Movilizaciones de las Farc hacia las Zonas Veredales de Normalización Transitorias.

 

Generales anticomunistas resucitan la idea de las Repúblicas independientes con la que Álvaro Gómez promovió, en los años 60 del siglo pasado, una invasión militar a Marquetalia, en Planadas, para aplastar a los comunistas y a las organizaciones agrarias que debieron transformarse en autodefensa y en entidad guerrillera, que en adelante se llamaría Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia/Farc.

¿Se repetirá la insensatez hoy?

No se ahorran recurso los enemigos de la paz para destruir el proceso de erradicación del conflicto armado que se adelanta mediante la implementación de los acuerdos correspondientes, sellados en el Teatro Colon el pasado 24 de noviembre del 2016, entre el Presidente Santos y las Farc.

La última novedad corre por cuenta del conocido ex general Bonnet Locarno, en representación de la Acore, gremio de generales anticomunistas, quien salta a la arena para estigmatizar las Zonas veredales (http://bit.ly/2mm29cy ) donde se han ubicado los frentes guerrilleros de las Farc en el plan de dejación de las armas y su transformación en un partido y movimiento político.

Este militar revive la famosa campaña del hijo de Laureano Gómez, Álvaro Gómez, quien en 1962 orquestó toda suerte de mentiras y estigmas para presionar el ataque militar contrainsurgente sobre la vereda Marquetalia, en el Corregimiento de Gaitania, municipio de Planadas, departamento del Tolima.

Decir que las Zonas veredales son Repúblicas independientes donde impera la anarquía, es un disparate del tamaño de una catedral. Es desconocer olímpicamente los contenidos de los consensos en dicha materia, que las Farc cumplen de manera estricta.

Lo que se pretende es imponer un control draconiano, violento y fascista sobre los territorios en los que se han ubicado los integrantes de la guerrilla de las Farc, para impedir la relación democrática y civilista con la población civil.

Resucitar la idea de las Repúblicas independientes es muy grave, pues un error de esas dimensiones llevo a una sanguinaria campaña del ejército contra los campesinos y los comunistas en los años 60, dando origen a las Farc, como respuesta de las masas rurales a la agresión de la ultraderecha militarista.

Hagamos un poco de historia para que nos contextualicemos en este peligroso giro de la actual situación que pretenden los enemigos de la paz.

En 1962 se posesiona como presidente el conservador Guillermo León Valencia, y los territorios de colonización donde ejercía su liderazgo e influencia el Partido Comunista, fueron puestos en la mira del gobierno, en gran parte por el anticomunismo que por los años sesenta se expandía desde el gobierno de Estados Unidos y que en Colombia introdujo el general gringo William Yarborough, mediante la conformación de los mercenarios Lanceros y nuevas brigadas militares en los departamentos de Caldas, Valle y Tolima .

En 1962, el ejército realiza una primera operación contra la vereda de Marquetalia que obliga a los pobladores a colocarse a disposición de la resistencia agraria y a prepararse para cualquier tipo de ofensiva militar, esta iniciativa del gobierno, lleva a los dirigentes del Partido Comunista a activar paulatinamente la autodefensa (organizada después del asesinato de Gaitán), para prepararse ante futuros ataques y para concientizar a la población sobre la situación. El PC mediante su acertada estrategia de lucha de masas y defensa de las comunidades, refuerza la organización de la autodefensa, preparándose para cualquier ataque porque la situación en estas zonas cada vez era más tensa, el ejército comenzó a rodear estos territorios para evitar que se expandiera su influencia a otros, aislándolos e impidiendo muchas veces que vendieran sus productos fuera de estas tierras, alejándolos de la posibilidad de inserción en la economía nacional y del desarrollo capitalista que se estaba dando en el país.

Los territorios de influencia comunista fueron denominados Repúblicas Independientes por el senador conservador Álvaro Gómez en el Congreso de la República: “no se ha caído en la cuenta que hay en éste país una serie de repúblicas independientes que no reconocen la soberanía del Estado”, decía ese siniestro personaje. Sus declaraciones, dan impulso a las posteriores acciones militares en las que el gobierno busca restituir su control militar en las regiones apartadas donde antes no había hecho mayor presencia, se determina que en estos territorios la creciente influencia del PC es un peligro para el mantenimiento del poder oligárquico del Frente Nacional y se decide acabar con ellas a sangre y fuego.

El ejército por orden del gobierno conservador frentenacionalista, buscará terminar violentamente con la influencia comunista en los territorios de Marquetalia, Rióchiquito, El Pato y Guayabero.

El Partido Comunista, como era obvio y necesario, se prepara para los ataques del ejército, debido a esto.

En Marquetalia, el PC organiza nuevamente la “Columna de marcha”, que ya había operado a principios de los años 50, para movilizar a las familias de los combatientes hacia las montañas y hacia Rióchiquito con el fin de evitar que los ataques los acaben; los combatientes se quedan en Marquetalia para resistir la ofensiva militarista.

Entre finales de abril y principios de mayo de 1964, son evacuadas unas 1.700 personas de la población civil de Marquetalia y de las veredas vecinas, la población queda a la expectativa del inicio de los operativos.

Comienza así la guerra preventiva contrarrevolucionaria bajo los lineamientos del plan LASO (Latin American Security Operation) inspirado en la nueva filosofía de la guerra contrainsurgente, con el supuesto fin de devolverle al Estado la soberanía sobre todo el territorio nacional, y quitarles a los comunistas la legitima influencia en dichas territorialidades.

Las fuerzas militares promueven la campaña de intimidación y propaganda en contra del Partido Comunista: cierran el acceso y salida de estos territorios; impiden la movilización de campesinos a otras zonas para evitar la creciente expansión del PC, y obstaculizan la comercialización de sus productos, para que económicamente les sea cada vez más difícil el mantenimiento de estos territorios, dejándolos prácticamente aislados para facilitar la acción del ejército.

Entre el 27 de mayo y el 14 de junio de 1964, se desarrollan combates entre la resistencia de Marquetalia y las Fuerzas Armadas, hasta que el ejército toma el control de la zona y los combatientes comunistas dejan definitivamente la autodefensa para convertirse en guerrilla revolucionaria agraria. Los ataques a Marquetalia, dan como resultado la activación definitiva de la estrategia revolucionaria de los comunistas.

De esta forma, la autodefensa popular deja de ser un movimiento espontáneo para convertirse en una orientación sistematizada y generalizada por los destacamentos comunistas, que la recomiendan para responder organizadamente a los ataques, con un criterio militar, pasando de la autodefensa a la acción guerrillera.

Después de los ataques, se expide el Programa Agrario de Marquetalia el 20 de julio de 1964, que en adelante será la base para el trabajo de la guerrilla comunista en el territorio nacional. El Programa agrario de los guerrilleros, como se conocerá en adelante, establece que el cierre de todas las posibilidades de vida y lucha reivindicativa pacífica, obliga a la población campesina a la resistencia social y al inicio de la lucha armada, debe servir además como plataforma para los diferentes destacamentos guerrilleros.

La Columna de marcha conformada después de los ataques a Marquetalia, transita las montañas, donde al ejército se le dificultaba entrar y donde los campesinos podían esconderse más fácilmente a pesar de las condiciones de la selva, allí esperaron muchos hasta que fuera seguro salir, otros buscaron territorios cercanos de colonización para asentarse, y otros se fueron para Rióchiquito donde comenzarían posteriormente los ataques del ejército, el 15 y 16 de septiembre de 1965, en condiciones parecidas a Marquetalia, los habitantes de este territorio deben ser movilizados nuevamente mediante la Columna de marcha hacia El Pato, Guayabero y otras zonas de colonización, organizando la defensa con fundamento militar, pasando de la autodefensa a la acción guerrillera.

Surgieron las Farc y la historia ya la conocemos ¿Pretenden estos chafarotes que todo ello se repita con otros 60 años de guerra y violencia?

Imposible tanta insensatez.

 

 

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Esta es la razón por la que (casi siempre) nos mienten respecto al pan integral

 

Se entiende por pan integral al que se hace con una harina en la que se aprovecha el grano completo del cereal, ya sea trigo -el más común-, cebada o centeno. El grano completo molido aporta el salvado -que es la cáscara, abundante en fibra, vitaminas del grupo B y minerales-, el germen -rico en proteínas, vitaminas del grupo E, ácidos grasos, magnésio y otros componentes- y el endospermo, que es puramente almidón, y por tanto largas cadenas de glucosa, y cierto nivel de proteína.

Si logramos una harina que contenga estas tres partes y hacemos una masa con ella, que fermentamos y horneamos, obtendremos un auténtico pan integral, que conservará todas los nutrientes antes descritos y además logrará que su aporte de fibra retrase la absorción de los azúcares del endospermo, de modo que no suba tanto la glucosa de golpe en nuestra sangre y no forcemos al páncreas a crear insulina. Numerosos expertos en nutrición del mundo ya alertan de los peligros de los constantes altos niveles de azúcar en sangre a raíz de nuestra dieta.

Si separamos las tres partes del grano mediante un complejo proceso de filtrado y tamizado, obtendremos finalmente una parte de germen, que normalmente se dedica a las industrias cosméticas y nutricionales, el salvado y la harina blanca o refinada. Esta harina es blanca porque solo contiene endospermo, mayoritariamente almidón que es la base del pan que conocemos como blanco, el más habitual hoy en día y general en la historia moderna.

 

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El 'misterio' del pan integral

 

Este pan blanco es para un creciente número de nutricionistas una de las causas de la plaga de obesidad que vivimos hoy en día, pero lo cierto es que hasta fechas muy recientes ha sido el que la mayoría de la población ha comido, apreciado y pagado mejor. Incluso durante de la hambruna de 1848 en Irlanda, la gente pobre era alimentada con pan integral porque resultaba más barato, al ser considerado casi un desperdicio para animales.

No había conciencia de su mayor valor nutritivo ni de su idoneidad glucémica, algo que se ha considerado un misterio. Sobre todo a medida que los nutricionistas han reivindicado el valor del grano entero en la harina. Sin embargo, hay una razón de fondo para que la industria panadera se inclinara por el pan blanco: su mayor y mejor conservación. El pan integral puro y duro, que integra los lípidos del germen, tiene tendencia a estropearse rápidamente porque dichos lípidos se enrancian y dan mal sabor.

Es posible fabricar pan integral puro, pero entonces existe el problema de su conservación, aparte de otros problemas de textura más relacionados con que estemos acostumbrados a la del blanco. Su durabilidad baja mucho, lo que no lo hace apto para permanecer días e incluso semana en los lineales del supermercado. Ni siquiera en las estantería de una panadería que no coloque su género el mismo día, ya que el enranciamiento progresivo va dejando un sabor cada vez menos agradable.

Solo en pequeños hornos y tahonas, que fabrican el pan para consumir el mismo día, suelen ofrecer un pan integral puro. Adicionalmente suelen moler ellos el grano, o un proveedor cercano, en un molino de piedra tradicional, ya que la harina integral también se enrancia y, por lo tanto, no se puede conservar bien. Además, la maquinaria de molienda industrial incluye el filtrado, que separa las partes.

 

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FOTO: WIKIMEDIA COMMONS

 

La solución: falso pan integral

 

Una solución que ha encontrado la industria panadera para tender la creciente demanda de pan integral por parte de los consumidores y consumidoras es aumentar la proporción de fibra en la harina una vez refinada. Se hace mediante el añadido posterior del salvado antes separado. De este modo se busca aumentar la proporción de fibra en el pan para favorecer los procesos digestivos y disminuir el impacto del almidón de la harina refinada en la subida de azúcar en la sangre. El salvado también puede añadir vitamina B y minerales si ha sido debidamente conservado.

Pero realmente no se trata de pan integral, ya que la ausencia del germen elimina numerosas enzimas que provocan reacciones, no solo el enranciamiento, que se dan en el pan integral, que se tiende a considerar un alimento complejo, como los lácteos o el vino. Este falso pan integral, que no obstante siempre es preferible al pan blanco típico, se suele indicar en los lineales de supermercado como "integral", ya que la legislación lo permite.

Si miramos su composición nutricional, veremos que posee un porcentaje en fibra vegetal cercano al 11%, lo cual casi cuadruplica la media del pan blanco, que apenas supera el 3%. Pero para descubrir si es un pan realmente integral deberemos mirar en el etiquetado su nivel de lípidos: si está por debajo del 1% es un 'flaso integral', pero si se acerca al 3% es muy posible que sea puro. Adicionalmente estos panes se suelen guardar en estantes refrigerados para prevenir los enranciamientos, que no obstante ya habrán comenzado tras el horneado.

 

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Foto: Chefkeem

 

Pan esenio

 

Como conclusión: es muy difícil que en un supermercado, o simplemente un horno o tahona normal, encontremos auténtico pan integral, a no ser que lo encarguen cada día a un especialista, lo cual empieza a ser habitual a medida que hay una demanda creciente. Como sustituto está el 'falso integral' que por lo menos aumenta sustancialmente la proporción de fibra y ofrece algunas vitaminas y minerales.

Una alternativa es el llamado pan esenio, realizado con granos germinados que se muelen y se hornean sin fermentar. Las ventajas de este pan es que la germinación da lugar a una serie de reacciones químicas que aumentan su nivel vitamínico, así como reducen ciertos compuestos que se cree que producen alergias -aunque no el gluten-, y consumen la mayor parte del almidón, reduciendo así mucho el índice glucémico del pan.

 

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Foto: Fritzs

 

 

Twitter: Jordi Sabaté *

 

 

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Formación rocosa de Canadá donde se han encontrado los fósiles más antiguos de la Tierra, con una edad estimada entre 3 mil 770 y 4 mil 280 millones de años. Foto: Dominic Papineau/ University College London.

 

Un equipo internacional de geólogos, paleontólogos y nanotecnólogos han hallado unas estructuras tubulares y filamentosas que, según interpretan, representan bacterias fósiles. Y las han hallado en unas rocas canadienses (el cinturón Nuvvuagittuq) que provienen de fumarolas hidrotermales del fondo oceánico de hace 3 mil 770 y 4 mil 280 millones de años.

 

La Tierra tiene 4 mil 500 millones de años, de modo que estos microfósiles representan las evidencias de vida más antiguas de las que hay constancia hasta ahora. Y ya no queda mucho margen para seguir viajando hacia el pasado.

En una investigación que aclara dónde y cuándo surgió la vida en la Tierra, un equipo científico internacional ha descubierto en Canadá los fósiles más antiguos del mundo. Corresponden a bacterias que surgieron junto a fuentes hidrotermales en el fondo del océano, donde se alimentaban de hierro y vivían gracias a la energía que venía del interior del planeta.

Dado que ya representan seres vivos relativamente evolucionados, la vida tuvo que surgir muy poco después de la formación del planeta.

El descubrimiento refuta la teoría ampliamente aceptada de que la Tierra no fue habitable hasta que terminó una era de bombardeo intenso de asteroides hace 3 mil 800 millones de años. En su lugar, emerge una teoría alternativa que indica que las primeras formas de vida prosperaron en un entorno que resultaría extemadamente hostil para los seres vivos actuales.

Los fósiles, que se presentan esta semana en la revista Nature, se han descubierto en la formación geológica de Nuvvuagittuq, a orillas de la bahía de Hudson, donde se encuentran algunas de las rocas más antiguas de la Tierra. Son estructuras microscópicas, con apariencia de tubos y filamentos diminutos, similares a las que han creado en épocas más recientes las bacterias que viven junto a fuentes hidrotermales.

Representan “las formas de vida más antiguas identificadas en la Tierra”, escriben los investigadores en Nature. Antes de este descubrimiento, el récord lo ostentaban colonias de microbios que vivieron hace 3 mil 700 millones de años y cuyos fósiles se han encontrado en rocas de Groenlandia.

A diferencia de las bacterias encontradas en Canadá, que vivieron en la oscuridad del fondo del mar, los microbios de Groenlandia vivían en aguas superficiales gracias a la energía que recibíaan del sol. Si se combinan ambos hallazgos, significa que las formas vivas unicelulares colonizaron tanto la superficie como las profundidades del mar utilizando distintas formas de energía desde una etapa muy temprana en la historia de la vida.

Según los resultados de la investigación, tanto la composición química de las rocas de Canadá como un análisis detallado de sus formas indican que corresponden a fósiles de seres vivos. Los tubos y filamentos microscópicos están compuestos de hematita, un tipo de óxido de hierro. Aunque la hematita puede formarse de diferentes maneras, los investigadores argumentan que sólo un origen biológico es verosímil en este caso.

Las estructuras de hematita presentan las mismas ramificaciones características de las bacterias que viven hoy día junto a fuentes hidrotermales submarinas y que también se alimentan de hierro. Además, se encuentran junto a otros minerales que denotan un origen biológico como grafito, apatita y carbonatos. Y, como prueba adicional, los fósiles se encuentran en estructuras minerales esféricas que, en rocas no tan antiguas, suelen contener restos de seres vivos.

Todo ello demuestra que “ha habido microorganismos viviendo junto a fuentes hidrotermales desde el inicio del registro geológico sedimentario; el origen de la vida, por lo tanto, tuvo que ocurrir antes de ese momento”, declara por correo electrónico Dominic Papineau, coautor de la investigación, liderada por el University College (UCL) de Londres y en la que han colaborado científicos del Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Australia y Noruega.

“La vida ya se había vuelto bastante compleja en la época a la que corresponden los fósiles de Canadá, lo que retrasa el origen de la vida en la Tierra cerca del momento de la formación del planeta”, añade Matthew Dodd, investigador del UCL y primer autor del trabajo, también por correo electrónico.

El descubrimiento demuestra que la vida no necesitó esperar al final del llamado Bombardeo Intenso Tardío para proliferar. En esa época, que duró unos 300 millones de años, la Tierra y los otros planetas interiores del sistema solar sufrieron múltiples impactos de grandes asteroides. “La idea de que el Bombardeo Intenso Tardío esterilizó la Tierra queda desacreditada”, apunta Papineau. “Los impactos de asteroides pueden causar grandes extinciones para los animales. Pero para los microbios sólo causan grandes oscilaciones”.

Por otro lado, los fósiles de Canadá indican que la vida pudo surgir primero junto a las fuentes hidrotermales del fondo del océano, donde estaría protegida de los cataclismos de la atmósfera, y evolucionar después en aguas superficiales. O tal vez surgió de manera independiente en el mar profundo y en aguas superficiales. O bien surgió y se extinguió varias veces antes de asentarse definitivamente.

“Es posible que nunca lo aclaremos”, advierte Fyodor Kondrashov, investigador Icrea en el Centre de Regulació Genòmica (CRG) de Barcelona, que no ha participado en la investigación.

“El problema es que tenemos una idea aproximada de cómo era la vida hace mil millones de años, pero no sabemos en absoluto cómo eran las condiciones en la época en que surgió la vida. Podemos hacer inferencias a partir de cómo funciona la vida hoy día, pero hay un límite a lo que podemos llegar a saber del pasado”.

Precisamente por esta dificultad de escrutar el pasado, destaca Kondrashov, es tan valioso el descubrimiento de los fósiles primigenios de Canadá, ya que “aporta datos concretos sobre una cuestión de la que sabemos muy poco”.

 

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Tubos de hematita en las fumarolas hidrotermales, que representan los microfósiles más antiguos. Foto: EPV.

 

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Formación geológica de Nuvvuagittuq, en Canadá, donde se han descubierto los fósiles más antiguos de la Tierra. Foto: Jonathan O’Neil/ Universidad de Ottawa.

 

 

 

Sergei Lavrov señaló que Moscú deseaba establecer una relación pragmática con respeto mutuo y el conocimiento de las responsabilidades para la responsabilidad global con EU

 

Asistimos a la muerte de los insulsos Foros Económicos de Davos y su misántropo globalismo financierista –que colisiona con la anhelada universalidad–, mientras regresamos al modelo del orden de Westfalia de 1648, donde se asientan las soberanías y sus nacionalismos?

La relevante Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM), en vísperas de su reunión anual, publicó el Reporte 2017, ¿post-verdad, post-occidente, post-orden? (https://goo.gl/9ecVde).

Deutsche Welle comenta el reporte de la era post-occidental que exhibe un “frágil orden mundial (https://goo.gl/IzrBxi)” debido a que el ascenso del populismo (sic) amenaza el orden internacional que vive un momento antineoliberal a escala global cuando el repliegue de EU en el escenario mundial puede permitir que otros tomen ventaja del vacío de poder.

En efecto: Rusia ya resucitó entre los muertos, China se consolida imperturbablemente, mientras se desfonda la Unión Europea (UE) y EU padece su decadencia doblemente implosiva y explosiva.

Wolfgang Ischenger, anterior embajador alemán en EU y presidente de la CSM, afirmó que existe mayor inestabilidad global desde el fin de la Segunda Guerra Mundial cuando algunos de los pilares más fundamentales de Occidente y del orden internacional liberal (sic) se han debilitado.

Ischenger alega que el mundo se encuentra al borde de una era post-occidental, en la que los actores no-occidentales configuran los asuntos internacionales, en paralelo o aun en detrimento del andamiaje multilateral que ha formado el fundamento del orden liberal internacional desde 1945. Y pregunta: ¿Estamos entrando en un post-orden mundial?

Ischenger fue más explícito durante sus entrevistas y declaró al cotidiano berlinés Tagesspiegel que desgraciadamente EU no tiene ningún valor como ninguna personalidad simbólica de la moral (sic) política de Occidente. Europa debe llenar el vacío que se derive y asumir más responsabilidades de liderazgo.

Alemania se queda huérfana cuando falta ver el resultado de tres elecciones en Holanda, Francia y Alemania que decidirán el destino de la UE, donde Nigel Farage –promotor del Brexit y aliado de Donald Trump– predice que imitarán el populismo anglosajón nor-atlántico.

El reporte 2017 de la CSM señala que Trump en su toma de posesión no mencionó democracia, libertad o derechos humanos y, en contrapunto, ha promovido un trascendental requilibrio del orden global mediante una miríada de maniobras (sic) políticas, incluyendo esquivar tradiciones diplomáticas arraigadas, con su crítica insidiosa (sic) de los aliados tradicionales de EU y la prohibición al visado de ciudadanos de siete países islámicos.

El reporte aborda la característica de un ambiente político de post-verdad (sic) creado por una base interconectada de votantes que refleja la desinformación (sic) y su habilidad para influir en las estructuras políticas y socavar las narrativas de los medios tradicionales, lo que en su conjunto tiene repercusiones consecuentes en seguridad.

Desde hace mucho que Occidente ( whatever that means) vive de sus fake news para promover sus guerras ( v.gr inexistentes armas de destrucción masiva en Irak), las cuales se han acentuado en su ambiente de caos doméstico/global.

El reporte aduce que, más allá de la existencia de la OTAN en su presente formato o del renegar de las alianzas tradicionales por unas nuevas, el presente estado de los asuntos ha movido la dinámica global y regional entre los países.

Ulrich Rippert, del portal WSWS, interpreta que la CSM se caracterizó por su atmósfera bélica y de propaganda a favor del rearme, lo cual ilustra con la opinión militarista de varios medios alemanes (https://goo.gl/gecJjv).

Die Zeit pregunta si ¿la UE requiere la bomba (nuclear)? y lamenta que la Bundeswehr (el ejército alemán) no pueda disponer libremente de las armas nucleares de EU estacionadas en Alemania, por lo que algunos países europeos podrían optar por su propia disuasión nuclear, independiente de EU.

Cuando la UE ya perdió el paraguas nuclear de Gran Bretaña, lo cual puede ser imitado por Francia –las únicas dos potencias europeas nucleares–, Die Zeit critica que los alemanes olvidaron cómo pensar en términos nucleares.

Jan Techau, director del Foro Richard C. Holbrooke de la Academia Estadunidense de Berlín, comenta que los asuntos militares constituyen la disciplina suprema (sic) de la política extranjera por lo que Alemania, carente de armamento nuclear, será confrontada a una política extranjera de desafíos en seguridad que el país no se atreve a imaginar hoy en sus peores pesadillas y agrega que el periodo de una nueva incertidumbre estratégica en Europa obliga a implicarse militarmente.

En la CSM, el vicepresidente Mike Pence, evangelista más acendrado que el mismo Trump, intentó calmar la angustia de los europeos y afirmó el compromiso de EU con la OTAN en su confrontación con una Rusia más asertiva.

Se permea que la brutal defenestración de Michael Flynn, asesor de Seguridad Nacional, ha enfriado las relaciones entre EU y Rusia (https://goo.gl/0NQiYo).

El canciller ruso Sergei Lavrov replicó a Pence: exhortó finiquitar el orden mundial dominado por Occidente y señaló que Moscú deseaba establecer una relación pragmática con respeto mutuo y el conocimiento de las responsabilidades para la responsabilidad global con EU (https://goo.gl/YzhWvj).

Lavrov desechó a la OTAN como reliquia de la guerra fría y expresó su esperanza de que el mundo “escogerá un orden mundial democrático (sic) –un orden post-occidental– en el que cada país sea definido por su soberanía”. Agregó que EU y Rusia nunca han estado en conflicto directo (¡supersic!), haciendo notar que eran cercanos vecinos a lo largo del estrecho de Bering.

¿Habrá insinuado el canciller ruso que EU se encuentra a muy corta distancia de los letales misiles interbalísticos nucleares de Rusia?

Ahora que escaló la tensión entre EU y China, antes de que un Trump deslactosado regresara a la realidad geopolítica y optara por la política de “una sola China (https://goo.gl/gTxCZQ)”, Pekín colocó sus misiles en la frontera con Rusia situada en la parte más cercana a EU.

Lavrov afirmó que deseaba vislumbrar un espacio común de relaciones de buena vecindad de Vancouver a Vladivostok.

A propósito, Sergei Shoigú, ministro de Defensa ruso, afirmó que “los intentos de Occidente por frenar el nuevo orden mundial conducen hacia la anarquía (https://goo.gl/VhZNrM)” y alertó que tales acciones podrían desencadenar el uso de fuerza militar (sic) como instrumento principal para la solución de problemas cuando las relaciones entre los países se vuelven más tensas en medio del incremento de la lucha por los recursos y el control de las rutas de transporte.

El mundo se encuentra en una clásica fase de transición que proviene del viejo orden Occidental anglosajón, que no fenece completamente, y se encamina al nuevo orden post-occidental que es ya tripolar entre EU/Rusia/China, lo cual admite a regañadientes el geoestratega más rusófobo del mundo: Brzezinski (https://goo.gl/JDSJ1s).

 

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Hallado Zelandia, un enorme continente sumergido en el Pacífico

 

El territorio cubre un área de 4,9 millones de kilómetros y sus zonas visibles son Nueva Zelanda y Nueva Caledonia

 

Hace poco más de diez años, Plutón perdió su condición de planeta y cambió lo que se había enseñado en las escuelas durante décadas. Ahora es posible que los libros de ciencia tengan que añadir un continente —casi totalmente inmerso en las aguas del sureste del Pacífico— en sus mapas. Solo sus montañas más altas, el 6% de su territorio, se asoman sobre el mar: son Nueva Zelanda y Nueva Caledonia. Científicos del centro neozelandés GNS Science han publicado el descubrimiento de Zelandia (nombrado como Zealandia en inglés), en la revista de la Sociedad Geológica de América (GSA), dos semanas después de que se encontraran restos de otro continente bajo el océano Índico. Zelandia cubre un área de 4,9 millones de kilómetros, de la que forman parte Nueva Zelanda (con una extensión de 268.680 kilómetros cuadrados) y Nueva Caledonia (con 19.000 kilómetros cuadrados).

El equipo del GNS Science empezó a investigar la posible existencia del continente hace 20 años, pero solo ahora ha logrado probar, a través de datos colectados por sensores submarinos, que Zelandia reúne las condiciones necesarias para ser clasificado como tal: elevación sobre la zona circundante, geología distintiva, un área bien definida y una corteza más gruesa que el suelo oceánico normal. Según el estudio, los bordes de la corteza continental de Australia y del "nuevo" continente llegan tan cerca como 25 kilómetros entre sí.

Los investigadores sostienen que Zelandia se formó después de la desintegración del supercontinente Gondwana, desde hace 85 millones de años hasta hace unos 30 millones de años. "A los 30 millones de años, el continente estaba en sumergimiento máximo: hay calizas por todas partes. Desde entonces, la convergencia a lo largo y cerca de la frontera de la placa del Pacífico-Australia ha levantado partes de Zelandia que formaron las islas de Nueva Zelanda", explica Nick Mortimer, líder de la investigación.

El geólogo defiende que la importancia de Zelandia va más allá de añadir un nombre a la lista de continentes. "Es el continente más fino y más pequeño que se ha encontrado, y el hecho de que esté tan sumergido pero no fragmentado lo hace útil para explorar la cohesión y desintegración de la corteza continental", afirma. Mortimer también explica que Zelandia proporciona un nuevo contexto de "una tierra que se hizo más pequeña y se hundió bajo las olas" para los estudios de biología evolutiva, que pueden explicar los orígenes de la flora y fauna endémicas de Nueva Zelanda y Nueva Caledonia.

Según el conjunto de datos de los satélites y buques de investigación que mapean todo el planeta, ya no hay ningún otro lugar para ocultar un continente sumergido, al menos no uno tan grande como el que han hallado los científicos neozelandeses. "Es posible que se encuentre microcontinentes, sobre todo en el océano Índico, pero no continentes", escriben los investigadores.

Que Zelandia sea reconocido por la comunidad científica no es una cuestión de apelar a ningún organismo y tampoco hay una lista oficial de qué continentes existen —de hecho, algunos geólogos afirman que hay cuatro, mientras que otros sostienen que son siete—. El trabajo de Mortimer y su equipo será validado cuando otros científicos empiecen a mencionarlo en sus investigaciones. "Nos gustaría que reconocieran que simplemente mostrar esa parte remota del Pacífico, con un continente sumergido, es más geológicamente preciso e informativo que el panorama anterior. Nos gustaría verlo en el mapamundi", dice el geólogo.

 

 

Sábado, 18 Febrero 2017 07:50

Las mujeres olvidadas de la ciencia

Marie Curie, la científica más conocida y premiada.

 

Eclipsadas por los hombres de su entorno, muchas científicas han permanecido en la sombra durante muchas décadas. Recuperar su nombre es importante por justicia, para crear modelos actuales y para acabar con la discriminación que aún existe

 

Existen ciertas creencias en el imaginario colectivo sobre lo que significa ser un científico. Para verlas, se podría pedir a un niño que dibujase a una de las personas dedicadas a esta actividad: seguramente plasmaría en el papel a un genio alocado, un hombre con bata y cabellera alborotada. Por supuesto, ser un científico no es necesariamente así. Es, más bien, a lo que nos hemos acostumbrado cuando se piensa en ellos. Son geniales, son complicados... Y son hombres. En las críticas positivas que ha recibido la película Figuras ocultas en los medios estadounidenses –recupera la historia de las olvidadas mujeres negras matemáticas de la NASA– se destaca su representación del genio matemático no solo como mujeres y negras, sino también como personas que llevan vidas normales al margen de la ciencia. Algo bastante inusual en el cine sobre esta materia, que tiende a crear imaginarios sobre el genio y la locura.

En el ensayo biográfico que desentraña esta historia, titulado también Figuras ocultas (HarperCollins Ibérica, 2017), la autora, Margot Lee Shetterly, habla de esos momentos clave en los que se generó la imagen de los científicos de la NASA como hombres blancos, vestidos con camisa y corbata y equipados con un casco. En los comienzos de la carrera espacial, cuando Estados Unidos ponía en órbita sus primeras misiones tripuladas, se filmó un documental que luego se retransmitió masivamente al público. En él, las imágenes capturadas en las salas de comunicación que entablaban conversaciones con los astronautas estaban llenas de esos hombres, aunque esos hombres no fueran todos los científicos que estaban detrás del trabajo que había mandado las misiones al espacio. Por ejemplo, las computadoras –profesionales responsables de los cálculos realizados– eran siempre mujeres.

“En la ciencia ocurre lo mismo que ocurre en cualquier campo: somos ignorantes del papel de la mujer en muchísimos terrenos en los que estuvo presente”, explica, poco después de que su novela llegase a las librerías, Miguel A. Delgado, autor de Las calculadoras de estrellas (Destino, 2016). Su libro captura, desde la ficción, a algunas de esas mujeres científicas tan desconocidas para el gran público (aunque no tanto en este caso para el público especializado). Mujeres que durante finales del siglo XIX y principios del XX trabajaron en la Universidad de Harvard para hacer un censo de todas las estrellas del firmamento.

Sus historias y sus descubrimientos han sido muchas veces difuminados o eclipsados por las figuras masculinas de su entorno, por lo que es complicado recuperarlas de las sombras de la historia. “Uno de los motivos es que las primeras mujeres eran hijas de o hermanas de algún científico, lo que ha hecho que su trabajo se asocie a la parte masculina”, apunta Teresa Valdés-Solís sobre las razones de este desconocimiento del papel de las científicas. Valdés-Solís es científica en el Instituto Nacional del Carbón, divulgadora científica y una de las personas que está detrás del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se celebra el 11 de febrero y que busca visibilizar el papel de la mujer científica. Fue lo que ocurrió, por ejemplo, con Caroline Herschel, pionera de la astronomía y que solo fue, durante mucho tiempo, la hermana de Sir William Herschel; o con Ada Lovelace, la desarrolladora del primer lenguaje de programación y cuyo trabajo fue minimizado frente al que hacía Charles Babbage. Lovelace era en los libros simplemente la hija de Lord Byron.

En las nomenclaturas y los homenajes, algo en apariencia inofensivo, también se puede observar esta realidad. En la Luna, por ejemplo, hasta 1.586 accidentes geográficos llevan el nombre, a modo de homenaje, de alguna persona. De ellas, según apuntan Daniel Roberto Altschuler y Fernando J. Ballesteros en Las mujeres de la Luna (Next Door Publisher's y Jot Down Books, 2016), solo 28 son mujeres. “Hay muchas más mujeres en la ciencia”, denuncia Ballesteros, que ese bajísimo porcentaje de mujeres que han logrado entrar en los montes y cráteres de la Luna. “Las mujeres tienen el planeta Venus”, reconoce el autor, pero hasta en ello se puede ver cierto machismo, explica. Solo hay que pensar en qué se basan los nexos de unión de Venus con las mujeres.

 

 

Las mujeres de la ciencia en España


Casi todos los ejemplos femeninos que se suelen invocar en la historia de la ciencia suelen estar ligados a los países anglosajones. Quizás porque ellos han hecho mejor sus deberes de recuperar su historia o quizás simplemente porque ha habido más mujeres haciendo ciencia. “Es más difícil tener más datos de mujeres científicas españolas”, reconoce Teresa Valdés-Solís, aunque da algunos nombres, como el de Fátima de Madrid o María Andrea Casamayor, la primera astrónoma del siglo X y la segunda matemática del XVIII. A ellas se podría sumar el de Olivia Sabuco, la autora de un tratado médico en el XVI a quien su padre intentó robar el trabajo (aunque toda la historia está rodeada aún de cierto debate sobre quién hizo qué e incluso quién existió en su momento).

En España también hubo calculadoras de estrellas como las de la Universidad de Harvard, aunque por el momento nadie ha hablado de ellas, posiblemente porque seguirles la pista es una labor de muchísima dificultad. Según Fernando J. Ballesteros, estas mujeres existieron a finales del siglo XIX en el Observatorio de San Fernando, en Cádiz, trabajando en la Carte du Ciel, el proyecto que hacía la competencia a la universidad norteamericana para catalogar el cielo, y que estaba liderado por el Observatorio de París. “No tenemos más información que una mención de que ‘hemos contratado a cuatro señoritas’. No sabemos ni siquiera sus nombres”, señala.

Sumergirse en los periódicos de la época a través de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España permite seguir los cambios en la directiva, los viajes de sus responsables y hasta los problemas de presupuesto del Observatorio de San Fernando durante el XIX, pero no permite descubrir nada más sobre estas mujeres olvidadas. En las noticias de la época (incluso en las noticias sobre el papel del Observatorio en la elaboración de la Carte du Ciel), ellas no existen.

Al escaso papel de la mujer habría que añadir una perspectiva más general sobre la cuestión de la ciencia en la historia de España. Como apunta Valdés-Solís, el hecho de que la ciencia necesitase hasta prácticamente el siglo XX que uno se autosustentase (y por tanto destinar la fortuna personal a hacer investigación científica) hacía que esta dedicación estuviera en general en manos de los nobles, los aristócratas y quienes tenían un buen colchón en el que apoyarse. Esto provocó que, por un lado, las mujeres tuviesen más dificultades para hacer ciencia (en general no solían tener fortuna propia) y, por otro, que quizás en España se hiciese menos ciencia que en otras partes del mundo. Puede que, especula Valdés-Solís, los ricos de aquí tenían otras inquietudes.

 

 

Por qué es importante recuperar a las mujeres de la ciencia


Recuperar el nombre de las mujeres de la ciencia tiene una cierta voluntad de justicia. No fueron pocas las mujeres que vieron suplantado, de una manera o de otra, su trabajo científico. Las calculadoras de estrellas de Harvard no podían firmar investigaciones. Los premios Nobel (los nombres de Rosalind Franklin y Lise Meitner se repitieron en todas las conversaciones) fueron a parar muchas veces a hombres, sin incluir a las mujeres que habían colaborado, iniciado o apuntalado esos descubrimientos. Como apunta Fernando Ballesteros, cuando hablamos de la producción científica de las mujeres, muchas han tenido que firmar a lo largo de la historia con otros nombres o con iniciales.

Por otro lado, el papel de la mujer en la historia de la ciencia y de la tecnología es crucial por el efecto que tiene sobre las jóvenes de hoy en día. Que lo que nos cuentan sobre la historia de la ciencia y de la tecnología sean siempre historias protagonizadas por hombres ayuda a asentar la imagen de que ambos son mundos de hombres. Una idea que no solo es equivocada, sino que además es especialmente relevante porque puede provocar que las niñas abandonen prematuramente su interés por la materia: “Las niñas muestran interés por la ciencia antes que los niños, pero cuando llegan a la adolescencia esto se desploma”, apunta Miguel A. Delgado. “Hay como una presión un poco invisible”, comenta. En cierto modo, continuamos manteniendo la simplificación de que los ‘niños son de ciencias’ y las ‘niñas de humanidades’.

La ausencia de referentes es algo también peligroso. No existen guías o modelos, y se ve la ciencia como algo que toca a otros. “Cuando les pido que me pongan ejemplos de científicos me dicen todos hombres y todos muertos”, indica Teresa Valdés-Solís sobre lo que ocurre cuando hace actividades de divulgación científica con niños. Si se hace lo mismo con los adultos también resulta muy difícil que digan nombres de científicos vivos. “Es un problema no solo asociado al género, sino también a cómo se transmite la información”, apunta, señalando que en todas las noticias de ciencia sobre trabajos actuales se suele hablar de científicos en general, lo que provoca un cierto desconocimiento sobre sus nombres. “Con los deportistas no pasa”, señala por ejemplo.

A todo ello hay que sumar que aún queda mucho por hacer en la actualidad. Según Fernando J. Ballesteros, aunque cada vez es menor, sigue habiendo ciertos sesgos en el mundo de la ciencia: la balanza se inclina de un modo o de otro hacia lo anglosajón y la firma masculina (ellos son los que dominan en los elementos de referencia).

¿Siguen la tecnología y la ciencia siendo en cierto grado un club de caballeros? Cuando se habla con los científicos que trabajan en España, todos aluden a que, en el mundo de las universidades –y por tanto el mundo de la administración pública–, no se puede discriminar por género, que los sueldos están fijados por categorías. Claro que, cuando se reflexiona más sobre la materia, sale a relucir otra cuestión, la de que en los puestos superiores suele haber una mayoría de hombres. “A nosotras a veces nos resulta difícil verlo”, reconoce Teresa Valdés-Solís, explicando cómo se perciben las cosas desde dentro. Luego, analizando los datos, ves que aún queda mucho por hacer. Ellos ascienden antes que nosotras y lo hacen más deprisa”, recuerda. “Es difícil ver el porqué, ya que piensas que ya somos todos objetivos. Pero algo pasa”, añade.

 

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Espacio de información realizado con la colaboración del Observatorio Social de “la Caixa”.

 

*Raquel C. Pico

Periodista, especializada en tecnología por casualidad, y en literatura por pasión.

@RAQUELPICO

 

 

Miércoles, 15 Febrero 2017 08:24

El anarquismo que viene

El anarquismo que viene


¿Quién puede anticipar cómo será el anarquismo que viene? Nadie, por supuesto. Sin embargo, sí existe una razón de principio que nos permite afirmar con total seguridad que ese anarquismo que viene, y que ya está asomando su rostro, será necesariamente diferente del anarquismo que hemos heredado y que hoy conocemos.

En efecto, el anarquismo no es tan solo una formidable exigencia de libertad, quizás la más extrema de todas las que se han formulado, sino que también consiste en el pensamiento político de la crítica de la dominación, junto con la práctica política de la lucha en su contra. Es, por lo tanto, en el seno de las luchas contra la dominación en cualquiera de sus formas donde este se fragua y donde adquiere buena parte de sus características.

Ahora bien, como los dispositivos de dominación se van transformando en el transcurso del tiempo histórico, resulta que, para no perder eficacia, también se modifica correlativamente lo que se opone a ellos, lo que les planta cara, incluida la lucha que desarrolla el anarquismo. Lo curioso es que como consecuencia de esa inevitable modificación de sus prácticas antagonistas también se modifica el propio entramado teórico del anarquismo. La razón no es otra que la peculiar simbiosis que este establece entre la teoría y la práctica, entre la “idea” y “la acción”, y que implica, necesariamente, que si la acción se modifica, la idea no pueda permanecer estática, porque una parte de lo que la constituye, es decir, una parte de ella misma, que no es otra que la práctica, se ha modificado.

Por consiguiente, en la medida en que los dispositivos de dominación se van modificando, resulta que el anarquismo que viene será necesariamente distinto del actual. Es más, podemos afirmar, no ya por una razón de principio, sino por una constatación de tipo puramente empírico, que el anarquismo que viene no solo será diferente del actual, sino que, además, será muy diferente. El motivo es que los cambios sociales que se avecinan, y que ya están empezando a acontecer, son de tal magnitud que sus efectos sobre el anarquismo solo pueden ser de un enorme calado, situándolo frente al reto de tener que reinventarse a sí mismo.

El ejercicio creativo que consiste en imaginar cómo será el anarquismo del futuro es, sin duda, encomiable, sin embargo, dudo mucho que dejar volar libremente nuestra imaginación sea el mejor camino para intentar acercarnos a la forma que podría tomar esa reinvención. Porque si la forma del anarquismo que viene va a depender, en parte, de cómo serán los dispositivos de dominación a los que se enfrentará y de cómo será el mundo en el que se insertará, lo que precisamos para acercarnos al anarquismo del mañana es interrogar ese mundo que viene a partir de las líneas evolutivas que ya se están dibujando en el seno de la realidad actual.

Ahora bien, si queremos captar los rasgos que están emergiendo, debemos entender que los cambios que experimenta el mundo desde hace ya algunas décadas, lejos de representar un conjunto de modificaciones menores, dispersas e inconexas, anuncian e inician un auténtico cambio de época y una verdadera discontinuidad histórica.

En efecto, todo indica que ya hemos emprendido el camino que conduce, a la vez, hacia una nueva era capitalista, hacia una nueva era tecnológica, y hacia una nueva era ideológica. Esos tres grandes acontecimientos están estrechamente entrelazados, están anudados en una relación sinérgica, se potencian mutuamente y constituyen en realidad tres facetas de un mismo fenómeno global.

Así que, sin pretender trazar, ni siquiera con trazos gruesos, un diagnóstico del presente, creo que bien vale la pena detenernos sobre ese cambio de época que se está gestando, porque esa es la mejor manera de acercarnos al contexto en cuyo seno se constituirá el anarquismo del mañana y en el que se fraguarán sus rasgos.

 

 

La mutación del capitalismo

 

Para empezar por la primera de esas grandes mutaciones, veamos qué es lo que está pasando con el capitalismo. Pero, eso sí, dejando previamente bien claro, que la destrucción del capitalismo es una exigencia irrenunciable para una corriente política que se define por su lucha contra la dominación bajo todas sus formas, incluida, por lo tanto, la explotación laboral. Y eso implica que el anarquismo, tanto el actual como el que viene, no puede, bajo ningún concepto, dejar de luchar para salir del capitalismo.

Pues bien lo que está pasando con el capitalismo es que, desmintiendo los doctos augurios que anuncian repetidamente su crisis terminal, su gran colapso, el capitalismo sigue demostrando, como lo ha hecho sobradamente en el pasado, su enorme capacidad de regeneración. Una capacidad perfectamente evocada por la metáfora de esa hidra a la cual le crecen varias cabezas por cada una que se le corta.

Es obvio que, siendo capaz, como lo es, de nutrirse de aquello mismo que se le opone, el capitalismo se adapta y se transforma con una temible eficacia, y está operando hoy una autentica renovación que lo aleja considerablemente de sus formas anteriores.

Por supuesto, su motor sigue siendo el mismo: apropiación de la plusvalía, maximización del beneficio, y mercantilización de todo lo que pueda ser mercantilizado. Sin embargo, sus mecanismos, su funcionamiento, sus características, todo eso está cambiando.

Por ejemplo, la nueva modalidad del capitalismo se muestra especialmente apta para extraer beneficios de los grandes flujos, ya sean flujos financieros o flujos de información, entre otros. Así mismo, resulta que la producción de valor ya no descansa exclusivamente sobre el trabajo, y aunque la explotación de la mano de obra sigue siendo escandalosa esta ha perdido gran parte de su centralidad.

De hecho, son todas las actividades de la vida cotidiana las que ese capitalismo de nuevo cuño convierte en fuente de beneficio, procurando construir, en lugar de simplemente buscar, los sujetos que resultan más adecuados para proporcionarle ganancias. Se trata, para él, de producir subjetividades que se acoplen perfectamente a su lógica, y que faciliten su funcionamiento tanto en el campo del consumo como en el del trabajo. Se trata de construir la forma de ser, la forma de sentir, de desear, de pensar, de relacionarse, de las personas, y, para ello, debe infiltrar y colonizar nuestros deseos, nuestro imaginario, nuestras motivaciones, nuestras relaciones sociales y, en definitiva, nuestro modo de existencia.

Así, por ejemplo, en el ámbito laboral el capitalismo procura sacar provecho de todas las facetas de la persona contratada, no se limita a utilizar sus habilidades técnicas o su fuerza de trabajo, sino que intenta movilizar la totalidad de sus recursos, desde sus motivaciones, sus deseos, sus angustias, sus recursos cognitivos, y hasta sus lazos afectivos.

Y eso es posible gracias a la constitución, a lo largo del último siglo, de un considerable volumen de saberes expertos sobre el ser humano. Tanto en el plano biológico: gestión de la vida, como en el plano psicológico: producción de subjetividades, y en el plano colectivo: gestión de poblaciones.

Ni siquiera la libertad queda al margen de esas operaciones. Esta se utiliza hoy como un instrumento de sometimiento y, por ejemplo, las estructuras jerárquicas se flexibilizan para incrementar la sumisión de los sujetos o el rendimiento de los trabajadores. Porque resulta que gobernar, gestionar, y hacer trabajar en nombre, pero sobre todo en base, a la libertad, permite conseguir que sean los propios gobernados y los propios trabajadores quienes contribuyan a mejorar los mecanismos mediante los cuales son gobernados y son explotados.

Por otra parte, en la actual globalización, la impresionante ubicuidad del capitalismo significa que ya no existe exterioridad con relación a él, que ya no hay un “afuera” del capitalismo, ni espacialmente, ni socialmente. Este ha colonizado todo el planeta, e incluso sus alrededores, impregnando todos los engranajes de la sociedad, todas las facetas de nuestra vida cotidiana, y hasta nuestra propia subjetividad. Con lo cual, el capitalismo ya no representa solamente un sistema económico particular, sino que se ha convertido en una forma de vida que tiende hacia la hegemonía.

Por fin, resulta que si sus relaciones con el poder político siempre fueron muy estrechas, hoy está suplantando el propio poder político. Como muy bien lo señala El comité invisible, el poder político se ha desplazado desde los Parlamentos, convertidos en simples teatros donde se representan comedias, hacia las grandes infraestructuras de la economía capitalista. Hoy, el poder está inscrito en ellas, y son, por ejemplo, las vías y las redes de comunicación y de transporte, transporte de personas, de mercancías, pero también de energía, o de información, las que conforman materialmente el sistema de dominación establecido. No es necesario que nadie nos ordene nada, nos encontramos materialmente atrapados en esas infraestructuras y nuestra dependencia de su buen funcionamiento es total. Con lo cual, para cambiar la sociedad y para salir realmente del capitalismo de poco sirve quemar los Parlamentos si no se desmantelan, también, esos macro-dispositivos tecnológicos.

Pues bien, en definitiva, es esa nueva modalidad de capitalismo la que está construyendo el escenario en el que se inscribirá el anarquismo que viene. Y si este ya no podrá luchar contra él como luchaba antes, y si parte de las características del anarquismo provienen precisamente de esa lucha, está claro que el simple hecho de que vaya a seguir luchando contra las nuevas modalidades del capitalismo lo cambiará necesariamente de una forma muy importante.

 

 

La era internet

 

La segunda gran mutación que se está produciendo consiste, como bien sabemos, en que estamos entrando de lleno en la era informática y, de hecho, no se puede entender el actual capitalismo sin la irrupción de la revolución informática. Sin esa revolución no se habría podido constituir la nueva era capitalista, la explotación de los grandes flujos que antes he mencionado no alcanzaría la magnitud ni tendría la forma que reviste hoy en día, y la actual fase de la globalización ni siquiera habría podido acontecer. Esta no sólo representa la extensión mundial del mercado capitalista y de su lógica productiva, sino que también instaura un nuevo orden económico que se caracteriza, entre otras cosas, por la extraordinaria densificación y por la fulgurante rapidez de las interconexiones.

Ahora bien, por importante que sea su papel en la reconfiguración del capitalismo no es sólo en el campo de la economía donde la informatización generalizada del mundo ha abierto una nueva era. En la medida en que se trata de una tecnología productora de tecnologías la informática transforma, no uno, sino múltiples planos del mundo.

Basta con pensar, por ejemplo, en el impulso que ha dado a la ingeniería genética, con lo Post-humano como horizonte no muy lejano, o como ha ayudado a renovar la conducción de la guerra, mediante la creciente sofisticación tanto del armamento como de la estrategia militar (Drones, misiles auto-guiados, ataques cibernéticos, sin olvidar la renovación del espionaje y, más globalmente, de la inteligencia militar).

Si bien todas esas transformaciones posibilitadas por la informática son de primera importancia para configurar el mundo que nos espera, hay una de ellas que merece una atención muy especial, la que atañe al nuevo tipo de control social que se está instaurando y que está propiciando el auge de un totalitarismo de nuevo cuño.

Vigilancia generalizada, total transparencia, completa trazabilidad, acumulación ilimitada de datos, constante cruce de los mismos, análisis sistemático del ADN, derecho que se arroga el Estado de escudriñar nuestra vida privada o, lamentablemente, auto-exposición voluntaria y pormenorizada de nuestra cotidianidad. Como bien sabemos, gracias a la informática, todas nuestras acciones, e incluso nuestros silencios y nuestras no-acciones, aquellas que nos abstenemos de realizar, dejan unas huellas que son cuidadosamente archivadas para siempre, y exhaustivamente tratadas por los servicios estatales así como por grandes empresas privadas.

Con lo cual, no son sólo factores políticos los que hacen que el futuro se anuncie tan densamente cargado de amenazas totalitarias. En efecto, el principal peligro totalitario no radica tanto en el auge de los sectores de extrema derecha, como en los múltiples dispositivos tecnológicos vinculados a la informática que se encuentran esparcidos por todo el mundo y que están tejiendo esa tela de araña del totalitarismo donde poco a poco van quedando atrapadas nuestras vidas.

A la vista de las transformaciones que está potenciando, entiendo que no constituye ningún despropósito afirmar que la colonización del mundo por la informática, que incluye pero que no se limita a la llamada era Internet, va a imprimir, necesariamente, nuevas características a un anarquismo que tendrá que afrontar ese entorno y desenvolverse en su seno.

 

 
Una nueva era ideológica

 

No sólo cambia el mundo social y tecnológico, también está mutando una esfera ideológica que se venía definiendo estos últimos siglos por la amplia adhesión al discurso construido por la Ilustración y por su adopción como fundamento de la legitimidad de una época, la Modernidad, en la que aún seguimos inmersos, pero de la que ya hemos iniciado nuestra salida.

En efecto, hoy se acepta de forma cada vez más generalizada que las grandes narrativas de la Ilustración ya no son creíbles, y que las meta-narrativas de la emancipación, del progreso, de la razón triunfante, del Proyecto a realizar, de la Ciencia integralmente beneficiosa, de la Esperanza en un Futuro siempre mejor, etc. se enfrentan a demasiados argumentos críticos para que puedan seguir fundamentando y legitimando el credo de la época en la que vivimos.

Siempre y cuando no tiremos el bebé con el agua del baño — porque es evidente que la Ilustración distaba mucho de ser un bloque homogéneo, y porque algunos de sus principios representan logros fundamentales — sólo cabe aplaudir el desmantelamiento crítico de la gran narrativa de la Ilustración y de las trampas que nos tendía. Sin embargo, resulta mucho más difícil evaluar el relato que está llamado a sustituirla para legitimar la nueva época que está emergiendo, porque ese relato aún permanece incipiente y confuso.

No obstante, entre los elementos de ese relato que comienzan a dibujarse cabe señalar la aceptación generalizada de la incertidumbre como principio sustitutivo de las certezas firmemente fundadas y fundadoras, o la sustitución de los valores trascendentes y absolutos por criterios pragmáticos con cierto aroma relativista, o la recomposición de los valores morales inscritos en la cultura occidental afín de responder, entre otras cosas, a la irrupción cada vez más probable de la condición Post humana anunciada tanto por la ingeniería genética como por la eugenesia positiva, y también por el implante intracorporal de chips RFID y otros dispositivos informáticos.

 

 
Formas actuales del anarquismo

 

Creo que queda bastante claro que el contexto en el que quedará insertado el anarquismo que viene será eminentemente diferente del contexto en el que ha estado operando hasta hace poco, lo cual, no puede sino modificarlo sustancialmente.

Algunas de esas modificaciones ya están empezando a tomar forma, así que, para vislumbrar, aunque sea confusamente, los rasgos del anarquismo que viene puede resultar bastante útil observar el actual movimiento anarquista, y en especial su componente más juvenil. Ese componente representa una parte del anarquismo contemporáneo que ya manifiesta ciertas diferencias con el anarquismo clásico, y al que me he referido a veces con el nombre de “neo-anarquismo”.

Lo que podemos observar en el momento presente es que, tras un larguísimo periodo de muy escasa presencia internacional del anarquismo, lo que está emergiendo y está proliferando de forma bastante llamativa en todas las zonas del mundo, son unos colectivos variopintos, preocupados por temáticas muy variadas, unos colectivos diversos, fragmentados, fluctuantes, y a veces efímeros, pero que participan en todas las movidas contra el sistema, y a veces incluso las desencadenan. Sin duda, esa fragmentación se corresponde con algunas de las características del nuevo contexto en el que estamos entrando y que está posibilitando una nueva organización de los espacios de la disidencia. La realidad actual, que se está volviendo, literalmente, “movediza” y “liquida”, exige, sin duda, unos modelos organizativos mucho más flexibles, más fluidos, orientados por simples propósitos de coordinación para realizar tareas concretas y específicas.

Así que las redes que surgen de forma autónoma, que se auto-organizan, que se hacen y que se deshacen en función de las exigencias del momento, y donde se establecen alianzas puntuales entre colectivos, constituyen probablemente la forma organizativa, reticular y viral, que prevalecerá en el futuro, y cuya fluidez ya está demostrando su eficacia en el momento actual.

Lo que parece predominar en esos colectivos de jóvenes anarquistas es la voluntad de crear espacios donde las relaciones estén exentas de las coacciones y de los valores que emanan del sistema social vigente. Sin esperar a un hipotético cambio revolucionario, se trata para ellos de vivir desde ya tan cerca como sea posible de los valores que ese cambio debería promover. Eso pasa, entre muchísimos otros comportamientos, por desarrollar relaciones escrupulosamente no sexistas desprovistas de cualquier rastro de patriarcalismo, inclusive en el lenguaje, o por establecer relaciones solidarias que escapen por completo de la lógica jerárquica y del espíritu mercantil.

También pasa, y eso es muy importante, por el peso que se otorga a aquellas prácticas que rebasan el orden de la mera discursividad. Se enfatiza así la importancia del hacer y, más precisamente, del “hacer conjuntamente”, poniendo el acento sobre los efectos concretos de ese hacer y sobre las transformaciones que propicia.

En esos espacios, los conciertos, las fiestas, las comidas colectivas (veganas, por supuesto), forman parte de la actividad política, al igual que las enganchadas de carteles, que las acciones en los barrios, que las charlas y los debates, o que las manifestaciones, a veces bastante contundentes. En realidad, de lo que se trata es de conseguir que la forma de vida sea en sí misma un instrumento de lucha que desafíe el sistema, que contradiga sus principios, que disuelva sus argumentos, y que permita desarrollar experiencias comunitarias transformadoras. Es por eso que, desde el nuevo espacio libertario que se está tejiendo en múltiples lugares del mundo, se desarrollan experiencias de espacios auto gestionados, de economía solidaria, de redes de apoyo mutuo, de redes alternativas de alimentación, de intercambio y de distribución. El acierto en este punto es total, porque si el capitalismo se está convirtiendo en una forma de vida es obvio que es en ese preciso terreno, el de la forma de vida, donde debe situarse parte de la lucha para desmantelarlo.

Se está configurando de esa forma un amplio tejido subversivo que proporciona a las personas unas alternativas antagónicas con las que ofrece el sistema, y que, al mismo tiempo, ayuda a cambiar la subjetividad de los participantes. Este último aspecto es muy importante porque existe una conciencia bastante clara de que, al estar formateados por y para esta sociedad, no tenemos más remedio que transformarnos a nosotras mismas si queremos escapar de su control. Lo cual significa que la desubjetivación se percibe como una tarea esencial de la propia acción subversiva.

Por fin, no resulta nada infrecuente que el espacio alternativo de carácter anarquista confluya con movimientos más amplios, como los que se movilizan contra las guerras, o contra las cumbres, y que de vez en cuando ocupan las plazas reencontrando principios anarquistas tales como la horizontalidad, la acción directa, o la suspicacia frente a cualquier ejercicio de poder. De hecho, se podría considerar que esos movimientos más amplios, que no se auto-definen, ni mucho menos, como anarquistas, representan lo que en algún momento he calificado como anarquismo extra-muros, y prefiguran algunos rasgos del anarquismo que viene.

Junto a esos colectivos de jóvenes anarquistas, otro fenómeno subversivo que responde a las características tecnológicas del momento actual y que enriquece tanto las prácticas revolucionarias como el imaginario correspondiente, consiste en la aparición de los hackers, con las prácticas y con la forma de intervención política que les caracterizan.

En un libro reciente se señala acertadamente que si lo que fascina y atrae nuestra atención son las macro-concentraciones (las ocupación de las plazas, las protestas contra las cumbres etc.), sin embargo, es en otros lugares donde se está inventando la nueva política subversiva: esta es obra de individuos dispersos pero que forman colectivos virtuales: los hackers.

Al analizar sus prácticas el autor precisa que el valor de su lucha reside en que ataca un principio fundamental del actual ejercicio del poder: el secreto de las operaciones del Estado, una zona de caza estrictamente reservada y totalmente opaca a los ojos no autorizados, que el Estado guarda para sí solo Los activistas recurren a una práctica del anonimato y de la eliminación de rastros que no responde a las exigencias de la clandestinidad, sino a una nueva concepción de la acción política: la negativa a constituir un “nosotros” heroicamente y sacrificialmente enfrentado al poder en una lucha cuerpo a cuerpo y a cara descubierta. Se trata, en efecto, de no exponerse, de reducir el costo de la lucha, pero sobre todo de no establecer una relación, ni siquiera conflictiva, con el enemigo.

 

 
El invariante anarquista

 

Al lado de sus inevitables diferencias con el anarquismo clásico, una segunda consideración que podemos adelantar, también con total seguridad, es que para seguir siendo “anarquismo” en lugar de pasar a ser una cosa distinta, el nuevo anarquismo deberá conservar algunos de los elementos constitutivos del anarquismo instituido. Son esos elementos los que constituyen lo que me gusta llamar “el invariante anarquista”, un invariante que aúna el anarquismo actual y el del futuro, y que seguirá definiendo, por lo tanto, el anarquismo que viene.

De hecho, ese invariante está compuesto por un pequeño puñado de valores entre los cuales figura en lugar privilegiado el de la equalibertad, es decir, la libertad y la igualdad en un mismo movimiento, formando un único e inextricable concepto que une, indisolublemente, la libertad colectiva y la libertad individual, a la vez que excluye totalmente la posibilidad de que, desde una perspectiva anarquista, se pueda pensar la libertad sin la igualdad, o la igualdad sin la libertad. Ni la libertad, ni la igualdad, amputadas de su otra mitad, caben en un planteamiento que siga siendo anarquista.

Es ese compromiso con la equalibertad el que sitúa en el corazón del invariante anarquista su radical incompatibilidad con la dominación bajo todas sus formas, así como la afirmación de que es posible y, en cualquier caso, intensamente deseable, vivir sin dominación. Con lo cual, el lema “Ni mandar ni obedecer” forma parte de lo que no puede cambiar en el anarquismo para que este no deje de ser anarquismo.

Así mismo, también se desnaturaliza el anarquismo si se le priva del conjunto formado por la unión entre la utopía y el deseo de revolución, es decir, por la unión entre la imaginación de un mundo siempre distinto del existente, y la voluntad de acabar con este último.

Otro de los elementos que está inscrito de forma permanente en el anarquismo es el compromiso ético, especialmente la exigencia ética de una consonancia entre la teoría y la práctica, así como la exigencia de una adecuación entre los medios y los fines. Eso significa que no se pueden alcanzar unos objetivos acordes con los valores anarquistas tomando unos caminos que los contradigan. Con lo cual, las acciones desarrolladas, y las formas organizativas adoptadas, deben reflejar, ya, en sus propias características, las finalidades perseguidas, deben prefigurarlas, y esa prefiguración constituye una autentica piedra de toque para enjuiciar su validez. En otras palabras, el anarquismo solo es compatible con políticas prefigurativas, y dejaría de ser anarquismo si abandonase esa exigencia.

Por fin, tampoco se puede seguir hablando propiamente de anarquismo si este renuncia a la fusión entre la vida y la política. No debemos olvidar que el anarquismo es simultáneamente, y de manera indisociable, una formulación política, pero también una forma de vida, pero también una ética, pero también un conjunto de prácticas, pero también una forma de ser y de comportarse, pero también una utopía. Eso implica una imbricación entre lo político y lo existencial, entre lo teórico y lo práctico, entre la ética y la política, es decir, en definitiva, una fusión entre la esfera de la vida y la esfera de la política.

 

Para seguir siendo “anarquismo” el “anarquismo que viene” no podrá prescindir de ninguno de esos componentes.

 

Tomás Ibáñez

 

Publicado en Libre Pensamiento núm.88.

Fuente: http://acracia.org/el-anarquismo-que-viene-2/

 

 

Publicado enSociedad
Domingo, 29 Enero 2017 07:00

Lenin, 1917-Trump, 2017

Lenin, 1917-Trump, 2017

Las diferencias entre aquel 17 y éste son sensibles, pero tienen como telón de fondo común el dominio del sistema capitalista, que evidencia crisis de diferente calidad y una camaleónica capacidad de supervivencia.

 

En 1917, en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial, con la revolución soviética se rompe lo que Lenin denomina el eslabón débil de la cadena imperialista, Rusia. Sin considerar ahora esa guerra ni esa revolución, vale afirmar que ambas están causadas por profundas transformaciones en el sistema, que se traducen en trascendentes debates de la izquierda, principalmente europea.


Contra los pronósticos del joven Engels, que había vaticinado que “dentro de poco tiempo –se puede casi calcularlo– ha de estallar (...) una revolución frente a la cual la revolución francesa y el año 1794 serán juegos de niños ”,1 hacia fines del siglo esto no sólo no aparece sino que se diluye como perspectiva. El hecho motiva un debate profundo entre “ortodoxos” que defienden el pensamiento de Marx y Engels y “revisionistas” que lo cuestionan.


Sucede que en Inglaterra –eje de la revolución industrial– las crisis son violentas en el período 1825-1850, tiempo de la reflexión de Engels. Desde 1820 hay migración masiva del campo a la ciudad, ruina en gran escala del artesanado, conversión de los campesinos y artesanos en proletarios fabriles, desocupación y descenso del salario real.


En cambio, desde 1850 a 1914 el capitalismo inglés crece fuera de fronteras. La expansión imperialista favorece la situación del mercado de trabajo, y la clase trabajadora mejora sus salarios y condiciones de vida en los centros capitalistas metropolitanos en su conjunto.


Pero sobresale una dicotomía profunda entre las metrópolis y las colonias y países dependientes. En contraposición con la situación de Inglaterra, en India, por ejemplo, el proceso es inverso y el destino de las grandes masas es mucho peor. Con la presencia dominadora británica, el desarrollo económico autóctono se interrumpe y se impide el surgimiento de una nueva industria y la importación de maquinaria, para así vender las mercancías británicas sin competidores internos. Crece la de¬socupación y la pobreza, decenas de millones mueren de hambre, los desocupados vuelven a la tierra, pero ésta ya tenía suficientes campesinos. La agricultura será prácticamente la única actividad, e India se va convirtiendo en un país rural.


Una joven polaca, militante de la socialdemocracia alemana, Rosa Luxemburgo, capta con agudeza que la expansión imperialista desde las últimas décadas del siglo XIX posterga la crisis en los países imperialistas, y que habría que esperar para que la crisis estallara allí con fuerza pues todavía el mercado mundial se hallaba en una etapa de expansión. El capitalismo, en su fase imperialista, exporta capitales, además de manufacturas, a los países coloniales y semicoloniales, y la clase trabajadora de los países centrales vive mejor, gozando de las“migajas del festín imperialista” (al decir de Lenin). Además, emigran cientos de miles de trabajadores europeos, mejorando las condiciones de vida de ellos y de los que quedan en los países de origen. En tal situación, no extraña que –a pesar de que el proletariado europeo occidental fuera el más fuerte cuantitativa y cualitativamente– la revolución irrumpiera en Rusia, de desarrollo más atrasado.


La Primera Guerra Mundial, una guerra típica interimperialista, desemboca en la revolución rusa, que luego se extiende a la Urss, las democracias populares y otras experiencias de lo que se ha denominado “el campo socialista”. Pero el capitalismo ha sabido resistir y vencer. Y envalentonado con su victoria, en especial con la desintegración de la Urss (1991), proclama a través de sus pensadores el “fin de las ideologías”. Francis Fukuyama cree que la ideología está superada –o está siéndolo– dentro del sistema capitalista, definitivo vencedor. Robustece ese optimismo el cambio de bando de muchos otrora defensores del “campo socialista” convertidos al pensamiento neoliberal, lo que hace palpable la victoria frente a la “subversión comunista”. Alcanzaba con ser eficientes administradores del capitalismo mundializado, globalizado, sin margen para “utopías” opositoras. A lo sumo, era admisible una “izquierda” del capitalismo, que se conformara con leves reformas.


CRISIS EXTENDIDA.

Pero cuando los estados nacionales imperialistas –que son agentes de los dueños del mundo, los miembros del Club de Bilderberg– arremeten contra los obstáculos provenientes de las zonas dependientes (Irak, Siria, Palestina, Venezuela, Brasil) y la expansión del mercado mundial, observada por Rosa Luxemburgo, se ha convertido en la globalización o mundialización del sistema, sorprende a sus defensores que el dominio de la elite capitalista dominante cruja, con sismos que sacuden no sólo al Sur periférico, sino también, a las metrópolis imperialistas.


Las guerras imperialistas, con la aparición consiguiente de los denominados “estados fallidos” –consecuencia de esas agresiones–, provocan que cientos de miles de sus habitantes penetren como puedan en las fortalezas del capitalismo: Europa occidental y Estados Unidos. A su vez, las empresas trasnacionales, tras el móvil de acrecer la tasa de ganancia, han trasladado sus fábricas de las metrópolis a las regiones o países donde los salarios y las condiciones de trabajo son inferiores, principalmente a América Latina y a Asia. Y se da vuelta la taba. Ahora, además del deterioro desesperante de pueblos de los países periféricos, se agrega, en los antiguos centros industriales de Estados Unidos o de Europa occidental, la desesperación de grandes masas de trabajadores convertidos en de¬socupados, quienes comparan su situación antes del avance de la globalización con la actual y, obviamente, también rechazan la globalización.


¿Quiénes canalizan ese malestar? Por un lado, las fuerzas de izquierda, que denuncian las lacras del sistema y proponen soluciones para las grandes masas desposeídas, constituidas tanto por los inmigrantes como por los naturales de los países imperialistas. De allí el avance de una gama de posiciones opuestas al sistema, desde Bernie Sanders en Estados Unidos hasta Syriza en Grecia y Podemos en España. Por otro lado, fuerzas de derecha, expresivas de sectores de burguesía perjudicados por la globalización, que comprenden el malestar “del abajo” y saben dirigirse a los descontentos, como ha sucedido con sectores políticos partidarios del Brexit o con Trump.


Las incertidumbres golpean al sistema, no sólo porque los “de abajo” buscan soluciones –y seguramente aprenderán de las falsas que se le ofrecen– sino porque las contradicciones afloran en el propio bloque dominante. De las posibles modificaciones emanadas de los centros de poder se beneficiarán o perjudicarán naciones enteras. En nuestra América, en particular, se perjudicarán aquellas que han sido conducidas por el bloque de poder dominante a vivir bajo la férula estadounidense, sus tratados de “libre comercio” y/o la expansión de sus bases militares: México, Colombia, Perú, Chile, los casos más notorios.


Los pueblos de otras naciones –Uruguay entre ellas– deberán enfrentar las falsas soluciones de los diversos sectores de la burguesía dominante, para lo cual tendrán que construir o fortalecer fuerzas políticas y sociales que no transen con las propuestas de sus enemigos. Izquierdas que definan con claridad una postura internacionalista, agrupando a las expresiones de los trabajadores de los países desarrollados y de los dependientes. Izquierdas cuyo norte no puede ser conservar gobiernos a cualquier precio, desdibujando más sus contenidos de clase, sino que comprendan, que estudien las transformaciones estructurales y que no se despeguen en ningún sentido de los deseos y las necesidades del pueblo trabajador. El camino a transitar debe ir en la senda del socialismo, con profundo sentido autocrítico de los errores cometidos, en las experiencias que así se autodenominaron.

1. Federico Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845).

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¿Por qué odian las religiones a las mujeres?

Reflexión de la autora sobre los mensajes que siempre han trasmitido las religiones sobre las mujeres con un claro componente patriarcal.

Siempre me he preguntado y he preguntado el porqué de la “sinrazón” del odio de las religiones hacia la mujeres, de relegarlas, de cosificarlas, en definitiva de vejarlas (nos). Tanto las religiones como los Estados gobernantes se han inventado, han creado y se han aliado con el patriarcado para someter, esclavizar, privar de libertad a más de la mitad de la humanidad —las mujeres—, en esta carrera creciente de feminicidio mundial (asesinato de mujeres por razón de serlo), las religiones han tenido y tienen un papel fundamental.

Por la parte que nos toca, la religión imperante en Occidente, la católica (es lo mismo con el resto de religiones: budismo, islamismo, hinduismo, etc.) su línea ideológica y practicante hacia la mujer es la de sumisión/sometimiento, objeto de pecado, escasa participación en su organigrama y en un plano secundario, y siempre, siempre “per saecula saeculorum” (por los siglos de los siglos) sometimiento a los dictados de los hombres que rigen y gobiernan la institución a su antojo. (A modo de curiosidad, comentar que no hace tanto tiempo que el rito religioso de la misa se decía en latín, para mi humilde parecer, toda una falta de respeto y comprensión hacia lxs oyentes, que en su inmensa mayoría no sabían latín).

Como podemos leer en su libro, “la Biblia” está plagada de relatos misóginos, de odio, de escarmiento hacia la mujeres, partiendo de que fue “Eva la perversa” (hecha de una costilla de Adán, qué casualidad, ¿ya no quedaba barro para Eva?), la que desobedeció a su dios-hombre y arrastró al hombre en su “terrible acto”; no solo la alejó del paraíso, hay más castigo, y de manera torticera la maravillosa obra de la mujer de poder crear vida se torna en sentencia y la condena a parir con dolor y sufrimiento, y a robar su creación: lxs hijxs.

A modo de pequeño ejemplo, cito textos bíblicos:

-“En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tú, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.”, Génesis, 3:16.
-“Pues el hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es la imagen y gracia de Dios; pero la mujer es la gloria del hombre. Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre...”, Corintios, 11:5-8.
-“¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?, Job, 25:4.

La Iglesia dice que las mujeres son culpables si las violan: “con escotes pronunciados y minifaldas, está provocando al hombre”, dijo el arzobispo de Santo Domingo, México, Nicolás de Jesús López Rodríguez, declaraciones durante el Encuentro Mundial de las Familias.

Me pregunto: ¿cómo van a crecer estxs niñxs?. Unos creyendo culpables a las mujeres de su maltrato, violencia y asesinato, y otras sintiéndose de por vida culpables de ser maltratadas, violadas y asesinadas. Simplemente, HORRIBLE mensaje el de la Iglesia, que martiriza doblemente a las mujeres pero no las hace santas.

Y si seguimos no hay fin en la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, “amén” de demás libros sagrados de otras religiones que no tienen que envidiar nada a la religión cristiana. ¡Empezamos bien!, nos maldicen por un pecado que llaman “original” ¡vaya!, ahora sí estamos las primeras en algo y por este invento absurdo, la iglesia católica:

-Nos condena
-Nos humilla
-Nos relega
-Nos quema
-Nos arrebata nuestros cuerpos y mentes y hace que sean impúdicos y origen de pecado de los hombres.
¡Increíble! Siempre hay mujeres a las que culpar, total...

Las mujeres, en todas las religiones solo están para servir al hombre, que es el que domina; ninguna mujer ha sido nombrada Papa, no pueden oficiar sus actos religiosos, apenas tienen voz ni voto...

Cuando las mujeres luchamos por nuestros derecho a ser respetadas, a decidir y pensar por nosotras, la Iglesia Católica “pone el grito en su cielo” y nos acusa de asesinas de inocentes...

¡¡¡ Hipócritas !!! cuando a través de la historia han asesinado impunemente en sus llamadas guerras santas, “La Santa Cruzada”. Han torturado y asesinado en la hoguera de manera impune a mujeres (también a los hombres que las apoyaban) por el mero hecho de ser sanadoras, cuestionar sus dogmas, o por intereses particulares; han condenado a enfermedades, como el SIDA, prohibiendo el uso de preservativos a sus seguidorxs en África, y sin embargo no condenan de manera tajante a sus curas pederastas y a sus crueles monjas (gerentes de orfanatos, lavanderías, etc.).

La Iglesia Católica hace y actúa de manera contraria a su credo, si aman tanto a los seres humanos por qué no respetan a las personas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, en vez de condenarlas. Mi cuestionamiento es:

-¿Para qué necesito la religión?, y sobre todo... ¿por qué me necesita ella a mí si somos tan prescindibles?, pues como en todo, necesitan esclavas para seguir su funcionamiento y mientras no nos demos cuenta, mientras no oigamos el ruido de sus cadenas, nos seguirán pisoteando tanto a sus adeptas como a las que no lo somos.

Quede claro mi respeto hacia todas las personas creyentes o no, pero el mismo respeto pido para mí, para mis decisiones, que atañen a mi persona y para la manera de conducirme en mi vida no religiosa

Por Fuensanta Hernández L.
http://acracia.org

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El hundimiento catastrófico de un mundo

La idea de revolución es propiamente del siglo XIX y supone una inocultable evocación de la gran Revolución Francesa que, mediante un levantamiento popular, había derrocado la monarquía absoluta y fundado el Estado moderno. El socialismo revolucionario, ya sea anarquista o marxista, postuló entonces que si aquella había sido una revolución política y, como tal, había conducido a la emancipación política del hombre, quedaba pendiente la revolución social que debía liberar de las cadenas reales de la opresión y la explotación a toda la humanidad. Es decir, la emancipación social. En ambas el rasgo fundamental es la participación directa de los sectores populares de cada sociedad en el devenir histórico. Y aunque se trata de un acto de fuerza, lo que cuenta es la radicalidad de la transformación, la magnitud de los objetivos y las realizaciones; la dimensión violenta, en contra de las apariencias, es apenas un rasgo común y probable pero no esencial.

Hoy en día la idea de revolución social no parece estar en la agenda contemporánea, sustituida, cuando más, por la idea reformista de la democratización progresiva. Como proyecto político seguramente tiene menos adeptos de lo que se piensa; quizá somos muy pocos los que creemos que el orden capitalista debe tener un fin y ser reemplazado por otro. Es asunto de controversia dirán unos; es cuestión de tiempo dirán otros. En cambio, es evidente que desde entonces han tomado forma varias revoluciones, que por derecho propio son objeto de estudio. Sobre el hecho histórico no hay duda. La primera de las que calificamos de obreras fue la rusa; cumple en 2017 cien años de haber ocurrido. Es conocida también como revolución de Octubre o Revolución Bolchevique. Es por eso que durante todo este año, mes a mes, dedicaremos en “desdeabajo”, a manera de conmemoración, una sección destinada a reflexionar sobre este acontecimiento. No cabe duda que seguirá siendo fuente de inagotables enseñanzas para todos aquellos que sienten la necesidad de un cambio y se debaten entre la ilusión y la desesperanza.

 


 

Vladimir Ilich Lenin, uno de los principales dirigentes revolucionarios y luego jefe de gobierno, solía recurrir a una imagen literaria para explicar el que la primera revolución obrera triunfante en la historia de la humanidad se hubiese presentado precisamente en Rusia: una cadena se rompe siempre por el eslabón más débil. Y eso era el gran Imperio de los Zares.

Sin duda cualquier revolución tiene que analizarse a partir de conflictos sociales específicos y como resultado de una crisis política en un espacio de poder bien definido, pero casi nunca es un hecho aislado, ni en el tiempo ni en el espacio. Y mucho menos en el caso de las revoluciones proletarias. He ahí la pertinencia de la imagen. Con ello quería Lenin destacar dos aspectos: en primer lugar, refutar la idea simplista, del más ramplón evolucionismo, según la cual la revolución proletaria tenía que ocurrir en el país del capitalismo más avanzado. Para la época, Gran Bretaña. Pero, sobre todo y en segundo lugar, el carácter integral del capitalismo como una totalidad mundial.

Es claro que desde el punto de vista geográfico hay un desarrollo desigual de la acumulación capitalista pero existen igualmente múltiples lazos y vasos comunicantes entre los diferentes procesos de acumulación. Y en cuanto a las formas políticas y jurídicas, si bien es cierto que los Estados Nacionales son también una creación del capitalismo, es también evidente que no es una condición indispensable. En la mayor parte del planeta la población no estaba entonces encuadrada en tales espacios territoriales aunque sí permanecía sojuzgada por las fuerzas del capital. Es más, la idea de que existen “naciones” y que a cada una debe corresponder un Estado es un imaginario que proviene justamente de la Primera Guerra Mundial. Y de la Segunda, la peregrina suposición de que también las revoluciones socialistas se hacen en y para la construcción de un Estado nacional.

Ahora bien, estos lazos, esta intensa comunicación, a través obviamente del mercado, que hoy se nos pondera con el nombre de “globalización”, no ha conducido nunca, ni entonces ni ahora, a la armonía y la colaboración; por el contrario, las relaciones entre todos los capitales están caracterizadas por la desigualdad, la rivalidad y el conflicto. Dentro de las diferentes formas políticas territoriales y más allá de fronteras. En disputa estarán siempre los mercados –incluyendo el de la mano de obra– y las fuentes de materias primas. De allí se desprenden las guerras, el sometimiento por la fuerza de pueblos enteros, las anexiones territoriales. Con el pretexto del patriotismo, de la grandeza nacional, de la civilización o del progreso. El imperialismo es intrínseco a la expansión del capitalismo. Tal es la naturaleza de la cadena de la que estamos hablando. Y quizás podríamos añadir un corolario: la revolución Rusa no se da por ello en “estado puro”, ni tenía por qué hacerlo; forma parte de un proceso revolucionario más amplio y complejo. En Rusia y más allá, junto a levantamientos, rebeliones, o motines y golpes de Estado, ya sea agrarios, ciudadanos, o nacionales, etcétera. Lo mismo que el resto de las revoluciones proletarias del siglo XX. En fin –por si fuera necesaria una ilustración empírica–, la revolución rusa se da en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

 

El contexto geopolítico

 

Como es bien sabido, el asesinato del Archiduque Francisco Fernando, heredero del trono de Austria-Hungría, en Sarajevo, capital de Bosnia-Hersegovina el 28 de junio de 1914 se considera como el inicio de la Primera Guerra Mundial. La responsabilidad que inmediatamente se le atribuyó al gobierno de Servia sirvió de pretexto para la reacción militar en contra suya por parte de la monarquía de Viena. Y para el involucramiento posterior de todas las potencias europeas. En realidad no era un hecho imprevisto y gratuito; los autores del atentado formaban parte de una corriente nacionalista que buscaba con ello debilitar el dominio imperial. Por eso mismo podía considerarse como el inicio de una nueva etapa de las llamadas guerras balcánicas que ya en 1912 y 1913 habían expresado tanto la resistencia de los diferentes pueblos y nacionalidades oprimidas del centro del gran continente euroasiático como la pugna entre las grandes potencias por tomar posesión del mismo en la medida en que iba perdiendo poder el imperio turco que, a su vez, se venía transformando después del golpe militar de 1908.

En efecto, si algo logró la expansión del capitalismo en la primera década del siglo XX fue la destrucción de las viejas formas políticas territoriales, comenzando por los viejos Imperios. Tres de ellos especialmente: el Otomano, el Ruso y el Austro-Húngaro. En beneficio, por supuesto, del nuevo imperialismo de occidente. Se trataba en esta ocasión de una región estratégica por su posición en las relaciones con el Oriente. Por eso, habiendo muchos pueblos y etnias, no había ningún estado nacional; solamente posesiones territoriales que se repartían periódicamente entre los imperios (tratado de Berlin de 1878). De ahí la reacción inmediata y forzosa de Alemania que contaba hasta entonces con el Imperio Austro-Húngaro como su punta de lanza y en competencia con franceses y británicos que ya se habían repartido casi todo el continente africano y contaban a su vez con el imperio ruso.

 

 

Luces y sombras de un eslabón imprescindible

 

Rusia, efectivamente, era una gran potencia. Bajo la autocracia del Zar se encontraban más de 150 millones de personas repartidas en numerosos pueblos y regiones, en una enorme extensión territorial. Tal era la base de su poderío militar, aunque también contaba con capacidad armamentística gracias a su significativo desarrollo minero-industrial en torno al mineral de hierro. Llegó a contar con la tercera flota naval del mundo, posición que sólo perdió con la derrota en la guerra contra el Japón en 1904-5. No sobra recordar que fue en 1905 cuando se presentó la primera gran revolución rusa; el “ensayo general” que también involucró a obreros y soldados (marinos). Dicha derrota morigeró sus ambiciones expansionistas hacia el extremo oriente; téngase en cuenta que ya Inglaterra contaba con posiciones importantes en China y sobre todo en la India. De ahí que le resultara vital el aprovechamiento de la descomposición del imperio otomano. En esta guerra que comenzaba, tenía algunos intereses bien definidos como el acceso al estrecho de los Dardanelos y al Bósforo (y hasta Constantinopla, ¿por qué no?), pero principalmente el control de porciones importantes de los Balcanes de donde Rusia había sido proscrita años atrás. Esta región era considerada su espacio “natural” dado su pretendido parentesco con los diferentes pueblos que habitaban la península, calificados como “eslavos del sur”.

No obstante, Rusia era una potencia de segundo orden. No practicaba el imperialismo a la manera de las potencias ascendentes del capitalismo sino como rezago de las ambiciones de un viejo imperio en decadencia. Su Monarquía Absoluta, apoyada en las vetustas estructuras de la Iglesia cristiana Ortodoxa y basada en una clase de grandes terratenientes permanecía intacta frente a las oleadas de modernización que el capitalismo le exigía. La burguesía, más que todo compradora y dependiente del capital financiero extranjero (el endeudamiento privado y público era enorme), prefería enriquecerse a su sombra y era inferior, como clase, al proletariado en permanente expansión. Con todo, desde el punto de vista de la cultura no era poco lo que desde el siglo XIX venía ofreciendo a Europa con la que se mantenían estrechas relaciones de intercambio intelectual. Fueron estos dos últimos rasgos los que propiciaron, en los medios intelectuales, de artesanos y obreros, el florecimiento de numerosos grupos y corrientes populistas, anarquistas y socialdemócratas.

 

La ruptura del equilibrio mundial y sus impactos

 

La decisión de entrar en la guerra, es decir desde antes de que se vieran sus terribles efectos, suscitó por sí misma significativas conmociones políticas en todos los países europeos, incluida Rusia. La más importante de todas fue el cambio en el papel que jugaban los partidos obreros socialdemócratas los mayores partidos de masas en cada uno de los países. Especialmente en Alemania. Como es conocido, ellos debían ser internacionalistas no sólo por fidelidad a la doctrina marxista sino porque formaban parte de una organización internacional: La Segunda Internacional que había reemplazado a la Primera fundada por Marx. En esta coyuntura se tornaron nacionalistas y en los órganos legislativos votaron afirmativamente los créditos de guerra, lanzándose a la más estúpida y despiadada carnicería de que se tuviera noticia. Sobra decir que esto produjo escisiones y deserciones, menos significativas en todo caso de lo deseado. La fiebre “patriótica” consiguió arrastrar a todos los pueblos. Sin embargo, no se trataba solamente de traición por parte de los socialdemócratas. Alguna coherencia tenía con su programa político. La Internacional en realidad era una federación de partidos que se consideraban ante todo nacionales y entendían el socialismo como la mayor intervención del Estado –expresión de lo público– en la anarquía del mercado, a partir de estatizaciones y regulaciones. Fácil era, por lo tanto, incorporar como suyos los objetivos “nacionales”, así significaran expansionismo y colonialismo.

Una notable excepción fue el partido obrero socialdemócrata ruso (Posdr) ya dividido en bolcheviques y mencheviques. Los exiliados rusos, en su mayoría, tuvieron el coraje de levantar en Europa las consignas en contra de la locura guerrerista. En contra de las justificaciones ideológicas que no faltaron. Los socialdemócratas alemanes que habían sido sus mentores intelectuales no tuvieron la menor vergüenza en argumentar que la derrota militar de la dinastía Romanov facilitaría la transformación democrática de Rusia que era la tarea del momento. Así como los franceses e ingleses sugerían que la derrota de los Habsburgo en el Imperio Austro-Húngaro y de los Hohenzolern en Alemania representaba un paso importante en el camino de la modernidad. Y no faltaron los adversarios entre los mismos rusos. Plejanov, uno de los padres indiscutibles del marxismo ruso, decía, para respaldar la iniciativa militar del Zar, que visto en perspectiva histórica los verdaderos enemigos del progreso y del socialismo eran las dinastías gobernantes en Alemania y Austria. Como se ve, la discusión trataba de encerrarse en el asunto de las oportunidades para la realización de las revoluciones democrático burguesas que, a la manera de la gran Revolución Francesa, estarían pendientes en varios de los países involucrados, principalmente en Rusia. En cambio, entre los emigrados rusos comenzaba a aflorar otra perspectiva de reflexión: la posibilidad de la revolución proletaria. Y por eso para muchos de los socialistas radicales, una revolución en Rusia no sería más que el prólogo de una cadena de insurrecciones proletarias que cambiaría definitivamente el curso de la historia, por lo menos en Europa. Y la guerra, una circunstancia desgraciada que podía precipitarlas.

 

La debilidad del eslabón

 

No es necesario reiterar que, al principio, la propaganda de los enemigos de la guerra cayó en el vacío. Las condiciones no eran favorables. De hecho, los socialdemócratas rusos sólo se plantearon la sustitución de la Segunda Internacional por una Tercera varios años después. Por el momento, la urgencia era su propio país donde el impacto de la guerra comenzaba ya a mostrar sus efectos. El ejército ruso no hacía más que acumular derrotas hasta la debacle de la primavera de 1915. Pero no era solamente su incapacidad técnica y armamentística. Esta llamada Gran Guerra, que mejor se debería denominar gran carnicería, se había convertido en una prolongada guerra de posiciones donde se apostaba al desgaste. Y en esa lógica la contribución rusa se había vuelto tristemente importante dada su oferta de tropas. En el año mencionado se habían movilizado más de 15 millones de hombres. En el balance final los muertos que había puesto Rusia llegaron a dos millones y medio, el 40 por ciento de todas las bajas. A todo ello hay que agregar la escasez de todo tipo de bienes, el deterioro general de las condiciones de vida y, sobre todo, el hambre generalizada en campos y ciudades que llega a un momento crítico a finales de 1916.

Como es obvio, el descontento no se hizo esperar. En Rusia, antes que en otros lugares, se pone en duda la validez y la justificación de la guerra. Se desploman los discursos patrióticos y sobre la grandeza del Imperio. El ejército, incluida la marina, entra en descomposición y proliferan las deserciones y las insubordinaciones. La cúpula del poder encarnada en el Zar pierde toda credibilidad y apoyo social, y entra en un debilitamiento, sin solución e irreversible precisamente en la medida en que se trata de un gobierno autocrático. Comienza la revolución.

De todas maneras, la determinación mundial de la Revolución Rusa no se reduce al hecho brutal ya mencionado. Se trata de la ruptura del equilibrio de la cadena imperialista que hasta entonces había favorecido la expansión capitalista. Un reordenamiento se hacía necesario; reordenamiento que habría de apoyarse en transformaciones en cada uno de sus eslabones. Las previsiones de los socialistas revolucionarios de entonces se habían cumplido, así como el diagnóstico mencionado al principio. Hoy en día podemos decir que para el reordenamiento definitivo que le otorgaría la hegemonía a los Estados Unidos fue necesaria una Segunda Guerra Mundial. Pero la inquietud frente a la imagen literaria va en otro sentido. La figura de la cadena sugería la ocurrencia de otras revoluciones en serie. Pero no fue así. La insurrección obrera alemana de 1918 fue derrotada, lo mismo que las tentativas menos ambiciosas de otros países. Podría decirse, entonces, que la imagen era desacertada, o mejor, que no se habían extraído todas sus consecuencias. Al reventarse la cadena cesa la tensión y no tienen por qué romperse otros eslabones.

Publicado enEdición Nº231