Viernes, 14 Junio 2019 06:02

Palestina: palabras y resistencia

Palestina: palabras y resistencia

Ilán Pappe y Noam Chomsky –un historiador y un lingüista–, igual que John Berger –escritor– y Norman Finkelstein –politólogo– (véase: Palestina: juego de palabras, bit.ly/2WzaEE4), llegan en el mismo contexto palestino a la idéntica y lacónica conclusión: "las palabras importan".

 

Pappe desenmascarando los mitos de Israel trabaja mucho con palabras (véase: Ten myths about Israel, 2017), buscando su verdadero significado y deconstruyendo diferentes nociones históricas que deforman al presente, p.ej.:

 

  • “que si la Biblia –la máxima, diría yo de paso, referencia en nuestro tema: "en el principio era el Verbo" (Juan 1, 1)– les otorgó la tierra palestina a los judíos, o no” (¡no!) (página 10);

 

  • o "que si en 1948 los palestinos abandonaron voluntariamente su tierra, o no" (¡no!) (página 47).

 

Para Chomsky es pan de cada día.

 

En un libro conjunto enfatizan la importancia de reconquistar el lenguaje y volver a llamar a las cosas por su nombre tratando de –subraya Pappe en uno de sus apartados– frente a los esfuerzos de Israel "que con su neolengua orwelliana oscurece la realidad", “enterrar el viejo diccionario de ilusión y decepción lleno de entradas como ‘proceso de paz’, ‘la única democracia en Medio Oriente’ o ‘nación amante de paz’ (‘cuando Israel habla de paz en realidad está hablando de ocupación’)”, y sustituirlo con un nuevo diccionario teórico en el cual "sionismo es colonialismo", “Israel, un Estado de apartheid” y "Nakba, una limpieza étnica", todo mucho más fácil de hacer “una vez la ‘solución de Dos Estados’ esté finalmente declarada muerta” ( On Palestine, 2016, páginas 14-15).

 

La misma importancia de palabras –y la responsabilidad por ellas– ha de reflejarse en las comparaciones que usamos. Precisas. Históricamente aterrizadas. Así, p.ej.:

 

  • Si bien Israel está sobrexplotando su memoria (véase: N. Finkelstein, The Holocaust industry, 2000 o I. Zertal, Israel’s Holocaust and the politics of nationhood, 2006) no está (por supuesto) “cometiendo un ‘nuevo Holocausto’”, aunque como subraya Pappe sí “un ‘genocidio incremental’ en el gueto –¡otra palabra!– de Gaza” (bit.ly/2lLC3As);

 

  • O si bien, según Zeev Sternhell –historiador y uno de los máximos expertos en fascismo–, Israel (por supuesto) no es "igual (o peor) que los nazis", aunque "el Estado judío con su ideología racial y segregación legal empieza a parecerse cada vez más al Estado ario de Alemania nazi pre-1939" ((bit.ly/2WsdQfY).

 

Curiosamente el neolenguaje orwelliano en Israel –cuyo mejor "portador" es Benjamín Netanyahu, algo que lo une con otros reaccionarios y nacionalistas étnicos como Trump u Orbán– brotó recientemente cuando éste culpó a uno de sus aliados –un bona fide fascista– por el fracaso de formar el nuevo gobierno diciendo que fue porque éste... "es de izquierda" (sic) ((bit.ly/31rqpvz).

 

Así, no extraña que su hijo Yair incurriese en sus propios malabares lingüísticos –y una típica negación colonial (vide: G. Meir)– al tuitear que no existe tal cosa como "Palestina", “ya que ni siquiera hay letra ‘p’ en el alfabeto árabe”; según la misma lógica –como le respondieron algunos– “uno podría decir que no hay tal cosa como ‘pueblo judío’, ya que en el alfabeto hebreo tampoco hay letra ‘j’” (bit.ly/30MRQj5). Si esto suena como una tontedad, no lo es.

 

Es el mismo lenguaje de limpieza étnica y "extraordinaria restructuración lingüística colonial" por parte de Israel que implicó el cambio de nombres de casi todos los pueblos y lugares palestinos a fin de –como recuerda Susan Abulhawa– negar la existencia de la población autóctona (bit.ly/1RyZGkK).

 

Si esto suena como una nimiedad, no lo es. El lenguaje es herramienta de apropiación (piensen p.ej. como humus, tabule o zataar ya son "especialidades de la cocina israelí").

 

Pero las palabras son también un medio de liberación –de allí la importancia del "nuevo diccionario" del que hablan Pappe y Chomsky– y una herramienta de resistencia –"un acto de la recreación de uno mismo", algo a menudo ignorado cuando se habla p.ej. de lo que pasa en Gaza (bit.ly/2Wp22PD )–, hoy la única respuesta posible (bit.ly/2wPbugJ) frente al Deal of the Century trumpiano (a.k.a. "la solución final de la cuestión palestina").

 

Ni siquiera aún publicado, el Deal –el más reciente ejercicio colonial de ir cambiándoles nombres a las cosas y lugares (que por otro lado por fin cancelaría la “ilusión de Dos Estados”...)– dados los calendarios electorales en Israel y Estados Unidos bien podrá nacer muerto o tendrá que cambiar de nombre: Deal of the ‘Next’ Century (bit.ly/2wrT4T7).

 

Sea como fuere. El viejo Uri Avnery, escribiendo de la (casi) imposible situación en la que se encuentra Palestina –desde su óptica mucho más "blanda" que p.ej. la de Pappe, pero igual inherentemente crítica– apuntaba que, a pesar de que los asentamientos ilegales avanzan inexorablemente, los palestinos poseen un arma mucho más poderosa que Israel: la paciencia (bit.ly/2MDLXSk).

 

"Paciencia" será aquí simplemente, supongo, otra palabra para "resistencia". Que igual que otros pueblos árabes, están acostumbrados a esperar – vide: la longue durée de su historia frente a la relativa poca duración de Israel– y aguantar (incluso varias generaciones) hasta que las condiciones cambien y le sean más favorables. Una estrategia –a la larga– muy efectiva. ¡Ojalá! (por cierto: una palabra de raíz árabe).

 

Por Maciek Wisniewski, periodista polaco

 

Twitter: @MaciekWizz

 

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Putin y Xi hacen frente común contra la hegemonía de Estados Unidos

En plena guerra comercial con Washington, el presidente ruso y su homólogo chino acusan a la Administración de Donald Trump de usar “tácticas agresivas” para abusar de sus competidores

Unidos en la inversión y en la confrontación. Vladímir Putin y Xi Jinping mostraron este viernes un frente común contra Estados Unidos y su hegemonía económica. En plena guerra comercial con Washington, el presidente ruso y su homólogo chino acusaron a la Administración de Donald Trump de usar “tácticas agresivas” para abusar de sus competidores. EE UU trata de “imponer su jurisdicción en todo el mundo”, dijo Putin en el Foro de San Petersburgo, con Xi de invitado de honor.

Para el líder ruso, las tácticas de Trump suponen “un camino hacia conflictos interminables, guerras comerciales y tal vez no solo comerciales”. El presidente estadounidense no estuvo en la antigua capital imperial rusa, su nombre apenas se pronunció en las reuniones, pero su presencia sobrevoló la sesión plenaria del foro económico, donde Vladímir Putin, con unas relaciones cada vez más amargas con Occidente, mostró un efusivo apoyo a su aliado chino.

“Los Estados que antes promovían el libre comercio con una competencia honesta y abierta han empezado a hablar el lenguaje de las guerras comerciales y las sanciones, de las incursiones económicas abiertas con tácticas de retorcimiento de brazos y de miedo”, esgrimió. “Un sistema que nunca será estable o equilibrado si está basado en una injusticia más clara que nunca”.


El líder de Rusia, que busca afianzar sus vínculos estratégicos con China, comparó el proyecto del gasoducto Nord Stream 2, que empezará a bombear gas ruso a Europa a finales de año y al que EE UU se opone, con el caso del gigante tecnológico Huawei, en el punto de mira por el desarrollo de las redes 5G que, según Washington, podrían abrir la puerta al espionaje de China. Putin acusó a EE UU de “torpedear” ambos proyectos porque no casan con su “acostumbrada exclusividad”. “En algunos círculos ya consideran [el caso Huawei] la primera guerra tecnológica de la emergente era digital”, afirmó durante la sesión plenaria en la que participaron el secretario general de la ONU, António Guterres, y los líderes de Bulgaria, Eslovaquia y Armenia.


Xi, que observaba atento a su socio ruso, recalcó que China está dispuesta a compartir “con sus socios” todos sus “inventos”, incluida la tecnología 5G, dijo. “Uno no debe ser codicioso”, recalcó. El presidente chino, que siempre trata de que la crisis con Washington no escale, fue más conciliador que Putin. Con la guerra comercial caliente, y pese a que el gigante asiático ha amenazado con publicar su propia lista negra de compañías “no fiables”, Xi apostó por el “respeto mutuo” y dijo que le era “difícil imaginar” una “ruptura completa” entre EE UU y China. “No estamos interesados en eso y nuestros socios estadounidenses tampoco. El presidente Trump es mi amigo y estoy convencido de que tampoco lo está”, dijo. Un tono que choca con el lenguaje agresivo que utiliza su “amigo” estadounidense para referirse a su país.


Rusia y China, acusados en numerosas ocasiones de socavar las reglas del mercado, se han convertido últimamente en los grandes defensores de la globalización. Y este viernes lo hicieron juntos, haciendo más visible la creciente confrontación de ambas potencias con la Administración de Trump. Putin no desaprovechó la oportunidad que le brinda el conflicto entre Washington y Pekín para acercarse al gigante asiático, que en otro tiempo fue su enemigo. Rusia necesita la inversión china y también la fuerza de tenerlo a su lado. De ahí que con un rublo cada vez más débil, el líder ruso instara a “repensar el papel del dólar” en los intercambios comerciales entre ambos por ser “un instrumento de presión” de EE UU al resto del mundo.


China, dijo Xi, continuará promoviendo la “globalización económica, salvaguardando el sistema de comercio multilateral, y está comprometido a reparar un desarrollo económico global desequilibrado”. Un discurso al que, desde el repliegue de Estados Unidos a una postura más proteccionista, le ha cogido el gusto pese a las contradicciones en que incurre su propio modelo. “No se debe recurrir a los enfoques unilaterales, al proteccionismo”, señaló.


Con el tablero geopolítico ya muy inestable, el último capítulo de la guerra comercial ha causado nuevos vaivenes. El mundo, apuntó preocupado el secretario general de la ONU, corre el riesgo de caer en el “sonambulismo de una nueva Guerra Fría” en medio de las tensiones occidentales. “Esto tiene que parar”, recalcó durante su intervención en el Foro, que se ha significado como la piedra angular de Rusia para reorientar su economía hacia Asia y Oriente Próximo.


Desde la anexión de Crimea, en 2014, los principales líderes políticos mundiales no pisan el evento que, en cambio, sirve para que compañías rusas capten inversión extranjera —como el contrato firmado entre Gazprom, la holandesa Royal Dutch Shell y la española Repsol para explorar yacimientos en Siberia— y que en otra época era considerado el Davos ruso. Este año, la delegación china, más de mil miembros, ha sido el doble que la estadounidense.

Por María R. Sahuquillo
San Petersburgo 7 JUN 2019 - 14:46 COT

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Sábado, 08 Junio 2019 04:45

Papelones de la OEA

Papelones de la OEA

Ha surgido en América Latina una diplomacia irresponsable, bélica, arrogante, indocta y muy peligrosa. La derecha diplomática contemporánea es un horror y debe suscitar una suerte de mueca de asco entre los conservadores latinoamericanos que, en décadas anteriores, sugirieron trazar las líneas estratégicas del lugar geopolítico que ocupaba América Latina. Nadie representa mejor la barbarie que corroe la diplomacia latinoamericana como el actual Secretario General de la Organización de Estados Americanos, la OEA, el señor Luis Almagro. El diplomático uruguayo recibió en nombre de la OEA el premio a la democracia otorgado por el Comité Judío Americano por la lucha contra el terrorismo, el antisemitismo y las dictaduras. Pero Almagro, en su discurso, se equivocó de continente, de temática, de época, de enemigos y le faltó el respeto a todo que lo somos. Este títere de Washington osó decir que “Irán y Hezbollah tienen una sólida base de operaciones en Sudamérica en alianza con la narcodictadura de Nicolás Maduro. Si fracasamos en Venezuela, representa una victoria para el terrorismo, la delincuencia transnacional organizada y el antisemitismo”. Esto es imperdonable. Ni siquiera está en juego el tema de Nicolás Maduro, o que sea de derecha o de izquierda, o que se tenga una visión ultraconservadora de las relaciones internacionales o de las alianzas oportunas o inoportunas, ni que se esté por o contra Maduro. Se trata de un acto de barbarie diplomática monumental. Irán y el Hezbollah no son nuestro tema ni nuestro conflicto sino de Occidente. Es sí, por la imborrable tragedia de los atentados contra la Embajada de Israel en la Argentina y el de la AMIA, un tema de la justicia argentina. En ningún caso un dirigente latinoamericano, en nombre de una organización panamericana, puede hacer nuestra la agenda de Washington, ni expandir la obscenidad del antisemitismo ni, menos aún, olvidar los cientos de miles de muertos que ha dejado el narcotráfico en varias de nuestras democracias. En lo que atañe al antisemitismo, seguramente el señor Almagro desconoce la extraordinaria capacidad de América Latina para hacer suyos a los semejantes. Nunca se paseó por Buenos Aires, ni por el barrio de Polanco, en Ciudad de México. No estamos en Europa y nada tuvimos que ver con la Shoah, con Auschwitz y el nazismo. Habrá habido y aun persisten retazos nauseabundos de antisemitismo, pero jamás ha sido una política de Estado. Muchos de nuestros países, en especial la Argentina, son hijos de la integración de los millones de judíos que llegaron a este lado de América huyendo del exterminio europeo. La insensatez del Secretario General de la OEA es una amenaza para nuestra identidad, nuestra soberanía, nuestra credibilidad en la escena internacional y nuestra manera de entender y aceptar a los otros. 

Pero su alegato contiene otros atentados contra la verdad y la razón. Tratar a Venezuela de narcodictadura es ignorar las decenas de miles de muertos que el narcotráfico provoca en México o Colombia. El imperio de arriba tampoco es inocente: los narcos mexicanos y colombianos producen, transfieren al Norte su producto y los beneficios. El dinero del narcotráfico se blanquea en el sistema financiero occidental mientras los muertos por la violencia del narcotráfico ennegrecen las calles de nuestra América. Excelentísimos señores presidentes de Argentina y Brasil, saquen de ese puesto a ese personaje grosero, patotero e ignorante que repite, en nuestro nombre, lo que el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo dijo en febrero de este año.


“Hezbollah tiene células activas y, con su accionar, los iraníes, están afectando a los pueblos de Venezuela y de toda América del Sur”. Si se quiere ser amable, lo que diga Pompeo representa muy bien la licuadora donde el Departamento de Estado mezcla los ingredientes del cóctel con el sabor de sus intereses, es decir, su confrontación con Irán, su pacto con Arabia Saudita, sus aficionados movimientos en el Líbano y Siria y, desde luego, su cruzada en Venezuela. Son sus temas y los destila con el mal gusto y la inoperancia que la administración de Donald Trump ya ha patentado en todo el planeta.


Nosotros no tenemos nada ver con eso. Sólo que sí, ahora nos compromete por deber Venezuela así como en los años 80, América Latina se comprometió en América Central para frenar la guerra que la Rusia comunista y la administración de Ronald Reagan habían exportado a Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras. Un compromiso con sensatez y neutralidad, no ideológico. ¿Y dónde están los hombres del Hezbollah y los iraníes que aún no los hemos visto en esta década? Todo mezclado, armado con escoria y un oportunismo desenfrenado que rompe todos los pisos de la decencia diplomática. El Secretario General de la Organización de Estados Americanos ha sobrepasado la línea roja. Las confrontaciones ideológicas están atravesadas por muchos excesos. Esta exuberancia diplomática no es admisible. No hay narcodictaduras sino narcodemocracias. No hay antisemitismo sino antisemitas. Requerimos de diplomáticos juiciosos, con sagacidad y capacidad pedagógica, que puedan expresar lo que somos y no los odios ideológicos o los caprichos dictados por los imperios. Sus guerras nunca fueron las nuestras: hemos sido víctimas de ellas. El señor Secretario General de la OEA se cayó del mapa y del calendario. Es un hombre del pasado. No nos está representando como latinoamericanos sino que nos está insultando y degradando ante cualquier perspectiva de negociación. Nadie nos podrá tomar en serio. ¿Alguien puede imaginar a este Señor hablando ante la Unión Europea donde prima la cultura del diálogo y la negociación por más extenuante que sea? Es una vergüenza para cada una de nuestras democracias, para nuestro sueño de paz común, para nuestra tolerancia y nuestra identidad forjada por la conjugaciones de orígenes plurales.


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El jefe del Ejército de Colombia dirigió una brigada acusada de matar a civiles

Documentos a los que ha tenido acceso EL PAÍS vinculan a batallones con 'falsos positivos', la investigación de una masacre de indígenas y un caso de violencia sexual

 

El comandante en jefe del Ejército de Colombia, Nicacio de Jesús Martínez Espinel, estuvo a los mandos, entre octubre de 2004 y enero de 2006, de una brigada señalada por la Fiscalía por al menos 283 supuestas ejecuciones extrajudiciales en los departamentos caribeños de La Guajira y del Cesar. Al menos 23 casos se remontan a la mencionada etapa, cuando el general era segundo comandante y jefe del Estado Mayor de la brigada. Los documentos proporcionados a EL PAÍS por fuentes cercanas a las indagaciones de los llamados falsos positivos —asesinatos de civiles perpetrados por militares durante el conflicto armado y presentados después como guerrilleros de las FARC— describen episodios ya juzgados, algunos de ellos con sentencia firme, que ponen bajo la lupa las acciones de esa brigada, en la que Martínez asegura haberse dedicado a tareas administrativas.

El Senado tiene previsto avalar este miércoles el ascenso de Martínez Espinel, tras haber sido nombrado al frente del Ejército el pasado diciembre por el presidente Iván Duque, como general de cuatro soles, la máxima distinción militar en el país andino. A las informaciones publicadas en mayo por The New York Times, que informó sobre nuevas directrices del Ejército para presionar a sus miembros para mejorar los resultados de las operaciones —lo que ha causado inquietud entre algunos oficiales por el incremento del riesgo de bajas civiles— se suman ahora dudas sobre su labor de control en calidad de segundo comandante y jefe del Estado Mayor de la brigada. La Procuraduría (organismo que fiscaliza la función pública) abrió la semana pasada una investigación para determinar si las últimas decisiones del general han puesto en riesgo a la población civil.


Según los documentos a los que ha tenido acceso este diario, la Décima Brigada Blindada que dirigió el militar fue señalada en un informe del ex fiscal general Eduardo Montealegre Lynett (2012-2016) como “uno de los primeros lugares en el ranking de presuntas ejecuciones extrajudiciales”. Los casos reportados en 2005 —durante la presidencia de Álvaro Uribe (2002-2010)— involucran al menos a dos batallones en asesinatos al margen de la ley, la acusación de una masacre de indígenas y un episodio de violencia sexual. El primero se dio el 21 de febrero de ese año. Los soldados del batallón La Popa, según una sentencia condenatoria, colaboraron con paramilitares de las desaparecidas Autodefensas Unidas de Colombia en dos homicidios.


El 12 de mayo de 2005 dos soldados del mismo batallón asesinaron en el Cesar a una persona protegida, Dagoberto Cruz Cuadrados, que “luego fue presentado como muerto en combate”. Doce años después, en 2017, un fiscal de la Dirección Nacional de Derechos Humanos reabrió el caso y ordenó la detención de los responsables, que entonces ya habían dejado el Ejército.


El 14 de mayo, en el mismo departamento, una treintena de militares de La Popa, según la acusación, participaron en el asesinato de Claudino Manuel Olmedo Arlante y Frank Enrique Martínez Caviedes, un menor con discapacidad mental. El modus operandi no cambió. También en este caso, los fallecidos fueron reportados como muertos en enfrentamientos con la antigua guerrilla de las FARC. Siete soldados fueron condenados a 40 años. Unas semanas antes se había producido otro asesinato de características similares en el mismo municipio de La Paz.


“La mañana del 20 de noviembre de 2005 en el sitio Parcelas del Tocaimo, área rural de San Diego (Cesar)”, se lee en otra resolución judicial, “fueron abatidos por miembros del pelotón Bombarda 3 del Batallón de Artillería Número 2 La Popa de Valledupar, y reportados como muertos en combate (...) los señores Iván de Jesús Sierra de la Rosa, John Jairo Parejo Pérez, Alfredo Manuel Retamozzo y Waiberto Cohen Padilla”. Todos eran del departamento del Atlántico, “de donde habían salido la noche anterior con dos hombres que les ofrecieron trabajo en Valledupar”. Tras su muerte, la Fiscalía concluyó que “la presencia de la tropa militar en el lugar de los acontecimientos no tenía ninguna justificación real, es decir, no había sustento ilícito”.


"Sin sanciones ni impedimentos"


Este diario se ha puesto en contacto con el Gobierno y el equipo de Martínez Espinel, que de momento han declinado pronunciarse personalmente. El cuerpo recuerda, a través de un comunicado, que "el comandante del Ejército no tiene investigación, sanción o impedimento alguno por parte de Fiscalía, Procuraduría, Justicia Penal Militar ni Justicia Especial para la Paz por temas relacionados con derechos humanos que le impida ejercer cargos públicos".


El debate sobre su ascenso ha provocado una tormenta política en Colombia y a esa posibilidad se oponen varias organizaciones no gubernamentales. El general, que siempre ha defendido su respeto a los derechos humanos y que en la época señalada tenía funciones eminentemente administrativas, no tuvo según estos documentos vínculo en ninguna operación señalada. Sin embargo, todos ocurrieron cuando era segundo comandante. "Siempre he estado, estoy y estaré atento a cualquier llamado de las autoridades", manifiesta el militar.


Los documentos proporcionados a este periódico también muestran que el 5 de agosto de 2005 el actual jefe del Ejército firmó una orden de recompensa de un millón de pesos (unos 260 euros actuales) para obtener información que arrojó "excelentes resultados operacionales y proceder así contra supuestos guerrilleros". También suscribió la orden de entrega el entonces teniente coronel a cargo del batallón La Popa, que hoy es jefe de Estado Mayor de Planeación y Políticas. Tras obtener esa información, fueron “dados de baja” dos supuestos miembros de las FARC y otro fue capturado. Los documentos del caso señalan que “existen serias dudas sobre si los hechos materia de investigación se generaron con ocasión del servicio activo” de los militares involucrados.


Además, el 21 de enero de 2006, dos días antes de que Martínez Espinel dejara el cargo al frente de la Décima Brigada, soldados de los Grupos de Acción Unificada por la Libertad Personal de ese destacamento asesinaron, según la acusación, a los indígenas Javier Pushaina, Luis Ángel Fince Ipuana y a Gaspar Cambar Ramírez; hirieron a Gustavo Palmar Pushaina y Moisés Pushaina Pushaina; y agredieron física y sexualmente a Irene López Pushaina y a Ligia Cambar Ramírez. Este caso fue admitido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.


El Estado colombiano expuso durante ese trámite, que se realizó en 2014, “su política de cero tolerancia con las violaciones de derechos humanos por parte de la fuerza pública y su marco normativo para prevenir, garantizar la no repetición y sancionar las privaciones arbitrarias de la vida y las muertes de personas protegidas, así como el marco de reparación integral”.


Los ‘falsos positivos’, un capítulo oscuro de la historia de Colombia


La Fiscalía contabilizó 2.248 ejecuciones extrajudiciales entre 1998 y 2014

Francesco Manetto
Bogotá 4 JUN 2019 - 18:51 COT


El fantasma de los llamados falsos positivos ha vuelto en las últimas semanas a recorrer Colombia. Se trata de uno de los episodios más oscuros de la historia reciente del país: el asesinato sistemático de civiles durante el conflicto armado con las FARC, hoy desmovilizadas, y que eran presentados después como guerrilleros caídos en combate.
Según un informe de la Fiscalía publicado hace 10 días hubo al menos 2.248 ejecuciones extrajudiciales entre 1998 y 2014, aunque el 97% de los casos se dieron de 2002 a 2008, entre el primer y el segundo mandato del expresidente Álvaro Uribe. Según los cálculos de distintas asociaciones de defensa de los derechos humanos, las cifras de ejecuciones son mayores y ascenderían al menos a 4.000 personas.


Ese fantasma, en cualquier caso, ha provocado también una reacción del presidente, Iván Duque. “He decidido conformar una comisión presidencial independiente que haga un análisis riguroso de todas las órdenes manuales y documentos operacionales, y que pueda evaluar con profundidad cómo esas normas, procedimientos y protocolos se ajustan a las normas internacionales y nacionales en materia de derechos humanos y en materia de derecho internacional humanitario”, anunció tras conocer las nuevas denuncias.


Los integrantes de esa comisión son el exministro Hernando Yepes, el expresidente de la Corte Constitucional Mauricio González y el exprocurador Alfonso Gómez Méndez. El entorno uribista más radical, en cambio, optó por arremeter contra The New York Times, el medio que publicó la polémica directiva, y por señalar públicamente a sus informadores.


Nicacio Martínez Espinel fue nombrado al frente del Ejército colombiano el pasado diciembre por el actual Gobierno, que relevó al Ejecutivo de Juan Manuel Santos el pasado mes de agosto. Desde entonces, el militar y el ministro de Defensa, Guillermo Botero, han ido renovando la cúpula del cuerpo.
El pasado mes de febrero, la ONG Human Rights Watch (HRW) acusó a las autoridades de colocar en la primera línea de las Fuerzas Armadas a nueve generales investigados por su supuesta participación, directa o indirecta, por el escándalo de los falsos positivos


 José Miguel Vivanco (HRW): “Martínez Espinel nunca ha rendido cuentas ni ha dado explicaciones serias”

“Es de esperar que el Senado rechace su ascenso”, afirma José Miguel Vivanco, director para las Américas de la ONG

El País
Bogotá 5 JUN 2019 - 03:01 COT

La ONG Human Rights Watch (HRW) lleva años denunciando e investigando casos de falsos positivos o ejecuciones extrajudiciales en Colombia. Los cuestionamientos al actual comandante en jefe del Ejército, Nicacio Martínez Espinel, que sin ser responsable directo de supuestos crímenes sí estuvo al mando de una brigada señalada por casi 300 homicidios, se multiplicaron en las últimas semanas. Este miércoles el Senado colombiano tiene previsto decidir si rafifica su ascenso como general de cuatro soles, la distinción militar más alta del país.


Después de la publicación en EL PAÍS de nuevos documentos que vinculan a la Décima Brigada Blindada que comandó Martínez entre 2004 y 2006 con supuestos crímenes, en algunos casos en fase de investigación, el director para las Américas de HRW, José Miguel Vivanco, señaló que "el general Martínez Espinel nunca ha rendido cuentas ante la justicia ni ha dado serias explicaciones sobre su pasado".


Después de la publicación en EL PAÍS de nuevos documentos que vinculan a la Décima Brigada Blindada que comandó Martínez entre 2004 y 2006 con supuestos crímenes, en algunos casos en fase de investigación, el director para las Américas de HRW, José Miguel Vivanco, señaló que "el general Martínez Espinel nunca ha rendido cuentas ante la justicia ni ha dado serias explicaciones sobre su pasado".

Publicado enColombia
“En Rojava conocí la humildad y la generosidad”

Cientos de voluntarios internacionales han participado en el norte de Siria en la lucha armada contra la organización yihadista liderada por Abu Bakr al Baghdadi. Brecha conversó con uno de ellos, que partió de Barcelona para integrar en los últimos meses las fuerzas de autodefensa del pueblo yazidí.


Cuando vio las “barbaridades” que Estado Islámico (EI) cometía en Siria e Irak, tomó una decisión que nunca se le hubiera pasado por la cabeza. Robin Poe –nombre que utiliza por cuestiones de seguridad– es un ciudadano de Barcelona con “casa, moto, coche y mujer”, como él mismo dice. Hace varios meses, decidió viajar a Rojava (el Kurdistán sirio) y ponerse a disposición de las fuerzas de autodefensa kurdas para combatir al grupo yihadista, que, en su esplendor, llegó a tener bajo su control entre ocho y diez millones de personas.


Desde que las Unidades de Protección del Pueblo (Ypg/Ypg, por sus siglas en kurdo) comenzaron a defender el territorio sirio, cientos de internacionalistas viajaron para sumarse a la resistencia contra EI, que fue coronada en marzo, cuando los últimos yihadistas fueron derrotados en la pequeña aldea de Baghouz, en la provincia de Deir Ezzor, fronteriza con Irak (véase Brecha, 29-III-19).


Poe –que todavía se encuentra en el norte de Siria– recuerda, en diálogo con Brecha: “Mi vida antes de tomar la decisión de partir hacia Rojava era la de cualquier persona de a pie, con un trabajo humilde”. Para el internacionalista, el punto de inflexión fue ver todos los días “en los noticieros las barbaridades que cometía Estado Islámico ante los ojos del mundo y que nadie hiciera nada”.


Sin explicar demasiado de qué forma, cuenta que se puso en contacto con las Unidades de Resistencia de Shengal (Ybs), las fuerzas de autodefensa aliadas a las Ypg/Ypg que el pueblo yazidí organizó cuando EI arrasó las regiones del norte de Irak en 2014, y masacró y secuestró a miles de pobladores. “Tras unos meses conversando, me dijeron que podía viajar cuando estuviese listo para unirme”, confirma. Durante un mes, luego de arribar al territorio, recibió un curso de formación militar y política, un proceso por el que pasan todos los voluntarios internacionales.


Los yazidíes son un pueblo originario de Oriente Medio que profesa una religión sincrética, monoteísta, que toma conceptos del cristianismo, el islam y el zoroastrismo. Erróneamente, son conocidos como

“adoradores del diablo”. El pueblo yazidí se encuentra distribuido en el norte de Irak –especialmente en la planicie y las montañas cercanas a Mosul–, en el sur de Qamishli –en Rojava– y en la provincia de Mardin, en el Kurdistán turco. También hay yazidíes en Armenia, Georgia y Europa central, sobre todo en Alemania, como parte de la diáspora que escapó luego de sufrir persecuciones, masacres y hasta genocidios.


LA LUCHA POR EL TERRITORIO.


Una vez en Rojava, Poe se sumó a las fuerzas de autodefensa con el objetivo principal de redoblar los combates contra EI. “He luchado durante siete meses; en concreto, en la zona de Deir Ezzor, en el desierto”, cuenta. Reconoce que participó en 14 operaciones –emboscadas, sabotajes, ofensivas y contraofensivas– y que hubo momentos en los cuales pensó en cometer “locuras” luego de arrestar a los yihadistas de EI. El odio que le despiertan los miembros de ese grupo es tan grande que ni siquiera intentaba comunicarse con ninguno cuando se entregaban luego de las derrotas.


Si bien las Fuerzas Democráticas de Siria (Fds), que nuclean a las Ypg/Ypg y a milicias de otras nacionalidades de la región, tienen el apoyo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, Poe reconoce que lo que más le impactó “fue ver que Estados Unidos y sus aliados han podido parar este conflicto desde el minuto cero, y no lo han hecho, por el único interés que mueve al mundo: el dinero; hay que tener en cuenta que todas las guerras tienen un fin, y es el económico”.


Al ingresar a las Ybs, el barcelonés se sintió contenido y apoyado. “La relación con los combatientes de las Ybs siempre fue genial: son personas muy agradecidas. Desde el primer momento, nos hicieron sentir como en casa. Nos daban sus propias mantas cuando había, algún colchón flaquito, comida, en fin, de todo. Lo poco que tuviesen era primero para nosotros”, relata.


“En las Ybs son auténticos guerreros, sin miedo a morir”, remarca. “No creo que conozcan qué es el miedo en combate; son increíbles. Todos fuimos a luchar por algo en lo que creíamos y contra la barbarie radical islamista, contra el maldito Daesh.”


Al referirse al pueblo yazidí, no duda en calificarlo como “maravilloso, muy hospitalario”: “Nos hacían todo más fácil”. “Lo que me asombró de la población yazidí es la generosidad y la hospitalidad con el extranjero”, dice. “A veces, he llegado a sentir vergüenza de cómo nos han tratado: como si fuéramos reyes, preparándonos manjares. Ellos robaron un pedacito de mi corazón.”


INTERNACIONALISMO CONTRA EI.


La lucha del pueblo kurdo despertó admiración en muchas partes del mundo. Desde militantes de organizaciones de izquierda hasta personas sin contacto alguno con la historia de Kurdistán, estas personas decidieron lanzarse a un territorio que todavía se encuentra cruzado por la violencia armada, el desplazamiento forzado de personas y una disputa geopolítica en la que confluyen las principales potencias mundiales y regionales.


Robin Poe tiene presente todo el tiempo los días de guerra cruenta. “En las operaciones de Deir Ezzor estaba todo minado; había cadáveres, bombas trampa por todos lados”, rememora. “Las personas apenas tenían comida: Estado Islámico las estaba matando de hambre y sed.” Cuando las milicias kurdas avanzaban liberando pueblos y aldeas, los miembros de EI “huían y mataban a todos los que podían”. “Por eso, me ponía muy contento cuando acabábamos con ellos. Sabía que así nunca más violarían a una niña.”


Las masacres cometidas por EI –ahora transformadas en atentados focalizados en diferentes partes el mundo– dejaron una marca que será muy difícil borrar. Las heridas todavía están presentes en los pueblos que sufrieron a manos de los seguidores de Abu Bakr al Baghdadi, que después de cinco años reapareció, a fines de abril, en un video de 18 minutos difundido por Al-Furqan, medio vinculado a EI.


“Después de haber combatido, creo que soy mejor persona –analiza Robin Poe–. Sabía que, llegado el momento, no me temblarían las manos para acabar con esos criminales. Pero jamás pensé que se me daría acabar con esa gentuza. En Rojava conocí también la humildad, la generosidad, que la gente se entregara toda sin querer nada a cambio.”


Ahora, Robin Poe espera salir del territorio, luego de que las Fds ordenaran el retiro de algunos contingentes de internacionalistas. Por estos días, disfruta, junto con los pobladores, de los festejos por haber liberado Baghouz y haber dado uno de los golpes mortales más poderosos a EI. Los días futuros de Robin son una incógnita. Sabe que en su país volverá a los trabajos esporádicos de siempre. Uno de sus sueños, aunque luego de la guerra pueda sonar simple, es aprender el oficio de soldador. “Ahora toca volver, pero antes, terminar con lo que vinimos a hacer”, dice.


Por estos días, en Rojava se define un futuro incierto. La autonomía defendida por los kurdos y los pueblos que habitan el norte de Siria se encuentra amenazada por Turquía y, en menor medida, el propio gobierno sirio. Ninguno de estos poderes muestra interés en el proyecto que encabezan los kurdos, basado en el empoderamiento de las mujeres y la convivencia entre nacionalidades y religiones.
Como última reflexión de su experiencia, Robin Poe afirma: “La revolución en Rojava ha sido maravillosa desde el punto de vista de cómo hombres y mujeres caminan juntos a luchar, a la guerra, sin miedo, con la alegría de defender y luchar por lo que ellos creen: la consigna ‘mujer, vida, libertad’”.

Por Leandro Albani
31 mayo, 2019

 

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Viernes, 31 Mayo 2019 06:03

Palestina: juego de palabras

Palestina: juego de palabras

John Berger después de un viaje a Palestina apuntaba cómo ésta se convertía en "escombros" bajo la ocupación israelí. Por todos lados había también "cascajos de palabras", vocablos "que ya no albergaban nada" y "cuyo sentido ha sido destruido".

En sus ojos "la cuidadosa destrucción de la gente" venía acompañada de "la cuidadosa destrucción del lenguaje (y el silencio)" ( Hold everything dear, 2007, p. 15).

Norman Finkelstein en el mismo contexto –y espíritu– enfatizaba la necesidad "de llamar las cosas por su nombre". Evocando a Confucio, que afirmaba que "toda la sabiduría venía de allí" –"algo que podría sonar como una frase de la galleta de la fortuna"–, subrayaba que ésta en realidad "es una idea muy profunda".

–“¿Es preciso entonces –hablando de las manifestaciones en marco de la Gran Marcha del Retorno en Gaza– decir que ‘los palestinos tratan de romper el cerco fronterizo’?”, preguntaba.

–Y respondía: "No".

–"Los palestinos en Gaza tratan de romper el cerco del campo de concentración. El cerco del gueto. El cerco de la prisión" (bit.ly/2Lt71Gx).

Tras más de un año de la Gran Marcha y una sádica y totalmente desproporcionada supresión de ella por Israel con saldo de más de 250 muertos –incluidos niños, socorristas y periodistas– y 6 mil 500 heridos (bit.ly/2UXBNf0), cientos con piernas amputadas –los francotiradores a propósito apuntan a ellas con la munición de fragmentación–, la aviación israelí acabó bombardeando hace unas semanas a Gaza "en respuesta a los cohetes de Hamas", dejando de lado que su lanzamiento fue una reacción al previo asesinato de otros cuatro manifestantes y 116 heridos, incluidos 39 niños (el saldo del bombardeo era otra lista de muertos).

Gideon Levy, precisamente en un afán de "llamar las cosas por su nombre" –y muy a contrapelo de la narrativa dominante–, habló, refiriéndose a los cohetes, del "levantamiento en el gueto":

"Poco después del Día del Recuerdo del Holocausto el saber que 2 millones de personas están encerradas desde hace años tras un alambre de púas en una gigantesca jaula no le recuerda nada a nadie en Israel."

Y seguía: "Gaza es un gueto y lo que está pasando allí es una insurrección. No hay otra manera para describirlo" (bit.ly/2MaBMVa).

Tampoco hay otra palabra para hablar de Israel –y por extensión de los territorios ocupados– que "apartheid".

"El institucionalizado régimen de opresión y dominación sistemática de un grupo racial por otro" –como reza la definición– es justo lo que hay después de que éste (ya sin tapujos) se declarara "un Estado judío y para los judíos" al adoptar la Basic Law (bit.ly/2X5s33y).

El próximo gobierno de Netanyahu, que prometió en campaña anexar a Cisjordania garantizándose el triunfo –al final para él y muchos más, si ya estábamos en lo de las palabras, esto nunca era "Cisjordania", sino "Judea" y "Samaria"–, "será el gobierno de anexión", subraya en otro lugar Levy (empacando más gente en el gueto-Gaza o "pasándoselos" a Jordania) y uno que “en pleno siglo XXI ante los atónitos líderes mundiales declarará el segundo Estado de apartheid estilo Sudáfrica” (bit.ly/2Qq2GH2).

Es justo aquí donde entra Trump con su "plan de paz para el Medio Oriente" –apodado bombásticamente Deal of the Century– aún no publicado pero listo y en parte filtrado (bit.ly/2Jf1O7o).

Su lógica reside simplemente en reconocer los facts on the ground (cuya primacía siempre ha sido el meollo del colonialismo israelí), seguir la estrategia de la "gettoización" de los palestinos y –en esencia– en una perversa destrucción del sentido de las palabras de la que hablaba Berger.

Estados Unidos ya lleva tiempo trabajando en ello.

Así Jerusalén ya no es la "ciudad con estatus especial", sino "la capital de Israel" (embajada de Washington ya está allí); los refugiados palestinos ya no son "refugiados" (su administración dejó de financiar la UNRWA y tuerce la mano a Jordania y Egipto para que les den ciudadanía a fin de desaparecer a los palestinos como "un pueblo con derecho al retorno"); los Altos de Golán –raptados en la misma guerra que Cisjordania (1968)– ya no son "territorio ocupado", sino parte de Israel (un claro test antes de la gran anexión).

Lo que quedará –aproximadamente 12 por ciento de la Palestina histórica, un surreal patchwork de bantustanes sin continuidad territorial– se llamará "Nueva Palestina", nombre que hace pensar a uno más en una de las comunidades en medio de la Selva Lacandona, que en un país.

Será "un Estado", aunque uno queda con la duda desde cuando llamamos "Estado" a entidades sin ninguna soberanía, ejército, virtualmente ningún tipo de poderes.

Desgraciadamente –llamemos las cosas por su nombre– la pacificación y colonización de Palestina, ante el total silencio del mundo, ha sido igualmente –casi– total (bit.ly/30W2rIK). El plan de Netanyahu es ahora –apunta un comentarista de Gaza– "forzar a palestinos a aceptar su brutal derrota" (bit.ly/2EBIpJY).

Visto así, hay una palabra, o término, muy apropiado para esto: "la solución final de la cuestión palestina".

Y si alguien se siente ofendido por la referencia a Endlösung (bit.ly/1TBVWRk) –aunque de verás uno no tiene la culpa que muchas palabras de aquellos tiempos, no sólo "gueto" o "campo", sirven para hablar de Palestina e Israel: Gleichschaltung, Herrenvolk, Untermenschen, Sonderbehandlung–, también hay otro modo de decirlo: “ Game Over”.

Por, Maciek Wisniewski*, periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

 

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En Irak los fantasmas promueven la unidad

En una tierra que ha experimentado tanto sufrimiento –bajo Saddam, los estadunidenses, los ataques del Isis– Robert Fisk encuentra profunda dignidad a pesar de los restos.

 

En el camino a Amara las cigüeñas hacen sus nidos sobre los postes de luz. Algunos de estos hogares en lo alto miden 1.80 m de ancho; racimos de varas y paja sobre las instalaciones de acero de los descendientes del señor Siemens. Desde esas casas como de cuento, los pájaros se espían unos a otros. También pueden verse sus largos picos apuntando hacia abajo, cuando miran a la pequeña gente de Irak que pastorea a sus ovejas u –asombrosamente, y al comenzar el calor del verano– ondean banderas verdes a la orilla de la carretera como invitación a los peregrinos musulmanes chiítas a detenerse en las aldeas para comer y tomar agua gratis. Esta generosa tradición es verdad.

Los habitantes de estas poblaciones realmente se reúnen a y un lado de la carretera y llaman la atención de los conductores que van hacia al norte, muchos de ellos iraníes que van camino a Najaf o Kerbala. Una vez quedé atrapado en un embotellamiento de peregrinos que esperaban para comer. No se paga ni un dinar por este acto de generosidad. Quizá las cigüeñas que bajan de los postes, con sus alas de cometa, aprecian la extraña arquitectura de la piedad y el dinero, la habilidad humana de construir altares de magníficos azulejos azules y blancos a un lado de estacionamientos grises y mueblerías de concreto barato que están a los lados del viejo camino a Basora.

¿No podemos crear belleza y absolver la fealdad del área rural en que las aguas de la inundación están filtrándose de nuevo a los pantanos árabes "desecados" por Saddam en los terribles años 90? Recuerdo cómo se construyeron casuchas para los pobres junto a las catedrales europeas durante la Edad Media. Tal vez lo uno da significado a lo otro.

Es lo mismo con las grandes ciudades sagradas aquí. Uno puede ir tambaleándose entre el polvo y la contaminación de los autos y encontrar el lugar en que fue sepultado el imán Ali, el yerno del profeta. En Kerbala, las mezquitas de Hussain y Abbas anidan entre las calles repletas de mugre y animales colgados de ganchos sobre la calle y que fueron sacrificados en las carnicerías. Me acostumbré a todo esto.

Cada noche, iba a tomar té en un viejo establecimiento en que los ancianos fumaban en pipas hookah. En una ocasión me atreví a encender un habano que un amigo me regaló en Beirut. Un granjero de mediana edad estaba sentado a mi derecha y me preguntó de dónde venía eso. Le respondí que de Cuba. Dos hombres discutieron sobre esta lejana nación. Sí, sabían quién era Castro y yo preferí olvidarlo en el momento en que recordé que a Saddam le gustaban los habanos. Los tres hombres debatieron sobre esto... con un extranjero entre ellos. Uno tuvo un hermano, quien fue torturado y asesinado en una de las prisiones de Saddam, otro hermano que fue muerto en la insurrección chiíta de 1991. El granjero se buscó algo en el bolsillo de la pechera de su bata y sacó un teléfono móvil. Los tres se reunieron a mi alrededor. Querían una selfie con el extranjero y su habano en la ciudad santa de Kerbala.

Dudo en recordar cuántas veces los chiítas sacudieron las cabezas con horror y lúgubre estupor ante el recuerdo de Saddam. Los corresponsales siempre tememos el encabezado obvio –"El fantasma de Saddam aún se aparece sobre el Irak devastado por la guerra"– cuando fue la invasión de Bush y Blair la que en realidad destrozó a la antigua Mesopotamia. En efecto, Saddam sigue entre los chiítas.

Un conocido recordó los 10 años que pasó en las prisiones de Saddam, y cómo veía por entre los barrotes de su celda y de los respiraderos en el techo cómo los misiles crucero volaban en dirección a Bagdad.

Es notable con cuánta frecuencia surgen chispas de honor en estos recuerdos, desde tiempos distantes cuando la integridad y el respeto eran tan poco frecuentes como lo eran bajo la ocupación estadunidense. Aquí están, por ejemplo, las palabras de un amigo iraquí al hablar de su padre, fallecido hace mucho:

“A principios de los años 50, el gobierno expulsaba a los judíos de Irak. Decenas de miles de ellos fueron obligados a vender sus propiedades lo más baratas posible y, por supuesto, los iraquíes se aprovecharon de esto y compraron hermosos hogares a precios ridículamente bajos. Básicamente le robaron esas casas a los judíos, pero mi padre se rehusó a esto. Ofreció comprarle una casa a un judío, pero insistió en pagársela al precio real, al costo que tenía antes de que los judíos empezaran a irse. Incluso fue al banco con este hombre para asegurarse de que recibiera el dinero que valía la casa. Y ¿sabe que mi padre jamás me dijo esto? Su hermana –mi tía– fue la que me contó lo que mi padre hizo, después de que él murió”.

Esa misma noche, en Kerbala, estaba yo leyendo un montón de periódicos franceses que compré semanas antes en París. Tengo el hábito de juntar artículos y leerlos más tarde. Y –en una extraordinaria obra del azar– me encontré una reseña en Le Figaro de una exhibición, en Francia, de arte judío de tiempos del nazismo entre 1940 y 1944. En la exhibición había una fotografía de la galería Carpentier de París, en julio de 1944 –del Día D, según mi reflexión–, que mostraba a la élite de la sociedad parisina sentada en varias filas mirando lo que parce ser un retrato de Renoir.

En la fotografía las damas elegantes llevan sombreros de plumas y los hombres de negocios usan lentes, se quitaron los bombines y los tienen sobre sus rodillas.

Los franceses, pensé, compraron este botín nazi a precios tan baratos como los de las casas de judíos que los iraquíes compraron a principios de los 50. En el caso de los franceses, muchos de los judíos ya habían sido exterminados. Un estimado sugiere que 2 millones de objetos –obras de arte, vinos, edificios enteros– fueron rematados bajo la ocupación francesa.

Pero el padre de mi amigo mantuvo la fe en su familia en el Bagdad racista de los años 50, y pagó el precio real por un hogar judío. Es sólo una anécdota, lo sé, pero de alguna manera renovó la esperanza de que en una tierra con tanto sufrimiento –primero bajo Saddam y luego bajo los estadunidenses y sus apparátchiks en los primeros años de gobiernos de ocupación, y luego bajo los ataques del culto del Isis– una profunda dignidad debe existir; un valor que mi amigo entendía muy bien.

Cuando llegamos a Bagdad al día siguiente, sacó los brazos por la ventana del auto en el calor de horno de la ciudad. "Es mucho más segura, Robert. Ya se puede caminar por las calles. Hasta la Zona Verde está abierta al tráfico en la noche".

Y por todos los cielos, estaba en lo cierto. En el centro de Bagdad tomé taxis , y después de la siete de la noche conduje por la Zona Verde sin que ni siquiera me catearan. Por toda la ciudad, esos enormes muros de angustia y miedo –construidos entre grupos sectarios, entre ocupación y pueblos ocupados, entre familias– ya fueron retirados.

Hay policías que con silbatos le llaman la atención a los conductores por pasarse los altos –bienvenidos a Medio Oriente–, pero se veía como una ciudad cuyo corazón ha vuelto a latir tras un accidente coronario masivo, luego de años de desolación y escuadrones de la muerte.

Pero la ocupación estadunidense permanece, no sólo en la famosa base de Donald Trump desde la cual él cree que puede ver las profundidades de Irán, sino en las aguas estancadas de las políticas de Estados Unidos hacia Irán en las que Washington se alineó con la ecuación de Mohamed bin Salman, de Arabia Saudita, y Benjamin Netanyahu, una peligrosa y nada confiable alianza en la que Irak está atrapado entre las arenas de Arabia y la antigua Persia.

Para los iraquíes la ecuación Trump-Bin Salman-Netanyahu es absurda. El ministro del Exterior iraní, Javad Zarif, fue muy claro al hablar en la conferencia de seguridad celebrada en Munich hace tres meses. Estados Unidos afirmó que Irán estaba "interfiriendo en la región" y respondió: "¿Pero ya alguien preguntó la región de quien? El ejército de Estados Unidos ha viajado 10 mil kilómetros para dejar todas nuestras fronteras llenas de sus bases. Es un chiste decir que Irán interfiere con las bases estadunidenses".

Es una observación que se ve más terrible tras el aparente ataque contra dos barcos petroleros sauditas que zarparon de los Emiratos esta semana. Si Estados Unidos en efecto tiene una "obsesión patológica" con Irán, como asegura Zarif, es Irak el que está en la línea de fuego hacia Irán. Y pese al deseo del gobierno iraquí y su primer ministro, Adil Abdul Mahdi, de aferrarse a una especie de neutralidad amistosa, esto se volverá más difícil si un portaviones o un grupo de buques de guerra y los misiles estadunidenses se acercan demasiado.

En teoría –y a pesar del deseo de Estados Unidos de destruir al gobierno iraní– las relaciones entre Irán e Irak han mejorado. ¿No se reunió el gran ayatola Ali al Sistani con el presidente iraní Hassan Rohani en marzo, en un claro signo de que el liderazgo chiíta iraquí prefiere la influencia más laica y civilizada del liderazgo iraní? ¿Será que Irak quiere aumentar su capacidad petrolera dentro del liderazgo iraní? ¿Acaso Irak no está tratando de incrementar su capacidad de producción de petróleo para reducir su dependencia hacia Irán? Un mes después,cuando el primer ministro Mahdi visitó Teherán, el "líder supremo" ayatola Ali Jamenei, le dijo que expulsara de Irak "lo más pronto posible" a las fuerzas estadunidenses que permanecen en su territorio. Mahdi no respondió.

No puede uno culpar a las autoridades iraquíes de no exigir esto. ¿No es la ciudad de Basora, con su sobrepasado drenaje, masivos cortes de electricidad, y el descontento inmenso y violento (además de sus muy rentables reservas de petróleo) más importante en Bagdad que en Irán? ¿No son todavía los gestantes grupos del Isis en los desiertos de Anbar y alrededor de las aldeas más al norte una amenaza mayor que una guerra entre Estados Unidos e Irán? Irak ha pedido a Estados Unidos exentarlo de las sanciones económicas contra Irán hasta el final de este verano, para que pueda importar más gasolina y electricidad.

Pero ¿es necesario torturar a Irak nuevamente? Hay precedentes históricos en juego en todo esto; los iraquíes –y no menos los kurdos– se han escapado del puño militar de Estados Unidos. Nadie sabe cuánto sur del país aún está bajo el control de las milicias chiítas. Un día noté que, al sur de Kerbala, una patrulla del gobierno pasaba sin problemas por los puestos de control chiítas. "No deberían estar aquí" me dijo mi chofer y señaló a los soldados que llevaban cascos modelo Kevlar de fabricación estadunidense y chalecos antibalas. Pero lo que fue perturbador es que los soldados del gobierno estaban encapuchados con máscaras negras. Y luego recordé que sigue sin haber ministro de Defensa en Irak. Tampoco ministro del Interior.

En cierto sentido Saddam es el sangriento pegamento de la unidad. Cuando escuché que las milicias descubrieron otra fosa común de víctimas del Isis en Kirkuk, me preparé para ir al norte de Bagdad, pero luego se informó que la más reciente tumba masiva fue hallada a 100 millas al oeste de Samawa y que las decenas de cuerpos no eran de chiítas asesinados por el Isis, sino kurdos muertos por Saddam durante la campaña de Anfal en 1988.

El presidente de Irak, Barhem Saleh –quien es kurdo– estuvo presente en la exhumación. Estos mártires murieron porque deseaban una vida digna y libre, declaró. "El nuevo Irak no debe olvidar los crímenes cometidos y que costaron vidas a iraquíes de todas las comunidades", dijo.

Y así el "nuevo" Irak es instado a recordar al viejo fantasma que en 1980, recordemos, declaró la guerra a Irán alentado por Estados Unidos en un intento por destruir la revolución iraní la cual Donald Trump, casi 30 años después, quiere destruir de nuevo.

Recuerdo cuando en 1980 los sauditas apoyaron la guerra de Saddam lo mismo que Kuwait –Israel estaba muy contento de ver a dos poderes musulmanes inmolándose mutuamente– y luego las flotas de guerra estadunidenses fueron enviadas al Golfo y nos dijeron que Irán representaba la más grande amenaza a la paz en Medio Oriente en generaciones.

Es la misma vieja historia y por lo tanto, en cierto sentido, Saddam aún vive, sus legiones siguen surtiendo gasolina a lo largo de la frontera iraní, aún destruyen a los kurdos y amenazan a los chiítas. Las naciones con largas historias tienden a sobrevivir. Por eso Irán sobrevivirá. No estoy tan seguro sobre Irak, Siria, Líbano y Jordania. ¿Qué podemos decir de Israel? ¿O Arabia Saudita? Y contra todo esto, realmente importan los más recientes bramidos de Washington? ¿No nos están pasando la repetición de la misma vieja guerra?

En retrospectiva, la guerra entre Irán e Irak entre 1980 y 1988 fue el primer intento occidental de destruir al Irán revolucionario. La guerra israelí de 2006 contra el Hezbolá armado por Iran pudo haber sido el segundo. La guerra civil en Siria –el único aliado árabe de Irán– pudo ser el tercero. ¿De dónde podemos esperar el cuarto intento?

Puede ser que Irán haya tenido que pasar por pruebas muy duras, pero su pueblo, durante estos 30 años, ha pasado por un purgatorio profundo –y hasta ahora ha sobrevivido. Puede parecer una levedad –quizá un poco demasiado periodístico–, pero quisiera que las cigüeñas pudieran hablar.

The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

 

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Trump amenaza con desaparecer a Irán de la faz de la tierra

Trump, presidente de una de las tres superpotencias, se da el lujo barbárico de amenazar con un ominoso tuit cavernícola: “Si Iran desea combatir, eso será el fin oficial de Irán. Nunca amenacen a EU de nuevo (https://bit.ly/2HDT4Ve)”.

A lo que replicó el canciller Javad Zarif: “Incitado por el equipo B, Trump espera conseguir en lo que Alejandro Magno, Gengis Kan y otros agresores fracasaron. Los iraníes se han erguido durante milenios mientras los agresores fueron expulsados. El terrorismo económico y las burlas genocidas no podrán "acabar con Irán". Nunca amenacen a los iraníes. Ensayen ser respetuosos, ¡Si funciona! (https://bit.ly/2LVlhwc)”.

Los persas tienen un enorme complejo de superioridad: sus agresores han sido expulsados y ostentan una civilización de más de 2 milenios, mientras Estados Unidos, desde los cuáqueros del Mayflower, lleva 399 años.

Se trata de un déjà vu de la guerra de Irak de Baby Bush y sus inexistentes "armas de destrucción masiva" mezclado a las bravatas de Trump contra Norcorea antes de sentarse a negociar con el mandatario Kim Jong-un.

El despliegue del portaviones Lincoln y los bombarderos B-52 en el Golfo Pérsico lo justificaron la dupla bélica del bushiano John Bolton, asesor de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo –confeso "evangelista sionista" y hoy secretario de Estado–, como medida preventiva ante los "futuros (sic)" ataques de Irán y/o sus aliados –Hezbolá en Líbano, las milicias chiítas en Irak, Jihad Islámico en Gaza y los hutis en Yemen– que huelen a "falsa bandera".

Bolton y Pompeo son los “chivos de Trump en la cristalería iraní (https://bit.ly/2VIqVpG)”.

Trump promete un día no desear la guerra y otro amenaza con borrar a Irán de la faz de la tierra, lo que significa lanzar un abanico de bombas nucleares que quizá no tenga en cuenta que afectará con su "radiactividad" a las 15 fronteras (terrestres y marítimas: ¡incluida Rusia!) al país persa, entre ellas las petromonarquías aliadas a Trump (https://bit.ly/19CPKjm).

Suena cronológica y cognoscitivamente disociativa y absurda la bravata nuclear de Trump para "destruir a Irán", por lo menos de aquí a finales de junio, cuando el talmúdico Jared Kushner –yerno de Trump que "maneja" simultáneamente las agendas de México e Israel–, patrocina una cumbre para la "prosperidad y paz(sic)" del 25 al 26 de junio sobre un "taller económico" para que los gobiernos, la sociedad civil y los empresarios "compartan ideas, discutan estrategias y galvanicen apoyo para las potenciales inversiones económicas e iniciativas que puedan ser posibles para un acuerdo de paz" que pretende resolver el conflicto de Palestina e Israel en Manama (Bahréin).

Irán puede ser un "megaVietnam" para Trump, que en dado caso descarrilaría su anhelada relección (https://bit.ly/2YFFZl6).

Queda(rá) la duda si es Trump o Netanyahu, o los dos, quien(es) desea(n) la desaparición de Irán cuando New York Times, rotativo cercano a la dupla de la banca Rothschild/Soros, fue acusado por el grupo de Netanyahu de "antisemitismo" –vacuo término faccioso que no tiene valor semántico por carecer de aplicación universal y que ha llegado al grado de ser un antónimo sin tomar en cuenta la definición verdadera de “semita (https://bit.ly/2VhugqM)”– por haber publicado una caricatura en la que el premier israelí aparecía como canino jalando al "ciego" Trump (https://bit.ly/30e2Aqp)”.

¿No será que la amenaza apocalíptica de Trump representa un jaque para paralizar a Irán y a sus aliados, en vísperas de la Cumbre de Bahréin del 25/26 de junio?

Como que no cuadra realizar una cumbre "radiactiva" de "paz" en el mero Golfo Pérsico y en medio de tantos átomos esparcidos.

Una cosa es promover la anhelada paz y otra es imponer la claudicación del pueblo palestino despojado de sus territorios, de acuerdo con las resoluciones de la ONU, y no a los caprichos autistas del eje Trump/Jared Kushner/Sheldon Adelson/Netanyahu.

Los agraviados palestinos no asistirán a la "Cumbre Económica de la Paz (sic)" en Baréin (https://bit.ly/2Wgbc0A)”.

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El exjefe negociador de las FARC: “Fue un grave error haber entregado las armas”

Iván Márquez, en paradero desconocido, arremete contra el Gobierno por el caso de Jesús Santrich, recapturado por cargos de narcotráfico

Iván Márquez, quien fuera el jefe negociador de las FARC en los diálogos con el Gobierno, ha ahondado este lunes la crisis política e institucional en torno a la frágil implementación de los acuerdos de paz en Colombia. En paradero desconocido desde agosto del año pasado, ha lanzado una carga de profundidad al asegurar en una carta divulgada a través de su cuenta de Twitter que el paso más trascendental de ese proceso, el desarme para convertirse en un partido político, fue un “grave error”, pues los fusiles eran la única forma que tenían de garantizar que el Estado cumpliera lo pactado.


La incendiaria misiva con la que reaparece Luciano Marín –el verdadero nombre de Iván Márquez– se origina en el caso de Jesús Santrich, el excomandante guerrillero pedido en extradición por Estados Unidos. Santrich fue recapturado el viernes en la propia puerta de la cárcel, bajo nuevos cargos de la justicia ordinaria relacionados con narcotráfico, cuando se disponía a salir en libertad tras un fallo de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Luego de haberse cortado los brazos en prisión, Santrich fue trasladado la madrugada del sábado a una clínica en medio de versiones contradictorias sobre su estado de salud. La decisión del tribunal de paz ha provocado hasta ahora las renuncias del fiscal general, la vicefiscal y la ministra de Justicia, mientras el presidente Iván Duque ha respaldado la decisión de la procuraduría de apelar el fallo.


“Ningún colombiano necesita ser jurista para entender que nada de lo que diga una persona drogada forzosamente –como ocurrió con Santrich-, puede ser legal”, se lamenta Márquez en la misiva, haciendo eco de las sospechas de miembros de las FARC de que en la cárcel sedaron a Santrich antes de su fugaz salida, y esa fue la razón de su ingreso a cuidados intensivos. Márquez le pide al presidente Duque –un crítico de los diálogos– que “no dinamite la independencia de los poderes con ese odio sordo que solo busca hacer trizas y dejar sin efecto el acuerdo de paz”.


En el pasaje más preocupante, atribuyéndose la vocería de los comandantes de las otrora Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, “impactados por la traición del Estado al acuerdo de paz de La Habana”, Márquez se dirige directamente a los miles de excombatientes que hacen su tránsito a la vida civil en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR). “Les reiteramos autocríticamente que fue un grave error haber entregado las armas a un Estado tramposo, confiados en la buena fe de la contraparte”. Son reclamos que el exjefe negociador de la insurgencia ha hecho en el pasado, pero ahora aterrizan en el momento más delicado desde que Duque asumió el poder el pasado agosto.


La antigua guerrilla ya se sienta en el Congreso de Colombia. Pero el paradero desconocido de Márquez y otros líderes que abandonaron los espacios de reincorporación alegando inseguridad física y jurídica ya había encendido las alarmas sobre el futuro de los excombatientes. Los mayores temores, avivados por el rocambolesco caso Santrich, apuntan a que esos líderes alimenten el fuego de las disidencias que ya operan en distintas regiones.


Mientras Duque ha reiterado le necesidad de hacer correcciones a lo pactado –una promesa de campaña–, especialmente en lo relativo a la extradición, su alto consejero para el posconflicto, Emilio José Archila, ha enfatizado el compromiso “inquebrantable” del Gobierno para acompañar, apoyar y proteger a los excombatientes en proceso de reincorporación. La JEP ya decidió reactivar la orden de captura contra otro excomandante que abandonó sus responsabilidades con la reincorporación, Hernán Darío Velázquez Saldarriaga, alias El Paisa.


La carta de Márquez contrasta con la respuesta de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, el partido surgido de los acuerdos, que ratificó el fin de semana su compromiso con lo pactado en otra carta enviada a sus militantes. “Nos encontramos en un momento en el que no podemos flaquear. Nos corresponde, más que nunca, fortalecer la unidad de nuestro partido como garante de la implementación de lo acordado”, declaró Rodrigo Londoño, Timochenko, el presidente del partido.


A pesar de su alejamiento del partido, Márquez es un líder emblemático. No solo negoció con el Gobierno, llegó a ser la figura pública más relevante de las FARC junto con Timochenko, y el número dos de la organización. Sin embargo, renunció a su escaño como senador y se internó en el ETCR de Miravalle, en el Caquetá, tras la captura de Santrich hace poco más de un año. Desde agosto no se conoce su paradero. Su sobrino, Marlon Marín, es el informante clave de la DEA en el caso por narcotráfico, aunque la fiscalía colombiana ha dicho que no tiene una orden de captura en contra del exjefe negociador. La incertidumbre sobre el futuro de la paz se acrecienta.

Por Santiago Torrado
Bogotá 20 MAY 2019 - 14:54 COT

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Fuerzas de seguridad afganas montan guardia cerca de lugar del ataque en Helmand, Afganistán.

Al menos 17 policías murieron y otros 14 resultaron heridos tras un bombardeo de Estados Unidos en la insegura provincia de Helmand, en el sur de Afganistán, informaron ayer fuentes oficiales que, dijeron, están investigando cómo fueron causadas las bajas.

Según fuentes del Gobierno regional, las muertes fueron provocadas por un ataque de las Fuerzas Aéreas estadounidenses, que por error bombardearon un puesto de control de las fuerzas afganas. “Anoche, las fuerzas estadounidenses atacaron por error a las fuerzas de seguridad afganas matando a 17 policías e hiriendo a otros 14 oficiales”, dijo el jefe del Consejo Provincial de Helmand, Attaullah Afghan. Los ataques aéreos, dijo Afghan, “se llevaron a cabo anoche alrededor de las 20.00 en el distrito de Nahr-e-Saraj de la provincia durante un enfrentamiento entre la Policía y los talibanes”.


La operación aérea de las fuerzas de apoyo de Estados Unidos fue una respuesta a un ataque acometido por los talibanes contra un puesto de control de seguridad en una carretera de la provincia. Según el jefe del Consejo Provincial, la Policía había llegado antes del bombardeo para hacer retroceder a los insurgentes. Hasta el momento las autoridades no han ofrecido una versión oficial sobre las causas de las muertes o el número total de bajas.


Durante los intensos combates con los talibanes en Lashkar Gah, en la provincia de Helmand, “nuestros socios afganos pidieron un apoyo aéreo de precisión”, indicó el portavoz del ejército estadounidense en Afganistán, el coronel David Butler. Explicó que una “unidad de coordinación afgana había señalado y confirmado que las zonas estaban libres de fuerzas amigas”, pero que “desgraciadamente no era así y ocurrió un trágico accidente”.


“Fuerzas de seguridad afganas y combatientes talibanes murieron durante estos bombardeos”, añadió sin adelantar un balance. “Lamentamos estas trágicas pérdidas de vidas de nuestros socios” y “examinamos el malentendido para asegurarnos que no se repita”, añadió el coronel Butler. El portavoz del gobernador de Helmand, Omar Zwak, confirmó.... los enfrentamientos entre la Policía y los talibanes, así como los ataques aéreos en apoyo de la Policía. “Todavía estamos investigando cómo murieron los policías. De momento no se puede confirmar que el 100 por ciento de los oficiales haya muerto por el bombardeo”, dijo. El portavoz de Ministerio de Interior, Nasrat Rahimi, informó del ataque a través de su cuenta en Facebook confirmando la versión de que el ataque aéreo fue hecho en apoyo a los agentes del puesto de control.


Helmand es una de las provincias más inseguras de Afganistán, en la que los atentados o ataques a objetivos militares son frecuentes.

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