Martes, 03 Enero 2017 07:35

Invenciones del gusto

Invenciones del gusto

En 1900, en el mismo corazón de París se alzan los fastuosos escenarios que dan cabida a la Exposición Universal, extendidos desde los Campos Elíseos al Campo de Marte, el Sena de por medio; y entre la multitud de construcciones levantadas para la ocasión hay unas provisionales, que simulan palacios de marajás de India, catedrales góticas, pagodas chinas, castillos medievales y aun otras, atrevidos edificios de vidrio y hierro, como el Grand Palais y el Petit Palais, que habrían de quedarse hasta hoy como ejemplos cimeros de aquellos fastos.


Rubén Darío escribe para La Nación de Buenos Aires una serie de crónicas sobre este acontecimiento, que es todo un catálogo de la civilización y el progreso a la vuelta del siglo, un mundo que cambia de manera vertiginosa y donde la industria del vapor, los ferrocarriles de larga distancia, los buques trasatlánticos, el cable submarino, el radiotelégrafo, la rotativa que imprime a velocidad pasmosa, la electricidad y el acero, van de la mano de la política colonial de las grandes potencias.


Pero cuando la exposición, abierta desde abril hasta noviembre, ha cerrado ya sus puertas, en otra crónica de ese mismo año, Noël Parisiense, describe la ciudad que se prepara para la noche de Navidad, y que entra en el lienzo con sus colores contrastados entre el bienestar y el crimen: “la nieve sin caer aún, aunque el frío va en creciente; Noël a las puertas, en los bulevares las barracas que hacen de la vasta ciudad una difundida feria momentánea... el Bon Marché, el Printemps, todos los almacenes fabulosos, caros a la honorable burguesía, invadidos profusamente por papá, mamá y el niño... en las calles asaltos y asesinatos con más furia y habilidad que nunca... un incógnito hombre descuartizado...”


Años después, en 1904, traslada el escenario navideño a la costa andaluza, y en otro lienzo nos ofrece la variada riqueza de la cocina española, tan distinta a la francesa, con sus acentos árabes incorporados al acervo campesino: “Se compran en las dulcerías y confiterías las sabrosas cosas miliunanochescas o monjiles, hechas de harinas y mieles, y cuya nomenclatura regocijaría a pantagruélicos abates: turrones y mazapanes, pestiños, roscas, tortas de aceite y manteca, y entre cientos otros, los polvorones de Estepa y Laujar, los alfajores exquisitos y golosinas de almendras y azúcar que se deshacen inefablemente en el paladar...”
Es un bodegón en movimiento, un mural animado pintado por la mano de un gourmet de corazón que sabe que la comida entra primero por los ojos y por el olfato antes de buscar el camino de la boca, un juego de espejos concertados donde todo es fruición, especialmente al hablar de dulces, como se ve.


Un inventario que nos lleva a recordar el que Mateo Alemán pone en boca de su Guzmán de Alfarache hablando de frutas: “Allí estaba la pera bergamota de Aranjuez, la ciruela ginovisca, melón de Granada, cidra sevillana, naranja y toronja de Plasencia, limón de Murcia, pepino de Valencia, tallos de las Islas, berenjena de Toledo, orejones de Aragón, patata de Málaga... que me traían el espíritu inquieto y el alma desasosegada...”


Pero en la alegría de las descripciones de Rubén no puede faltar el recuerdo de la muerte, y así evoca la copla popular que se canta en las calles de Málaga para las Navidades: “La Nochebuena se viene/la Nochebuena se va/y nosotros nos iremos/y no volveremos más...“ Y del mismo modo, reflexiona preguntándose: “¿Quién se acuerda en París, al engullir el boudin blanco, ni de Cristo ni de la muerte?”


Cuando en su Epístola a Juana Lugones anota con sabrosa añoranza que en su existencia azarosa no le ha faltado gustar bocados de cardenal y papa, nos acude a la mente la ya manida frase bocatto di cardinale, que evoca lo más delicado y exquisito que alguien puede llevarse a la boca.


De allí al bocado de Papa no hay más que un paso ascendente. Existe un dulce andaluz, el Pío Nono, irresistible bizcocho cubierto con una crujiente capa de crema, del que da referencia Leopoldo Alas (Clarín) en La Regenta, y denominado así en homenaje al papa Giovanni Ferretti, hombre de buen diente, por lo que puede verse.


Los tratados culinarios suponen que semejantes delicadezas salieron de las cocina de los conventos donde las monjas se afanaban en días festivos para halagar el paladar de canónigos y obispos de mejillas carnosas y sonrosadas, ya que no podían sentar siempre en sus mesas a los cardenales del sacro colegio y jamás ni nunca al Papa, tan lejano en Roma; es lo que habría ocurrido con los chiles en nogada de la cocina poblana en México, en cuya creación, según se cuenta, metieron sus sabias manos las agustinas del convento de Santa Mónica.


En Nicaragua se sirve en Nochebuena el Pío Quinto, un postre de marquesote –torta de maíz remojada en miel y aguardiente– bañado de atolillo de maicena y huevos y adornado con uvas y ciruelas pasas; un homenaje, también sin duda conventual, al papa Antonio Ghiselieri, que fue fraile dominico y comisario General de la Inquisición Romana antes de subir al trono de San Pedro, siendo elevado a los altares por Clemente XI.


Su cocinero personal se llamaba Bartolomeo Scappi, autor del tratado culinario Arte del cuscinare, y quien llevaba a la mesa pontifical platos tan refinados como las lenguas fritas de pavorreal, erizos de mar al horno y tortillas de huevo revueltas con sangre de cerdo. Es explicable entonces que la fama de sibarita del papa Pío V haya traspasado los mares para heredar su nombre, tan memorable al paladar, a un dulce de la lejana provincia centroamericana.


Hoy sería imposible imaginar sentado ante una mesa plena de manjares semejantes al papa Francisco, quien comparte el comedor de su albergue de Santa Marta con curas de escasa jerarquía, y seguramente no dejará a la posteridad ningún plato de excelsa cocina que celebre su nombre.


Masatepe, diciembre 2016
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Viernes, 23 Diciembre 2016 21:46

Colombia, una dolida encrucijada histórica

Colombia, una dolida encrucijada histórica

La guerra ha dado para todo en este país de paradojas. De un lado ligeras aseveraciones gubernamentales tasando en 52 años la duración del cruento conflicto –la guerrilla no parece desmentirlo– olvidando precedentes de similar perfil. Y si la tragedia emergió con el asesinato de Gaitán o con el surgimiento guerrillero de los sesenta, es curioso ver víctimas solo a partir de 1985. El país es tan incomprensible como la contienda misma.

La historia es un leccionario que une al presente con el pretérito. Asentado sobre la invasión torva que en el siglo XVI rompió con brutalidad inusitada a las comunidades aborígenes de la mano de las Ordenanzas de Burgos de 1512, se construyó un orden de justificación colonial. El teocrático principio que predicaba a América como un don concedido por Dios a la Corona Hispana a reciprocidad de la entrega de las almas paganas, devino en el genocidio de cerca de 20 millones de aborígenes (1). Ayer el motivo anunciado de la intolerancia genocida fue la evangelización, recientemente ha sido la ‘democracia’, la gran propiedad de la tierra y ‘la confianza inversionista’.

Luego vinieron los bárbaros escenarios propiciados durante la emancipación bolivariana, la guerra preventiva, los juicios sin debido proceso, las torturas y las ejecuciones, hechos sobrevivientes al paso de los siglos con otros actores y herramientas, apropiado para el inventario de guerras civiles nacionales registradas en la contabilidad de sobrios historiadores y otras 55 de orden regional y provincial, que nos desagregaron el siglo XIX y nos incomunicaron como en el testimonial texto de Gabo, Cien años de Soledad.

Aquello fue el preaviso a la trágica navidad obrera del Caribe, en 1928 adelantada con la mentalidad de Burgos, en el marco de la llamada ‘Ley Heroica’, que asimilaba el sindicalismo a la subversión y a sus dirigentes como los guerrilleros y terroristas de la época. Con esa matanza cayó el régimen conservador catapultado por la garganta de Gaitán, expresión de un movimiento social que gestaría la violencia estatal cuando su minoritario candidato, aprovechando la división del adversario se hizo al poder ejecutivo, lo que generó expresiones de resistencia popular. El clímax de lo que vendría lo advirtió Gaitán en la histórica Marcha del silencio y en la sentida Oración por la Paz: “Señor presidente: en esta ocasión no reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!” (2).

Gaitán, ‘caudillo eterno’ de los olvidados, ponía “voz a reclamaciones atávicas que históricamente habían caído en el vacío”. Como se negó a ser ‘algodón entre dos vidrios’, a este hombre de calle la oligarquía lo asesinó en la calle; la Operación Pantomima se había puesto en marcha. El alma de los murciélagos, evocado de esta manera por Víctor Hugo, finiquitó su espeluznante labor. La Novena Conferencia Panamericana, de la cual se lo había excluido, fue testigo cipayo de una nueva época de terror y de una marcha levantisca de los humillados de Colombia (3). La masacre no fue aceptada por los inactivos obreros, como se pretende hacer creer; los que escaparon de ese acto de traición a la patria y de lesa humanidad, resistieron en pequeños grupos, atacaron la línea ferroviaria por donde se movía la mercancía de exportación, quemaron plantaciones de la multinacional y dañaron comunicaciones telegráficas. Era el elemental derecho a resistir al tirano expuesto por un hombre de los tiempos coloniales, el jesuita Juan de Mariana.

Ese fue el marco en que se desenvolvió el tsunami violento que arrasó al país entre 1948 a 1954. El gaitanismo fue extirpado a sangre y fuego, genocidio político precedente al martirio de la Unión Patriótica. Literatura desde la provincial del historiador Johny Delgado (4) hasta la central vertida en la obra de Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna y Germán Guzmán Campos escrutan el horror; Lo indecible fue dicho, medio millón de muertos, millones de desplazados, mujeres violentadas, torturas a granel, odios cimentados y la patria arrebatada.

Los que desataron esa apocalíptica confrontación pactaron su término. Derrocaron al gobierno de Rojas Pinilla, cuyo golpe de cuartel la mayoría había auspiciado, pero el Teniente General, cumplida la función encomendada, oficiaba ahora de verdad incómoda pretendiendo el monopolio del poder para su más cercano círculo pretoriano. En el contorno de la España franquista, tan cercana a Laureano Gómez, se adelantó el nuevo acuerdo. Para la caída de Rojas se movieron la huelga patronal, los púlpitos clericales, el romanticismo universitario y la cúpula bancaria, y el gobierno se desplomó en mayo de 1957. Procedió la implantación del proyecto frentenacionalista, que debe ser enseñado para evitar que el Basilisco se repita.

Los gestores del Frente Nacional, hacedores de esa guerra, no fueron investigados, ni resarcieron a las víctimas. Fueron más allá, secuestraron el país durante 16 años, alternaron en la Presidencia de la República y se repartieron paritariamente los cuerpos colegiados; lo propio hicieron con el poder judicial a cuya corte cimera llegaron los allegados a las poderosas maquinarias electorales. El proyecto excluyente no paró ahí. Cualquier disidencia mediática fue asolada, como lo demuestra la persecución a La Calle y a Nueva Prensa. “Se elaboraron listas negras de las personas que eran o se suponían desafectas al Frente Nacional, listas que estaban destinadas a distribuirse, como se hizo, entre los bancos y las empresas industriales, a fin de que les fuera negado el crédito o el empleo a quienes figuraban con la calidad de sospechosos en tales listas” (5).

La Segunda República Oligárquica mutó la ley y la justicia “en alumbrado de garantías exclusivas para los factores de poder” (6). Mutilaron al pueblo el derecho de reunión expidiendo el decreto 0631 que daba poder a los alcaldes para establecer los sitios de reunión y la duración de las manifestaciones. La tenencia de la tierra, motivo de la guerra, permaneció intacta y, al contrario, se acrecentó su monopolio y con ello el número de campesinos despojados de lo refrendado por el tesón de sus callosas manos. El plan excluyente abolió derechos políticos de los colombianos disidentes del inaceptable nuevo modelo. Fue el Frente Nacional una real Ley de Punto Final, copada por la impunidad de los perpetradores de la guerra bipartidista, beneficiándose del poder al que asaltaron con la aprobación de un pueblo ignaro, llevado engañosamente al plebiscito de 1957.

Varias conclusiones pudieran presentarse aquí. De un lado, que esta guerra lleva cerca de 70 años y el número de sus víctimas se acerca al millón, con lo que si bien Colombia está lejos del número de víctimas de las guerras de Corea, Vietnam, Cambodia y Sudán, reporta entre los 10 países donde la cruenta colisión ha dejado el máximo número de tragedias y de inmolados.

Una posterior conclusión nos remite a la connotación política de los plebiscitos, sugeridos para vocación de las mayorías pero igualmente instrumento de los tiranos para legitimar sus oprobios. Un solo ejemplo es el realizado el 13 de marzo de 1938 ordenado sibilinamente por Adolfo Hitler para legitimar la anexión de una Austria invadida por su ejército, donde le favoreció el 91 por ciento del electorado. Limitarse al mero resultado votante es una trampa que la democracia no puede permitirse. Hosmi Mubarak, el sátrapa egipcio, logró en los comicios de 2005 un apoyó superior al 88 por ciento, con apenas el 23 por ciento de la población apta para votar. Algo similar ocurría en el llamado Socialismo Establecido e incluso después de su caída, como lo demuestra el sospechoso triunfo de Boris Yeltsin en las elecciones presidenciales de 1966 frente a su émulo comunista Guennadi Ziugánov. Sobran ejemplos vergonzosos en Colombia donde toda elección está jalonada por redes de clientela, la suciedad del mercado electoral, los chantajes burocráticos, los dineros de contratistas y, cuando no, el soborno en algunas Registradurías.

De otro lado no puede soslayarse el sustrato político de los confrontantes violentos del Estado. Colombia es el país de América Latina con la gama más extensa de expresiones insurgentes, exteriorizando motivos mayúsculos: la desigual tenencia de la tierra, la inequidad, la injusticia asentada, la economía de sobre-explotación y un modelo político antidemocrático; pero acudiendo cada una a su respectivo florero de Llorente para la toma de las armas: la guerra liberal-conservadora finiquitada mediante el golpe frentenacionalista, el entusiasta impacto de la Revolución Cubana, la división del campo socialista, el soslayo étnico y el fraude electoral a manos de los propietarios del Estado.

Así surgió el Movimiento obrero estudiantil y campesino (Moec) de Antonio Larrota y ciertos de sus derivados, ñas Fuerzas Armadas de Liberación (FAL) de Mario Giraldo Vélez y Arturo Pinzón Sarmiento en la región chocoano-antioqueña, el grupo guerrillero del médico Tulio Bayer en el Vichada, el de Federico Arango Fonnegra en Territorio Vásquez; la manifestación insurgente de Pedro Brincos con el Ejército Revolucionario de Colombia (ERC) en Turbo, y los primeros ensayos que devendrían en el Manuel Quintín Lame sobre el suroccidente colombiano. Las zonas cuestionadas estarían en el Cauca, en Urabá, en el Magdalena Medio, en los antiguos Territorios Nacionales, pavimentando el sendero para las Farc, el Eln, el Epl y el M-19, como organizaciones de mayor calado, a las que el decurso de la batalla cruenta se irían a sumar otras, como la Corriente de Renovación Socialista, el grupo Jaime Bateman Cayón, Patria Libre y la Autodefensa obrera (Ado).

Luego de procesos de aniquilamiento y/o desbandada, como sucedió con la guerrilla de Bayer en el Vichada, el Moec de Larrota en el Cauca, y el grupo armado Jorge Eliécer Gaitán (Jega) en tiempos más recientes, o de avenencias para terminar la contienda, acaeció con los pactantes del 90, Epl –sector mayoritario– M19, Quintín Lame, Patria Libre, Partdo revolucionario de los Trabajadores (Prt), el territorio bélico asomó estrecharse al Eln y a las Farc, que han prolongado su lucha militar por cinco lustro.

La indecisión de la victoria –ni las guerrillas fueron aniquiladas ni éstas tomaron el poder por asalto– degradó el enfrentamiento y tornó residual la ética de la guerra, justificando los medios por razón de los fines. En consecuencia creció la audiencia demandando la terminación de las operaciones de combate, el acuerdo humanitario y el cese de los fusiles, y todo ello condujo, luego de fracasos –La Uribe, Cravo Norte, Tlaxcala, Maguncia, San Vicente del Caguán–, al encuentro de Oslo y a la Mesa de La Habana, cuyo resultado es el llamado “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”.

Pero el gobierno cometió un yerro inmenso jugando al utilitarismo político, amarrando la imagen presidencial a la reiterada ilusión de los colombianos por la paz. Al error primitivo le amarró otro derivado, nombrando director de la Campaña del Sí al expresidente César Gaviria, impopular tras la rememoración de su administración aperturista que solazó la entronización del capitalismo salvaje. La equivocación se extendió a cada capital o región donde hubo un Gaviria en miniatura escogido entre los políticos de oficio, cuya credibilidad en este país está lacerada por sus inadmisibles comportamientos.

El resultado del plebiscito del 2 de octubre, inesperado por la soberbia del poder, y aún para los que se pasaron 8 años negando la existencia en Colombia de un conflicto militar interno, aunque tenían Oficina de Alta Comisión de Paz, generó inicialmente un galimatías, luego pendencias verbales, incertidumbre, ilusiones, chantajes, mientras el actor armado ilegal esperaba que los otros consensuaran lo que han debido hacer antes.

Lo razonable en este proceso es que cada parte adelantara simultáneamente dos concertaciones. La insurgencia al tiempo que dialogaba con el Gobierno, lo hacía con sus estructuras de distinto mando y con sectores de apoyo, y a fe que lo logró. En tanto el Gobierno no pareció haber hecho la adecuada tarea, pues negociaba con la guerrilla pero no lo hacía con su propio entorno, que incluía a sectores de la economía empresarial y a las redes políticas, amigas o disidentes, pero defensoras del actual estado constitucional y económico. La lucha interna por el poder del Régimen se lo impidió y esa es la explicación a la gazapera plebiscitaria que le devino.

¿Qué hacer? La vieja pregunta de comienzos del siglo pasado se renueva. En principio mesura, la sabiduría por encima de la ira, la política en sustitución de las armas para resolver las tensiones entre justicia y paz, comprendiendo el origen y naturaleza de la transición; ella no es resultado de la caída del Régimen pero tampoco de la derrota militar de los rebeldes políticos, sino fruto de una negociación convenida, que a una salida no impuesta o producto de tenaza excluyente alguna, como lo pretenden nostálgicos frentenacionalistas.

El excluyente Frente Nacional es responsable del segundo episodio de esta guerra. Reeditar semejante tenaza con actores y siglas diferentes, condenará al país en poco tiempo a nuevos ciclos de guerra y de barbarie. Colombia desborda los límites del eje Santos-Uribe y ello lo demuestran las movilizaciones por el fin de la guerra, solo convocadas por sectores y movimientos sociales.

Quizá el menor de los impases sea el vinculado con la terminación de la guerra. El diferendo decisivo estará en torno a la construcción de paz, que conlleva una nueva cultura de aprehensión del contrario, una dimensión horizontal del poder y una estima integral de la democracia que atienda los derechos económicos y sociales, para hacerla deseable. Cuando la discusión se centre en la democratización y calidad de la educación, en la salud hurtada por los corruptos inescrupulosos y la intermediación de EPS, en el rediseño de la propiedad de la tierra; en los límites a la avaricia financiera, en el respeto a la diversidad e identidad cultural de grupos y etnias, en el rescate de la administración de justicia en manos de abusadores de toda laya, en la sustitución del modelo político que limita a la mitad el derecho cívico de elegir y ser elegido, veremos un fuerte realinderamiento político y desplazamientos hacia las orillas opuestas, que no habíamos presupuestado.

Ahora mismo hay obstáculos de no fácil vencimiento. El uno, se remonta al Acto Legislativo 03 de 2011, conocido como de ‘sostenibilidad fiscal’, que pone la ‘razón económica’, igualada a ‘razón de Estado’, por encima de los derechos de las víctimas, legalmente protegidas por la Sentencia de la Corte Constitucional T 025 de 2004, con la ponencia del magistrado Manuel José Cepeda. El segundo se advierte con el levantamiento a inicios de noviembre, del Campamento de la Paz en Montería, adelantado por jóvenes y sectores sociales presionando la rúbrica final de los Acuerdos de La Habana, acto obligado en virtud de claras amenazas de muerte contra sus impulsores, y signo de cómo todavía persiste la guerra sucia.

Los enemigos agazapados de la paz mediatizan, sobre todo después del 2 de octubre, su mentalidad de exterminio, reviviendo entre nosotros la figura del terrible ‘pacificador’ Pablo Morillo; en las redes sus fanáticos seguidores les replican llamando al crimen en lenguaje tan desabrido como su mente. Los recientes homicidios en los últimos días de líderes sociales, Erley Monroy en San Vicente del Caguán, Caquetá, Didier Lozada en La Macarena, Meta y José Antonio Velasco en Caloto, Cauca, todos integrantes de la organización Marcha Patriótica, denotan que lo previsto en la V Cumbre Nacional por la Paz realizada en marzo de 2016 en cerca de 100 ciudades de Colombia, empieza lamentablemente a cumplirse, el desarrollo de una criminal Operación Pistola cuya finalidad es echar por la borda el proceso de La Habana.

La paz es el espacio determinante, el fin de la guerra apenas una estación necesaria. Esto se definirá cuando las partes destapen sus cartas en medio de la civilidad política, para ver si queremos o no un país con un mínimo civilizatorio –Bobbio–, una sociedad decente –Cardozo– o una nación camino a edificar nuevas relaciones de uso y propiedad, de poder y de comunidad, que nos enseñen que, a pesar de todo el dolor causado, los años de la dura confrontación con su final incorporado no fueron un desperdicio ignorado por las generaciones que lo vivieron.

1 Orejuela Díaz, Libardo, Los grandes señores de la noche, Editorial Pacífico, 1985.
2 Gaitán, Jorge Eliécer, La Oración por la Paz, 1948.
3 Orejuela Díaz, Libardo. Gaitán o la rebelión de los olvidados. Universidad Libre, 2008.
4 Delgado Madroñero, Johnny, Como el ave Fénix/ La violencia política colombiana (1946-1966). Editorial Carvajal Soluciones de Comunicación SAS, Bogotá, 2014.
5 Liévano Aguirre, Indalecio. Premonición sobre las horas actuales/La mascarada del Frente Nacional. Grijalbo, Bogotá, 2007.
6. Ibídem.

* Docente universitario.

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Sábado, 17 Diciembre 2016 07:03

Un cuarto de siglo

Un cuarto de siglo

Hace 25 años se disolvió la Unión Soviética y surgió –en el espacio postsoviético– un conglomerado heterogéneo de 15 países que comparten, más allá de sus peculiares formas de hacer política interna, un solo rasgo: el capitalismo, donde una minoría de privilegiados detenta una riqueza insultante y la mayoría sobrevive con severas penurias, igual que sucede en México.


Herido de muerte el sistema socialista, sentenciado a desaparecer el partido comunista como fuerza rectora de la sociedad, agotada la economía por la carrera armamentista y los 10 años de guerra en Afganistán, los historiadores no terminan de ponerse de acuerdo en cuál fue el detonante de la desintegración de la Unión Soviética.


Coinciden en que, sin minimizar la importancia de cada episodio por separado, el fin se debió a una vertiginosa concatenación de factores, cuyos impulsores al principio no se plantearon como meta acabar con la Unión Soviética y señalan que, a partir del fallido putsch de agosto de 1991, ya no hubo posibilidad de dar marcha atrás: la gente se pronunció por el cambio, aunque se sabía que era necesario destruir no había una idea clara de qué construir a cambio.


Se llegó a ese punto cuando el experimento reformista de Mijail Gorbachov –tras seis años de intentar revivir el socialismo soviético con su perestroika (restructuración) y glasnost (apertura)– ocasionó un cisma en la dirigencia del partido comunista que forzó al sector conservador a dar un golpe de Estado, que apenas duró tres días por el amplio rechazo social y de una parte del ejército.


Continuó tambaleándose el sistema por la enconada lucha por el poder entre Gorbachov y Boris Yeltsin, el presidente de Rusia, lo que condujo a las tres repúblicas eslavas a reunirse para proclamar de último momento la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), ante la separación irreversible de las tres bálticas y la cautela de las centroasiáticas que prefirieron no acudir a la cita y esperar la evolución de las cosas, negándose a suscribir el nuevo pacto federal propuesto por el aún líder soviético.


La navidad de 1991, después de que el 21 de diciembre todas las repúblicas soviéticas, salvo las bálticas y Georgia, firmaron en la capital de Kazajstán el Protocolo de Alma-Ata que apostó por la CEI como imprecisa formación estatal, Gorbachov dimitió y la bandera roja, con la hoz y el martillo, fue izada del Kremlin.


Al día siguiente, el 26 de diciembre, el Soviet Supremo se autodisolvió y comenzó el reconocimiento internacional de los países surgidos de las ruinas que dejó la Unión Soviética.


Un cuarto de siglo más tarde se acumulan los rasgos nefastos del capitalismo postsoviético –una CEI que no es sino un membrete, pueblos hermanos enfrentados, riquezas naturales saqueadas a la sombra del poder, regímenes autoritarios o clanes gobernantes, etcétera– y existe una sola certeza: fracasó el modelo soviético de socialismo, nunca el anhelo de la humanidad por lograr una vida más justa y digna.

 

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Lunes, 12 Diciembre 2016 08:56

Cantando de verdad

Patti Smith, Noruega

Nos cuentan aquí que estamos en un mundo "post-verdad", donde la realidad ya no se define por hechos y verdades, sino por afirmaciones basadas más en la fe en quien las expresa que en algún conocimiento común sobre que es o no la verdad. Dicen que es algo nuevo.

 

Una lluvia fuerte está por caer, cantó Patti Smith en Noruega, en la ceremonia de la entrega del premio Nobel de Literatura al ausente pero omnipresente Bob Dylan. Es una canción que nace ante amenazas de guerra nuclear, grabada por primera vez en 1962, en la coyuntura de lo que se conoce como la crisis de los misiles en Cuba. "Es una canción desesperada", comentó Dylan en aquel tiempo, en el texto que acompaña el disco The Freewheelin’ Bob Dylan (considerado uno de los 500 más grandes de todos los tiempos por Rolling Stone). "Cada línea en ella es en verdad el inicio de otra canción completa. Pero cuando la escribí, pensaba que no tendría suficiente tiempo vivo para escribir todas esas canciones; entonces puse todo lo que podía en esta".

 

A hard rain’s A-gonna fall, tema en el que un hijo cuenta lo que ha visto en el mundo, concluye cuando dice que regresará afuera antes de que caiga la lluvia, allá donde "la cara del verdugo siempre está bien oculta/donde el hambre es fea, donde las almas están olvidadas/donde negro es el color, y nada es el número", y afirma: "Y lo contaré, y lo pensaré, lo diré y lo respiraré/Y lo reflejaré desde las montañas para que todas las almas lo puedan ver/Y después me pararé sobre el océano hasta que empiece a hundirme/Pero aprenderé bien mi canción antes de empezar a cantarla".

 

Su obra incluye lo que podríamos llamar periodismo cantado. En ese mismo disco hay otras dos canciones que son, en parte, arte periodístico: La respuesta está en el viento”, y la feroz Maestros de guerra” (una de las versiones más furiosas es la de Eddie Vedder en honor a Dylan). "Nunca acabaré de decir todo lo que siento, pero haré mi parte en darle sentido a la manera en que estamos viviendo, y no viviendo ahora", comentó Dylan en 1962 al hablar de esta obra.

 

Dylan, entre otras cosas, es cronista de historias, reportero de lo que observa, denunciador de falsedades, rescatador de olvidados. Merece, además del Nobel, un premio de periodismo. Especialmente ahora.

 

El periodismo es una interrogación constante, una búsqueda colectiva de verdades; no necesariamente llega más allá de eso, ni debe pretenderlo. Un equipo editorial intenta explorar, evaluar, verificar, aclarar y presentar a todos qué sucede, qué pasó con el objetivo; es compartir lo necesario para crear un diálogo y una percepción común donde cada lector, televidente, radioescucha o multimediático pueda decidir actuar o no. Pero todo depende de la credibilidad de reporteros, fotógrafos, editores y su medio. Eso se gana cada día y depende de un compromiso de los que conjuntamente nos dedicamos a esta tarea, en la que en lo individual y lo colectivo tenemos que conocer bien la canción antes de ir a cantarla.

 

Obviamente nadie es dueño de "la verdad", pero para acercarse a ella el primer paso es separarla de lo falso. Uno de los maestros de Dylan, junto con Woody Guthrie, fue Pete Seeger, cuya canción False from true dice en parte: “Cuando mis canciones se vuelven cenizas sobre mi lengua... Cuando encontré deslustre sobre algunos de mis sueños más luminosos/Cuando algunos cuates en quienes confiaba resultaron no ser lo que parecían/Entonces tengo que iniciar la tarea de separar lo falso de lo verdadero... Ninguna canción que pueda cantar puede quitarle un arma a un hombre lleno de odio/Pero te prometo a ti, y a ti, hermanos y hermanas de toda piel/Cantaré tu historia mientras tenga aliento dentro” (versión de Steve Earle y Warren Haynes).

 

Los medios están obsesionados ahora con lo que llaman una realidad post-verdad, en la cual ya no importa la diferencia entre lo verdadero y lo falso. Un editorial del New York Times de este domingo lamenta lo que llama la ruptura de "una realidad pública compartida, construida sobre hechos ampliamente aceptados", que en parte llevaron al triunfo a Donald Trump y a su falta de respeto a los hechos, algo alimentado por el fenómeno de "noticias falsas" o "fabricadas" que han imperado en esta elección.

 

Pero aunque la llamada realidad post-verdad se ha convertido en tema principal del debate pos electoral, aquí no hay nada nuevo. Los encargados del poder siempre han distorsionado hechos o fabricado la realidad para sus fines políticos; antes se llamaba propaganda. Y los políticos y los expertos en publicidad siempre se han burlado de los que exigen hechos, verdades; para ellos la realidad es una creación de los que pagan o están en el poder. Los ejemplos son infinitos a lo largo de décadas, siglos, tal vez milenios.

 

De hecho, uno podría argumentar que Trump ha sido más honesto que algunos de sus antecesores; denunció que el sistema está "amañado", que los políticos son títeres de los ricos, que los grandes intereses se imponen sobre el bien común, entre otras cosas. Por otro lado, la conformación de su gabinete por multimillonarios y generales deja todo bastante claro, ¿no?

 

Tal vez cambió un poco el guión sobre cómo la cúpula fabrica la realidad para todos los demás. Pero el problema no es que figuras en el poder mientan y engañen, sino el fracaso de los medios en cumplir con su tarea de separar la verdad de lo falso. No se sabe si eso explica o es resultado de que la credibilidad de los medios esté a su nivel más bajo, cuando sólo 32 por ciento de la población confía en los medios masivos, según la encuesta más reciente de Gallup sobre el tema.

 

Por lo tanto, uno podría concluir que estamos en una era "pre-verdad" –y no es la primera, sino que ocurren con cada crisis– donde están por descubrirse nuevas mentiras o viejas verdades. Tal vez ayudaría un poco si los periodistas aprendiéramos a cantar.

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Google, la democracia y la verdad sobre las búsquedas en internet

Los expertos en tecnología de extrema derecha han sido capaces de aprovecharse de los algoritmos de los gigantes de internet para crear una nueva realidad donde Hitler es un tipo bueno, los judíos son malvados y... Donald Trump se convierte en presidente



Hay una cosa que no se debe hacer un domingo de madrugada. No se deben escribir doce letras en el buscador de Google. Eso es todo lo que hice. Escribí: “s-o-n”, luego “l-o-s” y, por último, “j-u-d-í-o-s”. Desde 2008 Google intenta predecir qué quieres buscar y te ofrece varias opciones. Eso es lo que ocurrió. Me ofreció una selección de posibles preguntas que pensaba que yo querría hacer: “¿Son los judíos una raza?”. “¿Son blancos los judíos blancos?”. “¿Son cristianos los judíos?”. Y por último “¿son malvados los judíos?”.


¿Son malvados los judíos? Es una pregunta que jamás se me hubiera ocurrido hacer. No la había buscado. Pero ahí estaba. Entré en las respuestas y apareció una página de resultados. Esta era la pregunta de Google. Y esta, la respuesta: los judíos son malvados.


Ahí, en mi pantalla, estaba la prueba: una página entera de resultados, y nueve de los diez lo confirmaban. El primero, de una página llamada Listovative, tenía el titular “Los diez motivos principales por los que la gente odia a los judíos”. Entré: “Hoy los judíos controlan el marketing, el Ejército, la medicina, la tecnología, los medios, la industria, el cine... y continúan enfrentándose a la envidia del mundo a través de sus inexplicables éxitos dado su infame pasado y cómo fueron reprimidos como ratas por toda Europa”.


Google es buscar. Se ha convertido en un verbo, googlear. Es lo que hacemos todos, todo el rato, cuando queremos averiguar cualquier cosa. Lo googleamos. El sitio opera 63.000 búsquedas al segundo, 5.500 millones al día. Su misión como empresa, el resumen en una frase que ha inspirado la compañía desde que se fundó y que aún preside su página corporativa principal, es “organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil”.


Intenta ofrecer los mejores resultados, los más relevantes. Y en este caso, el tercer mejor resultado, el tercero más relevante a la búsqueda es un enlace a un artículo de stormfront.org, una página neonazi. El quinto es un vídeo de Youtube: “Por qué son malvados los judíos. Por qué estamos contra ellos. El sexto es de Yahoo Answers: “¿Por qué son tan malvados los judíos?”. El séptimo es “Los judíos son almas diabólicas de otro mundo”. Y el décimo es de jesus-is-saviour.com: “¡El judaísmo es satánico!”.


Un resultado de los diez ofrece un punto de vista diferente. Es un enlace a la reseña académica, bastante densa, de un libro publicada en thetabletmag.com, una revista judía, con el desafortunado titular “Por qué literalmente todo el mundo odia a los judíos”.


Me parece haber caído en un agujero y haber pasado a un universo paralelo en el que el negro es blanco y el bien es el mal. Aunque más tarde pienso que quizá lo que he hecho es rascar en el barro superficial de 2016 y encontrado uno de los manantiales subterráneos que han estado alimentándolo tranquilamente. Ha estado ahí todo el rato, claro. Apenas a unas teclas de distancia... en nuestros ordenadores portátiles, nuestras tabletas, nuestros teléfonos. No es una célula nazi clandestina envuelta en la oscuridad. Está escondida a plena vista.

 


Herramientas de las noticias falsas


Las historias acerca de noticias falsas en Facebook han dominado algunos sectores de la prensa en las semanas posteriores a las elecciones estadounidenses, pero creo que esto es incluso más poderoso y más perverso. Frank Pasquale, catedrático de Derecho en la Universidad de Maryland y uno de los académicos más importantes que piden que las empresas tecnológicas sean más abiertas y transparentes, considera los resultados “muy graves y preocupantes”.
En 2006 encontró un caso similar cuando “si buscabas ‘judío’ en Google, el primer resultado era jewwatch.org. Algo así como ‘ten cuidado con esos judíos horribles que te están arruinando la vida’. Y la Liga Antidifamación entró en acción, así que pusieron un asterisco junto al resultado que decía: ‘Estos resultados pueden ser perturbadores, pero se trata de un proceso automatizado’. Pero lo que me está mostrando, y me alegra que quede registrado, es que pese a que han investigado mucho este problema, ahora es mucho peor”.


El orden de los resultados de búsqueda influye en la gente, dice Martin Moore, director del Centro para el Estudio de los Medios, la Comunicación y el Poder del King’s College de Londres, que ha escrito extensamente acerca del impacto de las grandes empresas tecnológicas en nuestras esferas cívicas y políticas.


“Hay estudios a gran escala, estadísticamente significativos, sobre el efecto de los resultados de búsquedas en las opiniones políticas. la manera en que ves los resultados y qué tipo de resultados ves en la página necesariamente tiene un impacto en tu perspectiva”, cuenta Moore.


Las noticias falsas, dice, simplemente han “revelado un problema mucho mayor. Estas empresas son muy poderosas y están empeñadas en generar cambios. Pensaban que estaban cambiando la política, pero en un sentido positivo. No habían pensado en la parte negativa. Estas herramientas permiten un mayor reparto del poder, pero tienen un lado oscuro. Permiten que la gente haga cosas muy cínicas y dañinas”.

 


Hitler, mujeres y musulmanes


Google es información. Es donde vas a enterarte de cosas. Y los judíos malvados son solo el comienzo. También hay mujeres malvadas. Tampoco fui a buscarlas. Esto es lo que escribí: “s-o-n l-a-s m-u-j-e-r-e-s” y Google me ofrece solo dos opciones, la primera de las cuales es “¿Son las mujeres malvadas?”.


Le doy a “intro”. Sí, lo son. Todos y cada uno de los 10 resultados “confirma” que lo son, incluyendo el primero, de una página llamada sheddingoftheego.com, que aparece recuadrado y subrayado: “Toda mujer tiene algo de prostituta dentro. Toda mujer tiene algo malvado dentro... Las mujeres no aman a los hombres, aman lo que ellos pueden hacer por ellas. Es razonable decir que las mujeres se sienten atraídas por los hombres pero no pueden amarlos”.


A continuación tecleo: “s-o-n l-o-s m-u-s-u-l-m-a-n-e-s”. Y Google sugiere que pregunte “¿Son los musulmanes malvados?”. Y lo que averiguo es que sí que lo son. Así lo afirma el primer resultado y seis de los demás. Sin teclear nada más, solo al poner el cursor en la caja de búsqueda, Google me ofrece dos nuevas búsquedas y opto por la primera: “El islam es malo para la sociedad”. En la siguiente lista de sugerencias me ofrece “El islam debe ser destruido”.


Los judíos son malvados. Los musulmanes deben ser erradicados. ¿Y Hitler? ¿Queremos preguntar sobre Hitler? Busquemos en Google. “¿Fue Hitler malo?”, tecleo. Y aquí está el primer resultado de Google: “10 razones por las que Hitler era uno de los buenos”. Entro en el enlace: “Nunca quiso matar a los judíos”, “le preocupaban las condiciones de los judíos en los campos de trabajo”, “hizo reformas sociales y culturales”. Ocho de los otros diez resultados: en realidad Hitler no fue tan malo.


Unos días más tarde, hablé con Danny Sullivan, el fundador de SearchEngineLand . com . Me lo habían recomendado varios académicos como uno de los principales expertos en búsquedas. ¿Estoy siendo ingenua?, le pregunté. ¿Tenía que haberme imaginado lo que había ahí fuera? “No, no estás siendo ingenua”, dice. “Esto es espantoso. Es horrible. Es equivalente a entrar en una biblioteca, pedir al bibliotecario un libro sobre judaísmo y que te den diez libros llenos de odio. En esto Google está haciendo un pésimo, pésimo trabajo a la hora de proporcionar respuestas. Puede y debe hacerlo mejor".


También está sorprendido. “Pensé que habían dejado de ofrecer sugerencias de autocompletar para religiones en 2011.” Y entonces teclea: “Son las mujeres”. “¡Por Dios! Esa respuesta arriba del todo. Es un resultado destacado. Se llama una “respuesta directa”. Se supone que es indiscutible. Es el mayor apoyo que da Google”. ¿Que toda mujer tiene algo prostituta en ella? “Sí. Es el algoritmo de Google equivocándose horriblemente.”


Contacté con Google acerca de sus sugerencias de búsqueda que parecían funcionar mal y recibí la siguiente respuesta: “Nuestros resultados de búsqueda reflejan el contenido de la red. Esto significa que en ocasiones perspectivas desagradables de temas delicados influyen en los resultados que aparecen para búsquedas determinadas. Estos resultados no reflejan las opiniones o valores de Google; como empresa, apoyamos decididamente una diversidad de perspectivas, ideas y culturas”.


Google no es solo un motor de búsqueda, claro. Las búsquedas fueron el punto de partida de la empresa, pero eso fue solo el inicio. Alphabet, la empresa matriz de Google, ahora tiene la mayor concentración de expertos en inteligencia artificial del mundo. Se está expandiendo a salud, transporte y energía. Es capaz de atraer a los mejores informáticos, físicos e ingenieros. Ha comprado centenares de empresas pequeñas, incluyendo Calico, cuya misión declarada es “curar la muerte” y DeepMind, que busca “resolver la inteligencia”.


Hace 20 años ni siquiera existía. Cuando Tony Blair ganó las eleciones en 1997, no se le podía googlear: el motor de búsqueda aún no había sido inventado. La empresa se fundó en 1998 y Facebook no apareció hasta 2004. Los fundadores de Google, Sergey Brin y Larry Page, solo tienen 43 años. Mark Zuckerberg, de Facebook , 32. Todo lo que han hecho, el mundo que han reconfigurado, ha ocurrido en un parpadeo.

 


Un universo paralelo


Parece que las implicaciones del poder y el alcance de estas empresas solo ahora empiezan a ser percibidas por la opinión pública. Le pregunté a Rebecca MacKinnon, directora del proyecto Ranking Digital Rights en la New America Foundation, si ha sido el reciente escándalo sobre noticias falsas lo que ha alertado a la gente del peligro de ceder nuestros derechos como ciudadanos a las empresas. “La situación actual es rara,” contesta, “porque la gente por fin dice ‘vaya, Facebook y Google realmente tienen mucho poder’, como si fuera un gran descubrimiento. A uno le dan ganas de responder ‘¿en serio?’”.


MacKinnon es experta en cómo los gobiernos autoritarios se adaptan a internet y la usan para sus propósitos. “China y Rusia deberían ser una advertencia para nosotros. Creo que lo que ocurre es que la balanza va de un lado para otro. Durante la primavera árabe, parecía que los buenos iban ganando. Y ahora parece que los malos se imponen. Los activistas democráticos usan internet más que nunca pero, al mismo tiempo, el adversario se ha hecho más habilidoso”.
La semana pasada, Jonathan Albright, profesor de comunicación en la Universidad de Elon, en Carolina del Norte, publicó el primer estudio detallado sobre cómo las páginas web derechistas habían difundido su mensaje. “Hice una lista de esos sitios de noticias falsas que estaban circulando, tenía un listado inicial de 306 sitios y usé una herramienta, como la que usa Google, para buscar enlaces y a continuación los cartografié. Así vi dónde iban los enlaces; a YouTube, Facebook y entre ellos, millones de ellos. No podía creer lo que estaba viendo”.


“Han creado una red que está invadiendo la nuestra. No es una conspiración. No hay un tipo que haya creado esto. Es un inmenso sistema de cientos de distintas páginas que usan los mismos trucos que usan todos los sitios web. Mandan miles de enlaces a otras páginas y todas juntas han creado un inmenso universo de noticias y propaganda derechista que ha rodeado por completo el sistema tradicional de medios”.


Albright encontró 23.000 páginas y 1,3 millones de enlaces. “Facebook es solo el amplificador. De hecho, si lo ves en 3D parece un virus. Facebook es solo uno de los factores que ayudó a que el virus se transmitiera más rápido. Ves al New York Times y al Washington Post, y luego ves una red muy muy amplia que los rodea. La mejor manera de describirlo es como un ecosistema. Va mucho más allá de páginas individuales o historias concretas. Lo que este mapa muestra es la red de distribución, y puedes ver cómo está rodeando y de hecho asfixiando el ecosistema de los medios tradicionales.” ¿Como un cáncer? “Como un organismo que crece y se hace más fuerte todo el tiempo”, añade.


Charlie Beckett, catedrático en la facultad de medios y comunicación de la LSE, me dice: “Hace tiempo que venimos diciendo que la pluralidad de los medios de comunicación es buena. La diversidad es buena. Criticar a los grandes medios es bueno. Pero ahora... se ha descontrolado radicalmente. Lo que el estudio de Jonathan Albright ha demostrado es que esto no es un subproducto de Internet. Y ni siquiera obedece a razones comerciales. Está motivado por ideología, por gente que intenta de modo muy deliberado desestabilizar Internet”.


El mapa de Albright también proporciona una pista para entender los resultados de búsqueda de Google que encontré. Lo que estas webs de información derechista han hecho, me explica, es lo que la mayoría de las webs comerciales intentan hacer. Intentan averiguar los trucos que les hacen subir en el sistema de ordenación de páginas de Google. Intentan “controlar” el algoritmo. Y lo que su mapa prueba es lo bien que lo están haciendo.


Eso es lo que mis búsquedas prueban también. Que la derecha ha colonizado el espacio digital alrededor de estos temas –musulmanes, mujeres, judíos, el Holocausto, los negros– de modo mucho más eficaz que la izquierda progresista.
Un monstruo con vida propia


“ Es una guerra de información,” dice Albright. “Eso es lo que intento explicar”. Pero es lo que sigue lo que de verdad da miedo. Le pregunté cómo se puede parar. “No sé. No estoy seguro de que se pueda. Es una red. Es mucho más poderoso que ningún actor aislado”. ¿Así que es casi como si tuviera vida propia? “Sí, y está aprendiendo. Cada día es más fuerte”, añade.


Cuanta más gente busque información sobre los judíos, más gente verá los enlaces a estas páginas de odio, y cuanto más entren en esos enlaces (muy poca gente pasa de la primera página de resultados), más tráfico tendrán, más enlaces obtendrán y parecerán más serias. Es una economía del conocimiento totalmente circular que solo tiene un resultado: la amplificación del mensaje. Los judíos son malvados. Las mujeres son malvadas. El islam ha de ser destruido. Hitler era uno de los buenos.


La constelación de sitios web que Albright encontró, una especie de internet en la sombra, cumple otra función. Más allá de limitarse a difundir ideología derechista, sirven para seguir y monitorizar e influir en cualquiera que entre en contacto con su contenido. “Vi los trackers en esas páginas y me quedé asombrado. Cada vez que alguien da un like a una entrada de Facebook o visita una de esas páginas, los scripts te siguen por toda la web. Y esto permite a empresas de recolección de datos y de influencia, como Cambridge Analytica, identificar con precisión a individuos, a seguirlos por la web y enviarles mensajes políticos muy personalizados. Es una máquina propagandística. Identifica individuos para convencerles de una idea. Es un nivel de ingeniería social que nunca había visto antes. Estás atrapando a la gente y luego les mantienen atados a una correa emocional y nunca les sueltan".


Cambridge Analytica, una empresa de propiedad estadounidense con sede en Londres, fue contratada tanto por la campaña del Brexit como por la de Trump. Dominic Cummings, el director de campaña de Vote Leave (a favor del Brexit), ha hecho pocas declaraciones desde el referéndum británico, pero algo que sí dijo fue: “Si quieres mejorar mucho la comunicación, mi consejo es: contrata a físicos”.


Steve Bannon, fundador de Breitbart News y recién nombrado jefe de estrategia de la Casa Blanca de Trump, está en la junta directiva de Cambridge Analytica (CA). Se ha informado que la empresa está negociando un contrato para hacer tareas de comunicación política para el nuevo presidente estadounidense. La empresa presume de haber construido perfiles psicológicos de 220 millones de votantes norteamericanos usando 5.000 datos individuales sobre cada uno. Conoce sus rarezas, sus matices y sus hábitos diarios y se puede dirigir a ellos individualmente.


“Usaban entre 40.000 y 50.000 tipos distintos de anuncios cada día y continuamente medían la reacción provocada y los adaptaban y hacían evolucionar a partir de esa reacción”, afirma Martin Moore, de Kings College. Como tienen tantos datos sobre individuos y usan esas redes de distribución tan increíblemente potentes, logran que las campañas ignoren muchas de las leyes anteriores.


“Todo se hace de modo opaco y pueden gastar tanto dinero como quieran en lugares concretos porque puedes concentrarte en un radio de ocho kilómetros, o en una única categoría demográfica. Las noticias falsas son importantes, pero solo es una parte. Estas empresas han hallado la manera de eludir siglo y medio de leyes que desarrollamos para que las elecciones fueran justas y abiertas”.


¿Fue esa propaganda microdirigida, actualmente legal, la que decidió el voto del Brexit? ¿Contribuyeron esas mismas técnicas usadas por Cambridge Analytica a la victoria de Tump? De nuevo, es imposible saberlo. Todo esto ocurre en total oscuridad. No tenemos manera de saber cómo nuestra información personal está siendo recogida y empleada para influir en nosotros. No nos damos cuenta de que la página de Facebook que miramos, la página de Google, los anuncios que vemos, las búsquedas que hacemos, todo está hecho a nuestra medida, personalizado. No lo vemos porque no lo podemos comparar con nada. Y no está siendo vigilado ni registrado. No está regulado. Estamos dentro de una máquina y sencillamente no tenemos manera de ver el mecanismo. La mayor parte del tiempo ni siquiera nos damos cuenta de que hay un mecanismo.


Rebecca MacKinnon dice que la mayoría de nosotros considera que Internet es como “el aire que respiramos y el agua que bebemos”. Nos rodea. La usamos. Y no la cuestionamos. “Pero este no es un entorno natural. Hay programadores, ejecutivos, editores y diseñadores que crean este entorno. Son seres humanos y todos ellos toman decisiones”.
Sin embargo, no sabemos qué decisiones toman. Ni Google ni Facebook comparten sus algoritmos. ¿Por qué mi búsqueda en Google arrojó nueve de diez resultados que consideraban a los judíos malvados? No lo sabemos y no lo podemos saber.


Sus sistemas son lo que Frank Pasquale describe como “cajas negras”. Piensa que Google y Facebook son “un terrorífico duopolio de poder” y lidera un movimiento cada vez más amplio de académicos que pide “control algorítmico”. “Necesitamos poder auditar regularmente estos sistemas. En EEUU, con la Ley de Copyright del Milenio Digital, todas las empresas están obligadas a tener un portavoz al que se pueda contactar. Y eso es lo que tiene que ocurrir. Tienen que responder a las quejas sobre incitación al odio y sobre prejuicios”.


¿Están los prejuicios integrados en el sistema? ¿Afectan a los resultados de búsqueda que encontré? “Hay muchos tipos de prejuicios acerca de lo que cuenta como una fuente de información legítima y cuánto peso se le da. Hay un inmenso prejuicio comercial. Y cuando miras al personal, estos son jóvenes, blancos y quizás asiáticos, pero no negros ni hispanos, y son desproporcionadamente hombres. La visión del mundo de jóvenes blancos ricos está detrás de todos estos juicios”.

 


Resultados que influyen en el voto


Más tarde hablé con Robert Epstein, un psicólogo experimental en el Instituto Americano para la Investigacion y la Tecnologia de la Conducta, y autor del estudio del que me había hablado Martin Moore (y que Google ha criticado públicamente), que demuestra cómo el orden de los resultados de búsquedas afecta al voto. Al otro lado del teléfono, repite una de las búsquedas que realicé. Teclea “son los negros” en la página de Google.


“ Mira esto. No he apretado ningún botón y automáticamente se ha llenado la página con respuestas a la pregunta ‘¿son los negros más propensos a delinquir?’. Y podía estar pensando en miles de preguntas. ‘¿Son los negros mejores deportistas?’ o cualquier otra. Y solo me ha dado dos opciones y no en base a búsquedas o a los términos más buscados ahora mismo. Antes Google usaba eso, pero ahora tienen un algoritmo que considera otras cosas".


"Déjame que compruebe Bing y Yahoo. Estoy en Yahoo y tengo 10 sugerencias, ninguna de las cuales es ‘¿son los negros más propensos a delinquir?’. Y la gente ni se plantea esto. Google no solo ofrece una sugerencia, es una sugerencia negativa y sabemos que dependiendo de bastantes factores una sugerencia negativa genera entre cinco y quince entradas más. Está todo programado y podría estar programado de otra manera”.


Lo que el trabajo de Epstein ha demostrado es que los contenidos de una página de resultados de búsqueda puede influir en las opiniones e ideas de la gente. Se probó que el tipo y el orden de los rankings de búsquedas influyó en votantes en India en experimentos neutrales. Se obtuvieron resultados similares acerca de las opciones de búsqueda que se ofrecen al usuario. “El público general ignora por completo cuestiones fundamentales sobre la búsqueda online y la influencia. Estamos hablando de la máquina de control mental más poderosa jamás inventada en la historia de la humanidad. Y la gente ni siquiera se da cuenta”, añade Epstein.


Damien Tambini, profesor de la London School of Economics, especialista en regulación de medios, afirma que no tenemos ningún marco que nos permita tratar el impacto potencial de estas empresas en el proceso democrático. “Tenemos estructuras que vigilan a las grandes empresas de medios. Tenemos leyes de competencia. Pero estas empresas no tienen que responder de sus actos. No tenemos el poder de hacer que Google o Facebook expliquen nada. Hay una función editorial en Google y en Facebook, pero la hacen sofisticados algoritmos. Dicen que son máquinas y no editores. Pero eso es solo una función editorial mecanizada”.


Las empresas, dice John Naughton, columnista del Observer e investigador asociado en la Universidad de Cambridge, están aterradas ante la posibilidad de adquirir responsabilidades editoriales que no desean. “Aunque pueden, y a menudo lo hacen, manipular los resultados de muchas maneras”.


Desde luego, los resultados acerca de Google en Google no parecen muy neutrales. Si buscas en Google “¿es Google racista?” el resultado destacado –la respuesta recuadrada que encabeza la página– es muy clara: no. No lo es.
Pero la enormidad y la complejidad de tener dos empresas globales de un tipo que nunca antes habíamos visto influyendo tantas áreas de nuestras vidas es tal, dice Naughton, que “ni siquiera tenemos la capacidad mental para saber cuáles son los problemas”.


Esto es especialmente cierto respecto al futuro. Google y Facebook están a la vanguardia de la inteligencia artificial. Van a ser los dueños del futuro. Y los demás apenas podemos empezar a esbozar el tipo de preguntas que deberíamos estar haciendo. “Los políticos no piensan a largo plazo. Y las empresas no piensan a largo plazo porque se centran en los resultados trimestrales y eso es lo que convierte a Google y a Facebook en distintas e interesantes. Sin duda alguna, están pensando a largo plazo. Tienen los recursos, el dinero y la ambición para hacer lo que quieran”.


“ Quieren digitalizar todos los libros del mundo: lo hacen. Quieren construir un coche sin conductor: lo hacen. Ver lo que la gente lee ahora acerca de las noticias falsas y darse cuenta de que podría tener un efecto sobre la política y las elecciones da ganas de preguntar: ‘¿En qué planeta vives?’. Por Dios, es obvio”, señala Naughton.

 

 

Del mundo virtual al mundo real

 

“Internet es una de las pocas cosas que el hombre ha creado que no entiende”, indica Naughton. Es “el mayor experimento de la historia que incluye un elemento anárquico. Cientos de millones de personas crean y consumen cada minuto una cantidad inimaginable de contenido digital en un mundo online que no está sujeto realmente a las leyes terrestres”.


¿Es internet un Estado anárquico sin ley? ¿Un inmenso experimento humano sin contrapesos ni equilibrios y desconocidas consecuencias potenciales? ¿Qué tipo de agorero digital diría tal cosa? Que Eric Schmidt, presidente de Google, dé un paso al frente. Son las primeras frases de The New Digital Age , el libro que escribió con Jared Cohen.


No lo entendemos. No está sujeto a las leyes terrestres. Y está en manos de dos empresas gigantescas y todopoderosas. Es su experimento, no el nuestro. La tecnología que se suponía que nos iba a liberar puede haber contribuido a la victoria de Trump, o a aportar votos disimuladamente al Brexit. Ha creado una inmensa red de propaganda que ha crecido como un tumor por todo Internet. Es una tecnología que ha permitido a empresas como Cambridge Analytica crear mensajes políticos dirigidos únicamente a ti. Conocen tus reacciones emocionales y saben cómo provocarlas. Saben lo que te gusta, lo que te disgusta, dónde vives, qué comes, qué te hace reír y qué te hace llorar.


¿Y ahora qué? Los estudios de Rebecca MacKinnon han explicado cómo los regímenes autoritarios reconfiguran internet para sus propios fines. ¿Ocurrirá eso con Silicon Valley y Trump? Como señala Martin Moore, el presidente electo presumió de que el consejero delegado de Apple, Tim Cook, le llamó para felicitarle por su victoria. “Y sin duda recibirán presiones para colaborar,” dice Moore.


El periodismo está fracasando ante estos cambios, y va a seguir fracasando. Las nuevas plataformas han hecho saltar en pedazos el modelo económico, la publicidad. Cada vez hay menos recursos, el tráfico depende más de ellas y los directores de los medios no tienen ningún acceso, ninguna idea de lo que estas plataformas hacen en sus oficinas, en sus laboratorios. Y ahora están pasando del mundo virtual al real. Los siguientes retos son sanidad, transporte y energía. Igual que Google tiene casi un monopolio en búsquedas, lo siguiente es su ambición de controlar y apropiarse de la infraestructura física de nuestras vidas. Ya posee nuestra información y, con ella, nuestra identidad. ¿Qué ocurrirá cuando entre en el resto de áreas de nuestra vida?


“ Por ahora, hay un espacio entre teclear ‘los judíos son’ y ver ‘los judíos son malvados’,” dice Julia Powles, investigadora en derecho y tecnología en Cambridge. “Pero cuando pasas al mundo físico, y esos conceptos pasan a ser parte de las herramientas desplegadas cuando vas por tu ciudad o influyen en cómo la gente es contratada, creo que eso tiene consecuencias realmente perniciosas”.


Powles pronto publicará un estudio que evalúa la relación de DeepMind con la sanidad pública británica. “Hace un año, los historiales médicos de dos millones de londinenses fueron traspasados a DeepMind. En medio de un silencio absoluto por parte de políticos, de los reguladores, de cualquier persona en una posición de poder. Es una empresa sin ninguna experiencia en sanidad que recibe un nivel de acceso jamas visto a la sanidad pública y tardamos siete meses solo en saber que tenían la información. E hizo falta periodismo de investigación para averiguarlo.”


El titular decía que DeepMind iba a trabajar con la sanidad pública para desarrollar una aplicación que proporcionara alertas tempranas a pacientes renales. Y así es, pero la ambición de DeepMind –“resolver la inteligencia”– va mucho más allá. Los historiales médicos enteros de dos millones de pacientes son, para los investigadores en inteligencia artificial, un auténtico tesoro. Y su entrada en el sistema de sanidad pública, ofreciendo servicios útiles a cambio de nuestra información personal, es otro paso de gigante que aumenta su poder y su influencia en todas nuestras vidas.


Porque lo que hay después de la búsqueda es la predicción. Google quiere saber lo que quieres antes de que tú mismo lo sepas. “Esa es la siguiente etapa”, dice Martin Moore. “Hablamos de la omnisciencia de estos gigantes de la tecnología, pero esa omnisciencia vuelve a dar un salto adelante si son capaces de predecir. Y en esa dirección quieren ir. Predecir enfermedades. Es muy, muy problemático”.


Durante los 20 años de la existencia de Google, nuestra opinión de la empresa ha sido modulada por la juventud y la apariencia progresista de sus fundadores. Lo mismo ocurre con Facebook, cuya misión, según dijo Zuckerberg, no era ser “una empresa. Fue construida para cumplir una misión social para que el mundo sea más abierto y esté más conectado”.
Sería interesante saber qué opina Zuckerberg sobre cómo van las cosas al respecto. Donald Trump se conecta a través de exactamente las mismas plataformas tecnológicas que supuestamente contribuyeron a las primaveras árabes; pero se conecta a racistas y xenófobos. Y Facebook y Google amplían y difunden ese mensaje. Y nosotros también, los medios tradicionales. Nuestra indignación es solo otro nódulo en el mapa de datos de Jonathan Albright.


“Cuanto más discutimos con ellos, más saben de nosotros,” dice Moore. “Todo revierte a un sistema circular. Lo que estamos viendo es una nueva era de la propaganda en red”.


Todos somos puntos en ese mapa. Y nuestra complicidad, nuestra credulidad, ser consumidores y no ciudadanos preocupados, forma parte fundamental de ese proceso. Lo que ocurra a continuación depende de nosotros.


“Diría que todo el mundo ha sido muy ingenuo y que tenemos que acostumbrarnos a un entorno mucho más cínico y proceder de esa manera”, aconseja Rebecca MacKinnon. “No hay duda de que estamos en un momento muy malo. Pero somos nosotros como sociedad quienes hemos creado conjuntamente este problema. Y si queremos ir a mejor, a la hora de tener un ecosistema de información que defienda los derechos humanos y la democracia en vez de destruirlos, tenemos que compartir la responsabilidad de hacerlo”.


¿Son malvados los judíos? ¿Cómo quieres que se responda esa pregunta? Internet es nuestro. No es de Facebook. No es de Google. No es de los propagandistas de la derecha. Solo nosotros podemos recuperarlo.

 

The Gurdian
Traducido por Miguel Aguilar

 

 

Publicado enSociedad
Lunes, 05 Diciembre 2016 10:16

Yo seguiré soñando travesuras

Yo seguiré soñando travesuras

 

Los restos de Fidel ya fueron depositados durante una ceremonia familiar junto a los héroes de la independencia cubana, los mártires del Moncada y los caídos en los levantamientos antes de la Revolución Cubana.

 

Desde Santiago de Cuba


La ceremonia fue privada. Hasta ahora Raúl Castro, obligado a controlarse por sus cargos de Presidente y primer secretario del Partido Comunista de Cuba, había conseguido no quebrarse del todo por la muerte de su hermano. Su voz tembló en un momento del viernes en que anunció el fallecimiento. La voz volvió a temblar este sábado a la noche cuando, en la Plaza de la Revolución de Santiago de Cuba, cerró su discurso con un grito final que casi se le ahoga: “Hasta la victoria”. Ayer, muy temprano en la mañana, la familia pudo llorar en el cementerio de Santa Ifigenia. Las cenizas de Fidel ya están enterradas.


El cementerio de Santa Ifigenia es distinto a otros. Las piedras son blancas y le quitan una parte del carácter sombrío que tienen todos los camposantos del mundo.


La familia de Castro (¿o el propio Castro?) eligió como tumba una roca blanca de Sierra Maestra. Una enorme piedra irregular. Ni mausoleo ni gran monumento. Solo se lee una palabra: “Fidel”. En negro. Ni siquiera un apellido. Lentamente Raúl depositó allí el cofre de cedro con las cenizas de su hermano.


Los restos de Fidel quedaron cerca Carlos Manuel de Céspedes, el jefe de la revolución social y de independencia de 1868 y de José Martí, el líder del Partido Revolucionario Cubano muerto a comienzos de la guerra con España, en 1895. Y más cerca de Frank País, el dirigente del Movimiento Revolucionario 26 de Julio creado por los rebeldes para apoyar en las ciudades la guerrilla de Sierra Maestra. País fue asesinado por la policía secreta a los 22 años en 1959. Hoy tendría 77 años. Fidel trazaba siempre un hilo entre las rebeliones del siglo XIX y las rebeliones que dirigió en el XX. Martí y Frank son dos de los nombres de ese hilo.


El cortejo salió a las siete de la Plaza de la Revolución y llegó a Santa Ifigenia rodeado de la solidaridad popular. En el camino hubo otra vez un cordón humano a cada lado, como en toda Cuba. El sol santiaguero ya pegaba de manera implacable, sin una nube y sin un atisbo de viento fresco. Algunos portaban gorra de béisbol. Otros y otras se animaron a exponer la cabeza a los 33 grados de mañana. Cada uno tenía una bandera cubana. Muchos, un brazalete con los colores rojo y negro y el número 26 por el MR-26.


La contraposición de momentos resultó nítida. Los homenajes en La Habana fueron masivos, con dos días de cola, el lunes y el martes, para firmar el libro depositado junto a un gran retrato de Castro. Luego los cubanos pudieron agolparse en el camino por donde transitó la cureña con las cenizas.
Y tras la inhumación privada, igual los cubanos se quedaron parados fuera del cementerio, tal vez para completar instintivamente su duelo personal. El “Yo soy Fidel” es una consigna política, sin duda, pero sobre deja lugar a la asunción individual del significado de Castro para cada uno.


Silvio


Silvio Rodríguez fue uno de los pocos que hizo público cuál es su Fidel. No solo ahora, que acaba de cumplir 70 años después de la muerte de Castro y pidió “gloria eterna” al líder cubano.


En algún momento escribió su canción El necio, en rigor un título de doble sentido para quienes veían a Fidel como necio y no tenaz, y dijo que había pensado en Fidel para componerla.


“Lo que me llevó a escribir –dijo una vez Silvio– fue el ambiente ideológico de fines de los 80, principios de los 90, con el derrumbe del campo socialista. Ya estaba la glásnost en la Unión Soviética y se veía que aquello apuntaba hacia algo catastrófico. Hubo varios periodistas en La Habana que me preguntaban por qué no me pronunciaba al respecto. Y yo pensaba, sigo pensando y siempre pensé igual, que no tengo tampoco por qué pronunciarme acerca de cada cosa que sucede. Ese no es mi oficio, no es mi trabajo. A veces no tengo nada que decir, o se está produciendo todavía un proceso de acumulación necesario para que en algún momento se convierta en expresión y brote. Mientras tanto, no puedo hacer nada, ni forzar las cosas, porque no me sale una buena canción”.


“Es mejor quedarse con la boca cerrada a hablar boberías”, explicó Silvio. “Y en el caso de la canción, es más imperdonable todavía, porque, ¿cómo tú vas a hacer trascender algo que no vale la pena?”


Dice El Necio: “Para no hacer de mi ícono pedazos./ Para salvarme entre únicos e impares. / Para cederme un lugar en su parnaso. / Para darme un rinconcito en sus altares./ Me vienen a convidar a arrepentirme, / me vienen a convidar a que no pierda./ Me vienen a convidar a indefinirme. / Me vienen a convidar a tanta mierda”.


Sin culto


Una de los tramos más significativos del discurso de Raúl Castro el sábado a la noche estuvo dedicado al culto a la personalidad de Fidel. Es decir, a la voluntad de Fidel de que no hubiera antes y no nazca después de muerto lo que Raúl definió como “culto a su personalidad”.


La cremación resuelta por el mismo Fidel impidió que algún fanático soñara con embalsamar el cuerpo.


Nada de monumentos.


Nada de invadir Cuba con cuarteles, fábricas, canales de televisión, calles y plazas con el nombre de Fidel Castro.


Raúl dijo que Fidel rechazó en vida esa práctica.


Prometió el presidente cubano que para asegurar el deseo de Fidel el gobierno enviaría al congreso los proyectos de legislación necesarios para institucionalizar las convicciones del líder muerto.


No se trata de algo menor en un sistema político socialista. El “culto a la personalidad” es una categoría soviética. Así fue como, por ejemplo, el primer secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética Nikita Kruschov definió en el XX Congreso de la agrupación el período de José Stalin. Lo hizo, naturalmente, con Stalin ya muerto.


El “culto a la personalidad” era más que una simple obsesión por rendir homenaje en vida al jefe de turno, que en el caso de Stalin abarcó casi 30 años seguidos. Era más que una inundación de retratos. Reflejaba un extremo centralismo político y una verticalidad capaz de ahogar todo tipo de participación democrática y de reflexión crítica, incluso dentro de los círculos más altos del propio PCUS.


El “culto a la personalidad” de un jefe muerto también tiene un efecto político porque congela el pasado, endiosa al que falleció, construye retrospectivamente una historia falsa y crea un dogma. Además, termina cansando a la gente de a pie, que se ve sometida a una hiperpolitización de las formas que encima despolitiza en el fondo.


La conversión de los deseos de Fidel en leyes podría servir como un intento de disuadir a cualquier burócrata de utilizar el pasado como una justificación de la necesidad de congelar la Revolución Cubana.


La China de hoy no invoca las 24 horas de los 365 días del año a Mao. Lo hizo durante la Revolución Cultural de 1967.


El Vietman actual rindió su gran homenaje a Ho Chi Minh, al punto que su principal ciudad lleva el nombre del líder fallecido, pero tampoco su memoria.


Corea del Norte vive atada al culto a la personalidad de Kim Il Sung.


Acaban transformándose en una caricatura.


A Silvio no le gustan las caricaturas. Dice El Necio: “Yo no sé lo que es el destino./ Caminando fui lo que fui./ Allá dios, que será divino./ Yo me muero como viví”.


Hay dos costados en el “culto a la personalidad” de los muertos. El primero es el costado político de fondo. La cristalización del pensamiento y la imposibilidad de avanzar. O la coartada para no hacerlo. Y la caricatura.


¿Qué costado habrán querido afrontar Fidel (en vida) y sus compañeros de la conducción cubana, sobre todo Raúl como número dos? ¿Los dos, el político y el folklórico? El futuro lo dirá, pero de todas maneras el discurso de Raúl y las leyes futuras podrían ser útiles para marcar el tono a miembros de la segunda línea afines a un estilo más rígido.


Algunos periodistas de radio, los menos, incurrieron durante la última semana en la hagiografía, el relato sobre Fidel como un santo. Chocaron con el tono de los chicos y las chicas en la calle, que mostraban su pesadumbre pero tenían pocas palabras para expresarla. Lo más humano en estos casos es callar, como recomendaba Silvio. Salvo que uno pueda cantar esto: “Dicen que me arrastrarán por sobre rocas./ Cuando la revolución se venga abajo./ Que machacarán mis manos y mi boca. /Que me arrancarán los ojos y el badajo. /Será que la necedad parió conmigo./ La necedad de lo que hoy resulta necio./ La necedad de asumir al enemigo. /La necedad de vivir sin tener precio”.


Algunos no logran callar. El jueves a la noche, cuando las cenizas habían llegado a Bayamo, inició la vigilia de homenaje el primer secretario del Partido Comunista de la provincia de Granma.


El mensaje hubiera dejado feliz a un enemigo de la Revolución Cubana. El camarada llamó a los reunidos a “seguir rindiendo homenaje con la marcialidad que han demostrado” y con “la disciplina y la organización de siempre”. Los homenajes que siguieron la caravana de la libertad de La Habana a Santiago fueron ordenados y organizados pero en ningún momento marciales. Y no mostraron otra disciplina que el orden mínimo necesario para reunir multitudes y garantizar que cada uno de los cubanos pudiera agitar su bandera al paso de la cureña con el cofre de cedro envuelto en la bandera de Cuba.


El discurso sonó irreal. Una formalización que no reflejaba la cotidianeidad de los sentimientos expresados desde que Fidel murió el viernes 25 de noviembre a las 22.29 de la noche.


A veces esa irrealidad impostada es solo un estilo. Otras, el estilo es el fondo.


Fidelismos


Dejar con la rienda suelta a un fidelismo de monumentos podría sepultar el fidelismo del corazón que vivió y vive Cuba. El liderazgo de Castro se fue construyendo con numerosísimos mojones. Son muchos incluso si solo se toma la etapa de derrocamiento del dictador Fulgencio Batista. La planificación del asalto al Moncada en 1953. Su fracaso. El discurso a sus 27 años en el juicio con la frase histórica “La historia me absolverá”. La vuelta a Cuba con el Granma en 1956. La lucha en Sierra Maestra. La planificación de las acciones y el triunfo de la Revolución Cubana en cada ciudad y cada pueblo hasta tomar Santiago el 1° de enero de 1959. El asentamiento en el barrio santiaguero de Tivolí, donde vivió, donde está ahora el Museo de la Clandestinidad y donde se aloja buena parte de la tradición rebelde universitaria de Oriente. El avance de la caravana de la libertad para confirmar la victoria punto por punto de la isla hasta consolidar para siempre el nuevo gobierno en La Habana.


Ya son un material suficiente la presencia constante de Fidel, los discursos diarios, el liderazgo puesto en acto, las anécdotas en Cuba y en el resto del mundo, la radio y la tele con sus frases y sus charlas.


Canta Silvio: “Yo quiero seguir jugando a lo perdido. / Yo quiero ser a la zurda más que diestro. /Yo quiero hacer un congreso del unido./ Yo quiero rezar a fondo un hijo nuestro./ Dirán que pasó de moda la locura./ Dirán que la gente es mala y no merece/ mas yo seguiré soñando travesuras./ (Acaso multiplicar panes y peces)”.


Llamar a cada rincón de Cuba “Fidel Castro” congelaría la isla. Pero aquí hace mucho calor, chico. De pronto todo cogería candela y Cuba quedaría derretida. Y para qué tanta pena si un día se acabó la diversión de la mafia, llegó el comandante, mandó a parar y empezó una diversión nueva. El 1° de enero cumplirá 58 años. Por primera vez los cubanos festejarán esa diversión sin Fidel.


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Cuba quiere conservar el invicto

 

Dentro de las mil formas de llamar a Fidel en estos días una revela el futuro de la política exterior cubana: “El invicto comandante en jefe”.


Podría ser una forma de apelación histórica. Podría tratarse de una frase para graficar que desde el 1° de enero de 1959 hasta ahora la Revolución Cubana no pudo ser derrotada por los Estados Unidos. Tampoco que Fidel, en persona, fue asesinado a pesar de los más de 600 atentados contra su vida.


Sin embargo la repetición del carácter de invicto del líder muerto se suma a una frase recogida el sábado a la noche por Raúl Castro para su discurso en la Plaza de la Revolución de Santiago. El que se atreva a meterse en Cuba recogerá el polvo anegado en sangre, si es que no perece en la lucha. Las dos cosas juntas suenan también como un proyecto a futuro que involucran al Estado entero. A las Fuerzas Armadas Revolucionarias y a la Cancillería con sus cuadros formados en el Instituto Raúl Roa que dirige la prestigiosa embajadora Isabel Allende, que es una homónima cubana de la hija de Salvador. La misma Cancillería que hace años busca aprovechar las contradicciones de las grandes potencias (los Estados Unidos, China y Rusia) para ampliar espacios de autonomía junto con el resto de América Latina.


Todo arranca de una premisa: Cuba sigue decidida a no cambiar de sistema. En todo caso introducirá las modificaciones que quiera o pueda sumar. La economía cooperativa, por ejemplo. Una mejor coordinación entre el mercado de pesos convertibles a dólar (los famosos CUC) y del de pesos cubanos. La creación de mercados para desburocratizar la construcción y la infraestructura. La mejora informática, que del año pasado a este se tradujo en la incorporación de puntos de Wifi en las plazas de las ciudades del país pero no basta para construir una economía desarrollada. Y la continuidad y fortalecimiento de los programas médicos que combinan solidaridad y recolección de divisas. Miles de médicos trabajan en la mayoría de los países del mundo, en primer lugar Venezuela. Los Estados receptores pagan el 75 por ciento del ingresos en divisas al Estado cubano y un 25 por ciento a los profesionales. Yilián Jiménez Espósito, del Ministerio de Salud, explicó que “el secreto es el resultado de un médico formado en un sistema socialista donde nunca se ve al paciente como una mercancía o un cliente, donde cada ciudadano tiene el derecho a la cobertura de salud desde que nace hasta que muere, sin distinciones”. Otro secreto es que “los médicos cubanos nacen del pueblo, no de élites y son capaces de adaptarse a limitaciones porque tienen el espíritu de transformar el medio, de intervenir las comunidades desde el punto de vista sanitario, de establecer una relación médico-paciente fluida, amistosa”. En Brasil Dilma Rousseff diseñó el programa Mais Médicos con el aporte de los cubanos, dispuestos a atender en sitios donde los médicos brasileños no estaban dispuestos a ir. ¿Qué ocurrirá, entretanto, con la condición brasileña de ser el principal inversor privado en Cuba, incluyendo el megaproyecto de desarrollo del puerto de Mariel, cerca de La Habana? ¿Lo cortarán Michel Temer y José Serra por presión norteamericana? ¿Influirá el hecho de que la constructora Odebrecht, a cargo del emprendimiento, tiene buena parte de sus ejecutivos en prisión o bajo proceso? ¿O incluso para un gobierno austericida y ultraconservador como el de Temer ciertas cosas deben seguir así sea por interés de los grandes grupos económicos?


Aunque Venezuela está en crisis y el valor del petróleo no sube, Nicolás Maduro ha dicho que sigue en disposición de continuar con la ayuda. Cuando Hugo Chávez murió Fidel despidió al “mejor amigo de Cuba en toda la historia de la Revolución”.


A veces predomina en el análisis la tendencia a examinar la Revolución Cubana solo como un desprendimiento de la Guerra entre Moscú y Washington durante la confrontación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Historia antigua, porque la URSS implosionó en 1991. Y al mismo tiempo, nadie puede decir seriamente que ése fue el comienzo de la historia. Los 144 kilómetros de distancia entre Cuba y los Estados Unidos –las famosas 90 millas tan mencionadas en los discursos de Fidel– son más que un símbolo o una ideología. Thomas Jefferson o James Madison son dos de los padres fundadores de los Estados Unidos en sus primeras décadas de independencia. Pero en relación con Cuba el mismo Jefferson a comienzos del siglo XIX quiso comprarle Cuba a España, que tuvo a Cuba como colonia casi un siglo más. Y cuando los cubanos lograron la independencia de España quedaron convertidos en un dominio militar de los Estados Unidos. Literalmente. Cuba sufrió la presencia castrense estadounidense tanto como le ocurriría en distintos momentos de la historia a Nicaragua o Haití. Incluso, con la Enmienda Platt de principios del siglo XX, el derecho de los Estados Unidos a intervenir en Cuba se convirtió a la vez en legislación norteamericana y cubana.


Cuba no era el patio trasero de los Estados Unidos. Era el jardín más bonito. Y cercano. Por eso Washington nunca alentó la Revolución Cubana y, por el contrario, mientras el Ejército Rebelde avanzaba en su ofensiva contra Fulgencio Batista intentó por todos los medios construir una tercera fuerza que no fuera ni Batista ni Fidel. No lo consiguió. Muy pronto, luego del 1° de enero de 1959, resistió el programa social de Castro, que era además un programa de reivindicación nacional respecto de las empresas norteamericanas e incluía el límite a su actividad monopólica o la chance de la expropiación directa.


Cuando Castro reivindicaba a Martí no estaba solo forjando una construcción que le permitiera contar con una épica cubana propia cruzando la historia. Los tiempos de Cuba, con sus guerras por la independencia libradas 60 años después del resto del continente, en el caso de la de 1868, o aún más tarde, como ocurrió con la batalla encabezada por Martí en 1895, se acompasaron con otros tiempos del mundo. En 1810, para el Río de la Plata los Estados Unidos eran una ex colonia y un naciente y distante Estado desligado de Inglaterra. En la segunda mitad del siglo XX, en cambio, para Cuba los Estados Unidos representaban a la vez un vecino poderoso y un imperio en plena construcción con sus capitanes de la industria como vanguardia.


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El necio

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Los discursos de Fidel Castro que pasaron a la historia

 Palabras que enseñan. Memoria vigente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Sábado, 19 Noviembre 2016 16:20

Una historia para tratar de entender

Una historia para tratar de entender

A la Sexta nacional e internacional:


A quienes simpatizan y apoyan la lucha de los pueblos originarios:


A quienes son anticapitalistas:


Compañeras, compañeros, compañeroas:


Hermanas y hermanos:


Este extenso texto lo hicimos conjuntamente con el Subcomandante Insurgente Moisés, vocero y actual jefe del EZLN, y consultando unos detalles con algunas de las Comandantas y Comandantes de la delegación zapatista que asistió a la primera etapa del V congreso del Congreso Nacional Indígena.


Aunque en ésta, como en otras ocasiones, me toca a mí la redacción, es el Subcomandante Insurgente Moisés quien lee, agrega o quita, aprueba o rechaza no sólo este texto, sino todos los que aparecen a la luz pública como auténticos del EZLN. No pocas veces, a lo largo de estos escritos, usaré el primer pronombre del singular. La razón de esto se entenderá más adelante. Aunque la destinataria principal de estas líneas es la Sexta, hemos decidido ampliar su destino a quienes, sin ser ni estar con nosotras, nosotros, tienen idénticas inquietudes y parecido empeño. Va pues:

 


TAMPOCO NUESTRAS PESADILLAS


Hace algunos años, la creatividad y el ingenio de algún colectivo de la Sexta produjo una frase que, al paso del tiempo, fue adjudicada al zapatismo. Bien saben que estamos en contra del copyright, pero no solemos adjudicarnos ni palabras ni acciones que no son nuestras. Sin embargo, aunque no de nuestra autoría, la sentencia sí refleja en parte nuestro sentir como zapatistas que somos.


Enarbolada por la Sexta contra quienes, con chantajes burdos y amenazas, atacaban (como ahora) al escepticismo frente al “poder” de las urnas electorales institucionales, la frase va más allá y define los límites y carencias de una forma de lucha, la electoral:


“Nuestros sueños no caben en sus urnas”, se decía y se dice.


Nosotros, nosotras, como zapatistas que somos la suscribimos entonces... y ahora. Tiene la virtud de decir mucho con pocas palabras (un arte ahora olvidado). Pero, desde este lado del pasamontaña, desde nuestro ser lo que somos, agregamos: “tampoco nuestras pesadillas”.


Cierto, pudimos haber puesto “y tampoco [email protected] [email protected]”, pero resulta que, en estos tiempos aciagos, el dolor se ha extendido aún más allá. Ya no sólo es la muerte natural la responsable de alejarnos de quienes nos hacen falta hoy; como, en nuestro caso, del subteniente insurgente de infantería Hernán-Omar (parte nuestra desde antes del alzamiento, y arrebatado por el cáncer de nuestro lado y del de su compañera e hijo –a quienes abrazamos especialmente en este primer cumpleaños sin él–).


Ahora son, y en forma creciente, los asesinatos, las desapariciones, las cárceles, los secuestros.


Si usted es pobre es vulnerable, si usted es mujer es todavía más vulnerable. Como si el sistema no se conformara con agredirla por lo que es, y se diera a la macabra tarea de eliminarla. Es decir, ya no sólo es objeto de acoso y violencia sexual. ¿Qué ha pasado en este sistema que vuelve “natural” y hasta “lógico” (“sí, ellas se lo buscaron”, dice la sociedad entera) ya no sólo la violación, también el secuestro, la desaparición y el asesinato de mujeres? Sí, mujeres. La democratización del odio de género iguala edades, razas, colores, estaturas, pesos, credos, ideologías, militancias o no; todas las diferencias, menos las de clase, diluidas en una falta mayor: ser mujer.


Y vaya usted agregando potencias según su diferencia: color, estatura, peso, indígena, afrodescendiente, niña, niño, [email protected], joven, gay, lesbiana, transgénero, su modo suyo de usted, cualquiera que sea. Sí, un sistema empeñado ya no sólo en segregar y despreciar las diferencias, ahora decidido a eliminarlas por completo. Y no sólo exterminarlas, ahora haciéndolo con toda la crueldad de que es capaz una modernidad. Sigue la muerte matando, pero ahora con mayor sadismo.


Entonces, lo que queremos decir es que no sólo nos faltan las muertas y los muertos, también [email protected] [email protected] (y con la arroba incluimos no sólo al masculino y al femenino, también a todo lo que rebasa la falsa dicotomía de género), [email protected] [email protected], [email protected] [email protected].


¿Cuántos de los ausentes de Ayotzinapa caben en cuántas urnas? ¿En qué proyecto partidario se encuentran?


¿Cuál logotipo institucional es el que se cruza pensando en quienes nos faltan?


¿Y si ni siquiera hay la certeza de que murieron? ¿Y si no sólo es la ausencia la que duele, sino que también se agregan la incertidumbre y la angustia (¿comió?, ¿tiene frío?, ¿se enfermó?, ¿ha dormido lo suficiente?, ¿alguien lo consuela?, ¿sabe que aún le busco, que siempre le buscaré?)?


¿En qué aspiración a un cargo, un puesto, un gobierno, caben las mujeres agredidas, desaparecidas, asesinadas por todo el espectro ideológico?


¿A cuántas boletas electorales equivalen los infantes asesinados, por el Partido Acción Nacional, en la guardería ABC?


¿Por quién votan los exterminados, por el Partido Revolucionario Institucional y sus réplicas mal disimuladas, en toda la extensión de las geografías y calendarios del México de abajo?


¿En cuál conteo de votos aparecen los perseguidos, por el Partido de la Revolución Democrática, acusados del delito de ser jóvenes?


¿En cuál partido político se representan las diferencias sexuales perseguidas en público y en privado, para las que hay como condena el infierno en vida y en muerte?


¿Cuáles son los partidos políticos institucionales cuyos logos y consignas manchan los muros que deben saltar miles de migrantes, hombres, mujeres y niños para caer en manos de gobernantes-criminales-empresarios de la trata de personas?


Y se podrán encontrar ejemplos en crónicas, blogs, reportajes, notas periodísticas, artículos de opinión, hashtags, etc., pero siempre quedará la certeza de que son más los hechos criminales que no alcanzan siquiera una mención pública.


¿Dónde está la casilla electoral para que ahí se exprese la explotación, la represión, el despojo y el desprecio a los pueblos originarios?


¿En cuál urna se depositan los dolores y las rabias de ...

el Yaqui,

el Kumiai,
el Mayo,
el Cucapá,
el Tohono O´odham,
el Raramuri,
el Kikapú,
el Pame,
el Totonaca,
el Popoluca,
el Nahua,
el Maya Peninsular,
el Binizáa,
el Mixteco,
el Hñähñü,
el Totonaca,
el Mazateco,
el Purépecha,
el Mixe,
el Chinanteco,
el Mazahua,
el Me´phaa,
el Téenek,
el Rarámuri,
el Chontal,
el Amuzgo,
el Ópata,
el Solteco,
el Chatino,
el Papabuco,
el Triqui,
el Cora,
el Cuicateco,
el Mame,

el Huave,
el Tepehuano,
el Matlatzinca,
el Chichimeca,
el Guarijío,
el Chuj,
el Jacalteco,
el Lacandón,
el Comca´ac,
el Wixárika,
el Kanjobal,
el Chontal,
el Chocho,
el Tacuate,
el Ocuilteco,
el Kekchí,
el Ixcateco,
el Motocintleco,
el Quiché,
el Kakchiquel,
el Paipai,
el Pápago,
el Cochimí,
el Ixil,
el Kiliwa,
el Aguacateco,
el Mame,
el Chol,
el Tzotzil,
el Zoque,
el Tojolabal,
el Tzeltal?


¿Dónde cabe todo eso?


¿Y cuándo obtuvieron su registro legal la dictadura del terror y su lógica perversa invadiendo todo y reajustando los criterios?


Tuve suerte, dice cualquier mujer u hombre asaltado en la calle, en su casa, en el trabajo, en el transporte, no me dispararon-acuchillaron.


Tuve suerte, dice la mujer golpeada y violada, no me secuestraron.


Tuve suerte, dice el infante sometido a la prostitución, no me quemaron vivo.


Tuve suerte, dice el gay, la lesbiana, el transexual, loa otroa con los huesos rotos y la piel lacerada, no me asesinaron.


Tuve suerte, dice el obrero, la empleada, el trabajador sometido a más horas de trabajo y menor salario, no me despidieron.


Tuve suerte, dice el líder social torturado, no me desaparecieron.


Tuve suerte, dice el joven estudiante asesinado y tirado en una calle, mi familia ya no tendrá que buscarme.


Tuve suerte, dice el pueblo originario despojado, no me exterminaron.


Y más:


¿Qué encuesta toma nota de la destrucción de la Tierra? ¿Por quién votan las aguas contaminadas, las especies animales acorraladas hasta la extinción, la tierra estéril, el aire sucio? ¿Dónde se deposita la boleta de un mundo agonizante?


Entonces tienen razón: “nuestros sueños no caben en sus urnas”.


Pero tampoco nuestras pesadillas.


Cada quien puede ser responsable de sus sueños. Falta pedirle cuentas a quien es el responsable de nuestras pesadillas. Falta lo que falta...

 

 

UN “SÍ”, VARIOS “NO”


Sí, la propuesta inicial y original es nuestra, del ezetaelene. Nosotras, nosotros, se la hicimos saber a las delegadas y delegados al Quinto Congreso del Congreso Nacional Indígena. Esto sucedió los días 9, 10, 11 y 13 de octubre del año 2016, en la sede del CIDECI-Unitierra, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. En esas fechas hubo delegadas y delegados de colectivos, organizaciones, barrios, tribus, naciones y pueblos originarios de las lenguas amuzgo, binni-zaá, chinanteco, chol, coca, náyeri, cuicateco, kumiai, lacandón, matlazinca, maya, mayo, mazahua, mazateco, mixe, mixteco, nahua, ñahñu, ñathô, popoluca, purépecha, rarámuri, tlapaneco, tojolabal, totonaco, triqui, tzeltal, tzotzil, wixárika, yaqui, zoque, y chontal. El día 13 de octubre del 2016, la plenaria de ese Quinto congreso del CNI decidió hacer suya la propuesta y someterla a una consulta entre quienes lo integran. El día 14 de octubre del 2016, en horas de la mañana, el CNI y el EZLN hicieron pública esa decisión en el documento llamado “Que retiemble en sus centros la tierra”.

No, ni el EZLN como organización, ni ninguna, ninguno de sus integrantes, va a participar por un “cargo de elección popular” en el proceso electoral del 2018.


No, el EZLN no se va a convertir en un partido político.


No, el EZLN no va a presentar a una mujer indígena zapatista como candidata a la presidencia de la República en el año del 2018.


No, el EZLN no “ha dado un giro” de los grados que sean, ni seguirá su lucha por la vía electoral institucional.


Entonces ¿el EZLN no va a postular a una indígena zapatista para presidenta de la República? ¿No van a participar directamente en las elecciones de 2018?


No.


¿Por qué no? ¿Por las armas?


No. Se equivocan rotundamente quienes piensen que es por eso: las zapatistas, los zapatistas tomamos las armas para servirnos de ellas, no para ser esclavizados por ellas.


Entonces, ¿porque el sistema político electoral institucional es corrupto, inequitativo, fraudulento e ilegítimo?


No. Aunque fuera diáfano, equitativo, justo y legítimo, las zapatistas, los zapatistas no participaríamos para alcanzar y ejercer el Poder desde un puesto, un cargo o un nombramiento institucional.


Pero, en determinadas circunstancias, por cuestiones estratégicas y/o tácticas, ¿no participarían directamente para ejercer un cargo?


No. Aunque “las masas” nos lo demanden; aunque la “coyuntura histórica” necesite de nuestra “participación”; aunque lo exijan “la Patria”, “la Nación”, “el Pueblo”, “el Proletariado” (ok, eso ya está muy demodé), o cualquiera que sea el concepto concreto o abstracto (tras el cual se esconde, o no, la ambición personal, familiar, de grupo o de clase) que se enarbole como pretexto; aunque la coyuntura, la confluencia de los astros, las profecías, el índice bursátil, el manual de materialismo histórico, el Popol Vuh, las encuestas, el esoterismo, “el análisis concreto de la realidad concreta”, el etcétera conveniente.


¿Por qué?


Porque el EZLN no lucha para tomar el Poder.

 

¿Ustedes creen que antes no nos han ofrecido eso y más? ¿Que no nos han ofrecido cargos, prebendas, puestos, embajadas, consulados, viajes al extranjero con “todo incluido”, además de los presupuestos que vienen adjuntos? ¿Creen que no nos han ofrecido convertirnos en un partido político institucional, o ingresar a alguno de los ya existentes, o a los que se formarán, y “gozar de las prerrogativas de ley” (así dicen)?


¿Aceptamos? No.


Y no nos ofendemos, entendemos que la ambición, o la falta de imaginación, o la cortedad de miras, o la ausencia de conocimientos (y, claro, el no saber leer), lleven a más de uno a urgirse a sí mismo el entrar a un partido político institucional, luego salirse y pasar a otro, luego salirse y formar otro, luego lo que siga. Entendemos que, a más de uno, una, todavía le funcione la coartada de “cambiar el sistema desde adentro”. A nosotras, nosotros, no.


Pero, en el caso de la dirección y tropa zapatista, no sólo es frente al Poder institucional nuestra negativa, también frente a las formas y procesos autonómicos que las comunidades crean y profundizan día con día.


Por ejemplo: ningún insurgente o insurgenta, sea de la comandancia o sea de tropa; ni ninguna comandanta o comandante del CCRI pueden siquiera ser autoridades en comunidad, ni en municipio autónomo, ni en las diferentes instancias organizativas autónomas. No pueden ser consejas ni consejos autónomos, ni juntas de buen gobierno, ni comisiones, ni ninguna de las responsabilidades que se designan por asamblea, creadas o por crear en la construcción de nuestra autonomía, es decir, de nuestra libertad.


Nuestro trabajo, nuestra tarea como ezetaelene es servir a nuestras comunidades, acompañarlas, apoyarlas, no mandarlas. Apoyarlas, sí. A veces lo logramos. Y sí, cierto, a veces estorbamos, pero entonces son los pueblos zapatistas quienes nos dan un zape (o varios, según) para que corrijamos.

 

Todo esto no necesitaría ser aclarado y reafirmado si se hubiera hecho una lectura atenta del texto titulado “Que retiemble en sus centros la tierra”, hecho público la mañana del 14 de octubre del 2016.


No, no participamos en la redacción del pronunciamiento. El texto lo hizo la comisión provisional nombrada por la asamblea del CNI y nos lo dieron a conocer. No le pusimos ni le quitamos ni una coma, ni un punto. Tal y como lo escribieron las delegadas y delegados del CNI, así lo hicimos nuestro.


Pero, como está visto, el analfabetismo funcional no reconoce fronteras ideológicas ni signos partidarios, pues de todo el espectro político han surgido algunas expresiones, valoraciones y opiniones que se debaten entre el racismo y la estupidez. Sí, hemos visto a parte de la intelectualidad de la izquierda institucional, y alguna marginal, coincidir con el paladín panista “del feminismo”, “la honradez”, “la honestidad”, “la inclusión” y “la tolerancia”: Diego Fernández de Cevallos, quien ahora se dedica, junto a la versión esotérica de “La Ley y el Orden”, Antonio Lozano Gracia, a esconder a ¿ex? gobernadores en fuga. ¿Alguien olvida a La Calderona aplaudiendo a rabiar cuando el referido Fernández de Cevallos, siendo candidato presidencial en 1994, llamaba a las mujeres con el “cariñoso” nombre de “el viejerío”, y a los campesinos les decía “los calzonudos”? ¿Es La Calderona el símbolo del empoderamiento de las mujeres de arriba o una simple prestanombres de un psicópata insatisfecho? ¿Todavía engaña a alguien el que se presente con su nombre de “soltera”?


Como les contaremos más adelante, las delegadas y delegados del CNI al V congreso, advertían que el profundo racismo que hay en la sociedad mexicana era un obstáculo para llevar adelante la iniciativa.


Nosotros les dijimos que no era sólo racismo. Hay también, en la clase política mexicana, un profundo desprecio. Para ella, los pueblos originarios ni siquiera son ya un estorbo, un mueble viejo que hay que arrojar al pasado adornándolo con citas del Popol Vuh, bordados multicolores y muñequitos de ocasión. La política de arriba ve a través de los indígenas, como si fueran las cuentas de vidrio olvidadas por algún conquistador, o los restos anacrónicos de un pasado atrapado en códices, libros y conferencias “magistrales”. Para la política institucional los pueblos originarios no existen, y cuando “reaparecen” (así dicen), entonces es una sucia maniobra de una mente perversa y todo poderosa. Después de 524 años sólo conciben al indígena como incapaz, tonto, ignorante. Si los originarios hacen algo, es porque alguien los manipula; si piensan lo que sea, es porque alguien los mal orienta. Para los políticos de arriba de todo el espectro ideológico, siempre habrá “un extraño enemigo” detrás de los pueblos indígenas.


El mundo de la política institucional no es sólo increíblemente cerrado y compacto, no. También es donde reina la “popularidad” sobre la racionalidad, la bestialidad sobre la inteligencia, y la desvergüenza sobre un mínimo de decencia.


De que los medios de paga trampeen la información para convertirla en mercancía, vaya y pase. De todas formas, de algo tienen que comer los reporteros y es comprensible que, para ellos, venda más la “nota periodística” de que el EZLN va a participar en las elecciones con una mujer zapatista; en lugar de decir la verdad, a saber, que el CNI es quien va a decidir si participa o no con una delegada propia, y, dado el caso, contará con el apoyo del zapatismo.


Eso se entiende, la falta de información es también una mercancía. Los reporteros y redactores se ganaron el pan de cada día, ok (sí, de nada colegas, no, no hay por qué darlas, no, en serio, paso).


Pero que personas que se dicen cultas y pensantes, que se supone que saben leer y escribir, y tienen un mínimo de información, dan clases en centros de estudios superiores, son eméritos, cobran sin falta sus becas y sueldos, y viajan vendiendo “conocimiento”, no lean lo que el documento “Que retiemble en sus centros la tierra” dice claramente, y digan y escriban toda clase de boberías pues es, ¿cómo decirlo suavemente?... bueno, es de sinvergüenzas y charlatanes.


Como que los 140 caracteres y la casa de cristal plomado de los medios de comunicación, se convirtieron ya en un muro que niega la realidad, la expulsa y la declara ilegal. Todo lo que no quepa en un tuit no existe, se dicen y conforman. Y los medios de paga lo saben: “nadie va a leer con atención un documento de 6 cuartillas, así que hacemos un resumen de lo que sea y los “líderes de opinión” en las redes sociales lo darán por cierto”. Se presentan así una serie de barbaridades que, ya, precipitan una histeria de borrado que tal vez provocará que se colapse el inmenso reino del pájaro azul.


Cuánto será el desprecio que le merecen los pueblos originarios a estas personas, que ni siquiera les conceden existencia. Aunque el texto dice claramente “una mujer indígena delegada del CNI”, la magia de la estupidez borra “del CNI” y lo suplanta por “del EZLN”.


¿Después? Bueno, pues una cascada de posicionamientos, comentarios, opiniones, críticas, descalificaciones, likes y dislikes, pulgares arriba y abajo, y no pocos dedos medios levantados.


Cuando alguien, que sí se tomó la molestia de leer el texto original, tímidamente señala que la posible candidata sería del CNI y no del EZLN y que, ergo, el EZLN no es quien participa en las elecciones, le cae el mundo encima: “nah, todo es una burda manipulación del cara de trapo”.


Luego los que reclamaron, casi inmediatamente, que por qué no se “liberaba” (sí, así escribieron) primero Chiapas. Claro, como en Chiapas están los territorios de Yaquis, Kumiai, Rarámuris, Nahuas, Zapotecos, Mixtecos, Chinantecos, Totonacos, Popolucas, Mayas Peninsulares, Wixaritaris, por mencionar a algunos. A las primeras burlas, trataron de corregir y al menos, se pusieron a consultar en google quiénes rayos eran esos otros indígenas “manipulados por el cara de calcetín”, y se dieron cuenta de que no sobreviven en Chiapas (lo que, dicho sea de paso, implicaría que las habilidades manipuladoras del finado rebasan ya las fronteras de “las montañas del sureste mexicano”).


Después de consultar a compas abogados, le pregunté al Subcomandante Insurgente Moisés y no. No habrá demandas ante la CONAPRED (Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación) por violar el artículo primero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, ni ante los tribunales por divulgar información “inexacta o falsa” que causa “un agravio, ya sea político, económico, en el honor, vida privada y/o imagen”.


No, no sabemos si el Congreso Nacional Indígena (quien tiene en sus filas a no [email protected] especialistas en jurisprudencia) procederá a las demandas respectivas.
Tampoco sabemos si [email protected] [email protected], [email protected], [email protected] y quienes les pagan sueldos y becas procederán judicialmente en su contra por fraude (fraude: engaño, dar apariencia de verdad a lo que es mentira), según el artículo 386 del Código Penal Federal: “Comete el delito de fraude el que engañando a uno o aprovechándose del error en que éste se halla se hace ilícitamente de alguna cosa o alcanza un lucro indebido”.

 

Sin embargo, ha habido, hay, y habrá dudas y cuestionamientos legítimos y racionales (la inmensa mayoría provenientes de compas de la Sexta, pero no sólo). A esas dudas y cuestionamientos es que, en lo posible, trataremos de dar respuesta en este texto. Es seguro que nuestras palabras no serán suficientes. Todas las críticas, desde todo el espectro político e ideológico, hechas con un mínimo de racionalidad, respeto y con información verídica, las tomaremos en cuenta hasta donde nos toca.


Y aquí es necesario dejarles claro algo a [email protected]: la propuesta ya no está en manos del zapatismo. Desde el 13 de octubre del 2016, la propuesta dejó de ser sólo nuestra y se convirtió en conjunta en el Quinto Congreso del CNI.


Y más: desde el día en que inició la consulta del CNI, la aceptación, el rechazo y/o la modificación de la propuesta, corresponde única y exclusivamente a los colectivos, organizaciones, barrios, tribus, naciones y pueblos originarios organizados en el Congreso Nacional Indígena. Ya no al EZLN. El resultado de esa consulta y las decisiones conducentes, si las hubiere, se conocerán en la segunda etapa del Quinto Congreso, los días 29, 30 y 31 de diciembre del 2016 y el primero de enero del 2017, en Chiapas, México. O antes, si así lo decide el CNI.

 

Claro, usted se está preguntando por qué hicimos esa propuesta, si seguimos pensando como hemos dicho desde el inicio de nuestra lucha y ahora lo ratificamos. Bueno, ahora les platicamos.


Cuando el Subcomandante Insurgente Moisés me dijo que me tocaba explicarle a la Sexta, le pregunté cómo debía hacerlo. “Muy sencillo”, me respondió, “cuéntales lo que pasó”. Así que eso haré...

 

 

UNA PEQUEÑA Y CORTA GENEALOGÍA


No hemos podido precisar la fecha. Ambos coincidimos en que es entre los años 2013-2014. Aunque el finado Supmarcos no estaba difunto todavía, su muerte ya había sido decidida, el Subcomandante Insurgente Moisés ya tenía la jefatura del EZLN y los primeros avistamientos de la Hidra empezaban a hacerse más claros.

 

No sé allá, pero acá las ideas no surgen en un momento particular, ni tienen un autor o autora precisa. Nacen y luego se van moldeando, a veces alcanzan a convertirse en una propuesta, luego en una iniciativa. Otras, las más, se quedan en ideas solamente. Para pasar el límite entre idea y propuesta se necesitan meses, años, a veces décadas. Y, si eso ocurre, basta que la idea se concrete en la palabra de alguien para que empiece su accidentado caminar.


Tampoco surgió de una reunión exprofeso. Si me apuran, diré que comenzó una madrugada de café y tabaco. Analizábamos lo que los distintos puestos de vigía detectaban, y los cambios profundos que, aunque iniciados tiempo antes, ya se manifestaban en los pueblos y parajes zapatistas.


Yo digo que la idea empieza a andar por el Subcomandante Insurgente Moisés. Estoy casi seguro de que a mí no se me hubiera ocurrido algo tan descabellado y absurdo.


Como quiera que haya sido, fue hasta que el SubMoy la habló que nos pusimos a pensarla en serio, con el famoso método zapatista de ir vuelteando y vueltando, hasta llegar a donde queremos, es decir, hasta “el día después”.


Empezamos por el principio, es decir, por las dificultades y los obstáculos. Si unas y otros son suficientemente grandes como para que sean dignas de un desafío, entonces se pasa a la siguiente fase: lo que tiene en contra. Después, y sólo después, se analizan los pros, lo que tiene de bueno. Es decir, no se decide hasta no saber si vale la pena. O sea que primero va el qué, luego todo lo que va en contra y a favor del cómo, luego dónde y cuándo (el calendario y la geografía), y, ya al final del principio, quién.


Todo esto no es de una persona, sino que se va abriendo a colectivos cada vez mayores. Ahí se va “completando” a partir de las preguntas, primero de los comités “más viejos” (nos referimos a quienes tienen más antigüedad y conocen de primera mano nuestra historia), luego con los que se han ido incorporando al trabajo de dirección organizativa, luego quienes están ya como “suplentes” (es decir, los que van relevando a las jefas y jefes), por último, a quienes están en formación, [email protected][email protected]” (o sea los que se están preparando para hacer el trabajo). Aquí ya estoy hablando de cientos de cabezas, de pensamientos, del ir y venir de la palabra, del oído; hablo ya de un corazón colectivo que se va ensanchando, haciéndose más y más grande.


El siguiente paso tiene que ver con la respuesta a la pregunta “¿Quién lo va a hacer?”. Si corresponde a las autoridades autónomas, entonces la consulta pasa a ellas; si a las comunidades, entonces se hace una consulta general: a todas y todos. Si no le toca a ninguna de esas instancias, entonces se tiene que preguntar a quien lo va a hacer, a veces en forma indirecta, a veces directamente. Si ese “quién” responde afirmativamente, entonces se consulta con [email protected] para definir si sí se apoya y cómo.


En eso anduvimos 2 o 3 años al menos. Es decir, la idea iba y venía, pero sin pasar más allá. Después, me dijeron que hiciera un sondeo con gente cercana. Lo hice.
Tiempo después, amaneciendo este año del 2016, el subcomandante insurgente Moisés me llamó y me dijo: “Hay un trabajo, hay que hablarlo”.
El tono me provocó inquietud: la última vez que lo escuché, terminé muerto y renacido en una sola jornada, hará ya poco más de dos años. No obstante, acudí a la reunión.


Debió ser el primero de enero de este año del 2016, en el 22 aniversario del alzamiento. No había nadie más en la champa de la Comandancia General del EZLN que, desde hace ya más de 3 años, ocupa el SubMoy. El café estaba frío, pero había tabaco suficiente. Él me explicó a grandes rasgos, como suele hacer: como si estuviera pensando en voz alta. Expuso los contras, los pros, y esperó. Entendí que era mi turno. La idea, como ya expliqué, tenía tiempo madurándose, así que me limité a acotar los contras y añadir interrogantes a los pros. El “quién” nos rebasaba, y todo lo que no tiene que ver directamente con nosotros, nosotras, es un enigma. Cuando el SubMoy respondió a mi pregunta de “¿quién?”, con un lacónico “el cumpleañero” (es decir, el CNI, que cumpliría 20 años), lo inseguro se redujo: llevábamos 2 décadas de conocernos y el Congreso Nacional Indígena era la iniciativa más sólida desde que salimos a la luz pública: el CNI se había mantenido, con sus altibajos, leal a su esencia, y, aunque lejano su dolor de los medios de comunicación, representaba al sector más golpeado por la Hidra. Sin embargo, todo eso no hacía sino acrecentar las dudas.


“En realidad”, le dije, “no es posible saber qué va a pasar. Eso va a desatar varios nudos y, cierto, lo que de ahí resulte es, en el mejor de los casos, una incógnita. No sabemos si va a aceptar el Congreso Nacional Indígena, ni mucho menos si la Sexta va a entender. Y, bueno, los otros de allá arriba no piensan, reaccionan con el hígado, y van a romper cosas que tal vez sea imposible rearmar. Es muy arriesgado. Ahora mismo, mirando y analizando lo que hay afuera, te digo que es más probable que salga mal a que salga bien”.


El SubMoy dejó de lado la taza de café y encendió un cigarrillo. “Por eso, ahí es donde entras tú. Sabes bien que nuestro modo es prepararnos primero para que salga mal, recuerda cómo fue el alzamiento y todo lo que le ha seguido. Entonces si sale mal, necesitamos...”


Me precipité y lo interrumpí: “¿un plan alterno?”.


Se rió de buena gana y dijo: “No, necesitamos a quién echarle la culpa de que salió mal”.


A grandes rasgos, el Subcomandante Insurgente Moisés fue recordando pedazos de la película “La Ley de Herodes” y, cuando pensaba yo que se detendría en el discurso final del diputado Vargas (la historia de un mediocre que se hace criminal y luego gobernante, ¿les suena?), se refirió a la parte de “Hay una noticia buena y una mala”.


(Nota ociosa: “La Ley de Herodes” es un filme de Luis Estrada, con Martín Torres como ayudante de dirección, historia y guion de Jaime Sampietro, Fernando León, Vicente Leñero y el mismo Luis Estrada, fotografía de Norman Christianson, música de Santiago Ojeda, maquillaje de Alfredo Mora y Felipe Salazar. Junto con “El Infierno” -también de Luis Estrada, con el gran Joaquín Cosío en el reparto, con el papel del “Cochiloco”-, son las únicas películas que han logrado desplazar a las de Jean Claude Van Damme del “top” cinéfilo en las comunidades y los campamentos zapatistas).


Luego añadió: “necesitamos planear primero qué vamos a hacer con la noticia mala”.


No se necesitaba mucho para adivinar que la noticia mala era el fracaso de la iniciativa. Y no me refiero a que no tuviera éxito en sí, sino a que fuera rechazada por el CNI, quien, de aceptarla, se convertiría en el protagonista indiscutible de algo que habría de asombrar a México y al mundo.


El Subcomandante Insurgente Moisés fue avanzando en los detalles.


“Mira, lo primero que le va a preocupar al CNI es que los acusen de que traicionan su palabra, de que se van a meter a la mierda, que se van a desviar del camino, que están claudicando. O sea que ya se dejaron convencer por el sistema y que quieren la paga, o sea el Poder, mandar, ser como los otros. Que se rindieron, que se vendieron. Esas críticas, pues de por sí las van a tener, pero estoy seguro de que tienen la cabeza y el pensamiento para responder cabal. Pero el problema es que quién los va a escuchar. Los van a atacar muy fuerte y no les darán la oportunidad siquiera de defenderse.


Pero ahí les podemos echar la mano. Si nosotros, o sea tú, se pone para recibir las críticas y los ataques, entonces el CNI podrá ver no sólo quiénes saltan, también podrá ver puntos a favor y en contra que no se podrían ver hasta que se hace público. Todo eso les va a ayudar a decidir si sí o si no”.


Siguió hablando. Casi que hizo un retrato hablado de lo que ha pasado en las 4 últimas semanas. Dijo quién iba a decir qué, quién se iba a poner en contra y por qué, cuál iba a ser el pensamiento del Mandón, quiénes se iban a confundir, quiénes se iban a esperanzar, quiénes iban a extender sus alas de buitres, y quiénes iban a apoyar con todo porque iban a entender cabal lo que se ponía en juego.


Después de unas horas de preguntas y respuestas, le dije: “Pero para eso no es necesario que esté presente. Bastarán algunos comunicados, tal vez alguna entrevista. Los medios son así, pensarán que nada ha cambiado, que se puede hacer lo mismo. Los de arriba, bueno, son tan predecibles que hasta dan flojera. Saldrán con lo del protagonismo, la manipulación, el divisionismo. Eso sí, se concentrarán en una persona, en eso tienes razón. Pero, te repito, para eso no es necesario que asista. Es más, son tan cuadrados que sin siquiera decir nada, irán en contra de mí”.


“No”, dijo el SubMoy, “tienes que presentar la propuesta tú. No sólo porque si te ven ahí pensarán que es tu maña y la contra va a caer redondita, también y sobre todo porque los compas del CNI tienen que entender que no es algo que sólo tenga que ver con los pueblos indígenas. Es más grande, muy grande”.
Entonces, después de encender otro cigarrillo, agregó:


“Tan grande, o más, que el primero de enero de 1994”.


No era nada despreciable la aseveración, sobre todo viniendo de quien venía. El Subcomandante Insurgente Moisés no sólo es veterano de guerra, llegó al EZLN desde mucho antes del inicio de la guerra. El primero de enero de 1994 le tocó asumir el mando de un regimiento y tomar la plaza de la cabecera municipal de Las Margaritas, al mismo tiempo que cargaba el cuerpo ya sin vida del Subcomandante Insurgente Pedro. Años después, se encargó de las comunidades zapatistas. El 26 de octubre del 2010 fue ascendido al grado de Subcomandante Insurgente, el más alto en la jerarquía militar del EZLN. En el año de 2012, “el día del fin del mundo”, fue él quien organizó y coordinó la movilización silenciosa de más de 40 mil hombres, mujeres, niños y ancianos zapatistas que, en esa fecha, sorprendieron al mundo. El 14 de febrero del 2013, asumió la vocería y jefatura del zapatismo. Desde entonces, toda nuestra palabra pública, y cualquier iniciativa nacional o internacional, debe pasar por su aprobación.


Y tuvo y tiene razón: el empeño es tan, pero tan terrible y maravilloso, que podría ser más grande que aquel primero de enero del año 1994 que nos marcó indeleblemente.


“Aunque el CNI rechace la propuesta, con sólo ponerse a pensar, a discutir, a dialogar, ya no será igual, porque se pasará del “esto nos hacen” a “vamos a hacer algo”, y eso ya lleva a otro pensamiento”, siguió diciendo el Subcomandante Insurgente Moisés.


“Y no estarán solos ni solas”, dijo casi al final, “además de nosotras y nosotros, tendrán de su lado las artes y las ciencias”.


Antes de retirarme, le pregunté por qué el Congreso Nacional Indígena. El Subcomandante Insurgente Moisés se levantó para acompañarme a la salida y me respondió:


“Porque son los únicos que pueden hacer lo que nosotros no podemos”.


Luego pasó lo que pasó. El magisterio democrático refrendó su rebeldía, los pueblos originarios siguieron padeciendo golpes, despojos y desprecios, la Hidra siguió devorando mundos, y el CompArte estalló en colores, sonidos, formas y movimientos que no fueron sino el preludio de lo que vendría después: un temblor terrible y maravilloso.


Todavía la víspera le pregunté al Subcomandante Insurgente Moisés si había algún cambio. “De por sí como dijimos, prepárate para salir”, me respondió sin añadir más.


Llegamos el día 9 de octubre al CIDECI, cuando la tarde ya colgaba sus ropas manchadas en árboles y casas. Más tarde, cuando la noche ya era ama y señora del calendario y de la geografía, las delegaciones del CNI llegaron espaciadas. No era corto el camino que debían recorrer para llegar.


Habíamos seguido con atención todos y cada uno de los procesos en el seno del CNI, su palabra pública y privada. El CNI es el único espacio donde los originarios pueden hacerse escuchar. Sabíamos ya que, a la cuenta de asesinados, desaparecidos, encarcelados, golpeados, se sumarían ahora los cadáveres de territorios enteros.


“Cuando un territorio de un pueblo, nación, tribu o barrio originario es despojado o destruido”, decía el Tata Grande, Juan Chávez Alonso, un indígena purépecha que fue maestro y guía del CNI y del EZLN, “entonces mueren con él los originarios que tiene en él raíz y casa. Y cuando muere un pueblo originario, un mundo se apaga”.


Sabíamos ya entonces que en las mesas de trabajo y las relatorías de ese congreso habría menos mundos. No eran pocos los que llegarían a despedirse, aunque no lo supieran todavía.


“Hay que empezar ya”, me dijo el Subcomandante Insurgente Moisés, “hay que compartir la carga”...

 

 

NACE UNA PROPUESTA


El día 9 de octubre del 2016, ya noche, pedimos unas primeras reuniones con quienes iban llegando. Nos reunimos en un apartado de las instalaciones del CIDECI-Unitierra. La delegación zapatista se sentó frente a las delegadas y delegados del CNI que estaban llegando. Permitan que les hable un poco de la delegación zapatista: eran 34, 17 mujeres y 17 varones; de [email protected], sólo 7 eran de “[email protected] [email protected]”; el resto, 27, eran comandantas y comandantes que eran niñas y jóvenes cuando nos alzamos el primero de enero de 1994.


Saludamos con un apretón de manos. [email protected] se sentaron, menos el Subcomandante Insurgente Moisés y yo. Él me hizo una señal.


Empecé a hablar, tratando de recordar todo lo que habíamos hablado antes, explicando lo que, palabras más, palabras menos, habría de repetir al día siguiente, 10 de octubre, en la plenaria cerrada, y luego en la plenaria abierta del 13 de octubre:


“Pensamos que tenemos que tomar una decisión como CNI y EZLN. Tenemos que decidir si este Quinto Congreso es como otras reuniones, donde decimos nuestros dolores, platicamos de nuestras resistencias, nos quejamos, maldecimos al sistema, declaramos que no nos vamos a rendir, y nos vamos cada quien a su tierra a seguir llevando la cuenta de agresiones, despojos, injusticias, muertes.


Nuestro dolor cada vez llega a menos personas. Nuestras muertes no encuentran eco como antes. Y no es que la gente de afuera se haya hecho cínica o apática. Es que la guerra que padecemos desde hace tiempo como pueblos originarios, ya les llegó, ya está en sus calles, en sus casas, en sus escuelas, en sus lugares de trabajo. Nuestros dolores son ya uno más entre muchos otros. Y, aunque el dolor se extiende y se hace más hondo, estamos más solos que nunca antes. Cada vez vamos a ser menos.


Pronto el CNI no podrá reunirse porque no se pueda salir de sus territorios, sea por la paga, sea por el mal gobierno, sea por las empresas, sea por la delincuencia, sea porque la muerte natural o la muerte mala lo impidan. En un tiempo más estaremos hablando sólo entre nosotros mismos, sabiendo ya lo que vamos a decir.


Ustedes, delegadas y delegados al CNI, están aquí porque los mandataron, porque sus pueblos, naciones, tribus y barrios buscan apoyo, palabra y oído que les alivie y conforte. Vienen a hablar y a escuchar. Ustedes se deben a sus pueblos, a nadie más. Todo está muy mal y, ustedes y nosotros los sabemos, se va a poner peor. Tienen que hacer algo.”


Les conté entonces una anécdota sucedida al finado Supmarcos cuando la otra campaña, hace 10 años.


Contó él que, en una nación originaria en el noroeste de México, se reunió con un jefe indígena. Como en otras veces, el finado fue criticado porque el dicho jefe había recibido antes a gobiernos institucionales. El finado dijo que a él no lo habían mandado a juzgar y a condenar o absolver, sino que debía escuchar porque un día se iba a necesitar. El jefe indígena lo recibió por aparte y en privado.


Le dijo el jefe al finado: “Sé bien que no querían que te reunieras conmigo, que te presionaron para que no estuvieras aquí. A mí también me presionaron para que no te recibiera. No sé por qué estás aquí. Me imagino que quienes te mandaron así te dijeron, que nos vieras y escucharas. No lo sé. Pero te voy a decir por qué te recibí. Yo he recibido a los gobiernos. Han venido de todos los colores y de todos los tamaños. Llegan, se toman su foto, dicen unas palabras, se van, no vuelven. Yo los he recibido porque mis anteriores me dijeron que mi deber era ver que mi gente, mi pueblo, no muriera, que sobreviviera. Por eso los recibí a ésos, por eso te recibo a ti. No creo que me traigas ni consejos ni enseñanzas, aunque es bueno que no busques foto y escuches en lugar de hablar. A ésos los recibí porque pienso que así mi pueblo sobrevive un tiempo más y no muere. Por eso te recibo a ti, porque creo que algo se verá de lo que somos y esa mirada, aunque sólo por poco tiempo, ayudará a mi pueblo a sobrevivir.” El finado anotó todo en su cuaderno, por eso tenía cabal las palabras del jefe indígena.


Después de esas palabras, el jefe quedó callado. El finado pidió entonces permiso para hablarle. El jefe le concedió la palabra. El finado dijo, palabras más, palabras menos (no las anotó en el cuaderno porque no podía hablar y apuntar al mismo tiempo): “Gracias por recibirme. Sólo tengo una pregunta: ¿no le preocupa haberse equivocado, es decir, que el recibir a los gobiernos o a mí, no le haya ayudado a su pueblo a no morir y sea juzgado como un mal jefe?”


El jefe indígena esperó a ver si era toda la pregunta, luego respondió: “A mí sólo me puede juzgar mi propio pueblo. Si mi pueblo me condena por eso que hice y hago, quiere decir que no me equivoqué. Porque para que me juzgue y condene, mi pueblo tiene que haber sobrevivido. Así que habré cumplido mi deber y daré buenas cuentas a los muertos, aunque los vivos me condenen”.


Aquí termina la anécdota del difunto. Seguí hablando:


“Por eso ustedes tienen que tener claro a quién le deben. Al EZLN no le deben nada. Tampoco a la Sexta. A nadie que no sean sus propios pueblos, a quienes representan, le deben nada. Tienen que hacer algo, porque pronto para muchos no habrá nada y será demasiado tarde.”


Les dijimos que tenían que hacer algo, que su deber era para con sus barrios, tribus, naciones y pueblos originarios, para con sus colectivos y organizaciones.


Les dijimos que hicieran algo, lo que fuera; que, si lo veían necesario, se entraran en Morena (está en las grabaciones y lo pueden certificar las delegadas y delegados asistentes; fue la única vez que, por nuestra parte, se mencionó a quienes después, y antes que nadie, deslegitimaron y condenaron la propuesta, haciendo gala de estupidez, racismo, intolerancia, desprecio y franca esquizofrenia. Sí, la primera opción que el zapatismo le presentó al CNI fue apoyar al Partido Movimiento de Regeneración Nacional). O que entraran a cualquier otro partido político. O que hicieran su propio partido político.


Que en todo eso no los íbamos a seguir, pero íbamos a comprender por qué lo hacían y no tendrían, de parte nuestra, ni juicios ni condenas.


Les dijimos que si les estorbaba la Sexta, que la dejaran.


Que si les estorbaba el EZLN que cortaran la relación con nosotros.


No necesito decirles que, a cada una de esas opciones, las delegadas y delegados hacían gestos como de estarse espantando moscas impertinentes. Todas y todos se mantenían callados. Seguí:


“Hagan algo, eso u otra cosa.”


Aquí voltee a ver al Subcomandante Insurgente Moisés. Él hizo un gesto de que continuara:


“Nosotros les venimos a proponer otra cosa: estamos golpeados, con muertes, desapariciones, secuestros, encarcelamientos, despojos, injusticias, territorios enteros destruidos y otros en vías de extinción. Estamos acorralados, sin esperanzas, sin fuerzas, sin apoyos, débiles, agonizantes. Para los políticos y los medios, aunque sean de izquierda o progresistas, no existimos.


Así que nosotros, nosotras, zapatistas, pensamos que es el momento de pasar a la ofensiva. Llegó la hora del contra ataque. Y hay que empezar golpeando uno de los corazones del sistema: la política de arriba.


Por eso les proponemos que el CNI forme una Junta de Gobierno Indígena (así se llamaba en nuestra propuesta original; ya en asamblea, y a propuesta de una delegación indígena magonista de Oaxaca, pasó a llamarse “Concejo Indígena de Gobierno”), un colectivo, formado por delegados del CNI, que aspire a gobernar el país. Y que se presente a las elecciones presidenciales del 2018 con una mujer indígena del CNI como candidata independiente.”


No, ante esa propuesta las delegadas y delegados no hicieron como si se espantaran un insecto molesto, sino que francamente se enojaron. A algunos les molestó mucho (bueno, más bien se encabronaron). Otros más dijeron que como chiste era muy malo, que no les daba risa sino dolor de estómago. Pero la mayoría guardó silencio.


Debo decirles que, en el modo de los originarios, el silencio no significa acuerdo, convencimiento o falta de argumentos. Significa que escuchan y, ojo, piensan y analizan antes de hablar (sí, a más de [email protected] le haría mucho bien seguir ese método).


¿Por qué nos escucharon? Porque nos consideramos hermanos y hermanas. El respeto que nos tenemos mutuamente hizo que nos escucharan hasta el final.
Y entendieron que no era una ocurrencia, sino una idea que podría llegar a ser una propuesta. Y como tal empezaron a pensarla.


Después de un alargado silencio, alguien inició diciendo algo como: “estoy pensando que así podríamos reconstruir el CNI, que la iniciativa le daría otra vez visibilidad a los indígenas. Porque, hay que decirlo claro compas, no existimos para la clase política. Ya ni como objeto de limosna nos mencionan. Y creo que con esta propuesta no sólo podríamos encontrarnos con otros indígenas, también nos encontraríamos con mucha gente de abajo que está jodida. Hay mucho descontento en todo el país, y no hay alternativa para los indígenas, y tampoco para los que no son indígenas. Claro, la propuesta tiene varias cosas en contra que tenemos que analizar con seriedad”.


Alguien más tomó la palabra y mencionó dos contras: el racismo que hay en la sociedad mexicana; y que los iban a criticar y atacar por buscar el Poder. Ambos puntos en contra se repitieron en las valoraciones posteriores. No, ni en esa reunión, ni en las subsiguientes, nadie mencionó como punto en contra que se acusara de querer “dividir a la izquierda”.


Así fue como la idea empezó a dejar de ser sólo nuestra. Así es como el CNI empezó a pensarla y a hacerla suya. La palabra fue ensanchándose a más y más. Pronto, todas las delegaciones estaban pensando, opinando, valorando. La absurda idea empezaba a convertirse en una propuesta colectiva.


En la asamblea plenaria cerrada del día 10 de octubre y en las mesas de trabajo del día 11, la palabra iba y venía. Sin dejar de cumplir con el mandato que llevaban las delegaciones, el tema central dejó de ser la denuncia. La posibilidad de pasar a la ofensiva se convirtió en lo más importante. En las mesas de trabajo (fueron 4), a las que podían asistir como observadores, [email protected] compas de la Sexta, cuando se tocaba el tema, se movían nerviosos en sus asientos, se miraban [email protected] a [email protected] (no podían hablar, sólo escuchar), volteaban a ver a la delegación zapatista (nos habíamos repartido para cubrir las 4 mesas y tener así cabal el apunte de todas las denuncias y experiencias de las delegaciones del CNI). Más de [email protected] se salió con molestia manifiesta.


Un movimiento febril recorría reuniones grandes y pequeñas. Quienes podían, llamaron por teléfono a sus pueblos contándoles lo que se discutía, pidiendo opiniones, pareceres. Los pros y los contras eran analizados y discutidos. Se hacían listas de unos y otros. Se pesaban. Se buscaba la respuesta a una pregunta:

“¿Valdría la pena?”.


La idea había ya dejado de ser del EZLN. Era ya del Congreso Nacional Indígena. En el corazón colectivo de los pueblos originarios crecía el eco de las palabras iniciales del Subcomandante Insurgente Moisés, a nombre de todas y todos los zapatistas:


“Ahora es la hora del Congreso Nacional Indígena. Que a su paso retiemble en su centro la tierra. Que en su sueño se derroten el cinismo y la apatía. Que en su palabra se levante la de quien no tiene voz. Que en su mirada se ilumine la oscuridad. Que en su oído encuentre casa el dolor de quien se piensa solo. Que en su corazón encuentre consuelo y esperanza la desesperación. Que con su desafío se asombre de nuevo el mundo”



Pero faltaba lo que faltaba.


Además de valorar los pros y los contras, para el CNI tenía que quedar claro cuál era el papel del zapatismo en esa iniciativa.


Con la antelación debida, el Subcomandante Insurgente Moisés y el Comité Clandestino Revolucionario Indígena, habían organizado una pequeña fiesta para homenajear al cumpleañero, el Congreso Nacional Indígena, que ese día 12 de octubre del 2016 llegaba a los 20 años de ser casa, oído, palabra y eco de los pueblos originarios de México.


¿El lugar? El caracol de Oventik, en las montañas del sureste mexicano.


Se recibió a las delegaciones del CNI conforme a los protocolos zapatistas para invitados especiales. Claro, hubo un esfuerzo extra por honrar a esas visitas. No todos los días se podía recibir a nuestros familiares más cercanos, a quienes tienen en común con los pueblos zapatistas la sangre, el dolor, la rabia, la resistencia y la rebeldía. Es decir, la historia.


Al principio no entendí por qué el Subcomandante Insurgente Moisés había dispuesto el acomodo de las delegaciones de esa forma: en el templete principal acomodó a las delegaciones del CNI, y enfrente puso una pequeña tarima donde se colocó la dirección zapatista, encabezada por él mismo.


Yo pude ver todo porque me movía de un lado a otro, tratando de convencer a las compañeras y compañeros del CNI que podían subirse a las bancas para ver mejor. “Es que traigo lodo en los zapatos y voy a manchar la banca”, argumentó una delegada. “Compañera”, le dije, “aquí lo que sobra es lodo, así que no tengas pena”.


El CNI nombró a una mujer indígena delegada para tomar la palabra en la ceremonia. Habló el Comandante David para dar la bienvenida. Luego habló la compañera del Congreso Nacional Indígena. Ella habló como se habla entre familiares: con el corazón en la mano. No voy a repetir sus palabras, ni las que luego el Subcomandante Insurgente Moisés dijo a nombre de todas y todos nosotras. Ya se iba a retirar la compañera del CNI cuando el Subcomandante Insurgente Moisés le pidió que se quedara.


Ahí quedó la compañera durante todo el acto, rodeada de la jefatura indígena zapatista, de frente a las delegaciones del Congreso Nacional Indígena.
Entonces entendí.


Yo miraba desde un costado, pero con la perspectiva visual de las delegaciones del CNI, quienes pudieron ver cómo una mujer, indígena como ellas y ellos, del Congreso Nacional Indígena como ellos y ellas, era acompañada por la máxima autoridad del EZLN, cubriéndola, protegiéndola, acompañándola, apoyándola, marcando lo que nos hacía diferentes, pero compañeras y compañeros.


Fue así como, con ese símbolo, el Subcomandante Insurgente Moisés respondió a la pregunta que rondaba a las delegaciones del CNI desde el primer día: “¿Qué lugar iba a tener el EZLN en la iniciativa si se aprobaba?”


Hubo después bailables, obras de teatro, canciones y poesías.


Al final del acto, una compañía miliciana zapatista presentó un comunicado completo sin decir una palabra.


¿Después? La comida: res y guajolote, a elegir, café y pozol. Luego se retiraron.


Al otro día, el 13 de octubre, fue la asamblea general resolutiva...

 

 

¿POR QUÉ?


El 13 de octubre inició con buenos augurios: una de las mesas de trabajo no había terminado y la apertura de la asamblea plenaria se fue retrasando. Después se inició con la presentación de las relatorías. Sí, una de las mesas no había terminado de transcribir. Siguió el retraso, como debe ser en cualquier decisión importante. Oh, lo sé. De balde lo decimos, si nosotros somos la actualización constante del software “la rebelión de los colgados”.


Por indicaciones del Subcomandante Insurgente Moisés, en las tres asambleas plenarias (la cerrada, la de inauguración y la de cierre) la delegación zapatista se sentó hasta atrás, al fondo del auditorio del CIDECI-Unitierra. Así quedaba claro de qué iba el asunto: era la hora del Congreso Nacional Indígena.


Cuando al fin se llegó al tema de “Propuestas para el fortalecimiento del CNI”, el Subcomandante Insurgente Moisés pidió la palabra para la delegación zapatista. Le fue concedida y el SubMoy pasó al frente. Inició sus palabras más o menos así:


“Me contaron una película, creo que se llama “La Ley de Herodes” (risas generales, menos mi mueca particular porque ya sabía lo que seguía). Entonces en esa película que me contaron hay una parte donde el Vargas dice: traigo una noticia buena y una mala (más risas generales, más muecas particulares). Entonces tenemos que ver cómo vamos a hacer con la noticia mala. O sea, a quién le vamos a echar la culpa de que salió mal. Entonces le voy a pedir al SupGaleano que pase a explicar la propuesta” (más risas generales, ya ninguna mueca particular).


Pasé al frente. Después de aclarar de que hacía con mucho gusto mi trabajo de “punching bag”, o de “plan alternativo”, y que para mí era un poderoso afrodisíaco el recibir críticas e insultos (bueno, lo dije en forma más prosaica, pero ése era el tenor), dije lo que tenía encomendado decir. Lo haré de forma sintética, puesto que ya son varias cuartillas y, si usted ya ha llegado hasta ésta, merece un poco de consideración. Además, ahora sabrá usted el por qué el ezetaelene hizo esa propuesta y por qué al CNI.


Primero insistimos en que nuestra propuesta original era la de una mujer indígena, delegada del CNI, de sangre indígena, que hablara su lengua y conociera su cultura. Y abrimos con esto porque lo referente a “una mujer” se había ido diluyendo en los conversatorios y mesas de trabajo. Primero pasaron a decir “la candidata o candidato”, luego “el candidato o candidata”, luego sólo “el candidato”.


Luego les recordamos que no se podía tomar una decisión ahí, en ese Quinto Congreso, porque era un compromiso desde su nacimiento, que el Congreso Nacional Indígena consultaba con quienes lo forman las propuestas que se presentaban en las reuniones. Los siete principios obligaban al CNI a consultarse a sí mismo, según el modo de cada quien.


Después les dijimos lo que creemos respecto a la iniciativa:


Que el Concejo Indígena de Gobierno debería estar formado por delegados y delegadas de todos los colectivos, organizaciones, barrios, tribus, naciones y pueblos originarios organizados en el Congreso Nacional Indígena.


Que no van a ganar porque el sistema electoral en México está hecho para beneficiar a los partidos políticos, no para la ciudadanía.


Que, si ganan, no se los van a reconocer, porque el fraude no es una anomalía del sistema electoral mexicano, es su columna vertebral, su esencia.


Que, si ganan y se los reconocen, no van a poder hacer nada trascendental, porque allá arriba no hay nada que hacer. Las cuestiones fundamentales de la maltrecha nación mexicana no se deciden ni en el poder ejecutivo, ni en las cámaras legislativas, ni en el poder judicial. El Mandón no tiene cargo visible y despacha en las catacumbas del Poder financiero internacional.


Y que, no a pesar de todo lo anterior, sino precisamente por todo lo anterior, podían y debían hacerlo.


Porque su acción iba a significar no sólo un testimonio de inconformidad, sino un desafío que seguramente encontraría eco en los muchos abajos que hay en México y en el mundo; que podría generarse un proceso de reorganización combativa no sólo de los pueblos originarios, también de obreros, campesinos, empleados, colonos, maestros, estudiantes, en fin, de toda esa gente cuyo silencio e inmovilidad no es sinónimo de apatía, sino de ausencia de convocatoria.


En respuesta a lo que se había dicho de que era imposible, que había mucho en contra, que no se iba a ganar, les respondimos que, si nos hubiéramos encontrado el 31 de diciembre del 1993 y les hubiéramos dicho que, en unas horas, nos íbamos a alzar en armas, declarar la guerra al mal gobierno y atacar los cuarteles de la policía y el ejército, también nos hubieran dicho que era imposible, que había mucho en contra, que no se iba a ganar.


Les dijimos que no importaba si ganaban o no la presidencia de la República, que lo que iba a importar era el desafío, la irreverencia, la insumisión, el quiebre total de la imagen del indígena objeto de la limosna y la lástima (imagen tan arraigada en la derecha y, quién lo dijera, también en la izquierda institucional del “cambio verdadero” y sus intelectuales orgánicos adictos al opio de las redes sociales), que su atrevimiento cimbraría al sistema político entero y que tendría ecos de esperanza no en uno, sino en muchos de los Méxicos de abajo... y del mundo.


Les dijimos que la iniciativa estaba a tiempo para que, con toda libertad y responsabilidad, decidieran hasta dónde la llevaban, qué tan lejos llegaban.
Les dijimos que podrían decidir en todo momento qué, porque era su paso, y que el destino que se marcaban rompería todos los esquemas, sobre todo los de quienes se creen y piensan vanguardia del cambio y la revolución.


Les dijimos que, si estaban dispuestos a desafiar a una sociedad racista, deberían ir más allá y desafiar también a un sistema patriarcal y machista (no es lo mismo, se lo pueden aclarar quienes militan en la lucha feminista).


Les dijimos que las comandantas zapatistas decían que ellas podían ver de apoyar a las compañeras que quedaran en el Concejo Indígena de Gobierno, y a la compañera que quedara como vocera y candidata, cuidando a sus hijos en comunidad. Que los cuidaríamos bien, como si fueran propios. Irían a la escuela autónoma para que no se retrasen en sus estudios, veríamos de que doctoras y doctores solidarios estuvieran pendientes de su salud. Y que, si tenían animalitos, pues también los íbamos a cuidar. Que las compañeras del CNI fueran sin pena a ese trabajo si así lo mandaba el acuerdo del CNI.


Les dijimos que no se preocuparan si no saben hablar bien español. Que el Peña Nieto tampoco sabe y ahí está.


Les dijimos que podíamos reorientar nuestra economía de resistencia y hacer un llamado a personas, colectivos y organizaciones de México y el mundo, para conseguir la paga para moverse a donde fuera necesario. Así podrían tener la libertad de renunciar a la paga económica institucional que el sistema da a las candidaturas independientes.


Les dijimos que no sólo pensábamos que podían gobernar nuestro país que se llama México, también podían gobernar el mundo entero.


Les dijimos que aprovecharan para hablar y escuchar a otros pueblos originarios, y a otros y otras que no son indígenas, pero que igual están sufriendo sin esperanza ni alternativa.


Les dijimos que había cosas que nosotras, nosotros como zapatistas podíamos hacer y el CNI no. Y que el CNI podía hacer cosas que nosotros, nosotras como zapatistas no podíamos hacer.


Les dijimos que ellas, ellos, el colectivo que se nombra Congreso Nacional Indígena, podía hacer lo que nadie más (incluyendo al zapatismo) podía hacer: unir. Porque un movimiento legítimo, como el de los pueblos originarios, puede y debe ser un punto de unión entre los diferentes pero iguales en empeño.


Pero no “unir” bajo una sigla, una jerarquía, una lista de siglas reales o suplantadas. No. Unir como punto de confluencia, ser el asidero donde las diferencias y rivalidades encuentran punto común, donde coinciden. La tierra, pues. Y para ello quién mejor que quienes son el color que son de la tierra.


Les dijimos que, en torno a ese Concejo y a esa mujer indígena, podía generarse un gran movimiento que cimbrara el sistema político entero.


Un movimiento donde confluyeran todos los abajos.


Un movimiento que haría retemblar en sus centros la tierra.


Sí, ya en plural, porque son muchos los mundos que en la tierra yacen y aguardan una buena sacudida para nacerse.


Les dijimos que tal vez, entonces, no importará si se juntan o no las firmas, si sale o no la paga para moverse, si se obtiene o no el registro de la candidata, si se presentan o no las otras candidaturas a debatir, si se participa o no en las elecciones, si se gana o no, si se reconoce o no el triunfo, si se puede o no algo hacer allá arriba.


Y no iba a importar porque serían otros los problemas, otras las preguntas, otras las respuestas.


Les dijimos que no les íbamos a heredar nuestras fobias y filias, que respetaríamos sus decisiones, sus pasos, sus caminos.


Les dijimos que, como zapatistas, seríamos una fuerza más entre las que seguramente habrían de sentirse convocadas por su desafío.


Y les dijimos lo más importante que habíamos ido a decirles: que estábamos dispuestos a apoyar con toda nuestra fuerza.


Que íbamos a apoyar con todo lo que tenemos, que, aunque poco, es lo que somos.

 

 



Siguieron las participaciones, todas ya en el sentido de hacer propia del CNI la propuesta. Alguno que otro pidiendo que ya se decidiera ahí mismo. La inmensa mayoría señalando que había que consultar.


La comisión relatora nos pasó una copia del proyecto de resolutivo.


Instintivamente tomé un lapicero para agregar comas, y puntos.


El Subcomandante Insurgente Moisés me detuvo y murmuró:


“No, ya esa palabra es de ellas y ellos. Es grande esa palabra, más grande que nosotros, nosotras, zapatistas. Como decía el finado: somos los más pequeños, nos toca hacernos a un lado y esperar...”

 

LA CONSULTA INTERNA ZAPATISTA


Podríamos darles los resultados y ya. Pero creemos que tal vez les ayude a entender, y entendernos, si les platicamos cómo fue el proceso.


Desde el día 15 de octubre del 2016, la delegación zapatista al Quinto Congreso del Congreso Nacional Indígena, junto con la CG-CCRI del EZLN, se dieron a la tarea de organizar la consulta interna para conocer la opinión y decisión de las bases de apoyo zapatistas sobre la propuesta central.


La consulta interna la hicimos en todas y cada una de las comunidades, colectivos, regiones y zonas zapatistas. También incluimos en la consulta a las compañeras, compañeros, hermanos y hermanas de la ciudad, que participan en diversos equipos de apoyo de la Comisión Sexta del EZLN. No se incluyó en la consulta a las tropas insurgentes zapatistas porque no es nuestro trabajo tomar ese tipo de decisiones.


La consulta la hicimos según nuestro modo, siguiendo una guía que realizó el Subcomandante Insurgente Moisés, la mañana del día 14 de octubre del 2016, antes de que se hiciera público el texto “Que retiemble en sus centros la tierra”:


1.- Información. – O sea que, en cada comunidad, colectivo, región y zona, primero se informó lo que se dijo en esos días del mes de octubre del 2016. Se informó de los dolores de nuestros hermanos pueblos del Congreso Nacional Indígena, de todas las maldades que les hacen por los capitalistas, que explotan, reprimen, desprecian y roban a los pueblos originarios, de cómo están matando pueblos enteros. Pero no sólo, también informamos de cómo se organizan y resisten contra esa política de muerte y destrucción. Para este informe usamos la relatoría que hizo la comisión provisional del CNI, el documento que se hizo que se llama “Que retiemble en sus centros la tierra”, y el resumen y los apuntes que tomó la delegación zapatista a esa primera etapa del Quinto Congreso del CNI.


Este punto es muy importante, porque es aquí donde convertimos a nuestras hermanas y hermanos, compañeros y compañeras, en oído y corazón para los dolores y resistencia de otros que son como nosotros en otras partes. Es muy importante y urgente este punto porque si no nos escuchamos entre nosotros, pues menos nos van a escuchar otras personas.


2.- La propuesta. – Se dijo y se explicó cuál es la propuesta: que el Congreso Nacional Indígena nombre un Concejo Indígena de Gobierno (que es como una Junta de Buen Gobierno, pero nacional o sea en todo México), formado por representantes mujeres y hombres de cada uno de los colectivos, organizaciones, barrios, tribus, naciones y pueblos que están organizados en el Congreso Nacional Indígena. O sea que este Concejo está formado por indígenas, y ellas y ellos son los que van a gobernar el país.


Ese Concejo Indígena de Gobierno es colectivo, o sea que no una persona manda, sino que entre todas y todos hacen sus acuerdos para gobernar. Ese Concejo Indígena de Gobierno no hace lo que se le ocurre, sino que toma en cuenta lo que dicen los pueblos de todo México, indígenas y no indígenas.


O sea que ese Concejo tiene los 7 principios del Mandar Obedeciendo: servir y no servirse; representar y no suplantar; construir y no destruir; obedecer y no mandar; proponer y no imponer; convencer y no vencer; bajar y no subir.


Ese Concejo Indígena de Gobierno tiene como voz a una mujer indígena del CNI (no del EZLN), o sea que tiene sangre indígena, que habla su lengua originaria y conoce su cultura. O sea que tiene como vocera a una mujer indígena del CNI.


Esa mujer indígena del CNI es la que se presenta como candidata a la presidencia de México en 2018. Como no se puede que se ponen todos los nombres de quienes son del Concejo Indígena de Gobierno, porque puede haber confusión, entonces el nombre que se pone es el de la vocera del Concejo. No es que esa mujer indígena está en un partido político, sino que es candidata independiente. Así se dice cuando alguien está en una elección, pero no pertenece a un partido político.


Entonces, ese Concejo Indígena de Gobierno, junto con la mujer indígena del CNI, se ponen a recorrer todo lo que se pueda de México y el mundo para explicar cómo está la situación en que estamos por culpa del sistema capitalista, que explota, reprime, roba y desprecia a la gente de abajo, a los pobres del campo y de la ciudad, y que además ya está destruyendo la naturaleza o sea que está matando al mundo en que vivimos.


Ese Concejo Indígena de Gobierno va a tratar de hablar y escuchar a todos los indígenas de México mero en sus pueblos, regiones, zonas, estados, para convencerlos de que se organicen, de que no se dejen, de que resistan y de que se gobiernen ellos mismos, así como de por sí hacemos como zapatistas que somos, que nadie nos dice cómo o qué tenemos que hacer, sino que mismos pueblos deciden y mandan.


Ese Concejo Indígena de Gobierno también va a tratar de hablar y escuchar a quienes no son indígenas, pero que también son explotados, reprimidos, robados y despreciados en México y el mundo. Igual les va a llevar un mensaje de organización y lucha, de resistencia y rebeldía, según su modo de cada quien, según su calendario y su geografía.


Para que esa mujer indígena, delegada del CNI, sea reconocida como candidata por las leyes mexicanas tiene que juntar casi un millón de firmas de personas con credencial de elector. Si las junta y están cabal las firmas, entonces sí la reconocen como que es candidata independiente para presidenta de México, y se pone su nombre para que, en el año 2018, la gente vota o no, según su pensamiento de cada quien. Entonces se trata de que el Concejo Indígena de Gobierno y la vocera indígena, recorren México y donde haya personas mexicanas para conseguir las firmas para registrar. Luego otra vuelta de recorrido para que la apoyen y votan por la indígena del CNI.


Como zapatistas pensamos que, cuando hacen ese recorrido el Concejo Indígena de Gobierno y su vocera, van a conocer muchos dolores y rabias que hay en México y el mundo. Dolores y rabias de personas indígenas, pero también de personas que no son indígenas, pero que también sufren, pero resisten.


Entonces eso es lo que se quiere. No se busca que una mujer indígena del CNI sea presidenta, sino que lo que se quiere es llevar un mensaje de lucha y organización a los pobres del campo y de la ciudad de México y del mundo. No es que tomamos en cuenta de que, si se juntan las firmas o se gana la elección, es que sale bien. Sino que sale bien si se puede hablar y escuchar a quienes nadie habla ni escucha. Ahí vamos a ver si sale bien o no, si es que mucha gente va a agarrar fuerza y esperanza para organizarse, resistir y rebelarse.


¿Hasta dónde se llega? Es hasta donde lo decida el Congreso Nacional Indígena.


3 – Luego se dijeron y se explicaron los puntos en contra de esa propuesta. Por ejemplo:


.- nos van a criticar como zapatistas que somos, porque dijimos que no luchamos por el Poder y ya queremos tener el Poder.


.- nos van a criticar que traicionamos nuestra palabra que no queremos cargo.


.- nos van a criticar que hablamos mal de los partidos políticos pero que vamos a hacer igual que eso que criticamos.


.- nos van a acusar que estamos apoyando al partido PRI porque vamos a dividir los votos para la izquierda y así gana la derecha.


.- nos van a criticar de que las mujeres indígenas no tienen educación y no saben hablar la castilla.


.- nos van a despreciar que los indígenas no tenemos buen pensamiento para gobernar.


.- nos van a burlar mucho y a mal hablar de nosotras y nosotros como indígenas que somos.


(Ojo racistas y machistas: antes de que iniciaran sus ataques, los indígenas zapatistas ya sabíamos lo que iban a decir ustedes. Y eso que nosotras, nosotros, somos los tontos e ignorantes, y ustedes son los muy inteligentes y sabios).


En las asambleas participaron las compañeras y compañeros diciendo de otras cosas que pueden ser puntos en contra.


Por ejemplo, dijeron de la seguridad, que los gobiernos pueden hacer un ataque contra el Congreso Nacional Indígena y la candidata para que no gana; que los malos gobiernos pueden atacarnos a las comunidades zapatistas para que no apoyamos al CNI; que se hace trampa para que no avanza su lucha del CNI porque de por sí los malos gobiernos son mañosos y traicioneros; que se van a llegar los zopilotes políticos para ver qué sacan de ganancia individual de su lucha de los pueblos indígenas; que hay quien va a querer llevar la lucha de los pueblos indígenas por otro camino; y otras cosas.


4.- Luego se dijeron los puntos a favor de esa propuesta. Por ejemplo:


.- sirve para que la sociedad mexicana vuelva a ver y escuchar a los pueblos indios de México, que ahora ya ni los mencionan.


.- sirve para que se puede escuchar y hablar con indígenas de todo México que no están organizados y los están destruyendo por los malditos capitalistas.
.- sirve para que los indígenas vuelvan a tener orgullo y honor de ser indígenas, de su color, su lengua, su cultura, su arte, su historia.


.- sirve para que las mujeres indígenas se levanten con su propia voz y se organicen, así como se han levantado y organizado las mujeres zapatistas.


.- sirve para explicar a la gente de abajo de toda la destrucción y mal que están haciendo los malditos capitalistas.


.- sirve al Congreso Nacional Indígena para que se conoce cómo es su modo del CNI y más pueblos, naciones, tribus y barrios indígenas se entran en el CNI y se conocen entre sí como indígenas y ven sus dolores y sus fuerzas.


.- sirve como zapatistas que somos porque así podemos apoyar a nuestros hermanos y hermanas indígenas de otras partes, para que siguen su lucha y pueden vivir con libertad y dignidad.


.- sirve para los pueblos zapatistas porque así más gente conoce cómo es nuestra historia de lucha y cómo nos hemos organizado, y se animan.


.- sirve para los pueblos zapatistas porque así aprendemos a organizarnos ya no sólo para ayudarnos entre nosotros, sino que también organizarnos para apoyar a otros que luchan, como hicimos con los maestros democráticos.


5.- Luego se pasó a pensar si esa propuesta le sirve al Congreso Nacional Indígena o no le sirve.


6.- Después se pasó a pensar si esta idea nos sirve como zapatistas que somos o no nos sirve.


7.- Luego se pasó a discutir si sí apoyamos o no apoyamos esa propuesta y, si sale que sí, cómo no podemos apoyar como zapatistas que somos; y luego cómo sí podemos apoyar como zapatistas que somos.


Por ejemplo, no podemos apoyar con las firmas porque de por sí los zapatistas no usan credencial de elector; tampoco podemos ser candidatas o candidatos porque como zapatistas no luchamos por el Poder; no podemos votar porque no usamos ese modo de votar de poner un papel en una caja, sino que tomamos nuestros acuerdos en asambleas donde todos participan y dicen su palabra.


Pero sí podemos apoyar de otras formas, por ejemplo: podemos apoyar explicando esa buena idea y convenciendo a los que sí usan la credencial, que la usan para apoyar a la mujer indígena del CNI; podemos hablar con la gente de la ciudad que nos apoya como zapatistas para que también apoyen al Concejo Indígena de Gobierno; podemos organizarnos como colectivos y gobiernos autónomos para conseguir algo de paga para apoyar al CNI y que pueda viajar a todos lados que necesita; podemos hablar y convencer a gente de la ciudad para que también se organiza para conseguir paga para el CNI; podemos explicar en México y el mundo cómo es que hacemos para gobernarnos nosotros mismos y así vea la gente de buen pensamiento que como indígenas sí sabemos gobernar.


Y, bueno, también se les informó a todos los pueblos otro de los acuerdos del Quinto Congreso: que es que si, en la consulta zapatista interna (y en la de cualquier colectivo, organización, barrio, tribu, nación y pueblo originario del CNI) sale como resultado que no se apoya la propuesta, que es mala idea y no se está de acuerdo, entonces el Congreso Nacional Indígena respeta esa decisión, aunque la mayoría diga que sí apoya. Es decir, se sigue tomando en cuenta como parte del CNI. O sea que no es fuerza que, quien no está de acuerdo, tiene que hacer lo que decida la mayoría. O sea que se respeta la autonomía, los modos de cada quien.
Igual como se hace en las comunidades indígenas zapatistas, no es que vamos a ver mal o a sacar de zapatista a quien piense diferente, sino que vamos a respetar y tomar en cuenta. Como es en nuestras asambleas comunitarias, que no porque alguien está pensando en contra de lo que dice la mayoría, lo sacamos, sino que sigue.


Como se puede ver, la consulta interna se enfocó a si se apoyaba o no lo que resultara de la consulta del CNI. Estos son los resultados:


Se consultaron varias decenas de miles de hombres y mujeres zapatistas. De ellas y ellos, la inmensa mayoría se manifestó por apoyar la decisión a la que llegue el CNI en la medida de nuestras posibilidades. Se manifestaron en contra 52 compas (26 compañeras y 26 compañeros). Se manifestaron como “no sé”, o “indecisos”, 65 compas (36 compañeras y 29 compañeros). Las razones que dieron quienes se manifestaron en contra son diversas: desde el compa que dijo “yo voy a votar en contra para ver si es cierto que me respetan y no me sacan de zapatista”; hasta quienes argumentaron que no iban a estar en su pueblo y no querían comprometerse porque no iban a poder cumplir el trabajo que saliera. Quienes se manifestaron indecisos dijeron, entre otras cosas, que de balde se decide si todavía no se sabe qué va a decir el CNI, que qué tal que dicen que sí apoyan y el CNI dice que no hace.

 

¿QUÉ ESPERAR?


Compas:


Ya, ésta es la última parte. Gracias a quienes llegaron hasta estas líneas... ¿eh?... sí, claro, quedan pendientes... sí... dudas, claro... preguntas, por supuesto..., ¿qué?... ¿cuál va a ser el resultado de la consulta del CNI?... ¿Quieren un spoiler?... ok, ok, ok, dejen pregunto... Ya... que les diga la verdad, así que va:


Les somos sinceros: no tenemos ni la más remota idea.


Y es en serio.


Ya hemos visto antes cómo una propuesta se va modelando con el trabajo de la palabra en el modo de los originarios. Como si una idea no fuera más que una masa deforme de barro y fueran manos colectivas las que le van dando forma, tamaño, color, destino.


Así que, al igual que ustedes, estamos esperando.


Aunque, cierto, nosotros, nosotras zapatistas, no esperamos lo mismo que ustedes.


Ustedes, creemos, están esperando cuál es el resultado y todo lo de ahí se va a derivar.


Nosotras, nosotros zapatistas estamos esperando lo que va a ocurrir luego, el día después. Y preparándonos ya para ese calendario.

 

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

 

Subcomandante Insurgente Moisés. Subcomandante Insurgente Galeano.
México, noviembre del 2016.

 

Del cuaderno de Apuntes del Gato-Perro.


No crean que no me he preparado para el caso en que, en la consulta del CNI, sale que se rechaza la propuesta. No, no me preocupa. He tomado mis providencias. Por ejemplo: ya tengo un certificado médico de que estoy en lista de espera para una operación de cambio de sexo, así como un trámite de adopción con una familia indígena zapatista. Así podrán decir que todo era una jugada para ser yo el candidato... ok, ok, ok, la candidata a la presidencia de la República.
Ah, mi perversidad es sublime ¿no?


Claro, con esa salida se me arruinará la correspondencia femenina. Oh, esperen, ya no hay correspondencia, ni femenina ni no femenina. Ah, si tuviera redes sociales me haría varias cuentas alternas (no se hagan, de por sí así hacen) y me auto daba rt, follow y like, y también me auto troleaba, para que se viera que todo es f-i-d-e-d-i-g-n-o. ¿Cuántas cuentas alternas se pueden sacar como límite? No se hagan, seguro que ya lo investigaron.


En fin, ya se me ocurrirá algo.


Ahora que, si sale que se aprueba, pues habrá que chambearle para conseguir paga. Entonces me pondré en contacto con loas compañeroas de la Brigada Callejera, que me aparten una esquina en La Meche. Ni modo, la calle es de quien la talonea. Estoy seguro que mi pancita causará furor... ¿eh?... ok, ok, ok, mi panza... ¿qué?... bueno pues, mi panzota... ¿no les digo?, si de que son maloras, son.

 

El SupGaleano reventando varias fajas.


(no, gracias, de veras, no, no necesito que alguien me venga a fajar... voooi, oigan, de plano enseñan el cobre, oigan, puro albur sesentero, oigan, por eso no loas quieren los bien portados, oigan... ¿eh?... ¿un reality show para conseguir paga?... ¿con Trump, Macri, Temer, Putin y Rajoy intercambiando nudes?... mta magre... ya no vean esa televisión... mejor series de TV en producción alternativa...sí, en los puestos de eje central ya está la nueva temporada de Games of Thrones... sí, resulta que el Tyrion y el Snow son parientes con la Dayanaris... como se diga, pues... sí, un dragón para cada quien, un mensaje de equidad... sí, en el nuevo escudo se unen el león, el lobo y el dragón... bueno, sí, una versión de la Hidra... sí, como si unieras al gran capital financiero, con el industrial y el comercial... sí, el sistema se recompone y todos los de arriba contentos, y los de abajo pues a la chinga... sí, pero están viendo un final alternativo... sí, cuando toda la banda está agarrando la jarra para celebrar no sé qué, llega una mujer indígena, se caga en el trono de hierro y con un soplete lo derrite ... bueno, están viendo si le quitan el soplete y le dan una caja de cerillos, para que tarde, el suspenso pues... sí, chance y otra temporada, depende de cuántos cerillos le lleve... sí, ahí acaba... pues por el Brexit ése, los costos se fueron a las nubes. Y ahora con el Trump, pues peor... ¿Qué? ¿que no haga spoilers? Oh, pues, para qué me invitan si ya saben cómo soy).


Doy fe.


Miau-guau.

Publicado enInternacional
Miércoles, 26 Octubre 2016 09:22

Plebiscito por la paz, antagonismo traumático

Plebiscito por la paz, antagonismo traumático

El plebiscito y sus resultados arrojados el pasado 2 de octubre, obligan a una reflexión sobre lo acontecido. Una reflexión a partir de sus cifras, pero también desde la historia y el futuro del país.

 

La cotidianidad de las cuatro últimas generaciones de connacionales ha transcurrido en medio de un costoso, cruento y doloroso conflicto interno bélico.

 

Según el registro oficial de la Unidad para las Víctimas de la Presidencia de la República, los mártires de esta guerra civil suman ocho millones durante el período 1985-2015. Los datos institucionales referencian 260.000 asesinatos, 45.000 desaparecidos, 6,8 millones de desplazados por la violencia y el despojo de 4,2 millones de hectáreas a los pobladores pobres del campo. Además de los campesinos y pueblos indígenas y afros, la guerra afectó de manera directa a comunidades populares urbanas, defensores de derechos humanos, sindicalistas, líderes populares, ambientalistas, militantes de partidos de izquierda e intelectuales demócratas.

 

El más reciente cálculo del Global Peace Index, realizado por el Institute for Economics and Peace (IEP) muestra que el impacto económico de la violencia en Colombia ha crecido 53 por ciento desde 2008 hasta alcanzar los US$139.481 millones en el año 2015, equivalente al 30 por ciento del Producto Interno Bruto, constituyéndose en el séptimo país en el mundo donde más impacto negativo de carácter económico, político, social, cultural y ambiental, ha tenido la violencia dentro de su territorio.
El 2 de octubre de 2016, la sociedad colombiana tenía la posibilidad histórica de terminar, a través de un plebiscito, con una buena parte de la confrontación armada e iniciar la construcción de una paz duradera y sostenible. La renuncia generalizada a la violencia como forma de hacer política requería el compromiso de la sociedad.

 

En esta consulta, la única pregunta a la cual deberían responder los colombianos con un Sí o un No era la siguiente: “¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una PAZ estable y duradera?”.

 

El triunfo del “Sí” refrendaría democráticamente los acuerdos de paz, ordenando al Gobierno y demás entidades del Estado a tramitar las normas necesarias para implementarlos. Con la victoria del No se malograría el proceso seguido durante los últimos seis años (2 exploratorios y 4 de negociación) y obligaría al Gobierno y la insurgencia a entrar en una compleja renegociación con los sectores ultraderechistas del país. Con los resultados que favorecieron el No, Colombia se sumió en la incertidumbre; encrucijada que no la resuelve ni el otorgamiento del premio Nobel de Paz al presidente Juan Manuel Santos (2010-2018), concedido por el Comité Noruego y que le será entregado el 10 de diciembre de 2016.

 

Dos pruebas debía superar el plebiscito en las urnas para ser vinculante: i) ganar por mayoría simple el Sí; ii) superar el umbral aprobatorio del 13 por ciento del censo electoral, esto es, alcanzar como mínimo cuatro millones y medio de votos.

 

Votantes y territorios

 

El total de población habilitada para participar en este plebiscito sumaba 34.899.945 (51,7% mujeres y 48,3% hombres). El número de votantes que se abstuvieron de ejercer su derecho político sumó 21.833.898 (ver recuadro 1: La constante), esto es, 62,6 por ciento. El 37,4 por ciento que acudió a las urnas se distribuyó de la siguiente forma: votos inválidos (votos no marcados y nulos) 257.189 (0,7%); votos por el Sí, 6.377.482 (18,3%); votos por el No, 6.431.376 (18,4%) (Ver gráfico 1 y mapa 1).

 

 

 

 

En las 33 entidades territoriales del país (sumando a Bogotá como Distrito Capital y “Consulados”, esto es, los 203 puestos de votación donde los 600 mil colombianos habilitados que viven en el exterior podrían votar) el Sí ganó en 20 (60,6%) y el No en 13 (39,4%). En resumen, como siempre sucede en la exánime democracia colombiana, la reducida pero poderosa, agresiva y organizada oligarquía extremo-derechista impuso su voluntad e intereses, con mentiras, manipulaciones y amenazas, a las mayorías nacionales. Del lado opuesto, una exageración de los beneficios que traería para las mayorías la aprobación de los acuerdos, fue la nota más destacada (Ver recuadro 2: La cultura política de los colombianos, 2015).

 

De las 33 entidades tomadas como referencia para el análisis, once (33,3%) concentran en conjunto el 70.6 por ciento del total de sufragios posibles al contar, cada una con más del 3 por ciento de las personas habilitadas. De estas, en cinco ganó el No: Antioquia, Cundinamarca, Norte de Santander, Santander y Tolima; en seis ganó el Sí: Bogotá D.C., Atlántico, Bolívar, Córdoba, Nariño y Valle del Cauca. Como tendencia general, con la excepción del distrito capital y el Valle del Cauca, se observa que en las regiones donde tradicionalmente hay más alto “desarrollo” económico son las que votaron en mayor proporción por el NO (Ver cuadros 1 A y 1 B).

 

 

 

 

 

 

Antagonismo traumático

 

El número de votos válidos en el plebiscito por la paz sumó 12.808.858. Con la mínima diferencia de 53.894 sufragios (0,2% respecto al total de votantes habilitados), el No resultó triunfador.

 

El empate técnico no obedece a un relativismo cultural, según el cual la percepción del conflicto social depende de la pertenencia del observador a uno u otro grupo, en favor o en contra de refrendar los acuerdos Gobierno-insurgencia. La división entre las dos percepciones «relativas» implica una referencia oculta a una constante, a un núcleo traumático, un antagonismo fundamental que la sociedad colombiana es incapaz de simbolizar, explicar o asimilar, un desequilibrio crónico en las relaciones sociales que impide que la ciudadanía se estabilice en un todo armonioso. Las diferentes percepciones expresadas en el plebiscito, incluidos quienes se abstuvieron de acudir a las urnas, son tres intentos mutuamente excluyentes de lidiar con este antagonismo traumático, de sanar la herida histórica mediante el consenso democrático de construir colectivamente una estructura simbólica equilibrada, incluyente y justa. Lo «Real» no es el fenómeno expresado en los resultados del plebiscito por la paz, sino el núcleo traumático del histórico antagonismo entre clases sociales1 que distorsiona la visión del individuo frente a quienes, de una parte, tienen intereses en prolongar una guerra de la cual obtienen réditos y, de otra, a los que defienden el anhelo de paz con igualdad, democracia, trabajo digno, justicia social y soberanía2.

 

Los estudios que emprendió el economista, historiador, escritor y político socialista colombiano Antonio García Nossa (1912-1982) sobre la movilización insurreccional de los comunes de labriegos libres, artesanos, obreros de manufactura, peones y clases medias en 1781, coloca de presente este núcleo traumático o antagonismo fundamental de la sociedad colombiana. En la insurrección de Los Comuneros se encuentra, según García, embrionariamente, esta trama de la historia contemporánea, entendida como un contrapunto dialéctico entre la movilización popular orientada hacia la ruptura y superación –consciente o inconsciente– de las estructuras hispano coloniales de dominación y dependencia –modernizadas sólo a partir de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y de la subsiguiente integración a la metrópoli norteamericana– y la acción defensiva-ofensiva de las familias conservadoras, castas, burócratas, curas fanáticos, militares, políticos mafiosos, intelectuales fascistas y profesionales derechistas, oligarquías o clases dominantes; en el sentido de conservar aquellas estructuras (estrategia conservadora) o de promover la desarticulación o aplastamiento de la organización y movilización popular y de la clase trabajadora por medio de la violencia institucionalizada (estrategia contrarrevolucionaria)3.

 

Democracia exánime

 

La mayoría de la población apta para participar en el plebiscito por la paz, 63 de cada 100, se abstuvo de participar; expresión de la grave crisis de la democracia liberal colombiana. Este tipo de democracia que nació con las revoluciones burguesas de los siglos XVIII y XIX en Europa y América, en su esencia, deja la soberanía popular relegada a una mera función electiva que le otorga poder exclusivo de gobierno a las oligarquías y a la representación de políticos profesionales. Al eliminarse la participación directa en la toma de decisiones (quedando sometida simplemente a una voluntad de cada proceso electoral), el pueblo termina perdiendo todo contacto inmediato con la solución de sus problemáticas, para dejarlas en manos de una minoría –clase política– de la sociedad, ajena también a esos problemas sociales populares y laborales. En esencia, no existe en Colombia una forma de gobierno democrática, pero es tal el peso de la ideología que la sociedad se cree el “cuento” que esta parodia de democracia es “la más antigua y sólida del continente”.

 

En este plebiscito, 20 de las 33 entidades territoriales del país (sumando a Bogotá y “Consulados”) registran niveles de abstención superiores al promedio nacional: 71,7 por ciento. Con la excepción de Arauca y Caquetá, la mayoría de la población votante lo hizo por la opción del Sí en estas entidades de alta abstención (Ver cuadros 1A y 1B).

 

En la capital del país, con el 15,9 por ciento del potencial de sufragantes, ganó el Sí al sumar 1.423.612 votos (25,7% respecto al total distrital). El Distrito Capital concentra una alta proporción del voto libre, informado y consciente de Colombia. Independiente del estrato socio-económico, en todas sus localidades el porcentaje de abstención fue inferior al promedio nacional y mayoritariamente ganó el Sí. Sólo en tres localidades, las que concentran la población que vive bajo condiciones de extrema pobreza y los desplazados por la violencia, ganó el No: Bosa, Ciudad Bolívar y Usme (Ver mapa 2).

 

 

Este fenómeno combinado de rechazo y abstención, en sus localidades más excluidas y pobres, se explica por ocho razones: i) el resentimiento en contra de las políticas antipopulares y neoliberales del gobierno Santos; ii) las mentiras y manipulaciones publicitadas desde las campañas por el No (en particular sobre los supuestos y exagerados beneficios económicos que recibirían los excombatientes); iii) la incomprensión referente a la figura jurídica y al contenido del plebiscito; iv) ignorancia política; v) desesperanza aprendida, en cuanto la persona se siente indefensa, cree no tener control sobre la situación y piensa que cualquier cosa que haga será inútil; vi) considerar que el plebiscito era una continuidad del enfrentamiento Santos-Uribe; vii) apego a una cultura que ha permeado desde arriba a todas las capas sociales de solucionar los problemas mediante la violencia y el exterminio; viii) El odio contra la insurgencia, producto de una intensa guerra política desplegada por años, así como por los errores propios de ésta y que afectaron a sectores populares.

 

Razones que atraviesan a la sociedad colombiana en su conjunto, no sólo a los sectores populares, Hay que agregar que si bien la juventud estaba a favor del Sí, esta mostró su animadversión de acudir a las urnas; a deshoras hizo conciencia del error, tratando de borrarlo con postreras movilizaciones en favor de la paz. La izquierda, apática, indecisa y autista, poco hizo en favor de una concientización social y masiva en favor del SÍ y, peor aún, nunca ha logrado ofrecer una propuesta realista, positiva, incluyente y constructiva de futuro a la sociedad colombiana.

 

De los 600 mil nacionales habilitados para votar en el extranjero sólo lo llevó a cabo el 13,9 por ciento, reflejando un alto desafecto por los destinos del país natal por parte de quienes están arraigados en tierras foráneas. Con la excepción de Estados Unidos, en los demás consulados ganó la preferencia por el Sí (44.801 votos por el Sí y 37.995 votos por el No).

 

En los seis departamentos que integran la región Caribe (Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, la Guajira y Magdalena) tres de cada cuatro potenciales votantes se abstuvo. En todas estas entidades territoriales fue prevalente el voto por el Sí. La razón de esta alta abstención fueron dos: i) el impacto del huracán Matthew: las intensas lluvias impidieron que los ciudadanos salieran a votar; ii) las maquinarias políticas no se utilizaron para movilizar a los electores; como no estaba en juego las elecciones de los “caciques” políticos, no operó el tradicional clientelismo y la compra de votos.

 

Los departamentos que más han sufrido la inclemencia de la violencia efectivamente fueron los que mayor apoyo dieron al plebiscito. En nueve de las regiones más afectadas por el conflicto armado, con mayor pobreza y menos institucionalidad, ganó el voto por el Sí: Amazonas, Chocó, Cauca, Nariño, Putumayo, Guainía, Guaviare, Vaupés y Vichada. No obstante, en estos departamentos el nivel de abstención promedio fue del 68 por ciento.

 

En uno de los principales centros agrícolas, industriales, comerciales y financieros del país, el Valle del Cauca, ganó el apoyo a la refrendación de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc-Ep por parte del 18,6 por ciento del potencial de ciudadanos habilitados; el No fue refrendado por el 16,9 y la abstención alcanzó el 63,9 por ciento. En la capital, Cali, votaron 589.451 ciudadanos, el 54,3 lo hicieron por el Sí y el 45,7 por el No. En otros centros importantes de la economía y el turismo del país, Boyacá y San Andrés, igualmente salió triunfador el SÍ, aunque con escaso margen.

 

En 13 entidades territoriales el rechazo a los acuerdos del Gobierno con la insurgencia fue mayoritario: Antioquia, Arauca, Caldas, Caquetá, Casanare, Cundinamarca, Huila, Meta, Norte de Santander, Quindío, Risaralda, Santander y Tolima. Allí el nivel de abstención registró un promedio de 10.1 puntos porcentuales por debajo del promedio nacional: 52,4 por ciento. Es importante señalar, de una parte, que en toda la zona centro de Colombia la insurgencia ha operado como un ejército de ocupación y sus acciones más negativas (secuestro, extorsión y afectación de la infraestructura) han sido dirigidas en contra del empresariado agrícola medio y grande, como también, en no pocos casos, contra el campesinado y pueblos rurales. Existe, por tanto, en estas regiones, un resentimiento directo muy grande con las Farc que obviamente fue aprovechado por los promotores del No.

 

Pero de otra parte, y no menos importante, los rezagos de la república señorial, el latifundio ganadero, las economías extractivas dominadas por empresas transnacionales, una clase media rural fundamentada en el tipo patriarcal y católico de la familia antioqueña, la vigorosa influencia conservadora del partido del clero que subyuga la conciencia popular, el principio crematístico para medir la funcionalidad de toda actividad social fundamentado en el individualismo egoísta y la contra ética del “fin justifica los medios”, y el escalamiento del paramilitarismo como poder político, social y cultural en la mayoría de municipios que integran estas regiones afectadas por la guerra, explican estos resultados adversos al fin del conflicto armado y a la construcción de la paz.

 

En una de las principales ciudades de Colombia, Medellín, 431.173 ciudadanos votaron en favor del No (63%) y 253.548 por el SÍ (37%). Una ciudad bonita, con buena infraestructura y tecnológicamente avanzada, la economía moderna y un nivel educativo más elevado, no son suficientes para hacer evolucionar y transformar civilizadamente la mentalidad colonial, las creencias y formas de vida atávica, y el espíritu patriarcal, violento y de vindicta.

 

Se ha dicho que los extremos se tocan. En el departamento de Arauca, con arraigada presencia del Eln, ganó la opción por el No (30.274 votos). Por el Sí votaron 28.653 ciudadanos. Se abstuvieron 115.537 ciudadanos, el 65,4 por ciento, influenciados por el rechazo del Eln al proceso de negociación Gobierno- Farc-Ep. El Eln afirma que “los anhelos de paz con equidad, justicia social y soberanía tal como lo requieren las mayorías, exige la unión de todas y todos quienes buscamos una Colombia donde el pueblo y la nación sean partícipes y protagonistas de las nuevas construcciones; sin tal protagonismo popular y social, no es posible el logro de la paz”4. En consecuencia, el inicio de la negociación del fin del conflicto armado entre el Gobierno y el Eln, el próximo 27 de octubre en Quito, pondrá otro ritmo a la complejidad y encrucijada que enfrenta la sociedad actualmente y abrirá un espacio donde se exprese democráticamente la sociedad, paralelo a la negociación elitista y a puerta cerrada entre el Gobierno y los partidos ultraderechistas.

 

Al desagregar los resultados del plebiscito, encontramos que la tendencia del departamento de Arauca la define –como es de esperarse– el municipio con mayor potencial electoral, en este caso Arauca, capital, la cual tuvo como resultados un 34,9% (8.159 votos) por el Sí y un 65,1% (15.191 votos) por el No. Los datos sobre presencia de los grupos insurgentes en este departamento han demostrado que la intensidad del conflicto armado se ha concentrado en municipios como Saravena, Fortul, Arauquita, y Tame, municipios en los que el SI ganó (en Saravena ganó el No), corroborando que los territorios en los que más se ha vivido la guerra y por ende los principales beneficiarios del acuerdo, ganó la opción para la implementación de los acuerdos. En Cravo Norte y Puerto Rendón, con presencia paramilitar y base económica latifundista y ganadera, triunfó el No.

 

Odio y actitud psicótica

 

El odio sobredeterminó los resultados del plebiscito por la paz. El odio es una pasión que lleva a hacer daño a alguien o desearle mal. Esta fue la principal motivación de las campañas por el No, al impugnar los acuerdos de paz.

 

Pero además de éste, entre los líderes de estos movimientos de ultraderecha política-religiosa-empresarial-militar predomina la actitud psicótica: la de un autoproclamado salvador que imagina que su ley interior es la Ley para todo el mundo. Para que el mundo siga sus preceptos, el “Mesías” recurre a construcciones paranoicas, al complot de fuerzas ocultas: el centro de la publicidad por el No buscaba generar el miedo de las masas ante la amenaza “castrochavista” o la entrega del Estado a los “terroristas encabezados por Timochenko”.

 

También los líderes de los partidos ultraderechistas son megalómanos (condición psicopatológica caracterizada por fantasías delirantes de poder, relevancia, omnipotencia y por una henchida autoestima), no conciben un proceso de transformación social sin su dirección y liderazgo, de lo contrario patean el tablero sin reparar en costos de vidas, económicos y sociales.

 

No obstante, detrás del odio y de las formas de hacer la política, está el tema de intereses de clases o fracciones de clase que quieren a toda costa evitar políticas económicas, sociales y democráticas que los afecten (redistribución de tierras, impuestos a la propiedad, etc.) y además prevenir que puedan surgir gobiernos que desarrollen políticas progresistas y cercanas a determinadas formas de izquierda democrática o socialistas.

 

De la Apen (1935) al Mur (2016)

 

La violencia es un método consuetudinario empleado por las clases dominantes en Colombia para el ejercicio político y para oponerse a cualquier reforma social o apertura democrática que afecte sus intereses. El crimen y la impunidad son facilitados por el sectarismo político que practican.

 

Así, por ejemplo, las reformas impulsadas durante el gobierno de Alfonso López Pumarejo, elegido en 1934, incluían nuevas formulaciones del derecho de propiedad, un replanteamiento de las relaciones entre el Estado y la Iglesia, y una serie de medidas modernizadoras en el campo social y político que pretendían dar solución a la crisis económica de 1929 y a los graves conflictos rurales y obreros de la década de 1920. Para neutralizar estas reformas, se creó la Apen (Asociación Patriótica Económica Nacional) en marzo de 1935, movimiento político formado por terratenientes, latifundistas, industriales, financieros, intelectuales, altos políticos y veteranos de las guerras civiles colombianas. Fue creado para oponerse abiertamente al movimiento de masas campesino y, sobre todo, para arrasar con la política de Alfonso López Pumarejo. La Apen tuvo una actividad intermitente hasta los años 1940, enlazándose con el período histórico conocido como “La Violencia5.

 

La historia se repite. En agosto de 2016, dieron vida al Movimiento de Unidad Republicana en contra de los acuerdos de paz Gobierno Nacional-Farc-EP y del plebiscito que refrende popularmente los acuerdos. Hacen parte de este movimiento dos expresidentes de la República, exalcaldes, dirigentes políticos (en su mayoría de los partidos Centro democrático, Conservador y Liberal), empresarios (sobresale Ardila Lule, dueño de RCN y zar de las bebidas edulcorantes), ganaderos, militares retirados, dueños de medios de comunicación (principalmente los periódicos de Medellín), dirigentes de gremios agropecuarios, alta jerarquía de la iglesia católica (en especial, Monseñor Libardo Ramírez Gómez, presidente del Tribunal Eclesiástico Colombiano), intelectuales y columnistas defensores de la derecha nacional, entre otros. En general, esta oposición que recoge la ultra derecha político-religiosa-empresarial-militar-intelectual de Colombia enarbola las banderas de la defensa de Dios, patria, familia, propiedad y tradición.

 

El No, campaña de mentiras, miedo y amenazas

 

El excandidato a la alcaldía de Medellín y gerente de campaña por el No del Centro Democrático, Juan Carlos Vélez, confesó, en entrevista con el periódico La República, que “apelamos a la indignación, queríamos que la gente saliera a votar verraca (de mal genio)”, por ejemplo “la imagen de Santos y ‘Timochenko’ con un mensaje de por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba en la olla, la publiqué en Facebook y tuvo un alcance de seis millones”.

 

La profundización de esta campaña fue mandar el mensaje direccionado para ‘sacar la piedra de los electores’, por estrato y ubicación geográfica, afirmó el excandidato del Centro Democrático: “En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios”; “en cuanto al segmento en cada región utilizamos sus respectivos acentos: en la Costa individualizamos el mensaje de que nos íbamos a convertir en Venezuela; y aquí (Antioquia y Eje Cafetero) el No ganó sin pagar un peso. En ocho municipios del Cauca pasamos propaganda por radio la noche del sábado centrada en víctimas”.

 

La campaña por el No costó cerca de $1.300 millones que aportaron 30 personas naturales y 30 empresas. Los principales financiadores de esta sucia campaña (estrategia de la “clínica del rumor”, la llaman los asesores políticos) fueron entre ellas la Organización Ardila Lülle (RCN, Win, Postobón, Atlético Nacional, Heineken), Grupo Bolívar (Seguros Bolívar, Davivienda, Codiscos), Grupo Uribe (Mango, Sprit, Naf Naf París, Chevignon, Americanino), Grupo Corbeta (AKT, Alkosto, K-Tronik, Foton, Castrol), cuyos presidentes y propietarios respectivamente son Carlos Ardila Lüle, José Alejo Cortes, Manuel Santiago Mejía Carlos Gilberto Uribe y la familia Díaz, los tres últimos empresarios antioqueños cercanos al expresidente Álvaro Uribe. La organización Ardilla Lule, propietaria de RCN (radio y televisión), desde el canal de televisión su directora, Claudia Gurisatti, fue una de las principales críticas de los acuerdos y compulsiva promotora de la campaña del No.

 

En paralelo, los líderes del Centro Democrático llamaron en su auxilio a las iglesias cristianas y evangélicas, para adoctrinar a sus creyentes en contra de los acuerdos de paz entre la insurgencia y el gobierno. En particular atacaron el enfoque de género de los acuerdos de paz y desinformaron con los riesgos que enfrenta la familia y las instituciones ante las políticas que promueven las libertades de identidad sexual.

 

Los resultados del plebiscito muestra la fuerza de los grupos de extrema derecha en Colombia, su capacidad para conectarse con un amplio segmento social, realidad que realza, al mismo tiempo, la incapacidad de la izquierda para comprender sus formas de ser, su enraizamiento cultural y sus capacidades, más allá de su ser violento. Además, se ponen de presente las fracturas y conflictos entre las fuerzas de las clases y fracciones de clase; en concreto entre el latifundismo premoderno y las ideologías de extrema derecha que representan el Centro Democrático y el Partido Conservador, de una parte, y la oligarquía modernizante y transnacional que representa el santismo, de otra parte.

 

 

 

 

Miedo a la verdad

 

Las Naciones Unidas han indicado que en los procesos de paz debe respetarse plenamente el derecho de las víctimas a la verdad, a la justicia y a obtener reparación y garantías de no repetición. La verdad consiste en el reconocimiento que la sociedad y las instituciones hacen acerca de las violaciones cometidas, las víctimas perjudicadas por ellas y los responsables de tales hechos. El derecho a la justicia permite el reconocimiento de las víctimas; las respalda en sus reclamos y exigencias, las protege y reestablece formalmente sus derechos. La reparación es el mecanismo fundamental para hacer justicia a las víctimas y evitar la repetición de las violaciones; mediante la reparación se identifica el daño, se reconoce a las víctimas, se les protegen sus derechos y se busca anular los efectos de las violaciones que han sido cometidas.

 

El principal miedo que tiene la ultraderecha en Colombia es que se conozca la verdad; esto es, que un día nuestra sociedad y la opinión pública mundial conozcan la verdad sobre los autores del genocidio ocurrido en el país durante los últimos sesenta años. Los líderes de estos partidos políticos, movimientos sociales, iglesias, militares y grupos paramilitares, intelectuales de derecha, burócratas, empresarios, empresarios, dueños de los medios de comunicación y representantes de las transnacionales buscan por todos los medios enterrar la verdad y evitar ser juzgados por crímenes de lesa humanidad.
En particular, como lo afirmó el exalcalde de Bogotá Gustavo Petro: “El gran temor de Álvaro Uribe es que los militares que están incursos en delitos en medio del conflicto confiesen ante el Tribunal Especial. Uribe le tiene pavor a que los militares hablen y los lleva a un sacrificio, les pide que no vayan al Tribunal Especial, que se quite ese organismo y que vayan a la justicia ordinaria, con lo cual los está es condenando literalmente a la Corte Penal Internacional. Solo porque él no quiere que hablen”.

 

Los artículos 5º y 7º del Estatuto de la Corte Penal Internacional –aprobado en Colombia por la Ley 742 de 2002– incluyen estos crímenes entre las conductas punibles sobre las cuales ejerce su competencia ese alto tribunal. Un crimen de lesa humanidad es el que por su carácter especialmente grave ofende no sólo a la víctima, sino a toda la familia humana.

 

El Punto 5 del acuerdo de paz contiene el tema de “Víctimas”. Desde el Encuentro Exploratorio de 2012 entre el Gobierno Nacional y las Farc-Ep, se acordó que el resarcimiento de las víctimas debería estar en el centro de cualquier acuerdo. En el firmado, crean el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, que contribuye a la lucha contra la impunidad combinando mecanismos judiciales que permiten la investigación y sanción de las graves violaciones a los derechos humanos y las graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario, con mecanismos extrajudiciales complementarios que contribuyan al esclarecimiento de la verdad de lo ocurrido, la búsqueda de los seres queridos desaparecidos y la reparación del daño causado a personas, a colectivos y a territorios enteros.

 

El filósofo griego Aristóteles solía decir que “No basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad”.

 

 

 

 

La encrucijada

 

Colombia se encuentra ante una situación difícil o comprometida en que hay varias posibilidades de actuación; sus actores sociales y políticos alternativos parecieran no saber cuál de ellas escoger. Esta es una de las encrucijadas decisivas de su historia, que requiere buscar una gran confluencia por la paz y la solución negociada al conflicto bélico interno, que implique justicia social y una novedosa y protagónica participación de su ciudadanía en el diseño y definición de su presente y futuro inmediato, y mucho más allá.

 

Es importante impedir un acuerdo excluyente, entre las oligarquías que han conducido históricamente al desastre de país que tenemos. No es posible, en pleno siglo XXI, otro Frente Nacional para el beneficio de las clases dominantes. Su sociedad democrática (en particular la clase trabajadora, los movimientos sociales, los defensores de derechos humanos, la intelectualidad orgánica y los partidos políticos de izquierda) debe enfrentar, de manera decidida, al sector minoritario alineado con las ideologías de extrema derecha y las lógicas de guerra y exclusión, con sus fines deshumanizantes y sus actividades explotadoras del trabajo nacional y depredadoras y rentistas de la riqueza territorial mediante el modelo neoliberal que arbitraria y violentamente impusieron al país. Pero estos núcleos sociales demócratas también deben enfrentar al conjunto de la clase dominante que encabeza el actual modelo económico, político y social dominante en nuestro territorio, a partir del cual se excluye a las mayorías de los beneficios de su trabajo y esfuerzo, criminalizando sus protestas e inconformidad. Es necesario que estos núcleos democráticos, conciten el favor mayoritario del país en pro de un emplazamiento al gobierno de turno, a partir del cual quede claro que la paz sin justicia económica, y sin transformar el modelo de acumulación no es soportable en el tiempo. Impedir que la anunciada reforma tributaria sea aprobada sería el primer reto de este emplazamiento.

 

En los acuerdos de paz firmados, con el ánimo de consolidar aún más las bases sobre las que se edificaría la paz y la reconciliación nacional, una vez realizado el plebiscito que debía refrendar política y popularmente estos acuerdos, se comprometían a convocar a todos los partidos, movimientos políticos y sociales, y a todas las fuerzas vivas del país a concertar un gran Acuerdo político nacional, encaminado a definir las reformas y ajustes institucionales necesarios para atender los retos que la paz demande, poniendo en marcha un nuevo marco de convivencia política y social. Con la crisis política generada por los resultados del plebiscito, este compromiso y propósito es más necesarios que nunca.

 


 

* Economista político y filósofo humanista. Docente de la especialización en Derechos humanos de la UPTC. Integrante de los comités editoriales de los periódicos desdeabajo y Le Monde diplomatique edición Colombia. Integrante del Centro interdisciplinario de Derechos sociales y desarrollo, Cartagena de Indias.
1 No obstante, dentro de cada uno de los grupos del Sí y el No están presentes una variedad de estratos socioeconómicos unidos por factores ideológicos principalmente.
2 Zizek, Slavoj; (2016). Contragolpe absoluto. Para una refundación del materialismo dialéctico. Ediciones Akal, España, p. 111.
3 García, Antonio; (1981). ¿A dónde va Colombia? Tiempo americano editores Ltda., Colombia, p. 16.
4 Revista Insurrección N° 549
5 Conflicto que causó 300.000 asesinatos y el desplazamiento forzoso de más de dos millones de personas, equivalente casi a una quinta parte de la población total de Colombia, que para ese entonces alcanzaba los 11 millones de habitantes La superación de este período se realizó a través de un pacto de élites conocido como "Frente Nacional", vigente en Colombia entre 1958 y 1974, caracterizado por el reparto del poder entre las oligarquías y la exclusión política de los sectores populares.

Lunes, 26 Septiembre 2016 14:28

La Colonia y el primer acuerdo de paz

La Colonia y el primer acuerdo de paz

“El camino más corto hacia el futuro es aquel que pasa por el conocimiento más profundo del pasado”, esta bella frase de Aimé Césaire nos motiva para revisar nuestra historia como nación y establecer las luchas lideradas por diferentes pueblos contra el poder, la esclavitud y la opresión, y parte de los logros alcanzados con su resistencia, entre ellos, la libertad, la tierra, y su mismo reconocimiento a través de acuerdos de paz. Aquí el primero de ellos.

 

El próximo dos de octubre se votará el plebiscito para la refrendación de los acuerdos de paz, que pone fin al conflicto armado entre la guerrilla alzada en armas más antigua del mundo y el gobierno colombiano, fin de una guerra que nos sitúa en el camino de una nueva esperanza y de unas nuevas responsabilidades como nación, una oportunidad sin duda histórica. La memoria es uno de esos desafíos, por eso vale la pena ahondar en los recuerdos y construir una historia más incluyente donde sean preponderantes los relatos no oficiales.

 

Por eso, y hablando precisamente de acuerdos de paz, viene bien hacer una rápida genealogía que nos lleve a los primeros procesos de paz en nuestro territorio. Así como sabemos que el acuerdo de Qadesh firmado en el 1259 a.C entre el pueblo egipcio y el hitita –que hoy reposa en el Museo Arqueológico de Estambul– es el primer acuerdo de paz del mundo, deberíamos saber cuál fue el primer acuerdo de este talante logrado en Colombia.

 

La nuestra es una sociedad acostumbrada al olvido, que suele mirar con un sentido histórico muy corto los sucesos que le acontecen, por eso quienes critican el proceso de paz acuden a esa amnesia colectiva, pero además como los ejercicios de memoria aportan rutas fundamentales a las sociedades, la invitación es a recordar. Hay que buscar desandar los pasos, como dice Aimé Césaire “el camino más corto hacia el futuro es aquel que pasa por el conocimiento más profundo del pasado”.

 

Recordemos pues que el proceso entre el gobierno Santos y las Farc empezó oficialmente el 4 de septiembre de 2012, recordemos también que tenemos como precedentes en este siglo el proceso bastante controversial de Uribe con los paramilitares, o el de Pastrana con las mismas Farc, el cual terminó el 20 de febrero de 2002. Hasta ahí todo muy bien.


Echando más para atrás la madeja, tenemos el proceso de Gaviria con el partido revolucionario de los trabajadores (Prt), el movimiento indígena Quintin Lame, y una fracción del Eln, y un sector mayoritario del Epl; aquí cabe mencionar la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar formada por las Farc, el Epl, el Eln, el M-19, el Quintin Lame, el Prt y los acuerdos llevados en Tlaxcala México con el gobierno Gaviria, diálogos que llegan a su fin en mayo 4 de 1992. Aquí a una parte de la sociedad ya le empieza a faltar fichas en su banco de recuerdos.

 

Retrocediendo un poco más la trama tenemos, en esta hermenéutica, los acuerdos de Virgilio Barco con el M-19 el 9 marzo del 90 y con el Epl el 16 de mayo del 90. Un poco más atrás, en el 84, están los acuerdos entre el gobierno Betancur con las Farc en la Uribe-Meta, hecho que ya son menos los que tienen en mente al hablar de negociaciones de paz.

 

Llegado a este punto, la memoria colectiva pareciera pues mucho más difusa, pero aún muchos podrán recordar la amnistía del 53, en pleno meollo del actual conflicto, aprobada por el gobierno de Rojas Pinilla a las guerrillas liberales lideradas por Guadalupe Salcedo, asesinado luego de desmovilizarse, silenciado para que su grito llanero quedara reducido a un susurro, disperso en el tiempo, pero que la evocación honda transforma en rugido.

 

Más atrás, en esta línea histórica que nos hemos trazado, parece que el recuerdo se transforma en un manchón informe, ininteligible a causa del desarraigo al que hemos sido atados desde nuestro doloroso inicio como pueblo, desde la herida colonial que aún no cicatriza, de modo que a este punto el olvido ya parece un alzheimer virulento.

 

Y aunque hay quienes insistirán en decir que la historia de nuestro pueblo tiene como punto cero 1819, lo cierto es que los acontecimientos de la Colonia desembocan en los de la República, los fundan, pues el carácter de una sociedad deviene de una continuidad temporo-espacial que no cede a disecciones caprichosas a posteriori: lo que somos hoy es consecuencia de lo que fuimos. Precisamente, es hasta la Colonia hasta donde rebobinaremos lo que fuimos en materia de acuerdos de paz.

 

Durante ésta, en medio del violento sometimiento a las encomiendas ejercido por los conquistadores españoles, la Cacica Gaitana reaccionó con un levantamiento armado seguido por los Nasas (Paeces), Piramas, Yalcones y otros pueblos a mediados del siglo XVI, una dura resistencia prolongada por casi un siglo en los territorios de Huila y Cauca, luego de los cuales el Cacique Calarcá, al frente de los Pijaos, prolonga la resistencia a inicios del siglo XVII en lo que hoy es conocido como Tolima, lucha que heredaría el dirigente Juan Tama.


Juan Tama se inclinó por resolver las hostilidades armadas a través del diálogo, de este modo la Corona, ante la incapacidad de la reducción militar de la rebelión, llegó a unos acuerdos de los que deriva el Título Juan Tama y Calamba, título de tierras entregado en 1700 a los nasa como resultado de tales luchas, el mismo que aún hoy los indígenas del norte del Cauca aún reivindican, pues desde el poder los continúan desconociendo. De dicho título vienen los territorios indígenas de Jambaló, Vitoncó, San Francisco de Caldono, Quichaya y Pitayó.

 

Por otra parte, unos años más atrás, los esclavizados que se fugaban del sistema huían a los montes y establecían asentamientos libres, donde recreaban una cultura con fuertes raíces africanas. Estas comunidades, expandidas por los Montes de María durante los siglos XVI y XVII, luego serían ubicuas por toda Colombia durante el siglo XVIII.

 

Así, con San Miguel Arcangel, La Matuna, Limón, Duanga, Joyanca, María Angola, Sanagual, Manuel Embuyla o Manuel Mula, Arroyo Piñuela, Zaragocilla, todos palenques de los Montes de María, se da inicio a las luchas por la libertad en territorio nacional, pero, además con San Basilio de Palenque se rememora otro acontecimiento histórico: fue el pueblo protagonista de los primeros Acuerdos o pactos de Paz en la historia del territorio colombiano.

 

De modo que Benkos Biohó, o Domingo Biojó como figura en los archivos coloniales, hace parte no sólo de los precursores de la independencia y la libertad en América Latina, sino que además también sienta un precedente importante en cuanto a los procesos de paz.

 

El primero de ellos fue llevado a cabo por el mismo Benkos Biohó y está fechado el 18 de julio de 1605. Ante la imposibilidad de la reducción militar de los cimarrones, el gobernador de Cartagena, Don Gerónimo de Suazo y Casasola, informó al rey de España:

 

“[...] me ynbiaron a pedir la paz y por considerar las dificultades que avía para acabarlos con ser tan pocos y ser necesario hacer tanta costa para ello como si fueran muchos me resolví en concederles paz por un año según de la manera que se capituló con ellos”.1

El segundo acuerdo fue liderado 75 años después por el guerrero negro Domingo Criollo y con la mediación de Fray Baltazar de la Fuente Robledo, el documento que lo constata es la Real Cédula que data del 23 de agosto de 1691.

 

Los siguientes fueron los puntos de aquel acuerdo de paz:

 

Reconocimiento de la emancipación, sin lugar a actos punitivos.
Demarcación del territorio con derecho a su uso productivo.
Trato jurídico igual a cualquiera que nunca hubiera sido esclavo.
Gobierno autónomo.
En caso de disolución serían tratados como vasallos alzados.
Por su parte, el acuerdo implicaba no seguir en combate y no aceptar más cimarrones dentro del Palenque.2

 

Finalmente, hacia 1713 en los Montes de María culminaría este acuerdo con el Entente Cordiale, firmado por el obispo Fray Antonio María Cassiani, de la Orden de San Basilio, en calidad de canciller de paz de la Corona española. El Entente Cordiale sería ratificado y precisado a través de algunas capitulaciones.

 

Así, mientras el resto del continente seguía bajo el yugo de las metrópolis europeas, en los Montes de María llegaba a feliz término este primer acuerdo de paz, a través del cual se confería autonomía a este Palenque, convirtiéndose en el primer pueblo libre de América.

 

De este modo, hace 325 años que tomó forma el primer acuerdo de paz en nuestro territorio, pacto pionero que debería considerarse en adelante como nuestro acuerdo de Qadesh, y así como una copia del primer acuerdo del mundo que adorna el edificio de Naciones Unidas en Nueva York –para recordar que las diferencias pueden solucionarse a través del diálogo–, quizá nuestra piedra angular, el acuerdo de 1691, algún día engalane las paredes del capitolio nacional, recordando la necesidad y el deber de legislar para la paz, de anteponer siempre las salidas políticas a las militares, para alejar la guerra y exorcizar sus horrores.

 

Ojalá, hacia delante, la paz sea el compromiso de una sociedad que aprende a recordar y a caminar hacia el futuro de la mano del pasado, avanzando de frente con nuestras raíces hacia un mundo mejor.

 

* Antropóloga e investigadora
1 Arrázola 1970, Palenque primer pueblo libre de América.
2 Ídem.

Publicado enEdición Nº228