Viernes, 03 Junio 2016 08:12

Stalin, Putin y Assad van a la ópera

Stalin, Putin y Assad van a la ópera

“Blitzkrieg –la ‘guerra relámpago’– es una especialidad alemana”.

Todo lo que sabemos de la historia nos convence del carácter definitivo e inamovible de esta frase. El propio nombre hace su parte: despertados en medio de la noche citamos la invasión de Hitler a Polonia (1/9/39) como su más clásico ejemplo.


Sin embargo, un mes antes, en la frontera entre Mongolia y Manchuria Stalin ordena a Zhukov desencadenar su propia Blitzkrieg. Un combinado y masivo ataque por aire y tierra, una gran ofensiva en Khalkin-Gol arrasa con las fuerzas invasoras japonesas; el frente en el lejano Oriente queda asegurado y los soviéticos –firmando antes el pacto con los nazis– también invaden Polonia (17/9/39).


En 1941 son precisamente las tropas orientales de Zhukov que por milagro paran a Wehrmacht en las puertas de Moscú, cuando Hitler se vuelve en contra de su antiguo aliado. La invasión toma a Stalin por sorpresa.


En principio la guerra no le va bien, pero poco a poco, movilizando a toda la nación, logra repeler a los alemanes y retomar la iniciativa (a partir de Stalingrado); una parte importante en este esfuerzo la tienen los compositores y los músicos.


Al calor de la Gran Guerra Patria (1941-45) y en condiciones particulares de la política cultural soviética, en la URSS se forja una peculiar versión de la vieja fusión entre guerra y música.


Pero la Blitzkrieg musical ya es un invento de Putin e intento de elevar aquel legado a un nivel superior. Todo empieza con el gambito sirio –la entrada al conflicto en Medio Oriente– que le permite cambiar el terreno después de lo de Ucrania, giro que toma a la mayoría de los analistas por sorpresa (30/9/15).


Pasa por una igualmente sorprendente retirada parcial de Siria (14/3/16) tras una exitosa campaña de bombardeo de las posiciones del Estado Islámico (EI).


Y culmina con el aún más sorprendente concierto en la antigua ciudad romana de Palmira, liberada con apoyo de la aviación rusa y luego desminada por sus tropas (Praying for Palmyra, 5/5/16).


El acto protagonizado por la orquesta del Teatro y Opera Mariinski de San Petersburgo se celebra exactamente en el mismo lugar donde antes el EI había escenificado las ejecuciones sumarias.


“Este concierto es un símbolo de victoria de la civilización sobre la barbarie –dice Valeri Guérguiev, el jefe de la orquesta– y prueba de que la muerte y la destrucción siempre serán remplazadas por la cultura y la civilización”.


También es un símbolo de victoria de la campaña-relámpago de Rusia y prueba de su poderío militar.


“Los músicos del Mariinski se ven como un comando de fuerzas especiales enviado al desierto en una ‘misión cultural’ empuñando sus instrumentos como armas”, apunta David Yearsley (Counterpunch, 20/5/16).


El programa es corto y austero: la Chacona, de J.S. Bach, de la Partita no. 2 (BWV 1004); Quadrille de la ópera No solo el amor (1961), de Rodion Shchredin, y la célebre –y brevísima como para su género– Sinfonía Clásica (1917), de Serguéi Prokófiev.


Los artistas –apenas una fracción del conjunto original–, visiblemente nerviosos por la cercanía del frente, pasan tan rápido como pueden de una pieza a la otra y de una parte de la sinfonía a la siguiente.


Al inicio, Putin transmite desde Moscú el discurso en que festeja el triunfo del bien sobre el mal del terrorismo; aún así el público –tropas sirias y rusas, delegados de la Unesco y otros civiles– mira tanto al escenario como a sus alrededores.


Al final, el presidente ruso se queda con las ganas de ir en persona al anfiteatro de Palmira junto con su amigo Al-Assad, tal como en otra ocasión va a la Ópera de Cairo con su amigo El-Sisi celebrando la venta de armas y la alianza contra el terror similar a la que tiene con Siria.


Que para el-Sisi igual que para Al-Assad –ambos con manos en sangre– el terrorismo sea el sinónimo de oposición, es lo de menos; tocan El lago de los cisnes, de Chaikovski, y Aída, de Verdi (The Independent, 9/2/15).


La música se mezcla con la guerra como en los viejos tiempos, pero las épocas son diferentes.


Putin quiere tener cerca a gente de talla artística y renombre internacional, como Guérguiev, que está a su lado durante la guerra con Georgia (2008), el conflicto en Ucrania y le ayuda a legitimar la operación en Siria, pero no pretende determinar sus vidas y destinos.


Esto ya es el dominio del estalinismo. Pensemos en Prokófiev.


Regresando a la URSS, apenas en 1936 tiene toda la voluntad de encajar en la realidad soviética, pero no entiende nada de ella; a diferencia de Shostakóvich, que sufre igual pero conoce las reglas de juego, no sabe cómo comportarse. Todo lo que hace Prokófiev está mal: el ballet Romeo y Julieta (1935) está mal; la monumental Cantata para el XX aniversario de la Revolución de Octubre (1937), basada en los textos de Marx, Lenin y Stalin, está mal.


Mientras Shostakovich inventa su sistema dual –obras oficiales/personales– que le permite componer y sobrevivir, a él le rechazan tanto las piezas íntimas (por modernistas), como las propagandísticas (por vulgares).


En 1939 finalmente logra congraciarse con el régimen. Compone Zdrávitsa, una cantata para el 60 cumpleaños de Stalin, retratándolo como una suerte de Dios de vegetación, fertilidad y crecimiento (¡sic!).


La guerra inesperadamente trae más libertad artística: entre 1939 y 1944 Prokófiev compone tres importantes piezas para piano, complejas y muy a contrapelo de los cánones estalinistas: las llamadas Sonatas de Guerra (No. 6, 7 y 8).


La No. 7 –brutal, vital y llena de colisiones rítmicas y sonoras que suena en este momento en la gran interpretación de Alexei Lubimov (ECM, 2005)– es galardonada (paradójicamente...) con el Premio Stalin de primer grado (la No. 6 con la del segundo).


La invasión alemana lo lleva también a componer la ópera basada en Guerra y paz, de Tolstoi, una gran pieza que desde hace años es una especialidad de Guérguiev y del Teatro Mariinski.


Quedaría bien para el concierto en Palmira. Solo que dura cuatro horas (en cambio la Sinfonía Clásica son más o menos 15 minutos y queda ejecutada en 13...). Nadie aguantaría tanta tensión en la zona de guerra ni el sol inclemente.


Entonces: ¿Blitzkrieg o tal vez un “musical ‘hit-and-run tactics’”?


*Periodista polaco
Twitter: @periodistapl

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Hablar de Etb es hablar de la historia de Bogotá, de Colombia y el continente americano

Hablar de ETB es hablar de la historia de Bogotá, de Colombia y el continente americano. ETB nace a las 3 de la tarde del 28 de Agosto de 1884 bajo el gobierno del cartagenero Rafaél Nuñez, su nombre fue el de Compañía Colombiana de Teléfonos. Ubicada en la Calle de la Concepción (Calle 13 con Carrera 7ª ) de la ciudad de Bogotá, inicia labores con tres empleados, dos conmutadores y 200 líneas telefónicas inicialmente de uso estatal.

 

ETB nace 8 años después de la patente del teléfono, ETB fue fundada por un cubano y su antigüedad adquiere un valor histórico cuando entendemos que fue una de las primeras empresas de teléfonos del continente americano, ETB nació nueve años antes que la transnacional de telefonía norteamericana AT&T fundada en 1893, también es más antigua que las históricas TELCO Argentina, Chile y Brasil fundadas para finales del siglo XIX, igualmente es más antigua que la histórica TELECOM Colombia fundada el 23 de Mayo de 1947 y lastimozamente privatizada en la década del 90.

 

ETB nació, se expandió y un incendio la devoró en 1900, pero solo bastaron seis años para renacer bajo el nombre de The Bogotá Telephone Company (1906), con nueva sede ubicada en la plaza de Las Nieves, la sede actual en la que se levantó el emblemático edificio que hoy nos da sombra a todos los caminantes del septimazo de Bogotá.

 

ETB fue vendida en 1912 a la empresa norteamericana General Electric en cuya posesión duró aproximadamente 28 años; años de duras huelgas sindicales en donde un estudiante de derecho llamado Jorge Eliécer Gaitán representó a los telefonistas para ese entonces ya sindicalizados. Para 1940 ETB es comprada por el entonces municipio de Bogotá, bajo la presidencia de Eduardo Santos, abuelo del actual presidente Juan Manuel Santos. Para ese entonces con poco más de 8 mil líneas telefónicas la hoy conocida Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá ETB vive los estertores de la innovación tecnológica de la época, pasa de operadoras manuales a automatización en tan solo 5 años, extiende cableado y saca el teléfono de las casas para volverlo bien público con los teléfonos de monedero de calle. Para ese entonces - 1960 - solo los ciudadanos de 4 ciudades capitales de américa latina poseían esos beneficios de comunicación: Sao Paulo, Buenos Aires, Santiago de Chile y Bogotá, ETB fue la segunda en avanzar en accesibilidad de comunicaciones, la primera fue Brasil. Para la década del 70, ETB contaba ya con 400 mil usuarios, para finales de la misma ya eran más de 600 mil.

 

La historia de las telecomunicaciones de Colombia se debe gracias a los técnicos y técnicas que han hecho vida en ETB. Encargados de las telecomunicaciones, luego responsables de la semaforización de Bogotá, 40 años después son los responsables de la primera datacenter pública tier3 de Colombia, la segunda antena de televisión digital más tecnologizada del continente, y el tendido de cable FTTH (Fibra Óptica) que hoy cubre el 80% del territorio de la tercera ciudad más grande de América Latina, igualmente de ser los encargados del sistema de telefonía pública 4G de la ciudad, entre otros.

 

A lo largo de sus 132 años de vida, ha ETB no le han faltado los enemigos. Han sido 13 los intentos de privatización,13 intentos de privatización que se han traducido en 13 victorias de lo público, por supuesto. Sin duda ETB podría ser uno de los paradigmas de la lucha social ciudadana por la tenencia de lo público, efectivamente lo es.

 

Hoy ETB avecina un nuevo intento de privatización, ahora bajo la Alcaldía de Enrique Peñalosa y la presidencia de la compañía en nombre de Jorge Castellanos, el primero se lanza al segundo round de privatización (1998 - 2016), el segundo ya posee títulos: fue el privatizador del banco público Bancafé.

 

ETB atraviesa la historia de Bogotá, de Colombia y de América Latina. ETB nació en los albores de la segunda revolución tecnológica del siglo XIX y en dicho contexto la intentaron arrebatar a la ciudadanía, varias veces. Hoy, en el siglo XXI ETB salta de la telefonía estática a internet, a las centrales de datos, a la televisión interactiva, al 4G y nuevamente asoman sus enemigos históricos, los de ayer, los de hoy.

 

Se avecinan grandes luchas en Bogotá, ya son más de 4 generaciones las que han protegido a la ETB para garantizarle a las generaciones venideras sus frutos, hoy nos toca a nosotros defenderla, nos debemos al pasado y queremos que el futuro nos vea con ojos de agradecimiento. Los ciudadanos del ayer gozaron de sus beneficios, de sus innovaciones y nos tendieron el camino que hoy gozamos: internet. ETB es Internet y tecnología de última generación, ETB es el epicentro escudo que protegerá a los ciudadanos de hoy y de mañana de las guerras de cuarta generación en Bogotá, ETB es la infraestructura desde la cual podemos garantizar un nuevo escenario de resistencia en territorio público, ETB es más que teléfonos, es el epicentro de una generación histórica de luchas por la tenencia pública de las telecomunicaciones, un bien estratégico para todo país y ciudad que piensa en su futuro.

 

 

Stitio web de la Fundación Casa del Bosque: http://fcbosque.org/

 

 

 

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“El escritor es y debe ser una consciencia de la sociedad”: Philip Potdevin

El escritor caleño habla sobre su más reciente novela 'En esta borrasca formidable', una historia sobre la Regeneración, el periodo que siguió a la constitución de 1886, y el asesinato de Rafael Uribe Uribe.

Publicada por Ediciones Desde Abajo, En esta borrasca formidable, de Philip Potdevin (Cali, 1958), reconstruye desde la ficción una época que definió el destino de la patria colombiana: los años posteriores a la constitución del 1886, el apogeo de lo que se conoce con el nombre de regeneración. Inscrita en la tendencia de la actual novela histórica, la narración de Potdevin hace parte de ese grupo de obras que exploran el pasado nacional en busca de las respuestas de nuestro presente.


No deja de llamar la atención de que en alguna parte haya usted dicho que su novela En esta borrasca formidable nació de un debate que involucró a Luis López de Mesa y a Miguel Jiménez López, dos médicos colombianos. ¿Cuál fue el proceso que le llevó a pasar de ese germen a una novela que enfrenta el tema del asesinato de Uribe Uribe?


Hace aproximadamente diez años yo adelantaba una Maestría en Historia y mi trabajo de grado era en torno al debate de 1920 entre López de Mesa, Jiménez López y otros científicos e intelectuales. El tema era fascinante, pero complejo, amplio: dos médicos del establishment sostenían que la raza nuestra estaba degenerada y que la solución era "blanquearla" a través de la inmigración masiva de centro-europeos como había sucedido ya a fines del s. XIX en los países del sur del continente. El trabajo se comenzó a ralentizar hasta que se detuvo por completo y así se quedó un par de años. Un día me di cuenta de que allí había una novela en potencia de inmensas posibilidades, no solo históricas sino ficcionales.


El asunto, hoy día, de una raza degenerada suena absurdo, pero en ese momento, 1920, la intelectualidad colombiana se lo tomó en serio y se prendió el debate; así que decidí incrustar un personaje "perfecto" para antagonizar con la tesis de los dos médicos: un ser pequeñito, feíto, de origen humilde, oscuro de piel, jorobado y descaderado, pero dotado y preparado intelectualmente, capaz de dejar perpleja a la "Academia" capitalina. Al investigar el trasfondo histórico de la época, fui encontrando personajes reales que parecían de novela: principalmente uno que aparece poco, casi nada, en los libros de historia, —lo cual dice mucho de quién escribe la Historia oficial del país y qué dice y qué calla—pero que en realidad era quien controlaba los hilos del país, y así lo hizo casi por cuarenta años hasta su muerte en 1928, con discreción, pero a la vez, con un poder ilimitado: el arzobispo de Bogotá. Este era quien ponía y quitaba a cada Presidente conservador de turno. Halando hilos aquí y allá, fui descubriendo la trama que me llevaría al asesinato del principal líder liberal de la época: el general Uribe Uribe. La tesis de historia tuvo que esperar hasta que la novela fuera escrita para después ser retomada y concluida.


Hijo de padre desconocido y de una cocinera, Isidoro Amorocho es un personaje excepcional: maneja varios idiomas y domina buena parte del conocimiento de la época. ¿Cómo construyó la identidad de este personaje capital para su novela?


Isidoro es un muchacho de provincia y, por su origen —algunos, el arzobispo, entre otros, lo acusarán de ser hijo espúreo de su mentor religioso—, era imposible que hubiera accedido a una educación formal. Se forma como autodidacta pero a la luz de dos mentores providenciales en su vida: uno, el sacerdote eudista Blanchot, quien dirige el Seminario Mayor de Santa Rosa de Osos, y le abre las puertas de la biblioteca. Isidoro lee vorazmente y allí aprende, aunque con pésima pronunciación, idiomas como el francés, el alemán, el latín, el griego. Pero la biblioteca del Seminario, es claro, solo le puede brindar textos clásicos y de corte religioso. Pero es precisamente un amigo de Blanchot, Indalecio Estibañez, el único liberal de Santa Rosa, un paisa buscador de oro, masón y ateo, y también dueño de una portentosa biblioteca (esa si llena de libros de ideología liberal, socialista y hasta revolucionaria), quien le permite a Isidoro redondear su cultura. Por eso, y dado que el muchacho compensa sus impedimentos físicos con su actividad intelectual, llega a la capital ya formado intelectualmente, pero esencialmente un muchacho de provincia, campechano, osado y altivo en su conocimiento, pero inexperto en todo tipo de situaciones sociales y, por supuesto, amorosas, un tipo bastante ingenuo.


Antes de continuar con el libro, hablemos del rol que en su opinión juega la novela histórica y los autores que la cultivan en un país como el nuestro que no se distingue por su consciencia histórica.


Es un tema interesante, fascinante. La novela histórica es un género muy amplio; y allí siempre habrá posibilidades para el novelista. Hoy día se ha puesto de moda a través de los bestsellers de ochocientas o más páginas que tienen su público; sin embargo, a mí me interesa la novela histórica que lleve a la reflexión, a repensar el pasado; a hacerse preguntas críticas, a no asumir todo lo aprendido y escuchado como verdad. La Historia siempre —o casi siempre— ha sido narrada por los vencedores, no por los vencidos; así que nos vamos quedando con versiones "oficiales" de los hechos, de los acontecimientos. La novela 1984 de George Orwell es un buen ejemplo de cómo se manipula la historia por los regímenes totalitarios. En el caso nuestro, en Colombia, creo que el género de la novela histórica ha sido bastante inexplorado; no que no se haya tocado, ni mucho menos, El general en su laberinto es un magnífico ejemplo, pero nuestra historia es tan rica, tan llena de matices, no solo de guerras y confrontaciones sino también en personajes, algunos de corte casi heroico, que hasta la fecha han pasado desapercibidos para historiadores y novelistas, que a veces me pregunto qué ha impedido a los escritores actuales para atreverse o interesarse más por este campo. Pienso que la verdadera posibilidad creativa es aquella en la que el novelista está en su oficio: creando ficción, mundos imaginarios, utopías, bien sea positivas o negativas, y a la vez, re-construyendo, recreando la historia. El entrecruzamiento entre ficción y realidad es quizás el asunto de mayor fascinación para cualquier novelista.


Aquí traigo una anécdota: el año pasado, en Medellín y con ocasión de la presentación de mi novela, intervino un señor, de cierta edad, que dijo: "ese personaje que usted menciona en la novela, el masón Indalecio Estibañez, yo lo conocí de niño cuando viví en Santa Rosa, y conocí su biblioteca; ese señor sí existió", reafirmó, muy orgulloso y por supuesto le di la razón, si bien mi personaje es ficticio y no fue inspirado en nadie en particular. Ahora bien, si en este proceso, de escribir la novela histórica, se encuentra la oportunidad de traer a la luz hechos soslayados, ignorados o deliberadamente silenciados por la Historia, —y que el novelista descubre o tienen acceso a través de sus pesquisas e investigaciones (el escritor siempre es un sabueso—) entonces tanto mejor: allí el novelista asume un rol de crítico frente a la sociedad, de desenmascarar silencios, de destapar verdades que siempre se han sabido pero que nadie se atreve a decir en voz alta. El escritor es y debe ser una consciencia de la sociedad. Usted tiene razón, a nuestro país le falta más consciencia histórica. Muchísimo más.


Uribe Uribe es uno más de los muchos mártires de la historia nacional. Luego de investigar sobre él, ¿a cuáles conclusiones llegó sobre el personaje y su época?


Solo puedo pensar en dos personajes —dejando a Bolívar y Santander de lado—de nuestra historia política (y sin tocar nuestra coyuntura actual) que han suscitado tantos sentimientos encontrados: Uribe Uribe y Gaitán. Uribe Uribe fue un tipo extremadamente inteligente, adelantado para su época, visionario, estudioso, aguerrido y ambicioso. Pero su faceta más importante es su evolución política, su capacidad de entender el contexto nacional y el futuro del país. Durante el s. XIX, fue esencialmente un guerrerista, pensaba que la única forma de defenderse de la hegemonía conservadora era a través de la guerra; por eso llamó a las armas una y otra vez, hasta la hecatombe de la Guerra de los mil Días, donde fue estruendosamente derrotado, junto con los demás jefes liberales como Benjamín Herrera y Lucas Caballero.


Pienso que esa guerra lo transformó, allí murió mucha gente, gente humilde, del campo, como siempre sucede en nuestros conflictos. Uribe Uribe aprendió y se transformó, entendió que solo a través de la política, limpia y cargada de ideas, podía lograr un cambio significativo en el país, un cambio que sacara a Colombia del oscurantismo en que lo tenía sumido el conservatismo y la Iglesia Católica; un país anclado en el s. XIX en donde era pecado ser liberal y para ser católico había que ser conservador. Por eso se acercó, casi en solitario, pues era el único senador liberal en el Congreso, al poder; ya no con las las armas, ya no apelando a la guerra, sino a través del debate, de escribir libros importantes como El socialismo de Estado, y De por qué ser liberal no es pecado.

Pero por supuesto, para los conservadores y para la Iglesia seguía siendo una amenaza horrible, el único colombiano capaz de poner en peligro la hegemonía conservadora —y el monopolio de la Iglesia sobre la educación y la conciencia de los colombianos— construida desde 1885 por Núñez; por eso estaba lleno de enemigos, enemigos que venían desde los años de la Guerra de los Mil Días y también, después, al ver su inexorable ascenso en la simpatía de las masas liberales, campesinas y obreras del país. Por eso, y cuando ya estaba a punto de ser presidente, y se había aliado estratégicamente con el presidente conservador Concha, es que se decide, por sus enemigos que había que sacarlo del camino, y de manera definitiva. Hoy, a cien años de su muerte, sus ideas parecen apenas de centro-izquierda, pero para la época era un revolucionario, un progresista, un inconforme con la situación del país.

 

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Domingo, 24 Abril 2016 06:40

Una vida quijotesca

Una vida quijotesca

Le bautizaron en octubre de 1547 en Alcalá de Henares, sin que haya constancia del día de su nacimiento.


Navegó el Mediterráneo y saboreó las hieles de las cárceles otomanas.


Caminó la Mancha y disfrutó de las mieles de las aventuras en la piel de su personaje más universal.

Murió en Madrid, empobrecido y sin ser todo lo reconocido en vida que hubiera merecido.


Tal día como hoy de hace cuatrocientos años se iba de este mundo, tras una vida quijotesca, uno de los padres de la literatura en lengua castellana. Moría Miguel de Cervantes Saavedra, el “manco de Lepanto”.


Nos dejaba la compañía de su alter ego, Alonso Quijano, uno de “sus hijos literarios”, que fueron y son muchos. Pero, sobre todo, nos regalaba la herencia del antihéroe de las novelas de caballerías, del hombre que luchaba contra lo que fuera con tal de defender lo que creía justo y salvaguardar la honra y el buen nombre de su amada.


Acompañado de la conciencia y la sensatez en la figura de su fiel escudero, don Quijote de la Mancha ha significado y significa la honradez y la defensa de las causas perdidas, la locura más cuerda y la cordura más loca.


Por eso eran, tanto Cervantes como Quijote, demócratas de izquierdas, tal como alguna vez lo señaló Germán Arciniegas. Porque se apartaban de lo que dictaban la razón y el juicio (definición de “izquierdear”).


No sabemos si Cervantes fue quijotesco o Quijote cervantino. O si ambos son la misma cosa y juntos nos han dado razones y motivos para quitarnos, a través de sus aventuras, las anteojeras y así poder ver el mundo con otra mirada. La de la inocencia y el deseo, la de la justicia y la equidad, vistiéndolas de locuras pasajeras para poderlas salvar de quienes no nos permiten soñar.

Envuelto todo ello en deseos de libertad y rebeldía, las que les daban fuerzas y argumentos para enfrentar gigantes, huestes malignas o malvados caballeros.


Frente a ellos, pero siempre a su lado, la sensatez de Sancho Panza que, pese a conocer la enferma y dura realidad, permite que luchemos por la sana e ilusionante utopía.


Decía Erasmo, otro artista de la locura, que “Nada hay más necio que hablar en serio de lo que es pura necedad, ni nada más divertido que hablar en broma de aquello que no se sospecharía que lo fuera”. Tal vez por eso Cervantes nos habla, entre bromas y aventuras alocadas, de las verdades de su tiempo cuestionando el statu quo y poniendo en solfa las artimañas de los poderes de entonces que no se alejan mucho de los de ahora: la economía, el Estado y la iglesia. A los que habría que añadir los medios y su eduentretenimiento.


En estos días de recuerdos del autor y de su personaje, se están llevando a cabo multitud de actos para celebrarlos a ambos, y al resto de protagonistas de la vida y el teatro creados por ese soldado de las letras.


En Bogotá, en la Biblioteca Luis Ángel Arango (BLAA) se ha inaugurado la exposición “16 personajes que maravillan y... Miguel de Cervantes”. Un recorrido por su vida y su obra a partir de las y los intérpretes de sus historias. Con 9 paneles en forma de libros abiertos, a los que se puede acceder a través de una puerta también en formato de un volumen publicado, se nos presentan retazos de sus textos y semblanzas de su existencia; acompañados de una larga mesa en la que se recoge, en orden cronológico, un recorrido por la propia historia de la vida de Cervantes y el contexto histórico y social de su época.


Inaugurada el 21 de abril con la presencia de la directora de la biblioteca, Natalia Ruiz Rodgers, y del embajador de España en Colombia, Ramón Gandarias, estará abierta al público hasta el 16 de junio del presente año. Está organizada por Acción Cultural Española con la colaboración del Banco de la República y cuenta con los dibujos de Pedro Moreno (premio Nacional de Teatro 2015).


En la exposición se encuentran y nos cuentan Galatea, Persiles y Segismunda, Rinconete y Cortadillo, Dorotea, el caballero de la Blanca Luna, los duques, el caballo de madera Clavileño, el licenciado Vidriera, la gitanilla, Chanfalla y los perros Cipión y Berganza. Y por supuesto, Sancho Panza y don Quijote y su creador el casi inefable Miguel de Cervantes.


La muestra es itinerante y visitará varias ciudades latinoamericanas a la vez que su réplica estará recorriendo parte de España.
También la capital colombiana acogerá otros actos y eventos en memoria del Quijote y su autor, o de Cervantes y su obra. En el teatro Colón se darán cita:


“Quijote, cabaret literario”, a cargo de la compañía L’explose Danza, dirigida por Tino Fernández, es una representación en donde la actriz Mónica Giraldo cuenta los seis primeros capítulos de El Quijote con el acompañamiento a la guitarra de Diego Bejarano y el baile flamenco de Marcela Hormaza.


“En un lugar del Quijote”, de la compañía española Ron Lalá que hace una adaptación libre y posmoderna del clásico de Cervantes “con espíritu dialéctico entre tradición y modernidad”, recreando “las correrías del caballero andante y su escudero y, simultáneamente, el proceso de escritura de la novela por parte de un Cervantes desencantado, sarcástico y lúcido espejo de la terrible situación social, económica y política de la España del Siglo de Oro”.


Además, en la propia BLAA se han programado otras actividades paralelas como: “Quijote a viva voz”, que invita a la lectura del libro ante el público; un ciclo de conferencias sobre la obra de Cervantes desde cuatro perspectivas, y una serie de talleres de (re) escritura creativa.


Todo esto y mucho más para resaltar la vida y la obra de un genio de las letras que, a falta de retratos autenticados, se describía a sí mismo como: “de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies.”


Su ingenio inmortalizó muchos lugares, situaciones y personajes, aunque tal vez el más conocido sea aquel que abre la obra considerada por muchos como el mejor trabajo literario jamás escrito, “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo...”.

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El Día de la Tierra: Entre el ambientalismo keynesiano y la ecología revolucionaria

ALAI AMLATINA, 22/04/2016.- El 22 de abril de 1970 unas 20 millones de personas en Estados Unidos participaron de un evento educativo nacional para el ambiente. Salieron a las calles, parques y auditorios para manifestarse en favor de la protección ambiental.

 

En ese día, el primer Día de la Tierra, “Miles de universidades organizaron protestas contra la destrucción del ambiente. Grupos que habían peleado contra derrames petroleros, fábricas y generadoras de electricidad contaminantes, aguas usadas sin tratamiento, basureros tóxicos, pesticidas, autopistas, la pérdida de áreas naturales, y la extinción de la vida silvestre de repente se dieron cuenta que compartían valores comunes”, según la página web EarthDay punto org. (http://sfenvironment.org/news/update/the-history-of-earth-day)

 

En la ciudad de Nueva York, el Día de la Tierra de 1970 fue nada menos que sensacional. “En una movida sin precedente, el entonces alcalde John V. Lindsay cerró la quinta avenida al tráfico vehicular desde el Parque Union Square hasta el Parque Central por dos horas, básicamente dejando el Midtown (parte central de Manhattan) con el tráfico paralizado. Un ‘carnaval ecológico’ tomó lugar en la calle 14 entre las avenidas tercera y séptima. Nelson Rockefeller, gobernador del estado de Nueva York, fue en bicicleta a la manifestación en Union Square y luego firmó legislación que creó el Departamento Estatal de Nueva York para la Conservación Ambiental. Se consideraba que la feria fue la mayor demostración en Union Square desde las manifestaciones socialistas de la década de 1930”, dijo el activista ambiental y autor Brian Tokar. (https://indypendent.org/2010/04/21/reclaiming-earth-day-climate-chaos-horizon-environmental-movement-needs-traction)

 

Este evento masivo marcó un punto de maduración y transformación del ambientalismo estadounidense y fue el nacimiento del movimiento ambientalista moderno como lo conocemos hoy. Antes del Día de la Tierra el ambiente no tenía un alto lugar entre las preocupaciones de la población. Según EarthDay punto org, “El auge de la cultura hippie y ‘flower-child’ en Estados Unidos, 1970 trajo la muerte de Jimi Hendrix, el último disco de los Beatles, y (la canción) ‘Bridge Over Troubled Water’ de Simon & Garfunkel. La protesta era la orden del día, pero salvar el planeta no era la causa. Había guerra en Vietnam y estudiantes de todo el país se oponían cada vez más. Para entonces, los estadounidenses tragaban gasolina con plomo a través de masivos vehículos sedan V8. La industria eructaba humo y cieno con poco temor a consecuencias legales o mala prensa. La contaminación del aire era aceptada comúnmente como el olor de la prosperidad. ‘Ambiente’ era una palabra que aparecía con más frecuencia en concursos de gramática que en las noticias de la tarde.”

 

Sin embargo, en la década de 1960 una conciencia ambiental se desarrollaba paulatinamente. En 1962 se publicó “Primavera Silenciosa” de Rachel Carson, un libro que abrió los ojos de millones de lectores a los peligros de los agrotóxicos para la salud humana y la vida silvestre. La industria química desató una sañosa campaña para desacreditar a Carson y su libro. Pero para el tiempo de su muerte en 1964 ella había sido ampliamente vindicada y “Primavera Silenciosa” se convirtió en uno de los textos ambientalistas más importantes de todos los tiempos. El activismo e investigación de Carson inspiró y movilizó a muchos de los académicos y activistas que luego organizaron el Día de la Tierra de 1970.

 

La idea de un día nacional en Estados Unidos dedicado a la educación ambiental a menudo se le atribuye al activista por la paz John McConnell, quien lo propuso en una conferencia de la UNESCO en San Francisco en marzo de 1969. Pero fue Gaylord Nelson, senador por el estado de Wisconsin, quien fue la fuerza motriz del Día de la Tierra de 1970. Hasta 1962 Nelson había sido “el gobernador de la conservación” de su estado, conocido así por sus medidas populares para limpiar ríos, proteger recursos naturales, crear empleos verdes y mejorar la infraestructura de recreación del estado. Según Nelson, una vez fue electo senador, “Seis años pasarían antes de que la idea del Día de la Tierra se me ocurriera mientras estaba en una gira de charlas sobre conservación en el verano de 1969. Para entonces las demostraciones contra la guerra de Vietnam, conocidas como ‘teach-ins’, se habían extendido a recintos universitarios por toda la nación. De repente se me ocurrió la idea - ¿por qué no organizar una gran protesta de base por lo que le estaba pasando al ambiente? Estuve satisfecho de que si pudiéramos conectarnos a las preocupaciones ambientales del público general e inyectarle la energía estudiantil anti-guerra a la causa ambiental, podríamos generar una demostración que forzaría la entrada de este asunto a la agenda política. Era una apuesta grande, pero valía un intento.” (http://earthday.envirolink.org/history.html)

 

El primer Día de la Tierra tomó lugar en un tiempo lleno de energía y efervescencia en el desarrollo del ambientalismo. Al principio de la década de los ‘70 comenzaron a verse los primeros esfuerzos por usar el derecho para proteger el ambiente. Inspirados por el ejemplo dado por las agrupaciones de derechos civiles ACLU y NAACP, abogados con conciencia ambiental formaron organizaciones que se valían de la ley y el peritaje técnico para adelantar la protección del ambiente, como Natural Resources Defense Council y Environmental Defense Fund. El científico y activista ambiental Barry Commoner salió en la portada de la revista Time en febrero de 1970. La prestigiosa e influyente organización ambientalista Sierra Club fue transformada de un grupo elite de excursionistas a una agrupación activista que no temía meterse con el gobierno o con corporaciones contaminadoras, gracias al liderato de su director ejecutivo David Brower, un pensador adelantado a su tiempo. El crítico social Murray Bookchin combinaba conceptos ecológicos de avanzada con el anarquismo y la militancia anti-capitalista para crear una nueva filosofía llamada ecología social. Y los ecólogos Herman Daly, Kenneth Boulding, Nicolás Georgescu-Roegen y Howard T. Odum estaban publicando sus trabajos más trascendentes en esos años.

 

Y gracias al Día de la Tierra Ralph Nader, destacado progresista y defensor del interés público, comenzó a apreciar y entender la importancia de la ecología y a incorporarla a su activismo. “En 1970 el despertar ambiental se enfocó sobre los pesticidas y contaminación del aire y el agua, con atención a sustancias tóxicas en talleres de trabajo que contribuían a enfermedades ocupacionales”, rememoró Nader sobre esos días. “Ampliamente publicitadas fueron las inversiones (atmosféricas) en el área de Los Ángeles, sofocada con vehículos, y el río Cuyahoga cerca de Cleveland donde el petróleo derramado a veces se encendía- ¡sobre el río! Las metas de acción eran autoridad legislativa para dirigir las agencias federales a regular y reducir la contaminación permisible. En comparación con hoy, se aprobó legislación en el Congreso a paso vertiginoso. Los cabilderos corporativos que objetaron fueron barridos a un lado.” (http://www.counterpunch.org/2007/04/24/the-corporate-debasement-of-earth-day/)

 

Dice mucho del poder del movimiento ambiental en el periodo posterior a 1970 que la administración Nixon, recordada por sus políticas derechistas y escándalos políticos, fue la que aprobó más legislación ambiental en toda la historia de EEUU. “Entre los proyectos de ley aprobados (después del Día de la Tierra) estaban los estatutos de contaminación de agua y aire, la ley de agua potable segura, el establecimiento de la Agencia de Protección Ambiental y la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional”, dijo Nader. “Tan prevalentes y visibles eran millones de estadounidenses que pedían acción que los presidentes Richard M. Nixon y Gerald Ford firmaron las leyes con fuertes declaraciones de apoyo a sus propósitos declarados.”

 

Pero algunas voces en la izquierda veían el Día de la Tierra con escepticismo. “Resulta que el Día de la Tierra original el 22 de abril de 1970 fue inicialmente un evento montado”, dijo Tokar, quien es profesor del Instituto de Ecología Social y de la Universidad de Vermont. “Políticos como el senador Gaylord Nelson y el representante Pete McCloskey tomaron liderato en poner en pie la primera celebración del Día de la Tierra que inesperadamente atrajo millones de personas de todo el país. Los eventos, sin embargo, fueron apoyados por instituciones del establishment como la Conservation Foundation, un tanque de pensamiento corporativo fundado por Laurance Rockefeller en 1948. Nixon hasta comenzó el año con una proclama presidencial que decía que los años ‘70 serían la ‘década ambiental’”.

 

Los activistas por la paz opuestos a la guerra de Vietnam argumentaron que el Día de la Tierra estaba distrayendo la atención del público de la guerra, de la campaña Ofensiva de Primavera que planificaba el movimiento anti-guerra, y de esfuerzos para educar sobre las causas claves de la guerra, pobreza y destrucción del ambiente. Un editorial en Ramparts, importante publicación activista del periodo, describió el Día de la Tierra como “el primer paso en un juego de engaños que hará poco más que abusar del ambiente aún más.”

 

El ejemplar de Ramparts de abril de 1970 tenía un artículo titulado “el eco-establishment”, que exponía los tanques de pensamiento corporativos que influían sobre la nueva legislación ambiental. “La conservación de las grandes empresas de hoy no le interesa preservar la tierra; está racionalmente reorganizando para un más eficiente saqueo de recursos ... y la producción de un producto nacional aún más bruto ... Las contradicciones aparentes son alucinantes: las industrias están combatiendo el desperdicio para que así pueda desperdiciar más... Ecológicamente, podría ser el fin.” (http://www.counterpunch.org/2010/04/22/40-years-of-earth-days/)

De hecho, el impulso del primer Día de la Tierra no fue revolucionario sino de capitalismo reformista inclinado hacia el keynesianismo. Las nuevas leyes y agencias de gobierno que resultaron del entusiasmo generado por el Día de la Tierra marcaron el comienzo de lo que se podría considerar un ambientalismo keynesiano, la idea de que el estado es el garante del desarrollo sustentable y la protección del ambiente y los recursos naturales. En la década de 1990 esta doctrina fue empujada a un lado por el ambientalismo neoliberal, el cual postula que el estado no es más que un estorbo y que sólo la empresa privada y mercados libres pueden proteger el ambiente.

 

El Día de la Tierra fue lentamente olvidado en las dos décadas que siguieron hasta que fue revivido en 1990, cuando regresó con revancha, movilizando diez veces más gente que en 1970. Dijo Tokar: “Esta vez el Día de la Tierra se tornó global, movilizando 200 millones de personas en 141 países y subiendo los asuntos ambientales al escenario mundial. El Día de la Tierra de 1990 dio un gran impulso a los esfuerzos de reciclaje por el mundo entero y ayudó a pavimentar el camino hacia la Cumbre de la Tierra de Naciones Unidas en Río de Janeiro en 1992. También motivó al presidente Bill Clinton a otorgarle al senador Nelson la Medalla Presidencial de la Libertad (en 1995)- el más alto honor dado a civiles en Estados Unidos- por su rol como fundador del Día de la Tierra.”

 

El Día de la Tierra de 1990 incluyó una acción directa para paralizar a Wall Street, acto precursor del movimiento Occupy Wall Street de dos décadas después. En 1990 el movimiento ambiental era mucho más maduro social y políticamente que veinte años antes. Según Tokar, “La acción de Wall Street en el Día de la Tierra de 1990 reflejó el florecer de una actividad ambiental de base que emergió en la década de 1980, parcialmente en respuesta a las componendas de los grupos ambientalistas grandes. La respuesta popular a la contaminación química tóxica - inaugurada por las madres de niños enfermos que vivían cerca del severamente contaminado Love Canal en Nueva York- creció hasta ser un movimiento nacional de justicia ambiental que desencubrió la exposición desproporcionada de comunidades de color a los peligros tóxicos. El grupo Earth First! creció como una red descentralizada de defensores de base de los bosques, usando acción directa teatral, combinada con actos de sabotaje industrial para obstruir la ola de destrucción de bosques. Otros se unieron en solidaridad con los movimientos de pueblos indígenas del mundo entero que se habían levantado en defensa de sus tierras tradicionales, respondiendo a la nueva ofensiva de las políticas de desarrollo neoliberales. Durante el preámbulo al Día de la Tierra de 1990, cien activistas de justicia ambiental firmaron una carta a las ocho mayores organizaciones ambientalistas nacionales criticando la falta de gente de color en las nóminas y juntas directivas de estos grupos, y también su creciente dependencia de financiamiento corporativo.”

 

Pero Tokar nota que las maniobras políticas de Washington en torno a los asuntos ambientales también se tornaron más astutas y escurridizas. “La administración Clinton-Gore de la década de los 90 perfeccionó el arte de canalizar la retórica ambiental mientras simultáneamente apoyaba un aumento en la extracción de recursos - precediendo así los recientes acercamientos de la administración Obama a las industrias de energía nuclear, petróleo y carbón.”

 

Hoy día el movimiento ambiental en Estados Unidos combate la doble amenaza de políticas republicanas anti-ambientales y de negación del cambio climático, y la cooptación por parte de ingeniosas campañas corporativas de “lavado en verde”. Mucho depende de la capacidad del movimiento para extenderle la mano a otros sectores, como el sindicalismo y los movimientos anti-imperialistas y anti-patriarcales para así formar un frente coherente que pueda atender los vínculos entre el capitalismo y la destrucción ambiental. Como dijo sabiamente el presidente de Bolivia, Evo Morales, “O muere el capitalismo o muere la Madre Tierra”.

 

Por Ruiz Marrero.

Periodista, autor y educador ambiental puertorriqueño (http://carmeloruiz.blogspot.com/search/label/esp ). Es profesor visitante del Instituto de Ecología Social de Estados Unidos y dirige el Monitor de Energía y Ambiente de América Latina (http://monitorenergiayambiente.blogspot.com/). Su cuenta de Twitter es @carmeloruiz.

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Harriet Tubman: emblema de lucha y resistencia

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Jack Lew, anunció el miércoles que la nueva edición del billete de 20 dólares estadounidenses incluirá el retrato de la legendaria abolicionista Harriet Tubman. Tubman nació esclava, pero logró escapar y conquistar su libertad. Una vez libre, se convirtió en guía de la ruta de escape de decenas de esclavos hacia la libertad, así como en activista por el derecho al voto de la mujer. Será ella quien reemplazará al presidente Andrew Jackson en la parte de adelante de los billetes de 20 dólares estadounidenses. Jackson y Tubman fueron contemporáneos. Jackson era propietario de esclavos (fue uno de los dieciocho presidentes estadounidenses que los tuvo) y se enriqueció gracias a su trabajo forzado. Según dijo Lew, la elección de Tubman para reemplazarlo se vio influenciada por el activismo de diversos movimientos de base, en el marco de una campaña en la que cientos de miles de personas daban su apoyo a distintas propuestas de mujeres a homenajear. La decisión tampoco se llevó a cabo sin controversias.

 

Harriet Tubman era la del medio de nueve hermanos. Fue bautizada Araminta “Minty” Ross cuando nació en 1822 en una plantación de Maryland, no muy lejos del lugar en el que fue esclavo el escritor y orador abolicionista Frederick Douglass. Se casó con John Tubman en 1844 y cambió su nombre a Harriet en honor a su madre. En 1849, se escapó y fue en dirección al norte (unos diez años después de que Frederick Douglass lograra hacer lo mismo), pero no perdió tiempo y volvió clandestinamente al lugar donde había sido esclava para rescatar a su familia. Se hizo famosa por sus arriesgados escapes nocturnos que condujeron a familias esclavas enteras hacia la libertad. Los esclavos la llamaban sencillamente “Moisés”. Los propietarios de esclavos le pusieron precio a su cabeza. Pasó a desempeñarse como enfermera durante la Guerra Civil y luego como espía. Se considera que fue la primera mujer que encabezó una expedición armada en combate cuando dirigió a fuerzas de la Unión en Carolina del Sur durante una incursión en la que fueron liberados 700 esclavos. Hizo todo esto sin haber recibido educación formal, sin haber aprendido nunca a leer o a escribir.

 

A pesar de sus destacados logros, el país por el que luchó no la trató muy bien después de la guerra. Hacia el final de su vida experimentó problemas financieros, tuvo que convertir su hogar en una pensión e intentó ganar dinero como pudo. Aunque era veterana de combate, le llevó décadas recibir una modesta pensión del Gobierno federal por el servicio que prestó en tiempos de guerra. Falleció con poco más de 90 años de edad en la localidad que adoptó como su hogar, Auburn, Nueva York. Allí yace sepultada.

 

En su anuncio, el secretario del Tesoro Lew comunicó además que Andrew Jackson permanecerá en el billete, pero solamente del lado de atrás. La figura de Jackson debería retirarse totalmente. No solo fue propietario de esclavos, sino que además participó del genocidio de la población indígena. El pueblo Cherokee lo llamaba “Cuchillo Afilado”, por la extrema violencia con que los trataba.

 

La galardonada periodista afroestadounidense Akiba Solomon, escribió en la publicación por la justicia racial Colorlines: “Varias personas han sugerido que Tubman en la parte de adelante y Jackson en la parte de atrás del billete parece una broma del Día de los Inocentes o el resultado de fumar marihuana en exceso un 20 de abril. Pero no es nada de eso. Es Estados Unidos”. Hay quienes han criticado la decisión de incluir la figura de Tubman en sí, alegando que Tubman luchó toda su vida contra el capitalismo estadounidense y que colocarla en el billete de mayor uso del país representa un insulto a su legado.

 

Pero entonces, ¿cómo hacer para que la labor de los revolucionarios llegue a todo el pueblo? ¿Qué mejor tributo podría rendirse a toda una vida de lucha que colocar su imagen en las manos de cientos de millones de personas? Imagínense si el movimiento por el salario mínimo, actualmente denominado “Lucha por quince”, se viera transformado por el rostro rebelde del billete de 20 dólares. Hace pocos años atrás, muchos creían que la demanda de un salario mínimo de quince dólares la hora era algo impensable. Sin embargo, se ha convertido ahora en la norma, y una ciudad tras otra y, cada vez más, un estado tras otro avanzan hacia ese salario mínimo. Que Harriet Tubman en el billete de 20 dólares se convierta en la imagen del próximo paso del movimiento, el movimiento Harriet Tubman por un salario mínimo de 20 dólares la hora. Que el billete de 20 dólares de Harriet Tubman se convierta en el emblema de un renovado pedido de indemnizaciones para los afroestadounidenses por los perdurables efectos devastadores de la esclavitud.

 

La historia de Harriet Tubman, de su valiente resistencia frente a las injusticias, de su lucha por la liberación de los esclavos y por la igualdad de la mujer, todo esto debe ser moneda corriente en nuestra democracia.

 

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Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

 

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Todos vienen porque todos quieren ver a Papá

EN LOS LARGOS AÑOS DE EMBARGOS Y AGRESIONES, ERNEST HEMINGWAY HA SIDO EL LAZO ENTRE CUBA Y ESTADOS UNIDOS.

 

 

El mito de Ernest Hemingway ha sido y es tan poderoso que sigue intacto en esta Habana que se reconfigura en el siglo XXI. Hasta el cóctel daiquiri, inventado en Cuba en el siglo XIX, es el más consumido en Estados Unidos y parte del mundo.

Toda la gente viene a ver a Papá. Antes de atravesar la puerta se olvidaron de lo que eran y una vez adentro ya no se acuerdan de lo que desean ser. Circundan el espacio donde toca la orquesta y van hasta el rincón donde está Papá. Lo abrazan, lo besan, lo acarician, se sacan fotos con él. La gente se pelea por estar a su lado, por pegar sus mejillas a las suyas, por tocar con sus manos esa figura de ojos entrecerrados, capturada para siempre en la inmortalidad romántica de una resaca tranquila, o de una borrachera naciente. Nunca sabremos. El magnetismo de Papá Hemingway –así lo llaman los cubanos– sus libros, sus historias, verdaderas o falsas, la estatua que lo fijó en el tiempo en este rincón de uno de los bares más celebres del mundo, el Floridita, la música endiablada de la orquesta y los reconfortantes daiquiris provocan un estado de levitación física y espiritual del cual Papá Hemingway es el centro. En todos estos años de embargos y agresiones, Ernest Hemingway ha sido el lazo entre Cuba y Estados Unidos. Su leyenda fue, a su manera, una forma de relación entre la isla y los continentes. Los mitos despliegan sus alas y nos envuelven en la eternidad de su vuelo. El de Ernest Hemingway ha sido y es tan poderoso que sigue intacto en esta Habana que se reconfigura en el siglo XXI. Hasta el cóctel daiquiri, inventado en Cuba en el siglo XIX, es el más consumido en Estados Unidos y parte del mundo.


Un abogado norteamericano, oriundo de Florida, “de la Isla del Tesoro” según precisa, llora a lágrima tendida mientras se apoya en la estatua de Hemingway. “Hubiese querido ser escritor”, confiesa rodeado por un guardaespaldas costarricense y un miembro de la seguridad cubana que impide que la gente se acerque a Papá Hemingway. Adentro del Floridita hay un ambiente de algarabía humana volcánica y contagiosa. Chinos, coreanos, argentinos, alemanes, norteamericanos, ingleses, singapurenses, mexicanos, italianos, franceses o canadienses celebran una fiesta sin motivo. Aplauden, bailan como pueden sobre el compás de los tambores ejecutados por dos bellas cubanas, se abren paso a codazos para conseguir un ángulo y tomar una foto de la estatua de Papá Hemingway acodado a la barra, justo delante de la foto donde está Hemingway con Fidel Castro tomada el día en que el escritor norteamericano le entregó a Fidel el premio al mejor pescador.


Hay algo conmovedoramente humano en esta isla mundo que subyuga y atraviesa todas las corazas. El planeta entero ha venido y continúa viniendo aquí. Cuba no es una isla, sino un continente isla de un magnetismo frondoso. Cuba embriaga, con o sin Revolución. “Bienvenido al mundo sin Monsanto”, dice con tanto orgullo como insolencia Roberto, un joven habanero que alquila por minutos su tablet y el acceso a internet en la calle 23. Es cierto, aquí no están ni Monsanto, ni internet en todas las calles, ni McDonald’s, ni avisos con mujeres pomposas que venden cepillos de dientes, ni publicidades de perfumes con seres andróginos, ni la marca de la manzana, ni todas esas agujas con las cuales el liberalismo tienta o inventa falsos deseos. Casi no hay nada de lo que hay en el liberalismo mundial, y en muchos casos faltan cosas esenciales. Puede, de pronto, ser un inconveniente, pero las más de las veces es una salvación.


El liberalismo continental ha levantado tribunas en torno a Cuba para presenciar la agonía del socialismo cubano. Es mal conocer la historia de Cuba, y a los cubanos. “No somos un pueblo de pescadores adormecidos que espera la redención capitalista, sino una sociedad cabalmente consciente de los defectos que quiere corregir y de los horrores que no quiere importar”, precisa con una amplia sonrisa provocativa Iván, otro joven habanero que se esta estrenando en las nuevas formas de comercio que se abren paulatinamente en medio de cierta confusión. Eso se respira en cada calle, en cada hora: una suerte de fiereza orgullosa, de frontera soberana cuya entereza precede la Revolución. Por algo un aventurero como Hemingway puso sus raíces en la isla cuando llegó en la primavera de 1928 con su segunda mujer, Pauline Pfeiffer, a bordo del barco Orita, proveniente del puerto francés de La Rochelle. Había venido a pescar el espadón, pero lo embrujó la magia de aquella Habana. Pasó dos días y regresó unos años después para instalarse primero en la habitación 511 del hotel Ambos Mundos. Casi como hoy, salsa, son, rumba, chachachá o boleros salpicaban las noches habaneras. “El Hotel Ambos Mundos es un buen sitio para escribir”, contó Hemingway sobre su vida en aquellos tiempos en los que, en Cuba, escribía Por quién doblan las campanas. El hotel y la habitación son hoy una suerte de patrimonio cultural de Cuba. Hemingway presintió lo que cualquier turista o candidato a inversor percibe en La Habana: hay un ingrediente poderoso e inasible, una energía orgullosa, un humor que sabe hacerles frente a todas las contingencias y una lectura de la historia nacional permanentemente reactualizada. “Lo más lindo que tenemos en este país es nuestra historia”, dice Iván.


Ahí está esa historia, o esas historias, para demostrarlo. La de la Revolución, para empezar, que no es un “episodio” o un “golpecito” sino el resultado de una construcción histórica y colectiva. La prensa esclava del relato liberal o de la restauración conservadora que se rearmó en América latina con el golpe de Estado en Honduras contra Manuel Zelaya usa el término “revolución” con un significado burlón, maldito o peyorativo. Estén o no con ella, la Revolución es para los cubanos como la democracia para los franceses: es una pertenencia, una reformulación de su realidad. Quien sueñe con ver a los cubanos arrodillados ante las sucursales que, tal vez, los imperios abrirán algún día en la isla están perdidos. En La Habana se siente la potencia del ansia por las transformaciones, al mismo tiempo que la decisión de no ceder más allá de lo que la dignidad dicta. La literatura fundacional de Cuba lo cuenta todo. Como el Martín Fierro argentino, Cuba tiene su poema épico, “El espejo de paciencia”, escrito en 1608 por Silvestre de Balboa. La obra narra un hecho ocurrido en el Puerto de Manzanillo, cuando el obispo de Cuba, Don Juan de las Cabezas Altamirano, fue secuestrado por un pirata francés, Gilberto Girón. El pirata buscaba extorsionar a la comunidad a cambio de la libertad del obispo. Pero los cubanos dijeron que no y decidieron atacar a los piratas durante la transacción por el rescate. En la pelea perdieron los piratas y el obispo fue salvado por el esclavo Salvador Golomon. Quizás, cuando vengan en masa los nuevos piratas del capitalismo, ese soberanismo radical que define la cubanidad interceda a favor de la isla. Algunos signos de piratería ya surgen aquí o allá, en los sectores restaurados de La Habana Vieja, sobre todo en la calle Obispo, cuyo lujo, aunque modesto, contrasta con la pobreza de otras zonas del centro. Esta arteria peatonal intenta parecerse a esas horrendas hermanas llenas de comercios contaminantes tan comunes en las capitales donde manda el liberalismo parlamentario. Pero la Cuba de los sueños que subyugó a Hemingway siempre acecha con su magia implícita. En la misma calle Obispo hay un restaurant de los que parecen imposibles: La Lluvia de Oro. De afuera, parece común, adentro vive lo extraordinario. La orquesta de músicos vestidos con una camiseta verde encendió la sala llena de cubanos auténticos mezclados con algunos turistas que no resisten la llama del ritmo. Todos bailan entremezclados. A un lado de la orquesta, un hombre blanco, vestido con pantalones cortos, mocasines, medias blancas y una camiseta verde, toca su trombón acompañando la orquesta. El hombre, muy entrado en años, parece poseído por la felicidad. Su trombón suena al unísono de la orquesta, hermanado con ella, su fisionomía no. Es un turista, alemán o del Norte de Europa, a quien la magia de una noche y de su gente le permitió realizar su sueño: tocar la salsa endiablada junto a una orquesta cubana.


La gente sigue peleándose para llegar a donde está Papá Hemingway. Se acaba de ir Barack Obama y también pasaron los Rolling Stones. Se siente en las entrañas que algo cambiará y de esa intuición surge algo igualmente potente: Cuba respira el futuro, sea cuál fuere el perfil de la Revolución. Tantas cosas les hicieron, los arrinconaron, los bloquearon, los agredieron, los humillaron, los privaron de todo como Occidente no lo hizo con ninguna de las más aborrecibles dictaduras de la historia: les vendió armas, productos y hasta tecnologías para espiar a sus ciudadanos. A Cuba le embargaron hasta el arroz. Y sin embargo, están de pie, y como no se rindieron elegirán plenamente su futuro. Cuba es un espejo en el que nos podemos mirar. Un espejo de paciencia y de resistencia. En La Habana sobran los símbolos y los relatos mitológicos, y también falta de todo. Falta internet, pero sobra la humanidad. A la hora en que el resto del mundo se encierra en sus casas y sus pantallas y sus smartphones, La Habana sale a la calle en ese preciso instante encantado del atardecer. La Habana corre a reunirse en el Malecón, frente al mar. Miles y miles de personas se hablan y se codean a lo largo de kilómetros y kilómetros de un paisaje que mira al mar, al futuro, al no miedo. Aquí no hay miedo. Europa tiembla ante la amenaza de que la cultura musulmana reemplace a la europea. En México, la gente tiene un complejo de inferioridad ante Estados Unidos. En Argentina le tienen miedo a Telesur. Los cubanos no le tienen miedo al imperio.

Hay, como se dice en voz baja, una “guerra incruenta”. Iván conduce su auto a lo largo del Malecón poblado de humanidad. Entre mar, atardecer y chispas de multitud, desliza una frase de la sabiduría local: “De todas formas, esta guerra contra el imperio nunca se va a terminar. Porque si se acaba, no vamos a saber qué hacer...”. En la radio suena la voz del cantante y poeta Polo Montañez: “Para qué sufrir, para qué llorar, si me queda un mundo todavía por delante”.


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Lunes, 28 Marzo 2016 07:49

El hermano Obama

Fidel Castro. Foto: Roberto Chile

Los reyes de España nos trajeron a los conquistadores y dueños, cuyas huellas quedaron en los hatos circulares de tierra asignados a los buscadores de oro en las arenas de los ríos, una forma abusiva y bochornosa de explotación cuyos vestigios se pueden divisar desde el aire en muchos lugares del país.

 

El turismo hoy, en gran parte, consiste en mostrar las delicias de los paisajes y saborear las exquisiteces alimentarias de nuestros mares, y siempre que se comparta con el capital privado de las grandes corporaciones extranjeras, cuyas ganancias si no alcanzan los miles de millones de dólares per cápita no son dignas de atención alguna.

 

Ya que me vi obligado a mencionar el tema, debo añadir, principalmente para los jóvenes, que pocas personas se percatan de la importancia de tal condición en este momento singular de la historia humana. No diré que el tiempo se ha perdido, pero no vacilo en afirmar que no estamos suficientemente informados, ni ustedes ni nosotros, de los conocimientos y las conciencias que debiéramos tener para enfrentar las realidades que nos desafían. Lo primero a tomar en cuenta es que nuestras vidas son una fracción histórica de segundo, que hay que compartir además con las necesidades vitales de todo ser humano. Una de las características de este es la tendencia a la sobrevaloración de su papel, lo cual contrasta por otro lado con el número extraordinario de personas que encarnan los sueños más elevados.

 

Nadie, sin embargo, es bueno o es malo por sí mismo. Ninguno de nosotros está diseñado para el papel que debe asumir en la sociedad revolucionaria. En parte, los cubanos tuvimos el privilegio de contar con el ejemplo de José Martí. Me pregunto incluso si tenía que caer o no en Dos Ríos, cuando dijo “para mí es hora”, y cargó contra las fuerzas españolas atrincheradas en una sólida línea de fuego. No quería regresar a Estados Unidos y no había quién lo hiciera regresar.

 

Alguien arrancó algunas hojas de su diario. ¿Quién cargó con esa pérfida culpa, que fue sin duda obra de algún intrigante inescrupuloso? Se conocen diferencias entre los Jefes, pero jamás indisciplinas. “Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”, declaró el glorioso líder negro Antonio Maceo. Se reconoce igualmente en Máximo Gómez, el jefe militar más disciplinado y discreto de nuestra historia.

 

Mirándolo desde otro ángulo, cómo no admirarse de la indignación de Bonifacio Byrne cuando, desde la distante embarcación que lo traía de regreso a Cuba, al divisar otra bandera junto a la de la estrella solitaria, declaró: “Mi bandera es aquella que no ha sido jamás mercenaria...”, para añadir de inmediato una de las más bellas frases que escuché nunca: “Si deshecha en menudos pedazos llega a ser mi bandera algún día... ¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía!...”. Tampoco olvidaré las encendidas palabras de Camilo Cienfuegos aquella noche, cuando a varias decenas de metros bazucas y ametralladoras de origen norteamericano, en manos contrarrevolucionarias, apuntaban hacia la terraza donde estábamos parados. Obama había nacido en agosto de 1961, como él mismo explicó. Más de medio siglo transcurriría desde aquel momento.

 

Veamos sin embargo cómo piensa hoy nuestro ilustre visitante:

 

“Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas. Vine aquí extendiendo la mano de amistad al pueblo cubano”.

 

De inmediato un diluvio de conceptos, enteramente novedosos para la mayoría de nosotros: “Ambos vivimos en un nuevo mundo colonizado por europeos”. Prosiguió el Presidente norteamericano. “Cuba, al igual que Estados Unidos, fue constituida por esclavos traídos de África; al igual que Estados Unidos, el pueblo cubano tiene herencias en esclavos y esclavistas”.

 

Las poblaciones nativas no existen para nada en la mente de Obama. Tampoco dice que la discriminación racial fue barrida por la Revolución; que el retiro y el salario de todos los cubanos fueron decretados por esta antes de que el señor Barack Obama cumpliera 10 años. La odiosa costumbre burguesa y racista de contratar esbirros para que los ciudadanos negros fuesen expulsados de centros de recreación fue barrida por la Revolución Cubana. Esta pasaría a la historia por la batalla que libró en Angola contra el apartheid, poniendo fin a la presencia de armas nucleares en un continente de más de mil millones de habitantes. No era ese el objetivo de nuestra solidaridad, sino ayudar a los pueblos de Angola, Mozambique, Guinea Bissau y otros del dominio colonial fascista de Portugal.

 

En 1961, apenas un año y tres meses después del Triunfo de la Revolución, una fuerza mercenaria con cañones e infantería blindada, equipada con aviones, fue entrenada y acompañada por buques de guerra y portaviones de Estados Unidos, atacando por sorpresa a nuestro país. Nada podrá justificar aquel alevoso ataque que costó a nuestro país cientos de bajas entre muertos y heridos. De la brigada de asalto proyanki, en ninguna parte consta que se hubiese podido evacuar un solo mercenario. Aviones yankis de combate fueron presentados ante Naciones Unidas como equipos cubanos sublevados.

 

Es de sobra conocida la experiencia militar y el poderío de ese país. En África creyeron igualmente que la Cuba revolucionaria sería puesta fácilmente fuera de combate. El ataque por el Sur de Angola por parte de las brigadas motorizadas de Sudáfrica racista los lleva hasta las proximidades de Luanda, la capital de este país. Ahí se inicia una lucha que se prolongó no menos de 15 años. No hablaría siquiera de esto, a menos que tuviera el deber elemental de responder al discurso de Obama en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

 

No intentaré tampoco dar detalles, solo enfatizar que allí se escribió una página honrosa de la lucha por la liberación del ser humano. De cierta forma yo deseaba que la conducta de Obama fuese correcta. Su origen humilde y su inteligencia natural eran evidentes. Mandela estaba preso de por vida y se había convertido en un gigante de la lucha por la dignidad humana. Un día llegó a mis manos una copia del libro en que se narra parte de la vida de Mandela y ¡oh, sorpresa!: estaba prologado por Barack Obama. Lo ojeé rápidamente. Era increíble el tamaño de la minúscula letra de Mandela precisando datos. Vale la pena haber conocido hombres como aquel.

 

Sobre el episodio de Sudáfrica debo señalar otra experiencia. Yo estaba realmente interesado en conocer más detalles sobre la forma en que los sudafricanos habían adquirido las armas nucleares. Solo tenía la información muy precisa de que no pasaban de 10 o 12 bombas. Una fuente segura sería el profesor e investigador Piero Gleijeses, quien había redactado el texto de “Misiones en conflicto: La Habana, Washington y África 1959-1976”; un trabajo excelente. Yo sabía que él era la fuente más segura de lo ocurrido y así se lo comuniqué; me respondió que él no había hablado más del asunto, porque en el texto había respondido a las preguntas del compañero Jorge Risquet, quien había sido embajador o colaborador cubano en Angola, muy amigo suyo. Localicé a Risquet; ya en otras importantes ocupaciones estaba terminando un curso del que le faltaban varias semanas. Esa tarea coincidió con un viaje bastante reciente de Piero a nuestro país; le había advertido a este que Risquet tenía ya algunos años y su salud no era óptima. A los pocos días ocurrió lo que yo temía. Risquet empeoró y falleció. Cuando Piero llegó no había nada que hacer excepto promesas, pero ya yo había logrado información sobre lo que se relacionaba con esa arma y la ayuda que Sudáfrica racista había recibido de Reagan e Israel.

 

No sé que tendrá que decir ahora Obama sobre esta historia. Ignoro qué sabía o no, aunque es muy dudoso que no supiera absolutamente nada. Mi modesta sugerencia es que reflexione y no trate ahora de elaborar teorías sobre la política cubana.

 

Hay una cuestión importante: Obama pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas para expresar: “Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza. Y no va a ser fácil, va a haber retos, y a esos vamos a darle tiempo; pero mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como amigos, como familia, como vecinos, juntos”.

 

Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza?

 

Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura.

 

Advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta.

 

Fidel Castro Ruz
Marzo 27 de
10 y 25 p.m.

 

 

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Organizaciones de izquierda protestaron ayer en Buenos Aires por la visita del presidente estadunidense Barack Obama a Argentina Foto Afp

Las marcas mugrientas de esta fecha emblemática las llevamos en el cuerpo y en el corazón. No hay jabón ni detergente que pueda borrarlas. No hay esponja que las deteriore. En el cuerpo, en el corazón y en la memoria, sí. Por lo que hemos leído, por lo que hemos visto en películas, por lo que nos contaron, por lo que estudiamos.

 

Pero también por las marcas personales de nuestra pequeña infancia. En la memoria de mi padre huyendo de su casa amenazado de muerte, escondido, sin ver a sus dos hijos pequeños (uno bebé). En mi escuela, frente al fanatismo delirante y militarista que nos inculcaban las maestras (que personalmente no eran malas, sino simplemente parte de un andamiaje que las excedía y no controlaban). En esos recuerdos nauseabundos y bizarros de mi niñez marchando como un soldado por las calles de mi barrio de la periferia de la provincia de Buenos Aires junto con mis compañeritos, en una edad donde deberíamos haber estado jugando con figuritas y no marchando como si fuéramos militares. En mi adolescencia trunca, mochada, frustrante, que todavía hoy, varias décadas después, me sigue generando angustia en la garganta y ahogo en el pecho de tan sólo rememorarla. En el recuerdo de escuchar a mi padre, sin que él se diera cuenta ni lo registrara, contar a sus amigos las torturas militares, las violaciones, el arrojar viva a la gente desde los aviones.

 

¿Quién dijo que nadie sabía nada? Si yo lo escuché muy clarito en mi casa y en la casa de los amigos de mi padre cuando todavía se me caían los mocos de la nariz y tenía las rodillas lastimadas de jugar a la pelota. Si todo mi barrio sabía que la hija de la directora de mi escuela primaria, pública y estatal, con paredes de madera y calle de tierra, estaba desaparecida. ¡Todo el barrio lo sabía! Hasta el más tonto, hasta el más gil, hasta el más distraído.

 

Cuarenta años después... y con tanta agua bajo el puente, ¡cuantos mitos debemos todavía remover!

 

–Estados Unidos sabía que se gestaba el golpe, tituló hace unos años una conocida periodista de medios masivos, ex militante (renegada) del PRT-ERP. ¿EU sabía? ¡No! Por favor. No seamos hipócritas. ¡EU dirigía! El imperialismo no sabía ni estaba enterado. ¡Organizaban, financiaban y decidían! Dirigían el golpe, dirigían la campaña de terror previa que lo posibilitó y lo preparó. Dirigían y enseñaban la tortura. Y dirigían la internacionalización de las dictaduras, principalmente de la argentina y la chilena, por lo menos hasta la guerra de Malvinas (1982), cuando las fuerzas armadas dejaron de participar en las torturas y los entrenamientos de la contrarrevolución centroamericana destinada a derrotar la revolución sandinista.

 

–Fue sólo un golpe militar, de tres generales borrachos y cuatro sargentos violadores. No señor, no señora. Según un informe que el diario La Nación, vocero orgánico de la dictadura y de todo extremismo de derecha hasta el día de hoy, publica en aquella época nefasta, basado en un estudio de la propia inteligencia militar de la SIDE de 1978, en el cual se informa que los 23 gobernadores militares de la dictadura militar contaban con 35 por ciento de intendentes de la Unión Cívica Radical (UCR) (310 intendentes); 20 por ciento del Partido Justicialista (PJ) (169 intendentes); 12 por ciento del Partido Demócrata Progresista (PDP) (109 intendentes); 10 por ciento del MID –liderado por Frondizi y Frigerio (94 intendentes); 9 por ciento Fuerza Federalista Popular –liderado por Manrique (78 intendentes); Partidos Conservadores provinciales 8 por ciento (72 intendentes); Neoperonistas 3 por ciento (23 intendentes); Demócrata Cristianos (DC, fuerza dirigida por el Vaticano) 2 por ciento (16 intendentes); Partido Intransigente de Óscar Alende 0.5 por ciento (4 intendentes). (Véase Diario La Nación, 25 de marzo de 1979, sección Semana política, titulada La participación Civil).

 

Si a eso le sumamos la activa participación de la burocracia sindical (todavía hoy con juicios pendientes por complicidad en los secuestros de comisiones internas, como en la empresa Mercedes Benz o Ford) y el apoyo de las altas jerarquías eclesiásticas a la dictadura... el golpe está armado desde una estrategia político-militar, pero acompañada de un apoyo y sustento también financiero, civil, mediático y eclesiástico. Su finalidad fue reordenar de raíz el capitalismo argentino.

 

–“La revista Humor (de signo político radical) encabezó la resistencia cultural en medio de la oscuridad”. No es cierto. El periódico judío de izquierda Nueva Presencia, dirigido por Herman Schiller, loco de la guerra que en plena dictadura publicaba a las madres de plaza de mayo, al PRT, a los Montoneros y a cuanto militante revolucionario anduviera sobreviviente por allí, fue muchísimo más opositor y jugado en el campo cultural que la revista Humor. ¿Hasta cuándo vamos a seguir repitiendo el mito de los radicales y la autoapología de la clase media –hoy macrista– paladín de los derechos humanos?

 

–La culpa del golpe y los desaparecidos corresponde a la ultraizquierda, a los foquistas, a los guerrilleros. Patético análisis repetido ya no sólo por los más derechosos y apologistas de la dictadura, sino incluso por algunos segmentos de la izquierda institucional. ¡Todavía hoy! Ese diagnóstico unilateral se olvida de dos libros fundamentales que confirman aquel viejo refrán de abogado A confesión de parte, relevo de pruebas.

 

Uno de ellos, escrito por el principal o uno de los principales estrategas de las fuerzas armadas, el general Osiris G. Villegas. Cuando ni el PRT ni los Montoneros habían nacido, este general proponía matar y asesinar en masa, revivir la inquisición y las cruzadas (sic), a través de la guerra contrarrevolucionaria, siguiendo el ejemplo de Francia y sus campos de tortura en Argelia y Estados Unidos en Vietnam. Había que aplastar al comunismo y comenzar por la cultura. (Véase General Osiris G. Villegas: Guerra revolucionaria comunista (1962 Biblioteca del oficial), Buenos Aires, Pleamar, 1963).

 

La otra prueba contundente fue redactada por el padre ideológico del proyecto socio económico y cultural de Macri, Menem y Cavallo: el capitán-ingeniero y aprendiz de economista neoclásico, Álvaro Alsogaray. Este espécimen integrante del género porcino, ya en 1962 (no existían ni Montoneros ni PRT-ERP) le recomendaba a su hermano el general Julio Alsogaray, subsecretario de guerra, comprar armas para la guerra interna, pues lo que se venía en Argentina era la guerra insurgente y comunista y había que matar y asesinar en masa para frenar a la subversión (Véase Álvaro Alsogaray: Experiencias de 50 años de política y economía argentina. Buenos Aires, Planeta, 1993. p.117).

 

Después de las confesiones anticipadas de Osiris Villegas (corazón de la estrategia político-militar) y Alsogaray (cerebro del capital financiero, incluso antes que Martínez de Hoz) ¿como seguir repitiendo semejante disparate contra la insurgencia?

 

Y los mitos siguen y siguen. Imposible abordarlos todos en tan pocas líneas.

 

El desafío es a largo plazo, con paciencia, con tenacidad y con el pueblo. Sin poner jamás la otra mejilla... Sin olvidar, sin renegar, sin perdonar. Estoy absolutamente convencido de que ninguna lucha fue en vano. Alguna vez hasta el más mínimo gesto de resistencia, hoy olvidado, denostado, insultado, recobrará su sentido y recién allí nos reencontraremos con nuestros muertos, nuestros caídos, nuestros torturados y torturadas, nuestros desaparecidos. Simplemente me despido con un deseo, tonto, infantil, insignificante y pequeño, pero irrenunciable porque seguimos amando la vida: quisiera estar vivo para verlo. O alguna vez tener hijos para que ellos o ellas lo vean.

 

A la memoria de Aníbal (Óscar Antinori), jefe de mi padre, combatiente de varias guerras. Obrero, tenía tercer grado de primaria. Gracias Aníbal por regalarme tus libros de Lenin.

 

* Profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

 

 

Publicado enSociedad
La dignidad rebelde. El neozapatismo mexicano en el 2015

 

Edición 2015. Formato: 17 x 24 cm, 168 páginas.
P.V.P:$28.000 ISBN:978-958-8926-04-9

 

 

Reseña.

Después de más de dos décadas de irrupción en el escenario nacional e internacional, como manifiesta renovación del legado anticapitalista, opositor de la mundialización enrutada y dirigida a favor de los grandes conglomerados del capital, el neozapatismo mexicano está más vivo, fuerte y activo que nunca.

Más allá del sesgado silencio mediático, esta expresión social y política indígena, pero también campesina, juvenil, académica, con manifestaciones territoriales por diversas regiones y ciudades mexicanas, sigue avanzando de manera práctica para estructurar el creciente y también cada vez más potente movimiento nacional e internacional conocido como 'La Sexta', y, de manera teórica, para continuar renovando los clásicos debates de la izquierda anticapitalista y los senderos del más avanzado pensamiento crítico contemporáneo, en contra de la perversa y mutante hidra capitalista.

Los textos aquí reunidos intentan, por tanto, dar cuenta no sólo de la rica y viva herencia neozapatista, en la teoría, en el pensamiento crítico y en la acumulación de nuevas experiencias prácticas de radical transformación social, sino también de las complejas encrucijadas y las tareas hoy enfrentadas por el propio neozapatismo y el vasto conjunto de los movimientos que en todo el planeta se reconocen como anticapitalistas y antisistémicos.

 

 

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