Viernes, 15 Enero 2021 05:47

2020: desde la A hasta la Z

2020: desde la A hasta la Z

 A como ‘Artsaj’. Hasta que en septiembre estallara la guerra entre Azerbaiyán y las fuerzas étnicas armenias de esta "republiqueta" de facto (bit.ly/3hSpw89), pocos ubicaban este nombre. Pero allí nació la guerra moderna y la táctica militar pasó del siglo XX al XXI. El uso masivo e innovador de drones armados (turcos e israelíes), empleados hasta ahora más en operaciones de inteligencia o asesinatos extrajudiciales, le dio la superioridad al lado azerí por encima de las viejas doctrinas postsoviéticas armenias e inauguró una nueva época, confirmando de paso la relevancia para la izquierda del análisis militar del que en su tiempo fue pionero Engels −el "cumpleañero" de 2020 (bit.ly/3ofsV33)−, con su mirada de como el avance tecnológico moldea el moderno campo de batalla (véase: W. Streeck bit.ly/3hO6W0z).

B como ‘biopolítica’. Hablando de "la invención de una pandemia" (bit.ly/3oinvEs) −a punto de ser acusado de negar su gravedad (bit.ly/3hF0n0t)− G. Agamben logró poner la luz a la enorme capacidad del Estado de restaurar los disciplinamientos (M. Foucault) y dominios perdidos en años recientes al sustituir el "terrorismo" por una "amenaza médica" (bioseguridad) y miedo al virus que despolitiza/paraliza la acción mediante el permanente "estado de excepción" (C. Schmitt).

B como ‘#BlackLivesMatter (BLM)’. El asesinato de George Floyd, en mayo, por un policía en Minneapolis ("¡No puedo respirar!") ha sido una chispa que encendió las protestas a los largo de Estados Unidos (y el mundo), dando a luz todo un movimiento en contra de la brutalidad policiaca, el racismo sistémico y la asfixiante −literalmente (véase: A. Mbembe, bit.ly/38a9xyU)− pandemia que mata de manera desproporcionada a las personas de color (bit.ly/2Xbn9Dz).

C como ‘colonialismo’. Si bien al principio el coronavirus fue tildado como "un gran igualador" (sic), pronto resultó que no todos sentían sus efectos por igual y que las poblaciones de color, marginadas o los refugiados eran los más vulnerables. La pandemia demostró también la persistencia del colonialismo −"todo aquel modo de dominación basado en la degradación ontológica de las poblaciones dominadas por razones etnorraciales" (véase: B. de Sousa Santos, bit.ly/2Ydmm6S)−, y de la “línea abisal que separa los cuerpos racializados y ‘blancos’” ( Ibíd., bit.ly/3cXZdtq), siendo Palestina el mejor ejemplo de cómo la pandemia, acelerando incluso el proyecto colonial de asentamientos israelíes, agravó aún más la precariedad de los cuerpos colonizados/ocupados palestinos y el trato desigual entre ellos y los ocupantes desde lockdown (bit.ly/2LmckvR) hasta el acceso a vacunas (bit.ly/2JNPtsN).

E como ‘esperanza’. En medio de la pandemia hubo también buenas noticias: la recuperación de la democracia en Bolivia y la arrasadora victoria del MAS, el triunfo del plebiscito que abrió la puerta para remplazar la Constitución pinochetista en Chile o la legalización del aborto en Argentina, pero abrazar la esperanza para 2021 implica también reconocer las fallas como las de Sanders o la incapacidad de construir un verdadero "bloque nacional progresista" en Estados Unidos (véase: M. Davis, bit.ly/3rT977P).

M como ‘monumento’. Los manifestantes que tiraban en el año pandémico a lo largo del mundo las estatuas de esclavistas, colonizadores y genocidas −un impulso inducido por el #BLM y un claro reclamo por el espacio público ( bit.ly/2MtEvcL)−, han sido acusados de "borrar la historia", pero en realidad lo que hacían era permitir que ésta sea contada por fin "desde el punto de vista de las víctimas" (W. Benjamin) y que se viera "más claramente" (véase: E. Traverso bit.ly/2JPXPAb).

M como ‘metáfora’. Junto con la pandemia llegó la infección del lenguaje: una avalancha de analogías sin ningún rigor que ocasionó "una verdadera infestación, contaminación y destrucción de la semántica" que más que explicar lo que acontecía, ayudaba sólo "a aislar el significado y trivializar la crisis" ( bit.ly/3bqRXc7); igualmente el uso de metáforas bélicas −alusiones a la Segunda Guerra, etc.− tendía más bien a "amenazar y limitar nuestras libertades" (véase: C. Ginzburg bit.ly/35eLU6s).

P como ‘pandemia’. Sin lugar a duda la palabra del año (bit.ly/3n3Aclc). El mundo −y nuestras vidas− quedaron "patas arriba" cuando el trabajar desde casa o el distanciamiento social se volvieron "la nueva normalidad". Cambió el año (el calendario gregoriano). Pero aún no se perfila una salida clara (bit.ly/38jj5Yv) y lo que arrancó con él −ahora en medio de la segunda ola de contagios, la re-imposición de las restricciones y el inicio de la vacunación− sigue. Y continuará.

Z como ‘Zoom’. Aunque al principio el traslado masivo, debido a las medidas del confinamiento, de actividades laborales, educativas y sociales a plataformas privadas en línea, se vislumbraba como "una gran explosión de la creatividad" y "una muestra de adaptación", pronto empezó a parecer lo que realmente era: el triunfo del "capitalismo de la vigilancia" (S. Zuboff), la extensión del control ejercido a través de las cámaras de video a cargo de la industria hightech y bigdata (Google, Facebook etc.), el avance de la "celularización social", despolitización, y −en el caso de la educación superior− la aceleración de la muerte de la universidad presencial (véase: G. Agamben, bit.ly/38Xlpn2).

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Un yemení camina entre los retratos de las tumbas de los últimos yemeníes, que supuestamente fueron asesinados en la guerra en curso del país, durante el aniversario de la Semana de los Mártires celebrada por los hutíes en un cementerio de Yemen. — EFE

La guerra de Yemen suscita una larga serie de ambiciones en distintos países de Oriente Próximo, desde Arabia Saudí a los Emiratos Árabes Unidos, desde Irán a Israel. En la víspera del cambio de presidente en Estados Unidos, los distintos agentes tratan de acceder a posiciones ventajosas, mientras que Joe Biden tendrá que ocuparse pronto de este conflicto catastrófic

 

La brutal explosión que tuvo lugar hace unos días en el aeropuerto yemení de Adén, en la que murieron 26 personas y dejó decenas de heridos, fue atribuida inicialmente a los hutíes aunque nadie la ha reivindicado todavía. Fue otro azote en un país que sufre una guerra terrible desde hace más de un lustro que ha traído un sinfín de calamidades, especialmente para la gente corriente.

Es obvio que el momento del ataque fue coordinado puesto que ocurrió coincidiendo con la llegada al aeropuerto del nuevo gobierno yemení que con anterioridad había prestado juramento al presidente Abdel Rabbu Mansur Hadi, exiliado en Riad, la capital de Arabia Saudí.

El nuevo gobierno se formó un año después de que se firmara el acuerdo de Riad entre el gobierno de Yemen reconocido internacionalmente y la organización separatista del sur del país, el Consejo de Transición del Sur, que persigue la independencia de la zona bajo su control y que en abril pasado anunció unilateralmente el establecimiento de una región autónoma.

Algunos medios recibieron con satisfacción el acuerdo, dando la impresión de que ha comenzado una nueva etapa en la sangrienta historia moderna de Yemen. Sin embargo, el acuerdo no es entre los rebeldes hutíes y el gobierno de Yemen, sino entre el gobierno y los separatistas que decidieron separarse del gobierno y combatirlo.

La limitada satisfacción también es prematura puesto que hay sectores dentro del mismo Consejo de Transición del Sur y distintas tribus locales, que están disconformes al considerar que el acuerdo atiende a los intereses de las tribus del norte y al control de los campos de petróleo y gas del sur.

Además, el acuerdo, que garantiza una generosa ayuda económica de Arabia Saudí, no prevé la evacuación de la presencia de los Emiratos Árabes Unidos de Socotra, donde los Emiratos planean establecer bases militares que permitirán a Israel controlar el acceso al mar Rojo. De hecho, distintos medios árabes y hebreos han indicado que en la zona ya se encuentra personal israelí.

El cruce de acusaciones por la explosión del aeropuerto se ha visto incrementado con la publicación en varios medios de una fotografía, inicialmente aparecida en el diario yemení Watan al Gad, del agregado militar de Yemen en los Emiratos, el general Shalal Ali Shaye, responsable de la seguridad de Adén, abandonando el aeropuerto precipitadamente en un vehículo blindado instantes antes de que se produjera el ataque.

Según la información inicial, la explosión tuvo lugar mediante un ataque coordinado de morteros, misiles y drones, material que tienen en su poder los hutíes. No obstante, ese mismo material ha sido entregado por los Emiratos Árabes Unidos al Consejo de Transición del Sur.

También se ha argumentado que los hutíes tienen que estar detrás porque son los más perjudicados por el acuerdo entre el gobierno y el Consejo de Transición del Sur. En realidad, también Irán, Qatar y Turquía han expresado su disgusto con el acuerdo, y los iraníes especialmente mantienen relaciones con los hutíes.

Se da la circunstancia de que Irán, Qatar y Turquía se enfrentan a los Emiratos de una manera clara en distintos frentes de Oriente Próximo, y que los Emiratos apoyan y arman al Consejo de Transición del Sur con el objetivo de conseguir la independencia del sur y plantar allí una presencia militar estable.

De entrada hay dos partes sospechosas de provocar la explosión de Adén, los hutíes y los emiratíes. Pero en los días siguientes al ataque algunos medios yemeníes señalaron también a Arabia Saudí, un país que está metido hasta el cuello en el conflicto y cuyos intereses son ahora distintos a los de los Emiratos, a pesar de que los dos países entraron en la guerra de la mano.

En resumen, es difícil determinar quién llevó a cabo el ataque puesto que sobran candidatos, los rumores de conspiración están a la orden del día y no faltan motivos para justificarlos. En este contexto, el presidente electo Joe Biden tomará posesión del cargo el 20 de enero y esto está alterando la sensibilidad de las potencias regionales.

Tanto los hutíes como los emiratíes y los saudíes están aprovechando los últimos días de Donald Trump para asentar sus posiciones. Aunque nadie sabe cuáles serán sus primeros pasos, Biden ya ha dejado caer que no simpatiza mucho con el príncipe saudí Mohammad bin Salman y lo más probable es que esté trazando un plan para poner fin a la guerra de Yemen.

En 2015, tras la entrada militar de Arabia Saudí en Yemen, todavía bajo el mandato de Barack Obama, el general americano Lloyd Austin declaró ante el Congreso: “Desconozco cuáles son los fines y objetivos específicos de Arabia Saudí en la guerra de Yemen, y debería conocerlos para valorar las perspectivas de éxito”. Un lustro después, podría repetir esas palabras.

El diario Haaretz se hizo eco esta semana de que Israel tiene mucho interés en lo que está sucediendo en Yemen, una circunstancia que ya han señalado numerosos medios árabes pero también hebreos. El responsable de los servicios de inteligencia hutíes, Abdullah Yahiya al Hakim, ha advertido que, tras su propio fracaso, Arabia Saudí "ha solicitado la intervención de los sionistas".

La situación de Yemen es cada día más compleja, y si Biden decide castigar a los saudíes, los emiratíes, estrechos aliados de Israel, pueden ser los más beneficiados, permitiendo que se restablezca el viejo Yemen del Sur que existió hasta la unificación ocurrida en 1990.

12/01/2021 07:28

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Mohammed bin Salman, príncipe de Arabia Saudí, y Sheikh Tamim bin Hamad al-Thani, el emir de Qatar, reunidos durante la cumbre. — Reuters

Esta semana, después de tres años de bloqueo, Qatar y la coalición árabe rival han firmado la reconciliación en Arabia Saudí. Todavía es pronto para saber las consecuencias que tendrá esa escenificación, debido a sus intereses dispares. Frente a la moderación de Qatar, se encuentra el extremismo de la coalición árabe espoleada por Israel.

 

Es probablemente el efecto Joe Biden el que está detrás de la reciente normalización de relaciones entre los países del Golfo y Egipto, por un lado, y Qatar por el otro, después de más de tres años de bloqueo de este país, una normalización que ha llegado solo unos días antes de que el ganador de las elecciones americanas acceda a la Casa Blanca el próximo 20 de enero.

Está claro que la victoria de Biden no ha sentado nada bien a países como los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Bahrein o Egipto, pero al ver las orejas del lobo no les ha quedado más remedio que dar ese paso, y eso pese a haberse puesto al cobijo de Israel, otro país donde está costando asumir las inciertas consecuencias del recuento de votos en EEUU.

La ruptura de relaciones de los países mencionados con Qatar fue un disparate. La prueba es que los países moderados del Golfo, Kuwait y Omán, no la secundaron. Al final, las duras sanciones impuestas por la coalición no han conseguido los objetivos que se marcaron los príncipes Mohammad bin Zayed y Mohammad bin Salman.

La coalición exigía el fin de las emisiones del canal de televisión Al Jazeera que emite desde Doha, el desmantelamiento de la base militar que Turquía tiene en Qatar, la persecución de los Hermanos Musulmanes y el enfriamiento de relaciones entre Qatar e Irán. En resumen, el bloqueo ha sido un fracaso que al final emiratíes y saudíes han tenido que comerse con patatas.

Al Jazeera, especialmente en el canal árabe, es una emisora moderna y de una calidad excepcional que ocupa el primer lugar del podio en cuanto a difusión en Oriente Próximo. Cansados de emisoras anquilosadas y reaccionarias que se limitan a reproducir las ideas de los gobernantes, la población de la región concede más credibilidad a Al Jazeera que a todos los demás medios juntos.

Los regímenes de la zona hace años que quieren cerrarla, y este fue uno de los motivos centrales del boicot a Qatar. Sin embargo, en el acuerdo de normalización que se alcanzó esta semana en Arabia Saudí, cuyo texto no se ha hecho público pero puede deducirse de las declaraciones de los interesados, no se hace ninguna mención a Al Jazeera, por lo que es de desear y esperar que la cadena siga informando como hasta ahora.

En cuanto a la base militar turca, se debe señalar que Qatar también alberga la principal base americana en la región, y pese a ello mantiene unas excelentes relaciones con Teherán. Junto con Qatar, los turcos son los principales defensores del islam político, una ideología que ha sido proscrita en los Emiratos y Arabia Saudí como "terrorista".

Después del acuerdo de reconciliación, Qatar ha dicho que la vuelta a la normalidad con la coalición hasta ahora enemiga, no va a repercutir en sus relaciones con Turquía e Irán. La coalición ha tenido que tragarse este otro sapo y ahora espera con inquietud lo que decida la administración Biden respecto al programa nuclear iraní.

El acuerdo nuclear, que fue negociado arduamente por el presidente Barak Obama y firmado en 2015, fue cancelado por Donald Trump unos años después siguiendo instrucciones de Israel. La ruptura del acuerdo no ha logrado ninguno de los objetivos declarados, al contrario, ha llevado más tensión a Oriente Próximo, de manera que solo ha beneficiado a Israel y a sus recientes aliados árabes, cuya política de confrontación se ha puesto incondicionalmente al servicio de Israel.

Cabe preguntarse qué repercusiones tendrá la firma de la reconciliación. El tiempo dirá si cuaja o no, algo que todavía es pronto para ver. Una indicación de que podría ser una falsa reconciliación o una reconciliación puramente táctica puede verse en el hecho de que varios mandatarios árabes no acudieron a su firma en Arabia Saudí.

El caso más notorio es el del príncipe emiratí Mohammad bin Zayed, cuya ausencia no pasó desapercibida. Bin Zayed es el principal agente desestabilizador en la región, solo por detrás de Israel, y anda metido en prácticamente todos los saraos militares de la zona y del norte de África, bien directamente o bien por medio de intermediarios que no hacen asco a sus abundantes dólares.

Uno de los pecados originales de Qatar, que nunca se le perdonó, fue precisamente salirse de la coalición árabe que participó en la guerra de Yemen dirigida por el emiratí Bin Zayed y el saudí Bin Salman, un conflicto terrible que ha causado grandes calamidades y al que la nueva administración Biden debería poner punto y final cuanto antes.

Son muchas las cuestiones que quedan en suspenso para creer que el abrazo que esta semana se dieron los mandatarios de Arabia Saudí y Qatar sea realmente sincero y no falso, y que el bloqueo de tres años que ha sufrido Qatar a partir de 2017 vaya a terminar solo porque los aviones qataríes puedan sobrevolar el cielo de Arabia Saudí y los Emiratos.

En 2017 los cálculos de Riad y Abu Dabi eran que muy pronto Qatar se pondría de rodillas y volvería sumiso a la coalición, algo que nunca ocurrió. La economía qatarí sufrió, pero resistió con valor las presiones y el bloqueo, y esto ha sido una nueva lección para Riad y Abu Dabi en el sentido de que todo el dinero del mundo, las armas occidentales más sofisticadas y el amparo de Israel no siempre bastan para que se cumplan los planes de uno.

 10/01/2021 12:25 Actualizado: 10/01/2021 12:27

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Estados Unidos, la democracia que nunca fue

Vaya por delante la condena. Pero de allí a lanzar loas a la democracia estadunidense es una falta de respeto. Menos aun señalar su ejemplaridad. Azuzados por el presidente Donald Trump, sus seguidores no dudaron en asaltar el Capitolio bajo la consigna de haber sido víctimas de fraude y robo en las elecciones presidenciales. Son muchos quienes le siguen, dentro y fuera de las instituciones. Cien representantes en la Cámara y siete senadores han negado validez al triunfo de Biden. Para ellos, América se encuentra secuestrada por vendepatrias. Por consiguiente, la sociedad estadunidense es víctima de una conspiración de negros, latinos, minorías sexuales, comunistas y socialistas, cuya finalidad es destruir el país.

Las imágenes de ciudadanos trepando paredes, rompiendo ventanas, invadiendo despachos, son un jarro de agua fría para quienes han aupado a Estados Unidos como salvaguarda de la democracia mundial. Analistas políticos, especialistas en relaciones internacionales, corresponsales, hacen piña. Sólo hay un responsable de la violencia: Donald Trump, un desequilibrado que no asume su derrota. Las cadenas de radio y televisión informan en tiempo real y a la par dan a conocer tuits de jefes de Estado y gobierno occidentales mostrando su rechazo a la toma del Capitolio y su reconocimiento a Joe Biden. El momento era relevante, se estaba validando formalmente, en sesión plenaria, la designación de Joe Biden como presidente. Penúltimo acto para el traspaso de poderes en la Casa Blanca el 20 de enero. Pero el ícono del poder legislativo, el Capitolio, era víctima de un ataque, según diría Hillary Clinton, perpetrado por terroristas nacionales. El acto protocolario se veía empañado, suspendiéndose la votación que ratificaba a Joe Biden como presidente. La "invasión" se cobraba la primera víctima, una mujer era abatida mientras trataba de colarse en la sala de sesiones.

Definir el sistema político estadunidense como una democracia, salvo que el concepto quede restringido a la mínima expresión, resulta poco serio. De ser así, son hechos auténticamente democráticos morirse de hambre o no tener cobertura médica. Pero vayamos a deshacer el entuerto. Esos senadores y diputados, reunidos en sesión plenaria, salvo excepciones, son los que, independientemente de su partido, han avalado anexiones territoriales, guerras, invasiones, golpes de Estado, bloqueos a terceros países, consolidado tiranías y financiado gobiernos autocráticos, lo cual contradice su respeto y apego a los valores democráticos. En América Latina, Asia y África hay ejemplos que harían enrojecer a cualquier demócrata. Sin olvidar que Trump no ha sido el primer presidente en mentir. Desde el genocidio de los pueblos originarios, la anexión de los territorios pertenecientes a México, la guerra contra Cuba, Vietnam y más recientemente la guerra contra Irak se fundan en mentiras. ¿Acaso se encontraron las armas de destrucción masiva? Ésa es la historia de Estados Unidos. Howard Zinn, Charles W. Mills, Sheldon Wolin o Noam Chomsky, entre otros, han cuestionado el sistema político que prevalece en Estados Unidos, tras sus actuaciones en Vietnam, Centroamérica, Chile e Irak, además de las leyes emergentes con posterioridad al 11 de septiembre de 2001. Totalitarismo invertido es la definición de Wolin para referirse al orden político en Estados Unidos, nacido de los atentados a las Torres Gemelas.

Presidentes como Kennedy, Nixon, Carter, Ford, Clinton, Reagan o Bush, padre e hijo, con todos los matices, se han saltado preceptos democráticos como la no intervención, el derecho de autodeterminación o el respeto a los derechos humanos. Además, durante sus administraciones, han utilizado mecanismos poco ortodoxos, democráticamente hablando, como avalar la tortura, crear noticias falsas, contratar mercenarios o desvalijar países enteros de sus riquezas. Sin despreciar la persecución a periodistas y aplicar la censura en las informaciones sobre las actividades de espionaje en su propio país o a sus aliados. Julian Assange y Edward Snowden son un ejemplo de lo dicho.

Crímenes y criminales de guerra, cuya impunidad está garantizada al no reconocer el Tribunal Internacional Penal, campan por su territorio, dan conferencias y reciben premios Nobel. Henry Kissinger, sin ir más lejos. Ninguna administración estadunidense está libre de haber patrocinado guerras, vender armas, traficar con estupefacientes, derrocar gobiernos democráticos y torcer el brazo a quienes se enfrentan y rechazan sus políticas unilaterales de corte autoritario. Pero si no es suficiente, debemos recordar que en su política doméstica Trump no ha sido una anomalía, al margen de sus excentricidades. Obtuvo más de setenta millones de votos. Además, las organizaciones supremacistas, neonazis, llevan décadas existiendo. La Asociación Nacional del Rifle y lobby, que van desde las farmacéuticas, compañías de seguros, multinacionales de la alimentación y las empresas tecnológicas de Silicon Valley, cuentan con un apoyo bipartidista. El Ku Klux Klan, el Tea Party, White Power, Skin Heads o Metal Militia no han sido creados por Trump, otra cosa es que los condene. Por otro lado, fue Barack Obama, premio Nobel de la Paz, quien aceleró la construcción del muro fronterizo con México, y según José Manuel Valenzuela Arce en Caminos del éxodo humano, durante su presidencia las deportaciones sumaron "2 millones 800 mil personas". En resumen, definir el sistema político bipartidista que rige Estados Unidos como un orden democrático es un despropósito si se trata de caracterizar el régimen político. Otra cosa es defender el imperialismo estadunidense, sus estructuras de poder y dominación y adjudicarles el papel de guardián de los valores occidentales, dizque democráticos. Pero ya sabemos, democracia y capitalismo son incompatibles.

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Las tres amenazas más graves para la vida en 2021

Enormes zonas del mundo, sin incluir a China ni a unos pocos países más, se enfrentan a un virus descontrolado que no se ha detenido a causa de la incompetencia criminal de los gobiernos.

El hecho de que estos gobiernos de países ricos dejaran de lado cínicamente los protocolos científicos básicos publicados por la Organización Mundial de la Salud y por las organizaciones científicas revela sus prácticas mezquinas. Todo lo que no sea centrar la atención en la gestión del virus mediante pruebas, rastreo de contactos y aislamiento -y si esto no es suficiente, entonces imponer un confinamiento temporal- es una temeridad. Es igualmente preocupante que estos países más ricos hayan seguido una política de “nacionalismo de vacunas” al acumular candidatos para las vacunas en lugar de una política para la creación de una “vacuna popular”. Por el bien de la humanidad, sería prudente suspender las normas de la propiedad intelectual y desarrollar un procedimiento que promueva vacunas universales para todos los pueblos.

Aunque la pandemia es el principal problema que ocupa nuestras mentes, hay otras cuestiones importantes que amenazan la longevidad de nuestra especie y de nuestro planeta. A saber:

Aniquilación nuclear

El 23 de enero de 2020, el Bulletin of the Atomic Scientistsestableció el Reloj del Juicio Final peligrosamente cerca, a 100 segundos para la medianoche. El reloj, creado dos años después de que se desarrollaran las primeras armas atómicas en 1945, es evaluado anualmente por la Junta de Ciencia y Seguridad del Bulletin, que decide si mover el minutero o mantenerlo en su lugar. Para cuando vuelvan a ajustar el reloj, bien podríamos estar aún más cerca de la aniquilación. Los tratados para el control de armamentos, que son ya bastante limitados, no son más que papel mojado en la medida en que las principales potencias poseen cerca de 13.500 armas nucleares (más del 90% de las cuales están solo en manos de Rusia y Estados Unidos). La producción de este armamento podría hacer fácilmente que este planeta sea aún más inhabitable. La Armada de los Estados Unidos ha desplegado ya ojivas nucleares tácticas W76-2 de bajo rendimiento. Es urgente incluir en la agenda mundial una serie de pasos inmediatos hacia el desarme nuclear. El Día de Hiroshima, que se conmemora cada año el 6 de agosto, debe convertirse en una fecha más sólida de meditación y protesta.

Catástrofe climática

Un artículo científico publicado en 2018 llevaba un titular sorprendente: “La mayoría de los atolones serán inhabitables a mediados del siglo XXI porque el aumento del nivel del mar intensificará las inundaciones provocadas por las olas”. Los autores descubrieron que pueden desaparecer todos los atolones desde las Seychelles hasta las Islas Marshall. Un informe de las Naciones Unidas de 2019 estimaba que 1 millón de especies animales y vegetales están en peligro de extinción. Agreguen a esto los catastróficos incendios forestales y el severo blanqueamiento de los arrecifes de coral, y está claro que ya no podemos perder más tiempo con clichés sobre una cosa u otra como canarios en la mina de carbón de la catástrofe climática; el peligro no está en el futuro, sino en el presente. Es esencial que las grandes potencias -que no quieren sacudirse los combustibles fósiles- se comprometan con el enfoque de “responsabilidades comunes pero diferenciadas” establecido en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992 en Río de Janeiro. Es revelador que países como Jamaica y Mongolia ajustaran sus planes climáticos a las prescripciones de la ONU antes de finales de 2020, como exige el Acuerdo de París, a pesar de que estos países producen una pequeña fracción de las emisiones globales de carbono. Los fondos comprometidos con los países en desarrollo para que participen en el proceso están prácticamente agotados y la deuda externa se ha disparado. Esto demuestra una falta de seriedad fundamental por parte de la “comunidad internacional”.

Destrucción neoliberal del contrato social

Los países de América del Norte y Europa han aniquilado su función pública en la medida en que el Estado se ha entregado a los especuladores y las fundaciones privadas han mercantilizado la sociedad civil. Esto significa que las vías de transformación social en estas partes del mundo se han visto obstaculizadas grotescamente. La terrible desigualdad social es el resultado de la relativa debilidad política de la clase trabajadora. Es esta debilidad la que permite a los multimillonarios establecer políticas que hacen que aumenten las tasas del hambre. Los países no deben ser juzgados por las palabras escritas en sus constituciones sino por sus presupuestos anuales; Estados Unidos, por ejemplo, gasta casi 1 billón de dólares (si se suma el presupuesto estimado de inteligencia) en su maquinaria de guerra, al tiempo que dedica una fracción de esa cantidad a bienes públicos (como atención médica, algo que se ha puesto en evidencia durante la pandemia). Las políticas exteriores de los países occidentales parecen estar bien lubricadas por acuerdos de armas: los Emiratos Árabes Unidos y Marruecos acordaron reconocer a Israel con la condición de que compraran 23.000 millones y 1.000 millones de dólares, respectivamente, en armas fabricadas en Estados Unidos. Los derechos de los palestinos, los saharauis y el pueblo yemení no influyeron en estos acuerdos. El uso de sanciones ilegales por parte de Estados Unidos contra 30 países, entre ellos Cuba, Irán y Venezuela, se ha convertido en parte normal de la vida incluso durante la crisis de salud pública de la COVID-19. Es un fracaso del sistema político que las poblaciones del bloque capitalista sean incapaces de obligar a sus gobiernos, que en muchos aspectos son democráticos sólo de nombre, a adoptar una perspectiva global ante esta emergencia. Las crecientes tasas del hambre revelan que la lucha por la supervivencia es el único horizonte de miles de millones de personas en el planeta (siempre que China sea capaz de erradicar la pobreza absoluta y eliminar en gran medida el hambre).

La aniquilación nuclear y la extinción debido a la catástrofe climática son amenazas gemelas para el planeta. Mientras tanto, para las víctimas del asalto neoliberal que ha asolado a la generación pasada, los problemas a corto plazo para sustentar su mera existencia desplazan preguntas fundamentales sobre el destino de nuestros hijos y nietos.

Problemas globales a tal escala requieren de cooperación global. Las principales potencias, presionadas por los Estados del Tercer Mundo en la década de 1960, acordaron el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares de 1968, aunque rechazaron la muy importante Declaración sobre el Establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional de 1974. Ya no existe el equilibrio de fuerzas necesario que impulse esa agenda de clase en el escenario internacional; las dinámicas políticas en los países de Occidente en particular, pero también en los Estados más grandes del mundo en desarrollo (como Brasil, India, Indonesia y Sudáfrica) son necesarias para que cambie la naturaleza de los gobiernos. Es necesario un internacionalismo sólido que preste una atención adecuada e inmediata a los peligros de la extinción: por guerra nuclear, por catástrofe climática y por colapso social. Las tareas que tenemos por delante son abrumadoras y no pueden aplazarse.

Por Noam Chomsky, Vijay Prashad | 08/01/2021 | 

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Noam Chomskyes un lingüista, filósofo y activista político legendario. Es profesor laureado de lingüística de la Universidad de Arizona. Su libro más reciente es Climate Crisis and the Global Green New Deal: The Political Economy of Saving the Planet.

Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista indio. Es compañero de redacción y corresponsal-jefe de Globetrotter. Es editor-jefe de LeftWord Books y el director del Tricontinental: Institute for Social Research. Asimismo, es miembro destacado no residente del  Chongyang Institute for Financial Studies, Universidad Renmin de China. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos The Darker Nations y The Poorer Nations. Su último libro es Washington Bullets, con una introducción de Evo Morales.

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El presidente francés, Emmanuel Macron, hace gestos mientras asiste a una conferencia de prensa en Beirut el 1 de septiembre de 2020. — GONZALO FUENTES / AFP

Emmanuel Macron es la última víctima de Oriente Próximo, una víctima ingenua que se propuso resolver la situación de Líbano jugando a la política no con los actores implicados directamente sino con los políticos libaneses. Desde principios de agosto, el presidente francés se emplea a fondo en negociar con destinatarios equivocados que ni pinchan ni cortan.

 

Aunque no es el único líder europeo que se ha ensuciado las manos con todo lo tocante a Oriente Próximo, Emmanuel Macron va siempre un paso por delante de sus colegas Angela Merkel y Boris Johnson. En cualquier caso, ninguno de los tres parece sufrir de remordimientos por lo que hacen y dejan de hacer y da la impresión de que duermen a pierna suelta.

El último capítulo de sus enredos se inició tras la terrible explosión del puerto de Beirut el 4 de agosto, cuando como si tuviera pocos quebraderos de cabeza dentro y fuera de Francia, Macron se empeñó en resolver la caótica situación de Líbano con una diplomacia no exenta de amenazas que a la postre solo ha servido para demostrarle que ha topado con un muro infranqueable.

Todos los conflictos de la región están ligados a la cuestión palestina, y casi todos están vinculados directamente a Israel, empezando por Irán, pasando por Yemen, y terminando por Egipto. Es una cuestión básica que Macron y sus socios europeos conocen perfectamente pero que prefieren ignorar para no ponerse a tiro del estado judío.

Esto les lleva a situaciones cómicas y de una hipocresía considerable que les obliga a responder de manera cínica a las políticas israelíes en Oriente Próximo, un mal de grandes proporciones que sigue creciendo porque los líderes europeos se niegan a enfrentarse a la raíz del problema: la ocupación israelí y la exportación del problema de la ocupación de los territorios palestinos y el Golán a otras zonas de la región.

Todavía están en la retina las imágenes de un Macron sonriente y satisfecho recibiendo con cara de circunstancias un baño de masas en Beirut. ¿Es posible que el presidente francés realmente creyera que podía solucionar la enquistada crisis libanesa y formar un gobierno a su medida sin acabar con la ocupación israelí? Da la impresión de que así fue, que Macron se lo creyó, y también da la impresión de que ahora está sorprendido de que su encomiable esfuerzo no haya dado resultados.

Le Monde recuerda que Macron visitó Beirut dos días después de la explosión, el 6 de agosto, y que prometió regresar el 1 de septiembre para verificar que los líderes libaneses estaban dispuestos a colaborar. Incluso llamó por teléfono a Vladimir Putin y a Hassan Rouhani para pedirles ayuda, un mal enfoque puesto que el único que podía ayudarle era Benjamin Netanyahu poniendo fin a la brutal ocupación militar.

Incluso se permitió organizar el 9 de agosto, y al amparo de la ONU, una conferencia internacional de donantes para Líbano que comprometió más de 250 millones de euros, poniendo, eso sí, la condición de que el dinero se canalizaría a través del ejército y no a través de un estado corrupto en el que absolutamente nadie cree.

Por si esto fuera poco, una semana después de su primera visita a Beirut, la administración de Donald Trump, teledirigida desde Tel Aviv, impuso sanciones contra dos exministros de Hizbola con el fin de meter un palo entre las ruedas de Macron, y acto seguido el secretario de Estado Mike Pompeo escribió una columna en Le Figaro cortando por lo sano la iniciativa del despistado presidente francés.

Como había prometido, Macron volvió a Beirut a principios de septiembre cargado con declaraciones pomposas sobre Líbano. Su presión condujo a la propuesta de formar un gobierno tecnócrata presidido por el independiente Mustafa Adib, quien enseguida tuvo que dimitir sin siquiera llegar a gobernar debido a las disputas internas, exacerbadas por las sanciones de EEUU.

Ahora Líbano espera como agua de mayo la salida de Trump de la Casa Blanca. Dirigida desde Tel Aviv, la administración americana se ha convertido en el primer problema de Oriente Próximo, incluso por delante de la cínica Europa, cuya pasividad letal viene acompañada de tanto en tanto por actitudes quijotescas e inútiles como la de Macron con Líbano.

La política exterior de Macron, por lo que se refiere al Mediterráneo y el Sahel, es la de alguien que quiere y no puede, sometido siempre a arrebatos puntuales y personales, en lugar de dejar que sean los expertos europeos quienes diseñen y ejecuten una política razonable por el bien de Europa y no en función de lo que ahora interesa o no interesa a París.

Esperando a Joe Biden, los libaneses pueden estar seguros de que sus problemas no se van a resolver pronto, como tampoco se va a resolver pronto la situación en Yemen. Todo está relacionado con la ocupación israelí y nada indica que Biden vaya a hincarle el diente a ese asunto, y menos teniendo como socio a una Europa anestesiada y sin iniciativas para lograrlo.

Pues bien, Macron regresó a Beirut a finales de septiembre, y su siguiente viaje, programado para el 22 de diciembre, se canceló debido a que el presidente se contagió de Covid-19. Es posible que más adelante vuelva a Beirut, pero eso no servirá de mucho, puesto que los problemas de Oriente Próximo estarán en el aire hasta que no se confronte la realidad y se resuelva la ocupación israelí, algo por lo que Macron y sus socios europeos no han hecho nada.

08/01/2021 07:27

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Soldados de la República Popular china desfilando en la plaza Roja de Moscú por el Día de la Victoria.

La inteligencia artificial y el futuro de la guerra

 

Los ejércitos integran regularmente las innovaciones tecnológicas para mejorar sus capacidades y tratar de dominar a sus adversarios. La inteligencia artificial (IA) no constituye una excepción a la regla y es objeto ahora de gran interés. China publicó en julio del 2017 el Plan de Desarrollo para la Nueva Generación de Inteligencia Artificial con el objetivo de convertirse en el 2030 en la principal potencia mundial en ese ámbito. Estados Unidos respondió en febrero del 2019 anunciando el lanzamiento de la Iniciativa de Inteligencia Artificial Estadounidense. De hecho, más de treinta países, incluidas las principales potencias militares, proponen hoy una estrategia nacional o iniciativas para aprovechar las oportunidades que ofrece esa prometedora tecnología.

Sin embargo, este entusiasmo suele causar preocupación entre el público en general. Por influencia de películas como Matrix o Terminator, el ciudadano corriente se pregunta si las máquinas no acabarán desempeñando un papel cada vez más dominante en el campo de batalla, limitando inexorablemente el lugar del hombre y deshumanizando la guerra. ¿Serán los avances en IA tan impresionantes que anularán el arte de la guerra y nos llevarán inexorablemente al Armagedón?

El primer escollo que debemos superar en los debates sobre la IA es la definición de la tecnología. Dada la gran diversidad de aplicaciones, no hay todavía consenso sobre ese punto. Por lo tanto, nos referiremos aquí a ella sencillamente como los programas informáticos de mañana. Esa tecnología es reciente y debemos distinguir entre lo que ya puede hacer y lo que podría llegar a lograr. La IA débil, que es una realidad en algunos ámbitos, resuelve problemas específicos y limitados. Una IA fuerte —que, a día de hoy, es sólo una promesa— sería capaz de llevar a cabo el conjunto de las tareas realizadas por los humanos.

Actuales aplicaciones militares

En el terreno militar, existen ya numerosas aplicaciones. Probablemente la más destacada sea el proyecto Maven. A los operadores estadounidenses que explotan imágenes y grabaciones recogidas en los teatros de operaciones les resulta imposible verlas todas de lo imponente que es el volumen de datos. Solamente un 15% del catálogo de inteligencia ha sido procesado previamente de ese modo. Maven es un algoritmo creado para alertar a los operadores cuando en las imágenes aparecen objetos de interés, como un vehículo o individuo específico.

Para la comunidad militar estadounidense, el interés de Maven es doble. Por una parte, sirve para acumular una gran experiencia en el aprendizaje de la utilización de la IA en un contexto operativo. La importancia que debe concederse a la calidad de las bases de datos que alimentan el software es subrayada, por ejemplo, por los generales estadounidenses. Por otra parte, la IA simplifica enormemente el procesamiento, la clasificación y el análisis de la ingente cantidad de datos recogidos.

Tal es hoy su principal contribución en el mundo militar. Ofrece la posibilidad de explotar con fines de defensa y seguridad el enorme caudal de información generado por la revolución digital. No es un arma decisiva en el campo de batalla. Es comparable más bien a otros inventos como la electricidad o el motor de combustión, que dieron lugar a una revolución industrial una vez consolidado su desarrollo y suscitaron evoluciones en la organización de las fuerzas armadas.

Su campo de aplicación puede extenderse al control de los datos físicos. Es posible anticipar ciertos fallos del equipo siguiendo la evolución de parámetros como la temperatura o el consumo de aceite de los motores o las turbinas. Si podemos anticipar cómo funcionan las piezas de los vehículos, aviones o barcos, resulta más fácil planificar los aspectos logísticos de una maniobra.

La profundización de las tácticas actuales

Las actuales aplicaciones militares de la IA son todavía limitadas, pero podrían desarrollarse rápidamente a corto y medio plazo. Podrían contribuir a desencadenar una nueva revolución en los asuntos militares (RAM). Definimos la RAM como un cambio en el ámbito de la táctica debido a la introducción de una nueva tecnología que suscita la creación de conceptos originales, el establecimiento de nuevas organizaciones y el desarrollo de equipos innovadores.

La RAM generada por la IA prolongaría la ampliamente descrita en la década de 1990. Tras la rápida victoria de Estados Unidos y sus aliados sobre los ejércitos iraquíes en 1991, muchos expertos se preguntaron por el papel de las tecnologías de la información en ese triunfo. Se impuso entonces un modelo. Cubriendo el campo de batalla con sensores y combinando los datos que pudieran recoger, el jefe de las fuerzas tendría una visión instantánea del dispositivo enemigo. Y podría entonces actuar de la forma más apropiada para maniobrar o dirigir el fuego y destruir las posiciones enemigas.

La introducción de la IA podría fortalecer y ampliar ese modelo. De entrada, siendo capaz de tener en cuenta datos mucho más variados y diversos que la posición de las diferentes tropas enemigas para elaborar una situación táctica. Su radio de acción es mucho más amplio. Los operadores podrán alimentar los algoritmos codificando los procedimientos, las doctrinas contrarias o el modo de dirigir, de razonar, de los generales enemigos. Las ciencias humanas se movilizarán para tener en cuenta parámetros psicológicos, constantes culturales, elementos sociológicos o capacidades económicas. El valor de los datos ya no será instantáneo, como en el caso de los sensores que barren el campo de batalla. Al dotar de sentido el pasado, podrían anticiparse mejor al futuro por inducción. La niebla de la guerra se despejaría más o menos según las circunstancias.

Además, la velocidad de ejecución de los algoritmos capaces de procesar y mejorar inmediatamente los datos recibidos dictará el ritmo de ejecución de ciertas tareas. Las máquinas podrán transferir instrucciones a la velocidad de la luz a otros ordenadores u operadores con fines de identificación, predicción, decisión o acción. El cerebro humano se verá sometido a una competencia cada vez más mayor, y la potencia de los procesadores se convertirá en la nueva vara de medir.

Disponer de una superioridad informática constante sobre el adversario proporcionará la ventaja de poder actuar y reaccionar más rápidamente a los acontecimientos. No cabe duda de que el ritmo de las operaciones vendrá dictado por el bando que posea la IA más potente. El ataque podría verse favorecido en el futuro.

Más robots en el campo de batalla

Por tanto, da la impresión de que la IA débil amplificará en un primer momento las orientaciones estratégicas ya tomadas en el marco de la RAM en los noventa. ¿Qué pasará cuando se confirmen los progresos de la IA, cuando sus rendimientos sigan aumentando significativamente? En primer lugar, es probable que otras tecnologías se desarrollen al mismo tiempo. Nanotecnologías, biotecnologías, armas de energía dirigida o dispositivos hipersónicos se beneficiarán de los avances de la IA y serán cada vez más indispensables en el campo de batalla, lo que a su vez estimulará su desarrollo.

Semejante efervescencia podría finalmente dar lugar a lo que los historiadores militares llaman una revolución militar (RM). Ese concepto designó en un principio el modo en que la aparición de la artillería y la renovación de la infantería en el campo de batalla condujeron en el siglo XVII a la creación de instituciones especializadas para producir armas y mantener a los soldados en campaña. Los estados, los únicos capaces de hacer frente a tales gastos, se vieron reforzados. De modo que una RM remite a transformaciones cualitativas en la estructura de los ejércitos y en la forma en que luchan, unas transformaciones que conducen a cambios políticos y sociales. Las RM tienen un alcance mucho más profundo que las RMA.

La potencia de los procesadores será la nueva vara de medir

La próxima RM podría verse desencadenada por la adopción cada vez más generalizada de la IA/automatización en los ejércitos. Ya en marcha para muchas otras funciones, esa automatización podría tomar ante todo la forma de un dron de combate tipo loyal wingman (compañero leal). Modelos como el Valkyrie XQ-58A estadounidense ya están en desarrollo. El concepto es sencillo: un robot se asocia estrechamente con un hombre a cargo de un sistema de armas (como un avión de combate, un vehículo blindado o incluso un buque). El robot tiene una autonomía cognitiva limitada. No piensa por sí mismo, pero responde a las intenciones de su dueño. Está equipado, por ejemplo, con una reserva de municiones, puede activar sensores suplementarios, puede incluso suministrar energía al sistema de armas dominante para que cumpla su misión durante más tiempo. De modo general, amplifica los recursos de que dispone el guerrero al que acompaña.

Sin embargo, el compañero leal quizá sea reemplazado en una o dos generaciones. El perfil de su sucesor podría depender de la decisión de privilegiar o no la automatización a ultranza. Existen en este sentido dos teorías opuestas: los defensores de una guerra de nuevo cuño y los humanistas militares.

Para los primeros, la IA ofrece oportunidades incomparables que hay que explotar al máximo. Captando con suma rapidez una situación táctica, tomando decisiones óptimas basadas en modelos probados, dirigiendo otras plataformas automatizadas, la IA puede animar robots que actúan de manera concertada en el espacio y el tiempo, realizando instantáneamente la maniobra más adecuada. La hiperguerra, donde desaparecería el proceso humano de toma de decisiones, o la guerra a la velocidad de la luz, impulsada enteramente por las nuevas tecnologías, sería en semejante escenario la norma.

Los defensores del humanismo militar se oponen a ese tipo de guerra de la que el hombre quedaría parcialmente excluido. Su rechazo puede estar motivado por el temor al desarrollo de contramedidas eficaces que volverían inoperantes a los robots, por el riesgo de una pérdida de control de las máquinas, por la idea de que la profesión de soldado perdiera su carácter heroico o por el rechazo de la posibilidad de que la muerte venga dada por algoritmos y sin intervención humana asumida.

De modo que podría extenderse otra forma de automatización para satisfacer en parte a los detractores de la automatización completa. El soldado del futuro podría ser el pastor de un rebaño de robots especializados. Podría asignar a cada máquina una tarea particular o, por el contrario, concederle cierta autonomía en el marco de su misión, una autonomía mucho más importante que en el caso del compañero leal, para concentrarse él en las operaciones esenciales. Uno o más robots se encargarían de vigilar una amplia zona con autorización previa, por ejemplo, para destruir cualquier ingenio hostil que entrara en ella. Liberado de numerosas tareas, el pastor estaría mejor capacitado para enfrentarse a otros acontecimientos imprevistos, utilizando al máximo su adaptabilidad y creatividad. Y, sobre todo, el lugar del hombre se mantendría dentro del círculo de decisión y acción.

Quizás el criterio decisivo para decidir cuál de esos modelos prevalecerá finalmente sea la eficacia de cada uno de ellos en el combate. En cualquier caso, la primera consecuencia de la difusión del par IA/automatización será la reducción del número de guerreros. Los robots no sustituirán a todos los soldados, cuyos rendimientos se verán sin duda aumentados por el añadido de prótesis y otros implantes; pero probablemente se encargarán de la parte más peligrosa de las misiones, como la entrada en primer lugar en una zona de alta letalidad. El ethos del guerrero humano podría evolucionar con su nuevo papel. La posibilidad de distanciarse físicamente de los lugares donde la violencia es más extrema modificará las expectativas. El soldado ya no será considerado como un héroe únicamente por el hecho de poseer determinados recursos morales para hacer frente a la brutalidad de la guerra. Disponiendo de superioridad tecnológica, su heroísmo se definirá también por la capacidad de dominar la violencia, de usar el nivel de fuerza adecuado en función de las circunstancias.

En el curso de los últimos años, con la multiplicación del uso de drones, se han señalado con frecuencia las consecuencias políticas de la automatización militar. Algunos expertos consideran que el costo político o económico de la guerra podría reducirse significativamente una vez que se afirmara la superioridad tecnológica de un bando. Sin embargo, eso supone olvidar que el enemigo siempre dispone de un voto para la guerra. Quizá ceda en el campo de batalla, pero puede adaptar su respuesta desplazando el teatro de la guerra. Golpeando con habilidad, puede aumentar el coste de la guerra para su adversario, ya sea desde el punto de vista humano (tomando represalias contra los ciudadanos del adversario), económico (actuando contra sus intereses) o simbólico (obligándolo a actuar al margen de las normas del derecho internacional o humanitario). La automatización no podrá evitar por completo semejantes respuestas.

En última instancia, lo que más probabilidad tiene de transformarse en caso de revolución militar es la relación del ciudadano con la guerra. Maquiavelo condenó severamente a los condottieri, mercenarios al servicio de las ciudades italianas, puesto que libraban, en su opinión, una parodia de la guerra y atenuaban el espíritu militar de los habitantes de las ciudades. Vio en ese fenómeno una explicación del fracaso de las ciudades Estado durante las guerras italianas del siglo XVI. Un proceso similar podría repetirse de prevalecer en los ejércitos una autonomización excesiva. De ceder una parte de su seguridad a los algoritmos, el ciudadano del futuro podría expulsar la guerra de su horizonte, dotar de gran autonomía a las instituciones encargadas de la defensa... y arriesgarse a un duro retorno a la realidad en el caso de que fracasaran sus robots militares.

¿Y después?

La cuarta y última etapa del desarrollo de la IA quizá sea la llegada de una IA fuerte. No cabe duda de que semejante acontecimiento desencadenaría una mutación en la relación entre el hombre y la guerra, equivalente a un cambio de civilización. Algunos futurólogos como Alvin Toffler han considerado que la sociedad humana sólo ha conocido tres mutaciones en el curso de su historia: la revolución agrícola, la revolución industrial y, por último, la revolución de la información. Kenneth Payne, investigador del King’s College de Londres y experto en la relación entre la IA y la estrategia, reduce a dos el número de mutaciones. La primera habría ocurrido hace unos cien mil años cuando las transformaciones cognitivas llevaron a la humanidad a conquistar el mundo. En esa época habrían aparecido los fundamentos de la guerra tal como la conocemos. Según Payne, una segunda mutación se producirá con el desarrollo de la IA, que impondrá nuevos patrones cognitivos y una nueva forma de librar la guerra.

Las IA débiles ya participan en la toma de decisiones. Es posible seleccionar modos automáticos de disparo, por ejemplo, en sistemas de defensa superficie-aire (como el Aegis) capaces de decidir solos qué objetivos priorizar. La auténtica ruptura se producirá cuando una IA fuerte pueda ofrecer una ayuda a la decisión en materias estratégicas, teniendo en cuenta de manera exhaustiva una considerable cantidad de datos procedentes de ámbitos cada vez más vastos.

Es probable que una IA razone de forma diferente a los humanos. Estos están sometidos en su elección a la fatiga, la presión del grupo o a importantes sesgos culturales. Además, la facultad de juzgar del ser humano depende de su deseo, su cuerpo, su conatus, por usar el término de Spinoza. No se corresponderá nunca con una racionalidad pura. La de la IA tampoco alcanzará semejante grado de perfección, pero podrá acercarse a él aplicando estrictas reglas de lógica. Dibujará caminos originales para alcanzar los objetivos asignados. Y ya lo hace: Lee Se Dol, campeón coreano de go, quedó desestabilizado durante una partida contra el programa AlphaGo por un movimiento de la máquina. La probabilidad de que un hombre realizara esa jugada se calculó en una entre 10.000, de lo incongruente que parecía. Ese movimiento permitió al software derrotar a su adversario humano.

No cabe duda de que ese enfoque cognitivo diferente, más lógico, completo y sistemático que el del hombre cambiará nuestro enfoque de la guerra. Desde luego, no abolirá por completo el azar o la incertidumbre. Sin embargo, a medida que la IA se vaya haciendo fuerte, reducirá la libre actividad del espíritu que caracteriza a la acción militar en la trinidad clausewitziana. El manejo del entendimiento puro, la encarnación de lo político en esa misma trinidad, que comprende también al pueblo, se extenderá a la esfera militar a través de las máquinas que actúan a ese nivel. Podría ocurrir entonces que las conexiones entre lo político y lo militar se simplificaran, se hicieran mucho más cercanas. Las dos entidades emplearían un método común para lograr un objetivo compartido. El uso de la violencia se ajustaría definitivamente al nivel suficiente para satisfacer las necesidades políticas. La guerra podría entonces no tener ya una gramática propia, una dinámica específica. Tras ello, los soldados, los generales, verían disminuir su utilidad.

* * *

El desarrollo de la IA está todavía en sus albores y sigue siendo incierto. La historia de la IA está salpicada ya por numerosos fracasos. Algunos de los caminos explorados en la década de 1970 y a finales de la de 1980 han resultado ser callejones sin salida, y pesaron muchísimo sobre las investigaciones de esa época. No obstante, reflexionar sobre sus aplicaciones potenciales puede ayudarnos a prevenir ciertos abusos o catástrofes.

En la actualidad, el observador se encuentra en una posición similar a la de un testigo del siglo XVI al que se pidiera que intentara formular las consecuencias de la introducción de la pólvora en el futuro de la guerra. Al corriente de los inventos de Leonardo Da Vinci y con un poco de imaginación, ese testigo habría podido imaginar que cada soldado acabaría disponiendo de armas individuales que usarían la pólvora para enviar proyectiles (los fusiles), que sus efectos podrían ser cada vez más destructivos (cañones con calibres cada vez más grandes). El límite se alcanzaría cuando el poder de destrucción fuera tan importante que pusiera en peligro la supervivencia de la especie humana (bombas atómicas, aunque sepamos que la tecnología es diferente).

Es posible concebir un proceso similar con la IA. La automatización se extenderá por los ejércitos; sobre todo, entre los soldados, que podrán apoyarse en los robots para cumplir sus misiones. La ayuda a las decisiones abrirá enormes oportunidades a los combatientes y a los encargados de tomar decisiones, y propondrá formas originales de alcanzar los objetivos que decidan fijar. Ahora bien, si los progresos de la IA continúan, la aparición de una IA fuerte, o incluso de una superinteligencia, podría poner en peligro el destino de la humanidad a largo plazo. De modo que a ella le corresponderá establecer barreras tecnológicas, conceptuales, operativas y organizativas para limitar la probabilidad de nuestra extinción, a la manera de los estrategas nucleares.

Por Jean-Christophe Noël

28/12/2020 07:18Actualizado a 28/12/2020 08:29

Jean-Christophe Noël es investigador asociado del Centro de Estudios de Seguridad del Instituto Francés de Relacio-nes Internacionales (IFRI).

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Eduardo Cifuentes, presidente de la Jurisdicción Especial para la Paz en Colombia

“Sabemos lo que significa para Colombia poder hacer justicia y cerrar medio siglo de guerra”, afirma el magistrado que preside el tribunal de paz

 

Eduardo Cifuentes (Popayán, 1954) fue elegido el mes pasado para relevar a Patricia Linares como presidente de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el sistema encargado de juzgar los crímenes más graves cometidos durante medio siglo de conflicto armado entre el Estado colombiano y la extinta guerrilla de las FARC. Desde entonces, ha vuelto a estar muy presente en el debate público. Experimentado jurista, su dilatado currículo incluye haber sido parte de la primera Corte Constitucional surgida de la carta política de 1991 y defensor del pueblo a principios de este siglo.

El magistrado defiende en esta entrevista con EL PAÍS la naturaleza inderogable del alto tribunal –parte del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición surgido del acuerdo de paz con la guerrilla–, a pesar de los ataques del exmandatario Álvaro Uribe, mentor político del presidente Iván Duque. “Ningún colombiano quiere propiciar una involución y un regreso a un pasado de atrocidades”, valora.

Pregunta. ¿Cómo define el momento que atraviesa la justicia transicional?

Respuesta. Colombia está atravesando un momento crítico. Por un lado estamos avanzando en un modelo de justicia transicional, observado por toda la comunidad internacional y por las más de nueve millones de víctimas. Es un modelo novedoso sobre el cual hay muchas expectativas. De otro lado, somos objeto de una embestida política por parte de sectores que le temen a la verdad en Colombia. A pesar de eso, por primera vez está en marcha la judicialización de los máximos responsables por delitos de secuestro, ejecuciones extrajudiciales y los casos mas graves de violaciones de derechos humanos. Con base en las investigaciones iniciadas hace dos años y medio, en siete grandes macro casos que aparejan también macro victimizaciones, se van a comenzar a expedir autos de determinaciones de hechos y conductas, lo que significa que los responsables tendrán que admitir verdad y asumir responsabilidad o someterse a un procedimiento en el cual se les pueden imponer penas hasta de 20 años.

Pregunta¿Es inminente la apertura de nuevos casos?

Respuesta Durante más de medio siglo de guerra se cometieron delitos atroces, graves violaciones de derechos humanos que han dejado una huella indeleble y más de nueve millones de víctimas. Además de los siete macro procesos, esperamos muy pronto poder también avanzar en la investigación de delitos tan dolorosos como el desplazamiento y la violencia sexual. Esa decisión depende de la Sala de Reconocimiento y no puedo anticiparme, pero tenga la certeza que la JEP llegó para hacer justicia, investigar y sancionar a los máximos responsables de los crímenes mas atroces. No habrá impunidad.

Pregunta. ¿Cuándo pueden producirse las primeras sanciones?

Respuesta. Entendemos que hay una gran presión social y unas expectativas para que pronto se tengan las primeras sentencias. Trabajamos día y noche sin descanso porque sabemos lo que significa para Colombia poder hacer justicia, conocer esa verdad sanadora y cerrar medio siglo de guerra. Entenderá que no se trata de procesos ordinarios. Son delitos complejos, cometidos a lo largo de años por estructuras y sistemas de criminalidad donde participaron miles de personas. Estamos en el proceso de verificar los registros judiciales, practicar pruebas y acopiar y analizar todo lo que se conoce con el fin de contrastarlo con las declaraciones de los excombatientes y las víctimas. Al final del proceso Colombia tendrá la certeza de que se hará justicia.

Pregunta. Usted afirmó en su posesión que la JEP es inderogable, que es justamente lo que se ha propuesto el expresidente Álvaro Uribe. ¿Por qué es imposible derogarla?

Respuesta. El acuerdo de paz, en lo que tiene que ver con la creación de la JEP, tiene un sustento constitucional de la mayor envergadura, hasta el punto de que se trata de una institucionalidad sin la cual decae una vértebra o un principio esencial de la Constitución colombiana, como es el derecho y el deber de la paz y la asunción de buena fe de los compromisos nacionales a internacionales que contrae el Estado colombiano. Hay elementos de la Constitución que son irreformables. Ni siquiera a través de un procedimiento de reforma constitucional como un referendo podrían ser eliminados. Desde el punto de vista del derecho internacional, esta institucionalidad es precisamente aquella a través de la cual el Estado colombiano cumple con el deber de investigar, juzgar y sancionar a los responsables de delitos internacionales, y por consiguiente se trata de una función judicial que no puede eliminar o soslayar. En síntesis, el acuerdo de paz está íntimamente ligado a elementos esenciales de nuestra constitución política y también a normas de derecho internacional que se imponen al Estado colombiano.

Pregunta, La implementación contempla tres Gobiernos sucesivos a partir de la firma de los acuerdos

Respuesta. Trasciende a los gobernantes de turno, como jefes de Estado tienen que cumplir todos los deberes derivados del acuerdo de paz y no solamente aquel de respetar el componente de justicia. El proceso de paz sí puede ser frágil, independientemente de que la JEP no pueda ser eliminada. El proceso de paz resulta afectado con el asesinato de líderes de derechos humanos, de desmovilizados de las FARC, con la ausencia del Estado en las que han sido zonas de conflicto. Se debe garantizar no solo el ejercicio legítimo de la fuerza, también un Estado social que haga presencia masiva y no deje simplemente unos vacíos territoriales en los que prolifera la violencia incontrolada, el narcotráfico y la minería ilegal.

Pregunta. El presidente Iván Duque ha sido particularmente crítico con la justicia transicional. ¿Ha llegado a percibir un acoso por parte del Gobierno?

Respuesta. La JEP es un órgano jurisdiccional independiente que aspira a que los ciclos de violencia no se repitan. Y no se repiten no solamente como consecuencia de que las FARC dejaron las armas, también a través de actos claros y permanentes de cumplimiento del acuerdo de paz. Este consta de varias estipulaciones que suponen deberes del Estado, que deben ser cumplidos. Realmente lo que plantea el acuerdo de paz es una especie de plan Marshall social, económico y humanitario en aquellos territorios y zonas más afectadas, y también respecto de las poblaciones –sobre todo comunidades étnicas, afrodescendientes y campesinado– más afectadas. Y es lo que no se ha visto. Entonces, más que una tensión con el Gobierno, lo que he puesto de presente es que el acuerdo de paz hay que entenderlo como un todo: no tiene solamente como sustento el componente de justicia, que por supuesto es fundamental. Hay que cumplir las líneas gruesas, que tienen que ver con la presencia efectiva de un Estado social de derecho y principalmente la reforma rural agraria.

Pregunta. ¿La desinformación ha envenenado el debate público alrededor de los acuerdos? ¿Cuáles son las razones de las campañas de desprestigio contra la JEP?

Respuesta. Creo que la población colombiana, la ciudadanía en general, respalda el proceso de paz. La oposición proviene de un sector político que permanentemente ha mostrado insatisfacción desde el plebiscito, y que asume que el proceso de paz carece de legitimidad cuando por el contrario fue incorporado a la propia constitución política. Ha sido igualmente cimentado a través de muchas normas, y por consiguiente la institucionalidad del proceso de paz ha sido tramitada e incorporada normativamente como una pieza esencial del Estado. Pese a esa oposición ciega e irracional de la extrema derecha, el resto del país comparte la necesidad de mantener y desarrollar ese proceso de paz. Creo que ningún colombiano quiere propiciar una involución y un regreso a un pasado de atrocidades. Las antiguas FARC se desmontaron y con ello la apelación a la violencia para conquistar el poder político. Ese es un avance que se debe mantener a toda costa.

Pregunta. Como usted lo ha dicho, la justicia restaurativa exige verdad completa. ¿Los comparecientes están aportando esa verdad?

Respuesta. La verdad es la piedra angular del sistema de justicia transicional y es la condición irrenunciable para poder obtener las sanciones propias alternativas. Durante todo el proceso el rol de la JEP será contrastar sus versiones con los aportes de las víctimas y los expedientes judiciales e informaciones, pruebas y análisis de todo tipo en poder de la JEP. Si se verifica que sus aportes no corresponden a lo que sucedió, los excombatientes y agentes del Estado se podrán ver enfrentados a más de 20 años de cárcel. Por ahora tenemos que surtir todas las etapas procesales para comprobar los aportes efectivos a la verdad y la aceptación de responsabilidad. Esta es la fase en la que nos encontramos. Hasta ahora en los casos que están abiertos se han recibido aportes importantes y sustanciales, pero por supuesto, aún no es suficiente.

Pregunta. Concretamente en el caso del magnicidio del líder conservador Álvaro Gómez, hay sectores que cuestionan el reconocimiento de ese crimen. ¿Cómo garantizar esa verdad plena?

Respuesta. Entendemos que la verdad pueda ser dolorosa. Pero la guerra y sus consecuencias lo son. Nuestra tarea es develar desde la función judicial lo que pasó durante el conflicto. El caso que usted menciona es uno que conmocionó al país entero, sobre el cual durante lustros no avanzaron las investigaciones y hoy estamos conociendo una versión de la historia de la cual no existían registros. Nuestro deber es contrastarla, verificar si eso que se dijo se corresponde con la realidad o no. Pero descartarlo de plano no solo es contrario a los procedimientos legales, sino que es desleal con el propósito del proceso mismo.

Pregunta. La Comisión de la Verdad, que hace parte del sistema integral surgido de los acuerdos, aunque tiene carácter extrajudicial, cumple su mandato en menos de un año. ¿El informe final de la Comisión puede tener impacto en la dinámica de la justicia transicional?

Respuesta. Sí. El informe es muy importante porque va a ilustrar el contexto, ofrecerá elementos de verdad muy importantes sobre patrones y máximos responsables. Lo hace desde una perspectiva distinta a la de la JEP. Sin embargo, es un insumo esencial también para que las diferentes salas de justicia y las secciones del tribunal puedan profundizar sus investigaciones y su propia tarea de juzgamiento e incorporen esta visión. El informe final profundizará la consciencia de Colombia sobre la gravedad de estos hechos que se cometieron en el conflicto. Espero que tanto la JEP como la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, logren su cometido de estabilizar la paz y puedan producir un cambio cultural profundo: erradicar para siempre la violencia política como medio para llegar al poder y como medio para sojuzgar a los otros.

Pregunta. Cuando usted era defensor del pueblo se instauró el sistema de alertas tempranas. Además, es del Cauca, uno de los lugares más críticos. ¿Por qué el Estado ha sido incapaz de detener fenómenos de violencia como el asesinato de líderes sociales?

Respuesta. Lo que está pasando con los líderes sociales y defensores de derechos humanos es una tragedia, una catástrofe. Esta situación desnuda esa ausencia histórica del Estado en esa Colombia olvidada, donde se ha desarrollado la guerra, donde sus ciudadanos están a la merced de los grupos armados ilegales que se alimentan no solo de la ausencia del Estado sino de un sinnúmero de economías ilegales. Ese es el verdadero termómetro de la paz, y es la incapacidad del Estado de ser Estado, de garantizar la vida, la integridad y los derechos de los ciudadanos. Nuestros esfuerzos no serán nunca suficientes si el Estado no logra ocupar el vacío institucional que durante décadas ha marcado la realidad de varias regiones en nuestro país.

Pregunta ¿Qué es el posconflicto?

Respuesta. Posconflicto es el largo proceso de materializar las expectativas sociales, políticas y económicas que garanticen que nunca más se reproduzcan las condiciones que dieron origen a la guerra en nuestro país. Es una aspiración y un derecho. Es pasar una página sin olvidar y sin impunidad. Dar un paso adelante, pero darlo de la mano con las víctimas y con la ciudadanía.

Pregunta. Usted llegó a ser presidente de la primera Corte Constitucional surgida de la carta política de 1991, ¿qué siente cuando escucha las propuestas de una constituyente para reformar a la justicia?

Respuesta. Un acto demencial, igual que cuando escucho voces que pretenden eliminar la JEP. Una invitación esquizofrénica a involucionar, un llamado a la distopía. Colombia afortunadamente ha tenido momentos de lucidez y de sensatez. Uno de ellos fue precisamente incorporar en la constitución política la exigencia de efectividad de los derechos humanos, y crear instituciones como la Corte Constitucional o la Defensoría del Pueblo. Ha tenido también momentos de sensatez cuando se incorporó en la constitución el cumplimiento de un acuerdo de paz y se creó la JEP. Creo que eso es lo que ha salvado al país, que pese a las dificultades tiene una institucionalidad democrática y una justicia que igualmente de una manera robusta ha recordado a todos los gobernantes sus limitaciones y sus deberes en términos de construir un Estado social justo y no afectar las libertades.

Por SANTIAGO TORRADO

Bogotá - 15 DEC 2020 - 18:02 COT

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Miércoles, 16 Diciembre 2020 05:44

Festival de cine colombiano

Los films se podrán ver de forma gratuita a través de la plataforma Indyon.tv

Con una programación atravesada por el contexto social y político

Se verán 40 cortos y largometrajes que "ponen en tensión y debate las miradas oficiales, hegemónicas y conservadoras en Colombia”, dicen sus organizadores.

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Reuniendo un conjunto de películas que ponen en cuestión los imaginarios implantados a partir del choque cultural que en América produjo la conquista, la tercera edición del Festival Internacional de Cine Colombiano en Buenos Aires (FICCBA) funciona como una potente clausura para la temporada de festivales 2020. Realizado de forma gratuita a través de la plataforma Indyon.tv, su programación ofrece, hasta el próximo domingo 20 de diciembre, una serie de recorridos que se proponen contrarrestar las jerarquías racializantes, sexuales, de clase, lingüísticas, religiosas y económicas preestablecidas por una modernidad que lleva cinco siglos arraigada en territorio americano. Nucleadas bajo la consigna general “Narrativas desde el territorio”, estos recorridos organizan la selección oficial en cinco ejes temáticos.

 “El FICCBA tiene como propósito contribuir con el desarrollo de la cultura y las industrias cinematográficas colombiana y argentina, así como promover su difusión en Latinoamérica a través del fomento de la coproducción cinematográfica entre los países, la formación de audiencias y el apoyo a cineastas emergentes”, resume Daniel Saldarriaga, director artístico y productor del festival. Todo eso queda expresado en un trabajo curatorial que reúne más de 40 títulos, repartidos en tres secciones: Competencia Colombiana, Competencia Argentina y una sección no competitiva. En ellas, los largometrajes compiten en pie de igualdad con los medios y cortometrajes.

Saldarriaga explica que, al ser un festival de cine colombiano, “la programación está atravesada por el contexto social y político” de ese país, cuya historia reciente está signada por la violencia política. “En los últimos años ha sido evidente la crisis del proceso de paz”, expresa el director artístico, “en la medida en que el gobierno actual busca atacar los acuerdos, negando el conflicto desde el Centro Nacional de Memoria Histórica y el uso de un discurso de doble moral”. El programador revela que “la deslegitimación del acuerdo de paz, la negación del conflicto armado o de la responsabilidad del Estado en el mismo, sumada a la falta de la implementación de los acuerdos y la poca o nula presencia estatal en las regiones, lleva a que la disputa por el territorio, atravesada además por el narcotráfico”. Un escenario que genera, dice, “una nueva oleada de violencia donde se atacan y asesinan a ex combatientes y líderes sociales, se fortalezcan las bandas paramilitares y otras guerrillas, generando como resultado un éxodo, el aumento de masacres y el desplazamiento de las comunidades afro, campesinas e Indígenas”.

Para Saldarriaga la programación del FICCBA nace “de la necesidad de buscar voces que desde el territorio den cuenta de esas problemáticas desde una visión autoral”, a través de películas que “pongan en tensión y debate esas miradas oficiales, hegemónicas y conservadoras en Colombia”. Películas que, insiste, “ayudan a pensar en todo este fenómeno político y social, y a seguir indagando en nuestro laberinto de la violencia y sus distintos matices”. “Desde la representación el cine tiene el potencial de crear, de transformar imaginarios”, comenta el director artístico del FICCBA. “El poder de narrar la forma en que los individuos se vinculan a sus territorios, las problemáticas que viven dentro de ellos y el contexto que les envuelve. El cine es una herramienta de la memoria que aúna múltiples visiones sobre hechos específicos de la historia, que no deben ser olvidados, porque nos marcan como país y cultura”, sostiene.

Por esos caminos avanzan los 25 títulos de la Competencia Colombiana, divididos en los cinco ejes temáticos citados con anterioridad. El primer conjunto se concentra en la ausencia y las intervenciones fallidas del Estado. El mismo está integrado por La última marcha (Ivo Aichenbaum y Jhon Martínez); El renacer del Carare (Andrés Jurado); Bicentenario (Pablo Álvarez Mesa); Jílble (Laura Huertas Millán, ‘24); Vorágine 31 (varios directores); Telepatina (Carlos Armando Castillo); y Suspensión (Simón Uribe).

El segundo grupo aborda la violencia política que surge del intento de dominar los territorios. Ahí se exhiben las películas Las razones del lobo (Marta Hincapié Uribe); Las fauces (Mauricio Maldonado); La mirada desnuda (Santiago Giraldo Arboleda); Todo es culpa de la sal (María C. Pérez González); Umbral (Gloria Gómez Ceballos); El remanso (Sebastián Valencia Muñoz); y Mundomalo (Andrés Acevedo Zuleta).

En el tercer grupo se cuestionan las pertinencias establecidas de forma arbitraria por las fronteras. El mismo está conformado por las películas Cartucho (Andrés Cháves); Vida de un rey (Rodrigo Dimaté) y Los fantasmas del Caribe (Felipe Monroy). A la grilla se suman El susurro del jaguar (Thais Guisasola) y La libertad (Laura Huertas Millán), que exponen las diferentes luchas de resistencia llevadas adelante desde los cuerpos.

Por fin, el viernes traerá las últimas seis películas, cuyas narrativas surgen de trabajos colectivo o comunitario que desafían las formas jerárquicas de hacer cine y de estar en el mundo. Se trata de Ushui, la luna y el trueno (Rafael Mojica Gil); Sueños de utsu (Ana Jaramillo Beltrán); Lumbalú (Jorge Pérez); El libertario (Eugenio Gómez Borrero); Quién los mató (Jhonny Hendrix Hinestroza); y A mitad del camino (Germán Arango y Paula Medina).

Llama la atención la insistencia con que dentro de la programación reaparecen temas como la violencia política, la acción de los movimientos sociales y el campesinado, el lugar que ocupa la tradición ancestral, la ecología o las luchas que llevan adelante el feminismo y los colectivos LGBT+. “Esas temáticas son recurrentes porque, lastimosamente, son historias que en el país no dejan de repetirse”, se lamenta Saldarriaga. Pero considera que la gran diferencia se da en el abordaje que hay frente a ellos, ya que ninguna de las películas programadas expresa “un punto de vista exotizante”, sino que hablan de estas problemáticas desde sus lugares, “precisamente para no banalizar esto que nos atraviesa”.

Para ver la programación completa y la grilla diaria del FICCBA 2020, consultar en ficcba.com/ficcba-2020

Publicado enColombia
Los alcances no imaginables ni sustentables de la mordaza

Nuevamente nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó, apoyándonos en nuestras convicciones insobornables, recurrimos al país y al mundo para compartirles lo que estamos viviendo y dejar constancias de ello. Lo hacemos porque durante varias décadas nuestras denuncias y clamores nunca han sido escuchados por las instituciones que tienen obligación de protegernos y porque los principios más esenciales de una democracia incluyen el derecho a la libre expresión y a la denuncia, como lo han declarado todos los órganos de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos que han tenido por misión definir los derechos fundamentales del ser humano.

En las últimas semanas hemos vivido y conocido lo siguiente:

  • El domingo 15 de noviembre de 2020en horas de la noche, según las informaciones a las que tuvimos acceso, se presentó una contienda en un establecimiento público del centro urbano de San José, protagonizada por paramilitares armados. Los policías que realizaron allí un allanamiento dijeron que allí había “armas de fogueo o tramadoras”, pero quienes estaban cerca reconocieron que eran armas de fuego utilizadas por los paramilitares y además afirmaron que la policía les había devuelto las armas a dos personas, conocidas como “DEINER” y “SEBASTIÁN”, reconocidos paramilitares de Nuevo Antioquia, corregimiento  del municipio de Turbo. En la contienda resultó herido un campesino. Lo más preocupante es escuchar cómo se incautan armas y muchas veces, como supuestamente en este caso, la policía se las devuelve a sus dueños y éstos no son capturados sino dejados en plena libertad, lo que reconfirma, una vez más, la cercanía y coordinación entre paramilitares y fuerza pública. Según los mismos testigos, unos días después los paramilitares habrían buscado a las personas involucradas en la contienda de esa noche y les habrían entregado sumas de dinero (según se dice, de un millón de pesos) al parecer para que no dijeran nada de lo que había ocurrido allí esa noche.
  • El miércoles 18 de noviembre de 2020, en horas del día, abogados amigos nos hicieron llegar el texto de la Sentencia T-342/20 de la Corte Constitucional, en la cual se revisa la acción de tutela que la Brigada XVII había interpuesto contra nuestra Comunidad de Paz el 28 de septiembre de 2018, alegando que nuestras Constancias vulneraban su derecho al buen nombre. La Sala de Revisión de la Corte, compuesta por los magistrados ALEJANDRO LINARES, ANTONIO JOSÉ LIZARAZO y LUIS GUILLERMO GUERRERO, éste último quien actuó como ponente y ya se retiró de la Corte, concluyó declarando que el derecho de los militares al buen nombre había sido vulnerado por nuestras denuncias, pues éstas “no tienen respaldo en decisiones judiciales condenatorias en firme”.  

Quienes representaron a la Corte en esta ocasión, con una visión opuesta a la de los magistrados que en años pasados defendieron los derechos de nuestra Comunidad de Paz en las sentencias  T-249/03;  T-327/04; T-1025/07 y en los Autos 034/12; 164/12 y 693/17, también pasaron por alto reiteradas jurisprudencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, declaraciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y el escrito que le dirigió a la misma Sala de Revisión el Relator de las Naciones Unidas sobre la Libertad de Expresión, refiriéndose a esta tutela del ejército y en la cual afirma tajantemente que: “Un sistema democrático y plural requiere que los funcionarios públicos y su gestión estén expuestos a un alto nivel de control. Por lo tanto, las autoridades deben tener una mayor tolerancia frente a estas expresiones por más chocantes, desagradables o perturbadoras que sean y abstenerse de imponerle limitaciones y proteger a quienes las emiten”.

Pero un análisis más de fondo de esa sentencia deja en claro que la Sala de Revisión se apartó en muchos puntos de la jurisprudencia defendida durante muchos años por la misma Corte Constitucional, especialmente en su punto central que consiste en darle prevalencia alderecho al buen nombre de una institución sobre el “derecho a la libre expresión de las víctimas. Una larga y abundante jurisprudencia de la Corte Constitucional ha definido que el “buen nombre” (o “reputación”) es algo que se conquista con el buen comportamiento, ganándose el aprecio de la sociedad y no como algo ligado a un cargo o a decisiones judiciales o abstractas, por ello insiste en que el buen nombre no existe cuando no se da ese aprecio social construido con el comportamiento y por lo tanto es imposible defender un derecho a algo que no existe. Y en el caso de la Brigada XVII lo que sí existe es una larga y abundante cadena de quejas y condenas por violación de derechos humanos y comisión de crímenes contra la humanidad, registrada en las Cortes nacionales e internacionales (incluso en sentencias penales de la Corte Suprema de Justicia), donde aparece como crimen recurrente y permanente la estrecha relación con grupos paramilitares, todo lo cual hace más inexistente el “buen nombre”, y lo que no existe no se puede defender.

Esta sentencia desconoce y contradice también la larga jurisprudencia de la Corte Constitucional sobre la prevalencia del Derecho a la Libre Expresión y sobre las normas que rigen los casos muy limitados de tutelas contra particulares o que pretenden defender derechos de entes jurídicos o estatales. Al modificar sustancialmente los criterios de interpretación del concepto de “buen nombre” (negando su esencia de relación con el comportamiento, que produce aceptación en la sociedad) y separarse y contradecir las jurisprudencias de larga trayectoria sobre este y otros conceptos, refrendadas por la Corte en Pleno, esta Sala y esta Sentencia incurren en nulidad e invalidez. Si hubieran querido modificar los criterios de interpretación de todos estos conceptos, hubieran tenido que reunir a la Corte en Pleno y lograr su aprobación, lo cual no hicieron y por lo tanto sus decisiones son nulas. Nuestra Comunidad de Paz ya ha solicitado  que se declare su nulidad.

No podemos sino lamentar la degradación tan grande a que han ido llegando nuestras instituciones jurídicas, que ya no ofrecen ninguna credibilidad a las víctimas.

  •  El sábado 21 de noviembre de 2020, en horas de la noche, fue hallado muy mal herido el señor ELIÉCER MORALES en la carretera que de San José conduce a Apartadó, muy cerca del paraje conocido como Caracolí, de la vereda La Victoria. Algunas versiones le atribuyeron los golpes a una caída de la mula en que se transportaba pero otras versiones hablan de un atentado contra su vida, el cual le causó la muerte pocos días después en el hospital.
  • El domingo 22 de noviembre de 2020en horas de la mañana, en la vereda La Unión falleció el campesino REINALDO AREIZA DAVID, al parecer por ingerir licor adulterado lo que se sumó a golpes graves ocasionados por varias caídas de la bestia. Reinaldo había sido integrante de nuestra Comunidad de Paz desde su fundación en 1997 y había ejercido un fuerte liderazgo, tanto como miembro del Consejo Interno como en el asentamiento de La Unión. En uno de nuestros momentos más dolorosos denunció con valentía, ante la Cámara de Representantes, la masacre de nuestros líderes y niños en las veredas Mulatos y Resbalosa el 21 de febrero de 2005; allí fue suciamente atacado y calumniado por el congresista ex militar Jaime A. Cabal y por varios generales de la cúpula militar. En enero de 2009 el Coronel GERMÁN ROJAS DÍAZ, comandante de la Brigada XVII, lo contactó a través del paramilitar Wilfer Higuita para exigirle que le ayudara a destruir la Comunidad de Paz, y si no aceptaba, sería sometido a un proceso penal con testigos falsos, ya fuera como líder guerrillero o como narcotraficante. Reinaldo se resistió al chantaje y lo denunció, lo que enardeció las furias de los militares y paramilitares quienes lo persiguieron en adelante, hasta llegar a quemarle su casa. Sus problemas lo llevaron a la adición al licor, lo que lo obligó a retirarse de la Comunidad por no poder cumplir con ese aspecto del Reglamento, sin que fueran suficientes los esfuerzos para que cambiara de vida. La Comunidad lamenta profundamente su muerte.  
  •  El lunes 23 de noviembre de 2020, en horas del día, nos llegaron informaciones de que en las veredas El Porvenir y Las Nieves, de San José de Apartadó, los paramilitares están exigiéndole a cada familia campesina una suma de (200.000) doscientos mil pesos para darles regalos navideños a los niños. Esta es una de las manifestaciones del dominio y control abusivo que los paramilitares quieren tener de toda la población civil, de su economía y de su vida común, bajo el chantaje de las armas.
  • El viernes 27 de noviembre de 2020en horas del día, en la vereda La Resbalosa, en el punto conocido como La Despabiladora, fue visto un grupo de paramilitares fuertemente armados y a poca distancia de ellos un helicóptero de la empresa EPM descargando postes y materiales eléctricos. Hay que recordar que estos paramilitares, en el año 2018, electrificaron parte de las veredas La Resbalosa, Naín, La Resbalosita, Baltazar, Alto Joaquín, entre otras, del departamento de Córdoba en límites con Antioquia. Ahora supuestamente la empresa EPM busca legalizar todas estas redes que los paramilitares colocaron con dineros que forzadamente les extrajeron a los campesinos de esas veredas.  
  • El sábado 28 de noviembre de 2020, en el punto conocido como La Máquina,  de la vereda Arenas Bajas, de San Jose de Apartadó, fue visto un grupo de paramilitares con armas largas y al parecer estuvieron allí por varios días. 
  • En  la última semana de Noviembre de 2020 circularon informaciones según las cuales los paramilitares se estarían coordinando con la Fiscalía, supuestamente para obtener informaciones sobre quién va hasta allí a hacer denuncias en su contra y también para controlar más estrictamente a quienes buscan suministrar informaciones a nuestra Comunidad de Paz. Este escenario nos recuerda episodios de años anteriores en que muchas víctimas se acercaban a la Fiscalía a presentar denuncias o a realizar otras diligencias y luego era evidente que esa información aparecía en manos de los paramilitares quienes tomaban represalias por las denuncias o atentaban contra la vida de víctimas de montajes. Nos viene a la memoria lo sucedido, por ejemplo, el 22 de septiembre de 2010, cuando fueron citados a la Fiscalía 4 jóvenes que ya habían sido procesados por las mismas acusaciones, violando la prohibición judicial de realizar dos o más procesos por los mismos cargos. La Defensoría se negó a acompañarlos y al salir de la Fiscalía, ya de noche, en el camino fueron atacados a bala por los paramilitares, quedando herido Alonso Valle y logrando escapar Jorge Luis Higuita y José Albeiro David. Otros vinculados al mismo proceso, como John Kennedy Higuita y Bernardo Ríos, fueron asesinados en los meses siguientes; a Alonso Valle no le quisieron sacar la bala en el hospital y él mismo tuvo que sacársela con un cuchillo. Todo indicaba coordinación entre Fiscalía, paramilitares, Defensoría y Hospital, para contribuir a la muerte de estos jóvenes, en cuyos procesos judiciales se cometieron numerosos delitos procesales.
  • En la primera semana de diciembre de 2020 circularon informaciones según las cuales los paramilitares están implementando nuevos planes de reclutamiento de miembros de su estructura con el atractivo de pagos más altos. Los paramilitares alias “RENÉ”, “JESUSITO” y “SAMUEL”, este último quien actuó como comandante en veredas de Córdoba y luego ha sido enviado a la zona de La Unión, El Porvenir, Las Nieves, La Esperanza, Arenas Bajas, Arenas Altas y veredas aledañas, estarían motivando mediante incentivos económicos a paramilitares desanimados por la muerte de sus comandantes, para que regresen a la acción. En el caso del paramilitar conocido como “RAMIRO”, presente en la vereda La Unión, quien es a la vez hermano del comandante “SAMUEL”, se sabe que estuvo presente el día en que dentro del operativo “AGAMENON 2” fue asesinado su comandante conocido como “PUEBLO” o “PUEBLITO” en una vereda del municipio de Mutatá, Antioquia, y según versiones, desde entonces se encontraba aislado. Por muchos esfuerzos que el gobierno haga por tapar el creciente desarrollo del paramilitarismo, su actividad criminal y su apoyo aquiescente por parte de la fuerza pública, le queda imposible “tapar el sol con las manos”,

Nuevamente agradecemos a las personas y comunidades que en diversos sitios del país y del mundo, desde sus convicciones más íntimas nos han acompañado en estos más de 23 años de Comunidad de Paz y que a pesar del aislamiento por la pandemia siguen presionando cada día al gobierno colombiano para que no destruya nuestras vidas ni nuestro patrimonio y legado. Nuestra sincera gratitud por seguir este proceso de defensa de la vida y que además nos anima moralmente a seguir defendiendo nuestros principios.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

Diciembre 13 de 2020

Publicado enColombia