L. C. Por pura curiosidad humana. Pero ahora me da la sensación, como supongo que te la da a ti, de que tengo una imagen muy clara de él. Era mucho más inteligente y encantador de lo normal, y era perverso. Le encantaba lo que hacía. Con las traiciones, estaba en su elemento.

 

P. Y ahora, David, ¿ha dicho adiós a Smiley?

J. L. C. Smiley me ha dado estabilidad durante mi vida de escritor. Ha sido un ayudante bondadoso y un magnífico compañero de escritura. Creo que es el que tiene la clave para llegar a mí. Supongo que todos los que escribimos, ficción y no ficción, tenemos que identificarnos con nuestro personaje principal; en el caso de Smiley es más como un diálogo. Pero ya ha dicho todo lo que tenía que decir. Además, tiene alrededor de 120 años.

B. M. Se ha ganado su jubilación.

 

P. Después del acto en el Royal Festival Hall concederá una entrevista a los medios de comunicación alemanes. ¿Qué hará después?

J. L. C. Creo sinceramente que será mi última intervención en público. Para entonces tendré 86 años, así que debo ser realista. Quizá me queden fuerzas para escribir una novela más. Y, si no es buena, tengo a todo un equipo de revisores implacables que me lo dirán. Siempre he pensado que Graham Greene, por ejemplo, siguió escribiendo demasiado tiempo.

 

P. Pero, para un escritor, es difícil no escribir, ¿no?

J. L. C. Es lo único que puedo hacer, en cierto modo. No soporto la inactividad. No soporto no escribir.


P. ¿Cree que ha completado un ciclo o una etapa de su vida?

J. L. C. Supongo que, para mí, esto es una especie de celebración. Siento que he adquirido por fin la madurez suficiente para afrontar la verdad a solas.

 

 

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